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Mauritania.

© Tdh / Christian Brun

El Enfoque Restaurativo
en la Justicia Juvenil

Por Fabrice Crégut, Consejero justicia juvenil en Tdh


© Terre des hommes, 21/10/2016
Contenido
Introducción ......................................................................................................................... 3
I - La reparación como proceso de aprendizaje................................................................. 5
A. La contribución de las neurociencias : la justicia restaurativa y el desarrollo del niño.5
1) Los vínculos entre justicia y neurociencias y sus derivas potenciales ............. 5
2) Los aportes de las neurociencias a la justicia juvenil......................................... 6
B. Implicaciones de los diferentes aspectos procesales sobre la reparación ................ 8
1) El jóven en el centro del proceso de reparación ................................................. 8
2) Los diferentes caminos que llevan a la reparación ............................................. 9
II – La reparación en el sistema de justicia: ¿ una cuestión de eficacia? ...................... 12
A. Una eficacia demostrada, pero siempre discutida ...................................................... 12
1) La eficacia de la justicia juvenil restaurativa en cifras...................................... 12
2) La justicia restaurativa frente a sus detractores ............................................... 14
B. El lugar de la justicia restaurativa en la administración de justicia juvenil .............. 15
1) El enfoque restaurativo: un modelo de justicia juvenil marginal ..................... 15
2) La incorporación de la reparación en el seno de modelos complejos ............ 17
Conclusión ......................................................................................................................... 19
Bibliografía ......................................................................................................................... 20

2 - 23
Introducción
¿Quién no recuerda la imagen de un profesor pidiéndole a uno de sus alumnos que se disculpe
por haber roto el juguete de uno de sus compañeros ? Siempre que sea posible, por supuesto,
podremos incluso pedirle al niño que arregle el objeto roto, para oírle decir, con un suspiro de
alivio, que le hubiera gustado evitar su gesto destructor. Al proceder de ese modo, con
benevolencia, muchos adultos establecen un proceso simplista de reparación inherente al
aprendizaje de los niños.

En materia de justicia para niños, no se puede evocar la reparación sin pensar en la justicia
restaurativa 1.En su forma más « pura », la justicia restaurativa se distingue de la justicia
convencional por el hecho de que aquella no considera el delito como la transgresión de una
norma establecida, sino como daños sociales derivados de conflictos entre individuos, ya sean
patrimoniales (robo), físicos (heridas) o síquicos (traumatismos) (Walgrave, 2002). En ese caso, la
justicia representa más un asunto de la comunidad que del Estado. El objetivo se convierte pues
en encontrar una solución al problema causado, antes que imponer un sufrimiento proporcional a
un daño, tal como querría la justicia simplemente represiva. Esta solución, la reparación, es el
resultado de un proceso informal que favorece la expresión de los sentimientos y de las
emociones, más que el seguimiento de procedimientos legales preestablecidos.

El proceso de reparación es un elemento central de la justicia restaurativa según lo han teorizado


sus descubridores en los años 70-90. Sin embargo, las prácticas restaurativas no han aparecido
con su teorización, sino que existen huellas de antes de la aparición de la escritura y desde
entonces han estado presentes en diversas formas en el transcurso de los siglos (Gavrielides,
2011). Además, esas prácticas se han observado en todas las culturas y en todas las regiones del
mundo (Commission for Crime Prevention and Criminal Justice CCPCJ, 2002). La justicia
restaurativa expedida por la comunidad fuera de la justicia convencional propuesta por el Estado,
sigue hoy en día muy extendida en los países de ingresos bajos o medianos, especialmente en
Oriente Medio, en África, América Latina y en Asia (Harper, 2011).

Si bien la mayoría de los autores coinciden en el hecho de que la justicia restaurativa permite
resolver los conflictos entre individuos, no hay acuerdo general sobre la definición, la finalidad y el
alcance de este enfoque de la justicia. Mientras que Nils Christie y Howard Zehr así como los
estándares internacionales 2, coinciden en el hecho de que la justicia restaurativa se basa sobre la
reapropiación del proceso de justicia por la víctima y el autor de la infracción, otros autores, tal
como Lode Walgrave, han ampliado el concepto de justicia restaurativa a sus objetivos,
incluyendo así todos los procesos de justicia que busquen la reparación, sin necesariamente
hacer participar activamente a la víctima y al autor (Perrier, 2010).

Esta distinción entre dos escuelas de pensamiento sobre la justicia restaurativa es fundamental
puesto que cuestiona la definición de la justicia restaurativa, que sin ser el objeto tratado aquí, nos
interesa en lo que pueda afectar los objetivos, las modalidades y los resultados de la justicia

1
En este artículo, noharemos distinción entre justicia restauradora, reparadora o restaurativa.
2
Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), Resolución 2002/12 : Principios fundamentales
relativos al recurso a programas de justicia reparadora en materia penal, 24 de Julio de 2002, E/RES/2002/12,
Consultado el 03/04/2016 : http://www.refworld.org/docid/46c455820.html
3 - 23
juvenil. Sin embargo, el debate sobre la definición de la justicia restaurativa no está cerrado y al
final, la pertinencia de encerrar este enfoque en una definición dogmática es cuestionable (Zehr&
Gohar, 2003). El hecho es que la distinción entre esas dos escuelas de pensamiento lleva a
concebir la justicia restaurativa en una acepción pura – la de Howard Zehr – haciendo participar
en la medida de lo posible al autor y a la víctima, y, potencialmente, a cualquier otro miembro de la
comunidad, y una acepción maximalista – la de Lode Walgrave – que considera que la justicia
restaurativa incluye cualquier enfoque de justicia que trate de enmendar los sufrimientos y los
daños infligidos a la víctima sea cual sea el proceso utilizado.

La distinción es esencial, puesto que vamos a explorar los distintos elementos de literatura y de la
práctica que confirman que lo fundamental en el logro de los objetivos de la justicia juvenil es el
proceso de participación del niño en los mecanismos de construcción de una reparación,. Esos
objetivos también podrían ser ampliamente discutidos, pero examinaremos elementos propuestos
por los estándares internacionales que opinan que la finalidad de un sistema de justicia juvenil
consiste en « prevenir y contener la delincuencia juvenil respetando los derechos humanos y los
derechos del niño 3 », es decir, garantizando al niño « ser tratado de manera acorde con el
fomento de su sentido de la dignidad y del valor personal, que fortalezca su respeto por los
derechos humanos y las libertades fundamentales de los demás, y que tenga en cuenta su edad y
la necesidad de facilitar su reintegración en la sociedad y hacerle asumir un papel constructivo
dentro de ella 4 ».

