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DRAMÁTICO

(A una señora de al lado) Yo también estoy esperando a mi hija. Viene en ese avión. la he visto
nunca. Bueno, cuando nació, claro. Me ha enviado alguna foto, me las envió la semana pasada,
pero no estoy segura de reconocerla cuando salga por ahí, cambiamos tanto al natural. Yo no le
he sabido enviar ninguna foto, no me aclaro mucho con estos aparatos de hoy, soy de otra
generación. Antes no teníamos tantas facilidades de comunicación. Antes, un hombre te decía:
“Voy a por tabaco” y no lo volvías a ver. Su padre hizo eso, fue a por tabaco cuando me quedé
embarazada de ella. Me dijo: “No tardaré”. Y no lo volví a ver. Eran otros tiempos. Ha sido ella
que ha querido conocerme. Me buscó. Es la edad, supongo, quiere poner en orden su vida. Tiene
un novio muy guapo, en una de las fotos sale con él. Creo que me ha perdonado. No, no es que
hiciera nada malo, hice lo que tenía que hacer en ese momento, lo que habría hecho cualquier
buena madre: ahora tiene un futuro. Es médico, ¿sabe?, en un hospital, qué responsabilidad,
médico, mi pequeña es un médico. Son buena gente, los médicos. A mí me han curado, les debo
mucho. Su novio es médico también. Cuánto médico… Y el padre de su novio es un doctor
famoso. Son familia de médicos. Gente de mucho dinero. Pero el dinero no es lo primero. Hay
cosas más importantes que el dinero. En la foto se les ve muy juntos, él la coge así, por detrás,
abrazándola, y ella le mira y se sonríen. Apuesto a que se acaban casando algún día. La foto no
miente, se les ve enamorados. Igual viene a decirme que se casa. Si, igual es eso. Y igual… quiere
que vaya a la boda… y que conozca a su familia. Sí querrá que conozca a su familia y que… ellos
me conozcan… a mí… A mí. (Al panel) Ahí pone 11:30, ¿verdad? El vuelo llega a las 11:30. Uh,
aún falta mucho. Son las 11. Voy a salir un rato. Voy a fumar un rato afuera. ¿Me lo sujeta, por
favor? No tardaré. Gracias…

DRAMÁTICO
Recuerdo la primera vez que vi un cadáver, fue el de madre. Desde entonces siempre me
preguntaba lo mismo cada día y cada noche, ahora es la misma pregunta que me hago con
nuestra hija… ¿Qué aspecto tendrá ahora? ¿Habrá comenzado a hincharse? ¿Se le habrá tornado
negra la piel? ¿O despegado los labios de los dientes…? Pienso en encerrar a Myrcella en una
cripta, pienso en su precioso rostro deteriorándose y me lleno de rabia por no haber podido
evitarlo. Ella no tenía culpa, era buena, desde el primer momento fue encantadora. No sé a
quién pudo salir, desde luego no a mí, sin maldad ni envidia, sólo bondad. Pensé que si podía
hacer algo tan bueno, tan puro, tal vez yo no fuera un monstruo. Pero sabía que esto pasaría, la
bruja me lo dijo hace años, me prometió tres hijos y que también morirían, “De oro serán sus
coronas y de oro sus mortajas”, todo cuanto dijo se está cumpliendo, no podías evitarlo, es una
profecía. También llegó a comentar que cuando las lágrimas me ahogasen, el Valonqar rodearía
las manos sobre mi cuello y me arrebataría la vida… Todo lo que está pasando es por culpa de
Tyrion, Jaime, has de acabar de una vez con él. No pongas esa cara, sabes que estoy en lo cierto,
nuestros padres asesinados por él y nuestros hijos muertos por su culpa, envenenó a Joffrey y
mandó a Myrcella a esa cuna de víboras que solo querían venganza, ¿y cuál fue el resultado?
Joffrey luchando por sobrevivir entre mis brazos mientras lo señalaba antes de fallecer, y
Myrcella muriendo entre tus brazos tras sacarla de aquel lugar. Te lo dije en su día y no me
hiciste caso, me amenazó con aquellas palabras que aún rondan por mi mente cada noche desde
que las pronunció. “Llegará el día en que te creas a salvo y feliz, y tu dicha se convertirá en
cenizas en la boca”, eso es lo que me dijo y aun así después de todos los hechos sigues
aferrándote a la inocencia de esa aberración. ¿Te das cuenta de que de tres hijos sólo nos queda
nuestro pequeño? Y nuestro pequeño está entre las garras de la Tyrell que lo mangonea como
le da la gana. ¡Quemaré a esa zorra antes de permitirlo! (intenta tranquilizarse) Por favor, vete,
quiero estar sola… ¿Es que no me has oído? ¡Márchate!
CÓMICO
Me has dicho que no te vas a enfadar. Vale. A ver cómo te lo cuento… A ver… (da con una
idea) Vale. Supón que estoy en la calle intentando parar un taxi y no hay manera, y ya es tarde,
y ya no quedan autobuses -no sé cómo narices voy a volver a casa-. Y supón que, cuando estoy
a punto de cortarme las venas, pasa Eduardo con el coche y me ve. Me pita. Y me dice: “Ey,
Begoña, sube, que te llevo a casa”. Supón que se me ha estropeado la cafetera. Y cuando
estamos llegando a mi casa, se lo explico en plan drama -porque es un drama-. Y le digo: “Me
dijo Susana que el otro día arreglaste una de estas, ¿verdad?”. Y le convenzo para que suba y le
eche un vistazo. Supón que se pone a manipular la cafetera y, cuando está abriendo el
compartimento del nosequé, a mí se me vuelca el recipiente del agua que tenía que estar
sujetando pero que se me resbala – suerte que no estaba caliente, el agua-. Y supón que claro,
se le moja la camisa y yo le digo que se la quite, que se la seco -y yo también me tengo que quitar
la mía porque también se me ha mojado-. Y le paso un poco una toallita por el pecho para
secarlo. Y también me la paso yo porque yo también me lo he mojado. Supón que, no sé cómo,
empieza a hacer mucho calor y mi sujetador vuela, y sus pantalones vuelan y acabamos allí, en
el suelo de la cocina… bueno. (Su amiga se está enfadando mucho). No, no, me has dicho que
no te ibas a enfadar. Joder Susana, no. (Susana está enfada) No quiero que te enfades. A ver…
Vuelvo a empezar. Supón que Eduardo no es tu marido, que estoy en la calle intentando parar
un taxi…

