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UNIVERSIDAD DE LA HABANA

CENTRO DE INVESTIGACIONES MARINAS

Desarrollo larval del manjuarí Atractosteus tristoechus


(Bloch y Schneider, 1801) (Pisces: Lepisosteidae) en
condiciones de cultivo: Aspectos morfo-fisiológicos.

Tesis presentada en opción al grado científico de


Doctor en Ciencias Biológicas.

Yamilé Comabella Soto

La Habana
2011
UNIVERSIDAD DE LA HABANA
CENTRO DE INVESTIGACIONES MARINAS

Desarrollo larval del manjuarí Atractosteus tristoechus


(Bloch y Schneider, 1801) (Pisces: Lepisosteidae) en
condiciones de cultivo: Aspectos morfo-fisiológicos.

Tesis presentada en opción al grado científico de


Doctor en Ciencias Biológicas.

Autor: M.C. Yamilé Comabella Soto

Tutora: Dra. Tsai García Galano


Asesora: Dra. Olimpia Carrillo Farnés

La Habana
2011
AGRADECIMIENTOS

Todo el que de una forma u otra ha estado cerca de mí en estos últimos seis años, puede
entender que escribir los agradecimientos de esta tesis no es tarea fácil, pues han sido
muchos los que me han brindado su ayuda incondicional para la elaboración y felizmente la
culminación de este trabajo.

Quisiera comenzar agradeciendo a mi tutora Tsai García y a mi asesora Olimpia Carrillo,


por toda la ayuda, los conocimientos y el ánimo brindado para continuar a pesar de los
obstáculos. A ambas muchas gracias.

Al gran grupo del Centro para la Reproducción de la Ictiofauna Indígena de la Ciénaga de


Zapata, y en especial a Andrés Hurtado, por abrirme las puertas para la realización de las
experimentaciones, por acogernos como familia y por ayudarnos de la forma en que lo
hicieron.

A Gabriel Márquez, de la UJAT, por su gran ayuda y por haberme iniciado en el tema de
los lepisosteidos.

A Arlette Hernández, también de la UJAT, por su inmensa colaboración en el


procesamiento de las muestras de histología y sus conocimientos, sin su participación no
hubiese sido posible incluir tan importante información en esta investigación.

A los Doctores Roberto Mendoza y Carlos Aguilera, de la Universidad Autónoma de


Nuevo León, México, por permitirme procesar las muestras para el análisis de las enzimas
digestivas y por la asistencia brindada por todos los del Grupo de Ecofisiología de dicha
universidad.

A la Dra. Allyse Ferrara, de la Universidad Nicholls State, EEUU, por sus sugerencias y
comentarios a los artículos relacionados con esta tesis que fueron de gran valía.

Al Dr. Yamaoka, de la Escuela de graduados de la Universidad de Kochi, Japón, por el


apoyo logístico para la realización de esta investigación, así como también por sus
sugerencias y comentarios.

A la Dra. María Elena Ibarra por haberme abierto las puertas cuando pensé que ya nada era
posible, por su ejemplo y por su empeño de llevar a cabo esta utopía.

Al Consejo Científico del CIM y a los oponentes, por todas las sugerencias y señalamientos
realizados, lo cual fue de mucha ayuda.

A los trabajadores del CIM y en especial al grupo de Acuicultura Marina que de una forma
u otra se vincularon a esta investigación; a Jorge Angulo por facilitarme tanto las cosas
cuando estaba en la recta final; a Raúl Cruz, Lalana y Manolo por brindarme su ayuda cada
vez que lo necesité; al personal de administración del centro.
A Patricia y Julia por la exhaustiva revisión del documento final, sus señalamientos, y
sugerencias. Por la gran ayuda brindada por ambas desde el inicio de este proyecto, miles
de gracias.

A Yuriem por soportarme constantemente, por sus esfuerzos en la búsqueda de bibliografía


al igual que Hanaina y por su amistad.

A todos los involucrados en la impresión de este trabajo (Aimée, Vilma, Melvis, Eduardo y
Felipe).

Para el final he dejado a lo más preciado que tengo, mi familia.

A mis padres, a los que les dedico esta tesis, porque además del mérito en sí que tienen, han
formado parte activa en este trabajo, a tal punto de convertirse en ocasiones
imprescindibles, pues sin su intervención esto no hubiese llegado al final.

A mis hermanas Jeannett, Laritza, Yildian y Patricia, por saber que las tengo para las
buenas y para las malas, por el apoyo y el ánimo brindado para seguir adelante.

A Javier, porque sin su ayuda en las experimentaciones me hubiese sido imposible llevar a
cabo tan intenso trabajo, por darme fuerzas para continuar, por existir y por hacerme feliz.

A mis hijas, ambas engendradas durante la realización de este trabajo e involucrada una,
Cynthia, en el arduo trabajo experimental y la otra, Maya, en el intenso proceso intelectual
que conlleva la escritura de la tesis. A ambas por ser mi inspiración.

En fin, a todos los que han aportado su poquito, aunque no aparezcan explícitamente aquí,

Muchas Gracias

.
A mis padres, por su ejemplo
__________________________________________________________________________________Síntesis

SÍNTESIS

El estudio de la etapa larval de Atractosteus tristoechus fue realizado a través del análisis
morfo-fisiológico bajo condiciones de cultivo a 28oC, desde la eclosión hasta los 18 días
después de eclosionadas (DDE) las larvas. Se identificaron y describieron tres etapas de
desarrollo: adherida 0-3 DDE, de transición 4-10 DDE y libre nadadora 11-18 DDE. Las
tasas de crecimiento fueron de 1,30 mm/d y 10,2 %/d, encontrándose una desaceleración en
la segunda etapa que coincide con las mayores alometrías, lo que indica fuertes cambios
morfogénicos. En esta etapa crítica es donde ocurre el agotamiento del vitelo y la transición
de la alimentación endógena a exógena. A los 4 DDE el tracto digestivo está diferenciado
en región bucofaríngea, esófago, estómago con sus tres zonas e intestino anterior y
posterior; detectándose tempranamente la actividad de las proteasas ácidas antes que la de
las alcalinas. La tercera etapa se caracteriza por un pronunciado incremento del peso debido
a la absorción eficiente de los nutrientes externos como consecuencia de la maduración del
tracto digestivo. En este momento se inicia la transición hacia juvenil y se evidencia en el
crecimiento los efectos de la inanición y de diferentes dietas. Se evaluaron cinco dietas
inertes de iniciación, encontrándose los mejores resultados en incremento en peso y
supervivencia con la moina congelada. La integración de los resultados morfo-fisiológicos
mostró que la ontogenia larval del manjuarí ocurre a través de cambios puntuales y rápidos
de la mayoría de los elementos analizados, más que por una gradación continua,
identificándose dos puntos críticos en el desarrollo larval de esta especie.
_______________________________________________________________________Tabla de Contenidos

TABLA DE CONTENIDOS
Capítulo Pág.
1. INTRODUCCIÓN ----------------------------------------------------------------------- 1
2. REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA ------------------------------------------------------- 8
2.1 Sistemática de los lepisosteidos vivientes …………………………………... 9
2.2 Generalidades de los lepisosteidos …………………………………………. 10
2.2.1 Hábitat …………………………………………………………………. 11
2.2.2 Alimentación …………………………………………………………... 11
2.2.3 Reproducción …………………………………………………………... 12
2.2.4 Relación con el hombre e importancia ………………………………… 13
2.2.5 Situación actual de las poblaciones de lepisosteidos …………………... 13
2.3 Especificidades biológicas de Atractosteus tristoechus …………………….. 14
2.4 Estudios de la etapa larval de los lepisosteidos ……………………………... 16
2.5 Ontogenia en peces ………………………………………………………….. 18
2.6 Alimentación larval …………………………………………………………. 20
3. MATERIALES Y MÉTODOS -------------------------------------------------------- 22
3.1 Condiciones experimentales ……………………………..………………… 23
3.2 Muestreos …………………………………………………...……………… 26
3.3 Procesamiento de las muestras, mediciones y determinaciones…………….. 26
3.3.1 Análisis histológico ………………………………………………….. 28
3.3.2 Actividad enzimática del tracto digestivo ………………….………... 28
3.4 Análisis estadísticos ………………………………………………………… 30
4. RESULTADOS --------------------------------------------------------------------------- 32
4.1 Descripción morfológica larval ……………………………………………... 33
4.2 Morfometría larval …………………………………………………………. 37
4.3 Crecimiento …………………………………………..…………………….. 39
4.4 Desarrollo histológico del tracto digestivo …………………………………. 43
4.5 Ontogenia de las enzimas digestivas …...…………………………………… 48
4.6 Alimentación larval ………...………………………………………………. 50
4.6.1 Dietas de iniciación …..………………………………………………... 50
4.6.2 Efectos de la inanición en la etapa larval …………………………….. 52
4.7 Generalización ……………………………………………………………… 55
_______________________________________________________________________Tabla de Contenidos

Capítulo Pág.
5. DISCUSIÓN ------------------------------------------------------------------------------ 56
5.1 Etapa 1 de desarrollo larval ………………………………….….…………... 57
5.2 Etapa 2 de desarrollo larval ………………………….…..……….…………. 59
5.3 Etapa 3 de desarrollo larval ……………………………..……..……………. 70
5.4 Generalizaciones ……………………………….…………..…….…………. 76
6. CONCLUSIONES ----------------------------------------------------------------------- 80
7. RECOMENDACIONES ---------------------------------------------------------------- 82
8. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ---------------------------------------------- 84
9. ANEXO
1. INTRODUCCIÓN

1
______________________________________________________________________________Introducción

Conocido popularmente como manjuarí, Atractosteus tristoechus es una especie endémica


de Cuba y el único representante de la Familia Lepisosteidae (Cuvier, 1825) en Las
Antillas, cuyos integrantes no han experimentado cambios evidentes respecto a los registros
fósiles que datan del Cretácico. De ahí la terminología de “fósiles vivientes” utilizada para
hacer referencia a los mismos. Esta especie habita en ríos, esteros, canales y lagunas de
agua dulce en la región sur occidental de Cuba, principalmente en la Ciénaga de Zapata,
donde se cree existan las mayores poblaciones, y en la Isla de la Juventud (Vergara, 1992;
Alfonso y Gutiérrez, 1995).
Conjuntamente a esta restricción espacial que presentan, existen otros factores como son la
pérdida de hábitats y las drásticas alteraciones ecológicas ocurridas en los mismos, que han
sometido a la especie a un gran estrés ambiental. Es por ello que se infiere que muchas
poblaciones de A. tristoechus han desaparecido o disminuido drásticamente en número
(Prats, 2003). Estas alteraciones ecológicas incluyen desde la destrucción y transformación
de los hábitats naturales, la contaminación de las aguas como consecuencia del desarrollo
socioeconómico, la pesca indiscriminada tanto de la especie como de los peces que le
sirven de alimento, hasta la introducción de peces exóticos con fines comerciales (Ej.
Clarias sp.) que compiten por el alimento y por el espacio.
De forma general, en la actualidad existen pocos estudios sobre los lepisosteidos al
compararlos con los peces teleósteos, destacándose las investigaciones relacionadas con
aspectos morfológicos (Simon y Wallus, 1989), fisiológicos (Luft et al., 1994; Farmer y
Jackson, 1998), evolutivos (Dores et al., 1996; Suzuki et al., 1999; Hale et al., 2002;
Kumar et al., 2005) y genéticos (Dores et al., 1997; Raabi et al., 1999; Barrientos-
Villalobos y Espinosa, 2008), siendo minoritarios los estudios relacionados con el manjuarí.

La primera obra donde se hace referencia al manjuarí, es la publicada por Parra (1787), en
la cual se hace una breve descripción del mismo y aparece un grabado de su aspecto
externo, aunque su clasificación fue realizada por Bloch y Schneider (1801) nombrándolo
Esox tristoechus. Posteriormente, en estudios realizados por Poey (1854) se describe a la
especie, se presentan varios dibujos sobre su anatomía externa e interna y se destaca la
función de la vejiga de los gases como alternativa para su respiración. Otros autores como

2
______________________________________________________________________________Introducción

De la Torre (1889), Suttkus (1963) y Wiley (1976) también aportaron a su descripción


morfológica.
No es hasta la década de los 60 del siglo XX, que aparecen nuevos trabajos exclusivamente
relacionados con A. tristoechus, a pesar de que los estudios con las especies
norteamericanas habían tenido una gran explosión en la primera mitad de ese siglo como
los de Potter (1923), Raney (1942), Gunter (1945), entre otros autores. En 1965, Gómez de
la Masa publicó un informe sobre las primeras crías de manjuarí logradas en estanques, que
constituyó el primer reporte sobre la obtención de larvas de un lepisosteido en cautiverio.
En los años setenta aparecen una serie de investigaciones relacionadas con la fisiología
(Siret et al., 1976), la genética (Sánchez et al., 1977) y el cultivo artificial del manjuarí
(León et al., 1978). En este último, se reporta por primera vez la obtención de larvas
mediante desove inducido, además de brindar los primeros datos sobre el desarrollo
embrionario, crecimiento y alimentación de larvas de lepisosteidos en cautiverio.
Posteriormente aparecen las publicaciones de Coy y Hernández (1982) y la de Gajdúšek y
Rubcov (1986) quienes analizaron los endoparásitos más frecuentes y la microestructura de
las membranas del huevo, respectivamente. Finalmente en el año 2003, se realizó el estudio
de la morfometría externa y de la morfología de las gónadas masculinas (Prats, 2003), y
esta es la última referencia, de las pocas que existen, sobre las investigaciones realizadas
durante más de dos siglos en A. tristoechus.
Este desconocimiento existente de la biología del manjuarí así como de la situación de sus
poblaciones naturales, es la causa principal por la cual su estatus no ha sido evaluado por
CITES (Convention on International Trade in Endangered Species) ni por la IUCN
(International Union for Conservation of Nature) (Ibarra y Cotazo, 2003). Los primeros
pasos dados para el manejo de esta especie fueron la creación del Centro para la
Reproducción de la Ictiofauna Indígena en la Ciénaga de Zapata en 1990, dedicado a la
reproducción ex situ y a la obtención de juveniles que principalmente se comercializan
como peces ornamentales; y la prohibición de su captura (Decreto Ley 164 del Ministerio
de la Industria Pesquera). Además, se le otorgó el estatus de vulnerable en el taller de
Conservación, Análisis y Manejo Planificado realizado en La Habana en 1999, basándose
fundamentalmente en los factores de amenaza anteriormente descritos y en la escasa
información que sobre el grupo se tenía (Pérez et al., 1999). Sin embargo, se hace necesario

3
______________________________________________________________________________Introducción

desarrollar planes de manejo y estrategias para proteger la existencia y supervivencia de


estos animales en el archipiélago, por lo que es imprescindible ampliar el marco de las
investigaciones que respondan a estos propósitos.
Aunque la descripción de la etapa larval y de las tasas de crecimiento de los lepisosteidos
como Lepisosteus osseus, L. platostomus, L. oculatus, Atractosteus spatula y A. tropicus
aparecen publicadas (Netsch y Witt, 1962; Pearson et al., 1979; Yeager y Bryant, 1983;
Simon y Wallus, 1989; Simon y Tyberghein, 1991; Long y Ballard, 2001; Aguilera et al.,
2002); aún la del manjuarí no se ha realizado, cuando esta es la base para cualquier tipo de
análisis futuro que se pretenda hacer.
Durante la primera fase de vida de un pez, las larvas sufren procesos muy complejos de
morfogénesis y diferenciación, lo que incluye cambios en las relaciones morfométricas,
cambios morfo-fisiológicos en la musculatura y en los sistemas de órganos internos, así
como cambios óseos y en la conducta (Webb, 1999). Dentro de estas transformaciones, las
relacionadas con el sistema digestivo requieren de especial atención para el entendimiento
de los procesos de ingestión, absorción y asimilación de los nutrientes, pues es el primer
paso para determinar la posibilidad real del mantenimiento en cautiverio de las crías
(Divakaran et al., 1999; Fountoulaki et al., 2005). Otros de los elementos que igualmente
hay que tener presente por su influencia en el crecimiento, la supervivencia y la eficiencia
de alimentación de las larvas de peces tanto de cultivo como del medio natural, son los
factores abióticos, como la temperatura de incubación (Teletchea et al., 2009), la salinidad
(Mihelakakis y Yoshimatsu, 1998), los niveles de oxígeno (Hanna et al., 2008) entre otros;
así como la disponibilidad de alimento (Shoji et al., 2002; Bolasina et al., 2006; Kling et
al., 2007). Todos ellos pueden afectar además el metabolismo, la actividad e incluso la
estructura y calidad del desarrollo general de las larvas (Saka et al., 2005).
Una vez entendida la morfo-fisiología digestiva en las larvas y sus requerimientos abióticos
y nutricionales, se tienen los cimientos para el cultivo de la etapa más sensible de todo su
ciclo de vida. Para perfilar dicho sistema, se hace imprescindible la formulación de dietas y
de esquemas de alimentación adecuados que garanticen, en un alto porcentaje, la
supervivencia y el crecimiento de las larvas. El alimento se convierte así, en el punto
neurálgico de cualquier sistema de cultivo. Además de ser su composición, sus
características físicas y la frecuencia y ración con la que se ofrece, los que determinan la

4
______________________________________________________________________________Introducción

calidad de las larvas, es el que establece la viabilidad económica del proceso, pues el mayor
costo del mismo está representado por los grandes gastos que significa la alimentación,
principalmente de las larvas. Es por ello que la búsqueda de dietas adecuadas debe
considerar tanto las particularidades nutricionales de la especie en cuestión, como la
rentabilidad económica y las posibilidades tecnológicas con las que se pueden contar.
El establecimiento de sistemas de cultivos de peces, estén estos amenazados o no, ha
constituido una vía eficaz para la reducción de la presión de pesca sobre los mismos, y en
muchas ocasiones se ha convertido en una opción efectiva para la repoblación de áreas
naturales (Leitão et al., 2011). Es por ello que se avizora el cultivo del manjuarí como un
posible paliativo a la situación actual que presentan sus poblaciones. Tanto la metodología
existente desde la década de los 90 en la Ciénaga de Zapata para el desove y cultivo de
larvas y juveniles, así como los antecedentes de los cultivos a gran escala que actualmente
existen con las otras dos especies del género Atractosteus; sientan las bases para el
perfeccionamiento de un sistema que puede ofrecer la posibilidad tanto para la explotación
comercial con fines ornamentales, como para el establecimiento de programas de
repoblación en áreas naturales.
Dado el valor faunístico del manjuarí, por ser endémico, por su importancia científica,
económica y social, la aparente situación actual de vulnerabilidad de sus poblaciones y
encontrándose una problemática cuya solución requiere de una base teórica que sirva como
punto de partida en la elaboración de medidas eficaces para su conservación y manejo; se
proponen la siguiente hipótesis y objetivos de trabajo.

HIPÓTESIS
La caracterización morfo-fisiológica de las larvas de manjuarí (Atractosteus tristoechus)
mantenidas en condiciones de cultivo, permite encontrar los puntos críticos del desarrollo
de esta etapa.

Objetivo general:
Evaluar morfo-fisiológicamente la etapa larval del manjuarí (Atractosteus tristoechus) en
condiciones de cultivo.

5
______________________________________________________________________________Introducción

Objetivos específicos:
1. Describir los principales cambios morfológicos y morfométricos durante la etapa
larval.
2. Describir histológicamente el desarrollo del tracto digestivo de las larvas.
3. Cuantificar la actividad de las enzimas digestivas durante la ontogenia larval.
4. Evaluar cinco dietas inertes de iniciación.
5. Determinar el efecto de la inanición en la supervivencia y crecimiento de las larvas.

La novedad científica de esta investigación se puede resumir de la siguiente manera:


- Por primera vez para los lepisosteidos se aplica el análisis alométrico del
crecimiento de las larvas.
- Por primera vez se describe detalladamente la morfología y la morfometría de la
etapa larval de A. tristoechus.
- Por primera vez para la especie se describe el desarrollo ontogénico del tracto
digestivo desde el punto de vista histológico y fisiológico a través de la actividad de
las enzimas digestivas.
- Por primera vez para la especie A. tristoechus se evalúa el efecto de la inanición y
de diferentes dietas inertes de iniciación sobre la supervivencia y crecimiento de las
larvas.
- Se ofrecen resultados bioquímicos e histológicos como ejemplos novedosos a
aportar a la “teoría de la ontogenia por saltos” formulada por Balon (1985), la cual
se basa esencialmente en cuestiones morfológicas externas y conductuales.

La importancia teórica fundamental de la tesis consiste en que se caracteriza la etapa


larval de A. tristoechus y la influencia que diferentes tipos de alimento puede ejercer sobre
el crecimiento y la supervivencia de las mismas; aportándose conocimientos básicos de la
anatomía y fisiología de esta especie con el fin de ganar un mayor entendimiento del
desarrollo biológico durante esta etapa. Se indica la existencia de dos puntos críticos en el
desarrollo larval que constituyen referencias obligadas para la comprensión y el manejo de
esta fase del ciclo de vida del manjuarí.

6
______________________________________________________________________________Introducción

La importancia práctica de la tesis viene dada porque la definición de las etapas de


desarrollo y los puntos críticos de la fase larval, así como los resultados obtenidos en la
caracterización de los aspectos relacionados con la alimentación durante las primeras etapas
y el manejo de las mismas, permitió perfeccionar la metodología del cultivo y así optimizar
la cría de las larvas de esta especie en el Centro para la Reproducción de la Ictiofauna
Indígena del Parque Nacional de la Ciénaga de Zapata. Constituye además, un importante
aporte para la concepción y ejecución de planes de manejo y conservación que se pretendan
implementar en el país, sirviendo también como referencia para estudios futuros en esta
especie.

Parte de los resultados de esta tesis fueron publicados en revistas internacionales arbitradas
(Fish Biology and Biochemistry (2006) y Zoological Science (2010)) y presentados en
cinco ponencias orales y un cartel, en tres eventos internacionales auspiciados por la Red
Internacional para la Investigación y el Manejo de los Lepisosteidos.

El documento está conformado por 83 páginas, distribuidas en Introducción, Revisión


Bibliográfica, Materiales y Métodos, Resultados, Discusión, Conclusiones y
Recomendaciones. El documento consta además de los acápites Tabla de Contenidos,
Síntesis, Referencias Bibliográficas (290) y Anexo.

7
2. REVISIÓN
BIBLIOGRÁFICA

8
______________________________________________________________________Revisión Bibliográfica

Los lepisosteidos constituyen un grupo de peces muy particular, pues la prevalencia de


varias de sus características primitivas los separa del resto de los teleósteos. Suttkus (1963)
señaló varios de sus rasgos distintivos que sin duda contribuyeron a su supervivencia
durante millones de años, entre los que se encuentran: su rígida cubierta protectora
proporcionada por escamas romboidales articuladas entre sí por sus bordes; la vejiga de los
gases altamente vascularizada que los habilita con la capacidad de respirar aire atmosférico;
el cono arterial del corazón con ocho hileras transversales provistas con cuatro a ocho
válvulas cada una, lo cual los dota de una capacidad cardiaca particular; la presencia de
vértebras completamente osificadas y opistocélicas, una conformación única entre los peces
vivientes que les permite realizar movimientos rápidos y precisos indispensables en el
momento de atacar a sus presas; así como la existencia de una válvula espiral en el intestino
posterior que aumenta su capacidad digestiva, convirtiéndolos en depredadores eficaces.
Este grupo se originó a finales del período Pérmico, hace unos 180 millones de años, e
incluía varias líneas evolutivas que se desarrollaron durante el período Triásico y se
expandieron notablemente hasta fines del Jurásico junto con los peces cartilaginosos
(Young, 1985). Sin embargo, en el Cretácico su representatividad disminuyó marcadamente
al aparecer los peces teleósteos, los que incrementaron el número de especies y variedad de
formas, hasta sustituir gradualmente a los ganoideos y dejarlos reducidos a las pocas
especies de la actualidad (Wiley, 1976).
Se reconocen restos fósiles de nueve especies de lepisosteidos, encontrados en
Norteamérica (Cretácico a Reciente), Europa (Cretácico a Oligoceno), África (Cretácico) e
India (Cretácico). Los representantes actuales, restringidos a siete especies localizadas en
Norteamérica, Centroamérica y Cuba, aparecieron en el período Cretácico tardío (Era
Mesozoica) hace unos 130 millones de años y exhibieron su máximo éxito ecológico en el
período Paleoceno temprano (Era Cenozoica) hace 75 millones de años (Wiley, 1976;
Smith, 1981; Hedges, 1996).

2.1 Sistemática de los lepisosteidos vivientes


La clasificación sistemática de este grupo ha sufrido numerosos cambios desde la segunda
mitad del siglo XVIII hasta la actualidad, marcado por un gran número de sinonimias y de
reconocimientos de géneros diferentes. El primer lepisosteido fue descrito por Linnaeus

9
______________________________________________________________________Revisión Bibliográfica

(1758) como Esox osseus (actual Lepisosteus osseus), convirtiéndose en el precursor en la


clasificación sistemática de este grupo. Ya en 1801, Bloch y Schneider describieron al
segundo lepisosteido, Esox tristoechus (actual Atractosteus tristoechus), y en 1803
Lacépède estableció el género Lepisosteus (Prats, 2003). Posteriormente Rafinesque (1818,
1820) agregó otros géneros al grupo, Litholepis, Sarchirus, Cylindrosteus y Atractosteus; y
Cuvier en 1825 agrupó las especies existentes en una familia, Lepisosteidae. Durante la
continuación del siglo XIX y el XX se describieron las especies actuales, destacándose los
trabajos de Agassiz (1834, 1850), Girard (1858), Moore (1957), Suttkus (1963) y otros
muchos citados en el estudio de Wiley (1976). Es este autor quien propuso la definición de
dos géneros bien establecidos, Lepisosteus y Atractosteus, para la familia Lepisosteidae.

