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QUÍMICA ORGÁNICA

Caracoles como musas para mejorar las baterías del móvil


Investigadores de la Universidad de Maryland se inspiran en la naturaleza para mejorar la
electrónica portátil mediante nanotecnología.

El caracol no es precisamente el símbolo de la velocidad. Pero la casa que lleva a cuestas,


su concha en espiral, esconde un ingrediente encargado de controlar su crecimiento que
puede ayudar nada menos que al movimiento de los electrones en las baterías para
móviles. Tal ingrediente es un péptido, una molécula inorgánica formada por los mismos
ladrillos que constituyen las proteínas, los aminoácidos. Científicos de la Universidad de
Maryland (EE UU) la han usado como cemento a escala nanométrica para mejorar las
propiedades eléctricas de un cátodo (el polo positivo de una pila). Hoy presentarán sus
resultados durante la 59ª reunión anual de la Sociedad Biofísica que se celebra en
Baltimore (Maryland).

El antes y después de la actuación del péptido sobre el óxido de litio, níquel y manganesio y los
nanotubos del cátodo desarrollado para la investigación.

"Es verdad que el título de nuestra investigación habla de los caracoles. Pero no son solo
ellos. También las cáscaras de los moluscos tienen este péptido. Incluso también nuestros
huesos o dientes contienen una cierta cantidad de péptidos similares", matiza Evgenia
Barannikova, estudiante e investigadora del laboratorio de la Universidad de Maryland que
ha realizado este estudio. Lo conseguido por el momento por Barannikova y sus
compañeros no supone la construcción de una batería completa, sino solo de su cátodo (el
polo positivo que recibe los electrones). Los resultados, según Barannikova, reflejan que un
cátodo con el péptido integrado mejora sus propiedades eléctricas frente a uno
convencional.

Este éxito se basa en una ordenación interna de los compuestos químicos de una batería
de litio. Barannikova ha trabajado a escala nanométrica para encontrar una manera de
ordenar dos componentes que de por sí van por su lado: los nanotubos de carbono y el
óxido de níckel, manganeso y litio. Al añadir el péptido, el panorama cambia completamente
por la capacidad de esta molécula de producir enlaces tanto con elementos orgánicos (los
nanotubos) como los inorgánicos (el óxido de litio). "Creamos un nanopuente compuesto
por este péptido de unión con afinidad dual para ambos materiales", explica Barannikova.

Creo que deberíamos fijarnos más en la naturaleza para resolver problemas tecnológicos

Encontrar al péptido adecuado no es una tarea automática. La investigación empleó un


método conocido como Phage display, un kit de mil millones de péptidos desarrollado por
New England Biolabs que permite encontrar el elemento adecuado mediante prueba y error.
El material del que se quiere conseguir la afinidad (en este caso el óxido de litio, níquel y
manganeso) se somete al contacto con estos innumerables candidatos durante una hora a
temperatura ambiente. Al terminar, se eliminan las uniones más débiles y se repite el
proceso tres o cuatro veces más, hasta que solo los enlaces más fuertes sobreviven.

Para Barannikova, esta investigación demuestra la importancia de usar la naturaleza como


modelo: "Siempre nos muestra el camino más corto para solventar un problema. Creo que
deberíamos fijarnos más en ella para encontrar las soluciones a los problemas tecnológicos
que debemos resolver". De momento, ella seguirá trabajando en este péptido como
argamasa de la batería del futuro. Su objetivo a medio plazo, presentar una batería funcional
como punto final a su tesis que pretende ser más ligera, potente y duradera que las
actuales.

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