CÓMICO
A ver, mamá, quiero que te sientes para que hablemos de forma íntima, así que toma asiento.
(La madre toma asiento) Sí, esos rumores son ciertos: me he casado. No te avisé porque ni
siquiera yo sabía que me iba a casar. Ni Pedro tampoco. Simplemente, surgió. Salimos del casino,
fuimos a dar una vuelta en limusina y… sí, en limusina, es que ganamos en el casino. Bueno, la
que ganó fui yo. Pedro jugó a cartas, a dados, a la ruleta, a todo… Estuvo como dos o tres horas
y al final le dije: “Ey, la última ficha para mí”, la metí en la máquina tragaperras, le di a la palanca
como en las películas americanas de las que haces zas, zas y, joder, se encendió una luz roja,
sonó una alarma, como si fuera una sirena de la policía y empezó a caer dinero. ¡No he dicho
joder, mamá, he dicho jolín…! Bueno, retomemos la historia, en ese momento cuando l máquina
tragaperras comenzó a sonar dije ¡Hosti…! ¡Ostras, me la he cargado!. Pero no, lo que había
pasado era que gané el premio gordo de la noche. Recogimos todo el dinero y ya teníamos a
tres o cuatro tíos ofreciéndonos toda clase lujos: que si espectáculos, suites, limusinas, cenas de
lujo… De todo. Así que decidimos tomar la limusina para ir a todos los lugares de la ciudad
mientras disfrutábamos del champán y el caviar, que por cierto, estaba asqueroso. Hubo un
momento donde Pedro y yo temimos por nuestras vidas, porque como he dicho, paseamos por
todos los lugares, hasta callejones y uno de los polígonos. ¿Sabías que con el dinero puedes
hacer todo tipo de cosas en un polígono? No malpienses, nos pagaron por darles el caviar de
mierda que teníamos en la limusina. De mierda no, de mal sabor.
Bueno, ya a la vuelta estábamos algo cansados Pedro y yo, pero un establecimiento con una luz
de neón nos llamó la atención, tenía puesto “capilla” pero claramente leímos “Cásate aquí y
ahora”. Nos adentramos y ¡Nos casó Elvis, mamá, y la testigo era una mujer con un pedal que
no sabía ni cómo había llegado allí! ¡Y la invitamos a más copas de champán porque fue muy
divertida con nosotros! Realmente fue una experiencia única, aunque al día siguiente nos
arrepentimos Pedro y yo de todo lo que hicimos, porque realmente no queremos estar casados,
y divorciarnos sería hacer separación de bienes, y eso sería partir para cada uno lo ganado en
aquella noche.

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