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(A f'ÍTL. LO SEGU.

:--1DO

Estado y Moral
La Teoría del Estado como Política
§ 7. La doctrina sobre la justificación del Estado
A. La Politira romo Ética y como Técnica
La Política como ciencia. es decir, como un sistema de conoci-
~ie?tos expresado_s en juicios, tiene que ser una discipJina específica
d1stmta de la Teona general del Estado. Si la Teoría general del Estado
se pregunta qué es, y cómo es el Estarlo, v cuáles son sus formas funda-
mentales y sus contenidos capitales, la Política se pregunta si << debe
ser > el Estado y cuál es la mejor de sus posibilidades. Planteado así
el problema, la Política aparece romo una parte constitutiva de la
Ética, como uno de los cont'l'Ímientos morales que señalan finalidades
objetivas a la conducta humana, es decir, que estatuyen como dt:'bidos
ciertos contenidos. Pero si s,~ considera la Politica desde el punto de
vista de la realización de las finalidades objetivas señaladas en otro
lugar y, por tanto, supuestas de antemano, y lo que se busca son los
medios adecuados, es decir, establecer aquellos contenidos que la expe-
riencia demuestra que actúan como causas de aquellos efectos que
corresponden materialmente a las finalidades previamente supuestas,
en ton ces la Política no es Ética, no se dirige a la legalidad normativa,
sino << Técnica >> si se quiere llamarla así : Técnica social rrfrrida en
cuanto tal a 1a legalidad causal de la conexi(m de fines ~- medios. l·fay
que distinguir claramente el problema normati,·o : ¡,e debido, y por
qu é, u n determjnado contenido? del problema teleológico : ¿cuáles son
Jas causas (medios) que determinan una situación de hecho (fin) previa-
mente querid&, coincidente con el contenido debido? Así , pues, por
tITandes que sean las relaciones entre Ética y Tt'·cnica, difieren radical-
~1cnte desde el punto de vista metódico.
Considerada Ja Política como Éti ca, como seiialando finalidades
obj r tivas, como afirmando el ser debido de ciertos contenidos, tiene que
llegar en la fundamentación de sus juicios a normas o juicios de valor
cada vez más generales, hasta alcanzar una norma ya definitiva cuya
validez no es demostrable y no puede ser más que supuesta ; sólo de
es te modo es posible un sistema ético-poHtico. Frente a estas normas
r HAN S KE L I::N

fundamentales, que sirven de apoyo último a los diversos sistemas


políticos, el conocimiento teorético tiene que limitarse a dibuJar la tipi-
cidad de t odos los sistemas hist óricamente dados o simplement e posi-
bles, con referencia al contenido de la nonna funda mental, dividién-
dolos en dos o más grupos a la manera del valor que se ha estimado
superior. Las antítesis de sujeto y objeto, de persona y cosa, de indi-
viduo y colectividad, de liber tad e igualdad y otras varias, constit u-
yen, a este efecto, principios de división corrientemente usados. Ahora
bien, el punto de vista desde el cual se realiza la división no es ét ico-
politico, normativo, por tanto, sino más bien es el punto de vista de
la hist oria y la critica de la!- doctrinas. Desde un punto de vista nor-
mativo, los principios superiores que servirían de base a los diversos
sistemas tendrían que carecer de un fundament o objet ivo, serian en
este sentido enteramente subjetivos o, mejor, no serían válidos más
que de modo hipotético o relativo. Todos los juicios de un sistem
ético-politico presuponen necesariamente est e principio fundamental
indemostrable : si vale esta proposición, valen igualmente todas las
demás. Ahora bien, no puede demostrarse que tal proposición sea pre-
cisamente válida. Ciertamente, la especulación ético-política posee a
veces la t endencia a superar esa situación elevando, a esos principios
superiores, a la categoría metafísica de verdades absolutas. Y precisa-
mente atendiendo a esto es posible agrupar los sistemas ético-politicos
con arreglo a la antitesis ideológica que media entre la dirección meta-
físico-absolutista y la dirección crítico-relativista, de .las cuales la
primera afirma lo que niega la segunda, a saber : la cognoscibilidad de
verdades y valores absolutos.
Pero en tanto que se considera la P olítica como Técnica social. en
tanto q ue se dedica a buscar cuáles sean las causas (medios) correspon-
dientes a ciertos contenidos (fines establecidos previamente como
« debidos • por la Política en cuanto Ética) queridos como efectos en
la realidad natural. sus juicios versan acerca de la conveniencia u opor-
t unidad de los medios. El grado de verdad de estos juicios ha de esti-
marse según la posibilidad que ofrezcan para examinar exactamente
la eficacia de los medios propuestos. Pero esta posibifüiad es bien
pequeña relativamente, por la imposibilidad del experimento.

