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EL ENOJO

El desafío de transformarnos a nosotros mismos

Controlando lo que usted dice Extraído de Controle su enojo,


editado por Perspectivas

El Alei Shur (1:35) enseña un principio fundamental en nombre del


Rab Tzadok HaCohén:

Cada persona posee cierta debilidad que constituye su principal


desafío en la vida. Cuando ve que sus deseos y tentaciones la
dominan, debe darse cuenta de que en este preciso asunto también
tiene el potencial para alcanzar un gran éxito, si retorna a Hashem
incondicionalmente… Puede convertirse en una persona
excepcionalmente grandiosa desarrollando las fortalezas de la
personalidad necesarias para vencer su debilidad… Esto es…el
propósito de su existencia. (Tzidkat HaTzadik 49, 181)

Es vital estudiar las diferentes clases de personalidad para conocer


nuestra propia clase y la de aquellas personas con las que
tratamos.
¿Les levanta con frecuencia su voz a los demás? ¿Está siempre
gritando a los demás debido a su personalidad agresiva?
¿Mandonea a las personas? ¿Es demasiado controlador y
dominante?

La Mishná (Avot 5:11) describe el temperamento de un malvado - el


que es autoritario, demasiado agresivo, dominante y que atropella a
todos los que se cruzan por su camino. Consigue lo que quiere o
recurre a un estallido de ira.

Para tratar y remediar esta perversidad, observen que la mishná


denomina a esta persona: una que "es fácil de enojar". Si esta
descripción parece cuadrarle, es hora de tomar una decisión
deliberada de relajarse y no enojarse. Elimine su necesidad de
controlar a los demás. Tómese las cosas con más calma y converse
los asuntos con los demás antes de imponerles una decisión final.

Este proceso de tomar las cosas con calma no es fácil, y lleva


tiempo, pero puede y debe hacerse. Los beneficios serán
perceptibles a medida que disfrute de una comunicación más

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significativa con los demás, descubra el secreto de llevarse bien con
las personas y permita a los demás disfrutar de su compañía.
Además, tendrá más amigos, las personas lo respetarán y lo
escucharán, y experimentará la grandeza de ser humilde.

¿Quién es sabio? El que aprende de todas las personas.


(Avot 4:1)

Cuando pensemos en convertirnos en sabios, una frase debería


venirnos inmediatamente a la mente:

El silencio es un cerco para la sabiduría.


(Ibídem 3:13)

La boca es la guardiana. Es la laringe la que expresa nuestro enojo


y permite que salga toda nuestra insensatez. Esto sucede cuando
hablamos en exceso o demasiado rápido, sin primero reflexionar
detenidamente lo que planeamos decir. Decir cosas
espontáneamente y atacar a alguien verbalmente, aun cuando se
esté bajo estrés, causa un profundo dolor a los demás y a nosotros
mismos. Los palos y las piedras sólo rompen huesos, pero las
palabras pueden destrozar la esencia íntima de uno.

Una de nuestras metas debería ser desarrollar una sensibilidad más


profunda hacia las necesidades de los demás y medir siempre las
consecuencias de nuestras palabras y acciones antes de hablar o
de actuar. Debemos comprometernos a no avergonzar nunca a
otras personas.

Las personas a veces tienen tendencia a hablar demasiado rápido


también para buenas causas. Algunas personas pueden decir
siempre que sí a cualquier nuevo proyecto o responsabilidad, hasta
el punto de comprometerse demasiado. Tener demasiados deseos
de agradar a los demás puede conducir a la fatiga, el resentimiento
y la frustración. Recuerde que la palabra sí* es más que decir no
por una letra y que cada sí a una cosa es, en realidad, un no a otra.
Por lo tanto, debe preguntarse: En mi deseo de agradar a otra
persona y hacer todo, ¿estoy invirtiendo demasiado tiempo y
esfuerzo en cosas que no son prioridades fundamentales?

Una vez que domine este punto, tendrá que desarrollar la capacidad
de decir no con sensibilidad, sugiriendo una solución alternativa al
solicitante. Exige práctica, paciencia y una buena disposición para

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prever dominar esto más adelante, pero podrá evitar futuras
situaciones desagradables si piensa antes de hablar.

* En inglés "yes" (sí) tiene tres letras. (N.de la T.)