Finalmente, considerar la reparación en el ámbito de la justicia juvenil, equivale a preguntarse ¿


cómo contribuye la reparación al logro de los objetivos de la justicia juvenil ? ¿ Es eficaz para
conseguirlo ? ¿ Cuáles deberían ser los mecanismos ? Y, de manera más amplia, ¿ qué lugar
ocupa la justicia restaurativa en un modelo de justicia juvenil ? No podremos responder de modo
exhaustivo a todas estas preguntas pero trataremos de establecer pistas de reflexión con
contribuciones de las ciencias contemporáneas, experiencias y reflexiones más recientes.
Para ello, primero nos vamos a interesar en los últimos desarrollos de las ciencias duras que
confirman la idea de que el proceso de elaboración de una reparación cara a cara con la víctima y
el seguimiento de su aplicación, constituye el núcleo central del proceso de aprendizaje del joven
en conflicto con la ley (I). Los efectos que esos procesos pueden tener en el joven varían según
los diferentes métodos de justicia restaurativa utilizados; abordaremos ciertos aspectos
procesales. Veremos que estos procesos restaurativos obtienen su fuerza de la atención prestada
en primer lugar a los actores implicados, el autor y la víctima, y de la dinámica a través de la cual
alcanzan una reparación, en un dialogo basado en los sentimientos y en el intercambio de
percepciones. A continuación, consideraremos la falta relativa de reconocimiento de la justicia
restaurativa en los sistemas de justicia juvenil contemporáneos, pese a la convergencia de los
estudios criminológicos que demuestran su eficacia (II).
Veremos que la reparación podría ser el centro de sistemas de justicia potencialmente complejos,
que reconozcan, por ejemplo, los mecanismos de justicia consuetudinaria, y sin embargo
adaptados a los niños.

3
Observación General n°10 del Comite de los Derechos del Niño.
4
Articulo 40 de la Convención relativa a los Derechos del Niño.
4 - 23
I – La reparación como proceso de aprendizaje
En esta parte, consideraremos cómo el proceso restaurativo actúa sobre el niño en conflicto con
la ley como un proceso de aprendizaje, de forma mucho más pertinente que lo haría una pena de
prisión, y cómo las neurociencias han permitido confirmar esta hipótesis que ya midieron las
ciencias penales (A).Veremos a continuación, cómo los diferentes procesos restaurativos implican
al niño en un enfoque de reparación (B).

A. La contribución de las neurociencias: la justicia restaurativa y el desarrollo del niño

1) Los vínculos entre justicia y neurociencias y sus derivas potenciales


Varias disciplinas en las ciencias humanas intentaron explicar los vínculos entre justicia y
desarrollo del niño, ya sea en sociología del derecho o en sicología. En sicología, la teoría del
apego ha demostrado, por ejemplo, que existen vínculos entre la privación de cuidado de los
padres en los primeros años de vida y actos de delincuencia en la adolescencia (Bowlby, 1969).
En sociología del derecho, la teoría de la humillación reintegrativa 5 sostiene que una
desaprobación de los actos delictivos donde se respeta al mismo tiempo al autor y se le somete a
procedimientos de perdón y de reparación permite prevenir la delincuencia, más que la
estigmatización (Braithewaite, 2002). Estas disciplinas no obstante, han sido alcanzadas por las
ciencias llamadas « duras » y los avances recientes en materia de imágenes médicas del cerebro
han introducido las neurociencias en el debate sobre la prevención de la delincuencia juvenil.

El vínculo entre justicia juvenil y neurociencias ya existía para los niños en conflicto con la ley que
padecen de trastornos y enfermedades mentales. Sin que eso implique ningún vínculo de
causalidad entre el hecho que los niños que padecen de trastornos y enfermedades mentales
estén más dispuestos a cometer infracciones que los otros, estudios han mostrado que los niños
en conflicto con la ley presentan más síntomas, trastornos y enfermedades mentales que la
población general de niños (Perler, 2015). Así, estos resultados han permitido influenciar las
políticas penales a través de la oferta de servicios terapéuticos específicos para esos niños, y
cuando ha sido indicado, mediante la reducción de su responsabilidad penal.

No obstante, parece importante establecer aquí una advertencia contra una desviación de la
utilización de las ciencias médicas en la justicia juvenil que tendería a querer curar a un niño
« que padezca de delincuencia », como si padeciera de una enfermedad, mediante un enfoque
que promueve todo lo que sea terapéutico. Como recordaba el ex Ministro de Justicia Francés
Robert Badinter, « la delincuencia no es una enfermedad » (Le Monde, 8 de Septiembre de
2007).

En el mejor de los casos, los partidarios de un enfoque terapéutico de la justicia juvenil tienden a
pensar que ésta debería acompañarse de un proceso de socialización. Por otra parte, los
partidarios de la justicia restaurativa aceptan que un proceso únicamente restaurativo puede
tener sus límites si no se acompaña de un proceso terapéutico en ciertos casos (Johnstone,
2002).

5
Traducción aproximativa del inglés « reintegrating shaming ».
5 - 23
Una vez adoptadas estas precauciones, es importante interesarse en los últimos descubrimientos
en éste ámbito. El desarrollo progresivo de las imágenes médicas por resonancia magnética en
los 20 últimos años ha permitido efectivamente destacar los vínculos existentes entre el
funcionamiento biológico del cerebro y los comportamientos, sin intervención intrusiva en el
cuerpo humano (Walsh, 2011). Estas innovaciones científicas recién empiezan a influir en la
administración de la justicia juvenil, y deberían hacerlo cada vez más en los próximos años.

2) Los aportes de las neurociencias a la justicia juvenil


Si bien las ciencias penales han observado desde hace tiempo que la edad tiene un vínculo
directo con el paso al acto ilícito, lo que se traduce en una representación excesiva de los jóvenes
en conflicto con la ley cuyas edades oscilen entre 15 y 25 años (Gottfredson & Hirschi, 1990),
éstas no habían necesariamente logrado determinar el porqué.

Los últimos descubrimientos en neurociencias han arrojado luz sobre esta cuestión, demostrando
que el cerebro de un joven puede ser considerado como « subdesarrollado » en comparación con
el de un adulto, y que el proceso de maduración de este joven cerebro implica reajustes y
mejoras permanentes de las estructuras implicadas en los procesos cognitivos, sociales y
emocionales, y en particular de la corteza pre frontal (Walsh, 2011). Las neurociencias también
han demostrado las deficiencias de los procesos vinculados con el juicio en los adolescentes,
comparándolos a un vehículo que experimenta la vida a plena velocidad y que no tiene frenos
eficaces. Ciertos jóvenes se conducen literalmente como si no hubiese límites, puesto que su
experiencia de vida no les han permitido enfrentarse a ellos.

¿ Debería esto liberar a los niños en conflicto con la ley de la responsabilidad de sus actos ? Los
avances de las neurociencias hacen resaltar que tal responsabilidad en el plano penal debería
ser atenuada, por lo menos parcialmente y en relación a su madurez, tal y como lo exige el
artículo 40 de la Convención de los Derechos del Niño. Si bien la cuestión de la edad y de la
importancia de esta atenuación se presta ampliamente a discusión y debería ser contestada caso
a caso, es sin embargo evidente que el castigo a través de una privación de libertad no se
debería encontrar entre las respuestas consideradas en primer lugar y para la mayoría de los
jóvenes. Efectivamente, ciertos autores han destacado el papel nefasto y contraproducente que el
encarcelamiento puede tener sobre el desarrollo sicosocial de los jóvenes, marginalizándolos y
saboteando así sus oportunidades de inserción en la sociedad (Scott & Steinberg, 2008, citado
por Walsh 2011). Por el contrario, los conflictos penales deberían representar para ellos una
ocasión de reconocer y de aprender de sus errores con el fin de establecer bases sólidas para su
futuro.

