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Agradecimientos

Al Staff Excomulgado: Pau Belikov por la


Traducción, Laavic y Leluli por la Corrección, de
nuevo, Laavic por la Diagramación y Leluli por la
Lectura Final de este Libro para El Club De Las
Excomulgadas…

A las Chicas del Club de Las Excomulgadas, que


nos acompañaron en cada capítulo, y a Nuestras
Lectoras que nos acompañaron y nos acompañan
siempre. A Todas….

Gracias!!!
Argumento

La decadencia de Bourbon Street está haciéndose notar...

Cuando la recatada y correcta Liz Marsh sospecha que su novio la está


engañando, se siente casi demasiado avergonzada como para contratar a un
Investigador Privado para demostrarlo. Y cuando toma coraje y entra en la oficina
de Jack Wade, no tiene ni idea de que él iba a ser el hombre más sexy que jamás
hubiera visto, ni que su suave acento Cajun le provocaría un hormigueo en todos
los lugares incorrectos... ¿o serian los correctos?

Después de que Jack le trae cuestionable, pero sin lugar a dudas, suscita
evidencia, la única solución es que Liz lo vea con sus propios ojos. Y Jack está más
que feliz de mostrarle todo lo que se ha estado perdiendo. Una noche en el
fascinante distrito de las luces rojas en el Barrio Francés, y Liz se encuentra
atrapada en el sensual atractivo de una nueva atmósfera erótica y la repentina y
urgente necesidad de experimentarla por sí misma... con Jack.

Jack es un hombre que normalmente se mantiene casual, pero cuando las noches
con Liz se calientan, así lo hacen sus sentimientos hacia la sensual mujer en sus
brazos. La decadencia de Bourbon Street los invita y Liz se embarca en una jornada
candente de despertar sexual que la tiene más que dispuesta a deshacerse de sus
inhibiciones minuto a minuto.

Pero alguien más se ha dado cuenta de su insaciable apetito por la aventura


hacia la sensualidad, alguien que está empezando a darse cuenta lo que perdió y
que está decidido a separar a Jack y a Liz...
Capítulo Uno
Una fina línea de sudor nervioso corría entre los pechos de Liz Marsh y sobre el
sujetador de encaje negro que llevaba mientras se hallaba ante aquella puerta un
poco maltratada en Royal Street1. Observó el nombre, Jack Wade, pintado en la
vieja madera con letras doradas comenzando a descascarillarse. Tomando otra
mirada a su transparente blusa negra y corta falda, se preguntó si podría seguir con
todo eso.

Pero realmente no tenía opción... tenía que hacerlo.

Aun así, cuando giró el pomo de la puerta y entró, lo último que esperaba
encontrar era un dios moreno del sexo. Estaba sentado detrás de un escritorio que
había visto días mejores, pero hacía que se viera bien. Apoyándose cómodamente
en su silla, le hizo pensar en un animal descansando en su guarida. Sus ojos eran de
un tono más claro que la medianoche y parecían dejarla en su lugar en el mismo
momento en que él los levantó.

Se detuvo, atrapada por el puro magnetismo, y extendió la mano hacia el


respaldo de la silla puesta enfrente a él. De repente no sólo estaba más nerviosa de
lo que había estado hacia unos segundos, sino que llevaba tacones nuevos,
comprados locamente para esta ocasión, y sólo una mirada de él la hizo sentirse
desequilibrada.

— Hola —su voz era tan rica como el chocolate negro. — ¿Qué puedo hacer por
ti?

