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JUAN MANUEL LóPEZ CABALLERO

JUAN MANUEL LÓPEZ CABALLERO

ÁLVARO URIBE:
EL CABALLO DE TROYA
DEL NEOLIBERALISMO
JUAN MANUEL LÓPEZ CABALLERO

ÁLVARO URIBE:
EL CABALLO DE TROYA
DEL NEOLIBERALISMO

EDITORIAL OVEJA NEGRA


1ª edición: octubre de 2009

© Juan Manuel López Caballero, 2009


juanmalo50@hotmail.com

© Editorial La Oveja Negra Ltda., 2009


editovejanegra@yahoo.es
Cra. 14 Nº 79 - 17 Bogotá, Colombia

ISBN: 978-958-06-1135-6

Preparación editorial: José Gabriel Ortiz A.

Impreso por Rasgo & Color - www.rasgoycolor.com

Impreso en Colombia - Printed in Colombia


CONTENIDO
Presentación 11
Introducción por Juan Manuel López Caballero 15
El modelo general 15
El Magnetismo del Líder 18
El Proyecto Político 21
Bloque de Fuerzas a la Derecha 25
El Caballo de Troya 28
Nuevo Modelo de Desarrollo 32
Política Internacional 33
Baraja de Alternativas 35

Parte I
LA GUERRA
Presentación 41
Capítulo I - La Guerra
Beligerancia, terrorismo, etc. 43
Lo que es un estudio serio (J. F. Isaza) 44
Las jugadas se agotan 48
La purga en las fuerzas militares 51
Después de la era Uribe 53
Capítulo II - Humanización de la Guerra
El rescate de secuestrados 57
Políticamente incorrecto 59
Sólo para ellos 62
La recompensa por la muerte de Iván Ríos 64
Terrorismo, beligerancia, conflicto armado 66
En qué va el conflicto armado 70
Capítulo III - Acuerdo Humanitario
Entre la imagen y la realidad del acuerdo humanitario 73
¿En qué está el acuerdo humanitario? 75
Interpretando un legado 76
Los obstáculos para el acuerdo humanitario 80
Acuerdos con escopeta 81
¿Un gran golpe a favor de quién? 83
¿Qué sigue tras la liberación de retenidos? 85

Parte II
PARAMILITARES, PARAPOLÍTICOS Y JUSTICIA
Presentación 89
Capítulo IV - Paras y Narcos
Balance del ‘Proceso de Paz’ 91
El paramilitarismo: un tema político y no solo penal 92
Sobre la reforma política 94
La excarcelación de los parapolíticos 96
De Narcos y Paras 97
Capítulo V - Justicia
El Gobierno no es disculpa 101
Otra visión del caso Jamundí 102
Uribe vs. la Corte Suprema 104
Sobre el ‘Choque de Trenes’ 106
Lo nuevo en el caso del Palacio de Justicia 109
¿Para dónde va la ley de Justicia y Paz? 109
El ‘Principio de oportunidad’ y el testaferrato 112

Parte III
INTERNACIONAL
Presentación 117
Capítulo VI - Colombia Internacional
La Colombia de Uribe 119
Pensando en el TLC 121
Ocho tesis sobre el TLC 124
El paramilitarismo y el TLC 127
Política sobre drogas 131
El documento de la Comisión 133
De la seguridad alimentaria a la inseguridad alimentaria 135
El porqué de los precios del petróleo 136
Ecopetrol: ¿una decisión correcta? 139
Capítulo VII - Los Estados Unidos y Bush
Una gran experiencia en los Estados Unidos 145
El ‘Commander in Chief’ en su laberinto 148
Una chispa de esperanza 152
Del Oriente Medio a la III Guerra Mundial 153
El discurso de Obama 155
Capítulo VIII - El Presidente Chávez y Venezuela
Uribe y Chávez 157
El comercio o la guerra 159
No más ‘éxitos’ del Presidente Uribe 160
El conflicto Uribe-Chávez 162

Parte IV
COYUNTURA ECONÓMICA
Presentación 167
Capítulo IX - ¿Cómo va el gobierno?
El modelo de crecimiento colombiano 173
Son tiempos electorales 177
La economía va bien, pero… 180
¿Qué nos espera? 182
Capítulo X - Reforma Tributaria
Confundir: ¿Estrategia o incapacidad? 185
Comienza la legislatura post reelección 186
La reforma tributaria, el presupuesto y Ecopetrol 188
Hablando de las transferencias 190
¿Vergüenza o falta de vergüenza? 192
Más que embolatada la Reforma Tributaria 193
Mamá, ¿qué será lo que quiere el negro? 195
Capítulo XI - Información
Manejados por los medios 199
Estadísticas o siliconas 200
El Censo 202
Síntomas de una enfermedad 204
Época de encuestas 205
La pobreza en Colombia ¿aumenta o disminuye?,
¿se estudia o se manipula la información? 209
La gestión del Gobierno y el modelo económico 212
Parte IV
POLÍTICA
Presentación 219
Capitulo XII - Política
Uribe: ¿buen político o buen gobernante? 221
El caso Carimagua 223
Uribe y sus funcionarios 226
La personalidad y el poder 228
Lo bueno, lo malo y lo feo de la ‘Seguridad Democrática’ 229
Capítulo XII - Elecciones
La verdadera disyuntiva 233
¿Colombia será la excepción? 234
¿Partido Liberal o Partido de un César? 236
El destape de la seguridad democrática 238

Capítulo XIV - La aposición


Política y paramilitarismo 241
De antiuribistas y uribistas 243
El protagonismo de Petro 244
La oposición al Gobierno Uribe 246
Se le ‘chispotió’ 248
El mejor aliado de Uribe 249
TransMilenio, Peñalosa y Alcaldía de Bogotá 252

Epílogo
¿Fin de cuál capitalismo? 257
Presentación

No es fácil discrepar de la verdad oficial cuando las mayorías


parecen estar conformes con ella. Apartarse de la hermenéutica
palaciega en temas tan sensibles y controvertidos como la política
de Seguridad Democrática y el Plan Patriota, la reinserción de
paramilitares y la erradicación de cultivos ilícitos, la impunidad
y los derechos humanos, el TLC, la privatización de las más ren-
tables empresas estatales y la subordinación del Congreso y de
las instancias jurídicas a la voluntad del gobernante de turno, es
hacer un incómodo papel de aguafiestas, nadar contra la corriente,
exponerse a la estigmatización de oposicionista.
Como intelectual demócrata e independiente, liberal en el verda-
dero sentido de la palabra -no en su limitada acepción partidista-,
Juan Manuel López Caballero ha asumido ese riesgo. Estudioso,
serio, objetivo, bien informado, observador agudo de la realidad na-
cional y de las fuerzas que se disputan el control de la aldea global,
ejerce a fondo y sin eufemismos, pero también sin prevenciones ni
mezquindades, su derecho a opinar. A poner en contexto los hechos
para mostrar su impacto real en la vida del ciudadano común, no
provisto de los elementos de análisis que están a su alcance y en
consecuencia manipulable por los defensores a ultranza del Statu
quo. En esta labor, cumplida desde sus columnas periodísticas en
varias publicaciones, ha tropezado con los alabarderos del príncipe
que maquillan cifras y encuestas para disfrazar la realidad del país.
Se diferencia de ellos en que no representa gremios ni banderías.
Su preocupación, expresada en forma reiterativa e irreductible,
está centrada en el mejoramiento de la calidad de vida de los co-
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Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

lombianos, la inversión de los recursos públicos en las prioridades


derivadas del conflicto armado, la atención de los desplazados, el
cuestionamiento del poder como un ejercicio individual, autocrá-
tico y excluyente, el desbordamiento de los diques institucionales
por intereses coyunturales, el rechazo de modelos económicos y
políticos ya fracasados. Los artículos, conferencias y documentos
contenidos en este libro -la mayoría difundidos en El Heraldo de
Barranquilla y la revista Dinero-, son apenás una muestra de su
vasto trabajo como analista del acontecer nacional e internacional,
disciplina a la que ha estado entregado de manera continua hace
ya varios años. El rastro de este ejercicio ha quedado plasmado
en publicaciones bien conocidas: El Palacio de Justicia,
defensa de las instituciones; La crítica al modelo neoliberal;
Las antimemorias del revolcón; Colombia, entre la imagen y la
realidad, La conspiración y La violencia de los 90’s.
En un estilo sencillo, apoyado en una sólida erudición académi-
ca, López Caballero aborda ahora con propiedad los más sonados
episodios históricos de la última década en Colombia y el mundo.
Pero no desde la fría y distante posición del técnico imperturbable,
que enuncia un diagnóstico impersonal. Sus afirmaciones, directas
y valerosas, tienen la fuerza de la denuncia, la sensibilidad de un
hombre comprometido con la realidad de su tiempo. En conjunto,
constituyen la dura radiografía, el perfil escueto y crudo de la Co-
lombia que se pretende negar, al igual que las “buenas familias”
esconden a un pariente tarado a los ojos de una visita.
Una tesis central, obsesiva, persiste a lo largo de estas reflexiones:
la necesidad de llegar a la definición de una forma de economía política
que permita reorganizar la sociedad colombiana con un nuevo
modelo de desarrollo. En su opinión, el neoliberalismo es la antítesis,
la negación de ese modelo. “Sólo se ocupa de optimizar el mercado, y
que lo demás funcione como se pueda -sostiene-: no importa la calidad
de vida, nada sobre igualdad. ¡Es un modelo autista!”.
Aun en aquellos temas que puedan aparecer desactuali-
zados, resulta interesante verificar cómo su desarrollo ulterior le
vino a dar la razón al autor. A demostrar su buen juicio, la validez

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Juan Manuel López Caballero

de sus argumentos y proyecciones, la vigencia de los interrogantes


planteados, el acierto ante las circunstancias sobrevinientes.
No cabe duda de que se trata de una lectura oportuna. Contribuirá
a clarificar muchos de los temas en discusión. Incluso podría influir
en las decisiones políticas inmediatas de los colombianos.
La recopilación de columnas en un libro, se dice, es el género
más duro de leer. Su secuencia cronológica en efecto se remite a
circunstancias ya olvidadas por el lector. No obstante, existen en
la presente edición tres cualidades que la apartan de ese género.
En primer lugar, la organización temática de las columnas per-
mite poner en evidencia las vértebras de un razonamiento en torno
a problemáticas permanentes y reincidentes. Lejos de producir
confusión decanta las percepciones. No es lo mismo para el lector
advertido la ilustración del acontecimiento del momento que su
referencia a los procesos que se operan en el trasfondo social y
político –tantas veces operados por fuerzas ocultas.
En segundo lugar, el libro está precedido por una extensa in-
troducción en la que el autor sintetiza las principales hipótesis
generales que se ventilan y analizan luego a través del libro. Para
retomar estas hipótesis, el editor ha intercalado al principio de cada
una de las cinco partes, una presentación de contenido.
En tercer lugar, el autor de estas columnas es mucho más pro-
clive en usar sus instrumentos analíticos del momento en función
de efectos estructurales. Su esfuerzo reflexivo en economía, por
ejemplo, se ataca con frecuencia a enfocar los efectos de las polí-
ticas económicas en las estructuras sociales más que a registrar las
variaciones erráticas o las tendencias de los mercados.
La dimensión analítica, en consecuencia, le permite al lector
dilucidar mejor la circunstancia histórica en que se producen los
acontecimientos y ampliar la visión de las múltiples relaciones que
se desencadenan en la sociedad a partir de hechos aparentemente
tan solo noticiosos y en veces anodinos. La agudeza mental de tal
esfuerzo depara al lector no pocas sorpresas.
En la Introducción, el autor presenta sus principales hipótesis
sobre el modelo político actual con sus implicaciones mafiosas, el

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magnetismo del líder, las tendencias de la economía bajo el manto
neoliberal y las connotaciones de la política internacional subalterna
de las políticas norteamericanas.
En una primera parte se condensan sus puntos de vista sobre la
guerra y el acuerdo humanitario. Significativa explicación sobre la
presencia de fuerzas que provocan cambios en la estructura del
poder.
En la segunda parte se recogen análisis sobre los paramilitares, la
parapolítica y la justicia. Importante el balance del Plan Patriota.
En la tercera parte se aborda el tema internacional. El tema sobre
el TLC se aborda tomando las principales tesis presentadas en el
Simposio de La Habana sobre el libre comercio. Tesis que desa-
rrollan la lógica fatal de la aritmética de la teoría de las ventajas
comparativas. Sobre el escabroso tema de la droga, muy documen-
tado y estudiado por López Caballero en su obra Colombia: entre
la imagen y la realidad, se resume aquí las percepciones y tesis que
más temprano que tarde tienden a imponerse, como sucede con el
reciente informe latinoamericano de tres prestigiosos ex presidentes
latinoamericanos: Fernando H. Cardoso de Brasil, Ernesto Zedillo
de México y César Gaviria de Colombia.
De la coyuntura económica se ocupa en la cuarta parte. Para
cerrar el universo de sus análisis, la parte final trata sobre la política
nacional como un modelo del desarrollo del subdesarrollo. Como
epílogo se pregunta sobre el porvenir capitalista como perspectiva
trazada por el Grupo de los veinte países más desarrollados.
Su formación, sus conocimientos de economía y su pertenencia
a una de las casas políticas más notables del liberalismo progresista,
le otorga a Juan Manuel López Caballero la peculiar característica
de ser capaz de construir hipótesis histórico-estructuralistas con una
lógica rigurosa, para luego contrastarlas una y otra vez con los datos
y hechos que presenta la realidad colombiana. No dudamos que esta
cualidad apasione y sea degustada y controvertida por sus lectores.

José Vicente Kataraín V., Editor


Bernardo García, Coeditor
Introducción

El modelo general
Del Frente Nacional -con veinte años de duración-, Colombia
hereda una cultura de cierre al debate y a la controversia, lo cual
le imprimió al país un carácter que se proyecta en el tiempo. No
porque no haya habido contiendas electorales, ni porque no hayan
surgido disidencias políticas, sino porque cesaron los debates de
fondo. Alberto Lleras había declarado que “el país no está maduro
para la controversia política”. Desde entonces cesó la presencia
de una verdadera oposición. La Anapo hizo una aparición fugaz.
Pero la confrontación de propuestas como factor decisivo para la
construcción de una democracia dinámica, deja de existir. Diversos
movimientos compiten, pero en la estricta campaña electoral, no
en la programática de verdad.
El primer gobierno post Frente Nacional de Julio César Turbay
es una administración estrella en el cogobierno de todos los inte-
reses juntos, sin oposición sensible. Barco trató de hacer gobierno
de partido, pero la oposición real no cuajó. Lo que sucedió enton-
ces es que, salvo el M 19 que logra una activa participación en la
Asamblea Nacional Constituyente de 1991, las otras fuerzas como
el narcotráfico organizado contra la extradición eran una fuerza,
pero no solo un poder político de oposición.
¿En qué momento entonces se consolida la alianza narcotráfi-
co – terratenientes - autodefensas y entran a configurar un nuevo
modelo de poder social? Porque al parecer se trataba hasta enton-
ces de tres fuerzas bien diferenciadas. Sin duda es un proceso en
que el Magdalena Medio el Urabá, terminan por consolidarse en

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Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

una fuerza articulada con el poder político, militar y económico.


Pero resulta visible que con el advenimiento y consagración del
neoliberalismo, este rebaja la intervención al Estado y deja manos
libres para que los intereses en juego se coaliguen. La cohabitación
frentenacionalista entonces se pervierte y da lugar a un Estado de
connotaciones mafiosas.
Nadie niega que el narcotráfico genere violencia, prevaricato
en la justicia y corrupción en la clase política, pero esos perversos
efectos no son fenómenos causales, sino más bien concomitantes de
la transformación de las relaciones que se articulan para configurar
una nueva estructura de poder parapolítico, paramilitar y terrate-
niente. El advenimiento de esa nueva estructura que la diferencia
de la tradición oligárquica frentenacionalista es el hueso duro que
hay que enfrentar en el presente colombiano.
Terratenientes y paramilitares pudieron consolidar abiertamente
su alianza en las numerosas amnistías patrimoniales, en las cuales
el narco se convierte legalmente en latifundista. Pero no se qui-
so reconocer la alianza de políticos y paramilitares hasta que el
Senador De la Espriella denunciara la reunión y los acuerdos de
Ralito y luego empiezan a aparecer en las fosas comunes, hasta
entonces ocultas, con más de 10.000 cadáveres. No se reconoció
al neoliberalismo hasta que las estadísticas empezaron a identificar
el crecimiento de la desigualdad social y la crisis internacional
desatada por la desregularización del sistema financiero. Tampoco
se reconoce la lejanía con los intereses latinoamericanos y los ex-
cesos del militarismo internacional sino hasta cuando se derrumba
el presidente Bush y se cuestiona el fracaso criminal de la guerra
de Irak, respaldada por el gobierno colombiano.
Estas tres verdades del modelo, la soterrada alianza político-pa-
ramilitar, la crisis neoliberal y una alianza militarista internacional,
se pasan por alto debido a la aparatosa “seguridad democrática”.
En las carreteras se anuncia ‘viaje tranquilo, el ejercito está en
la vía’ o ‘se movilizan 36.000 efectivos para proteger a los viajan-
tes durante el puente’, y se encuentra uno cada 10 ó 15 minutos
con retenes del ejército y tanques y tanquetas con camuflados, tal

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Juan Manuel López Caballero

como en las películas se tipifica la situación de las dictaduras con


intensos patrullajes, que terminan en los juicios por delitos de lesa
humanidad, como sucediera en el Cono Sur, cuando la cacería de
comunistas.
O seguridad democrática que se manifiesta mínimo una vez por
semana con emergencias que producen ‘Consejos de Seguridad’
de donde salen multimillonarias ‘ofertas de recompensas’, o se
manifiesta con las noticias desastrosas de manejos caóticos en las
fuerzas armadas con accidentes de ‘fuego amigo’ o ‘falsos positi-
vos’, o casos de ‘manzanas podridas’.
Ese es el modelo que para perpetuarse exige que se impongan
impuestos especiales de guerra (o de ‘paz’ o de ‘seguridad’), pero
nunca se hace nada parecido para atender los problemas trágicos
de los desplazados, de desempleo o de educación y salud.
Es el modelo que, según lo divulgaron las grabaciones pre-
sentadas por Piedad Córdoba en su momento, formó parte de las
negociaciones con los paramilitares para que el Gobierno actual
saliera reelegido: guerra a las Farc.
Y es el que como modelo neoliberal muestra en las estadísticas
resultados de un número creciente de pobres multiplicado, de una
creciente brecha entre ricos y pobres, de un desplazamiento for-
zado de miles de hogares, mientras que otros colombianos buscan
solución económica fuera del país.
En el terreno internacional no sólo se abandona la Comunidad
Andina de Naciones al dejar a la deriva el arancel externo común
para aspirar a un ilusorio e inconveniente TLC bilateral con los
Estados Unidos, sino que además resulta el gobierno colombiano
siendo el único en América Latina y con tres más en el mundo, que
declara al lado del gobierno Bush que le declara la guerra a Irak.
Como es obvio que no todas las características del modelo, ni
todos los resultados tienen que ser malos, pero conociendo las
características fundamentales del modelo, la pregunta decisiva es:
¿queremos desarrollar aún más este modelo? Dilucidar estos temas
es el propósito de esta introducción, no como el caso personal del
mandatario de turno, sino como una propuesta política en marcha.

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Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

El Magnetismo del Líder


Pero esa nueva estructura de poder no puede ser controlada por
instituciones estatales en plan de ser debilitadas por la consigna
neoliberal, ni por partidos políticos que tramitan su liquidación en
el estilo consagrado de sumar “micro empresas electorales” para
alcanzar el umbral electoral. Más bien el Estado tiende a anarqui-
zarse y a emprender el camino de que todo vale para lograr más
ganancias y más competitividad privada a todo costo. El creci-
miento no resultó asombroso como se esperaba, pronto surgió una
situación crítica (1998-2001) y el desempleo y el empobrecimiento
se agudizó de nuevo.
Claro que no existe concordancia entre lo que vemos y vivi-
mos frente a la imagen que produce los medios para el consumo
masivo. Se desata una información apologética del gobierno, de
la recuperación económica y de paz a la vista en El Caguán. Pero
el nuevo modelo económico y social, es cosa que desconcierta a
unos e inquieta a otros. La realidad no coincide con la imagen. La
distorsión no permite visualizar de dónde nacen las críticas y los
cuestionamientos a los resultados alcanzados. Nace la perplejidad
sobre todo ante los fríos balances que vienen del extranjero. ¿Se
trata acaso de observadores con percepciones torcidas?
En una primera aproximación, la explicación de tal distorsión
estructural se suele denominar “quiebre histórico” de una nación.
El orden institucional se debilita. Su sistema de valores se altera. La
percepción de la realidad se transmuta. Las aspiraciones cambian
con una nueva la visión de futuro.
En tal circunstancia, los criterios y parámetros usuales resultan
insuficientes o inapropiados para entender las nuevas situaciones.
Por lo tanto surge un desconcierto entre los analistas para emitir
balances y para sopesarlos. Es la situación un tanto caótica apta
para el surgimiento de un caudillo que todo lo ilumina y todo lo
resuelve.
Son los cambios históricos inesperados. En retroceso como la
España de Franco, o en perspectiva abierta como la Cuba de Fidel o
en reacción como en el Chile de Pinochet. Casos en que un evento

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Juan Manuel López Caballero

político de profundidad telúrica altera el discurrir anormal y se


impone una voluntad que marca el destino de un país y la men-
talidad de sus habitantes. Aparece entonces la figura del ‘tirano’,
cuyo clásico significado no es el del opresor, sino la expresión de
un poder incontrovertible y cuya expresión es el referente único
de la ciudadanía.
Pero el ‘quiebre histórico’ puede no ser violento, ni fruto de
una guerra civil, ni de una revolución, ni de un golpe de Estado.
Puede darse sin romper el régimen legal y lograr sin embargo los
mismos resultados. Tal quiebre es por ejemplo, el conocido caso
de Hitler y guardadas las proporciones es al que más se parece al
fenómeno que caracteriza a la Colombia de hoy.
Cierto es que la mayoría de los analistas serios coinciden en que
la historia del Nazismo se explica más por la situación alemana
del momento –las condiciones humillantes del Tratado de Versa-
lles impuestas tras la primera guerra mundial, la crisis financiera
de los 30’s, el fracaso de la Constitución de Weimar, etc., que por
la personalidad misma de Hitler. Todos reconocen, sin embargo,
que parte de su poder –y de la razón por la cual logró que le en-
tregaran tantos poderes- se explica por la forma en que el Führer
logra relacionarse con sus gobernados. Es su gesto marcial, el
efecto hipnótico y el llamado ‘carisma de líder’, lo que despierta
la devoción y luego el culto ciego.
En diferentes grados, sin llegar a niveles de la Alemania nazi,
es reconocida la existencia de ese ‘carisma’ en ciertos gobernantes.
Difícil de explicar, pero innegable. La concentración de poderes
lograda por el presidente Uribe depende quizá más del enervamien-
to y frustración producida por los fracasos alcanzados por el país
hasta el gobierno anterior, mucho más que por el hábil clientelis-
mo presupuestal agitado en los Consejos Comunitarios y de los
calculados nombramientos. Pero su poder mediático va más allá,
cuando logra sin cortapisas, ni contrapesos, su primera reelección.
Ahora transita hacia la segunda como si le estuviera llegando lo
que no necesita solicitar porque se da por descontado, el sumiso
otorgamiento de quienes tienen la facultad de hacerlo. Complejo es

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Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

ese de los devotos del Führer, que al principio lo ven como líder,
guía y no dictador. Pero puede mutarse, si las instituciones están
en un caos decadente. Muestra expresiva de tal adicción puede ser
por ejemplo, las declaraciones del Representante a la Cámara José
Tyron Carvajal, quien ante el secuestro de su señora, la Notario
Cielo Hormiga Paz, declara que a pesar del peligro que suponen
los rescates militares, por lealtad hacia el Dr. Uribe y su política,
respalda el abandono de los intentos de acuerdos humanitarios.
Devoción cumplida.
Insólito y demostrativo es también el espectáculo en Buena-
ventura donde el Dr. Uribe ordena la detención de un presunto
delincuente, en un gesto por proyectar su imagen de ‘gran líder
anticorrupción’, ante las cámaras de TV. Viola en público y en voz
alta todo el régimen legal y constitucional ante la presencia pasiva
de representantes de todos los demás poderes y autoridades. A sa-
biendas que ellos, en razón de sus funciones y responsabilidades
saben que una detención no puede ordenarla sino el poder judicial,
después de llenar lo requisitos procesales pertinentes, excepto en
caso de flagrancia. Solo el ‘poder de embrujo’ puede explicar tan
devota complicidad ante un acto de franca arbitrariedad.
¿El temperamento del líder es explicación suficiente de decisio-
nes de trascendencia que el Dr. Uribe toma de improviso, en eventos
públicos, así se trate de problemas privados? ¿Temperamento to-
lerable el del príncipe que estigmatiza a miembros de la oposición
y a periodistas como aliados del terrorismo? Irresponsable más
bien, pero entonces se está dando paso a aquella versión en que el
poder se personaliza a tal punto que la versión de que ‘el Estado
soy yo’, se convierta en la rutina de un ejercicio del poder a cual-
quier nivel y en cualquier institución donde hay cargos públicos.
Se impone así el ‘amiguismo cortesano’, de numerosas personas
incluidas algunas que tienen deudas con la justicia o por lo menos
con la ética política.
No tarda entonces en constituirse una ‘Corte de personajes’ que
detrás del aparato del Estado y amparados por respaldo que les da
el carismático Jefe de Estado, deciden sobre temas y en niveles

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Juan Manuel López Caballero

que no ejercen ningún cargo institucional (y muchas veces para


beneficio propio).
Al límite se producen paradojas de congresistas por definición
descentralizados que votan contra del proceso descentralizador y re-
versen la posición que han defendido, proponiendo revocar el sistema
de transferencias para devolver su manejo al Presidente; o que se auto
nieguen la facultad de intervenir para controlar los nombramientos
diplomáticos; o que se reincida en transferir al Dr. Uribe la facultad de
amnistías, las cuales por su naturaleza debe residir en el órgano legis-
lativo donde participan la diversidad de partidos políticos; o decidan
en forma negativa la propuesta de ajustar el conjunto de las normas
Constitucionales a la situación que se crea con la reelección.
En fin, todos esos magnetismos del poder tan estudiados por
historiadores y científicos políticos suelen volverse una realidad
patética cuando el período de mando fenece. Entonces los devotos
confiesan haber padecido alucinación.
Pero entre tanto, lo que sucede es que el desenfoque entre
realidad del régimen del poder y la imagen carismática, pervier-
ten la dilucidación de lo que en realidad sucede en ese “quiebre
histórico”.

El Proyecto Político
Si no se retoman los datos centrales de la historia paramilitar,
ni se entiende, ni se pueden hacer análisis serios sobre el régimen
que se proyecta en el presente histórico en perspectiva. Ni tam-
poco desaparecerá el régimen por fuerza cuando sus principales
protagonistas sean encausados en sana justicia.
Porque no se trata de un asunto de personas, sino de la situación
de las instituciones que configuran el poder del Estado.
A principios de los años noventa, ante una guerrilla difusa en
todo el territorio nacional, se imponía recurrir a la defensa privada,
por falta de Estado. Esa fue la justificación primera para que grupos
de diverso origen y localidades se proclamaran como fuerzas de
‘autodefensa’.

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Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Existe un antecedente. Por decreto de Alberto Lleras, esas orga-


nizaciones eran una forma legal de asociación y de acción. En prin-
cipio relativamente válidas, pues incluían el concepto de seguridad
de bienes y personas. Podían ser asociaciones de campesinos, o de
terratenientes que solo defendían intereses económicos concretos,
pero eran respaldados por políticos e ideólogos de derecha que
veían en la subversión el espectro del comunismo acabando con
el país. Futuros líderes como los hermanos Castaño, Henry Perez,
etc. fueron entrenados por el ejército mismo bajo ese concepto.
El fracaso del intento de acabar el problema guerrillero por parte
de Turbay de manera represiva y de Belisario por la vía negocia-
da, motivó aún más la multiplicación de este tipo de grupos de
autodefensa. La aparición del MAS, –Muerte A Secuestradores-,
creado por los narcotraficantes cuando el secuestro de Martha
Nieves Ochoa por el M-19, tocó el tema de la existencia generali-
zada de estos grupos y además vinculó a los narcos a la lucha anti
guerrillera.
César Gaviria como Ministro del Interior de Barco denuncia la
existencia de 142 grupos que denomina ‘paramilitares’, y ese Go-
bierno es quien deroga el artículo que permitía las ‘autodefensas’.
Sin embargo, para liquidar a Pablo Escobar el mismo Gaviria, ya
Presidente, permite la alianza de las fuerzas oficiales del Estado
con grupos ilegales –unos narcos como el Cartel de Cali, y otros
propiamente ‘paras’ como Fidel Castaño-, conocida como ‘Los
Pepes’.
Al final de su mandato, promulga el presidente César Gaviria el
Decreto Ley 356 de febrero 7 de 1994, que permite la conformación
de ‘Servicios Comunitarios de Vigilancia y Seguridad Privada’,
y que fue reglamentado por el Presidente Ernesto Samper con la
Resolución 368 del 27 de abril de 1995 de la Superintendencia que
los bautizó como “Convivir”
Adquieren un gran desarrollo las Convivir en Antioquia bajo
la Gobernación de Alvaro Uribe Vélez (1995-1997). La guerra
contra la guerrilla tiene prelación absoluta sobre cualquier otro
tema. Buen presagio que esa experiencia luego se convertiría en

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Juan Manuel López Caballero

tendencia nacional. Entre más de ochenta asociaciones, un buen


puñado de éstas están dirigidas directamente por paramilitares y
narcotraficantes.
En paralelo a estas ‘Convivir’, existen grupos que no cobijados
por la misma legalidad tenían las mismas características; pero cuan-
do en 1997 un fallo de la Corte Constitucional las priva del uso de
armas privativas del ejército y les impone otras restricciones, se
produce una fusión de Convivir en extinción y paramilitares con
experiencia ‘militar’ y narcotraficantes con dinero. Así, eso que
pudo tener algo de ‘autodefensa’ legítima, y a lo cual se pretendió
darle legalidad bajo la forma de las Convivir, se contaminó y borró
las barreras que lo separaban de la ilegalidad. Primer maridaje.
Las más ‘exitosas’ de esas ‘asociaciones’, las Autodefensas del
Magdalena Medio (en cierto momento como “Morena” y después
en paralelo al ‘Comité’ o Asociación de Ganaderos del Magdalena
Medio) y las Autodefensas Unidas de Urabá y Córdoba -Auuc- ,
en conversaciones preliminares y gracias a sus características co-
munes (apoyo militar y vinculación con delincuentes), llegan a la
conclusión que más que ayuda mutua lo que procede es subsanar
la descoordinación a nivel nacional. Deficiencia que se corregiría
mediante el proyecto político de una Federación de grupos local-
mente mancomunados. Nacen entonces las Auc, Autodefensas
Unidas de Colombia.
Así, unas veces a las buenas y otras a las malas, se articulan
diferentes organizaciones regionales. Con territorios consolida-
dos a fuerza de intimidación o de masacres como ‘la chinita’, ‘las
tangas’ y ‘mejor esquina’ o las de ‘el mojado’ en Cimitarra o las
del temible Vladimir, apoyan o promueven a Jorge 40, a Hernán
Giraldo o a ‘Cadena’ y se repiten estos métodos en los Chengues,
entre los Kankuamos, en Bella Cruz o en Mapiripán. Comienzan las
masacres y también comienzan las incursiones en las zonas, fuentes
de financiación de la droga, como la Gabarra en el Catatumbo, o
la Hormiga en el Putumayo.
La consigna del ‘enemigo común’ hace que el abanico de quienes
conforman esa federación sea bastante amplio: un Ramón Isaza

23
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

enfocado hacia la defensa regional, los Castaño por venganza, un


Don Berna de estirpe claramente Narco, un Báez de origen pro-
piamente político, etc. En forma silenciosa y natural, se aceptan
y respaldan unos a otros consolidando los ‘factores de poder’ con
que cuentan terratenientes, política, paras y narcos.
Todas aquellas zonas bajo control a fuerza de masacres ocultadas
en fosas comunes o desapareciendo en ríos los cadáveres despeda-
zados con motosierras, van configurando un enorme archipiélago,
van confluyendo hacia un objetivo que le dé sentido y legalidad
al proyecto. No otra es la explicación del documento de Ralito
denunciado por De la Espriella.
Álvaro Uribe Vélez como bien lo dice no participó directamente
en ninguna matanza ni se afilió directamente a ningún grupo para-
militar. Los actores protagónicos son solo expresiones de procesos
más complejos y él solo llenó el puesto que entonces se necesita-
ba. Todos sus antecedentes lo ponen en ese sitio de mando: padre
muerto por la guerrilla, gran ganadero de Córdoba, temperamento
autocrático, experiencia de las Convivir, amistad con sindicados
de tráfico de drogas como Ochoas, Nader o Puerta, etc., y todas
sus condiciones de político, pragmático, autoritario, comunicador,
y hasta cierto punto cínico.
Esas connotaciones personales y la situación crítica del país
confluyen en la elección del líder en el 2002. El brillante triunfo
hace que se abran las puertas al poder narco, tanto para adquirir
más poder como para buscar una solución negociada a su ilegal
situación. Así Arroyave compra frentes en el Llano, o don Berna
se alinea con la entrega después derrotar al bloque Nutibara, a la
Terraza y consolidarse como heredero único de la oficina de Envi-
gado; y si en el Valle no sucede lo mismo con Varela y Don Diego
es porque saben que el que se entregue será acabado por el otro.
Carlos Castaño muere a manos de su hermano por tratar de romper
esa coincidencia de intereses, diferenciando narcos de ‘paras puros’
al dar prioridad a su solución personal sobre el proyecto global.
Si a Álvaro Uribe Vélez no lo inquieta el haber subido a la Presi-
dencia gracias a todo lo que hoy en términos políticos se cuestiona

24
Juan Manuel López Caballero

y en el campo humanitario horroriza, menos le trasnocha ponerle


conejo a los paras: ya les cumplió en el sentido de haber llevado
esa “propuesta negociada” al poder y de haber colaborado hasta
donde pudo para legalizarlos; ni ellos pudieron controlar sus grupos
para que no continuaran los asesinatos, ni él controlar que la Corte
Suprema impidiera un mejor arreglo.
Lo esencial es que el proyecto sigue y por eso dijo el presidente
“Les voy a pedir a todos los congresistas que nos han apoyado que
mientras no estén en la cárcel, a votar (sic) las transferencias, a votar
la capitalización de Ecopetrol, a votar la reforma tributaria”, para
así durante este mandato cuadruplicar los recursos de la guerra.
El punto de fondo no es el de la culpabilidad personal, puesto
que un grueso contingente de parlamentarios uribistas rinden
cuentas ante la justicia, sino si aprobamos que ‘el fin justifica los
medios’. ¿Respaldamos la continuidad de un régimen político que
persiste, pese al enjuiciamiento de unos y a la extradición de otros
cabecillas de la alianza? Con el conocimiento del pasado reciente
y conscientes del entramado que subsiste hacia el futuro, la deci-
sión no está en manos de los demócratas estadounidenses, sino en
manos colombianas.

Bloque de Fuerzas a la Derecha


Para mejor avizorar el proceso hacia el futuro, es necesario em-
palmar el recuento de la historia reciente con el presente. Porque
insisto en que el proceso que sufre el país obedece al poderío de
fuerzas complejas y soterradas más que a los protagonistas que
dominan el escenario mediático.
Porque tras las escaramuzas de políticos y parapolíticos, lo que
ahora estamos viviendo es una retoma del país por los intereses de
los poderes ya establecidos, pero a un nivel mucho más absoluto.
Ese es el presente.
No por casualidad los ideólogos gobiernistas insisten en negar
la existencia de ‘derechas o izquierdas’. La mayor habilidad del
diablo, se dice, es convencernos de que no existe para no ser en-
juiciado por sus diabluras.

25
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

El propósito de defender y concentrar prerrogativas genera una


filosofía de derecha. Es la filosofía teórica que justifica y al mismo
tiempo disimula ese inconfesable propósito acumular e incrementar
privilegios. Según Adam Smith, ‘el egoísmo individual sirve al
interés general’. Se legitima así la búsqueda de su propio beneficio
sin tener en cuenta el interés colectivo.
Se trata entonces de aplicar las reglas de la competencia. Para
efectos de la promoción del desarrollo tecnológico y empresarial
en el mercado se eliminan las empresas que son comparativamente
ineficientes u obsoletas. En consecuencia se excluyen y marginan
los sectores poblacionales menos capaces o menos favorecidos.
Legitima igualmente la filosofía de Carl Schmitt considerada la
base del Nazismo, según la cual en situación de emergencia o crisis
la soberanía reside no en un ente abstracto como ‘la Nación’, ‘el
pueblo’ o ‘la ciudadanía’ sino en quien tenga la fuerza para impo-
ner su voluntad; es decir, que lo único legítimo es el poder y que
todo poder es equivalente a legitimidad, no estando sometidos en
consecuencia a ninguna otra regla diferente.
De esa noción filosófica, en coexistencia de un ‘terrorismo’
contra un país –que se toma como motivo de emergencia o crisis-,
se asume el supuesto derecho de sus gobernantes a tomar decisio-
nes por fuera e incluso contrarias a toda institucionalidad, sea ésta
interna cuando se viola o desconoce el sentido del ‘contrato social’
que es la Constitución, o internacional cuando se saltan normas o
instancias que regulan estas relaciones, como sucede al apelar a la
noción de ‘guerras preventivas’, o Tratados del Libre Comercio a
granel e improvisados.
Se sustituye así el principio de que son las doctrinas las que
regulan el mundo, y se confirma la idea de que son los intereses
concretos los que crean las ideologías. Lo que estamos presenciando
entonces es que son los grandes empresarios, los terratenientes, los
medios de comunicación, las fuerzas armadas, o sea “los dueños del
poder”, quienes perpetúan los privilegios en la sociedad presente.
Todo se organiza para preservar su situación de dominio y para
lograr eso apelan a un régimen político que cumpla tal fin.

26
Juan Manuel López Caballero

Este régimen tiene su modelo económico (el que convencio-


nalmente se conoce como neoliberal) el cual cuenta con suficiente
respaldo y poder para imponerse. Promueve las leyes del mercado
no solo para que el Estado no intervenga la economía sino tam-
bién para impedir que obstaculice el libre juego del poder. Pero la
debilidad del Estado, o su incapacidad como Estado para someter
a quienes ilegalmente, por la vía de las armas, manifestaban una
oposición o una protesta contra ello, lleva a algunos individuos
afectados por esa situación a asumir directamente esa función del
Estado y a otros a aceptar o dar respaldo a que así lo hicieran.
La integración o reinserción del paramilitarismo es solo el
reconocimiento de que en el momento, por el fortalecimiento
de la fuerza armada y por la identificación del gobierno con ese
proyecto político de derecha, su continuación ya es innecesaria.
Así se explican las circunstancias bajo las cuales se desarrolla esa
‘reinserción’ (incluidas las características cuestionadas de la Ley
de justicia y Paz), puesto que no es un Gobierno negociando ante
unos opositores que subvertían el Estado que él defiende, sino con
quienes, además de haber contado con la aceptación de los poderes
establecidos, representan una forma del ‘soberano’ en la medida que
se impusieron en más de un aspecto de la vida nacional (no solo
en lo militar, sino por ejemplo en lo económico, en lo electoral y
político). Y solo así se explica que tengan tanta fuerza como para
que la posición de las autoridades sea que, más allá de desconocer
la Constitución y el sentido de los fallos de la Corte al interpretarla,
se enfrente y se distancie de su tutor, el gobierno americano.
No obstante, la autoridad imperial acepta que exista una semi-
impunidad para los delitos de lesa humanidad, pero exige una
sentencia vertical para el delito de narcotráfico. Imperdonable, pero
cierto. Esta inversión de valores ha producido la paradoja de que lo
realmente sustancial para el país y lo que debería ser el ‘hueso duro
de roer’ -como es qué hacer ante la contradicción existente entre
nuestra necesidad de Paz y lo que son las reglas universales (DIH
y Estatuto Penal Internacional)-, está decidido, pero se encuentra
entrabado por el problema de cómo resolver el tema de los víncu-

27
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

los que tienen paramilitares y narcos. ¿Las recientes extradiciones


zanjan el pleito? Claro que no.
Porque esta profunda alianza es profunda, porque la orientación
política requiere del soporte económico que solo la actividad del
narco puede suministrar y, por tanto, la idea de diferenciar lo uno de
lo otro es ficticia. Quien acepta el paramilitarismo acepta sus fuentes
de financiación, por eso el Gobierno -que como se dijo es intérprete
de la voluntad que dirige la ‘cooptación’ de ese sector- es insistente
y persistente en no buscar soluciones que no incluyan también un
tratamiento ‘blando’ para quienes se dedicaron a este negocio.
Por eso vivimos esta situación, en que los acuerdos (no nego-
ciaciones) en la realidad ya tienen que ser con los narcotraficantes;
que se atreva el Gobierno a desafiar a los Estados Unidos, y que
le sea indispensable buscar caminos ‘creativos’ (v.gr. plebiscito en
Internet) para justificar el desconocimiento de nuestro orden legal
y constitucional.
Hay que dejar de concentrarse tanto en cómo es o cómo man-
da el Presidente Uribe. Hay que profundizar algo más en qué, a
quiénes y cómo los representa. Porque si se quiere entender cuál
es el bloque de fuerzas que se asienta en el poder se descubre la
verdadera problemática del país.
En los Estados Unidos esa claridad aflora cuando la Guerra de
Irak resulta un fiasco y el mercado financiero explota. Entonces
queda en evidencia el bloque de fuerzas en el poder. No se puede
seguir en si se está con o contra Uribe, sino pensar en si se acepta
y apoya o no el voceado proyecto de la seguridad democrática, que
el mandatario usa como caballo de Troya, en el que se alojan las
fuerzas privilegiadas bajo consigna neoliberal.

El Caballo de Troya
La gran falla del país es que no responde a ningún ‘Modelo de
Desarrollo’ y lo peor es que no se nota. Dentro del planteamiento
Neoliberal una teoría que dependa de la intervención del poder
público sería contraria al orden natural que impone el mercado,

28
Juan Manuel López Caballero

sería contraproducente, porque según sus principios liberar las


fuerzas productivas es suficiente para solucionar los problemas
de la Nación.
Pero un País no puede operar su economía ‘a la bulla de los co-
cos’. Razón por la cual nuestra Constitución exige que al principio
de cada mandato se presente ‘un Plan Nacional de Desarrollo’ (Art.
339). En la medida en que el Plan no se inserta dentro de un modelo
teórico, coherente y de largo plazo, sería más correcto llamarlo un
simple ‘Plan de Gobierno’ para el cuatrienio.
El problema es que al formalizarlo como Ley de la República,
se supone que sería la columna vertebral de lo que será la gestión
del gobernante durante su período. No obstante, esta orientación
fundamental y de referencia se encuentra reducida a un Plan Pre-
supuestal.
Esta versión anodina del Plan de Desarrollo se remonta a los
primeros embates del neoliberalismo. Primero los Planes se con-
virtieron en un simple énfasis del gasto presupuestal como “Uni-
versidad a distancia y vivienda sin cuota inicial”, luego el PNR de
Barco y así sucesivamente. Ya no es una guía estratégica que sirva
de referencia filosófica y de orientación en el largo plazo.
Nada que ver, por ejemplo, con el Plan de Desarrollo de Brasil,
con miras al año 2020, ni con el Plan decenal industrial de Colombia
1960-70. De no ser una ley que involucre la visión nacional de su
futuro, el poder legislativo se encuentra ante un clientelismo desata-
do de negociaciones con el Ejecutivo, a la cacería de asignaciones
presupuestales. Rapiña esta que nada tiene que ver con una estra-
tegia de desarrollo. Por esa razón el trámite del Plan se encuentra
restringido a la puja de intereses privados y regionales que darán
lugar a contratos. Las Comisiones respectivas del Congreso siguen
aprobando Planes sin debates interesantes en los que la materia no
sea el gasto público anual sino el destino de la nación.
Adquiriendo así la talla de una república bananera, la votación
de los planes de desarrollo se despachan a pupitrazo limpio… pues
la demora es la simple lectura de los más de 400 ‘micos’ que se
refieren a todos los temas del mundo, ajenos al núcleo del ‘Plan’

29
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

presentado oficialmente (el ‘consenso’ consiste en que se apruebe


todo lo que se presente, y cada congresista aportó mínimo cuatro
por cabeza), y se ha reducido el plazo para completar las vueltas
en las plenarias, de tal manera que se corre el riesgo que, de no ser
aprobado también ahí a pupitrazo, quede automáticamente acogida
por decreto la versión inicial.
País sin rumbo en el largo plazo y en el corto plazo navega
errático. La gran consigna de modelo es desregularizar controles,
liberar mercados y sobre todo el financiero y el externo. Basta di-
cen, con el control monetario de la inflación y la liberación de los
mercados producirá crecimiento con estabilidad.
Al principio, en la administración Gaviria, todo parecía demos-
trativo. Con el crecimiento del sector de la construcción apadrinado
por la amnistía patrimonial a los capitales fríos y calientes “repa-
triados”, repuntó el PIB. Tantos capitales repatriados cambiados
por pesos producen una gruesa expansión monetaria sin que por
ello se disparara la inflación. La “apertura externa” produce una
plétora de importaciones cuya oferta en el mercado neutraliza la
inflación.
Los mayores ingresos tributarios por tal bonanza más los in-
gresos de ventas de empresas públicas equilibran, por entonces,
el gasto público.
No obstante, en un corto lapso de tiempo, primero, se fatiga el
artificial lanzamiento de la construcción con la amnistía patrimo-
nial para “capitales repatriados”. La oferta de inmuebles se torna
especulativa y pronto supera a la demanda. La construcción declina.
Segundo, la balanza comercial empieza a aumentar sus déficits y
los ministros de hacienda vuelan a conseguir financiamientos y
refinanciamientos externos. Tercero, el afán obsesivo de reducir
la inflación con restricciones monetarias, precipitan la profunda
crisis recesiva de 1999.
Dos agravantes laterales. Uno, en el afán de controlar la tasa
cambiaria, las normales presiones hacia la devaluación producidas
por la balanza comercial negativa, son declaradas por la Junta del
Banco de la República como un desleal “ataque al peso”. Firmes

30
Juan Manuel López Caballero

en su propósito, elevan brutalmente la tasa de interés para contra-


riar aquella “maniobra especulativa”. Elevación de las tasas que
produce una tragedia en los créditos hipotecarios (crisis de los
créditos Upac) y contracción de la demanda crédito de los sectores
productivos.
Dos, la crisis asiática, luego la rusa y los amagos de crisis en Brasil
produce un regreso de los capitales especulativos a sus países matri-
ces. La salida de capitales acrecienta las compras de dólares y por lo
tanto a una fuerte contracción monetaria. El Banco de la República
complacido de esa coyuntura para reducir la inflación, nada hace por
recuperar la liquidez de la economía. Primero niega la existencia de la
crisis y luego se escuda en el efecto de las crisis internacionales.
El esquema errático del corto plazo hace crisis en el tránsito
entre el mandato del presidente Samper y el de Pastrana. Dura y
tenebrosa recuperación la de aquellos años. No obstante, ya en la
primera administración Uribe, los giros venidos del extranjero de
los exilados económicos de la crisis resultan maravillosos. Luego
el disparo de los precios del petróleo impulsa las importaciones
venezolanas y ecuatorianas. La historia no termina con una recu-
peración positiva porque la obsesión antiinflacionaria vuelve por la
restricción monetaria lograda a través de la elevación de las tasas
de interés. La balanza comercial se vuelve una vez más negativa
ante la caída de precios del petróleo que afecta a nuestros clientes
y vecinos importadores de mercancías colombianas. Se culpa ahora
una vez más a la crisis mundial.
En suma, el curso errático de las políticas y las coyunturas de corto
plazo, obedecen al fenómeno tantas veces enunciado por importantes
teóricos de la economía, como Paul Krugman y Joseph Stiglitz, “el
neoliberalismo es un regreso al los tiempos de los nefastos ciclos y
crisis económicas, tan característicos de fines del Siglo XIX. Esa eco-
nomía es la que está metida en el vientre del caballo de Troya, que es
la seguridad democrática.
El neoliberalismo practicado con tanto brillo y tantos doctores,
coloca al país al vaivén de las coyunturas, pero con una ciencia
económica especializada en el funcionamiento de los mercados y

31
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

sus intereses creados, sin la visión de los efectos de la economía


sobre la sociedad como lo practican los últimos premios Nobel.

Nuevo Modelo de Desarrollo


El modelo no está escrito en ninguna parte. El Estado comuni-
tario solo consagra los Consejos Comunitarios semanales que el
presidente Uribe concita todos los sábados en distintos municipios.
Pero es posible deducirlo tomando las modalidades del actual sis-
tema productivo colombiano como herramienta multidisciplinaria
y observar sus reglas de comportamiento.
El contexto central es el Consenso de Washington y la realidad
de un país en guerra. La libre competencia, en primer lugar divide
al país entre ganadores y perdedores. Esas confrontaciones son
difíciles de resolver y en el contexto de militarización, en primer
lugar, el sector rural lleva todas las de perder. La falta de rentabi-
lidad del sector y el conflicto aceleran la migración campesina a
las ciudades a incrementar los bolsones de miseria urbanos. No se
piensa en subsidios como en los países desarrollados.
En el conflicto armado se agudiza el problema de la propiedad
de la tierra. Los voceros del establecimiento minimizan la función
social de la propiedad y le otorgan los derechos finalmente al más
fuerte. La insurgencia armada por otra parte no ha asimilado la
verdad de que la explotación campesina o artesanal no es rentable,
sino que por el contrario trabaja a pérdida.
Este modelo rural de desarrollo crítico es tácito y existe bajo unas
condiciones que solo puede salvar la asignación del recurso tierra
de manera que se pueda optimizar su capacidad de producción y en
segundo lugar, hacerlo de manera que responda a las necesidades
de la población rural.
En segundo lugar, la depresión económica –en especial en la crisis
de 1999 y la que se inicia ahora- produce una enorme migración de
colombianos al extranjero. Se estima que debe existir una población
“económicamente exilada” del orden de los cuatro a cinco millones.
El exilio se convierte pues en la primera fuente de empleo.
En tercer lugar, y a pesar del infortunio humano, los giros veni-

32
Juan Manuel López Caballero

dos del extranjero por transferencias a las familias se convierten en


la primera fuente de divisas, característica de este nuevo modelo de
desarrollo. Se estima que por giros vía bancaria, casas de cambio y
remesas directas, esa suma puede llegar a los us$5.000 millones.
En cuarto lugar, la segunda fuerte de nuevo empleo en Colombia
lo constituye el conflicto armado puesto que bien contados, entre
compañías de vigilancia y seguridad, Fuerzas Armadas, guerrillas,
paramilitares (desmovilizados y movilizados de nuevo) y pandillas
delincuenciales del narcotráfico, se llega a más de un millón de
hombres en armas.
En quinto lugar, las aclamadas inversiones extranjeras, fuera de
las mineras, se han focalizado o a comprar las empresas naciona-
les o a construir grandes centros comerciales donde el peso de las
mercancías importadas es muy fuerte. Es decir, que la expansión
del consumo de los estratos medios y altos se desvía de preferencia
hacia la producción importada.
Estos ingresos de capital extranjero que no se traducen, como
esperaban los neoliberales, en inversiones industriales, logran no
solo vender con ventaja sus propias mercancías sino que además
logran altas rentabilidades en la banca y en el comercio. Según
estudios del Banco Mundial, sale mucho más dinero que lo que
entra a estos países con modelo de “aperturas”.
No es este, en suma, un nuevo modelo de desarrollo, sino un
modelo de subdesarrollo por lo cual los estudios del Dane sobre los
ingresos percibidos por los colombianos –no por los extranjeros- se
encuentra muy embolatado en los últimos cinco años.

Política Internacional
Avanzado el segundo mandato de Bush, se prendieron las alar-
mas. Las encuestas americanas empiezan a revelar un gran des-
contento con su primer mandatario. Más del 70% de la población
desaprueba su gestión; la mayoría, incluyendo varios generales,
pide la cabeza de su Ministro de Defensa; su jefe de inteligencia y
seguridad (CIA) tiene que renunciar; su propio partido se opone a
sus políticas de inmigración; el Comité de Derechos Humanos de

33
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

la ONU advierte que las actitudes y las actuaciones del Gobierno


respecto a las torturas en Guantánamo, Afganistán e Irak son vio-
latorias del Derecho Internacional y deberán ser sancionadas; en
fin, a la postre resulta que ese gobierno es el que con menos res-
paldo nacional e internacional que han tenido los Estados Unidos
–esto por no hablar de la pérdida de legitimidad ética para liderar
el mundo en cuanto a ‘democracia’ o ‘los valores de occidente’ o
los ‘derechos humanos’-.
El Presidente Uribe por el contrario ve en ese mandatario el
ejemplo a seguir, lo considera su héroe Bergsoniano, quien encarna
los valores que quisiera imitar. Y primero, abandonar la opción
andina para ponerse al lado de su líder atrincherado en Irak: el
absurdo TLC.
Curiosas paradojas se presentan alrededor de esto.
La primera, ¿cómo una trayectoria tan diferente puede llevarlos
a identificarse tanto?. Uribe proviene de un medio conflictivo,
donde han marcado su destino el cruce y el contacto con la gue-
rrilla, narcotráfico, paramilitarismo, y en general todas las incer-
tidumbres y aventuras que son el pan de cada día de casi todos los
colombianos. Bush por el contrario, tuvo una vida y formación
amparada de cualquier riesgo o aventura y no ha conocido más
vicisitudes o dificultades que las que se pudo deparar el mismo
por su alcoholismo.
Una segunda, es que a pesar de que tanto los resultados como la
imagen son mas cuestionables en el caso de nuestro mandatario que
en el del Americano, y a pesar de las coincidencias en los casos que
llevan a escándalos en ambos países, nuestra población parece no re-
accionar ante lo que produce tanto rechazo en los Estados Unidos.
Y eso lleva a lo más anecdótico del recuento. Y es como con el
tiempo los papeles se invierten y al igual que cuando la época de
las dictaduras los presidentes americanos para justificar su apoyo
a los gobernantes centroamericanos que escandalizaban al mundo
les bastaba describir a Somoza con un “he is a son of a bitch, but
he is our son of a bitch” –es un HP, pero es nuestro HP -, hoy sobre
ese mismo argumento se basa una alianza con un mandatario de los

34
Juan Manuel López Caballero

Estados Unidos que esta descalificado por el mundo entero. Para el


caso, nuestro presidente simplemente plantea que puede ser lo que
sea pero lo que importa es que esta apoyando sus políticas. ¿No es
acaso esta la política internacional del presidente Uribe?

