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UNIVERSIDAD LAS AMERICAS

FORO

V CICLO
CURSO:
DERECHO CONSTITUCIONAL

DOCENTE:
DR. SIALER NIQUEN CARLOS

ESTUDIANTE:
LAZO PINTO ROBERT ROSENDO

TEMA:
ANALISIS DE DOS SENTENCIAS DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
- EXP. Nº 1182-2005-PA/TC CONO NORTE DE LIMA CAROL LUZ SÁENZ
LUMBRERAS.
- EXP. Nº 00535-2009-PA/TC LIMA RODOLFO LUIS OROYA GALLO

NOVIEMBRE 2018

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I. ANTECEDENTES.

A. EXP. Nº 1182-2005-PA/TC CONO NORTE DE LIMA CAROL LUZ


SÁENZ LUMBRERAS. Cuya sentencia del TRIBUNAL
CONSTITUCIONAL declaro INFUNDADA la demanda de AMPARO.

--Con fecha 12 de diciembre de 2003, la recurrente interpone demanda de


amparo contra el Director Zonal Lima -Callao del Servicio Nacional de
Adiestramiento de Trabajo Industrial (Senati) y los miembros del Comité
de Disciplina de dicha entidad, a fin de que se deje sin efecto la Resolución
Directoral Nº 042-2003/AL.DZLC, su fecha 10 de octubre de 2003, que
dispuso su expulsión por realizar actos reñidos con la moral y las buenas
costumbres, y la Resolución Directoral Nº 053-2003/AL.DZL, su fecha 23
de octubre de 2003, que declaró improcedente su recurso de
reconsideración; y que, en consecuencia, se disponga su reincorporación
como alumna de dicha entidad. Invoca la vulneración de sus derechos al
trabajo, a la educación, al debido proceso, a la pluralidad de instancia, a
la legítima defensa, a la integridad moral, al libre desarrollo, a la igualdad
ante la ley, al honor y la buena reputación, a la libertad y seguridad
personales, el principio de legalidad y los derechos a la libertad de
creación intelectual, artística y científica y de acceso a la cultura. El
emplazado propone la excepción de falta de agotamiento de la vía
administrativa y contesta la demanda manifestando que la sanción de
expulsión impuesta está prevista en el 48C del Decreto Supremo Nº 012-
74-IT-DS El Tercer Juzgado Civil de Independencia, con fecha 18 de
febrero de 2004, declara fundada la excepción deducida y,
consecuentemente, nulo todo lo actuado, dando por concluido el proceso,
por considerar que la recurrente no había acreditado que no existiera una
segunda instancia administrativa superior a la Dirección Zonal Lima y
Callao del Senati. La recurrida, revocando la apelada, declara infundada
la excepción e improcedente la demanda por estimar que el proceso de
amparo, al carecer de etapa probatoria, no era la vía idónea para dilucidar
la controversia.

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…por estos fundamentos, el Tribunal Constitucional, con la autoridad que
le confiere la Constitución Política del Perú HA RESUELTO Declarar
INFUNDADA la demanda de amparo. Publíquese y notifíquese. SS.

