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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

Derecho Procesal I
Módulo 9 – Etapa Preparatoria

A. ETAPA PREPARATORIA: Del conflicto social al caso penal.

B. INVESTIGACION PREPARATORIA: Concepto. Procedencia. Finalidad. Objeto. Caracteres.


Formas de Iniciación. FORMALIZACION DE LA IMPUTACION. La investigación fiscal y la Policía de
investigación. Recolección de evidencias.

C. ACTOS PROCESALES: Reglas aplicables. Registración. Audiencias. Inadmisibilidad y actividad


procesal defectuosa. Convalidación.

D. DURACIÓN: Plazos de la investigación penal preparatoria. Duración del proceso.

A. ETAPA PREPARATORIA

Del conflicto social al caso penal (BINDER)


Se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que, en el comienzo del proceso penal, se halla la vida
social. Vida social que frecuentemente, se manifiesta de un modo conflictivo, doloroso; lleno a veces
de misterio.

El proceso penal comienza por enfrentarse a un hecho social, a un conflicto, del que sabe muy poco.
Sin embargo, por alguna vía, las autoridades a quienes el Estado les ha confiado la investigación de
los delitos (fiscales o jueces de instrucción), deben averiguar, en primer lugar. si ese hecho conflictivo
–que a la postre podrá o no ser un delito- ha existido en realidad.

Los canales a través de los cuales ingresa la primera información sobre el supuesto conflicto, que, por
lo mismo, pueden ser considerados como los que «dan nacimiento» al proceso Penal, se denominan
«actos iniciales del proceso» y pueden ser de distinta clase.

B. INVESTIGACION PREPARATORIA

Concepto
Tomando el esquema de Binder, advertirnos cinco etapas bien diferenciadas en el Proceso Penal:

a) una fase de investigación, preparación o instrucción, cuyo cometido principal consiste en la


preparación de la acusación o del juicio;

b) una fase crítica o del control del resultado de esa investigación;

c) la fase plena, central, que es el juicio propiamente dicho;

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d) una fase de control de esa sentencia de juicio, manifestada a través de la existencia de distintos
medios de impugnación,

e) una última fase, donde se ejecuta la sentencia que ha quedado firme, pasada la cuarta etapa.

En esta bolilla, nos centraremos en la primera de las etapas o fases anteriormente nombradas.

La investigación penal preparatoria (PP) será practicada por el Fiscal de Instrucción y, sólo en el
caso de excepción (cuando existieren obstáculos fundados en privilegios constitucionales) estará a
cargo del Juez de Instrucción.

Se la define como el conjunto de actividades de adquisición probatoria necesarias para sostener válida
y razonablemente una pretensión punitiva mediante la demanda de justicia ante el tribunal de juicio.

Tras la reforma del código, la etapa de instrucción en el proceso penal ha quedado en cabeza del
agente fiscal, eliminándose la figura del juez de instrucción, y quedando a cargo del contralor de la
legalidad y custodio de las garantías durante esta etapa el Juez de Garantías.

Art. 141.- Finalidad y objeto. El Ministerio Público Fiscal practicará la investigación preparatoria
con la finalidad de arribar a la solución del conflicto por cualquiera de las vías legalmente previstas.
Tendrá por objeto determinar si hay base para el juicio mediante la recolección de los elementos
que permitan fundar la acusación y la defensa del imputado.
Art. 143.- Actuación jurisdiccional. Corresponde al juez resolver excepciones y demás peticiones
propias de esta etapa, otorgar autorizaciones y controlar el cumplimiento de los principios y
garantías constitucionales.
Cuando sea necesario practicar un reconocimiento, reconstrucción, peritación o inspección que por
su naturaleza y características deban ser considerados como actos definitivos e irreproducibles, o
cuando deba declarar alguien que, por algún obstáculo difícil de superar, se presuma que no podrá
hacerlo durante la audiencia preliminar o el debate, o se tratare de personas en situación de
vulnerabilidad respecto de quien deba evitarse su revictimización, el fiscal deberá requerir al juez
la realización del acto mediante un anticipo jurisdiccional de prueba.
El fiscal y los funcionarios policiales no están autorizados para recibir informes o declaraciones bajo
juramento.

La instrucción aparece como un auténtico deber funcional del ministerio público fiscal; debe proceder,
sin excepción, en todo hecho de naturaleza o apariencia delictiva, que se produzcan en el ámbito
donde ejercen sus funciones. El fiscal deberá actuar directa e inmediatamente en la investigación de
hechos que ocurran en su circunscripción judicial, pudiendo actuar también, a su pedido, la policía.

Es la etapa del Proceso Penal en la cual se tienden a reunir todos los elementos de prueba posible al
efecto de determinar la existencia del delito y sus posibles autores, cómplices o auxiliadores. Además,
en esta etapa se adoptan medidas de cautela, ya sea de cautela personal (para asegurar la persona
del presunto delincuente) o de cautela real (para asegurar la responsabilidad económica del mismo).

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Procedencia
Y ahora es donde nos preguntamos, ¿dónde o cuándo nace esta etapa preparatoria? Es un error muy
común, aun incluso dentro de la comunidad jurídica especializada, creer que la etapa preparatoria es
propia de sistemas acusatorios modernos, cuando en realidad no es otra cosa que un instituto bien
propio del sistema inquisitivo, al punto tal que fue la Inquisición la que introdujo la necesidad de
delinear una etapa procesal destinada pura y exclusivamente a la preparación del juicio, a la
recolección de pruebas que sustenten la acusación. Ésta era la noción inicial de la etapa previa,
preparatoria o como lo llamó el manual de inquisidores, la "etapa de instrucción".

Así, tradicionalmente se conoce a la etapa preparatoria como el "conjunto de actividades de


adquisición probatoria necesarias para sostener válida y razonablemente una pretensión
punitiva, mediante la demanda de justicia ante el tribunal de juicio", aunque ya iremos viendo
oportunamente que esto no es tan así, al menos pensado en clave acusatoria. Éste era un concepto
que nos vino dado desde el sistema inquisitivo, que, como ya hemos dicho a lo largo de esta obra, no
fue sino muy posterior al surgimiento y consolidación del sistema acusatorio. Sucede que en los
procesos acusatorios antiguos no era necesaria una etapa previa, ya que los juicios siempre se
llevaban adelante en forma casi inmediata a la comisión del hecho que los motivaba. Cuando la
inquisición comenzó a buscar delitos "etéreos", hallándose las pruebas en el propio cuerpo del
acusado, era necesaria entonces una "etapa previa", donde la acusación se dedicaba a "extraer" la
información que necesitaba por los medios idóneos (generalmente la tortura), para luego presentarla
al Tribunal y realizar el juicio.

Esta idea de preparación luego fue derivando en lo que se conoció como "instrucción".

La instrucción penal, históricamente, fue la etapa del proceso penal bi-etario (dos etapas) y disyuntivo
(sobreseimiento o juicio, condena o absolución), donde el Estado, habiendo tomado conocimiento de
la comisión de un hecho delictivo, en la persona de un juez especializado, recolectaba las pruebas
necesarias para, luego de una imputación formal a quien o quienes resultaren autores o participantes
del hecho, remitieran el caso a un juicio, que generalmente era llevado por un tribunal en pleno, esto
es, colegiado. De allí la antigua denominación de las dos etapas que tenía este proceso: el sumario y
el plenario. Luego de ello, se dictaba una sentencia que podía absolver o condenar al imputado y en
este último caso era entregado a las autoridades penitenciarias para que verificaran el cumplimiento
de la pena impuesta.

Así, la instrucción está asociada a un procedimiento escrito, inquisitivo – recuérdese que la prueba
preferida era la propia palabra del imputado, admitiéndose la confesión del mismo, como relevante de
las demás piezas probatorias -, secreto, parcial (quien lo dirige es quien luego decide) y no
contradictorio (las partes no presentan sus teorías, sino que existe una única teoría, la del Estado, que
el Estado debe acreditar y que el imputado debe refutar).

Hemos dicho en la introducción que el paradigma cultural en el que se presenta la moderna IPP es
diametralmente distinto. Y esto es así, porque debe partirse de un elemento fundamental totalmente
inexistente en sistemas inquisitivos: La Teoría del Caso. Este es un concepto neurálgico de un
proceso penal acusatorio y contradictorio. Justamente, lo que las partes controvierten en el proceso
son sus diferentes teorías sobre lo que pasó, debiendo llevarle sus alegatos y las pruebas que los
sustentan a un juez imparcial. Durante la etapa preparatoria, lo que las partes hacen es buscar
aquellos elementos que sustenten sus premisas teóricas, con total autonomía, proactividad e
igualdad de armas. No se trata ya de un juez de instrucción que oprime al imputado con indicios,
intentando lograr una confesión, o un fiscal amo y señor de la prueba, dejando a un lado al defensor,

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quien termina siendo, en este cuadro terrible, un mero lugarteniente pasivo especializado del
imputado.

En el proceso penal acusatorio contradictorio moderno, ambas partes deben procurar la


satisfacción de sus premisas teóricas para lograr articular su teoría del caso, desvirtuando la contraria.

Claro está, el Fiscal, en tanto representante del Estado y la sociedad para lograr el esclarecimiento
del hecho presuntamente delictivo denunciado, tiene quizás una mayor cantidad de recursos, pero ello
es sopesado por la carga de la función pública que desarrolla y la responsabilidad de erigirse como
garante de la legalidad y la legitimidad de todos y cada uno de los actos que desarrolla.

Desde este prisma, siguiendo a Claría Olmedo, en la etapa preparatoria es que se delinean
específicamente los roles que los distintos actores procesales van a jugar en el proceso. Es lo que se
conoce como "poderes de realización efectiva del Derecho Penal", y que no es otra cosa que el
ejercicio de la acción (impulsa el proceso, investiga y persigue hasta derivar en el juicio), de la
decisión (realizar el derecho vigente) y excepción (la posibilidad de contradecir a la acción). El Fiscal,
el Juez y el Defensor, son quieren detentarán estos roles, con la presencia vinculante y promiscua del
imputado.

Entonces, son estos roles diferentes los que requieren esa separación de funciones, las que
responden a un imperativo categórico-constitucional y a una evidente necesidad de armonía
sistemático-científica.

Sintéticamente, es claro que la función de investigar para decidir si va a realizarse un juicio contra una
persona y la de juzgar a esa persona no puede ser cumplida por un mismo juez, y por ello, es la noción
de un juez específico para la etapa preparatoria, que deberá tener un perfil diametralmente distinto al
de su continuador, el juez de juicio. Esto no es ni más ni menos que lo que la Corte ya dijo hace más
de diez años en el precedente "Llerena", donde el Dr. Petracchi dijo: "un sistema en que la sentencia
es dictada con la intervención del mismo juez que tuvo a su cargo la investigación preliminar y la
decisión acerca del mérito de dicha investigación, en principio, no satisface el estándar mínimo de
imparcialidad del tribunal, exigido por los respectivos tratados internacionales (...) Quien llevó adelante
la actividad incriminatoria descripta no puede ser la misma persona que habrá de realizar el debate y
la que finalmente condene o absuelva al imputado, pues un procedimiento semejante no reúne los
requisitos mínimos exigibles con respecto a la imparcialidad del juzgador. En efecto, aun cuando la
hipótesis de un juzgamiento imparcial no pueda ser lógicamente descartada de antemano, las
condiciones en que se produciría el debate tampoco permiten descartar la hipótesis contraria: que la
jueza no pueda separarse del preconcepto que ella misma formuló, esto es, que es altamente probable
que el imputado sea culpable del hecho que se le imputa". Y en relación a la responsabilidad legislativa
y ejecutiva, dijo el Ministro: "Que es función del legislador diseñar el proceso penal de tal manera que
estén aseguradas del mejor modo posible las garantías individuales, y que la más mínima duda de
menoscabo a las garantías sea disipada con la solución más favorable a la protección del derecho
respectivo.

Asimismo, el Estado argentino, al asumir la obligación de garantizar a toda persona el derecho a ser
oída por un tribunal imparcial en la sustanciación de cualquier acusación penal formulada contra ella
(art. 8.1, CADH), se ha comprometido a configurar sus tribunales de tal forma que dicha garantía
quede suficientemente satisfecha".

En resumidas cuentas, en la etapa preparatoria, se ponen en juego las hipótesis antagónicas de un


presunto hecho delictivo puesto en conocimiento del Fiscal, se procura reunir la prueba necesaria para
acreditarlas, desembocando en un pedido de elevación a juicio, en una solución alternativa o en un

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archivo del caso, pudiendo o no importar el sobreseimiento de la persona que haya resultado imputada
en el mismo.

Esta etapa es, predominantemente, desformalizada, a no ser por los actos que impliquen afectación
a garantías constitucionales, los que deberán estar correctamente formalizados y contar con el debido
contralor jurisdiccional. Asimismo, y como sucede a lo largo de todo el proceso, es una etapa donde
las decisiones jurisdiccionales guardan inmediatez con la audiencia previa donde necesariamente
deben ponerse en juego las cuestiones a dirimir por las partes (excepciones, nulidades, medidas
cautelares, etc.), consagrándose así la oralidad.

Finalidad (Vazquez Rossi)


La finalidad de la Etapa Preparatoria es comprobar la existencia del hecho punible, reunir todas las
circunstancias que puedan influir en la calificación legal, descubrir sus autores, cómplices y
auxiliadores, practicar las diligencias necesarias para la aprehensión de delincuentes.

