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La Universidad Argentina en clave histórica.

Notas introductorias

Dr Pablo Molina Derteano

I - Introducción

El estudio de la Universidad como institución y sistema en coordenadas sociohistóricas requiere del


diálogo y actualización de dos ejes centrales de análisis.

El primero es que el refiere al estudio de las relaciones entre el Estado Moderno y la Universidad en
el marco del desarrollo de un proyecto de Nación moderna; situación que históricamente no se
encontrará ni en Europa ni en América Latina hasta el siglo XIX (Wittrock, 1997; Tummerman, 2001)
En ese proyecto, la Universidad comienza a jugar su rol como formadora de elites –intelectuales,
profesionales y dirigentes -, si bien esta función puede ser revisada. Aún así, coincidimos con autores
como Stegger y Tummerman, en que esta caracterización de la misión general es la que mejor
describe el lugar social e institucional de la Universidad desde el siglo XIX, si bien el concepto de
elite pueda quedar, en un sentido, descolocado de la experiencia latinoamericana.

Precisamente, el segundo eje refiere al estudio de la historia social de América Latina y, en relación
a la realidad de muchos países de la región, la posibilidad de pensar un modelo latinoamericano de
universidad, en oposición a los ya conocidos modelos francés, alemán y norteamericano. En otras
palabras, ¿cuál es la especificidad de la experiencia latinoamericana, a la luz de la relación entre una
Universidad fundada y controlada por la Iglesia Católica y los nacientes Estados Nación con la
complejidad de las formaciones sociales en Latinoamérica? En muchos aspectos, ambos ejes chocan
en un modelo híbrido: la noción de elites choca contra la de democratización, que es una demanda
social de la que la Universidad se hace cargo pero que no ha generado por sí misma.

II – ¿Qué es la Universidad? Definiciones operativas.

Si bien las coordenadas de estudios de la Educación Superior son bastante amplias y diversas, aquí
tomaremos dos que son 1) las que analizan la Universidad como Institución con su historia Interna
y Externa y 2) la perspectiva bourdeana.

La primera perspectiva pude ser definida como un cruce entre la tradición de estudios en autores
como Clark y Stegger y la visión de Kuhn de historia Interna y Externa. En la primera categoría se
colocan los estudios sobre la evolución histórica de la institución en una tensión constante entre
institución y disciplina; mientras que, en la segunda se ubican ciertas tensiones entre la Universidad,
el modelo de desarrollo, la estructura social y otros factores que, en realidad, sólo pueden ser
separados analíticamente.

En este sentido, Clark señalaba que “en suma, la disciplina-no la institución-tiende a ser la fuerza
dominante de la vida laboral de los académicos. Enfatizar su primacía implica cambiar nuestra
percepción de los establecimientos y de los sistemas locales pertenecientes a disciplinas nacionales
e internacionales, secciones que importan e implantan las orientaciones hacia el saber, las normas
y las costumbres de los campos globales. El control sobre el trabajo se traslada al ámbito de control
interno de los disciplinas, cualquiera sea su naturaleza.“ (1991:60) En esta cita, Clark pone en 2
evidencia la tensión interna de una Universidad que desde el siglo XIX se va profesionalizando en
dos sentidos: uno es la relación en el interior de la Universidad en la medida que se pasa de un
modelo de honor y prestigio al de profesionales asalariados y/o contratados. Y la otra, dada por el
desarrollo de colegios de profesionales, asociaciones formales y/o informales entre empresas,
gremios, etc.

Esta tensión tiene sus implicancias en:

- Las formas en que se estructuran las relaciones entre estudiantes, docentes y autoridades
y las formas en que se disputan simbólica y materialmente los contenidos y vinculaciones
de los ingresan y egresan de las universidades
- Las disputas simbólicas y materiales en torno a lo que se denomina la “actualización de los
conocimientos”, más específicamente la tensión entre generalistas y especialistas
- Las disputas en torno al acceso al financiamiento de las actividades de investigación y
extensión.

