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Ideología

En ciencias sociales, una ideología es un conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas que son
compatibles entre sí y están especialmente referidas a la conducta social humana. Las ideologías describen y postulan
modos de actuar sobre la realidad colectiva, ya sea sobre el sistema general de la sociedad o en uno o varios de sus
sistemas específicos, como son el económico, social, científico-tecnológico, político, cultural, moral, religioso,
medioambiental u otros relacionados al bien común.

Las ideologías suelen constar de dos componentes: una representación del sistema, y un programa de acción. La
representación proporciona un punto de vista propio y particular sobre la realidad vigente, observándola desde una
determinada perspectiva compuesta por emociones, percepciones, creencias, ideas y razonamientos, a partir del cual
se le analiza y compara con un sistema real o ideal alternativo, finalizando en un conjunto de juicios críticos y de
valor1 que plantean un punto de vista superior a la realidad vigente. El programa de acción tiene como objetivo
acercar en lo posible el sistema real existente al sistema ideal pretendido.

Por su receptividad frente al cambio, hay ideologías que pretenden la conservación del sistema - conservadoras-, su
transformación radical y súbita -revolucionarias-, el cambio gradual -reformistas–, o la readopción de un sistema
previamente existente -restaurativas-.

Por su origen, alcance y propósito, las ideologías pueden desarrollarse gradualmente a través de la observación, el
diálogo, el ajuste mutuo y el consenso sobre lo que es considerado socialmente correcto, desviado o dañino, o bien ser
impuestas (incluso por medio de la violencia) por un grupo dominante especialmente interesado en generar
influencia, conducción o control colectivo, sin distinción si éste es un grupo social, una institución, o un movimiento
político, social, religioso o cultural o si su propósito se centra en promover el bien común o un interés particular.

El concepto de ideología se diferencia del de cosmovisión (Weltanschauung) en que éste se proyecta a una civilización
o sociedad entera, en cuyo caso está relacionado con el concepto de ideología dominante, cuando esta abarca todos
los sistemas específicos de la sociedad y es compartida por una amplia mayoría de la población. Por su naturaleza
colectiva, el concepto rara vez se restringe al modo de pensar de un individuo aislado o particular.

Índice
Origen del término
Sociología e ideología
El origen de las ideologías
Concepto marxista de ideología
La ideología como crítica totalitaria
El siglo de las ideologías
El pensamiento débil
Uso despectivo del término
Egoísmo grupal
Dogmatismo y totalitarismo
Véase también
Referencias
Bibliografía
Enlaces externos
Origen del término
El término ideología fue formulado por Destutt de Tracy (Mémoire sur la faculté de penser, 1796), y originalmente
denominaba la ciencia que estudia las ideas, su carácter, origen y las leyes que las rigen, así como las relaciones con
los signos que las expresan.

Medio siglo más tarde, el concepto se dota de un contenido epistemológico por Karl Marx, para quien la ideología es el
conjunto de las ideas que explican el mundo en cada sociedad en función de sus modos de producción, relacionando
los conocimientos prácticos necesarios para la vida con el sistema de relaciones sociales; la relación con la realidad es
tan importante como mantener esas relaciones sociales, y en los sistemas sociales en los que se da alguna clase de
explotación, evitar que los oprimidos perciban su estado de opresión. En su célebre prólogo a su libro Contribución a
la crítica de la economía política Marx dice:

[...] El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la


sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que
corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida
material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la
conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que
determina su conciencia.2

Sociología e ideología
Hablamos de ideología cuando una idea o conjunto de ideas determinadas interpretadoras de lo real son consideradas
como verdaderas y son ampliamente compartidas conscientemente por un grupo social en una sociedad determinada.

Tales ideas se convierten en un rasgo fuertemente identitario, de forma similar a la religión, la nación, la clase social,
el sexo, partido político, club social, etc. y se forman tanto en grupos pequeños y cerrados como las sectas o grupos
mayores y abiertos como partidarios de un equipo de fútbol...