Al respecto, debe señalarse que la IPP está organizada con la finalidad de comprobar si se dan
elementos fácticos y jurídicos para abrir la etapa del juicio. Así, de una manera genérica puede decirse
que la finalidad de la instrucción se orienta a definir la atribución delictiva, tanto respecto del hecho
como de sus autores, incorporando las acreditaciones pertinentes (que luego se introducirán en el
juicio) y trabando las medidas cautelares imprescindibles para el aseguramiento de pruebas, personas
y objetos. Este doble carácter, investigativo y asegurativo, define a la IPP y explica el sentido de las
medidas probatorias y cautelares.

En el desarrollo del proceso, ante la notitia criminis que, mediante el procedimiento correspondiente
genera la promoción (acción) instructora, deviene necesaria como primera finalidad la determinación
de la situación de hecho o plataforma fáctica que, en el caso real y concreto, corresponda a la
descripción abstracta de las figuras penales pertinentes.

El principio de legalidad sustantiva aparece así como límite de la actividad instructora y como guía
para la ponderación de la relevancia jurídica del suceso investigado. En consecuencia, de lo que se
trata es de lograr, a través de los medios legales previstos, la reconstrucción de lo acontecido en su
relevancia jurídico-penal. De tal modo, desde el mismo inicio investigativo, los hechos deben estar
siempre confrontados al Derecho. La verificación sobre la verosimilitud de la atribución de una acción
u omisión prevista en la legislación sustantiva se producirá mediante las diligencias probatorias
correspondientes, cuya iniciativa corresponde al propio instructor, respondiendo al objetivo que la
legislación denomina como la comprobación del hecho delictuoso. La misma debe hacerse de manera
tal que se determinen los diversos elementos que conforman la completa caracterización jurídica del
suceso, es decir, las circunstancias relativas a los requisitos típicos, a la contradicción con el orden
jurídico y a los elementos que lo califiquen, agraven, atenúen, justifiquen, exculpen o influyan sobre la
punibilidad.

Lo indicado permite tener suficientemente en claro que la determinación tiende a la objetividad del
hecho en relación a su encuadre legal y a lo subjetivo en lo que hace a la definición de los que resulten
imputados; los códigos definen esta última finalidad como la individualización de autores, cómplices
y/o instigadores, lo que por lo común aparece en un inciso específico. Precisamente, éste aparece
como un importante aspecto, ya que con frecuencia ocurre que se desconocen inicialmente los autores
del hecho o bien es preciso determinar la responsabilidad que puede caberle a diferentes involucrados.

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Así, mientras lo considerado respecto al acontecimiento en sí mismo, en su configuración objetiva


como suceso acaecido en la realidad, refiere al hecho delictivo, lo ahora analizado toca a la cuestión
de la autoría, sobre cuya base –dada la relación causal entre conducta y acaecimiento- se establece
la imputación, es decir, la concreta atribución a persona determinada de haber ocasionado o producido
el resultado disvalioso o la puesta en peligro del bien jurídico en cuestión.

Igualmente, aunque el nuestro es un Derecho Penal de acto, se ubica como finalidad de la instrucción
determinar las particularidades personales del imputado, tales como los móviles, circunstancias de
vida, antecedentes y estado mental.

Por último, la legislación también coloca entre las finalidades de la instrucción la de determinar los
daños derivados del delito y el aseguramiento de personas, pruebas y bienes.

Objeto
La IPP tendrá por objeto:

1) Comprobar si existe un hecho delictuoso, mediante todas las diligencias conducentes al


descubrimiento de la verdad.
2) Establecer las circunstancias que califiquen el hecho, lo agraven, atenúen o justifiquen, o
influyan en la punibilidad.
3) Individualizar a sus autores, cómplices e instigadores.
4) Verificar la edad, educación, costumbres, condiciones de vida y antecedentes del imputado; el
estado y desarrollo de sus facultades mentales, las condiciones en que actuó, los motivos que
hubieran podido determinarlo a delinquir y las demás circunstancias que revelen su mayor o
menos peligrosidad.
5) Comprobar la extensión del daño causado por el delito.

Una vez tomadas las medidas, se deberá merituar si de ellas surgen elementos de convicción
suficientes para requerir la elevación del proceso a fin de que se sustancie el juicio imputado o, en
caso contrario, solicitar el sobreseimiento.

Art. 141.- Finalidad y objeto. El Ministerio Público Fiscal practicará la investigación preparatoria
con la finalidad de arribar a la solución del conflicto por cualquiera de las vías legalmente previstas.
Tendrá por objeto determinar si hay base para el juicio mediante la recolección de los elementos
que permitan fundar la acusación y la defensa del imputado.

Caracteres (Vázquez Rossi)


La obtención de las finalidades precedentes lleva a los caracteres de la IPP, que pueden sintetizarse
en los siguientes:

a) Es dirigida de manera discrecional por el órgano judicial conocido como juez de instrucción,
dotado de las más amplias facultades. A él corresponde determinar la línea investigativa y disponer
oficiosamente de las diligencias probatorias, resolviendo igualmente sobre el mérito de lo incorporado
y sobre la situación de las personas involucradas.

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Art. 143.- Actuación jurisdiccional. Corresponde al juez resolver excepciones y demás peticiones
propias de esta etapa, otorgar autorizaciones y controlar el cumplimiento de los principios y
garantías constitucionales.
Cuando sea necesario practicar un reconocimiento, reconstrucción, peritación o inspección que por
su naturaleza y características deban ser considerados como actos definitivos e irreproducibles, o
cuando deba declarar alguien que, por algún obstáculo difícil de superar, se presuma que no podrá
hacerlo durante la audiencia preliminar o el debate, o se tratare de personas en situación de
vulnerabilidad respecto de quien deba evitarse su revictimización, el fiscal deberá requerir al juez
la realización del acto mediante un anticipo jurisdiccional de prueba.
El fiscal y los funcionarios policiales no están autorizados para recibir informes o declaraciones bajo
juramento.

b) Se orienta de manera preponderante a una actividad investigativa. La progenie inquisitiva de la


etapa instructora aparece netamente configurada a través de esta característica que es la central, no
sólo en cuanto objeto de la actividad, sino también en lo que hace a las formalidades de esta. Este
elemento definitorio se integra con:

c) El hecho de la no contradictoriedad del desarrollo de los procedimientos, lo que a su vez


implica la limitada actividad de las partes. Durante la formación del sumario no habrá debates ni
defensas. Esto significa que el sujeto procesal predominante es el juez, que el fiscal y el defensor
tienen un papel menor, limitado a la asistencia de determinados actos, al conocimiento de otros, a la
proposición de diligencias y a la actividad impugnativa de los autos. De igual modo, durante el
transcurso de la etapa no se realizan debates, al margen de lo que las partes pueden sostener en sus
peticiones no vinculantes. Claro está que esto no significa que las partes no puedan dirigirse al
instructor ni que no exista el derecho de defensa que, precisamente, por imperio constitucional, se
manifiesta en sus aspectos materiales y técnicos desde el inicio mismo de los procedimientos.

Art. 141.- Finalidad y objeto. El Ministerio Público Fiscal practicará la investigación preparatoria
con la finalidad de arribar a la solución del conflicto por cualquiera de las vías legalmente previstas.
Tendrá por objeto determinar si hay base para el juicio mediante la recolección de los elementos
que permitan fundar la acusación y la defensa del imputado.
Art. 142.- Actuaciones. Legajo de investigación. El fiscal formará un legajo de la investigación sin
formalidades, donde hará constar todos los elementos recabados en la investigación, accesible a
todas las partes.
Las actuaciones de la investigación preparatoria serán públicas para las partes o sus
representantes, pero no para terceros, salvo las audiencias orales, siempre que ello no afecte la
moral, el orden público, la seguridad o el éxito de la investigación.
Los abogados que invoquen un interés legítimo serán informados sobre el hecho que se investiga
y sobre los imputados se encuentren o no privados de su libertad.
Las actuaciones de la investigación preparatoria no tendrán valor probatorio para fundar la condena
del acusado, salvo aquellas que fueran recibidas de conformidad con las reglas del anticipo
jurisdiccional de prueba.
No obstante, aquellas podrán invocarse para solicitar o fundar una medida cautelar, plantear
excepciones, instar el sobreseimiento, propiciar la aplicación de algún criterio de disponibilidad de
la acción penal o dictar sentencia en el juicio abreviado.

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Art. 144.- Incidentes. Audiencias durante la etapa preparatoria. Todas las peticiones o incidencias
que articulen las partes que, por su naturaleza o importancia, deban ser debatidas o requieran la
producción de prueba, tramitarán como incidentes.
Cuando la incidencia deba sustanciarse se convocará a una audiencia dentro del plazo de cinco (5)
días de su presentación, que se llevará a cabo bajo los principios de simplicidad, celeridad y
concentración de la prueba. Se resolverá de inmediato.
Cuando no fuese necesario sustanciar la petición, la cuestión se resolverá por escrito dentro de los
tres (3) días.

d) Escrita. Los diversos actos que se realizan durante la instrucción formal se vuelcan necesariamente
en actas ya que, por definición, nos encontramos ante un procedimiento registrado o escrito. Esta
circunstancia deriva también del hecho de la discontinuidad o no concentración del desenvolvimiento
procesal.

e) A diferencia del juicio, por definición público, la etapa instructora es de índole reservada, lo que se
desprende tanto de los fines perseguidos como del método a través de registros no abiertos a terceros.
Recordemos que los procedimientos inquisitivos se caracterizaban por la regla del secreto, lo que se
mantuvo a través del denominado "secreto del sumario". En las concepciones tradicionales, el secreto
se entendía imprescindible para el éxito investigativo y comprendía también al imputado y su defensa.
En la actualidad, debe ser entendido como una medida excepcional, justificada y fundada en causas
graves. En lo que hace a un aspecto externo, la reserva se entiende necesaria para no afectar
reputaciones.

f) Toda la actividad instructora se define por su índole provisional, ya que dentro de los
procedimientos mixtos la misma tiende a incorporar constancias y asegurar personas y elementos
para sustentar la acusación pública y realizar el juicio. Ello significa que ninguna de las resoluciones
que se tomen durante el transcurso de la instrucción tiene carácter definitivo y que las pruebas
reunidas carecerán de entidad acreditante para el tribunal decisor si las mismas no se incorporan en
la audiencia de debate.

Formas de Iniciación
Frente al conocimiento de la presunta comisión de un hecho aparentemente delictivo, comúnmente
conocida como "notitia criminis", se pone en marcha una reacción del Estado, pautada generalmente
en los ordenamientos procesales, encaminada a formalizar dicho conocimiento. El modo en el que se
toma conocimiento del presunto hecho luego determinará el modo concreto de inicio. Así, la
investigación preparatoria puede iniciarse por:

a) Iniciación por el Fiscal de oficio


Este presupuesto se da cuando es el propio fiscal (o en el marco del Ministerio Público Fiscal) quien
toma conocimiento de un hecho presuntamente delictivo y lo formaliza procesalmente. Ése
conocimiento directo se da cuando el fiscal percibe el presunto hecho a través de sus sentidos. Así,
suele darse el ejemplo del Fiscal que concurre a un espectáculo deportivo y presencia algún hecho, o
a través de la lectura de algún medio de comunicación (televisivo, escrito, radial, electrónico) de un
hecho que él considera delictivo y entonces lo somete a proceso.

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En estos casos el permiso no presenta mayores problemas, dado que el Fiscal, en tanto funcionario
público, está obligado a denunciar (aunque técnicamente no es una denuncia) el delito, aunque en
este caso lo denuncia a sí mismo, entendiéndose que esa oficiosidad responde al mandato de
formalizar todos los hechos delictivos que lleguen a su conocimiento. Para el caso que la materia o la
competencia territorial del hecho sean ajenas a las del funcionario que toma conocimiento, ahí
entonces, inicialmente, revestiría el carácter de denuncia, ya que debería constituirse en la agencia
judicial o policial que resulte competente en el caso.

Asimismo, el hecho que sea el Fiscal sea el director de la investigación no obsta que sea él mismo
quien ponga en marcha la misma, dado que se entiende que el fiscal, aunque garante de la legalidad
del proceso, es totalmente parcial, a lo que debe aunarse el carácter de funcionario público ya
reseñado.

b) Iniciación por el Fiscal en virtud de prevención policial


Este quizás es el modo más común de inicio de un caso penal y ocurre cuando el Fiscal recibe en su
fiscalía una actuación de prevención de alguna de las fuerzas de seguridad que coadyuvan en ese
sentido y que ha tomado conocimiento indirecto de la presunta comisión de un hecho típico.

En este sentido, debemos recordar que una de las misiones que históricamente se le concedieron - y
se le conceden - a las fuerzas policiales es la de funcionar como auxiliar de la Justicia. Así y en este
rol, cuando toman conocimiento de un hecho, deben inmediatamente comunicarlo al Fiscal
correspondiente, ya que será éste quien decidirá qué hacer, qué medidas disponer y qué rumbo han
de tomar las actuaciones de prevención.

