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Antropología de géneros

Notas críticas y antagonismos en la deconstrucción binaria

Martínez Pintor, M. de Fran


Manflorita i Roses, Myshell

Resumen:

En la actualidad, las personas con variaciones intersexuales, sean en su mayoría de


origen genético o construido, con sus cuerpos no-heteronormativos se enfrentan a
identidades de género estereotipadas, al aislamiento social y al estigma psicosocial
respecto al “privilegio cis”. El término DSD1 y el marco de trabajo sobre trastornos, lo
único que hace es contribuir a su devaluación ontológica por medio de un eufemismo
tan cursi como la interseccionalidad (Crenshaw, 1991) y a la prolongación y resistencia
por parte de quien no quiere que se modifique nada. 2 Desde la sociología, se atiende a la
desencialización del binomio sexo-género,3 ya que no se entiende lo primero si no es
subordinado a lo segundo, desde la experiencia subjetiva de sentirse libre. El disfraz de
género ha pasado del uso de pantalones de forma cruzada4 a la reasignación hormonal y
estetizante, donde el cambio de identidad desnaturaliza la programación de género.

Palabras clave: Antropología periférica, etnocentrismo, sistema heterocentrado,


identidad preformativa, realidad mixta.

Resum:

En l'actualitat, les persones amb variacions intersexuals, siguin majoritàriament d'origen


genètic o construït, amb els seus cossos no-heteronormatius s'enfronten a identitats de
gènere estereotipades, l'aïllament social i l'estigma psicosocial respecte al "privilegi
cis". El terme DSD i el marc de treball sobre trastorns, l'únic que fa és contribuir a la
seva devaluació ontològica per mitjà d'un eufemisme tan cursi com la interseccionalitat
(Crenshaw, 1991) i a la prolongació i resistència per part de qui no vol que es modifiqui
res. Des de la sociologia, s'atén a la desencialización del binomi sexe-gènere, ja que no
s'entén el primer si no és subordinat a la segona, des de l'experiència subjectiva de
sentir-se lliure. La disfressa de gènere ha passat de l'ús de pantalons de forma creuada a
la reassignació hormonal i estetitzant, on el canvi d'identitat desnaturalitza la
programació de gènere.

Paraules clau: Antropologia perifèrica, etnocentrisme, sistema heterocentrado, identitat


performativa, realitat mixta.

1
Desde 2005/2006, las personas intersexuales han sido consideradas por la medicina como teniendo un
“Trastorno del Desarrollo Sexual” (DSD)
2
La mente conservadora peca de involucionista, de una estulticia extremadamente desafortunada y de una
moral bastante hipócrita. Lo que no perdonable es que algún doctor iluminado por los flashes de neón
afirme que “Las tasas de prevalencia de comportamientos autodestructivos y tendencias suicidas en la
muestra de personas con DSD, son dos veces más altas que en el grupo de comparación basado en
personas no-traumatizadas” y eso que nadie ha demostrado aún la evidencia de esa condición.
3
Judith Butler de la teoría de la identidad preformativa.
4
Siguiendo el trabajo de Butler, el género avanza a través de actuaciones ritualizadas, pero en el
travestismo masculino se convierte en una "ruptura" performativa de lo masculino y en una "repetición
subversiva" de lo femenino.
Si me atribuyen un género y yo lo asumo como propio, o no

Ante el temor primario a la castración y la necesidad de su control, una conducta


patrilineal5 o androcentrista es permeable a la ambivalencia y la ansiedad masculina
respecto del poder femenino.6 Jackson visualiza el antagonismo sexual desde la idea de
que el “género” es una estructura psíquica, cognitiva y abstracta que ordena, de forma
jerárquica, los significantes femenino y masculino. Las identificaciones de género
reflejan posiciones de sujeto conflictivas y contradictorias, deviniendo con ello diversas
crisis de subjetividad. 7 En la práctica se reconocen sólo dos posiciones de sujeto
hegemónicas para todos, los cashinahua jóvenes propiamente masculino (xanen ibu) y
propiamente femenino (ainbu ruin) pero vemos como la modelización de la subjetividad
se abre hueco con un proceso de deconstrucción que podría asemejarse a lo que Judith
Butler denomina deshacer el género. La deconstrucción de la identidad genérica que
habilita el signo teatral ahora ya, como algo construido y artificial, construye y
deconstruye a su personaje a conveniencia. Al margen del ser ambiguo y genérico, el
contexto actual demanda caracteres de inverosimilitud, donde el género es un accesorio,
un objeto o producto de consumo anexo al cuerpo que conforma una imagen. En
cambio, la realidad objetiva se perpetúa bajo una idea transfóbica sobre la que se puede
fundamentar cualquier sentimiento a favor del género cruzado.

Para Stoller género significaba el “sexo psicológico” con el que se dejaba atrás el
determinismo biológico y por ello, la construcción social absorbe cualquier subjetividad
y la configura desdibujando sus significados. No es una connotación simplemente
culturalista, o de vanguardia, sino un ejemplo más de la desigualdad que rige en su
diversidad como humanos. La perspectiva de género es un factor ideológico
determinante para Josep Miró (2017) aunque la única perspectiva crossing es más bien
ácrata o llanamente autónoma e independiente. Así que, la única confusión viene de la
negligencia de no admitir antropológicamente una realidad mixta, que siempre ha estado
solapada y que ya es tiempo de ser visible. En la era de información global, el género se
refiere, no solo a la categoría gramatical de las palabras, representa la voluntad
intelectual del desarrollo humano en su afán por conquistar la realidad de la materia. A
nadie se le impone el género, pero a todo neófito se le asigna un sexo, por lo que todo es
cuestión de obedecer o discrepar, de reiterarse y reducirse a comportamiento básico o,
por el contrario, conjugar un gran número de géneros por su capacidad estimulante y
descubrir sus matices y variantes, según se responda individualmente.