Más categóricamente, Clark indica que: “Las disciplinas presionan a las instituciones [universitarias]
en defensa de la erudición y, en ocasiones, de la investigación. Las instituciones presionan a las
disciplinas para que se ocupen de los estudiantes y, a veces, para que entablen contactos con otros
campos” (1991:64). En suma, esta tensión que existe entre la disciplina y las instituciones , suponen
lo que podría denominarse, la historia interna de la Universidad.

La historia externa refiere, en términos generales, a la relación entre Universidad, Estado y Sociedad.
O lo que podría definirse como “Las misiones de la Universidad”. La literatura internacional de
investigaciones en educación superior tiende a centrarse en tres procesos que interesan de esta
relación tripartita: la transición de una educación superior de élite a una de masas; los cambios en
las relaciones entre gobierno y universidades con sus respectivos choques y redefiniciones y; la
integración y diferenciación de sistemas de educación superior. (Clark, 1998:3) A su vez, este autor
agrega su interés por el crecimiento académico sustantivo y la organización innovadora de las
universidades. Es sabido el interés de este autor por la innovación. Pero, aquí nos centraremos en
los tres primeros tópicos, compartidos con los estudios en investigación en educación superior.

En primer lugar, la transición de educación de Elites a educación superior masiva; que más allá del
recorte temporal de Clark se puede observar también en retrospectiva. En sus orígenes, la
Universidad – inclusive en sus tres modelos: francés, alemán o norteamericano - , se ha vinculado a
la formación y reproducción de las elites económica, sociales y políticas. Pero toda elite requiere
cierta renovación, y la Universidad también se constituye desde sus orígenes mismos como una
oportunidad de ascenso para aquellos que no gozaran de ciertos privilegios de origen. En distintas
etapas históricas, se plantea cierta frontera móvil que es eje de la controversia para determinar en
qué medida la elite estaba “cediendo terreno” frente al ascenso de otros sectores sociales. En este
sentido, masividad implica mayor acceso en detrimento de los privilegios de las élites. Confluyen en
este proceso tanto una mayor democratización en el acceso a la educación superior así como una
reconfiguración del rol de la Universidad en su inserción en una determinada formación histórica.
Queda planteado, y desde ya que excede estas notas, en qué medida las elites “ceden” o bien se 3
reconfiguran.

El segundo punto, guarda fuerte relación con el primero en la medida que pone el eje del debate, y
podría englobarse bajo el estudio de las políticas de educación superior. La relación entre gobierno
y Universidad, tiene que ver con las tensiones entre enfoques cercanos al stock de capital humano
y la mayor democratización. En otras palabras, la educación superior y, en especial la Universidad,
son instancias de formación de cuadros calificados que se deberían articular con el modelo
productivo y el estilo de desarrollo (Torrado, 2007). Estas políticas deberían incluir diálogos entre
sectores productivos, incluyendo el sector público, empresarios y sindicatos, así como orientaciones
generales de programas, negociaciones en torno a la autonomía universitaria y fuentes de
financiamiento entre otras. Esto tiende, en ocasiones a entrar en contradicción con iniciativas ,
estatales o no, de mayor democratización de la educación superior; no sólo referido al mayor
ingreso, sino a un debate y políticas concretas y sostenidas para garantizar la permanencia y el
egreso (Rinesi, 2014).

Estos dos puntos podrían ubicarse en las líneas de la Historia Externa, mientras que el tercero que
refiere a la integración con otras instancias de la educación superior puede ser más bien del orden
de la historia interna. No abundaremos mucho sobre este punto aquí, pero se puede señalar que se
relaciona con el debate entre orientaciones generalistas o especialistas. La insistencia sobre esta
última, encierra el peligro que toda la organización universitaria se vuelva “nuevamente” elitista
privilegiando formaciones parciales orientadas a las demandas de actores específicos.

