Anda di halaman 1dari 28

la

isla
que
queda
cerca
de
casa

dani Lorenzo
La isla que queda cerca de casa
por dani Lorenzo.
del 7 al 21 de diciembre de 2018.
Centro Universitario de Arte UNLP.
Investigación realizada con el apoyo de una beca del FNA
la
isla
que
queda
cerca
de
casa
ÍNDICE
Posible biografía de una isla pág. 07
por Dani Lorenzo

¿Qué está pasando en la isla que queda cerca de casa? pág. 13


por Juan Cruz Pedroni
Posible biografía
de una isla
por Dani Lorenzo

1. No sé bien cuándo pero en uno de los sucesivos viajes a Buenos


Aires entre 2014 y 2015 avisté por primera vez la isla que queda cerca
de casa. Primero pensé que algún pintor tendría que ir con su caballete
hasta ese lugar y representar tan bello paisaje.

2. En 2016 comencé a investigar cómo se originó. Es una zona


extraña de Ensenada, una porción de bañado que se encuentra entre
el arroyo El Gato, la autopista La Plata - Buenos Aires y las montañas
de basura del CEAMSE. En los diarios locales encontré artículos de
colectivos ambientalistas que hacían referencia a un plan inmobiliario
para esa región. Finalmente di con el proyecto: Pueblo nuevo, un country
~7~
de 180 hectáreas de superficie que incluía una zona de viviendas, un
centro deportivo de alto rendimiento y un lago. El estudio de arqui-
tectos MSS hizo el diseño y el grupo OCSA fue el encargado de co-
menzar la obra.

3. En Google Earth (que no es Maps) encontré imágenes satelitales


de diferentes fechas. En ellas puede verse que las obras comenzaron a
fines de 2013. Las sucesivas fotografías muestran cómo las máquinas
excavadoras dibujaron el perímetro del lago. Las obras se detuvieron
a fines de 2014, dejando casi toda la circunferencia del lago excavada
pero sin haber retirado la tierra que quedaba dentro. La primera ima-
gen de 2015 muestra cómo el agua se apoderó del hueco que dejaron
la máquinas, formando así dos islas. Elegí quedarme con la que queda
más cerca de casa y puede ser vista desde la autopista.

4. El 23 de mayo de 2017 realicé la primera expedición a la isla jun-


to a Nicolás Freda. En esa ocasión logramos llegar hasta las costas del
lago que rodea la isla pero no cruzamos hasta ella, no teníamos em-
barcación. Hacia fines de octubre (a pocos días de haberme enterado
de que era beneficiario de una beca del Fondo Nacional de las Artes
con un proyecto sobre la isla) compré un kayak inflable por internet.
En diciembre tocamos la isla, en una segunda expedición junto a Ni-
colás, a la que se sumó Pablo Rabe. Esta vez llevamos varios equipos
de filmación para registrar el cruce y el corazón de la isla. En las costas
del lago había dos grupos de pibes de barrios cercanos divirtiéndose
y refrescando sus cuerpos en el agua. Frente al inesperado encuentro
en un lugar tan desolado decidimos dejar en el auto gran parte de los
equipos y llevar solo una de las cámaras. Cruzamos a la isla mientras
los pibes se bañaban a la distancia.

5. Mientras tanto, realizaba dibujos de la isla en los papeles que en-


contraba, anotaciones sobre el paisaje, intentos de descripción. Orien-
té mis lecturas a literatura referida al tema, procuré islarios y novelas.
Atlantis, Utopía, la isla de los hermafroditas, la República Libre de Libertalia.

~8~
6. A mediados de 2017 junto a les integrantes de galería GAYA tra-
bajamos varios encuentros sobre islas fantásticas e imaginarias. Luego
realizamos una maqueta de la isla que queda cerca de casa con brillan-
tina y nubes de algodón.

7. A fines de 2017 solicité ayuda. Le pedí a amigues que descri-


bieran un paisaje que les despertara interés. Apareció una geografía
sonora, un archipiélago de lugares imprecisos y anecdóticos.

8. En Constructoras Club dedicamos dos encuentros, uno en 2017


y otro en 2018, para pensar la isla, sus aburrimientos y sus posibilida-
des. En 2018 charlamos con Mario Bellatin y les demás fracasantes en
Club Fénix.

