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Aristóteles

So b r e
el MU N D O
Edición bilingüe de
Tomás Rodríguez Hevia
HERMENEIA
104
Colección dirigida por
Miguel García-Baró
A R IS T O T ELES

SOBRE
EL MUNDO
E d ic ió n b il in g ü e

Traducción, introducción y notas de


T o m á s R o d r íg u e z H e v ia

EDICIONES SÍGUEME
SALAMANCA
2014
A mis padres, Francisca y Manuel,
que me han dado lo único que tengo: la vida.
A mi esposa, Fátima,
que ha soportado mis ausencias por la traducción.

Cubierta diseñada por Christian Hugo Martín

© Tomás Rodríguez Hevia, traducción, introducción y notas


© Ediciones Sígueme S.A.U., 2014
C7 García Tejado, 23-27 - E-37007 Salamanca / España
Tlf.: (+34) 923 218 203 - Fax: (+34) 923 270 563
ediciones@srgucme.es
www.sigueme.es

ISBN: 978-84-301-1869-4
Depósito legal: S. 222-2014
Impreso en España / Unión Europea
Imprenta Kadmos, Salamanca
CONTENIDO

P ró lo g o ......................................................................................... 9

Introducción .................................................................................. 11
1, E structura del tr a t a d o ................................................................. 11
a) P rim era p arte ...................................................................... 12
b) Segunda parte: las doctrinas c ie n tífic a s....................... 13
c) Tercera parte: las doctrinas te o ló g ic a s ......................... 18
2. P rincipales ideas filosófico-teológicas del tr a t a d o ........ 20

S obre el mundo . T exto b ilin g ü e ................................................... 23


1. E xhortación al estudio de la filo s o fía ................................ 25
2. E l cosm os y sus e le m e n to s ....................................................... 31
3. La tierra y el agua ................................................................... 39
4. L os principales fenóm enos sublunares ............................. 49
5. E ternidad y perfección del cosm os .................................... 67
6. D ios, principio inm óvil del cosm os ................................... 77
7. D ios, siendo uno, tiene m uchos nom bres ........................ 101

M apa . L a oikumene según Sobre el mundo ............................... 106

Ep íl o g o ............................................................................................. 107

B ibliografía 109
Ούδέν δέ οιμαι χαλεπόν ενταύθα γε-
νόμενος καί έκ τοϋ Περιπάτου μνησ-
θήναι καί δ γε της αίρέαεως πατήρ,
των δλών ού νοήσας τον πατέρα, τόν
καλούμενον ύπατον ψυχήν είναι τοϋ
παντός οίεται τουτέστι τοϋ κόσμου
τήν ψυχήν θεόν ΰπολαμβάνων αυτός
αύτω περιπείρεται.
Llegados a tal punto, no creo dificultoso
recordar a los peripatéticos. El padre de
la escuela, desconociendo al padre de to-
das las cosas, creía que lo llamado «más
alto» era el alma de todo. Es decir, se
confundía al tomar por un dios al alma
del mundo.

Clemente de Alejandría,
Protréptico, 5, 66, 4,5
PRÓLOGO

Presento al lector hispanohablante una traducción, en edición


bilingüe, del tratado «aristotélico» Sobre el mundo. Mi primera y
principal intención no es, ni mucho menos, dirimir todos y cada
uno de los problemas que este tratado presenta al estudioso, sino
algo mucho más humilde y sencillo: poner en manos de nuestro
lector el texto mismo en su original griego y su traducción al
español actual, y que pueda servir de aliciente a futuros trabajos,
que ahonden en sus muchos problemas, y mejores traducciones,
que nos ayuden a conocer mejor este texto, que de por sí tiene un
valor cultural de primer orden, al margen de si su autor es o no
el gran Aristóteles.
Para lograr mi propósito, pues, me centré en los aspectos
más técnicos del texto, sin pronunciarme rotundamente sobre su
autoría, que está dividida entre aquellos que defienden abierta-
mente que su autor es Aristóteles y los que niegan que el texto
sea del Estagirita y prefieren encuadrarlo en una época posterior
al Peripato. Estas dos posturas están actualmente defendidas
por autores de distintas procedencias. La primera, a la que yo
humildemente me uno, está avalada por prácticamente toda la
Antigüedad, que atribuyó nuestro tratado sin dudas a Aristóte-
les, y es mantenida en la actualidad por Giovanni Reale, que ha
dedicado en colaboración con Abraham P. Boss una hermosa
monografía al Sobre el mundo (y que es la que yo he utiliza-
do para aprovechar su valiosísimo y numeroso material en las
notas de mi traducción); esta monografía lleva el título de II
trattato sul cosmoper Alessandro attribuito ad Aristotele, y vio
la luz en el año 1995 en Milán. La segunda, solo mantenida en

9
Prólogo

la Antigüedad por Proclo, nace ya en tiempo del Humanismo


con Erasmo, y se fue afianzando hasta nuestros días con autores
como Wilamowitz, que en su Griechisches Lesebuch lo atribuye
a un imitador de Posidonio, compuesto en la época de los empe‫־‬
radores de la casa julio-claudia; o Zeller en su Die Philosophie
der Grieschen de 1925, entre otros; en el ámbito de la lengua
española esta postura es defendida por José Pablo Martín, direc-
tor de la traducción al español de la obra completa de Filón de
Alejandría, quien valora la tesis sostenida por Reale, sin llegar
con ello a conclusiones contundentes e invitando a profundizar
en el tema con estudios posteriores1.
En cualquier caso, como ya he dicho arriba, con esta traduc-
ción del Sobre el mundo mi propósito no es otro que presentar
el texto mismo con la esperanza de que suscite estudios más
pormenorizados y profundos.
No puedo dejar de dar las gracias aquí a Miguel García-Baró
por su inestimable apoyo para sacar adelante esta obra; a Jorge
Ubeda por poner en movimiento los engranajes para que este
proyecto se iniciara; a mi mujer, Fátima, por haber estado siem-
pre ahí alentándome; y, en fin, a tantos otros amigos por haber
entendido mi trabajo y haberme apoyado.

1. J. P. Martín, Sobre el autor del tratado «De mundo» en la historia del aris-
totelismo: Méthexis 11 (1998) 103-111.

10
INTRODUCCIÓN

1. E stru ctu ra d el tratado

Entre las obras del Corpus Aristotelicum figura un breve tra-


tado con el título de Περί κόσμου προς Αλέξανδρον, que en la
edición de Bekker1ocupa veintidós columnas de 391a a 401b.
Analicemos ahora su estructura y contenidos.
Nuestro breve tratado está estructurado de manera que revela
un diseño muy claro; puede dividirse en tres partes, ya anuncia-
das en el capítulo primero y marcadas por las dos definiciones
de «cosmos» que da en el capítulo segundo. Veámoslas en un
breve esquema:
a) La primera, que coincide con el capítulo primero, con-
tiene la dedicatoria, el concepto y el elogio de la filosofía y la
invitación a Alejandro a ocuparse de ella. Este primer capítulo
da la clave en la que se ha de leer todo él: una exhortación a la
filosofía.
b) La segunda parte ocupa los capítulos segundo, tercero,
cuarto y quinto, considera el cosmos-desde un punto de vista
físico y contiene un breve tratado científico de astronomía, geo-
grafía y meteorología, que está en función de la consideración
filosófico-teológica de los capítulos sexto y séptimo. Responde
esta parte al λέγωμεν del capítulo primero («Hablemos noso-
tros») y a la primera definición de «cosmos» dada en el capítulo
segundo (391, 9-10): «El cosmos es un conjunto formado por el
cielo, la tierra y el conjunto de los seres contenido en ellos».

1. Aristotelis Opera edidit Academia Regia Borussica, Berolini 1831-1870


(in V voll.)

11
Introducción

c) La tercera parte, la esencial, comprende los capítulos sex-


to y séptimo. Sobrepasando la visión científica, se considera
ahora la visión metafísica y teológica del cosmos, demostrando
cómo todo él y cada una de sus partes depende de Dios y de su
divina potencia. Esta parte responde al θεολογώμεν del capítulo
primero: «Y, cuanto sea posible, teologicemos sobre todas estas
cosas, según su naturaleza, su posición y su movimiento», y a la
segunda definición del cosmos dada en el capítulo 2, 391 b, 10-
12: «De otra manera también se llama cosmos a la disposición y
ordenamiento de todas las cosas, guardados por la divinidad y a
través de la divinidad».
Consideremos ahora los contenidos resumidos de cada parte
y de cada capítulo.

a) Primera parte
Correspondiéndose con el capítulo primero, es una exhor-
tación a la filosofía constituida sobre tres temas estrechamente
relacionados entre sí:
1. En primer lugar el concepto de filosofía y su elogio. Se
define la filosofía como una visión de la totalidad de las cosas y
de su verdad ontológica. A esta visión de totalidad se contrapone
la visión parcial de las demás disciplinas, las cuales se ocupan de
realidades particulares y contingentes. Esta visión de la totalidad
es equivalente al conocimiento del lo divino y a la consideración
desde una perspectiva teológica de toda la realidad. La visión fi-
losófica, pues, consiste en atribuir a Dios y a la causalidad divina
la totalidad de las cosas; es, por tanto, una visión teológica del
cosmos (θεολογώμεν).
2. Un segundo tema, insertado en el anterior, es la distinción
entre cuerpo y alma, que caracteriza a la vía filosófica como vía
reservada a la parte superior del alma: el intelecto (el «nous»),
dado que el cuerpo es incapaz de elevarse a la visión filosófica
de la realidad, prerrogativa del «ojo divino del alma».
3. En estrecha relación con el tema del intelecto, el autor
subraya la afinidad de naturaleza entre la filosofía y su objeto

12
Introducción

formal: la afinidad de la parte intelectiva del alma con lo divino,


lo suprasensible.
Por todo ello encomienda a Alejandro que «te conviene ir en
busca del conocimiento de lo mejor, y no concebir nada peque-
ño en filosofía, sino más bien permitir a los mejores enriquecer-
se con tales dones».

b) Segunda parte: las doctrinas científicas


Capítulo segundo
Este capítulo se inicia con dos definiciones del «cosmos» y
luego analiza tres de los cinco elementos de los que está formado.
«Cosmos», en un primer sentido, es un complejo (systema)
constituido por cielo y tierra y todas las cosas que están en ellos.
En un segundo sentido, «cosmos» es la disposición y el orde-
namiento (taxis y diakósmesis) puestos en acto y conservados
por Dios.
En el centro del cosmos se encuentra la tierra, y la parte su-
perior es el cielo. Luego define la estructura del cosmos, par-
tiendo del cielo hasta la tierra:
1. El cielo se mueve eternamente arrastrando consigo los
astros que lo llenan. El cielo es esférico, y por tanto, tiene dos
polos que definen un eje en tomo al cual se mueve el cosmos.
Este eje es el diámetro del cosmos y tiene dos polos: el polo ñor-
te, ártico; y el polo sur, antártico. El cielo está constituido todo
entero por el elemento éter (aizer), que recibe su nombre de aei
zein («correr siempre»), con un movimiento circular. El éter es
elemento totalmente diferente a todos los demás, pues es puro y
divino y no está sometido a ningún cambio.
Los astros del cielo vienen divididos en dos: las estrellas
fijas, que mantienen siempre la misma posición y se mueven
todas a la misma velocidad, y los planetas, estrellas que no man-
tienen la misma posición y se mueven a velocidades diferentes.
El cielo está dividido en esferas que se engloban una en otra. La
primera esfera, la más externa, contiene y mueve todas las estre-
lias fijas de número incalculable. Los planetas, por su parte, se

13
Introducción

mueven en esferas diferentes que están incluidas una en la otra,


disminuyendo en tamaño; los planetas son siete. El orden de los
planetas y sus relativas esferas es el siguiente.
Después de las estrellas fijas viene la esfera de Cronos, luego
Zeus, luego Ares, luego Hermes, luego Hera, luego el sol y por
último la luna, con la que termina la sustancia etérea, que es in-
corruptible; debajo de ella está la zona ocupada por los elemen-
tos sujetos a corrupción.
2. Justo después del éter se extiende la sustancia de natu-
raleza ígnea, constituida por partes sutiles e inflamables. Esta
se inflama por causa del movimiento veloz del éter y es en este
elemento donde acaecen los principales fenómenos ígneos.
3. El elemento aéreo va después del ígneo; es tenebroso y
glacial, pero a causa del fuego llega a ser luminoso y caliente. En
el aire se forman los fenómenos meteorológicos: nubes, vientos,
lluvia, etc., que se tratarán en el capítulo cuarto.

Capítulo tercero
1. Agua y tierra están inmediatamente después del aire. La
división común de la tierra en islas y continentes no tiene sen-
tido, porque, en realidad, nuestra tierra es una isla rodeada toda
ella por el mar Atlántico. La parte habitada (oikoumene) es solo
una parte de la totalidad de la tierra y puede haber otras oikoume-
nai rodeadas también ellas de mar y situadas en partes opuestas
a la nuestra e invisibles. La naturaleza líquida viene inmedia-
tamente después de la naturaleza aérea y deja emerger algunos
trozos de tierra que son nuestras «tierras habitadas». Por último
viene la sustancia terrestre, reunida toda ella en un solo conjunto,
inmóvil y fija, que ocupa el puesto central del cosmos.
2. De esta manera, los cinco elementos descritos se sitúan
en cinco esferas, cada una engloba la otra. La tierra es la esfera
central, que está incluida en la del agua, esta en la esfera del
aire, esta en la del fuego y esta última en la esfera del éter. La
esfera del éter es morada de los dioses y la región inferior es
morada de los seres vivientes corruptibles.

14
Introducción

3. El elemento húmedo se manifiesta en las fuentes, los ríos


y los mares. La tierra se manifiesta en continentes e islas. De las
islas, unas son muy grandes, como nuestra «tierra habitada»,
pero otras son pequeñas. Se mencionan como islas considera-
bles Sicilia, Cerdeña, Creta, Eubea, Chipre y Lesbos; como más
pequeñas las Espoladas, las Cicladas y otras similares a estas.
La «tierra habitada» está rodeada por el Atlántico. Este penetra
en nuestra tierra por un estrecho pasaje llamado Columnas de
Hércules. El mar Mediterráneo es concebido por nuestro tratado
como un gran golfo del Atlántico y lo describe pormenorizada-
mente dando los diferentes nombres que recibe de Occidente
a Oriente; luego del Oeste, a través del Sur, al Norte y de aquí
de nuevo vuelve al Occidente, donde rodea la «tierra habitada»
hasta el golfo de Cádiz y las Columnas de Hércules. Por enci-
ma de la región de los Celtas, se encuentran dos grandes islas,
llamadas islas Británicas, que toman el nombre de Albión e Ir-
landa. En relación a estas dos grandes islas, pero situadas en el
extremo opuesto, menciona dos otras grandes islas, Taprobane,
frente a la India, y Febol, frente al golfo arábigo. Otras islas más
pequeñas rodean las grandes islas Británicas e Iberia. La «tierra
habitada» mide 40000 estadios de ancho y 70000 estadios de
largo. Nuestra «tierra habitada» está dividida en tres continen-
tes que son Europa, Asia y Libia, dándonos también los límites
de cada uno.
Capítulo cuarto
1. Los fenómenos meteorológicos: tras describir el cosmos
y sus cinco elementos, pasa en el capítulo cuarto a describir los
fenómenos que ocurren en la tierra y a su alrededor, es decir, la
zona sublunar. Dos son las emisiones que producen estos fenó-
menos: una la emisión seca y humeante, puesto que se genera
en la tierra; la otra la emisión húmeda y vaporosa, que se genera
en el elemento líquido. De la segunda derivan las nubes, la llu-
via, los rocíos, la nieve y análogos fenómenos, mientras que de
la primera derivan los vientos, las tempestades, los truenos, los
relámpagos y análogos fenómenos. Estos fenómenos ocurren en

15
Introducción

el aire, la tierra y el mar. Diseñemos en una tabla ordenada los


diferentes fenómenos:

a) Fenómenos que ocurren en el aire:


- d e la emisión húm eda: niebla-sereno, rocío, hielo, granizo, es-
carcha, nube, lluvia, nieve y tempestad de nieve
- d e la emisión seca:
-Teoría de los vientos:
■descripción de los vientos y brisas
• descripción de los vientos según el lugar de origen
■descripción de los vientos según los puntos cardinales
• descripción de los vientos según su dirección
• descripción de los vientos según las estaciones
- Vientos violentos: ráfaga, vendaval, ciclón, remolino, torbe-
llino
-Fenóm enos ígneos violentos: trueno, relámpago, rayo, bólido,
tifón, tormenta
-Fenóm enos luminosos:
• aparentes: arco iris, reflejos, halo
•reales: estelas, cometas y otros similares
b) Fenómenos que ocurren en la tierra:
-fuentes de agua, de viento y de fuego
-terrem otos y su origen
- diferentes tipos de terremotos
c) Fenómenos que ocurren en el mar:
-grietas, empciones de fuego, mareas, pleamares y bajamares

Este capítulo concluye con que los cuatro elementos (fuego,


agua, aire y tierra) al mezclarse entre sí, sujetos a todo tipo de
mudanzas, provocan la generación y la corrupción de las cosas
particulares, pero el cosmos mantiene su unidad incorruptible.

C a p ítu lo q u in to
Los capítulos anteriores concluyeron con el concepto de
eternidad del cosmos que subsiste a pesar de la generación y
corrupción de las cosas particulares. Este capítulo quinto se ini-
cia con una aporta: ¿Cómo es posible que el cosmos sea inco­

16
Introducción

rru p tib le, cu a n d o está co m p u esto de p rin cip io s co n tra rio s? La


re sp u e sta a la p reg u n ta es el ca p ítu lo q u in to entero , qu e tie n e
co m o e je ce n tral el co n c ep to d e H erác lito de la arm o n ía d e los
co n trario s.
E l a u to r p arte del ejem p lo de la ciu d ad , que ta m b ié n está
co n stitu id a p o r g ru p o s de c a racterísticas o p u estas, y, sin cm -
b argo, es p rec isam en te sobre la b ase de estas co m o la ciu d ad
co n sig u e la co n c o rd ia p o lítica. Si la ciu d ad lo g ra a lc a n z a r la
u n id a d p a rtie n d o de la m u ltip lic id a d , de ig u al m o d o o cu rre en
el cosm os.
U n seg u n d o ejem p lo le sirv e al a u to r p ara p ro b a r la arm o n ía
d e los co n tra rio s, el de las h a b ilid a d es té cn ic as, q u e, im itan d o
la n atu ra lez a, co n la m e z c la d e lo s c o n tra rio s c o n sig u e n d ich a
arm onía: la p in tu ra , c o n los d istin to s co lo res; la m ú sic a , co n los
d istin to s sonidos, y de m o d o an á lo g o las dem ás. E ra esta la id ea
qu e H e rá c lito afirm aba.
D e ig u a l m an era o cu rre en el co sm o s: u n a fu e rz a q u e p en e tra
p o r to d a s p arte s el co sm o s m e zc ló p rin cip io s y ele m e n to s con-
trario s, a seg u ran d o la c o n serv ac ió n del u n iv erso . Su co n serv a-
ción d ep e n d e y está g ara n tiza d a p o r el ac u erd o de los elem e n to s,
y este acu erd o , a su v ez , g a ra n tiz a el eq u ilib rio d e los elem en -
to s m ism o s. D e ta l m a n e ra es co m o la ig u ald ad fu n d a m e n ta la
co n c o rd ia y esta el co sm o s, q u e a h o ra v ien e c o n c eb id o co m o
« o rd en y m e d id a» , ta l co m o su p ro p ia etim o lo g ía su g ie re (« eo s-
m o s» igual a «orden»).
D e aq u í se d esp re n d e q u e el co sm o s m e re z c a el m a y o r elo-
g io, p u e sto q u e es su p e rio r a to d a s las cosas, d ad o q u e estas
n o so n m á s que p arte s de aquel. El co sm o s es g ran d e, v elo z,
p o d e ro so en g rado sum o e in c o rru p tib le. É l d e te rm in a to d o lo
q ue co n tien e , separa la n a tu ra le z a de los elem e n to s, d a v id a
a an im ales y a p la n tas, re g u la lo s fen ó m e n o s m e teo ro ló g ic o s
y to d o lo que acae ce re d u n d a en beneficio de sí m ism o . L o s
n a c im ie n to s y las m u e rtes se co m p e n sa n y se e q u ilib ra n co m o
elem e n to s co n trario s, y de esta fo rm a se g a ra n tiz a la in c o rru p -
tib ilid a d d el cosm os.

17
Introducción

c) Tercera p a r te : la s d o c trin a s te o ló g ica s

C a p ítu lo se x to
E n el ca p ítu lo q u in to el te m a de la d y n a m is q ue in v ad e el
u n iv e rso y lo a rm o n iz a q u ed a b a im p lícito y se rá en este sex to
ca p ítu lo d o n d e se p ro fu n d iz a rá q u é es y de d ó n d e p ro ced e d ich a
« fu erza» , ta l co m o h a b ía sido ap u n tad o y a en la se g u n d a definí-
c ió n d e « c o sm o s» del ca p ítu lo segundo, d esd e u n a p e rsp e ctiv a
m á s co m p re n siv a , es decir, teológica.
E s d o c trin a m u y an tig u a, tra n sm itid a de p ad re s a h ijo s, qu e
D io s ex iste y es ca u sa de to d a s las cosas. E sto m ism o lo h an di-
c h o ta m b ié n los filó so fo s, que h a n afirm ado q u e to d as las co sas
sen sib le s están lle n as de D ios, h ac ie n d o c o n ello a D io s inm a-
n e n te a lo sen sib le. L a su stan cia de D io s es, sin em b arg o , tran s-
ce n d en te al m u n d o , q u e solo co n o c e la p o te n c ia d e D io s, qu e es
la q u e p ro d u c e to d a s las cosas.
E sta d istin ció n entre esen c ia y p o te n c ia de D io s n o s perm ite
ex p lica r có m o D ios, siendo transcen d en te, p ro d u ce todas las co-
sas y d o m in a to d o el cosm os. D ios, q u e resid e en lo m ás alto del
cielo , con su p o te n cia se ex tien d e p o r to d o el u niv erso , p artien d o
del cielo h asta la tierra, d o nde, p o r estar m ás lejan a de D ios, se
p ro d u ce n im perfeccio n es. P ara ejem plificar este co n cep to nú es-
tro au to r se v a le del ejem p lo del G ran R ey de Persia.
D io s se v a le del m o v im ien to q u e se p ro p a g a a las co sas par-
tic u la re s p a ra d istrib u ir su p o te n cia , m o v ie n d o ca d a u n a a o tra
d esd e el cielo h a sta la tierra. E l m o v im ien to , sie n d o u n o so lo y
el m ism o , sin em b arg o , se d ife re n c ia p o r ca u sa d e las d iferen -
te s n a tu ra le z a s d e las cosas. E ste c o n c ep to v ie n e ejem p lificad o
c o n el re c ip ie n te q u e c o n tien e d en tro d istin to s só lid o s d e for-
m a g eo m étric a; co n u n solo im p u lso al se r la n zad o p o n d rá en
m o v im ie n to los cu e rp o s, q u e se m o v e rá n d e m a n era d iferen te:
la e sfe ra de d ife re n te m a n era al cu b o y este al ic o sae d ro , y así
to d o s los dem ás. O tro ejem p lo es el de que si d e já ra m o s lib re s a
d iferen tes an im ales, ca d a uno re a liz a ría d istin to s m o v im ien to s:
los ac u ático s n ad a rían , los v o la d o re s v o la ría n y lo s te rrestre s
co rrerían .

18
Introducción

D e esta m a n era el co n c e p to de co sm o s se fo rm a liz a ah o ra


en fu n c ió n de la u n id a d d el p rin c ip io d iv in o y d e su p o te n c ia
y en fu n c ió n de la d istin ta n a tu ra le z a de las co sas. E l cosm o s
es la arm o n ía de los m o v im ie n to s d e las re a lid a d e s celestres y
te rrestre s, que d e riv a d e u n ú n ic o p rin c ip io y tie n d e a ú n ic o fin:
D ios. A sí, el co sm o s es co m o u n co ro d e d ife re n te s v o ce s que
a la señ al del corifeo se fu n d e en u n a so la arm o n ía. T am b ién es
el co sm o s an á lo g o a u n ejé rc ito q u e, co n stitu id o p o r d iferen tes
m ie m b ro s, a la o rden de g u e rra d a d a p o r el g en e ral se p o n e n
e n m o v im ie n to se g ú n sus d iferen tes fu n cio n e s y c o n sig u e n ir
to d o s a una.
D ios, igual que el alm a, es invisible, p ero n o so tro s creem o s
en su existen cia a p a rtir de su s obras: el o rd en a m ien to d e to d a la
v id a h u m an a, la o rg an izació n de los diferentes trab ajo s, la inven-
ción de las h ab ilid ad es técnicas, de las leyes; así ta m b ié n D io s es
in visib le p a ra no so tro s, p ero lo co n o cem o s p o r sus o b ras, q u e son
to d as las del cielo y la tierra, co m o d ijo E m pédocles. D io s h ab ita
en el cielo y la tierra es el cen tro del cosm os; p o r eso, los astros
qu e están m ás cercan o s a D io s n o están su jeto s a c o rru p ció n y, sin
em bargo, la tierra, q u e está m á s alejada, está su jeta a d iferen tes
fo rm as de corrupción. Por ú ltim o el autor rec ap itu la la fu nción
d e D ios p ara con el co sm o s con la an alo g ía de u n tim o n el con la
n ave, de u n cocin ero co n la cocina, del corifeo co n el coro, d e la
ley co n la ciudad, del gen eral con el ejército, si b ie n p ara to d o s
éstos, a d iferen cia de D ios, su la b o r im p lica fatiga y afán. D ios
se n ten c ia n u estro au to r «inm óvil, con su p o te n cia lo m u ev e to d o
y lo h ace girar, d o n d e y co m o quiere, seg ú n form as y n atu ralezas
d istin tas» , esto m ism o lo h ab ía dich o el filósofo H eráclito : « todo
ser q u e trajina p o r la tie rra está llevado p o r la fu erza de D ios».

C a p ítu lo sép tim o

E ste ú ltim o ca p ítu lo lo d ed ica n u estro tratad o a h a c e r v e r


có m o D ios, au n q u e es ún ico , tie n e d iferen tes n o m b res d eb id o a
los efe cto s que p ro d u ce . Se cierra, pues, este co n u n larg o catá-
lo g o de n o m b re s d iferen tes d e D ios.

19
Introducción

2. P rincipales ideas filosófico-teológicas del tratado

R e su m a m o s ah o ra las p rin c ip a le s id eas filo só ficas y teo ló g i-


cas del S o b re e l m u n d o .
E l au to r co m ien z a afirm ando que la filosofía es alg o d ivin o y
so b reh u m a n o (ΰ ε ΐό ν τι κ α ί δ α ιμ ό ν ιο ν ό ν τ ω ς χρ ή μ α ). A d em ás
la filosofía es, entre todas las ciencias, la m á s d iv in a y d ig n a de
h o nor, p u esto q u e tiene p o r objeto co n tem p lar las cosas divinas.
Si la filo so fía se nos p rese n ta co m o d iv in a y so b reh u m a n a es por-
qu e ella se elev a a la co n tem p lació n de la to ta lid a d de las cosas
y se esfu erza p o r co n o c er la v erd ad ( ... ¿ σ π ο ύ δ α σ ε γ ν ώ ν α ι έν
α ύ τ ο ΐς ά λ ή ίίε ια ν ), a d iferen cia de las otras discip lin as q u e se
lim itan d escrib ir las cosas particu lares. E sta co n tem p lació n del
co sm o s co m o o b jetiv o de la filosofía y a esta b a p resen te en filó-
so fos com o P itágoras, que dice: « τό ·θ εά σ α σ θ α ι τ ο ν ο υ ρ α ν ό ν » ,
y A naxágoras, que dice ex p resam ente: « το υ θ ε ά σ α σ θ α ι τ ο ν ού-
ρ α ν ό ν κ α ί τ ά π ε ρ ί α υ τ ό ν ά σ τ ρ α τε κ α ί σ ελ ή ν η ν κ α ί ή λ ιο ν » 2.
E l h o m b re está co n stitu id o d e cuerpo - p a r te in ferio r atad a a la
tie rra e incapaz de elev a rse a lo s lu gares sa g ra d o s a los q u e debe
m ira r la filo s o fía - y alm a - q u e co n su p arte superior, el intelecto
(ν ο ΰ ς), tie n e p o r ac tiv id ad p ro p ia la filosofía, que es su a re té -. El
tratad o lla m a al n o u s « ojo d ivino del alm a», ex p resió n de P lató n
en R e p ú b lic a V II, 519 b; 533 d y 540 a.
E l éter es el «quin to » elem ento: «L lam am o s éter a la sustan-
cía del cielo y de los astros, no, co m o algunos, p o r m o tiv o de
que ella arde p o r su p ro p ia esen c ia ígnea, en g añ án d o se sobre sus
n aturaleza, que está m u y lejos de la del fuego, sino p o r m o tiv o de
q u e se m u e v e siem pre con un m o v im ien to circular, sien d o un ele-
m entó diferen te de los o tros cuatro, p u ro y divino » . Y a en Timeo,
55 c, de P lató n se p u ed e v e r u n apunte en este sentido: « H ab ía
u n a q u in ta co m p o sició n ; el d ios la utilizó para el u n iv erso » ; y
ta m b ié n en la E pin o m is, 981 c, P lató n afirm a: «P u es bien: si hay
cinco clases de cuerpos, es n ec esario afirm ar que esto s son el

2. Cf. C. Meginno Rodríguez, Aristóteles, Protréptico, una exhortación a la


filosofia, Madrid 2006, 59ss.

