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CORRUPCIÓN EN EL SISTEMA LEGAL PERUANO: BUSCANDO


EXPLICACIONES DE FACTURA DIFERENTE

Luis F. Vilcatoma Salas

Un nuevo sismo, esta vez de grado 8 o más grados, está remeciendo las
estructuras arcaicas del sistema judicial en el Perú; con réplicas y consecuencias
que se van expandiendo a cada momento en diferentes espacios de la vida
institucional y política nacional. El factor desencadenante de este remezón han
sido indudablemente los audios difundidos por IDL Reporteros que, por el
momento, compromete a miembros del Consejo Nacional de la Magistratura, a un
vocal supremo y al presidente de la Corte Superior de Justicia del Callao,
congresistas, algún empresario y operadores de rango menor, en actividades
ilícitas de intercambio de favores, designación de fiscales y funcionarios, coacción
y otros más.

La respuesta de la sociedad civil indignada ha sido inmediata en las redes


virtuales y en la calle, como la movilización del 19 de julio, mientras que la clase
política tradicional, en especial el fujimorismo, arrastra los pies buscando castigar
al cartero para no preocuparse por el contenido de la carta.

Las muchas explicaciones que están rodando en el escenario mediático de la


opinión pública son, hasta el momento, explicaciones principalmente instaladas en
la dimensión fenomenológica de los hechos con dificultades serias para abarcar la
esencia de los mismos; esencia donde es posible determinar la verdad de los
acontecimientos y las mejores posibilidades de su resolución.
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El Poder Judicial y todo lo relacionado con él constituye, según la teoría crítica que
asumo personalmente, uno de los importantes subsistemas o componentes del
sistema sobre-estructural de la sociedad global que, junto con el aparato de
coerción directa (violencia legal), tiene como función primordial garantizar la
unidad y el orden social en el proceso contradictorio de su reproducción
jerarquizada. El otro sistema de reproducción global de la sociedad capitalista es
el sistema hegemónico donde interactúan funcionalmente las instituciones que
trabajan con la cultura, el arte, la educación y la ética y todo aquello enfilado a la
construcción y reproducción de subjetividad en la “sociedad civil”. Dependiendo
del grado de desarrollo de las sociedades dominadas por el capital, será diferente
el nivel de intervención de estos sistemas en la reproducción social y del poder,
del sistema de coacción (tribunales de justicia, violencia material coactiva) o de la
hegemonía. En los países de capitalismo desarrollado o autocentrado, por
ejemplo, es más significativa la hegemonía para garantizar el orden y la
reproducción social; mientras que en las formaciones sociales menos
desarrolladas, de capitalismo híbrido depredador y colonial, como el caso del
Perú, el papel del sistema legal y coactivo cumple funciones más importantes en la
lógica reproductiva y legitimadora del sistema vigente. Con el añadido de que la
calidad del sistema judicial en estos últimos países tiende a ser menor que la
calidad en los países de capitalismo avanzado, entre otras razones porque el
Estado no ha logrado una suficiente separación universalizadora respecto a las
estructuras materiales de la sociedad y de sus agentes individuales y corporativos;
situación que posibilita su perforación por poderes fácticos que utilizan,
distorsionan y anidan en la naturaleza universalizante del Estado, en búsqueda de
favores corporativos y personales.

La esencia de la fenomenología de corrupción que está siendo destapada en


estos días se encuentra, entonces, en la lógica relacional o principio ontológico
que guía el comportamiento del sistema judicial y sus actores, ya que en el Poder
Judicial laten subterráneamiente relaciones de poder jerarquizadas
inmanentemente contradictorias, de las que son parte activa los individuos
que pertenecen allí subjetivados en el sentido y el significado de estas
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relaciones de poder, que formar parte de un sistema mayor de juricidad que


representa la matriz material ideológicamente naturalizada de la sociedad
capitalista, configurando un contexto de acción donde se desenvuelven las
intenciones de los individuos en “procesos pulsionales móviles” o disposiciones
pulsionales (Axel Honneth).

Dada esta situación, el orden social y político que debe garantizar universalmente
el sistema judicial es el orden histórico de la sociedad en que vivimos, con sus
relaciones sociales de producción e intercambio históricamente establecidas
donde unos, los pocos, amasan fortunas inmensas explotando el trabajo de los
demás, depredando los recursos naturales con la venia del Estado, o
informalmente como sucede con la economía informal e ilegal; y, cuando las
condiciones lo ameriten, haciendo uso de la fuerza para poner en orden a los
descontentos y protestantes (“criminalización de la protesta”). Como se trata de un
sistema cuya universalización en el sentido de la separación de los intereses
colectivos de la clase propietaria respecto a los intereses de los propietarios
particulares, es una universalización trucha, muy pobre y con restada capacidad
legitimadora de la sociedad en su conjunto. La función pública del sistema judicial
se ha dualizado (dividido en dos) entre una dimensión formal y pública del
sistema judicial y una dimensión escondida, subterránea u oculta de este
sistema, gracias a lo cual lo privado adquiere más protagonismo que lo público en
los procesos reales de la administración de justicia en el Perú. Como esta
dualización no podía ser formalmente automática, rápida e inmediata, se ha
necesitado de la intermediación de un conjunto de “procesos pulsionales” que
obran, esta vez, no en el sistema sino en los individuos que operan en este
sistema siendo parte del mismo y necesitando de él como es el caso de los
operadores de justicia: jueces, vocales, abogados, secretarios, etc. Lo público
espacio privilegiado de la vida política moderna normal, además, por lo señalado
hasta aquí se ha convertido, por la forma como está organizado, en una limitación
para el desembalce atropellado y fomentado por el modelo neoliberal de los
intereses privados que hormiguean alrededor del Estado, motivo más que
suficiente encontrado para sumergir en lo privado el contenido de lo público, en un
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sentido de arreglos bajo la manga a favor de privados dotados de diferentes tipos


