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CRHTR P ñ S T O $ñ Ii

DEL ILMO'. Y RVMO. SEÑOR

Doctor D. Juan Maura y Gelabert


O S h pc be O u S m / a

AL CLERO DE SU DIÓCESIS Y ALUMNOS DE SU SEMINARIO

1 . a S O B R IO K1L M o I Í K I R I N I S M ©

ó rih uéla
tírtp. tlu C onidio Payá
( / -------- XJ

Nós, Dr. D. Joan Maura y Gelabert,


por la gracia de 2 )ios y de la í/anfa í/ede yíp os-
lúlicaj Obispo de Qriluela, ele.., efe.

JL. íos Sacerdotes de nuestra d ió cesis y afumaos de nues­


tro Seminario, salud y 6endición en 3 2 . §.

VENERADLES HERMANOS Y AMADOS HIJOS:

Múltiples y gravísim os son y de incalculable tras­


cen d en cia los errores que S. S. Pió X ha co n d en a d o
solem n em en te en la E ncíclica Pascendi.
D esean do q ue con ozcá is con exactitud estos erro­
res y la m anera de rebatirlos, á fin de q ue podáis evi­
tarlos, y preservar de ellos á los fieles, em p ren d em os
h o y , con el auxilio de Dios, u na serie de Pastorales
s o b re el M odernism o.
Para con o ce r la naturaleza de estos errores, será
preciso intern arn os en el ca m p o de la Filosofía y de
la Teología; p or este m otivo, N os dirigirnos h o y ex clu ­
sivam ente á vosotros, p orq u e sem ejantes cuestiones
n o están al alcan ce de la generalidad de los fieles. V o ­
sotros podréis hacérselas en parte asequibles, despu és
q ue hayáis oid o con toda atención y estudiado deteni­
dam en te las leccion es q ue os va m os á dar en form a
de Pastorales. E m pecem os.

I.

Es el M odernism o un con ju n to de errores d iv er­


sos p or su origen y naturaleza; pues u n os tienen su
n acim iento en las altas especu laciones de la F ilosofía,
otros revisten carácter cristiano y teológico, otros se
dilatan por el ca m p o de la H istoria, de la Crítica y de
la A pologética, p rop on ién d ose lodos ellos trasform ar
en su intim o m od o de ser todos los órdenes de la v i­
da h u m an a (1).
L os errores filosóficos del m od ern ism o se reducen
á dos: el agnosticismo y la inmanencia. V am os á es­
tudiarlos separadam ente.
El agnosticismo afirm a q ue nuestra ra zón n o p er­
cibe ni co n oce m ás qu e los fen óm en os ó aparien cias
de las cosas, estando fatalm ente encerrada en el circ u -

(1) Notanduin esi, modernistarum quem libet plures age-


re personas a c veluti in se com m iscere, philosophum nim i-
ruin, credentem , theologum, hiatoricum, oriticum , ap ologe-
tam , instauratorem. Encicl. Pascendi.
lo d e estos fenóm en os, é ign ora n do lo qu e ellos rep re­
sentan, y aún si representan algo. Esta ign ora n cia es
d e todo p un to invencible; ni sabem os, ni tenem os d e ­
rech o á saber, ni sab rem os n u n ca si detrás de estos
fen óm en os se oculta alguna realidad, de m odo que
nu estro lem a es ignoramus et ignorabimus.
El a gn oslicism o d escien d e en línea recta del k a n ­
tism o. Sabido es q u e, según el filósofo de K oenisgberg,
nuestras facultades cogn oscitiva s fu n cion a n con s u je ­
ción á determ inadas form as apriorísticas, q u e están in ­
variablem ente vaciadas, p or decirlo asi, en ciertos m o l­
d es de a ntem an o preparados p or la naturaleza m ism a.
El con ocim ien to sensitivo d epen d e de las form as de la
sensibilidad en cu ya virtud los- fen óm en os sensibles
son percibidos en el tiempo y el espacio, sin q ue p o ­
d am os afirm ar q ue el espacio y el tiem po tengan r e a ­
lidad alguna fuera de n osotros ó m ás allá de nuestras
percepcion es.
El entendim iento puro tiene tam bién sus form as ó
categorías apriorísticas, á saber: cantidad, cualidad,
relación y m odalidad (1). Estas form as del entendi­
m iento n o tienen ningún valor m as q ue aplicadas á la
experien cia; n o á la exp erien cia de las cosa s en si, p o r­
que éstas n os son siem pre d escon ocid a s, sin o á la e x ­
periencia de los fenóm en os, ú n ica cosa q u e p od em os

(1) A la primera pertenocen: la unidad, la pluralidad y la


totalidad; á la segunda: la realidad, la negación y la limitación;
á la tercera: accidente y substancia, causay efecto, acción y pa­
sión-, á la cuarta: posibilidad, existencia y necesidad.
- 6 —

con ocer. De d on d e resulta q ue todos nuestros co n o c i­


m ientos están circu n scritos á los fen óm en os ó apa.
rien d a s; y q u e la P sicología, la C osm ología y la T e o ­
logía trascendentales son cien cias aparentes derivadas
de la ra zón pura (1). De suerte q u e el fu n d am ento y
base del kantism o es la afirm ación y el falso supuesto
de qu e n o p od em os de ninguna m an era con o ce r si á
los fenóm enos sensibles q u e en nuestro interior se re a ­
lizan, corresp on de un objeto real fuera de n osotros. S u ­
p on e K anl que el afirm ar la realidad objetiva de las c o ­
sas es cau sa de que el hombre gire en un circulo eler-
notde dudas y contradicciones; son palabras del p r o ­
pio K ant. Oigám osle: «T o d a disputa sob re nuestro sér
¡«pensador, y sob re su unión con el m u n d o corp ora l,
» p rovien e de q u e se llenan las lagunas de nuestra ig­
n o r a n c i a con paralogism os de la ra zón , con virtiendo
»su s pensam ien tos en cosa s q ue se su p on en existentes
»e n s í». Esto da origen «á una ciencia de im aginación,
»p u es cada cual se im agina saber algo de cosa s d é la s
»cu ales ningún h om b re tiene el m en or con cep to, ó
>convierte en ob jetos reales sus p rop ias represen tacio­
n e s , y asi se m u eve el h om b re en un circu lo eterno
»d e dudas y con tra d iccion es». (1)
P e ro ¿es qu e realm ente n uestros con ocim ien tos es­
tán lim itados á los fen óm en os? ¿E s que, en realidad
de verdad, n o p od em os averiguar c o n certeza si los

