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Mi prima Elena es estudiante de la

universidad y casi todas las semanas pasa


por mi casa, saluda, pregunta si no le van a
ofrecer un café y continúa la conversación
que traía con Elena, su amiga y compañera
de estudios. No conversa con mi mamá, ni
con mi papá ni con alguna de mis abuelas si
están presentes. Lo de ellas es hablar de
libros, autores y modas literarias.
Mi mamá, quien a la hora de criticar
siempre está dispuesta, se queja muchísimo
de esta conducta de su sobrina. «Que a qué
viene», «que solo le interesa el café», «que
le deja los ceniceros llenos de colillas de
cigarros», «que si no se cansa de hablar de
lo mismo todo el tiempo», «que la otra Elena
(la que no es sobrina de mi mamá) es de la
misma calaña», en fin, cosas habituales de
las que estoy segura también has oído en tu
casa a la hora de despellejar a alguien.
Pero a mí nada de eso me interesa. ella le responde que va a La verbena de la
Como yo seré escritora, en cuanto llegan paloma y a meterse en la cama
Elena y la otra Elena, voy y me siento en un después; y eso mismo me ocurrió a mí, pues
rincón de la sala, me estoy tranquila y sin a partir de esa parte me entró sueño y me fui
chistar para que se olviden de mí, y me a dormir.
vuelvo toda oídos para aprender. Me gustaría Mi mamá no cree en películas ni en
poder mencionarte las escritoras que zarzuelas, y se pone en la cocina a pelear
nombran, pero se me olvidan. La próxima bajito con mi papá mientras esperan que
vez que hablen de alguna, la voy a anotar esté el café, pues dice que él lo hace por
para, cuando los periodistas me pregunten congraciarse con la Elena que no es mi prima
acerca de las influencias literarias que tuve —la trigueña—, y que él no tiene que estarle
de niña, poderla citar. cantando nada, ya que a ella, que es su
Mi prima Elena es rubia y la otra Elena esposa, no recuerda el tiempo que no le
es trigueña, y ambas son muy bonitas. Si mi canta una canción.
papá está en casa, se pone a cantar: —¿Y la serenata que te di al pie de tu
«¿Dónde vas con mantón de Manila?, ¿dónde ventana? —alega él para defenderse.
vas con vestido chiné?». Yo no sabía por qué —No seas caradura —dice mi mamá
cantaba eso, pero no hace mucho vi una pelí- ya muy cerca de la ira—. Eso fue cuando
cula y descubrí el asunto. Te lo cuento por si cumplí diecinueve años y me estabas
no la viste, porque es bastante vieja y, gene- pretendiendo.
ralmente, los niños de mi edad —a no ser que De mi mamá y de mi papá ya tendré
vayan a ser escritores como yo— no ven esas tiempo de hablar, así que déjame volver al
películas. Se llama La verbena de la paloma tema que me interesa.
y el asunto es que hay dos amigas, o Ya te dije que yo seré escritora. Aun-
hermanas, ahora no recuerdo bien, que que no sé si para ser escritora hay que ser
siempre andan juntas. Una tiene un adulto. En ese caso, tengo que hablar en fu-
enamorado que le canta esa canción cuando turo, pero si uno lo es a partir del momento
la ve salir con un viejo boticario; entonces en que comienza a escribir su primer libro,

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sea mujer o niña, puedo hablar en presente,
puesto que este es mi primer libro y, enton-
ces, ya soy escritora.

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Pero tengo otra duda: ¿Cuándo se un escritor de libros para niños que sea
convierte una en escritora?, ¿cuando famoso? Bueno... los de antes, pero esos ya
comienza a escribir su primer libro o cuando se murieron. Por eso descarté la idea y
lo publica? En este último caso, tengo que esperé hasta hoy para comenzar a escribir
volver a la primera persona del futuro mi libro, pues he descubierto, si no una
imperfecto del modo indicativo y decir «yo historia al menos un buen tema.
seré escritora». De todas formas lo debo decir, pues
No creas que el deseo de comenzar a de lo contrario, no te interesarías por
escribir mi primer libro es de ahora. ¡No! Ha- continuar leyendo, pero no dejo de confesar
ce tiempo que quería empezar a hacerlo, que me da cierta desazón. Yo nunca hubiera
pero no encontraba un asunto interesante, pensado en semejante recurso, pero ayer, en
pues, yo no sé si tú te has puesto a pensar en la visita de las Elenas a tomar café, lo dijeron
esto alguna vez, pero hoy en día hallar un bien claro, como para que no me cupiera
buen tema para una novela no es nada fácil. duda alguna: las grandes escritoras de hoy
Me imagino que igual le sucede a los en día están escribiendo libros de recetas de
inventores. Antes era muy fácil imaginar una cocina, así que teniendo una abuela paterna
situación, ya fuera la de una bella muchacha con fórmulas e ideas tan geniales acerca del
que se moría de amor porque el padre del arte culinario, ya está decidido, escribiré las
novio le pedía que lo dejara casarse con una recetas de mi abuela.
dama rica, o la de una pareja que la guerra Para ser sincera, no sé qué pueden te-
separa y después de pasar muchos trabajos ner en común las formas de cocinar el pollo
se vuelven a encontrar para amarse y ser y una buena novela, pero si, dada la
felices. carencia de temas y asuntos nuevos, las
Un día mi prima Elena —la única per- grandes autoras de ahora han aceptado este
sona a quien le he dicho que soy, o seré, reto, yo también lo haré, pues por algo soy
escritora— me dijo que escribiera un libro una gran escritora.
para niños. A mí me dio mucha pena
defraudarla, pues ¿cuándo has oído hablar de

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VOLTILLO NATURAL
Ingredientes:
Huevos, todos los que quieras Sal
a gusto
Aceite, manteca o mantequilla

Antes de comenzar a explicarte el


procedimiento para hacer el revoltillo
natural, déjame decirte que, dado el trabajo
que da prepararlo, mi abuela paterna lo
hace solo en grandes ocasiones o cuando
quiere impresionar a los comensales.
Pero me entra otra duda pues este es
un plato típico para el desayuno y no sé có-
mo se les dice a las personas que lo toman,
así que será preferible que escriba:
«impresionar a los invitados» y elimino la
duda de si son comensales o desayunales.
En esto de impresionar, mi abuela es
una artista. Ya que voy a hablar de esa
cualidad que
ella tiene debo hacer una aclaración, pues en —¡Ah!, ¿es tu sobrina? —le preguntó
todos los libros que hasta ahora me he leído, este la primera vez que me oyó.
y que son bastantes —unos diez o doce— y —Sí —afirmó mi abuela—. Es hija de
en las películas que he visto, las abuelas son mi hermano menor, el ingeniero —dijo refi-
viejecitas que se dedican a tejer o a estar riéndose a mi papá que no es su hermano ni
enfermas, quieren mucho a sus nietecitos y mucho menos ingeniero.
son buenas y bondadosas, pero la mía, al Mi abuela se tifie el pelo de rubio roji-
decir de mi otra abuela, la materna, es «un zo, fuma cigarrillos, le gustan las revistas de
bicho malo». Te cuento esto para que vayas artistas, se viste con grandes escotes, habla
conociendo la opinión que se tienen entre sí alto y gesticula mucho.
los miembros de mi familia, pero no porque —Ya estás igual que tu abuela —me
yo crea que mi abuela paterna, la dueña de dice mi mamá si me ve mover mucho los
las recetas de este libro, sea un bicho malo. ojos.
Lo que ocurre es que mi abuela es distinta a Aunque claro, si tiene a la suegra pre-
las que aparecen en las películas y en los li- sente, entonces le dice:
bros de cuentos. A los nietos sí nos quiere — —Su nieta tiene la misma
yo al menos no tengo quejas— y si no le expresividad en los ojos que usted.
gusta que le digamos abuela, sino «tía», no —Es que ella es muy linda —dice
tengo por qué tomárselo a mal. Sus razones «tía», y me da un beso manchándome la
tendrá. cara de lápiz labial.
—Vamos a saludar a aquel señor que Cuando mi mamá y mi abuela mater-
viene ahí —me dijo un día que andábamos de na tienen que hablar del estado civil de
compras—, así que no se te vaya a ocurrir «tía», lo hacen bajando la voz, como si les
decirme abuela. abochornara, pero a mí no me escandaliza,
—Sí, «tía» —le respondí satisfecha de pues no todo el mundo tiene una abuela
ser su cómplice, y no perdí oportunidad para divorciada, y la mía lo está. Supongo que en
llamarla «tía» varias veces mientras hablaba mi familia existía la costumbre de casar a las
con su amigo. muchachas con el novio que los padres les
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buscaran, como sucede en la película Las
hijas de don Duque, y a mi pobre abuela la
casaron con un

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señor de dentadura postiza, calvo, con el ahí se les saca la yema y la clara, y estas se
mal de Parkinson y que ahora se orina en los baten con la sal.
pantalones en el asilo: mi abuelo paterno. Mientras tanto, en una sartén de un
Gracias a él, con todo lo viejo, feo y chocho tamaño acorde a la cantidad de huevos a
que está, y por los besos llenos de baba que cocinar, se coloca la mantequilla y se pone
me da, supe lo que era amor de abuelo, al fuego. Cuando está bien caliente, se le
pues el otro, el papá de mi mamá, se murió echa el batido y se cocina revolviendo
antes de que yo naciera. Dice «tía» que mi constantemente tratando que el producto
abuelo falleció de una enfermedad causada quede en porciones bien pequeñas. Después
por soportar tantos años a mi abuela de cocido, se toman de nuevo los
materna. cascarones y, con una cucharita de té, se
Mi abuela materna, por su parte, van rellenando con el revoltillo por el orificio
siempre que se toca el tema, le dice a «tía» anteriormente abierto.
con pica: Cuando el invitado rompe el cascarón
—Su esposo tenía mucho dinero. y sorprendido mira a mi abuela, ella afirma
—Y buena vida que me dio —afirma haciéndose la inocente:
mi abuela paterna sin molestarse y agrega —La gallina lo puso así.
—: pero después que le di y le crié los hijos,
me fui a vivir mi vida, pues yo no vine a este
mundo a cuidar vejestorios.
Y como parece que a este mundo se
viene a algo, yo digo que lo mío es ser
escritora.

Lo interesante del revoltillo natural, es


la forma de prepararlo y presentarlo. Se
toman los huevos, se lavan bien y se les
abre un pequeño orificio en el cascarón. Por
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Qué difícil es la vida del artista! almuerzo de los domingos. Pero no. No harán
Cuando te cuente por todo lo que nada de eso. Mi mamá comenzará a llorar,
pasé para comenzar a escribir mi novela, mi papá se po"ndrá a pelear y mi abuela
vas a comprender que soy una persona de materna dirá:
mucho carácter, pues estoy segura de que —Esas ideas se las mete en la cabeza
otra adolescente de mi edad se hubiera su otra abuela.
dejado abatir fácilmente por las dificultades El asunto es que para comenzar a
que yo he tenido que vencer. escribir mi novela necesito un cuaderno.
En realidad, mientras escribo esto no Bueno, mejor digamos que necesité un
he vencido nada aún. Solo logré mi objetivo cuaderno, porque ya lo tengo en mi poder.
inicial y a partir de ahí surgieron nuevos pro- Ahora el problema está en que se lo debo
blemas. Tengo que ver cómo me las arreglo pagar al señor Pérez Gil antes de que le pase
para salir del atolladero en que me la cuenta a mi papá y se sepa toda la
encuentro. Estoy desesperada, angustiada, verdad.
atormentada, estresada... Pero no vayas a Toda la verdad está oculta detrás de
pensar que es por mí. No. Es por ti, querido una mentirilla mía, algo sin mucha
lector, por ti y por las muchas personas que importancia. Nada para tener en cuenta,
sé querrán comprar este libro, pero que pero conociendo, como conozco, a mis
desafortunadamente se van a quedar sin padres y a mi abuela materna, las
disfrutar de mi novela de recetas de cocina, represalias que van a tomar contra mí serán
porque cuando, primero mi mamá, y terribles. Y no por haber dicho una mentirilla
después mi papá, se enteren del gasto que banal e insignificante, sino porque van a
hice, no se van a poner a pensar en que me tener que desembolsar mil quinientos pesos
haré rica cobrando los derechos de autora, y por encima del presupuesto semanal.
que algo les podré dar para que mejoren su —No se le podrá comprar el yogur a tu
nivel de vida para, quizás, mudarse para una mamá —dirá mi padre, y en el fondo de su
casa con otro dormitorio más, comprarse corazón me perdonará el haber comprado el
ropa y hasta tener carne de primera para el cuaderno. Pero mi madre le rebatirá con una

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estocada directa, no al corazón, sino a la
garganta.
—Lo que tienes que hacer es no
tomar cerveza este sábado con tus amigotes
—y en

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tonces ella también me perdonará por en estos casos y, como los escritores
haberle dado la oportunidad de, al menos, tenemos que usar palabritas medio raras,
decir eso. ahí la puse. El asunto es que el señor Pérez
—Al final —dirá mi abuela poniendo Gil no es un tipo muy confiable, pero como
cara de mártir cristiana camino al almuerzo vende barato, tuve que caer en sus manos.
de los leones—, yo seré la sacrificada —y me Mejor que en sus manos, debo escribir: en
perdonará. Ella me perdona siempre que le sus garras, pues así tiene más dramatismo,
propicio representar el papel de la pobre viu- y no se me puede olvidar que, aunque ahora
da sufrida. esté escribiendo una novela de recetas de
Todos me perdonarán, pero como a la cocina, yo aspiro a ser una escritora
larga habrá que pagar la deuda de mi dramática.
cuaderno, el perdón será íntimo, breve y Cuando decidí que comenzaría a
callado en el interior de cada uno de ellos, escribir mi primera novela, tuve que buscar
porque públicamente pedirán mi cabeza. dónde hacerlo y resolví que más que en
—¡Tres meses de trabajo forzado! hojas sueltas que se me pudieran extraviar,
—¡Un año sin salir de la casa! debía comprarme un cuaderno. La mañana
—¡A la hoguera! siguiente a la noche de mi determinación,
Lo del trabajo forzado consiste en que era sábado, así que no tenía que ir a la
todas las noches tendré que lavar la loza, y escuela, pero de todas maneras necesitaba
lo de la hoguera se refiere, no a mí, claro buscar alguna forma de salir a la calle. No
está, sino a las páginas que ya tengo escritas me quedó más remedio que recurrir a otra
de mi novela. Así que tengo que buscar la mentirilla. Le dije a mi mamá que tenía que
forma de pagarle el cuaderno al señor Pérez ir a casa de Dora Alicia para hacer una tarea
Gil. de computación y no tuvo ningún reparo. Al
Yo nunca debí caer en las redes de ese contrario, me permitió que me pusiera la
usurero facineroso. Lo de facineroso no sé blusa nueva y me untó un poquito de su
exactamente qué significa, pero sí sé que es perfume detrás de la oreja a la hora de salir.
un adjetivo calificativo ofensivo que se usa Es que a ella le gusta que yo me reúna con
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Dora Alicia porque dice que es de buena
familia, y solo porque el papá es arquitecto.
Claro, esto último no lo dice, pero yo sé que
es por eso. Aunque si supiera lo

