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Argumentos patéticos Historia y memoria de la guerra civil

Angel G. Loureiro

“Todo lo que nos queda es lo que un día no del pasado sino, en el mejor de los casos, de acuerdo, pero que luego todavía ten-
pasó; el pasado tampoco es lo que fue, sino lo que acerca de actitudes políticas y también drían que imponer esas ideas al cuerpo
no fue” (Juan Benet, Volverás a Región, 245) acerca de una nueva manera de entender social. Esa idea de la transición se asienta
la historia, acerca de la historia como en un concepto anticuado del poder

S
egún opiniones firmemente estable- agravio, como veremos un poco más ade- como una fuerza controladora detentada
cidas en algunos grupos, la transi- lante. La mayor parte de los españoles ac- por una élite, que limitaría a la sociedad
ción española a la democracia se lo- tuales no habían nacido en la época de la a un papel pasivo o meramente reactivo.
gró por medio de un acuerdo vergonzoso guerra civil o incluso del franquismo, y La transición, sin embargo, se caracterizó
–un pacto del silencio– que barrió bajo la por lo tanto no pueden haber olvidado, por un continuo toma y daca entre el go-
alfombra los horrores cometidos durante reprimido o desatendido esos tiempos. bierno y el cuerpo social, relación en la
la guerra civil y la dictadura por los fran- Los individuos que ya vivían durante la que participaron no sólo los grupos que
quistas, a quienes se les permitió además guerra, y aquellos que oímos de nuestros detentaban o aspiraban al poder sino
el reciclaje democrático sin exigírseles padres relatos acerca de ejecuciones, cier- también muchas otras fuerzas políticas y
ningún tipo de responsabilidad. Por esa tamente no hemos olvidado. Yo crecí populares. Uno de los rasgos más desta-
razón, en la transición se habría alcanzado oyendo a mi padre contar con la más pro- cados de la transición lo constituyó las
un consenso a costa de un serio fallo mo- funda rabia, una y otra vez, que su maes- constantes huelgas y manifestaciones po-
ral y de una irresponsabilidad palmaria tro fue fusilado al principio de la guerra pulares que coadyuvaron a que los here-
hacia la historia. Tales olvidos y fallos, simplemente porque les decía a sus alum- deros del franquismo fueran haciendo
mantienen esos críticos, habrían dejado nos que no creyeran lo que la Iglesia les más y más concesiones. Suponer que
como secuela un malestar endémico, el enseñaba. Pero uno no tiene que acudir a hubo un pacto del silencio implica asu-
cual es diagnosticado desde la crítica cul- los libros de historia, ni tiene que haber mir que un régimen totalitario no sólo
tural con una monotonía predecible oído relatos acerca de ejecuciones noctur- habría amordazado a los políticos de di-
–trauma, melancolía, el retorno de lo re- nas, porque ya durante el franquismo, y versas tendencias, sino también a la pren-
primido, un tumor, una herida abierta– mucho más durante la transición, tenía- sa, las editoriales, los escritores, los estu-
sin que esos críticos se paren a considerar mos a nuestra disposición tales tipos de diantes, los trabajadores, los artistas gráfi-
que patologías físicas y psicológicas del relatos, y de otros horrores de la guerra, cos y a todo otro grupo de opinión. Y tal
individuo no pueden ser usadas sin más en libros que siguen siendo indispensables pacto tiene que presuponer no sólo la
para evaluar sociedades o procesos socio- para una compresión realmente histórica connivencia de los políticos sino también
políticos, pues esas patologías psicológicas de la guerra como la novela Las últimas el acuerdo tácito de la población españo-
no pueden dar cuenta de fenómenos his- banderas (1967) de Ángel María de Lera, la, por lo que habría que asumir que todo
tóricos y culturales, y mucho menos de el reportaje Los topos (1977) de Torbado y el país sufrió un fallo moral colectivo. Ese
un proceso tan complejo y contencioso Leguineche, o Días de llamas (1979) de tipo de connivencia generalizada ha sido
como la transición española. Juan Iturralde, una de las mejores novelas postulada por Hugo Vezzetti para expli-
Como observa con razón Santos Juliá, sobre la guerra, en la cual se ofrecen con car la amplia complicidad de los argenti-
las acusaciones de un pacto del silencio detalles escabrosos numerosas descripcio- nos con la dictadura militar, pero la idea
no tienen en cuenta el gran número de nes de ejecuciones durante la guerra civil. de que se dio una colusión parecida du-
publicaciones acerca de la guerra civil y de Pero primordialmente la reivindicación de rante la transición española le debería re-
la dictadura que aparecieron durante la la memoria histórica no es tanto una sultar absurda a cualquier persona que vi-
transición1. Pero esos argumentos de Juliá cuestión de información como lo es de la viera en España durante la transición con
no van a surtir efecto alguno entre los política y los afectos que son movilizados un mínimo de participación política. Si
proponentes del olvido, porque el debate en el descubrimiento personal de horrores hubo tal fallo moral en España, cometido
no es realmente acerca del conocimiento que en buena medida ya eran de dominio por los políticos y secundado al menos
público desde hace décadas. implícitamente por la sociedad, uno se
La idea de un pacto del silencio con- pregunta por qué nadie habló de ese su-
1 En “Memoria, historia,” 59-69, Santos Juliá jura en sí la visión de un grupo de políti- puesto pacto del silencio hasta mediados
ofrece un detallado catálogo de esas publicaciones. cos que se habrían puesto secretamente de los años noventa.

