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Colegio Alemán de Arica

Deutsche Schule Arica


Primero Básico
Ratón de campo y ratón de ciudad

Había una vez un humilde ratoncito que vivía muy feliz en el hueco de
un árbol seco. Su casita era muy cómoda y espaciosa, tenía sillones
hechos con cáscaras de nuez, una cama con pétalos de rosa y
cortinas en las ventanas tejidas con hilos de araña.

Cada vez que llegaba la hora de comida para el ratoncito, salía al


campo, buscaba jugosas manzanas y agua del río. Después, se
dedicaba a corretear por la llanura verde o a descansar bajo la luz de
la luna. Todo era muy feliz para el pequeño ratón.

Una tarde, apareció su primo, el ratón de ciudad. El ratoncito le invitó a


almorzar, y le hizo una deliciosa sopa de coles. Pero su primo, que le
gustaban los manjares de la ciudad, escupió la sopa cuando la
degustó. “Qué sopa tan mala” le dijo.

Con el paso de los días, el ratoncito de la ciudad se cansó de estar en


la casa de su primo, y decidió invitarlo a la suya, donde vivía en
mejores condiciones. El ratoncito del campo aceptó a regañadientes, y
partieron rápidamente los dos animalitos.

Al llegar a la ciudad, el ratoncito de campo se sintió muy perturbado,


pues allí no reinaba la paz que tanto había gozado en el campo. Los
tumultos de las personas, el ruido de los carros y la suciedad de las
calles, terminó por alterar a nuestro amiguito, que sólo pudo respirar
cuando estuvo al interior de la casita de su primo.

La casita era enorme, llena de lujos y comodidades. Su primo de la


ciudad poseía largas colecciones de queso, y una cama hecha con
medias de seda. En la noche, el ratoncito de la ciudad hizo un
banquete muy delicioso con jamones y dulces exquisitos, pero cuando
se disponían a comer, aparecieron los bigotes de un enorme gato en
las puertas de la casita.

Los ratones corrieron asustados por la puerta del fondo, pero su suerte
fue peor, pues cayeron a los pies de una mujer que les dió un fuerte
golpe con la punta de su escoba. Tan dura fue la sacudida, que
quedaron atontados en el medio de la calle.

El ratoncito del campo decidió entonces, que ya era hora de


marcharse a su casita, pues había entendido que no vale cambiar las
cosas lujosas y las comodidades por la paz y la armonía de un hogar.
Colegio Alemán de Arica
Deutsche Schule Arica
Primero Básico

El rescate en la nieve

Érase una vez un campesino que habitaba con sus dos hijos en un
lugar muy distante, cercano al paso de una montaña. El campesino
toda su vida había tenido mal carácter, pero con los años este había
empeorado e incluso se había vuelto salvaje con sus animales, a los
que golpeaba sin razón, en especial a los perros.
Un día de invierno, pilló a uno de los hijos que retornaba de la ciudad,
una enorme tormenta de nieve. Era terrible y el joven perdió el camino
a su cabaña en medio de las montañas nevadas, por lo que vagó sin
rumbo hasta caer inconsciente en la nieve.
Estaba a punto de morir congelado, cuando sintió en su cara un
aliento cálido y húmedo que lo hizo despertar. Observándolo se
encontraba un vigoroso perro de robusta constitución, que llevaba una
manta en el lomo. De inmediato el joven se apuró a envolverse en la
manta y con un poco de esfuerzo se tumbó en la espalda del animal,
que con mucho esfuerzo lo llevó el resto del camino.
La tempestad no mostraba compasión y el campesino temía por la
vida de su hijo sin poder hacer nada más que esperar. Ya estaba
desesperado cuando sintió en su puerta lo que parecía ser un aullido.
Con confusión vio que uno de los perros a los que tanto golpeaba le
había salvado la vida a su hijo, no sabía qué pensar.
De inmediato tomó a su hijo y lo envolvió en mantas junto al fuego.
Luego volvió por el perro, que estaba tendido en la junto a la puerta
desfallecido sin fuerzas y lo atendió con igual devoción. En adelante el
campesino nunca más dañó a un animal, de hecho diseñó un refugio
para perros como aquel al que tanto le debía. Le puso como nombre
San Bernardo y muchas historias se han contado de aquellos perros
que asistieron y refugiaron a cientos de caminantes que caminaban
por el paso.