20
Introducción

fuego, el agua, el aire en te rc e r lugar, en cuarto lu g a r la tierra y


en quinto lugar el éter».
A la defin ició n de é te r u n e n u e stro au to r la id e a d e la etem i-
d a d del m u n d o : « A sí el co sm o s es su p rem o en g ran d e za, v elo -
císim o en m o v im ien to , m u y lu m in o so en esp len d o r, sin enve-
je c im ie n to e in c o rru p tib le en p o te n cia » . C o m o se sab e, esta es
u n a id e a q u e A ristó te les d e sa rro lla co m o u n a crític a a la te o lo g ía
p la tó n ic a del d iv in o d em iu rg o , tal co m o lo te stim o n ia n F iló n de
A le ja n d ría en su tratad o D e a e te m ita te m u n d i 3, 10-11, y C ice-
rón, L u c u llu s 38, 119.
L a ex isten cia de D ios q u ed a p ro b ad a p o r el « o rd en » d el eos-
m os que n ec esita u n «ordenador»: «L o m ism o h a y q u e p en sar de
D ios, que en su p o te n c ia es fortísim o, en su b ellez a em in en tísi-
m o, en su v id a inm ortal, en su v irtu d fortísim o: p o rq u e au n sien-
do invisible a to d o ser m ortal, É l es, sin em bargo v isib le en sus
obras». L os atributos de D io s so n p a ra n u estro autor: fo rtísim o ,
in m o rtal, incorporal, inm óvil, increado, incorruptible.
El co sm o s está co n stitu id o p o r elem en to s co n trario s y p o r su
arm o n ía, sin que n in g u n o su p ere al otro en po ten cia. E sta tesis
está im p re g n ad a de elem en to s p lató n ico s y de H eráclito , p ad re
de la m ism a. E n el capítulo 5 n u estro au to r c ita u n p asaje de
H eráclito: «las uniones: co n ju n to y d isjunto, arm ó n ico e in arm ó -
nico, de todas las cosas el un o , y del u no to d a s co sas» . S o b re la
u n id a d de los contrarios P lató n h ab la p rin cip alm e n te e n el Tim eo,
p ero ta m b ié n en el F edro, el B a n q u e te y las L e y e s, en tre otros.
H ay que n o ta r que esta d o ctrin a es ta m b ié n aristo télica en el li-
b ro TV de la M e ta física y en D e la g en era ció n y la co rru p ció n .
A esta id e a nuestro au to r u n e la de que las h ab ilid ad es técn icas
(te jn a i) im itan la n atu ra lez a com o arg u m en to p a ra d em o strar q u e
la n atu ra lez a está co n stitu id a de contrario s; esta m im esis d e la
n atu ra lez a p o r p arte de la tejne, está m u y p resen te en A ristóteles.
En su F ísic a , p o r ejem plo, leem os: «P ero si el arte im ita la n atu-
ra le z a y es p ro p io de u n a m is m a c ie n c ia el c o n o c e r la fo rm a y
la m a te r ia ...» o en el Protréptico·. «pues la n atu ra lez a no im ita la
h ab ilid ad técn ica, sino ésta a la n aturaleza».

21
Introducción

R e co g e la d o ctrin a de q u e la p o te n cia d iv in a d o m in a to d as las


cosas: «D ios, en efecto, es en v erd ad el co n serv ad o r y el gene-
rad o r de to d a s las cosas, que en cu a lq u ie r m o d o se co n stitu y en
en n u estro c o s m o s ... h a c ie n d o u so de u n a fu e rz a in defectible,
m e d ian te la q u e d o m in a ta m b ié n las cosas q u e p are cen estar m ás
alejadas». E sta d o ctrin a de la p o te n c ia d iv in a la en co n tram o s en
los R e cu erd o s de Jen o fo n te, que dice: «Y h o n rar a la div in id ad
rec o n o cien d o su p o d e r (d y n a m is) a p a rtir de sus efectos». Tam -
b ié n en P lató n se h ab la de la p o te n cia d iv in a en el Tim eo com o
m o to r del tm iverso y en A ristó teles, en la P o lític a , leem os: «Ya
q u e esto sería obre de u n p o d e r d ivino sim ila r al qu e p recisam en -
te m a n tien e u nido del universo » .
P o r últim o, en c o n tram o s la d o ctrin a de q u e D io s, siendo u no,
sin em bargo, tie n e v ario s nom b res. E sta y a se en c u en tra en el
p en sam ien to g riego an tig u o y no solo entre los filósofos, sino
ta m b ié n en los poetas; p o r ejem plo, leem o s en el P ro m eteo de
E squilo: «D e m u c h o s nom b res, u n a ú n ic a form a». Je n o fo n te en
el B a n q u e te dice: « P ues bien, ta m b ié n Z eus, au nq u e p arece ser el
m ism o , tien e m u c h o s nom b res» .

22
SOBRE
EL MUNDO
Α ΡΙΣΤΟ ΤΕΛ Ο Υ Σ
Π Ε ΡΙ ΚΟΣΜ ΟΥ

391a Π ο λ λ ά ‫־‬/.ις μέν έμοιγε θ εΐό ν τι κ α ι δαιμό-


νιο ν όντω ς χρήμα, ώ Α λ έξα νδρ ε, ή φ ιλο σ ο φ ία
έδο ξεν είναι, μάλιστα δε εν οίς μόνη δια ρ α -
μένη π ρ ο ς τη ν τω ν ό ντω ν θ έ α ν έσ πούδα σ ε
γν ώ ν α ι την έν α ύ το ΐς α λή θ εια ν, κ α ί τω ν
ά λλω ν τα ύ τη ς ά π ο σ τά ν τω ν δ ιά τό ύ ψ ο ς κ α ί
τό μέγεθος, α ΰ τη τό π ρ ά γ μ α ούκ έδεισ εν ο ύ δ ’
α υ τή ν τω ν κα λλίσ τω ν ά πη ξίω σ εν, α λλά κ α ί
σ υγγενεσ τά τη ν έα υτή κ α ί μάλισ τα π ρ έπ ο υ σ α ν
ένόμισεν είνα ι τη ν εκείνω ν μάθησ ιν. ’Ε π ειδ ή
γά ρ ο ύ χ οίόν τε ήν τ φ σώ ματι εις το ν ο υρ ά νιο ν
ά φ ικ έσ θ α ι τ ό π ο ν κ α ί τη ν γη ν έκ λ ιπ ό ντα το ν 123456

1. Los títulos de la edición resumen el contenido de los capítulos.


2. La tradición antigua no parece tener dudas de que el Alejandro
que aquí se m enciona sea Alejandro el macedón; ha sido en época
m oderna cuando se ha cuestionado tal identificación.
3. Para la expresión «divina y sobrenatural», cf. Aristóteles, Phys.,
B, 4, 196 b 7; Rhet., B, 23, 1398 a 15; Γ , 18 1419 a 9ss. (Cf. Platón,
Apol., 31 d).
4. Cf. Platón, Resp., VII, 525 a; ibid., IX 582 c; Phaedr., 248b.
5. La lectura griega dada en el texto όντω ν es m inoritaria frente a
la mayoría de mss. que dan όλων, sin que por ello haya una importante
variación en el contenido, puesto que la prim era hay que entenderla en
el sentido de «la totalidad de los seres». La segunda lectura vuelve a
aparecer en el texto varias veces: 391 b 11; 396 b 23; 397 b 9; 400 a 4.
6. Aquí el térm ino «verdad» tiene valor ontológico. Cf. Aristóte-
les, Protr., fr. 5 y 6 Ross; M etaph., 993 b ss.

24
DE ARISTÓTELES
SOBRE EL MUNDO

1
[Exhortación al estudio de la filosofía1]

M uchas veces, A lejandro2, me pareció que realm ente la 391a


filosofía es una cosa divina y sobrenatural3, sobre m anera
en lo que ella sola, alzándose hacia la contem plación4 de
la totalidad de los seres5, se esfuerza en conocer la verdad6
que hay en ellos. Y, m ientras que las otras ciencias se man-
tienen lejos7 de esta verdad por su dignidad y m agnitud, la
filosofía no tem ió la tarea, ni se creyó indigna de las cosas
más bellas, sino que creyó ser de la m ism a naturaleza8 que
la verdad y pensó que éste era el aprendizaje que m ás con-
venía. Puesto que al cuerpo le era im posible llegarse a la
región celeste, y, abandonando la tierra, contem plar aque-
lia sagrada región9, como alguna vez intentaron los insen-
satos A lóadas10, el alm a, m ediante la filosofía, tomando

7. Cf. Platón, Tim., 25 c.


8. A parece aquí el tem a de la συγγένεια: afinidad de naturaleza
entre la filosofía, el alm a y lo divino; cf. Platón, Phaed., 7 9 a 8 0 ‫־‬b. Cf.
tam bién A ristóteles, Protr. Fr 6 Ross; D e anim., A , 4, 408 b 1 8 3 0 ‫;־‬
Γ, 5; Eth. Nic. K, 7, 1177 b 26ss.
9. Cf. Platón, Phaed., 79 a; Aristóteles, Protr., fr. 10a, 10b Ross.
10. Se trata de los gigantes Oto y Efialtes, que eran hijos del dios
Posidón y de la princesa Ifimedia. Los dos hermanos, que a los nueve
años ya m edían diecisiete m etros de altura y cuatro de ancho, pronto
atacaron a los dioses. Q uisieron asaltar el cielo poniendo el monte
O sa sobre el Olim po y el Pelión a su vez sobre el Osa. Los dioses les
castigaron después de su muerte a ser atorm entados por una lechuza
y una serpiente.

25
Sobre el mundo

ιερόν εκ είνον χ ώ ρ ο ν κ α το π τεϋ σ α ι, κ α θ ά π ε ρ


οι α νό η το ι π ο τέ έπ ενό ο υ ν Ά λ ω ά δ α ι, ή γο ΰ ν
ψ υχή δ ιά φ ιλοσ οφ ία ς, λα β ο ϋ σ α η γεμ ό να τον
νουν, έπ ερ α ιώ θ η κ α ί έξεδήμησεν, ά κ ο π ία τό ν
τινα ο δ ό ν εύρ οΰσ α , κ α ί τά πλεισ τον άλλήλω ν
ά φ εσ τώ τα το ΐς τό π ο ις τή δ ια νο ία συνεφ όρη -
σε, ρ α δίω ς, οίμαι, τ ά συγγενή γνιορίσασα, κ α ί
θ είω ψ υ χ ή ς όμ μ α τι τά θ ε ία κ α τα λα β ομ ένη ,
το ις τε ά ν θ ρ ώ π ο ις πρ ο φ η τεύο υσ α .
Τ ο ύτο δέ έπ α θ ε, κ α θ ’ δσ ον οίόν τε ήν, π ά
σιν ά φ θ ό ν ω ς μ ετα δ ο ϋ να ι β ουλη θ εΐσ α τω ν
π α ρ ’ α υτή τίμιω ν. Δ ιό κ α ί το ύ ς μετά σ π ο υ δή ς
δ ια γ ρ ά ψ α ν τ α ς ήμΐν ενός τό π ο υ φ ύσ ιν ή μιας
σχήμα π ό λ εω ς ή π ο τα μ ο ύ μ έγεθος ή όρ ο υς
κάλλος, ο ιά τινες ή δη π επ ο ιή κ α σ ι, φ ρ ά ζο ν -
τες οί μεν τή ν Ό σ σ α ν , οί δέ τη ν Ν ύσ σ α ν, οί
δέ τό Κ ω ρ ύ κ ιο ν ά ντρον, οί δέ ό τιο ϋ ν έτυχε
τω ν φ ρ ο νο ν επ ί μέρους, οίκτίσειεν ά ν τις τής
μ ικροψ υχία ς, τά τυ χ ό ν τα έκ πεπληγμ ένους κ α ί
μέγα φ ρ ο ν ο ϋ ντα ς επ ί θ εω ρ ία μικρά. Τ ο ύτο δέ
π ά σ χο υ σ ι διά τό α θ έα το ι τω ν κ ρ ειττόνω ν είναι,
κόσμου λέγω κ α ί τω ν εν κόσμω μ εγίσ τω ν ου-
δέποτε γά ρ ά ν το ύτο ις γνησίω ς έπιστήσαντες
391b έ θ α ύ μ α ζό ν τι τω ν άλλων, α λλά π ά ν τ α α ύτοΐς
τά ά λλα μικρά κ α τεφ α ίνετο ά ν κ α ί ούδενός
ά ξια π ρ ο ς τή ν τούτω ν υπεροχήν.
Λ έγω μεν δή ημείς καί, κ α θ ’ δσ ον εφικτόν,
θεολογώ μεν περ ί τούτω ν συμπάντω ν, ώ ς έκασ- 123

11. La distinción entre «alma» e «intelecto» es de origen plato-


nico, así com o la im agen del intelecto como guía de la misma. Cf.
Phaedr., 247 c.
12. Este «camino libre de im pedim entos» es la filosofía sin duda.
Cf. Platón, Phaed., 66 b ss.
13. Cf. nota 8.

26
Versión en español

com o guía el intelecto11, se puso a esta em presa y salió ha-


cía ella, encontrando un cam ino libre de im pedim entos12, y
reunió en el pensam iento las cosas que, en cuanto al lugar,
se hallaban m ás distantes unas de otras; fácilm ente, creo,
porque conoció las cosas que eran de su m ism o género13
y con el divino ojo del alm a14 captó lo divino y profetizó15
para los hom bres. Enseñó esto, en cuanto era posible, a
todos, pues quería hacerlos partícipes, sin envidias, de sus
propios tesoros16.
Por esto m ism o tam bién sería necesario com padecer
por su m ezquindad de alma, al conm overse por las cosas
encontradas, al creerlas grandes cuando eran de poca con-
sideración, a los que nos han inform ado con detalle sobre
la naturaleza de un lugar, el trazado de una ciudad, la gran-
deza de un río o la belleza de un m onte, igual que a los que
hicieron esto m ism o, unos describiendo Osa, otros Nisa,
otros la gruta de C orico17, otros cualquier otra parte de la
tierra. Esto les ocurre porque son incapaces de contem plar
las cosas m ejores, hablo del m undo y de lo que hay en él
de m ejor; pues, si conocieran auténticam ente estas cosas, 391b
jam ás se adm irarían de ninguna otra, sino que el resto les
parecería pequeño y m erecedor de nada frente a la supe-
rioridad de aquellas.
H ablem os nosotros y, cuanto sea posible, teologice-
m os18 sobre todas estas cosas, según su naturaleza, su po-

14. La expresión es obviamente platónica. Cf. Res1/).. V il, 519 b;


ibid., 533 d; 540 a. Cf. tam bién Aristóteles, M etaph., 1, 1, 993 b 9.
15. Cf. A ristóteles, D e philos., fr. 15 Ross. Cf. tam bién Platón,
Resp., VII, 516 e-517 a.; Phaedr., 244 d.
16. U n concepto sim ilar se encuentra en Platón: Phaedr. 247 a y
Tim. 29 e; tam bién en Aristóteles, M etaph., A, 2, 982 b 32ss.
17. G ruta consagrada al dios Pan y las Ninfas.
18. Para el térm ino {)εολογειν pueden confrontarse los siguientes
textos de Aristóteles: Metaph., A , 3, 983 b 29; E, 1, 1026 a 19 y K, 7,
1064 b 3.

27
Sobre el mundo

τον έχει φ ύσ εω ς κ α ί θ έσ εω ς κ α ί κινήσεως. Πρέ-


πειν δέ γε οίμα ι κ α ί σοί, δντι η γεμόνω ν άρίστω,
την τω ν μεγίστων ιστορίαν μετιέναι, φιλοσοφία
τε μηδέν μικρόν έπινοεΐν, άλλα τοΐς τοιούτοις
δώ ρ οις δ εξιο ύ σ θ α ι το ύ ς άρίστους.

28
Versión en español

sición y su m ovim iento. A l m enos creo que tam bién a ti,


que eres el m ejor de los príncipes, te conviene ir en busca
del conocim iento de lo m ejor, y no concebir nada pequeño
en filosofía, sino m ás bien perm itir a los m ejores enrique-
cerse con tales dones.

29
2

Κ όσ μος μέν ο ύ ν έστι, σύστημα έξ ο υ ρ α νού


κ α ί γη ς κ α ί τω ν έν το ύ το ις περ ιεχομ ένω ν φύ-
σεων. Λ έγετα ι δε κ α ί έτέρω ς κόσμος ή τω ν
όλω ν τά ξις τε κ α ί διακόσμησις, υ π ό θ εο ύ τε
κ α ί διά θ ε ό ν φ υλα ττομένη. Τ α ύ τη ς δε τό μέν
μέσον, α κ ίνη τό ν τε κ α ί έδρ α ιο ν όν, ή φ ερέσ β ιος
εϊληχε γη, π α ν τ ο δ α π ώ ν ζ φ ω ν εστία τε ούσα
κ α ί μήτηρ. Τ ό δε ϋ π ε ρ θ ε ν α υτής, π α ν τε κ α ί
π ά ντη π επ ερ α τω μ ένο ν εις τό ά νω τά τω , θ εώ ν
οίκητήριον, ο υ ρ α νό ς ώ νόμα σ τα ι. Π λή ρ η ς δε
ώ ν σ ω μ άτω ν θείω ν, ά δη κα λεΐν ά σ τρ α είώ
θ α μ εν, κινούμ ενος κίνησιν ά ίδιον, μία περ ια-
γω γή κ α ί κύκλω σ υ να να χο ρ εύ ει π ά σ ι τούτοις
ά π α ύ σ τω ς δ ι’ α ίώ νος. Τ ού δέ σ ύ μ π α ντο ς ου-
ρ α νού τε κ α ί κόσμου σ φ α ιρ ο ειδ ο ύ ς ό ντος κ α ί 12345

1. Cf. Aristóteles, D e cáelo, A, 10, 280 a 21.


2. «De otra m anera... divinidad»: esta otra definición de cosmos
tiene un carácter m arcadam ente teológico. Cf. A ristóteles, D e cáelo,
B, 14, 296 a 33ss. Cf. tam bién Platón, Tim., 24 c. El térm ino διακόσ-
μησις se encuentra tam bién en A ristóteles, M etaph., A, 5, 986 a 6. La
disposición contigua de las dos definiciones diseña la propia estruc-
tura del tratado en dos partes bien diferenciadas, en las que por una
parte se estudia el cosm os físicam ente (prim era definición), corres-
pondiéndose con los capítulos 2, 3 y 4, y por la otra parte se estudia
el cosmos teológicam ente (segunda definición), correspondiéndose a
los capítulos 5, 6 y 7.
3. La idea de que la tierra es el centro del universo se encuentra
también desarrollado en el tratado aristotélico D e cáelo, B, 13ss.
4. Para esta expresión cf. Hesíodo, Theog., 633: ά μ φ ί δέ γα ΐα
φερέσβιος.
5. También Platón llam a a la tierra m orada y m adre en Resp., III,
414 e; Tim., 40 b-c; Leg., XII, 955 e.

30
2
[El cosmos y sus elementos]

El cosm os es un conjunto form ado por el cielo, la tie-


rra y el conjunto de los seres contenido en ellos1. De otra
m anera tam bién se llam a cosm os a la disposición y orde-
nam iento de todas las cosas, guardadas por la divinidad y a
través de la divinidad2. Su centro, que es inmóvil y sólido,
le tocó a la tierra3, que es dadora de vida4, casa y m adre de
toda clase de seres vivos5. La región superior del cosmos,
contenida com pletam ente en sus lím ites6, m orada de los
dioses7, es llam ada cielo8. Estando todo lleno de cuerpos
divinos, que solem os llam ar astros9, el cielo, m oviéndose
con un m ovim iento eterno10, con un único m ovim iento de
rotación de órbita circular se m ueve arm oniosam ente sin
fin por toda la eternidad11. A l ser el conjunto del cielo y el
cosm os de forma esférica12 y m oviéndose, com o dije, con
m ovim iento continuo13, tiene necesariam ente dos puntos 67891023

6. El autor enfatiza y subraya la finitud del cielo. Cf. A ristóteles,


D e cáelo, A, 5ss.
7. La idea del cielo com o m orada de los dioses está am pliamente
atestiguada en el tratado de Aristóteles D e cáelo, A, 3, 270 b 6ss; A,
9, 278 b 14ss; B, 1,284 a lls s .
8. Com párese la definición del cielo dada aquí con la que Aristó-
teles da en su tratado D e cáelo, A, 9, 278 b lls s .
9. La divinidad de los astros ya está en Platón en el Tim., 40 b;
tam bién A ristóteles en el D e cáelo, B, 12, 292 b 32; en la Metaph., A ,
8 ,1 0 7 4 a 30; E, 1,1026 a 16-18; Phys., B, 4, 196 a 33; D e Philos., fr.
18, Ross.
10. Cf. A ristóteles, D e cáelo, B, 5, 287 b 26.
11. El m ism o tem a se recoge en el capítulo 6.
12. A cerca de la form a esférica del cielo, cf. Aristóteles, D e cáelo,
B, 4ss.
13. El texto griego aporta el térm ino ενδελεχώ ς, que vuelve a apa-
recer en el capítulo 6, 399 a.

31
Sobre el mundo

κινουμένου, κ α θ ά π ε ρ είπον, ενδελεχώ ς, δύο


εξ α νά γκ η ς α κ ίνη τά έστι σημεία, κ α τα ντικ ρ ύ
άλλήλω ν, κ α θ ά π ε ρ τής εν τό ρ νω κυκλοφ ο-
ρ ουμ ένη ς σ φ α ίρ α ς, στερεά μ ένοντα κ α ί συνέ-
χ ο ν τα τή ν σ φ α ίρ α ν, π ερ ί ά ό π α ς ό γκ ο ς κύκλω
σ τρ έφ ετα ι- κ α λ ο ύ ντα ι δέ ο ύ το ι π ό λ ο ι- δ ι’ ώ ν
εί νοή σ α ιμ εν έπ εζευ γμ ένη ν ευθ εία ν, ήν τινες
392a ά ξ ο ν α καλοΰσι, διά μ ετρ ο ς έσται τού κόσμου,
μέσον μεν έχουσ α τήν γην, το ύ ς δε δύο π ό λο υ ς
π έρ α τα . Τ ω ν δέ ά κ ινή τω ν π ό λ ω ν το ύ τω ν ό
μέν ά εί φ α ν ερ ό ς έστιν υπέρ κ ο ρ υ φ ή ν ώ ν κ α τά
τό βόρειον κλίμα, ά ρ κ τικ ό ς κα λούμ ενος, ό δέ
υ π ό γη ν ά εί κ α τα κ έκ ρ υ π τα ι, κ α τά τό νότιον,
ά ντα ρ κ τικ ό ς καλούμενος.
Ο υ ρ α νο ύ δέ κ α ί άσ τρω ν ουσ ίαν μέν α ιθ έρ α
καλοΰμεν, ούχ, ω ς τινες, διά τό π υ ρ ώ δ η ούσ α ν
αί'θεσθαι, πλημμελοΰντες π ερ ί τή ν πλεΐστον
π υ ρ ό ς ά πη λλα γμ ένη ν δύναμ ιν, άλλά διά τό άεί
θ εΐν κυκλοφ ορουμένη ν, στοιχεΐον ούσ α ν έτε-
ρον τω ν τεττά ρω ν, ά κ ή ρ α τό ν τε κ α ί θειον.
Τ ω ν γε μήν έμπεριεχομένω ν ά σ τρ ω ν τά μέν
ά π λ α νώ ς τώ σ ύμ π α ντι ο ύρ α νώ συμπεριστρέ-
φεται, τά ς α ύ τά ς έχοντα έδρ α ς, ώ ν μέσος ό
ζ φ ο φ ό ρ ο ς κ α λούμ ενος κύκλος εγκά ρσ ιος διά
τω ν τρ οπ ικ ώ ν διέζω σ ται, κ α τά μέρη διηρη-
μένος εις δ ώ δ εκ α ζω δ ίω ν χώ ρ α ς, τά δέ, πλα-
νη τά όντα, ούτε τοΐς π ρ οτέρ οις όμ οτα χώ ς κι-145

14. Cf. Arist., Meteoro¡., Β 5 ,362 a 32ss; D e cáelo, B, 2 285 b 9ss.


15. Al decir de destacados estudiosos, es precisam ente en nuestro
texto donde las denom inaciones de «ártico» y «antártico» compare-
cen por vez primera. Dichos térm inos parecen haberse introducido en
el griego de m anera tardía, hecho que se ha esgrim ido como prueba
de que el texto no es aristotélico; sin em bargo, no es prueba decisiva
para ello.

32
Versión en español

inm óviles en posición opuesta uno del otro, igual que los
de una esfera que rota en sentido circular, que perm anecen
fijos y sostienen la esfera, y alrededor de los cuales toda la
m asa del cosmos se m ueve circularmente: estos dos pun-
tos se llaman polos14. Si pensam os en una línea recta traza-
da entre estos dos polos, que algunos llaman eje, ésta será
el diám etro del cosm os y tendrá como centro la tierra y 392a
com o lím ites extrem os los dos polos. De estos polos inmó-
viles, uno es siem pre visible, encontrándose en el extrem o
septentrional, y es llam ado polo ártico; el otro perm anece
siem pre oculto bajo la tierra en el extrem o m eridional y es
11am ado polo antártico15.
Llam am os éter a la sustancia del cielo y de los astros,
no, com o algunos16, por m otivo de que ella arde por su
propia esencia ígnea, engañándose sobre su naturaleza17,
que está muy lejos de la del fuego, sino por m otivo de que
se m ueve siem pre con un m ovim iento circular, siendo un
elem ento diferente de los otros cuatro, puro y divino18.
De los astros que están contenidos en el cielo, unos,
perm aneciendo fijos, giran a la vez que todo el cielo, m an-
teniendo las m ism as posiciones19, y por el m edio de ellos
pasa oblicuam ente el llam ado círculo zodiacal, como un
cinturón a través de los trópicos, dividido en las doce re-

16. Se alude a Anaxágoras.


17. Traduzco όΰναμις por «naturaleza», que es la acepción que
m ejor viene a la palabra en este pasaje. Cf. A ristóteles, Meteoro¡., A,
3 339 b I6ss.; ib id., 339 b 24.
18. Sobre la doctrina del éter aquí expuesta, cf. Aristóteles, D e
cáelo, A , 3, 270 b 16-25; ibid., Γ, 3, 302 b 4ss.; Meteoro¡., A , 3, 339
b 16. Ya en el Timeo, 55 c de Platón se puede ver un apunte hacia
esta doctrina: «H abía aún una quinta com posición; el dios la utilizó
para el universo». Cf. también la Epinom is, 981 c: «Pues bien: si hay
cinco clases de cuerpos, es necesario afim iar que estos son el fuego,
el agua, el aire en tercer lugar, en cuarto lugar la tierra y en quinto
lugar el éter».
19. Cf. Aristóteles, D e cáelo, B, 14,296 a 34ss.

33
Sobre el mundo

νεΐσ θ α ι π έφ υ κ εν ούτε άλλήλοις, ά λλ’ εν έτέροις


κ α ί έτέροις κύκλοις, ώστε α υτώ ν τό μέν προσ-
γειότερον είναι, τό δέ άνώ τερον.
Τ ό μέν ούν τω ν α π λ α νώ ν π λ ή θ ο ς άνεξεύ-
ρετόν έστιν ά ν θ ρ ώ π ο ις, κ α ίπερ επ ί μιας κι-
νουμ ένω ν επ ιφ ά νεια ς τής τού σ ύμ πα ντος ού-
ρανοϋ■ τό δέ τώ ν π λα νη τώ ν, εις επ τά μέρη
κ εφ α λα ιο ύ μ ενο ν, έν το σ ο ύ το ις έστί κύκλοις
εφ εξής κειμένοις, ώ στε α εί το ν άνω τέρ ω μείζω
τού υ π ο κ ά τω είναι, το ύ ς τε επ τά έν άλλήλοις
έμ περ ιέχεσ θα ι, π ά ν τ α ς γε μην υ π ό τή ς τώ ν
α π λ α ν ώ ν σ φ α ίρ α ς π ερ ιειλή φ θα ι.
Συνεχή δέ έχει άεί την θέσ ιν τα ύτη ό τού Φ αί-
νο ντο ς ά μ α κ α ί Κ ρόνου κα λούμ ενος κύκλος,
έφ εξής δέ ό τού Φ α έθ ο ντο ς κ α ί Δ ιός λεγόμε-
νος, ε ίθ ’ ό Π υρ όεις, Ή ρ α κ λ έο υ ς τε κ α ί ’Ά ρ ε ο ς
προσ α γορ ευόμ ενος, έξή ςδ έό Σ τίλ β ω ν , δ ν ιερόν
Έ ρ μ ο ϋ κα λοΰσιν ένιοι, τινές δέ ,Α π ό λ λ ω νο ς‫״‬
μ εθ ’ δ ν ό τού Φ ω σ φ όρου, δν ,Α φ ρ οδίτη ς, οί
δέ Ή ρ α ς προσ αγορ εύουσ ιν, είτα ό ήλιου, κ α ί
τελευταίος ό τής σελήνης, μέχρις ής ορ ίζετα ι ό
α ιθή ρ , τ ά τε θ ε ία έμπεριέχω ν σ ώ μ ατα κ α ί τήν
τή ς κινήσεω ς τάξιν. 20

20. Por lo que se refiere al círculo zodiacal, puede leerse el si-


guíente texto de A ristóteles: «Pues bien, Eudoxo puso la traslación
del Sol y de la Luna cada una en tres esferas, la prim era de las cuales
era la de los astros fijos; la segunda, la que sigue un círculo oblicuo a
lo ancho del Zodiaco (y la oblicuidad del círculo en que gira la Luna
alcanza una latitud m ayor que la del que sigue el Sol); y puso los
planetas en cuatro esferas la de cada uno, y dijo que era la prim era y
segunda de estas es la m ism a que aquellas (pues la de los astros fijos
es la que las m ueve a todas, y la que está situada bajo ella y tiene su
traslación por m edio del Zodíaco es común a todos), m ientras que los
polos de todos los de la tercera están en el círculo que pasa por medio
del Zodíaco, y la traslación de la cuarta sigue el círculo oblicuo en
relación con el m edio de la tercera; y que los polos de la tercera esfera

34
Versión en español

giones zodiacales20; los otros, es decir, los planetas, no se


m ueven a la m ism a velocidad, ni respecto a los anteriores
ni respecto a los otros astros, sino que se m ueven en órbi-
tas siem pre diferentes, de m anera que uno está m ás cerca-
no a la tierra, el otro, sin em bargo, m ás alto21.
El núm ero de las estrellas fijas es incalculable por los
hom bres22, si bien se m ueven todas en una única superficie,
la de todo el cielo. Pero el núm ero de los planetas queda
reducido a siete, que sustancialm ente están cercanos por
igual, situados uno después del otro ordenadam ente, de
m odo que el círculo superior siem pre es m ayor que aquel
inm ediatam ente inferior, y los siete quedan incluidos los
unos dentro de los otros y todos están englobados en la
esfera de las estrellas fijas23.
La posición contigua a la esfera de las estrellas fijas
está por siem pre ocupada por el círculo llam ado Fenonte
o tam bién Cronos, inm ediatam ente después va el círculo
llamado Fetonte o tam bién Zeus; sigue el círculo Piréti-
co, llamado Hércules y tam bién Ares; después va el círculo
Estilbón, que afirman algunos estar consagrado a H ennes,
otros a Apolo; después de éste va el círculo del Fósforo,
que unos llaman A frodita y otros Hera; sucesivamente va el
círculo del sol, y por últim o, el círculo de la luna, con el que
se junta el fin del éter, que recoge en sí los cuerpos divinos
y el orden de su movimiento.

son distintos para cada uno de los dem ás, pero los de Venus y Mer-
curio son los m ism os» (M etaph., Λ , 8, 1073 b 19ss.). La traducción
de este pasaje de la M etafísica es de V. G arcía Yebra, M etafísica de
A ristóteles, M adrid 1990.
21. Sobre la distinta velocidad de las esferas celestes puede verse
A ristóteles, D e cáelo, B, 8, 289 b 34ss.
22. Cf. Aristóteles, D e cáelo, B, 12, 292 a lOss.
23. Sobre esta doctrina puede consultarse la obra M etaph., A, 8,
donde el filósofo estagirita lleva a cabo un desarrollo de la misma. Cf.
V. G arcía Yebra, a d locum.