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que Dora Alicia y yo encontramos un día en El sol alumbraba con sus rayos y todo
el mueble donde guarda los planos, de era hermoso.
seguro mi mamá cambiaba la opinión que Yo soy capaz de imaginarme hermoso
tiene de este señor. Pero eso no lo voy a no solo el trayecto, el solar de la esquina
contar... Al menos no por ahora. donde todos los vecinos botan la basura y
El asunto es que salí para ir a casa de hasta el destartalado taller de autos de la
Dora Alicia, pero no hice más que llegar a la otra calle, pero a lo que sí no logro verle ni
vereda, cuando mi mamá volvió a abrir la siquiera un encanto, es a la tienda del señor
puerta de la calle y me llamó para Pérez Gil. Es un lugar oscuro, lleno de libros
advertirme: viejos amontonados en unos estantes faltos
—No vayas a decir que no tenemos de pintura y todo cubierto de polvo. El papel
computador en la casa. de las paredes no se sabe de qué color fue,
—Está bien, mami. Si me preguntan, las telas de araña cuelgan del techo y el piso
diré que lo tenemos descompuesto o algo hace un año que no se barre. Pero nada de
así. esto tiene comparación con el dueño mismo.
Mi mamá me sonrió con picardía para El señor Pérez Gil apesta a chivo. Yo nunca
mostrar su complicidad y cerró la puerta. he olido uno, pero me imagino cómo debe
Siguiendo mis planes, antes de llegar ser ese olor.
a casa de mi compañera de escuela, me Para apestar a chivo se debe usar un
dirigí a la librería del señor Pérez Gil. pantalón que nunca se haya lavado, una
Era una mañana de primavera. Las camiseta con manchas de mayonesa, sudor,
hojas de los árboles pintaban de verde las salsa de tomate, aceite de bacalao y orines
calles. Los pájaros, cantando sobre las de mono. Lo de orines de mono no es una
ramas, alegraban el ambiente y las flores, lo exageración, es que hasta el año pasado, el
perfumaban. En realidad no estamos en señor Pérez Gil tenía un monito que se le
primavera, ni por mi barrio hay árboles, pero sentaba en los hombros y, ya entonces, el
una escritora tiene que poner bonito lo que señor Pérez Gil usaba la misma camiseta.
cuenta, así que continúo: Bueno, es que desde que nació siempre ha
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usado la misma camiseta. Tiene además una
barba que le llega hasta el pecho y cuando
se pone a hurgarla, de ella lo mismo se saca
una rodaja de pepino, una

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colilla de cigarro apagado que una araña. —Un cuaderno de tapas duras, rosado
Sus lentes conservan una sola pata envuelta y que tenga la mayor cantidad de páginas.
en esparadrapo y, por el otro lado, se los Mientras el señor Pérez Gil buscaba,
sostiene con un cordón de zapato que se con el disimulo de mirar alguna
amarra en la oreja. Las orejas ni para qué te mercancía en la vitrina de la calle, me
cuento: son dos costras de mugre. El señor quedé en la acera, porque se me
Pérez Gil tiene además las uñas negras, la olvidaba decirte que desde que el
cara con cerca de doscientas cincuenta mono se murió, este hombre cría gatos
espinillas y unas cejas del tamaño de los dentro de su librería y yo soy alérgica
bigotes de un charro mexicano. Pero lo peor al olor a gato.
de todo no te lo cuento todavía. Es que —Mil quinientos —me dijo con el
aunque tiene que ver con la comida, no sé si cuaderno en la mano, pero sin entregármelo.
te lo debo decir. Esta es una novela de Y ahí fue cuando lancé la mentirilla.
recetas de cocina y se supone que los —Dice mi mamá que ella se lo paga
lectores se deleiten con ella, así que si me esta tarde.
pongo a decir que el señor Pérez Gil gusta Hubo un momento de duda en sus
de los alimentos condimentados con ojos, pero la suspicacia de que debe gozar
abundante ajo... Abundante, no, todo buen vendedor le falló conmigo. A
abundantísimo ajo. ¡Cuantiosos ajos! Kilo y regañadientes extendió el brazo, pero al fin
medio de ajo al día. Se comprenderá que lo de cuentas me entregó el cuaderno. Claro, yo
que sale de su boca es como un soplete había tomado la más angelical de las
pestilente. actitudes posible. La misma que le he visto a
—Buenos días, jovencita —dijo, y yo «tía»: la cabeza medio ladeada, la mirada
fui a pararme cerca de la puerta para no hacia arriba, una leve sonrisa y las manos
quedar asfixiada por el gas mortal—. ¿Qué sobre el pecho. Eso nunca falla.
se le ofrece? —y entonces tuve que salir de Con mi cuaderno en la mochila, seguí
nuevo a la calle a tomar un poco de aire para casa de Dora Alicia, pues mi mamá no
fresco. demoraría en llamar por teléfono y tenía que
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preparar mi coartada. Dora Alicia es muy
miedosa y nunca se atrevería a hacer una
cosa semejante, pero como me admira, yo
sabía que me iba a secundar, porque
disfruta siendo

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mi cómplice. Claro que a ella no le diría nun-
ca para qué es el cuaderno, porque si no el
H UEVOS FRITOS
Ingredientes: 2 huevos
lunes todo el mundo en el colegio sabría que frescos Sal a gusto
estoy escribiendo una novela. De todas Aceite, manteca o mantequilla
formas, Dora Alicia me echó a perder el día.
No se interesó, como yo creía, en Ya que empecé con una receta de
saber para qué era el cuaderno; ni siquiera le revoltillo, déjame seguir con la sección
intrigó el hecho de que tuviera que ser dedicada a los huevos de gallina, y digo de
rosado. Su pregunta fue otra y esta cortó la gallina porque son los que generalmente se
alegría que sentía porque ya esa tarde venden en los supermercados, tiendas y
comenzaría a escribir la novela que me haría quioscos, pero dice mi abuela, perdón, quise
famosa. Ingenua, pero terriblemente decir «tía», que pueden ser huevos hasta de
práctica, Dora Alicia me trajo a la realidad: pingüino, aunque no los recomiendo, porque
—¿Y cómo le vas a pagar al señor Pé- supongo que siempre quedarán fríos.
rez Gil? Mi «tía» comió huevos de cotorra
cuando fue a Brasil, y por eso dice mi abuela
materna que habla tanto, aunque cuando le
parece afirma que «ese bicho malo» nunca
ha salido del país, y que ese supuesto viaje
es pura fanfarronería. Sin embargo, cuando
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tiene otra cosa que criticarle, dice que mi
abuela paterna es" una descarada, porque
cuando fue a Brasil, al igual que las mujeres
que aparecen en la película Aventura en
Río, se bañó en la playa de Copacabana en
topless.
Creo que ya es hora de que me
refiera a la receta de huevos fritos y deje de
hablar de la relación que mantienen mis
abuelas, porque te voy a aburrir con la
misma chachara y ya, en definitiva, tendrás
una idea de cómo se llevan y de lo mucho
que se quieren.

Para freír los huevos pon en el fuego


la sartén con el aceite que vayas a usar.
Antes de que se caliente demasiado, se
rompen los huevos y se echan en esta.
Hay muchas formas de romper el cas-
carón del huevo. Darle un golpe con un tene-
dor es la más tradicional y usada. Mi mamá
los golpea en la punta de la cocina y aunque
mi papá dice que esa es una forma poco
práctica y, por ende, poco inteligente, mi
mamá afirma que nunca se le ha caído ni
uno, lo cual supongo no sea totalmente
cierto, pues por algo nomás el perro en
cuanto oye que mi mamá va a romper un
huevo, va corriendo y se sitúa con la cabeza
echada hacia atrás y la boca abierta en el
lugar exacto en el que caería la
yema, en el supuesto caso de que esta se de- no poner en mi libro, pero bueno, ya lo
rramara. Ahora bien, la manera como los sabes: tengo un hermano. Nadie es perfecto,
abre «tía», es única y exclusiva. —Maritrini... aunque claro, yo no tengo la culpa de tal
¡Ay! Esa soy yo. Me había prometido imperfección. Fueron mis padres quienes
no poner el nombre real de ninguno de los como la mayoría de los padres modernos no
personajes que aparezcan en este libro para se preocupan de los traumas que les pueden
no correr el riesgo de que después me causar a sus hijos.
demanden y tener que pagar millones de Un día que nos dejaron solos al
pesos por daños y perjuicios, pero se me gusano de mi hermano y a mí, le conté que
acaba de escapar el mío; aunque claro, yo no él había aparecido abandonado en el tarro
me voy a demandar a mí misma. de basura de la esquina. Esto se me ocurrió
—Maritrini —me dice «tía»—, a los después que vi una película en la televisión
huevos también hay que engañarlos. que se llama Un nuevo bebé en casa. Le
Ella toma un huevo en cada mano y dije además que mi mamá, que como es
como quien no quiere la cosa, dice en voz al- natural, no era la suya, lo había recogido por
ta que va a hacer revoltillo. piedad, que su mamá verdadera era una
—Si te oyen decir que los vas a freír, harapienta y sucia borracha que andaba por
en venganza rompen la yema cuando caen los muelles y que lo botó, no porque no
en la sartén. Como les hago creer que es tuviera casa, pues bien que podían dormir
para batirlos, se resignan a cumplir su triste debajo de los bancos del parque, sino porque
misión en esta vida y no se me deshacen. ella no lo quería, pero que cuando a él se le
Ya con un huevo en cada mano, se acabaran de caer los dientes, se lo lle-
para delante de la cocina y los golpea varíamos para que le ayudara a pedir
fuertemente uno con el otro, y caen enteritos limosna.
en el aceite. De más está decirte que el
A mi hermano... estafilococo de mi hermano se rajó a dar
¡Ay!, no sé qué me ocurre hoy. Estoy gritos. Los vecinos vinieron a ver qué le
escribiendo todo lo que me había prometido ocurría y tuvieron que llamar a mi mamá por

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todo el barrio para que viniera con urgencia.
Yo estuve castigada una semana y me
prohibieron terminantemente que volviera a
repetir esa historia. Como soy una niña
obediente nunca más he mencionado el
asunto, pero cada vez que pasamos por la
esquina,

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con un movimiento de los ojos le indico al mi- —Para que mi mamá tampoco
crobio de mi hermano el tarro de la basura. sospeche.
A él le fascinan los huevos fritos y Y lo que hicimos fue ponernos a jugar
todas las mañanas, en el desayuno, se come en el computador.
uno. Yo solo como los que fríe mi abuela Matamos a cuanto monstruo apareció
paterna. en la pantalla, chocamos autos, derribamos
Después que están en la sartén, ella aviones, hundimos barcos, perseguimos dra-
los va bañando por encima con el aceite gones, rescatamos princesas, evadimos fue-
caliente y con la misma espumadera que lo gos, cruzamos laberintos, viajamos por el
hace, los saca y los pone en un plato, espacio disparándoles rayos
entonces los espolvorea con sal y yo me los ultradestructivos a naves enemigas,
como mojando en ellos pedacitos de pan. saltamos montañas, cazamos leones
—¡Qué ricos, «tía»! —le digo, y enton- marcianos —que son iguales a los del
ces ella, con la promesa de que un día iremos zoológico, pero verdes—, dinamitamos balle-
nas asesinas, aplastamos flores venenosas,
juntas a Brasil, me incita:
—Espera a que pruebes los de cotorra... destruimos castillos, devastamos planetas,
Para que mi mamá no sospechara, en demolimos murallas, atravesamos ríos
casa de Dora Alicia solo iba a esperar el tiem- infestados de cocodrilos, arrasamos
po prudencial que demoraría en hacer una edificios, nos apoderamos de un cofre lleno
supuesta tarea de computación y regresar de monedas de oro, desmantelamos una
corriendo a mi hogar, pues se me había ocu- base nuclear con
rrido una idea con respecto al lugar donde
podría encontrar los mil quinientos pesos que
esa tarde debía entregarle al señor Pérez Gil.
Pero mi compañera de escuela, quien, a
veces puede ser inteligente, propuso hacer
algo.

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una bomba atómica y, por último, parece Recapitulé los acontecimientos y con-
que quemamos el computador, porque de cluí que andaba con suerte. En primer lugar
pronto la pantalla se puso negra y no hubo no tendría que pasarme una tarde
manera de que se volviera a prender. Así limpiándole los mocos a quien tú sabes, y por
que dimos por terminada la supuesta tarea otra parte, tendría hasta el lunes para buscar
de la escuela y, ¡horror!, ya eran las tres de el dinero para el señor Pérez Gil, ya que por
la tarde. mucho que este llamara a casa, nadie le
Debía correr a casa pues tenía el respondería. Tampoco podría dejar el
tiempo justo para agenciarme el dinero y mensaje en la contestadora, pues aunque mi
correr a pagarle al señor Pérez Gil antes de mamá le dice a todas las amistades que
que llamara a mi mamá para cobrarle la tenemos el equipo roto, en realidad no
deuda. Pero la que había llamado era mi tenemos ni una cotorra para recoger y
mamá y se había puesto de acuerdo con la repetir los recados que nos dejen. El teléfono
mamá de Dora Alicia. a cada rato lo cortan, porque mi papá no
—Tu mamá no está en casa, así que paga la cuenta, o porque mi mamá usa el
vas a almorzar aquí; dormimos la siesta y te dinero para hacerse de un vestido o para
quedas con nosotros hasta las seis. comprarle a mi abuela un reconstituyente
Primero temí que la supuesta salida de vitamínico para no sé qué dolencia de última
mi mamá fuera solo una excusa para que me moda. Ahora tendría todo el domingo para
quedara a almorzar en casa de Dora Alicia. conseguirme el dinero y el lunes temprano
En ese caso, cuando el señor Pérez Gil pasaría por la pocilga del señor Pérez Gil a
llamara para cobrar la deuda, todo se pagarle su cuaderno. Ya sin esa
descubriría, pero después recordé que, en preocupación, disfruté el almuerzo.
efecto, mi mamá y mi abuela tenían el Como sé que los lectores quedarán
propósito de salir esa tarde. encantados con la novela de recetas de
—Tú te quedas con tu hermanito —me cocina de «tía», voy a tener que escribir un
habían dicho— y lo cuidas. segundo libro con este mismo asunto, así
que posiblemente le pida a la mamá de Dora
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Alicia alguna de sus fórmulas para cocinar,
aunque no le puedo decir de qué se trata,
pues quizás quiera cobrar parte de los
derechos de autora que me pertenecerán.
Por el momento no adelanto nada de lo que
comí y solo digo que todo estaba exquisito,
sobre todo el helado que en

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mi casa nunca compran, porque es muy corazón. Esto de zozobra a mi corazón lo
caro. copié de un libro, pero no digo de cuál para
Después de tanta comida rica, no que el autor no me pueda demandar.
venía mal la anunciada siesta. En mi familia —Maritrini.
solo «tía» tiene la costumbre de dormir un —¿Qué? —¿Estás
rato al terminar de almorzar, porque, según dormida?
ella, la siesta ayuda a conservar la piel
—Sí... Bueno, no —aclaré enseguida,
fresca; el resto, aunque quisiera, no podría, porque estando en su cama, no quería ser
porque a esa hora, el niño que hay en mi descortés con mi amiga.
hogar se pone a martillar con su juego de —¿El señor Pérez Gil no toma
carpintero. Así que aproveché y subí con cerveza?
Dora Alicia a su dormitorio. Ella me cedió la —Supongo que sí, ¿por qué me
cama y se echó... No. Se echó no, que eso preguntas eso? —no había acabado de hacer
suena muy feo. Los perros son los que se la pregunta y, como un chispazo, tuve la
echan. Se acostó sobre la alfombra. respuesta. En fracción de segundos, todo se
—Dormir en el piso hace bien para la me hizo claro y me despabilé. De un salto
columna —le aclaré, para que no pensara me levanté de la cama y le dije a mi amiga
que estaba haciendo un sacrificio muy —: Tengo que irme inmediatamente.
grande por mí, porque de lo contrario, corro
el riego de que después me lo quiera cobrar.
—¿Tú crees?
—Naturalmente —le dije y cerré los
ojos.
Cuando ya estaba por entrar al primer
sueñito, Dora Alicia, con la manía que la
caracteriza de razonarlo todo, y que por
momentos la hace insoportable, me llamó
para llevar de nuevo la zozobra a mi
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SOPA
Ingrediente:
POLACA
1 lata de sopa de cualquier marca

Para prepararla, sigue las


indicaciones que vienen impresas en su
etiqueta. Generalmente es abrir la lata,
echar el contenido en una cacerola y
ponerla al fuego para servirla caliente.
Como podrás ver, esto no tiene ciencia
alguna, ya que lo importante de esta receta
no es el alimento mismo, sino la historia que
se cuenta en el momento de tomarla.
—Maritrini, hija, la mayoría de las
personas vive de ilusiones —dice «tía»—, y
con esta sopa yo no hago más que hacerles
disfrutar una fantasía. El asunto está en que
a la hora de servirla, se la anuncia como un
plato hecho con una receta creada en la
aldea de Kosalin por la bisabuela de mi
tatarabuela a mediados del siglo XVIII.
Entonces se espera
que los comensales la prueben para ver qué conde de Kosalin era el bisabuelo de mi tata-
comentarios hacen. Casi siempre son los ha- rabuelo...
bituales: —¿Entonces tú eres descendiente de
—Está exquisita. la nobleza europea? —pregunta sorprendido
—¡Qué rica! Tienes que darme la uno de los presentes a la mesa.
receta. —Sí —contesta sencillamente «tía»
Pero, y esto depende del grado de con- mientras, como quien no quiere la cosa, se
fianza de los invitados con mi abuela, alguien alisa un mechón rubio de su teñido pelo y
dirá: pestañea varias veces para hacer resaltar el
—Francamente, a mí me sabe a sopa... azul de sus lentes de contacto—. El bisabuelo
—y aquí dice la marca de la lata. de mi tatarabuelo era muy caprichoso con la
Entonces es cuando mi abuela se saca comida, y cada una de las quince esposas
un pañuelito del escote y se seca una inexis- con las que se casó, tuvo que crear un plato
tente lágrima para decir toda compungida: especial para él. Como ninguno de los cator-
—Tienes razón. Tiene el mismo gusto ce primeros le satisfizo, enviudaba rápida-
que la sopa que acabas de mencionar, mente, porque mandaba cortarle la cabeza a
porque sencillamente están elaboradas con la sus esposas, hasta que la número quince, la
misma receta, pero esa es una triste historia bisabuela de mi tatarabuela, elaboró una
familiar. sopa que sí fue de su agrado.
—¡Oh, perdón! —¿Pero por qué dices que es una his-
—No, no. No importa —dice «tía» toria triste?
secándose la falsa lágrima del otro ojo—. A —Espera —dice «tía» y continúa su
mí me hace bien contarla —y se prepara co- relato—: Esta señora guardó en silencio la
mo deben hacer las grandes actrices de cine receta de la sopa hasta el momento de su
cuando van a filmar una escena, esto es, cie- muerte en que llamó a su única hija junto al
rra los ojos para concentrarse, respira pro- lecho y se la hizo aprender de memoria, ha-
fundo y, ya lista, comienza a hablar—: El ciéndola jurar que la mantendría en secreto
hasta el momento en que debía enseñársela

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a la hija que tuviera, y así, generación tras
generación.

