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Provincia de Corrientes

Poder Judicial

EXP 54311/10
"TORREZ JOSE DAVID C/ FARMACIA SAN JOSE Y/O RODRIGUEZ
JULIO CESAR Y/O BRAUN ILSE Y/O QUIEN RESULTE
RESPONSABLE S/ DESPIDO SIN CAUSA (LABORAL)"

En la Ciudad de Corrientes, a los días 31 del mes de marzo


de dos mil diecisiete encontrándose reunidos en la Sala de
Acuerdos de la Excma. Cámara de Apelaciones en lo Laboral,
el Señor Presidente de la misma, Doctor Gustavo Sebastián
Sánchez Mariño y las Señoras Vocales, Doctoras Stella Maris
Macchi de Alonso y Valeria Chiappe, asistidos del Secreta-
rio autorizante, tomaron en consideración los autos caratu-
lados: “TORREZ JOSE DAVID C/FARMACIA SAN JOSE Y/O RODRIGUEZ
JULIO CESAR Y/O BRAUN ILSE Y/O QUIEN RESULTE RESPONSABLE
S/DESPIDO SIN CAUSA (LABORAL)”, EXPTE. N° 54311/10 venido a
este Tribunal por el recurso de apelación impetrado por la
demandada a fs. 250/253 contra la Sentencia Nº 169 que luce
a fs. 229/243 vta. de fecha 16 de agosto del 2.016.
Practicado el correspondiente sorteo a fin de establecer el
orden de votación de los Señores Camaristas, resultó el si-
guiente: Doctores Stella Maris Macchi de Alonso, Gustavo
Sebastián Sánchez Mariño y Valeria Chiappe en ese orden
(fs. 267). A continuación, la Señora Vocal, Doctora Stella
Maris Macchi de Alonso, formula la siguiente:

R E L A C I O N D E L A C A U S A:

En su pronunciamiento de fs. 229/243 vta. el Señor Juez A-


quo resuelve: “ 1) Receptar la excepción de falta de legi-
timación pasiva opuesta por la Sra. ILSE EDEL BRAUN, y
RECHAZAR la demanda impetrada en su contra, con costas al
actor. 2) Hacer lugar parcialmente a la demanda promovida
por el Sr. JOSE DAVID TORRES contra la firma FASRMACIA SAN
JOSE SCS y el Sr. JULIO CESAR RODRIGUEZ RIO URUGUAY
COOPERATIVA LIMITADA DE SEGUROS, condenando condenando so-
lidaria e ilimitadamente a estos últimos a abonar al prime-
ro, en el término de diez (10) días de quedar firme y eje-
cutoriada la presente, la suma de PESOS VEINTIOCHO MIL
TRESCIENTOS CUARENTA Y NUEVE CON DIECISEIS CENTAVOS ($
28.349,16), con más los intereses en la forma establecida
en el Considerando XII), mediante depósito por ante el Ban-
co de Corrientes S.A. , a la orden de éste Juzgado y como
pertenecientes a la presente causa; con la imposición de
costas estatuida en el Considerando XIII). 3) Intimar a los
profesionales intervinientes -a fin de regular los honora-
rios que les corresponden por labor realizada en todas las
etapas del juicio- en los términos del art. 9 de la Ley
5822, por el término y bajo apercibimiento de ley, debiendo
acreditar las constancias respectivas. 4) Remitir oportuna-
mente copia de la presente resolución a la AFIP a los fines
pertinentes.”. Y por aclaratoria N° 488 de fs. 247 y vta.
se resuelve:” 1) Aclarar el nombre de los demandados en el
punto 2°) de Sentencia N° 169, obrante a fs. 229/243, el
que quedará redactado y deberá leerse de la siguiente mane-
ro “contra la firma “FARMACIA SAN JOSE SCS y el Sr. Julio
Cesar Rodríguez”. A fs. 250/253 la parte demandada interpo-
ne recurso de apelación contra el fallo mencionado, siendo
concedido a fs. 259. Corrido traslado de ley es contestado
a fs. 257/258 vta.. Elevados los autos éstos son recepcio-
nados a fs. 265 vta., integrándose Cámara a fs. 266. A fs.
267 vta. se llaman “autos para sentencia”. La constitución
de la Cámara se encuentra firme y consentida y la causa en
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estado de resolución.
------El señor Vocal Dr. Gustavo Sebastián Sánchez Mariño,
presta conformidad a la precedente relación de la causa.-

C U E S T I O N E S

-----PRIMERA: Es nula la sentencia recurrida?


-----SEGUNDA: Debe ser confirmada, modificada o revocada?

-----A la primera cuestión la Sra. Vocal, Dra. Stella Maris


Macchi de Alonso, dijo: A LA NULIDAD: Que el recurso de nu-
lidad no ha sido impetrado por ninguna de las partes, no
observándose “prima facie” vicios de procedimiento ni de
forma de la sentencia que no pudieran ser superados u ob-
viados por la materia propia de la apelación, la que ha si-
do concedida por la “a-quo”, por lo que no corresponde la
consideración oficiosa de dicha vía de gravamen. Que ello
es así por cuanto el recurso de nulidad tiene carácter ex-
cepcional y debe ser interpretado restrictivamente.
Al respeto, se ha sentado: “La nulidad de la sen-
tencia sólo procede cuando se constata una violación grave,
capaz por sí misma de poner en peligro el derecho que le
asiste a la parte apelante y cuando mediante los agravios
no es factible la corrección impetrada.” (Conf. C.N.A.T.,
Sala I, D.T. año 1.992, p. 260). “Si no existe violación de
formas y solemnidades inconvalidables, omisión en el proce-
dimiento de formas esenciales, o irregularidades que por
expresa disposición legal anule las actuaciones, y el vicio
puede ser cubierto por la materia propia de la apelación,
la nulidad no debe ser decretada.” (Ibáñez Frocham, “Trata-
do de los recursos”, p. 204, Bs. As. 1969, N°102). Así vo-
to.
-----A la misma cuestión, el Sr. Vocal, Dr. Gustavo Sebas-
tián Sánchez Mariño, dijo: Que adhiere.

