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ÍNDICE

COLECCIÓN !ESTRUCTURAS Y PROCESOS


Serie Derecho

l. LA DEMOCRACIA SIN ENEMIGOS .• .. . . . . . .. . . . . . . . .. .. . .. . . . .. . .. .. .. . .. . . . .. . .. . .. .. .. 9


l. l. Diagnóstico inicial: la tercera transformación....................... 9
1.2. ¿Hemos tocado techo?......................................................... 13

2. CALIDAD E INTENSIDAD DE LA DEMOCRACIA...................................... 19


2.1. Consolidación, estancamiento o retroceso............................ 19
2.2. La calidad de los híbridos . .. ... .. .... . .... .. .... .... .. ... .. ... .... ... ... .. .. . 21
2.3. La hipótesis del crecimiento constante................................. 28
2.4. El poder del elector............................................................. 33

3. REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN................................................... 41
3 .1. El entorno de la representación............................................ 41
3.2. La gran decepción................................................................ 43
3.3. La representación como farsa o como ficción ... ... ... ... .... .. .... . 48
3.4. Pluralismo de intereses y colonización mediática .................. 53
3.5. La representación imposible y su reinvención....................... 57
3.6. Acortar la distancia: proximidad y sondeos.......................... 64
©Editorial Trotta, S.A., 2012 3. 7. Presencia y diferencia: intereses, perspectivas y opiniones....... 71
Ferraz, 55. 28008 Madrid 3.8. El ciclo de la representación................................................. 78
Teléfono: 91 543 03 61
Fax: 91 543 14 88
E-mail: editorial@trotta.es 4. SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA .................................... 91
http://www. trotta .es 4.1. Ingobernabilidad y concentración del poder político............ 91
4.2. La bancarrota epistémica del constitucionalismo democrático... 94
© Andrea Greppi, 2012 4.3. Flexibilidad de la política y el derecho en la constelación pos-
nacional............................................................................... 99
ISBN: 978-84-9879-366-6 4.4. Pluralismo democrático: una nueva distribución de los pode-
Depósito Legal: M-31.434-20 12
res sociales........................................................................... 107
Impresión
4.5. Rematerialización del orden constitucional .......................... 113
Gráficas Varona, S.A. 4.6. La constitución y la última palabra....................................... 119

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

4. 7. Públicos fuertes, públicos débiles y determinación de los po-


deres.................................................................................... 126

5. ÜPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD ..................................................... 135


5 .l. Democracia y progreso........................................................ 135
5 .2. La opinión del público atrapada entre populismo y tecno- 1
crac1a ................................................................................ . 140
5.3. Transparencia, educación e institucionalización de la esfera LA DEMOCRACIA SIN ENEMIGOS
pública ................................................................................. . 149
5 .4. Razón pública con verdad y sih ella ..................................... . 161
5.5. Castillos en el aire y fracasos cotidianos ............................. .. 171
5 .6. Las reglas y la presencia subversiva de los hechos ................ . 180

Epílogo. Instrucciones de uso............................................................. 199


Bibliografía citada.................................................................................. 203

1.1. Diagnóstico inicial: la tercera transformación

Después de 1989, tras una serie de acontecimientos de sobra conoci-


dos, comenzó a cobrar fuerza la idea de que el progreso de la democracia
era ya un «movimiento universal» 1• El número de países en los que se ce-
lebraban elecciones libres había ido aumentando de forma extraordinaria
a lo largo de los quince años anteriores y un porcentaje significativo de
la población mundial, incomparablemente mayor al que nunca se había
conocido, vivía en sociedades libres y democráticas. N o faltaban señales
de incertidumbre, pero se podía suponer que el ciclo ascendente de
la democracia no volvería a interrumpirse, como había sucedido en los
años veinte y treinta con el ascenso de los fascismos, y en los años sesenta
y setenta con la difusión de nuevas formas de autoritarismo. Esta vez la
democracia no tenía enemigos. Por eso era tan poco probable que fuera
a producirse un movimiento de reflujo. El siglo xx, el de las guerras y el
totalitarismo, podía darse definitivamente por concluido y se abría un
tiempo nuevo.
Aunque la lucha por la democracia nunca ha sido fácil, lo cierto es
que a partir de ese momento el avance pareció estancarse, tanto en los
países en vías de desarrollo como en los más ricos, en las democracias
nuevas y en las que se decían consolidadas 2 • Nadie veía con claridad si
la democracia seguía ganando terreno o comenzaba a perderlo, y los
pronósticos sobre lo que podía suceder de ahí en adelante dejaron de
ser fiables. Es cierto que en esos mismos años seguían multiplicándose
las iniciativas nacionales e internacionales, pacíficas y no tan pacíficas,
de consolidación democrática. Estaban en marcha numerosas experien-
cias de innovación institucional, tanto en el ámbito local como supra-

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO LA DEMOCRACIA SIN ENEMIGOS

nacional, algunas de las cuales tenían una importancia incuestionable. pública democrática y cuál es el papel que podrían jugar. No hay duda
Pero el balance de estas tendencias, a día de hoy, resulta cuando menos de que estos no son los únicos factores que inciden en el desarrollo de
difícil de interpretar. El prestigio del ideal democrático no se ha visto los procesos de democratización, determinando su éxito o fracaso. No
comprometido y no han surgido ideales alternativos que puedan desa- obstante, el análisis del nexo que las modernas democracias establecen
fiado, pero el lugar de privilegio que ocupaba en el imaginario colectivo entre estos tres elementos ofrece un cuadro ajustado del tipo de cam-
ha ido diluyéndose. No se ha producido una oleada de fracasos demo- bio al que nos enfrentamos. Diría incluso que es en la relación entre
cráticos que haya puesto seriamente en cuestión la democratización .de representación, separación de poderes y opinión pública donde radica
grandes áreas del planeta y, sin embargo, la creencia en la fuerza expan- el elemento específicamente democrático de esa forma de gobierno com-
siva del proceso de democratización ha ido retrocediendo. Ya no nos pleja que es la democracia constitucional.
parece un dato evidente. Y este es ya un gran cambio. Una dificultad preliminar en este programa de trabajo está en dar
Por estas razones, y otras más que podrían añadirse, urge revisar el con el tono adecuado para reflejar el malestar al que se enfrenta coti-
diagnóstico sobre el presente y el futuro de la democracia. Lo que está dianamente el ciudadano común y que alimenta buena parte de la lite-
en juego es algo más que un simple problema de «ajuste» entre la rea- ratura sobre estas materias 5 • Sería un error caer en la excesiva dramati-
lidad efectiva a la que nos enfrentarnos y las distintas interpretaciones zación de los males, como si alguna vez hubiera existido algo parecido
que de ella pueden darse. Sin que acertemos a comprender exactamente a una edad de oro, un instante mágico en el que los distintos ingredien-
cómo ni por qué -escribía Roqert Dahl hace años- se nos viene en- tes de la democracia moderna estuvieron en perfecto equilibrio. Igual-
cima la tercera gran transformación de la democracia3 • El ideal demo- mente improductivo es el desencanto de quienes restan todo valor a los
crático se construye inicialmente tomando como referencia el entorno avances de la libertad y la democracia a lo largo de las últimas décadas,
económico, social y cultural de la antigua ciudad-Estado. Más tarde se con el argumento de que nunca han estado a la altura de sus promesas,
adapta a las condiciones del Estado-nación. Análogamente, podríamos pues no caminaron en la dirección de la democracia «auténtica», la que
interpretar los cambios que están teniendo lugar en nuestros días como supuestamente existe cuando todo el poder está en manos de todos.
el resultado de un proceso por medio del cual las moder'nas democra- Una segunda dificultad está en encontrar el enfoque disciplinario más
cias intentan acomodarse a un entorno nuevo, distinto a aquel en el acertado para describir una transformación tan intensa y difusa como
que maduraron sus instituciones fundamentales 4 • La «crisis» de nuestras la que se está produciendo. La tentación en este caso es la de ir en
democracias, vista en perspectiva, no sería más que una (nueva) crisis de busca de «lo más fundamental», acentuando más allá de lo razonable
cambio, como las anteriores. Pero a condición, y es aquí donde empiezan la vertiente filosófica de la investigación y poniendo en segundo plano
las dificultades, de que en el orden político que empieza a definirse en esta los pormenores sociales e institucionales que marcan el ritmo de los
fase histórica la forma de gobierno democrática no quede radicalmente cambios. El peligro de las explicaciones que van demasiado a fondo es
transfigurada, hasta volverse irreconocible. A condición, por tanto, de que al final no les queda tiempo para prestar atención a los detalles que
que la democracia siga teniendo un futuro. El diagnóstico sobre la crisis siempre salen al paso, de manera que acaban volviéndose políticamen-
presente sería muy distinto si hubiera indicios de que las transformacio- te triviales. No obstante, el lector comprobará cómo a lo largo de las
nes en curso preparan la aparición de un régimen político «distinto», próximas páginas irán aflorando argumentos que apuntan hacia una
que no merezca ya ser designado con la palabra «democracia». reconstrucción en términos deliberativos de algunos supuestos centra-
Para no caer en el error de quien mucho abarca y poco aprieta, y les de la democracia constitucional. Afirmaré que es precisamente en
por una serie de razones que irán aclarándose más adelante, limitaré este terreno, aparentemente alejado de la experiencia política más inme-
el objeto de este ensayo a la dimensión institucional de la democra- diata, donde se deciden algunos de los nudos teóricos y prácticos más
cia. Más concretamente, me centraré en el entramado de supuestos importantes a los que nos enfrentamos. Mi propósito es aplazar, en lo
ideológicos sobre los que se asientan los dos pilares organizativos bá- posible, este aspecto del trabajo, para que vaya emergiendo paulatina-
sicos de la democracia constitucional: los principios de representación y mente, solo cuando sea indispensable.
de separación de poderes. Intentaré mostrar cuál es el papel que esos Estas páginas tienen un doble nivel de lectura. Pueden ser tomadas
principios realmente juegan en el proceso de formación de una opinión . como una advertencia sobre la necesidad de tomar en consideración la

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO LA DEMOCRACIA SIN ENEMIGOS

quiebra de algunos supuestos muy fundamentales cuya inestabilidad está constitucionales del objeto del que están hablando, para evitar que su
poniendo contra las cuerdas la efectiva realización de los principios de reflexión acabe perdiendo el imprescindible mordiente crítico.
representación y separación de poderes. Mientras no se atienda a estas
cuestiones preliminares, de orden conceptual, no parece que vaya a ser
posible encontrar vías de salida transitables, que nos saquen de la situa- 1.2. ¿Hemos tocado techo?
ción de estancamiento en que parece haber entrado la teoría y la práctica
del régimen político que consideramos preferible. Pero estas páginas con- Hasta hace unos años, al menos en la parte del mundo que se decía
tienen también, en un segundp nivel, una advertencia a los filósofos que libre, la hipótesis tácita que orientaba la teoría y la práctica de la de-
construyen ambiciosas teorías de la democracia deliberativa sin pararse a mocracia venía a ser aproximadamente esta: una democracia próspe-
considerar dónde está el punto de enganche con la realidad institucional; ra, en la que se cumplen una serie de condiciones básicas de libertad
genera por sí misma la energía y los recursos que ella misma necesita
'
así como a los juristas y politólogos que hacen oídos sordos a lo que suce-
de en el ámbito de la filosofía, donde se elaboran y se hacen explícitas las para mantenerse en equilibrio y avanzar hacia el logro de nuevas fron-
dificultades a las que atendemos y las razones que nos guían en la expe- teras de desarrollo democrático. Esta hipótesis permitía trazar progra-
riencia cotidiana. El propósito es mostrar que las reglas de la democracia mas de investigación teórica y de intervención política de largo alcance.
no son solamente, como tienden a pensar politólogos y juristas, criterios Identificados los factores que hicieron históricamente posible la difusión
procedimentales más o menos eficientes para la adopción de decisiones; de la democracia en el mundo civilizado se pensaba que habría sido
pero no son tampoco, como quieren creer los filósofos moralistas, un posible reproducirlos en otros lugares distintos, replicando la misma
mero reflejo de los principios de la razón pública. Por el contrario, han experiencia. La estrategia era atractiva y prudente pero, vista en pers-
de ser entendidas al mismo tiempo como el marco de referencia indis- pectiva, no deja de suscitar un profundo recelo: ¿estamos seguros de
pensable en los procesos de formación de la opinión y de la voluntad. La que los tiempos son propicios para seguir confiando en la hipótesis del
democracia necesita reglas que establezcan garantías mínimas de libertad progresivo avance de la democracia?
e igualdad, como las que han sido incorporadas a la tradición del cons- En torno a la mitad del siglo xx, con las obvias peculiaridades de la
titucionalismo democrático. Pero es necesario insistir en que sin reglas época, comenzaron a estudiarse con detenimiento las regularidades que
que instituyan mecanismos de representación y separación de poderes es caracterizaban el proceso de democratización. El verdadero triunfo de
improbable que pueda formarse, como se pretende, una esfera públi- la democracia no llegaría hasta unos años más tarde. A comienzos de los
ca democrática. En concreto, sin pautas estables que permitan organizar años noventa, Samuel Huntington describía con sorpresa y satisfacción
y distribuir el flujo de la comunicación y el debate, asociándolo al proceso los acontecimientos de la última y clamorosa fase de expansión demo-
de toma de decisiones, no es fácil imaginar de qué manera los ciudadanos crática. Con matices y notas a pie de página, la explicación dada por
podrían formarse una opinión propia sobre las cuestiones de dominio Huntington de lo que hoy conocemos como la «tercera ola» de demo-
público. Y sin un público de ciudadanos con opiniones propias, sin cratización se ha convertido en la visión estándar entre los expertos y se
un público de personas capaces de pensar por sí mismas, no es difícil ha incorporado al sentido común de cualquier ciudadano medianamente
augurar -este sería el último paso- que los procedimientos de la demo- informado. Las transiciones de aquel periodo afortunado -se dice- fue-
cracia constitucional acabarían quedando reducidos a expedientes vacíos ron el resultado de una serie de «cambios significativos»: la deslegitima-
de contenido, abocados a un inexorable declive. ción de los regímenes autoritarios anteriores, especialmente en los países
Mi recorrido pretende situarse, por tanto, a caballo entre las com- en vías de desarrollo; la elevación del nivel de vida y, por consiguien-
petencias de juristas y politólogos, por un lado, y de los filósofos, por te, del nivel educativo de esas sociedades, que favoreció la expansión y
otro. Se les pide a los primeros que se cuestionen la solidez de algunas consolidación de la sociedad civil; la apertura ideológica de las iglesias
de las premisas que habitualmente utilizan para dar cuenta de su obje- nacionales y su oposición al autoritarismo; la aparición de un contexto
to de estudio, y que lo hagan con la vista puesta en el tipo de fenóme- internacional propicio, tanto a nivel global como en ciertas áreas regio-
nos que caracterizan, en democracia, los procesos de formación de la nales; y un imparable «efecto de contagio», que «estimuló y proveyó de
opinión y la voluntad. A los segundos, que se fijen en las peculiaridades modelos para[ ... ] el cambio de régimen en otros paísesé. Por lo demás,

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LA DEMOCRACIA SIN ENEMIGOS
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

no había indicios de que la experiencia de aquellos años no pudiera re- A diferencia de lo que sucedía en otros tiempos, cuando un telón de
producirse en otros lugares distintos o en otros momentos futuros. acero permitía visualizar las diferencias, la situación contemporánea no
Con el acervo de información acumulada, la ciencia política estaba en puede ~er descrita ya en blanco y negro. Las zonas que en aquella época
condiciones de elaborar auténticos manuales de democratización, poco eran gnses pueden ser contempladas hoy a todo color, en alta definición.
menos que prontuarios de bricolaje democrático para reformadores La evidencia nos obliga a preguntarnos si los factores que en la fase ante-
bienintencionados que quisieran abandonar los moldes del trasnochado rior impulsaban el avance de la democracia seguirán teniendo efectos si-
autoritarismo. El propio Huntington, sin ir más lejos, ofrecía una serie milares en un contexto diferente, en condiciones ambientales distintas.
de indicaciones que iban en esta dirección. No es que fueran equivocadas Hemos caído en la cuenta de que la frontera de la democratización ya no
o que el tiempo las haya desmentido. Lo que sorprende es la ingenuidad pasa por la sustitución de los últimos regímenes autoritarios o por la cele-
del análisis histórico. Y es que a poco más de dos décadas de la última bración de elecciones libres y regulares en los lugares más recónditos del
serie de revoluciones democráticas ya no es tan obvio, como quizá lo planeta, sino más bien por la capacidad que pueda tener esta democra-
fuera entonces, que si la democracia pudo prosperar bajo determinadas cia, la única que existe, para hacer frente a la emergencia de multitud
condiciones -económicas, sociales, culturales, institucionales- bastaría de nuevos poderes autoritarios, radicalmente antidemocráticos porque
con mantener o reproducir esas mismas condiciones para que la llama son capaces de actuar al margen y por encima de las leyes. Un desafío que
de la democratización no se apagara o volviera a prenderse; y, al mismo no es solo práctico, sino también teórico.
tiempo, que bastaría con incrementar el grado de satisfacción de las c~n­ Este ensayo toma como punto de partida la pregunta acerca de si el
diciones que se dieron en aquel momento para que las democracias esquema institucional básico del constitucionalismo democrático en sus
diversas variantes, será capaz de resistir a las nuevas formas de poder des-
actualmente existentes mejoraran sus prestaciones.
En estos años, la cuestión de los desafíos y las fronteras de la demo- pótico que emergen en sociedades fragmentadas, altamente diferenciadas
cratización ha sido una constante en la agenda teórica y en la práctica e intensamente interconectadas. Es obvio que esta inquietud puede abor-
política. No obstante, como se decía más arriba, la seguridad de hace darse tomando una perspectiva histórica o sociológica general, conside-
7 rando las variaciones que se producen en las formas institucionales como
unas décadas ha dado paso a una difusa sensación de desconcierto • El
entusiasmo ha quedado relegado a los documentos diplomáticos o a las el resultado de procesos sociales más amplios, a través de los cambios
más burdas operaciones de propaganda. No es fácil resumir en pocas que están teniendo lugar en las pautas de cohesión social, en las estruc-
palabras de dónde vienen las dificultades, ni explicar por qué nadie las turas. socioeconómicas de base, en la cultura política hegemónica, y así
había previsto. Hay interpretaciones para todos los gustos. · sucesivamente. Un análisis de este tipo llevaría a una reflexión sobre las
Un conocido politólogo advertía recientemente, tomando prestada consecuencias que ha tenido y seguirá teniendo la globalización sobre los
una imagen clásica, que la mala gobernanza es el espectro que persigue procesos de legi:i~ación de la autoridad política. No es esta la prioridad,
a la democracia en nuestros días. Y, en efecto, hay una significativa co- como ya he anticipado. Aunque la referencia a estos cambios estará en
rriente en el pensamiento contemporáneo que centra su atención en el todo momento en el trasfondo, el objeto principal de este análisis son
problema de cómo gobernar «mejor», de manera más eficiente, nuestras los discursos. En particular, se trata de comprobar si una serie de «con-
democracias. Se dice que el «buengobierno» es un presupuesto ineludible cep:os y categorías» 9 elementales del léxico político encajan o quedan
de cualquier horizonte democratizador. Prueba de ello, y fehaciente, es f~:srficados a la luz de un conjunto de «hechos». Es obvio que esta opera-
que la mayoría de las democracias fallidas son también democracias inefi- cwn presupone una buena dosis de confianza en la crítica de los marcos
cientes8. Pero no es este el único espectro que nos persigue. Desde los años ideológicos del discurso político, como herramienta para la clarificación
setenta, por vías distintas, más o menos tortuosas, hemos ido tomando de los deseos, los intereses y las necesidades, para la deconstrucción de
conciencia de la dificultad que encuentran todas las democracias, incluso los .i~~ginarios y el desencantamiento de los mitos, los dogmas y los
las <<mejores», para cubrir el déficit de legitimidad que vienen arrastrando. preJmcws. La democracia no puede subsistir si los ciudadanos carecen de
Con mirada retrospectiva, podemos interpretar la vertiginosa implosión instrumentos para orientarse en el océano de las ideas.
del estado de ánimo producido por el segundo 89 como reflejo de una . ~ En el próximo ca~ítulo intentaré acotar el problema de la degrada-
corriente de fondo que viene de más lejos, de los años de bonanza. cwn de las democracias contemporáneas. La ausencia de diagnósticos

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO LA DEMOCRACIA SIN ENEMIGOS

claros sobre el estancamiento de los procesos de transición y la proli- tiene capacidad real para intervenir en ellos. ¿Por dónde discurren hoy los
feración de democracias defectuosas permitirá mostrar la debilidad de caminos del progreso democrático? ¿Quiénes tienen recursos suficientes
los instrumentos teóricos que se emplean habitualmente para medir los para transitar por ellos? Habrá quien piense que, dadas las condicio-
avances y retrocesos de la democracia. Por el contrario, la elaboración de nes de complejidad social desbordante en que nos encontramos 11, no es
un criterio suficientemente sensible de calidad democrática exige adoptar razonable poner en manos del ciudadano común, del elector, espacios
algunos compromisos de largo alcance, reajustando, aunque no necesa- significativos de intervención política en las materias más relevantes. Se
riamente a la baja, las expectativas sobre el rumbo que han de tomar los dirá que es demasiado peligroso, que en un mundo como este la intran-
procesos de democratización. Aparecerá entonces la primera referencia sigente reivindicación del igual derecho de todos a participar en las de-
a la dimensión deliberativa de los procesos a través de los cuales llega a cisiones colectivas es tan irracional como lo fue durante siglos. Y a partir
formarse la opinión y la voluntad. Se dirá que esta es una dimensión de ahí se concluirá que las instituciones tendrán que recortarlo, si es que
determinante de calidad democrática. En los dos capítulos siguientes me no quieren verse fatalmente abocadas al colapso. Pero quizá no sea esta
ocuparé del factor que, a mi juicio, explica de la manera más ajustada de la única manera de enfrentarse a una situación como la presente. Incluso
dónde viene y en qué consiste la degradación de las democracias con- en sociedades tan ingobernables como las nuestras, en las que el poder y
temporáneas: el progresivo vaciamiento de sus instrumentos organizati- el dinero tienden a concentrarse en lugares opacos, que escapan a la vista
vos básicos, los principios de representación y de separación de poderes. del público, es posible apostar por el desarrollo de estructuras institucio-
Consideraré varias estrategias para revitalizar estos principios y explicaré nales que puedan albergar un proceso democrático de formación de la
por qué, a mi juicio, es indispensable hacerlo. Me alejaré de quienes su- opinión y la voluntad. La regeneración de las instituciones democráticas
gieren -y no son pocos- que más nos valdría ponerlos cuanto antes en -o, como se decía antaño, la «profundización» de la democracia- no es
cuarentena, porque no serían más que inútiles trabas para la «reforma» un lujo del que podamos desprendernos. Si los ciudadanos no tienen opi-
de las instituciones democráticas, en un contexto en el que la prioridad nión propia, si no disponen del poder para pensar con su propia cabeza, la
parece estar en deshacerse cuanto antes de los pesados «formalismos» celebración de elecciones y los demás rituales previstos en constituciones
burocráticos del viejo constitucionalismo. Mi argumento consistirá en democráticas están destinados a transformarse en contenedores huecos.
afirmar que esos principios resultan de la máxima utilidad precisamente Y esto es algo que no nos podemos permitir. Corremos el riesgo de que,
en el contexto contemporáneo, y no (solo) por las razones que esgrimían imperceptiblemente, la diferencia entre la democracia y su contrario em-
los antiguos constitucionalistas, sino (también) porque son un instrumen- piece a volverse cada vez más estrecha, hasta resultar inapreciable. Pero
to insustituible para la institucionalización de la esfera pública, es decir, ¿qué es lo que tiene que suceder o qué es lo que se puede hacer para que
para la formación de un <<público atento» 10 , compuesto por ciudadanos este pronóstico no llegue a cumplirse?
capaces de comprender el ir y venir de razones que constituye la sustancia
del proceso democrático. Me ocuparé finalmente del papel que desempe-
ñan esas estructuras institucionales como el mejor punto de apoyo para NOTAS
resistir a la clamorosa erosión de la opinión pública que está teniendo
1. Huntington, 1998, 36.
lugar en sociedades como las nuestras. 2. Esta referencia al estancamiento aparece, por ejemplo, en el informe Freedom
¿Estamos realmente, como parece, en una situación de cambio pa- House sobre la democracia en el mundo en el año 2006-2007. Cf. además Diamond,
radigmático en el proceso de democratización? Y, en ese caso, ¿tenemos 2008, 12.
la posibilidad real de orientar el proceso de cambio, de incidir conscien- 3. Dahl, 1989, Introducción.
4. Explica Dahl que el primero de estos cambios afecta a condiciones de las que de-
temente en su desarrollo? Estas son, probablemente, las cuestiones más
penden la estabilidad de las poliarquías y el acceso de nuevas naciones al grupo de países
generales que sobrevuelan estas páginas. Mi impresión es que la dificultad democráticos. El segundo cambio se refiere al ámbito sobre el que se proyectan las decisio-
que encierran estas preguntas no está tanto en saber si existe algún margen nes públicas y privadas que afectan a los intereses vitales de los ciudadanos. En tercer lugar,
de maniobra -afirmar o negar una tesis como esta, desde el punto de se habría producido un cambio en las estructuras económicas y culturales de las que depende
vista más general, tiene profundas implicaciones filosóficas que no vienen la igualdad o desigualdad de recursos, capacidades y oportunidades entre los ciudadanos. El
resultado, en todos estos ámbitos, es por el momento incierto (cf. Dahl, 1989, caps. 22-23).
a cuento en este lugar- como en saber dónde están esos márgenes y quién

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

5. En la inabarcable literatura sobre el malestar democr~tico, señalo: Guéhen~


no, 1995; Mine, 1995; Sandel, 1996; Eisenstadt, 1999;. Schmttter y Trechsel, 2~0:,
Bernstein 2006; Ranciere, 2006, Ginsborg, 2006; Dworkm, 2008; Hermet, 2008a, P~­
rez Díaz, '2008; Monedero, 2009; Rosanvallon, 2010; Vidal-Beneyto, 2010; Przeworsln,
2010; Ferrajoli, 2011b.
6. Huntington, 1998, 53-54.
2
7. Desorientación es el efecto que se produce al caer en la cuenta, d~ pro~to, de
los «obstáculos no previstos>> que tienen que afrontar nuestras democraCias; d. Bob- CALIDAD E INTENSIDAD DE LA DEMOCRACIA
bio, 2001a, 41 ss.
8. Morlino, 2003,231.
9. Tomo esta expresión de Berlin, 1983.
10. Esta expresión proviene de G. Almond, citado en Dahl, 19?.2, cap. ~3. . ,
11. Un panorama sobre las distintas dimensiones de la comple¡,t~ad, soe1al Y eptste-
mica en un contexto directamente relacionado con la teoría democratlca, se encuentra en
Zolo,' 1996, 17-34.

2.1. ConsolidaciónJ estancamiento o retroceso

Én el umbral de la tercera transformación caben al menos dos diagnósti-


cos alternativos sobre la «democracia» que vendrá después de esta demo-
cracia, 1a democraCia presente 1 • El primero es el de quienes consideran
que la brecha entre la teoría y la práctica de la democracia constitucional
irá aumentando a medida que vaya reduciéndose, por las razones que
habremos de considerar en las próximas páginas, el margen de autode-
terminación del ciudadano. Si ese margen llegara a ser nulo se habría
producido una auténtica mutación en las formas de legitimación del po-
der político y ya no tendría sentido sostener muchas de las instituciones
que caracterizan a democracias como las nuestras, de las elecciones a los
parlamentos, por ejemplo. Sin llegar a tanto, puede suceder que, some-
tidas a intensas corrientes de cambio, esas instituciones no desaparezcan
del todo, sigan en vigor y pasen a desempeñar funciones diferentes a las
que hoy les atribuimos. Para dar cuenta de esta nueva situación lo más
probable es que el teórico de las formas políticas quiera establecer un
marco conceptual nuevo,. una nueva especi~_dentro del iénero «demo-
cracia». Podrá entonces afirmar que la democracia del futuro es una cosa
distinta de l<iélemocracia anterior, de la misma forma q~e la democracia
de los modernos no puede ser adecuádamente descrita como una simple
evolución o perfeccionamiento de la democracia de los antiguos. Pero
puede suceder también -esta sería la segunda opción, más razonable
quizá que la anterior- que se llegue a la conclusión de que los nuevos
arreglos institucionales que están surgiendo en esta fase histórica, por
más que arrastren un considerable margen de indeterminación, pueden
ser reconducidos todavía al paradigma anterior, que una vez más estaría

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO
CALIDAD E INTENSIDAD DE LA DEMOCRACIA

dando prueba de su extraordinaria capacidad de adaptación. Se trata de


y a diferencia de la demanda de calidad democrática, tan presente en el
saber, en este segundo caso, cuáles de estas transformaciones constituyen debate público, la pregunta por el significado de la «calidad» está clamo-
un avance en términos de calidad democrática y cuáles un retroceso, qué
rosamente ausente. Porque para llegar a tener criterios significativos de
elementos de continuidad han de ser preservados y cuáles, en cambio, calidad democrática habría que empezar por resolver la pregunta preli-
bloquean el funcionamiento de las instituciones llevándolas a una situa- minar sobre lo que distingue a una democracia «buena» de una que no lo
ción de estancamiento, el prólogo de su inevitable declive. es tanto. Y esta cuestión arrastra enseguida un amplio abanico de cues-
Que la segunda de estas dos opciones sea más razonable no signi-
tiones acerca de las fuerzas que mueven los procesos de democratización.
fica que sea más manejable que la primera. Tanto en un caso como en
En relación con esto, el objetivo de las siguientes páginas es allanar el
otro, la comparación entre lo que hoy tenemos y lo que nos depara el
camino a una noción exigente de «calidad democrática» que tenga en
futuro requiere instrumentos de análisis y evaluación adecuados. Lo
cuenta o no se desentienda de las condiciones deliberativas para la forma-
que quiero mostrar en este capítulo es que las herramientas disponibles,
CIÓn de la opinión y la voluntad. Más adelante, en los siguientes capítu-
forjadas en una época distinta a la nuestra, pueden estar ofreciéndonos
lOS, me ocuparé de las razones por las que considero importante centrar
una visión distorsionada de la situación en que realmente se encuentran nuestra atención precisamente en este aspecto del proceso político.
las actuales democracias: es posible que no estén midiendo lo que se ne-
cesitaría medir y que no estén ofreciendo interpretaciones relevantes de
lo que miden. En tiempos en gue la demacrada no tiene rivales, cuan~ 2.2. La calidad de los híbridos
la ran mayoría de los aíses son o dicen ue son o uieren lle ar a r
emocráticos, ¿bajo gué condiciones podemos hablar de calidad demo- No todas las democracias son igual de democráticas. Unas son mejores
crática? ¿cómo se mide lo más y lo menos democrático? que otras y tienen más calidad. Otras, menos. Aunque la manera más
- En momentos de cambio es hasta cierto punto comprensible que la obvia para establecer diferencias entre dos objetos es comparándolos,
teoría vaya a remolque de la práctica. Téngase en cuenta, además, que esa para que la comparación arroje resultados significativos es necesario
misma práctica que genera desafección y desencanto no es tan mala como acertar a la hora de escoger los términos que se comparan e indicar
puede parecer. Como se decía al comienzo, los programas de democrati- un conjunto de características relevantes. En el caso de la democracia
zación, tanto en el ámbito nacional como supranacional, no se han dete- ¿cómo identificar los casos que merecen ser tomados en consideración?
nido2. Las nuevas democracias siguen avanzando y las viejas no han dado ¿Cuál(es) es (son) los criterios para evaluar la «democraticidad» de las
por concluida la búsqueda de nuevas fronteras de calidad democrática. democracias? Y, en general, ¿acaso la respuesta a estas preguntas no
Quizá todo se deba a un malentendido, a un desajuste entre expectativas y presupone ya, de antemano, la opción por una determinada manera de
percepciones de la realidad. Lo menos que se puede decir, sin embargo, es entender el objeto de análisis, la democracia misma?
que hay demasiados factores en juego para formular un diagnóstico claro. En la bibliografía hay importantes intentos de atender a estas in-
A diferencia de lo ue sucedía en los años felices en que las transiciones quietudes. Entre las investigaciones internacionales realizadas en los úl-
se contaban por decenas, no disponemos de mo e os a es, o tan a es timos tiempos, la más conocida es probablemente la gue desde los años
como los anteriores, gue nos mdiquen por dónde deberían caminar nu~ s~ten~~ viene realizándose por iniciativa de Freedom House, una orga-
tras democracias, tanto las consolidadas como las que están en (perma- mzacwn no-gubernamental estadounidense 3 • El Freedom in the World
nente) transición hacia no se sabe dónde. Podríamos discutir si subsisten Survey tiene dos grandes blo ues uno relativo a los derechos políticos
los factores que impulsaron la última fase ael proceso de democratización Y otro a as i ertades civiles. La distinción responde a la tesis, gene-
o si, por el contrario, han aparecido otros nuevos. Pero aun en el mejor r.almente compartida, según la cual se entiende que estas últimas, las
de los casos no tenemos certeza de que las mismas causas vayan a produ- hbertades, son condición indispensable para el ejercicio de aquellos, los
cir los mismos efectos. Es la condición ceteris paribus, de la que depende ~e:echos polí~icos. La suma de estas dos vertientes de la libertad -po-
cualquier comparación significativa, la que se ha vuelto inestable. Sitiv~ y negativa, en la terminología al uso- debería proporcionar la
La dificultad para dar sentido a la evidencia es antes que nada de medida total de la «calidad democrática», la foto fija del estado de salud
orden teórico. No faltan datos, sino interpretaciones fiables. De hecho, de los sistemas políticos objeto de comparación. Mediante una serie de

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21
CALIDAD E INTENSIDAD DE LA DEMOCRACIA
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

indicadores cuantitativos y cualitativos, y sobre la base de un protocolo mejores como en las peores democracias. Malestar, desencanto, fatiga:
homogéneo4, se le asigna un valor numérico a cada apartado, de mane- son demasiadas las voces que apuntan en esta dirección como para pen-
ra que es posible elaborar una clasificación de la libert~d en el m~ndo, sar que entre ellas no haya algo más que el reflejo de la crónica melan-
distinguiendo entre sociedades libres, parcialmente ltbres y no ltbres. colía de intelectuales ociosos o el irresponsable instinto contestatario de
Estos resultados se cruzan, finalmente, con la distinción entre regímenes unos pocos ciudadanos alborotados.
en los que se desarrollan procesos electorales suficientemente limpios Y Si subrayo estas dificultades metodológicas no es porque pretenda
regulares, y regímenes en los que eso no sucede. El resultado agregado cuestionar la utilidad de los estudios com arativos sino ara mostrar
del análisis es claro en los_ extremos d~ la lis_t_a, donde libertad Y demo- qué tipo e pro emas pueden uedar oculto se acierta en la
cracia coinciden, de un Íado, y ausencia de libertad y aut()ritari.SIT1(), de ~ón del marco e análisis, especialmente a la hora de enfrentarse a
~tro. Sin embargo, cabe la sospecha de que las cosas no sean tan fáciles una realidad tan fluida como es la que caracteriza a la democracia tras el
e~ la zona intermedia de la clasificación,., donde hay libertªg p~r() ?.~ en- agotamiento de la tercera ola. En una situación de cambio paradigmático,
cuentra limitada y donde la regularidad de los procesos electorales está la mera comparación de lo nuevo con lo viejo yerra el blanco y no hace
sujeta a la vigilancia de poderes no democráticos. más que generar información banal. Cabe la posibilidad, por supuesto,
¿por qué detenerse en estas dudas? ¿Dónde está esa ambigüedad de refinar los criterios de análisis, ampliando sus coordenadas. Con la
en el diagnóstico a la que antes me refería? Los problemas no son vista puesta en una concepción pluralista de la democracia, hay quienes
tanto metodológicos -desde este punto de vista, con aciertos y erro- proponen incorporar nuevos factores de medición, cualitativamente más
res, no creo que nadie ponga seriamente en duda el rigor d~ este tipo ricos que los mencionados anteriormente: el respeto a la ley, la respon-
de investigaciones5- , como de carácter conceptual. Son dificultades s~bilidad (accountability), la satisfacción de las preferencias de los ciuda-
que salen al paso cuando nos preguntamos por la solidez del encuadre danos (responsiv~ness), el respeto de los derechos de libertad y el logro
(framing). No tienen que ver, por tanto, con cómo se mide, sino con la de mayores cota_s de igualdad política y social. E incluso, si ello fuera
selección de aquello que se mide y con la interpretación de los resulta- técnicamente posible, añadirían otras variables todavía más complejas,
dos obtenidos. La prueba de que no es tan sencillo despejar estas dudas como la estabilidad o el arraigo del sistema político, la intensidad de la
la encontramos en la manera en que están formulados los indicadores participación, el fair play en la competición, la transparencia o fidelidad
de la encuesta, entre los cuales aparecen multitud de términos valora- ~n la representación, la confianza institucional, etc. 6 • Sin embargo, de
tivamente densos: la adecuada representación de intereses, la influencia n~evo, el tipo de incertidumbre que aquí estoy señalando no se soluciona
indebida de los poderes económicos, la ausencia de obstáculos -se en- ~i con la acumulación de información adicional, ni con un renovado

tiende ilegítimos- a la participación de los individuos y los actores de ~sfuerzo de imaginación s.ociológica. Por mas datos que consigamos
la sociedad civil, la intromisión -injustificada- del poder político a~umular, el problema seguirá estando en aclarar qué tipo de relación
en la formación de.la opinión pública, la imparcialidad de los. tribu- existe entre las distintas variables. ¿Están conectadas entre sí o son
nales, la equidad y no-discriminación en las relaciones económicas y independientes? ¿cómo agregar los distintos indicadores para llegar a
sociales, la efectividad de la rendición de cuentas ante los ciudad?nos, una medida «final» de la calidad? La respuesta más probable a estas pre-
etc. En la medida en que la evaluación no puede prescindir de .este tipo guntas pasa por reconocer que las distintas dimensiones de la calidad se
de . criterios, y dado que.. la neutralidad, en ciencias sociales, no es más sostienen unas a otras: sin rule of law no hay accountability, sin un míni-
que una aspiración, nadie podrá negar que .los resultad.os..de un._análisis mo de igualdad material es difícil que pueda darse responsiveness, sin el
como este estarán condicionados por los marcos conceptuales que. as:tJ:- r~speto de los derechos carece de sentido plantearse la existencia de rule
man, implícita o explícitamente, los evaluadores. Entiéndase bien: no of law, y así sucesivamente. Pero eso equivale a reconocer que la simple
hay nada malo en ello. Basta reconocer que la clasificación depende, suma de las puntuaciones por cada democracia en los distintos apartados
al menos en parte, de lo que piensen los evaluadores acerca de cuál es no siempre lleva a conclusiones significativas 7• Uria carencia grave en un
la mejor democracia que es realmente posible alcanzar aquí y ahora. apartado puede «contaminar» a los demás; y viceversa, cuesta creer que
Quizá sea esta la razón por la cual este tipo de informes no consiguen un defecto grave en alguno de estos indicadores pueda ser «compensado»
traducir en cifras el evidente malestar que se experimenta tanto en las por pna calificación especialmente elevada en otro. Por otra parte, estos
. ' '

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO CALIDAD E INTENSIDAD DE LA DEMOCRACIA

intentos de profundizar en el marco de análisis corren el riesgo de medir :;:_aluación de la cal~d~d democrática en contextos en los gue la regula-
demasiado y demasiado poco: demasiado, porque al incorporar a la ca- J19ad de _los procedimientos es compatible con persistentes quiebras en
lificación los «rendimientos» del proceso político tienden a identificar otros estandares razonablemente exigibles de «democraticidad»ll.
la calidad del proceso con los restantes aspectos de la justicia social8 ; y No son meras hipótesis de laboratorio o exageraciones literarias. Las
demasiado poco, porque tienden a dejar en segundo plano la cuestión sociedades ~emocráticas, incluso las mejores, están hoy pobladas por ciu-
crucial de la capacid~g de el~cción del ciudadano, esto_es, d~l verd(ldero dadanos satisfechos, conformes con el desempeño de sus instituciones,
protagonistª del proceso de Jorm.ación de la opinión _y la volu~~_ad den:o- pese a q~~ estas n~ ~umplan -?. cu.mplan solo de forma imperfecta-
¿rática9. Ver.emos, más adelante, que es precisamente aquí donde está el las c?ndiciOn~s ITI_Immas de legitimidad democrática recogidas en sus
nudo fundamental. _ . prop1as constitUciOnes. La consolidación de las democracias «avan-
· La· dificúltad:para~bjetiv?r la calidadse.inc_r_ewef1tatodavía más si zadas», lejos ~e producir ciudadanos cada vez más exigentes, parece
;ecuperamos el primero de los dos problemas de.llll~todo comparativo estar p:o~ov.Iendo 1~ g~neralizada aceptación de un amplio margen
al que antes aludíamos. ¿Cuáles son los casos que realmente merecen ser de endem1co mcumphmiento de los mínimos constitucionales. Por su-
incluidos en la comparación? ¿son democráticos todos los regímenes que puesto, la. teoría siem~re ha contemplado la posibilidad de que se den
lo parecen? O, dicho de otra forma, ¿tiene sentido aplicar baremos de altos Y baJos, aceleraciOnes y ralentizaciones, e incluso excepciones, en
democraticidad a sistemas constitucionales tan intensamente devaluados el p~oceso democratizador. Hay casos bien conocidos en los que no es
que quizá no merezcan siquiera ser calificados como democráticos? senci~l? establecer relaciones unívocas entre el cumplimiento de las
Hasta hace pocos años, quizá hasta el fatídico 1989, contábamos ~n condiCI?nes económicas, sociales o culturales de hase que se suponen
criterios relativamente claros para establecer una línea de de_.m.arcacióp ::._ecesanas p~ra su correcto funcionamiento y la estabilidad de un ré-
entre democracias, mejores y peores, y no-democracias. Conforme a una gime~ ?ohtico de carácter democrático. Se recuerda siempre, a este
célebre definición, que se conoce como «procedimental», la democracia propo~Ito,. la sorprendente estabilidad de la India, que es mucho más
es un sistema en el que las disputas se resuelven contando cabezas, y no llamativa SI se la compara con el vecino caso de Pakistán. La democracia
cortándolas. Quienes aceptan este punto de vista suelen afirmar que una hindú se ha mantenido de manera constante por encima de los mínimos
de sus mayores virtudes es que permite establecer una diferencia parti- procedim~ntales de corrección democrática incluso a pesar de las abis-
cularmente nítida entre la democracia y su contrario. Estaremos en el males desigualdades económicas y de la supervivencia de estructuras
territorio de la democracia cuando las decisiones colectivas sean tomadas social~s y ~ulturales premodernas. Pakistán, en cambio, ha pasado por
conforme a un sistema de reglas que atribuyen a todos los ciudadanos el una histona política atormentada, de la que todavía no ha salido. Se-
aerecho a tomar parte en el proceso político. Por el contrario, cuando la ría ingenuo pensar que las diferencias entre ambas situaciones se ex-
Iegltlmidad (última) del poder no provenga de las urnas entraremos en un plican únicamente. por la componente religiosa de la cultura política.
terreno ctistmto. De esta defimcwn de la democracia suele decirse que es Y no faltan casos mversos, en los que la mejora de los niveles de vida
mcompleta y excesivamente formalista, porque el significado del méto- Yla inevitable apertura desde el punto de vista social y cultural no han
do democrático no puede quedar reducido a un simple procedimiento 10 • producido -hodavía?- avances democratizadores: es el caso de los
Pero no es esto lo más importante, ni lo más urgente que discutir en el países del Golfo árabe o de Singapur, y últimamente de China. Pero lo
momento histórico en el que nos encontramos. De lo que se trata es de que interesa es observar que estos desajustes entre condiciones de base
observar -con sorpresa y algo de temor- que la línea divisoria, en su día e instituciones democráticas ya no se manifiestan solo en los territorios
clara, tiende a volverse cada vez más borrosa. El respeto de los mínim2s «periféricos», sino que han comenzado a aflorar en el corazón mismo de
procedimentales no parece criterio suficiente para marcar, al menos en la comunidad de naciones más desarrolladas.
todos los casos, diferencias sigmficativas. be hecho se multiplican las_E- Est? nos ~bliga a dar cuenta de un fenómeno nuevo y, hasta cierto
cepciones, las mamfestacwnes de poder despótico o arbitrano, no solo en punto, Imprevisto en el marco de las teorías de la democratización. Me
países situados claramente por debaJo del umbral roced1mental sino en refi.ero a la multiplicación de los casos fronterizos, aquellos en los que
os lugares más insospec a os, en regímenes que cumplen sobradamente el sistema polític? ~stá en situación de cambio permanente, bien porque el
los mínimos. Y de ahí, como apuntaba más arriba, l~a acerca de la proceso de transición y consolidación democrática no camina hacia una

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CALIDAD E INTENSIDAD DE LA DEMOCRACIA
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

meta suficientemente clara12 , bien porque proliferan lassituaciones ~~ ten controles efectivos de legalidad o mecanismos eficaces de separación
i~cumplimiento sistemático de los mín.imos proc~dimept:;tles asociados al y equilibrio de poderes, así como las «democracias» tuteladas o domina-
funcionamiento normal de un régimen democrático. Se podría incluso das, en que las decisiones están sometidas al veto de un poder externo
pensar que en nuestros días todas las democracias, incluso las más con- o interno, o no se cumplen las garantías constitucionales fundamentales
solidadas, están expuestas al riesgo de hibridación. Los ejemplos son nu- (se habla entonces de «democracias» limitadas). Y todavía se podría ha-
merosos e incontestables. En los últimos años se han celebrado eleccio- blar, siempre en negativo, de democracias ineficientes, irresponsables,
nes tanto en Irán o Irak, como en Palestina, en Pakistán, en Egipto, en ilegítimas, restringidas, desiguales, etc. 16 • Son, todas ellas, formas de de-
Marruecos o en Túnez, pero también en Venezuela o en Zimbabwe, en mocracia defectuosa, imperfecta. Democracia, si vale todavía esta expre-
muchos países del África subsahariana y también en las Repúblicas sión, que lo es solamente a medias.
caucásicas y asiáticas de la antigua Unión Soviética. Nadie duda de que La tipología puede seguir complicándose para dar cuenta de la abi-
13
en muchos de estos casos -no en todos, por supuesto - el recuento garrada fenomenología contemporánea. Sin embargo, la complicación
de votos fue correcto y se cumplieron los estándares procedimentales de las categorías se vuelve perfectamente inútil en el momento en que
necesarios. Pero ¿acaso basta con la celebración de procesos electorales llegamos a crear un nombre distinto para cada uno de los casos que son
limpios y regulares para calificar a todos esos regímenes, por igual, como objeto de estudio. Por eso quizá, y por las inevitables implicaciones prag-
,.«democráticos»? ¿No sería mejor -más claro, más honesto- hablar, máticas de estas discusiones, la teoría democrática ha tenido un gran in-
~.egún los casos, de «autocracias electivas», de «olig(lrquías cOinpetiti- terés en cortar por lo sano apelando al criterio electoral como frontera
yas», o de ~<democracias aparentes» 1\ describiéndolas COil1() variantes cierta para distinguir entre lo que es democracia, buena o mala, y lo que
ruás o menos autoritarias de la no-dem()cracia, como regímene_s que han no es democracia en absoluto. Giovanni Sartori presenta esta tesis de
forma particularmente clara: «Cualquier régimen cuyo personal político
perdido la senda de la democra.tización?
En los tiempos de la guerra fría resultaba obvia la diferencia entre controlante sea elegido por medio de elecciones libres, com etitivas no
regímenes parcialmente democráticos, aquellos que se encontraban en la rauaulentas. ha de ser clasificado como emocracia. No será, por ello,
fase de transición, y democracias de fachada, falsas democracias, en las ni mejor ni peor democracia; pero será democracia: supera la prueba gue
que no se daba más que un simulacro de participación política libre. Este ~ve como prueba» 17• Naturalmente, esta generalización tiene sus ries-

era el caso tanto de las llamadas democracias verticales, como las que se gos. ¿Estamos seguros de que cualquier régimen en el que haya elecciones
(auto)denominaban democracias socialistas, las democracias a la búlga- pasará la prueba? Lejos de ofrecer una res uesta sim lificadora Sartori
ra. Son categorías que se han vuelto manifiestamente inservibles en advierte enseguida que a competencia electoral es condición necesaria
nuestros días, porque dibujan la realidad con trazos demasiado gruesos. pero no suficiente: es una sola de las muchas iezas ue com onen la
De forma todavía imprecisa, hoy parece necesario distinguir entre demo- arqmtectura mst1tucwna e a emocracia 18 • Lo cual significa que, en
cracias consolidadas y semidemocracias, regímenes en los que «el poder último término, ni siquiera en una concepción tan minimalista y proce-
efectivo de los gobernantes está tan limitado, o la competencia entre par- dimental como la suya la. referencia al método de contar cabezas puede
tidos tan condicionada, que los resultados electorales, aun siendo com- ser un criterio suficiente para distinguir, en todos los casos, la democra-
petitivos, se apartan de forma significativa de las preferencias del pueblo; cia de su contrario. Es orientativamente útil, pero no siempre basta 19.
y/o las libertades civiles y políticas están tan fuertemente limitadas que . .Pues bien, es la degradación de los mecanismos suplementarios pero
determinados intereses y opciones políticas no tienen la posibilidad de md1spensables para que el procedimiento de contar cabezas arroje re-
organizarse y expresarse» 15 • Se emplea también la distinción entre demo- sultados «democráticos» la que en nuestros días está enturbiando la lí-
cracias liberales y democracias meramente electorales. A la segunda de nea divisoria y nos está obligando a revisar los criterios de distinción
estas categorías pertenecen las «democracias» electorales-autoritarias, o entre lo que es y lo que no es democracia. En el momento crítico en
pseudodemocracias, aquellas que, pese a cumplir una parte de las condi- que el ideal democrático encara su tercera gran transformación, el te-
ciones procedimentales, sin embargo no alcanzan los estándares mínimos rritorio fronterizo se amplía peligrosamente. Proliferan los híbridos,
de legitimidad; o también las «democracias» autoritarias-competitivas, las transiciones pierden el rumbo y cada vez son más las democracias
en las que pueden darse atisbos de competencia electoral, pero no exis- defectuosas. ¿Hacia dónde dirigir hoy la mirada para encontrar nuevos

26 27
CALIDAD E INTENSIDAD DE LA DEMOCRACIA
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

mentales en la cultura política actual. Con una fórmula aún imprecisa,


horizontes de calidad democrática? En el siguiente apartado daré las
se diría que en algún momento en la historia reciente han empezado a
primeras indicaciones sobre el cambio de orientación que nos aguarda.
disolverse los supuestos centrales del sentido común, entre los que se
encuentra sin duda la hipótesis del desarrollo constante de la democra-
2.3. La hipótesis del crecimiento constante cia, una expectativa que durante largo tiempo pudo contar con el aval
de las más sólidas evidencias empíricas. Estábamos convencidos de que
Alguien habrá empezado a pensar que en estas páginas se están cargando la democracia seguiría creciendo de forma ilimitada, como consecuencia
demasiado las tintas en el, malestar ante el presente Y el futuro. Ob- tanto del progreso científico y tecnológico, como del desarrollo econó-
servando nuestro entorno cualquiera puede indicar casos felices de de- mico y social de sociedades tan avanzadas como las nuestras20 •
mocracia en acción y experiencias afortunadas de innovación. Además, Para ilustrar este punto me serviré de un ejemplo quizá inesperado,
volviendo la vista al pasado, es evidente el avance general de la demo- pero sin duda extremadamente influyente en el pensamiento contem-
cracia en el mundo, asociado a un significativo progreso de la libertad Y poráneo. Y es que incluso en un autor tan alejado de las ensoñaciones
la justicia social. El balance parece claro, hasta el punto de que se hace radicales como J oseph Schumpeter es posible rastrear la huella de una
antipática, y casi de mal gusto, tanta insistencia en lo que pueda estar inquebrantable confianza en las virtudes transformadoras del método de-
pasando en las zonas de penumbra. Con todo, hay algo muy fun~amen­ mocrático o, más concretamente, en la capacidad que tendrían determi-
tal que, en los entresijos de esta situación, está lentamente cambiando o nados diseños institucionales para modificar, or sí mismos, el entorno
ha cambiado ya definitivamente. Hay indicios de que el relato sobre el social en el que operan. En Se umpeter esta hipótesis tiene un doble pun-
progreso de la democracia ha dejado de resultar creíble y hasta parece to de apoyo. De un lado, la apuesta por las virtudes de la competencia:
que está formándose ya un relato alternativo. . convenientemente ordenado, el espontáneo desenvolvimiento del juego
· A falta de regularidades sobre las que pueda apoyarse, al pensamien- político se supone que acaba premiando las mejores opciones políticas,
to democrático se le viene encima una tarea difícil e ingrata . El ~ntotrto otorgando el poder a la fracción más competente de la clase política, la
es poco propicio. El declive de ·algunos equilibrios so~ial~s. fun.?am~~ta­ más capacitada para satisfacer las demandas de los ciudadanos. De otro
les que, en otros tiempos, facilitaron la expansión ~~~ consti~~cwn~hsmo lado, y en segundo lugar, la confianza en el método competitivo reposa
democrático es innegable. Nos enfrentamos al desmantelamiento de las sobre la hipótesis de que el procedimiento es capaz de «generar» por sí
sociedades del bienestar al aumento exponencial de los niveles de des- mismo las condiciones de estabilidad que él mismo necesita para durar
igualdad en la distribución de la riqueza, las oportunida?e~ y el ries~o, en el tiempo y para producir los efectos colaterales beneficiosos que se
así .como a la implosión de las redes de solidaridad privada. Es necesano, le atribuyen. Se supone, en efecto, que las democracias desarrolladas dis-
en definitiva tomar constancia de que está teniendo lugar uria mutación ponen de recursos suficientes para corregir sus errores, para adaptarse
en las estruc~uras básicas de integración sociar, como ·conseó.ienda de la a las circunstancias y renovar las energías de las que depende su propia
deslocalización y aceleración de los flujos del capital y la fuerza de tra- supervivencia.
bajo. No se puede perder de vista tampoco la desterritoriali~ación de la El blanco polémico de esta propuesta, como es sabido, está en el
autoridad política y el deterioro del papel de la ley como mstrumento ingenuo optimismo de la teoría clásica y, en particular, en la ingenua
básico de control social, motivadas ambas por la aparición de nuev~s po- creencia según la cual la difusión de los (abstractos) principios de la
deres cuasi-soberanos (en sentido técnico, legibus solutus y superzorem ilustración conduciría a las sociedades modernas por la senda de la de-
non recognoscens), tanto públicos como privados, o más precisamente mocracia. En su ceguera, los doctrinarios de la ilustración no habrían
ni públicos ni privados, sino semipúblicos y semiprivados, que est~n en sido capaces de hacer frente al problema fundamental de cómo llevar a
condiciones de plantarle cara al legislador, negociando con él de Igual la práctica sus ideales. Al revés, la teoría «contemporánea» de la demo-
!
a igual, pues disponen de suficientes r~cursos económicos financieros, cracia -la de Schumpeter- se presenta como una teoría realista, que
pero también tecnológicos e informativos, para actuar autonomamente. atiende a las leyes generales de la conducta humana. Desconfía de las
Junto con todo ello, y no es poco, se ha abierto una deriva en .el plano vacías ilusiones de la voluntad general y pone en su lugar la concreta
ideológico que pone en tela de juicio una serie de sobrentendidos ele- referencia empírica a la psicología de masas. Es en este punto donde

28 29
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO
CALIDAD E INTENSIDAD DE LA DEMOCRACIA

aparece esa hipótesis «desarrollista» -podemos llamarla así- a la que lítico, un (sub )producto del funcionamiento del sistema mismo. Dicho
antes me refería. Promoviendo la selección de los líderes más capaces, esto, Schumpeter no tiene empacho en calificar corno un buen sistema
el método democrático debería favorecer, como efecto subsidiario de democrát~co aquel que induce las respuestas «adecuadas», aquellas que
la competencia por el poder, las energías necesarias para que. e~ sistema sean funciOnales a su estabilidad. Y añade, en una frase absolutamente
se mantenga en equilibrio 21 . Schumpeter describe sus condiciOnes de det~n~:lÍnante: «aun cuando sean vigorosas y definidas, [las voliciones
estabilidad sin pretensión de exhaustividad, como si se tratara de un subjetivas] permanecen latentes, con frecuencia por espacio de déca-
enigma que solo el desarrollo de las ciencias empíricas pudiera resolver das, ~asta que son llamadas a la vida por algún leader político que las
de manera definitiva. Se refiere, en concreto, a la presencia de una clase convierte entonce~ en factores políticos. Esto lo hace (o lo hacen por él
política formada por personas competentes e íntegr~s~ al comp/r?miso ~us agentes) orgamzando ~stas voliciones, estimulándolas y, por último,
generalizado de limitar el dominio efectivo de las decisiOnes poht1cas, a mcluyendo puntos apropiados de las mismas en su programa para la
la existencia de una burocracia bien capacitada que goce de buena repu- competencia electoral»23.
tación, que se apoye en una sólida tradición y esté dotada de_ un fuer~e Mucho ha llovido sobre la psicología de masas que subyace al elitismo
de ~~humpet~r. Sus hip9tesis sobre la racionalidad d~l comportamiento
sentido. del .deber y un esprit de corps no meilOS fuerte, a Clerta dos1s
·de autodiscipli.na dem.ocd.-tica en la ciudadanía y un nivel intelectual y poht1co han sido debatidas hasta la saciedad y puede decirse que no han
moral 1~ bastante elevado para estar a prueba contra los ofrecimientos
pasa~o ind_emnes 1~ prueba 24 • Sin embargo,_ lo que raramente han puesto
de los fulleros y farsantes, y finalmente a la presencia de una cultura po- en ev~dencia ~~s/ cnticos es un _rasgo que este autor comparte no soÍ~ con
lítica caracterizada por un alto grado de toleran~ia para las diferencias la meJor tradicwn del pensamiento democrático, sino también con la in-
de opinión 22 • mensa mayoría de ciudadanos que siguen dando por descontadoque los
No me detendré a discutir si las condiciones indicadas por Schum- votantes, al final, acaban haciendo «lo que más les conviene» de forma
peter son correctas o suficientes, sino su esquema argumental de fondo. q~e moderni~ac_i?n y democracia, e~ el largo pl~zo, corre~ po~ .la mis~a
El punto decisivo está en la convicción de que el recurso al método com-
v~a. l!n~ ~sociac:on antes que nada intuitiva, pero avalada por una ~viden­
petitivo es condición suficiente para respaldar y promover los procesos ~Ia ~Isto.nca segun la cual, a pesar de los desmentidos y retrocesos, parecía
de modernización social. Pero, ¿de qué manera se argumenta esta tesis? mdiscutible que las sociedades democráticas gozaban de mejor «salud» que
Es evidente que no puede darse por descontada. Por eso es tan sorpren- las que no lo eran. El método funcionaba, producía aproximadamente los
dente que el discurso de Schumpeter, siempre irónico y descreído, al efe~t?s previstos, lograba -como sugería Schumpeter- «domesticar» las
llegar a este punto no vea inconvenientes al dar un auténtico ~al_t? en v~h~w?es, contribuyendo de manera sustancial al logro de ese equilibrio
el vacío. Anticipándose a la crítica que subraya la escasa sens1b1hdad dtnamtco que caracterizaría el proceso civilizatorio. Por eso era incluso
democrática de un modelo que pone en manos de los líderes políticos ocioso preguntarse -parafraseando a Maquiavelo- si son los hombres
la facultad de mover desde arriba los hilos de la opinión, afirma que b_uenos los que hacen buena a la democracia o, al revés, si es la democra-
su propuesta «no pasa por alto» la voluntad popular, pero la toma en Cia la que ha~e buen_os a los hombres 25 • El método democrático ponía en
consideración nada más que en su justa medida, esto es, «en tanto que marcha un circulo VIrtuoso en el que no había ni principio ni final.
haya auténticas voliciones de grupo». Y lejos de poner en cuarentena la
Y esta es precisamente la cuestión. En vísperas de su inminente trans-
propensión de los líderes a usar su poder sobre las conciencias para _sa- formación se acumulan las razones para poner en cuarentena el mito de
car a la luz no las <<mejores» voliciones, las voliciones «auténticas», smo la progresiva (auto)estabilización de los sistemas democráticos. Cunde la
sospecha de ~u~ ya no tengamos instrumentos eficaces para «programar»
simplemente las más beneficiosas para los intereses de la élite gober-
nante, Schumpeter declara que su teoría se limita a tomar la voluntad e! /desenvolvimiento normal del juego político, garantizando la produc-
subjetiva de los ciudadanos «exactamente en el papel que [desempeña] c~on de las energías necesarias para la ulterior democratización de la so-
en la realidad». A diferencia de las teorías clásicas, que se refugian en os-
Cle~ad. En pocas palabras, se ha desvanecido el mito del poder civiliza-
curas referencias a una voluntad racional, individual o colectiva, para la tono de las urnas. Es una novedad extraordinaria, cuyos efectos desde
el P~~~o de :is~a ideológico son comparables a los que ha tenido, en la
teoría económica de la democracia la conducta de los ciudadanos no es
nada más que la respuesta a los estímulos que provienen del sistema po- tradiclOn socialista, el colapso de la experiencia soviética. Lo que estamos

30 31
CALIDAD E INTENSIDAD DE LA DEMOCRACIA
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

~~cJ~n~e ~e_lib~rativa.de la teoría _d~Il1c:crática deja una serie de lecciones


poniendo en duda, en los términos que ac~bamos de u:ilizar, es que~ trrenunciaoles. ~ ·--- · ··· ~ ~
~étodo de la competición electoral siga siendo la meJor herramienta . Con una advertencia. El ánuiicio del giro deliberativo no debe ocur:
para promover la raciona ización de las voluntades, e me·or instrumen-
tar el hecho de que, en la teoría y en li pra.ctica, existen diferentes.
to para la resolución pací ca e os con icto~ ·. . . rr:aneras de entender la relación entre deliberación y democraCia.· Por
- Conviene, a este propósito, llamar la atenciÓn sobre el sigmficado
e~emplo, .son muchas en los últimos tiempos las propuestas que aso-
del giro deliberativo que caracteriza los desarrollos más rec~entes del pe~­ cia~ este Ideal a un proyecto de recomposición del espacio público que
samiento democrático27. Veremos, más adelante, por que la referencia
aspira a resolver l~s. defectos de la voluntad que tanto le preocupaban
a la dimensión deliberativa de los procesos de formación de la opinión
a.S~hull1pe_ter -.::?as:c::~e_nte, lairracionalidad einc()ll1Petencia de los
y las voliciones es crucial para identificar los males y pensar los reme-
cmda_4~~!Q~- ~p~la~~o~-~~s.:irtude_s_ de la -tradiCión. repubTi.cana. No
dios a la degradación de las democracias contemporáneas. De momen-
e~- nece~~po ~~~I?_artir esta sohíCioñ: Hay otras, no menos- defiberati-·
to, es claro que no podemos seguir tratando, como era habituaF , ~as
8

preferencias de los ciudadanos-electores como datos~ externos . ~re.vtos


a
va~, pero sí ~á.s_h!Je·r_ales: Mi)mpresión es-qüé el-remedfo .. hi.sensaCíori
de difuso Ill;~!~:_~ar de.IJJ.ocrático~ 1a que venimos ~hidiend·9-~o con.slste~
al proceso polític2,,. Hay multitud de razones -filosoficas, s~cwlogtca~,
ideológicas- para afirmar que las preferencias ni son una reahdad pr~v~
en apel~r dzrectamente a l:i virtud~- por la senciHa razón d~ que lasma-
y_ore~ dificultades para la construcción de una esfera púbÜca· democrá:·
e independiente del proceso democrático, ni están dadas a la concien-
tl.ca tienen su origen, precisamente, en el hecho de que las fuentes de la
cia del sujeto, ni salen de la chistera de esos ma os embauca~ores que,
VIrtud se han agotado. Fiarlo todo a la virtud, en la situación presente, es
con sus trucos con uistan el fervor o ular, sino que son los cmdadanos
como poner el carro delante de los bueyes. En el último capítulo volveré
mismos los que las elaboran y reelaboran sobre la marc a, en as Istmtas
fases del proceso político. La calidad de (el proces~ de fo:mación de). las
sobre este tema, que requiere seguramente muchas otras explicaciones
Y me preg~~taré cuáles son los obstáculos, pero también las palancas gu~
preferencias es condición y resultado del buen funcwnamie~to de las I.~­
P.~dnan utthzarse para recomponer las carencias en el roceso de forma-
tituciones democráticas29. Es un índice fundamental de calzdad. o meJor,
cwn e a vo unta emocrática, en el entendido de gue sin un entorno
de intensidad democrática. · c;paz de albergar procesos de formación reflexiva de la opinión y la
- Por lo demás, a pe;;r del giro en la teoría, es cierto que casi nada
volunta.d, la democracia está destinada a vaciarse de contenido. Antes
importante ha cambiado en las convenciones constitucionales sobre las
~e e.so, ~n los capítulos sig_uie?~e~, __quiero mostrar lasraícés del-impasse
que se sustentan nuestras democracias. Es demasiado pronto para. afir-
m~tztucw.naL_qu_e c_~r~o:a las ?emocracias const:it:uéionalés, hasta ayer
mar que se han abierto las puertas a la realización .del nuevo paradigm~
mismo tnunfantes _y hot ªe._sonentadas. ··
de la política deliberativa. No obstante, de un tiempo a. ~sta p~rte ~I
hemos empezado a tomar conciencia de que algunas condicwnes m~ph­
citas en el paradigma anterior están siendo regularmente desmentidas 2.4. El'poder delefeCfor
en la práctica. La constitución material de los poderes está cada vez más
lejos de la letra y el espíritu del constitucionalismo democrático Y eso Re~o~e~?s_ ~- ~et~ngár~10nos todavía por un momento en la cuestión de
nos está obligando a recuperar la pregunta sobre la contribución que la cahdad. He. fñdidtdo algl1rias dificultades que salen al paso al estable-
determinados diseños institucionales pueden dar para que se mantenga cer c?~?aracto~e~--e~tre _distintas-democracias y he sugerido que es en
~1 círculo virtuoso de la democratización. Cabe imaginar un cambio de el_anah~Is de los hibndos, eh las sittüidones intermedias, cuando es·más·
perspectiva. En la situación actual, malgré Schumpeter, parece que. no n.ece_san~ e~-r~~urso. a_ una~odón·:~!_gente·decalidad, asociada-ala capa:.·
tenemos más remedio que (re)abrir la caja de Pandora de la formación ~Idad efectiVa del cmdadano para inádii de Torma responsable ·-reflexi:;
de las voliciones y mirar dentro de ella. Cuando lo hacemos descubri- v~, en el P:?ceso ~e formaciórrde la voluntad colectiva; En es~s casos·
mos una serie de carencias ' difícilmente superables,
... .
.. .
que
-
...
nos. impiden
. . la referencia .'f la dim·ensión discursiva del p-roceso político a-dqUiere u~
se'guir reivindicando, al menos sin tomar las debidas. pre~aucion~s, esa valor d~t~~m~nante: la exisfertd<f de un entorno éoinuriicativo adeéuado
imagen lineal del proyecto civilizatorio que sostenía el ava~ce d~ ~la es condicwn Imprescindible para que el elector pueda ejercer de manera
revolución democrática. Es en este terreno donde la reconsideracwn

33
32
CALIDAD E INTENSIDAD DE LA DEMOCRACIA
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