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Se podría argüir, por el contrario, que ca de la memoria sino de actitudes y op- poco perdonaré a nadie por los treinta
durante los años de la transición la socie- ciones políticas, así como de una proyec- años de represión, censura y falta de opor-
dad española mostró una madurez y clari- ción en el pasado de un nueva forma de tunidades que, como muchos otros, tuve
videncia políticas que contrastan drástica- ver la historia. que sufrir. La vida que muchos padecimos
mente con la confusión de los críticos que Alberto Reig Tapia afirma que los bajo Franco fue miserable, represora, mez-
muestran, implícitamente, una gran con- españoles se reconciliaron en 1978 (pág. quina y limitada, y nada ni nadie puede
descendencia hacia una sociedad que 552). Si por reconciliación uno entiende devolvernos todo lo que el franquismo
aprobó el proceso de la transición en las que los españoles se pusieron de acuerdo nos negó. Pero, por otra parte, no siento
varias elecciones celebradas en aquel mo- tácitamente en darle primacía al presente la necesidad de juzgar a nadie –¿quiénes
mento histórico. A pesar de sus imperfec- y al futuro, así como a los intereses de la serían?
ciones, las elecciones democráticas ofrecen mayoría de la población, entonces pode-
el mejor modo de juzgar las preferencias mos decir que hubo reconciliación. Pero Las memorias históricas
políticas de una sociedad que, en el caso la idea misma de reconciliación con res- En sus primeras formulaciones, la crítica
de la transición española, rechazó las op- pecto al pasado es sospechosa pues asume de la transición fue ligada a la crítica a la
ciones políticas más extremas, tanto de una nación y una población que no ha- historiografía, cuyas limitaciones y negli-
derechas como de izquierdas. La caracteri- brían cambiado en las décadas transcurri- gencias habrían ayudado a perpetuar una
zación de la transición como floja o das. ¿Quién se habría reconciliado en interpretación de la transición como un
“light” porque, al parecer, no se enfrentó España en los años setenta? ¿Qué grupos, proceso ejemplar. Como respuesta, se pos-
con los horrores del pasado denota una comunidades o partidos? Aún a riesgo de tuló una memoria –popular, colectiva o
comprensión limitada de un proceso polí- introducir en la discusión razones subjeti- histórica– que sería el repositorio de la
tico que, a pesar de sus imperfecciones, vas, personalmente jamás me he sentido verdad que la historiografía habría evita-
no tiene paralelo en toda la historia espa- reconciliado –ni he sentido la necesidad–, do: de esa manera, esa memoria sería tam-
ñola. En el fondo, la discusión no es acer- ni he olvidado, ni olvidaré nunca, ni tam- bién el antídoto contra la amnesia de la

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transición. En otras palabras, la “memoria de manera coherente y provechosa acerca te puede ser atribuido a la historia. Cuan-
histórica” (por elegir la denominación que de memoria histórica habría que hacerlo do se aplican a procesos históricos, me-
acabó por convertirse en hegemónica) sir- en plural, reconociendo que hay numero- moria y olvido funcionan como figuras
vió como el fundamento moral para una sas y conflictivas memorias históricas, es retóricas que efectúan un desplazamiento
serie de demandas y condenas políticas. decir, numerosos relatos del pasado que lingüístico, presentándose como herra-
Pero la “memoria histórica” no es una ma- buscan convertirse en hegemónicos. mientas epistemológicas (que desenterra-
nera de recordar un pasado que, en mu- Asumiendo por el momento que la rían o recobrarían la verdad) cuando en
chos casos, uno no ha vivido, sino un idea de memoria histórica tiene sentido, realidad fundamentan en moralidad (obli-
modo de referirse a ese pasado, un modo deberíamos preguntarnos: ¿Qué debería gación hacia las víctimas) la discusión
de construirlo. De hecho, cada uno de los incorporar esa memoria histórica? ¿Qué para la que son movilizadas. Y con ese
términos que componen “memoria histó- aspectos del pasado? ¿Qué causalidades, mismo desplazamiento del conocimiento
rica” pone en entredicho el sentido mis- complicidades y responsabilidades? ¿Re- a la moralidad, esa maniobra retórica con-
mo de esa idea2. La historiografía pone en cogería todo lo que la historiografía nos vierte además en sospechosa a toda resis-
evidencia las limitaciones de la idea de ha enseñado acerca de la guerra? ¿Y cómo tencia a la política acerca del pasado mo-
memoria histórica, pues una historia mí- acogería las dispares versiones de esa gue- vilizada por los llamamientos a recuperar
nimamente rigurosa de la guerra civil va a rra? ¿Debería darle primacía a aquellos as- la memoria histórica.
ser mucho más compleja que toda memo- pectos del pasado que han sido supuesta- En los casos más matizados, el llama-
ria histórica, cuyas aspiraciones a conver- mente olvidados o descuidados? ¿Sería le- do a recobrar el pasado se refiere a la ne-
