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Reseña: Maquiavelo, el filósofo: la democracia y el conflicto social

Filippo Del Lucchese (2015), The Political Philosophy of Niccolò Machiavelli, (Edinburgh,
Edinburg University Press, 210 pp.)

Hugo Tavera

Pontificia Universidad Católica de Chile

La reciente conmemoración, en el 2013, de los 500 años de composición de El Príncipe ha


traído consigo un renovado interés en la obra del florentino, en especial por su opúsculo
sobre los principados. A propósito de esta importante fecha han sido organizadas un buen
número de conferencias internacionales, se han publicado dossiers en importantes revistas
especializadas1 y han visto la luz libros dedicados al todavía polémico escrito del
florentino.2 Si bien no se limita a ofrecer una lectura de El Príncipe, el libro de Filippo Del
Lucchese puede ser inscrito dentro de esta tendencia general. En un libro anterior, Del
Lucchese ya había ofrecido una interpretación del florentino, donde establecía los aspectos
comunes que el pensamiento político de Maquiavelo tendría con el de Spinoza.3

Varios de los temas tratados ahí, tales como la crítica maquiaveliana de la noción de bien
común, la cuestión del realismo, la tesis sobre la productividad del conflicto y la relación
intrínseca entre guerra y política, resuenan en este nuevo libro, estableciendo de hecho el

1
Véase The Review of Politics, 75, Issue 4, 2013, pp. 493-665 y Social Research: An International Quarterly,
“Machiavelli´s The Prince 500 Years Later”, 81, 1, 2014, por mencionar tan sólo un par.
2
Véase, entre otros, Erica Benner, Machiavelli´s The Prince: A New Reading, Oxford, Oxford University
Press, 2013, Timothy Fuller (ed.) Machiavelli´s Legacy: The Prince After Five Hundred Years, Philadelphia,
University of Pennsylvania Press, 2016, Miguel Vatter, Machiavelli´s The Prince, Londres, Blomsbury, 2013,
Maurizio Viroli, Redeeming The Prince: The Meaning of Machiavelli´s Masterpiece, New Jersey, Princeton
University Press, 2014 y Filippo del Lucchese, Fabio Frosini y Vittorio Morfino (eds.), The Radical
Machiavelli: Politics, Philosophy and Language, Leiden, Brill Academic Publishers, 2015. Este último libro
es el producto de una conferencia dedicada a El Príncipe, celebrada en la Universidad de Brunel en agosto del
2013. Incluye la colaboración de reconocidos intérpretes, tales como Alison Brown, Miguel Vatter, John P.
McCormick, Stefano Visentin, Giorgio Inglese y Jacques Lezra, entre otros. En el ámbito latinoamericano
destaca la publicación en Chile, el año 2012, de La Revolución de Maquiavelo: El Príncipe 500 años después
(Santiago de Chile, RIL Editores), editado por Diego Sazo y que incluye una colección de artículos escritos
por distintos reconocidos especialistas del continente. La editorial argentina Colihue está por publicar también
una recopilación de ensayos y traducciones acerca de Maquiavelo, en particular sobre El Príncipe, edición
que está a cargo de Nora Sforza y Marcelo Barbuto.
3
Filippo Del Lucchese, Conflict, Power, and Multitud in Machiavelli and Spinoza, Londres, Continuum,
2009. Acerca de la relación entre Maquiavelo y Spinoza, véase también, Vittorio Morfino, Il tempo e
l’occasione: L’incontro Spinoza-Machiavelli, Milán, LED Edizione Universitarie, 2002
modo en que Del Lucchese aborda en la última parte de éste la recepción de la filosofía
política de Maquiavelo. Dos aspectos destacan de su lectura de dicha recepción. En primer
lugar, la ausencia de los intérpretes vinculados con la denominada Escuela de Cambridge.4
En segundo lugar, que los dos autores con los que Del Lucchese cierra su revisión de los
principales intérpretes del florentino sean Louis Althusser y Leo Strauss. Louis Althusser,
como se sabe, descubre en Maquiavelo a uno de los miembros principales de una tradición
materialista no teleológica, a la que denomina “materialismo del encuentro” o
“materialismo aleatorio”.5 Leo Strauss, por su parte, afirma que los “nuevos modos y
órdenes” de Maquiavelo habrían promovido la destrucción de la tradición clásica y
judeocristiana, señalando el comienzo de la modernidad política. Ahora, más allá de sus
evidentes diferencias es importante recalcar que Althusser y Strauss coinciden en el estatus
filosófico de la obra del florentino.