~uced~~~ !~.-~c:!!?_~_~a del ciudadano enel momento del voto, pero viene
efectiva sus derechos políticos. Sin un entorno de ese tipo, el poder del
de J?U'?~~ IJJ~~ l~j~~-fno terrrüna allí. Un aná1ísís" ciííd"adoso"Cl"e las
elector se vuelve irrelevante. Puede decirse entonces que la ex1st~de
éondiciones ~-~- ~utg~-~!erminación-- démocrática debe extenderse .. a los
un entorno comunicativo a ecua o es un componente esencial de cali-
próc,esos discurSlV()_S a tÍ-avés de los- e~~~~~ s; d~jipen 1~~ ofertas y ¿e
dad democrática 30 . eval~an las prestaci~nes del sistema político. Se abre así un amplísimo
«Poder del elector» es una noción poco precisa y, por supuesto, no
abamco de perspectivas que nos dan la medida de cómo las estructuras
es este el lugar para elaborarla en términos emptricos. No obstante, me-
institucionales de la democracia (moderna) modelan, o contribuyen a
rece la pena perfilar algunos de sus contenidos. De entrada, el poder del
modelar, la opinión y la voluntad. La clave está en saber si nuestros
elector está estrechamente relacionado con la regularidad del proceso
arreglos institucionales promueven o, al revés, entorpecen la raciona-
político. Para que el elector, pueda tener una influencia real en la for-
Jización de los entornos discursivos en que se forma la opinión y la
mación de la opinión y la voluntad democrática, hack9do uso ~
voluntad~_ UJ:?: o_~Jé!tl~() gl!e s,in 4l:l.d<l p()ª~~os identificar -como llega-
cuota proporcional de soberanía, es necesario que la formación de las
r~mos a ver-relllas págin~~ finales de este ell~ayo- con el' progreso de
ec1s10nes esté sometida a reglas esta es, pu 1camente reconocidas, la democracta. ·· · ·
en las que se distribu an las competencias y se ofrezcan oportunidades de
participació11 Es imprescindible, a emás, que e sistema político ofrezca
Creo ue es en este- unto, y no ei1-refaC:ión éon la
invención. dé~ím­
probables arreglos participativos o con e e ate sobre la justificación de
garantías de libertad e igualdad, para que todos puedan disfrutar de las
31 la democracia, donde merece la pena entrar a discutir las aportaciones
condiciones sociales y materiales necesarias para participar . Pero no
?e las teorías deliberativas. Gracias a ellas, contamos hoy con mejo~s
basta con esto. Además, han de darse una serie de condiciones adicionales
mstrumentos para explicar cómo funciona esa relación de ida y vuelta
de las que depende la calidad del entorno discursivo en que se desarrollan
32 q~e se establece entre ciudadanos e instituciones, sin rec;1e~ en el doble
los procesos de formación de la opinión y la voluntad democrática . Ve-
rt;mQS en las próxiinas págipa.,s_t::l1. qu~_ ~QQSistt::D _est-ª§. otrª~- _c911g!<::i_qg~s,

mito, ~Ctodas lUces· falso "del sú'eto... u elabora sus referencias en fa
soledad_ e !a ~onCienciCT:X 4~l_sl"~tema políticoque es capaz de áidomati-
y _qué instrumentos t~nerrws_pªra _cre_ail::ts· I?~.~()~ent(), en ll~?ativ<.)~ zarse en la prestación de sus funciones~ 'Ni los ciudadanos mas cultos ·ni
podemos afirmar. ql!e II1ie11tJ:as, _esta? _condtc!s>_nes ª·di_c::i_onaks no .S~ cien¿ ~1
los más in~or~ados saben todo lo que hay que s;ber·p;;~-tomar posición
f!lncionamiento regu_lar del juegQ delJlos:rátjco c::stá_.bfliO ~g~pe<::h~L
con conocimiento de causa en las materias políticamente más relevantes,
La reivinqicación del poder del elector no es una genérica_reivin~
las que_ nos afectan a todos, desde las políticas ecológicas a las políticas
dicación de justicia. Es una demanda más concreta, relativa a la capaci-
ed~catlvas, desde las políticas fiscales o demográficas a las estrategias
dad para intervenir de manera efectiva, pero también res onsable, en el
one?ta~~s a !a construcción de instituciones capaces de gobernar la in-
proceso político. in cm a anos ca aces de actuar conscientemente en
~estiga~I~n. Científic~, l_a pqlítica en~~gética, la sanidad, la seguridad, las
a esfera pú ¡ca, trans armando las oportunidades de participación en
c?_~umcac~on~s? casi tod9 to__ gue ;rn~s)II1porta, aquello sobre lo que
ocasiones de autodeterminación, ni la me or de las constitucwnes pue&
es. 1mprescmd1b1e tomarposició_n. Sin i~tercambio discursivo, el sujeto
servir de base para la formación de una sociedad democrática.
Dos décadas e re lexión en torno a la dimensión deliberativa de
mira y n_~ reCOf10Ce1º que V~. Ni siqtü~~';l puede apelar ya ala
autoridad
d~ la_naciÓ!1 o el~ 1? clase,_ª laid_eología o a la evidenda del sentido co-
la política han puesto en evidencia que las preferencias del elector no
nacen espontáneamente de la concienci;=solitaria del sujeto o de las
~ún. A! ind~gar en la1nicro(ísica de l~s voliciones del elector hemos (ré)
descubierto que las opiniones no se imponen por sí mismás en el vaCío
pro un 1 a es e una misten osa conciencia co ectiva. Por eso, y como
a e antá amos unas páginas más arriba, no basta considerar la regula-
~eumático de la conciencia, ""ni la voluntaa és uriá merareacción ante
estímulos externos, sino que o iniones y vohu1tades . se .forman ""a paí:tir
n a e proceso po 1t1co, o sus con iciones socia es y materia es, sino
e dese?s y razones, a través de múltiples narr-aciones, casi siempre. ·rag-
que es imprescindible fijarse_ también, afinando.el.análisis,_en.la calidad
mentanas, elaboradas sobre la marcha y continuamente revisadas en
función de lo que sucede o deja de suceder en cada una de las disti~tas
e a a encza, que v1enea su vez con icionadapor.el entorno. en. ue el
sujeto despliega sus capacidades reflexivas33 .. ELproceso d.e.Jormación.
eta9as del proceso político34 . N o podrán, por tanto, ser tomadas como
de la opinión y la voluntad =el camino que lleva-a .la decantación vanables independientes y externas al juego democrático35.
política de las necesidades, los intereses y los deseos- induye lo que

35
34
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO
CALIDAD E INTENSIDAD DE LA DEMOCRACIA

La teoría democrática no puede hacer oídos sordos a este cambio


las instituciones, de un lado, y los procesos de formación de la opinión
de perspectiva. J>ara ser buena, una democracia t1ene gue ser capaz_~_.:
y la voluntad, de otro. Sin echar las cuentas con el factor deliberativo no
res onder ero también de oner en marcha ,. !C>~e.~?..s _?e elabora~!s>n
hay margen para seguir confiando en la progresiva democratización de
crítica de las preferencias ~x resadas orlos ciudadanos .. En este sent; o, nuestras imperfectas democracias.
cuando se alude a la necesidad de asumir el giro del(~f!_ratw_~~o se e_~!<l 1-
ciendo que haya que volea; o replicar banaiÍnent~ en l_a política _c~otidian~
algún sucedáneo de la razón pública o la comumdad I~eal de d1alogo? m NOTAS
gu~_.llªY-ª QJlé!.~~élll§form::u:l:;t ~I,l.L~.fl~jo del co?senso racwna~ ent~e s~bws.
Se trata, pq_r el contr(lr~º"'·. ~~-tg_~~r er: .. ~~go)_él~--l!l~~.h.~l~PJ!..~~EIQI.1-~§ 1. Cf. Dahrendorf, 2002. Véase también Gilley, 2009.
p~á<;:tic51 s ~<; ll:na _~firJ?(lCión..d~f.f~!lJ?ent~-!~}:?~~~i8!:: Sl? las competenci~ 2. Un panorama de estas iniciativas se encuentra en Diamond, 2008.
comunicativas adquiridas en la confrontacwn d1scu~s1va cm:__~a~ razone_~ 3. Puede consultarse la serie de estos informes en www.freedomhouse.org.
4. La fiabilidad de este tipo de análisis depende, obviamente, de que los indicadores
de los demás, los ciudadanos guedan inermes, despoJados de ~lo~ ele~en­
utilizados sean sensibles a las peculiaridades de los casos de estudio, y sean también, al
tos de JUlClO necesarios para elaborar sus demandas. En el hmite, sm la mismo tiempo, lo suficientemente genéricos como para establecer comparaciones signi-
redi~tribuc:ign__<i~J p~qer C.9!!1t:t_n:fc_q_t~vo no_ha.Y }~?--~~g~n P.'~:~ ~~<::lél!JJ-3_g u~a ficativas. El elenco de materias objeto de estudio es exhaustivo y no depara sorpresas. El
~dhesiót:t te~2()!1_~ab_!~.. g~. lo§ -~h~ga_d.a_ll()~ élJa.~_Ee~la.~A~J J:u,eg?- ~~1?<.?<::~~- cuestionario se refiere, en lo que respecta a los derechos políticos, a la regularidad de las
-tico. Y c:uando l:;t adhe~ió11. ta.l!a. e_s)ªt-ªLCLtgu:~JJ!H~gq s~ r.§SJflltªl. _h.e~_!a elecciones, la representatividad de las instituciones, la competitividad del sistema político,
la efectividad y responsabilidad de los gobiernos; y por lo que se refiere a las libertades
·· d.~r._po~ C()_mp 1e.rQ S.bL C.-<U
J?er ¡·dad
.... --~-.En ese casQ --
------------- es~ previsible
···-·-~--- ···· que el Juego
· --~-----·---- .• civiles, a la libertad de conciencia y expresión, la libertad de asociación, la efectividad
mismo deje c:le.~_e.rjugado, .. . . . de las garantías individuales, la igualdad de trato y de género, la independencia de los
'" · --En este ca ít u~_ri_gq_p_op~r ~n _e-yi_q~n~.!.<1Ja. .. IE:~ert1dumb~-~ tribunales, la ausencia de corrupción, etcétera.
~n ~1 diagnósti~o sobre el esta.dQ.... ~ .§.ªlll.<;Ld~ -ª~- --~-mocracias cot:tte_m- S. Se podría discutir, en efecto, que un análisis como el de Freedom House tiene un
~
poraneasy ·· -1a presencia · d ~ factores
. .. _ _ ue. enturbian. ____ _______la .distinción
_____ . . entre la
--~---.
sesgo ideológico implícito que prejuzga sus resultados. Así ocurre, por ejemplo, cuando
relega a un segundo plano el análisis de las cuestiones socioeconómicas relativas a la efecti-
d~mocracia y su contrario. La ipótesi~ es_ q:t:te__d diiJ!s_o__)n,_ª__ es.tªr___ q!;l:e vidad de las libertades positivas o negativas, limitándose a plasmar las influencias del poder
arrastramos en las últimas décadas, tras el ocaso del proceso democrati- económico sobre el juego de las instituciones políticas, sin tener en cuenta que la pobreza
zador, tiene que ser elaborado poniendo el énfasis en 1ª «agencia» ~e l~s severa es, sin duda, un obstáculo radical para la autodeterminación de los individuos. Es
electores y, por consiguiente, en la distribución del poder co_mumcatl- cierto que el estudio de Freedom House hace explícitos -weberianamente- los valores
que presupone el análisis y se resumen en la idea de que la máxima libertad para los pueblos
vo. Ante la perspectiva de un retroceso, y ante las ev1dentes dificultades
se alcanza en las sociedades liberal-democráticas. Sobre la metodología y los resultados de
de tematizarlo, creo que es ahí donde debemos ir a buscar una nueva estos estudios, véase Archibugi, 2008, cap. 2.
frontera de democratización. En adelante, centraré mi análisis en algunas 6. Cf. Morlino, 2003, 228; Diamond y Morlino, 2005.
líneas de guiebra del constitucionalismo democrático que a~ect~n d_e lle- 7. Plattner, 2005b, 79; Munck y Verkuilen, 2002.
8. Roller, 2005, cap. 2.
no a la capacidad discursiva de los ciudadanos. Diré 9ue _las mst1tuc10~
9. La ambigüedad de los diagnósticos está cargada de consecuencias prácticas e
ae la representación y la separación de poderes son mdispensables p~a
impregna el diseño y evaluación de las políticas orientadas a promover la democracia.
la formación de una opinión pública crítica y reflexi_va; que c~u_ente con Las prioridades en el diseño de dichas políticas no serán las mismas si consideramos que
recursos suficientes para ronunciarse sobre las cuestwnes ohticamente los defectos de las democracias actuales provienen únicamente de la falta de liberalismo,
re ev:a.nte_s. __ iv.me.~_ani.§.ill-Q.§._Q!Q~~<JÜ!?-~PJ:.ak~__9e este ti_ o abando~ada a o si afirmamos, por el contrario, que las democracias meramente electorales requieren
ª,
~p_uréle~pof!t<!Dei___ J:l. ~§-~rª_ públic~ guedarí~ condenada a 1~ 1f~.<:.Ji- políticas más amplias de profundización de la democracia; cf. Plattner, 2005a, 9-10.
10. Conviene despejar cuanto antes algunas confusiones, en particular, las que deri-
-vancia, a la neutrali~ación política.:._X_4g·~--~4~~~~--q~~-!!Q_ll§'~.!C?E!!!~L~~ van de la vieja crítica antiformalista a las definiciones procedimentales de la democracia.
mágicas .P'!rª· s_ªly_ar.los ..d_~~~-illíos.__g1J~~t~J.l.~m._Q§._P9T --~~l~!2!~.·--~.Q __e~!~-:~I Me refiero a la tesis según la cual la diferencia entre la democracia y su contrario no de-
7:tlca~~~d~- n uestrªm.a119 c.Q_IJ,s.eguir.. el@C.l1Y11J1:flmi~~Q-~~~-~e_!!l:?_~!~-~I-~; pende solo del mayor o menor cumplimiento de las reglas sobre la distribución del poder
~i r~g~;¿~ár=d~~~-día _para_ otrQJqs_gast<;l_qQ_s__!P~_91llÍ.S.!!!º-Lsl~--Y};l_§_i~!e.p_3 político, sino también del logro de ciertos objetivos de justicia social. Una democracia
. 1~ltlco
po · m · venta d o h ace vanos · stg · 1o s, e11 un-:~..._,·e~-~~-
noca-=·""''tancialmente
---:-;-·--~-- dis-..,
meramente formal, en la que no se garantice un cierto umbral de democracia sustantiva
-este sería el argumento- no es «Verdadera» democracia. No es este, sin embargo, el
tinta a la nuestra. Por eso es tan importante fiJarse en la relacwn entre sentido en el que estoy afirmando en el texto que la línea de demarcación entre la demo-

36
37
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO CALIDAD E INTENSIDAD DE LA DEMOCRACIA

cracia y su contrario tiende a volverse borrosa. El declive de las democracias actuales no Quizá convenga observar, en relación con esto, que hasta un autor tan escéptico sobre las
depende de que se estén volviendo más formales de lo que eran. Por otra parte, no conviene capacidades racionales del ciudadano como Walter Lippmann, que no en vano está entre
perder de vista que el procedimiento democrático tiene una materia propia, un contenido los referentes implícitos del texto de Schumpeter, se presenta a sí mismo como defensor
que es tan sustantivo como el que tiene su dimensión social. del <<principio de que todas las controversias tienen solución mediante acuerdos pacíficos».
11. La novedad más significativa de estos últimos tiempos no está, por tanto, eri la Puede que no sea así -comenta enseguida Lippmann, y el punto es obviamente muy de-
degradación de las garantías liberales de la democracia, ni en la reducción de las garantías licado-, <<pero nuestra sociedad ha sido fundada bajo ese dogma y estamos obligados a
sociales, como pudiera pensarse observando el incremento de los índices de desigualdad defenderlo» (2011, 101).
o el declive de los índices de participación, sino en el cuestionamiento de regularidad, 24. Una breve reseña de estas críticas se encuentra en Held, 2001, 211 ss.
en la adulteración masiva de las condiciones procedimentales asociadas a la dimensión 25. Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio, libro I, cap. 3.
formal de la democracia. El umbraL entre la democracia y su contrario se diluye no por 26. Sobre la asociación entre democracia y paz, o más concretamente, entre demo-
el defecto de sustancia, sino por una desconocida acumulación de defectos de forma. cracia, derechos y paz, véase Bobbio, 1997. La referencia indispensable en este punto es
12. Me limito a señalar Carothers, 2002. Popper, 2002.
13. Al respecto, el episodio del recuento de votos en el Estado de Florida en la prime- 27. Obsérvese, por lo demás, que mi argumento no es del todo incompatible con
ra elección presidencial de George W Bush, en 2000, convalidada por razones puramente el pragmatismo que caracteriza al enfoque schumpeteriano. Al comentar las razones del
pragmáticas por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, es un ejemplo absolutamente paso de la teoría clásica a la teoría neoclásica de la democracia, escribe Schumpeter: <<Si
desconcertante. un físico observa que el mismo mecanismo funciona de un modo diferente en épocas
14. Bovero, 2002, 51-53. distintas y en lugares distintos, concluye que su funcionamiento depende de condiciones
15. Diamond, 2002, 25. extrañas al mismo. Nosotros no podemos sino llegar a la misma conclusión por lo que se
16. Sobre estas distinciones, véanse, entre otros, Merkel y Croissant, 2001; Morli- refiere al sistema democrático» (1968, 368). Propongo trasladar este principio metodoló-
no, 2003, 250 s.; 2008, 3-22. gico del contexto social en el que se forjó la teoría neoclásica al nuevo entorno en el que
17. Sartori, 2007, 128. Obsérvese que en este punto no existe esa posibilidad de me- hoy nos preguntamos por las raíces deliberativas del consenso democrático. El resultado
diación, de gradualidad, a la que antes nos referíamos, porque la legitimidad democrática es, según creo, la superación de la doctrina neoclásica de la democracia.
solo puede darse por entero. O la hay, o no la hay, de la misma manera que una persona 28. Véase un ejemplo de escuela en Dahl, 1956.
no puede estar, al mismo tiempo, casada y no casada, e igual que no es posible ser presi- 29. Cf. al respecto Sunstein, 2009.
dente de la República solamente a medias. 30. Tomo esta fórmula tan eficaz de Meaglia, 2006.
18. La arquitectura institucional de la democracia está ordenada de tal forma que, 31. Véase un análisis de las condiciones y precondiciones del juego democrático en
en ella, nadie pueda ostentar el poder <<a título propio e irrevocable». En democracia, <<el Bovero, 2002, ap. 2.6.
poder del hombre sobre el hombre solo puede ser atribuido mediante el reconocimiento y 32. Sobre el nexo entre la idea de esfera pública y una noción exigente de calidad
la investidura de otros>>; cf. Sartori, 2007, 134. democrática, véase Rabotnikof, 2000 y 2005.
19. El propio Sartori explica que para trazar la línea que marca el umbral entre la 33. La noción de <<calidad de la agencia» reaparece más abajo en el último capítulo
democracia y su contrario, la no-democracia, hay que partir de una noción prescriptiva. (5 .2). Me refiero, por tanto, <<a una sociedad que desarrolle en todos sus miembros la capa-
El científico cuantitativista, <<que se cree que va a poder escapar a la determinación de qué cidad de pensar por sí mismos, de participar en la elaboración y aplicación de las políticas
es democracia, se mueve en un círculo vicioso. Quienes preguntan '¿cuánta democracia?' sociales y de juzgar sus resultados» (Putnam, 2004, 270).
tienen que haberse preguntado previamente 'democracia, ¿respecto de qué característi- 34. Sobre la reconstrucción narrativa del ciudadano, la literatura es inabarcable. Se-
cas?', (Sartori, 2007, 120). ñalo, por proximidad, Thiebaut, 1998.
20. Pese a que la teoría sociológica fue introduciendo a lo largo de las décadas de los 35. Cf. Dahl, 1997, 178.
años sesenta y setenta diversos matices, llegando a aceptar incluso la posibilidad del retroce-
so, la creencia en el nexo entre modernización y democracia se mantuvo constante. Véanse
al respecto Moore, 1966; Eisenstadt, 1992; Bill y Hardgrave, 1992; Huntington, 1992.
21. Schumpeter, 1968, 359.
22. !bid., cap. 23, ap. II.
23. !bid., 345. A propósito de caudillismo la referencia obligada es la figura weberiana
del líder carismático. En relación con el planteamiento de Schumpeter, la pregunta es: ¿en
qué consiste realmente esa organización de las voliciones? ¿Acaso la organización de las vo-
liciones se explica únicamente por las cualidades taumatúrgicas que hemos de suponer a la
mediación carismática del líder? Y, antes aún: ¿existen, y en qué sentido existen, voliciones
latentes, preconscientes, escondidas en algún pliegue interior del cerebro de los ciudadanos
y que salen de su estado. de latencia, proyectándose hacia fuera, cuando son llamadas a la
vida por un sistema político que es capaz de producir los estímulos adecuados? ¿Qué son,
en definitiva, esos objetos misteriosos que en el texto citado se denominan «voliciones»?

38 39
3

REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

3.1. ET~nto171:.o_ de~lª r!!_pr~~~ntac.zón


I-ie áfirm~ci9gl!il~_~e~ocradá-cóntemporá.~éa-ha perdiéfóel--eqliili&~iü
"institucional logrado" en fa segunda-mitad ael si"glopasaoo-y qué- esta·a;~
cunstancia es clave para el diagnóstico ae
síi-estad-6 de--saliicfactuaTysu
evolución futura. Eso no significa que la democracia realmente existente
haya llegado a estar, en algún instante mágico de su historia, en una idíli-
ca situación de equilibrio perfecto. Si así hubiera sido, platónicamente 1,
no se comprendería cómo y por qué habría tomado una deriva como la
actual. En lo que sigue, no me propongo describir exhaustivamente las
causas que han llevado a esta situación. M! objetivo, en este capítulo y
el siguiente, es mostrar al unos factores ue explican el aulatino vacia-
miento e os os principios de or anización sobre los que se asienta la
estructura mstttuciona e las democracias modernas, los principios e
representación y de separación de poderes.
Como es sabido, el constitucionalismo democrático se origina a partir
de la feliz convergencia entre una exigencia liberal y una democrática:
la garantía de los derechos individuales y el reconocimiento de la igual-
dad política. Podemos asumir que esta combinación fue técnicamente
posible gracias al perfeccionamiento de una construcción doctrinal so-
fisticada, que establecía mecanismos de representación política y con-
trol recíproco entre poderes espacial y funcionalmente diferenciados.
A estas alturas, lo interesante del caso es observar cómo y por qué los
dos principios fundamentales de esta construcción corren el riesgo de
quedar desdibujados. En relación con el primero de ellos, el de la repre-
sentación, no es difícil identificar una serie de factores que están deter-
minando su sistemática devaluación. Es verdad que no faltan propuestas

41
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

de reconstrucción, pero intentaré mostrar que para lograr ese objetivo . situadas por encima de cualquier forma de control democrático, pues
no queda más remedio que tomarse en serio ese elemento deliberati- disponen de una amplísima influencia económica y financiera y además
vo que, como se decía en páginas anteriores, constituye uno de los re- manejan los flujos de la comunicación sociaP. La erosión de la represen-
ferentes centrales de la calidad democrática. Advierto de antemano que tatividad de las clases dirigentes alcanza incluso al «tercer sector», el de
este recorrido no lleva a la invención de una democracia enteramente la sociedad civil, donde se manifiestan tendencias análogas de burocra-
renovada. Muchos pensarán que este es un resultado decepcionante. tización y personalización de los liderazgos. Las figuras del líder dedi-
Estoy seguro de que existen soluciones más optimistas y arriesgadas de cado profes~onaln)t;:nte aJél defensa del in~e.ré~ general, del sindicalista
las que yo consigo imaginar. No descarto que a veces funcionen. De comprometido cons!lsiguales,del banquero o el emprendedor de éxito,
momento, el objetivo es ponér en entredicho las recetas salvadoras y los del bueñ.burgués y padre de famili.a,disp_l1esto a asociarse con ~11S2§lr~~,·
remedios heroicos, más o menos filosóficamente informados, pero que pero también laciel ªctivista independiente y entrega(i() ~)] c11~rpg y é:!llll~
sobrevuelan las minucias de la fontanería institucional. a ·una causa ju~ta, l}O sqbreviven más que en el recue~do. En el mej();r cie
La crisis de la representación política es un tema recurrente en los los casos, han sido reemplazadas por clichés mediáticos que nada tienen
análisis sobre el creciente distanciamiento entre cmdadanos e instttucú)- que ver con el original. La omnipresencia de los medios de comunicación
nes, que se manifiesta unas veces como simple apatía otras como des- de masas multiplica el efecto de estos cambios, introduciendo nuevas
con anza. Aparece tam ten e manera recurrente en los estudios sobre barreras inmunitarias, en beneficio de intereses puramente oligárquicos.
la progresivi" deslegitimación de los parlamentos y demás asambleas elec- Sor1 tema~ »J~Il1élSiac:lo ~mi?Jios_l?!lra ser tratados aquí. De hecho, lo
tivas o sobre las transformaciones que está ex erimentando la estructura único ql1e s_e. pretend.e. mostrar .es. que . algo sustancial ~stá o~l1rr!~!l.cl.9
organizativa e os part1 os po íticos . Todo ello tiene mucho que ver con en el tr~sfondo social_ de la repre~en!ación, _h(lS!a tal Pl1I1.!C> que no po-
el deslizamiento del poder de decisión hacia espacios exentos de control demos_dejar el~ _eQfren.tªrnos a una reconsideración de la. imagef1 que
público, en materias de extraordinaria relevancia práctica, en política fi- asociamos. a este tipo de proceS()S~ Nos enfrent~mos al extrafió casq de
nanciera o económica, social o fiscal, de seguridad, entre muchas otras. una democra¿iá q~e, $in d_ej(lr de ser formalmente represent~Úva, h~·
El tema viene de lejos. A partir de los años ochenta, empezaron a cobrar acabado quedándose sin recursos para representar nada.. .
fuerza otros cauces distintos de representación de intereses, en el marco
de la (entonces nueva) sociedad neocorporativa3 • Los términos del de-
bate de aquellos años quedaron pronto desbordados por la evolución 3 .2. La gran decepción
·¿e fos acontecÍÍI1Íént~s;·el1 a~;_posde privatizaciones masivas, de nlleva
ge;tiÓn p'óbÜca y,.por eri'cil1:1<1~4~ i9.clQ,_ de a~~ler~ción.ex'pónenCiaf~Clel 'Las dificultades de l.l''representación vienen de lejos, de cuando la demo-
p.roceso _ gÍobaíliador. L~~ _clases girigent~s 4~-}as ..déin?~~acla.s~a~~~~§l-ª~s cracia moderna estaba aún en éiernes. Muchas·ae ellas ·aerívan 'def.con-
ecortaron los puentes (representativos) con el sustrato de í1ltereses e iden- cepto mismo de- «rep.res.entación», una noción diyOs orígenes sé remontan
tidades que, en otro tiempo, S~ iden:tifi¿aba. COll Ía ~~naCIÓn» .y comenza- al derecho privado romano y que emigra, en tiempos remotos, con mu-
ron a moverse en un espacio exento de mecanismos que hagan efectiva la chas otras, al derecho público 6 • Son temas bien estudiados, aunque a me-
exigencia de responsabilidades ante los electores4 • Comenzó a formarse nudo olvidados. Por sus resonancias metafísicas y escénicas, la noción de
entonces esa alianza entre poderes económicos, políticos y mediáticos «representación política» es marcadamente ambigua y polisémica. Incluso
globalizados que ha terminado por volverse casi inexpugnable. contradictoria. En su significado central alude a ciertas situaciones en las
Es cierto que la democracia moderna siempre ha sido gobernada que se pre~ef1de traer a la p_resp11_ci3 algo gue permanece, por definiciól),
desde «arriba», por élites que controlaban los procesos de cooptación ausente. Esta tensión entre lo presente"y lo ausente no se resuelve fácil-
de la clase política. Sin embargo, en un contexto como el que viene mente yacompafia sus distintos usos. Répresentadón<~slgnifi~a, en un pri-
formándose, la relativa autonomía de los poderes representativos tiende mer sentido, poner algo frente a los ojos de alguien; en un segundo.señti::
a quedar ulteriormente comprometida, hasta el punto de que es lícito do, significa llamar o evócaralgo; en uñ tercero, iiriitar,-feprodúCir~.. hacer
cuestionarse si la lógica representativa no está ya demasiado comprome- revivir>/. Podemos dar·por sentado que estos significadoséstántoaosellos
tida por las dinámicas de selección y circulación de unas élites sociales incrustados
..
en l::i<<grarnatica demel1.tal» d~ la democracia. No
parece que .

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REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

haya uno más fundamental o importante que otro. P~se a la insistencia ~e 4_el ?~oceso_p<:)_l_íti~~:e~t_o e~ 1 .X§ip ~-']_!taLe~ !?:zares compljcacjones, las
quienes siguen aferrándose -¿todavía?- a la retónca de la democracia dec1s1one~ d~ los representantes.
asamblearia, donde la voluntad popular gobierna sin mediaciones, hay po- L<: primera de--~llas tiene que . la-
ver c'onlas--ba~es.soéiáíes- de repre-
cas dudas de que todas las democracias que en la historia han existido han o
sentación y, en concréto, cori' él ·a:m. 'lísimo roces d. e' irÍclÍviduacióil'' 'lie
sido, en alguno de los distintos sentidos del término, represe~tativas •
8
ha llega o a trastocar, en sociedades osindustriales como las nuestras
r---~-----,11--~~--~~--~~~~~~~~~~~~==~~,
Puede haber representación sin democracia, pero no lo contrano: demo- os contornos del espacio político tradicional, produciendo una sor ren-
cracia sin representación. Si algún interés tiene la (gastada) polémica ent~e ente com resión del terreno e juego en el ue se desarrollaban los
partidarios de la democracia sin mediaciones artidarios de la democracia procesos representativos. as sociedades contemporáneas -explican los
representativa no esta en sa er s1 a re resentación t aiciona a ver, a era sociólogos- no se caract~rizan tanto por el encumbramiento del in-
naturaleza de i ea democrático, sino en establecer bajo qué con !ClO- dividu~-~~rgrqijié~;-·alsiado y egoísta, como parla difusion-mas!va'd(!'
nes la representacíón llega a convertirse en rep:~sentación de~?crática. u'na cultura política eii''lá.'qúe' sé--atribuye al süjet6 urúi tespüñsabílÍcÍ~d
A grandes rasgos, se dirá que la representacwn es democrat1ca cuan- ~xdusivá r·a.s~x~a,~~( sª~-~~j~~~_lseño- y-la reálizaéíóii a·e· 'sií'~propió'pro:
do el/los representante/s, además de «actuar en nombre y por cuenta de yecto de vida 10 ~ ~n los lugares másalejados·aerpianeta~'i)ers~orías éiue
otro», conforme a la acepción iusprivatista del término, consiguen «re- ~e e_ncue~!~~f! eE.~él~~~o~diCiones mas dispaie·s -estan todás-~onveñcidas
flejar» o «reproducir» la voluntad o el interés de los ciudadanos. En una d~ qu~ Sll_primer_problerll~-efdesafío af que sé-eñ~réntán"a cad;i"íñstán~
formulación clara y reciente: «Los elegidos en un parlamento repre- te, es la. el~c~~-~¿ ?_e_..u~·~.!!ͪ~<?:·~e ·vfª::t P<:~~o-nal, défque se supoií~'"qile
sentan a los ciudadanos electores en orma democrática no solamente . depend_e ello~r() sf_e)~ felicida~_· ~E~_ e! pl~np--q~~-aquf rios lnteres~~-·er re-
en la medida en ue son desi nadas por estos ara sustituirlos en las sultado de estas tendencias es la politización de extens~s-ár.eas.cfe Ia vída
ases conclusivas del proceso decisional, sino en la medida en la que privada, que pasan a ser objeto de confrontación pública. A medida que·
el ar amento, en su conjunto en sus varios componentes, refleja las los sujetos comienzan a problematizar las certezas heredadas, la política
íversas ten encías orientaciones olíticas resentes en el país, s~':!.~~: irrumpe e~__el e~pac~o impolítico de !~ ide~_tjda~ y de la intimidad, obli-
duJones, y en sus respectivas proporczoñes;;~.:.l2~iª(~~~~-E~~-C> .. ~~~!~!..'l.:. la
~and()a re~~~borar las_r~&lis ·ae¡~~~atdmonjQ,__ eJJi~f.~titesco y ·í~IT;ilia,
el carácter más o menos democrático de la re resentación no depende 1~ a~_is~~4Y _el amor. Emergen también nuevas causas de exdus1ón so.Cial;
e la distancia que pueda existir entre representantes y representados, en.lam~4~~a en que no t6do-s1os sujetos tendr~n).Qii~ciJrso_§._necesaríüs
o del carácter vinculante o no del mandato al que están sujetos quienes p~ra hacer tre~~~ ¡}}ás cargél~ )i~osXi_e~g~s_y_p~!_<:I disfru~ar de las oport~­
actúan en nombre y por cuenta de otros, sino de la capacidad efectiva nidade..s 9L1~ el propio proceso de indi\Tiduación gener~. PeroTá corriente
del proceso representativo para «trasladar» la voluntad o el interés de individualizadorci .roCluce tarñblén-·la (fes oliHzaciórz de. otro·s--áñibíios
1-;=s representados al proceso de determinación de la voluntad olítica. istintos de la vida sociaL algunos de los cuales en otro tiempo habían
Dejemos en suspenso e problema de los diseños institucionales más estado situados en el centro mismo de la vida pública: singularmente, los
adecuados para asegurar la (supuesta) correspondencia entre las deci- dominios de la economía y de la técnica.
siones y el factor que queramos tomar como piedra de toque sobre la . . La segunda ci~_CU!:l~tancia a tei?-er_~1:1 cuenta es el imponente proceso
que se mide la democraticidad de la representación. Antes de eso la pre- de frag-mentación al que está sometido el espacio público. Está call1bian-
gunta más obvia e incómoda es la que versa sobre los criterios en virtud do, y de forma radical, el medio sobre el que se suponeque--habrí:i ·ae
de .los _cuales id_enúficamos Jo_s g_9s _~-~_fll!.Ílf9S d_~ Jª_ «~quivalencia». En p_royectarse el objeto ªe-la represen~aciém)as vofííñtades e-1ntereses"que
patticu1ar, el seg1111d9d_~ e1Ios: .itj.l.guéJ;onsiste exactamente esa «cosa>~ habrían de ser ref!~jados, -repr.odüc!Clos, traídosala1uz~ --Mas acfelañte
-el interés_. la voluntad, las preferencias- gue los mecanismos. d~.k n?s refeúremos a la creciente .ingober~abilid~'d de-soCiedades coinoTas
rept:;sentación (se supone gue) reproducen, transmiten o reflejan? nuestras. Por ~1 moment(), ~asta afirmar que-las ·Ínstitiiclones represen-
_.Hay al menos dos circunstancias que obligan a revisar, y finalmente tativas han dejado de ser, si es que alguna vez-lo 'fueron; pleiiameñte
abandonar, la noción intuitiva de representación, aquella que asp1ra soberanas, e~ el sentido perfectamente banal de que ya-?o.con¿igilen
á la corres ondencia, la e uivalencia o la simetría de las tendencias u hacernos creer que ellas -lo pueden todo. Y- esto es detérniiiiaiíte a la
orientaciones presentes en una comunidad po ítica con los resultados hora de identificar los límites alos que está 1nevit~_!:)!einente-s~jé!ó el

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.proceso .representativo .. La clave.está.endarse cuentª_.de.gpe.si no exist~ que están destinadas a migrar hacia esferas de acción que nada tienen que
!-ln espacio unificado de acción colectiyatampoco pu~.d~ hªber.una su~ ver con la política representativa. Desde los tiempos de la Revolución
perficie homogénea sobre la que proyectaTla volu1:1tad colectiva:_Solo francesa, el campo de la representación se identificaba con una ordena-
ppede hablarse con sentido de representación «democrática» cuando ción espacial de las demandas, de la izquierda a la derecha del espectro
t9das las razones, las razones de todos, ti(!n~n _la pgsÍbilidad de mos- político. Hoy la imagen del hemiciclo parlamentario ya no se corres-
tr?rse en un mismo e~ce.nario -una asam~lea, unpadamento:-:-, en-e1 ponde -no «representa», no «refleja»- la composición y distribución
lugar en que se «yisualiza» y se «reconoc·é~~ 1~ ~of~n.taéCé:~lectiva.~·sc~~tÓ de las necesidades, los intereses y los deseos. Por extraño que les pueda
~s cie~to, y paree~ difícil neg~~ que lo sea, pl:!é(Je ·ae¿i~~e_q~~~l p;~bi~: parecer a los viejos demócratas, las disputas que polarizan la opinión ya
ma fundamental de la representación democrática, no está tanto en el no son de naturaleza distributiva: no afectan a la renta, al trabajo, a las
socavamiento de la soberanía y en la migración del oder fáctico hacia prestaciones sociales, a los temas centrales de la política ideológica, sino
instancias e po er supra- o transnaciona es débilmente representa- a la condición de cada individuo particular, que interpela a los demás y es
tivas. Lo verdaderamente relevante es más bien la desinte ración de interpelado como persona concreta, y no como sujeto abstracto, como
todo es acio homogeneo ae or enación de los deseos, los intereses y las ciudadano, como portador de reclamaciones universales de justicia. La
necesidades, la desaparición e una ase común sobre la cual estab ecer generalización de las luchas identitarias, centradas en el reconocimiento,
e..9uivalenc1as significativas entre las demandas de todos. Es la posibili- multiplica la presencia pública de preferencias no negociables, que ame-
dad m· de la re resentación la u e se eva ora junto con la creencia, nazan a cada paso con bloquear el juego de mayorías y minorías. De otra
típicamente moderna, e que es posible modelar el mundo por medio parte, y en relación con las prestaciones del proceso político, hay evi-
pe la potencia del soberano, el artífice del orden social. En último tér- dencia de que cada vez son más frecuentes los conflictos que se canalizan
mino, es la proY.ectabilidad misma de los equUipriqsyJ.as normas básicas por vías ajenas a las de la política institucionaP 2, poniendo en cuestión
de la convivencia lo que está en cuestión. la función integradora básica asignada en otro tiempo al monopolio es-
Es la convergencia de estos dos factores, la individuación de la base tatal de la violencia. Aparecen nuevos enclaves (pos-representativos) de
social y la fragmentación del espacio de acción política, la gue nos lleva participación y de poder, informales y efímeros, reticulares y no jerár-
a poner en tela de juicio en nuestros días el carácter democrático de los quicos, estrl!<:tl}t:<!lfllel!t~ _aj~f!QS a los .fªucesJípjcªmepte democráticos
erocesos representativos. y aguí la tesis es que el tipo de representación de agregq.cj_qn_ qe preferencias.Y aquí lo que .importa es ohse~y(:lr -f~illo
al que hoy podemos sensatamente aspirar no podrá ser reconducido los enclaves deJa política (tr(:lgicional) ya no consiguen reproducir 1ª5ª~
Yª aJ esque1}1a, solo aparentemente claro, de la correspondencia. A lo riedad de los intereses I?Jás fundamentales, la volgl)tad verdadera _0 la
fargo de los dQs t11timos siglos, elprincipio de la r_epr~s.et.Jta_ci_Qn-::::con identidad auténtica, la conciencia o la memoria. En consecuencia, 1~~
sus corolarios: independencia p_arcial d~_J_os represent;mt~s,Jil:>~rtad_-¿le reglas para la adopción de decisiones «representativas» tienden a dejar
opinión, periodicidad de las elecciones, gªranti.f! d_e 11!. di~.P-!~jón públi- de ser el foco en torno al que giran los procesos de integración social. El
ca- ha mostrado una extraordinaria plasticidad, dando lugar.'a dis~fio.s camino que conduce a la adopción de decisiones se vuelve cada vez más
in.stituciona~es muydistintos 11 • Pero lo gue ah()ra está en ju~go.~_s otra tortuoso por la sucesiva acumulación y diferenciación de instancias de
cosa. Se trata de saber si en el futurq podrá esta~lecers_f:! __t<:>~avía algu-_ poder, en eso que suele conocerse como la nueva estructura multinivel
na clase de equivalencia entre lo que piensan, creen, dicen, sienten los del proceso político.
representados y la actividad de quienes actúan en su nombre, entre las Si algo hay de cierto en todo esto, convendrá el lector, no es ni mu-
expectativas que unos cultivan y las prestaciones que los otros pueden cho menos obvio que vayamos a poder devolverle de la noche a la ma-
razonablemente ofrecer. En términos clásicos, el problema que hoy co- ñana el carácter representativo a las instituciones. Aunque también habrá
rroe a la teoría de la representación está en saber si cabe la osibilidad quien diga que la situación no tiene re.medio y que estamos asistiendo al
e ar e arma po ítica a a multitud. ocaso de la política representativa: no hay representación, sencillamente,
Obsérvese, or cierto ue la uiebra de las condiciones básicas de la porque ya no hay nada que representar. En este punto, la decepción del
representación política viene por los dos la os, el de -las demandas y el buen demócrata es inevitable. Dadme un punto de apoyo -se dice que
Cfe las prestaciOnes. De un lado, porque éada vezson más las demandas dijo Arquímedes, al comprender la mecánica de las palancas- y levan-

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taré el mundo. Pero si resulta que no hay punto de apoyo, que no existe gido un nuevo soberano capaz de imponer secretamente su voluntad, tras
un terreno en el que anclar las opiniones, ni una superficie homogénea la fachada de las instituciones, usurpando la voluntad del pueblo.
sobre la que (re)presentarlas, ¿para qué valen entonces los mecani~mos En el planteamiento de Schmitt se uido consciente o inconscien-
de representación? ¿cuál será su función? Más adelante, en este m1smo temente por una larga serie de críticos de derechas y e 1zguierdas, las
capítulo, volveré a referirme a los procesos de individuación y fragmen- democracias representativas habrían quedado fatalmente atrapadas en
tación de lo político, pero antes habrá que decir algo más sobre algunas dos contradicciones fundamentales. La primera estaría en el carácter
viejas dificultades de fondo inscritas en la estructura de la representación en últim<l instancia «aristocratlco» de cualquier sistema de representa-
democrática así como sobre algunas vías de salida que se perfilan en la ~!"! l:>.asado en rocedimientos electivos ya_qlJ.~.t:!:i__<::Ué!Lq~~~~~- de __s_t_:s
' '
wo ªHdél9:es, y a _d_iferencia d_e! S()~te() _de)<?§.~~!igl:!Q~.). ~9<J~e!.~~<::i~t,I
teoría política contemporánea.
implica selección. Las cualidades~ ~eley_al}-t~-~ r~~~ ~Scs>g~r _a !()S g()~_er;
n~ntes puec,len ser muy dj~tint~~ -la yirtl!_d, 1~ C::()IIl:f~~t_el'lcta, l.a proxi-
3.3. La representación como farsa o como ficción midad, la afinidad id_eológic:a <;)_de .inter.eses, etc.~, de.lalllislll~]()r!J!~
que tambié]1_ puede _variar el número de sujetos gue intervienen ~n el
Alguien dirá, y con razón: iNada nuevo! iNada que no supiéramos des- proceso. )?ero ello .!lo afecta a _la cu~stión_ ~edsíva: ·elegir í.mpfi'ca ·cÍiscil-
de hace tiempo! No hay más que echar una ojeada a algunas de las más minar.. Puede afirmar~e ento11<:;es, por absucdo, .que.·el p~Q~~-~}ÉJi~~~Ó
célebres páginas de Rousseau, Jefferson o Marx para comprobar que la electoral es tan poco de1J1ocrático, o tan aristocrático, ~omo cualquier
tensión entre democracia y representación es tan vieja como la democra- otro método para la selección de la clase polÍtica.:_No.~gY~!l(),~n1a-tr~df­
cia misma. De hecho, desde mediados del siglo xx, en una época en que ción liberal, de Sieyes o de Burke, los diputados representan a Eú1aeion
la democracia liberal necesitaba rearmarse ideológicamente frente a las en su conjunto y no a la parte restringida del electorado a la que le
alternativas antiliberales, la teoría se desentendía sin demasiados escrú- deben su escaño. O, mejor dicho, representan también a sus electores,
pulos del venerable tópico de la perfecta correspondencia entre opinión pero siempre como parte de un conjunto más amplio, la nación. Para el
y voluntad. representante es incluso un deber tomar la parte por el todo, situar el
La primera vía para poner al descubierto las falsas ilusiones de la re- interés general por encima tanto del interés de la mayoría como del
presentación consiste en señalar el desajuste entre la voluntad realmente de la minoría. Es la lógica misma de la representación la que impone
expresada por las instituciones democráticas y una realidad «objetiva» este deber. De aquí, no hace falta insistir en ello, nacen toda clase de
Sl,!:le supuestamente debería encarnarse en ellas.. La versión democrática desdoblamientos y aporías. Representar es hacer presente lo ausente,
de la representación no sería más que una farsa. Son muchas las voces mostrar, hacer tangible la idea, la esencia, el principio del orden políti-
que han insistido en este desajuste. En la primera página de su ardiente co, tomando como referencia el desorden de las partes. En suma. en la
ensayo Sobre el parlamentarismo, del año 1922, y haciéndose eco de ~visi911 de Schmitt, la «verdadera» representación no puede ser a uella
anteriores críticas elitistas, de Weber a Michels, describe Schmitt el do- que es puraab.s.tracción, mencwn o re e o a a.renre, sinoª_qgeJla
minio de los partidos sobre el parlamento, la bajeza de los líderes, la a canza a ser sín1bolo efi~az, através del cual se «materializa» la u ·
banalidad de los discursos, la degradación de los modales y el abuso en (orgáni~a) ... e. soberano. .
los privilegios 13 • La raíz de estos males estaría en la incapacidad del par- La segunda contradicción es todavía más inquietante que ·¡a primera·;
lamentarismo burgués para estar a la altura de los principios sobre los hastci""el pqnto de gue, de seguir al pie d~Jéllet¡;-ael.axgumS!.l1to, debería-
que el mismo se asienta. En los parlamentos que Schmitt atacaba, pero !!;_OS concluir que_es inexacto tratar ala democracia representativa comÓ
alguien pensará que también en los nuestros, la relación de representa- una especie del género democracia. Lo representativo -esta es la tesis-
ción queda contaminada por la interferencia de los intereses particula- sería precisamente el elemento «lo no-democrático en la democracia»,
res:, por la disciplina de partido, que prevalece cínicamente sobre las más pues esta tiene que ser necesariamente expresión de unidad y no de divi-
elementales normas de la moralidad política, por el hecho de que las sión14. La raíz de este malentendido estaría en la contradicción entre dos
decisiones se toman entre bastidores, lejos de los lugares formalmente diferentes principios que el liberalismo intentó conjugar, sin éxito, a lo
destinados a la discusión pública. Como resultado de todo ello, habría sur- largo del siglo XIX: de un lado, el principio de identidad del pueblo «en

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situación política», es decir, en la jerga schmittiana, «del pueblo presente convertido en ciudadano, como titular de derechos de participación
consigo mismo como unidad política, cuando, por virtud de la propia política. Sobre esta base, el referente de la palabra «pueblo» ya no será
conciencia política y voluntadJ?:aCi()nal, tiene aptitud paradistin!?!l~r en- «Un conjunto o un conglomerado de hombres» 18 , sino una secuencia de
t{é _af!lig() .Y. enerriigo»; de otro lado, el principi() ~e representación~ q~~ actos formales cuyo significado objetivo se determina a partir de las co-
~lude al hecho de que la unidad política del pueblo ha de enco~~~~~ u~ nexiones de sentido instituidas por el propio ordenamiento jurídico. El
·vehícÚlo, un pÓrta~oz de carne y hueso, para entrar en la arena p_()}íti- objeto de la representación no es sino el resultado de una operación de
ca 15. La concll1siónes· tajante: si háf identidad en este sentido no hay «atribución imputativa». Lo único que realmente existe es la secuencia
l~g¡r para 1~ representación;. y viceversa, donde hay repres~nta~·ió~ .f1Ó de los actos formales en que consiste el proceso de determinación de
fíay democracia, porque falta únidad. En una democracia «auténtica» el la voluntad colectiva, cuyo sentido viene determinado por la referencia
pueblo se expresa sin mediación alguna. a un orden de calificación de la conducta 19 • Pero sin normas de califi-
Un segundo camino para desvelar las trampas conceptuales de la re- cación no puede hablarse ni de voluntad ni de interés común, pues no
presentación es el indicado por Hans Kelsen. No todo es farsa en la existe un método distinto a este para conocer el sentido de la voluntad
representación, viene a decir Kelsen, pero -de nuevo- eso no si nifica popular 20 • Obsérvese que el argumento tiene un efecto explosivo. Lo
que exista una rea i a «objetiva» a la que anclar el proceso representa- que esfaf110S diciendo, en otras palabras, es que no existe la representa-
tivo. Más razonable es entender gue cuando se habla de representación ción como tal, que no hay posibilidad de identificar.con-Gerteza .en qué
ñü'Se alude más que a una de las tantas «ficciones» sobre las que se apo- consiste la relación de correspondencia -material o psicológica- en-
ya el JUego democrático. Lo que aquí importa retener, en todo caso, tre representantes y representados, y gue todo lo releyante que pq5;g~_
es que una maniobra de este tipo echa por tierra la idea intuitiva de ser dicho al respecto pasa por la referencia a un sistema f<Jrmalmente.
representación a la que antes nos referíamos, basada en la semejanza o la tg.sado de poderes y responsabilidades. En consec:D:~ncia, la única mane-
c~rrespondencia entre realidades tangibles. De hecho, el propio Kelsen ra parasaber en gué consiste la representación es considerar ~1 c:atálogo
la presenta como un residuo superfluo, vagamente retórico, cargado de de facultades ue el ordenamiento confiere a los electores a uienes
implicaciones metafísicas, al que no es posible atribuir un papel defini-
es go~¡;rnél~~ Definiremos entonces como. democr.ático" por oposición
do en el entramado institucional de la democracia. La teoría se rinde a a un ordenamiento autocrático, al ordenanüento que c.onfiera a todas
la evidencia empírica y admite que la venerable doctrina de la soberanía los ciudadanos por i ual el derecho a interve ~
popular no es más que un «dogma». Y prueba de ello es que las fuerzas
ucción del derecho 21 ~ . _ _ ............. - ____ ..
políticas de las que se dice que «representan» a sus electores están for- - Mu~ha (lg~·; .h_a_~-o~ridoJ>ajQ los puep.tesde l<l t~Q~ía.deJ?!-()EJ:"ª!j~a.__de$-
malmente excluidas de la potestad legislativa, la cual, por el contrario,
de los tiempo~ de Sc~mitt y Kt:ls_t:l1, pero el doble.. c:les.flfiO.q1le ~!12.~ lél~~~
queda fnteg~amente atribuida a un órgano colectivo como el parlamen- ron sigue intacto. Lejos de ser considerada.. cQ,rno unaJarsa o una ficción,
to. Su v'~luntad, y no la del pueblo, es que hace las leyes 16 • ~or eso, a _di;_ la demanda de representatividad sigue firmemente arraigada tanto en el
ferencia del o gue suponía la doctrina elásica de democra_cia, el pr~ce~:o sentido común de los ciudadanos como en el discurso teórico. Se supone
'político no gira en tórno al descubrimiento de. una. mis_terios~, y seg::r~­ que cierta clase de simetría entre voluntad de los ciudadanos y sus repre-
iñ'eñte inexistente voluntad colectiva no resu one una «mística erso- Sentantes es un criterio indispensable para medir la democraticidad de l2;_s
na 1 a tota », ni ~oma como punto de re fe renda uria· (supuesta) ~~~olun­
3emocracias No obstante, y considerando esa mutación del entorno de
tad psicológica» del individuo, gue_los partidos, como simples.correas de la representación a la que aludíamos unas páginas más atrás, quizá sea el
transmisión, debed<uÍ trásladar X tr<:tnsfprmar eE 4~~is,iones_vin~ulantes 17~ caso de retomar la fría disección de estos autores y preguntarnos qué clase
- Esto no quiere decir, por supues~o, q-ue)él reconstrücción dé!l_pro~e.­ de respuesta podemos dar en este momento a sus argumentos. ¿Acaso
so democrático no tenga que apelar a idealizaciones al menos igual de podemos hacer oídos sordos a críticas tan poderosas?
fuertes que las de la vieja doctrina de la representación. Si el proceso de El argumento de Schmitt, obsesionado por el problema de la iden-
formación de la voluntad política puede ser interpretado en clave de- tidad, ofrecía una visión sesgada, y parcial, del parlamentarismo demo-
mocrática, como sistema ascendente de legitimación del poder político,
crático. El sufragio y la elección de los representantes no es, frente a lo
es gracias a que asumirnos la metamorfosis de la libertad del individuo
que él pensaba, el único momento relevante en el proceso de formación

50 51
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

de la voluntad colectiva. Desde este punto de vista, la alternativa a las ¿una pescadilla que se muerde la cola? Quizá, pero no hay alternativa.
aporías de la representación no tiene por qué estar en la recuperación de ~i 'queremos dem,ocracia, ne.cesitamos 'que "la fi~dQil repres'enfátiva no
la (sagrada) unidad, que se manifiesta en el momento supremo de la acla- acabe pareciéndonos increíble. ··· '"' .... ·
mación (del caudillo). En democracia es posible abrir múltiples ventanas
a la participación y el control popular. No obstante, hay una parte del
enfoque de Schmitt que resulta particularmente inquietante. Algo muy 3.4. Pluralismo de intereses y colonización mediática
básico se tambalea en el esquema institucional de la democracia mo-
derna cuando la voluntad soberana del legislador pierde la capacidad La teoría política y jurídica de entreguerras, como acabamos de ver,
ordenadora que se le atribuye y deja de ser el punto de referencia central puso al descubierto las contradicciones latentes en la idea intuitiva de
en la determinación de la voluntad colectiva. Y este, como ya hemos in- representación. En las décadas siguientes se difundió una noción alter-
dicado, es seguramente uno de los rasgos que caracterizan la situación nativa de representación que aspiraba a describir, con tonalidades mu-
actual. La profecía schmittiana de la legislación motorizada va camino de cho menos dramáticas, el funcionamiento de las democracias contem-
cumplirse y el derecho se ve obligado a ir sistemáticamente a remolque poráneas y, en particular, las tensiones que acechan a sus mecanismos
de la desbordante CQJ.Ilplejidad social. En estas condiciones, ¿cuáles son las representativos. En los· dos nuevos ejemplos gue propongo a continua-
in'stanciªs~r2lí~icas a través de las gue se expresa la un~dad de la voluntad Ción, el modelo plüralista y el de la demóchicia ''dé' auaieileia, >el niíto
o ular? Su oniendo ue aún exista al o parecido a un interés común -y: de-·la correspondencia ha quedado muy ·menguado, pero el ciudadano
una voluntad mayoritaria comprometida con su realizaCi6n, ¿cuál sería e sigue apareciendo como sujeto portádor de · referehcias· · facio'iialmerF
11fipiente que los podría contener? .... . . . •.•. ~ .. · · -· te motiva o a aprovechar las oportuni adés' de participaei6ñ que. el'sis::-
_Con respecto a los argumentos kelsenianos, la cuestión ~ás _i~t~re­ tema representativo le ofrece 22 • El problema sigue estando, conforme
sante no está tanto en saber si la ficción representativa es útil, o nece- ~lo gue se decía más arriba, en saber si puede darse por descontado
saria, pues arece ue sí lo. es, como en determinar hasta qué· punto·y que existe «algo» que representar, siquiera or analo ía en sa
ajo gué condic:iones es posible construir una ficción que r~sliJfé.~_reí e. · qm~re .ec1t ~e~ ni~hte__gU:e_ e::cis~e _tu~á· «cü'sa>>, lavo-luntaa ·co1ediva;que
. En e-fecto, para gi;e._el iuego de h negociación parlamentaria, tal como representa a «Otra», la voluntad del ciudád:ino'.' ..
KelseRlo ..describe,.. :iieda· se uir siendo un factor relevante de pacífi~ En el modelo de la «¡)oliarquíá electiva>;, tal como· ha sido··presenta.::
cación y racionalización de los conflictos social~s es_ pre~iso que ·as do pór Giovaru1i.Sartori, S"e considera la nocionae represeiitaciórr desde·
fE,erzas políticas representativas mantengan alguna clase de «conexión>; una perspectiva ·empírica 23 ~-·La-teoiía se propone evitar tanto Jos 'desd{J.::
con los intereses subyacentes al proceso político y las expectativas que blamientos psicológicos de la voluntad como las metafísicas de ficciones
«emergen» de las distintas fuerzas sociales. Para ello se necesitan garan- constitucionales, y se limita a constatar la existencia de «regularidades»
tÍas de participación, pero también que las organlzaéiones mediadoras entre las preferencias de los ciudadanos y las prestaciones del sistema po-
de la voluntad popular sean permeables a lasdemandas y capaces lítico. Esta relación entre preferencias y prestaciones puede ser objetivada
moviliza~-·¡~ atención del público. _Ob{etivos, todos ellos-~_gl!e.~~.Y pro- a través de la noción de «capacidad de respuesta» (responsiveness), que no
bab~e.~~n!~ h9:11_q~jª'do__ de estar al alcance de h. mano. ---- · es ni mucho menos equivalente a la de «representatividad» 24 . En efecto,
• En realidad, una vez admitida la tesis según la cual la rep.t:e§~p.tacT6n explica Sartori, actuando en el marco de una constitución en la que
en realidad no es más que una ficción, la recuperación de la credibilicfaéí se contempla la prohibición del mandato imperativo, los representantes se
del proceso político depende de un conjunto de condiciones todavía mueven «en un difícil equilibrio»: si se aproximan demasiado a las deman-
más profundas. Requiere la existencia de una esfera pública capaz de das expresadas por los gobernados, corren el riesgo «de atrofiarse y para-
dar sentido al juego de espejos en que consiste el proceso representa- lizar el gobierno»; si, por el contrario, se aproximan demasiado al punto
tivo. La cuestión se vuelve todavía más complicada cuando nos damos de vista de la administración, buscando únicamente la eficiencia en las
cuenta de que, circularmente, al otro lado de la red de canales a través prestaciones, corren el riesgo de desatender su función representativa25.
de los cuales circulan los flujos de la comunicación política tiene que En la versión «pluralista» de este enfoque, desarrollada por Robert
haber agentes capaces de elaborar sus propias razones y de expresarlas. Dah[ el énfasis recae en las oportunidades institucionales que el s1stet§

52 53
REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

ofrece a los ciudadanos ara formular sus preferencias, manifestarlas y re- manifiest? Bernard Manin en su_ es_tu?io sobre las «metamorfosis» que
e amar 1gua ad e trato. Un sistema político será tanto mas «responsiVO» ~bría experimentado el principio de representaCión en el paso desde
cuanto más pluralista sea~ Para lograr ese objetivo, se necesita combinar la «democracia de partidos» hacia la «democracia de audiencia», la que
un adecuado nivel de participación con un adecuado nivel de oposición. ~tenemos en sociedades mediáticas y globalizadas como las nuestras 30 •
El equilibrio aparecerá cuando los costes derivados del incremento de la Son cuatro los factores principales que explican, a su juicio, esta trans-
conflictividad social, del lado de la participación, se compensen con los formación. El primero está en el proceso de personalización de las opcio-
beneficios que se consiguen asegurando mayores márgenes de gobernabi- nes electorales y el consiguiente cambio en las cualidades ue determinan
lidad, a costa de reducir el peso. de la oposición. En contextos favorables el éxito o e fracaso en a carrera pro esional de uienes se dedican a la
-sugiere el propio Dahl, en escritos de los años ochenta- sería posible po ít~a. E rasgo 1stmt1vo ya no es a exce encía, como en tiempos del
dar cabida a la intervención directa de pequeños grupos deliberativos, parlamentarismo liberal, ni el compromiso ideológico, como en la época
intermitentes pero especializados, compuestos por ciudadanos suficien- de la democracia de partidos, sino las cualidades gue proporcionan al
temente informados, con capacidad para adoptar decisiones puntuales Y representante la visibilidad mediática. La ventaja de esta nueva situación
formular directrices políticas (minipopulus) 26 • La introducción de estos es la posibilidad de establecer vínculos de confianza directa y responsa-
toros alternativos de articipación y oposición_acortaría la distancia entre bilidad inmediata entre electores y eléctos.~La "1magen de los políticos,
Giudadanos e instituciones, reduciendo el i erencial entre el conocimien- repetida

y proyectada
---- --
- -
por
--
los medios-de
--- ---
comun!cacion' sé""iñt:roduce en
.to experto de las élites tecnocrát1cas y meJorando el mvel de representa-. el.espacio d?méstico y conect;:¡_o choca, en-_1:!-éppo-re~1:-coñ-IasreacCfü-
ción de los ciudadanos comunes. «En todoslos países cuantasmayore.s nes más o menos espontáneas o ilustradas de los ciud-adanos. ':El segundo
oportunidades haya para expresar, organizar,.y representar las prefer.en:-: factor está en el ~aiilbio de direcCión (predomíl1ante) en -lospioc~só's
cías políticas, ma_yor. será el_qlJ_rpero y var-iedad de preferencias einter.e:- ~resentativos. pu~~Ja~ipiciativa_pasa a--manos de profesionales de
ses políticos con probabilidades de estar presentes en la vida política» 27• la comunicación ue asesoran alos políticos.ysaben'en cada momento
· Sin embargo, la objeción a_esta versión renoyada de l;l_teqrfa c;:!ás.i<;:;!l qué es lo que hay que hacer o decir ara focalizar a ate · " del úblico.
es iñffiediata: ¿estamos seguros.de que incluso en sociedades pluralistas ·quí tam 1en e ería haber alguna ga~ancia, si e;; cierto que en soCie-
como las nuestras28 , los individuos dis onen de las ca acidades ne<:;e_s..a.-: dades como 'las nuestras esos recursos técnicos son i_ndisperisal5les·para
nas para trans ormar las o ortunidades de partjci ación en momentos de p<;>der orienta~ el debate público hª_ciG~: ;1quellas cosas que realmente les
po er, en ocasiones de intervención crítica, resp.onsable, reflexiva? Y es preocupan a los ciudadanos. El tercer factor "de ca~b·{¿ tiene que ver con
que, en efecto, la hipótesis fundamental en torno a la que parece estar la relevancia pública de la nueva casta de profesionales de la comunica~
construido el enfoque pluralista -«en todos los países ... »- es plausi- cJ..9,!1...Argumenta Manin que sería equivocado sobrevalorar su influencia,
ble, pero .está lejos_de s_erobvia. Es verdad que en otros textos Robert olvidando que ~ncuentra un límite en las reglas a las que está sometido el
Dahl añade muchas. y relevantes consideraciones sobrelas precondicio~ mercado de los rn~_dia, que no son arbitrarias y depende~,d~ !~s-prácticas
nes materiales y éticas del proceso democrático, que van mucho más allá de la comunicación cotidiana, de s(m.bolo~ y_trªclici<mes consolidadas:"Es
del simple reconocimiento de oportunidades de participación 29 • No obs- verdad, por tanto, que los. nuevos com_unicadores haJ:l conquúitado una
tante, sigue sin despejarse la duda fundamental que estamos planteando posici?n p~e~minente que ántes no tenía~,Ae~plazando a los ·actores po-
aquí: el problema de la correspondencia. Independientemente de cuál líticos tradicionales -ciu~adanos co~n11~es, m9yill1ie.nto_s.. de base~--gr~po-s
sea el nivel de pluralismo que caracteriza el input o el output del proceso de P!esión que expresan la voluntad de la sociedad civil y. élitespart1~is­
político, lo que se echa en falta es una explicación del proceso mediante 1a
tas-, pero de_ aquí .np _se sigl)e necesariamente que él. fi.el-de ~ala~~a
el cual las razones y los intereses de los ciudadanos se transforman en en el proceso político _haya ~ejacio_ _ de estar en fas mános del «pu~bf~~>. Es
opiniones, y estos, a su vez, en preferencias. La cuestión se vuelve espe- más, en la situación _actual aparecen nuevos -ypoderósísimos.:___:·¡l1súii-
cialmente acuciante cuando nos damos cuenta de que el entorno en que mentos comuniéati":os, p~rfec:_tarriente deii1o.crático-~ _ ·en su estructura, y
se desarrollan los procesos de mediación comunicativa no es ni mucho que están a disposici_ón de las v?ces mar~inadas. Finalmente;·ra.·cuaiiajr
tpenos tral1S.Pªr:eute,_y más bien.se caracteriza por..la.J1t.e.f?encia. de _distor- última transfoá11ación que marca el paso ll_<lcÍá)a d~mQ<:;raói.d.~ aÜcÍien-
sjones sistemáticas. Esta es .. precisamentela cuestión. central que pone de ~ia tiene que ver con el ret~rno,--tra~ un. largo paréntesi~'- ~e~~--r:~ --~-rin.íon

54 55
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

2ública libre e independiente, no controlada por la influt:ncia partidista31 . respecto a los mensa· e municacwn
J\llib~r<l:rse de l~~ __yiejas ideolqgía~ dogmáticas, lP-SJJl1~Ya§.fl104a1idª~l.~5..de ~
la_per_sua.s~ÓI} polític~ se dirigen a Y.I1 J?lÍbl.ico distinto al 4e.J<l:.Yi~ja _ppJí!!E_a En tiempos en que la referencia a las virtudes de la competencia en
d! ma~a~,Jorrn~4o por .l1.TI ~¡~¿!9réldo flo!~I!te, tr_ag§Y.~JS91, mt:tchcu:~e.jor el mercado se ha convertido en una pura fórmula ritual, o en un dogma
informado que cualquier público delpas~do y, por tanto, no pasivamente de fe, corremos el riesgo de acabar tomando los beneficios de la inme-
cªu~iy_o. At;tl1q1l~ ~Stél frc:mja de la ciudadanía ya no se identifica con los diatez y la proximidad a los que aludía Manin como excusa para recabar
rpecanismos t~adi~ion~l~s: de· agr~ga~ión p~lítica~-s~ pap~les. determinante la aceptación masiva de las distorsiones y simplificaciones que dominan la
~n los proc~~os electorales, porque es Ia más activa ytiene cap~ddacf par-a comunicación mediática. Atendiendo a exigencias pretendidamente rea-
desequilibrar la contienda entre los partidos.Jnay_9r.il9-J:I()s~: !J.n p9Íítico listas, en un entorno mediático, quizá no nos quede más remedio que
inteligente tendrá todo el interés en anticipar y atender a las demandas de resignarnos al repliegue neo-schumpeteriano -o mejor, turbo-schumpe-
~st~ grupo de_ electo~e~, qu~Jor..rnen una audiencia privilegiada y actúan teriano- y sustituir la opinión por la audiencia. Sin embargo, hemos
como portavoces de las distintas sensibilidades sociales. de ser conscientes que al dar ese paso estamos dejando caer también las
En definitiva, ~nin intenta c~~ve~~~rn~s- d~ qu~- en esta fase enJa barreras que nos permiten escapar a la pendiente plebiscitaria por la que
que nos encontramos~ormándose un marco institucional en el que van deslizándose las actuales instituciones (pos)representativas, tanto en
se combinan, en proporciones diferentes los rinci ios del gobierno las democracias más desarrolladas como en las menos afortunadas. Aban-
representativo, rescatan o os de sus valores fundamentales: la prr::...xi- donando la referencia ideal a la esfera pública quedamos indefensos ante
lt!idady la competencia. Lo que se pierde por un lado con la banaliza- la agresión antidemocrática de quienes poseen el monopolio de las armas
c1_ón y espectacularización de la comumcac1ón politi<::;a,_pociría g_éll1ª!'-~~ de persuasión masiva. Donde todo se mide por las audiencias, y no hay
P..Or ott;Q, en términos de inmediatez.. confianza,_q:mexión ~motivé\ et:J:tr~ más criterio que ese para medir la calidad de la opinión del público, la
gobernantes y obernados. De ser o modelo de audiel}cia pregunta e~: ¿qué es lo que representan los representantes, si es que toda-
po ría.ofrecer resultados más deliberativos,_más abiertos a la discusión v~a les q_ueda alg-o_ gJJe r.~IÚ~eseprii?~~:-~~~- .. _
del público, especialmente si com arados con los pobres resultaaos .qÚe
o rec1a e m o e o partí acrático en su fase e '- eca encta. Pero <:esta-
mos seguros de que una alternativa como esta es viable? ¿Es co~n­ 3 ~5. La répresentaClón imposilile· y'sii Yéirivlfnció"n --
!_e la conclusión de Manin;;
. A mi j11icio np Jo es. y prec:;isa~~11te por l_é!_s_ mi~lJ:!élS _E::l~ºl!.~s ql1.e Volvamos al comienzo. Entre las razones del malestar democrático está,
Manin ofrece al describir los rasgos típicos de las democracias ru.~cl_i~­ sin duda, el persistente déficit de representatividad. Pero lo que cuen-
ticas. Una situación como la gue se da en nuestros días compromete ta aquí es observar que ese déficit suele valorarse sobre la base de un
de forma decisiva la imparcialidad en el intercambio de argumentos ideal que es prácticamente inalcanzable. Se dirá que en el uso común
entre representantes y representados. Y las transformaciones culturales no se hace justicia al esfuerzo de la teoría por aclarar las dificultades y
y tecnológicas a las ue asistimos arecen ir todas en el sentido de una limitaciones de la representación. De hecho, son muchas las propuestas
Creé'íente iversificación y penetración de los canales de difusión, que contem oráneas en las que se maneja una noción «sofisticada» de re-
corre paralela a una asombrosa homologación de los contenidos. La presentación, so o remotamente emparentada con la idea «intuitiva»,
socialización política de los electores se roduce en un medio entera- oasada en el modelo de la correspondencia. Lo que pretendo hacer, en
mente colomza o por la lógica competitiva del mercado de la comu- las próximas páginas, es indagar en esta noción corregida, sin perder de
nicación, que impone no solo sus productos, sino también sus ritmos y vista que la democracia, en un mundo como el nuestro, o es represen-
servidumbres. Si la única fuente de formación de las preferencias d~ tativa en algún sentido, o no es democracia en absoluto. El objetivo es
~danos, o la fuente hegemónica. está en la oferta preconfecciona- mostrar que la re resentatividad de un sistema democrático no depende
da por un restringido plantel de líderes mediáticos, y por sus asesores so o de su ca acidad ara «reflejar», sino tam ién ara oner a los ciuda-
de mere drán o inar los ciudadanos? ¿ u' en de anos en condiciones de elaborar y revisar, críticamente, las demandas
ma11i9b.:r.a.l~__q_ue~:Ia al suj~to p~~a.. e~_!al;?l~s:er una distancia crítica co_n que se proyectan hacia el espacio público.