En esta función denominada "prevencional", la fuerza policial debe actuar necesariamente ante todos
los hechos que lleguen a su conocimiento, comunicándolos al fiscal, sin perjuicio de impedir que ése
hecho continúe o tenga consecuencias ulteriores, de identificar a los participantes del mismo (ya sea
como víctima, damnificado, o sujeto activo, procurando que, según el caso, permanezcan bajo su
custodia) y de asegurar la prueba existente y reunir la pendiente. Siempre y en todos los casos, los
funcionarios policiales, en cuanto funcionarios públicos regidos por la Constitución y los Tratados
Internacionales, deben respetar todas las directrices vigentes en la materia, sin perjuicio de los
señalamientos concretos que le haga el titular de la acción penal.

Por ello, los ordenamientos procesales suelen tener un acápite específico relativo a las facultades y
obligaciones que posee la policía en función prevencional de auxilio judicial. En este sentido, dice el
Art.102 del NCPPT (Ley 8.933)

Art. 102.- Comunicación y procedimiento. Los funcionarios de la Policía de Investigaciones


Judiciales comunicarán inmediatamente al fiscal de turno todos los delitos que lleguen a su
conocimiento y practicarán los actos urgentes que la Ley autoriza y los que aquél les ordene,
observando las normas que este Código establece.
Sin perjuicio de lo dispuesto respecto a la presentación del aprehendido, las actuaciones y las cosas
secuestradas serán remitidas a la oficina judicial competente, dentro del plazo de dos (2) días de
iniciada la investigación; pero dicho órgano podrá prorrogarlo por igual término cuando aquélla sea
compleja o existan obstáculos insalvables.

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Bajo ningún concepto y en ninguna instancia pueden las fuerzas de seguridad que actúan en función
prevencional interrogar al imputado, salvo para identificarlo o satisfacer sus necesidades básicas,
hasta que éste tome contacto con su defensor.

Asimismo, también les está vedado abrir correspondencia del presunto autor, inspeccionar su domicilio
o elementos personales del mismo, sin contar con la debida orden escrita para hacerlo.

Art. 101.- Prohibiciones. Los funcionarios de la Policía de Investigaciones Judiciales no podrán


abrir la correspondencia ni documentos de carácter privados, cualquiera sea su formato o soporte
que los contenga, y que resguarden o hayan secuestrado por orden de autoridad judicial
competente o sin ella en los casos urgentes, sino que la remitirán intacta a ésta.
En caso de urgencia, justificado por el beneficio a la investigación, podrán ocurrir ante la autoridad
judicial más inmediata, solicitando la apertura.
Tampoco podrán difundir a los medios de prensa los nombres y fotografías de las personas
investigadas como participantes de un hecho, salvo que medie expresa autorización del órgano
judicial competente.

De hecho, para una mejor labor y eficiencia y en aras de una correcta coordinación, el Ministerio
Público Fiscal suele estar facultado para emitir resoluciones o disposiciones destinadas a las fuerzas
de seguridad, a fin de que se adecuen a determinados estándares en situaciones concretas (p.e.,
instrucciones sobre cómo efectuar desalojos masivos en casos terrenos públicos ocupados o cómo
trabajar sobre hipótesis de secuestros extorsivos).

El instrumento o documento donde se plasman estas incidencias iniciales del proceso se suele
denominar "sumario prevencional" o "prevención policial", y suele durar entre uno y cinco días,
según la complejidad y las medidas que haya dispuesto el fiscal al momento de ser contactado por la
fuerza preventora. Una vez que ese documento es firmado por quien lo hace (que suele ser algún
funcionario policial de la oficina de "judiciales") y por la autoridad de la repartición policial, se remite
inmediatamente a la sede del Fiscal actuante para que éste formalice y continúe con la investigación,
pudiendo solicitar a la fuerza policial el auxilio necesario, ésta vez ya en función de "policía judicial".

c) Flagrancia
Éste es uno de los conceptos que mayor polémica ha desatado - y desata - en el ámbito del Derecho
Procesal Penal, en tanto implica la posibilidad de que el autor del presunto hecho pueda ser detenido
directamente, por cualquier persona, ya sea policía o simple particular, sin necesidad de orden judicial
alguna. Dado que se trata de una situación objetiva pero de apreciación eminentemente subjetiva y
cuya amplitud o estrechez guarda íntima relación con el paradigma punitivista vigente, presenta
siempre posturas que lo amplifican o lo restringen.

Es por ello que, para una mayor seguridad jurídica, los modernos ordenamientos acusatorios definen
específicamente qué se entiende por flagrancia. Así, dice el Art.233 del NCPPTUC:

Art. 233.- Aprehensión. Los funcionarios policiales y los particulares podrán aprehender a una
persona, aún sin orden judicial, si es sorprendida en flagrante delito; o si se ha fugado de algún
establecimiento penal o de cualquier otro lugar de detención. Concretada la aprehensión deberá
comunicarse de inmediato al fiscal.

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1. Flagrancia. Se considera que hay flagrancia cuando el autor del hecho es sorprendido en el
momento de cometer un delito o inmediatamente después; mientras es perseguido por la fuerza
pública, el ofendido o el clamor público; o mientras tiene objetos o presenta rastros que hagan
presumir vehementemente que acaba de participar de un delito.

Conceptualmente, y en sentido estricto, la flagrancia es el momento temporal de relevancia jurídica


que abarca desde el momento inmediatamente anterior a la ejecución del delito - pudiendo abarcar la
etapa de la tentativa en determinados delitos - hasta el momento inmediatamente posterior a la
finalización de la ejecución de este, es decir, cuando ya se ha consumado.

Al respecto, doctrinariamente se han elaborado otros dos conceptos que suelen ir encadenados a la
flagrancia, y son la cuasi flagrancia y la flagrancia presunta. Cuando se habla de flagrancia en sentido
amplio, se suelen comprender también dentro de ella a los supuestos de cuasi flagrancia y de
flagrancia presunta. Ahora bien, en esquemas menos punitivos, se estará al concepto restringido que
ya mencionáramos.

La cuasi flagrancia se identifica con el momento en el que el autor o partícipe es perseguido por la
fuerza pública o por el clamor popular; es decir, abarca desde la consumación del hecho hasta su
aprehensión e implica un alejamiento material del presunto sujeto activo del delito con el lugar de
comisión del mismo, temporal y espacialmente, debiendo mediar solución de continuidad entre la
consumación, la persecución y la aprehensión de la persona.

Finalmente, la flagrancia presunta o ficta, se presenta cuando alguien tuviera objetos o presentase
rastros que permitieran presumir vehementemente a un observador razonable que la persona acaba
de cometer o participar en un hecho delictivo. Entre los ejemplos que pueden darse está el de la
persona que presenta disparos en su cuerpo, o empuña un arma de fuego con signos de haber sido
recientemente utilizada, o presenta elementos extraños en sí (traje rasgado luego de una riña, o una
caja fuerte en sus manos, o una cartera).

Cuando se verifica un hecho en flagrancia, la fuerza policial debe hacer cesar el delito, asegurar al
presunto autor y proceder en la forma en la que se ha enunciado en el presupuesto anterior, debiendo
comunicar la aprehensión al fiscal, al Juez y al defensor oficial.

El fiscal, habiendo tomado conocimiento del hecho, debe dar las directivas necesarias al personal
policial y convalidar o no la aprehensión, decidiendo si la transforma formalmente en una detención
(aunque materialmente y desde el punto de vista del imputado se está detenido desde el primer
momento en el que se ve constreñida la libertad ambulatoria) o si nulifica lo hecho por la prevención y
pone en libertad al presunto autor, o bien convalida la detención, pudiendo luego de verificar
determinados extremos (reincidencia, arraigo, testimonios en sede policial) proceder a la soltura del
detenido, no obstante compelerlo a comparecer judicialmente, continuando ligado al proceso.

Entre la aprehensión policial y la soltura del detenido no puede existir demora alguna, amén de
verificarse los extremos necesarios de la identificación, los antecedentes penales o la requisitoria del
detenido por parte de otro Tribunal o Fiscal, fijando un plazo perentorio la mayoría de los
ordenamientos, el que suele ser de veinticuatro horas corridas. Pasado ese plazo, el detenido debe
ser puesto en libertad. El único supuesto que admite la continuidad de la privación legal de la libertad
es la aplicación del instituto excepcionalísimo de la prisión preventiva, el que debe ser solicitado al
Juez correspondiente, quien luego de audiencia donde conozca al imputado y escuche a las partes,

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

decide si la concede o no. Claro está que bien pueden aplicarse otras medidas restrictivas de la libertad
menos lesivas que la prisión preventiva. Pero luego volveremos sobre este aspecto en forma más
detallada.

d) Denuncia
Es el acto mediante el cual una persona ofendida, testigo o simplemente enterada del hecho
presuntamente delictivo, trasmite su conocimiento a la autoridad correspondiente. Fundamentalmente,
es la presentación de una información, una transmisión de conocimientos.

De tal modo, la denuncia se ha entendido como una facultad cívica, explicable por la necesidad del
Estado de contar con datos para una respuesta eficaz ante el delito y el interés de los ciudadanos en
esos mismos fines. Para denunciar no se necesita otra cosa que el conocimiento sobre la ocurrencia
del presunto ilícito penal y la voluntad de trasmitir tal información, siendo indiferente por lo general que
el denunciante sea la víctima, el testigo o un simple tercero enterado del hecho.

Históricamente, la denuncia es consustancial del régimen de la acción pública y de la actuación penal


oficial, apareciendo y desarrollándose dentro del sistema inquisitivo, ya que los modos de actuación
propios del sistema acusatorio de acción popular o privada la hacían inconcebible. Su fundamento
institucional radica en la existencia de un poder oficial predispuesto para las actuaciones penales y
una correlativa ausencia de facultades promovidas por parte de los particulares. Es una relación
dirigida a la autoridad facultada para actuar, una noticia que se radica ante quienes están investidos
del poder de investigar y decidir. En tal aspecto, constituyó el modo preferido de recibir información
dentro de los procedimientos inquisitivos, que la integraban dentro de sus mecanismos generales de
control y, por ende, la estimulaban y facilitaban, generando un generalizado clima de delaciones. Claro
está que también la denuncia puede significar una legítima apelación a la autoridad para que ésta
actúe en defensa del orden legal y en tal aspecto implica tanto un modo de protección del ciudadano
contra el hecho delictivo como una suerte de resabio de la acción popular, un acto de contenido cívico.
En definitiva, su sentido dependerá de la organización política dentro de la que opera.

Se conceptualiza como una comunicación voluntaria a la autoridad de información de hechos


reputados como delictivos y de acción pública. Esto implica que como regla la denuncia es de índole
facultativa, correspondiendo en este carácter a "toda persona" (art. 146, NCPP Tucumán),
comprendiéndose la idea del modo más amplio y sin exigencia de capacidad específica alguna y
abarcando tanto a quien se postula como lesionado por el delito como a quien, simplemente, tenga
noticias de su comisión.

Art. 146.- Denuncia. Toda persona que tenga conocimiento de un delito de acción pública, podrá
denunciarlo ante el fiscal o la policía. La denuncia podrá efectuarse en forma escrita o verbal,
personalmente o por mandato especial.
Se labrará acta cuando sea verbal, debiendo firmar el denunciante.
En ambos casos, el funcionario que la reciba comprobará y dejará constancia de la identidad y
domicilio del denunciante. En ningún caso se aceptará denuncia anónima.
La denuncia debe contener, en cuanto fuere posible, la relación circunstanciada del hecho, con
indicación de sus autores y partícipes si se conociese, damnificados, testigos y demás elementos
que puedan conducir a su comprobación y calificación legal y, en su caso, la delegación prevista
en el Artículo 85.
Cuando la acción penal dependa de instancia privada, sólo podrá denunciar quien esté legitimado
para instar.

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

Hemos indicado que dentro de nuestro sistema la regla es la del carácter facultativo de la denuncia,
aunque con diferentes argumentaciones se ha propiciado un genérico carácter obligatorio de la misma,
idea que deriva de argumentaciones y legislaciones autoritarias y que en más de una ocasión integró
la redacción de proyectos.

Dentro de nuestro actual régimen de denuncia voluntaria aparecen como excepción supuestos
referidos a determinadas personas y circunstancias en las que se dispone la obligación de efectuarla.
Se trata de situaciones legalmente establecidas en las que la ubicación funcional del sujeto aludido
lleva a la exigencia normativamente impuesta de que quien, en el ejercicio de esa función, toma
conocimiento de hechos presuntamente delictivos, debe necesariamente trasmitir la pertinente
información a los órganos correspondientes, incurriendo a su vez, en el supuesto de que así no lo
hiciere, en una propia infracción penal y/o administrativa. Se entiende que ello se justifica por el
carácter de las funciones desempeñadas y por la exigencia de una estricta observancia del orden
jurídico, de lo que los sujetos en cuestión deben ser colaboradores y guardianes, a más de que por la
particularidad de la tarea desempeñada se encuentran en condiciones privilegiadas para tomar
conocimiento de determinadas infracciones.

Los códigos de procedimientos establecen sobre el particular que tendrán obligación de denunciar
delitos de acción pública los funcionarios que tomen conocimiento de ellos en el ejercicio de sus
funciones.