En el género Lepisosteus (Lepis =escama, osteus =ósea) se encuentran:


L. osseus (Linnaeus, 1758) - Longnose gar
L. platostomus (Rafinesque, 1820) - Shortnose gar
L. oculatus (Winchell, 1864) - Spotted gar
L. platyrhincus (De-Kay, 1870) - Florida gar
Ubicados todos en el Este y centro de Norteamérica.

En el género Atractosteus (Atractos =ahusado, referido a la forma del cuerpo, osteus


=ósea) se encuentran:
A. tristoechus (Bloch y Schneider, 1801) – manjuarí-Cuban gar (Cuba)
A. spatula (Lacépède, 1803) – catán- alligator gar (Estados Unidos y Centroamérica)
A. tropicus (Gill, 1863) – pejelagarto - tropical gar (Centroamérica)

2.2 Generalidades de los lepisosteidos


Las características de la familia Lepisosteidae son las siguientes: cuerpo alargado,
subcilíndrico, con escamas ganoideas oblicuamente imbricadas que forman una coraza
protectora pero que al mismo tiempo permiten curvaturas corporales extremas (Gemballa y
Bartsch, 2002); mandíbulas alargadas, la superior proyectándose sobre la inferior,
premaxilas formando la mayor parte del margen de la mandíbula superior, maxila
transversalmente dividida en varias piezas (Kammerer et al., 2004); mandíbula con una

10
______________________________________________________________________Revisión Bibliográfica

serie exterior de dientes pequeños, seguida por una o dos series de dientes mayores
aguzados, dientes presentes también en el vómer, palatinos y faringe; lengua edentada,
corta, emarginada, anteriormente libre; ojos pequeños; narinas cerca del final de la
mandíbula superior; espiráculos ausentes; pseudobranquias presentes; cuatro arcos
branquiales, con la abertura tras el último; branquiespinas cortas; “pulmón” presente,
funcional; aleta dorsal corta, alta, posterior, más o menos opuesta a la anal, que es de forma
similar; cola heterocerca abreviada y redondeada, con filamento posterior en los juveniles;
ventrales aproximadamente equidistantes de las pectorales y la anal; pectorales y ventrales
moderadas, con pocos radios (Villa, 1982).

2.2.1 Hábitat
Los lepisosteidos se encuentran en ríos, esteros, canales y lagunas de aguas dulces, gustan
de la vegetación y aguas tranquilas, siendo peces de costumbres poco activas (Poly, 2001).
Algunas especies se han visto en aguas salobres o marinas a lo largo de la costa del Golfo
de México (Goodyear, 1966; Bussing, 1987; Robinson y Buchanan, 1988) indicando su
tolerancia a determinadas salinidades.

2.2.2 Alimentación
De manera general los lepisosteidos adultos se alimentan principalmente de peces,
crustáceos (Potter, 1923; Toole, 1971; Reséndez y Salvadores, 1983) y artrópodos
(Goodyear, 1967), aunque también se han encontrado eventualmente restos de aves en sus
contenidos estomacales (Raney, 1942). Las preferencias alimentarias dependen de varios
factores, entre los que se encuentran la disponibilidad del alimento, la etapa de desarrollo y
la especie. Holloway (1954), Netsch (1964) y Echelle y Riggs (1972) reportaron que en la
etapa juvenil de L. osseus, L. oculatus, L. platyrhincus y L. platostomus prefieren insectos
como las larvas de mosquitos, microcrustáceos y peces, pero que con el desarrollo de los
mismos se muestra una mayor preferencia por los peces en la dieta. Los escasos organismos
bentónicos encontrados en los contenidos estomacales y la abundancia de pelágicos como
Gambusia, suponen que su alimentación se realiza principalmente en la superficie (Echelle
y Riggs, 1972). Se ha sugerido que este tipo de alimentación tiene cierta relación con su
capacidad para respirar aire atmosférico, un proceso que ocurre frecuentemente durante el

11
______________________________________________________________________Revisión Bibliográfica

verano en las aguas poco profundas de las lagunas. Por otra parte, Holloway (1954)
mencionó que la alimentación de L. platyrhincus se lleva a cabo principalmente a la caída
del sol, durante las noches o en los días nublados. Esto coincide con lo observado por
Reséndez y Salvadores (1983), quienes en función del grado de digestión de los contenidos
estomacales de A. tropicus y de la hora de captura, dedujeron que estos animales eran de
hábitos nocturnos. De manera similar, Goodyear (1967) mencionó que L. osseus es un
depredador activo en aguas abiertas, alimentándose preferentemente en la noche.
La estrategia de depredación de los lepisosteidos consiste en la ausencia de movimientos
innecesarios, permaneciendo inmóviles hasta que la presa se encuentra a su alcance y en
ese momento con un movimiento lateral muy rápido de la cabeza atrapa súbitamente de un
mordisco a la misma (Suttkus, 1963; Netsch, 1964). A pesar de los numerosos y agudos
dientes con que se encuentran dotados estos animales, en los contenidos estomacales
prácticamente no se hallan individuos en pedazos o mordidos, lo que sugiere que los
dientes son utilizados principalmente para evitar que las presas escapen.

2.2.3 Reproducción
Los lepisosteidos presentan un comportamiento poco gregario, sin embargo, durante la
temporada de reproducción, se les puede encontrar formando grupos de hasta más de 20 al
mismo tiempo (Holloway, 1954, Alemán y Contreras, 1987). Suttkus (1963) mencionó que
cuando las hembras van a desovar encabezan los grupos de reproductores y se aproximan a
las orillas, haciéndose acompañar de uno a cuatro machos. Éstos con el hocico presionan la
región abdominal de la hembra hasta que se inician los movimientos bruscos típicos de la
ovoposición, sincronizado con la expulsión del esperma de los machos. Ocurre así la
fecundación de los óvulos y la formación de los huevos que se adhieren a la vegetación
sumergida por estar cubiertos de una sustancia pegajosa (Contreras y Alemán, 1987). Estos
huevos son relativamente grandes, hasta 4 mm, de color verdoso y son tóxicos, por lo que
causan graves daños sin son ingeridos por aves o mamíferos (Netsch y Witt, 1962).
Los desoves ocurren habitualmente en las horas más frescas (Pérez-Sánchez, 1995) y las
épocas de desove típicas son durante la primavera y principios del verano (García de León
et al., 2001; Love, 2004). Es en este período donde se incrementan las lluvias, por lo que
crecen los niveles de aguas en las zonas inundables, la maleza sirve como sustrato para los

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huevos y aumentan los niveles de zooplancton, lo que asegura el alimento para las futuras
larvas (Pérez-Sánchez, 1995).
Los embriones permanecen pocos días en incubación, nace una larva que presenta un
órgano adhesivo con el que se fija a los objetos sumergidos hasta que comienza la natación
y la búsqueda de alimentos (Mendoza et al., 2004b).

2.2.4 Relación con el hombre e importancia


Este grupo de peces ha sido considerado en muchas regiones como un pez desagradable,
depredador y destructivo, que afecta la pesca de interés comercial o deportiva por sus
hábitos alimenticios (Holloway, 1954). Esto ha motivado que en muchas ocasiones y áreas
se haya exhortado continuamente su erradicación de los hábitats naturales, existiendo
asociaciones que reúnen a los interesados en la pesca de los lepisosteidos, sobre todo en los
Estados Unidos.
En el caso particular de Centroamérica y el Caribe, los lepisosteidos se consideran de
importancia comestible, ocupando un lugar importante en la dieta de varias poblaciones
humanas, como ocurre en la región de Tabasco, México (León et al., 1978; Contreras y
Alemán, 1987). Por estas razones, es que se ha incrementado el cultivo de la especie
existente en esta área geográfica (A. tropicus) con marcados volúmenes productivos
(Márquez, 2004). Igualmente han tenido cierta importancia cultural, como en Norte y
Centroamérica donde los indios tradicionalmente empleaban las escamas ganoideas y los
huesos para confeccionar puntas de flecha, instrumentos para sus rituales y ornamentos
(Agogino y Shelley, 1987).

2.2.5 Situación actual de las poblaciones de lepisosteidos


Debido a la sobrepesca en algunas zonas, ya sea para fines comerciales o deportivos, y a la
pérdida de las áreas pantanosas donde habitualmente se localizan los lepisosteidos,
numerosas poblaciones se han visto afectadas. Durante años las zonas pantanosas han sido
a menudo consideradas como indeseables, ya que contienen agua relativamente estancada y
porque se consideran como un obstáculo para la navegación y la construcción de caminos
(Mendoza et al., 2004a). Por estas razones, muchas de ellas fueron rellenadas para construir
caminos, desarrollar zonas de cultivo y asentamientos poblacionales, lo que ha arruinado de

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manera crítica las zonas de permanencia y desove de estas especies. Desde hace poco
tiempo es que estas áreas han ocupado el lugar ecológico que realmente tienen como
reservorio de una riqueza incalculable de la flora y la fauna. Estas zonas, por sus
características hidro-geográficas, también se han visto afectadas por la contaminación, la
cual está considerada como otro factor negativo que afecta a las poblaciones de
lepisosteidos (Hartley et al., 1996).
Desafortunadamente, los estudios poblaciones sobre los aspectos básicos con interés en la
conservación de este grupo se desconocen o apenas han sido explorados, lo cual dificulta la
determinación con precisión del estatus de cada especie y del tipo de medidas específicas
que se requieren para protegerlas. No obstante, se ha empleado el principio precautorio en
muchas de ellas, como en los Estados Unidos, donde A. spatula, L. platostomus, L. oculatus
y L. osseus han sido declaradas en el estatus de peligro en Kentucky, amenazada en Illinois
y necesaria de manejo en Tennessee (Simon y Wallus, 1989). Por su parte, la especie A.
spatula fue considerada potencialmente en riesgo considerable de desaparecer en gran parte
del Golfo de México (Mendoza et al., 2004a) y A. tropicus fue incluida en Costa Rica
dentro de la lista de especies con poblaciones reducidas (Mora et al., 1997). En el caso de
A. tristoechus, éste fue considerado como primariamente amenazado por Buide et al.
(1974) y como vulnerable por Pérez et al. (1999), basándose fundamentalmente en los
factores de amenazas y la escasa información que se tenía sobre la especie.

2.3 Especificidades biológicas de Atractosteus tristoechus


Al igual que el resto de las especies vivientes de lepisosteidos, la posición taxonómica del
manjuarí ha estado sometida a diferentes sinonimias en la categoría de orden, familia,
género y especie (Bloch y Schneider, 1801; Poey, 1854; Suttkus, 1963; Gómez de la Maza
1965; Alayo 1973, Wiley, 1976).
La ubicación taxonómica de la especie según Nelson (2006) es:
Phylum Chordata
Subphylum Craniata
Superclase Gnathostomata
Clase Actinopterygii
Subclase Neopterygii

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Orden Lepisosteiformes
Familia Lepisosteidae
Género Atractosteus
Especie Atractosteus tristoechus (Bloch & Schneider, 1801)

La etimología indica: Atractosteus (del griego atractos = ahusado, referido a la forma del
cuerpo y del latín osteus = hueso, referido a la escama) y tristoechus (del latín tri = tres y
del griego steachos = hileras, filas; referido a las tres hileras de dientes presentes en las
mandíbulas, dos en la superior y una en la inferior) (Prats, 2003). El nombre común de
manjuarí proviene de los primeros pobladores de Cuba que lo llamaron “manchuari”
debido a sus dientes abundantes (Cosculluela, 1965).
En cuanto a las características morfológicas externas del adulto, son similares a las del resto
de los lepisosteidos, con la excepción de que carece de manchas en la región de la cabeza,
las aletas y el dorso del cuerpo (Poey, 1854; Wiley, 1976). La coloración general es de
parda oscura a gris verdosa, más clara en el vientre. Presentan un cuerpo alargado,
cilíndrico, cubierto por las escamas ganoideas y la línea lateral es completa y recta sin que
difieran las escamas en esta zona. La cabeza es deprimida dorso-ventralmente y protegida
por placas osificadas. La boca es terminal y grande, con mandíbulas armadas con tres
hileras de numerosos dientes cónicos y afilados, siendo la mandíbula superior más
prolongada que la inferior. Además, aparecen dientes relacionados con el vómer, palatinos
y faringe (Parra, 1787; Poey, 1854; Gómez de la Maza 1965, Alayo, 1973). Difiere de los
otros representantes del género por las características de los huesos craneales y el número
de los rastrillos branquiales (Suttkus, 1963; Wiley, 1976).
Posee fuertes hábitos carnívoros, por lo que se alimenta de animales acuáticos de todo tipo,
de preferencia peces, además de pequeños reptiles, crustáceos, anfibios y aves acuáticas
(Poey, 1854; Vergara, 1992). Los endoparásitos más frecuentes fueron descritos por Pérez
(1936), Barus y Moravec (1967) y Coy y Hernández (1982) e incluyó a especies como:
Proteocephalus manjuariphilus, P. singularis, Posthodiplostomulum sp., entre otros. En
vida natural es frecuente la presencia de gran número de ectoparásitos, dentro del que se
destaca el género Argulus sp., conocido como piojos acuáticos (Hurtado et al., 1994).

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2.4 Estudios de la etapa larval de los lepisosteidos


La mayoría de las investigaciones realizadas en este grupo de peces se ha centrado en las
poblaciones naturales de organismos adultos (Johnson y Noltie, 1996, 1997; Ferrara e
Irwin, 2001; Love, 2002). Sin embargo, existen pocos estudios de la etapa larval, los cuales
se han enfocado esencialmente en la descripción morfológica y morfométrica de algunas
estas especies (Netsch y Witt, 1962; Pearson et al., 1979; Simon y Wallus, 1989; Long y
Ballard, 2001; Aguilera et al., 2002). Estas descripciones morfológicas se han basado
principalmente en las características generales de la pigmentación, de la conducta, en la
aparición de determinadas estructuras y en el establecimiento de intervalos de longitud total
con la relación de los diferentes caracteres morfométricos medidos dentro de cada uno de
ellos. Simon y Wallus (1989) y Simon y Tyberghein (1991) por ejemplo, a través del
análisis de larvas coleccionadas en museos, establecieron seis intervalos de talla a través de
la medición de 81 ejemplares para Lepisosteus osseus (5,9-10,9; 11,4-15,6; 16,2-19,6; 20,1-
23,9; 24,1-26,9; 27,1-30,2 mm); seis intervalos con 31 individuos para L. oculatus (9,8-
11,2; 13,6-17,6; 20,2-23,9; 24-26,9; 27,2-35,9; 51,8); dos intervalos para L. platostomus
por solo contar con dos individuos (26,5; 38,0) y cuatro intervalos para Atractosteus
spatula (14,9; 20,4-24,0; 65,8; 94,6-103) basándose en este caso solamente en seis
animales. Posteriormente Aguilera et al. (2002) reevalúa esta especie y mediante el empleo
del análisis de discriminante, constituyen seis intervalos de talla (6,6-8,8; 9,2-13,5; 14,2-
19,2; 19,5-22,5; 23,0-32,0; 34,8-50,0) a través de la medición de 62 individuos. Este mismo
tipo de análisis lo aplicaron en A. tropicus, formando igual número de intervalos de tallas
(6,8-9,0; 9,6-12,1; 12,5-13,8; 14,5-21,8; 22,0-36,0; 38,3-60,3) empleando para ello 70
individuos.
Con relación al establecimiento de estadios o etapas dentro de la fase larval, solamente
aparecen los trabajos de Yeager y Bryant (1983) con L. osseus, quienes definieron las fases
de prolarva (8,8-12,4 mm LT) y postlarva (23,5-27,7 mm LT) y los de Aguilera et al.
(2002), quienes empleando los mismos intervalos de longitud total designaron el término de
estadios de desarrollo del I al VI para A. spatula y A. tropicus. Como se evidencia, en
ninguno de estos estudios se definieron etapas de desarrollo larval a través de la integración
de caracteres morfológicos, morfométricos y conductuales, ni fue aplicado el análisis
alométrico del crecimiento larval.

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La alometría se define como el crecimiento relativo diferencial (Gisbert y Doroshov, 2006),


y muchos peces la exhiben durante su período larval (Mello et al., 2006). Estos patrones de
crecimiento alométrico reflejan las prioridades morfo-anatómicas de acuerdo con su
importancia en las funciones vitales primarias que garantizan una supervivencia adecuada
en las larvas (Sala et al., 2005; Choo y Liew, 2006). En la última década, ha existido un
incremento en este tipo de análisis debido a su uso en biología pesquera y la acuicultura,
apareciendo estudios en espáridos (Kouttouki et al., 2006; Cobán et al., 2009), esturiones
(Gisbert y Doroshov, 2006), peces gatos (Geerinckx et al., 2008; Huysentruyt et al., 2009)
y loricaridos (Schmidt, 2001).
Motivadas por el vacío de información que se tenía y por el desarrollo del cultivo de
algunas de sus especies, como el catán y el pejelagarto, las universidades mexicanas
(Universidad Juárez Autónoma de Tabasco y la Universidad Autónoma de Nuevo León,
Monterrey), junto con otras universidades norteamericanas, iniciaron un grupo importante
de investigaciones encaminadas a la caracterización de las diferentes fases del desarrollo
embrionario y larvario, la comparación del crecimiento de las larvas de ambas especies, el
diseño de dietas adecuadas, así como estudios histológicos, enzimáticos, endocrinológicos,
y sobre marcadores bioquímicos (Mendoza y Aguilera, 2001; Mendoza et al., 2002 a,b;
Márquez, 2004; de la Cruz, 2008). Dentro de estos aspectos, se potenciaron aquellas
investigaciones relacionadas con la alimentación de las larvas y las condiciones para su cría
en cautiverio, pues estos son elementos claves para el éxito de cualquier sistema de cultivo
que se pretendiera establecer. Aparecen así estudios relacionados con los efectos de la
temperatura y la densidad de siembra en el desarrollo de los embriones y el crecimiento de
las larvas (Márquez, 1998; Méndez, 2004); la frecuencia y el horario de alimentación
(Zapata, 2003); la determinación de los requerimientos nutricionales (Jesús, 2008) y del
punto de no retorno en larvas (Hernández, 1999); la evaluación de diferentes tipos de dietas
de iniciación como alimento vivo, artemia congelada, piensos comerciales y formulaciones
semipurificadas (Escobar, 2006; Márquez et al., 2006; Mendoza et al., 2007), entre otros.
Este último aspecto ha tomado especial atención, pues para establecer cualquier método de
cultivo, es imprescindible encontrar aquellas dietas que satisfagan los requerimientos de la
especie, pero que además haga factible tanto práctica como económicamente la producción

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______________________________________________________________________Revisión Bibliográfica

de las crías. Es por ello que el empleo de alimento inerte motivó el desarrollo de numerosas
investigaciones en el catán y el pejelagarto, lográndose buenos resultados con la utilización
de piensos tanto comerciales como formulados, en el crecimiento y la supervivencia de las
larvas desde su primera alimentación (Mendoza et al., 2002a; Márquez et al., 2006).
Estos avances han permitido el perfeccionamiento en el diseño y operación de las técnicas
de cultivo (González, 2006) con el consiguiente incremento substancial de la producción de
crías (Rodríguez, 2008), viéndose como una posibilidad real la utilización de estas especies
con fines comerciales y la implementación de programas de repoblación de las áreas
naturales afectadas.

2.5 Ontogenia en peces


La ontogenia es un proceso formativo que tiene lugar en todas las especies a una tasa y
ritmo específico, provocando cambios anatómicos, fisiológicos, conductuales y ecológicos
(Hensel, 1999). En el caso de los peces puede seguir tres modelos: la ontogenia indirecta,
en la que aparece el embrión, la larva, el juvenil y el adulto; la ontogenia transitoria, en la
que no aparece el estadio de larva, sino de alevín, el cual es considerado una larva vestigial;
y la ontogenia directa en la que directamente el embrión pasa a juvenil (Balon, 1990).
La etapa larval está considerada como la más vulnerable de todas las etapas comprendidas
en el ciclo de vida de los peces. La misma está caracterizada por altas mortalidades y por la
existencia de numerosas estructuras temporales específicas, que con posterioridad deben ser
remodeladas a través de procesos metamórficos. La larva es por tanto, una forma vegetativa
transitoria, que a menudo ocupa un nicho completamente diferente al del adulto. Es por eso
que el patrón de ontogenia directa, está considerado un tipo de desarrollo más especializado
y ventajoso al eliminar la etapa vulnerable, que implica además un costo energético dado
por las remodelaciones necesarias para el paso a juvenil (Balon, 1990).
Definir el final de la etapa larval y el inicio del período juvenil en los peces que tienen
ontogenia indirecta, resulta complejo. Para eso es necesario combinar los análisis de
crecimiento relativo con descripciones externas y funcionales, lo cual permite definir el
momento del final de la metamorfosis y el paso a la etapa juvenil (Gozlan et al., 1999).

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______________________________________________________________________Revisión Bibliográfica

Existen dos puntos de vista relacionados con el proceso de ontogenia en peces. Algunos
autores consideran que éste es gradual y contínuo y otros que es por saltos (Kovac y Copp,
1996). La teoría de la ontogenia por saltos formulada por Balon (1985) ha sido
ampliamente reconocida. La misma sugiere que el desarrollo se presenta como una
sucesión de estados estabilizados que son más largos (denominados pasos), alternando con
intervalos menos estables que son más cortos (denominados umbrales). Kovac (2002)
consideró que estos saltos en la ontogenia vienen dados por procesos de sincronía y
asincronía. El primero garantiza el desarrollo de estructuras necesarias para que nuevas
funciones aparezcan en el momento adecuado, y el segundo, el desarrollo de individuos que
alcancen el próximo estado de estabilidad de forma prematura. Fallos en esta sincronía y
asincronía puede tener consecuencias fatales en el embrión en desarrollo.
El sincronismo opera a nivel de grupos de estructuras, de forma tal que las mismas estén
listas simultáneamente, proveyendo al organismo con nuevas funciones (habilidades) e
interacciones asociadas con el próximo estado estabilizado superior (Kovac, 2002). Por
ejemplo, las larvas recién eclosionadas poseen una aleta media bien desarrollada, así como
pequeñas aletas pectorales inmóviles y horizontales. Sin embargo, tanto la capacidad
natatoria como el incremento de la actividad, requieren de un buen desarrollo de los
órganos de los sentidos y de un sistema respiratorio cada vez más eficiente. Durante esta
etapa, las aletas pectorales aumentan su tamaño y tornan su base verticalmente y es que
comienzan a ser móviles. Al incrementar los latidos cardiacos y perfeccionarse el sistema
respiratorio, ya pueden nadar horizontalmente y cambiar de dirección cuando sea necesario.
La sincronía armoniza el desarrollo del organismo completo en un corto intervalo de
tiempo, pasando el embrión de un estado de estabilidad caracterizado por una conducta
pasiva, al próximo estado de estabilidad caracterizado por el nado activo y controlado. Este
cambio tiene que ser rápido, para que el organismo siga funcionando durante la transición,
el cual representa un estado menos estable (Kovac, 2002).
Otro ejemplo se evidencia cuando el agotamiento del vitelo avanza. El bajo nivel de las
fuentes nutritivas y de energía no permiten mantener al embrión en el estado estable de
forma segura y lo fuerza a prepararse para la transición hacia el otro estado de
estabilización. Para esta transición es necesario haber adquirido un nado activo y

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______________________________________________________________________Revisión Bibliográfica

controlado, acompáñado de otras nuevas funciones y habilidades que permitan al embrión


explotar fuentes exógenas para sobrevivir (Hunt Von Herbing y Boutilier, 1996).
Cada transición tiene que asegurar que el organismo adquiera nuevas funciones y
habilidades y así incremente sus posibilidades de supervivencia (Kovac, 2002). Por lo
tanto, el organismo como un sistema auto-organizado, resiste la desestabilización tanto
como sea posible, para así asegurarse que el nuevo nivel de estabilización (superior),
comience en el momento apropiado (Balon, 1990).

2.6 Alimentación larval


Durante estos procesos ontogénicos en los peces, toma especial importancia aquellos
relacionados con el tracto digestivo, pues solamente una adecuada formación del mismo es
lo que garantizará el crecimiento y la supervivencia de cada individuo. En el desarrollo de
este sistema deben darse procesos tanto morfológicos como fisiológicos, que permitan la
asimilación de los nutrientes, vengan estos procedentes de las reservas internas o del
alimento externo. Al eclosionar, el canal alimentario es un tubo recto que pasa por encima
del saco vitelino y está cerrado hacia la boca y el ano en la mayoría de las especies (Civera
et al., 2004). Posteriormente comienza la regionalización del mismo, siendo el desarrollo
del estómago y de los ciegos pilóricos el último cambio morfológico en aparecer, indicando
el inicio de la etapa juvenil. Este completamiento del sistema digestivo tarda
aproximadamente tres semanas en Brama brama y Pagrus major, seis semanas en Chanos
chanos, catorce semanas en Plecoglossus altivelis y un mes en Dicentrarchus labrax
(Watanabe y Kiron, 1994). Sin embargo, existe un grupo reducido de peces que muestran
una anticipación en el desarrollo del estómago y los ciegos pilóricos, incluso previo al
inicio de la alimentación exógena, y otros que carecen de estas estructuras durante toda la
vida (Dabrowski, 1984).
No solamente estas transformaciones morfológicas se hacen vitales durante la ontogenia,
sino que las mismas deben ir acompañada de la funcionalidad del sistema. Esto permitirá
que una vez haya ingresado el alimento al tracto, éste sea digerido y absorbido
adecuadamente, haciéndose trascendental la participación de las enzimas digestivas, tanto
las gástricas como las intestinales (Civera et al., 2004).