Lo anterior es relevante porque Del Lucchese defiende esta posición a la largo de todo su
libro. De hecho, dedica la segunda parte de éste, la más extensa e importante a mi juicio, a
exponer los elementos centrales de la filosofía de Maquiavelo. “Incluso si Maquiavelo no
parece explícitamente interesado en la filosofía por sí misma –escribe-, sin embargo, un
conjunto poderoso y coherente de ideas filosóficas emerge de sus obras” (26). Así, a
diferencia de la interpretación neo-republicana de Maquiavelo, que enfatiza casi
exclusivamente la relación del pensamiento político de Maquiavelo con la obra de Cicerón,
Del Lucchese sostiene que el florentino estaba “claramente familiarizado con los
principales sistemas políticos y filosóficos de la tradición griega y latina, incluyendo por
supuesto las dos principales tradiciones clásicas: el platonismo y el aristotelismo” (26).

Una clara alusión a la tradición filosófica aristotélica es el uso que hace el florentino de los
términos forma y materia. Si bien de claro origen aristotélico –en Aristóteles, forma y

4
Del Lucchese es consciente de que tal ausencia es llamativa, por lo que aclara sus motivos desde las
primeras páginas, en donde escribe que, “ocupada principalmente de la naturaleza retórica de la obra de
Maquiavelo, esta escuela no ofrece un tratamiento extensivo de la lucha social y el conflicto político en
Maquiavelo” (4).
5
Louis Althusser, “La corriente subterránea del materialismo del encuentro”, en Para un materialismo
aleatorio, Madrid, Arena Libros, 2002, pp. 31-71. Véase también Louis Althusser, Maquiavelo y nosotros,
Madrid, Akal, 2004. Acerca de la interpretación althusseriana de Maquiavelo, véase, entre otros, Mikko
Lahtinen, Politics and Philosophy: Niccolò Machiavelli and Louis Althusser’s Aleatory Materialism,
Chicago, Haymarket Books, 2011
materia eran consideradas como dos de las cuatro causas que operaban en la naturaleza-,
Maquiavelo hace un uso de estas categorías por completo ajeno al esquema filosófico
aristotélico. De hecho, en lugar de causas eficientes de las cosas del mundo, forma y
materia son en la reflexión maquiaveliana efectos de la interacción conflictiva entre
diferentes fuerzas, tanto sociales como naturales. Este punto es relevante ya que estaría
vinculado de modo directo con la perspectiva realista de Maquiavelo, la cual se relaciona a
su vez con su teoría acerca de la causación histórica.

Para Maquiavelo, según nuestro autor, “la historia se despliega por causas, y éstas
dependen tanto de la dimensión natural como de la dimensión social y política de la acción
humana, estrictamente entrelazadas” (2). Desde esta perspectiva, la tarea del teórico
político es la de “comprender estas causas, explicar su acción y modo de influencia, y
sugerir maneras de intervenir en el mundo” (2).6 Un mundo en donde “la necesidad causal
debe entenderse no como una serie rígida de eventos encadenados, sino más bien como un
campo dinámico y fluido de ocasiones y de fuerzas que actúan unas sobre otras” (2).