Moshe Goldberger

EL ARTE DE HONRAR A LOS DEMÁS

El enojo parece surgir en el transcurso de un instante. A veces


explotamos repentinamente cuando los demás nos irritan. La
verdad es, sin embargo, que en la mayoría de los casos, somos
enteramente responsables de nuestras reacciones. Cuando
aprendemos a honrar a los demás, disminuimos la tentación de
enojarnos con ellos.

No importa qué clase de temperamento usted tenga, lo más


probable es que no explote en presencia de un policía, de su jefe,
de un cliente o de un gran sabio de Torá. Esto es debido a que
existe una conexión directa entre el honor que le acordamos a
alguien y el enojo destructivo que crece sigilosamente cuando no
obtenemos lo que esperamos. El honor y el enojo son dos polos
completamente opuestos.

Vemos de algunas de las principales mitzvot positivas de la Torá -


por ejemplo, "Honra a tu padre y a tu madre" (Shemot 20:12) y
"Ama a tu prójimo como a ti mismo" (Vaikrá 19:18) - que la Torá nos
obliga a concentrarnos en apreciar a las personas y a comportarnos
hacia ellas con respeto, paciencia y aprecio. El enojo es uno de los
principales rasgos negativos que socava y contrarresta todos los
rasgos positivos (Meiri, Mishlé 16:32).

Tenemos una opción entre concentrarnos en honrar y respetar a los


demás y, de ese modo, tener éxito en la vida o hacer hincapié en el
enojo, que conduce a la tensión y a la destrucción. El Talmud
enseña: "Una persona nunca debe imponer un miedo excesivo (esto
es, montar en cólera) en su hogar, porque puede hacer que miles
de judíos perezcan, como ocurrió en el episodio de pileguesh b
´Guivá, donde la cólera trajo aparejada una guerra que ocasionó la
muerte de miles de judíos" (Guitín 6b).

A pesar de que esta historia fue un incidente aislado en la historia


antigua, contiene lecciones que nos sirven perfectamente en la

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actualidad.
Algunos individuos de la ciudad de Guivá, en la tribu de Biniamin,
maltrataron y atacaron a una mujer que era la concubina de un
hombre que pasaba por su ciudad. La mujer murió debido al ataque
y su esposo reaccionó de manera vengativa. Diseccionó el cadáver
en doce partes y envió una parte a los sabios que lideraban cada
tribu. Esto provocó una tormenta de justificada indignación. "Jamás
se ha hecho ni visto tal cosa en el pueblo judío desde la época del
Éxodo de Egipto hasta hoy" (Shoftim 19:30).

El resto del pueblo judío se dio cuenta de que se necesitaban


medidas extremas para terminar con esta corrupción que tenía su
origen en la influencia negativa de las naciones gentiles
circundantes. En lugar de castigar simplemente a los pocos
depravados que habían pecado, decidieron eliminar a toda la ciudad
de Guivá. Esto sería un drástico fin de la lección.

Los líderes de la tribu de Biniamin, no obstante, se negaron a


aceptar este fallo extremo y, por lo tanto, decidieron defenderse.
Cuatrocientos mil judíos participaron de esta guerra civil. Perecieron
cuarenta mil de Israel y veinticinco mil de Biniamin (Shoftim, cap.
20).
Una de las lecciones que nuestros Sabios aprenden de este suceso
es la naturaleza destructiva del enojo. El temperamento de un sólo
hombre desencadenó una guerra que provocó la muerte de sesenta
y cinco mil judíos.

Pese a que dichas consecuencias no son probables en situaciones


normales, D´s juzga a una persona en proporción a su situación. Su
hogar es su imperio y, así, su comportamiento es un modelo de lo
que habría hecho si hubiera sido el gobernante de un gran país
(Rabí Avigdor Miller, Awake My Glory, pág. 340). (Si una persona, D
´s no permita, aleja a sus hijos con su ira, puede provocar pérdidas
para las futuras generaciones, que pueden ascender a miles).

¿Quién es honorable? El que honra a los demás.


(Avot 4:1)

Cuando aprende a honrar a todos los que lo rodean, tiene menos


probabilidades de enojarse con los demás y más probabilidades de
convertirse en una persona más honorable

Aprecia el honor de tu amigo como si fuera el tuyo propio.


