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Los volúmenes de gas que por distintos motivos Bolivia no envió a Brasil serán

distribuidos durante 18 meses después de 2019, cuando finalice el contrato de

compraventa con el vecino país. Esta situación, según especialistas, implica

desventajas para Bolivia, puesto que continuará haciendo los envíos sin percibir

ingresos por tratarse de volúmenes que ya fueron pagados.

La tendencia a efectos negativos puede ser mayor si el petróleo alcanza una

mejor cotización hasta 2019, pues Bolivia enviará gas en una mejor coyuntura

de precios en relación a cuando se pagó por esos volúmenes. Actualmente el

petróleo se cotiza en 56,69 dólares el barril.

El presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), Óscar

Barriga, confirmó que “tenemos un año y medio donde vamos a seguir dando los

volúmenes que ellos no tomaron durante el contrato”.

Según el secretario de Energía, Minas e Hidrocarburos de la Gobernación de

Santa Cruz, Herland Soliz, Brasil estuvo pagando en función al volumen mínimo

establecido en el contrato (24 MMm3d) pese a que sus nominaciones alcanzaron

un promedio de 15 MMm3d en algunos meses.

Explicó que la situación implica una desventaja para el país porque se prevé que,

en 2019, el precio del barril de petróleo alcance los 60 dólares, lo cual no podrá

ser aprovechado por Bolivia.

“Entonces Brasil ha hecho un pago a un precio bajo, y cuando le toque recibir

(dirá) ya te pagué”, agregó Soliz.

Por su parte, el analista económico Pedro Vacaflor sostuvo que el impacto

negativo para Bolivia se acentuará en el agotamiento de las reservas de gas

porque están en decadencia. Vacaflor afirmó que el país “ya se gastó” el dinero
recibido por los volúmenes de gas que enviará a partir de 2019, por lo que “en

efectos prácticos será un gas que lo estaría entregando gratis”.

El economista Germán Molina considera que Bolivia debe honrar el contrato con

Brasil aunque tenga un efecto desfavorable por el envío del gas sin percibir

ingresos.

DATOS

La economía de Brasil se va recuperando. De acuerdo con el ministro de

Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez, la economía de Brasil comienza a

recuperarse, lo que derivará en un mayor dinamismo de sus industrias y

demandará un mayor consumo de gas.

Diputados aprueban contrato de Abapó. Ayer, el pleno de la Cámara de

Diputados aprobó el proyecto de ley que autoriza suscribir el contrato de

servicios petroleros, para la Exploración y Explotación en áreas reservadas a

favor de YPFB, correspondiente a el área Abapó. La norma pasará al pleno de

la Cámara de Senadores.

SE REÚNEN LOS EQUIPOS TÉCNICOS EN CUIABÁ

El ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez, indicó que el 20 de diciembre

se reunirán los equipos técnicos de trabajo en Cuiabá con el objetivo de cerrar

contratos interrumpibles de gas a corto plazo, además del trabajo en contratos

en firme para la compra de gas a mediano plazo y de un acuerdo comercial para

poder exportar urea a ese mercado.


“En los últimos meses (…) surgió la posibilidad con los cuatro estados de Brasil,

al margen de suministrar gas natural, Bolivia podría ser socio de las empresas

distribuidoras de gas de Mato Grosso y Mato Grosso Do Sul”, dijo.

ESPERAN UNA PROPUESTA DE PRETROBRAS HASTA FIN DE AÑO

Tras su visita a la República de Brasil, el ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto

Sánchez, expresó que hasta fin de mes Petrobras hará conocer a Bolivia la

demanda de gas boliviano que tendrán para el nuevo contrato.

“Hemos sostenido reuniones con Petrobras, nos adelantaron que a la conclusión

del contrato la exportación sería entre 15 a 20 millones de metros cúbicos

(MMmcd), estamos esperando la nota formal hasta fin de mes”, indicó en un

boletín de prensa.

