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EL INSTRUCTOR MILITAR Y LA EDUCACIÓN

LIC. MARTA SIEBERT

Motivos de la elección del Instructor Militar

Alguien es elegido para ser instructor por sus cualidades, entre las que se
destaca la responsabilidad de realizar esta noble tarea a conciencia, de la mejor manera
posible, descubriendo el placer de enseñar que le permitirá realizar una obra educativa
importante. Si trata de hacer suyas las siguientes palabras que se refieren a la actitud de un
buen docente, se encontrará a mitad de camino de su éxito profesional: “Lo más sorprendente
de este hombre es su habilidad para aprender. Se beneficia con sus errores. Está
constantemente cambiando para mejorar. Su crecimiento es constante”.
Sus alumnos se acercarán a él buscando su orientación y guía. Para ello es
necesario tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

 Conocer el Perfil de Egreso que la FAA ha diseñado para sus Oficiales y los problemas y
obstáculos que sus alumnos enfrentarán, como Oficiales, en sus futuros destinos.
 Estudiar toda la documentación pedagógico-militar que la FAA ha considerado para
formar a sus alumnos: normas, reglamentos, cursos, manuales, etc.
 Esforzarse por llegar a ser un buen instructor, a través del estudio y el trabajo constante.
 Especializarse tanto en la materia que enseña como en las habilidades para enseñarla.
Recuerde que la actividad docente es una profesión altamente especializada que no sólo
trata de exponer hechos y utilizar técnicas, sino que tiene un propósito definido.
 Buscar estrategias apropiadas para despertar el interés de sus alumnos por aprender.
 Tener en cuenta que son tres las cualidades indispensables que un instructor debe tener:
sinceridad, entusiasmo y paciencia.
 Los beneficios que se obtendrán por esta tarea no son tangibles ni económicos, pero
brindarán una satisfacción personal enorme, en tanto le permitirán:
a) Desarrollar la propia iniciativa, ejercitando la creatividad.
b) Adaptar la enseñanza de acuerdo a los grupos que se le encarguen.
c) Mejorar su habilidad para el tratamiento interpersonal.
d) Desarrollar su habilidad de dirección y liderazgo.
e) Convertirse en un experto.

El Instructor es un líder

Por el solo hecho de ser Instructor, se lo proponga o no, se ha convertido en un líder,


en un modelo que los alumnos emularán tanto en sus debilidades como en sus fortalezas. Es
por ello que es necesario tener en cuenta algunas cualidades que son importantes de exhibir y
las responsabilidades que deberá asumir.

Cualidades

 Habilidad para instruir.


 Deseo y buena voluntad para enseñar.
 Sensibilidad para las relaciones y reacciones humanas, para lo cual es conveniente ser
amistoso, cortés y con tacto.
 Confianza en sí mismo como origen de la confianza de los alumnos en el Instructor.
Para lograrlo es menester:
 Conocer la materia y las estrategias de enseñanza-aprendizaje.

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 Tener claro la planificación del curso o materia.


 Conocer a sus alumnos.
 Tener confianza en sus propias habilidades.
 Mantener el control de la situación de enseñanza-aprendizaje cuidando que no se
desvíen de los objetivos propuestos.
 Utilizar la comunicación didáctica de modo preciso y unívoco para que sus alumnos
comprendan las consignas con claridad y puedan obrar en el sentido solicitado para
facilitar el aprendizaje.
 Ocuparse permanentemente del proceso de evaluación, para poder detectar las
dificultades cuando existen y tomar las decisiones apropiadas para superarlas.

Responsabilidades

 Conocer los reglamentos generales de la FA y los específicos de la EAM, para saber


cuáles son sus responsabilidades respecto de sus superiores y subalternos.
 Buscar su permanente perfeccionamiento y el mejoramiento de su programa.
 Realizar ciertas actividades que, aunque rutinarias, son importantes para el éxito de su
tarea, por ejemplo: informes.