-----A la segunda cuestión, la Sra. Vocal, Dra. Stella Ma-


ris Macchi de Alonso, dijo: A LA APELACIÓN: I) Que la parte
demandada deduce a fs. 250/253 recurso de apelación contra
la Sentencia N° 169 que luce a fs. 229/243 vta., siendo
concedido a fs. 259. Que, corrido el traslado de ley, es
contestado por la adversa a fs. 257/258 vta., llamándose
“autos para sentencia” a fs. 267 vta..
Se agravia la quejosa de la ponderación de la
prueba efectuada por el inferior al determinar la fecha de
ingreso y categoría laboral. Puntualmente controvierte que
el juez “a-quo” toma como fecha de inicio del vínculo labo-
ral el 13/10/06 y que el actor cumplía tareas de “ayudante
en gestión de farmacia”, arribando a tal conclusión al ba-
sarse en las testimoniales producidas por la actora sin va-
lorar ninguna otra prueba. Pone de relieve que de las cons-
tancias de alta de AFIP, recibos de haberes suscriptos por
el actor, y de la declaración testimonial agregada a fs.
205 surge acreditado que la relación laboral se inició el
24.05.07. Hace notar que las declaraciones testimoniales de
fs. 120, 121 y 123 resultan insuficientes para refutar la
contundencia de las constancias documentadas de la demanda-
da, remarcando que los supuestos ex empleados no especifi-
can en qué fecha ingresaron y egresaron ellos de la farma-
cia y se limitan a repetir respuestas preindicadas. Refuta
que el judicante descalifique la declaración testimonial
del Sr. Sosa (fs. 205), destacando que el mismo no valora
con la misma vara a las declaraciones ofrecidas por la ac-
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tora. Agrega que sin perjuicio de la arbitraria valoración
de la prueba, precisando le agravia la categorización rea-
lizada en cuanto el “a-quo” utiliza el CCT N° 556/09 que
no estaba vigente al tiempo del ingreso del actor. Asegura
que el CCT N° 452/06 era que debía aplicarse, resaltando
que ello impide aplicar las escalas del CCT N° 556/09 sino
recién a partir de la entrada en vigencia de este último.
Cuestiona el monto de las diferencias de haberes estableci-
da en el considerando IV), apuntando que en el fallo recu-
rrido no se especifica que sumas se han tomado como refe-
rencia para establecer mes a mes las diferencias. Insiste
que no existen diferencias de haberes, señalando que el
sentenciante en el período 2.008 toma un convenio no vigen-
te CCT N° 556/09. En otro orden de cosas, le agravia la
jornada laboral receptada, cuestionando que el “a-quo” in-
vierte la carga de la prueba. Refiere que conforme la docu-
mentación conforme la documentación agregada y la testimo-
nial de fs. 205 el actor tenía trabajo de medio tiempo.
Refiere que las testimoniales producidas por la parte acto-
ra adolecen de los vicios ya apuntados, reiterando que sólo
repiten respuestas preestablecidas. Asimismo refuta la cau-
sal de distracto considerada en la sentencia recurrida,
asegurando que el actor hizo abandono de trabajo. Asegura
que el Sr. Torrez hizo abandono de trabajo, indicando que
no se presentó a trabajar ni justificó su inasistencia el
día 9 de marzo del 2010. Advierte que la patronal envía
carta documento intimándolo a que se presente a trabajar
bajo apercibimiento del art. 244 LCT, remarcando que si
bien el actor negó la misiva en la audiencia de trámite pe-
ro, la misma fue ratificada por el informe de Correo Argen-
tino fs. 154/156. Asegura que la misiva fue impuesta el 10-
03.10 y sale a reparto el 12.03.10 volviendo rechazada,
precisando que retorna a Saladas en fecha 16.03.10. Refiere
que el actor no se presenta a trabajar en el plazo bajo el
cual fue intimado, indicando que la patronal envía la CD
del 17.03.10 por la cual se hace efectivo los apercibimien-
tos quedando configurado el abandono voluntario. Arguye que
las misivas enviadas por el actor resultan inoficiosas y
maliciosas, remarcando que a la fecha de su remisión ya ha-
bía realizado abandono de trabajo. En otro orden de cosas,
cuestiona la procedencia de las vacaciones no gozadas, se-
ñalando que las mismas fueron abonadas en el mes de marzo
2010 según recibo de liquidación final que no fuera impug-
nado por el actor. Por último, refuta la extensión de con-
dena al Sr. Julio Cesar Rodríguez, destacando que el juez
“a-quo” arbitrariamente deduce que el nombrado al firmar
unas cartas documentos se ocupaba habitualmente de la admi-
nistración y representación de la sociedad infringiendo la
prohibición legal del art. 136 de la LSC. Finalmente formu-
la reserva del caso federal y solicita se haga lugar al re-
medio interpuesto, con costas.
II) Luego de analizar los argumentos expuestos
por la quejosa, los fundamentos de la sentencia de origen y
los medios de ilustración acercados a la causa, adelanto
que la pretensión recursiva no puede prosperar.
El intento de desvirtuar la valoración del plexo
probatorio resulta estéril en la especie, toda vez que la
misma se muestra fruto de un razonable análisis (según el
principio de la sana crítica exigido por el art. 386 del
C.P.C.C., aplicable por remisión del art. 109 de la ley
3540).
Puntualmente, en lo que hace a la fecha de ingre-
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so y categoría laboral, no extraigo de las declaraciones
valoradas una diferente fuerza convictiva a la inteligida
en el pronunciamiento en crisis. Entiendo que se le ha dado
a los testimonios rendidos a fs. 120 y vta., 121 y vta.,
122 y vta., y 123 y vta. la convictividad adecuada.
En suma, de la lectura integral de la declaración
de los Sres. Ramírez, Ojeda, Nuñez Luscen y Grand surge que
son concordantes, resultando ciertamente pertinentes y re-
levantes a la hora de esclarecer la cuestión debatida (fe-
cha de ingreso y calificación profesional), al estar debi-
damente fundados en la directa percepción de los hechos so-
bre los que declaran, dando suficiente razón de sus dichos
al haber sido compañeros de trabajo y clientes de la farma-
cia donde prestaba servicios el actor ubicada en Bartolomé
Mitre N° 800 -esquina Lugones-.
En consecuencia, contrariamente a lo aducido por
la apelante, tales afirmaciones se presentan -en el parti-
cular- dotadas de una explicitación circunstanciada, que