Art. 147.- Obligación de denunciar. Tendrán obligación de denunciar los delitos de acción pública
los funcionarios públicos que conozcan el hecho en ejercicio de sus funciones o en ocasión de ese
ejercicio, salvo el caso que pese sobre ellos el deber de guardar secreto impuesto por la Ley.
1. Profesionales de la salud. Los médicos, parteras, farmacéuticos y demás personas que ejerzan
cualquier rama del arte de curar, que conozcan esos hechos al prestar los auxilios de su profesión,
salvo que el conocimiento adquirido esté, por la Ley, bajo el amparo del secreto profesional.
2. Presunto delito contra niñas, niños o adolescentes. Los médicos, psicólogos, odontólogos,
enfermeros, farmacéuticos, profesionales de la salud en general, educadores de establecimientos
públicos y privados, trabajadores sociales, agentes públicos y policiales que en ejercicio de su
actividad profesional conozcan, o tengan motivos razonables para creer, que una persona menor
de dieciocho (18) años ha sufrido toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato
negligente, malos tratos o explotación, están obligados a ponerlos de inmediato en conocimiento
de la autoridad pertinente. Cuando estas personas sean dependientes de un hospital, institución
pública o privada, deben ponerlo en conocimiento de la autoridad del centro asistencial, quien lo
informará a la autoridad pertinente. La comunicación

Por "funcionarios" y "empleados públicos" debe estarse a la amplitud del concepto definido en el
artículo 77, cuarto párrafo del Código Penal: "...todo el que participa accidental o permanentemente
del ejercicio de funciones públicas, sea por elección popular o por nombramiento de autoridad
competente".

Y respecto de lo segundo, el hecho debe relacionarse con la tarea desempeñada y con el ejercicio de
la misma, por lo que en general se ha entendido que, conforme al sentido de la norma e interpretándola
de acuerdo al principio básico del carácter voluntario de la denuncia y la excepcionalidad de la
obligación de hacerla, el caso comprende básicamente aquellas infracciones comprendidas dentro de
los delitos contra la administración pública (Tít. XI del Libro II, C.P.). Claro está que existen funcionarios

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

que, por la misma índole de sus funciones, parecieran tener a su cargo una vigilancia genérica de la
legalidad vigente, cual es el caso de los policías, fiscales y magistrados judiciales.

Art. 147.- Obligación de denunciar. Tendrán obligación de denunciar los delitos de acción pública
los funcionarios públicos que conozcan el hecho en ejercicio de sus funciones o en ocasión de ese
ejercicio, salvo el caso que pese sobre ellos el deber de guardar secreto impuesto por la Ley.
1. Profesionales de la salud. Los médicos, parteras, farmacéuticos y demás personas que ejerzan
cualquier rama del arte de curar, que conozcan esos hechos al prestar los auxilios de su profesión,
salvo que el conocimiento adquirido esté, por la Ley, bajo el amparo del secreto profesional.
2. Presunto delito contra niñas, niños o adolescentes. Los médicos, psicólogos, odontólogos,
enfermeros, farmacéuticos, profesionales de la salud en general, educadores de establecimientos
públicos y privados, trabajadores sociales, agentes públicos y policiales que en ejercicio de su
actividad profesional conozcan, o tengan motivos razonables para creer, que una persona menor
de dieciocho (18) años ha sufrido toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato
negligente, malos tratos o explotación, están obligados a ponerlos de inmediato en conocimiento
de la autoridad pertinente. Cuando estas personas sean dependientes de un hospital, institución
pública o privada, deben ponerlo en conocimiento de la autoridad del centro asistencial, quien lo
informará a la autoridad pertinente. La comunicación a dicha autoridad podrá hacerse en forma
verbal, por teléfono o medio análogo, debiendo presentarse luego el correspondiente informe por
escrito.
Los informes deben contener los siguientes datos, si fueren conocidos: nombre, domicilio, edad de
la niña, niño o adolescente, tipo y gravedad del perjuicio o abuso y cualquier evidencia de lesiones
anteriores, nombre y domicilio de los padres o responsables de la guarda de la niña, niño o
adolescente y cualquier otra información que los médicos o informantes consideren de utilidad para
establecer la causa del daño y para identificar a su autor. La autoridad que haya tomado
conocimiento de estos casos o haya recibido estos informes deberá comunicarlo de inmediato a la
autoridad judicial respectiva a fin que tomen las medidas que correspondan.
3. Administradores, depositarios o encargados. Las personas que por disposición de la Ley, de la
autoridad o por algún acto jurídico tengan a su cargo el manejo, la administración, el cuidado o
control de bienes o intereses de una institución, entidad o persona, respecto de los delitos
cometidos en perjuicio de ésta o de la masa o patrimonio puesto bajo su cargo o control, siempre
que conozcan del hecho en ejercicio de sus funciones.
4. Excepción. En todos estos casos la denuncia no será obligatoria si razonablemente arriesga la
persecución penal propia, la del cónyuge, conviviente o pariente dentro del cuarto grado de
consanguinidad o segundo de afinidad, o cuando los hechos hubiesen sido conocidos bajo secreto
profesional, salvo lo dispuesto en el punto 2. de este artículo, con los alcances y efectos previstos
en la Ley Provincial N° 6518.
Art. 148.- Responsabilidad del denunciante. El denunciante no será parte del proceso ni incurrirá
en responsabilidad alguna, salvo los casos de imputaciones falsas o denuncias temerarias. El
carácter de denunciante no lo exime de declarar como testigo.
Cuando el juez califique a la denuncia como falsa o temeraria le impondrá al denunciante el pago
de las costas, sin perjuicio de la responsabilidad penal.
Art. 149.- Prohibición de denunciar. Está prohibido denunciar a sus ascendientes, descendientes,
cónyuge, conviviente ligado por vínculos especiales de afectos y hermanos, salvo que el delito se
haya cometido en su contra o de un pariente de grado igual o más próximo.
Art. 150.- Procedimiento. Cuando la denuncia sea presentada ante la policía, ésta informará
inmediatamente al fiscal quien asumirá la dirección de la investigación e indicará las diligencias que
deban realizarse.

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

Cuando sea presentada directamente ante el fiscal, éste iniciará la investigación conforme a las
reglas de este Código, con el auxilio de la Policía Judicial de Investigación Criminal.

e) Querella
La querella es un instrumento formal mediante el cual, una vez receptado favorablemente por quien
dirige la acción penal pública, se admite el acceso al caso judicial de un particular que se considera
directamente afectado por la comisión de un hecho presuntamente delictivo, quedando legitimado para
impulsar la acción pública y siendo considerado parte. Necesita, generalmente, firma de letrado, lo
que impone al ciudadano la necesidad de contratar uno o solicitar uno gratuito.

Vale recordar, que de conformidad con lo consagrado constitucionalmente en el art. 120 de la


Constitución Nacional, el Ministerio Público Fiscal tiene autonomía funcional y autarquía en la
promoción de actuación de la justicia en defensa de la legalidad y de los intereses generales de la
sociedad, características reconocidas expresamente por nuestro más alto Tribunal en el precedente
"Quiroga".

Maier sostiene que querellante es la persona que, además del Ministerio Público Fiscal, está
autorizada por la Ley para perseguir penalmente en un procedimiento penal. Y centra la razón de ser
de la figura en la antigua persecución privada, en épocas de Grecia y Roma o en los inicios de la Edad
Media. En un principio, era el ofendido quien reivindicaba con los procedimientos la afectación a su
persona o a sus bienes, hasta que, luego de la Inquisición y del surgimiento de los Estados nacionales,
dichas funciones fueron captadas y monopolizadas por las agencias estatales creadas para tal fin,
desprivatizándose el conflicto.

En la Academia y en el Derecho comparado también se ha mencionado al "querellante exclusivo",


aquella parte procesal que ejercita la acción penal en los delitos de acción privada, también
denominado como "acusador privado", calidad que únicamente se pierde por renuncia o desistimiento
de esa facultad. En este sentido, la exclusividad del querellante surge cuando, conforme a la ley, la
persecución fuese privada, y allí actúa como querellante la persona que sea titular del ejercicio de la
acción.

Asimismo, también se habla de querellante conjunto, cuando tiene facultades formales casi idénticas
a las del Fiscal y puede desenvolverse con autonomía dentro del proceso penal, producir prueba,
efectuar sus propios dictámenes y requerimientos, oponerse, recurrir, interponer excepciones, solicitar
medidas cautelares, etc.

Finalmente, se habla también de querellante adhesivo o por adhesión, cuando su labor implica
dependencia del Fiscal en los actos fundamentales (acusar, recurrir), y termina siendo más un auxiliar
que sustenta al Fiscal que una parte autónoma del proceso penal, aunque su denominación, en
realidad, sea para diferenciarlo específicamente del querellante exclusivo.

En los ordenamientos acusatorios más modernos, se admite al querellante en conjunto con el fiscal,
aunque éste siempre detente la dirección de la investigación y el impulso de la acción penal pública,
pudiendo el querellante aportar prueba, solicitar medidas, efectuar sus requerimientos al Juez o al
fiscal, pero debiendo ceñirse, en definitiva, a lo que éste decida, pudiendo oponerse al archivo.

Para este último caso, el querellante sí podrá asumir la exclusividad en la acusación, aunque
continuando el trámite del proceso como si se tratara de un delito de acción privada (arts. 20 y 21
NCPPTUC, por ejemplo).

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

Art. 20.- Acción pública dependiente de instancia privada. Cuando la acción penal dependa de
instancia privada, sólo podrá iniciarse si el ofendido por el delito o, en orden excluyente, sus
representantes legales, tutor o guardador hubiesen formulado denuncia o querella ante autoridad
competente para recibirla. Será considerado guardador quien tenga a su cargo, por cualquier
motivo, el cuidado de la niña, niño, adolescente o incapaz.
El fiscal sólo la ejercerá una vez que ella se produzca, sin perjuicio de realizar los actos
imprescindibles para conservar los elementos de prueba, siempre que no afecte la protección del
interés de la víctima. Sin embargo, el fiscal la ejercerá directamente cuando el delito haya sido
cometido contra un incapaz que no tenga representación, o cuando haya sido cometido por uno de
sus padres, el representante legal o el guardador o cuando existan intereses contrapuestos entre
alguno de éstos y la niña, niño, adolescente o incapaz, o éste se encontrare abandonado.
La instancia privada se extiende de derecho a todos los partícipes del delito.
Respecto a quiénes están legitimados para ser querellantes, normalmente se requiere reunir la
calidad de "particularmente ofendido" y de acreditar un "interés directo" en la afectación del delito
para con quien pretende querellar.
Art. 21.- Acción privada. La acción privada se ejercerá por medio de querella, en la forma especial
que este Código establece.
Art. 87.- Querellante en delitos de acción privada. La víctima de un delito de acción privada
tendrá derecho a presentar querella ante el juez o tribunal correspondiente.
El representante legal del incapaz podrá ejercer igual derecho cuando se trate de delitos cometidos
en perjuicio de su representado. Se sustanciará conforme al proceso especial previsto en este
Código.
Art. 88.- Querellante por conversión de la acción pública en privada. Querellante particular por
conversión de la acción es la víctima que decide continuar la persecución penal bajo las reglas de
la querella privada cuando:
a) El fiscal aplicó un criterio de oportunidad, salvo que la víctima haya dado su consentimiento o
solicitado dicha aplicación (Artículo 27, punto 6);
b) El fiscal haya solicitado el sobreseimiento en la oportunidad del Artículo 252, y la víctima hubiere
sido autorizada a continuar con la investigación para formular acusación conforme al procedimiento
del Artículo 253.
Art. 89.- Querellante en delitos de acción pública.
1. Instancia. La víctima por sí o por intermedio de su representante legal o mandatario podrá
provocar la persecución penal o intervenir en la ya iniciada por el fiscal como querellante particular
en la forma prevista en este Código, salvo en el incoado contra niñas, niños y adolescentes. Los
incapaces deberán actuar debidamente representados, autorizados o asistidos del modo prescripto
por la ley.
2. Legitimación de personas jurídicas. Supuestos. Cuando la investigación se refiera a delitos
que afecten intereses colectivos o difusos, las personas jurídicas cuyo objeto sea la protección del
bien tutelado en la figura penal tendrán la legitimación a la que se hace referencia en el presente
capítulo.
3. Requisitos: La instancia deberá formularse personalmente con patrocinio letrado o por
representante con poder especial o carta poder otorgado por ante un funcionario de Fiscalía, ante
el fiscal en un escrito que contenga, bajo pena de inadmisibilidad:
a) Nombre, apellido y domicilio del querellante particular.
b) Una relación clara, precisa y circunstanciada del hecho en que se funda.

