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LECTURA Nº 3

De: BURLATSKI, F.; Materialismo Histórico; Latinoamericana; Lima, Perú, 1988. Pág. 51-56

El desarrollo histórico de la humanidad


La humanidad en su conjunto pasó por cuatro formaciones: comunidad primitiva, esclavista, feudal y
capitalista. En la actualidad, la humanidad vive una época de transición hacia la quinta formación, es decir
la formación económico-social comunista, cuya primera fase es el socialismo.
La formación de la comunidad primitiva históricamente ha sido la primera; la forma inferior de
organización de los seres humanos. Las fuerzas productivas eran muy débiles y los objetos producidos
apenas alcanzaban para el sustento del hombre. Los grupos humanos estaban vinculados en gran medida
por lazos de consanguinidad. Los medios de trabajo eran propiedad común, así como la tierra, los
utensilios y las viviendas. La distribución se realizaba por igual. Las relaciones se fundaban en la ayuda
mutua y el colectivismo. La formación de la comunidad primitiva fue históricamente la más prolongada.
Analizando el proceso histórico de formación de la sociedad humana, Engels establece tres períodos
fundamentales: el salvaje, la barbarie y la civilización. Durante el período salvaje los hombres, para poder
satisfacer sus necesidades vitales, utilizaban los objetos de la naturaleza fundamentalmente en su forma
natural. Los diversos objetos artificialmente creados por el hombre, tales como los rudimentarios
instrumentos de trabajo servían únicamente como medios auxiliares para tal apropiación.
El período de la barbarie es un nivel mucho más elevado del desarrollo del hombre. Las comunidades
humanas comienzan a dedicarse, a la ganadería, agricultura y pasan de la simple recolección de los frutos
de la naturaleza a la producción de lo que es imprescindible para satisfacer sus necesidades. Los
instrumentos de trabajo pasan a jugar un papel fundamental tanto para la subsistencia como para el
desarrollo de la sociedad. En la ciencia, tal paso de la humanidad de la economía recolectora a la
productiva recibió la denominación de revolución neolítica, la que provocó profundos cambios en toda la
vida de la sociedad, puesto que se han convertido en la base económica la ganadería y la agricultura, se
acentuó el modo de vida sedentario y comenzó un aumento de poblaciones estables, recibieron difusión
los instrumentos metálicos y se produjo un rápido incremento de la productividad del trabajo y de la
riqueza socia1. Comenzaron a aparecer excedentes de productos que pudieron así ser canjeados, lo cual
estimuló el sucesivo desarrollo de la producción.
El incremento de la productividad del trabajo condujo a que resultara mucho más conveniente habitar
en familias. La comunidad tribal se desintegró en familias. Apareció la propiedad privada y la familia pasó
a ser propietaria de los medios de producción, los que, además, se concentraron con preponderancia en
manos de las familias de la anterior cúspide tribal. El surgimiento de la propiedad privada condujo a la
división de la sociedad primitiva en clases, se desintegró la formación social primitiva, y en su sustitución
advino la formación social esclavista. Las relaciones de producción avanzaron en correspondencia con las
nuevas fuerzas productivas, que se habían desarrollado a lo largo de decenas de milenios. De este modo la
humanidad pasó de la barbarie a la civilización, período de un considerablemente mayor desarrollo de la
agricultura, de la industria, de los complejos instrumentos de trabajo, de las máquinas, del comercio, el
arte, la ciencia y de una amplia actividad socio-política de las masas populares.
En el desarrollo histórico general la civilización comienza con la formación económico-social
esclavista.
La formación esclavista ha sido la primera sociedad de clases. Las fuerzas productivas heredadas de
la formación de la comunidad primitiva prosiguen desarrollándose en forma, rápida. Los instrumentos de
madera y de piedra ceden cada vez más su lugar a los metálicos. Simultáneamente al cultivo de los
cereales aparecieron la jardinería y horticultura, se erigen obras artificiales para el riego de las tierras y
molinos para procesar los cereales. Se desarrolla la minería y la construcción, la técnica militar, la
construcción de buques y se independizan las diversas rama de artesanías.
EI desarrollo de las fuerzas productivas en las condiciones del régimen esclavista acontecía en el
marco de las correspondientes relaciones de producción. La base de éstas era la total, propiedad del
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esclavista tanto sobre los medios de producción como también del propio esclavo y la producción
elaborada por éste. Las relaciones de producción esclavistas hasta cierto período contribuían al desarrollo
de las fuerzas productivas, pero más tarde pasaron a obstaculizar el sucesivo desarrollo de la producción
social. El desarrollo de la técnica y la producción se frenaba, y la principal fuerza productiva de la
sociedad, los esclavos, degradaban física y mentalmente.
A medida que se desarrolla la producción, la contradicción entre las fuerzas productivas y las
relaciones de producción de la sociedad esclavista se agudizaban en extremo. Su conflicto se reflejó, en
las numerosas sublevaciones de esclavos. La formación social esclavista se desintegró bajo los golpes de
las sublevaciones de esclavos e invasiones de tribus foráneas, dejando paso a la formación social feudal.
Los rasgos principales de la formación social feudal son la posesión de grandes extensiones de tierra,
la dotación del productor directo, el siervo, con medios de producción, y ante todo, con tierra, y la
vinculación del campesino a la tierra. Las relaciones entre el feudal y el siervo se fundaban de modo tal,
que restaba a disposición del campesino siervo una determinada parte (por lo general no muy
significativa) de los resultados de su trabajo. Esto generó el interés del campesino siervo por los resultados
de su trabajo, lo que estimulaba la actividad laboral. De este modo el feudalismo ha abierto nuevas
posibilidades para el crecimiento de las fuerzas productivas. Durante la época del feudalismo los hombres
aprendieron a producir el hierro mediante fundición, construir buques a velas, producir aparatos ópticos
simples. Cada vez más extensamente fue utilizada la energía del agua y el viento como fuerza motriz.
