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Capítulo IV: Por qué razón el reino de Darío, conquistado

por Alejandro no se rebeló a sus sucesores una vez muerto


este (Cur darii regnum quod Alexander occupa verat a
successoribus suis post Alexandri mortem non defecit).

Los sucesores de Alejandro conservaron los estados que este había conquistado
debido a la inteligencia y ambición que mostraron. De dos modos son
gobernados los principados conocidos. El primero consiste en serlo por su
príncipe asistido de otros individuos que, permaneciendo siempre como súbditos
humildes al lado suyo, son admitidos, por gracia o por concesión, en clase de
servidores, solamente para ayudarle a gobernar. El segundo modo como se
gobierna se compone de un príncipe,

asistido de barones, que encuentran su puesto en el Estado, no por la gracia o


por la concesión del soberano, sino por la antigüedad de su familia. Estos mismos
barones poseen Estados y súbditos que los reconocen por señores suyos, y les
consagran espontáneamente su afecto. Y, en los primeros de estos Estados en
que gobierna el mismo príncipe con algunos ministros esclavos, tiene más
autoridad, porque en su provincia no hay nadie que reconozca a otro más que a
él por superior y si se obedece a otro, no es por un particular afecto a su persona,
sino solamente por ser ministro y empleado del monarca.

Un monarca absoluto que se refleja y ejemplifica con el sultán de Turquía y el rey


de Francia, gobernados por un señor único.

Capítulo V: Cómo hay que gobernar las ciudades o los


principados que, antes de ser ocupados, vivían con sus
propias leyes (Quomodo administranda sunt civitates vel
principatus qui antequam occuparentur suis legibus
vivebant).

Cuando el príncipe quiere conservar aquellos Estados que estaban habituados a


vivir con su legislación propia y en régimen de república, es preciso que abrace
una de estas tres resoluciones: o arruinarlos, o ir a vivir en ellos, o dejar al pueblo
con su código tradicional, obligándole a pagarle una contribución anual y
creando en el país un tribunal de corto número de miembros, que cuide de
consolidar allí su poder. Al establecer este consejo consultivo, el príncipe,
sabiendo que no puede subsistir sin su amistad y sin su dominación, tiene el
mayor interés de fomentar su autoridad.
Capítulo VI: Los Principados nuevos que se conquistan con
los propios ejércitos y la propia virtud (De Principatibus
novis qui armis propiis et virtute acquiruntur).

Se refiere a los principados que nacen por obra de la iniciativa personal, cuando
el príncipe o monarca decide invadir un estado por uso de la fuerza armada, por
el ejército que constituye su nación, invaden a otros estados para establecer ahí
otra reglamentación y cambiar completamente el estilo de vida de la sociedad
invadida.

IV PORQUE EL REINO DE DARIO CONQUISTADO POR


ALEJANDRO NO SE REBELO CONTRA LOS SUCESORES DE
ESTE:
En esta parte el autor señala que los principados conocidos son gobernados de
dos modos: El primero, consiste en que lo haga un príncipe asistido por otros,
que vienen a ser súbditos que tienen la gracia del príncipe; el segundo, se
compone de un príncipe, asistido de varones, que tienen su puesto por
antigüedad en la familia y no por la gracia del príncipe.

V GOBIERNO DE CIUDADES CON LEYES PROPIAS ANTES DE


SU CONSQUISTA:
En este escenario, el autor señala que existen tres formas de conservar este tipo
de gobiernos, como lo son: llevarlos a la ruina, ir a vivir con ellos y/o dejarlos con
sus leyes, pero creando un control en el ámbito tributario y judicial, para así
conservar la fidelidad y asumir el control del poder.

VI ESTADOS ADQUIRIDOS CON ARMAS Y ESFUERZOS


PROPIOS:
Aquí el autor hace referencia a las soberanías nuevas que se adquieren con las
propias armas y valor. En este sentido señala que, los que adquieren el
principado por medio del valor experimentan dificultades con relación a las
nuevas leyes o estatutos que impongan para fundar el nuevo Estado y la
seguridad.

Capítulo IV
Por su parte, este capítulo compara dos tipos de principados: uno en donde el
soberano domina en compañía de una corte de nobles, que a su vez tienen
territorios bajo su poder, y que pueden ir acumulando cuotas de poder y
ambición que lleve a la aparición de ciertas rebeliones. Otra opción es aquella
que dibuja al soberano absoluto, quien ejerce directamente el poder sobre sus
dominios. Maquiavelo se decanta por este segundo tipo de principado,
afirmando que es el que menos oposición y peligros reviste.