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

c) Nombre y apellido del o los imputados, si los supiese, o indicaciones tendientes a su


identificación.
d) La petición de ser tenido como parte y la firma.
4. Oportunidad. Procedimiento. La instancia podrá formularse a partir del inicio de la investigación
y hasta la oportunidad y plazo previsto en el Artículo 258 de este Código. El pedido será resuelto
por el fiscal, por decreto fundado, en el plazo de tres (3) días. En este último supuesto deberá
cumplir con todas las exigencias previstas en dicha norma.
5. Facultades del fiscal. La participación de la víctima como querellante no alterará las facultades
concedidas por la ley al fiscal, ni lo eximirá de sus responsabilidades.
6. Rechazo. Cuando el interesado no tenga legitimación, el fiscal rechazará la constitución de
querellante. En tal caso, el peticionante podrá acudir, dentro del tercer día, ante el juez para que
revise la decisión, siendo aplicable lo previsto en el punto 7, apartado a).
7. Facultades y deberes. El querellante particular podrá actuar en el proceso para acreditar el
hecho delictuoso y la responsabilidad penal del imputado, en la forma que dispone este Código, y
tendrá los siguientes derechos y facultades:
a) Proporcionar durante la Investigación Penal Preparatoria elementos de prueba y solicitar
diligencias particulares para el esclarecimiento del hecho objeto de esta, la responsabilidad penal
del imputado y la cuantificación del daño causado.
Estas instancias serán presentadas al fiscal interviniente, y su rechazo le otorgará la facultad de
ocurrir ante el juez de garantías dentro de los tres (3) días quien resolverá de inmediato y sin recurso
alguno a fin de obtener un pronunciamiento definitivo, acerca de la procedencia de la solicitud o
propuesta; en caso de considerarlo necesario, el juez convocará a una audiencia donde informarán
las partes.
b) Asistir a las declaraciones de testigos durante la investigación penal preparatoria, con facultad
para formular preguntas y pedir aclaraciones, pero no deberá necesariamente ser citado con
anticipación, salvo que lo requiriera por escrito;
c) Intervenir en el juicio dentro de los límites establecidos por este Código;
d) Interponer las peticiones o instar las diligencias que estime adecuadas para activar el proceso;
e) Requerir pronto despacho;
Art. 90.- Querellante en los delitos contra la integridad sexual en perjuicio de niña, niño o
adolescente. En todo proceso seguido por delitos contra la integridad sexual en el que sea víctima
una niña, niño o adolescente, desde el primer momento de la investigación se dará intervención al
abogado defensor de los derechos de la niña, niño y/o adolescente (Artículo 27, inciso c), Ley
Nacional N° 26.061), en representación de los intereses de la víctima, en carácter de querellante.
Dicha intervención perdurará durante todo el proceso, aun cuando el representante legal de la niña,
niño o adolescente se presente en el carácter de querellante particular.
Cuando la niña, niño o adolescente llegue a la mayoría de edad, podrá continuar o no con la
querella, con o sin la representación del abogado defensor que lo asistía.
Art. 91.- Acusación única. Unidad de representación. Cuando los querellantes fueran varios e
invocaren identidad de intereses entre ellos, actuarán bajo una sola representación, la que se
ordenará de oficio si ellos no se pusieren de acuerdo. No procederá la unificación de representación
entre particulares y entidades del sector público, asociaciones o fundaciones, salvo acuerdo de los
querellantes.
En aquellos casos en que la víctima se haya constituido como querellante, el juez a petición de
parte sea con antelación, o a más tardar, en la audiencia prevista en el Artículo 166, convocará a
las partes, a efectos de resolver las controversias que pudieren existir entre el Ministerio Público
Fiscal y la parte querellante, sobre los discursos fácticos, jurídicos y estrategias probatorias. El

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

imputado -siempre y en todos los casos- tendrá derecho a que se le impute una única acusación,
debiéndose respetar estrictamente el principio de congruencia procesal, tanto en los aspectos
fácticos como normativos, sin perjuicio de lo dispuesto en el Artículo 282.
Si fuera indispensable para ello, el juez interviniente, tomará en cuenta la prevalencia de los
intereses particulares o sociales generales según el caso, y ordenará la constitución de un litis-
consorcio necesario. En caso de que no hubiese consenso en cuanto a la calificación y a las
estrategias acusadoras, resolverá en forma definitiva la incidencia.
Art. 92.- Desistimiento expreso. El querellante podrá desistir de su intervención en cualquier
momento, quedando obligado por las costas que su intervención hubiera causado.
El desistimiento expreso será resuelto por el fiscal, e impedirá toda posterior persecución por parte
del querellante, en virtud del mismo hecho que constituye el objeto de su querella y con relación a
los imputados que participaron en el proceso y que fueren alcanzados por la renuncia.
Art. 93.- Desistimiento tácito. La querella en los delitos de acción pública se considerará desistida
en los siguientes casos:
1) Cuando no presente acusación ni adhiera a la de la Fiscalía;
2) Cuando no concurra a la audiencia de control de la acusación o de juicio, o se aleje de éste, o
no presente conclusiones sin justa causa;
3) En los casos de incomparecencia, la existencia de justa causa deberá acreditarse antes de iniciar
la audiencia o diligencia o dentro de las veinticuatro (24) horas subsiguientes.
4) Cuando fallecido o incapacitado el querellante, quien esté autorizado para ello según la ley no
concurra a proseguir el proceso, dentro de los treinta (30) días siguientes de ser informados de la
existencia del proceso.

FORMALIZACION DE LA IMPUTACION

La investigación fiscal

Art. 111.- Documentación. 1. Medios. Los actos se deberán documentar por audio y/o video y por
escrito, conforme al inciso 5). Se utilizarán imágenes y sonidos para documentar actos de prueba
o audiencias, quedando prohibida toda forma de edición, tratamiento o modificación de los registros.
2. Autenticidad e inalterabilidad. Se deberá asegurar su autenticidad e inalterabilidad. 3. Reserva
del original. Se deberá reservar el original en condiciones que aseguren su inviolabilidad hasta el
juicio, sin perjuicio de la obtención de copias que podrán utilizarse para otros fines del proceso. 4.
Formalidades esenciales. Las formalidades esenciales de los actos deberán surgir del mismo
registro y, en caso de no ser posible, de un acta complementaria. 5. Actas. Las diligencias que
deban asentarse en forma escrita, contendrán: a) La mención del lugar, fecha, hora, la autoridad
ante la cual se celebra el acto y la que lo hubiera ordenado, en su caso, y la indicación de las
diligencias realizadas y su resultado; b) La identificación y la firma de todos los que participaron en
el acto, dejándose constancia de las razones de aquél que no la firme, o del que lo hace a ruego o
como testigo de actuación. La omisión de estas formalidades sólo priva de efectos el acta, o torna
invalorable su contenido, cuando ellas no puedan ser suplidas con certeza sobre la base de otros
elementos de prueba. Las actas que labre el fiscal llevarán su firma. Los funcionarios de la Policía
u otra fuerza de seguridad que deban registrar actos
definitivos o irreproductibles, tales como secuestros, inspecciones oculares, requisas personales y
allanamientos, serán asistidos por dos testigos que no pertenezcan a la misma fuerza que interviene

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

en el acto, salvo casos de urgencia o imposibilidad de conseguirlos, lo que deberá justificarse y


hacerse constar.
Art. 157.- Apertura de la investigación preparatoria.
1. Apertura. Cuando existan elementos suficientes, el fiscal dispondrá por decreto fundado la
apertura de la investigación preparatoria del juicio formando un legajo con la información en la que
lo sustenta, en el que hará constar los siguientes datos: 1) Una sucinta enunciación de los hechos
a investigar; 2) La identificación del imputado si se conociere; 3) La identificación del agraviado; 4)
La calificación legal provisional; y 5) El fiscal a cargo de la investigación.
2. Notificación. La apertura de la investigación será comunicada al imputado que se encuentre
individualizado y no privado de libertad, haciéndole saber los derechos que este Código le otorga,
entre ellos el de designar abogado defensor particular o público, prestar declaración o formular
aclaraciones, proponer diligencias al fiscal sin perjuicio de sus poderes autónomos de investigación.
Si se encontrare privado de libertad podrá coincidir dicha comunicación con la formalización.
Art. 158.- Formalización. La formalización de la investigación se concreta en una audiencia
solicitada por el fiscal al juez, indicando el hecho objeto de la misma, en sus circunstancias de
tiempo, lugar y modo, individualizando al imputado, la calificación jurídica y grado de participación
si fuere posible e información que sustenta el pedido. Se citará al imputado, defensor, víctima y
demás partes en el proceso.
En caso que el imputado no se encuentre privado de libertad, el fiscal formalizará la investigación
preparatoria cuando lo considere oportuno, sin embargo deberá formalizarla cuando deba requerir
la intervención judicial para la práctica de determinadas diligencias de investigación que se dirijan
en contra del imputado, la recepción anticipada de prueba o la resolución sobre medidas de
coerción o cautelares.
Si el imputado se encontrare privado de libertad, la formalización de la investigación preparatoria
se hará dentro de las veinticuatro (24) horas de la privación de libertad, pudiendo coincidir en un
solo acto con la notificación de la apertura de la investigación preparatoria.
Si correspondiere ampliar el objeto de la investigación, se incorporarán nuevos hechos o imputados,
deberá el fiscal solicitar una nueva audiencia, con iguales requisitos para los hechos o imputados a
ingresar.
Art. 159.- Autorización para practicar diligencias sin conocimiento del afectado. Las
diligencias que requirieran autorización judicial previa, podrán ser solicitadas por el fiscal aún antes
de la formalización de la investigación preparatoria y se practicarán sin previa comunicación al
afectado, cuando la gravedad de los hechos o la naturaleza de la diligencia de que se trate
permitieren presumir que la falta de comunicación resulta indispensable para su éxito.
Si con posterioridad a la formalización de la investigación preparatoria, el fiscal solicitare proceder
de la forma señalada en el párrafo precedente, el juez lo autorizará cuando la reserva resultare
estrictamente indispensable para la eficacia de la diligencia.
Art. 160.- Efectos. La citación a la audiencia de formalización de la investigación preparatoria, o su
realización cuando el imputado estuviere privado de su libertad, interrumpirá el curso de la
prescripción de la acción penal en los términos previstos por el Código Penal.
A partir de dicha audiencia comenzará a correr el plazo para la conclusión de la investigación
preparatoria, y el fiscal perderá la facultad de archivar provisionalmente el proceso.
Art. 161.- Audiencia de formalización. En la audiencia el juez otorgará la palabra al fiscal en
primer término a fin que de manera comprensible exponga verbalmente la imputación en contra del
imputado; indicándole el hecho que le atribuye; calificación jurídica, grado de participación;
elementos de convicción que fundamentan el acto, y las solicitudes que considere necesarias.
El imputado será invitado a ejercer su defensa material declarando o no según él lo considere.
Cumplido, se otorgará la palabra a la defensa técnica quien podrá hacer las peticiones que estime

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

necesarias. El juez en la misma audiencia sustanciará las que hubieren realizado las partes y
resolverá en el mismo acto.
El imputado podrá manifestar lo que estime conveniente, según ejerza o no su derecho a declarar.
El juez abrirá el debate sobre las demás peticiones que los intervinientes plantearan y resolverá
inmediatamente las cuestiones articuladas.
Art. 162.- Control judicial previo. La persona indicada en una investigación preparatoria que aún
no se hubiere formalizado contra ella, o la víctima que hubiere solicitado constituirse en parte
querellante, podrán pedir al juez que requiera al fiscal información sobre los hechos que fueren
objeto de la investigación, las diligencias practicadas, y las pendientes de ejecución.
En esta oportunidad el fiscal podrá formalizar la investigación, si considera que tiene elementos
suficientes a ese fin. En caso que hubiere manifestado que no está en condiciones de hacerlo, el
juez, a pedido del indicado o de la víctima remitirá la cuestión al fiscal superior para que resuelva
lo que corresponda.
Art. 163.- Denuncias públicas. Cuando se hayan efectuado denuncias públicas genéricas, quien
se considere afectado por ellas podrá solicitar al Fiscal Regional que corresponda, que se le informe
sobre la existencia de una investigación o, en su caso, certifique que no se ha iniciado ninguna.
Art. 164.- Investigación genérica. Podrá ordenarse una investigación genérica cuando no se
encuentre identificado el imputado o haya dificultad para identificarlo y resultare necesario investigar
alguna forma especial de criminalidad o hechos que la hagan aconsejable.

Policía de Investigación
Las fuerzas de seguridad se encuentran al servicio de quien tiene a su cargo la averiguación de la
comisión de un ilícito; por eso su actuación debe ser meramente accesoria y auxiliar del Ministerio
Público Fiscal o del Poder Judicial en la tarea de investigar los delitos de acción pública, impedir que
los cometidos sean llevados a consecuencias ulteriores, individualizar a los culpables y en la reunión
de pruebas útiles para estos fines. Sólo podría permitírsele actuar por propia iniciativa cuando así lo
exijan razones de urgencia, dando de inmediato participación al órgano competente, es decir al
Ministerio Público Fiscal.

Asimismo, y como lo hemos enunciado, hay que remitirse al Código de conducta para funcionarios
encargados de hacer cumplir la ley de las Naciones Unidas en tanto refiere que: “Los funcionarios
encargados de hacer cumplir la ley cumplirán en todo momento los deberes que les impone la ley,
sirviendo a su comunidad y protegiendo a todas las personas contra actos ilegales, en consonancia
con el alto grado de responsabilidad exigido por su profesión”, así como que: “En el desempeño de
sus tareas, los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley respetarán y protegerán la dignidad
humana y mantendrán y defenderán los derechos humanos de todas las personas”.

Es que en la función de auxiliar, las fuerzas de seguridad debe trabajar en colaboración directa con el
Fiscal y de este modo cuidar los primeros rastros que deja el suceso ilícito y así comenzar a desplegar
la investigación, conservando y cuidando la prueba, dejando a su vez constancia del estado de las
personas, de las cosas y de los lugares, mediante actas, inspecciones, planos, fotografías,
filmaciones, exámenes técnicos y demás operaciones que aconseje la policía científica.

Asimismo, se faculta a los preventores en casos excepcionales, es decir por ser “necesario y cuando
la naturaleza del hecho lo justifique” disponer el arresto de las personas involucradas en un delito
como así a los testigos cuando no puedan individualizarse unos de otros, con inmediato aviso al Fiscal
interviniente. También en casos excepcionales se los autoriza a interrogar a los testigos asentando su
versión en actas, las que valdrán al solo efecto de orientar la investigación y no como prueba definitiva.