B. El anarq ulsmo
La primera y principal antítesis entre las teorías política6 resulta
según que el Estado sea afirmado o negado fundamentalmente como
un orden coactivo. Puede negarse, en principio, que la validez del orden
~ tatal, y, por tanto, la pertenencia a la comunidad estatal, sea indepen-
d_1ente del querer y del deseo de aquellos para los que, por su mismo sen-
t!do, pretende valer ; asi como que la eficacia de este orden esté garan-
t1Zada pm: el acto coactivo externo que pertenece al contenido especifico
<l_el_orden ~ tata~. Si ~ acude a la libertad para hacer de ella el prin-
ctp10 superior axiológ1co, esto posee en principio un sentido meramente
TEO~fA GEN E RA L O EL E STADO 37
neg_a!ivo Y carece del carácter de una justificación positiva. La actitud
espint~al de ~ tipo que designamos con el titulo de • anarquismo • en
~u sentido prop10 Y originario, es la replllsa de la coacción, considerada
msoportabl~, ~n la que una voluntad extraña se impone a la propia :
es el resentimiento contra la heteronomia. Con el principio de no some-
terse más que a la propia voluntad, de no subordinarse más que al
orden que uno se da a si mismo, queda negada en absoluto la idea de
todo orden - pues justamente a la propia voluntad es a la que no se
puede estar •sometido,; y al orden que uno se da a si mismo, y que,
por tanto, puede variar en todo momento, es al que no cabe • subordi-
narse..,-. No es que este anarquismo individualista represente un
d_eber ser, una norma de determinado contenido opuesta al Estado con-
siderado como un orden de contenido diferente, sino que representa
la negación fundamental de todo deber ser, la negación de la norma,
en general, enlazada de modo necesario con la repulsa de su validez
objetiva. Y este anarquismo, enclavado en la esfera subjetiva, consti-
tuye un nihilismo -social si se considera que la esencia de Jo social e~
el orden objetivo, y que el mundo de lo social es un mundo de normas
y valores objetivos. La fraseología en la que se expresa esta mentalidad
- • destrucción , y • exterminio , de la Sociedad presente - no pasa
de ser un síntoma relativamente subalterno. Lo decisivo es que el
conocimiento de la Sociedad le está totalmente vedado. La teoría
social subjetivista del anarquismo es el correlato del solipsismo gnoseo-
lógico, el cual queda encerrado en la esfera de lo subjetivo; pues, par-
tiendo del sujeto como fundamento y medida de todo lo real, tiene
que acabar por negar lo objetivo, el mundo como no-sujeto. Por lo
demás, ni este solipsismo gnoseológico ni la teoría social anarquista
pueden ser consecuentes con sus propias premis:\s. Del mismo modo
que toda negación del objeto se suprime en sus propios juicios - que
son, por esencia, objetivos-, en los cuales el sujeto se desnaturaliza al
convertirse en objeto del juicio - en objeto, qq.e es lo que en principio
se niega-, el anarquismo aspira a justificar su posición, y de ese modo
cae de nuevo en la esfera de lo social-objetivo que primeramente tra-
taba de exterminar, pues toda • justificación • significa • objetiva-
ción ,. 'Éste es el camino por el cual el anarquismo individualista llega
a convertirse en el llamado anarquismo •colectivista, ; este viraje se
observa más o menos marcadamente en todos los anarquismos teóri-
cos. Ya representa un primer avance en este sentido el•hecho de repre-
sentarse la •libertad• como principio axiológico objetivo, es decir,
eomo norma, como deber ser de determinado contenido, pues de este
modo constituye una legalidad, un •entrelazar,, por tanto, aun cuando