permite establecer concretamente por qué los declarantes
saben o conocen respecto de los hechos narrados, resultando
por tal motivo relevantes como elemento de comprobación al
persuadir suficientemente sobre la veracidad de los mismos.
No advierto deformaciones de la realidad, fallas
de percepción o comprensión, siendo lo suficientemente cla-
ras y concordantes. Además, debe recordarse que la declara-
ción de testigos que aislada o conjuntamente pueden ser ob-
jeto de reparos por estimarse débiles o imprecisos, en mu-
chos casos se complementan entre sí, de modo tal que unidos
llevan al ánimo del juzgador la convicción necesaria de si
lo alegado por las partes se corresponde con la realidad.
A lo que se agrega que, de haber asistido los le-
trados apoderados de su parte a las audiencias respectivas,
habría tenido a su alcance los elementos necesarios para
demostrar a través de repreguntas la insinceridad que tar-
díamente y sin ningún fundamento le imputa en el memorial
de agravios que nos ocupa.
En efecto, la actividad desplegada por la quejosa
no alcanza a desbaratar tales consecuencias, dado que el
único testimonio que luce a fs. 205 y vta., no reviste la
suficiente idoneidad como para crear una convicción acabada
sobre el hecho debatido, en virtud de que no estamos en
presencia de manifestaciones que resulten creíbles.
La declaración del testigo debe persuadir al juez
y ello obviamente no ocurrirá si no aparece respaldado en
razones que la tornen no sólo creíble, sino también racio-
nalmente explicable. Así, la credibilidad de la prueba en
cuestión depende de la verosimilitud de los dichos del de-
ponente, latitud y seguridad del conocimiento que manifies-
ta, razones de la convicción que declara, confianza que
inspira, etc. Para que tengan fuerza legal y convictiva de-
ben ser veraces, sinceras, específicas, objetivas, impar-
ciales, concluyentes y concordantes; recaudos que no se ve-
rifican en el caso de la referida declaración.
El valor de convicción que se deduzca de las de-
claraciones no debe atenerse al número de testigos, sino a
su calidad, porque los testimonios se pesan, es decir, no
se cuentan (Devis Echandía, “Teoría General de la Prueba
Judicial”, T. II, p. 247 y sigtes.).
Debe el juez apreciar las circunstancias y moti-
vos que corroboren o disminuyan su fuerza convictiva, de
acuerdo a las reglas de la sana crítica. En ese marco, no
hay que hacer mucho esfuerzo para advertir que su interlo-
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cutor pretende avalar en un todo la postura asumida por la
demandada.
Cabe destacar que el declarante de fs. 205 y vta.
quien refiere que el Sr. Torrez prestó servicios para la
farmacia San José en febrero o marzo del 2.017 (CUARTA
PREGUNTA), señalando que lo sabe por haber sido compañero
del actor al trabajar con él dos meses, pero en ningún mo-
mento precisa que en fecha habría el declarante ingresado a
prestar servicios para la demandada. Es aquí donde no puedo
soslayar, que el deponente aduce una fecha de inicio del
vínculo laboral del reclamante –febrero o marzo/07- es de-
cir tres o dos meses antes por lo menos de la fecha regis-
trada por la empleadora.
Y en cuanto a la tareas desempeñadas por el ac-
tor, el deponente precisa que era “ayudante de gestión de
farmacia” (QUINTA PREGUNTA).
Por tanto, debe confirmarse la fecha de ingreso y
categoría laboral aducidas en el escrito inicial; carecien-
do de toda trascendencia el silencio mantenido por el ac-
tor, respecto de la misma durante la vigencia de la rela-
ción laboral, supuesto en el que la teoría de los actos
propios se ve desplazada por el principio de irrenunciabi-
lidad establecido en los artículos 7 y 12 de la L.C.T.
(D.T., 1998-B, 2452).
La autonomía de la voluntad no es oponible al or-
den público laboral por lo que no puede invocarse el asen-
timiento del actor a las condiciones de la contratación, ya
que en modo alguno debe interpretarse como resignación de
derechos que, por su naturaleza, son irrenunciables (art.
12, L.C.T.). (DT, 2002-A, 742).
Así se ha indicado: “No tiene ninguna significa-
ción que el dependiente no hubiera cuestionado la data con-
signada en los recibos que suscribía, puesto que los arts.
12 y 58 de la mencionada ley tornan irrevelante el silencio
del trabajador.” (LA LEY, 2002-C, 599). “La invocación de
la teoría de los actos propios en relación con la conformi-
dad prestada por los trabajadores y la ausencia de reclamos
durante la relación laboral, resulta irrelevante a la luz
de lo dispuesto en los arts. 14, 58 y 260 de la ley de con-
trato de trabajo.” (DT, 2002-A, 980). “La ley no le acuerda
relevancia jurídica al silencio guardado por el trabajador
frente a defectos formales o incumplimientos ocurridos du-
rante el transcurso de la relación de trabajo.” (DT, 2002-
A, 980). “El artículo 58 de la L.C.T. dispone que no son
admisibles presunciones en contra del trabajador que con-
duzcan a sostener la renuncia a cualquier derecho, ya sea
por la vía de guardar silencio “... o de cualquier otro mo-
do que no implique una forma de comportamiento inequívoco
en aquel sentido...” (DT, 1997-A, 758).
En lo atinente al agravio que gira en torno a la
extensión de la jornada laboral, adelanto que el mismo no
puede prosperar.
Con acierto, el inferior impone la carga de la
prueba a la demandada, dado que esta última es quien invoca
una jornada de excepción -cuatro (4) horas diarias-.
En efecto tal como despliega el juez de origen, en es-
te tópico, a cada una de las partes incumbe acreditar los
hechos que invocan, y según sea la postura adoptada por la
demandada, aquella puede ser desplazada en cabeza de una de
las partes. Comparto las argumentaciones dadas en la sen-
tencia en crisis, remitiéndome al análisis allí contenido
por razones de economía y celeridad procesal, estimando so-
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bre abundante volver sobre ellos; solo cabe señalar que la
demandada en su conteste, reconoció la relación laboral,
pero invocó una jornada horaria diferente, entonces la car-
ga de la prueba se traslada a la empleadora.
Esta Alzada tiene dicho:”Puntualmente respecto de la