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

Y también como consecuencia de su actuación directa en la vía pública y ante la posibilidad de


encontrarse ante la comisión de un delito o próximo a ello, efectuar las requisas personales urgentes
o disponer la clausura preventiva de locales.

Con relación a las requisas personales es menester tener en cuenta que el estado de sospecha
previo debe encontrarse justificado en las circunstancias del caso, las que deben ser expuestas por la
prevención al sobrellevar el acto; puesto que la detención por parte de auxiliares de la justicia, sólo
tiene una excepcionalísima cabida y justificación sin previa resolución del Juez competente, dentro de
un doble condicionamiento, esto es, motivos certeros que claramente infieran que un sujeto está por
cometer un delito o que el mismo se está perpetrando, y la consecuente urgencia en su procedencia.

Es más, debe reivindicarse que en nuestro sistema jurídico la libertad individual es la regla y la
detención basada en orden escrita es la excepción. Pero además, se sostiene que la posibilidad de
que la autoridad detenga sin esa orden es la "excepción de las excepciones", motivo por el cual su
procedencia legal es extremadamente restringida.

En ese sentido, es menester comprobar la existencia de un estado de sospecha razonable cuya


entidad debe ser lo bastante intensa como para permitir intuir la comisión de un ilícito.

Bien se ha señalado que el estado de sospecha debe ser previo al accionar de la policía, pues detener
a un individuo porque al policía no le gusta su cara es un acto que ofende a la Constitución. Esta
violación constitucional no queda salvada porque al requisarlo el policía haya encontrado drogas o un
arma, es por ello que una aprehensión o requisa no puede ser validada exclusivamente por su
resultado.

En consecuencia, podemos afirmar que el personal policial no se encuentra facultado para ordenar
medidas coercitivas sin expresar sus fundamentos, extremo que supone que los funcionarios que han
de ser controlados especifiquen su actuación de tal forma que dicho control pueda ser efectivamente
ejercido, efectuando así un control razonable no inferior al que debió haber observado si se le hubiese
requerido la orden previa de detención.

En ese sentido se advierte que no puede ser convalidada la detención de un ciudadano sin una causa
probable que lo autorice, ni siquiera en este entendimiento le puede ser requeridos sus documentos,
pues ello implica ya su detención y el pleno despliegue de la coerción estatal. Es por ello que no existe
la facultad policíaca de identificación "pura" o "directa", frente al ciudadano que recorre o se detiene
en las calles o lugares públicos y la demora de una persona con ese propósito está supeditada,
rigurosamente, al presupuesto genérico del arresto, sino orden judicial ("indicio vehemente de
culpabilidad" o en el vocabulario de la jurisprudencia norteamericana "causa probable").

También esta norma limita todo uso de la fuerza pública a la medida estrictamente necesaria,
adecuada al caso y proporcional al mal que se intenta reprimir o prevenir; sentido en el cual debemos
tener en cuenta que: “Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley podrán usar la fuerza sólo
cuando sea estrictamente necesario y en la medida que lo requiera el desempeño de sus tareas” (art.
3 del Código de conducta para funcionarios encargados de hacer cumplir la ley de las Naciones
Unidas), disposición que decididamente subraya que el uso de la fuerza debe ser excepcional y solo
puede ser autorizada en la medida en que razonablemente sea necesario, según las circunstancias
concretas del hecho y para la prevención de un delito, para efectuar la detención legal de presuntos
delincuentes o para ayudar a efectuarla, no pudiendo utilizarse en la medida en que exceda estos
límites. Por ende, en ningún caso debe interpretarse que esta disposición autoriza el uso de un grado
de fuerza desproporcionado al objeto legítimo que se ha de lograr y el uso de armas de fuego se
considera una medida extrema.

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

Tampoco podemos obviar que: “Ningún funcionario encargado de hacer cumplir la ley podrá infligir,
instigar o tolerar ningún acto de tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, ni
invocar la orden de un superior o circunstancias especiales, como estado de guerra o amenaza de
guerra, amenaza a la seguridad nacional, inestabilidad política interna, o cualquier otra emergencia
pública, como justificación de la tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes” (art.
5 de las citadas reglas).

Asimismo al personal policial le está prohibido recibir declaración al imputado, pero en modo alguno
se encuentra impedido de detallar los hechos que han ocurrido en su presencia, describir en el acta
lo que pudo ver o incorporar las circunstancias relevantes de lo que hubiera escuchado decir a
personas presentes en el lugar. Cabe hacer la distinción entre dos conductas bien diferenciadas, la
de interrogar, vedada por el precepto y la de plasmar toda circunstancia ocurrida dando fe de su
existencia, siendo su incumplimiento pasible de reproche penal.

Así se tiende a garantizar la incoercibilidad del imputado, dado que de la misma manera que no
puede ser obligado a declarar en contra de sí mismo (art. 18, CN), tampoco puede ser constreñido o
violentado a producir pruebas en contra de su voluntad, por interpretación de ese precepto
constitucional, y dado que la actuación de las fuerzas de seguridad encierra en sí misma la posibilidad
de coerción debido a la situación de superioridad en que se encuentran con relación al individuo.

También se tiende a asegurar que la persona no efectúe manifestaciones ante otra autoridad que no
sea la destinada por la legislación para tal cometido (en este caso el Fiscal) y que cuente con el
adecuado conocimiento del suceso que se le imputa y las pruebas obrantes en su contra y,
fundamentalmente, con un abogado defensor. Ello en cuanto se debe proveer a la defensa técnica del
imputado en la primera oportunidad que se presente, y siempre antes de su declaración. El hacerse
defender por un abogado de su confianza y elección, desde el primer momento de la investigación
(aun cuando se trate de averiguaciones policiales), es un derecho irrenunciable de aquél (art. 8.2, d,
CADH; art. 14.2, b, d, PIDCP); ya que en la declaración del imputado el defensor deberá estar
presente, caso contrario, nada de lo que diga podrá ser utilizado en su contra Igualmente, la intimidad
de la persona es resguardada mediante el establecimiento de la inviolabilidad de su correspondencia
y papeles privados (art. 18, CN; art. 11.2, CADH) por parte del personal policial, lo que debe
extenderse a las otras formas de comunicación interpersonal. De esta forma se advierte que tal
situación sólo debe ser autorizada excepcionalmente, mediante orden escrita, fundada, determinada
y limitada en el tiempo por el Juez competente. La medida puede recaer sobre la correspondencia
postal o telegráfica o de todo otro efecto que se halle en tránsito (por ejemplo una encomienda) y bajo
la custodia de un servicio de correo o telégrafo de carácter público o privado; pero debe excluirse la
intercepción, las cartas o documentos que se envíen o entreguen a los defensores para el desempeño
de su cargo.

Por lo tanto, sólo el juez podrá proceder a la apertura de correspondencia o al conocimiento de datos
equiparados a la misma, lo cual configura una verdadera garantía contra la divulgación indebida. Si
tuviera relación con el proceso y fuese útil para la averiguación de la verdad se ordenará su secuestro.
En caso contrario, deberá mantener en reserva su contenido y dispondrá la entrega al destinatario, a
sus representantes o parientes próximos.

Art. 99.- Policía Judicial. La Policía de Investigaciones Judiciales, de carácter técnico, será auxiliar
del Ministerio Público Fiscal en todo lo concerniente a la investigación y persecución de los delitos.
Su organización y funcionamiento será establecido por una ley especial.
Sus integrantes ejecutarán sus tareas bajo la dirección y responsabilidad de los fiscales, sin
perjuicio de la dependencia administrativa que les corresponda. La autoridad administrativa no

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

podrá revocar, alterar o retardar injustificadamente una orden emitida por los fiscales o los jueces
a pedido de la defensa.
Art. 100.- Facultades. Los funcionarios de la Policía de Investigaciones Judiciales deberán
realizar, aún sin recibir instrucciones previas, las siguientes actuaciones: 1) Prestar auxilio a las
víctimas y proteger a los testigos; 2) Recibir denuncias; 3) Identificar y entrevistar a los testigos; 4)
Resguardar la escena del hecho y cuidar que los rastros e instrumentos sean conservados,
haciendo constar por cualquier medio u operación el estado de las personas, cosas y lugares.
Para este efecto, impedirán el acceso a toda persona ajena a la investigación y procederán a su
clausura, si se tratare de local cerrado, o a su aislamiento, si se tratare de lugar abierto, y evitarán
que se alteren o borren de cualquier forma los rastros o vestigios del hecho o se remuevan los
instrumentos usados para llevarlo a cabo, mientras no interviniere personal experto de la policía
bajo la dirección del Ministerio Público Fiscal.
El personal policial experto deberá recoger, identificar y conservar bajo sello y firma los objetos,
documentos o instrumentos de cualquier clase que parecieren haber servido a la comisión del hecho
investigado, sus efectos o los que pudieren ser utilizados como medios de prueba, para ser
remitidos a quien correspondiere, dejando constancia, en el registro que se levantare, de la
individualización completa del o los funcionarios policiales que llevaren a cabo esta diligencia.
5) Entrevistar a los testigos presumiblemente útiles para descubrir la verdad; 6) Recabar los datos
que sirvan para la identificación o individualización del imputado, con los límites establecidos por
este Código; 7) Efectuar la aprehensión de personas en los casos de flagrancia; 8) Ejecutar
registros, requisas y secuestros cuando les esté permitido.
Art. 101.- Prohibiciones. Los funcionarios de la Policía de Investigaciones Judiciales no podrán
abrir la correspondencia ni documentos de carácter privados, cualquiera sea su formato o soporte
que los contenga, y que resguarden o hayan secuestrado por orden de autoridad judicial
competente o sin ella en los casos urgentes, sino que la remitirán intacta a ésta.
En caso de urgencia, justificado por el beneficio a la investigación, podrán ocurrir ante la autoridad
judicial más inmediata, solicitando la apertura.
Tampoco podrán difundir a los medios de prensa los nombres y fotografías de las personas
investigadas como participantes de un hecho, salvo que medie expresa autorización del órgano
judicial competente.
Art. 102.- Comunicación y procedimiento. Los funcionarios de la Policía de Investigaciones
Judiciales comunicarán inmediatamente al fiscal de turno todos los delitos que lleguen a su
conocimiento y practicarán los actos urgentes que la Ley autoriza y los que aquél les ordene,
observando las normas que este Código establece.
Sin perjuicio de lo dispuesto respecto a la presentación del aprehendido, las actuaciones y las cosas
secuestradas serán remitidas a la oficina judicial competente, dentro del plazo de dos (2) días de
iniciada la investigación; pero dicho órgano podrá prorrogarlo por igual término cuando aquélla sea
compleja o existan obstáculos insalvables.
Art. 103.- Sanciones. Los funcionarios y agentes policiales que violen disposiciones legales o
reglamentarias, que omitan o retarden la ejecución de un acto propio de sus funciones o lo cumplan
negligentemente, quedarán sujetos a la jurisdicción de sus respectivas autoridades y las
responsabilidades administrativas o penales que les correspondan.
Art. 104.- Otros preventores. Las mismas disposiciones regirán para la Policía de la Provincia de
Tucumán, cuyos oficiales y auxiliares deberán ejecutar las órdenes que les impartan los jueces y
fiscales, sin perjuicio de la autoridad general administrativa a que estén sometidos. También se
aplicarán a cualquier autoridad pública que realice actos de policía o tenga el deber de colaborar
en la investigación criminal.

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

Recolección de evidencias
Dado que se está ante una etapa donde las partes simplemente deben buscar evidencias para luego
en el juicio producir la prueba, no se requiere, desde la óptica que se viene presentando, una
formalidad o rigorismo excesivo e innecesario que lo único que logran es alejar al sistema del
ciudadano y colapsarlo de papeles y burocracia inútil, haciéndole perder tiempo, dinero y
enfrentándolo antagónicamente con el bloque de constitucionalidad, que exige otros parámetros
(investigación ágil, participación popular, presencia de la víctima, plazo razonable, soluciones
alternativas, oralidad, contradictoriedad, adversarialidad, etc.).

La desformalización implica la flexibilidad a la hora de la recopilación de evidencias para acreditar la


Teoría del caso, con tres límites muy concretos:

- La exclusión de la prueba ilícita

- El control y conocimiento por parte de las otras partes del proceso.

- La no afectación de garantías constitucionales de terceras personas.

Así, todas las evidencias (recuérdese que no son pruebas, sino que éstas son aquellas que se
producen en el juicio oral) se van recopilando en un “legajo de investigación”, el que luego servirá
de sustento para hacer la acusación formal, a través del requerimiento de juicio al Juez interviniente.
A dicho legajo se van incorporando testimonios, informes, pericias, documentos, y todo otro elemento
válido que sustente la hipótesis de la acusación. La defensa, por su parte, deberá seguir idéntico
camino, pudiendo citar testigos, requerir informes, solicitar documentos y toda otra medida que asiente
su tesitura. Sobre este último punto debe tenerse en cuenta que la Defensa, en el modelo acusatorio,
como ya hemos dicho, se proactiva, y no debe ceñirse a rebatir lo que la fiscalía imputa. La defensa
debe producir, debe activar los mecanismos para acreditar su hipótesis y no ser un mero espectador
pasivo de lo que hace o deja de hacer el Fiscal.