B. EXP. Nº 00535-2009-PA/TC LIMA RODOLFO LUIS OROYA GALLO


Cuya sentencia del TRIBUNAL CONSTITUCIONAL declaro FUNDADA
la demanda de AMPARO.
Con fecha 17 de septiembre de 2007, el recurrente interpone demanda de
amparo contra la Universidad San Ignacio de Loyola, solicitando que se
inapliquen las Resoluciones Nº 001- 018/07-CD, del 10 de julio de 2007
(fojas 13), N.º 002-018/07-CD, del 6 de agosto de 2007 (fojas 15), y Nº
005-18/2007-TH, del 23 de agosto de 2007 (fojas 17), a través de las
cuales se determina y se confirma su separación de dicha casa de
estudios. El demandante sostiene que ha sido separado de la Universidad
por haber sido encontrado en el campus universitario con un cigarrillo de
marihuana. Cabe destacar que en el proceso disciplinario seguido contra
él, acepta la posesión del mismo. En este sentido, sustenta su pretensión
en que el Reglamento General de Estudios (fojas 19 a 30) no ha señalado
qué infracción debe considerarse como leve o grave, que no se ha
considerado su rendimiento académico, el difícil momento personal que
atravesaba en aquél entonces y que no se ha tomando en cuenta que se
encontraba en el último ciclo de estudios (fojas 37 a 39). Por ende, solicita
que se lo reincorpore en su calidad de estudiante a la carrera de
Administración (fojas 34 a 44). El Segundo Juzgado Mixto de La Molina y
Cieneguilla, con fecha 18 de septiembre de 2007, declaró improcedente
la demanda de manera liminar en virtud de lo establecido en el inciso 1)
del artículo 5º del Código Procesal Constitucional, por no haberse
transgredido norma constitucional alguna (fojas 45). La Universidad San
Ignacio de Loyola se apersona al proceso manifestando que no se ha
violado derecho alguno, pues la decisión adoptada no es arbitraria, sino
que está suficientemente motivada, y porque además el actor tiene
expedito su derecho de seguir estudiando en cualquier otra universidad
del país. Asimismo, sostiene que el demandante ha ejercido sus derechos
de defensa de pluralidad de instancia al haber presentado ante los
distintos
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estamentos de la universidad los recursos de reconsideración y apelación
(fojas 130 a 131). La Sexta Sala Civil de la Corte Superior de Justicia de
Lima confirmó la apelada (fojas 143) sobre la base de lo dispuesto en el
inciso 2) artículo 5º del Código Procesal Constitucional, sosteniendo que
para dilucidar la presente controversia resulta necesaria una etapa
probatoria de la que carece el proceso de amparo.

… por estos fundamentos, el Tribunal Constitucional, con la autoridad que


le confiere la Constitución Política del Perú HA RESUELTO 1. Declarar
FUNDADA la demanda interpuesta contra la Universidad San Ignacio de
Loyola por haberse vulnerado los principios de razonabilidad y
proporcionalidad reconocidos en el artículo 200º de la Constitución, el
derecho a la educación consagrado en el artículo 13º de la Constitución y
el principio de taxatividad, establecido en el literal d), inciso 24, del artículo
2º de la Constitución.

C. INDICAR

 ¿Con cuál de las sentencias está de acuerdo¿ ¿por qué?


 Señale por qué siendo casos similares, los fallos son opuestos.
Fundamente.

II. ANALISIS DEL CASO ESPECIFICO


Desde mucho tiempo, los procesos disciplinarios en sede administrativa
estuvieron enmarcados única y exclusivamente en la antigua – aunque aún
vigente - ley de bases de la carrera administrativa (Decreto Legislativo 276) y
su Reglamento el Decreto Supremo Nº 005-90-PCM.

Posteriormente, a partir del año 2001, comienza a regir la novísima ley del
procedimiento administrativo general, la misma que - entre otras cosas -
contenía un sub capítulo dedicado a regular el procedimiento sancionador,
estableciendo en su artículo 230º diversos principios que regían la potestad
sancionadora de la administración pública, además de algunos otros aspectos
concernientes a dicho tema, redefiniéndose así el marco jurídico que hasta
entonces se había venido aplicando en todo proceso disciplinario.

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No obstante, en la medida que fue utilizado con mayor frecuencia el proceso
de amparo constitucional para atacar las decisiones de la administración en
materia de sanciones, fue nuestro Tribunal Constitucional quien se arrogó la
potestad de establecer las nuevas reglas, no solo en sede administrativa (es
decir en el sector público), sino también en la corporativa particular,
lógicamente desde la perspectiva del derecho constitucional, único referente
válido para cualquier órgano de control constitucional del mundo.

Ocurre sin embargo, que en algunos casos que datan de varios años, el
Tribunal Constitucional recurrió a conceptos como “debido proceso sustantivo”
para corregir algunos excesos de la administración pública en la aplicación de
sanciones laborales, aplicando los principios de razonabilidad y
proporcionalidad cuando la sanción impuesta al administrado había sido
notoriamente desproporcionada o, en todo caso, irrazonable.

Ahora bien, a estos principios ampliamente desarrollados por el Tribunal


Constitucional, se sumaron luego algunos otros como el de la legalidad y los
sub principios de tipicidad y taxatividad, los cuales han servido como
parámetro para determinar en qué casos la sanción impuesta no solo ha sido
razonable y proporcionada a la intensidad de la falta o infracción cometida,
sino también si esta se encontraba o no regulada y descrita expresamente por
la norma correspondiente, incluida la sanción respectiva.