Baraja de Alternativas
El presidente Uribe ha mostrado cierta facilidad para que el Go-
bierno exprese una posición a través de sus funcionarios, y, si ésta
no tiene buena aceptación, reversarla él personalmente, rapando la
vocería de la protesta y de la oposición. Se gana así el aprecio de
la ciudadanía que siente que Él la protege de las barbaridades de
sus subalternos. Se mantiene entonces una ambigüedad respecto a
la verdadera naturaleza del Gobierno en cuanto a su orientación, y
una buena imagen en cuanto a su ‘honestidad’ o ‘transparencia’, en
el sentido de bien intencionado y claro en su comportamiento.
Otras declaraciones, en cambio, llaman la atención porque no han
sido descalificadas y por lo tanto parecen ser respaldadas por el Man-
datario y asumidas como posiciones oficiales.
El Vicepresidente Francisco Santos explicó, por ejemplo, que
se daría curso a las órdenes de extradición pendientes a los coman-
dantes desmovilizados que se estuvieran reorganizando. Según eso
y contrariamente a lo afirmado en otras ocasiones, sí se negoció un
acuerdo entre las partes para no extraditarlos.
Respecto al mismo tema pero no referido ya a los cabecillas
sino a los paramilitares rasos, dijo el Comisionado de Paz que a
aquellos que reincidieran sí se les aplicaría todo el peso de la ley
‘pues éstos no serían autodefensas sino delincuentes’. Sería ésta
la expresión de la visión que se tiene en el Gobierno del proceso
que se lleva: los desmovilizados no son delincuentes sino, como
en alguna vez se le escapara al Presidente, parte de una etapa y un
ciclo cuya función ya se cumplió.
El Ministro de Gobierno dice a la opinión pública que para las
autoridades la entrega por parte de la guerrilla de los dos policías
retenidos es la prueba que no se necesitan despejes ni acuerdos
humanitarios para la liberación de quienes se encuentran pudrién-

35
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

dose en la selva. Es decir comunica oficialmente que en la política


y en los propósitos oficiales no están incluidas estas opciones ni
esta inquietud.
Y esto lo confirma la actuación de las fuerzas armadas al im-
pedir que se produjera dicha entrega. Es lógico que moleste al
Presidente y a muchos colombianos que se conviertan en promo-
ción electoral actos que debiera responder solo a consideraciones
humanitarias. Pero es más grave (inadmisible se pensaría) que por
esa razón y por ser el Presidente a su turno también un candidato
se sabotee tal posibilidad.
Y ya como declaraciones propias del Dr. Uribe, es decir sin am-
bigüedad respecto al carácter de pensamiento oficial, tenemos que
propone a la ciudadanía el linchamiento moral como mecanismo
de hacer justicia, o más correctamente de remplazar a la justicia.
Podemos decir que el triunfalismo electoral ha llevado al man-
datario y a su equipo a comenzar a mostrar su verdadera cara, o su
verdadera posición respecto a hacia dónde vamos con la ‘seguridad
democrática’.
Ahora ya se sabe, puesto que coincide esto con la percepción
creciente de la ciudadanía de que empiezan a ser dudosos y sinuo-
sos tanto los objetivos, como los medios y los resultados de esta
columna vertebral del Gobierno.
Muchos dudan de la transparencia de esa política ante la gra-
vedad y al mismo tiempo ante la indolencia ante el más de dos
millones de desplazados bajo este gobierno; otros por la indife-
rencia ante lo que sufren los retenidos en la selva y la negativa a
cualquier solución o alivio; otros por el fracaso en la estrategia de
acabar con los cultivos de coca como fuente de financiación de los
alzados en armas; otros por la desvergüenza en la cooptación del
estamento paramilitar y la amnistía que encubre a todos quienes
tuvieron vínculos con ellos y cobija tanto sus delitos como los
beneficios obtenidos; otros por la falta de resultados en cuanto a la
derrota de la guerrilla o la captura de alguno de sus dirigentes; otros
por el detrimento que sufre la atención a los problemas sociales
por dedicar todos los recursos a la guerra; en fin, por diferentes

36
Juan Manuel López Caballero

razones son ya muchos los que no aprecian tanto la política de la


‘seguridad democrática’.
Se acude entonces al recurso más conocido para preservar e
imponer un Gobierno de extrema derecha: asustar con el enemigo
interno para producir la sensación de peligro que requiere actos de
poder, y buscar un enemigo o por lo menos un problema externo
que despierte la solidaridad con el Gobierno de turno.
Con breves intermitencias se producen redadas del ejército en
Bogotá, y vemos en las calles y los noticieros cantidad de unifor-
mados que supuestamente están impidiendo que los ‘terroristas’
cometan sus atrocidades: o es verdad que apareció ese nuevo riesgo,
lo cual significaría que estamos peor que antes de la ‘seguridad
democrática’; o es una burda maniobra electoral, al igual que la
de Bush cuando en vísperas de su reelección inventó poner al país
en ‘alerta amarilla’ por un supuesto peligro de nuevos ataques de
Al-qaeda y sacó a los uniformados a hacer presencia ante el pú-
blico para que se sintiera la necesidad de un gobierno decidido y
combativo.
Y se repiten los incidentes fronterizos con el Ecuador, incluyen-
do eventos mayores como la llamada a consultas a los respectivos
embajadores y la ruptura final- con la acusación de ‘estar contem-
plando’ a las Farc, y reivindicando así un derecho a desconocer la
soberanía de ese país y a actuar en su territorio.
Con este conjunto de declaraciones y actuaciones poca duda
queda sobre el carácter ya no solo autoritario en sus métodos sino de
extrema derecha en la filosofía de quienes hoy gobiernan el país.
Yo sé que aún hay a quienes las alternativas de Lucho Garzón
o Carlos Gaviria les parecen peligrosas por lo izquierdosas o por
lo populistas; pero proporciones guardadas y esperando que no se
llegue a extremos iguales, me trae el recuerdo de Churchill, prohom-
bre reconocido por su posición vertical y radical como opositor y
enemigo de la izquierda a lo largo de su vida, quien al ser preguntado
sobre cómo podía apoyarse en Stalin después de haberlo considerado
el enemigo número uno de la democracia y de la filosofía política
que defendía su país, contestó que ante el peligro que significaba

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Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

la forma de pensar y de actuar de Hitler, él, Churchill, estaría dis-


puesto a asociarse con el diablo para impedir que las propuestas y
el pensamiento delirantes de ese hombre triunfaran.
Esto en el momento que Hitler tras haber subido democráti-
camente al poder y después transformado la institucionalidad a
su favor para tener el poder omnímodo, lo ejercía en función de
satisfacer sus obsesiones de ‘defensa del pueblo alemán y la raza
aria’ que definieron el motor del régimen nazi.
Pero tal vez lo otro que vio Churchill claramente es que no eran
las virtudes intrínsecas del líder soviético lo que le permitía a luchar
a su lado, ni se trataba de reconocer sus virtudes como ser humano,
sino lo que representaba como opción alterna a la amenaza que se
cernía sobre el mundo.
No deben ser la calidades personales y las condiciones como
individuos las que motiven a votar aquí por alguno de los candidatos
de la oposición (poco se estaría avanzando en cambiar un mesías
por otro), sino lo que ellos representan como salida diferente a la
que pareciera no ser la más deseable.

Juan Manuel López Caballero

38
Parte I
LA GUERRA
Presentación
Sentenció López Michelsen: “Negociaciones sí, pero después de
la derrota”. Después de la derrota política interpreta J. M. López,
puesto que después de la derrota militar solo se acepta la sumisión
a las condiciones impuestas por el vencedor. La derrota política de
las Farc es flagrante. En las encuestas, en la movilización de 4 de
febrero: “no más farc”. Pero la derrota militar aún es remota, pese
al acoso y a la pérdida de jefes de rango. Aún están bien asentadas
en algunas apartadas regiones. Y aunque el plan patriota contra las
drogas fracasa, sin embargo, las jugadas para reducir las sentencias
sobre los crímenes de lesa humanidad, se agotan.
Si cabe negociar con derrota política de por medio, ¿habría que
revisar el estatuto político de las Farc y reconocer la presencia de
un conflicto? ¿Qué podría pasar entonces? ¿Las guerrillas podrían
entonces humanizar la guerra y en primer término abolir el secuestro
y proceder al intercambio humanitario de prisioneros? Pero además
habría que arreciar la lucha contra la pobreza, que es donde se libra
la batalla política. Con un millón de hombres en armas, esa es la
profesión que ofrece más empleo. ¡Qué tal!
Es cierto que las guerrillas actúan bajo el convencimiento de que
lo que hacen es necesario y justo. Esta ausencia de autocrítica los
ha conminado al suicidio político. El gobierno actúa también bajo
el convencimiento de que su ofensiva es justa. Lo que ninguno de
los dos piensa, sin embargo, es que los jóvenes en armas transitan
de un lado para otro como mejor opción de trabajo remunerado.
La derrota política debe llegar hasta el punto en que la guerrilla
entienda que su modelo político no ha lugar y que su discurso por
llegar al poder no tiene futuro. Profundización que no es posible
bajo un modelo Fujimori con una corte de Montesinos.
41
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Para rectificar hay que revisar presupuestos. Según el estudio de


J.F. Isaza, se demuestra lo altamente ineficiente del gasto militar
frente a una guerra irregular. Es preciso revisar en detalle las cifras
presentadas aquí por J.M.López, para apreciar que ante tan bajo
rendimiento en reducción de la guerrilla y de la producción de
coca, vale la pena balancear mejor el lado social cuya respuesta
es mucho más efectiva.
Aunque la versión militarista de la “seguridad democrática”
parece perpetuarse, es posible que en la era post-Uribe, la nueva
orientación demócrata de Obama en los Estados Unidos y el precio
que haya que pagar en la crisis internacional, quizá sea un terre-
no abonado para proceder a las rectificaciones frente a la guerra.
¿Cuáles rectificaciones?
Con rigor analítico, J.M. López señala puntos flacos a rectificar.
Por ejemplo:
1.- ¿Se puede seguir tratando a las Farc con una rudeza más fuerte
que a las AUC? Siendo similares en ilegalidad, no tienen com-
paración en criminalidad.
2.- ¿Se puede entablar un diálogo en torno a nada? Hay que situar
unos puntos, sin extremos, ni inamovibles, teniendo en cuenta
la versión del adversario.
3.- En las recompensas debe primar lo ético sobre criterios de
eficiencia administrativa y de justicia. De lo contrario, todo se
corrompe como si el fin justificara todos los medios.
4.- Hay que llegar a un consenso más severo sobre terrorismo,
beligerancia y conflicto armado. Los millones de desplazados
y la rapiña de tierras es lo que está en juego.
5.- ¿Y quizá rediscutir el narcotráfico, donde navegan a discreción
todos los señores de la guerra?

Bernardo García

42
Capítulo I
La Guerra

Beligerancia, terrorismo, etc. 23/01/2008


Para poder proponer algún avance en relación con el problema
de la guerrilla toca profundizar en qué es ella y cuál su situación
actual.
El guerrillero raso probablemente puede ser considerado más
víctima que culpable y solo es ‘mano de obra’ que se emplea por
una remuneración (o a veces por odio o venganza) al servicio de
una causa que ni entiende ni le produce expectativas. La coman-
dancia de la guerrilla está en un mundo irreal y equivocado, pero
lo cierto es que se mueve dentro de su propio imaginario y dentro
de él está forzada o arrinconada a mantener la posición extrema
mientras no se den las condiciones para una distensión o negocia-
ción; no es que ellos vean sus atrocidades como ‘buenas acciones’
sino que las ven como justificadas o necesarias; el problema es
que el gobierno -o sea lo que debería ser nosotros, o quien nos
representa- se ha colocado en posición de tener cada vez menos
capacidad de maniobra, a menos que salga de la posición de ‘guerra
total’, o sea que renuncie a la obsesión de primero el equivalente
a la rendición y después la negociación.
Se podría pensar que estamos en las condiciones propuestas
desde el 99 por López Michelsen de ‘primero la derrota y después
la negociación’, entendiendo que no se refería a una rendición ni
a una derrota militar sino a una derrota política que les abriera el
interés por una ‘aterrizaje suave’. Su propuesta de entonces de

43
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

‘beligerancia restringida’ también sería un paso para poder iniciar


diálogos, máxime cuando en su momento Raúl Reyes sugirió que
a cambio de la beligerancia las Farc estarían dispuestas a revisar la
práctica del secuestro, a buscar otros mecanismos de financiación
y agregar algunas normas del DIH en su reglamento interno. (El
Tiempo, 11 de octubre de 1999).
Una cosa sobre la cual no hay claridad es que ni la beligeran-
cia ni el terrorismo están codificados para su existencia jurídica
-se vuelve una discusión emocional lo que ellos significan -, ni
sobre todo para sus consecuencias o efectos -no se establece que
implica (excepto una resolución de la ONU para efectos interna-
cionales que salió a los 8 días del 11 de Septiembre)-. Como no
están normadas ni su existencia ni sus implicaciones, lo lógico
es pensar qué posibilidades se abrirían en ese marco no concreto
ni normado. En otras palabras no girar alrededor de que por ser
malos, inhumanos y crueles, son terroristas, sino de qué pasa si se
les levanta esa calificación o si se les reconoce un status político y
se admite que existe el conflicto armado.
Como ha prosperado la idea de que plantear estas inquietudes o
no tomar la misma posición del Gobierno es apoyar a las guerrillas,
o, con la última situación creada con Chávez, que no solidarizarse
con Uribe es ser enemigo de la Patria, vale la pena aclarar que lo
que nos distancia a muchos del presidente Uribe y de su Gobierno
es que mientras unos estamos en contra de la guerrilla, pero también
en contra de la pobreza, de la exclusión, del paramilitarismo, del
neoliberalismo, del narcotráfico, de la guerra y del sufrimiento de
los retenidos (y de otros varios lugares comunes como la corrup-
ción, etc.), para Uribe estos parecen ser solo objetivos secundarios,
subordinados a ese primer y único objetivo.

Lo que es un estudio serio (J. F. Isaza) 5/12/2007


Difícil un estudio más profundo y al mismo tiempo más claro
y concluyente que el de José Fernando Isaza y Diógenes Campos
Romero.

44
Juan Manuel López Caballero

En el 2004 para dictar un curso sobre modelos matemáticos


habían desarrollado uno que mostraba los resultados según las
variaciones en el uso de los recursos dedicados a combatir la
guerrilla.
El análisis mostraba que el costo de reclutamiento para el ejercito
podía ser del orden de 100 veces mayor que el de la subversión, y que,
como el negocio de la droga daba a ella una capacidad infinita de con-
seguir nuevos efectivos, el Estado no podría derrotarla porque ningún
presupuesto sería suficiente; la alternativa sería el ‘encarecimiento’
del reclutamiento para la guerrilla, ofreciendo opciones mejores a
la población, y hacerlo con programas que al mismo tiempo fueran
políticas sustitutas de la simple persecución al narcotráfico (puesto
que ésta en últimas lo estimulaba); conclusión, sería más eficiente
reorientar parte de los dineros del presupuesto militar a programas
de ingreso para la población rural como guardabosques, cultivos
alternos, y macroproyectos generadores de empleo en el campo.
Ahora nos ofrecen una actualización aún más interesante.
Tomando solo las fuentes oficiales el número total de guerri-
lleros dados de baja o capturados o desmovilizados bajo la Segu-
ridad Democrática es 50.464 (son las cifras que más reivindica el
Gobierno)
También de acuerdo las mismas fuentes los efectivos de las
guerrillas (FARC + ELN) bajaron de 20.600 en el 2002 a 13.799
en 2006 y a 12.499 estimados en 2007(otra cifra de la cual se
precia)
Esto implica que por cada 100 subversivos que el Gobierno
logra retirar, la guerrilla logra reclutar 84. O en otras palabras, que
para la disminución efectiva de un hombre en armas es necesario
lograr el retiro de 7.
Si se toma que del presupuesto de las Fuerzas Militares solo el
30% (5.9 billones) se destina a este propósito, y que en el año 2006
(el más ‘exitoso’) el total entre capturados, abatidos, y desmovili-
zados fue de 9.565 (sin discriminar los ‘falsos positivos’ ni otras
distorsiones), el costo para retirar un guerrillero sería superior a
600 millones (en los años 2002 y 2003 era de 293 millones).

45
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Y si se toma la reducción efectiva –teniendo en cuenta el reclu-


tamiento- la cifra real de disminución de la guerrilla sería 1.300
hombres en armas, o sea un costo de cerca de seis mil millones por
disminuir en un hombre la fuerza guerrillera.
Todos estos datos deben tener correcciones, pero todos agra-
varían la situación (entre los desmovilizados se cuenten falsos
desmovilizados; entre los abatidos se incluyen los ‘falsos positi-
vos’; la guerrilla puede tener más efectivos, la proporción que se
destina a la guerra debe ser más del 30%; no se incluyen las ayudas
extranjeras).
Consecuentemente el presupuesto militar subió vertiginosamente
superando las proyecciones que ya para el 2005 con un 5.2% del
presupuesto nacional se consideraba riesgoso para la estabilidad
fiscal del país llegando al 6.32% del PIB en el 2007, cuando entre
1926 y 1998 tuvo un promedio de 1.8% del PIB sin superar nunca
el 3.2 % (en 1970 cuando se compraron los Mirage). Simultánea-
mente se pasó de 4.9 miembros de las fuerzas militares por cada
armado ilegal a 15.5 hoy en día. (Esto se explica porque la supuesta
relación no era Fuerzas Oficiales vs. fuerzas irregulares (guerrilla +
paramilitares), sino lo que quedó claro con la reinserción paramilitar
o sea que era Fuerzas Oficiales + paramilitares vs. subversión).
El gobierno probablemente no conoció tal estudio pero su diag-
nóstico coincidía en que la guerrilla depende de sus ingresos y que
estos lo constituyen mayormente el tráfico de drogas; al concretarlo
únicamente a esto, limitó su conclusión a que por lo tanto era ne-
cesario acabar el narcotráfico y se confundieron los presupuestos
contra las dos guerras; logró incluso vender esta idea a los ame-
ricanos y por eso en el apoyo al ‘Plan Patriota’, a diferencia del
‘Plan Colombia’ que lo antecedió, sí incluía la posibilidad de que
se usaran los recursos para enfrentar la subversión.
Lo que pasa es que, aún si en verdad esta solución fuera una
opción, la evolución de esta otra guerra parece tener similares
características.
El informe de Naciones Unidas dice que en el 2003 había 86.000
hectáreas de coca y que en el 2006 había bajado a 78.000, una dis-

46
Juan Manuel López Caballero

minución de 8.000 hectáreas. Es el período en que se incrementa


la ‘guerra al narcotráfico’ con las fumigaciones: entre el 2002 y el
2006 se asperjan 710.533 hectáreas para una disminución efectiva
de 24.000 (se fumigan 30 para erradicar 1). Pero los resultados en
producción son aún más decepcionantes: el mismo informe da,
como producción de Colombia, 580 toneladas para el 2003 y 610
para el 2006, pues el aumento de productividad compensó con
creces la disminución del área sembrada. Por algo el precio del
clorhidrato de cocaína en Colombia ha variado solo menormente
(US$ 1.565 en 2003 y US$ 1.752 en 2006) a pesar del aumento de
la persecución y el retiro de la actividad -aunque sea parcial- de
los paramilitares.
Tiene razón el Presidente al afirmar que el paramilitarismo como
fuerza armada política ilegal ya no existe. Los comandantes verdade-
ramente paramilitares se ‘reinsertaron’ porque su visión y su propósito
coincidía con el proyecto de Uribe y por eso aceptaron dejar no solo
las armas sino el negocio del narcotráfico, y que el Estado asumiera
su proyecto político a cambio de una propuesta de cuasiimpunidad
(teniendo en cuenta la rebaja por ‘buena conducta’ ya ningún parami-
litar cobijado por la ley de ‘Justicia y Paz’ tendría que cumplir más de
dos años más de prisión). También es verdad, como señalan Isaza y
Campos, que el guerrillero raso más que estar en el ideal de la revolu-
ción (o igualmente el soldado respecto a los ‘ideales patrióticos’ o la
defensa del Estado) está motivado porque el arma confiere seguridad
y poder a quien ha sufrido maltrato y humillaciones.
Pero por eso ni con la reinserción o cooptación del paramilita-
rismo ni con una eventual o ilusoria derrota absoluta de la guerri-
lla desaparecerán los ejércitos ilegales. El hecho es que como no
se cambian las causas que generan nuestros conflictos (pobreza,
desigualdad y la política antidrogas que se sigue) el fenómeno de
grupos ilegales armados seguirá subsistiendo. Hoy las llamadas
‘águilas negras’ y similares son ejércitos de desempleados que se
autosostienen alrededor del negocio del tráfico de drogas.
Tal vez lo más concluyente y acertado del estudio es el resu-
men, que llaman una voz de alarma, al citar el libro La lógica del

47
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

fracaso de Dietrich Dörver, donde advierte que la secuencia de los


Gobiernos que manejan mal una crisis es:
- Disminución de los controles, o sea rechazo a la crítica y reduc-
ción de la autocrítica.
- Incremento de las políticas no eficaces, o sea, más de lo mis-
mo.
- Reducción de los estándares éticos.
… e invitan a reflexionar sobre nuestra situación.

Las jugadas se agotan 30/10/07


La venida simultánea de la Corte Penal Internacional (CPI) y de
la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) da una idea
de la situación de Colombia en este campo. Como además coincidió
con el enfrentamiento entre la Corte Suprema y el Presidente, y con
la primera sentencia del CIDH respecto al “choque de trenes”, es
de sorprenderse la mínima atención dada a este evento.
Extracto apartes de las declaraciones que dio a El Tiempo el
fiscal jefe de la CPI:
‘Crímenes contra la humanidad y lesa humanidad no son
cuestiones nacionales… No es cuestión local y no es un problema
ideológico.’
‘Debo decir que Colombia, firmante del Estatuto de Roma, tiene
que respetar el no a la impunidad (…) Acá, ahora, hay una monta-
ña de información. Los fiscales tienen que ver cómo la organizan,
como la priorizan. Ese es el desafío mayor.’
‘No puedo responder eso (si las penas de la Ley de Justicia y
Paz satisfacen el requisito de no impunidad). (…) Analizo si hay
investigaciones penales en curso y si estas son genuinas.’
‘El Estatuto dice expresamente que el proceso no es genuino
si en realidad se está protegiendo a la gente para que no tenga
ningún tipo de responsabilidad penal.’
(Respecto a si impunidad por masacres es 1 año o cuanto): ‘Es
una pregunta interesante que no puedo responder. En el Estatuto
no hay ninguna referencia a medidas o penas.’

48
Juan Manuel López Caballero

‘Estoy al tanto de los procesos judiciales que hay en Colombia,


vinculados con crímenes que podrían entrar en mi jurisdicción.’
(Respecto a la eventualidad de que un proceso de paz termine
en amnistía o indulto): ‘Eso no vale si hay crímenes masivos, si
hay crímenes de mi jurisdicción.’
(Respecto a una paz con las FARC o el ELN con amnistía o
indulto): ‘No hay cómo. (…) Si el Estado nacional no garantiza
que no habrá impunidad, la comunidad internacional lo va hacer.
(…). Insisto: no puede haber impunidad.’
(Respecto a la parapolítica): ‘Los máximos responsables de esto
crímenes no son los ‘revólveres’ (autores materiales). Sabemos que
(…) surgió información que comprometía a otras personas que
están siendo procesadas. Estas personas también pueden tener
más responsabilidad en los crímenes, por lo que a nosotros nos
interesa.’
Muchos se deben sentir aludidos por este mensaje.
Por supuesto los paras beneficiarios de las leyes ‘benevolentes’
y los líderes de las guerrillas.
Pero la esencia misma de la Corte Penal Internacional es que es
una instancia subsidiaria, que solo tiene competencia cuando los
órganos o los responsables internos no hacen cumplir ‘en forma
genuina’ las normas que constituyen su jurisdicción: lo primero
que evalúa no es al delincuente sino la actuación del Estado, de
su justicia, de su legislatura y de su gobierno. Es decir, ante todo
a quienes respaldaron o fueron respaldados por grupos culpables
de delitos bajo esa jurisdicción, o sea quienes los juzgan y quienes
orientan las medidas que pueden llegar a ser consideradas ‘protec-
toras’ de los culpables. Por eso quienes hoy están compareciendo
ante esa Corte son jefes de gobierno y altos funcionarios de los
Estados que violaron esas normas o que no cumplieron con el deber
de sancionar en forma debida a los culpables.
Manejó hábilmente el Presidente su propia situación al adelan-
tarse a ofrecer retirar el salvamento que había incluido el Gobierno
Pastrana para que la Corte pueda operar para crímenes de guerra,
y al seguir la insinuación de priorizar y diferenciar los responsa-

49
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

bles de mando del resto de los ejecutores. Y mejor aún su imagen


interna al evitar de los medios (o con los medios) una evaluación
de lo que sería su propio caso.
Pero tanto interna como internacionalmente las jugadas se
agotan.
Ante la forma en que se repiten y progresan los cuestionamientos
y las acusaciones por varios vínculos non sanctos de quienes han
sido su respaldo más cercano o incluso de él mismo, hasta ahora
habilidosamente ha sorteado la situación, unas veces con desafíos
y rabietas a nombre de la defensa de la dignidad o de la ‘hombría’,
y otras por la aparición de otros temas que relegan a un segundo
plano el que está en discusión.
Pero pareciera que la repetición de la posición ‘frentera’ y la
cantidad de intervenciones personales del Presidente para respon-
der y usualmente atacar a quien lo cuestiona empiezan a producir
un negativo para su imagen y ser menos efectivos para desviar la
atención hacia temas diferentes de las críticas que se plantean.
¿Qué opciones parece tener el Dr. Uribe para acabar con lo que
él considera ‘la perseguidora de la oposición’ y otros lo ven como la
mala imagen que se consolida, sobre todo a nivel internacional?
La que parecía más evidente era la de aceptar un acuerdo huma-
nitario; sin embargo la estrategia usada alrededor del tema podría
haberse convertido en un ‘tiro por la culata’. En parte porque dio
protagonismo y espacio a quienes representan la posición contraria
en el espectro político, y en parte porque crearon molestia en quienes
eran su máximo respaldo (en ambos casos tanto en lo interno como en
lo internacional). Es claro que el Presidente se había autoacorralado,
pues en caso de darse una solución le caería la responsabilidad y la
acusación de ¿porqué no haberlo hecho antes? Tal problema se había
agravado además con la muerte de los diputados. La salida encontrada
para mostrar buena voluntad sin renunciar a su posición ni asumir
ese fracaso fue dar la apariencia de dejarlo en manos de quienes se
ven como sus extremos opuestos (o sea Chávez y Piedad).
La carta del acuerdo humanitario aún podría usarse, pero dentro
un contexto que justifique ahora lo que antes supuestamente no

50
Juan Manuel López Caballero

se podía, como sería el insertarlo en un marco mayor como por


ejemplo un proceso de paz. Pero parece que aún si se cambiara la
posición oficial -de no existencia de conflicto armado y de solo
considerarlo un fenómeno de delincuencia y terrorismo- las declara-
ciones de las FARC han sido reiterativas en cuanto a que no tienen
en sus previsiones o expectativas ninguna suspensión de la guerra
bajo este gobierno. Sin embargo es posible que, para disminuir la
presión, esta opción compleja acabe siendo una propuesta del Dr.
Uribe aún a sabiendas que el supuesto objetivo es solo aparente.
Una segunda opción como la entrega de los narcoparamilitares
solicitados en extradición, distraería de cualquier otro tema, daría
satisfacción a quienes están en la incertidumbre respecto a las acu-
saciones, y hasta cierto punto las descalificaría, pero implicaría dis-
tanciarse de quienes lo ayudaron a subir al poder; no solo significaría
incumplir los compromisos adquiridos con ellos sino abandonar las
políticas que él mismo le ha impuesto al país. Sería una jugada fácil
y probablemente útil para resultados inmediatos como la aprobación
americana al TLC pero conllevaría un cambio de tablero de juego
donde no se sabe en qué quedaría su propia posición.
Y otra posible jugada sería con algún pretexto ofrecer su renuncia
para que se promueva una especie de plebiscito de respaldo, como
lo hizo el Dr. Carlos Lleras ante las acusaciones contra Fadul y
Peñaloza. Esta jugada podría sin embargo terminar en que, para
quedarse, la alternativa fuera adelantar una o ambas posibilidades
anteriores, caso en el cual si no las escogió antes no sería de des-
cartar que prefiriera hacer efectiva la amenaza (entonces un Pacho
Santos presidente y amigo de las ONG y de los Derechos Humanos
sería incómodo).

La purga en las fuerzas militares 30/10/2008


Podemos tener la seguridad plena que el Presidente Uribe no
mandó cometer los asesinatos ‘o falsos positivos’ que hoy se atribu-
yen a las fuerzas militares. Y podemos reconocer su gran habilidad

51
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

para convertir lo que debería ser una descalificación al Gobierno


en una aprobación para su actuación personal.
Pero lo que no podemos aceptar es que unos colombianos que
debían ser buenos –los miembros de las fuerzas militares- se volvie-
ron malos sin que se sepa porqué, ni que son ‘manzanas podridas’
que nada tienen que ver con el resto de la institución.
La ‘seguridad democrática’ es en últimas solo una forma de ejer-
cer el poder; y uno de sus aspectos es la manera como se percibe
y trata el problema de la subversión u oposición armada.
No es solo la negación de la existencia de un conflicto armado
y de su relación con nuestros conflictos sociales; es también la
estrategia que se usa para esa guerra total contra ella.
Como no se busca la paz sino la exterminación de ‘la culebra’
lo que se ha proclamado es el ‘todo se vale’: desde los acuerdos de
‘Justicia y Paz’ con confesiones de centenares o miles de asesinatos
por parte de los comandantes paramilitares para con eso ganar una
cuasi impunidad -porque a juicio del presidente ‘cumplieron su ciclo’
en la guerra a la subversión-, hasta pagar por traicionar y asesinar,
con salvajismos como cortar la mano para cobrar la recompensa;
desde desconocer el Derecho Internacional al bombardear un país
vecino, hasta violar el Derecho Humanitario al usar para engañar al
enemigo los emblemas que dan protección a quienes benévolamente
sirven a la humanidad; desde las miles de víctimas de desaparición
forzada y ejecuciones extrajudiciales por parte de las autoridades
(955 y 567 respectivamente desde el año pasado hasta hoy), hasta
la indiferencia respecto a la cantidad y la suerte de los desplazados
(da lo mismo que sean 2,5 millones que dice el Gobierno o los 4,5
que dice Cohdes); desde las declaraciones automáticas del presidente
buscando exonerar a los culpables (como lo hizo ahora o en los ca-
sos de Rito Alejo, Jamundí, Guaitarillas, o la reciente muerte de un
indígena), hasta la forma de minimizar la gravedad de lo que sucede
(la intervención presidencial se produjo no por 10 desaparecidos de
Soacha sino por 111 asesinatos en falsos positivos, y en la misma
semana por casos similares habían sido destituidos siete altos oficiales
más, siendo esto apenas la punta del iceberg).

52
Juan Manuel López Caballero

El mensaje de ‘todo se vale’, al ser recibido por el combatiente


que ve el enemigo en la forma que lo presenta el gobierno y dentro
del contexto que con ayuda de los medios de comunicación masi-
va ha propiciado, lleva a ver lo que expresó uno de los generales
destituidos al afirmar que “en una guerra irregular las reglas tienen
que ser flexibles”. No es ‘contra la seguridad democrática’ sino un
desarrollo de ella.
Bien que se acuda a la responsabilidad establecida en la jerarquía
militar y se sancione a los superiores. Y es cierto que no hay igual
responsabilidad jerárquica en la autoridad política… pero en un caso
similar un Ministro de Defensa Francés dijo que renunciaba porque
simplemente era un acto de decencia y de dignidad reconocer que
eso no debía pasar en el despacho por el cual él debía responder1.

Después de la era Uribe 23/01/2008


Cuando termine la era Uribe –porque en algún momento con
buenos o malos resultados pero terminará- tendremos no pocas
realidades para enfrentar.
Hoy giramos alrededor de una economía de guerra: tenemos
que el grueso del presupuesto se destina a ella y hacia ella se han
desplazado los recursos que podrían destinarse al llamado sector
social (educación, salud, vivienda, etc.). Estados Unidos tiene
gastos directos para sus frentes de Iraq y Afganistán del orden del
4% de su PIB, mientras que el equivalente que Colombia destina
a ‘acabar’ con la guerrilla representa el 6,5% del nuestro. Eso sin
tener en cuenta que para los americanos la industria de las armas
por su volumen y por el desarrollo tecnológico que fomenta es uno
de los grandes motores de la economía y que por ser guerras en el
extranjero el daño ‘colateral’ que producen no los afecta, mientras
en nuestro caso las armas solo representan un costo, y los daños
son todos en carne propia (nuestros ‘colateral damages’ son dos
millones de desplazados, centenares de víctimas de ejecuciones
extrajudiciales, de desapariciones forzadas, de inocentes caídos en
1
El hundimiento del Rainbow Warrior, barco de Greenpeace

53
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

‘falsos positivos’, la prolongación quien sabe hasta cuando de los


cautivos de la guerrilla, etc.). Desde la perspectiva económica solo
puede suponerse positivo la generación de empleo que con cerca
de 150.000 ingresados a las filas oficiales como soldados profe-
sionales y 350.000 colombianos como miembros de cooperativas
de seguridad, constituyen -con los residuos del paramilitarismo, la
parte armada del narcotráfico y la delincuencia ordinaria- la primera
fuente de empleo del país.
Debíamos ir pensando en como se desmantela y reorganiza
semejante estructura si llegamos a la rendición total de las FARC
como lo espera el Gobierno o si se cambian las políticas como lo
proponen quienes no tienen la misma visión.
Como parte de la estrategia y de la afinidad intelectual del
mandatario actual, creamos un ‘vínculo especial’ con los Estados
Unidos del Presidente Bush. Como no solo nuestro Uribe pasará
sino ya el mandatario americano está terminando su era (muchos
dirán que gracias a Dios), nos encontramos con que la relación con
el resto del mundo también existe y con que los Estados Unidos
cambian de Gobernante. Una reorientación o por lo menos un
manejo diferente de nuestras relaciones internacionales parece
ser necesario. Lo que hoy llaman intromisión de Chavez puede
ser un campanazo de lo riesgoso que puede ser distanciarse de los
vecinos y seguir lo que algunos comentaristas llaman una visión
autista del mundo exterior. Sin llegar a los niveles de rechazo
que tuvo el Gobierno de Pinochet, el nuestro heredó su puesto de
extrema derecha, agravado con lo cuestionable de las relaciones
parapolíticas y los mecanismos judiciales para reinsertar al pa-
ramilitarismo. También en esto tendremos que pensar y después
de la era Uribe (aunque ojalá se pudiera desde ya) volver a tener
en la política exterior una visión de Estado, una coordinación
de las diferentes fuerzas políticas en la Comisión Asesora, una
estrategia y una estructura para desarrollarla que no dependa de
las capacidades o temperamento de una persona.
En lo político aprobamos una reforma constitucional en base
a que teníamos un ser providencial de cuya continuidad dependía

54
Juan Manuel López Caballero

el futuro de la Patria. Ese ser pasará y quedamos con un orden


jurídico-político donde el poder del ejecutivo se impone sobre
todas las otras ramas y donde los principios democráticos de pesos
y contrapesos y de autonomía y respeto recíproco entre los poderes
no existen. Donde los partidos políticos son despreciables y los
medios de comunicación crean y destruyen personajes que como
íconos o como si fueran productos de consumo -y utilizando los
mismos sistemas publicitarios- remplazan lo que deberían ser los
representantes de una ideología, unas propuestas y una organiza-
ción estructurada para administrar un país. Donde los Ministros
sean responsables y capaces para dirigir sus carteras y no tengan
solo calidades, funciones y, exceptuando unos dos o tres que se
busca promocionar para eventuales sustitutos de Uribe, rango y
tratamiento de viceministros. Como nada garantiza que quien
sea el sucesor del actual mandatario tendrá las mismas capacida-
des, virtudes, talante y propósitos, que el Dr. Uribe, debemos ir
pensando en los ajustes o correcciones que debemos hacer para
cuando el ya no esté y nuestro gobernante sea otro, sus habilidades
o defectos no sean los mismos, o sus objetivos sean diferentes.
Es una ley universal que siempre hay el retorno del péndulo, y
aunque en principio este no se puede dar antes de tres años, más
vale prepararnos desde ahora pues por cualquiera de las causas o en
cualquiera de los campos mencionados esto se puede desencadenar
antes de lo previsto.
En lo político ya se ven fisuras –cundo no abismos- entre los
miembros de la coalición Uribista o distanciamientos aún respecto
a Uribe mismo. No es un secreto que Germán Vargas Lleras no
ve con buenos ojos las maniobras para acabar con sus ambiciones
presidenciales o que Andrés Pastrana intenta que su partido tenga
candidato propio –a saber, él mismo-. Cualquier distanciamiento
de Cambio Radical o del Partido Conservador haría perder la ‘Go-
bernabilidad’ y no parece ser alrededor de la U, de J. M. Santos o
de Arias, que se reconstruirían unas mayorías. Posiblemente esto
llevaría a mejorar el nivel de los Ministros al tener que negociarlos
como cuotas de las diferentes agrupaciones pero se convertiría en

55
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

una especie de carro loco o de ruedas sueltas donde cada uno es-
taría al servicio de una ideología y sobre todo de una candidatura
diferente.
No fue por casualidad que los gobiernos de Francia o de Vene-
zuela se inmiscuyeron en lo que alegamos que son solo asuntos
internos, ni debemos cegarnos a lo que representa haber tenido
que ceder a la presión de siete países formada por Chávez o a lo
que significa la molestia que deben tener por el tratamiento pos-
terior que se les dio. Al fin y al cabo no parece posible mantener
la línea de distanciarse de los gobiernos de los países con quienes
más tenemos en común o pretender que con el cambio de poder en
Estados Unidos nosotros seguiremos con las mismas relaciones.
La disminución de las exportaciones tanto a Venezuela como a
Estados Unidos pueden depender de estrategias diplomáticas que
mal orientadas pueden llevar a una crisis que rompa el ‘encanto
uribista’ que reina.
Y eso puede pasar y probablemente pasará cuando las mismas
condiciones externas que permitieron la bonanza económica se
inviertan y los factores exógenos se vuelvan a manifestar pero
esta vez en contra. Entonces veremos que no solo no fue el manejo
del Gobierno el del mérito de los indicadores positivos, sino que
arropado con ellos los orientadores de nuestras finanzas dejaron la
economía al garete y nada está previsto para la inevitable destorcida.
Entonces la revaluación por la avalancha de dólares que entran y que
ha golpeado tan fuerte al sector exportador (sobre el cual suponía
estar montado el actual modelo de desarrollo) dejará de presentarse
como debida al atractivo de nuestro país para la inversión extranjera
y se divulgara (con menos discreción que lo que acaban de hacer)
que en buena parte eso se debe a que el endeudamiento externo del
país aumentó en 25% el último año.

56
Capítulo II
Humanización de la Guerra

El rescate de secuestrados 02/04/08


Un manual sobre como actuar ante un asaltante de un banco que
tiene algunos rehenes señala que la autoridad lo primero que debe
hacer es informarse de la situación interna, de las características
personales del delincuente, y de sus propósitos.
No es lo mismo si son 2 o 10 los rehenes, si son celadores o
mamás con bebés, si están en una sola sala con el asaltante o ence-
rrados en un cuarto y solo uno o dos bajo su visión directa, etc…
Más importante aún es saber si el personaje es un megalómano
que quiere hacer que hablen de él mostrando que es capaz de un
gran golpe, si es un enfermo de paranoia o un ser perfectamente
razonable, si ha preparado el golpe con gran meticulosidad o si
actúa por circunstancias de desesperación económica, etc…
Y sobre todo a qué es a lo que aspira: a un padre que no tiene
para una operación urgente de una hija y consideró esa acción como
su última instancia, se le podrá proponer la pena mínima posible y
garantizar que se solucionará el problema de la cirugía que desea;
pero si es un psicópata violento que ve como enemigo a la autori-
dad y aspira a demostrar que ella es incapaz de combatir el delito,
o si el individuo padece de crisis demenciales transitorias, debe
entenderse que se está ante un enfermo mental y actuar intentando
aplicar la psicología para resolver la situación…
La premisa es que el propósito del delincuente no sea hacerle
mal a quienes retiene y que dentro de su cálculo esta su liberación.

57
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Según como actúe la autoridad puede encontrarse un posible acuer-


do, o presionarlo a una acción desesperada con resultado fatal para
las víctimas.
Por eso el principio es concentrarse en la suerte de los cautivos
y no en la culpabilidad de los delincuentes; en parte porque ésta
no está en discusión, y en parte porque pensar en ella no ayuda
en nada a un final acorde con el objetivo prioritario -que tampoco
está en discusión-, como es preservar la vida de quienes están en
poder del asaltante.
Algo similar pasa con la guerrilla. Oírla no significa ceder ante
ella, pero sí es la necesidad mínima para buscar acuerdos humani-
tarios a favor de los rehenes.
La actitud del gobierno sin embargo ha sido desconocer com-
pletamente todos estos pasos y, lo que es peor, contrariarlos siste-
máticamente.
Se ha dedicado la autoridad a señalar la perversidad de la gue-
rrilla y a hacer énfasis en su carácter de delincuentes hasta llegar
a la calificación máxima de ‘terroristas’ que, como sinónimo de
‘el mal’, ya elimina cualquier otra consideración, y ha desechado
–y logrado que se deseche- el principio de que la prioridad es la
vida de los retenidos.
La divulgación de lo que llama ‘campos de concentración’ o
la repetición de las pruebas de supervivencia como prueba de los
sufrimientos que causan, puede mostrar que la guerrilla es ‘el malo’,
pero no ayuda a que se encuentren vías para al menos dialogar
sobre la situación de esas personas. Lejos de propiciar o al menos
permitir una posible interlocución, se ha mantenido en que como
‘no hay conflicto armado’ no hay lugar a tratamiento diferente del
de perseguirlos como criminales.
Bajo el argumento de que no se debe aceptar que las armas lleven
a una negociación, se ha negado a evaluar siquiera a qué aspira la
insurgencia –y ha logrado que a la ciudadanía tampoco le interese-:
mientras la guerrilla se ve a sí misma –o por lo menos se presen-
ta- como el caso del padre y la cirugía de la hija, asumiendo que
no hay más solución para cambiar las injusticias de este país que

58
Juan Manuel López Caballero

forzar unas reformas a nuestro Estado y a nuestra sociedad gracias


a la acción que realizan, el gobierno sigue dándoles una especie
de clasificación de ‘demencia que los convierte en degenerados’,
y no busca la estrategia y el tratamiento apropiados para intentar
una salida afortunada, sino simplifica el problema a ‘lo esencial
es acabarlos’.
En fin, todo lo anterior se puede resumir en que el Gobierno no
sigue ninguno de los pasos que la ortodoxia señala cuando se piensa
en el problema de los rehenes, porque lo que tiene es una obsesión
contra la guerrilla; por eso es inconsecuente con el propósito de
buscar la liberación de los retenidos, pero totalmente consecuente
en impedir que ese eventual propósito se convierta en obstáculo
para su único objetivo cual es ‘matar la serpiente’.

Políticamente incorrecto 04/03/08


Se usa en los Estados Unidos la expresión de ‘políticamente
correcto’ cuando se busca evitar tocar temas que molesten o gene-
ren polémica a su alrededor, y se prefiere pasar de agache con una
mentira suave que no incomode a nadie.
Voy a ser deliberadamente ‘incorrecto’.
Aclaro que considero que la marcha del 6 de Marzo debe ser
tomada como un complemento de la del 4 de Febrero, y que lo que
se expresó fue la solidaridad con las víctimas de todas las atroci-
dades vengan de donde vengan.
Pero no comparto que se considere igual a los causantes de esas
atrocidades, que se hable de la ‘simetría’ o de la ‘universalidad’ para
no diferenciar la barbarie de las FARC y la de los paramilitares.
Aún si fuese solo un pretexto, las FARC declaran un propósito
altruista, de cambiar el mundo para los excluidos, los explotados,
y todos los calificativos que les dan, mientras los paramilitares
nacieron de una razón expresamente centrada en la defensa con-
tra la amenaza a sus personas, a su derecho de propiedad como
terratenientes, o a su condición privilegiada en la sociedad actual.

59
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Los unos cometen sus desafueros por cuenta y a nombre de una


ideología que ellos mismos defienden; en el paramilitarismo no se
sabe que es peor si el que mata por la paga –el para raso- o el que
paga por matar –quienes los mandan y los financian-.
Por otro lado los medios no son comparables: Las FARC han
apelado al secuestro, un delito considerado incluso por algunos
como más cruel que el homicidio mismo. Pero el descuartizamiento,
la motosierra, las fosas comunes, son muestras de una barbarie, una
crueldad y una sevicia que va más allá… Y a eso se adiciona que
con el secuestro la guerrilla busca conseguir recursos económicos,
pero no es un fin hacer daño, mientras el objetivo paramilitar de
aterrorizar a la población civil indiscriminadamente para que le
dé temor apoyar a la guerrilla –acabar con la teoría del pez en la
pecera-, hace que a sus actos los haya caracterizado justamente lo
salvaje, cruel y aterrador de ellos.
Tampoco son igualables los resultados: la guerrilla ha cometido
miles de secuestros y atemorizado a quienes se sienten susceptibles de
ser sus víctimas; pero el número de afectados por las masacres y los
desplazamientos, y el dolor causado por los paramilitares es decenas
o centenares de veces mayor. Y porque tampoco parece aceptable
afirmar que el Estado no está involucrado ni es corresponsable de
dicha barbarie, cuando es lo contrario: lo sería de todas maneras si
no por acción sí sin duda por omisión; y es ese un agravante puesto
que no es lo mismo el que alguien fuera de la ley ejerza un acto re-
pudiable a que lo cometan las autoridades en quienes delegamos el
derecho al uso de la violencia legítima para impedir justamente que
la barbarie prevalezca sobre la ley y la justicia.
Y esto lleva a la cuestión de hasta dónde se pueden calificar de
crímenes de Estado los que se cometen o se permite que se cometan
porque supuestamente son una necesidad política. Estamos ante casos
de generales, de autoridades civiles, de más del 30% del Congreso,
de nombramientos de embajadores, de ‘coincidencias’ ideológicas y
personales que no permiten aceptar la teoría que esto ha sucedido no
solo sin la anuencia sino sin el respaldo de lo que genéricamente se
llama el establecimiento; y un registro de 955 ejecuciones extrajudi-

60
Juan Manuel López Caballero

ciales bajo este gobierno (según informe ONU OEA); confesiones de


comandantes paras reconociendo haber ordenado 200, 300, y hasta
1.200 muertes; el cálculo de la fiscalía de 13.000 homicidios con
desaparición, enterrados en 3.000 fosas comunes; el área abandonada
por la población desplazada de 2.6 millones de hectáreas, según la
Contraloría en su estudio La política pública sobre desplazamiento
forzado en Colombia: ¿sólo buenas intenciones?, de marzo de 2005;
la cifra de desplazados que oscilaría entre los 2 y 4 millones, según el
viceministro de Agricultura, Fernando Arbeláez, en el seminario so-
bre restitución de propiedades a población desplazada, de diciembre
de 2007 (la peor tragedia del hemisferio occidental según la oficina
de refugiados de la ONU); y ya más de 60 congresistas vinculados a
procesos por parapolítica… y ante todo esto no más de diez condenas,
y una ley de ‘Justicia y Paz’ que en la práctica no solo da impunidad
a los victimarios sino no atiende para nada a las víctimas. Alegar
que por no haber ente coordinador no se puede hablar de Crímenes
de Estado es minimizar estos hechos asumiendo que son meras
coincidencias y negar que detrás hay una coordinación tácita, en la
medida que los actores saben que sus acciones están respaldadas por
la aceptación que les dan los diferentes sectores dueños del poder
dentro del ‘establecimiento’ (la que a su turno la venden a través de
sus medios de comunicación al resto de la población); se puede hacer
la diferenciación de que no eran responsabilidades del Estado sino de
‘el establecimiento’. Pero esto solo hasta cuando la posible actitud
pasiva (por omisión) se acabó y se volvió proyecto político y tuvo
éxito en la toma del Estado, tanto a nivel de autoridades –alcaldías
y gobernaciones- como de presupuestos –salud, educación-, y tanto
a nivel local como nacional… Por eso leyes como las de Justicia y
Paz o decisiones como la de preservarlos de la extradición, y por
eso la exigencia de que una negociación con la guerrilla tendría que
ser en condiciones más duras, cuando la naturaleza de los grupos
irregulares obligaría a lo contrario.
Tampoco es aceptable la afirmación de que la guerrilla tiene la
obligación de soltar unilateralmente los ciudadanos que tiene re-
tenidos y que por eso respecto a ellos no emanan obligaciones del

61
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Estado. Si se liberan todos los civiles (como parecía ser la política


de las FARC) quedan lo que ellas consideran prisioneros de guerra.
Más que la discusión de si en efecto lo son, lo cierto es que fue
en desarrollo de su función como militares y en ejercicio de esa
condición que fueron capturados, por lo tanto la responsabilidad
del Estado por la situación que están viviendo va más allá de si la
guerrilla está compuesta por ‘bandidos’, de si son ‘secuestrados’,
‘retenidos’ o ‘prisioneros de guerra’, y la del presidente como re-
presentante del Estado es la de buscar su liberación en base a que
fueron capturados como militares y deben ser recuperados como
militares; es decir, como en todas las guerras –civiles o internacio-
nales- mediante acuerdos humanitarios. No aplica la excusa de que
no se reconoce una situación de conflicto armado o de beligerancia;
la negativa de cumplir el DIH como compromiso ante los otros
Estados y con la Humanidad no exime de la obligación que ante
los servidores del Estado se tiene.
Por último, en vez de la reacción de ‘apoyar al Presidente’
como principio, y de aceptar que él se confunde con o representa
a ‘la Patria’, deberíamos pensar si lo que a la Patria le conviene
y lo que necesita es un mandatario que como gallo de pelea tiene
una vocación guerrerista que, sin consideración sobre los posibles
resultados ni sobre los costos que pueda implicar, encuentra en la
confrontación la satisfacción a su temperamento y en la habilidad
para la presentación de argumentos –sean ellos ciertos o no- la
capacidad para encontrar el apoyo emocional –que no racional- de
la población.

Sólo para ellos 14/01/08


A pesar del título no es este un artículo machista o dirigido a
quienes participan en la batalla de los sexos. Es para aquellos seres
que entienden que toda moneda tiene dos caras; que para buscar
solución a los conflictos es necesario saber el punto de vista del
contrario; y que desearían tanto la liberación de los retenidos por
la guerrilla como el intento de iniciar un proceso hacia la paz.

62
Juan Manuel López Caballero

Pretender que el punto de partida de una interlocución debe ser


que la otra parte asuma las calificaciones que le da el contradictor
es iluso. Esperar que se dé un acuerdo sobre la base de que los gue-
rrilleros reconozcan que son terroristas y el Gobierno es el defensor
del bien y ellos los enemigos de la Patria y por eso los combate, es
cerrar cualquier posibilidad de avance o distensión con ellos.
Para la estrategia y el objetivo de eliminar soluciones diferentes
a la rendición por parte de los insurgentes es conveniente negar
la existencia de un conflicto armado; desconocer la vigencia y en
consecuencia el deber de cumplir con el Derecho Internacional
Humanitario; tratar el accionar de los insurgentes como una sim-
ple serie de actos terroristas; calificarlos de bandoleros, bandidos,
etc…; y limitarse a mostrar la maldad de sus miembros.
Pero si el propósito es lograr desactivar o disminuir la situación
de violencia interna asociada con ellos y conseguir la liberación de
quienes tienen cautivos, debemos comenzar por buscar comprender
su perspectiva, como se ven ellos mismos, y en últimas, lo más
importante, porqué existen.
En cuanto al acuerdo humanitario, el reconocer y más aún el
conocer la visión del adversario permite comunicar con él y en
consecuencia tomar decisiones conjuntas. Y en cuanto a lo primero,
con algo de suerte y mucho de paciencia un correcto diagnóstico
podría ayudar a la posible solución a esta violencia crónica que
desde hace tantos lustros nos agobia, al facilitar un posible diálogo
alrededor de los puntos que ambas partes pueden compartir y no
solo una relación bélica alrededor de los que los enfrentan.
Por ejemplo y para iniciar, entender que casi seguramente la
visión de los líderes no es la que motiva a la tropa. Para el comba-
tiente raso el ingreso a esas filas (como a las de los paramilitares
o al narcotráfico o eventualmente a las mismas fuerzas armadas
profesionales) es solo una solución de vida; mucho se señala esto
como una forma de descalificar el supuesto idealismo de esos
grupos, pero no se desarrolla ese análisis para buscar como se
contrarresta esta condición. No se debe a la existencia de ‘tirofijo’
o el ‘mono jojoy’ que haya violencia insurgente, por eso con una

63
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

eventual desaparición de ellos esa no desaparecería o lo presumi-


ble es que caeríamos en una disparada de la violencia delincuente
(como ha sucedido con las filas de lo que eran los paramilitares,
que, al desaparecer el objetivo político por haberse integrado con
el de quienes están al mando del Estado, se convirtieron en ‘águilas
negras’,etc.)
Solo una oferta mejor de una vida normal, en cuanto a ingreso,
a estabilidad, a integración, pero también en cuanto a dignidad,
podría propiciar su salida y su retorno a la comunidad; pensar que
son ‘malos’ porque Dios maldijo a Colombia dándole esos hijos
es negar que son producto de nuestra sociedad y de las vivencias
que les han correspondido.

La recompensa por la muerte de Iván Ríos 13/03/2008


En el caso de la muerte de Iván Ríos y la recompensa por ello
hay tres perspectivas: la administrativa, la jurídica y la ética.
De acuerdo a la primera, lo que importa es la eficiencia para el
propósito que se busca. Es la dimensión que está bajo el control del
Gobierno, y es claro que la visión del actual es que solo en función
de ello toma sus decisiones; en otras palabras, no solo omite las
otras sino reivindica que no son de su competencia, o sea, que no
siente que debe tenerlas en cuenta.
Como la oferta de recompensa es a ‘quien suministre información
que pueda ayudar a la captura de …’, el alias Rojas no cumpliría los
requisitos para ganarla; pero según dijeron el Ministro de Defensa
y algunos de los generales ‘si no se paga, se desmontaría el éxito
logrado con este sistema’, luego para ellos lo que no se puede decir
explícitamente -porque sería contrario a la ley y una incitación al
delito-, sí se puede enviar como mensaje y aplicar en la realidad el
sistema de ‘vivo o muerto’ del viejo oeste donde se acudía a esta
modalidad justamente porque ni la ley ni la justicia existían.
Respecto a la situación penal es la Administración de Justicia
quien tiene la responsabilidad, la cual en últimas queda dividida en
dos instancias, la Fiscalía y los Jueces. El Fiscal ya manifestó que no

64
Juan Manuel López Caballero

producirá acusación ante los jueces; aduce que no puede configurar


los requisitos para defender una imputación en caso de hacerla.
En el fondo es atribuirse en una forma disimulada (utilizando un
argumento que podría ser falso) el ‘principio de oportunidad’ que
fue tan debatido, justamente porque supone una discrecionalidad
que permite evitar la acción de la Justicia según criterio subjetivo
del Fiscal General (si no le parece políticamente conveniente, o si
coincide con su justificación moral, etc.).
En este caso se acude a la posibilidad de un ‘temor insuperable’,
o a una ‘legítima defensa’, o a una ‘necesidad vital’. Mal se puede
aceptar que un guerrillero que está viviendo bajo determinadas
condiciones sienta de pronto sin que ellas cambien un impulso
incontenible para actuar en esa forma. Pero eso además sería con-
tradictorio con el argumento de la recompensa y de la eficiencia de
las acciones del Gobierno, que se afirma serían las que lo llevaron
a esa decisión. Y por supuesto no podría aplicar en ningún caso
para el asesinato de la pareja de Ríos.
El aspecto ético es el que debe ser competencia de todos noso-
tros, puesto que se refiere no solo a posiciones personales sino a la
que debe guiar a la comunidad y al Estado y los funcionarios que
la representan. Estamos ante el problema de saber cuanto le cuesta
esto a nuestra sociedad… porque, cuando una población pierde los
principios éticos y ensalza el pragmatismo por encima de ellos, se
puede hablar de una descomposición social que quien sabe cómo
y cuándo se podrá reversar.
Que desde el Estado se promueva que ‘el fin justifica los me-
dios’ tiene dos efectos a cual más grave: en cuanto al ser humano,
los niveles de barbarie ya conocidos, que convierten a unos en las
víctimas inocentes y a los otros en los monstruos victimarios; y,
en cuanto a la colectividad, la desaparición de la Justicia, o sea de
lo que, en lo político como criterio fundacional y en lo social en
cuanto a elemento de cohesión, es el fundamento del Estado.
Se comenzó con la aceptación callada del fenómeno paramilitar;
después vino el respaldo semiinstitucional y semiclandestino a él;
después, con el arribo al gobierno de su filosofía y de quienes tenían

65
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

la misma visión, vino la cooptación de sus propósitos pero supues-


tamente sin seguir sus métodos; siguió el sistema de pagar a los ‘in-
formantes’, o sea el volver comercio el cumplir el deber ciudadano
o el comprar la traición; con la muerte de Raúl Reyes se escaló a
que si la rendición o la captura no eran posibles se daba legitimidad
a buscar por cualquier medio la muerte del insurgente –o delincuen-
te- como política de Estado; el beneplácito por el asesinato de Ríos
y por el envío truculento de la mano cortada como prueba confirma
la decisión de asumir como estrategia oficial no solo los propósitos
sino los principios, y métodos de ese paramilitarismo.
Parece que ahora incluso se está proponiendo ir aún más allá,
buscando interpretaciones artificiosas de la ley que permitan no
solo dar carácter legal a ese homicidio (bajo la versión individual
del ‘ataque preventivo’ que promueve y usa Bush como supuesta
‘legítima defensa’ porque creía que iba a dar la orden de matarlo),
sino recompensarlo y premiarlo y de pronto hasta condecorarlo
como un gran patriota.
En los casos fallados en tribunales internacionales de Derechos
Humanos como Ituango, Mapiripán, Chengue, etc. se condenó al
Estado Colombiano por permitir delitos de lesa humanidad; ahora
asumió directamente lo que puede llegar a ser un crimen de gue-
rra puesto que, tanto aquí como en el caso de Raúl Reyes, no se
busca la rendición ni la captura sino la muerte por cualquier vía
del contrario.

Terrorismo, beligerancia, conflicto armado 22/01/2008


Respecto a los temas de actualidad de terrorismo, beligerancia,
conflicto armado, el tratamiento de los medios de comunicación
del país ha sido similar al que le dan ante un partido a los equipos
de fútbol.
Pero en las relaciones internacionales las aproximaciones
emocionales no ayudan a manejar mejor una situación conflictiva,
sino usualmente a empeorarla. Éstas tienen más de una partida de
ajedrez, donde hay que saber cómo se mueven las fichas, pero el
juego se trata de poder compaginar lo que uno intenta y las jugadas

66
Juan Manuel López Caballero

que hace la contraparte, para al final lograr el resultado buscado.