Exteriormente se ha asociado con mayor fuerza a la política, donde el clientelismo de los partidos impone unos
intereses estrechos y cerrados. En su desarrollo lleva a que el comportamiento individual pueda derivar en una
continuada falsa creencia, en un falso pensamiento y de ahí a una falsa práctica social. Además interiormente, los
miembros del grupo ideológico admiten o no que determinado individuo pertenezca al grupo según comparta o no
ciertos presupuestos comunes de pensamientos básicos.

La ideología interviene y justifica dirigiendo los actos personales o colectivos de los grupos o clases sociales, a cuyos
intereses sirve. Pretende explicar la realidad de una forma asumible y tranquilizadora, pero sin crítica, funcionando
sólo por consignas y lemas.

Ahora bien lo que ocasiona son falsas creencias que mantienen la interpretación o justificación previa tal como estaba
en el imaginario individual y colectivo, independientemente de las circunstancias reales. Por ello suelen acabar
produciendo una separación entre las ideas y su práctica en la realidad, difícilmente asumible.

Del estudio de la ideología se encarga la sociología del conocimiento, cuyo presupuesto básico es la tendencia humana
a falsear la realidad en función del interés. Sigue el interés propio en las maneras de ver el mundo en el grupo social al
que se pertenece; maneras que varían socialmente de un grupo humano a otro y dentro de sectores diferentes de la
misma sociedad.

Interviene sobre el interés personal y cohesiona el grupo donde se asienta, porque construye una identidad ficticia
como forma de vivir y valorar una realidad construida al margen de ella misma. De ahí que en la mayoría de los casos
lleve a una superposición de discursos según el grado de realidad y a la construcción de utopías.
En el terreno político, y en casos extremos, acarrea la mentira repetida, la mendacidad. En general se observa que
fácilmente se pasa por un interés desmedido, centrado en la falsa conciencia, hacia la imagen o forma de la idea de la
vida interpretada solamente en función de esas ideas, en definitiva, hacia una ideología que tiende al totalitarismo.

El origen de las ideologías


El origen de la mayoría de las ideologías se encuentra en una corriente filosófica cuando asume una versión muy
simplificada y distorsionada, por falsa creencia, de la filosofía original. En este sentido se produce, de forma general,
un carácter insincero, cuando un pensamiento original se convierte en «....ismo» (Platón → platonismo; Marx →
marxismo; capital → capitalismo; anarquía → anarquismo; etc.).

Su origen se sitúa en el interés personal, de acuerdo con las necesidades que sustentan socialmente un determinado
pensamiento. Se separa y disocia de la realidad, porque la manipula en forma de propio interés.

Los primeros filósofos que estudiaron la «ideología», los psicologistas franceses (Condillac, Cabanis, Destutt de
Tracy), situaron esa necesidad en el «yo interior», interpretado de diversas formas (psicologismo y psicofisiologismo).
El sujeto se opone a lo exterior, que se da como suceso, puesto que requiere la reflexión individual. Estos filósofos
franceses pretendían estructurar una teoría sobre el materialismo primitivo de las sensaciones y de ahí su derivación
en emociones, pasiones y sentimientos. De manera que del hecho, del suceso o del acontecimiento exteriores se pasa
psicológicamente a la manera interior de captar las cosas y apreciar estas categorías de la psicología personal.

Más tarde el compromiso político de filósofos sociales (socialistas utópicos, Saint-Simon, Fourier, Proudhon) situó el
interés en las necesidades de la vida social. El vuelco que protagonizó al extenderse al ámbito de la sociedad fue
considerable. Del interés del individuo se pasó al interés del grupo. Esto provocó que se acuñase el calificativo de
«doctrinarios» para referirse a los «ideólogos» en su enfrentamiento con el poder, lo que confirió a la palabra un
sentido peyorativo que a día de hoy no ha perdido.