Esto es especialmente defendible si se examina, como lo sostiene el Dr. Christian Perler, clínico
en salud mental en justicia juvenil, la pequeña delincuencia como « un rito de iniciación
moderno », especialmente cuando se cometen infracciones en grupo o delante de testigos
(Perler, 2015). Este rito de las sociedades post-industriales, que no es un rito puesto que no está
acompañado por adultos de una comunidad en la que el niño vendría a integrarse, podría colmar
una falta provocada por la pérdida de influencia de lo religioso y de las comunidades que rodean
al joven.

6 - 23
Además, el aumento del tiempo que transcurre hasta el acceso a la edad adulta después de la
adolescencia en ciertas sociedades, contribuiría a una desaparición de las fronteras entre esas
edades y por lo tanto una búsqueda legítima (aunque expresada de modo ilícito) de marcadores
de pertenencia. Más allá de las infracciones cometidas por pura necesidad, la delincuencia se
convertiría así en el síntoma de una necesidad de reconocimiento por parte del mundo de los
adultos, expresado bajo la forma de una provocación contra las normas establecidas. Sería « uno
de los rituales de la fase de transición entre el mundo de la infancia y el del adulto, y la justicia de
los menores constituiría el envoltorio simbólico cuyo papel sería el de permitir la transmisión de
los límites de la libertad individual en una sociedad que fomenta la autonomía y la realización
personal y la excitación de la exploración de sus límites propios » (Perler, 2015). En otras
palabras, se podría considerar que al independizarse de los padres o de su entorno familiar, los
jóvenes aprenden a afinar su propio sentido de la justicia, y que este proceso se hace de modo
empírico cometiendo errores – a veces en desprecio a los demás – y corrigiéndolos.

Es ahí donde la justicia reparadora podría aportar soluciones a ese problema, puesto que los
mecanismos de la empatía están sometidos a prueba. En efecto, los estudios más recientes han
permitido mostrar que existen vínculos entre el desarrollo de las partes de cerebro implicadas en
la empatía y los comportamientos antisociales (Reisel, 2014). Esos estudios han mostrado que es
posible, incluso en los sujetos que se podrían considerar como los menos capaces de ser
rehabilitados – a saber psicópatas (que por definición no son capaces de empatía) – modificar
sus conexiones neuronales por estimulaciones específicas para volver a crear los mecanismos de
empatía que limitan los comportamientos antisociales. Esos estímulos están en juego en los
procesos de justicia restaurativa, en los cuales el autor no puede quedarse indiferente a lo vivido
y a la historia de la víctima. Eso sería aún más pertinente para adolescentes cuyos cerebros
están en plena formación. Se trata de una promesa notable para la justicia restaurativa que
ofrecería así la posibilidad de rehabilitar a los jóvenes utilizando lo que los especialistas llaman la
plasticidad cerebral.

En esas condiciones, se entiende la necesidad de los jóvenes que se exponen al cruce de los
límites establecidos por la ley, de ser involucrados en un proceso donde se les invite, en una
acción de aprendizaje, a reparar las consecuencias que sus actos hayan podido tener en sus
víctimas y en la sociedad, mucho más que la necesidad de ser sometidos a un sufrimiento para
reparar sus actos.

En la práctica, eso se traduce en el proceso de catarsis propio de un enfoque restaurativo. Para


Gérard Demierre, mediador penal para menores en Friburgo (Suiza) que facilita decenas de
mediaciones penales para menores cada año, la mediación penal ofrece a las personas un
espacio de confianza para recuperar lo que ocurrió, en un entorno que privilegie la escucha y la
expresión propicias para alcanzar una compresión mutua. El reconocimiento de la víctima como
tal por el autor es una de las claves del éxito de este proceso. La verbalización por las partes de
sus experiencias sobre lo vivido y la conciencia mutua de los sentimientos del otro, permite la
catarsis que señala la aparición del sentimiento de alivio en la víctima y del sentimiento de
responsabilidad en el autor. Este resultado podría abonarse al crédito de la teoría basada sobre
« la empatía de valores compartidos procedentes de procedimientos de interacción efectivos »
(Strang, Sherman, Mayo-Wilson, Woods, Ariel, 2013). Esta teoría debe contrastarse con la justicia
convencional, a menudo basada en la teoría de la pena justa que privilegia el sufrimiento del
delincuente – a través del encarcelamiento – para equilibrar el sufrimiento de la víctima, pero sin

7 - 23
intentar atenuarlo. Finalmente, para M. Demierre, « favorecer el acceso a la justicia restaurativa,
es darle la ocasión a la gente de sentirse mejor 6 » ().
A continuación consideraremos cómo pueden desempeñar ese papel los procesos restaurativos
en función de los mecanismos que los rigen.

B. Implicaciones de los diferentes aspectos procesales sobre la reparación

1) El joven en el centro del proceso de reparación


Los avances anteriores muestran que los retos en torno al proceso de reparación entre el niño-
delincuente y la víctima superan la simple puesta al día del perjuicio sufrido por esta última. De
hecho, uno no podría contentarse pensando que todos los procesos reparadores permiten
influenciar el comportamiento de los jóvenes autores de infracciones.

En el proceso restaurativo, los mecanismos que conducen al acuerdo de reparación son


importantes porque, para romper el ciclo de la reincidencia, es necesario un acontecimiento que
alcance lo que se podría comparar con un cierto « umbral mental ». Es fundamental que este
proceso se perciba de forma suficientemente profunda e intensa para que los individuos que
delinquen se dejen marcar por estos mecanismos conductuales, alternativos a los que inducen
los conflictos, con el fin de activar los circuitos de empatía (Reseil, 2014). Así pues, parece
evidente que los mecanismos que rigen esos procesos fisiológicos tienen una importancia
fundamental en el logro de los objetivos de cambio de comportamiento. Dicho de otro modo, la
forma en que el joven está involucrado en el proceso de reparación es la clave del aprendizaje
propuesto por la justicia restaurativa.

Ahora bien, existen numerosos modos alternativos de resolución de los conflictos que se mezclan
y se diversifican constantemente (McCold, 2001). Estos pueden ser clasificados según diferentes
parámetros que permiten así medir el carácter « restaurativo ». Los principales parámetros son el
nivel de participación de las partes en el proceso, el modo de solucionar el conflicto, la identidad
de la persona que facilita o decide cuál será la solución al conflicto, y el contenido del acuerdo.
Aquí, solo nos centraremos en los principales.

Como ya lo hemos visto, en el contexto de la justicia juvenil restaurativa, se pueden distinguir los
procesos que hacen intervenir directa y activamente al menor y a la víctima y otros en los que
otros actores están en el centro del proceso de decisión, buscando al mismo tiempo la reparación
del perjuicio. En la primera categoría, que podría titularse justicia juvenil « pura », volvemos a
encontrar la mediación penal, las conferencias de familia 7 y los círculos restaurativos (McCold,
2001).