tirse en hegemónica implican por necesi- gítimo que esa memoria histórica reflejara cesidad de tener en cuenta en el presente
dad que esa memoria sea una versión sim- la versión republicana, asumiendo que algunos aspectos del pasado –de manera
plificada de la historia que asume ideas sólo existe una? ¿Y qué significaría “repu- notable las fosas colectivas de la guerra, y
políticas compartidas. La conminación a blicana” en este caso, cuando sabemos los horrores del franquismo– que no ha-
recordar el pasado que hacen los propo- que para muchos de los grupos y partidos bían sido realmente olvidados. En su va-
nentes de la memoria histórica perpetúa que la apoyaron la República no era más riación psicoanalítica, la interpretación
una versión manida y simplista de la gue- que un paso hacia un objetivo revolucio- psicológica de la memoria histórica señala
rra civil. Los relatos comunitarios que nario? Las preguntas implícitas en la idea que algunos aspectos indeseables del pasa-
componen la memoria histórica –pues en de memoria histórica podrían continuar do han sido reprimidos y están por lo
eso consiste esa memoria histórica que ni ad infinitum. tanto condenados a retornar como mons-
es memoria ni es historia– fueron indis- En resumen, si se quiere hablar de truos o espectros que perturbarían la so-
pensables como armas en la resistencia memoria histórica (a pesar de las incon- ciedad y cultura españolas –una variación
contra la dictadura, pero han quedado fi- gruencias conceptuales de esa idea) debe- contemporánea del banal lugar común de
jadas (y se siguen perpetuando) en algu- ríamos referirnos a una pluralidad de me- que los pueblos que olvidan su historia se
nos imaginarios de izquierdas. Los propo- morias históricas, y no simplemente a dos ven condenados a repetirla. En su versión
nentes de la memoria histórica no son versiones. Resulta crucial además com- psicoanalítica más extrema, ese pasado
conscientes, o parecen ignorar, los oríge- prender que una memoria histórica no desagradable alcanzaría la intensidad de
nes, fundamentos y consecuencias de su puede englobar todo el conocimiento lo- un trauma que, como tal, se repetirá infi-
versión del pasado3. grado por la historiografía acerca del pasa- nitamente hasta que los eventos que pro-
Los individuos contemporáneos a do reciente de España pues, por necesi- vocaron ese trauma sean situados en el lu-
eventos históricos –y ese es el único modo dad, esa memoria tiene que ser una ver- gar que les pertenece en el relato de la
en el que la historia puede ser llamada sión simplificada de la historia que selec- memoria histórica. Y como se podría es-
verdaderamente memoria– no se recono- ciona ciertos aspectos del pasado al tiem- perar, hay también las versiones que insis-
cen necesariamente en la historia escrita po que descarta otros que serían menos ten en la necesidad de recordad como
de esos eventos; y por supuesto no todos relevantes para la política del presente. En cura terapéutica, catarsis, y cosas simila-
los recuerdos individuales admiten ser re- su forma predominante, la memoria his- res.
presentados en una única “memoria his- tórica enfatiza la necesidad de vérselas con Dada la obsesión crítica de los últi-
tórica”4. Dadas las pronunciadas diferen- un pasado supuestamente descuidado; y mos años con el duelo y la melancolía
cias en la interpretación de la historia de por lo tanto esa memoria se moviliza en como explicaciones interpretativas, no re-
la guerra civil –y las diferencias políticas aras de una restauración moral y política, sulta sorprendente encontrar ligados esos
que existen entre diversos grupos en la a expensas de un examen riguroso del pa- conceptos, en su acepción freudiana, a la
España actual–, resulta evidente que una sado. Precisamente porque está movida conminación a confrontar el pasado na-
historia colectiva no puede ser comparti- por un afán de justicia y de moralidad, cional: la carga patética de esos conceptos
da universalmente, y de ahí las grandes esa memoria se apoya en una versión uní- y la reducción de fenómenos complejos a
dificultades inherentes a la enseñanza de voca del pasado que está abierta a contes- dos claras opciones que ellos posibilitan,
la guerra civil en las escuelas. Para hablar tación. La terminología psicológica aso- los convierten en candidatos idóneos que
ciada con la idea de memoria histórica re- permiten una interpretación del pasado
2 Para algunas diferencias entre historia y memo-
vela ya las limitaciones de esa idea. Para (una vez más aplicando fenómenos psico-
ria véase Boyd.
muchos, el objetivo de la memoria histó- lógicos a acontecimientos sociales) cuya
3 Una crítica que tiene en cuenta esos factores la rica sería la “recuperación” de algo olvida- simplificación queda encubierta por el
ofrecen Izquierdo Martín y Sánchez León. do, reprimido o incluso voluntariamente lenguaje afectivo movilizado por esos con-
4 En su investigación sobre los exiliados españoles