Recibió una amplia difusión la artesanía, el comercio y la manufactura.
En las entrañas de la formación social feudal en forma gradual se fue constituyendo un nuevo modo
de producción: capitalista. La, burguesía, es decir, la clase portadora de ese régimen en gestación, exigía
poder político, obreros libres y un mercado nacional. El feudalismo, con su economía natural y la
vinculación de los campesinos a la tierra, impedía el sucesivo desarrollo de las fuerzas productivas. El
conflicto entre las fuerzas productivas y las relaciones feudales de producción que frenaban su desarrollo,
abrió paso a la época de las revoluciones burguesas que anunciaban el advenimiento de la formación
social capitalista.
Las fuerzas productivas en la formación social capitalista se caracterizan por la gran producción
mecanizada. En sustitución del taller artesano y la manufactura nacieron las grandes fábricas y plantas
industriales, minas y canteras. El capitalismo en unos dos siglos de su existencia ha hecho para el
desarrollo de las fuerzas productivas mucho más que todas las épocas precedentes de la humanidad.
El rápido crecimiento de las fuerzas productivas fue condicionado por las nuevas relaciones
capitalistas de producción Su base está constituida por la propiedad privada sobre los medios de
producción y la libertad jurídica del trabajador directo, es decir, el proletario. Sin embargo, la dependencia
personal es sustituida aquí por la dependencia económica. El proletariado, privado de medios de
producción se ve obligado a vender su fuerza de trabajo.
La carrera por obtener mayor ganancia sirve de poderoso estímulo para ampliar la producción,
perfeccionar la técnica, mejorar la tecnología de la producción industrial y agrícola. Con relación al
crecimiento gigante de las fuerzas productivas, las relaciones capitalistas de producción dejaron de
corresponderles y se convirtieron en cadenas que frenan el sucesivo desarrollo de éstas. La contradicción
entre el carácter social del proceso de producción y la forma capitalista privada de apropiación de sus
resultados resultó ser la contradicción más profunda del modo capitalista de producción. Tal contradicción
alcanza su mayor agudización a fines del siglo XIX, cuando el capitalismo se transformó en imperialismo,
su etapa superior y última. La particularidad distintiva principal y el rasgo determinante del imperialismo
es el dominio del gran capital monopolista en las áreas económica, política e ideológica. El imperialismo
impulsa las contradicciones del capitalismo hasta límites extremos. Se profundiza la principal
contradicción del capitalismo, es decir, la contradicción entre el carácter social de la producción y la forma
capitalista privada de apropiación de los productos del trabajo, se agudiza la contradicción entre el trabajo
y el capital bajo la influencia del aumento del grado de explotación y opresión de las masas laboriosas por
parte del capital monopolista: cada vez más se reduce el círculo de la cúspide explotadora y se incrementa
la masa de población sometida a la explotación por el gran capital, es decir, no sólo la clase obrera, sino
también el campesinado laborioso, los amplios círculos de la intelectualidad asalariada, la pequeña
burguesía y parte de la burguesía media, también los pueblos de otros países, principalmente de las
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colonias y países dependientes. En la lucha contra el movimiento de liberación nacional, el imperialismo
brinda su apoyo a los regímenes reaccionarios en los países liberados y frena el avance de esos países por
la senda del progreso social.
Con el fin de reforzar sus posiciones y salir airoso en la emulación con el sistema socialista en
permanente desarrollo, contener el avance de las masas trabajadoras en los países capitalistas y el
incremento de los movimientos de liberación nacional, para realizar su política agresiva, el capital
monopolista unifica su poderío con la fuerza del Estado burgués en un mecanismo único. Se ha
constituido una forma nueva y más desarrollada del capitalismo, es decir, el capitalismo monopolista de
Estado (CME).
El capitalismo monopolista de Estado surgió en la época del imperialismo y la crisis general del
capitalismo, época de la coexistencia y lucha de dos sistemas mundiales, es decir, el capitalismo y el
socialismo, de la creciente influencia del socialismo mundial sobre la marcha de la historia, de la creciente
no correspondencia del nivel contemporáneo de las fuerzas productivas y las relaciones capitalistas de
producción, la incompatibilidad del alto grado de socialización de la producción y el trabajo y la
apropiación capitalista privada, en la época de la rápida creación de las premisas materiales del socialismo
e intensificación del movimiento obrero y de liberación.
Una de las claras manifestaciones de la incompatibilidad de las relaciones burguesas de producción,
del CME y el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas es la utilización por el capitalismo
monopolista de Estado de los logros de la revolución científico-técnica contemporánea con el fin de
incrementar sus ganancias, acentuar la explotación de los trabajadores, intensificar el proceso laboral,
desarrollar y fortalecer el complejo industrial militar, crear armamentos de aniquilación masiva y
militarizar la sociedad. La revolución científico-técnica acelera el proceso de socialización de la
economía; bajo la dominación de los monopolios conduce a la reproducción de los antagonismos sociales
en magnitudes mucho mayores y agudeza más intensa. Se profundizan no sólo todas las anteriores
contradicciones del capitalismo, sino que también se generan nuevas. Se socavan cada vez más las bases
del caduco régimen social burgués.
La liquidación de las relaciones de producción capitalistas da origen a una nueva formación
económico-social: comunista.
El proceso de la afirmación y desarrollo de la referida formación se realiza a través de dos etapas que
lógicamente se suceden una a otra, es decir, el socialismo, fase inicial de la formación social comunista, y
el comunismo propiamente dicho.
La sociedad socialista se desarrolla en diversas formas, en dependencia de las condiciones históricas,
nacionales, geográficas y de otra índole, bajo la influencia de las tradiciones, las costumbres, los valores
culturales y otros factores, que poseen un significado social para el pueblo de tal o cual país.