35
Sobre el mundo

Μ ετά δέ την α ίθέρ ιον κ α ί θ ε ία ν φύσιν,


ή ντινα τετα γμ ένη ν ά ποφ α ίνομ εν, έτι δέ άτρεπ-
το ν κ α ί ά νετεροίω τον κ α ί α π α θ ή , συνεχής έσ-
τιν ή δ ι’ δλω ν π α θ η τή τε κ α ί τρ επ τή , καί, τό
σ ΰμ πα ν είπεΐν, φ θ α ρ τή τε κ α ί έπίκηρος.
Τ α ύ τη ς δέ α υτή ς πρώ τη μεν έστιν ή λεπ-
392b τομ ερή ς κ α ί φ λ ο γ ώ δ η ς ουσία, υ π ό τή ς α ίθε-
ρίου π υ ρ ουμ ένη διά τό μ έγεθος α υ τή ς κ α ί την
ο ξύ τη τα τή ς κινήσεως· εν δέ τή π υ ρ ώ δ ει κ α ί
ά τά κ τω λεγομένη τά τε σέλα διά ττει κ α ί φλό-
γες α κ ο ν τίζ ο ν τα ι κ α ί δ ο κ ίδ ες τε κ α ί β ό θ υ νο ι
κ α ί κ ο μ ή τα ι λεγόμ ενοι σ τη ρ ίζο ντα ι κ α ί σβέν-
ν υ ν τα ι πολλά κις.
Ε ξ ή ς δέ τα ύ τη ς ό άήρ ύ π ο κ έχυ τα ι, ζο φ ώ
δη ς ώ ν κ α ί π α γετώ δ η ς την φ ύ σ ιν υ π ό δέ
έκείνης λα μ π ό μ ενο ς ά μ α κ α ί δια κ α ιόμ ενος
λ α μ π ρ ό ς τε γίν ετα ι κ α ί ά λεεινός. Έ ν δέ τούτω ,
τή ς π α θ η τ ή ς ό ντι κ α ί αύτώ δ υ ν ά μ εω ς κ α ί παν-
το δ α π ώ ς ά λλοιουμένω , νέφ η τε σ υνίσ τα τα ι
κ α ί όμ β ροι κα τα ρ ά σ σ ουσ ι, χιόνες τε κ α ί π ά χ -
ν α ι κ α ί χ ά λ α ζ α ι π ν ο α ί τε ά νεμ ω ν κ α ί τυ φ ώ
νω ν, έτι τε β ρ ο ντα ί κ α ί ά σ τρ α π α ί κ α ί πτώ σ εις
κ ερ α υ νώ ν μυρίω ν τε γν ό φ ω ν σ υμπλη γά δες.

36
Versión en español

D espués de la naturaleza etérea y divina, que demos-


tram os que tiene un orden, y m ás aún que es inmutable,
inalterable e impasible, viene esta que es en todos los sen-
tidos pasible, m utable y, dicho brevem ente, corruptible y
m ortal24.
En el ámbito de esta realidad viene en prim er lugar la
sustancia constituida de partes sutiles y de naturaleza ígnea, 392b
que se inflama por obra de la sustancia etérea por efecto de
la grandeza de esta y de la velocidad de su m ovimiento.
En esta sustancia llamada ígnea y desordenada, se mueven
rápidamente los m eteoritos, saetean llamas, tienen fija mo-
rada los fenómenos llamados luceros, m eteoros, cometas, y
m uchas veces tam bién se extinguen.
A continuación de ésta se expande el aire, que es de
naturaleza tenebroso y glacial, pero, por influjo del fuego,
deviene luminoso y tem plado. En el aire, que form a parte
de la realidad que sufre m utaciones y está por sí sujeto a
todo tipo de alteraciones, se condensan las nubes, se preci-
pitan las lluvias, las nieves, las escarchas, los granizos, las
ráfagas de los vientos y los tifones, y tam bién los truenos
y los rayos, tienen lugar la caídas de relám pagos y chocan
entre ellas innumerables nubes oscuras.

24. Cf. A ristóteles, D e cáelo, Γ, 1 ,289 b 6ss.

37
3

Έ ξ η ς δέ τή ς αερίου φ ύσ εω ς γή κ α ί θά λα σ σ α
έρήρεισται, φ υ το ίς β ρύουσ α κ α ί ζ φ ο ις π η γα ΐς
τε κ α ί ποτα μ όΐς, τοις μεν εν γή άναλισκομένοις,
το ΐς δέ ά νερ ευγομ ένοις εις θ ά λα σ σ α ν. Π εποί-
κιλται δέ κ α ί χλόα ις μυρίαις δρεσί τε ύψ ή λοις
κ α ί β α θ υ ξ ύ λ ο ις δρυμ οΐς κ α ί πόλεσιν, α ς τό σο-
φ όν ζω ον, ό ά ν θ ρ ω π ο ς, Ιδρύσατο, νήσοις τε
έναλίοις κ α ί ήπείροις.
Τ ην μέν ούν οικουμένην ό π ο λ ύ ς λόγος
εις τε νή σ ους κ α ί η π είρ ο υς διεΐλεν, ά γνοώ ν
δτι κ α ί ή σ ύμ πα σ α μία νήσος έστιν, υ π ό τής
,Α τλα ντικ ή ς κ α λούμενη ς θ α λά σ σ η ς περιρρεο-
μένη. Π ολλά ς δέ κ α ί άλλας είκός τήσ δε άντι-
π ο ρ θ μ ο ύ ς ά π ω θ ε ν κέϊσθαι, τά ς μέν μείζους
αυτής, τά ς δέ έλά ττους, ήμϊν δέ π ά σ α ς πλήν
τήσδε ά ο ρ ά τ ο υ ς‫ ־‬δπ ερ γά ρ αί π α ρ ’ ήμϊν νήσοι
π ρ ο ς τα υ τί τά πελά γη π επ ό νθ α σ ι, το ύ το ήδε
ή οικουμένη π ρ ο ς την ’Α τλα ντικ ή ν θ ά λα σ σ α ν
πολλα ί τε έτερα ι π ρ ο ς σ ΰμ πα σ α ν τήν θ ά λα σ -
σ α ν κ α ί γά ρ α ύ τα ι μ εγάλα ι τινές είσι νήσοι με-
γά λοις π ερ ικ λυ ζό μ ενα ι πελάγεσιν. Ή δέ σΰμ-
π α σ α τού υγρ ο ύ φ ύσις έπ ιπ ο λ ά ζο υ σ α , κ α τά
τινα ς τή ς γή ς σ πίλους τά ς καλού μένας ά να πε-
ιραγκυΐα οίκουμένα ς, εξής αν εϊη τή ς αερίου
μάλιστα φύσεω ς.

38
3
[L a tie rra y el a g u a 1]

Inm ediatam ente después de la naturaleza aérea se afir-


m an la tierra y el mar, que están llenos de plantas, de ani-
m ales, de fuentes y de ríos, éstas se dispersan por la tierra,
aquellos vuelven al mar. La tierra está adornada de innu-
m erables hierbas, de altas m ontañas, de plantas forestales
y de ciudades, que fundó ese anim al inteligente que es el
hom bre, de islas en el m ar y de continentes.
El lenguaje com ún dividió la tierra habitada en islas
y en continentes, ignorando que todo es una única isla,
rodeada enteram ente por el m ar llamado Atlántico. Yero-
sím ilm ente existen m uchas otras tierras habitadas12, sitúa-
das en la parte opuesta a la nuestra, y bastante alejadas de
nosotros, unas m ayores y otras m enores, todas invisibles
para nosotros, excepto la nuestra. En efecto, la relación
que existe entre nuestras islas respecto a nuestros m ares es
la m ism a respecto a la que existe entre nuestra tierra ha-
bitada y el m ar A tlántico y entre las m uchas otras tierras
habitadas y todo el mar: de hecho, tam bién estas tierras ha-
hitadas son como islas grandes rodeadas de grandes mares.
La naturaleza líquida en su conjunto, que se extiende por
todas partes, haciendo surgir dichas tierras habitadas en
algunos salientes de la tierra, iría inm ediatam ente después
de la naturaleza aérea.

1. Este capítulo es una sum aria descripción geográfica de la oiku-


mene. Cf. el m apa de la página 106.
2. L a idea de que existan otras tierras habitadas m ás allá de la
nuestra está ya en Platón, P h a e d , 109 a b.

39
Sobre el mundo

Μ ετά δέ τα ύ τη ν έν το ΐς β υ θ ο ΐς κ α τά τό με-
σ α ίτα τον του κόσμου συνερηρεισμένη γή π ά
σα κ α ί πεπιεσ μ ένη συνέστηκεν, ά κ ίνη το ς κ α ί
άσάλευτος■ κ α ί τ ο ΰ τ ’ έστι του κόσμου τό π ά ν
ό κα λοϋμ εν κάτω .
393a Π έντε δή σ τοιχεία τα ΰ τα έν πέντε χ ώ ρ α ις
σ φ α ιρ ικ ώ ς έγκείμενα, περ ιεχομ ένη ς ά εί τής
έλά ττο νο ς τή μ είζονι -λ έ γ ω δέ γη ς μεν έν ΰδα -
τι, ΰ δ α το ς δέ έν αέρι, ά έρ ο ς δέ έν πυρ ί, π υ ρ ό ς
δέ έν α ίθ έ ρ ι- το ν όλον κόσμον συνεστήσατο,
κ α ί τό μέν ά νω π ά ν θ ε ώ ν ά π έδ ειξεν οίκητή-
ριον, τό κ ά τω δέ έφ ημέρω ν ζφ ω ν. Α υ το ύ γε
μην το ύ το υ τό μέν υ γρ ό ν έστιν, δ καλεΐν πο-
τα μ ο ύ ς κ α ί νά μ α τα κ α ί θ α λ ά σ σ α ς είθ ίσ μ εθ α ,
τό δέ ξη ρ όν, δ γη ν τε κ α ί η π είρ ο υ ς κ α ί νή σ ους
όνομ άζομ εν.
Τ ω ν δέ νή σ ω ν αί μέν είσι μεγάλαι, κ α θ ά π ε ρ
ή σ ύμ π α σ α ή δε οικουμένη λέλεκται π ο λ λ α ί τε
έτερ α ι μ εγάλοις περ ιρρ εό μ ενα ι πελά γεσ ιν, α ί
δέ έλά ττους, ιρανεραί τε ήμΐν κ α ί έντός ου-
σαι. Κ α ί το ύ τω ν α ί μέν αξιόλογοι, Σ ικελία κ α ί
Σ α ρ δ ώ κ α ί Κ ύρ νο ς Κ ρήτη τε κ α ί Ε ύ β ο ια κ α ί
Κ ύ π ρ ο ς κ α ί Λ έσβος, α ί δέ ύ π ο δεέσ τερ α ι, ών
α ί μέν Σ π ο ρ ά δ ες, α ί δέ Κ υκ λά δες, αί δέ ά λλω ς
ο νομ ά ζοντα ι.
Π έλ α γ ο ς δέ τό μέν έξω τής οικουμένη ς
,Α τλ α ντικ ό ν τε κ α ί Ό κ ε α ν ό ς καλείται, περί-
ρρ έω ν ημάς. Έ ν τ ό ς δέ π ρ ο ς δύσ εις στενοπό-
ρω δ ια νεω γώ ς σ τόματι, κ α τά τά ς Η ρ α κ λ ε ίο υ ς
λεγομ ένα ς σ τή λα ς το ν εϊσ ρουν εις τή ν έσω 3

3. Para la expresión «el punto más central del cosmos», cf. Par-
ménides, 28 A 37 D K y tam bién A ristóteles, D ephilo s., fr. 13 B Ross.

40
Versión en español

Después de esta, en las zonas m ás profundas y en el


punto m ás central del cosm os3, está toda la tierra reunida
junta y com pacta, inm óvil y firme. Este es el com plejo del
cosm os que llamam os la parte baj a.
Estos cinco elementos situados en las cinco regiones de 393a
form a esférica, en las que la m enor está siem pre incluí-
da en la m ayor -q u iero decir, la tierra en el aire; el aire
en el fuego; el fuego en el éter-, constituyen la totalidad
del cosm os, del que toda la región superior representa la
m orada de los dioses4 y la inferior la m orada de los seres
efím eros5. De esta últim a región una parte es húm eda, y
es la que solem os llam ar ríos, fuentes, m ares; la otra, sin
embargo, es seca, y es la que solem os llam ar tierra, conti-
nentes, islas.
De las islas unas son grandes, com o este conjunto que
se ha denom inado tierra habitada, y m uchas otras se ha-
lian rodeadas de grandes m ares; otras, sin embargo, son
m ás pequeñas, visibles a nuestra m irada y se encuentran
situadas dentro de nuestro mar. De estas últim as son con-
siderables las de Sicilia, Cerdeña, Córcega, Creta, Eubea,
Chipre y Lesbos; otras son, sin em bargo, m enores, como
por ejem plo las Espóradas, las Cicladas y otras que tienen
nom bres diversos.
El m ar que está fuera de la tierra habitada se denomina
A tlántico u Océano, y fluye a nuestro alrededor. Dentro,
hacia occidente, se abre paso con un paso estrecho hacia
las llam adas Colum nas de Hércules, el Océano entra en el
m ar interno6 como en un puerto, y, ensanchándose poco

4. La m ism a doctrina la encontram os en A ristóteles, Meteoro¡.,


A , 3. 340 b 19ss. Ib id.. A , 4, 341 b 12ss.
5. Para el térm ino «efím ero» puede verse Platón, Resp., X, 617 d;
Leg., XI, 923 a.
6. Es decir, en el M editerráneo.

41
Sobre el mundo

θ ά λ α σ σ α ν ώ ς ά ν εις λιμένα ποιείτα ι, κ α τά


μικρόν δέ έπ ιπ λ α τυ νό μ ενο ς ά να χεΐτα ι, μεγά-
λους π ερ ιλ α μ β ά ν ω ν κ ό λ π ο υ ς άλλήλοις συ-
να φ εΐς, πή μεν κ α τά σ τενο π ό ρ ο υ ς α υ χένα ς
ά νεσ τομ ω μένος, πή δέ π ά λ ιν πλα τυνόμ ενος.
Π ρ ώ το ν μεν συν λέγετα ι έγκ εκ ο λ π ώ σ θ α ι εν
δεξιά είσ πλέοντι τά ς Η ρ α κ λ ε ίο υ ς στήλας, δι-
χώ ς, εις τά ς κ α λ ο υ μ ένα ς Σ ύρτεις, ώ ν τη ν μεν
Μ εγάλην, τη ν δέ Μ ικρά ν, κ α λ ο ϋ σ ιν επ ί θ ά -
τέρ α δέ ο ύκ έτι ομοίω ς ά π ο κ ο λ π ο ύ μένος τρ ία
π ο ιεί πελά γη , τό τε Σ α ρ δ ό ν ιο ν κ α ί τό Γ αλα-
τικ ό ν λεγόμ ενον κ α ί Ά δ ρ ία ν , έξης δέ τούτω ν
εγκ ά ρ σ ιον τό Σικελικόν, μετά δέ το ύ το τό
Κ ρη τικόν, σ υνεχές δέ α υτο ύ, τη μέν τό Α ίγύ π -
τιόν τε καί Π α μ φ ύ λ ιο ν κ α ί Σ ύριον, τη δέ τό
Α ίγ α ΐό ν τε κ α ί Μ υρτω ον.
,Α ν τιπ α ρ ή κ ει δέ το ΐς είρημένοις πολυμε-
ρ έσ τα το ς ώ ν ό Π ό ν το ς, ου τό μέν μυχα ίτα -
393b το ν Μ α ιώ τις κα λείται, τό δέ έξω π ρ ο ς τον
Ε λ λ ή σ π ο ν το ν σ υνα νεσ τόμ ω τα ι τη κ α λού μένη
Π ρ ο π ο ντίδι.
Π ρ ό ς γε μην τα ΐς ά να σ χέσ εσ ι τού ήλιου
π ά λιν είσρέω ν ό Ω κ ε α ν ό ς , το ν Ι ν δ ικ ό ν τε κ α ί
Π ερσ ικόν δ ια ν ο ίξα ς κ όλπον, ά να φ α ίνει συ-
νεχή την Έ ρ υ θ ρ ά ν θ ά λ α σ σ α ν διειληφιός.
Έ π ί θ ά τε ρ ο ν δέ κέρ α ς κ α τά στενόν τε καί
επιμήκη διή κ ω ν α υ χένα , πά λιν ά νευρ ύνετα ι,
την Ύ ρ κ α ν ία ν τε κ α ί Κ α σ π ία ν ό ρ ίξω ν‫ ־‬τό δέ
υ π έρ τα ύ τη ν β α θ ύ ν έχει το ν υπέρ τη ν Μ α ιώ τιν
λίμνην τό π ο ν . Ε ίτα κ α τ ’ ολίγον υπέρ τούς
Σ κ ύ θ α ς τε κ α ί Κ ελτική ν σ φ ίγγει τη ν οίκου-

7. P uede co n fro n tarse P olib io , I, 39, 2; ΙΠ, 39, 2.

42
Versión en español

a poco, se extiende, abrazando grandes golfos contiguos


unos a otros, bien desem bocando en aberturas estrechas,
bien ensanchándose nuevam ente. A sí pues, en prim er lu-
gar, se dice que, por la parte derecha por la que entra a
través de las Colum nas de Hércules, form a dos golfos, que
constituyen las llam adas Sirtes7, una de las cuales se de-
nom ina Grande y la otra Pequeña. De la otra parte ya no
form a m ás golfos sim ilares a estos, sino que form a tres
m ares, a saber, el m ar de Cerdeña, el m ar de Galia y el m ar
Adriático; y a continuación de este, en oblicuo, form a el
m ar de Creta, y al lado, de una parte, el m ar de Egipto, el m ar
de Panfilia y el m ar de Siria; de la otra parte, el m ar Egeo
y el m ar M irto8.
De la parte opuesta a los m ares dichos arriba, se ex-
tiende el Ponto, constituido por m uchísim as partes, de las
que la m ás interna se llam a M eótide, m ientras que la más
externa hacia el H elesponto se une con la llam ada Pre- 393b
póntide9.
H acia el salir del sol, el O céano, fluyendo de nuevo,
abre el golfo índico y el golfo Pérsico y form a de repente
el M ar Rojo, abrazándolos a los tres.
D el otro lado, penetra, a través de un brazo largo y es-
trecho, después se ensancha de nuevo, lim itando la región
H ircania y del Caspio. Esta profunda región lim ita con el
lugar que está m ás allá de la laguna M eótida. Luego, más
allá de los Escitas y de la región Céltica ciñe la tierra ha-

8. El mar de Tylirto es la parte del m ar Egeo más cercana a la


costa oriental del A tica y del Peloponeso. M irto es una pequeña isla
al sudeste de Eubea.
9. La correspondencia de estos nom bres con los de la geografía
actual es la siguiente: el Ponto se refiere al Ponto Euxino, conocido
por el nom bre de M ar Negro; la M eótide equivale al m ar de A zov; el
Helesponto corresponde al estrecho de los Dardanelos; la Prepóntide
se conoce hoy en día p or m ar de M ármara, entre los estrechos de los
Dardanelos y el del Bosforo.

43
Sobre el mundo

μένην π ρ ό ς τε το ν Γ α λα τικ ό ν κ ό λ π ο ν κ α ί τά ς
πρ ο ειρ η μ ένα ς Η ρ α κ λ ε ίο υ ς στήλας, ώ ν έξω πε-
ριρρέει τή ν γη ν ό Ω κ ε α ν ό ς.
Έ ν το ύ τψ γε μήν νή σ οι μέγισται τυ γχά ν ο υ -
σιν ο ύσ α ι δύο, Β ρ εττα νικ α ί λεγόμεναι, Ά λ -
βίω ν κ α ί Ίέρ ν η , τω ν π ρ οϊσ τορ η μ ένω ν μείζους,
ύ π έρ το ύ ς Κ ελτούς κείμεναι. Τ ο ύ τω ν δέ ούκ
έλά ττο υ ς ή τε Τ α π ρ ο β ά ν η π έρ α ν Ιν δ ώ ν , λοξή
π ρ ό ς τή ν οικουμένην, κ α ί ή Φ εβόλ καλουμένη,
κ α τά το ν "Α ραβικόν κειμένη κόλπον.
Ο ύκ όλίγαι δέ άλλαι μικραί π ερ ί τά ς Β ρεττα-
νικ ά ς κ α ί τήν Ίβ η ρ ία ν κύκλω π ερ ιεσ τεφ ά νω ντα ι
τήν οικουμένην τα ύτην, ήν δή νήσον είρήκαμεν
ής π λ ά το ς μέν έστι κ α τά τό β α θ ύ τα το ν τής
η πείρ ου β ρ αχύ ά π ο δ έο ν τετρακισ μυρίω ν στα-
δίω ν, ω ς φ α σ ιν οί εύ γεω γρ α φ ή σ α ντες, μήκος
δέ π ερ ί έπτα κ ισ μ υρίους μάλιστα. Δ ια ιρ είτα ι δέ
εις τε Ε υ ρ ώ π η ν κ α ί "Ασίαν καί Λ ιβύην.
Ε υ ρ ώ π η μέν ούν έστιν ής όροι κύκλω στή-
λαί τε Ή ρ α κ λ έο υ ς κ α ί μυχοί Π όντου θ ά λ α ττά
τε Ύ ρ κ α ν ία , κ α θ ’ ήν σ τενότα τος ισ θμ ός εις τον
Π ό ν το ν διή κει‫ ־‬τινές δέ α ντί τού ισθμού Τ ά να ϊν
π ο τα μ ό ν είρήκασιν.
"Ασία δέ έστι τό α π ό τού είρημένου ισθμού
τού τε Π όντου κ α ί τή ς Ύ ρ κ α ν ία ς θ α λά σ σ η ς
μέχρι θ α τέρ ο υ ισθμού, δ ς μεταξύ κεΐτα ι τού τε
"Αραβικού κόλπου κ α ί τή ς έσω θα λάσ σ η ς, πε-
ριεχόμενος υ π ό τε τα ύ τη ς κ α ί τού πέρ ιξ Ώ κ ε α -
ν ο ύ ‫ ־‬τινές δέ α π ό Τ α ν ά ϊδ ο ς μέχρι Ν είλου στο-
μάτω ν το ν τής "Ασίας τιίθ εντα ι δρον. 10

10. Cf. 393 a 18ss.


11. Taprobane es Ceilán (cf. Estrabón, XIV, 14). Febol es iniden-
tificable. Tal vez las líneas 393 b 14-16 sean una inserción posterior.

44
Versión en español

hitada hasta el golfo de Galia y las colum nas de Hércules,


que dijimos m ás arriba1‫״‬, por fuera de las cuales el Océano
circunda al tierra.
En este m ar tenem os dos grandes islas, llamadas Britá-
nicas, A lbión e Irlanda, m ayores que las que hemos des-
crito, y que están por encim a de la región de los Celtas.
N o más pequeñas que estas son la isla Taprobane, que se
encuentra en frente de la India, oblicua respecto a la tierra
habitada, y la isla llam ada Febol, que se encuentra cerca
del golfo arábigo11.
No pocas islas pequeñas, situadas alrededor de las islas
Británicas y alrededor de Iberia, form an una especie de
corona alrededor de nuestra tierra habitada, que dijim os
que era ella m ism a una isla12.
La anchura de nuestra tierra habitada, en el punto en el
que el continente es mayor, m ide poco m enos de cuarenta
m il estadios, com o afirman los m ás valientes geógrafos,
m ientras que el largo es aproxim adam ente de setenta m il
estadios13. Esta se divide en Europa, Asia y Libia.
Europa es la tierra que tiene com o fronteras el círculo
form ado por las colum nas de Hércules, hasta el interior del
Ponto, el m ar de H ircania en el punto en que un estrechísi-
mo istmo se extiende hacia el Ponto; algunos en lugar del
istm o, hablan del Tanais.
A sia es la región que se extiende del m entado istmo,
del Ponto y del m ar H ircania hasta el otro istm o, que está
situado en m edio entre el golfo arábigo y el m ar interno,
rodeada de este m ar y del O céano que rodea la tierra; algu-
nos extienden los lím ites de A sia desde el Tanais hasta la
desem bocadura del Nilo.

12. Cf. 392 b 20ss.


13. Cf. A ristóteles, D e cáelo, 298 a 17; Meteoro!., 362 b 7.23.

45
Sobre el mundo

Λ ιβύη δέ τό ά π ό τού ,Α ρ α β ικού ισθμού έως


394a Ή ρ α κ λ έ ο υ ς στηλών. Ο ί δέ ά π ό τού Ν είλου
φ α σ ίν έω ς εκείνω ν.
Τ η ν δέ Α ίγ υ π το ν, υ π ό τω ν τού Ν είλου στο-
μ ά τω ν περιρρεομένην, οί μέν τη ,Α σ ία , ο ί δέ
τη Λ ιβύη π ρ ο σ ά π το υ σ ι, κ α ί τά ς νή σ ους οί μέν
εξα ίρ ετους ποιούσ ιν, οί δέ πρ οσ νέμ ουσ ι τα ΐς
γείτοσιν α εί μοίραις.
Γης μέν δη κ α ί θ α λ ά ττη ς φ ύσ ιν κ α ί άέσιν,
ή ντινα καλεΐν είώ ύ α μ εν οικουμένην, το ιά νδ ε
τινά ίστορήκαμεν.

46
Versión en español

Libia es la región que se extiende desde el istm o arábi-


go hasta las colum nas de Hércules; algunos, sin embargo, 394a
sostienen que se extiende desde el Nilo hasta las colum nas
de Hércules.
En cuanto a Egipto, que es aquella región toda entera
bañada por la desem bocadura del Nilo, unos la atribuyen
a Asia, otros a Libia.
Unos consideran las islas aparte, otros, sin embargo, las
asignan a las regiones a las que son más vecinas.
Ya hem os explicado cuál es la naturaleza y la posición
de la tierra y del mar, que solem os llam ar oikum ene, tierra
habitada.