9. El 17 de marzo de 2018 Google Maps aceptó la sugerencia de


bautizar “Isla Utopía” a la superficie de tierra que dejó aislada la cons-
trucción inconclusa del country. A partir de ese momento viajantes
desprevenidos (o fervientes por dejar rastro en el planeta digital) man-
tienen abierta la geolocalización de sus celulares y las fotos que reali-
zan al pasar por la zona quedan registradas en el mapa.

10. Desde principios de diciembre de 2018 puede leerse “ISLA


UTOPÍA” en un cartel vial junto a la autopista, que señala el aban-
donado accidente geográfico (o humano). El letrero se mantendrá en
pie el tiempo que los vientos y los encargados de mantenimiento de la
autopista lo permitan.

11. El proyecto presentado al FNA contemplaba la colocación de


un texto en la isla. Luego de meses de investigación me resultó agresi-
vo intervenir sobre su superficie. Tal vez el cartel sea un fantasma que
siempre acompañe la isla.

~9~
¿Qué está pasando en
la isla que queda cerca
de casa?
por Juan Cruz Pedroni

El territorio escapa de la representación


La serie de las islas utópicas traza su trayectoria entre el siglo XVI y
los umbrales del siglo XX. Conforma una biblioteca que interviene en
el mundo con una doble distancia: se separa una vez con las tapas del
libro y lo vuelve a hacer con el cerco de las aguas. Esas figuraciones de
una sociedad feliz recortan su naturaleza ideal contra un horizonte de
oposición: los territorios que están afuera del libro, individualizados
por la contradicción y la heterogeneidad. Una zona del arte contem-
poráneo interviene en esos territorios. Lo hace marcando su diferen-
cia con un concepto central del utopismo moderno: el de representación.
~ 13 ~
En las últimas décadas, el malestar parece haber distribuido otra
vez las distancias. Una franja de la imaginación artística desplaza la
línea de fuego hacia una configuración más precisa. Esas prácticas
parecen haber descubierto el nexo que identifica los territorios con
las representaciones, la relación que reduce una cosa a la otra. Y se
proponen recorrer el espacio de esa identificación.
Por un lado se trata de permitir la eficacia locativa de las represen-
taciones: para eso hay que despegarlas del sitio imposible en el que
intentan separar lo que entra de lo que permanece afuera. Se transfor-
man entonces en entidades móviles, son transportadas desde un so-
porte histórico a otro, prueban el efecto de los diagramas que causan
al aterrizar sobre territorios distintos. La misma sensibilidad que hace
viajar a las representaciones regula la velocidad de ese desplazamiento:
las hace más lentas para que no se disuelvan en la pura abstracción,
para que puedan volver a conectarse con la realidad de lo múltiple1.
Por la misma dinámica, la práctica artística vuelve sobre la existencia
conflictiva de los territorios cada vez que la puede enfrentar al espejo
roto de sus representaciones: para comprobar el desfase, para inven-
tariar las figuras de la tensión; para pronunciar, por primera vez, el
nombre de ese intervalo.
Para el arte signado por esas coordenadas los conceptos son mate-
riales estéticos desgastados por varias décadas de uso; otro tanto suce-
de con los procedimientos que se atribuyen al “artista como etnógra-
fo”2. La tensión que lo ocupa no parece elegir una genealogía o la otra;
antes bien, recurre a la vez a las dos y juega con lo intraducible de sus
formas estéticas, de las que puede disponer como de un repertorio. El
territorio se pone en frente, al lado, en copresencia de la representación.
No se quiere destruir ninguno de los términos opuestos, sino jugar en
el espacio que se abre una vez definida la oposición.
¿Cuál es el procedimiento que hace posible ese juego? Para ensayar
una respuesta al interrogante tal vez haya que volver –siguiendo el
gesto de nuestra época– a las teorías estéticas de la modernidad. A co-

1. Deleuze y Guattari, El Anti-Edipo, 1972.


2. Foster, El retorno de lo real, 1996.
~ 14 ~
mienzos de siglo XX, el formalismo ruso encontraba lo característico
de la técnica artística en la singularización: crear percepciones nuevas
para objetos ya conocidos3. Ese procedimiento invita a mirar más de
cerca: designa cada uno de los accidentes que hacen a una cosa como
si la estuviéramos viendo por primera vez. Por un momento olvida-
mos que nuestro lenguaje dispone de una palabra que vuelve esa cosa
intercambiable por otra. La singularización toma por asalto la ley de esa
equivalencia; nos invita, en última instancia, a asombrarnos frente al
hecho de que sea posible el lenguaje.
La constelación que permite pensar La isla que queda cerca de casa
trabaja con la intensificación de ese procedimiento: designa entidades
abstractas para singularizarlas por medio de la historia y la geografía.
La tensión entre el concepto y una contingencia sin nombre se in-
tensifica al rescatar un universal que el sentido común pos-moderno
había dado por irremediablemente perdido. Digámoslo de una vez: la
isla que tenemos más cerca, a poco tiempo de tomar la autopista La
Plata-Buenos Aires, singulariza el concepto de la utopía insular. Tra-
baja con ese modelo volviéndolo extraño, pero también entrañable:
no se reduce a mostrar la distancia que aleja de nuestra fecha toda una
historia de las ideas, sino que demuestra a través de acciones precisas
la posibilidad de restituir su coeficiente existencial.