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—¡Qué interesante! —exclama al- abuela para este país y él se escapó para los
guien siempre que «tía» llega a esta parte Estados Unidos, donde inauguró una fábrica
de la historia. de sopa en conserva y se hizo millonario. —
—Cuando la receta estaba en manos ¿Y tu abuela?
de la mamá de mi tatarabuela, Napoleón —Avergonzada de lo que había hecho,
invadió Polonia, mató al entonces conde de no quiso volver a Polonia. Sola en un país ex-
Kosalin, quemó el castillo y se apoderó de traño pasó muchas penurias, pero como era
sus tierras, ganado y dinero. La mamá de mi muy linda, se casó con un hombre rico y for-
tatarabuela escapó milagrosamente y se fue mó aquí su familia. Antes de morir, le enseñó
a Varsovia, donde, para sobrevivir, instaló la receta a mi madre, esta a mí y antes de
un restaurante en el que el plato más que yo parta de este mundo, se la enseñaré a
solicitado fue siempre la sopa polaca. Maritrini.
—¿Y cómo fue que la receta vino a Entonces me hace un guiño.
dar a América? Todos me miran con admiración y en-
—Mi abuela, cuando todavía era una vidia, y yo disfruto tanto ese momento que
chiquilla —continúa «tía»—, se enamoró de me siento en la gloria.
un rufián que le propuso se escapara con él
para los Estados Unidos. «¿Pero de qué va-
mos a vivir?», le preguntó ella. «Podemos
instalar un restaurante en Nueva York y ven-
der sopa polaca», le respondió el truhán.
Como mi abuela le explicó lo del secreto de
la receta, este la convenció de que espiara a
su madre cuando la estuviera preparando y
que copiara los ingredientes y la forma de
cocinarlos. Así lo hizo ella, y esa misma no-
che tomaron un tren que los condujo hasta
Hamburgo. Allí el bribón embarcó a mi

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Eran las cuatro y media de la tarde. variante que usó el protagonista de la pelícu-
El señor Pérez Gil debió estar en ese la Piratas del Caribe.
momento llamando desesperadamente por —Escaparé por la ventana que da al
jardín.
teléfono a mi casa para hablar con mi mamá
y exigirle que le enviara el dinero del —Pero estamos en un segundo piso —
señaló la implacable Dora Alicia—. Te podrías
cuaderno. Molesto por lo improductivo de su
matar.
gestión, a las cinco cerraría la librería y se
De todas formas estaba en peligro de
iría para el bar de la esquina a tomar
muerte. Si moría al saltar por la ventana, le
cerveza, pues estando borracho, ese sábado
evitaría a mi papá el remordimiento de haber
tampoco podría bañarse. Allí se encontraría
matado a su hija por tan solo mil quinientos
con mi papá y le exigiría su dinero.
pesos, porque de que me mataba, me
—Tengo que irme inmediatamente —le
mataba.
dije a Dora Alicia.
—Amarremos una sábana al respaldar
—Pero mi mamá no te va a dejar.
de la cama y por ahí desciendo —dije resuel-
Y una vez más Dora Alicia tenía razón.
ta, e inmediatamente nos pusimos en acción.
Gorda, pecosa y con lentes de gruesos crista-
La sábana alcanzaba para cubrir solo
les, mi compañera de escuela no tenía aspec-
un tramo del espacio que debía descender, y
to de ser una persona práctica ni oportuna,
Dora Alicia se negó a cortarla al medio, así
pero son virtudes que debo reconocerle.
que no tenía más remedio que bajar hasta
—Entonces tengo que escaparme en
donde pudiera y después saltar. Supongo que
secreto. por el cargo de conciencia de preferir una sá-
Silenciosamente abrimos unos centí- bana entera por sobre su mejor amiga, Dora
metros la puerta del pasillo, los suficientes Alicia me despidió con lágrimas en los ojos,
para ver que la mamá de Dora Alicia tenía pero sin ceder, pues ya te dije que para ella
abierto su dormitorio, así que por allí sería los sentimientos eran lo menos importante.
imposible salir sin que me viera. Descartada Sin embargo, cuando ya me estaba subiendo
esta idea, tuve que decidirme por la misma al marco de la ventana, me detuvo.

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—¿Vas a romper la sábana? —le pre-
gunté.

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—No. Es que mi mamá cerró la puerta papá de la deuda, debía entrar
de su cuarto. inmediatamente.
Con el solemne silencio de mi partida, ¿Qué hacer?
había podido oír primero el movimiento de Repasé todas las películas que he
las bisagras faltas de aceite y después el visto por si en alguna había un problema
característico sonido del picaporte. Salí con parecido, pero nada. Estoy segura de que en
los zapatos en la mano y no me los puse las de ladrones se muestran decenas de
hasta llegar a la calle. formas de entrar a una casa cerrada, pero
Más que correr, volé la distancia que me esas, mis padres no me las dejan ver.
separaba de mi casa. Si Dora Alicia me Tampoco aquellas donde los protagonistas se
hubiera acompañado, antes de llegar de dan besos demasiado largos, ni las de...
seguro se hubiera percatado de algo Bueno, nada de esto viene al caso. El asunto
importante que yo ni siquiera pensé hasta es que te tengo que explicar cómo fue que
que no me vi parada delante de la reja del logré entrar a mi casa sin tener llave de la
jardín. —Y ahora, ¿cómo entro? Me parece cerradura.
que ser escritora es más fácil que vivir la vida Muy fácil.
de verdad, pues si esta parte fuera una No sé qué idea me dio de ir y darle
historia inventada que yo estuviera vuelta al picaporte, y la puerta se abrió, pues
escribiendo, habría puesto una llave debajo a mi mamá y a mi abuela, emocionadas por
de uno de los maceteros de la ventana y la rebaja de alguna tienda a la que iban a
problema resuelto, pero como te estoy con- comprar barato, se les olvidó pasarle el
tando algo que ocurrió en realidad, no tenía seguro a la cerradura.
cómo entrar a mi propia casa hasta que no En mi casa, la única que tiene dinero
llegaran mi mamá y mi abuela; y, es mi abuela. Ella lo niega, pero siempre que
precisamente, para poder resolver el la situación es extrema, ella se aparece con
problema del dinero que le debía al señor que, sin saberlo, tenía «unas moneditas
Pérez Gil e impedir que este le hablara a mi guardadas». El problema que debía resolver
entonces, era encontrar dónde mi abuela
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tenía sus ahorros, y eso solo tiene una
manera de resolverse: ¡registrando!
Corrí hasta su cuarto y me dispuse a
comenzar la búsqueda, pero por suerte me

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vinieron a la mente las películas El espía X- a uno los revisé, pero solo contenían jarabes
4, El regreso del espía X-4 y El espía X-4 y pastilias. Entonces fui al armario y abrí la
entra en acción y me detuve. puerta de la derecha. Allí la tarea no sería
¿Por qué siempre se sabe que han fácil, pues las estanterías estaban llenas de
registrado un lugar? Muy sencillo. Porque los ropa, bolsas de nailon, carteras de todos los
intrusos lo revuelven todo, dejan los papeles tipos y tamaños, cajitas de cartón, plástico o
en el suelo, los muebles virados al revés y madera, un cofre, paquetes de fotos, cintos
las gavetas abiertas. Por eso, a este famoso y pomos. Debía apurarme si quería revisar
espía internacional nunca lo descubrían, todo aquello antes de que llegaran mi
pues él se cuidaba de dejarlo todo de la abuela y mi mamá a la casa, así que me
misma forma en que estaba antes de que él dispuse para comenzar por los sitios más
llegara. sospechosos, cuando una voz gritó a mis
A pesar de mi desesperación, me con- espaldas:
tuve y fui paso a paso. Hasta pensé ponerme —¡A-uela! ¡A-uela!
guantes, pero además de no tenerlos, a mi
abuela nunca se le ocurriría buscar huellas
digitales, así que obvié este detalle y me
puse manos a la obra: manos y ojos.
Primero miré debajo de las cuatro es-
quinas del colchón, y como solo había
etiquetas de diferentes productos y algunos
papeles viejos con notas escritas por mi
mamá recordándole a mi abuela que apaga-
ra la cocina o que recogiera la ropa si veía
que iba a llover, volví a dejar el cubrecama
como estaba.
La mesita de noche estaba llena de
los más variados frascos de medicinas. Uno
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BISTEC
Ingredientes:
FRITO
Carne fresca y limpia
Ajo
Jugo de limón
Cebolla
Perejil
Aceite, manteca o mantequilla

Según el diccionario bistec es un


trozo de carne frito en aceite o a la parrilla,
pero mi abuela dice que de esta última
manera se llama asado y no bistec, y como
ella convence a todo el mundo con sus
ideas, ya no dudo que un día la Real
Academia Española se reúna para modificar
el significado de esta palabra.
Cuando digo que convence a todo el
mundo, me parece que es innecesario
aclarar que a todo el mundo menos a mi
abuela materna, pues ya en algún momento
te comenté
de la rivalidad que siente esta por aquella. A —Parece que usted lo que quiere es
mí me disgustan las críticas que mi abuela que mi nieta sea una cochina —dijo mi abue-
se pasa la vida haciéndole a «tía», pero esta la materna saliendo al combate.
siempre me dice: —No, señora —puntualizó la paterna
—No le hagas caso, Maritrini, ¿no ves —, lo que quiero es que mi nieta —dijo,
que en el fondo lo que me tiene es envidia? recalcando lo de «mi nieta»— cuando llegue
Y me parece que sí. a su edad —y también subrayó lo de «su
Un día, mi abuela materna me pidió edad»— sea capaz de conservar el cutis
que cuando estuviera en casa de mi otra fresco y lozano —entonces, ignorándola,
abuela, espiara a ver qué crema se ponía en volvió a dirigirse a mí—: Y siempre que
el rostro para tener un cutis tan terso a tengas oportunidad, ponte rodajas de pepino
pesar de su edad. sobre los párpados y frótate palta por todo el
—Porque esa es más vieja que rostro.
Matusalén —terminó diciéndome. —¡Ay, Virgen Santa, lo que hay que
Yo le fui con el cuento a «tía», pues oír! —dijo mi abuela materna poniéndose las
me parecía que esto de que la tuviera que manos en la cabeza—. ¿Usted me va a hacer
espiar era una traición, pero no le dio creer que esa ensalada es buena para el
importancia al asunto y riéndose afirmó que cutis?
ella misma se lo explicaría. En la primera Entonces «tía» extrajo un libro de su
oportunidad que «tía» fue a mi casa, como cartera, buscó una página que traía marcada
quien no quiere la cosa, puso el tema. y se la dio a leer a mi abuela materna.
—Maritrini —me dijo delante de mi —Es de un famoso estilista francés —
abuela materna—, nunca te laves la cara con dijo, y como quien dice que lo compró en la
ningún tipo de jabón, por bueno que te lo esquina, agregó—: Lo traje de mi último viaje
anuncien; solo con agua, pues la grasa del a París.
cuerpo alimenta la piel. —Cómo lo voy a leer —protestó mi
abuela materna devolviéndole el libro— si no
está escrito en español.
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—¡Ay, perdón! —dijo «tía» con una
sinceridad que cualquiera que no fuera yo,
que la conozco bien, le creería—. Pensé que
usted dominaba el francés.

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Ya aquello fue demasiado. Mi abuela fuera, mientras que por dentro queda
materna se paró del mueble en que estaba semicrudo y jugoso, como «tía».
sentada y que, sin ella saberlo, tiene un Cuando mi hermano llamó a la abuela,
nombre francés, sofá, y salió de la sala ya esta llegaba a la puerta de su habitación,
murmurando entre dientes: y yo no tuve tiempo de cerrar el armario, así
—Un día de estos voy a agarrar a esta que me agarró con las manos en la masa y,
vieja... equivocadamente, pensó lo que estoy segura
tú también habrás pensado, pero déjame
Se toma la carne y, por lo menos una aclararte que yo nunca podría tomar un dine-
hora antes de cocinarse, se le echa sal y ro que no fuera mío, aunque fuese de mi
limón, me explicó «tía» cuando me estaba abuela. Yo lo que quería, era saber el monto
enseñando a freír el bistec, y se deja de sus ahorros para cuando le pidiera los mil
adobando. En el momento de servir la mesa, quinientos pesos que le tenía que pagar al
se echa el aceite en la sartén y se pone al señor Pérez Gil, no me pudiera decir que ella
fuego. Cuando está ligeramente caliente, se era una pobre anciana infeliz. Claro que dado
extiende la carne sobre ella y se cocina a el cambio en los acontecimientos, lo que me
fuego lento volteándola hasta que tome el dijo fue otra cosa:
color que tenía mi abuela cuando tuvo que —¡Oye, descarada!, ¿qué haces regis-
reconocer frente a «tía» que no sabe hablar trando mis cosas?
francés. Cuando se va a servir, se cubre con Si algo bueno tengo yo, es que las in-
la cebolla bien picadita y se adorna con unas vento en el aire. Eso siempre me han dicho,
ramitas de perejil. y quizás de ahí me viene la vocación de
—¡Ah! —agregó al final—, y recuerda escritora, así que sin pérdida de tiempo giré
que para acompañar las carnes rojas... hacia mi abuela y cuando me encontré con
—Vino tinto —me adelanté yo. sus ojos de hechicera dispuesta a
Hay otra forma algo diferente de freír convertirme en polvo, ya tenía la justificación
el bistec. Se llama de vuelta y vuelta y es que la desarmaría por completo, dejándola
con el aceite bien caliente. Solo se cuece por reducida a un mon-toncito de arena.
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—Nada —le contesté con un hilito de
voz.