Para nuestro caso lo conducente es saber primero que signi-
fican esas categorías dentro del contexto formal institucional, es
decir cuándo se dan, cómo se aplican, y qué consecuencias deben
producir (el equivalente a las reglas del ajedrez); y de otra parte,
entender que espera Chávez con sus propuestas.
El problema es que estamos ante dos caracteres mesiánicos, con
ideologías extremas y opuestas, con propósitos obsesivos (el uno la
revolución continental y el otro el exterminio de las FARC), en un
caso de enfrentamientos personales, y en un momento en que a ambos
les conviene un problema externo para ‘unir’ al país y distraerlo de
problemas internos. En estas condiciones lo difícil es evitar el enfren-
tamiento y lo menos conducente es estimular el patrioterismo como si
fuera patriotismo. Y lo pertinente no es aspirar a imponer a quien no
tiene nuestro mandato una forma de actuar, sino darle las direcciones a
quien sí lo tiene para que actúe en función del interés general y que su
temperamento y/o sus convicciones no nos agraven los problemas.
Como lo han explicado y/o aceptado todos los estudiosos y
analistas del tema, ‘beligerancia’ es un concepto ya superado y sin
mayor significado actualmente. En 1900 el Instituto de Derecho
Internacional definió: “El reconocimiento de beligerancia es un
acto mediante el cual, bien un gobierno reconoce que el conflicto
armado que se desarrolla en su territorio es una guerra sometida
al conjunto de las leyes y costumbres de la guerra, bien un tercer
Estado considera que este conflicto armado constituye una guerra
frente a la cual permanecerá neutral”. Pero desde entonces han
surgido las declaraciones de los Derechos Humanos, el DIH, la
Corte Penal Internacional, etc. que han desarrollado esta temática.
Y justamente en relación a los conflictos internos se estableció que
la obligatoriedad del DIH no depende de, ni afecta, el estatus de las
partes en conflicto. En todo caso según esa definición -única desde
el punto de vista institucional- ningún cambio se produce ante la
comunidad internacional o para Colombia por la declaratoria por
parte de Venezuela y la única consecuencia que traería sería su neu-
tralidad ante el conflicto.

67
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Chávez probablemente así lo entiende, puesto que su propuesta


fue que se retirara a las FARC y al ELN de la lista de grupos terro-
ristas; y solo por diferentes interpretaciones se desvió la discusión
hacia la ‘beligerancia’.
La noción de terrorismo es aún más vaga en lo normativo. A
lo largo del desarrollo del Derecho Internacional se ha buscado
llegar a su definición sin haberla nunca logrado. Informalmente
sí hay consensos sobre unas características para su tipificación,
a saber: 1) el propósito de someter a un grupo poblacional deter-
minado a la voluntad del terrorista; 2) que el medio sea el terror,
con la amenaza de producir un daño personal irreparable; y 3)
que ésta sea indiscriminada pudiendo afectar a cualquier miem-
bro del grupo atacado (por eso al acto terrorista lo define es su
objetivo, no lo bárbaro del mismo). La razón de esta dificultad
es que cualquier conflicto está muy cerca de esas tipificaciones
y dentro de él casi siempre algún comportamiento coincide con
situaciones parecidas; como cada parte justifica su razón de
actuar, lo que un lado ve como terrorismo el otro lo ve legítimo
dentro de las leyes de la guerra; y como son siempre los vence-
dores quienes juzgan, es la victoria lo que determina quien es
terrorista y quien no.
Los Estados Unidos a los 8 días del atentado a las Torres Gemelas
hizo pasar por el Consejo de Seguridad de la ONU la resolución
1373 que se refiere a las obligaciones de los Estados ante los te-
rroristas. Su contenido obliga a no apoyar tales grupos y a ayudar
a enfrentarlos. Pero ni estaba ni está definido cuándo un grupo
pertenece a esa categoría. Lo que existen son las listas elaboradas
por los Estados Unidos unilateralmente y las de la Unión Europea
consensuadas entre sus miembros.
Como esas listas no tienen porqué obligar a terceros países y
no depende de lo que las FARC hagan sino de las decisiones y
políticas del Gobierno Americano y en menor medida de la hoy
Europa Unida, Venezuela es libre de no seguir esa calificación; y
por eso también no parece demandable ante las Cortes Internacio-
nales su actuación. Pero por eso igualmente ni las obligaciones ni

68
Juan Manuel López Caballero

probablemente la actitud de los terceros países debería cambiar en


caso desaparecer de ellas.
Por último es conveniente entender la noción de ‘conflicto ar-
mado’ dentro de este panorama.
Para que las partes en un enfrentamiento armado tuvieran
obligaciones de carácter humanitario que no dependieran de su
estatus jurídico o político, este concepto sustituyó al de beli-
gerancia en el DIH. Que las FARC son, en lo real, parte de un
conflicto armado interno es insólito negarlo; como igualmente
es claro que no cumplen estrictamente las condiciones que con-
templa el DIH (a comenzar por el no respetar sus reglas). Pero el
DIH no es una jurisdicción con jueces, penas, etc.; es decir, es un
instrumento declarativo que solo proclama el ‘debe ser’; el negar
la existencia de un conflicto armado en el sentido del DIH solo
sirve para afirmar que no tiene el Estado Colombiano los deberes
que se derivan, en particular el de procurar hacer los ‘acuerdos
especiales’ o humanitarios que contempla el articulo 3 común a
todos los Convenios de Ginebra.
En resumen, respecto a ‘beligerancia’ o ‘terrorismo’ las decisiones
de cada país son autónomas, sin que deriven obligaciones interna-
cionales para Colombia o para otros países. El negar el ‘conflicto
armado’ –como lo hace nuestro Gobierno- si produce el efecto de
negar a su turno la obligación de buscar acuerdos humanitarios.
Que el Gobierno colombiano de categoría de beligerantes, elimi-
ne la calificación de terroristas o reconozca el conflicto armado con
las FARC puede ser conveniente (y probablemente hasta indispen-
sable) si los propósitos prioritarios son el retorno de los retenidos
y el explorar la posibilidad de un proceso de paz negociado.
Cinco años de la estrategia seguida no ha avanzado nada tales
propósitos. No cambiarla no parece aportarles nada, y solo lleva a
prolongar la guerra en forma indefinida, o pendiente de la expec-
tativa de una rendición final de la guerrilla.
Es obvio que para Chávez el objetivo es darle importancia a su
ideología o proyecto, y que su protagonismo en esto lo ayuda. Pero
más que considerar ‘bravuconadas’ las declaraciones de Chávez o

69
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

buscar solidaridades ante las agresiones personales contra Uribe es


alrededor de las perspectivas que se abren a nuestros propósitos y
en función del fin que se desea que se debe analizar el tema.

En qué va el conflicto armado 28/02/2008


La gran paradoja de la evolución de la situación colombiana es
que el Gobierno comienza a tener éxitos en el conflicto armado
que él niega que existe. O más exactamente, que en lo único que
puede mostrar avances es en eso, pero que esos avances o ‘éxitos’
son cada vez más graves para el país.
En efecto, en lo militar las fuerzas oficiales han logrado dar de
baja algunos cabecillas de frentes, acaban de capturar a ‘Martín
Sombra’ que consideran miembro del Estado Mayor y más impor-
tante que Granda, y sobre todo, es un hecho que han aumentado
las deserciones en forma significativa.
Lo malo es que esto lo toman como una demostración de lo correcto
de su política de guerra total y la decisión de reforzarla, lo cual nos
plantea las cuestiones de ¿cuándo y cómo se acaba? y ¿a qué costo?
Lo primero porque la rendición total (como parece ser lo que
se espera) no existe en casos de insurgencia como ésta y lo que
sucede es que entre más se debilitan más se aleja la posibilidad de
negociación, más tienden hacia el puro y, ahí sí, verdadero terro-
rismo; además de que si ha tomado 5 años este resultado, puede
tomar bastantes más periodos presidenciales y ‘articulitos’ para
prolongar la ‘seguridad democrática’, el llegar a los cabecillas de
los otros 50 o más frentes, a los 15 o más miembros de lo que se
clasifica como el Estado Mayor, y no se diga a los miembros del
Secretariado.
Y lo segundo porque según la Contraloría desde marzo de 2005,
el área abandonada por la población desplazada sería de 2.6 millones
de hectáreas y para el Gobierno, la cifra de desplazados oscilaría
entre los 2 y 4 millones, según dijo el viceministro de Agricultura,
Fernando Arbeláez, en el seminario sobre restitución de propiedades a

70
Juan Manuel López Caballero

población desplazada, de diciembre de 2007. Es decir que a este ritmo


se acabaría toda la población rural y se abandonaría por completo el
campo antes de cumplir las expectativas del Gobierno.
La última liberación de los cuatro civiles también es vista como
un éxito por las autoridades; probaría que no se necesita despeje
ni para negociar ni para que sean liberados los cautivos, y que se
impuso el punto de vista de Uribe de que no debe haber intercambio
humanitario sino liberaciones unilaterales.
Pero, como parte de las paradojas, para el país es mal presagio la
prisa del Ministro de Defensa por desaprovechar la posibilidad de
darle a esa liberación el carácter de la muestra de ‘buena voluntad’
que se le exigía a la guerrilla, y, por el contrario, cerrar la puerta
a cualquier inicio de discusiones alrededor del paso que proponen
las FARC sin siquiera dar una pausa para la respuesta.
Siguen las paradojas en el sentido de que en vez de acabar siendo
Venezuela o Chávez un instrumento para ablandar a las guerrillas
y distensionar la relación con ellas, lo que se logró fue que se con-
virtieran en su refuerzo en el momento que políticamente estaban
derrotadas y militarmente golpeadas, y que no fuera con y gracias
a nuestro gobierno que se lograban resultados humanitarios sino
contra y a pesar de él.

71
Capítulo III
Acuerdo Humanitario

Entre la imagen y la realidad


del acuerdo humanitario 3/12/2007
López Michelsen resumió su esfuerzo por el acuerdo humanita-
rio diciendo que el problema es que las partes no aspiraban a una
solución sino a una victoria.
Podemos adicionar que una victoria política, puesto que mili-
tarmente poco representa a cualquiera de las partes.
Sobre tal premisa veamos el escenario actual:
La propuesta del Dr. Uribe de escoger en los municipios de
Florida y Pradera un espacio de 150 km2, sin población residente
parece tener más de estrategia mediática para acallar los cuestio-
namientos que dejó el proceso con Chávez que de apertura para
propiciar un acercamiento entre las posiciones distantes.
-Ante todo, porque ya una alternativa similar no fue acogida.
- Es más aparente que real la presentación de que él sí cede en
el tema del despeje bajo la palabra ‘encuentro’: una zona de 150
kilometros daría un círculo con una distancia máxima de 7 km
a la periferia, o sea ‘a tiro de fusil’, y reunirse así rodeados, sin
autonomía ni para la entrada ni para la salida, es para la guerrilla
incluso menos manejable que encontrarse en Bogotá en la nuncia-
tura (como alguna vez se propuso);
-El presentarla sin negociación previa implica que no quedaría
como un acuerdo sino representaría en cierta forma un triunfo para
el gobierno como el creador de la solución; dentro del contexto

73
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

de ‘victorias políticas’, para que algún paso sea aceptable para la


guerrilla tiene que aparecer como fruto de una negociación. No se
puede pensar en acuerdo sin interlocución ni negociación con la
contraparte, y el menos apto para esta función es el comisionado
Restrepo, puesto que los mismos argumentos o afinidad que le
permitieron acercarse a tratos con las AUC lo distancian de los
insurgentes; ante ellos funge en todas sus declaraciones como un
comisionado de guerra y no de paz.
-Es de prever una empantanada alrededor de cuándo, dónde y
cómo sería el posible encuentro.
La posición del Presidente Uribe no ha cambiado: no es que le
cueste trabajo encontrar unas condiciones para aceptar un inter-
cambio sino que no está dispuesto a hacerlo.
Tanto las FARC como el Presidente buscan la ‘victoria’ a través
de la presión internacional; la guerrilla tratando de destacar que al
Presidente no le importa ni lo humanitario ni lo jurídico, sino solo
su imagen de ‘duro’ e intransigente en cuanto a lo que llama ‘segu-
ridad democrática’; y el Gobierno buscando 1) que se desconozca
cualquier contexto diferente de las condiciones de sufrimiento bajo
las cuales se encuentran los retenidos, y 2) que se olvide cualquier
obligación de su parte respecto a ellos.
En este momento hay más posibilidades (aunque casi igual de
remotas) de que la subversión acceda a un gesto unilateral a que
se llegue a algún acuerdo de intercambio.
El Gobierno ha repetido que ‘aceptarían’, que ‘sería bienvenida’
tal eventualidad aunque no se haga a través de él; esto sería un
‘éxito’ en los términos de quienes admiran la política y el carácter
del Presidente, según los cuales si se logran resultados mostrables
–sean estos debidos a su gestión o no, y así sea ésta una mala opción
entre las posibles- no importa como se logren.
Pero para quienes rechazan el manejo uribista no por los resul-
tados (que al igual que en cualquiera de los otros temas se deben
a múltiples factores, y que siempre incluirán aspectos positivos y
negativos) sino por los medios y costos para alcanzarlos, el sufri-
miento de las víctimas sería el precio de ese ‘triunfo político’.

74
Juan Manuel López Caballero

¿En qué está el acuerdo humanitario? 05/12/2007


Para avanzar en el acuerdo humanitario es necesario intentar un
análisis objetivo de la situación actual.
De la mediación de Chávez toca olvidarse: no tenía posibi-
lidades al iniciarse, pues, según declaraciones del comisionado
Restrepo, lo que esperaban no era un Chávez tal cual es, que
pensara como piensa y que sirviera de mediador, sino uno que
lograra que las FARC aceptaran las condiciones del Gobierno. Y
con la forma de ruptura se vuelve irrelevante si fue una jugada
ilusa o, por el contrario, maquiavélica.
Respecto a las FARC, aunque es claro que no es por sensi-
bilidad humanitaria, sí tienen razones para tener interés en el
acuerdo:
-Les conviene porque al cumplir los preceptos del DIH -o sea, de
las Leyes de la Humanidad-, adquieren algo de legitimidad, o por lo
menos mejoran su imagen ante el sector de la comunidad internacio-
nal que aceptó verlos simplemente como terroristas (probablemente
negociarían el salir de esas listas).
- Les daría un protagonismo que difícilmente en otro momento
encontrarían (a menos que ganaran militarmente, lo cual parece
imposible); y se los daría en el tema en el que su contraparte está
en lo que es probablemente su punto más bajo (hoy se destacan los
horrores del paramilitarismo, de la falta de atención a las víctimas,
del desplazamiento, etc., pero, una vez ‘tragado’ el sapo de la bene-
volencia de la ‘Ley de Justicia y Paz’, lo que quedará es el inventario
de resultados, así sean estos decepcionantes o cuestionables).
-Les muestra o confirma a sus tropas que parte de sus principios
sí es buscar liberar a quienes caen prisioneros.
-Y les quita la carga (inmensa) de tener a unos retenidos, vivos,
alimentados, etc., apoyados y ubicados en la nada.
Su razón para no hacer el acuerdo es que mientras el negociarlo, el
discutirlo o el negarse a ello les da espacio mediático, propagandístico
y, potencialmente, de interlocución, es claro que en el momento que
éste se dé el gobierno solo los tratará como enemigos a eliminar, y el

75
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

único interés noticioso será el número de bajas que irán teniendo.


Infortunadamente el dolor de las víctimas tampoco influye en
los responsables en el alto Gobierno2. Es más, en alguna forma lo
aprovechan para beneficiarse poniendo al mundo en contra de los
subversivos.
Con la negación de que existe conflicto armado y el limitar
la calificación de la guerrilla a ‘un grupo de bandidos’, tampoco
acatan el DIH a pesar de que además de ser Ley de la Humanidad
es esencia de la Constitución y Tratado Internacional.
Podrían motivarlos consideraciones políticas, porque nada
perdería el Gobierno (excepto un golpecito a algunos egos) y algo
ganaría en el exterior en un momento en que esa actitud intransi-
gente -y, desde la perspectiva humanitaria, inadmisible- produce
tantos o más cuestionamientos que su relación con la parapolítica.
Pero como internamente hay tantos partidarios como opositores de
la acción humanitaria (¿?!!!) no le ve una ganancia que le importe;
además, en caso de conciliar negociando alguno de los ‘inamovi-
bles’, le caería automáticamente el cargo de ¿porqué no haberlo
hecho antes?
Conclusión: Para ambas partes, dentro de su visión de la guerra
este frente político-mediático importa más que lo humanitario.
La única salida parece ser que la comunidad internacional
obligue unas conversaciones de paz, en las que el primer punto
sea este acuerdo.

Interpretando un legado 24/07/2007


Es bien sabido que la última campaña del Expresidente Lopez
fue la búsqueda del intercambio humanitario. Diferentes motivos y
razones lo impulsaban… Tomo el atrevimiento de intentar explicar
como entendía él el tema.
Ante todo lo veía desde un punto de vista humanista: su moti-
vación era el buscar, en función de los valores que humana y mo-
ralmente consideraba de mayor jerarquía, cuál solución respondía
2
Ver El corazón de Uribe, por Gloria H. El País (Cali) 04/12/2007

76
Juan Manuel López Caballero

mejor a lo deseable ante la situación existente. Actuaba bajo algo


como el principio del ‘imperativo categórico’ bergsoniano, según
el cual un individuo tiende naturalmente a defender causas nobles,
y en este caso para él la preservación de la vida y el alivio del dolor
de quienes injustamente lo padecen, tenían prioridad sobre lo que
pueden ser objetivos políticos o militares.
Su posición la resumió en su última frase que podría ser recons-
truida bajo la forma de ‘lo que se debe buscar es una solución, no
una victoria’. Su solidaridad con los familiares y las discrepancias
sobre el tratamiento que daba el Gobierno al tema iban más allá de
los casos concretos pues lo enmarcaba en un contexto de principios
universales.
No era sin embargo esto lo único que lo impulsaba y orientaba.
Dentro de su formación de jurista y demócrata liberal concebía el
Estado de Derecho como una conquista de la civilización, y con-
fiaba y defendía la idea de que el sometimiento a las instituciones
posibilita la convivencia en armonía dentro de una comunidad. Por
eso para él el Derecho Internacional y en particular el Derecho Inter-
nacional Humanitario eran un avance de la humanidad que debía ser
reconocido y aceptado, y no un invento de fuerzas anárquicas para
debilitar a los gobiernos o, en el caso colombiano, un instrumento
de los opositores para apoyar o apoyarse en la subversión.
Los Convenios y Protocolos de Ginebra no nacen entre o atan
a las partes en conflicto: son un tratado contraído con todas las
Naciones, y por derivación de ello ante toda la humanidad. Tam-
bién, por orden Constitucional, obligan independientemente del
comportamiento de la contraparte, sea ésta enemigo interno o
externo. Ningún conflicto armado esta exento de esta jurisdicción
y dentro de ella misma se define cuándo existe situación de ‘con-
flicto armado’.
Ni se basa ni busca establecer la legitimidad de la causa de las
partes: única y exclusivamente humanizar la forma en que se dan
las confrontaciones, tratando de evitar males o aliviar el dolor in-
necesario. Por eso ninguno de los argumentos (que no es ‘conflicto
armado’, que son unos delincuentes, que la FARC no respeta el

77
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Derecho Internacional Humanitario, que el DIH prohíbe la toma


de rehenes, etc.) justifica el no cumplir el articulo 3 de los con-
venios y su desarrollo en los Protocolos I y II, y, por el contrario,
significa violarlos.
Y, más allá de precisar que la propuesta de los países facilitadores
sobre una ‘zona de encuentro’ limitada en el tiempo, el espacio, y
el tema a tratar, ni es un ‘despeje’, ni otorgaría ventajas militares,
ni entregaría nada de la soberanía, como expresidente entendía que
la Constitución no contempla poderes al primer mandatario para a
su arbitrio calificar que es ‘ceder soberanía’, ni otorga a la defensa
de la soberanía mayor jerarquía que al Principio Fundamental de
que ‘las autoridades de la República están instituidas para proteger
a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra,
bienes (…) y libertades’.
Entendía también una dimensión política del problema. La rela-
ción del ciudadano con el gobernante es un mandato, es decir, un
poder que se le delega para cumplir la voluntad de la colectividad.
No es comparable a la relación con quienes desconocen esa volun-
tad y además por medios violentos e ilegales la contrarían. Quien
actúa a nombre de ella no puede hacerlo de acuerdo a su propia
percepción sino de acuerdo al mandato que recibe.
Se debate si Uribe busca una victoria, o una venganza, o si siente
que cumple una ‘misión’… lo relevante no es qué lo motiva sino
que, como mandatario, su accionar debe depender y orientarse se-
gún el mandato de sus ciudadanos. No se discute que el mandato
recibido se orienta a enfrentar la guerrilla, ni se pretende que se
haga con menos firmeza.
Por eso el accionar armado y el refuerzo presupuestal en hom-
bres, recursos económicos, etc. es aceptado y respaldado por la
población. Pero dentro del enfrentamiento armado, y sin que sig-
nifique renunciar a él sino por el contrario confirmarlo, existen las
leyes humanitarias que buscan alejarlo de la barbarie.
Y es claro que la población colombiana, aún si no entiende o no
está empapada de los intríngulis jurídicos del DIH, desea limitar la
barbarie en el conflicto; por eso pide ‘no al secuestro’ al enemigo, pero

78
Juan Manuel López Caballero

por lo mismo a expresado a su mandatario que dentro de ese propósito


permita y busque el intercambio que forma parte de esa humanización
de la guerra. Fue habilidosa la maniobra presidencial de sacar a todos
sus funcionarios a presentar las marchas como una petición de ‘más
firmeza’… pero no sería el ex Presidente López quien se dejaría con-
fundir aceptando el falso dilema de que el acuerdo humanitario va en
contravía de la paz o de la oposición al secuestro.
Al igual que los verdaderos promotores de la gran caminata del
5 de Julio, familiares de los diputados asesinados y de quienes aún
están en manos de la guerrilla, él salió con la camisa de ‘Acuerdo
Humanitario ya!’, porque respecto al objetivo de acabar con el
abominable delito o el buscar la devolución de quienes fueron
privados de la libertad por los delincuentes no hay discrepancias
(nadie se imagina pancartas de ‘Sí al secuestro’ o ‘No a la libertad
de los secuestrados’); sobre lo que hay discrepancias es sobre sí
esa libertad se debe buscar mediante intentos de rescate a sangre
y fuego o mediante acuerdos humanitarios. Al intentar tergiversar
la manifestación popular y negarle el sentido que le dio origen,
el Presidente y su Gobierno han ido más allá de desconocer ese
mandato concreto.
Por último, aunque el fuerte de López no fuera el pragmatismo,
y menos que por éste no se deban tener en cuenta las relaciones
humanas, la ética o la ley, consideraciones eminentemente realistas
y prácticas le señalaban que pensar en el rescate militar de todos
los secuestrados es simplemente un imposible.
Aún si se menospreciara el hecho de las mínimas probabilidades
de operaciones exitosas –en el sentido de que el cautivo salga vivo-
, y se considerará seguro que cada intento entregaría una persona
sana y salva, es claro que las fuerzas armadas no están en capaci-
dad de realizar la cantidad de operativos necesarios para devolver
a todos los retenidos a sus familias. En otras palabras, la política
de negar acuerdos colectivos y la estrategia de rescates a la fuerza
condenaría a la gran mayoría de las víctimas y a sus familiares
a relegar a un tiempo indefinido y en la práctica probablemente
infinito la esperanza de una solución.

79
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Para todas ellas no existiría sino la expectativa de la derrota total


de la guerrilla, la que en términos reales no ve posible en un futuro
previsible, y la cual, bajo la sentencia pronunciada por el Dr. Uribe
de ‘desmovilización o exterminio’, implicaría esto último también
para quienes se pretende sean liberados.

Los obstáculos para el acuerdo humanitario 09/08/2007


Parece que de la retórica y del juego con el lenguaje es de donde
se sacan los argumentos con que se impide adelantar algo en el
Acuerdo Humanitario. Aclaremos esto un poco.
Despeje: Dice el Presidente que no se puede repetir el Caguán,
que no cederá un centímetro de territorio, que sería una entrega
de soberanía, que les daría una ventaja militar a los ‘enemigos de
la Patria’.
Lo que se propone es una zona de encuentro, que nada tiene de
parecido al Caguán: no son 43.000 Km sino 800; no es a término
indefinido (entonces fueron tres años) sino por 30 o 45 días; no es
con infinidad de partícipes (entonces asistían a Casa Verde todo el
que tenía una opinión o propuesta –hasta el presidente de la Bolsa de
Nueva York!-), puesto que aquí solo hablarán el Gobierno y la FARC;
no se tratarán todos los temas (entonces se inventaron toda clase de
‘mesas temáticas’) puesto que solo se definirá el intercambio; y si
algo es claro es que, a diferencia de entonces, el Presidente actual no
estará pensando en promover su imagen para Nobel de Paz. No hay
cesión de territorio, ni entrega de soberanía, ni ventaja militar a nadie
cuando se vuelve a la situación anterior a los 30 ó 45 días.
Compromiso de los guerrilleros que se liberen: Condiciona
el Presidente cualquier solución a que los subversivos que salgan
juren no volver a secuestrar ni reintegrarse a las filas de las FARC,
porque, dice, de lo contrario se sometería al resto de los colombia-
nos a ese peligro. No es claro si supone que al no jurar si podrían
hacerlo (o si eso implicaría que los 30.000 hoy activos sí lo pueden);
o porqué con ese juramento quedaría garantizado el cumplimiento;
o en qué cambiaría que los 200 que saldrían lo cumplan cuando sin

80
Juan Manuel López Caballero

pasar por eso entran cada año diez veces más nuevos miembros a
esas filas; o si sí podrían dedicarse a otras actividades delictivas
o alistarse en otros grupos alzados en armas. En nada cambia ese
supuesto compromiso.
Acuerdo Humanitario: Entiende el Presidente que acuerdo no
significa un convenio entre dos partes sino que la contraparte se
someta a las condiciones que uno exige. Y no acepta que el término
‘humanitario’ significa que no puede depender de razones políti-
cas o militares. Sí entiende que dentro de las normas del Derecho
Internacional Humanitario no es facultativo sino obligatorio el
procurar tales acuerdos, y por eso traslada el debate semántico a
lo que significa ‘conflicto armado’, pues al negar la existencia de
éste niega la obligatoriedad del DIH.
Derecho Internacional Humanitario: No es un conjunto de con-
ceptos o nociones abstractas como parece asumirlo el Presidente, sino
un código preciso al cual el Gobierno tiene que someterse por formar
parte de tratados internacionales y estar inscrito en la Constitución.
Y no es un instrumento para buscar la paz –ni la búsqueda de ella
una condición para que se aplique-, puesto que rige justamente como
alternativa a ella, es decir cuando hay conflicto armado.
Paz: Dice el Presidente que está dispuesto a hacer la paz. Pero se
refiere a ‘paz’ tal como él la define, es decir, que renuncie la guerrilla
a los propósitos que los llevaron a alzarse en armas, o sea, rendición
sin que hayan sido derrotados. Sabe, sí, que para las FARC ‘paz’ no
tiene ese significado, y por eso precisa la oferta aclarando que no
contempla opciones distintas de ‘desmovilización o exterminio’.
Muchos Presidentes nuestros se habían destacado por el manejo
del idioma, pero ninguno en el sentido y para los propósitos que
lo hace el Dr. Uribe.

Acuerdos con escopeta 13/06/2007


Cuando estaba pequeño aprendí de mi padre que la peor ma-
nera alcanzar algo que depende de otra persona era ‘negociar con
escopeta’, tratar de imponerlo a las malas.

81
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Esto que ha intentado el Presidente Uribe se podría llamar buscar


acuerdos con escopeta.
Es clara la contradicción que esto implica, pero a eso no se le da
importancia cuando se trata de un manejo de imagen o de buscar un
objetivo diferente al que en apariencia se presenta.
Acudiendo al eslogan de ‘no repetir el Caguán’, el Dr. Uribe
se ha negado a cualquier posibilidad de despeje para hablar de
un acuerdo humanitario. Aún en el caso de la ‘zona reducida de
encuentro’ en Florida y Pradera, propuesto por los países media-
dores (Francia, España y Suiza) y avalado por los 12 Congresistas
demócratas americanos que opinaron que era una posible solución
(por solo 30 días, contra un término indefinido y una duración de
tres años cuando el Caguán; en un territorio menor al 1% del aquel;
y la agenda limitada a la forma del intercambio, a diferencia de
entonces donde se habló de todo y habló todo el mundo).
Así el Presidente se encerró en una sin salida, pues hoy ceder
implicaría reconocer que lo padecido por los retenidos y sus familias
(y por el país) durante este tiempo no tenía razón de ser diferente
de su terquedad o soberbia.
Inventó ahora, con la excarcelación de guerrilleros y bajo la falsa
imagen de un acto generoso (lo cual no es, porque está motivado en
una expectativa de obtener beneficios), lo que algunos ven, como
una jugada maestra.
La idea es que si las FARC liberan a alguien gana la política
de Uribe, y si no lo hacen es prueba de la perversidad de ellas y
confirma que no quieren sino el despeje; y, respecto al respaldo
del G8 –logrado gracias a la gestión de Sarkozy, y del gusto que
se le dio con la liberación de Granda-, si las FARC no actúan en
reciprocidad, esa opinión mundial que siempre ha estado en contra
del rescate armado tendría que respaldarlo.
Lo que pasa es que esa genialidad tiene varios ‘peros’. Uno de
ellos, que es ilegal: -Tanto la Ley de Justicia y Paz como la de Orden
Público -que suponen ser la base jurídica para esta operación-, se
refieren a ‘grupos armados’ según los define el Derecho Interna-
cional Humanitario y no con particulares no combatientes como

82
Juan Manuel López Caballero

son los excarcelados, sean ellos afiliados, desertores o disidentes de


tales grupos. La razón de esto es que tales leyes tienen por propósito
autorizar acuerdos con interlocutores capaces de decidir sobre la
paz, y es evidente que no es con los liberados que se cumple ese
requisito; son normas excepcionales para negociar alrededor de la
paz, no para justificar intentos de victorias políticas.
Otro tema es que la ayuda del Gobierno Francés no es por su amor
a Colombia sino por la calidad de ciudadano francés que tiene Ingrid
Betancourt; no es por solidaridad ni como respaldo al Gobierno que
les interesa su liberación; cumplen con su obligación de buscar ese
resultado y no lo atan a la suerte que corran los otros retenidos.
Y no será, como piensan muchos, una jugada ‘inocua’ porque
es poco probable que las FARC reaccionen liberando a alguien:
acabe o no la opinión internacional apoyando los rescates a sangre
y fuego, el intento de imponer unilateralmente una solución es
prescindir del dialogo y vuelve cada vez más distante la posibilidad
del canje humanitario.

¿Un gran golpe a favor de quién? 09/01/2008


Definitivamente el Presidente Uribe propinó un terrible golpe a
las FARC, con la revelación de que ellos no tenían el hijo de Clara
Rojas , si no en lo militar sí en lo mediático y en lo político. Pero
¿a favor o en beneficio de quién?
Éstas le iban ganando esa batalla y lo habían arrinconado al
montar el espectáculo de la devolución de tres retenidos sin su
participación, a través de quien había sido el personaje que se le
acababa de enfrentar, y con un respaldo de personalidades extran-
jeras imponente.
El ofrecimiento de la guerrilla se hubiera cumplido con entregar
a Clara Rojas y a Consuelo Gonzalez e informar que el niño que se
encontraba en bienestar familiar era Emmanuel, y es posible que
ese fuera el programa inicial.
Es probable que la dimensión de la movilización lograda por
Chavez al conseguir la participación internacional y su afirmación

83
de que se tomaría la foto recibiendo y abrazando a Emmanuel, haya
inducido a la guerrilla a optar por pedir al personaje que entregó
al niño en custodia al ICBF que lo retirara y se los devolviera para
poder cumplir la expectativa creada.
A falta de información más precisa por parte de las autoridades,
es de suponer que, al intentar recoger a ‘Juan David’, su custodio
se encontró con dificultades de papeleo y atemorizado por la posi-
ble reacción de quienes se lo habían encomendado, informó a las
autoridades de la situación.
Obviamente las FARC supieron casi al mismo tiempo que el
Gobierno ya adelantaba las respectivas confirmaciones, pero antes
de tomar una decisión al respecto justificaron el retraso en la en-
trega acudiendo a la mentira de que éste se debía al hostigamiento
del ejército.
El presidente Uribe se encontró ante la misma premura de tiempo
pues a las FARC les bastaba liberar a las mujeres y explicar que a la
entrega de Emmanuel se había adelantado el gobierno al descubrir
el plan que tenían, o simplemente ser ellos quienes revelaban lo que
sucedía para que la mentira perdiera importancia y no capitalizara
el gobierno la situación creada.
De ahí el porqué haber presentado lo que en ese momento no
podía mencionarse sino como una hipótesis, y no esperar a la
confirmación, ni a la eventual de entrega de las otras personas,
ni siquiera a ver como explicaban los insurgentes su incumpli-
miento.
Pero se repite: ¿esto en beneficio o a favor de quién? No de
quienes iban a ser liberadas; ni de las posibilidades que se ofrecían
a los otros cautivos con ese paso inicial; ni de un posible avance
para conversaciones de paz; ni siquiera de mejores condiciones
para inducirlos a una rendición o una negociación.
Como bien lo dijera el Presidente la prioridad es la ‘seguridad
democrática’, ante ella se debe hacer cualquier sacrificio, y fue
ella la gran ganadora.
Esta que es un simple eufemismo para imponer la guerra a
cualquier costo y con la única opción de una derrota final de las
FARC, sí se benefició y en que forma: se impidió la operación que
recuperaba en algo la imagen de la guerrilla; se hizo quedar mal al
Presidente Chávez, se mostró que no tenía control de sus iniciativas
y se dañó su relación con las FARC; se acabó o por lo menos se
dificultó bastante la intervención futura de gobiernos extranjeros;
y sobre todo se crearon condiciones más difíciles para cualquier
distensión o acercamiento bien sea para la liberación de retenidos
o para negociaciones de cualquier tipo con la guerrilla, eliminando
así toda posibilidad alterna a esa guerra total.

¿Qué sigue tras la liberación de retenidos? 05/02/2009


Que seis de los colombianos que estaban en la selva pendien-
tes de su libertad la hayan alcanzado es una feliz noticia para sus
allegados y lo debe ser para toda Colombia.
Nos encontramos ahora ante el debate sobre lo que esto significa
para adelante.
Para el gobierno el Presidente mismo dijo que era una celada,
una trampa, un engaño de la guerrilla, que las liberaciones tenían
por objetivo hacer creer a la ciudadanía que ellos buscaban algo
diferente de sembrar el terror y así poder crear lo que llama un
nuevo Caguán, es decir, como lo entiende él, un puerta para una
negociación donde recibieran un territorio libre y un periodo de
tiempo para armarse mejor para seguir siendo ‘terroristas’. Esta
actitud parte del supuesto que las FARC están al borde de la derrota
y este sería un gesto desesperado para sobrevivir.
Esta interpretación puede eventualmente responder a una con-
vicción sincera de que esto es así. Con lo que infortunadamente
es seguro que esa versión y esas declaraciones coinciden es con
el interés del Gobierno en que no se desactive la guerra; cualquier
paso en esa dirección –sea directamente para hablar de paz o para
abrir la posibilidad de acuerdos humanitarios mientras tanto- es
contrario a las necesidades del Gobierno. Al fin y al acabo la ‘se-
guridad democrática’ (o el propósito de ‘exterminar la culebra’)
es lo que dio y lo que podría dar una votación y un respaldo al

85
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

presidente; mientras haya guerra Uribe jugará con ese as, pero lo
perdería si se desactiva o disminuye la tensión. Ha sido explícito
en la falta de interés en los acuerdos humanitarios, en descartar la
razón y la obligatoriedad de ellos al negar la existencia del con-
flicto armado, y en descartar cualquier posibilidad de dialogo que
no parta de la rendición incondicional de los insurgentes. Por eso
no solo no es partícipe ni propicia esta clase de liberaciones, sino
que en la medida de sus posibilidades las obstaculiza. Por ejemplo
con esas declaraciones, o con ‘incidentes’ como el vuelo de las
aeronaves sobre los helicópteros que justifica el recelo de las Farc
incluso para liberaciones unilaterales como ésta, ya que existían
como antecedentes el que para la ubicación del campamento de
Raúl Reyes parecen haberse utilizado las comunicaciones que tenía
con los mediadores autorizados entonces, y la simulación de una
acción humanitaria para la operación Jaque que fue en el fondo
una estratagema de guerra.
Una visión menos motivada destacaría otros elementos. Hay un
cambio en la dirigencia de ese grupo armado (murió Marulanda y
subió Cano) y esto podría señalar una reorientación de sus estrate-
gias. Es una liberación unilateral, sin condiciones y debe entenderse
que con ello se manda un mensaje. Es evidente la búsqueda de abrir
un espacio político, como es igual de evidente la forma en que Dr.
Uribe lo busca cerrar.
Por eso la entrega que hicieron los insurgentes no es al Gobierno
sino a ‘Ciudadanos y ciudadanas por la paz’. Con esta liberación
buscarían legitimar la posibilidad de un acuerdo humanitario ya que
los llamados ‘canjeables’ que quedan corresponden a prisioneros
hechos en combate y no a secuestros de civiles o de miembros de
la fuerza pública fuera de servicio.
Las declaraciones de Alan Jara deben ser tomadas en cuenta:
no habla de los ‘buenos y los malos’ ni de la guerra o la paz sino
solo de la suerte de los que se pudren en la selva.

86
Parte II
PARAMILITARES,
PARAPOLÍTICOS Y JUSTICIA
Presentación
Compleja organización son los paramilitares percibidos por
unos como narcos en búsqueda de perdón, como fuerza de capos
aliados con el establecimiento para enfrentar a las guerrillas o en
fin, según los norteamericanos como narcotraficantes y punto.
Pero además, la parapolítica complica la imagen puesto que más
allá de lo penal surge un proyecto político. No solo para negociar
sino para “refundar” la república. Y nadie ignora que han tenido
apoyo y simpatías de buenas franjas de la opinión pública, según
encuestas.
Si bien es cierto que no se debe dar paso a la “cacería de brujas”,
hay que tener en cuenta que con la coacción y la compra de votos
se delinque y se le cierra el paso a las garantías de las minorías
–que es base esencial de la democracia. A los medios delictivos
empleados, hay que ponerle atención a los resultados logrados. Ha
lugar entonces a una reforma política que consagre la ilegitimidad
efectiva de la parapolítica.
Y no para excarcelarlos luego como proponen algunos, en gra-
cia a una desafortunada comparación con el IRA irlandés. Aquí
no median los ideales religiosos y nacionalistas, sino un rosario
de crímenes y fosas comunes en medio de un negocio ilegal. Ni
siquiera es aceptable la absurda pretensión de asfixiar al pez va-
ciando la pecera.
Por esa razón, el balance del proceso de paramilitares y parapo-
líticos resulta confuso y solo es claro que no existe una estrategia
eficaz y seria para desmontar el negocio del narcotráfico.
En ese contexto, la justicia ha tenido que enfrentar los descu-
brimientos de delitos atroces acumulados y el gobierno ha tenido

89
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

que recibir múltiples condenas con indemnizaciones de juicios


llevados por instancias internacionales. El caso de Jamundí, por
ejemplo, aparece rodeado por versiones que se asemejan a una
película de misterio.
En principio, no obstante, parecería que la impunidad se acabó.
Que no solo se abordan los casos en proceso sino que se retoman
los del Palacio de Justicia, la muerte de Galán, el genocidio de la
Unión Patriótica y se vincula a más de 50 parlamentarios con la
parapolítica. Pero no hay que hacerse ilusiones prematuramente
porque los procesos están sometidos a toda clase de amenazas,
peligros y prescripciones.
Los enfrentamientos del Presidente Uribe con la Corte Suprema
de Justicia, a propósito de la captura del senador Mario Uribe, y
otros episodios en que se advierten “choques de trenes” son signos
dignos de análisis frío. Porque la justicia se ha visto asediada de
decretos y medidas que improvisan figuras casuísticas que no res-
petan los principios filosóficos de nuestra tradición jurídica.
¿Para dónde va la ley de justicia y paz? ¿Cómo operan los tras-
lados de unas cárceles a otras? ¿Quién y bajo qué criterios se les
aplica a unos y no a otros la justicia transicional? ¿Cómo se aplica
el principio de oportunidad practicado en los Estados Unidos y en
qué queda el testaferrato? ¿Cómo es posible que se apliquen sen-
tencias ejemplarizantes, sin referencia a criterios y normas? ¿Cómo
pueden reglamentarse sobre la marcha decretos frente a fenómenos
que deben estar bajo control y regulación como las pirámides y los
negocios de Murcia? Porque ante todo debe regir el principio de la
presunción de inocencia, antes de proceder a linchamientos desde
el ejecutivo acolitados por los medios.

Bernardo García

90
Capítulo IV
Paras y Narcos

Balance del ‘Proceso de Paz’ 03/01/2007


Según parece no hay una visión unánime de lo que sería el re-
sultado de los acuerdos con los grupos paramilitares.
Para el gobierno la interpretación ‘oficial’ o ‘mediática’ es que
las negociaciones terminaron y que estamos en la simple etapa de
la aplicación de la Ley de Justicia y Paz, y que así se inicia lo que
llaman el postconflicto.
Lo que ven los paramilitares es que en alguna forma los han ma-
nipulado -les intentan ‘poner conejo’-, que la negociación sigue, en
parte a través de las conversaciones mismas, y en parte a través de
lo que queda de sus grupos que según su lógica deben fortalecerse,
sea para pesar en lo que falta por aclarar de lo ya ‘negociado’, sea
para seguir la guerra a la defensiva, ya no ante guerrilla sino ante
el mismo Estado.
Desde el punto de vista de la guerrilla lo que se ha desarrollado es
un ‘pacto entre amigos’ para defender el mismo statu-quo contra el
cual ella lucha; lo que se estaría dando es un manto de legitimidad y
de legalidad a las masacres y las barbaries del paramilitarismo porque
en el fondo ha sido la forma de mantener el orden social y económico
que los motiva y justifica como movimientos subversivos.
Para los americanos lo que les interesa es su actividad en cuanto
a narcotráfico y los eventuales vínculos que podrían llegar a tener
como ‘grupo terrorista’. Mientras esté Bush se presentará una es-
pecie de esquizofrenia en la que por su calificación de terroristas

91
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

y narcotraficantes deben ser perseguidos, pero por la condición


de Uribe como único aliado incondicional en la región no deben
oponerse o interferir en las políticas que él desarrolle (mientras él
a su turno someta al país a las directrices que ellos impongan).
A la mafia del narcotráfico (o más correctamente a los trafican-
tes, porque ya no existen los grandes capos) le beneficia tanto el
avance como el fracaso del proceso: si lo primero, porque se amplia
el espacio que pueden cubrir, y porque el margen de ganancia muy
seguramente se aumentará, tanto por la persecución como por la
disminución del abastecimiento; y si sucede lo segundo, porque
la alianza –o la continuidad de ella- con los estamentos que han
respaldado esa solución, les garantiza una estabilidad y una tole-
rancia que vuelve mas estable el negocio.
Por último, la ciudadanía no acierta sino a escandalizarse y des-
concertarse: los escándalos electorales y de cuestionables nombra-
mientos y manejos administrativos toman más importancia que los
mismos crímenes de lesa humanidad. Las desapariciones y muertes
de quienes podrían dar mayor información vuelve escéptica a la
opinión pública respecto a lo que resultará de todo el proceso.
Y para la opinión crítica lo que realmente es claro es lo confuso y
lo sin rumbo del momento que vive el país: si no se entiende que se
considere más grave el tráfico de drogas que los crímenes contra la
humanidad, menos se entiende que se busque amnistiar al paramili-
tarismo pero sin darle solución o señalar alguna estrategia frente al
narcotráfico; y si la explicación es que esa es la directriz americana,
y que de ello depende la ‘ayuda’ que nos dan, la constatación que
ésta es proporcional al tamaño del conflicto lleva a la pregunta de
qué depende de qué: ¿el nivel de conflicto determina el monto de la
ayuda, o la supuesta ayuda es parte generadora del conflicto?

El paramilitarismo:
un tema político y no solo penal 22/11/2006
Aceptar que las revelaciones sobre vínculos de diferentes clases
de ciudadanos con el paramilitarismo son una ‘cacería de brujas’ nos
llevaría a desconocer que quienes respaldaron directa o indirectamen-

92
Juan Manuel López Caballero

te ese fenómeno, fueron más de la mitad de la población que por una


u otra razón aceptó no solo su existencia sino su crecimiento.
El escándalo que se está promoviendo tiene mucho de hipócrita,
en el sentido de aparentar horror y distanciamiento ante lo que ha
venido sucediendo, como si hubiera sido a espaldas de cada uno y
como si de haberse enterado antes se hubieran opuesto y lo habrían
criticado como lo hacen ahora.
Por supuesto esto aplica a diferentes niveles, y ni todo el mundo
tenía la misma información, ni todos la misma responsabilidad, ni
en todos los casos trajo similares beneficios o consecuencias.
Pero asumiendo que para analizar los procesos políticos se debe
prescindir de personalizarlos, y que los individuos no son quienes
los determinan sino solo quienes coyunturalmente los encarnan,
el hecho es que tras lo que llamamos el paramilitarismo lo que ha
habido es una propuesta y un proyecto político (tal como lo han
manifestado y defienden sus ‘comandantes’).
Respecto a ese proyecto y a esa propuesta es que debemos
pronunciarnos, y no solo buscar juzgar fuera de contexto a las
personas, como se propone al decir que las responsabilidades son
individuales y no de las colectividades políticas; eso tiene más de
fariseismo que de voluntad de rectificación.
Pudo haber políticos que acabaron sirviendo la voluntad de los
paramilitares porque fueron intimidados (??); otros que aprovecha-
ron para beneficiarse de los vetos que les imponían a sus rivales;
y algunos que se insertaron y compenetraron con esos grupos
para alcanzar el poder. Pero en lo político lo grave respecto a los
congresistas sindicados no es su tipo de relación con el fenómeno
paramilitar, sino que no son ciudadanos comunes y corrientes: son
personas que suponen encarnar la totalidad de la Nación, personas
a quienes se les delegó la autoridad y la capacidad de decisión a
nombre de todos. Si la forma de adquirir tal representatividad estuvo
contaminada del poder paramilitar, lo menos que se puede decir
es que su elección es espuria, que lo que realmente representan es
esa capacidad de intimidar y/o de comprar votos. Y mal se puede
decir que repugna el origen de esos votos cuando es para las per-

93
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

sonas hoy acusadas, pero que los mismos se vuelven puros para
los copartidarios que también con esos votos salieron elegidos, o
cuando gracias a ellos se eligió el Presidente.
La realidad es que el paramilitarismo, los partidarios de la mano
dura, el ‘uribismo’, coinciden en una misma visión de sociedad, en
un mismo propósito de Estado, en una misma ideología política, aun
cuando su participación para lograr ese objetivo común sea diferente.
Es poco defendible alegar que no se está de acuerdo con los medios
pero sí con los resultados. O justificar que desde el poder que se imple-
menten los mismos propósitos que requirieron de esos métodos. Por
eso no basta con perseguir a quienes cayeron en esa tentación (lo cual
es imprescindible) sino todos, a comenzar por los mismos miembros
de esos partidos, nos debemos cuestionar si sí nos identificamos con
este proceso, y su continuación tal como se está presentando.

Sobre la reforma política 16/04/2008


Como simples consideraciones analíticas menciono dos aspectos
interesantes respecto a la reforma política que se debate.
Los votos de los congresistas vinculados al paramilitarismo no
son todos fruto de la coacción o de la compra. Sin lugar a dudas los
hay que votaron por simpatía con el proyecto de ‘refundar el país’
y/o con los candidatos que lo representaban. Eso ha llevado a que
se discuta si su elección sí es ilegítima y cuándo lo es.
Lo que sucede es que al buscar esa distinción en la razón del
voto se está dando una interpretación según la cual la democracia
solo consistiría en la voluntad de las mayorías sin limitación nin-
guna; o, extrapolando, y como ejemplo, dentro de ese concepto
de democracia, si la mayoría quisiera exterminar a la minoría eso
sería ‘legítimo’.
Esto nos lleva a aclarar que la democracia es, tanto o más que
el poder de las mayorías, la garantía de las minorías a través de un
Estado de Derecho.
No solo los votos sino el proyecto político que respaldó el pa-
ramilitarismo es ilegítimo y antidemocrático; lo es por los medios

94
Juan Manuel López Caballero

utilizados, pero también por sus objetivos y propuestas. Esos votos


de los simpatizantes con ese proyecto, así no hayan surgido de la
coacción o de la compra, sufren de la misma ilegitimidad y en caso
de darse una reforma política, deben correr la misma suerte.
Y claro, siendo esos votos los mismos que respaldaron el mismo
proyecto en cabeza del presidente, nos encontraríamos en el impasse
de que la anulación de los del Congreso debería producir la de los de
la elección presidencial y entonces el Dr. Uribe perdería su cargo…
solo que en el caso de la presidencia no se puede aplicar ni la ‘silla
vacía’, ni el reemplazo por quien debería haber ganado.
De otra parte, en cuanto al supuesto de quienes temen (o afirman)
que una votación llevaría al mismo resultado porque Uribe cuenta
con el 84%, se debería analizar un poco más esa premisa.
La letra pequeña de la encuesta dice que fue sobre mil per-
sonas en ‘hogares con teléfono fijo’ de Bogotá, Medellín, Cali y
Barranquilla. Eso excluye a los 5 millones de exilados, a los 3 o
4 millones de desplazados, a una buena parte –probablemente la
mayoría- de los hogares de estrato 1, 2, y 3; a todos los habitantes
del campo, es decir a todos los que ciertamente han sido afectados
por las políticas actuales. En todo caso la encuesta no incluye la
opinión de más del 80% de colombianos que no tienen un ‘hogar
con teléfono fijo’, pero además es usual que entre más alto es el
estrato más números de teléfono tenga el hogar, por lo cual más
posibilidades hay de que la llamada aleatoria caiga entre los más
ricos. En otras palabras, lo que la encuesta muestra es que entre
esos pocos y privilegiados que constituyen el universo que se tomó
es donde cada vez hay más satisfacción.
Otros datos con un universo más amplio –encuesta de ho-
gares- muestran una tendencia al alza entre quienes ven al país
empeorando-subió del 36% al 48%- y una reducción a la mitad de
quienes lo ven mejorando.
Es decir que un análisis más profundo de las encuestas sugeriría
que el respaldo aumenta entre los privilegiados, pero no necesaria-
mente entre quienes sufren las consecuencias de la política Uribista
de un único propósito de derrotar a las FARC, a no importa que

95
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

costo social, internacional, o de nuestras instituciones políticas, ni


quien lo tenga que pagar.

La excarcelación de los parapolíticos 31/05/2007


Razón de sobra hay para el escándalo que ha surgido ante la
propuesta presidencial de una especie de perdón y olvido para los
vinculados con el paramilitarismo, en particular con lo que se ha
llamado la ‘parapolítica’.
Es importante destacar el carácter de ‘presidencial’, no tanto por
aquella invitación a que voten sus propuestas legislativas antes de
que los metan a la cárcel y ya no puedan votar, sino por la intención
de mostrar el interés personal, y porque es claro que de haber sido
presentada por cualquier otro individuo o entidad –ya fuera un
paraco o la Corte Constitucional en pleno- habría sido descartada
sin mayor atención como ofensiva y delirante.
Hasta que punto es una aberración lo indica el propósito de
burlar con la figura de la ‘suspensión de la ejecución de la pena’
el sentido de las leyes -por ejemplo decir que no siendo delitos
políticos se buscará la forma de dar los indultos que la ley re-
serva exclusivamente para ellos-, lo cual ofende, en la medida
que es tan contrario a la lógica y al derecho como decir que se
puede violar la ley legalmente; con el agravante que cuando se
refiere a las amnistías para los crímenes no amnistiables lo que
se está desafiando es lo ya reconocido como la conciencia de la
humanidad.
El ideólogo José Obdulio Gaviria pretende darle legitimidad en
base a que supuestamente fue esa figura la que permitió el proceso
de paz de Irlanda y la califica como una de las mayores contribu-
ciones o avances de la humanidad.
Es interesante profundizar este argumento:
El punto central y la dificultad en las hoy llamadas ‘justicia de
transición’ donde ella sería aplicable, es el cómo establecer dife-
rencias entre las formas de participación en los procesos motivo
del juzgamiento, y como manejar las respectivas penas.

96
Juan Manuel López Caballero

Al respecto se usan siempre un criterio objetivo y un criterio


subjetivo; el primero se refiere al acto mismo del cual puede ser
culpable el sindicado y el segundo a la naturaleza de la persona y del
contexto dentro del cual se da ese acto; y es este último el verdadero
determinante de la mayor o menor gravedad que se le atribuya al
culpable y, acorde con ello, de la pena que se imponga.
Para la comparación que busca el asesor de palacio se recono-
cen en Irlanda motivos idealistas, en la que estaban de por medio
cuestiones de religión y de nacionalidad. No es el caso nuestro,
donde la motivación fue sustituir a un Estado que no cumplía con
la defensa de unos bienes o unos privilegios. Tampoco los métodos
son comparables puesto que allá nunca se llegó a las motosierras y
las fosas comunes, ni a la sevicia con la población civil que carac-
terizó aquí la teoría de que para asfixiar al pez hay que acabar con
el agua de la pecera. Pero sobretodo, mal que bien al combatiente
o al actor directo se le reconoce el estar al frente de sus actos e
identificarse con ellos. No sucede lo mismo con quienes apoyan
desde la sombra y esperan ser partícipes de los resultados, pero sin
asumir responsabilidad por el respaldo brindado.
Y obviamente en cuanto a la condición subjetiva de la impor-
tancia de la persona y sus obligaciones ante la sociedad, no puede
pensarse en una mayor agravante que la actuación de quien no solo
tiene responsabilidades y privilegios ante la ciudadanía sino que
además la representa.
La conclusión jurídica es simplemente igual al sentimiento
ciudadano.

De Narcos y Paras 17/05/2007


Es claro que han sido muchos los intereses vinculados con el
proceso paramilitar y con las negociaciones para ‘amnistiarlo’.
Lo que no parece bien entendido es la jerarquía y la forma en que
esos intereses han participado y los resultados que han obtenido.
Se ha concentrado la atención en los políticos, como si fueran ellos
los protagonistas más importantes y los mayores beneficiarios;
tal percepción es explicable por tener ellos una responsabilidad

97
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

especial y por la animosidad que contra la clase política existe en


el País; pero vale la pena ver más allá…
Porque en efecto, en la medida que lo que se buscaba era impo-
ner un proyecto político, la asociación entre paras y políticos que
compartían el mismo propósito fue una etapa natural para alcanzar
el resultado buscado. Pero una vez logrado un gobierno que respalda
totalmente sus planteamientos y su visión (aunque vale aclarar que
no sus métodos), tocaba definir al servicio de cual interés y cual
objetivo estaría en adelante ese poder ya reconocido.
Porque hay dos etapas a distinguir en la evolución del paramili-
tarismo: Una, la defensa de la propuesta política, lo cual propició
la vinculación no solo de políticos e intereses económicos sino
la entrada del narcotráfico, convertido en enemigo de la guerrilla
por el gramaje que cobraban (y sin el cual no habría recursos para
mantener una capacidad bélica equivalente a la de la contraparte);
y una segunda, en la cual el interés dejó de ser la guerra a la gue-
rrilla y pasó a ser la negociación con el Gobierno para minimizar
los castigos y los riesgos de la ‘reinserción’.
Quien haya leído algo sobre esos temas (Mi confesión de Car-
los Castaño; La batalla final de Carlos Castaño; secretos de la
parapolítica de Alfredo Serrano; Pacto en la sombra de Lesmes
y Téllez) y seguido la información de los periódicos, tiene claro
que una vez subido al poder el Presidente Uribe y asumida por el
Estado la posición de no más búsqueda de la paz sino guerra total
contra los subversivos, lo que seguía –y en lo cual el gobierno local
no era autónomo - era la suerte de los narcos que habían entrado
en la federación de la AUC, o, más claramente, hasta dónde los
americanos permitirían que se cobijara con la amnistía a los paras
los delitos de narcotráfico.
Esto llevó a la confrontación interna desde tres posiciones: la
de los de extracción narco que aprovecharon esa asociación para
buscar sanear su situación gracias al status político, como ‘Don
Berna’, ‘Macaco’ o ‘Gordolindo’; la de quienes sin ser origina-
riamente capos pero por estar ya integrados con ellos optaron por
respaldarlos, como Mancuso o Jorge 40; y la de quienes liderados

98
Juan Manuel López Caballero

por Carlos Castaño buscaron la negociación con Estados Unidos


calculando que la entrega de esa actividad mejoraría su situación
tanto allá como aquí, y que acabaron siendo eliminados.
El gobierno pretende que su acuerdo fue unos beneficios a unos
actores políticos por una ley de ‘Justicia y Paz’… pero las autori-
dades de Estados Unidos sí tienen claro lo anterior, y poco interés
tienen en los Derechos Humanos y la ‘Verdad, Justicia y Repara-
ción’ (y menos aún en los debates sobre parapolítica)… para ellas
se está negociando es con narcotraficantes y lo que verdaderamente
está de por medio es la extradición (por eso, y porque tienen el
antecedente de los Rodríguez Orejuela y Fabio Ochoa, se salieron
Vicente Castaño, los Mellizos, etc.)…

99
Capítulo V
Justicia

El Gobierno no es disculpa 23/08/2007


Las manifestaciones de asombro y escándalo ante las informa-
ciones y sanciones que se producen en relación con las atrocidades
que ocurren en Colombia revelan que esto pareciera desconocido
para la mayoría de la ciudadanía –o sea la que se guía por la infor-
mación de los medios de comunicación-.
Colombia se cuenta entre los países con más denuncias ante las
Cortes Internacionales de Derechos Humanos y no hay ninguna
que no haya sido fallada en contra del Estado. En este último año
tenemos entre otras las de Mapiripán, Chengue, los funcionarios
del CTI en Segovia, los líderes Kankuamo, el jefe Nasa, y Manuel
Cepeda.
Pero más diciente que los casos ya fallados son los pendientes.
El Gobierno actual acaba de decidir no conciliar en el caso de las
víctimas del genocidio político de la Unión Patriótica, en el cual la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos determinó que el
Estado es responsable directo o indirecto de más de 2.500 muertos.
Pero ese, al igual que casos como la barbarie del Palacio de Justi-
cia (con más de 20 años ocultando una verdad y una culpabilidad
conocida desde el primer día), o el en forma discreta llamado ‘fe-
nómeno de la parapolítica’ (con los miles de muertos, torturados y
centenares de miles de personas que perdieron su hogar), no tienen
por únicos culpables a quienes ejecutan las acciones, sino expresan
la voluntad de muchos sectores, y son manejados por grupos de
poder que van más allá de uno u otro Gobierno.
101
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Todos alimentamos nuestro conocimiento de la información


que recibimos, y en ese sentido la mayoría de los Colombianos
no cuentan con elementos de juicio apropiados para entender la
realidad que vivimos en materia de la legislación de Derechos Hu-
manos. Minimizar o casi ocultar los hechos ha sido una estrategia
para que el Colombiano medio ni esté enterado ni pueda opinar o
pronunciarse –solo sorprenderse- de los horrores que por cuenta y
culpabilidad del Estado suceden. También mediante el énfasis en la
maldad de la contraparte se ha buscado disimular y a veces justificar
la actuación de quienes obran a nombre de todos nosotros.
No hay duda que la mayor responsabilidad de que el Estado
Colombiano tenga tal prontuario en materia de Derechos Humanos
ha dependido de los gobiernos, y que reside ante todo en los medios
de comunicación la de que la ciudadanía tenga tal actitud de indi-
ferencia -o de ignorancia- ante esto. Pero ellos son en últimas solo
intermediarios de unos dirigentes, y unos factores de poder reales
en la sociedad, que han estado de acuerdo con estas situaciones, y
que han permitido y propiciado que la ciudadanía acepte –y hasta
cierto punto respalde- estos horrores que en cualquier otro lugar
serían motivo no solo de escándalo sino de crisis del Estado y del
Gobierno.
Nos debería llevar a reflexionar el que en el Museo de la Cruz
Roja en Ginebra, donde las grandes catástrofes de la Humanidad
están registradas unas por causas naturales y otras por causa del
Hombre, Colombia, con 50 años de aparecer en esta segunda cla-
sificación, tenga más del triple de entradas que cualquier otro país.
Más que culpar a nuestros gobernantes por ejecutar, o respaldar, o
encubrir, o buscar indultos y amnistías para tales comportamientos,
es hora de que asumamos como ciudadanos la responsabilidad de
exigir información y tomar posición respecto a estos temas.