El resto de un futuro se presenta como ruina


La historia empieza con los planos de un country que nunca se llegó
a construir, en el partido bonaerense de Ensenada. Un desarrollador
inmobiliario inicia las excavaciones para el sistema acuático que se
perfila como su principal atractivo, formado por varios canales y una
laguna. Cinco años después, lo único que todavía recuerda el proyecto
son los primeros trazos de aquel comienzo. Saliendo de La Plata por
la autopista que la conectó fatalmente con la ciudad de Buenos Aires,
un islote emerge a nuestra derecha desde un pequeño cuerpo de agua.
Ese promontorio es el único resto visible de aquel proyecto. En ese

3. Shklovksi, El arte como artificio, 1917.


~ 15 ~
pedazo de tierra Dani Lorenzo descubrió con optimismo la ruina de
un futuro privatizado; un baldío que la fantasía podía tomar para la
propiedad colectiva. Y algo de eso tiene lugar en ese paraje desampa-
rado por el Dios-capital; probablemente desde antes de que el artista
lo señalara. El lugar es visitado algunas tardes por otros cuerpos a los
que no reúne el proyecto o la propiedad; son pibes que viven cerca;
algunas veces Lorenzo los vio nadar. Habitan el lugar a la intemperie
de la ocupación racional que habría tenido como destino. A la luz de
la más prosaica hermenéutica no hay signos de que pasen muchas más
cosas por esa zona. Sin embargo, esas pocas notas de vida alcanzan
para pensar la topografía poética que la intervención encontró: un
accidente geográfico al que los avatares de la historia social quitaron
el parecido con cualquier mapa.
En La isla que queda cerca de casa el futuro utópico es expuesto como
una ruina. Pero –usemos otra vez la palabra- para poder arruinarse ese
futuro anterior se singulariza. Por eso se trata de un hecho artístico y
no de una declaración de intenciones o un diagnóstico altisonante so-
bre el fin de la historia. La utopía regresiva que se descompone sigue
el modelo de un jardín arcádico: una tierra ancestral donde estaremos
inmunizados, por canales acuáticos, frente a los males del mundo. La
sociabilidad estará a la altura de esa felicidad sin medida. Lo prometen
los renders: jugaremos al golf bajo el sol y soltaremos la amarra para
que los yates se encuentren con sus iguales.

El fantasma de la modernidad se mantiene optimista


Y sin embargo el tono del proyecto no es la nostalgia ni la denun-
cia irónica sino un optimismo de base realista; de un realismo al que
no podríamos calificar como ingenuo. Lorenzo comprueba la muerte
de la utopía pero saluda el nacimiento de su fantasma. Sospecha que
la ausencia de futuro sobrepuja el presente con menor previsibilidad
pero mayor energía. ¿No son fantasmagóricas las letras que escriben
sobre una pared UTOPÍA, inquietas como el reflejo del agua? Toda
representación tiene algo de fantasmal; toda historia, también, es un
cuento de fantasmas. Sabiendo esto el artista no busca impugnarla,
~ 16 ~
sino ganarla para la política. Comienza entonces a escribir una nueva
utopía –La imaginación utópica es imposible sin el tiempo lento de la
escritura–; está será una utopía espectral: como lo han sido todas y un
poco más.
El espacio de su despliegue no será una extensión a la que puedan
objetivar la racionalidad de los medios o el control de la felicidad. La
espacialidad aparece como la condición que hace posible lo múltiple4:
otras voces son llamadas a inventar una comunidad improductiva para
la imaginación. De ese modo, la utopía es conservada como forma,
pero descargada de sus contenidos egoístas5. Mantiene el umbral de
abstracción suficiente para permitir la ocupación colectiva. El enun-
ciado que funda esa sociedad pone a trabajar la facultad de imaginar
con una consigna: “Me gustaría que pienses en un lugar que te inte-
rese, un espacio que te genere alguna atracción”. “La única condición
–sigue el mensaje que Lorenzo envió por WhatsApp– es que el lugar
exista concretamente. También es importante que puedas determinar
un sitio y no caer en generalidades como ‘me gustan los lugares con
mucho verde’. Si esto es lo primero que se te viene a la cabeza explorá
un poco más en tus recuerdos”. Lo vemos con claridad: las preci-
siones que especifican la tarea heredan del modelo utópico la matriz
legislativa.
Pero un segundo poblamiento de la isla no necesitó más prescrip-
ciones que la indicación del lugar. Después de añadir la “Isla utopía”
a Google Maps los usuarios empezaron a cargar paisajes fotográficos en
los que se vuelve difícil determinar si la escena captada corresponde
a la ínsula. Vistas del atardecer aparecen juntas bajo su nombre; pro-
bablemente el servidor haya sugerido la asignación al sitio de manera
automática. ¿En qué espacio se inscriben esas imágenes? Están desfa-
sadas desde el momento en el que nacieron: puntúan la línea de fuga
que conecta los dispositivos móviles y geolocalizados con la posición
invariable de la ficción utópica. Habitan un lugar incierto, entre el te-
rritorio y la representación.