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REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

En páginas anteriores hemos recordado algunos argumentos que así, tienen un alma «populista». El problema de esta línea de respuesta
cuestionan, con más o menos intensidad, la idea de representa<;ióri"dé-· e's que se vuelve débil cuando los hechos co'nfirman reíteradámente que
mocrática. Las distintas estrategias mencionadas compartían una evid~ri­ lá_fic~i~n representativa _p. o ep.cuentra eco en.los Ciudadanos, a·cuando la
te desconfianza respecto de la doctrina más clásica -la que va, ponga- conexión se .Produce. a costa de proyectar "ei. juego representativo haCia
mos, de los debates de Putney a Madison, pasando por Locke, Burke una dimensión en la que solamente 'cuentan las razonesmásfuert~s deséfe
y Sieyes-, pero ofrecían además alguna clase de sustituto o sucedáneo el punto de vista simbólico o emotivo. Por su parte, la estrategia defensi-
teórico, como si no fuera posible prescindir definitivamente de alguno va de quienes recurren a la noción de responsiveness, en la tradición eli-
de sus equivalentes funcionales: una concepción orgánica de la identi- tista y pluralista, no sale mucho mejor parada mientras no haya razones
dad democrática (Schmitt), una ·elaboración en términos procedimen- para creer que la competición electoral favorece realmente el interés bien
tales de la ficción representativa (Kelsen), o empíricos, redefiniendo la entendido de los ciudadanos.
representación como capacidad de respuesta (Schumpeter/Dahl). Más En todo caso, no está de más tomarse en serio el desafío y preguntarse
contundente todavía es la conclusión a la que llegan los teóricos de la si se dan las condiciones para mantener una noción siquiera deflacionaria
elección racional, que tanta influencia han tenido en el desarrollo de las de representación democrática. ¿No será mejor darla por imposible? Cual-
ciencias sociales de las últimas décadas. Su argumento, elaborado a par- quiera que esté. dispuesto a mirar con el más elemental realismo nuestro
tir del famoso teorema de la imposibilidad, lleva a la conclusión de que entorno comprenderá que las transformaciones que están experimentando
no es posible hallar ninguna función agregada que tome como punto de los procesos de representación política van más allá de un simple reajuste
partida las preferencias (ordenadas) de los ciudadanos y cumpla una se- en la estructura organizativa de los partidos o en el enriquecimiento de las
rie de condiciones elementales, entre las que se encuentra la prohibición modalidades de expresión pública a través de las nuevas instancias forma-
de que uno solo de los actores pueda condicionar, de forma imperialista, les e informales de asociación y participación. Asistimos a un profundo
la elección colectiva32 • No hace falta entretenerse en las com licaciones cambio en las convenciones tácitas sobre las que reposaba la ecuación entre
teóricas de la elección racwna para darse cuenta de que, en este marco, la opinión de los ciudadanos y la voluntad política. Para entender en qué
la representación se ha vuelto im osible. No existe nin ún sistema elec- consiste ese cambio, ·la clave está en darse cuenta de que no podemos se-
toral que consiga reflejar las preferencias de todos lo ciu a anos a a gmr atribuyendo al sujeto de la representación, con sus deseos, intereses y
~o os son e ectuosos. Sobre esta base, en un famoso texto de los necesidades, una voluntad preconstituida determinada ob"etivamente
años setenta se defiende una concepción de la democracia que, llevando antes e que se ponga en marcha el roceso de la re resentación como
al extremo la solución schumpeteriana, abandona toda pretensión de sugería e mo e o e a correspondencia, apelando al interés particular o
mantener un rastro de representatividad y califica como «populistas» a general, a la identidad horno énea del ru olidaridad de clase.
todas aquellas concepciones de la democracia que aspiren a establecer Ientras no se ponga en marcha el proceso de la representación, no hay
una «conexión sistemática» entre la voluntad popular y los resultados ningún objeto que pueda ser proyectado al espacio público. No existe nada
del proceso político 33 • En este punto no cabe hablar de representación Pf:! representar. Naturalmente, esto no significa gue no haya demandas,
ni por analogía. El. único propósito de un sistema político liberal es intereses y necesidades a los gue deba atender un sistema político gue as-
proteger a los ciudadanos de su propia irracionalidaci. pire a ser reconocido como le ítimo. Lo ue se está diciendo a uí es ue
La manera más sencilla para reaccionar ante estas conclusiones estcí as deman as, intereses y necesidades no se presentan inmediatamente ante
en observar que el modelo no encaja. con la evidencia de los hechos. Y n.o e1 espejo de la conciencia del ciudadano, la clase o la comunidad olítica
encaja por la sencilla razón de que los electores no son ni mucho menos no se acen patentes e arma es ontánea no salen a la luz sin antes asar
indiferentes al hecho de que unos sistemas políticos les parezcan más :e9r un proceso e e a oración pública -o, si se prefiere decir así, de
representativos que otros, y que determinados arreglos institucionales construcción social- en el que juega un papel determinante la presencia
reflejen de manera adecuada su opinión y su voluntad. Aunque la_ teoría de mediaciones representativas. Sin instituciones que alimenten la opinión,
considere <<irracional» este resultado, en todas las democracias que mere- y¿_in ciudadanos dispuestos a revisar críticamente sus prejuicios e intu}-
cen este nombre existen vínculos, más o menos sistemáticos entre el input ciones, en un intercambio comunicativo mediado institucionalmente, la
y el output del sistema político. Todas las democracias, si quiere decirse ~oluntad del demos se vuelve, literalmente, «impresentable». De ahí que,

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

frente al vaciamiento de las instancias representativas, y al consiguiente -el género, el matrimonio, la filia~ión, .el c11e¡-po~ o lGIB relacio!ladas
malestar democrático, no haya más alternativa ue la de incrementar la con el espontáneo intercambio en el ámbito. de la sociedad civií. -É~ de-
capaci a e I eratlva e os ciudadanos y las instituciones a a vez, wa finitiva, la política representativa retrocede ante la emergencia de la di-
gue el juego de la democracia no quede fatalmente bloguea<;!_o. mensión «ecológica» de la organización sociaP 8 •
Una vez que situamos la idea de representación en el marco de una Hay quienes celebran esta evolución y anuncian la buena nueva de
concepción deliberativa del proceso político no es difícil explicar por la democracia sin representación. Pero conviene dejar claro que, desde el
qué los ciudadanos han dejado de creer en la ficción representativa. Asis- punto de vista democrático, algo muy fundamental se pierde cuando la
timos, en efecto, a la progresiva pérdida de centralidad de la política fragmentación de las demandas inhabilita, o simplemente vacía de conte-
como instrumento básico de integración social y, por tanto, como espacio nido, los canales de la mediación representativa. El aumento de la libertad
privilegiado para la elaboración de razones ante los ojos del público. Las de elección individual se traduce en un aumento más que proporcional
diferencias que salen a la luz pública ya no están vinculadas a visiones al- de la impotencia colectiva. A la larga, es probable que los ciudadanos
ternativas del interés general. La política se convierte en un campo abier- acaben perdiendo el hilo de la conversación. Privados de referentes
to para la administración de oportunidades y se limita a dar respuestas para discriminar la relevancia pública de los problemas, quedarán redu-
de tipo fundamentalmente terapéutico. que dependen siempre de cuál cidos al silencio. Lo público se quedará entonces sin agenda propia. Y no
sea la mejor manera para acomodar los intereses en juego. La consecuen- porque los políticos dejen de hablar de aquello que va en interés de los
cia de todo ello es que ya no existen posiciones estables en torno a las ciudadanos, sino, al revés, precisamente porque lo hacen. Si los órganos
que puedan establecerse debates significativos, que alcancen el encuadre representativos se limitan a «reflejar» el conjunto de temas roblemas
de los problemas o la configuración de la agenda. que a canzan en cada momento el suficiente índice de audiencia, la re re-
Nada de todo esto es casual, por supuesto. Podemos explicar estas sentaciOn del interés general se yue ve. una vez más, imposible.
tendencias por la ya mencionada fragmentación de los intereses, en un La alternativa pasa por reinventar la representación. Y no es tarea
,co_:tJ.texto de indivLq.ualización y de precarización de las condiciones eco- fácil. La recuperación del déficit democrático -la restauración de la in-
f!Ómicas, sociales y culturales en que vive hoy la absolu~a mayoría de _la dispensable ficción representativa- no podrá ya consistir en el intento de
población mundiaP4.· La creciente incapácidadpara el éál~ulo a largo resucitar el modelo del mandato mandate íz rous ero
pJazo, pgr la difusión rnasiy(:l de losvalores P!opiosde una sociedad p"O"s~ tampoco legará muy lejos si se opta por recurrir al modelo de la autoriza-
C(:lpitalista, erosiona ulteriormente las b_as_t::s sociales de la representaCión ción (trustee), de raíz burkeana. Para repolitizar la representación demo-
.democrática 3 ~ ~ Como al~ernadya, aJa p_olJ~i¡;:(:l tra4iciol}alJ<?.s ciydadanos crática es necesario tomar un punto de partida distinto. que de forma he-
puscan alianzas.nuevas y heterogéneas._g;ipan !~qeno los movimieri"- terodoxa, y conscientemente va a uiero caracterizar como deliberativo,
t!JS y coaUci<;>~~-s centrados en problemas específico~ e. idios1ncrásíc6s~ en e que la representación es entendida como un proceso cuyos referentes
g~e r()rnp~n_los mQld~s g~las vie]<l~~--a_c;ls~ripciones ·ldeohSgiCás36 ..Por su centrales no están ni en las elecciones y los parlamentos, ni en los sistemas
_proXif11iq_(ld (1 la~ vjv~~s:~as CQ_t!qianaB, est~·; mo~irrlÍentOS están -~p. CO~dl­ de control, sino en el intercambio discursivo entre ciudadanos e institu-
Si()_n~S _ge ~l!perar con rdativa fadlidad los filtros d~ acceso -~Jos_ medio~ ~iones, en el ir y venir de las razones gue permite tomar conciencia de la
ge coml]_gicaci9_I1· Porqu_e y~nden, ap~e~g~~ a. ~daptarse enseguicÍ~ a sus relevancia de las cuestiones sometidas a debate, en un proceso constitu-
e.(Cigef1Ciq§ comuniC<1:!Í:V(:lS_, CO.tl U!l_Ínmediato efe~_!<:)~ amplificad~r,. que cionalmente reglado, en el que intervienen distintos actores, en diferentes
polarize1 nuevamente laqp!nión, formando corrientes autorreferenciales roles. A~ entendida, la cahdad del proceso representativo no depende de
el
e !ntermitel1:tes. :ror otra parte, foco. d~lconsenso y el d'i"sens"o se con- la mayor o menor corres ondencia entre las demandas de los ciudadanos
~entra en aquellas cuestiont;!_S que_promett?n.Íncrem~p_iár los espaciosde y as respuestas de las instituciones, sino de q11~ en eJproceso.polí~icg
eJección en losqu~-~1 di:tdadano e.spro!agonista en prjl!l_~ra persona aei Lntervengan instancias_ fiables_, que se hagan eco de l4s ra~gnes de todos y
relato de supropia \'ida37• De este modo, t;:_l ideal de autodetermínación sean sensiBles al peso de ca9íl un;t d~ dle1s, fayor~ci~ndo al mismo tiem o
d~II1ocrática retrocede y dejapaso anl1evas formas cÍe autodetermi~a­ la elaboración crítica e los intereses y las necesidades de lgs ciudadanos.
~ión, centra.das el!__ matexias con respec_to alas cuál~s_ casi!l_a.da tien~n ya Para especificar el tipo. de mediaciones gue reivindica~~-; afde]ar
que decir los .demás, como son por ejemplo las relativas a la inÚmidád atrás el modelo de la correspondencia, merece. la pena recoger aguí
...,. ···-~-. . ..
. "•. .

60 61
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

la sugerencia de Jane Mansbrid~ Ella distingue algunas dimensiones En suma, la necesidad de reinventar la representación es un punto
básicas de la representación, que se suman y se complementan entre d~ paso obligado en cualguier proyecto de regeneració~ Aernocrátiéa~~
sí para formar entramados deliberativos complejos. El esquema básico Pero la reinvención de la representación pasa a su vez por una elabora-
es el de la representación electoral, conforme al modelo de la promesa élón más am lia de carácter con tual ue mar ue la distancia res-
(promissory representation). Es el caso en que el representante res- pecto e los esguemas intuitivos forjados hace más de dos siglos. El
ponde a las demandas de quienes le han elegido en función de unas unto está en observar que la calidad de la re resentación no puede
demandas y sobre la base de un programa. Es importante entender que venir a a por una simple ecuación entre la voluntad de los represer;-
no todas las situaciones de representación responden a este esquema. tados y la actuación de los representantes, entre demandas y prestaciones
En efecto conforme a la intuidón de los elitistas, sabemos que el com- del sistema políticq_,__porgue no es en absoluto obvio que el input esté
'
portamiento de los representantes atiende tanto a sus propios intere- ~minado de antemano y se mantenga idéntico a sí mismo a lo lar-
ses profesionales como, indirectamente, al deseo de satisfacer las ex- güCÍel proceso de representación, y ue el out ut ten a un si nificado
pectativas futuras de los votantes, anticipando sus demandas con vistas constante, in ependiente de la percepción gue los ciudadanos tengan
a una posible reelección (anticipatory representation). Se introduce así en cada momento de los objetivos y las consecuencias deJas decisio-
una dimensión temporal que acompaña el proceso representativo y per- nes. La idea intuitiva de correspondencia ep.trejq_gu_e_piden.JJn.os.y lo
mite tomar en consideración el juego de intercambio discursivo entre los que hacen otros puede valer para las situaciones más sencillas,.. pero. no
distintos actores. «El foco de atención, desde el punto de vista normati- eara entender cómo funcionan las mediaciones repres_entq_tiya,s en la.
vo~ se desplaza del individuo al sistema, dela ~e~ocracia agregativa~ política contemporánea. Sobran ejemplos cuyacomplejidad desborda
Ía demacrada deÜberativa, de las preferencias a los iriteresés;-ae 'cómo la capacidad de previsión y.de juicio. deJos ciudadanos e.jnclnso.. de los
ei legislador vota a cómo el legislador comunica [ éon el§ublic~_r y expertos, y que requieren una elaboración reflexiva rolan ada.e
de la calidad en el mantenimiento de las promesas a la calidad en 'e1 tiempo so re as pos1 1 1 a es de actuación y los fines a perseguir. En
aprendizaje rédproco entre el legislador y los ciudadanos» 3:: Desde estos casos, el nexo representativo se concreta a lo largo de un proceso
est;a misma perspectiva, cabe considerar, en tercer lugar,. el hecho de en el gue intervienen múltiples instancias y cuyo ritmo viene marcado
g~e_ los rep~e;e~t;ant~s p~eci;an atender l~Ís expectativas ~e _lo~ eléci(),:é~ É.9r las reglas de decisión democrática .•
no solo por las decisiones que adoptan, sino por sus cualioades pers?- Queda por aclarar, por supuesto, en qué consisten esas mediacio'-
nales, su reputación o su adscripción cultural e 1deol<)&iCa (iyros.c?pic nes discursivas de las que se alimenta todo el proceso. ¿podemos seguir
r;presentation 9-repr_e_sentatzo~ by recruitment). No se le pide al re- confiando la tarea de la mediación a los clásicos agentes representati-
presentant(;!, en (;!Ste c_::aso, q1:1~ cumplaninguna _clase de promesa, y ~! vos del constituóonalismo democrático, los partidos yJos sindicatos, los.
siquiera que escuche o dialogue, sino tan solo que permanezca fiel ásí grupos- de presión y los .medios de~comunicación._de masas?. ¿Hemos
mismo, alpapel quele ha sido atribuido desde el punto de vista simb?- de volver la mi~:ada, por el contrario,.-a losmovimientos.qu.e: §.Uige.rLde
lico. Se podría hablar~·incluso ·_:_aunque aqufla cuestión. ·se ~U.~lv_~-~ás la sociedad civil o a la .actividad desplegada por los.ciudadanos.enJas
délicada y discutible- de representación (surrog~te_ o virtual re.presen- nuevas redes de comunicación virtual? .¿cabe....esperar. novedades deci:-
tation) sin~Ínguna clase de vínculo formal, investidura o control elec- sivas en est:a· materia? El recurso-a una concepción deliberativa deJa,
toral. Basta la identificación que se produce por el hécho de compartir, democracia me permitirá ser algo más ~xplícito en el último _apartado
a~n en la distancia, experiencias y perspectivas, puntos de vista ~obré de este mismo capítulo y en eLcapítulo final-de.este.ensayo,De momen::-
problemas. Pero la tesis general que emerge de la propuesta de Mans- to, tomaré en considerac::ión. algunas estrategias teóricas. y .prácticas que
oridge, y eso es precisamente lo que me interesa destaca~,- es que lá~ pretenden reforzar el grado de representatividad.. de.. nuestros sisternas
diferentes dimensiones de la representación se encuentran, de hecho, democráticos y que están recibiendo· en los últimos-tiempos una. gran.
e-ntremezcladas y sobreentendidas en lá estructura institucional~-~- u:ná atención, no solo en los medios académicos. Mi propósito será mostrar
democr;ac:i_ª represeri.tathra;_cnypjpálisis no puede quedar reduci~O. _al que no basta con acortar la distancia entre ciudadanos e instituciones o
~omento electoral · ·tución arlamentaria a la rohibición del con hacer presentes los «verdaderos» intereses del pueblo para mejorar
man ato imperativo .. el proceso representativo. Hay gue preguntarse, además, cuáles son

62 63
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

las condiciones del entorno comunicativo en el que cualquier variante


in~titucwnal de la representación está inmersa. ..

J.6. Acortarla dzstCmcia: proximidad y sondeos

Siempre hubo enemigos· de la representación. Los críticos vieron en ella


un factor de exclusión, una herramienta en manos de las élites para ténéf
a raya la presión del populacho ypara conservar privilegios de clase. Pot
él contrario, sús defensores dijeron que era Úll instrumento indispensa·-
ole pata ·adaptar el ideal democrático al cambio de escála ql1e se estaba
produciendo en el gobierno·delassociedades modernas. No es un debate·
cerrado. ·La tensión entre democracia y represel1tación reaparece cíclica-·
mente, en la teoría y én la práctica, y llega a nuestros días. Se buscan for:
rrias sóstéhibles de democracia posrepresentativa, instrumentos eñcac~·
p·a:ra revitalizar la democracia, que abran nuevos espacws de participa::
Ción acort::mdo la d1stanc1a entre cmdadanos e mst1tuciohes, ftacciohan-"
dO o segméritandó ei·procesó He-deCisión hasta hacerlo ·coincidir con lá
esfera de interve"ncion directade ros ciudadal1os. . . . - - . . -
El panorama de lás-propu·estas disponibles es difícilmente abarcable4°.
La imaginaCión institucíonal ni sido fértil eri.Uhaépoca en la q1le-erideal
de la proximidad parecía recobrar su atractivo, especialmente en el seno de·
ufia izquierda huérfana de referentes más ambiciosos: Se han· reivindiCado-·
las cualidades de un poder atento i preocupado pó.f las vivencias de la
gente común, un poder accesible, receptivo, reactivo y empático, y, por
tanto, sensible al contexto, a 1o espec1'fico de cada s1tuac10n
. . ' 41 . ~e-
L
rienda de la proximidad habría permitido recuperar entornos de acción y
responsabilidad compartida, donde los ciudadanos tuvieran oportunidad
de ampliar sus capacidades partid ativas y encontrar nuevas formas de
rea izacwn en el espacio públic_Q. La clave, a mi juicio, está en saber si la
proliferación de estos instrumentos de artici ación uede com ensar
a pérr i a de representatividad de nuestros sistemas políticos.
El primer ejemplo que puedo mencionar aquí es el de los resu ues-
tos part1cipativos, un proce 1m1ento de discusión y decisión gue a§..Qi-
ra a devolver a los ciudadanos el control directo sobre la así nación de
una parte del presupuesto de las entidades oca es, para que deje de estar
en manos de políticos y tecnócratas~ La bandera de estas experiencias es
fa que tuvo lugar entre comienzos de los años noventa y mediados de
la' década siguiente· eri-la dudad brasileña de Porto Alegre. La reivindica-
ción. de estos mecanismos de paificipaCioif"deftlOcráticá" iba asociada ·a
una ·fuerte demárida de· füsficia sOCial. Se consideraba que ~sta inkiaflva