Afirmó que los gobernadores de los estados de Matto Grosso, Mato Grosso Do

Sul, Santa Catarina, Paraná y Acre tienen interés de más de 10 MMmcd de gas

natural y hay interés por parte de las empresas distribuidoras de esta zona para

la generación de energía eléctrica.

“Es decir que con Brasil tendremos un contrato por 15 MMmcd a través de

Petrobras y otros 25 MMmcd para las otras empresas que requieren el gas

boliviano”, añadió Sánchez sobre los alcances de las negociaciones.

Las nuevas condiciones: “más gas a menor precio”


Veamos la estrategia de las transnacionales y burguesía brasileña para seguir

constituyendo a Bolivia como polo de distribución energética barato en

Sudamérica

En septiembre de 2016, la periodista Nicola Pamplona de la Folha de Sao Paulo,

hizo conocer que el Gobierno Federal del Brasil estudia crear un operador

nacional del gas para reemplazar a Petrobrás, la estatal del Brasil, que mantiene

el monopolio del transporte y la comercialización entre la producción y los

mercados de consumidores.

Este plan busca en lo central “renovar totalmente el contrato de importación de

gas de Bolivia que vence el 2020” y reducir a la mitad el volumen contratado. “La

expectativa es que la compañía reduzca a la mitad el volumen contratado, con

el país vecino, hoy en 30 Mm3 por día, equivalentes a 37,5% del consumo diario

medio del Brasil. Por eso las distribuidoras de gas y la industrias consumidoras

se preparan para negociar directamente con el gobierno boliviano contratos para

la próxima década”.

Está claro que estas medidas anunciadas extraoficialmente no buscan en lo

interno mejorar el sistema de distribución de gas en Brasil sino: 1.

desguazar/privatizar la estatal petrolera brasileña a favor del capital privado y

transnacional, 2. e implementar un nuevo sistema de precios respecto al gas

boliviano que beneficie aún más a las transnacionales y la burguesía brasileña,

principal objetivo de la estrategia descrita por Pamplona.

En este contexto, Brasil, ha disminuido el bimestre de enero/febrero/2017 su

volumen de compra de gas al 50% (2), tema atribuido al buen funcionamiento de


sus hidroeléctricas, pero que parece demostrar la aplicación de “facto” de su

nueva estrategia para doblegar a Bolivia e imponer nuevos precios y

condiciones.

Cabe decir que esta disminución al 50% del volumen de compra de gas por parte

del Brasil, vulnera el actual contrato en vigencia que ha sido firmado con una

entrega máxima de 32 mmcd (Deliver or Pay) y un mínimo de 26 mmcd (Deliver

or Pay). (3)

Posición del Gobierno del MAS

Mientras en Brasil esperan que una audiencia pública apruebe esta estrategia

“no oficial”, autoridades del MAS, refrendaron esta propuesta.

Al respecto la nota de prensa de La Razón señala: “El vicepresidente Álvaro

García Linera aseguró este lunes que Brasil continuará comprando gas

boliviano, mediante empresas privadas, tomando en cuenta que la estatal

Petrobras liberó la comercialización de ese energético, en una suerte de

"privatización" de su compra. (4)

Confirmó que “El Gobierno boliviano desde hace ocho meses empezó a negociar

con empresas privadas brasileña después de que el gobierno de Michel Temer

resolvió liberar a las empresas privadas para la comercialización de gas y reducir

la participación de Petrobras en este negocio. “Estamos negociando desde hace

ocho meses la venta de gas a Cuiabá, ya no es Petrobras, es una empresa

privada. Ellos quieren comprar gas incluso por encima del precio que ahora nos

paga Brasil y Petrobras”, declaró el vicepresidente Álvaro García Linera. (5)


De igual manera el ministro de hidrocarburos, Luis Sánchez, confirmó que cuatro

estados del Brasil están interesados en la compra directa del gas boliviano para

hidroeléctricas. (6)

Es decir, una compra directa de gas boliviano, sin intermediación de Petrobras,

la estatal brasileña.

Estas posiciones del gobierno del MAS expresan una remota comprensión del

tema económico más importante de la vida nacional.

¿Brasil no necesita gas boliviano?