4. Massey, Filosofía y política de la espacialidad, 1998.


5. Jameson, Arqueologías del futuro, 2009.
~ 17 ~
La imaginación se despliega hacia el infinito
Cada acontecimiento estético es el resultado de la fuerza singular
que se ejerce sobre un cuerpo determinado. La utopía, como produc-
to de la formación histórica clásica, retiene su manera de pensar la
realidad. La modernidad clásica entiende la realidad como un conjun-
to de fuerzas finitas que son constantemente interceptadas por una
fuerza mayor, capaz de desarrollarlas de forma ilimitada: el nombre de
esa fuerza es el de lo infinito6. Nuestro islote, constreñido entre límites
estrechos pero símbolo al mismo tiempo de lo incalculable, exaspera
la condición histórica original de las utopías, la lleva hasta el extremo.
En el proyecto de la isla que tenemos más cerca, la fuerza infinita de
la imaginación, una potencia que se endereza hacia lo ilimitado, se
encuentra con un cuerpo que exhibe todos los signos de lo finito: la
isla está cercada por la propiedad privada, cerrada sobre sí misma por
el contorno de una orilla y adornada con los “detalles inútiles” de la
realidad. La ínsula utópica que tenemos más próxima es entonces el
efecto de la inmensidad sobre una extensión diminuta. No es más que
un pedazo de tierra, pero se pone en relación con la fuerza imaginativa
que la eleva a lo infinito De ese modo la basura del country se trans-
figura en una utopía.
Los relatos sobre lugares concretos que Lorenzo despertó en otras
voces siguen una lógica estética semejante. Están construidos con la
misma tensión. A pesar de su existencia concisa, los paisajes evocados
no tardan en estallar para perforar sus limitaciones. En las narraciones
ese instante de fuga se puede reconocer a través de distintas figuras
pero por medio del mismo motivo. Lo ilimitado de la imaginación se
desprende de la escena evocada bajo la forma de un resplandor, una
calma, una sensación de reencuentro o de plenitud. En ese cuerpo co-
lectivo la imaginación retorna en cada caso a través de diversos phan-
tasmata, fantasías que son inscripciones imaginativas de los sentidos
sobre la memoria.
Al desagregarse de su marco ficcional, la imaginación que anima

6. Deleuze, Foucault, 1986.


~ 18 ~
las utopías parece volverse una fuerza autónoma. Sin el obstáculo que
se interpone a su cumplimiento –motor narrativo de las literaturas
utópicas–, sin la presión de sus contenidos morales, sin el compo-
nente cohesivo implícito en el diseño de sociedades futuras, lo que se
libera como residuo es el material común con el que están fabricadas:
la fuerza imaginativa que propulsa las mentes hacia el infinito. Lo se-
ñalan la distancia que mantiene la isla por siempre separada, lo hacen
los reflejos cáusticos que de lo concreto muestran lo inaprehensible,
pero también el fluir marrón del agua y el destello del sol entre los
pastizales. Los placeres clásicos de la imaginación se acodan en esas
imágenes: lo grande, lo singular y lo bello7.

