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ESTRATEGIA DE COBERTURA FINANCIERA MEDIANTE

CONTRATOS FORWARD. EL CASO DE LA EMPRESA GUIBER

Globalización económica y financiera

A través de la historia económica se pueden distinguir diferentes etapas del


capitalismo donde se han puesto de manifiesto distintas combinaciones entre el
estado y el mercado, siendo uno de los principales el proceso de globalización
económica. De acuerdo a (Requena, 2010) la globalización es entendida como el
proceso de unificación económica entre los países a través del proceso de
integración comercial, financiera e industrial medido mediante la diversificación de
bienes, servicios, dinero y del surgimiento de nuevos procesos productivos,
distributivos y de consumo con el uso y la expansión sin precedentes de la
tecnología.

Este proceso se caracteriza por una marcada interdependencia entre los países de
tal manera que se presenta la integración de las economías locales a una economía
de carácter global donde los modos de producción y los movimientos de capital se
configuran a una escala mundial. Dentro de los aspectos beneficiosos que ha
propiciado la globalización se encuentran un notable impulso al comercio
internacional, la eficiencia productiva, el crecimiento económico, la reducción de los
costos de producción vía economías de escala, el acceso a mayores mercados y la
aplicación de una estrategia global (Gandoy y Díaz-Mora, 2010).

No obstante, desde sus inicios, el proceso de globalización ha presentado distintas


asimetrías. Dentro de las principales críticas que se le realizan es que genera
divergencia económica entre los países, viéndose favorecidos las economías
desarrolladas a costa de las economías débiles. Dicho desequilibrio ha generado
volatilidad e incertidumbre, de tal manera que en los últimos años se han presentado
olas especulativas, grandes fluctuaciones en los tipos de cambio de distintas
monedas y crisis económicas en distintas latitudes del mundo. Aunado a lo anterior,
se ha presentado el desplazamiento de las empresas locales producto de la
expansión de las empresas multinacionales.

En concordancia con lo antes mencionado, se puede señalar que la globalización


ha sido muy controversial y por ende ha motivado múltiples debates, algunos
estando a favor y otros que tienen un enfoque opuesto. (The economist, 2016)
plantea que independientemente de las posturas que se tengan al respecto, la
globalización ha concebido tanto ganadores como perdedores y que los gobiernos
no han logrado compensar a estos últimos. Por su parte, (Stiglitz, 2002) en su libro
denominado el malestar de la globalización, realiza una crítica a las instituciones
mundiales, Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial, de la forma como han
llevado el proceso de globalización. Señala que la globalización no ha cumplido,
que la brecha entre ricos y pobres ha crecido, por lo que es necesario replantear la
manera como ha sido gestionada la globalización.

Sin duda alguna, es uno de los temas que más se ha escrito en las últimas décadas,
generando polémica en cuanto a su aplicación y a sus repercusiones en las
economías de todo el mundo. A partir de ella, surge lo que se denomina
globalización financiera, la cual es entendida como el incremento de las relaciones
globales a través de los flujos financieros transnacionales favoreciendo la reducción
de las barreras a los capitales, el aumento de liquidez entre los mercados, la
diversificación del riesgo y el desarrollo del sistema bancario. La finalidad de la
globalización financiera está relacionada con la asignación eficiente de los recursos,
la disminución de los costos de capital y la atracción de capitales extranjeros
(Urionabarrenetxea, Báñales, García Merino, 2009). Para ello, los intermediarios
financieros se han adaptado a las nuevas circunstancias de la globalización a través
de la desregulación financiera, de los procesos de capitalización, de las
innovaciones de instrumentos financieros y del desarrollo tecnológico contribuyendo
a que los bancos puedan competir en los mercados internacionales cada vez más
interdependientes.
Desde otra perspectiva, la investigación desarrollada por (Kose, Prasad, Rogoff y
Shang-Jin Wei, 2007) señala que la globalización financiera aplicada en los países
en desarrollo no ha ocasionado los beneficios esperados, en forma de crecimiento
económico y mejor distribución del ingreso, debido a la vulnerabilidad ante los
desequilibrios externos, a la volatilidad de los mercados financieros y a la falta de
control y regulación de los flujos de capitales extranjeros.

Cobertura y riesgo
Con el proceso de globalización económica y financiera las empresas se han
expuesto a un mayor grado de incertidumbre en su acontecer diario, lo cual les ha
orillado a emprender actividades de cobertura financiera y con ello reducir sus
niveles de riesgo. Esto es respaldado por (Minton, Schrand y Walter, 2002) al
señalar que ante la presencia de las imperfecciones del mercado, y por
consecuencia su alta volatilidad, el capital externo es más costoso que el capital
interno, lo que conduce a una mayor vulnerabilidad y por lo tanto a lapsos en los
que las empresas no cuentan con los recursos suficientes de flujo de efectivo que
le permitan financiar su inversiones pretendidas.

Por ello, tal y como lo plantean (Martínez y Solano, 2002) las empresas requieren
de una adecuada administración del riesgo mediante la implementación de
herramientas y técnicas financieras que reduzcan o eliminen la existencia de
incertidumbre. En este sentido es posible, por un lado, que dichas coberturas logren
aminorar el riesgo y, por el otro, añadir valor a la empresa al aumentar sus flujos de
efectivo en el futuro y mejorar el rendimiento de sus activos.