en Francia, Alicia Alted se encontró con que muchos


ocultado. Sin embargo, olvido es una ca- ceptos. En la versión más citada de esa
de ellos no se reconocían a sí mismos en las historias tegoría psicológica que se puede aplicar a aplicación, incluida originalmente en la
de la guerra civil. la memoria pero que sólo metafóricamen- introducción a una antología poética de

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Tomás Segovia, y más tarde usada por Al- afecta y no simplemente el conocimiento dió durante la dictadura pero que tuvo un
berto Méndez como epígrafe de Los gira- que tengamos de él– explica las opiniones impacto fundamental en las elecciones y
soles ciegos (2004), Carlos Piera establece apasionadas que la guerra civil continua decisiones políticas y culturales durante la
una conexión entre duelo y tragedia en su suscitando entre los españoles, a pesar del transición e incluso durante el período de-
lectura de la memoria de la guerra civil hecho de que la mayoría tiene un conoci- mocrático? Además de desatender este as-
que merecería una atención sostenida, no miento muy limitado, e incluso muy poco pecto que tan importante ha sido en la
porque aceptemos que en España haya al día, de la guerra. Los relatos comunita- memoria de la dictadura, la construcción
todavía un duelo incumplido por la gue- rios, los relatos que uno oyó en las diver- efectuada por la llamada memoria históri-
rra civil, sino sobre todo para reflexionar sas comunidades en que se ha visto en- ca, al poner el énfasis en las víctimas –en
acerca de las diversas maneras en que la vuelto (familia, escuela, universidad, en- los aspectos más sangrientos de la guerra y
guerra civil puede ser llamada propiamen- torno laboral, medios de comunicación), del primer franquismo–, no tiene en cuen-
te una tragedia, y de que consecuencias relatos que por su misma naturaleza no ta que el recuerdo de las décadas más cer-
tendría esa interpretación para una políti- pueden ser históricamente rigurosos, tie- canas a 1975 tuvo tanto peso, o más, en
ca del pasado en España. nen mucho más impacto en el presente dar forma a la transición como el pasado
Lo que realmente importa acerca del que el conocimiento histórico más exacto. más lejano y sangriento que la memoria
pasado es la huella efectiva y afectiva que Lo que puede resultar sorprendente, pero histórica utiliza como su fundamento. En
ha dejado en las mentes individuales, así no lo debería ser, es cuán a menudo la in- este sentido, las mejoras económicas de los
como en las instituciones y en las prácti- vestigación histórica resulta ser poco más años sesenta, el acceso a la educación uni-
cas políticas. Y poco importa que ese pa- que una forma voluntarista de corroborar versitaria de las clases bajas, y la llegada de
sado sea “recordado” o no de una manera el valor y la verdad de esos relatos comu- generaciones que no sufrieron los años más
consciente, pues se podría argüir que el nitarios, incluso en los casos en los que duros del franquismo fueron cruciales.
pasado deriva su mayor fuerza de eventos, los investigadores aseguran proceder con En 1975, una buena parte de los espa-
prácticas y tradiciones de las que en bue- el método más desapasionado y científico, ñoles ya no tenían un recuerdo personal de
na medida no somos conscientes. La por usar un término muy favorecido por la guerra y de los primeros años de la dicta-
transmisión del pasado opera de maneras los historiadores españoles. La carga afec- dura, y por consiguiente los últimos tiem-
sorprendentes y misteriosas, cambiando a tiva de esos relatos comunitarios, su im- pos del franquismo constituían su punto
menudo de sentido con el paso de las ge- pacto en nuestro modo de pensar y sentir de referencia fundamental. Las generacio-
neraciones, lo que ha sucedido en no po- el pasado es tan fuerte que resulta muy nes nacidas entre 1945 y 1960 fueron las
cas ocasiones con la interpretación de la difícil separar conocimiento, ideología y que más se beneficiaron del desarrollo eco-
guerra civil en familias franquistas, en las afecto en nuestra manera de relacionarnos nómico de los años sesenta, de un acceso
que las nuevas generaciones no compar- con ese pasado. más fácil a la universidad y de mayor infor-
ten las interpretaciones de sus antecesores. mación sobre el mundo exterior. Precisa-
Y sucede a veces que un pasado “recorda- Recuerdos de un pasado vacío mente por estas razones les chocaban más
do” y consciente, pero que resulta ser fal- Otro punto ciego en las construcciones las limitaciones del país y resentían especí-
so, tiene un gran impacto en el presente, que se quieren imponer como “memoria ficamente lo que la dictadura les prohibía o
como sucede con frecuencia con el pasado histórica” es el recuerdo de lo que no suce- lo que el país no les podía ofrecer. Para esas
inventado de muchos nacionalismos. De dió. Ese surco, elusivo pero profundo, que generaciones, el impacto de lo que no su-
modo más crucial, podemos desconocer o un pasado vacío puede dejar en las mentes cedió bajo Franco y especialmente la falta
no ser conscientes del pasado, y sin em- de los ciudadanos de una nación presenta de libertad política y personal y las limita-
bargo ser afectados profundamente por él: un desafío también a una historiografía es- ciones en el acceso a la cultura –lo que no
los modos en los que el pasado funciona pañola que fundamenta su presunta im- podían leer, pensar, decir o discutir– cons-
son a menudo subterráneos e impredeci- parcialidad en la documentación y la cien- tituían las referencias fundamentales para
bles. Si un pasado es relevante, si está tificidad, pero que no puede basarse en su visión de la transición como momento
“cargado” de interés, si nos afecta y no se pruebas materiales cuando se encuentra de llegada de la tan deseada oportunidad
simplemente un dato, ¿es tan importante con el impacto innegable que tiene lo que de abrirse al futuro, y no de enfocarse en
tenerlo presente, necesitamos hablar de no sucedió. La historia virtual rehace el pa- un pasado que para esas generaciones con-
él? Esa conminación a recordad, a tener sado y especula acerca de la forma que po- sistía sobre todo en limitaciones, prohibi-
presente, ¿no es deudora, como muchos dría haber tomado la historia si se hubieran ciones y frustraciones. El ansia de libertad
otros modos de entender el pasado hoy en dado condiciones diferentes a las que se y el deseo de dejar atrás un pasado inade-
día, de esos programas de televisión, tan dieron5. Pero el impacto de lo que no su- cuado eran las principales motivaciones
típicos de la llamada new age, que animan cedió no es un asunto de lo que podría ha- que impulsaban a mucha de la gente que
a sus invitados a decirlo todo, a sacar sus ber pasado sino que su relevancia procede inundaba las calles cada vez que los refor-
trapos sucios a relucir, bajo el pretexto de de los efectos reales que un pasado vacío, mistas se negaban a abrir por completo las
que esa confesión pública constituye una que no admite documentación material, puertas de la libertad política. Se entiende
forma de terapia? La dicotomía, metafóri- ha tenido en mentes, prácticas y eventos. así que para una gran variedad de españo-
ca más que epistemológica, de recuerdo y La memoria de lo que no sucedió bajo la les de las más diversas tendencias políticas,
olvido es una manera muy pobre de refe- dictadura tuvo un efecto decisivo sobre la la legalización del partido comunista en
rirse al pasado, de someter a escrutinio las transición política a la democracia. Pero, abril de 1977 fue el evento más extraordi-
trazas afectivas que unen el pasado con el ¿cómo se puede “recobrar” lo que no suce- nario y emocionante de la transición.
presente. La huella de lo que no pasó conforma
La carga que acompaña a la transmi- también, de varias maneras, la conceptua-
sión del pasado –la fuerza con que nos 5 Véase Townson. lización de la llamada memoria histórica.

