Anda di halaman 1dari 1

La Sociología de las Ausencias

y la Sociología de las Emergencias:


para una ecología de saberes

El autor hace una crítica al concepto y visión de racionalidad que orienta nuestra forma de pensar y de
ver el mundo y la vida y que es proveniente del Norte, considera que es una racionalidad que excluye
y limita la posibilidad de asumir una racionalidad integral que permita reconocer la amplia diversidad
epistemológica de comprender y razonar sobre nuestro mundo en el presente. En este sentido, señala
que eso ocasiona que se tenga una visión homogenizada y reduccionista de la realidad guiada por
conceptos ya establecidos. Sugiere el autor, que se debe valorar más la experiencia y lo particular.
Propone retomar el ejemplo del conocimiento oriental que no es dicotómico, es holístico y que nuestra
racionalidad sobre la vida suele orientarse a transformar la realidad y no en la comprensión de lo real.
No hacerlo conlleva a errada actuaciones por limitar el conocimiento a lo ya conocido; sino a considerar
que hay elementos externos a lo ya conocido que puede haber cosas fuera de esa totalidad y que son
importantes para comprender la realidad.

El autor sugiere erradicar la racionalidad metonímica (cambiar una cosa y explicarla desde una
noción estandarizada) y más bien utilizar una Sociología de las Ausencias y que eso se logra dando
importancia a lo que hasta ahora no se considera importante o se suele desechar por alguna razón a
la realidad considerada valida o importante. Por lo cual, el autor dice que esa visión errada de
racionalizar la vida, proviene de la cultura y ciencia occidental y las ciencias sociales que nos
comparten; a través de una monocultura del saber y del rigor que se basa en una única visión del
mundo y es a través del saber científico que a su vez niega o invalida mucha realidad y alternativas de
conocimiento que este por fuera de las concepciones científicas.

Como ejemplos de esos conocimientos o concepciones de la realidad están representadas en los


conocimientos y prácticas populares, de pueblos ancestrales y organizaciones urbanas. Así mismo,
resalta que existe otra visión o monocultura de tiempo lineal que tiene una visión progresista, de
modernización y desarrollo que a su vez se torna excluyente pues todo lo que no está en esa línea;
estaría en retraso. Según el autor estas visiones o racionalidad ocurren además por la monocultura
orientada a la naturalización de las diferencias, donde la jerarquía no es la causa de las diferencias
sino su consecuencia, debido a la idea de una inferioridad por naturaleza que presupone la existencia
inminente de una jerarquía y esa visión hace que se naturalice las diferencias y eso conlleva a
“inferiorizar” o descalificar al otro por ser inferior. Otra forma de negar lo diferente es lo que el autor
denomina una monocultura de la escala dominante; es decir, que en la tradición occidental se
promueve el conocimiento científico como un elemento universal y global o sea que, es válida en
cualquier parte, sin embargo, niega cualquier opción e invalida lo que sea diferente, particular o local.
A estas formas de ver la realidad le suma la idea de una existente monocultrua del productivismo
que prevalece bajo la idea de que el crecimiento económico y el nivel de productividad determinan la
grandeza o validez del ser humano y la naturaleza.

En síntesis, el autor resalta cinco formas de ausencia que conducen que se cree una razón metonímica,
el ignorante, el residual, el inferior, el local o particular y el improductivo. Propone sustituir las
monoculturas por ecologías; ecologías de saberes, ecología del conocimiento, Ecología de la trans-
escala, ecología de las productividades y la crítica de la razón proléptica.