(Ibídem 2:10)

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A fin de honrar a los demás y abstenerse de la ira, es esencial
aprender a apreciar su propio honor de una manera positiva. A
medida que aprenda a respetarse, desarrollará la capacidad de
honrar también a los demás.

Quizá esté pensando a esta altura: "¿Por qué debo concentrarme


en honrar a todas las personas cuando hay, indudablemente,
algunas que no lo merecen?".

La respuesta es que tenemos que concentrarnos en la capacidad


de bejirá (libre albedrío), de la que D´s nos ha dotado.

Por lo general, tendemos a echar la culpa de nuestros problemas a


los demás o a circunstancias ajenas a nuestra voluntad, tales como
el tiempo. Siempre tenemos excusas para justificar nuestro enojo y
nuestro sufrimiento. No obstante, si se da cuenta de la verdad y se
dice: "Es mi elección", ya no tendrá una excusa para quejarse.
Hashem nos otorgó la capacidad de tomar la decisión de controlar
nuestras emociones. Podemos entrenarnos para subordinar
nuestros sentimientos a los valores de la Torá. Por consiguiente,
tenemos que tomar la iniciativa y la responsabilidad de
comportarnos según las pautas de la Torá acerca de cómo
reaccionar.

Nuestra felicidad en este mundo depende principalmente de


nosotros, como está escrito: "Si yo no soy para mí, ¿quién lo será?"
(Avot 1:14). En lugar de tratar de cambiar a los demás expresando
su ira, concéntrese en el poder que nosotros, como individuos
dotados de bejirá, tenemos para enriquecer nuestras vidas -
podemos elegir si nos enojamos con los demás o cambiamos
nosotros.
Debemos detenernos en este punto de nuestras vidas y decir ahora
es el momento de dejar de enojarme con los demás, puesto que "si
no es ahora, ¿cuándo?" (Avot 1:14).

Dígase a sí mismo: "En lugar de culpar a los demás por mi enojo,


comprenderé que este problema pudo haber sido provocado por mi
propio resentimiento que yo he permitido que se desarrollara. Estoy
decidido a cambiar este patrón ahora.

Enumeremos una lista de cambios, basados en principios de la


Torá, que uno debe confeccionar.

¿Cómo reaccionas frente a lo que te sucede?

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Alejando el enojo

"Una suave respuesta quita la ira; mas la respuesta áspera hace


subir el furor" (Mishlé 15:1). Esta frase siempre estaba en los labios
de Abaie, uno de los grandes Sabios del Talmud (Berajot 17a).
¿Por qué un Sabio se entrenaría para decir siempre este versículo?
Toda vez que tratamos con los demás, hay una posibilidad de que
digan o hagan algo que nos irrite. Alguien puede levantarle la voz,
ignorarlo o hacerle un pedido injusto. Tiene sentido estar preparado
para un encuentro sorpresa, en que se sienta tentado a perder los
estribos. La manera de prepararse es realizar sesiones prácticas o
ensayos para visualizar potenciales situaciones.

Dígase a sí mismo: "Imaginemos si de repente alguien se acercara


a mí y comenzara a maltratarme verbalmente. ¿Cómo reaccionaría
yo?". "Una suave respuesta…".

Asimismo, puede dedicar breves momentos del día para relajarse y


concentrarse en no permitir que nada lo moleste, sin importar qué
pueda pasar. Intente este ejercicio durante unos minutos ahora
mismo. Se sorprenderá al darse cuenta de que no es tan difícil, y la
práctica lo perfeccionará. Se convertirá, con tiempo y práctica, en
una persona más paciente. Este principio básico es fundamental
para lograr cualquier cambio en la vida: La práctica continua hará
de usted un ser perfecto.

Si se acuerda de distenderse cuando las cosas se ponen difíciles -


por ejemplo, cuando recibe una crítica y comienza a sentirse
nervioso y a ponerse a la defensiva - puede habituarse a convertirse
gradualmente en una persona más feliz, menos peleadora.

Pirké Avot enseña un sistema de "Solía decir", que significa:


Encuentre una consigna de la Torá que lo ayude a mejorar su
carácter y dígalo hasta que penetre en su corazón. Buenos
ejemplos de esto son las declaraciones: "Si yo no soy para mí,
¿quién lo será?" (Avot 1:14) y "Aprecia el honor de tu amigo como si
fuera el tuyo propio" (ibídem 2:10).