En la segunda categoría, llamada justicia restaurativa maximalista, se encuentran los procesos en


los que otros actores deciden el resultado final del conflicto. Por tanto, concierne a los procesos
que tienen como objetivo alcanzar una reparación o una restitución del daño causado a la

6
Entrevista del 08/03/2016.
7
También llamadas Grupos consultativos familiares.
8 - 23
víctima, pero que se imponen, más o menos con el acuerdo del joven, por una autoridad judicial
(por ejemplo, un juez). Este es el caso de los procesos judiciales en los que un juez puede decidir
una reparación que el joven delincuente tendrá que aceptar. Se piensa, por ejemplo, en los
trabajos de interés general en Francia, en los servicios comunitarios en Australia, o en la
prestación personal en Suiza. En los círculos de sentencia 8, prácticas de justicia restauradora
autóctonas en Canadá, las partes son representadas por abogados y los miembros de la
comunidad, un juez y un fiscal, pueden verse obligados a participar en la decisión final (Perrier,
2011).

Contrariamente a la posición de muchos partidarios de una justicia restaurativa « pura », nosotros


pensamos que esta integración maximalista de la reparación no le quita necesariamente su
carácter restaurativo. Ello, dado que, si bien el hecho que el menor no forma parte de la decisión
puede efectivamente afectar su apropiación y su experiencia del proceso, éste sigue siendo más
recomendable que una simple privación de libertad como sanción.

No obstante, como lo hemos visto más arriba, los procesos en los que las partes deciden todo en
cuanto al resultado del conflicto parecen brindar más oportunidades de dar frutos que aquellos en
que éstas no son más que receptores de las decisiones. De partida, ello es verdad en cuanto a la
satisfacción que las victímas puedan obtener del proceso y de su resultado. Así, las víctimas se
muestran más satisfechas en el caso de reparación donde se les permite expresarse y obtener
excusas del joven autor que en aquellas en las que obtienen una simple reparación pecuniaria o
restitución (Strang & Sherman, 2007).

Eso también se aplica al joven, para quien el hecho de ser actor del proceso y de estar en el
centro del conjunto de las decisiones y de las acciones relacionadas con la reparación,
desarrollará más oportunidades de aprender, de comprender el imperativo social de respeto de
las leyes y de desarrollar así un sentido de la responsabilidad. Dentro de ésa lógica, la
responsabilización del joven se convierte en un proceso, un camino que es preferible que recorra
solo , en lugar de que lo haga bajo la amenaza de una autoridad.

2) Los diferentes caminos que llevan a la reparación


Así, la reparación es un proceso más complejo que la simple reparación de un perjuicio. Otros
elementos importantes pueden afectar la apropiación por parte del joven del proceso de
reparación. Sin ser exhaustivo, se podría citar, por ejemplo : las diferentes etapas del proceso, el
lugar y la función otorgados a los otros miembros de la comunidad y la posibilidad de recurrir a un
acompañamiento socio-educativo. Son muchas las opciones que pueden venir a sumarse a un
mecanismo de reparación para responder de modo más o menos específico a las necesidades
del joven.

Las diferentes etapas del proceso que ayudan a construir el acuerdo de reparación, juegan un
papel esencial para alcanzar el cambio de comportamiento esperado. Esas etapas pueden ser
largas y repetidas en el caso de la mediación penal que tiene lugar en varias etapas y en un largo
período (hasta varios meses) o cortas y poco existentes en el contexto de círculos de sentencia

8
También llamados Consejos de determinación de la pena.
9 - 23
que se producen sobre una sesión única, pero que hacen que intervengan varios miembros de la
comunidad.

Con anterioridad al encuentro, la fase de preparación del joven, ya sea en un proceso de


reparación directa (mediación) o indirecta (trabajo de interés general), es fundamental. Esta fase
permite asegurarse de la adhesión del joven al proceso, de evaluar su situación sicosocial y de
determinar su capacidad para realizar la actividad de reparación (Milburn, 2002). La evaluación
sicosocial es el instrumento que informa sobre las causas profundas relacionadas con el entorno
del niño que hayan conducido al acto criminal. Después, ella orienta sobre las necesidades de
acompañamiento terapéutico o social del joven por parte del actor sicosocial. La evaluación
sicosocial no se formaliza siempre del mismo modo según los mecanismos restaurativos, pero
resulta interesante para documentar la evolución del joven y los resultados del proceso.

El lugar y la función otorgados a los otros miembros de esta comunidad son elementos
esenciales porque detentan el poder de ejercer una presión social sobre el joven, pero también
de asegurar su buena reinserción. Aunque no sea indispensable en el caso de mediación penal,
la presencia de la comunidad sí lo es sin embargo en los círculos de sentencia o en las
conferencias de familia. Asimismo, la participación de los padres, cuando está prevista por el
proceso de reparación, permite « apaciguar las reacciones parentales de dramatización excesiva,
evitar su indiferencia o corregir su complacencia » (Milburn, 2002).

Por otra parte, se sabe que parte de los jóvenes presenta más dificultades que otros frente al
desistimiento 9 de la delincuencia. Ciertos sistemas jurídicos han, por lo tanto, decidido ofrecer
una respuesta graduada para responder a sus necesidades específicas, mientras tratan de
integrar el aspecto restaurador. Así, las conferencias de grupo se utilizan en Nueva Zelanda
como una respuesta más fuerte, que interviene después de la mediación penal simple, con el fin
de responder a los problemas más específicos de los reincidentes y para aumentar el control
social ejercido por la comunidad que lo rodea y que participa activamente en el proceso y en su
seguimiento (McCold, 2001).

Otro ejemplo interesante es el de la Reparación Penal en Francia, prevista por la ley del 4 de
Enero de 1993 10, que presenta una respuesta híbrida en la que el marco socioeducativo aún está
más formalizado. Ese mecanismo presenta la particularidad de aliar a la vez un encuentro entre
el joven y su víctima y un acompañamiento socioeducativo. La implicación del joven en el
acuerdo de reparación pasa por varias etapas : un reconocimiento de culpabilidad, un
posicionamiento de su parte sobre el carácter dañino del acto y una reflexión sobre el valor de lo
prohibido. A través de este proceso, el joven, que ha construido una convicción sobre las
consecuencias negativas de sus actos, elabora una reflexión en la que se adhiere
progresivamente al hecho de que tendrá que reparar el daño causado a la víctima (Morand,
2014). Una vez esta primera etapa alcanzada, el educador le ayuda al joven a movilizar su
motivación, tomando en consideración sus dificultades y sus recursos, para determinar la
actividad de reparación y las modalidades de la supervisión socioeducativa proporcionada por los
educadores.

