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UNIVERSIDAD NACIONAL DE TRUJILLO

FACULTAD DE CIENCIAS AGROPECUARIAS


ESCUELA DE INGENIERÍA AGROINDUSTRIAL
CURSO:
Ética y Deontología

PROFESOR:
Gutierrez Ulloa, Cristian

INTEGRANTES:
Peña Siccha, Alicia

Saavedra Contreras, Hilder

Urquiaga Alayo, Mónica

Valverde Flores, Lourdes.

CICLO:
IX

2017
I. INTRODUCCIÓN.
Nuestro propósito en el presente trabajo, es que al leerlo podamos aprender a
llevar nuestros valores y la importancia de la moral, ética, profesión.
El término “moral” tiene un sentido opuesto al de “inmoral” (contra la moral)
y “amoral” (sin moral). La existencia de acciones y actividades susceptibles
de valoración moral se fundamenta en el ser humano como sujeto de actos
voluntarios. Abarca la acción de las personas en todas sus manifestaciones,
además de que permite la introducción y referencia de los valores. Los
conceptos y creencias sobre la moral llegan a ser considerados y codificados
de acuerdo a una cultura, religión, grupo, u otro esquema de ideas, que tienen
como función la regulación del comportamiento de sus miembros.
La ética estudia lo correcto a moral, la virtud, el deber, la felicidad y el buen
vivir o equivocado del comportamiento humano, además, tiene como centro
de atención las acciones humanas y aquellos aspectos de las mismas que se
relacionan con el bien, la virtud, el deber, la felicidad y la vida realizada
La ética profesional es la encargada de ir marcando las pautas éticas del
desarrollo laboral mediante valores universales que posee cada ser humano.
Aunque ésta se centre en estos valores, se especifica más en el uso de ellos
dentro de un entorno plenamente laboral. Básicamente, la ética laboral es
fundamental en cualquier persona que desee trabajar, ya que ésta implica la
práctica de valores como la responsabilidad, puntualidad, estudio, constancia,
carácter, concentración, formación, discreción, entre otras.
Hoy más que nunca nuestra sociedad reclama de sus instituciones
de educación superior, una formación de sus jóvenes, en el rubro de los
valores como ejes transversales dentro de los planes de estudio, ante estas
exigencias se deben asumir de forma obligatoria y con sentido
de responsabilidad para los alumnos universitarios una educación que incluya
estos ejes, La universidad como rectora del saber y del conocimiento tiene
como fin divulgar valores morales, mismos que no deben quedar solo
enmarcados puramente en conceptos, sino que se lleven a
la práctica trasladándolos a la acción inmediata.
II. OBJETIVOS.
 Conocer Sobre La Moral, Ética Profesional Y Profesión.

III. MARCO TEÓRICO.


1. Moral.
La filosofía se ha esforzado (de distintas maneras y con éxito desigual) por
establecer lo que se ha llamado “el estatuto ontológico del hombre;
precisando los fines, los atributos y los límites de la naturaleza humana”.
Aunque es evidente (y demasiado olvidado ) que la responsabilidad en
educación moral descansa directa y básicamente sobre la familia y la
comunidad religiosa a que ella pertenece; y aunque sea afirme(y hay que
admitirlo) “ que la responsabilidad básica y directa de la escuela no es
moral ,sino de naturaleza intelectual ”, o sea responsabilidad por el
desarrollo normal de la inteligencia de los estudiantes y adquisición de
conocimiento articulado y suficientemente universal (Maritain), sería
absurdo pensar que una escuela renunciara a semejantes preocupaciones y
se limitara exclusivamente a la enseñanza científica.
Tal vez sea más exacto, afirmar que la familia tiene la responsabilidad
natural de la educación moral.
Natural:
a) Por qué se opera espontáneamente
b) Sobre un individuo que ella misma engendra
c) Porque esta estupendamente dotada para influir sobre los
conocimientos, afectos y tendencias del individuo desde la más
remota evolución vital, cuando necesita que de la familia para su
normalidad psicofisiológica.

La universidad tiene la responsabilidad social de la educación moral.