(1) Cfr. Critique de la ralson puré, trad. por F. Tiasot, Pari3


1899, tom. II. p&g. 106.
(1) Ibid, pág. 104.
fen óm en os internos son la fie! representación de o b ­
je to s situados fuera de n osotros?
Para contestar á esta pregunta con v ien e, ante to­
do, descartar de la cuestión el escepticismo absoluto,
pu es n o creem os q ue este escepticism o exista, ni q ue
pueda nadie profesarlo sinceram ente. P or lo dem ás,
al q ue de él hiciese gala, n o se le ha de contestar,
p orq u e es tiem po perdido; n o h ay sino volverle la es­
palda y pasar adelante; así lo practica la h u m an ida d ;
así lo practica el sentido com ún .
Si se tratase de un escéptico em p eñ a d o en probar
su escepticism o sistem ático, se le puedo com ba tir con
su s propias arm as; p orque, ó las razones qu e adu ce
so n valederas, ó n o lo son . Si lo prim ero n o h ay tal
escepticism o, pues la razón puede p rob ar algo; si lo
segu n do, n os en con tra m os con un ca so a gu do de e s ­
cep ticism o radical, del q ue da. buena cuenta, según
dijim os, el sentido com ún .
• H echas estas ob serva cion es vea m os si tiene soli­
d e z el fun dam ento en que descansa el sistem a k a n ­
tiano.
Es un h ech o indiscutible q u e en nosotros se veri­
fican cierta clase de fen óm en os qu e con stan te é in v a ­
riablem ente son ob jetivad os p or la ra zón . Así, v. g r .,
á las sensacion es de ver, d e oir, de tocar, etc., atribui­
m os un objeto real fuera de n osotros q u e p rod u ce
aquellas sensacion es; ob jeto q u e n osotros creemos p e r ­
c ib ir en si mismo pero ¿lo percibim os realm ente ó p e r­
c ib im o s tan só lo un fen óm en o interno, forjá n d on o s la
ilusión de p ercib ir un ob jeto exterior? K ant y todos los
— 8 —

fenom enistas afirm an esto últim o; p orq u e el y o , el sér


pen sa dor, n o puede, según ellos, ponerse en co m u n i­
ca ción co n el m u n d o corp ora l; com u n ica ción de lod o
p u n ió indispensable para saber si este m u n do existe,
y para con ocerlo, d ad o ca so q u e exista. P o r d e co n ­
tado, trop eza m os con u n a dificultad grave. Si el y o
n o p uede co n ocer el m u n d o corp ora l, y ni siquiera
sab er si existe, ¿de d ón d e 1c viene la idea de este
m u n d o ? P orq u e es un h ech o fuera de toda duda que
el y o tiene idea de un m u n d o corp ora l y sensible, lle­
n o de gran dezas y m aravillas, de en can tos y bellezas
inn u m erables. Si el y o n o ha estado n u n ca ni p uede
estar en com u n ica ción c o n este m u n do, ¿d e d ón d e
h a sa ca d o la idea q ue de él tiene? ¿P u ede, a caso, el
ciego tener idea de los colores ó el sord o de los son i­
d os? Se dirá q u e tod o esto es creación del yo\ pero
¿quién le h a sum inistrado los m ateriales? La fantasía
inventa, es verdad, infinidad de cosas: con su varilla
m ágica h a ce brotar de nuestro cerebro n u evos m u n ­
dos, y los puebla de seres fantásticos, y los engalana
co n mil y mil bellezas y prim ores; y, sin em b argo, e s ­
tos m u n d os n o existen fuera de n osotros. P ero a d ­
viértase q ue la fantasía trabaja siem pre con m ateria­
les de a ntem an o p reparados, co n m ateriales q ue ella
n o inventa, q u e ella n o crea, sin o q u e le son su m in is­
trados p o r la sensibilidad, p o r lo q u e llam am os sen ti­
d os extern os.
Y es m u y d ign o de n otarse que, m ientras en el
m u n d o de la fantasía n osotros d om in a m os co n a b s o ­
luto im perio, forja n d o á volu n tad n u ev os seres, d á n ­
— 9 —

doles vida y m ovim ien to según n os place, rod eá n d o­


les de las circunstancias adversas ó fovora bles que te­
n em os por con venien te, y situándoles en el lapso del
tiem po y en el lugar del espacio en los cuales q u ere­
m os que se desenvuelva su existencia; m ientras esto
ocu rre en el m u n d o de la fantasía sucede lod o lo c o n ­
trario en el m u n d o de los sentidos externos. A qu í
nuestra voluntad n o interviene para nada; lod o lo e n ­
con tram os aquí dispuesto y ord en a d o con una regu ­
laridad y un órden rígidos é inflexibles; aquí n o p u ed o
yo variar el órden y su cesión de los tiem pos, ni ca m ­
biar las dim en sion es del espacio, ni alterar las leyes
p or q u é se rigen los fenóm enos. En el m u n do ele la
fantasía mi voluntad es reina y señora; en el de los
sen tidos, es hum ilde, esclava, sum isa y obediente.
T en em os, pues, en n osotros dos órd en es de fen ó­
m en os totalm ente diversos. A h ora bien: ¿h ay algu n a
ra zó n para objetivar los fenóm enos de la sensibilidad
extern a? P orqu e la verdad es qu e asi sucede: á las
im presion es de los sentidos extern os creem os firm e­
m ente q ue corresp on den seres reales y efectivos fuera
de n osotros; y sa b em os positivam ente q ue los fenóm e­
n o s de la fantasía existen tan sólo dentro de n osotros,
en n uestro yo . ¿H ay, repetim os, algun a razón para
objetivar aquellos fen óm en os y no objetivar éstos?
N uestra con v icción íntim a y p rofu nda de la realidad
exterior de aquellos fen óm en os ¿tiene algún fu n d a ­
m en to? L o tiene sin duda alguna; pues los fen óm en os
q u e creem os q u e se realizan fuera de n osotros, se d e ­
sen vu elven en un m u n d o d iverso del en q u e aparecen
— 10 —

lo s fen óm en os internos, y en m u y diversas y aún c o n ­


trarias con d icion es. En prim er lugar, el ca m p o de la
exp erien cia inlern a es m u y reducido, si se com p a ra
co n el de la exp erien cia exterior aún después de lo
q u e lo h a en san ch a do el eslu d io de la p sicología e x ­
perim en tal; y, adem ás, para exp lorarlo, basta con la
sim ple introspección, la cual n o necesilfi ni aun del
a u x ilio de los sentidos extern os.
Mas, cu a n d o q u erem os estudiar y analizar el
m u n d o llam ado exterior, n os v e m o s ob ligad os á h a ­
cer u so de los sentidos externos, y, adem ás, de instru­
m en tos a decuados. Y es m u y digno de notarse el h e ­
ch o de q u e p od em os h acer u so de la introspección
ca d a y cu a n d o q ue n os ven ga en voluntad, sien do
así q u e n o p od em os h acerlo siem pre de los instru­
m en tos q ue aplicam os al esludio de los ob jetos ex te ­
riores. D en lro de n osotros m ism os ten em os todo lo
que es m enester para la ob serva ción psicológica; pero
n o ten em os lo q ue se necesita para analizar los o b je ­
tos físicos. Si quiero estudiar un h ech o de con cien cia ,
h a y bastante co n la aplicación de las facultades m e n ­
tales al h e ch o ob jeto de mi esludio. Si q uiero con o ce r
el valor de una p rop osición del orden intelectual puro,
n o h ay sin o fijar en ella el o jo del entendim ien to,
m as si trato de h acer el análisis q u ím ico de un o b je ­
to m aterial, tengo n ecesidad de instru m en tos q u e e v i­
dentem ente n o se en cu en tran en mi interior. Ni los
sentidos internos, y ni aun los extern os, pueden , p or
sí solos, co n o ce r la co m p osición quím ica del agua,
p o r ejem p lo, y, en n o p o co s casos, n i sosp ech a r p u e ­
— 11 —