Si no se vislumbra un horizonte más vertical, la violencia estructural (Galtung, 1969)


puede dispararse cuando las fantasías de poder masculino (Moore, 1994) son desafiadas
por una mujer o una figura intersexual. 8 Esto se contrasta con las tesis biologicistas que
ligaban el rol9 y el status social de las mujeres a su anatomía, de tal suerte que, lo

5
Jean Jackson (1992) ofrece una explicación en ese orden para comprender las razones que promueven
que la violencia masculina esté, simbólicamente, marcada en el ritual tucano.
6
McCallum propone que, al interpretar la violencia sexual o cualquier otra forma de acción simbólica,
debemos lidiar con la forma en que la acción individual y la experiencia se modelan en contextos
culturales e históricos específicos.
7
En esta nueva perspectiva, el “nativo amazónico” es un ser genérico, único y distinguible; antes que
nada, preocupado por su continuidad ontológica con los seres no-humanos.
8
Galtung señala que “la violencia está presente cuando los seres humanos están siendo influenciados, por
lo que sus realizaciones somáticas y mentales, están por debajo de sus potenciales realizaciones”.
9
Según Morgan Carpenter: Mientras que la ‘corrección’ del sexo, es entendida cada vez más como un
problema de derechos humanos, el nacimiento de un bebé intersexual permanece como una ‘desafiante
emergencia clínica’.
femenino no es preponderante todavía, sino que el objeto de reclamo resulta
incomprensible fundamentalmente en aquellas mentes que alienan el pensamiento en
dirección a la Meca o lo propulsan hacia un paraíso atemporal, donde mira por donde no
hay géneros. Por ejemplo, las llamadas listas cremallera no son una amenaza, sino una
corrección histórica que no hay que temer repararla. El sentido del término género ha
evolucionado, como consecuencia de su naturaleza específica, o sea sujeta a cambio. Lo
que resulta lamentable siempre, es la cobardía de quien se refugia en términos
cuantitativos, qué según ellos, los cisgénero son mayoría. Por esa razón, ninguna raza
minoritaria sería honorable y esto, sí que es discriminatorio, antinatural y nada
inteligente. Toda vez que, el núcleo fundamental de la teoría de género10 tiene sobre sí
misma el poder de elección, nada hay que rebatirle, solo basta con no suscribirla quien
no quiera. Claro que no está claro que la democracia no haga aguas y se haga
demagogia por medio de sufragios, en vez de derechos, bioéticamente irrefutables.

El fatídico, cuando no diabólico, trinomio Iglesia-Régimen-Psiquiatría, viene siendo


diametralmente contrario al desarrollo y al progreso social, debido a su encierro
sistemático. No basta con haber superado científicamente y socialmente al paupérrimo
cesaropapismo y a la teocracia más rancia; se sigue perpetuando la intolerancia con una
psiquiatría chirriante, a la que la OMS no le atiza con la razón e inopinadamente deja a
su suerte a quienes no forman parte de esa élite di una Chiesa, ni de la Troika, ni de
ninguna comisión militarizada. Con el fin de cambiar nuestras sociedades, las
organizaciones de mujeres, sindicatos y movimientos sociales más amplios no reportan
otra cosa que la debida justicia. La historia es denunciable por abuso continuado y por
cohabitación criminal ante el contubernio de una ciencia oscura, a la que hay que abrirle
los ojos a la evidencia y a la distribución injusta de tareas y del poder social. El
individualismo, junto con su valor complementario, atribuye sus logros a la capacidad
consciente de sus cualidades y la legitimidad para defenderse y desmontar los
estereotipos negativos que inhiben su empoderamiento. La formación de las mujeres en
el conocimiento científico, así como la de otros géneros invisibilizados hasta hace bien
poco, contribuye a la creación y validación del progreso y de la igualdad,
fundamentalmente, al progreso de la justicia.

El concepto de género era una construcción semiótica, luego una plataforma


sociocultural y se prevé que sea un efecto compuesto de representaciones discursivas y
visuales de apropiación. ¿Pero, por qué el género es una marca privilegiada de la
identidad? El género no es el implante somático de una excitación psicofísica, requiere
una acción de parte, frente a la diversidad múltiple (Laplanche) de un polimorfismo
refoulement y su sustitución por el género como una categoría más aceptable para los
adultos y su auto-entendimiento incontenible. En realidad, no hay problema con la
denominación de los géneros, el conflicto parte del uso sexual que tanto asusta a
quienes están inscritas no del lado de lo sexual, sino del lado de lo que reprime lo
sexual. Entre una cosa y otra, las prácticas de deconstrucción del género se identifican
con el desmontaje de la identidad individual y la obstrucción al progreso que la
civilización misma produce al reprimir lo sexual. Ahora bien, más allá de la zona de
confort del principio de placer, el antagonismo es cualquier cosa menos antisocial, de
hecho, es constitutiva de una sociedad democrática.