Otra visión del caso Jamundí 13/06/2008


Aunque lo develado en el caso de la muerte de los funcionarios
de la DIJIN por un batallón de Alta Montaña de las fuerzas militares

102
Juan Manuel López Caballero

tiene ya los ingredientes de una novela de misterio, se me ocurre


que se podría montar una aún más interesante.
Se han divulgado los hechos y sobre todo las irregularidades,
y en algo se ha mencionado el probable vínculo con algunos
protagonistas o miembros de los carteles de las drogas; pero
como en el mundo de la imaginación y de la literatura todo
es posible, podría uno inventar un ‘rollo’ como de libreto de
televisión.
Como ya se sabe las víctimas eran el cuerpo elite antidroga, el
cual fue preparado en los Estados Unidos por la DEA.
Esto permitiría montar un libreto según el cual la consecuencia
directa es que sus efectos van más allá de un caso de ‘fuego amigo’,
sea éste por equivocación o criminal.
La historia consistiría en que no sería inverosímil que el vínculo
con las autoridades gringas fuera más allá de unos simples cursos;
no se necesitaría precisar hasta dónde, pero se podría asumir que
éste fuera su grupo de confianza en Colombia; algo como ‘nuestro
hombre en La Habana’ para los americanos.
Con eso aventuraría uno que eso explicaba que antes de que
llegaran las mismas autoridades colombianas (Fiscalía, Procu-
raduría, defensoría) ya estaban haciendo presencia unos funcio-
narios o asesores de esa embajada. Por eso las declaraciones del
Embajador Woods, y por eso también la reacción inmediata por
parte del Senado de los Estados Unidos, antes incluso de cualquier
investigación, sería congelar parte de los recursos destinados a esa
‘lucha contra las drogas’.
El cuento sería que para ellos el golpe es más importante que los
guaitarillas y similares que antes habíamos tenido, y que lo que los
motiva no es la muerte de unos colombianos sino que fueran lo que
ellos consideraban una extensión de su propio establecimiento…
y, con la presentación de que infortunadamente es eso lo que lo
vuelve más importante para nosotros, se desarrollaría la tesis de
que en parte probablemente así se explica la eficiencia y celeridad
en las actuaciones de la Fiscalía, pero sobre todo la actitud y el
comportamiento del Presidente.

103
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

El novelón se completaría con la idea de que este tema sería de


primera línea en la invitación presurosa del Presidente Bush al Dr.
Uribe, y no solo el entusiasmo y las ganas de felicitarlo por haber
ganado la reelección.
Como subfondo se sugeriría que la inquietud para las autorida-
des de allá tiene un segundo componente, destacando que ha sido
reiterativamente planteada la posibilidad de que la movilización del
grupo policial hubiese sido inducida por los mismos que manejaron
al ejército. O sea que para ellas queda sobre el tapete que la infil-
tración de la mafia pudo llegar manipular al cuerpo elite también,
hasta el punto que la misma DEA estuviera permeada. Y que esa
es la razón por la que se notificó que sería el FBI y no la DEA la
que asumirá el estudio de este caso: la información implícita no
solo sería que el caso es de especial interés para los servicios de
allá y que lo toman en alguna forma como propio, sino que no debe
ni puede ser el mismo organismo donde se produjo la falla el que
investigue qué sucedió…
En fin… todavía no se me ocurre que inventar para el próximo
capítulo…

Uribe vs. la Corte Suprema 06/02/2008


Bajo la premisa que el máximo funcionario de la Nación no
debe anteponer su situación personal a los intereses del país, es
cuestionable que el Presidente haya creado una crisis entre los
poderes porque siente que ha ido atacada su ‘honra’.
Pero ya existiendo el caso, es conveniente analizarlo.
El hecho es que el mandatario colombiano durante una visita
oficial hizo desde el exterior una llamada al Presidente de la Corte
en el momento en que se concretó el rumor que corría de que su
primo y mano derecha en la política y en el Congreso sería llamado
ante la Justicia. El presidente de la Corte Suprema en una entrevis-
ta dada a El Espectador respondió que esta llamada había tenido
referencia a ese caso. El Presidente de la República afirma que no
es improcedente que el Jefe de la Nación pida cuentas o explica-

104
Juan Manuel López Caballero

ciones a la Corte sobre sus actuaciones; que la coincidencia entre


esas dos cosas fue eso, una coincidencia; que la llamada no tenía
que ver con el Dr. Mario Uribe; y que la razón de ella era solo un
interés en abstracto sobre los juicios de la parapolítica.
Probablemente la sabiduría popular iría más allá de ‘blanco es,
gallina lo pone’, y diría ‘huevo es, gallina lo pone’. Pero desde el
punto de vista jurídico lo más probable es que quede el impasse
entre lo que el uno sostiene que fueron sus intenciones y lo que el
otro entendió.
El proceso de una denuncia penal ante el Congreso requiere re-
correr como trámite: 1) una admisión y pronunciamiento favorable
de la Comisión de Acusaciones; 2) una confirmación de la Cámara
en pleno y la acusación respectiva ante el Senado; 3) el juicio ante
el Senado que debe resolver si la acusación es válida, y, si, como lo
plantea la demanda se trata de un caso de responsabilidad personal
y no de actos indignos de la función institucional de un Magistrado
de la Corte; y, 4) si considera la demanda procedente, remitirla a la
misma Corte Suprema de Justicia para que se inicie un juicio ordina-
rio penal contra la persona del Dr. Valencia. Es evidente que en este
aspecto tampoco es razonable esperar un resultado de este pleito.
En cuanto al sustento de la tipicidad del acto denunciado para
que se convierta en delito esto parece algo más que frágil: la inju-
ria se caracteriza por el propósito y por la forma, siendo de menos
importancia si lo afirmado es cierto o no, censurable o no; es decir
que es esencial que exista un ánimo ofensivo y que se presente bajo
la forma de una agresión, lo cual evidentemente no sucedió aquí. Y
la calumnia requiere de esas condiciones pero también que lo que
se endilgue sea falso y además censurable. Es irreal la expectativa
de un fallo de culpabilidad.
También llama la atención el poco cuidado en la misma demanda
cuando se inicia con la falsedad de una presentación personal en
el día que el denunciante (el Dr. Uribe) se encontraba fuera del
país.
El Dr. Uribe y sus apoderados tiene que ser consientes que tal
demanda en lo jurídico no lleva a ninguna parte. Pero como el

105
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

teflón ya tiene más de aureola y todo lo que afecte al presidente


es antipatriota, lo que se busca con esa acción no es un fallo sino
desprestigiar la labor que está desarrollando la Corte de control
sobre la parapolítica y amedrentar a los Magistrados con el famoso
respaldo del 80%.

Sobre el ‘Choque de Trenes’ 14/11/2006


Es natural que alrededor de cualquier relación humana pueda
haber diferencias; y si se trata de interpretaciones sobre temas
complejos como lo son el jurídico y el político son inevitables.
En prácticamente toda controversia sucede que las diferencias no
nacen de que una parte tiene razón y la otra no, sino de que ambas
partes la tienen, solo que la de una justifica intereses opuestos a
los de la otra. En el caso de los particulares se dice que lo esencial
no es tener la razón sino que se la den; en el caso de diferencias
institucionales lo determinante es cuales son los criterios para es-
tablecer cual interpretación se impone.
Se puede hablar de casos simples cuando se trata de relaciones
orgánicas en las cuales, según la materia que se trate, están asignadas
las competencias; o, si la diferencia es entre entidades de la misma
rama, prevalece la interpretación de la de mayor jerarquía.
El problema se complica cuando las competencias no están bien
definidas o cuando están superpuestas, y/o cuando no existen o no
se reconocen niveles de jerarquía entre los contradictores.
Entonces entran a jugar el factor vanidad y el factor poder: se
alega la importancia institucional que tiene tal o cual actor, o sim-
plemente la parte que puede hace uso del poder que tiene.
Todo lo anterior ha marcado la historia de las tutelas contra
sentencias judiciales y ha llevado a lo que llamamos ‘el choque de
trenes’ y a las paradojas que lo acompañan.
Vale la pena entender la historia:
Recién proclamada la Constitución del 91, la novedad y la falta
de reglamentación de la nueva figura de la tutela hizo que la forma
de concretarla fuera mediante su aplicación a diferentes casos para

106
Juan Manuel López Caballero

así delimitar su ámbito; se hablaba de que era como quien parte de


un bloque de mármol, para mediante la labor de talla darle cuerpo
a una escultura.
La primera paradoja es que inicialmente fueron el Consejo de
Estado –órgano máximo de la Jurisdicción Administrativa- y sobre
todo la Corte Suprema de Justicia –órgano máximo de la Juris-
dicción Civil- quienes consideraron que, en su calidad de jueces
constitucionales para los casos de tutela, era pertinente que por
ese medio ejercieran el control correspondiente cuando las sen-
tencias dentro de su jurisdicción eran acusadas de violar derechos
fundamentales. Se convirtió esto en una especie de nuevo recurso
y fueron tantas las denuncias y tal la congestión en esas instancias
que la Corte Constitucional emitió la sentencia base hoy de todo el
debate (C-543 de 1992), donde declara que las sentencias judiciales
ejecutoriadas no son sujeto de tutela, y al mismo tiempo deja una
reserva según la cual sí podrían serlo en casos excepcionales.
No hubo cuestionamientos ni respecto a esa decisión, ni a que le
correspondía a la Corte Constitucional concretar cuales eran los casos
excepcionales, ni menos respecto a que la intérprete más autorizada
de sus propias sentencias era la Corte Constitucional misma: cual-
quier posible duda sobre la competencia –porque en casos de tutela
todos los jueces son jueces constitucionales-, o sobre la jerarquía
–porque en la Carta todas las Altas Cortes son del mismo nivel-, des-
aparecía en la medida que la cabeza de la jurisdicción constitucional
es su propia Corte, y que, además, respecto a la tutela, ella cumple
la función de órgano de cierre por vía de la revisión.
Entra entonces en juego el poder político de la Presidencia –o
más correctamente del Dr.Uribe como presidente- quien se encuen-
tra enfrentado a que la Corte interfiere en su manera de entender la
Constitución –o de no entender la jerarquía que ésta tiene dentro
del ordenamiento del país-. El simple hecho de que buena parte
de sus intenciones tengan que ser calificadas por otro poder le es
molesto, y cuando esto se convierte en un obstáculo para ellas ni se
diga. Mal acostumbrado a tomar decisiones abiertamente incons-
titucionales –v.gr. el nombramiento de Ministros Delegatarios de

107
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

partidos diferentes al suyo, o ahora la orden de rescate militar de


los retenidos por la guerrilla-, no gusta tampoco que lo limiten en
sus deseos de cambio de la estructura institucional – por ejemplo
al revisar el contenido de su referendo o de su ‘Ley de Justicia y
Paz’-. La Corte Constitucional es la talanquera que impide que el
presidente se salte a la torera la Constitución y en consecuencia es
su enemigo. Por eso desde el Gobierno se promueve una rebelión
contra ella, dedicándose desde el máximo nivel –Presidente y
Ministros de Justicia- a cuestionar no tanto sus actuaciones como
sus facultades.
Es obvio que si el ejecutivo en vez de apuntalar a ese organismo
con el respaldo del poder, utiliza éste para cuestionarlo, no solo mina
su capacidad de dar vigencia a sus decisiones sino pone en entredi-
cho su autoridad y su legitimidad. Se llega así a que el choque de
trenes no gira alrededor de la diferencia sobre interpretación en casos
concretos, sino alrededor de los principios de nuestro ordenamiento
jurídico político: el Consejo de Estado ya no acepta que por encima
de cualquier otro propósito o medio para alcanzarlo (seguridad jurí-
dica; cosa juzgada; etc.) nuestra Carta se fijó como objetivo central
la defensa de los Derechos Fundamentales (el debate sobre cuales
son estos es otro tema); ni que la tutela se instituyó para eso, y que
por lo tanto su jerarquía y capacidad no pueden estar limitadas por
otros principios; ni que para guardar el espíritu y la integridad de la
Constitución se creó la Corte Constitucional, y que además para eso
se le dio la atribución de órgano de cierre de la tutela.
Claro que hay quien puede considerar que esta no es la mejor
estructura constitucional; pero una cosa es que no guste y otra pre-
tender que por eso se puede desconocer. De ahí la gran diferencia
entre quienes opinan sobre un sistema y entre quienes lo represen-
tan: los primeros pueden defender su punto de vista y cuestionar el
sistema sin que eso lleve a contradicciones, mientras los segundos
ante el posible dilema de si cumplir su función o seguir sus con-
vicciones, les está prohibido lo último.
En todo caso se ha llegado al punto paradójico en que el Consejo
de Estado produjo un pronunciamiento en el cual declara que la

108
Juan Manuel López Caballero

interpretación dada a la Constitución por la Corte Constitucional


es inconstitucional, y que en consecuencia con su comportamiento
la está violando. Hoy el tema quedó en manos del Legislativo para
que dé la interpretación de autoridad, o para que, como Constitu-
yente Derivado, modifique y corrija lo que considere pertinente
(lo malo es que se llegó por la vía infortunada de denuncias ante
la Comisión de Acusaciones).
El choque y la paradoja lo completan el que ahora el Presiden-
te respalda a la Corte Constitucional, y quienes antes estaban en
la otra posición se van al extremo contrario –el caso del Partido
Liberal-. El Dr. Uribe porque en lo personal el cambio producido
por la reelección ahora le permite, por vía de los nombramientos,
un control prácticamente total sobre la Corte; y los otros, porque
si no se hace una reforma acorde con esa novedad, la Corte deja de
ser el control llamado a impedir que lleguemos a una autocracia y
pasa a convertirse en instrumento de ello.

Lo nuevo en el caso del Palacio de Justicia 08/11/2007


Se podría decir que el interés judicial por lo sucedido cuando el
holocausto del Palacio de Justicia se inició al vincular la Fiscalía al-
gunos de los oficiales de las Fuerzas Armadas que participaron de esa
operación. Esto ha llamado mucho la atención y la pregunta que más
se plantea es ¿por qué hasta ahora? ¿por qué si todo lo que hoy aparece
se conocía desde entonces, no se habían iniciado los juicios antes?
Lo sorprendente es que la razón –o mejor, el pretexto- sería que
dependía de saber que pasó con los desaparecidos de la cafetería.
Y si bien es lógico que fuera la ‘pieza que le falta al rompecabe-
zas’ la que centrara la atención o el interés de la opinión (o de los
medios), no lo es que por ello se desatendiera la obligación de la
Administración de Justicia.
El hecho es que la barbarie del manejo para la llamada ‘retoma’
del Palacio por parte de las fuerzas del Estado fue condonada, y que
los delitos y crímenes cometidos entonces quedaran en su mayoría
prescritos. Para unos el hecho de que el ataque del M19 fuera un acto

109
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

delictuoso, para otros el que fuera cometido por un grupo subversivo,


y para otros más el que supuestamente pudiera haber sido respaldado
por el narcotráfico, eran razones suficientes para justificar cualquier
error, cualquier exceso, e incluso cualquier crimen.
Alguna inquietud se presentaba en relación a los desaparecidos,
pero hasta eso se logró minimizar con el absurdo de que no se
iniciaban los juicios porque las víctimas o sus restos no aparecían,
cayendo en contradicción con lo que es el delito mismo, que se
produce justamente por no saber que pasa con ellas.
Lo que dio vuelo a las instancias judiciales fueron las pruebas
que confirman que el Magistrado Auxiliar Horacio Urán, quien
apareció como uno de los muertos del combate, había salido vivo
de Palacio.
Pero respecto a la desaparición del grupo de empleados de la
cafetería, tomó 20 años que se comenzara a aplicar las leyes y la
justicia, siendo a lo largo de ese lapso la situación tan clara como
hoy:
-Por ser un delito continuado la desaparición forzada no tiene
prescripción.
-No se puede pensar en ‘autodesapariciones’;
-No pudo ser el M19 el que los sacó y se los llevó;
-La deducción -más fuerte que cualquier indicio- es que los
responsables de las desapariciones fueron las fuerzas oficiales;
-Y como de acuerdo a nuestro ordenamiento legal el principio
de ‘obediencia debida’ en las fuerzas armadas hace que los sub-
alternos ni puedan no acatar las ordenes ni puedan ser llamados
a responsabilidad por las actuaciones que de ellas se derivan, la
ley penal obliga que como presuntos culpables de ese delito sean
llamados los mandos a cargo del operativo.
-El grado de culpabilidad de los niveles superiores lo determinará
el juicio mismo, pero, a menos que se establezca una insubordina-
ción, debe llegar al tope de la jerarquía.
Puede que todos los otros crímenes (homicidios fuera de com-
bate, torturas, secuestro, etc.) no puedan ser ya juzgados; pero está
en manos de nuestros jueces y fiscales que no quede todo en la

110
Juan Manuel López Caballero

impunidad y en la ignorancia de la verdad… Y ojalá no se diga que


al revelar y confesar el sitio donde están los cadáveres terminaría
la desaparición y se rompería la condición de delito continuado, y
eso salvaría a los involucrados, por quedar cobijados por la pres-
cripción sobre las acciones cometidas durante ese tiempo.

¿Para dónde va la ley de Justicia y Paz? 16/04/2008


El cubrimiento y la presentación dada por los medios al tras-
lado de ‘Macaco’ y ‘Don Berna’ a la prisión de Cómbita llama la
atención por varios aspectos:
Ante todo porque relegó a segundo plano tragedias como las
que vivían en ese momento varias poblaciones de la Costa con
las peores inundaciones que se tenga registro, o la demanda del
Ecuador pidiendo una intervención internacional en relación
a los desplazados que están llegándoles de Colombia. Aunque
tales eventos son ya sucesos ordinarios, tenían características
para ser tomadas como inusuales y no desaparecer detrás de ese
informe.
Otra curiosidad es la deferencia en el lenguaje que se utiliza para
referirse a los capos paramilitares (denominación más apropiada
que la de capos mafiosos o comandantes paramilitares), cuando
nunca son mencionados como terroristas, ni bandidos, ni criminales,
sino como ‘Señor’ tal y tal.
Y no parece sorprender que en tiempos de la ‘seguridad demo-
crática’ los operativos oficiales de la fuerza pública dentro de la
mismas prisiones tengan que hacerse como usualmente actúan los
delincuentes o como una operación de comando -es decir en forma
sigilosa y clandestina, bajo el amparo de la noche y en secreto-.
El que se actúe contra quienes, además de haber sido narcotra-
ficantes convertidos a paramilitares, y además de haber sido los
más tenebrosos y activos en ambos campos, siguieron delinquiendo
desde su cárcel de Itagüí, podría verse como síntoma de un cambio
en la actitud del Gobierno, o un intento de adaptarse mejor a los
nuevos vientos que soplan en Washington.

111
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Pero lo que preocupa es que parte de la información que empieza


a ser suministrada oficialmente da cuenta de como continuaban su
negocio de narcotráfico, o cómo reorganizaron grupos como las
‘águilas negras’, o cómo siguen los enfrentamientos con otros nar-
cos como Wilber Varela (‘Jabón’), o como se hacen chistes sobre
la ‘goBERNAbilidad’ de Medellín.
No es fácil de creer que en verdad fue una decisión tomada
la noche anterior porque el general Naranjo se presentó ante el
Presidente a demostrarle que era verdad lo que se denunciaba y
conocía públicamente, y que entonces éste tomó la decisión de
actuar inmediatamente.
Se pregunta uno cómo hasta ahora vino a saberlo o a convencerse
de ello; o, si ya sabía o estaba convencido, cómo hasta ahora se
produce alguna reacción; o porqué no importaba que los resultados
del ‘proceso de reinserción’ fueran aparentemente inocuos en cuan-
to a las actividades que desarrollaban; o, en últimas, si en verdad
hay un proceso para detenerlas o la intención era solo amnistiar a
quienes eran responsables de ellas.
Más grave aún, es que a los forjadores de opinión les parezca
natural y no amerite siquiera un comentario que mediante una sim-
ple decisión y orden del Dr. Uribe se decida a quién y cuándo se le
reconocen a una u otra persona las condiciones para someterse a
esta modalidad de ‘justicia transicional’. Es verdad que su inicio fue
una especie de contrato bilateral privado entre la Presidencia y los
Capos; pero una vez convertido en Ley se supone que intervienen
fiscales, jueces, defensores, ministerio público, que se requiere
calificación de pruebas y confrontación con normas, o en general
que se convierte en proceso institucional… ¿o es que esa es una
administración de justicia personal del Dr. Uribe?

El ‘Principio de oportunidad’ y el testaferrato 08/03/2007


Ha propuesto el Fiscal General que se aplique entre nosotros
lo que se conoce como el ‘principio de oportunidad’, o sea, la
capacidad discrecional por parte del ente acusador de relevar de

112
Juan Manuel López Caballero

responsabilidad y en consecuencia abstenerse de pronunciar acu-


sación contra delincuentes que, siendo reconocidos como tales,
pueden tener un interés –o una falta de interés- que a juicio del
funcionario permita exonerarlos de cargos.
Este sistema se aplica dentro de regímenes como el americano
donde la Administración de Justicia responde a un concepto emi-
nentemente funcional donde los resultados son los que cuentan.
Nuestro sistema de códigos está basado en normas derivadas de
principios -éticos, morales, etc.- que la sociedad define a través
no de las costumbres o de la valoración por parte de los pares –o
jurados- sino de los legisladores en el Congreso.
En ese sentido el proyecto que hoy se presenta el Congreso es
un paso más en la conversión a un sistema completamente ajeno
a las tradición, cultura e idiosincrasia colombiana e inconsistente
con el resto de nuestras instituciones.
Según lo han divulgado los medios de comunicación esta pro-
puesta que inicialmente había sido presentada como una invitación a
los cuadros subalternos de los carteles mafiosos para que denuncien
a sus superiores, ha evolucionado, también según información de
los medios, a un enfoque dado por el Congreso para que los tes-
taferros de los bienes adquiridos por los paramilitares opten por
entregarlos y así liberarse de la posible persecución no solo de los
bienes sino de sus personas.
Como no se trata de cuestionar u oponerse a tal propuesta, sino
de entender lo que ella significa, vale la pena pensar como se limita
o delimita ese lindero o esa responsabilidad en algo más controlable
que la opinión del funcionario.
¿Hasta qué nivel de jerarquía sería exonerable un miembro
de una de esas bandas de delincuentes o un beneficiario de sus
delitos? ¿Se aplicaría esta opción solo para lo relacionado con
el paramilitarismo? ¿Es esto un complemento para ‘corregir’ el
absurdo de que los delincuentes principales –los de las motosie-
rras y las masacres- sean menos sancionados que los familiares o
compinches que solo pusieron su nombre para ‘legalizar’ el fruto
de los delitos? ¿En qué queda el delito de testaferrato en sí? ¿Y

113
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

como siempre: ‘al alcalde quién lo ronda’; qué control tendría


esa facultad discrecional?
Podemos pensar que el testaferrato sobre bienes puede ser solo
el paralelo con lo que también se podría llamar testaferrato de
votos, o sea, el caso de los que pusieron el nombre y salieron ele-
gidos por cuenta de uno u otro grupo ilegal. ¿Se aplicara a ellos el
‘principio de oportunidad’? ¿Si se aplica para los que encubrieron
bienes mal habidos, se argumentará después que no es peor servir
de intermediario para los votos que para las propiedades?
Estamos ante dos temas que vale la pena repensar: uno, el de
hasta dónde llegaremos en cuanto a leyes de amnistías y condo-
naciones de culpas y penas para beneficiar a los que eligieron
a quienes hoy votan esas leyes; y otro, hasta dónde seguiremos
desvertebrando el país, improvisando esquemas y sacrificando la
tradición y la identidad política del país para adaptarnos a la nueva
cultura que así se está imponiendo.

114
Parte III
INTERNACIONAL
Presentación
1.- El TLC se tramita sin ningún fundamento teórico puesto que
en la división internacional del trabajo medran quienes poseen
abundante capital y tecnología, y profundiza el subdesarrollo
de quienes a la defensiva tan solo ofrecen recursos naturales.
Porque además, el sector agropecuario enfrenta los subsidios
de los países avanzados. Tampoco se fundamenta en argu-
mentos empíricos como que los TLC –países africanos, por
ejemplo, con sus antiguas metrópolis europeas- hace que en
los últimos 15 años la relación entre el ingreso de los países
desarrollados y los del Tercer Mundo ha pasado a 25 a 1, a
hoy de 40 a 1.
2.- La seguridad alimentaria, con las aperturas económicas, ha
pasado de 4,6 millones de hectáreas sembradas en 1990 a 3,7 en
el día de hoy. La diferencia la hace el aumento de las importa-
ciones de bienes agrícolas. Esto significa la pérdida del mínimo
de independencia y autonomía alimentaria. No es argumento,
como dice el gobierno, que se está sustituyendo alimentos por
materias primas, como palma africana. En realidad, el des-
mantelamiento de la economía rural se expresa en el acelerado
éxodo de campesinos a las ciudades, pese a la ausencia visible
de nuevas industrias. La renombrada inversión extranjera fluye
sí, pero algo hacia exploración petrolera y el resto para compra
de nuestras industrias ya existentes. El resto viene por motivos
especulativos dada el diferencial de las tasas de interés interna
externa. El fenómeno produce alza en los precios de los alimen-
tos y con razón el ICBF produce el lamentable registro de que
de cada 5 colombianos, 2 padecen hambre.

117
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

3.- La economía del petróleo produce una puja geopolítica mundial


para controlar las reservas disponibles. La guerra de Iraq y las
tensiones con Irán, son expresiones de esa puja, complicada
con el conflicto Israel-Palestinos. Nuestros vecinos Venezuela
y Ecuador sufren esas tensiones, mientras la China controla sus
intereses en Nigeria. Las tensiones parecen perpetuarse peligro-
samente y llevarnos a conflagraciones bélicas mayores.
4.- Los enfrentamientos de Chávez – Uribe se perciben como el
encuentro de dos personalidades, de dos egos, con perfil muy
similar, pero por otra parte, el afán social al estilo Perón del uno
y la obsesión militar anti-farc del otro, muestra sus diferencias.
Pero no es forzoso que las empatías y antipatías con Bush, no
lleve a querellas inútiles. Por lo pronto, es bueno reconocer
que en términos de comercio recíproco las dos economías son
muy dinámicas. Bueno es repasar las tipologías de Kirkpatric,
embajadora de los USA ante la ONU.
5.- Está muy bien reconocer la enorme capacidad de autocrítica que
demuestran los Estados Unidos a través de la historia. Obama
abre una chispa de esperanzas.

Bernardo García

118
Capítulo VI
Colombia Internacional

La Colombia de Uribe 26/03/2008


Con la angustia de quien teme perder un padre o de quien, siendo
asalariado, se asusta de lo que sería la empresa sin el patrón, una
mayoría (84%?) de la población colombiana piensa en función de
lo que imaginan sería el país sin Uribe.
A otros nos preocupa lo que es hoy.
No son propiamente ‘logros’ lo conseguido en el campo inter-
nacional:
Perdimos el primer round en la Corte de La Haya, la cual dijo que no
existían fronteras marítimas con Nicaragua, negó nuestra soberanía sobre
las aguas que pretendíamos, y ordenó una negociación con ellos.
En el caso del Ecuador, los países suramericanos descartaron la
tesis de la ‘defensa preventiva’ que Colombia creyó que iba a ser
impuesta por los Estados Unidos, y por el contrario se reivindicó
el principio de la soberanía territorial (no se ‘condenó’ a Colombia
porque lo aprobó y pidió excusas); y quedamos aislados del resto
del subcontinente que se negó a calificar de terroristas a los grupos
irregulares (Colombia dejó incluso una ‘protesta’ al respecto). El
conflicto interno que se supone que no existe se convirtió en ‘guerra
fría’ con los vecinos; quedamos calificados como el problema de la
región; y el mundo interviene para la búsqueda de fórmulas para
que cumplamos al menos los preceptos humanitarios (las Cortes
de Derechos Humanos sentencian en contra de Colombia y el des-
plazamiento es calificado de ‘catástrofe humanitaria’).

119
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Tampoco parece haberse aprovechado bien la favorable co-


yuntura económica. Contrario a las expectativas del modelo de
‘globalización’, nuestra balanza comercial se ha vuelto cada vez
más deficitaria.
La balanza de pagos equilibra ese déficit con remesas de Co-
lombianos que tienen que exilarse porque la ‘Patria’ les niega las
oportunidades aquí, y con la enajenación al Capital extranjero de
nuestras empresas (‘inversión’ lo llaman); es decir que vamos ca-
mino de ser un país en liquidación, sin bienes y sin gente.
Las fuentes de trabajo internas son principalmente alrededor de
las armas (como militares profesionales, empleados de compañías
de celaduría, o rebusque delincuencial); con la multiplicación de la
miseria en las esquinas de las ciudades y el abrumador éxodo del
campo (no se sabe si 2.5 o 4 millones de habitantes) y sin datos
confiables sobre el tamaño del problema (el subempleo triplica lo
que supuestamente baja el desempleo).
El TLC está en un limbo, sin saber si es mejor que pase o no. Y la
revaluación, que favorece al Gobierno al disminuir sus costos de deuda
externa, acaba con la vida de las empresas (ensambladoras de automó-
viles y textileras –banderas por excelencia de la industrialización- han
reducido en 30% su producción, y la insuficiencia de alimentos nos ha
llevado a casi doblar las importaciones de hace 4 años)
Por último la institucionalidad y legitimidad de nuestro orden
democrático está más que deteriorada, no sólo por el desconoci-
miento y las violaciones que han caracterizado las actuaciones del
ejecutivo y el manoseo permanente a la Constitución, sino por la
participación parapólitica en el Congreso de la República. Sobra
decir lo que representa tener no 5 ni 10 sino ya 60 parlamentarios
investigados o sentenciados por lo que en el mundo son crímenes
de lesa humanidad (¡!). Qué decir de la ética del ‘todo se vale’,
propiciada por el Gobierno, y según la cual es justificable la apli-
cación por el Estado y el Ciudadano de las mismas reglas y los
mismos métodos que los delincuentes.

120
Juan Manuel López Caballero

Pensando en el TLC 03/05/2006


Es natural que ante la propuesta de ordenar el mundo o la
sociedad alrededor del principio de competencia quienes tienen
desventajas de partida se opongan a ello. Por eso las mayorías en
Latinoamérica están en contra del TLC: porque sus países no tiene
condiciones competitivas y porque dentro de su propio Estado,
la mayor parte de la ciudadanía está en desventaja respecto a las
minorías privilegiadas locales y respecto a las clases similares en
el primer mundo.
El instaurar el libre comercio entre dos naciones con desigual-
dades tan grandes como las EE. UU. y Colombia es como poner
en un ring de boxeo a un principiante de alguna categoría inferior
contra el campeón de pesos pesados. No tiene la menor posibili-
dad de ganar; pero, a menos que exista una verdadera solidaridad
e interés por su pupilo de parte de su representante, éste estará
motivado a promover ese encuentro pues verá esa ocasión como la
oportunidad de la vida. Por esa pelea obtendrán una bolsa superior
a la que se conseguiría desarrollando toda una carrera convencional,
e independientemente del resultado en el ring, de ese contrato como
empresario él recibirá su parte (siempre le corresponde el mayor
porcentaje de lo que produce la pelea); el castigo que recibirá el
boxeador con las secuelas que le dejará de por vida, o aún el peligro
de muerte, no lo afectan pues además su futuro depende más de
los vínculos y contactos dentro del círculo de quienes explotan a
los boxeadores que de lo que a ese pupilo le pase.
El TLC es el epítome del modelo de mercado, del libre inter-
cambio comercial, y maximiza sus bondades y defectos. Pero
esas reglas y esa libertad son de la misma naturaleza que la de las
sardinas para convivir con los tiburones. Quienes hablan a nombre
de intereses concretos representan la visión del lado tiburón en las
aguas, o la de la clase dominante, la de quien tiene respecto a la
población en general una relación como en el boxeo la del apode-
rado con su pupilo.
Por eso el tema debe ser analizado desde una perspectiva más
académica. En la medida que tiene repercusiones sociales, políticas,

121
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

jurídicas, ambientales, culturales, etc., que su dimensión va mucho


más allá del simple ámbito económico, y que respecto a esas otras
dimensiones no hay una vocería de nadie; el tomar sector por sec-
tor de la producción en su dimensión económica es una forma de
manipulación para lograr un resultado favorable a ciertos intereses
sin tener en cuenta ningún otro aspecto.
La teoría es que, si cada país se dedica a aquello en lo cual es
más eficiente, el resultado por la especialización será mayor pro-
ducción y menores costos y ambos se beneficiarán de un potencial
mayor ingreso económico al intercambiarlos en el mercado. Esto
es conocido como el principio de las ventajas comparativas, es
aceptado desde el inicio del sistema capitalista y es tan obvio que
no es necesario debatirlo.
La pregunta es respecto a si eso es lo único que se debe buscar,
y si implica un mayor desarrollo –y de qué clase-.
Siguiendo el análisis teórico el primer problema es que el desa-
rrollo es un concepto comparativo: como todos los países en princi-
pio avanzan, el referencial de cuán desarrollados están lo marca el
nivel del más avanzado, y el subdesarrollo depende de la brecha que
exista entre este y el que se está midiendo. Resulta que ese mismo
análisis también demuestra que aunque ambas partes progresan la
distancia entre ellas crece, es decir, el subdesarrollo económico del
país atrasado se aumenta.
Este análisis teórico ha sido confirmado en forma empírica
con las aperturas promovidas bajo la propuesta neoliberal de los
últimos 15 años que muestran que la relación entre el ingreso
de los países desarrollados y los del ‘tercer mundo’ era 25 a 1 y
hoy es 40 a 1
También esto tiene una lógica evidente, en la medida que cada
nación compite con sus ventajas comparativas. Las del país desa-
rrollado son los avances tecnológicos y el capital, mientras que los
países pobres se defienden con la venta de sus recursos naturales
(o sea consumiendo su patrimonio) o con la mano de obra barata.
Así, por ejemplo, si en verdad llegara a haber interés en invertir
trayendo tecnología, sería por lo barato del salario y además sería

122
Juan Manuel López Caballero

acompañado de una sustitución de hombres por maquinas, es decir


en una u otra forma a costa del empleo. Por eso se genera una espiral
viciosa en que además de que la brecha nace de las ventajas que
inicialmente tiene un país sobre el otro, esta se marca, se concentra
y se aumenta en los mismos elementos que le dan esa ventaja.
Ese mayor atraso en cuanto al conocimiento, la tecnología y la
riqueza se acompaña de un retroceso en la armonía social, puesto
que internamente la brecha entre los beneficiarios del modelo y
los que por no ser ‘competitivos’ son excluidos lleva a tensiones
que naturalmente revientan en actos o movimientos subversivos
contra el sistema que así los discrimina. Responde esto a la lógica
teórica de que son más quienes por su atraso no cuentan con el
acceso a educación, financiación, y demás necesidades que les
permiten alcanzar el nivel de competitividad que exige ese ‘libre
mercado’, que quienes sí lo logran. Y eso ya también la experien-
cia lo confirma, puesto que el coeficiente gini de todos los países
ha aumentado mostrando que se hace más ricos a los ricos y más
pobres a los pobres.
El punto no es sí el sector agrícola va a ser perjudicado (que
sí lo va a ser), si el sector arrocero estaría condenado a desapare-
cer (que sí lo sería), si los avicultores no estarán en capacidad de
competir con lo que para los americanos son sobrantes (que en
efecto no podrían), si los enfermos tendrían que pagar más por
sus medicinas (lo cual en efecto sucedería), etc. A eso se le puede
intentar dar respuesta con nuevos gravámenes -por ejemplo a los
consumos básicos de la canasta familiar-, y con exenciones tribu-
tarias o subsidios a esos sectores, o sea, cobrándole al conjunto de
la población los perjuicios que esta clase de acuerdos trae.
El punto es si el eventual mayor ingreso para los empresarios
que logren aprovechar el tratado representa un mayor bienestar
para la mayoría de la población y una mejora en la organización
política y las relaciones sociales entre los colombianos; o si, por
el contrario, pagaremos con peores condiciones de vida individual
y de convivencia ciudadana el darles la oportunidad a algunas
empresas para que mejoren sus balances.

123
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Cuando el presidente y los ideólogos del régimen, respaldan la


idea de que estamos ante el fin de las ideologías, y que no hay ni
derechas ni izquierdas están tomando como premisa que no existe
contradicción entre el gobierno del mercado y para el mercado, o
sea la soberanía del mercado –de la cual ellos parten-, y el principio
de la soberanía del pueblo (reflejada en el gobierno del pueblo para
el pueblo); asumen que todo lo que responde a las condiciones del
mercado representa algo bueno para la ciudadanía.
Para el enfoque de quienes ven el mundo en función de su majes-
tad el mercado, los resultados del tratado como ha sido negociado
son satisfactorios y su costo en otras dimensiones es irrelevante;
no así para quienes piensan en función de la población y aspiran
a producir una mejora en las condiciones que caracterizan la vida
individual y colectiva de los colombianos.

Ocho tesis sobre el TLC 27/10/2007


Ni las exclusiones de productos, ni las desgravaciones diferidas en
el tiempo, que buscan conseguir nuestros negociadores, van a evitar
el resultado que la dinámica misma del libre comercio conlleva. Es
evidente que es mejor tener que no tener pañitos de agua tibia, pero de
nada sirven ante un mal que induce a enfermedad terminal. Lo que se
debe cambiar es el espíritu del tratado y el propósito que se busca. Si
en vez de regirnos por el principio de la competencia y la regla de ‘de-
purar’ los ineficientes (sean estos personas o sectores), los sustituimos
por el principio de la solidaridad y el propósito de salir conjuntamente
adelante, podremos beneficiarnos del resultado conjunto pero aplican-
do esos beneficios a crear un mundo más convivencial.
Un TLC no desarrolla las virtudes del mercado sino las des-
aparece al amarrar mediante un vinculo bilateral privilegiado el
comercio entre un país poderoso y uno más débil.
El desequilibrio que se produce es inevitablemente a favor del
más poderoso. Aunque es la misma dinámica económica la que así
lo determina, tiende a reforzarse por las relaciones de poder entre
quienes lo suscriben.

124
Juan Manuel López Caballero

Los resultados no dependen por lo tanto de las condiciones en


que se negocie tal o cual tema en los acuerdos comerciales.
El excluir o diferir algunos rubros –o sea, no aplicar el verdadero
libre comercio- no cambia lo anterior, pero sí impide obtener los
beneficios que supone la teoría.
El espíritu o la filosofía que sea subyacente a lo que se busca de
los TLC es determinante también de posibles efectos dañinos en el
aparato productivo interno (desaparición de actividades productivas
e incremento de la desigualdad).
Los intereses que motivan a EE. UU. no son los mismos que
justificarían la negociación por parte de los países periféricos.

Seguir el ejemplo de la Unión Europea


El libre comercio sí produce beneficios al conjunto, pero lo
que se debe negociar es la forma en que estos se deben distribuir
y el cómo lograrlo, según el propósito buscado. Bajo el supuesto
que lo que se busca es una integración, un impulso al desarrollo
de nuestro país, o por lo menos una reducción algunas de la bre-
chas de riqueza o tecnológicas, el objetivo debe ser evitar que se
cree simplemente un orden alrededor de la capacidad competitiva
de las partes, y esto se logra es a través de convenios paralelos
que contrarresten y compensen los efectos naturales del TLC.
Se pueden y deben crear fondos de compensación (constituidos
por lo que sería el excedente favorable al país ya desarrollado)
para financiación de obras de infraestructura, para inversiones en
apropiación y desarrollo de tecnología, y sobretodo para mediante
programas educativos aumentar el capital humano. La alternativa
a esto es reconocer y aceptar que el resultado que se busca sería
solo fortalecer a la metrópoli a costa de su periferia.
1.- Naturaleza o dinámica intrínseca del TLC.- En el universo redu-
cido a las relaciones bilaterales, un TLC agranda de todas maneras
la brecha salarial entre países, por tanto se aumentan aún más las
condiciones de pobreza, de dependencia, y de subdesarrollo del país
que inicialmente se encuentra en condiciones de desventaja.

125
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

2.- Efecto de retroalimentación.- Para compensar los efectos


perversos del intercambio entre desiguales y no resignarnos
a que lo único que se espera es diferirlos, se deben negociar
simultáneamente tratados complementarios.
3.- Efecto dominó.- El daño no nace únicamente del comercio
mismo con la contraparte sino de lo que arrastra al interior
de la economía descalificando actividades productivas mas
no competitivas que no estén involucradas en actividades de
exportación-importación.
4.- Aumento de la desigualdad.- El país que tiene como ventajas
comparativas los bajos salarios podrá competir sobre la base
de que se concentre aún más la riqueza en el país y se aumente
la desigualdad entre la clase trabajadora y la clase capitalista
empresarial
5.- Especialidad sin innovaciones.- Si se busca aumentar la com-
petitividad solo para insertarse en un TLC, sin incluir la mejora
en la productividad para otros propósitos (mayor desarrollo y
menor desigualdad), la tendencia es a acabar cualquier sector
productivo pero no competitivo, y las opciones que se nos pre-
sentan para manejar como ventajas comparativas son la explo-
tación de posibilidades con alto valor agregado de la ilegalidad,
eventual entrega a menosprecio de recursos naturales hasta su
agotamiento, o deterioro del salario…
6.- Tecnología y salarios.- Si un socio del tratado juega con la
ventaja comparativa del avance tecnológico y el otro con la del
deterioro de la participación del sector laboral, se lograría un
reflejo de una época post capitalista: legitimación, formalización
jurídica o institucionalización de un modo de producción mon-
tado no para generar riqueza sino para redistribuir la existente
en beneficio de uno y detrimento del otro.
7.- Hegemonía y área dólar.- Al igual que es obvio que la inva-
sión de Irak no tuvo por propósito instaurar allá la democracia
sino obtener el control estratégico de sus reservas energéticas,
debemos ser conscientes que los Tratados de Libre Comercio
que adelanta Estados Unidos no tienen el objetivo de facilitar

126
Juan Manuel López Caballero

el acceso a los mercados de los diferentes países sino buscan


el control de esos mercados para que giren preferencialmente
dentro de su órbita. Similar a las economías africanas en torno
a sus antiguas metrópolis europeas.
8.- Primero el plan de desarrollo.- Las condiciones internas y del
momento de Colombia no son favorables a un tratado basado
en la capacidad y la iniciativa de los particulares. Lo primero a
definir es la llamada ‘agenda interna’ que no es sino una defi-
nición de un ‘Modelo de Desarrollo’, lo cual es eminentemente
contrario al enfoque del Gobierno actual y a la manera como
entiende las negociaciones. El planteamiento de que lo que se
debe es buscar plazos y exclusiones para poder nivelar las des-
ventajas con el tiempo, no tiene sentido alguno si no se sabe a
través de qué mecanismos ni en que plazo se podrá hacer.

El paramilitarismo y el TLC 17/10/2007


Tiene la misión la Embajadora nuestra en Estados Unidos de dejar
constancia de la diferencia de puntos de vista entre nuestras autoridades
y un editorial del New York Times que invita al Congreso Americano
a no aprobar el TLC con Colombia mientras no se modifiquen algunos
aspectos de su política actual.
Se refiere ese diario a la visión de ciertos sectores americanos
(no solo la de ese medio, sino la de parte de los legisladores) según
la cual el gobierno del Presidente Uribe no ha satisfecho lo que
serían los requisitos que el Congreso Americano debería exigir a
las autoridades colombianas en cuanto a la gestión ante el para-
militarismo.
La divergencia aunque no sea así de explicita podría llegar a
ser respecto a si la política oficial es la persecución de los parami-
litares o su cooptación.
Lo que destaca reiteradamente nuestro gobierno es que se han
desmovilizado 30.000 hombres en armas; lo que ven los secto-
res críticos es que se dio inmunidad a 30.000 delincuentes que
confesaron haber participado en toda clase de crímenes de lesa
humanidad.

127
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Se basa la argumentación oficial colombiana en que hay más


de 2.000 sindicados pendientes de ser llamados a Juicio; el otro
punto de vista es que lo único que existe es una lista de quienes
dentro del marco actual no existe ni la intención ni la posibilidad
que esto suceda.
Reclama el Gobierno que 51 capos ya están detenidos y siendo
juzgados; lo que no dice es que son individuos que no se limitaron
a fijar una política sino que reconocen haber dado ordenes directas
de asesinar a centenares de colombianos, que serán juzgados por
una ley especial (y especialmente blanda), que están detenidos en
condiciones privilegiadas, que dentro de las normas expedidas para
ellos solo les tocaría un máximo de dos años más de detención para
quedar libres por pena cumplida con buen comportamiento, y que
hasta ahora solo 17 han comenzado a rendir indagatoria.
Y, sin desconocer la disminución de homicidios que se procla-
ma como ejecutoria del primer cuatrienio, nace la inquietud sobre
hasta dónde se dispararon y cómo están contabilizadas las fosas
comunes y las desapariciones forzadas.
Lo que también molesta a quienes no aprueban esas políticas es que
todos esos delincuentes están recibiendo subsidios del Estado, mientras
sus victimas no tienen ni siquiera una partida en el presupuesto para
subsistir y menos para reparar los daños sufridos, estando condiciona-
das a lo que declaren los victimarios como fruto de sus acciones.
Probablemente también no dejan de tener en cuenta ese diario,
esos legisladores, y buena parte de la opinión colombiana, que una
vez conocido y divulgado el escándalo de la llamada parapolítica y
la forma en que varios de nuestros elegidos han sido cuota aportada
por las armas y los dineros de esos personajes, sea gracias a varios de
esos miembros de los partidos que apoyan al Presidente (entre ellos
el mismo cofundador del ‘partido presidencial’, el propio primo del
mandatario, y en algunos casos la totalidad de la bancada) que se han
sacado adelante esas leyes e implementado esa política. Y en nada
tranquiliza que sean ahora esos mismos Congresistas, directamente
o a través de sus suplentes de las mismas bancadas –y como recién
se ha denunciado por las mismas vías por las cuales consiguieron

128
Juan Manuel López Caballero

su elección- quienes proponen adelantar otra legislación especial


para que en todo caso su eventual castigo sea más benévolo que el de
quienes propiciaron su elección.
También es de imaginar que dentro de la importancia y el res-
peto que se tiene en Estados Unidos a la división de poderes, al
sistema de controles y contrapesos, y a la autonomía de la Rama
Judicial, no debe ser bien visto el trato que da nuestro Presidente
a los Magistrados de la Corte y a la Institución misma al afirmar
que en un Estado de Derecho la máxima instancia es la opinión
pública.
Todo lo anterior justificaría el mencionado editorial del diario
americano, e incluso validaría una posición tan extrema como la
del ex Vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, de no aceptar
compartir foros con el Presidente Uribe, hoy más significativa por
haber sido premiado con el Nóbel de Paz.
La verdad es que en el Congreso Americano sí hay quienes creen
verdaderamente en la necesidad de reivindicar la importancia de
los Derechos Humanos y de que su país contribuya a ello. Pero son
unos pocos, y lo tienen como principio y no como base de unas
negociaciones (menos en este caso, cuando se trata de intereses
comerciales que favorecen a sus representados). También es cierto
que parte de los demócratas son proteccionistas convencidos o
motivados por el lobby del sindicalismo de allá, y en consecuencia
firmes en contra del TLC.
Pero infortunadamente la mayoría necesaria esta sujeta al voto
de un sector no comprometido, para el cual el tema de Derechos
Humanos poco pesa, ya que aceptan la legalización de la tortura
(como lo dijo el ex Presidente Carter), que permite ‘agujeros ne-
gros’ en la legislación para que sus enemigos no queden amparados
por ninguna legislación internacional ni humanitaria, que justifica
barbaries como la guerra de Irak (aún a sabiendas de lo falso de
su sustentación), etc…
Y menos le preocupa el paramilitarismo a un país que lo ha
apoyado siempre que ha sido conveniente para sus intereses, y que
es el primer promotor de mercenarios en el mundo bajo la forma

129
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

de ‘contratistas’, ‘asesores civiles’, ‘empresas de seguridad’, etc.


que contratan o son ofrecidas por sus agencias estatales.
El argumento de los Derechos Humanos es más destinado al
público de allá que en verdad cree que ellos son sus grandes defen-
sores; en general pero también en concreto la preocupación de los
legisladores demócratas americanos no son lo horrores que pasan
en Colombia, sino solo lo que tiene relación con su país.
Y en este caso lo que les es inadmisible es que bajo el manto del
paramilitarismo se proteja a los capos del narcotráfico; que los bene-
ficiados con esas políticas sean delincuentes de lesa humanidad les
puede parecer secundario, pero que se les dé el mismo tratamiento
a quienes ellos han solicitado en extradición como blanco de su
persecución sí no es aceptable.
Entregaron 4.000 millones de dólares inicialmente al Plan
Colombia solo para combatir la producción de droga y después
al Plan Patriota para que pudieran ser usados contra la guerrilla
por ser ella gran traficante; pero nunca dieron recursos para com-
batir el paramilitarismo como tal. Si del TLC se trata (donde el
interés de las empresas americanas y multinacionales –o sea el
poder económico- es que sí se firme) lo único que se necesita para
satisfacer la conciencia del Congreso Americano es acabar con
la protección que bajo el pretexto del paramilitarismo se da a los
capos del narcotráfico.
Sabiendo que Uribe está dispuesto a todo para sacar adelante su
TLC, teniendo en cuenta que es lo suficientemente lúcido para en-
tender que no sirve repetir los argumentos ya expuestos o insistir en
los viajes que desgastan su imagen y rebajan la del país, y después
de experimentar hasta que punto su ‘habilidad’ y su pragmatismo
priman sobre el cumplimiento de su palabra o sus compromisos, me
parece que ‘Macaco’, ‘Don Berna’, ‘Jorge 40’, Mancuso y algunos
otros, deben estar pensando que su futuro y el de la aprobación del
TLC pueden estar bastante vinculados.

130
Juan Manuel López Caballero

Política sobre drogas


Es muy satisfactorio conocer el Informe de la “Comisión sobre
droga y democracia”, cuyas conclusiones coinciden con los aná-
lisis que yo publicara en el libro “Colombia: entre la imagen y la
realidad”, en el primer capítulo “Narcotráfico y drogas”.
En síntesis, desde el punto de vista médico, argumentaba que las
premisas asumidas hace veinte años, cuando se delineó inicialmente
la actual política antidrogas, eran erradas, de lo cual se ha derivado
una mala clasificación y por lo tanto una tratamiento incorrecto del
tema. El error científico se acompañó de una legislación inapro-
piada, en la medida en que, al confundir las características de las
drogas se las persigue de modo ineficiente.

EFECTOS DE LAS PRINCIPALES DROGAS


Orden
Droga Fuente Metodología Total muertes Dependencia
de magnitud
320.000 Arrieta
Arrieta pg.156
Relación ta-
“Imperial Cancer
Tabaco baco accidentes
Research Fund y
2002=18/10000 Medio millón **
Drug Abuse
750.000 Fund
Nadelmann, en 11/100000 Cirrosis 100.000 Arrieta
Alcohol Arrieta, OMS Drug ¾ de 18/100000 **
abuse accidentes 49.000 Fund Cien mil
Fármacos OMS Drug abuse
Decenas de miles **
Heroína OMS Drug abuse ***
Miles
G/ra Accounting,
Cocaína citado por Inferior a 700
Menos de mil *
E. Sarmiento
No existe caso
Marihuana
registrado *** *** *

La normatividad norteamericana fue adoptada por los países


andinos. El tratamiento dado primero fue benevolente, pero pronto
se advirtió que en los parajes de los cultivos se desarrollan grupos
armados, llámense guerrillas, grupos paramilitares, importación de
mercenarios para afinar su entrenamiento y luego guerras abiertas
que dan cuenta de los magnicidios del ministro Rodrigo Lara y de
candidato presidenciales como Luis Carlos Galán, Jaime Pardo Leal
y Bernardo Jaramillo. Hubo amnistías disimuladas y hubo diversas
amnistías patrimoniales hasta que se advierte que de narcoguerrilla y
narcoparamilitares, se pasa a la narcodemocracia con parapolíticos.

131
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Desde el punto de vista jurídico, el país sufre un gran desconcierto.


La filosofía pragmática norteamericana no rima con los principios
jurídicos. Para ellos la justicia se administra en la definición de una
opinión representativa que expresa sus juicios. Nuestra filosofía de-
fine los delitos y los procedimientos que el juez, como profesional
del derecho, aplica.
Pero además existen ciertas garantías constitucionales tales como la
presunción de inocencia, la favorabilidad de la duda pro reo, el debido
proceso, la contravertibilidad de la prueba, los principios de que no
hay crimen, ni pena sin ley, sumado a las características inquisitorias
del sistema penal colombiano. Todo esto no garantiza la eficiencia que
exigen los norteamericanos en el castigo de los traficantes.
Entonces para lograr una mejora, el gobierno de turno inventa
medidas de toda índole de modo que –como diría el entonces
procurador Arrieta- en materia de drogas actúa como un soldado
perdido en medio de la batalla y que empieza a disparar para todos
los lados, sin saber ni contra qué, ni para qué dispara.
Esta tremenda inestabilidad judicial, al mismo tiempo se co-
rrompe no solo por los abundantes sobornos de las mafias, sino
además por los variados premios y recompensas ofrecidas por los
gobiernos en coyunturas muy dispares. No se concita el derecho
sino el mercado de recompensas.
Desde el punto de vista económico, retomaba entonces las
abundantes cifras en las que se pone en evidencia que de las cifras
totales de ventas, entonces, de unos $445 millones por tonelada, el
0.45 pertenecen al negocio en Colombia, el 5,46% de la actividad
externa –en riguroso costo /beneficio razonable- y el excedente
89,09% lo produce la connotación de ilegalidad.
Es evidente que los aspectos internacionales son los que impiden
que se dañe el negocio, suprimiendo su ilegalidad.
Según el Fondo Monetario Internacional, del billón de dólares
que tramitan los paraísos fiscales, entre 350 a 400 resultan del
lavado y reciclaje de dineros del narcotráfico mundial. Captacio-
nes del sistema bancario internacional, además de una plétora de
Corporaciones del caso.