Después del psicologismo de los franceses, se pasó, primeramente, a las formas filosóficas propias y, posteriormente, a
las relaciones económicas. El sentido más elaborado de ideología, en el primer sentido, es el de Hegel y, en el segundo,
de Marx.

Se consideró la ideología como una «escisión de la conciencia», que produce la alienación, bien sea ésta considerada
como meramente dialéctica del pensamiento, en el idealismo de Hegel o dialéctica material en el materialismo de
Marx.

En el siglo XX, la ideología es considerada como problema de comunicación social. Para los frankfurtianos, de manera
especial para Habermas, la ideología expresa la violencia de la dominación que distorsiona la comunicación. Este
habla de la relación entre el conocimiento y el interés. Esto produce una distorsión que es consecuencia de una razón
instrumental, como conocimiento interesado, y que es la responsable de la ciencia y la tecnología falsas como ejes de la
dominación social. Es pues necesaria una hermenéutica de la emancipación y liberación. De la misma forma, Marcuse
subraya este hecho en el seno de las clases sociales, en particular políticamente dentro de los partidos y sindicatos.

Karl Mannheim y Max Scheler enmarcan la ideología en el marco de la sociología del saber. El saber enmarcado
dentro de la dominación política genera tal cúmulo de intereses que configura la cosmovisión de los grupos sociales.
No hay posibilidad de escapar a una ideología bien construida. Todo gira a su alrededor. Mannheim distingue entre
ideología parcial, de tipo psicológico, e ideología total, de tipo social.

Sartre, por su parte, introduce una idea de «ideología» completamente diferente. Para Sartre la ideología es fruto de
un pensador «creador», capaz de generar un modo de ver la realidad.3

Por otro lado, Willard van Orman Quine trata la relación entre los objetos exteriores, de ahí fuera, y los sujetos
interiores, de ahí dentro. En otros términos, liga la ideología a un modo razonado de considerar la ontología.4
A finales del siglo XX, sin embargo, se entra en una época de infravaloración de lo ideológico, de la mano de las
ideologías conservadoras, de forma que algunos han proclamado el ocaso de los ídolos, como "El fin de las
ideologías".5 incluso proclamado el triunfo del pensamiento único y el "fin de la historia" o el "choque de
civilizaciones".6

La ideología como falsa creencia debe estudiarse en términos de su lógica degradada, más que en la filosofía de la que
se deriva. Sin embargo, es difícil comprender cuándo y en qué términos una filosofía pasa a ser ideología. Max Weber
afirma que las filosofías se seleccionan primero para ser ideologías después, pero no explica, cuándo, cómo y por qué.
Lo que sí podemos asegurar es que existe una relación dialéctica, es decir de discurso, entre ideas y necesidades
sociales, y que ambas son indispensables para configurar una ideología. Así nace el interés y las necesidades sentidas
por el cuerpo social (o un grupo de éste); no obstante pueden fracasar por no tener ideas claras que lo sustenten. Al
igual que hay ideas que pueden pasar inadvertidas por no ser relevantes para las necesidades sociales, se requiere una
falsa creencia aparentemente útil para que sea ideología.

Marx, en su Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, señala lo siguiente:

...Es cierto que el arma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas, que el poder
material tiene que derrocarse por medio del poder material, pero también la teoría se convierte
en poder material tan pronto como se apodera de las masas. Y la teoría es capaz de apoderarse
de las masas cuando argumenta y demuestra ad hominem; y argumenta y demuestra ad
hominem cuando se hace radical. Ser radical es atacar el problema por la raíz. Y la raíz, para el
hombre, es el hombre mismo...

Marx. Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. Anales franco


alemanes. 1970. Barcelona. Ed. Martínez-Roca, p 103

Concepto marxista de ideología


Tal como el materialismo histórico define el concepto, la ideología forma parte de la superestructura, junto con el
sistema político, la religión, el arte y el campo jurídico. Según la interpretación clásica, está determinada por las
condiciones materiales de las relaciones de producción o estructura económica y social y el reflejo que produce es
denominado "falsa conciencia".