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______________________________________________________________________Revisión Bibliográfica

Es por ello que una de las primeras aproximaciones para determinar la capacidad digestiva
de larvas con potencial para su cultivo, ha sido a través de los estudios de ontogenia y
caracterización enzimática. Estos permiten comprender en que momento las larvas
presentan un equipo enzimático completo y por consiguiente tienen la habilidad de digerir
eficientemente el alimento (Alarcón y Martínez, 1998). La mayor relevancia de estos
estudios se alcanza cuando se pretende hacer habitual el empleo de dietas artificiales en el
mantenimiento en cautiverio de larvas de peces, lo cual impone nuevos retos.
Hacia el empleo de dietas artificiales va encaminada la acuicultura de peces en la
actualidad, por las ventajas que estás ofrecen tanto económicas (por la disminución en los
costos de producción), biológicas como de manejo. No obstante, aún persisten serias
dificultades para el empleo de estos alimentos en la etapa larval, dado principalmente por
las particularidades de cada especie como son: la incapacidad de digerir el alimento inerte,
no cubrir éste plenamente los requerimientos nutricionales, la falta de estimulación hacia su
consumo, las conductas naturales de captura del alimento, entre otros elementos (Lazo,
2000).

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3. MATERIALES Y MÉTODOS

22
______________________________________________________________________Materiales y Métodos

3.1 Condiciones experimentales


Las experimentaciones se realizaron en los meses de Abril, Mayo y Junio de los años 2005
y 2006 en el Centro para la Reproducción de la Ictiofauna Indígena del Parque Nacional
Ciénaga de Zapata, Provincia de Matanzas, Cuba (Fig. 1).

100 Km

10 Km

Figura 1. Mapa de Cuba que muestra la zona donde fueron realizados los experimentos.
Señalizado el Centro para la Reproducción de la Ictiofauna Indígena del Parque Nacional
Ciénaga de Zapata, Provincia Matanzas.

Los huevos del manjuarí (Atractosteus tristoechus) empleados para los bioensayos, se
obtuvieron del desove inducido de reproductores mantenidos en cautiverio en dicho centro.
Se empleó siempre una proporción de una hembra y tres machos. Estos reproductores se
colocaron en estanques de concreto de dimensiones 3 x 2.5 m con una altura de agua de 50
cm, fluctuando la temperatura de la misma entre los 24 y los 27oC. Los estanques se
acondicionaron previamente con sustratos artificiales con el objetivo de garantizar las
condiciones requeridas por los lepisosteidos para el desove (Dean, 1895; León et al., 1978;
Simon y Wallus, 1989). Se aplicó una inyección inicial de la hormona luteinizante (LHRH-
A; 25 µg/mL, ARGENT) a los reproductores y una segunda inyección a las 16 horas. El
cortejo y el desove ocurrían entre las 8 y las 10 horas a partir de esta segunda inyección.

23
______________________________________________________________________Materiales y Métodos

Pasados 15 minutos del inicio del desove, los sustratos artificiales con los huevos
fertilizados adheridos fueron removidos del estanque y transferidos a tanques circulares de
fibra de vidrio de 100 L de capacidad hasta su eclosión (68-100 horas). Estos huevos fueron
gradualmente adaptados durante cuatro horas a las temperaturas de mantenimiento (28 ±
1oC).
Todos los experimentos se realizaron hasta que las larvas alcanzaron los 18 días después de
eclosionadas (DDE) debido a observaciones in situ de la aparición del fenotipo juvenil así
como por referencias de estudios realizados con las otras especies del género (Aguilera et
al., 2002). En la evaluación del efecto de la inanición, una vez terminados los 18 días de
experimentación, las larvas se mantuvieron hasta su muerte. Se emplearon tres réplicas en
cada uno de los bioensayos, excepto en el de la ontogenia de las enzimas digestivas que
contó con dos réplicas.
Se mantuvieron las temperaturas del agua constantes, con regímenes de luz desde las 08:00
hasta las 20:00 horas, y con niveles de oxígeno mantenidos por encima de 6 ppm. Cada
mañana se recambiaba entre el 50 y el 75% del agua de cada tanque después de la limpieza
del fondo de los mismos. Las larvas se alimentaron tres veces al día (09:00, 14:00, y 19:00
h) a partir del cuarto día después de eclosionadas, excepto en el tratamiento de inanición en
el experimento correspondiente. Las especificidades de la duración de cada experimento,
así como de las dietas, los tanques y las densidades de siembra iniciales empleados
aparecen en la Tabla 1.
Los quistes de artemia empleados, provenientes de Salt Creek Select (Great Salt Lake,
UTA), fueron hidratados con abundante aireación y luz durante una hora en agua dulce y
después por 23 horas en agua salada (28 g/L). Los quistes fueron preparados 24 horas
anteriores a cada alimentación. Las moinas provenían del área de alimento vivo del propio
Centro para la Reproducción de la Ictiofauna Indígena del Parque Nacional Ciénaga de
Zapata y eran colectadas previas a cada alimentación. Justo antes de ofrecerlas como
alimento, tanto los nauplios de artemias como las moinas eran lavados con agua dulce e
igualmente distribuidos en los tanques.

24
______________________________________________________________________Materiales y Métodos

Tabla 1. Características de los experimentos realizados: duración de cada uno (DDE - días
después de eclosionadas las larvas) y tamaños de muestras (n=larvas/réplica/día),
especificándose los tanques utilizados, las densidades de siembra iniciales y las dietas
empleadas en cada uno de ellos.

Duración Dieta
Experimentos n Tanques y densidades iniciales
Cantidad Tipo
Descripción morfológica 0-18 DDE Tanques plásticos circulares 15L
Moina1 viva
y morfométrica N=2-3 (6.7 larvas/L)
Desarrollo histológico del 0-18 DDE Tanques plásticos circulares 15L
tracto digestivo N=2-3 (6.7 larvas/L)
ad libitum
Ontogenia de las enzimas 5-18 DDE Tanques fibra vidrio rectangulares
Artemia2 viva
digestivas N=100 300L (6.7 larvas/L)
5-18 DDE Tanques fibra vidrio rectangulares
Efectos de la inanición
n=3 50L (4 larvas/L)
Moina1 congelada
Artemia2 congelada
50 % Moina1
100 % congelada + 50 %
5-18 DDE Tanques fibra vidrio rectangulares
Dietas de iniciación de la Pienso3, 4
n=7 50L (4 larvas/L)
Biomasa 50 % Artemia2
congelada + 50 %
Pienso3, 4
Pienso3
1
Moina sp.
2
nauplios de Artemia sp.
3
Pienso < 600 µm hasta los 8 DDE, de ahí en adelante 600-850 µm
4
100 % Pienso a partir de los 13 DDE

En el experimento sobre la evaluación de dietas inertes, las artemias y moinas empleadas


fueron congeladas a -20oC y posteriormente porcionadas y pesadas para ofrecerlas según el
porcentaje de la biomasa correspondiente. Para esto se hicieron ajustes diarios de la ración
a ofrecer según los pesos que mostraban las larvas en los muestreos. El pienso empleado
MR
fue el alimento balanceado comercial para truchas El Pedregal (45% de proteína y 16%
grasa), el cual fue previamente tamizado para obtener tamaños de partículas < 600 µm y
entre 600-850 µm. Se determinaron la proteína total y el contenido de humedad (AOAC,
1990) de las dietas y de las larvas de 4 DDE y de 18 DDE. En el experimento donde se
evaluó el efecto de la inanición, los tanques fueron tapados con mallas para impedir la
entrada de ningún tipo de alimento.

25
______________________________________________________________________Materiales y Métodos

3.2 Muestreos
Antes de la limpieza de los tanques y de la alimentación matutina, las larvas fueron
muestreadas al azar de forma diaria, excepto en el bioensayo de la evaluación de las dietas
de iniciación, donde solamente se analizaron los días 8, 12, 15 y 18 después de
eclosionadas. Los tamaños de muestras empleados para cada bioensayo aparecen en la
Tabla 1. Una vez colectadas las larvas, estas eran anestesiadas con MS 222,
individualmente pesadas con una balanza Ohaus (±0.1 mg) y fijadas en solución de etanol
700 para el posterior análisis. En el experimento para la descripción histológica, las larvas
se fijaron primero en Bouin a temperatura ambiente por 24 horas y luego deshidratadas en
etanol.
Las especificidades del experimento de la ontogenia de las enzimas digestivas fueron las
siguientes. Las larvas removidas fueron mantenidas en dos pequeños tanques sin alimento
por al menos una hora para impedir la asimilación de ningún alimento y permitir parte del
vaciado intestinal. Todas las larvas se lavaron con agua destilada y el exceso de la misma
fue removido empleando papel absorbente. La disección se realizó bajo la observación
estereoscópica sobre una placa Petri refrigerada manteniendo una temperatura 0-20C. Entre
los 5 y los 12 DDE, fue tomada toda la larva, con excepción de la cabeza y la cola. A partir
del 13 DDE en adelante, se realizaba un corte desde el inicio del esófago y se extraía todo
el segmento intestinal incluido el hígado y el páncreas. Estas muestras fueron almacenadas
en tubos plásticos Eppendorf y mantenidos en hielo. Una vez terminado el muestreo, que no
excedía los 15 minutos, las muestras se congelaban en nitrógeno líquido a -700C y
posteriormente fueron liofilizadas para el análisis de la actividad enzimática. Fracciones del
tracto digestivo de un adulto (estómago, ciegos pilóricos, intestino, válvula espiral) fueron
tomadas e idénticamente procesadas como referencia para los análisis.

3.3 Procesamiento de las muestras, mediciones y determinaciones


El establecimiento de los estadios de desarrollo de las larvas fue llevado a cabo mediante la
observación (10, 20 y 40 X de amplificación) de la desaparición, la reducción o la aparición
de estructuras externas y mediante la observación in situ de la pigmentación y de la
conducta larval. Se empleó una cámara Kodak Z 760 montada en un microscopio binocular

26
______________________________________________________________________Materiales y Métodos

Omano y mediante semi-oscuridad o total iluminación se fotografiaron las larvas


conservadas.
Los caracteres morfométricos y merísticos fueron medidos o contados, empleando un
micrómetro ocular y un vernier digital (±0,01 mm) según los criterios definidos por Simon
y Wallus (1989) para las larvas de lepisosteidos. Los caracteres morfométricos aparecen en
la Figura 2 y los caracteres merísticos fueron el número de radios de las aletas dorsal, anal y
caudal.
Ads

AH LH
AC HC D

HP LC
Hsv
LAPc

Lsv LAPv

LPd
Hpa LPa

Hpta

HPc LTc

Lc
LS
LT

Figura 2. Caracteres morfométricos medidos en el manjuarí (modificado de Simon y


Wallus, 1989). Largo total (LT), largo estándar (LS), largo del hocico (LH), diámetro
ocular (D), largo cefálico (LC), largo predorsal (LPd), largo preanal (LPa), largo del tronco
(LTc), largo de la cola (Lc), largo del saco vitelino (Lsv), largos de las aletas pectorales
(LAPc) y pélvicas (LAPv), altura cefálica (HC), altura pectoral (HP), altura preanal (Hpa),
altura postanal (Hpta), altura del pedúnculo caudal (HPc), altura del saco vitelino (Hsv),
ancho inicial del hocico, ancho medio del hocico, ancho posterior del hocico (AH), ancho
cefálico (AC), ancho del disco suctorial (Ads).

27
______________________________________________________________________Materiales y Métodos

El porcentaje de mortalidad total fue determinado diariamente para el experimento del


efecto de la inanición en las larvas y para el bioensayo de las dietas de iniciación al
finalizar el mismo.
La tasa de crecimiento (TC; mm/d) fue calculada a través de: [LT2- LT1] / (t2-t1) donde LT2
y LT1 son los largos totales a los tiempos t2 y t1 (expresados en días) respectivamente. La
tasa de crecimiento específica (TCE; %/d) fue calculada como: 100 [ln P2-ln P1] / (t2-t1)
donde P2 y P1son los pesos húmedos a los tiempos t2 y t1 respectivamente (Rana, 1990 a,b).

3.3.1 Análisis histológico


Las muestras de las larvas enteras después de fijadas en Bouin por 24 horas fueron
conservadas en etanol 700 hasta su procesamiento. Posteriormente estas fueron
deshidratadas con inmersiones periódicas en alcohol a diferentes graduaciones (70-1000) e
incluidas en parafina. Secciones seriadas sagitales y transversas de 8 µm de espesor fueron
cortadas, fijadas en portaobjetos y secadas. Posteriormente fueron teñidas con
Hematoxilina-Eosina (HE) y con Ácido periódico-Shiff (PAS) (Drury y Wallington, 1980)
para la observación y descripción general. Se utilizó microscopía óptica (Omano) con
aumentos de 40X, 50X, 100X y 400X.

3.3.2 Actividad enzimática del tracto digestivo


Las muestras fueron pesadas y homogenizadas a una proporción 1:10 (tejido:agua bi-
destilada) durante unos minutos empleando un homogenizador de tejidos Polytron
(Brinkman Instruments, Westbury, N.Y) a una temperatura de 4oC. Posteriormente el
homogenizado fue centrifugado a 10 600 g por 15 min a la misma temperatura. El
sobrenadante fue colectado y dividido en alícuotas de 0,1 mL, las cuales se almacenaron en
nitrógeno líquido a -70oC y se emplearon posteriormente para los análisis de la actividad
enzimática y del contenido proteico. La concentración de proteína soluble total en los
extractos se determinó por el método de Bradford (1976) para lo cual se utilizó la albúmina
de suero bovino (BSA) como referencia.
Todas las determinaciones se realizaron por triplicado a temperatura ambiente (25oC)
empleando un espectrofotómetro de microplacas Tecan Sunrise excepto para los análisis de
las actividades de la amilasa y de las proteasas totales donde se empleó un

28
______________________________________________________________________Materiales y Métodos

espectrofotómetro Spectronic (Thermo Electronic, Waltham, Mass.) con celdas de cuarzo.


Todas las reacciones fueron corridas con concentraciones de sustratos saturadas y
comparadas con el blanco apropiado, empleando reactivos marca SIGMA.
La actividad de las proteasas ácidas del estómago en las muestras fue medida de acuerdo
con Anson (1938). Se empleó 0,5 mL de hemoglobina como sustrato (0,25%) en 0,5 mL de
buffer acetato de sodio-HCl (0,1 M, pH 3) e incubado con 25 µL del homogenado de la
muestra en un tubo de micro-centrifuga por 30 min a 37oC. La reacción se detuvo por
adición de 0,5 mL de ácido tricloroacético frío (TCA, 12%) y se mantuvo a 4oC durante 15
minutos. Las muestras fueron centrifugadas a 20 800 g a 4oC por 5 min y se leyó la
absorbancia del sobrenadante a 280 nm. La actividad de las proteasas alcalinas fue medida
mediante un protocolo similar al descrito anteriormente, excepto que se empleó como
buffer 50 mM Tris-HCl/20 mM CaCl2 (pH 8,5) y como sustrato la caseína (0,1%) (Walter,
1984).
Para la determinación de la actividad de aminopeptidasa, se mezclaron 30 µL del
homogenizado con 70 µL de buffer 50 mM Tris-HCl, 20 mM CaCl2 (pH 8,5). Después se
adicionaron, 200 µL del sustrato L-leucina-pNA (LNA, 2 mM) (Lauff y Hofer, 1984). Los
cambios en la absorbancia fueron continuamente registrados por 10 min a 405 nm.
Las actividades de las fosfatasas alcalinas y ácidas se determinaron de una forma similar,
empleando como sustrato 2% p-nitrofenil fosfato y como buffers 1,0 M dietanolamina/50
mM MgCl2 (pH 9,8) y 0,1 M de acetato de sodio-HCl (pH 4,8) respectivamente (Moyano et
al., 1996).
La actividad β-esterasa no específica fue estimada siguiendo el método de Brogdon y
Dickinson (1983), empleando como buffer fosfato de potasio (pH 7,2) y 100 µL de b-naftil
acetato como sustrato. La absorbancia fue leída a 540 nm después de 10 min de incubación
a temperatura ambiente.
Para la α-amilasa se empleó como sustrato 0,1 M acetato de sodio-HCl/6 mM NaCl (pH
4,8) con un 1 % de solución de almidón (Bernfeld, 1951). En un tubo de cristal, se
combinaron 0,5 mL de esta solución de almidón con 25 µL del homogenizado y 0,5 mL del
buffer. La reacción fue incubada a 25oC por 30 min y se detuvo por la adición de 1,5 mL de
ácido dinitrosalicílico (DNS), seguido de un baño de maría por 15 min. La solución

29
______________________________________________________________________Materiales y Métodos

resultante se diluyó con 2,5 mL de agua destilada y la actividad de α-amilasa se determinó


espectrofotométricamente a 540 nm.
Para todas estas determinaciones, una unidad de actividad (U) se define como la cantidad
de enzima que cataliza al sustrato causando un cambio de 0,001 en la absorbancia por
minuto (Walter, 1984), siendo las fórmulas:
Actividad (U/mg proteína)= Δabs/min/mg prot
Actividad (U/larva)= Δabs/min/larva

3.4 Análisis estadísticos


Se comprobó el ajuste de los datos a la normalidad mediante la Prueba de Kolmogorov-
Smirnov y la homogeneidad de varianza por la Prueba de Levene. Cuando no fueron
cumplidas estas premisas, los datos de conteos se transformaron a través de X , mientras
que a las proporciones se les aplicó el arcoseno X y luego se verificó nuevamente el
cumplimiento de las premisas de las pruebas paramétricas.
Para el establecimiento de los intervalos de LT se empleó un ANOVA de clasificación
simple a priori. Los datos de mortalidades y de peso húmedo de las larvas (en el
experimento de las dietas de iniciación), las actividades de las enzimas digestivas, la
concentración de proteínas de los extractos larvales, los caracteres morfométricos entre
intervalos de LT y entre los tratamientos con y sin alimento del bioensayo del efecto de la
inanición, así como los resultados del análisis bromatológico en las larvas, fueron
examinados mediante un ANOVA de clasificación simple y para las comparaciones
múltiples se empleó la prueba de Tukey. Para describir el crecimiento de las larvas se
emplearon análisis de regresión simple. Todos estos análisis se realizaron con nivel de
significación de 0,05 en el programa STATISTICA 6.0 (StatSoft, Inc., 2001).
El crecimiento alométrico fue calculado como una función de X (X=LT o LC) empleando
los datos no transformados: y=a Xb; donde y era el carácter medido, a el intercepto y b el
coeficiente de crecimiento (Fuiman, 1983). Las ecuaciones fueron establecidas por la
regresión de los datos log-transformados, empleando LT o LC como la variable
independiente (Gisbert, 1999; Gisbert et al., 2002). Cuando el crecimiento es isométrico, el
coeficiente de crecimiento es b=1 para el largo, altura y ancho y es b=3 para el peso cuando

30
______________________________________________________________________Materiales y Métodos

es comparado con X. El crecimiento alométrico es positivo cuando b es >1 o 3, y negativo


cuando es <1 o 3 (Osse y Boogart, 2004).
Los crecimientos bi o trifásicos pudieron ser descritos por dos o tres curvas diferentes de
crecimiento respectivamente. El valor de la X donde la pendiente cambia es denominado
punto de inflexión. Los puntos de inflexión fueron determinados a través de procedimientos
de iteración de acuerdo con lo descrito por Snik et al. (1997), Gisbert (1999) y Gisbert et al.
(2002) empleando una hoja de cálculo de EXCEL programada con las ecuaciones
pertinentes (Zar, 1996). El set de datos x–y se ordenaron crecientemente por la X. Las
líneas de regresión fueron calculadas desde Xmin hasta Xintermedia, y desde Xintermedia hasta
Xmax, donde X intermedia variaba iterativamente desde Xmin +2 hasta Xmax -2. Se realizaban
pruebas t para chequear si el coeficiente de crecimiento para Xmin Xintermedia y Xintermedia Xmax
difería significativamente. El valor de Xintermedia que resultara con el mayor valor de t era
definido como el punto de inflexión. El nivel de significación aceptado era p< 0,05.

31
4. RESULTADOS

32
_______________________________________________________________________________Resultados

4.1 Descripción morfológica larval


El análisis cualitativo basado en la desaparición, reducción o la aparición de estructuras
externas, así como la observación in situ de la pigmentación y de la conducta larval,
permitió establecer tres etapas de desarrollo larval para esta especie (Tabla 2).

Etapa 1- Larva Adherida


0 DDE- 3 DDE (28oC)
La larva recién eclosionada carece de una cavidad bucal (stomodeum) sin extensión del
hocico y posee una papila adhesiva en forma de disco suctorial que le permite adherirse a la
vegetación mientras se absorbe el saco vitelino. Durante esta etapa, el disco suctorial se
reduce (en un 90 %), la boca se abre y se comunica con el sistema digestivo (Fig. 3A, B).
La cabeza se proyecta por encima del saco vitelino y se hace evidente una copa óptica
despigmentada que cubre a los ojos esféricos (Fig. 3B). El saco vitelino es de color amarillo
pálido, alargado, de esférico a ovoide y a menudo puntiagudo en el extremo posterior. La
profundidad de este saco decrece gradualmente (75 %) durante esta etapa (Fig. 3C).
La primera aleta distinguible es la aleta media, la cual es transparente y se hace evidente en
la parte posterior después del saco vitelino, con agregados pigmentarios que indican las
futuras aletas dorsal, caudal y anal (Fig. 3C). No se observaron las aletas pélvicas y las
aletas pectorales se localizaron por encima y anterior al saco vitelino. Ningún radio de las
aletas fue visible en esta etapa. Un gran opérculo cubrió los lados anteriores laterales del
saco vitelino hasta la base de las aletas pectorales (Fig. 3D). Los filamentos branquiales y la
red de vasos sanguíneos se hicieron muy visibles.
Las larvas recién eclosionadas aparecían muy escasamente pigmentadas, principalmente en
la cabeza. Se presentaron algunos melanóforos esparcidos en la región medio dorsal del
saco vitelino y junto a la unión de este con el cuerpo. Los melanóforos estaban densamente
concentrados en la superficie superior del intestino desde el saco vitelino hasta el ano,
formando una línea oscura en las zonas de las futuras aletas anal y caudal. En la región
dorsal del cuerpo no se evidenció pigmentación hasta que se formó una línea parda desde el
hocico hasta la futura aleta dorsal a los 2 DDE. Durante esta etapa, los melanóforos del
saco vitelino se incrementaron en número (Fig. 3E).

33
_______________________________________________________________________________Resultados

Tabla 2. Características principales descritas en cada una de las etapas de desarrollo de las
larvas del manjuarí desde la eclosión hasta los 18 días después de eclosionadas (DDE). En
negrita se señalan los caracteres esenciales para cada una de las etapas de desarrollo. En los
esquemas Barra=1mm. TC (Tasa de crecimiento), TCE (Tasa de crecimiento específica).

Etapa 1 (n=33) Etapa 2 (n=61) Etapa 3 (n=29)


Larva adherida Larva en transición Larva libre nadadora
DDE (28oC) 0-3 4- 10 11-18
Largo total 10,5-17,7 mm 16,2-24,9 mm 22,9-35,2 mm
Pesos 20-37 mg 32-52 mg 43-179 mg
Disco suctorial Evidente Casi absorbido Ausente
Boca Cavidad bucal y boca Hocico alongado, Longitud del hocico se
se abren Dientes escasamente incrementa y dientes
visibles presentes
Saco vitelino Presente Reducido Ausente
Aleta media Evidente Reducida Casi ausente (solo entre
el ano y aleta anal)
Aletas pélvicas Ausente Iniciadas Radios definidos
Aleta caudal Sin radios Radios iniciados Radios definidos
Adheridas, posición Separadas, posición Libre nadadora
vertical horizontal
Conducta Movimiento rítmico Inicio de alimentación
mandíbula-opérculo exógena
Pigmentación Dispersamente Zona ventral parda, Línea parda lateral
pigmentada (cabeza, banda parda-amarilla conspicua entre los
línea lateral oscura pálida con márgenes lados dorsal pardo-
desde el saco vitelino blancos irregulares en amarillo y el ventral
al ano y línea parda la región dorsal, Línea grisáceo, desde el
dorsal) parda dorsal desaparece hocico hasta la aleta
caudal con una banda
superior despigmentada
Fase Lecitotrófica Lecitoexotrófica Exotrófica
TC=1,30 mm/d
TCE= 10,2 %/d

34
_______________________________________________________________________________Resultados

Las larvas permanecieron adheridas a la vegetación o a la superficie del agua a través del
disco suctorial, manteniendo una posición vertical o semi-vertical y donde se hacían
evidentes los movimientos rítmicos de la mandíbula y de los opérculos flexibles.

ds A B o
s
sv am
C
s

apc

D op E

Fig. 3. Etapa 1 de desarrollo de Atractosteus tristoechus (larva adherida). A) cabeza en vista


ventral, ds- disco suctorial, s-stomodeum. B) cabeza en vista lateral, o-ojo. C) larva en vista
lateral, am- aleta media, sv- saco vitelino. D) región anterior de la larva en vista lateral, apc-
aleta pectoral, op- opérculo. E) larva en vista superior, patrón de coloración. Barra = 1 mm.