Del mismo modo, puede ejercitar la compasión poniendo una


moneda en la alcancía una o dos veces por día. Puede ejercitar la
paciencia tomando una pausa de paciencia de dos minutos, algunas
veces por día. Puede aprender humildad pensando en la grandeza

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de Hashem en comparación con su insignificancia. Y puede
aprender a enojarse menos diciendo con frecuencia:

No te enojes con facilidad. (Avot 2:10)

El Talmud nos enseña: "Si repites una lección cien veces, puedes
convertirte en un tzadik en ese tema. Si la repites ciento un veces,
puedes convertirte en un siervo de Hashem" (Jaguigá 9b). ¡Inténtelo
ahora!

Puede comenzar repitiéndolo diez veces ahora mismo,


luego marque en este casillero: [ ]

Tómese un recreo por un momento. Luego dígalo diez veces más.


Por favor, marque aquí: [ ]

Ahora, anote el número de esta página y siga disfrutando de este


libro. Más adelante, en algún momento, vuelva a esta página y
dígalo diez veces más.
Por favor, marque aquí: [ ]

Una vez que consiga manejarlo, escriba este versículo en su propia


agenda con muchos más casilleros y siga repitiéndoselo, para
enojarse con menos facilidad. La próxima vez que se sienta tentado
a responder con ira y a gritarle a una persona debido a alguna
grosería inapropiada por parte de ésta, recuerde su consigna - "No
te enojes con facilidad".

Una muestra de mal genio no tiene que ser su reacción natural al


hecho de ser ofendido. Usted manda. No se enoja con facilidad.
Puede aprender a responder con calma, de una manera
beneficiosa.

El que tarda en enojarse es mejor que un hombre fuerte.


(Mishlé 16:32)

Una vez se realizó un estudio sobre el surgimiento y la caída de


veintiocho civilizaciones en el transcurso de la historia. El estudio
especula con que cada una de estas naciones se engrandeció
como resultado de su eficaz respuesta a los desafíos del mundo
exterior. Mientras las naciones siguieron respondiendo eficazmente,
su civilización creció con éxito.

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El que domina su espíritu [es mejor] que el que conquista una
ciudad.
(Ibídem)

Nos enfrentamos a una continua sucesión de problemas y


dificultades en la vida. Nuestro crecimiento depende de la eficacia
de nuestras reacciones. Si elegimos responder de una manera
tranquila, constructiva y positiva, crecemos. Si elegimos el enojo, la
depresión o cualquier forma de negatividad, sufrimos, y también lo
hacen los que nos rodean. La elección está en nuestras manos.
Nuestras respuestas positivas determinan nuestro éxito y nuestra
felicidad, con la ayuda de D´s.

No es lo que le sucede, sino cómo lo maneja, lo que marca toda


la diferencia en la vida.

¿Cómo mantener la armonía en el hogar?

El matrimonio no sería tan desafiante si sólo los problemas que


hemos discutido estuvieran implicados, esto es, mantener la reglas
de urbanidad, observar los mitzvot interpersonales y estar de
acuerdo con la naturaleza de la esposa. Sin embargo, cada pareja
enfrenta un problema mucho más serio: el enojo. Más que otra
cosa, el enojo es lo que mina la relación entre el esposo y su mujer.

El enojo puede ser expresado de varias formas. Mientras que


generalmente es transmitido a través del alzar la voz y las
amenazas, también se puede expresar en forma ligera como enfado
o a través del sarcasmo y los insultos. Si uno quiere paz en su
hogar, tiene que aprender a evitar o por lo menos a controlar todo
tipo de enojo.

Antes que discutir cómo lidiar con el enojo, primero debemos


señalar sus causas, a saber, qué es lo que provoca el enojo y en
qué circunstancias es difícil controlarlo.

Afortunadamente para nosotros, los Sabios nos han enseñado


cuáles son estas causas en la muy conocida historia de Hilel y el
hombre que trató de hacerlo enojar.[1]

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Dos hombres hicieron una apuesta entre ellos. "Quien haga enojar a
Hilel," dijeron," se llevará 400 zuz."