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De entrada, esa huella configura la con- tórica a una “creciente judicialización de diversas ideologías y partidos de izquierdas
minación a subsanar el olvido que en la la historia”, la cual, afirma, se ha extendi- y derechas, que tuvieron papeles destaca-
transición habrían sufrido las asesinados y do por todo el mundo tras la caída del co- dos durante la guerra civil o la República.
represaliados por los franquistas en la gue- munismo y de las dictaduras latinoameri- El documental todavía mantiene claramen-
rra civil y en la dictadura. Mientras que la canas. Sin embargo, podría argüirse que te una visión heroica de la guerra similar a
huella de lo que no pasó afecta a desarro- el énfasis creciente en la reparación de los la que prevalecía internacionalmente en los
llos históricos en muchos países, tiene un males del pasado no es más que un signo años treinta. En esa visión, los grandes ob-
impacto especialmente sentido en el de una tendencia que tiene raíces más jetivos ideológicos prevalecían sobre el in-
modo en que los individuos recuerdan profundas que los abusos cometidos por dividuo (la guerra como el esfuerzo inter-
períodos históricos que estuvieron infla- los totalitarismos contemporáneos. nacional por derrotar al fascismo era uno
mados de promesas de redención que se Lyotard propuso como característica de de esos grandes objetivos); resulta sintomá-
verían arruinadas por fuerzas oscurantis- nuestra época el ocaso de los grandes rela- tico que ni uno sólo de los entrevistados
tas, tal como sucedió con la Segunda Re- tos de progreso histórico, teoría que en considera, a mediados de los años setenta,
pública. Tal como se la concibe, la memo- parte fue validada por la caída del comu- el costo humano que tuvo la guerra, preva-
ria histórica está atravesada por el imagi- nismo ruso. Parecería que la visión teleo- leciendo las explicaciones y justificaciones
nario de una República idealizada cuyos lógica de la historia (los grandes relatos) ideológicas. De hecho, el mismo director
logros y aspiraciones fueron destruidos ha sido reemplazada por un sentido de la sostiene y refuerza una visión heroica de la
por la rebelión militar, y cuya no victoria historia radicalmente nuevo, el cual se en- guerra, ejemplificada para la izquierda ya
(lo cual no es lo mismo que derrota) en la foca más en el pasado que en el futuro, desde 1936 en la heroica resistencia del
guerra civil es otro no evento que ha deja- un futuro que, percibido más como ame- Madrid republicano. Ese episodio, conver-
do una huella profunda en las propuestas naza que como progreso, parece ideológi- tido ya en su momento en un símbolo de
de recobrar la memoria histórica. Es una camente confuso, económicamente im- la resistencia denodada contra el fascismo,
imagen altamente simplificada de la Re- predecible y ecológicamente amenazador. ocupa en el documental una larga secuen-
pública, purgada de sus aspectos más des- Del énfasis en el progreso, la atención se cia que alterna imágenes de Rafael Alberti,
agradables y purificada de los objetivos ha desplazado a la contención de los ma- recitando en tonos exaltados su poema a la
revolucionarios, no republicanos, de bue- les futuros y a la reparación de los desas- defensa de Madrid, con escenas de comba-
na parte de los grupos y partidos que pro- tres pasados de la historia. te que alcanzan un punto álgido cuando
tagonizaron la lucha contra Franco en la La historia como progreso –como Alberti termina de recitar su poema acom-
guerra civil. Esta República idealizada no gran relato teleológico– fue ligada en su pañado del son de cañones que detonan en
encaja con la que, todavía en 1977, en el momento al nacionalismo y al llamado el fondo. Otro ejemplo, más concreto, de
documental La vieja memoria de Jaime concomitante a luchar y a morir por la cómo la visión de la guerra ha cambiado
Camino, Federica Montseny llama “una patria. Pero en nuestra época la guerra se en las últimas décadas nos lo ofrece una
republiqueta burguesa”, un tipo de go- ha convertido en algo sucio. Desde Viet- comparación de las versiones que José Luis
bierno que no sólo para los anarquistas nan, los jóvenes han mostrado cada vez de Vilallonga da del papel que tuvo en el
sino también para los comunistas y al me- mayor resistencia al militarismo y a sacri- fusilamiento de republicanos en La vieja
nos los socialistas de Largo Caballero no ficar sus vidas, actitud generalizada que memoria (1977) y en el más reciente docu-
era más que un paso hacia la revolución. ha llevado a la abolición del servicio mili- mental de Montse Armengou y Richard
Para algunos, parecería que esa República tar obligatorio en muchos países occiden- Belis, Les fosses del silenci (2003). En ambos
idealizada devalúa lo que consideran una tales, en los que hay una oposición cre- filmes, Vilallonga describe cómo su padre
transición de medio pelo que según ellos ciente a las guerras y a sus costos huma- no sólo lo empujó a alistarse como volun-
no estuvo a la altura de las circunstancias nos. Pero además, guerras y regímenes tario en el ejército franquista cuando era
históricas. Ese imaginario recuerdo ideali- opresores recientes o cuya memoria está todavía muy joven, sino que le recomendó
zado favorece el trabajo de revisionistas todavía viva han sido sometidos a un jui- a un amigo oficial que lo incluyera en un
como Pío Mora, quien ha encontrado un cio retrospectivo, exigiéndose a los deten- pelotón de fusilamiento para que se fo-
terreno altamente fértil, abonado por esa tadores actuales del poder –tengan o no gueara. Sin embargo, en el primer docu-
idealización, para la crítica de la República conexión con los agravios denunciados– mental Vilallonga narra esos hechos de una
y de muchos líderes republicanos, crítica una reparación por los crímenes pasados. manera desapasionada e incluso despreo-
que utiliza para reformular viejos argumen- De una historia mesiánica cargada de cupada, pero en el documental más recien-
tos que justificarían la rebelión militar6. promesas de un futuro mejor hemos pa- te concluye su testimonio confesando que,
sado a una visión de la historia como todavía en esos tiempos, veía su sueño per-
La historia como agravio agravio; de modo concomitante, la vícti- turbado por el recuerdo de las ejecuciones.
Santos Juliá (“Presentación” pág. 22) atri- ma, y ya no el héroe o el guerrero, se ha La transformación emocional del relato de
buye el sentido reparador que subyace al convertido en el centro de atención de la Vilallonga, el cambio de énfasis desde la
llamamiento a recuperar la memoria his- historia. insensibilidad del padre y las calamidades
En el caso de la guerra civil, un ejem- de la guerra a la mala conciencia por el da-
plo del cambio reciente en el modo de ver ño inflingido a las víctimas, podría ser atri-
6 En relación con el papel jugado por una re-
la historia y el conflicto nos lo ofrece la vi- buido al sentimentalismo a veces propio de
pública idealizada en la construcción de la memoria
histórica, es significativo que muchos símbolos repu- sión de la guerra civil presentada en La vie- la avanzada edad que tenía en ese momen-
blicanos estén presentes en algunas páginas de inter- ja memoria (1977), un documental que to Vilallonga, y también a la influencia en
net relacionadas con la reivindicación de la memoria consiste en su mayor parte en entrevistas los entrevistados del énfasis o enfoque de
histórica, y que también aparezcan, en contextos
actuales, en algunos de los documentales sobre los hechas por su director, Jaime Camino, a los respectivos directores, o incluso al papel
horrores de la guerra y la dictadura. destacados líderes políticos y militares, de que los entrevistados, y Vilallonga en parti-