Etapa 2- Larva en Transición


4 DDE- 10 DDE (28oC)
La boca se formó y la mayoría del disco suctorial se absorbió, quedando solamente un
pequeño remanente en la punta del hocico. El hocico comenzó a adoptar su forma alargada
característica, con un alargamiento del maxilar con relación a la mandíbula y se hicieron
visibles en esta última los primordios de los dientes (Fig. 4A, B). El aparato nasal se hizo
evidente con las aberturas incurrentes y excurrentes (Fig. 4C). Los ojos comenzaron a verse
esféricos y pigmentados.
Los brotes de las aletas pélvicas se hicieron visibles en la parte posterior del saco vitelino,
el cual se reduce considerablemente (Fig. 4D). Los remanentes de la aleta media fueron
observados entre la aleta dorsal en desarrollo, la caudal y la aleta anal, siendo más
conspicuos entre la aleta anal y los brotes de las aletas pélvicas. Esta aleta media se fue
perdiendo gradualmente mientras las otras aletas se desarrollaban. Comenzaron a hacerse
visibles en las aletas impares los rudimentos de los radios de las aletas, principalmente en la
caudal (pterygióforos basales). Las aletas pectorales se alargaron, se desarrolló una

34
_______________________________________________________________________________Resultados

pigmentación oscura en la base permaneciendo los márgenes transparentes y comenzó la


formación de los radios. Se inicia una reducción relativa del opérculo que se observa como
una estructura más sólida.
En esta etapa, la larva comienza a separarse de la vegetación y permanece cercana a la
superficie del agua, siendo capaz de moverse en posición horizontal, por medio de
ondulaciones de la parte caudal del cuerpo. Se inicia la alimentación exógena, confirmada
por el movimiento lateral de la cabeza seguida de mordiscos, que permitieron atrapar el
alimento vivo. Se observó por transparencia el tracto digestivo lleno de alimento así como
las primeras deposiciones fecales.
La pigmentación consistió principalmente en áreas pardas hacia el lado ventral de cuerpo y
hacia la región dorsal apareció una línea pálida, que se extiende desde la cabeza hasta la
región posterior, de color pardo-amarillento con márgenes irregulares de color blanco. La
línea dorsal distintiva que se evidenció en la etapa 1 desaparece. Al final de esta segunda
etapa, todas las aletas tienen pigmentación oscura con los márgenes transparentes (Fig. 4D).

A B C

ds an
op sv
D

apc apv am

Fig. 4. Etapa 2 de desarrollo de Atractosteus tristoechus (larva en transición). A-B) cabeza en


vista lateral, ds- disco suctorial. C) hocico en vista superior, an- abertura nasal. D) larva en
vista lateral, am- aleta media, apc- aleta pectoral, apv- aleta pélvica, op- opérculo, sv- saco
vitelino. Barra = 1 mm.

35
_______________________________________________________________________________Resultados

Etapa 3- Larva libre nadadora


11 DDE- 18 DDE (28oC)
Las larvas son libres nadadoras y desarrollaron la forma alargada característica del adulto.
El disco suctorial estaba totalmente ausente, el hocico se alargó y en las mandíbulas
aparecieron los dientes afilados (Fig. 5A). La aleta media fue observada solamente entre el
ano y la aleta anal con tendencia a su desaparición total. Los radios de las aletas
comenzaron a formarse en la aleta dorsal, anal y en las pélvicas. La formación de los radios
de las aletas pectorales y caudal se completó y las aletas pareadas se pigmentaron (Fig. 5B).

El cuerpo se tornó grisáceo hacia la zona ventral y ventro-lateral. Comenzó a hacerse


conspicua una línea longitudinal parda oscura entre el lado dorsal pardo-amarillento y el
lado ventral, iniciándose justo detrás del extremo posterior del hocico, atravesando los ojos
y terminado en la aleta caudal (Fig. 5C). Numerosos melanóforos aparecieron esparcidos
por todo el cuerpo excepto en la línea lateral despigmentada que va desde el hocico hasta el
ano.

A B C

d rc

Fig. 5. Etapa 3 de desarrollo de Atractosteus tristoechus (larva libre nadadora). A) hocico en


vista lateral, d- dientes. B) región posterior de la larva en vista lateral, rc-radios caudales. C)
región medio-anterior de la larva en vista lateral, patrón de coloración. Barra = 1 mm.

36
_______________________________________________________________________________Resultados

4.2 Morfometría larval


El análisis de varianza a priori permitió establecer cinco intervalos de longitud total
estadísticamente diferentes (F(5,118)=652,72; p<0,05) (Fig. 6). El primer intervalo (10,5-14,9
mm) agrupó a las larvas de la etapa 1 de desarrollo, que se encontraban adheridas al
sustrato e incluye desde las recién eclosionadas hasta las de 2 DDE a 280C. El segundo
intervalo (16- 22,1 mm) incluyó las larvas de 3 a 5 DDE que se encontraban pasando de la
primera a la segunda etapa de desarrollo. El próximo intervalo (22,4- 24,9 mm) estuvo
representado por larvas de 6 a 12 DDE, que poseían el crecimiento más lento de todos los
intervalos tanto en talla (TC=0,4 mm/d) como en peso (TCE=2,14 %/d) y contenía larvas
de las etapas 2 y 3 de desarrollo. Los últimos dos intervalos (26,2- 31 mm; 31,8- 35,2 mm)
estuvieron caracterizados por el mayor incremento en peso (17,2 %/d) y en talla (1,5
mm/d).

18 Estadio 1
Estadio 2
Estadio 3
16

14

12

10
DDE

8 10 12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38

Largo total (mm)

Fig. 6. Relación entre el largo total, la edad y los estadios de desarrollo de las larvas de
manjuarí desde la eclosión hasta los 18 días después de eclosionados (DDE). Los círculos
representan los intervalos de largo total obtenidos como resultado de un ANOVA a priori
(F(5,118)=652,72; p<0,05) (n=123).

37
_______________________________________________________________________________Resultados

Los caracteres morfométricos y merísticos medidos (Tabla 3) fueron agrupados en estos


cinco intervalos de longitud total. Los caracteres que difieren estadísticamente entre todos
los intervalos fueron: largo de hocico, largo de las aletas pélvicas y ancho inicial del hocico
(al nivel de los orificios nasales). El largo del hocico representa el 4,1 % del largo total
(LT) en las larvas recién eclosionadas (que promediaron 10,5-14,9 mm LT) y se incrementó
a 14,8 % del LT cuando la larvas alcanzaron 31,8-35,2 mm LT (18 DDE). El largo de las
aletas pélvicas se incrementó de 2,1 % del LT cuando estas aparecieron por primera vez
(16-22,1 mm) a 4,9 % de LT a los 18 DDE. Sin embargo, el ancho inicial del hocico
disminuyó significativamente desde un 15,8 % hasta un 9,9 % del largo cefálico (LC) desde
el segundo hasta el quinto intervalo de longitud total.
Los caracteres del largo y ancho cefálico difirieron significativamente en todos los
intervalos con la excepción de los dos últimos. En las larvas recién eclosionadas, el largo
cefálico fue de un 22 % del LT y se incrementó a 31,5 % del LT hacia los días 15-18 DDE.
El ancho cefálico sin embargo decreció del 63,8 % hasta el 32,2 % del LC en el período
estudiado.

38
_______________________________________________________________________________Resultados

Tabla 3. Caracteres morfométricos (media + DE; Mínimo-Máximo) de las larvas de


manjuarí agrupados por los intervalos de largo total seleccionados. Los caracteres están
expresados en porcentaje del largo total (LT) o del largo cefálico (LC). El conteo de los
radios de las aletas también aparece para cada intervalo. Letras diferentes indican
diferencias significativas entre los intervalos de largo total para cada carácter (p<0,05).

Intervalos de Largo total (LT) (mm)


10,5 – 14,9 16- 22,1
(n=27) (n=27)
Mediciones Media + DE Min-Max Media + DE Min-Max
Largos, % de LT
Largo del hocico 4,1 + 0,94e 2,5 – 7,5 6,9 + 1,34 d 5,2 – 9,5
Diámetro ocular 6,4 + 0,53 a 5,3 – 7,6 5,7 + 0,41 b 4,9 – 6,8
Largo cefálico (LC) 21,9 + 2,33 d 18,5 – 27,3 26,1 + 1,47 c 23,6 – 29,1
Largo predorsal 72,5 + 2,39 a 68,5 – 77,4 66,7 + 1,22 c 64,7 – 69,6
Largo preanal 69,4 + 2,02 a 65,8 – 73,6 63,1 + 1,30 c 61,1 – 65,7
Largo estándar 98,4 + 0,70 a 97,0 – 99,2 96,0 + 1,34 c 94,2 – 99,3
Largo del saco vitelino 36,9 + 2,29 a 31,5 – 41,1 31,9 + 3,04 b 27,2 – 37,5
Largos de las aletas, % de LT
Pectorales 4,3 + 1,27 c 2,5 – 6,7 6,9 + 0,68 a 5,8 – 8,1
Pélvicas 2,1 + 0,59 d 1,0 – 2,8
Alturas corporales, % de LT
Altura cefálica 14,9 + 1,64 a 12,4 – 18,9 10,9 + 1,34 b 8,8 – 14,1
Altura pectoral 22,6 + 2,60 a 18,8 – 28,3 12,6 + 3,01 b 1,4 – 17,5
Altura preanal 7,3 + 1,32 b 4,4 – 9,8 8,5 + 0,86 a 6,8 – 10,6
Altura postanal 5,5 + 0,80 b 3,5 – 6,9 6,2 + 0,56 a 5,2 – 7,7
Altura pedúnculo caudal 5,2 + 0,69 ab 4,5 – 6,1 5,7 + 0,46 a 4,7 – 6,7
Altura saco vitelino 16,8 + 2,98 a 12,1 – 22,6 9,8 + 1,40 b 6,9 – 12,7
Anchos corporales, % de LC
Ancho inicial del hocico 15,8 + 1,53 a 14 – 19,1
Ancho medio del hocico 32,0 + 4,89 a 25,8 – 48,7
Ancho posterior del hocico 41,4 + 5,82 a 32,3 – 52,2 41,2 + 4,61 a 33,9 – 51,3
Ancho cefálico 63,8 + 7,42 a 48,6 – 83,3 50,1 + 5,31 b 41,9 – 60,0
Ancho disco suctorial 29,0 + 6,70 a 17,6 – 40,0 11,7 + 1,09 b 10,6 – 12,8
Conteo de radios de aletas
Dorsal 0 0
Anal 0 4
Caudal 0 6 - 10

39
_______________________________________________________________________________Resultados

Tabla 3. (continuación)

Intervalos de Largo total (LT) (mm)


22,4- 24,9 26,2- 31 31,8- 35,2
(n=46) (n=12) (n=11)
Mediciones Media + DE Min-Max Media + DE Min-Max Media + DE Min-Max
Largos, % de LT
Largo del hocico 11,2 + 1,10 c 8,5–13,3 13,7 + 1,30 b 12–16,4 14,8 + 0,88 a 13,4–16,2
Diámetro ocular 5,5 + 0,29 bc 4,9–6,2 5,5 + 0,33 bc 4,8–6 5,3 + 0,28 c 4,7–5,6
Largo cefálico (LC) 28,6 + 1,60 b 25,5–33,6 31,2 + 2,07 a 27,9–34,5 31,5 + 1,12 a 29,4–33,0
Largo predorsal 67,4 + 1,26 c 65,0–69,7 69,7 + 2,61 b 66,0–74,9 69,5 + 1,20 b 67,9–71,8
Largo preanal 63,7 + 1,68 c 59,2–67,2 66,5 + 2,53 b 63,2–71,5 66,0 + 1,34 b 64,0–69,1
Largo estándar 95,4 + 1,04 c 93,2–97,7 97,3 + 1,34 b 94,6–98,9 96,9 + 1,08 b 94,9–98,7
Largo del saco vitelino
Largos de las aletas, % de LT
Pectorales 6,0 + 0,54 b 4,4–7,1 5,5 + 0,59 b 4,5–6,3 5,7 + 0,36 b 5,2–6,5
Pélvicas 3,2 + 0,42 c 2,4–3,9 4,2 + 0,71 b 3,4–5,8 4,9 + 0,42 a 4,3–5,5
Alturas corporales, % de LT
Altura cefálica 8,8 + 0,51 c 7,6–10,1 8,9 + 0,88 c 6,9–10,5 8,5 + 0,38 c 7,9–9,4
Altura pectoral 9,5 + 0,47 c 8,6–10,7 9,7 + 0,67 c 8,3–10,4 9,6 + 0,31 c 9,1–10,1
Altura preanal 7,0 + 0,50 b 5,7–7,7 7,7 + 0,71 b 6,2–8,5 7,7 + 0,25 b 7,3–8,1
Altura postanal 5,2 + 0,42 b 3,8–5,9 5,2 + 0,36 b 4,6–5,7 5,2 + 0,28 b 4,8–5,8
b
Altura pedúnculo caudal 4,9 + 0,43 3,8–5,8 4,9 + 0,33 b 4,4–5,3 5,0 + 0,29 b 4,6–5,4
Altura saco vitelino
Anchos corporales, % de LC
Ancho inicial del hocico 13,5 + 1,13 b 10,8–15,9 11,0 + 1,01 c 9,1–12,8 9,9 + 0,44 d 9,3–10,9
Ancho medio del hocico 23,7 + 1,71 b 20,3–27,1 21,6 + 1,91 b 19,2–24,4 20,2 + 1,33b 18,7–22,3
Ancho posterior del hocico 31,4 + 2,70 b 23,2–36,8 29,2 + 2,04 b 25,9–32,9 27,0 + 1,32 b 24,8–29,1
Ancho cefálico 38,5 + 2,37 c 33,3–42,4 33,9 + 1,70 d 30,3–36,7 32,2 + 1,02 d 30,6–33,7
Ancho disco suctorial
Conteo de radios de aletas
Dorsal 4–6 6–8 6–8
Anal 4–7 5–7 6–8
Caudal 9 – 12 11 – 13 12 – 14

40
_______________________________________________________________________________Resultados

4.3 Crecimiento
Las larvas desde la eclosión hasta el día 18 después de la eclosión, incrementaron 3,1 veces
su largo total y 6,3 veces su peso (Fig. 7). El incremento en el largo total fue definido por la
siguiente ecuación: LT= 12,88 + 1,217 X DDE, y el incremento en el peso total fue descrito
por la ecuación PT = 23,89 X exp (0,091 X DDE). La tasa de crecimiento fue de 1,30 mm/d
y la tasa de crecimiento específica promedió 10,2 %/d. Durante estos primeros 18 días de
nacidas, fueron identificados tres períodos de crecimiento larval: 0-6 DDE, 7-11 DDE y 12-
18 DDE. Se observó un rápido crecimiento durante los períodos 0-6 DDE y 12-18 DDE, y
el menor crecimiento ocurrió entre los 7-11 DDE (0,02 mm/d y 2,8 %/d).

180 40
Peso
160 35
LT 1,62 mm/d
140 30
0,02 mm/d

Largo total (mm)


120
25
Peso (mg)

2,01 mm/d
100
20
80
15
60 14,3 %/d

40 10
11,6 %/d 2,8 %/d
20 5

0 0
0 2 4 6 8 10 12 14 16 18
DDE

Fig. 7. Crecimiento en peso (escala izquierda) y en longitud total (escala derecha) del
manjuarí desde la eclosión hasta los 18 días después de eclosionados (DDE). Cada punto
representa la media de 9 individuos + ee. Las líneas verticales discontinuas definen los tres
períodos de crecimiento (0-6 DDE, 7-11 DDE, 12-18 DDE). Se representan para cada
período la Tasa de crecimiento (TC, mm/d) y la Tasa de crecimiento específica (TCE, %/d).

39
_______________________________________________________________________________Resultados

Al aplicar el análisis alométrico, se encontró que el crecimiento para el peso húmedo fue
negativamente alométrico (a= -0,09; b= 1,29; R2= 0,79) y se detectaron dos fases
distintivas del crecimiento: un crecimiento lento alométrico negativo desde la eclosión
hasta el 14 DDE y un rápido crecimiento alométrico negativo desde el 14 hasta el 18 DDE
(Fig. 8).

200
180
160
140
120
100

80
Peso húmedo (mg)

2,09
60 y = -2,47x ;
0,91
y = 0,97x ; R2 = 0,86; n=105 2
R = 0,50; n=19
40

20

10 12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38

Largo total (mm)

Fig. 8. Ecuaciones del crecimiento alométrico y relaciones entre el peso húmedo y el largo
total de A. tristoechus durante el desarrollo temprano (desde la eclosión hasta los 18 días).
La línea discontinua representa el punto de inflexión en el crecimiento. Note los ejes
logarítmicos.

De los 23 caracteres morfométricos analizados, solamente seis mostraron crecimiento


isométrico como una función del largo total durante las primeras etapas del desarrollo
(Tabla 4).

40
_______________________________________________________________________________Resultados

Tabla 4. Caracteres morfométricos con crecimiento isométrico como función del largo total
en larvas de manjuarí desde la eclosión hasta los 18 días después de eclosionadas (n=123,
a-intercepto, b-coeficiente de crecimiento).
Caracteres
a b R2
morfométricos
Largo predorsal -0,20 0,94 0,98
Largo preanal -0,22 0,93 0,98
Largo estándar 0,04 0,98 0,99
Largo de la cola -1,4 1,08 0,97
Altura preanal -2,61 1,00 0,86
Altura postanal -2,71 0,93 0,87

Sin embargo, las otras proporciones corporales y los coeficientes de crecimiento


cambiaron considerablemente durante este período larval. El largo cefálico, la altura y su
ancho, exhibieron patrones de crecimiento bifásicos (Fig. 9 A,B,C) con puntos de inflexión
en los 22,48mm LT (6 DDE), 19,18 mm LT (4 DDE) y 5,8 mm LC (6 DDE)
respectivamente. El crecimiento del largo cefálico fue positivamente alométrico (a= -2,46;
b= 1,38; R2= 0,98) durante el desarrollo larval; sin embargo, el crecimiento de la altura
cefálica (a= -0,38; b= 0,37; R2= 0,61) y de su ancho (a= 0,06; b= 0,48; R2= 0,90) fueron
negativamente alométricos.
El diámetro ocular incrementó con alometría negativa (a= -2,28; b= 0,81; R2= 0,95) durante
todo el período de desarrollo, pero su crecimiento pudo ser divido en tres etapas diferentes
(Fig. 9D). Desde la eclosión hasta 3-4 DDE (primer punto de inflexión a los 17,25 mm LT)
el crecimiento fue negativamente alométrico (b= 0,80); un segundo punto de inflexión
apareció a los 24,42 mm LT (7 DDE), pero el ojo creció cercano a la isometría en estas dos
últimas etapas.
El crecimiento del largo del hocico mostró una fuerte alometría positiva en relación con el
largo total en larvas tempranas (a= -6,59; b= 2,36; R2= 0,96), con un punto de inflexión a
los 6 DDE y coeficientes de crecimiento similares en ambas fases (Fig. 10A). El ancho
posterior del hocico también mostró este patrón bifásico pero su crecimiento fue
negativamente alométrico (a= -0,52; b= 0,67; R2 = 0,88) en relación con el largo cefálico
(Fig. 10B).

41
_______________________________________________________________________________Resultados

13 3,1
12 3,0
11 2,9
10 2,8
9 2,7 y = -0,29x 0,35;
8
1,38;
2,6 R 2 = 0,33; n=43
7 y = -2,47x R2 = 0,95; n=56 2,5

Altura cefálica (mm)


Largo cefálico (mm)

6 y = -2,11x 1,27; 2,4


2,3
5 R 2 = 0,90; n=68 2,2
4 2,1
2,0
3 1,9
y = -1,77x 0,80;
1,8
1,7
R 2 = 0,74; n=81
2
1,6

1,5

A 1,4
B
1 1,3
10 12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38 10 12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38

Largo total (mm) Largo total (mm)


4,0 2,0
3,8 1,9
3,6 1,8
3,4 1,7
3,2 1,6
3,0 0,62 1,5
y = -0,08x ; R 2 = 0,85; n=51
Diámetro ocular (mm)
2,8 1,4
Ancho cefálico (mm)

2,6 1,3
2,4 1,2 y = -2,61x 0,90;
y = -0,09x 0,55; R 2 = 0,83; n=34
2,2 1,1
R 2 = 0,84; n=73 y = -2,26x 0,80;
2,0 1,0
1,8 0,9
R 2 = 0,75; n=37
y = -2,82x 0,97;
1,6 0,8 R 2 = 0,77; n=54
1,4 0,7

1,2 0,6
C
D
1,0 0,5
2 4 6 8 10 12 14 8 10 12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36
Largo cefálico (mm) Largo total (mm)

Fig. 9. Ecuaciones del crecimiento alométrico y relaciones entre diferentes regiones y órganos
cefálicos seleccionadas con el largo total o largo cefálico de A. tristoechus durante el desarrollo
temprano. A) Largo cefálico [6 DDE], B) Altura cefálica [4 DDE], C) Ancho cefálico [6 DDE], D)
Diámetro ocular [3-4; 7 DDE]. Las líneas discontinuas representan los puntos de inflexión en el
crecimiento y en corchetes se especifican las edades en los que estos aparecen. Note los ejes
logarítmicos.

42
_______________________________________________________________________________Resultados

7
6
5
4

3
Largo del hocico (mm)

2
y = -5,57x 1,96; R2 = 0,83; n=47 2,00
y = -5,38x ;
R2 = 0,87; n=77
1

A
10 12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38

Largo total (mm)


3 ,6
3 ,4
3 ,2
3 ,0
2 ,8
2 ,6
Ancho posterior del hocico (mm)

2 ,4
2 ,2
2 ,0
0,87 0 ,67
1 ,8 y = -0,74x ; y = -0,53x ;
1 ,6 R = 0,87; n=59 2 2
R = 0,73; n=65
1 ,4

1 ,2

1 ,0

0 ,8

B
0 ,6
2 4 6 8 10 12 14

Largo ce fálico (mm)

Fig. 10. Ecuaciones del crecimiento alométrico y relaciones entre las regiones del hocico
con el largo total o largo cefálico de A. tristoechus durante el desarrollo temprano. A)
Largo del hocico [6 DDE], B) Ancho posterior del hocico [6 DDE]. Las líneas discontinuas
representan los puntos de inflexión en el crecimiento y en corchetes se especifican las
edades en los que estos aparecen. Note los ejes logarítmicos.

43
_______________________________________________________________________________Resultados

Durante los primeros 18 DDE, el crecimiento del largo del tronco fue negativamente
alométrico (a= 0,08; b= 0,65; R2= 0,91) y bifásico, con un punto de inflexión a los 14,9 mm
LT (2 DDE) (Fig. 11A). El crecimiento de la altura pectoral fue negativamente alométrico
(b= 0,04) y se puede dividir en dos partes también (Fig. 11B), mostrando la primera parte
(desde la eclosión hasta los 4 DDE) una disminución en la altura pectoral (b= -0,19), siendo
este el único decrecimiento encontrado en todos estos análisis realizados. Desde este punto
de inflexión (18,76 mm LT), la altura pectoral se incrementó y se evidenció un crecimiento
alométrico negativo (b= 0,68). Las otras alturas corporales (preanal y postanal) mostraron
sin embargo un crecimiento isométrico (Tabla 4).
Las aletas pectorales y pélvicas incrementaron en largo desde la eclosión hasta los 18 DDE
con un crecimiento alométrico positivo y bifásico (a= -3,65; b= 1,26; R2= 0,77 // a= -8,89;
b= 2,69; R2= 0,85; respectivamente). Las aletas pectorales presentaron un crecimiento
alométrico positivo desde la eclosión hasta el 8 DDE y de aquí en lo adelante mostraron un
crecimiento isométrico (Fig. 11C). Para las aletas pélvicas, se encontró una alometría
rápida y positiva (b= 4,04) hasta el punto de inflexión (24.88 mm LT a los 8 DDE), pero a
diferencia de las aletas pectorales, de este punto en lo adelante, el coeficiente de
crecimiento siguió mostrando alometría positiva (Fig. 11D).
Finalmente, el crecimiento de la cola mostró la misma tendencia isométrica que exhibieron
los otros caracteres presentes en la Tabla 4. Sin embargo, la altura del pedúnculo reveló
alometría negativa (a= -2,39; b= 0,82; R2= 0,79) a través de los 18 días del experimento.
Desde la eclosión hasta los 8 DDE (22,87 mm LT), la altura del pedúnculo caudal del
manjuarí mostró una alometría positiva y desde ese punto de inflexión hasta los 18 DDE, el
crecimiento fue isométrico (Fig. 12).
Durante la etapa larval, todos los puntos de inflexión permanecen en un estrecho intervalo
de largos corporales y edades [LT 13,7- 23,7 mm, edades 2-8 DDE] pero se concentran
principalmente entre los 4 y 8 DDE (Fig. 13).