Si retomamos la distinción de Clark, puede volverse sobre el clásico texto de Kant del conflicto de
las Facultades en donde distinguía facultades dominadas por los poderes fácticos cuyo poder
depende de cierta delegación social y otras cuya legitimidad es dada por sí mismas. Clark y esa
corriente institucionalista pretende de cierto modo cerrar el debate, describiendo el poder y la
influencia de la disciplina y su tensión con la institución. Bourdieu, en cambio, no desiste de esa
tensión y la hace constitutiva de su análisis. Prefiere dirigirse a los fundamentos de la propia
universidad a través de su clásico trabajo Homo Economicus, en el que afirma que “las tomas de
posición de las diversas categorías de universitarios dependen muy estrechamente de sus intereses
propiamente universitarios o, más precisamente, del grado en que la conservación o el aumento de
su capital universitario están ligados a la perpetuación o la transformación del sistema universitario”
(en Baranger, 2009:66). En este sentido, el estudio de las relaciones entre Universidad y sociedad,
son las relaciones primero del campo académico plegado sobre sí mismo. Una vez distinguido el
capital universitario – social, simbólico y económico - , resta analizar que pasa cuando el capital
universitario “sale de ese campo”

La Universidad es, en sí misma, un campo de luchas condicionado por que , quienes lo disputan –
docentes y estudiantes- se enfrentan en la acumulación de saberes y privilegios que pueden tener
un correlato económico, pero que además, ese “premio” es aún mayor cuando se considera el
origen social de los mismos. En otras palabras, la Universidad puede masificarse mucho o poco, pero
sigue siendo un espacio de elite. Y , al igual que lo notara Bourdieu en La Distinción, algunas clases
sociales van 1) a reforzar las posiciones dominantes que ya tienen, 2) a disputar con quienes tienen 4
capitales económicos similares pero ansían sobresalir por sus capitales culturales diferenciales y; 3)
a ascender socialmente a través de la adquisición de capitales culturales que debieran tener un
correlato en capitales sociales y económicos diferenciales.

En otros términos, la perspectiva de Bourdieu invita en primer lugar a analizar por separado el
campo universitario como un campo de disputa en donde, al igual que en muchos otros campos, se
disputa el esquema de clases. No sólo el que entra en juego, sino el que la propia Universidad puede
crear como esquema de clasificación. Pero hay más. La Universidad no sólo es un espacio en donde
se juega la estratificación social; es un factor estratificador ya que su función es también de esa
naturaleza. Produce una serie de capitales simbólicos y sociales que cambian la ecuación de forma
y volumen de las clases medias y altas. Y, a su vez, producen un tipo de sujeto que ejerce una notable
influencia en el campo de las disputas simbólicas de otros campos: el intelectual. Así como el Estado
produce un capital capaz de influenciar y regular otros campos – la Ley- (Bourdieu, 1996;2011) , la
Universidad produce el capital que legitima el saber científico y que tiene, en última instancia, un
efecto estratificador.

III – La Historia antes del Tiempo: la Universidad antes del Siglo XIX.

Como vimos en el acápite anterior, el estudio de las Universidades puede ser encarado tanto como
estructuras sociales y organizativas que devienen sistemas que interactúan con otros sistemas
sociales o bien como campo de posiciones en el sentido bourdeano. Ambos paradigmas nos
permiten pensar tanto las tensiones internas como externas de la Universidad como espacio social.

La Universidad es un proyecto histórico muy ligado a la experiencia de la Iglesia Católica en la Baja