Esto último, a juicio del autor, resulta claro en la lectura que hace el florentino de la teoría
de los ciclos naturales de gobierno (anacyclosis) de Polibio.7 El tratamiento que ofrece
Maquiavelo de esta teoría es crucial, opina Del Lucchese, ya que nos dirige hacia una de
sus principales aportaciones filosóficas, a saber, la introducción del concepto de accidente
en el análisis de los fenómenos políticos. Como es bien sabido, Polibio consideraba que las
diferentes formas de gobierno (monarquía, aristocracia, democracia y sus respectivas
desviaciones) se sucedían cíclicamente siguiendo un orden natural e irreversible.
Maquiavelo, según Del Lucchese, si bien parece adoptar la lógica circular de la perspectiva
polibiana (“Y éste es el círculo en que giran todas las repúblicas, se gobiernen o sean
gobernadas” [Discursos, I, 2]), “rechaza radicalmente la rígida necesidad subyacente a la
idea de una ley biológica” (32). Maquiavelo, nos recuerda Del Lucchese, afirma

6
Del Lucchese considera al florentino un autor moderno justamente por el hecho de que “la única función
significativa que [según Maquiavelo] el conocimiento puede realizar es la de influir sobre las acciones y de
este modo producir una transformación de la realidad” (73).
7
Sobre la recepción de Polibio por Maquiavelo véase Cary Nederman y Mary E. Sullivan, “The Polybian
Moment: The Transformation of Republican Thought from Ptolemy of Lucca to Machiavelli”, The European
Legacy: Toward New Paradigms 17, 7, 2012, pp. 867-881
realísticamente que, al coexistir con otros estados y repúblicas, casi ninguna república
puede tener una vida tan larga como para pasar indefinidamente por este ciclo.8

Más importante todavía que esta observación es para nuestro autor el hecho de que
Maquiavelo explique el origen de las distintas clases de gobierno a partir del concepto de
azar o accidente (“Estas distintas clases de gobierno aparecieron entre los hombres por
azar” [Discursos, I, 2]). Ahora, ¿cómo hacer compatible una teoría política realista, fundada
sobre una concepción causal de la historia, con la noción de accidente? ¿No es el azar acaso
lo opuesto a la necesidad? En la literatura reciente sobre el florentino se ha descubierto que
el florentino mantuvo durante su juventud un gran interés por la obra de Lucrecio, llegando
incluso a copiar a mano el poema De la naturaleza de las cosas (De Rerum Natura).9
Según Del Lucchese, fue por esta vía que Maquiavelo habría sido capaz de subvertir la
causalidad teleológica de la concepción polibiana de la historia. Más todavía, la lectura de
Lucrecio permitió a Maquiavelo introducir la noción de accidente sin por ello caer en una
perspectiva irracional de la historia: “el azar no pone aparte los acontecimientos históricos
de la necesidad causal que rige al mundo” (34). Maquiavelo concibe el azar, según Del
Lucchese, como causa u origen de eventos y variaciones, al mismo tiempo que “como el
resultado de varias causas que, a pesar de no poder ser previstas de antemano, son en sí
mismas necesarias” (35).

Una vez ha reelaborado la teoría de los ciclos de gobierno de Polibio, Maquiavelo


avanzaría una de sus tesis filosóficas más sugerentes, a juicio del autor, la de la positividad
del conflicto social. Para Del Lucchese, la cuestión del azar como mecanismo causal y la
perspectiva conflictual de la vida política se encuentran conectadas. Esto se haría evidente
en su lectura de la historia romana, así como en el contraste entre Roma y Esparta. En
efecto, mientras Esparta habría recibido su forma política a través de la agencia de un
legislador (Licurgo), las principales instituciones de la república romana serían el efecto de
“accidentes”, más precisamente, de los tumultos entre la plebe y el senado, condenados por
la tradición filosófica desde Platón hasta los tiempos en los que escribía el florentino.

8
“Más bien suele acaecer que, en uno de esos cambios, una república, falta de prudencia y de fuerza, se
vuelva súbdita de algún estado próximo mejor organizado”. Discursos I, 2.
9
Al respecto, véase Alison Brown, The return of Lucretius to Renaissance Florence, Cambridge MA,
Harvard University Press, 2010
La discusión de la teoría polibiana resulta crucial también por otro motivo. A través de ella,
opina Del Lucchese, Maquiavelo vincula la cuestión de la guerra exterior en contra de otros
estados con la dinámica conflictiva al interior del cuerpo político. A este respecto, Del
Lucchese escribe que para Maquiavelo “el ejército de ciudadanos no es sólo un arma en
contra de los enemigos extranjeros, sino también un instrumento para mantener la libertad
(58)” al interior de la república. La cuestión de la guerra y la expansión imperial, en otras
palabras, estaría indisolublemente ligada al conflicto entre el pueblo y los grandes. De este
modo, la concepción del ejército defendida por Maquiavelo es caracterizada por Del
Lucchese de democrática, puesto que el efecto de la expansión de Roma fue el de haber
proporcionado a la plebe “fuerza y aumento” (Discursos, I, 6), haciéndola difícil de
controlar por el senado.