64 65
REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

Son dificultades fisiológicas, que no pueden resolverse apelando sen- pesadas formalidades de la re resentación o a las perversas lógicas de
cillamente a la esperanza de que «otro mundo es posible». La búsqueda la po ítica profesional y burocrática; pero suponer que existen mecams-
de una alternativa participativa a las instituciones representativas re- mos de ingeniería institucional capaces de programar las disposiciones
quiere algo más que la implicación de la ciudadanía la colaboración cooperativas de los ciudadanos, suponer que existe una fórmula mágica
no-oportunista e a e ase política. Entre los obstáculos estructura es a para transformar Lis e:x:periencias e intereses gue surgen a pie de calle en
la generalización ex ansión de estas " icas está la dificultad ara cántidadés ingentes de empatía y pasión civil, es cultivar una vision de
identi car las decisiones que han de ser objeto de un pronunciamiento ~ política )' la naturaleza hl!mana, cuando menos, improbable. Fiarlo
~rticipa!Lvo. En efecto, no es tan obvio que sea siempre posible encon~ todo a la fascinación de lo local implica una dosis de ascetismo que no
trar materias de decisión puram'ente locales, que estén libres de conse- está al alcance dd coinún de los mortales.
cuencias en un ámbito geográfico más extenso; o, al revés, materias de La idea de que para resolver los males de la re resentación se necesita
decisión que despliegan sus consecuencias en el ámbito local y que no acortar la istancia puede ser elaborada también por otros caminos. ~
vengan sobredeterminadas por una estructura de condiciones y oportu- alternativas son muchas y casi todas más atractivas que la pesada magui-
nidades de alcance más general. Porque lo local le importa al ciudadano, _naria electoral y parlamentaria. Mirando hacia atrás se diría que hasta la
pero también lo que no es local. Los foros que se limiten a discutir sobre representación aleatoria de los antiguos es más «objetiva» y «democráti-
el color de las farolas o el emplazamiento de los bancos y las papeleras en . ca» que ·la representaCión pór elecdon .. No es una referencia ·peregrina.
la vía pública es muy probable que acaben extinguiéndose por inanición, Los mecanismos de exploración estadística de la voluntad popular han
por aburrimiento o por la frustración de los participantes. Pero a medida alcanzado en nuestros días, como todo el mundo sabe . un altísimo •. rada"
que la discusión se extienda a materias de mayor calado es previsible que e fiabilidad. Las objeciones que pueden hacerse a la extensión ·ae esas
aumente la necesidad de articular mecanismos precisos para la coordina- técnicas en la llamada déinoáaeia de sondeos, riada tienen qüe ver con su
ción entre las distintas instancias de decisión, participativas y represen- falta de representatividad, en el sentido de la córrespondencia especular al
tativas. Cuando se empiece a debatir, por ejemplo, sobre el recorrido de q_ue antes nos referíamos. Si acaso el problema está en que los sondeos se
los transportes públicos, una decisión que tiene consecuencias eviden- limitan a medir resp-uestas !t1Stal).t<Íl1ias,, qu~ expresan opiniones -débiles,
tes sobre el planeamiento urbanístico y por tanto, a la larga, sobre el volátiles, irreflexivas, condi~ionadas, que no refleja~ los distintos e~t~~tos.
distinto rendiiniento de las inversionesjnrn.o1Ji!iarias en unas áreas y en en que se articula la opinión de los sujetos, su infénsidad·y su coherencia
o~ras. Qué no sucederá cuando se t~~te de discutir si ~sp1ei()~ d~_s!(l1_élr las con otras experiencias y valorés 43 • Ló cuafsignifica que no basta con afi-
ipversiones pú_blicas a la construc<:iÓn 4e infka,~struct_u~<}~_.o, .Por el ~c_on­ nar hasta ellíinite de lo estadísticamerít:e posible lafoto fiíade Íaopiñ.1óñ
tsa,rio, a educa<;ión y S<}nida4, a financiar fuerzas d~ poli<::ú:l9. aprg_n1pyer del público para sab~rgué es loque d~be_ser, en cada_m?mento, =epre-
planes de integración social ~- d~_sa.r!ollg it\d~s!.rial~ peb(:lt~s,_ to~9s_ ~l.!Q~,. sentado, ni par~-l:'éconocer las oscilaCiones de la opinión ·alo·largo· ~el
que han de ser públicamentegobernaqos~ Sin la referenciaa una o.PiJliQg tiempo. Y otro tanto podría-dédrse- de los e:x:perimentos dé democracia
([gealm~nte) orientada hacia ~1 .interés g~¡;e;~l,:bs_ygc~s locales cor:re11. electrónica, _en los que cambian rad!cal~~~t~ fas modalidades de"Cifóf.:.
eJ riesgo de quedar f~lseadas. o, pe o~ a~n, convertidas en exp~e~i§p _tes- Í~ción de la infqrmilf~~n entre gobernantes y gobernádos 44 : En un. caso
tiiJlonial de vision.es parciales, insufidenÚ:IJle.nte cr:íticq.s,_y _m.ItQ~I~!iC:<:!S· como en otro conviene recordar· que eip~ocesÓ de representación implica·
• ~- definjtiva, lo queme if1!eresa s1:1~rayar aql1! .~s que .el efectQ ~dl1:; una laboriosa tarea de selección y orélenación de las oportunidades y las
cativo de la deliberació,n. cglecttYél .en ~-s . actos de parttctpac:i<~nloc<ll no prioridades y que la eliminación de las mediaciones re resentativas deter-
epende so o e a Clispostctón cívica de los participantes y e la buena· mina una s1gm cativa pér ida e calidad en el proceso de formación de la
voluntad de políticos y burócratas, sino tambtén de la calidad del entor- opinión y la voluntad, No es tan obvio, por tanto, gue todo retroceso de
no cltSCUrSIVO en ue se aesarrolla el proceso, esto es, de las condici - la re resentación vaya a traducirse en una ganancia para la democracia.
~ en las gue se discute y se toman as ecisiones. Entiéndase bien: no La propuesta e son eos e I erativos, el segundo de los ejemp os que
hay nada malo en promover formas inteligentes de artici ·' esde quiero traer aquí, responde precisamente a este tipo de dificultades. La
a ajo, que promuevan a intervencwn e os ciudadanos en las cues- confusión, a veces intencionada, entre el resultado de los estudios demos-
~~~~~~----------------~~--~----------~---------
tiones que afectan a su entorno más inmedtato, como alternativa ~ cópicos y la voz del pueblo nos aboca, escribe James Fishkin, a un falso

66 67
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

dilema, pues n,.os _obliga. a elegir <~entre la refle:x;iva p~ro antidernoc.rática tivas tradicionales. No hay duda de que, bajo condiciones favorables o no
cq!11petencia cie las élites poq.:m:;:t parte, y las superfic:iªlidades _ele la dem<i:- excesivamente desfavorables, producen buenos rendimientos. Ante todo,
cracia de masas por la otra» 45 • La solución estaría en buscar instrumentos para los políticos que los patrocinan, porque les dan una buena cobertura
~ás sofisticados de análisis de la opinión pública que inc~rporen Í~~ vª~ de legitimidad (y popularidad) y porque proporcionan información de
Gres típicamente democráticos de la deliberación y la igualdad. Es en~s<:; primera mano para anticipar las preferencias de los electores. Marketing
terreno donde se sitúan los sondeos deliberativos. Su funcionamiento bá- político, en definitiva. Pero no creo que sea esto lo que tienen en mente
sico no c;:s difícil de explicar. §eleccionamos.:una muestra representativa c_!e los partidarios de una alternativa deliberativa a la representación. Lo que
ciudadanos y hacemos que s'e reúna para deliberar, bajo condiciones con- ellos buscan, según venimos diciendo, es acortar la distancia, promovien-
troladas, sobre alguna cuestión de interés público. Se pretende así recrear do la formación de espacios de discusión entre ciudadanos e instituciones
a escala las condiciones de una discusión cara a cara, «sobre las mismas ba- en los que puedan salir a la luz sus verdaderas necesidades y expectativas .
.ses. d.e igualdad política que las ofrecidas por la Asamblea ~tenie~~e·o por Naturalmente, si nos tomamos en serio lo que sucede en esos espacios,
l9-s ciudades de la Nueva Inglaterra», con todas las ventajas queeso.sup_on~ pronto nos veremos obligados a establecer alguna clase de mecanismo de
para recabar, sin distorsiones, la verdadera opinión de los ciudadanos._Ls:>s coordinación para encajar lo que sucede en los espacios tradicionales
sondeos deliberativos proporcionan al investigador la imagen fidedigna de formación de la voluntad política con lo que sucede en estos nuevos
de lo que llegarían a opinar los ciudadanos de carne hueso si tuvieran el foros alternativos de discusión. El objetivo se supone gue es incremen;-
tiempo y la información necesaria para expresar una opinión bien orma- tar el grado de vinculatoriedad de los procedimientos alternativos, cuyos
pa. No reflejan lo que piensan las mayorías caprichosas y desinforma~~2 resultados deberían dejar de ser puramente indicativos para volver~
s!no lo que llegarían: a pensar. Proporcionan, por tanto,. un tén:nino d_e vinculantes. En la medida en gue eso suceda, el margen de discrecio-
comparación «objetivo» para evaluar tanto la o tmón informal como el nalidad de las instancias representativas tradicionales se verá inevitable-
.. e ate que tiene lugar en el seno de las instituciones. La operación tiene, mente recortado. Se trata precisamente de eso, de atarle las manos a la
PQrSlipuesto, fuertes implicaciones normativas:.por Sl..!.calidad eQistémica: política representativa.
una opinión semejante «merece ser escuchada,>> 46 • Pero aquí, de nuevo, nos encontramos con el problema de la genera-
hg,s inconvenientes de estas experiencias, que por lo general suelen lización de los resultados. No es descabellado imaginar que la relevancia
resultar bastante inocuas, ~e hacen patentes en el momento en que se las pública de estos foros será directamente proporcional a los niveles de
intenta resentar como alternativa a los mecanismos de decisión colecti- conflictividad interna y que, por el contrario, el éxito en sus deliberacio-
~de carácter representativo ... rimerp pqr razones d_e ord(;!n práctjcp~Se nes será inversamente proporcional a la presencia de intereses y pers-
puede critic_arel coste econówico que .traería su enerali.2aóón odescon:: pectivas enfrentados. La tensión entre estas dos tendencias no puede más
. ar e gue osctu a anos vayan a estaJ _ispuestos a pres.tar su tiempo que incrementarse cuanto mayor sea el grado de institucionalización de
para participar en ellas. Se puede poner en duda que políticos, burócratas estos foros, esto es, cuanto más definido esté su papel en el proceso de
y tecmcos en la ge~ de estos mecanismos puedan garanti~s ni~ toma de decisiones colectivas. En debates sobre materias triviales, en co-
!flÍn'imos de lealtad institucional gue son necesarios para q11e estas ex~­ munidades relativamente homogéneas, y cuando los resultados no tienen
pencias gan~n el necesario prestigio.. Se.J~uecie!l-:-=Y se deb~n~~r!!rQ9u"cir más que un valor consultivo, es razonable pensar que las deliberaciones
tpcla clase de matices prudencial~s en .rel4ción con la posiQilidad cle_trªsl.a: se aproximarán con facilidad al ideal de una enriquecedora deliberación
dar a los participantes los recursos informativos necesarios para entender entre iguales. Es probable además que no sea difícil recabar una buena
lªs decisiones y las alter11ativas, ma_ntenit~nd~ _a rax~lqs ~~sgos~psif9f4gi~ disposición de los participantes a la hora de modificar reflexivamente, en
c:os o ideol<)gicos, a~í CQ!l!O.)as interferencias }TI(:!diáticas en lgformaci§n sentido crítico, sus preferencias iniciales. Pero cuando crece el disenso, y
de la opiniól!, etc. Ni11guno d5!estos p~s1h.les obstáculos es_~ejiniti~().Y no..s se incrementa la responsabilidad por el carácter vinculante de las delibe-
~bliga á descartar el uso de e~tos ~ec-a~l.smos c~mo complementos útile; t:aciones, _e;_s pJ:eV~?,ible que incluso entre los voluntariosos ciudadanos que
para mejorar la gestión de las administraciones, a cualquier escala. .toiT?:ai1 paJ;te ~_Il)Qs p~~c~9i~i~~~()_S_~Q.I!}Í~nc~p ~ ~~2~?c:tu.c.i~,~-~j;~l~ p:l,iS}!lE:~
Un segundo frente de dificultades tiene que ver con la relación entre _distoJ:"sion_e~_y ~Q!!.4!~!9Bª!n:~~n.to_s_.que ..ªP~!~~.e!! ,~-~lq~-~~uªl~§ ~r,ªdi~jp~~.:­
estos nuevos procedimientos deliberativos y las instituciones representa- Jes de repr~.S~J!t~_c..!§n_p_~l.~!i.S:~'-ª·$L~!!!-ºJ':l~.!!!!~~as p_~~~?~~s e intereses

68 69
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

que minan la política burocrática y partidista. De nuevo, esta observación lejos. No se bastan por sí mismas. No es que sean desdeñables, o inapli-
no tiene por qué ser radicalmente descalificadora. Basta reconocer que, ~les, pero su capacidad para producir efectos de largo alcance de,een-
cuando se llega a las cuestiones candentes, los procedimientos alternati- de de las características del entorno en que se desarrollan. Dependen,
vos de discusión pública tienen que ser gobernados, o lo que es lo mismo, ~ concreto, de que tengan la fortuna de insertarse en procesos suficien-
controlados por alguien. Lo cual nos devuelve a la vieja discusión sobre temente bienar~iculados de formación de la opinión públic:c:t~ Y§iJp ,que
quién controla (democráticamente) a los controladores. se pretende decir es que la multiplicación de los enclaves deliberativos.
El tercer tipo de dificultades es el que más me interesa aquí. Los par- tiene en todo caso un valor simbólico espeCiar, porque proppn::i()J)? Jlll
tidarios de estas fórmulas de innovación democrática pueden argumentar buen ejemplo a~seguir, cabe responder qu.e. ~1 capit~l simbólico qe, .e,s-
que estas propuestas han de ser valoradas no solo por sus resultados inme- tas iniciativas también se consume, como cualquier otro. Se_dirá. que,_
diatos, sino también por su repercusión en la esfera pública, por su valor esos momentos particularmente felices de. deliberación pública tienen un
simbólico. La deliberación que se desarrolla en el ambiente privilegiado profundo significado pedagógico. Y es verdad que lo tienen, pero para
del laboratorio es contemplada desde fuera, a través de los canales habi- garantizar que ese resultado llegará a producirse en tiempos y lugares
tuales de comunicación política, y produce un efecto reflejo cuando los distintos se necesitan recursos que no siempre están a nuestra entera
demás ciudadanos se identifican con los argumentos a favor y en contra, disposición. Por eso, no queda más remedio que volver la vista atrás y
y llegan finalmente a tomar una posición más informada, beneficiándose recuperar las virtudes de los viejos métodos de representación política.
,de los resultados de un debate de laboratorio en el que no han tomado También en este sentido, deliberación y representación van de la mano,
. parte en primera persona. Pero este resultado, elni.ás Importante quizá aunque admitirlo nos devuelva a una visión mucho más convencional
para la regeneración de la vida pública,no está ni mucho menos garan- sobre los problemas de la democracia contemporánea y sus posibles re-
ti~ado47. Se cumplirá si, y solo si, el ent~rno en que se desarr;lla todo el medios. Por suerte o por desgracia, no hay atajos.
proceso cumple determinadas condiciones, las cuales, por cierto~ no son
el
muy distintas de las que precisa. sistema representativo tradÍcioñalpara
mejorar sus prestaciones. Sin un entorno de ese tipo, el riesgo de la-indi- 3. 7. Presencia y diferencia: intereses, perspectivas y opiniones
ferencia ante los bienintencionados intentos de promocionar la delibera-
ción reflexiva, o el riesgo de una utilización partidista de los eventos que En el apartado anterior, nos asomábamos al variado panorama de las téc-
lleguen a celebrarse, es demasiado alto. Al ciudadano apático, aferrado a nicas destinadas a mejorar la calidad de la representación, en el entendido
sus torpes prejuicios, lo que otros digan en los foros deliberativos le da, de que los mecanismos que habían ido configurándose a lo largo de los
sencillamente, lo mismo. El propio Fishkin queda desarmado ante esta siglos XIX y xx, con partidos, parlamentos y elecciones, ya no dan mu-
objeción cuando admite que «no podemos saber ahora, de antemano, qué cho más de sí por las adversidades del entorno. Las conclusiones de esa
cambios podrían resultar [de la celebración de los deliberative polls] en la excursión quedaban por debajo de las expectativas o, cuando menos, no
distribución de la opinión». Por supuesto, «desde el punto de vista de la parecían avalar la esperanza de que vaya a ser posible prescindir, a corto
teoría democrática» el ideal sería que «la masa popular en su totalidad plazo, de los cauces institucionales de la política representativa. Pero hay
llegara a ser deliberativa. Pero este resultado debe ser considerado como quienes están reclamando soluciones más radicales, con el argumento de
mera especulación utópica» 48 . La cuestión, entonces, está en saber de que los males de la representación no tienen que ver tanto, o solo, con
qué valdría la multiplicación de los sondeos deliberativos en entornos en la calidad de las técnicas para auscultar la voluntad popular, sino más
los que no es previsible que los beneficios de la elaboración discursiva de bien con un déficit más profundo, de carácter estructural, relativo a los
preferencias lleguen a contagiarse al resto de la ciudadanía, conduciendo contenidos de lo que se representa, al tipo de razones y discursos que
el debate público por la senda del sensato intercambio de razones. afloran en el espacio público. La configuración habitual de los procesos de
Este es el punto al que quería finalmente llegar. Nos proponíamos formación de la voluntad política, con el énfasis en el momento elec-
un objetivo muy ambicioso. Buscábamos una alternativa deliberativa toral y agregativo de la representación, acabaría introduciendo un sesgo
a la pesada ma uinaria de la re reseirtáción. Y la conclusión a la u; sistemático a favor de ciertas opciones en detrimento de otras, que limita
s ...:q~u_e_n_i_s_iq.::..u_i_er_a_la_s_m_eJ_.o_r_e_s_Q_ro_p._u_e_s_t_as_d_is...,p_,o_n_ib_l_e_s_ll_e~~~g_an_t_an_
l...e..:g:....a_m_o_s_e__ arbitrariamente el campo de las alternativas. Los críticos de la representa-

70 71
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

ción persiguen, en cambio, la introducción de arreglos institucionales gue Introduce un factor de inestabilidad y cuestiona permanentemente la con-
dé>vl.lelvan la presenCia a todas~ las «voc~s», que promuevan el acceso al es- gruencia entre representantes y representados. En este sentido, la utilidad
pado público a los diferentes, loss!lenciados, los ausentes. Solo ento_nces de las medidas de representación descriptiva va mucho más allá de la
llegará a cumplirse -dicen- la promesa del pluralismo democrático. función simbólica que indudablemente tienen. Ni puede ser valorada úni-
Traigo a continuación dos nuevos ejemplos, profusamente estudiados camente por su valor instrumental, en la medida en que su introducción
en la bibliografía, para mostrar que los enfoques alternativos no resuel- pueda mejorar los niveles de bienestar económico o moral de las minorías
ven or sí solos las dificultades de la representación política y, más bien, ínfrarrepresentadas50 . La verdadera razón de ser de estas medidas está en
corren el riesgo de aca ar reproduciendo, a su pesar, las tram~l su capacidad para elevar la calidad general del discurso público, abriendo
'ii'Iodelo de la correspondencia. Es cierto que, en determinadas circuns- la agenda a la consideración de conflictos y demandas que de lo contrarío
tancias, puede ser benehcwso introducir correctivos a la representación quedarían sepultadas por el juego de mayorías y minorías. Sabemos que la
puramente proporcional, pero eso nada tiene que ver con la tesis, más polarizacióp. eJectoral___se_leccigna y comprime Ja age-!l~a.J:J.~plica y que eso
general, según la cual solo las políticas de la presencia y la diferencia es hasta cierto .punJo inevital?l~. -Pero--eso no significa que no podamos y
expresan el significado verdadero de aquello que tiene que ser (re)pre- ~O debamos.hacer nada pQrCQP}p~n~~~J~ pÓ.lariza~i§_II ~s~éi_~ctiva.,~~~riencfo
sentado en el espacio público. Pero, ¿qué implica afirmar que todas las espacios a la div~rsidé!:d dé! losplJntosde vis!a que no encajan en el estre-
voces tienen que estar representadas en pie de igualdad en el proceso de ~ho corsé de la representación electoral. . .
formación de la voluntad colectiva? ¿Es la política de la presencia el mejor remedio para los males de la
En el enfoque de la presencia, el acento se traslada dd procedimiento democracia? Mucho se ha discutido en estos últimos años sobre los recur-
a la sustancia del proceso representativo. En oposición al viejo formalis- sos institucionales que podrían albergar la presencia incontaminada de las
mo liberal, sus partidarios consideran necesario rebasar la frontera de las voces: reserva de escaños o cuotas en las listas electorales, mecanismos
opiniones y las preferencias explícitamente formuladas por los electores de representación no proporcional, medidas de discriminación inversa
y poner el énfasis en los intereses subyacentes, tal como van configu- para favorecer a determinados grupos, etc. Al cabo de muchas vueltas, la
rándose en la experiencia concreta de los individuos y los grupos. Esta mejor defensa de estas estrategias, y también la más sensata, ha acabado
referencia «objetiva» es la que se pretende aferrar mediante la referencia siendo una defensa contingente según la cual cierto grado de desviación
a las voces, que no tienen por qué coincidir ni con las preferencias, ni de los criterios ordinarios de representación está justificado, al menos
con las voluntades o los intereses de los ciudadanos49 • Nuestra imagen mientras persistan situaciones de sistemática infrarrepresentación de un
de la democracia estaría larvadamente contaminada por un persistente grupo o una categoría de individuos. Así, por ejemplo, en el caso de las
malentendido. Contemplamos los conflictos políticos como si estuvieran mujeres, de los discapacitados, de algunas minorías desfavorecidas, etc.
guiados exclusivamente por la confrontación entre ideas y principios, Las medidas de representación descriptiva cumplen en esos casos una
como enigmas teóricos que se resuelven aplicando procedimientos de in- función compensatoria y su utilización ha de ser sopesada, atendiendo a
vestigación racionalmente controlables. La política de la presencia pone los desajustes que provoquen en los mecanismos igualitarios de represen-
en cuestión este prejuicio y reivindica una visión más rica de la experien- tación51. Es notorio, en efecto, que estas medidas también pueden tener
cia política y, por tanto, de las distintas formas de expresión y partici- consecuencias completamente inaceptables, como por ejemplo cuando
pación. De aquí deriva una nueva doctrina de la representación que no generan minorías de bloqueo. Y otro tanto puede decirse de la atribución
nos convierte en rehenes de esa visión intelectualizada de la política que de un derecho de veto.
estaría llevando al fracaso a las democracias contemporáneas. A este propósito, entre las muchas referencias que podrían traerse
El objetivo de la política de la presencia es, por tanto, la inclusión. aquí, Jane Mansbridge considera que la introducción de instrumentos
Se considera que la irrupción en la escena pública de aquellas «voces» de representación selectiva está justificada si refuerza la necesaria con-
que transmiten -por supuesto, sin representar, sin establecer mediacio- fianza entre representantes y representados, y si favorece la reflexión
nes- intereses e identidades marginadas tiene un extraordinario poten- innovadora, en situaciones de transición, donde los intereses sustanti-
cial transformador. Rompe el techo de cristal bajo el que se mueven los vos de los grupos no-dominantes no están plenamente articulados, de
sistemas de representación electoral y desafía los prejuicios dominantes. manera que el sistema tiende a expulsarlos de la agenda. «El argumento

72 73
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

es simplemente que, mientras los costes no sean demasiado grandes, lealtades, si son ellos los que deciden autónomamente si salen o no de
cualquier medida que incremente el grado en que la sociedad como un la comunidad que les corresponde, no se entiende sobre qué base se les
todo contempla a todos (o casi todos) los grupos descriptivos como podrá negar a continuación el derecho a hablar «en primera persona»,
igualmente capaces de gobernar es buena» 52 • Una solución análoga es poniéndole «VOZ» a sus intereses y necesidades. Pero si admitimos esto
la defendida por Will Kymlicka en relación con la representación de último, esto es, si aceptamos que es el ciudadano quien decide qué cosa
minorías nacionales o de grupos étnicos. Las medidas especiales, viene a tiene que ser visible en cada momento en el espacio público, entonces no
decir este autor, después de un largo rodeo sobre las diferencias esencia- se entiende cómo evitaremos el recurso a mecanismos de representación
les entre unos grupos y otros, solo pueden ser justificadas caso por caso, basados en la voluntad y no en la presencia. En suma, alguna variante de
políticamente, atendiendo a las circunstancias, «dada la complejidad de los instrumentos de representación que ya conocemos sigue siendo nece-
intereses, principios y circunstancias históricas en juego» 53 . saria, dentro y fuera de las comunidades diferenciadas 54 .
En suma, a esar de sus virtudes reales y potenciales, ha al menos Pero alguien puede rebatir esta última afirmación sosteniendo que
tres motivos para moderar la e en as medidas de re resent · ' escn - el pluralismo democrático exige preservar, por encima de la voluntad
tiva, so re todo en una epoca en la que el furor por las políticas identi- de los propios sujetos, la «diferencia». Se puede sostener, en efecto, que
~as, típico de los años noventa, ha perdido buena parte de su aura li'I- determinadas necesidades, intereses y experiencias han de estar necesa-
novadora. El pnmer motivo tiene que ver con el clásico argumento de la riamente representadas en el proceso democrático, porque son un ele-
pendiente resbaladiza. Es obvio, por ejemplo, que puede estar justificada mento central en la identidad de personas o grupos que no tienen la po-
la representación por razón de género, pero no lo es en absoluto cuáles sibilidad de hablar por sí mismas. Esto suscita inmediatamente el recelo
Y cuántos tienen que ser los géneros representados; o que han de serlo las de quienes consideran que la atribución de identidades adscriptivas a
minorías culturales y/o nacionales, pero no qué culturas o naciones que los individuos y los grupos puede arrastrar una pesada carga de esencia-
merecen un estatus político diferenciado, ni cuáles han de ser los criterios lismo, con la consiguiente reificación de las diferencias en nombre de la
de pertenencia a cada una de ellas. En segundo lugar, y suponiendo que diferencia misma. La cuestión es tratada con detenimiento por Iris Ma-
fuera posible despejar las dudas acerca de la objeción anterior poniendo rion Young a partir de la contraposición entre políticas de la identidad,
?n límite,élla i!ldiscriminada proliferación de grupos identitarios, se que persiguen el reconocimiento de aquellos elementos que definen la
~bre un all1plio abanico de dificultades relacionadas con los más banales identidad de los individuos y los grupos, y políticas de la diferencia que,
_ajustes de diseño institucional. -El problema generalen estepunto tiene sin congelar la fluidez de las relaciones sociales, permiten identificar las
que ver con el carácter contingente de las medidas compén.satorias, qiie identidades políticamente relevantes en función de la posición relativa
solo son admisibles en situaciones ·¿e· sistemática.íntrarrepreséñiicio:fl. que cada sujeto ocupa en el grupo al que pertenece y respecto de los de-
Pero entonces se necesitan normas para saber cuándo se dan ese tipo de más55. No es difícil intuir el peligro: se trata de que las reivindicaciones
situaciones y autoridades capaces de interpretarlas, con los consabidos identitarias no se vuelvan contra sí mismas y acaben reproduciendo en
problemas de control democrático. El tercero de los argumentos es, a mi su interior, a escala, la misma lógica opresiva de negación de la diferen-
juicio, el más interesante y tiene que ver con la presunta compatibilidad cia que caracteriza a los grupos más amplios 56 . No se trata, por tanto, de
de los enfoques moderados, basados en una justificación con textual de las traer a la presencia los rasgos «esenciales» que determinan la identidad
políticas de la presencia, con los instrumentos convencionales de repre- individual o colectiva, sino de mostrar los «distintos aspectos de la expe-
sentación política. El elemento «liberal» de la elección quedaría a salvo riencia de vida personal, la identidad, las creencias o actividades cuando
cuando se le reconoce al sujeto la facultad de determinar por sí mismo si una persona tiene afinidad con otras» 57.
quiere pertenecer o no al grupo desfavorecido. El privilegio de la repre- Como sucedía en el caso de la presencia, la política de la diferencia
sentación descriptiva queda por así decir compensado por un inviolable también se contrapone a la política de las ideas. Apela a una visión am-
derecho de salida. Merece la pena observar, sin embargo, que con un pliada de la experiencia política, que no se reduce exclusivamente a los
movimiento de este tipo la reivindicación de la presencia está destinada a intereses, las creencias y las opiniones. Más allá de las ideas, reivindica
perder buena parte del mordiente crítico que sus partidarios le atribuyen. y trae a la luz pública las «perspectivas», es decir, aquellas estructu-
Si son los individuos los que tienen en sus manos la determinación de sus ras y marcos interpretativos que marcan el horizonte de oportunidades

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

y expectativas, preguntas y supuestos de las que depende la posición de cambio, cuando sugiere que las estructuras sociales sobre las que se forma
cada sujeto en la sociedad. Para cada «posición» se supone que hay una el juicio pueden manifestarse directamente, sin mediaciones61 , a través
«perspectiva» sobre la justicia. En este sentido, en un marco de análisis de simples mecanismos de representación descriptiva. Los árboles, los
estrictamente contextualista, las perspectivas serían «el fruto de innume- ríos, las montañas no tienen voz propia, ni pueden manifestarse si nadie
rables acciones, unas coordinadas y otras no, pero todas interrelaciona- habla en su nombre, como tampoco pueden hacerlo la dase, el género o
das. [... ] Tal como yo las entiendo las estructuras sociales incluyen la or- la cultur.a. ·C9mo acábo de sugerir, lo que hay aquí es un···probleina mal
ganización física de los edificios, pero también los modos de transporte resuelto de autoridad. La «voz» que expresa ia singularidad de· cada
y comunicación, los árboles, los ríos y las montañas, y sus relaciones con una de las incontables diferencias no es otra cosa que la opinión de los
la acción humana» 5 8 . La tesis de Young es que para romper los estrechos individuos silenciados, aquellos que no pueden opinar porque están en
moldes de la política representativa, para desactivar sus efectos opresi- situaciones de injusticia estructural que les impiden hacerlo. Pero el esta-
vos y discriminatorios, se necesita preservar la diversidad de las sensi- blecimiento de mecanismos .de representación descriptiva que visibilicen
bilidades y los puntos de vista. No es difícil sacar las consecuencias de este tipo de situaCiones es tán solo una parfe dé Ta:s cosas que podemos
todo ello respecto de una concepción alternativa de la representación: hacer. Necesitamos proporcionar a los testigos de la dominación herra.:.
la calidad del sistema no depende tanto, o no depende solo, de su ca- mientas que les permitan salir de la situación de opresión qUe les ·está
pacidad para «trasladar» las demandas efectivamente expresadas por los impidiendo formarse una opinión y expresarla. Por ejemplo, necesitamos
sujetos, como de su capacidad para «reflejar» los marcos interpretativos rdorzar las garantías de sus derechos 62 • y una vez logrado este objetivo,
en los que surgen las demandas de los ciudadanos. Sin la diversificación que seguramente comparten los partidarios de 1a pres-encia y la diferen-
de tales marcos, no cabe hablar propiamente de diferencia. Cia, será la hora de_ poner a funcionar otravez los mecanismos ordinarios
En este punto, sin embargo, las trampas del esencialismo que acaba- de la representación política. Dicho de otra forma, y sin que esto suponga
mos de expulsar por la puerta amenazan con colarse por la ventana. Eso devaluar la diferencia, la calidad de la democracia rio depende solo de ·¡a
es lo que sucede cuando intentamos responder a la (legítima) pregunta presencia de muchas voces diferentes, sirio iairibiénde la-calrdad de las
acerca de cuáles son, en concreto, los recursos institucionales de los que a
voces~ y esta depende- su vez ae la- calidad de las inediacioñes a través
podemos echar mano para hacer presente esa pluralidad de perspectivas ae 'las cuales cada uno de los ciudadanos, puestos a1 reparo de Ia.s-sÍtua-
que, conforme a la teoría, ha de dejar de estar ausente. Porque cualquier ciones de sisferitática opresión, llega a formarse una «representación»
intento de salvar este obstáculo sigue remitiendo obstinadamente a la pre- adecuada de sus intereses y necesidade"s. Para que--el juego de la demo-
gunta acerca de quién está autorizado a hablar, en concreto, en nombre cracia funcione, para que se escuchen todas las voces, se necesita hacer
de las perspectivas, ya que los marcos interpretativos no se pronuncian presente la diferencia, pero se necesita también algo más.
solos. Pero si esto es así, si es verdad que siempre tiene que haber algún
sujeto de carne y hueso que le ponga una voz a las personas y entes re-
presentados, deja de ser tan obvio que vayamos a conseguir dejar atrás 3.S. El cicTo.ae ld.represiFntczeióñ
la inquietud por las diferentes percepciones de los sujetos que sufren, en
primera persona, la experiencia de la dominación59 • Pasar por alto esta A lo largo de este capítulo he intentado mostrar que una de las raíces más
banal observación nos devuelve, contra todo pronóstico, a las formas más profundas del malestar democrático está en el declive del principio de
ingenuas de «esencialismo». No creo, en efecto, que nadie pueda sensa- ~presentación. Nuestras democracias se debilitan y·no por ser dema-
tamente afirmar que el significado de las estructuras de opresión se mani- siado representativas, sino por serlo demasiado poco. Recordé algunas
fiesta, sin mediación alguna, en la conciencia del sujeto o del grupo. dificultades conceptuales que arrastra la idea de representación e insistí
Así pues, el mérito del enfoque de Young no está tanto en haber en la intensidad de los cambios que están teniendo lugar. Ha sido inevi-
establecido una contraposición entre instituciones basadas en la repre- table soslayar la mayoría de las cuestiones empíricas que inevitablemen-
sentación formal e instituciones basadas en la representación de la dife- te salen al paso -las transformaciones históricas de la representación,
rencia, como en el énfasis que pone en el contexto de formación de las las diferencias entre los distintos niveles de acción política, la relación
preferencias, las opiniones y los intereses 60 • Se equivoca Young, en con los distintos sistemas electorales o las distintas variantes constitu-

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

cionales, etc.- para poder aislar las razones por las que, a mi entender, En un apartado anterior (3.5) mencionábamos algunos aspectos par-
y a pesar de todo, en tiempos de extraordinaria complejidad social, la ticularmente interesantes del proceso de representación que salen a la
democracia no puede ser más que democracia representativa. En esta luz cuando los observamos tomando como referencia una visión como
situación, si nos reocu a oner remedio a la paulatina degradación del la que aquí he sugerido. Más allá de la correspondencia entre los intere-
entorno institucional hemos de preguntarnos bajo qué con iciones, y a ses o las voluntades con las prestaciones del sistema político, hay otros
qué precio, es posible todavía recuperar la ficción representatü¿_a. componentes simbóhcos y afectivos que intervienen en el proceso de
Como el lector podrá imaginar, no tengo guardada en el cajón la !epresentaCIÓn y que no se hacen necesariamente explícitos en el momen-
receta mágica para despejar esta pregunta. Lo más que puedo hacer es to del control electoral. No hace falta rescatar las nociones clásicas de
reunir una serie de elementos que, a mi entender, han de formar parte delegación o de mandato para afirmar que la elección, en los modernos
de cualquier intento de respuesta. En páginas anteriores, he insistido en sistemas democráticos, no equivale a un cheque en blanco, no es un acto
la necesidad de dejar atrás una concepción ingenua de la representacwn, de autorización sin límites, ni jurídico-constitucionales, ni políticos 64 • A
aquella que sigue anclada, contra toda evidencia, en el fantasma de la través del voto, y de las restantes formas de participación, los electores
voluntad popular. No se me escapa que, en estas materias, los hábitos confieren a sus representantes el poder de tomar decisiones en su nombre,
mentales y las convenciones lingüísticas son más resistentes de lo que a pero también les imponen, implícitamente, la carga de desempeñar un
veces sería deseable. Quizá por inercia, el mito de la correspondencia determinado papel en los distintos momentos de deliberación pÍlblica que
~tre la voluntad de todos -o de la mayoría- y la voluntad general componen el itinerario a través del cual se llega a la adopción de decisio-
tigue vivo y aún despierta ilusiones. Es difícil hacerse a la idea de g~ nes colectivas. La responsabilidad de los representantes con sus electores
los mecanismos de representación no refleian nada, porque no existe en no consiste en la ejecución-de las instrucciones o en el ciego cumplimiento
ningún lado, en las profundidades de la conciencia del sujeto o en algún de las promesas electorales. Sobre ellos recaen también las cargas de -la
pliegue de la voz del pueblo, lln'! voluntad ql!J~_pueda ser trasladada a la argumentación y la persuasión 65 , en un movimiento circular que tiene su
;;ena política, tradtlcida e_n d<:!cisiones, sin mediaciones institucionales . . principio y su final en la autonomía de los ciudadanos. En este sentido, el
. por lo demás, un cambiode perspectiva como elg1.1e aguí he p~s-. juego de los partidos y los parlamentos no trae su legitimidad de la capa-
to no aporta variaciones sensacionales respecto del marc()j_nstitucional cidad para refle'ar es ecularmente un depósito reviamente determinado
d_e la democracia representativ'!. No dfce cómo mej()r~r la responsabi= e opiniones e intereses, una suma de datos externos al juego político.
l!dad de 1'! clase política, qué hacer para. q_ue_los partidos y.si.~4lcatos Al revés, las opiniones e intereses que expresan los electores se forman a
f~ncionenmejor, o para que las campañas elector'!~es y los_parlatnen- pai:tir de las opciones gue el sistema político les pone asu disposiCión~ e!l
tos, los medios de comunicación o los_ mecanismos de tr'!psparepcia función de cómo sus representantes, actuando en el seno de estructuras
y control def poder estén a la altura de lo que esperamos de ellos. No olíticas altamente mstitucionalizadas, consi an elaborar las razones de
obstante, el hecho de poner en primer plano el entramado deliberati..YS? todos, se eccionar la información, filtrar los prejuicios, esp~Jar ma ~
que subyace a los procesos de representación creo que no es inocuo. entendidos y errores.
Sirve, por ejemplo, para explicar gué es lo gue tiene de inquietan~a . T_9do esto signi~ca gue entre la voluntad. de fos ciuda~anos y la vo-
degradación de-la vida pública contemporánea y. cómo eso se traduce..en luntad de las instituciones no tiene por qué existir una· simetría perfeCta.
.una é · a neta e ca I a democrática. Además,.desde una..p.erspec.:-: La <<VOZ» que expresa la voluntad soberana no está ni del lado de los
tiv.:a como esta, queda claro quela. democracia.representa:t:iva no es un representantes, como siempre han dicho los elitistas ni del lado lo
sucedáneo defectuoso de. alguna. otra forma más .«auténtica» de demo:-. ciudadanos, como an pretendido los populistas, sino que emerge pau-
cracia, en la que el «pueblo» se gobierna a sí mismo sin intermediarios. latinamente en el continuo intercambio entre los distintos niveles de for-
Permite comprender por qué, en sociedades como las nuestras, la exis- !nación de la opmión y la voluntad. La discontinuidad entre los diferen-
tencia de ese juego de espejos en que consiste el proceso representativo tes planos y momentos de discusión y decisión es estructural y enriquece
es condición indispensable para que la participación no acabe quedando el proceso democrático, por la sencilla razón dé que rio existe ningún
vacía de contenido. La participación -podríamos concluir- pierde su punto del espacio político en el ql1e puedan estar contemporáneamente
fuerza legitimadora ruando la deliberación languidecé3 • presentes todas las experiencias y todas" las razones._ I-I<1y ~~ este plan-

78 79
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

teamiento un riesgo evidente, pues parece que nos estamos condenando como las nuestras, un ciudadano q11e aspire a formarse upa opinié>n _Rro-
a cargar con un margen de fisiológica ilegitimidad en el momento de la pia _sobre cualquier rp.ateria que sea de su interés ti~nep()r fu~r_~i qu~
decisión. Pero hay también una buena ganancia, en la medida en que t~ansitar por un número muy elevado, y. absolutan:lente inmanejable, cie
las instituciones tomen conciencia cie ello y se esfuercen en rescatar las (lrenas discursivas fragmentadas y dispersas. No se puede p~etender que el
~azones olvidadas, ordenando las prioridades y ay11da11do a los_ ~ujetos_~ ciudadano esté en todos los lugares a la vez. Ni siquiera el deliberador rp.ás
~laborar sus experiet1cias y r;;_tzones. Ayudándoles a distinguir, si se q~iere virtuoso podría hacerlo. Un ciudadano activo y participativo debe saber
de~ir de esta m~mera, e( trigo de la pajq. Cabe esp_erar qlJe la§_Ipªtit_ucio.nes que va en su propio provecho que existan distintas aren~s públi~as en las
democráticas quieran asumir en algún moment9 este. p(lpel, ya que np que alguien hable en nombre y por cuenta suya, compensando así las limi-
pueden actuar indefinidamente d~ espaldas a los ciudadanos, sin tomar taciones de su competencia argumentativa. En esta versión del ideal deli-
el pulso a sus opiniones e intereses. En la medida en que este objetivo se berativo no se le pide al ciudadano una entrega extraordinaria y un cono-
haga realidad, cabe imaginar que las razones de los ciudadanos puedan ir cimiento enciclopédico de las cosas del mundo, sino tan solo cierto grado
ganando peso en el proceso de formación de la voluntad política. Y ello, de inteligencia en el uso de la palabra y en el manejo de la información. Se
de nuevo, porque la institucionalización de instrumentos de represen- le pide más bien que aprenda a guardar silencio cuando es necesario escu-
tación democrática permite ordenar y diferir en el tiempo, fragmentar y char y que no pierda nunca cierto grado de ignorancia responsable, la justa
;ecomponer las corrientes formales e informales de deliberación pública. para poder pronunciarse sin sentir el peso de _l_o que le falta por conocer
Sin estas mediaciones, las razones mejores, las más fuertes, se verían con- (véase más abajo, cap. S).Junto a ello, a las instituci<;mes se les puede pedir
denadas a la dispersión y acabarían resultando prácticamente inaccesibles que establezcan las garantías necesarias para que los ciudadanos puedan
;=la mayoría de los ciudadanos. re:tomar, en cualquier momento, las riendas de la deliberación, cuando así
_ Alg11ien dirá. que este relato sobre la_ reP,resentación ciem.9cráti~a _1!_9 lo deseen o cuando crean que merece11 ser interpelados. .-··
. establece diferencias apreci"abJ~s entre una reconstrucción deJiberªtiv(l cie Una segunda forma de presentar esta objeción consiste en decir que
Ja d~mocr(lcia _c;:onstitucion_al y una mera idealización C(lritatiya 9:~ la deliberación y representación son condiciones necesarias, pero no sufi-
democracia existente. La diferencia entre ambas interpretaciones está cientes, de calidad democrática. Esto es cierto, sin duda, pero no es un
_ p_ri~cip~lmente enel distinto acento con el que se describen -c{~t~~Pi!!l·~­ a~gumento contradictorio con una posible reconsideración. deliberativa
dps fel1QJI1enos.. El cambio de perspectiva ql:!ese persigue en estas ~gi­ del proceso de representación. Para que el ciclo de la representación y
p.as pone de lJ:l.ai1ifies_to el papel decisivo ue cum len las re las del juego la deliberación se cierre con éxito no basta que alguien, en algún lugar
de a representación en el camino de ida y vuelta que va de la opir1Í<)I1 de lejano, quizá en lo alto de una torre de marfil o en una i11accesible plªta-
cada uno a la voluntad de todos y, de nuevo, de la voluntad a la opinión. forma virtual, se dedique a reflexionar sobre el bien común -si es que
·son las reglas las que marcan el ritmo de la deliberación plÍblica, las q11~ realmente existe un bien como ese- en nombre de civdadanos _que no
.áctivan y desactivan, abren y cierran las fuentes del consenso y el disel1- tienen, en sentido literal o figurado, ni voz ni voto. Pero no basta tam-
so del público. Reconozco, no obstante, gue este b9squejo puede _pe'=-élr poco, en el extremo opuesto, que se multipliquen las citas con las urnas
eJe_ excesivo optimismo deljberativo. Aunque en el Jiltimo_c;:apít.ulo de este y los compromisos participativos, como si más cantidad (democrática)
ensayo bu?caré una respuesta a e~te plmt(), no _es_ fácil d_c:;_sh_ct~ei§.e. cie acabara transformándose necesariamente, conforme al viejo argumento
·e.sta objecióp., q11e puede expre~arse cie djstitgas J!lªne_ra~. metafísico, en mayor calidad. Por el contrario, tienen que darse ciertas
Se puede argumentar, en prime~ lugªr, que la institucionalizªci§n deJ condiciones discursivas mínimas para que los ciudadanos puedan hacer
discurso púbJico empobrece 1ª espontánect y potencialmente ilimit(l<;la un uso efectzvo de sus derechos políticos. Esto significa, obviamente, gue
fluctuación del ir y venir deatgul!lentos al que alude el ideal deliberativo. han de establecerse mecanismos adecuados a arencia rendición de
Esto en parte es cierto, pero no es tan.obvio que.sea una gran desyenúi]a: cuentas y control de responsabilidad. Por su uesto, el momento electora
Una reconstrucción deliberativa de la representación nada tiene gue ver seguirá siendo la cita más sigm cativa en el proceso me iante el cual la
con la ima en de la artici ación total y permanente, con el ideal de una opinión de cada uno se «conecta» a la voluntad de todos, pero no es úni-
aemocracia auto estionada por ciu a anos entregados en cuerpo y alma co el momento relevante. Para que la conex1Ón se reahce con éxito es
al debate público 66, De lo que se está ha an o es e que, en sociedades imprescindible que en el largo camino que conduce a las urnas, entre una

80 81
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

convocatoria electoral la siguiente, el ciudadano encuentre instituciones ma de la pesada maquinaria de la representación democrática no toman
que amplifiquen y hagan visibles las razones que están so re a mesa. La é¡;-la debida consideración este elemento. Y or ese motivo resultan, al
escenificación pública de los problemas y las soluciones, de las dema~ mismo tiempo, utópicos e insuficientes: utópicos, en el peor sent1 o, por-
y los costes de las distintas alternativas es determinante para la ~­ que la generalizacig_n de los instrumentos alternativos de representación
ción de una opinión crítica y reflexiva 67• Solo así la opinión se transforma no es sostenible o no tiene visos de producir en can!idades suficientes los
en voluntad libre. En relación con ello, la presencia de distintas instan- efectos deseados, esa moralización de la vida pública que sería neces<l:ria
cias de representación no se explica solo como instrumento de división para la repolitización de la demo<;racia existente; y, a la vez, insuficie?ttes
del trabajo, para seleccionar al personal más preparado para desempeñar porque la incorporación de estas técniC(lS solo produce_ cambios de corto
ciertas funciones (Madison) o para disminuir la carga de los asuntos pú- alcance, marginales y decorativos, y sobre todo necesitados _de 11n imp_lllso
blicos (Constant), sino como herramienta para visualizar argumentos en político y mediático permanente, que agota el compromiso y la paciencia
juego. El objetivo es que los ciudadanos puedan ponerse al reparo de los de la ciudadanía. Son propuestas que no acaban de poner el foco en lo
prejuicios propios y ajenos y puedan decir, mirando hacia atrás y hacia fundamental, esto es, en la indispensable contribución de los mecanismos
delante, «SÍ••• , yo también hubiera hecho lo mismo~ si hubiera tenido los de representación a la deliberación pública.
elementos de juicio necesarios y me hubiera correspondido a mí la respon- Se volverá a decir que con este cambiq de perspectiva es_ demasiado
sabilidad de la decisión». Cuando el c·rcui o de interpelación y res uesta, poco lo que se gana. Puede ser un expediente útilpara sacarnos del pesi-
de aprendizaje y reconocimiento se cierra, el juego e a representación mismo, pero a costa de encerrarnos en una nueva ilusión. ¿Cómo lograr
cobra sentido, deja de ser una farsa o una ficción improbable, y se disuelve que las instituciones re resentativas se líe uen a la responsabilidad que
el enigma de cómo es posible que aparezca en el espacio público algo que s.é les atribuye en este enfoque deliberativo? ¿De dónde sacar a energía
permanece, por definición, ausente. necesaria para alcanzar ese objetivo precisamente ahora, cuando más di-
Sin embargo, la objeción más incisiva es la de quien piensa que un fícil parece? No hay mucho que replicar a este argumento. Casi todo lo
enfoque como el que aquí se propone no modifica nada y deja todo como importante en este campo está inventado y ha sido experimentado. No
está. Mucho ruido, y pocas nueces. Cabe responder, una vez más, que la queda más remedio que recordar que todavía existen márgenes de mejora
vertiente más relevante del enfoque deliberativo no está en la inven- er;_ el desarrollo de principios conocidos, insistiendo en promover la per-
ción de arre los institucionales imaginativos, sino en el análisis que ofrece meabilidad y la transparencia de las instituciones. Además de la protec-
de los procesos de formación de la opinión y a voluntad. Caído el mito de ción del acceso a la información y de la participación a través de las más
la correspondencia especular, la cuestión de la calidad de las mediaciones diversas vías, podremos multiplicar los escenarios deliberativos su ca a-
discursivas se convierte en punto de paso obligado para cualquier teoría ci a para responder a las razones de todos, diversificando las audiencias
de la democracia. Si el ciclo de la representación se desvirtúa, la opinión y contrarrestando la volatilidad de los públicos. Serán bienvenidos los
del público acaba transformándose en opinión heterónoma, manipulada, instrumentos u e me· oren diver§ifiquen los canales de commlicación
privatizada68 • Los críticos de la «vieja» democracia se ceban en denunciar entre los distintos espacios deliberativos. Y poco más puede añadirse. o
cómo los sistemas de representación comprimen la participación, redu- haY sorpresas. Son las recomendaciones habituaJes cuando se h?:bla de
cen la diversidad y acaban sirviendo tanto para la racionalización de los promover las condiciones de una opinión_ pública libre. Si acaso, lo que -J.-
procesos de formación de la opinión y la voluntad, como para lo contra- sí hace el enfoque deliberativo es desplazar el foco de at~nción desde las
rio, esto es, para la pérversión del debate público. Pero, hoy más que nun- condiciones objetivas para la formación de una sociedad abierta a la di-
ca, en esta materia, un enfoque crítico no puede ser unidimensional. De la menswn subjetiva6 9, es decir, de la garantía de los derechos al desarrollo
misma forma que a lo largo del siglo XX quedaron al descubierto-las raíCes de las capacidades necesarias para formar y expresar una opinión rQ ia,
-metafísicas del concepto de voluntad popular, ahora sobran razones para y. para lograr gue esa_ opm1ón p~eda ser escucha a y tomada en conside-
poner en cuarentena la idea, no menos irreal, de que las preférencias de l:aéión en público.
los ciudadanos se forman en el aisfamiento mágléo de'ü conciénciá, en - De otra parte, el buen funcionamiento del proceso representativo
una cámára oscura, conindependenciade las condiciones y las óp-órtun¡:~ depende de que las instituciones sean capaces de mediar en el debate pú-
aades en las que el sujeto define sus 'demandas. Muchos intentos- de refor.:: blico, canalizando el flujo de opiniones de los ciudadanos, pero también

82 83
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

sirviendo como herramienta para elaborar y filtrar las mejores razones, de los ciudadanos. No basta que sean puramente inclusivas y absoluta-
y como factor desericadenante de nuevas deliberaciones entre quienes mente transparentes, aunque esto también importa. Han de ser además
intervienen, desde la periferia del sistema político, en el proceso de for- instrumentos eficaces para escenificar las razones en juego. Son el suple-
mación de la voluntad colectiva. Én este sentido, para la buena marcha de mento que le permite al ciudadano orientarse en el entorno y trazar su
la representación han de darse ciertas condiciones ne ativas, la ausencia propio mapa de expectativas y oportunidades, la «caja de resonancia» 73
e Impe Imentos, y positivas, oportunidades efectivas de participación que hasta el más virtuoso e informado ciudadano necesita para escuchar
y permeabilidad del sistema político 70 , pero es preciso también qlletos el eco de las razones ajenas, pero también de las propias. Sin instituciones
ciudadanos tengan las capacidades necesarias para elaborar sus deman- como esas, difícilmente podrá orientarse en un mundo cada vez más im-
das y problemas a la luz de las mejores razones. Es más, se necesita que previsible. Es más, en un mundo como el nuestro -literalmente- nadie
las estructuras institucionales sean capaces de arrastrar a los ciudadanos, puede tener opinión propia si no es utilizando los recursos que el proceso
con la débil coacción del mejor argumento, a dar cuenta de sí mismos71 • de representación le proporciona. Por eso, la existencia de un entramado
El logro de este objetivo oasa, probablemente, por la recuperación del de convenciones y reglas, ficciones y procedimientos, es mucho más que
proyecto educativo que ha acompañado, desde sus orígenes, el desarrollo un mal menor. No hay ningún otro mejor instrumento del que podamos
de mst1tuciones democráticas. Volveré sobre esto en el último capitulo echar mano para el reparto del trabajo epistémico. Sin representación no
de este ensayo. Quisier~embargo, adelantar ense uida mis re aros hay deliberación, decíamos antes. Ahora podemos añadir que sm repre-
hacia una visión excesivamente mora ista e la deliberación ública, ue sentación no hay, ni puede haber, opinión (libre .
pone el énfasis en el deber de m IVI uo de convertirse en ciudadano. La apuesta eliberativa no conlleva un salto hacia una nueva forma
Mirando· a un entorno ·como el nuestro, es a todas luces evidente que de democracia, ni requiere -como acabo de decir- el alumbramien-
para tomar parte -y tomar p~rtido- en la conversación democrática no to de un ciuclad:~mo particularmente virtuoso e ilustrado. El tenor de
basta con saber leer y escribir, conocer la historia y la geografía y los ru- este argumento es antes que nada defensivo. Lo que se está afirmando es
dimentos de la evolución de las especies o de la astrofísica; no basta, por que en condiciones tan poco favorables como las gue se dan en nues-
tanto, con disponer de los recursos cognitivos que los sistemas de insti-uc- tro entorno, si no se produce esta reconsideración deliberativa de los
éión obligatoria fueron capaces de hacer llegar a todos los ciudadanos, procesos de representación política, la democracia liberal y represen-
distribuyéndolos dé forma relativamente eqtiit:ativa a lo largo de más tativa, la única que conocemos, está destinada a tomar esa senda de
de un siglo, en la fase de expansión y consolidaCión de las demacradas degradación e hibridación de la que hablábamos al comienzo. Es un
avanzadas. Se necesita disponer además de otros instrumentos diferentes, hecho incontrovertible de nuestro tiempo, que quizá no se diera en
sin los cuales nadie está en condiciones de administrar la información otras épocas con la misma intensidad, o se diera en formas distintas, que
relevante. La idea es que las instituciones representativas son las rótesis las opiniones, los intereses y las perspectivas están expuestos a niveles
argumentativas m Ispensab es para gue e. su¡eto pue a elaborar, reflexi- difícilmente controlables de incertidumbre, de manera que hoy (casi)
vamente, sus intereses y necésldades 72 • En la jerga deliberativa, se dirí.i nadie puede permitirse el lujo de sustraerse a la crítica y la autocrítica.
que fa existen cía de Ínstituciones representativas desempeña _una fl1ncíón En este contexto histórico, el reajuste discursivo de las preferencias, esto
iñchspensable en la redistribución del poder comunicativo. - es, de los deseos, intereses y necesidades sobre las que versa la relación
- En suma, l1 ventaja fundamental de un análisis que pone el énfasis entre representantes y representados es un punto de paso obligado. Y la
én el nexo circular que va de la representación a la deliberación está. en doctrina de la representación tiene que tomar constancia de ello.
que clarifica y permite someter a cntica el proceso por medio del· cual
la o inión del cmdadano se transforma en voluntad colectiva. De ahfsé NOTAS
deriva una reivindicación de su derec o a e a orar as opiniones eri un
entorno re resentativo y una afirmación del deber correlativo de las ms- 1. Me refiero al argumento platónico sobre la inestabilidad de todos los regímenes
políticos salvo el régimen ideal: cf. República, 546 ss.
tituciones de proyectar en el espacio pú Ico as razones de todos. Pero 2. Cf. Katz y Mair, 1994; Crouch, 2004; Montero, Gunther y Linz, 2007.
no se trata, como hemos visto, de que las mstituciones se limiten a reflejar 3. Cf., p. ej., Bobbio, 2003b.
pasivamente, como en un espejo, las opiniones, intereses y perspectivas 4. Lasch, 1996.

84 85
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

5. Gallino, 2009. 26. Dahl, 1992, cap. 23.


6. Un recorrido indispensable sobre los avatares históricos del concepto de repre- 27. Dahl, 1997, 33.
sentación se encuentra en Hofmann, 2007. 28. Véase una crítica de la noción de poder que se maneja en la tradición pluralista
7. Bovero, 2002, 62. El más conocido análisis del concepto de representación po- en Lukes, 1985.
lítica se encuentra en Pitkin, 1987. 29. Se refiere Dahl a condiciones de prosperidad e igualdad, segmentación del espectro
8. Esto vale incluso para la Atenas clásica; cf. Finley, 1980. político, cultura política adecuada; sobre estas cuestiones, véase Dahl, 1982.
9. Bovero, 2002, 63. 30. Manin, 1998, 199 ss.
10. Es un tema que viene de lejos: en la larga tradición crítica véase T. Adorno, Mí- 31. Manin, 1998, 280.
nima moralia, <<Mónada>>. 32. La estructura del argumento sería, en síntesis, la siguiente: a causa de la irracio-
11. Cf. Manin, 1998, 17. Véase una sintética reconstrucción en Mura, 1997,330 ss. nalidad de los procesos de formación de la voluntad colectiva y la posibilidad de que se
12. El espacio de la sub-política <<se sitúa en el exterior y más allá de las instituciones produzcan comportamientos estratégicos, es imposible detectar y comparar las verdaderas
representativas del sistema político de los estados-nación» y se presenta como una forma de preferencias de los electores; en este sentido, son posibles situaciones puntuales de manipu-
<<autoorganización>>, que privilegia la acción <<directa>>, micropolítica, y es ajena a los mecanis- lación de los procesos electorales; si no se puede conocer la existencia de manipulación en
mos de racionalización de las demandas o los intereses colectivos; cf. Revelli, 2008, 97-98. votaciones puntuales, tampoco lo será inferir las verdaderas preferencias de los electores
13. Schmitt, 1990, 3 ss. a través de los resultados agregados del voto; por consiguiente, queda sin resolver el pro-
14. Schmitt, 1982, 216. blema básico de racionalidad de toda decisión colectiva basada en la regla de las mayorías.
15. Ibid., 213. Dada una determinada distribución de las preferencias, para cada método de agregación de
16. Kelsen, 2002, 512 y ·1988, 160. las preferencias existe un resultado diferente. Véase una exhaustiva reconstrucción y crítica
17. Kelsen, 2006,55. del planteamiento de Arrow, en Mackie, 2003, en esp. 37-39.
18. Ibid., 64 y Kelsen, 2002, 249. 33. Cf. Riker, 1982.
19. Kelsen, 2006, 75; cf. Costa, 2002;41 ss. 34. Castel, 2004; Revelli, 2011.
. 20. Kelsen, 2002, 444 ss. 35. Sennett, 2008.
21. En la literatura más cercana, cf. Laporta, 1989.Véase también Plotke, 1997. 36. Beck y Beck-Gernsheim, 2001, 40 ss.
22. En su versión estándar, la politología de mediados del siglo pasado intentó esca- 3 7. La referencia a la <<sub-política>> y a las <<políticas de la vida>> proviene de Giddens,
par de las dificultades <<metafísicas>> que rodean a la noción clásica de representación. Se 1996. Solo estas cuestiones tienen la fuerza de atracción necesaria para motivar y movilizar
hábló de «representación>> para referirse bien a la equivalencia formal entre distribución a una ciudadanía apática, no desideologizada, pero que ha perdido de vista, como estamos
·de votos y la composición de los cuerpos representativos electos, bien a la correspondencia diciendo, el interés general; cf. Inglehart, 1999.
eqtre las preferel}cias expresadas por los ciudadanos y el contenido de las decisiones adop- 38. Véase una crítica de este enfoque por sus implicaciones despolitizadoras en
tadas por los representantes. Un panorama de estas dos tendencias en la ciencia política Mouffe, 2005.
contemporánea, se encuentra en Bingham Powell, 2004. Más recientemente, otros autores 39. Mansbridge, 2003, 518.
bien situados en el estándar científico ofrecen una noción «mínima>> de <<representaCión>> 40. Véanse, para empezar, Fung y Wright, 2003; Santos, 2004; Gastil y Levine, 2005;
que incorpora un interesante ingrediente normativo. En esta versión, por <<representa- Parkinson, 2006.
ción>> habría que entender <<actuar en el (mejor) interés del público>> (Manin, Przeworski y 41. Sobre las virtudes de la proximidad y su éxito en el contexto contemporáneo,
Stokes, 1999, 2). Véase también Alonso, Keane y Merkel, 2011. Rosanvallon, 2010, 233 ss. Véase un panorama reciente sobre los nuevos mecanismos
23. Sartori, 1992, 225. participativos en Parés, 2009.
24. Prueba de ello es que la máxima capacidad de respuesta se obtiene cuando el sis- 42. Santos, 2003, 126. Obsérvese que la crítica proviene de un autor que no es preci-
tema logra, por así decir, distanciarse de la perfecta correspondencia con las demandas de samente hostil a este tipo de experiencias innovadoras. La salida a este dilema sería posible,
los ciudadanos. Conforme a la visión estándar de la representación, la piedra de toque que en su opinión, si <<los participantes se comprometiesen en una autosubversión reflexiva».
asegura la estabilidad del.sistema se encuentra en la celebración de elecciones regulares, 43. Sartori, 2000, 73 s. Sobre el papel que han desempeñado históricamente los
libres y competitivas. La relación de representación, tanto en la dimensión de la expresión estudios sobre la opinión pública, véase Converse, 1987, 12-24.
de preferencias, como ~n la dimensión del control, se consuma fundamentalmente en el 44. Las posiciones ciber-optimistas han ido perdiendo terreno en los últimos años.
momento electoral. No existe alternativa viable a esta técniéa y a su articulación a través Una crítica pionera se encuentra en Rodota, 1997. Recientemente, cf. Margolis y Moreno-
de un sistema competitivo de partidos. <<La teoría electoral de la representación -escribe al Riaño, 2009; Morozov, 2011.
respecto Giovanni Sartori- es la teoría de la representación responsable: su problema no es 45. Fishkin, 1995, 15.
satisfacer el requisito de la semejanza, sino asegurar la obligación de responder. Sin eleccio- 46. Jbid., 16 SS.
nes se puede tener representatividad; pero es verdaderamente difícil sostener que sin elec- 47. Véase una crítica análoga en Richardson, 2010, y la respuesta de Fishkin, 2010.
ciones se tenga capacidad de respuesta-responsabilidad>>. Como el propio Sartori admite, 48. Fishkin, 1995, 142.
aquí se está hablando de representación nada más que por analogía (cf. Sartori, 1999, 3). 49. Esta (ambigua) referencia a los intereses <<objetivos>> aparecía en las conclusiones
25. Sartori, 1992, 230. del ya citado Pitkin, 1987. En el fondo, lo que está aquí en juego es un problema de reco-
nocimiento de la autoridad. Se trata de saber qué clase de cosas son las que constituyen

86 87
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO REPRESENTACIÓN Y DELIBERACIÓN

el objeto de la representación. Los críticos sostienen, en extrema síntesis, que la presencia do en el tiempo, donde se alternan mecanismos de anticipación y rendición de cuentas, de
de las voces portadoras de una carga experiencia! disuelve la paradoja que arrastra desde elección y control, autorizaciones para actuar con independencia e indicaciones vinculantes,
sus orígenes la noción de representación, como sabemos, la incómoda pretensión de hacer momentos de deliberación interna en las instituciones y momentos de deliberación informal,
presente lo que está, por definición, ausente. procesos de intercambio de información y aprendizaje entre ciudadanos e instituciones y si-
50. La referencia habitual en este punto es Taylor, 1997. tuaciones en las que los ciudadanos se limitan a expresar su opinión. Al pasar por las distintas
51. Obviamente, las condiciones para la utilización de estos recursos no serán las fases de este proceso, las preferencias, opiniones, intereses de los ciudadanos, se ven someti-
mismas en el contexto de sistemas mayoritarios y proporcionales, y dependiendo también dos a desafíos constantes que favorecen -ideberían favorecer!- la crítica y la autocrítica. En
del grado y el tipo de representación proporcional que se obtenga con los instrumentos la medida en que el proceso representativo produce este resultado, consigue realmente fun-
de la representación <<ordinaria>>. Buena parte de la discusión en la bibliografía angloame- cionar como un conjunto de prótesis representativas que favorecen la crítica y la autocrítica,
ricana está falseada por el hecho de que se refiere a modelos electorales tradicionalmente la mirada de los ciudadanos sobre sus opiniones e intereses, y sobre las opiniones e intereses
hostiles a la representación proporcional de las minorías. ajenos, se amplía, no porque se vuelvan más virtuosos, sino simplemente porque se ven si-
52. Mansbridge, 2001, 106. tuados en un entorno que les fuerza, con la coacción de los mejores argumentos, a deliberar.
53. Kymlicka, 1996, 183. 61. El problema que se suscita con el argumento de Young, visto en una perspectiva
54. Amy Gutmann, por ejemplo, asume que las identidades desempeñan un papel rele- hobbesiana, es que no se sabe quién y cómo le puede poner voz a las estructuras sociales.
vante en el juego político; pero afirma que «los grupos identitarios no son la última fuente de Podemos atribuirle alguna clase de prioridad epistémica a cada uno de los sujetos que,
valor en una democracia comprometida con el igual respeto por los individuos». Es razonable desde la posición que ocupa, manifiesta su visión de las cosas, o no reconocer esa priori-
entonces afirmar que «los grupos identitarios pueden al mismo tiempo favorecer e impedir dad. Da la impresión de que Young oscila entre las dos opciones, aunque en varios pasajes
el igual respeto por los individuos y la justicia democrática». En circunstancias particulares acaba tomando distancia frente a la opción más individualista de la representación política.
esos grupos «pueden servir de apoyo y expresar identidades compartidas entre individuos C(Young,2000, 83,136-139.
cuyas vidas serían peores sin ese apoyo e identificación». La conclusión de Gutmann es que 62. Véase, al respecto, Fraser y Honneth, 2006.
<<la identificación grupal-centrada en el género, la raza, la religión, la orientación sexual, la 63. Este tipo de planteamientos estaba implícito en las doctrinas clásicas de la demo-
etnicidad, la nacionalidad, la edad, la discapacidad o la ideología- proporciona a la gente cracia moderna, definida como gobierno de la opinión o gobierno mediante la discusión.
razones motivadoras de identificación mutua para organizarse políticamente» (2003, 7-15). Al margen de lo que pensaran al respecto Condorcet, Kant, Constant, Madison o Stuart
55. Young, 2000, 82. Mili, lo cierto es que el nexo entre deliberación y representación fue diluyéndose con el
56. lbid., 122. tiempo, entre otras, por las razones que apuntaban, como hemos recordado en apartados
57. Ibid., 133. anteriores, Schmitt, Kelsen o Schumpeter. El recurso a un enfoque deliberativo del pro-
58. Ibid., 96. Sorprendentemente, la referencia de Young en este punto es a la no- ceso democrático no hace sino devolverle a la representación el lugar que le corresponde.
ción de «estructura práctico-inerte» de Jean-Paul Sartre. Una reconstrucción histórica de la tesis de la representación como algo más que un suce-
59. El argumento es tan sencillo como antiguo, pero no hay forma de deshacerse de dáneo se encuentra en Urbinati, 2005.
él sin enredarse en peligrosos juegos metafísicos. No puede existir, como explicaba Hobbes 64. Si el mandato quedara totalmente vacío de contenido, si la elección fuera un acto
en el cap. XVI del Leviatán, voluntad colectiva sin representación. También Carl Schmitt ciego, que no responde más que a la corazonada del momento, nos veríamos abocados a una
insistía en esta idea, como se decía más arriba (3.3). Puede decirse, incluso, que la expresión situación de democracia sin representación. No es una hipótesis que esté fuera de lugar. La
voluntad colectiva, rectamente entendida, solo puede ser utilizada en sentido metafórico. deriva plebiscitaria de nuestras democracias nos hace pensar en algo así como en un Schum-
Se dice que un grupo actúa con voluntad propia cuando hay reglas conocidas que permi- peter superlativo, ultramínimo. La coincidencia entre las políticas efectivamente realizadas
ten imputar la acción de uno o varios agentes a una multitud de sujetos que carece de la y las demandas expresadas se considera como un simple efecto indirecto, no intencional. En
posibilidad de obrar por sí misma. A partir de este análisis, que podría ser desarrollado en las condiciones de la moderna sociedad de la información, este modelo de «democracia», si es
mil matices, la acción de los agentes colectivos -desde el Estado, hasta el más pequeño y que todavía vale ese nombre, acepta la regresión hacia un principio de legitimación directa
efímero grupo- ha de ser descrita como el producto de una relación normativa, en virtud entre el elector y el representante, convertido en soberano absoluto durante cuatro años.
de la cual se considera que el representante actúa en nombre y por cuenta del representado. 65. Cf. Bovero, 2008, 334.
Sin la intervención de un agente que sustituye la voluntad ausente de la multitud, o de 66. Véanse, al respecto, las consideraciones de Habermas, 1998a, ap. 7.2.
cualquier otro ente personificado, y sin un esquema de atribución de la responsabilidad 67. La más clásica referencia a la metáfora teatral, aunque utilizada en sentido con-
que determina la autoría del acto, no hay ni puede haber voluntad. En último término, la trario al que aquí interesa, está en Platón, Leyes, 701a. Sobre esto, cf. Bobbio, 2001a.
lógica del argumento hobbesiano supone que los sistemas sociales solo tienen voz desde el 68. Cf. Gil Calvo, 2005.
momento en que la ley civil realiza esa doble condición, instituyendo un vínculo formal de 69. Cf.las consideraciones que aparecen en Goodin, 2003 y por extenso 2008, passim.
representación, públicamente reconocido. <<Una multitud de hombres se convierte en una Véase también Bohman, 1996, 37.
persona cuando es representada[ ... ]. Es la unidad del representante -escribía Hobbes- y 70. A este propósito, no se insistirá nunca lo suficiente en el valor democrático de las
no la del representado la que hace una a la persona» (Leviatán, cap. XVI). cuatro grandes libertades de los modernos -la libertad personal, la libertad de expresión,
60. La clave de este argumento está en comprender la circularidad del proceso de la la libertad de reunión y la libertad de asociación-, que constituyen la dimensión liberal
representación política, en el que el pluralismo de las opciones es siempre un recurso y nunca de la democracia moderna. Y por supuesto también de la libertad ante la necesidad, sin la
un problema. Los procedimientos de representación ponen en marcha un proceso secuencia- cual las otras cuatro se convierten en privilegio; cf. Bobbio, 2003c, 381.

88 89
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

71. Tomo esta expresión de Butler, 2005. Tendremos ocasión de volver sobre esto en
el último capítulo de este ensayo.
72. Sobre el movimiento de ida y vuelta que va del yo convertido en fantasma al yo
objetivado, y sobre el papel que en relación con este juego desempeñan las «prótesis>> insti-
tucionales de la democracia, cf. Bodei, 2002.
73. La expresión, no hace falta decirlo, está tomada de Habermas, 1998a. 4

SEPARACIÓN DE PODERES Y óPINIÓN .PÚBLICA

4.1. Ingobernabilidad y concentración del poder político

La quiebra en las perspectivas de democratización, decíamos al comienzo


de este ensayo, puede ser analizada desde diferentes puntos de vista.
Eri ·el plano en el que aquí nos herriós fijado, el' de las instituciones, el
impasse es producto tanto de una persistente crisis de representación,
como de una generalizada degradación de sus estructuras consiitucio~
ríales básicas, un fenomeno que suele ser tratado, en distintos niveles y
contextos, como crisis de gobérnahilidad. La pregunta es sendll:i, .pero
no la respuesta: ¿está la democrad~ en cond{ciones· de «gobernar;>·un.
mundo cada vez.más ingoben.l.abfe?"
El escenario es conocid'o: nos situamos en un paisaje caracterízado
p·or el extraordinario proceso de aceleraeion e Íntensificaé:ión dé las rela-.
dones sociales, de compresión del tiempo yel espacio que conocemos
como «globalización». A pesar de la imprecisión deltérmino, que a
menudo se utiliza para colorear.iina.iéalidadirregular y asimétriéa, in:
duso caprichosa, sí parece claro que existe un conjunto de fenómenos
entrelazados que alteran algunos de los supuestos fundamentales sobre
los que se asentaba el proyectÓ institucional del constitucionalismo
democrático. Sin entrar en el detalle de estas transformaciones, el hilo
conductor de las próximas páginas está en los desequilibrios que se
producen en las democracias contemporáneas cómo consecuencia de
la creciente ingobernabilidad tanto de su ent~rno económico y social,
como de su propio marco institucional. Se trata de aclarar, en concre-
to, si el principio de separación de poderes estará en condiciones de
acompañar a la democracia en el proceso de adaptación a una realidad
tan cambiante como la que tenemos que afrontar. La intención, en

90 91
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

último término, es valorar si hay razones para preservarlo, al menos Estas son, en extrema síntesis, las coordenadas institucionales en tor-
en la medida de lo posible. no al que ha ido madurando, a lo largo de casi dos siglos, con avances y
Pese a su importancia histórica fundamental, el principio de la sepa- retrocesos, el proceso de democratización del Estado de derecho. Y este es
ración de poderes, al igual que el de representación, está lejos de teiier también el legado ideológico que hay que tomar como punto de referen-
un contenido tan preciso como cabría suponer. Desde el punto de viSta. cia para el análisis de las democracias contemporáneas, las cuales, lejos de
conceptual, tiene al menos dos vertientes principales, en función de ir aproximándose hacia el ideal de la separación, se ven condicionadas por
que el énfasis recaiga en la separación horizontal y/o vertical entre los una llamativa tendencia a la confusión de los poderes. Asistimos impoten-
órganos de ob1erno o en la distinción y el equilibrio entre las distintas tes a la disolución de las líneas de demarcación entre poderes públicos y
unciones que desempeñan los po eres pu 1cos . s cierto que, en última G.ntre poderes públicos y poderes privados4 • Proliferan los poderes difusos,
instancia, sus matrices ideológicas y teóricas no son muy distintas, o no ~cesariamente perversos, pero sí técnicamente ab-solutos, que no es-
son incompatibles. De hecho, no es raro que ambos elementos aparezcan tán su'etos a nin una forma de control es ecífico, poderesinaferrables,
conectados entre sí. Pero las distintas combinaciones posibles han dado «líquidos». Así funcionan en la práctica, por poner solo a gup.os ejemplos,
lugar, en lugares y momentos diferentes, a los más variados esquemas de los poderes del mercado, de las finanzas, de la producción de tecnologías,
distribución del poder2 • de los medios de comunicación, etc. No cabe refugiarse -me interesa in-
Desde el punto de vista ideológico, la tesis fundamental de la separa- sistir en esto- en la ilusión de que los procesos de deslocalización y con-
ción puede ser reconducida a un argumento extremadamente genérico, taminación del poder que llevan a la confusión vayan a ser pasajeros. Más
pero difícilmente rechazable, sobre la división del trabajo en la adop- vale plegarse a la evidencia de que estos poderes han venido para que-
ción de decisiones. En su versión más difundida. gue asoma en Locke, darse, alterando el funcionamiento de las reglas del juego democrático y
' encuentra su formulación típica en Montesquieu, el princi io de la poniendo en entredicho los instrumentos que deberían asegurar el imperio
separación es el reflejo de una ley muy genera e a 120lítica según la de la ley, expresión de la voluntad popular. En cualquiera de los entornos
cual toda fuerza, en ausencia de límites, tiende a expandirse y finalmente en que nos situemos, desde el más inmediato hasta el más lejano, lo que
a corromperse, hasta volverse despótica. La consecuencia obvia es, por está en juego en nuestros días es la posibilidad misma del gobierno demo-
supuesto, la necesidad de frenar el poder mediante el poder, fragmentán- crático, entendida como gobernabilidad de las sociedades democráticas. Y
dolo, porque solo de este modo es posible asegurar la libertad. En una obsérvese que el cambio no afecta tanto a los valores últimos sobre los que
segunda versión, que aparece en Madison, pero tiene antiguos prece- reposa el proyecto emancipatorio de la modernidad, la libertad política
cfentes, el principio de la separación deriva de una máxima conforme a o la autonomía, como a las ideologías intermedias, esto es, a las doctrinas
la cual se consiaera que nadie puede ser juez en causa propia: la persona que empleamos en el diseño de los instrumentos que nos permiten alcanzar
que dicta la ley no puede ser quien la aplique, y viceversa, porgue de lo los fines propuestos. En este terreno, la cuestión de la vigencia o el colapso
contrario nunca habría verdaderas leyes. Todo se reduciría a la voluntad del principio de separación de poderes es un indicador fundamental para
arbitraria de quien tiene la capacidad para tomar decisiones. Una tercera medir la continuidad o discontinuidad respecto del ideal forjado a lo largo
~ del principio general, más radical y quizá también más sugestiva de más de dos siglos de revoluciones democráticas. ¿podemos afirmar que
que las anteriores, es la que ofrece Sieyes cuando afirma, en la lógica de la la democracia constitucional sigue siendo el mejor instrumento para reali-
revolución, que solo pueden ser legítimos los poderes artificiales, «consti- zar el proyecto, típicamente moderno, del Estado «conforme a la razón>}?
tuidos», esto es, creados por una norma gue los instituye y gue, al mismo - Ante la ansiedad que seguramente despierta una pregunta como esta,
tiempo, los limita. Todos los oderes no-artificiales son ilimitados y, en la tentación de cortar por lo sano es muy fuerte. La farragosa maquina-
consecuencia, despóticos. La formulación más fulgurante e esta I ea, ria de la democracia representativa no parece estar a la altura de los