47
4

Π ερί δέ τω ν ά ξιολογω τά τω ν έν αυτί! καί


π ερ ί αυτή ν π α θ ώ ν νυν λέγω μεν, α υ τά τά ά να γ-
κ α ΐα κεφ α λα ίου μενοι.
Δ ύο γά ρ δή τινες ά π ’ α υτή ς α να θ υ μ ιά σ εις
ά να φ έρ ο ν τα ι σ υνεχώ ς εις το ν υ π έρ η μ ά ς α έρ α ,
λεπτομ ερείς κ α ί α ό ρ α το ι π α ντά π α σ ιν, εί [τι] μή
κ α τά τ ά ς έ φ α ς έστιν δτε α π ό π ο τα μ ώ ν τε κ α ί
να μ ά τω ν ά να φ ερ ό μ εν α ι θ εω ρ ο ύ ν τα ι. Τ ο ύ τω ν
δέ ή μεν έστι ξη ρ ά κ α ί κ α π νώ δ η ς, α π ό τής γή ς
ά π ο ρ ρ έο υ σ α , ή δέ νο τερ ά κ α ί ά τμ ώ δη ς, α π ό
τή ς ύ γ ρ ά ς ά να θ υ μ ιω μ ένη φύσεω ς.
Γ ίνο ντα ι δέ α π ό μέν τα ύ τη ς όμ ίχλα ι κ α ί
δρ ό σ ο ι κ α ί π ά γ ω ν ίδέα ι νέφ η τε κ α ί όμβροι
κ α ί χ ιό νες κ α ί χά λ α ζ α ι, ά π ό δέ τή ς ξη ρ ά ς άνε-
μοί τε κ α ί π νευ μ ά τω ν δ ια φ ο ρ α ί β ρ ο ντα ί τε καί
ά σ τρ α π α ί κ α ί π ρ η σ τή ρ ες κ α ί κ ερ α υ ν ο ί κ α ί τά
ά λλα α δή το ύ το ις έστί σύμφυλα.
Έ σ τ ι δέ ομίχλη μέν ά τμ ώ δη ς ά να θ υ μ ία σ ις
ά γο ν ο ς ύ δ α το ς, ά έρ ο ς μέν π α χ υ τέρ α , νέφ ο υ ς
δέ άραιοτέρα · γίν ετα ι δέ ή τοι εξ α ρ χή ς νέ-
φ ο υ ς ή εξ υπολείμμα τος. ,Α ν τίπ α λ ο ς δέ αυτή
λέγεται τε κ α ί έστιν α ιθ ρ ία , ο ύ δ έν άλλο ούσα 12

1. El térm ino griego usado aquí es π ά θ ο ς; cf. A ristóteles, M eteo-


rol., A , 1, 338 b 24ss.
2. A ristóteles habla a menudo de estas dos «em isiones» (ά να θυ -
μίασις) en M eteoro!., A , 3 340 b 26ss.; 4, 341 b 7ss.; 342 a 4, 18ss.;
7, 344 a lOss.; b 24; 9, 346 b 32; B, 3, 357 b 24ss.; 358 b 20ss.; 4,
359 b 28ss.; 260 a 8ss.; 360 a 3ss.; b lss.; 5, 362 a 8; 368 b 34; 369 a

48
4
[Los principales fenómenos sublunares]

Hablem os ahora de los fenóm enos1 m ás notables que


ocurren en la tierra y alrededor de la tierra, resum iendo lo
que es m ás necesario.
Dos son los tipos de em isiones2, que se producen de
continuo en la tierra y que salen contra el aire que está por
encim a de nosotros, com puestas de partes m uy sutiles y
del todo invisibles, exceptuando durante la aurora, cuando
se ven elevarse de los ríos y de los m anantiales.
De estas dos em isiones una es seca y hum eante, porque
m ana de la tierra; la otra es, sin em bargo, húm eda y vapo-
rosa, porque sale de la naturaleza húm eda3.
De la em isión húm eda derivan las nieblas y los rocíos,
diferentes tipos de hielos, nubes, lluvias, nieves y grani-
zos; de la seca derivan vientos, diferentes soplos de aire,
truenos, relám pagos, torm entas y rayos y los dem ás fenó-
m enos afines a estos.
La niebla4 es una em isión vaporosa que no produce
agua, más densa que el aire, pero m ás rala que la nube: esta
se genera o del estadio inicial de una nube o del residuo de
una nube. Lo opuesto a la niebla es el cielo sereno5, que no
es otra cosa que el aire sin nubes y sin niebla.

2; 9, 369 a 12ss.; 9 ,3 7 0 a 28; Γ, 1 ,370 b 16; 371 b 32; 6 ,3 7 8 a 18ss.;


Δ, 8, 384 b 33.
3. Este paso encuentra un paralelo en la obra de Aristóteles, Me-
teo ro l, A , 4, 341 b 6ss.; y, B, 3, 357 b 24ss.
4. A cerca del térm ino «niebla», cf. A ristóteles, Meteoro¡., A , 9,
346 b 33ss.
5. Sobre el térm ino «cielo sereno», cf. ibid., A, 9, 346 b 33ss.

49
Sobre el mundo

πλή ν άήρ ά νέφ ελο ς κ α ί άνόμιχλος. Δ ρ ό σ ο ς δέ


έστιν υ γρ ό ν έξ α ιθ ρ ία ς κ α τά σύσ τασ ιν λεπτήν
φ ερόμενον, κρ ύσ τα λλος δέ ά θ ρ ό ο ν ύ δ ω ρ έξ
α ίθ ρ ια ς π επ η γό ς, π ά χ νη δέ δρ ό σ ο ς π επ η γυ ΐα ,
δ ρ ο σ ο π ά χν η δέ ή μ ιπ α γή ς δρόσος.
Ν έφ ο ς δέ έστι π ά χ ο ς ά τμ ώ δες συνεστραμ-
μένον, γ ό νιμ ο ν ύ δ α τ ο ς ‫־‬
όμβρος δέ γίνετα ι μέν κ α τ ’ έκπιεσμόν νέ-
φ ο υ ς εύ μάλα πεπα χυ σ μ ένου, δ ια φ ο ρ ά ς δέ
ϊσχει τοσ ά σ δε όσ α ς κ α ί ή τού νέφ ο υ ς θλϊψις·
ή π ια μέν γά ρ ούσ α μα λα κ άς ‫׳‬ψ εκ ά δα ς διασπεί-
ρει, σ φ ο δρ ά δέ άδροτέρας· κ α ί τούτο καλού μεν
θετόν, όμβρου μείζω κ α ί συνεχή συστρέμματα
επ ί γη ς φερόμενον.
Χ ιώ ν δέ γίνετα ι κ α τά νεφ ώ ν πεπυκ νω μ έ-
νω ν ά π ό θ ρ α υ σ ιν π ρ ο τής εις ύδω ρ μεταβολής
ά ν α κ ο π έ ν τ ω ν ερ γά ζετα ι δέ ή μέν κ οπ ή τό άφ -
ρ ώ δ ες κ α ί έκλευκον, ή δέ σ ύμ πη ξις τού ένόν-
το ς υ γρ ο ύ τή ν ψ υ χ ρ ό τη τα ο υ π ω χ υ θ έ ν το ς ου-
394b δέ ήραιω μένου. Σ φ ο δ ρ ά δέ αυτή κ α ί ά θ ρ ό α
κ α τα φ ερ ο μ ένη νιφ ετό ς ώ νόμα σ τα ι.
Χ ά λ α ζα δέ γίνετα ι νιφ ετοΰ σ υσ τρα φ έντος
κ α ί β ρ ΐθ ο ς έκ πιλήμ ατος εις κ α τα φ ο ρ ά ν τα χύ-
τέρ α ν λα β ό ντο ς- π α ρ ά δέ τά μ εγέθη τω ν ά πορ -
ρ ηγνυμ ένω ν θ ρ α υ σ μ ά τω ν οί τε όγκ οι μείζους
α ϊ τε φ ο ρ α ί γίν ο ντα ι βιαιότεραι.
Τ α ύ τα μέν ού ν έκ τή ς ύ γ ρ ά ς ά να θ υ μ ιά σ εω ς
π έφ υ κ ε σ υμπίπτειν. 678

6. Sobre el térm ino «rocío», cf. ib id , A , 10, 347 a 18ss.; 11, 347
b 20ss.
7. Sobre el térm ino «hielo», cf. ibid., Δ, 8, 385 a 30ss.; 9, 385 b
6ss.; 10, 388 b lOss.
8. Sobre el térm ino «granizo», cf. ibid., A , 10, 347 a 16ss.

50
Versión en español

El rocío6 es una hum edad de densidad débil, que cae


del cielo sereno; el hielo7 es agua com pacta helada por un
cielo sereno; el granizo8 es rocío congelado; la escarcha es
rocío sem icongelado.
L a nube910es una m asa de vapor condensado que produ-
ce agua.
La lluvia se genera por la com prensión de una nube
com pletam ente condensada, y tom a form as diferentes se-
gún el grado de presión de la nube: si la presión es leve,
cae lluvia ligera; pero, si es fuerte, la lluvia es m ás intensa,
este es el fenóm eno que llam am os chaparrón, que es más
fuerte que la lluvia y está constituido por golpes violentos
de agua continuos que caen sobre la tierra.
La nieve"1se genera por la fragm entación de nubes con-
densadas, que se fracturan antes de su transform ación en
agua; esta fractura produce la espum a y la blancura, míen-
tras que la condensación de la hum edad que hay en ella
cuando todavía no se ha unido ni separado, produce su con-
gelación. Si la nieve es fuerte y cae en masa, entonces se 394b
llam a tem pestad de nieve.
El granizo11 se genera por los haces de nieve que se
solidifican y que, a consecuencia de tal solidificación, to-
m an un peso que les hace caer con m ayor rapidez; propor-
cionalm ente a la grandeza de los fragm entos que se han
form ado, las m asas se hacen m ayores y la caída es más
violenta.
Estos son, pues, los fenóm enos que derivan de la emi-
sión húmeda.

9. Sobre el térm ino «nube», cf. ibid., A , 9, 346 b 32ss.; B, 3, 358


a 22ss.; B, 9, 369 a 15; Γ, 3, 372 b 16ss.
10. Sobre el térm ino «nieve», cf. ibid., A , 11, 347 b 23.
11. Sobre el térm ino «granizo», cf. ibid., A , íls s .

51
Sobre el mundo

Έ κ δέ της ξη ρ ό ς υ π ό ψ ύ χο υ ς μέν ώ σθείσης


ώστε ρεΐν ά νεμος έγένετο‫ ־‬ο ύδέν γά ρ έστιν
ούτος πλή ν αήρ π ο λ ύ ς ρέω ν κ α ί ά ύ ρ ό ο ς ‫ ׳‬δσ-
τις ά μ α κ α ί π νεύ μ α λέγεται. Λ έγετα ι δέ καί
έτέρω ς π νεύμ α ή τε εν φ υτοΐς κ α ί ζ φ ο ις κ α ί διά
π ά ντω ν διή κουσ α έμψ υχός τε κ α ί γόνιμ ος ού-
σία, π ερ ί ής νΰ ν λέγειν ούκ ά να γκ α ΐον.
Τ ά δέ έν α έρ ι π ν έο ν τα π ν εύ μ α τα κ α λούμεν
α νέμους, α ύ ρ α ς δέ τά ς εξ υ γρ ού φ ερ ο μ ένα ς
έκπνοά ς.
Τ ω ν δέ α νέμ ω ν ο ϊ μέν έκ νενοτισ μένη ς γης
π νέο ν τες ά π ό γειο ι λέγονται, οι δέ έκ κ ό λπ ω ν
διεξά ττο ντες έγκολπίαι· το ύ το ις δέ ά νά λ ο γό ν
η έχουσ ιν ο ι έκ π ο τα μ ώ ν κ α ί λιμνών.
Ο ί δέ κ α τά ρήξιν νέφ ο υ ς γινό μ ενο ι κ α ί
ά νά λυσ ιν τού π ά χ ο υ ς εις εα υ το ύ ς π ο ιούμ ενοι
έκ νεφ ία ι κ α λ ο ύ ν τα ι‫ ־‬μ εθ ’ ύ δ α το ς δέ ά θ ρ ό ο ν
ρ α γέντες έξυ δ ρ ία ι λέγονται.
Κ α ί οί μέν α π ό α να τολή ς συνεχείς εύροι κέ-
κληνται, βορ έα ι δέ οί α π ό ά ρκτου, ζέφ υ ρ ο ι δέ
οί α π ό δύσ εω ς, νότοι, δέ οί ά π ό μεσημβρίας.
Τ ώ ν γε μην ευρώ ν καικίας μέν λέγεται ό ά π ό
τού π ερ ί τά ς ϋερ ινά ς ά να τολά ς τό π ο υ πνέω ν
άνεμος, άπηλιώ της δέ ό ά π ό τού περί τά ς ίσημε-
ρινάς, εύρος δέ ό ά π ό τού π ερ ί τά ς χειμερινός. 12345

12. Ibid., Β, 4, habla de que el viento se form a de la em isión seca.


13. Ibid., A , 10, 347 a 34 usa la expresión ó άήρ ρέω ν, que es la
que aparece en nuestro texto.
14. En este segundo significado que da nuestro texto de la palabra
«pneum a» (πνεύμα) ha querido verse una doctrina estoica; pero en
A ristóteles, D e motu anim., 10, 703 a 9ss., aparece como energía que
m ueve a los animales: π ά ν τα δέ φ α ίνετα ι τά ζ φ α έχοντα πνεύμ α
σ ύμφυτον κ α ί ίσχύοντα τούτφ .
15. Cf. A ristóteles, Meteoro¡., Β, 6, 365 a lss.; Β, 8, 366 b 33; Β,
9 ,3 6 9 a 19.

52
Versión en español

De la em isión seca, im pulsada por el frío de m anera


que se form a una corriente, se genera el viento12: el viento
no es otra cosa que una gran m asa de aire corriente13; tam -
bién tom a el nom bre de soplo. Soplo tam bién se denom ina
a la sustancia anim ada y generadora que hay en los anima-
les y en las plantas y que lo penetra todo14; pero de esa no
es necesario hablar ahora.
Los soplos que soplan en el aire los llam am os nosotros
vientos; a los soplos que vienen de lo húm edo los llama-
mos brisas.
Los soplos que soplan de la tierra se llaman vientos de
tierra; los que soplan de los golfos del m ar se llam an vien-
tos de golfo; los vientos que surgen de los ríos y de los
lagos son análogos a estos.
Los vientos que soplan por la rotura de las nubes y di-
suelven la densidad de la propia m asa son llam ados vien-
tos de nube; si, por el contrario, prorrum pen a la vez que
una m asa de agua son llam ados vientos de agua15.
Los vientos que provienen continuam ente del oriente se
llam an Euros; los que provienen del septentrión se llaman
Bóreos; los que provienen de occidente se llaman Céfiros,
N otos los que provienen del m ediodía16.
Entre los Euros se llam a C ecias17 aquel viento que so-
pía del lugar en que surge el sol en verano; A peliotes18 se
llam a al que sopla de la región en la que sale el sol en el
equinoccio; E uro19 se llam a al que sopla en la región en la
que se levanta el sol en invierno.

16. Aquí los vientos aparecen clasificados según los cuatro pun-
tos cardinales y más abajo se describe la «rosa de los vientos». Com-
parando la «rosa de los vientos» descrita en nuestro tratado con los
M eteorológica y D e ventu de A ristóteles se podría constatar la sustan-
cial identidad de nomenclatura de los tres textos.
17. C('. A ristóteles,Meteoro!., It, 6,363 b 17ss.; 3 6 4 a 15,b 1 , 12ss.
18. Cf. ibicL, B, 6, 363 b 13; 364 a 15ss.; b 19; 365 a 10.
19. Cf. ibicL B, 6, 363 b 21; 364 a 17; 364 b 3, 19ss.

53
Sobre el mundo

Κ α ί τω ν ενα ντίω ν ζέφ υ ρ ω ν ά ρ γέσ τη ς μεν


ό α π ό τή ς θ ερ ιν ή ς δύσ εω ς, δ ν τινες κ α λοΰσ ιν
ολύμ πια ν, οί δε ίά π υ γ α ‫ ־‬ζέφ υ ρ ο ς δε ό α π ό τώ ς
ίσημερινής, λίψ δε ό α π ό τή ς χειμερινής.

Κ α ί τω ν β ορ εώ ν ιδίω ς ό μεν εξής τω κ α ΐκ ια


κ α λείτα ι β ορέας, ά π α ρ κ τ ία ς δε ό εφ εξή ς α π ό
του πόλου κ α τά τό μεσημβρινόν πνέω ν, θ ρ α σ -
κ ία ς δε ό έξής π νέω ν τω άργέσ τη, δ ν ένιοι
κ ιρκ ία ν καλοΰσιν.
Κ α ί τω ν νό τω ν ό μεν ά π ό του ά φ α ν ο ΰ ς πό-
λου φ ερόμενος α ντίπ α λ ο ς τω ά π α ρ κ τία καλεΐ-
τα ι νότος, εύρ όνοτος δέ ό μεταξύ νότου κ α ί
εΰρου· το ν δέ επ ί θ ά τε ρ α μεταξύ λεβός κ α ί νό-
του οί μέν λιβόνοτον, οί δέ λιβοφ οίνικα, κα-
λοΰσιν.
Τ ω ν δέ α νέμ ω ν ο ί μέν είσιν εύ θ ύ π νο ο ι,
ό π ό σ ο ι διεκ π νέο υ σ ι πρ όσ ω κ α τ ’ ευ θ εία ν, οί
395a δέ ά να κ α μ ψ ίπ νο ο ι, κ α θ ά π ε ρ ό κ α ικ ία ς λεγό-
μένος,
κ α ί οί μέν χειμω νος, ώ σπερ οί νότοι, δυ-
να σ τεύο ντες, οί δέ θ έρ ο υ ς, ώ ς οί έτησ ίαι λε-
γόμ ενοι, μΐξιν έχοντες, τω ν τε ά π ό τή ς ά ρκτου
φ ερ ομ ένω ν κ α ί ζ έ φ υ ρ ω ν οί δέ ό ρ ν ιθ ία ι κα-
λουμένοι, εα ρ ινο ί τινες δντες άνεμοι, βορέαι
είσί τ φ γένει. 2013456

20. Cf. ibid., Β, 6, 364 a 18; 364 b 3; 365 a 8.


21. Cf. ibid., B, 6, 363 b 24; 364 a 18; 364 b 20ss.; 365 a 3, 8.
22. Cf. ibid., B, 6, 363 b 19ss.; 364 b 2; 18; 25.
23. Cf. ibid., B, 4, 361 a ss.
24. Cf ibid., B, 6 , 363b 1 4 ,2 9 ,3 1 ; 36 4 a 14; 3 6 4 b 4 ,2 1 ss.; 365 a2.
25. Cf ibid., B, 6, 363 b 29; 364 a 1; 14; 364 b 4, 22, 29.
26. Cf ibid., B, 6, 364 b 23.

54
Versión en español

Entre los Céfiros20, los cuales provienen de la direc-


ción opuesta a estos, se llam a A rgestes21 a aquel que pro-
viene de la dirección en la que el sol desaparece en el
solsticio de verano: algunos lo llam an tam bién O lim pia y
Iapix; se llam a Céfiro al que sopla desde la dirección en
la que el sol se oculta en el equinoccio; Lips22 se llam a
al que sopla en la dirección en la que el sol se pone en el
solsticio de invierno.
De los vientos del Bóreos, aquel que llega de repen-
te después del Cecias se llam a Bórea23 sensu proprio\ se
llam a A parctias24 a aquel que viene de repente después y
sopla desde el Polo hacia el M ediodía; se llam a Tracias25
el viento que sopla de repente después del Argestes y algu-
nos lo llam an Circias.
De los vientos del Noto, aquel que proviene del Polo
que no se ve y es exactam ente contrario al A parctias se
llama propiam ente N oto26; Euronoto27 se llam a al viento
entre el Noto y el Euro; aquel que está al otro lado entre el
Lips y el Noto se llam a Libonoto según unos, según otros
se llam a Libofénix.
De los vientos, unos soplan directos, en tanto que soplan
hacia delante siguiendo una trayectoria recta; pero otros se
vuelven hacia sí, como el Cecias28. 395a
U nos predom inan en invierno, como los vientos del
Noto; otros, sin embargo, predom inan en verano, como los
vientos llamados Etesios, los cuales constituyen una mez-
cía de vientos septentrionales y de vientos Céfiros. Los lia-
m ados O m itíanos son vientos primaverales y por su géne-
sis son vientos Bóreos.

27. Cf. ib id., B, 6, 363 b 22.


28. La distinción que aquí se establece entre vientos que soplan
en una u otra dirección se puede leer tam bién en A ristóteles, M eteo-
rol., B, 6, 364 b 12ss.

55
Sobre el mundo

Τ ω ν γε μην β ίαιω ν πνευ μ ά τω ν κ α τα ιγίς μέν


έστι π νεύ μ α ά ν ω θ εν τύ π τ ο ν έξα ίφ νης, θ ύ ελ λ α
δέ πνεύ μ α β ίαιον κ α ί ά φ ν ω προσ αλλόμ ενον,
λα ϊλα ψ δέ κ α ί στρόβιλος π νεύ μ α είλούμενον
κ ά τω θ εν άνω , ά να φ ύ σ η μ α δέ γης π νεύμ α
ά νω φ ερόμενον κ α τά την εκ β υθού τίνος ή
ρ ή γμ α τος ά ν ά δ ο σ ιν δ τα ν δέ είλούμενον πολύ
φ έρηται, πρησ τήρ χ θ ό ν ιό ς έστιν.
Ε ίλη θέν δέ π νεύμ α εν νέφ ει π α χ εΐ τε καί
νοτερώ , κα ί έξω σ θέν δ ι’ αύτού, βιαίω ς ρηγνύον
τά συνεχή πιλήμ ατα τού νέφ ους, βρόμον κ α ί
π ά τα γ ο ν μέγαν ά πειργά σ α το, [δς] βροντή λέ-
γεται, ώ σπερ εν ύ δ α τι π νεύμ α σ φ οδρ ώ ς έλαυ-
νόμενον.
Κ α τά δέ τη ν τού ν έφ ο υ ς έκρηξιν π υ ρ ω θ έ ν
τό π νεύ μ α κ α ί λ ά μ ψ α ν ά σ τρ α π ή λέγετα ι‫ ־‬δ
δή π ρ ό τερ ο ν τή ς β ροντή ς προσ έπεσ εν, ΰστε-
ρον γενόμ ενον, έπ εί τό ά κ ο υσ τό ν υ π ό τού
ορ α το ύ π έφ υ κ ε φ θ ά ν εσ θ α ι, τού μέν κ α ί πό-
ρ ρ ω θ εν δρ ω μ ένου, τού δέ έπ ειδ ά ν έμπελάση
τή άκοή, κ α ί μάλιστα δ τ α ν τό μέν τά χισ το ν ή
τω ν όντω ν, λέγω δέ τό π υ ρ ώ δ ες, τό δέ ή ττον
τα χύ , ά ερ ώ δ ες δν, εν τή πλή ξει π ρ ο ς α κ οή ν
ά φ ίκ νούμ ενον.
Τ ό δέ ά σ τρ ά ψ α ν ά ν α π υ ρ ω θ έν , βιαίω ς ά χρι
τή ς γή ς διεκ θ έο ν, κ ερ α υ ν ό ς κα λείται, έά ν δέ
ή μ ίπ υ ρ ο ν ή, σ φ ο δρ ό ν δέ ά λλω ς κ α ί ά θ ρ ό ο ν ,
πρησ τήρ, έά ν δέ ά π υ ρ ο ν π α ντελώ ς, τύ φ ω ν ‫־‬
έκ α σ τον δέ το ύ τω ν κ α τα σ κ ή ψ α ν εις τή ν γή ν
σ κ η π τός ο νομ ά ζετα ι.

29. Cf. ib id ., Β , 9, 369 b 4ss.

56
Versión en español

De entre los vientos violentos, una ráfaga es un viento


que golpea de m anera repentina desde arriba; un venda-
val es un viento violento que irrum pe repentinam ente; un
ciclón es un viento que gira desde abajo hacia arriba; un
rem olino es un soplo de la tierra que es impulsado hacia
arriba por una expulsión desde una profundidad o fisura;
cuando un viento sopla en form a de turbina, es un torbe-
llino de tierra.
Cuando un viento, com prim ido en una espesa y hum e-
da, hace estallar de m anera violenta la m asa de la nube,
provocando un enorm e fragor y estruendo, es un trueno,
com o cuando un viento es expulsado violentam ente del
agua.
Cuando el viento se inflama y se ilum ina por el estalli-
do de una nube se llam a relám pago29. El relám pago se per-
cibe antes que el trueno, aunque se form a después, porque
lo audible, por su naturaleza, se m anifiesta después de lo
visible: en efecto, este es perceptible incluso desde lejos,
m ientras que el sonido solo se oye cuando alcanza al oído;
pero sobre todo esto ocurre porque se trata de aquello que
es lo m ás rápido que exista, es decir, el elem ento ígneo,
m ientras que el otro se trata de aquello que es m enos ve-
loz, y que por su naturaleza aérea, se percibe solo en el
m om ento en que toca el oído30.
Si el viento que se hace relám pago cae violentam ente a
la tierra, se llam a rayo; si está semiinflam ado pero es vio-
lento y com pacto, se llam a bólido y si no está inflamado
en absoluto, tifón31. Cada uno de estos fenóm enos que se
lanzan de repente sobre la tierra se llam a tormenta.

30. Cf. ib id ., B , 9, 369 b 7ss.

57
Sobre el mundo

Τ ω ν δέ κ ερ α υ νώ ν oí μέν α ίθ α λ ώ δεις ‫׳‬ψ ο-


λόεντες λέγονται, οί δέ τα χέω ς δ ιά ττο ντες άρ-
γήτες, έλικίαι δέ οί γρ α μ μ οειδώ ς φ ερόμενοι,
σ κηπτοί δέ δσ οι κ α τα σ κή π τουσ ιν είς τη ν γην.
Σ υλλή β δη ν δέ τω ν εν α έρ ι φ α ν τα σ μ ά τω ν
τά μέν έστι κ α τ ’ έμφασιν, τά δέ κ α θ ’ ύπόσ τα -
σιν - κ α τ ’ έμφ ασ ιν μέν ίριδες κ α ί ρ ά β δ ο ι καί
τά το ια ΰτα , κ α θ ’ ύ π όσ τα σ ιν δέ σέλα τε κ α ί
διά ττο ντες κ α ί κ ομ ή τα ι κ α ί τά τούτοις π α ρ α -
πλή σ ια -.
~Ιρις μέν ούν έστιν έμφ ασις ήλιου τμ ήματος
ή σελήνης, εν νέφ ει νοτερω κ α ί κοίλω κ α ί συνε-
χεΐ π ρ ο ς φ α ντα σ ία ν, ώ ς εν κ α τό π τρ ψ , θεω ρ ού-
μένη κ α τά κύκλου περιφ έρειαν.
'Ρ ά β δ ο ς δέ έστιν ϊρ ιδ ο ς έμφ ασ ις ευθεία .
395b "Α λω ς δέ έστιν έμφ ασις λ α μ πρ ότη τος άσ-
τρου περίαυγος· δια φ έρ ει δέ ϊρ ιδ ο ς δτι ή μέν
ίρις έξ ένα ντία ς φ α ίνετα ι ήλιου κ α ί σελήνης, ή
δέ άλω ς κύκλω π α ν τ ό ς άστρου.
Σέλας δέ έστι π υ ρ ό ς ά θ ρ ό ο υ έξα ψ ις έν αέρι.
Τ ω ν δέ σελάω ν ά μέν άκοντίζετα ι, ά δέ στηρί-
ζεται. Ό μέν ούν έξακοντισ μός έστι π υ ρ ό ς γέ-
νεσις έκ π α ρ α τρ ίψ εω ς έν άέρι φερομένου τα-
χέω ς κ α ί φ α ντα σ ία ν μήκους έμ φ αίνοντος διά
τό τά χος, ό δέ στηριγμός έστι χω ρ ίς φ ορ ά ς
προμή κη ς έκτασις κ α ί οίον άστρου ρύσις· πλα-
τυνομένη δέ κ α τά θ ά τερ ο ν κομήτης καλείται.
Π ολλά κις δέ τω ν σελάω ν τά μέν έπιμένει πλείο-
ν α χρόνον, τά δέ π α ρ α χρ ή μ α σβέννυται. 3124

31. Cf. ibid., Β, 9, 369 a 10; Γ, 1, 371 a 16ss.


32. Cf. ibid., I, 8.
33. Sobre el «arco iris», cf. Aristóteles, Meteoro¡., Γ, 4, 373 b 17ss.
34. C f ibid., Γ, 2, 371 b 19; 372 a 11; 6, 377 a 30ss.

58
Versión en español

De los rayos, a los que echan hum o se los llam a rayos


hum eantes; a los que pasan velozm ente se los llam a incan-
descentes; a los caen con m ovim ientos ondulados se los
llama serpenteantes; torm entas son las que caen de un solo
golpe a la tierra.
En general, de los fenómenos que tienen lugar en el aire,
unos tienen existencia aparente, pero otros tienen existen-
cia efectiva32; los aparentes son el arco iris, los reflejos y co-
sas tales; los que tienen existencia efectiva son las estelas,
las estrellas, los cometas y otros fenóm enos similares.
El arco iris, pues, es el reflejo de una parte del sol o de
la luna en una nube húm eda y cóncava y con apariencia
com pacta, com o un espejo, que se m anifiesta en form a
circular33.
El reflejo34 es un arco iris que aparece en línea recta.
El halo es una apariencia de luz que brilla alrededor de 395b
un astro.
El halo se diferencia del arco iris por el hecho de que
el arco iris aparece en la parte opuesta del sol y de la luna,
m ientras que el halo aparece circularm ente rodeando por
entero el astro35.
U na estela es una ascensión de una m asa de fuego en
el aire: de estas estelas unas se proyectan en el cielo, otras
perm anecen fijas. La que se proyecta en el cielo es una
ascensión del fuego por fricción en el aire, cuando corre
velozm ente y por la velocidad asum e la apariencia de una
línea; sin embargo, la que está fija es una extensión oblon-
ga sin m ovim iento como la expansión de un astro. Cuando
la expansión tiene lugar solo por un lado, se llam a cometa.
A m enudo, entre las estelas unas perm anecen por m ucho
tiem po, pero otras se extinguen al momento.