De acuerdo a (Rojas y Abreu, 2008) una cobertura es un instrumento financiero


que actúa como medio de protección que intenta evitar o reducir una pérdida,
realizando inversiones compensatorias que involucra una posición opuesta en el
mercado de futuros a la que se tiene en el mercado físico. De esta manera, una
cobertura pretende asegurar una obligación futura respecto a los cambios que se
pueden presentar en los precios, en los tipos de cambio o en las tasas de interés,
con la intención de protegerse de la incertidumbre que genera la volatilidad en
dichos precios.

Una de las alternativas que tienen las empresas para llevar a cabo su cobertura de
riesgos es empleando derivados financieros. En palabras de (Jáuregui, 2003) son
contratos cuyos precios toman como base el monto de otros valores denominados
activos subyacentes. Esto es, la única forma de determinar el valor del contrato
derivado, y con ello establecer si se tiene pérdida o ganancia, es al conocer el valor
del activo subyacente relacionado. Los derivados financieros se utilizan con dos
finalidades distintas, ya sea como administrador de riesgo al pretender protegerse
de la volatilidad de una variable, o ya sea como instrumento de negociación con la
intención de obtener ganancias.

Por su parte, (Plambeck, Resembloom y Ring, 1995) puntualizan a un derivado


financiero como la relación contractual entre dos partes que otorgan derechos y
obligaciones de pago donde el valor del contrato procede del precio de un mercado
en efectivo o físico subyacente. El resultado de la evolución de los precios de un
elemento subyacente deberá ser entregado en una fecha preestablecida y en
función a un sistema de cálculo de la suma a pagar, determinado en el mismo
contrato derivado (Manini, 1997). Dentro de los activos subyacentes que se
encuentran en el mercado destacan activos financieros como divisas, acciones,
índices bursátiles, instrumentos de deuda y tasas de interés hasta productos como
el petróleo, el trigo y la soja.

Según lo que apunta (Saavedra y Utrilla, 2009) un producto derivado representa un


seguro respecto al nivel de precios a los que las empresas van a adquirir sus
materias primas, de tal suerte que elimina las oscilaciones constantes a las que se
ven sometidas este tipo de activos. Asimismo, (Chorafas, 1994) señala que los
derivados financieros tienen los siguientes beneficios: permite la planeación al
asegurar las transacciones a un precio acordado; proporciona un mecanismo de
transferencia de riesgos; facilita la formación de capital y; abastece de liquidez al
realizar transacciones.

Los contratos de derivados financieros están estructurados en cuatro vías: futuros,


opciones, swaps y forwards. Estos instrumentos se pueden negociar tanto en
mercados organizados como en mercados no organizados. Los primeros, se
efectúan dentro de la bolsa de valores y son contratos estandarizados respecto a
montos, plazos y garantías. En tanto, los segundos se establecen de acuerdo a las
preferencias de montos y plazos de las partes involucradas. Es aquí donde se llevan
a cabo los contratos forwards.

Tal y como lo señala (Mesén, 2010) un futuro es un contrato en el que comprador y


vendedor establecen la cantidad, calidad, tiempo de entrega, fecha de expiración y
lugar de entrega del producto. En este instrumento se acuerda el día de hoy el precio
a pagar en una fecha futura por un determinado producto con el objetivo de prevenir
fluctuaciones imprevistas en los precios y de esta manera reducir la exposición al
riesgo. Dentro de los principales tipos de futuros se encuentran las materias primas,
las divisas, las tasas de interés y los índices bursátiles. Cabe mencionar, que los
futuros operan de forma regulada dentro de mercados institucionales, lo cual elimina
el incumplimiento de la contraparte.

En tanto, las opciones son entendidas como el derecho más no la obligación de


comprar o vender un activo, de tal manera que únicamente se ejerce el beneficio en
dado caso que se genere un rendimiento (Rojas y Abreu, 2008). En este tipo de
instrumento la contraparte del contrato, el comprador o el vendedor, recibe a cambio
una prima por obligarse contractualmente. Dentro de las opciones, se pueden anotar
la opción “call” como el derecho más no la obligación a su poseedor de comprar un
activo en un monto y en una fecha determinada. Asimismo, se encuentra la opción
“put” entendida como el derecho más no la obligación de su tenedor de vender un
producto en una fecha y en un valor preestablecido.
Por otro lado, (Ortiz, 2016) establece que los swaps son entendidos como un
contrato en el que ambas partes se comprometen a intercambiar flujos de efectivo
en una fecha futura preestablecida tomando como referencia el valor ya sea de un
índice, de una tasa de interés o de una divisa. Tal como lo describe (Peralta, 2009)
los swaps aplicados en divisas pretenden cubrir el financiamiento de una empresa
en valores equivalentes aunque en distintas monedas. En el caso de los swaps para
tasas de interés se limitan a cubrir la diferencia entre intereses intercambiados. En
tanto, en los commodities ambas partes pactan un índice de precios como
referencia.