aunque cargada de toda clase de complejidades interpretativas, está en el cambios que están teniendo lugar. Y aquí conviene notar enseguida que
artículo 16 de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano la insatisfacción respecto de ese modelo institucional no proviene sola-
de 1789:, verdadera síntesis ideológica del constitucionalismo moderno: mente del lado de los nuevos elitistas, neoconservadores o neoliberales,
«Toute société dans laquelle la garantie des droits n'est pas assurée ni la que pretenden «rebajar» la intensidad de las demandas populares para
séparation des pouvoirs déterminée, n'a point de Constitution»3 • «mejorar» el rendimiento del sistema político. Bajo el pretexto de recu-

92 93
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

perar las «esencias» democráticas, afloran propuestas que en otra época más amenazado estaría por este último grupo de obstáculos. Las demo-
habrían sido interpretadas como verdaderos desafíos a las exigencias cracias pueden evitar, moderar o aprender a convivir con las amenazas
mínimas del constitucionalismo. La búsqueda de liderazgos fuertes, la externas, pero su inestabilidad aumenta peligrosamente cuando se enfren-
presidencialización de las instituciones, la fascinación por las formas tan a obstáculos internos. De hecho, «en los últimos años, el desarrollo
carismáticas de autoridad, son síntomas de un síndrome más profundo. de los procesos democráticos parece haber generado una fra~~ura ~~n
En los espacios más insospechados aflora una larvada compulsión a la los tradicionales instrumentos de control social, una deslegitimaciOn
decisión, que puede ser valorada como repliegue, unas veces incons- tanto de la autoridad política como de las demás formas de autoridad, Y .
Ciente y otras deliberado, ante la complejidad, como reacción contra- una sobrecarga de demandas sobre el gobierno, que excede su capacidad
moderna ante la diferenciación ·del espacio político. La consigna ae los de respuesta>/. .
;<reformadores» es la «simplificación institucional», con el consiguientE. A lo largo de las décadas siguientes, y hasta la fecha, la democracia
efecto de concentración de los poderes y la hostilidad frente a la lógica ha tenido sobre su cabeza una auténtica espada de Damocles: la caída
~1 equilibrio. exponencial de su «rendimiento», de su capacidad de «respuesta». No
han faltado intentos de resolver este desafío, tanto desde la teoría como
desde la práctica. Unos experimentos fueron más acertados que otros,
4.2. La bancarrota epistémica del constitucionalismo democrático pero lo que todos han tenido en común ha sido el hecho de ~ue, por
distintas vías, han puesto toda clase de reparos frente a la excesiva com-
En un contexto como este, como acabo de decir, el principio de separa- plejidad institucional de la democracia moderna, la que se desprende
ción de poderes retrocede y es posible incluso que haya dejado de ser ya de la formidable síntesis de la Declaración de 1789. Para mostrar en
el criterio básico de organización institucional en las sociedades más de- qué han consistido esos intentos de renovación me interesa destacar dos
sarrolladas. Intentemos precisar esta hipótesis. De ingobernabilidad se elementos cruciales.
viene hablando al menos desde mediados de los años setenta, cuando El primero tiene que ver con la tesis, a todas luces obvia para los
se hizo patente el declive del consenso socialdemócrata de posguerra. viejos demócratas, según la cual los procesos de formación de la ~ol~ntad
Y aunque en aquel momento el debate tenía una clara intencionalidad popular discurren, al menos idealmente, por el doble canal legislativo Y
conservadora, antidemocrática incluso, el tiempo ha demostrado que el ejecutivo. Para que un sistema político pueda ser caracterizado como ?e-
diagnóstico podía ser incompleto o interesado, pero desde luego no iba mocrático tiene que estar asegurada tanto la primacía de la ley como cier-
del todo desencaminado. to grado de control popular sobre la acción de gobierno. Por supuesto,
Ante los desafíos a los que se enfrentaban las democracias occidenta- la legitimidad de los distintos poderes remite en última instancia a una
les, los autores de un conocidísimo informe sobre la «crisis de la democra- voluntad que se supone única, la voluntad del pueblo, el titular de la so-
cia» presentado en el año 1975 ante la Comisión Trilateral se preguntaban beranía. Eso no significa que todos los poderes deban actuar al unísono,
si no sería necesario reconsiderar no solo algunas de sus -_principalés.po- en todo momento. Al contrario, la competencia entre los poderes me-
líticas sociales y económicas:, sino también «el marco institucional básico jora la calidad del proceso político. Competencia, pero no facciosidad.
mediante el cual los gobier:nos gobiernan» 6• El estudio identificaba tres El orden democrático está alojado en una estructura política y jurídica
grandes factores de desequilibrio. El primero estaba en las «Circunstancias rpás <U:nplia que, ~n su conjunto, disgone_ de recursos suficientes, tanto de
del medio» en que operaban por entonces las democracias. Las referen- carácter militar, económico y organizativo, como~simbólico y_cognitivo,.
cias inmediatas eran a la guerra fría y a la crisis económica. El segundo gara actl}ar en. nqmbre del pueblo 8 • Para que pueda haber democracia se
factor estaba en la «estructura» y en las «corrientes sociales», ya que tanto necesita, en.definitiva, un agente que, gracia~ a la articulación interna de.
los Estados Unidos como Europa sentían todavía cercano el aliento de la srts distintos c:pmponenr~s,seacapaz de represen~§lr -c:onla_s dificultades
epidemia contestataria que, en opinión de los autores, había puesto en que se indicaron en el capítulo anterior:- la v9lu11tad pgplllar, P~roJ<1
entredicho los valores de la democracia liberal. En el tercer grupo estaban d~mocracia supone tambié.n, y este. es el se.gundQ .demento,.que cada.
una serie de «elementos intrínsecos» que son los más interesantes desde uno de los actos por medio de los cuales s~ _expresaJa_yoluntad deLs.ohe.:-
la perspectiva que aquí interesa. Cuanto más democrático es el sistema rano pueda legitimarse apelando al principio de la soberanía popular. El

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

principio de legitimación ascendente de todos los poderes del Estado es díamos: la idea misma de que pueda haber una norma gue determined
la base sobre la que se construye la justificación democrática del principio como pretendían los revolucionarios del 89, el e uilibrio de los oderes
de legalidad, el pilar fundamental de un Estado democrático de derecho 9 • ~ulta hoy cada vez más difíci de imaginar. Y ello no solo por el desme-
En relación con estos dos elementos, una vez más, es preciso echar S"urado crecimiento del aparato burocrático, o de su deriva tecnocrática,
una mirada a las transformaciones que se nos vienen encima. A lo lar- y por el consiguiente debilitamiento del poder legislativo, apresado en la
go de la segunda mitad del siglo XX hemos asistido a la progresiva di- morsa clientelar de los intereses de artido sino or la clamorosa trans-
solución del ideal del derecho codificado, formado por leyes claras y ormación de las funciones atribuidas al sistema jurídico . El fulcro del
sencillas, expresión de la voluntad popular, plasmada en normas im- proceso democrático estaba en el proceso de producción y aplicación de
perativas, de carácter regulativo·, que prescriben conductas y sanciones la ley, la cual tenía su origen en la voluntad de los ciudadanos y servía
y están respaldadas por el monopolio del poder coactivo del Estado. COiiiüsu correa de transmisión, alcanzando hasta el último acto de aplica-
Este tipo de derecho, que bien puede ser calificado como un derecho ción del ordenamiento. Nada de todo esto sigue siendo lo que parece.
democrático, ha ido volviéndose disfuncional a medida que perdía la ca- La caída del esquema ideal de la legislación democrática tiene im-
pacidad para administrar la complejidad del entorno, la cual se traduce plicaciones decisivas. En términos extremadamente generales podríamos
no solo en ineficiencia, sino también en ineficacia de los instrumentos preguntarnos, con Weber, si el derecho es todavía el principal factor de
con los que cuenta un Estado democrático para gobernar la sociedad. El racionalización de las sociedades modernas 11 ; o, con Habermas, si es el
derecho cede ante los condicionamientos del poder económico y ante las medium privilegiado de integración social 12• De forma particularmente
resistencias burocráticas, dejando insatisfechas las demandas sociales. Se persuasiva, Marco Revelli describe la obsolescencia del paradigma po-
hace fuerte con los débiles y débil con los fuertes. En estas últimas dé- lítico de la modernidad, que a partir de Hobbes se construye en torno
cadas hemos asistido también al desarrollo y, más pronto que tarde, a la ala hipótesis de la producción de orden mediante la racionalización de
paulatina saturación de un derecho de fines y principios. Se suponía que las causas del desorden 13 • En tiempos de modernidad tardía, la creciente
esa era la vía más prometedora para reorientar la transformación del de- complejidad social desafía la posibilidad misma de que algún Leviatán
recho en una fase caracterizada primero por la expansión y luego por la pueda desempeñar con éxito la función de control social y alimentar·
reconversión del Estado social, en un contexto económico en el que iban con ello la creepcia en su autoridad. Las revoluciones tecnológicas de
cobrando protagonismo los nuevos actores no-gubernamentales, tanto la primera y de la última modernidad marcan el comienzo y el fin del
públicos como privados, nacionales, internacionales y transnacionales. sueño del Estado-máquina. En la sociedad del riesgo global, el Estado
El resultado, al cabo del tiempo, ha sido una clamorosa pérdida de cen- pierde el monopolio del uso de la violencia y, en general, de los facto-
tralidad de la ley, con la correspondiente desautorización del legislador res que intervienen en la producción de orden y ~esorden. Incluso la
democrático. El órgano que debería expresar la voz del pueblo ha que- violencia armada deja de ser, en tiempos de guerras globales y mediá-
dado atrapado en un marco de relaciones reticulares, más horizontales ticas, el instrumento más fuerte de control social. Lo,s grandes males
que verticales. La voluntad popular se ha convertido en uno más entre contemporáneos -riesgos incalculables, desigualdades, sostenibilidad
los muchos factores a tener en cuenta en un proceso político cada vez ecológica del planeta- son el fruto de decisiones que se toman a cie-
más disperso y fragmentado. gas y que, sin embargo, están fatalmente interconectadas. En la ma-
Desde este punto de vista, la crisis de gobernabilidad de las demo- yoría de los casos, los más graves, sus efectos son imprevisibles. Las
cracias contemporáneas, por razones no muy distmtas de las que encon- responsabilidades se vuelven anónimas, literalmente invisibles, no solo
trábamos al tratar los problemas de la representación, e..arece demandar por la inusitada potencia de los medios de comunicación de masas, con-.
algo más que un simple rea·uste en los arre los institucional s. ~e vertidos en instrumentos de ocultación masiva, sino también porque np
caso, el prob ema está en saber si el principio de la separación y equili- existen lenguajes públicamente compartidos para expresarlas. El dople
brio de poderes puede seguir siendo la clave fundamental para la ciencia proceso de concentración y democratización, por un)ado, y de división
de las constituciones, el criterio básico para resolver los problemas d-e y equilibrio del poder político, por otro, pierde entonces su razón de
limitación y control del poder. Es aquí donde la teoría y la práctica del ser. ¿De qué vale la democracia si el poder democrático está destinado
constitucionalismo se topan con ese elemento nuevo al que antes alu- a quedar desbordado por la presión del entorno? No es descabellado, a

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

mi juicio, describir estos procesos como indicios de una posible banca- 4.3. Flexibilidad de la política
r~ott:t epistémica del constitucionalismo democrático. y el derecho en la constelación posnacional
Si algo hay de cierto en todo esto, lo primero que habrá que hacer es
situar en este entorno la transformación del marco institucional de nues- Ante la progresiva pérdida de control de la política y el derecho sobre
tras democracias. En pocas palabras, la idea es. que los poderes contem- la seguridad, los mercados, las finanzas, la energía, las comunicaciones,
poráneos son demasiado evanescentes y dispersos como para gobernarlos la fiscalidad, la investigación, las migraciones, el trabajo, la gestión del
mediante la constitucionalización de reglas de separación y equilibrio. El territorio, el medio ambiente, la sanidad o el trabajo, es decir, sobre la
ataque al viejo ideal sigue dos grandes líneas. De un lado están quienes mayoría de las cosas que realmente importan, los políticos y los teóricos
s~ rinden definitivamente a la incompatibilidad entre los principios y las más precavidos comenzaron a plantearse hace ya algunas décadas la
condiciones objetivas de un mundo globalizado y afirman que es inevi- necesidad de domesticar un fenómeno que amenazaba las bases mismas
table dejarlos atrás. De otro, quienes aspiran a encontrar una nueva del orden político. La duda inconfesable, y la esperanza, era que las difi-
sínte'sís entre los elementos de racionalidad sustancial y de racionalidad cultades no se debieran tanto a la imposibilidad de gobernar los efectos
procedimental contenidos en el viejo modelo y auguran el paso hacia una de la globalización, como al fracaso de un modelo de gobierno que se
nueva fase de desarrollo en la historia de las formas institucionales del había vuelto obsoleto. Interpretaron por tanto el declive de nuestras
constitucionalismo democrático. democracias, su crisis fiscal, en los años setenta, y su crisis de legitimi-
Frente a estas dos estrategias de superación, en las próximas páginas dad, a partir de entonces, como una oportunidad para avanzar hacia
irá abriéndose camino la idea de que para atender a la incertidumbre nuevas metas de bienestar y libertad. Intentaron convencerse de que
sobre el futuro del roceso de democratización es imprescindible rescatar sería posible explotar el potencial -económico, tecnológico, organi-
clprincipio de la separación en su forma más rigurosa, como exigencia e zativo- creado en esta nueva situación para reinventar la democracia,
estricta determinación de los poderes. Ar umentaré que esa exigencia es para «gobernarla» de otra manera, aunque sin renunciar a sus valores
condición ineludible para la constru~ión de una esfera pú ica en a gue fundamentales.
quepa razonablemente es erar ue los ciudadanos puedan formarse una No hay motivo para desconfiar de los fines que se persiguen con la
opinión propia sobre las materias Políticamente re evanteJ. El argumento «revolución silenciosa» 14 que ha tenido lugar desde entonces en el plano
de fondo es mucho más simple de lo que se podría pensar. Consiste en de la organización de las instituciones políticas. Su lema más significa-
observar que en una situación de endémica confusión de poderes y res- tivo es sin duda el «buengobierno», que no significa solamente gobierno
ponsabilidades, donde el úblico no dispone de instrumentos para cono- eficaz, que administra de manera eficiente los recursos públicos, sino de
cer con certeza quién decide sobre qué, cómo y cuán o, no hay posibili- forma más ambiciosa y genérica, gobierno que alcanza los fines propues-
dad de establecer un debate significativo sobre las demandas y las razones tos atendiendo a las exigencias del entorno. La ciencia del buengobierno,
que están en juego. Y sin un debate como ese, hay que añadir enseguida, en la jerga al uso, se llama (nueva) governance y explica cómo es que los
la ficción de que el pueblo tiene la última palabra sobre aquello que afecta Estados han dejado de ser agentes reguladores y proveedores de servicios
a sus intereses y aspiraciones quedaría inmediatamente desmentida. En para convertirse en facilitadores de la coo eración social «Catalizado-
este sentido, la determinación de los poderes es condición no solo de res, a 1 itadores, protectores, orientadores, negociadores, mediadores
limitación y control sino a más de autodeterminación democrática. y constructores de consensos» 15 · también cómo ha sido posible que las
Cuan o os ciudadanos dejan de visualizar con claridad cuáles son las organizaciones políticas tradicionales hayan ido perdien o el mono olio
potestades y dónde está la responsabilidad de cada uno de los oderes, del interés gener~J. E rigor privatizador de os años oc enta y la dogmá-
cae inme latamente a posibilida efectiva de ejercer el derecho a la crí- tica asimilación de lo público a las lógicas organizativas de la empresa
!i9· Cae, por tanto, la última defensa ante la proliferación del poder privada han ido quedando atrás, probablemente por su dogmatismo, que
~bitrario. Sin separación de poderes no hay crítica; y sin crítica la cons- nunca tuvo nada de inocente, pero la brecha respecto al clásico Estado
tftución democrática se. vuelve impracticable. burocrático de la tradición weberiana parece irreversible. El Estado ya
no dispone ni del monopolio de los recursos económicos e institucio-
nales, ni de la experiencia y la información necesaria para gobernar una

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

realidad extremadamente fluida. Se ha convertido, en los distintos ám- globales, desde la seguridad al medio ambiente, de la salud al control de
bitos de gobierno -local, nacional, supranacional, transnacional- en las tecnologías. De ahí la importancia de hacer aflorar sus convencio-
un actor más, entre otros muchos. Esa es la razón por la cual proliferan nes básicas, mediante la elaboración de un nuevo pacto global que, como
las nuevas técnicas de dirección sin control, basadas en la existencia de alternativa al «Consenso de Washington», ponga las bases de un nue-
redes que fomentan la experimentación y la deliberación, en un entorno vo «multilateralismo ilustrado». Se trata, en otras palabras, de poner en
caracterizado por la superposición de múltiples niveles de gobernanza, marcha un proceso de institucionalización del naciente orden global, en
interdependientes y solapados entre sí. el cual se generen tanto estructuras de gobierno, como un «marco tota-
Por supuesto, en un contexto de creciente diferenciación sistémica, lizador de foros públicos democráticos que [abarque] las ciudades, los
pluralismo asociativo y cultural, fragmentación organizativa, aceleración Estados-nación, las regiones y el conjunto del orden transnacionah) 8 •
y masiva transnacionalización, sigue siendo necesaria la intervención pú- La premisa tácita para la construcción del nuevo orden que está en
blica. Pero la lista de materias que escapan a la planificación y no pueden ciernes es la hipótesis de que la coordinación entre las diversas ins-
ser gobernadas de espaldas a la iniciativa privada, sin la cooperación de tancias de poder difuso es realmente posible. Se busca un modelo de
distintos agentes sociales, es cada vez más larga 16 • Los actores relevantes coordinación sin control, que no reproduzca a escala supranacionallos
que formaban la espina dorsal del constitucionalismo democrático han males que, en el viejo paradigma, derivaban de la rígida determinación
quedado desplazados. Pero no solo. Han cambiado también las relaciones de poderes y funciones. Dirá el incrédulo que una afirmación como
que se establecen entre ellos. Los canales de circulación del poder político esta es poco más que petición de principio, la enésima muestra de la
se han convertido en estructuras abiertas, en las que interviene una plura- cínica creencia liberal en el orden espontáneo, o de ingenuo optimis-
lidad de sujetos, empresas o administraciones, sin distinción por su carác- mo socialdemócrata. Algo de esto hay, sin duda, pero no solo eso. En
ter público o privado, dando lugar a diferentes formas de participación de la sobreabundante bibliografía son muchos los teóricos convencidos
la sociedad civil organizada. Ciudadanos informados, grupos de expertos de que es realmente posible alcanzar el ideal de un gobierno sin re-
o afectados, administradores o ejecutivos, asociaciones y organizaciones glas, una governance without government 19 • Suponen que los distintos
internacionales o transnacionales, quedan involucrados en el proceso de agentes sociales están dispuestos a reconocer que, en una situación de
gestación e implementación de las políticas públicas, y determinan su éxi- anarquía competitiva, la cooperación es racionalmente preferible tanto
to o fracaso. La geometría de las redes, más o menos institucionalizadas, a la guerra de todos contra todos como a la institución de un sobera-
formales o informales, es variable tanto por el distinto alcance geográfico no monopolista, construido a imagen y semejanza del extinto soberano
de los intereses en juego, como por la necesidad de adaptarse a los ob- nacionaF 0 • El problema está en que esta alternativa a la constitucionali-
jetivos, los recursos, las posiciones negociadoras de las partes, etc. Las zación del orden político transnacional acaba inevitablemente compro-
cpmpetencias de los. actores se solapan y se adecuan a las oportunidades metiéndonos con algún sucedáneo de mano invisible que orienta en la
de actuación, siguiendo la lógica de la flexibilidad y el ajuste mutuo. dirección «correcta» los procesos de interacción estratégica, haciendo
_· No es mi propósito entretenerme en el análisis de estas transforma- posible la formación de principios, normas y procedimientos de deci-
cione~. Me limito a apuntar aquí algunas de sus implicaciones en el nivel sión, implícitos o explícitos, sobre los que convergen las expectativas
de las ideologías constitucionales subyacentes. Con vocación ecuménica~ de todos los actores.
D~vid Held ha resumido el cuadro g~neraf de tendencias, propuestas y Esta última referencia viene particularmente al caso. Las transforma-
perspectivas que caracterizan el nuevo contexto de lagobernanza supra- ciones de la constelación posnacional están estrechamente relacionadas
nacional, en el que «naciones, pueblos y movimientos s~xiales se vinculan con los cambios que están teniendo lugar en el derecho, el principal ins-
entre sí mediante nuevas formas de comunicación». Aunque el «complejo trumento mediante el cual se despliega la acción de gobierno. La globa-
de gobernanzas globales» está siempre en evolución y está todavía lejos de lización disuelve el viejo orden jurídico westfaliano, pero eso no quiere
dar vida a un gobierno mundial con «autoridad jurídica y capacidad co- decir que en la nueva situación vaya a haber menos «derecho». Paradójica-
activa de carácter determinante», el nuevo entramado institucional es ya mente, la desregulación no conduce a un vacío de órdenes regulatorios21 ,
«mucho más que un sistema de cooperación intergubernamentallimi- de la misma forma, y por las mismas razones, que la ausencia de normas
tada»17. Es una estructura que asegura la provisión de bienes públicos tampoco produce necesariamente un incremento de la libertad. El des-

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

plome de la capacidad regulativa del derecho estatal y de la capacidad de espera, convendrá ir haciendo sitio en el baúl de los recuerdos para el ve-
los Estados para sostenerlo con el monopolio de la violencia genera una nerable esquema de legitimación ascendente del poder que se asociaba al
gran demanda de instancias regulativas alternativas que mantengan den- constitucionalismo democrático. Y lo interesante es observar que no faltan
tro de unos límites (funcionalmente adecuados) la creciente complejidad argumentos de peso para defender la superioridad del paradigma emer-
del entorno. A diferencia de los anteriores, los nuevos marcos regulativos gente, no solo en el plano supranacional y transnacional, sino también en
no responden al modelo que, en el apartado anterior, definíamos como sectores en los que hasta hace poco parecía indiscutible la exclusividad
«democrático», al modelo de un derecho sistemático, coherente y pleno, del viejo derecho democrático. Es más, tiende a afianzarse la idea de que
producto de la voluntad del legislador y formado por normas de carácter el desarrollo de estas nuevas formas de regulación es complementario
general, que establecen un código binario de enjuiciamiento de las accio- al mantenimiento, con los inevitables ajustes, de los instrumentos de la
nes -legal/ilegai, prohibido/permitido- y que cuenta con el respaldo de tradición westfaliana. También en este ámbito, la globalización no se
un aparato coactivo eficaz. En la nueva situación se buscan mecanismos manifiesta como supresión de lo viejo, sino más bien como mutación
para la producción de incentivos que refuercen las pautas de cooperación de lo existente, como contaminación y alteración. Los sistemas jurídicos
y desalienten los comportamientos estratégicos, recabando al mismo tiem- nacionales están incorporando a marchas forzadas métodos cooperativos
po el consenso de aquellos actores que disponen de los recursos organi- para la resolución de conflictos, caracterizados por la flexibilidad de los
zativos y cognitivos que serían necesarios para gobernar y que han dejado procedimientos, la adecuación a los contextos y la reflexividad, el apren-
de estar al alcance de los poderes públicos22 • dizaje y la puesta en común de informaciones. Pero el verdadero punto
Merece la pena destacar las consecuencias de esta evolución. El de- de inflexión no está tanto en la diversificación de los instrumentos, como
sarrollo de los mecanismos regulatorios de la nueva gobernanza pone en el hecho de que vaya ganando terreno -en el plano de las teorías
bajo asedio el espacio ocupado hasta la fecha por la autoridad soberana subyacentes- la idea de que es posible elegir entre estos distintos tipos
encargada de distribuir competencias y funciones entre los distintos po- de regulación, pues no existe un mecanismo regulatorio preferible a los
deres territoriales y no territoriales, atendiendo a criterios de utilidad demás. La elección de la estrategia más adecuada ha de hacerse caso por
pública23 • De este modo, desaparece la posibilidad misma de establecer caso. Lo cual no significa que el nuevo derecho soft vaya a reemplazar
un sistema de checks and balances. La única aspiración es favorecer la co- definitivamente al viejo derecho hard, el derecho de los códigos, sino más
operación entre poderes que disponen de ámbitos de actuación flexible. bien que necesitamos poner a punto una teoría funcional de los híbridos,
Como no es posible establecer reglas generales, jerárquicamente ordena- una teoría robusta sobre el uso adecuado de los distintos instrumentos
das, se apuesta por la coexistencia de regímenes regulatorios sectoriales, para la resolución de problemas 25 •
por la dispersión de las fuentes normativas, la subsidiariedad entre las La esperanza, una vez más, es que la aparición de estos nuevos ins-
distintas autoridades encargadas de la ejecución, la diversificación de los trumentos de gobierno no implique el abandono de los valores funda-
mecanismos cuasi judiciales o extrajudiciales de solución de conflictos. El mentales de una sociedad democrática. Son muchos los convencidos
único contrapeso a la fragmentación institucional está en la elaboración de que esta mutación es un auténtico paso adelante para resolver sus
de prácticas jurisdiccionales y administrativas relativamente constantes, carencias. Obsérvese, además, que la demanda de flexibilidad del/de los
pero extremadamente generales, a partir del diálogo ilustrado entre los (múltiples) órdene/s regulatorio/s no es ilimitada, sino que aumenta o
aplicadores del derecho. Se supone, en efecto, que llegará a formarse un disminuye en función de la complejidad del entorno, hasta encontrar
cuerpo coherente de principios jurídicos, una nueva opinio iuris en la un límite fisiológico en la necesaria estabilidad de las relaciones sociales.
que se reencarnen, transfigurados, los contenidos básicos del viejo rule Desde este punto de vista, es lícito suponer que la evolución del sistema
of law: los principios de transparencia, participación y audiencia a la jurídico acabará llevando a la formación de nuevos equilibrios institu-
otra parte, motivación de las decisiones, sancionabilidad y control del cionales, esto es, a nuevas formas de cooperación postsoberana y a un
cumplimiento adaptados a la nueva y cambiante realidad24 • nuevo paradigma de juridificación del orden sociaF 6• Arrastrada por el
Un orden regulatorio como este, basado en la utopía de la flexibili- desacoplamiento entre territorio, autoridad y derechos 27 , en la nueva
dad, se coloca en las antípodas del proyecto de constitucionalización de situación habrán cambiado los medios, pero no tienen por qué cambiar
poderes imaginado por los revolucionarios del 89. Si esto es lo que nos los fines. Los procesos de legitimación circulan por otros cauces, pero

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

los valores inspiradores siguen siendo firmemente democráticos28 • Sin sociales. Abandonado este ideal, la lógica que informa el proyecto de la
embargo, ¿estamos seguros de que las intenciones se corresponden real- nueva gobernanza tiende a retroceder hacia un modelo distinto, y más
mente con los resultados? Concretamente, ¿estamos seguros de que este antiguo, de equilibrio, sospechosamente cercano al que propugnaban los
cambio en los instrumentos es compatible con los objetivos que decimos defensores del gobierno mixto.
perseguir? Mi impresión es que, en materias tan delicadas, es muy fácil La segunda observación está relacionada con los problemas episté-
olvidar que cualquier opción tiene un precio. Hay dos cuestiones inte- micos que mencionaba en el apartado anterior. ¿Hemos de suponer que
resantes que a mi juicio merece la pena retener y discutir. las redes se forman y se mantienen en equilibrio por sí solas? No parece
La primera tiene que ver con la garantía de las condiciones míni- probable que así sea. Aun si fuera cierto que los costes de la regulación
mas para la cooperación social. Es razonable pensar que solo bajo de- por una autoridad soberana se han vuelto en la actualidad inasumibles,
terminadas condiciones el espontáneo florecimiento de una constelación o simplemente sistemáticamente superiores a los de la autorregulación,
de marcos regulatorios independientes puede conducir realmente a una de tal forma que ya no es racional intentar establecer reglas fijas que
situación de feliz anarquía cooperativa como la que imaginan los teóri- determinen la distribución de los poderes, necesitaríamos todavía algún
cos de la nueva gobernanza. De forma más prudente, el viejo paradigma argumento adicional para demostrar que el nuevo orden emergente,
confiaba la estabilización de los procesos cooperativos a un instrumen- basado en la cooperación voluntaria, es compatible con la democracia.
to jurídico que aseguraba, precisamente, la provisión de ciertos bienes En efecto, el principio de la flexibilidad y el valor subyacente de la
indispensables para la cooperación: el imperio de la ley, la eficacia del eficiencia pueden entrar en contradicción con exigencias tan indiscuti-
derecho, la no-arbitrariedad de los poderes públicos y los principios de blemente democráticas como son el derecho a la participación de todos
seguridad jurídica e igualdad ante la ley. Sin esas condiciones, esta era la (inclusividad) y la exigencia de que el poder se ejerza en público (trans-
hipótesis subyacente, la competencia acabaría volviéndose destructiva y parencia). Si no es un destino inexorable, al menos es probable que lo
no traería más que una exasperación de los conflictos29 • Desde este hagan. Maliciosamente, se dirá que en los casos conflictivos los métodos
punto de vista, los teóricos de la nueva gobernanza tendrían que demos- de la gobernanza resultan todavía más eficientes cuando la inclusividad
trar que el nuevo paradigma del. derecho flexible está en condiciones y la transparencia «disminuyen» y se sitúan en los niveles «correctos».
de satisfacer por sí mismo estas exigencias mínimas, sin contar con un Cuando hay demasiados invitados a la mesa, incluso aunque haya co-
trasfondo institucional como el de las viejas instituciones soberanas; de lo mida para todos, el nivel de ruido en la sala aumenta y eso no solo es
contrario, habría que concluir que esa propuesta acaba fiándolo todo a la molesto, sino que también es malo para la digestión; análogamente,
buena voluntad de las partes. Quienes celebran las virtudes del soft power cuando circula demasiada información, las negociaciones se vuelven
y el soft law podrán argumentar, como hemos visto, que la flexibilidad largas y costosas, y comienzan a disminuir los incentivos para el fair
siempre es relativa y que el grado de flexibilidad o rigidez de los distintos play. Los partidarios del rp._~!Qdo de la gobernanza pueden resistirse a
regímenes regulatorios siempre está sometido a cierto control y no tiene éstá éle-r1va-1ritrodude~d; un. elemento nuevo, implícito en el reco-
por qué plegarse a injustificables exigencias de adaptación sistémica o de ~rido anterior. La flexibillélad parecería justificarse por Ia superioridad
pura eficiencia. Pero no está claro que esta aspiración no sea poco más epistémica de los procedimie¿tos que eliminan rigidecesimpropias. De
que la última mentira piadosa a la que nos aferramos al comprobar las ~quí se desprende una recomendación: dremedio para la.s-dificulta-des
insuperables dificultades que plantea el gobierno de la globalización. Pa- de la cooperación. social, en condiciones de elevada complejidad insti-
rece prudente preguntarse si la reinvención del método democrático que . tucional,. está en abandmiar la vieja máxima de que solo el poder frena
están propugnando los partidarios de la nueva gobernanza no implicará al poder y tomar el camino que conduce al establecimiento de marcos
en último término la renuncia al núcleo básico del proyecto constitucio- -«inteligentes» de cooperación social. Pero, ¿por qué no dar un paso más
nal que nos legaron los revolucionarios del 89. Nuestros antepasados y· deshacerse de las restantes formas de control popular, que tan inéfi-
entendían que no debía ser la dinámica de las fuerzas sociales la que de- éientes resultan a veces? . ·
terminara los equilibrios constitucionales, sino, al revés, que era la cons- En suma, ¿ofrece la reflexión sobre el tránsito hacia él nuevo pa-
titución la que debería transformar el (des)orden natural de las cosas, radigma de la política y el derecho posilaeional una vía de salida a las
creando artificialmente las condiciones para el equilibrio de los poderes inquietudes sobre el agotamien'to del proyecto democrático? Al revés,

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

¿es posible seguir apelando tercamente, en circunstancias como las que 4.4. Pluralismo democrático:
se dan en las sociedades contemporáneas, a un ideal de legitimación una nueva distribución de los poderes sociales
ascendente del poder político? ¿Qué significa aquí hablar de «reinven-
ción» o «restauración» de la democracia? La primera vía de salida al impasse creado de la ingobernabilidad no
Desoyendo las advertencias sobre una posible deriva «epistocrática», lf<:_ga demasiado lejos: flexibiliza el derecho, relega las exigenCias· pro-
los defensores de la flexibilidad pueden argumentar todavía que esta es cedimentales de la democracia constitucional a un papel secundario y,
la única manera realista para contener la creciente ingobernabilidad de dé este mOdo, acaba empobreciendo y debilitando la- esféra de discusión
nuestras sociedades y nuestras instituciones, el ruido y la polución infor- c!_eÍnocrática. Triste remúlio para nuestras inquietudes él que nos obfiga
mativa. Dirán que el seguir como estamos nos llevaría al desastre. Frente a rebajar tanto las expectativas. Hay una segunda manera, quizá más
a este tipo de respuestas, en las próximas páginas intentaré reivindicar el atractiva, para encarar la reinvención de los esquemas instituCionales
establecimiento de criterios ciertos de separación y equilibrio de poderes. de la democracia en el tránsito hacia su nueva configuración en la épo-·
Una buena razón para perseguir este objetivo es la defensa del valor de la ca de la política postsoberana. Podemos calificarla como «pluralista» o
igualdad política, que tiende a quedar maltrecho en los planteamientos también «poliárquica», aunque en un sentido parcialmente distinto al de
que acabo de reflejar30 • Pero se podría añadir algo más. Invirtiendo el la tradición politológica, ya que toma la autonomía de los poderes, la
argumento de la superioridad epistémica de los procedimientos flexibles, fragmentación y diversificación de las esferas de participación y decisión
se podría observar que la clausura autorreferencial de los públicos espe- como recurso y no como obstáculo para la profundización de la democra-
cializados, formados por actores altamente motivados y por expertos, cia. Si en el paradigma del constitucionalismo el foco de la vida pública
también conduce al desastre. Imaginemos un mundo gobernado de ma- gravitaba en torno al parlamento y la ley, entendidos como el fulcro de
nera perfectamente eficiente por instituciones impermeables a la opinión un proceso unitario de deliberación y decisión, la democracia debería
de los no expertos, un pluriverso flexible de instituciones sensibles a las reconstituirse ahora en torno a una estructura policéntrica de poderes y
indicaciones de quienes tienen la competencia epistémica necesaria para al entramado de relaciones horizontales que se establecen en ellos. Desde
comprender la «Verdadera» naturaleza de los problemas. Podemos dotar esta perspectiva, el abandono del postulado de la separación y balance de
a estas instituciones, de forma puramente hipotética, de los más sofistica- poderes no tendría por qué abocar al colapso de la democracia. Veamos,
dos mecanismos de control interno. Creo, sin embargo, que un mundo a continuación, si esta estrategia se sostiene.
como ese sería un lugar extraordinariamente peligroso, por la sencilla ra- Para explorar los posibles desarrollos de esta nueva hipótesis hay que
zón de que las élites epistocráticas carecerían de recursos para defenderse fijarse en el papel democratizador que puede desempeñar el entramado
de sus propios errores. Les faltaría un espejo en que mirarse. de formaciones sociales, más o menos institucionalizadas, que forman la
Intentaré mostrar, en adelante, que la separación de poderes es una sociedad civiP 1• La expansión de estas formas organizativas intermedias
condición imprescindible para evita irres onsable clausura e istémica ha sido documentada en detalle y resulta particularmente significativa en
e un mundo goberna o por expertos. Son las reglas de distribución de lo relacionado con el progresivo desmantelamiento del Estado social. Son
poderes las que marcan el ritmo del debate público, creando poderes y- muchas las voces que desde hace varias décadas han visto una perspectiva
contrapoderes, y generando ocasiones de resistencia. Gracias a la deter- prometedora para la revitalización del ideal democrático en la masiva «de-
mmacwn y al eqmhbno entre poderes públicos y privados, cada uno en volución» de las funciones estatales a la sociedad civil, aumentando el es-
su terreno, cabe albergar la esperanza de que el contraste entre las distin- pacio de autodeterminación. El Estado retrocede, pero no la democracia.
tas fuerzas políticas pueda desenmascarar errores sacar a la luz ública La estructura centralizada y vertical de los procesos de legitimación demo-
as situaciOnes e opresión. La ideología de la flexibilidad, por el con- crática quedaría superada32 y daría paso a la aparición de nuevos espacios
trano, entregándose al sueno de la cooperacwn virtuosa en un espacio de participación, formal e informal, gubernamental y no-gubernamental,
ciesestructurado, desregulado, acaba soltando amarras y alejándose del en el ámbito público y en el privado, integrados en estructuras políticas
terreno en que se forma, pasando por incontables mediaciones discursi- diversificadas, que elaboran problemas y formulan soluciones, establecen
vas, la opm10n y la voluntad democrática. objetivos y siguen procedimientos33 • El resultado de esta evolución es un
sistema policéntrico, en el que se establece una distribución horizontal

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

de competencias entre unidades políticas distintas, sin que existan auto- efectos relevantes sobre el destino de terceros que no tienen la posibilidad
ridades supremas que tengan atribuciones suficientes para actuar como de tomar parte en el proceso de decisión, pues carecen de voz y voto 38 •
árbitros entre los poderes 34 • En otras palabras, nos vemos obligados a acomodar la pluralidad de las
El marco institucional adecuado para ue este roceso de renova- fuerzas en juego porque nos enfrentamos a un radical desacoplamiento
ción pueda darse se identifica con el ideal de una «RO 1arguía directa y entre el ámbito en que se mueven los participantes en el proceso de deci-
deliberativa», que promueva la participación y deliberación de los ciu- sión y los espacios en que las decisiones despliegan sus efectos. Buscamos
dadanos bajo estructuras institucionales diferenciadas, capaces d~­ una respuesta «democrática» a este desajuste estructural y parece razona-
mir funciones de regulación, ejeq1ción y control, pero gue no ren~ ble pronosticar que los nuevos esquemas de legitimación democrática no
de antemano a su autonomía respecto del poder central y mantienen podrán ya replicar los esquemas territoriales del paradigma estatalista.
~na conexión inmediata con el tejido asociativo en qpe se asientan 35 • Se Intentemos concretar este punto a través de un ejemplo.
considera que este tipo de propuestas cuentan con sólidas raíces demo- El estudio pormenorizado del proceso europeo de integración supra-
cráticas. Explican Cohen y Sabel que estas estructuras diversificadas de nacional y transnacional ha permitido a Christian Joerges mostrar cómo
participación incorporan criterios de evaluación sustantivos gracias a los ha ido formándose un nuevo paradigma del derecho que podría convertir-
cuales pueden encarar los conflictos que puedan surgir tanto dentro de se en fuente de legitimación de las nuevas constelaciones posnacionales39 •
cada una de las esferas como entre ellas36 • No es la autoridad, sino la co- A fecha de hoy, parece que la Unión Europea es ya algo más que el pro-
mún referencia a principios de la deliberación democrática la clave para ducto de una serie relativamente coherente de tratados internacionales,
entender el tipo de unidad que vendría a crearse entre las distintas esferas expresión de la voluntad de la naciente sociedad civil europea, pero es
de participación y decisión. En efecto, no sería mucha la originalidad de todavía algo menos que un Estado federal. La clave para explicar la pecu-
estas propuestas si se limitaran a reclamar un mayor grado de descentrali- liar naturaleza jurídico-política de esta «unión», y para comprender las
zación política y administrativa, insistiendo una vez más en los beneficios fuerzas que están llevando a su progresiva consolidación, hay que buscarla
que reporta la atribución de una mayor capacidad organizativa de los en la fisionomía específica del derecho en que se apoya40 • El tipo de dere-
cuerpos intermedios. La clave del argumento está en reconocer a las au- cho del que estamos hablando aquí es descrito por Joerges como un «de-
toridades descentralizadas una autonomía que vaya más allá de la simple recho de conflictos» y su legitimidad no se deriva, como podría pensarse,
dependencia funcional. Se trata de inventar un modelo de organización del establecimiento de una autoridad común, de tipo federal, que marque
institucional que asuma la capacidad de autorregulación de las distintas pautas constantes de división de poderes, sino más bien, siguiendo una
esferas deliberativas, pero que no tenga necesidad de recurrir a criterios lógica pacticia, la única compatible con la conservación de márgenes de
estables, de naturaleza federal, para la distribución de las competencias soberanía limitada, de que los sucesivos acomodos institucionales resul-
y las responsabilidades. Por eso se habla de una «poliarquía sin centro». ten «aceptables» para las. partes implicadas en un proceso aQieJt9 de co-
No es este el lugar para recorrer la amplísima oferta de propuestas o.peración interinstitucional. Queda claro que la legitimidad democrática
que, en el mercado de las ideas, se entretienen en estas cuestiones 37• Se de. las normas y las decisiones, en este marco, ya no discurre por cauces
podría pensar que estas polémicas siguen extraviándose en los meandros rigurosamente «verticales» de los viejos pro~edimientos de producciÓ~ y
del antiguo debate sobre las diferentes articulaciones del federalismo y la aplicación de norm(ls, sino que depende más bien de su «a~:!_~c~c:t.ci~!l» a l~s
sociedad civil. Pero también hay novedades que merece la pena recoger. intereses y valores de las partes, así como del respeto de pautas g~nerales
En efecto, si en nuestros días nos preocupamos por imaginar nuevas for- de organización, de carácter procedimental, como son l()s princ.i.P_ios. de.
mas de integración postsoberana que sigan haciendo justicia a la intuición imparcialidad, razonabilidad, proporcionalidad, transparencia, inclusi-
democrática no es solo por el peso creciente de las instituciones suprana- vidad, etc. Otro tanto puede decirse en relación con el ejercicio de la
cionales, o porque la influencia de la nueva sociedad civil global sea cada función ejecutiva, donde la legitimidad ya no viene dada por la cadena
vez mayor, sino al revés, porque es cada vez más difícil encontrar con- de mecanismos de legitimación indirecta, demasiado débiles y lejanos en
textos de decisión locales que no se encuentren radicalmente condicio- unos casos, inexistentesen otros, sino, de nuevo, p()r la calidad epistémica
nados desde el exterior; y, al mismo tiempo, porque son cada vez más las de las decisiones, en relación con las circunstancias específicas d~l caso,.
decisiones que se toman en espacios locales y que sin embargo producen ~sto es, por su «corrección».

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

La hipótesis central de Joerges, que podríamos generalizar a otros entre las distintas esferas de decisión democrática. Sin alejarnos del caso
contextos de cooperación entre organizaciones soberanas pero interde- europeo, los ejemplos son innumerables y van désde el conjunto de au-
pendientes, tanto a nivel supra- como infraestatal, es que la evolución toridades políticas y/o administrativas que se integran en el sistema de la
concreta de un proceso de este tipo va conformando, por sucesivas adi- comitología, hasta el creciente poder que acumulan las diversas agencias
ciones, un derecho de conflictos que aspira a obtener el «reconocimiento» reguladoras, así como las distintas instancias judiciales o cuasi-judiciales
de todos. Hay una pluralidad de ámbitos de decisión «democrática» en de resolución de conflictos.
los que, sin renunciar a su autonomía, los distintos actores se vinculan La novedad de una estructura institucional como la que está for-
al respeto de procedimientos oric;ntados a la resolución de problemas mándose es evidente. No hay duda, además, de que los cambios no son
comunes. Por medio del derecho se alcanza la unidad en la diversidad, periféricos, sino que afectan a los principales nódulos por los que cir-
a través de una práctica de descubrimiento compartida, de carácter pro- cula el poder político. Junto a los canales tradicionales de circulación
cedimental, que va ordenando «los procesos discursivos nacionales y democrática del poder, aparece una nueva rama desterritorializada y
transnacionales que involucran a actores políticos y grupos de expertos, materialmente independiente, cuya presencia responde a la necesidad
y en los que tanto la sociedad civil como el público en general pueden de establecer circuitos altamente especializados para el manejo y dise-
ser oídos». De la misma forma que, en el mundo westfaliano, el derecho minación de la información, el análisis de las evidencias científicas y la
(privado) de conflictos articulaba el juego de las distintas soberanías, gestión del conocimiento experto42 • Estas nuevas estructuras de poder
sin negar su autonomía, el nuevo orden democrático transnacional esta- carecen de raíces geográficas y cuentan con estándares de legitimación
blece una serie de precondiciones que favorecen el desarrollo de prácticas y control propios. La razón que explica su expansión irresistible tiene
deliberativas de resolución de conflictos, vinculadas a reglas y principios. probablemente mucho que ver con su capacidad para reducir los costes
Los equilibrios resultantes son aceptados por todos en la medida en de las decisiones, al haberse especializado en crear entornos epistémicos
que son algo más que el resultado de un simple equilibrio de fuerzas. más seguros. El saber-poder de estos nuevos cuerpos no-electos no es el
Sin embargo, abandonada la rígida determinación constitucional de los simple conocimiento técnico, aunque también lo es, ni está sometido al
equilibrios institucionales, el criterio fundamental para la ordenación de mandato o al control de las urnas. Su principal fuente de legitimidad
los poderes en conflicto ya no puede ser otro que el de la legitimidad está en el hecho de que solo ellos disponen del capital de información y
de los resultados (output legitimacy41 ). experiencia necesario para hacer funcionar de manera eficiente un siste-
Este es el punto al que me interesaba llegar. Valga o no esta expli- ma de coordinación de la acción tan complejo como el que ha venido a
cación sobre las fuerzas que llevan a la formación de nuevos órdenes r:eemplazar a las estructuras burocráticas del Estadonacional. Es verdad
regulatorios postsoberanos, es indudable que algo muy fundamental está que la presencia de estos poderes no-mayoritari~s red~¿e ~~ ámbito de
cambiando en la estructura de los procesos de legitimación democrática. decisión democrática, pero también sepodría pen.sar que permite ~dmi­
Las normas que estabilizan la relación entre las distintas esferas de deci- nistrar mejor la información disponible. Ello debería favo-recer, si tod'ü
sión tienen su origen en el Intercambio ilustrado de instituciones post- mar:cha como es debido, y en un entorno como e( nuestro, el control
soberanas entre sí y con otros actores sociales, sin la intervención de una discursivo sobrelas razones sometidas aescrutinio público.
autoridad legislativa centralizada. Un proceso de producción normatiVa Retomemos el hilo del argumento. Comenzábamos este apartado
de este tipo nada tiene que ver con el clásico esguema de la legitimación planteando una hipótesis que parecía atractiva: que el desarrollo de es-
ascendente u e caracterizaba a las vi e· as constituciones democráticas. tructuras deliberativas descentradª,s y. plurales, en u~a. estructura com-
Y esto vale tanto en el plano legislativo, donde el conflicto se a entre pleja, en la que se su erponen d1stmtas esteras de acción política, es un
voluntades que tienen idéntica legitimidad de origen, como en el plano u en remedio para superar el bloqueo e os mecamsmos e _eg1ti~ac1on
de la administración de intereses comunes, donde las partes tienden a aemocrática en el tránsito hacia un mundo postsoberano. Me mteresaba
aceptar como legítimas las decisiones más acertadas desde el punto de poner en evidencia cómo el nuevo paradigma implica, aunque no siempre
vista técnico. En uno y otro ámbito cobra cada vez mayor protagonistno se di a ex resamente el desbordamiento del (viejo) pri.n<;:IPIO de 1'! deter-
el entramado de cuerpos no-electos, no estrictamente tecnocráticos, ni II).inación constitucional de los podere_s. La racionali a _materia ~~~a_-~
vinculiaos a un mandato popular, pero especializados en la mediación prevaleciendo sobre la racionalidad formal y el poder polí~ico, cuafifica~o

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

epistémicamente, rompe amarras con la lógica de separación y control re- visibilidad de lo gue acontece en el espacio público y, para ello, es indis-
cíproco que imaginaban los revolucionarios del 89. Quizá no haya motivo pensable ormalizar los rocesos de formación de la voluntad colectiva.
para alarmarse en exceso y, desde luego, no es ni mucho menos obvio que s ahí donde el principio de la determinación de los od e un
existan posibilidades concretas de resistir a una tendencia que a menudo pa e 1
es presentada como el reflejo mismo de la «naturaleza de las cosas». No Comprobamos así, y ahora a contraluz, con una mirada retrospecti-
obstante, es importante tomar conciencia de que la afirmación del nuevo va, cómo y por qué el proyecto de organización institucional de los re-
modelo institucional pone una gravosa hipoteca sobre las perspectivas de volucionarios del 89 ha podido cumplir, en el largo plazo, una función
supervivencia del ideal democrático. La generalización de procedimientos democratizadora. La constitucionalización de la regla de la separación
de decisión fragmentados, diseñ~dos en función de los intereses o las era una garantía indirecta del derecho a conocer guién y cómo tiene
competencias de los actores implicados y sus relaciones de fuerza es in- la última palabra sobre qué cosas. Porgue saber dónde está el poder
compatible con la formación de una esfera pública en la que el ciudadano es una condición indis ensable ara o inar. En las antí odas de te
tenga un control efectivo sobre los procesos de formación de la opinión y modelo, la i eología de la flexibilidad prescinde de este mecanismo
la voluntad. El control por parte del público general de las deliberaciones elemental para la configuración de una esfera pública democrática. Las
que tienen lugar en los innumerables foros especializados está sistemáti- consecuencias del cambio están a la vista. Sin una estructura claramente
camente condicionado por una radical asimetría informativa. Más allá de definida de poderes públicos y privados, los ciudadanos quedan con-
los previsibles problemas de transparencia, por razones estructurales, las denados al silencio. Y sin opinión de los ciudadanos, como sabemos, y
deliberaciones que se producen en los foros especializados -si es que se vengo repitiendo a lo largo de estas páginas, la democracia acaba trans-
producen, porque a veces parece que incluso en esto prevalece el más des- formándose en su contrario.
carnado o descarado cálculo político y económico- acaban sustrayéndo-
se a toda posibilidad de evaluación discursiva por parte del público 43 •
La imposibilidad por parte del público de visualizar lo que sucede en 4.5. Rematerialización del orden constitucional
los nuevos espacios de decisión postsoberana podrá ser presentada como
resultado de la deficiente labor informativa de los medios de comunica- He recurrido, desde el comienzo de este capítulo, a la idea de «ingober-
ción o también, al revés, como consecuencia de un déficit de atención nabilidad» para referirme a un conjunto de factores que desestabilizan
y educación imputable a los ciudadanos44 • Pero las dificultades son más los mecanismos de legitimación de la democracia constitucional. He
graves. Las carencias informativas a las gue se enfrentan las democrac~s explorado una primera vía de salida a estas dificultades rebajando las
contemporáneas no tienen visos de solventarse en el marco institucional expectativas depositadas en su esquema institucional básico, aquel que
al que apuntan las propuestas neopluralistas a las gue me he referido en establece la doble condición de la garantía de los derechos y de la de-
este apartado, que podrán tener sus virtudes, pero que son gravemen- terminación de los poderes. Para rescatar la democracia, conforme a las
te deficitarias desde el unto de vista de la comunicación pública. En propuestas mencionadas en los últimos apartados, sería necesario gober-
una s1tuacwn e sistemática fluidificación de los poderes45 ; el ciudadañO narla «mejor», aun a costa de sacrificar, cuando no quedara más remedio,
~ medianamente informado e ilustrado, corre el riesgo de verse el esquema clásico de legitimación ascendente del poder. Las distintas
privado de los recursos co ñ.itivos mínimos ara «hacerse una idea» de versiones de esta estrategia han removido las aguas del pensamiento de-
o que suce e en el espacio público. De hecho, carece de oportunidades mocrático durante décadas y, lamentablemente, han acabado calando en
reales para forniá.rsé una opinión. sobre la abrumadora mayoría de ··las d sentido común de políticos y ciudadanos. No es, sin embargo, el único
decisiones que afectan a sus intereses más cercanos. Y de nada valen aquÍ punto de vista disponible para encarar la situación presente. Los mismos
los· Bieniritencwnados, pero a menudo retóriCos, y-hasta dnicos, llama- aesafíos que llevaron a muchos a ensalzar la ideología del buengobierno
iríientos_a__ la tiánspare!lcia. Mi tesis, arrespecto, es que la-dispersión nan sido analizados por otros, tomando como referencia el ideal nor.:.
y-fragrhéntaéión delas esferas piíblicas, en ausenCia de una estructura mativo en el que se inspiraban, a mediados del siglo pasado, la teoría y
pi:t6liccúnente reconocida de oderes atribución de res onsabilidades, la práctica del coristituciorialismo democrático. Se reivindica la vigencia
cercenan a posibilidad mism~a-de-la crítica. Necesitamos presérvar la de las promesas, aun parcialmente incumplidas, que en aquella época

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

alumbraban una nueva perspectiva de convivencia pacífica, de alcance vel nacional como internacional, no es sorprendente. Lo interesante es
cosmopolita, tras la derrota de los totalitarismos. El hito paradigmático observar cómo el cambio ha acabado afectando a la parte orgánica de las
. al que apela este movimiento, no_ hace falta detenerse en ello, está 'en la constituciones, aquella en la que se diseñan los canales de legitimación
creación de la Organización de las Naciones Unidas :y e-n la DecfaraCión ascendente del poder democrático. La tensión entre racionalidad ~us­
universal de derechos humanos en 1948. tantiva del sistema de los derechos y la racionalidad procedimental que
El constitucionalismo democrático ha experimentado a partir de respalda el vi~jo principio de separación y balance de poderes se vuelve
finales de los años ochenta una significativa evolución tanto desde el mucho más intensa. El punto de inflexión paradigmática llega en el mo-
punto de vista ideológico, como desde el punto de vista de sus desarro- mento en el que la lógica del argumento obliga a sustituir la exigencia de
l_los institucionales. Al menos en 'ciertos ámbitos, ~e h~ vu~lto familiar regularidad -recuérdese que la Declaración de 1789 dice literalmente
la referencia al «neoconstitucionalismo», una expresión de contornos que los poderes han de estar «determinados»- por pautas de carácter
hnprecisos pero que alude básicamente a los resultados de un largo ciclo sustantivo, basadas en los principios de razonabilidad, imparcialidad o
_de expansión histórica de los derechos y las libertades civll~s y. de ~etor­ no-arbitrariedad48 • El espejismo ilustrado de una mecánica constitucional
~amiento de los sistemas_de garantía jurídica tanto en el ámbito nacional, d~l equilibrio, capaz de satisfacer las condiciones para el florecimiento de
<:;omo internacional y transnacional. En el plano interno la remateria- la libertad, cede el paso al uso prudencial de la razón pública también en
lización o constitucionalización del ordenamiento se caracteriza por la e~te ámbito.
progresiva incorporación de contenicios morales, ele carácter ~ust~ntivo, -. El ejemplo indispensable para ilustrar este tipo de posiciones se en-
~ las fuentes normativas de máximo- rango legal, a~í como por el reco- cuentra en el pensamiento de Ronald Dworkin. Tal como Dworkin lo
nocimiento del carácter vinculante del texto de b cons#tución.~ 6 ~ Aun- presenta, el «constitucionalismo» es tanto una manera de entender cómo
que la cuestión es espinosa, puede decirse que esta evolución implica un tiene que estar organizada la e.structura básica de una comunidad demo-
cambio de paradigma respecto de la estructura institucional del (viejo) crática como una explicación general acerca de los valores que «propor-
estado (legislativo) de derecho, con el desdoblamiento en las condicio- cionan la mejor interpretación del imperio de la ley» 49 • El constituciona-
nes de validez -formal y sustancial- de las normas jurídicas, el incre- lismo. es, en otras palabras, un ideal y una teoría. Esto no quiere decir,
mento del grado de rigidez constitucional y la mutación de las técnicas por supuesto, que la elección de los medios para la realización de los
de interpretación de los derechos fundamentales 47• Con las inevitables principios sea independiente de los fines, pero sí que ha de ser enjuiciada
salvedades, una evolución similar estaría teniendo lugar en el plano in- bajo un criterio más amplio de justicia que incluye tanto los fines como
ternacional, donde encontramos una larga serie de fenómenos análogos: los arreglos institucionales más adecuados para defenderlos. La perspec-
la consolidación del derecho internacional de los derechos humanos, la tiva relevante para la discusión de las cuestiones prácticas será entonces
creación de instituciones internacionales de garantía, la multiplicación la del observador comprometido que justifica sus decisiones sin perder de
de agencias supranacionales encargadas de la defensa de la democracia y vista que los «arreglos existentes» de la autoridad pueden limitar la fuer-
los principios del imperio de la ley, etcétera. za de los principios sustantivos. Respecto del viejo ideal democrático la
Sin entrar en los entresijos del debate, que obligaría a revisar la con- novedad está en entender que la práctica constitucional de la democracia
flictiva relación entre derechos, democracia y constitución, la operación consiste en un proceso ininterrumpido de ajuste entre ambas dimensio-
fundamental del neoconstitucionalismo consiste en sacar las consecuen- iié0a sustantiva y procedimental50 • Una buena teoría de la democracia
cias relevantes de un hecho a todas luces evidente: que las constituciones es aquella ue ofrece el mejor acomodo el balance más adecuado entre
de las democracias avanzadas ya no se componen de simples conjuntos os mecanismos institucwna es que hacen posible el ejercicio de los dere-
de reglas, ordenadas ·erár uicamente, sobre la distribución de los pode- chos políticos y los contenidos materiales de justici<!51 •
res, sino que incluyen también y atribuyen una función eterminante a La pregunta interesante, a estas alturas, y teniendo en cuenta nuestras
la presencia de estándares normativos abiertos, que tienen un contenido inquietuaes de fondo sobre la transformación de los procesos de legitima-
particularmente denso desde el punto de vista moral. Que se diga esto ción democrática, se refiere al precio que hay que pagar al sustituir la regla
en relaciÓn con la parte dogmática de las constituciones, especialmente de la determinación de los poderes or un criterio sustantivo de a· uste
tras la incorporación de extensas declaraciones de derechos, tanto a ni- a ance continuo . as propuestas neoconstitucionalistas se alejan tanto

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

de los anacrónicos formalismos del constitucionalismo viejo, como de la visión del proceso de formación de la volunt~d democ:rática c~n que la.
~puesta de los teóricos de la nueva gobernanza por las yi~tudes deJa co- última palabra no se encuentra ya en la concreta voluntad de los ciuda-
operación voluntaria. El énfasis está, como es sabido, en el reforzamiento danos, sino que se «desplaza» hacia una ins.tancia de consenso altamente
de las instancias jurisdiccionales de control del proceso polític.Q; ~a idealizado, que emerge a través del diálogo ilustrado entre instituciones y
es si en esta operación no estaremos arriesgando demasiado. ¿Es este un jueces. La postergación de la regla de la separación de poderes y, en gene-
Zamino transitable, teniendo en cuenta la magnitud de los desafíos que ral, de los mecanismos que aseguraban en el viejo Estado democrático la
están drenando en nuestros días las fuentes de legitimidad democrática? legitimación ascendente del poder es una consecuencia inevitable en este
¿Es la «integridad» de la razón púbJica un remedio eficaz para contener la planteamiento. La voluntad del legislativo, plasmada en el texto claro de
degradación del tejido institucional de la democracia? la ley, tiende a convertirse en uno más de los muchos «materiales» que
Prescindo aquí de las muchas consideraciones de carácter conceptual habrán de ser elaborados argumentativamente, junto con otros, en un
y metodológico que salen al paso para situarme en un plano de discusión proceso orientado hacia el descubrimiento de la «decisión correcta».
estrictamente político53 • Para gue la práctica de la argumentación judicial Repárese, insisto, en las implicaciones de esta controversia en el plano
pueda dar respuesta a los niveles de complejidad social que hacen cada del &ño institucional. La pregunta sigue siendo si el neoconstitucio-
vez más ingobernable el derecho contemporáneo hay ue su oner ue n!llismo es realmente la respuesta que estamos buscando para escapar al
quienes tienen en sus manos la a mmistración de los rinci íos de la ra- desencanto gue producen nuestras sobrecargadas democracias. Mi im-
zon pu 1ca seran capaces de desempeñar, con éxito, «la tarea hercúlea de presión es que no puede serlo, al menos en situaciones de patente degra-
reconstrucción íntegra del sistema de los derechos fundamentales, para_ cfacwn de la cultura cívica en las ue resulta extremadamente im robable
mostrarlo como una totalidad coherente com leta» 54 • Obviamente, el no e intento de poner la razón pública, encarnada en la argumentación
esta a rmación hay que tomarla con las d~bidas precauciones. La razón §.rídica, al reparo de los prejuicios y las negociaciones estratégicas entre
pÓblica no es aquí nada más que un ideal regulativo al que losjuecesde los mtérpretes de la constitución. Naturalmente, la mayor o menor proxi-
carne y hueso irán _aproximándose en la rne<:lida en que sus fuerzas ~~ midad respecto del ideal dependerá de los casos. Habrá momentos afortu-
1~ permitan. Así las c9sas, la estabilidad del sistema político depen-derá n<!dos en los que abunden los juristas hercúleos, y tiempos de penuria, en
de la calidad argumentativ'i" de las decisiones, pero también de la- cáp?-- los que no habrá más remedio que esperar la llegada de tiempos mejor~s.
cidad de los guardianes del derecho para persuadir a los ciudadanos Pero no es esto lo peor. Lo verqaderamente interesante es observar cómo,
de que precisamente esas son las decisiones «correctas». No basta que incluso en los momentos más felices, es probable que se abra una brecha
Ta argumentación constitucional sea buena; es necesario también que lo entre la creciente sofisticación argumentativa de esos pocos juristas ilumi-
parezca a los ojos del público. Pero además, y en segundo lugar, es de- nªdos que están en condiciones de lidiar con la sobrecarga argumentativa
cisivo que los ciudadanos tengan una expectativa razonable de que las qu_e se nos ha venido encima tras el colapso del derecho de los cóciigos,
instituciones promuevan la imparcialidad, al menos en aquellas materias y l.a lengua común que los legos utilizan para formular sus demar1dªs~e·
que afectan a los principios básicos de justicia. En relación con esto, los intereses. No es una exageración injustificada. Los. confiados defensores
partidarios del nuevo constitucionalism() tienen una baza casi definitiva de la argumentación jurídi_ca no pueden cerrar los ojos ante la objetiva di-
cqando nos recuerdan que sin autoridades que velen por el respeto ge las ficultad que encuentran los ciudadanosparaorientarse ~n ese -~ntramado
reglas del jueg_o la democracia puede propiciar las formas más odiosas de d~ normas y autoridades que produce el incipiente desarrollo del nue-
-~presión e injusticia. Sin embargo, y aunque sea cierto que lo_sjueces se vo constitucionalismo, tanto en el plano nacional como suprana,cional.
eq~ivocan menos que la¿ mayorías, sus adversarios les devu~lven la juga- Así pues, el riesgo más próximo; en una situación como la actual,
da pidiéndoles expli~aciones por la mak~biligag de l<~:s constituciones y es que la opinión pública pueda verse privada de los recursos cogniti-
por la permanente disputabilidad de las cambiantes lecturas que ifrecen vos imprescindibles para formarse una idea precisa sobre los debates
los tribunales. Los constitucionalistas se ve~ entonces ·abocados -a· pro- COJ).Stitucionalmente relevantes. Arrastrados or la creciente sofi~tica­
yectar el debate sobre la determinación del significado de los principios ,9ón ermenéutica -se habla al respecto de «sobreinterpretación» de.
por encima de las controversias políticas, en un espacio de razón tenden- la constitución- los uardianes del derecho corren el riesgo de quedar
cialmente «impolítico». No les queda más reinedio-qll~ re!ug_iar~e en una encerra os en la jaula de hierro de un lenguaje extraordinariamente so-

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO
SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

fisticado, perdiendo el contacto con el entorno social y político en que las decisiones. Pero lo decisivo es que el público necesita saber con cla-
~ mide, día a día, tanto la legitimidad como la eficacia del derecño. ridad quién es responsable de qué, para saber en quién hay que confiar o
Un idioma.que solo ellos entienden. Es cierto que es un lenguaje que a quién hay que criticar.
tiene una extraordinaria capacidad p;ra dar respuesta a las más elevadas En este mismo sentido, el criterio de la determinación formal de
demandas de justificación y que cuenta con poderosos mecanismos de los poderes opera como instrumento para la estabilización de las car-
control; el problema es que un lenguaje así construido acaba chocando gas de la argumentación. La rigidez implica simplificación y comparti-
con el postulado de la claridad y la accesibilidad comunicativa en que mentación del discurso, pero es también garantía de inclusividad de la
tanto insistieron los clásicos de la codificación. Corre, por tanto, el ries- esfera pública. La regla gue impone la determinación de los poderes es,
go de acabar convirtiéndose en el ,idiolecto de una comunidad situada a en otras palabras, condición indispensable para la comunicación entre
una distancia insalvable de las mayorías, con las inevitables recaídas en ciudadanos e instituciones. El procedimiento determinado de antema-
términos tanto de seguridad jurídica como de transparencia democrática. no abre y cierra el flujo de las opiniones, polarizando la atención del
Considérese, por ejemplo, más allá de la disputa sobre la última palabra público, de modo que los mensajes que provienen de las regiones más
en la interpretación constitucional, sobre la que volveremos en el próxi- apartadas de la esfera pública encuentran un camino más o menos largo,
nio apartado, la extraordinaria dificultad que ha traído la proliferación pero seguro, para llegar al centro55 • Al revés, la renuncia al ideal de la
y solapamiento de jurisdicciones supranacionales y transnacionales. Aun determinación de los poderes seca las fuentes de la resistencia democrá-
en el caso de que la estrategia constitucionalista llegara a producir acuer- tica a medida que la conversación se dispersa en las distintas instancias
dos razonables sobre el encaje de los muchos poderes concurrente·s, no de interpretación. Y el problema es que una opinión disgre ada difícil-
debería sorprendernos que los ciudadanos fueran incapaces de reconocer m_ente consigue crear «mter erencias» si nificativas sobre los circuitos
el mérito de la solución alcanzada, no porque sean apáticos o poco edu- :f!Orma es e po er y la influencia. Si algo de esto es cierto, podremos
cados, sino sencillamente porque hay que ser un jurista extraordinaria- c_oncluir que aun en tiempos de confusiÓn de poderes, el proyecto insti-
mente informado para comprender cuál e's la naturaleza de las cuestiOnes tuciOnal de los revolucionarios del 89, con su inveterada obse ·'
que están en juego. Si esto llegara a suceder, y no es difícil que así sea, el ista y centralista, sigue ejerciendo J.ma poderosa fuerza de atraccióu
proyecto neoconstitucionalista .se vería obligado a echar las cuentas con
_!!n alarmante déficit de legitimación social.
La alternativa a los males que se derivan de la aplicación de los 4.6. La constitución y la última palabra
(presuntos) remedios ya está inventada, aunque no resulte particular-
mente glamurosa. has viejas reglas procedimentales que determinaban Las objeciones que han ido saliendo al paso en las últimas páginas apun-
la separación de poderes, asignando competencias y responsabilidades, tan hacia una idea común: por más gue el principio de la separación se
funcionaban como mecanismos de fragmentación de la autoridad pero vea sometido a una presión extraordinaria, no parece que la democra-
también, y al mismo tiempo, como criterios relativamente eficientes de é[a pueda subsistir en un entorno de oderes confusos. Desde este un-
distribución del trabajo epistémico. Estaban situadas a mitad de cami- to de vista, el principio e a separación de poderes es algo más gue
no entre el centro y la periferia del sistema político y proporcionaban un simple instrumento para la limitación de los poderes, conforme a la
canales de comunicación estables entre los · · 'mbitos de la esfera máxima de que solo el poder frena al oder sino ue es además un re-
pu 1ca. erv1an para hacer visibles las decisiones y, de ese modo, para curso in 1spensa e para or enar los flu"os de la comunicación pública,
hCieér[iosible la crítica. En un entorno institucional en el que los poderes asegurar espacios e in uencia en los que puedan valer las razones de los
estan determinados, se equivoquen o no las autoridades que los ejerceñ', más débiles, promoviendo, en último término, la creación de ocasiones de
actúen o no siguiendo el su uesto es íritu de la constitución,al menos «resistencia constitucional»56 • Como he ido diciendo, si por democracia
és pos1 e conocer con claridad quién decide, cómo y sobre qué materia. hemos de entender poder del público que se ejerce en público, habrán
ES esta una condición mínima de democraticidad del procesO político, de establecerse reglas que indiquen con certeza quién, cómo y cuándo
insuficiente, sin duda, pero necesaria. Pgr lo demás, es banal afirmar que está habilitado para tomar qué decisiones. Cuando esas reglas faltan,
G""ng1dez de las reglas trae consigo una relativa pérdida en lá calidad de o son inestables, algo muy fundamental se pierde en el proceso demo-

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

crático. Todo apunta, por tanto, a la necesidad de restaurar el principio que desempeña en cierto modo, «en la persona pública, el mismo papel
de separación y balance de poderes. La mala noticia es gue no es tan fácil que en el hombre la unión del alma y del cuerpo». Por la misma razón
como pudiera pensarse alcanzar este objetivo. Como veremos enseguida, que el pueblo soberano, cuya voluntad siempre es general y nunca mira
el retorno a la máxima del 89 encuentra notables dificultades de orden al interés particular, se encarga en exclusiva de la legislación, pero solo se
epistémico que nos obligarán a reconsiderar, de nuevo en clave deliberati- encarga de eso, la función de los magistrados y los reyes consiste en ocu-
va, el juego de los procesos de legitimación democrática. parse de los actos particulares. En el ejercicio del poder que les compete,
El círculo de la legitimación arranca, como es obvio, de la voluntad de reyes y magistrados no son sino «simples oficiales del soberano, y ejercen
los ciudadanos, pasa por los distintos canales de formación de la voluntad en su nombre el poder, del que se les ha hecho depositarios, y que este
'colectiva, así como por el conju~to de las autoridades que intervienen puede limitar, modificar, y retirarles cuando le plazca» (ibid., III.1).
en su aplicación en sede administrativa y/o judicial, hasta que vuelve a El postulado de la diferenciación funcional está por tanto inscrito
reencontrarse, finalmente, con la opinión de lOs ciudadanos «a través de la en el código genético de la democracia moderna, incluso en la versión
estabilización de las expectativas y la realización de objetivos comunes»57. rousseauniana. Pero ¿hasta qué punto es posible hoy mantenerlo? Es la
El principio democrático y el principio de la separación, así considerados, posibilidad misma de esta diferenciación básica, y no tanto la supremacía
guardan una estrechísima relación. Más allá de la concreta disposición del legislador o la vigencia de la división tripartita58 , la que se tambalea
de los poderes, el proceso democrático está formado por una secuencia de en el contexto social y político al que nos hemos referido en páginas
momentos de producción y de aplicación de normas, que recaen sobre po- anteriores. Es cierto que las dificultades no son del todo nuevas, como
.deres distintos. Es Rousseau, el gran adversario de la· distinción tripar.!!ta puede verse al comprobar la cautela con la que el propio Rousseau se
montesquiviana, en su Contrato social, qmen elabora en clave típicamente aproxima a esta materia. Pocas líneas antes del pasaje citado, Rousseau
democrática esta diferenciación. Con acentos prejacobinos qtie ..sTiehan advierte al lector que sus consideraciones han de ser leídas «reposada-
hoy algo estridentes, atribuye en exclusiva: la función legislativa al p~e­ mente». Tras reconocer, con retórica malicia, que a él no le ha sido dado
l3'1'0So'I)erano, cuyo poder se considera «inalienable» e «indivisible»: y la «el arte de ser claro para quien no quiere prestar atención», acude a una
función ejecutiva, de forma igualmente exclusiva, a mi cuerpo de «delega- metáfora antropomórfica para explicar en qué consisten realmente las
dos» encargados de hacer cumplir las leyes. dos funciones básicas de las que se compone el universo político. Toda
Obsérvese enseguida que la legitimidad de la función legislativa no acción libre tiene «dos causas que la originan: una moral, a saber, la vo-
reside en el hecho de que las leyes sean expresión de la concreta volun- luntad que origina el acto; la otra física, a saber, el poder, que la ejecuta.
tad del pueblo, el titular de la soberanía, sino que depende más bien de Cuando me encamino hacia un objeto es preciso, en primer lugar, que
su conformidad con la «voluntad general», conceptualmente distinta de quiera ir; en segundo lugar, que mis piernas me lleven. Si un paralítico
. la «voluntad de todos»: depende, por tanto, de la racionalidad de .sus quiere correr y si un hombre ágil no quiere, se quedarán los dos en su
~ontenidos. Cuando se refiere a intereses generales, explica Rousseau, sitio. El cuerpo político tiene los mismos móviles; se distinguen de él,
la voluntad del pueblo tiene fuerza de ley; por el contrario, cuando no del mismo modo, la fuerza y la voluntad. Esta con el nombre de poder
lo hace, cuando la voluntad del pueblo no es ge11eral sino particul~r,n¿ legislativo; aquella con el de poder ejecutivo. No se hace o no debe ha-
~s propiamente voluntad popular, no es el tipo de voluntad que pac~Ja cerse nada sin el concurso de ambos» (ibid., III.1). El interlocutor atento
!ey (Contrato social, II.1 y II.2). La continuación del argumento toca no tardará en advertir las complicaciones «metafísicas» que sobrevuelan
~irectamente la cuestión de la separación de poderes. Al caracterizar la esta analogía. Merece la pena detenerse en ellas tomándolas como refe-
1_1aturaleza del ejecutivo, Rousseau lo define como un p~der que «no pue- rencia para evaluar el debate contemporáneo.
-de corresponder a la generalidad, en tanto que legisladora o soberana, ya La «dignidad» de la legislación, y por tanto la primacía de la función
que no consiste sino en actos particulares que no tienen el valor de ley, legislativa, ha sido reivindicada recientemente por Jeremy Waldron con
ni por consecuencia del soberano cuyos actos revisten siempre el carácter argumentos que pueden ser traídos con provecho a este debate. Explica
de ley». De hecho, el ejercicio de la fuerza pública no le corresponde al Waldron que la autoridad del procedimiento democrático no deriva de la
pueblo en su conjunto, sino a un agente que reúne y emplea la fuerza «de superioridad epistémica de sus prestaciones -es decir, fundamentalmen-
acuerdo con la dirección de la voluntad general», un agente diferenciado te, de la pericia del legislador-, sino de la necesidad «de actuar en con-