d en la presen cia de ciertos agentes antes de q u e sean


revelados y puestos á la vista p or los inslrurrfentos de
ob serv a ción .
El m ism o Kant escribió h erm osas páginas sob re
astron om ía. Se le pudiera h ab er pregu n tado si el te­
lescopio q u e usaba era uti fen óm en o puram ente su b ­
jetiv o y n o un ob jeto real del inu n do físico. P orq u e,
si era un sim ple fen óm en o p sicológico, ¿c ó m o se e x ­
plica q ue n o lo Luviese siem pre á m an o, y que, c u a n ­
d o lo necesitaba, hubiese de buscarlo m ás allá del c ír ­
cu lo del m u n d o interior.? P orq u e su p on em os que
K ant en ciertas oca sion es se vería obligad o á buscar
el instrum ento óp tico que 110 tenia en la m an o, por
m ás q u e lo viese en su im aginación y su m em oria;
y á trasladarse de un sitio á o lro para en con trarlo; á
prepararlo luego coven ien lein en te, y aplicarlo después
á la ob serva ción del m u n d o sideral.
A h ora m ism o la con cien cia m e da Leslimonio de
un h ech o clarísim o, evidentísim o. Me dice la c o n c ie n ­
cia q ue de mi entendim iento brotan ideas que mi m a ­
n o se apresura á trasladar al papel. En él las leo escri­
tas, y, al leerlas, sé con absolu ta certidum bre q ue so y
y o el autor de aquellas ideas y de eslas líneas: porque
tengo clara con cien cia del acto realizado p or mi m en ­
te y del m ovim ien to ejecu tad o p o r mi m ano. A h ora
bien: leo á con tin u ación la Critica de la razón p u ­
ra d e K a n l; y, al con trario de lo que ocu rrió en mi
lectura anterior, la con cien cia m e dice claram ente que
y o n o so y el autor de esta ob ra ; q ue y o n o h e con ce­
b id o aqu ellas ideas ni las h e estam p a d a en el p a p el.
— 12 —

S i la o b ra de K ant n o existe fuera de mi, si no es m ás


q u e un fen óm en o q ue carece de toda realidad ob jeliv a ,
h a b rá brotado espontánea é in con scien lem en te de mi
ce r e b r o ; y p or idéntica razón las ob ra s de Platón, de
A ristóteles, de Sto. T om ás y varias otras habrán b ro ­
ta d o igualm ente de mi cerebro, co m o del cerebro de
Júpiter b rotó M inerva arm ada de punta en blanco!!!
¿ P o r qu é m aravilloso procedim ien to se h abrá efectua­
d o este prodigio? Y si ocu rre q ue paso la vista p or las
págin as de un libro escrilas en caracteres q ue y o no
s e p a leer, el prodigio es m ayor y m ás estu pen d o toda­
vía. P orqu e, si esle libro n o existe realm ente fuera de
tni, si 110 es más q ue un fen óm en o psicológico, ¿c ó m o
s e ha p rod u cid o? ¿D e d ón d e han su rgido aqu ellos p a­
ra mí revesados é indescifrables caracteres? P ero lo
n o ta b le es que, en ciertas ocasion es, recibo la impre­
s ió n de q ue otra p erson a q u e n o soy y o , sabe leer
a q u e l libro, y lo entiende perfectam ente; y yo, con to­
d o eso, m e q u ed o en a yu n as de su con ten ido. Si esta
p erson a es un m ero fen óm en o interno, ¿c ó m o se ex p li­
c a esta dualidad de fen óm en os tan op u estos y con tra­
rios? Y o n o en tiendo ni sé leer aqu ellos caracteres; y
o tr o , q ue m e parece n o ser yo, los sabe leer y los en ­
tien de. Y o , p or mí m ism o, n o sé descifrar aquellas enig­
m á ticas letras; y el otro m e las descifra con su m a faci­
lidad y de corrid o. Y o , con sólo oir al otro, q u ed o en ­
t e r a d o de lo qu e d ice el libro; el otro, para llegar á p o ­
s e e r el idiom a en q ue el libro está escrito, p ara c o n o -
< e r la cla v e de aqu el en igm a tu v o q u e con sa gra rse á
t m estu dio a sidu o y con sta n te, y n o log ró su ob jeto si­
— 13 —

n o después de una labor árida, larga y p enosa. Yo


tengo con cien cia clarísim a de no h aber practicado esa
labor, de n o haber h o je a d o siquiera una gram ática n i
un d iccion ario qu e m e facilitasen el con ocim ien to d&
aquel idiom a. Si el otro q u e lo p osee á perfección , e s
un m ero fen óm en o p sicológico q ue no tiene m ás ca m ­
p o de acción q ue el m u n do fenom enal interno, ¿ c ó m o
se explica q ue este sér fantástico en cerra do en los lí­
m ites de mi p rop io yo, sepa lo qu e yo no sé, y h aya
apren d ido lo q ue y o ign oro, y pueda leer y e n te n d e r
páginas q u e son para m í verdaderos jeroglíficos?
P reciso es con fesar que, negada la realidad o b je ­
tiva de los séivs percibidos p or n osotros, nos en cerra ­
m o s en un laberinto inextricable; nos arrojam os en
un a bism o de con trad iccion es q ue aniquilan la r a z ó n ,
acaban con el sentido com ún , y nos sum en en lo d o s
los h orrores del escepticism o.
Infiérese de lo dicho q ue nuestro profu n d o é irre­
sistible con v en cim ien to de la realidad objetiva de los
séres qu e percibirnos por los sentidos extern os, está
com pletam ente de acu erdo con la recta razón y la sa ­
na filosofía.
R eplicarán , quizás, los adversarios: C on ven id o
q u e existe algo fuera de nosotros; que existe un m u n ­
d o exterior con el cual nos com u n ica m os p or m ed io
de los sentidos; q ue cu a n d o oím os, vem os, toca m os,
ele, h ay o b jelossitu a d os más allá del ca m p o de nuestra
actividad interna, q ue cau san estas im presiones, p or las
cu ales ven im os en con ocim ien to de aqu ellos objetos*
fig u rá n d on os a prehen d er su realidad y su naturaleza.
— 14 —