¿Qué podía hacer él por ella? Rápidamente se encontró escribiendo mentalmente


una lista que comenzaba con "besa mis labios" y que descendía hasta amasar sus

1
Royal Street (en español: Calle Real, y en francés: Rue Royale) es una calle de Nueva Orleans, Louisiana. Es una de las calles
más antiguas de la ciudad, que data de la época colonial francesa, y es famosa por las tiendas de antigüedades, galerías de
arte, y majestuosos hoteles que bordean ambos lados de ésta mientras hace su paso a través del Barrio Francés y el distrito
turístico de Nueva Orleans. Royal Street es la calle más conocida en el barrio francés, además de la Bourbon Street.
La sección más famosa de la Royal Street es la parte superior en el Barrio Francés, conocida por sus decenas de opulentas
tiendas de antigüedades y galerías de arte. A pesar de su naturaleza ordenada, ésta se encuentra a sólo una cuadra al sur de
la atmósfera festiva de la Bourbon Street. Los precios en las tiendas de arte y tiendas de antigüedades tienden a ser muy
altos, de hecho, ha sido catalogada como uno de los lugares más caros para hacer compras en el mundo.
sensibles pechos y acariciar el lugar un poco hambriento entre sus muslos.

Ella no era así, en absoluto. Todo el mundo sabía que Liz no era del tipo sexy.
Podían decirle bonita. En los días particularmente buenos tal vez sofisticada. Y
conservadora... era una mujer que cumplía con las normas. Por lo general, de todos
modos. No importa cómo lo pusieras, sin embargo, Liz no era el tipo de mujer que
experimentaba un infarto de lujuria por ver guapos hombres desconocidos.

Tal vez era el vestido. Los zapatos. El maquillaje. Tal vez estaban trabajando
juntos para convertirla en la mujer que había pretendido ser viniendo aquí. No es
que hubiera venido con la esperanza de encontrar a un hombre totalmente caliente
cuya colorida mirada le interesara... no, ese resultado era sólo una inesperada
ventaja. Se había vestido de esa manera simplemente porque le había parecido
importante verse bien, como una mujer que podía atrapar a un hombre, mantener a
un hombre en esta misión en particular. El dios levantó sus cejas como para
acentuar su pregunta, lo cual le hizo darse cuenta de que nunca le había contestado.

— Quiero contratarte.

— ¿Para?

Dada la forma en que se estaban mirando el uno con el otro, la cuestión parecía
demasiado cargada, y una sonrisa un poco malvada se ajustó a las comisuras de su
boca, como si él supiera exactamente lo que ella estaba pensando.

Fue entonces cuando recordó por qué estaba allí. A pesar de lo caliente que él
era, no había llegado para atrapar a este hombre. Había llegado para pillar a un
hombre en algo.

—Necesito saber si mi novio está engañándome.

Su dios caliente se rió entre dientes.


—Lo siento, chère2. Yo me gradué de ese tipo de casos hace mucho tiempo.
Deberías ver a Manny Goodman más abajo en Decatur —él levantó su dedo
pulgar, señalando vagamente sobre su hombro.

— Pero te quiero a ti. Específicamente.

Sólo cuando su sonrisa regresó, se dio cuenta de que había tomado sus palabras
en doble sentido.

—Comprensible —respondió, arrogancia y sexo goteando de él. —Pero como he


dicho, yo ya no hago esos trabajos. Ve a ver a Manny. Él hace un trabajo decente.
Averiguará lo que quieres saber.

Sin embargo, Liz no quería ver a Manny. Esto era lo suficientemente


desesperante como para realmente contratar a un investigador privado, y
embarazoso como para admitir ante un extraño que el hombre con quien había
planeado casarse podría estar recibiendo algo por otro lado. No quería ir de un
lugar a otro explicando su problema. Por otra parte, su amiga y vecina, Lynda, le
había recomendado a Jack Wade. Diez años antes, Lynda lo había contratado para
capturar a su tramposo marido engañándola, y le había prometido que Jack había
hecho trabajo bueno, rápido, y discreto. La investigación privada parecía ser un
negocio que podía atraer a algunos personajes sospechosos, y como Lynda le había
dicho que podía confiar en él, Liz quería que su búsqueda de un detective privado
se detuviera aquí.