de distinta especie que el de la legalidad causal de la naturaleza. Y s1
bien la forma en la cual se expresa el contenido que el anarquismo
atribuye al deber ser no es la adecuada (pues en la proposición : « tú
debes hacer lo que quieras • el contenido rompe la forma, por así
decirlo), es bien visible, sin embargo, la tendencia a afirm~ una norm~,
v no a su negación pura y simple. El llamado anarqwsmo colecb-
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, isla no ilttillirn Ull.l Ull\l' ttt·1.1 totul 1h• (11 d1·11 • 11111111 1, p111 l'I , 111111 ,11 11,,
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colrrti\·i~ta posri• un~ knd1'Jll'lll lolnl11w11lt· c•l11·11 Y 11111 11111 l1 v11, 111
propio dt• él ec. qm' sostlt'IH.' la iderrtichd di' ',('I Y d1•lwr·, 1•1, rp11• 1111·pl,
]3 bondad de todo Jo c•,1st1·ntt• n rr1'1', al 11u 11(1", q1w lo 1·x1•1I, 1111' ,..,
dest>m·tll•ln• por n<'Cl'Stdnd t'll l'l M'lll ido dt'I hi1•11, l•.I OI 114-11 IHtl 111 ,il,
lihn• de toda inh'n ,•nrion m t ificial, <'' l'I ol'd1·11 1111•,1111 1·11 1od1,, 11 11 ,
parks, es l.'l uniro q111' n pre..,c•nla la arntonia 111,t urnl '''.' 111 1.11111 , •.,, ,
garantizado ('I intrrl's dl' tod,1s y 110 " 1 110 d d1· 1111 ps.rl wulH r 11 , 1 r1 ..
algun grupo privtll'f.!ÜHlo. Por t''-º la c·ourr1ú11 1:l{tlll ul t•r¡11iv11l1· 11 u1111
pt'rturbat·10n dt· esta armonía. H:t'il:t que· aq11l'll11 d""'"JH•r 1·11·11 ¡,11111
que queck asl•gur.lda la co111unidad i,ohdaria di' 1111 ord,·11 j11iilo 111,1 ~e1
natural. dado con In misma nat11rn!to1,11 U<' la<; c·o!{:t~ · 1'1 11rdN1 cl1· u11:i
t'lmumdad dentro dl• la cual ya Jh) hay 11nlllc·!'l1s 1·11!11· l ll', 11111•11,l,11,,
ni entre uno de estoi, v un orden drdirado a ~a1:i11l1zm t.111 1'61'> '''"' 11,t,,
re~es dt una parte del grupo. f--:st<.· ord('n llll!'VO no ll('('C'Sita dt• lu r:0111
cion, pues no exigt> del homhrl' mú4, <lt• Jo que· (•ble quí1•11• p1,r 11 fHi1p1,,
e mtirna riaturalna. Y este ordeu plr11anw11lc mfrruntlo u Ju 11ntt11Hlt·1.,
del homurr, porque de la naturalrza provicn,•, rs pkns•nwrit ,. l,111·1"1 .
porque lo qur harc malo al hombre el rual, romo todo 1u•r vivo, rnrr,,,
todo cuanto existe, rs originariamente bul.'no CiJ ,,1 11nl1·u tu 1111111d
del E tado con la roacc1i,n que neccsarianwntl· impli<'a, y qm· h1w1• ,¡111•
ei hombre lkgm• a no poder pasar sin la coac:C"iúo. Por eso, ti 111,an¡,11,
mo declara que el E,tn<lo hii,túriro es u11 mal, u11 fl'11(mwno palul11P,11 ,,,
por así ch.·cirlo.
De c~ta peculiar posición frente al prohlemn 1tociul ,.,. ~(•n1•11il, y ,d
del Estado en particular, deriva una consccuendo mclocfol(,~iri• Jm, l 11
raract"ríc;tica. Puesto que la Sociedad es (·onsidnuda corm, ul~,, i: m.t11
ral •· es decir, como un bector de naturaleza ddermi11adu por ,.¡ 1•u11 ~
salismo ciego, el conocimiento de la Sociedad deht• incluír.141• ,·ntri· l 1
ciencias naturales que tienden a la averiguad6n ,te corn•x H1111•" d,· , :111
salidad. Como quiera que se ignora e inclu~o 1w ni1·w• t.,,,fo d11it111 1 11111
fundamental entre ser y deber ser, lienf' que df•c:,apan•,•pr t:,rrd11(•J1 Ju
c?n!raposición entre el punto de vista f'ausal y (•1 n<,rrwtlivo. l·.I ,.,,,,,,
c1m1ento del acaecer real y el examen d,· la ,·111Hlucl.H d1·l,ul:1 dd t,,,u,l,r ,•
li('ncn que st.•r objeto <le la mil:lma coni,ider:r('ión ,·1tntífiu1. J)f.', .••, . m1,d,,,
lo bueno tiene que ser inmanente al aca,·cn n•al, dt·l rníc:,m<> 1n,1tl,, qw
a la realidad social tiene que ser inmarwntt• 1•l v:tl,,r. () J,, r, al ,. . y
cfo antemano lo bueno, o se le explira , ,,11111 una (•v11lw11,r, ,,11,, v;, ,i.
. -- ,.._ ........,. .. ...

