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La educación reformada para la expresión humana en libertad.

Pbro. Edwin Vasques Ramos


El ser humano, como criatura de imagen semejante a Dios, tiene la esencial distinción de la
libertad. Distinción que influye determinantemente en todas sus relaciones: en su relación con
Dios, en su relación con el mundo, y en su relación con los semejantes. Por lo cual, la
expresión religiosa del ser humano ha de ser libre para que sea buena, su señorío de la
creación o expresión cultural ha de ser libre para que sea edificante, y su expresión social ha
de ser libre para que sea unificadora. Sin dicha libertad, se da lugar a todo lo contrario: a lo
malo, a lo detrimente y a lo alienador.

La Reforma Protestante, exaltó el tema de la libertad en medio de un desorden y detrimento de


las dimensiones religiosa, cultural, y social del ser humano. Partió de la necesaria libertad
religiosa hacia la libertad en las demás dimensiones. Ahora, transcurridos 500 años del inicio
de la Reforma Protestante, se hace pertinente una reflexión sobre el tema que permita ampliar
la visión de la obra protestante en la labor educativa como medio de liberación saludable del
ser humano caído, y esclavo del mal.

Todo ha sido drásticamente cambiante en tan pocos siglos, dato que la educación cristiana no
debe pasar por alto, pues esto implica que ninguna esfera de vida ha estado libre de cambio y
que el cristiano se ha venido moviendo en medio del ofrecimiento de nuevos horizontes
religiosos, culturales y sociales. Lo cual exige determinantemente que la formación que el
cristiano recibe sea altamente competitiva respecto a su mundo, ya que en cada década, de
cada siglo, se han dado nuevos fenómenos a los que debemos hacer un fuerte enfrentamiento
a fin de cumplir con nuestra tarea cristiana de ser luz del mundo y de señorear la tierra.

Los individuos que crecen en nuestras iglesias son los mismos individuos que se mueven en
nuestro mundo, y la formación que nuestro Señor ha exigido para ellos debe cumplir con los
requisitos que encontramos dimensionaos humanamente en la persona de Jesús como en su
mensaje (Efesios 4.11-13). Seamos conscientes que si la formación de los hijos de Dios en
nuestro siglo debe ser altamente competitiva, debe ser tal que pueda superar los nuevos
desafíos que el mundo le presenta. El cristiano debe ser luz del mundo, y el mundo cada día
evoluciona; esto exige que la luz del cristiano sea cada día más estratégicamente
resplandeciente, de modo que pueda llegar a cada rincón de un modo congruente y pertinente,
congruente con la luz y congruente con la necesidad que ella de esta para disipar las tinieblas.

1
Debemos responder eficazmente con la formación del pueblo de Dios para que pueda estar a
la altura del progreso de este siglo y de cada siglo como verdaderos hijos de Dios.

Algo que llegó para quedarse en la evolución de nuestro mundo es la tendencia globalizadora,
la cual hace traspasar fronteras a favor de todo para unificar o hacer convivir todas las cosas.
Hace que todo se haga internacional o mundial, que todo esté al alcance de todos: lo bueno y
malo, lo que edifica y lo que destruye, lo que une y lo que aliena.

Por la globalización las religiones orientales son parte de la cotidianidad como nuevas culturas:
Por la globalización, las religiones del mundo comunes en nuestro medio, de tal modo que
muy fácilmente los cristianos poco informados y mal formados pueden ser persuadidos por las
propuestas diferentes para experimentar lo misterioso, lo oculto, lo espiritual o simplemente lo
que les haga encontrar satisfacción personal alternativa, prosperidad avariciosa y falsa paz.

Por la globalización se pretende unificar una sola ética universal:


Estamos experimentando la promoción y establecimiento de una ética determinada por el
estado y el mercado. No es una pretensión saludable para establecer necesariamente la mejor
ética, sino la que conviene a los intereses políticos y mercantiles; una ética sincretista,
postmoderna, que tiene la característica de desencajar con la ética Cristiana genuina.

Cómo podría presentarse la formación cristiana a 500 años de la reforma.

Una formación para una nueva competitividad liberadora:


Que la formación cumpla con elementos que afirmen al cristiano y al ser humano para una
forma de vida fundada inteligiblemente en la Palabra de Dios con una conciencia religiosa,
cultural y social bajo el gobierno sabio del Espíritu Santo; tanto para el conocimiento de la
salvación como para el anuncio del juicio y de la vida futura. Para ese fin habría de considerar
las siguientes áreas:

 Cognoscitiva: Que se promuevan y enseñen los conocimientos del dogma reformado de


la iglesia.
 Vanguardista. Que pueda estar por encima de los nuevos desafíos que se presentan en
el mundo en las dimensiones religiosa, cultural y social.

2
 Reflexiva y pragmática: Que su conocimiento e información pueda reflejarse en las
actitudes del hombre y en el desarrollo de sus habilidades.
 Reformada: que tenga la capacidad de actualizar sus estructuras, y profundizar sus
conocimientos o dogmas a fin de responder oportunamente con una praxis más amplia
bajo la opción Espiritual del mensaje bíblico.

Educación con carácter trinitario.


La forma característica de ser de Dios es Espíritu; y de ello hay un reflejo en sus criaturas.
“Aquel que es, y todo el que tiene espíritu es capaz de relacionarse con aquello que es distinto
de sí, de entrar dinámicamente en una relación con el otro”1 ser espiritual. Por eso la educación
habría de fundarse sobre y para una relación dinámica entre Dios y sus criaturas espirituales
desde la perspectiva relacional trinitaria. (San Juan 4.24)

La educación debe recuperar su carácter subjetivo, que tiene como propósito asentarse en la
fuente de vida humana que es el corazón. Esto a fin de objetivarse como la expresión racional
y genuina de vida humana en una praxis redentora, sin descartar que sea espiritual o
dinámicamente en y por el Espíritu.