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—¿Cómo que nada? —También sabes que me invitaron a
—Es que estoy triste, abuelita —dije y almorzar.
me puse a sollozar como si la congoja —Sí —dijo para volver a la carga, pero
estuviera haciendo tiritas mi alma. habiendo llegado al tema de la comida, se
Un poco desconfiada, mi abuela se me olvidó de que yo le estaba registrando su ar-
acercó. Creía conocerme bien y nunca estaba mario y, con los ojos relamiéndose de gusto,
segura de si mis lágrimas eran sinceras. Un me preguntó:
tiempo atrás me era muy fácil ablandarle el —¿Y qué había de comer? —entonces,
corazón con unos tristes suspiros, pero ahora muriéndose de hambrienta envidia, no sé si
casi debía llorar de verdad para lograr algo. aseguró o preguntó—. Porque, ¿hubo muchas
Pero ese día me encontraba demasiado preo- cosas sabrosas?
cupada por la deuda con el señor Pérez Gil Yo me limité a afirmar con un indife-
para esforzarme en llorar, así que me dije a rente movimiento con la cabeza para, como
mí misma: una flor que se deshoja, decir:
—¿Maritrini, tú no quieres ser escrito- —Pero eso no es lo importante,
ra? Pues invéntate una buena historia. abuela.
—¿Y a santo de qué estás triste? —me Como en este caso no le iba a hablar
preguntó abuela queriéndose hacer aún la del sabor del consomé, la textura del pan
intolerante, pero en su voz hubo una cierta fresco untado con abundante mantequilla, lo
entonación que me hizo saber que ya se graneado del arroz, la variedad de colores de
ablandaba. la ensalada, el irresistible aroma de un buen
Entonces le conté que había ido a casa pescado al horno, el dorado de las papas y la
de Dora Alicia para hacer una tarea de com- magnífica combinación de duraznos en almí-
putación... bar con helado de vainilla cubierto con crema
—Al grano —me interrumpió—. Eso ya caliente de chocolate, a mi abuela no le inte-
lo sé. resaba mucho lo que le pudiera decir; soltó la
cartera, se sentó en la cama y comenzó a
quitarse los zapatos.
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—¡Estos juanetes me están matando!
—y se agachó para buscar las zapatillas de
tela y, como bajó la cabeza, parece que la
memoria

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le volvió de nuevo a su lugar en el cerebro. foto tratando de no ver el ridículo peinado
—¿Pero qué diablos hacías registrando partido al medio, el bigotito cuadrado a lo
mi armario? Charles Chaplin, las orejas de elefante ni el
—Es que estoy triste, abuela, muy ojo medio bizco que tenía mi abuelo. Suspiré
triste. ¿O es que no te das cuenta? —le y le devolví la foto, porque si la miraba un
recriminé como hace en todo momento la segundo más, me reía.
protagonista de la película El ángel —Gracias, abuela —le dije y abandoné
perverso. su cuarto.
—Eso ya me lo dijiste. No había encontrado el dinero que
No podía perder más tiempo, pues necesitaba, pero al menos salí de aquel
sentí que mi mamá se acercaba por el apuro. Respiré tranquila sin saber que ya
pasillo y ya con ella, el manejo de la empezaba otro susto.
situación me sería mucho más difícil, así que
fui rápidamente al grano.
—Al almuerzo, vino el abuelito de
Dora Alicia y entonces me acordé del mío
que está muerto. Eso me puso nostálgica y
vine a buscar la foto que tienes de él.
Batalla ganada. Abuela fue hasta la
puerta y la cerró para que mi mamá no nos
interrumpiera. Sin decir nada, abrió el arma-
rio, tomó la foto de su difunto esposo y con
los ojos húmedos me la puso en las manos.
Por poco me echo a reír. Siempre que
abuela me enseña esa foto, me da por
reírme, pero esta vez no podía hacerlo, pues
descubriría que no era cierta la historia de
mi tristeza, así que miré lánguidamente la
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VINOS
Dice «tía» que una buena cena tiene
que estar acompañada de vino, así que
después de haber dedicado varios capítulos
de mi novela a diferentes recetas de
exquisitos platos de comida, llegó el
momento que escriba acerca de los vinos.
En primer lugar, debo decirte que yo
no sabía nada del tema, pues en mi casa, el
único que toma es mi papá y a la hora de
hacerlo, a él le da lo mismo una cosa que
otra. Si hoy puedo dedicar un capítulo de mi
novela, no para explicar una receta, pero al
menos sí para hablar de vinos, es gracias a
los amplios conocimientos que «tía» tiene
de este asunto.
Déjame aclararte que cuando digo
que a mi papá le gusta la bebida y que a la
hora de tomar no es muy selectivo que diga-
mos, no estoy insinuando que sea borracho.
Él es, según sus propias palabras, un supongo que cuando sea famosa, aunque no
bebedor social. Esto quiere decir que todas sea una dama de bien, me invitarán a cenas
las tardes cuando llega del trabajo, abre una y recepciones, y debo saber manejarme en
botella de... Bueno, de cualquier cosa: vino, tales circunstancias.
pisco o cerveza y se la toma. Si viene algún Hay vinos blancos y tintos, espirituo-
vecino o amigo, entonces cumple con el sos, dulces, champán, jerez y vermouth; este
calificativo de bebedor social, si no, lo hace último puede ser rojo dulce, blanco dulce y
solo y, entonces, según me parece a mí, blanco seco. También hay cremas, licores dul-
aunque sigue siendo bebedor, de social no ces, coñac, y supongo que muchísimos otros,
tiene nada. Esto lo pienso yo, pero no lo pero estos son los más importantes.
digo, porque tú sabes que a los adultos En mi casa, aunque quisieran, me pa-
generalmente no les gusta que los niños, y rece que no se podría celebrar una cena, por-
mucho menos las niñas, aunque una sea que hace ya como dos años que a mi mamá
escritora, estén dando opiniones. se le rompió el juego de copas que le regala-
Mi mamá, en cambio, no se anda con ron el día de su boda, y nunca ha habido di-
muchos rodeos y tarde a tarde, sin faltar ni el nero para comprar otro. En realidad no es
Viernes Santo, le dice que es un alcohólico, que se le haya roto, sino que ella lo rompió
un borracho de mala muerte y un aspirante a copa a copa. Por suerte, tiene mala puntería
padecer de delírium trémens. y solo con la última alcanzó la cabeza de mi
—Un curado empedernido —dice mi papá. La herida no fue grande, pero sí lo
abuela materna. suficientemente espectacular como para que
mi mamá se arrepintiera de lo que había
Los vinos son de diferentes clases, y hecho y perdonara a mi papá de no sé qué
en una cena, cada uno tiene su momento y trastada esa vez.
su copa, y esa es otra cosa que, según «tía», —Tú tienes la culpa de que él sea así,
debe saber toda dama de bien. Según mi porque enseguida te ablandas —la critica mi
abuela materna, las artistas, y por ende las abuela materna.
escritoras, no son damas de bien, pero
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Para que mi mamá se ablande, prime-
ro tiene que ablandarse la cabeza de mi
papá, entonces ella llora y lo mima como si
fuera

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un niño chiquito. La psicóloga que nos envasa y se tapa de diversa forma y exige
atiende dice que esas peleas son las que que se abra también de manera diferente.
tienen traumatizado a mi hermano, pero yo —Un día te vas a herir la mano —le
estoy segura que son las reconciliaciones advierte mi mamá a mi papá cada vez que
entre mis padres las que le afectan, pues este le saca el corcho a la botella dándole
llegado ese momento se muere de celos. golpes por el fondo.
Mientras dura la batalla, se mantiene atento —Déjalo —dice mi abuela materna—, a
e interesado, disfrutando en vivo y en ver si entonces no toma más.
directo de escenas que de otra manera solo Las botellas de sidra son de fondo có-
puede ver en la televisión, pero cuando nico y cristal grueso, se tapan a presión con
comienzan los besos y los cariñitos, hay que un corcho especial y este se sujeta con alam-
ver la cara de sufrimiento que pone. bres. Se abren con la mano y producen, al
igual que las botellas de champán, una explo-
En una mesa se deben poner varias sión cuando se les quita el corcho. La tapa del
copas. La más grande de todas, a la derecha jerez es igual a la de sidra, pero se abren de
del comensal y a partir de la punta del otra manera. Primero se le corta el pedazo de
cuchillo, es para el agua, después se colocan corcho que sobresale y el resto se extrae con
la del vino tinto y el vino blanco, y las más un sacacorchos.
pequeñitas que son para los vinos generosos, Quizás te preguntes, como lo hice yo
los aperitivos, las cremas y los cordiales. antes de que «tía» me lo explicara, quién in-
Las copas de cerveza se parecen a mi ventó el vino. Cuenta la leyenda que Noé, el
abuela materna. Son cortas para abajo y an- mismo que subió en un barco una pareja de
chas de la mitad para arriba. todos los animales existentes para que no se
Los vinos son muy exigentes, pues las ahogaran con una inundación muy grande
copas en que se sirven tienen que ser de que hubo, soltó un chivo, supongo que
cristal transparente, al igual que las botellas cuando se pudieron bajar de la nave, y este
para el vino blanco; cada tipo de vino se se emborrachó comiendo del fruto de la vid;
entonces el tal Noé sembró un campo de

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uvas y regó las plantas con sangre de león y
de cordero. Esto último no me lo explico,

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pues si había llovido tanto, por qué no lo regó de usurero ya lo dije, así que tengo que
con agua como todo el mundo hace con sus buscar algún nuevo adjetivo que califique al
sembrados. Bueno, el asunto es que después señor Pérez Gil, pero como no se me ocurre
apareció un tal Baco, griego por más señas, otro, por el momento no lo borraré. Conti-
que era tremendo borrachín, y fue él quien núo: porque el usurero del señor Pérez Gil es
enseñó a los hombres a fabricar el vino. capaz de hacer cualquier cosa por cobrarme
El vino no se toma como lo hace mi los mil quinientos pesos que le debo.
papá que llena un vaso y se lo empina de una En el noticiero de la televisión,
sola vez. La manera correcta y elegante es aunque yo no lo veo, sé que se pasan todo
aspirar primero el bouquet, lo que no es más el tiempo hablando de las leyes que hicie-
que oler el vino. Entonces se toma, primero un ron, hacen y harán en el país, pero al Presi-
pequeño sorbo para saborearlo con los labios dente de la República nunca se le ocurre or-
y la punta de la lengua. denar que a las niñas escritoras se les
—¡Está exquisito! —aconseja decir «tía» entreguen gratis cuantos cuadernos necesi-
ten para escribir sus novelas; en definitiva,
si una es la invitada, pues, de lo contrario,
el gasto no será mucho, porque aparte de
sería de mal gusto que el mismo anfitrión esté
mí, dudo que en todo este continente haya
celebrando lo que ofrece.
otra niña escritora.
Solo entonces es que se toma el vino,
Me quedaban solo veinte minutos
siempre en pequeños sorbos. para tener en mi poder el dinero, correr a la
—Y se secan los labios con la librería más sucia del mundo, que está a
servilleta —termina explicándome «tía»— cinco cuadras de mi casa, y pagarle al señor
pero con gracia, niña —agrega. Pérez Gil. De lo contrario, las consecuencias
El día que compré el cuaderno para serán
comenzar a escribir mi novela de recetas de
cocina, pensé que me moría del susto. Y no
era para menos. No salía de un aprieto para
entrar en otro. Y todo porque el usurero... Esto

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desastrosas para mi profesión literaria: toda Mi abuela materna reaccionaría de la
mi familia sabría que tengo el propósito de peor manera, pues se pondría a hablar horro-
escribir y lo impedirían. De distintas formas, res de las escritoras, como siempre hace de
pero lo impedirían. las artistas, diría que mi vocación era
Mi papá se sentiría tan orgulloso de mí influencia de «la bruja» de mi abuela paterna,
que se ocuparía de propagar la noticia a los y no cesaría de pedirle a mis padres que no
cuatro vientos y, aunque ese no es su giro ni me permitieran escribir ni una línea más de la
sabe nada del mundo literario, seguro que novela.
querría convertirse en mi representante. Mi La única que me hubiera podido ayu-
mamá no se pondría tan orgullosa y mucho dar era «tía», pero había aceptado la invita-
menos cuando supiera que pretendía usar las ción de un viejo amigo de su juventud y
recetas de cocina de «tía», o sea de su andaba en un crucero por el Caribe.
suegra, pero ello no le impediría ir a casa de —Esa patrañera se pasa quince días
Dora Alicia a restregarle por la cara a la tomando sol escondida en el balcón de su
mamá de mi amiga que seríamos más ricos departamento y después los engaña a todos
que ellos. La mamá de Dora Alicia se —rumió mi abuela materna cuando «tía»
ofendería y le prohibiría a mi mejor amiga anunció su travesía.
que se volviera a reunir conmigo. Dora Alicia, Pero por el mar o escondida en su ca-
que es bien envidiosa, se ocuparía de regar la sa, «tía» no estaba disponible.
noticia en la escuela y haría causa común con Parece que las ideas tienen imán, pues
el grupo de muchachitas resentidas conmigo pensando en el amigo de «tía» me acordé de
porque tengo mejores notas que ellas. Los mis enamorados. Ninguno tendría la suma de
chicos, acomplejados porque una niña los dinero que necesitaba, pero quizás entre to-
superara, no se atreverían a acercárseme ni dos pudieran reunirlo, y yo correr para llegar
me invitarían a que los fuera a ver jugar en el momento justo en que el señor Pérez Gil
fútbol, y me quedaría soltera para toda la estuviera cerrando la librería e impedir que
vida. viniera a mi casa a cobrar su deuda. Sin
pérdida de tiempo salí a la calle.

70 54
Con el primero que me encontré fue
con Ernesto Manuel. Me extrañó verlo con el

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grupo de muchachos de Media, pues estos Caía la tarde,y con ella morían mis
esperanzas de salvación.
generalmente no se reúnen con los niños de
Básica, pero allí estaban, sentados sobre el
respaldo de uno de los bancos del parque.
Sabía que me exponía a la burla de
los grandes, pero nunca esperé una cosa así
de mi más fiel enamorado:
—¿Qué se te perdió jirafa canilliflaca?
—me dijo con toda la desfachatez del
mundo después de aspirar una bocanada de
humo para que viera que estaba fumando.
Ese gesto me hizo comprender lo que
ocurría. Ernesto Manuel había comprado una
cajetilla de cigarros y los grandulones se la
estaban fumando. Supe que con él no iba a
resolver nada, pues independiente de la
ofensa que me hacía, ya no tendría ni un
centavo, así que le lancé mi respuesta como
un disparo al corazón:
—Busco a mi pololo, pero ya veo que
no está aquí.
Le di la espalda y por las risas y las
burlas que le hicieron, supe que mi
venganza a su grosería había sido efectiva.
En esta inútil gestión había gastado
los pocos minutos que me quedaban para
saldar a tiempo mi cuenta con el señor Pérez
Gil, antes de que este fuera para mi casa.
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KoREA'S RICE
Ingredientes:
1 taza de arroz
2 tazas de agua
1 cucharada de sal 4
cucharadas de aceite

Antes de comenzar a explicarte la for-


ma de preparar esta receta, déjame
traducirte su significado, pues quizás tú no
has tenido, como yo, la oportunidad de
estudiar inglés. Korea's rice quiere decir
arroz coreano.
Esto de estudiar inglés, motivó en mi
familia una situación de desequilibrio. Uso
ese término, porque se lo oí a la psicóloga
que nos atiende, pero no quiere decir otra
cosa que «se armó el rollo del año».
Yo tengo clasificados en diferentes
tipos los conflictos que se crean en mi casa.
Están las discusiones diarias. Estas son
habituales y se
producen por asuntos banales y cotidianos: con tanto placer leo en voz alta a la hora de
que si se orinó de nuevo en la cama (ese es la comida.
el hijo de mis padres que tiene incontinencia —Es que tu marido no se ocupa de su hijo —
nocturna desde que le conté el cuento de su concluye mi abuela materna cuando mi padre
procedencia), que si la leche tiene nata (ese se para molesto de la mesa.
es mi papá, pues la nata en la leche le da Las disputas mensuales pueden
deseos de vomitar), que eso es un rasgo de derivar a cualquier tema, a veces insólito,
inmadurez (esa es mi mamá criticando a mi que ataña a la familia, pero siempre
papá por lo de la nata). comienzan porque el dinero no alcanza para
—¡Claro, con la crianza que le dio su pagar los gastos, y siempre terminan con el
madre! —termina diciendo mi abuela materna comentario de mi abuela cuando mi padre
cuando mi padre, sin haber desayunado, tira tira la puerta y se va rumbo al bar de la
la puerta para irse a trabajar, y se concluye esquina a tomarse unas cervezas con los
así el primero de los conflictos del día. amigos.
Pensándolo bien, voy a tener que —Lo que ocurre es que a él le molesta
subdi-vidir estas desavenencias según el que yo viva en esta casa.
horario en que se presentan. La que te conté, Las discusiones semestrales pueden
sería matutina, pues las vespertinas y ser por el lugar al que iremos de vacaciones,
nocturnas tienen sus motivos, temas y los regalos que se comprarán a fin de año, los
desenlaces característicos. arreglos que hay que hacer en el techo o
Los conflictos semanales casi siempre cualquier otro asunto por el estilo.
giran en torno a que mi padre no quiere salir Generalmente duran de tres a siete días, y en
a pasear; mi madre protesta porque no tiene ellos se hace un recuento corregido y
quién le ayude en los quehaceres domésticos ampliado de todas las ofensas vertidas contra
y por el comportamiento del hijo de mis unos y otros en el transcurso de los seis
padres en la escuela, transmitido en el meses anteriores.
reporte que yo personalmente me ocupo de Las anuales son impredecibles, como
recoger todos los viernes por las tardes y que los terremotos; devastadores como la erup-
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ción de los volcanes; e intensos y duraderos,
como los huracanes. La última fue motivada
por mis clases de inglés.
La idea de que yo comenzara a
estudiar inglés, la tuvo mi papá, y no
sabemos si la