En esta ocasión, examinaremos, con el mayor detenimiento posible el curso


de la jurisprudencia – no vinculante por cierto – del Tribunal Constitucional en
esta materia, seleccionando para ello estos dos casos, a mi parecer
emblemáticos, que tuvieron alguna repercusión mediática y fueron objeto de
intensas discusiones y críticas, al extremo que en la actualidad nuestros
catedráticos en la Universidad Las Américas, nos dejan como tarea el
analizarlos y discutirlos a efectos de nutrir nuestros conocimientos en la
materia.

Se trata del proceso de amparo interpuesto por Carol Luz Sáenz Lumbreras
contra el SENATI (Exp. Nº 1182-2005-PA/TC y el amparo instaurado por
Rodolfo Oroya Gallo contra la Universidad San Ignacio de Loyola (Exp.
N 00535-2009-PA/TC). En ambos procesos se evidencias situaciones más o
menos coincidentes pero, a pesar de ello el TC adoptó soluciones distintas,
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jugando siempre con los conceptos y categorías ya antes referidas para
justificar su decisión, ya sea estimando o desestimando la demanda.

Al estudiar el presente caso, nuestra intención no es otra que desnudar la


forma como el TC “administra” justicia constitucional o “cautela la
constitucionalidad de las leyes y otros”, dependiendo generalmente de los
actores o de las partes involucradas y algunas veces del temperamento o
criterio subjetivo de quienes integran sus salas. Y si bien es cierto que en
ninguno de los casos comentados se ha dejado sentada jurisprudencia
vinculante alguna, sin embargo sí habrán de servir como elemento de juicio
para futuros casos similares dentro de lo que podríamos denominar “doctrina
jurisprudencial”.

 DEFINICIÓN DE LOS PRINCIPIOS DE RAZONABILIDAD Y


PROPORCIONALIDAD

En cuanto al principio de razonabilidad, el TC ha dicho que se trata de “


….un criterio íntimamente vinculado a la justicia y está en la esencia
misma del Estado constitucional de derecho. Se expresa como un
mecanismo de control o interdicción de la arbitrariedad en el uso de las
facultades discrecionales, exigiendo que las decisiones que se tomen en
ese contexto respondan a criterios de racionalidad y que no sean
arbitrarias”. Agrega el TC que esto “…implica encontrar justificación lógica
en los hechos, conductas y circunstancias que motivan todo acto
discrecional de los poderes públicos”.

Respecto al principio de proporcionalidad, el TC ha señalado que “En


efecto, es en el seno de la actuación de la Administración donde el
principio de proporcionalidad cobra especial relevancia, debido a los
márgenes de discreción con que inevitablemente actúa la
Administración para atender las demandas de una sociedad en constante
cambio, pero también, debido a la presencia de cláusulas generales e
indeterminadas como el interés general o el bien común, que deben ser
compatibilizados con otras cláusulas o principios igualmente abiertos a la
interpretación, como son los derechos fundamentales o la propia dignidad
de las personas.

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Como bien nos recuerda López González, “En la tensión permanente
entre Poder y Libertad que protagoniza el desenvolvimiento del Derecho
Público y por ello también el del Derecho Administrativo, el Estado de
Derecho a través de la consagración que formula el principio de legalidad
y de la garantía y protección de los derechos fundamentales, exige un uso
jurídico proporcionado del poder, a fin de satisfacer los intereses
generales con la menos e indispensable restricción de las libertades”.

Este principio se encuentra estructurado en tres sub principios: a) el de


idoneidad o de adecuación; b) el de necesidad; y c) el de proporcionalidad
en sentido estricto. De más está decir que estos sub principios adquieren
importancia cuando se torna indispensable hacer un ejercicio de
ponderación o balancín.

 LA APLICACIÓN DEL PRINCIPIO DE LEGALIDAD Y LOS


SUBPRINCIPIOS DE TIPICIDAD O TAXATIVIDAD EN LOS PROCESO
SANCIONADORES

A partir de la STC0010-2002-AI/TC el Tribunal Constitucional ha dejado


establecido que el principio de legalidad exige que las conductas
prohibidas estén claramente delimitadas por la ley, prohibiéndose tanto la
aplicación por analogía, como también el uso de cláusulas generales e
indeterminadas en la aplicación de las prohibiciones.

Dicho principio de legalidad exige que para la aplicación de una sanción


se cumpla con tres requisitos: a) la existencia de una ley (lex scripta); b)
que la ley sea anterior al hecho sancionado (lex praevia); y c) que el
hecho esté expresamente determinado (lex certa) conforme lo establece
el artículo 2º numeral 24) inciso d) de la Constitución. Es aquí donde nos
referirnos a los sub principios de tipicidad o taxatividad, pues estos
exigen que la conducta se encuentre sancionada en la norma y que
además de ello se encuentre descrita o establecida en forma precisa por
aquella.