9
Fenomeno segun el cual una persona da la espalda mas o menos progresivamente a los comportamientos
delincuentes.
10
Modificando el decreto del 2 de Febrero de 1945 sobre la justicia para menores.
10 - 23
Philip Milburn describió los aportes para el joven de ese proceso de reparación desde un punto
de vista sociológico. Considera que desde un « punto de vista educativo, según lo establecido por
los profesionales responsables de la reparación, el trabajo pedagógico inherente a esa medida se
apoya en las ordenes de significación que asocian al joven a la sociedad y que no se traducen
solo por sus palabras, sino también por su comportamiento, de ahí la necesidad de una actividad
de reparación que constituya una experiencia concreta de esas significaciones sociales» (Milburn,
2002). Ese trabajo sobre las significaciones sociales tendrá en cuenta los fundamentos de lo
prohibido, sentado por la ley penal que se basa en la idea de perjuicio sufrido por la víctima o la
sociedad, pero también la restauración del vínculo social, como valor, entre el joven y la víctima o,
en su defecto, entre el joven y su entorno. Así, el joven recuperará un lugar en la sociedad de la
que no era necesariamente consciente, y valorizará las competencias y potencialidades en el
marco de la actividad de reparación. El proceso restaurador se convierte así en el detonador del
desistimiento de la delincuencia por el joven.

Por último, si los mecanismos de justicia restauradora pueden tener un potencial importante para
la justicia juvenil, también deben asegurarse de que existen las garantías contra malas prácticas
y excesos que podrían resultar de procesos que hiciesen intervenir autor y víctima sin supervisión
del aparato judicial. Los Principios Fundamentales relacionados con el Recurso a Programas de
Justicia Restaurativa en Materia Penal, adoptados por el Consejo Económico y Social de
Naciones Unidas en su resolución 2002/14 del 24 de Julio de 2002, desempeñan ese papel.
Establecen principios importantes como el equilibrio de las relaciones de poder entre las partes
en la elección del recurso a la justicia restaurativa, el acuerdo informado de las partes para la
participación en el proceso, e incluso el recurso a la justicia convencional en caso de fracaso del
proceso de acuerdo o de la reparación en sí misma. Esos principios son importantes puesto que
pueden afectar a la percepción por parte del joven del carácter justo del proceso, que se sabe
que tiene un impacto sobre la reincidencia (Walgrave, 2007).

En el contexto de esos estándares, los elementos considerados más arriba seguirían siendo un
ideal, incluso una utopía, si no se hubiese medido su eficacia según los estándares de
investigación científica de criminología.

11 - 23
II – La reparación en el sistema de justicia: ¿ una cuestión de eficacia?
En la práctica, los procesos restaurativos se caracterizan por su diversidad y su complejidad
(Gailly, 2011). A pesar de ciertos límites, los procesos restaurativos han demostrado su eficacia
especialmente frente a enfoques centrados sobre el castigo y la simple privación de libertad, y
eso tanto si se trata de justicia restaurativa concebida en el sentido puro como en un sentido
maximalista (A). Sin embargo, veremos que la incorporación de los procesos restaurativos en los
sistemas de justicia juvenil no está garantizada y que se enfrenta a diferentes obstáculos (B).

A. Una eficacia demostrada, pero siempre discutida

1) La eficacia de la justicia juvenil restaurativa en cifras


Cuestionar la eficacia de los procesos de justicia restaurativa equivale a reflexionar acerca de sus
resultados frente a los objetivos fijados por una política penal. Sin embargo, la finalidad de la
respuesta penal todavía está ampliamente debatida en la doctrina y, ciertamente, no existe
unanimidad entre países e incluso dentro de un mismo país 11. También cabe señalar antes que
nada, que la mayoría de los estudios que se interesan por esos resultados, están contaminados
por deficiencias metodológicas y no permiten sacar conclusiones más allá de los programas que
han estudiado. No obstante, la convergencia de los resultados de esos estudios permite reforzar
la credibilidad.

En una visión centrada en los jóvenes en conflicto con la ley, la eficacia de mecanismos de
justicia juvenil puede analizarse en primer lugar según la capacidad de sus intervenciones para
limitar la recaída. Al respecto, la investigación criminológica llevada a cabo en los países
industrializados 12 ha mostrado que los enfoques que podríamos calificar de rehabilitadores 13 –
que incluyen los enfoques reparadores, las intervenciones focalizadas en el refuerzo de
competencias y el consejo – tienen más probabilidades de éxito que los enfoques basados sobre
el castigo o el control (Lipsey, 2009).

Los objetivos de la justicia restaurativa son, sin embargo, más amplios puesto que se interesan
por la reparación del daño causado a la víctima o a la sociedad. La justicia restaurativa también
ofrece la posibilidad de volver a centrar el proceso en las partes más afectadas por el conflicto,
dándoles un papel activo, cosa que no permite necesariamente la justicia convencional emitida
por un juez. Medir la eficacia de la justicia restaurativa se distingue pues de la medición del
aspecto restaurador de los procesos que pasan por un conjunto de escalas tipológicas, que
miden entre otras cosas los diferentes niveles de participación de la víctima y del autor, la
extensión de la reparación a la víctima y el estado de las relaciones de las partes al final del
proceso (Weitekamp & Kerner, 2002).

Existen numerosos estudios, una vez más en los países industrializados, que han respondido a la
pregunta del nivel de satisfacción de las víctimas y del índice de reincidencia en los procesos
restaurativos en comparación con los procesos convencionales centrados sobre el castigo y la

11
Ver por ejemplo : Robert, Kellerhals, Languin, Widmer, 2001.
12
Especialmente en America del Norte, en Europa occidental y en Oceanía.
13
Traducción aproximativa del inglés « therapeutic ».
12 - 23
privación de libertad de los menores en conflicto con la ley. Entre los diferentes estudios, hay sin
embargo numerosos sesgos potenciales (preselección de los casos que se envían hacia la
justicia restaurativa y la elección de las víctimas que participan en el proceso, por ejemplo) que
pueden afectar la validez de los resultados (Walgrave, 2008). También cabe señalar que faltan
estudios en los países de ingresos bajos o medios y que la posibilidad de extrapolar los
resultados debería confrontarse a evaluaciones especificas en esos contextos.

La conclusión más justa es ciertamente que no existe un modelo definitivo de justicia restaurativa
que se adapte a todos los casos, sino que más bien « la justicia restaurativa funciona
diferentemente sobre diferentes personas» (Strang & Sherman, 2007). En la práctica, no funciona
del mismo modo sobre niños que sobre adultos, según el sexo, según los diferentes tipos de
infracciones en juego, según los procedimientos utilizados, según el programa implicado
(contexto, formación de los facilitadores), según los actores implicados y según el modo en el que
se alcanza la reparación (coerción contra participación voluntaria). Sin embargo, cabe estimar
que, al contrario de la justicia basada en el castigo, la justicia restaurativa no tiene efectos
nefastos (Walgrave, 2008), lo que en sí ya es notable.

Las meta-evaluaciones más reconocidas sobre la eficacia de la justicia restaurativa, como la de


Strang & Sherman (2007) que abarca casos de adultos y de niños, hacen alusión a una reducción
clara de las tasas de reincidencia para las infracciones que implican violencia o delitos contra la
propiedad en relación con la justicia convencional. Además, el mismo estudio demostró que la
justicia restaurativa presenta mejores resultados en términos de reincidencia para los crímenes
más graves y aquellos que implican a multi-reincidentes que para las infracciones simples. Estos
dos últimos resultados, cuando menos revolucionarios, podrían sacudir muchos prejuicios en este
ámbito de la justicia penal. El estudio establece por fin que las víctimas muestran una tasa de
satisfacción mucho mejor cuando la justicia restaurativa pone a las víctimas y a los autores cara a
cara, y que esas experiencias pueden disminuir la tasa de síntomas de estrés post-traumático.