prueba de la jornada reducida se ha precisado:”Como el con-
trato de trabajo a tiempo parcial gira sobre una cuestión
fundamental, como es la duración de la jornada de trabajo,
el mismo debe probarse teniendo en cuenta los criterios que
son aplicables en materia de jornada de trabajo. En este
sentido, una vez aceptada la relación laboral la carga de
la prueba se invierte, debiendo el empleador demostrar lo
contrario de lo afirmado por el trabajador.”. (La prueba de
la jornada de trabajo. El caso de la Provincia de Santa Fe,
Serrano Alou, Sebastián, Publicado en: LLLitoral 2012
(abril), 248). (Sent. N° 33/14 en autos caratulados
“MOLINA, JESICA EMILIANA C/DACUNDA HNOS. S.A. S/IND.”,
EXPTE. N° 57124/10, y Sent. N° 73/14 en autos “VERON
SABAO, OSCAR ANDRES C/ ELETROMUNDO S.R.L. Y/O Q.R.R.
S/IND.”, Expte. 66597/11).
Concluye Serrano Alou en la obra citada:”En estos ca-
sos, pesa sobre el empleador una mayor exigencia probato-
ria. Cuando el empleador pretende ampararse en las previ-
siones del art. 92 ter RCT en cuanto habilitan remuneracio-
nes y cotizaciones proporcionales a la menor extensión de
la jornada, debe acreditar "cabalmente" la delimitación del
horario de labor. Alegada por el empleador la modalidad de
contratación prevista en el art. 92 ter. de la RCT, y alu-
diendo la norma a un supuesto de excepción, es el empleador
quien debe acreditar que la contratación se hizo en esos
términos, con expresa y clara referencia a los presupuestos
fácticos que determinan este encuadramiento.”.
La jurisprudencia ha tenido ocasión de expresar que
“Es procedente la demanda por diferencias salariales toda
vez que el trabajador acreditó indirectamente el presupues-
to de hecho de su pretensión, cual es la realización de una
jornada completa de trabajo, frente a que el empleador no
probó por medio alguno que cumpliera una jornada reducida
de cuatro horas“(CNTrab., Sala VI, 2003/04/04, Montania,
Florentín J. c. Juan B. Justo S.A., DJ, 2003/07/10, 696 -
DJ, 2003-2, 696 - IMP, 2003-15, 120) (Confr. Sent. N°
264/09, en autos caratulados "PANIAGUA, MARCELO IVAN
C/”ESEICA S.R.L.” Y/O Q.R.R. S/ IND.", Expte. Nº 5266).
Desde el vértice de la naturaleza de los hechos según
sea la función que desempeñan respecto de la pretensión, se
ha declarado que mientras el actor debe probar el acto
constitutivo de su derecho, el demandado debe probar los
hechos contrapuestos que le son favorables por ser impedi-
tivos o extintivos. Estos principios de carácter genérico
deben jugar cuando en rigor el accionado exhibe un nuevo
enfoque de la cuestión propuesta en la demanda apoyándose
en su intención de repelerla en distintos pormenores que
trae en defensa de sus intereses. (SCBA, Ac. y Sent. 1979,
v. I, p. 238 o DJBA, v. 116, p. 396).
De lo expuesto, se colige que la carga de la
prueba es una circunstancia de riesgo, donde quien no prue-
ba los hechos que debe acreditar pierde el pleito si de
ellos depende la suerte de la “litis”. Se trata de una no-
ción procesal que no se erige en un derecho del adversario
sino en un imperativo del propio interés del litigante, que
pone a cargo de este último el riesgo de obtener una deci-
sión desfavorable para el supuesto de adoptar una actitud
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omisiva.
Amén de lo expuesto, el intento de desvirtuar la valo-
ración del plexo probatorio resulta estéril en la especie,
toda vez que la misma se muestra fruto de un razonable aná-
lisis (según el principio de la sana crítica exigido por el
art. 386 del C.P.C.C., aplicable por remisión del art. 109
de la ley 3540).
No extraigo de las declaraciones valoradas una
diferente fuerza convictiva a la inteligida en el pronun-
ciamiento en crisis.
Coincido plenamente en que deben priorizarse los tes-
timonios brindados por la parte actora, por presentarse do-
tados de una explicitación circunstanciada que permite es-
tablecer por qué los declarantes saben o conocen respecto
de los hechos narrados, resultando por tal motivo relevan-
tes como elemento de comprobación al persuadir sobre la ve-
racidad de los mismos.
De la declaración de los mismos se extrae el
desempeño del Sr. Torrez en una jornada laboral completa,
dando suficiente razón de sus dichos por haber sido compa-
ñeros de trabajo del actor, siendo contestes en cuanto re-
fieren haberlo visto al actor cumplir funciones en horario
comercial -por la mañana y por la tarde-.
No alcanzan a rebatir tales inferencias el testi-
monio rendido a fs. 205 y vta., ya que como lo expresara en
párrafos que preceden no estamos ante declaraciones contra-
dictorias de ambas partes “de igual mérito y tenor”.
En ese marco, el “aquo” para tener por acreditada
la extensión de la jornada laboral invocada al demandar ha
sopesado las testimoniales rendidas a fs. 120, 121, 122 y
123 (QUINTA PREGUNTA).
En suma, de la ponderación del plexo probatorio
recabado no puedo más que arribar a la conclusión de que la
demandada no ha demostrado en forma fehaciente la existen-
cia de la jornada reducida invocada; por lo que al no haber
dado cumplimiento de la carga probatoria que le estaba im-
puesta, debe soportar el resultado negativo de la derrota.
Es necesario destacar que todo contrato de traba-
jo –como principio general- se entiende celebrado por tiem-
po indeterminado, siendo su jornada “normal” aquella que se
extiende por 8hs. diarias o 48hs. semanales. (cfr. Ley
Nº11.544, Dtos. Reglamentarios, arts.196 y ccs L.C.T.). En
este sentido tiene dicho la doctrina que: “…En nuestro ré-
gimen positivo, la ley 11.544 estableció jornadas máximas
de trabajo: una jornada denominada “normal”, de ocho horas
diarias o cuarenta y ocho semanales…” (Rubio Valentín. De-
recho Individual del Trabajo. Rubinzal-Culzoni, Santa Fé,
2004, pág. 435).
Ahora bien, toda “modalidad contractual”, esto
es, aquellas que escapan a la regla de la indeterminación
del plazo (L.C.T. Título III. arts. 90 y ss.) y en los que
la jornada normal puede estar sujeta a reducción por dispo-
siciones contractuales o convencionales (vgr. contrato a
tiempo parcial) supone formas de contratación de carácter
“excepcional”, las que exigen, no sólo requisitos de forma,