...Ese día era la víspera de Shabat y Hilel estaba laván-dose el


cabello. Uno de los hombres pasó junto a la entrada de la casa de
Hilel y gritó: "¿Quién de aquí se llama Hilel? ¿Quién de aquí se
llama Hilel?"

Hilel se envolvió en su manto y salió hacia él. "Hijo mío," el sabio


dijo,"¿Qué es lo que quieres?"

"Tengo algo que preguntar," el hombre empezó.

"Pregunta, hijo mío, pregunta," Hilel respondió.

"¿Por qué las cabezas de los babilonios son redondas?"

"Has hecho una pregunta muy importante," Hilel le respondió.


"Porque no tienen parteras alertas."

El hombre esperó un poco hasta que Hilel había vuelto a su baño, y


después volvió a gritar: "¿Quién de aquí se llama Hilel? ¿Quién de
aquí se llama Hilel?"

Hilel se envolvió en su manto, salió hacia él y le dijo: "Hijo mío,


¿Qué es lo que deseas?"

"Tengo una pregunta que hacer," el hombre dijo otra vez.

De nuevo Hilel lo alentó: "Pregunta, hijo mío, pregunta."

"¿Por qué los ojos de los tarmudianos son débiles?"

Y de nuevo Hilel contestó: "Has hecho una pregunta muy


importante. Porque viven enmedio de dunas de arena."

El hombre se fué, esperó un poco, regresó y gritó una tercera vez:


¿Quién de aquí se llama Hilel?"

Hilel se envolvió en su manto y salió hacia él preguntándole: "Hijo


mío, ¿Qué es lo que deseas?"

Una vez más, el hombre repitió: "Tengo una pregunta que hacer."

"Pregunta, hijo mío, pregunta," fue la paciente respuesta.

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"¿Por qué los pies de los africanos son anchos?"

"Hijo mio, has hecho una pregunta muy importante. Porque viven en
medio de los pantanos."

Frustrado, el hombre hizo un intento final: "Tengo muchas preguntas


que hacer, pero tengo miedo de que te enojes."

Hilel tranquilamente se sentó delante de él. "Pregunta todas las


preguntas que tengas que hacer," el sabio le ofreció.

En desesperación, el hombre preguntó: "¿Eres tú Hilel quien es


llamado el líder del pueblo judio?"

"Sí."

"Si tú eres ése, entonces que no haya nadie más como tú en Israel."

"¿Por qué, hijo mío?"

"Porque he perdido 400 zuz por culpa tuya."

"Contrólate," dijo Hilel, concluyendo el intercambio. "Es mejor que


pierdas el doble de 400 zuz por culpa de Hilel, a que Hilel se enoje."

Todos los métodos que el hombre utilizó para hacer enojar a Hilel
derivan de su conocimiento de un importante principio: el enojo no
es nada más que la expresión última de gaavá, el orgullo.[2] Los
Sabios se refieren a la mala inclinación del enojo como un dios falso
dentro del hombre.[3] Este dios falso es realmente el dios del culto a
sí mismo. Nos enojamos cuando nuestra exagerada auto-estima es
amenazada.

Cuando nos sentimos amenazados en el fondo de nuestro


subconsciente deseamos destruir a quien nos amenaza. Sin
embargo, por nuestras convicciones o nuestra educación, no
queremos o somos incapaces de hacerlo, y nos controlamos. El
resultado es la violencia controlada, es decir, el enojo. La voz fuerte
del enojo implícitamente amenaza con herir a la persona que esta
retando nuestro orgullo. La violencia verbal que dirigimos a él esta
destinada a destruir su valor. Todos esto lo hacemos para vengar
nuestro orgullo amenazado.

El hombre que quería hacer enojar a Hilel comprendió bien este


principio. Además, igualmente entendió bien qué circunstancias

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fueron las que crearon las presiones psicológicas que hacen difícil
controlar la reacción del enojo. Por ello utilizó una gama variada de
técnicas para incitar, desafiar y dificultar a Hilel el contener sus
sentimientos de orgullo herido.

Empezó por llamar a la puerta de la casa de Hilel, "¿Quién de aquí


se llama Hilel." Haciendo esto, demostró que Hilel, la persona más
importante del mundo judío, era completamente desconocido para
él; ni siquiera estaba seguro de su nombre y dirección. Esta afrenta
a la auto-estima de Hilel estaba diseñada para preparar el ataque
siguiente.

