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En el presente capitulo, el autor intenta desmentir el mito, acerca de que “la insurgencia campesina

son puramente espontáneas e impremeditadas”, el autor muestra su postura a partir del punto de
vista historiográfico, es decir, en el capítulo se toma como ejemplo de la contrainsurgencia a las
rebeliones campesinas de la india colonial, durante gran parte del siglo XIX.

La historiografía tradicional muestra a los campesinos como simples miembros de la comunidad, y


que en este sentido pertenecen a una clase social, es precisamente desde este punto de vista que el
autor va a mostrar sus críticas y su postura acerca del origen y desarrollo de la contrainsurgencia.

Entonces bien, este tipo de historiografía en lo referente a la contrainsurgencia campesina, (en dicho
contexto), ha venido creando un paradigma en el que muestra a esta insurgencia como espontánea
e impremeditada, asimila estos fenómenos como situaciones naturales sin ninguna dirección,
simplemente lo muestran como algo que se da por inercia y que además de esto, no tiene un
objetivo concreto.

La historiografía, al presentar el fenómeno de la insurgencia campesina como algo natural,


realmente está haciendo una presentación despectiva, puesto que cuando se habla de fenómenos
naturales, presumiblemente se piensa en grados de civilización muy bajos, poco cultos y con un
grado de escolarización casi nulo.

Es precisamente, este conjunto de literatura, de discurso historiográficos el que Guha va a utilizar


para mostrar su punto de vista; no como un apoyo, sino como una crítica a la tradición. En este
sentido, el autor señala por qué la contrainsurgencia no es un movimiento natural y espontáneo, sino
un movimiento que se desarrolla como respuesta a un sufrimiento (hambre, tortura, trabajo, etc.).

El autor va a mostrar como la historiografía llegó a este punto, mostrando tres tipos de discurso, de
los cuales ella, la historiografía, se basó para llegar a formar una estructura literaria. Los discursos
se denominan primarios, secundarios y terciarios; se diferencian por el grado de identificación formal
con el punto de vista oficial, por el tiempo en que transcurre el acontecimiento y por lo que integra la
narrativa. El discurso primario es meramente oficial, es decir, provienen de fuentes vinculadas a la
parte pública del estado (soldados, agentes, burócratas, empleados del estado, etc.).

Este discurso proviene más que todo de las clases que detentaban el poder y se hace oficial en
tanto que estaban relacionados con la parte administrativa, es decir, “a la información del gobierno, a
su propia acción y a la determinación de su política”. Otra característica de este primer tipo de
discurso era su inmediatez, lo cual era posible porque las manifestaciones de este tipo se escribían
durante o un poco después del acontecimiento, puesto que lo hacían los mismos participantes, ya
sean como actores u observadores. El autor nos dice que una de las causas que ayudaron a la
historiografía a posesionarse en la literatura fue precisamente este tipo de discurso. Al mismo tiempo
la identifica como historiografía en estado bruto.

El segundo tipo de discurso da continuidad al primero y se lo denomina como producto procesado.


La diferencia entre primer y segundo discurso radica en él la función del tiempo, pues este segundo
caso ya no es inmediato y transforma los acontecimientos en historia.

Este es un discurso dirigido a la lectura del público en dos categorías: por un lado, la basada en los
escritores como partícipes y por otro la dada como obra de administradores que trataban temas no
relacionados a una experiencia directa.

Tradicionalmente se valora la importancia de este discurso en su cuestionable imparcialidad, puesto


que solamente se dedica a mantener una parte del relato, más allá de la relación personal que se
tenía con el acontecimiento.
Ahora bien, los componentes de ambos discursos el autor los denominará segmentos, los cuales
serán confeccionados con el mismo material lingüístico, es decir, conjunto de palabras que pueden
designarse según su función (indicativa e interpretativa), lo cual dentro del texto tienen como rol
informar y explicar. Las letras redondas y cursivas simbolizan una interpretación que dotan al texto
de significado, · quizás se pueda seguir el ejemplo de estos procedimientos para definir una
narración histórica como un discurso. En la narración histórica existen procesos de disminución y
expiación, lo cual ayuda a los elementos paradigmáticos a reconstruir los elementos discontinuos en
un conjunto lleno de sentido. La expresión histórica permite tres variantes de tiempos pasados.

Así, si los historiadores no prestan atención a los hasta ahora mencionados, entonces deberá
explicarse en términos de la historiográfica colonial (primer discurso), en lugar de interpretarlos a
favor de la objetividad de las fuentes primarias.

Ahora, retomando las ideas relacionadas a los tipos de discursos identificados por Guha, en el caso
de las construcciones historiográficas sobre la india colonial, tenemos que en primer lugar el autor
sostiene que insurgencia campesina sí se basa en una conciencia del insurgente –en este caso el
campesino- frente a su situación en su contexto específico. Y en segundo lugar que, que hasta
ahora los dos tipos de discurso mencionados “desvirtúan” dicha conciencia, en realidad ni siquiera la
reconocen. Para relacionar el tercer tipo de discurso se apoya en las construcciones historiográficas
de dos autores: Hunter y Ray, quienes ejemplifican segundo y tercer discurso respectivamente.

Hunter, se basa en un ensayo etnográfico en el que se revelan indicios del paso de los santal, como
clase que goza de algunos beneficios por parte del estado a ser explotados y oprimidos por
administradores, terratenientes… ambiciosos. Señala aquí un choque entre contrarios como inicio
del conflicto en el que se incorporan también aspectos morales y temporales del conflicto. El énfasis
que hace Hunter en la mencionada contradicción le sirve para un propósito interpretativo: más
explícitamente político.