42
_______________________________________________________________________________Resultados

14 3,6
13
12
3,4 y =1,47x -0,19;
11 3,2 R 2 = 0,21; n=41
Largo del tronco (mm)

10 3,0

Altura pectoral (mm)


9
2,8
y =- 0, 57x 0,47;
8
R 2 = 0,55; n=27 2,6 y = -1,30x 0,68;
7 R 2 = 0,60; n=83
2,4
0,87
6
y = -0,61x ; R 2 = 0,92; n=97
2,2

5
2,0
A B
4
10 12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38 1,8
10 12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38
Larg o total (mm) Largo total (mm)
2,6 2,0
2,4 1,8
2,2
Largo de las aletas pectorales (mm)

2,0 1,6

Largo de las aletas pélvicas (mm)


1,8 1,45;
y = -4,18x R 2 = 0,76; n=89 1,4
1,6
1,2
1,4
1,2 1,0 y = -6,6x 2,01;
1,0 y = -2,80x 0,98; 0,8 R2 = 0,78; n=66
R 2 = 0,62; n=26 y = -13,1x 4,04;
0,8
0,6 R2 = 0,83; n=63
0,6

0,4
0,4

C 0,2
D
0,2
10 12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38

Largo total (mm) Largo total (mm)

Fig. 11. Ecuaciones del crecimiento alométrico y relaciones entre diferentes regiones seleccionadas
del tronco con el largo total de A. tristoechus desde la eclosión hasta los 18 días. A) Largo del tronco
[2 DDE], B) Altura pectoral [4 DDE], C) Largo de aletas pectorales [8 DDE], D) Largo de aletas
pélvicas [8 DDE]. Las líneas discontinuas representan los puntos de inflexión en el crecimiento y en
corchetes se especifican las edades en los que estos aparecen. Note los ejes logarítmicos.

34
_______________________________________________________________________________Resultados

2,0
1,8

Altura del pedúnculo caudal (mm)


1,6

1,4
1,20
y = -3,49x ; R2 = 0,85; n=44
1,2
1,04
1,0 y = -3,14x ;
R2 = 0,76; n=64
0,8

0,6

0,4
10 12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38

Largo total (mm)

Fig. 12. Ecuaciones del crecimiento alométrico y relación de la altura del pedúnculo caudal
con el largo total de A. tristoechus durante el desarrollo temprano. La línea discontinua
representa el punto de inflexión en el crecimiento [8 DDE]. Note los ejes logarítmicos.

LC
AC
LH LAPc
LAPv
AH
HPc
HC
HP

LTc PH
D D

0 2 4 6 8 10 12 14 16 18
DDE

Fig. 13. Puntos de inflexión de los coeficientes de crecimiento encontrados para A.


tristoechus mantenidos a temperatura constante de incubación (28±1oC) según los días
después de eclosionados (DDE). AC- ancho cefálico, AH- ancho del hocico, D- diámetro
ocular, HC- altura cefálica, HP- altura pectoral, HPc- altura pedúnculo caudal, LAPc- largo
aletas pectorales, LAPv- largo aletas pélvicas, LC- largo cefálico, LH- largo del hocico,
LTc- largo tronco, PH- peso húmedo.

35
_______________________________________________________________________________Resultados

4.4 Desarrollo histológico del tracto digestivo


Cuando la larva del manjuarí emerge de la membrana del huevo, posee un tracto digestivo
histológicamente indiferenciado a todo su largo, yaciendo dorsalmente al saco vitelino. Este
canal alimenticio incipiente no tiene comunicación con el exterior porque tanto la boca
como el ano permanecen cerrados. El epitelio consistió en una capa monoestratificada de
células cúbicas-columnares con núcleo centro/basal, rodeada de una fina capa de tejido
conectivo. El lumen de este tracto digestivo era estrecho con tendencia a agrandarse hacia
el inicio del mismo (Fig. 14). El saco vitelino contenía numerosos glóbulos de vitelo
rodeado por una envoltura vitelina y detrás aparecían un grupo de células redondeadas con
núcleo esférico y citoplasma basófilo que se corresponden con el hígado incipiente que está
penetrado por el tejido pancreático (Fig. 15 A,B). El volumen del saco vitelino decreció
hasta su completa absorción para el final del día 11 DDE.
Durante la fase de alimentación endógena, el tracto digestivo experimentó una
diferenciación anatómica gradual. A los 2 DDE (12,5-14,9 mm LT) fue evidente la
presencia del esófago, el estómago y el intestino (Fig. 15C). Un día después, la boca y el
ano abrieron. Cuando la primera alimentación exógena se inició (4 DDE), el canal
alimentario consistió en una estructura bien desarrollada y organizada: bucofaringe,
esófago, estómago glandular y no glandular, intestino anterior y posterior; y ya poseía las
cuatro capas de tejido característicos de los vertebrados adultos.
A los ocho días después de eclosionados, la morfología gastro-intestinal del manjuarí
mostró cambios numerosos y rápidos. Después del inicio exclusivo de la alimentación
exógena (12 DDE), la organización y diferenciación del tracto digestivo no sufrió ninguna
modificación notable. A continuación se detallan las diferenciaciones histológicas del
sistema digestivo después de ocurrida la eclosión.

Bucofaringe
Al eclosionar las larvas (10,6-12,6 mm LT), la región bucofaríngea se encuentra cerrada
mediante una membrana que cubre la boca y el cartílago mandibular aún no está formado.
Inicialmente está cubierta por una extensa capa de epitelio pseudoestratificado de dos o tres
células, rodeado de tejido conectivo. La cavidad bucal y la faringe están separadas por el
primer arco branquial, el cual está soportado por cartílago, y es evidente al primer día

43
_______________________________________________________________________________Resultados

ds

cb

sv

an

td sv

Fig. 14. Larvas al momento de la Eclosión. A) sección sagital de la cabeza que muestra la
cavidad bucofaríngea (cb) aún cerrada y células epiteliales que cubren la región anterior
formando el disco suctorial (ds). B) tracto digestivo indiferenciado (td) y el ano (an) aún
cerrado. Saco vitelino (sv), ojo (o), notocordio (n). H&E (A-100X, B-40X).

44
_______________________________________________________________________________Resultados

A
b

o
s
h p
cb i
ab
sv

n s
h i

es
sv

Fig. 15. Sección sagital de una larva de 2 DDE. A) cabeza y parte media. B) detalle del
hígado (h) y del tejido pancreático (p). C) parte media con tracto digestivo diferenciado en
esófago (es), estómago (s) e intestino (i). Cavidad bucofaríngea (cb), cerebro (b), arcos
branquiales (ab), saco vitelino (sv), ojo (o), notocordio (n). H&E (A,C-40X, B-400X).

45
_______________________________________________________________________________Resultados

después de eclosionado (Fig. 16). Se observaron además a esta edad, los cuatro arcos
branquiales constituidos por un núcleo de condroblastos y los primordios de los filamentos
branquiales dirigidos hacia la cavidad faríngea (Fig. 16).
Entre el tercero y el cuarto DDE, la boca se abre y se hicieron visibles el cartílago de
Meckel y algunas papilas gustativas que se diferenciaron en el epitelio de la cavidad bucal
hacia la región posterior (Fig. 17A). Estas papilas gustativas comenzaron a ser más
numerosas con el avance del crecimiento larval. Las primeras células mucosas caliciformes
PAS-positivas aparecieron a los 4 DDE (16,2-20,5 mm LT), dispersas dentro del epitelio,
incrementándose sustancialmente en número tanto hacia la zona posterior de la región
bucofaríngea como con el avance del desarrollo larval. Se hizo evidente a esta edad la
presencia del cartílago glosohial que sostiene a la lengua (Fig. 17 A,B,C).
Los dientes desarrollaron en el tejido conectivo inferior al epitelio bucofaríngeo (Fig. 18),
irrumpiendo en el labio y en la región faríngea durante el período de transición hacia la
alimentación exógena comprendido entre los días 4 y 10 después de la eclosión. Los dientes
faríngeos y las papilas gustativas fueron claramente discernibles para el día 15 después de
eclosionados (29,1-32,6 mm LT) (Fig. 19C).

Esófago
El esófago se localiza directamente detrás del último arco branquial presente en la faringe,
y posee el lumen más estrecho y corto de todo el tracto digestivo. Esta estructura se hizo
evidente a los 2 DDE (Fig. 15C) y a los 4 DDE tuvo lugar la conexión entre el esófago y el
estómago cardíaco. En este momento, el esófago estaba alongado y se podían diferenciar
dos regiones, una de ellas asociadas con la secreción (anteriormente) y la otra con el
transporte de alimentos (posteriormente), distinguibles por la abundancia de células
caliciformes y de células ciliadas respectivamente (Fig. 19 A,B). Las células caliciformes y
el borde del esófago mostraron una fuerte tinción mediante el uso del PAS, mostrando
secreciones de mucopolisacáridos. La región anterior esofágica está formada por un epitelio
pseudoestratificado cilíndrico, mientras que la región posterior, que conecta el esófago con
el estómago cardíaco, consistió en un epitelio simple columnar. Numerosos pliegues
longitudinales se hicieron presentes en la unión entre la región posterior del esófago y el

44
_______________________________________________________________________________Resultados

n
o
td
ab
cb

sv

Fig. 16. Sección anterior de una larva de 1 DDE. Cavidad bucofaríngea (cb) y arcos
branquiales (ab) con los primordios de los filamentos branquiales. Tracto digestivo
indiferenciado (td), saco vitelino (sv), ojo (o) cerebro (b), notocordio (n). H&E (40X).

A B C

*
* *
*
cM
f
* f
cb * *
bc l
cmg

Fig. 17. Larva de 4 DDE. A) sección sagital de la cabeza. Cavidad bucofaríngea (cb) y la lengua
(l) con las células caliciformes (*). B) faringe posterior (f) con las papilas gustativas (flechas) y
numerosas células caliciformes (*). C) detalles de la faringe posterior. Boca (bc), cartílago medio
glosohial (cmg), cartílago de Meckel (cM). PAS (A, B-50X) H&E (C-400X).

45
_______________________________________________________________________________Resultados

* f

cb
bc * * *

Fig. 18. Sección sagital de la cabeza de una larva de 9 DDE. Presencia de dientes (*) en la
cavidad bucofaríngea (cb). Faringe (f), boca (bc). H&E (40X).
A B
s pl

pl

cc
es C

sv
*
f
cz es
pl

Fig. 19. Sección longitudinal de la región esofágica del tracto digestivo de larvas de manjuarí
de 4 DDE (A y B) y de 15 DDE (C). A) región anterior con abundantes células caliciformes
(cc) (fuertemente teñidas) y los pliegues longitudinales (pl) en la parte posterior con células
caliciformes distribuidas a todo lo largo. B) detalles de los pliegues con células ciliadas. C)
presencia de dientes (*) en la faringe (f). Esófago (es), estómago (s), hígado (h), corazón (cz),
saco vitelino (sv). PAS (A-50X) H&E (B-400X, C-50X).

46
_______________________________________________________________________________Resultados

estómago. Estos pliegues esofágicos incrementaron su complejidad y tamaño a medida que


ocurría el desarrollo larval (Fig. 19).

Estómago
A los dos días después de eclosionados, se hizo evidente el estómago rudimentario en
forma de saco, compuesto por epitelio simple columnar (Fig. 15 A,C). Sin embargo, a los 4
DDE el estómago se diferenció morfológicamente en tres regiones histológicas: cardiaca,
fúndica y pilórica (Fig. 20 A-D). La región cardiaca o región anterior no glandular, la cual
se continúa al final del esófago, estaba formada por un epitelio pseudoestratificado
columnar ciliado con un núcleo central y presentaba numerosos pliegues mucosos y células
caliciformes. El epitelio de la región fúndica o región glandular fue similar al cardiaco
aunque el lumen de esta parte es más amplio y la mucosa contiene un gran número de
glándulas gástricas tanto en las paredes dorsales como ventrales, rodeadas por el tejido
conectivo de la lámina propia. Estas glándulas gástricas estaban bien establecidas en el
epitelio de esta región a esta edad, pero estaban ausentes en la región pilórica. Esta región
posterior no glandular del estómago estaba caracterizada por un epitelio columnar con
núcleo basal, algunas vacuolas apicales PAS-positivas y cilios (Fig. 20 E,F). También
aparecieron numerosos pliegues mucosos que se incrementaron en tamaño y número con la
edad de las larvas. El estómago está separado del intestino por un pliegue epitelial que se
incrementa en tamaño y se convierte en el esfínter pilórico a los 12 DDE (Fig. 21A).

Intestino
Sobre el 2 DDE, la larva posee un intestino incipiente (Fig. 14B), el cual está formado por
un epitelio simple columnar. Las células intestinales o enterocitos, estaban dispuestos en
una capa simple conteniendo núcleos de localización de medio a basal y presentando
evidentes vacuolas apicales (Fig. 22A). A esta edad el ano aún estaba cerrado (Fig. 22B)
pero a los 4 DDE, la abertura se hizo visible y la sección terminal del tracto digestivo se
diferenció en un corto conducto rectal (Fig. 23A). Los ciegos pilóricos se encontraban en la
parte anterior del intestino, justo detrás del esfínter pilórico y la válvula espiral comenzó a
diferenciarse (Fig. 23B). Los enterocitos mostraron un borde estriado distintivo (Fig. 23C).

45
_______________________________________________________________________________Resultados

es
fu
cd pi
h

vb
cbi
sv
cp

B m C
D
m
pm gg cn
ms
cn

E F

cn

Fig. 20. Sección longitudinal de las regiones del estómago de larvas de manjuarí de 4 DDE
(A). B) región cardiaca (cd) con numerosos pliegues mucosos (pm) y células caliciformes
(fuertemente teñidas). C) región fúndica (fu) con gran número de glándulas gástricas (gg). D)
región pilórica (pi) con numerosos pliegues mucosos. E-F) detalles de la región pilórica a 8
DDE caracterizado por células columnares con núcleo basal, algunas vacuolas apicales PAS-
positiva y vellosidades. Esófago (es), saco vitelino (sv), hígado (h), vesícula biliar (vb),
conducto biliar (cbi), conducto pancreático (cp), mucosa (m), tejido conectivo (cn), capa
muscular (ms). H&E (A- 50X, C,D,F-400X) PAS (B,E-400X).

46
_______________________________________________________________________________Resultados

fu m
pi
cn
epi
pex
pe msc

cp msl
B

Fig. 21. Larva de 12 DDE. A) región fúndica (fu) y región pilórica (pi) con alimentos. B)
detalles de la pared intestinal: mucosa (m) consistente en células epiteliales columnares
(enterocitos) con un borde en cepillo; tejido conectivo (cn), una capa interna de
musculatura circular (msc) y una capa externa de musculatura longitudinal (msl). Esfínter
pilórico (epi), páncreas exocrino (pex), páncreas endocrino (pe), ciegos pilóricos (cp). H&E
(A-50X, B-400X).

B Fig. 22. Larva de 2 DDE. Región del


intestino (i) y estómago (s). Ano (an),
i
sv saco vitelino (sv). H&E (A-400X, B-
an 40X).

47
_______________________________________________________________________________Resultados

ve

sv
i

C
r
sv
en
cu
an
A

Fig. 23. Larva de 4 DDE. A) sección longitudinal del intestino (I) posterior con el recto (r)
y el ano (an) abierto. B) detalles de la válvula espiral (ve). C) pared intestinal con
enterocitos (en). Saco vitelino (sv), conducto urinario (cu). H&E (A,B- 50X, C-400X).

48
_______________________________________________________________________________Resultados

Entre los 8 (22,8-24,9 mm LT) y los 12 DDE (24,1-27,0 mm LT), los pliegues mucosos
comenzaron a desarrollarse a lo largo del tracto digestivo (Fig. 24). La unión del estómago
y el intestino anterior comienza a curvarse, al igual que entre el intestino anterior y
posterior, zona donde se localiza el bazo. El esfínter pilórico estaba bien desarrollado y
aparecía en la primera curvatura del tracto digestivo. La mucosa intestinal inmediatamente
posterior a este esfínter mostró un pronunciado plegamiento, indicando el desarrollo de los
ciegos pilóricos (Fig. 21A). A los 12 DDE la pared intestinal presentó una capa mucosa,
consistente en células epiteliales columnares (enterocitos) con un borde en cepillo; tejido
conectivo, el cual se extiende hacia los pliegues de la mucosa por debajo del epitelio; y las
capas musculares consistentes en una interna circular y una externa longitudinal de
musculatura lisa (Fig. 21B). En general, la morfología del intestino permanece idéntica
desde estos días hasta el final del estudio excepto por la elongación del intestino y el
incremento de la superficie de absorción.

Glándulas anexas
Al eclosionar la larva, el hígado estaba ausente. Este comenzó a diferenciarse entre el
primer y el segundo día después de eclosionadas las larvas como un racimo de células
esféricas con núcleo basófilo y un citoplasma eosinófilo ligero (Fig. 15 A,B).
Morfológicamente, el hígado es un órgano grande que apareció ventral al intestino y formó
una masa central anterior justo detrás del septo transverso que separa las cavidades
pericárdicas y abdominales (Fig. 19A). Histológicamente, aparece como un tejido
compacto de hepatocitos poliédricos basófilos que poseen un núcleo grande, esférico y
central, un prominente nucleolo y grandes vacuolas en el citoplasma debido al
almacenamiento de los productos metabólicos. A medida que la larva crece, el hígado
continúa su diferenciación y los hepatocitos se disponen alrededor de sinusoides hepáticos
llenos con células sanguíneas (Fig. 25 A,B,C). Sobre el día 4 DDE, la vesícula biliar y el
conducto biliar comenzaron a ser visibles en las secciones histológicas (Fig. 20A). Estas
estructuras aparecieron formadas por un epitelio columnar, rodeada de una capa de tejido
conectivo y fibras musculares lisas hacia la parte exterior de la pared.
El páncreas comenzó a diferenciarse tempranamente y se hizo evidente como un órgano
compacto hacia la región posterior del hígado a los 2 DDE (Fig. 15A). El páncreas exocrino

46
_______________________________________________________________________________Resultados

B
en

lp

cm

Fig. 24. Larva de 8 DDE. A) sección longitudinal de la región abdominal. B) detalles de los
pliegues mucosos (pm) con enterocitos (en) y células mucosas (cm). Intestino (i), saco
vitelino (sv), musculatura estriada (mst), riñón (r), válvula espiral (ve), bazo (b), estómago
(s), vejiga de los gases (vg), lamina propria (lp). H&E (A- 40X, B-400X).

A B
he he Fig. 25. Diferenciación del
hígado y el páncreas a
er
diferentes edades. Hígado (h)
v
A) 4 DDE, B) 8 DDE, C) 12
DDE. D) Páncreas 12 DDE.
C h D Hepatocitos (he), eritrocitos
si er
(er), vena (v), sinusoides (si),
v er pex páncreas exocrino (pex). H&E-
400X.
he

47
_______________________________________________________________________________Resultados

consistió en un grupo de células piramidales (citoplasma basófilo y un prominente núcleo y


nucleolo) dispuestos alrededor de un lumen central formando acinos intermezclados con
vasos sanguíneos (Fig. 25D). A los 4 DDE, el conducto pancreático fue claramente
distinguible, cercano al conducto biliar y a los 12 DDE se apreciaron las diferencias
histológicas entre el páncreas exocrino y endocrino (Fig. 21A). Tanto el páncreas como el
hígado incrementaron sus tamaños y complejidades con el desarrollo larval.
En la Tabla 5 aparecen resumidos los principales cambios histológicos del tracto digestivo
del manjuarí durante su desarrollo larval.

47
___________________________________________________________________________________Resultados
Tabla 5. Resumen de cambios histológicos en el sistema digestivo de las larvas de manjuarí desde la eclosión hasta los 18
días después de eclosionadas (DDE). LT (largo total).

DDE
Bucofaringe Esófago Estómago Intestino Glándulas anexas
LT (mm)
Eclosión
10,6-12,6 Tracto digestivo indiferenciado que yace dorsalmente al saco vitelino sin comunicación con el exterior
Lecitotrófica
Cuatro arcos Aparece Estómago Intestino incipiente, Iniciado la
branquiales con los rudimentario Epitelio simple diferenciación del
2 primordios de los como saco columnar (enterocitos) hígado (hepatocitos
12,5-14,9 filamentos Ano cerrado poliédricos) y
Lecitotrófica páncreas exocrino
(células piramidales
formando acinos)
Boca abierta, Se Conexión con el Diferenciación de Ano abierto, Se aprecian la
evidencian el estómago. tres regiones: Evidencia de ciegos vesícula biliar, el
cartílago de Diferenciación de las cardiaca, fúndica pilóricos, válvula espiral conducto biliar y el
4
Meckel y el regiones secretoras (con y pilórica y recto conducto
16,2-20,5
glosohial, las células caliciformes) y pancreático
Lecitoexotrófica
papilas gustativas y transportadora (con
las células pliegues longitudinales
caliciformes ciliados)
Dientes Desarrollo de pliegues Hepatocitos (con
8
mandibulares y de la mucosa y del grandes vacuolas)
22,8-24,9
faríngeos esfínter pilórico dispuestas en
Lecitoexotrófica
sinusoides
Numerosas papilas Los pliegues Separación del Pared intestinal formada Incremento en
12-18
gustativas y células longitudinales estómago y del por mucosa, tejido tamaño de ambos
24,1-27
caliciformes comienzan a intestino por el conectivo, capas interna órganos
34,4-35,2
incrementar su esfínter pilórico circular y externa
Exotrófica
complejidad y longitud longitudinal de
musculatura lisa

34
_______________________________________________________________________________Resultados

4.5 Ontogenia de las enzimas digestivas


La concentración de proteínas totales gradualmente se incrementa con la edad de las larvas
desde 3,5 mg/mL a los 5 DDE hasta 16,6 mg/mL a los 18 DDE (Fig. 26). Las diferencias
significativas fueron evidentes a partir del noveno día después de eclosionadas
independientemente del procedimiento seguido para la obtención de las muestras.

30
larva completa tracto gastrointestinal
25
20
mg/mL

15

10
5

0
5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18
DDE

Fig. 26. Concentración total de proteína de los extractos crudos de larvas de manjuarí. Cada
punto representa la media de 6 mediciones + ee, se han señalado con diferentes marcas
(triángulos y líneas) las diferencias significativas entre los días después de eclosionadas
(DDE) (p < 0,05).

Las variaciones en las actividades de las diferentes enzimas digestivas analizadas durante el
período de experimentación, se muestran en la figura 27 A-F expresadas en unidades por
miligramo de proteína soluble (1) y unidades por larva (2). En la figura también fueron
incluidos los valores más altos (estómago y ciegos pilóricos) de las actividades enzimáticas
encontradas en el adulto como referencia.
Los resultados expresados en unidades por larvas, revelaron una tendencia al incremento de
la actividad con la edad, con excepción de la amilasa (Fig. 27C2). Al analizar las enzimas
proteasas (Fig. 27A) se pudo apreciar que las proteasas ácidas presentaron una actividad
consistentemente mayor que la de las alcalinas. La actividad de esta última enzima es
escasamente detectable entre los 5-7 DDE, la cual comenzó a incrementarse discretamente
a partir del 8 DDE, encontrándose una actividad en los ciegos pilóricos del adulto similar a

48
_______________________________________________________________________________Resultados

la registrada para la larva entre los 8 y los 12 DDE. Sin embargo, la actividad de las
proteasas ácidas se cuantifica desde el inicio de la experimentación y la muestra del
estómago del adulto fue 20 U superior que el mayor valor encontrado en la larva (14 DDE).

El desarrollo de las actividades de las dos enzimas pancreáticas está resumido en la figura
27 B y C. La actividad esterasa mostró desde los 5 hasta los 12 DDE un comportamiento
estable, presentando valores similares a los registrados en los ciegos pilóricos del adulto.
Sin embargo, entre los 12-14 DDE ocurre un incremento significativo en su actividad con
la consiguiente estabilización (Fig. 27B1). Por otra parte, la actividad de la amilasa en las
larvas fue baja (Fig. 27C1), con un decrecimiento progresivo irregular desde el mayor valor
encontrado a los 5 DDE (4,3 U/mg proteína) hasta un valor más o menos constante
alcanzado a partir del día 9 DDE en lo adelante (alrededor 1,5 U/mg proteína); siendo este
similar a la actividad observada en los ciegos pilóricos del adulto.
Las actividades de las enzimas intestinales fueron variadas (Fig. 27D-F). Para la
aminopeptidasa se encontró un incremento significativo para el 13 DDE y el
comportamiento de su actividad durante los últimos días de experimentación fue similar a
los valores encontrados para el adulto (Fig. 27D1). Las actividades de las fosfatasas ácidas y
alcalinas (Fig. 27 E1 y F1, respectivamente) mostraron tendencias opuestas durante los
primeros días del experimento y hasta los 12-13 DDE, seguido de un incremento ligero en
ambas actividades. Las actividades de las fosfatasas alcalinas fueron consistentemente
mayores que la de las fosfatasas ácidas. La actividad de las fosfatasas alcalinas en el adulto
fue similar a las que mostraron las larvas durante los primeros días de experimentación. La
actividad de las fosfatasas ácidas fue significativamente menor en el adulto que lo
observado durante el desarrollo larval.

49
_______________________________________________________________________________Resultados

50
_______________________________________________________________________________Resultados

4.6 Alimentación larval


4.6.1 Dietas de iniciación
Al observar el comportamiento de las larvas de manjuarí mantenidas con cinco dietas
inertes (Moina congelada, Artemia congelada, Pienso, Moina congelada + Pienso, Artemia
congelada + Pienso) desde el 5 DDE hasta el 18 DDE, se notó que al agregar la biomasa de
artemia o moina congelada, esta se precipitaba, y después de unos segundos de haber hecho
contacto con el agua y de comenzar su descompactación, las larvas se acercaban
paulatinamente e iniciaban la ingesta desde el fondo, no siendo tan evidente esta conducta
para el pienso comercial.
La figura 28 muestra el comportamiento del peso de las larvas, haciéndose significativo el
incremento del mismo a los 15 DDE para las dietas de moina congelada y de moina +
pienso en comparación con las otras tres dietas. Sin embargo, a los 18 DDE ocurre una
separación total del tratamiento con moina congelada, alcanzándose pesos más que
duplicados con respecto al resto de los tratamientos ensayados.