Pero ¿quién n os asegura q ue e.^ta aprehen sión sea


e x acia? ¿C óm o p od rem os cerciora rn os de q ue los sen ­
tidos reproducen con fidelidad los objetos q u e les im ­
p resion a n ; y de q ue el con ocim ien to que de ellos a d ­
q u irim o s p or este m edio es con ocim ien to a decu a d o á
la realidad de las cosas?
P od rem os estar seguros, tal vez, de que fuera de
n o s o tro s existe algo, real y positivo; pero no p od em os
estarlo, ni m u ch o m enos, de que nuestro con ocim ien to
de aquel misterioso algo sea el con ocim ien to de la co ­
sa en si. P ara saber si el 'con ocim ien to facilitado por
lo s sen tid os corresp on d e exa cta m en te á lo que las c o ­
sas s o n en sí m ism as, á la realidad de ellas, n os faltan
m e d io s de com p ro b a ció n , p ues no las a lca n za m os s in o
p o r los sentidos, p ig n o r a m o s si éstos aprehen den bien
las cosas; y, en con secu en cia , qued arem os siem pre en
en la incertidum bre, ó m ejor d ich o, en la ign oran cia
del valor ob jetivo de estos con ocim ien tos.
La ob jeción ca rece por com pleto de base, p orq u e
n o sólo sab em os con tod a certeza que fuera del m u n ­
d o fenom enal interno existe algo real con realidad o b ­
je tiv a , sin o que co n o ce m o s la naturaleza, las p rop ie­
dades y el m od o de ser de estas cosas q u e d esign am os
c on el n o m b re de a lgo; y p od em os, adem ás, c o m p r o ­
bar q ue nuestros con ocim ien tos n o s o n ilusiones de los
sen tid os sin o con ocim ien tos q u e con cu erd a n e x a cta ­
m ente con la realidad de aquellas cosa s. En efecto, es
co m ú n á todos los h o m b re s el con o ce r y co m p ro b a r
experim en talm en te q ue h a y ob jetos favorables á l a s a ­
lud y q u e los h ay tam bién con trarios á ella; q u e h ay
— 15 —

o b je to s cu y a naturaleza y p rop ied ad es los hacen a p r o -


pósito p ara con segu ir fines determ inados, y objetos
q u e, p or el contrario, n o sirven para el log ro de estos
fines. Q ue este con cep to de la n aturaleza y m o d o de
se r de las cosas n o es eq u ivoca d o, n os lo con firm a la
e x p e rie n cia de todos los dias.
E fectivam ente, la ciencia ¿qué otra cosa es sin o
un ca m p o vastísim o de experien cias y co m p rob a ció n
d e la realidad objetiva de los con ocim ien tos sum inis­
trados por los sentidos'? Si estos con ocim ien tos n o n os
trasm itiesen la cosa en si, es decir, la verdad objeti­
va de las propiedades de las cosa s que ob serv a m os y
estudiam os, ¿cóm o había de ser posible la ciencia1? P o r
los sentidos nos h em os form ado un con cep to d eter­
m inado, v. gr., de la electricidad, del calor, de la luz
y de otros mil agentes físicos y quím icos. Si este c o n ­
cep to es ilusorio, si n o se ajusta á la realidad q ue
fu era de n osotros tienen aquellos agentes, claro está
q u e la Física y la Q uím ica han de eq u ivoca rse en sus
a plicacion es, las cuales ó serán contrarias á 1& natura­
leza y p ropiedades de los agentes, ó n o estarán en a r­
m on ía co n ellas. Y , no obstanLe, el h ech o es que el fí­
sico y el quím ico aplican los agentes naturales, según
la idea q u e de ellos tienen; y que estos agentes, p u es­
tos en a cción , p rodu cen los resultados que la cien cia
s e p rop on e, y los p rod u ce de una m anera con sta n ­
te, segura é infalible. ¿C óm o pudiera verificarse esto
si la idea q u e el h om b re científico con cib e de la natu­
raleza y propiedades de los cu erp os q ue estudia, fue­
s e falsa é ilusoria? Y esta idea ¿p or d ó n d e penetró en
- 16 —

nuestra m ente, sin o p o r el ord ina rio con d u cto de los


sen lid os? L u ego las im presiones trasm itidas p or éstos,
son im agen y expresión fiel de la realidad existente
fuera d e n osotros.
Hay más: los exp erim en tos repetidos u na y otra
vez, logran, al fin, rectificar los con cep tos errón eos n a ­
cidos de un estudio superficial é incom p leto; y desp u és
de una ó m ás rectificaciones, se obtiene un con cep to
definitivo y, en lo fundam ental á lo m enos, invariable,
que se llam a, y con razón, una con qu ista de la ciencia.
Si ja m á s llegam os á ver las cosa s en si mismas, la
rectificación científica experim en tal no puede nunca
ob ten er un resultado definitivo. Esto es evidente. H as­
ta la palabra rectificación, en esta hipótesis, carece de
sentido, ó lo tiene m u y d iverso del que se le da co­
m unm ente: lo que con ella se exp resa en ton ces n o es
sin o una serie de experim en tos, eq u ivoca d os todos,
p o rq u e n in gu n o se fu n d a en la verdadera entidad de
las cosa s, sin o en el con cep to ilusorio q u e n os indncen
á form ar Jos sen lidos en gañ ad os p or m eras apariencias.
Y , con todo eso, la rectificación existe en el ca m p o de la
ciencia, y sus efectos se ven y se palpan, y es m an an ­
tial in exh au sto de datos p ositivos que constituyen el
riquísim o p atrim on io de la cien cia. ¿ Y todo esto n o es
m ás q u e el resultado de ju z g a r n osotros equivocada­
mente, ilusoriamente, q ue los ob jetos exteriores tienen
t a ló cual naturaleza., y éstas ó las otras propiedades?
E n ciertos ca sos los sen tidos n os atestiguan evidenlísi-
m a m en le q u e nuestras hipótesis y teorías son falsas.
P ues b ien ; si todas las ideas adqu iridas en el terreno
— 17 —

d e la exp erien cia son siem pre falsas, porqu e no se


ajuslan á la verdad objetiva siem pre ignorada de n o s o ­
tros, ¿p o r q u é los m ism os sentidos no n os atestiguan
siem pre y constantem ente q ue n os h e m o s e q u iv o ca d o ?
¿P o r q u é en un os ca sos nos patentizan la eq u iv o ca ­
ción , y en otros n os evidencian el acierto? ¿P or q ué la
e q u ivoca ción se con firm a experim entalm en te una y
otra y mil veces, y el acierto tam bién? ¿ Y p or q u é o c u ­
rre esto, si en todos los ca sos an d a m os eq u iv oca d o s,
pues n o p o d e m o s n u n ca ver las cosas en sí m ism as,
sin o q u e las vernos siem pre alteradas y desfiguradas
p or los sentidos que n os ponen en com u n ica ción con
ellas?
Colígese de todo lo d icho q ue es fo rz o so a p e ch u ­
gar con innum erables con trad iccion es y absu rd os, si
n o se adm ite la realidad objetiva de las sen sacion es y
dé las ideas que á ellas corresp on den .

II.

Si se pregunta có m o n os p on em os en co m u n ica ­
ción con el m u n d o exterior h em os de con fesar inge­
n u am en te q u e es ésta una cuestión dificilísim a, y q u i­
z á s im posible de resolver de una m anera satisfactoria.
P ero la dificultad y aun la im posibilidad de exp lica r un
h e ch o n o es razón ni m otivo para negarlo.
N o vacilam os en afirm ar que, entre lod os los sis­
tem as filosóficos ideados para exp lica r este h ech o, el
d é lo s E scolásticos es el ú n ico aceptable, p orq u e n o
s ó lo evita el escollo del idealismo, sin o q u e p royecta
— 18 —

m u ch a lu z sobre las profu ndidades de este m isterio.