De: LENIN, V. I.; Obras Escogidas, Tomo 1; Editorial Progreso; Moscú, 1987. Pág. 46-48.

EL SOCIALISMO

Por lo expuesto se ve cómo Marx llega a la conclusión de que es inevitable la transformación de la


sociedad capitalista en socialista, apoyándose única y exclusivamente en la ley económica del movimiento
de la sociedad moderna. La socialización del trabajo, que avanza cada vez más de prisa bajo miles de
formas y que, en el medio siglo transcurrido desde la muerte de Marx, se manifiesta de un modo muy
tangible en el incremento de la gran producción, de los cárteles, los consorcios y los trusts capitalistas, y
en el gigantesco crecimiento del volumen y la potencia del capital financiero, es la base material más
importante del ineluctable advenimiento del socialismo. El motor intelectual y moral, el agente físico de
esta transformación es el proletariado, educado por el propio capitalismo. Su lucha con la burguesía, que
se manifiesta en las formas más diversas y cada vez más ricas de contenido, llega a convenirse
inevitablemente en lucha política para la conquista del poder político por el proletariado (“dictadura del
proletariado”). La socialización de la producción no puede menos de conducir a la conversión de los
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medios de producción en propiedad social, a la “expropiación de los expropiadores”. La elevación
gigantesca de la productividad del trabajo, la reducción de la jornada de trabajo y la sustitución de los
vestigios, de las ruinas de la pequeña explotación, primitiva y diseminada, por el trabajo colectivo
perfeccionado son las consecuencias directas de esa conversión. El capitalismo rompe definitivamente los
vínculos de la agricultura con la industria, pero, al mismo tiempo, el nivel de su desarrollo, más alto,
prepara nuevos elementos de esos vínculos, de la unión de la industria con la agricultura, en el terreno de
la aplicación consciente de la ciencia y de la combinación del trabajo colectivo y de un nuevo reparto
territorial de la población (poniendo fin al abandono del campo, a su aislamiento del mundo y al atraso de
la población campesina, así como a la antinatural aglomeración de masas gigantescas en las grandes
ciudades). Las formas superiores del capitalismo moderno preparan una nueva forma de familia, nuevas
condiciones para la mujer y para la educación de las nuevas generaciones: el trabajo femenino e infantil y
la disgregación de la familia patriarcal por el capitalismo revisten inevitablemente en la sociedad moderna
las formas más horribles, más miserables y más repulsivas. No obstante, “la gran industria, al asignar a la
mujer, a los jóvenes y a los niños de ambos sexos un papel decisivo en el proceso socialmente organizado
de producción, al margen de la esfera doméstica, crea la base económica para una forma más alta de
familia y de relaciones entre ambos sexos. Sería igualmente absurdo, se comprende, ver el tipo absoluto de
la familia en la forma germánica cristiana o en las antiguas formas romana y griega o la oriental, que, por
lo demás, constituyen en su conjunto una sola línea de desarrollo histórico. Evidentemente, la
combinación del personal obrero formado por individuos de ambos sexos y de todas las edades —que en
su forma primaria, brutal, capitalista, en que el obrero existe para el proceso de producción, y no el
proceso de producción para el obrero, es una fuente pestilente de ruina y esclavitud—, en condiciones
adecuadas debe convertirse inevitablemente, al contrario, en fuente del progreso humano” (El Capital, t. 1,
final del capítulo XIII). El sistema fabril nos muestra “el germen de la educación del futuro en que para
todos los niños, a partir de cierta edad, se unirá el trabajo productivo a la enseñanza y a la gimnasia, no
sólo como método para el aumento de la producción social, sino como único método capaz de producir
hombres desarrollados en todos los aspectos” (lugar citado). Sobre ese mismo terreno histórico plantea el
socialismo de Marx los problemas de la nación y del Estado, no limitándose a explicar el pasado, sino en
el sentido de prever sin temor el porvenir y de una atrevida actuación práctica para su realización. Las
naciones son un producto inevitable y una forma inevitable de la época burguesa de desarrollo de la
sociedad. La clase obrera no podía fortalecerse, madurar ni formarse sin “organizarse en los límites de la
nación”, sin ser “nacional” (“aunque de ninguna manera en el sentido burgués”). Pero el desenvolvimiento
del capitalismo va destruyendo cada vez más barreras nacionales, acaba con el aislamiento nacional y
sustituye los antagonismos nacionales por antagonismos de clase. Por eso, es una verdad innegable que en
los países de capitalismo avanzado “los obreros no tienen patria” y que la “acción común” de los obreros,
al menos en los países civilizados, “es una de las primeras condiciones de su emancipación” (Manifiesto
Comunista). El Estado, a violencia organizada, surgió como algo inevitable en una determinada fase de
desenvolvimiento de la sociedad, cuando ésta, dividida en clases irreconciliables, no hubiera podido seguir
existiendo sin un “poder” colocado aparentemente por encima de ella, y, hasta cierto punto, aparte de ella.
El Estado, fruto de los antagonismos de clase, se convierte en un “Estado de la clase más poderosa, de la
clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente
dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida.
Así, el Estado antiguo era, ante todo, el Estado de los esclavistas para tener sometidos a los esclavos; el
Estado feudal era el órgano de que se valía la nobleza para tener sujetos a los campesinos siervos, y el
moderno Estado representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo
asalariado” (Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, obra en que el autor expone
sus ideas y las de Marx). Incluso la forma más libre y más progresiva del Estado burgués, la república
democrática, no elimina, ni mucho menos, este hecho; lo único que hace es variar su forma (vínculos del
gobierno con la Bolsa, corrupción —directa e indirecta— de los funcionarios y de la prensa, etc.). El
socialismo, que conduce a la supresión de las clases, conduce de este modo a la abolición del Estado. “El
primer acto —escribe Engels en su Anti-Dühring— en que el Estado actúa efectivamente como
representante de toda la sociedad —la expropiación de los medios de producción en provecho de toda la
sociedad— es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención del poder del Estado en
las relaciones sociales se hará superflua en un campo tras otro de la vida social y se adormecerá por sí
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misma. El gobierno sobre las personas será sustituido por la administración de las cosas y la dirección del
proceso de producción. El Estado no será abolido, se extinguirá”. “La sociedad, reorganizando de un
modo nuevo la producción mediante una asociación libre de productores iguales, enviará toda la máquina
del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de las antigüedades, junto a la rueca y al
hacha de bronce” (Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado).