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razón de su propuesta fue en realidad el gruñona, y mi abuela materna la culpó a ella
deseo de mi superación o era que ya por el ejemplo de libertinaje que le había da-
conocía a la que sería mi teacher. Como la do al hijo. Mi padre amenazó con recoger su
casa de la profesora estaba cerca de la ropa y marcharse de la casa, y mi madre lo
escuela, se acordó que al terminar las clases mismo le buscaba la maleta que se la escon-
yo fuera sola. día. Mi hermano comenzó a comerse las uñas
—Y yo la recojo cuando salga del tra- y yo tuve que abandonar las clases de inglés.
bajo —propuso mi papá. En mi casa se dejó hasta de cocinar
Mi profesora era joven y bonita, como Korea's ricen pesar de lo sencillo que es. Se
la protagonista de la película Love Story, y lava el arroz y se echa con la sal y el aceite
mi papá comenzó a irme a buscar cada día en la arrocera eléctrica. Esta se enciende y
más temprano. Para cumplir con el tiempo en menos de veinte minutos ya está listo
establecido de la lección, la teacher me para servirlo.
ponía alguna tarea escrita y se iba a atender
a mi progenitor. La mayor parte del
vocabulario que conozco, lo adquirí oyendo
sus conversaciones: pretty, dear, honey,
love...
Yo enseguida me di cuenta del asunto
y, esperanzada de poder abandonar el
trauma de ser la única niña de mi curso
cuyos padres no están separados, me hice la
desentendida y me cuidé de no hacer
comentario alguno con mi mamá.
No sé cómo se supo todo, y el conflic-
to del año no demoró en estallar. Mi abuela
paterna, o sea «tía», culpó a mi mamá de lo
ocurrido por estar siempre desarreglada y
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Ante la imposibilidad de tener el di- llegar a tiempo, así que, «patitas, ¿para qué
nero a tiempo para pagarle el cuaderno al las quiero?».
señor Pérez Gil, el único camino que me Sé que «tía» no aprobaría que una
quedaba era enfrentar la situación cara a niña fina y educada como yo, además su
cara, con toda la valentía que pudiera nieta, fuese corriendo como una loca por la
reunir, que no era mucha, pero que me calle, pero no me quedaba más remedio. La
tendría que alcanzar para pararme delante gravedad de la situación lo exigía así, y allá
de la bola de grasa dueño de la librería más iba yo, como diría mi abuela materna, toda
mal oliente del mundo y decirle: desmelenada corriendo como un bólido.
—Señor Pérez Gil... Mientras lo hacía, me consolaba yo misma
En ese momento no se me ocurría qué pensando que Catherine Carín había corrido
le pudiera decir para que este mugriento así en la escena final de la película
usurero... ¿Ya alguna vez escribí usurero? No Persecución de amor cuando debía llegar al
sé, pero como en aquel momento estaba tan aeropuerto antes de que su enamorado
angustiada, no se me ocurrió otro calificativo, tomara el avión.
así que dejaré usurero. El asunto es que Y como de enamorados se trata, en la
debía lograr que el señor Pérez Gil no fuera a esquina antes de llegar a la librería, choqué
mi casa a exigir el pago del cuaderno y que de narices con Marcos Zapata. Bueno, no
esperara hasta el lunes para cobrar su choqué, sino que me encontré con él y me
dinero, porque, de lo contrario, hasta ahí tomó de un brazo, haciéndome detener
llegaría mi brillante carrera de escritora. bruscamente. Por suerte, yo no uso
Según la hora, el... No puedo volver a dentadura postiza, porque de lo contrario, se
escribir usurero, así que mejor pongo: mu- me hubiera salido de la boca.
griento librero; pero entonces repito la pala- —¿Maritrini, dónde vas con ese apuro?
bra mugriento... ¡Ah! —Ahora no tengo tiempo de explicár-
Según la hora, el cochino librero esta- telo —dije, e intenté librarme de su mano
ría cerrando la puerta de su maloliente nego- para continuar con mi loca carrera.
cio, y yo tendría, más que correr, volar para —Yo te puedo ayudar.

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Marcos se sentía tan enamorado de mí

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que siempre estaba dispuesto a ayudarme. Segura de que estaría dispuesto a hacer por
Al menos así me lo había hecho creer y mí cualquier sacrificio, hasta lanzarse
como era tan ahorrativo, siempre tenía delante de los leones como el soldado
dinero. Estos dos pensamientos aparecieron romano que saltó a la pista del Coliseo para
en mi mente como un relámpago, y más salvar a su amada en Gladiador
atrás, como un rayo, la idea que me decía enamorado, le conté toda la verdad de lo
cuál era la solución a mi problema. que me pasaba.
Yo, que un segundo antes estaba Bueno, no toda la verdad. Solo la par-
segura de que ni un volcán que brotara de te que a él le pudiera interesar, y como para
pronto en mi camino me detendría, me que esta parte no pareciera falsa, se la
quedé para hablar con aquel muchacho. Lo adorné con una historia que nada tenía que
miré de frente y comprendí que en realidad ver con mi decisión de ser una gran escritora
no era tan narigón, pecoso ni orejón como y escribir una novela, pero que de todas
siempre había pensado. Es más, en aquel formas terminaba en que necesitaba mil
momento lo encontré hasta bonito. quinientos pesos con toda la urgencia del
—Marcos —le dije con mis ojos clava- mundo.
dos en los suyos—, tú eres mi mejor amigo. —¡Ay, Marcos, Marquitos —concluí
Quizás yo no te lo demuestre, pero te tengo poniendo mi mano sobre su brazo—,
mucho afecto, y si cuando las chicas de la ayúdame!
escuela se ríen, yo también lo hago, no es de —Está bien.
verdad. Es que temo que ellas se pongan a Entonces la que se llenó de felicidad
hacer insinuaciones de que yo... Bueno, tú fui yo. Le tomé las manos y se las apreté.
me entiendes. Antes de que me fuera a casar estaba
Si en ese momento lo hubieras visto, segura de que cambiaría de opinión, pero en
te habrías dado cuenta de que Marcos era aquel instante lo amaba.
todo oídos para mis palabras, y que la tímida —Gracias, Marcos. Yo sabía que tú no
sonrisa que pretendía brotar en sus labios, me fallarías.
era de la gran felicidad que estaba sintiendo.
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Pero ahí fue lo del jarro de agua fría, y
con esto no quiero decir que desde un
balcón alguien nos mojara, sino que sus
palabras vi

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nieron a congelar las alas de mi esperanza. Gil antes de que saliera para mi casa, así
—¿Y tú qué me das a cambio? que corrí.
—¿Dar a cambio? —pregunté in- Cuando al fin llegué a la calle de la li-
crédula. brería con la esperanza de ver al señor Pérez
—Sí —dijo con toda desfachatez—. Yo Gil guardándose las llaves de la puerta, vi
te doy el dinero y tú, por ejemplo, me pagas que el negocio estaba cerrado y no había ni
con un beso. rastro del hombre al que debía detener.
—Insolente —le dije, y hubiera querido Comprendí que mi carrera había sido inútil y
abofetearlo como en las películas, pero mi que todo estaba perdido, pero así y todo
ira era tan grande, que temí pudiera tumbar- caminé hasta el establecimiento y me quedé
le un diente del bofetón. Di media vuelta y tratando de mirar a través del sucio cristal
comencé a alejarme de aquel bicho repulsivo de la entrada, con la secreta esperanza de
y ruin, pero como según «tía», los grandes que aquel viejo cochino todavía estuviera
momentos piden grandes sacrificios, lo dentro.
pensé mejor y regresé junto a Marcos: —¿Buscas al señor Pérez Gil? —pre-
—¿Cuánto dinero tienes? guntó una voz a mi espalda.
—Mil pesos...
¿Oíste qué insolencia me dijo? No te-
nía todo el dinero que yo necesitaba y se
atrevió a pedirme un beso.
No le respondí. ¡Claro que no! Me li-
mité a mirarlo con todo el desprecio de que
soy capaz y seguí mi camino. Hubiera queri-
do echar a correr de nuevo para recuperar el
tiempo perdido con el patán de Marcos Za-
pata, pero me pareció poco digno. Sin
embargo, tenía que alcanzar al señor Pérez

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E NSALADA
AFROASIÁTICA
Ingredientes:
6 tomates grandes maduros
6 hojas de lechuga bien limpias
1 zanahoria
1 taza de repollo picado
1 cebolla grande
1 rábano
1/2 pepino
ají picante a gusto
1 taza de mayonesa
1 tacita de vinagre
1 tacita de aceite
112 cucharadita de pimienta en
polvo sal a gusto

Yo nunca he comido esta ensalada,


pues se prepara solo cuando se invita a un
enamorado tímido, y como ni Josué, Miguel
Ángel, Arturito, Clemente, Alberto, Tito,
Francisco, Sergio, Luis, Carlos, Alejandro, A mí estas historias me recuerdan una
Ernesto Manuel y, mucho menos, Marcos película en la que hay un tipo medio chiflado
Zapata poseen esa característica, y como que limpiaba en un laboratorio de investiga-
tampoco han sido invitados a comer en mi ciones y cada vez que veía a la doctora de la
casa, no tengo esa experiencia. Mi prima Ele- que estaba enamorado, rompía pomos, tras-
na, sí. tocaba los papeles, conectaba los equipos en
Elena es muy bonita, y enamorados y los enchufes que no eran y los quemaba, y
admiradores no le han faltado, pero ella vino así y todo no me explico cómo la muchacha
a flecharse del muchacho que atiende los aceptó casarse con él, como tampoco sé por
préstamos en la biblioteca de la universidad, qué mi prima Elena se vino a enamorar de
quien, de solo verla pararse delante de él, se ese muchacho, que, por cierto, dicen que es
pone rojo como uno de los tomates que se bastante feo. Ella, la pobre, estaba muy
deben utilizar para esta ensalada. Elena, su angustiada por lo que parecía un amor
amiga, se ríe mucho cuando habla del ena- imposible, y digo que parecía, porque como
morado, pero a mi prima Elena no le gusta ni mi abuela paterna tiene remedio para todas
un poquito que se burlen del amor de su las dificultades, le dijo que le daría algunos
vida. consejos.
Dice Elena, la trigueña, que siempre Oír yo aquello y ponerme a la caza de
que mi prima va a buscar un libro a la biblio- la conversación fue lo mismo, porque
aunque ya los enamorados tímidos no se
teca, el pobre muchacho se confunde todo,
usan, quién sabe si un día me toca uno. Yo a
no sabe qué hacer y siempre le trae un título
la caza de ellas, y ellas a la caza de mi
equivocado.
abuela materna, pues esta última se niega a
—Él lo hace con toda intención —lo
que Elena siga los consejos de «tía».
defiende mi prima Elena—, pues me trae
—Ya tengo bastante con un yerno hijo
libros con poemas de amor.
de esa señora —dice refiriéndose a mi papá
—No siempre —se burla la amiga —. El
— para que ahora le busque novio a mi
otro día te trajo un tratado de electrónica
nieta.
escrito en esperanto.
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Yo no sé por qué mi abuela materna le
tiene esa aversión a mi papá. Desde que ella

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se quedó viuda, y eso fue mucho antes de pues tiene una variedad que ni la de los
que yo naciera, vino a vivir a mi casa, y mi chicos de mi curso. Unos son explosivos:
papá es quien la mantiene, pues su pensión fuertes y breves; otros cortos, en sordina, ge-
no le alcanza ni para las medicinas que melos, trillizos y hasta quíntuples, pero su
toma para sus muchas enfermedades. especialidad son los musicales. Estos son lar-
Si yo no fuera a ser escritora, me gos y mantenidos, comienzan en do natural,
dedicaría a la medicina, pues sé todos los van recorriendo la escala de las notas y
síntomas y tratamiento de la hipertensión, la generalmente terminan en su sí bemol largo
diabetes, el reuma, la insuficiencia renal, el y vibrante.
enfisema pulmonar, la migraña, el hipo, la —Se desinfla —dice mi papá, y allá va
úlcera gástrica y el estreñimiento, y todo el otro pellizco.
gracias a los padecimientos de mi abuela De la historia de los pedos de mi po-
materna. bre abuela, el hecho más vergonzoso para la
Mi papá dice que mi abuela materna familia fue una noche en el funeral de un tío
padece de otra enfermedad no descrita en de mi abuelo materno que se murió a los
ningún manual de medicina, y es la de hi- cientoún años. Dice mi papá que cerca de las
perpedos. Cuando en mi casa por la noche tres de la mañana, cuando los dolientes y
nos ponemos a ver televisión, mi abuela familiares del muerto dormitaban en el so-
materna se tiene que parar cada doce minu- lemne silencio del velorio, se oyó un pedo ti-
tos exactos, corre al baño y se encierra allí, po trompetilla proveniente del sillón en que
pero por gusto, pues de todas formas, desde descansaba mi abuela materna. Todos los
la sala se oyen los ruidos aéreos de sus presentes se despertaron sorprendidos sin
intestinos. saber exactamente de qué se trataba, pero
—Ya los gringos entraron de nuevo en la risa no se hizo esperar, y mi madre, más
guerra contra Irak —dice mi papá, y se roja que otro de los tomates de la ensalada
prepara para el pellizco que le da mi mamá. que enseguida te explico, le tuvo que dar un
El día que hagan una competencia de codazo a mi abuela para que cortara aquel
pedos, mi abuela se ganará el primer premio, inoportuno gas intestinal.