132
Juan Manuel López Caballero

El documento de la Comisión
El documento “Comisión Latinoamericana sobre Drogas y
Democracia: hacia un cambio de paradigma”, elaborado por La
Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, integrada
por un grupo de intelectuales, encabezados por los ex presidentes
César Gaviria (Colombia), Ernesto Zedillo (México) y Fernando
Henrique Cardozo (Brasil), señala que ésta lucha es uno de los
problemas más graves de la región y por ello “es imperativo”
rectificar la estrategia aplicada en los últimos 30 años para com-
batirla.
“Las políticas prohibicionistas basadas en la represión de la
producción y de interdicción al tráfico y a la distribución, así como
la criminalización del consumo, no han producido los resultados
esperados. Estamos más lejos que nunca del objetivo proclamado
de erradicación de las drogas”, asegura el informe.
Además se afirma que el modelo actual de política de represión
de las drogas está firmemente arraigado en prejuicios, temores y
visiones ideológicas, lo que confina a los consumidores de drogas a
círculos cerrados donde se vuelven aún más vulnerables a la acción
del crimen organizado.
Ante esto, los ex mandatarios piden que se reconozca la insu-
ficiencia de los resultados en la lucha contra las drogas y que se
abra el debate sobre estrategias alternativas.
Los autores recomiendan tres directrices para enfrentar el
problema: 1.- tratar el consumo de drogas como una cuestión de
salud pública, 2.- reducir el consumo mediante acciones de infor-
mación y prevención, y 3.- focalizar la represión sobre el crimen
organizado.
Proponen, en consecuencia, una fórmula que consiste en que los
estados creen leyes que saquen a los adictos de ese mercado ilegal
para convertirse en pacientes del sistema de salud. Para ellos, esto
generaría un desplome de los precios de las drogas que afectaría
el ilícito negocio.
En lo que tiene que ver con la marihuana, piden que se evalúe
la posibilidad de descriminalizar su consumo.

133
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Aunque la nueva administración de Barack Obama ha prometido


algunos cambios en su política antidrogas, como mayor énfasis en la
demanda, sin embargo son pocos los anuncios en esa dirección.
Durante su campaña electoral, el nuevo presidente -y luego la
secretaria de Estado Hillary Clinton en una audiencia en el Sena-
do-, prometieron fortalecer lo que estaba funcionando y corregir
aquello donde se estuvieran cometiendo errores, pero sin entrar
en detalles.
El informe también cuestiona los objetivos planteados por el Plan
Colombia, que desde el 2000 ha recibido de los Estados Unidos
cerca de 6 mil milones dólares. Señala que las principales metas,
al igual que las de los programas de erradicación, no fueron alcan-
zadas, pues la producción se mantiene para suplir la demanda.
Este punto se cuestiona justo a pocos días de que el Gobierno
estadounidense presente a consideración del Congreso el presu-
puesto para el 2010, en el que deberán incluirse recursos para la
lucha antidrogas en Colombia.
Tanto el presidente Obama como la Sra. Clinton dieron su apoyo
al Plan Colombia y a la Iniciativa Mérida (que busca combatir el
narcotráfico en México), pero no confirmaron si insistirán en la
política de fumigación que se usa en Colombia. Expertos como
John Walsh, de Wola, cree que Obama seguirá la línea que comenzó
a trazar el Congreso demócrata en el 2006 y que hace más énfasis
en interdicción y desarrollo social, que en ayuda militar.
En el informe también se propone que América Latina entable
un diálogo con el gobierno, los congresistas y la sociedad civil de
Estados Unidos para desarrollar en forma conjunta alternativas a
la política para combatir las drogas.
Esto significa que el “enfoque prohibicionista” se pone seria-
mente en cuestión, sin que este nuevo enfoque signifique ninguna
tolerancia con las drogas.

134
Juan Manuel López Caballero

De la seguridad alimentaria
a la inseguridad alimentaria 31/08/2006
La evolución de los cultivos bajo este gobierno ha puesto sobre
la mesa el tema de la seguridad alimentaria.
Las cifras del DANE muestran disminución en el empleo, en
los créditos, y en el área sembrada. Y las proyecciones indican
que este año se sembrarán 3.7 millones de hectáreas mientras en
1990 se sembraron 4.623.745 y la población ha aumentado más
de un 30%.
El modelo económico del Gobierno dice que no importa qué
se puede producir en el país sino qué se consigue más barato en
el mercado internacional, y las políticas actuales parecen guiarse
por los planteamientos del Dr. Rudolph Hommes según los cuales
lo bueno es que haya subsidios en el extranjero para beneficiarnos
nosotros importando los productos que los reciben.
El punto de debate es si por ‘seguridad alimentaria’ se entiende
un mínimo de independencia y autonomía respecto a los vaivenes
del comercio y de las relaciones con otros países. Universalmente
así se acepta y por eso la dificultad de las negociaciones al respecto
cuando se intenta forzar la plena vigencia de las reglas del mercado
en estas materias. Infortunadamente no es ésta la visión oficial ac-
tual. (También se entiende que la producción agrícola tiene como
función la ocupación y la estabilidad del campo para que no se
produzca el desempleo rural –probable generador de la violencia
que nos caracteriza-, pero aunque también es una consideración
de seguridad no lo es por su aspecto alimentario).
El Ministro de Agricultura ha respondido sin mencionar nada al
respecto. Según él lo importante es que hemos sustituido los productos
tradicionales por otros de largo rendimiento y que además el precio
de estos ha aumentado el triple del de los que ahora tenemos que im-
portar. Agrega que lo que toca ver es que en valores hoy las cifras son
mayores. Es decir, la versión contraria a la que defiende la necesidad
de que el país tenga un mínimo de autosuficiencia y ocupación del
campo, con el enfoque de que produzcamos únicamente en función de
la rentabilidad de los cultivos.Como parte del proceso de adaptación

135
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

al TLC además deberán desaparecer la inmensa mayoría de renglones


agrícolas (cereales, carnes, etc.). Razón tiene el Senador Jorge Robledo
al insistir en que parece una burla llamar ‘Agro: Ingreso Seguro’ el
programa de desmantelamiento de la economía rural.
Pero también está el otro lado de la moneda: el Instituto Co-
lombiano de Bienestar Familiar acaba de sacar los datos de la
‘inseguridad alimentaria’. Resulta que el 40.8% de los colombia-
nos se encuentran en esta categoría, que se divide en ‘moderada’,
‘mediana’ y ‘crítica’. Este eufemismo significa ni más ni menos
que 2 de cada 5 colombianos padecen hambre, o mejor, no tienen
la seguridad de la comida diaria, algunos de vez en cuando y otros
permanentemente.
Parece ser que para nuestro actual Gobierno no sean importantes
estos aspectos de la vida nacional; ni el abandono del campo ni el
hambre de los nacionales le pueden hacer contrapeso a la imple-
mentación del modelo neoliberal y su implantación supraconstitu-
cional a través del TLC. Pero de alguna forma hay que hacer que
el gobierno entienda que manejar el Estado no es como manejar un
negocio en donde la rentabilidad es lo único que cuenta.

El porqué de los precios del petróleo 08/02/2006


El último discurso de Bush sobre el Estado de la Unión (infor-
tunadamente ‘último’ solo en el sentido de ‘más reciente’) tiene
como uno de los temas centrales lo que podríamos llamar el cole-
tazo de su política de imperialismo antiterrorista. Lo grave es que
ni en la presentación por parte de mandatario estadunidense, ni en
su lectura por parte del cada día más grande ‘patio trasero’, se ha
visto como un problema universal sino solo como interno de los
Estados Unidos.
Al mencionar que su país debe buscar fuentes alternativas de
energía para liberarse de la dependencia de países que pueden
serle hostiles (o que se deben ver ‘preventivamente’ como poten-
cialmente terroristas) se entendió (sobre todo entre nosotros) que
podía referirse a lo tenso de las relaciones con Venezuela.

136
Juan Manuel López Caballero

Pero el tema es algo más complejo: Más que las supuestas armas
de destrucción masiva o el supuesto maridaje con Osama Bin Laden
-que fueron pretextos publicitarios para disimular lo que era el ver-
dadero interés del Gobierno Americano-, la verdadera motivación
de la segunda guerra contra Irak fue tomar el control de su participa-
ción en el mundo del petróleo. Eso es lo que hoy queda en entredicho
cuando les toca resolver sobre el tema del retiro de sus tropas, lo que
los llevaría a quedar dependiendo de la capacidad (o incluso la volun-
tad) del gobierno que allá impusieron de someterse a sus intereses.
Igualmente con la declaratoria de esa especie de ‘guerra fría’
contra Irán -al promover nuevas sanciones en Marzo del 2005,
definiéndolo como parte del ‘eje del mal’ y graduándolo ‘preven-
tivamente’ de ‘peligro para la seguridad nacional’ y de ‘terroristas
potenciales’-, Bush buscaba –y logró a medias- el respaldo para
su oposición a la adquisición de tecnología nuclear por parte de
los ayathollas. Pero al mismo tiempo alborotó las relaciones de
ese país con buena parte del resto del mundo, y en consecuencia
produjo incertidumbre respecto al posible uso o más correctamente
a la posibilidad de cierre de su potencial de suministro de petróleo
al mercado mundial.
Y aunque Estados Unidos no depende directamente de él,
la situación mundial es que la capacidad total de extracción
coincide con el actual consumo, de tal manera que el retiro
de la oferta de petróleo del segundo exportador del mundo
como es Irán, no sería reemplazable por los otros exportadores
(aunque por el momento afirmen que no acudirán a ese medio
de presión, el punto es que cuando quieran podrían hacerlo).
La situación con Venezuela es conocida, aunque vale la pena desta-
car que igual que Bush tiene sus reservas estratégicas de petróleo,
Chávez tiene -o siente que tiene- reservas en dólares suficientes
para no tener que someterse al ‘Imperio’. En todo caso en ese en-
frentamiento está en juego el 14% del abastecimiento americano.
El caso de Nigeria como proveedor de otro 9% está per-
turbado por ser éste un país donde la religión principal es el
Islam, pero más aún porque es el sitio donde China ha dedi-

137
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

cado su mayor esfuerzo en cuanto a inversión en ese sector.


Como ‘aliado’ principal le queda Arabia Saudita; pero el triunfo
de Hamas en Palestina y las protestas en los países musulma-
nes por las caricaturas de Mahoma han mostrado claramente
que se ha fomentado un choque de culturas, y que, como pro-
tagonista –o más correctamente culpable- de primera línea, los
odios contra quien más se manifiestan es contra los americanos.
En 1974 se fundó la OPEP (Organización de Países Exportadores
de Petróleo) para obtener beneficios comerciales del control que
podían tener sobre la producción mundial. Los resultados fueron
fulminantes puesto que se triplicó en su momento el precio, y
se organizó desde entonces el mercado para que el abasteci-
miento de las necesidades mundiales dependiera de esa alian-
za. Desde entonces el mundo cambió: la tecnología se orientó
ha encontrar usos más eficientes de los combustibles, a buscar
sustitutos para ellos, y, en cada país en proporción a su depen-
dencia del petróleo que importan, a crear reservas estratégicas
que les garanticen una relativa autonomía durante algún tiempo.
Obviamente los Estados Unidos fue el país más afectado pero pro-
bablemente por ser una acción pacífica no se destacó el tamaño de
lo que significó ese proceso. En 1975 se creó el Strategic Petroleum
Reserve –SPR- construyendo depósitos hasta por 700 millones de
barriles (entonces cien días de consumo, hoy cerca de un mes). En
el 2001 el Presidente Bush por primera vez ordenó que se copara
la capacidad autorizada lo cual se alcanzó en el 2005.
El efecto de los huracanes Katrina y Rita disminuyó la
producción del Golfo de Mexico y obligó a acudir a las reser-
vas con lo cual la vulnerabilidad del país quedó comprobada.
Mientras en 1970 ningún país llegaba a representar siquiera el 5%
del consumo (y era un tema de poca importancia por el costo del
producto y el exceso de potencial de producción), en el 2006 uno
de esos seis países (Venezuela, Irán, Irak, Nigeria, Arabia Saudita,
Canadá?) individualmente lo puede poner en jaque en cualquier
momento (con las repercusiones que eso puede producir a nivel
mundial). Por el orden que logró imponer la OPEP en el merca-

138
Juan Manuel López Caballero

do la capacidad de extracción de todos sus países miembros está


equilibrada con la cuota de exportaciones asignada; la producción
mundial apenas podría aumentarse en el orden de un 4% a 5% con-
centrado exclusivamente en Arabia Saudita que podría aumentar su
oferta en algo como 1.5 millones de barriles diarios (o sea menos
el 7% de lo que consume Estados Unidos). En pocas palabras, la
economía mundial no aguantaría el uso del petróleo como parte de
las nuevas guerras frías que estamos viviendo.
La verdad es que el alza de precios no se debe a reducción y menos
a agotamiento de las reservas mundiales, ni a la escasez de capacidad
de extracción (aunque sí está en el límite de la demanda), ni al aumen-
to del consumo (el cual por el contrario ha disminuido); lo que jalona
los precios es la necesidad del Gobierno Americano de aumentar sus
reservas estratégicas ante los peligros en que los sitúa su política inter-
nacional; o, visto de otra manera, responde a una necesidad estratégica
para que pueda continuar sus guerras el actual mandatario americano.
Lo que hoy sucede es que la política Bushiana de graduar de
enemigos a quienes les suministraban el alimento a su ma-
quinaria productiva va camino de conformar una posible va-
riante de la OPEP no con fines comerciales sino para enfren-
tar el poder o por lo menos las políticas del poder americano.
Para ver hasta que punto nos afecta aquí, basta pensar que el mayor
valor de las exportaciones de petróleo nuestras fueron casi iguales
al total de nuestro crecimiento. Afirmar como lo hace el Gobierno
que el aumento del PIB significa que aumentó el aparato productivo
nacional es engañar en la medida que la mayor parte de ello es atri-
buible a este fenómeno de precios; pero además es jugarle a que esa
alza se mantenga, lo cual dados los anteriores elementos de juicio,
parecería poco sensato.

Ecopetrol: ¿una decisión correcta? 31/05/2006


No es por casualidad que tomo el titular del editorial del número
anterior de esta revista Dinero, pero en forma interrogativa y no
afirmativa.

139
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Aunque el propósito de ese editorial no era hacer claridad res-


pecto a la verdadera disyuntiva sobre la cual corresponde debatir
(solo buscaba exponer argumentos a favor de la operación de
venta del 20% al sector privado), y aunque por ser columnista de
la revista pudiera parecer algo ‘lambón’, me parece que resumió
bien los elementos que al tema se refieren y en esa medida sirve
de guía para tratarlos.
No hay duda que para su funcionamiento como empresa y para
las conveniencias de la política petrolera para ECOPETROL es
indispensable la autonomía y la independencia de las necesidades
de las finanzas del Estado.
Tampoco hay duda que se necesita buscar la autosuficiencia
petrolera y que para ello se necesitan inversiones.
Probablemente habría también consenso respecto a que la po-
sibilidad de que el Ministro de Hacienda asigne cada año en el
Presupuesto Nacional los recursos para las inversiones destinadas
a ello es una mala solución. E incluso sería bastante aceptable que,
si la falta de otra respuesta a éste problema llevara a la crisis y la
propuesta sí la evitara, el Presidente tendría una justificación algo
válida para el incumplimiento de las promesas electorales y la
violación a los compromisos suscritos con los estamentos opuestos
a esa operación.
Y tienen razón ese editorial y todos quienes abogan porque las
utilidades de ECOPETROL se destinen a que cumpla el objeto de
garantizar su propia supervivencia y continuidad para a través de
ella adelantar la exploración, desarrollar la explotación de nuestro
propio petróleo y cumplir prioritariamente con el abastecimiento de
las necesidades del País. En efecto no tendría sentido vivir bajo la
alternativa permanente de que según las necesidades presupuestales
se destinara parte de estas sumas a propósitos diferentes poniendo
todo lo anterior en riesgo.
Si se hace abstracción de cualquier otra consideración, también
es válido el argumento de que con capital privado se aumentaría
la capacidad de la empresa, y en gracia de discusión se podría
convenir en que el sector privado es un mejor administrador que
las entidades públicas.
140
Juan Manuel López Caballero

Y, aunque en ese editorial no se mencionaba, unos posibles nue-


vos ingresos en forma de ‘capitalización’ o de ‘venta’ permitirían
iniciar proyectos para los cuales todavía no se ha decidido la fuente
de recursos (v.gr. la refinería de Cartagena).
En fin, estos y otros planteamientos alrededor del tema parecen
ser totalmente acertados, o, como dice el editorial, ‘correctos’.
Pero lo que es importante es que de ellos no se deduce que al
‘democratizar’ el 20 % de las acciones de ECOPETROL se logra
eso, y, muchísimo menos, que se deba adelantar tal proyecto sin
contemplar otras alternativas.
De ninguno de los argumentos expuestos, y menos de todos ellos
en conjunto, se concluye que esa operación sea necesaria –en el
sentido que de no hacerlo no se pueda lograr el mismo resultado-,
ni que sea la mejor opción, ni siquiera que sea una buena solución.
Nada dice que no sea posible, pero lo argumentado lejos de llevar
a la conclusión de que la ‘decisión es correcta’ lo que muestra son
razones para pensar lo contrario.
Si lo que se necesita son recursos, el Fondo de Estabilización
los tiene y en sumas mayores a los que así se lograrían; si no hu-
biera posibilidad de disponer de ellos, se pueden conseguir nuevos
recursos por el camino del crédito; si el impedimento para adquirir
préstamos autónomamente es su condición jurídica, ésta la puede
cambiar una ley del Congreso; si lo que se busca es evitar el peligro
de que suceda como bajo este cuatrienio que el Gobierno financie
otras actividades con lo que esta empresa produce, un cambio de
naturaleza jurídica lo puede impedir; en general las alternativas a
cada punto existen y no se puede ver la superioridad de la opción
‘capitalizar’.
En cambio las razones para preferir otros caminos deben ser
tenidas en cuenta. Lo de mayor eficiencia de la administración del
sector privado o la ‘mayor gobernabilidad’, implicaría que quedarían
en esas manos ‘más eficientes’ la toma de decisiones, pero, como es
lógico, que las tomarían en función de sus intereses y no de los del
Estado o los de los 44 millones de Colombianos. En ese editorial
es diciente y honesta la omisión de exponer la defensa del proceso

141
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

como desarrollo del ‘capitalismo social’, o sea, la que plantea que


los adquirentes serían los ciudadanos colombianos y que a través
del sistema solidario y mediante quién sabe qué medios se impediría
que empresas oligopólicas accedieran a esas acciones; en efecto mal
puede servir tal supuesto como elemento de análisis, cuando no se
concreta simultáneamente la forma en que esto que parece imposible
se lograría, y no se tiene en cuenta que sería además contrario a las
consideraciones que desde el punto de vista meramente empresarial
se están presentando. Además si, como se estima, el monto de esa
participación es de mil millones de dólares, nunca podrían los pri-
vados colombianos alcanzar esas sumas; y para el sector solidario
(fondos de pensiones, de cesantías, etc.) no solo coparía eventual-
mente su capacidad sino sería insensato –y hoy prohibido por ley-
poner todos los huevos en una canasta tan volátil e inestable como
los precios del petróleo. (Tocaría además asumir que el antecedente
de INVERCOLSA y el testaferrato de Fernando Londoño no fueran
repetibles). Tampoco se dice porqué o cómo se garantizaría el límite
del 20%, cuando todos los argumentos propuestos son igualmente
válidos no solo para justificar la venta de cualquier cantidad -30%,
40% o 50%- sino para hacerlo por una cantidad mayor.
En cambio es de destacar lo artificioso de la ‘prueba reina’ al
mostrar que desde que se vendió el 30% Petrobrás dejó de ser una
empresa que daba pérdidas para pasar a producir grandes utilida-
des, pero sin tomar en cuenta que esto se debe sin lugar a dudas
muy principalmente al alza de precios del crudo: la otra cara de la
moneda es cuánto dejó de ganar el Estado Brasileño al no percibir
el porcentaje que privatizó (obviamente comparándolo con lo que
por esa participación recibió).
El meollo del tema es si la operación propuesta es necesaria
–primero-, y, subsidiariamente, si es conveniente; si alguna de estas
dos condiciones se llenara, se aceptaría la conclusión de que es una
‘decisión correcta’. Las consideraciones anteriores sugerirían que
la primera en ningún caso se cumple, y que, entre los argumentos a
favor y los argumentos en contra de la segunda, la propuesta tiene
más de discutible que de convincente.

142
Juan Manuel López Caballero

Otro sería el análisis si el objetivo fuera llegar a la privatización;


y/o si, contrariamente al principio de que las privatizaciones no
son buenas ni malas per se, se aceptara que hay un beneficio por
el mero hecho de privatizar. Como se supone que ambas razones
están descartadas, lo que se debe debatir es si, al no tener por pro-
pósito la privatización, le queda alguna razón de ser a la propuesta
–en cuanto a necesaria o conveniente-; o plantear honestamente
la controversia alrededor de si se privatiza o no la empresa más
importante de Colombia.

143
Capítulo VII
Los Estados Unidos y Bush

Una gran experiencia en los Estados Unidos


Si algo debe reconocerse como admirable en los Estados Unidos
es su capacidad de autocrítica y de generar internamente alternati-
vas, cuestionamientos y debates a las corrientes mayoritarias.
Al igual que hay una Universidad de Harvard o de Columbia
que son lo más cotizado como cumbre de la educación capitalista
–en cuanto son orientadas a capacitar a los individuos para buscar
el éxito en un mundo que se rige por el principio de la competencia
entre todos los seres humanos-, existen otras universidades donde el
objetivo es el mejoramiento de la sociedad como conjunto, partien-
do de la premisa de que no es tan cierto que el egoísmo individual
produce los mejores resultados colectivos.
Asistí al grado de mi hija en el New School of Social Research
y además de la emoción de padre que me produjo, debo agrade-
cerle el haberme hecho conocer mejor esa faceta de la mentalidad
americana a través de las presentaciones que se hicieron durante
la ceremonia.
De hecho esa Universidad nació como una disidencia de Co-
lumbia (el Ivy League de Nueva York) formada por los profesores
que después de la primera guerra mundial consideraron que era un
error el enfoque de la educación que no se preocupaba por entender
y mejorar la sociedad como un todo, sino de cómo preparar a los
jóvenes para enfrentarse los unos a los otros.
Durante los cuarentas y los cincuentas los intelectuales de
izquierda perseguidos por el antisemitismo o el macartismo refor-
145
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

zaron tanto la calidad como la orientación de esa entidad, la que


probablemente es hoy considerada como la más de avanzada o más
contestataria según se quiera calificar.
Siendo su objetivo la investigación y estudio de los temas socia-
les fue durante todo ese tiempo una escuela únicamente de posgrado
para hacer maestrías y especializaciones que contribuyeran a ese
propósito.
Desde 1985 gracias a la donación de un filántropo envidiable
(más por su visión del mundo que por su riqueza), se creó la fa-
cultad o College de Estudios Sociales donde la carrera misma y
en consecuencia no solo los conocimientos sino la formación que
se ofrece tiene esa orientación.
Comparto con mis lectores lo que oí:
El primer orador fue el Decano del College o Facultad de
Ciencias Sociales. Dadas las características de la Universidad y
su interés en no ser catecúmena ni ‘confesional’ alrededor de nin-
gún pensamiento, una de sus particularidades es que sus cabezas
–tanto el decano de la Universidad como el del College- son lo que
llamaríamos de ‘derecha’. Su discurso planteó como consejo a los
graduandos que, a pesar de haberse formado en una escuela donde
los propósitos son idealistas y altruistas, nunca fueran a perderse
en el fundamentalismo.
Que tuvieran presente que el progreso de la humanidad y de
las sociedades se da por acumulación de pequeños pasos y pe-
queñas contribuciones que en cierto momento consolidan gran-
des avances, pero que no existe la ‘gran reforma’ producida por
un gran reformador, ni la ‘gran solución’ que nace de una gran
propuesta.
Que la capacidad de transigir y de conciliar sobre la base de
que todo contradictor tiene algo de razón –aunque no sea sino su
convicción de que así es- es lo que permite progresar, y que los
conciliadores son quienes logran ese resultado, mientras que los
‘puros’ e ‘intransigentes’, aunque sí son los que marcan la direc-
ción o las metas, la historia muestra que o reciben la calificación
de héroes porque no logran su objetivo, o, si llegan al poder, sus
extremismos producen malos resultados generalmente por que sus
146
Juan Manuel López Caballero

propuestas en sí mismas lo son, o por que son impuestas y efímeras


en la medida que dependen de la existencia de una persona.
El siguiente orador fue la persona que donó el College, el señor Eu-
gene Lang, un americano, multimillonario, claro, pero que no alcanza
a clasificar en los listados de Forbes al lado de los nuestros. Introdujo
con una frase de D.H. Wells que le abrió los ojos y se convirtió en un
leitmotiv de su vida: “en el futuro la humanidad no tiene sino dos op-
ciones: educación o catástrofe”.
Entendió que esto era cierto desde varios puntos de vista. El
más elemental, en cuanto a que la vida en comunidad, la vida
‘civilizada’, requiere que los ciudadanos acepten unas reglas de
comportamiento que les permitan convivir sin estar en permanente
conflicto unos con otros; es lo que Mockus aquí promueve con el
nombre de cultura ciudadana.
Otro, el más importante, es que el mayor factor de igualdad y de
movilidad lo constituye el nivel educativo (la parte académica), ya
que permite nivelar o compensar diferencias que se producen en lo
que respecta a clases sociales o económicas, e impide que el orden
natural lleve a posiciones tan distantes o antagónicas que vuelvan
inviable la convivencia entre ellas; es el aspecto instrumento para
acabar la injusticia social que ve Serpa.
Y un tercer aspecto es el de la importancia como instrumento
político para desarrollar el modelo que hoy defendemos: más que la
distribución directa de la riqueza o del ingreso, lo más democrático
es la forma en que la educación brinda la igualdad de oportunidades
para competir por ellos; es por eso que Carlos Gaviria la considera
el camino fundamental para construir democracia. La verdad es
que impresiona lo consistente de su discurso con su posición en la
vida (es decir, la donación, su participación solo como un miembro
más en la fundación que él creó, y la orientación que naturalmente
con su colaboración ésta ha mantenido…): un gran ejemplo de un
buen uso de una gran fortuna.
El tercer discurso lo pronunció quien fuera escogido como
el mejor profesor por los estudiantes. Era al mismo tiempo una
despedida porque se iba a la Universidad de Melbourne donde

147
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

consideraba interesante divulgar su forma de pensar. Era profesor


de religiones y filosofía, y ya había recibido casi recién ingresado
la distinción de mejor miembro del profesorado.
Su discurso en la ceremonia y aparentemente en la vida consiste
en hacer caer en cuenta lo enriquecedor que es el debate y el diálogo;
propone la tolerancia como algo más que el respeto por las otras perso-
nas y con las otras ideas, y la ve como el punto de partida para adquirir
mayores conocimientos –o en realidad, para ser más preciso, lo dice por
la contraria, señalando que la intolerancia es el obstáculo para ello-.
Destacó el sistema de enseñanza que allí se imparte bajo la
forma casi exclusiva de seminarios y solo excepcionalmente cá-
tedras magistrales, haciendo énfasis en dos puntos: uno, que eso
es una forma de entender y vivir la democracia, donde la opinión
de cada participante vale igual que la de otro y necesariamente se
entiende que diferentes razones llevan a diferentes puntos de vista
y que no existe quien tenga la razón absoluta, ni en consecuencia
quien deba tener un control absoluto sobre los demás; y el otro,
que casi siempre se enriquece el conocimiento de cada uno con los
aportes y los enfoques que los otros dan, es decir, que debatir no
es una forma de enfrentamiento sino de enriquecimiento tanto del
temperamento como del conocimiento de los estudiantes.

El ‘Commander in Chief’ en su laberinto 19/09/2006


Pocas personas le podrían competir al Presidente Bush por el
puesto de ‘personaje del principio del siglo’. Que ha marcado un
periodo de la historia no hay duda, en su país y probablemente
aún más en el mundo… Lo que no es tan claro es si, al hacer un
balance, ese protagonismo y esa participación se ven como posi-
tivos o negativos.
Es en su propio país donde menos claridad parece haber al res-
pecto. Si se guía uno por las encuestas, a pesar de haber ganado
la reelección es en este momento el Presidente con más bajo res-
paldo u opinión favorable de la historia de los Estados Unidos; ni
siquiera Nixon en el momento de su dimisión tuvo tan mala imagen.
Probablemente la explicación es que en ambos casos lo que irritó

148
Juan Manuel López Caballero

al electorado o al ciudadano americano es el haber sentido que su


‘primer servidor’ los engañó, pero entonces no hubo los costos
en recursos económicos, en vidas humanas, o en desprestigio
internacional, que han producido las falsedades que llevaron a la
guerra de Irak.
Al mismo tiempo se ve una clara partición en la que su respaldo
está en quienes componen lo que se llama ‘la América profunda’,
es decir los habitantes más aislados del mundo exterior, centrados
tanto geográficamente como mentalmente en el mundo inmediato
que los rodea; para quienes aquel que en materia religiosa o ética
o política piensa diferente encarna una especie de representación
del mal; y quienes tienen la visión de que su país y sus valores por
ser superiores tienen una misión mesiánica de imponerse en el
mundo, etc. En contraste los Estados que se pueden considerar más
‘cosmopolitas’, los que por estar en las costas tienen más contacto
con el mundo, han sido siempre escépticos, por no decir contrarios
a la visión Bushiana.
Esta división es aún más marcada a nivel de los ideólogos y los
analistas donde se polarizan las interpretaciones sobre la bondad o
la conveniencia del modelo y la teoría política que se estaría apli-
cando y que lleva a disminuir las libertades ciudadanas y aumentar
los poderes discrecionales del mandatario.
El planteamiento es que la existencia de un terrorismo que
amenaza a la Nación produce un Estado de Emergencia de hecho,
creando las condiciones equivalentes a las de una situación de
guerra, donde la condición de ‘Commander in Chief’ da ilímites
atribuciones.
En principio el presidente de los Estados Unidos es solo una
entre las diferentes autoridades que gobiernan al ciudadano ame-
ricano –y ni siquiera la más poderosa o directa, porque tienen más
incidencia en su vida diaria las instituciones de cada Estado, sus
gobernantes y autoridades locales, y aún a nivel Federal ésta es
compartida y controlada por el Congreso y la Corte Suprema-; pero,
según la teoría que se aplica (siguiendo al teórico del Nazismo Carl
Schmitt), esa órbita de poder que constitucionalmente se encuentra

149
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

bien delimitada, se amplía porque la legitimidad y la soberanía


en situaciones de crisis no reside en ‘el pueblo’, ‘la Nación’ o ‘la
ciudadanía’ -ni menos depende de reglas consensuales o constitu-
ciones-, sino en quien tiene la capacidad de tomar las decisiones,
quien por consiguiente no tiene que someterlas a criterio diferente
de que él mismo las considere oportunas o necesarias (ejemplos:
las ‘guerras preventivas’; las torturas presentadas como un ‘mal
menor’; o los ‘detenidos’ como ‘enemigos terroristas’, aislados de
cualquier jurisdicción mientras así lo decida el soberano ‘Com-
mander in Chief’’).
Lo paradójico es que esta misma ampliación del poder, por
haberse basado en argumentos relacionados con el campo interna-
cional y el campo de las guerras, sí permite evaluar en esos campos
los resultados y así dar una calificación.
Aunque casi nadie recuerda, su primera guerra fue supuesta-
mente en defensa de la ‘Democracia’ y de los ‘Derechos Humanos’
para ‘liberar’ a Aghanistán de manos de los Talibanes, quienes
supuestamente hospedaban a Bin Laden; hoy, algo olvidado entre
las otras convulsiones que los mismos Estados Unidos han causa-
do en el mundo, Afganistán está peor que entonces; y la autoridad
grande o pequeña que tenía el poder americano en el seno de la
ONU desapareció, o por lo menos se deslegitimó, al actuar por
fuera y en la práctica en contra de sus reglamentos.
A su turno los atentados a las Torres Gemelas le sirvieron de
pretexto para atacar a Irak buscando el control sobre el país y sobre
su petróleo; el resultado fue que terminó el pueblo americano en-
frascado en una guerra posiblemente comparable a la del Vietnam,
y, en cuanto al petróleo, quedaron en una situación de fragilidad y
vulnerabilidad frente a los otros países productores, agregado eso a
un sobre costo económico que debilitó el dólar ante todas las otras
monedas del mundo.
Su declaratoria de Corea del Norte como parte del ‘Eje del Mal’
llevó a que este país, que era apenas un último residuo de un modelo
comunista ya abandonado por el mundo, y el más pobre y aislado
del Sureste Asiático, se convirtiera en protagonista mundial y dolor

150
Juan Manuel López Caballero

de cabeza internacional, más por la actitud del gobierno americano


que por su propia voluntad.
Ni se diga el caso de Irán, otro miembro del ‘Eje del Mal’, el
cual gracias a la desaparición de Irak como contrapeso se convir-
tió en la superpotencia de la región, con sus ingresos de petróleo
multiplicados por cinco, y con el incontestable liderazgo religioso
de su variante del Islamismo.
Y dentro de la misma Zona el apoyo a Israel en su confrontación
con la población palestina, y, el intento de debilitar a Irán apoyando
a Israel para que atacara al Líbano e intentara acabar con Hezbolá,
produjo el efecto contrario, al mostrar la no invencibilidad de los
ejércitos judíos, al generar más oposición y animosidad contra los
Estados Unidos entre la población musulmana, y consolidar más
respaldo y eventualmente más fuerza alrededor de Hamas y Hezbolá
y las fuerzas más intransigentes antiisraelís.
Porque si su política en relación a los enemigos no fue exito-
sa, tampoco le fue bien a quien optaron por ser sus aliados. Tal
el caso de Aznar en España, algo más discreto pero similar el de
Berlusconi en Italia, y ahora aún más claro el de Blair en Gran
Bretaña: la adhesión a las propuestas y acciones de Bush les costo
el puesto y revirtió la tendencia del péndulo en los países que se
comprometieron con ella.
Igual en nuestra región, la cual nunca se había distanciado tanto
del ‘coloso del norte’, pero ante las actitudes y propuestas de la
‘ideología’ Bush y sus orientaciones neoliberales y fundamentalis-
tas, optó por alejarse de ellas; y si alguien se benefició de los efectos
de la política externa americana fue el Presidente Chaávez quien
se volvió el multimillonario del planeta y quien simultáneamente,
por los intentos de Bush de someterlo y después de tumbarlo, se
convirtió en su contrafigura al punto que pudiera ser él quien le
competiría por el puesto de personaje del primer lustro de XXI.
Como será que a pesar del fracaso ya reconocido del plan Patriota
como política antidrogas, de la probable dificultad para que un Con-
greso de mayoría Demócrata apruebe el TLC, y de la confrontación
alrededor del tema de la extradición de Paras y Narcos, el mayor

151
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

puntal de la política exterior americana en nuestro continente hoy


en día es ‘ya sabemos quién’…

Una chispa de esperanza 25/07/2007


Existen temas que los gobernantes sienten como puntos de
honor porque en lo político les representa el fracaso de alguno de
sus proyectos bandera.
Infortunadamente, esto hace que las rectificaciones que acepten
hacer se queden a medio camino.
Acaba de sacar el Presidente Americano una resolución presi-
dencial por medio de la cual se prohíbe la tortura en los términos
que está reconocida en el Derecho Internacional. Varias connota-
ciones tiene esto:
La primera, la confirmación algo más que tácita de que, según
la calificación que se adjudicara al enemigo o según el nombre que
se pusiera al tratamiento que se les daba, a través de las directrices
anteriores se había legitimado la idea de que era admisible algo
equivalente a la tortura suave. O sea, que mediante ciertos juegos
de palabras o un ‘hábil’ manejo semántico se desconocía la realidad
y se permitía violar esas normas.
La segunda y más importante, el reconocimiento de que esto
no debería suceder y que les tocó corregirlo. Las denuncias en los
medios, a través de blogs, y en los estrados judiciales, sacaron a
la luz tanto la realidad de los hechos como la forma en que estos
contradecían los Derechos Humanos de los cuales la población
americana siempre se creído la gran defensora.
Falta la tercera, aunque abre un rayo de esperanza, y es respecto a
corregir males y daños más profundos. Concretamente es el primer
paso atrás en relación a la guerra de Irak, pero sobretodo marca un hito
en la tendencia del Presidente Bush a acudir al ‘privilegio presidencial’
que existe en Estados Unidos, según el cual el Primer Mandatario puede
negarse a rendir cuentas por sus decisiones. El abuso de éste, unido a
su derecho de veto sobre las leyes emanadas del Congreso, además de
mantener la barbarie en la guerra de Irak ha llevado a una especie de

152
Juan Manuel López Caballero

‘dictadura legal’; es lo que hoy comienza a debatirse, cuando por un


lado Bush a usado esta figura más que todos sus antecesores reunidos,
y por otro lado algunos Congresistas ya han sugerido y buscado firmas
para iniciar un proceso de ‘impeachment’.
No muy diferente es la situación nuestra, en cuanto a rectifica-
ciones cuando el Dr. Uribe decide dar preferencia a la erradicación
manual sobre la aspersión con glifosato:
También implica la confirmación de que los argumentos retóricos
y las presentaciones habilidosas no cambian la realidad de una falta
de resultados y un fracaso en la estrategia seguida.
También conlleva el reconocimiento de que las denuncias sobre los
daños ambientales, a las personas y a los cultivos, tenían fundamento,
y que las malas relaciones con el Ecuador no nacen de la orientación
de su gobierno sino de un problema real mal manejado.
Y por último, aunque fue en buena parte por el nuevo enfoque
que le dieron los congresistas demócratas americanos que se pro-
dujo el cambio de política en nuestro país, y aunque al respecto
están divididas las opiniones en Estados Unidos, se abre igualmente
una luz de esperanza en cuanto a la fuente de los problemas o los
problemas mayores: puede ser el principio aquí y allá de una re-
consideración respecto a la política general en relación a las drogas
y el narcotráfico (porque son dos cosas distintas) y entre nosotros
respecto a la infortunada asociación de Uribe-Bush con la conse-
cuente dependencia de Colombia ante los Estados Unidos.

Del Oriente Medio a la III Guerra Mundial 26/07/2006


Oí mencionar que algunos exégetas de los libros proféticos
consideran que se acerca el fin del mundo porque la confrontación
en el Líbano iniciaría la Tercera Guerra Mundial, anunciada como
la que acabaría con la humanidad.
No es necesario ser tan tremendistas para preocuparse por la
gravedad de lo que allá acontece.
Por supuesto que la reacción primera es el rechazo al desborde
de la violencia por parte de Israel. Pero la situación sería mucho

153
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

menos grave si la única causa (o por lo menos la principal) fuera


la voluntad Israelí de retaliar tan violentamente cualquier agresión
que se disuadiera a sus enemigos de atacarlo o aún de hostigarlo.
La realidad es que detrás hay mucho más y de más peso:
Como filosofía la teoría de las guerras preventivas y el ‘todo
vale en la lucha contra el terrorismo’ ha hecho carrera y hasta cierto
punto se ha vendido su legitimidad a buena parte del mundo. Por
supuesto su promotor, el Presidente Bush y su Gobierno, lejos de
encontrar razones para objetar esos argumentos los respaldan.
En cuanto a intereses, el medio oriente es el petróleo del mundo
y cualquier movimiento allá tiene repercusiones en cómo se ma-
neja. Es evidente que dentro de la estrategia americana su espina
actual –una vez destruido Irak y asumido su control- es Irán. Tal
vez es exagerado afirmar que bajo la dirección americana y preme-
ditadamente se preparó este ataque como parte de una estrategia
mayor para posteriores acciones contra Irán; pero sí es indudable
que, dentro de los considerandos sobre sus proyecciones, y en la
medida que Estados Unidos alguna ingerencia debió tener (aunque
no sea sino para que supieran que no lo impediría), esto tuvo que
ser tenido en cuenta.
Otro posible factor es que Israel parece haber hecho un cálculo
según el cual, por el desprestigio del Islamismo y la imagen de
‘enemigo de las democracias’, su actuación tendría aceptación
(o incluso respaldo) dentro del ‘mundo libre’. Se puede decir que
sienten que cuentan no solo con el apoyo directo americano sino
también con la maquinaria de desinformación que permitió que el
mundo se tragara la guerra de Irak.
Israel como Estado confesional tiene un enfrentamiento que va
más allá de lo territorial con sus vecinos; la polarización religiosa
que en el caso de ellos tiene realidades difíciles de manejar (por
ejemplo la soberanía sobre Jerusalén), se está vendiendo como con-
flicto de religiones convirtiendo al Corán en enemigo de Occidente.
Esto coincide con el fundamentalismo religioso y supuestamente
político de Bush y su Gobierno, hoy padrinos de Israel, presen-
tándolo como un conflicto entre ‘demócratas’ (con las bondades

154
Juan Manuel López Caballero

cristianas) y ‘pueblos fanáticos’ (con las aberraciones políticas mu-


sulmanas) con lo cual toma en algo el carácter de guerra de religión,
que como es bien sabido lo vuelve prácticamente insoluble.
Lo que los analistas destacan es que es probable una reacción
contra lo que está sucediendo, con una posible unión de los países
árabes en una guerra santa, y el resto de la comunidad internacional
cuestionando y distanciándose del liderazgo americano. Más que
una Tercera Guerra un caos mundial…
En resumen el problema más que los conflictos regionales es
el espíritu y el poder que le da aliento a esa guerra: ese tiene el
nombre de Bush y se supone que debemos estar orgullosos de ser
su mejor aliado en este continente…

El discurso de Obama 22/01/2009


Centenares de artículos se han escrito sobre el contenido, la for-
ma, el significado de las palabras del hoy Presidente Barak Obama
en su discurso de posesión.
Vale destacar que el tono corresponde a los momentos heroicos
del país, pero, como nadie las puede decir mejor que él mismo
Obama, más que comentarlas o parafrasearlas se deben tomar
directamente de sus palabras.
Probablemente algunas de ellas pasarán a la historia como la
frase de Kennedy de ‘no preguntes qué puede hacer tu país por ti
sino qué puedes hacer tú por tu país’, o la de Churchill ‘no tengo
nada más que ofrecer sino sangre, sudor y lágrimas’.
Y como su inspiración fue la igualmente recordada de Martin
Luther King de ‘yo tuve un sueño…’, yo también tuve un sueño:
el sueño de que estas frases se pronunciaban en nuestro país en vez
del uso del slogan de ‘seguridad democrática’.
“Construiremos carreteras y puentes, las redes eléctricas y las
líneas digitales que alimentan nuestro comercio y nos mantienen
unidos. Pondremos a la ciencia en el lugar donde se merece y
aprovecharemos las maravillas de la tecnología para aumentar la
calidad de la sanidad y reducir su costo. Utilizaremos el sol, el
viento y la tierra para alimentar a nuestros automóviles y hacer
155
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

funcionar nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas


y universidades para hacer frente a las necesidades de una nueva
era.”
“… hemos escogido la esperanza sobre el miedo, la unidad de
propósitos sobre el enfrentamiento y la discordia”
“… hemos venido a proclamar el fin de … los dogmas caducos
que durante demasiado tiempo han entrabado nuestra política”
“… (nuestro Nación) se ha mantenido no sólo por la pericia o
visión de los altos cargos, sino porque nosotros, el pueblo, hemos
permanecido fieles a los ideales de nuestros antecesores y a nuestros
documentos fundacionales”
“Nuestra economía está gravemente debilitada, como conse-
cuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero tam-
bién por el fracaso colectivo a la hora de elegir opciones …”
“ Y a los que manejamos el dinero público se nos pedirán cuentas
para gastar con sabiduría, cambiar los malos hábitos y hacer nuestro
trabajo a la luz del día, porque sólo entonces podremos restablecer
la confianza vital entre un pueblo y su gobierno.”
“ …esta crisis nos ha recordado a todos que sin vigilancia, el
mercado puede descontrolarse y que una nación no puede prosperar
durante mucho tiempo si favorece sólo a los ricos.”
“… rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad
y nuestros ideales.”
“…una Carta para garantizar el imperio de la ley y los derechos
humanos, una Carta que se ha expandido con la sangre de genera-
ciones. Esos ideales aún alumbran el mundo y no renunciaremos
a ellos por conveniencia.”
“… nuestro poder solo no puede protegernos ni nos da derecho
a hacer lo que nos place. (…) nuestro poder crece a través de su
uso prudente, de que la seguridad emana de la justicia de nuestra
causa, la fuerza de nuestro ejemplo y las cualidades de la templanza,
la humildad y la contención.”
“A aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el
engaño y la represión de la disidencia, tenéis que saber que estáis
en el lado equivocado de la Historia. Porque el mundo ha cambiado,
y nosotros tenemos que cambiar con él.”
156
Capítulo VIII
El Presidente Chávez y Venezuela

Uribe y Chávez 08/02/2006


En nuestras apreciaciones sobre Chávez deberíamos diferenciar
dos dimensiones: una, la de nuestra relación con Venezuela; y otra,
la de su liderazgo latinoamericano y su propuesta de ‘Revolución
Bolivariana’.
La primera debería tratarse en función de los diferentes vín-
culos que la conforman –el vecindario, los lazos comerciales, las
afinidades culturales, la historia, etc.-, como se hace con otros in-
terlocutores de primera línea como los Estados Unidos, o España,
o Europa en conjunto.
Y respecto a la segunda, deberíamos profundizar algo más allá de
la presunción y afirmación simple de que su propuesta política es tan
sólo un pretexto para imponer su dictadura. En el caso del Presiden-
te Venezolano, el asumir que sus programas de Revolución Boliva-
riana son solo ‘cuentos’ para justificar sus abusos es tan inútil como
atribuir al Dr. Uribe y a su programa de Seguridad Democrática
las mismas características: lo pertinente es estudiar lo que plantean
como proyecto y no especular sobre supuestas u ocultas intenciones,
o limitarnos a señalar lo cuestionable de los métodos que utilizan.
Infortunadamente es la persona y la personalidad de Chávez
la que suscita interés y la que es motivo de controversia, por
eso las opiniones sobre él se presentan con tanta vehemencia
como las dirigidas a calificar a nuestro mandatario. Se pue-
de aprovechar esto para entender mejor nuestra situación.

157
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Los seguidores del uno son opositores del otro, pero ambos bandos
descalifican los métodos que utiliza el mandatario a quien cues-
tionan, sin objetar que aquel a quien admiran utilice los mismos
(autoritarismo, reducción de los otros poderes, abuso de los me-
dios y del poder del Estado, etc…). Lo que hay en últimas es una
aceptación de tales procederes, condicionándola a si se aprueban
o no los propósitos.
A ambos hay que reconocerles que los regímenes que buscan
no los están imponiendo por la vía de los golpes militares, y que
como mandatarios parecen contar con el respaldo suficiente para
desarrollar el modelo político en el que cada cual cree, indepen-
dientemente de lo democráticos o no que estos sean.
Así las cosas, son estos los que debemos comparar.
Si excluimos la opinión sobre la persona misma, como no hay
razón para darle a uno credibilidad y al otro no, nos toca acu-
dir a sus declaraciones: las del uno se enfocan a ‘acabar con
la desigualdad’, ‘acabar con la pobreza’, ‘acabar con la injus-
ticia social’, mientras que las del otro se centran en ‘acabar
esos bandidos’ ‘matar la culebra’; y mientras las acusaciones
contra las acciones gubernamentales de allá consisten en que
se orientan a desposeer a los ricos para ‘comprar los votos’
de los pobres, las críticas aquí son porque se muestra indife-
rencia ante los desfavorecidos y afinidad y complacencia con
los poderosos (principalmente los poderosos paramilitares).
En alguna forma se les acusa de representar el peligro del modelo
guerrilla y del modelo paramilitar; pero sin llegar a tales extre-
mos, pensando a futuro, haríamos bien en tener claro que uno se
identifica con la tendencia que se está expresando e imponiendo
en las naciones que comparten nuestro situación, y el otro con la
propuesta del ‘imperialismo antiterrorista’ de Bush, la que está
siendo rechazada prácticamente por todos los países del mundo
(incluidos los EE.UU.).

158
Juan Manuel López Caballero

El comercio o la guerra 23/04/2008


Hemos estado abrumados los últimos días (o semanas o meses)
con las noticias de los distanciamientos con Ecuador y Venezuela y los
avatares del Tratado de Libre Comercio (TLC).
Leí una interpretación, interesante por lo provocativa y por no
ser totalmente imposible, según la cual el bombardeo a Raúl Reyes
–que sin lugar a dudas fue con algo más que la connivencia del Go-
bierno Bush- pudo tener el propósito de crear un conflicto (como en
efecto lo hizo), con la expectativa de que los demócratas se vieran
forzados a considerar que el negar el TLC con Colombia implicaba
dejar abandonado al aliado en el momento en que se enfrentaba con
quienes han sido enemigos declarados de los Estados Unidos.
Como se sabe eso no sucedió, y la interpretación que dan en
Venezuela es que Chávez ‘les salió general’, y en vez de cazar la
pelea (o retirándose a tiempo) les respondió con la misma moneda,
apoyando al Ecuador para que cumpla ante Colombia el mismo pa-
pel que los Estados Unidos nos hace desempeñar ante Venezuela.
El hecho es que en esta guerra fría, los efectos y las armas que
se verán serán sobre todo comerciales.
Aparece aquí de bulto la torpeza o la mala política de nuestro
gobierno en ese sentido, al haber pretendido lograr un TLC que en
nada beneficiaba al país, excepto en acercarnos más a un Gobierno
que hoy repudia el resto del mundo (y su propia población), y que
tuvo como costo el renunciar a la oportunidad que significaba un
vecino infinitamente rico que dentro de su proceso revolucionario
incluye el aumentar vertiginosamente sus importaciones.
En efecto, bajo la propuesta contraria a la de ‘el desarrollo
económico tiene costos sociales que toca asumir’ que ha regido
al neoliberalismo, el gobierno de Venezuela ha aceptado que su
producción disminuirá por la huida de los empresarios, pero se
ha guiado por el objetivo de ‘el carácter social de la revolución
Bolivariana tiene costos económicos que vamos a asumir’, y, so-
bre la base de que tienen suficientes recursos en las reservas y las
exportaciones de petróleo, están decididos no solo a abastecer de
comida, salud, educación y servicios públicos a toda la población,

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Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

sino a sustituir por bienes importados lo que disminuya la produc-


ción interna.
Difícil mejor coyuntura para aumentar y diversificar nuestras
exportaciones y nuestros compradores.
Sin embargo, por ‘hacerle el mandado a otros’, nos declaramos
enemigos de esa revolución, y, en vez de entenderla y eventual-
mente aprovecharla, el gobierno y sus áulicos se dedicaron a des-
prestigiarla, en parte con desinformación, y en parte presentando
como fracasos los cambios que justamente ese proyecto busca.
En los últimos 5 años ha sido el país con mayor aumento de
entradas pero además el de mayor crecimiento del mundo; nues-
tras exportaciones hacia allá habían aumentado más de 50%, pero
el manejo de la relación con el Presidente Chávez por parte del
Presidente Uribe llevó a que la consigna sea sustituir por importa-
ciones de otros países todo lo que se está comprando a Colombia.
Así mientras sus compras externas siguen creciendo en forma
geométrica, nuestra producción de carros disminuyó en un 30% o
nuestra participación en su balanza comercial bajo del 16% al 7%...
pero para los defensores del Gobierno hacemos bien con seguir la
actual política porque ese señor osó enfrentar a nuestro gobernante
(sea este Bush o su intermediario Uribe).

No más ‘éxitos’ del Presidente Uribe 30/01/2008


Muestran las encuestas que buena parte de la población colom-
biana ve como posible, o aún como probable, o lo que es peor,
como deseable, una guerra contra Chávez.
¿Cómo hemos llegado ahí?
Ante todo porque el manejo de la información ha despertado un
‘patrioterismo’ que muchos confunden con patriotismo.
Pero si el caso fuera como lo presentan, cuando uno está ante
un loco nada saca con repetir que es loco, y menos con proclamar
que no debería actuar como loco; lo sensato es pensar como se lidia
con él. O ante una fiera peligrosa lo menos conducente es enojarse
porque sea peligrosa, o quejarse porque no actúa mansamente y
tratarla como a uno le gustaría tratar a su mascota, o sea con rega-
160
Juan Manuel López Caballero

ños hasta que obedezca. En todo caso lo de Chávez merece otro


análisis:
Un mal comienzo fue haber nombrado Ministro de Defensa a
quien para figurar y promoverse había tomado como bandera el
insultar y ofender a ese mandatario.
Nos molestamos porque ahora se ha entrometido en asuntos in-
ternos de Colombia… pero fue Uribe quien lo invitó. Lo tildamos
de provocador y de maltratar la dignidad de nuestro presidente…
pero como dicen los niños ‘él (Uribe) fue el que empezó’, el que lo
despidió como a una mucama, sin siquiera dirigirse personalmente
a él, y bajo la forma de una acusación en su contra.
En un natural enervamiento, Chávez decidió completar lo que
ya tenía adelantado, y responder al mandatario nuestro mostrando
lo indebido e inconveniente no solo de tratarlo de esa manera sino
de marginarlo de un proceso clave para él pero también para Co-
lombia y en especial para los retenidos por las FARC. Sin embargo
el Gobierno ‘logró el éxito’ de impedir que fuera Chávez quien
mostrara las pruebas de supervivencia, al detener a los mensajeros
y capturar lo que iban a entregar.
Chávez, como es natural también, no se queda callado y quieto,
y reacciona demostrando que él sí puede producir más resultados
–con la liberación de algunos retenidos- y que puede movilizar la
opinión internacional.
Uribe ‘se apunta otro éxito’ haciéndolo quedar también como
dicen los niños ‘como un zapato’, con la historia de Emmanuel, y
frustrando el show ya montado.
Chávez culmina la entrega de Clara Rojas y Consuelo González
pero por supuesto espera un reconocimiento y propone una recipro-
cidad; la respuesta no es reflexiva, ni cordial, ni al menos diplomá-
tica, sino va más allá de los desaires y manifestando indignación
busca promover el repudio mundial al mandatario vecino.
Así otro ‘éxito’ uribista es el que las cabezas antidrogas, mi-
litares y políticas americanas vengan a proclamar desde aquí sus
cuestionamientos a la política venezolana, lo que seguramente
Chávez no aprecia tanto.

161
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Y un ‘éxito’ más es el ‘no al terrorismo’ y el ‘no al secuestro’ que


el Furibismo traduce como respaldo a la política de Uribe (como
si hubiera sido posible que alguno proclamara sí al secuestro o al
terrorismo, y como si el mensaje no hubiera sido el de apoyo al
acuerdo humanitario), y sale la orden del cerco a la guerrilla en los
sitios donde tiene a los cautivos.
Sobra decir que la marcha del 4 de Febrero (de la cual algo
significa que Mancuso sea parte de los citantes) será presentada
–y lo que es peor, asumida- como otro ‘éxito de Uribe’. Pero igual
que las victorias pírricas llevan a perder la guerra, otro ‘éxito’ de
Uribe quién sabe a dónde nos puede llevar.

El conflicto Uribe-Chávez 29/11/2007


Se dice que nunca había sucedido un hecho tan grave entre los
dos países, pero resulta que solo existen declaraciones agresivas
sin ningún hecho que las justifique. No es comparable una llama-
da telefónica con lo que significa la eventual ocupación de aguas
marítimas extranjeras por barcos de guerra no autorizados (Corbeta
Caldas), o una operación ilegal y clandestina autorizada por un Jefe
de Estado en territorio de una nación vecina (caso Granda).
Lo que se presenta es una confrontación entre dos egos que
disponen de un poder tal sobre sus propios países que les permite
involucrarlos en una escalada de ofensas personales que no tienen
nada que ver con la relación entre los pueblos ni con el tema que
supuestamente la desencadenó.
Pero no debemos equivocarnos al establecer responsabilidades:
Chávez pudo pecar por la forma tanto del manejo de la mediación
como en la reacción ante el trato dado por Uribe; pero quien creó el
lío y le dio la dimensión a la cual llegó ha sido nuestro presidente.
Los ‘equívocos’ que plantea el Dr. Restrepo (que se suponía
que iban a ser gestiones discretas, que se sorprendieron de no ser
informados que Yvan Márquez estaba en Caracas, etc.) no son
tales; la pregunta sería más bien si fueron presentados así delibe-
radamente para llegar a este resultado. No es verosímil que Uribe
se sorprenda con la forma de buscar protagonismo de Chávez, o
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Juan Manuel López Caballero

de su relación con las FARC, o con el manejo dado por ellas a la


oportunidad que se les brindaba.
Más verosímil es que el nombramiento, el tono de las reacciones
a cada paso que se daba (porque pedían salvoconductos, por la
reunión con Márquez, porque se vinculaban demasiados actores,
etc.), y la suspensión con un pretexto tan fútil, responden todos a
algo premeditado.
Esto manejado en forma sutil podría permitir trasladar tempo-
ralmente en cabeza de Chávez las presiones y expectativas sobre
el tema humanitario, y llevar después a la conclusión de que por
ningún camino era posible un acuerdo.
Pero nadie puede suponer que no se produciría una respuesta
cuando a quien se ha invitado a ser mediador se le califica en co-
municados de prensa como ‘idiota útil’, y después como desleal y
mentiroso (al decir que reveló conversaciones reservadas y alteró
su contenido), y después se le da tratamiento de empleada de ser-
vicio con preaviso y aviso de despido sin ninguna comunicación
directa. No es un tratamiento aceptable para ningún individuo, aún
menos para un Jefe de Estado, y no se diga para alguien con las
tendencias megalómanas de Chávez.
Visto así, y ante el resultado de que Chávez ofende a Uribe
pero éste hace acusaciones políticas que nada tienen que ver con
la mediación pero sí coinciden con las que le atribuye Bush (amigo
de los terroristas, con pretensiones expansionistas, financiador de
movimientos desestabilizadores, incendiario del continente), no
parece tan desplazada ni la reacción ni la acusación de Chávez.
Claro que también se puede creer que Uribe sí esperaba realmente
el acuerdo humanitario; que creía que con Chávez lo lograba; que le
sorprendió su trato con las FARC; que temió que Piedad con Simón
Trinidad planeaban un ‘gobierno de transición’, que consideró un aten-
tado contra la soberanía la llamada a Montoya; y que etc… etc…
O que, como ahora algunos lo presentan, Chávez manipuló todo
(desde su propio nombramiento hasta su despido) para poder apelar
al ‘enemigo externo’ para ganar el referendo.
Hay versiones de donde escoger….