Edad Media, sobretodo desde el siglo XI. Puede decirse que las Universidades surgen tanto como
un proyecto de la Iglesia Católica destinado a una formación superior, así como una reacción de esa
misma institución al crecimiento de las iniciativas de la naciente burguesía de expandir la educación
en oficios, así como las ya existentes y controladas por los gremios y guildas. La Iglesia católica podía
tener un interés en los contenidos y en erigirse como la principal – en realidad, la única – institución
prestadora de conocimiento, el cual sólo era posible en su forma pura, abstracta y, a través de la Fe
Católica. Simbólica y materialmente desafiaba los proyectos nacientes de la Burguesía de formar
“Escuelas en Artes y Oficios”, destinados a crear cuadros técnicos. En cambio, la nobleza y cierta
parte de las burguesías urbanas del norte de Italia estaban interesadas en el desarrollo de un poder
secular y la figura de los letrados, con su conocimiento del Derecho Romano y Canónigo resultaba
de particular interés. Desde luego, que ambos intereses pudieron haber confluido y convivido. Las
primeras universidades en Europa – Bologna (1088), París (1150), Oxford (1168) y Salamanca (1215)
–, dan muestra de estos intereses contrapuestos y divergentes. El poder Eclesiástico de Roma era 5
fuerte en Bologna y Salamanca, mientras que París y Oxford eran colonizados por los reinos de
Francia e Inglaterra, demasiado “seculares” para el gusto de Roma, si bien estaban reconocidas y
legitimadas por Bulas Papales. Europa Oriental, llega con cierto retraso, a partir de la consolidación
del poder de los Habsburgo en el Sacro Imperio Romano Germánico, si bien los diferentes
componentes del Imperio se mueven con bastante autonomía. Serán en el siglo XIV con los casos
de la Universidad de Praga en 1348, Heidelberg en 1386, Köln en 1388. En el ducado de Cracovia,
destaca la Universidad Jaguelónica fundada en 1364. El Imperio Ruso deberá esperar hasta el siglo
XVIII con la fundación de la Universidad Estatal M.V. Lomonósov de Moscú, si bien las Academias de
Ciencias y Artes fundadas por Pedro I pudieran ser consideradas antecedentes. El Imperio Otomano,
en cambio, interviene en este recuento con la fundación de la Universidad de Estambul en 1453.

En más de un sentido, América Latina, fue un continente “inventado” para los conquistadores
españoles y portugueses. Poco o nada de las culturas y organizaciones sociales de los pueblos
originarios fueron puestas en debate. Colón llegó a Santo Domingo en 1492; el 28 de octubre de
1538 una bula papal creaba la Real y Pontificia Universidad de Santo Domingo1 en esa isla. Tan sólo
20 años después de la toma de México, que junto con Perú eran las joyas del naciente Imperio
español que se edificaba sobre las ruinas de los imperios Azteca e Inca, respectivamente. Y no es
casual, que las dos principales Universidades fueran fundadas en esas nuevas capitales del Imperio:
la Real y Pontificia Universidad de San Marcos en Lima (Real Provisión 1551 y Bula Papal 1571) y la
Real y Pontificia Universidad de México ( Real Cédula 1552; Bula Papal 1595).

En su organización, las Universidades Medievales tenían una estructura organizativa similar a la que
podía hallarse en los burgos. Había dos grandes corporaciones: Universitates Scholarium
(estudiantes) y Universitates Magistrorum (Maestros) que se hayan unidos en una asociación de
“protección mutua”. Posteriormente, ambas corporaciones se fundieron en la Universitas
Magistrorum et Scholarium, una única corporación que desde muy temprano adquirió un manejo
de relativa autonomía: al ser jurídicamente controladas por el único supraestado de la época: La
Santa Iglesia Católica Apostólica Romana. Aun así, muchas cuestiones prácticas eran negociadas
directamente con el poder local – reyes y nobles –, por lo que también tenían relativamente

1
Existe cierta controversia acerca de esta universidad que nunca fue del todo oficialmente reconocida.
autonomía de la propia autoridad papal.2 Los Maestros de las Universidades eran mayormente del
clero – bajo o alto según el caso -, pero también había presencia de laicos. Como sus ingresos
dependían de la Iglesia, constituían en términos de estructura social, una forma de nobleza. Regían
sobre ambas corporaciones fuertes restricciones en lo referente al contacto con el mundo exterior,
lo que sumado a la jurisdicción papal, daba a las universidades cierto aislamiento relativo de sus
estados locales y/o nacionales, si bien desde el siglo XV comienzan sus aportes con cuadros de
ciencia y gobierno.