Lo que Lynda no había mencionado eran sus magníficos y casi hipnóticos ojos,
su fuerte mandíbula, sus anchos hombros, o la sugerencia de su sexy acento Cajún3
en su discurso. Él era el tipo de hombre que te daba ganas de tocar, había
experimentado el impulso de mover sus manos por lo que sabía sería un pecho

2
Del Francés, querida.
3
Los acadianos o cajunes son un grupo étnico localizado en el estado de Luisiana (Estados Unidos). Descienden de exiliados
de Acadia durante la segunda mitad del siglo XVIII, tras la incorporación de los territorios franceses de Canadá a la Corona
Británica. También comprende otra gente con la que se unieron después, como españoles, alemanes, y criollos franceses.
La lengua cajún es un dialecto proveniente del francés. Actualmente, los cajunes forman una comunidad importante al sur
del estado de Luisiana, donde han influido notablemente en su cultura. Centros culturales importantes del pueblo cajún son
las ciudades de Lafayette y Lake Charles. En 1980, fueron reconocidos oficialmente por el Gobierno estadounidense como
grupo étnico.
duro, musculoso, quizás descomprimir sus jeans y ver si el bulto que no podía dejar
de notar era tan prometedor como parecía desde su actual punto de vista. Tal vez
no era sólo la fiabilidad lo que le daba ganas de quedarse.

Retomando la persona que había aparentado ser al entrar en la oficina, se inclinó


y apoyó sus manos sobre el escritorio, dándole una excelente vista de su
considerable escote. El sujetador era suyo, pero la blusa era prestada, de Lynda, y el
botón entre sus pechos estaba tensado a punto de desbaratarse.

—Mira —dijo en voz baja, —esto es muy difícil para mí. Y tú eres el hombre que
quiero para el trabajo. Si hace alguna diferencia, el dinero no es problema —se
inclinó aún más, dándole una visión aún mejor, sus propios movimientos
seductores haciéndole sentir sus pechos hinchados y sensibles dentro de las copas
de su apretado sostén. —Ahora, ¿qué se necesita para que puedas ayudarme? —
mirando hacia él, se mordió un poco el labio y sintió una oleada de humedad en
sus bragas. Le llamó la atención una vez más cómo esto se diferenciaba de su forma
de ser... no sólo se llenó con un calor poco habitual por él, sino que ahora estaba
usando su cuerpo para manipularlo. La hacía sentir sexy y poderosa.

— ¿Por qué yo? —su voz fue baja, sus ojos se pusieron vidriosos por el deseo.

— Porque he oído que eres bueno. Y necesito a alguien bueno, alguien que
pueda hacer este trabajo rápido y bien.

En ese momento, se abrió la puerta detrás de ella.

— Eh, yo sólo… infiernos, lo siento, tío. Pensé que estabas solo.

Liz pasó una fracción de segundo preguntándose cómo de ajustada estaba su


estrecha falda a través de su culo, qué tan alta se elevaba sobre la parte posterior de
sus muslos, antes de girarse para ver al hombre que había entrado. Alto, rubio, un
poco más alto que Jack Wade, estaba bronceado y era clásicamente guapo. Un
corte de pelo más limpio haría de él un perfecto muñeco Ken Malibú, pero al
instante le gustaron las asperezas que vio. Al igual que Jack Wade, no se había
afeitado hoy. Pero mientras que el investigador privado llevaba una sencilla camisa
de polo, su amigo lucía pantalones cortos y una camiseta que le daba un aspecto
relajado y cómodo en su propio cuerpo. A pesar de su ropa suelta podía ver los
vigorosos músculos de sus brazos y piernas y no podía dejar de preguntarse cómo
se sentiría tenerlos envolviéndola. Liz no podía recordar alguna vez haber sido
despertada por dos hombres a la vez, así que su cuerpo dolía, casi terriblemente,
pero contaba esto como una nueva y poco probable experiencia.