Concepto de Educación

La educación es una actividad libre del espíritu que se orienta a buscar el


perfeccionamiento creciente de la persona humana. En tal sentido, es un proceso finalístico,
intencional que arbitra los medios y las estrategias adecuadas para lograr la finalidad
propuesta.
El hombre decide libre y voluntariamente educarse, no siendo posible la coacción
externa para lograrlo, aunque sí el educador cuenta con herramientas apropiadas para
incentivar al alumno de modo de orientarlo en el camino de la decisión de su crecimiento
espiritual.
Santo Tomás definía la educación como la “conducción y promoción de la prole hacia
el estado perfecto del hombre en cuanto hombre que es el estado de virtud”. Este concepto es
válido para todas las épocas, cualquiera sea la ideología dominante, ya que el hombre se hace
más humano en tanto y en cuanto logra el mayor grado de perfección de que es capaz.
Si analizamos detenidamente lo que se expresa en el concepto dado, es menester
afirmar que el ser en formación –el alumno- debe ser conducido, es decir, guiado en el sentido
de un ascenso, de una elevación, del logro de una perfección mayor que antes no poseía y que
la obtiene a partir de su propia naturaleza, con su propio esfuerzo y la guía del docente.
El fin al cual se dirige es el estado de virtud. El fin es un estado, es decir, una
situación. El alumno ya tiene por la generación (nacimiento) lo que lo define como hombre:
por ello la educación no constituye su esencia. Pero no se trata de cualquier estado, sino del
estado perfecto del que es capaz alcanzar como hombre con sus potencias o facultades, cual
es, el estado de virtud.
Esto significa que no basta el conocimiento de las cosas, sino que lo que se necesita es
alcanzar el obrar virtuoso, es decir, formar los hábitos o las posesiones que necesita un sujeto
para realizar perfectamente las operaciones respectivas o propias de su naturaleza.
Si aplicamos este concepto a nuestra realidad, debemos evaluar la incidencia que
tienen los contenidos que les proponemos aprender en este proceso de perfeccionamiento y,

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también, analizar la importancia de formar el juicio crítico que le permita asumir los valores
adecuados y transformarlos en conductas virtuosas.

La comunicación didáctica

El éxito del proceso de enseñanza-aprendizaje depende, entre otras cosas, del


establecimiento de una correcta comunicación didáctica.
Toda comunicación transmite dos cosas: por una parte, información sobre un
determinado contenido y, por otra, un tipo de mensaje que es menester entenderlo en un
sentido unívoco para lo cual incide la relación que se establece, en educación, entre el
profesor y el alumno. Esta metacomunicación que informa acerca del sentido del mensaje es
obra de ambos comunicantes.

Características de la comunicación didáctica

La comunicación que se establece en el marco de la E.A.M. tiene características


especiales y diferenciadas:

a) Es institucionalizada, es decir, se produce en el marco de una Institución, la E.A.M., lo


cual implica partir de una estabilización de las actuaciones que las hace previsibles,
definidas según roles determinados y con una significativa resistencia al cambio. Por
ejemplo, está previsto que el profesor enseñe y que el alumno aprenda.
b) Es intencional, se realiza con una finalidad explícita o implícita. La forma en que
se expresa y concretiza la intencionalidad es el “currículum”, ya sea el currículum
explícito o el oculto.
c) Es forzada, en el sentido de que existe una intencionalidad a priori sobre el
intercambio que es obligatoria. Así, si el profesor pregunta, el alumno debe
responder.
d) Es jerárquica, pues hay alguien que domina el objeto de estudio y otro que no. Esto
genera una complementariedad que implica no sólo una diferencia de roles sino,
también, un desequilibrio y jerarquía entre ellos.
e) Finalmente, es grupal ya que no se concibe –ni existe en la realidad- una
comunicación didáctica dominantemente unipersonal. Por el contrario, frente a un
profesor o grupo de profesores, existe un aula con un grupo de alumnos, que
pueden variar en número, pero siempre son más de uno.

Niveles de la comunicación didáctica

Existen tres niveles en la comunicación didáctica:

a) El nivel intrapersonal. Se refiere al modo como son procesados internamente


los significados. Esto implica prestar una atención especial al análisis que los
comunicantes hacen de las elaboraciones cognitivas.

b) El nivel interpersonal. Está definido por los intercambios que realizan las
personas y por las relaciones que se establecen entre ellas. Ejercen particular influencia
los factores afectivos y de compromiso con el éxito de la comunicación, es decir, la

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decisión de ambos –profesor y alumno- de lograr los resultados previstos o los objetivos
preestablecidos.

c) El nivel organizacional. Toda comunicación didáctica se da en el marco de una


institución organizada y el sistema de relaciones que en ella existe define el lugar de
cada elemento y el lugar que se espera de él en el mantenimiento de la propia
organización. En el ámbito militar, este nivel cobra especial interés y significado, porque
está definido con perfiles más nítidos que en otras organizaciones civiles.