160 Moina
140 Artemia
M+P
120 A+P
Peso (mg)

100 Pienso

80
60

40
20
0
8 12 15 18
DDE

Fig. 28. Peso de las larvas de manjuarí alimentadas con cinco dietas inertes (Moina
congelada, Artemia congelada, Pienso, Moina congelada + Pienso, Artemia congelada +
Pienso) durante 18 días después de eclosionadas (DDE). Los valores representan las medias
+ ee (n=21).

50
_______________________________________________________________________________Resultados

Las mortalidades fueron bajas, entre 2 y 7 % para todos los tratamientos, resultando las
mayores aquellas en las que aparecía el pienso como elemento de la dieta (Fig. 29).

12
a
10 a a
Mortalidad media (%)

8
a
6

4 b

0
Moina Artemia M+P A+P Pienso
Dietas

Fig. 29. Porcentaje de mortalidad de las larvas de manjuarí alimentadas con cinco dietas
inertes (Moina congelada, Artemia congelada, Pienso, Moina congelada + Pienso, Artemia
congelada + Pienso) durante 18 días después de eclosionadas. Cada barra representa la
media + ee (n=137), letras diferentes indican diferencias significativas (p<0,05).

Los resultados del análisis bromatológico realizado tanto a las dietas como a las larvas del
inicio de la experimentación (4 DDE) como a las del final (18 DDE) aparecen en la Tabla
6. Los porcentajes significativamente mayores de proteína total se encontraron para la dieta
de moina y para las larvas de 18 DDE alimentadas con moina y con pienso.

51
_______________________________________________________________________________Resultados

Tabla 6. Análisis bromatológico realizado a las dietas empleadas y a las larvas de 4 y de 18


días después de eclosionadas (DDE). (P-Pienso, M-Moina, A-Artemia). Letras diferentes
indican diferencias significativas (p<0,05) entre las dietas y entre las larvas de 18 DDE.

Proteína Total (%)


en base seca
P 48.8 c
Dietas A 63.6 b
M 79.4 a
L 4 DDE 80.5
A M 94.6 a
R A 81.8 b
18
V M+P 79.9 b
DDE
A A+P 84.2 b
S P 94.1 a

4.6.2 Efectos de la inanición en la etapa larval.


Las larvas mantenidas en inanición comparadas con aquellas que tuvieron alimento desde el
inicio de su alimentación exógena mostraron patrones de mortalidades diferentes (Fig. 30).

3 60
A Con alimento B
2,5 50 Sin alimento
% de mortalidad

Sin alimento
2 40
1,5 30
1 20
0,5 10
0 0
5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 20 21 22 23 24-25

DDE

Fig. 30. Porcentaje de mortalidad diario para las larvas de manjuarí con alimento y en
inanición durante los 18 días después de eclosionadas (DDE) (A), y comportamiento para
las larvas en inanición hasta su muerte (B) (note cambio de escala en el eje de las y).
(n=88).

52
_______________________________________________________________________________Resultados

Resultaron significativamente mayores las mortalidades de las larvas en inanición


solamente para los 6, 7 y 18 DDE, sin registrarse larvas muertas entre los días 9 al 13 para
este tratamiento. La mortalidad de las larvas en inanición se incrementó a un 48 % en el día
23 después de eclosionadas hasta que finalmente todas murieron dos días después, sin
exceder los 24,5 mm de LT y los 49,5 mg de peso húmedo.
La presencia/ausencia de alimento exógeno repercutió en el crecimiento larval. Las larvas
que fueron mantenidas sin alimento detuvieron su crecimiento tanto en longitud total como
en peso a los 10 DDE (22,7 + 0,87 mm; 49,2 +1,29 mg) (Fig. 31 A,B). Para el resto de las
variables morfométricas evaluadas se observó de manera similar este detenimiento en el
crecimiento entre los días 10 y 12 después de eclosionadas (Fig. 31 C-J). La presencia
externa del vitelo se hizo evidente hasta el 7 DDE para las larvas en inanición y hasta el 8
DDE para las larvas con alimento (Fig. 31 K,L).
Igualmente se encontraron otras diferencias morfológicas visibles como una coloración más
oscura, menor contraste entre las áreas claras y oscuras y menor brillo; cuerpo adelgazado y
cabeza desproporcionalmente mayor a simple vista en aquellas larvas mantenidas en
inanición (Fig. 32). No se evidenció canibalismo aunque sí una mayor inactividad en estas
larvas.

Fig. 32. Comparación morfológica entre una larva de manjuarí mantenida con alimento
exógeno (superior) y una larva mantenida en inanición (inferior) a los 16 DDE.

53
_______________________________________________________________________________Resultados

A B
50 350
Con alimento
45 Sin alimento 300
Media+,95*ee
40
3 60 250
Largo Total (mm)

A Con alimento B
2,5
35 50

Peso (mg)
Sin alimento
% de mortalidad

Sin alimento 200


2
30 40
150
1,5
25 30
1 20 100
20
0,5 10
15 * 50
0 0
*5 * 6 * * * *
10 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 * 17
* 18 20 21 22 23 24-25 0
5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18
C 7 14
D
DDE DDE DDE

6 12
Largo del Hocico (mm)

Largo cefálico (mm)


10
4
8
3
6
2

1 4

0 * * * * * * * * * * * 2
5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18
E DDE DDE 4,0
F
3,6
3,6
3,2
Ancho del Hocico (mm)

Ancho cefálico (mm)


2,8 3,2

2,4 2,8

2,0
* 2,4

1,6
2,0
1,2
* * * * * * * * 1,6
5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18
DDE DDE

Fig. 31. Comportamiento de los caracteres morfométricos medidos en las larvas de manjuarí
con alimento y en inanición durante los 18 días después de eclosionadas (DDE). A) Largo total,
B) Peso, C) Largo del hocico D) Largo cefálico, E) Ancho del hocico, F) Ancho cefálico, G)
Altura cefálica, H) Altura preanal, I) Largo de aletas pectorales, J) Largo de aletas pélvicas, K)
Largo del saco vitelino, L) Altura del saco vitelino. Cada punto representa la media de 9
mediciones + ee. Se han señalado con asteriscos (*) los DDE en los que no existe diferencia
significativa entre los tratamientos (p < 0,05).

34
_______________________________________________________________________________Resultados

G H
3,4 3,6

3,2
3,2
3,0

2,8 2,8
Altura cefálica (mm)

Altura preanal (mm)


2,6
2,4
2,4
2,0
2,2

2,0 1,6
1,8
1,2
1,6
* * * * * * *
1,4 0,8
I 2,6 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 2,0 J
DDE DDE
2,4 1,8
Largo Aletas Pectorales (mm)

2,2 1,6

Largo Aletas Pélvicas (mm)


2,0 1,4

1,8 1,2

1,6 1,0

1,4 0,8

1,2 0,6

1,0 0,4

0,8 0,2

0,6 * * * * * * * * * * 0,0
5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18
DDE DDE
K 6,2 2,2
L

6,0
2,0

Altura del saco vitelino (mm)


Largo del saco vitelino (mm)

5,8
1,8
5,6
1,6
5,4
1,4
5,2

5,0 1,2

4,8
* * * * * 1,0
5 6 7 8 5 6 7 8
DDE DDE

Fig. 31 (cont). Comportamiento de los caracteres morfométricos medidos en las larvas de


manjuarí con alimento y en inanición durante los 18 días después de eclosionadas (DDE).
A) Largo total, B) Peso, C) Largo del hocico D) Largo cefálico, E) Ancho del hocico, F)
Ancho cefálico, G) Altura cefálica, H) Altura preanal, I) Largo de aletas pectorales, J)
Largo de aletas pélvicas, K) Largo del saco vitelino, L) Altura del saco vitelino. Cada punto
representa la media de 9 mediciones + ee. Se han señalado con asteriscos (*) los DDE en
los que no existe diferencia significativa entre los tratamientos (p < 0,05).

35
_______________________________________________________________________________Resultados

Se habla de esta desproporción aparente de la cabeza, pues al valorar la relación entre el


largo total y el resto de las variables morfométricas analizadas, solamente se encontró
desproporcionalidad para el peso. Como se aprecia en la Tabla 7, entre los 5 y los 11 DDE,
para ambos tratamientos, el valor del peso (mg) duplica (2 a 2,9) al valor del largo total
(mm). Sin embargo, a partir del día 12 después de eclosionadas las larvas, esta relación
comienza a incrementarse exponencialmente para las larvas con alimento externo y
comienza a decrecer (<1,9) para las larvas mantenidas en inanición.

Tabla 7. Relación entre el peso húmedo y el largo total de larvas de manjuarí con y sin
alimento desde los 5 hasta los 18 días después de eclosionadas (DDE). Se evidencia el
cambio en el cociente en los tratamientos con alimento y en inanición a partir del 12 DDE
reflejados por el cambio de coloración en la tabla.

Relación Peso (mg) 1


Largo total (mm)

DDE Con alimento Sin alimento


5 2,20 2,14
6 2,23 2,30
7 2,19 2,20
8 2,21 2,29
9 2,19 2,17
10 2,48 2,17
11 2,84 2,06
12 3,46 1,96
13 3,68 1,92
14 4,26 1,85
15 4,51 1,79
16 4,82 1,82
17 5,07 1,84
18 6,58 1,75

54
_______________________________________________________________________________Resultados

4.7 Generalizaciones
Según lo obtenido en la presente investigación y la integración de aspectos morfo-
fisiológicos, se logró definir que la fase larval de A. tristoechus transcurre durante los
primeros 18 días después de eclosionados, en animales mantenidos a temperaturas
constantes de 28oC. Además se pudieron identificar tres etapas dentro de esta fase del ciclo
de vida, lográndose distinguir dos momentos puntuales claves de la ontogenia temprana:
alrededor del día 8 y sobre el día 12 después de la eclosión. Estos dos son considerados
como puntos críticos en el desarrollo larval de esta especie, asociados a modificaciones
importantes, relacionado el primero con la transición de alimentación endógena a exógena
y el segundo con el inicio de la transición de larva a juvenil. Estos puntos críticos vienen
dados por la sincronía de cambios tanto morfológicos externos e internos (del tracto
digestivo) así como fisiológicos, que permiten la supervivencia larval durante dos períodos
transitorios de alta vulnerabilidad para las larvas.

55
5. DISCUSIÓN
________________________________________________________________________________Discusión

Durante el desarrollo larval, muchos peces experimentan crecimientos rápidos y cambios


dramáticos en su morfología, metabolismo y comportamiento en su preparación para la
metamorfosis hacia juveniles (Gisbert et al., 2002; Verhaegen et al., 2007; Darias et al.,
2008). Dentro de la corta fase larval del ciclo de vida del manjuarí, se encontraron cambios
marcados y puntuales que permitieron identificar tres etapas del desarrollo y de nutrición de
las larvas, lo cual aparece resumido en la Tabla 8. Como se aprecia, cada una de las etapas
presenta sus particularidades y a continuación se profundizará en su análisis.

5.1 Etapa 1 de desarrollo larval


Esta primera etapa se inicia con la eclosión y culmina con las larvas de 3 DDE, siendo esta
la más corta de las tres definidas, pero que incluye importantes procesos que sientan las
bases para la posterior supervivencia larval. Un ejemplo de esto lo constituye el cambio de
la respiración cutánea a la respiración branquial, manifestado por el movimiento rítmico de
las mandíbulas y los opérculos y el desarrollo de los filamentos branquiales, el cual es un
evento trascendental y definitorio del futuro de cada individuo. En larvas recién
eclosionadas, las branquias se encuentran relativamente subdesarrolladas pero tienen un
crecimiento rápido (Oikawa e Itazawa, 1985), lo que permite sostener el incremento en el
consumo de oxígeno requerido por los cambios en la morfología, el metabolismo, la
capacidad de natación y la conducta. Similar desarrollo fue descrito, aunque más
tardíamente, en larvas de Hoplias lacerdae de 5 DDE (Gomes et al., 2010), en las de
Acipenser medirostris de 6 DDE (Gisbert et al., 2001; Gisbert y Doroshov, 2006) y en las
de Paralichthys californicus de 18-19 DDE (Gisbert et al., 2002).
Desde el punto de vista morfológico, el elemento distintivo de esta etapa es la presencia de
la aleta media larval. La mayoría de los peces teleósteos la poseen durante sus primeros
días de vida (Kendall et al., 1984) pues esta es una de las estructuras que define la fase
larval. Esta aleta, formada en el huevo, crece después de la eclosión diferenciándose en las
aletas impares (invadidas por los radios de las aletas) y finalmente sus remanentes son
absorbidos (Snik et al., 1997). El tiempo en que esta aleta crece, se diferencia y/o
desaparece, varía grandemente entre los diferentes grupos de peces (Balon, 1985; Fukahara,
1985) y su función es aún especulativa, aunque Snik et al. (1997), consideraron que esta

57
Tabla 8. Resumen de los principales resultados obtenidos del estudio realizado a la etapa larval del manjuarí A. tristoechus.

__________________________________________________________________________________Discusión
Etapas 1- Larva adherida 2- Larva en transición 3- Larva libre nadadora
DDE (28oC) 0-3 4- 10 11-18
Disco suctorial Evidente Casi absorbido Ausente
Saco vitelino Presente Reducido Ausente
Aletas pélvicas Ausentes Incipientes Radios definidos
MORFOLOGÍA
Aleta Caudal Sin radios Radios incipientes Radios definidos
Adheridas, posición vertical Separadas, posición horizontal Libre nadadora
Conducta
Mov. rítmico mandíbula-opérculo Inicio de alimentación exógena
Largo total 10,5-17,7 mm 16,2-24,9 mm 22,9-35,2 mm
Peso 20-37 mg 32-52 mg 43-179 mg
Largo del tronco Diámetro ocular, Altura cefálica, pectoral Peso húmedo
Puntos de
y del pedúnculo caudal. Largo cefálico,
MORFOMETRÍA inflexión
del hocico, de aletas pectorales y pélvicas
alométricos
Ancho cefálico, del hocico
Tasas de TC= 1,30 mm/d
crecimiento TCE= 10,2 %/d
Cuatro arcos branquiales con los Boca abierta. Se evidencian: cartílago de Numerosas papilas gustativas y células
primordios de los filamentos Meckel y glosohial, papilas gustativas, caliciformes
H Bucofaringe
células caliciformes, dientes mandibulares
I y faríngeos
S
Aparece Conexión con el estómago. Diferenciación Pliegues longitudinales incrementan su
T Esófago
Regiones de las regiones secretora y transportadora complejidad y longitud
O
del Estómago rudimentario como Diferenciación de tres regiones: cardiaca, Separación del estómago y del intestino
L Estómago
Sistema saco fúndica y pilórica por el esfínter pilórico
O
Digestivo Intestino incipiente. Epitelio Ano abierto. Evidencia de ciegos Formado por mucosa, tejido conectivo,
G Intestino
simple columnar. Ano cerrado pilóricos, válvula espiral y recto dos capas de musculatura lisa
Í
A Diferenciación del hígado y Hepatocitos (con grandes vacuolas) Incremento en tamaño de ambos
Glándulas páncreas. Presencia de vesícula dispuestos en sinusoides órganos
anexas biliar, conducto biliar y
pancreático
ENZIMAS Máximo de A los 8 DDE de las proteasas ácidas, A los 13-14 DDE de todas las enzimas
DIGESTIVAS actividad amilasa y aminopeptidasa analizadas
Fase Lecitotrófica Lecitoexotrófica Exotrófica
8+1 DDE 12+1 DDE
Puntos críticos Transición de alimentación, Inicio del paso a etapa juvenil,
fuertes cambios morfogénicos marcado incremento en el peso
58
________________________________________________________________________________Discusión

fuera una posible adaptación para la locomoción proveyendo un incremento superficial para
la respiración cutánea larval.
Durante estos primeros tres días de vida, las larvas son lecitotróficas, lo cual indica que
dependen exclusivamente de fuentes endógenas de alimentación. En esta etapa, ocurre un
incremento significativo en longitud corporal debido a la utilización de los elementos del
saco vitelino, sin embargo el peso permanece prácticamente estable por no existir la entrada
de nutrientes externos. Esto fue confirmado tanto por el estudio de concentración de
proteínas en la larva, la cual se incrementa significativamente a partir del noveno DDE
indicando la entrada de nuevas fuentes de proteínas a través del alimento exógeno, como
por el análisis histológico del tracto digestivo.
Al eclosionar, este tracto es un tubo recto indiferenciado sin comunicación con el exterior,
como ha sido reportado para otros peces (Peña et al., 2003). Sin embargo, ya a solo 2 DDE
están definidas tres regiones: esófago, estómago e intestino, y se hacen también evidentes el
tejido hepático y pancreático. Esta diferenciación histológica indica el desarrollo rápido de
este sistema a temprana edad, ocurriendo procesos importantes como son: la abertura de la
cavidad bucal, la formación de la conexión entre el esófago y el estómago y la
diferenciación del intestino, el hígado y el páncreas; los que hacen posible que una larva de
4 DDE pueda ingerir, digerir y asimilar el primer alimento exógeno antes de la reabsorción
completa del saco vitelino. Por lo tanto, se dan los primeros pasos para que cuando las
larvas entren en la segunda etapa, posean un tracto digestivo anatómicamente completo y
funcional con un grado alto de organización morfológica que les permita iniciar su
alimentación. Esta diferenciación temprana del canal alimentario ha sido descrita para otras
especies de peces como Scophthalmus maximus (Cousin y Baudin-Laurencin, 1985),
Pleuronectes ferruginea (Baglole et al., 1997), Solea solea (Boulhic y Gabaudan, 1992),
Solea senegalensis (Ribeiro et al., 1999) y Pelteobagrus fulvidraco (Yang et al., 2010),
aunque la edad de primera alimentación cambia según la temperatura de cultivo de las
especies (Gisbert et al., 2004).
De acuerdo con Dabrowski (1984), las larvas de los peces se dividen en tres grupos en
relación con el desarrollo y la morfología del tracto digestivo y la secreción de enzimas en
el mismo. El primer grupo, posee un estómago funcional antes del cambio de alimentación
endógena a exógena; el segundo grupo incluye aquellos que no tienen un estómago

58
________________________________________________________________________________Discusión

funcional o glándulas gástricas durante la etapa larval pero que desarrollan este órgano
digestivo en la metamorfosis; y el tercer grupo que incluye a aquellos peces que
permanecen sin estómago durante toda su vida. El manjuarí pertenece al primer grupo, con
un estómago evidente a los 2 DDE, el cual estaba morfológicamente diferenciado con tres
regiones histológicamente diferentes (cardiaca, fúndica y pilórica) ya a los 4 DDE, lo cual
indica el rápido desarrollo de este órgano.
Esta etapa puede ser considerada riesgosa, no solo por los cambios drásticos externos e
internos que en ella ocurre, sino por el peligro de depredación por su incapacidad de
escape; aunque Netsch y Witt (1962) y Burns et al. (1981) consideraron, que la
cardiotoxina que aparece en los huevos y en el vitelo de los lepisosteidos los ha protegido
contra la depredación.

5.2 Etapa 2 de desarrollo larval


La pigmentación general observada en las larvas de A. tristoechus fue similar a las
descripciones realizadas para otros lepisosteidos (Suttkus, 1963; Echelle y Riggs, 1972;
Moore et al., 1973; Simon y Wallus, 1989, Aguilera et al., 2002). La franja lateral
despigmentada que se extiende desde la cabeza hasta la aleta caudal apareció durante esta
segunda etapa (16,2-24,9 mm) de desarrollo para el manjuarí, similar a L. oculatus (22-26
mm), L. osseus (15,4 mm) y A. spatula (19,2-22,5 mm) (Simon y Wallus, 1989; Aguilera et
al., 2002). En estas especies, dicha banda lateral tiene márgenes irregulares. La diferencia
se presenta con el pejelagarto, el cual posee estas bandas entre las áreas oscuras de los
flancos, de color amarillas, con márgenes bien definidos y que incluso surgen más
tempranamente (12,5-13,8 mm) (Aguilera et al., 2002). No obstante, el impacto de la
alimentación y de las condiciones de cultivo, puede resultar en patrones de coloración
diferentes entre individuos de medio natural y de cautiverio, por lo que debe tomarse esto
en cuenta para cualquier análisis comparativo que se realice, incluso dentro de una misma
especie.
El cambio morfológico y conductual más drástico observado en las larvas de A. tristoechus
acontece en esta segunda etapa de desarrollo. Durante la misma, ocurre la transición de
alimentación endógena a exógena, por lo que las larvas pasan a una condición
lecitoexotrófica. Aunque la alimentación exógena comienza, se continúan utilizando las

59
________________________________________________________________________________Discusión

reservas vitelinas para las demandas energéticas de la captura de las presas (Moteki et al.,
2001; Williams et al., 2004) y para los cambios morfogénicos intensos que tienen lugar en
este período. Estos cambios morfológicos fueron corroborados por la acumulación en un
estrecho intervalo de edades (4 a 8 DDE), de la mayoría de los puntos de inflexión
encontrados en el estudio alométrico en el manjuarí.
La supervivencia de las larvas durante esta transición depende de varios factores como: la
cantidad de alimento endógeno almacenado, la tasa a la cual estas reservas son empleadas
después de la eclosión (Jobling, 1995; Betti et al., 2009), la temperatura de incubación
(Mendiola et al., 2007), la habilidad para capturar, ingerir y digerir el alimento (Yúfera y
Darias, 2007) y la disponibilidad adecuada del mismo. Esta es una etapa decisiva en la vida
larval de los peces, y está considerada como el evento crítico y vulnerable en la ontogenia
inicial de los mismos, debido ya no solo a la depredación sino también a la competencia por
el alimento (Coughlin, 1991; Makrakis et al., 2005) y a la posibilidad real de asimilación
del mismo. Se convierten de esta forma, tanto la captura del alimento como la huida de los
depredadores, acciones críticas en la supervivencia larval, que dependen del desarrollo
simultáneo de órganos para la natación (Murphy et al., 2007; Huysentruyt et al., 2009) y la
alimentación (Osse et al., 1997; Porter y Theilacker, 1999).
Para el manjuarí, la conducta larval en esta etapa estuvo caracterizada por períodos de
reposo, manteniendo su posición estática horizontal a cualquier profundidad en la columna
de agua, garantizada por la funcionalidad de la vejiga de los gases, y realizando
movimientos ondulatorios corporales a intervalos. Esta natación tipo anguiliforme, con una
amplitud que involucra a gran parte del cuerpo, es muy común en larvas de peces (Webb y
Weihs, 1986; Osse y Boogaart, 1995), la cual gradualmente evoluciona hacia el patrón de
natación característico del adulto con posterioridad (Russo et al., 2007). Por estas razones,
en la etapa larval de muchos peces, el desarrollo de la musculatura del tronco, más que el
propio desarrollo de las aletas, ha sido definido como un factor clave en el marcado
mejoramiento en la natación (Murphy et al., 2007). Sin embargo, en las larvas de manjuarí,
estos movimientos ondulatorios corporales que se muestran en esta segunda etapa no
conllevan un movimiento de desplazamiento en la columna del agua. Por tanto, no
sorprende encontrar que a partir de los dos días después de eclosionadas, el crecimiento en
longitud del tronco sea casi isométrico al igual que para la altura preanal y postanal,

60
________________________________________________________________________________Discusión

indicando un incremento constante y proporcional de esta parte del cuerpo. Patrones


similares de crecimiento corporal han sido también reportados para otras larvas de peces en
estadio temprano de desarrollo (Gisbert et al., 2002; Osse y Boogart, 2004; Gisbert y
Doroshov, 2006). El manjuarí no se incluye dentro de los grandes nadadores, por ello, estos
resultados obtenidos para el crecimiento del tronco se justifican por las prioridades
establecidas en desarrollar un sistema digestivo precoz, más que el perfeccionamiento de
los mecanismos de natación, que en la mayoría de los peces necesitan de la participación
activa de la musculatura corporal, sobre todo en las primeras etapas de vida.
La conducta alimentaria de las larvas de esta especie consistió en abandonar el estado de
reposo solamente para cazar, ejecutando nados activos cortos y rápidos hacia la presa hasta
colocar las mandíbulas alrededor de la pieza que intentarán atrapar. Esta natación puede
basarse en las maniobras estándares y los movimientos de arrancada usualmente
observados en los peces a estas edades (Barros y Higuchi, 2007). De acuerdo con Walker
(2004), estas acciones están comúnmente asociadas a los ataques depredadores, los cuales
involucran tanto a la aleta caudal, que genera el impulso, como a las aletas pectorales para
la maniobrabilidad.
El crecimiento de las aletas pectorales y pélvicas mostró alometrías positivas durante el
desarrollo larval del manjuarí. Este tipo de crecimiento para las aletas pectorales ha sido
también encontrado en Acipenser medirostris (Gisbert y Doroshov, 2006) y Lutjanus
campechanus (Williams et al., 2004) durante los períodos lecitotróficos o exotróficos
respectivamente, atribuyéndoseles una función crucial en la natación y la maniobrabilidad
para la alimentación. Las aletas pectorales son las primeras en aparecer pero las últimas en
obtener la totalidad de sus radios (Betti et al., 2009). En las larvas de peces teleósteos
ayudan en la locomoción y en la captura de las presas a través de sus movimientos
oscilatorios (Batty, 1984; Osse y Boogart, 2004). Curiosamente, las larvas de manjuarí
iniciaron la alimentación sobre los 5-7 DDE, sin embargo, desde el 8 DDE en lo adelante,
las aletas pectorales mostraron crecimiento isométrico. Queda de esta forma en duda la
relación entre el crecimiento de las mismas y la función de maniobrabilidad que permita
una natación efectiva para la alimentación, como ha sido reportado en otras especies de
peces.