Esperó hasta la víspera de Shabat, el momento de la semana en el


cual la gente está más ocupada. Puesto que la presión hace más
díficil controlar el enojo, la víspera de Shabat era el tiempo perfecto
para intentar provocarlo. También esperó hasta que el cabello de
Hilel estuviera húmedo, ya que salir afuera sería desagradable para
él -porque la incomodidad hace más difícil controlar el enojo.

Finalmente, es mucho más difícil controlar el enojo cuando uno


siente que tiene la razón. Si alguien es interrumpido mientras está
ocupado haciendo algo que claramente es una mitzvá, se siente
justificado en vengarse con enojo, ya que puede decirse a sí mismo
que no está en juego su honor, sino el honor de Dios, quien le
ordenó hacer una mitzvá. En este caso, su entrenamiento moral no
lo obliga a controlarse a sí mismo y sus inhibiciones caen por el otro
lado. Por lo tanto, el hombre esperó hasta que Hilel estuviese
ocupado en la mitzvá de preparse para Shabat, el momento en que
sería más vulnerable.

Además de interrumpir a una persona importante, interrumpir el


cumplimiento de una mitzvá e interrumpir en el momento menos
oportuno de la semana (cada una de las cuales es una provocación
suficiente en la mayoría de la gente como para enojarse), el
instigador interrumpió con asuntos ridículos, que, ultimadamente,
nunca debieron haber sido mencionados.

Las causas del enojo son acumulativas: entre más se repite un reto
más difícil es controlar el enojo. La víctima no sólo desea
desquitarse por la ofensa presente, sino que desea tomar venganza
por ofensas pasadas. Además, una ofensa repetida se vuelve más
dolorosa con cada repetición. La primera, o incluso la segunda vez,
uno desearía asumir que la ofensa ha sido inintencionada. Pero a la
tercera interrupción, uno puede estar seguro de que es el blanco de

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un abuso deliberado. Sin embargo, Hilel permaneció en calma y fue
paciente.

Cuando todo esto falló, el hombre decidió tomar un enfoque


diferente: insultar a Hilel directamente.

Lo preparó para el insulto, intentando aminorar la motivación de


control de Hilel: "Tengo muchas preguntas que hacer, pero tengo
miedo de que te vayas a enojar." Al decir esto, reconoció el derecho
moral de Hilel para enojarse con él. Después, trató de elevar los
sentimientos de importancia de Hilel. Cuando alguien tiene motivos
para sentirse importan-te, es más sensible a un insulto
subsecuente, como está escrito: "El orgullo llega antes que la
caída."[4] Por lo tanto, el hombre le preguntó a Hilel: "¿Eres tú Hilel,
el líder del pueblo judio?" Cuando Hilel respondió "sí," soltó lo que él
creyó sería su golpe definitivo: "Entonces, que no haya nadie más
como tú en Israel."

Pero esto también fracasó en hacer enojar al sabio. Ya que el enojo


aumenta la percepción de que el prestigio de uno está siendo
atacado, esto no tenía efecto sobre Hilel. Hilel era tan humilde que
se veía a sí mismo como indigno de honor. No tenía orgullo que
pudiera ser atacado.

Aparentemente, por el comentario expresado por Hilel de


"contrólate," el hombre que trató de hacer enojar a Hilel se enojó él
mismo. Esto no es sorprendente. Su orgullo estaba destrozado
habiendo perdido la apuesta y una suma considerable de dinero. Y
le echó la culpa a Hilel por su pérdida. Pero las pérdidas, como Hilel
le explicó, no eran bases legítimas para el enojo, ya que no existe
nada más valioso que el control del enojo. El enojo puede ser un
camino corto para ganar satisfacción, pero no tiene valor en
comparación al valor eterno de mantener el auto-control.

Para resumir, los principios derivados de esta historia son: a) el


enojo es una reacción al orgullo dañado; b) la incomodidad y la
presión hacen difícil controlar el enojo; c) los sentimientos de
creerse muy justo y bueno debilitan el deseo de control; d) es más
difícil controlar el enojo cuando la ofensa es repetida.

Notas:
1. Shabat 30b-31a.

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2. El Gaón de Vilna, Biur al cama agadot
3. Shabat 105b.
4. Mishlei/ Proverbios 16:18.