—Hola —le dijo a ella, con una sonrisa en sus labios. —Lo siento si interrumpo
algo.

—No. Quiero decir... —miró entre los dos hombres quienes se encontraban
actualmente llenando el cuarto con más testosterona de la que hubiera sentido
alguna vez. —Soy cliente del Sr. Wade, eso es todo.

El rubio echó su cabeza hacia atrás con un “Ah”, pero su expresión era
divertida, y le decía que no estaba seguro de creerle.

Jack Wade se echó a reír otra vez.

—Estás haciendo una gran presunción de eso, chère.

Liz se enfadó ante sus palabras. Algo en su interior le dijo que había llegado
demasiado lejos para dar marcha atrás. Salir de su oficina, ahora sin "ganar" se
sentiría como una gran derrota. En parte porque esto no sólo se trataba solo de
negocios desde hacía rato... definitivamente se había vuelto sexual; invisiblemente
se había transformado en algún nivel como... una conquista.

Se había vestido provocativamente, porque decirle a un tipo que su novio


probablemente la estaba engañando parecía la mayor vergüenza, y pensó que
podría manejarlo mejor si le hacía pensar al investigador privado que su novio era
un idiota por buscar otro lugar para la gratificación. Dar marcha atrás ahora le
haría sentir que había fallado en eso, también.
—Tal vez lo esté— dijo ella. Entonces se echó hacia atrás sobre el escritorio otra
vez, sin importarle el tipo de vista que le daba al muñeco Ken si eso significaba
seducir a Jack Wade para que tomara su caso. Se lamió los labios y miró hacia los
oscuros ojos de él, dejando que su voz saliera ronca. —Pero no lo creo. Creo que
estás demasiado curioso para rechazarme —acerca de qué, no lo dijo, pero ella no
estaba hablando sobre el caso.

— ¿Eso crees?— Su voz estaba igual de ronca.

—Sí, así es —se levantó de nuevo y se volvió hacia el muñeco Ken. — ¿No estás
de acuerdo? ¿No crees que el Sr. Wade debería darme lo que quiero?

El hombre rubio parecía excitado por ella como ella lo estaba por su propia
audacia.

—Oh, sí. Creo que debe darte todo lo que tu bonito pequeño corazón desee—
Entonces miró hacia el investigador. —Deja de hacerte el difícil con la señora,
Jack.

Jack Wade miró a uno y a otro, pareciendo medio enojado, medio divertido.

Finalmente, su mirada se posó de nuevo en Liz, volviéndola tibia y un poco más


húmeda de lo que ya estaba.

—Cariño, estoy encontrando difícil de creer que un tipo engañaría a una Jolie
fille4 como tú.

Un torrente de gratificación lavó a través de ella ante el elogio... sabía poco


francés, pero estaba bastante segura de que él la había llamado chica guapa, y su
tono sexy sólo volvió las palabras más sugerentes.

— Entonces, ¿por qué crees que él está saliendo con alguien?— agregó.

4
Del francés, chica bonita.
Por supuesto, esto trajo a Liz de vuelta a la realidad, de vuelta a la razón por la
que estaba allí, y la esperanza de que el tomara el caso golpeó fuerte en su
entusiasmo.

—Las señales de costumbre, supongo. Las repetidas afirmaciones de trabajar


hasta tarde, muy tarde, y volver a casa viéndose más arrugado de lo que un hombre
debe llegar de la oficina. Poca o ninguna explicación cuando le pregunto por qué
tiene que trabajar tanto, y además él actúa como si yo lo estuviera regañando al
expresar mi preocupación —hizo una pausa, pensando en lo delgadas que sus
sospechas sonaban. —Tal vez se ve como si estuviera saltando a conclusiones
apresuradas, pero es sólo un sentimiento que tengo, y necesito saber si él realmente
está trabajando o si va a otro sitio.

Mientras el muñeco Ken se extendía tranquilamente en una silla en la esquina,


Jack Wade tomó notas en un bloc de papel.