Meta-análisis sobre programas de justicia juvenil restaurativa conducidos en Estados Unidos y en


Canadá, han cuantificado el hecho de que la mediación víctima-autor brindaba una tasa de
satisfacción de las víctimas del 80 al 97% contra menos del 60% en los procesos clásicos
(Umbreit, Coates, Vos, 2003). Por cierto, en algunos de estos estudios, las víctimas declararon
que para ellas, más que la compensación pecuniaria del perjuicio (restitución), es la voluntad de
reparar del delincuente lo que les ha aportado el apaciguamiento que esperaban.

Otro meta-análisis que reúne siete evaluaciones de programas en Inglaterra de conferencias


reparadoras, en las que víctimas y autores habían dado su consentimiento al proceso, ha
mostrado que más allá, y tal vez aún más que la eficacia en términos de reincidencia, es la
satisfacción de la víctima y el coste muy inferior de los procesos restaurativos, en comparación a
la justicia convencional, lo que es más notable. En esos programas, el coste de los gastos se
divide por un factor que va de 8 a 14 en comparación con los asuntos tratados completamente
por la justicia convencional (Strang, Sherman, Mayo-Wilson, Woods, Ariel, 2013).

La eficacia de la justicia restaurativa en términos de reincidencia, de satisfacción para las víctimas


y de coste para la sociedad no impide sin embargo que sea puesta en duda por un conjunto de
actores que cuestionan su lógica y su funcionamiento.
13 - 23
2) La justicia restaurativa frente a sus detractores
A pesar de esos resultados concretos, no es necesariamente deseable adoptar una visión
partidaria de lo que podría aportar la justicia restaurativa. Escritos críticos muestran efectivamente
que los partidarios de la justicia restaurativa, a veces pueden caer en la trampa de la
generalización de sus efectos positivos (Daly, 2002). Debe, por lo tanto, hacerse un análisis
crítico de los resultados de la justicia restauradora a la luz de sus límites potenciales,
ampliamente desarrollados por sus detractores (ver por ejemplo, Johnstone, 2002) y de los
cuales solo abordaremos los más representativos.

Una de las críticas más importantes de la justicia restaurativa es que parte de la población y de
los órganos decisorios se adhiere a la noción de retribución que contribuye a comunicar que el
crimen es algo malo, participando así tácitamente en la prevención de la delincuencia. Se
argumenta que el papel de la retribución en la cultura colectiva no corre el riesgo de desaparecer,
lo que se ve confirmado por las encuestas de opinión, incluso en sociedades en las que la justicia
no es particularmente punitiva, como en Suiza (Robert, Kellerhals, Languin, Widmer, 2001).No
obstante, si ésa lógica fuese operativa, los países donde la justicia es muy represiva deberían
tener menos delincuencia, lo que no es el caso, al contrario 14.

Los defensores del castigo penal continúan desarrollando teorías, algunas de las cuales,
afortunadamente no excluyen la reparación como castigo (Duff, 2002). Eso podría dar la
esperanza de una cierta convergencia posible de las teorías punitivas y restaurativas en favor de
mecanismos que impliquen una reparación.

Esos mismos detractores pretenden que los procesos restaurativos serían ventajosos para los
autores que entonces podrían verse tentados a participar en ellos para evitar un sistema punitivo.
Ahora bien, las investigaciones sobre este tema han demostrado que esos procesos no son en
absoluto más fáciles de vivir para los autores de infracciones, que deben responder de sus actos
directamente a las víctimas sin intermediarios y comprometerse a una reparación.(Lilles, 2001).

Otro peligro potencial de la justicia restaurativa es el de la heterogeneidad de los procesos


penales para hechos similares, violando el principio de proporcionalidad entre la infracción y la
sanción. La cultura de la moralidad en ciertas comunidades podría así conducir a resultados
potencialmente difíciles de aceptar por otras poblaciones. Violencias sexuales, por ejemplo, se
podrían considerar como conflictos de mínima importancia en ciertas comunidades machistas y,
por lo tanto, no beneficiarse de una reparación tan bien lograda como en otras comunidades
protectoras de la mujer. Este argumento está compensado por el hecho que en la justicia
restaurativa se busca la restauración de los vínculos sociales y no un castigo, que no debe de ser
necesariamente igual en casos similares. Ciertos autores hablan entonces de « creatividad
jurídica » (Johnstone, 2007). El abandono de la idea de una justicia conmutativa en beneficio de
la justicia distributiva no es nuevo y se encuentra en la individualización de la pena penal
ampliamente difundida en la justicia penal contemporánea. Por otra parte, la justicia restaurativa
tiene el deber de respetar todos los derechos humanos, incluidos los de las mujeres y de los
niños.

14
Ver por ejemplo Center on Juvenile and Criminal Justice, Does more imprisonment lead to less crime?, 2008,
disponible en Internet en la dirección http://www.cjcj.org.
14 - 23
Otro riesgo de la justicia restaurativa es el de aumentar la población criminalizada a personas que
no lo hubieran sido con la justicia convencional, puesto que la justicia restaurativa podría
aplicarse a casos que de otro modo se habrían considerado como demasiado benignos, lo que
también se llama fenómeno del « net-widening » (Johnstone, 2002). Si bien es un riesgo real,
demuestra la utilidad de encuadrar la justicia restaurativa en un marco normativo claro y
respetuoso de los derechos humanos para el autor como para la víctima.

Por lo tanto, es importante asegurarse de que las otras normas y estándares internacionales y
regionales aplicables en el proceso de justicia penal y especialmente las recomendaciones de los
Principios Fundamentales referentes al Recurso a Programas de Justicia restaurativa en Materia
Penal (ECOSOC 2002/14) sean respetados 15.Estos últimos recuerdan, por ejemplo, que la
justicia restaurativa solo debería aplicarse cuando hay suficientes pruebas de la culpabilidad del
autor de la infracción y que su participación y la de la víctima en el proceso y la reparación en sí
son voluntarias. Los acuerdos de reparación deberían ser libremente consentidos y conllevar
obligaciones proporcionadas y razonables. En caso de falta de acuerdo entre víctimas y autores,
se debería remitir el asunto a la justicia que debería pronunciarse sin demora. Los procesos
deberían ser facilitados por profesionales formados y evaluados con regularidad. Por último, los
mecanismos de justicia restaurativa deberían ser evaluados e informar a las políticas públicas de
los resultados.

Ese campo de tensión entre la eficacia de la justicia restaurativa y la necesidad para una parte de
la población de un aspecto represivo de la justicia penal de menores, crea una situación de
incertidumbre que cuestiona su lugar en los sistemas de justicia.