El arte no deja la isla, pero la isla se arrima a la vida


En los meses que precedieron a esta exposición, la isla fue el nú-
cleo en torno del cual se agruparon las iniciativas artísticas realizadas
con la firma individual de Dani Lorenzo. Sus distintas exploraciones
plásticas fueron llevadas hacia ese reparo que construyó como lugar
común; como si al haberla ubicado en la geografía, la obra por venir
se hiciera también un lugar en el mapa existencial de todos los días.
Ese significado biográfico permite una última exégesis de la isla como
alegoría del arte y la posibilidad: tanto sobre lo que puede el arte como
sobre las condiciones que lo hacen posible.
En la contradictoria coreografía que acerca ese no lugar del que
nos alejan las aguas parece inscribirse también un pensamiento sobre
otro tópico común en la teoría del arte: la cuestión de su autonomía.
En una de sus lecturas, la autonomía del arte es interpretada como
la distancia paradójica que aleja para integrar, que aparta la realidad
artística no para disociarla de la vida sino para restituirle por medio
de ese recurso indirecto, su agencia para intervenir. El paisaje de En-
senada que Dani ficcionaliza produce todas sus figuras poéticas en
ese espacio tensional. En el señalamiento del espacio que se mantiene
apartado está cifrado el símbolo de una comunidad paradójica: para

7. Addison, Los placeres de la imaginación, 1744.


~ 19 ~
vincular elige la soledad, propone la imaginación como no lugar que
todes tenemos en común.
Podemos pensar que la narrativa que pone a marchar Lorenzo es
un injerto de imágenes extemporáneas en el territorio, una perforación
que pretende desconectar un espacio múltiple de todas las imágenes
que trataron de estabilizarlo. También podemos invertir el punto de
vista y pensar que de alguna forma, el proyecto nunca intentó hablar
de otra cosa que de la confianza depositada en la potencia del arte y la
imaginación. El hecho de que haya elegido una postal de los alrededo-
res platenses para mentar esa tradición se debe a que su fábula tiene,
a pesar de sus pliegues, la sencillez y la cercanía afectiva que los sím-
bolos necesitan para producir comunidad. Si elegimos encontrar en el
islote una metáfora de lo que puede el arte, nos conviene recordar que
para Dani Lorenzo el arte es la posibilidad de conectar su imaginación
con la de otras personas.

~ 20 ~
~ 22 ~
~ 23 ~
GRACIAS
A Marina Panfili por las charlas y el aguante en todo. A Juan
Cruz Pedroni por las conversaciones y el trabajo con los textos
escritos. A Nicolás Freda por la compañía y el apoyo
expedicionario. A Pablo Rabe por las conversaciones y el
trabajo de traducción en video. A el equipo de MATE espacio
de producción por el trabajo realizado para la instalación. A
Juan Pablo Rosset por las charlas y la realización del cartel de
la autopista. A GAYA (Galería de arte y arquitectura) por la
invitación a trabajar con sus alumnos e integrantes. A Carlos
Retucchi por la colaboración para el armado de la publicación
Hawaii. A Contrusctoras Club y a Club Fénix por las charlas
sobre el proyecto. A Andrea Iriart por el préstamo largísimo de
material bibliográfico. A Agustina Bianchi, Alicia Vandamme,
Andrea Iriart, Carlos Servat, Caro Maranguello, Carolina
Montero, Cecilia Fallesen, Celestina Alessio, China Made, Clara
Tapia, Claudia del Río, Daniela Camezzana, Diego Melero,
Estefanía Santiago, Eva Costello, Fabiana Di Luca, Félix Torrez,
Francisco Ratti, Franco Durante, Guby Caregnato, Guillermina
Mongan, Gustavo Pérez, Javier Samaniego, Josefina López
Muro, Julia Dron, Leandro Mosco, Leticia Barbeito, Lino Divas,
Lorento Gonzales Barra, Magdalena Pérez Balbi, Marcela
Cabutti, Mariana Buchara, Mariana Sanguinetti, Matías López,
Matías Médeler, Micaela Liberanone, Micaela Trucco, Naph
Thalie, Natalia Suárez, Nicolás Bang, Nicolás Cuello, Nicolás
Freda, Nicolás Rossi, Nilda Rosemberg, Noel Correbo, Paula
Alonso, Piper Tu, Sa Via, Valeria Gonzalez, Vanina De Acetis,
Zaira Altuni por los audios enviados. A Campion por el trabajo
de enmarcado. A Norma Massara por los papeles y pinceles
chinos. Al todo el equipo de trabajo del Centro Universitario de
Arte de la UNLP.