y espacios de poder: económico (empresarios), político (congresistas o partidos
políticos como la “fuerza N° 1” liderada por la “señora K”), religioso o militar. Lo
privado que tiene la connotación de oscuro, directo o familiar con su propio
lenguaje pragmático se convierte, así, en el derrotero eficazmente directo
transitado por los sujetos particulares con algún tipo de poder en la sociedad con
la finalidad de acceder a lo público legal en condiciones de privilegio y ventaja
quebrantando el sentido demo-liberal de lo universal y abstracto donde “todos
somos iguales” y “todos tenemos los mismos derechos y obligaciones”. La
superestructura burguesa desde la Ilustración orientada a legitimar el todo social,
termina sacándose la vuelta así misma bajo una perfecta coraza de cinismo,
hipocresía, venalidad y doble moral como es la que exhibe el fujimorismo en su
calidad de entidad social sumamente cuestionado y muchos de sus miembros
cogidos con las manos en la masa del delito.

Desde el momento en que la vida política y gestional (de gestión pública)


subterránea sustituye a la vida pública formal, en este caso en el sistema judicial
peruano, la moral de los sujetos perversamente se niega a sí misma y termina por
destruirse porque las relaciones y subjetividades podridas que se construyen y
reproducen en este terreno por su misma naturaleza repulsan de toda
consideración ética, muy semejantemente a una sociedad de delincuentes donde
es imposible que guíen su conducta con valores éticos porque si así lo hicieran
dejarían de ser delincuentes. Las disposiciones morales positivas y negativas en la
conciencia moral de los sujetos que transitan a la vida oculta, como en los casos
revelados por los audios, no forman parte de una sola identidad como en una
persona “normal” sino de identidades diferentes como unidades separadas unas
de las otras y que no pueden convivir, como en el caso del corrupto cuya
conciencia se asienta únicamente en la unidad conciencial de los anti-valores; algo
que los hace muy difíciles de experimentar el proceso auto-consciente aquello
conocido en la ética como remordimiento y búsqueda de la virtud.
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La corrupción en el Poder Judicial que se está destapando en estos días con


inaudita velocidad, está permitiendo observar con meridiana claridad lo siguiente:

a) El fondo de la verdad no está solamente en los personalizados con


nombres y apellidos hechos evidenciados y denunciados por los audios, sino en
toda la trama relacional de poder construida tras los mismos que encierra toda la
verdad o la verdad completa.
b) Esta trama relacional es una trama de poder donde se toman decisiones
importantes para la vida económica, social y política del país. Es una trama de
poder cuyo sentido matricial y racionalidad responde a la racionalidad global de la
sociedad capitalista cuyo eje es la propiedad privada y el mercado, alrededor de
los cuales se han organizado todos los conceptos, categorías, principios y valores
que justifican el sistema legal-judicial producidos por el pensamiento burgués
moderno.
c) En una sociedad como la nuestra de capitalismo asistido, depredador y
colonial con instituciones sumamente debilitadas, la ideología demo-liberal original
se ha distorsionado gravemente en el sentido de que los intereses “universales”
del sistema, que deberían ser representados y defendidos por la legalidad y sus
instrumentos de justicia, han sido sustituidos en la práctica, y en gran medida por
los intereses particulares o privados económicos, políticos y sociales de gente que
hace uso de la legalidad para sus propias necesidades e intereses personales y
corporativos. En este último caso los intereses provienen especialmente del
mundo empresarial y de la política partidaria como el caso de la “fuerza N. 1” y la
“señora K” que pretenden desesperadamente copar, entre otros, todo el sistema
judicial para utilizarlo torvamente en sus nefastos intereses de captura del
gobierno central.
d) La inversión del sentido universalista de la legalidad burguesa, como está
sucediendo, pone en grave riesgo la demanda de justicia de quienes no tienen
poder, como los que no tienen ninguna posibilidad de ingresar a los canales anti-
higiénicos donde se elaboran las resoluciones que gravitan legalmente en la
relaciones entre los seres humanos; peor todavía si el asunto tiene que ver con
grandes intereses económicos y políticos. Además, está situación perversa de la
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administración de justicia en el Perú también está teniendo serias repercusiones


en la economía nacional desde el momento en que grandes intereses fácticos
promueven, por esta vía, decisiones legales en beneficio de sus intereses
corporativos y en detrimento de la salud económica del país y de las poblaciones
más necesitadas.
e) La solución completa de esta problemática no puede ni debe quedarse en la
modificación, cambio, reestructuración o “refundamentación” de lo externo del
sistema judicial, de su fenomenología o de lo que aparece inmediatamente, sino
en encontrar el principio lógico normativo de su funcionamiento que se halla en la
esencia relacional del sistema que es la fuente de su entropía y crisis, así como
encontrar también las relaciones esenciales de este sistema y los sujetos que lo
conforman, con otros del todo social institucional asumiendo una visión crítica del
todo social que sólo puede tenerla y asumirla un pensamiento emancipador
progresista y trascendente en el país.

20/07/2018