Finalmente, en lo que se refiere a la actitud que el socialismo de Marx adopta con los pequeños
campesinos, que subsistirán en la época de la expropiación de los expropiadores, es necesario señalar un
pasaje de Engels, en el que se recogen las ideas de Marx: “Cuando estemos en posesión del poder del
Estado, no podremos pensar en expropiar violentamente a los pequeños campesinos (sea con
indemnización o sin ella), como nos veremos obligados a hacerlo con los grandes terratenientes. Nuestra
misión respecto a los pequeños campesinos consistirá, ante todo, en encauzar su producción individual y
su propiedad privada hacia un régimen cooperativo, no por la fuerza, sino por el ejemplo, y brindando la
ayuda social para este fin. Y aquí tendremos, ciertamente, medios sobrados para presentar al pequeño
campesino la perspectiva de ventajas que ya hoy tienen que serle mostradas” (Engels. El problema
campesino en Francia y en Alemania, ed. Alexéieva, pág. 17; la trad. rusa contiene errores. Véase el
original en Die Neue Zeit).

De: LORA, Guillermo; La contra-revolucionaria perestroika. Derrumbe de la burocracia


stalinista; La Colmena; La Paz, Bolivia, 1990. Pág. 3-4.

HASTA DONDE HA LLEGADO LA BUROCRACIA


Cuando Lenin se levantó airado contra la burocracia y Stalin, cuando exigió un mayor control de los
obreros sobre la dirección partidista y estatal, cuando salió en defensa de los georgianos y cuando
denunció enfurecido los intentos de desvirtuar el monopolio del comercio exterior, uno de los engranajes
indispensables para preservar los fundamentos económicos del nuevo Estado y de la sociedad llamada a
incorporarse de las escombros del capitalismo, nadie y ni siquiera los mismos burócratas, podían soñar
que medio siglo después el secretario general del PCUS [Partido Comunista de la Unión Soviética] en
persona apareciese esgrimiendo la perestroika para respaldar sus pretensiones de nuevo caudillo del
socialismo.
Tuvo que morir el revolucionario que concretizó y aplicó el marxismo a la época del imperialismo,
para que Stalin se atreviese a revisar los fundamentos de la ya tradicional política revolucionaria del
proletariado a través de su teoría del socialismo en un solo país, negación del carácter mundial de la
economía y de la revolución socialista. Un poco más tarde, se abandonó la tesis básica de lograr el
liderazgo político del proletariado en los países atrasados, a fin de que esta clase pudiese liderizar a la
nación oprimida y consumar la liberación nacional y social, para sustituirla por la que sostiene la vigencia
de la revolución democrático-burguesa, la existencia de una burguesía progresista, antiimperialista y
revolucionaria…, a la que obligadamente los “comunistas” debían apuntalar y colaborar con ella desde el
llano o en el gobierno. Sin embargo, se siguió hablando de la revolución socialista que debía consumarse
en las calendas griegas. Pero, Stalin se veía obligado a referirse a la dictadura del proletariado, a la
revolución y a la destrucción del imperialismo, en fin, a la lucha de clases, actitud que conoció su
momento de mayor pujanza durante el “tercer período” y de manera más nítida todavía cuando se planteó
que la crisis estructural del capitalismo llevaría directa y automáticamente al definitivo aplastamiento del
régimen social burgués. Los latinoamericanos y los bolivianos conocimos y maduramos dentro de esa
experiencia negativa.
La burocracia velozmente se ha desplazado hacia la derecha, hasta el extremo de dar totalmente las
espaldas al marxismo, pues niega la lucha de clases y dedica lo fundamental de sus preocupaciones a
lograr la cooperación con el imperialismo en escala mundial, “para dar campo libre a estas cooperación se
requiere un sistema universal de seguridad económica internacional capaz de proteger en igual medida a
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cualquier Estado contra discriminaciones, etc.” El enfrentamiento entre el capitalismo y el socialismo
“sólo es viable exclusivamente bajo las formas de emulación pacífica y rivalidad pacífica” (Gorbachov,
“Informe político del CC del PCUS al XXVII congreso del PCUS”, febrero de 1986).
Los gobernantes y los ideólogos de la burguesía imperialista baten palmas ante el atrevimiento que ha
demostrado Mijail Gorbachov al lanzar su “segunda revolución” sin fusiles, la llamada perestroika o