En este sentido, dice el art. 142 del nuevo CPPTUC:

Art. 142.- Actuaciones. Legajo de investigación. El fiscal formará un legajo de la investigación


sin formalidades, donde hará constar todos los elementos recabados en la investigación, accesible
a todas las partes.
Las actuaciones de la investigación preparatoria serán públicas para las partes o sus
representantes, pero no para terceros, salvo las audiencias orales, siempre que ello no afecte la
moral, el orden público, la seguridad o el éxito de la investigación.
Los abogados que invoquen un interés legítimo serán informados sobre el hecho que se investiga
y sobre los imputados se encuentren o no privados de su libertad.
Las actuaciones de la investigación preparatoria no tendrán valor probatorio para fundar la condena
del acusado, salvo aquellas que fueran recibidas de conformidad con las reglas del anticipo
jurisdiccional de prueba.
No obstante, aquellas podrán invocarse para solicitar o fundar una medida cautelar, plantear
excepciones, instar el sobreseimiento, propiciar la aplicación de algún criterio de disponibilidad de
la acción penal o dictar sentencia en el juicio abreviado.

Como se observa, si hay igualdad de partes y el fiscal tiene un legajo de investigación, entonces es
claro que la Defensa también puede tener el propio, que no sea una fotocopia del legajo del fiscal,
sino un legajo donde estén las hipótesis de la defensa y las evidencias que lo sustentan.

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

El no estar sujeto a formalidad alguna, implica que el Fiscal puede delegar las tareas investigativas en
la policía o en sus propios auxiliares, quienes harán informes firmados de todo lo actuado (vienen a
reemplazar las viejas actas de Secretaría), elevados al Fiscal e incorporados al legajo administrativo
anexo al legajo de investigación. No debe confundirse: los informes que hacen los delegados del Fiscal
con las evidencias que se incorporan al legajo y que tienen sustento propio: informes de organismos
públicos y privados, pericias, transcripciones, vistas fotográficas, audios, videos, etc.

En este sentido, desformalización no debe nunca confundirse con informalidad. Hay actos que deben
formalizarse siempre, aun en este contexto: el decreto de determinación de los hechos (puesto
contiene la hipótesis acusatoria, y luego será la base de la imputación y acusación, cumpliendo con el
principio de congruencia necesaria entre los tres eventos), las declaraciones de testigos o peritos o
expertos, la declaración del imputado, los actos que hagan a las diligencias probatorias con asistencia
de partes (sorteo de un perito, designación de audiencia, notificación a las partes). Asimismo, todo
acto de delegación del fiscal a sus subordinados debe estar expresamente previsto en un auto firmado
por él. En suma, no se trata de una etapa sin formas, sino de una etapa desformalizada.

Dentro de esta etapa, en forma sucedánea o contemporánea, aparece una subetapa o una serie de
actos que son formales, y que son los que hemos mencionado en virtud del principio de congruencia:
la determinación de los hechos, la citación del imputado, la puesta en conocimiento del caso y su
designación letrada, la fijación de audiencia para intimarlo del hecho, enumerarle las evidencias y
ofrecerle la oportunidad de hacer su descargo (quedando obligado el fiscal, en función de su doble rol
de actuar con objetividad y ser el garante de la legalidad del proceso, a la evacuación de las citas de
todo aquello útil que refiera el imputado), y luego el requerimiento de juicio.

Asimismo, también deben formar parte de la etapa o los actos formales toda aquella petición donde
resulten afectadas garantías constitucionales (intervención telefónica, reconocimientos,
allanamientos, medidas cautelares genéricas, clausuras, secuestros) o donde se invoque a un tercero
(testimoniales, periciales, reconstrucciones), la resolución de la misma y su realización, recordando
siempre que estamos ante una etapa pública para las partes, y por ello en estos actos formales
siempre deviene necesaria la notificación a las partes, quedando a su arbitrio si participan o no. Demás
está decir que en todos los actos formalizados debe existir necesariamente participación del Juez de
control o garantías, en tanto resultan afectadas éstas últimas.

C. ACTOS PROCESALES

Reglas aplicables
a) No debe iniciarse nunca una causa sin un conflicto penal previo. No debe forzarse la Ley penal para
adecuarla a la pretensión punitiva.

b) Siempre debe estarse ante la mínima intervención, en el sentido de propiciar métodos alternativos
de solución de conflictos, mediaciones vecinales, autocomposición, etc.

c) Dado que la declaración del imputado es un acto de defensa de éste y no un medio de prueba – en
tanto no se admite la utilización del hombre como un medio procesal – se aconseja llevar adelante la
investigación preparatoria, reunir las evidencias, para finalizar sí con la intimación de los hechos al
imputado, la proposición de algún medio alternativo de solución si se da el caso y si no, la elevación
a juicio.

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

d) Debe prestarse especial atención a la incorporación de elementos de evidencia al legajo de


investigación: seguimiento de la cadena de custodia, intervención necesaria de la Defensa en todos
los actos, chequeo de lo actuado por la prevención (incluso convocado a la Fiscalía a los policías
intervinientes). Todo ello se relaciona con la necesidad de evitar nulidades a posteriori en el juicio oral,
que asimismo repercuten negativamente en la credibilidad del Fiscal.

Art. 107.- Reglas. En los actos procesales se observarán las siguientes reglas:
1. Fecha. Deberá consignarse el día, mes y año, y la hora cuando la Ley lo exija o sea conveniente.
2. Día y hora. Se cumplirán en días y horas hábiles, sin perjuicio de las habilitaciones que disponga
el juez. Los actos de investigación, salvo excepciones expresamente dispuestas, se podrán cumplir
en cualquier día y hora;
3. Idioma. Todos los actos procesales deberán cumplirse en idioma nacional;
4. Lugar. Deberá consignarse el lugar. Los fiscales y jueces podrán constituirse en cualquier lugar
del territorio provincial para la realización de los actos propios de su función.

Registración

Art. 111.- Documentación.


1. Medios. Los actos se deberán documentar por audio y/o video y por escrito, conforme al inciso
5). Se utilizarán imágenes y sonidos para documentar actos de prueba o audiencias, quedando
prohibida toda forma de edición, tratamiento o modificación de los registros.
2. Autenticidad e inalterabilidad. Se deberá asegurar su autenticidad e inalterabilidad.
3. Reserva del original. Se deberá reservar el original en condiciones que aseguren su inviolabilidad
hasta el juicio, sin perjuicio de la obtención de copias que podrán utilizarse para otros fines del
proceso.
4. Formalidades esenciales. Las formalidades esenciales de los actos deberán surgir del mismo
registro y, en caso de no ser posible, de un acta complementaria.
5. Actas. Las diligencias que deban asentarse en forma escrita, contendrán: a) La mención del
lugar, fecha, hora, la autoridad ante la cual se celebra el acto y la que lo hubiera ordenado, en su
caso, y la indicación de las diligencias realizadas y su resultado;
b) La identificación y la firma de todos los que participaron en el acto, dejándose constancia de las
razones de aquél que no la firme, o del que lo hace a ruego o como testigo de actuación.
La omisión de estas formalidades sólo priva de efectos el acta, o torna invalorable su contenido,
cuando ellas no puedan ser suplidas con certeza sobre la base de otros elementos de prueba. Las
actas que labre el fiscal llevarán su firma. Los funcionarios de la Policía u otra fuerza de seguridad
que deban registrar actos definitivos o irreproductibles, tales como secuestros, inspecciones
oculares, requisas personales y allanamientos, serán asistidos por dos testigos que no pertenezcan
a la misma fuerza que interviene en el acto, salvo casos de urgencia o imposibilidad de
conseguirlos, lo que deberá justificarse y hacerse constar.
Art. 119.- Registración. De la audiencia se labrará acta que contendrá:
1) Lugar y fecha con indicación de la hora de inicio y finalización, así como de las suspensiones y
de las reanudaciones;
2) Mención de los jueces, de las partes y demás personas que hubieren intervenido;
3) Datos personales del imputado;

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

4) Solicitudes y decisiones producidas;


5) Firma del juez y funcionario o empleado responsable de labrar el acta.
Las audiencias se registrarán en forma íntegra, en audio y/o video, o por cualquier medio con el
que se asegure la fidelidad. Las partes tendrán derecho a obtener copias fieles de los registros. Los
registros se conservarán hasta la terminación del proceso y serán públicos, salvo en los casos en
que las audiencias se hayan cumplido en forma privada.

Audiencias

Art. 115.- Modalidad. Todas las personas que participen en una audiencia se expresarán en forma
oral. No se admitirá la lectura de escritos o declaraciones salvo la lectura parcial de notas. Quienes
no puedan hablar o no entiendan el idioma español declararán por escrito o por medio de
intérpretes.
Art. 116.- Publicidad. Las audiencias serán públicas. No obstante, el juez o tribunal podrá decidir
fundadamente que se realice total o parcialmente en forma privada cuando: 1) Afectare el pudor, la
vida privada o implicara una amenaza para la integridad física de alguno de los intervinientes; 2)
Peligrare un secreto oficial, profesional, particular, comercial o industrial cuya develación causare
perjuicio grave. El tribunal podrá imponer a las partes, funcionarios y personal que intervinieren en
el acto el deber de guardar secreto sobre los hechos que presenciaron o conocieron.
No podrán ingresar a la sala de audiencias personas que se presenten en forma incompatible con
la seguridad, orden e higiene de la audiencia ni los menores de doce (12) años, salvo cuando sean
acompañados por un mayor que responda por su conducta.
Art. 117.- Medios de comunicación. Los representantes de los medios de comunicación podrán
presenciar las audiencias e informar al público sobre lo que suceda.
El juez o el tribunal señalarán en cada caso las condiciones en que se ejercerán esas facultades y,
por resolución fundada, podrá imponer restricciones cuando sea perjudicial para el desarrollo del
juicio o puedan afectarse los intereses indicados en el artículo anterior, equilibrando aquel interés
y la libertad de informar. Si la víctima o un testigo solicitan que no se autorice a los medios de
comunicación a que se grabe su voz o su imagen, el tribunal examinará los motivos y resolverá en
función de los diversos intereses comprometidos.
Art. 118.- Desarrollo. Las audiencias se realizarán con la presencia de los jueces y de todas las
partes, salvo las excepciones que se establecen en este Código.
Los funcionarios auxiliares del Ministerio Público Fiscal y del Ministerio Público de la Defensa
podrán intervenir en las audiencias conforme a las directivas y bajo la responsabilidad del fiscal o
defensor titulares. En el debate oral sólo podrán intervenir en presencia del fiscal o defensor
titulares.
El tribunal otorgará la palabra a las partes, comenzando por aquélla que hubiese hecho el planteo
o presentado la solicitud. Siempre la última palabra le será conferida a la defensa.
Las partes deberán expresar sus peticiones de modo concreto y los jueces podrán requerir
precisiones y/o aclaraciones para determinar los alcances de tales peticiones.
Art. 119.- Registración. De la audiencia se labrará acta que contendrá: 1) Lugar y fecha con
indicación de la hora de inicio y finalización, así como de las suspensiones y de las reanudaciones;
2) Mención de los jueces, de las partes y demás personas que hubieren intervenido; 3) Datos
personales del imputado; 4) Solicitudes y decisiones producidas; 5) Firma del juez y funcionario o

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

empleado responsable de labrar el acta. Las audiencias se registrarán en forma íntegra, en audio
y/o video, o por cualquier medio con el que se asegure la fidelidad. Las partes tendrán derecho a
obtener copias fieles de los registros. Los registros se conservarán hasta la terminación del proceso
y serán públicos, salvo en los casos en que las audiencias se hayan cumplido en forma privada.

Inadmisibilidad

Art. 136.- Inadmisibilidad. La inadmisibilidad de los actos de parte será declarada: 1) Cuando
estuviese prescripta por la Ley; 2) Cuando se intentase actuar sin tener facultad o ésta se hubiere
extinguido o agotado por caducidad o preclusión. Si un acto de parte fuera erróneamente admitido,
sus efectos serán invalidados, salvo que la deficiencia se corrigiera oportunamente o que el acto
haya alcanzado su finalidad respecto de todos los interesados.

Actividad procesal defectuosa

Art. 137.- Principios generales. No podrán ser valorados para fundar una decisión judicial ni
utilizados como presupuesto de ella, los actos cumplidos con inobservancia de los derechos y
garantías del imputado previstos en la Constitución de la Nación, en los Tratados Internacionales
de Derechos Humanos con jerarquía constitucional, en la Constitución de la Provincia y en este
Código.
Tampoco podrán ser valorados los actos cumplidos con inobservancia de las formas, que obsten al
ejercicio del derecho a la tutela judicial de la víctima o impidan el ejercicio de los deberes y
facultades del fiscal salvo que el defecto haya sido convalidado, subsanado o no se hubiera
protestado oportunamente por él.
Art. 138.- Saneamiento. Todos los defectos deberán ser inmediatamente saneados, renovando el
acto, rectificando el error, o cumpliendo el acto omitido; a petición del interesado o cuando sean
advertidos.
Cuando la invalidez se funde en la violación de una garantía establecida en favor del imputado el
proceso no podrá retrotraerse a etapas anteriores, salvo petición expresa del mismo.
Se entenderá que el acto se ha saneado cuando, no obstante la irregularidad, ha conseguido su fin
respecto de todos los interesados.
1. Protesta. Cuando el defecto fuera subsanable, el interesado deberá formular la protesta,
mientras se cumple el acto o inmediatamente después de cumplido cuando hubiese estado
presente en él; y antes de dictarse la decisión a impugnar, cuando no hubiere estado presente.
Si, por las circunstancias del caso, fue imposible advertir oportunamente el defecto, el interesado
deberá formular la protesta dentro de las veinticuatro (24) horas de conocerlo. La protesta implicará
el reclamo de subsanación y deberá describir el defecto individualizando el acto viciado o el requisito
omitido, proponiendo la solución que correspondiera. Se sustanciará según lo previsto para la
reposición.
2. Defectos absolutos. Aunque pueda formularse, no será necesaria la protesta previa y podrán
ser invalidados aún de oficio, en cualquier estado y grado de la causa, los defectos concernientes:
a) A la intervención, asistencia y representación del imputado en los casos y formas que la ley
establece, o b) Los que implicaran inobservancia de derechos y garantías previstos por la
Constitución Nacional, por los Tratados Internacionales con jerarquía constitucional y por la

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

Constitución Provincial. En estos casos el imputado podrá impugnar, aunque tuviera


responsabilidad en la provocación del defecto.