Efectivam ente, la F ilosofía tradicional enseña qu e
los ob je to s exteriores, cu y a existen cia n o p o d e m o s n e T
gar, según p rob a m os m ás arriba, causan una im pre­
sión en los sen lidos extern os; que esta im presión se
con vierte en representación ó im ágen (especie sen si­
ble! del ob jeto q ue la p rod u ce; y que, en fin, lo q ue
percibe directamente el sentido n o es la imágen del
o b jeto, sin o el objeto m ism o p o r ella representado.
Ó, en otros térm inos, la im ágen n o es lo que (id
quod) sin o aqu ello con lo que (id quo) es p ercibid o
el ob jeto representado p or la im ágen. Species oisibi-
lis, dice Slo. Tom ás, non se habet sicut quod, vide-
tur, sed ut quo videtur (1). De suerte que en la vi­
sión corp ora l (y otro tanto se puede d ecir de la per­
cepción de los dem ás sen lidos) se v e un cu erpo deter­
m in ad o, n o la im ágen de este cu erp o, p or más q u e la
visión se efectúe p or m ed io de una im ágen. In visio-
Tie corporali aliquis intuetur corpus, non quod m s-
piciat aliqucim corporis simiütudinem, quamois per
aliquam corporis sirnilítudineni inspiciat (2 ). P o r
eso, la visión corp oral se diferencia de la im aginaria;
p u es ln prim era tiene p or térm ino inm ediato el cu er­
p o m isino; la segu n da term ina directam ente en la
im agen del cu erp o, co m o en su ob jeto inm ediato. In
hoc est dictarían visionum dijjerentia, quod visio
corporalis lerminatur ad ipsum corpus; imaginaria

(1) Qq. disp. Be Spirit. Creatur., quaest. unic., act. 9 ad. íi.m
{¡¡) Ibid., De Vertíate quaest. X art. V I I I ad 3 .m
— 19 —

vero ad xin,ilitudinem cor p o r is, sicut ad objec-


tum (1).
C ualquiera que sea el valor filosófico de esla le o -
ría (para nosotros es m u y grande) es lo cierlo q u e sólo
ella n os libra de incurrir en los delirios del idealism o.
En efecto, si los sentidos n o perciben las cosa s en
si, sin o lan só lo una sem ejan za ó im agen de ellas,
im agen q u e existe, en n osotros, y no fuera de n o s o ­
tros, claro eslá que el fen óm en o de la percepción es
m eram en te su bjetivo; y falla exp lica r có m o se verifica
el transito de lo subjetivo á lo objetivo. A nte las di­
ficultades q ue esla exp licación ofrece, m u ch os filóso­
fos se lian en cerrado, y n o sin lógica, en el m u n d o fe­
n om en al interno, y de ahí se ha ido á parar al llam a­
d o idealism o externo. P uestos en la pendiente era im ­
posible que n o llegasen al final de ella. Y asi ha o c u ­
rrido, en efecto. Ni aun en el m u n do interno, dicen,
p od em os co n o ce r verdaderam ente los fen óm en os q u e
en él se realizan; porque en lanto son con ocid os, en
cu a n lo se tiene con cien cia de ellos ó en cu a n lo c o n s ­
tituyen un estado de con cien cia. A h ora bien: co n o c e r
un estado de con cien cia es una expresión con trad icto­
ria: un esla d o de con cien cia n o p uede ser co n o cid o
tal cual es en sí p orq u e ya n o existe en el m om en to
en q u e la con cien cia intenta percibirlo p or m ed io d e
la reflexión , pues en aquel m om en to ha p asado ya.
D e aqu í el idealism o q ue p od em os llam ar interno. O i­
gam os á u n o de esos idealistas: «C o n o ce r un esla do

(1) Ibii.
— 20 —

»d e con cien cia es u n a exp resión con tradictoria; p or-


»q u e co n o ce r este esla do es eviden tem ente n o c o n o ­
c e r l o tal cual es, ó, m ejor d icho, tal cual era, p u e s-
»Lo q u e ya n o existe en el m om en to en q u e el espíri­
tu advierte, co m o se dice, q u e aquel estado de c o n ­
sciencia está en él, ó en presencia su y a .... H ay,
»p u es, dos clases de idealism o que se im pon en: el
»idealism o q ue podernos llam ar externo, para dar á
» en tender que se refiere al m u n d o exterior; y el idea­
l i s m o que n osotros p rop on em os q ue se llam e inter­
ino, para significnr que se refiere al m u n d o interior.
>E1 segu n d o es la razón profu nd a del p rim ero.»
«L a ciencia con la cual el h om b re tanto se e n v a ­
n e c e , es u na quim era, una quim era q u e él sacó de
i su p rop io fon d o desde el día en que, en el orgu llo de
»su pensam iento h u m an o, se presentó, ju n ta m en te
»c o n la idea de un yo, la posibilidad y, en seguida,
»la necesidad de la reflexión » (1).
D e aquí se ha origin ado el idealismo lógico, se­
gún el cual, nada existe sin o con existencia lógica,
pu esto q ue la existencia no con tien e nada m ás q u e la
idea de la existencia.
S ob re este inform e m on tón de ruinas intelectuales
h acin a da s p or el idealism o con tem p orán eo, se e m p e ­
ñ an los nqpdernistas en levantar un n u evo edificio
q u e encierre en su vasto recinto todo el sa b er h u m a ­
n o, segú n verem os m á s.ad ela n ie.

(1) R bmaci.e , citado por M ercier en Les orígenes de la


Psychologie contemporaine, Louvain, 1897, p ig s . 258 y 59.
— 21 —

P o r ahora nos basta dejar sentado q u e la F ilo s ó -


fía escolástica con su teoría sobre el con ocim ien to del
m u n d o exterior por m edio de los sentidos, es una b a ­
rrera solidísim a para con tener las invasion es del idea­
lismo.

III.

K ant n o sólo c e n ó á cal y ca n to toda co m u n ica ­


ción de nuestro espíritu con el m u n d o exterior, sin o
q u e cortó, adem ás, las alas al entendim iento e n c e ­
rrándole en el reducidísim o círculo de la experiencia,
es decir, de la intuición sensible.
Para K ant la abstracción , la gen eralización, las
ideas del ord en intelectual puro, son form as vacías de
tod o con tenido: no tienen m ás valor que un valor ló ­
gico. La ra zón ju ega, d igám oslo así, con estos c o n c e p ­
tos, ejercita en ellos sus energías innatas; pero no sa­
ca do ellos p rovech o algu no, porqu e fuera de la intui­
ció n sensible n o tienen aquellos con cep tos ninguna
aplicación á la realidad, q ue para n osotros continúa
siem pre envuelta en las lobregu eces del misterio y en
las d esolacion es de la ignorancia y de la duda.
S abido es q u e nuestro espíritu p osee la innata fa­
cultad de generalizar, es decir, que, p ercibid o co n
intuición sensible un ob jeto individual y determ inado,
sab e prescindir de las con d icion es individuales de este
ob jeto, de tod o lo q u e h a y en él de singular, variable
y con tin gen te, form a n d o de este m od o una idea a p li­
ca b le n o sólo al objeLo percibido, sin o tam bién á to d o s
— 22 —