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cular, quieren asumir como autorrepresen- para los republicanos. Por decirlo de otra no pocas ocasiones cae en lo sensiblero.
tación. Pero no cabe duda de que los docu- manera, no basta remitir al conocimiento Algunos ejemplos de esta tendencia son
mentales atestiguan el cambio radical sufri- historiográfico, pues en las décadas trans- La hora de los valientes (1998) o Para que
do en la percepción de la guerra civil entre curridas desde la transición ha tomado no me olvides (2005), películas que ofre-
1977 y 2003. peso un elemento nuevo en la considera- cen un contraste significativo con los to-
La revisión de la historia llevada a ca- ción de la historia, los agravios del pasa- nos favorecidos en representaciones fílmi-
bo por cada generación y el endureci- do, los cuales movilizan una afectividad cas de la guerra en épocas no muy lejanas
miento ideológico del gobierno de Aznar que si bien debe ser excluida de la escritu- (habría que remontarse a la conexión de
han sido aducidos como razones plausi- ra de la historia no por eso deja de deses- guerra y melodrama en algunas películas
bles de las reivindicaciones de la memoria tabilizar no sólo la visión historiográfica sobre la guerra en las épocas tempranas
histórica, pero podría argüirse que el giro del pasado sino la historiografía misma. del franquismo para encontrar el recurso
universal de la atención hacia las víctimas a tal carga emocional en una película so-
y los agravios del pasado ha tenido un pe- La retórica del patetismo bre la guerra). Las diferencias entre esas
so decisivo en la génesis de los numerosos La fácil disponibilidad de un tipo de dis- dos películas y otras filmadas no mucho
libros y documentales recientes acerca de cursividad ligada con el Holocausto, la antes no podría ser más sintomático. En
los fusilamientos, depuraciones y penurias cual es aplicada de modo acrítico a situa- las películas más recientes predomina un
relacionados con la guerra civil. Los exi- ciones muy diferentes, y los paralelismos tono muy diferente al énfasis en lo políti-
liados, los niños desplazados por la gue- apresurados que se trazan con los caos de co que caracterizaba a películas de media-
rra, los maquis y los republicanos interna- los desaparecidos en Chile y Argentina dos de los noventa sobre la guerra, como
dos por Franco en campos de concentra- han ayudado a crear un énfasis estridente Tierra y libertad de Ken Loach y Liberta-
ción han pasado a ocupar el centro en los en los republicanos ejecutados y enterra- rias de Vicente Aranda, películas cuya vi-
relatos de la guerra, desplazando a los dos en fosas colectivas, énfasis que a sión romántico-ideológica de los intentos
protagonistas de los relatos pro-republica- menudo va unido a la exclusión interesa- revolucionarios al comienzo de la guerra
nos dominantes en las décadas anteriores. da de los asesinados del otro bando. San- protagonizados por el POUM y las anar-
Ligada inextricablemente a este nuevo én- tos Juliá (“Memoria, historia” pág. 76) quistas, respectivamente, contrasta vívida-
fasis en las víctimas, la historia como agra- nos recuerda que hubo miles de víctimas mente con el énfasis en lo afectivo perso-
vio está atravesada por una visión moral en ambos lados, muchos de ellos “pacífi- nal que caracteriza a las películas más re-
de los horrores de la guerra y busca un cos ciudadanos” que fueron víctimas de cientes, en las cuales lo político es simple-
nuevo tipo de solidaridad que no es nece- una política depuradora y de un instinto mente un trasfondo para la vicisitudes de
sariamente o simplemente ideológica sino de venganza común a ambos bandos, los protagonistas de esas películas8.
que tiene una fuerte carga de simpatía “aunque fueran distintas su naturaleza, Un contraste todavía más fuerte pue-
afectiva. Esta mezcla de solidaridades amplitud y duración”. Juliá continúa: “Un de ser discernido entre dos documentales
(ideológica y afectiva) tiene un gran peso Estado y una sociedad democráticos tie- de mediados de los años setenta sobre la
en novelas como Soldados de Salamina nen que asumir… la carga de todo ese pa- guerra, La vieja memoria (de afinidades
(2001) de Javier Cercas y más aún en La sado de guerra y dictadura … única vía comunistas) y ¿Por qué perdimos la guerra?
voz dormida (2002) de Dulce Chacón. posible para que la memoria de los nietos, (de simpatías anarquistas) y varios docu-
Movidas por su empatía hacia el sufri- complementando más que negando la de mentales recientes sobre las fosas colecti-
miento de las víctimas, impresionadas por los hijos, sirva para rehabilitar a los muer- vas, en particular Les fosses del silenci
el impacto inmediato de los restos desen- tos y honrar a todas las víctimas a la par (2003) y Siempre días azules (2005).
terrados de los fusilados, y sensibilizadas que colabora a la nunca acabada búsque- Mientras que los viejos documentales se
por los casos recientes de horrores enjui- da de la verdad histórica sobre nuestro ocupan de la guerra en términos estricta-
ciados en otros países, muchas personas pasado” (“Memoria, historia” pág. 77). mente político–ideológicos y presentan
parecen haber concluido que los eventos Juliá ofrece argumentos centrados en el las penurias personales como el precio a
que causaron tales agravios en España no conocimiento histórico, pero sus críticas pagar en aras de la consecución de fines
han recibido atención en el pasado; y esa están dirigidas contra una afectividad que colectivos, los documentales más recientes
experiencia personal es vivida como el es sorda a razones eruditas o que, como es movilizan sobre todo una retórica patéti-
descubrimiento de una verdad que fue el caso de algunos historiadores, está inex- co–sentimental que se apoya en la inme-
soslayada vergonzosamente por generacio- tricablemente ligada a unos relatos histó- diatez de los afectos. Como se podría su-
nes previas7. Ahora bien, el tema no se ricos sobre el pasado que se presentan co- poner, en los documentales de los años
agota remitiendo simplemente, como ha- mo el resultado de una indagación impar- setenta abundan las justificaciones o exal-
ce Santos Juliá, a las publicaciones que cial sobre las víctimas de ambos lados. taciones políticas de ciertos partidos o in-
aparecieron durante la transición sobre la La retórica afectiva que atraviesa los dividuos. Se podría esperar que los docu-
guerra civil y sus consecuencias funestas argumentos críticos de algunos historia- mentales más recientes mostraran de algu-
dores se da de manera mucho más patente na manera la sofisticación alcanzada por
en películas y novelas recientes acerca de el documentalismo contemporáneo. Sin
7 La Capra ofrece un diagnóstico más amplio al
la guerra civil, muchas de las cuales están
hablar de un “giro de la experiencia” en la historia, el
cual explicaría el interés reciente en la historia oral,
marcadas por un sentimentalismo que en 8 Para una excelente visión general sobre las pe-