10
La identidad de género es la percepción subjetiva que un individuo tiene sobre sí mismo en cuanto a
sentirse hombre, mujer, o de uno de los muchos géneros no-binarios, y debe reconocerse como una
identidad política portadora de derechos específicos, que comportan obligaciones de la sociedad y de las
instituciones políticas hacia ellas.
Madre natura y creatividad

Margaret King se vistió a principios del siglo XIX para asistir a la escuela de medicina,
ya que ninguna aceptaría estudiantes femeninas. Hoy, el feminismo analiza el pacto
social,11 aquel que estuvo precedido de un “contrato sexual” desde una óptica de
proveedores por la igualdad. Si el principal cometido político del feminismo es cambiar
un imaginario colectivo, el papel de un padre, tenga hijas o no, deviene sencilla y
certeramente en un manual básico de educación. Huelga decir que la historia es madre
de la verdad y el pasado, y aunque esta haya servido a la explotación humana, resta
emular al sentido común para que por fin sea el más común de todo sentido. Aceptamos
que nada debe generar la incomunicabilidad y que el acto reconstructivo como creativo,
parece ubicarse más en la dimensión del inconsciente que en lo consciente. No obstante,
somos conscientes de cada acción y pulsión dentro del contexto, de nuestro espacio vital
y hasta de una sensibilidad12 de cierto patrón socio-cultural. En tanto el cuerpo es sitio
de relaciones externas de poder, su matriz de emergencia emocional, ha sido
categorizada dentro del subgénero de la ficción especulativa. De esta manera, es posible
sostener un llamado de atención sobre la condición deseable, sea binaria o intersexual.
De hecho, en el contexto ficcional los géneros se retroalimentan de la corporalidad y su
expresión tendenciosa, pues se trata de concebir al cuerpo como elemento de control y
sujeción que deviene ser normalizado.

La transformación obedece a un espacio de resignificación individual donde las


ficciones culturales, con su auto-representación, su auto-imagen y con su práctica
cotidiana, ha posibilitado un modelo simplista y a su vez una multiplicidad de discursos
de género.13 Los feminismos provenientes de espacios propios, como catalizadores de
sus dimensiones corporales/emocionales, transforman la subjetividad de los sujetos,
mediante formas creativas y subversivas de entender y experimentar el placer. A partir
de las experiencias la antropología feminista, articula y se pone en diálogo con otros
procesos generales, para proyectar una mirada alternativa a la sociedad. Asimismo, una
configuración de prácticas, más allá de la sexualidad, se presenta en formas y
circunstancias ilimitadas. Partiendo del objeto de estudio etnográfico, los discursos
sobre las emociones (Abu-Lughod y Lutz, 1990) reformulan un cambio social desde lo
corporal. Es preciso dar cuenta de los espacios de encuentro que surgen de estas
conceptualizaciones interpersonales. Estos planteamientos, desde la crítica a la
heterosexualidad obligatoria, por ejemplo, orientan el deseo hacia aquellas prácticas
performativas en el que explorar el placer a través de corporalidades y subjetividades
diversas, se conforman en torno a la lucha de las mujeres y del movimiento feminista
fuera la de reapropiarse de su vida, su cuerpo, su sexualidad y su autonomía personal.

El hecho de intentar dar respuestas es un acto creativo en el que la distinción entre sexo
y género no existe como tal'' (Butler, 2007: 55) Sería erróneo dar una visión
etnocéntrica de la cultura en el desarrollo de la creatividad (Diaz…) porque para la

11
Según la RAE se mantiene como una de las acepciones de feminidad “el estado anormal del varón en el
que concurren uno o varios caracteres femeninos”
12
Pierre Bourdieu (2000, 55) narra desde una evocación nostálgica, partiendo desde la experiencia
sinestésica del aroma del “pecado” que lo lleva a la búsqueda desesperada del disfrute gozoso de la piel
(de Malte) aunque este lo condene a un pecado infernal.
13
Para Simone de Beauvoir “No se nace mujer, se llega a serlo” para expresar que la cualidad femenina
no deriva de una pretendida naturaleza biológica, sino que es constituida a partir de un proceso complejo
ligado a lo social, cuyo resultado es hacer de una persona de sexo biológico femenino, una mujer.
comprensión del mundo abstracto, según Díaz Mor Prieto C. Huerta Mareca R., las
distintas partes del cerebro trabajan conjuntamente y están conectadas de una manera
poderosa, en sintonía con un mayor flujo cerebral en las áreas que se relacionan con el
procesamiento multimodal y de emociones, y concluyen que la creatividad es un
proceso dinámico que implica la integración de todos estos procesos, realizándose en
un sistema muy distribuido del cerebro. Con la necesidad de tener suerte el ser humano
observa la naturaleza y necesita comprenderla, con ella un orden lógico y todo ello
enmarcado en un determinado hábitat y un no tan determinado género. La reflexión se
problematiza con una supuesta democratización de la identidad de género, debido a la
estrecha franja de pensamiento que guía a la masa cultural, además de empobrecer la
especie por esta misma manía de imitar pautas que no ha dictado la naturaleza. El ser
humano ha sido un corruptor de la naturaleza desde el momento que se hizo bípedo, no
dejando a su suerte algo tan elemental como son sus particularidades. Más allá de una
necesidad culturalizada, los contenidos simbólicos, se han tratado en ámbitos más o
menos exclusivos, referidos a los gustos y las prácticas del bienestar humano y de la
calidad de vida. Esto significa viabilizar verdaderos procesos de desarrollo interpersonal
y la notoria concentración de naturaleza14 entre términos intrapsíquicos y fuerzas
inconscientes que intervienen en el funcionamiento del aparato psíquico.