35. Cf. ibid., Γ, 2, 371 b 22ss; Γ , 4, 373 b 34ss.

59
Sobre el mundo

Π ο λλα ι δέ κα'ι ά λλα ι φ α ν τα σ μ ά τω ν ίδέα ι


θ εω ρ ο ύ ν τα ι, λ α μ π ά δ ες τε κ α λούμ ενα ι κ α ί δο-
κ ίδες κ α ί π ίθ ο ι κ α ί β όθυνοι, κ α τά τη ν π ρ ο ς
τα ϋ τ α ομ οιότη τα ώ δε πρ ο σ α γο ρ ευ θεΐσ α ι.
Κ α ί τα μεν το ύ τω ν έσπέρια, τά δέ έψ α , τά
δέ ά μ φ ιφ α νή θ εω ρ είτα ι, σ π α νίω ς δέ βόρεια
κ α ί νότια.
Π ά ν τα δέ ά β έβ α ια ‫ ־‬ο υ δέπ ο τε γά ρ τι τού-
τω ν άεί φ α ν ερ ό ν ισ τόρητα ι κα τεσ τηριγμένον.
Τ ά μέν το ίνυν ά έρ ια τοια ύτα .
Ε μ π ε ρ ιέ χ ε ι δέ κ α ί ή γη πολλά ς εν αυτή, κα-
θ ά π ε ρ ΰδα το ς, ούτω ς κ α ί π νεύμ α τος κ α ί π υ ρ ό ς
πη γά ς. Τ ο ύ τω ν δέ α ί μέν υ π ό γη ν είσιν άόρατοι,
πολλα ι δέ ά ν α π ν ο ά ς έχουσι κ α ί άναφυσήσεις,
ώ σπερ Λ ιπ ά ρ α τε κ α ί Α ιτνη κ α ί αί εν Α ιόλου
νήσοις· α ϊ δη κ α ί ρέουσι πολλά κις π οτα μ ού
δίκην, κ α ί μ ύ δρ ο υ ς ά να ρ ρ ιπ τοϋσ ι δια πύρους.
Έ ν ια ι δέ υ π ό γη ν ο ύσ α ι πλησίον π η γα ίω ν ύδά-
τω ν θερ μ α ίνουσ ι τα ϋ τα , κ α ί τά μέν χλιαρ ά τω ν
να μ ά τω ν άνιάσι, τά δέ ύ π έρ ζεσ τα , τά δέ εύ
έχοντα κράσεω ς. 'Ο μ ο ίω ς δέ κ α ί τω ν πνευμά-
τω ν πολλά π ολλα χού γης στόμια ά νέω κταυ ών
τά μέν ένθ ουσ ιά ν π ο ιεί το ύ ς έμπελά ζοντας, τά
δέ άτροφ εΐν, τά δέ χρησμω δεϊν, ώ σπερ τά εν
Δ ελφ οΐς κ α ί Λ εβ α δεία, τά δέ κ α ί π α ντά π α σ ιν
άναιρεΐ, κ α θ ά π ε ρ τό εν Φ ρυγία.
Π ολλά κις δέ κ α ί συγγενές πνεύ μ α εύκρα-
το ν εν γη π α ρ εξω σ θ έν εις μυχίους σ ήρα γγα ς
αυτής, έξεδρ ο ν γενόμενον εκ τω ν οικείω ν τό-
πω ν, π ο λλά μέρη σ υνεκρά δα νεν. Π ολλά κις
δέ πολύ γενόμ ενον έξω θ εν έγκα τειλή θη τοΐς
τα ύ τη ς κοιλώ μασι κ α ί ά π ο κ λεισ θ έν [εξόδου]
μετά βίας α ύτή ν συνετίναξε, ζη το ύ ν έξοδον

60
Versión en español

M uchas otras clases de fenóm enos se ven en el cielo


y se los llama «teas», «vigas», «barriles» y «hoyos»; son
llamadas así por la semejanza que tienen con estos objetos.
Algunos de estos fenóm enos se ven en Occidente y otros
en Oriente; otros se ven en las dos direcciones; raramente,
sin embargo, se ven en el Septentrión o en el Mediodía.
Todos estos fenóm enos son inestables, pues de ningu-
no de ellos se ha conocido una posición fija. Tales son los
fenóm enos del aire.
La tierra abraza dentro de sí m uchas fuentes, tanto de
agua com o tam bién de viento y de fuego36. Algunas de es-
tas fuentes subterráneas son invisibles; m uchas otras, sin
embargo, tienen grietas y espiráculos como Lípara, el Etna
y los volcanes de las islas Eólides. Otras, a m enudo, fluyen
como ríos y arrojan brasas incandescentes. Algunas fuentes
de fuego subterráneas, encontrándose próxim as a fuentes de
agua, las calientan y las hacen fluir unas tibias, otras calien-
tes y otras a tem peratura justa. También, de m anera similar,
por acción de los vientos, se abren m uchas bocas en mu-
chas partes de la tierra; de estas, algunas provocan delirios
a los que se acercan, otras hacen flaquear sus fuerzas, otras
otorgan la facultad de vaticinar, com o Delfos y Lebadía,
otras los hacen desaparecer totalm ente, com o la que se en-
cuentra en Frigia.
A m enudo, un viento m oderado de la m ism a génesis,
al ser expulsado en cavernas que están en las visceras de
la tierra, al salir fuera de los lugares que les son propios,
sacude m uchas regiones de la tierra. A m enudo, pues, un
viento de grandes proporciones que viene del exterior, al
m eterse en la cavidad de la tierra, provoca en la tierra mo-
vim ientos violentos buscando una vía de salida, y así pro-

36. Cf. ibid., B, 4, 360 a 5ss; B , 8, 365 b 24ss.

61
Sobre el mundo

έα υτώ , κ α ί ά π ειρ γά σ α το π ά θ ο ς τούτο δ καλεΐν


396a είώ θα μ εν σεισμόν. Τ ω ν δε σεισμών οί μεν εις
π λ ά για σείοντες κ α τ ’ οξεία ς γω νία ς έπικλίντα ι
κ α λούντα ι, οί δέ ά νω ρ ιπ το ΰντες κ α ί κά τω
κ α τ ’ ό ρ θ ά ς γω νία ς βράσ ται, οί δέ συνιζήσεις
π ο ιο ΰ ντες εις τά κοίλα ίζηματίαι· οί δέ χάσ-
μα τα ά νοίγοντες κ α ί τη ν γη ν ά να ρ ρ η γνύντες
ρ ή κ τα ι καλούνται.
Τ ο ύ τω ν δέ οί μέν κ α ί π νεύμ α πρ οσ α να -
βάλλουσιν, οί δέ πέτρ α ς, οί δέ πηλόν, οί δέ
π η γά ς φ α ίνο υσ ι τά ς πρ ό τερ ο ν ούκ ούσας. Τι-
νές δέ ά να τρ έπ ο υ σ ι κ α τά μίαν πρόω σ ιν, οΰς
κα λοϋσιν ώ στας. Ο ί δέ ά ντα π ο π ά λ λ ο ντες καί
τα ΐς εις έκ ά τερον έγκλίσεσι κ α ί ά π οπά λσ εσ ι
διο ρ θ ο ύ ντες αεί τό σειόμενον πα λμ α τία ι λέγον-
ται, τρ ό μ φ π ά θ ο ς δμ οιον ά περ γα ζόμ ενοι. Γί-
νο ν τα ι δέ κ α ί μυκη τα ί σεισμοί, σείοντες την
γη ν μετά βρόμου. Π ολλά κ ις δέ κ α ί χω ρ ίς
σεισμού γίνετα ι μύκημα γης, δ τα ν τό π νεύμ α
σείειν μέν μη α υ τά ρ κ ες ή, ένειλούμενον δέ
εν αυτή κ ό π τη τα ι μετά ροθίου βίας. Συσσω-
μα τοποιείτα ι δέ τ ά είσιόντα π νεύ μ α τα κ α ί υ π ό
τω ν εν τή γη υγρ ώ ν κεκρυμμένω ν.
Τ ά δέ ά νά λ ο γο ν σ υμ πίπτει [τούτοις] κ α ί
εν θαλάσση· χ ά σ μ α τά τε γά ρ γίν ετα ι θ α λ ά σ -
σης κ α ί ά ν α χ ω ρ ή μ α τα π ολλά κις κ α ί κ υμ ά τω ν
έπ ιδρ ομ α ί, π ο τέ μέν ά ν τα ν α κ ο π ή ν έχουσαι,
π ο τέ δέ πρ ό ω σ ιν μόνον, ώ σπερ ισ τορείτα ι πε-
ρί Έ λ ίκ η ν τε κ α ί Β ο ΰρ α ν. 3789

37. Cf. ibid., Β, 8, 366 b 8ss.


38. Cf. ibid., B, 8, 368 b 22ss; B, 8, 368 b 25ss; B, 8, 368 a 14-25.
39. Cf. ibid., A , 13, 349 b 20ss.

62
Versión en español

voca ese fenóm eno que solem os llam ar seísm o37. Entre los 396a
seísm os, unos, que sacuden la tierra trasversalm ente con
ángulos agudos, son denom inados seísm os oblicuos; los
que sacuden la tierra de arriba abajo en ángulo recto son
llamados seísmos verticales; los que provocan desplom es
en las cavernas de la tierra son llam ados seísm os en pro-
fundidad; finalm ente, los que abren grietas y desgarran la
tierra son llam ados seísm os de desgarram iento.
Algunos de estos seísm os proyectan al aire solo viento,
otros piedras, otros fango, y otros hacen emerger fuentes
que no había antes. Algunos seísm os provocan la devasta-
ción en un solo empuje, son los llamados seísmos de sacu-
dimiento. Aquellos que provocan sacudidas en direcciones
opuestas, y, por inclinaciones y agitaciones en am bas direc-
ciones, corrigen sucesivamente el efecto de las sacudidas
son llamados vibratorios, porque provocan un fenóm eno
sim ilar al de temblor. Hay tam bién seísmos m ugientes que
sacuden la tierra con un estremecim iento. A m enudo, ade-
m ás con independencia del tem blor de tierra, producen un
m ugido de la tierra, cuando el viento no es suficiente para
provocar una sacudida y, com prim ido dentro de la tierra,
golpea con ímpetu38. Los vientos que penetran dentro de
la tierra se ven reforzados tam bién por las m asas húm edas
ocultas en su interior39.
H echos análogos a estos se producen tam bién en el
mar. En efecto, las grietas se producen en el mar: sus aguas
se retiran a m enudo y su oleaje arremete hacia delante,
abalanzándose, ya seguido por bruscas retiradas, ya man-
teniendo la arrem etida constante, tal como se cuenta de
H elice y Bórea40.

40. Cf. ib id ., A , 6, 343 b 1; B , 8, 368 b 6ss.

63
Sobre el mundo

Π ολλά κ ις δέ κ α ί ά ν α φ υ σ ή μ α τα γίν ετα ι πυ-


ρός έν xfj θα λά σ σ η κ α ί π η γώ ν ά να β λύσ εις κ α ί
π ο τα μ ώ ν έκ β ολα ί κ α ί δέν δ ρ ω ν έκ φ ύσ εις ροα ί
τε κ α ί δΐνα ι τα ΐς τώ ν π νευ μ ά τω ν ά νά λ ο γο ν , αί
μεν έν μέσοις πελά γεσ ιν, α ί δέ κ α τά το ύ ς εύρι-
π ο υ ς τε κ α ί π ο ρ θ μ ο ύ ς.
Π ο λλα ι τε ά μ π ώ τεις λέγο ντα ι κ α ί κυμ ά τω ν
ά ρσ εις σ υμ περ ιοδεύειν αεί τη σελήνη κ α τά τι-
ν α ς ώ ρισ μένους κ α ιρ ούς.
Ώ ς δέ τό π α ν εϊπεΐν, τώ ν σ τοιχείω ν έγκε-
κ ρ α μ ένω ν άλλήλοις έν ά έρι τε κ α ί γη κ α ί θ α -
λάσση κ α τά τό είκός α ί τώ ν π α θ ώ ν ομοιότητες
σ υνίσ τα ντα ι, το ϊς μέν έπ ί μέρους φ θ ο ρ ά ς κ α ί
γενέσεις φ έρ ουσ α ι, τό δέ σ ύμ π α ν ά νώ λ εθ ρ ό ν
τε κ α ί ά γένη το ν φ υλά ττουσ α ι.

64
Versión en español

A menudo en el m ar tienen lugar tam bién erupciones de


fuego, fluyen manantiales a borbotones y se form an desem-
bocaduras de ríos y surgimiento de árboles, corrientes y re-
m olinos análogos a los que suceden con los vientos, unos
en m edio del mar, otros en los brazos de mar.
M uchas m areas, pleam ares y bajam ares - s e d ic e - es-
tán siem pre conexas a los ciclos de la luna, según tiem pos
bien determ inados.
Por así decirlo en resum en, puesto que los elem entos
se m ezclan entre ellos, en el aire, en la tierra y en el mar,
es lógico que se den sem ejanzas entre los distintos fenó-
m enos, los cuales provocan generación y corrupción de
los seres particulares, m ientras m antienen la totalidad del
cosm os incorruptible e inengendrable41.

41. N uestro autor en esta conclusión del capítulo 4 pasa de tratar


cuestiones m eramente físicas a consideraciones filosóficas, tal como
había anunciado en la introducción del tratado.

65
5

Κ α ίτοι γέ τις έθ α ύ μ α σ ε π ώ ς ποτέ, εκ τω ν


εναντίω ν ά ρ χώ ν συνεστηκώ ς ό κόσμος, λέγω
δέ ξηρώ ν τε κ α ί υγρώ ν, ψ υ χρ ώ ν τε κ α ί θερμώ ν,
396b ου π ά λ α ι δ ιέφ θ α ρ τα ι κ α ί άπόλω λεν,
ώ ς κ α ν εί π ό λ ιν τινές θ α υ μ ά ζο ιεν , δ π ω ς
δια μ ένει σ υνεσ τηκυΐα έκ τώ ν εν α ν τιό τα τω ν
εθ νώ ν, π ενή τω ν λέγω κ α ί πλουσίω ν, νέω ν γε-
ρόντω ν, ά σ θενώ ν ισχυρώ ν, π ο νη ρ ώ ν χρηστώ ν.
Ά γ ν ο ο ϋ σ ι δέ δτι τ ο ΰ τ ’ ην πολιτικ ή ς όμ ονοία ς
τό θ α υ μ α σ ιώ τα το ν , λέγω δέ τό έκ πολλώ ν
μίαν κ α ί όμ οία ν έξ ά νομ οίω ν ά π ο τελεΐν διά θ ε-
σιν ύπ ο δ εχ ο μ έν η ν π ά σ α ν κ α ί φ ύσ ιν κ α ί τύχην.
’Ί σ ω ς δέ τώ ν ενα ν τίω ν ή φ ύσ ις γλ ίχ ετα ι κ α ί
έκ το ύ τω ν α π ο τελ εί τό σ ύμφ ω νον, ούκ έκ τώ ν
όμοιω ν, ώ σπερ ά μ έλ ειτό ά ρρεν σ υνήγαγε π ρ ο ς
τό θ ή λ υ κ α ί ο ύ χ έκ ά τερ ο ν π ρ ο ς τό ομόφ υλον,
κ α ί τη ν π ρ ώ τη ν ομ όνοια ν διά τώ ν ένα ντίω ν
σηνήψ εν, ου δ ιά τώ ν όμοιω ν. 123

1. El autor del tratado se refiere a lo dicho en el capítulo anterior


donde los fenómenos descritos vienen explicados en función de prin-
ripios contrarios, hecho que puede parecer contrario a la incorrupti-
bilidad del cosmos.
2. Cf. A ristóteles, P o l, B, 2 1261 a 223ss.; Γ, 4, 1277 a 5ss; cf.
tam bién Platón, Polit., 308 c.
3. La partícula Ίσως no está usada aquí con el significado de duda
(«quizás»), sino com o «ciertam ente», expresando cautela ante una
tesis de la que se está convencido; uso m uy frecuente, por otra parte,
en Aristóteles.

66
5
[E tern id ad y p e rfe c c ió n del cosm os]

En verdad, alguno se preguntó con adm iración cómo


nunca el cosmos, estando constituido por principios con-
trarios -h ab lo de seco y húm edo, frío y calor-, no haya
sido desde hace tiem po destruido com pletam ente y no ha-
ya perecido1.
Es lo m ism o que si algunos se adm irasen de cóm o una 396b
ciudad puede permanecer, estando constituida de clases di-
ferentes -h ab lo de ricos y pobres, de jóvenes y viejos, de
débiles y fuertes, de m alos y virtuosos-. D esconocen que
esto es precisam ente lo m ás adm irable de la concordia po-
lítica -h ab lo de que esta realiza un ordenam iento único,
incluso partiendo de la m ultiplicidad de elem entos, y ho-
m ogéneo, incluso partiendo de elementos heterogéneos-,
es capaz de contener en sí todo, tanto la naturaleza como el
azar2. Ciertam ente3 la naturaleza desea vivam ente los con-
trarios y a partir de ellos lleva a térm ino el acuerdo4, y no de
lo similar, como por ejem plo, unió el macho a la hem bra5 y
no cada uno de los dos sexos a su semejante, así tam bién la
concordia originaria6 se m antiene mediante los contrarios y
no m ediante los semejantes.

4. «Acuerdo», σ ύμφω νον, es sinónimo de «armonía»; Platón usa


los dos térm inos com o endíadis.
5. Un paso paralelo a nuestro texto se encuentra en Aristóteles,
Eth. E u d , Η , 1, 1235 a 25-28. Es de notar que los dos pasajes nom-
bran a Hcrácíito.
6. La expresión πρώ τη ομόνοια indica la «unión familiar», como
célula primaria de la sociedad. Cf. Aristóteles, Po¡., A , 1-2.

67
Sobre el mundo

Έ ο ικ ε δέ κ α ί ή τέχνη την φύσιν μιμούμενη


το ύ το ποιεΐν. Ζ ω γ ρ α φ ία μέν γά ρ λευκώ ν τε κ α ί
μελανώ ν, ώ χρ ώ ν τε κ α ί ερυθρώ ν, χρω μ ά τω ν
έγκερασαμένη φ ύσ εις τά ς εικόνα ς τοΐς προη-
γουμ ένοις άπετέλεσε συμφώ νους, μουσική δέ
οξείς ά μ α κ α ί βαρείς, μά κρους τε κ α ί βρα-
χεΐς, φ θ ό γ γ ο υ ς μίξασ α εν δια φ ό ρ ο ις φ ω νά ϊς
μίαν άπετέλεσεν αρμονία ν, γρα μμα τική δέ εκ
φ ω νηέντω ν κ α ί ά φ ώ νω ν γρ α μ μ ά τω ν κράσ ιν
ποιησαμένη τήν δλην τέχνην ά π ’ α υτώ ν συνεσ-
τήσατο.
Τ α ΰ τό δέ το ύ το ήν κ α ί τό π α ρ ά τώ σκοτει-
νώ λεγόμ ενον Η ρ ά κ λ ειτο )‫« ׳‬Σ υνά ψ ιες δ λ α κ α ί
ο ύ χ δλα, σ υμ φ ερόμ ενον δια φ ερ όμ ενον, σ υνα
δο ν δ ια δ ο ν ‫ ׳‬εκ π ά ν τ ω ν εν κ α ί εξ ενός πά ντα».
Ο ύ τω ς ούν κ α ί τή ν τώ ν όλω ν σύστασιν, ούρα -
νοΰ λέγω κ α ί γη ς τού τε σ ύ μ π α ντο ς κόσμου,
διά τή ς τώ ν ένα ντιω τά τω ν κ ρ ά σ εω ς ά ρ χώ ν
μία διεκόσμησεν α ρ μ ο νία ‫ ־‬ξη ρ ό ν γά ρ ύγρ ώ ,
θ ερ μ ό ν δέ ψ υ χ ρ ώ , β α ρ εί τε κ ο ΰ φ ο ν μιγέν, κ α ί
ο ρ θ ό ν π ερ ιφ ερ εΐ, γη ν τε π ά σ α ν κ α ί θ ά λα σ -
σαν α ιθ έ ρ α τε κ α ί ήλιον κ α ί σελήνην κ α ί τον
δλο ν ο υ ρ α νό ν διεκόσμησε μία [ή] διά π ά ν τω ν
διή κουσ α δύνα μ ις, εκ τώ ν ά μ ίκτω ν κ α ί έτε-
ροίω ν, ά έρ ο ς τε κ α ί γη ς κ α ί π υ ρ ό ς κ α ί ϋ δα το ς,
το ν σ ύ μ π α ντα κόσ μον δη μ ιουρ γή σ α σ α κ α ί μια
δια λ α β ο ΰ σ α σ φ α ίρ α ς έπ ιφ α νεία τά ς τε έναν- 789

7. Este pensam iento de que la «habilidad técnica» imita la natu-


raleza es un pensam iento que aparece m uchas veces en Aristóteles.
Cf., por ejemplo, A ristóteles, Phys., B, 2, 194 a 21. Traduzco la pala-
bra τέχνη del original griego así, pues traducirla por la más frecuente
«arte» no recogería el sentido griego.
8. Cf. Platón, Sym p., 185e-188b.
9. Cf. Platón, Philebus, 17c-18d.

68
Versión en español

Tam bién parece que la habilidad técnica, im itando la


naturaleza, realiza esto m ism o7. El saber pictórico consi-
gue im ágenes en consonancia con los m odelos naturales,
m ezclando los colores blanco y negro, am arillo y rojo; la
m úsica, m ezclando los sonidos agudos con los graves, los
largos con los breves, realiza una arm onía única con voces
diferentes8; la gram ática, realizando una m ezcla de voca-
les y consonantes, produce con ella todo lo que se refiere
a su oficio9.
Esto es lo m ism o que había sido dicho por Heráclito,
el oscuro: «las uniones: conjunto y disjunto, arm ónico e
inarm ónico, de todas las cosas el uno, y del uno todas las
cosas»101. Así pues, una única arm onía11, m ediante la mez-
cía de principios contrarios12, organizó la constitución de
la totalidad de las cosas, es decir, del cielo y de la tierra, y
de todo lo que hay en el cosm os13. M ezclando lo seco con
lo húm edo, lo ligero con lo pesado, lo recto con lo curvo,
una única fuerza14, penetrando a través de todas las cosas,
ordenó todo cuanto hay en la tierra y el mar, el éter, el sol,
la luna y todo el cielo, construyendo el cosm os entero a
partir de elem entos no m ezclados y diferentes, es decir,

10. Cf. Heráclito, fr. 10 DK; cf. Platón, Soph., 242 d. Este mismo
fragmento de H eráclito es citado a su vez por Filón de A lejandría en
Quis rerum diuinarum heres sit. El filósofo alejandrino parafrasea a
Heráclito y cabe, en fin, que nuestro tratado, que encuentra ecos en
otras obras de Filón, por ejemplo, D e c a í, 61, 177, sea la fuente de
Filón. Para ello, cf. M. Harl, Quis rerum diuinarum heres sit, París
1966, 75ss.
11. Para la doctrina de la «arm onía com o síntesis de contrarios»,
cf. H eráclito citado en la nota 106; tam bién Filolao, fr. 1; fr. 6; fr. 10;
Platón, Symp., 185e-188 b.
12. La expresión τώ ν εναντίω ν κράσις se en encuentra en Platón
Leg., X, 889 b‫־‬c; también cf. Aristóteles, D e anim., A , 4, 407 b 30.
13. Cf. Aristóteles, D e cáelo, A, 10,280 a 19ss.; y desde una pers-
pectiva diferente Metaph., A, 5, 986 a 5ss.
14. Aparece aquí por prim era vez en el tratado el concepto de
δύναμις, del que tratará más adelante en el capítulo sexto.

69
Sobre el mundo

χιω τά τα ς έν α ύ τώ φ ύσ εις άλλήλαις ά να γκ ά -


σ α σ α όμολογήσ α ι κ α ί έκ το ύ τω ν μηχανησα-
μένη τώ π α ν τ ί σω τηρίαν.
Α ιτία δέ τα ύ τη ς μέν ή τω ν στοιχείω ν όμολο-
γία, τή ς δέ ομολογία ς ή ίσομοιρία κ α ί τό μηδέν
397a α ύ τώ ν πλέον έτερον ετέρου δ ύ ν α σ θ α ι- τήν γά ρ
ϊσην άντίστασιν έχει τα β α ρέα π ρ ο ς τά κ ο ϋ φ α
κ α ί τά θ ερ μ ά π ρ ο ς θ ά τερ α , τής φ ύσ εω ς επ ί τώ ν
μειζόνω ν διδα σ κ ούσ η ς δτι τό ίσον σω στικόν
π ώ ς έστιν όμονοία ς, ή δέ ομόνοια τού π ά ντω ν
γενετή ρος κ α ί περικα λλεσ τά του κόσμου.
Τ ις γά ρ ά ν εϊη φ ύσ ις το ϋ δ ε κρείττω ν; ήν γά ρ
ά ν ειπη τις, μέρος έστίν α υτού. Τ ό τε κα λόν
π α ν έπ ώ νυ μ ό ν έστι το ύ το υ κ α ί τό τετα γμ ένον,
α π ό τού κόσμου λεγόμ ενον κεκοσμ ήσ θα ι.
Τ ί δέ τώ ν επ ί μέρους δ ύ ν α ιτ’ ά ν έξισ ω θή να ι
τή κ α τ ’ ο υ ρ α νό ν τά ξει τε κ α ί φ ο ρ ά τώ ν άσ τρω ν
ήλιου τε κ α ί σελήνης, κ ινουμένω ν έν άκριβεσ-
τά το ις μέτροις έξ α ίώ νος εις έτερον αιώ να;
τις δέ γένο ιτ’ ά ν ά ψ εύ δεια τοιά δε, ή ντινα φυ-
λά ττουσιν a i κ α λ α ί κ α ί γόνιμοι τώ ν όλω ν ώ ραι,
θ έρ η τε κ α ί χειμ ώ να ς έπ ά γο υ σ α ι τετα γμένω ς
ήμέρας τε κ α ί ν ύ κ τα ς εις μηνός άποτέλεσ μα
κ α ί ενιαυτού; κ α ί μήν μεγέθει μέν ο ύτο ς πα-
νυ π έρ τα το ς, κινήσει δέ όξύτατος, λα μπρότη τι 156789

15. Cf. A ristóteles, D e gen. et corr., B, 3, 330 b 30ss.


16. Para el térm ino σω τηρία (sotería), cf. A ristóteles, Pol., E, 8,
1307 b 30; De cáelo, B, 1, 284 a 20.
17. El térm ino ομολογία se encuentra en H eráclito, fr. 22 A 1,
DK (vol. I, p. 141, 24); Platón Symp., 185 e-188 b; Tim., 32 c.
18. El término ίσομοιρία (isomoiría) es pitagórico, cf. fr. 58 b A a
DK (vol. I, p. 449, 12); también Aristóteles, Meteorol., A , 3, 340 a 3ss.
19. El térm ino ίσον (ison), sinónimo de ϊσοτης (isotes), es un con-
cepto pitagórico muy apreciado por Platón, cf. Gorgias, 508 a, quien
lo equipara con φιλία (filia) y κοινω νία (coinonía) cósmica.

70
Versión en español

del aire, de la tierra, del fuego y del agua15, abrazándolos


en una única superficie esférica, constriñendo a las m ás
opuestas naturalezas, obligó en ella a ponerse de acuerdo
entre ellas y trayendo a partir de todas ellas la conserva-
ción16 del universo.
La causa de esta conservación es el acuerdo17 de los ele-
mentos, y la causa del acuerdo es el equilibrio18 y el hecho
de que ninguno supera al otro en potencia: así lo pesado y 397a
lo ligero, lo frío y lo caliente se com pensan en la balanza
m utuamente, y la naturaleza nos enseña, respecto a las co-
sas mayores, que la igualdad19 es lo que m antiene la con-
cordia20, y que la concordia es lo que m antiene el cosmos,
que es el generador de todas las cosas y lo más bello.
Y ¿qué realidad podría ser m ayor que el cosm os? Cual-
quiera que uno dijera, en efecto, sería una parte de este.
Lo que es bello, tom a su nom bre de este, y se dice bien
ordenado por el orden que constituye el cosm os21.
¿Cuáles de las cosas particulares podrían nunca ser
igualadas al ordenam iento del cielo, al curso de los astros,
del sol y de la luna, que se m ueven en base a unas m edidas
sum am ente precisas, desde la eternidad y por toda la eter-
nidad?22 ¿Dónde podría existir una veracidad23 del tipo de
aquella que presentan las bellas estaciones generadoras
de todas las cosas que hay, que con su regularidad traen ve-
ranos e inviernos, días y noches, para la realización de los
m eses y del año? Así el cosmos es supremo en grandeza,

20. Cf. Aristóteles, Eth. N ic., Θ , 1, 1155 a 24; T, 6, 1167 a 22.


21. Cf. Aristóteles, M etaph., M, 3, 1078 a 36; Poet., 7, 1450 b
34ss.
22. Cf. Aristóteles, D e cáelo. A , 9, 279 a 22; 279 b 22; B, 1, 283
b 26ss.
23. Es este un concepto m uy pitagórico: las estaciones dan orden,
medida, armonía, y por tanto núm ero, que para los pitagóricos es la
verdad, cf. Filolao fr. 11, DK (I, p. 412, 9ss.).

71
Sobre el mundo

δέ εύα υγέσ τα τος, δυνά μ ει δέ ά γή ρ ω ς τε καί


ά φ θ α ρ το ς.
Ο ύ το ς ένα λίω ν ζ φ ω ν κ α ί π εζ ώ ν κ α ί άερίω ν
φ ύσ εις έχώ ρισε κ α ί β ίο υς έμέτρησε τα ΐς έαυ-
του κινήσεσιν. Έ κ το ύ το υ π ά ν τ α έμ π νεΐ τε καί
ψ υ χ ή ν ϊσ χει τά ζώ α . Τ ούτου κ α ί αί π α ρ ά δ ο ξ ο ι
νεοχμώ σ εις τετα γμ ένω ς α π ο τελο ύ ντα ι, συνα-
ρ α ττό ν τω ν μεν ά νέμ ω ν π α ντο ίω ν, π ιπ τό ν τω ν
δέ εξ ο υ ρ α νο ύ κ ερ α υνώ ν, ρηγνυμ ένω ν δέ χει-
μώ νω ν έξαισίω ν. Δ ιά δέ το ύ τω ν τό νοτερ όν
έκ π ιεζό μ ενο ν τό τε π υ ρ ώ δ ες δ ια π νεό μ εν ο ν εις
ο μ ό νο ια ν ά γει τό π α ν κ α ί καθίσ τησ ιν.
Ή τε γή φ υ το ΐς κομώ σα π α ν τ ο δ α π ο ΐς νά-
μασί τε π ερ ιβ λ ύ ζο υ σ α κ α ί περ ιοχουμ ένη ζ φ
οις, κ α τά κ α ιρ ό ν έκ φ ύ ο υ σ ά τε π ά ν τ α κ α ί τρέ-
φ ο υ σ α κ α ί δεχόμενη, μυρίας τε φ έρ ο υ σ α ιδέα ς
κ α ί π ά θ η , τη ν ά γή ρ ω φ ύσ ιν ομοίω ς τηρεί, καί-
το ι κ α ί σείσμοΐς τινασ σ ομένη κ α ί πλημυρίσ ιν
έπικλυζομ ένη π υ ρ κ α ϊα ΐς τε κ α τά μέρος φλο-
γιζομένη. Τ α ύ τα δέ π ά ν τ α έοικεν α υτή π ρ ο ς
α γ α θ ο ύ γινό μ ενα τη ν δ ι’ α ίώ νο ς σ ω τη ρ ία ν πα -
ρ έ χ ε ιν σειομένης τε γά ρ δ ιεξά ττο υ σ ιν α ί τώ ν
π νευ μ ά τω ν π α ρ εμ π τώ σ εις κ α τά τά ρήγμ α τα
τά ς ά ν α π ν ο ά ς ϊσ χουσ α ι, κ α θ ώ ς ά νω λέλεκται,
κ α θ α ιρ ο μ ένη τε ομβ ρ οις ά π ο κ λ ύ ζετα ι π ά ν τα
τά νοσ ώ δη , π ερ ιπ νεομ ένη δέ α ύ ρ α ις τ ά τε ύ π ’
α υ τή ν κ α ί τά υ π έρ α υτή ν είλικρινέΐται. Κ α ί
μήν α ί φ λόγες μέν τό π α γετώ δ ες ή πια ίνουσ ιν,
397b οί π ά γ ο ι δέ τά ς φ λ ό γ α ς άνιάσιν.