Ahora, a diferencia de lo que propone Hulliung, para quien el republicanismo popular de


Maquiavelo no fue sino un medio en la búsqueda de la expansión imperial10, Del Lucchese
señala que no es posible predicar una relación causal entre la política imperial romana y el
conflicto entre clases al interior de la república. “El imperio –escribe- es de alguna manera
el resultado y la causa del conflicto interno” (55). La cuestión del conflicto entre los
grandes y el pueblo reaparece en la lectura que el autor realiza de El Príncipe. De hecho, en
opinión de Del Lucchese el capítulo que da sentido a esta obra es el capítulo 9, dedicado al
“príncipe civil”.11 “En la medida –escribe- en que el libro no es un manual para tiranos,
sino una teoría sobre el ‘principado civil, el capítulo IX puede considerarse el verdadero
núcleo de El Príncipe” (82).

Como se sabe, la interrogante sobre la cual gira este capítulo, y que daría sentido a todo el
libro, es sobre cuál de las fuerzas sociales debe el príncipe fundar el poder del estado. De
acuerdo a Maquiavelo, el príncipe civil llega al poder ya sea “con el favor del pueblo o con
el de los grandes” (El Príncipe, 9). Una vez establecido el principado, el príncipe civil debe
establecer su poder sobre el fundamento más estable. En perfecta consistencia con la

10
Mark Hulliung, Citizen Machiavelli, New Jersey, Transaction Publishers, 2015. Cf. Miguel Vatter, Between
Form and Event: Machiavelli´s Theory of Political Freedom, New York, Fordham University Press, 2014, pp.
106-10.
11
Acerca de este capítulo remito al interesante ensayo de Romain Descendre, “Of ‘Extravagant’ Wrinting:
The Prince, Chapter IX”, en Filippo Del Luchesse, Fabio Frosini y Vittorio Morfino (eds.), The Radical
Machiavelli: Politics, Philosophy and Language, Leiden, Brill, 2015, pp. 56-72
perspectiva sobre el conflicto defendida en los Discursos, Maquiavelo, sostiene Del
Lucchese, afirma que el poder del príncipe tiene su fundamento en el conflicto que divide al
cuerpo político en dos partes enfrentadas: “el principado civil no abre el espacio para una
coexistencia pacífica entre las diferentes fuerzas. Al igual que en los Discursos, por el
contrario, abre el tumultuoso espacio de conflictividad política y social” (84).

Para Del Lucchese, la perspectiva de Maquiavelo es democrática no solo porque su


respuesta a la interrogante acerca del fundamento del poder se inclina en favor del pueblo, y
en contra de los grandes12, sino también porque el príncipe civil muestra que “el
fundamento democrático del poder del príncipe es uno conflictivo, en donde el kratos
(poder) es tan importante como el demos (pueblo). El principado civil no abre el espacio
para una coexistencia pacífica de las diferentes fuerzas. […] Por el contrario, abre el
espacio tumultuoso de la conflictividad social y política” (84).

En una interesante sección del libro, titulada “El espectro de Valentino”, Del Lucchese
reevalúa la figura de Cesar Borgia a la luz de este criterio democrático. Según Del
Lucchese, “en la mente de Maquiavelo […], el Duque representa la posibilidad de proponer
un modelo completamente nuevo de virtù” (77).13 Lo anterior en dos sentidos distintos. En
primer lugar, el Duque Valentino es para Maquiavelo el modelo del príncipe virtùoso
porque, a diferencia de sus predecesores en la Romaña, quienes se habían dedicado a
explotar a sus súbditos, habría gobernado en favor del pueblo. Cesar Borgia, en efecto,
reconocía que la base del poder consistía en “una relación de confianza y apoyo mutuo con
sus propios sujetos” (78).