T l: O R Í .\ G E '- E H A 1 1) E l J•; ~ T \ 11 ll

lo malo . a lo bueno , d e 1o utH•no ,. l .


a o mas hut'lh) v dl' lo mús h11l'1to
anatlo meJor. La evol ucion · · ~ocml.
. .· pues, tanhl desde ' · l'I µunto dt• , 1~ta .
I
ura. . como desde el r-nur1tO d e \'JS . t a f/·t·lCO , t l{'fü'
. . .
. . St'll t1Jo :tS('L'llSIOll:l l.
E s ta. leona social u . · · · . . .
. . • na ' ez m1c1ada su mard1a en t•st~t dirt'l'Cltlll. s1•
msp1ra t•n . el. modelo d e la c1enc1a · .
n:1tuml - que l' ll t•l siglo \.tx aka11 w
d esenvo lv1m1entos 1·n . ¡ J , •
.. so:-pec 1a<10s - v trata dt> descubrir una lt' Y dt'
1a evoluc10n de la So,.1·eda,J l1 · f ¡ · · 1 · ·· l'.
. , ,1 umana. cuya ornrn ac10n es a s1tim1•nl
po~o mas o menos : t.'n un principio !lü ¡,xistía d Estado : la 1•volut'ion
~ocrnl p~rte, pues. dt• un estado « natural ». es decir, " p..tradisiaco .. dt.·
1
~?Ccnc1a, en el cual imperaba la libertad : v a nw<lida qnt' la t'volu-
c10n vaya_ alcanza ndo us fas1•s superion•s: rl'lornarú a t'se t'sladtl
~e anarqm~. Pero t·sll' su fa ,·orito esqnt•ma de la l'Yoludón no µ::isa rk
:st:'r un med10 para proyt•rtar sobre una ~upt•rficie hi!:'lt0ril'at11t'nt1.' rons-
~:uid~ un ideario funda111t•ntalm1:•ntt' d1co-politico. El error dt.· esk
rneano. t>mpero, radica, dt• una park. ~n que nit•gn In antiksis dl'
ser y deber ser, al sostent.'r la inmanem·i:t dl'I Yalor en la realidad. , ..
de otra parte. declara dis,·aliosa cierta rt•alidad - t'l Estado con~ú
hecho histórico - , contraponit.'lllio :i lo <, naturalnlt'nle bnl'no ~ In
<< artificüllmente malo »; si lJi1.•11 . tksd1.• su punto 'de Yista mo11ist~1. ten-

dría que conceder que tambit.> n esto <• arl ificial » era al~o ~ natural » , •
por tanto. <- bueno ». En <>sta a11tih•sis de natural \" ~trlifieial. dt• liht:r.
tad y coacción , etc .. no St' ma11ifit•sta tanto la dist(nl'ión dt• dos vhjt'lo:--
dentro del mismo sistema, sino la contraposición dt' dos pu11l11s th '
Yista esencialmente distintos, por tanto de dos sist1•mas dt• flHllH'i -
micnto, las :rntítesis dt' Yalor y realidad, d1.• ·t•r ~- dd.>l' r s1.•r. dt• natura-
leza y espíritu. y . muy especiahnt.•ntt.'. dt• natur~lkla y ~ol'kdad. \° ( 1
hay un orden natural -y un orden SQt:ial artificial. siih) que todu onkn
social es ,1 artificial frente aj orden natura l ·omt•tido a un~ kgalidad
)1

diferente. la legalidad de la naturaleza. ú1lifienr. pUt'S , dt.• (1 natural " :t