Capítulo V
Así también, Maquiavelo utiliza este apartado para exponer según su visión de
qué forma o manera los Príncipes deben ejercer su poder y gobernar sus
ciudades, incluso si estas son productos de la conquista. De esta forma,
Maquiavelo expone al menos tres estrategias sobre cómo el Príncipe debe tomar
el poder –tanto si es un pueblo conocido o no- tratando de ejercerlo sin hacer
grandes cambios de leyes en primer momento, aun cuando también advierte
sobre la posibilidad constante de rebelión, por lo que la estrategia más segura es
la de propinar ruina sobre los territorios conquistados, a fin de dejarlos sin
fuerzas ni armas para su defensa.

Capítulo VI
Dentro de los distintos tipos de principados, Maquiavelo también habla sobre
el poder que se logra por medio de las armas, originando principados nuevos,
los cuales presentarán siempre oposición y riesgos. En este sentido, Maquiavelo
afirma que todo Príncipe nuevo, sobre todo aquel que ejerce el poder sobre
nuevos territorios, debe hacer gala de su virtud, a fin de que sus nuevos súbditos
crean que es lo indicado el ejercicio de su poder.

CAPÍTULO IV
POR QUE EL REINO DE DARIO, OCUPADO POR ALEJANDRO,
NO SE REVELÓ CONTRA LOS SUCESORES DE ÉSTE, DESPUÉS
DE SU MUERTE
Un príncipe elige de entre sus siervos, que o son todos, los ministros que lo
ayudarán a gobernar, o por un príncipe asistido por nobles que, a la antigüedad
de su linaje, deben la posición que ocupan. Estos nobles tienen estados y
súbditos propios, que los reconocen por señores y les tienen natural inclinación.
Mientras que en los Estados que eran gobernados por un príncipe asistido por
siervos, el príncipe goza de mayor autoridad por que en toda la provincia no se
reconoce a otro soberano, sino a él, y si se obedece a otro, sólo se le hace por
tratarse de un ministro o magistrado del príncipe.
CAPÍTULO V
DE QUÉ MODO HAY QUE GOBERNAR EN LAS CIUDADES
PRINCIPADOS QUE, ANTES DE SER OCUPADOS, SE REGÍAN
POR SUS PROPIAS LEYES.
Hay tres modos de conservar un Estado que estaba acostumbrado a regirse por
sus propias leyes y a vivir en libertad:

 Destruirlo

 radicarse en él

 dejarlo regir por sus leyes,

obligándolo a pagar tributo y establecer un gobierno compuesto por un


pequeño número de personas para que se encarguen de velar por la conquista.

Nada hay mejor para conservar una ciudad acostumbrada a vivir libre que hacerla
gobernar por los mismos ciudadanos. El único sistema seguro de dominar una
ciudad acostumbrada a vivir libre es destruirla. Quien se haga dueño de una
ciudad así y no la aplaste, debe esperara ser aplastado por ella. Sus rebeliones
siempre serán representadas con el nombre de libertad. El recuerdo de su
antigua liberad no les concede ni un momento de reposo si los habitantes no se
separan ni se dispersan, inmediatamente recurren a cualquier contingencia.

Cuando las ciudades o provincias están acostumbradas a vivir bajo un príncipe, y


por la extinción de este y su linaje queda vacante el gobierno, por un lado los
habitantes están acostumbrados a obedecer y por otro no tienen a quién, y no se
ponen de acuerdo para elegir a uno entre ellos, ni saben vivir en libertad, y por
último tampoco se deciden a tomar armas contra el invasor.

CAPÍTULO VI
DE LOS PRINCIPADOS NUEVOS QUE SE ADQUIEREN CON
LAS ARMAS PROPIAS Y EL TALETO PERSONAL
Los hombres siguen casi siempre el camino abierto por otros y se empeñan en
limitar las acciones de los demás. Todo hombre que sea prudente debe imitar a
los que han sido excelsos, para que, si no los iguala en virtud, por lo menos se les
acerque.
Los principados de nueva creación, son más o menos difíciles de conservar según
que sea más o menos hábil e inteligente el príncipe que los adquiere. El que
menos ha confiado en el azar es el que siempre se ha conservado en su
conquista. También facilita enormemente las cosas el que un príncipe, al no
poseer otros Estados, se vea obligado a establecerse en el que ha adquirido
(aquellos que no se convirtieron en príncipes por azar, sino por sus virtudes).

Las dificultades nacen de las nuevas leyes y costumbres que se ven obligados a
implantar para fundar el Estado y proveer sus seguridad. No hay nada más fácil
de emprender, ni más dudoso de triunfar, ni más peligroso de manejar que el
introducir nuevas leyes. El innovador se transforma en enemigo de todos los que
se benefician con las leyes antiguas, se consigue la amistad tibia de los que se
benefician con las leyes nuevas.

Es preciso ver si esos innovadores lo son por si mismos, o si dependen de otros;


si necesita recurrir a la súplica para su obra, o si pueden imponerla por la fuerza,
entonces, rara vez dejan de conseguir sus propósitos. Los rublos volubles, si es
fácil convencerlos de algo, es difícil mantenerlos fieles a la convicción, por lo que
conviene estar preparados.