Social:
a) Porque es un organismo integrado por una selección intelectual
cuyo compromiso es con la colectividad, o directamente, o
indirectamente a través del estado.
b) El alumnado está constituido (debe estarlo) por una selección por
una representación privilegiada(de hecho, no de derecho) de todos
los sectores sociales
c) Por disponer, como organismo de enseñanza superior, de los dos
medios más eficientes de influencia psicología y social: la
organización y la cultura.
Sobre todo la universidad tiene que sentir por encima de cualquier
divergencia ideológica, la importancia esencial del impacto que ejerce
permanentemente el intelecto sobre la salud de voluntad, y la
responsabilidad de una tarea moral básica que cumplir.
Nosotros creemos que se puede hacer bastante más; o, al menos, que se
debe intentar hacer algo más.
Maritain advierte que la tarea moral de la educación se está convirtiendo
hoy en más y más importante, ya que el hombre está confrontando con
filosofías materialistas o positivistas que relativizan completamente los
patrones morales, y con la mentalidad dirigida por terceros que nuestra
civilización industrial o tecnológica tiende a desarrollar.
La moral es una problemática que se plantea la conciencia del
profesionista, y que surge del orden o derecho natural; mientras que la
ética profesional es una problemática que empeña la inteligencia del
profesionista y que surge, no solo de las vertientes del derecho natural,
sino también de otros elementos sociales.
Sería más que peligroso indecoroso para un profesionista universitario
sumergirse en una casuística específicamente profesional sin recapacitar
previamente sobre los fundamentos filosóficos de la moral.
Reuniendo todas las cátedras de la moral de cualquier procedencia
histórica y de cualquier posición ideológica (materialista o espiritualista,
religiosa o racionalista); por encima de los desacuerdos verbales de las
desavenencias escolásticas, hay una considencia unánime sobre dos
puntos fundamentales
a) Uno de orden teórico” la sabiduría requiere el dominio del
espíritu sobre los sentidos” (conste que tenemos presente una moral tan
preocupada del placer sensible, Epicuro)
b) Otro, de orden práctico “hacer el bien y evitar el mal”, o,
más concretamente, “has el bien a tus semejantes”.
El hombre experimenta constantemente la coacción de otros
imperativos que presionan internamente y se manifiestan por
preceptos, lo mismo que la moral: son los imperativos sociales y
religiosos.

Todos estos imperativos aparecen como hechos y se imponen como verdades. Pero, no
obstante su analogía, hay una profunda diferencia entre ellos.

a) El precepto social es impuesto por el medio social. El que quiere permanecer


en ese medio, debe someterse a sus reglas de urbanidad, de higiene y de
convivencia sociales
b) El precepto religioso es impuesto por la divinidad, y hay que cumplirlo en la
medida en la que se desea mantener buenas relaciones con la divinidad.
c) El precepto moral es de naturaleza bien diversa, no corresponde ni a una
presión social, ni a una presión divina, aunque pueda confundirse con ambas.
Su coacción y su exigencia no proviene del exterior si no de la misma entraña
de la naturaleza humana que se revela cuando un desorden se ha introducido
a ella.

Aunque una sociedad cristiana no es extraño que prácticamente lleguen a identificarse


en mal moral (atropello a la propia naturaleza) y el pecado (desacato a la divinidad),
nadie va a sentir comprometida su conciencia, ni siquiera al morirse de vergüenza y
ridículo por haber contravenido escandalosamente una regla y aun cuando los estados
de espíritu originados por la transgresión de un precepto sean pasmosamente
similares, nadie va a identificar la vergüenza y la humillación de una inmoralidad con
la vergüenza y la humillación de un error.

Estos estados de conciencia correspondientes a cada uno de los imperativos


anteriormente expuestos, son los que dan lugar a una sensibilidad peculiar relacionada
con la valuación que cada individuo tiene de la realidad.

Así no es raro encontrar personas dotadas de un sobresaliente sentido moral, pero casi
totalmente desprovistas de sentido social y religioso. Son escrupulosamente rectas y
puras y capaces de aceptar sufrimientos antes que traicionar el imperativo moral; pero
en cambio no sienten la mínima necesidad del culto religioso y se burlan de las
“exigencias sociales”, menospreciado todo lo que se etiqueta, oportunidad,
refinamiento y urbanidad.

Otras por el contrario, (y es un síntoma peligroso de la vida moderna), están


superdotadas de sentido social, con una absurda carencia de sentido moral. Su regla
de vida es ajustarse escrupulosamente a las costumbres del medio ambiente. Su
argumento supremo es: “todo el mundo hace tal cosa,” o “nadie hace semejante cosa.”
Ni se les ocurre jamás contraponer las exigencias de su conciencia a las costumbres
perniciosas que paulatinamente van minando y dislocando las familias y los pueblos.

Esa realidad, el imperativo moral, se impone tan espontáneamente al hombre común


desprovisto de formación científica, como al universitario más eminente.

Este imperativo es:

a. Universal, en el sentido de que se imponga a todo ser humano, sin tomar


en cuenta la categoría o el número de las personas. (“Cuantitativa y
cualitativamente consideradas,” como decíamos en ética general).
b. Gratuito y categórico: sin tomar en cuenta a los demás hombres, como el
imperativo social, y sin la consideración de la divinidad como en el imperativo
religioso. Para descubrir el imperativo moral basta y sobra consultarse a sí mismo,
y sin tener en cuenta a nada más que a sí mismo.
c. Es tan firme, que se mantiene incólume y en toda su realidad aun contrariando los
más vehementes deseos y las más urgentes inclinaciones y prepotencias del
apetito. El imperativo se impone implacablemente, y se expresa comúnmente en
las fórmulas: “Yo debo,” “yo puedo,” “yo quisiera hacer esto o aquello, pero no
puedo.”