El papel de la ideología, según esa concepción marxista de la historia, es actuar de lubricante para mantener fluidas las
relaciones sociales, proporcionando el mínimo consenso social necesario mediante la justificación del predominio de
las clases dominantes y del poder político.

Entre los marxistas que se han dedicado al estudio de la ideología, o han hecho comentarios significativos sobre el
tema, están Marx y Engels, Lukács, Althusser, Gramsci, Theodor Adorno y, más recientemente, Slavoj Zizek.

Pese a que comúnmente suele hablarse de una teoría de la ideología homogénea del marxismo, ligada al esquema
base-superestructura, existen numerosas variaciones teóricas que tratan este tema. Algunos analistas de la teoría de la
ideología marxista, por ejemplo Terry Eagleton, han afirmado que en los escritos del propio Marx existen teorías
diferentes sobre el punto.

Durante la etapa estalinista de la URSS, el marxismo quedó reducido al materialismo dialéctico (o diamat) y a la
concepción materialista de la historia. Dichas doctrinas, codificadas y poco cuestionables, eran enseñadas
académicamente, con una sección incluso en la Academia de Ciencias. Para los marxistas occidentales, y
especialmente para los historiadores de orientación no ortodoxa, que suele llamarse marxiana, sobre todo en Francia
e Inglaterra (más o menos ligados a la renovación historiográfica de mediados del siglo XX que supuso la Escuela de
Annales), es imposible explicar la historia de un modo tan determinista. Desde ese punto de vista, suelen encontrarse
en la historiografía interpretaciones de la ideología en el sentido que la inadecuación de la ideología dominante a
nuevas condiciones o el surgimiento de ideologías alternativas que entran en competencia con ella, produce una
crisis ideológica. Así suele admitirse que, aunque desde un punto de vista marxista clásico suene herético, cuando una
ideología dominante no cumple eficazmente su función hace aumentar la tensión social (lucha de clases) que
contribuye a la crisis de un modo de producción y su transición al siguiente.

La ideología como crítica totalitaria


El contemporáneo filósofo político australiano Kenneth Minogue se dedicó a observar la noción marxista de ideología
en su obra La teoría pura de la ideología.

Para el autor,

El marxismo presupone por ideología un conjunto de ideas funcionales de un individuo que dan justificación y
validez universal a sus intereses.
Estos intereses se entienden principalmente como la preservación de sus medios económicos de subsistencia
una vez adoptados; excluyendo de esta categoría su uso o los fines de consumo, que volverían a los intereses
socialmente teleológicos e infraestructuralmente culturales.
Los intereses en estas reducidas "condiciones materiales de existencia" estarían predeterminados
tecnológicamente por la particular relación social del individuo con su ubicación en la división del trabajo, cuya
forma no sería modificable ni elegible, esto es: sus fines serían necesarios en vez de libres.
Estos intereses tienen la característica de no ser comunes (salvo con miembros de la misma clase) y contrarios
con las otras clases en forma intrínseca, ya que su naturaleza es la de participar en una relación orgánica dual
de opresores-oprimidos.7
Minogue plantea inmediatamente una versión inversa a esta poniendo de cabeza sus premisas básicas:

Las verdaderas ideologías son pseudo-revelaciones que reducen toda la realidad a la existencia de grupos y
géneros con predeterminados intereses opuestos.
Intereses que encarnarían en sí mismos un sistema de opresión (que incluye la opresión de unas ideas
funcionales por otras).
Requieren interpretar ciegamente el concepto de liberación como eliminación de dichas clases de intereses
opuestos.
Y el trato pragmático-revolucionario de todo pensamiento funcional como sistemas de ideas (como ideologías)
basadas en falsas racionalizaciones (siendo la verdad incognoscible salvo en la realización de la lucha
revolucionaria).
Las características de esta noción de ideología como "dogma crítico" se
destacan particularmente en el marxismo, y todas tendrían como particular
característica su tendencia a degenerar en "sociologismos" y
"psicologismos" autocontradictorios (teorías conspirativas en las cuales las
formas de organización social no serían necesidades históricas que
generarían a los grupos sociales dominantes y sus "ideologías", sino a la
inversa serían elites las que crearían la sociedad con una ideología que
haría posible su poder; idea esta última que el epistemólogo Karl Popper ya Dos poderes ideológicos
había denunciado como parte de un marxismo vulgarizado y
malinterpretado).8

También la comunidad de intereses entre grupos no sólo es arbitraria (clases sociales, géneros, razas), sino que la
misma visión ideológica de la sociedad es en realidad la sociedad ideológica que esta genera, ya que aunque presuma
combatir un sistema de opresión donde sus elementos son orgánicamente funcionales, dicha opresión dependería sólo
de su ocultamiento (cuando en realidad tal ocultamiento requeriría de una opresión preexistente) y no sería realmente
funcional en tanto no fuera planificada (planificación que la ideología sí necesita generar).

Debido a ello, la comunidad de intereses interindividuales que presume el revolucionario ideológico es una ficción útil
(el leninismo habría sincerado este hecho al afirmar que "los burgueses compiten para vender la soga con la que los
van a ahorcar"), pero termina siendo una realidad forzada cuando la ideología llega al poder. Minogue vuelve así,
contra las propias doctrinas sistémico-clasistas (que tratan de "ideológico" a todo pensamiento), la acusación de
reificación ideológica en nuevos términos, particularmente al marxismo la generación y dependencia para con sus
propios intereses revolucionarios en una opresiva sociedad sin clases.

La tesis de Minogue fue de gran influencia a fines del siglo XX en los círculos políticos e intelectuales más cercanos al
pensamiento demoliberal, conservador y neoconservador, por haber dado sistematicidad a la dialéctica de las
democracias liberales occidentales en su confrontación con las democracias populares marxistas a lo largo de la
Guerra Fría.

El siglo de las ideologías


La expresión siglo de las ideologías para definir el siglo XX fue acuñada por el filósofo Jean Pierre Faye en 1998.9 El
término ideología, reservado en el siglo XIX al debate intelectual, se convierte en el siglo XX en el vehículo de grandes
movimientos sociales y de pensamiento, sobre el soporte de grandes masas que son adoctrinadas por los nuevos
medios de comunicación, la propaganda, la violencia y la represión.

En el periodo de entreguerras las ideologías políticas enfrentadas son


fascismo y comunismo fundamentalmente, aunque del siglo XIX hayan
sobrevivido el liberalismo en su versión democrática (frente al que ambos
se definen), el conservadurismo, el socialismo democrático, el anarquismo
y los nacionalismos. Feminismo, pacifismo, ecologismo y los movimientos
por la igualdad racial y el reconocimiento de la identidad sexual son
ideologías no estrictamente políticas, con fuerte vocación transformadora
de la sociedad.10 El mundo religioso parece estar ausente de la mayor
parte de las nuevas visiones del mundo (en alemán Weltanschauung) hasta el
final del siglo XX, cuando André Malraux profetizó poco antes de morir
(1976): el siglo XXI será religioso o no será.11 Es pronto para confirmarlo,
pero desde entonces el cristianismo integrista, tanto católico como protestante y el fundamentalismo islámico se han
renovado (personalizados en Juan Pablo II, Ronald Reagan y el Ayatolá Jomeini) y han encontrado acomodo en la
justificación ideológica de todo tipo de intereses, tanto en los países desarrollados (donde va más allá del interclasismo
de la Democracia cristiana de posguerra) como en los subdesarrollados (donde sustituye al tercermundismo
dominante en el periodo de la descolonización o a la teología de la liberación de los años 1970). Lo mismo ocurre con
el nacionalismo hindú.12 El europeísmo o movimiento europeo ha entrado en una clara crisis ideológica de la que es
síntoma la incapacidad de definición de los valores y las fronteras continentales en los debates reformistas que rodean
el Tratado de Lisboa dentro de la Unión Europea.