Bien está considerar que los humanos no tienen solo sexo, tienen sexualidad. Nuestros
deseos, atracciones y pasiones están condenadas a pulular por un laberinto de
consistente de individuos que se sienten atraídos por un sexo, por ambos sexos, o
alternar entre uno y otro. Creativamente hablando, nuestra reserva mental de recursos ha
añadido muchísima complejidad, desde la desproporcionada manera de concebir fetos a
la manera creativa de tener éxito racional como especie. Ya es hora de arrinconar
categorías biologistas y que todas las conexiones entre género y sexo sirvan para
empoderar a la persona asociada con el género, según afirma la ciencia que cambiará,
como casi todo lo demás, a lo largo del tiempo. La mezcla de género, lenguaje,
diversidad cultural y sexualidad, puede convertirse entonces en un símbolo de la gama
diversa de experiencias humanas. Rebecca Jordan-Young, presenta en sus estudios
importantes diferencias entre los sexos, pero son más semejantes que diferentes.
Entonces, la manera en que modelamos el mundo «masculino» o «femenino», se
desarrolla mediante interacciones entre el mundo externo y nuestro propio aparato
sensorial, que a todas luces puede girar con absoluta normalidad y estimulado por una
sencilla curiosidad natural. La inteligencia sexual, que no aparece en Harward, cambia
su enfoque con el tiempo a medida que lo hacen nuestros contextos sociales y
estructurales, incluso cuando la sexualidad es esencialmente colaborativa.

Hace dos millones de años, para evitar a los depredadores, hubo personajes que, a través
del conflicto, la imaginación y la colaboración se abrieron paso entre ambos géneros.
Siempre debemos recordar una tendencia al individualismo que se retroalimenta con la
cooperación; algo compatible con la opinión de Megan King cuando dice: "Mis
momentos más creativos llegan cuando mi cerebro puede descansar".15 En este sentido,
la lógica permite visualizar las oposiciones semánticas en el aprendizaje, lo cual
confiere aportaciones fundamentales dentro de un sistema social, donde el proceso
cognoscitivo, subsume valores y principios a una forma extensa de comportamiento. El

14
Tal como dijo la filosofía feminista Beatriz Preciado, más que violencia de género, el género de por sí
es violento, ya que impone y condiciona desde la crianza, la identidad sexual del niño/a, no dando lugar a
expresiones distintas del género y la sexualidad, fuera de lógicas patriarcales-heteronormativas.
15
La atención se denomina red predeterminada al activase cuando soñamos despiertos.
concepto de “sistema sexo/género” se encuentra dentro de la compleja articulación
social, de manera que unas sexualidades por un lado son consideradas normales o
legítimas; por otro en cambio, justificaría la opresión y el sistema jerárquico. Por lo
tanto, la realidad propone una alteración estructural en el lenguaje para poder destruir el
género o modificar su uso (Wittig, 1971) extrapolable al género gramatical. En la
brecha de género el proceso para conseguir la igualdad revela que la anatomía como
destino constituye la medida “neutra” del pensamiento lógico deductivo. Sin embargo,
mientras que la diferencia sexual es una forma primaria de diferenciación significativa,
el género se refiere tanto a un accidente gramatical como a una cuestión relativa a los
sexos. Aunque se aborda la identidad de género, los cambios manifiestos han aportado
la pluralidad de sujetos irrepresentables. Queda en vilo el reconocimiento de más de
setenta identidades de género en sus perfiles RRSS. Desde ese momento la realidad deja
de ser binaria porque se divide cada día en minorías más atomizadas.

Pensar lo sexual

En este artículo el disciplinar los deseos, las sexualidades y el feminismo son producto
del diálogo, contribuyendo a producir identidades legitimadas y negadas, en relación a
normalizar un sistema heterocentrado que rompe aguas. La identidad sexual, la
identidad de género y la orientación sexual, son definiciones simplistas y no hay que
entretenerse en clarificar su marco teórico. En cambio, la combinación de estos tres
conceptos, presuponen una combinatoria muy interesante respecto de las diferentes
realidades y el respeto hacia la experiencia personal y extrasensorial. El término “sexo”
es polisémico16 para todos y cada uno de los seres humanos, engloba la parte biológica,
emocional y afectiva, por lo que el mayor órgano sexual que poseemos es nuestra
epidermis. Evidentemente, un ser sexuado interpreta y toma decisiones que en principio
solo le atañe a nivel personal, pero al necesitar a otras personas en el acto sexual, la
toma de decisiones se comparte ponderadamente. La clave sexual asertiva plantea por
tanto una coherencia entre los principios de cada persona con la finalidad que confiera
al sexo. El comportamiento se reduce a sus deseos sobre un límite inspirado en las
distintas relaciones que tenemos y las personas de referencia que nos rodean.

En ocasiones, las consecuencias de nuestras decisiones, aun cuando se satisfacen, debe


estar libre de toda fuerza externa, incluso de fuerzas sutiles. Además, la ética sexual
asertiva analiza las diferentes funciones para su desarrollo integral, desde la reflexión
estética sobre la belleza de la sexualidad, hasta nos invita a vernos de otra forma. La
sexualidad es una acción específica, pero su práctica deja de ser universal, en cuanto al
desarrollo de la excitación sexual. Vamos que, la fantasía erótica, partiendo de la
necesidad biológica, nos lleva a determinar la mayor satisfacción a través de
sensaciones que multiplican las posibilidades de su cerebro y los movimientos de su
cuerpo. No hay porqué suponer la realidad por sí mismo, sino que, al dejarse llevar por
una serie de intuiciones o estímulos, no le inducen a irrealizar las cosas. Una mayor
liberalidad requiere de una protección de la intimidad, y en ese sentido, la aceptación de
una persona que posee independencia, autonomía, libertad, deseos propios y
particulares, contiene los mismos valores y esperanzas que cualquiera. De hecho, las
principales emociones del intercambio, equivalen por un lado a las generales para todas
las acciones.