los objetos de la m ism a especie. Así, v. gr.: p ercib ien ­


d o sensiblem ente este hom bre, co n cib o en seguida la
idea general de h om b re, aplicable n o s ólo á un h o m ­
b re determ in ado, sin o á todo h om b re.
Está, adem ás, d o la d o nuestro espíritu de la fa cu l­
tad de percibir y co n ocer ciertos principios que son la
base de n u eslro discu rso y con d ición sine qua non,
co n d ició n necesaria y esencialísim a para el ejercicio
de nuestras facultades m entales. C on ocida s las ideas
de ser y n o ser, en seguida ve nuestro en te n d i­
m iento co n claridad m eridiana q ue una cosa no p u e ­
de ser y no ser á un tiempo mismo. D esde el m o ­
m en to en q ue sé lo q u e es todo y lo que es parte se
presenta á mi entendim iento c o n lodos los caracteres
de verdad clarísim a y evidentísim a el principio de q u e
el todo es m a yor que cualquiera de sus partes, etc.
etcétera.
C on aquellas ideas generales y co n estos principios
a bsolu tos sale el enten dim ien to del orden de la pura
sensibilidad para espaciarse p or los inm ensos h o riz o n ­
tes de la Ciencia. L os d alos de la exp erien cia sensible
se fecu n dizan , y de ellos brota, co m o por en ca n to, un
cú m u lo de con ocim ien tos que, a gru p ad os y ord en a d os
según su respectiva índole y naturaleza, constituyen
los diferentes ram os del sab er h u m an o.
Este u so trascendental de las ideas generales y de
los prim eros principios, es decir, el uso q ue traspasa
los lím iles de la experien cia sen sible es negado resuel­
ta y categóricam ente p or Kant, y con sem ejante n ega ­
ción el en tendim iento q u ed a reducido al sim ple con o ci-
— 23 —

m íe n lo de los fen óm en os q ue en intuición sensible se


ofrecen á nuestro espíritu. Ni sa b em os, según Kant, ni
p o d re m o s saber n u n ca si á los fen óm en os p ercib id os co-
corresp on d e realidad alguna fuera de nosotros. Por
ol.ni parte los prim eros principios de la razón y los
p rincipios generales, co m o que son form as vacías de
todo con ten ido, n o pueden con d u cirn os al co n o cim ie n ­
to de la realidad de las cosas, es decir, al conoci­
miento de las cosas en si.
T o d o cu an to p reten dem os fundar en esos p rin ci­
pios y en esas ideas generales es un va n o esfu erzo de
nuestra razón ó un ju e g o de nueslra fantasía. De su er­
te que las ciencias carecen de base y se reducen á un
co n ju n to de con cep tos m ás ó m en os m elód icos y o rd e ­
n ados, pero, al fin, com pletam ente vacíos, m eram ente
su bjetivos y de Lodo en todo á gen os á la realidad de las
cosas.
O igam os al p ropio K anl: «E l entendim iento, pues,
» n o puede ja m á s h acer un uso trascender) lal de eslos
^principios a priori: n o puede ta m p oco em plear eslo s
ico iic e p lo s sino em píricam ente, ja m á s trascen d en la l-
» m ente. E s éste un principio que si llega á ser c o n o -
»cid o con con v icción tiene las más graves co n se cu e n ­
c i a s . El uso trascendental de un con cep to en un p rin -
» cipio consiste en que el con cep to se refiera á las c o -
»sa s en general y en sí, m ientras que el u so em p írico
»n o se refiere más que á los solos fenóm enos, es decir,
»á los ob jetos de una exp erien cia posible. C on cíbese
»p o r lo d ich o q u e este últim o u so es el ú n ico q u e pue-
»d e tener lugar. Es necesaria, desde luego, p ara todo
— 24 —

» co n ce p to la form a lógica de un con cep to en gen eral’


»(d e l pensam iento), y en seguida la posibilidad de so--
»m eterle un ob jeto al cual se refiera. Sin este ob jeto el
c o n c e p t o n o tiene sentido y está falto de con ten id o,
»a u n q u e pueda siem pre en cerrar la función lógica q ue
»sirve para form ar un con cep to p or m edio de ciertos
»dat.os. Mas, un ob jeto n o p ued e ser d a d o á un c o n ­
c e p t o sin o en la intuición; y a u n q u e una intuición pu-
»ra sea posible a p riori antes del objeto, sin em b argo
»ella n o p uede recibir su ob jeto, y p or con sigu ien te su
»v a lo r o b jelivo, sino por m edio d é la intuición em píri­
c a de la cual es ella la form a (1 ).»

IV.

En K ant, ha d ich o un insigne pen sador co n te m p o ­


rá n eo (2), había dos h om b re q u e se con certa ba n co m o
p odían ; y o diría que estos dos hombres se c o n c e ila -
ban á espaldas de la lógica y del sentido com ún .
K ant red u jo á m en u d o p olvo los prim eros p rin ci­
p ios de la razón h u m an a y a rrojó este p o lv o á los

(1) Logique tramcendcntale. L ivre II. Chap. III.


Si se quiere un análisis m inucioso, al par que profundo
de este texto, véase á Balmes, Filosofía Fundamental libr. IV
Cap. IX.
Nosotros nos contentamos con la breve exposición que lie­
mos hecho, pues nos parece que con ella hay bastante para
con ocer la filiación del Modernismo y sus gravísim as a b e rr a ­
ciones.
(2) Menéndez y P elayo.
— 25 —

cu a tro vientos. E nvuelta la pobre ra zón en la den sísi­


m a atm ósfera del escepticism o se asfixiaba sin poder
satisfacer sus m as vehem entes aspiraciones y a n h e lo s.
Se le cerra ba el paso á lod o con ocim ien to, y. d esespe­
rada, se lan zó al ca m p o de la práctica para ver ai en ­
con trab a allí una atm ósfera respirable y algo real y
positivo q ue apagase su ardiente sed de con ocer. T a m ­
p o co allí en con trab a p un to de a p o y o que supliese las
deficien cias q ue presentaba el terreno especulativo en
d o n d e no se descubrían más qu e dudtis y n egacion es.
¿Q u é hacer, pues, para qu e la razón n o qu ed ase red u ­
cid a totalm ente á la im potencia y con d en ad a á m uerte?
K an t apeló á los postuladas necesarios de la ra zón
práctica, es decir, transigió co n las im periosas e x ig e n ­
cias de la vida práctica adm itiendo la existencia de
D ios, la inmortalidad del alma, la libertad hum a­
na, etc. co m o m eras hipótesis; pero hipótesis de lo d o
p u n to indispen sables para dar u n a b ase á la m oral, al
d erech o y dem ás ideas sin las cuales la vida práctica
es im posible.
Difícil es conciliar al K ant de la razón pura co n
el K ant de la razón práctica; p orq u e si la razón p u ­
ra n o sabe nada, absolutam ente nada de la existen cia
ú e Dios, de la inm ortalidad del alm a, etc., ¿cóm o p o ­
d rá n eslos con cep tos servir de b ase á lo s p roced im ie n ­
tos y trabajos de la razón práctica1. Si el p un to de
p artida y a p o y o de estos procedim ien tos es la duda,
¿ c ó m o han de en gen drar la con v icción y la certeza?
¿E s posible con struir un edificio sólido h acién d ole d es­
ca n s a r en cim ientos frágiles y delezn ables? Si es du -
— 26 —