la memoria y las visiones traumáticas del pasado (3). lículas acerca de la guerra civil, véase Sánchez Biosca,
La fijación reciente en las fosas colectivas recuerda lo quien se ocupa críticamente de algunos de los temas
que LaCapra denomina “trauma fundacional”, una experiencia o para individuos posteriores. Este trauma relacionados con la memoria de la guerra civil. Para
experiencia extrema –la esclavitud y el Holocausto son fundacional, opina LaCapra, es usado para reivindicar un análisis detallado de Tierra y libertad y de las po-
dos de los ejemplos que ofrece– que sirve para crear una historia, pero fija obsesivamente en viejos agravios lémicas que despertó entre los historiadores españoles
una identidad colectiva, sea para el grupo que vivió la al grupo reclamador (LaCapra 57). véase Loureiro, “Los afectos de la historia”.

Nº 186 CLAVES DE RAZÓN PRÁCTICA



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Argumentos patéticos

embargo, sus directores se conforman con atención airadamente al eufemismo del sional no pueden desligar sus interpreta-
mantenerse en la superficie de lo político, que se valen para explicar lo que les pasó ciones de sus afinidades políticas. Si por
entregándose a la fácil presentación del a los dos mil nacionales ejecutados en Pa- una parte algunos de ellos afirman que el
sufrimiento sin hacer esfuerzo alguno de racuellos: “nunca llegaron a su destino,” número total de víctimas en cada bando
plantearse preguntas ni de ocuparse de un escriben, sin mencionar que fueron fusila- no es el hecho más importante, no por
examen riguroso del pasado. El objetivo dos (92). Y cuando finalmente señalan eso dejan de poner énfasis en las sustan-
reside en ganarse al público por medio de que “lo cierto es que en el bando republi- ciales diferencias entre esos números. Pero
una retórica del patetismo basada sobre cano también hubo violencia indiscrimi- el argumento crucial para ellos reside en
todo en el dolor de los parientes vivos de nada contra la población civil” (99), adu- el hecho de que el gobierno republicano
los fusilados y en una visión simplificada cen a continuación un argumento perver- no sólo no condonó sino que trató de im-
de la historia, por mucho que los docu- so para exonerar la violencia contra el cle- pedir la violencia contra los nacionales, en
mentales incluyan entrevistas con histo- ro, violencia que conmovió a la opinión contraste con la premeditada campaña de
riadores conocidos, cuyas intervenciones pública, señalan, “sin importar que la depuración llevada a cabo por los fran-
son en muchos casos menos objetivas de Iglesia fuera la clave de la dominación de quistas. Si bien este argumento es impeca-
lo que ellos parecen creer. La retórica del las masas” y que “el saqueo de las tumbas ble y está bien documentado, deja abierta
patetismo que prevalece en discusiones y de algunos conventos sacara a la luz fetos la adjudicación de responsabilidades de la
productos culturales recientes acerca de la y criaturas lapidadas [sic] que eran fruto violencia contra los nacionales. En el artí-
guerra no es simplemente una estrategia de amores prohibidos entre religiosos” culo citado al comienzo, Reig Tapia usa
argumentativa ni un mero ornamento re- (100). Armengou y Belis condenan como una terminología vacilante, evitando la
tórico. A pesar de las aspiraciones investi- inmoral al clero por el comercio carnal al palabra “republicanos”, para referirse a los
gadoras que tienen algunos de esos docu- que supuestamente se entregaban, pero responsables o a las causas de la violencia
mentales, la retórica del patetismo que no les perturba la profanación de tumbas contra los nacionales, la cual atribuye a
manejan busca delimitar o incluso elimi- en iglesias y conventos. Su demagogia al- una “turba,” “bandas armadas,” “incon-
nar la reflexión, al reemplazar el conoci- canza su punto álgido cuando, tratando trolados,” o “ira popular.” En el mismo
miento y la reflexión con la reprobación de ofrecer un punto de comparación para articulo, aduce con razón que “la muerte
moral y el sentimentalismo fácil. En con- los asesinatos cometidos por los naciona- no tiene color político y … un crimen
traste con esos documentales sobre la gue- les, ofrecen el vergonzoso argumento de siempre será un crimen” (524), señalando
rra civil, y en particular con los dedicados que, de alguna manera, los nacionales que, por medio del uso de fuentes cientí-
a las fosas colectivas, un documental que mataron a más gente que los nazis pues ficas y empíricas, se debe dejar “que sólo
ha tenido escasa circulación, El perro ne- éstos “sólo” mataron a doce mil personas hable la Historia” sobre el tema de los ase-
gro (2005), del cineasta húngaro Peter “si no se cuentan las víctimas del holo- sinatos de ambos bandos. Y concluye:
Forgács, ofrece una visión más inquietan- causto judío y de otras minorías étni-
te y compleja de la guerra civil al ocuparse cas”(129), omitiendo así para sus conde- “Los españoles se reconciliaron en 1978, la
de tragedias individuales pero sin recurrir natorios propósitos contables el asesinato Historia seguirá haciendo su trabajo, por consi-
guiente lo único que resta hacer ahora después de
a trucos sentimentales ni a fundamentar de unos seis millones de seres humanos. treinta años de venturoso régimen democrático es
su indagación en un conocimiento digeri- Armengou y Belis declaran ser perio- reparar moralmente a las víctimas del horror fran-
do con anticipación y supuestamente in- distas investigadores pero en Les fosses del quista. Nada más y nada menos. Las otras víctimas,
controvertible. El resultado es un docu- silenci sólo descubren lo que ya sabían que las del horror del otro bando, tan respetables como
mental que no sólo problematiza el pasa- querían encontrar; y su escasa bibliografía cualquier otra víctima del terror y del fanatismo, ya
recibieron satisfacción más que suficiente a lo largo
do sino que también muestra las maneras sobre la historia de la guerra es una prue-
de los casi cuarenta años que duró la dictadura
en que el destino de los individuos pone a ba más de que se apoyan en una manida
franquista”. (552)
prueba los argumentos y causalidades de versión de la guerra, cuyas simplificacio-
la historiografía. nes buscan enmascarar con la fuerza de
En el documental Les fossses del silenci, los afectos que movilizan en su documen- ¿Deja Reig Tapia hablar a la “Histo-
al igual que en el libro del mismo título, tal y en su libro. ¿Pueden los historiadores ria” en esa conclusión? ¿Por qué invoca
Armengou y Belis evitan sistemáticamen- serios dar cuenta de las víctimas de la vio- con una prosopopeya, y en mayúsculas, a
te ocuparse de la violencia republicana, lencia por medio de las convenciones na- la “Historia”, como si fuera un ente autó-
ofreciendo excusas rebuscadas para no ha- rrativas y causales que hacen posible la es- nomo con una voz imparcial y propia?
cerlo. Según ellos (pág. 47), la violencia critura de la historia, sin tomar partido? A ¿Sigue el historiador los métodos científi-
nacionalista en Badajoz ocasionó una pesar de la complejidad de los datos que cos que profesa cuando pretende resolver
“imitación” republicana de esos asesina- manejan, del admirable rigor de sus inves- el complejo tema de las víctimas de la vio-
tos, los cuales ellos presentan como un tigaciones y de la profesión de cientifici- lencia republicana con el problemática
ejemplo de la “famosa violencia revolucio- dad de la que hacen gala, ¿pueden esos aseveración de que ya han recibido sufi-
naria”, fraseología desconcertante para re- historiadores librarse del importe afectivo ciente satisfacción, opinión que no tiene
ferirse al asesinato político. Otro modo en de los relatos comunitarios de resistencia nada de imparcial sino que emana de sus
el que tratan de excusar la violencia repu- que han heredado o asumido? afiliaciones políticas y que además deja a
blicana es distinguiendo dos tipos, “de ré- Algunos de los historiadores en el vo- la historiografía en mal lugar? ¿Cuántos
plica” y “preventiva”, ofreciendo todo tipo lumen Víctimas de la guerra civil combi- de los asesinados por los republicanos no
de razones exculpatorias de esa violencia: nan información rigurosa con una retóri- eran franquistas y ni siquiera de derechas?
no fue premeditada, el gobierno simple- ca afectiva desplegada abiertamente; pero ¿Recibieron “satisfacción más que sufi-
mente perdió el control de la situación, incluso los contribuidores al volumen que ciente” cuando fueron incluidos nominal-
etc. Con toda razón, Santos Juliá llama la profesan el mayor distanciamiento profe- mente entre los caídos franquistas o fue-