En este orden de cosas, tenemos que en estricto no se cumpliría con estos


sub principios en aquellos casos en los que nos encontramos con normas
abiertas o abstractas en las que el hecho sancionado es impreciso,

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permitiendo que el operador o aplicador de la norma recurra a
interpretaciones subjetivas o arbitrarias. Esto podría ocurrir, por ejemplo,
si se estableciera que son sancionables actos contra las buenas
costumbres o contra la moral, o cuando se hace referencia a actos
análogos o similares a los descritos sin especificar cuáles serían tales
conductas sancionables.

 ANALISIS DE LA POSICIÓN OSCILANTE DE LA JURISPRUDENCIA


DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

Conforme ya lo habíamos sostenido anteriormente, el tema abordado en


este trabajo se habrá de centrar en dos casos resueltos por nuestro
Tribunal Constitucional y en los que se han expuesto tesis encontradas y
disímiles pese a que en esencia se trataba de situaciones ciertamente
análogas.

1. El primero de los antes referidos casos, es el recaído en el Exp. N°


1182-2005-PA/TC (caso Carol Luz Saenz Vs. SENATI). Se trata de
una demanda de amparo interpuesta por una estudiante expulsada
del SENATI por haber sido sorprendida besándose con su enamorado
en uno de los baños de damas de dicha institución de educación
técnico industrial. La entidad demandada alegaba en su defensa que
el comité de disciplina se había limitado a aplicar la sanción prevista
en el numeral 9 inciso e) del Manual de Conducta Social y laboral de
la formación profesional para aprendices y alumnos del Senati, pues
la señorita Sáenz incurrió en actos “reñidos contra la moral y las
buenas costumbres” que son considerados falta grave por su
reglamentación disciplinaria interna.

Al dilucidar la controversia, el TC comienza sosteniendo que “la


potestad sancionadora de todas las entidades está regida –
adicionalmente – por los principios de legalidad, tipicidad, debido
procedimiento, razonabilidad, tipicidad, irretroactividad, causalidad,
presunción de licitud, entre otros”. En buena cuenta el supremo
intérprete de la Constitución se reafirma en los principios y sub
principios que enmarcan el accionar de la administración pública en
los procesos sancionadores o disciplinarios. Posteriormente,
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considera que la institución con su Reglamento disciplinario no
considera otra sanción de menor intensidad que la de expulsión para
la falta tipificada (actos reñidos contra la moral y las buenas
costumbres), el comité de disciplina no tuvo otra alternativa que
aplicársela a la demandante.

Lo curioso es que, el TC estima que en el caso específico de “actos


reñidos con la moral y las buenas costumbres,” el grado de certeza
exigible a la conducta prohibida “puede ser complementado” mediante
reglas básicas del sentido común, toda vez que la Moral es la ciencia
que trata del bien en general. Con ello el Tribunal nos envía dos
mensajes: a) que la norma prevista por el reglamento del Senati no es
abierta y que en todo caso, se podría establecer qué es inmoral o
contrario a las buenas costumbres con solo recurrir al sentido común;
y, b) que siendo la Moral la ciencia del bien, darse besos con la pareja
sería lo contrario a ello, es decir algo prohibido e cinmoral.

Por último, en cuanto a la proporcionalidad de la medida adoptada, es


decir la sanción de expulsión impuesta a la estudiante, el TC lejos de
analizar si la institución educativa cumplió o no con dicho parámetro
(proporcionalidad), opta en salir por la tangente, sosteniendo que,
pese a que la sancionada tenía una buen record académico y
disciplinario e incluso era puntual en el pago de sus cuotas, sin
embargo al comité de disciplina no le quedó otra opción que aplicarle
la única y por cierto más grave sanción prevista por los reglamentos,
pues “que no es facultad de quien tiene a su cargo el proceso por
faltas disciplinarias graves, penadas por el reglamento, o de quien
ejecute el castigo a imponerse de resultas del mismo graduar la
razonabilidad de la sanción a imponerse y/o aplicar las sanciones
previstas en los numerales a, b, c, y d del citado Reglamento Interno.
En este orden de ideas, mal podría obligarse a los emplazados a
adoptar una medida distinta a la impuesta a la demandante” Por lo
mismo, considera que el Senati ha cumplido con el principio de
legalidad, aun cuando pudiese considerar que la sanción era excesiva
o desproporcionada en relación a la falta cometida.