El sujeto del aprendizaje

Aunque parezca obvio expresar que el alumno es el origen y fin de la docencia, es


necesario recordarlo, porque ello implica una selección de actividades docentes específicas,
como veremos más adelante.

En efecto, su actividad de instructor estará guiada (fin) hacia la formación de sus


alumnos y cómo organice (origen) las estrategias de enseñanza, los contenidos, las
evaluaciones, etc., por los factores psíquicos de ellos.

La educación, dijimos, es una actividad libre del espíritu; en consecuencia, si el


alumno no quiere educarse, no lograremos educarlo. Su responsabilidad, como instructor, es
estimular la autoactividad de sus alumnos.
Entendemos por autoactividad una acción continuada, emprendida por el alumno en
forma consciente, motivada y libre, para el logro de los objetivos de aprendizaje propuestos.
Por esta razón es que el alumno condiciona su actividad docente según tres aspectos
de su personalidad:

 El grado de desarrollo individual, es decir, la madurez. Esto determinará el grado del


desarrollo de sus habilidades mentales, las posibilidades de logro, las ideas y el
lenguaje y la habilidad específica para el aprendizaje.
 Las diferencias individuales de cada uno, derivadas de factores biológicos,
psicológicos, pedagógicos, socio-culturales, etc.
 El ritmo del aprender que varía de una persona a otra según sus habilidades para
globalizar, diferenciar e integrar los aprendizajes.

Ahora bien, el docente debe plantearse cómo obtener el máximo de actividad y


rendimiento de sus alumnos, para lo cual debe centrar su atención en la estimulación del
alumno. Esto significa lograr una adecuada motivación y despertar el interés.

Motivación e interés

Un objeto – tema, dibujo, vídeo, etc. – que se presenta ante un sujeto, puede obrar
como un foco de atracción. Si impacta sobre él decimos que se ha despertado el interés sobre
el objeto. Ello puede darse por las propiedades mismas del objeto (por ejemplo, un avión en
vuelo, Malvinas) o por la acción docente que devela el objeto orientando la atención sobre
aspectos peculiares y significativos del mismo en relación con otros elementos del proceso.

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Las estrategias docentes que se seleccionen en este momento son muy importantes para
iniciar el aprendizaje y para su ulterior desarrollo. Denominamos incentivación tanto a las
actividades del docente y del alumno que persiguen un refuerzo, una cualificación de la
percepción sensitiva e intelectual del objeto que lo relacionan con necesidades latentes, crean
o activan necesidades que despiertan el interés.

En el sujeto se opera luego o concomitantemente una movilización y organización de


motivos interiores: motivación, desequilibrio que, para restablecerlo, impele a la acción:
búsqueda y apropiación del objeto.

Todo el proceso de aprendizaje parte de estos fenómenos y busca la apropiación del


objeto.

La apropiación del objeto señala el logro de un aprendizaje que será significativo y


duradero cuanto más se integre a otros aprendizajes previos y tenga posibilidades de ser
transferido y aplicado a solución de problemas.

Para incentivar al alumno, despertando su interés y promoviendo su motivación para el


aprendizaje, es menester tener en cuenta que es necesario:

 Orientar a los alumnos hacia el logro de los objetivos prefijados.


 Promover la resolución de problemas por parte del alumno, que tengan relación con
situaciones de la vida cotidiana, favoreciendo la vinculación entre los contenidos y las
experiencias.
 Hacerle conocer al alumno los objetivos propuestos.
 Adaptar las actividades de enseñanza a las características del tipo de aprendizaje
propuesto y promover el desarrollo de la habilidad de pensar.
 Comenzar el análisis de temas nuevos con lo que sabe el alumno de antemano:
conocimientos previos.
 Acompañar la ejecución con la comprensión, de modo que el alumno pueda evaluar su
acción.
 Transmitir sus propias experiencias a sus alumnos, las cuales pueden ser acompañadas
con notas de humor, aunque siempre en forma limitada, medida, para no lesionar su
imagen de autoridad.
 Apoyarse en material didáctico apropiado: láminas, transparencias, vídeos, etc.