sino que deben existir y probarse razones objetivas que
permitan apartarse del principio general del contrato por
tiempo indeterminado y de la jornada legalmente estableci-
da, prueba que - como lo tengo dicho- no se colige del sub-
lite; y en consecuencia deberá confirmarse, la jornada nor-
mal dispuesta en origen de 8 horas diarias o 48 horas sema-
nales.
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En caso análogo, esta Alzada ha tenido ocasión de
expedirse diciendo que: “….cabe puntualizar que el género
en las contrataciones laborales está direccionada al con-
trato por tiempo indeterminado – art. 90 L.C.T.-; la espe-
cie – o modalidades excepcionales- se limitan al contrato
por tiempo determinado – plazo fijo-; contrato eventual;
aprendizaje; temporada; y por equipo; estas modalidades es-
tán sujetas a un plazo determinado, o determinable; no de-
penden solo de la voluntad del empleador, sino que deben
cumplimentarse las exigencias formales establecidas en la
ley, siendo condición sine quanon la existencia de razones
de orden objetivo las que deben existir y probarse. Es de-
cir la norma contiene recaudos formales y materiales (…)
que viabilizan la utilización de esta especie de carácter
excepcional (…) Pasando al tratamiento de la tercera queja,
esto es sobre la jornada reducida (…) la demandada en pri-
mer lugar no pactó con el actor una jornada de trabajo re-
ducida y (…). No dejo de ponderar que la reducción de la
jornada es una situación de excepción, y por lo tanto quien
la invoca corre con la carga de la prueba, la que en el ca-
so aparece incumplida. (….) En mérito a todo ello y como ya
lo adelantara, la protesta debe ser desestimada…” (cfr.
Sent. Nº45, del 11/03/2009, in re, "GANDOLFO FABIAN OLINTO
C/ JUAN DOMINGO SCARBOL Y/U OTRO S/ IND. ETC." Expte. Nº
11049/5).
En suma, contra la actividad probatoria desplega-
da por la actora y las preceptivas legales que rigen la ma-
teria (vgr. jornada normal en los contratos de trabajo de
tiempo indeterminado), la demandada contrapone su propio
criterio sin desplegar otras pruebas que den asidero a su
derecho y, por tanto, la queja deviene inatendible.
De lo que antecede se desprende la inconsistencia
de los agravios estructurados sobre la extensión de la jor-
nada, fecha de ingreso y categoría laboral, siendo correcta
la base de cálculo tenida en cuenta por el inferior al mo-
mento de justipreciar los distintos rubros reclamados.
Tampoco corre mejor suerte la queja por la recep-
ción de las diferencias de haberes, ya que cotejadas las
escalas salariales aplicables (CCT N° 452/06 y 556/09), se-
gún categoría, antigüedad y jornada determinadas, y sobre
la base de la remuneración mensual denunciada como percibi-
da, corresponde confirmar la recepción de los ítems por los
montos que trasluce el considerando IV).
En ese marco, los agravios vertidos por la recu-
rrente -basados en la supuesta ilegitimidad de los reclamos
efectuados por el accionante al retener su fuerza de traba-
jo y no presentarse a trabajar- caen frente a las conside-
raciones anteriores.
Cuando el trabajador intima al principal el cum-
plimiento de una obligación a su cargo (como lo es la debi-
da registración y el consecuente pago de las diferencias
resultantes), no se puede concluir de esa conducta la vo-
luntad de abandono de trabajo, ya que precisamente ese re-
clamo está expresando el deseo de mantenerlo.
Sabido es que en materia salarial, al reclamo del
trabajador sólo podrá oponerse el pago hecho y acreditado
por el medio que la ley autoriza, con la correlativa exclu-
sión de aquellos otros que están fuera de la limitación
apuntada. “Con la salvedad de la confesión, el recibo fir-
mado por el trabajador es en principio el único medio para
rebatir los reclamos de este.” (JA, 1.980-II-154).
Además, la falta de pago de haberes no es el úni-
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co reclamo vertido en la carta documento cursada por el
trabajador, ya que también se ha intimado la correcta re-
gistración (jornada, categoría, fecha de ingreso).
La noción de abandono de trabajo involucra la ac-
titud del dependiente que deja de concurrir a prestar ta-
reas con la intención presunta o expresa de no cumplir, en
lo sucesivo, con la obligación exigida en el contrato de
trabajo, sin que en ello haya justificación de su parte. La
nota que lo caracteriza es el silencio del trabajador. De
allí, que en tales supuestos no caben dudas que el princi-
pal debe –como primera medida- efectivizar lo debido y pos-
teriormente, sobre ese fundamento intimar la concurrencia
al trabajo, aplicando la sanción que evalúe conveniente si
-después de cumplidas sus obligaciones- mantuviera el de-
pendiente su actitud de no presentarse a cumplir tareas.
El art. 244 de la L.C.T. establece que el aban-
dono de trabajo -como acto de incumplimiento del trabaja-
dor- sólo se configura previa constitución en mora mediante
intimación hecha en forma fehaciente al dependiente para
que se reintegre al trabajo por el plazo que impongan las
modalidades que resulten en cada caso. Así, debe verificar-
se la convergencia de dos elementos: uno de tipo objetivo
(cual es, la no concurrencia al trabajo) y otro de tipo
subjetivo (esto es, la voluntad del trabajador de no rein-
tegrarse al empleo).
Este último recaudo no se da en la especie, dadas
las interpelaciones cursadas por el dependiente.
“Solo por excepción el trabajador puede dejar de
cumplir con su prestación sin violar el contrato; como
cuando en ejercicio de la “exceptio non adimpleti contrac-
tus” retiene su prestación hasta que el empleador de cum-
plimiento a sus propias y correlativas obligaciones en mo-
ra.” (Tratado de Derecho del Trabajo, T. 5, Antonio Vázquez
Vialard, p. 385 y 389, Ed. Astrea, Bs. As. 1.985). “No
existe abandono de trabajo que torne procedente el despido
si, luego de un intercambio comunicaciones, el dependiente
decidió retener sus tareas hasta tanto se resolviera la
cuestión planteada, pero poniendo su fuerza de trabajo a
disposición del empleador, ya que su conducta encuadra en
las previsiones del art. 63 de la ley 20.744.” (DT, 2.000-
B-2369).