reestructuración —algunos prefieren llamarla cambio—, que no es otra cosa que un cerrado viraje en el
camino iniciado por la burocracia del Kremlin en la época de apogeo del stalinismo. En verdad, no nos
encontramos frente al salto cualitativo en el desarrollo social, que esta vez se lo pretende presentar como
ordenado “desde arriba”, desde las cumbres de un gobierno y de un partido extraños a las masas oprimidas
de la URSS, sino al punto culminante de una política francamente contrarrevolucionaria, antiproletaria y
anticomunista.
Ahora más que nunca corresponde salir en defensa de la política revolucionaria, del marxismo
leninista y trotskysta, frente a la nueva arremetida ideológica y práctica de la burocracia del Kremlin.
Nuestro objetivo es consumar la revolución proletaria y constituye una prioridad inaplazable el armar
ideológicamente al proletariado, que importa el fortalecimiento del partido revolucionario, en el caso
boliviano del POR.

De: IRIARTE, Gregorio; Post-modernidad, neoliberalismo, globalización; CEPROMI; Cochabamba,


Bolivia, s/f. Pág. 22 - 56.

EL NEOLIBERALISMO COMO DOCTRINA Y COMO PRAXIS


El neoliberalismo se basa en un programa que responde al surgimiento de nuevos y poderosos actores
económicos de alcance mundial. Las grandes empresas multinacionales, tanto financieras como
productivas, requieren en la actualidad una escala planetaria para sus inversiones y para su mercado.
Pero esta mundialización de economía de capitales posee en sí un efecto político impactante que se
concreta en la restricción y achicamiento del Estado-Nación.
Sin embargo, en la medida en que los Estados-Nación se identifican con los intereses de las empresas
transnacionales, apoyan el proyecto neoliberal-conservador.
El neoliberalismo parte de una reacción teórica y práctica en contra del Estado de Bienestar. Sus
grandes teóricos e impulsores fueron Federico von Hayek, Milton Friedman y Karl Popper, inspiradores y
propulsores de la llamada Escuela de Chicago.
El ideario neoliberal no se limita a atacar al Estado de Bienestar. Llega a aceptar que la desigualdad es
un valor positivo para el crecimiento y la acumulación de recursos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, las democracias occidentales estructuraron sus políticas
económicas en torno al Estado de Bienestar, logrando un auge sin precedentes a lo largo de más de 20
años. Al final de la década del 70 comienza a darse un cambio profundo. Aunque es en Chile donde se dan
los primeros conatos de cambio, es con la administración de Margaret Thatcher (Gran Bretaña, 1979) y
Ronald Reagan (EE.UU., 1980) cuando el modelo empieza a afianzarse y a ser difundido a nivel mundial.
En América Latina, la crisis de la deuda (México, 1982) ofreció una oportunidad propicia para que el
Club de Acreedores, impulsados y orientados por el F. M. I. impusieran en nuestra región el denominado
ajuste estructural, logrando con ello implantar el modelo neoliberal.
Según Pedro Vuskovic, los ejes básicos del ajuste estructural serían los siguientes:
 Las exportaciones son la fuente fundamental del crecimiento económico, por lo tanto, hay que abrir
las fronteras al capital transnacional y hay que poner el acento en la competitividad.
 Se debe reducir drásticamente la presencia y la acción del Estado en las actividades económicas y en
los servicios. Estos deben ser privatizados.
 Hay que controlar la inflación y corregir el déficit fiscal.
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 Para lograr esto tienen que llevarse a cabo ajustes estructurales como la reforma del Estado, la
legislación sobre políticas económicas, la apertura al capital y a los productos externos..., etc.
Hacia finales de la década del 80, con el colapso del socialismo histórico, el ideario neoliberal
adquiere un alcance prácticamente universal.
Nos equivocaríamos sin embargo, si creyéramos que el proyecto neoliberal se queda solamente en el
plano de lo económico y macro-económico. Se expresa todo él en una globalización de tipo ideológico,
resultado de una voluntad política impulsada por quienes detentan el poder mundial.
Su proyecto de sociedad no se limita, ni mucho menos, al ámbito económico. Se tiñe de valores
democráticos de tipo conservador. Otra de las características del modelo es que busca su implantación
mundial. Quiere ser un paradigma universal.