uno de los varios posibles úrdent'S sociales. tltl si~nifica otra rosa t¡llt'
considerarlo alJsolutaml'nte prefrriblt' a it)s d¡:> 111:ts: la idl'11tific:1l"itrn
con la naturaleza no es más qut• l'l t'nsayo t'11cuhit•rtt1 d t• l'lt'Yarlo a un:t
ca tegoria 31Jsolu ta . . .
Éste t'S uno de los rasgos fundamt•ntaks dt' la. 1deoh1Qta <i 111snat u-
ralista » que domina, hoy como siempre, t' l pt:•nsnmiento diro•polttic'"i.
E n Ia ignorancia dt:'I Jualismo dt.• Sl' r y deber sl'r : t' n la rrt't'Ill'W t'll un
orden social idéntico con el orden natural. plenamt'nh~ congrut'lllt' l'tlll
la naturaleza humana, radica d fundamento tkcisiYo en YÜ tud dd
cual rs imp ulsada esta teona a la hipóte_sis _utópica t~e una 11atnra ~t't:t
hu ma na absolutamente buena. qul' harin rn11t.'t't'sana toda CtH1~·t·w11.
Si p} ser de fa conducta humnr1a estú pr~d_l'St_uwdt> a 1w ':~•trar 1a111:t"
L'II contr,tdicción con el dl'lwr dl'I orden c>UJL't1,·o. la coacc1011 l'S su¡w r-
fJua, JHll'S su fm es urncamente conf~rrnar la cond_ucta humana :11 t 1rdt• 11
00 ·etiYo. ..\ rneoida que la teona socm l se Ya dl' ·ymt'ul:.rndo dd J,m11n1ti
suÍijeti,·o _ e11 relación c~n ~o social - _del aca_ec_t'r natur:'.l ~,Y -~t.' .t•k, :~
:i una sfrra autónoma olJJet1,·a ; a 111ed1da, por t~rnt o. qu_t ~t , ,1 .td1111
J ¡ 1 · ,t · , ·<f't..J <¡... ¡ orden 'social ' ·.u r:,r:iril'r 11Pn11:111, 11 ., . t' ll u,11 -
t H' Il(H l ;t ll J_Jl 1 1 • u '
40 JIA:'\S KELSEl'i

secuencia, la posibilidad de una cont radicción entre la conducta efec-


tiva de los individuos y el orden social, tiene que aumentar igualmente
el convencimiento de la necesidad técnica del momento coactivo en el
contenido de un orden social regulador de intereses vitales de-un grupo
humano. Por eso no tiene nada de chocante que el anarquismo colecti-
vista no rechace ente1-amente la necesidad de la coacción ; pues, aten-
diendo a la objetividad de la validez del orden por él postulado, no
excluye por complet o la idea de un conflicto entre este orden y los
miembros de la comunidad; si bien trata de disimular la contradic-
ción con su punto de partida diciendo que esta coacción, necesaria
incluso al orden anárquico, constituye la • excepción t , y la :reacción
ejercida contra la voluntad del rebeld~ no es, propiamente, una
« coacción », puesto que ésta se ejerce en el interés solidario de todos
y tiene que ser querida y reconocida tácitamente por todo individuo
que comprenda cuál es su «verdadero » interés. Con lo cual resulta
que esta teoría que dice recusar toda coacción, se sirve en el fondo de
la misma argumentación ficticia que la doctrina del estatismo o «poli-
tismo ,., que se impone la tarea de justificar la coacción del Estado.

C. F.I estatismo
A diferencia del anarquismo, debe designarse aquí con el nombre
de t estatismo » o • politismo » aquella teoría política o, mejor, la direc-
ción fundamental de aquellas teorías políticas que afirman fundamen-
talmente al Estado como orden coactivo. No existe hasta ahora un
término generalmente utilizable para designar con él la totalidad de
estos sistemas políticos afirmadores del Estado. Y esto no es un azar.
pues el conjunto de las teorías politicas que afirman el Estado es, en el
fondo, el mismo conjunto de todas las teorías políticas en general ; pues
una teoría que negase consecuentemente el Estado se destruiría a sí
misma, según se ha visto, como teoría politica y aun como teoría social.
l. Liberalismo, conservatismo y socialismo de Estado. Cuando
el anarquismo colectivista admite, al menos excepcionalmente, el ele-
mento de la coacción en su orden social, inicia ya el viraje hacia una
teoría estatista ; pues permitiendo la aplicación de la coacción y.
por tanto, la organización de un aparato coactivo - aun cuando
vaya dirigido tan sólo contra aquellos miembros ofuscados de la comu-
nidad que no saben apreciar su << verdadero • interés, y que por esa
razón constitllyen casos patológicos desde el punto de vista social -,
no niega ya el Estado, sino que, simplemente, lo «reduce >>a una expre-
sión mínima a favor de la Sociedad libre. Esta actitud es la misma
adoptada por la teoría política del liberalismo. Ahora bien, éste no
parte necesariamente del supuesto optimista y utópico según el cual
el hombre es naturalmente bueno y la conducta antisocial no es más
que un caso patológico, de tal modo que el acto coactivo ejercido
contra él no constituye una pena propiamente dicha, sino curación.
TEO RÍ A G~NE RA L D EL EST A DO 4l