16
Para Carmen Bengoechea nuestra conciencia nos dicta cómo percibimos y vivimos sexualmente, pures
nuestro cuerpo nos lleva años de ventaja demostrándonos que la sexualidad funciona nos agrade más o
menos.
El grado de libertad ha venido defendiendo el derecho de los jóvenes a elegir la pareja,
la identidad sexual o de género y las formas de amor-sexual. El nivel de excitación
aumenta por un refinamiento de la sensibilidad corporal, de forma que ceder y aprender
algo de la sensibilidad del otro aumenta otro tipo de estrategias de satisfacción sexual.
La sexualidad es razonada por la humanidad bajo puntos de vista diferentes, en
particular es un tanto estricta sobre la mayoría del gremio binario, pero muy abierta para
el resto de identidades de género y condición sexual. Los hallazgos clínicos, o mejor las
señales especulativas sin rigor científico, llevan a reflexiones sobre los caminos del
deseo, poco fundamentados en la relación entre los géneros. Aunque se trate de liberar
la información, las categorías femenino y masculino, al no moverse históricamente no
pueden considerarse competencias argumentativas. Como pilares de una estructura
social ha servido perfectamente, pero hoy no es menester referenciarlos como
paradigma cibernético. A partir de la década de los setenta, se inició un proceso de
deconstrucción de los contenidos sexistas y no se acaba de asumir la máxima realidad,
sino una especie de mínimo común múltiplo, bajo el cual la promiscuidad sigue
invisible con el consentimiento de la misma orden binaria.

Ya no se pueden ignorar aquellas neosexualidades que conllevan, según Rosario


Allegue, el cambio en los cuerpos, la revisión del concepto sobre identidad sexual, y los
caminos del deseo, todo esto enmarcado en la crisis de las referencias simbólicas y en el
narcisismo como paradigma de esta época. La diversidad sexual tan solo es una más a
elegir o asumir sin fisuras, siempre que nada obligue a relativizar demasiado a la
diferencia sexual como condición determinante para el establecimiento del sujeto
psíquico. Asimismo, la categoría psicoanalítica de la diferencia seguirá torpedeando las
teorías y políticas de género. Mientras, cada cual se hará todo tipo de preguntas como
reverso de lo único.17 Joyce McDougall señala que no hay diferencias significativas
entre el análisis de pacientes homo y heterosexuales, por lo que deducimos que el goce
que se le da a su partenaire es inversamente proporcional al obtenido de su orientación e
identidad colectiva. No es la confirmación narcisista, sino el deseo libre de poder ser
reconocida en cualquier tipo de identidad y práctica sexuales, incluido la alternancia.

Pensar en sexo es una parte significativa que se construye sobre nuestra vida personal.
Cada vez que sentimos deseo, se producen reacciones fisicoquímicas sobre las que se
puede enarbolar todo tipo de teorías, de transformación y vida. Ya es triste que en un
primer mundo meramente tecnológico las personas que no encajan en el binarismo
apenas tengan el apoyo de los suyos y con reparos. Es vergonzante que se tenga que
usar la definición de "declaración" para excusarse por no sentir como la hipotética
mayoría, aunque hay una cantidad de heterosexuales que usan los servicios de otras
personas trans y hasta del mismo sexo de vez en cuando. Tampoco es necesario
competir ni alterar la siesta intelectual de nadie, pues las sensibilidades cisgénero son
tan susceptibles como indolentes sobre minorías a las que temen y desconocen. Europa
trata de ser la vanguardia en derechos, pero en vano las comunidades son inclusivas, y
no es por el nivel de estudios o la información sesgada, es que el ser humano es tan
cobarde y poco admirable, que solo entienden el respeto hacia su prole. Este término o
el de manada para ser más concretos, es el más real para calificar a individuos que
desprecian a la inteligencia con sus actitudes intolerantes y se perpetúan en una moral
pseudo religiosa que ni procesan y a la que faltan el respeto continuamente, de
pensamiento y obra.

17
En femenino, la relación con una mujer es más fácil, somos amigas, compañeras, no me siento exigida.
La importancia de hablar de la cualidad sexual depende de las mismas luchas y
demandas que históricamente se van articulando, de forma que, en una ciudadanía
predefinida la respetabilidad sexual no puede hacerse cargo, de la crítica y la
transformación mucho más profundas que hace falta promover a nivel de las
formaciones culturales. Bajo esta lógica, una sociedad en términos sexuales y en
términos democráticos se posiciona como evaluadora de los grados de avance en
derechos humanos y esto incluye, las relaciones horizontales de aprendizaje mutuo y un
salto en el campo de las políticas sexuales. En el caso de lo queer, no solo como término
sino como marco analítico y crítico, como descriptor de una comunidad que reniega de
cualquier posición canónica, se asume una posición extremadamente voluntarista y
soberana por causa de reivindicar una identidad posible. La confusión del diálogo entre
las distintas voces del debate, cuestionaría ese lugar de desconocimiento o de
congelamiento del significado de lo queer, en tanto que, la intraducibilidad del término
no implica que se comprenda su verdadera dimensión, o sea ilimitada.