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«Tía» le enseñó unas cuantas recetas aprieta, te ahoga, te aplasta y te hace puré,
afroasiáticas a mi prima Elena para cuando al oír una voz que viene en tu ayuda, crees
invitara a comer a su enamorado, asegurán- que es un ángel quien te habla. Así me
dole que con ellas no había timidez que se pareció a mí, cuando me preguntaron que si
resistiera. Cuando ellas se percataron que buscaba al señor Pérez Gil.
yo estaba tratando de oír, en vez de hablar —Sí —contesté rápidamente y me
más bajito o cambiar de conversación, no volví. No era exactamente un ángel, más
tuvieron reparos en que yo aprendiera a bien parecía una bruja, pero no me
preparar esta ensalada. importaba, pues la vendedora del puesto de
A los tomates se les corta una tajada yerbas medicinales podría ayudarme.
por la parte superior, con una cuchara se les —El no abre más hasta el lunes —me
extraen las semillas y se bañan por dentro dijo y también se puso a cerrar su negocio.
con el vinagre, el aceite, la pimienta y la sal. —¿Para dónde fue? —le pregunté con
La zanahoria rallada, el repollo picado, la la esperanza de que me indicara una direc-
cebolla, los rábanos, el pepino cortados en ción que no fuera la del bar, pero la respues-
cuadri-tos y el ají picante a gusto se mezclan ta fue una risa... ¡Una carcajada!
con la mayonesa, se le echa sal y con esta —¿Para dónde va a ir? —me preguntó,
mezcla se rellenan los tomates. Cada uno se como si yo supiera, pero sin esperar res-
coloca sobre una hoja de lechuga y se sirven puesta, enseguida señaló en sentido contra-
fríos. rio al que yo temía y agregó—: A donde va
Supongo que el guiño que «tía» le todos los sábados a esta hora desde hace
hizo a mi prima Elena cuando terminó la cuarenta años.
explicación también es parte del ritual a la Sin saber exactamente cuál era ese
hora de poner en la mesa los tomates para sitio, respiré tranquila, pues sí el señor Pérez
estimular a los enamorados tímidos. Gil no iba para el bar y tenía una costumbre
¡Ay, mi «tía», qué picara es! tan fuerte, no la cambiaría ni siquiera para ir
L>uando upa está metida en un
aprieto que, como su nombre lo indica, te
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a cobrar una deuda. De seguro iba fuera de y un apestoso a orines de mono, pero de
la ciudad, así que yo gozaría de una prórroga seguro no le iba a gustar que lo llamaran
de unas cuarenta horas para buscar el dinero mentiroso delante de sus amigos, así que
que necesitaba antes de que este sujeto ofendería a mi papá diciéndole que tiene
comenzara a chantajearme como le sucede a una hija que no paga sus deudas. Mi padre le
la señora rica de Víctima del pasado, una lanzaría a la cara la cerveza de su vaso. El
película que no entendí muy bien, pero en la señor Pérez Gil le respondería con un
que sí sé había un chantaje. botellazo en la cabeza. Mi padre caería al
Aunque no pregunté, la señora ángel suelo, pero rápidamente se incorporaría, y
con cara de bruja, se creyó en la obligación con la sangre corriéndole por la cara le
de completarme el dato que yo le había rompería una silla en la espalda al señor Pé-
solicitado y me dijo de manera confidencial rez Gil; este tomaría una mesa para
bajando la voz: lanzársela, pero mi papá se le abalanzaría y
—Para el bar a tomar cerveza. los dos caerían al suelo, sobre los vidrios,
—Pero el bar no queda para donde dándose puñetazos. Unas veces mi papá
usted me señaló —le dije angustiada ante encima y otras el señor Pérez Gil,
aquel nuevo cambio. golpeándose salvajemente. Mi padre podría
—¡Ah, me equivoqué! —dijo, indicó la ganar, porque era más fuerte y, en su
dirección correcta y se volvió a reír. juventud, fue deportista, pero pronto su
Entonces comprendí que aquella seño- energía comenzaría a disminuir
ra era en realidad una bruja. El señor Pérez semianestesiado por los malos olores del
Gil no tendría necesidad de llegar hasta mi librero. Este se aprovecharía de la situación
casa para delatarme, pues se encontraría y ya estaría a punto de rematar a mi padre,
con mi papá en el maldito bar y se lo cuando en eso llegaría la policía. Primero los
contaría todo. Mi papá no le creería que su llevarían para el hospital donde mi pobre pa-
hija andaba por el mundo comprando sin dre se debatiría una semana entre la vida y
pagar, por lo que le diría al librero que era un la muerte, y después para la cárcel, a
mentiroso. El señor Pérez Gil será un cochino cumplir una larga condena por culpa mía.
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Todo esto me pasó por la mente como
una película y, como hacen las grandes
heroínas

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del cine, volví a salir corriendo, ahora rumbo me respondió y, a su vez, me hizo una
al bar, para, con el sacrificio de mi vocación pregunta a mí.
de escritora, impedir aquella masacre. —¿No sabes lo que ocurrió?
No sabía si a las niñas las dejaban en- —No.
trar a un bar, aunque fuera para impedir que —En aquel auto que dobló para la
su padre se desgraciara; y todavía no lo sé, avenida llevan al señor Pérez Gil al hospital.
pues llegué demasiado tarde. ¡La hecatombe!, como diría mi abuela
Desde que tomé la calle en que se en- materna. Las piernas me empezaron a tem-
contraba el establecimiento, vi un grupo de blar, no sé si de la impresión o de lo mucho
personas fuera del bar que veían alejarse un que había corrido. Había sucedido lo que
auto a toda velocidad. Corrí más deprisa y temí; y yo, sólo yo, era la culpable.
mientras corría pensaba que si mi carrera de —¡Mi padre! ¡Mi pobre padre! —excla-
escritora se frustraba, me metería a deportis- mé al borde del llanto.
ta. Me imaginé corriendo en un estadio lleno Dora Alicia nunca podría ser escritora,
de público que me vitoreaba, pues yo llegaba porque es incapaz de inventarse una buena
primero a la meta. historia; tal vez periodista, porque lo de ella
—¡Maritrini! ¡Maritrini! —oía que me es enterarse de primera mano de lo que ocu-
aclamaban. rre para después divulgarlo, y parece que en
El público de pie, aplaudía mi esfuerzo aquel momento creyó estar ante la noticia
y me celebraba. Tanto me emocioné, que con más extraordinaria que pudiera haber imagi-
la frente en alto y el pecho erguido, pasé de nado. Con los ojitos brillándole detrás de los
largo frente al bar sin detenerme. cristales de sus lentes, preguntó:
—¡Maritrini! —¿El señor Pérez Gil es tu papá?
Entonces reconocí la voz que me lla- Como en aquel momento yo no
maba y volví a la triste realidad. estaba para aclararle algo que me pareció
—¿Dora Alicia, qué haces aquí? —le tan tonto, no le respondí.
pregunté, pero mi compañera de curso no —¿Dónde está mi papá?

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—Se lo acaban de llevar para el hospi-
tal —me afirmó Dora Alicia y, muy ufana por
ser ella quien me diera la noticia, agregó

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feliz—: Dicen que iba bastante grave. —La mamá de Dora Alicia me acaba
Nada de ponerme a llorar como de llamar...
hubiera querido, ni dejar que los deseos de Yo me limité a bajar la cabeza, mien-
morirme se hicieran demasiado fuertes, tras mi madre continuaba.
porque capaz que me muriera de verdad, así —¿Y cuál es esa historia que andas
que me puse a correr de nuevo. pregonando por ahí de que eres hija del as-
Decididamente, sería deportista y no queroso del señor Pérez Gil?
escritora. Dejé a Dora Alicia y corrí
desesperadamente para mi casa. Mientras lo
hacía, me vino una duda. «¿Tendré que
vestirme de negro?», pensé, pero como no
era el momento oportuno para estar
preocupándome por esa bagatela, dirigí mi
pensamiento a otros asuntos más
importantes y emotivos de la cuestión:
«¿Mami enseguida me pondrá padrastro o
esperará un tiempo prudencial?».
Llegué a la casa y no hice más que
abrir la puerta, cuando la voz recriminado-ra
de mi madre me llamó con ira, y supe que,
para castigarme, se volvería a casar en-
seguida.
Supuse que ella ya sabía que yo era
la culpable de que mi pobre padre agonizara
en el hospital, pues se me abalanzó, me
tomó por los hombros y me zarandeó. No
protesté, porque merecía que me tratara así.

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PURÉ DE
PAPAS
Ingredientes: 1
kilo de papas
sal a gusto
1/2 barra de mantequilla

Todos los dietistas (que son los que


elaboran las dietas), todos los alimentólogos
(las personas que se dedican al estudio de
los alimentos) y todos los grandes cocineros
del mundo, recomiendan cocer las papas
con cascara, pues de esa forma no se pierde
parte de sus vitaminas y minerales.
Cuando yo hice por primera vez esta
receta, utilicé (como siempre) al reptil de mi
hermano como conejillo de Indias para pro-
bar el resultado de mis habilidades
culinarias. Como siempre, él se negó
rotundamente a comer lo que yo le ofrecía,
y, como siempre, tuve que amarrarlo a una
silla para poder
meterle la cuchara en la boca, pues después có la causa de esa costumbre en el
de un intento fallido con un merengue de ye- tricocéfalo de mi hermano.
ma que traté de inventar, y que él también Imagínate cuánto le puede durar a mi
probó a la fuerza, no valen sobornos ni pro- hermano una camisa del uniforme de escue-
mesas. Es verdad que el susodicho merengue la, si él le extrae una hebra a la tela y
de yema, más que merengue, se convirtió en comienza a comérsela a una velocidad de
un vomitivo estupendo y el animalito de mi tres metros de hilo por hora: prácticamente
hermano estuvo desembuchando bilis por la dos posturas. Saca la cuenta de los gastos
boca, nariz, y creo que hasta por los ojos y que ello provoca sobre la economía de mi
oídos, desde las dos de la tarde hasta quince hogar; además de los pomos de purgantes
minutos antes de que regresara mi mamá de que hay que estarle comprando para que le
la peluquería. limpie la textilera que debe tener en el
El puré de papas le dio diarrea. estómago, el excesivo consumo de papel
Como a él le quedan solamente tres sanitario que provoca y el derroche de jabón
dientes (en eso se parece a los tenedores de y detergente que se hace lavando
servir las ensaladas), no se le entiende muy calzoncillos y pantalones.
bien lo que habla, así que ni mis padres ni mi Una carencia de afecto es, según la
abuela materna lograron entender lo que psicóloga, la que le produce a la lombriz de
quería decir cuando me señalaba y decía: mi hermano un estado crónico de ansiedad.
—Me io apa a la uerza. Como cuando él estaba dentro de la barriga
Como el paramecio de mi hermano se de mi mamá se alimentaba por la tripa del
pasa la vida con diarrea producto de que se ombligo, parece que comiendo hilo, ahora él
come los hilos de la ropa, nadie imaginó que se hace la idea de que todavía está allí. El
yo era la culpable por no haber pelado las remedio es que mis padres le brinden mayor
papas a la hora de hacer el puré. atención, aunque mi opinión es que para ser
Esto de comerse los hilos de la ropa es una especie de larva humanizada se le
una tragedia familiar constante, mucho más ofrece mayor atención de la debida.
desde que la psicóloga que nos atiende expli-
102 78
Los primeros días después de esa con-
sulta con la psicóloga que nos trata, mis

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padres se pusieron francamente ridículos. Por esa época, el gusano de mi
—A ver, nene, cuéntame cómo te fue hermano aumentó su récord a cinco metros
hoy en el preescolar —le decía mi mamá con de hilo por hora, mi abuela materna anunció
cara de boba antes de meterse en la cocina. que se iba a suicidar, mi papá recogió parte
—¿Quieres jugar a policía y ladrón? — de su ropa y la echó en una maleta que mi
le ofrecía mi papá y se escondía detrás de un mamá se ocupó de traerle de la bodega y yo
butacón a disparar con el dedo. llené una libreta de notas por si algún día me
El colmo fue cuando compraron un decido a escribir una novela con los traumas
cuadro que tenía una guirnalda de flores y de mi dulce hogar.
una frase bordada que decía «HOGAR, DUL-
CE HOGAR» y lo pusieron sobre una de las Cuando vayas a realizar el puré de es-
paredes de la sala. Por suerte, a los tres días ta receta puedes comprar de las papas más
comenzaron de nuevo las discusiones, y todo baratas que haya en la feria, pues de todas
volvió a la normalidad. El tema esta vez era formas los comensales nunca las van a ver
la mutua acusación que se hacían mis padres enteras, y así te ahorras algún dinero. Estas
de no haberse ocupado del hijo. las debes lavar varias veces, pues las caras
—Llegas tarde del trabajo y te vas las venden limpias y brillosas, pero las de
para la calle con tus amigotes —decía mi menor costo generalmente vienen sucias y
mamá. medio podridas.
—¿Dónde está el afecto que tú debes Las papas se ponen en una cacerola
brindarle a ese niño?, pues lo único que ha- con agua y se dejan hervir hasta que estén
ces es pelear —rebatía mi papá para enton- cocidas. Esto lo puedes comprobar pinchán-
ces agregar—. Mi madre sí le dio afecto a sus dolas con un tenedor. Recuerda pelarlas.
hijos. Que no se te vaya a olvidar este paso. Para
—¿Tu madre? —pregunta mi mamá y se ríe ello tienes que dejar que se enfríen un poco
burlonamente—. ¡Me extraña mucho! —¡Oye, o tomarlas con un guante o un paño de coci-
con mi madre sí que no te na para que no te quemes. Entonces se van
metas! aplastando con un tenedor para hacerlas
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puré. En ese momento se le agrega la sal a explicaría todo. No supe qué iba a decir,
gusto y la mantequilla. pues ella, como de costumbre, no sabía
Si lo vas a servir en una fuente nada de nada, y mucho menos de mi deuda,
común, deja un poco de mantequilla para de la pelea de mi papá verdadero con el
que cubras con ella el puré después que lo papá que para la opinión pública me
has acomodado en el recipiente. encasquetó Dora Alicia para el resto de mi
—Las apariencias son las importantes vida, ni que ambos se encontraban
moribundos en el hospital, pero, por la
—me dice siempre «tía».
ingenuidad que a veces me caracteriza,
La tonta de Dora Alicia lo había
supuse que venía en mi ayuda.
confundido todo y no perdió ni un minuto
para ponerse a regar que yo era hija del
señor Pérez Gil. Mi madre me exigía una
explicación. Yo, más que darle una
explicación de aquella tontera producto del
cerebro semide-fectuoso de mi ex amiga,
quería preparar a mi madre, pues estaba a
un paso de quedarse viuda, pero era tal su
acaloramiento que no me dejaba hablar. En
definitiva, la más ofendida debía ser yo,
pues ahora quién le hacía creer a mis
compañeros de escuela que yo no era hija
del apestoso señor Pérez Gil, pero cada vez
que iba a hablar, mi madre me cortaba
colérica:
—¡Una explicación! ¡Quiero una ex-
plicación!
Mi abuela materna se acercó a la
escena y le dijo a mi madre que ella se lo
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—¿Tú sabes por qué Maritrini inventó morir, así que decidí que no había más re-
esa historia...? —lanzó la pregunta y esperó medio que lanzar mi grito. Este es un aullido
como si mi mamá fuera a responder. chillón a más no poder, solo para situaciones
«Está inventado la explicación para muy especiales, y aquel momento era una
ayudarme», pensé, pues supuse que el ha- de ellas. Es un chillido como el de Tar-zán
berle hecho creer unas horas antes que yo cuando llama a los animales, pero mucho
amaba a mi abuelo materno y esposo de ella, más agudo y penetrante, y tan fuerte que
el viejo del bigotito ridículo, las orejas de quienes lo oyen quedan paralizados por unos
elefante y los ojos chuecos, había hecho segundos, los que yo aprovecharía para
renacer en mí su amor familiar. decir que mi padre estaba moribundo en el
—Porque es igualita a su abuela pater- hospital.
na —disparó histérica—, que ahora nos quie- Ya mi abuela había vuelto a la carga y
re hacer creer que está en un barco por el mi madre seguía con la matraquilla de la ex-
Mar Caribe cuando lo que está haciendo, es plicación. Llené mis pulmones de aire para
lavándose la cara con agua salada en una que el grito tuviera toda la intensidad
palangana escondida en su casa —y paró necesaria, y cuando ya estaba lista para
porque se quedó sin aire, pues de lo lanzarlo, una voz proveniente de la cocina
contrario hubiera seguido hablando mal de me detuvo. Me detuvo, no, me paralizó, me
«tía». suspendió, me congeló.
Esta pausa de mi abuela materna para —Ni el sábado dejan estas mujeres de
coger resuello, la aprovechó mi mamá para pelear.
volver a la carga: Era mi padre.
—Una explicación. ¡Quiero una expli- Confieso que por un momento pensé
cación! que podía ser el fantasma de mi padre, pero
Si no paraba aquella algarabía sin como yo estaba paralizada, suspendida y
sentido, se corría el riesgo de que no llegá- congelada, fue él quien se me acercó y, solo
ramos a tiempo al hospital para que mi pa- por llevarle la contra a su esposa y a su
dre, el verdadero, nos pudiera ver antes de
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suegra, me saludó con un abrazo y un beso;
entonces supe que era él, de carne y hueso.