El pensamiento débil
Por otra parte, desde las décadas de 1980 y 1990, el concepto de ideología sufre una devaluación por su inadecuación a
nuevos paradigmas intelectuales emergentes, como el deconstructivismo (Jacques Derrida), o lo más genéricamente
llamado postmodernidad, que proponen un pensamiento débil (Gianni Vattimo), en cierto modo una ideología flexible
y acomodable a las situaciones de cambio desconcertante que ocurren en el periodo de final de siglo y milenio
(especialmente la caída del muro de Berlín). En ese contexto cultural se entiende la formulación del concepto de la
tercera vía (Anthony Giddens), una adaptación a la globalización y el liberalismo económico triunfante desde
posiciones socialdemócratas (el laborismo británico de Tony Blair o incluso la presidencia de Bill Clinton) que en la
práctica es una aproximación a muchas concepciones del conservadurismo.

Uso despectivo del término


En ocasiones se usa el concepto ideología para desprestigiar o descalificar a un sistema de pensamiento, concepción
del mundo o autor, señalando que está ideologizado. En principio, una ideología es una postura fundamentada que
propone un punto de vista superior y programa de acción propositivo ante una situación social. Sin embargo, una
ideología en manos de un grupo dominante corrompido opera como un sistema de creencias y racionalizaciones que
refuerza su propia posición de privilegio. El uso despectivo del término entiende a la ideología como un discurso de
control social que:

Obedece a los intereses y al egoísmo grupal de sus postulantes, en lugar de responder a una búsqueda del bien
común,
Posee un conjunto de soluciones fijas y preestablecidas para los problemas sociales,
Es dogmático, planteando premisas normativas irrefutables y que no pueden ser comprobadas,
Se acompaña del proselitismo, propaganda y, en grados extremos, del adoctrinamiento.
Cuenta con justificaciones internas y causas ajenas a su control para explicar sus propios fracasos,

Egoísmo grupal
En su disertación sobre el bien humano, Bernard Lonergan detalla la relación entre ideología corrompida y egoísmo
grupal de quien la postula, y declara: "Mientras que el egoísta individual tiene que soportar la pública censura de su
modo de proceder, el egoísmo de grupo no solamente dirige el desarrollo a su propio engrandecimiento, sino que
también abre un mercado para las opiniones, doctrinas y teorías que justifican su proceder, y revelarán al mismo
tiempo que los infortunios de otros grupos se deben a la depravación que los corroe."13

Es decir, la ideología se convierte en un medio práctico que habilita a la vez la aprobación de las mayorías, su
sometimiento, la autojustificación de conductas y el error de los oponentes, aunque el conjunto de ideas no respondan
a la realidad, al interés genuino de la población ni al bien común.

Dogmatismo y totalitarismo
Según este uso peyorativo, las ideologías ven el mundo como algo estático. Es por este hecho que cualquier ideología
se ve a sí misma como la depositaria de las ideas que pueden resolver cualquier problema de la sociedad, ya sea
presente o futuro. Esto convierte a la ideología en un dogmatismo, pues se cierra a las ideas de los demás como posible
fuente de soluciones a los problemas que se plantean en el día a día, siendo ella la explicación total y última; lo que
algunos llaman explicación feroz.

En casos extremos, una ideología puede llevar a negar la posibilidad de disentir, dando por verdad irrefutable sus
postulados. Llegados a considerar la ideología como verdad irrefutable, se abre el camino al totalitarismo, ya sea
político o religioso, también llamado teocracia. Cualquiera que disienta pasa a ser un problema para el grupo
dominante, pues va contra la verdad dogmática que proclama la ideología. Tal es el problema que plantean disidentes,
facciones14 y sectas.