24 CLAVES DE RAZÓN PRÁCTICA Nº 186



Angel G . Loureiro

ron doblemente insultados, primero al ser bería sentir la misma condolencia por Películas y documentales
asesinados, y luego al ser usados política- cualquier persona asesinada durante la Les fosses del silenci. Dir. Montse Armengou y Ri-
mente? Se podría plantear a la Historia guerra civil. Una persona asesinada es una card Belis. 2003.
un buen número de cuestiones éticas y persona asesinada, ¿o no? Uno puede te- La hora de los valientes. Dir. Antonio Mercero.
políticas sobre este complejo tema. ner una clara simpatía política por la Re- 1998.
La política y los afectos impregnan las pública, pero eso no resuelve las cuestio- Libertarias. Dir. Vicente Aranda. 1996.
supuestas disquisiciones científicas de los nes éticas planteadas por los asesinados de La vieja memoria. Dir. Jaime Camino. 1977.
historiadores sobre las víctimas de la gue- ambos bandos. Sería muy tranquilizador
Para que no me olvides. Dir. Patricia Ferreira. 2005.
rra. En otros casos, se hacen juicios pre- poder tener una respuesta política a los
tendiendo mantener al margen a la políti- dilemas suscitados por los asesinatos, pero El Perro Negro. Dir. Peter Forgács. 2005.
ca, invocando el sentido inmediato de los las cuestiones planteadas por todas las víc- ¿Por qué perdimos la guerra?. Dir. Diego Santillán y
cuerpos desenterrados en las fosas colecti- timas de la guerra civil no admiten una Luis Galindo. 1978.
vas de los republicanos asesinados: “por- respuesta política tan sencilla como mu- Siempre días azules. Dir. Israel Sánchez Prieto.
que ante esos huesos no hay debate o dis- chos asumen o exigen. n 2005.
crepancia: están ahí y punto,” como seña- Tierra y libertad. Dir. Ken Loach. 1995.
la Emilio Silva en el documental Les fosses
del silenci 9. Aunque los muertos están Obras citadas [Artículo publicado originalmente en Journal of
mudos, se les puede devolver la voz, pero Spanish Cultural Studies vol. 9:2 (2008) © Taylor
Alted Vigil, Alicia. “La memoria de la República & Francis Ltd., y traducido al castellano por el au-
sólo a través de una mediación política, y la guerra en el exilio”. Juliá, ed., Memoria. 247– tor].
de una ventriloquía interesada. Los restos 277.
de los asesinados enterrados en las fosas Armengou, Montse, y Belis, Ricard. Las fosas del
adquieren significado sólo cuando proyec- silencio. ¿Hay un holocausto español? Plaza Janés,
tamos sobre sus cuerpos nuestros intereses Barcelona, 2004.
políticos. Esos cuerpos hacen presente de Boyd, Carolyn. “De la memoria oficial a la memo-
nuevo el horror pasado sólo a través de ria histórica: La Guerra Civil y la dictadura en los
una representación que se asienta en pre– textos escolares de 1939 al presente”. Juliá, ed.,
Memoria. 79-99.
juicios políticos, sin los cuales esos cuer-
pos quedarían reducidos a meros huesos Iturralde, Juan. Días de llamas. 1979. Random
House Mondadori, Barcelona, 2006.
sin sentido. La afectividad entra en juego
inmediatamente porque no podemos abs- Izquierdo Martín, Jesús, y Sánchez León, Pa-
traernos del conocimiento de que los en- blo. La guerra que nos han contado. 1936 y nosotros.
Alianza, Madrid, 2006.
terrados en las fosas fueron asesinados por
razones políticas determinadas. De igual Juliá, Santos, ed. Víctimas de la guerra civil. Temas
de Hoy, Madrid, 1999.
manera, sólo se puede aducir que esos res-
tos son prueba de la debilidad de la tran- –– ed. Memoria de la guerra y del franquismo. Tau-
rus, Madrid, 2006.
sición si asumimos una serie de presupo-
siciones políticas por parte de los críticos –– “Presentación”. Juliá, ed., Memoria 15-26.
que se erigen en representantes de las víc- –– “Memoria, historia, y política de un pasado de
timas y en intérpretes del dolor de sus guerra y dictadura”. Juliá, ed., Memoria 27-77.
descendientes. Ahora bien, la traducción LaCapra, Dominick. History in Transit. Experience,
del pathos a clave política no es en absolu- Identity, Critical Theory. Cornell University Press,
Ithaca, 2004.
to directa ni inocente; de hecho, esa tra-
ducción revela que en el comienzo no está Lera, Angel María de. Las últimas banderas. Plane-
ta, Barcelona,1967.
el pathos, que la política siempre lo prece-
de. En primer lugar, porque ese senti- Loureiro, Angel G. “Los afectos de la historia”.
Política y (po)ética de las imágenes de guerra. Ed.
miento no es un comienzo inmediato an-
Antonio Monegal. Paidós, Barcelona, 2007. 133-
terior a la política y a la historia, pues si lo 159.
fuera deberíamos mostrar la misma con-
Reig Tapia, Alberto. “Represión y esfuerzos huma-
miseración hacia los sentimientos de los nitarios”. La guerra civil española. Ed. Edward Ma-
parientes de todas las víctimas, sean los lefakis. Taurus, Madrid, 2006. 521–52.
republicanos asesinados y enterrados en el Sánchez Biosca, Vicente. Cine y Guerra Civil es-
Bierzo o los nacionales asesinados y ente- pañola: del mito a la memoria. Alianza, Madrid,
rrados en Paracuellos. De hecho, uno de- 2006.
Torbado, Jesús y Leguineche, Manuel. Los topos.
Argos, Barcelona, 1977.
9 Siento una gran admiración por el trabajo lle-
Townson, Nigel, ed. Historia virtual de España
vado a cabo por Silva en relación con la excavación de
las fosas, así como por la labor de la Asociación para la (1870–2004): ¿Qué hubiera pasado si…? Taurus,
Recuperación de la Memoria Histórica, la cual es un Madrid, 2004.
magnífico ejemplo de trabajo político de bases en un Vezzetti, Hugo. Pasado y presente: guerra, dictadu-
país en el que todavía no abunda ese tipo de trabajo. Ángel G. Loureiro es Catedrático de Literatura
ra y sociedad en la Argentina. 2ª ed. Siglo xxi, Bue- Española Contemporánea y Teoría Literaria en la
Sin embargo, tal admiración no impide que tenga nos Aires, 2003.
serias reservas acerca de muchos de los argumentos y Universidad de Princeton. Autor de The Ethics of
razonamientos aducidos por Silva. Autobiography.

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