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La lectura de la línea de argumentación del TC nos revela que éste
estaría convalidando la aplicación de medidas irrazonables o
desproporcionadas a condición de que éstas provengan de una norma
que haya cumplido con los tres requisitos ya anteriormente reseñados
(lex scripta, lex praevia, lex certa), con lo cual contradice abiertamente
las pautas de razonabilidad y proporcionalidad que ha utilizado en
innumerables casos semejantes, enmendándole (mal) la plana a
cuanto tribunal de honor o disciplinario se le haya puesto al frente con
medidas excesivas.

Resulta por lo tanto extraño que no obstante respaldar el accionar del


comité disciplinario del Senati en este caso, no haya sido el propio
Tribunal Constitucional el que haya graduado la magnitud de la
sanción, estableciendo que correspondería – en todo caso – una de
menor intensidad en aras de la magnitud de los hechos, de la falta
incurrida y de la trascendencia que ésta pudiese haber tenido en la
comunidad educativa involucrada. Pero sobre todo – soy de la opinión
– que bien pudo hacer prevalecer el derecho de la expulsada a
culminar sus estudios, los cuales según se desprende de la sentencia
analizada, venían siendo exitosos.

2. Finalmente, tenemos el caso del estudiante universitario Rodolfo


Oroya Gallo (Exp. 00535-2009-PA/TC) quien interpone un proceso de
amparo al haber sido expulsado por medida disciplinaria de la
Universidad San Ignacio de Loyola bajo el cargo de consumo de
marihuana en el interior del campus universitario.

En este caso, el TC recurre al argumento de que “……el


establecimiento de disposiciones sancionatorias, tanto por entidades
públicas como privadas, no puede circunscribirse a una mera
aplicación mecánica de las normas, sino que se debe efectuar una
apreciación razonable de los hechos en cada caso concreto, tomando
en cuenta los antecedentes personales y las circunstancias que
llevaron a cometer la falta. El resultado de esta valoración llevará a
adoptar una decisión razonable y proporcional”. Más adelante, en el
fundamento 16 de su sentencia, el TC nos dice que la razonabilidad
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es un criterio íntimamente vinculado a la justicia “……lo que implica
encontrar justificación lógica en los hechos, conductas y
circunstancias que motivan todo acto discrecional de los poderes
públicos.

En el fundamento 18 inclusive el máximo contralor de la


Constitución nos recuerda que “la comprensión objetiva y razonable
de los hechos que rodean al caso, que implica no sólo una
contemplación en “abstracto” de los hechos, sino su observación en
directa relación con sus protagonistas, pues sólo así un “hecho”
resultará menos o más tolerable, confrontándolo con los antecedentes
del servidor, como ordena la ley en este caso”. Agrega, luego, que
“Una vez establecida la necesidad de la medida de sanción, porque
así lo ordena la ley correctamente interpretada en relación a los
hechos del caso que han sido conocidos y valorados en su integridad,
entonces el tercer elemento a tener en cuenta es que la medida
adoptada sea la más idónea y de menor afectación posible a los
derechos de los implicados en el caso”. En otros términos, el Tribunal
nos dice que pese a la evidencia de la falta incurrida y a que ésta se
encuentre prevista por la ley, al momento de aplicar la sanción,
debemos de tener en cuenta otros criterios a efectos de minimizar el
daño que se pudiese generar al infractor con la pena a imponérsele.

Es por ello que en el caso el TC decide tomar en cuenta que de


acuerdo a los exámenes toxicológicos que se le tomaron al estudiante
sancionado, éste no era un consumidor adicto ni asiduo, sino tan solo
circunstancial y que además destacaba en sus estudios ocupando el
tercio superior de su aula, lo que aunado al hecho de que se
encontraba en el último semestre de su carrera profesional, se hacía
necesario ponderar o graduar la sanción a efectos de no generarle un
daño mayor que afectaría su desarrollo personal así como su derecho
a la educación. Por tanto, el TC estimó que la decisión de la
Universidad era violatoria del principio constitucional de interdicción
de la arbitrariedad y que se trataba de una medida desproporcionada
en razón a que la estructura del régimen disciplinario es ambigua e

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indeterminada, afectando los principios de proporcionalidad y
razonabilidad reconocidos en los artículos 3°, 43° y 200° de la
Constitución.