72
Versión en español

velocísim o en m ovim iento, m uy luminoso en esplendor,


sin envejecim iento e incorruptible en potencia.
Es este el que separó las naturalezas de los seres que
viven en el agua, en la tierra y en el aire y el que determinó
la duración de sus vidas con sus propios m ovim ientos24;
de ahí que todos los vivientes tengan respiración y alma.
De ahí tam bién que los fenóm enos nuevos que suceden
inesperadam ente tienen lugar según un determ inado or-
den, por ejem plo, cuando los vientos de todo género cho-
can entre sí, los rayos caen del cielo o soplan tem pestades
violentas. A través de estos fenóm enos, lo húm edo que es
expulsado o el elem ento ígneo que es exhalado, llevan al
todo a la concordia y a la estabilidad.
Toda la tierra recubierta de vegetales de todo género,
rodeada de fuentes y habitada por entero alrededor de ani-
m ales, generando en el m om ento oportuno todos los se-
res, alim entándolos y acogiéndolos, produciendo form as y
propiedades innum erables, conserva, sin em bargo, su na-
turaleza siem pre joven, incluso si es agitada por seísmos,
sumergida por inundaciones, quem ada en parte por incen-
dios. Todas estas cosas parece que suceden para su bien y
que garantizan su conservación por toda la eternidad. En
efecto, cuando la tierra se agita por los seísmos, los vien-
tos que afluían en sus visceras salen afuera, al encontrar
un respiro a través de las fracturas, como se dijo m ás arri-
ba. Cuando las lluvias la purifican, elim ina todas las cosas
m alsanas; cuando, por otra parte, es recorrida por las bri-
sas, se purifican las cosas que están por arriba y por debajo
de esta. Los fuegos, tam bién, disuelven las heladas, las he- 397b
ladas abaten los fuegos.

24. Cf. A ristóteles, D e gen. et corr., B, 10. 336 b lOss.

73
Sobre el mundo

Κ α ί τω ν επ ί μέρους τά μέν γίνεται, τά δε


ακμά ζει, τά δε φ θείρ ετα ι. Κ α ί α ί μέν γενέσεις
έπα να σ τέλλουσ ι τά ς φ θ ο ρ ά ς, α ί δε φ θ ο ρ α ί
κ ο υ φ ίζο υ σ ι τά ς γενέσεις. Μ ία δέ εκ π ά ντω ν
περα ινομένη σω τηρία διά τέλους άντιπεριισ-
τα μ ένω ν άλλήλοις κ α ί τοτέ μέν κρατουντώ ν,
τοτέ δέ κ ρατουμ ένω ν, φ υλά ττει τό σ ύμ πα ν
ά φ θ α ρ το ν δ ι’ αίώ νος.

74
Versión en español

P or lo que se refiere a los seres particulares, unos nacen,


otros m aduran y otros m ueren. Los nacim ientos se alzan
sobre las m uertes y las m uertes aligeran los nacim ientos25.
Una sola conservación, que continúa realizándose por to-
das las cosas, que tom an unas el puesto de las otras, com-
pletam ente, o bien dom inando, o bien siendo dom inadas,
m antiene el todo incorruptible por toda la eternidad.

25. Cf. ibid., B, 10,336 b 29ss.

75
6

Λ ο ιπ ό ν δή π ερ ί τής τω ν δλω ν σ υνεκτικής


α ιτία ς κ εφ α λ α ιω δώ ς είπεΐν, δ ν τρ ό π ο ν κ α ί
π ερ ί τω ν ά λλω ν‫ ־‬πλημμελές γ ά ρ π ερ ί κόσμου
λέγοντα ς, εί κ α ί μή δ ι’ α κ ρίβ εια ς, ά λ λ ’ σ υν γε
ω ς εις τυ π ώ δη μά θησ ιν, τό του κόσμου κυριώ
τα το ν π α ρ α λιπ εΐν.

"Α ρχαίος μεν σ υν τις λόγος κ α ί π ά τρ ιό ς


έστι π ά σ ιν ά ν θ ρ ώ π ο ις ω ς έκ ■θεού π ά ν τ α καί
δ ιά θ ε ό ν συνέστηκεν, οΰ δεμ ία δε φ ύσ ις α υτή
κ α θ ’ έα υτή ν έστιν α υ τά ρ κ η ς, έρ η μ ω θεΐσ α τής
έκ τούτου σω τηρίας.
Δ ιό κ α ί τω ν π α λ α ιώ ν είπεΐν τινες πρ οή χ-
θ η σ α ν δτι π ά ν τ α τα ύ τά έστι θ εώ ν π λέα τά καί
δ ι’ ο φ θ α λ μ ώ ν ίνδα λλόμενα ήμΐν κ α ί δ ι’ α κ οής
κ α ί π ό σ η ς αίσθήσ εω ς, τή μέν θ εία δυνάμ ει
π ρ έπ ο ν τα κα τα βα λλόμ ενοι λόγον, ού μην τή γε
ουσία. Σω τήρ μέν γά ρ όντω ς α π ά ν τω ν έστι κ α ί
γενέτω ρ τω ν ο π ω σ δ ή π ο τε κ α τά τόνδε το ν κόσ-
μον συντελουμένω ν ό θεό ς, ού μην α υτουρ γού 1234

1. Lo que se dice en este capítulo puede com pararse con lo que


Aristóteles dice en M etaph., A, 6 y 7.
2. Idéntica expresión puede leerse en Platón, Tim., 87 c; 90 a; y
tam bién en A ristóteles, D e cáelo, B, 13, 293 b 2.
3. El rem itirse a una tradición antigua («consensus gentium») es
un rasgo típico en A ristóteles; cf. Aristóteles, D e cáelo, B, 1. 284 a
2ss. M etaph., A, 8, 1074 b lss., entre otras.
4. Sobre el concepto de «conservación» (σω τηρία), que ya era
implícito en el capítulo anterior, y aquí se hace explícito como argu-
m entó teológico, puede confrontarse Platón, Leg., X, 903 b.

76
6
[D ios, p rin c ip io in m ó v il del c o sm o s']

Queda por hablar aún en pocas palabras sobre la causa


que tienen en conjunto todas las cosas, de la m ism a ma-
ñera que hemos hablado tam bién de las otras cosas. De
hecho sería inoportuno, tratando del cosm os, aunque no
sea con una precisión analítica, sino solo con un conocí-
m iento sum ario, dejar de lado lo que es m ás im portante2
en el cosmos.
Es una vieja doctrina, heredada de padres a hijos por
todos los hom bres3, que todas las cosas provienen de Dios
y están constituidas por obra de D ios y que ninguna reali-
dad, tom ada en sí y por sí m ism a, se basta a sí m ism a, si
está privada de la conservación4 que viene de Dios5.
Por este m otivo6 tam bién algunos antiguos filósofos se
lanzaron a afirm ar que todas estas cosas que aparecen a
través de la vista, el oído y todos los otros sentidos, están
llenas de Dios aduciendo un argum ento que sí conviene a
la potencia divina, pero no ciertam ente a su esencia. Dios,
en efecto, es en verdad el conservador y el generador de
todas las cosas, que en cualquier m odo se constituyen en
nuestro cosmos; pero no tom ando la fatiga de un ser vi-
viente que trabaja con las propias m anos y está sujeto a

5. Estas prim eras líneas del capítulo 6, sirven de puente entre lo


dicho en los capítulos anteriores: la visión físico-m etereológica del
cosmos de los capítulos 2-4 y la visión filosófica del mismo en el
capítulo 5, para entrar en el tratam iento propiam ente teológico en
éste, tal como había anunciado nuestro autor en el capitulo primero:
θεολογώ μεν (theologom en).
6. En estas líneas se rem arca la trascendencia del Dios respecto al
mundo y se perfila la diferencia entre esencia y potencia de Dios.

77
Sobre el mundo

κ α ί επ ιπ ό νο υ ζ φ ο υ κ ά μ α το ν ΰπομένω ν, άλλά
δυνά μ ει χρώ μ ενος ά τρύτω , δ ι’ ής κ α ί τω ν πό-
ρρω δοκ ο ΰ ντω ν είναι περιγίνεται.
Τ η ν μέν ούν ά νω τά τω κ α ί π ρ ώ τη ν έδρ α ν
α υ τό ς έλαχεν, «ύπ α τό ς» τε διά το ΰ το ώ νόμασ-
τα ι, κ α τά το ν π ο ιη τή ν «ά κ ροτά τη κορυφ ή »
του σ ύ μ π α ντο ς έγκ α θ ιδ ρ υ μ ένο ς ουρανοί]·
μάλιστα δέ π ω ς α ύ το ϋ τής δυνά μ εω ς ά π ο -
λα ΰει τό πλησίον αυτοί] σώμα, κ α ί έπ ειτα τό
μετ’ εκείνο, κ α ί εφ εξή ς ο ύτω ς ά χρ ι τω ν κ α θ ’
η μά ς τό π ω ν. Δ ιό γη τε κ α ί τά επ ί γη ς έοι-
κεν, έν ά π ο σ τά σ ει πλείστη τής εκ θ εο ΰ όντα
ώ φ ελεία ς, α σ θενή κ α ί α κ ατά λλη λα είνα ι κ α ί
πολλής μεστά ταραχής· οΰ μήν ά λλά κ α θ ’
όσον επί π α ν δ ιικ νεΐσ θ α ι πέφ υ κ ε τό θ ειον, κ α ί
ε π ί τά κ α θ ’ η μά ς ομ οίω ς συμβαίνει τά τε υπέρ
ημάς, κ α τά τό έγγιόν τε κ α ί πο ρ ρ ω τέρ ω θ εο ΰ
398a είνα ι μάλλον τε κ α ί ή ττο ν ώ φ ελεία ς μεταλαμ-
βά νοντα .
Κ ρ εΐττον ούν ύπ ο λ α β εΐν , ό κ α ί π ρ έπ ο ν έστί
κ α ί θ εω μάλιστα ά ρ μ ό ζο ν, ω ς ή έν ο ύ ρ α νω δύ-
να μ ις ιδρυμένη κ α ι το ΐς πλεΐσ τον ά φ εσ τηκό-
σιν, ω ς ένι γε είπεΐν, κ α ί σ ύμ πα σ ιν α ίτιο ς γί-
νετα ι σ ω τηρίας, μάλλον ή ω ς διή κ ο υ σ α κ α ί
φ ο ιτώ σ α έ ν θ α μή κ α λ ό ν μηδέ εύσ χημον αύ-
τουρ γεή ν] τά επ ί γης. Τ ο ΰ το μέν γά ρ ο υδέ
α ν θ ρ ώ π ω ν ήγεμόσ ιν άρμόττει, π α ν τ ί κ α ί τω
τυ χ ό ν τι έφ ίσ τα σ θ α ι έρ γω , λέγω δέ οίον στρα- 78910

7. Cf. A ristóteles, M eiaph., Λ, 9, 1074 b 28ss.


8. Para el uso del térm ino ύ π α το ς puede verse Homero, Π., VIII,
22; XIX, 258; XXII, 43.
9. Cf. Homero, I I , I, 449.
10. Cf. A ristóteles, M eiaph., A, 9.

78
Versión en español

cansancio7, sino haciendo uso de una fuerza indefectible,


m ediante la que dom ina tam bién las cosas que parecen es-
tar m ás alejadas.
Él tuvo el prim ero y m ás alto puesto, y, por este moti-
vo, es llam ado el altísim o8, habiendo ocupado su asiento,
por decirlo con el Poeta: «en la m ás alta cum bre»9 de todo
lo que hay en el cielo10. De su potencia beneficia en gra-
do sumo al cuerpo que está m ás cercano a él, después al
cuerpo que viene después de aquel, y así de seguido a los
lugares en los que nos encontram os nosotros11. Por ello la
tierra y las cosas que están en la tierra, al encontrarse a
la m ayor distancia del socorro que viene de Dios, parecen
ser débiles, incoherentes, y llenas de una gran confusión1112;
sin embargo, en la m edida en que lo divino tiene, por su
naturaleza, la capacidad de penetrar en todas las cosas, las
cosas que ocurren entre nosotros suceden de m anera seme-
jante a las que están por encim a de nosotros, las cuales, se-
gún estén m ás cercanas o m ás alejadas de Dios, participan
en una m ayor o m enor m edida de su socorro. 398a
Es m ejor adm itir - y esto es sin duda conveniente y per-
fectam ente de acuerdo a D io s- que la potencia que está
asentada en el cielo13, incluso para las cosas que están más
alejadas, y, en una palabra, para todas las cosas cuantas
hay, sea la causa de su conservación, antes que adm itir
que, penetrando y girando alrededor en los lugares en los
que no es ni bello ni decoroso, ella m ism a se ocupe de las
cosas que atañen a la tierra. Esto, en verdad, es decir, el
atender a todo y a cualquier trabajo, no corresponde ni si-

11. Cf. Aristóteles, D e cáelo, B, 12,292 b 18ss.; M etaph., Λ, 6-7.


12. Cf. A ristóteles, M etaph., Γ, 5, 1010 a 26-30.
13. Algunos estudiosos ha querido ver en este paso una contra-
dicción con lo dicho más arriba (397 b 19) donde se distinguía cía-
lam ente entre ουσία (ousía) de Dios y la δύναμ ις (dim am is) que se
deriva de ella.

79
Sobre el mundo

τιά ς ά ρ χο ν τι ή π ό λεω ς ή οίκου, [καί] εί χρ εώ ν


σ τρω μ α τόδεσ μ ον εί'η δή σ α ι κ α ί εϊ τι φ αυλότε-
ρον ά ποτελεΐν έργον, δ κ α ν τό τυ χ ό ν ά ν δ ρ ά π ο -
δον ποιήσειεν, ά λ λ ’ οίον επ ί του μεγάλου βα-
σιλέως ιστορείται. Τ ό [γάρ] Κ αμβΰσ ου Ξ έρξου
τε κ α ί Δ αρ είου π ρ ό σ χη μ α εις σ εμνότητος κ α ί
υ π ερ ο χ ή ς ύ ψ ο ς μ εγα λ ο π ρ επ ώ ς διεκ εκ όσ μ η το‫־‬
α υ τό ς μέν γά ρ , ώ ς λόγος, ιδρ υτο εν Σ ούσ οις
ή Έ κ β α τά ν ο ις , π α ν τ ί α ό ρ α το ς, θ α υ μ α σ τό ν
έπ έχω ν βασίλειον οίκ ον κ α ί περ ίβ ο λο ν χρυσω
κ α ί ήλέκτρω κ α ί έλέφ α ντι ά σ τρ ά π τοντα · πυ-
λώ νες δε πολλοί κ α ί συνεχείς π ρ ό θ υ ρ ά τε
σ υχνοΐς είργόμ ενα σ τα δίο ις ά π ’ άλλήλω ν θ ύ -
ρ α ις τε χα λ κ α ΐς κ α ί τείχεσ ι μεγάλοις ώ χύρω το·
έξω δε το ύ τω ν ά ν δ ρ ες οί π ρ ώ το ι κ α ί δοκιμώ
τα το ι διεκεκόσμ ηντο, οί μέν ά μ φ ’ α υ τό ν τον
βασιλέα δ ο ρ υ φ ό ρ ο ι τε κ α ί θ ερ ά π ο ν τες, οί δέ
έκάστου περ ιβόλου φ ύλα κ ες, π υ λ ω ρ ο ί τε κ α ί
ώ τα κ ο υ σ τα ί λεγόμενοι, ώ ς ά ν ό βασιλεύς αύ-
τός, δεσ πότη ς κ α ί θ ε ό ς ονομ αζόμενος, π ά ν-
τα μέν βλέποι, π ά ν τ α δέ ά κ ούοι. Χ ω ρ ίς δέ
το ύ τω ν ά λλοι κ α θεισ τή κ εσ α ν π ρ ο σ ό δ ω ν τα-
μίαι κ α ί σ τρ α τη γοί πολέμ ω ν κ α ί κυνη γεσ ίω ν
δώ ρ ω ν τε ά π ο δ εκ τή ρ ες τω ν τε λο ιπ ώ ν έργω ν
έκα στοι κ α τά τ ά ς χ ρ εία ς έπιμεληταί. Τ η ν δέ
σ ύ μ π α σ α ν ά ρ χή ν τή ς ,Α σ ίας, περ α το υ μ ένη ν
Έ λ λ η σ π ό ν τω μέν εκ τω ν π ρ ο ς εσ π έρ α ν μερώ ν, 145

14. Cf. Platón, Theaet., 175 e.


15. La referencia al Gran Rey como aquel que posee en sí la máxi-
m a potencia es algo ya frecuente en Platón. Cf. Platón, Lys., 209 d;
Gorg., 524 e; ib id , 470 e; M en., 78 d; Euthyd., 274 a; Resp., VIII,
553 c; Leg., III, 685 c. La com paración entre Dios y el Gran Rey sir-
ve al autor de este tratado para ilustrar plásticamente lo que ya había
dicho conceptualmente: Dios regenta el mundo sin mezclarse con él y

80
Versión en español

quiera a aquellos que gobiernan a los hom bres, como, por


ejemplo, al que m anda un ejército o una ciudad o una casa,
cualquiera que sea la necesidad, sujetar un saco de viaje14
o hacer un trabajo aún m ás hum ilde, que podría hacer un
hom bre cualquiera; pero a Dios sí corresponde m ejor lo
que se cuenta del Gran R ey15. En efecto el aparato exte-
rior de Cam bises, de Jerjes y de Darío estaba organiza-
do espléndidam ente de acuerdo a lo elevado del decoro y
de la dignidad del soberano. El rey en persona, com o se
dice, residía en Susa o en Ecbatana, invisible16 a todos,
ocupando un m aravilloso palacio real con un recinto, todo
bañado de oro, de ám bar o de marfil. Num erosos vestí-
bulos contiguos y pórticos distanciados entre ellos por un
espacio de num erosos estadios estaban fortificados por
puertas de bronce y de grandes muros. Fuera de allí, los
hom bres m ás im portantes y m ás ilustres estaban dispues-
tos en orden jerárquico, unos a lado de la persona del rey,
otros con funciones de guardia de cada recinto, llam ados
custodios de las puertas y oyentes, de m anera que el rey
m ism o, llam ado soberano y D ios, pudiese verlo todo y oír-
lo todo. Adem ás de estos, otros estaban propuestos como
adm inistradores de las entradas o como com andantes de
las guerras y de las batidas de caza o com o recaudadores
de tributos o com o procuradores, cada uno según la nece-
sidad, de todas las demás actividades. Todo el im perio de
Asia, pues, que lim ita con el H elesponto por occidente,
con el Indo por oriente, estaba repartido, según las razas,
entre gobernantes, sátrapas y príncipes, todos som etidos al

sin tom ar parte de forma directa en sus cosas. Resulta digno de men-
ción recordar que también Filón de A lejandría em plea la m ism a com-
paración en Decálogo, 61, 177ss.
16. El térm ino «invisible» (α όρ α τος) adelanta un tem a que se
desarrollará más adelante (399 a 3 lss).

81
Sobre el mundo

Ί ν δ ώ δέ έκ τω ν π ρ ό ς έω, διειλήφ εσ αν κ α τά
έθνη σ τρ α τη γο ί κ α ί σ α τρ ά π α ι κ α ί βασιλείς,
δο ύ λ ο ι τοϋ μεγάλου βασιλέω ς, ή μερ οδρ όμ οι
τε κ α ί σ κ ο π ο ί κ α ί α γ γ ελ ιο φ ό ρ ο ι φ ρ υ κ τω ρ ιώ ν
τε έπ ο π τή ρ ες. Τ ο σ ο ΰ το ς δέ ήν ό κόσμος, κ α ί
μάλιστα τω ν φ ρυκ τω ρ [ι]ώ ν, κ α τά δ ια δ ο χ ά ς
π υ ρ σ ευ ό ντω ν άλλήλοις έκ π ερ ά τω ν τή ς α ρ χή ς
μέχρι Σ οΰσ ω ν κ α ί Έ κ β α τά ν ω ν , ώ στε το ν βα-
σιλέα γινώ σ κειν α υ θ η μ ερ ό ν π ά ν τ α τά εν τή
398b ,Α σ ία κ α ινο υ ρ γο ΰ μ ενα . Ν ομιστέον δή τη ν του
μεγάλου βασιλέω ς υ π ερ ο χ ή ν π ρ ό ς τή ν τοϋ το ν
κόσ μον έπ έχο ντο ς θ εο ϋ το σ ο ΰ το ν κ α τα δεεσ -
τέρ α ν όσον τή ς εκείνου τή ν τοϋ φ α υ λ ο τά το υ
τε κ α ί ά σ θενεσ τά το υ ζ φ ο υ , ώ στε, εϊπερ άσεμ-
νο ν ήν α υ τό ν α ύ τω δοκ εΐν Ξ έρξην α ύτο υρ γεΐν
ά π α ν τ α κ α ί έπιτελεΐν ά βοΰλοιτο κ α ί έφισ-
τά μ ενο ν [έκασ ταχοϋ] διοικεΐν, πολύ μάλλον
α π ρ επ ές α ν ειη θεω . Σ εμ νότερον δέ κ α ί πρε-
π ω δέσ τερ ο ν α υ τό ν μέν επ ί τή ς ά νω τά τω χώ
ρ α ς ίδ ρ ϋ σ θ α ί, τή ν δέ δύνα μ ιν διά τοϋ σύμ-
π α ν τ ό ς κόσμου δ ιή κ ο υ σ α ν ήλιον τε κινεΐν καί
σελήνην κ α ί το ν π ά ν τ α ο υ ρ α νό ν π ερ ιά γειν
α ίτιόν τε γίν εσ θ α ι το ΐς επ ί τή ς γή ς σω τηρίας.
Ο ύ δ έν γά ρ έπιτεχνή σ εω ς δει κ α ί υπ η ρ εσ ία ς
τής π α ρ ’ έτέρω ν, ώ σ περ τοΐς π α ρ ’ ήμΐν ά ρ χου-
σι τής π ο λ υ χ ειρ ία ς δ ιά τήν α σ θ έν εια ν , αλλά
το ΰ το ή ν τό θ ειό τα το ν , τό μετά ρα σ τώ νης
κ α ί α π λ ή ς κ ινή σ εω ς π α ν τ ο δ α π ά ς ά ποτελεΐν
Ιδέας, ώ σ περ άμέλει δρώ σιν οί μ εχα νοτέχνα ι,
διά μιας ο ρ γά νου σ χα σ τη ρ ία ς π ο λλά ς κ α ί ποι-
κ ίλ α ς ένεργεία ς ά π ο τελο ϋντες. 'Ο μ ο ίω ς δέ κ α ί
οί νευ ρ ο σ π ά σ τα ι μίαν μή ρ ινθον έπισ πασ ά μ ε-
ν ο ι π ο ιο ΰ σ ι κ α ί α υ χ έν α κ ινεΐσ θ α ι κ α ί χεΐρα

82
Versión en español

Gran Rey, y, después había correos, guardas, m ensajeros,


observadores de señales luminosas. Así de perfecto era el
orden, y sobretodo el orden de las antorchas de señales
luminosas, que transm itían señales lum inosas del uno al
otro confín del im perio hasta Susa y Ecbatana, de m anera
que el Rey conocía el m ism o día todo lo que acaecía de
nuevo en Asia.
De este m odo, es necesario creer que la superioridad 398b
del G ran Rey respecto a la de Dios que reina el cosm os sea
tan inferior cuanto lo es la condición del ser vivo más hu-
m ilde y más débil respecto a la condición del G ran Rey; de
este m odo, si no es conveniente pensar que Jeqes m ism o
se ocupase de todas las actividades, ejecutase los propios
quereres y presidiese la adm inistración en todas partes,
m ucho m enos digno sería pensarlo de Dios. M ás digno y
conveniente es que D ios resida en la región más alta y que
adm inistre su potencia, difundiéndose por todo el univer-
so, m ueva el sol y la luna, haga rotar todo el cielo y sea la
causa de la conservación de todas las cosas que están en
la tierra.
Dios, sin embargo, no tiene necesidad de la interven-
ción y la ayuda de otros, com o sucede con los que m andan
aquí en la tierra, que tienen necesidad de m uchas m anos
por culpa de su debilidad; sino que lo que es m ás carac-
terístico de la divinidad es m ás bien esto: la capacidad de
realizar form as17 de todo género con facilidad y con un
m ovim iento sim ple, como, por ejem plo, hacen los inge-
nieros, los cuales, con un solo instrum ento, com ponen va-
rías y m últiples operaciones. Sim ilarm ente los titiriteros,
tirando de una sola cuerda, hacen m over el cuello y las

17. En este lugar la palabra ιδέα (idea) equivalente a μορφή


(morfé), está utilizada en sentido genérico y no técnico, como alguien
podría pensar.

83
Sobre el mundo

τοϋ ζ φ ο υ κ α ί ώ μον κ α ί ο φ θ α λ μ ό ν , έστι δέ δτε


π ά ν τ α τά μέρη, μετά τίνο ς εύρ υθμ ία ς.
Ο ύ τω ς ούν κ α ί ή θ εία φ ύσ ις ά π ό τίνος
α π λ ή ς κινήσεω ς του π ρ ώ του τη ν δΰνα μ ιν εις τά
συνεχή δίδω σ ι κ α ί ά π ’ εκείνω ν π ά λ ιν εις τά πο-
ρρω τέρω , μέχρις ά ν διά τοϋ π α ντό ς διεξέλθη·
κ ινη θέν γά ρ έτερον ύ φ ’ ετέρου κ α ί α υτό πά-
λιν έκίνησεν άλλο σ ύν κόσ μφ , δρ ώ ντω ν μεν
π ά ντω ν ο ικ ε ίο ς τα ΐς σ φ ετέρα ις κα τα σ κευα ΐς,
ου τής α υτή ς δέ όδοϋ π ά σ ιν ούσης, ά λλά δια-
φ όρου καί έτεροίας, έστι δέ οίς κ α ί εναντίας,
καίτοι τής π ρ ώ τη ς οίον ένδόσεω ς εις κίνησιν
μιας γενομένης·
ώ σ περ ά ν εϊ τις εξ ά γγ ο υ ς όμοϋ ρίψ ειε
σ φ α ίρ α ν κ α ί κ ύβ ον κ α ί κώ νον κ α ί κ ύ λινδρ ο ν
- έκαστον γά ρ α υ τώ ν κ α τά τό ίδιον κινηθήσε-
τα ι σχήμα‫ ״‬ή εϊ τις όμοϋ ζώ ο ν ένυ δ ρ ό ν τε κ α ί
χερ σ α ΐον κ α ί π τη νό ν εν τοΐς κ όλποις έχω ν
έκ β ά λοι‫ ־‬δήλον γά ρ ότι τό μέν νη κ τόν άλόμε-
νον εις τη ν εα υτού δ ία ιτα ν έκνήξεται, τό δέ
χερ σ α ΐον εις τά σ φ έτερα ήθη κ α ί νομ ούς διε-
ξερπύσ ει, τό δέ α έρ ιον έξα ρ θ έν έκ γής μετάρ-
σιον οίχήσ ετα ι πετά μ ενον, μιας τή ς π ρ ώ τη ς αί-
τία ς π ά σ ιν ά π ο δ ο ύ σ η ς την οίκ εία ν ευμάρειαν.
399a Ο ύ τω ς κ α ί επί κ ό σ μ ο υ ‫ ׳‬διά γά ρ ά π λ ή ς τοϋ
σ ύ μ π α ντο ς ούρ α νο ϋ π ερ ια γω γή ς ημέρα κ α ί
νυ κ τί π ερ α το υμ ένη ς ά λλοΐαι π ά ν τω ν διέξοδοι
γίνοντα ι, κ α ίτοι υ π ό μιας σ φ α ίρ α ς περιεχο-
μένω ν, τώ ν μέν θ ά ττο ν , τώ ν δέ σ χολαιότερον 189

18. Cf. Platón, Leg., I, 644 e; A ristóteles, D e mot. anim., 7, 701 b


1ss.; Degen. anim., B, 1 ,734b9ss.; B, 5,741 b9; Metaph., A, 2 .9 8 3 a 14.
19. Este texto deja claro que la acción de Dios en el cosmos no
es creadora sino cinética. Este principio está bien expresado en la
Física de Aristóteles: om ne quod m ouetur ab alio m ouetur. Dios no

84
Versión en español

m anos de su m uñeco anim ado, su hom bro, sus ojos y tam-


bién todos los m iem bros, con una cierta eurritm ia18.
Así la divina naturaleza, m ediante un m ovim iento sim-
pie desde el prim er cielo, alarga su potencia a las cosas
que vienen inm ediatam ente después de este, y de aque-
lias a las que están sucesivam ente m ás alejadas, hasta pe-
netrar a través de la totalidad de las cosas: de ahí que cada
cosa, al estar vecina una de otra, a su vez m ueve a otra
con orden19, cum pliendo todas las cosas de la m anera que
es conveniente a su constitución, no siguiendo todas un
cam ino idéntico, sino diferente y de otra especie, y, en al-
gunos casos, contrarios, aunque la intención prim era, por
así decirlo, que produjo el m ovim iento, era única.
De igual m anera, si uno arrojara fuera de un recipiente
a la vez, una esfera, un cubo, un cono o un cilindro: así, en
todo caso, cada uno de estos cuerpos se m overían según su
propia figura; o, es como, si uno, teniendo cogidos en los
brazos un anim al acuático, un anim al terrestre y uno vola-
dor, los dejase andar a la vez: es evidente que, en tal caso,
el anim al hecho para nadar, abalanzándose en el elem ento
que es su medio, se pondrá a nadar; el anim al terrestre co-
rrerá a su guarida y a sus pastos; y el volador, después de
haberse elevado de la tierra, se m antendrá en alto y volará,
y esto habiendo sido una sola la causa prim era que dio a
todos la propia libertad de m ovim iento20.
A sí es tam bién para el cosmos. M ediante un m ovim ien- 399a
to sim ple de rotación de todo el cielo, que se com pleta
en un día y una noche21, se producen los distintos recorrí-

produce ex nihilo, sim plem ente m ueve las cosas existentes y con este
movim iento las ordena.
20. Cf. Platón, Tim., 52e-53a.
21. Cf. Aristóteles, D e cáelo, B, 8, 289 b 34ss. ibid., B, 10, 391 a
34-b 10.