163
Parte IV
COYUNTURA ECONÓMICA
Presentación
1.- El analfabetismo funcional del siglo XXI consiste en que
nunca como antes ha habido tanta información trimestral de co-
yuntura, pero nunca tan escasa capacidad de sopesar su veracidad
y reflexionarla en función de la tendencia del desarrollo económico
en el largo plazo.
Tras la crisis del 99, se ha operado una lenta recuperación hasta
lograr crecimientos del PIB en torno al 7%. Pero se trata de un
crecimiento no sostenible puesto que lo que operan son fuerzas
motrices exógenas. El escaso crecimiento de las exportaciones,
si se excluyen las minerales que no reintegran divisas, no pueden
sostener el ritmo de las importaciones. Pero no se incurre en un
crítico endeudamiento externo porque las transferencias de los
colombianos en el exterior se crecen de manera importante. El
diferencial de la tasa de interés interna versus la externa da además
lugar a flujos de capitales, tanto “repatriados” como especulativos,
que completan el faltante.
Las exportaciones manufacturadas no desfallecen ante la revalua-
ción del peso porque aparecen Venezuela y Ecuador con una nueva
capacidad importadora debido a los altos precios del petróleo. No se
expande pues la industria por aumento del consumo interno sino por
esa sorpresiva demanda externa.
El transporte y el comercio arrojan crecimientos importantes
puesto que el tráfico a la importación se ha crecido, aunque es un
sector que denuncia el exceso de automotores de modo que las
tarifas de carga se bajan a nivel de producir pérdidas. El efecto,
las matrículas de automotores se ha multiplicado por diez, en los
últimos cinco años.

167
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

La agricultura sigue marcando bajos crecimientos, bajo la pre-


sión de la apertura económica y el bajo incremento del consumo
interno. A pesar de que los precios mejoran estacionalmente, los
precios de los insumos crecen de manera fuerte y desordenada.
Servicios de defensa nacional sí crecen triplicando su presupues-
to, aunque los resultados son puestos en cuestión por el Congreso
de los Estados Unidos. Merman la ayuda.
Las relaciones exteriores andan ya en baja sintonía con los
Estados Unidos. La balanza comercial vuelve a ser deficitaria y
su equilibrio pende de la coyuntura de los países vecinos y de las
transferencias de colombianos en el exterior. Con la crisis mundial,
los pronósticos son menos optimistas.
Las reformas tributarias no apuntan en una dirección clara. Sus
objetivos son indeterminados; se declara que se trata simplemente
de una “simplificación”; aunque el estatuto tributario resulta con
150 artículos adicionales. Al final, se recortan las transferencias
a las regiones, se reduce el abanico del IVA, pero aumentando el
número de productos esenciales de la canasta familiar. Aplauso de
la Andi por la reducción de impuestos para los dividendos de los
extranjeros, así como para las remesas al exterior. Como si esos
impuestos no se los descontaran en sus países de origen. Vuelve
el impuesto de guerra. ¿Efecto neutral, como se anunciaba?
Es tiempo, como se ha señalado en el seminario, con expertos
internacionales, sobre “Archivo, memoria y derecho a la verdad”, de
exigir más veracidad en la información estadística. Diversos debates
terminan por señalar que hay muchas “metodologías hechizas”,
en que los desempleados se vuelven subempleados, los secuestros
solo se registran si son judicializados, se miente y se desmiente
sobre los resultados de las encuestas de ingresos y gastos… que a
la postre, desaparecen de las páginas Web.

Bernardo García

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Capítulo IX
¿Cómo va el gobierno?
06/08/2007
Los resultados del crecimiento de la economía de los dos últimos
años hacen ‘sacar pecho’ a los funcionarios del Gobierno que lo
asumen como la consolidación de la gestión del primer cuatrienio
y las bondades de la reelección,
Sin embargo según otro análisis al país le sucedió lo que a cual-
quier individuo o familia que recibe sorpresivamente un ingreso
no presupuestado o una valorización de sus bienes, y, sin que se
deba a su gestión ni se haya consolidado una nueva estructura de
ingresos para el futuro, entra en un estado de euforia y percepción
distorsionada de la realidad al asumir que gracias a sus méritos
logró un estado de bonanza económica.
Nuestro crecimiento parece atribuible principalmente al hecho
de que los emigrantes hayan casi doblado sus envíos (alcanzarán
4.000 millones de dólares este año), que al triplicarse el precio del
petróleo y del carbón se haya doblado lo que por ellos entra (ya que
la producción ha disminuido), que la venta de empresas nacionales
haya multiplicado lo que llaman ‘inversión directa extranjera’, o
que en cuanto al narcotráfico no vengan ya solo los recursos de la
operación clandestina sino también los capitales que antes mante-
nían en el extranjero.
Esto explica y de ahí vienen la revaluación, el aumento del
consumo, la acumulación de divisas, y obviamente un impulso y
estímulo general a la economía.
Vale la pena ver la forma en que se aprovechó en los diferentes
despachos esa ‘bonanza’, señalando de un lado los recursos recibi-

169
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

dos, de otro las expectativas que los acompañaban y relacionándolos


con los resultados obtenidos.
Defensa: Triplicó sus ingresos y aumentó al doble su peso dentro
del presupuesto general; sus prioridades fueron el ‘Plan Patriota’
contra las FARC y el ‘Plan Colombia’ contra el narcotráfico; no se
ha logrado la captura o baja de ningún comandante de frente, ni de
bloque, ni menos de algún miembro del Secretariado y la política
de rescates militares no ha producido sino muertos; respecto a lo
segundo se mantiene la misma cantidad de hectáreas sembradas,
pero el precio ha bajado (lo cual implica mayor oferta). El Congreso
Americano reconoce el fracaso de ambos y deciden retirar parcial-
mente el apoyo económico. Todos los escándalos de reclutamiento
dentro de las mismas fuerzas armadas para las filas paramilitares,
de interceptaciones ilegales, de casos de ‘fuego amigo’, de falsos
‘positivos’, etc. no han llevado a cambiar nada sino a destituir
generales, produciendo en la práctica más desconcierto y caos que
los ataques de la guerrilla.
Hacienda: Entre mejora en el recaudo, impuestos extraordi-
narios, ventas de activos de la Nación, etc. se incrementaron los
ingresos del Gobierno en 50%; su objetivo principal supone ser
disminuir el déficit y bajar el endeudamiento; esto aparentemente
se logró pero debido a que la revaluación reduce en pesos la deuda
externa; el menor gasto por atenderla bajó el déficit en apenas un
1% (según esto se requeriría multiplicar por 6 el ingreso del Estado
para equilibrar sus finanzas), y si se tiene en cuenta que es más la
que se ha contraído que la cancelada es falsa la disminución que
se muestra; lo que ha hecho el Ministerio es acomodarse con la
revaluación para beneficiarse de poder mostrar lo que no son sino
apariencias.
Transporte: Aumentaron los recursos tanto en sumas como en
participación; del ‘2.500’, su programa bandera (por la cantidad
de kilómetros en que iba a mejorar el sistema de carreteras) solo
cumplió el 27%; en cambio el número de automotores que se ma-
triculan se ha multiplicado por 10 desde el 2003 y el total de ellos
se ha doblado sin que haya ninguna política al respecto, de forma

170
Juan Manuel López Caballero

tal que el tráfico se ha convertido en la pesadilla de las ciudades


(por ejemplo en el mismo periodo la malla vial en Bogotá no ha
aumentado un 10%).
Agricultura: Disminuyó en participación pero aumentó en
monto, al punto de tener los dos últimos años los mayores presu-
puestos de la historia; no ha presentado programa o política que se
pueda evaluar; el balance que presenta es que mientras el país se
ufanaba de los mejores crecimientos en lustros el sector mostraba
también en ambos el menor crecimiento de la historia; su gestión
se ha limitado a repartir subsidios para compensar efectos de las
políticas gubernamentales como la mala negociación del TLC o la
aceptación de la revaluación, pero que solo sirven para mantener –o
disimular- un sistema de producción a pérdida, sin intentar corregir
sus deficiencias o montar una programación rentable a mediano
o largo plazo, y sin tener consideración alguna para los 250 mil
campesinos que han tenido que abandonar sus hogares cada año.
Protección Social: Sin modificar mayormente su participación
porcentual le correspondió una tajada de aumento proporcional al
total (o sea también máximo histórico); su misión era volver universal
el acceso a la salud y reducir el desempleo; se precian del aumento de
la cobertura (sin tener en cuenta la enorme proporción de afiliacio-
nes transitorias), pero la totalidad de los vinculados al sector (desde
usuarios hasta profesionales, -EPS’s, ESE’s, APS’s, compañías de
seguros, etc, y empresas que lo manejan, y los mismos funcionarios
públicos responsables) lo consideran un caos (además, contra el
compromiso del Presidente se liquidó el ISS cerrando de paso la
mayoría de los hospitales públicos y desmantelando en la práctica el
sistema público de salud). En cuanto al desempleo, las autoridades
están tan pérdidas que ni siquiera se explican porqué aumenta, y se
limitan a tratar de disimular que al tener en cuenta el subempleo, el
deterioro del salario y el aumento de horas de trabajo, lo que hay es
una catástrofe laboral (y eso que más de 250 mil colombianos por
año encuentran como solución salir al extranjero).
Comercio: Presupuestalmente ni cuenta mucho ni cambió mu-
cho. Su peso no nace de los recursos sino de ser el centro de las

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Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

políticas de ‘globalización’; consecuentemente su objetivo ha sido


pactar Tratados de Libre Comercio y mejorar la balanza comercial;
del TLC poco toca decir, excepto que lo grave no es que no se haya
aprobado sino la forma y los resultados de la negociación; en cuanto
a la balanza en los dos últimos años ha tenido la caída histórica
más grande, especialmente en relación a los EE. UU., y a pesar
de que los negocios con la Venezuela de Chávez han subido en un
60%. No se vislumbra política o propósito para que no sigamos por
este camino puesto que de ese despacho no ha emanado ninguna
declaración ni menos acción contra la revaluación, ni parece existir
intención de corregir o mejorar lo negociado en el TLC, ya que solo
estamos pendientes de modificarlo en el sentido que el Congreso
Americano lo determine.
Relaciones Exteriores: No ameritó respaldo especial presupues-
tal, y por el contrario se suprimieron representaciones en el exterior
para reducir gastos, porque bajo esta presidencia no ha contado sino
la relación con Estados Unidos y centrada alrededor de las personas
de Bush y Uribe (se nombraron titulares sin conocimiento o vín-
culo alguno con la materia, como para que tuvieran protagonismo
y jerarquía de nivel de viceministro); el programa ha sido apoyar
y ser apoyado por el Gobierno Bush y vender la imagen de una
Colombia diferente a la que se conocía; ambas cosas se lograron.
La primera a costa de perder sintonía con el mundo que nos rodea,
llevando el distanciamiento ideológico a confrontaciones con los
vecinos; y lo que es peor, ahora que los demócratas triunfan en los
EE.UU. quedamos no solo como ‘el mejor aliado’ de la persona y
las políticas mas cuestionadas del mundo, sino pagando por ello la
cuenta de cobro que le pasan sus opositores. La segunda, porque
si bajo el Gobierno anterior pasábamos la escudilla mostrando las
llagas de los males internos, hoy aseguramos que la política de ‘se-
guridad democrática’ acabó con ellos, pero afuera lo que ven es la
renuencia a dar tratamiento humanitario y no político al problema
de los cautivos en manos de la guerrilla, una la ley de ‘Justicia y
Paz’ donde solo se atiende el problema de los victimarios y se ol-
vida a las víctimas, un enfrentamiento con las Cortes que recuerda

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Juan Manuel López Caballero

a Fujimori, etc. Quien porta el pasaporte colombiano es recibido


con recelo cuando no como indeseable en todos los países.
Interior y Justicia: Aumentaron los recursos, en buena parte
con aportes extranjeros; la intención era crear unos marcos nuevos
para el orden político y para tramitar procesos de reinserción; en lo
primero se acabaron los partidos de verdad y ya no es motivo de
vergüenza el ser financiado o respaldado por delincuentes (por no
decir asesinos) o la indiferencia respecto a la naturaleza o ideología
de la entidad que ofrece o de la persona a quien se otorga un aval;
en lo segundo se cuestiona incluso qué tan cierto es el propósito de
‘Verdad, Justicia y Reparación’, cuando ya los jueces, la Fiscalía, y
la Procuraduría han señalado que tal como va no puede ser sino un
fracaso (de 2300 ‘enjuiciables’ solo 32 han comenzado diligencias,
se estima en 95 años el tiempo necesario para apenas investigarlos
–es decir, sin incluir el tiempo del juicio-, y falta resolver la situación
de los otros 18.000 para quienes propone el indulto). Y en cuanto
a Justicia verdadera (así, con mayúscula) ¿como puede ser que se
hayan apropiado 230 mil millones de pesos del presupuesto para los
desmovilizados quienes reciben su estipendio mensual, mientras no
se apropia ni un centavo para las víctimas, quienes están abando-
nadas y dependiendo no solo en las sumas sino en el tiempo de los
interminables procesos de extinción de dominio a los capos?
Minas y Energía: No se sabe si es más lo que se recibe, pues
lo que gana en presupuesto es menos que lo que en términos
económicos sale de su control; el único programa ha sido vender,
vender y vender; y como resultado el Estado ya no genera energía,
ni produce Carbón, ni explota el Gas, ni manejará la exploración o
extracción de su petróleo, ni será quien lo refine. Se conoce lo que
ya no se tiene pero no se sabe porqué o para qué abandonamos esas
inversiones y esas actividades, ni con qué las remplazamos.

El modelo de crecimiento colombiano 18/04/2006


Justo antes de Semana Santa, el Director Nacional de Planeación
agitaba a los ojos de todos los críticos del Gobierno los resultados
del crecimiento del año inmediatamente anterior, restregándonos

173
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

que eran los mejores de los últimos diez años. Los escándalos de-
nunciados por la prensa borraron todos los otros temas de interés
público y por eso el debate al respecto se quedó a medias.
Apenas se alcanzó a anotar que la misma fuente reconocía que
los dos últimos trimestres mostraban una tendencia contraria, y
que ese mayor crecimiento se debía casi exclusivamente a factores
externos (la versión oficial atribuía a la ‘seguridad democrática’ la
llegada de capital del extranjero, pero los analistas veían algo más
evidente los altos precios del petróleo; la cantidad de exiliados que
enviaban remesas a sus familias; los prestamos y donaciones, tanto
para la guerra por parte de los americanos como para morigerar
sus efectos por parte de otros países; las altas tasas de retorno de
las inversiones legales al adquirir empresas semimonopólicas a
menosprecio –ver cuadro adelante-; y los inmensos ingresos de
dineros del narcotráfico, tanto por el desarrollo del negocio como
por la cuasi amnistía que comenzaba a prometerse para los capi-
tales a los cuales le aumentaban allá la persecución mientras aquí
se negociaban con la ‘desmovilización’).
Hay sin embargo varios otros aspectos interesantes a considerar.
Por un lado no parece que sea tanto el mérito: los últimos diez
años son los dos de salida de Samper -una de las peores crisis del
Estado colombiano con el proceso 8.000-, los cuatro de Pastrana
-el gobierno de peores resultados del que tenga registro la histo-
ria-, y los del mismo Gobierno Uribe –que por no ser propiamente
buenos, no daría motivo para vanagloriarse-.
Otro aspecto es que siendo el PIB de 283 billones su crecimiento
fue de aproximadamente 1.3 billones que sumado al del año anterior
apenas supera los 2 billones. Si tenemos en cuenta que según Forbes
entre las fortunas de Santodomingo y Sarmiento aumentaron en los
últimos dos años 6.100 millones de dólares -1.4 billones de pesos-, se
debe concluir que mucho aumentó el patrimonio de sus empresas pero
poco el del conjunto del resto de los colombianos (menos del 2.5% en
los dos años). Y si se considera el crecimiento demográfico de 1.6%
anual (3.2% para los dos años), la conclusión es que, exceptuando esas
fortunas, el PIB per cápita del resto de los colombianos disminuyó.

174
Juan Manuel López Caballero

Como se debe reconocer que la fuente de Forbes no es necesa-


riamente conciliable con el DNP, podemos hacer una exclusión de
las dos empresas mas grandes de Colombia (ECOPETROL y Em-
presas Públicas de Medellín) y tomar las siguientes diez empresas
con mayores utilidades (corresponde el dato a 2004):
Carbones del Cerrejón 385.517 millones
BP.Exploration 370.580 millones
Tepma 337.992 millones
Cerrejón Zona Norte 305.586 millones
Avianca 304.830 millones
Oxyandina 283.618 millones
Oxycol 274.650 millones
Cerromatoso 271.209 millones
Emgesa S.A. 243.538 millones
Codensa S.A. 232.656 millones
Total 3.010.176 millones
Como todas son extranjeras (!!), su contribución al producto
interno bruto no forma parte del Producto Nacional Bruto sino del
capital trasnacional, que no invierte para ayudar a los Colombianos
sino para obtener sus réditos en el exterior. Vemos que la utilidad
de estas compañías extranjeras también es superior dos veces y
media al crecimiento del PIB, lo que implica que aquel del cual
participan los colombianos no creció sino disminuyó. Así las cosas,
la situación de Colombia y de los Colombianos debería ser más un
motivo de preocupación que de orgullo para el Gobierno.
Pero al igual que no debe el Gobierno enorgullecerse de los
resultados tampoco es justo cuestionarlos atribuyendo la responsa-
bilidad de estos a la perversidad de los funcionarios. La verdad es
que son simplemente la consecuencia de la implementación de un
modelo.
Un modelo que ha venido acompañado de otros crecimientos:
los de la pobreza, la indigencia y sobre todo la desigualdad y
la marginación (tanto el Gobierno anterior como el actual han
acudido a los ‘cambios de metodología de medición’, para negar
esto y mostrar cifras menos dramáticas; pero, para efectos de
comparar la situación inicial con la actual, cualquier metodo-

175
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

logía que se tome consistentemente muestra esta tendencia y


estos resultados).
Como es lógico esto se refleja en otro crecimiento, el de las ten-
siones sociales y el del rebusque para sobrevivir, con su secuela de
crecimiento de la violencia, de la delincuencia, del narcotráfico en
el caso nuestro, y de las expresiones protestatarias, contestatarias
y subversivas.
Se hace necesario entonces el complemento de un modelo polí-
tico de mayor control social, es decir mayor acción represiva. Au-
mentan o crecen las Fuerzas Armadas en más de 130.000 efectivos,
y las fuerzas privadas (adscritas a la Superintendencia de Seguridad
y Vigilancia) en 180.000 hombres. (Hasta los paramilitares que
eran 14.000 al inicio del cuatrenio van superando los 30.000 aún
sin terminar de ‘desmovilizarse’)
Crecen así las guerras en los diferentes frentes y sus consecuencias:
corrupción en los campos social, económico y sobre todo político
por el narcotráfico; y los ataques guerrilleros, los actos terroristas, el
número de desplazados y de diferentes víctimas de la guerra –secues-
trados, lisiados, exilados, etc.- por el conflicto armado.
Esto exige aumentos en los gastos del Estado, o sea, el creci-
miento de los impuestos directos, indirectos y excepcionales (bajo
Uribe se triplicado lo que la ciudadanía paga bajo estos conceptos)
pero nada es suficiente y lo otro que crece es el déficit del Gobierno
Central.
Consecuencia también de este modelo conjunto de neolibera-
lismo y de guerra total es el crecimiento de la crisis del sistema de
salud, el crecimiento de la construcción en los estratos altos y el de
la crisis en los programas de vivienda de interés social, el déficit en
las siembras para garantizar nuestra seguridad alimentaria, etc.
Pero lo más grave de todo es que también hay otro crecimien-
to con este modelo de desarrollo (si así se quiere llamar) en los
aspectos que se suponían reducir: se ha acompañado del creci-
miento de los cultivos ilícitos (de 105.000 a 140.000 hectáreas);
del aumento de los frentes guerrilleros; de la intensificación de la
pequeña violencia y delincuencia social (maltrato infantil, atraco

176
Juan Manuel López Caballero

y burundanga); de la dependencia del extranjero (precios de ma-


terias primas, remesas de exilados, donaciones de países amigos);
y como si fuera poco crece la polarización del país y lo que hasta
la iglesia (el catolicismo) ve y denomina como ‘la bomba social’
que nos amenaza.

Son tiempos electorales 12/01/2006


Son tiempos electorales y sabemos que intentarán vendernos
ilusiones y promesas que no tienen posibilidad de cumplirse.
La novedad que aporta la reelección es que también estaremos
sujetos al intento de convencernos de resultados que no existen, de
hacernos ver espejismos que justifiquen seguir por el camino que
vamos. Debemos hacer conciencia de eso y tener capacidad crítica
para distinguir lo que es campaña de lo que es realidad.
Lo que pasa es que mientras el vendedor de ilusiones usual
solo puede hacerlo a través de una frase en un discurso en alguna
plaza pública, la maquinaria de divulgación al servicio del Estado
(o más correctamente del candidato presidente) es de tal manera
abrumadora que a través de la repetición en exposiciones en foros
gremiales, en conferencias de prensa de los funcionarios públicos,
en comunicados oficiales de los Ministerios, en el despliegue noti-
cioso que acompaña cualquier declaración de un Presidente, etc.,
convierte en realidad virtual cualquier imagen que desea proyectar.
Podemos tocar por ejemplo el tema de actualidad más cercano a
esta revista y a sus lectores: el crecimiento económico.
¡Cómo se ha divulgado y explotado el último dato trimes-
tral!… Que es el mayor de los últimos años… Que por fin
despega la economía... Que superó las expectativas… etc. Por
supuesto un dato trimestral es de por sí poco representativo, pero
más aún si se contextualiza: En cuanto al crecimiento del año,
esto no altera mayormente el esperado, que previsto entre 4% y
4.5% difícilmente superará en forma marginal esa cifra. Como
lo han dicho todos los analistas -incluyendo los oficialistas- esto
es absolutamente insuficiente. Teniendo en cuenta que después
de los catastróficos resultados de la época Pastrana suponemos

177
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

estar en el ‘efecto rebote’ (donde los crecimientos esperados son


la recuperación más lo que la dinámica nueva debe generar),
se puede decir que, en comparación con otros casos como Ar-
gentina y Venezuela que en sus dos años posteriores crecieron
más del 25%, nuestro pobre 8.5% bianual es lamentable (por
no decir un fracaso).
Pero lo realmente grave es que exceptuando un panorama alucinante
presentado por el Dr. Montenegro de Planeación Nacional, según todos
los estudios y todos los organismos -tanto privados como públicos, y
tanto nacionales como internacionales-, esto ha sido acompañado por
un incremento de la población pobre y de la población indigente. Nos
encontraríamos ante el absurdo de que a mayor crecimiento mayor
pobreza, o en algo parecido a la famosa situación del Rey Pirro, en que
fueron tantas las bajas en la batalla que acababan de ganar que decía
que con otras dos o tres victorias más aseguraban perder la guerra:
otros tres o cuatro años de este crecimiento y acabamos con el país.
Si con el crecimiento de la economía lo que logramos es multiplicar
la cantidad de pobres y volver más pobres a los pobres mientras se
vuelven más ricos los ricos, habríamos creado un modelo supereficiente
para aumentar la desigualdad.
Sin embargo lo que puede suceder también es que este ab-
surdo o esta contradicción tiene explicaciones complementarias
Otra de las cosas de las cuales se precia el gobierno es del aumento
de la inversión extranjera. No sé hasta que punto deba enorgulle-
cernos que se hayan vendido todas las empresas líderes del país (ya
sea por activos, por ventas, o por utilidades, entre las 20 primeras
empresas del país más de 15 son de extranjeros).
Lo que sí es claro es que en la medida que los dineros llegados
se han destinado a comprarlas lo que tenemos no es una mayor
capacidad de generación de riqueza sino un cambio de manos de
la existente. El que ellas dejen de ser de colombianos no tiene solo
un triste significado emocional; la razón por la cual en economía
política se distingue entre Producto Interno Bruto (PIB) y Producto
Nacional Bruto (PNB) es porque este tipo de fenómenos también
tiene un efecto real en la población.

178
Juan Manuel López Caballero

El PIB se refiere al total de bienes y servicios que se producen en


un país, independientemente de a quién pertenezca esa producción;
el PNB a los bienes y servicios que pertenecen a los nacionales de
un determinado país, independientemente de donde se produzcan.
En la época colonial como forma avanzada del capitalismo, el
derecho a los recursos naturales que se extraían de las colonias
pertenecía a la metrópoli y solo una porción menor beneficiaba la
economía local.
Acabado el colonialismo en su modalidad política (un país
o una nación perteneciendo a otro), ese tipo de explotación
desapareció, pero no por eso dejó el sistema capitalista de bus-
car unas reglas del juego que lleven al mismo resultado. La
‘globalización’, el ‘Consenso de Washington’, el imperio del
mercado, son formas de reestructurar la relación entre países
para que se cumpla ese propósito; de ahí la importancia de dis-
tinguir entre PIB y PNB, para ver qué parte del ‘crecimiento’
no lo reciben los nacionales sino pertenece hoy al extranjero.
Es natural que el Capital busque el máximo rendimiento. Por eso se
mueve hacia donde haya mejor oferta de ventajas comparativas.
A Colombia viene por lo barato de las empresas que
compran por nuestros recursos naturales y por la oferta de
mano de obra barata. Es iluso pensar que vendrá aquí a bus-
car mayor productividad en base a adelantos tecnológicos.
Eso coincide con el análisis de lo que es el aparente crecimiento
que hoy se reivindica: lo cierto es que el llamado sector real, es
decir, el que si representa generación de mayores productos y valor
agregado, o sea los sectores agropecuario e industrial están muy
por debajo de ese promedio nacional (¡hemos llegado al punto de
traer más de 500.000 sacos de café vietnamita o importar guayaba
para producir nuestros bocadillos!); que el impulso principal viene
del sector extractivo (es decir de consumir nuestro patrimonio en
recursos naturales) y está representado casi exclusivamente en el
alza de precios; que los otros sectores positivos son los eminente-
mente especulativos (el financiero y el comercial); y que el mayor
gasto de los estratos altos es en bienes durables no productivos (au-

179
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

tomóviles y vivienda de estrato 6) mientras disminuye el consumo


de alimentos y bienes básicos de las clases desfavorecidas.
Por eso se refleja también en lo que el Gobierno muestra como
‘baja en la tasa de desempleo’, donde al presentar solo ese indi-
cador oculta la tragedia laboral que vive el país: asumiendo como
verdad que el desempleo abierto bajó en estos dos años casi 6%
(¿) la explicación es que bajó la tasa de participación (en este año
renunciaron a buscar trabajo 737.000 personas) y que aumentó el
doble el subempleo (11.2%).
Pero además, como si fuera poco, este ‘crecimiento’ (sea real o
solo nominal) no es endógeno sino depende ciento por ciento de
factores externos o exógenos, por lo tanto la posibilidad de que sea
continuo prácticamente no existe: estaría condicionado a que se
repitan (no simplemente a que se mantengan) las condiciones que
lo crearon (que se doblen los precios del petróleo, el carbón, el café
y el niquel; que se tripliquen las exportaciones a Venezuela; que
no suban los intereses en EE.UU.; y que continúe la revaluación
del peso), lo cual es altamente improbable.
En tiempos electorales es mejor abrir los ojos antes de dar el
paso hacia el abismo.

La economía va bien, pero… 28/02/2007


“El país va mal pero la economía va bien” pareciera ser el slogan
colombiano.
Supone esto que en términos sociales y políticos se puede Co-
lombia desmoronar, mientras simultáneamente los indicadores
económicos prosperan.
Esta contradicción –que aún si fuera cierta sería inaceptable- tiene
su explicación en que la aparente bonanza económica se debe esen-
cialmente a factores ajenos al aumento de la capacidad de generar ri-
queza del país (altos precios del petróleo, el carbón y el café; aumento
vertiginoso de las remesas de exilados; venta al capital extranjero de
los activos nacionales; crecimiento cíclico mundial). Esto se com-

180
Juan Manuel López Caballero

probaría comparándonos con nuestros pares, que han tenido igual o


mejores resultados sin el mismo deterioro sociopolítico.
Lo anterior invita a analizar un poco más qué tan bien va la
economía, y qué sigue para adelante.
Aún sin saber qué elementos componen esa ‘seguridad democrá-
tica’ que según los funcionarios gubernamentales atrae la inversión
extranjera, el hecho es que el Capital se mueve en función de la
rentabilidad y no de la seguridad de las personas (lo que llaman
‘el riesgo de los capitalistas’ es solo el de sus dineros y no el de
su pellejo). Es por lo tanto en lo que depende de esa rentabilidad
donde sí tienen intervención las políticas económicas.
La revaluación del peso frente al dólar hace que para los capita-
les especulativos internacionales los rendimientos en Colombia se
multipliquen, porque además de las altas tasas comparativas con
mercados como el americano o el Europeo, obtienen un beneficio
adicional de la devaluación de sus monedas (por ejemplo nuestros
papeles de renta fija en lo corrido del año han producido en dólares
cerca del 20% anual contra órdenes del 7% en Estados Unidos). A
ello se deben el aumento de reservas, así como la disminución del
déficit o la proporción menor de la deuda externa (porque un dólar
más barato hace que en pesos debamos menos y que disminuyan
el costo de los intereses que tenemos que pagar)
Eso explica la satisfacción del Gobierno y el que exista ‘inver-
sión’ extranjera interesada en venir acá, y que, como en cualquier
burbuja, esto se autoestimule mientras la revaluación persista.
Pero eso ha llevado a que la balanza comercial pasara de un po-
sitivo del 2005 de 1.400 millones de dólares a un negativo de 140
millones el año pasado. Que para el caso de Estados Unidos todos
los productos -excepto el petróleo- bajaran en volumen y valor. Que
cayeran las exportaciones no tradicionales un 2%, y que se produz-
ca la crisis del sector exportador en actividades tan importantes en
cuanto a empleo y a ingresos de divisas como las flores.
Con los factores externos este año en contra (el precio del petróleo
no aumentará; la economía americana según sus propias predicciones
se desacelerará –y con ella la mundial-; los activos para la venta se

181
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

agotan) la opción de mantener la política revaluacionista puede inflar


más la burbuja pero como toda burbuja terminará por reventarse. Y
en ese momento, sea ahora o más tarde, el proceso se surtirá a la in-
versa, es decir, la fuga de inversionistas encarecerá el dólar, pesando
nuevamente sobre el déficit, aumentando la deuda, disminuyendo las
reservas, empujando la inflación, e invitando al éxodo de capitales.
Esto, tocando solo aspectos económicos y sin hablar del TLC,
debería llevarnos a preguntarnos si la economía en verdad va bien,
o si no tanto…

¿Qué nos espera? 16/11/2006


El principio más elemental de la comunicación es que entre más
se divulga un mensaje más acaba la gente creyendo en él. El Dr.
Uribe lo ha asimilado tan bien que le ha dado más importancia que
a cualquier plan de gobierno; su omnipresencia sirve para mostrar
voluntad y capacidad de trabajo y para hacer política populista; pero
sobre todo le dio la oportunidad de repetir y divulgar cifras y cifras
maravillosas, sugiriendo que entramos en un periodo de soluciones
a todos los problemas que existían antes de que él apareciera. Su-
puestamente íbamos ganando la guerra a las drogas, arrinconando a
la guerrilla, se había logrado desactivar el paramilitarismo, se estaba
atacando la corrupción y se estaba recuperando la economía.
Ahora, después del choque de los colombianos con la realidad
respecto a los temas de drogas, de la guerrilla, del turbio proceso
de ‘Justicia y Paz’, de corrupción en los negocios y en la actividad
política, y temeroso de que se cumpla el decir popular de que el
pesimista es un optimista bien informado, el Gobierno busca me-
diante cambios de metodología, controversias entre funcionarios,
negación de las cifras de entes nacionales o internacionales no
adscritos al gobierno, etc., ya no convencer sino confundir respecto
a supuestas expectativas positivas de la economía.
Se niega u oculta que esa perspectiva también parece bastante
negra. Por eso la repetida cifra de crecimiento de nuestro PIB de
5.6% refiriéndose al primer trimestre, como si no se pudiera ya

182
Juan Manuel López Caballero

saber la del tercero; por eso finge extrañeza ante el aumento del
desempleo, cuando la nueva metodología también muestra eso entre
junio y septiembre; o habla de unas cifras de agricultura que van
en contravía de todos los datos que tienen los respectivos gremios.
En fin el Gobierno deliberadamente propicia que nuestros datos
sean sujetos a toda clase de dudas.
Pero otro contexto no deja dudas.
Como lo señala Mauricio Cabrera, cuando la economía norteame-
ricana estornuda a nosotros nos produce neumonía.
Y la economía americana muestra una desaceleración de su
crecimiento del 5.6% del primer trimestre, a 2.6% el segundo, a
1.6% el tercero, y expectativas de caer aún más o incluso de ser
negativo este último periodo. Las razones de esto son la caída de
la construcción y el movimiento negativo de la cuenta corriente,
los cuales no se corrigen en el corto plazo.
El Gobierno Bush espera que este efecto interno se compense
con fuentes externas como la caída de precios del petróleo y un
manejo de las tasas de interés que frene la salida de capitales.
Pero lo que eso pueda evitar una mayor crisis allá, agrava aún
más nuestra situación, puesto que implica menos entradas por el
crudo y salida de los capitales golondrinas. Y a eso debemos adi-
cionar lo ya anunciado de una revisión de las ayudas americanas
y quien sabe qué en el ATPADEA y el TLC.
Pero además, si en una época en que la economía la movían los
recursos de créditos externos se habló de ‘la prosperidad a debe’,
ahora hemos vivido una ‘prosperidad del remate’, en la que hemos
dependido de la liquidación de los grandes activos nacionales. Hoy
ya no tenemos mucho más para vender ni forma de compensar los
ingresos que ellos produjeron, y sin embargo en el momento la
llegada de esas divisas fuerza una revaluación que afecta negati-
vamente nuestra competitividad.

183
Capítulo X
Reforma Tributaria
Confundir: ¿Estrategia o incapacidad? 01/11/2006
Ni analistas, ni partidos políticos, o nadie que desee estudiar
las propuestas de gobierno, estaría en capacidad para emitir una
opinión concreta y fundamentada respecto a los proyectos que se
suponen tramitar en esta legislatura.
No por deficiencias de quienes quisieran hacerlo, sino por la
confusión que producen los vaivenes del Gobierno. Lo que vale
preguntarse es si estos se deben a una estrategia deliberada para
impedir su estudio, o si es simple incapacidad de resolver que
propone y/o de saber que resultados son de esperar.
La inclusión del ‘impuesto de guerra’ hace que ya no sea la
‘reforma neutra’ que no buscaría mayores ingresos para el Estado,
ni incluiría un impuesto al patrimonio, ni trataría de medidas tran-
sitorias. Los argumentos que llevaron a separar las dos tributacio-
nes se olvidan ante la ‘urgencia’ de volver a dar vuelo a la guerra
por la declaración del Dr. Uribe, pero sin aclarar lo que, fuera de
responder a su rabieta, esto implica.
Difícil era seguir las modificaciones que el Presidente presen-
taba en cada foro. Ahora es necesario reestudiar la reforma en sí;
saber como afecta el presupuesto ya aprobado (otro tema de aná-
lisis); toca definir los nuevos debates ya planteados sobre cómo
y a qué se van a destinar los recursos adicionales: de una parte,
en el campo mismo militar -en la medida que se cuestiona rubros
como la repotenciación de submarinos que no se ve de que sirven
en la guerra contra la subversión o el terrorismo-, y de otra, en la
destinación en general -puesto que no son pocos los que critican
185
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

que se haga un ‘impuesto especial de guerra’ y nunca un ‘impuesto


especial de salud’ (o de educación, o de cualquier aspecto social)-;
esto a su turno genera el debate sobre qué control especial se debe
crear para que se cumpla el destino que a éstos se asigne (unos
quejándose del mal uso del impuesto anterior, y otros del peligro
de que por vasos comunicantes terminen desplazándose recursos
de un destino a otro).
Pero sobre todo subyace la reforma a la estructura de las Fuerzas
Armadas que es la que determina la propuesta. Esto en razón de que
el nuevo Ministro, olvidando lo que fue el debate entre militares
profesionales respecto a la creación de ‘comandos conjuntos’ para
la estrategia que se iba seguir (que implicó la salida de buena parte
de los altos oficiales especializados en la materia), hoy plantea que
como no se cumplió esto pasa a ser tema de Másteres en Adminis-
tración Pública y no de estrategas militares y que se debe remplazar
todo por el modelo Santos de Fuerzas Armadas.
El resumen es que estamos ante una propuesta de reforma a las
Fuerzas Armadas; que de su aprobación depende la estrategia militar
que se irá a desarrollar; que a ella están ligados los recursos que se
requiere conseguir; que del monto y la programación de ellos depende
el ‘impuesto especial’; que al incluir éste en la reforma hasta ahora
discutida queda ella sujeta a la definición y aprobación de todo lo
anterior; y que además de los acuerdos sobre esto y sobre las modi-
ficaciones que puede implicar, es necesario crear los instrumentos de
verificación para que no quede todo esto por fuera de todo control.
Al Congreso solo se presentan dos opciones: o negarla por no
ser posible saber por qué se está votando; o aprobarla a la ciega,
solo porque el Presidente y Juan Manuel Santos así lo quieren.

Comienza la legislatura post reelección 19/07/2006


No quisiera uno ser profeta de desastres pero mal pinta el nuevo
periodo legislativo.
La sensación que se siente es que con el triunfo obtenido en
las últimas elecciones el uribismo tiene carta blanca para imponer

186
Juan Manuel López Caballero

todo lo que se le ocurra, incluyendo lo que en el periodo pasado


fue negado.
En cuanto a lo que se presentará, mucho son amenazas, como
la reforma a la Altas Cortes –en particular la Constitucional y el
Consejo de la Magistratura- o la Tutela; otros son proyectos re-
presados, como la reglamentación de las transferencias; y otros
son ‘puñaladas traperas’, como la Reforma Tributaria, que no se
puede considerar sorpresa en la medida que responde a la política
seguida hasta el momento, pero que estuvo oculta durante el pe-
riodo electoral.
Esta última dará la medida de hasta donde pueden y/o quieren
llegar en el sistema de aplanadora y de pupitrazo.
En su contenido, es claramente regresiva y por lo tanto atenta-
toria contra los intereses de las mayorías, es decir, los de las clases
no privilegiadas del país.
Esto lo han explicado todos los analistas especializados, in-
cluyendo los mismos promotores –a comenzar por el Ministro de
Hacienda- al justificarla en motivos diferentes a la búsqueda de lo
que en términos sociales debe caracterizar todo sistema fiscal como
es la progresividad (que significa que deben pagar más los que
más tienen). En ese sentido la denominación de ‘neutral’ debería
ser acompañada de la aclaración de que no lo es en la forma que
afecta a la población sino en la forma que impacta las finanzas del
Estado porque no se buscan mayores ingresos sino una distribución
diferente.
En efecto el elemento central es la disminución del impuesto
a los inversionistas para que sean estos los que impulsen el desa-
rrollo del país. Esto es consistente con un modelo económico que
supone que la única función del Estado es propiciar el crecimiento
económico bajo el supuesto que el desarrollo social y político de
una nación es un subproducto automático de aquel. Se asume que
al volver más ricos a los ricos a la larga se mejorará la situación
de los menos ricos, a pesar de que tal supuesto ha sido contradicho
por la experiencia, tanto en cuanto a que en libre competencia el
aumento de la riqueza de los sectores privilegiados se acompaña

187
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

del aumento del número de pobres, como en cuanto a que aún en


los casos en que todos mejoran la brecha se agranda.
Como complemento para subsanar esa pérdida de ingresos por
ese concepto se propone un recaudo indiscriminado y automático
como es la ampliación de la base del IVA a toda la canasta fami-
liar y el subir su tasa. En la medida que eso implica los mismos
impuestos para quien solo tiene su capacidad de consumo que
para quien ni siquiera sabe cuanto gasta en esos rubros, es ésta
de todos las opciones la más negativa socialmente. El cuento de
que no afectará a los que cubre el Sisben, a más de parecer una
estupidez (¿para qué montar un sistema para cobrarles y otro
para después devolverles?) se basa en un contrasentido puesto
que depende de que abran cuentas bancarias las personas menos
capaces para ello.
Tal vez lo único más grave es que, según lo dicho oficialmente,
la verdadera motivación de este exabrupto (de otra manera incom-
prensible e impresentable) es que así se empiezan a cumplir los
requisitos que nacen de la aprobación del TLC. Es decir que con
esta primera cuota –y por adelantado- podemos empezar a degustar
lo que nos brindará el TLC (y el cómo operará el nuevo Congreso
de la República, tanto en cuanto a forma como en cuanto a orien-
tación y contenido).

La reforma tributaria, el presupuesto y Ecopetrol 16/08/2006


Las llamadas ‘reformas tributarias’ son el mecanismo que define
como interviene el Estado la economía según la orientación que
se desee darle.
Acostumbrados a que son simples ajustes para subsanar déficits
y equilibrar el presupuesto y a tener una cada año, hemos perdido
la noción de su importancia.
El principal debate es sobre si su función debe ser solo la de
promover el desarrollo económico, o si debe cumplir un propósito
de redistribución social. Esto se refleja en las inquietudes sobre si
el IVA es regresivo, sobre si las exenciones son estímulos o pri-

188
Juan Manuel López Caballero

vilegios, sobre si debe ser prioridad la inversión o el ingreso para


el consumo en las clases menos pudientes, o, en general si deben
primar criterios de equidad y de solidaridad o si deben hacerlo
los de desarrollo y enriquecimiento colectivo sin atención a como
estos se reparten.
Detrás del actual proyecto no hay transparencia respecto a la
razón de la propuesta y lo que se busca con ella.
Se decía que la reforma era neutral porque no buscaba aumentar
el ingreso. Pero una vez presentada nos manifiestan que el mayor
ingreso sí es necesario y se buscará mediante tributos especiales ‘de
guerra’ a cargo de los mismos capitales a los que se les disminuye
la tasa de renta. Algo tan absurdo como cobrar IVA a la canasta
familiar para después devolver lo equivalente a los estratos que
serían afectados por ello.
El 4 por mil se vuelve definitivo aunque en ninguna forma se jus-
tifica y así el gobierno mismo lo había sostenido. Implica solo sobre-
costos de producción ya que se multiplica y se acumula sin beneficiar
ningún propósito fuera de facilitar los ingresos del fisco. Por ejemplo
en una cadena agrícola se grava con el 4 por mil la compra de insumos
para la producción de fungicidas, otro tanto para pagar los gastos para
producirlos otro tanto aportan los agricultores por sus propios gastos,
y se adiciona lo mismo para el molinero al cancelar a los proveedores
del grano, y una vez más se causa cuando el comerciante lo adquiere
para distribuirlo, y otro tanto por parte del consumidor final, el cual
en últimas tendrá que cargar con todos los anteriores. Este tributo
representa más que lo que disminuye el de renta.
La reforma a la ley de presupuesto naturalmente debería ser
consecuente con el cambio de Estatuto Tributario. El tema no se ha
mencionado: la libertad de aprobar presupuestos desequilibrados
se mantiene, lo cual es equivalente a acabar con lo supuestamente
‘estructural’ de la reforma; nada dice respecto a que las privatiza-
ciones deben tener destino específico y ser presentadas y aprobadas
en los primeros dos meses del año para poder formar parte de los
ingresos fiscales; nada dice de los topes que se pactan con el FMI
y que obligan operaciones ‘exóticas’; etc.

189
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Como principalísimo soporte de las finanzas públicas algo ten-


dría que ver la privatización parcial de ECOPETROL. Merecerían
estudiarse sus repercusiones fiscales o presupuestales: a menos que
se inserten cláusulas aún más exóticas el privado no aceptará subsi-
diar la gasolina; y como codueño a través de su participación accio-
naria de los recursos del Fondo de Estabilización querrá disponer
de ellos; sería natural que se opusiera a ser el mayor inversionista
en TES para sostener la financiación del Estado; etc.
Tal vez más que falta de transparencia lo que hay son palos de
ciego.

Hablando de las transferencias 27/06/07


Han propuesto el Partido Liberal y el Polo Democrático un
Referendo para que sea en últimas la ciudadanía quien resuelva
sobre la validez de la Ley de Transferencias.
Al tema se le debe dar el alcance que realmente tiene, si se
piensa que define la suerte de la descentralización, de la salud y
de la educación, pero que además sería un pronunciamiento sobre
el funcionamiento del Congreso, o más correctamente sobre cómo
lo maneja el Presidente.
Ante todo aclarar el tema:
El Gobierno dice que la ley aprobada aumenta los recursos así
destinados… MENTIRA: lo vigente hoy es que a partir del 2008
las entidades territoriales (Gobernaciones, Municipios y Distritos
especiales) tendrán un porcentaje de los ingresos de la Nación; éste
debe incrementarse en proporción a lo que estos aumenten en el
promedio de los anteriores 4 años, lo cual se prevé será superior a
la inflación más unos puntos (para el año 2008 superará el 10%);
la ley contempla aumentos de 3% y después de 3.5%, por lo tanto,
respecto a lo que rige, se reducen esos recursos. Como la vigencia
es transitoria hasta el 2016, se estima en 49 millones de millones
lo que disminuye la atención a esas necesidades básicas.
El Gobierno dice que seguirán siendo destinados exclusivamente
a los propósitos anteriores… MENTIRA: se incluyeron nuevos

190
Juan Manuel López Caballero

rubros de agua potable y saneamiento ambiental básico, luego se


apropiarán recursos para ello.
El Gobierno dice que no disminuirá la proporción de cada ente
territorial… MENTIRA: con la creación de 4 nuevos distritos se
repartirá entre más la torta.
El Gobierno dice que la norma no desvertebra la Constitución…
MENTIRA: el Artículo 1º nos define como República Descentra-
lizada, y la nueva ley monta un proceso centralizante, al aumentar
cada año la proporción de recursos que maneja el ejecutivo central.
El Congreso sí puede cambiar la Carta Mayor, pero, adicional a las
reservas respecto a tales mecanismos interinos que derogan transi-
toriamente normas superiores, en este caso creó una inconsistencia
entre dos artículos de la Carta que de resolverse sería necesaria-
mente en el sentido de que prevalece el de la definición misma del
Estado, y no el del mecanismo como se administra.
Se ha intentado engañar al país… No así al Congreso, el cual sí
tiene claridad al respecto. Es vergonzoso el sistema de la aplanadora
y del pupitrazo… pero en este caso la mayoría, conseguida como
ya se ha divulgado, desdice más de esa entidad y de muchos de sus
miembros que del comportamiento mismo de quien utilizó, a más
de la mentira, la ‘compra’ de sus votos para lograr ese objetivo.
Ya una vez se creó un movimiento –exitoso- para votar en contra
del Referendo propuesto por el Presidente. Ahora debe producirse una
alianza similar para votar por el Referendo en contra de esta nueva
maquinación.
Lo planteado por el Partido Liberal, o sea, el efecto institucional
de quitar poder a los gobernantes locales y de contradecir la obli-
gación de decentralizar el Estado, es razón para que participen las
asociaciones de Municipios y de Gobernaciones.
También se disminuyen los recursos de Salud y Educación, por
lo que deben vincularse los respectivos sindicatos y gremios.
Y por supuesto los afectados directamente, como es la población
estudiantil que hasta ahora ha sido la más activa y más conciente
de lo que esto significa, y las centrales obreras como voceros de
los millones castigados con esta reforma.

191
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

¿Vergüenza o falta de vergüenza? 06/12/2006


Tuvo el Ministro de Hacienda el rasgo de humor de decir que
como buen seguidor del Santa Fe era capaz de aguantar una go-
leada de 15 a 1. Se refería por supuesto al trámite de la Reforma
Tributaria que se estaba surtiendo en el Congreso.
No se que tanto apreciarán los fanáticos de ese equipo tal
comparación; pero sí estoy seguro que si alguna vez tuvieran ese
resultado sentirían vergüenza; y con mayor razón los jugadores; y
seguramente aún más el Director Técnico.
Pero aquí la actitud parecería más la del director de un equipo de
un curso de 4º Bachillerato que enfrentado al Real Madrid queda
plenamente satisfecho con que metió un gol.
En efecto, para el gobierno lo que haya pasado y siga pasando es
aceptado como irrelevante: no cuenta para nada que respecto a lo de-
clarado como único propósito fundamental, como era la simplificación
del Estatuto, sucedió lo contrario, y, según detalló la prensa, se aumen-
tó en por lo menos 110 artículos adicionales; ni que la justificación
que le quisieron dar para hacer una buena presentación, como era la
reducción de las exenciones, acabara en que en un día se aprobaron
20 nuevos grupos de privilegios que tendrán nuevos regímenes de
excepción; ni que, tras haber señalado que debía desaparecer el 4
por mil por ser reconocido universalmente (según dijeron) como el
impuesto más antitécnico, haya resultado en que se le dio carácter de
permanente; ni les molesta que la intención de reducir el abanico de
tarifas de IVA y aumentar el recaudo ampliándolo a nuevos productos
terminó en nuevas tarifas que prácticamente no variarán el ingreso
para el país, pero que sí gravan mucho a los pobres al afectar unos
pocos bienes de la canasta familiar que les son esenciales.
Al fin y al cabo el gol es que se consigan inmediatamente los
recursos para la guerra. Obviamente nada importa que la afirma-
ción según la cual la Reforma sería ‘neutra’ en cuanto a ingresos
termine en que estos se reducen (1.7 billones, según la exposición
de motivos), o que esto se compense desdiciéndose del énfasis
puesto en que ese impuesto de guerra como tributo excepcional
no se debía mezclar con la reforma.

192
Juan Manuel López Caballero

Aplaude la ANDI puntos como que:


“Elimina el impuesto de renta del 7% para los dividendos re-
cibidos por extranjeros, así como el impuesto de remesas no sólo
sobre utilidades sino sobre los demás hechos generadores de este
impuesto.
“Permite el descuento por impuestos pagados en el exterior, así
no haya tratado con el país donde está la inversión.”
Escandalizan tanto esa complacencia como la propuesta misma,
porque el gran volumen de inversión extranjera que está llegando
al país demuestra las condiciones favorables que ya rigen; pero
además porque, existiendo los convenios internacionales que per-
miten a las multinacionales deducir los impuestos que se cobran en
el sitio de operación (para evitar la doble tributación pero sin que
disminuya el total efectivamente pagado), no se entiende como se
propone renunciar al cobro en Colombia para que los paguen en
otros países.
Debiera ser una vergüenza para el país -y más para cualquier
funcionario responsable- lo que está sucediendo con esta ‘reforma’.
Nadie sabe como en últimas saldrá; pero lo que sí es claro es que,
siempre y cuando se apruebe el impuesto de guerra, el que menos se
preocupa por ello es el Gobierno y el Ministerio que la presentó.

Más que embolatada la Reforma Tributaria 17/10/2006


Más que embolatada parece la Reforma Tributaria. Pero la ver-
dad es que esto no sería tan grave…
Ambas cosas -que no parezca tan grave, y que esté tan enredada-
tienen una misma explicación: no se sabe que se busca con ella.
Un sistema tributario cumple tres funciones o sirve tres propó-
sitos principales: 1) El elemental de proveer recursos económicos
para el funcionamiento del Estado; 2) Un segundo de naturaleza
puramente económica, para orientarlos hacia los sectores que se
quieren desarrollar prioritariamente; y 3) Uno social de intervenir en
la distribución de la riqueza y del ingreso, en principio casi siempre
para que se compensen o se corrijan las desigualdades entre los

193
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

privilegiados y los desfavorecidos. Adicional a esto, la otra deter-


minante de un régimen tributario es su viabilidad administrativa,
o sea, la facilidad o complejidad para implementarlo.
Veamos que pasa con el caso actual:
Según el Ministro Carrasquilla la única razón de la reforma es
‘simplificar’ el sistema. No parecería que disminuir el impuesto de
las empresas (y de contera de las altas rentas) implique menos re-
quisitos administrativos, ni que esto se logre con reducir el número
de productos de primera necesidad de la canasta familiar exentos
del IVA, y mucho menos por vía de montar un mecanismo adicio-
nal para devolverlo a los pobres que pagarían por ello (estratos 1
y 2 del Sisben), modalidad ésta probablemente más complicada de
implementar y controlar que el recaudo mismo.
La definición dada por el Gobierno, según la cual la reforma se
pretende ‘neutral’, se refiere a que supuestamente no se hace para
aumentar los ingresos del Estado, lo cual excluye el primer tema
(algo hay de falaz en esta presentación puesto que simultáneamente
se informa que se buscarán mayores recursos mediante un impuesto
especial de guerra; pero para el análisis de la que ahora se debate
no se supone que aumentará el recaudo).
En cuanto a la función económica, sin haber ‘modelo de desa-
rrollo’ mal se puede evaluar lo acertado o no de la orientación de
los recursos (en forma casuística se privilegian algunos rubros,
aunque no se sabe si para promoción de esas actividades o como
consecuencia del poder que tienen quienes han decidido dedicarse
a ellas; v.gr. en las últimas reformas se benefician a los hoteleros
y los palmicultores donde al lado de los capitales limpios se han
concentrado algunos de los recursos de paras y narcos).
Y en cuanto a lo ‘social’ se puede decir que poco se toma en
cuenta esa función (o que para nada existe este propósito bajo
este gobierno); por eso el proyecto tiene la característica de ser
‘regresivo’, que es como se denomina la tendencia a favorecer a
los sectores poderosos a costa de los más vulnerables.
En términos generales este instrumento debe ser el que permite
ordenar la economía y sobre todo las relaciones sociales tal como

194
Juan Manuel López Caballero

la comunidad lo aspira; responde y debe coincidir con lo que en


Economía Política se llama un ‘Modelo de Desarrollo’; debe ser la
guía de todos los presupuestos anuales a través de los cuales éste
se concreta; y sobre todo, lo esencial, representa por definición
el ‘interés general’.
En la medida que en verdad sea una reforma, los cambios
tendrán efectos en los diferentes sectores y obviamente cada uno
adelantará los argumentos para defender sus propios intereses.
Tanto argumentos como intereses se pueden presumir legítimos,
pero lo esencial es que ya son intereses particulares; es decir,
que el marco de referencia para definir qué tratamiento se da
a cada una de las posiciones de los afectados debe ser que el
interés general prevalece sobre el interés particular: el primer
criterio para tomar las decisiones es en relación a los propósitos
del modelo y del sistema no por la manera que afecte a uno u
otro sector.
En resumen, si no se sabe que se persigue con la reforma mal
puede decirse si es grave o no que no se apruebe; pero si se establece
un debate con cada uno de los afectados para ver si le beneficia o
no, y si este se adelanta sin tener una razón general y prevalente
para justificar la toma de una u otra decisión, habrá discusiones
indefinidas e indefinibles alrededor de todos y cada uno de los
temas.
Es natural que esto termine en una ‘Torre de Babel’ donde se
malentienden los funcionarios entre sí; donde lo que el uno propone
el otro lo modifica; donde el único referente será ‘la voluntad del
soberano’, que, como lo estamos viendo en cada intervención del
Dr. Uribe en los diferentes foros, solo lo usa para castigar o premiar
la actitud ante él de tal o cual gremio o grupo de presión.

