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NEURO-APRENDIZAJE: La Relación entre el Cerebro y el Aprendizaje

Por: Pedro M. Fernández

Actualmente existe un amplio consenso en la comunidad científica respecto de la función


central del cerebro en el aprendizaje. Enmarcados en el paradigma de lo “neuro”, se entiende
que nosotros somos nuestro cerebro. Es decir, nuestra personalidad, nuestra consciencia, lo
que pensamos, sentimos, percibimos o hacemos, todo sale del funcionamiento cerebral. Aquí
se incluye la capacidad de aprender.

Si esto es así, y de hecho es lo que parecen indicar los resultados de las diversas
investigaciones y experimentos neurocientíficos, entonces será pertinente conocer cómo
funciona el cerebro en el proceso de aprendizaje para comprender mejor el aprendizaje

Asumiendo como verosímil lo anterior, resulta plausible preguntarse ¿cómo aprende el


cerebro? Lo cual implica conocer y comprender cuáles circuitos cerebrales están implicados en
el aprendizaje, cuáles factores pueden alterar dichos circuitos, cómo afecta la alteración de
dichos circuitos al aprendizaje y cómo eficientizar los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Ahora, ¿qué es el aprendizaje? Aunque existen diversas definiciones para este concepto, desde
la Neurosicoeducación definimos el aprendizaje como todo cambio que se da en las
conexiones sinápticas, producido por la información teórica o práctica que ingresa a nuestro
cerebro en forma de estímulo electro-químico y que produce cambios en el pensamiento y en
el comportamiento.

Donald Hebb, padre de la Neuropsicología, descubrió que las neuronas (células del Sistema
Nervioso) se conectaban unas con otras (sinápsis) formando redes neuronales. Esta es la base
del aprendizaje desde una perspectiva neurobiológica. Cuando una nueva información llega al
cerebro se crea una nueva red neuronal, y si dicha red se mantiene y es reforzada
(potenciación a largo plazo) se va a crear un aprendizaje. En este proceso son de vital
importancia la atención y la memoria.

Según lo que se conoce actualmente, nuestro cerebro cuenta con un sistema atencional y un
sistema de memoria que involucran diversas áreas cerebrales. La atención tiene que ver con
enfocarse, en un momento determinado, en una porción de la realidad y prescindir del resto.
El sistema atencional permite, entre otras cosas, el monitoreo y la activación de nuestro
organismo ante un estímulo con determinadas características; también permite permanecer
en una tarea, seleccionar entre diversas actividades y alternar nuestra actividad.

La memoria tiene que ver con la capacidad para codificar, almacenar y recuperar la
información que ingresa a nuestro cerebro. Nos permite almacenar los recuerdos en función a
diversos criterios (peso emocional, valor para la supervivencia, etc.); además, permite
mantener la información presente mientras la utilizamos y recuperarla de la memoria a largo
plazo en el momento en que la necesitamos (memoria de trabajo).

Es evidente la importancia del aprendizaje en nuestro cerebro, dado la gran cantidad de


circuitos implicados en dicho proceso, por lo que cabe preguntarse ¿por qué aprendemos?
Evolutivamente hablando, el aprendizaje tiene una importante función en la supervivencia.
Porque aunque las conductas de buscar comida, agua y pareja tienen función principal para la
supervivencia individual y de la especie, es evidente que poder adaptar el medio a las
necesidades de las personas vino a eficientizar todos los procesos que garantizan dicha
supervivencia. Para esto es necesaria la capacidad de aprender.
Pero aprender no sólo nos ha mantenido con vida, sino que también nos ha permitido
aumentar nuestra esperanza de vida y poder vivir mejor. Además, nos ha permitido conocer y
comprender cada vez mejor cómo funciona nuestro mundo exterior y actualmente nuestro
mundo interior.

Dicho conocimiento de nuestro mundo interior, en el presente, bajo el paradigma de lo


“neuro”, nos está permitiendo comprender cómo el cerebro está implicado en el aprendizaje.
Actualmente se sabe que los traumas tempranos (violencia, abandono, entre otros) pueden
perjudicar el aprendizaje. También se sabe que alteraciones en el neurodesarrollo tienen
consecuencias perjudiciales en el aprendizaje. Hoy conocemos que diversas condiciones en el
individuo pueden trastornar el aprendizaje (TEA, TDAH, Dislexia, etc.).

Todos estos conocimientos nos están permitiendo comprender mejor cómo diseñar procesos
de enseñanza-aprendizaje compatibles con los cerebros de nuestros educandos. Además, nos
hablan de la necesidad de que todos y todas nos involucremos en el proceso de aprendizaje de
los individuos, porque el aprendizaje viene a beneficiar o perjudicar a la sociedad en general.

Nuestro cerebro aprende siempre, en algunos momentos aprende ciertas cosas con mayor
facilidad, pero siempre puede aprender. Por lo que se hace necesario que la sociedad sea un
lugar propicio para el aprendizaje de calidad.