Aharon Feldman

DAAT: SABER QUÉ ES EL BIEN

Extraído de "Anatomía del Alma" escrito por Por Jaim Kramer Con
Abraham Sutton. Traducido al Español por Guillermo Beilinson

No todo lo que expresamos con nuestros labios es digno de ser


llamado habla. El Rebe Najmán enseña que sólo aquellas palabras
que son aceptadas pueden ser consideradas habla. Esto se
comprende a partir del versículo (Salmos 19:4), No es considerado
ni habla ni palabras cuando [lo que es dicho] no es escuchado. Si
nuestras palabras contienen bien, serán aceptadas, pues la gente
tiende por naturaleza a buscar el bien. Las palabras que carecen de
bien son en general rechazadas. Para saber qué es el bien,
necesitamos Daat. Sólo si introducimos Daat en nuestro hablar
serán aceptadas nuestras palabras (Likutey Moharán I, 29:1).

Aquí el Rebe Najmán ensalza la importancia del buen hablar. Bueno


es un término relativo. Uno puede recorrer todo el espectro de la
vida y encontrar que el bien tiene innumerables niveles.
En muchos casos el mal puede disfrazarse de bien, lo que da como
resultado todas las mentiras que son aceptadas junto con un hablar
verdadero y bueno; pero todos están de acuerdo en que las
calumnias y otras clases de hablar denigrado no son buenos. Estas
clases de habla ejercen un fuerte efecto negativo sobre la persona
que las articula aparte del daño que causan a quien las escucha y a
la persona calumniada. Por ende, es necesario definir el bien que
uno debe introducir en su hablar.

Cuando el Rebe Najmán habla de introducir Daat dentro del habla,


se refiere al conocimiento y al reconocimiento de Dios. Existen
muchas maneras de acceder al reconocimiento de Dios, incluso en
temas mundanos. Uno puede llegar a reconocerlo a través de la
alegría, del temor, de la plegaria, del amor o de cualquiera de las
muchas emociones e incluso frustraciones que una persona puede
experimentar.

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Es necesario estimular conscientemente nuestro intelecto para
reconocer a Dios. Con la conciencia de Dios, automáticamente
introduciremos Daat en nuestras palabras.

Pensamientos para crecer...


aprender a confiar..

"..Los ojos están expuestos constantemente a las más asombrosas visiones.


Si la persona purificase suficientemente sus ojos, sería capaz de ver muchas
cosas maravillosas provenientes solamente en aquello que percibe con sus
ojos.

Comienza a entrenar a tus ojos para ver que tu sustento sólo proviene de Di-s.
Como está escrito: [Salmos 145:15], "Los ojos de todos esperan en Ti, pues
Tú dispensas el sustento a cada uno a su debido momento" .

En ninguna otra parte es más obvia la necesidad de "focalizarse" en Di-s,


como lo es en la búsqueda del sustento.
Cuando estamos apropiadamente focalizados, nuestra actitud
es de absoluta confianza en Di-s. Esto se refleja en el versículo, "Los ojos de
todos esperan en Ti..." . .

El primer paso consiste en dirigir nuestros ojos al cielo esperando el sustento.


Cuando nuestros "ojos" están centrados en Él - cuando se logra ese punto de
contacto - se crea un recipiente donde podemos recibir Su abundancia [Likutey
Moharán I, 76:3, 4]. ..

Para poder ver esta Providencia es necesario penetrar la fachada de las


relaciones materiales que parecen gobernar nuestras vidas.

Debemos mirar más allá


de los diferentes intermediarios que rodean nuestro sustento.
Debemos ver la Mano de Di-s en nuestra vida, reconocer Su directa
Providencia
sobre nosotros y nunca darla por sentado.

Debemos orar a Di-s para un sustento continuo;


orar para ver Su Mano en nuestra vida;
orar para llegar a tener total confianza en Él.
Debemos aprender a confiar y tener fe en que nuestras plegarias serán

14
escuchadas.
Esta es nuestra parte en la consumación del ciclo de la Divina Providencia. Así
es como podemos comenzar a mirarnos "ojo a ojo" con Di-s.

Extraído de "Anatomía del Alma" escrito por Por Jaim Kramer Con Abraham
Sutton Traducido al Español por Guillermo Beilinson

RECOPILACION REALIZADA POR EL CEDIH 2005.

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