El neoliberalismo es hijo natural y legítimo del liberalismo decimonónico. Nadie puede


negar su marca de origen. El neoliberalismo es un liberalismo en el que las connotaciones
que le da el prefijo “neo” son mínimas y, en gran parte, circunstanciales.

LOS IMPACTOS NEGATIVOS DEL PROYECTO NEOLIBERAL


Quizás, el efecto más negativo, desde el punto de vista humano y económico, sea el aumento de la
desigualdad en la distribución del ingreso. Según el Banco Mundial en algunos países de América Latina
el 10% más rico de la población tienen hasta 84 veces mayores ingresos que el 10% más pobre. Desde que
el modelo está vigente, la desigualdad económica ha ido aumentando en forma constante y generalizada.
Este fuerte aumento de la desigualdad se da también dentro de los países ricos y a nivel internacional
en detrimento de los países del Sur. En el informe publicado por el PNUD en 1992 ya se constataba que,
mientras en el año 1960, el 20% más rico de la población mundial registraba ingresos 30 veces más
elevados que el 20% más pobre, en el año 1990, el 20% más rico estaba recibiendo 60 veces más que el
20% más pobre.
Los dramáticos procesos de exclusión se expresan, sobre todo, en el desempleo y sub-empleo
creciente. Esta ha sido la causa principal para que surja una economía paralela e informal, basada en la
inestabilidad laboral, un rendimiento precario, y en el incentivo del contrabando y de la producción
excedentaria de coca..., etc.
Pero la exclusión no es solamente económica. Es también social y racial. Quien no triunfa
económicamente es que no merece triunfar. Quien no es competitivo es un derrotado de ante mano. Antes
se hablaba de sectores marginados. El modelo vigente no sólo margina sino que excluye. Aún muchos
países, sobre todo en África, están quedando al margen del comercio y de la atención mundial.

Caída del socialismo real


Ha provocado mucha perplejidad la confusión que se ha creado en el mundo con relación a
la caída de los regímenes socialistas del Este Europeo. El fracaso de un tipo real concreto de
socialismo se lo ha generalizado y se lo ha relacionado con toda posible forma de socialismo.
Pareciera entonces que los grandes ideales humanos que de un modo relevante impulsaba el
socialismo, como la justicia social. La denuncia contra la explotación. La igualdad. La
fraternidad. La solidaridad internacional…, se hubieran esfumado para siempre.

EL FENÓMENO DEL MERCADO


El neoliberalismo globalizador considera al libre mercado como motor de eficiencia, como regulador
de la economía y como el gestor de una adecuada distribución del ingreso. No es el Estado quien debe
regular los precios sino el mercado. El es quien premia, con las ganancias a quienes mejor satisfacen las
necesidades del público y castiga a quienes encarecen los precios o deterioran la calidad de los productos.
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Es incuestionable y hasta innecesario el reafirmar la importancia de la iniciativa de las personas e
instituciones y el valor de la libertad económica que el neoliberalismo propugna como algo absoluto e
inapelable.
Por otro lado, en los últimos años, nuestro mundo ha ido tomando conciencia de las graves
deficiencias de los modelos de las economías planificadas y colectivistas, así como de las deficiencias de
los Estados de Bienestar. El intervencionismo del Estado en la economía, muchas veces sometido a
criterios político-partidistas, ha producido, no pocas veces, corrupción administrativa, burocracia
parasitaria y distorsiones económicas.

Las profundas limitaciones del mercado


El concepto del mercado para solucionar los problemas económicos a nivel universal es, no sólo
cuestionable, sino peligroso para un auténtico desarrollo de los países y profundamente negativo para la
gran mayoría de la población mundial.
El mercado es abierta competitividad, es lucha feroz, es confrontación permanente, es lucha por el
poder y es opción constante por las máximas ganancias.
La experiencia histórica demuestra que es imposible resolver los múltiples problemas de la economía
mundial y nacional sin la intervención orientadora y reguladora del Estado y de organismos
internacionales.
El director-gerente del F. M. I. así lo dice abiertamente:

La forma en que la economía de mercado se implanta en las antiguas economías planificadas nos
recuerda los momentos más crueles del capitalismo salvaje. La sed de empleo y de recursos, unida a la
debilidad del Estado, alcanzan tal magnitud que con frecuencia se cometen atropellos contra los
derechos de las personas y de los trabajadores. La corrupción y la violencia se multiplican. Se exportan
fábricas contaminantes sin preocupación alguna por el medio y la salud de la población. Es una jungla. 1