Siguiendo tales parámetros, no puede tenerse por


configurado legítimamente el abandono de trabajo –tal como
lo pretende la accionada- ya que el mismo supone la viola-
ción voluntaria e injustificada del dependiente a sus obli-
gaciones de asistencia y prestación efectiva de labor.
La patronal se ha comportado de modo irrazonable
al disponer sin más la cesantía del trabajador, ya que sus
propios actos legitimaron el reclamo de éste y su conse-
cuente retención de trabajo.
Consecuentemente, resulta de toda evidencia que
la actitud de la demandada no se ajustó a los principios de
buena fe, continuidad y subsistencia del contrato de traba-
jo; debiendo hacerse cargo de las consecuencias indemniza-
torias derivadas del ilegítimo acto extintivo.
También debe rechazarse el cuestionamiento en
cuanto al acogimiento del reclamo que involucra vacaciones
no gozadas/10, en los términos de la liquidación practicada
en el considerando VI) -fs. 237-, en razón de que la carga
probatoria pesaba sobre la accionada por cuanto debían
obrar en su poder los elementos necesarios que acrediten su
oportuna efectivización.
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En este punto no puedo soslayar que el recibo de
liquidación aducido por la reclamada, no se encuentra sus-
cripto por el Sr. Torrez.
En la demanda por cobro de salarios, la prueba de
la prestación de los servicios es a cargo del trabajador;
acreditados estos, corresponde al patrón la demostración de
haberlos pagado. (Tratado de Derecho del Trabajo - dirigido
por Deveali - Tomo V, p. 310). Existiendo controversia so-
bre el monto y cobro de las remuneraciones, la prueba con-
traria a lo reclamado en juicio por el trabajador corres-
ponde al empleador demandado; debiendo advertirse que salvo
la prueba de confesión, el recibo firmado por el trabajador
es, en principio, el único medio para rebatir los reclamos
de éste.
No corre mejor suerte su queja respecto de que en
el fallo atacado se hizo extensiva la responsabilidad al
socio Sr. Julio Cesar Rodríguez en cuanto entiendo que el
“a-quo” aplica correctamente la normativa contenida en la
Ley de Sociedades Comerciales.
El juez de grado extiende la condena en forma
ilimitada y solidaria al Sr. Julio Cesar Rodríguez, en el
entendimiento de que habiendo ejercido actos de administra-
ción de la sociedad deben responder solidaria, ilimitada y
subsidiariamente, en virtud de lo preceptuado por los arts.
136 a 138 de la LSC.
En un fallo de similares características ha di-
cho esta Cámara:” La L.S.C. en el artículo 134, dispone ex-
presamente que “ El o los socios comanditados responden por
las obligaciones sociales como los socios de la sociedad
colectiva, y el o los socios comanditarios solo con el ca-
pital que se obliguen a aportar.El ARTICULO 136 refiere a
la administración y representación de la sociedad la que es
ejercida por los socios comanditados o terceros que se de-
signen, y se aplicarán las normas sobre administración de
las sociedades colectivas. La violación de este artículo y
el artículo 134, segundo y tercer párrafos, hará responsa-
bles solidariamente al firmante con la sociedad por las
obligaciones así contraídas. A su vez el ARTICULO 137, con-
templa una prohibición expresa.; “El socio comanditario no
puede inmiscuirse en la administración; si lo hiciere será
responsable ilimitada y solidariamente. Su responsabilidad
se extenderá a los actos en que no hubiera intervenido
cuando su actuación administrativa fuere habitual. Tampoco
puede ser mandatario. La violación de esta prohibición hará
responsable al socio comanditario como en los casos en que
se inmiscuya, sin perjuicio de obligar a la sociedad de
acuerdo con el mandato. En síntesis, la claridad de estos
dispositivos legales, imponen la solidaridad directa y no
subsidiaria como erróneamente lo dispuso el sentenciante de
grado al aplicar la normativa de las sociedades colectivas,
obviando que en el tipo societario que vengo analizando, en
el que encuadra la demandada de este expediente, contiene
normas expresas que deben ser cumplidas. En mérito a todo
lo dicho corresponde receptar el agravio de la parte acto-
ra, condenando a la Sra. María Isabel Gonzalez de Andérica,
socia comanditaria, solidariamente en función al art. 137
de la L.S.C., modificándose en este aspecto el fallo de
grado.” (Confr. Sent. Nº 176/09 en los autos caratulados:
"SANCHEZ GUSTAVO HORACIO C/ FARMACIA SANTA ISABEL S.C.S.
Y/U OTRO S/ IND.,” Expte. Nº4782, y Sent. N° 29/11 en au-
tos caratulados “CAMINO NIDIA BEATRIZ C/FARMACIA SAN MARCO
SCS Y/O OTROS S/INDEMNIZACION”, EXPTE. N° 12146/7).
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Tal como lo apuntara acertadamente el sentencien-