En su objetivo inicial pretende hacer que el discurso interese tanto a estadistas aborígenes como a
políticos. Para empezar, señala la causa del conflicto en el fracaso del estado para hacer prevalecer
las mejoras que quiere implantar sobre sus falencias y limitaciones en su autoridad. Estas mejoras
eran ilusorias en tanto persistieran los abusos y usuras británicas. Busca revelar cómo tratar con los
aborígenes, desde una empatía con el colonialismo, desde su propósito político. Este tipo de
historiografía garantiza la seguridad del raj (gobierno), constituyendo una contrainsurgencia a partir
de la comprensión de las causas de la misma insurgencia, para reprimirla y prevenirla a partir de
reformas (como el desplazamiento de masas campesinas y dispersarles como mano de obra barata
para el capital británico).

En este ejemplo, se puede observar como la historiografía entra al servicio del Estado a partir de su
afinidad con la política. Prevalece de este modo su defensa hacia la “ley y el orden”, sobre cualquier
simpatía o comprensión que haya logrado con respecto a la causa y sufrimientos de los nativos.

Adquiere aquí la historiografía, una forma de conocimiento colonialista (deriva del conocimiento de la
burguesía para interpretar el mundo), en este sentido el acontecimiento que relata se convierte en
término medio entre un principio (contexto) y un final que se proyecta como enlace de la siguiente
secuencia. Aquí el predominio constante lo constituye el imperio y la política, lo cual el discurso
secundario se propone perpetuar.

El discurso terciario, se encuentra, temporalmente, aún más distante del acontecimiento y lo trata en
tercera persona; es una obra de autores que no tienen obligación de representar el punto de vista
del gobierno aun cuando hayan sido antiguos funcionarios de este.
Dentro de este tipo de discurso se encuentran varios géneros, siendo la perspectiva de izquierda
radical con el que más se identifica. Se trata de un literatura histórica que se esfuerza por separarse
de los parámetros de la contra insurgencia, así adopta una posición opuesta y se pone de parte del
insurgente. Se distingue del discurso secundario en que busca apoyar la causa del levantamiento
mediante la lucha con armas. Estos dos tipos de discurso coinciden en su forma narrativa,
descriptiva y aún en la admiración hacia los rebeldes y censura a las acciones genocidas por parte
de la contra insurgencia. Tanto Ray (tercer tipo de discurso), como Hunter (segundo tipo de
discurso), se basan en la misma causalidad para desarrollar perspectivas diferentes.

En el segundo discurso conocer las causas del fenómeno es el primer paso para controlarlo. A
Hunter el conocer las causas le sirve para plantear una solución: que combina la ley marcial para
mitigar la revuelta y favorecer medidas impulsadas por el capitalismo ingles con la finalidad de
convertir el campesinado en mano de obra barata. Para Ray la causalidad sirve para proyectar un
destino diferente, con el propósito de recuperar la historia de la insurgencia de ese modelo histórico
secuencial y funcional del orden imperante y así poder llevar el conflicto frente a una alternativa que
luche por la libertad y el socialismo. Pero en este tipo de discurso también se implica una toma de
posición en el historiador, en donde excluye al rebelde como sujeto de su propia historia; le
reemplaza por un ideal, una abstracción llamada obrero o campesino. La conciencia del historiador
termina mediando la conciencia del insurgente, de lo que se sigue una distorsión en el discurso.

Nada puede hacer la historiografía para eliminar dicha distorsión, solo puede reconocerla como dato
que determina su ejercicio, reconociendo a demás su incapacidad de comprender totalmente la
conciencia pasada y por ende renunciando a su pretensión de reconstruirla.

El aspecto religioso dentro de la insurgencia india, se hace imprescindible para su comprensión,


pues poder y religión se hacen inseparables, en la creencia de que su propósito es la afirmación de
una voluntad divina.

Frente a esto, tanto Hunter como Ray rechazan la conciencia política campesina cuando está
mediada por la religiosidad, identifican una manipulación por parte de los líderes mediante esta, pero
en el tercer tipo de discurso Ray va más lejos: sin pruebas atribuye mentira y engaño a los líderes
insurgentes en una construcción muy suya. Ray al no lograr comprender el fenómeno religioso
desde su propia lógica se ve en la necesidad de racionalizar las ambigüedades de las políticas
rebeldes, termina atribuyendo falsedad deliberada a uno de los más grandes rebeldes indios y
malinterpreta la conciencia insurgente.

En conclusión, El autor muestra una posición reacia frente a la historiografía tradicional y dirige sus
críticas no a lo que él denomina lo obvio en cuanto a esta: sus tendencias, las ideologías a las que
se inclina, su manipulación por parte del estado etc. Si no, a la forma en que fue construido su
discurso, forma, en cuanto a paradigmas que funda, insistencia en determinados aspectos etc. En
otras palabras revelar la lógica de las distorsiones dentro de la construcción historiográfica. Y es esto
lo que a lo largo de su ensayo desarrolla frente a la historiografía sobre la insurgencia campesina en
la india colonial. La figura del campesino insurgente como pasivo e inconsciente, según la postura
tradicional, oculta una serie de fenómenos que tras una lectura sin análisis no son siquiera
percibidos, y que de serlo incluso derrumbarían las mismas construcciones historiográficas y
ampliaría los horizontes de análisis de la historia. De manera que sujetos históricos como el
campesinado insurgente no solo poseen una connotación activa para su época sino que aún hoy su
participación puede modificar, dar giros inesperados a los modos de investigación. Y esto es lo que
concierne más directamente a nuestro trabajo de investigación.