85
Sobre el mundo

κ ινουμένω ν π α ρ ά τε τά τω ν δια σ τη μ ά τω ν μή-


κη κ α ί τά ς ιδία ς έκ ά σ τω ν κ α τα σ κευά ς. Σελή-
νη μέν γά ρ εν μηνί το ν έαυτής δια περ α ίνε-
τα ι κ ύκλον α ύξομένη τε κ α ί μειουμένη καί
φ θ ίνο υ σ α , ήλιος δέ εν ένια υτω κ α ί οί τούτου
ίσ όδρομοι, δ τε Φ ώ σ φ ο ρ ο ς κ α ί ό Έ ρ μ ο υ λε-
γόμ ενος, ό δέ Π υρόεις έν διπλα σ ίονι το ύτω ν
χ ρ ό νφ , ό δέ Δ ιός έν έξα πλα σ ίονι τούτου, κ α ί
τελευτα ίος ό Κ ρόνου λεγόμ ενος έν διπλα σ ίονι
κ α ί ήμίσει τού υπ ο κ ά τω .

Μ ία δέ εκ π ά ντω ν α ρ μ ονία σ υ να δόντω ν


κ α ί χορ ευ ό ντω ν κ α τά το ν ο υ ρ α νό ν εξ ενός τε
γίνετα ι κ α ί εις εν α πολή γει, κόσμον έτύμω ς τό
σ ύ μ π α ν ά λλ’ ούκ ά κ οσ μ ία ν όνομ άσ ασ α. Κ α-
θ ά π ε ρ δέ έν χορω κ ο ρ υ φ α ίο υ κ α τά ρ ξα ν το ς
σ υνεπη χεΐ π α ς ό χ ο ρ ό ς ά νδρ ώ ν, εσ ύ ’ ότε κ α ί
γυ ν α ικ ώ ν, έν δ ια φ ό ρ ο ις φ ω ν α ις ό ξυ τέρ α ις καί
β α ρυτέρ α ις μίαν ά ρ μ ο νία ν εμμελή κεραννύν-
τω ν, ούτω ς έχει κ α ί επ ί τού τό σ ύ μ π α ν διέπ ον-
τος θ ε ο ύ ‫ ־‬κ α τά γά ρ τό ά ν ω θ εν ένδόσιμον υπό
τού φ ερ ω νύμ ω ς αν κ ο ρ υ φ α ίο υ π ρ οσ αγορευ-
θ έντο ς κινείτα ι μέν τ ά ά σ τρ α άεί κ α ί ό σύμ-
π α ς ο υρ α νός, π ο ρ εύ ετα ι δέ διττά ς π ο ρ εία ς ό
π α μ φ α ή ς ήλιος, τή μέν ημέραν κ α ί ν ύ κ τα διο-
ρ ιζώ ν ά νατολή κ α ί δύσει, τή δέ τά ς τέσ σ α ρας 23

22. Aquí nuestro autor retom a el tem a de la armonía que trató en


el capítulo 5 tratándolo teológicam ente. El cosmos nace de la multi-
plicidad de las cosas y su variedad dependen de un έξ ενός y tienden
a un εις εν.
23. Cf. Platón, Tim.. 40 c; Phaedr., 247 a; E pin., 982 e. También
A ristóteles, D ephilos., Fr. 12 b Ross.

86
Versión en español

dos de todos los cuerpos celestes, los cuales, aunque están


englobados en una sola esfera, se m ueven unos m ás ve-
loces, otros m ás lentam ente según la largura de sus dis-
ta n d a s y la constitución que le es propia a cada uno. La
luna, en efecto, com pleta su ciclo en un m es, creciendo,
decreciendo y desapareciendo; el sol com pleta su ciclo en
un año, y así tam bién los demás astros que tienen la m ism a
velocidad, es decir, Fósforo o Flermes; Pirético comple-
ta su ciclo en un tiem po doble que éstos; el planeta Zeus
en un tiem po seis veces m ayor que este; y, finalmente, el
planeta, llamado Cronos, com pleta su ciclo en un tiem po
dos veces y m edio superior a aquel del planeta que viene
inm ediatam ente por debajo.
La arm onía única22, que surge de todos los cuerpos que
en conjunto producen arm oniosos conjuntos y entrelazan
danzas por el cielo23, deriva de un solo principio y tiende a
un solo fin24, y por ello se le fia dado, y con propiedad de
significado, el nom bre de «cosm os», es decir, orden y no
desorden25. Y com o en un coro, cuando el corifeo entona
el canto, lo sigue todo el coro de hom bres y algunas veces
de m ujeres, que, fundiendo las distintas voces agudas y
graves, producen una sola y bien proporcionada arm onía,
así sucede tam bién a propósito de Dios que cuida el uni-
verso26. Así, a la señal dada desde lo alto, por aquel que
se podría llam ar propiam ente corifeo, se m ueven los as-
tros eternam ente y todo cuanto hay en el cielo, el sol, que
ilum ina todas las cosas, com pleta sus dos viajes, determ i-
nando, con uno, el día y la noche, es decir, con su surgir y

24. Con la expresión «deriva de un solo principio y tiende a un so-


lo fin», se indica claramente a Dios como causa eficiente y causa final.
25. Aquí hay una cita casi literal de Platón, Gorgias, 508 a. Cf.
también Aristóteles, D ep h ilo s., fr. 17 Ross.
26. Se retom a aquí en clave teológica el tem a de la armonía de los
contrarios que apareció en el capítulo 5.

87
Sobre el mundo

ώ ρ α ς ά γω ν τού έτους, π ρ ό σ ω τε βόρειος καί


όπίσ ω νό τιο ς διεξέρ πω ν. Γ ίνο ντα ι δέ ύετοί
κ α τά κ α ιρ ό ν κ α ί ά νεμ οι κ α ί δρόσ οι τά τε π ά θ η
τά έν τώ π ερ ιέχο ντι σ υμ β α ίνοντα διά τη ν πρ ώ
την κ α ί ά ρ χέγο νο ν αιτίαν. Έ π ο ν τ α ι δέ τούτοις
π ο τα μ ώ ν έκροαί, θα λά σ σ η ς άνοιδήσ εις, δέν-
δρ ω ν έκφύσεις, κ α ρ π ώ ν πεπά νσ εις, γο ν α ί ζ φ
ων, έκ τρ ο φ α ί τε π ά ν τω ν κ α ί ά κ μ α ί κ α ί φ θίσ εις,
συμβαλλόμενης π ρ ο ς τα ϋ τ α κ α ί τή ς έκαστου
κ α τα σ κευή ς, ώ ς έφην.
"Ο τα ν ούν ό π ά ν τω ν ήγεμώ ν τε κα ί γενέτω ρ,
α ό ρ α το ς ώ ν άλλω πλή ν λογισμώ, σημήνη πάση
φύσει μεταξύ ο υ ρ α νού τε κ α ί γή ς φερομένη,
κινείτα ι π ά σ α ενδελεχώ ς έν κύκλοις κ α ί πέρ α -
σιν ίδίοις, π ο τέ μέν ά φ α νιζομ ένη , ποτέ δέ φ αι-
νομένη, μυρίας ιδέα ς άναφαίλ‫׳‬ουσ ά τε κ α ί πά -
λιν ά π ο κ ρ ύ π το υ σ α εκ μιας αρχής.
399b Έ ο ικ ε δέ κομιδή τό δρώ μενον τοΐς έν πο-
λέμου κ α ιρ οΐς μάλιστα γινομένοις, έπ ειδά ν ή
σ ά λπ ιγξ σημήνη τώ σ τρ α το π έδ ώ ‫ ־‬τότε γά ρ τής
φ ω νή ς έκαστος ά κ ο ύ σ α ς ό μέν ά σ π ίδ α άναι-
ρειται, ό δέ θ ώ ρ α κ α ένδύεται, ό δέ κ νη μ ΐδα ς ή
κ ρ ά ν ο ς ή ζω σ τήρα π ερ ιτίθ ετα ι‫ ־‬κ α ί ό μέν ίπ π ο ν
χαλινοί, ό δέ σ υνω ρ ίδα άναβαίνει, ό δέ σύν-
θ η μ α π α ρ ε γ γ υ ά ‫ ־‬κ α θ ίσ τα τα ι δέ ευθ έω ς ό μέν
λο χα γό ς εις λόχον, ό δέ τα ξία ρ χο ς εις τά ξιν, ό
δέ ίπ π εύ ς επ ί κέρας, ό δέ ψ ιλός εις την ιδίαν
έκτρέχει χ ώ ρ α ν π ά ν τ α δέ ύ φ ’ ένα σ ημ άντορα
δονεΐτα ι κ α τά π ρ ο σ τά ξιν τού τό κ ρ ά το ς έχον-
τος ήγεμόνος. 278

27. Cf. A ristóteles, D e p h ilo s., fr. 12 b y ir. 13 Ross.


28. Para esta doctrina de Dios com o causa prim era puede confron-
tarse Aristóteles, Metaph., A , 2, 983 a ss; D e philos., fr. 1 2 a Ross.

88
Versión en español

tram ontar ’7, y, coa el otro, trayendo las cuatro estaciones


del año, corriendo adelante hacia el Septentrión, y después
atrás hacia el M ediodía. Y en el m om ento oportuno se pro-
ducen las lluvias, los vientos, las granizadas y los otros
fenóm enos de la región que nos rodea por obra de la causa
prim era y principal28. Y a estos fenóm enos siguen los cur-
sos de los ríos, los reflujos del mar, el crecim iento de las
plantas, la m aduración de los frutos, el nacim iento de los
anim ales, los crecim ientos de todas las cosas, el desarrollo
de su m adurez y de su corrupción, concurriendo al desa-
rrollo de estas cosas tam bién la constitución de cada una
de ellas, com o se ha dicho.
Cuando, pues, el señor y el generador de todas las co-
sas, que no nos es visible sino a la razón29, da la señal a
todos los cuerpos que se extienden entre el cielo y la tierra,
todos cuantos hay se m ueven con m ovim iento continuo en
órbitas circulares, perm aneciendo siem pre en sus propios
lím ites, ahora desapareciendo y ahora apareciendo, llevan-
do a la luz y después de nuevo escondiendo innum erables
form as, dependiendo de un único principio.
Esto se asem eja exactam ente a lo que sucede en tiem - 399b
pos de guerra, cuando la trom peta da la señal30: en ese mo-
m entó, apenas oído el sonido, uno coge el escudo, otro vis-
te la coraza, otro se pone el casco o el yelm o o el cinturón;
y, ahora, uno enrienda el caballo, otro sube al carro, otro
transm ite las palabras de la orden; el capitán pone en orden
inm ediatam ente a su compañía, el com andante de división
a su división, los jinetes a su flanco, la tropa ligera corre a
su puesto; todo se pone en m ovim iento a la única señal da-
da por orden de jefe que tiene el m ando suprem o31.

29. Cf. Platón, Phaedr., 247 c.


30. Cf. A ristóteles, D e Philos., fr. 12 Ross.
31. Cf. A ristóteles, M etaph., A , 10.

89
Sobre el mundo

Ο υτω χρή κ α ί π ερ ί του σ ύμ πα ντος φ ρ ο ν ε ΐν


υ π ό γά ρ μιας ρ ο π ή ς ότρυνομένω ν ά π ά ν τω ν γί-
νετα ι τά οικεία, κ α ί τα ύ τη ς α ορ ά του κ α ί άφ α -
νους. Ό π ε ρ ο ύδα μ ώ ς έστιν έμ πόδιον ούτε
εκείνη π ρ ο ς τό δ ρ ά ν ούτε ήμΐν π ρ ο ς τό πιστεϋ-
σ α ι‫ ־‬κ α ί γά ρ ή ψ υχή, δ ι’ ήν ζώ μέν τε κ α ί οίκους
κ α ί πόλεις εχομεν, ά ό ρ α το ς οΰσ α τοΐς έργοις
α υτή ς όράται: π α ς γά ρ ό του βίου διάκοσμ ος
υ π ό τα ύ τη ς εύρητα ι κ α ί δια τέτα κ τα ι κ α ί συνέ-
χεται, γη ς άρόσεις κ α ί φυτεύσεις, τέχνης επί-
νοιαι, χρήσεις νόμω ν, κόσμος πολιτεία ς ένδη-
μοι πρά ξεις, ύ π ερ ό ρ ιο ς πόλεμος, ειρήνη.
Τ α ΰ τα χρή κ α ί π ερ ί θ εο ύ δια νοεϊσ θα ι, δυ-
νά μει μέν όντος ίσ χυροτάτου, κάλλει δε εύπρε-
π εσ τά το υ, ζω ή δέ ά θ α ν ά το υ , άρετή δέ κρατίσ-
του, διό τι πάση θ νη τή φύσει γενόμενος ά θ εώ
ρητός ά π ’ α υ τώ ν τω ν έργω ν θεω ρείτα ι. Τ ά γά ρ
π ά ίίη , κ α ί τά δ ι’ ά έρ ο ς ά π α ν τα κ α ί τά επ ί γής
κ α ί τά εν ύ δα τι, θ εο ύ λέγοιτ’ ά ν όντω ς έργα
είνα ι τού τον κόσμον έπέχοντος· εξ ού, κ α τά
το ν φ υσ ικόν ,Ε μ π εδοκλέα ,
π ά ν θ ’ δ σ α τ ’ ή ν δ σ α τ ’ έ σ θ ’ δ σ α τ ’ έ σ τ α ι ό π ίσ σ ω ,
δ έ ν δ ρ ε ά τ ’ έ β λ ά σ τη σ ε κ α ί ά ν έ ρ ε ς ή δ έ γ υ ν α ίκ ε ς
θ ή ρ έ ς τ ’ ο ιω ν ο ί τ ε κ α ί ύ δ α τ ο θ ρ έ μ μ ο ν ε ς ιχ θ ύ ς .

Έ ο ικ ε δέ όντω ς, εί κ α ί μικρότερον π α ρ α -
βαλεΐν, τοΐς όμφ αλοΐς λεγομένοις τοΐς εν τα ΐς
ψ αλίσ ιν [λίθοις], οί μέσοι κείμενοι κ α τά τή ν εις
έκ ά τερ ον μέρος ένδεσιν εν ά ρμονία τηροΰσ ι
κ α ί εν τά ξει τό π α ν σχήμα τής ψ α λ ίδ ο ς κ α ί
άκίνητον. 32

32. Cf. Jonofonte, M em., IV, 1,14. Aristóteles, Eud., fr. 11,2 Ross.

90
Versión en español

Así hay que pensar tam bién del universo: en virtud de


una sola influencia, que es invisible y oculta, todas las co-
sas son estim uladas y cum plen las funciones que les son
propias. Esto no impide ni a aquella actuar ni a nosotros
creer en su existencia. D e hecho tam bién el alm a, m edian-
te la cual vivim os, tenem os casas y ciudades, aunque de
por sí es invisible, se la ve en sus operaciones32; todo el
orden de la vida es descubierto, organizado y m antenido
por ella: operaciones de siem bra y plantación de la tierra,
invenciones de las habilidades técnicas, usos de las leyes,
ordenam ientos de la ciudad, actividades dentro de la ciu-
dad, guerra m as allá de las fronteras, paz.
Pues bien, lo mism o hay que pensar de Dios, que en
su potencia es fortísimo, en su belleza eminentísimo, en su
vida inmortal, en su virtud fortísimo: porque aun siendo
invisible a todo ser mortal, El es sin embargo visible en sus
obras. En efecto, todos los fenóm enos que se producen en
el aire, en la tierra y en el agua se puede decir con verdad
que son obras de Dios, que socorre el cosmos. De él, por
decirlo con el filósofo naturalista Em pédocles,
d eriv an to d a s las co sas q u e fueron, son y n u e v a m e n te serán,
n ac en árb o les, h o m b res y m u je res,
fieras salv ajes y p ájaro s y p ec es q u e se n u tren del ag u a33.

Dios, verdaderam ente, se asem eja, si es lícito compa-


rarlo a cosas m odestas, a aquellas que en la construcción
de un arco se llam an claves, las cuales, estando en el punto
central donde se juntan las dos partes laterales, m antienen
en equilibrio y en orden toda la estructura de la bóveda y
la hacen perm anecer inmóvil.

33. Empédocles, fr. 21, 9-11 DK. Este fragmento está citado tam-
bién por A ristóteles, M etaph., B, 4, 1000 a 29ss.

91
Sobre el mundo

Φ α σ ί δέ κ α ί το ν ά γα λ μ α το π ο ιό ν Φ ειδία ν κα-
τα σ κ ευ ά ζο ν τα τή ν έν ά κ ρ ο π ό λ ει ,Α θ ή ν α ν έν
μέση τη τα ύ τή ς ά σ π ίδ ι τό έα υτοϋ π ρ ό σ ω π ο ν
400a έντυ π ώ σ α σ θ α ι, κ α ί σ υνδή σ α ι τω ά γά λ μ α τι διά
τίν ο ς ά φ α ν ο ΰ ς δη μ ιουρ γία ς, ώ στε έξ α νά γκ η ς, ει
τις βούλοιτο α υτό περιαιρείν, τό σ όμ πα ν ά γα λμ α
λύειν τε κ α ί συγχεΐν.
Τ ο ύ το ν οΰν έχει το ν λ όγον ό θ εό ς έν κόσμω,
σ υνέχω ν τή ν τω ν όλω ν α ρ μ ο νία ν τε κ α ί σωτη-
ρίαν, πλή ν ούτε μέσος ών, έ ν θ α ή γή τε κ α ί ό
θ ο λ ερ ό ς τό π ο ς ούτος, ά λ λ ’ ά νω κ α θ α ρ ό ς έν
κ α θ α ρ ω χώ ρ ω βεβηκώ ς, δ ν έτύμ ω ς κα λοΰμ εν
ο υ ρ α ν ό ν μεν α π ό τού δρ ο ν είνα ι το ν άνω ,
,Ό λ υ μ π ο ν δέ οιον όλολα μπή τε κ α ί π α ν τ ό ς ζό-
φ ου κ α ί ά τά κ το υ κ ινή μ α τος κεχω ρισμένον, οία
γίν ετα ι π α ρ ’ ήμιν διά χειμ ώ νος κ α ί α νέμ ω ν βίας,
ώ σπερ έφη κ α ί ό π οιη τή ς
Ο ΰ λ υ μ π ό ν δ ’, δ θ ι φ α σ ί θ εώ ν έδ ο ς ά σ φ α λ ές αίεί
έμ μ ενα ε ο ΰ τ ’ ά νέμ οισ ι τινά σσετα ι ούτε π ο τ ’ όμβρω
δεύεται, ούτε χιώ ν έπ ιπ ίλνα τα ι, ά λ λα μ ά λ’ αιθρη
π έπ τα τα ι α ν έφ ελ ο ς, λευκή δ ’ έπ ιδ έδ ρ ο μ εν αίγλη.

σ υνεπιμ α ρ τυρ εϊ δέ κ α ί ό βίος ά π α ς, τήν άνω


χ ώ ρ α ν ά π ο δ ο ΰ ς θεω : κ α ί γά ρ π ά ντες ά ν θ ρ ω π ο ι
ά να τείνομ εν τά ς χ εΐρ α ς εις το ν ο υ ρ α νό ν εύχά ς
ποιούμενοι. Κ α θ ’ δ ν λόγον ου κ α κ ώ ς κάκεΐνο
ά να π εφ ώ νη τα ι
Ζ ε υ ς δ ’ έ λ α χ ’ ο υ ρ α ν ό ν ε ύ ρ ύ ν έν α ίθ έ ρ ι καί νε-
φ έλησι. 345

34. La palabra «cielo» (ούρ α νός) se hace derivar de la palabra


griega «lím ite» (όρος), paranom asia irreproducible en la traducción.
35. A quí tam bién tenemos una paranom asia irreproducible entre
las palabras griegas «O lim po» y «todo luz» (hololam pe). Llamar al
cielo O lim po probablem ente pertenezca al antiguo pitagorism o.

92
Versión en español

También dicen que el escultor Fidias, cuando construyó


en la Acrópolis la estatua de A tenea, había esculpido su
propia cara en el escudo de la diosa y que había unido este
a la estatua m ediante una técnica invisible, de tal m anera 400a
que, si uno hubiese querido cogerlo, necesariam ente ha-
bría tenido que deshacer toda la estatua y demolerla.
Así pues, Dios tiene esta m ism a función en el m undo,
en cuanto que m antiene la arm onía y la conservación de
todas las cosas, excepto que él no está en el centro, donde
está la tierra, este lugar impuro, sino que está en lo alto, lo
puro en un lugar puro, que nosotros llam am os con propie-
dad cielo, por el hecho de que constituye el lím ite supre-
m o34, y tam bién Olimpo, porque es todo luz35, totalm ente
separado de cualquier oscuridad y de m ovim iento desor-
denado, com o los que se producen aquí entre nosotros por
causa de las tem pestades y de la violencia de los vientos;
com o tam bién dice el Poeta:
E n ei O lim p o , al abrigo
de se m p ite rn o s d io se s sed e tran q u ila,
q u e n i los v ie n to s co n m u ev e n , ni b a ñ a
la llu v ia ja m á s , ni ja m á s la n iev e cubre,
sino u n seren o p u ro se e x p a n d e so b re él
n o o fen d id o p o r nu b e alg u n a, y u n a v iv a
lu z b la n c a lo circ u n d a36.

Prueba de esto es toda vida, que concordem ente atribu-


ye a Dios la región superior; pues todos nosotros hom bres,
cuando rezam os, levantam os las manos al cielo37. Por este
m otivo tam bién se afirmó justam ente:
A Z e u s le to c ó en su e rte el v asto cielo en tre el é te r y
las n u b e s38.

36. Homero, Ocí, VI, 42-45.


37. Cf. supra, 76, nota 1.
38. H o m ero ,//.,X V , 192.

93
Sobre el mundo

διό κ α ί τω ν α ισ θη τώ ν τά τιμ ιώ τα τα το ν αύ-


τον έπέχει τόπον, ά σ τρ α τε κ α ί ήλιος κ α ί σελή-
νη, μόνα τε τά ο υ ρ ά νια διά τούτο αεί τη ν αύ-
την σ ώ ζοντα τά ξιν όιακεκόσμηται, κ α ί ούποτε
άλλοιω θέντα μετεκινήθη, κ α θ ά π ερ τά επ ί γης
εύτρ επ τα όντα πολλά ς ετεροιώ σεις κ α ί π ά θ η
ά να δ έδ εκ τα ι‫ ־‬σεισμοί τε γά ρ ήδη βίαιοι πολλά
μέρη τής γης άνέρρηξαν, όμβροι τε κατέκλυ-
σαν εξαίσιοι κα τα ρ ρα γέντες, έπιδρ ομ α ί τε κυ-
μάτω ν κ α ί α να χω ρή σ εις πολλά κις καί η πείρους
έθ α λά ττω σ α ν κ α ί θ ά λ α τ τα ς ήπείρω σαν, β ιαί τε
πνευμ ά τω ν κ α ί τυ φ ώ ν ω ν έ'στιν ότε πόλεις όλας
ά νέτρεψ αν, π υ ρ κ α ϊα ί τε καί φλόγες αί μέν έξ
ουρ α νού γενόμεναι πρότερον, ώ σπερ φασίν,
επί Φ α έθ ο ντο ς τά π ρ ο ς έω μέρη κατέφλεξαν,
α ί δε π ρ ο ς εσ πέραν έκ γης ά να β λύσ ασ α ι κ α ί εκ-
φυσήσασαι, κ α θ ά π ερ τω ν έν Α ίτνη κρατήρω ν
ά να ρ ρ α γέντω ν καί ά ν ά τη ν γη ν φερομένω ν
χειμά ρρου δίκην. ’Έ ν θ α κ α ί τό τω ν ευσεβώ ν
400b γένος έξόχω ς έτίμησε τό δ α ιμ ό ν ω ν περικατα-
λ η φ θ έντω ν γά ρ [αυτών] υ π ό τού ρεύματος διά
τό βα σ τά ζειν γέρ ο ντα ς επ ί τώ ν ώ μω ν γονείς
κ α ί σώζειν, πλησίον [αύτών] γενόμενος ό τού
π υ ρ ό ς πο τα μ ό ς έξεσχίσθη πα ρ έτρ εψ έ τε τού
φ λογμοΰ τό μέν ένθα , τό δε ένθα , κ α ί έτήρησεν
άβλαβεΐς ά μ α τοΐς γονεύσ ι το ύς νεανίσκους.
Κ α θ ό λο υ δε ό π ερ έν νη ί μέν κυβερνήτης,
έν ά ρ μ α τι δέ ή νίοχος, έν χο ρ ώ δέ κ ορ υφ α ίος,
έν π ό λει δέ νόμος, έν σ τρ α το π έ δ φ δέ ήγεμώ ν,
το ύ το θ εό ς έν κόσμω , π λή ν κ α θ ’ δσ ον το ΐς μέν
κ α μ α τη ρ ό ν τό ά ρ χειν π ο λ υ κ ίνη τό ν τε κ α ί πο-
λυμέριμνον, τώ δέ ά λ υ π ο ν ά π ο ν ό ν τε κ α ί πά-
σης κεχω ρισ μένον σ ω μ ατική ς ασθένειας·

94
Versión en español

También por esto los m ás nobles de los cuerpos sen-


sibles, es decir, las estrellas, el sol y la luna, ocupan este
m ism o lugar, y por esto los cuerpos celestes están organi-
zados de m anera que m antienen siempre el m ism o orden, y
jam ás se alteran cam biando su curso, como, sin embargo,
hacen las cosas que están en la tierra, que, al ser fácilm ente
m utables, están sujetas a m uchas alteraciones y afecciones.
Pues violentos terrem otos ya han partido m uchas partes
de la tierra, la caída de lluvias violentas la han inundado,
la invasión de olas y sus retiradas, con frecuencia, han
transform ado continentes en m ares y mares en continen-
tes; la violencia de los vientos y los ciclones ha destrozado
ciudades enteras; fuegos y llamas han quem ado la tierra:
unos, cayendo del cielo como dicen que ocurrió en tiempos
de Fetonte, quem aron las regiones en Oriente, los otros,
brotando y erupcionando en la tierra, las regiones de Oc-
cidente, com o cuando se abrieron los cráteres del Etna e
hicieron surgir sobre la tierra una especie de torrentes. Y 400b
fue en aquella ocasión cuando la Divinidad rindió honores
particulares a la estirpe de los piadosos: arrinconados por
todos lados por la colum nas de lava, por haber decidido
llevar a la espalda a los viejos padres y salvarlos, cuando el
río de fuego cayó encim a de ellos, se dividió en dos y des-
vió una parte de las llamas de un lado y otra de otro, y dejó
incólumes a los jóvenes junto con sus padres.
En general, lo que el tim onel es a la nave, el cocinero a
la cocina, el corifeo al coro, la ley a la ciudad, el general al
ejército, lo es D ios en el cosmos: aunque, para aquellos el
m andar es algo fatigoso, que conlleva m ucho m ovim iento
y m uchas preocupaciones, m ientras que para Dios no im-
plica afán ni fatiga, y está com pletam ente separado39 de
cualquier debilidad corpórea.

39. En la M etafísica de A ristóteles κεχω ρισμένον es un térm ino


técnico para designar la trascendencia.

95
Sobre el mundo

έν άκινήτω γά ρ ιδρυμένος δυνάμ ει π ά ντα


κινεί κ α ί περιάγει, δπ ο υ βούλεται κ α ί όπω ς, έν
δια φ ό ρ ο ις ίδέαις τε κ α ί φύσεσιν, ώ σπερ άμέλει
κ α ί ό τής πόλεω ς νόμ ος ακίνητος ώ ν έν τα ις τω ν
χρω μένω ν ψ υ χά ις π ά ν τα οίκονομέϊ τά κ α τά την
π ο λ ιτεία ν έφ επ ό μ ενο ιγά ρ αύτω δηλονότι έξία-
σιν ά ρ χοντες μέν έπ ί τά αρχεία, θ εσ μ ο θ έτα ι δε
εις τά οικεία δικαστήρια, βουλευταί δε κ α ί έκ-
κλησιασταί εις σ υνέδρια τά προσ ήκοντα , κ α ί ό
μέν τις εις τό πρ υτα νεΐο ν β α δίζει σιτησόμενος,
ό δε π ρ ο ς το ύς δικ α σ τά ς άπολογησόμενος, ό
δέ εις τό δεσμω τήριον ά π ο θ α ν ο ύ μένος. Γίνον-
τα ι δέ κ α ί δημοίίοινία ι νόμιμοι κ α ί π α νη γύρεις
ένιαΰσιοι ‫׳‬θ εώ ν τε θ υ σ ία ι κα ί ηρώ ω ν θ ερ α π εΐα ι
κ α ί χο α ί κ εκ μ η κ ό τω ν ά λλα δέ άλλω ς ενεργού-
μένα κ α τά μίαν πρ όσ τα ξιν ή νόμιμον έξουσίαν
σώ ζει τό τού ποιή σ α ντος όντω ς ότι
π ό λ ις δ ’ ό μ ο ϋ μ έν θ υ μ ια μ ά τ ω ν γέμει,
ό μ ο ϋ δέ π α ιά ν ω ν τε κ α ί σ τενα γμ ά τω ν,

ο ύ τω ς ύ π ο λ η π τέο ν καί έπί τής μείζονος


πόλεω ς, λέγω δέ τού κόσ μου‫ ׳‬νόμος γά ρ ήμιν
ίσοκλινής ό θεό ς, ο ύ δεμ ία ν έπιδεχόμενος διόρ-
θ ω σ ιν ή μετά θεσ ιν, κρ είττω ν δέ, οίμ α ι, κ α ί
β εβ α ιότερ ος τω ν έν τα ΐς κύρβεσ ιν ά να γεγρ α μ -
μένων.
Η γ ο υ μ έ ν ο υ δέ ά κ ινή τω ς α υτού κ α ί έμμελώς
ό σ ύμ πα ς οίκονομεΐται διάκοσμος ο ΰ ρ α νού
κ α ί γής, μεμερισμένος κ α τά τά ς φύσεις π ά σ α ς 40

40. Se expresa en este punto el concepto de m otor inmóvil; acerca


de este tema, cf. A ristóteles, D e cáelo, A , 9, 279 a 28ss.; B, 6, 288 a
27ss.; D egenerat. etcorr., B, 10, 337 a 17ss.; D e mot. anim ., 6; Phys.,
<3>,passim\ Metaph., A, 6-9.