Mamá, ¿qué será lo que quiere el negro? 19/10/2006


¿Qué pasa con el proyecto de reforma tributaria?
No supone buscar mayores ingresos para el Estado porque es
definido como ‘neutral’; no cumple una función de ordenar unas

195
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

prioridades en determinadas actividades económicas porque se


declara contrario a cualquier exención o tratamiento preferencial
par uno u otro sector; no pretende intervenir para equilibrar las
desigualdades gravando a los mas ricos para distribuir garantías
mínimas de bienestar a los más pobres; el único propósito declarado
por el Ministro de Hacienda es ‘simplificar’ el sistema, pero no es
claro porque el bajar el impuesto a las empresas (y en consecuen-
cia a los grandes capitales), o el disminuir la lista de productos
de la canasta familiar exentos de IVA producirá eso, y más bien
parecería que sucedería lo contrario al tener que crear un montaje
para distribuir a los estratos 1 y 2 del Sisben lo que por esa vía se
recaudara.
En resumen, no es claro qué se busca con esta reforma, pero
en cambio sí es claro que en todos los foros el Presidente la está
usando para congraciarse con el auditorio.
¿Qué pasa con las transferencias a los Municipios y Departa-
mentos?
Por un lado los datos del nuevo censo redujeron la población
del país con lo cual el total de lo que el Gobierno central debe
repartir se reduce.
Por otro lado cursa el proyecto para modificar el régimen vigente
disminuyendo los incrementos que hoy debe reconocer el Gobierno
a los entes territoriales. De hecho, con el argumento de la disminu-
ción de los ingresos del gobierno por la recesión, estamos ya bajo
un periodo de transición donde se han reducido los incrementos que
inicialmente debía redistribuir el Gobierno central; pero no contento
con eso la propuesta nueva es que desaparezca también la norma que,
una vez vencido este receso, obliga a trasladar progresivamente las
responsabilidades y los recursos de los temas de Salud, Educación
y manejo de agua potable a los gobernantes locales.
El pretexto es que los mandatarios locales no han probado
su capacidad para administrar adecuadamente los recursos y en
consecuencia debe ser la administración nacional la que debe
controlarlos. Este raciocinio tiene dos contradicciones no resueltas
por los defensores del proyecto: 1) ¿porqué serían más aptos los

196
Juan Manuel López Caballero

funcionarios nacionales que los municipales o los departamentales


para asumir esas responsabilidades, si lo que se ha visto es que tanto
en corrupción como en incapacidad los nombrados por el Gobierno
Nacional compiten y le ganan a aquellos?; y 2) teniendo en cuenta
que las actuales transferencias tienen un destino específico ¿cómo
se reflejaría ese cambio al devolverlo al presupuesto general de la
Nación?
En resumen no es claro que por esa vía se mejore la atención
a esos problemas, pero sí que así se reversa el proceso de descen-
tralización y se vuelve a poner en manos del manejo discrecional
del poder central los recursos destinados hoy a responder por esos
derechos básicos de la población.
Da la sensación de que, como en la canción, en varios aspectos
el Gobierno aparenta una cosa pero busca otra; que sabe lo que
quiere pero para lograrlo usa caminos retorcidos; que lo que pro-
clama como fines no son tales sino son medios que le deben dar
mayor capacidad de control y de poder discrecional para imponer
su voluntad sobre otros estamentos del País.

197
Capítulo XI
Información
Manejados por los medios 21/09/2006
La semana pasada vivimos una de las demostraciones más pa-
tentes de la distancia entre lo que debería ser la función de interés
público de los medios televisivos (hablando de los de gran poder),
y lo que es la manipulación en función de sus propios intereses,
ya sean estos de rating o de ‘asistencia’ al Gobierno en sus difi-
cultades.
En lo nacional el problema –más que el escándalo- de las reve-
laciones del Comandante de las Fuerzas Militares según las cuales
algunos de sus miembros habían montado falsos atentados, y la
contradicción con esa afirmación de boca del Presidente mismo,
debían ser la primera preocupación de la ciudadanía; nada más
importante que dilucidar cual era la verdad detrás de ello, y ob-
viamente establecer responsabilidades, no solo en relación a los
hechos, sino al manejo de la información por parte de cada uno
de estos funcionarios (a comenzar por el Presidente, pues no se
entiende que ante lo que ya son hechos divulgados y ciertos como
los revelados en la Revista Cambio, intervenga y por lo tanto
interfiera -aportando sus calificaciones u opiniones- en lo que es
función privativa de la fiscalía).
El otro tema prioritario para analizar y debatir sería en lo eco-
nómico la divulgación por parte del Departamento Nacional de
Planeación de los datos sobre disminución en el ingreso de los
Colombianos; o la también ‘rectificación’ por parte de la nueva
Directora que en 10 días de posesionada -y ella solita, pues hasta el
momento era el único cambio producido- detectó que su antecesor
199
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

supuestamente se habría equivocado durante sus cuatro años de


ejercicio del cargo.
Alternativamente, como tema internacional, la forzada renuncia
del Primer Ministro Británico -básicamente por su exceso de cer-
canía con las políticas Bush- debería generar no solo interés por su
importancia mundial sino reflexiones respecto a sus similitudes con
nuestro caso. Tampoco parecería minimizable el efecto que pueden
tener las declaraciones del Papa Benedicto XVI en relación a lo
que muchos consideran la antesala de la tercera guerra mundial, ya
sea, como la confrontación entre ‘Occidente’ y el Islam, o entre la
‘democracia’ y el ‘terrorismo’, pero en todo caso alineado dentro
del esquema Bushiano.
Pero no; la gran noticia que copó los espacios informativos fue
la del ‘parasicólogo de la Fiscalía’, que si bien como caricatura
del país le podría hacer competencia al cuento del Embajador de
la India en Neiva, en cuanto a su importancia no es comparable
a los temas arriba mencionados. (Curiosamente, si algo pudiera
tener trascendencia, sería que el Fiscal pudiera tener motivos para
ser chantajeado, pero esto no ha despertado el interés de los ‘co-
municadores).
Grave este sistema de producir (ya que no es recoger) noticias no
en función de su relevancia intrínseca sino de los gustos, intereses o
obsecuencias de los comunicadores; el ‘cuarto poder’ solo se interesa
en mostrar a quienes no gozan de su simpatía (casi todos políticos y/o
funcionarios públicos) como si fueran causantes de que no vivamos en
una sociedad feliz y prospera; nos mantienen en un mundo donde solo
existen la corrupción y/o la frivolidad, desapareciendo lo que debería
ser el análisis de los problemas del país en cuanto a mala organización
en sus estructuras sociales, económicas, políticas o jurídicas.

Estadísticas o siliconas 13/09/2006


Parece que el Gobierno se adelantó al mundo de las cirugías
plásticas y los paraísos, y al uso de rellenos y de liposucciones
para mostrar una imagen artificial de la realidad.

200
Juan Manuel López Caballero

Ya se ha comentado repetidamente que eso se aplica cuando


mediante cambios en el sistema de medición se muestra baja en el
desempleo pero se omite que ha sido más el crecimiento del subem-
pleo; o cuando se presenta como crecimiento de la ‘inversión’ lo que
es un simple traspaso de propiedad de manos de un nacional a un
extranjero; o cuando se exagera la eventual disminución del número
de secuestros al cambiar la metodología y excluir de las cifras los
‘paseos millonarios’, los casos en que los padres se llevan a sus hijos
o las personas devueltas en las pescas milagrosas; o de las cifras de
muertes se excluyen las “bajas en combate por conflicto armado”,
las de “acciones contra la delincuencia”, y todos aquellos cadáveres
que están apareciendo en fosas comunes (estimados en 10.000 por el
Fiscal); o cuando para mostrar altas cifras de escolaridad o de asis-
tencia técnica del Sena se mencionan los decretos que modifican el
sistema aunque la base real de personal o de recursos presupuestales
no cambien (aumentan los cupos por profesor en el primer caso, o se
divide en varios cursos lo que antes era uno, en el segundo).
Ahora el decrecimiento en el ingreso de los Colombianos que
certificaba el Departamento Nacional de Planeación es ‘corregido’
por una nueva Directora que encuentra que lo que hay es un mayor
ingreso porque detectó un equivocado manejo de la información
por la administración anterior. Algo similar pasa cuando la recién
nombrada Ministra de Comunicaciones afirma que lo que sucede
en la Comisión Nacional de Televisión es que los actuales miem-
bros no son aptos para el cargo, como si no hubiera sido el mismo
Gobierno quien nombró a tres de ellos y promovió o apadrinó a
los otros dos. Informaciones que por descuido en el control de los
medios delatan un mal desempeño son ‘rectificadas’ por cambios
de funcionarios o ‘actualizaciones metodológicas’ que como en el
reality producen un ‘cambio extremo’.
La visión oficial es que las estadísticas no son herramientas ne-
cesarias para gobernar correctamente sino instrumento para hacer
política mostrando falsos resultados. Basta recordar la salida del
pasado Director del Dane Doctor Caballero por negarse a ‘negociar’
con el ejecutivo los datos que producía su Departamento. Así hemos

201
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

perdido toda credibilidad en las cifras con las cuales trabajamos,


al punto que todos estamos concientes que el censo mismo no es
confiable, mientras el gobierno se complace porque se inflan las
cifras de ingreso per cápita y se reducen las transferencias.
Pero el summum ha sido el montaje de falsos atentados por parte
de miembros de las fuerzas armadas. La alocución presidencial
(además de inconstitucional intromisión en lo que es competencia
de la rama judicial) solo adicionó la confusión sobre si la informante
si lo era en verdad, o si era una falsa reinsertada que seguía traba-
jando para la guerrilla, o si, cual especie de mata-hari, engañaba
también a la guerrilla y para protegerla los oficiales vinculados al
caso permitieron que uno de los atentados prosperara. Lo que no
dejó duda es que parte de las operaciones de inteligencia de las au-
toridades y del sistema de mayores logros o ‘positivos’ corresponde
a ‘siliconas’, y que no es el Presidente quien quiere corregir eso.

El Censo 01/06/2006
Alrededor de los datos que ha venido soltando el DANE sobre
resultados del Censo Poblacional se han manifestado toda clase de
inquietudes –o tal vez sería más correcto decir de críticas-.
Razones no faltan.
Cuando el anterior director del DANE se negó a manipular las
cifras según lo ordenara el Gobierno, quién lo remplazó trajo como
aporte o propuesta propia un cambio de metodología para realizar el
censo. Los funcionarios salientes al igual que sectores importantes
de la Academia consideraron inconveniente tanto el hecho mismo
de cambiar de sistema como el contenido del nuevo, dada la poca
confiabilidad que a su juicio brindaba.
Dentro del carácter prepotente del Gobierno y de la lógica de
jugar en equipo con quien le representaba la salida de una situación
tan delicada como la denuncia de intento de manipulación de ci-
fras que el Director saliente acababa de relevar, se optó por seguir
adelante con la innovación a pesar del poco respaldo con el cual
contaba y la relativa inseguridad sobre lo que resultaría.

202
Juan Manuel López Caballero

Ahora nos encontramos con que la información sobre la cual se


debe fundamentar toda decisión de Gobierno es la primera que apa-
rece cuestionada. El dato global de que supuestamente somos casi
10% menos colombianos de lo que creíamos (o sea, que nuestros
cálculos erraban por cerca de 4 millones) es demasiado sorprenden-
te. Pero lo que esto implica parece imposible. Por ejemplo el cambio
de ciertos indicadores como el que dice que entre el último censo
1993 y hoy mejoramos y redujimos tanto las tasas de crecimiento
demográfico que superamos a los países industrializados.
Los ciudadanos cedulados según la Registraduría son 27.138
.678 millones de nacionales. Se sabe que la Registraduría tiene
un número superior al real pero por la depuración con motivo de
las dos últimas elecciones el error máximo puede ser de algunos
cientos de miles; pero teniendo en cuenta que es un registro per-
manente y continuo no hay duda que es muchísimo más correcto
que el censo. El estudio de la Procuraduría -basado en datos del
DANE-cuantifica en 11.925.488 los jóvenes entre 5 y 17 años; la
misma proporción daría que entre los menores de 5 años y los de
entre 17 y 18 años sumarían otros 6 millones; eso diría que la suma
total de población daría 45 millones de colombianos.
Aumenta las dudas la entrega a cuentagotas y sin haber realizado
el muestreo usual postcensual para validar su confiabilidad.
Lo grave es que esto trae consecuencias que a muchos nos
parecen indeseables: por un lado la falta de bases ciertas para tra-
bajar y tomar decisiones; por otro la inminente posibilidad de que
se continúe la costumbre de usar datos de un mundo virtual para
presentar realizaciones de Gobierno –por ejemplo nos refregarán
que no estamos tan mal porque el PIB per cápita sería 10% más alto
de lo que creíamos-; pero sobre todo que el reparto presupuestal
se verá alterado, produciéndose, por ejemplo, lo que el Gobierno
tanto quiere, es decir, una disminución de las transferencias a las
regiones, y que son además los recursos destinados a educación y
salud (puesto que éstas se hacen en base a la cantidad de población
de cada ente territorial).

203
Síntomas de una enfermedad 26/04/2009
El debate planteado por el Presidente y sus seguidores
contra la prensa ha venido a revelar algo mucho más gra-
ve que los escándalos que han motivado ese enfrentamien-
to entre quienes antes parecían estar en un mismo equipo.
Los cuestionamientos a la actividad de la prensa han venido de
tiempo atrás de muchas fuentes y tomado muchas formas. Esto
por una razón elemental: es un poder sin funciones constitucional
o legalmente definidas, y, como consecuencia, sin que se sepa qué
se debe controlar, o menos cómo se puede controlar. Eso hace que
sean tan arbitrarios los actos de quienes se benefician de ‘la liber-
tad de prensa’ como los cuestionamientos de quienes la atacan.
El hecho es que para el caso presente este punto no está
en discusión, puesto que no hay nada nuevo al respecto.
Tampoco es nuevo que los gobiernistas encabezados por el presi-
dente acudan al viejo principio de que ‘la mejor defensa es el ata-
que’, y lo usen con el propósito de desviar la atención y crear una
cortina de humo que disimule lo grave de lo que está apareciendo.
Lo cierto es que hay unas acusaciones concretas, que coinciden con
unos hechos concretos, y presentadas por actores que en principio
tienen conocimientos concretos sobre ellos. Lo que los medios
hacen es presentar esto como noticia; no son ellos los acusadores.
¿Cómo se van a ocultar o minimizar noticias como que hay sin-
dicaciones de que el organismo de inteligencia estaba al servicio
de los delincuentes, que recibía por cuenta de ellos y para ellos
comisiones por los contratos que suscribía, que la elección del
Presidente fue fruto de un fraude electoral, o que el Estado pasó
a los paramilitares la lista de sindicalistas que después fueron
asesinados? Y si estas acusaciones –ciertas o no- vienen de un
hombre de confianza llevado por el director de los servicios
secretos y de seguridad del Estado ¿como no pedir cuentas?
Por sospechas de fraude electoral nació el M19; por acusacio-
nes de ingresos del narcotráfico se conmocionó el país con el
proceso 8.000; con el rumor de que la muerte de Mamatoco
había sido crimen de Estado se intentó justificar el Golpe de
estado de Pasto contra Lopez Pumarejo; pero nunca se habían
producido simultáneamente todas estas acusaciones, ni habían
sido los denunciantes los supuestos responsables de los actos.
Graves son los hechos ya comprobados; gravísimas las acusaciones
que se investigan; pero lo más grave de todo es la reacción de los
seguidores de Uribe ante esto.
Cuando Hitler, Goebbels, Himmler, y su camarilla comenzaron
la política nazi, Alemania no quiso entender de qué se trataba. La
mala administración comunista, el sentido de ‘Patria’ exacerbado
por la derrotas de la anterior guerra, y algunos buenos logros de
su administración (recuperación económica y obras públicas) per-
mitieron a Hitler y compañía justificar sus excesos.
Pero el mal alemán no fue que ellos subieran al poder sino
que la población o las mayorías aceptaron cegarse y no eva-
luar hacia dónde iban, ni oponerse al rumbo que tomaban.
Quienes por adhesión a una persona consideran antipatriótico
pedir claridad respecto a estos temas deberían pensar también en
la posibilidad hipotética que algo o mucho de lo dicho por los de-
nunciantes pueda ser cierto… hacer eso sería un simple ejercicio
de ecuanimidad… pero sería interesante saber a que conclusiones
–aunque sea hipotéticamente- los llevaría…

Época de encuestas 17/09/2007


Una encuesta según la cual los hombres tenían en promedio
por individuo más relaciones heterosexuales (o sea con miembros
del otro sexo) que las mujeres, despertó entre los profesionales
del ramo una inquietud de hasta dónde podía llegar el error en sus
conclusiones.
La realidad es que por cada acto sexual de algún hombre está el
de la mujer, por lo tanto el total es el mismo para los dos sexos, y
teniendo en cuenta que la población masculina y la femenina son
prácticamente igual, el promedio no puede ser diferente.
Cualquier encuesta que no dé este resultado tiene un error, y la
explicación aunque puede estar en que el encuestado suministra

205
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

mal la información (las mujeres tienden a mostrarse ‘recatadas’ y


los hombres a mostrarse ‘muy machos’) generalmente está en un
mal diseño de la muestra tomada.
Para este caso el error puede estar por ejemplo en que se pon-
deran de la misma forma todas las edades y no se toma en cuenta
que la sexualidad activa del hombre se prolonga más que la de la
mujer (se toma solo en consideración la proporción por ejemplo de
mayores de 70 como total de la población pero no que la cantidad
de ‘encuentros’ a los 70 años es menor que a los 50, y que a esa
edad el varón es más activo que la mujer).
Es obvio que entre más grande sea la encuesta más acertada
puede ser, pero porque permite hacer más subdivisiones con
ponderaciones diferentes. En el ejemplo mencionado no se me-
joraría mucho la información ni la exactitud con solo doblar el
número de entrevistas pero sí al hacer la partición teniendo en
cuenta esas características (sorpresa: si en términos comparati-
vos el sexo masculino es más activo cuando viejo eso implica
que las mujeres tienen más relaciones en el resto de la vida
–la diferencia es muy pequeña pues en esa edad mayor los en-
cuentros son mucho más distanciados, pero según eso la mujer
durante la ‘edad madura’ sería más ‘fácil’ o más libidinosa que
el hombre).
Por eso, a diferencia del cuento del chorizo, lo esencial en una
encuesta es saber cómo se hace, ya que a través de la definición
y partición del universo que se diseña y/o de la forma en que se
presente se puede obtener fácilmente una distorsión de lo que se
pretende averiguar.
En particular deben producirnos una inquietud similar las en-
cuestas políticas, cuando para una misma información dos firmas
dan resultados que muestran una diferencia más grande que el
margen de error que ellas dicen, puesto que en principio esto de-
bería ser imposible.
El caso de una mala presentación se puede ilustrar con un
ejemplo: Si se toma a mil personas como representativas de una
población, la pregunta de si piensan votar o no puede tener un de-

206
Juan Manuel López Caballero

terminado margen de error (supongamos que 300 no piensan votar,


y que el margen de error así es 5%); si en la segunda pregunta debe
indicar el candidato por el cual piensa votar, la muestra será sobre
700, por lo tanto el margen de error no puede ser el mismo sino
será mayor; como casi nunca aparece esto en la información sobre
la metodología, la diferencia entre dos encuestadores puede ser de
más de ese 5% sin que aparezca explicación alguna pues la ficha
solo menciona el margen de error sobre el total entrevistado; y si en
vez de dos opciones (como el caso de la pregunta si va a votar o no,
o si votará por el candidato A o por el B) son varias las opciones,
el margen de error será más grande entre más posibilidades haya.
Que puede haber interés en manipular las encuestas es obvio pues
aunque sea algo absurdo, la verdad es que muy buena parte de los
votantes tienen tendencia a ver las elecciones como quien apuesta
en una carrera de caballos: no votan por defender un programa sino
por acertar al ganador (y, tal como se le está cuestionando ahora al
Director del Partido Liberal, esto se puede convertir en estrategia
de los conductores de una u otra colectividad con la esperanza de
así mostrar un aparente triunfo de los candidatos avalados).
En relación a esto las encuestas no informan sino son usadas
como un truco o guía que los orienta por quien votar. De ahí nace
el interés de cada candidato de difundir encuestas que lo favore-
cen. Y por eso debería ser igualmente proporcional el interés del
elector por analizar su contenido y no limitarse a ‘tragar entero’
la presentación.
Una encuesta para la gobernación puede tomar como referencia
la población de un municipio pero puede que en él la votación efec-
tiva sea ya tradicionalmente mucho menor, en proporción a la de
otros municipios; así pasa en general en las zonas rurales en com-
paración con las capitales. Por eso según el electorado donde tenga
su fuerte un candidato mostrará encuestas en todo el departamento o
las de la capital. Un caso que se ha puesto como ejemplo es el de la
Gobernación de Antioquia donde en el conjunto de municipios del
Valle de Aburrá la participación electoral ha sido del 42% mientras
en el resto del Departamento tradicionalmente no pasa del 14%. Al

207
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

no incluir esta consideración en la encuesta y guiarse solo por el


censo, el candidato que tiene pocos votos en la periferia aparecerá
con una votación que no se reflejará en la elección.
Otra consideración es el grado de conocimiento sobre los candi-
datos: si uno de ellos es conocido por todos los encuestados mien-
tras otro no lo es, la respuesta de cuántos votarán por el primero es
exactamente la posición definitiva respecto a él (se puede considerar
el tope de su potencial); en cambio la votación por el segundo en
principio solo puede aumentar (no se sabe si quienes no le dan su
apoyo es porque tenían la decisión de no darle su voto, o porque
no lo conocen; luego lo que la encuesta expresa es lo mínimo que
ya lo respalda, o sea su piso y solo puede crecer)
El caso de María Emma ante Samuel Moreno en la consulta
interna del Polo -donde el error fue monumental- tiene varias expli-
caciones: 1. Las encuestas por teléfono dejan de lado a quienes no lo
poseen; pero además, al asumir como universo solo la clasificación
por estratos, no se tiene en cuenta la proporción de dueños de estos
aparatos en cada estrato –la cual evidentemente es mucho mayor
en las clases altas (si por ejemplo los estratos 5 y 6 representan
el 5% del censo pero el 20% de los pobres no tiene teléfono, esos
estratos tendrán más peso del real en la encuesta -el 6.7%-)-; y si
tienen el doble de aparatos la probabilidad de ser representativos
en la encuesta será en proporción de dos a uno –contarán hasta
casi 10%, es decir, el doble de la realidad-). 2. Los ciudadanos 5
y 6 son tradicionalmente más abstencionistas (y más en el caso de
una votación interna del POLO); al únicamente usar el criterio del
censo poblacional se asume que votan en la misma proporción que
las clases medias y bajas lo cual les da un peso que no van a tener
en la elección misma.
Es de imaginar que estas consideraciones las tienen en la Cam-
paña de Samuel Moreno ante Peñaloza y de ahí su optimismo.
A todo lo anterior debe adicionarse lo que inciden por supuesto
la forma de la pregunta y el momento en que se hace. Pero como
bien lo repiten los profesionales de esa actividad, la encuesta es
solo la foto del momento.

208
Juan Manuel López Caballero

En últimas lo que sí es expresivo y correcto de las encuestas es


la tendencia que muestran cuando se hace una serie con la misma
metodología.

La pobreza en Colombia ¿aumenta o disminuye?,


¿se estudia o se manipula la información? 25/01/2006
El Director de Planeación Nacional, Santiago Montenegro, in-
formó que la pobreza en Colombia viene disminuyendo.
Esto sorprendió en la medida que contradecía todo lo que se
conocía al respecto: las diferentes entidades y los analistas tanto
nacionales como internacionales habían divulgado lo contrario;
la encuesta de hogares del DANE señalaba una disminución en el
consumo de alimentos (obviamente de las clases pobres porque las
ricas no tienen tal problema, ni pesan tanto en las estadísticas como
para cambiarlas); teniendo en cuenta que Colombia tuvo uno de los
crecimientos más bajos del continente con el peor desempeño de
su historia en comparación a sus vecinos, y que compartimos con
ellos el agrandamiento de la desigualdad entre las clases sociales,
no se entiende como podríamos producir el resultado contrario al
aumento del número de pobres que ha caracterizado al mundo y
especialmente a América Latina; ni que hablar de lo que a la vista
está en cuanto a proliferación de pobres que mendigan en las calles
de todas las ciudades del país.
No es de extrañar sin embargo, en el sentido de que la posibilidad
de reelección nos pone ante la nueva modalidad de ‘candidato-
presidente’, en la cual mientras los candidatos normales tratan
de embaucarnos con la promesa de futuros programas que casi
seguramente no se cumplirán, el argumento de campaña de quien
aspira a renovar su mandato es la presentación de una información
sobre resultados de gestión que, también con el mismo propósito,
casi seguramente es amañada o manipulada.
Eso amerita profundizar un poco sobre ¿Qué es lo que en realidad
está pasando en esta diferencia de apreciaciones sobre la pobreza?
Y en esto solo se puede avanzar entendiendo como se mide ella.
209
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Para definir la línea de pobreza se parte de la definición de la


línea de indigencia, siendo ésta la que corresponde al costo del
mínimo de calorías que se estima requiere el ser humano tan solo
para sobrevivir; a este valor se le agrega un monto correspondiente
a lo que se define como otras ‘necesidades básicas’; y se considera
que quien no perciba como mínimo esa suma está bajo la línea de
pobreza. Eso hace que la medición sea necesariamente alrededor
del ingreso.
Las metodologías de cálculo del ingreso a su turno pueden ser
diversas, y según el interés que se preste al tema, hacerse con mayor
o menor precisión y/o mayor periodicidad. En el caso del Estado
Colombiano se hacen diferentes encuestas –censos ocasionalmente,
encuestas de hogar mensualmente, encuestas de calidad de vida
cada cinco años- y, para este propósito, cada diez años (1964, 1973,
1984, 1994) la llamada ‘Encuesta de Ingresos y Gastos’. (Respecto
a este punto es de destacar la diferencia de atención que prestamos
al tema de desarrollo económico y al de los problemas sociales,
cuando calcular el crecimiento del PIB es igual de difícil y esto lo
hacemos no solo anual sino trimestralmente).
En ese periodo de diez años hay cambios en la edad promedio
y la expectativa de vida, en los hábitos de consumo de alimentos,
en algunos aspectos de lo que son necesidades básicas, y como es
obvio en los precios de todo. Por ejemplo, para el caso de Colom-
bia, entre 1984 y 1994 el mínimo de calorías requerido subió de
2.209 a 2.297, la canasta que lo compone de 39 a 49 productos, la
edad mediana de las personas de 20.1 a 22.6 (a 25.4 en 2005), y
el consolidado de la línea de pobreza de $2.889 a $3.629 diarios
(en pesos de 2003).
Desde esa fecha hasta hoy no se ha realizado la Encuesta de
Ingresos y Gastos (luego, en lo que se consideraría como pobreza
hoy, no conocemos qué correspondería como canasta de consumos,
en qué estaría representado el mínimo de calorías, su costo, etc.), y
apenas estamos a la espera de los resultados del censo que se está
realizando para incluir edad promedio de la población, cambios
de hábitos y criterios sobre necesidades básicas y otros, e incluso

210
Juan Manuel López Caballero

una cifra sobre ingresos de los diferentes sectores poblacionales.


En consecuencia no se ha actualizado ninguno de los datos que se
han usado sistemáticamente para establecer los niveles de pobreza
y la cantidad de pobres del país.
No sabemos qué mecanismo sustituto ha utilizado Planeación
Nacional; pero los datos para el comienzo o para el final del go-
bierno no existen, luego es una metodología ‘hechiza’ que en el
mejor de los casos trabajaría en base a ajustes monetarios a los datos
de 1994. Bastaría sin embargo que se hubiera decidido bajar por
ejemplo el nivel de calorías y nos encontraríamos con un cambio
grande en los resultados (la ‘posibilidad’ de reducirla a 2.116 ya
se había planteado).
Ahora bien, otras fuentes y otras metodologías pueden mostrar
resultados diferentes. Pero en conjunto nos suministran información
sobre la tendencia y la orientación de la variación entre un periodo
y otro. Para estos efectos tenemos el siguiente cuadro (presentado
por el Dr. Cesar Caballero a mediados del año pasado en un con-
texto totalmente ajeno al debate actual):
POBREZA POR INGRESOS, COMPARACIÓN ESTIMACIONES DNP,
BANCO MUNDIAL, CEPAL Y CID – UNIVERSIDAD NACIONAL
Banco
DNP CEPAL CID-UNAL
Mundial
1991 0.538 0,561 0,538
1992
1993 0,517 0,517
1994 0,525
1995 0,6
1996 0,528 0,528
1997 0,503 0,509 0,503
1998 0,515 0,515
1999 0,563 0,64 0,549 0,563
2000 0,598 0,598
2001 0,67 0,63 0,610
2002 0,625
2003 0,532 0,642
Fuente: DNP, Banco Mundial, CEPAL CID-UNAL

211
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Por concentrar su interés en este tipo de información y ser dise-


ñadas para ajustarse permanentemente, las estadísticas del Centro
de Investigaciones para el Desarrollo de la Universidad Nacional
(CID) son las más significativas. Coinciden con las otras fuentes,
pero en especial concretan dos cosas: 1) Respecto a las cifras de
la Dirección Nacional de Planeación, muestran que el Gobierno
actual cambió de metodología (puesto que, como se ve, antes usaban
la misma); y 2) Que la afirmación del Dr. Montenegro desafía la
imaginación de cualquiera: la diferencia de 0.61 a 0.642 representa
más de 1.400.000 nuevos pobres, y si lo adicionamos a los más de
2.300.000 que según planeación “dejaron de ser pobres” durante
este Gobierno, tendríamos que entre los años 2004 y 2005 casi
4.000.000 de Colombianos salieron de la pobreza (!!!!).
Teniendo el antecedente de que el anterior director del DANE Dr.
Cesar Caballero tuvo que renunciar ante la condición impuesta de
que solo podía divulgar la información que satisficiera el propósito de
proyectar la buena imagen del Gobierno, es presumible que la ‘me-
todología sustituta’ haya sido escogida dentro de los mismos linea-
mientos. De todo lo anterior se deriva que la última presentación de la
DNP sin ninguna de estas aclaraciones y sin la información sobre las
modificaciones que se hayan podido producir, es un acto electorero y
no de análisis para evaluar la situación del país; y que la comparación
que supone estar haciendo Planeación Nacional no es significativa,
ni las conclusiones en principio correctas ni confiables.

La gestión del Gobierno y el modelo económico 18/03/2008


La aprobación política y el respaldo que recibe el presidente
puede ser que no tengan paralelo en los resultados de su gestión
en la economía; y, lo que es más grave, puede que el modelo de
desarrollo que se maneja no nos sea conveniente.
Muestran las encuestas que la imagen favorable del Dr. Uribe
superó todas las estadísticas (subió 3 puntos) por la forma de su
actuación en la crisis que él mismo montó. (Bush también logró la

212
Juan Manuel López Caballero

máxima aprobación histórica y también de 84% el día que declaró la


guerra a Iraq; pero ésta no solo lo llevó a acabar siendo el Presidente
más descalificado interna y externamente, sino le significó a su país
el desangre que muchos consideran parte de las causas de su crisis
económica).
También muestran las encuestas que cambió en sentido contrario
la percepción de la situación del país (bajó 14 puntos: los que pien-
san que está empeorando pasaron de 35% a 48%). Probablemente
si se tomaran solo los economistas, el porcentaje de quienes ven
un futuro gris -o menos claro que el que pintan las autoridades-
sería tan grande como el de quienes aplauden las actuaciones del
primer mandatario.
Personalmente no creo que la situación está desmejorando sino
que está pasando lo del cuento de los gatitos que recién nacidos
eran ‘uribistas’ pero que de pronto empiezan a cambiar de parecer
porque a partir de cierto momento todos, exceptuando los que sí
son ciegos, comienzan a abrir los ojos.
El hecho es que existen diferencias respecto a cual es la con-
tribución interna al buen momento económico que vive el país,
pero nadie desconoce que se debe mayormente al contexto inter-
nacional.
Y como no es sensato montarse en un plan de desarrollo que está
condicionado a que ese contexto internacional sea el mejor de la
historia o que sea necesariamente el más favorable para nosotros,
sería conveniente explicitar o entender cual es el que ahora nos
rige.
Esto es simple pues consiste en que se sustituyó la noción
compleja de que éste debería comprender diferentes objetivos
(desarrollo social, justicia social, avances en la cultura y el orde-
namiento político, etc.), y diferentes instrumentos (leyes, institu-
ciones, interacciones entre los estamentos y los actores sociales), y
se asumió el supuesto que el libre mercado y la libre competencia
responden por todo esto.
Se puede decir que lo que conceptualmente existe es el modelo
de la ‘Globalización’ para participar en lo que supone ser El Mer-

213
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

cado (así. con mayúsculas). ¿Qué nos ha traído y en qué estamos


en este proceso?
Ha crecido nuestro comercio pero a costa de más dependencia
del mundo exterior. Aumentó el valor de nuestras exportaciones
pero aún más el de nuestras importaciones. Nuestro aumento
se debió principalmente al mayor precio de nuestras materias
primas (Petróleo, Carbón, Niquel, Oro), mientras la importación
de alimentos superó el record histórico, y a que Venezuela pasó
a ser el comprador del cual dependen nuestras exportaciones
del sector no primario. Nuestra ‘bonanza’ está basada en estas
dos situaciones (el ‘éxito’ de que Bush inscribiera a Venezuela
entre los países terroristas significa la prohibición de comercio
con ellos). Pero además, desde el punto vista del desarrollo sig-
nifica un atraso: se considera que éste evoluciona alrededor de
los sectores donde se logra el máximo de valor agregado –en su
orden: extracción de recursos naturales, agricultura, manufactura,
industria, servicios, conocimiento-, y en nuestro caso tanto ha
aumentado la importancia de los sectores más elementales como
disminuido la participación en investigación, ciencia y tecnología
en las prioridades del Gobierno (¿Qué tal el caso Carimagua -que
tenía por función o razón de ser el generar el conocimiento para el
desarrollo y la explotación de la media Colombia que representa
la Orinoquia-?).
El déficit comercial implica en últimas que ni mediante el
intercambio logramos que lo que producimos nos dé para lo que
consumimos. O sea que consumimos a crédito, lo cual se refleja en
el crecimiento de nuestro endeudamiento internacional ¿Cuál es la
política o el modelo que el gobierno aplica al respecto? La mayor
deuda externa, la ve con complacencia como una aprobación a sus
políticas. El único rubro que aporta más a la balanza de pagos que
la enajenación de nuestra riqueza natural es la remesa de divisas de
nuestros exilados (4 millones de compatriotas que buscaron solu-
ción de vida en el extranjero nos enviarán 5.000 millones de dólares
para que sus familias sobrevivan aquí y para que el país compense
parcialmente lo que requiere del extranjero). Esto tampoco produce

214
Juan Manuel López Caballero

inquietud al gobierno –ni en cuanto al país, ni en cuanto a lo que


significa para quienes eligen tal opción -.
Pero lo anterior no es suficiente para equilibrar nuestro défi-
cit; entonces pretende el Gobierno -o el modelo- que el faltante
se subsana mediante los capitales que llegan como ‘inversión
extranjera’. No parece tenerse en cuenta que es ‘inversión’ para
quienes los traen de afuera, pero no así para el país, puesto que
en su mayoría se destinan a la adquisición de empresas existentes
y no a montar nuevos centros de generación de riqueza; ni que lo
que hoy ingresa como capital es una entrada ocasional mientras
que lo que ello producirá en dividendos será una salida continua
para el inversionista extranjero. Como la ganancia es el incentivo
a la venida de esos capitales, fenómenos como la revaluación y la
diferencia de intereses para los capitales golondrina, o que se dé al
capital extranjero el seguro que no se ofrece al colombiano, o que
el patrimonio nacional sea vendido a menosprecio, no molestan a
quienes administran o respaldan el modelo.
El promotor de este modelo ha sido la actual administración
americana y por eso la ‘necesidad’ del TLC. Nos encontramos así
ante la contradicción o paradoja de que este modelo de desarrollo
supone la neutralidad o el multilateralismo del mercado libre y uni-
versal, pero lo aplicamos en forma tal que no cumple ese requisito
para aportar los beneficios que pudiera tener (esto independiente-
mente de que probablemente aún en su correcta aplicación serían
menores que los perjuicios que causa).
El otro pilar para mantener el modelo es la falta de cuestio-
namientos por parte de los gremios y el sector ‘productivo’. Las
declaraciones de los voceros del sector agropecuario en el debate
al Ministro de Agricultura o el silencio de los industriales ante los
enfrentamientos con Chávez tienen su explicación pero también su
costo. Para un crecimiento del valor de la producción del campo
de cerca al 2.5% equivalente a algo como 700.000 millones de
pesos se han repartido entre subsidios de AIS o directamente a
Palmeros, Floricultores, Bananeros, etc. más de 1.200.000 mi-
llones de pesos; en otras palabras la gestión del campo no solo

215
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

retrasa el crecimiento general que pudo estar cerca del 6% sino


significa pérdidas para la Nación. O para que la actitud belicista
ante nuestros vecinos no sufriera la descalificación de los grandes
empresarios, el presidente les prometió directamente en llamadas
personales un seguro para lo que les podría representar la nacio-
nalización de sus inversiones allá (2.800 millones de dólares).
¿Será sostenible o conveniente este modelo?

216
Parte
Parte IIV
V
POLÍTICA
POLÍTICA
Presentación
1.- ¿Uribe es un buen gobernante o un buen político? Buen
político mediático y en campaña permanente en sus Consejos co-
munitarios. Pero muchas vueltas, revueltas y contravueltas en cada
caso, sin claridad en las metas de las políticas de Estado.
Carimagua es un ejemplo. Sitio de ciencia y tecnología para con-
vertirlo en una finca para desplazados, primero, luego en hacienda
de palma africana. Otro, los avatares de funcionarios importantes,
Noguera del Das, luego la Canciller Araujo y ahora el ministro
Zuluaga, sin hablar de Valencia Cossio en complicaciones.
Tiene cosas buenas. Logra capturas, aunque la planta directiva de las
guerrillas sigue incólume. Logra desmovilizaciones de los paras, pero la
mitad vuelve a la delincuencia. Tiene éxitos en la recuperación econó-
mica gracias a los precios de las exportaciones mineras y a Venezuela y
Ecuador. La agricultura en cambio planea y la industria se fatiga antes
de la crisis mundial.
Tiene cosas feas, como la guerra total con efectos sociales de
desplazamientos y fumigaciones que dañan también los cultivos
sanos. Hostiga a los altos tribunales y a la justicia. Entiende los
problemas de los diez ingenios azucareros, pero no los de los miles
de corteros de caña.
Tiene cosas malas, como que le da total prioridad a la guerra y a
la estabilidad macroeconómica, con atención muy secundaria a las
víctimas, a los desplazados y a los damnificados por las tremendas
oleadas invernales –sin contar los falsos y criminales positivos.
Hay gobernantes de tradición, otros por ascenso y algunos
“misioneros”. Pero el carisma misionero es bueno a condición de
que no caiga en obsesiones patológicas y a condición de que su
obsesión sea un acierto y no una equivocación.
219
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

2.- En los eventos electorales a Uribe le va bien, pero quizá


nos equivocamos. Brasil, Chile, Venezuela, Ecuador y Bolivia
marchan en otra dirección. Los partidos uribistas, el conservador
comprendido, siguen en sus cuentas aunque con ventaja para la U.
El Polo logra posesionarse. Su base electoral es aún marginal. El
partido liberal, en cambio, declina. Solo con candidatos a 22 go-
bernaciones, con apenas 39% de aspirantes a las alcaldías y apenas
con 18% de candidatos a los concejos, el Jefe César Gaviria para
desempeñar el papel de sepulturero, para cuyo papel nadie le ha
dado el mandato. Si trata de sustraerse a los Estatutos del Partido y
“reinar” a su gusto, volvemos a partidos de caudillos, sin normas,
ni instituciones. O se vuelve por el partido liberal o nos quedamos
con el partido de un César.
3.- Tras el celebrado éxito de la operación Jaque, se destapa la
voluntad de reelección dándole curso al plebiscito. El otro destape
es que no valen los 4 millones de desplazados, ni el 1,2 millones
de afectados por el invierno, ni los 13.000 homicidios fuera de
combate, ni las 975 “ejecuciones extrajudiciales”. Solo vale la
continuidad y la guerra contra la insurgencia.

Bernardo García

220
Capítulo XII
Política

Uribe: ¿buen político o buen gobernante? 05/03/2008


Sería necio desconocer que Álvaro Uribe ha tenido grandes
éxitos como político.
Pero no necesariamente el éxito como político significa buen
gobernante, en la medida que a sus gobernados les podría convenir
más algo que represente mejores respuestas a los problemas ciuda-
danos aunque signifiquen para él menos como logros políticos.
Yo creo que la inmensa mayoría del país preferiría un éxito en
mejorar las relaciones con los vecinos, que demostrar que tenemos
la razón al buscar el enfrentamiento;
Preferiría tener un avance en la búsqueda de la paz, que una
victoria en alguna operación de guerra;
Preferiría lograr un acuerdo humanitario para liberar a quienes
las FARC tienen en cautiverio, que el probar que si quisieran las
FARC podrían liberar unilateralmente los cautivos sin necesidad
de despeje Pradera y Florida;
Preferirían el éxito de poder andar por unas carreteras donde
la seguridad consista en que no hay peligro, que el de que esa
seguridad dependa de que haya tanquetas y retenes militares cada
tantos kilómetros;
Se sentiría mejor con que las víctimas de la barbarie del parami-
litarismo reciban la justa reparación, que con la desmovilización a
medias y con la cuasi-impunidad de sus victimarios;
Nos convendría que se consigan ayudas para atender la educa-
ción y la salud de los colombianos, más que el recibir millones de
221
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

dólares para convertirnos en el escenario de una guerra donde se


supone que se protegería a la juventud americana de su tendencia
al vicio;
Sería mejor que los presupuestos y la inversión del Estado se
reflejen en fuentes de trabajo para los jóvenes y en formas de en-
riquecer a la colectividad, a que sean esos recursos y esos jóvenes
-y el objetivo único de mantener una guerra- la principal fuente de
empleo de la Nación;
O buscar disminuir las condiciones de pobreza y desigualdad
de nuestra población, antes que atraer a las multinacionales con
la venta de nuestras empresas a precios de remate para cubrir con
ello los déficits de nuestra balanza comercial;
Es preferible renegociar el TLC dentro del propósito de que la
mayor parte de sus efectos benéficos se orienten a mejorar la situación
de nuestro país y a cerrar la brecha que nos distancia de la contraparte
(como han sido los tratados de libre comercio entre la Unión Europea),
a lograr que el Presidente Americano impulse en su Congreso uno que
cierre los ojos a lo que nos pasa y nos pase a nosotros, y busque su
aprobación en función de que la libre competencia le permite a sus
empresas aprovechar esa brecha y las ventajas que tienen respecto
las nuestras;
Más importante sería que se rescataran y reactivaran nuestros
sectores productivos de importante impacto económico y social
–v.gr. agricultura y manufacturas-, a que el beneficio que da la re-
valuación del dólar se refleje en la reducción del gasto del ejecutivo
en la deuda externa, pero a costa de la crisis de ellos;
Nos convendría más avanzar en la consolidación de un verda-
dero Estado Democrático donde la garantía para las minorías, el
equilibrio de poderes, y el propósito de acabar con la injusticia
social sean las características de una Constitución cuya jerarquía
superior se reconoce y se respeta, que el encontrar un líder del
cual depende el país, sin el cual no podemos existir, y por lo cual
la Carta Magna supone deber adaptarse a ello.

222
Juan Manuel López Caballero

El caso Carimagua 20/02/2008


El intento de cambio de destinación del predio Carimagua –de
propiedad del Estado-, para ‘concesionarlo’ a unas empresas pal-
micultoras en vez de cumplir con el compromiso de adjudicarlo a
familias de desplazados, abrió demasiados interrogantes para que
deba ser cerrado solo con la declaración del Ministro de Agricul-
tura.
El argumento para no cumplirles a quienes se les había prometido
es lógico y válido tal cual lo presenta hoy el gobierno: se puede ir
incluso más allá y hacer claridad respecto a que la entrega de tierra
a una persona nunca le permitirá competir contra la producción
agroindustrial, ya que la disminución de costos por economías de
escala, eficiencia administrativa, capacidad financiera, investiga-
ción y tecnología, etc. hace que el precio de venta que ponen las
agroempresas en el mercado sea inferior a los costos del productor
campesino, o sea dentro de las leyes del mercado su explotación será
a pérdida (solo tendría sentido si se pretende que vivan aislados en
modelos de autosuficiencia). La tierra como factor de producción
hoy no representa casi nada en comparación con los otros factores
como los costos de un riego, la maquinaria, la capacidad de endeu-
damiento, y mucho menos cuando son tan pobres como esas y se
requiere tantos complementos y tanta inversión que toca comenzar
por lo que llaman ‘hacer la tierra’ (fue el caso del famoso ‘cerrao’
brasilero donde inversiones planeadas y subsidiadas por el Estado
durante 20 años las convirtieron en rentables).
Pero ¿porqué ese análisis tan obvio no se hizo antes y se decidió
entonces por lo que hoy se aclara que era absurdo? Lo mínimo que
muestra es que hay falta de seriedad y demagogia barata en el trato
a los desplazados (lo cual no es un buen mensaje para los países y
las organizaciones que han ayudado en este problema).
Viene ahora la propuesta de entrega a las empresas palmeras.
Pero resulta que se propone bajo una nueva modalidad que en la
práctica consiste en que acceden a la tierra sin tener que comprarla.
Ya se ha destacado la cantidad de beneficios que se ha otorgado al
sector palmicultor (exención de impuestos de patrimonio, financia-

223
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

ción blanda, subsidios para biodiesel, etc.). Vale la pena destacar


que además al estar exentas de gravamen las utilidades durante 10
años no solo se beneficia la promoción de esta actividad en em-
presas sanas para bien del país, sino que, entendiendo que ‘lavar’
o ‘blanquear’ capitales no es circularlos en economías irregulares
(como el contrabando o los Sanandresitos) sino volverlos decla-
rables y que puedan aparecer en la economía formal, también se
convierte en la más eficiente y barata lavandería para capitales
sucios, puesto que basta con no reclamar fiscalmente los gastos y
así todo lo que se presenta como alta rentabilidad queda limpio de
mancha y pecado. El vínculo que ha encontrado la fiscalía entre
algunas de esas empresas y el paramilitarismo deja muy mal sabor
a esta propuesta.
Y respecto al cambio de destino de estas tierras -sea para los
desplazados o para las empresas- falta también la explicación de
porqué se abandona la función que estaba cumpliendo de centro de
investigación: sea cierto o solo demagogia el proyecto publicitado
de la gran explotación de 6 millones de hectáreas de la altillanura,
es claro que lo que más se necesitará es desarrollo del conocimiento
y de las tecnologías para adelantarla; esa granja no solo tiene ya
un recorrido con una cantidad de recursos invertidos (porque sí es
verdad que son tierras lejanas, inhóspitas y pobres, pero por eso el
Estado ha usado decenas de miles de millones en ensayar adecua-
ciones y crear infraestructuras para ver cuándo y cómo se vuelven
productivas y rentables) y un acerbo de información que se perde-
ría, sino también experimentos en trámite que se abandonarían. La
justificación para esto no se conoce ni parece que exista.
Pero muchísimo más debatible en el fondo que la pregunta hasta
ahora planteada de ¿a qué se deben destinar las tierras? es el cómo
y el porqué de esa propuesta del Ministro.
Se ha insinuado que podría mediar algún interés personal o algu-
na forma de ‘corrupción’ detrás de esta decisión; las declaraciones
de quien por tener relación con el Ministro de Hacienda y con una
de las entidades ‘invitadas’ aparecía como ‘sospechoso’ parecen
aclarar que no es éste el caso. Sea como sea, el buscar la corrupción

224
Juan Manuel López Caballero

siempre como explicación es buscar el mal en las ramas y no en las


raíces: mucho más grave que un sistema sea mal utilizado y que
por la intervención de individuos pervertidos se causen eventual-
mente perjuicios, es que el modelo o sistema mismo dentro de su
funcionamiento genere los males.
Detrás de esta decisión hay una concepción del Estado y de la
función de la economía que considera que la generación de riqueza
es la única razón de ser de ambos, y que relega a un papel secun-
dario lo social, lo politico y lo jurídico.
La figura de la concesión o aún la de las privatizaciones de las
responsabilidades del Estado –v. gr. los servicios públicos- son
justificables porque sirven una necesidad colectiva; así, aunque
sea cuestionable que esa enajenación del patrimonio del Estado
sea solo para sufragar gastos de funcionamiento (la venta de la
nevera para pagar el mercado), queda el resultado de que se sigue
atendiendo el interés público; pero la modalidad que ahora se
ofrece tiene por único objetivo que los activos de la nación sirvan
para que con el mínimo de riesgo inicial se enriquezcan más unas
empresas poderosas; no se ve cual es la compensación que recibe
el Estado o la ciudadanía por esto.
Y más inquietudes que el ningún interés social detrás de tal pro-
puesta produce el manejo que se le ha dado a esto. Ante la aparición
de un concepto de la procuraduría, dijo el Ministro que se le olvidó
informar a los órganos de control; eso en plata blanca quiere decir
que lo hacía a espaldas de estos, y, por voluntad o por indiferencia,
en forma clandestina. Teniendo en cuenta lo novedoso y al mismo
tiempo objetable de tal iniciativa (se ha visto más que objetada) no
satisface esa simple explicación para justificar lo sucedido. Menos
aún cuando se vino a saber que se habían escogido unas empresas
‘interesadas’ y que la audiencia pública tenía una fecha cierta que
no había sido divulgada (o lo que sería peor: que llenó las forma-
lidades legales pero se mantuvo fuera del conocimiento de otros
posibles interesados). La actitud del Ministro en la entrevista donde
por primera vez tocó el tema pareció más bien desafiante, cuando
a la anotación de que la procuraduría había emitido un concepto

225
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

desfavorable respondió que al respecto ‘ya veremos’ y anotó a


renglón seguido que de todas maneras ese concepto no obligaba.
Más que lo inesperado del cambio de destino de las tierras debe
inquietar el cómo funciona nuestro gobierno; las hojas están mal
cuando las raices están enfermas. Lo que tenemos es una muestra
de un talante claramente autocrático, de extrema derecha y en
consecuencia enemigo de los controles, de la división de poderes,
de las restricciones que impone un Estado de Derecho, que usa
la demagogia para engañar a la opinión, que improvisa sin sentir
responsabilidad ante nadie ni por nada, que no conoce ni reconoce
limitación diferente de su propia convicción.

Uribe y sus funcionarios 21/02/2007


El nombramiento o continuidad de un alto funcionario debe
depender de dos criterios: 1) que le sirva al Estado; y 2) que le
sirva al gobernante.
Primero, como requisito esencial y no como un atributo even-
tual, que tenga las capacidades y la idoneidad para desempeñar
las funciones del cargo; se debe dar esto por obvio, pero, además,
que deba ocuparlo o no depende de qué le convenga al país, y no
es un derecho que se adquiere como premio a los méritos o a la
trayectoria del individuo.
Y segundo, siempre y cuando se haya satisfecho lo primero,
que cumpla ciertas necesidades que tienen los gobiernos de dar
representatividad regional, o partidista, o de agradecer respaldos
electorales, o de aprovechar habilidades o conexiones con el Con-
greso, con los medios, etc.
En el caso del posible retiro de Maria Consuelo Araujo se argu-
mentó que esa posición la tenía por mérito propio, que era injusto
que las acusaciones contra sus familiares repercutieran en su ca-
rrera, que su desempeño y sus resultados eran satisfactorios, etc.
El punto a decidir era si al país le convenía que ella mantuviera ese
cargo, o más exactamente, que ejerciera esa representación bajo
las nuevas circunstancias que habían aparecido.

226
Juan Manuel López Caballero

Más que injusto que se haya tenido que retirar fue que tuviera que
pasar por la etapa de ataques y ofensas inmerecidas que padeció al
achacarle a ella una supuesta ambición, un deseo de ‘atornillarse al
puesto’, cuando la decisión no estaba en sus manos, puesto que ni
podía quedarse contra la voluntad del Presidente, ni le correspondía
a ella decidir sobre la importancia que tenía su salida para el país
o para el Gobierno.
Y el problema radica justamente en que el Dr. Uribe decide en
función no de qué le conviene al país, sino de cual es el interés de
él al respecto; y lo que es peor, en función de ese temperamento
que él reivindica de ‘combatiente’ –es decir, motivado más por ‘dar
la pelea’ que por los resultados que se buscan.
Lo cual viene al caso respecto a los nuevos nombramientos en
los Ministerios de Hacienda y de Relaciones Exteriores:
Aunque no hay ninguna duda que el Dr. Zuluaga servirá como
escudero y ayudará en las relaciones con el Congreso, es decir res-
ponderá al segundo criterio de ser útil al Presidente, tienen razón
quienes se preguntan si sirve al país que maneje sus finanzas públi-
cas alguien sin ningún antecedente ni trayectoria al respecto, o si eso
ayudará ante los famosos ‘mercados y organismos internacionales’.
Pero según parece fueron las reservas respecto a los antecedentes
electorales planteados por el informe de la Fundación Arco Iris el
acicate definitivo para que el Dr. Uribe se decidiera por él.
Y si bien la designación del Dr. Araujo parece genial para dar
cupos a la Costa, al Conservatismo, al Pastranismo, y para blindar-
se contra los cuestionamientos en relación a la actitud frente a los
retenidos por la guerrilla y al acuerdo humanitario, despierta dudas
si para el país es conveniente que no se tenga en consideración sus
condiciones psicológicas y su falta de estar empapado de la situa-
ción mundial, las que limitan infortunadamente a quien ha pasado
seis años en cautiverio, aislado del mundo. Pero también en este
caso parece que el que fuera cuestionado por los procesos penales
que cursaban en su contra produce en el Dr. Uribe la adrenalina
que lo motiva a definir los nombramientos.

227
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

La personalidad y el poder 05/07/2007


Desde la perspectiva de la Economía Política, es alrededor de
modelos teóricos –modelos económico, de desarrollo, de orden
público, etc.- que se puede interpretar el proceso que está viviendo
o que se considera debería vivir un país.
Se da menos importancia a los protagonistas del momento, y,
lo relevante de los individuos que acceden o compiten por el go-
bierno es qué representan en cuanto a sectores sociales, políticos
y económicos, y no su personalidad.
Por eso calificar o descalificar en un Gobierno a las personas es
poco útil; sin embargo sus personalidades cuentan, y en últimas impri-
men lo que se podría llamar la personalidad de todo el Gobierno.
Diversas motivaciones y razones mueven a las personas a la
política. Hay aquellos que tienen un espíritu de servicio y ponen
sus capacidades a las ordenes de quien quiera aprovecharlas, pues,
más que querer imponer o desarrollar ideologías o propuestas, su
satisfacción está en aportar y no en beneficiarse.
Otros pueden ver la carrera política como una vocación natu-
ral por los antecedentes que han tenido dentro de su medio; algo
parecido a quien perteneciendo a una familia de médicos sigue la
misma carrera.
También hay a quienes, iniciados en la política sin prepa-
ración o vocación pero llegados a altos cargos de improviso,
les puede suceder con el poder lo que a los ‘nuevos ricos’ que
llegan a tener más dinero del que sabrían usar y empiezan a
hacer locuras.
Algunos ven sus propios éxitos pensando más en lo que repre-
senta para ellos mismos como superación personal que en lo que
representa para el país.
También sin la justificación de la superación, un fenómeno
parecido puede darse en otros, motivados en la simple vanidad,
o sea, cuando las condiciones de partida en la vida les han dado
todas las ventajas y facilidades para lograr una figuración pero no
tienen propuesta o convicción que defender.
Y siempre hay los movidos por la simple ambición, de figurar, de

228
Juan Manuel López Caballero

hacer dinero, de mandar sobre la personas, o en general de a través


del poder político tener control sobre aquello que les interesa.
Mención aparte merecen quienes creen en una propuesta por
considerar que es la respuesta apropiada para la mejor evolución
del mundo que los rodea, o sea quienes hacen política con un sen-
tido de ‘misión’, por convicción no solo en el objetivo y el modelo
que defienden sino en la responsabilidad que como ciudadanos
favorecidos por la fortuna les recae.
Exceptuando los últimos, la personalidad de las categorías ante-
riores se adapta plenamente a la función de subalternos que delegan
en su líder la función de marcar esa personalidad de Gobierno.
En cambio los de esa última categoría son los que uno desearía
para dirigir el país. Se pueden presentar sin embargo dos proble-
mas: uno, que el sentido de ‘misión’ responda al trastorno que los
psiquiatras llaman obsesivo-compulsivo, el cual sin llegar propia-
mente a un estado delirante sí encajona a la persona en una sola
actividad y un solo propósito; y dos, que la visión o propuesta no
sea la más acertada.
Nosotros podemos haber caído en esa doble situación en la
medida que nuestro presidente ve en forma obsesiva y como su
‘misión’ el derrotar a las FARC, sin que ningún Ministro reivindique
la prioridad de otros propósitos, como buscar acuerdos humanitarios
y el fin de la guerra o luchar contra la pobreza y la desigualdad.

Lo bueno, lo malo y lo feo


de la ‘Seguridad Democrática’ 08/03/2006
El Dr. Uribe ha dicho que hará su campaña alrededor de lo que
ha sido su gestión. Es lógico que como candidato intente conven-
cer al elector de que los resultados son ‘palomitas de oro’. Así
los foros gremiales, comunicados, ruedas de prensa, y despliegue
noticioso de lo que dice y hace el mandatario, nos abruman de
tal forma que convierten en realidad virtual la información que
oficialmente se ofrece. Pero evaluemos un poco el programa ban-
dera gubernamental -la ‘seguridad democrática’-, sobre la base de
229
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

que en toda política puede haber elementos buenos, malos o feos.