El sentido moral de un profesionista universitario no puede, por lo tanto, limitarse a una


benevolencia altruista y sentimental. Debe saber fundamentar racionalmente el
imperativo de su conciencia y la verticalidad de su conducta. ¡Aún más!

El profesionista universitario debe comprender:

1. Que su responsabilidad moral es mayor que la del simple ciudadano por la


dotación de conocimientos que ha recibido y la capacidad que se le ha creado.
2. Que si Platón y Aristóteles establecen como el objetivo fundamental del
pensamiento “la organización de la ciudad,” no le es lícito al profesionista (y
mucho menos al profesionista cristiano) encastillarse en su torre de marfil
ignorando las miserias humanas, aunque sea con el pretexto de una mayor
intimidad con Dios.
3. Que la moralidad y su función no puede hoy reducirse a la aureolada
pasividad del buen ejemplo, sino que tiene la insurrogable responsabilidad de la
acción; y
4. Que la acción específica que todo el mundo espera de su capacidad
profesional es la orientación ideológica; tanto cuando se trata de investigar y
descubrir rutas salvadoras, como cuando se trata de resistir o combatir a los piratas
de nuestra civilización y nuestra cultura cristiana.

2. Ética profesional.
Siempre recalcamos una vieja advertencia a nuestros alumnos: que la
diferencia de nomenclatura entre filosofía moral y ética profesional, y los
distintos cursos asignados a esas materias, si son muy ventajosos para la
enseñanza, no implican alguna diferencia de moral.
La moral es una, aunque comporte puntos de vista diversos. Tanto la moral
natural como la moral más intransigentemente teológica, o desemboca en
la vida, o no sirve para nada.
Los cursos de ética profesional, cada vez más extendidos y reclamados en
las universidades de más saneado prestigio, son evidentemente la manera
más noble de cumplir con su responsabilidad educativa (que vimos en el
capítulo anterior) y de responder a la confianza y a las esperanzas que
familias y naciones depositan angustiosamente en lo que el pueblo nombra
con respeto y simpatía: la universidad.
En parte también creemos que la palabra ética está más de acuerdo con su
sentido etimológico y con la buena intención de los programas
académicos, que intentan transmitir un mínimum de convicciones morales
a todos los estudiantes, sin discriminación de razas o credos.
1. En efecto, la palabra ética, confirmada por diccionarios y academias con el sentido
de “parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre,”
no es tan preciso en el significado como la palabra moral.
Moral polariza y concreta de tal manera las obligaciones internas de la conciencia
que, excluye al menos parcialmente, las obligaciones derivadas del orden jurídico.

En otras palabras: el concepto medular de la ética profesional es el concepto de


moralidad. Todos los principios normativos y las aplicaciones prácticas de su
casuística deben estar impregnados e impulsados por la moral. Pero habría quien
hiciera objeto de la ética y responsabilidad profesional solamente a las obligaciones
impuestas por la moral o el estado natural, con exclusión de cualquier otra exigencia
de índole jurídica o social.

Por la jerarquía y trascendencia social y humana de la profesión, tienen un relieve


particular

1. El derecho; la legislación o prescripciones jurídicas de cualquier comunidad.


2. La sociedad; entendida como solidaridad humana dentro de cualquier orden.
3. La tradición, que siendo el legado razonable, y a veces heroico de las
generaciones precedentes, no merece un tratamiento grosero ni ofensivo; ni
siquiera la común postergación de la indiferencia y el olvido.
4. La cortesía y urbanidad, que sin afectar directamente a ninguna virtud interna
(fuera de la Eutrapelia en algunos casos), decide tantas veces del buen nombre
del profesionista, con perjuicio o beneficio de la misma profesión. De aquí la
importancia que daremos a la “dignidad personal,” al tratar de la competencia
moral del profesionista.

La importancia de la ética profesional puede considerarse en el orden especulativo o en


el orden práctico.