Véase también
Política
Colores políticos
Oclocracia
Cosmovisión
Sistema político
Etnografía crítica
Totalitarismo
Idealismo

Referencias
1. Lonergan, Bernard (1999). Insight, estudio sobre la comprensión humana. Sígueme. pp. 422-424. ISBN 84-301-
1295-2.
2. Marx, Karl (1859). Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política (https://www.marxists.org/espano
l/m-e/1850s/criteconpol.htm). Consultado el 21 de octubre de 2018.
3. Critique de la raison dialectique, I, 1960, págs. 15 y ss.
4. "Notes on the Theory of Reference", en From a Logical Point of View, 1935, pag. 131.
5. Bell, D.(1960) The End of Ideology: On the Exhaustion of Political Ideas in the Fifties
6. Huntington, 1998.
7. Kenneth Minogue, La teoría pura de la ideología, GEL, 1988, pp. 11-20
8. Karl R. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, Paidós, 1992, pp. 280-286 y pp. 381-391
9. Faye, Jean Pierre. El siglo de las ideologías. Traducción de Juan Carlos García-Borrón. Barcelona: Ediciones del
Serbal (Colección "La Estrella Polar", 13), 1998. 192 p. ISBN 84-7628-254-0)
10. Eric Hobsbawm Historia del siglo XX; Antonio Fernández Historia Contemporánea; Miguel Artola y Manuel Pérez
Ledesma Historia Contemporánea.
11. Frase de atribución discutida, pero afirmada por testigos presenciales (Carlos Floria entrevista en Criterio (https://
web.archive.org/web/20101230114428/http://www.revistacriterio.com.ar/cultura/carlos-floria-breve-recuerdo-de-an
dre-malraux/), diciembre de 1996).
12. Las denuncias del fundamentalismo islámico de V. S. Naipaul reciben a su vez críticas de otros ilustres escritores
que le acusan de fundamentalista hindú (Salman Rushdie, de origen hindú-musulmán y de cultura británico-laica,
quien a su vez fue objeto de una fatua por parte de Jomeini). Artículo sobre la polémica en La Nación (http://www.
lnd.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20080605/pags/20080605195622.html), 6 de junio de 2008.
13. Lonergan, Bernard. «2». Método en Teología. Sígueme. p. 54. ISBN 84-301-1053-4.
14. Es muy notable el especial odio que se genera entre las facciones que surgen dentro de una misma ideología, a
veces superior al rechazo de la ideología contraria.

Bibliografía
Capdevilla, Néstor. El concepto de ideología (https://web.archive.org/web/20070929042526/http://www.marcialpo
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Caruso, Sergio, La galassia ideologica. Per un approccio storico-problematico ai significati di "ideologia". Sassari:
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Gandler, Stefan. El discreto encanto de la modernidad. Ideologías contemporáneas y su crítica. México: Siglo
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Horkheimer, Max. La función de las ideologías. Taurus.
Laclau, Ernesto. Política e ideología en la teoría marxista. Siglo XXI.
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Massun, Ignacio Las ideologías en el Siglo XXI. Buenos Aires: Métodos""Editorial Métodos" (http://www.metodos.
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Minogue, Kenneth. La teoría pura de la ideología (http://www.metabase.net/docs/fusades/04649.html). Grupo
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Quintanilla, Miguel A. Ideología y ciencia. Fernando Torres.
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Macradis, Roy C. y Hulliung, Mark L. Las ideologías políticas contemporáneas. Alianza Editorial 1998.
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Ferrater Mora, J. (1984). Diccionario de Filosofía (4 tomos). Barcelona. Alianza Diccionarios. ISBN 84-206-5299-7.

Enlaces externos
Wikcionario tiene definiciones y otra información sobre ideología.
Wikiquote alberga frases célebres de o sobre Ideología.

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