dono q u e exista Dios, q u e el alm a es inm ortal y libre»,


etc. etc., ¿c ó m o inferir de prem isas d ud osas co n s e ­
cu en cias ciertas? Si la razón práctica tiene p or ún ico
cim ien lo la du d a ; si parte de prem isas de todo en todo
d udosas, forzosam en te ha de venir á parar al punto
m ism o de partida, ó sea á la duda absoluta y radical,
al puro agnosticismo.
M enos todavía, si cabe, se puede con cord a r al
K an t prim ero con el segu n do, si se tiene en cu en ta
que, aun d an d o p or buena y aceptable la hipótesis de
la existencia de D ios, de la inmortalidad del alma,
etc., el tránsito de eslos con cep tos á la razón prá cti­
ca eslú ved ad o á K ant; p orq u e el tránsito n o puede
realizarse sin el auxilio de los prim eros principios de
la razón p a ra y de las categorías ó ideas abstractas y
universales; m as de eslos con cep tos y de estas ca te g o ­
rías n o se puede, según explícita afirm ación de Kant,
h acer aplicación alguna, fuera de la intuición sen ­
sible: n o se p ued e h acer un aso trascendental. Y ,
co n lo d o eso, Kant en su Critica de la razón p r á c ­
tica y en su s fun d am entos m etafísicos del d erech o ra­
z o n a y discu rre trascendentalmente, con toda la. h o l­
gura y libertad co n q u e pudieran h acerlo los dem ás
m ortales.
Os lla m am os m uy especialm ente la atención sobre
este punto, porque él o s dará á con o ce r la filiación del
M od ern ism o y el origen filosófico de su s errores.
— 27 —

V.

É ch ase d e ver p o r lo q u e llevam os exp u esto q ue


e l error fun dam ental del K an tism o estriba en la su ­
p u esta im posibilidad de percibir las cosa s en sí m is­
m as; es decir q ue todas nuestras p ercepcion es y n u e s­
tros con ocim ien tos están fatalm ente circu n scritos á los
fen óm en os, im ágenes ó aparien cias de las cosas. Tal
es, ni m ás ni m enos, el p u n to de partida del M o d e r ­
nism o.
E fectivam ente, dice la E ncíclica P a scen d i: «L o s
» m odernistas establecen c o m o base de su filosofía re­
l ig i o s a la d octrin a com u n m en te llam ada agnosticis-
>mo. Según ella, la ra zón h u m a n a está en cerrada to­
ta lm e n t e en el círcu lo de los fen óm en os, es decir d e
»la s cosa s q u e aparecen y en la form a en q ue a p a re­
c e n ; y está en cerrada de tal m od o q u e n o Liene fu er-
»z a s ni d erech o á traspasar los límites de estas im á -
»g en es ó a parien cias (1 ).»
Q ue estas declaracion es d e la E ncíclica n o son im ­
p utacion es calum niosas lan zadas á la publicidad para
desacreditar el M od ern ism o, co m o a lgu n os su p on en ,
sin o exp resión fiel y exa cta d e los errores afirm a dos

(1) Philosophiae religiosae fundamentum in doctrina


illa modernlstae ponunt, quam v a lg o agnostici&mvm vocant.
V i baius humana ratio plwenomenis om nino inclnditnr, rebus
videlicet quae apparent, eaqne specie qna apparent; earn m .
dem praetergredi términos n e c ius neo potestatem habet.
— 28 —

p o r esos (ilósofos, se ve p o r la sim ple lectura de sus


escritos. M a ch os son los pasajes que pudiéram os a d u ­
c ir en co m p rob a ción de nuestro aserio. N os con ten ta­
re m o s con trascribir u n o q ue o lro .
B ergson, u no d e los más notables partidarios y d e ­
fen sores de esa filosofía m od ern a , en su ob ra M a teria
y M em oria dice lo siguiente: «P reg u n ta r si el universo
«e x iste tan sólo en n u eslro p ensam ien lo, ó si existe
3 tam bién fuera de él, equivale á plantear el p rob lem a
»e n térm inos insolubles, en la su posición de q u e sean
»e sto é térm inos inteligibles; equivale á con d en arse á
«u n a discusión estéril...... Para evilar el debate es n e ­
c e s a r i o , desde luego, buscar un terreno com ú n en
» d o n d e la lucha se entable; y puesto q ue para los
• un os y para los otros de los contendientes, n o a p re­
h e n d e m o s las cosas m ás q u e b a jo la form a de una
«im a gen , h em os de plantear el p roblem a solam en te
• respecto de las im ágenes y tan sólo en cu a n to son
«im á g e n es (1 ).»
B ergson, co m o se vé p or el pasaje trascrito, para
resolver el p roblem a referente á la objetividad del
u n iv erso, se sitúa en el terreno idealista puro, es d ecir,
a firm a q ue h em os de con siderar tan sólo las im ágenes
•y nada m ás que en cu a n to son im ágenes; puesto q u e
« n o apreh en d em os las cosa s sin o b ajo la form a de im á­
g e n e s .» El realismo q u e B ergson op o n e al idealism o,
e s un realism o sai generis q ue en el fo n d o p o c o ó n ada

(1 ) H. B e r q s o s , Matiére el Memoire, 5 e d i t i ó n . Paris, F é


l i x A l e a n , 1908, p ág. 11.
— 29 —

difiere del idealism o. Para B ergson el un iverso m ate­


rial n o es m ás q u e un conjunto de imágenes (1). «E l
realista, a ñ a d e más adelante, parte del u niverso, es
decir, de un con ju n to de im ágenes gobern adas en s u s
m utuas relaciones p or leyes inm utables. (2)
A firm a tam bién lo siguiente: «Si la Metafísica n o
»es m ás q ue u n a con stru cción , h ay m u chas m etafísi­
c a s igualm ente verosím iles q u e se refutan, p o r co n s i­
g u ie n t e , las un as á las otras, y la últim a palabra la
»dirá u n a filosofía crítica la cual tiene p or relativo to d o
c o n o c im ie n t o , y p or inaccesible al espíritu el fo n d o
»d e las co sa s (3 ).»
P o r últim o en la con clu sión d e la ob ra escribe:
^ C on cedem os al idealism o q ue lod a realidad tiene un
«p aren tesco, u n a analogía, una relación, en fin, con la
c o n c ie n c ia , y se lo con ced em os precisam ente p o rq u e
«n osotros á las cosas las llam am os imágenes (4)»
O tro de los corifeos del M odernism o, E. Le R o y ,
en su o b ra D ogm a y Crítica rech aza el calificativo de
agnóstico q u e le aplican sus adversarios; pero, en
ca m b io, se declara idealista radical, con un idealism o
d esa pod erad o com p a ra b le tan solam ente con el de
F ichte, y que, al fin y al ca b o n o se diferencia su b sta n ­
cialm ente del agnosticism o.
En efecto, éste en seña q ue ig n o ra m o s si m ás
allá de los fenóm enes ó aparien cias de las cosa s existe

(1) Ibid. pág. 7.