B. El lugar de la justicia restaurativa en la administración de justicia juvenil

1) El enfoque restaurativo: un modelo de justicia juvenil marginal


Entre los diferentes modelos de justicia penal de menores, los más representativos son
seguramente la pena justa (enfoque represivo); el proteccionismo, que quiere rehabilitar al niño a
través de intervenciones sociales de base comunitaria; la justicia restaurativa y el actuarialismo,
basado sobre el control social por la gestión del riesgo (McCara, 2010, p287). La existencia de
esos distintos modelos establecidos por las políticas penales y su implementación en la práctica a
veces crea problemas, especialmente cuando se valora esta alineación con una perspectiva
histórica y bajo la influencia de campos políticos, culturales y socio-económicos a veces
contrarios.

Hemos visto que la justicia restaurativa está particularmente adaptada a los jóvenes, puesto que
permite una proximidad, una apropiación de la justicia por los actores involucrados y, finalmente,
una identificación a la noción de justicia. A pesar de eso y a pesar de su eficacia y su
compatibilidad con el estado de derecho, es lamentable comprobar que ese espacio es marginal,

15
También se podría citar la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), y el Pacto Internacional sobre los
Derechos Civiles y politicos de 1966, entre otros.
15 - 23
con demasiada frecuencia, en los sistemas de justicia juvenil cuando podría, sin lugar a dudas,
ser central e interesarse en la mayoría de los casos.

Hay que recordar que la justicia restaurativa, como planteamiento, visión y método para resolver
los conflictos de carácter penal no está sometida a instrumentos internacionales vinculantes. Eso
se entiende si se considera que no existe orden moral universal que permita hacer valer con
instrumentos internacionales vinculantes, un modelo de justicia por encima de otro. Es prueba de
ello el hecho de que la Convención relativa a los Derechos del Niño, instrumento vinculante para
los Estados signatarios, no se refiere claramente a la justicia restaurativa, ni tampoco a otros
modelos de justicia. La Convención sigue sin embargo marcada por los modelos proteccionistas y
represivos (McCara, 2010).

Los debates de alto nivel que tienen lugar sobre la necesidad de establecer un tratado
internacional vinculante para los Estados no le han creado ese espacio a la justicia restaurativa.
Los debates de expertos en el seno de la Comisión sobre la Prevención del crimen y la justicia
penal a principio de los años 2000, informaron que « varios Estados expresaron su apoyo a un
instrumento [internacional] siempre que no sea obligatorio, una posición que ha sido coherente
con las opiniones expresadas por varios expertos durante los debates preliminares » (CCPCJ,
2002).Entonces, esos trabajos se orientaron hacia la elaboración de Principios Fundamentales,
no vinculantes, en relación con el Recurso a Programas de Justicia restaurativa en Materia penal
(ECOSOC, 2002/14).Esa primera etapa ilustra el hecho de que el reconocimiento del enfoque
restaurativo todavía no es universal. Sin embargo, se puede apuntar la elaboración reciente de
documentos de alcance político a nivel internacional y regional que irían en ese sentido 16.Varias
personalidades e instituciones internacionales de protección de los derechos del hombre también
se pronunciaron a favor de la justicia juvenil restaurativaa como el Secretario General de las
Naciones Unidas y la Relatora Especial sobre la Violencia contra los Niños 17.

También cabe señalar que las prácticas restaurativas se caracterizan por su diversidad, y que en
el seno de una misma población, las percepciones de la justicia y de la forma en que debería
llevarse a cabo varían mucho. Además, los estándares internacionales reconocen que« en la
práctica, elementos de justicia restauradora pueden variar significativamente, según los principios
y las filosofías que sustentan los sistemas de justicia penal nacionales en los que se aplican »
(CCPCJ, 2002). Esa diversidad podría explicar la falta de puntos de referencia en cuanto a las
formas que debería tener la justicia restaurativa en un determinado contexto.

La falta de voluntad política a favor de este modelo de justicia juvenil también podría explicarse
por el hecho de que la justicia reparadora representa una forma de amenaza potencial sobre el
establishment de la justicia impartida por el aparato estatal. Existe, en efecto, necesariamente
una competencia entre los diferentes modelos de justicia juvenil y los diferentes actores que los
controlan, entre los mecanismos de la justicia convencional controlados por los actores de la
justicia del Estado (jueces, fiscales, abogados) y los protagonistas de la justicia restaurativa:
facilitadores, autor, víctima y comunidad. Esta competencia fue mencionada por Christie en 1977
16
Por ejemplo, la Declaración Ibero-Americana de Justicia Juvenil Restauradora por la Conferencia Ibero-Americana de
Ministerios de Justicia. Consultado el 04 de Abril del 2016 :
http://www.comjib.org/sites/default/files/ACTA%20I%20ENC%20JJR_Cartagena%20de%20Indias_abril14_0.pdf
17
Special Representative of the Secretary-General on Violence against Children (2014).Annual report. Human Rights
th
Council, 25 Session, A/HRC/25/47.
16 - 23
cuando denunció la usurpación por parte del Estado de los conflictos entre los individuos en el
marco de la justicia convencional. Incluso acusó a los depositarios del poder de reapropiarse, a
sabiendas o de hecho, de los frutos materiales de la reparación a expensas de la víctima que
hubiese podido beneficiarse dentro del marco de la justicia restaurativa (Christie, 1977). Más allá
de esta reapropiación material de la reparación, es la usurpación simbólica del conflicto a la que
condena a la víctima, ya que, señala, el Estado se apropia de la oportunidad de expresarse, de
condenar al autor y de participar en el conflicto. Si esas acusaciones son muy serias, no pueden
dejar indiferentes frente a la realidad del sitio de la justicia restaurativa en los sistemas de justicia
juvenil contemporáneos.

Consideramos, en efecto, que sería importante darle un mejor lugar a la reparación en los
mecanismos de justicia juvenil, manteniendo soluciones adaptables a la variedad de situaciones y
que sean culturalmente aceptables para las sociedades afectadas.

2) La incorporación de la reparación en el seno de modelos complejos


Si se admite, como ha sido demostrado más arriba, que se debería dar más espacio a la justicia
restaurativa en un sistema de justicia juvenil, se plantea la cuestión de la incorporación de esos
beneficios en el respeto de su espíritu. En efecto, sería ilusorio creer que toda forma de justicia
restaurativa podría funcionar en todas partes. La integración de los procesos restaurativos es sin
duda un trabajo tedioso que merece pasar por procesos de fracaso y de mejora validados por
métodos científicos de medición.

Un desvío posible en la incorporación del enfoque restaurativo en la justicia juvenil, es que los
objetivos de este enfoque desaparezcan o se diluyan. Si los mecanismos de justicia restaurativa
en el sentido maximalista constituyen un mal menor en comparación con un enfoque únicamente
basado sobre el castigo, puesto que le dan al autor la oportunidad de reparar sus actos, también
presentan el riesgo de excluir a la víctima del proceso y por lo tanto hacer que el autor pierda la
oportunidad de aprender de la confrontación. Así, el espíritu de la justicia restaurativa se pierde
cuando el sistema de justicia penal vuelve a centrarse sobre la violación de una prescripción legal
más que sobre el sufrimiento y los daños ocasionados a la víctima.