Los costos humanos que por medio de los ajustes estructurales está impulsando la globalización son
terriblemente altos. Según datos del Proyecto de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en todos y cada
uno de la multitud de países que lo han aplicado, se ha aumentado sensiblemente la proporción de la
población que vive por debajo del umbral de la pobreza.
Por otro lado, no todas las cosas tienen un valor comercial. El mercado no abarca ni puede abarcar
todo el ámbito de relaciones de la vida humana. Como dice el Papa Juan Pablo II en su encíclica
Centéssimus Annus:

Existen necesidades colectivas y cualitativas que no pueden ser satisfechas mediante sus mecanismos;
hay exigencias humanas importantes que escapan a su lógica; hay bienes que, por su naturaleza, no
pueden ni se deben vender o comprar.2

Para la dinámica del mercado, los valores ecológicos no cuentan y en aras de una máxima utilidad,
mal entendida, contamina la atmósfera, destruye los bosques y envenena los ríos y los mares. Tampoco se
preocupa de los valores éticos ni de las exigencias de la justicia social. La lógica del mercado se desarrolla
dentro del círculo reducido y miope del máximo lucro inmediato y privado.

Un auténtico desarrollo humano exige del mercado, no solamente que brinde sus ventajas materiales,
sino que esto lo haga en forma equilibrada, combinando la eficiencia, con la equidad y la sustentabilidad.
Los mercados no son un fin en sí mismos. Son un medio más para el desarrollo humano. Por lo tanto
deben estar al servicio de las personas y no éstas al servicio del mercado. 3

1
Michel Camdessus: La mundialización y el reino. Criterio: México, 1994.
2
Juan Pablo II: Centessimus Anus; Nº 40.
3
P.N.U.D.: Informe 1992.
9
LA GLOBALIZACIÓN

EL FENÓMENO DE LA GLOBALIZACIÓN
El término globalización tiene connotaciones, no sólo mundiales, sino también multidimensionales.
Se trata de un proceso creciente de unificación de los mercados y de homogeneización de la
producción mundial, según el modelo capitalista. La cibernética y la informática orientan y dinamizan
todo este proceso, afectando, no sólo a la esfera económica, sino también a la política, a la social y a la
cultural.
El proceso de globalización recibió un gran impulso, a fines de los 80, con la caída del Muro de Berlín
y el final de la Guerra Fría. La ruptura de las fronteras nacionales libera energías antes contenidas: los
mercados se amplían, el capital se transnacionaliza, se difunden por todo el mundo multitud de productos
y se socializan usos, costumbres, valores y contravalores propios del modelo de vida capitalista.
Pero surgen también interrogantes sobre sus resultados concretos y sobre todo, emergen nuevos y
graves problemas: el narcotráfico, el lavado del dinero sucio, el contrabando, el tráfico de armas,
aumentan el terrorismo, los secuestros, las nuevas amenazas a la ecología por los desechos nucleares y la
contaminación creciente...
América Latina entra en el proceso de mundialización a través de los programas de ajuste estructural,
elaborados e impuestos por el Fondo Monetario Internacional. El neoliberalismo propugna la
liberalización de los mercados, la promoción de las exportaciones, la reducción del déficit fiscal y del
gasto público, la privatización de las empresas públicas, la apertura a mercados financieros de tipo
especulativo...

La globalización está manejada y manipulada por el gran capital internacional, lo mismo


que el modelo neoliberal y la universalización del mercado. La ideología que subyace
debajo de todo el proyecto post-moderno responde a los intereses de un capitalismo, cada
vez más universal, pero, sobre todo, más injusto e inhumano.