mejoramient o, supresión o minoración de su peligrosidad ; sino qu<>,


eon criterio más realista de la naturaleza humana, considera que la
a plicación de coacción y, por tanto, ~ Estado, es imprescindible, si
bien es un << mal necesario >>, por lo cual su ámbito debe ser reducido
al mínimo : defensa de la seguridad exterior, protección de la v ida y
la propiedad de los miembros del Estado, en e] interior ; pero nada
de fomentar el bienestar de los ciudadanos y, especialmente, nada de
intervención estatal en la vida económica y en ]a cultura espiritual,
pues una y otra no florecen más que con el libre juego de las fuerzas
sociales. Si el contenido del orden coactivo estatal debe ser limitado Jo
más posible en interés de la libertad de los individuos - acerca de eso
volverá a insistirse cuando se estudie la doctrina del fin limitado del
Estado - , también la forma del orden estatal, esto es, la producción
del mismo debe corresponder al ideal de la mayor libertad posible de
los ciudadanos. Puesto que la coacción estatal es inevitable (considera-
da como vinculación jurídica), la libertad no puede consistir más que en
la autovinculación, en la autodeterminación de quienes han de ser ju-
rídicamente determinados, y el orden jurídico estatal habrá de ser
producido por aquellos mismos para los cuales ¡,retende validez obl i-
gatoria ; luego el liberalismo exige autolegislación, autoadministración.
en una palabra : una forma democrática del Estado (cfs. págs. 408 y ss.).
De un punto de vista radicalmente opuesto al del anarquismo y el
liberalismo parte aquella teoría política que se acostumbra a designar
ordinariamente como conservadora. Para ella, el más alto valor no es
el individuo y su libertad, sino la colectividad Esta doctrina - que
es también una teoría acerca de la esencia del Estado - considrra
que el individuo es parte constitutiva de una totalidad superior - -
el Estado -- a cuyas funciones para coIL el individuo no cabe trazar
límites. Desde el punto de vista de esta concepción, la relación entre
el Estado y la Sociedad se regula de forma que la Sociedad queda
absorbida por el Estado.
Los autores orientados en esta dirección no sólo sostienen la ne-
cesidad de estatificar todas o el mayor número posible de relaciones
sociales, sino que es clara en e11os la tendencia a identificar el Esta do
con la Sociedad. Desde un punto de vista metodológico, esta teoría
social puede parahgonarse con un cierto objctivismo gnoseológico cuyo
punto de partida es la razón objetiva, el espíritu objetivo, frente al
cual la conciencia individual no representa más que un fenómeno más
o menos subalterno y efímero, o incluso una ilusión. Del mismo modo
que la teoría gnoseológica, la análoga teoría social tiende al absolu-
tismo metafísico. Puesto que la libertad de los individuos no es un
valor para esta t eoría política, nada se opone a que la producción del
orden estatal se realice de forma que excluya la participación en la
misma de la gran masa de súbditos. Fl dominio corresponde al mejor
o a los mejores. La mayoría de los autores partidarios de esta dirección
muestran, en efecto, tendencias autocráticas o aristocráticas ; pero
hay que dec]arar expresamente que no existe una conexión conceptua l
r JI \ ;"; ', h l . 1 ', l . ;\