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Ahora era yo quien necesitaba una tenía de parte de «tía», creería que el librero
explicación, pero no tenía a quién pedírsela, se enfermó por el disgusto de mi deuda,
así que por el momento me tuve que quedar pero para qué estar cargando con
sin saber qué estaba ocurriendo. sentimientos de culpas, por qué pensar que
Mi mamá le dijo lo que la mamá de una ha sido la culpable de las desgracias
Dora Alicia le dijo que su hija le dijo que yo ajenas.
dije con respecto a la supuesta paternidad Al día siguiente averiguaría qué le
del señor Pérez Gil para conmigo, pero mi ocurrió al señor Pérez Gil; y para que no me
papá no le hizo una gota de caso. diera miedo escribir en el cuaderno si este
—Esos son chismes de mujeres —dijo, se moría, esa misma noche lo estrené y
y comenzó a reírse, no sé si del hecho en sí o comencé a escribir mi novela.
de su propio comentario y se dio por termi-
nado el asunto. Mi prima Elena es estudiante de la
Me mandaron a bañar para luego universidad y casi todas las semanas
sentarnos a la mesa a comer, pero ni siquie- pasa por mi casa, saluda, pregunta si no
ra el agua fría cayéndome en la cabeza me le van a ofrecer un café y continúa la
aclaró lo sucedido. Supe que mi padre se conversación que traía con Elena, su
había sacado seis latas de cerveza en una ri- amiga y compañera de estudios...
fa en su trabajo y para no tener que com-
partirlas con sus amigotes, ni posiblemente
con el señor Pérez Gil, había decidido no ir
esa tarde al bar; se las tomó solo sentado en
la cocina y por eso estaba tan alegre y risue-
ño. Pero si mi padre no se había peleado con
el señor Pérez Gil, ¿qué le había ocurrido a
este?
Otra niña cualquiera que no hubiese
tenido las orientaciones adecuadas, y yo las
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RoLLITOS DE JAMÓN
Esta receta tiene dos variantes: los
ro-llitos salados y los glaseados. Los
ingredientes son prácticamente los mismos.
Ingredientes:
jamón prensado
queso blanco
mondadientes

Te dije que este plato tiene dos mane-


ras diferentes de presentarse por decirte
algo, pues, en realidad, es una receta que da
múltiples posibilidades. Los rollitos, ya sean
salados o glaseados, se pueden servir a
temperatura ambiente, fríos o calientes; y
en vez de queso blanco se pueden preparar
con vegetales en conserva, frutas,
mermeladas, jaleas, carnes, arroz, porotos,
pan, salsas, pastas y hasta con sofrito solo.
Esto es igual a las múltiples versiones
que hay con respecto a la formación de mi —Ja, ja —se limita a decir mi abuela
hogar. Somos las mismas personas, es la materna.
misma casa, son los mismos muebles y Con la propaganda de las
hasta las mismas cucarachas, pero la enamoradas, mi «tía» no se queda atrás a la
manera de contar el cuento es bien hora de defender a su hijo.
diferente. Quizás de ahí venga el usar la —¿Te acuerdas de Gloria, tu novia? —
misma palabra para nombrar ambas cosas: le pregunta a mi papá, y sin esperar res-
rollitos de jamón y rollos familiares. puesta, continúa—: ¡Qué muchacha tan lin-
—Tu papá me vio en la calle y se ena- da! ¡Qué piernas! (mi mamá es canilliflaca).
moró locamente de mí —me dice mi mamá. —¿Y para qué la quería usted? —
La versión de mi papá tiene cierto pa- indaga mi mamá—. ¿Para venderla en la
recido, pero no es exactamente igual. carnicería?
—Un día me volví loco, salí a la calle, —No, mi amor —le responde «tía» sin
vi a tu mamá y me enamoré de ella. inmutarse—. Es que todas las novias que tu-
Por su parte, hay que oír a mi abuela vo tu marido, y fueron muchas, tenían las
materna hablando de esa primera época de piernas gordas.
la relación: —Mire usted —dice mi mamá—, tanto
—Mi hija tuvo muy buenos preten- nadar para venir a morir a la orilla —y, como
dientes: serios, laboriosos y con futuros muy si no viviera acomplejada de sus canillas
prometedores —entonces suspira y exclama flacas, cruza la pierna derecha sobre la
con amargura —, pero así es la vida. rodilla contraria para que entienda la
Mi papá no se enoja por las insinua- intención del refrán.
ciones de su suegra y lo que hace es reírse y Lo de la boda de mis padres es otro
embromarla. misterio que algún día lograré aclarar, aun-
—El único que yo le conocí —dice— que me parece que ya ando por la pista de
era un tipejo raquítico que hacía como quin- la verdad. Mi mamá justifica la rapidez con
ce años trataba de aprobar el primer año de que se casaron, al arrebato de amor de mi
la universidad.

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papá; este asegura que fue producto de su
ingenuidad; mi abuela materna, llegado este

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punto de la conversación, traga en seco y no —La boda de tus padres la pagó tu
emite ningún comentario, aunque en una abuelo materno, que en paz descanse
ocasión la oí mascullar algo así como «qué —dice y se santigua—, y hubo de
deshonra»; y «tía», tan práctica como siem- todo y en abundancia.
pre, exclamó: Si se lo pregunto a «tía», esta se ríe y
—A lo hecho, pecho —y me da un be- baja la voz para confesarme:
so. Algunas veces, hasta me celebra—. —No, hija, no. Unos canapés añejos y
¡Miren que linda está Maritrini! refresco aguado.
Yo no sé qué piensas tú, pero a mí me Una dice que por culpa de haberse ca-
da la impresión de que mi papá y mi mamá, sado, mi padre tuvo que dejar los estudios y
siendo aún novios, decidieron fabricarme, y ponerse a trabajar; la otra dice que ya por
como nunca se ha visto una boda con la no- esa época mi padre no estudiaba. Mi padre
via barrigona, tuvieron que casarse sin mu- asegura que, de no haberse casado tan
chos preparativos. joven, él habría podido llegar a ser
—Yo siempre deseé otro tipo de boda diplomático. En tanto, mi madre se queja de
para mi hija —se lamenta mi abuela que el matrimonio le arruinó su prometedora
materna. carrera de modelo. Mi padre no la
—Pues yo me divertí mucho —dice desmiente, pero le mira las piernas y sonríe.
«tía», hace alguno de sus mohines El jamón se trincha bien fino. El queso
característicos, para entonces exclamar—: El se corta en pedazos que tengan el mismo
juez resultó un tipo encantador. largo que las lonjas de jamón; y cada trozo
de queso se envuelve con una lonja de
Los rollitos de jamón se pueden servir jamón. Ya formado el rollito, se atraviesa con
en una cena, pero también se prestan para un mondadientes para que no se deshaga y
el bufet de una fiesta. está listo para servirse.
—¿En la boda hubo rollitos de jamón? Si lo prefiere glaseado, se humedecen
Si se lo pregunto a mi abuela los rollitos con jerez y se espolvorean con
materna, esta asegura categóricamente:
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azúcar rubia para entonces meterlos al
horno con el fuego bien lento y dorarlos.

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Yo no les hago mucho caso, porque en Necesitaba saber si el señor Pérez Gil estaba
definitiva, después de tanto pelear y dispuesto a esperar unos meses para cobrar
discutir, todas las noches, papi y mami se su dinero, y si insistía en cobrarme interés,
sientan juntos en el sofá para ver las conocer cuánto pretendía que fuera el
películas de la televisión y ahí se quedan monto de este. Como tenía que negociar con
dormidos como dos tortolitos. él antes de que le dieran el alta, para que no
Los rollitos, ya sean rellenos con se le ocurriera venir directamente a hablar
queso o con frutas, fríos o calientes, son con mis padres, tenía que irlo a ver al
muy sabrosos y fáciles de hacer; y yo, hospital. Si cuando llegara, me lo
independientemente de cómo haya sido la encontraba moribundo, entonces solo
boda de mis padres, estoy aquí, y tendría que convencerlo de que me dejara
escribiendo un libro. en su testamento el cuaderno y muriera sin
la frustración de irse de este mundo
Antes de llegar al momento en que
hubiera tenido que desesperarme, se me
ocurrió una idea salvadora.
Elena, la amiga trigueña de mi prima
Elena, me podría ayudar. No precisamente
en facilitarme el dinero que necesitaba para
pagar la deuda, porque según le oí decir en
una oportunidad, ser estudiante universita-
ria es sinónimo de no tener un centavo, sino
en un plan que se me ocurrió para ir a ver al
señor Pérez Gil al hospital.
Esa noche estuve escribiendo hasta
tarde mi novela. Como estaba segura de que
sería todo un éxito, y que iba a ganar mucho
dinero con ella, podría entonces pagar la
deuda del cuaderno sin problema alguno.
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sin haber cobrado un dinero que le debían. La esperanza era que cuando mi papá
¿Te preguntarás qué tiene que ver la se despertara, me enviara a comprarle
amiga de Elena en todo esto? Bueno, es que cigarrilíos. En ese caso le pediría una
necesitaba una justificación para salir de moneda y usaría el teléfono público de la
casa ese domingo y poder ir hasta el esquina. Pero sobre la mesa de centro de la
hospital sin que mis padres sospecharan sala había una cajetilla medio llena aún. Las
nada, y se me ocurrió el plan de que Elena horas pasaban y no se me ocurría una
me pidiera que fuera por su casa a recoger solución a mi problema. Necesitaba que a
un libro o un trabajo para mi prima, quien Elena, la amiga de mi prima, se le ocurriera
por suerte ese fin de semana estaba en la llamar a mi casa, pero nunca antes lo había
playa; y después guardar silencio por toda hecho y, aunque yo sí había tenido la
su vida. precaución de anotar su número de teléfono,
En pago por ese favor, decidí dudo que ella hubiera hecho lo mismo con el
dedicarles mi novela a ella y a mi prima. de mi casa; a no ser que mi papá se lo
Pero no las voy a mencionar como simples hubiese pasado a escondidas. Solo un
estudiantes. No. Pondré así: milagro me podría ayudar y, como soy muy
A mis amigas, las profesoras afortunada, el milagro sucedió.
universitarias Elena Yedra y Bueno, no fue un milagro total y ver-
Elena Palmero. dadero, pero yo lo acomodé para que lo fue-
El problema era cómo llamar a Elena ra. El asunto es que a eso de las once de la
para explicarle que tenía que telefonear a mañana sonó el teléfono. De tanto pensar
mis padres y pedirles que me dejaran ir a su en teléfonos y llamadas, salté y lo tomé
casa. Con lo ofendida que estaba mi mamá antes de que un sujeto que veía la
con la mamá de Dora Alicia por estar programación infantil de la televisión (a mi
pregonando que yo era hija del señor Pérez hermano le encanta contestar el teléfono), o
Gil, ni pensar en pedir permiso para ir a casa mi abuela materna, que desgranaba porotos
de mi amiga para llamar desde allí a Elena. sobre la mesa del comedor, lo tomaran.
—Oigo —dije.

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¿Y sabes qué ocurrió? Que parece que
marcaron mal el número, porque cuando
oyeron mi voz, colgaron sin decir nada. Ahí

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estaba mi oportunidad. No sé cómo se me —Mejor le digo que estás ocupada,
ocurrió, pero era la solución a mi problema y pero que me das permiso para ir a su casa.
sin pérdida de tiempo, la aproveché. —Está bien, pero déjame tranquila —
—Sí, soy yo Maritrini. ¿Cómo estás? — dijo, y se fue para la cocina con la bandeja
dije, y mientras esperaba una supuesta res- de porotos, así que no tuve que seguir fin-
puesta, tapé el auricular y le dije a mi abue- giendo que hablaba con alguien. Colgué y
la—: Es Elena, la amiga de mi prima. ¿Quie- fui a mi cuarto a prepararme. Regresé en un
res hablar con ella? santiamén, pero en la sala me esperaba una
Mi abuela negó con el dedo índice y nueva dificultad.
por señas me indicó que dijera que no —¿Adonde vas? —me preguntó mi
estaba ahí. abuela, y de nada valieron las explicaciones
—No. Mi abuela no está. ¿Qué quie- y el recordatorio de su permiso—. De aquí
res? —esperé un tiempo prudencial y enton- no te mueves. Si tanto interés tiene la tal
ces dije en voz alta lo que supuestamente le Eleni-ta, que traiga ella los papeles —
había escuchado a Elena—. Necesitas que yo sentenció.
vaya a tu casa a buscar unos papeles que le En eso mi papá salió del cuarto y
hacen falta con urgencia a mi prima —hice cuando supo que Elena, la trigueña, podía
otra pausa y continué hablando sola—. Mis venir, coincidió con mi abuela en que yo no
papas están durmiendo. Deja ver si mi fuera a su casa. Por suerte mi mamá
abuela viene por ahí para que hables con también se levantó y puesta en
ella y le pidas que me deje ir —de nuevo conocimiento de lo que sucedía y de lo que
tapé el auricular y me dirigí a abuela—: podía suceder, se dirigió a mi padre:
¿Oíste? ¿Le vas a hablar? —¿Y cuál es tu interés de que esa
Abuela, molesta porque esta Elena no perica venga aquí?
le caía muy bien, a pesar de mi insistencia No hubo respuesta, pero el asunto
se negó una y otra vez. quedó concluido. Mi mamá me dio dinero
—Dile que no estoy. para la micro, me dijo que me cuidara y me
despidió en la puerta.

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CoCO MARACUCHO
Ingredientes:
1 lata de dulce de coco rallado 1/2
kilo de queso de cabra

La lata de dulce de coco rallado


puede ser de cualquier marca, pues
independientemente de lo que pueda decir
la propaganda, todas las marcas son
parecidas. La mayoría de las personas se
deja convencer con mucha facilidad por los
anuncios que ven en la televisión o en las
revistas, y tú ves que si les dicen que el
desodorante ambiental con esencia de
elefante es el mejor para perfumar el hogar,
allá van y lo compran, aunque después su
vivienda, más que a casa, huela a circo.
Yo no.
A pesar de ser una niña, sé muy bien
que no siempre la propaganda se
corresponde con la verdad. Eso lo sé, no
porque yo sea un
genio, sino porque cualquiera que haya vivi- los campeonatos mundiales de fútbol, él
do once años con mi familia, estará conven- hubiera metido todos los goles que los
cido de que una cosa es la que se dice y jugadores fallan; en las olimpiadas, él
otra la que se hace. hubiera "corrido más rápido que el
—Yo soy una suegra que no se mete deportista que llegó en segundo lugar a la
en los asuntos del matrimonio de su hija — meta de los cien metros y en la Copa del
dice mi abuela materna. Mundo, hubiera puesto fuera de combate
Esto resulta gracioso, pues en mi con un upper-cut de izquierda al gorila
casa, a mi abuela materna hay que darle boxeador que le están entregando la
cuenta de todo: desde en qué se gasta el medalla de oro.
dinero que gana mi papá, hasta si le van a Hasta el insectívoro de mi hermano es
permitir tener un hámster al batracio de mi otro alardoso. Yo hubiera querido que vieras
hermano. Pero lo bonito del caso es que si la gritería que armó cuando le cortaron un
ella se dedicara a hacer publicidad para su pellejo que le sobraba en el pirulín.
campaña como candi-data a ganar el Premio Cualquiera creería que lo estaban matando.
Nobel de Suegra Ejemplar, puedes estar Después, en casa, no quería caminar y había
seguro de que es porque realmente cree que que cargarlo de un lado para otro. A la hora
lo merece. de la comida, mi papá tenía que levantarlo
Mi papá es otro que bien baila. Esto por detrás y sostenerle las piernas
de que baila bien es un refrán, pues aunque separadas para llevarlo a sentarse a la mesa
él se pasa la vida presumiendo de lo bien sobre un cojín. Estoy segura que en su
que lo hace, no quiero ni acordarme del maltrecho cerebro se imaginó ser el Dalai
ridículo que hizo en el último cumpleaños de Lama cuando niño, pues así le hacían a este
«tía». Si ponían una salsa, parecía que en una película que vimos, que si mal no
estaba bailando un tango, y si era un tango, recuerdo se llama Siete años en el Tíbet.
bailaba un chachachá; pero sus alardes —Te compré un vestidito que es un
principales no son precisamente con el baile. primor —me puede decir mi mamá al regre-
Lo de él son sus dotes para el deporte. En so de un día de compras y ya sé que no me

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va a gustar. Mi mamá tiene pésimo gusto, no
sabe combinar los colores y, para no gastar

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dinero, las revistas de moda que lee son las Por eso yo, cada vez que tengo un
que le prestan las amigas, quienes tienen examen en la escuela, entro diciendo que lo
las mismas desde hace diez años. Pues así y voy a reprobar, porque no tuve tiempo para
todo, mi mamá aspira a ser diseñadora de estudiar lo suficiente; después, cuando me
ropa, se hace tremenda propaganda y dan la mejor nota, aunque ninguno de mis
piensa que va a ganar millones con sus compañeros me lo dice, sé que piensan:
modelos. Así que no le hagas caso a los —¡Qué inteligente! No estudió y ob-
comerciales, y para preparar el coco tuvo el máximo. ¡Si llega a estudiar...!
maracucho, compra cualquier marca de "Tía» nunca hace alarde de su cocina.
dulce de coco, pues todos son similares. Si Cuando invita a comer a alguien a su casa,
es de uno que tenga poco almíbar, mucho le dice que hará alguna «cosilla», pues ella
mejor. es muy mala cocinera, que lo importante es
Si no fuera por «tía», supongo que yo el rato que pasarán juntos, que no espere
también me pasaría la vida haciéndome pro- comer sabroso esa noche, y cosas por el
paganda, diciendo, por ejemplo, que soy la estilo.
más inteligente de mi escuela (en realidad —¡Pero si este arroz frito está delicio-
soy la mejor alumna de mi curso), que so! —le dice el invitado.
parezco una señorita (lo parezco), que soy —Es que me esmeré, porque era para
muy fun-damentosa (lo soy) y que estoy ti —contesta mañosa, cuando en realidad se
escribiendo un libro de los que se usan en lo compró al chino del restaurante de la es-
estos tiempos. quina y ella lo único que hizo fue adornarlo
«Tía» me dice que si una se anuncia con huevo duro y hojas de lechuga.
como muy buena en algo, las personas espe- Tampoco anda pregonando sobre sus
ran maravillas, y nunca, por bien que lo ha- viajes por el mundo, pero no pierde oportu-
gas, te van a reconocer. nidad para hacer referencias indirectas a
—Hay que hacer todo lo contrario — ellos:
me aconseja.