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

junto sobre diversas cuestiones o de coordinar nuestro comportamiento tiene normas básicas de carácter sustantivo; la segunda, la que establece la
en determinados ámbitos» 59 • La legislación es necesaria cuando no existen determinación de los poderes, contiene normas de competencia, o mejor,
acuerdos unánimes sobre cómo actuar, esto es, cuando aparece un «des- la norma que obliga a dictar normas de competencia de un determi-
acuerdo persistente» acerca de cuál debe ser el curso de acción común. nado tipo. Ferrajoli recurre a una metáfora lingüística para expresar
En esos casos, es el procedimiento legislativo el que hace la diferencia, ya la complementaridad entre estos dos elementos diciendo que, en el mo-
que gracias a él podemos distinguir entre la deliberación y su resultado, delo del constitucionalismo plenamente desarrollado, el de las democra-
entre las distintas propuestas sometidas a debate y la voluntad pública- cias contemporáneas, la constitución determina tanto la semántica de las
mente reconocida como ley. Puede decirse entonces que la existencia de decisiones -los derechos-, como la sintaxis -los procedimientos, los
reglas que atribuyen en exclusiva fa «autoridad legislativa» se encuentra poderes- del juego democrático 63 . A partir de ahí, la separación de po-
justificada no a pesar de la fragmentación y la diversidad social, sino al deres experimenta una mutación significativa, pero retiene y explota, lle-
revés, precisamente en viriud de ellas. Porque no es razonable esperar vándolo hasta sus últimas consecuencias, el principio de la separación. En
que el desacuerdo pueda esfumarse de la noche a la maftana, no hay más el nuevo paradigma constitucional, las funciones que Rousseau llamaba
remedio que tomarse en serio las palabras de la ley, la voluntad expresa del «legislativas» pasan a ser calificadas como funciones «de gobierno» y que-
legislador. El respeto a la voluntad del legislador es racional incluso cuan- dan taxativamente subordinadas al respeto a la constitución. Por su parte,
do produce resultados sub-óptimos, desde el punto de vista epistémico, las funciones que para Rousseau eran «ejecutivas» conservan su carácter
pues nace del «reconocimiento de la necesidad de una solución común» tendencialmente cognitivo y se convierten en funciones «de garantía».
y expresa «el respeto hacia las condiciones de imparcialidad en las que se Con la metáfora anterior, el «cuerpo» mantiene su posición subordinada
ha alcanzado tal solución común por parte de personas que discrepaban respecto de la «mente», que ahora no se identifica ya con la voluntad de
acerca de cuál debía ser» 60 . las mayorías contingentes -en el fondo, tampoco en Rousseau era así-
No es esta la única estrategia para reintroducir en el debate contem- sino con lo prescrito en la constitución. Lo interesante en todo este asunto
poráneo una rígida diferenciación funcional. La distinción entre «funcio- es observar que el esquema modificado sigue pivotando sobre la estricta
nes de gobierno» y «funciones de garantía» desempeña un papel decisivo demarcación entre dos poderes y dos funciones distintas. El esguema del
en la reconstrucción del constitucionalismo democrático propuesta por nuevo estado constitucional de derecho no se sostiene sin la posibilidad
Luigi Ferrajoli en Principia iuris. Sería incluso la «regla de reconocimien- de conocer con certeza tanto los límites de la competencia de cada uno de
to básica» de la entera arquitectura institucional de la democracia. Así, los poderes -la sintaxis constitucional- como los contenidos básicos
desde el punto de vista procedimental, la democracia se define como «el de actuación de cada uno de ellos -la semántica constitucional-. Por
conjunto de las reglas que atribuyen al pueblo, o mejor, a la mayoría de hipótesis, la constitución es el documento que establece la frontera entre
sus miembros el poder para tomar decisiones, de forma directa o por lo decidible y lo no-decidihle, el límite categórico entre las cosas que cada
medio de representantes» 61 . Son reglas de competencia, que atribuyen uno de los distintos poderes puede hacer y no hacer, o no puede dejar de
poderes, y reglas de carácter sustantivo, que establecen límites y vínculos hacer o no hacer
materiales al ejercicio de los poderes. Unas y otras son imprescindibles. Si - Pero este es precisamente el problema: la precisión._ del límite. Mu-
no hubiera reglas de competencia, cualquier poder podría hacer cualquier cl~os de los factores de cambio que han ido saliendo al paso al desc.ribir
cosa; sin reglas sustantivas, sería imposible establecer la diferencia entre la ingobernabilidad de las democracias contemporáneas afectan direc-
usos legítimos del poder y mera arbitrariedad. Las reglas sustantivas del tamente a la premisa epistémica que sostiene la diferenciación de las
máximo rango son, obviamente, los derechos fundamentales. Las normas funciones constitucionales. Con la desagregación nacional y transna-
de competencia, por su parte, determinan el alcance de los poderes, em- cional de las competencias legislativas, la creciente complejidad técnica
pezando por aquellas que, en democracia, atribuyen a todos y cada uno de las tareas administrativas, la dispersión de las instancias de control,
de los ciudadanos el derecho a tomar parte en el proceso político62. etc., la frontera entre sintaxis y semántica del proceso político, entre
N o es difícil reconocer el paralelismo entre esta caracterización del legislación y aplicación del derecho se vuelve cada vez más confusa64 .
proceso democrático y la fórmula del ya recordado artículo 16 de la De- Ferrajoli es consciente de estas dificultades y, a la vez que desarrolla·
claración de 1789. Su primera parte, la que se refiere a los derechos, con- una teoría fuertemente cognitiva de la interpretación jurídica, no deja

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de reconocer que existe un margen de fisiológica discrecionalidad en campo de actuación de los poderes abiertos a la discrecionalidad -en-
el poder de determinación del derecho, un poder que el derecho de tre ellos, el de las mayorías y sus representantes- y el de los poderes]
un Estado de derecho puede y debe disciplinar, hasta encontrarse con taxativamente vinculados a la garantía de los contenidos básicos de la,
el límite de lo fisiológicamente posible. De este modo, sin embargo, s:onstitución, resulta difícilmente sostenible. La fron.t. er. a entr.e sintaxis,
acaba trasladando una pesada carga de responsabilidad sobre los in- y semántica constitucional se vuelve inestable y acaba situándose en el
térpretes y, por extensión, sobre el saber que legitima su actuación, la centro mismo. de la controversia política 66 •
ciencia del derecho, convertida en reflejo de la razón jurídica. En la Obsérvese que toda esta cuestión es decisiva desde el punto de vista
frontera más comprometida el constitucionalismo de Ferrajoli se aferra de la teoría democrática. De que haya o no haya certeza en la determi-
a sus postulados iniciales: el «aumento de la complejidad de la esfera nación del contenido de la constitución depende la posibilidad misma
pública requeriría -en lugar de procesos regresivos de verticalización, de mantener una distinción precisa entre legislación y ejecución, la~ dos
confusión y concentración de los poderes [... ]-un crecimiento para- funciones básicas que regulan la acción del cuerpo social. Cuando el ju-
lelo, dentro de un sistema racional y unitario, de la diferenciación y rista más riguroso no atina a convencer a los demás de que él conoce la
distribución de los poderes, con todos los problemas consiguientes de verdadera frontera entre legis-latio y iuris-dictio, el límite cierto en~re
eficiencia, funcionalidad y garantía» 65 • Pero, cabe preguntarse si el saber lo decidible y lo no-decidible, comienzan a resquebrajarse los equilibrios
experto de los juristas va a estar realmente en condiciones de absorber fundamentales de un mecanismo tan delicado como es el de la separa-
la increíble aceleración de los conflictos que afloran en las sociedades ción de poderes. Y, de hecho, esto es lo que suced~ en las innumerables
contemporáneas. En particular, ¿estamos seguros de que el progreso de situaciones en que las disputas sobre el significado de las _palabras de la
la ciencia jurídica conseguirá domesticar los cambios del entorno en el constitución se convierten en pretexto para el conflicto entre órganos
que opera? La sospecha es que esos problemas de «eficiencia, funcio- representativos, en el campo de batalla en el que se dirime la conquista
nalidad y garantía» que menciona Ferrajoli acaben pesando más que de espacios ele poder o de inmunidad. N o hay disputa semántica que no
el desarrollo paralelo de los recursos cognitivos necesarios para que el e~té cargada de implicaciones sobre la distribución de los poderes.
derecho pueda intervenir, de manera eficaz, en la resolución de los con- En suma, es lícito preguntarse si es posible todavía confiar en esa
-tlictos sociales. Las presiones desreguladoras, como hemos visto, están «ciencia de las constituciones» con la que soñaban los visionarios de 1789,
desbocadas y no se entiende de qué forma una ciencia jurídica renovada una ciencia que aspiraba a dominar la «mecánica» de la separación de
en sus métodos de trabajo podría frenarlas. y si esta es la tendenCia poderes para construir un mecanismo autorregulado que hiciera posi-
. '
_nos g~ste o no, habrá que preguntarse adónde acabará yendo a parar la ble la libertad del ciudadano. Esto no significa que debamos renunciar,
frgntera, que suponíamos «objetiva», entre los distintos poderes sociales de la noche a la mañana, al papel que cumple el derecho como límite del
<?' de nuevo con la metáfora deRousseau, entre la mente y el cuerpo-de poder, como herramienta que establece sus condiciones de uso. Significa,
una sociedad democrática. . simplemente, que hemos de poner en cuarentena la figura del hercúleo
¿Cuál. es el resultado de estas observaciones? La priJnera .cuestión a guardián del derecho, en cualquiera de sus versiones, la imagen del ~r­
retener es que no basta un sim le retorno al miro de la legislación racio- quitecto ilustrado que con su dominio de la geometría constitucional
nal para devolverle a claridad perdida a la distinción entre poderes que establece la diferencia (objetiva) entre lo opinable y lo no-opinable. Por
Jictan el derecho y poderes que lo aplican. En un marco normativo es- el contrario, la interpretación constitucional está inmersa en u~ -red
tratificado, caracterizado por la presencia éle múltiples instancias (cuasi) 9,e. prácticas que se nutre de la o inión la discusión del úblico. En
soberanas parcialmente solapadas, es previsible que la estructura de los e§te sentido, a ciencia de las constituciones será tanto más eficaz en su
poderes y las funciones alcance niveles de complejidad extremadamente esfuerzopor racionalizar la distribución y el equilibrio de poderes en la
elevados, obligando a reformular la pretensión misma de trazar una dis- m..edida en la que logre generar en torno a sus conclusiones el consens..?
tinción categórica entre el poder de legislar y el de ejecutar lo legislado. de una opinión pública informada. capaz de ponderar las razones en
El segundo comentario es de carácter metodológico, pero tiene impli- juego, contrastando la semántica del lenguaje legal ~on la ragmática de
caciones relevantes en el plano de la política del derecho. La confianza os intereses y neces1 a es. am ién ~n esto, en emocracia, el pú jco
de Ferrajoli en una ciencia jurídica capaz de delimitar con certeza el es quien tiene la última paTabra.

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

4. 7. Públicos fuertes, públicos débiles y determinación de los poderes mantener «SU filo crítico y su propósito político», estas dos primeras con-
diciones han de llegar a ser efectivas 69 • Y eso depende de la capacidad de
A lo largo de este capítulo he intentado mostrar de gué forma el declive la opinión pública para exigir a los poderes públicos que rindan cuentas y
de la separación de poderes trastoca el esquema básico de legitimación al se adecuen a la voluntad de la sociedad civil. En otras palabras, p~a que
que apelaba históricamente el constitucionalismo moderno. He tomado la voluntad de los públicos débiles llegue a ser eficaz debe cumplirse una
en consideración algunas alternativas contemporáneas a la síntesis institu- condición de traslación, según la cual «el poder comunicativo producido
cional contenida en el artículo 16 de la Declaración de 1789 y he apunta- ;n la sociedad civil debe traducirse primero en leyes vinculantes y lue-
do las razones por las que, a mi juicio, no es viable una simple interven- ~n poder administrativo», y una condición de capacidad, con arreglo
ción restauradora, en un intento por echar atrás las agujas del reloj. a la cual «el poder público debe ser capaz de implementar la voluntad
La alternativa a la creciente confusión de los poderes pasa, a mi en- formada discursivamente y ante la cual es responsahleJ 0 •
tender, por una reinvención del principio de la separación, de forma si- La hipótesis de fondo de este capítulo, como también del anterior.
milar a lo que se decía en el capítulo anterior sobre la representación 67• es que las reglas sobre representación y se aración de oderes han de ser
En la nueva perspectiva, la seearación y el equilibrio de los poderes no ca"nsi eradas como recursos indispensables para la institucionalización de
sería una mera condición procedimental de control, sino, además'deeso, la opinión y para el establecimiento de canales de comunicación estables
'é1 instrumento fundamental para la distribución del trabajo epistémico entre públicos débiles y públicos fuertes. El punto interesante, en la pers-
en el espacio público. Su finalidad sería la de establecer los cauces insti- pectiva de una concepción deliberativa de la democracia, está en observar
tucionales necesarios para poner en comunicación, de forma estable, el cómo la existencia de estos «Viejos» instrumentos si ue teniendo un a el
centro y la periferia del sistema político. Pero para gue un instrumento eterminante a la hora de promover la capacidad deliberativa de los ciu-
como este pueda funcionar adecuadamente, conforme a lo dicho en estas dadanos. Esas instituciones son las que ponen a los ciudadanos en condi-
últimas páginas, es preciso recuperar la versión más estricta de la s.epa- ciones de deliberar. Por el contrario, en ausencia de reglas, la deliberación
ración, a uella según la cual los oderes han de estar «determinados». no despega. Es irreal imaginar que los ciudadanos se pongan a deliberar
Para opinar con conocimiento de causa, el púb ico necesita saber con «por las buenas», «por amor del argumento», sobre los principios univer-
certeza quién, cómo y cuándo decide sobre qué cosa..s. - sales de justicia. La mayor parte de ellos solo lo harán apremiados por la
Para aclarar este último punto, puede ser útil echar mano de la co- decisión, sobre la base de argumentos a los que han tenido acceso a través
nocida distinción, elaborada por Nancy Fraser y Jürgen Habermas, entre (de alguna de las muy diversas instancias) del sistema representativo y en
públicos débiles y públicos fuertes. Se dicen débiles los públicos «cuya las ocasiones que proporciona el sistema de reglas sobre la distribución
práctica deliberativa consiste exclusivamente en la formación de la opi- de poderes y responsabilidades. En este sentido, como se decía en las
nión y no cubre la toma de decisiones». Por el contrario, se consideran páginas iniciales, la calidad de la representación y de la separación de
fuertes los públicos formados en torno a estructuras políticas de tipo poderes es un factor clave para evaluar la calidad discursiva del proceso
parlamentario, donde la deliberación pública «culmina en decisiones democrático. Para tener una buena democracia no basta con asegurar
!egalmente obligatorias» 68 • La razón para institucionalizar los distintos la~ garantías-de libertad y los derechos sociales, ni es suficiente multiplicar
públicos estriba en la necesidad de garantizar tanto la legitimidad d(dos el número de yeces que el ciudadano es llamado a las urnas, ni se puede
procesos de formación de la opinión como su eficacia pólídc·a: Uíi siste- furtodo a la educación y a la virtud: son necesarias, además, reglas de re-
n].a democrático será tanto más legítimo cuanta mayor sea su c~d presentación y distribución de poderes ue dibu'en un marco comunicati-
para asegurar una condición de inclusividad. ele maíiera que toda persona vo a ecuado para los procesos de formación de la opinión y la voluntad.
qlletenga un interés legítimo pueda estar representada en el proceso de Pero aquí no acaba la historia. Al final del recorrido, cabe preguntar
decisión, y una condición de paridad, según la cual· todos los interlocu- si la recuperación de las condiciones institucionales de la participación
tores tengan las mismas oportunidades a la hora de plantear· sus puntos política es un remedio suficiente para dar respuesta a la progresiva des-
de vista, introducir temas en la a enda, cuestionar los sú. uestos táéitos o legitimación que expenmentan las democracias de ba·a o mu ba·a in-
exp ícitos e os demás y ser escuchados. Pero este aspecto de la Tegitíll1i- tensidad. ¿Es suficiente esta lecer un marco jnstjtncional correcto para
dad, por sí solo, no basta. Para que una esfera púnlica democrafica pueda que la deliberación pueda comenzar?

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚBLICA

Buena parte de lo dicho hasta aquí sobre la presencia del factor de- 8. La referencia clásica en este punto es a Polanyi, 1989.
liberativo en el proceso democrático deriva de una intuición plausible, 9. La ejemplificación típica del derecho de un Estado democrático de derecho se
encuentra en la teoría pura del derecho elaborada por Kelsen a mediados del siglo pasado.
pero que merece la pena explorar con más detenimiento. Hemos dado Una clara reformulación democrática del principio de legalidad aparece en Díaz, 1966.
por suppesto que la institucionalización del debate público favorece la 10. Esta secuencia ha quedado radicalmente trastocada por el fenómeno del «des-
é$lidad argumentativa de las demandas y multiplica las posi~ilidades de bordamiento de las fuentes del derecho>>, esto es, por la multiplicación de los órganos de
control sobre .los asuntos públicos.· Una idea plausible, c9mo digo, per~ producción normativa y la progresiva devaluación del sentido literal de las normas. Como
<lu"e~ no podemos dar por descontada. Todo depend~, en efecto, de que ha quedado demostrado en la teoría del derecho contemporánea, de las más dispares ten-
dencias y orientaciones ideológicas, el orden jurídico ha acabado perdiendo los rasgos de
los. canales existentes de discusión favorezcan, o al menos no distorsionen. unidad, coherencia y plenitud, y se ha transformado en una estructura reticular, caracteri-
ulteriormente, el debate público, filtrando las dinámicas de manipulación zada por la prevalencia de relaciones horizontales, policéntricas, plurales, por la interven-
y silenciamiento en la elaboración de las razones y los intereses. Cabe pre- ción de autoridades y normas que no se integran en un cuerpo sistemático, jerárquicamente
guntarse, en definitiva, bajo qué condiciones es lícito su oner ue, guiad~ ordenado, y tienen, por el contrario, ámbitos de aplicación potencialmente conflictivos.
11. Cf. Weber, 1964, ap. VII. S.
por la fuerza del mejor argumento, e e ate público se encamine hacia el
12. Cf. Habermas, 1998a, ap. 2.3.
d;scubrimiento de las «mejores» respuestas, aquellas que reflejan la «me- 13. Revelli, 2008, 58 ss. En relación con estas tesis de Revelli, una invitación a no
jor» interpretación del .interés general. En el pr?ximo capítulo intenta- quedar atrapados en la dialéctica negativa de la modernidad, se encuentra en Vitale, 2007.
ré. explorar las raíces, pero tambiép los límites, de esta últii11a hipótesis. 14. Held y McGrew, 2002.
Quisiera mostrar que las instituciones a través de las cuales se canaliza el 15. Prats, 2005, 149. Véase un panorama de las teorías de la nueva gobernanza en
Ferrarese, 2010 y en Bevir, 2010.
i~tercambio comunicativo son valiosas, pero no tanto por sus virtudes 16. Vallespín, 2000, 130 ss.
epistémicas como por el hecho de gue son el mejor remedio para prote~_ 17. Held, 2005' 111 SS.
g¡;rnos de nuestros propios errores. 18. Ibid., 140, 146.
19. Rosenau y Czempiel, 1992.
20. Se dirá que un planteamiento como este no tiene por qué suponer alguna forma
NOTAS de orden natural o de armonía preestablecida. No obstante, para que la alternativa a la
constitucionalización del principio de separación de los poderes resulte creíble es impres-
1. Cf. Guastini, 1998. cindible postular una disposición cooperativa suficientemente fuerte por parte de _¿to-
2. En su forma pura, la perfecta separación de poderes no se ha cumplido nunca. No dos?- los agentes, de tal forma que la competencia no degenere, en contra de lo que pensó
obstante, es posible caracterizar la evolución de las formas institucionales de la democracia Hobbes, en el bellum omnium contra omnes. Hay que suponer que los actores «no viven
moderna atendiendo a sus distintas aplicaciones y mutaciones. Sobre el nexo entre separa- en una situación permanente y generalizada de conflicto a suma cero. Al contrario, mues-
ción de poderes y las distintas variantes históricas del constitucionalismo democrático, véase, tran una tendencia, incluso en clave fuertemente selectiva, y en el contexto de imponentes
en la extensísima bibliografía, Matteucci, 1998; Vile, 1998; Dippel, 2009. Véase también asimetrías de poder y de recursos a adaptarse y cooperar con los demás actores en busca de
Ackerman, 2000. ventajas recíprocas>> (Zolo, 2000, 128); véase además, Zolo, 1996, 153 ss.
3. No es el caso aquí de recorrer los distintos momentos en la génesis de este ideal, 21. Cf. Goldstein, Kahler, Keohane y Slaughter, 2001.
fruto de la trabajosa combinación de exigencias liberales y exigenCias democráticas. Tomo 22. Cf. Joerges, 2004. Véase una panorámica de estas transformaciones en Barbe-
la expresión <<COnstitucionalismo deniócrátiCO>> com() sinónimo de <<democracia liberal>> ris, 2008.
y, con cierta licencia, de «democracia moderna>>, Véase una reconstrucción teórica de los 23. Cassese, 2009, 23.
clistintos componentes y las tensiones del constitucionalismo democrático en Salazar, 2006 24. «En el espacio jurídico ultraestatal, los entes supranacionales y los organismos
y en Ferrajoli, 2011a, en particular cap. XII. Sobre la génesis histórica de ese p_?radigma, globales no disponen de actos solemnes (constituciones), orientados a regular las relacio-
Fioravanti, 1996. Véase un interesante y lejano análisis de las tensiones y contradicciones nes con los demás ordenamientos. Por otra parte, en el espacio jurídico global no hay un
de éste punto cruci~tl de la Declaración de 1789 en Duguit, 1996. tejido conectivo capaz de establecer el área de competencia de cada ente u organismo, ni
- 4. Véase una genealogía de esta dicotomía en Bobbio, 1985a. una precisa jerarquía entre ellos, ni vínculos precisos, ni por último un sistema de resolu-
5. Cf. Bobbio, 1985b, 136. ción capaz de solventar sus lagunas>> (Cassese, 2009, 135).
6. Crozier, Huntington.y Watanuki, 1975, 2. Un panorama del tipo de cuestiones 25. Trubek y Trubek, 2005, 364. El caso paradigmático, en el ámbito de la Unión
que estaban en juego en aquellos años, y en las décadas siguientes, se encuentra en Arbós Europea, es el llamado open method of coordination.
y Gi~er, 1993 y también en Alcántara, 1994. La hipütesis que se defiende en el texto es 26. Günther Teubner ha explorado las posibilidades de esta nueva configuración del
que aquel contexto ha ido quedándo, al menos en parte, superado. constitucionalismo, tan distinta de la que proviene de la ilustración. El nuevo proceso de
7. Crozier, Ht1ritii1gton y Watanuki, 1975, 8. juridificación no abarca todos los ámbitos sociales, sino que «se genera, por incremento,

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en la constitucionalización de una multiplicidad de subsistemas autónomos de la sociedad no sean las mismas en los distintos casos. Podemos hablar de conflictos horizontales en los
mundial». El análisis de Teubner pone en evidencia un conjunto de «procesos evolutivos que se produce la yuxtaposición de espacios de decisión distintos, como es el caso de dos
subyacentes de larga duración, en los cuales [... ] van desarrollándose normas constitucio- legisladores distintos que compitan entre sí por cuestiones que tienen un carácter -por así
nales a modo de incremento, permaneciendo engarzadas en el conjunto de las normas jurí- decir- fronterizo. Así, por ejemplo, en el plano internacional la soberanía de una comuni-
dicas». La sociedad global que surge de estos procesos es una sociedad sin cúspide, donde dad política puede chocar con el igual derecho de otra comunidad, y no hay en principio
«a la diferenciación en una multiplicidad de sistemas jurídicos nacionales se superpone la una que tenga mayor legitimidad de origen que otra. En una poliarquía deliberativa cabe
diferenciación en regímenes jurídicos no definidos territorialmente sino sectorialmente>>. No suponer que lo mismo sucedería a cualquier otra escala, si faltan reglas que delimiten los
cabe esperar <<una integración de las constituciones civiles parciales por una constitución distintos ámbitos espaciales o competenciales de decisión. Podemos hablar también, en
política de conjunto, pero sí puede afirmarse que en la colisión de diversas constituciones segundo lugar, de conflictos verticales, en los que existen competencias concurrentes de
parciales se generarán colisiones en red de las constituciones>>. Solo en la red es posible distintas autoridades, ninguna de las cuales es, en principio, más o menos democrática que
encontrar pautas efectivas de estabilizació~ normativa, mecanismos de autorregulación sis- la otra. Y podríamos distinguir todavía un tercer tipo de conflictos, los conflictos transver-
témica (2005, 75, 93, 111). sales, que tienen que ver con los efectos externos de las decisiones tomadas sobre sujetos
27. Cf. Sassen, 2010, 253 ss. o intereses no representados en el proceso de formación de la decisión. Todos estos casos,
28. Este tipo de análisis encuentra una acogida particularmente favorable en el terreno y quizá otros más, deberían estar contemplados en un sistema de poliarquía deliberativa,
sin recurrir -esta era, recuérdese, la hipótesis- a formas de autoridad soberana. En un
de las relaciones internacionales. Escribe A.-M. Slaughter: <<En un mundo de mercados glo-
mundo en que las estructuras políticas y sociales están cada vez más interconectadas,
bales, transportes globales y redes de información globales, de armas de destrucción masiva y
la aparición de conflictos, de toda clase de conflictos, no es la excepción sino la regla, y la
amenazas de catástrofes medioambientales de magnitud global, los gobiernos tienen que tener
posibilidad de deslindar las distintas esferas de decisión con criterios puramente procedí-
un alcance global. En un mundo en el que su capacidad para emplear su poder [hard power] es
mentales, sin entrar en el objeto de la disputa, es poco menos que una quimera.
con frecuencia limitada, los gobiernos tienen que saber hacer uso de su capacidad de influen-
3 7. En la inabarcable literatura me limito a indicar Poiares Maduro, 2003 y Walker,
cia [soft power]: los poderes de persuasión e información. De forma similar, en un mundo 2003.
en el que buena parte de los obstáculos para una regulación global efectiva dependen sim- 38. Joerges y Neyer, 1997.
plemente de la incapacidad de muchos países en desarrollo para traducir las reglas del papel 39. Joerges, 2007 y 2008.
a los comportamientos reales, los gobiernos deben ser capaces no solo de negociar tratados 40. El punto clave, desde la perspectiva de la distribución de poderes, y la recíproca
sino también de crear la capacidad para cumplirlos>> (2004, 14). Véase, además, Nye, 2011. limitación, diríamos evocando la tradición, está en la autonomía e interdependencia jurídi-
29. Cf. al respecto Laporta, 2007, cap. XI. ca y organizativa de las distintas agencias, o en otras palabras, en la ausencia de un poder
30. Véase este argumento en Vitale, 2008. supremo. En un segundo ámbito, asistimos al desarrollo de estructuras institucionales para
31. La cuestión ha sido explorada en todas sus posibles vertientes a partir de los años la implementación de principios generales compartidos, cuando la especificación de tales
ochenta. En relación con la teoría democrática son particularmente significativos Kea- principios, bien sea por vía legislativa o por vía administrativa, requiere el empleo de cono-
ne, 1992 y Hirst, 2002a y 2002b. cimiento experto. En el caso, de nuevo, de la Unión Europea las dificultades encontradas
32. Todo intento por recuperar la referencia a una voluntad política unificada, en en el diseño de políticas comunes ha llevado a introducir una enorme maquinaria organi-
condiciones de pluralismo radical, no solo tendría «consecuencias antidemocráticas», sino zativa, cuyo ejemplo paradigmático se encuentra en el sistema de la (llamada) comitología.
que además estaría abocado al fracaso. Traería, desde el punto de vista cognitivo, una 41. Véase al respecto, entre otros, Scharpf, 2000, 21 ss.
«pérdida de racionalidad» (Bohman, 2007, 77). 42. Cf. Vibert, 2007.
33. Bohman, 2007, 84 ss. 43. No se trata de poner en duda, como es obvio, la superioridad epistémica de las
34. Cf. Bayón, 2008. deliberaciones y las decisiones que se producen en los foros especializados. Ni tampoco
35. El problema en torno al que gira la propuesta de Cohen y Sabe! es, en última las buenas intenciones que animan su creación y administración. Es perfectamente razo-
instancia, la cuestión de la gestión de los recursos informativos necesarios para asegurar nable pensar que hay lugares en los que se delibera bastante mejor que en la calle, bien
la calidad del proceso político. Se trata de saber quién tiene la información relevante, y por la disposición cooperativa de los participantes, bien por su cualificación técnica. Me
cómo y dónde hay que procesar esa información para que la deliberación lleve a la solu- limito a observar que el abandono del principio de la determinación constitucional de
ción correcta, la que mejor responde a los problemas de coordinación social. La apuesta los poderes es probable que lleve, tarde o temprano, a una dramática degradación -o
de los pluralistas consiste en afirmar que solo la proliferación de foros de deliberación bloqueo- de los canales de comunicación que permitían al público en general acceder a
puede resolver -democráticamente- el déficit informacional que ha llevado al colapso a los lugares en que se ventilan las cuestiones que son de su interés. No quiero dar la im-
las viejas democracias representativas. Solo la participación directa garantiza la inclusión presión, ni mucho menos, de que todo tiempo pasado fue mejor, pues, históricamente, el
de los diferentes puntos de vista, promueve las actitudes cooperativas y desincentiva las objetivo del desvelamiento del poder oculto ha sido una de las promesas más gravemente
actitudes estratégicas, refuerza los compromisos mutuos de sinceridad y confianza, de tal desatendidas de la democracia.
forma que el campo de los desacuerdos irreconciliables se reduce y el consenso se convier- 44. Véase un estudio comparado en Trenz, Menéndez y Losada, 2008.
te en una perspectiva cada vez más probable; cf. Cohen y Sabel, 1997, 326. 45. Una descripción de la sin1ación europea se encuentra por ejemplo en Cur-
tin, 2009 o en Craig, 2011.
· 36. Para abordar esta cuestión sería necesario elaborar enseguida una tipología de los
conflictos, pues es probable que el balance de las distintas legitimidades que entran en juego 46. En la inabarcable bibliografía me limito a señalar Grimm, 2006.
47. Guastini, 2003, 50 ss.; cf. también Pozzolo, 2001.

130 131
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO SEPARACIÓN DE PODERES Y OPINIÓN PÚ-BLICA

48. Sobre estas cuestiones, en perspectiva comparada, Carolan, 2009. 61. Ferrajoli, 2011a, 11, 9.
49. Una sociedad puede ser calificada como «democrática» cuando es gobernada 62. Ibid., 11, 14 ss.; y ap. Xlll.10; XIV. l.
conforme a <<Un conjunto coherente de principios políticos cuyo beneficios se extienden 63. Ibid., ll, 96-97.
a todos los ciudadanos>> y que el legislativo no tiene <<el poder de anular o de incumplir» 64. Ferrajoli da muestras de una confianza casi inquebrantable en el saber-poder de
(Dworkin, 2007, 23). los jueces y teóricos del derecho, en su capacidad de determinar la frontera que separa
50. En democracia, explica Carlos S. Nino, el procedimiento no es superfluo. Cuen- la producción de la aplicación del derecho, el ámbito de lo decidible -donde se ejercen la
ta la corrección moral de las decisiones, pero también el método para llegar a ellas. En funciones de gobierno- y el ámbito de lo no-decidible -que corresponde a las funciones
este sentido la estructura constitucional de una sociedad democrática reúne dos elementos de garantía y está sometido al más estricto principio de legalidad-. Por más que entenda-
distintos: d~ un lado, la constitución ideal de los derechos, los contenidos sustantivos de mos el lenguaje del derecho como lenguaje artificial, construido sobre la base de un con-
justicia; y, de otro, la constitución ideal de los poderes, de las autoridades legales encargadas junto de estipulaciones básicas y el desarrollo lógico de todas sus consecuencias, es obvio
de especificar su contenido, donde juega un papel fundamental la atribución de derechos de que el derecho solo es eficaz si es capaz de funcionar como instrumento de control social,
participación política a todos los ciudadanos y el establecimiento de un sistema de repre- esto es, si esas estipulaciones básicas de las que depende la semántica del lenguaje legal
sentación política; cf. Nino, 2001. engranan con la realidad de los intereses y necesidades sociales. En este sentido, cabe ob-
51. Atenuando el énfasis del primer Dworkin en el carácter contramayoritario del servar que en Principia iuris, a diferencia de otros trabajos anteriores, Ferrajoli insiste en la
constitucionalismo, por esta y por otras vías, se ha llegado a la convergencia de enfoques importancia de la dimensión pragmática del lenguaje legal. Hay, por así decir, un trasfondo
teóricos y políticos relativamente alejados en torno a un núcleo común que puede ser ca- de <<sentido común>> del que depende la función performativa de esas entidades lingüísticas
lificado de <<constitucionalismo débil». Sobre ello, cf. Bayón, 2003 y 2004; cf., de nuevo, que son, en última instancia, los principios y derechos establecidos en una constitución,
Salazar, 2006. que <<funcionan como normas si y solo si su sentido es generalmente compartido y tomado
52. Esto queda claro en numerosos pasajes de Dworkin, por ejemplo cuando afirma en serio por sus titulares y por sus destinatarios>>; cf. Ferrajoli, 201la, 1, 52 ss.
que los ciudadanos tienen <<un derecho básico a procedimientos ampliamente democrá- 65. Ferrajoli, 2011a, 11, 191-192; las cursivas son mías.
ticos>>, pero eso no significa que posean <<un derecho básico a cualquier forma particular 66. Y si esto sucede, cabría añadir, no es tanto porque los juristas hayan querido ab-
de democracia y, por tanto, ningún derecho básico a que las instituciones democráticas si- dicar de su función, y de su responsabilidad, sino más bien porque las convenciones cons-
gan un determinado diseño o tengan jurisdicción específica alguna>> (Dworkin, 2007, 278). titutivas sobre las que reposa la semántica del lenguaje legal ya no están, si es que alguna
Convendrá el lector que de aquí se desprende una implícita renuncia al marco constitu- vez estuvieron, enteramente en sus manos. El saber dogmático de los juristas sale de su
cional imaginado por los revolucionarios del 89. espléndido aislamiento y queda sometido a la constante verificación e impugnación por
53. No me paro a distinguir aquí, como quizá sería necesario, entre las distintas re- parte de una constelación de públicos más o menos extensos. En el nivel de la semántica
construcciones teóricas del derecho como práctica argumentativa. Junto a la versión herme- legal, la producción de significados está indisolublemente conectada con los procesos de
néutica-pragmática que encontramos en Dworkin, existe al menos una versión aristotélica- formación de la opinión.
pragmática (cf., p. ej., Atienza, 2004) y una versión dialógica (cf. Alexy, 1989). 67. Desde este punto de vista, las reglas que determinan los poderes son afines, y
54. Celano, 2009, 287. complementarias, a las reglas que establecen el marco de la representación política. Am-
55. Mi argumento es análogo al que desarrollan los teóricos de la opinión pública bas son reglas básicas de funcionamiento del juego político, pero son también los criterios
cuando consideran el código gobierno/oposición como un criterio fundamental para la procedimentales que marcan el ritmo del debate público. Sin ellas, no sería posible identi-
agregación del consenso. ficar las voces relevantes en cada uno de los múltiples ámbitos de decisión que intervienen
56. Tomo esta expresión de Vitale, 2010. en el proceso de formación de la opinión y la voluntad democrática.
57. Habermas, 1998a, ap. 4.3.1. 68. Fraser, 1991, 129-131. La relación entre estos dos públicos no es constante y
58. La reivindicación del principio de la separación -y más precisamente la determi- depende de cómo juegue, en cada caso particular, el factor difuso de la «influencia>>. En
nación- no tiene por qué estancarse en la recuperación de la clásica tripartición de las fun- general, cabe suponer que cuando la autoridad de los públicos débiles es mayor, el margen
ciones constitucionales. Hay multitud de circunstancias que hacen inaplicable la distinción de discrecionalidad en los públicos fuertes disminuye; cuando aumenta la autoridad de
montesquiviana: el crecimiento masivo de la burocracia desde la segunda mitad del siglo XIX, los públicos fuertes, se puede suponer que la influencia de los públicos débiles tiende a
la progresiva juridificación del control administrativo, la transformación de las estructuras diluirse. En principio, la proliferación y diversificación de los públicos fuertes puede ser
políticas de la democracia parlamentaria, la constitucionalización del ordenamiento y la interpretada como un reforzamiento de la dimensión participativa de la democracia. Al
aparición de mecanismos sofisticados de control de constitucionalidad, así como otros fac- mismo tiempo, sin embargo, la mayor capacidad de elaboración crítica de conflictos, in-
tores no menos relevantes, han hecho que la vieja distinción entre legislativo, ejecutivo y tereses y necesidades por parte de los públicos débiles incrementa la capacidad de control
judicial se convirtiera en poco más que un elemento decorativo, y seguramente anómalo, en público, y por tanto la calidad de los procesos de formación de la voluntad política en el
la dinámica de sistemas políticos como los nuestros. Ello no implica, sin embargo, y este es seno de las instancias organizadas de decisión democrática. En relación con esto, véase
el sentido de mi argumento, que la democracia pueda subsistir en un entorno en el que los Habermas, 1998a, ap. 7.2.
poderes quedan sistemáticamente confusos. 69. Fraser, 2008, 175.
59. Waldron, 2005, 14. 70. Ibid., 180.
60. Ibid., 104.

132 133
5

OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

5 .l. Democracia y progreso

La inquietud de las primeras páginas de este ensayo al presentar las in-


ciertas perspectivas del proceso de democ~atizacíón ha ido atenuándose.
De hecho, los dos últimos capítulos concluían con una propuesta que
debería servir precisamente para contener las tendencias degenerativas a
las que están expuestas nuestras democracias. Con una ·conocida im~~gen
de Habermas, que sobrevuela gran parte de lo dicho hasta aquí, J.~-!.sis
es que los dos principios básicos de organización institucionaJ hereda-
dos de la tradición del constitucionalismo democrático deberían séguir
siendo considerados como Criterios orientativos indispensables para el
diseño del sistema de canales' y esclusas por los que· cjrcúlan los flujos
comunicativos de una sociedad democrática 1• Pero el argumento está
todavía incompleto. Para que el conjunto de prótesis institucionales para
la formación de la opinión y la voluntad pueda producir los resultados
que se esperan de el es necesario contar con ciudadanos mínimamente
comprometidos con la formación de una esfera ública democrática.
Cabe re untarse, entonces, ué con iciones han de darse para que los
ciu adanos se comprometan con este proyecto y aspiren a formarse un
juicio propio sobre las materias políticamente relevantes, convirtiendo
Tas oportunidades de artici ación en ocasiones de autodeterminaci6iL
Lo que queda por delante es indagar si, y cómo, es posible ograr el
desarrollo de una esfera pública como aquella que sería necesaria para
promover la ulterior democratización de nuestras imperfectas democra-
cias. En tiempos lejanos, los de Rousseau y Stuart Mill, Tocqueville y
Dewey, esta perspectiva se asociaba a una concepción normativa de la
opinión pública, que apelaba a una noción igualmente normativa de pu-

135
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

blicidad. No solo. La realización de este ideal implicaba una promesa de los individuos y las naciones permanecen inescrutables, pero «no hay otra
educación democrática 2 • Cansados de esperar que la promesa se cumpla, salida que tratar de descubrir en este curso contradictorio de las cosas hu-
hemos empezado a dar crédito a una serie de indicios que apuntan a manas alguna intención de la Naturaleza»5 • Los filósofos, aun sabiendo que
que algo no marcha según las previsiones. La tendencia a la progresiva la solución perfecta al desafío planteado no está al alcance de nadie, porque
consolidación de una cultura cívica democrática, en lugar de reforzarse, «con una madera tan torcida como es el hombre no se puede conseguir
declina y no solo, como se advertía desde el comienzo, en aquellos ~­ nada completamente derecho», pueden cultivar razonablemente la creen-
gares en los ue la democracia es atacada or sus enemigos, sino incluso cia de que es posible aproximarse a ella. No existe una ciencia exacta del
onde aparentemente se dan las mejores condiciones para su desarrollo. progreso humano, no existen leyes matemáticas que marquen el camino
Las consecuencias de esta evolución son devastadoras. De entrada, un de la libertad, porque « [su] órbita parece exigir tan largo tiempo antes de
camino de restauración institucional como el que se plantea en estas cerrarse que, basándonos en la pequeña parte recorrida hasta ahora por la
páginas queda inmediatamente desmentido. Sin voluntad política gue lo humanidad en esta dirección, nos parece tan difícil determinar la forma de
respalde, sena mviable 3 • La siguiente pregunta es perfectamente obvia: la trayectoria y la relación de la parte con el todo, como si intentáramos
¿qué condiciones han de darse para que aparezca esa voluntad de rege- trazar el curso que el sol lleva con todo su ejército de satélites dentro del
neración democrática? e lenemos razones para pensar que el público gran sistema de estrellas fijas basándonos en las observaciones celestes que
reclamará los instrumentos necesarios para que el proceso de democra- podemos realizar en un día» 6 ; pero que todas las soluciones que alcanza-
tización no se detenga o no retroceda? mos a conocer sean soluciones parciales, meras tentativas, no nos autoriza
La evidencia juega en nuestra contra, hasta el punto de que quizá no a abandonar definitivamente el proyecto. Nuestro deber es perseverar.
sea exagerado afirmar que las de craCias act 1 más las menos Que no hayamos conseguido hasta la fecha resolver el enigma de la liber-
avanzadas, an que ado atrapadas en el círculo perverso de la deseduc'l- tad futura, no implica que no tenga solución. La cuestión, para nosotros, es
ción democrática. El proceso degenerativo -explica Michelangelo Bo- saber si hay margen para seguir confiando en la bella expectativa kantiana.
vero-
~
se desarrolla en dos fases distintas, fatalmente ~omplementari;S'. Considerando la clamorosa pérdida de calidad discursiva de las actuales
Asistimos, de un lado, a la erosión de la regularidad de los procedimien- democracias mediáticas y desintegradas, ¿hemos de empezar a pensar que
t<;>s, que cada vez están más lejos de proporcionar garantías efectiva_s ~e se ha producido una vuelta de tuerca inesperada en el proyecto democráti-
igualdad política. De otro lado, nos enfrentamos-~ una _acelerada degra- co y que nos obliga a abandonar toda esperanza?
cjación de la cultura política democrática. El círculo s.e Cierra en el mo- La democracia tendrá un futuro · esta
II)ento en el gue el número de los ciudadanos mal-educados supera al de por e a. De esto no hay duda. En su núcleo más irreductible, esa apues-
los ciudadanos educados. !;,s razonable suponer que las mayorías desedu- ta implica el reconocimiento mutuo de una condición básica de igualdad
_cadas ªcapará11 votand~_ ~~:mt~a sus intereses, eligié!n4o a los gobernante~ entre todos los ciudadanos. agualdad en qué? Con todos los matices
peores, los más hábiles e_n fomentar, en beneficio propio, la deseducación que se quieran poner, en el derecho a tomar parte en la formación de
sistemática del público. Si esto es así, y parece que algo, o IT1UCho, de esto la voluntad colectiva7• Por supuesto, a nadie se le escapa que no todos
hay en ~uestro entorno, el pronóstico sobre el progreso de la democracia los ciudadanos tienen la misma capacidad para valorar ni sus propios
~ae por su propio peso4 • Porque,si no hay visos de que puedªsurgir una intereses ni el interés general, pero se supone gue todos pueden ll~r
esfera pública siqtiiera remotamente parecida a la que supone el ideaf d.e ;tenerla. Sin esta atribución de competencia discursiva, el sujeto pierde
1~ publicidad, ¿adónd~ acudir para recabar las ene-rgías necesarias para el rasgo gue le caracteriza como miembro de una sociedad de_mocráti'2b
restablecer él círculo ·virtuoso ~ntre democracia y progreso? y se convierte en esclavo.
- La esperanz~ racional en la progr~siva ilustración del género humano, No es difícil situar los orígenes de esta construcción en la historia del
decía Kant enfrentándose antes que nosotros a cuestiones similares, tiene pensamiento político. En la Oración fúnebre de Pericles se dice gue entre
su base en el conocimiento de la historia. Lo que «en los sujetos singulares los rasgos del carácter que hacen grande y memorable una ciudad está el
se presenta confuso e irregular, considerado en el conjunto de la especie, red roco reconocimiento de igualdad en el obrar y en el decir. Los ate-
puede ser conocido como un desarrollo continuo, aunque lento, de sus nienses enten ían a Iscusión no como un obstáculo en el camino de la
disposiciones originales». Es verdad que las leyes que guían el destino de acción política, sino al revés, como oportunidad de aprendizaje colectivo.

136 137
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN. EDUCACIÓN Y VERDAD

«Somos nosotros mismos [los ciudadanos de Atenas] los que deliberamos de juicio el tipo de igualdad que de hecho existe entre los ciudadanos. Su
y decidimos conforme a derecho sobre la cosa pública, pues no creemos propósito es poner contra las cuerdas el escepticismo del sofista y, en par-
que lo que perjudica a la acción sea el debate, sino precisamente el no ticular, la tesis según la cual lo que nos hace iguales a todos los seres hu-
dejarse instruir por la discusión antes de llevar a cabo lo que hay que manos es la ausencia de conocimiento, el hecho de ser todos por igual la
hacer» 8 • Este mismo tema es tratado en un pasaje decisivo del Protágoras medida de todas las cosas. Para ello, Sócrates reivindica la objetividad del
platónico. El sofista recurre al mito para explicar cómo aparece la igual- conocimiento en el ámbito de la política, un arte sin el cual el objetivo de
dad en el dominio político. Cuenta que los dioses, cuando llegó el tiempo la convivencia pacífica resulta inalcanzable. La base sobre la que se sostie-
destinado al nacimiento de las razas mortales, ordenaron a Prometeo y a ne el reconocimiento público de la igualdad no está en la variabilidad de
Epimeteo que repartieran entre las distintas especies las cualidades nece- las opiniones, en la ausencia de conocimiento cierto, sino en la métrica
sarias para la supervivencia. A Epimeteo le fue encomendado el reparto, de.lo agradable y lo desagradable, de lo cercano y lo lejano, de lo mayo-r y
mientras que Prometeo supervisaría el trabajo de su hermano. A unos ani- lo ·menor. Ese conocimiento es el que hace que el alma se mantenga sere-
males les fue concedida la fuerza, a otros la velocidad, a otros las carac- na, «permaneciendo en la verdad» y poniendo «a salvo nuestra existencia»
terísticas físicas que les permitirían resguardarse de las inclemencias del (356e/357b). Y es además una ciencia -aquí Sócrates recupera la ense-
clima o tener una descendencia numerosa. Al llegar a los seres humanos, ñanza del sofista- que puede ser enseñada y aprendida, como cualquier
Epimeteo se dio cuenta de que había agotado la reserva de las dotes que otra ciencia, precisamente porque se trata de una forma de conocimiento
tenía para repartir. Preocupado por el triste destino que le aguardaba a objetivo. En suma, es el conocimiento cierto el que nos pone en la senda
la especie humana, desprovista de toda cualidad sobresaliente, interviene de la igualdad, atendiendo a la prudente recomendación de los dioses.
Prometeo que les roba a Hefesto y a Atenea la técnica para manejar el La duda, a día de hoy, es si podemos seguir diciendo lo mismo no-
fuego. Desde entonces, los humanos pudieron procurarse lo necesario sotros, los contemporáneos, los últimos herederos del proyecto de «ilus-
para la supervivencia, pero no por ello su vida dejó de ser insegura y llena tración universal» 9 • ¿Está a ~uest~() akance_ manrener esa confianza que
de peligros. Para defenderse de las fieras intentaban reunirse. Cuando lo tánto Sócrates como Protágoras tenían en la educabilidad del hombre
hacían, sin embargo, ocurría que: democrático? Ningún demócrata es tan ingenuo para creer que la igual-
dad política sea algo más que un postulado. Un objetivo difícilmente al-
... se atacaban unos a otros, al no poseer la ciencia política; de modo que
c~nzable, pero no obstante irrenunciable para todas aquellas personas
de nuevo se dispersaban y perecían. Zeus, entonces, temió que pereciera toda
nuestra raza, y envió a Hermes que trajera a los hombres eLsentido moral y la que quieran seguir siendo, en algún sentido comprensible de la palabra,
justicia para que hubiera orden en las ciudades y ligaduras. acordes de arnist"!4: «demócratas». En relación con este aspecto de la igualdad, la hipótesi§
Le preguntó entonces Hermes a Zeus de qué modo daría el sentido moral y la de las próximas páginas es ue en un mundo como el estro la ca-
justicia a los hombres: «¿Las reparto como están repartidos los conocimien- pacida e juicio de los ciudadanos, que Amartya Sen describe comof
tos? Están repartidos así: uno solo que domine la medicina vale para muchos «~apacidad de elección responsable» 10 , es frágil e inestable, y solo llega
particulares, y lo mismo los otros profesionales. ¿También ahora la justicia y el a hacerse realidad para un número elevado de ciudadanos cuando en-
~ sentido moral los infundiré así a los humanos, o los reparto a todos?». «A to-
cuentra un marco institucional que la prote e, oniéndola al resguardo
dos, dijo Zeus, y que todos sean partícipes. Pues no habr-ía ciudades, si-solo al-
gunos de ellos participaran, como de los otros conocimientos» (320d/322d).
-e_ as extraor manas presion,es él as que está sometida. Este es el n(!XO
éOn la propuesta de los capítulos anteriores: los princi ios de or ani-
~elato de Protágoras muestra que el reconocimiento de.la igu~l- zq.cion ásicos de las democracias constitucionales han de ser entendi-
dad política es una condición indispensable para la paz social~ gsta es dos como herramientas para la formación de una esfera pública y, por
precisamente la razón por la cual los atenienses, cuando se meten en tanto, como condiciones para la construcción de una sociedaq en la que
qiscusiones que hay que tratar «con justicia y moderación», reconocen la OJ2iniÓn ae toaos y cada uno tenga el mismo valor.
!a igual dignidad de todas las ~piniones (323a). Lo que sucede en la Las próximas páginas tratan de las razones y los motivos gue pueden
continuación del diálogo puede parecer sorprendente, pues Sócrates no tenef'" los ciudadanos de nuestras imperfectas democracias para compro-
impugna el «fundamento antropológic~» del argumento de Protágoras, meterse con un proyecto como este. Para ello, intentaré dibujªr tres
aunque le da un giro radicalmente distinto. Lo que hace es poner en tela grandes contextos de discusión en los que la teoría contemporánea de

138 139
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

la democracia no puede dejar de medirse con el problema que perseguía para mostrar de ué forma el ascenso del_ o ulismo está conecta.do con
a Epimeteo y con la osada apuesta de Pericles. El propósito es situar 'la o jetiva dificultad para tomar osición de_ forma res onsa))le~ Y t::S que
viejos problemas bajo nuevas lentes, para luego regresar al plano en el si algo ama la atención en tiempos de desbordante sobreabundancia in-
que se mueve habitualmente la teoría democrática, el de las reglas y las formativa es el desajuste entre la agenda de discusión pública y lo que
instituciones. realmente se habla allí donde se toman las decisiones que afectan al interés
El camino que tenemos por delante se aproxima a una concepción general. El problema no está tanto en la ocultación y el secreto. Y ni si-
genéricamente deliberativa de la democracia, pero lo hace de forma un quiera en la desinformación y la manipulación, por medio de las cuales los
tanto heterodoxa. En efecto, a diferencia de lo ue sucede en la mayor ciudadanos acaban interiorizando, de manera absolutamente irreflexiva,
parte de la literatura, me interesa poner en evidencia más a falibili ad opiniones ajenas. El punto crítico está en el hecho de que puedan darse
de los acuerdos, y por consiguiente la necesidad de proteger el d1senso, situaciones de radical inconmensurabilidad entre el lenguaje que usan los
que el valor de los consensos. Se trata, como se verá más adelante, deuna ciudadanos para ex resar sus demandas y el que manejan quienes tienen
recons1derac1ón de las virtudes del método democrático que no implica en_ sus manos el poder de eci Ir. o es apatía o_ irres onsab e 1?-e ación
el abandono -ila superación!- de las estructuras procedimentales de de la realidad. Lo gue está en juego es a capacidad misma para descodi-
la llamada democracia burguesa. Ni tampoco obliga a suscribir la tesis, ficar el flujo de los eventos. Con una consecuencia a la que no pode1Ilos
ciertamente peregrina, según la cual la democracia deliberativa es «me- sustraernos. A medida que aumenta la disonancia entre las palabras de los
jor» que la democracia sin deliberación, por la sencilla razón de que una ~ás y la competencia técnica de los menos ganan terreno las narrativas
democracia en la que no haya rastro de deliberación no es, en realidad, r~dentoras, destinadas a compensar efi1otivaníe11ie el desajuste 13 • El resul-
una «democracia» que merezca ese nombre. Solo hay democracia si hay tado es una dramática compresión de la discusión pública, así como un iii-
opinión y, a su vez, para que haya opinión (libre) tiene que haber (cierto tenor descentramiento de los es acios ue deberían estar destinados a la
grado de)_deliberac~~n. Desde este punto de vista, el primer resultado formación de la voluntad democrática. Y no importa aquí SI a Isonancia
Jet« iro deliberativo» qw;-ha experimentado la 'teoría de la qemocracia cognitiva es real o solo aparente: la redención populista y la salvación tec-
en los últimos años ha si o e a er amado la atencwn sobre la necesi- nocrática son las dos caras de una misma reacción defensiva 14 • Atrapada
dad de ser aún más exi entes que en el pasado a la hora d;~stablecer las entre dos fuegos, la opinión «del público» se aleja del espacio «público».
condiciones para el buen funcionamiento e las reglas de Juego.
- No es ninguna novedad observar que la corriente o ulista corre
paralela a a proliferación de autoridades no mayoritarias y alimenta la
desconfianza en el desempeño ordinario de las instituciones representa-
s:2.--rci-opinión del público atrapada entre populismo y tecnocracia tivas. Bajo el signo del populismo, se reduce la fuerza legitimadora de
los procedimientos de decisión democrática y se expande el margen .
-tLa primera circuüstanda que nos sale al paso es la asimetría informativa de maniobra de aquellas autoridades que se presentan con el respaldo de
fundamental u e im ide a los Ciudadanos formarse ·una opinión proPia. una legitimación tradicional o carismática, pero también de aquellas que
Es verdad que nuestras democracias incluyen uña ariip ia red e garant1as esgrimen una legitimación epistémica. A menudo ambas formas de legiti-
tú ya finalidad es conseguir que ·los tocesos de formadón de -la opinión midad se presentan asociadas: el nuevo líder carismático no desdeña to-
séanreálmerife ibres: la libertad personal, e conciencia, - e réüriión, de mar en ocasiones un perfil tecnocrático, alardeando de su habilidad para
ásoci<lCión, ·las- cuatro- g·rarides libertades- de--ros inoderrioi:C ·Pero eso- no rodearse de los mejores expertos. Lo que cuenta, a los ojos del público
oasta. Para· qué haya opinión es necesario qiie los ciudadanos dispongan desorientado, es la seguridad o, al revés, su capacidad para ahuyentar el
de un abanico de alternativas reales entre las gue elegir, asCcotrto de la fantasma de la incertidumbre. Desde este punto de vista, el principal re::
·ltlforrhación y la jnotivacióri necesaria para tomar posi-ción- ante· ·ellas-11• gistro de interpretación del populismo contemporáneo no sería «ni prio-
!f_un así, el valor de la opinión se tambalea cuando popiilismo-iú:cl1ocra:. ntanamente topográfico, ni estratégico, ni ideológico, ni institucional,
cia suman sus fuerza§¡¡. - - - -- - - - - -- - - - -- - - - - h -'

ni tampoco inscrito en los conflictos de interés, como la mayoría de los


- ·so11 muchos Tos ·factore-s a ·tener en cuenta· para ·desentrañar lairia~ otros fenómenos políticos» 15 • Lo que caracteriza este aspecto del popu-
raña del populismo contemporátieo 12 .- Mé deteúgo eri uno solo dé ellos lismo es la drástica aceleracwn de los ntmos, necesanamente pausados,
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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

de la política democrática. Interrumpiendo el flujo de los acontecimien- designación de autoridades representativas, sino que estarán basadas en
~s diarios 1 el líder se presenta como autor de milagros inmediatof. No informaciones y puntos de vista que solo los miembros de comunidades
cuenta tanto el carácter taumatúrgico de la intervención, como la inme- epistémicas especializadas están en condiciones de descifrar y criticar 18 •
diatez de la respuesta. No hay tiempo para más, ni nadie parece tener la Si esto es cierto, la romántica aspiración de democratizar el conocimien-
perspectiva suficiente para mirar a contraluz los resultados. La confianza to, introduciendo por ejemplo mecanismos de participación popular o
en el líder depende de la simultánea presencia de emisor y receptor en de legitimación directa en el gobierno de las materias epistémicamente
el brevísimo arco de tiempo en que comienza y termina el acto comu- sensibles, con el argumento de que todas las opiniones valen lo mismo y
nicativo. Y esto determina también el contenido: no hay lugar para los que incluso en los más sofisticados campos del saber hay siempre muchas
mensajes que no puedan ser comprendidos fuera de su contexto temporal cuestiones discutibles, parece destinádo al fracaso. Más interesante pa-
.más inmediato. Como tampoco hay tiempo para verificar si emis<2r y r~ce la estrategia de quienes buscan hacer compatible la especialización
receptor, en el juego de las interpretaciones, llegan a encontrarse real- 4e los lenguajes y el inevitable. aislamiento de las comunidades científicas
Il}ente. La consecuencia de todo ello <?S evidente: abolida la dimensió1,1 con los principios indiscutiblemente-democráticos del government by dis-
cronológica de la deliberación, no hay tiempo para entretenerse en un cussion19. - ·-
proceso de ida y vuelta, como el gue reguiere la formación responsable Ante el evidente sesgo elitista que encierra este planteamiento podrá
del juicio. Absorbido por el mecanismo de la inmediatez, el público se ve objetarse enseguida que la frontera entre materias que son competencia
Co"ndenado a ex erimentar una y otra vez «la sin ular · in con ruente de expertos y materias abiertas a la opinión de los legos es tenue y en sí
e su no-contemporaneidad y su asincronía» 16 • misma controvertida. Los críticos del elitismo tecnocrático dirán que, aun
., - Si estos son los males, se dirá, ¿po~é no buscar la manera para a riesgo de entrar en competencia con charlatanes y predicadores, los
restituir a los ciudadanos el espacio de la opinión? ¿Por qué no darle expertos deberían asumir un compromiso fundamental con la divulga-
tiempo al tiempo, haciendo que la política pueda acomodarse. al ritmo ción científica, esforzándose en hablar el lenguaje de la gente común, de
de la palabra? Sencillamente, porq~e no es tan fácil como parece 17• En las manera que el público general pueda tener acceso a los diferentes puntos
sociedades contemporáneas, que son sociedades de la información y del de vista sobre las materias debatidas. Lo malo es que esto no siempre
conocimiento, aparecen asimetrías epistémicas abismales, que llevan a funciona. Primero, porque en muchos casos las traducciones no acaban de
poner la «administración de las cosas», según la fórmula saint-simoniana, ser del todo neutrales. Pero además, y sobre todo, porque por mucho que
ep manos de expertos. Con respecto a esto, más vale que no nos h~gamos se esfuercen los traductores hay debates que solo llegan a ser elaborados
ni!lguna clase de ilusión. Y tampoco. hay margen para interp~etar, reduc- con la suficiente claridad en el momento en el que se resuelven, retrospec-
tivamente, este fenómeno como consecuencia de la falta de educación, o tivamente. Los más escépticos tomarán esta circunstancia como la última
peor aun, como consecuencia de la falta de compromiso ético por parte prueba, quizá la definitiva, de la irremediable «politicidad» del conoci-
de los ciudadanos, como síntoma de un repliegue infantil o egoísta. La miento. Sin llegar a tanto, se puede argumentar que es precisamente la
formidable tendencia a la especialización de los saberes, ante la que se intratabilidad de algunas disputas, a veces incluso de carácter técnico,
pliega la opinión «común», responde al incremento de la información la que habla a favor de la creación de instituciones neutrales, relativamen-
disponible y al avance del proceso de división del trabajo. Aunque la ace- te inmunes a los intereses sectarios o a las deformaciones ideológicas. De
leración de esta tendencia determina una profunda mutación en los pro- hecho, históricamente, ha sido el indudable éxito en la producción de
cesos de legitimación democrática, no se ve de qué forma hacerla retroce- conocimiento fiable el que ha orientado el proceso de institucionaliza-
der. No sabemos siquiera si sería bueno que esto sucediera. La pretensión ción de determinadas comunidades epistémicas altamente especializadas.
_de igualar la opinión de todos los ciudadanos, expertos e incompetentes, Y no me refiero solo a las comunidades científicas, sino también, por ejem-
incrementa hasta niveles insoportables el riesgo en las decisiones. Y plo, a los tribunales de justicia y a otras muchas autoridades reguladoras,
lo_ interesante es observar que, en una sit~ación como la nuestra, a causa públicas y privadas, con mucha menos tradición a sus espaldas, pero cada
de esa brecha epistémica a la que acabo de aludir, las -distinta~ formas de vez más numerosas y con un peso creciente en el proceso político 20 •
co-ntrol. democrático que puedan establecerse serán formas de control Contrariamente a lo que cabría esperar, es precisamente en las disputas
_doblemente indirecto, en el sentido de qúe no pas~rán~~l~mente por Ía más controvertidas cuando el ideal de la publicidad se topa con sus límites

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

y se hace necesaria la diferenciación funcional entre distintas esferas de es que esta bienintencionada organización de los saberes pueda acabar
discusión. Que haya discrepancias, que no podamos establecer con certe- transformándose en puro espectáculo propagandístico.
za cuál es la solución correcta, no implica que las opiniones enfrentadas La segunda estrategia es la de los «tecnófobos», esto es, la de quienes
sean absolutamente intratables y que las disputas solo puedan zanjarse impugnan el optimismo prometeico del relato anterior, que por amor a la
apelando a la opinión mayoritaria. Hay infinidad de situaciones en las simetría podemos calificar como el relato de los «tecnófilos». Los críticos
que es más provechoso adoptar otras reglas de decisión más sofisticadas, del elitismo liberal dirán que no hay por qué resignarse a la diferenciación
basadas en criterios funcionales de distribución del trabajo epistémico. y especialización del trabajo epistémico, entre otras cosas porque gran
Se abren, a partir de aquí, toda clase de interrogantes sobre los me- parte de nuestros males tienen su raíz en la perniciosa barrera que la cul-
canismos más adecuados para la tútela del interés general por arte de tura contemporánea ha levantado entre razón instrumental y razón comu-
comunida~es diferenciadas y, en concreto, sobre el tipo de relación que a nicativa22. Desde este punto de vista, el desafío está en recuperar el verda-
efe darse entre élites políticas y élites tecnocráticas. Veamos si hay alguna dero sentido de la vida política, en impedir que los ciudadanos pierdan el
estrategia para abordarlos que no haga retroceder en exceso el poswl~o contacto con lo público y su experiencia más inmediata acabe quedando
típicamente democrático de la igualdad de juicio. enteramente condicionada por la voluntad de comunidades epistémicas
Hay dos grandes vías para escapar a este callejón sin salida. En la que escapan a su control. Se argumenta entonces que para opinar sobre
tradición liberal, la de Madison y Tocqueville, la diferenciación funcio- aquellas cuestiones que verdaderamente importan en la vida, la libertad y
nal de las comunidades de expertos era interpretada como un aspecto la felicidad, no se requieren competencias particulares, sino únicamente
más del proceso de formación de cuerpos intermedios portadores del aquellas sencillas cualidades que, según el relato de Epimeteo, Zeus entre-
interés público. En sociedades desarrolladas, cualquier opción que igno- gó providencialmente a todos los seres humanos. El problema de esta so-
re esta exigencia de diferenciación resulta vulgarmente utópica. Así, por lución, con sus reminiscencias humanistas, está en la persistente dificultad
ejemplo, la idea protoliberal primero, y radical después, de un público para alcanzar un acomodo estable entre ciudadanos informados y relati-
de ciudadanos que vigila en primera persona la actuación de sus repre- vamente confiados y expertos moderadamente virtuosos. Los guardianes
sentantes, sobre la base de las competencias adquiridas bien en la escue- de la ciudad platónica contaban con poderosos recursos para sostener el
la, bien en los ratos de ocio, en los que se supone que se ejercitan como equilibrio. Podían recurrir al mito para producir las compensaciones na-
científicos, politólogos o juristas a tiempo parcial. Para satisfacer la rrativas necesarias para reforzar la desigual posición que a cada ciudadano
demanda de legitimación de los cuerpos intermedios hay que promover le corresponde ocupar en una comunidad bien ordenada. Es obvio que
la creación de instituciones que promuevan la formación de una élite esta solución ha dejado de funcionar en nuestros días. Ni cabe tampoco
de personas cualificadas, entrenadas en la difícil tarea del control entre apelar a la tajante diferenciación entre fines y medios de la acción política,
pares y, al mismo tiempo, comprometidas con los intereses de los out- devolviendo la determinación de los primeros a la voluntad soberana del
siders21. Los enclaves institucionales que supervisan la actividad de los pueblo y entregando los segundos ai compromiso incondiciqnal -we-
expertos no serán, por supuesto, espacios de participación democrática, beriano y antes kantiano- con la objetividad del conocimiento 23 . Varias
ni por su composición, ni por sus reglas de decisión, pero podrán llegar d~cadas de reflexión sobre la historicidad de los paradigmas científicos
a ser espacios representativos, formados por personal con capacidad de h~n puesto al descubierto la fragilidad y permeabilidad _del saber experto
liderazgo y sensibilidad para escuchar e interpretar el interés general. respecto de toda clase de sesgos cognitivos. _ _ . __
Por su parte, lo único que se espera de los demás ciudadanos es que El posible empate entre_estas d()s_opcio:p.es.seromp_e _cua~~() _nos da-
comprendan cómo funcionan realmente las comunidades epistémicas de rp.os cuenta de que. el sistema de la cien_cia _y la. tecnología. h_ª perdj_clo la
las que depende el buen funcionamiento de una sociedad que les está capacidad para legitimarse autorreferencialmente. En contra de Jo _qu~
asegurando el bienestar. De hecho, la única información que el sistema sugería el primero de los dos modelos que acabamos de describir, el mo-
está racionalmente obligado a proporcionar es aquella que el público delo tecnocrático, a medida que las comunidades hiper-especializadas
precise para mantener la confianza en el sistema mismo. Pero, cabe re- dejan de tener sus controles externos efectivos, dada esa brecha episté-
plicar, ¿¿e qué tipo de confianza estamos hablando aquí? ¿cuáles son sus mica a la que me refería más arriba, comienzan a volverse ineficientes.
bases? En tiempos de degradación populista de la opinión, la sospecha No es difícil entender por qué esto es así. A medida que se incrementa

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

el grado de especialización es razonable pensar que aumenta también la vario a cabo. Pero no es esto todo lo que puede decirse al respecto. Hay
inestabilidad en los objetivos que persiguen. Encerradas en sí mismas, las motivos para pensar que las comunidades de expertos -los guardianes
comunidades de tecnócratas ya no aciertan a evaluar sus resultados y em- platónicos- no pueden dejar de prestar atención a las opiniones inge-
piezan, por así decir, a girar en el vacío. Es obvio que, en un mundo como nuas o solo parcialmente informadas de los ciudadanos sobre sus propias
el nuestro, para satisfacer semejante demanda de legitimación, ya no bas- necesidades e intereses.
ta con echar mano de contenedores retóricos generalísimos en torno a los Esta última afirmación puede parecer sorprendente: ¿por qué ha-
que se construía tradicionalmente el consenso, como la felicidad o el bien brían de hacerlo? ¿Por altruismo? No necesariamente, si se atiende al
común, que se han vuelto extremadamente controvertidos 24 • Lejos de ser siguiente argumento. En un mundo como el nuestro, en el que las po-
un coste marginal, que pueda versé compensado por los beneficios de la sibilidades tecnológicas crecen exponencialmente, hasta volverse lite-
especialización, llega un momento en el que la distancia entre ciudada- ralmente incalculables, la identificación de los fines de la investigación
nos y expertos comienza a erosionar el sistema de reconocimiento de se ha vuelto especialmente problemática, hasta el punto de que ya na-
la autoridad epistémica. En este punto el incremento del volumen de la die puede darlos por descontados: en los niveles actuales de desarrollo
información ya no hace disminuir sino que, por el contrario, multiplica científico y tecnológico, ¿qué tipo de innovación es la que nos permite
la incertidumbre. «La democracia requiere información, pero la comple- avanzar por la senda del progreso social? Solo los ciudadanos pueden
jidad informativa -escribe Fernando Broncano- la hace frágil» 25 • r~sponder, legítimamente, a una pregunta semejante. y para ello preci-
En una situación como esta, ¿es posible tender alguna clase de puente s<;m, como acabamos de decir, información. En definitiva, la situación
entre el juicio de los ciudadanos y el juicio de los expertos? ¿Podemos contemporánea se caracteriza por el hecho de que ni lo~ ciudadanos
devolverle la credibilidad perdida al supuesto de la igual capacidad de pueden formarse una opinión sobre los fines sin disponer información
juicio de todos los ciudadanos? sobre los medios y las alternativas disponibles, ni los expertos pueden
La estrategia más prometedora para atender a estas preguntas es, a mi dar por supuestos los fines de la investigación sin tomar el pulso a las
juicio, la que toma como referencia las capacidades y atribuye un valor actitudes y las preferencias de los ciudadanos. Atrapadas por la creciente
político central a la calidad de la agencia 26 • Es obvio que la capacidad necesidad de autolegitimación, las comunidades de expertos no pueden
para elaborar opiniones está condicionada por la calidad de la informa- vivir de espaldas al entorno en que operan. Sería descabellado que in-
ción disponible. Pero se requiere algo más que información. Hay que sa- tentaran despejar el problema de la definición de los objetivos que legi-
ber además manejarla con arreglo a las necesidades, pues de lo contrario timan su actividad intentando objetivar estadísticamente las necesidades
la mera acumulación de datos resultaría perfectamente inútil. Dicho de de los ciudadanos o abandonándolos a .las exigencias del mercado. El
otra forma: la autodeterminación del sujeto implica no solo 1~­ c~mtrol autorreferencial que ejercen las comunidades epistémicas,_ el
cia de impedimentos o la existencia de oportunidades de participación, control de los pares, es sin duda un primer escalón imprescindible de
sino también cierto grado de control tanto sobre los resultados de ~s iegitimación. Pero no es suficiente. Sin escrutinio público, sin un proce-
decisiones pro ias como sobre la gama de los posibles cursos de acción so abierto que incluya la constante vigilancia de los ciudadanos, no hay
alternativos. Sin control, no hay agencia. sto significa, en un mundo nadie que pueda asegurar la congruencia entre medios}' fines.
caracterizado por un altísimo grado de división del trabajo epistémico, Llegados a este punto es inevitable retomar las consideraciones con
ue una de las condiciones ra máticas para hacer efectivo el e'ercicio la-s que se abría este apartádo y, en particular, a la tesis de la fatal con-
de la auto eterminación es la existencia de instituciones gue pongan al vergencia entre populismo y tecnocracia. En efecto, ese «solapamiento
sujeto en condiciones de ejercer el máximo grado de control sobre ;;s discursivo» entre el público general y las comunidades de expertos en el
decisiones. ¿significa esto que los ciudadanos seguirán sometidos a la que desembocan las consideraciones anteriores es extraordinariamente
tutela paternalista de aquellas comunidades de expertos que elaboran, exigente desde muchos puntos de vista. Requiere una buena dosis de
de forma vicaria, la información que no están en condiciones de manejar co,mpromiso por parte de todos, pero también tiempo y esfuerzo, dos re-
por sí mismos? No hay duda de que el control democrático sobre estas cursos particularmente escasos en qn momento en el que se hace patente
instituciones será siempre limitado, de entrada por el sencillo argumento una fabulosa tendencia a la compresión del espacio público. Ciudadanos
de que los ciudadanos carecen de los instrumentos necesarios para lle- desorientados, incapaces de reunir ante el «espejo de la conciencia» la

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

totalidad de las razones y las alternativas disponibles, tendrán la tenta- discurso y, en último término, como instrumentos capaces de promover
ción de abandonarse a la simplificación y a la estabilización adaptativa la calidad de la agencia.
de sus opiniones. Sabemos, por otra parte, que el sistema de la ciencia y Pero cabe reguntar aún, ¿es esta una solución realista? ¿Qué otras
la tecnología está apresado por una creciente necesidad de legitimación. herramientas tenemos para contener los e ectos deseducativos de la sim-
A medida que resulta cada vez más difícil atender a estas exigencias cru- plificación popuhsta y del paternalismo tecnocrático? Ampliando todavía
zadas es razonable esperar que aparezca, por ambas partes, una incon- más el marco de análisis, ¿bajo qué condiciones pueden nuestras de-
fesable pulsión autoritaria, que refuerce la clausura autorreferencial de mocracias renovar esa promesa de ilustración universal que inspiraba la
los distintos nichos informativos: los expertos en su pequeño mundo, conclusión del mito de Epimeteo? Para gue el proyecto democratizador
mientras les sea rentable, los legos en sus micromundos atomizados y recupere la credibilidad perdida han de darse, al menos, otras dos con-
ambos situados bajo la supervisión paternalista de los mercados. Un giro díciüñes más, a las que hemos aludido pero de las ue todavía no nos
autoritario que muy probablemente no le molestará demasiado a nadie, emos ocu ado: a e ucacwn y a motivación del ciudadano. es
al menos mientras los niveles de bienestar y cohesión social no caigan _ e lo que tratan los próximos apartados.
por debajo de ciertos mínimos. Lo último que se espera encontrar un
ciudadano desbordado por su incapacidad para interpretar el entorno es
~a política Impotente y una ciencia que, en lugar de producir certezas, 5.3. Transparencia, educación
se cuestiona permanentemente a sí misma y admite la provisionalidad de e institucionalización de la esfera pública
sus resultados. Al mismo tiempo, la tecnología de la comunicación social
ha desarrollado herramientas capaces de alejar la atención del público En un segundo estrato en nuestra exploración del entorno de la igual-
no especializado de todos aquellos saberes que sean disfuncionales a la dad política encontramos el problema crucial de la educación democrá-
estabilización del consenso. Vuelve a cerrarse, en este punto, el círculo tica. El punto de partida es la disolución de algunos de los supuestos
vicioso de la deseducación democrática, con instituciones que aspiran a básicos sobre los que reposaba el proyecto educativo de la democracia
programar no solo su funcionamiento interno, sino también el consenso moderna, la aspiración a vivir en un mundo en el que cada persona
que debería legitimarlas desde fuera. La suma de estos factores es absolu- tenga recursos suficientes para pensar con su propia cabeza.
tamente perversa. El precio de la compresión populista y tecnocrática del El nexo entre democracia y educación está inscrito en el código ge-
espacio público se paga con la moneda de la autonomía. nético de la democracia. Podemos reconstruir este nexo sin remontarnos
La alternativa al desencuentro entre ciudadanos y expertos, a la diso- a los griegos partiendo de la más precisa y radical formulación de la
nancia cognitiva gue bloquea la formación de una cultura política demo- versión moderna del ideal democrático. «Democrático» es el gobierno
crática, no puede estar ni en la autorregulación de los flujos informativos del público que se ejerce en público 28 • Para que se cumpla este ideal se
-los medios de comunicación de masas que administran el consenso necesita saber con precisión quién y cómo está autorizado para decidir
quizá no estén gobernados por demonios, pero tampoco por santos o sobre qué materias. Pero se necesita, además, atender a una doble con-
por héroes- ni tampoco en la apuesta por una sociedad en permanen- dición de ti:-ansparencia29 • De· un lado, los Ciu-dadanos gue asisten, desde
te experimentación, que es una utopía ciertamente atractiva, pero que fuera, al·ejercício del poder tienen gue encontrarse erÍ UI1 medio traslúci-
presupone una dis osición del cmdadano al a rendiza·e que está le.os de do, que ho éntutbíe ó distorsione lavisión de lo ·u. e suceae en la ·e .. a
ser o via. Retomaremos esta última cuestión más adelante. A mi juicio, J?Ú ica. De otro lado~ jr junto con lo anterior, es precisó gue cáda uno de