m•ces.11·ia eutrc una ft'oria !-.ocial ohjdiv1sta, <le un lado, y los postul:t-
dos polilicns dt• un fm t•xrni n ~1\' 0 del Estado Y una forma a utocrátic41
drl nusmo, de otro ; pues, en general, de un examen de la esencia de
h1 Sorieuad y. (' Il particular, <lrl l~stado, no _rurde deducirse ningu na
tom,rcue ncsa rc·laliva a la fo rm:-t o al rn nlt'mdo del orden estatal. S(·
puede estar, 1cúric:imr nte, ,•n el punto de v1sla <ir una concepción
objetivista del Estado y, si n 1•1111Jargo, defender la democracia y el
fi n limitado del Estado; y , del mismo modo, se puede enlazar la exi-
gencia democrática eon la· tcn,lr ncia al máximo posible de esta cstati-
firación dt' l:i Socit·dad .
Esto puedr d rt irM. por ejemplo, de aquella <lirecciún política
gena alml'nk ronutida co11 el nombn· de <i socialismo de Estado o, que
t irnc de común rnn l:.i doc trina eo11servadora su violenta contraposi-
ción al li beralismo. El socialismo de Estado distínguesc de Ja teoría
l'Om,ervadora, a 11 lt' todo. en que ésta trata de mantener (mediante el
orden coact ivo 1•statal) la forma actual de las relaciones sociales
y. e ·pccialrnr ntc, eronómicas, y, por tanto, aspira a conservar una
difl'renciacion más o menos grande entre los diversos grupo~ o clases
s,Kia les; mlt'nlras que aquél aspira al ideal socialista de la igualdad
mt•diante la •~sla tific~ción de la producción y una cierta regulación del
ceinsumo, d<' la distrilmción df' los productos. El socialismo estatal
::if irma el E~tacio, y ve en 1!I el instrumento técnico-social más adecuado
pára la rc¡tlización de su ideal. De este modo se pone en contradicción
con el socialismo anarquista, el cual sólo encuentra realizable su ideal
dtn tro de la Sociedad Jiurc, y. o hien exige un derrumbamiento del
Estado por medio de un movimiento revolucionario, o espera que la
cH1lución social acabará <·n definitiva con la muerte del Estado.
El liberalismo - que surgió potente a comienzos del siglo x1x
romo heredc·ro del Derecho natural individualista - constituyó en su
origen la teoría económica de la burguesía, la cual jugaha ya el pri-
mer papel en la economía, pero todavia no hahía logrado la plenitud
de sus derechos políticos ; pues el gobierno del Estado hallábase aún
(•n manos del monarca y de una nobleza enlazada con él por los víncu-
los de una comunidad de jntereses. Como la burguesía no ejercía un
influjo decisivo en la formación de voiur.ttad política, su ideología
declaraba el Estado como un mal ; pero como al mismo tiempo se Yeía
protegida por ese Estado en sus intereses económicos, hacia la aclara-
ción de que se trataba de un mal neccsario, y además exigía lo que
aún faltaba a aquellas capas sociales cuya ideología expresaba : demo-
cracia, es decir, participación en el Estado, al mismo tiempo que se
mantenía el ideal dr la lihertad fuera del Eslado. Pero el proletariado.
la masa de los desposeídos, no sólo de ~us derechos políticos -,ino clt:
derechos económicos, podía ser más consecuente en su ideología. El
socialismo, la teoría política del prolt>laria<lo ~urgida polen te a mediado ~
del siglo x1x , posee una oricnLación rntcrameute anarquista, al n1t•no..,
<.' n su dirección fundamental : el marxismo. El Estado, qut ni d esdl·
<.'l punto de vista político ni económico ofrt>cc n~da al proleta riad,,, 110
TEORÍA G~~ERAL DEL E TADO 43

es ~n mal necesario, sino un mal ya pasado o un mal que con el tiempo


sera superfluo.
El Estado que aquí se niega es el Estado histórico y concreto, no
el Estado abstracto, como se hace creer a veces; el mismo Estado al
cual ens~lza la doctrina conservadora - la teoría de las clases políti-
cas ~om1~a?tes en la primera mitad del siglo x1x - como la suprema
realidad etica, cuya conservación v desenvolvimiento constituve la
suprema finalidad moral. V •

Pero hacia el fin del siglo xrx se inicia un cambio de orientación


n:iuy cara_cterístico. La burguesía se ha convertido ya en la clase poli- ------
tlca dommante o, al menos, condominante ; ha e x p u l s a d o ~
en parte a la nobleza del puesto que ocupaba en la gobernación del
Estado, ha conseguido una participación decisiva en la legislación
bajo la monarquía constitucional, y, a consecuencia de estos avances
logrados, comienza a reconocer que el Estado es ya <<su Estado,>. Oe
este modo varía su ideario político.
En la teoría representativa de los intereses espirituales de la bur-
guesía, el Estado deja de ser un mal necesario v se convierte en un
instrumento preciso y útil para la realización de ·múltiples fines socia-
les. Hacia fines del siglo x1x. la burguesía se decide, en sus mejorrs
representantes, por una amplia política social y por la estatificación de
ciertas funciones económicas en las que predomina con especial inten-
sidad el interés público, principalmente los servicios de comunicacio-
nes. El viejo liberalismo va desapareciendo paulatinamente como teo-
ría política de la burguesía y es desplazado a ojos vistas por una nue,·a
dirección, a la cual se suele llamar con cierta ironía << socialismo de
cátedra,., que se aproxima bastante al socialismo de Estado. Pero en
la misma medida en que se va horrando la oposición entre burgue-
sía y nobleza, es decir, entre la teoría liberal y la conservadora, surge
en primer plano la antítesis entre la burguesía, en cuanto clase domi-
nante políticc:t y económicamente, y el proletariado, como clast' de los
desheredados, económica y políticamente ; y esta antítesis, qul' sólo
parece superable mediante una catástrofe re,·olucionaria, es atenuada
esencialmente por los hechos ; de una parte, el desarrollo de la democra-
cia, exigida por la misma burguesía, favorece al proletariado mediante
la implantación del sufragio universal igualitario ; de otra parte, la bur-
guesía - si bien bajo la presión del movimiento proletario - sólo trata
de afirmar su dominio económico y cultural en un grado medio : politica
social, legislación tributaria niveladora, libertad económica limitada,
tareas politico-culturales del Estado . Ahora bien, frente a este nuevo
tipo de Estado, la teoría s?c~a!ista - .c?~no ideología_proletaria - no
puede mantenerse en su primitiva pos1c10n de anarquismo extremado,
tanto más, cuanto que los partidos políticos del socialismo se Yen obli-
gados cada vez más intensamente en las constituciones democrática~
a aceptar, ya sea solos o en coalición con partidos uurgueses. la gober-
nación del Estado, cuya muerte o derrumbamiento proclamaba el
dogma socialista en su pureza. Este dogma, que se ha acreditado como
44 HAN S KEL~EN