te las sociedades en comandita simple se caracterizan por
presentar dos tipos de socios, a saber: a) el comanditado
que es un socio solidario pues responde por las obligacio-
nes sociales con su capital propio y b) el comanditario que
sólo responde hasta el límite del capital que se obligó a
aportar (art. 134, ley 19.550).
Los socios comanditados están facultados para
ejercer las funciones de administración y representación de
la sociedad que, sin perjuicio de ello, puede ser también
ejercitada por un tercero. Por el contrario, a los socios
comanditarios les está vedado hacerlo, bajo riesgo de
transformarse en socios solidarios (arts. 136 y 137, ley
19.550).
En el mismo sentido se ha dicho “Las sociedades
en comandita simple se caracterizan por presentar dos tipos
de socios: el comanditado que responde solidariamente de
todas las obligaciones sociales y el comanditario que res-
ponde sólo hasta el límite del capital que se obligó a
aportar. Los primeros están facultados para ejercer las
funciones de administración y representación de la sociedad
(art. 136, ley 19.550) mientras que, a los segundos, les
está vedado hacerlo, bajo riesgo de transformarse en socios
solidarios (art. 137, ley de sociedades comerciales).”
(Pawlowski de Pose, Amanda Lucía, Publicado en: DT 1993-
B, 1893, Fallo Comentado: Cámara Nacional de Apelaciones de
la Seguridad Social, sala I (CNSegSocial)(SalaI) ~
1992/11/30 ~ M. DE R., S. c/ CAJA NACIONAL DE PREVISION
PARA LA INDUSTRIA, COMERCIO Y ACTIVIDADES CIVILES ).
Así la Cámara ha dicho:” De lo dispuesto en los
primeros párrafos de los arts. 136 y 137, respectivamente,
se desprende que la ley prohíbe a los comanditarios ejercer
la administración y representación de la sociedad. Así, la
exclusión implícita resulta de la primera de las normas
mencionadas, que dispone que la administración y represen-
tación de la sociedad es ejercida por los socios comandi-
tados o terceros que designen. Por su parte, la otra norma
citada preceptúa en forma tajante que el socio comanditario
no puede inmiscuirse en la administración, con lo cual no
cabe duda de que la ley quiere que esta categoría de socios
no sólo no asuma funciones de administrador, sino que tam-
poco ejerza la representación de la sociedad de modo al-
guno. La prohibición impuesta a los comanditarios es tan
absoluta que el art. 137, párr. 3°, de la LS les veda tam-
bién ser mandatarios de la sociedad. Solo están autorizados
a realizar exámenes, inspecciones, verificaciones, o emitir
opiniones o consejos (art. 138; LSC); o a realizar actos
urgentes que requieran la marcha de los negocios, en caso
de quiebra, muerte, incapacidad o inhabilitación de los so-
cios comanditados, sin alterarse su responsabilidad, por el
término establecido en el art. 140, LSC.” (Confr. Sent. N°
245/08 en autos caratulados “LA ROSA JULIO EDUARDO
C/FARMACIA SANTA ISABEL S.C.S. Y/U OTROS S/IND.” Expte. N°
4841).
La doctrina remarca que “La prohibición estable-
cida por la ley respecto del socio comanditario para el
ejercicio de la administración de la sociedad es sumamente
amplia ya que no sólo se le impide a esta categoría de so-
cios la representación y administración de la sociedad,
sino que el art. 137 llega a colocarlos en una situación en
la cual no les permite insmicuirse en la administración ba-
jo apercibimiento de hacerlos responsables ilimitada y so-
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lidariamente” (Confr. Daniel Roque Vítolo, Sociedades Co-
merciales T III, Ed. Rubinzal Culzoni, pág. 60).
Continúa precisando el autor mencionado que
“Quien aparenta ser socio comanditado debe responder como
tal. Lo expuesto queda –a nuestro criterio- confirmado por
la circunstancia de que el segundo párrafo del artículo 137
establece los alcances respecto de la actuación, señalando
que aquel socio comanditario que se inmiscuyera en la admi-
nistración extenderá su responsabilidad a los actos en que
hubiera intervenido; pero en el caso de que su actuación
administración fuese habitual, también alcanzaría a aque-
llos tantos en que no hubiera intervenido. Es decir: bajo
el régimen del artículo 137, si la actuación es aislada só-
lo responde respecto de los actos cumplidos o en los cuales
se inmiscuyera; si es habitual, responderá como los socios
de la sociedad colectiva, al igual que los socios comandi-
tados.”(Confr. obra citada pág. 61 y stes.).
Poniéndose de relieve que la limitación de la
responsabilidad que este tipo admite respecto de los socios
comanditarios no es absoluta, pues en ciertos casos cede y
pasa a ser ilimitada y solidaria, lo que ocurre cuando los