61
________________________________________________________________________________Discusión

Por otro lado, las aletas pélvicas tuvieron un crecimiento rápido alométrico positivo durante
todos los días de experimentación, con el mayor coeficiente de crecimiento (b= 4.04) desde
el agotamiento del vitelo hasta el 8 DDE. ¿Qué explicación biológica podría tener este
patrón encontrado? ¿Cuál función prioritaria tendrán estas aletas pareadas en esta especie?
Los peces se caracterizan por una pronunciada diversificación morfológica de estas aletas.
En los lepisosteidos, la base de la aleta pectoral tiene una orientación casi horizontal con
localización inferior en el cuerpo, posicionadas cerca del margen ventral del mismo. En
contraste, los otros taxa derivados, comúnmente muestran aletas pectorales con bases más
inclinadas verticalmente localizadas más superior en el cuerpo, aproximadamente en
posición media-dorsal y cercana al centro de masa de los peces (Drucker et al., 2005). Las
transformaciones en la forma, orientación y posición de las aletas pectorales están bien
documentadas (Drucker y Lauder, 2002; Lauder y Drucker, 2004), pero las consecuencias
hidrodinámicas de esta variación evolutiva están pobremente conocidas (Drucker et al.,
2005).
La otra aleta involucrada en el proceso locomotor es la caudal. Las larvas de A. tristoechus
exhibieron un crecimiento isométrico en la longitud de la cola en toda la etapa larval, en
contraste con la alometría positiva encontrada en Acipenser medirostris (Gisbert y
Doroshov, 2006) y en Corydoras aeneus (Huysentruyt et al., 2009), y la alometría negativa
en Sparus aurata (Russo et al., 2007). El punto de inflexión hallado en esas especies ha
sido relacionado igualmente con el mejoramiento de la capacidad natatoria. Una posible
explicación para estos patrones de crecimiento alométrico ha sido el cambio en el estilo de
natación (Snik et al., 1997; Osse y Boogaart, 1999) de un modo anguiliforme a un modo de
natación subcarangiforme. En este, la parte caudal del cuerpo muestra grandes amplitudes,
pero el resto permanece relativamente rígido (Osse, 1990). Además, Klingenberg y Froese
(1991) encontraron en 17 especies de peces marinos que la altura corporal detrás del ano
exhibía una fuerte alometría positiva, indicando que la parte posterior del cuerpo
comenzaba a ser relativamente más robusta con el incremento de la talla larval. Estos
autores también relacionaron este patrón, con el cambio en el estilo de natación durante el
crecimiento larval, asociado con el incremento en la importancia de la región caudal para la
locomoción. Para el manjuarí, además del crecimiento isométrico que mostró la longitud de
la cola, se encontró una alometría negativa en la altura del pedúnculo caudal con el mismo

62
________________________________________________________________________________Discusión

punto de inflexión hallado para las aletas pareadas. Queda, por lo tanto, discernir para esta
especie estas particularidades con las estructuras relacionadas con la natación. Es por ello
que estudios detallados en larvas de lepisosteidos, en combinación con investigaciones de
la cinética de la natación, tanto en condiciones de laboratorio como de campo, podrán
esclarecer este patrón de crecimiento obtenido.
Pero no solamente es necesario el desarrollo de estructuras que garanticen el inicio de la
natación activa, ya sea para la huída de los depredadores, como para la captura del alimento
de una especie que es estrictamente carnívora, sino que simultáneamente debe existir un
perfeccionamiento de aquellas estructuras o sistemas, que permitan la eficiente asimilación
del alimento externo, una vez agotadas las reservas vitelinas. Ejemplo de esto son el
desarrollo cefálico y del tracto digestivo ocurrido en esta segunda etapa larval del manjuarí.
Los patrones de crecimiento encontrados para la cabeza y el hocico fueron positivamente
alométricos para sus longitudes y negativamente alométricos para sus anchos, lo cual indica
un alargamiento y un estrechamiento de la región cefálica durante el desarrollo temprano.
El crecimiento alométrico positivo de la cabeza es un aspecto común en la ontogenia de los
peces, como se ha presentado en loricaridos (Strauss, 1995; Schmidt, 2001), esturiones
(Snik et al., 1997; Gisbert, 1999; Osse y Boogart, 2004) y peces gatos (Geerinckx et al.,
2008; Huysentruyt et al., 2009). Kammerer et al. (2005) examinaron dos especies de
lepisosteidos (Atractosteus spatula y Lepisosteus osseus) y encontraron una fuerte
alometría positiva para la longitud de las mandíbulas relacionada con el tamaño del
esqueleto durante la transición de larva a adulto, seguido por una débil alometría negativa
mientras el animal continuaba su crecimiento.
Gisbert y Doroshov (2006) consideraron que el crecimiento rápido de la longitud cefálica,
está asociado probablemente con el desarrollo de los sistemas nervioso (cerebro), sensorial
(visión y olfación), respiratorio (arcos y filamentos branquiales) y alimentario, pues un
incremento cefálico asociado con mayor desarrollo del sistema nervioso, permite una mejor
toma de oxígeno y de partículas alimenticias de mayor tamaño (Choo y Liew, 2006).
Alometrías fuertes en los componentes tróficos del esqueleto, están generalmente asociados
con cambios en la selección de las presas y en el comportamiento alimentario (Emerson y
Bramble, 1993). Kolmann y Huber (2009) consideraron que una alometría positiva en el
aparato alimentario, ayuda a los depredadores a superar las limitaciones funcionales

63
________________________________________________________________________________Discusión

impuestas por su presa y puede conferirle una ventaja competitiva sobre una trayectoria
ontogénica isométrica, facilitando el acceso a fuentes tróficas exclusivas mucho más
temprano en su ciclo de vida.
Para los lepisosteidos vivientes, la conducta de alimentación está representada por
movimientos generales lentos seguidos de rápidos ataques, más que de una búsqueda activa
(Kammerer et al., 2005); por lo que la elongación del hocico encontrada en las larvas de
manjuarí es ventajosa para la captura de presas de nado rápido como son Moina sp y
Artemia sp.
Los puntos de inflexión encontrados para las longitudes-anchuras de la cabeza y el hocico
fueron a los 6 DDE, momento en el que está ocurriendo el agotamiento del vitelo. Por esta
razón, la larva tiene que obligatoriamente cambiar hacia la alimentación exógena y por lo
tanto se requiere la presencia de un aparato funcional que permita la toma de alimento. Es
por esto que es consistente, que cercano al punto de agotamiento del saco vitelino, los
esfuerzos morfogénicos externos estén enfocados a la elongación de la cabeza, con el
objetivo de completar la formación de un aparato esencial que le posibilite la localización y
la toma de presas de tamaños cada vez mayores, como una prioridad funcional para la larva
que le permita su supervivencia.
Debido a los resultados encontrados en el análisis alométrico realizado en las larvas de
manjuarí para las aletas pareadas y caudal, así como para el crecimiento del tronco y de la
región cefálica, se puede inferir, que estas aletas son las estructuras principales para el
inicio del ejercicio de la natación en esta etapa, pero que el desarrollo cefálico es el que
garantiza la eficiencia para el inicio de la alimentación exógena.
El proceso de captura de las presas comienza a estar plenamente asegurado en A.
tristoechus a los 8 DDE, por el temprano desarrollo mandibular, la presencia de los dientes
maxilares y faríngeos y la proliferación de las células caliciformes y de las papilas
gustativas. Estas papilas son estructuras quimiosensoriales consistentes en células
epiteliales modificadas, que están implicadas en la selección del alimento y juegan un papel
crucial en la degustación: exploración y reconocimiento del alimento (Sánchez-Amaya et
al., 2007). Tanto los peces como otros vertebrados, utilizan sus células gustativas para
monitorear el alimento potencial e incluso seleccionar o rechazar sustancias de acuerdo con
su selectividad. El número de papilas gustativas se incrementa con el crecimiento de los

64
________________________________________________________________________________Discusión

peces y la diferencia en su número total y distribución aumenta la eficiencia de degustación


(Fishelson et al., 2004; Kumari et al., 2005). Por otra parte, la presencia de las primeras
células caliciformes funcionales secretoras de mucus fue detectada en el tracto digestivo del
manjuarí en la región bucofaríngea y en el esófago a los 4 DDE. Específicamente en el
esófago, aparecen tapizando el lumen de la región anterior, pues hacia la parte posterior del
mismo abundan las células ciliadas, las cuales han sido descritas en larvas de peces
teleósteos (Morrison, 1993) justo antes de la abertura bucal y relacionadas con el transporte
a través del canal digestivo (Tytler y Blaxter, 1988). Estas secreciones mucosas juegan un
papel importante en la absorción de sustancias fácilmente digeribles -como los disacáridos
y los ácidos grasos de cadena corta- (Osman y Caceci, 1991); en la digestión pregástrica
(Baglole et al., 1997) y en la lubricación y protección de la mucosa digestiva (Gisbert et al.,
1999; Arellano et al., 2002), por lo que su presencia temprana ayuda el proceso de inicio de
la alimentación. El tiempo en que tales células mucosas surgen, varía entre las especies,
pero usualmente su aparición coincide con la abertura de la boca y con la primera
alimentación exógena, como ocurre en Pleuronectes ferruginea (Baglole et al., 1997),
Solea solea (Boulhic y Gabaudan, 1992), Dentex dentex (Santamaría et al., 2004) y el
manjuarí (presente estudio); o algunos días después como en Dicentrarchus labrax (García-
Hernández et al., 2001), Diplodus sargus (Ortiz-Delgado et al., 2003), Paralichthys
californicus (Gisbert et al., 2004) y Pagrus auriga (Sánchez-Amaya et al., 2007). En
nuestro caso, estas células tanto en la zona bucofaríngea como en el esófago aparecen
simultáneamente, aunque en otros peces como Pagrus auriga (Sánchez-Amaya et al., 2007)
existe un desfase, apareciendo primero a los 5 DDE en el esófago y posteriormente en la
cavidad bucofaríngea (9 DDE).
Además de estos cambios evidentes que ocurren en la región cefálica, tanto externos como
internos, también se presentan procesos significativos en la región del tronco, no solo en la
diferenciación y crecimiento de los miótomos como anteriormente se planteó, sino también
en el desarrollo de los órganos del sistema digestivo (Gisbert y Doroshov, 2006).
Consistente con este criterio fueron los resultados histológicos y enzimáticos obtenidos en
esta investigación.
Durante esta etapa de desarrollo larval del manjuarí, se observaron cambios en las
actividades de varias enzimas digestivas. Estos cambios se atribuyen al crecimiento y

65
________________________________________________________________________________Discusión

desarrollo de nuevos órganos y tejidos y no al efecto que tanto la ración de alimento como
el alimento en sí pueda ejercer, pues se empleó la misma dieta ofrecida ad libitum durante
toda la experimentación. Además, para minimizar el posible efecto de las enzimas
provenientes de las presas no digeridas en nuestras mediciones, las larvas fueron
mantenidas en ayuno una hora antes de los muestreos.
En esta segunda etapa, se presenta un máximo de actividad enzimática en el día ocho
después de eclosionadas para las proteasas ácidas, la amilasa y las aminopeptidasas, lo cual
puede estar asociado al momento crítico de la transición de alimentación endógena a
exógena. Moyano et al. (1996) y Faulk et al. (2007) resumieron que en el tracto digestivo
de numerosas especies de peces marinos, se ha manifestado la actividad de las proteasas
alcalinas muy tempranamente (incluso antes de la abertura de la boca), mientras que la
actividad de las proteasas ácidas se detecta muy tarde. En nuestro caso, el inicio de la
actividad de las proteasas alcalinas ocurrió sobre el 8 DDE, mientras que la actividad de las
proteasas ácidas fue cuantificable desde el 5 DDE y fue consistentemente mayor que la
actividad de las proteasas alcalinas durante toda la etapa larval. Este patrón de actividad
proteásica ácida alta y temprana, indica la presencia de un estómago funcional con
desarrollo de glándulas gástricas. Esto fue corroborado a través del estudio histológico, en
el que se hacían evidentes estas estructuras a los 4 DDE con una diferenciación en tres
regiones diferentes: cardiaca, fúndica y pilórica. Ejemplos de este patrón, ha sido observado
en muy pocas especies, como los salmones y los esturiones (Buddington 1985; Buddington
y Dorshov 1986; Gawlicka et al., 1995; Zamani et al., 2009), Pseudoplatystoma corruscans
(Lundstedt et al., 2004), y lepisosteidos como el catán (Mendoza et al., 2002a) y el
pejelagarto (Iracheta, 2006); las que poseen un estómago funcional con secreción de
enzimas tipo pepsina desde el inicio de la alimentación exógena y antes de la completa
reabsorción del vitelo.
Generalmente, las glándulas gástricas aparecen más tardíamente en los peces, entre los 13-
35 DDE como en Melanogrammus aeglefinus (Hamlin et al., 2000), Pleuronectes
ferruginea (Baglole et al., 1997), Pagrus auriga (Sánchez-Amaya et al., 2007), Pagellus
eryhtrinus (Micale et al., 2006) y Scophthalmus rhombus (Hachero-Cruzado et al., 2009); o
incluso más tarde (60 DDE) como en Sparus aurata (Elbal et al., 2004). En las regiones
cardiaca y pilórica del estómago están ausentes las glándulas gástricas, pero se aprecian

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________________________________________________________________________________Discusión

cilios, sugiriendo que, al igual que en otras especies (Peña et al., 2003), estas partes del
estómago están involucradas en la distribución y el mantenimiento de una capa de mucus,
que ayuda a la musculatura digestiva en el movimiento de las partículas ingeridas
(Buddington y Dorshov, 1986). De acuerdo con algunos autores, la diferenciación del
estómago es un evento decisivo en la fisiología nutricional de las larvas de peces,
permitiendo conductas alimentarias precoses y la digestión eficiente de proteínas (Segner et
al., 1994; Martínez et al., 1999, Guan et al., 2010).
Los resultados obtenidos de actividad de las proteasas en el manjuarí, indican el mayor
protagonismo del estómago con respecto al intestino (particularmente los ciegos pilóricos)
en la digestión proteica, no solo en la etapa larval.
Las observaciones histológicas mostraron, que alrededor del cuarto día después de
eclosionadas las larvas, los ciegos pilóricos aparecen como pequeñas evaginaciones del
epitelio del intestino anterior y el pronunciado plegamiento en la conexión intestinal ocurre
entre el día 8 y el 12. Los ciegos pilóricos están involucrados en la absorción de los
nutrientes (lípidos) y en la digestión, principalmente por el incremento en el área superficial
(Barrington, 1957), sin que esto conlleve a un alargamiento o engrosamiento del propio
intestino. Ellos facilitan el transporte de los nutrientes que ya puedan ser absorbidos al
torrente sanguíneo, antes de que el bolo de comida pase al intestino, donde continuará la
ruptura del mismo y la absorción (Baglole et al., 1997). Además, neutralizan la acidez del
alimento proveniente del estómago, antes de pasar al intestino y esto ha sido confirmado
por la ausencia de ciegos pilóricos en los peces carentes de estómago (Gawlicka et al.,
1995).
El epitelio mucoso intestinal, consistente en células columnares absortivas con un distintivo
borde en cepillo y con células caliciformes intercaladas productoras de mucus, comienza
una intensificación en su plegamiento entre los 4 y los 8 días, con lo cual incrementa su
área superficial de absorción. Este plegamiento contribuye además a la mezcla del alimento
con los productos hepáticos, pancreáticos, así como con el mucus secretado por las células
caliciformes (Grau et al., 1992). Las aminopeptidasas, que se localizan en el borde en
cepillo de los enterocitos, completan la digestión luminal mediante la hidrólisis de péptidos
(Letelier et al., 1985; Guerreiro et al., 2010) y son además, indicadoras de la maduración
intestinal (Moyano et al., 2005). Como se evidencia en el patrón de actividad de esta

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________________________________________________________________________________Discusión

enzima en el manjuarí, hasta los 8 DDE ocurre un incremento de la misma, debido


principalmente a este aumento superficial de la capa mucosa del intestino.
En contraste con las otras enzimas analizadas, la amilasa no mostró una tendencia clara. La
detección temprana de la amilasa ha sido reportada en otras larvas de peces (Baragi y
Lovell 1986; Munilla-Morán et al., 1990; Chakrabarti et al., 2006). Sin embargo, en el caso
del manjuarí, la actividad no se incrementa con la edad sino que fluctúa a niveles bajos,
similar a los valores detectados en los ciegos pilóricos del adulto. En numerosos peces
marinos carnívoros, la expresión de la amilasa decrece durante el desarrollo larval (Cahu et
al., 2004; Ribeiro et al., 2008) y se ha sugerido que esto está fuertemente relacionado con
hábitos específicos de alimentación (Horn et al., 1986; Falcón-Hidalgo et al., 2011). En
nuestros ensayos, durante los primeros días, la actividad de la amilasa fue baja, similar a lo
reportado para A. spatula (Mendoza et al., 2002a) y para A. tropicus (Iracheta, 2006). Esto
puede ser explicado dentro del contexto de los hábitos alimentarios estrictamente
carnívoros de las larvas de lepisosteidos, ya que se ha observado que los peces con hábitos
herbívoros y omnívoros requieren de niveles más elevados de actividad amilásica (Munilla-
Morán y Saborido, 1996b; Furné et al., 2005). Estudios adicionales se necesitarían para
determinar si diferentes niveles de carbohidratos en la dieta, cambian el patrón de actividad
de esta enzima, pues se ha observado que este puede ser influenciado, incrementándose
hasta cierto límite, al aumentar los niveles de carbohidratos en el alimento (Peres et al.,
1996; Pérez-Jiménez et al., 2009). Otra observación que refuerza la idea de la baja
capacidad aminolítica de esta especie es cuando la actividad se expresa en relación al
individuo. Para casi todas las enzimas se observó un incremento progresivo en la actividad,
lo cual se relaciona con el perfeccionamiento esperado del equipamiento enzimático a
medida que el animal crece (Cahu y Zambonino, 1994; Moyano et al., 1996; Faulk y Holt,
2009; Buentello et al., 2011). La excepción fue la amilasa, donde este patrón no se
encontró, posiblemente debido a que la influencia de esta enzima es escasamente
significativa durante todo el desarrollo ontogénico temprano.
Precisamente por iniciarse en esta etapa el proceso de alimentación, se probó el efecto que
tenía el alimento en el crecimiento y supervivencia de las larvas de manjuarí. Por primera
vez para esta especie se evaluaban cinco dietas inertes consistentes en pienso comercial y
crustáceos congelados. Esto fue un importante avance en la metodología empleada hasta el

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________________________________________________________________________________Discusión

momento en el cultivo del manjuarí, pues por primera vez se demostró la capacidad de
estos animales de alimentarse del fondo y de alimento inerte, abriendo nuevas posibilidades
para su mantenimiento en cautiverio. Durante el período que comprende esta segunda etapa
larval, no se encontraron diferencias significativas entre las dietas probadas en cuanto al
peso de las larvas, pues aun el proceso de asimilación de los nutrientes no está morfo-
fisiológicamente respaldado para el máximo aprovechamiento de los mismos, lo cual fue
confirmado por el estudio de concentración de proteínas en la larva.
Otro aspecto evaluado fue el efecto de la inanición. Numerosos estudios experimentales de
inducción de la hambruna en larvas de peces se realizan habitualmente, principalmente en
aquellas especies de interés acuícola. Los objetivos de los mismos van enfocados hacia la
búsqueda de la reducción de los costos por alimentación y a la detección de una serie de
parámetros utilizables para la evaluación del grado de nutrición de las larvas, ya sea a
través del empleo de métodos histológicos (Ostaszewska et al., 2005; Olsen et al., 2008),
fisiológicos (Therese et al., 2008a,b), morfométricos (Uriarte y Balbontín, 1987) y de
índices de condición, basados en la relación de ácidos nucleicos (Tanaka et al., 2008;
Masuda et al., 2009).
La inanición es un estado que experimentan naturalmente algunos peces e invertebrados
durante períodos en que el alimento escasea (McCue, 2010). En el medio natural, las larvas
de peces normalmente tienen una tasa alta de mortalidad debido, además de la depredación
y de condiciones ambientales desfavorables, a la inanición o la limitación de las fuentes
alimentarias (Sheng et al., 2007). La supervivencia generalmente se logra, por la reducción
de la tasa metabólica, seguida de su restablecimiento a condiciones normales después de la
alimentación, y por la preparación previa mediante la acumulación de reservas en los
tejidos (Viana et al., 2007; Furné et al., 2008; Salin et al., 2010). Tanaka (1972) señaló que
la falta de alimento tiene una serie de implicaciones muy importantes en el desarrollo
posterior de las larvas, ya que las limita a dos posibilidades: a) tener éxito en alimentarse
oportunamente y poder obtener energía suficiente para continuar la búsqueda de alimento y
crecer, o b) fallar en su primera alimentación e iniciar la absorción de sus propios tejidos,
haciéndose más débiles y aumentando la susceptibilidad a las enfermedades o a ser
depredadas.

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________________________________________________________________________________Discusión

En los bioensayos realizados con las larvas de manjuarí, resultó interesante encontrar una
anticipación en el agotamiento externo del vitelo para las larvas en inanición. Esto coincide
con lo descrito por Heming et al. (1982) en Oncorhynchus tswaytcha. Ellos concluyeron
que la tasa de absorción del vitelo, que normalmente tiende a crecer conforme se intensifica
el proceso de desarrollo larval (Williams et al., 2004), es afectada por la presencia de
alimento en el intestino, provocando que la misma disminuya y se comiencen a utilizar los
nutrientes del alimento ingerido, lo que permite conservar parte de las reservas vitelinas.
Como se aprecia, todos los caracteres morfométricos medidos, muestran un
comportamiento similar tanto en las larvas alimentadas como en inanición durante esta
segunda etapa. Esto coincide con los resultados obtenidos con las diferentes dietas,
indicando que en esta etapa son las reservas vitelinas las que garantizan los procesos
morfogénicos que ocurren en las larvas. De hecho, al analizar el crecimiento en larvas
alimentadas, se encontró que durante los día 7 al 11 después de eclosionadas, ni la longitud
corporal ni el peso se incrementan significativamente, llegando incluso a mostrar tasas
negativas discretas momentáneas. Patrones similares de reducción en el crecimiento han
sido también reportados para numerosas especies de teleósteos (Blaxter, 1969; Yada y
Furukawa, 1999; Gisbert et al., 2002; Geerinckx et al., 2008).

5.3 Etapa 3 de desarrollo larval


Después de esta etapa crítica de transición, las larvas son exotróficas, capaces de detectar y
depredar el zooplancton de la columna de agua. Durante esta tercera etapa, el alargamiento
del hocico -que se hace mucho más evidente-, la presencia de los dientes afilados, así como
el desarrollo de las aletas y sus radios, perfeccionan los hábitos carnívoros de esta especie.
Con el patrón corporal general alargado ya parecido a un juvenil, las larvas comienzan a ser
un poco más activas y perfeccionan su método de alimentación visual, aunque hacen pocos
movimientos innecesarios. Su conducta alimentaria está caracterizada por la torcedura de
todo el cuerpo hacia una forma sinusal una vez detectada la presa, seguido por un estallido
rápido de la natación hacia la misma y el movimiento lateral de la cabeza para su captura.
Por ello, es imprescindible la intervención de la aleta caudal, cuyo crecimiento y la
osificación de sus radios, marca esta transición hacia el patrón de natación del adulto, que
se hizo evidente en las larvas con talla mayor a 25 mm.