3. Profesión y profesionistas.
Profesión: “empleo, facultad u oficio que cada uno tiene y ejerce
públicamente”.
En castellano y en francés se usa la palabra profesional para designar lo
mismo una carrera que un oficio. Nada extraño, por lo tanto, que en
documentos oficiales, pasaportes y credenciales pueda aparecer con
naturalidad: “profesión: “abarrotero”; lo mismo que “panadero” (suelen
decirse “comerciantes”), medico, ingeniero u ocupaciones propias del
sexo.
En italiano se usa la palabra “profesionista” con el sentido que nosotros le
damos, reservándola para los que ejercen las tradicionales “profesiones
liberales”, y a nadie creemos que se le ocurra llamar de esa manera al
peluquero, maquinista, agricultor, ni a ningún obrero, aunque este
medianamente cualificado. La razón es obvia: ¡todo el mundo sería
profesionista!
Se considera la libertad como ventaja, condicion y consecuencia de la
formación universitaria; sin embargo no adoptamos la denominación de
“profesiones liberales”, porque supone la distinción entre profesión
laboral y “trabajo servil”.
Se advierte que cuando usamos las palabras profesión, profesional o
profesionista, a secas, nos referimos a las “profesiones universitarias”, o
profesiones que suponen un título universitario para ejercerlas.
Cuando la profesión adquiere la diferenciación y valorización que le
transmite la universidad, evidentemente estamos ante un profesional o
profesionista que desarrolla una actividad económico-social específica
cuyas características son:
 La competencia, es jurídicamente competente quien puede exhibir
un título universitario, requerido y refrendado por el estado para
tutela del bien común, después de cursar estudios superiores
superando exámenes numerosos y difíciles.
 La independencia, normalmente el profesionista universitario
desenvuelve su actividad específica empeñando su iniciativa
personal, sin otras limitaciones que las del bien común y su
conciencia. Aunque se pueda objetar que muchos artesanos y
agricultores gozan de “independencia” con idénticas o mejores
condiciones, y que muchos profesionistas están esclavizados por
horarios fijos, directivas y programas ajenos, a los que deben
someterse, lo que se toma en cuenta es el criterio y “personalidad”
que dan una “independencia espiritual” difícilmente compatible
con ninguna otra actividad.
 Humanidad.
Profesión es una capacidad cualificada, requerida por el bien común, con
peculiares posibilidades económico-sociales.
Vale la pena hacer un análisis para medir la dimensión y densidad de la
profesión, porque esas son, exactamente, las medidas de la responsabilidad
profesional.
 Capacidad.
 Cualificada.
 Requerida por el bien común.
 Con peculiares posibilidades.
 Económico-sociales.

La capacidad incluía a la actividad. Es sumamente importante una doble


aclaración:
 Primera: “lo que no es actividad profesional”
 Segunda: “lo que es la actividad profesional” que se ve en el
trabajo.

Todas las universidades deberían dirigir su criterio contra las distorsiones


conceptuales que han desencadenado una confusión babélica, aun entre los que
profesan las mismas doctrinas. Y son finalmente los universitarios quienes
deberían promover un mayor rigor y seriedad en las investigaciones filosóficas y
sociológicas:
a. Para disminuir el diluvio de publicaciones que saben a simples declamaciones
demagógicas, con mucho descredito del trabajo intelectual y ningún
aprovechamiento de los obreros.
b. Para difundir en el pueblo, junto con la auténtica noción del trabajo, el respeto
y el aprecio por el trabajo profesional y del buen profesionista.
c. Para establecer valientemente, frente a las flamantes estructuras de la sociedad
(que ha de fundarse definitivamente en el trabajo), que no hay trabajo que
pueda equipararse al del profesionista; por abarcar todas sus dimensiones
humanas, por exigirle un continuo aprovisionamiento de conocimientos, por
desbordar la medida de la burocracia y de los horarios, por comprometer
mucho más seriamente su responsabilidad, y por consumir vorazmente las
reservas vitales merced a la tensión nerviosa y espiritual que se origina.
(cualquier intelectual puede comprobar el hecho de que después de un trabajo
manual o esfuerzo físico prolongado, se duerme como un tronco; mientras que
la prolongación del trabajo intelectual produce la doble excitación de la mente
y de los nervios, que no permite conciliar fácilmente el sueño).
d. Y por último: para reclamar de la legislación un trato tan humano, previsor y
justiciero como el dispensado a los obreros; que elimine definitivamente de
nuestra patria el cuadro ignominioso del profesionista postergado
económicamente, cuando no es sacrificado a su propia heroica responsabilidad
(como no pocos médicos y maestros), o arrojado a la inmoralidad por las
estrecheces y vejámenes que le rodean.

IV. CONCLUSIONES.
Se llegó a la conclusión que todo profesional tiene un alto nivel de moral.
Se llegó a la conclusión que la ética profesional es la ciencia normativa de los
profesionistas.
Se llegó a la conclusión que los profesionales en nuestra cultura tienen un
trabajo más descansado y se cree que muchos profesionales alcanzan una
libertad pero no necesariamente es así es decir muchos viven subordinados a
diferencia de muchas personas con trabajos serviles.