En lo que respecta al sistema sexo-género el deseo aparece como la concreción de un


goce, luego se podrá aumentar el interés sobre el poder, entendiendo por deseo no una
lógica de la falta, o en su caso18 el problema que enfrenta Lacan para articular el
agotamiento de la significación con la dimensión de la sexualidad. El placer implica la
constitución de un campo de inmanencia mediado por una sucesión de objetos
estimulantes, que conforman una situación específica, un escenario de disfrute, un
mundo sugerente. Se trata de un proceso de performatividad entre alienación y placer,
contraponiendo a la aproximación moralista una comprensión que rompe el binomio
alienación/emancipación.19 En una nueva idea de autonomía como de la inmanencia de
los derechos alienables, el ser posidentitario parte de la militancia y la producción en
pos de la liberación sexual. La matriz de producción de subjetividades repara en las
relaciones de género, sexo, raza y clase, y es que la sexualidad siempre será una
posibilidad de empoderamiento en su permanente expansión. Todo esto nos lleva a
preguntarnos, desde una antropología estructuralista, por el concepto de pulsión en sí y
la determinación implicada en la enunciación inconsciente.20 Otra cosa sería enfangarse
en la nesciencia21 que se nos impone en un procedimiento ritualizado, y es entonces
cuando el cuestionamiento como causa de estudio, como diálogo con otras disciplinas
científicas, se transforma en pérdida de certezas. Bien dice Javier Cantera22 al afirmar:

“La heterodoxia es un valor para innovar, nadie rompe el confort de lo sabido


con ideas socialmente aceptadas ¿Quién llama a una idea extravagante?
Aquel que piensa desde el esquema habitual de la normalidad. Toda idea
nueva en el inicio produce extrañeza, pero si llega su “tiempo” se volverá en
una idea habitual”.

18
La definición del deseo como metonimia de la falta en ser, planteada en "La instancia de la letra", es
muy precisa en términos de las relaciones del significante y la significación, pero muy impreciso en
términos de su relación con la dimensión sexual (la pulsión), pues al homologar toda la significación con
la significación fálica, esta también se encuentra vaciada de ser.
19
La emancipación es entonces la auténtica humanización, como un ser natural y práctico que se
constituye históricamente en su relación con la naturaleza, que debe realizarse plenamente,
determinaciones particularistas (Constanza Amézquita, 2009, 46)
20
El goce, dice Lacan en este texto, es "aquello cuya falta hace inconsistente al Otro"
21
En las modernas teorías científicas se sabe, y no por experiencia, que cada rama del saber científico
encuentra su propio límite imposible de franquear, tal como: el principio de incertidumbre de Heisenberg
y los teoremas sobre la incompletitud de Gödel, que Lacan propone como paradigmas del problema
conjetural.
22
http://javiercantera.com/no-oro-lo-reluce-la-nesciencia-rrhh/
La alteridad sexual como teoría autónoma23

La alteridad en deuda de comunalidad frente a las exigencias de la modernidad, se


extiende a todos los ámbitos del ser y se manifiesta en todas sus dimensiones:
fisiológica, psicológica y científica. Aunque Ludwig Feuerbach diga que la personalidad
es, por lo tanto, nada, sin diferencia de sexo, las verdades antropológicas esenciales
ponen de manifiesto que, el derecho a la opción de género y de identidad sexual,
obedece a una realidad incuestionable. Nada tiene que llevar a una regresión, pues
nuevos valores globales se inscriben en una vieja inquietud humana que ya se
constataba en el conocerse a sí mismo. Según la ciencia, la alteridad sexual forma parte
esencial, inherente e innata del ser humano y de la personalidad, así que en la medida en
que el sexo es constitutivo de la persona sensible, la asunción de un modelo de persona
sexuada supone un reconocimiento de la verdad material. 24

Bajo la premisa de la arbitrariedad social, la heterosexualidad obligatoria o realidad


inevitable, no puede opacar que vivimos encima de un doble abismo 25 que puede
producir, según los sujetos y los momentos, resultados totalmente diferentes e
inesperados. Tal es así que, la singularidad de cada ser enfatiza la expresión de la
alteridad, en tanto que la representación escapa a los esquemas lógicos más elementales,
y es que no puede ser de otra manera. La imaginación nos sirve para elucubrar el antes y
el revés sin necesidad de someterla a ninguna de las exigencias del determinismo. Así
pues, el desvelamiento de la alteridad nos muestra el carácter radical del imaginario, del
inconsciente que denota la realidad de la escisión del sujeto y que se rige por el
principio del placer. Igual que Foucault considera la sexualidad como una anatomía que
nosotros mismos creamos, la sociedad normalizadora articula en el mismo cuerpo
humano lo biológico y lo histórico. Esta disonancia será superada por la diferencia
sexual entendida como una muerte del género, al indisciplinar esa anormalidad ya
normalizada (Echavarren, 2007) en las relaciones de género.

La dualidad cartesiana se traslada del cuerpo-mente y puede interpretarse como una


tentativa de validación científica, para establecer un horizonte desde lo que
supuestamente antes se llamaba la alteridad. La justificación antropológica de la
dualidad de sexo-género establece un canon prototípico de las últimas modernidades,
fiel y deseante de desmontar las voces del patriarcado. Ahora el acento mismo activa
una fase “posgénero” que trasciende las fronteras disciplinarias (Braidotti, Subjetividad
nómade, 139) y se pretende ir más allá de la verdad de mi sexo. Beatriz Preciado
propone una insurrección sexual occidentalizada, que concierne el cuerpo y los afectos
o una autoteoría (Preciado, Testo Yonqui, 15) Si los cuerpos no son codificables se debe
rápidamente axiomatizar las sensaciones que tan solo los divergentes experimentamos.
Es curioso como se enreda la madeja entre especulaciones de bajo nivel existencial,
donde la ciencia yerra como siempre al no procesar la verdad desde la propia
transexualidad o disexualidad…A Preciado, no le importa la experiencia individual sino
la evolución de los flujos y las claves instauradas a fuego en la psiquis de quienes nos
sublevamos contra la Teoría del miedo (Panero, 9-10) y del proyecto sexopolítico.