96
Versión en español

Sentándose en lo inm óvil, con su potencia lo m ueve


todo y lo hace girar40, donde y com o quiere, según for-
m as y naturalezas distintas, igual que la ley, perm anecien-
do inm óvil, en las alm as de aquellos que están sujetos a
ella, gobierna todas las cosas de la ciudad: así, siguiendo
la ley, com o se ve bien, los m agistrados van a sus cargos,
los jueces a sus tribunales, los m iem bros del Consejo y de
la A sam blea van a las sesiones a las que pertenecen, y uno
va al Pritaneo para comer, otro se presenta ante los jueces
para sostener la propia defensa, otro aún entra en la cárcel
por ser condenado a muerte. Según las leyes tam bién tie-
nen lugar los banquetes públicos, los juegos anuales, los
sacrificios a los dioses, las alabanzas a los héroes y las
libaciones por los m uertos. Las diferentes actividades, lie-
vadas de diferentes m odos según un único orden y según
una única autoridad de la ley, son cantadas eficazm ente
por los versos del poeta que dice:

la c iu d a d e n te ra e stá lle n a de h u m o d e in cien so ,


e n te ra lle n a d e ca n to s d e a le g ría y la m en tac io n es41.

A sí debem os pensar tam bién de la ciudad mayor, es de-


cir, del cosm os42. Dios, pues, es para nosotros una ley per-
fectam ente equilibrada, que no adm ite corrección alguna,
ni m udanza; m ejor aún, creo, es m ás sólida que las leyes
inscritas en tablas.
Bajo su guía inm óvil y arm ónica, todo el orden del cié-
lo y de la tierra está regulado, repartido en todas las natu-
ralezas, en base a semillas que les son propias, en plantas

41. Sófocles, O.T., 4ss.


42. Cf. A ristóteles, D e philos., fr. 13 Ross.

97
Sobre el mundo

διά τω ν οικείω ν σ περ μ ά τω ν εις τε φ υ τά κ α ί ζώ α


a κ α τά γένη τε κ α ί εϊδη· κ α ί γά ρ άμπελοι καί φοί-
νίκες κ α ί περσ έαι
σ υ κ έα ί τε γλ υ κ ερ α ί κ α ί έλα ΐαι,

ω ς φ ησιν ό ποιητής, τά τε ά κ α ρ π α μεν, άλ-


λας δε π α ρ εχό μ ενα χρ εία ς, π λ ά τα ν ο ι κ α ί πίτυες
καί πύξοι
κ λή θ ρη τ ’ α ϊγειρ ός τε κ α ί ευώ δη ς κ υπ ά ρ ισ σ ο ς,

α ϊ τε κ α ρ π ό ν ο π ώ ρ α ς ή δ ύ ν άλλ03ς δέ δυσ-
θ η σ α ύ ρ ισ το ν φ έρ ουσ α ι,
δ χ ν α ι κ α ί ρ ο ια ί κ α ί μ η λέα ι ά γ λ α ό κ α ρ π ο ι,

τώ ν τε ζώ ω ν τά τε ά γρ ια κ α ί ήμερα, τά τε εν
α έρι κα ί επ ί γης κ α ί έν ΰ δ α τι βοσκόμενα, γίνετα ι
κ α ί α κ μ ά ζει κ α ί φ θ είρ ετα ι τοΐς τοΰ θ εοΰ πειθ ό -
μένα ‫׳‬θ εσμοΐς· « π ά ν γά ρ έρ πετόν πληγή νέμε-
ται», ώ ς φησιν Η ρ ά κ λ ειτο ς. 43

43. Homero, Od., VII, 116; XI, 590.


44. Ibid., V, 64.
Versión en español

y anim ales y según los géneros y las especies de estas. Y


los viñedos, las palm eras y los m elocotoneros, 401a

las d u lces h ig u e ra s y los o liv o s43

como dice el poeta, y los árboles que no dan fruto, pero que
dan otras ventajas, plátanos, pinos y bojes
y lo s aliso s, los álam o s y lo s c ip re ses p e rfu m a d o s44,

y aquellos que en la estación otoñal producen un fruto que


es dulce, pero difícil de conservar,
p e ra le s y g ran a d o s y m a n za n ares de b ellísim o s fru to s43;

y así tam bién los anim ales, sean salvajes o dom ésticos,
que viven en el aire, en la tierra o en el agua, nacen, al-
canzan la plenitud de la vida y después m ueren, obede-
ciendo las leyes divinas. En efecto, com o dice H eráclito:
«Todo ser que trajina por la tierra está llevado por la fuer-
za de D ios»4546.

45. Ibid., VII, 115; XI, 589.


46. Heráclito, fr, 11 D-K.

99
7

Ε ις δέ ώ ν π ο λ υ ώ νυ μ ό ς έστι, κ α το νο μ α ζό -
μένος το ΐς π ά θ ε σ ι π ά σ ιν ά π ερ α υ τό ς νεοχμοΐ.

Κ α λοΰμεν γά ρ α υ τό ν κ α ί Ζ ή ν α κ α ί Δ ία,
π α ρ α λ λ ή λ ω ς χρ ώ μ ενοι το ΐς όνόμασιν, ώ ς κ α ν
εί λέγοιμεν δ ι’ δ ν ζώ μεν.
Κ ρ όνου δέ π α ΐς κ α ί χρ όνου λέγεται, διή κω ν
εξ α ίώ νο ς ά τέρ μ ονος εις έτερ ον α ιώ ν α ‫־‬

ά σ τρ α π α ΐό ς τε κ α ί βροντα ΐος κ α ί α ίθ ρ ιο ς
κ α ί α ιθ έρ ιο ς κ ερ α ύνιο ς τε κ α ί ύέτιος α π ό τω ν
ύ ετώ ν κ α ί κ ερ α υνώ ν κ α ί τώ ν άλλω ν καλείται.
Κ α ί μην έπ ικ ά ρ π ιο ς μέν α π ό τώ ν κ α ρ π ώ ν,
π ολιεύς δέ α π ό τώ ν πό λεω ν ο νομ ά ζετα ι, γε-
νέθ λ ιό ς τε κ α ί έρκεΐος κ α ί όμ όγνιος κ α ί π α -
τρ ώ ο ς α π ό τή ς π ρ ο ς τα ΰ τα κοινω νίας, έται-
ρεΐός τε κ α ί φ ίλιος κ α ί ξένιος κ α ί σ τρά τιος κ α ί
τρ ο π α ιο ϋ χ ο ς κ α θ ά ρ σ ώ ς τε κ α ί π α λ α μ να ΐο ς
κ α ί ίκέσιος κ α ί μειλίχιος, ώ σπερ οί π ο ιη τα ί λέ- 123456

1. «Aunque es uno, él tiene m uchos nombres»: cf. Esquilo, Prom .,


210; Jenofonte, Symp., VIII, 9.
2. Cf. Platón, Cráíilo, 396 a-b. N uestro autor se inspira en el cri-
terio etim ológico establecido por Platón en el Crátilo de que la lengua
es reveladora de la naturaleza de la cosa por m edio de la etimología.
3. Para el concepto que subyace en esta denom inación de Dios
puede confrontarse Aristóteles, M etaph., A, 6,1071 b 3-12; Phys., Θ ,
1,251 b lOss.
4. Cf. O rph.fr., 4 9 ,3 9 Kem .
5. Cf. Ibid., 4 9 ,3 8 Kem.
6. Cf. Teócrito, 4 ,4 3 .

100
7
[Dios, siendo uno, tiene muchos nombres]

A unque es uno, él tiene m uchos nom bres1, porque se le


nom bra a partir de todos los acontecim ientos que él m ism o
renueva.
A sí pues, lo llam am os Zeus y Dios, haciendo uso de
estos nom bres com o si dijésem os que él es aquel por el
que vivim os2.
Es llam ado hijo de Cronos, es decir, el tiem po, por
cuanto él se extiende sin térm ino de una eternidad a otra
eternidad3.
Es llamado Relam pagueante4, Tonante5 y Sereno6, Se-
ñor del éter, Fulm inante, Pluviante, respectivam ente po r la
lluvia, por el resplandor y por otros fenóm enos.
Por otra parte tam bién se le llam a Fructífero, por los
frutos que produce7; C ustodia de la ciudad, por la ciudad
que custodia; y tam bién Protector de la estirpe8, Protec-
tor de la casa9, Protector de la fam ilia10, Protector de los
antepasados11, por el hecho de que él tiene parte en todo
esto. Es llam ado Protector de la sociedad12, Protector de
la am istad13, Protector de la hospitalidad, Protector del
ejército14, Protector de los trofeos de victoria15, Purifica-

7. Se pasa ahora a una serie de epítetos en el ám bito de la esfera


social, política y moral.
8. Cf. Platón, Leg., V, 729 c; IX, 879 d.
9. Cf. Sófocles, Ant., 487; Heródoto, VI, 68.
10. Cf. Platón, Leg., V, 729 c; IX, 881 d.
11. Cf. Ibid., IX, 881 d; Platón, Euthyd., 302 d.
12. Cf. H eródoto, 1,44.
13. Cf. Platón, Phaedr., 234 e.
14. Cf. H eródoto, V, 119.
15. Cf. O rph.Jr., 251 Kem.

101
Sobre el mundo

γουσι, σω τήρ τε κ α ί ελευθέρ ιος έτύμω ς, ώ ς δέ τό


π α ν είπείν, ο υρ ά νιός τε κ α ί χ θ ό νιο ς, π ά σ η ς έπώ
νυμ ος φ ύσ εω ς ώ ν κ α ί τύχη ς, ά τε π ά ν τω ν α υτός
α ίτιος ών.

Δ ιό κ α ί έν το ΐς Ό ρ φ ικ ο ίς ου κ α κ ώ ς λέγεται
Ζ ε υ ς π ρ ώ τ ο ς γένετο , Ζ ε υ ς ύ σ τα το ς ά ρ χ ικ έ ρ α υ ν ο ς ‫׳‬
Ζ ε υ ς κ εφ α λ ή , Ζ ε υ ς μ έσ σ α , Δ ιό ς δ ’ έκ π ά ν τ α τέ-
τ υ κ τ α ι‫־‬
401b Ζ ε υ ς π υ θ μ ή ν γ α ίη ς τε κ α ί ο υ ρ α ν ο ύ ά σ τ ε ρ ό ε ν τ ο ς ‫־‬
Ζ ε ύ ς ά ρ σ η ν γένετο , Ζ ε υ ς ά μ β ρ ο το ς έπ λ ετο ν ύ μ φ η ‫׳‬
Ζ ε υ ς π ν ο ιή π ά ν τ ω ν , Ζ ε ύ ς α κ α μ ά τ ο υ π υ ρ ό ς ο ρ μ ή ‫־‬
Ζ ε ύ ς π ό ν τ ο υ ρ ίζ α , Ζ ε ύ ς ή λ ιο ς ή δ έ σ ελ ή ν η ‫׳‬
Ζ ε ύ ς βα σιλεύς, Ζ ε ύ ς ά ρ χ ό ς α π ά ν τ ω ν ά ρ χ ικ έ ρ α υ ν ο ς‫׳‬
Π ά ν τ α ς γ ά ρ κ ρ ύ ψ α ς α ύ θ ις φ ά ο ς ές π ο λ υ γ η θ έ ς
έκ κ α θ α ρ ή ς κ ρ α δ ίη ς ά ν εν έ γ κ α τ ο , μ έρ μ ερ α ρέζω ν.

οιμα ι δέ κ α ί τη ν ’Α ν ά γκ η ν ούκ άλλο τι λέ-


γεσ θ α ι π λή ν τούτον, οίονεί άνίκητον α ιτία ν δν-
τα , Ε ιμαρμένην δέ δ ιά τό εί'ρειν τε κ α ί χω ρεΐν
ά κω λύτω ς, Π επρ ω μ ένη ν δέ διά τό π επ ερ α τώ σ θ α ι
π ά ν τ α κ α ί μηδέν έν τοΐς ούσ ιν ά πειρον είναι, κ α ί
Μ οίρα ν μέν ά π ό του μεμερίσθαι, Ν έμεσιν δέ ά πό 16789203

16. Cf. Heródoto, I. 44.


17. Cf. Jenofonte, Cyr., VIII, 7 ,1 8 .
18. Cf. Sófocles, P h., 484.
19. Cf. T ucídid es,II,7 1 .
20. C f Esquilo, A g., 1386; Sófocles, Oed., Col., 1606.
21. N ótese que A ristóteles conocía el orfismo como resulta claro
de dos fragm entos recuperados de su tratado D e Philosophia.
22. C f O rph.Jr., 21 K em . Cf. Platón, L ey., IV, 715 e. Tam biénA .
Bernabé, Textos órficos y filo so fía presocrática, M adrid 2004, 174.
23. A nanke es tópico de la teogonia órfica: cf. O rph.,fi:, 54,126,
162 K em . Tam bién en Parm énides A nanke juega un papel importante

102
Versión en español

dor16, Vengador17, Protector de los suplicantes18 y Benigno,


com o dicen los poetas, y tam bién Salvador y verdadero
Libertador19: por decirlo en una sola palabra, Señor del
cielo y Señor de la tierra20, recibiendo su nom bre por todo
aquello que acaece por naturaleza y por accidente, puesto
que es él m ism o la causa de todas las cosas.
Por ello en los him nos órficos21 no de m anera im propia
se dice:
Zeus es el prim ero, Z eus del vivido fulgor y el últim o;
Zeus es la cabeza, Z eus es el m edio, todo está constituido por
Zeus;
Z eus es el fundam ento de la tierra y del estrellado cielo; 401b
Z eus es m acho, Z eus inm ortal es hem bra;
Zeus es el aliento de todas las cosas, Z eus es ím petu del in-
fatigable fuego;
Z eus es la raíz del mar, Z eus es el sol y la luna;
Z eus es rey, señor de todas las cosas, Z eus del vivido fulgor;
tras haber escondido todo de nuevo saca a la luz
por su corazón puro las lleva, cum pliendo m aravillas22.

Por otra parte, creo que cuando se habla de la Necesidad


no se entiende otra cosa que Dios, como si se quisiese decir
que él es la causa inmóvil23; Él, pues, es Fato, porque aglu-
tina y avanza sin ser obstaculizado por nada24; Fatalidad
porque todas las cosas están delimitadas y nada hay que sea
ilimitado25; M oira porque todo está dividido26; Ném esis27

en relación al ser: cf. B, 8, 30 y B, 10, 6 D-K. Por último, cf. Eurípi-


des, Troad., 886.
24. Cf. O rp h .J h , 162 Kem.
25. Cf. Esquilo, P r , 519.
26. La palabra M oira se hace derivar por paranom asia del verbo
griego m erizein: «repartir», «dividir». Cf. Orph., fr., 32 y 47 Kem .
M oira, como A nanke, está ligada al ser en Parm énides, B, 8, 37 D-K.
27. La palabra «némesis» se hace derivar po r paranom asia del
verbo griego ném ein: «dividir». Cf. Platón, Leg., IV, 717; Eurípides,
Orest., 1362: P hoen., 182.

103
Sobre el mundo

τή ς έκ ά σ τψ διανεμήσεω ς, ,Α δ ρ ά σ τεια ν δε άνα -


π ό δ ρ α σ το ν α ιτία ν ο ύσ α ν κ α τά φΰσιν, Α ίσ α ν
δε α εί ούσαν. Τ ά τε π ερ ί τά ς Μ οίρα ς κ α ί το ν
ά τρ α κ το ν εις τα ύ τό π ω ς νεύει‫ ־‬τρεις μέν γά ρ
α ί Μ οΐραι, κ α τά το ύ ς χ ρ ό νο υ ς μεμερισμέναι,
νή μ α δέ α τρ ά κ το υ τό μέν έξειργασμένον, τό
δέ μέλλον, τό δέ περ ισ τρ εφ όμ ενον‫ ־‬τέτα κ τα ι δέ
κ α τά μέν τό γεγο νό ς μία τω ν Μ οιρώ ν, "Α τρο-
πος, έπεί τ ά π α ρ ελ θ ό ν τα π ά ν τ α ά τρ επ τά έστι,
κ α τά δέ τό μέλλον Λ ά χεσ ις -[εις] π ά ν τ α γά ρ
ή κ α τά φ ύσ ιν μένει λ ή ξ ις- κ α τά δέ τό ένεστώ ς
Κ λω θώ , σ υμ περ α ίνυσ ά τε κ α ί κ λώ θ ο υ σ α
έκάστω τά οικεία. Π ερ α ίνετα ι δέ κ α ί ό μ ύθ ο ς
ούκ άτά κτω ς.
Τ α ΰ τα δέ π ά ν τ α έστίν ούκ άλλο τι πλή ν ό
θ εό ς, κ α θ ά π ε ρ κ α ί ό γεν να ίο ς Π λά τω ν φ η σ ίν
«ό μέν δή θ εό ς, ώ σπερ ό π α λ α ιό ς λόγος, ά ρ χή ν
τε κ α ί τελευτήν κ α ί μέσα τω ν όντω ν α π ά ν τω ν
έχω ν, ευ θ ε ία π ερ α ίν ει κ α τά φ ύσ ιν πορευόμε-
ν ο ς‫ ־‬τω δέ α εί ξυ ν έπ ετα ι δίκη, τω ν ά πολειπο-
μένω ν τού θ είο υ νόμ ου τιμω ρός», «ής ό γενή-
σ εσ θα ι μέλλω ν μ α κ ά ρ ιό ς τε κ α ί ευδα ίμ ω ν εξ
ά ρ χή ς ευ θ ύ ς μέτοχος εϊη».289301

28. L a palabra adrasteia se hace derivar del verbo a-didraskein:


«im posibilidad de escapar». A drasteia es tópico de la teogonia órfica:
cf. O rph.,fr., 20 (de Platón, Phaedr., 248 c d y R esp., V, 451 a), 54,
105,162 Kem.
29. La palabra «destino» (cusan) se hace derivar de «que es siem-
pre» (aei ousan). Cf. Homero, II., IX , 608.
30. Cf. Platón, R esp., X, 617 c-d, 620 d-e.
31. La palabra «Atropos» se hace derivar del verbo griego a-tre-
pein: «sin poder volver».

104
Versión en español

por el hecho de que a cada uno se le dio su parte; Adrastea28


porque es una causa de lo que no se puede escapar por na-
turaleza; y Destino29 porque existe desde siempre.
Las cosas que se dicen de las M oiras30 y del huso con-
vergen de cualquier m odo con esto. Las M oiras son tres
y son distintas según las tres partes del tiem po y del hilo
del huso que está en parte ya com pletam ente hilado, en
parte deberá ser hilado en el futuro, en parte está siendo
actualm ente hilado. U na de las M oiras tiene el dom inio del
pasado y se llam a Á tropos31, porque todo lo que ha pasado
no puede retom ar; sobre el futuro dom ina Láquesis32, por-
que todas las cosas de la naturaleza tienden a un fin; sobre
el presente dom ina Cloto33, llevando a térm ino e hilando el
destino que le com pete a cada uno. Así term ina el m ito de
m anera apropiada.
Todas estas cosas no son otra cosa que Dios, como tam-
bién dice el noble Platón: «Dios, com o afirma la doctrina
antigua34, teniendo en su m ano el principio, el fin y el m e-
dio de todos los seres, llevándolas en línea recta según la
naturaleza. De él se acom paña siem pre la Justicia35, cas-
tigadora de los que transgreden la ley divina»36. «El que
quiere llegar a estar contento y ser feliz, sea partícipe de la
justicia desde el principio»37.

32. L a palabra «Láquesis» se hace derivar del verbo griego le-


g ein : «terminar».
33. La palabra «Cloto» se hace derivar del verbo griego clozein:
«hilar».
34. «Como afirma la doctrina antigua» es fórm ula con la que se
indica la doctrina órfica: cf. Platón, Phaedr., 240 c; Phaed., 70 c;
Epist., V il, 335 a. O rph.fi:, 247, 9 Kem.
35. Cf. O rph.,fr., 23 Kem.
36. !,latón, Leg., IV, 715 e-716 a.
37. Jbid., V, 730 b.

105
M A PA D E L A O IK U M E N E
SEG Ú N SO B R E E L M U N D O

1. Irlanda 8. Mar Mediterráneo


2. Albión 9. Río Nilo
3. Meótide 10. Golfo Arábigo
4. Río Tanais 11. Golfo Pérsico
5. Mar del Ponto 12. Isla Taprobane
6. Cordillera del Cáucaso 13. Mar Eritreo
7. Mar Caspio 14. Isla Febol
EPÍLOGO

Por lo que respecta al tratado Sobre el mundo, ni la Anti-


güedad ni la Edad Media parecen haber tenido dudas de que
su autor fue Aristóteles. Solo desde el Humanismo hasta núes-
tros días se ha cuestionado la autoría del mismo por diferentes
estudiosos y desde diferentes enfoques.
Giovanni Reale volvió a poner esta cuestión sobre la mesa
en 1974 cuando presentó su edición del texto, que incluía un
estudio crítico. Desde entonces permanece abierto el debate
en tomo a la paternidad de dicho tratado. De hecho, los últi-
mos estudios sobre Aristóteles y Teoffasto han tirado por tie-
rra muchas de las teorías defendidas por quienes negaban la
autoría de Aristóteles.
El propio Reale, en colaboración con Abraham P. Bos,
ofreció en 1995 un trabajo completísimo acerca de Sobre el
mundo en la segunda edición de su citada obra. En ella aporta
un material muy valioso para el análisis de nuestro texto y
sobre la reflexión crítica que aborda la cuestión de la autoría.
En el prólogo, Reale expone los principales argumentos
que han sido esgrimidos por los estudiosos para negar que
Aristóteles sea el autor. Son los siguientes:1

1. El contenido filosófico de este tratado no se correspon-


de perfectamente con el contenido de las obras filosóficas que
con seguridad han salido de la pluma del Estagirita. Para no
pocos, Sobre el mundo presenta trazas de la tradición estoi-
ca, y en concreto del estoicismo de Posidonio. En opinión de

107
Epílogo

otros, la influencia es atribuible más bien a la tradición plato-


nica y al platonismo medio. Algunos, finalmente, consideran
que la influencia más reconocible es la de la tradición neopi-
tagórica, e incluso identifican elementos que se remontan a la
teología bíblica.
2. El estilo empleado en la composición del tratado Sobre
el mundo es totalmente diferente del usado en las obras aris-
totélicas que conocemos.
3. El modo de filosofar resulta muy diferente del que Aris-
tóteles sigue en otras obras. Así, en Sobre el mundo no preva-
lecen los argumentos, sino afirmaciones que ilustra con dife-
rentes imágenes y comparaciones.
4. Las doctrinas científicas, y de forma concreta las me-
teorológicas y geográficas, incluyen adquisiciones posterio-
res a Aristóteles.
5. En el capítulo séptimo se cita un himno órfico que se
resiente de influencias estoicas y que habría sido compuesto
en época post-aristotélica.

Estos cinco puntos representan, según mi entender, otras


tantas claves para iniciarse en el estudio de Sobre el mundo.
Conviene advertir, no obstante, que su lectura debe hacerse
sin prejuicios que vean en el texto cosas que no dice.
Pero, tal como afirmé en el prólogo, mi propósito con esta
edición no es cerrar, ni mucho menos, la cuestión principal
sobre este tratado, su autoría, sino que sirva de estímulo para
futuros trabajos en tomo a Sobre el mundo en los cuales se
lleve a cabo una profundización que ayude a conocer este im-
portante escrito de la Antigüedad.
Para colaborar en este proyecto, presento una bibliografía
elemental que puede servir de punto de arranque. Todo aquel
que precise de referencias bibliográficas más amplias y ex-
haustivas puede consultar la ya referida edición del filósofo
italiano Giovanni Reale.

108
Epílogo

Mi trabajo ha pretendido mantenerse neutral en la disputa


sobre la autoría. Me limito a ofrecer en las notas, allí donde
los hay, paralelos a nuestro tratado del pensamiento griego an-
terior (Presocráticos, Platón, Aristóteles, entre otros). De este
modo serán los propios textos quienes hablen.
Ojalá que en un futuro próximo aparezcan nuevos estu-
diosos que presten a Sobre el mundo la atención que merece
y hallen respuesta a las cuestiones que sigue suscitando.

BIBLIOGRAFÍA

1. E diciones del texto 1


Bekker, I. (ed.), Aristotelis Opera, ed. Academia Regia Borussica, Berlín
1831-1870 (ed. O. Gigon, Berlín 21960).
Lorimer, W. L., Aristotelis qui fertur libellus De mundo, París 1933.
VonWilamovitz‫ ־‬Moellendorff,U., Griechisches Lesebuch 1/2, Berlín 1902.

2. T raducciones
Capelle, W., Die Schrift von der Welt. Ein Weltbild im Umriss aus dem 1.
Jahrhundert nach Chr. Engeleiter und verdeutscht, Jena 1907.
Festugiére, A.J., La révélation d'Hermés Trismégiste II, París 1949.
Ross, W. D., The Works ofAristotle Translated into English, trad. E. S. Fors-
ter, Oxford 1931.
Strohm, H., Aristóteles. Meteorologie, Überdie Welt, Berlín 1970.
Reale, G., Aristotele. Trattato sul cosmo per Alessandro, Nápoles 1974.

3. L iteratura crítica
Bonitz, H., Index aristotélicas, Darmstadt 1955.
Bos, A. P., The Theological Conception in «De mundo» and the Relation
between This Writing and the Work o f Plato and Aristotle: Tijdschrift
voor filosofie 39 (1977) 314-330.
-Notes on Aristotles 's «De mundo» conceming the discussion o f its authen-
ticity: Philosophical Inquiry 1 (1979) 141-153.

1. Para nuestra edición del texto sigo el Thesaurus Linguae Graecae (TLG).

109
Bibliografía

-«Over de kosmos». De herontdekking van een bewaard gebleven geschrift


van Aristóteles?: Algemeen Nederlands Tijdschrift voor Wijbegeerte 85
(1993) 169-180.
-L a «Metafísica» di Aristotele alia luce del trattato «De mundo»: Rivista
de filosofía neoscolastica 85 (1993) 425-454.
Goodenough, E. R., A Neo-Pythagorean Source in Philo Judaeus: Yale
Classical Studies 3 (1932) 117-164.
Gohlke, P., Aristóteles an Alexander über das Weltall: Neue Jahrbücher fur
Wissenshhaft und Jugendbildung 12 (1936) 232-335.
Lorimer, W. L., The Text Tradition o f Pseudo-Aristotle «De mundo» toge-
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-Som e Notes on the Text o f Pseudo-Aristotle «De mundo», Oxford 1925.
Maguire, J. P., The Sources o f Pseudo-Aristotle «De mundo»: Yale Classi-
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Radice, R., La filosofía di Aristobulo e i suoi nessi con il «De mundo»
attribuito adAristotele, Milano 1994.
Schenkevcld, Language andStyle o f the Aris tote lian «De mundo» in Reía-
tion to the Question ofits Inauthenticity: Elenchos 12 (1991) 221-255.
Strohm, H., Studien zu Schrift von der Welt: Museum Helveticum 9 (1952)
137-175.
Reale, G., Introducción a Aristóteles, Barcelona 2007.
Zeller, E., Die Philosophie der Griechen in ihrer geschichtlichen Entwitc-
klunglll, 1, 5, Leipzig 1923.

110
H e rm en eia
filosofía 104

La influencia de este breve tratado Sobre el mundo


en el pensamiento filosófico y teológico de Occidente
ha sido enorme. La autoría de Aristóteles, indiscutible
en la Antigüedad y la Edad Media, sólo comenzó a
ponerse en cuestión en el Humanismo, cuando ya ha-
bía dejado su impronta.
Sobre el mundo ofrece por primera vez una vi-
sión sintética de la «realidad» cósmica en su globa-
Iidad, dando a cada cosa particular su justo sentido
en función del todo del que forma parte. Presenta,
además, la filosofía como algo divino y sobrehumano,
la eternidad del mundo, la teoría del éter como quinto
elemento, la armonía de los contrarios, el orden del
cosmos como prueba de la existencia de Dios, y otras
¡deas que han estado presentes en el pensamiento oc-
cidental hasta nuestros días.
Primera edición de este texto en español, en una
versión bilingüe que permite apreciar su excelente
griego, así como la estructura y el lenguaje claros y
esmerados.
A ristó te les (siglo IV a.C.), fue discípulo de Platón y
preceptor de Alejandro Magno. Su obra ha influido
inmensamente en la historia del pensamiento.
T om ás R o d ríg u ez H evia (Avilés, Asturias 1964), licen-
ciado en Lenguas Clásicas y profesor, ha trabajado en
diversos proyectos de traducción.

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