Para justificar su decisión, el TC aduce que la relación entre las faltas


tipificadas y las sanciones previstas en varios artículos del
Reglamento General de Estudios de la Universidad emplazada tiene
un grado de ambigüedad e indeterminación que podría condicionar un
juicio de valor que no sería discrecional, sino arbitrario, lo que lo hace
contrario al principio de taxatividad o tipicidad de las normas
sancionatorias.

Es sin embargo relevante que, en el fundamento 36 de su sentencia


el TC admite que el consumo de drogas es grave, pero a continuación
agrega que al no establecerse una sanción específica a cada
conducta, ello provoca una sensación de inseguridad jurídica en el
infractor al no saber qué pena le correspondería de incurrir en ella.
Pues, es obvio que si el mismo Tribunal nos está diciendo en el
fundamento 27 que el consumo de marihuana en el recinto
universitario amerita una sanción grave y posteriormente en los
fundamentos 36 y 37 vuelve a reiterar la gravedad de dicha conducta,
valdría la pena preguntarse si cabe aún – desde el punto de vista de
la más elemental lógica – aseverar que no se puede imponer la
sanción más severa a dicho acto porque el reglamento disciplinario no
es claro ni preciso. Creemos que en este caso las respuestas a
nuestra interrogante sobran y se explican por sí mismas.

Desde luego, en este caso en particular, el Tribunal Constitucional


declara fundada la demanda, aunque se cuida de precisar que con
ello no está justificando el consumo de drogas en los establecimientos
universitarios, aun cuando revela una vez más un tratamiento distinto
y discriminatorio frente al caso de la estudiante del Senati, pese a que
desde todo punto de vista su falta no podía – ni de lejos - equipararse
a la del estudiante Oroya Gallo.

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III. REFLEXIONES FINALES

A. De lo antes expuesto, podemos concluir que los hechos demuestran la


existencia de criterios contrapuestos de quienes integran nuestro máximo
órgano jurisdiccional en materia constitucional al momento de resolver
casos que se fundan en situaciones análogas.

B. De todo lo analizado en las líneas precedentes, podríamos afirmar que


para nuestro Tribunal Constitucional, besarse con la pareja en el interior
de un baño constituye una falta grave contra la moral y las buenas
costumbres que justifican una sanción tan drástica como la expulsión del
infractor, mientras que consumir marihuana en el campus de una
universidad son conductas que deben ser sancionadas en forma
proporcional a los antecedentes personales de los infractores y en todo
caso, en función al grado de perjuicio que se les pudiese causar con la
sanción a imponérseles. Criterios que no hace más que confundir a la
opinión pública por ser tan clara la contraposición de sus propias
resoluciones.

C. Tales sentencias nos lleva a la inevitable reflexión que en muchos casos


como los aquí explicados el TC termina convirtiéndose en el primer
discriminador de las personas, aunque ciertamente no podemos conocer
las motivaciones de estas reprochables conductas.

D. También, podemos afirmar que, las sentencias emitidas por el TC en


muchos casos resultan contradictorias y obedecerían al estado de ánimo
de sus integrantes, o de quien se trataría el caso a resolver; o quien sabe
de algún móvil egoísta entre manos.

E. Teniendo en cuenta los derechos inherentes de las persona, me animo a


inclinar la balanza a favor de la sentencia del CASO OROYA GALLO, toda
vez que dado los resultados de los análisis toxicológicos –que arroja
consumo circunstancial-, sus sobresalientes notas y los últimos ciclos o
años de estudios que cursaba, sumado a ello que la sanción a aplicarse
no se encuentra taxativamente contenida en el reglamento sancionador,
existiendo solo un criterio o juicio de valor incierto que no resulta
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convincente; la aplicación de la sanción administrativa ha debido de ser
teniendo en cuenta los criterios de razonabilidad y proporcionalidad en
consonancia a los principios lex scripta, lex praevia, lex certa, lo que fue
advertido por TC disponiendo finalmente corregir y declarar FUNDADO la
pretensión del demandante.

F. Siendo así, al guardar similitud o semejanza en la naturaleza de la sanción


impuesta, en el cual se cuestiona la discrecionalidad, razonabilidad,
proporcionalidad, así como la taxatividad de las conductas sancionables,
dentro del criterio que estable los principios de la ley escrita, previa y cierta;
la demanda de Amparo interpuesta por Carol Luz Saenz Vs. SENATI ha
debido también de ser declarado FUNDADO.

MUCHAS GRACIAS, ESPERO QUE MI APORTE SIRVA DE AYUDA.

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