23
De Lauretis, Teresa. (2015) Género y teoría queer. Mora (Buenos Aires) 21 (2) 00.
24
Castoriadis ante el juego repetitivo de las pulsiones relaciona dicho juego con el sentido como clausura
que conlleva la permanencia en la identidad, así como, por otro lado, relacionar dicho juego con los
momentos excepcionales de ruptura por obra de la creación humana.
25
Castoriadis con Octavio Paz, Jorge Semprún y Carlos Barral (1991 a)
El fármacon fue la negación de la identidad y de la sustancia y ahora se disfraza o se
reduce al dígito y al cibercódigo de un género sutil (biocódigo) reconocible por su
ambigüedad y contradicción latente, víctima incluso de un exceso biopolítico. Lo cierto
es que el sistema de valores se presenta como nuevo perfil del objeto social y sexuado,
siendo difícil de trazar una línea divisoria. Si los estudios de género entienden el sexo
como un sistema socialmente prescripto, la diferencia biológica no representa el origen
de las funciones cognitivas específicas, sino que la orientación funcionalista naturaliza
las expectativas generadas por la multiplicidad de discursos en torno a la diferencia del
rol sexual en un concepto clave:26 el género. Desde la pluralidad de las prácticas
sexuales que orienta una percepción de la sexualidad autónoma, se avanza a tientas
buscando la noción de ser sexuado como construcción colectiva. Por un lado, los
estudios de corte psicosocial describen una generalización adversa a estudios de género
en pro de una sociabilidad inclusiva, necesaria para mantener la condición de
irreductibilidad entre natura y cultura. El estudio del sexo no puede convertirse en
regulador social, en todo caso prescribe la conducta en función de prescripciones
naturales determinantes de la individualidad.

La euforia del discurso de género conlleva una pérdida de precisión conceptual, porque
su anclaje global recurre a nociones ya conocidas para otorgar un contenido al objeto
novedoso, en vez de travestir la idea del ser hasta entender la diferencia natural entre lo
masculino/femenino, por supuesto más allá de lo binario. Realmente el sujeto humano
sigue preso de esa subjetividad de la modernidad que identifica el sujeto como neutral,
universal y no marcado sexualmente, y desde Foucault se viene asimilando la novedad
que significa la noción de género y transgénero. De esta forma, las diferentes
representaciones del sexo establecen una frontera discursiva entre sexo y género,
alrededor de un núcleo figurativo en torno a la oposición bipolar, y a una reducción
absurda de lo que realmente representamos las personas “transgénero”, más acá de la
periferia de un sistema que siempre corrompe desde la base binarista. Por ello, los
significados estables dan vida social al objeto y nuestra capacidad creativa nos hace
sentir libremente la simultaneidad de un género reconstruido y una sexualidad abierta a
elaciones que el objeto vital y químico establece con su entorno. En trazos generales, no
diseñamos contornos sociales, sino curvas de reabsorción del exceso de significaciones.

Imaginamos una disposición afectiva que permita avanzar desde la elaboración


simbólica transgresora a la normalización estética y bioética de nuestra dimensión
ontológica. El sistema de género en tanto que normativiza la diferencia de roles nos deja
espacio para adelantar una representación social multivariada en torno a un núcleo
figurativo (Abric, 1984) del todo realista. La teorización del género queda atrás y
explícita en la observación de prácticas implicadas en la reproducción del sistema de
género, o sea distante a la interacción de los intersexos. Ya no son relevantes ni
confiables, puesto que al abrir el señalamiento de elementos estereotipados hemos
descubierto una vaguedad extrema, inmaterial y que nosotras nos encargaremos de
demoler con testimonios personales y colectivos desde distintos ángulos. Para concluir
la constitución del sistema de género, primero habría que disponer de medios racionales
que orienten la estructuración de la identidad sexual; luego de la construcción del sí
mismo, resistir a posibles evaluaciones de la situación por parte del sujeto y ofrecer un
mayor número posible de situaciones de interacción social, conducentes a la toma de
posición del sujeto.

26
Fátima Flores. Segunda edición revisitada.
Inequidades de las relaciones de género

Las divergencias biológicas aparecen carenciadas, naturaleza versus cultura, a lo largo


de la historia de las relaciones sociales. Las diferencias en materia de género se
manifiestan en las áreas de acceso a las oportunidades y a la sociedad civil proactivista.
Por su parte, la antropología social tendería a valorar las otras culturas a través de sus
propios prejuicios. El etnocentrismo no llega a evidenciar juicios de valor inconscientes
e inconsistentes, en todo caso, el androcentrismo en su teorización política, justifica sin
pudor la desigualdad sexual. En la revisión crítica se llega a constatar una indiferencia
por la construcción de los sexos bajo la presunción de una categorización sexual
universal, salvo excepciones, y que al estudiar una cierta reverberación sobre unos
lastres insoportables. El concepto género ha facilitado el marco donde se construía la
relación entre hombres y mujeres, pero que en referencia a una jerarquización sexual no
se pronuncia más que con los hechos, supeditando un género a una extremidad
machista. Es, precisamente lo isogenérico el medio de formar parte en una sociedad
avanzada, articulándose en términos de igualdad relativa y en la cual no caben
estrategias de poder. Al mismo tiempo, la antropología del parentesco supondría una
limitación de la incidencia de las mujeres en el ámbito público, y esto que las contadas
excepciones llevó a dar una mayor relevancia social a la capacidad de decisión y
transformación social. No cabe duda, toda perspectiva debe interpretarse desde la
conversión del matriarcado y de un claro discurso evolucionista que acabe con sus
estratificaciones, disimetrías y desigualdades en clave de sexo y género.