(2) Ibid. pág. 12.
(3) Ibid. pág. 201.
(4) Ibid. pág. 256.
— 30 —

alguna realidad; y q u e es d e tod o en todo im posible sa­


lir d e n u estro estado d e ign oran cia; d e s u e r le que, h ay a
ó n o h aya realidad objetiva, p ara n osotros es lo m ism o
q u e si n o la hubiera. El idealism o afirm a resu ellam en -
te q ue d e lr á s d e los fen óm en os n o se oculta realidad al­
guna. ¿E n q u é se diferencia, en últim o resultado, esta
afirm ación de las q ue h ace el a gn osticism o? El id e a ­
lism o asegura q u e la realidad ob jetiva n o exisle; el a g ­
nosticism o dá p or indiscutible q u e la realidad objetiva,
exista ó n o, en sí, n o exisle para n osotros pues, ni la
co n o c e m o s ni p od em os con ocerla. Si esto es así, cla ro
eslá q u e n os en con tram os en p len o idealism o; y qu e
éste y el agn osticism o n os con d u cen al m ism o fin y
paradero.
O igam os ahora á Le R oy : «H ay, dice, una d ia léc­
t i c a q ue desde la antigüedad eslá en m in ch a y q ue
«h a disu ello necesariam en te todas las co n cep cion e s
» realistas. El análisis de la p ercepción y despu és el de
»la ciencia tienden u n iform em ente á la m ism a con clu -
»sión: n o se dan h ech os en bru to, la idea b u sca n d o
»u n ob jeto n o encuentra ja m á s otra cosa sin o á sí
» m ism a; lo real con ceb id o co m o cosa m eram ente da-
«da h u ye indefinidam ente delante del con ocim ien to
«crítico; idealism o y filosofía h an llegado á ser, p or esle
«m o tiv o , dos térm inos sin óm in os. El pensam ien to se
«en cu en tra en todas parles y siem pre todo en tero. E s-
«te es el principio de la in m an en cia, cada día m ás
«eviden te y m ejor co m p ro b a d o .
«P o r otra parle, el realism o h a ce im posible todo
«co n o cim ie n lo é ilusoria tod a certeza. En efecto, des-
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■¡«de el m om en to en q u e se p on e lo real co m o u n m ás
»allá del pensam ien to n o existe n in gú n m ed io d e asir­
l o y retenerlo. ¿C óm o p od rem os asegu rarn os d e q ue
«están a cord es el pen sam ien to y el ob jeto? E sto s u p o n -
»dría u n a com p a ra ción la cu a l exigiría q ue el ob jeto
«fuese a p rehen d id o p o r otro m ed io q u e el p en sa m ie n -
*to. El térm ino, pues, n orm a l de u n realism o cu a lq u ie ­
r a q ue h a llegado á tener con cien cia de sí m ism o es
» forzosam en te el agn osticism o. Mas ¿se p ued e a d m i-
tir, sin con trad icción , un in cog n oscib le a bsolu to? U na
»d e dos: ó bien el n om b re q u e se le dará, será el n o m -
*bre p rop io que n o se intentará definir, y á este n om -
»b re n o corresp on d erá otra cosa q ue un n ad a del
» pensam ien to,un Jíalus vocis, un v a n o con ju n to de
asilabas vacías; ó bien este n om b re significará algo, se
c a lific a r á lo incogn oscible co m o Causa trascendente,
«F u e rza in con dicion al, V oluntad en sí, ¿q u é sé v o ? y
»se negará de este m od o el A gn osticism o con el acto
>m ism o con q u e se establece, puesto q ue se determ i­
n a r á , por p o co que sea, lo in cogn oscible design ándole
con palabras pertenecientes al d om in io de lo con o ci-
»d o . En fin, el realism o p on e el sér co m o radicalm en ­
t e distinto del pensam iento. P ero al m ism o tiem po le
»es im posible n egar el pensam ien to, so pena de suici-
»darse. De ahí n ace un dualism o irreductible. La u n i-
»d a d h a sido rota desde el principio. ¡R uptu ra irrepa­
r a b l e ! ja m á s volverá á en con trarse la unidad deslruí-
»d a, á n o ser p or n o sé q u é a rm on ía preestablecida, hi-
»pótesis del tod o arbitraria y q u e n o p uede com pro­
b a r s e . E sto será la ruina y la m uerte del espíritu, si
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» n o e s sencillam ente la refu tación del realism o p o r el


» a b su rd o (1 ).»
Más radical, si cabe, es todavía el idealism o qu e el
m ism o autor enseña en otra obra. R ep rod u cirem os un
solo pasaje que, p or explícito y categórico, n o deja lu­
ga r á d udas ni á b enign as interpretaciones. Dice asi:
«E n resu m en , el espíritu ja m á s se encu en tra en p re­
s e n c i a de otra cosa q ue de sí m ism o, de sus grados y
de sus m om en tos. El m u n d o es ob ra suya, y él m ism o,
»en tanto q u e es un h ech o es tam bién ob ra suya. D es-
»d e este p u n to d e vista el idealism o es la verdad, h a-
»b lo del idealism o del p en sa m ien to-a cción (2).*
Para p rob ar el agnosticismo ó el idealismo de los
m odern istas casi h u elgan los textos a du cidos; p orq u e
este agn osticism o es una con secu en cia forzosa é in e v i­
table del sistem a.
En efecto, los m odern istas han d eprim ido de lal
suerte la inteligencia h u m an a , q u e reputan p or vanas,
estériles y d e ningún valor las m ás altas esp ecu la cio ­
nes, á las cuales dan el n om b re de intelectualismo;
con sideran los prim eros principios d e la razón y los de
las cien cias co m o fórm u las inertes y m uertas, co m o
una especie de sedim en to intelectual form a d o de los
detritus de con cep tos fracm en tarios y de verdad es re ­
lativas, variables y contingentes, que n o sirven a b so lu -

(1) L e R oy. Dogme et Critique, 4 editión. París, Blond et


C,e- 1907, págs. 374 y siguientes.
(2) L k R o y , Science et philosopMe, citada por la revista
Etudcs, 20 d e M ayo de 1907, pág. 730 y siguiente.
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tam ente para nada. Claro está qu e de tales prem isas


se sigue necesariam ente el idealism o. C om o se sigue
igualm ente del principio de la inmanencia que es el
d o g m a fundam ental del M odernism o.
Dios m ediante, en la p róxim a Pastoral p on d rem os
d e relieve el agnoticismo q u e palpita en las entrañas
d e las teorías m odernistas, y difunde sus m alsanas in ­
fluencias n o sólo p or las regiones de la vida intelectual
sin o tam bién p o r el ca m p o de la vida práctica, la cual
pretenden los m odernistas h acer correr tranquila y s o ­
segada p or los cau ces del Pragm atism o, p orq u e este
es, según ellos, cifra y resúm en de toda verdad y p ie ­
d ra de toque de toda filosofía.
Aliorn, recibid nuestra bendición en n om b re del
Padre, © del H ijo y del © Espíritu Santo.
D ada en nuestro Palacio E piscopal de Orihuela á
q u in ce de Septiem bre de mil n ovecien tos nu eve.