fa úmca vía transitable para romper el círculo perverso del populismo y 1os"sujétos ql1e asisten" al proceso sea capaz-de ver, miriirzdo hacia dentro,
ra tecnocracia es la gue pasa por la creación de instituciones gue puedan pero con igual precisión, sus mtereses y necesidades, sus expecbífiv~y
<:,9mpensar la salvaje concentración monopolista de los saberes exper- aspiracion~. Es esta doble vertiente de Iatrai:is árenda; en público
tos, mediante el establecimiento de procesos de comunicación pública prívado, la educación esem eña un a el esencial. --
abiertos a la participación de todos 27. Ese era el propósito enlos capítu- os nuestros son tiempos de extraordinaria claridad, pero también· de
los anteriores de este ensayo, al presentar los principios fundamentales inefable opacidad. Al ocuparme de la representación he tenido ocasión
del constitucionalismo como criterios para la procedimentalización del de aludir a las muchas oscilaciones que enturbian la visión transparente

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

del proceso a través del cual llegan a formarse las preferencias. De ahí la Pero precisamente por eso mismo, comparativamente, quienes carecen de
importancia de que existan prótesis argumentativas que le permitan al tales recursos quedan situados en una posición de crónica desventaja.
. sujeto elaborar reflexivamente sus opiniones, proyectando luz sobre las En tiempos pasados, las políticas de instrucción pública eran el re-
~onas de opacidad. Pero es obvio que, para que las prótesis puedan cum- medio principal para este tipo de males. La democracia crecía en para-
plir la tarea que ~e les atribuye, es preciso contar con ciudadanos süfi- lelo a la construcción de una ciudadanía activa y participativa, fonn(:l4a
cientemente ilustrados. Y el problema está en que los tiempos no son por sujetos socializados en los valores ~e la veracidad, la no violencia, el
en absoluto propicios. A diferencia de lo que sucedía en la época en que se_ntido práctico, la integridad cívica y la magnanimidad, como expli-
}as opiniones transitaban por los viejos medios de comunicación de ma- caron Condorcet, Tocqueville, Stuart Mili o Dewey 32 • La educación era
s~s y era posible albergar la esperanza en la progresiva ilustración de las un deber, pero también or su uesto un derecho ue encontr
preferencias, en la sociedad-red la excesiva transparencia del entorno ~ ido fundamento en los valores de la autonomía, la dignidad y la
.se convierte en el último y más fuerte obstáculo para la visibilidad de igualdad33 • Es verdad que, en una sociedad pluralista, estos valores po-
las razones. Por encima de un cierto umbral, a más información, menos dían ser interpretados de maneras muy distintas, conforme a las distintas
transparencia y, paradójicamente, más desinformación..:. - tradiciones liberal, libertaria o comunitaria, pero se entendía en todo
En efecto, las redes por las que circulan los mensajes, frente a lo que caso que la disparidad entre tales visiones podría resolverse «democrá-
a menudo se pretende, no son ni horizontales, ni simétricas. Están forma- ticamente», esto es, situando la dirección de las instituciones educativas
das por nódulos que administran y seleccionan las oportunidades que se bajo los principios del gobierno democrático. La sospecha, en este mo-
ofrecen a los usuarios para entrar en conexión con los demás miembros de ri-Iento, es que un planteamiento como este ya no sea viable, dadas preci-
la red en o con redes diferentes. Los terminales de la red, por otra parte, samente esas condiciones de opacidad estructural a las que acabamos de
están lejos de tener los recursos que se precisan para manejar el fabuloso aiudir. Recordando la inquietud y las cautelas de Hermes en su diálogo
incremento en el volumen de la información disponible o para gestionar ~on Zeus, ¿hasta qué punto, o bajo gué condiciones,. podemos seguir
Jos riesgos que se derivan de su uso inadecuado. La igualdad entre ciuda- atribuyendo al ciudadano una generalizada disposición al aprendizaj~-~
-danos inmersos en un medio aparentemente neutral, pero anárquico, ¿Acaso no es una virtud extraordinariamente valiosa, y rara? En otros
favorece m1a clamorosa falta de equidad en el uso de la información. El términos, ¿estamos seguros de que los res2rtes de_ la inst~ucción pública
ciudadano común, atrapado frente a su pantalla, situado en el espacio están en condiciones de restablecer, en nuestros días, la hegemonía de
virtual a una distancia inconmensurable de su vecino físico, con el que los valores democráticos?
quizá no comparta ni los intereses ni el lenguaje, no tiene forma alguna Hay tres factores a tener en cuenta al a roximarse a estas c_~estio­
de orientarse en la nube de opacidad que le rodea. Carece de instrumen- nes: a pérdida de relevancia social de la instrucción pública, el ocaso
tos para hacer frente a la influencia de quienes mueven los hilos del sis- del papel orientador de la alta cultura humanística y la implosión de los
tema, segmentando y atomizando las audiencias 30 • En perspectiva vemos medios de comunicación social en el nuevo entorno tecnológico.
con claridad que el entusiasmo despertado en los años felices ochenta y A mediados de los años noventa la última frontera de desarrollo de-
noventa or el sueño de una «sociedad trans arente» 31 ha ido quedan- mocrático pasaba todavía por la reivindicación de las que por entonces
do desdibujado. Las nuevas tecnolo ías no han abierto el cammo para a se llamaban las «políticas del sujeto». En su más amplia acepción, que
fermación de un entorno comunicativo desmaterializa o,.lib.era . o de las consiste en algo más que en la difusión de las ideas, la formación de
~1stricciones del tiempo y el espacio. Nuestra realidad no se caracteriza una cultura democrática pasa por la universalización de una determina-
¡:?r una ilimitada apertura de posibilidades, sino al revés, por el naufra- da manera de entender el ser humano. Todavía hoy siguen apareciendo
gio del sujeto.desbordado por el incontenible cauda tos al ue está voces poderosas que intentan oponer resistencia al declive del impulso
.expuesto. n una situación como esta, más que nunca, 1ª transparencia emancipatorio en nuestras empobrecidas democracias, apelando quizá
es un arma de doble filo. Es condición de libertad y de opresión. Para a la vigencia del ideal humanístico, al amor a las letras, a la imperecedera
quienes disponen de los recursos necesarios para elaborar la información, necesidad de seguir imaginando nuevos mundos posibles. Esta debería
transformándola en conocimiento relevante, tejiendo relatos y conexio- ser la meta de una sociedad auténticamente democrática34 • Sin embargo,
nes de sentido, es un instrumento de poder extraordinariamente potente. a nadie que observe la situación actual con la suficiente distancia se le

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

oculta que el acento retórico de estas propuestas tiende inexorablemen- mundo completamente cartografiado y accesible ha sido sustituida por la
te a inflacionarse, transformando una antigua y noble exigencia en una imagen de un universo en c~nstante expan¿ión, en el que la~ líneas de los
letanía tan inútil como rep.etitiva. §e E!lede aventurar la hipótesis de que m~pas se desplazan e~ tiempo real y el eseacio en blanco,. el campo de
nuestra percepción del sentidQ democrático de la educación ha cam- lo inexplorado, crece todavía más a prisa que el espacio cartografiado.
bíado a medida gue ha ido oscureciéndose el papel de las instituciones Lo desconocido aflora en los lugares más insospechados, cerca o lejos,
educativas, las cuales han dejado de ser percibidas socialmente como ~­ sin referencias que nos permitan situar nuestra ignorancia en contex-
pacios privilegiados de integración y de distribución de oportunidades. tos explicativos adecuados. «Todo está aguí, accesible ahora y al alcance
- En las sociedades desarrolladas, las más educadas y democráticas, la de la mano y, sin embargo, insolente y enloguecedoramente ajeno, más
.escuela pierde la capacidad para plasmar, en lo bueno y en lo malo, las alláde toda esperanza de ser comprendido cabalmente alguna vez». Le-
_costumbres, el gusto y la identidad. Ya no es esa todopoderosa institución jos de incrementar nuestras certezas, la producción de conocimiento es
disciplinaria que pensábamos que era. El capital cultural que le permitíá al la principal amenaza para la confianza social. Su ritmo es «el epítome
honrado ciudadano salir del pueblo o del barrio, con talento y esfuerzo, y contemporáneo del desorden y el caos». La parcela de conocimiento
procurarse los medios necesarios para vivir una vida digna, no se dispensa que cada ciudadano recorta para su uso personal no puede ser evalua-
en las aulas35 • Las pautas de promoción social son otras y, sobre todo, ha da más que por su cantidad, nunca por su calidad. «Una porción de
ido afianzándose la idea de que las competencias básicas que proveía la información es igual a otra» 39 • Ni que decir tiene que en esta situación
instrucción obligatoria -cuando se iba al colegio para aprender a leer, a las instituciones encargadas de la conservación y transmisión del co-
escribir y a hacer cuentas- ya no bastan para transformar a la persona nocimiento quedan desplazadas. Ya no prestan un aval suficiente en el
en sujeto capaz de proteger por sí mismo sus intereses 36 • Ni la más alta proceso de selección de la información, de manera que las aulas dejan de
cultura humanista, ni la especialización técnica son ya bagaje suficiente ser puntos de referencia privilegiados en los procesos de socialización40 •
p_ara comprender, desde todos los punto~ de vista a la vez, las fuerzas Por supuesto, no todos se resignan. Hay todo tipo de movimien-
.que mueyep un mundo como el nuestro. En este sentido, el declive de las tos que aspiran a devolverle el prestigio perdido a la escuela intentando
instituciones educativas no está causada solo por la sobreexposidón del «modernizarla», «fluidificando» sus contenidos, para que vuelva a navegar
ciudadano a un sistema mediático alienante, o por la difusión de valores sfn lastres, ~iguiendo las corrientes evolutivas de las sociedades contem-
iiüserablemente mercantiles, sino or el hecho de u e el e· a dan o ~o poráneas. Pero cabe ir{sistir en que esta es una pretensión vana., pues es e~
encuentra en os libros de texto instrumentos bastantes ara orientarse en espacio mismo de la escuela el que ha perdido su autoridad. No basta con
iij}entorno in escifrable . Ha pasado el tiempo en que soñábamos con darle un barniz novedoso a lo que sucede en las aulas para devÓlvéfsela.
programar la redistribución del capital de información géneralista. Para La crisis actual de la educació~· es de carácter estructurál be[iva proba-
se~ ciudadanos de pleno derecho, en un mundo como ~Lnuéstro, JJO l?asta blemente del hecho de que las instituciones educativas han perdido la po-
con haber superado el nivel de la instrucción básic¡:~., con tener en casa una sición central que ocuparon en el proceso de reproducción cultural, comQ
enciclopedia, incluso una de esas que se vendían por fascículos 38 , y con la sede paradigmática de la formación del sujeto (Bildungj. nesplazada la
estar al corriente de los acontecimientos diarios a través de los periódicos. escuela, la formación de las jerarquías culturales, y la selección de las élites
Ninguno de estos recursos informativos le garantiza al sujeto la posibili- económicas y políticas, queda «a merced de unas fuerzas de mercado di-
aad de formarse una opmiÓn y hablar con voz propia. fusas y descoordinadas» 41 • Es la prerrogativa misma de estas instituciones
En tiempos de modernidad líquida -explica de manera particular- respecto de la asignación y distribución de la autoridad epistémica, la que
mente sugestiva Zygmunt Bauman- el conocimiento ha dejado de ser se ha visto impugnada hasta quedar finalmente desmentida. La reserva de
un punto de referencia estable en la vida pública y privada. Las ins- conocimiento «sólido» ha dejado de ser una ventaja comparativa y se ha
tituciones educativas fueron diseñadas para producir rendimientos en convertido más bien en un handicap cuando el objetivo es adaptarse con
un mundo distinto, que se suponía duradero. El saber tenía un carácter el menor coste a ocupaciones «flexibles», en las que el aprendizaje siste-
acumulativo, tanto en profundidad como en extensión. Y, en función de mático cuenta cada vez menos42 •
esta expectativa de progreso, las instituciones educativas se encargaban En definitiva, la hipótesis es que, en estas condiciones, la resencia e
de administrarlo y distribuirlo. Hoy, por el contrario, la ilusión de un instituciones que persiguen Istri ución de un bien escaso como es

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

la información ha dejado de garantizarle al ciudadano las com~as cios privados como ocio y como negocio, y no como instrumento para la
s_gs:ia]es, económicas y políticas de las que tendría gue disponer para ha- formación del carácter y la opinión.
cer uso de la libertad política. Si esto es así, hemos de admitir que se ha Estas últimas consideraciones nos llevan al segundo de los factores ...
venido abajo uno de los supuestos tácitos fundamentales en la historia del ~ transformación que no podemos perder de vista: la pérdida de l.g¡
pensamiento democrático moderno. En su crítica a la teoría democrática ~rza orientadora de la cultura va estrechamente asociada, como causa
clásica y a su trasfondo humanista los elitistas pusieron de manifiesto la t.como efecto, al ocaso de la figura del intelectual moderno. El hombre
~iscontinuidad que existe entre la experiencia privada del ciudadano y de cultura no es ni el sabio ni el experto, sino quien ha comprendido
1ª complejidád de .las decisiones que tienen lugar en la vida pública~ De que, «en orden a la educación y a despertar los ánimos», no basta con
ese modo, pusieron en evidencia la fragilidad del viejo modelo ilustra- poseer los conceptos correctos, ni basta con difundirlos, como hacían
do del ciudadano plenamente informado e insistieron en la necesidad con «trabajosa superficialidad» los «celosos divulgadores de verdades»
de trasladar al proceso político los mismos patrones de distribución del del siglo de las luces. La tarea del auténtico intelectual sabe que su tarea
trabajo epistémico que estaban ya presentes en otros ámbitos sociales. tiene una dignidad superior, la que le otorga su capacidad para inter-
Lo interesante es observar cómo, a pesar de la fuerza de sus críticas, los pretar el momento presente, encontrando «una forma racional para un
elitistas seguían atribuyendo cierto papel formativo a las instituciones, al contenido que ya lo es en sí» 44 . De hecho, a la vuelta del segundo 89,
menos en la medida en que los desequilibrios excesivos entre ciudadanos los intelectuales europeos todavía podían sentir el apremio de una mo-
y expertos, votantes y clase política, pudieran poner en entredicho el fun- dernidad «cada vez más obligada a reflexionar sobre sí misma» 45 • Pero,
cionamiento «normal» del sistema político, desestabilizándolo. Nuestra a partir de entonces, esa urgencia ha ido diluyéndose en el horizonte de
situación es otra muy distinta. Lo característico de la situación actual no un «presente continuo» 46 • Los epígonos de la ilustre tradición que va de
es tanto la proliferación de las asimetrías, por más que haya alcanzado Hegel a Weber, y pasa por Zola o Husserl, Unamuno o Croce, Sartre
niveles insospechados, como la ausencia de una red de seguridad que o Aron, Adorno o Berlin47 , se parecen cada vez más a emprendedores
pueda desempeñar la imprescindible labor de asistencia paternalista ante cuyos productos están diseñados para ser puestos a la venta en el bazar
las situaciones de .indigencia cognitiva. Aquí ha tenido lugar una ru.I?- posmoderno de las ideas. Los verdaderos intelectuales, si es que los hay,
tura básica. Las instituciones educativas han sido desautorizadas por dis..- se retiran a la vida privada pues no encuentran refugio ni siquiera en los
funcionales y han quedado desarmadas. Han perdido incluso la reserva claustros de una academia que se ha entregado por entero a la produc-
de presti io que les permitía poner en evidencia, a los o· os de todos, los ción en serie de conocimientos fungibles. No hay lugar, en un mundo
males que se derivan de a ignorancia. La raíz del (nuevo) dogmatismo, como el nuestro, para el retiro espiritual, entre otras cosas, porque no
~1 fa r ue im ulsa incansablemente el empobrecimiento de la vida existe nada parecido a una comunidad de diálogo dispersa, pero públi-
pública, es el desprecio de esa forma particular e ignorancia, la dosta camente reconocida, a la que dirigir la palabra, como sucedía incluso en
ignorancia, la de quien sabe que no sabe 43 • No hay nadie que se aver- los tiempos más oscuros. Ni siquiera le queda al intelectual el consuelo
guence ya de l9 que ignora, ni tendría motivo para hacerlo, p9rq1:1e ~1 de predicar en el desierto, porque la figura del predicador iluminado,
saber ha dejado de ser moneda de curso legal en las relaciones sociales. situado au-dessus de la mélée, ha sido borrado del imaginario social y
Por supuesto, la información sigue siendo fuente de poder, pero el saber- reemplazado por su caricatura mediática, el comunicador social, el líder
poder ha escapado al control público, no circula por canales públicos de de opinión. La situación es incomparablemente más cruda de lo que
producción y reproducción del conocimiento. Incluso las universidades pensaban los intelectuales de mediados del siglo pasado, cuando lamen-
han perdido el papel monopolista que ejercían en ese terreno. Han sido taban el olvido del humanismo en la cultura de masas o la pérdida del
derrotadas y reemplazadas por competidores más eficaces a la hora de sentido de la totalidad.
crear un tipo de personalidad predispuesta a su inserción en el entorno El acta de defunción del intelectual contemporáneo se produce en
social. Lo mismo ha sucedido en los espacios tradicionales de producción el momento en el que empieza a ser evidente que los saberes institucio-
de ideas. La literatura, el arte y el cine han dejado de ser percibidos como nalizados han perdido el lugar de privilegio que antes ocupaban en la
territorios de experimentación al alcance de todos, para convertirse en estructura de las relaciones sociales, como anunció J. F. Lyotard a fina-
~aportes fungibles del merchandising cultural, que se instala en los espa- les de los setenta, con gesto profético. No es un hecho casual ni pasaje-

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

ro. La condición posmoderna, de la que no hay motivo para pensar que mente conflictiva, que reclame ideas nuevas. A pesar de sus gu~rras y
podamos escapar, está marcada por la incredulidad acerca de los dis- sus muertos, cabría añadir. Más bien al contrario,. el siglo breve se cierra
cursos legitimadores del conocimiento. Hemos perdido la confianza en con la universal aceptación de una misma visión utópica, el ideal de una
las metanarraciones, tan tolas que beben de la tradición, como aquellas comunidad global de naciones que proclaman Íos derechos humanos, que
q).le se aferr:an al_~ito de la conversacÍón. ilustrada, que conduce como garantizan la igualdad de oportunidades y aspiran a incrementar las po-
por arte de 1]1agia ;:1,Lconsenso entre_espíritus }."acionales. Las reglas para sibilidades de concreción de la felicidad humana. La conclusión que se
la atribución de la autoridad epistémica se han vuelto inestables, tanto sigue inmediatamente es que el consenso entre intelectuales empuja a la
en su versión utilitarista y positivista, que asocia conocimiento y pro- filosofía hacia los márgenes de la cultura5 3 • Si nadie aspira a formar «un
greso; como en su variante idealista, atrapada en el espejismo de una conjunto de creencias dotadas, siquiera hipotéticamente, de la capacidad
ciencia unificada. El interés nacional en la producción cultural queda en de poner fin, de una vez por todas, al proceso de reflexión sobre lo que
entredicho en un contexto de deslocalización de los saberes, como es conviene hacer o no con nuestras vidas» 5 \ no tiene sentido atribuir un
el contemporáneo, con sus estructuras reticulares y transnacionales de crédito especial a la voz de los intelectuales, esto es, a personas -escribe
producción del conocimiento, cada vez más especializadas y mercan- sa.rcástico Rorty- que consagran su vida a la lectura de gran cantidad de
tilizadas. La crítica social ha perdido su papel público. Es más, se ha libros, con el propósito de poder. encontrarse algún dí(l, fre]J_t~_ a frente,
quedado sin público 48 . En su versión norteamericana, que impregna con la «verdad redentora». Las grandes controversias filosóficas dan paso
buena parte de la cultura internacional en las últimas décadas, la sen- a _disputas triviales entre distintas maneras de entender las políticas cultu-
sibilidad posmoderna se mimetiza con tradiciones filosóficas distintas, rales. La ontología queda desbancada por la extensión imaginativa éle los
reelaboradas en un entorno en el que no queda memoria de sus refe- líll)ites del yo, por la ampliación de la esfera de la solldar{dad o, mucho
rentes originarios, el posestructuralismo y la deconstrucción francesa, más banalmente, por _la búsqueda (in4ívid1lal) del sentido de fa vida55 •
o la hermenéutica alemana. El pathos antiteórico de los posmodernos A esta explicación se añade un tercer factor que, por obvio, no
se contagia en los más distintos ámbitos, transformándose en una moda p~ede dejar de ser mencionado junto con los anteriores: Cualquier 122:
tan influyente, como políticamente irrelevante y ambigua49 • Inmersos sible ex licación de cómo or ué está roduciéndose u·na auté ·
en. .sus bucles disciplinarios, microscópicos y autorreferenciales ' el ac- esmovilización de la o inión democrática debe restar atención a
t1v1smo textual y simbólico se aleja de la política real, que nunca_acaba o~ cambios gue han tenido lugar, y siguen todavía produciéndose, en
de ser lo suficientemente sofisticada como para suscitar el interés de los la infraestructura material de la esfera pública, donde se encuentra la
analistas. El radicalismo intelectual de los posmodernos se convierte así «fábrica del consenso» 56 • Los principios más sagrados de la publicidad
en radicalismo sobre el papel; y el multiculturalismo, en multiculturalis- burguesa se han convertido en un pálido reflejo de lo que eran. La
mo de cátedra. Por eso no les falta razón a quienes señalan la irresponsa- independencia del cuarto poder, el poder de la opinión, se esfuma,
ble afinidad entre las actitudes culturales asociadas a la posmodernidad como muestran los innumerables estudios sobre la segmentación de las
Y la progresiva penetración de la marea neoconservadora en el sentido audiencias, la transformación de la información en entretenimiento,
común de las masas a lo largo de las últimas décadas5 o. el monopolio de la producción global de la información, la utiliza-
Obviamente, hay quienes claman por retomar los objetivos en los que ción sistemática del escándalo y el miedo para condicionar la atención
se inspiraba el «proyecto inacabado» de la modernidad, aun conociendo qel espectador, auténticas armas de persuasión y distracción masiva, la
sus limitaciones51 • Pero lo que está en entredicho es la posibilidad misma compresión de los lenguajes y el efecto deseducativo de la imagen sin
de establecer una «guía filosófica» que pueda orientar la formación de un cqncepto; y, desde una perspectiva aún más general, sobre la alteración
ciudadano crítico. Con su habitual perspicacia, Richard Rorty describe de los procesos perceptivos en la sociedad del e~pectáculo y el éxtasis
esta situación. «La filosofía no viene a ocupar un lugar importante en la pornográfico de las imágenes sistemáticamente descoptextualizadas.
cultura sino cuando todo parece desmembrarse; es decir, solo al hallar- Hay bibliotecas enteras sobre estas cuestiones. Pero obsérvese que si
se amenazadas unas determinadas creencias, largo tiempo mantenidas y los medios de comunicación de masas, cualquiera que sea su soporte
52
apreciadas» • Por más que desde dentro pudiera parecer lo contrario, tecnológico, han dejado de cumplir una función educativa, y si nadie o
la historia del siglo XX no ha dejado tras de sí una herencia filosófica- casi nadie consigue presionar con la suficiente fuerza para devolverles

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

ese papel, es precisamente por las mismas razones estructurales que espacio público tiene que pasar necesariamente a través del sistema de
han determinado el retroceso de la escuela pública y están llevando al la comunicación mediática, con lo que eso conlleva. No hay posibilidad
silencio a los intelectuales. Que nadie se engañe echándole la culpa al de desenchufar el cable, de salirse de los encuadres (frames) hegemóni-
mensajero. Lo que está en juego es una cuestión absolutamente preli- cos, de quedarse al margen de un entorno comunicativo que produce un
minar, que tiene que ver con las fuentes sociales de la autoridad epis- caudal incontenible de mensajes autorreferenciales, que no buscan sino
témica. Después, y solo después, vienen los efectos destructivos para la la pura reproducción del consenso, mediante la reiteración obsesiva de
cultura, para la conciencia cívica y hasta para la felicidad de las despia- simulacros o la administración selectiva de la memoria y el olvido, antici-
dadas leyes del mercado de la comunicación. pando los mecanismos de recepción, programando la reacción del públi-
Pues bien, no es ninguno de estos factores por sí solo, sino la fatal co y modelando el consenso. La alternativa a un siste.ma de comunicación
combinación de todos ellos la que nos obliga a medirnos una vez más con «sujeto a sus propios códigos» y «liberado de dar cuenta de la auténtica
la moraleja de la antigua historia de Epimeteo y Prometeo y con la orgu- realidad» 58 , no está en la comunicación inmediata, cara a cara, porque
llosa reivindicación de Pericles. ¿Podemos seguir confiando en la progresi- esa solución lleva a otras formas no menos rechazables de indigencia
va igualación de la capacidad de juicio? Si la transparencia no es garantía comunicativa, que contaminan el distanciamiento crítico y la elección
bastante de gue la más nítida visión de nuestros intereses y necesida9_es responsable. Pero eso no significa que no haya margen de intervención,
se verá un día reflejada tanto en el espejo de la conciencia como en el que no haya nada que hacer para promover la discusión racional. Por
. escenario público; si la escuela ya no proporciona a los ciudadanos los supuesto, las alternativas viables serán fundamentalmente defensivas, de
instrumentos que necesitan para hacerse una idea propia de las cosas que mínimos y no de máximos, creando ocasiones para explotar, a contrape-
importan, para ser ciudadanos de (acto y no solo de iure;si a no hay lo, los márgenes de error, amplificando los fracasos, los momentos de
mte ectua es que pue an i ummar a accwn y a opm1ón desde un saber incomprensión y disidencia, los puntos de quiebra en que se hace patente
~pero abierto a la crítica de las ideologías y los prejvicios; y ..si]2s la inevitable apertura de la comunicación pública.
~edios de comunicación distorsionan sistemáticamente la percepción del La clave estaría en subra ar la fuerza civilizadora de los rocesos ins-
~ntorno; si es así como son realmente las cosas, entonces quizá no haya tituciona es y no institucionales de formación de la opinión y la voluntad.
más remedw que conclmr que el ideal Ilustrado de la pubhc1dad ha de¡aao En relación con esto, es obligada la referencia a la reconstrucción de la
a~ ser una meta tangible, que pueda orientar un rocesó de tt=~msform~­ esfera pública elaborada por Jürgen Habermas, gue busca poner en evi-
.~ socia . a opinión pú ica, se dirá una vez más, ha muerto. ?o lo que- dencia, y explotar políticamente, el «potencial de racionalidad mstalaqo
Cla preguntarse si podemos echar mano de algún antídoto,. de alguna he- en la praxis comunicativa cotidiana» 59 • El objetivo es mostrar que «las
rramienta para intervenir en esta situación, modificando las condiciones materias sociales preñadas de conflicto pueden ser reguladas racionalmen-
que bloquean la perspectiva de racionalización de la esfera pública, en el te, es decir, reguladas en referencia a los intereses comunes de todos los
entendido de que sin opinión libre la perspectiva de progreso democrático afectados» 60 • Se dirá enseguida que no es gran cosa, porque del hecho
se esfuma y quedamos a merced de su inevitable retroceso. Una situación de que puedan ser reguladas ciertamente no se sigue que vayan a serlo.
en la que la democracia estaría destinada a transformarse en su contrario. La democratización de los procesos de formación de la o inión la vo-
Es precisamente en este punto donde nos sale al paso la hipótesis lunta sigue epen 1en o e que rea mente exista la voluntad de crear y
con la que se cerraban los anteriores capítulos de este ensayo. En efecto, sostener instituciOnes gue persigan este objetivo. Sin embargo, esta sería
cabe esperar gue las estructuras institucionales de la representación y la la réplica de ascendencia kantiana, la mera existencia de una posibilidad
separación de poderes puedan suplir o equilibrar los males <;¡ue entur- es un factor que no podemos dejar de tener en cuenta. Nuestro deber es
~an los procesos de entendimiento público, habilitando espacios en los preguntarnos qué instituciones son las que favorecen la capacidad de elec-
que los ciudadanos puedan hacer un uso efectivo de su autonomía. Es ción res onsable y por qué camino es posible rom er el círculo vicioso de
obvw que esta reconstrucción procedimental y deliberativa del consti- a aeseducacwn democrática. Parafraseando el Contrato social, la única
t~cionalismo democrático no puede hacer oídos sordos a los diagnósti- duda está en saber si los procedimientos pu~den_forzarnos a ser libres.
C<?S que, de Lippmann a Luhmann, han descrito el cierre cognitivo deia La respuesta de Habermas a esta última cuestión se mueve por un
~pinión en la sociedad de rnasas 57• El ciudadano que quiera ~~-c~d~r al doble carril, el primero de los cuales es el que más nos interesa, mientras

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

que el segundo va en una dirección algo incierta. Por un lado, reconoce el análisis pormenorizado de los motivos que podrían tener los ciudada-
potencial transformador de los procedimientos del constitucionalismo nos para comprometerse con procedimientos de decisión tan exigentes
democrático, en su doble matriz liberal y democrática, con la garantía como los que caracterizan a una esfera pública democrática. Dicho de
de los derechos y el conjunto de procedimientos (desde la regla de ma- forma más simple: ¿de dónde salen las fuerzas necesarias para mante-
yorías hasta el sistema parlamentario, pasando por esos principios de ner en vida el proyecto democratizador? ¿por gué asumir un ideal En
organización institucional sobre los que hemos insistido en los anteriores Cóstoso, gue impone principios políticamente tan exigentes como los de
capítulos) que caracterizan los procesos de producción e interpretación representación y determinación de los poderes?
de normas. !--a clave, desde este punto de vista, está en entender que En los próximos apartados quiero aproximarme a estas cuestiones.
un sistema político estructurado conforme al ideal de un Estado demo- Mi intención es hacerlo siguiendo üna vía negatTva, gue no apela ni al
crático de derecho no es solamente una poderosísima herramienta de ;mpre interés, ni a la siii1 a tía natural o a lavirtudd~ .lQsciudada~o
integración social, sino que es además una técnica extraordinariamente ~~o gue aprovecha lá palánca del m·a:· estarHy la i~~atis_fac_~_i?I1:lé!~ _djso:.
sofisticada ara abnr es acios de entendimiento 61 • Pero, por otro lado, nancias de la experi~J)<:~a cotidiana gue no puedens~r cubiertas por la.
y este es el segundo de los dos carriles, Ha ermas insiste en asociar el falsa conciencia o e_l"autoengaño~_
(<contenido normativo» de la democracia a una dimensión comunicativa
que solo puede darse más allá de los procesos de decisión y comunica-
ción «instituidos formalmente» 62 • Se supone que es al margen de los 5.4. Razón pública con verdad y sin ella
procedimientos y las instituciones, en el terreno de la comunicación
informal, donde se produce el contacto de las prácticas comunicativas En el tercer estrato en esta exploración de la igualdad política encon-
institucionales con la experiencia inmediata del mundo de la vida 63 • tramos el análisis de los motivos que pueden llevar a los ciudadanos a
En ese contacto vivificador se restablece, siquiera intermitentemente, la perseguir el ideal democrático. ¿por qué habrían de comprometerse a
conexión entre el centro y la periferia del sistema político, entre ciuda- tanto? Concretamente, ¿por qué deliberar?
danos e instituciones, y se genera la fuerza que mueve una esfera política Desde la formulación originaria, como ya hemos visto, el reconoci-
rio-depotenciada. La autoridad dd mejor argumento se afirma al mar- miento de la i ual capacidad de ·uicio se asocia a una ex ectativa de az,
gen de toda jerarquía social, en condiciones de absoluta simetría entre e libertad de ro reso, esta a su vez remite al su uesto se ún el cual
las partes, de cuestionamiento permanente, de desenclaustramiento de a libre discusión conduce, tarde o temprano, al descubrimiento de la
todos los públicos. En la promesa de un despertar, permanentemente re- ~ad». ¿Hay argumentos para volver a reivindicar el nexo entre insti-
novado, de una sociedad civil auté~ticamente democrática se cumpliría tuciones democráticas y orientación a la verdad? Además, y sobre todo,
la promesa de una incondicional apertura de la comunicación pública, fde gué clase de «verdad» estamos hablando aguí?
renovando el programa normativo de la publicidad burguesa64 • ... Lo primero a tener en cuenta es que el nexo entre democracia y
Pues bien, respecto del ideal de una sociedad civil incontaminada, verdad ni es nuevo ni está libre de complicaciones. La formulación
inagotable motor de progreso, cabe reproducir los mismos argumentos más precisa, y quizá también más cínica, la encontramos en un conocido
que llevan a desconfiar del estado de salud de la opinión pública. Sin pasaje de Carl Schmitt sobre el parlamento burgués como lugar privile-
una opinión saneada es. dÍfícil pensar que vaya a haber una sociedad giado, y fallido, para la discusión pública. Mayorías y minorías, gobierno
civil fuerte. Para movilizar la fuerza propulsiva que se le atribuye a una y oposición, deberían confrontarse, y finalmente reencontrarse, a través
ciudadanía a~ti~a y participativa se necesitan instituciones transparentes del intercambio de argumentos. «La discusión es lo humano, lo pacífico,
y no manipuladoras, que informen y no exploten las pulsiones regresivas lo progresivo, lo contrario a toda clase de dictadura y de poder. La idea
~el desencanto de-mocrático. Ypara eso, Circularmente, es--preciso contar de que por medio de una discusión racional puedan componerse justa
con una clara voluntad de .reforma- instÍtucjo~a[ En suma,- el ret~rno vi::. y pacíficamente todos los conflictos y todas las contradicciones posibles,
vificador a la sociedad civil resu one -con otra fÓrmula kantiana=-! de que se pueda hablar y dejar hablar de todo, es el supuesto equivalen-
uena voluntad del ciudadano 65 • ¿Es razonable mantener esta expecta- te a la concepción del mundo de este parlamentarismo liberal» 66 • Pero
tiva? Quizá lo sea, pero no se puede dar por descontada. Requiere un la realidad está muy por debajo de estas previsiones. «La situación del

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

parlamentarismo es hoy tan crítica porque la evolución de la moderna alternativos para la toma de decisiones, en la medida en que promueva
democracia de masas ha convertido la discusión pública que argumenta el interés y/o los derechos de todos. Lo cual significa que alguna idea
en una formalidad vacía» 67• El juego se vuelve particularmente fácil para tenemos que tener, siquiera aproximada y revisable, no tanto sobre el
Schmitt al enfrentar la más alta versión del ideal democrático con su más interés o los derechos, como sobre el método más adecuado para re-
b~]a realidad, para llegar más pronto que tarde a demostrar la inevitable solver las disputas que surjan sobre intereses y derechos. En general,
agcmía-de la -demºqªciª_' s·e abre paso entonces una solucjón «distinta:>~ podemos suponer que las instituciones fundamentales de la democracia
- Hay una parte de este argurnen!() que _es part:icularrn~nte difícil ~e constitucional solo producen rendimientos aceptables cuando encuen-
sortear. En efecto, sin u~a ~ínima sensibilidad a la verdad, al peso de tran gobernantes y gobernados dispuestos a reconocer que hay razones
las razones el mecanismo elemental ue re ura el funcionamiento de que pesan más que otras. Con actores dogmáticos, erráticos y miopes, o
~ democracia gueda desarbolado. Si no hay lugar para la persuasión que atienden exclusivamente a razones estratégicas, el juego no marcha.
~ionªl, los c.ostosos procec;limieritos para la formaciÓn de la opi11ión y Hay dos estrategias elementales para evitar este escollo. La prime-
fa" voluntad se vacían de contenido. Si nadie está dispuesto a plegarse a ra toma la «verdad» -en cualquiera de las múltiples versiones de este
las mejores razones del adversario, el diálogo entre)as fuerzas políticas término- como criterio de corrección de las decisiones y, por tanto,
s; convierte en diálogo de sordos y entonces los pesados formalismos del como punto de referencia en el que anclar los procesos de legitimación
gobierno del público en público ya no son más que una inútil pérd1da ae democrática; la segunda vía apela, en cambio, a la «opinión» de los ciu-
tiempo. Al menos en este sentido, el más convencido demócrata habrá dadanos, expresada bajo determinadas condiciones procedimentales.
de admitir que no le falta parte de razón a Schmitt: para que la demo- Podemos llamar «epistémico» al primero de estos dos enfoques y, con
cracia funcione ha de haber una mínima disposición al diálogo entre las una denominación menos frecuente, «doxástico», al segundo 69 • Y pode-
partes. Aunque cabe preguntarse enseguida, ¿acaso no es una aspira- mos asociar además cada uno de estos dos enfoques con una respuesta
ción perdidamente utópica imaginar que la política, con sus pasiones paradigmática al problema de la motivación. Epistémicos y doxásticos
e intereses, se pliegue a las exigencias del frío intercambio racional de contestan de manera diferente a la pregunta sobre qué fuerzas son las que
a¡;gum~ntos? ¿Acaso hemos olvidado. que_la _c.ontrov~_t§iª- RQ.lític:a nace llevan al ciudadano a comprometerse con las reglas del juego 70 • Desde la
de la .irreductible incm:npatibilidad de las opiniones y lm¡jntereses,.~de la perspectiva epistémica, los ciudadanos se inclinan a seguir las reglas por
fuerza, laJnanipulación y la m.entira? la capacidad que estas tienen para hacer aflorar las decisiones «correctas»,
_ Sin eptrer~qexnos en ~-Qmplicaciones filosóficas .que. nosJlevarían .d~:­ las que pueden recabar el consenso de todos; en la perspectiva doxástica,
ma.§iado lejQs, htpar.te de .verdad que hay en eLplante.amiento de Schmitt en cambio, la aceptación de las reglas se explica por la capacidad del
es..un .buen punto de.partida para mostrarunª de las tensiones funda- método democrático para res<;>lver las disputas que puedan darse, dada la
mentales que acompaña como unasombra.a las divetsas.inter.preJ.acio.n~s irreductible disparidad de opiniones.
del ideal democrático y que puede ser presentada en forma de paradoja. La formulación paradigmática de la concepción doxástica es la ofre-
Sabemos, de un lado, que el espacio de la decisión democrática está atra- cida a mediados del siglo pasado por Hans Kelsen quien, al abordar
vesado por la diversidad de las opiniones y los intereses, y por tanto por la cuestión de los fundamentos de la democracia, no duda en recuperar
la incertidumbre. Solo cuando carecemos de criterios ciertos para com- el clásico enfoque basado en el paralelismo entre epistemología y teoría
poner las diferencias tenemos razones para acudir al método democráti- política. La existencia de sistemas democráticos no se explica por la
co. Deliberamos sobre aquello que podría ser de otra manera y votamos búsqueda del bien común, por la sencilla razón de que no hay ninguna res-
sobre aquello en lo que discrepamos: por ejemplo, sobre la elección de puesta objetiva a la pregunta sobre su contenido 71 • Y precisamente porque
las personas más adecuadas para gobernar o sobre la distribución de las no hay certeza en la determinación del bien común no es posible entender
cargas y beneficios de la cooperación social. No tendría sentido, en cam- la democracia como gobierno que persigue el interés común, como go-
bio, plantear una consulta popular sobre si Colón descubrió América o bierno para el pueblo. Por el contrario, la «democracia» es gobierno del
sobre si los teoremas de Euclides son verdaderos o no lo son 68 • Pero, de pueblo, un método para la adopción de decisiones que atribuye a todos
otra parte:, y este es el segundo cuerno del dilema, también intuimos que los ciudadanos la facultad de intervenir en el proceso de producción de
el recurso al método democrático está justificado, frente a otros métodos normas. Lo cual equivale a decir que la legitimidad democrática solo pue-

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

de derivar de las opiniones que realmente suscriban los ciudadanos, nunca intelectual de Kelsen se produce en la Viena de Freud y de Wittgenstein 77•
de la correspondencia de las normas con aquello que se pueda considerar Es en el plano de las peculiaridades de la mente, en el plano de la caracte-
«correcto» 72 • Es más, todo intento por someter la política a la (presunta) riología, y no en el de la razón pura, donde se encuentra la raíz de los cre-
objetividad de la justicia, transforma la verdad en dogma, desplaza la vo- dos políticos y las convicciones filosóficas 78 • Es ahí, por tanto, donde hay
luntad popular, viola la condición de igualdad política y allana el camino que acudir para encontrar una explicación de las fuerzas que realmente
al totalitarismo. Expresada de la forma más categórica, la tesis de Kelsen determinan el avance o el retroceso de la democracia. De hecho, es en ese
es que existe una analogía fundamental entre autocracia y democracia, mismo plano donde se sitúa la tesis ..d.e::!l_antagonismo fundamental entre
por una parte, y absolutismo y relativismo filosófico, por otra. «La auto- cognitivismo y democracia, así como, a la-inversa, de la afinidad electiva
cracia, como absolutismo político; se encuentra vinculada al absolutismo entre relativismo y democracia. La estabilidad de un sistema democrático
filosófico, mientras que la democracia, como relativismo político, se en- nada tiene que ver con la verdad, sino con la prevalencia de no perfil
cuentra vinculada al relativismo filosófico» 73 . Psicológico determinado, el perfil que caracteriza a una cultura olític
No es necesario insistir en que la propuesta de Kelsen es intuitiva- emocrática. Si queremos hacer frente a la ¡misión autoritaria, deben d....e
mente plausible. Si merece la pena seguir los costosos procedimientos de ser muchos los ciudadanos que respondan al tipo democrático de perso 1
decisión democrática, a pesar de que existan otros métodos de decisión ~idad ue muestren una ro ensión sincera hacia las dis · · · es d
mucho más eficientes, es porque nadie tiene en sus manos una vía de a tolerancia y posean un claro sentido
acceso privilegiada a una solución correcta para cada una de las decisio- te tan razonable explicación de las fuerzas que determinan el auge
:nes74. El argumento kelseniano, sin embargo, está lejos de ser definitivo. y el declive del método democrático, el crítico impertinente volverá a
Se diría más bien que es precisamente a partir de ahí, una vez que hemos preguntar: pero ¿de qué depende, a su vez, la difusión del tipo democrá-
reconocido la diversidad de las opiniones, donde empiezan las mayores tico de personalidad? ¿Es razonable suponer que ese perfil psicológico
dificultades. Viene al caso la manida, y siempre algo superficial, retorsión pueda echar raíces en un pueblo de escépticos no ilustrados, de teleadic-
antiescéptica del cognitivista. Si la verdad no existe, si cada cual tiene su tos narcotizados, sistemáticamente privados del principio de realidad?
propia «verdad» 75 , ¿qué argumentos puede esgrimir el demócrata frente Dicho de forma más suave, ¿habremos de elaborar nuestras inquietudes
a quien no lo es? De otro modo, si todo es relativo, ¿cómo se explica que sobre el futuro de la democracia como simples problemas terapéuticos?
los ciudadanos puedan escoger la democracia antes que cualquier otro Muchas de estas preguntas parecen encaminarse hacia una solución
régimen político que favorezca de forma más clara sus intereses indivi- reconfortante cuando pasamos a observarlas desde una perspectiva episté-
duales o de clase? mica. En contraste con el vacío procedimentalismo de los doxásticos, las
Kelsen no es ni mucho menos indiferente a esta objeción, al menos d_oc_trinas epistémicas afirman que los resultados del proceso democrático
en el texto citado, y prueba de ello es la solución que propone a los dos solo son legÍtimos en la medida en ue uedan_ser ob'eto de un acuerd
opuestos peligros que acechan a una «epistemología democrática»: el «SO- i. re y nlcio~~ me-ñt~- ~~ti;~-do entre iguales, oi'íeiítado -a-'la--híitiq"ued~
lipsismo» sin matices y un no menos paradójico «pluralismo» 76 . Lama- dd b!-eñ comti:n No""iiiegañ-·que Ta.democraéia teñga"'"liña-aimensio-n"
79·:

triz kantiana del argumento es explícita cuando apela a la condición de procedimental, pero añaden --~e ·unto ·a:-sü- VálorTñt?·-------------~----~
igualdad de los sujetos, libres de conocer «bajo las leyes del conocimiento lmÍentOS tienen además ~n valor--znstrÜmentaf.deiivaOO- US C -
racional». Pero recurre además a una segunda tesis que llega a hacerse ex- lidades epistémicas. Se entien e que e eniramado-cfe-foros y poderes
plícita unas páginas más adelante. Lejos de fiarlo todo a la fuerza de atrac- que aseguran la formación y el control de las decisiones promueve el
ción espontánea de un procedimiento que hace posible la participación de intercambio de información, la detección de errores fácticos y lógicos,
todos en la producción del derecho, Kelsen sugiere que la supervivencia el control sobre los factores emocionales y las preferencias irracionales y
del método democrático depende de ciertas cualidades del carácter de pone freno a la sistemática manipulación de la agenda 80 • Sobre esta base,
los ciudadanos. Nótese que cuando decimos «Carácter» en un contexto no es difícil encontrar una respuesta a la pregunta por las motivaciones
como este aludimos a un trasfondo subjetivo que nada tiene que ver ni que guían el proceso de democratización: cualquier ciudadano razonable
con la virtud de los antiguos, ni con el espíritu subjetivo de los idealistas. estará deseoso de comprometerse con un procedimiento que tiene tantas
Recuérdese, porque no es casual, que la etapa decisiva de la formación virtudes, y no solo porque las decisiones obtenidas con ese método refle-

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

jarán muy probablemente sus convicciones más profundas, sino porque que sé que mis conciudadanos también están dispuestos a hacerlo. Aquí
la mera existencia de un procedimiento semejante comprometerá tam- se sitúa la frontera, viene a decir Rawls, entre el mero pluralismo y el
bién a los demás ciudadanos en la búsqueda de consensos compartidos 81 • pluralismo razonable 84 •
No hay razón alguna para no apostar por instituciones que conducen al Obsérvese que las dos versiones de la teoría ofrecen un análisis dis-
descubrimiento de la «verdad». tinto de la estructura motivacional de la democracia. En la primera, el
Pero el camino que va del compromiso a la verdad, pasando por los ciudadano contempla sus intereses y preferencias desde la perspectiva
procedimientos, tiene más recodos de los que se observan a primera vista. esclarecida que le proporciona la comparación con un sujeto idealizado,
Para ver en qué consisten p-;aemos tomar como ejemplo la manera en la situado en la «posición original». Comprende así la importancia de vivir
queJohn Rawls aborda esta cuestión ~_pJa primera y en la segunda etapa en una sociedad en la que existen vínculos razonables a la persecución
de su pensarñle"'ntoú: I~aginemoscprÚnerg, ~9_1Ilo hace éJ, una asocié!~ del beneficio racional. En un segundo nivel, ese mismo sujeto toma con-
~ción d~ per?onas que reconocen los principios de la igualdad y la liber- ciencia del valor (moral) de toda esta operación analítica, que es mucho
tªd como fundamento de la convi~~ncia políti~a. .Suponiendo que tales más que un pasatiempo especulativo. La experiencia le enseña que solo
i'u_dividuos pudieran desprenderse por un !J1Qmentode sus preferen~Ía~ implicándose en un proceso deliberativo de este tipo, con sus distintos
personales, sitm1ndo_§e tras un v~lo de ignor::mcia que l~s impid~ conocer niveles de abstracción, puede satisfacer sus intereses más profundos, que
su posición en la sociedad que ellos 111ismos_están -~on~~ibuyendo a crear, Rawls describe a través de la referencia a una concepción «tenue» del
es razonable esperar que escojan un arreglo institucional que promueva· bien. Todo el proceso tiene un claro valor epistémico. Las cosas son bas-
los principios que consideran «verdaderos». En esta situación, no es ne- tantes distintas cuando pasamos a la segunda versión de la teoría. Asumi-
cesario atribuir a los sujetos una especial motivación para que acaten las do el desafío de la estabilidad en un entorno plural ya no cabe la posibi-
decisiones dictadas por tales instituciones. Lo único que están haciendo lidad de despejar el problema de la motivación haciendo palanca sobre
es ser coherentes con sus propios ideales, que reflejan probablemente sus aquello que los ciudadanos comparten, por profundo que sea, porque
intereses bien entendidos. Además, esta inclinación a la obediencia se ve esto es precisamente lo que estamos echando en falta. Se trata, entonces,
favorecida por el hecho de que el funcionamiento regular del proceso de explicar cómo un esquema equitativo de cooperación social puede
político, en el ir y venir de razones a través del cual se llega a la especi- resultarle atractivo a ciudadanos que tienen concepciones diferentes de la
ficación de los principios de justicia en situaciones concretas, favorece justicia y no necesariamente emparentadas con los liberalismos de Hume,
muy probablemente la consolidación de un ethos democrático. De este de Kant o de Stuart Mill. Más aun, se trata de explicar cómo es posible
modo, una práctica basada en principios recongcidos como yerdaderos que el consenso resultante de un proceso abierto de cooperación pueda
a~aba orient~n-do -¡~ identid~d-polítÍca ·¿e- los- ciucíadanü~h."-Ei i~conve- convertirse en algo más que un simple equilibrio entre intereses estraté-
uiecnte de-~sta Primer~ hipótesis es gw~-esde!ll~~i~?opo_~?.re.~lista. Y-~-g­ gicos y opiniones distorsionadas, es decir, en algo más que un simple mo-
es. un_ defecto menor.Supone, _e_n efeGtQ, _:una homog~nódad :valor:ati.Y.ª dus vivendi. El tipo de consenso que la teoría necesita para sostenerse a sí
_que no existe _e_n socie_dacle._s pl_utales como las nuestras, como reconoce-el misma y motivar la obediencia de los ciudadanos es aquel que estarían
pro 10 Rawls en el p:as_o clescie la ú9tí_a. de_la ·usÚda_hasta ~{liberalismo ~estos a suscribir personas esclarecidas, que actúan por las razones
político. _El nuevo re_ ªto_ es e _siguiente. Ima.g~l!e_JP:9S _1111~situacióg__~~Ja «correctas», porque han desarrollado un sentido de la ·usticia «efectivo» 8-'.
que los ciudadanos saben que, en sociedades marcafla?__ p_QJ:-)Il_s.uper<!l:>J~-~­ Ninguna de as dos versiones del liberalismo rawlsiano incluye la re-
diferencias religiosas, filosóficas y morales, el logro de un sistema de co- ferencia a una antropología moral «Verdadera» en la u anclar el funda- e
operación equitativo y estable es imposible mientras se empeñen en de- mento e a emocrae1a o nuestra in uietúd porTa falta de compromiso
fender contra viento y marea su propia doctrina comprensiva del bien, la emocrat1co. es e este punto de vista, se diría que es una teoría--de -·a
que consideran «verdadera». La hipótesis es que ciudadanos como estos democracia «sin verdad». Lo que hace Rawls es- postular una psicología
comprenderán que va en su propio interés renunciar a su verdad, o parte moral plausible, la de ciudadanos que saben de sus limitaciones y que,
de ella, en vistas a la elaboración de una base de justificación compartida en VISta de-ello, -SOn ca aces de asumir una serie CÓÍnpromisos; Sin los de
de los principios políticos fundamentales. Esta renuncia es perfectamente cua es a cooperación sociaf sería inviable. E_specialmente en -la segunda
plausible bajo una condición de reciprocidad: renuncio a mi verdad por- &
verstón de la teoría," todo depende de 'Cj_ue los poEladores- dé sociediides
- ···-~--~ .. - """ ·---~----~- .. -- ._, ,-.,-,~- --- - ..... - ,-.,.-~ •• "-

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO
OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

como las nuestras descubran lo bueno que puede ser para ellos mismos aportar para la formación de una sociedad democrática. El escepticismo
poner entre paréntesis sus «verdades privadas» y sumarse a un proyecto ante la verdad que caracteriza esta solución debe ser matizado ponien-
político común. do en evidencia los residuos naturalistas que encubre 88 • En primer lugar,
Con respecto a esto, conviene subrayar enseguida que el liberalismo hay una evidente tensión entre el compromiso kelseniano con los grandes
político no acaba de cortar definitivamente los puentes con las concep- ideales que acompañan la evolución del pensamiento jurídico y político
ciones comprensivas que los ciudadanos suscriben en el foro privado. moderno y la renuncia, típicamente emotivista, a elaborar las razones úl-
La teoría busca un difícil equilibrio, porque la tajante desconexión entre timas que están en la base de ese compromiso. Pero además, y esto resulta
las razones que se dan en uno y otro campo sería fatal desde el punto particularmente interesante, detrás de la kelseniana afinidad electiva entre
de vista de las motivaciones, el que aquí nos interesa. Les obligaría a relativismo y democracia está latente una apuesta por la función pacifica-
los ciudadanos a vivir algo parecido a una doble vida86 • Para evitar un dora o civilizatoria de las estructuras institucionales del Estado de derecho
resultado semejante, a la teoría no le queda más remedio que suponer y de la democracia. Este es el factor explicativo que venimos buscando.
la progresiva convergencia entre las verdades que los diferentes indivi- Solo la confianza en la función terapéutica de la democracia, en su capa-
duos (razonables) suscriben en el ámbito público y las que suscriben en cidad para domesticar los conflictos sociales, explica el camino por el que
el ámbito privado. Pero no debe pensarse que la doctrina de la justicia llega a formarse la personalidad del ciudadano correctamente socializa-
como equidad le reclame al ciudadano la aceptación de normas que do. Lo cual, sin embargo, nos devuelve inmediatamente al argumento de
caen sobre su cabeza desde las alturas de la especulación filosófica, como Schmitt acerca de la deliberación y el puesto de la verdad en los procedi-
el producto de sofisticados experimentos mentales. No existe un mode- mientos de formación de la voluntad colectiva. Sería extraño que las ins-
lo de justicia social, filosóficamente esclarecido, al que deba plegarse la tituciones pudieran desempeñar ese papel racionalizador que les estamos
conciencia del ciudadano. Respecto del ir y venir de las razones de lo pú- atribuyendo si la referencia a la verdad fuera absolutamente irrelevante en
blico a lo privado, y viceversa, la teoría cumple una función marginal, de el intercambio comunicativo que subyace al juego de mayorías y minorías
orientación, reconciliación y transformación. Aspira a presentarse como o en los distintos mecanismos que intervienen en compleja maquinaria
elaboración coherente de los principios que los ciudadanos realmente institucional de la democracia; esto es, si no existiera la posibilidad de
suscriben en su experiencia cotidiana. La filosofía se aplica a sí misma el dar y quitar razones o si el tribunal de la opinión fuera sistemáticamente
principio de tolerancia y deja las conciencias de los ciudadanos, tal como desmentido por el grito de la masa. Sin una referencia a la verdad, por mí-
están, confiando en que la elaboración de las razones privadas camine nima 9-!:e sea, el ideal del governmeiifby discussion resulta impracticable.
en la dirección correcta. Es aquí donde aparece una vez más la hipótesis ___.La solución epistémica parece mejor pertrechada para responder
epistémica. Gracias a la intervención filosófica conseguimos sumergirnos a las exigencias que estamos planteando. No obstante, a la larga no e~
reflexivamente en las profundidades de nuestra manera de ser. Obvia- mucho más confortable. En efecto, y aun sin detenernos en los deba-
mente, en la rnanera_de ser que .~aracteriza_aJos..pohl9-d9r_~s de socieda- tes sobre si resulta acertada la configuración psü.:ológica del sujeto rawl-
qes como. las nuestras,Jas sociedadgs-«decentes».8?. -~--· siano o sobre el peso que pueden tener los distintos factores contextua-
Sin enredarnos más en los detalles de J<!I?!QPUe~ta ~~awl~!;;t_na, volva- les en la formación de una disposición cívica adecuada, la traducción
mos a nuestra CUGsÚÓn- i~iciaJ.rec:(lpi~lll;ndo)()_ d_ich()_h~~t-~-~ql1f y_pr~:­ institucional del enfoque epistémico tiene que hacer frente a numerosas
g-q_ntándonos cuál de las dos soluciones qu_e he _pre~e11t::tdo, la d())Cástica dificultades. Para empezar, porque si el motivo principal para recabar
o la e istémicé}, ofrec~ u..na ~:x:J?licc:tción más plausible de los mecanismos la adhesión del ciudadano es la fiabilidad de los procedimientos, que se
que lleva11 a OS ciudad;;tnO_S_ a COf!l:.R.f.Q@.t:!~J;.S.~.con un modefo de convi.:: pretende superior al juicio individual 89 , me pregunto qué es lo que su-
venCia tan ex:i ente_como es la democracia ue obliga-_él postular y nos cede a medida que van acumulándose circunstancias que distorsionan,
<;:9mpromete con la igual capacidad de juicio de todos los ciu a a~g~.: obstaculizan o impiden esa tendencia a la imparcialidad que estamos
La primera opció11, la d~ J9s doxásticos re resentada a uí or Kelseñ,_ atribuyendo al método democrático. En los casos en que la distancia
rechaza to o compromiso con la verdad y se c:o11forma con·estáElec-ei uñ entre la teoría y la práctica supere un umbral de tolerancia, el mismo
c~nJunt~ de p.rocedimientos~_parªJa formación de la _voluntad colectiv::t_,_ argumento que vale para promover el compromiso de los ciudadanos
en el entendido de gue esto es todo lo que la teoría puede sensatament~ puede valer también para convalidar la desafección. Pero, además, por-

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

que los intentos po~d~!!J.O~t-~.ar <:!t:l_al!ti~amenteJasuperioridad deljuicio 5.5. Castillos en el aire y fracasos cotidianos
colectivo sobre el juicio individual 90 ~e vuelven cada vez más irrele-
vantes, hasta perder todo interés, a medida que van eliminándose del fu! el apartado anterior intentábamos encontrar una explicación de los
marco analítico las complicaciones de la vida real, como por ejemplo las mecanismos que conducen a la formación de una sociedad en la ue 1 s
distorsiones de la comunicación y los costes de información91. ciu acianos son os meJores jueces de sus intereses y se cumple el ideal
Aparte de estas dificultades, la opción epistémica arrastra todavía de la igualdad política. Ninguna de las dos propuestas parecía funcio-
otros malentendidos que podemos achacar a la irresistible atracción que
sigue ejerciendo una indebida equiparación entre una visión amplificada
del alcance de la razón pública y una imagen idealizada del público real y
--
nar. La primera, la doxástica, supone de forma poco convincente que el
juego de las opiniones, bajo un puro marco procedimental, conduce a la
pacificación de los conflictos sociales. Si fuera cierto que la referencia a
de sus opiniones. Las cautelas de los doxásticos siguen siendo bienvenidas la verdad no desempeña ningún papel en el proceso democrático, si el
cuando insisten en la importancia de no identificar los resultados del juego de mayorías y minorías no atiende a la diferencia entre la opinión
procedimiento democrático con la verdad a secas. El problema lo encon- del ciudadano responsable y la del dogmático, entonces no se entendería
tramos en el momento en el que desde posiciones epistémicas se desliza qué es lo que le lleva al ciudadano a cargar con el esfuerzo que impone,
la tesis según la cual las virtudes del procedimiento, por sus indiscutibles entre elección y elección, la conversación democrática 95 . Por su parte,
cualidades civilizatorias, no pueden no motivar la conducta del buen ciu- los partidarios de la opción epistémica, la segunda de las dos opciones,
dadano. En ese instante, la participación deja de ser un derecho y se con- le atribuyen al procedimiento una particular virtud en el descubrimiento
vierte en un deber 92 . Para evitar estas implicaciones, es importante poner cooperativo de la verdad. Explican así, con relativa facilidad, cuál es la
la democracia a salvo tanto de la «falacia de la composición», como de la razón que sostiene el deber de comprometerse con las reglas del juego
«falacia populista». Con respecto a la primera, no está de más preguntar- democrático: icómo no hacerlo, si es el procedimiento que nos acerca
se quiénes son los ciudadanos que están realmente opinando, sobre qué a la verdad, al tiempo que nos hace mejores! El problema es que, en
lo hacen y en qué condiciones. Se trata, en otras palabras, de precisar las democracia, corrección y legitimidad no siempre coinciden. El inevi-
condiciones para que la multitud de los individuos pueda transformar- table margen de falibilidad de los procedimientos obliga a establecer una
se en un público sin relegar las opiniones discordantes, porque es falso disociación, estructural e insuperable, entre lo justificado sobre la base
gue sea el ct;u~rpo soci_al co_rrz_o 111!:. todo el que «accede» a la verdad93. La de los procedimientos y lo justificado atendiendo a todas las razones del
s~gundafalacia, la falacia populista~ es la .CJ.ue Cü_II}~t~ qui<:J1 olyjf!a que caso (all things considered) 96 • Lo que pretendo mostrar en este aparta-
l.a .verdad y la falsedad de ~n juicio no depende11 nunca del Il.úmero--de do, como quizá pueda intuirse, es gue ninguno de los dos enfogues pre-
personas que lo suscriben. Por más que el pr~c~so; tr~;és-def~~~~~l ciu- ~dos hasta aquí, el doxástico y el epistémico, en su versión ortodoxa,
dadano reafirma sus certezas tenga un in~li~inabi~-~~~po~ente-i~t~rs~b­ y por razones distintas, ofrecen una reconstrucción acertada de cóilio
jetivo, eso no quiere decir que el sujeto que opina deba necesa;i;-~~~te funcionan realmente los procesos de formación de la opinión y la volun-
sacrificar sus creencias en aras de la opinión común. Y ello por la sencilla tad democrática. Por lo demás, no me hago ilusiones sobre la existencia
razón de que las mayorías también se equivocan. Esta banal observación de una tercera vía, a mitad de camino entre ambas, ue ro orcione un
nos recuerda la importanCia de ser especialmente cuidadosos a la hora undamento sólido en el gue anclar el compromiso democrático. ás
de introducir un factor epistémico en el proceso de formación de la vo- prudentemente, me conformo con indicar cuál es el terreno en el que se
luntad democrática. El problema al que se enfrentan quienes ponen un generan los resortes motivacionales necesarios para seguir confiando en
énfasis excesivo en las virtudes epistémicas y en la hercúlea capacidad de los instrumentos de la democracia constitucional. Lo que me interesa,
los deliberadores está en que al final tienen que acabar reconociendo que en último término, es abrir una ventana sobre las fuerzas que, contra toda
la fuerza de los argumentos es «independiente de quiénes y cuántos los inercia, nos permiten resistir a la compresión populista y tecnocrática de
esg:irnan~>~ • Esto lleva ~ir~ctamente a la conclusión de que democracia y
4
la esfera pública.
dehberacwn son cosas d1stmtas, que pueden entrar en contradicción. Las Comencemos por la opción epistémica, la que ofrecía mejores pers-
relaciones entre consenso, legitimidad y verdad son más complejas de lo pectivas. Sus partidarios podrían argumentar que las críticas que hasta
que la tesis epistémica deja intuir. aquí les hemos dirigido van desencaminadas, pues no aciertan a situarse

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

a la altura a la que realmente se mueve una concepción procedimental de identifica en un sentido muy profundo con él, hasta el punto de que es
la justicia como la que respalda el ideal epistémico. Son críticas que pue- interiorizando v haciéndolo creíble sobre el escenario como llega a des-
dtn hacer mel1~.en. ~us versiones más.inge~uas,.aque_llas"que.px~t~n.d.en cubrir facetas duevas de su personalidad, hasta entonces desconocidas o
trasladar directamente lª t~oría a. la práctica, con diseños institucionales no integradas correctamente en su experiencia99 • El problema está en que
q.ue aspiran a reproducir la situaciónideal de habla oJas restri~cio~e~ esta solución puede ser buena en el plano cognitivo, pero resulta bastante
infor!Tiatiyas..dela posición original; petQ.Y~J:r(lnel bla~c~ c~~~d~ s~ di- más resbaladiza cuando nos enfrentamos al malestar de ciudadanos apá-
rigen contra las versiones filosóficamente más .el;boradas de·¡~ t;~;í;. E~ ticos y manipulados, que contemplan impotentes la degradación de sus
efecto, una cosa es entender, como probablemente pensara Condorcei~ instituciones y, con ellas, de sus propias oportunidades de vivir una vida
que los procedimientos democrátiéos son valiosos porque dan acceso a que merezca ser vivida.
la verdad «objetiva», que es siempre la misma cualquiera que sea el pro- Una vez más, la posición rawlsiana es paradigmática. En la perspecti-
cedimiento que utilizamos para acceder a ella; y otra bien distinta afirmar va del constructivismo político la existencia de una concepción comparti-
que los procedimientos tienen un valor constitutivo respecto de ciertas da de la justicia puede ser considerada al mismo tiempo como condición
prácticas lingüísticas en las que se dice de algo que es «verdadero». En y como resultado del ejercicio de la razón pública. Rawls no necesita
este último caso, el uso del término «verdad» no es independiente de anclar la «verdad política» a la tradición o a la naturaleza, o a una norma
nuestras creencias. Si la versión inicial de la tesis epistémica se volvía pro- preexistente ante la que se tenga que plegar necesariamente la razón y
blemática al medirse con las fuerzas y las pasiones de la política «real», la voluntad de los ciudadanos. El compromiso cívico no reposa más que
es muy probable que esta versión modificada sea menos vulnerable a en una concepción de la persona y la sociedad que es, para nosotros, tan
este tipo de críticas. De entrada, porque no tiene sentido decir que básica como lo son las nociones de juicio o de inferencia, o los principios
evaluamos la fiabilidad de los procedimientos con respecto a su grado de de la razón práctica, que no precisan una fundamentación ulterior 100 •
acierto: lo que estamos diciendo es, precisamente, que no existen crite- Son nociones {undantes, que constituyen la referencia indispensable, la
rios
. independientes
. para medir la corrección de las decisiones, esto es ' brújula, la estrella polar, por las que se orientan los procesos de autoclari-
cntenos que no hayan sido elaborados en el contexto de una práctica ficación pública. Por el contrario, los contenidos concretos de la razón
lingüística determinada. Así, diremos que es «verdadero» el resultado pública son construidos sobre la marcha, haciendo camino al andar. En
de una práctica cooperativa que se desarrolla bajo unos principios (de rigor, habría que añadir, lo que persiguen los ciudadanos cuando ingresan
r<iLL;QJ1"_pública) que ella .misma establece. en la esfera pública no es la verdad misma, toda la verdad, sino tan solo
. A. P~~tir~¿¿·a<i~í,.los p~~tidari';~~e.~s.Í:g versión modificélda de la tesis esa forma de obietividad ·sin verdad que se alcanza mediante la feliz re-
el?istémica pueden_.~rgum~J]tar.gqe Jo~ .ciu.ff~Sl~~~-4~fih~;~~-y~~~~~rn~ conciliación de sus doctrinas privadas con el mundo social que, de hecho,
J?rOm(!ten. co.J:l.l1!! .Qroc~_clirnieJ1tQ...Qri~Pta..4Q. ªJª .l?!lsq~ecia ~()OP~!.<:!Xiya. todos comparten, y desde el principio 101 •
qe.la ye;rdad no por mero interés, o por inclinélÓÓI1 nat11rªl, ni p()rgu~ El punto más débil de un enfoque como este, aparte de otras muchas
.exista una .c:onve_11cióf! gue l~s .fut:r.ce_ ªhªce_rlo., _sino porque la adhesión complicaciones filosóficas, está en su carácter condicional. El vínculo que
a _los valores democrátjco.s es un ingredie_nte. insustit~úbled_~_ su,. forma de une a los ciudadanos con las instituciones democráticas amenaza con dis-
vzda., de sule.rzguaje. mgral, dt:;lpai~aj? ~n el que se desarrollan sus vidas. A gregarse en cualquier momento. Cabe entender que el ciudadano razo-
diferencia de la tesis primitiva, aquí el elemento epistémico n~ se refiere nable mantendrá su compromiso con las instituciones si, pero solamente
al descubrimiento de una verdad independiente, sino a la construcción de si, puede razonablemente esperar que por ese camino lleguen a realizarse
un ideal regulativo. Se trata de una solución evidentemente circular, pero sus convicciones más profundas. Sabe que sus deberes de lealtad institu-
no toda circularidad tiene por qué ser viciosa97• Puede ser incluso sana, cional pueden implicar en ocasiones la renuncia o la postergación de una
dirán los constructivistas, si nos permite acceder a una mejor comprensión parte significativa de esas convicciones 102 . Una renuncia que puede ser
de los ideales que suscribimos, si nos ofrece una visión realista y utópica más o menos dolorosa, pese a que cabe suponer que en la mayor parte
a la vez de lo que somos y de lo que queremos ser 98 • Todo el movimiento de los casos las ganancias serán mayores que las pérdidas. N o en vano le
puede explicarse como un sofisticado proceso de representación, como estamos atribuyendo a las instituciones una especial cualidad epistémica.
en el caso del actor que se sabe distinto a su personaje y, sin embargo, se Ciudadanos correctamente socializados, crecidos en el afortunado medio

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

de sociedades plurales y tolerantes, estarán dispuestos a considerar con la que promuevan, en el largo plazo, la formación de una cultura política
debida apertura de miras las convicciones propias y ajenas, y a permitir adecuada. Pero esta opción no deja de suscitar perplejidad en un mundo
que la verdad privada le ceda el paso a un procedimiento cooperativo de en el que los pilares institucionales de la democracia tienden a volver-
búsqueda de la verdad. Los problemas vendrán en el momento en el que se, como sabemos, inestables y en el que la opinión pública ha perdido
este afortunado mecanismo deje de funcionar como se supone que debe su función orientadora. Cuando las cosas se ponen feas, y puede que
hacerlo. De hecho, cada vez son más frecuentes los casos en los que el este sea ya el caso presente, la «utopía realista» del liberalismo político
balance entre los beneficios del procedimiento y los costes de la renun- queda indefensa, lamentando amargamente la ausencia de circunstancias
cia tiende a caer del lado equivocado. Así se explica la enfermedad del favorables para su realización 108 • La cuestión no es marginal y no puede
fundamentalista o también, como el propio Rawls apunta, del demócrata ser puesta entre paréntesis: la «indiferencia a la verdad» pone contra las
desencantado, que no consigue resolver en la esfera privada el malestar, la cuerdas el proyecto de civilización democrática 109 •
angustia, el vacío existencial que se produce en la vida pública 103. La fragilidad motivacional del constructivismo nos devuelve al terri-
Hay al menos dos vías distintas para contrarrestar el déficit moti- torio <:loxástico,del que quizános 1-!abíamos apartacio_(:ll1tes <fe ti~rnpo 110 •
vacional que sobrevuela el constructivismo rawlsiano. Ambas reiteran Podemos retomar el hilo del debate en el punto en el. que lo habíam?s
estrategias clásicas. Una sigue mirando con buenos ojos las virtudes del dejado y preguntar cómo es posible que el iné·t~<:lo derilocrát..ic<.?_Puedél.
pluralismo y busca una alternativa al bloqueo de los procesos coope- cumplir esa función pacifi~éldora, civilizadora, racionalizadora que se le
rativos de deliberación rescatando, con variaciones terminológicas, la atÍ:'ibuye. La hipótesis es qu~ en el funciÓnan~Tento h(lbittÍal dé los pro-
perspectiva de la eticidad hegeliana 104 • La otra, en cambio, recupera la cesos de entendimiento que acompañan al ir y venir de las !llayorías y
fuerza motivacional de la verdad y aspira a reformular su atractivo en un ~inorías hay algo ~ás ql1e intereses, if1esq_l1t.ª-blesJil1~tn<lcion~s de la
entorno marcado por la tolerancia liberal, en clave política 105 • No voy a conciencia individual o pulsiones de las masas. . . - "
detenerme en estos intentos de revisión del constructivismo rawlsiano _- Para mostrar por dónde pasa Uf1a po~il:>~~ a_ltérp.~tiva al enfoql!~ e~~~~
porque dudo de que puedan lograr su propósito. La sospecha es que no' tr~ctivista y qué papel cumplen en ella los factores doxástic;::os y_epi_stérni-
sea posible recuperar el potencial normativo de la esfera pública ape- cos, voy a tomar como referenci-a una serie 'de _e_scritos_n:cientes de Jür-
lando únicamente a las concepciones «comprensivas» de los miembros de gen Habermas en los que se produ~e un reajuste de algunas de sus tesis
la comunidad política, por más que indaguemos en las profundidades más conocidas, que provienen de trabajos anteriores y desembocan en las
de la conciencia 106 • No hay que ir muy lejos para imaginar situaciones páginas de Facticidad y validez. La pregunta por los motivos que pueden
de conflicto en las que la hipótesis constructivista queda abiertamente tener los sujetos para involucrarse en prácticas comunicativas tan exigen-
falsificada. Así, por ejemplo, en todos aquellos lugares en los que no tes como las que precisa la democracia toca uno de los elementos centra-
haya podido consolidarse una cultura democrática tan profunda como les de la teoría del discurso. La posición inicial de Habermas es de sobra
la que se respira en los pasillos de las mejores universidades norteame- conocida. Cualquier hablante se vería forzado a aceptar tanto los pre-
ricanas y europeas, o donde la pobreza y la falta de expectativas vitales supuestos (cuasi) trascendentales sobre los que reposa la comunicación,
echan por tierra la esperanza de llegar a romper en un plazo relativa- como sus implicaciones prácticas, por la ineludible necesidad de alcanzar
mente cercano el círculo vicioso de la deseducación, al constructivismo el entendimiento con sus interlocutores. En relación con lo que aquí in-
político no le queda otro recurso que el de celebrar melancólicamente lo teresa, y simplificando muchos pasos intermedios; esa necesidad práctica
bien que supieron administrar el pluralismo unas pocas sociedades que, es la que mueve el proceso de democratización 111 . Es una «fuerza débil»,
en un momento particular de su historia, tuvieron la fortuna de pasar por supuesto, pero suficiente para situar al ciudadano en el horizonte de
por el aprendizaje de la tolerancia. La teoría parece dar por descontado un proceso de aprendizaje que se extiende en el espacio y en el tiempo y
que basta mostrar el buen ejemplo para que la chispa de la deliberación conduce hacia el «concepto contrafáctico de una opinión final, es decir,
reflexiva salte en la mente de los fanáticos. No dudo de que a veces esto de un consenso obtenido en condiciones ideales» 112 • El compromiso de
pueda suceder realmente, pero me temo que no siempre es así 1o7. Es cier- los ciudadanos con este ideal introduce en las interacciones políticas una
to que cabe promover, aun contra la voluntad de los apáticos y los ene- referencia ineludible a la verdad, entendida como aceptabilidad ante un
migos de la democracia, el establecimiento de instituciones paternalistas auditorio universal, perfectamente informado y que cuenta con el tiempo

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

necesario para elaborar sus conclusiones, dando el debido peso a todas de fondo explica la formación de consensos; pero explica también, y esto
las razones pertinentes que puedan entrar en juego 113 • Sobre esta base, el es lo relevante aquí, la necesidad de su revisión. No serán ya consensos
objetivo declarado por Habermas en Facticidad y validez es mostrar cómo definitivos, sino provisionales, cuestionables, impugnables.
es posible que estas estructuras normativas elementales de la socialización A estas alturas es importante notar que la teoría del discurso no se
lingüística puedan encarnarse en el derecho de una sociedad democrá- conforma con registrar la probable discrepancia entre las visiones del
tica. El procedimiento democrático, y el derecho, que es su producto, mundo particulares, con sus verdades inconmensurables, y los momen-
es descrito como un prodigioso mecanismo que habilita los procesos de tos afortunados de estabilidad, como hacen los constructivistas, que se
aprendizaje, como un conjunto de instrumentos institucionales que hacen resignan a dejar nuestras concepciones del mundo tal como están. Por
posible el intercambio de razones y orientan la acción hacia ese punto de el contrario, está en condiciones de explicar por qué aparecen y cómo
fuga ideal en el que se encuentra la solución universalmente válida, ideal- funcionan los procesos de transformación de las creencias más arraigadas,
mente aceptada por todos, la «Única respuesta correcta» 114 • dando lugar a procesos de aprendizaje, incluso en circunstancias de pro-
En esta primera formulación, la solución habermasiana al problema fundo desacuerdo ético. Para ello necesitamos únicamente suponer que
del compromiso democrático se caracteriza por su explícita adhesió""ña todos los hablantes se refieren en sus discursos a un «mundo objetivo»
la tesis epistémica y es, además, extraordinariamente exigente desdeel que es el mismo para todos 121 • Es en la conflictiva relación del sujeto
punto de vista ético. Por el contrario, en al unos de sus últimos escrrtos con aquello que escapa a su voluntad donde encontramos la fuerza que
_a ermas tiende a re ajar a ambición epistémica, al tiempo que evzta mantiene en vida la exigencia de comunicación pública, de aprendizaje y,
sobrecargar las expectativas sobre la prudencia de gobernantes y gober- en último término, de ilustración democrática. Cuando menos lo espera-
~5. De lo que estamos hablando, en definitiva, es de la posibilidad mos, la realidad desmiente nuestras intenciones. Como muestra Bernard
de reciclar la concepción discursiva de la democracia poniendo en evi- \Xlilliams, en este punto, no podemos dejar de hacernos responsables de
dencia su vertiente contestataria, frente a lo gue han dicho, y con razón, lo que creemos 122 • Nos situamos así en un modelo de deliberación que
algunos de sus críticos 116 • El énfasis se traslada entonces del consenso a cuestiona abiertamente la clausura rawlsiana de las «formas de vida» y
la constante emergencia del disenso. su modelo de «solapamiento» bajo condiciones de imparcialidad. Haber-
El primer paso hacia una reconsideración de este tipo, que busca evi- mas está proponiendo una reconstrucción muy distinta de la experiencia
tar la sobrecarga cognitiva que grava sobre el ideal epistémico, se encuen- política. Aunque no deja de reconocer la inevitable mediación lingüística
tra en el debate que Habermas mantiene con John Rawls acerca del papel de nuestro acceso al mundo, está llamando la atención sobre un punto
de lo «verdadero» y lo «razonable» 117• Además de otras muchas cosas que de referencia no-epistémico, ajeno al discurso, «que trasciende la justifica-
no vienen al caso en este momento, lo que a Habermas le preocupa es la ción». La tesis es que sin esa «referencia» que nos desmiente no acertaría-
dificultad de encontrar una base de justificación estable para las institu- mos a explicar cómo funcionan realmente los procesos intramundanos de