El mantenimiento de la construcción social pasa por la cosificación de los


géneros27dentro de un orden socio-racial cada vez menos jerarquizado. Pero hay que ir
más allá de las concepciones aditivas y asumir una noción más substancial de la
interseccionalidad. En este sentido, una forma de ver y de transformar la estructura
patriarcal nos mejora sustantivamente, pues desde la paridad se pretende dar un nuevo
impulso a las tres dimensiones del desarrollo sostenible: económica, social y ambiental.
En este contexto se entiende que la igualdad entre los géneros no es solo un derecho,
sino que hay que abrir este sentido antropológico a la infinidad de géneros con
capacidad de manifestarse. El presente estudio redefine construcciones socioculturales
que pueden modificarse, no solo porque han sido aprendidas, es que los aspectos
simbólicos y materiales se constituyen en sujetos y relaciones sociales. Aplicado al
proceso de desarrollo, la transversalización valora las implicaciones que tiene la
identidad libre de género para la elaboración, puesta en marcha, control y evaluación de
las políticas y de los programas de desarrollo.

El análisis simbólico-estructural del ritual y el mito conforma un capítulo dualista que


divide lo “mental” de lo “material”, entre una realidad potencialmente cognoscible y
una realidad efectivamente conocida. El acierto del avatar intergénero necesita de los
lineamientos fundamentales que, tanto en la esfera local como global, presentan, directa
o indirectamente, orientaciones de la antropología simbólica. La teoría de los círculos
culturales, bajo un criterio de forma vincula la utilización de un elemento con la
probabilidad de encontrar semejanzas, aunque por tales no se entienda la diversidad y
las reinvenciones innovadoras o divergentes, compatibles con la convivencia. Para
cualquiera el orden social es definitivamente un orden simbólico, donde los conceptos
de performance enriquecen a la antropología como experiencia. Pues bien, el tramado
de géneros es otro tópico vinculado con la interculturalidad, a pesar de que atenta contra

27
Marcuse, H. (1985) El hombre unidimensional. México. Artemisa
la intimidad y una competencia cultural desmedida y mal entendida. En sintonía con
sistemas de conocimiento y prácticas médicas, la fenomenología que llevan a estudios
del self, la persona, el cuerpo y su condición sexual, es oportuno referenciar el concepto
de embodiment, que implica tomar en cuenta el cuerpo vivido como punto de partida
metodológico, antes que un objeto de estudio.28

Javier Sáez (2004: 98) plantea un modo provocador de entender la organización social
del sexo biológico cuando apela a la heterosexualidad como lugar principal del que
emanaban la mayoría de estos dispositivos de opresión. Por ello, cuando se habla de la
no participación en la institución matrimonial, la categoría “mujer” constituye una
afrenta a la heteronormatividad. Y es que toda identidad es inherentemente opresiva y
excluyente para Butler. Así mismo, cuando en el caso de cuerpo y lo corporal, la
dimensión abarca al transgénero, los procesos de construcción de las narrativas
históricas y la naturaleza de sus lógicas pierden todo valor lógico y simbólico. Estamos
ante una realidad que se permite diseñar hasta de manera artificial sus argumentos,
virtualizando la posibilidad de experimentar cualquier elección personal frente a las
múltiples complejidades y contradicciones de la modernidad globalizada. Por ejemplo,
el Transfeminismo ofrece imágenes y metáforas que bien se ajustan a un guión mal
llamado ecología simbólica urbana, mientras que los aportes de la antropología para
desconstruir las nociones y prácticas sobre género puede encontrarse en Mónica
Tarducci (2005) y en Segato (2003 y 2007)

Por último, señalaríamos el aislamiento en el que los géneros llamados periféricos han
tenido que reinventarse y eludir una realidad de odio generalizado, que deja a esta
especie en entredicho y de poder, nos iríamos a otra escenografía o planeta en el seno de
su etnología madre. Con la excusa del antagonismo sexual se ha ignorado secularmente
comportamientos que indicaban que había una gran variedad y ejemplaridad fuera del
binarismo. Por última vez, habría que dejar como agotada una psicología universal
signada por el temor primario a la castración, la envidia del falo y la necesidad de su
control, porque es tan ridículo como ofensivo. De todas formas, estas orientaciones han
focalizado la estructura de género en el análisis del ritual, de sus instrumentos y de sus
símbolos; al tiempo que la inteligencia cuestionaba la otredad y la afinidad para
comprender las razones por las que hay que garantizar, tanto una ambivalencia sexual
como una estructura replegada sobre sí misma y hacia el mantenimiento de un equilibrio
interno.29 Con todo respeto, el chamán ancestral representa a una sociedad universal que
es incapaz de ir más allá de sus narices y que pone en discusión en forma directa y
explícita el estado patológico con el que interpreta sus desórdenes invocando a
divinidades y fuerzas superiores. El chamán-social proporciona un lenguaje con el que
expresar inmediatamente estados informulados o informulables, pero que le sirven para
gobernar bajo una forma ordenada, toda clase de significantes excluyentes. La eficacia
simbólica de Levi-Strauss30 con los postulados experimentales de la ciencia positiva,
entra en colisión con la omnipotencia cognoscitiva de la ciencia formal, así que nosotras
ejerceremos un género libre de etiquetas (Artigas, 1992) y sin necesidad de ser
confirmadas por ningún fósil.

28
(PDF) ANTROPOLOGÍA SIMBÓLICA: PASADO Y PRESENTE 1. Available from:
https://www.researchgate.net/publication/308516120_ANTROPOLOGIA_SIMBOLICA_PASADO_Y_P
RESENTE_1 [accessed Dec 09 2018]
29
Las relaciones sociales son elaboradas por algunos etnógrafos como un nivel de análisis simbólico-
estructural complementario a otros niveles de análisis del género (Gómez 2008a)
30
Hoy se cree en la existencia de los microbios, pero no se les tiene menos miedo que el que sus
antepasados sentían hacia los monstruos mitológicos.
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