70
________________________________________________________________________________Discusión

Estas larvas libres nadadoras se caracterizan por un pronunciado incremento diario en el


peso, debido a la efectiva asimilación de los nutrientes externos. Esta asimilación fue
corroborada, tanto por el incremento significativo de los niveles proteicos de las larvas a
partir del 9 DDE, como por los resultados obtenidos en el experimento del efecto de la
inanición, en el cual a partir del 11 DDE comienzan a evidenciarse los cambios drásticos
para casi todos los caracteres morfométricos analizados entre las larvas en inanición y las
alimentadas. Igualmente, al aplicar el análisis alométrico al crecimiento del manjuarí
relacionado con el peso, se encontraron dos fases: los primeros 14 días, con crecimiento
alométrico negativo lento y los últimos cuatro días con un crecimiento más rápido
igualmente con alometría negativa, indicando que este día marca las diferencias
significativas en el coeficiente de crecimiento para esta variable.
Pero además, alrededor de este punto de inflexión para el peso, el estudio de la ontogenia
de las enzimas digestivas, reveló otro máximo de actividad para casi todas las enzimas
analizadas, principalmente las proteasas, esterasas y las enzimas localizadas en la mucosa
intestinal. La actividad esterasa fue detectada tempranamente y se mantuvo durante todo el
período experimental, la cual ha sido encontrada en otras especies como Theragra
chalcogramma (Oozeki y Bailey 1995), Morone saxatilis (Ozkizilcik et al., 1996),
Melanogrammus aeglefinus (Perez-Casanova et al., 2004), Epinephelus coioides (Eusebio
et al., 2004) y Dentex dentex (Gisbert et al., 2009). Oozeki y Bailey (1995) sugirieron la
existencia de dos tipos de lipasas, una relacionada con la absorción del saco vitelino, y la
otra -cuya actividad desarrolla más tardíamente- podría estar relacionada con la digestión
de los lípidos exógenos. En el presente estudio, la actividad esterasa alta y su incremento
continuado, reflejan la importancia de esta enzima pancreática en la utilización de los
lípidos y su incremento marcado entre los 12-14 DDE, pudiera estar indicando el desarrollo
del páncreas exocrino, la movilización de los lípidos acumulados y el incremento de la
capacidad de la digestión de los lípidos contenidos en el alimento exógeno. A esta
conclusión se arriba al verificar que la actividad esterasa del adulto, es similar a la de las
larvas durante los primeros días de vida, indicando la importancia de esta enzima al inicio
de la alimentación exógena.
Las fosfatasas, localizadas en el interior de los enterocitos, están involucradas en la
digestión intracelular de las proteínas fosforiladas (las fosfatasas ácidas), los procesos de

71
________________________________________________________________________________Discusión

absorción y el transporte intestinal (fosfatasas alcalinas) (Letelier et al., 1985; Guerreiro et


al., 2010). El decrecimiento en la actividad de la fosfatasa ácida y el concomitante
incremento en la actividad de la fosfatasa alcalina durante la etapa temprana del desarrollo,
que se hizo evidente en este estudio, también fue encontrado por Álvarez (2003) en
Paralabrax maculatofasciatus y por Aguilera (1999) en A. spatula. La actividad alta de las
fosfatasas alcalinas, en relación con las actividades de las fosfatasas ácidas y las
aminopeptidasas en las larvas de manjuarí, denotan el significado de la absorción intestinal.
Este resultado, junto con el corto intestino que poseen (con una válvula en espiral que
incrementa el área de absorción y el tiempo de permanencia del alimento) y la menor
actividad proteolítica intestinal en comparación con el estómago; sugiere como papel
esencial del intestino la absorción de los nutrientes. Sin embargo, en la mayoría de las
larvas de peces teleósteos, como anteriormente se discutió, aunque el intestino tiene
igualmente una función en la absorción, posee primariamente un peso importante en la
digestión proteica, debido al desarrollo prematuro de las proteasas alcalinas que asumen el
papel principal en la digestión (Munilla-Morán y Saborido, 1996a). No obstante, sería
interesante realizar un estudio histológico sobre la absorción lipídica y proteica en esta
región del tracto digestivo del manjuarí, como la realizada en Centropomus parallelus por
Shimada et al. (2010), que permita corroborar esta afirmación.
Desde el punto de vista histológico, durante esta tercera etapa larval, la morfología del
tracto digestivo permanece idéntica, excepto por el aumento de la superficie de absorción
dado por el incremento de los pliegues mucosos del esófago, estómago e intestino, los
cuales incrementaron su complejidad y tamaño con la edad de las larvas. Como elemento
distintivo de esta etapa, aparece una curvatura en el tracto digestivo, en la unión del
estómago y el intestino anterior. Surge además el esfínter pilórico, e inmediatamente detrás
de este esfínter ocurre un pronunciado plegamiento de la mucosa intestinal, indicando el
incremento de los ciegos pilóricos. Tanto el desarrollo de esta estructura como el de las
glándulas gástricas, están considerados como los mayores eventos en el desarrollo del
tracto digestivo (Baglole et al., 1997). Como ha sido propuesto por varios autores, sus
presencias designan el final del período larval y el inicio del período juvenil (Bisbal y
Bengtson, 1995; Sarasquete et al., 1995).

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________________________________________________________________________________Discusión

En sentido general, los patrones de actividad de las principales enzimas involucradas en el


proceso digestivo en las larvas de manjuarí en esta etapa, así como el desarrollo
morfológico del tracto digestivo, indican el perfeccionamiento y la funcionalidad temprana
de este sistema, haciendo válido el empleo de dietas artificiales. La evaluación de las cinco
dietas inertes de iniciación, mostró que a partir de los 12 DDE los tratamientos que incluía
a la moina como ingrediente, conllevaban a un incremento significativo del peso. Sin
embargo, solamente con la dieta de moina congelada es que se encontraron a los 18 DDE
los mejores resultados tanto en incremento en peso como en la supervivencia, obteniéndose
incluso valores de peso semejantes a lo logrado en otras experimentaciones con alimento
vivo bajo las mismas condiciones experimentales.
Para otros lepisosteidos, el empleo de dietas artificiales es un hecho (Mendoza et al.,
2002a; Márquez et al., 2006), sin embargo, los resultados obtenidos con el pienso para el
manjuarí, indicaron que esta fue la dieta menos apropiada en comparación con el resto. A
pesar de ser el pienso el que menor porcentaje proteico presentó (48,8 %) cuando se
realizaron los análisis bromatológicos, éste se encuentra dentro de los valores establecidos
(sobre el 50%) para los requerimientos de las larvas de peces, pues se sabe que las mismas
necesitan de altos contenidos proteicos en su dieta (Xiaobo et al., 2003), como base para el
crecimiento de la musculatura y como fuente de energía principal para el sustento
metabólico de los innumerables procesos fisiológicos que en ellos se dan (Rønnestad et al.,
2003).
En primera instancia, se ha postulado que el aprovechamiento bajo de las dietas artificiales,
se debe al desarrollo incompleto del tracto digestivo y por lo tanto a su funcionamiento
parcial en relación con la producción de enzimas digestivas (Kolkovski et al., 1993). Este
no es el caso del manjuarí, ya que los resultados muestran que las larvas tienen, incluso
antes de iniciar la alimentación exógena, un tracto digestivo morfológica y fisiológicamente
más desarrollado que la mayoría de las larvas de otros peces que han podido ser
acondicionadas al consumo de dietas artificiales.
Debido a las observaciones realizadas in situ durante los bioensayos, en los que se
evidenció que los animales bajo este tratamiento mostraron desinterés por la toma del
alimento y muchas veces, una vez tomado este, era regurgitado, se considera que sea la baja
tasa de ingestión de esta dieta artificial la causa más probable de los resultados obtenidos.

73
________________________________________________________________________________Discusión

Este mismo problema ha sido a menudo observado principalmente en aquellas especies con
fuertes hábitos carnívoros (Lovshin y Rushing, 1989). Por otra parte, la preferencia
marcada de los lepisosteidos por organismos pelágicos, encontrados en el contenido
estomacal de larvas y juveniles, sugieren que su alimentación se realiza principalmente en
la superficie (Echelle y Riggs, 1972; Pearson et al., 1979), por lo que pudiese pensarse que
la baja flotabilidad del pienso utilizado, haya contribuido a su poca disponibilidad en la
columna de agua durante el tiempo apropiado para ser consumida. Sin embargo, quedó
demostrado en este mismo experimento, que las larvas se adaptaron a comer del fondo la
moina y artemia congelada, por lo que el problema de la flotabilidad puede haber influido,
pero no haber sido el factor determinante en los bajos pesos encontrados en las larvas
alimentadas con pienso. No obstante, la utilización de dietas extruídas podría mejorar la
tasa de ingestión en comparación con dietas peletizadas, como encontraron García et al.
(1997) en larvas de A. tropicus y Mendoza et al. (2002a) en larvas de A. spatula, por la
conducta alimentaria que tienen estos peces.
Consideramos que el punto clave se centra en el empleo de dietas que sean atractivas para
las larvas. Con este fin, la aceptación del pienso puede ser incrementado utilizando
atrayentes alimenticios (Pawson, 1977; Kolkovski et al., 1997; Reig et al., 2003; Engrola et
al., 2009) que favorezcan la detección, identificación y consumo del mismo, además de
tener en cuenta las características físicas como el tamaño (Hossain et al., 2000) y la textura,
para hacerlo realmente asequible por las larvas de esta especie.
Otros elementos importantes radican en tener en cuenta la composición de las dietas,
basada en los requerimientos nutricionales de la especie (Giacometti et al., 2009), así como
en la serie de factores extrínsecos e intrínsecos -como las regulaciones neuro-hormonales
(Zambonino y Cahu, 2007; Kortner et al., 2010)- que permitan la asimilación de estas
dietas por el individuo. Todos estos aspectos, apoyados en las diversas técnicas que existen
para la producción de alimentos artificiales, permiten que la dieta sea realmente asimilable
por las especies, en dependencia de sus hábitos alimentarios y de la etapa del ciclo de vida
en la que se encuentren.
Queda claro, que este bioensayo fue un primer intento de acondicionar las larvas de
manjuarí al consumo de dietas inertes, por lo cual es necesario realizar un número mayor de
pruebas, para lograr definir progresivamente una forma adecuada de sustituir el alimento

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________________________________________________________________________________Discusión

natural por dietas artificiales, tan necesario en el establecimiento de las metodologías de


cultivo a gran escala.
Por otra parte, fue interesante encontrar en el experimento del efecto de la inanición, que
las mortalidades no excedieron el 2,5 % diario en cualquiera de los tratamientos desde el 5
hasta el 18 DDE, llegando incluso a ser nula en varios de los días de experimentación. No
fue hasta el día 23 después de eclosionadas que aparecieron las mortalidades masivas para
las larvas sin alimento, que no sobrepasaron los 25 DDE. Sin embargo, en la literatura
aparecen reportes de resistencia a la ausencia total de alimento de solo seis días para
Paralichthys olivaceus (Bolasina et al., 2006), de siete días para Hippocampus trimaculatus
e H. kuda (Sheng et al., 2007) y de 15 días para A. tropicus y A. spatula (Aguilera, 1999).
Estos patrones de mortalidad encontrados para las larvas de manjuarí son el reflejo de la
capacidad de resistencia de esta especie, las cuales pueden sobrevivir a períodos
prolongados de inanición de hasta 25 días, por lo que posiblemente este haya sido un factor
clave en el éxito ecológico que han tenido. Esta resistencia en la etapa larval puede estar
asociada al contenido energético del vitelo en el huevo, de manera similar a lo señalado por
Dabrowski et al. (1985) en Acipenser baeri y como han encontrado Kristjhnsson y
Vollestad (1996) en Oncorhynchus mykiss. También puede deberse a cambios fisiológicos,
como han sido descritos en otras especies de peces como son: la reducción de algunos
metabolitos en el plasma como la glucosa, amino ácidos y el colesterol sanguíneo
(Ostaszewska et al., 2005; Pérez-Jiménez et al., 2007), la movilización de grasa en los
tejidos (Regost et al., 2001) y la disminución del consumo de oxígeno (Yengkokpam et al.,
2008). Sería muy interesante poder profundizar en los mecanismos que permiten esta
resistencia a períodos prolongados de ausencia de alimento encontrados en la etapa larval
de A. tristoechus.
Los patrones de coloración hallados en las larvas en inanición coinciden con lo descrito por
Aguilera (1999) para A. spatula, sin embargo, no se mostraron conductas de canibalismo
como sí encontró Hernández (1999) para A. tropicus en ensayos similares de ausencia de
alimento. Esta conducta para el pejelagarto ha sido asociada a la inanición y a la densidad
alta de siembra, donde el canibalismo o conductas semejantes garantizan a las larvas la
supervivencia, confiriéndoles un estado de salud y crecimiento superiores que al resto de
los peces.

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________________________________________________________________________________Discusión

Al analizar la relación entre las variables morfométricas y la longitud total en las larvas en
inanición, no se encontró que existiera crecimiento desproporcionado, excepto para el peso.
Aunque a simple observación estas larvas se presentan con una cabeza aparentemente
mayor con respecto al largo total, los análisis morfométricos no indican de esto un hecho.
Pudiese ser la relación entre el peso y la longitud total, junto con los patrones morfológicos
y conductuales descritos para individuos bajo regímenes de alimentación ad libitum y en
inanición, elementos a tener como referencia para evaluar la condición nutricional de larvas
cuya edad o historia nutricional se desconozcan. Esto pudiera ser de utilidad práctica al
realizar observaciones directas sobre grupos de larvas vivas, ya sea en ejemplares silvestres
como de cultivo, siendo un indicador rápido de la condición de las larvas. Además de poder
convertirse en una herramienta útil para la implementación futura de técnicas de cultivo
masivo para la repoblación de los ambientes naturales en los que se encontraba la especie
en Cuba. No obstante, sería válido profundizar en el estudio de los cambios histológicos y
fisiológicos que se presentan en esta especie sometida a varios días de inanición, así como
la determinación del punto de no retorno para la misma.
De forma general, incorporando los cambios externos en la morfología larval del manjuarí,
los criterios funcionales de las enzimas digestivas, así como los cambios internos en el
tracto digestivo, se puede concluir que, alrededor de los 12 DDE (a 28oC) se inicia la
transformación gradual de estado larval a juvenil.

5.4 Generalizaciones
Los resultados de este trabajo están en correspondencia con el patrón de crecimiento
observado para los primeros 15 DDE de A. spatula y A. tropicus (Mendoza et al., 2002a) y
la tasa de crecimiento obtenida fue la segunda mayor reportada para larvas de lepisosteidos
(Anexo 1). Nuestras condiciones experimentales y de temperatura (28+1oC) fueron
similares a las aplicadas en los estudios realizados con las otras dos especies de
Atractosteus (Aguilera et al., 2002), por lo que al comparar las tasas de crecimiento entre
los tres miembros de este género, se evidencia el valor intermedio obtenido para la especie
cubana.
Al establecer los cinco intervalos de longitud total para las larvas de manjuarí, se encontró
que los siguientes caracteres morfométricos: largo del hocico, largo de las aletas pélvicas,

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________________________________________________________________________________Discusión

ancho inicial del hocico, largo y ancho cefálico; mostraron diferencias significativas entre
estos intervalos. Como se aprecia, la mayoría de estos caracteres están relacionados con el
desarrollo cefálico, haciéndose evidente el estrechamiento del hocico y el alargamiento de
la cabeza durante el desarrollo larval de esta especie, similar a lo que ocurre en otros
lepisosteidos, reflejando los hábitos ictiófagos de esta familia de peces.
Empleando los intervalos de longitud total determinados para el manjuarí, se realizó una
comparación cualitativa con otras larvas de lepisosteidos (Tabla 9), tales como: L. osseus,
L. oculatus, A. spatula, A. tropicus y L. platostomus (Simon y Wallus, 1989; Simon y
Tyberghein, 1991; Aguilera et al., 2002), haciendo los ajustes según los datos publicados
por estos autores. Para los primeros intervalos de longitud total (10,5-22 mm), el manjuarí
posee proporcionalmente el hocico más corto y la cabeza más ancha en comparación con
los otros lepisosteidos mencionados anteriormente. Para los últimos intervalos (26,2-35,2
mm), la cabeza del manjuarí fue la más larga y el hocico el más estrecho de todas las
especies. Basado en investigaciones de las relaciones entre los caracteres morfológicos y la
alimentación de otras especies de peces (Clifton y Motta, 1998; Luboschek y McCormick,
2001), tales diferencias observadas entre el ancho y largo del hocico y la cabeza en las
larvas de lepisosteidos, pueden ser debido a las variaciones en el hábitat y las fuentes de
alimentación entre las especies. Desafortunadamente, no existen observaciones de las áreas
de desove, ni de la dieta de las larvas de manjuarí en el medio natural, por lo que muchas
interrogantes quedan aún por dilucidar.
El otro carácter esencial, el largo de las aletas pélvicas, que presentó diferencias
significativas entre los intervalos de longitud total en el presente estudio, fue además
empleado como elemento primordial en la definición cualitativa de las etapas de desarrollo
larval, lo que refleja el valor de este carácter morfológico-morfométrico en la evaluación de
la fase larval de esta especie.

77
________________________________________________________________________________Discusión

Tabla 9. Caracteres morfométricos de larvas de lepisosteidos por intervalos de largo total


similares a los encontrados para el manjuarí en el presente estudio (expresados en
porcentaje usando la misma proporcionalidad descrita en la Tabla 3). En negritas – A.
tristoechus (presente estudio), a- L. osseus (Simon y Wallus, 1989), b- L. oculatus (Simon y
Tyberghein, 1991), c- A. spatula (Aguilera et al., 2002), d- A. tropicus (Aguilera et al.,
2002), e- L. platostomus (Simon y Wallus, 1989).

Ancho
Largo del Largo Largo Aletas Ancho
Intervalos posterior del
hocico cefálico pélvicas cefálico
hocico
I 4,1 21,9 - - 63,8
a 5,1-5,7 20,4-24,6 - --20,1 64,4-52,1
b 4-6,2 18,4-20,8 - --15,3 52,5-60,9
c 6-7,4 25,6-26 - 22,3-22,7 30,7-38,6
d 6,8-10,6 27,6-29,4 0,7-1,5 18,8-24,8 43,8-44,2
e
II 6,9 26,1 2,1 15,8 50,1
a 8,9-10,5 26,9-26,2 2,8-3,2 18,5-16,3 42,7-35
b 6,2-12,2 20,8-26,6 --2,7 15,3-14,9 52,5-35,8
c 7,4-9,9 26-27,8 1,6-3,6 22,7-18,6 38,6-36,2
d 10,6-13,8 27,6-29,4 1,5-4,3 18,8-14,4 44,2-36,6
e
III 11,2 28,6 3,2 13,5 38,5
a 10,5-11,5 26,2 3,2-3,3 16,3-13,9 35-32,4
b 12,2-11 26,6-25,4 2,7-3,1 14,9-15,4 35,8-35,4
c 9,9-14,2 27,8-29,5 3,6-5,1 18,6-14,8 36,2-33,4
d 13,8 29,4 4,3 14,4 36,6
e
IV 13,7 31,2 4,2 11 33,9
a 11,5-12,4 26,2-26,2 3,3-3,5 13,9-12,9 32,4-33,9
b 11-14,3 25,4-27,2 3,1-3,4 15,4-12,2 35,4-27,6
c 14,2 29,5 5,1 14,8 33,4
d 13,8 29,4 4,3 14,4 36,6
e 11,9 29,2 3,8 10,2 32,6
V 14,8 31,5 4,9 9,9 32,2
a
b 14,3 27,2 3,4 12,2 27,6
c 14,2-15,3 29,5-30,7 5,1-5,8 14,8-16,9 33,4-33,2
d 13,8 29,4 4,3 14,4 36,6
e

78
________________________________________________________________________________Discusión

Al integrar los aspectos morfo-fisiológicos obtenidos en la presente investigación, se puede


concluir que el desarrollo larval del manjuarí muestra, para muchos elementos, cambios
puntuales y rápidos, más que una gradación continua, lo cual coincide con la “teoría de la
ontogenia por saltos” formulada por Balon (1985, 1990, 1999, 2001) y seguido por autores
como Pavlov (1999), Kovac et al. (1999), Kovac (2002), Belanger et al. (2010), entre otros.
Simultáneamente al lanzamiento de esta teoría, Govoni et al. (1986) consideraron que “el
desarrollo del canal alimentario desde un simple, indiferenciado e incipiente intestino recto
presente en la larva con saco vitelino, hacia un complejo y segmentado canal alimentario
presente en el adulto, ocurre más por rápidos cambios periódicos que por gradación
continua”. En concordancia con este criterio, se encuentran los resultados bioquímicos e
histológicos aquí obtenidos, siendo estos elementos novedosos a aportar a la teoría de la
ontogenia por saltos, la cual se basa esencialmente en cuestiones morfológicas externas y
conductuales.
Los cambios puntuales tanto morfológicos como fisiológicos encontrados en las larvas de
manjuarí mantenidas a 28oC, se agrupan en dos puntos críticos (+8 DDE y +12 DDE) que
se relacionan con la transición de alimentación endógena a exógena y con el inicio del paso
de larva a juvenil respectivamente.
En opinión de autores como Fuiman (1983) y Snik et al. (1997), los cambios en el
crecimiento de las larvas reflejan las prioridades de un organismo en desarrollo,
optimizando dicho crecimiento para incrementar apropiadamente su supervivencia. Las
larvas presentan numerosas estructuras temporales que deben ser remodeladas hacia la
forma definitiva presente en el adulto, empleándose energía para este proceso de
transformación. Para mejorar las posibilidades de éxito, ellas deben emplear la energía
disponible priorizando las funciones más importantes.
Para el manjuarí, debido a la necesidad de alimentación a tan temprana edad, es que se
observa un desarrollo rápido tanto de las porciones cefálicas empleadas en la captura del
alimento como del tracto digestivo; y producto del comportamiento inactivo de esta
especie, es que se explican los patrones de crecimiento obtenidos para la cola y las aletas
pareadas, todo esto asociado al primer punto crítico. Una vez vencidos estos esfuerzos
morfogénicos, ocurre un perfeccionamiento de los elementos asociados a la alimentación

78
________________________________________________________________________________Discusión

que permiten la adecuada asimilación de los nutrientes exógenos, reflejado en el segundo


punto crítico.
La información obtenida en esta investigación, proporciona enfoques sobre la conducta y el
fenotipo de animales cultivados, así como de la ontogenia del tracto digestivo de las larvas
de manjuarí. Los resultados igualmente pueden ser empleados como referencia en el
monitoreo de su cultivo y pueden convertirse en una herramienta útil para estudios en el
medio natural; aunque se debe tener en cuenta que el desarrollo morfológico, las tasas de
crecimiento y la conducta pueden variar entre los animales de medio natural y las
poblaciones de cultivo.

79
6. CONCLUSIONES

80
_____________________________________________________________________________Conclusiones

1. La fase larval de Atractosteus tristoechus transcurre en los primeros 18 días después


de eclosionadas a 28oC, con tasas de crecimiento de 1,30 mm/d y 10,2 %/d, estando
constituida por tres etapas: Etapa 1- Larva adherida (0–3 DDE), Etapa 2- Larva en
transición (4-10 DDE) y Etapa 3- Larva libre nadadora (11-18 DDE).
2. De los 23 caracteres morfométricos analizados, 17 mostraron crecimiento alométrico,
indicando que la mayoría del crecimiento corporal ocurre de forma discontinua a
través de cambios abruptos. Los puntos de inflexión se concentran principalmente
entre los 4 y 8 DDE, revelando los fuertes procesos morfogénicos que ocurren en este
período.
3. El canal alimentario consistió en una estructura bien desarrollada y organizada a sólo
4 DDE, formada por: bucofaringe, esófago, estómago glandular y no glandular,
intestino anterior y posterior. A los 8 DDE se evidenció el desarrollo de los pliegues
mucosos y después del inicio exclusivo de la alimentación exógena (12 DDE), no
hubo ninguna modificación notable.
4. Los patrones de actividad de las principales enzimas digestivas indican una
funcionalidad temprana de este sistema, principalmente del estómago en la digestión
proteica, debido a la alta y precoz actividad encontrada para las proteasas ácidas.
5. Las larvas pueden consumir dietas inertes en su primera alimentación, siendo la
Moina congelada, la de mejor aprovechamiento y la que garantizó las mayores
supervivencias.
6. Las larvas que fueron mantenidas sin alimento mostraron externamente un
agotamiento prematuro del vitelo, cambios en la coloración y conducta y detuvieron
su crecimiento entre los 10-12 DDE. La relación entre el largo total y el peso a partir
de este día comienza a incrementarse exponencialmente para las larvas con alimento
externo y empieza a decrecer (<1,9) para las larvas mantenidas en inanición.
7. La integración de todos los resultados obtenidos permitió identificar dos puntos
críticos en el desarrollo larval de esta especie: sobre el 8 DDE, cuando ocurre la
transición de alimentación endógena a exógena presentándose fuertes cambios
morfogénicos, y sobre el 12 DDE, cuando se inicia el paso a etapa juvenil, marcado
por el aumento en el peso de las larvas.

81
7. RECOMENDACIONES

82
_________________________________________________________________________Recomendaciones

1. Determinar las áreas de desove naturales del manjuarí y establecer un programa de


monitoreo in situ de las larvas que permita establecer comparaciones con los
resultados obtenidos en la presente investigación.
2. Realizar estudios donde se evalúe el efecto de diferentes dietas inertes en el
crecimiento, la supervivencia y la actividad de las enzimas digestivas en larvas de
manjuarí.
3. Para mejorar la estrategia de cultivo de esta especie, se sugiere implementar en el
manejo de sus larvas los resultados aquí obtenidos.

83
8. REFERENCIAS
BIBLIOGRÁFICAS
___________________________________________________________________Referencias Bibliográficas

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9. ANEXOS
__________________________________________________________________________________Anexos

Anexo 1. Tasas de crecimiento publicadas para larvas y juveniles de lepisosteidos. (DDE-


días después de eclosionadas).

Tasa de
Especie crecimiento Etapa Referencia
(mm/d)
Pearson et al. (1979)
0,8 larva
Lepisosteus osseus Netsch y Witt (1962)
2,33-4,5 juvenil
Echelle y Riggs (1972)
0,83 larva Simon y Tyberghein (1991)
Lepisosteus oculatus
1,3-1,7 juvenil Simon y Wallus (1989)
1,55 0-10 DDE
Atractosteus spatula Aguilera et al. (2002)
5,06 10-15 DDE
0,86-1 0-15 DDE
Atractosteus tropicus Aguilera et al. (2002)
2,5 15-30 DDE
Atractosteus tristoechus 1,30 0-18 DDE Presente estudio