Como se dijera anteriormente, el otro eje de análisis constituye el papel de los homus academicus.
En la Universidad Medieval, el método de estudio es la Escolástica: 6
“constaban, según Le Goff (1965), de cuatro pasos sucesivos: la lectura de un texto seleccionado
previamente -lectio-, la presentación de un problema derivado de su lectura -questio-, la discusión
de aquel problema por parte de los eruditos -disputatio-, y finalmente su solución -determinatio. La
determinatio podía pasar, a su vez, a ser el punto inicial para nuevas discusiones y así sucesivamente,
es decir, las universidades empiezan a producir conocimientos propios. En otras palabras, el proceso
de búsqueda de la verdad empieza a cerrarse a través de operaciones internas del sistema y, cuando
se difunde el uso de la imprenta, se incrementan sus posibilidades de atesorarse y propagarse. Siglos
después, la ruptura definitiva con la influencia de la teología, producto de la diferenciación interna
de los conocimientos, y su reemplazo por la observación minuciosa de la naturaleza, sería la
culminación de ese proceso.” (Arnold, 2000:13, cursivas en el original)

Los debates en la Universidad empiezan a reclamar hacia los siglos XIV y XV, un lugar de legitimación
en las esferas económicas, culturales y gubernamentales. Muchos de los determinatio, no se
trataban de transferencias directas, pero las Universidades rivalizaron y superaron las figuras de los
Genios, reemplazando la tendencia humanista por el nuevo misticismo previo a la Reforma en el
caso de las Universidades del Sacro Imperio y de los Países Bajos, así como en la Teología en el caso
de España e Italia. En otros casos fueron alimentando las figuras del Filósofo, con un interés no sólo
en la especulación teórica sino en cierta formulación de principio de aplicación empírica.

A partir de los siglos XVII y XVIII, se inicia los que Wittrock denomina “la larga transición”. Se trata
del pasaje de la figura de estos “Genios” hacia una mayor institucionalización de la Universidad en
cuanto institución, en donde la laicización jugó un rol importante. Las universidades se reforzaron
como una institución autónoma y profesional, con sus propios gobiernos colegiados apuntando a
que, se les reconozca, como productores de Elites profesionales, sociales y políticas.

2
Hay un concepto de autonomía que es bueno tener presente y que es desarrollado por Duby (2007) A partir
del ingreso en la Baja Edad Media, las actividades comerciales y culturales empiezan a expandirse y los niveles
se ubican bastante por encima de la mera subsistencia. Aun así, los medios de comunicación siguen siendo
relativamente lentos y la autoridad personal sigue siendo más determinante que la documental, por lo que la
autonomía local es una constante en la época.
Bibliografía

1. ARNOLD, Marcelo (2000). “Las universidades como Sistemas Sociales: Estructura


y Semántica”, en Revista MAD Nº2 , Universidad de Chile.
2. BARANGER, Denis (2009) “Para el estudio de los campos universitarios. Pierre
Bourdieu y la construcción del objeto en Homo Academicus”. En Revista
Pensamiento Universitario N° 12, pp 63-90.
3. CLARK, Burton (1991). El sistema de educación superior. Una visión comparativa de
la organización académica, Ciudad de México:Nueva Imagen. Capítulo II: Trabajo.
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4. ____________ (1998) Crecimiento sustantivo y organización innovadora: Nuevas
categorías para la investigación en Educación Superior. En Perfiles Educativos N° 81,
Julio-Septiembre.
5. LE GOFF, Jacques (2001). Los intelectuales en la Edad Media, Barcelona:Gedisa.
6. WITTROCK, Bjorn (1996) Las tres transformaciones de la Universidad Moderna. En
Rottblack Sheldon y Wittrock, Bjorn (Comps). La Universidad europea y americana
desde 1800. Madrid: Pomares-Corredor.