ciones democráticas que se asiente exclusivamente sobre las verdades que aprendizaje 123 • Vistas así las cosas, la labor reflexiva sobre las opiniones
los ciudadanos suscriben en la perspectiva del creyente 118 • En un segundo no tiene por qué estar orientada ya hacia un lejanísimo horizonte de un
momento, y en escritos posteriores, somete a revisión los presupuestos consenso final, universal y monótono, sino que responde más bien a la ne-
epistémicos de su teoría del discurso y saca a relucir la «intuición realista» cesidad de encontrar respuestas tentativas y provisionales a los desajustes
que desde siempre habría estado presente en el trasfondo pragmático de entre nuestros prejuicios, que hunden sus raíces en el mundo de la vida, y
la acción comunicativa 119 • Lo interesante de esta nueva perspectiva es la una obstinada realidad que no se pliega a nuestro antojo.
manera en que acaba rompiéndose el nexo entre la verdad de una pro- A esto hay que añadir enseguida que ni la recuperación de la intuición
posición, entendida como referencia coronada con éxito a una realidad realista, ni la advertencia escéptica -ino se olvide que las cosas podrían
objetiva, y su aceptabilidad ante un auditorio idealizado. Se abre así una no ser como a usted le parecen!- tienen por qué implicar la recaída en
significativa brecha entre verdad y justificación. Cualquier posible con- alguna forma de realismo metafísico. En el mundo «social», en el ámbito
senso, salvo el inalcanzable consenso final, puede ser desmentido por en el que operan la moral, la política y el derecho, a diferencia de lo
los hechos, ya que «p» podrá estar todo lo justificado que se quiera, «y que sucede en el mundo «objetivo», la referencia inmediata a la «verdad»
sin embargo ser falso» 120 • La urgencia de la estabilización de las creencias tiene un papel limitado y, por el contrario, es preciso mantener un con-

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

cepto epistémico de corrección normativa. Los juicios sobre los «hechos» cesaria para atender al déficit motivacional que corroe las opiniones pú-
y sobre los «valores» están en planos diferentes y tienen «direcciones de blicas contemporáneas. Sin instituciones deliberativas los procesos de
ajuste» también diferentes 124 • Pero no porque haya una insalvable discon- aprendizaje social quedarían bloqueados. Pero eso equivale a afirmar
tinuidad entre estos dos planos de la experiencia, sino porque conviene que las fuerzas que mueven los procesos de democratización no se ex-
mantener una «reserva falibilista>> frente al doble y simétrico intento de traen (únicamente) del autointerés ilustrado de los ciudadanos, como
clausura: el de una ética enteramente naturalizada o, en el extremo con- suponía la vieja teoría liberal de la democracia, ni del cultivo de las vir-
trario, entregada a la inefable apertura lingüística del ser. A diferencia tudes que adornan los procesos de autodeterminación colectiva, como
de lo que sucede en el caso de los juicios asertóricos, los juicios de valor pretende la tradición republicana, antigua y contemporánea. No tienen
carecen de puntos de referencia incuéstionables que escapen definitiva- por qué estar enraizadas en un sentimiento compartido, ni en la natural
mente a la necesidad de justificación. De ahí que podamos hacer com- simpatía del género humano. Ni siquiera es imprescindible cargar de-
patible la referencia a la verdad con la atribución de un valor político al masiado las tintas en la fantasía de una razón encarnada en la historia,
hecho del pluralismo, al desacuerdo entre las distintas experiencias de la siquiera en esa forma secularizada que identifica a la razón con el ir Y ve-
realidad. No obstante, cabe insistir, el mundo objetivo sigue estando ahí. nir de los flujos comunicativos que circulan por las esclusas y desniveles
La experiencia moral no puede suceder más que dentro de los límites de de la esfera pública 126 • Para responder a la pregunta sobre las fuerzas que
este mundo, un mundo que hemos de suponer único. Con estos matices, mueven el proceso de democratización lo que hay que hacer es acceder
la reivindicación d~ un concepto no-epistémico de verdad no obliga a a la caja negra de donde brotan las opiniones sobre intereses y las in-
abandonar la distinción entre hechos y valores. Tampoco hace que la terpretaciones de las necesidades, y fijarse en los conflictos y contradic-
filosofía tenga que asumir un papel excesivamente oneroso. Aun siendo ciones, desajustes y disonancias que afloran en la experiencia cotidiana.
normativa, su tarea no consiste en la anticipación de una verdad que Así las cosas, una reconstrucción deliberativa de los procesos de apren-
se pretende universal y definitiva. Ni proporciona respuestas, ni mueve dizaje individual y colectivo no tiene por qué desembocar en la utopía an-
las conciencias. No es maestra de vida. Funciona más bien como condi- gelical del diálogo, que conduce como por arte de magia a la formación
ción suspensiva, como sistemática llamada de atención: todas las visiones de acuerdos definitivos e incontrovertibles. Lleva, más bien, a una recon-
«provinciales» pueden quedar falsificadas por los hechos, en cualquier sideración conflictual del proceso democrático. Es la cruda realidad de
momento, cuando menos nos lo esperamos. Por el contrario, es la acu- los conflictos y los desacuerdos la que nos fuerza a poner en suspenso, y
mulación de experiencias de comunicación fallida -que no pueden ser a menudo a descentrar y revocar, los consensos y las certezas. Y ello tiene
elaboradas ni en primera persona, singular o plural, ni en tercera-la que claras implicaciones en el plano institucional. De entrada, y desde la pers-
nos fuerza a problematizar los mecanismos normales de estabilización de pectiva más general, cuando observamos que de la incondicionalidad de
la conciencia 125 • Son los fracasos los que mueven los procesos de apren- la última palabra, de la decisión final tomada conforme al procedimien-
dizaje, cuando el mundo desafía nuestras visiones etnocéntricas, descen- to, no se sigue.Ja ilegitimidad de todo aquel poder que no tome.en con~i­
trándolas, creando disonancias que hacen saltar sus fronteras, oponiendo .deración todas lél~ voces y todas Las. ra~ones, a_n~icip~!J.do el P.t:t])tO de {l;!gª
una obstinada resistencia. iqeal del diálogo ilustrado, sino la continuidad del pro.~edimientQ.Jnismo.
La distancia entre los enfoques constructivistas y esta versión modi- S.on las mismas reglas que ponen fina la ~!~cusión las _ql1eg~ra.gt!?(l.Q._ql1_e.,
ficada del ideal discursivo debería haber quedado suficientemente clara. después de cada decisión, habrán de venir nuevos moroento~ ..d~_opiniQ:Q
La posición de los constructivistas resulta particularmente inestable en y., disc::usión, .en los que podrán .ser tomados ep c:onsideraciónJos.errores
contextos en los que la forma de vida propia de sociedades pluralistas y gre~eptes y los fracasos. que __están por vemr. · ·' __l(H1$11:YCL1a
· 121. .La.- dec:I~!QJL~

tolerantes no ha llegado a ser todavía o ha dejado de ser ya dominante. deliberación, perq no blqquea el.procesü .de. aprendizaje_.__ Por. un.Jado,
Por su parte, y una vez rebajada la tensión epistémica, la perspectiva porque no desmiente definitivamente las presuposiciones pragmáticas
discursiva consigue evitar también la peculiar forma de quietismo a la del discurso, las idealizaciones de una comunicación no distorsionada.
que parecen abocados los doxásticos ortodoxos. La mayor ventaja de Las suspende pero, a la vez,. las actualiza. Y, ,por otro, porque asegura
una posición como esta es su capacidad para explotar la problematici- la continuidad misma deL proceso democráúc::o._ La decisión de hoyno.
dad de los procesos de aprendizaje y encontrar en ellos la energía ne- . podrá ser modificada, pero nos deja una l~cdón que podrá, ser qis~uúdª

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO
OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

mañana, y quizá impugnada, sobre la base de hechos nuevos, que darán impasse democrático. No es, sin embargo, el único f~~tor relevante.
lugar a nuevos consensos y nuevos disensos. Este último ca ít s ía recisame e co a a rmacwn de ue estas
En un mundo cada día más ingobernable se multiplican las experien- son las condiciones institucionales necesarias para superarlo, pero no son
cias fallidas, que escapan a los marcos cognitivos y emotivos familiares. condiciOnes suficientes ara garantizar la formación de una esfera pública
Para sobrellevar la insoportable acumulación de fracasos que se produce democrática a uella en la ue se cum a e o ettvo e a 1 a ibertad
en un mundo como este ha sido preciso poner a punto un conjunto política) de todos )os ciudadanos.
de prótesis institucionales que nos ayudan a organizar los argumentos - En efecto, por más gue un buen diseño institucional pueda porwr
que están sobre la mesa y el universo de posibilidades a los que nos enfren- mucho de su parte, las perspectivas de ulterior democratización de nues-
tamos individual y colectivamente, de manera que cada uno de nosotros ~mocracias siguen siendo cuando menos inciertas. He intentado
pueda tomar posición ante ellas con conocimiento de causa. Atendiendo ~ostrar algunos de los obstáculos gue se interponen .en este c~mino: la
a exigencias de distribución del trabajo epistémico, estas instituciones perversa conver encia entre opulismo y democracia y la qmebra del
sirven como detonantes de los procesos críticos y autocríticas de apren- proyecto de ilustración universal, están sin duda entre e os. Para supe-
dizaje. De ahí la importancia de defenderlas, y de comprometerse con rar estos obstáculos se necesita, obviamente, imaginar un nuevo impulso
todos aquellos instrumentos gracias a los cuales es posible sacar a la luz democratizador. El problema está en saber dónde habrá que ir a buscar
pública las experiencias conflictivas, aquellas que demandan un reajuste. las energías necesarias para dar el salto cualitativo que esperamos. E~to
En sociedades como las nuestras, no hay más que un solo método para me llevó a preguntarme po_r_lasmotiyª-~o~~-~ 9.!1~ podrían tener los cm-
reparar el error de Epimeteo y hacer realidad la promesa de igualdad que dadanos para comprometerse con u.naf<;>X.lTiél P?!íticél_!_<!n_exjg~!l~_e_E()f!l?
inspiraba el alegato de Pericles: perseguir la «isonomía» como condición e~ la democracia, especialmente en su versión ~iscurs~\'~·-- ?i _d~lib~Eél~--~-~
de «isegoría». El valor de los «universales procedimentales» de la demo- c"ostoso, _no pode~~s dar por d"escontagg~ q~e _t()dqs _q11i~pn__ 4a~erl2: En
128
cracia se hace patente cuando la cruda realidad contamina la mágica concreto, 1!1~ int~resaba plantear ·la cuestión de por gué los ciudadanos
estabilidad del mundo que habitamos. Entendemos entonces que la de- h·abría~ ·de comprom~terse con. un proceso _q_e deliherqción pública ~ue
mocracia no cae desde lo alto, sino que encuentra su razón de ser en los pasa por los estrechos cauces institucionales que establecen las constitu-
desajustes de la vida cotidiana, en el vacío de significado que arrastran las ciOnes democráticas. La aportación de la teoría, enfrentada a estas pre-
rutinas más arraigadas.
guntas, es limitada._ S,on los ciudadanos,_y no los filósofos, los gue tienen
qu_e_en~ontrar las r:espuestas_ ade_~uadas. Y tienen gue hacerlo so~r:e)a
Il].archa, es decir, democrá_tis:_arnent~. . . ____ . . ..
5 .6. Las reglas y la presencia subversiva de los hechos
- El qbjetivo de las_últimas página~ ~~apr~cisamente evaluar la viabi~h:­
dad de dos estrategias elementales para encarar este problema, la doxas-
Desde el comienzo de este recorrido por la teoría democrática he querido
situar la igual capacidad de juicio de los ciudadanos entre las condiciones
_t]'C; y la epistémi~a. El resultaclo cie lacompaT:aci<?n.ha s~do gue ninguna
de ellas, en su versión más es uemática, ermite llegar a una recOJ!.~!r:U.~:­
a tener en cuenta para evaluar las perspectivas de progreso. Sin ciucla:"
ciÓn aceptable. del conjunt() de exp~ctativas qu~ motivan e compr()_miS<?
danos que puedan pensar por sí mismos resulta difícil ima inar estr~­
democrático. Necesitamos una reconstrucciÓn gel1deal__d_~_rnocráti<;:9_ q~~
gias e resistencia a a egra ac1ón gue experimentan las democracias
;tribuya a los proc~di~ie~tos la capa~ida_d para. se_r sensiples~aJ p~~() -~~
contemporáneas modernas. He intentado mostrar gue el interés por ~1
las razones, porque si la democracia es valiosa para nosotros, hasta el
problema de la calidad deliberativa de los procesos democráticos es mu-
punto de que merece la pena dar la vida para defender sus instituciones,
cho más que el resultado de abstrusas divagaciones académicas. Por el
es porque sabemos que el procedimiento no acaba premiando siempre
contrario, es el análisis de la situación concreta por la que atraviesan las
la opinión del más fuerte o de quien ocupa una posición de privilegio
maltrechas instituciones democráticas el que aconseja situarlo en el cen-
que le permite hablar más alto que el resto. No hace falta gastar m~chas
tro de la agenda pública. He presentado la erosión de los dos principios
palabras para explicar que las doctrinas (puramente) doxásticas son ciegas
centrales de organización del constitucionalismo democrático como un
a esta exigencia. Pero se trataba de encontrar también, y ahora frente a las
factor determinante para explicar de dónde viene y en qué consiste eÍ ._
concepciones (puramente) epistémicas, una propuesta que no fuera dema-

180 181
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

siado gravosa desde el punto de vista ético y que no nos obligara a abrazar . cualquier equilibrio futuro hecho con estos mimbres traerá crecientes
el dogma ·ae-Ia~~~Úníca J{espu~§Jª ~<)E.fec:t~>>_~ r;ª· ci~liber_acT(iJ:i_cle.Flociá_tíCa niveles de violencia polftica. _
presupone ciudadanos comprometidos con las virtudes de la veracidad~ Por todo esto, y pese a que haya podido parecer)(). cpntra,r,io, la <::OI1-
pero ericüentra sú ·razón de ser enia ·disparidad::ae las opiniories,en el cl~sión es que el margen que tiene el ciudadano $rª hacer oídos_soxdos .
llecho de que üiduso lasopiniones más· firtnes han -de serú)madas-como a fa exigencia e una ulterior democratización de nuestras im erfectas
~piniones f~libles. Co~- eli'o seguimos leiQs..cle haber dªd-~_c;on la fórmula emocracias va estre.chándose cada.vez__ _gi~s. _Nadie 11ede col}formarse
panLromper el_ círculo vicioso de_la deseducación democrática._~ar;-dar con menos. Preguntará ensegm a e escéptico, ¿y:_ por qué nq? Porqu~
una resp~e~t~ fiiosófi~;mente poderosa afprobiemaque nos de)ó, a 110- nadie puede estar del todo seguro_de lo que cre,e,J:ú tie.ne r~curs.()S. §!';g-
sÓtros pobres -mortales, la torpe -lmpr~~isióÚ: de_ Epitneteo, se necesitarían ciéntes para hacer frente por sí mismo a las disonancia$ _cognitivas. aJas
instrumentos más -~tfi.fados~ No ~b~tante, lÓ que sí tenemos es una 1ndica- q1:1e todos por igual estamos expue,stos en Ull. entorq9 cqm2 _el 11ue~t~o .
.Ción, a mi juiCio fértil~- acerca 'de cómo podrÚtmos redescribir (:J problema Es este un argumentQ. p.aralelo al de un célebre p$saj~ _e,P:.el_gue ~~()­
de la desafección Clemocrática para darle una oportu!licÍ~d de 'futuro ila mas Hobbes afjrmaba que nadie, en ~1 estado de_nél~l:Jrakzª, _tlÍ_ §iquiera
democracia.· - e( hombre más poderoso, el mejor dotado para la supervivencia, puede
Y entonces, al final, ¿dónde se sitúa ese horizonte de progreso de- sentirse completamente a salvo, porque tarde o temprano tendrá que
mocrático que venimos buscando? Antes que eso, ¿existe todavía un ho- pararse a descansar y entonces será tan vulnerable como cualquiera 129 .
rizonte de progreso? Hemos aprendido a lo largo de los dos siglos de Análogamente,. ipcluso el sujeto mejor adaptado (darwinianamente) a la
revoluciones democráticas que para construir sociedades que merezcan supervivencia en un_ me, dio en el que una .~!1-go}:,er.n.élbl~. cQmpJ~ji_clgcl_~~-.~a
ese nombre no basta con garantizar la igualdad material, como se pensa- vuelto endémica llegará.un fi!<)m~nto eg eLql1e pue,d~ ve~s,e ªt_rgpg,dQ ps}f
ba en tiempos aei socialismo real, 111 con distribuir oportumdades y re- la~ dudas. Np hace fa1ta qlle venga nadie a atacarle le supere en la com-
cursos, como intentaron hacer los Estados del bienestar. No se trata sOlo petición. Bastará la simp_le per~ep~ión cieJa -ª~1~P':l~a q~~·~-g~·~§fi~t~glas
de incrementar la participación o la transparencia, porque rü 1"!- p~:rtici­ ªdaptatiyas se vuelvan inestables. _Ap.te la P~.~vi_s.!Plc::.. p_rQ.t~s._tél ~e los más
pación es la vacuna que pone. a salvo a la democracia de los males que la refractarios ~1 trasfondo deliberativo que anima estas páginas :-di~án,
corrOe!J., qi la tra11sparenci~ es por .SÍ misma garantía- bastante de calidad en el mejor de los casos, que todo esto no es másque unapí.<ll!usi_ón_:_
~n ias decisiones. Una y otr~ s;lo adquier~n: vaJor, y cumplen sti función, qay que conceder enseguida que ca~<l dfa q11e pasa s<:n más los ci~da­
sohre el trasfondo de una opinión PlÍblica libre. No .podemos sigm~ra danos desorientados que se asoman al abismo dogrnári<:Q., que. se dejan
refugiarnos en el cultivo de la virtud, lá. propia, 1<1 de todos ü"'ia de una seducir por los encantos de la falsa conciencia o ceden a la teptac:i§n de
élite de guardianes iluminados ue -uieran velar or nuestro bien. Quien un repliegue hacia las presuntas certezas de la comunidad orgánica. Las
preten a tirar de uno solo dé estos'liilos, acabará enredando todavía más compensaciones que proporcionan estos fármacos son muchas, pero de
la ~rriaaeja:-El reslií1:~do que se desprende de estas páginas es que, a pesar nuevo, la hipótesis es que la ansiedad acabará prevaleciendo. Cuando el
dé los obstáculos, y precisamente por el tipo dé trans'formaciones a_§"s vértigo aumente, hasta los más reacios a medirse con las razones ajenas se
que ·están expüestas las democracias actuales, no tenemos más remedió verán obligados a contrastar la solidez de sus prejuicios y quizá también
que volver a tomarnos etf sefió la" antigua" prómesa de la" iguald_ad cte:. a plegarse a la fuerza subversiva de los hechos 130 •
mocrática, atendiendo a la rudente recomendación de Zens. Esto es así, El compromiso con las reglas de una esfera pública democrática
e un lado, porque las corrientes de degradación institucional son de tal tiene su origen en este terreno. Vacunados del noble sueño epistémico, y
naturaleza que, aunque cueste creerlo, no podemos quedarnos como esta- temiendo deslizarnos hacia la pesadilla doxástica, la institucionalización
mos. La parálisis equivale al colapso, esto es, al silencioso deslizamiento de la esfera pública pasa por la creación de garantías que delimiten los
hacia las nuevas formas históricas de la no-democracia. Y, de otro lado, espacios del poder y el disenso. La estructura institucional de la demo-
porque las alternativas posdemocráticas, si es que las hay, no parece que cracia -con sus vulgares técnicas para la adopción de decisiones 131-
vayan a ser, a largo plazo, sostenibles. No hay más que observar las diná- actúan como un sofisticadísimo, y por supuesto siempre mejorable,
micas políticas y económicas actuales, y sus consecuencias en términos sistem:a d~ canales y: exclusas par~ Ja elabqración y di_stribución cie, la iil-
de creciente desigualdad y desintegración social, para comprender que formación, así como para la asignación de oportunidades y r,esponsabi:-

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

lidades, por medio del cual es posible llegar a «oír a la otra parte»l32. El son pocas, o poco relevantes. El rodeo es innecesariamente largo"'_crea
proceso deliberativo no roporciona nin ún sucedáneo de la volunt;l muchas complicaciones y, al final, acaba contando el mismo cuento de
genera . Tampoco tiene por qué ser infalible. Lo que importa es que to- siempre. Porque de lo dicho, en definitiva, no se deriva nada más que
dos c~~a_uno de los ciudadanos lleguen a encontrarse en condiciones una nueva reivindicación de principios y soluciones tan conocidas como
de deliberar y, por ·tanto; de construir una opmión propia, tan egitima torpemente practicadas. De lo que se ha hablado en estas páginas no
Y frágil con1o cualquierotra._Yesto solo e~ posibie si eJnst~ un escenano es más que de la necesidad de enmendar los mecanismos de repre-
en el qu~ sea· posible teatrcdizCir el juego de la razón. übsérve§e,_ de pa~o-, sentación política para favorecer el intercambio comunicativo entre un
que un sistema olítico no se vuelve democrático or el mero hecho de .EQPlico atento y unas instituciones gue han de volverse permeables a las
que en el interior de las instituciones se delibere mucho: esto suce e razones de todos; así como de la necesidad de poner todos los medios
también en el gabinete del peor de los déspotas. Lo que importa no es que tengamos a disposición ara intentar u e el ·u e o de los oderes
que se discuta, sino dónde se discute y entre quién. pú licos y privados no se deslice demasiado fácilmente por la pendien-
~n esta perspectiva, importan mucho más los disensos que los con- te que conduce hacia su concentración (planetaria).
~s. Son las preguntas que los demás nos dirigen o simplemente nos ¿Tanto aparato para reivindicar poco más que las viejas promesas?
sa~en al paso las que nos obligan a reajustar nuestras preferencias, am- ¿9 quizá, más mod~stament~ aún, tan s9lo de algunas ~e ellas? Proba-
pliando el horizonte de posibilidades en el que nos movemos y en el que blemente, sí. Pero a estas alturas, y con la que está cayendo, no parece un
ejercemos nuestra capacidad de elección responsable. De ahí gue pueda r~sultado de menor importancia. La re~~peración-de los objeti~os y-·l~s

-afirmarse gue la función de los procedimientos democráticos consiste


antes cue nada, en crear ocasiones para la elaboración pública y priva-'
da de las opiniones, desestabilizando las creencias asumi as o impuestas
equilibriOS del COnstitUCiOna1ism0 derl'l~ctátiCO,Hen COTictÚ::IOneS tan desfa-'
~rabies co~-o lasql1e hemos encontr~d-o en estas páginas. es un proyecto_
ambicioso. Incluso demasiado.
acríticamente, sobre la base de meros prejuicios. Queda claro asimismo ·Por otra parte, yen segl1ndo lllga;, de.. la propuest~ que ~quí se ha
por qué !~calidad de la democracia no depende tanto de la corrección defendido se derivan algunas lecciones que considero .relevantes para
de las decisiones a las que se llega, esto es, del producto del proceso ~odificar los términos en que se plantea habitu~alm~_nte 1~- ~el~ción entre
político, como de la caltdad del disenso. Y de ahí gue se diga que la «Íprma» y «sustancia» del método democ:rático. Ese .nexo. e.ntr.e r~glas. y
fUerza de la democracia no reside en el número, sino en los pliegues del deliberación sobre el que tanto ~e _ha insistido en. est.as_páginé!.s. confir-
proceso m~d~a?te el cual las minorías consiguen desafiar y quizá doble- ma Ja fuerza explicativa de una definición proc_~c!!ment(ll __g_e la.fopJ1adé
gar los preJUICios de la mayoría. Y si esto es cierto, siquiera en parte, go}Jierno democrática, entendida co_mo mé(Qdo n:f/?~ivo_pªra .1ª···ª4?-P-
entonces cabe tener la esperanza -repárese en que debería tratarse ya ción de decisiones. Las reglas de la demo_craciª p11eden ad~cl1ªQªJnente
de una «esperanza racional»- de que los ciudadanos quieran respon- ser descritas como reglas constitutivas d~l juego democrático o, en la ya
der al creciente malestar que se percibe en la vida pública reclamando citada fórmula de Norberto Bobbio, s:omo universales p~ocedimentales,
más democracia y, sobre todo, mejores reglas para la administración del que marcan la diferencia entre la democracia y su contrario.
consenso y el disenso 133 . El proyecto de construir una esfera pública en Finalmente, el cambio de acento que se defiende aquí tendría una
la que la fuerza de las razones prevalezca sobre las razones de la fuerza larga serie de consecuencias, quizá sutiles pero no menos valiosas, so-
no es el fruto de una ilusión, no nace de la nostalgia de una democracia bre la manera de enfocar la crítica a la democracia vigente y sobre la direc-
químicamente pura, sino que es el resultado de un determinado diag- ción hacia la que debemos apuntar si es que todavía seguimos interesados
nóstico sobre la situación presente que nos permite entender por qué en mejorar sus instituciones. La perspectiva de estas páginas no tiene
merece la pena resistir a la manipulación populista o tecnocrática de la nada ue ver con la invención de una democracia «nueva», una democra-
opinión, a la vigilancia paternalista de los poderes hegemónicos y: en cia deliberativa «p enamente rea Iza a», gue pue a na mente desplazar
último término, a la sistemática deseducación del ciudadano. ' los caducos diseños agregativos del constitucionalismo democrático, con
¿En qué se traduce todo esto? ¿Qué consecuencias se derivan del sus tenebrosas adherencias «posesivas» y/o «sexistas» 134 • El interés de una
paso hacia una reconsideración deliberativa del constitucionalismo de: posible reelaboración en clave deliberativa está en aclarar hacia dónde
mocrático? Habrá seguramente quien piense que las consecuencias tenemos que mirar para recuperar las fuentes de legitimidad del proces9

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

4. Cf. Bovero, 2008. Bovero apuesta por el análisis filosófico como la palanca que
~íti<;Q,. Un proyecto que alguien querrá calificar como «tímidamente
podría poner en marcha el proceso de regeneración democrática. Solo la filosofía pue-
reformista» e incluso como «tibiamente conservador». Pero no hay nada de devolverle la dignidad perdida al ideal democrático, mostrando a los ciudadanos los
malo en ello. El retorno al tiempo de la política de masas, al tiempo del conceptos justos, en el entendido de que son los conceptos los que orientan, o cuando
consenso socialdemócrata, por varias de las razones que hemos ido en- menos acompañan, la acción, iluminando la experiencia. De este modo, es evidente que
contrando en estas páginas, ya no está al alcance de la mano, por más que la filosofía, con sus propias fuerzas, no va a cambiar el mundo. Lo que sí puede hacer, y
ahí es donde reside su responsabilidad, es clarificar los marcos conceptuales que emplea-
es~ modelo haya dado excelentes resultados y haya permitido construir
mos. Mejorando la teoría deberíamos poder mejorar también la práctica, a condición, por
s~ciedades mucho más democráticas y relativamente más justas que las supuesto, de que el entendimiento se pliegue a las mejores razones. Por eso la pregunta
an!eriores. ~?r el contrario, la superación de sus principios básicos, entre más inmediata es: ¿qué capacidad de movilización social pueden tener, en el contexto
lo_s que están sin duda la representación y la separación de poderes, es contemporáneo, los argumentos filosóficamente más acerados? masta la evidencia de los
u~a quimera demasiado imprecisa para ser verdaderamente atractiva. Lo· conceptos para recuperar la senda del progreso?
úpico que se trata realmente de «conservar», en esta versión del ideal 5. l. Kant, Idea de una historia en sentido cosmopolita, Introducción.
6. Ibid., Principio octavo.
deliberativo, es la fuerza necesaria para resistirnos al cierre del ciclo de-
7. Bovero, 2002, 24 ss.
mocratizador. · 8. Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, II, 40.
En suma, poco más que un recordatorio de unas pocas fórmulas que 9. Cf. Strauss, 2007.
en opinión de fos tozudos partidarios del constitucionalismo democrático 10. Sen, 2010, 249.
sÍguen haciendo la diferencia: la necesidad de garantizar la permeabilidad 11. Cf. Bobbio, 2003a, 304.
12. El populismo es el último nombre que utilizamos para indicar la demagogia,
dfras mst1tucwries a -Ios HuJos.cofuimicativos que provienen de la peri- la frontera en la que desde siempre se ha manifestado la corrupción de la democracia.
feria del sistema político; la sensibilidad hacia los momentos de disenso No es este el lugar para marcar las líneas de continuidad entre demagogia y populismo
que ponen en evidencia los puntos ciegos ~n los relatos hegemómcos; la o para señalar las diferencias entre los distintos ámbitos geográficos o ideológicos donde
sospecha ante la apabullante estabilidad de las identidades y a la presÜtÍta se manifiesta. Sobre las raíces históricas del populismo, Merkel', 2009. En el trasfondo
del populismo contemporáneo están tanto las contradicciones culturales como la crisis de
mfahbilidad de los consensos; la insatisfacción frente a la tutela filosófica
legitimidad del capitalismo tardío.
de los sabios y la curiosidad por las verdades mcomodas; la celosa de-
13. Meny y Surel, 2004, 55-56.
fensa de las garantías, porque en ellas está el último recurso de l~s 14. Ibid., 198. Junto al componente político de la pulsión populista, Meny y Surel
débiles para defenderse del poder arbitrario. Dicho de otra forma, una señalan también un componente económico, referido <<al problema de la redistribución de
i~ión a tomarse en serio los procedimientos, por ue es recisamen- la riqueza, cuyo equilibrio tradicional está amenazado por nuevas lógicas económicas», que
llevan a muchos a proclamarse defensores de «los pequeños frente a los grandes, [de] la eco-
te su aulatina de radación la ue está secan o as fuentes del debate
nomía real contra la esfera financiera, [de] los intercambios a escala humana contra la ínter-
emocrático. Nada que no supiéramos. La democracia solo pued~er nacionalización de las economías»; y de un componente cultural, <<que se aproxima cada vez
futuro si nos tomamos en serio las reglas del juego. Una apuesta arriesga- más al concepto de volkisch, del pueblo-nación como unión ideal constituida por la historia,
c§;:En el fondo; siempre lo ha sido. la geografía y/o la sangre>> e insiste en <<el rechazo de los cuerpos extraños, entendidos tanto
como minorías extranjeras, que amenazan con corromper la pureza del pueblo y de sustraer-
le sus bienes legítimos, como actores y dinámicas transnacionales y supranacionales>> (ibid.).
NOTAS
15. Hermet, 2008b, 17.
1. Habermas, 1998a, ap. 7.1. 16. Bartra, 2008, 83.
2. Cf. Bobbio, 2001, 38 ss. 17. Cf. el clásico Milis, 1987, cap. 13.
18. Turner, 2003, VII ss. Esta afirmación sobre una forma de control indirecto, que
3. Obsérvese, por cierto, que los mismos factores que ponen en jaque el equilibrio
puede parecer oscura, no lo es tanto si se considera lo siguiente: es un lugar común afirmar
c;pnstitucional de los sistemas democráticos actúalJ también como factores que multiplican
la ~patía política del ciudadano. Minan las bases del compromiso y anulan las fuerzas que que toda discusión sensata tiene que presuponer algunos puntos de referencia estables y es
deberían promover la regeneración del proyecto democrático:En este sentido, mi résp¡_{esta evidente que, en un debate, no es posible ponerlo todo en discusión a la vez. La función de
al diagnóstico inicial ha sido fundamentalmente defensiva· o~ sí se quiere~· conservadora. las comunidades de expertos respecto del debate público general consistiría en establecer los
Me ·he ·limitado a presentar un argumento -puramente hipotético, aun siendo consciente presupuestos que delimitan el marco de las opciones disponibles. El consenso así alcanzado,
de. que corría eLriesgo de caer en un círculo vicioso: síes cierto _que_ quer~mosreqJp~rar cuando se alcanza, confirma indirectamente la validez de los puntos de partida.
~1 dé~citde legitimidad h~cia elque se deslizan nuestras democracias, entonces habremos 19. Turner, 2003, 5.
de poner los remedios institucio~ales ad~cuados para lograr ese objetivo. 20. Ibid., 57 SS.

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

21. Ibid., 125-126. Turner se refiere en este punto a la lúcida apuesta de James Co- 36. Sobre el ocaso del análisis foucaultiano de la escuela como institución terapéuti-
nant, histórico rector de Harvard durante los años del new deal. Una ácida descripción de ca, cf. Hermet, 2008a, 88 ss.
la situación cultural y la mentalidad de esas mismas élites sociales y culturales en el tramo 3 7. Los males de la instrucción pública en nuestros días no pueden ser sacados de
final del siglo pasado, se encuentra en Brooks, 2001. su contexto, ni achacados exclusivamente al bajo rendimiento de las políticas educativas,
22. La referencia obligada es aquí a Habermas, 1984. a la torpeza de los gobernantes o a la presión de grupos de poder que aspiran a poner las
23. Cf. Weber, 1967. manos sobre el negocio educativo. El declive de la escuela debe ser interpretado más bien
24. Cf. Broncano, 2003, 374-375. como indicio del retroceso de unos patrones de socialización en los que la familiaridad
25. Broncano, 2006, 4 7. Obsérvese que este argumento cierra el camino hacia un con la cultura humanística cumplía un papel destacado, porque indicaba un modelo de
repli.egue tecnocrático de nuestras sociedades complejas. La red de sistemas expertos, realización personal y, por extensión, de felicidad pública y privada. La cultura áulica
funcwnalmente diferenciados, «está cargada de información pero vacía de conocimiento ha desaparecido del imaginario social al final de un largo ciclo evolutivo que conduce
porque no tiene memoria, es un espacio sin mápa>> (2006, 36). a la mercantilización del conocimiento; pero también como resultado de un cambio en
26. Broncano, 2012 (en prensa). <<El término agencia se aplica generalmente a las ca- los mecanismos de reconocimiento público del saber. No es el caso de entrar aquí en el
pacidades de control personal de las acciones: agencia denota una relación autónoma con detalle de estas cuestiones. Un temprano y controvertido alegato sobre estas materias se
la propia conducta y por ello supone el que el sujeto agente es, en primer lugar, un sujeto encuentra en Bloom, 1987.
relativamente capaz de decisiones y de llevarlas a buen término y, en segundo lugar, el que 38. Un ejemplo de ello, aunque relativamente banal. En el mundo de Wikipedia ya
e~as acciones están sometidas a cierras restricciones normativas de adecuación[ ... ]. Las capa- no tiene sentido imaginar la elaboración de un libro «enciclopédico» que pueda contener
cidades definen la calidad de la agencia de una persona o grupo. Nos hablan de su grado de todo el saber necesario para tomar parte en las conversaciones de relevancia pública. En
autonomía y de la riqueza y robustez de sus relaciones con lo real y lo imaginario. De ahí que realidad, ni siquiera existe ese lector imaginario capaz de manejar por entero, y en todas
ocupen un puesto privilegiado también en la definición de los objetivos de la democracia». las lenguas, con la posible diversidad de contenidos, semejante depósito de información.
27. Es necesario, entonces, explorar las condiciones para la elaboración de un con- Quien, por hipótesis, emprendiera una lectura sistemática de Wikipedia pronto se vería
trato social epistémico (cf. Broncano, 2001). Véase una exploración sociológica del cono- obligado a recomenzar su empresa, como sucede en aquellas fábulas en las que un espíritu
cimiento como bien público en Gallino, 2007. maligno, después de haber sido derrotado, es condenado a contar de una en una todas las
28. Cf. de nuevo Bobbio, 2001a. Junto con las páginas de la República dedicadas al hormigas del mundo. La nueva Enciclopedia aumenta y se transforma sin parar durante
mito de Giges, cuya virtud se tambalea por la facultad que le concede un anillo mágico la lectura y supera cualquier intento de control.
de ocultarse a la mirada de los demás -un mito que Platón, por cierto, introduce justo 39. Bauman, 2001a, 142.
después de haber puesto en boca de Glaucón una teoría contractualista de la justicia 40. La marginación de los antiguos saberes va de la mano de un cambio en la manera
(República, 359 ss.)-, la más clásica formulación de la publicidad aparece en Kant. Son en que los individuos aprenden a pensar, a compartir y a usar el conocimiento, a administrar
referencias sobradamente conocidas. La forma de la publicidad asegura una presunción los distintos segmentos de habilidad y saber. El cambio se explica, siempre en opinión de
de corrección, pues la justicia -dice Kant- <<solo puede ser pensada como públicamente Bauman -que menciona aquí los estudios de Margaret Mead y Gregory Bateson-, como
manifiesta» (Sobre la paz perpetua, apéndice II). En negativo, la publicidad es un criterio reflejo de un cambio en el entorno, pues cada uno de los puntos de orientación que daban
r~cional de control de las acciones para todo aquel que pretenda lograr sus propósitos solidez al mundo (<<empleos, habilidades, asociaciones humanas, modelos de adecuación y
sm provocar una reacción hostil de los demás. El argumento tiene un carácter hipotético y decoro, visiones de la salud y la enfermedad, valores considerados dignos de esforzarse en
presupone no solo la transparencia del medio, sino también la intervención de un público pos de ellos y medios probados para hacerlo») se encuentran en constante cambio. Asisti-
prudente, capaz de reaccionar correctamente ante aquello que ve. mos al desmantelamiento de marcos de sentido y a la liquidación de pautas consolidadas y
29. Sobre los avatares de la transparencia, cf. Starobinski, 1983. eso modifica radicalmente las prioridades educativas. El ser capaces de romper la regulari-
30. Castells, 2009. dad, de liberarse de hábitos adquiridos y reorganizar experiencias fragmentarias, <<adquiere
31. Vattimo, 1989. un supremo valor de adaptación» y <<se vuelve indispensable». El éxito o el fracaso en la
32. Cf. Gutmann, 2001, 15. El ideal moral de la democracia se refuerza con la forma- vida depende de la velocidad con la que el sujeto logre cuestionar lo que hasta ese momento
ción de un pueblo de ciudadanos responsables, siempre dispuestos <<a deliberar acerca de había aprendido, adaptándose a un medio fluido. De nada vale apelar, en una situación
asuntos de interés público». En democracia, a diferencia de lo que ocurre en otras socieda- como esta, a la solidez del conocimiento. Y por eso no hay que sorprenderse de que las
des, <<los ciudadanos adquieren (o deberían adquirir) la potestad de influir en la educación instituciones educativas tradicionales, ancladas en la transmisión de conocimientos sóli-
que formará los valores, actitudes y formas de comportamiento de los futuros ciudadanos». dos, hayan quedado desplazadas. Cf. Bauman, 2001a, 145. Véase también Bauman, 2001b.
A diferencia de cualquier otro modelo educativo, el ideal de la educación democrática se 41. Bauman, 2001a, 149.
refiere a un proceso de reproducción social consciente (2001, 30). Y hay quienes piensan 42. Ibid., 152.
que este ideal tiene su raíz en el deber que todo ciudadano tiene de perseguir la educación 43. Sobre las distintas formas de ignorancia, y sus efectos, Garzón Valdés, 2011. En
Y la autoeducación permanente (Arteta, 2008, 33, que cita en este punto a Castoriadis). relación con la fenomenología del ciudadano que, por distintos motivos, no está a la altura
33. Vázquez, 1999, 52. de las exigencias de la democracia, véase Pazé, 2011, en particular cap. 4.
34. Nussbaum, 2010. 44. Estas citas están tomadas del Prefacio de Hegel a sus Líneas fundamentales de la
35. Bourdieu, 1988. filosofía del derecho.
45. Lepenies, 2008, 426.

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

46. Jameson, 1985, 185. 61. Sobre las ambigüedades de Habermas en este punto, en los escritos anteriores a
47. Véase un panorama de las figuras clásicas del intelectual en Bobbio, 1993. Facticidad y l/alidez, véase McCarthy, 1992, 181 ss.
48. Said, 1985, 203. 62. Habermas, 1994, 30. Nos topamos aquí con la vena sociocivilista, movimentis-
49. Judt, 2007. ta o espontaneísta que recorre buena parte de la obra de Habermas y de la mayoría de
50. Cusset, 2005. las teorías participativas y/o deliberativas de la democracia, esto es, con el supuesto de la
51. Habermas, 1989. Véanse posiciones análogas en Said, 2006 o en Bauman, inmaculada inocencia, de la vivificadora inmediatez expresiva del mundo de la vida, del
2009,23. ciudadano que se reencuentra a sí mismo en el momento en que se libera de las constric-
52. Rorty, 2010, 137. ciones sociales y, sobre todo, de las interferencias alienantes del dinero y el poder. Nos
53. !bid., 1.38. Concluido el tiempo de la lucha entre los dioses y los gigantes, se des- topamos, en otras palabras, con la tesis de la prioridad epistémica de la esfera pública no-
vanecen los dos grandes sueños de la filosofía moderna: de un lado, el sueño de la <<grandio- organizada, <<que no está programada en función de la toma de decisiones, sino en función
sidad>>, la esperanza de que el sujeto pueda tener acceso a las cosas «como realmente son», del descubrimiento y la resolución de problemas» (1994, 31).
a esa forma de certeza que consiste en alcanzar «un estado mental capaz de mantener con 63. En sus propios términos, es en la <<configuración informal de la opinión en publi-
la realidad un vínculo más estrecho que el de la opinión» (144); y, de otro lado, el mito es- cidades autónomas [donde] se cierra el círculo entre el cambio estructural de la publicidad
pecularmente contrario de la profundidad, al que se aferran los románticos, que renuncian y aquellas tendencias a largo plazo que la teoría de la acción comunicativa conceptualiza
a afrontar los problemas de la vida y la filosofía como si se tratara de la resolución de un como racionalización del mundo de la l/ida» (Habermas, 1994, 32).
rompecabezas y conceden la primacía a la pasión sobre la razón, a la autenticidad sobre la 64. Un análisis de estas cuestiones desde posiciones cercanas a las de Habermas,
conversación. Cohen y Arato, 2000. Sobre la tensión que se apunta en el texto, Serrano, 2007.
54. Rorty, 2010, 164 65. Cabe preguntarse, en concreto, si la exigencia de simetría en el juicio de todos los
55. Cf. ibid., 27. ciudadanos precisa, en realidad, el añadido de la virtud. A mediados de los años noventa y
56. Chomsky, 1998. a propósito de estos temas, Habermas sacaba a relucir la idea de patriotismo constitucio-
57. Existen bibliotecas enteras sobre la fabulosa transformación de las formas y los nal. Más tarde, esta referencia fue quedando relegada en sus escritos, y yo no puedo más
medios de la comunicación política, y sobre cómo estas transformaciones afectan a la que celebrar que así haya sido, por las razones que apuntaré en las próximas páginas; cf.
formación de opiniones alternativas sobre las cuestiones que son objeto de decisión polí- Habermas, 2000 y, más tarde, 2005, cap. 4.
tica. Véase un panorama introductorio a una tradición de estudios que va de Lippmann a 66. Schmitt, 1982, ap. 24.11.3.
Dewey, de Schumpeter a Chomsky o Sartori, en Price, 1994 y también Sampedro, 2000. 67. Schmitt, 1990, 9. Cabe la posibilidad -decía Schmitt, sin ningún pesar- de que a
58. Vallespín, 2000, 192. estas alturas, <<después de todo», la época de la discusión deba darse por concluida (ibid., 3).
59. Habermas, 1994, 22. Es importante reseñar cómo ha cambiado el enfoque de 68. Véase, en relación con esto, el clásico ensayo de H. Arendt sobre <<verdad y po-
Habermas con respecto a esta cuestión desde el ensayo germinal de 1962 sobre las trans- lítica» (2003). Cf. también Beiner, 2008.
formaciones estructurales de la esfera pública hasta sus últimos escritos sobre el tema. 69. Obsérvese que esta distinción entre doctrinas epistémicas y doxásticas se solapa,
l~icialmente, había ofrecido un diagnóstico fuertemente crítico sobre el ocaso de la publi- pero no coincide plenamente, con otras distinciones que suelen manejarse en estos de-
Cidad burguesa en un entorno dominado por la cultura de masas. Treinta años más tarde, bates. No coincide, ni con la distinción entre concepciones <<procedimentales» y <<Sustan-
modifica su posición, reconociendo que «las tensiones abiertas en la publicidad burguesa tivas», ya sean <<mínimas» o <<más-que-mínimas», ni con la distinción entre concepciones
deberían destacarse más claramente como potenciales de autotransformación». En el «mar- <<deliberativas» y <<agregativas». Y me parece que no coincide tampoco con la distinción
co teórico modificado» que introduce a comienzos de los años noventa, hay una visión entre teorías que sitúan el fundamento de la democracia en su <<valor instrumental» y
posibilista del acceso de las masas cultural y políticamente movilizadas a la esfera pública, teorías que atribuyen a los procedimientos democráticos un <<valor intrínseco». No me de-
tengo en estas diferencias. Sobre las ambigüedades del procedimentalismo, Pintare, 2003,
del efecto narcotizador de la comunicación mediática y de la permeabilidad de las institu-
ciones representativas. cap. l. Estas distinciones entran en el debate sobre la continuidad o discontinuidad del
modelo epistémico y doxástico respecto del viejo procedimentalismo democrático. Así,
60. Habermas, 1994, 25-27. lvluchas de estas materias se refieren a «cuestiones em-
por ejemplo, A. Gutmann y D. Thompson quieren mostrar que la democracia deliberati-
píricas», que afectan al autoentendimiento ético de grupos particulares o nacen de la co-
va, a la que atribuyen una connotación epistémica, es <<diferente». Su argumento es que en
lisión de intereses. Una concepción adecuada de la esfera pública tiene que ser permeable
este tipo de teoría <<el abanico de razones aceptables [en el proceso de justificación de las
a estas complejidades y aceptar que las disputas sobre el dinero y el poder no pueden
dec~siones] es más amplio que en otras teorías» (2004, 126). J. L. Martí argumenta que
ser tratadas en abstracto, filosóficamente, como simples casos de aplicación de principios
la democracia deliberativa implica necesariamente (una determinada versión de) la tesis
universales de justicia, sino que tienen que ser resueltas mediante compromisos. Lo fun-
epistémica, de donde también se desprende que se trata de un modelo diferente de otros,
damental es darse cuenta de que, a pesar de estas mediaciones, <<el proceso ético-político,
como el liberal, el pluralista y el agonista (2006b, 28). J. C. Bayón, en cambio, pone en
mediante el cual llegamos a un entendimiento acerca de cómo queremos vivir en tanto
discusión la asociación entre el ideal deliberativo y la tesis epistémica, cuestionando los
que miembros de un determinado colectivo, debe al menos ser acorde con normas mora-
rasgos diferenciales que otros autores le atribuyen (2009).
les. Las negociadones deben basarse en el intercambio de argumentos. Y el que conduzcan 70. Véanse algunas reflexiones en este sentido en Goodin (2004) y Elster (2004).
a compromisos equitatil/os depende esencialmente de condiciones procedimentales que 71. <<A la pregunta de qué sea el bien común únicamente se puede responder por me-
deben juzgarse moralmente» (1994, 28).
dio de juicios de valor subjetivos, los cuales pueden diferir sustancialmente de una a otra

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LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

persona, y que, aunque el bien común existiera, el hombre medio, y por tanto el pueblo, son: se trata de «una forma de gobierno en la que ciudadanos libres e iguales (y sus repre-
difícilmente sería capaz de conocerlo. No se puede negar que el pueblo, como masa de sentantes) justifican sus decisiones por medio de un proceso de intercambio de razones
individuos de diferentes niveles económicos y culturales, no tiene una voluntad uniforme, que son mutuamente aceptables y generalmente accesibles, con el propósito de alcanzar
que únicamente el individuo posee una voluntad real y que la llamada 'voluntad popular' conclusiones vinculantes en el momento presente para todos los ciudadanos, pero que
es una figura del discurso y no una realidad>> (Kelsen, 1988, 208). permanecen abiertas a la discusión en el futuro>> (2004, 7).
72. No obstante, y no sin cierta ambigüedad, poco más adelante, en respuesta a la ob- 80. Véanse, entre otros, Nino, 2001, 190 ss. y Martí, 2006a, 193 ss.
jeción de Schumpeter según la cual el método democrático no puede «servir, necesariamen- 81. Un argumento tan simple queda expuesto a una objeción absolutamente destruc-
te, siempre y en todas partes, aquellos intereses o ideales por los que estamos realmente dis- tiva. La definición de la legitimidad a partir de la corrección de los resultados la debilita y
puestos a combatir y a morir sin reservas>>, afirma que la democracia «sirve necesariamente, la convierte en legitimidad condicionada, que puede quedar desmentida en el mismo mo-
siempre y en todo lugar, al ideal de la libertad política». Y a continuación Kelsen reproduce mento en el que, por otra vía independiente, aparezca una respuesta <<mejor», más <<justa>>, al
la fantástica, aunque algo enigmática, cita del p~opio Schumpeter: <<Lo que distingue a problema objeto de la decisión. La respuesta habitual de los partidarios de las concepciones
un hombre civilizado de un bárbaro es el darse cuenta de la validez relativa de sus pro- epistémicas consiste en decir que las decisiones democráticas están justificadas en la medida
pias convicciones y, a pesar de ello, sostenerlas sin concesiones» (Kelsen, 1988, 211-212). en que emanan de un procedimiento que, en su conjunto, tiene una mayor probabilidad de
73. Kelsen, 1988, 225. Véase una crítica en Ruiz Miguel, 2011. producir las decisiones correctas. Esto equivale a reconocer que si en un caso se cuenta con
74. La democracia se sitúa en el terreno de las res dubiae; cf. Zagrebelsky, un procedimiento preferible, desde el punto de vista epistémico, al procedimiento ordi-
2010, 137. nario, la legitimidad de este último queda, por así decir, derrotada por la evidencia y caen
75. La opción más radical es la tesis metaética de los emotivistas según la cual las las razones que teníamos para prestarle obediencia a una decisión que solo nos vincula de
reivindicaciones de justicia no son nada distinto a dar un puñetazo sobre la mesa. Pero ¿qué forma presuntiva (cf., en debate con la posición de Nino, aquí reseñada, Rosencranz, 1991).
razón habría de tener una persona que piensa que su verdad es la buena para someterse a En realidad, podrían contestar los partidarios de la visión epistémica, no es demasiado lo
las decisiones mayoritarias? ¿Por qué subordinar sus valores (emotivos y absolutos) a un que en ese caso se pierde en términos de justicia, pues difícilmente las decisiones contrarias
procedimiento construido en función de valores instrumentales como son la paz y la necesi- a la evidencia pueden sostenerse como legítimas sin un adecuado balance de razones. Por lo
dad de adoptar decisiones colectivas? Sobre estas cuestiones, véase el olvidado Ross, 1989. demás, un desmentido puntual no basta, por sí solo, para descartar el valor de un método
76. El relativismo de Kelsen, sobre el que tanto se ha escrito en la (pequeña) comu- para la adopción de decisiones que recoge el juego de presunciones y desmentidos que
nidad de los kelsenianos, pretende evitar los opuestos males del <<objetivismo», es decir, de caracteriza a la deliberación democrática. Si acaso, todo lo contrario. Es precisamente ahí
la opinión metafísica según la cual existe una realidad absoluta, independiente del cono- donde se pone de manifiesto la afinidad estructural que existe entre el método de la de-
cimiento humano, que se identifica con la justicia y suele asociarse a cierta predisposición mocracia y las estructuras argumentativas de la razón pública: son dos modalidades de una
psicológica hacia la intolerancia, tan característica de las religiones monoteístas y de sus misma práctica reflexiva de intercambio de razones, regida por principios de imparcialidad
secuelas autoritarias; y del <<solipsismo paradójico», que no es sino una distinta forma de y simetría (véase esta tesis en Nelson, 1986). Los partidarios de la tesis epistémica podrán
absolutismo, en el que se atribuye a la conciencia del sujeto una autoridad absoluta en la argumentar, además, que las sociedades democráticas, con sus aciertos y errores, tienden
determinación de la realidad, hasta el punto de que se acaba perdiendo la capacidad a ser más justas y pacíficas que las sociedades no democráticas. Aquí también se confirma
para reconocer la existencia simultánea de otros egos. <<El relativismo filosófico evita de- que la democracia es el método más confiable para la adopción de decisiones colectivas. Y
liberadamente tanto el solipsismo como el pluralismo. Considerando -como verdadero podrán finalmente argumentar, con Carlos Nino, que la conservación a través del tiempo de
relativismo- las relaciones mutuas entre los diversos sujetos del conocimiento, esta teoría los falibles procedimientos constitucionales acabe generando una generalizada tendencia a
compensa su incapacidad para asegurar la existencia objetiva de un mundo único e igual la imparcialidad en el juicio. Como mostró en su tiempo Stuart Mili, llegamos a ser buenos
para todos los sujetos con la asunción de que los individuos, como sujetos del conocimien- demócratas practicando la democracia. Viviendo en democracia, descubrimos sus virtudes,
to, son iguales; y así es posible la asunción ulterior de que los objetos del conocimiento, pues la democracia misma es la mejor escuela de virtud. El círculo se cierra y se abre una
como resultado de estos procesos individuales, son concordantes entre sí, asunción con- perspectiva concreta de democratización. Si la deliberación importa, si los ciudadanos la
firmada por el comportamiento exterior de los individuos. [... ] Una filosofía relativista es toman en serio, es porque saben que a través de la discusión institucionalizada se alcanzan
decididamente empirista y racionalista y, en consecuencia, tiene una franca propensión al las decisiones mejores, las más correctas. De ahí que participen, que se esfuercen en dar ra-
escepticismo>> (1988, 229). Véase una aproximación a los problemas del relativismo kelse- zones y que estén dispuestos a obedecer con lealtad las decisiones colectivas incluso cuando
niano en Calsamiglia, 1982. Sin embargo, sería interesante situar la posición de Kelsen en les parecen discutibles.
un marco más amplio, que tenga en cuenta las muchas declinaciones del escepticismo ético 82. Un análisis de la estructura motivacional del liberalismo rawlsiano se encuentra
en el ámbito político (cf. p. ej. Laursen, 1992). en Ovejero, 2008, cap. VII. Una lectura intensamente republicana de Rawls es la que
77. Sobre este aspecto puntual del pensamiento de Kelsen, Villacañas, 2002 y Herre- aparece en De Francisco, 2007, cap. VI.
ra, 1997, 250 ss. 83. Rawls, 2002, 247. Cf. Rawls, 1995, aps. 75 y 76.
78. Kelsen, 1988, 226. «Una tipología de las doctrinas políticas y filosóficas debe fi- 84. Esto nos obliga a elaborar una completa doctrina de la razón pública. Para Rawls,
nalmente abocar en una caracteriología, o por lo menos debe tratar de unir sus resultados el ejemplo típico de las virtudes epistémicas del procedimiento democrático está en la
a los de esta última» (235). jurisprudencia del Tribunal Supremo (cf. Rawls, 1996, cap. VI). La argumentación del Tri-
79. Cf. Cohen, 2007. Una definición suficientemente ecuménica de la democracia bunal es el espejo en el que los ciudadanos pueden mirarse a la hora de elaborar y reelaborar
deliberativa, que incluye el factor epistémico, es la que ofrecen A. Gutmann y D. Thomp- sus propios juicios políticos, en la búsqueda de una verdad compartida que surge a partir

192 193
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

del reconocimiento de que incluso las premisas sobre las que se asienta un orden político 91. Entre otras cosas, se puede argumentar que la calidad (epistémica) de los resul-
estable son parcialmente controvertidas. Pero la cuestión, para nosotros, es saber de dónde tados de cualquier posible desarrollo o variante de la hipótesis de Condorcet depende
les viene exactamente esa necesidad de mirarse en un espejo común. de la calidad de las alternativas existentes, esto es, en la terminología politológica al uso, de
85. Rawls, 1996, 270 ss. la calidad de la agenda de decisión y de la buena fe de quienes la controlen. Si entre las
86. Durante décadas los críticos han demandado a Rawls que solventara esta tensión alternativas sometidas a juicio no se encuentra ninguna correcta, la verdad seguirá brillando
renunciando a la estrategia de la discontinuidad, esto es, a la distinción entre razones públi- por su ausencia. Por otra parte, se puede observar que cu~ndo las condiciones de~ modelo
camente justificadas y motivos «dimanantes del interés propio o de la moralidad>>, entre la se cumplen solo parcialmente, la solución más cercana al1deal puede no ser la mas conve-
moralidad pública del liberalismo político y la concepción de la vida buena que suscriben niente (cf. Estlund, 2008, 15).
los liberales; cf. Dworkin, 1993,43. Referencias habituales en este punto son Sandel, 2000; 92. El problema de cómo cultivar la virtud necesaria para alimentar el proceso de-
Raz, 2001; y en una perspectiva distinta, y sin embargo bien instructiva, Cohen, 2001. mocrático es uno de los temas recurrentes en el pensamiento democrático de los últi-
87. Esta expresión, cargada de ambigüedades, ha sido elaborada en Margalit, 2010. mos años, en sus distintas vertientes. Es de rigor mencionar aquí, al menos, Gutmann Y
88. Por supuesto, cabe argumentar que el reconocimiento de estas «verdades>>, entre Thompson, 1996. En castellano, Ovejero, 2002.
las que están por ejemplo los valores de la tolerancia y la paz, así como un conjunto de dis- 93. Laporta, 2000, 92-95.
posiciones psicológicas, no obliga a establecer una relación inmediata entre democracia y 94. Laporta, 2001, 26. .
verdad. En este sentido, la propuesta kelseniana sigue siendo rigurosamente escéptica: la 95. El partidario de la visión puramente doxástica responde que la verdad mtroduce
democracia no es más que una técnica para la resolución de conflictos, a la que acudimos un elemento extraño a la lógica del método democrático y que el escepticismo en materia
para solucionar las discrepancias sobre los valores últimos. Sin embargo, por su emoti- ética es perfectamente compatible con el compromiso individual, subjetivo, con los valores
vismo de fondo, Kelsen acaba derivando hacia una posición demasiado inestable. Prime- democráticos. Ahora bien, dado que en la experiencia política las apreciaciones de hecho
ro porque, si tomamos como referencia una concepción mínimamente realista de cómo están trufadas de apreciaciones valorativas, el escéptico tendrá que admitir como condición
funcionan los procesos de formación de las creencias, no está ni mucho menos claro que mínima para el funcionamiento de la democracia cierto grado de consistencia en el juic~o, la
las creencias últimas vengan antes que los demás juicios y sean perfectamente refractarias suficiente para discriminar entre juicios bien formados y mal formados. De lo contrano, la
al entorno en el que se formulan. Una exigencia mínima de consistencia en el juicio le comunicación pública quedaría reducida a puro ruido. El alcance de la objeción es, por tan-
obliga al sujeto a entablar cierto tráfico de ida y vuelta entre razones últimas y argumentos to, más reducido y consiste en afirmar que existen valores últimos que son. verdaderamente
derivados. En diálogo con los demás, nuestros juicios evolucionan y es razonable suponer controvertidos. Para discriminar entre discrepancias aparentes y reales, el cmdadano cuenta
que puedan quedar desmentidos cuando no se corresponden con los estados de cosas con el asesoramiento del filósofo analítico, que carga sobre sus espaldas la ímproba tarea
del mundo objetivo a los que se refieren. Que no exista una vía de acceso privilegiada a de la clarificación del lenguaje. A la larga, sin embargo, esto puede poner tanto al terapeuta
la verdad, que las disputas sobre los valores últimos sean insolubles, no significa que no como al ciudadano mismo al borde de la melancolía. Para ser fieles a su común escepticis-
pueda haber ámbitos parciales de certeza, verdades provisionales, que funcionan como mo, analistas y analizados se verán obligados a conjugar el esfuerzo de la (auto)clarific~ción
marcadores de la experiencia y orientan los procesos de aprendizaje. Además, y en segun- con la triste evidencia de que sus argumentos, pese a ser más claros y coherentes, no tlenen
do lugar, que no exista una verdad única en materia política no implica que no haya ab- en la vida pública mayor peso que otros argumentos mucho peores. Todos valen igual a los
solutamente nada significativo que decir no solo sobre los procedimientos, sino también ojos de un público escéptico y están sometidos a un tratamiento equivalente P?r ~a:te de l~
sobre las condiciones que hacen de un juicio un buen juicio político. trituradora mediática. El escéptico podrá intentar defenderse con un nuevo e¡erc1c1o anah-
89. Bayón, 2009, 196. tico mostrando la diferencia entre el componente semántico y el componente evaluativo de
90. En la literatura, es de rigor discutir en este punto el conocido teorema de Condor- los Juicios morales: este último es irreductible a un juicio objetivo, pero no así el primero,
cet, mediante el cual se demuestra matemáticamente la superioridad cualitativa del juicio donde cabe establecer la diferencia entre lo verdadero y lo falso. Y podríamos dejar las cosas
agregado sobre el juicio individual. En una situación en la que varios sujetos eligen entre dos en este punto, si no fuera porque es mucho más difícil de lo que puede parecer a pri:nera
opciones, solo una de las cuales es correcta, en la que expresan su voto de forma sincera y sin vista establecer una línea de demarcación objetiva, patente a todos, entre estas dos reg10nes
interferencias, y en la que cabe atribuirles una mayor probabilidad de acertar que de equivo- del lenguaje moral. Es ya un lugar común afirmar que no existe certeza que no esté abierta
carse, cuanto más alto sea el número de electores mayor será también la probabilidad de que a una permanente elaboración discursiva, ni siquiera esa.
el resultado final se decante por la solución correcta. El teorema es formalmente impecable, 96. Véase una discusión sobre este problema, que puede ser interpretado también
pero su relevancia para el análisis de los procesos democráticos no acaba de estar del todo como una variante en términos discursivos de la clásica «paradoja democrática>>, en La-
clara, como ha sido puesto de manifiesto en numerosas ocasiones. Es posible rebajar el nivel font, 2006.
de exigencia de las condiciones -por ejemplo, sometiendo más de dos opciones a la con- 97. La metáfora del paisaje puede ilustrar este punto: el paisaje nos condiciona a no-
sideración de los electores, o tomando como referencia de la competencia epistémica no la sotros, que tenemos la posibilidad de modificarlo, en el presente, de la misma manera. q.ue
que cada elector posee por separado, sino la que alcanzan la media de los electores- y salvar también lo modificaron nuestros antepasados, quienes a su vez no estaban menos condiCIO-
así la tesis de la superioridad epistémica del juicio agregado. No creo, sin embargo, que nin- nados que nosotros.
guna variante del teorema de Condorcet tenga fuerza suficiente para arrastrar a ciudadanos 98. Este es el objetivo que intenta elaborar Rawls, a mi juicio con poca fortuna, en las
pobremente educados e intensamente deseducados a creer en la democracia. Cabe replicar páginas iniciales de su ensayo sobre el «derecho de gentes>> (1999, cap. l). Veremos en~egui­
que la teoría epistémica ofrece tan solo Un modelo, un ideal al que deberíamos aproximarnos da que así puede ser interpretado el relato rawlsiano sobre la fundación de una soCiedad
cuando sea posible hacerlo. Pero, en ese caso, la teoría pierde gran parte de su atractivo. democrática y, en particular, la tesis de que el liberalismo político no busca un fundamento

194 195
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO OPINIÓN, EDUCACIÓN Y VERDAD

objetivo en la naturaleza o en la historia, sino que se limita a postular una psicología mo- 109. Frankfurt, 2008.
ral plausible. Sujetos que se piensan a sí mismos como razonables estarán razonablemente 110. Entre los enfoques doxásticos, y en el entorno más cercano a la literatura que es-
dispuestos a cumplir sus compromisos, a revisar y poner en equilibrio sus doctrinas com- toy considerando, véanse al menos Walzer, 1981 y Waldron, 1981. El enfoque doxástico,
prensivas, aplicando el principio de tolerancia a las convicciones de los demás y a las suyas de matriz fundamentalmente schumpeteriana y pluralista, ha sido dominante en la teoría
propias.
democrática de la segunda mitad del siglo pasado. Su influencia es todavía intensa, si no
99. Esta referencia a Macbeth aparece en Rawls, 1996, ap. 1.4. mayoritaria, y sigue produciendo resultados significativos. No obstante, sería in.ex.acto
100. Rawls, 1996, ap. III.4. Cf. Roberts, 2007, 80. asociar el enfoque doxástico a una sola corriente teórica o ideológica. Existen d1stmtas
101. Esta interpretación de la obra de Rawls se encuentra en Peña, 2011, esp. 153 ss. versiones de la tesis doxástica elemental, desde Protágoras en adelante. Y lo interesante
102. Escribe Rawls: «El celo que entraña la verdad absoluta es incompatible con [la] al respecto es observar que no todas ellas suscriben sus implicaci~ne~ más radicales~ en
idea de razón pública que forma parte de la cjudadanía democrática» (2001, 157). particular, la idea de que la <<verdad>>, cualquier <<verdad>>, por ser md1sputable, contiene
103. !bid., 149-150.
un elemento despótico, <<antidemocrático>>.
104. En el plano epistémico, este enfoque ha sido elaborado por Philip Pettit (1993)
111. Habermas, 1998a, ap. 1.
en su análisis del dilema de la deliberación. La moraleja de su propuesta consiste en obser-
112. !bid., ap. 1.1.4. Véase una aguda crítica a esta tesis de Habermas, en Rorty,
var que los sujetos que no quieran sucumbir a la inconsistencia entre los juicios individua-
2007,24 SS.
les y las decisiones tomadas por mayorías tendrán que estar dispuestos a comprometerse
113. Habermas, 1998a, ap. 1.3.2.
en un proceso deliberativo en el que intervienen instancias de agencia colectiva.
114. !bid., ap. 5.3.2.
105. La tesis de fondo es antigua: no podemos no desear la verdad, porque la igno-
115. Sobre continuidades y discontinuidades de estas virtudes en la teoría contempo-
rancia es vicio. Cabe observar, a este propósito, que el repliegue de algunos rawlsianos
ránea de la democracia, cf. Thiebaut, 2005.
hacia la eticidad no es la única solución posible al déficit motivacional que enturbia la
116. Me refiero aquí a las bien conocidas críticas al Habermas irenista. Sobre la tenden-
promesa constructivista. Una solución distinta es la que trae causa no tanto de la fuer-
za motivadora de un <<nosotros» consciente de su destino compartido, como de la fuerza cia de Habermas y de una parte considerable de la literatura deliberativista a relegar el in-
motivadora que cabe atribuir directamente a la verdad. Naturalmente, esto requiere un terés individual en aras del bien común, o de alguno de sus sucedáneos, Mansbridge, 2006.
cuidadoso ajuste del tipo de verdad que podemos considerar relevante en un contexto 117. Habermas le reprocha a Rawls el no haber marcado con la suficiente claridad la
como este. Frente a Rawls, Joshua Cohen (2009) sostiene que más allá del puro interés distinción entre aceptabilidad racional de los principios de justicia, que tiene su base en el
racional, o de la fidelidad patriótica a las propias doctrinas comprensivas, los miembros ideal de la razón pública, y aceptación real, que depende de las concepciones particulares de
de una sociedad pluralista apelan continuamente a la verdad y falsedad en el momento en la justicia que de hecho suscriban los habitantes de una sociedad pluralista. La c?ncepción
el que deliberan sobre las creencias propias y ajenas. Sin <<verdad», el equilibrio reflexivo rawlsiana de lo razonable habría quedado atrapada en un dilema: si opta por asoc1ar la <<Ver-
quedaría suspendido en el aire. dad>> a la <<razonabilidad>> de las doctrinas comprensivas, distintas para cada individuo, acaba
106. Cf. Rawls, 1996, 112 ss. Cabe generalizar estas dificultades a todos aquellos privando a la teoría de su dimensión epistémica; por el contrario, si distingue la <<verdad>> Y
planteamientos que, tanto en epistemología como en la moral, siguen una estrategia pu- la <<razonabilidad>>, eliminando todo punto de referencia <<externo>>, obtendrá una concep-
ramente constructivista de reconstrucción de las prácticas sociales. Hay un mecanismo ción <<neutral>> de la justicia política, pero no conseguirá ofrecerle a los ciudadanos ningún
básico de aprendizaje que esas teorías no están en condiciones de explicar y que, sin elemento para pensar que las doctrinas <<políticaS>> en las que ellos creen sinceramente son
embargo, es determinante para explicar por qué resulta atractiva la democracia. En los también doctrinas <<verdaderas>> (Habermas, 1998b, 62-63).
términos que venimos manejando, ¿cuál es el camino por el cual un sujeto accede a esa 118. Habermas le propone a Rawls resolver estas tensiones aplicando <<consecuen-
base de entendimiento común que suponen las doctrinas constructivistas de la verdad po- temente>> la estrategia procedimentalista y, a la vez, limitando el alcance normativo de la
lítica? ¿cómo transitamos del juego de lenguaje del dogmatismo y el prejuicio al juego de teoría. La razón práctica debería limitarse a ilustrar los presupuestos (cuasi) trascenden-
las reglas democráticas? Sencillamente, ¿cómo aprendemos a ser demócratas? Obsérvese, tales del discurso, o lo que es lo mismo, las presuposiciones que los hablantes tienen que
de paso, que estas cuestiones permanecen abiertas aunque descartemos la lectura explíci- asumir si es que quieren implicarse en un intercambio comunicativo sobre la legitimidad
tamente etnicista o comunitaria del liberalismo político y nos decantemos por una versión de las distintas concepciones particulares del bien, dejando cualquier otra consideración de
republicana, severamente agnóstica. ¿Qué tipo de revolución tiene que darse en el interior justicia al libre juego de las partes.
de las conciencias para que ciudadanos no razonables adopten una posición reflexiva y 119. Habermas, 2002, 16-17.
crítica frente a sus propios prejuicios, asuman la inestabilidad de sus concepciones priva- 120. !bid., 49.
das y se abran al diálogo con los demás? 121. La referencia a un mismo objeto -escribe Habermas en consonancia con Put-
107. No es posible establecer, a mi juicio, un paralelismo inmediato entre lo que nam- debe poder ser mantenida también en presencia de descripciones diferentes
sucede en el campo de la epistemología, donde cabe distinguir entre "certeza» y <<verdad>> (1999, 44). Sobre estos desarrollos de la obra de Habermas, Fabra, 2008.
y donde cabe suponer la necesidad permanente de construir certezas, una <<base común>> 122. Williams, 2006, 115.
sobre la que se asienta la comunicación, y lo que sucede en el ámbito político, donde 123. Habermas, 2002, 51-52.
pueden intervenir argumentos prudenciales para modular las certezas del lenguaje. Sobre 124. Searle, 2000, 55 ss.
estas distinciones, Marconi, 2007. 125. Habermas, 2006, cap. 1. Una lectura democrática del <<legado>> del falibilismo
108. Rawls, 1996, 150 ss. pragmático aparece en Bernstein, 2006.

196 197
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

126. La más reciente elaboración habermasiana de estos temas se encuentra en Ha-


bermas, 2009, 136 ss.
127. Esta idea de incertidumbre, reiteración o iteración aparece en textos tan distantes
entre sí como Przeworski, 1995, 19; Bovero, 2002, 32, y Benhabib, 2004, 125 ss.
128. Bobbio, 2003a, 459-460.
129. Cf. Leviatán, cap. XIII. EPÍLOGO
130. Tomo esta bella fórmula de Garton-Ash, 2009.
131. Desde una perspectiva como la que aquí se defiende carece de todo interés el
INSTRUCCIONES DE USO
intento por establecer una contraposición entre dos formas distintas de democracia, una
<<deliberativa>> y otra <<agregativa>>. Toda democracia tiene momentos de deliberación y
momentos de agregación para la formación de decisiones colectivas. Si no fuera con vistas a
la adopción de decisiones sobre materias controvertidas, ¿qué razón habría para entretener-
se deliberando? La deliberación no es un método para la adopción de decisiones sino, en el
sentido político que aquí interesa, un criterio para la articulación del proceso democrático.
Este malentendido es generalizado en la literatura deliberativista; cf. por todos Elster, 2001.
Al respecto, cf. Johnson, 2001 y Follesdall, 2006, 57, 64.
132. Cf. Hampshire, 2002.
133. A propósito de las economías del desencanto y la recuperación de la vida públi- No es este un libro de recomendaciones. En vísperas de esa gran trans-
ca, me gusta recordar Hirschman, 1982.
formación que se mencionaba al comienzo, no se ofrece una demostra-
134. Estas expresiones, que poco a poco van quedando trasnochadas, vienen de
Macpherson, 1970 y de Pateman, 1995. ción de por qué una determinada alternativa institucional es s_up_erior a
otras. El propósito del trabajo no es <<normativo», co~forme 9:l sentido
que suele darse a este término en la .teoría política reciente._Lo ql!e se
ha hecho ha sido mostrar que el panorama de las dificultades a las que
se enfrenta la democracia contemporánea ya no es el que suponíamos
hace unos cuantos años. El énfasis ha estado en la posibilidad de llevar a
·capo un cambio de enfoque, cuestionando rinci almente la -
des e la que suelen a or arse los debates sobre el resente
e nuestra emocracia.
El punto de vista que he intentado perfilar toma como referencia la
degracfación de tres pilares institucionales básicos del constitucionalismo
democrático: el principio de representación, el de separación de pode-
(es y el de publicidad. He sugerido que para entender lo que no marcha
0mo es debido en relación con estos principios es preciso hacerse cargo
de ciertas implicaciones del giro deliberativo ... Ni qpe __ de~ir tie11e que
j~nto a estos tres factores. de cambio hay otros que hubieran podido ser
tomados en consider~ción. Si me he fijado en unos y no en otros es pór-
que he considerado decisivo oner en primer plano los procesos a través
e los cuales se forma, y también se deforma, _la opinión y a vo unta
dd ciudadano. Estoy convencido de qÚe mient:t:'_as no exphquel!l:OS ade-
cuadamente esos procesos no vamos a saber dedóncJe vengrá la energía
n_ecesaria para impedir que la democracia quec:le -~ m{!~c~d. de ppge~_~s
globales miopes. Por lo demás, lamento haber decepcionado a quienes
buscaran un manual de instrucciones para la reconstrucción (deliberati-
v~) de nuestras instituciones. Seguro que lo enc~ntr~-r~n eri otros textos

198 199
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO INSTRUCCIONES DE USO

que contengan propuestas más imaginativas. Es probable que tampoco


hayan quedado conformes uienes estuvieran reocu ados or s r si
a botella de la democracia está hoy medio llena o medio vacía. Pensarán
- ---
El transcurso de este ensayo ha seguido un movimiento pendular,
ei].tre el ocaso de la creencia en el constante progreso de la demQfJa-
qa y la búsqu_eda de razones para no renunciar definitivamente a ese
que este largo rodeo que hemos dado, con toda su parafernalia delibera- proyecto. Igualmente pendular ha sido el movimiento en cada uno de
tiva, resulta inútil si al final no hace más que confirmar lo que ya perci- los distintos capítulos: la representación quedaba reducida a ficción, la
5imos cotidianamente. Y tampoco quedarán satisfechos qmenes busquen separación de poderes cedía el paso a la confusión, se levantaba acta del
una utopía a la que aferrarse para compensar el vacío que probablemen- deceso de la opinión pública, pero en todos esos casos el propósito era
te dejó en sus corazones el ocaso de la gran alternativa socialista. encontrar argumentos para la resistencia. Se trataba de mostrar gue la
Si me viera apurado a precisar haciá dónde se orientan estas explo- perspectiva de la «democratización» de nuestras democracias, entendida
raciones empezaría recurriendo a una variante, no del todo inocente, como ulterior aproximación al ideal de la igualdad política, no es una
del manido tópico: la democracia ha de ser defendida no tanto porgue mala utopía, m siquiera en circunstancias tan adversas como aquellas c;n
sea el peor de los sistemas políticos conocidos, salvo todos los demás, las que nos encontramos. Y la reconsideración en términos deliberativqs
~no más bien porque es, a pesar de todo, mejor que su contrario. Y de los procesos de formación de la opimÓn y la voluntad desempeña
ello porque solo en democracia hay margen para seguir mantenien<ig un papel central en la recuperación de este ideal. De un lado, porque
l~promesa de una sociedad formada por ciudadanos capaces de pensar es previsible que la urgencia de la deliberación aumente a medida que
~propia cabeza. en la que pueda llegar a cumplirse el ideal deJa crece la incertidumbre del ciudadano en un mundo cada vez más impre-
~No se trata, por tanto, de descalificar las democracias presen-... visible. De otro lado, porque en un entorno informativo como el actual
tes, imQ~rfectas y mejorables, en nombre de una democracia «distinta», necesitamos instrumentos particularmente sofisticados para la institucio-
«real» y «auténticamente» deliberativa. Más modestamente, el argumen- nalización del debate público, compensando los desajustes de la expe-
to muestra que el «contrario la democracia», en la forma es ecífica riencia, mediando en la diversidad de las interpretaciones, atenuando las
en a que se presenta en nuestros días, no está tan lejos de la experiencia disonancias que aparecen entre nuestros prejuicios y una realidad que se
cotidiana como les parece a los (por el momento) felices habitantes de vuelve opaca cuando menos nos lo esperamos.
las sociedades avanzadas o a los esperanzados pobladores de las socie- ¿Es esta una respuesta moralista a las patologías de la democracia?
aades en vías de desarrollo. O peor aún, ¿es una respuesta ilusoria? Sé bien que habrá quien lo
Para encontrar e· em los del contrario de la democracia no hace falta crea. Sin embargo, tengo la convicción de que esta es la única respuesta
realista que puede darse a las transformaciOnes de un entorno como
el nuestro. En este sentido, estas págmas no se entregan al diseno de
un mundo posible, completamente diferente al que conocemos. Son
páginas tímidamente reformistas ue nacen del malestar y dan or
rec o, pero también; y sobre todo. por nna serie de razones q.ue mucho so rent a ía la ráctica de la democracia
tienen que ver con la creciente dificultad gue encuentran los ciudadanos presente. Reconozco que es difícil persuadir con estos argumentos a
Para elaborar opiniones propias. La proliferación de regímenes híbriQe.s quienes no compartan la sensación de que algo no marcha como debie-
o de democracia aparente nos ponía sobre la pista de las desviaciones del ra bajo la superficie de unas sociedades que han perdido todo impulso
~uema de legitimación ascendente que se esconden en el subsuelo de democratizador y sueñan con seguir siendo indefinidamente iguales a
imestras democracias incluso de las que hacen gala del mejor edi rí. sí mismas. El tipo de malestar del ue estamos hablando no es el que
Pero el roblema, a uí no es la co más débil de produce la mera incerti umbre respecto de un porvemr esconoci o,
las actuales democracias, más o menos avanzadas y glab~liz:adas, ya._uo sino el que deriva de la constatación de gue la democracia que hemos
eScl en la quiebra de su dimensión sustantiva, que identificábamos con ~1 conocido puede haber dejado de ser un instrumento de libertad, sin
deficiente desarrollo de los sistemas de derechos y garantías fundamenta- que acertemos a explicar cómo ni por gué.
res:-como en la quiebra de su dimensió · 1 en la disolución Estamos demasiado acostumbrados a pensar que la libertad se gana
-e las reglas del juego. Es decir, donde m_enos loh-ubléramosimaglnacio. frente al poder y que toda derrota del poder ilegítimo se traduce inme-

200 201
LA DEMOCRACIA Y SU CONTRARIO

diatamente en una conquista irreversible de. nuevas cotas de libertad.


La sospecha es que esta versión. empobrecida y depotenciada de la de-
mocracia que hoy conocemos no disponga ya de los recursos necesariQ_§
para plantar cara a los oderes he emónicos ue se han formado en u
mun o como el nuestro. Nuestra democracia parece estar en camino BIBLIOGRAFÍA CITADA
de convertirse en una herramienta despuntada, incapaz de interceptar y
desactivar poderes como esos. De ser así, la tímida propuesta reformis-
ta de estas páginas estaría ol?ligada a medirse con una sospecha demole-
dora: ¿qué ocurriría si llegáramos a la conclusión de que la apuesta por
la igualdad política está fuera de lugar, si nos diéramos cuenta de que
se ha producido un cambio decisivo en los canales por los que fluyen el
poder y la influencia y que los .venerabl(!s prin~<;:ipios. de 1~ democracia
c~nstitucional están irremediable¡.nente condenados a ~cupar una po~
si~ión secundaria entre l~s distintos factores que. determ!!J:.an_ el curso Ackerman, B. (2000), «The new separation of powers»: Harvard Law Re-
view 113/ 3.
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