Convalidación

Art. 139.- Convalidación. Los defectos formales que afectan al fiscal o al querellante quedarán
convalidados en los siguientes casos:
1) Cuando ellos no hayan efectuado protesta y solicitado su saneamiento conforme al Artículo 138
punto 1; y
2) Cuando hayan aceptado, expresa o tácitamente los efectos del acto.

D. DURACIÓN

Plazos de la investigación penal preparatoria


Un requisito formal, que no hace a acto alguno si no que lo hace a la etapa en sí, es el plazo de
duración de esta, el que, a diferencia de lo que ocurría con anterioridad al nuevo CPPTUC, era un
plazo meramente ordenatorio para el Juez (o eso habían interpretado erróneamente los Tribunales
pese a que el Código era claro).

La garantía del plazo razonable adquiere especial relevancia tras la reforma constitucional de 1994,
puesto que la incorporación a la Constitución Nacional de los principales tratados sobre Derechos
Humanos con jerarquía constitucional ha contribuido a reforzar la idea de que la puesta en tela de
juicio del estado de inocencia por obra de la persecución penal no puede durar más allá de cierto
término.

De allí que se reconozca el derecho del/a imputado/a de ser juzgado/a sin dilaciones indebidas, o sea,
el derecho a obtener un pronunciamiento que definiendo su posición frente a la ley y a la sociedad
ponga término de una vez y para siempre, del modo más rápido posible, a la situación de incertidumbre
y de innegable restricción de la libertad que importa su sometimiento al proceso penal que lo/a hace
padecer física y moralmente.

En el derecho a ser juzgado/a sin dilaciones indebidas se halla implícito el principio de celeridad que
es, por otra parte, consecuencia de la limitación de derechos que genera el proceso penal para las
personas que se ven afectadas en él. Pero no sólo se trata de un principio de protección del/a
inculpado/a sino también de un principio práctico del proceso penal, pues toda pérdida de tiempo
corre, por el debilitamiento de la prueba, sobre todo testifical, contra la finalidad de un proceso
orientado a la verdad de la reconstrucción del hecho y al restablecimiento pronto de la paz jurídica.

Esta garantía fue receptada en diferentes instrumentos internacionales. En este sentido, la


Declaración Universal de Derechos Humanos en su art. 6.1 reconoce a toda persona el derecho a que
su causa sea oída dentro de un plazo razonable. La Convención Americana sobre Derechos Humanos
en su art. 8.1 dispone, entre las garantías judiciales, que toda persona tiene derecho a ser oída dentro
de un plazo razonable en la sustanciación de una acusación penal. El Pacto Internacional de Derechos
Políticos y Civiles, además de su preocupación por los plazos de detención irrazonables -Art. 9, inc.
3°-, también consagró en el art. 14, inc. 3 c), el derecho de toda persona acusada de un delito a ser
juzgada sin dilaciones indebidas. La Convención sobre los Derechos del Niño, art. 40.2.b.III, establece

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

que “todo niño del que se alegue que ha infringido las leyes penales o a quien se acuse de haber
infringido las leyes, se le garantice, por lo menos (...) que la causa será dirimida sin demora...”.

A su vez, la Corte Interamericana de Derechos Humanos refirió que “[el plazo razonable] no es un
concepto de sencilla definición. Se puede invocar para precisarlo los elementos que ha señalado la
Corte Europea de Derechos Humanos en varios fallos en los cuales se analizó el concepto…”.

Asimismo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha expresado “...que el Estado proceda


al enjuiciamiento penal de todos los delitos, no justifica que se dedique un período de tiempo ilimitado
a la resolución de un asunto de índole criminal. De otro modo, se asumiría de manera implícita que el
Estado siempre enjuicia a culpables y que, por lo tanto, es irrelevante el tiempo que se utilice para
probar la culpabilidad”.

Por su parte, la Corte Suprema de Justicia Nacional –incluso con anterioridad a la reforma de 1994-
reconoció, a través de distintos fallos, el derecho a obtener un pronunciamiento judicial rápido que
defina la posición de una persona frente a la ley y la sociedad, y ponga punto final al estado de
incertidumbre que todo proceso penal importa.

El fallo “Mattei” puede ser considerado como el leading case. La Corte ha establecido en este
precedente que la garantía constitucional de la defensa en juicio incluye el derecho de todo imputado
a obtener un pronunciamiento que, definiendo su posición frente a la ley y a la sociedad, ponga término
del modo más breve a la situación de incertidumbre y de restricción de la libertad que comporta el
enjuiciamiento penal y que esto obedece además al imperativo de satisfacer una exigencia
consustancial que es el respeto debido a la dignidad del hombre, que se traduce en el derecho que
tiene toda persona de liberarse del estado de sospecha que importa la acusación de haber cometido
un delito.

También ha sostenido en el caso “Polak” que: “...la necesidad de lograr una administración de justicia
rápida dentro de lo razonable, evitándose de ese modo que los procesos se prolonguen
indefinidamente; pero, además, y esto es esencial atento los valores que entran en juego en el juicio
penal, obedecen al imperativo de satisfacer una exigencia consustancial con el respeto debido a la
dignidad del hombre, cual es el reconocimiento del derecho que tiene toda persona a liberarse del
estado de sospecha que importa la acusación de haber cometido un delito, mediante una sentencia
que establezca de una vez para siempre, su situación ante la ley penal...”.

En tal sentido, señala Daniel Pastor que “Así como el proceso debe cesar cuando la acción ha
prescripto o cuando el hecho ya ha sido juzgado, debido a que estas circunstancias obstaculizan la
constitución o continuación válida de la relación procesal, también la excesiva duración del proceso
penal, en tanto violación de una garantía básica del acusado, conduce a la ilegitimidad del proceso,
es decir, su inadmisibilidad, y por tanto, a su terminación anticipada e inmediata, único modo aceptable
desde el punto de vista jurídico –pero también lógico e incluso desde la perspectiva del sentido común-
de reconocer validez y efectividad al derecho tratado”.

En consecuencia, el análisis respecto a la posible afectación del plazo razonable en cada caso
concreto, en tanto supone la vulneración de garantías de la persona penalmente perseguida, pero
también un avasallamiento de los límites materiales temporales del ejercicio del ius puniendi,
constituye una cuestión de orden público y debe ser declarada de oficio, produciéndose de pleno
derecho y debiendo ser resuelta en forma anterior a cualquier decisión sobre el fondo.

Si fenecido el nuevo plazo el representante del Ministerio Público Fiscal o el querellante no formularen
acusación, el juez procederá a intimarlos bajo apercibimiento de falta grave o causal de mal
desempeño.

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

Si una investigación preparatoria se hubiere formalizado respecto de varios imputados, los plazos
correrán individualmente salvo que por las características de los hechos atribuidos, no resultare
posible cerrar la investigación preparatoria respecto de aquéllos de manera independiente.

Si con posterioridad a la formalización de la investigación preparatoria se descubrieran nuevos hechos


o se individualizaran nuevos imputados que obligaren a la ampliación de aquélla, los plazos
establecidos comenzarán a correr desde este último acto”.

Claramente, el plazo de duración de la IPP es un plazo perentorio, de orden público y que asimismo
debe respetar la garantía que anotamos.

Art. 113.- Plazos. Los actos procesales serán cumplidos en los plazos que establece este Código
y según su naturaleza observándose las siguientes prescripciones: 1) Los plazos legales y
judiciales serán perentorios y vencerán a las veinticuatro (24) horas del último día señalado,
provocando la caducidad de las instancias o de la petición de las partes. Si el término fijado venciese
después de las horas de oficina, el acto podrá cumplirse al día siguiente con el cargo extraordinario
que fija la Corte. 2) El plazo fijado en horas comienza a correr desde la hora de recepción de la
respectiva notificación, sin interrupción; 3) El plazo determinado en días comienza a correr al día
siguiente de practicada su notificación. A esos efectos, se computarán sólo los días hábiles, salvo
que la Ley disponga expresamente lo contrario o que se refiera a medidas cautelares, caso en el
cual se computarán días corridos; 4) El plazo común comienza a correr a partir de la última
notificación que se practique a los interesados. El plazo individual con la notificación a la parte
interesada. 5) Cuando el plazo fuere judicial, el juez lo fijará conforme la naturaleza del proceso e
importancia de la actividad que se deba cumplir, teniendo en cuenta los derechos de las partes. 6)
Las partes podrán solicitar la reposición total o parcial del plazo, cuando por defecto de la
notificación, o razones de fuerza mayor o caso fortuito, no hayan podido observarlo. Dicha solicitud
deberá formularse dentro de los cinco (5) días siguientes a aquél en que hubiere cesado el
impedimento 7) Las partes no podrán acordar la prórroga de un plazo. La parte a cuyo favor se ha
establecido un plazo podrá renunciarlo o abreviarlo mediante expresa manifestación de voluntad
que deberá ser conjunta cuando el plazo sea común.
Art. 114.- Vencimiento. Efectos. El vencimiento de un plazo perentorio fijado para los órganos
judiciales, sin que se haya cumplido el acto para el que está determinado, importará el cese
automático, de la intervención en la causa, del juez, tribunal o representante del Ministerio Público
al que dicho plazo le hubiere sido acordado. En tales casos, aquéllos serán reemplazados por el
magistrado o funcionario que legalmente corresponda.
Las disposiciones de este artículo sólo son aplicables al juez, tribunal o representante del Ministerio
Público titular y no a quienes ejercieran competencia interinamente por subrogancia en caso de
vacancia o licencia.
El cese de intervención del magistrado o funcionario constitucional, por este motivo, constituye falta
grave, debiendo comunicarse al órgano que ejerza la superintendencia y sin perjuicio de que su
reiteración lo haga pasible de la apertura del proceso por ante el Jurado de Enjuiciamiento de la
Provincia de Tucumán

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Derecho Procesal I – Modulo 9 – Etapa Preparatoria

Duración del proceso


Este ha sido el norte en los nuevos códigos procesales. Así, por ejemplo, el nuevo CPPTUC dice en
sus Art.229 y 251 Inc. 7:

Art. 229.- Duración. La etapa preparatoria tendrá una duración máxima de seis (6) meses desde
la apertura de la investigación. Transcurrido ese plazo será de aplicación el Artículo 251 inciso 7),
si no hubiere mérito para formular requerimiento de apertura a juicio o la prórroga de la etapa
preparatoria. No obstante, el imputado o el querellante podrán solicitar al juez que fije un plazo
menor cuando no exista razón para la demora. Se resolverá en audiencia oral y pública.
El fiscal o el querellante podrán solicitar una prórroga de la etapa preparatoria cuando la pluralidad
de víctimas o imputados, o las dificultades de la investigación hagan insuficiente el plazo establecido
por el juez.
El juez motivadamente fijará prudencialmente el plazo de prórroga, que no podrá exceder de cuatro
(4) meses. Cuando un acto concreto de investigación tampoco pueda cumplirse dentro de este
último término, se podrá solicitar al Colegio de Jueces una nueva prórroga que no excederá de
cuatro (4) meses. Transcurrido el mismo, se sobreseerá, excepto oposición fundada de la querella
cuando las demoras no le sean atribuibles, en cuyo caso el juez podrá fijar un plazo excepcional
que en ningún caso excederá de cuatro (4) meses.
Los jueces penales prestarán atención a los reiterados pedidos de ampliación formulados por un
mismo fiscal en distintas causas, y, en su caso, de oficio o a pedido de parte, pasarán los
antecedentes al Fiscal General o al Ministro Fiscal, a sus efectos.
Art. 251.- Sobreseimiento. El sobreseimiento procederá a requerimiento del fiscal o a petición de
parte en cualquier estado del proceso cuando: 1) El hecho no se cometió; 2) El imputado no es
autor o partícipe del mismo; 3) El hecho no encuadra en una figura legal; 4) Mediare una causa de
justificación, inimputabilidad, inculpabilidad o excusa absolutoria; 5) La acción penal se extinguió;
6) No existiere posibilidad razonable de incorporar nuevos elementos de prueba ni fundamentos
para requerir la apertura a juicio; 7) Ha vencido el plazo máximo de duración de la etapa
preparatoria o de la duración máxima del proceso; 8) Se ha aplicado un criterio de oportunidad
en los supuestos del Artículo 28 y también en los supuestos de conciliación (Artículo 31) y
reparación (Artículo 33).

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