LA GLOBALIZACIÓN, ALGO INEXORABLE


Se está abriendo en el mundo una gran polémica entre los panegiristas de la globalización y sus
acérrimos impugnadores. Unos la alaban como impulsora y causante de importantes factores positivos en
el área de la economía mundial y otros, por el contrario, le achacan el ser generadora de desempleo y de
graves males que afectan, sobre todo, al mundo de los pobres.
Las opiniones están profundamente divididas, pero lo cierto es que, más allá de interpretaciones
favorables o recriminatorias, el fenómeno de la globalización es un hecho que está teniendo inmensas
repercusiones a nivel mundial, con consecuencias muy profundas, no solamente en el área del comercio o
de la economía, sino en todas las áreas económico-sociales y políticas de nuestra sociedad.
Aunque algunos piensen que el fenómeno de la globalización tiene preponderancia principalmente en
el área comercial y financiera, sin embargo, día a día se ve más claro que está afectando y configurando el
futuro inmediato a nivel planetario.
La globalización es algo inexorable. De buena o de mala gana todos estamos atrapados en ella. El
fenómeno de la globalización, no sólo es imparable, sino que sus efectos se irán sintiendo, con un impacto
creciente, en toda la sociedad.
Nos queda, por lo tanto, una sola opción lógica frente al bombazo planetario de la globalización: la de
trabajar para que sus claras tendencias deshumanizadoras, elitistas y discriminadoras se tornen en factores
de humanización, de mayor participación y democracia, a través de nuestra capacidad de discernimiento,
nuestros aportes teóricos y nuestras actitudes personales y grupales.
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LA GLOBALIZACIÓN LO ABARCA TODO
Hay unanimidad en afirmar que estamos viviendo ya los albores de una nueva era. Una de las
características más perceptibles e impactantes es lo que se ha dado en llamar el proceso de globalización o
mundialización.
Este proceso de mundialización se está dando en el área de la economía, de la política, de la estrategia
militar, de la tecnología, de la informática, de la ingeniería genética, de las comunicaciones...
En el área de la economía: imposición y aceptación del modelo neoliberal, el mercado como juez y
parte; la especulación y del blanqueo como fuentes de máximo lucro; concentración acelerada de los
ingresos en pocas manos; desocupación, aumento de la pobreza, economía informal, creciente poder de las
multinacionales, internacionalización del comercio...
En el área social: fragmentación y debilitamiento de las organizaciones populares, urbanización
creciente y deshumanizadora, migraciones, aumento de la agresividad y violencia, marginación y
exclusión de grandes sectores de la población…
En el área de la cultura: inmenso poder de los MCS, informatización, consumismo, individualismo,
hedonismo, pluralismo y permisividad en aumento...
En el área de la ética: crisis en la moral pública, corrupción generalizada, relativismo y subjetivismo
ético, autonomía de la economía frente a la ética, la manipulación genética…
En el área de lo religioso: retorno de lo sagrado, intimismo e individualismo religioso, sectarismo;
evasionismos, fundamentalismos...

El capitalismo: matriz de la globalización


Todo el proceso de mundialización ha nacido con la marca de fábrica de signo capitalista. La
internacional solidaria del proletariado ha sido reemplazada por la internacional de los poderosos. Como
modo de producción se ha “transnacionalizado” la máxima eficacia, con la consecuencia lógica de la
explotación y la discriminación.
Nuestros países han conquistado formas de gobierno democráticas, aunque en muchos aspectos sean
ellas más representativas y formales que participativas y reales, sin embargo, los mecanismos que rigen la
economía y las finanzas son absolutamente autocráticos y verticalistas.
El poder real que las grandes corporaciones de las finanzas, de la industria y de la informática
detentan es, cada vez más poderoso y más peligroso, ya que no está suficientemente controlado por una
legislación apropiada ni por autoridades con legitimidad y competencia.

EL MITO DE LA GLOBALIZACIÓN
El Director de la UNESCO ha afirmado que la globalización es un mito. En realidad, no existe la tal
globalización. Lo que hay son unos cuantos globalizadores y muchos, muchísimos, globalizados. Y esto se
expresa claramente en el hecho de que en este mundo de globalizadores y globalizados el 18% de la
población mundial controla ya el 80% de los recursos y las riquezas del planeta. 4
Para el sociólogo norteamericano James Patras, la globalización no es algo nuevo. Ha estado ligada,
desde hace ya muchos años, al capitalismo internacional, siendo sus agentes de expansión las poderosas
multinacionales.
Por otro lado, debemos tener siempre presente que la globalización no es un proceso homogéneo o
lineal de progresiva integración mundial. El 80% de las inversiones mundiales se las realiza en los propios
países industrializados.
La globalización está relacionada con el debilitamiento del Estado de Bienestar y la estrecha
vinculación a políticas económicas internacionales que han convertido al Estado en instrumento para la
expansión del capital internacional.

4
Federico Mayor: Cultura de la paz, 1998.
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Las nuevas tecnologías informáticas no hacen más que facilitar el flujo de información y la velocidad
de la transferencia de capitales (la mayoría de las veces de carácter especulativo). Pero la tecnología no
determina hacia dónde se dirige la inversión o la investigación.
La orientación emana de las exigencias y de los intereses de las corporaciones multinacionales. La
influencia del mercado varía en función de las demandas que son determinadas por la publicidad que, a su
vez, están dirigidas por los grandes intereses capitalistas.
Los protagonistas de la globalización son los grandes países industrializados a través de sus
instituciones mundialmente competitivas. Globalización significa, básicamente para ellos, expansión
mundial a través de fronteras y mercados totalmente abiertos.

Características de la globalización
1. Desarrollo y expansión de las nuevas tecnologías de comunicación, de interacción y de acumulación
del capital.
2. Transnacionalización de la economía y formación de grandes bloques y mercados comunes, con
anulación de barreras aduaneras y circulación libre de todos los productos a nivel mundial.
3. En el campo del conocimiento, valoración de la ciencia aplicada, como principal factor de desarrollo
(sociedad del conocimiento).
4. La problemática ecológica percibida, no ya como desafío local, sino como problema transnacional.
5. El concepto de soberanía de los países ha ido perdiendo peso. Hay un reconocimiento, cada vez
mayor, de la interdependencia de los países y una fuerte tendencia para aceptar la hegemonía de las
naciones con tecnologías más avanzadas.
6. Estamos entrando en la cultura de lo efímero. Los cambios llegan cada vez con más rapidez. El
ejemplo más impactante, a nivel popular, es el de la informática.

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