No. Brasil no tiene autosuficiencia energética y depende del gas, tanto boliviano

(33%), como del gas licuado (GNL) que importa (17%). El resto es producción

interna.

La idea esgrimida que Brasil tiene “suficiente músculo” para prescindir del gas

boliviano es falsa. Sin embargo, este ha sido el argumento central de la

geopolítica brasileña para constituir a Bolivia como su fuente de

aprovisionamiento energético barato y dependiente en la región.

El proyecto de El pre-sal y la subasta de áreas de explotación de gas no

convencional que “le darían este músculo” para ganar la pulseta a Bolivia y lograr

que reduzca el precio del gas natural de cara al nuevo contrato ha sido

postergado en su explotación y hoy mismo es el centro de la disputa entre estado

brasileño y transnacionales, lo que su exploración/explotación sería a mediano

plazo.
Entonces Brasil no tiene músculo y no nos “hace un favor” al comprar gas

boliviano y no tiene suficiente reservas y producción de gas para prescindir de

él, que no sea a un mayor precio.

Precio, gas “rico” y volúmenes

Otro análisis crítico es el de Justo Zapata, director del DIPGIS UMSA, demoledor

en su balance del contrato que hoy se pretende renovar.

Sostiene que desde un punto de vista económico, el contrato inicial debía haber

establecido un precio del gas en función a su poder calorífico, lo que hubiera

significado que el precio sea siempre un quinto del valor del barril del petróleo,

similar a los precios referenciales de Europa o Asia en este momento. A lo largo

de los últimos años, Brasil pagó muy por debajo de ese precio.

Con el contrato que finaliza el 2019, se impuso un precio en base a una canasta

de fuel oils tremendamente contaminante, y el resultado fue un mal negocio para

el país. Si bien, en lo mínimo, mantuvo un precio del gas acorde a las subidas

del precio del barril de petróleo en el mercado internacional, no lo fue en las

proporciones del precio de mercado europeo o asiático. Zapata dice que: “Se

puede afirmar con seguridad que en ningún país del mundo se permitiría quemar

un combustible como el de la canasta (establecida con el Brasil) con alrededor

de 27 gramos de azufre por kilogramo de combustible. Esta cantidad de azufre

permitiría obtener alrededor de 83 gramos de ácido sulfúrico por litro quemado,

cantidad que en cualquier fábrica o ciudad tornaría la atmósfera en irrespirable”

(11).
Es decir, el contrato que finaliza estableció una canasta de fuell cells, altamente

contaminantes, alejados de la cualidad del gas, un energético menos

contaminante, por ello mismo, como lo ha establecido el copi 21, energía “limpia”

y de transición hacia las “alternativas”, estratégica, para enfrentar el

“calentamiento global”.

Por otro lado, dice Zapata que el contrato obligó a vender gas húmedo, es decir,

gas “rico” que genera utilidades adicionales.

Afirma Zapata que “En el contrato, Bolivia se obliga a proveer un mínimo de 1034

calorías por pie cúbico. Si sólo se vendiera metano o gas seco no se podría

satisfacer este requerimiento, pues con metano 100% puro se alcanzarían 974

calorías por pie cúbico. Aunque en general, solo se comercializa gas seco, es

decir, metano con algo de dióxido de carbono y nitrógeno (en el mundo), Bolivia

por este contrato, se ve obligada a comercializar gas húmedo con alrededor de

10% de etano, GLP y gasolina natural”.

Zapata se pregunta: ¿cómo se pudo elaborar un contrato tan desfavorable al

interés nacional que fue fijar el precio en función de una canasta de combustibles

tremendamente contaminantes y, por lo tanto, de bajo precio; comprometerse a

vender gas húmedo en lugar de gas seco e incluso no prever emplear el

gasoducto al Brasil para llevar gas boliviano a otros puntos del territorio boliviano,

como por ejemplo, la industrialización del Mutún? Su respuesta es contundente:

en la firma del contrato de gas al Brasil “se antepuso el interés personal al interés

nacional: nuestros principales negociadores de YPFB ya habían cambiado de

camiseta antes de abandonar sus altas funciones”, afirma.