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—Este dulce —dice mientras sirve el
coco maracucho— lo probé por primera vez
a la orilla del lago Maracaibo.
—¡Ah! —exclama el invitado antes de
preguntar—: ¿Estuviste en Venezuela?
—Sí —contesta «tía» con indiferencia,
aunque dice mi abuela materna que «tía»
solo

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ha visto Venezuela en una película que se padres no querían que fuéramos amigas y
llama Caracas de mi corazón. nunca me hubieran dado permiso.
—La oposición de mis padres —le dije
Primero se abre la lata de dulce en —, se debe a que hay quienes aseguran que
conserva y después se pica el queso en mi amiguita es hija del señor Pérez Gil.
rebanadas gruesas (del ancho de un dedo Como no le hablé de la deuda del cua-
más o menos). En el fondo de una fuente de derno ni de mi novela de recetas de cocina,
vidrio que soporte el calor, se sitúa una de no le pude dar la alegría de saber que se la
las lascas de queso y se cubre con dulce de iba a dedicar, pero ya la decisión estaba
coco, y así sucesivamente hasta alcanzar el tomada y la cumpliría, pues uno siempre
borde del recipiente. Es aconsejable terminar debe cumplir lo que promete, sobre todo si
con una cubierta de queso, aunque para se lo promete a sí mismo.
variar se puede concluir con dulce de coco. Con la coartada perfecta y los testigos
Después de preparado, se ponen en el horno necesarios a mi favor, continué viaje para el
con la llama bien bajita o, en caso de que hospital. Iba feliz, pues pensaba que ya
tengas un horno eléctrico, al mínimo; y lo todos mis problemas estaban resueltos, pero
tienes ahí hasta que veas que el queso está como dice el muchacho que quería ser
derretido. Se sirve caliente y al momento de torero en la película La del manojo de
llevarlo a la mesa, se baña con una clavellinas cuando la condesa lo desprecia
cucharada de licor de menta bien frío. después de haberle hecho creer que lo
amaba: «figuraciones que se inventan los
Primero fui a casa de Elena, la amiga
chavales». En el hospital fue donde
de mi prima. Ella se extrañó de verme allí,
realmente comenzaron las dificultades.
pero le conté la verdad... Bueno, parte de la
verdad de lo que me ocurría, y ella estuvo de
acuerdo en ser mi cómplice para que yo pu-
diera ir al hospital a ver a una compañerita
de curso que estaba muy enferma, pues mis

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Primero, yo no sabía en qué sala se —Yo no quiero ir al recinto —le aclaré
encontraba el señor Pérez Gil, ni siquiera —, sino a la sala donde se encuentra el se-
cuál era su nombre completo, así que en ñor Pérez Gil —pero parece que este sujeto
Informaciones, no me informaron nada. La tenía el cerebro como la cara y armó una
señora que allí trabajaba, bien podía hacerlo confusión tal de palabras que me hizo
en un circo, pues a pesar de que se veía a comprender que con él no iba a lograr nada.
las claras que recién se había afeitado, Me puse a caminar por los
conservaba un viso oscuro que de dejárselo alrededores del edificio para ver qué
crecer, sería La Mujer Barbuda perfecta, inventaba para entrar, pero se agotaba el
aunque dudo que con su mal carácter, la tiempo disponible para lograr mi propósito
pudieran exhibir. sin levantar sospechas en mi casa, y no se
—Niña, yo no puedo informarte nada me ocurría nada. Entonces pensé en «tía».
si tú no traes la información completa de lo —¿Cómo resolvería ella este proble-
que quieres —dijo, y como se percató de que ma? —me pregunté a mí misma, y asunto re-
yo iba, por vigésima tercera vez, a pedirle suelto. Solo necesitaba encontrarme con una
que por favor me ayudara, levantó la vista, enfermera. La primera que vi, fue una
me ignoró y gritó al borde de la señora de cabello canoso y rostro dulce,
desesperación: propio de las personas bondadosas, pero la
—¡El próximo! dejé pasar porque «tía» siempre me ha
Ya la hilera de personas a mis dicho que desconfíe de las viejas con cara
espaldas había aumentado de buena gente. Así que esperé, pero no
considerablemente y, ante su protesta por la mucho, porque enseguida vi a otra que era
demora que provoqué, decidí alejarme de el blanco perfecto a quien dirigirme.
allí. Pronto descubrí la puerta por la que Joven, bonita y con el pelo alborotado
entraban los visitantes, pero un guardia y rubio teñido, estaba parada cerca de la en-
parecido al Frankestein de la película, me trada de las ambulancias y hacía como si
impidió entrar, porque, según él, los niños no revisara unos papeles, cuando, en realidad,
podían ingresar al recinto hospitalario. se fumaba disimuladamente un cigarrillo.

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Esperé a que terminara de fumar y, cuando
ya iba a volver a entrar al edificio, me
acerqué:
—Señorita, necesito su ayuda —le dije.

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—¿Qué te pasa? —me contestó. yo había dicho que era su hija. Esto me pasó
—Quiero entrar al hospital para ver a por haber confiado en la primera
un enfermo y no me dejan. desconocida que encontré en mi camino. Lo
—¿Es algún familiar tuyo? tendré presente la próxima vez que deba
—Todo el mundo comenta que es mi pedirle un favor a una enfermera teñida de
papá, pero mi mamá lo niega. rubio.
La enfermera sonrió con picardía y me Cuando llegué a la sala, me sentí de
dijo que la siguiera. Acompañándola, nadie lo más orgullosa, porque a mi paso oía
me impidió entrar y caminar por varios pasi- comentarios de que yo era bonita, hermosa,
llos. Mientras lo hacíamos, me preguntó el de que parecía inteligente y otros halagos
nombre de mi papá, y le contesté que Pérez por el estilo, pero cuando creí morirme fue
Gil. Nos detuvimos ante una puerta y me cuando entré al cubículo que me indicaron y
dijo que la esperara. Después supe que allí, alguien dijo en voz alta:
además de averiguar la sala en que estaba, —¡Llegó la hija del señor Pérez Gil!
le había avisado al librero que su hija lo iba a Mas de primer momento no me morí,
ver. porque miré a los pacientes acostados en las
Imagínate el revuelo que se armó en cuatro camas que había, y ninguno era el
la sala cuando se supo que el señor Pérez Gil señor Pérez Gil. Bueno, eso me pareció,
tenía una hija. Todos, enfermeras, médicos y porque en realidad, uno era él, lo que ocurre
pacientes le preguntaban, pero él era el pri- es que, además de tener una venda en la
mer sorprendido y no sabía qué responder. cabeza y una pierna enyesada, lo habían
Si yo llego a saber lo que Stephanie, bañado, pelado, afeitado, cortado las uñas y
mi amiga enfermera, había hecho, hubiera vestido con un pijama limpio. Parecía otra
desistido en mi empeño de ver al señor persona.
Pérez Gil, pues mi trato con este era pura
cuestión de negocios y no quería intimar
nuestras relaciones, además me hubiera
dado un gran bochorno que él supiera que
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CAFÉ
Ingredientes: 6
CRIOLLO
cucharadas de café 3
cucharaditas de
azúcar 1/2 litro de
agua

Para esta receta es imprescindible


que, además de los ingredientes,
especifique los utensilios que se necesitan,
pues como en todas las recetas de cocina de
«tía», esta también tiene sus características
sui géneris.
Esto de sui géneris se lo oí decir a
Elena, la amiga de mi prima Elena, en una
de las visitas a mi casa para tomar café y,
como lo anoté para usarlo en la primera
oportunidad que se me presentara, aquí
está. Es algo así como «especial» o «típico».
Utensilios:
1 cafetera
1 juego de tazas de café (pequeñas y
de greda)
bandeja con la cafetera de loza y las tazas;
Esto de que las tazas sean de greda estas se sirven una a una y seje van
es para resaltar la procedencia tradicional entregando a los invitados, siguiendo un
de la receta de café. También se pueden orden de edad, primero a las damas...
usar mates, o sea, vasijas fabricadas a partir —Yo soy la más joven, así que soy la
de la corteza dura de la calabaza, pero este última —dice siempre «tía» en mi casa.
es un recurso extraordinario, y «tía» Este comentario no lo hace «tía» para
recomienda usarlo solamente en mortificar a mi abuela materna. ¡No! Es que
circunstancias especiales para sú-per ellas siempre están bromeando con el
impresionar a los invitados. asunto de la edad. Por suerte, mis abuelas
La llegada del café en una cena es el se llevan muy bien. Yo no podría sentirme
momento para la conversación agradable y dichosa como me siento, si mis lindas
los buenos modos. abuelas discutieran y se tuvieran enemistad.
—Como es lo último que se sirve, Ma- A mi abuela materna le hace muchísi-
ritrini —me explica «tía»—, es lo que los asis- ma gracia que mi otra abuela, la paterna,
tentes más van a recordar. prefiera que nosotros la llamemos «tía».
Como ya estoy terminando este libro y —Un día que salgamos juntas a la ca-
quiero dejar una buena impresión de mi fa- lle —le dice mi abuela materna— te voy a
milia, te propongo no tener en cuenta algu- decir así para que se crea que eres tía mía.
nas pequeñas críticas que involuntariamente Y mi abuela paterna se ríe de la
se me han escapado mientras escribía la broma.
novela, y recordarla como una familia bien —Pues cuando tú vayas a cenar a mi
llevada, en la que todos sus miembros se casa, te voy a presentar a mis amigos como
respetan y se quieren, como debe ser si fueras mi abuela.
siempre en todo hogar para ser feliz. Mi papá y mi mamá también disfrutan
El café se puede tomar en la mesa o de las buenas relaciones entre sus
se invita a los comensales a pasar a la sala respectivas madres. Cuando ellos eran
para estar más cómodos. Se lleva en una novios, tenían dudas, pues «tía» y abuela
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son muy diferentes, pero enseguida que se
conocieron, se quisieron como hermanas.

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—Si nuestros hijos se van a casar, nosotros compañero para mi infancia y, bueno, para
tenemos que llevarnos bien. —Eso sí es toda la vida. Como yo soy un poco mayor
verdad. que él, atenderlo, entretenerlo y entrenarlo
No es por hacerme, pero en mi hogar me ha servido para ejercitar las dotes
priman el cariño y las buenas relaciones. Mi maternales que la naturaleza me ha dado, ¡y
mamá y mi papá se adoran. mi hermanito me quiere tanto!
Después de servidas las damas, se le Hay quienes pueden pensar que como
ofrece café a los caballeros. fui hija única hasta que él nació, yo haya
Mi papá quiere que mi mamá comien- sentido celos, ¡pero nada más ajeno a la
ce a trabajar, pues está convencido de que verdad! Su llegada a mi hogar sirvió para
ella será una diseñadora de modas famosa, sentirnos más unidos y siempre lo vi como
pero mi mamá teme que si sale a trabajar, un regalo que mis padres me hacían.
entonces no se pueda ocupar del hogar. Como cada quien endulza el café a su
—Yo te ayudaré, mi amor —le dice mi gusto, es necesario dar a los invitados las
papá. cucharillas apropiadas.
—No, mi vida —le argumenta mi Mi hermanito es muy inteligente. Es-
mamá—, yo quiero ser quien se ocupe de toy segura de que cuando comience en la
atenderte. universidad va a obtener mejores
En mi curso, la mayoría de mis com- calificaciones que yo. Ya a la edad que tiene
pañeras tienen padres separados, pero los dice que quiere ser ingeniero igual que su
míos se quieren tanto que estoy segura de papá. Habla claro, sabe comer solo sin
que nunca pasaré por ese trauma, y me derramar los alimentos y hace muchos años
alegro por mi hermano y por mí. que dejó de orinarse en la cama. ¡Y qué
¿Nunca te he hablado de mi lindo es! Se parece al niño que sale en la
hermano? televisión cuando las películas están en sus
El gorrioncillo de mi hermano es en- mejores momentos, para anunciar el más
cantador. Yo le agradezco tanto a mis padres exquisito manjar del mundo.
que me hayan dado la dicha de tener un
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De mi papá ya te he hablado. Es inge-
niero y en su juventud fue un magnífico de-
portista. Cuando vayas por mi casa, te voy a

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enseñar los numerosos trofeos y medallas ¿Que por qué mis padres saben que
que ganó en fútbol, boxeo y atletismo. tienen una hija escritora? Pues porque ya
—Mente sana en cuerpo sano —es el terminé de escribir mi primer libro.
lema de mi papá, y siempre que lo dice,
El señor Pérez Gil se sintió tan feliz
agrega—: nada de alcohol ni de tabaco.
con mi visita al hospital, que nunca me quiso
Mis padres, al igual que ocurre en la
cobrar el cuaderno donde escribí la novela
película Del aula al altar, se conocieron en
de recetas de cocina que acabas de leer, y
una fiesta que hubo en la universidad para
ahora somos muy buenos amigos. Lo visito
celebrar el primer lugar en un campeonato
con frecuencia y él me presta libros. Yo
de béisbol. Como él era tan popular, mi
nunca dejo de preguntarle si se bañó y,
mamá ya lo había visto, pero él a ella, no.
aunque no siempre lo hace, he comprendido
Cuando comenzó la música, él vino a sacarla
que ese detalle no es imprescindible para
a bailar y, como lo hacía tan bien, ella tuvo
una buena amistad.
temor de hacer el ridículo, pero aceptó y, así
Lo único malo, es que a todo el mun-
hasta el día de hoy. Han sido felices y ahora
do le dice que soy su hija. Bueno, mientras
que tienen una hija escritora lo son mucho
mi mamá no se entere...
más.
El quiere que escriba un libro con la
La cafetera se prepara con el agua y
historia de cómo se cayó, se fracturó, lo in-
el café en polvo y se pone al fuego. Cuando
gresaron y cuidaron en el hospital. A mí me
termina de colar, el café se vierte en el
gusta la idea porque entonces seré la
recipiente del cual se van a servir las tazas
inventora de las novelas basadas en recetas
que acompañarán la agradable, amena y
médicas.
última conversación de toda buena cena.

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LUIS CABRERA DELGADO

Nació en Cuba y tiene una nieta chilena.


De niño quiso ser trapecista, carpintero y
maestro, y de adulto se convirtió en
escritor porque era la única forma en que
podía volar, fabricar y enseñar al mismo
tiempo. Se graduó de psicólogo y ha
trabajado como periodista, guionista,
profesor universitario y promotor cultural.
Niños de Dinamarca, Italia, Austria, Cuba,
México, Colombia, Brasil, Ecuador,
Argentina y, ahora, Chile, han leído los
cuentos e historias que ha inventado para
ellos.