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El tiempo de la Mystagogia

Terminada la etapa de la catequesis y preparación, comienza la


fase de la explicación de los misterios de la fe, incluso la comunidad
juntamente con los neófitos progresa, gracias a la mediación del
Evangelio, de la Eucaristía, al ejercicio de la caridad, al misterio de la
pascua y en la manifestación más perfecta del mismo en su vida. Esta es la
última parte de la iniciación. Es de mucha importancia tomar en cuenta lo
que el concilio vaticano II menciona en la constitución (SC 64) “Solamente
el ordinario del lugar tiene la potestad y la autoridad de poner en práctica,
las distintas etapas del catecumenado de adultos, según su restauración”. 1

“Las disposiciones de los cánones sobre el bautismo de adultos se


aplican a todos aquellos que han pasado de la infancia y tienen uso de
razón.”2

El conocimiento pleno y fructuoso de los misterios, se adquiere con la


renovación de las explicaciones y sobre todo con la recepción de los
sacramentos. Los neófitos renovados en su espíritu, han gustado
íntimamente la provechosa palabra de Dios, de igual manera han recibido
el Espíritu Santo y han experimentado cuán suave es el Señor. Tal ha sido el
acontecimiento de participar más de lleno de la vida cristiana, que en el
transcurso de la vida, toman un nuevo sentido de la fe, de la Iglesia y del
mundo. Para que la catequesis dada a los neófitos pueda responder a las
necesidades más profundas de nuestro tiempo, debe proponer la fe
cristiana en su integridad, autenticidad y sistematicidad, de acuerdo con
la comprensión que de ella tiene la Iglesia, poniendo en primer plano el
anuncio de la salvación; iluminando con su luz las dificultades, oscuridades,
falsas interpretaciones, prejuicios y objeciones hoy presentes. La transmisión
del mensaje de la fe a los adultos ya en caminados, ha de tener en cuenta
las experiencias vividas, los condicionamientos y los desafíos que
encontrarán, así como sus múltiples interrogantes y necesidades respecto a
la fe. 3

En atención a las condiciones laicales de los adultos es, que por el


bautismo recibido, tienen la misión de buscar el Reino de Dios4

1
Cf SC 59, 64
2
Cf CIC 852, 1
3
Cf DCG (1971) 20; 92-97; CT 43-44; COINCAT, La catequesis de adultos en la comunidad cristiana 1990.
4
Cf Mt 3, 2; 11, 25; 13, 43; Mc 4, 26-32; Lc 17, 20; 21, 31; Hch 1, 3.
ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios, 5 y
asimismo están llamados a la santidad. 6

El apostolado de los laicos es la participación en la misma misión


salvífica de la Iglesia7 y a él todos están destinados por el mismo Señor en
razón del bautismo y de la confirmación. Por los sacramentos,
especialmente por la sagrada Eucaristía, se comunica y se nutre aquella
caridad hacia Dios y hacia los hombres. 8

La etapa de la explicación y experiencia del misterio pascual de


Cristo, (Mystagogia) ayuda en gran parte a los neófitos a abrir su
entendimiento con la asistencia del Espíritu Santo, escudriñando las
Sagradas Escrituras y obteniendo así, la intimidad con Dios, con la
comunidad y con lo que les rodea; los padrinos tienen mucha importancia
en esta fase, porque son testigos y fieles colaboradores de que en ellos se
manifiesten los frutos de vida eterna que Dios les ha concedido, y a su vez,
tienen la función de asistir en la iniciación cristiana al adulto que se bautiza,
juntamente con los padres,9 y además procurar que después lleve una
vida cristiana congruente con el bautismo y que cumpla fielmente con las
obligaciones inherentes al mismo.

Antiguamente los neófitos eran introducidos a formar parte de la


Iglesia después que se bautizaban en la noche de pascua10 (o lo que hoy
conocemos como la vigilia pascual, “la fiesta de las fiestas”, “Solemnidad
de solemnidades”, S. Atanasio le llama “El Gran Domingo”)11 seguidamente
(es decir, en la semana In Albis) eran preparados e incorporados a saber y
tener presente el misterios de la salvación gracias a Cristo Jesús el Señor,
viviendo y experimentando la cincuentena pascual, hasta pentecostés. 12

Efectivamente hay diferencia entre las antiguas costumbres y las


nuevas que conocemos en la Iglesia de nuestros días, lo importante ha sido
que en su mayoría, no se ha dejado que el nuevo miembro que entra a
formar parte de la Iglesia se pierda, es decir, que tome otro camino, claro

5
LG 31; Cf EN 70; ChL 23.
6
Cf ChL 57-59
7
Cf Mt 28, 18-20.
8
LG 33
9
Cf CIC 872
10
Cf Ex 12, 11. 39. 43; Lc 22, 7-18; 1 Co 5, 7-8
11
Cf CEC 1169.
12
Cf Hch 2, 1-4
está que Dios nos deja en libertad, pero es importante la perseverancia de
los nuevos catecúmenos. Ciertamente en los primeros siglos, para que una
persona fuese bautizada, era necesario confirmar que tuviera la fe, como
para tomar la responsabilidad de ingresar a la misión que el Señor había
mandado realizar; en nuestros días, son bautizados: niños, adolecentes,
incluso adultos; hoy propiamente después que son catequizados, no hay
una preparación post-bautismal, sino que simplemente se deja en la
libertad de que los padres y padrinos prosigan la formación en la fe del
neófito.

¿Cómo se puede vivir esta etapa hoy? Lo primordial de la iniciación


cristiana y la manera de vivir la fe, es que, hay que tener otro cristiano que
viva la fe adulta, conforme a los mandatos del Señor y a la doctrina de la
Iglesia, todo en comunión con ella. Solamente así es como se puede seguir
en el camino hacia la salvación y a la santidad; necesitamos ver hechos
de una comunidad, que se haya encontrado con Jesucristo en su vida,
para que viendo los acontecimientos y los milagros que Dios concede a
personas concretas, sea posible creer y fiarse, y a la vez ponerse en
camino. “Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la
comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Todos los creyentes
estaban de acuerdo y tenían todo en común. Acudían diariamente al
templo con perseverancia y con un mismo espíritu; partían el pan en las
casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando
a Dios y gozando de la simpatía de todo el pueblo. Por lo demás, el Señor
agregaba al grupo a los que cada día se iban salvando.” (Hch 2, 42. 44.
46-47.

Como conclusión es preciso citar las palabras que aquellas personas


que dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: “¿Qué hemos de hacer?
Pedro les contestó: Convertíos y que cada uno de vosotros se haga
bautizar en el nombre de Jesucristo, para el perdón de vuestros pecados y
para que recibáis el don del Espíritu Santo.” (Hch 2, 37-38) Lo fundamental
es convertirse a Jesucristo, y eso bastará para ser cristiano.