socios de esta categoría se inmiscuyen en la administración
de la sociedad, y tal como lo apuntara acertadamente el
juez aquo de la documental acompañada se ha constatado que
el que firma las misivas es el Sr. Julio Cesar Rodríguez,
el que suscribe con la alusión “Por Farmacia San José
S.C.S”. También pone de relieve el sentenciante en su va-
loración que de manera habitual los socios comanditarios
codemandados desplegaron actos reservados a los socios co-
manditados concluyendo que los mismos han vulnerado las
prohibiciones expresamente establecidas en los arts. 136 y
137 de la LSC por lo que expresa corresponde extender la
responsabilidad a todos los socios comanditarios en forma
ilimitada y solidaria con la sociedad codemanda.
En ese contexto, coincido con el juez aquo en que
los actos llevados a cabo en el caso de autos por los so-
cios comanditarios involucran, en esencia, actos de admi-
nistración (suscribir recibos de haberes, intercambio epis-
tolar, contestar demanda, etc.), plasmándose de ese modo la
conducta tipificada por la norma (art. 137); argumentos és-
tos que resultan más que suficientes para rechazar el re-
curso intentado por el codemandado.
Tampoco puede tener andamiento la tacha de arbi-
trariedad que se imputa al fallo en crisis, dado que el
mismo resulta inmune a tal descalificación.
Al decir de la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, la tacha de arbitrariedad no procede por meras dis-
crepancias acerca de la apreciación de la prueba producida
o de la inteligencia atribuida a preceptos de derecho co-
mún, así se estimen esas discrepancias legítimas o funda-
das. Esa tacha atiende sólo a supuestos de omisiones de
gravedad extrema en que, a causa de ellas, las sentencias
queden descalificadas como actos judiciales. (Fallo:
244:284).
La arbitrariedad consiste en el desacierto grave
o extremo en que incurre la sentencia judicial en orden a
los aspectos fácticos o razonamientos jurídicos que deter-
minan que la “ratio decidendi” de la misma sea violatoria
de un derecho o garantía constitucional.
La circunstancia de que el tribunal apelado haya
dado preferencia a determinado elemento probatorio respecto
de los que invoca la recurrente, no sustenta la impugnación
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en cuanto al juicio de los hechos. Sabido es que los jueces
pueden preferir algunas de las probanzas a otras y omitir
toda referencia a las que estimare inconducentes o no esen-
ciales.-
Ello se encuentra expresamente normado en el art.
386 del C.P.C.C. de la Pcia. de Ctes. –aplicable por remi-
sión que efectúa el art. 109 de la ley 3540- en cuanto pre-
vé que los jueces no tienen el deber de expresar en la sen-
tencia la valoración de todas las pruebas producidas, sino
únicamente de las que fueran esenciales y decisivas para el
fallo de la causa.
Como puede colegirse, la actividad desplegada por
la recurrente no logra conmover los fundamentos expuestos
por el inferior, todo lo cual me lleva a concluir que el
remedio intentado no puede tener acogida, por lo que mo-
ciono la confirmación de la sentencia apelada, con costas a
la recurrente vencida (art. 87, ley 3540).
No cabe avanzar en otras consideraciones que se
muestran inconducentes para hacer variar el resultado de la
queja. Ha dicho esta Cámara, en criterio que comparto: “La
ley no obliga al juez a seguir a los litigantes en todas
sus argumentaciones, ni de refutar estas una por una, pues
tiene amplia facultades para ordenar el estudio de los he-
chos y de las distintas cuestiones planteadas en forma me-
tódica, asignándole el valor que corresponda a las que
realmente lo tengan, prescindiendo de las que no influyan
para formar convicción o no sirvan a los fines de la justa
solución del pleito” (conf. CNCIV, Sala D, 20/12/67 E.D. t
23 pág. 485). Así votó.-
A la misma cuestión, el Señor Vocal, Dr. Gustavo Sebastián
Sánchez Mariño, dijo: Que adhiere.-
Que, en consecuencia, se da por finalizado el presente
Acuerdo, pasado y firmado por ante mí, Secretario autori-
zante, que doy fe.-

S E N T E N C I A

Nº 43 Corrientes, 31 de marzo de 2.017.-

Por los fundamentos de que instruye el Acuerdo precedente,


SE RESUELVE: 1º) RECHAZAR el Recurso de apelación inter-
puesto por la demandada a fs. 250/253, confirmando la Sen-
tencia N° 169 glosada a fs. 229/243 vta.. 2°) OFICIAR a la
Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) acompa-
ñando fotocopia del presente fallo a los fines pertinentes.
3°) Costas a la demandada vencida (art. 87 Ley 3540). 4°)
Insértese copia al expediente. Notifíquese. Regístrese. Fe-
cho, vuelva a origen.

Dr. Gustavo S. Sánchez Mariño Dra. Stella M.M. de Alonso