Lo Bueno o los aspectos positivos.
De mostrar ha sido la disminución de homicidios y secuestros
en el discurrir de estos cuatro años. Sin embargo vale anotar: al
igual que bajo Andrés Pastrana cayó bruscamente la tasa de muer-
tes debidas a la guerra, pero aumentó también drásticamente la
tasa de homicidios (pues lo único que hubo fue un simple cambio
de categoría para mostrar unos resultados de la ‘paz’), hoy hay
menos muertes fuera del conflicto armado, pero las bajas de la
policía subieron en 30%, las de las fuerzas militares aún más, y
de acuerdo a las informaciones oficiales las de la guerrilla se han
doblado, con lo que el total de muertes solo bajó algo como el 10%
(y como el subempleo en relación al empleo, aquí los heridos y
mutilados triplican la disminución de muertos); y la cantidad menor
de secuestros no ha disminuido el número de personas en poder de
los delincuentes (los datos oficiales cambiaron la metodología al
contabilizar solo los casos judicializados).
También cuenta el poder circular por las carreteras para ir a las
fincas para quien son beneficiados por ello y por ese motivo se
declaran tan ‘uribundos’. El otro logro grande reconocido es algo
de la desactivación de la parte armada paramilitar.
Lo malo son sobre todo los aspectos inciertos. No se conoce
cuáles son los componentes o los objetivos de esa ‘Seguridad De-
mocrática’, y por lo vivido hasta el momento, se refiere únicamente
a los problemas de orden público, dejando de lado los otros aspectos
que requiere la convivencia de una comunidad (lo social, lo jurídi-
co, lo político, etc). Eso y el rechazo aparentemente obsesivo del
mandatario a estudiar y reconocer realidades tan evidentes como
la existencia del conflicto armado, de opciones tan deseables como
buscar un diálogo y no sólo una rendición, o del peligro ambiental
de arrasar a cualquier costo la región donde el enemigo tiene sus
cultivos, hacen que más que ante una política de Estado, estemos
ante una motivación personal de ‘matar la culebra’, en cuanto a la
guerrilla, y, en cuanto a la droga, ante una actitud servil para buscar
el apoyo americano.

230
Juan Manuel López Caballero

Pero lo más grave es lo dudoso de los resultados: A pesar de los


recursos destinados (nacionales y americanos), de los ‘éxitos’ di-
plomáticos (la calificación de ‘terroristas’), de los partes de victoria
en los planes ‘Patriota’, ‘Guerrero’, etc., de las capturas de ‘jefes
de finanzas’, ‘segundos’ de tal o cual bloque o tal o cual jefe, y
‘hombres clave’ de la guerrilla, a pesar de todo ello, lo evidente es
que lo logrado no muestra una luz al final del túnel sino lo contra-
rio: según lo visto anteriormente, para llevar los homicidios y los
secuestros a los índices de un país normal requeriríamos decenas
de años; la captura de un jefe de importancia de algún frente guerri-
llero parece lejana y la captura de todos o la mayoría del comando
central algo más que imposible; la solución de proteger a todos los
colombianos en el amplio territorio nacional con la presencia de
fuerza pública como se ha hecho en las carreteras no es viable; los
costos en recursos económicos, en cuestionamientos internaciona-
les, y en bajas en todas las filas, han excedido cualquier cálculo;
los decomisos, la quema de laboratorios, el precio de la cocaïna
en Estados Unidos muestran más una expansión del negocio que
una reducción; y qué decir del fracaso de la erradicación de coca
de la Macarena. Y respecto a las ‘desmovilizaciones’, nada se ha
tocado del apoyo y los recursos que acompañaban su poder (no han
entregado un solo cultivo, o informado sobre alguna de sus rutas y
redes, o denunciado un solo socio en la cadena del tráfico), luego
no parece que disminuye sino que se legaliza su capacidad ‘persua-
siva’; y tampoco hay claridad en relación a cómo se espera será la
‘reinserción’ de quienes se acogen a esa opción. Por último, entre
los logros el Gobierno le incluye la reactivación económica y un
aumento de la inversión extranjera, pero la primera parece deberse
más a factores externos (remesas, altos precios del petróleo, bajos
intereses americanos); y la segunda no ha llevado a incrementar
la capacidad productiva con montaje de nuevas empresas para be-
neficio de nuestros nacionales, sino a mejorarle las posibilidades
de explotar y extraer más del país mediante la adquisición de unas
empresas con mercados cautivos y semimonopólicos que poco
existen ya en el mundo.

231
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Pero además su lado feo también lo tiene. Por una parte, la


indiferencia ante el millón largo de colombianos que han perdido
sus hogares dentro del desarrollo de este programa de ‘guerra
total’. Por otra, el disminuir la prioridad de asignar recursos
económicos a la atención de los problemas de salud, educación
o vivienda por subvenir a las necesidades de esa guerra (con el
agravante de destinar a una especie de hueco sin fondo las su-
cesivas reformas tributarias que no han impedido que el déficit
del gobierno central haya crecido año tras año en este mandato).
Feo y muy feo también es el mecanismo que cubre las desmoviliza-
ciones. Al fin y al cabo, cualquiera que sea la presentación detrás de
la mal rebautizada ‘Ley de Justicia y Paz’, hay consenso respecto al
desconocimiento de las tres condiciones de ‘verdad, justicia y repa-
ración’ que los principios humanitarios, hoy formalizados en Leyes
Universales, exigen: por el contrario permite ocultar los diferentes
vínculos y las diferentes responsabilidades de quienes sin ser los
protagonistas serían ideólogos, financistas, beneficiarios y otros,
que bajo diferentes formas de complicidad con el monstruo del
paramilitarismo ni siquiera se mencionarán; garantiza la impunidad
total de todos ellos y, en la práctica, también la de los actores de
las barbaries; y olvida la prioridad de remediar el mal de las vícti-
mas, mediante la reparación moral y económica del daño sufrido.
Pero lo más feo es el desprecio por el sufrimiento y hasta cierto
punto por la vida humana, cuando hay la negativa total a cual-
quier acuerdo humanitario si él no va acompañado de algo que
signifique –así sea solo en imagen- un triunfo político o militar.
Y/o el complemento de hacer depender el ‘rescate’ de ‘la presión
de las fuerzas armadas’, donde para demostrar la maldad de los
contrincantes lo que se pone en peligro es la vida de los rehenes
(puesto que en la lógica de la guerra y del secuestro lo que trae
como consecuencia es la muerte de las víctimas). Esto porque el
respaldo a la ‘Seguridad Democrática’ no depende de sus logros
sino de destacar la barbarie de la contraparte que es lo que le da
legitimidad y produce su aceptación.

232
Capítulo XIII
Elecciones

La verdadera disyuntiva 17/01/2006


La habilidad para manipular la opinión pública ha llevado a
confundir al elector sobre lo que se deberá escoger en los próximos
comicios. Lo que ha venido sucediendo es que nos están engañando
con el falso dilema de si estamos con o contra la guerrilla.
Sobre lo que nos tenemos que pronunciar como individuos es
sobre si compartimos la manera en que se está enfrentando ese
problema y sus múltiples componentes reduciéndolo a una simple
solución de fuerza, y no si coincidimos o no con los postulados y
los métodos de la insurgencia.
El punto a definir por lo tanto es si estamos entre quienes niegan
que el problema de la guerrilla pueda tener en sus orígenes moti-
vaciones diferente de una naturaleza ‘terrorista’ de sus miembros;
si compartimos afirmaciones como la de que ‘no existe conflicto
armado’; posiciones como la de que no existe obligación de buscar
un acuerdo humanitario, y que por eso éste solo sería aceptable si se
acompaña de algunas ventajas políticas o militares; decisiones como
la de poner en juego la vida de lo rehenes (tanto de los que ya están
en manos de la guerrilla como de aquellos que puedan llegar a caer)
bajo la estrategia de que ‘la presión de las fuerzas armadas obligará
a liberarlos’, cuando la lógica del secuestro y de la guerra es que en
esos casos lo que debe suceder es la muerte del secuestrado (como
ya se ha comprobado). Lo que está de por medio es si seguimos al
actual gobierno americano como lo hicimos al declararnos aliados en
su guerra contra Irak, o en su filosofía de las ‘guerras preventivas’,
233
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

o en su defensa de la tortura como instrumento legítimo de protec-


ción de sus ciudadanos; si continuamos fumigando nuestros parques
naturales para proteger a los ciudadanos americanos del peligro que
les representa su tendencia a las drogas, y si amnistiamos a los opera-
dores de motosierras porque, como ellos dicen, le estaban prestando
un servicio a la sociedad, el cual ya cumplió su ciclo porque ahora
viene la fuerza armada a remplazarlos.
Lo que pasa es que la verdadera alternativa es votar para que
quien nos represente sea quien tiene un diagnóstico más coincidente
con nuestros principios y nuestra manera de interpretar nuestra
problemática: quienes sin ponerse del lado de la guerrilla (puesto
que su posición y sobre todo sus métodos son inaceptables) creen
que sin sanear en algo las desigualdades e injusticias sociales no
estamos avanzando; quienes asumen que en toda comunidad la
controversia entre puntos de vista o intereses es natural y es posible
resolverla buscando puntos de conciliación; quienes reconocen el
Derecho Internacional Humanitario como norma legal, constitucio-
nal y como Ley de la Humanidad, y por lo tanto como imperativos
sus mandatos; quienes proponen que los desmesurados recursos
usados para la guerra tendrían mejor uso y producirían mejores
resultados destinándolos a programas para prevenirla y no para
desarrollarla; quienes consideran que tanto la vida de las victimas
del secuestro como el sufrimiento de sus familiares no deben ser
de menor importancia que las conveniencias bélicas; quienes ven
la nueva filosofía imperialista americana como contraria al interés
de la humanidad y a los valores que ésta ha desarrollado, y en
consecuencia no adhieren a ella.
En concreto, estamos ante la disyuntiva política de seguir un
régimen caudillista o no; pero también ante la disyuntiva indivi-
dual de escoger en cuales valores y principios creemos y quien los
representa mejor.

¿Colombia será la excepción? 19/01/2006


Ante la ola de triunfos electorales de los movimientos de tendencia
centro izquierda en América Latina sorprende que Colombia no parez-

234
Juan Manuel López Caballero

ca estar en la misma onda. Esto amerita aventurar alguna explicación.


No parecería ser por la falta de ‘movimientos indigenistas’
puesto que ni Argentina, ni Brazil, ni Venezuela, ni Chile los
tienen, y en todo caso entre nosotros la mayor participación y
la mayor disciplina política la han mostrado esas comunidades.
La identificación de esta nueva corriente latinoamericana es en
realidad la de alternativa u oposición al modelo neoliberal que
se había implantado en los tres últimos lustros; por eso des-
concierta aún más que, con los efectos devastadores o por lo
menos con los resultados frustrantes de ese experimento aquí,
no se haya producido una polarización alrededor del tema.
Bajo el Gobierno Gaviria, como bien lo dijo el Dr. Rudolph Hommes,
se distrajo la atención de la Nación con la elección y el trabajo de
la Constituyente mientras se imponían las reformas neoliberales sin
que la ciudadanía se diera cuenta. En el Gobierno Samper la opinión
se centró y se polarizó alrededor del ‘proceso 8.000’, de forma tal
que ni estuvimos pendientes de qué pasaba con el nuevo modelo,
ni el gobierno que había prometido plantear algunas correcciones
pudo dedicarse a ello (por verse forzado a utilizar todo su poder en
defenderse). El mandato de Pastrana implícitamente favorecía la
opción de profundizar el modelo, pero ni siquiera eso sucedió (lo que
habría sacado a la luz pública el tema) pues en ese periodo la frivoli-
dad del Presidente y/o su obsesión por un ‘proceso de Paz’ (así éste
fuera meramente virtual) desaparecieron por igual el interés de los
defensores como de los opositores al neoliberalismo. Y como lógica
continuación del fracaso de ‘el Caguán’, la bandera de la ‘Seguridad
Democrática’ esgrimida por el Gobierno actual y cuestionada por
sus críticos ha monopolizado tanto titulares como análisis de prensa.
Apenas en este momento, obligados por las amenazas del TLC,
empezamos a tomar conciencia de la trascendencia del tema y de la
importancia de fijar posiciones al respecto.
PD. Sería irresponsable no mencionar la purga en las listas:
Más que depurar el uribismo, lo que se hizo fue confirmar el
aspecto más cuestionable y más cuestionado del Gobierno.
Esto en referencia no solo al actual momento sino también a su
origen en la anterior elección (¿los hoy señalados cambiaron de na-
235
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

turaleza en estos cuatro años?). ¿Qué significado legal y en relación


a la dualidad ‘candidato’ o ‘Presidente’ tiene que se fije a través de
‘comunicados del Gobierno Nacional’ la posición respecto a los con-
gresistas ‘purgados’? ¿Qué se debe pensar de otras listas uribistas
que mostraron disposición a recibir esos candidatos? ¿Y que pasará
con quienes en ellas tienen iguales o similares condiciones? ¿los ‘de-
purables’ estarán solo en las listas y ninguno en la administración?
¿Qué se debe deducir del tamaño de la participación económica de
esos sectores en la elección de hace cuatro años? (¿Cómo se compa-
raría con las sumas del proceso 8.000?) ¿Cuál será el efecto de esto
en la desmovilización? ¿y en las relaciones con los Estados Unidos?
Pero la pregunta central sí es: ¿y el presidente qué?, ¿cómo o dónde
queda ante esta situación?

¿Partido Liberal o Partido de un César? 18/07/2007


Aprecio al máximo y agradezco las palabras del Doctor Cesar
Gaviria con motivo del fallecimiento de mi Padre.
Y, siguiendo la línea de debatir sobre las ideas y no sobre las
personas, en él admiro y reconozco su condición de abanderado
de la lucha contra el paramilitarismo, o sería algo como su opo-
sitor en cuanto a su condición de instaurador y promotor aquí del
neoliberalismo (aun cuando él niegue tal carácter).
En el aspecto ideológico lo primero representa un consenso
dentro del Partido Liberal y lo segundo produce algo equivalente
a un cisma entre quienes aceptan que por ser de ‘vanguardia’ se
pueden respaldar las propuestas teóricas y las medidas que de este
modelo se derivan, mientras que otros lo consideramos contrario
al ideario liberal, no solo en sus efectos (mayores desigualdades)
sino en sus prioridades (el crecimiento económico por encima del
mayor bienestar para la población y la mayor armonía social).
Pero más allá de si el Dr. Gaviria es ‘más’ o ‘menos’ liberal en
uno u otro tema (al fin y al cabo el Liberal es el partido del libre
examen), lo cierto es que es antiliberal en su talante: el autoritarismo
como alternativa al consenso y como reemplazo de las reglas y las

236
Juan Manuel López Caballero

instituciones es por antonomasia el contrario del espíritu liberal.


Al igual que bajo su gobierno creaban nuevos impuestos para
durante su vigencia interina recaudarlos aunque se supiera que
serían tumbados por la Corte, el último Congreso fue citado en
forma viciada pero, mientras se pronunciaba la jurisdicción com-
petente, se organizó bajo sus reglas y, ante la amenaza del caos
que produciría un fallo en contra de esa situación creada, obligó a
que se aprobaran.
Aun peor, durante ese Congreso se intentaron maniobras como
hacer votar ‘a pupitrazo’ y sin divulgación unos estatutos hechos
por él y para él como director del partido; y, aunque ese intento
fracasó, ha tratado como inexistentes los aún vigentes, al igual que
los acuerdos que deberían regir mientras se concierta un texto y se
presenta a consulta en las elecciones de octubre.
Poco le ha importado alienar a dirigentes auténticamente liberales
del partido (como Edmundo López), como tampoco el tomar después
decisiones contrarias a las de ese máximo órgano de la colectividad
(como el desatender la declaratoria de oposición al TLC); pero, peor
aún, con el manejo de los avales ha casi acabado con el Partido:
Ni la reforma pretendida, ni las normas actuales, han supuesto
el reemplazo de los mecanismos democráticos por la alternativa
autoritaria; las opciones de los consensos, las consultas o las
encuestas que contemplan la reglas buscan que las candidaturas
salgan con la legitimidad que les da el respaldo de las bases y
las instancias del Partido; la posibilidad de que el Director las
sustituya no se contempló para que lo haga según su gusto sino
como una excepción, una posibilidad de veto o cuando ninguna
de las anteriores posibilidades fuera viable. No se votó por una
nueva época del bolígrafo (que se rumora sería pensando en su
candidatura), ni para que desaparecieran del panorama nacional
las candidaturas liberales tal como rige en los estatutos -caso del
Dr. Amylcar Acosta (Guajira), del Dr. Julio César Guerra Tulena
(Sucre), o Dr. Antonio Galán (Bogotá) o el Dr. Verano (Atlántico)
o, en la práctica, en la mayoría del País donde no va el partido con
sus propios candidatos…

237
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

El destape de la seguridad democrática 30/12/2008


Molestó a muchos que varios medios de comunicación presen-
taran al Ministro Santos como el ‘personaje del año’.
Sin embargo ya en anterior caso al escoger a Pablo Escobar
habían explicado que esas selecciones no giran alrededor del que
mayores bienes haya aportado al país sino al que más hubiera
incidido en el acontecer del año (o el que más hubiera salido en
las noticias).
En el caso actual, tomando a Juan Manuel Santos como el sím-
bolo de la guerra contra las FARC, unos lo pueden ver como el que
acabó con Raúl Reyes el número dos de esa organización, como el
que con la muerte de Iván Ríos demostró que el Secretariado no
era imposible de penetrar, el que desarrolló ‘la acción de guerra
más exitosa del mundo’ con la ‘Operación Jaque’, o el que depuró
al ejército sacando varios generales y altos oficiales y suboficiales.
Otros lo vemos como quien encarna unas políticas inconvenien-
tes, contrarias a los intereses nacionales y a la evolución de los
principios humanitarios que el mundo hoy defiende; como el que
creó un Estado de guerra con los vecinos, que paga y estimula las
acciones más sórdidas como la traición y el asesinato por codicia,
que se lava las manos y usa de chivos expiatorios a sus subalternos
por lo que en el fondo él debía responder, que no le importa violar
el principio universalmente reconocido de que la Cruz Roja y sus
símbolos son el máximo amparo humanitario, que propició o fue
indiferente al horror de los ‘falsos positivos’.
Justamente porque representa lo que para unos fueron los éxitos
más grandes y para otros los mayores escándalos, el Dr. Santos
puede ser el protagonista del año, así no se sepa si por lo uno o
por lo otro. Pero también por ser el destape de la seguridad demo-
crática, una especie de segunda cara de José Obdulio en ese alto
cargo público.
El presidente Uribe, por la forma en que logró la aprobación
(transitoria) del referendo -pasando por encima de cualquier consi-
deración ética, jurídica, o simplemente de decencia-, ya dejó claro
que su objetivo es su reelección inmediata.

238
Juan Manuel López Caballero

Lo grave es que aparentemente el propósito que justifica esa


obsesión es defender su visión de la guerra contra la insurgencia.
Porque también dejó claro que para él todo es subalterno de sus
estrategias bélicas. Tanto su afirmación de que preveía una ‘celada’
de la guerrilla porque acudirían a actos humanitarios que para él
eran inaceptables, como su declaración ante la notificación de las
FARC que liberarían a 6 retenidos, manifestando que lo impediría
si no se hacía en sus términos, eliminan la ambigüedad que podría
haber existido al respecto: lo prioritario es la guerra, y en la medi-
da que los actos humanitarios son contrarios a ella el gobierno es
enemigo de ellos; la suerte de los cautivos no es una prioridad para
el Gobierno… Como tampoco lo son los desplazados, las familias
de víctimas de falsos positivos, o en general los ‘daños colaterales’
que en tantos campos trae la ‘seguridad democrática’…
Triste sería que siguiera como doctrina nacional esa entelequia
y aceptara la política de buscar ‘enemigos de la patria’, asumiendo
que Patria es el Gobierno de Uribe (o más exactamente la propues-
ta de guerra a cualquier costo que él representa) y que cualquier
ideología progresista o que busque la paz y la convivencia social
(errada o acertada) es el enemigo.

239
Capítulo XIV
La oposición

Política y paramilitarismo 09/05/2007


Se equivocó el Senador Petro al atacar al Dr. Uribe y sus alle-
gados; permitió así que éste, con gran habilidad, convirtiera en
un tema de ‘la dignidad y la honra de su familia’ lo que debía ser
el debate y el esclarecimiento del tema paramilitar en Colombia:
hasta cierto punto, al centrar en el Presidente el problema, puso a
depender de su inocencia o culpabilidad lo que se concluya respecto
a ese fenómeno.
Y es evidente que no es él el gran jefe del paramilitarismo, sino
uno más de quienes tiene vínculos o simpatía por lo que veían
como la ‘solución’ (igual que cuando la ‘solución final’ nazi, los
alemanes la apoyaron sin querer saber que pasaba detrás); y si
bien informes e imágenes sobre la atrocidades deberían producir
reservas respecto a quienes comparten tal visión, y su poder y su
función lo hacen más responsable que el ciudadano ordinario, la
verdad respecto al Presidente Uribe es que él es solo una pieza de
lo que ya hoy es claro que era y es un proyecto político.
Diez mil muertos y desaparecidos (¡cinco veces más que el
genocidio de la Unión Patriótica, sentenciado ya como crimen
de lesa humanidad por la Corte de Derechos Humanos!), dos
millones de desplazados; no son éstas cifras que se puedan acha-
car a una u otra persona; ni siquiera a una determinada cantidad
de personas asociadas. Solo la convergencia de gran número de
intereses y de interesados (incluyendo los narcos hoy ‘coman-

241
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

dantes’) reforzándose desde diferentes funciones unos a otros


produce tales efectos.
Es probable que la finca ‘el ubérrimo’ pagó sin mucho dolor la
contribución al comando para de su región (y si no la pagó sería,
ahí sí, sospechoso el porqué de ese ‘privilegio’), cierto que como
Gobernador calificó de enemigo público a quien cuestionaba las
Convivir, y sin lugar a dudas debió a la presión paramilitar su
elección; pero eso no convierte a Álvaro Uribe en el manipulador
de la motosierra ni en quien mandó desaparecer gente en las fosas
comunes.
Hay que entender que su aporte, dados su temperamento y
su investidura, es encarnar el triunfo del proyecto; es prioridad
la reinserción o legalización de los actores y no la ‘reparación,
justicia y verdad’, porque el objetivo no es la reconciliación entre
los colombianos sino ganar su –o sus- guerras. El presidente se
reivindica como un ‘guerrero’ –un gallo fino nacido y complacido
en su vocación de confrontación-. Su apoyo a la guerra a Irak, sus
alusiones a cómo actuaría si fuera guerrillero o paramilitar, su ac-
titud general respecto al acuerdo humanitario, el trato que da a los
opositores, etc., muestran ese espíritu; y, acorde con ello, esa visión,
compartida con los paras, de que importa ganar el enfrentamiento
y poco cuenta el cómo. Un líder que buscara la paz sería capaz de
todo, incluso renunciar a una victoria militar, por lograrla; para un
proyecto y un temperamento ‘guerrerista’, cualquier consideración
ajena a la derrota del enemigo -ya sea respecto a la paz, al costo
que tenga para terceros, o a lo que significan los métodos usados-
son temas secundarios.
Si no queremos terminar en un suave castigo para algunos acto-
res y que quede consolidado el proyecto paramilitar y beneficiados
quienes lo respaldan, se requiere conformar un Tribunal Especial
que tenga una visión integral y contextual de ese mal y no se limite
al cuento que solo hay responsabilidades penales individuales.

242
Juan Manuel López Caballero

De antiuribistas y uribistas 20/02/2008


Se repite que el país está cada vez más dividido entre Uribistas
y Antiuribistas.
Yo pensaría que hay un error: algunos no vemos el país en re-
ferencia a una u otra persona sino a una u otra propuesta política,
de modelo de sociedad o de modelo de Estado.
Es verdad que el Uribista supone que solo Uribe puede ‘salvar’
a este país; y desea reformas a la Constitución que le permitan se-
guir de gobernante; y lo proclama como un ser superior, aceptando
como convenientes o necesarias todas las improvisaciones y todos
los atropellos que hace a la institucionalidad…
Pero no es por estar en contra de Uribe que algunos vemos como
inconveniente que se desfigure lo poco o mucho que tenía de de-
mocrático nuestro sistema político y que cambiemos a un sistema
plebiscitario donde desaparece la autonomía y el equilibrio entre
los poderes y se concentran todos en quien tiene la capacidad de
ganar elecciones. O que la política internacional se reduzca a su
buena relación personal con un cuestionado líder mundial mientras
nos distancia de nuestros vecinos y lejos de insertarse e integrarse
con el resto del mundo nos aisla de él.
No es por ser ‘antiuribistas’ que hay quienes consideramos que
es relevante un estudio de porqué la existencia o la persistencia
de la guerrilla; de porqué sigue consiguiendo adeptos a pesar de
que ya no existe una verdadera propuesta detrás de su accionar; de
porqué tantos combatientes rasos han pasado o pasan de un bando
al otro como si les fuera indiferente el porqué se lucha; es decir,
que pensamos que hay alternativas a que se traten los problemas
nacionales como si su causa fueran las FARC y no ellas su conse-
cuencia, y que por lo tanto el objetivo sea acabar con ellas con un
espíritu de venganza, sin consideración por el costo, sin entender
su origen, ni porqué sobreviven hoy, ni que posibilidades hay de
lograrlo, ni entonces que pasaría.
No es por ser antiuribistas que no compartimos esa obsesión por
una ‘seguridad democrática’ que se proclama más importante que
la suerte de los cautivos; que niega la existencia de un conflicto

243
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

armado para evadir la obligación de cumplir con el Derecho In-


ternacional Humanitario; que hace aumentar indefinidamente los
presupuestos de guerra mientras disminuye la participación de los
recursos para la atención de problemas sociales; que les da práctica-
mente impunidad a quienes asumieron ese mismo propósito desde
la ilegalidad y la barbarie mientras se olvida a sus víctimas.
No es antiuribismo no creer en un modelo que supone que la
libertad de mercado y la no interferencia del Estado generan au-
tomáticamente desarrollo y que llevan a un bienestar colectivo,
cuando lo que se ha visto es que aumentan la cantidad de pobres y
se agranda la brecha entre estos y los ricos; o preferir una sociedad
basada en la solidaridad y no en la competencia que consolida los
beneficios en los poderosos mientras los desfavorecidos quedan
excluidos; o cuestionar que se vendan los activos del patrimonio
nacional y desaparezcan en gastos de funcionamiento (o peor, en
dedicarlos a la guerra); o criticar que el Gobierno se complazca
en una revaluación cuyo costo es una crisis del sector productivo
nacional que se encuentra sin poder exportar ni competir con los
precios de las importaciones.
Lo que sí es verdad que divide al país es que para el Uribismo
o se es Uribista o se está contra Él.

El protagonismo de Petro 19/09/2007


No hay duda que en los últimos días el Senador Petro ha causado
un traumatismo político, al desencadenar una gran crisis dentro del
partido del Polo.
Aparentemente estaría buscando que esa colectividad definiera
una línea política, en la cual se declarara enemiga de las FARC.
Lo que sucede es que al no tomar posición respecto a los objeti-
vos que esa guerrilla “supuestamente persigue”, y no diferenciarlos
de los métodos que utiliza, pretendería que se declarara enemigo
tanto de lo uno como de lo otro.
En parte se puede decir que coincide con la posición que en su
momento tuvo el M-19: esa organización nunca propuso un cambio

244
Juan Manuel López Caballero

de sistema o un modelo diferente de Estado sino simplemente un


cambio de dirigentes, supuestamente porque eran las personas que
detentaban el poder las que impedían una sociedad mejor, mientras
que si ellos llegaban al poder, su mejor naturaleza corregiría esos
defectos o fallas que el régimen mostraba.
Puede uno estar o no de acuerdo con las propuestas de un so-
cialismo, un comunismo, u otro modelo político, y pueden ser solo
pretexto los argumentos que la dirigencia de la guerrilla esgrime
para mantener su lucha, pero declararse enemigo de buscar la paz
social, el fin de la desigualdad, de la exclusión, de la concentración
del poder y de la riqueza, o de la injusticia social en general no es
propiamente un liderazgo progresista.
Lo que Petro está haciendo es sacrificar la posibilidad de un
partido de izquierda, que descalificando la lucha armada intente
reivindicar esas banderas dentro de las reglas de la democracia;
no hay duda que está ganando protagonismo, pero dentro de esa
habilidad e inteligencia para poner su gran capacidad destructiva
al servicio de su gran ego.
No tengo velas en el Polo Democrático y como analista he consi-
derado que los individuos son solo representativos de corrientes de
pensamiento, por lo que al comentar este caso me salgo de una línea
de conducta, que busca evitar opinar sobre las personas como tales.
Es sin embargo difícil no hacerlo en este caso, donde lo que se
ataca es la posibilidad misma de una alternativa de izquierda a la
lucha armada, lo cual ha sido hasta ahora una de las causas por
la cuales nuestro país no ha logrado construir un sistema político
propiamente democrático, entendido esto como con opciones di-
ferentes a la de la oligarquía o pseudodemocracia o democracia
restringida que todos reconocemos que nos rige, pero que no se
logra que se supere.
El mismo tipo de debate se ha planteado en relación a los par-
tidos de la unión gobiernista: la posición de los ‘rebeldes’ de la
‘U’ se refiere al no rechazo de unos candidatos ya elegidos con el
poder de las armas y del dinero de los paras o a las candidaturas
que desde las mismas toldas se proponen.

245
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Que toda la clase política y dirigente se pronuncie alrededor


de las declaraciones de Petro, pero que al mismo tiempo guarde
silencio respecto a lo que sucede en el sector de los partidos
uribistas, es un efecto más de la polarización que ha logrado el
gobierno y de hasta donde esta nos está llevando: no es posible
que entre defender la necesidad de una opción política que re-
nuncie a la vía armada sin abandonar los objetivos que llevaron a
ella y aceptar partidos que nacieron y todavía giran alrededor de
masacres, fosas comunes o motosierras, todavía el país prefiera
los segundos.

La oposición al Gobierno Uribe 07/09/2006


En algún momento en vísperas de las elecciones planteamos
que el mejor aliado de Uribe era la oposición (por su incapacidad
para constituirse en alternativa).
Hoy ni el Partido Liberal ni el Polo Democrático Independiente
se han organizado aún para cumplir la función que les compete.
El primero pasa por un ‘periodo depresivo’ comprensible ante
los resultados obtenidos como consecuencia de las decisiones to-
madas en el último Congreso (en cuanto a orientación, en cuanto a
reorganización directiva y en cuanto a candidatura) y se encuentra
a la espera de las decisiones que tomará el próximo.
El Polo, por el contrario relativamente ‘inflado’, está demasia-
do ocupado dirimiendo internamente quien usufructuará el éxito
alcanzado.
Pero, como organización interna, el mal llamado ‘partido’ de la
U, o sea la confederación que acogió a los candidatos que buscaron
el manto de la persona misma de Uribe para buscar su elección,
una vez superada ésta, los dejó a la deriva, o más correctamente,
persiguiendo la mayoría de sus miembros beneficios privados
a costa de la negociación de su voto. Y por otro lado el Partido
Cambio Radical, un poco más estructurado que el anterior, busca
Convergencias y acercarse a las Alas, pero no de sus congéneres
cuestionados sino a las del Partido Liberal.

246
Juan Manuel López Caballero

Y en cuanto a las políticas gubernamentales:


- El problema del proceso de Justicia y Paz y los paramilitares
comienza a parecer sin salida: el fallo de la Corte no satisfizo a
los afectados, y, teniendo en cuenta que son ellos quienes en la
práctica lideran el proceso, el Gobierno se vio forzado a ensayar
una especie de plebiscito en Internet (totalmente inconducente
desde el punto de vista legal), quien sabe con qué propósito;
- La ‘guerra contra las drogas’ ha fracasado y es ya un hecho
reconocido, con la divulgación por parte de la autoridad de estu-
pefacientes que el área es casi el doble de lo que se mencionaba,
y de los datos de su crecimiento mostrando que éste va muy por
encima del del país, siendo ahora uno de los primeros factores de
la ‘reactivación económica’ (después de los factores externos);
- El ingreso de los ciudadanos ha disminuido, según la encuesta de
hogares del Departamento Nacional de Planeación en un promedio
del 10.6%, lo que, teniendo en cuenta que el salario mínimo sí
ha conservado su poder adquisitivo, implica que la clase media
ha perdido entre el 15% y el 20% de su capacidad de gasto; eso
mismo señalan las estadísticas de reducción en los consumos, y
la caída en la percepción general de que ‘vamos bien’;
- Los escándalos de las fuerzas armadas, hasta cierto punto la
muestran fuera de control por un incremento del pie de fuerza
demasiado improvisado, acompañado de una ‘barrida’ de sus
oficiales para mostrar que su ‘Comandante en Jefe’ si manda,
aunque no se haga cargo de las consecuencias.
- La negociación del TLC en últimas no ha favorecido o dejado
satisfecho a ningún sector concreto, sino solo a los defensores del
instrumento como propuesta abstracta; con la circunstancia que,
dependiendo del resultado de las elecciones en Estados Unidos,
se ven altas las probabilidades que acabe siendo rechazado allá.
Tal vez la inacción de la oposición sea el mejor ‘aliado’ para que
quien esté cuestionando y pidiendo cambios de rumbo al gobierno
sean sus propios resultados.

247
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Se le ‘chispotió’ 31/10/2007
En este momento lo pendiente por definir no es si el Presidente
intervino en política sino hasta dónde esa participación debe pro-
ducir consecuencias.
Ni las declaraciones de José Obdulio afirmando que hablaba
en abstracto al decir que los votantes de la Capital no debían vo-
tar por quien ‘gagea’ y que responde que compraría votos, ni las
disculpas porque ‘sí fue una torpeza, pero nada más’, ni la tesis de
que el castigo fue el triunfo del atacado, ni el argumento de que a
él también lo acusan de ser respaldado por los paramilitares deben
aceptarse para dejar el tema a la deriva.
Su intervención no fue algo marginal sino una posición compro-
metida en la que se pronunció varias veces y en diferentes formas
contra un candidato.
Además dentro de las variantes incluyó la afirmación de: “Que
no se equivoquen allá (en Bogotá) eligiendo alcaldes respaldados
por la guerrilla y que además compran votos”, lo que pasa a ser ya
una sindicación por un delito.
El no poner el nombre propio en esos casos –ataques políticos
e imputación- lejos de exonerar al Presidente de culpabilidad son
el máximo agravante pues corresponde a la persona que sabe que
está infringiendo el campo ético, el electoral y eventualmente el
penal, y actúa como el delincuente profesional que comete el acto
de tal forma que pueda salir bien librado de un juicio.
Para pronunciarse sobre eso existen los mecanismos de control
y es de esperar que ellos ejerzan su función.
Es claro que Uribe no se considera el Presidente de todos
los Colombianos ni busca unirlos, sino solo le interesa repre-
sentar a aquellos que comparten su obsesión de exterminar a
las FARC.
Lo grave del carácter obsesivo cuando este gira alrededor de una
confrontación es que al no lograr su objetivo cae en delirios para-
noicos: él considera que quienes no comparten su visión son sus
enemigos y un mal para Colombia; por eso en verdad ve complots de
la Corte y de la prensa, y en Samuel y Carlos Gaviria representantes

248
Juan Manuel López Caballero

del mismo peligro que ve en la guerrilla… y actúa en consecuencia


(como muchos de los que lo acompañan y respaldan).
El caso se debe analizar a la luz de la ley pero también de la
psiquiatría.
No solo no es responsable sino que no es racional intervenir
como lo hizo siendo él Presidente; es algo más que una torpeza o
un error político, sobre todo en alguien que no se caracteriza por
cometerlos. Porque si aparecer en unas cuñas oficiales de un par-
tido promoviendo sus candidatos es salirse de la posición que le
corresponde y violar descaradamente la ley (lo cual implica cierta
perdida del sentido de ubicación), incitar a que se vean como sub-
versivos los opositores políticos es un planteamiento incendiario
que va más allá de lo sensato.
La actitud del los voceros del Gobierno, Santos y Holguín (acor-
dada obviamente con el Presidente), al ‘exigir’ que el Dr. Carlos
Gaviria acate sus ordenes de manifestar en la forma que ellos quie-
ren su distancia de las FARC está planteada en los términos que lo
veían (y lo ven) los paramilitares. Profundiza la polarización del
país y presenta las diferencias políticas al nivel de la confrontación
de los actores del conflicto armado.
La dificultad más grande para el nuevo Alcalde de Bogotá no
va a ser manejar la ciudad, ni siquiera manejar las presiones de
quienes lo respaldaron, sino lidiar la demencia que parece haberse
amparado del Dr. Uribe.

El mejor aliado de Uribe 17/05/2006


El mejor aliado del Presidente Uribe es la oposición.
La vertiente violenta de la guerrilla lo favorece, pues sus actos
terroristas demeritan los argumentos que ella misma podría tener
para protestar, y simultáneamente validan ante la opinión el tra-
tamiento que el presidente da al problema de la subversión, (en
cuanto desaparece todo interés por sus orígenes y ataca solo sus
manifestaciones).
Pero también quienes compiten con él porque se concentran
en ser oposición, en el sentido de orientarse más a descalificar al

249
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

Gobierno que a proponerse como alternativa. No porque no tengan


razón: las propuestas de profundizar el modelo económico neolibe-
ral y el enfoque político de extrema derecha (con la percepción de
que los paramilitares eran parte de ‘nosotros los buenos’ pero que
les tocó volverse malos para defendernos, o que la capacidad de
violencia legítima del Estado basta como solución a los problemas
que las relaciones sociales generan) hacen que el principal objetivo
sí deba ser impedir su continuación.
Lo que sucede es que para este propósito la estrategia cuenta, y
la que se ha seguido es errada: no tiene que ser el Presidente quien
responde por todas las decisiones que se toman en las diferentes
instituciones del Estado, ni todos los funcionarios que el nombra
respaldan lo que a él se le critica, ni son malas o cuestionables todas
las medidas o políticas que se asumen. La oposición a ultranza al
concentrarse en Uribe se descalifica a si misma por ser irracional.
Lo cuestionable y lo que al mismo tiempo es la fuerza del Dr.
Uribe, es su carácter caudillista, su manejo del culto de la persona-
lidad, luego lo que la oposición está haciendo al buscar un mejor
candidato alrededor de la persona como tal, es reforzar el principio
de que lo que cuenta es el caudillo, pero además llevan todas las
de perder ante el Factor X que indiscutiblemente tiene nuestro
primer mandatario.
No es que todo lo que tenga que ver con la reelección sea inde-
seable; lo grave es la visión del mundo y la propuesta de la cual
forman parte, y es alrededor de ellas que se debe decidir el voto.
No fue la subida al poder de Hitler lo que llevo a Alemania a las
barbaridades cometidas, sino el que los ciudadanos no quisieron
reconocer las realidades que semejantes propuestas acarreaban.
Ese centrarse en las personas produce dos efectos. De una parte,
las fallas que nacen de la ideología misma o de las políticas que se
siguen pierden importancia, prácticamente no cuentan, y el inicio de
un proceso de corrección (y en términos electorales la posibilidad
de concretar un resultado) solo se logra mediante la descalifica-
ción moral y/o legal del funcionario responsable de una gestión,
lo cual es difícil e injusto, pues es excepcional alguien que actúe

250
Juan Manuel López Caballero

motivado por hacer el mal. Por ejemplo en el caso Noguera y el


DAS se le ha dado más importancia a buscar escándalos alrededor
de la persona, que a cuestionar una política de nombramientos que
no se basa en la idoneidad para el cargo sino en la participación en
la campaña ganadora, o a lo que significa que el órgano de inteli-
gencia del Estado esté infiltrado – y/o hasta dónde lo está- por el
paramilitarismo (puesto que esto sí no está en discusión). El gusto
por ‘comer funcionario’ no debe prevalecer sobre la necesidad de
entender bien el problema.
Pero no solo se pierde la sana crítica. Los aspectos positivos de
las propuestas se pierden cuando lo determinante es el ‘quién’, y
no el ‘qué’ y el ‘cómo’. Un gobierno debe tener una orientación
ideológica concreta, unas propuestas consistentes con ella, unos
programas definidos que sean confrontables con las promesas que
acompañan esas propuestas, y un equipo cuyos antecedentes de
preparación y experiencia den credibilidad a todo lo anterior. La
confrontación es entre la institucionalidad y el caudillismo. Más que
decidir si uno u otro candidato tiene tales o cuales condiciones y
por eso sería mejor que el otro, la escogencia para la ciudadanía es
entre lo que Uribe representa –es decir, las convicciones, las virtu-
des y las capacidades de un individuo (con sus respectivos ánimos
de venganza, sentimientos mesiánicos, y otras limitaciones)- y lo
que sería el Gobierno de quien pertenece y ejerce a nombre de una
institución. Es decir, entre quien tiene por ejemplo el respaldo de
la Social Democracia como organización internacional y de los
mandatarios que en diferentes países ejercen en representación
de ella, y no solo la relación personal amigable o antagónica con
determinados gobernantes; entre quien se reconoce obligado por
los estatutos de un partido, o sea que nace y pertenece a una or-
ganización que ha desarrollado y estudiado programas y políticas
como propuestas concretas de gobierno, y quien depende solo de
su propia inspiración; entre quien esta acompañado por lo tanto
por varios actores que han participado y colaborado en esa elabo-
ración con una trayectoria que los ha familiarizado y preparado
para desarrollar esas propuestas, y quien se guía por una especie

251
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

de instinto de ‘cazatalentos’ para buscar en organizaciones ajenas


no solo quién puede servir, sino quién se deja ‘sonsacar’; en fin,
la diferencia entre alguien que responde solo por sí y ante sí, y
alguien que es vocero de una ideología, reconoce compromisos y
limitaciones legales, presenta y depende de propuestas programá-
ticas concretas, y lo acompañan quienes han tenido identidad como
equipo para compartir tanto lo que sería la acción política como la
responsabilidad administrativa.
Que los resultados de las propuestas actuales y de los modelos
que las acompañan son insatisfactorios lo reflejan las mismas
encuestas que miden la intención de voto por la reelección: si se
pregunta por temas específicos, como empleo, manejo económico,
relaciones internacionales, servicios públicos, o incluso ‘seguridad
democrática’ cuando no se limita al simple eslogan y se concreta a
sus resultados con la guerrilla o a resultados en la guerra antidrogas,
el gobierno no cuenta con la aprobación de la mayoría.
Infortunadamente el electorado no percibe que eso debe a esos
modelos y propuestas porque la oposición no ha logrado hacer
claridad al respecto. No ha sucedido lo del cuento (viejo entre
nosotros pero que los americanos acaban de descubrir con Bush)
de los gatitos que eran todos furibundos por Bush el primer día de
nacidos, que al segundo día la mitad ya no lo eran, y que al tercer
día ya ninguno lo era, y la explicación simplemente es que con el
tiempo iban abriendo los ojos.

TransMilenio, Peñalosa y Alcaldía de Bogotá 21/08/2007


Pocas veces se ha esperado una elección tan reñida como la del
Alcalde de la capital. Será más la importancia política que la ad-
ministrativa, pues no solo se determinará quien gobierna a Bogotá
sino el futuro interno y externo de los partidos políticos.
Como consecuencia y radiografía de la realidad política actual,
estos comicios muestran la ausencia o insignificancia de terceros
candidatos, como reflejo de la falta de peso del Partido Conserva-
dor -convertido en apéndice de Uribe, solo cuando lo necesita-, y

252
Juan Manuel López Caballero

como confirmación de la inexistencia como verdaderos partidos


de los que hoy se llaman ‘uribistas’.
El interés gira alrededor de si el Polo obtiene una segunda vic-
toria y desbanca al liberalismo como primer Partido, o si pierde el
puesto más importante después del de Presidente de la República.
De salir triunfante se consolidará además su línea ‘dura’, pero, de no
ser así, es probable que al golpe de la derrota se sume una división
interna entre quienes buscaban una candidatura menos ideologizada
y más pragmática, y quienes ganaron la consulta interna, que serán
vistos como causantes de ese fracaso.
Para el Partido Liberal los efectos pueden tener más efectos
al interior que al exterior, pues por determinación de su Director
nada tiene en juego en términos de la confrontación partidista: aún
si gana Peñalosa no será el Partido quien gobierne o quien pueda
reivindicar un triunfo. Eso sí, en caso de salir éste derrotado de-
bería producirse la renuncia del Dr. Cesar Gaviria –en la medida
que desconociendo los estatutos decidió la adhesión del Partido a
esa candidatura, a pesar de haber sido inscrita como independien-
te y ser apoyada por Uribe-, mientras, si llegare a ganar, tomaría
fuerza la línea del ex presidente y su aparente intención de reunir
la colectividad al Uribismo.
En últimas, en alguna forma en el centro de todas estas defini-
ciones está la candidatura Peñalosa. Lo cual invita a estudiarla.
Una primera gran duda es a qué se le dará más importancia, si
a su imagen como administrador o a su ubicación en el espectro
político.
Por ser afín a Uribe, a los factores de poder del establecimien-
to, y por ello ‘consentido’ de la prensa, tiene ese respaldo y la
posibilidad de contar con mayor exposición en los medios. Esto
puede ser beneficioso o negativo: es fácil vender que en cuanto al
conocimiento de Bogotá no tiene competencia, puesto que, además
de haberse dedicado a estudiarla, la manejó y conoce como nadie
su realidad; sin embargo, se le cuestiona porque, aparte de lo que
representa y aparenta (en cuanto a elitismo y arrogancia), su gestión
no se destacó por la atención a lo ‘social’ (entendiéndose por ello

253
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

salud, educación, empleo) sino por su énfasis en ‘obras faraónicas’,


bolardos, y, como él mismo lo ha buscado, se le identifica con el
TransMilenio, por lo que su votación estará estrechamente ligada
a la percepción que de éste tengan los bogotanos.
Dos encuestas podrían sugerir hacia dónde se orienta dicha per-
cepción: de una parte, la que sitúa el problema de la movilidad al
nivel del desempleo y la seguridad como primeras preocupaciones
ciudadanas; y de otra la calificación del TransMilenio como el siste-
ma de transporte público menos apreciado por la gente, por debajo
de los colectivos, las busetas ejecutivas y los taxis. Ambos aspectos
muestran un gran fracaso, puesto que suponía ser un sistema para
solucionar los problemas de tráfico de la ciudad y de transporte
del ciudadano, y en cuanto a calidad del servicio se esperaba que
ésta mejorara para el usuario.
La explicación de esto es que la realidad es bastante diferente
de la imagen que se ha vendido:
Ante todo debe tenerse en cuenta que la propuesta era un proyec-
to integral que aspiraba a organizar un nuevo modo de movilidad en
la capital. Se basaba en una red de troncales que debían remplazar
la gran cantidad de rutas dispersas que servían los viejos buses, y
aunque acercaran menos al usuario a su destino final, le ahorrarían
mucho en tiempo y en costo; esto no sucedió porque el proyecto no
se completó y hoy apenas se discute como terminar los tramos que
faltan, unos que el actual alcalde dejará contratados, y otros que
hasta ahora parecen producir más dudas que respuestas (como el
de la carrera séptima). Además, a lo construido –y probablemente
a lo que se construirá- se han destinado los recursos que suponían
ir a la chatarrización o desaparición de buena parte del parque au-
tomotor anterior (justificada en razones no solo de ineficiencia e
incomodidad sino también de polución), lo cual no se cumplió. Esto
ha sobrecargado las vías secundarias que no estaban destinadas a
soportar ese uso, y, unido a esa desviación de los dineros que debían
mantener la malla vial, han sido causantes de su deterioro.
Lo anterior refleja además unos aspectos que a pesar de no ser
tan conocidos deberían preocupar aún más:

254
Juan Manuel López Caballero

El aporte del sector público consistió en el establecimiento de


las vías, los paraderos, y en general toda la infraestructura sobre
la cual opera el parque móvil (o sea los buses articulados), siendo
este último el aporte del capital privado; a pesar de ello el recaudo
se reparte 95% para los particulares y el 5% para el Distrito. Y, lo
que es peor, esto no alcanza para cumplir con la responsabilidad
que tiene del mantener esa infraestructura y de garantizar la opera-
tividad del sistema, por lo cual debe aportar subsidios adicionales
del orden de 50.000 millones de pesos anuales.
No se ve por lo demás como se responderá a la queja de los
usuarios respecto al manoseo a las mujeres, los raponeos o la
inseguridad en general (que en otros medios de transporte no
suceden por estar limitados y controlados los cupos) a menos
que se decidiera establecer otra subvención ya directa a los
operadores. Esto porque la financiación de los bancos fue es-
timada sobre la base de unas determinadas tarifas y una cierta
ocupación que garantizaba su capacidad de pago; pero lo que
resultó –por errores de proyección o por razones no previstas-
es que dichos supuestos no se cumplieron, y, para que no se
quiebren los operadores y no colapse como consecuencia el
sistema, la alternativa a ese nuevo subsidio sería subir el valor
de los pasajes para poder aumentar la cantidad de buses con
menor ocupación, o mantener el mismo parque produciendo el
mismo ingreso por bus.
A todo lo anterior debe adicionarse lo debatible que es política
y socialmente que se asigne un espacio público para usufructo
exclusivo de un grupo de particulares (aunque el uso del espacio
sea para toda la ciudadanía, los dueños de los buses son los que
tienen derecho especial a derivar utilidades de él). Y no olvidar,
aunque sea de menos importancia, el famoso problema del diseño
de las lozas…
En todo caso, si la invitación a votar por Peñalosa es por ser ‘el
padre del TransMilenio’ es mejor conocer bien a la criatura.
Por mi parte considero que el ex Alcalde tiene otras ejecutorias
(como las bibliotecas o la recuperación de otros formas del espacio

255
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

público), pero que más que el debate sobre lo que mostró en cuanto
a capacidades, orientación o resultados en su primera gestión, son
las consecuencias y el significado político que hoy tiene el voto
por él lo que debe motivar la decisión.

256
EPÍLOGO
¿FIN DE CUÁL CAPITALISMO?
Diferentes teorías y, en consecuencia, diferentes recetas se han
aplicado sin que sea claro que estas lleven a una salida exitosa del
mal momento.
Más allá de la simple afirmación de que estamos en la peor
crisis del sistema capitalista desde el año 29 (o de su historia), se
ha buscado dar explicaciones que permitan proponer soluciones.
El primer y más generalizado diagnóstico no parece haber
acertado; como la crisis comenzó por los castigos de carte-
ra a los bancos de inversión por los paquetes de hipotecas
subprime que intoxicaron el mundo financiero, se ha atribuido
el problema a los efectos de las quiebras de las entidades de
ese sector (bancos, aseguradoras, etc.), supuestamente por-
que al no poder irrigar el crédito toda la economía colapsaría.
Por eso se han destinado billones y billones, tanto en Estados Uni-
dos como en Europa y Asia, a mantener a flote las compañías que
además de tener que responder por el dinero del público cumplen
la función de trasladar el ahorro a la inversión. Sin embargo, ya hay
un cuasiconsenso en cuanto a que esto o no ha solucionado la crisis
o no ha sido suficiente. Y ha tocado reconocer que el sector pro-
ductivo también está en problemas y no solo por la falta de crédito
(ejemplo: las ayudas a los fabricantes de automóviles en cada país).
Pensando que la solución puede estar en el lado de la demanda,
también se han propuesto alternativas que van desde refinanciar
a los deudores hasta disminuir los impuestos. Se habla también
de una revancha keynesiana, o neokeynesianismo, consistente en
257
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

grandes programas de inversión que, aunque generadores de gran-


des déficits fiscales, podrían mantener el empleo y el ingreso para
evitar una mayor recesión y un mayor impacto social. También se
considera que entramos en una etapa de neoproteccionismo, don-
de, para el mismo propósito, cada país defiende su industria local.
En fin, diferentes teorías y en consecuencia diferentes recetas se
han aplicado sin que sea claro que estas lleven a una salida exitosa
del mal momento.
En la reunión del G20 dos posiciones parecen presentarse: la
liderada por la Canciller alemana que sostiene que hay que dejar
que los remedios implementados en cada país produzcan sus efec-
tos y que lo que toca es preocuparse por la postcrisis y el nuevo
orden a crear; y la de quienes desean globalizar el manejo de la
crisis, tomando decisiones conjuntas para afrontar la coyuntura.
Al lado de esto se presentan la crisis energética, el cambio am-
biental, el aumento de la protesta social, no como consecuencia
del modelo capitalista sino como problemas paralelos y, quien
sabe por qué, coincidentes pero no dependientes o derivados de
un mismo origen.
De esta manera se asume que no es el sistema capitalista mismo
el que está en juego sino, internamente, alguna falla que se podrá
corregir; y para esos ‘paralelos’ se buscan las respuestas en los mis-
mos principios del sistema (incentivos económicos y regulaciones).
Se llega a reconocer que los excesos del neoliberalismo como
modalidad del capitalismo produjeron la actual catástrofe, pero se
supone que con algunos mecanismos regulatorios esto se corrige.
No se asume como una crisis integral, que abarca al sistema ca-
pitalista en su conjunto, en otras dimensiones, políticas, sociales,
ideológicas, ecológicas, internacionales... que va mucho más allá
de una mera crisis bancaria o aún económica. Hay otras interpre-
taciones que parten de análisis diferentes y plantean la necesidad
de denunciar las mentiras que permanentemente divulga la prensa
para minimizar la situación. La gente debe tomar conciencia, por
ejemplo, de que el cambio climático puede llevar a una catástrofe
de dimensiones incalculables. Pero también de que no es una serie

258
Juan Manuel López Caballero

de “desastres naturales” sino creados por el hombre, por un sistema


que transforma la naturaleza en recursos económicos, en mercancías
que pueden utilizarse sin limitación alguna.
El capitalismo puede haber desarrollado características que
depredan más allá de lo que las fuerzas productivas generan, hasta
un punto tal en que el conjunto del sistema no puede reproducirse
más...
En su modalidad neoliberal permitió y propició el crecimiento de un
sector especulativo desbordado. El mercado real hoy es insignifican-
te ante una especie de casino donde se tranzan productos virtuales 60
veces mayores que el total de los presupuestos de todas las naciones.
Por ejemplo, en Colombia en el mercado de futuros de divisas
se llegan a realizar en un día compraventas de dólares por sumas
del orden de lo que el gobierno americano ha entregado en un
año para el Plan Colombia. Es claro que ni en un año podrían los
particulares hacer transacciones en efectivo por esas sumas. Lo
que sucede es que juegan unos a que el dólar subirá (o a subirlo) y
otros a la baja (o a bajarlo) cruzando y liquidando operaciones solo
alrededor del cambio en la cotización pero sin que se produzcan
los correspondientes movimientos del capital. Y el casino no es
nuestra insignificante bolsa sino el conjunto de bolsas de valores
e ‘inversionistas’ o sea jugadores del conjunto del mundo. Enton-
ces, el valor del dólar -y el valor de los commodities y en conse-
cuencia en alguna forma de todos los bienes- no lo determinan la
oferta y demanda real de cada cosa sino los jugadores del casino...
Esto lleva a una inconsistencia del capitalismo, puesto que el merca-
do, que supone ordenar el uso de los recursos mediante el valor que
asigna a cada bien, está completamente distorsionado. Como la espe-
culación en el sistema financiero con sus ‘derivados’ es la evolución
natural del capitalismo, el único camino para salir de la encrucijada
a la cual hemos llegado sería cambiarlo por un sistema diferente.
Esa ‘pirámide’ de tahúres no es una realidad separada, indepen-
diente de la llamada economía real o productiva: fue engendrada
por la dinámica del conjunto del sistema capitalista al igual que
las necesidades de rentabilidad de las empresas transnacionales o

259
Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo

las necesidades de financiamiento de los Estados. No es una red


de especuladores autistas ajenos a la racionalidad misma de esta
civilización sino la premonición de su decadencia.
Por otro lado, el crecimiento mundial depende de los cambios
tecnológicos. Pero ello ha llevado a que estos tengan un tiempo de
aplicación muy corto mientras que su costo es cada vez mayor.
En estas condiciones, no se logra amortizar la inversión en el
tiempo, ni acumular nuevo capital ya que el que así se forma toca
desecharlo cada vez más rápido. El PIB mundial ha disminuido su
crecimiento y, teniendo en cuenta lo anterior, su aumento real está
hoy prácticamente por debajo del crecimiento demográfico.
Así las cosas, ante una torta que crece al mismo ritmo que la
población que la consume, la competencia lo que determina es
quién le quita a quién su parte. En esta etapa del capitalismo los
‘daños colaterales’ (medio ambiente, etc.) son despreciados al igual
que los efectos sociales: solo se puede acumular en detrimento de
lo uno o de lo otro.
Esto explica el aumento de la desigualdad, de la pobreza, y el
deterioro planetario, puesto que son estos los que permiten que
sobreviva el sistema capitalista. No sin razón Zbigniew Brzezinski
-quien es el Henry Kissinger del partido demócrata hoy en el
poder- dejó sus reflexiones sobre política internacional y advierte
sobre la posibilidad de agravamiento de los conflictos sociales en
los Estados Unidos y el mundo.

260
JUAN MANUEL LÓPEZ CABALLERO

Analista Político - Económico y Columnista

Juan Manuel López Caballero es un des-


tacado Analista Político - Económico con
estudios de Economía Política en Sydney
University of Australia y en University of
Massachusetts en Amherst. Columnista de
el periódico El Heraldo, de las revistas Dine-
ro, Ciencia Política, Revista de la Contraloría y
de la Revista del Instituto de Ciencias Penales
y Criminológicas. Parte de su pensamiento y
tesis se han visto reflejadas en sus libros y
ensayos.