En el momento de la incorporación, se debería hacer frente a los otros límites reconocidos del
enfoque restaurador. Por ejemplo, ciertos jóvenes tendrán necesidades terapéuticas específicas
que van más allá de un proceso de reparación normal (adicción, trastornos síquicos, deserción
escolar), y que merece- rían hacer aparecer soluciones propias al modelo proteccionista. Las
víctimas también podrían necesitar un acompañamiento más importante de lo que podría
ofrecerles un único proceso reparador. Podrían manifestar, por ejemplo, una necesidad de
acompañamiento, una necesidad de alejamiento frente al autor o una necesidad de terapias
específicas (Pahud, 2011). Por último, pensamos que un reconocimiento de los mecanismos de
justicia consuetudinaria puede estar indicado cuando estos se basan en procesos compatibles
con la justicia restaurativa, asegurándose de que respeten los derechos humanos en general y
los derechos del niño en particular. Tales reconocimientos pueden desempeñar un papel
importante en el acceso a la justicia de poblaciones marginalizadas.

17 - 23
En un sistema de justicia juvenil complejo, se podría tener en cuenta que se impone un conjunto
de respuestas penales dentro de las cuales la reparación debería ser la más central posible. Esas
respuestas no deberían necesariamente ser las únicas y se deberían acompañar del respeto de
los principios de proporcionalidad y de graduación de la respuesta (Braithewaite, 2002), de una
pluralidad de opciones brindadas al juez, pero también al fiscal y a la policía (como la
desjudicialización). Las respuestas que funcionan tienen en cuenta los diferentes factores de
riesgo a los que el joven se enfrenta y sus habilidades personales (motivación, competencias,
modo de aprendizaje) para proponer una solución adaptada. Esta puede incluir el fortalecimiento
de competencia, el consejo y la justicia restaurativa (Alder & al., 2016). La posibilidad, para la
autoridad de supervisión de la medida, de acumularlas o de reemplazarlas en función de la
reacción del joven también es una ventaja.

La respuesta penal en el ámbito de la justicia juvenil debería privilegiar la justicia restaurativa,


preferentemente en su versión pura en la mayoría de los casos (Walgrave, 2007). Una
rehabilitación gracias a la justicia restaurativa maximalista podría ser considerada cuando la
interacción entre víctimas y autores no es posible o no es deseable. Soluciones terapéuticas
acompañadas de reducción adicional de la responsabilidad penal deberían existir para los niños
que sufran trastornos mentales o de inmadurez. Los métodos que han demostrado efectos
positivos a este respecto incluyen, entre otras, las terapias cognitivas conductuales, las
entrevistas motivacionales y la tutoría (Alder & al., 2016). En última instancia y para una minoría
de casos inmanejables, cuando el joven presenta demasiados riesgos para la sociedad, una
neutralización podría considerarse.

Para completar estos modelos complejos, la interdisciplinariedad y la formación especializada de


los profesionales también deberían buscarse como garantes de calidad de la intervención. Los
servicios sociales de protección de la infancia también deberían desempeñar un papel
importante, por ejemplo en el seguimiento de los procesos de reparación y el acompañamiento
terapéutico de los jóvenes que tengan mayores dificultades.

Por último, los procesos de incorporación de la justicia restaurativa deben ser flexibles y
adaptativos, y no considerar que los cambios se harán de un día para otro (CCPCJ, 2002). En
efecto, esa incorporación no puede lograrse sin una apropiación por parte del legislador pero
también por el público, de los objetivos, de los principios y de los mecanismos de la justicia
restaurativa. Se sabe de hecho que esos mecanismos de legislación, con frecuencia son
tributarios de las vicisitudes de las agendas de los diferentes movimientos políticos. Estas últimas
se posicionan con frecuencia en reacción a percepciones populares o a estigmas vinculados a la
inseguridad o a ciertas categorías sociales (los migrantes, los jóvenes, etc.) y son vehiculados por
los medios de comunicación sensacionalistas o los partidos políticos extremos, más bien que en
respuesta a una lógica moral o racional alrededor de la sanción penal. Ese fenómeno que se
calificó de « populismo penal » (Walgrave, 2007) justifica que se hagan esfuerzos específicos
para asegurar un buen nivel de información y de participación del público en esa incorporación
del enfoque restaurativo en la justicia juvenil.

18 - 23
Conclusión

En conclusión, el papel de la reparación en el desarrollo del niño lleva a pensar que la justicia
restaurativa debería estar en el centro de los sistemas de justicia juvenil y que representa el
futuro. En ese sentido, privilegiamos a la justicia restaurativa en su definición « pura », sin excluir
por ello la justicia restaurativa en su comprensión maximalista que también tiene su sitio para la
rehabilitación de los niños y su reinserción en la sociedad. Existen numerosos ejemplos de
incorporación lograda de la justicia restaurativa y merecerían una verdadera puesta en
relieve. 18.También deberían hacerse esfuerzos para conocer y reforzar los mecanismos de
justicia consuetudinaria que utilizan este enfoque restaurador asegurando al mismo tiempo su
respeto de los derechos humanos. Por último, sería conveniente hacer evaluaciones en los
países de ingresos bajos o medios para documentar y medir los efectos de la justicia juvenil
restaurativa.

No se le rendiría justicia al enfoque restaurativo si se olvidara su papel en los mecanismos que no


son, estrictamente hablando, de la justicia juvenil, pero que contribuyen a disminuir la violencia y
las tensiones entre los niños y sus protagonistas. Pensamos, por ejemplo, en los Círculos de
Diálogos que se utilizan en varios países y en particular en ciertas comunidades en Brasil para
acabar con las tensiones entre sus miembros, e incluso en los Encuentros Delincuentes-Víctimas
organizados en varios países, entre ellos en Canadá, al margen del juicio penal y que permiten
que se encuentren autores de crímenes y víctimas de crímenes similares pero en asuntos
diferentes, para satisfacer su necesidad de comprensión mutua (Rossi, 2012). Finalmente, se
pudo recurrir a la justicia restaurativa para los niños en el marco de procesos de justicia
transicional, como por ejemplo, en las Comisiones Verdad y Reconciliación en África del Sur
(CCPCJ, 2002).

18
De manera no exhaustiva y anecdótica se podrían citar algunos ejemplos de incorporación de justicia restaurativa en
los sistemas de justicia juvenil de ciertos paises. La Reparación volvió a introducirse en Francia gracias a la ley del 4 de
Enero de 1993 ; la introducción del Decreto de Reparación en el Crime and Disorder Act 1998, luego la introducción de
los Paneles para Jóvenes Delincuentes (Youth Offender Panel) en el Youth Justice and Criminal Evidence Act 1999 en
Inglaterra; la incorporación de la Mediación Penal en la ley de Mayo de 2014 sobre la Protección del niño en Burkina
Faso y la ley del 06 de Abril de 2004 sobre el Trabajo de Interés General; la Prestación Personal en la ley del 30 de
Junio de 2003 sobre el Derecho Penal de los menores en Suiza.
19 - 23
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