En segundo lugar, Cesare encarnaría mejor que cualquier otro lo straordinario, esto es, “las
características excepcionales que una situación excepcionalmente desafiante exige, en los
tiempos actuales, como los medios ordinarios de supervivencia” (76). La cuestión del mal
en Maquiavelo se convierte, desde este punto de vista, en la cuestión acerca de la relación
entre los medios ordinarios y extraordinarios de acción. Más precisamente, de los medios
que son requeridos en un momento en que lo extraordinario, la excepción, ha devenido la
12
“Sin dar lugar a ningún tipo de duda, y en contra del discurso tradicional, Maquiavelo propone con firmeza
que el príncipe gobierne en favor del pueblo” (83). La cuestión de la democracia en Maquiavelo es abordada
también en John P. McCormick, Machiavellian Democracy, New York, Cambridge University Press, 2011
13
Cfr. Erica Benner, Machiavelli´s The Prince: A New Reading, op. cit., pp. 89-110
regla: “sus conclusiones son que los medios extraordinarios son necesarios y, más
importante todavía, que lo que los hombres consideran ‘extraordinario’ se ha convertido, de
hecho, en la dimensión normal y ordinaria de la política en la época contemporánea” (74).

El tema de la relación entre la conflictividad entre clases y la democracia reaparecería en la


Historia de Florencia, esta vez dentro del contexto del rechazo a la noción clásica de ‘bien
común’. Del Lucchese sostiene en este sentido que uno de los principales objetivos de la
Historia de Florencia es el de mostrar la vaguedad de la noción de ‘bien común’, revelando
al mismo tiempo la necesidad de salir de esta retórica, la cual impediría “comprender
plenamente la naturaleza necesariamente parcial y conflictiva de la política” (93). “Un bien
común –escribe más adelante-, una solución común al problema de la ciudad, es imposible
puesto que la ‘materia’ de la ciudad está compuesta por partes con intereses en conflicto”
(96).

Tomando como punto de partida el rechazo del ‘bien común’ como ideal político, la tiranía
es redefinida en términos de la pacificación de las relaciones dentro de la ciudad y de la
imposición de una idea falsa de unidad: “el tirano, a los ojos de Maquiavelo, marcha sobre
la libertad de la ciudad enarbolando el estandarte de la unión y del bien común” (93). La
adherencia a la idea de concordia sería, desde esta perspectiva, tiránica, ya que niega el
hecho sobre el cual se funda todo orden democrático, a saber, la división de la ciudad en
dos partes con deseos (“humores”) contrapuestos. A este ideal Maquiavelo opone el
reconocimiento de la guerra como el concepto clave de la política: “la historia hace ahora
visible, a él y al lector atento de las Istories, que la guerra, no la concordia, es la clave tanto
de la interpretación como de la acción política” (94).

Desde esta perspectiva, las reformas militares que Maquiavelo propone en El Arte de la
Guerra debieran leerse de modo político y no meramente técnico. En efecto, éstas tendrían
como propósito principal modificar el equilibrio de fuerzas existente entre los grandes y el
pueblo. Más precisamente, mediante la propuesta de incorporación de las clases más pobres
al ejército, así como a través de la elección de la infantería como el elemento principal de la
milicia, Maquiavelo buscaba otorgarle al pueblo armas con las cuales poder resistir la
ambición de los grandes. Además, pues, de enfatizar la relación intrínseca entre la política y
la guerra, El Arte de la Guerra se funda sobre la misma idea que recorre sus textos
explícitamente políticos, a saber, el fundamento conflictivo de la política, la división de lo
social en dos fuerzas contrapuestas. Para Del Lucchese, en esto radica el realismo de
Maquiavelo, no en el supuesto rechazo de la dimensión normativa de la política. Es aquí
también, ni más ni menos, donde se encuentran los orígenes del pensamiento político
moderno.