Educación opuesta a la ley de la modernidad.


La llamada era postmoderna no es esencialmente otra que la era moderna. Ambas son etapas
del desarrollo del pensamiento de la modernidad. En la era moderna, el otro (Dios) es excluido
y en la postmoderna, el otro (Dios) ya no importa. La idea central es liberarse del otro, “más
bien del otro, el absoluto” del Dios que hizo todo, y que se reveló en la creación, por los
profetas y en la encarnación de su Hijo en la historia. También, como dato característico de la
era postmoderna, se maximiza la falta de compromiso con la verdad, aunado a la
prácticamente “desaparición del otro, y la maximización de todo”.

Hay varios términos que describen los principios prácticos y paradójicos de la


modernidad según lo que Gunton plantea2:

1
Colin E. Gunton, “Unidad, Trinidad y Pluralidad”; Ediciones Sígueme Salamanca, 2005.
2
Estos conceptos están basados en el estudio a la obra de Gunton citada más arriba. Estos conceptos no son citas textuales,
son producto del estudio de los términos como fenómenos (acontecimientos) en la obra.

3
1. Homogeneidad: la modernidad es el proceso de liberación de todos del “uno
absoluto”, para hacer a “cada uno independiente”. No es otra cosa que una falsa
libertad o independencia total que a la larga propicia el caos por causa de “todos
absolutos”. Esto provocó a la larga un totalitarismo global en el que todos los
humanos tienden a ser absolutos que pretenden eliminar al uno absoluto; sin
embargo esto propicia el problema de la ausencia de un absoluto verdadero que
de orden y estructura al todo. Sin un absoluto que unifique y organice, se da el
caos y la falta de relación verdadera. En la educación, esto da lugar a infinidad
de modelos y supuestas verdades que no permiten conducir al humano a la
única verdad que libera.
En lo que respecta a la educación reformada, este fenómeno afecta la identidad
y base de la educación reformada.

2. Individualismo: esto presume ser el resultado de la liberación del absoluto, pero


es más bien en acto, la desaparición del otro, es una voz que en alto dice: “no
necesito del otro para ser yo mismo”. Este concepto rompe el ámbito relacional
con el cielo, con la creación y con la mujer y el hombre.

3. Desvinculación: resultado del concepto anterior, consiste en apartarse de los


demás y del mundo, para tratarlos como objetos ajenos. En la práctica es un
instrumental+ismo, en el que aún el “Absoluto” y los “absolutos” vienen a ser
tratados como un simple instrumento.

4. Desplazamiento: El absoluto es desplazado por la pluralidad de individuos que


pretenden dominar el mundo como regímenes totalitarios; o bien, la pluralidad se
homogeniza a fin de se convierte en absoluto.

Es decir, el objetivo de la era moderna es separar al hombre de Dios, hacer dios al hombre,
unir a los hombres endiosados, y por último que los hombres endiosados unidos ocupen el
lugar de Dios. Es una antítesis de la verdad y de la educación reformada bíblica.
La educación reformada debe exaltar la gloria y señorío de Dios y hacer del hombre un siervo
libre del Dios altísimo.

Educación debe ser con principios Bíblicos

4
Dios creó al hombre como ser espiritual, y es el Espíritu que le da a cada ser la capacidad de
ser auténticamente, no como una función, ni como un instrumento de otro ser.

 El propósito de Dios al revelarse, fue el de mostrar su concreción, no su


abstracción. Es decir, que lo conociéramos con base en su relacionalidad con
nosotros, lo que Dios es y lo que hace con nosotros concretamente.

 Solo el propio Espíritu de Dios es capaz de discernir su propia sustancialidad


para darla a conocer al humano, por lo que se exige que la educación cristina
reformada debe ser siempre espiritual. (1ra de Cort. 2.10-12)3 .

En Dios vemos un misterio relacional, de tres distintas personas en uno como la imagen que
debe reflejarse en el hombre.
En Dios, el Absoluto, está el misterio de la no confusión, del no desplazamiento, de la
particularidad sin individualismo, el misterio de la no homogeneidad, y de la no desvinculación.
El ser humano fue creado a la imagen del uno plural absoluto; y este misterio es principio para
la Educación Bíblica y Teológica. Dios creó al hombre como ser relacional, ser de imagen
semejante del creador; por tanto la Educación debe buscar ese ideal creacional, es decir,
formar al hombre en libertad para que pueda “vivir, amar, criar hijos, aprender, cultivar plantas,
construir casas y hacer obras de arte”4.

Por tanto, la educación reformada debe trasladar al ser humano a la expresión de su


humanidad en libertad tanto en su relación con Dios, con la creación y con sus semejantes, es
decir, la educación debe ser religiosa o espiritual, cultural o de señorío, social o de unificación.
El ser humano debe recuperar en su libertad una religiosidad que lo dignifique, un ejercicio
cultural que lo haga pleno y un ejercicio de su relacionalidad que lo complete. Es mejor un
humano libre que en su libertad busque a Dios, cultive su mundo y honre a sus semejantes que
uno que un humano oprimido que siga una falsa religión que lo haga falso, una cultura que lo
destruya y relaciones que lo minimicen.

3
Aunque a simple vista parece que el texto afirma que Dios se revela para mostrarnos su lado abstracto, la cierto es que el
texto habla sobre el misterio de la crucifixión de Jesucristo.
4
Gunton, pp 236.