En conclusión, Zapata sostiene que el contrato de venta de Gas al Brasil fue un

saqueo más a Bolivia.

para negociar el nuevo contrato de venta de gas al Brasil

De todo lo señalado, la primera constatación es que ni la venta de gas a la

Argentina (iniciada en los 70) ni la venta al mercado del Brasil (desde 1997)

contribuyeron a forjar una política de desarrollo nacional para salir del modelo de

desarrollo primario exportador, por el contrario, profundizaron el extractivismo y

la dependencia de Bolivia.

Con ambos contratos Bolivia perdió sus reservas de gas y con ello perdió su

seguridad energética. En suma, Bolivia debe:

1.- Vender menos volúmenes de gas a mayor precio para garantizar reservas

de gas para el desarrollo nacional los próximos 30 años, mientras cambiamos

nuestra matriz energética hacia las nuevas energías alternativas como la eólica

y solar.

Bolivia hoy no tiene las reservas suficientes para encarar un nuevo contrato. La

última certificación la establece en 10,45 TCF. Al ritmo actual de consumo, 0,86

TCG/año, estas reservas alcanzarían hasta el 2026, sin renovar el actual

contrato con Brasil que finaliza en 2019. Si lo renovamos, en 2025 Bolivia no

podría satisfacer la demanda de Brasil, ni sus propios requerimientos.


2.- Elevar el precio del gas en función de su poder energético. Energéticamente

un metro cúbico de gas natural proporciona la misma energía que un quinto del

barril de petróleo. A esta relación debe corresponder su precio. En ese sentido,

Brasil paga, con un precio del barril de petróleo de 50 dólares, alrededor de 5 el

Mmp3, cuando debería pagar, atendiendo la fórmula propuesta, 10 dólares, es

decir, un precio cercano a los del LNG en Sudamérica (Ver cuadro 7).

3.- Negociar solo con PETROBRAS y el estado brasileño un contrato a largo

plazo, con menos volúmenes y con precios referidos al poder calorífico del gas

que significa establecerlo en 1/5 del precio del barril de petróleo. No negociar

directamente con las empresas privadas. Los privados y las transnacionales

buscan contratos a corto plazo para imponer precios spot, es decir, precios más

bajos para el gas.

4.- Vender solo gas seco, como lo hacen todos los países productores de gas en

el mundo. 1034 calorías por pie cúbico que se impuso al país en el contrato que

finaliza, no se debe repetir. Bolivia debe construir una planta separadora con

mayor capacidad en Río Grande para aprovechar las gasolinas que aún hoy se

van al Brasil con el gas.

5.- Permitir el uso del gasoducto para emprendimientos nacionales, por ejemplo,

para el transporte de gas destinado a la industrialización del hierro del Mutún. Se

calcula que este proyecto necesita entre 6 y 8 Mmp3/d de gas. Cabe decir que

Bolivia podría consumir hasta 40 Mmp3/d de gas en otros emprendimientos

nacionales como la industrialización del litio, siderurgia y agroindustria.


6.- Realizar una verdadera nacionalización de los hidrocarburos, porque

mientras Bolivia no nacionalice, las transnacionales que hoy operan los campos,

seguirán presionando al estado boliviano exportar más gas y buscar “nuevos

mercados externos”. Bolivia debe nacionalizar los megacampos Sábalo,

Huacaya, Inchahuasi/Aquío y Margarita para ser operados por YPFB y recuperar

el mercado brasileño para nuestra estatal petrolera.

7.- Finalmente, luego de nacionalizar, utilizar la energía del gas como factor de

producción en la economía nacional y usar el excedente como factor de

negociación con el Brasil para obtener mercados para productos industrializados

del país, en la perspectiva de salir del modelo primario exportador y desarrollar

verdaderos procesos de integración económica y política en América Latina.

Esto mismo proponía Marcelo Quiroga Santa Cruz, al oponerse a la venta de gas

al Brasil por la dictadura, hace más de cuatro décadas.