un i~strumento aprovechable en la lucha por el dominio lif


constituye un obstáculo en el camino del poder. Por eso se ppo _icdo,
d e e·1, mas
, b. rescm e
o menos a 1ertamente. El socialismo, considerado
"d 1 · líti' d 1 · · como
1 eo og1a P? . ca e ~ov1m1ento de !ª.s masas proletarias, pasa así
de una pos1c16n anarqmsta a una pos1c16n estatista.

2. . _La ~ teoría del pode~ ,., S_i se atribuye al estatismo una funda-
~en~c10n de su punt~ de vista ; s1 se plantea el problema de una justi-
f1cac16n del Estado, tiene que quedar claro ante todo en qué sentido
puede plantearse, en general, esta cuestión acerca del fundamento
del Estado (acerca del fundamento «jurídico•• como se dice de ordi-
nario, sin notar que se identifica el Estado con el Derecho si como fun-
damento del Estado se señala el mismo fundamento del Derecho).
Puesto que el Estado, en cuanto unidad social específica, sólo puede
comprenderse como orden, como un sistema de normas, la cuestión
en torno a su fundamento - prescindiendo de otras determinaciones
necesarias de su sentido - tiene que reducirse a una norma, a un deber,
puesto que es la cuestión en torno al fundamento de un deber ser, de
una norma. El dualismo lógicamente irreconciliable de ser y deber ser
radica precisamente en que la cuestión acerca de por qué un deter-
minado contenido vale como existente o como debido, se desarrolla
dentro de una de las dos esferas; y no hay ningún puente lógico que
comunique el ser con e] deber ser, o a la inversa. Puesto que el
problema de la «justificación• es siempre un problema fundamental-
mente normativo, en tanto que sólo puede conducir a un deber ser,
sólo puede tener igualmente como punto de partida un deber ser, es
decir, sólo puede referirse a una norma como objeto del problema. El
ser, en cuanto tal, no es justificable, sólo puede ser explicable causal-
mente. Por tanto, si, como sucede con frecuencia, se pretende contestar
la cuestión acerca del fundamento del Estado haciendo referencia a
un ser fáctico, o se practica un notorio sincretismo metódico,- o se tiene
un síntoma de que no se considera al Estado como el orden de un sis-
tema normativo, sino como un hecho ((natural,., como el efecto de
ciertas causas; por tanto, no se tiende a la justificación normativa
de la validez de un deber ser, sino a la explicación causal de un efecto
real. Es decir : en lugar del contPnido espiritual específico de un orden
ideal (lo único que puede constituir esa unidad llamada <<Estarlo~), se
ha convertido en objeto del problema el hecho psíquico de que ~ay
hombres cuyas representaciones y voliciones se refieren al contemdo
espiritual << Estado », las cuales, además, motivan su conducta externa.
No es dudosa la licitud de este modo de plantear el proble~a,
pero hay que dejar establecido únicamente que no se refiere propia-
mente al << Estado ». Existe hoy una teoría muy extendida, la cual
trata de justificar el Estado haciendo referencia a su ((poder•• Y
con esto confirma ese desplazamiento del problema al que_acab3:111os
de aludir. Rechazamos esta teoría, no precisamente por motivos éticos,
sino. ante todo, en virtud de un postulado lógico-gnoseológico ; pues