Asimismo, hay situaciones o condiciones del instructor que pueden operar en contra
de la incentivación. Algunas de ellas las podemos sintetizar en los aspectos que siguen:

 Falta de confianza en sí mismo.


 Sentimiento de trato injusto generado en el alumno.
 Impaciencia por hacer o por lograr resultados inmediatos (ansiedad).
 Pobre presentación de los temas.
 Falta de un estímulo continuo.

La relación Instructor – Alumno

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El Instructor debe desarrollar un interés especial por sus alumnos para ayudarlos a
adquirir actitudes de responsabilidad, confianza y pertenencia que les permitan elevar su nivel
personal y de ejecución en las tareas que realiza cotidianamente.
Para ello es necesario que conozca profundamente a sus alumnos, pero cuidando los
siguientes aspectos:

 No mostrar parcialidad o favoritismos.


 Ser humilde para reconocer una falta.
 Ser prudente en sus juicios y no precipitarse.
 Ser leal a su grupo de alumnos, a sus superiores y a las doctrinas de la FA.
 Actuar con decisión y sobre razones justas.
 Tener presente siempre los objetivos previstos y encaminar a sus alumnos hacia su logro
en forma permanente.
 Mantenerse interesado por sus alumnos demostrándoselo a ellos.
 Respetar los derechos de sus alumnos.
 Ser cortés y entusiasta.
 Estimular la participación de la clase, logrando la cooperación de los mismos.
 Desarrollar la iniciativa y la confianza en sí mismos.

Perfil del Oficial Instructor

Este perfil fue elaborado por el antiguo Departamento Formación Integral tomando en
cuenta los Perfiles del Militar Superior expresado en el Plan de Carrera, que contiene:
- “Rasgos Comunes para todos los grados” (Apéndice 1).
- “Rasgos Diferenciales para Oficiales Subalternos, Oficiales Jefes y Oficiales
Superiores” (Apéndice 2).
- “Caracterización del Ciclo de Perfeccionamiento del Oficial Subalterno”.
Además de ello, se consideraron las actitudes y habilidades necesarias para el
educador en general y los valores, actitudes y habilidades fundamentales para el ejercicio de
la docencia en los Institutos dependientes de la FA.

1. Personalidad.
1.1. Identificado con la misión educativa que lo convierte en testimonio de vida para sus
educandos.
1.2. Conciente del compromiso ético – militar que implica su rol de formador del personal
de FAA.
1.3. Poseedor de una personalidad equilibrada que le permita juicios acertados y
prudencia en el obrar.
1.4. Poseedor de aptitudes para la comunicación didáctica.
1.5. Orientado hacia la autocrítica y perfeccionamiento de su capacidad educativa.

2. Capacidad profesional.
2.1. Orientado en su rol pedagógico – militar por los principios éticos que sustenta la
FAA.
2.2. Capacitado para jerarquizar las diferentes tareas que debe afrontar, conforme a las
especificaciones propias de su grado y cargo.

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2.3. Egresado del ciclo de formación de Instructores, equiparable al ciclo básico


universitario en el área educativa.
2.4. Adherido a los fines y objetivos nacionales e institucionales en materia educativa.
2.5. Profundo conocedor de los contenidos de las asignaturas que deberá impartir.
2.6. Capacitado para relacionar conceptos y principios pedagógico-didácticos y
discriminar secuencias de aprendizaje.
2.7. Poseedor de una actitud favorable hacia el trabajo interdisciplinario y la
investigación.
2.8. Capacitado para interpretar las características psicológicas evolutiva y variables socio
– culturales que afectan al sujeto de la educación.
2.9. Capacitado para orientar a los alumnos atendiendo a sus diferencias individuales.
2.10. Capacitado para interpretar y orientar las dinámicas grupales.
2.11. Capaz de promover el espíritu de cuerpo.
2.12. Poseedor de conocimientos, habilidades y actitudes apropiadas para la conducción
y evaluación del proceso de enseñanza – aprendizaje.
2.13. Poseedor de habilidades para el diseño y utilización de medios auxiliares para la
enseñanza.