— ¿Con qué frecuencia ocurre esto?

—Últimamente, casi todas las noches de la semana.

Jack asintió con la cabeza, hizo otra nota, y luego hizo unas pocas preguntas
más específicas centradas en su novio, el lugar de trabajo, las horas normales de
trabajo, y la ruta al trabajo.

Entonces la miró.

—Para que lo sepas, nueve de cada diez veces, si ustedes creen que ellos las están
engañando, ellos lo están haciendo. Puedes ahorrarte tiempo y dinero sólo
siguiendo tus instintos y dejando al tipo.

Pero Liz se limitó a menear la cabeza.

—Tengo que estar segura.


—Muy bien, entonces. Voy a necesitar tu nombre, y un número donde pueda
localizarte discretamente.

—Liz— dijo. —Liz Marsh —recitó el número de su trabajo, mirandolo


apuntarlo.

—Liz— repitió, dejando rodar el sonido de la 'z' fuera de su boca. —Estaré en


contacto contigo muy pronto, Liz —prometió él, pero sus ojos decían más, como si
él estuviera hablando sucio con ella en secreto, y ella se sentía más deseable de lo
que había estado sintiendo en mucho tiempo mientras le agradecía por su ayuda y
salía hacia la Royal Street.

El día se sentía más caluroso de lo normal para marzo. O tal vez, pensó, no
estaba cálido allí afuera en lo absoluto. Tal vez era sólo el reciente e inesperado
calor corriendo espesamente por sus venas.

*****

Más tarde esa noche, Jack se instaló en una pequeña cabina en el Club Venus,
una de los establecimientos de striptease con más clase del barrio francés. Un
montón de metal y espejos y lujosas telas color burdeos convertían lo que sería de
otra forma un bar promedio en un "club de caballeros". Cinco o seis mini escenarios
dispersos en la extravagante sala para que donde quiera que miraras encontraras
una encantadora fille5 girando y sacándose la ropa hasta quedar en un tanga apenas
existente. En el escenario más cercano a él, una hermosa morena, probablemente a
mediados de los 20, giraba en torno a un poste de metal con un corto y apretado
vestido, mostrando pechos firmes con pezones oscuros empujando a través de la
fina y blanca tela, bronceadas piernas interminables, y jodidos zapatos de tiras con
tacones de cinco6 pulgadas y por lo menos una plataforma de una7 pulgada de
altura por debajo de sus pies.

Una camarera que llevaba un bikini de lamé dorado que apenas la cubría se
5
Chica
6
12,7 cm.
7
2,54 cm.
acercó rápidamente.

— ¿Qué puedo conseguirte?

—Vodka con hielo— dijo, viendo como su tanga le sacudía el culo en el camino
de regreso hacia la barra.

Su mirada se volvió a la morena, quien ahora bajaba la parte superior de su


vestido para revelar un predecible par de hermosos pechos grandes y redondos, los
pezones aun manteniendo toda su atención. Dejó caer el top a la cintura, moviendo
sus caderas lentamente hacia adelante y hacia atrás al ritmo de una sexy canción y
recorrió con las manos sus amplias curvas, pellizcando ligeramente los pezones
mientras se movía. Él disfrutaba del espectáculo que estaba dando, pero se encontró
pensando en otra hermosa mujer con pelo largo y rojizo... su nuevo cliente, Liz
Marsh. Una corriente cálida de sangre fluyó hacia su polla mientras se la imaginaba
en el escenario, haciendo una lenta y sexy rutina sólo para él.

Merde8, había pasado mucho tiempo desde que se había encontrado a sí mismo
pensando con su polla, pero eso era exactamente lo que había sucedido hoy. Había
dejado de tomar casos de engaños años atrás... eran la parte más baja de la escalera
para un auto respetado investigador privado, y no habría tomado el de ella,
tampoco, si no fuera por la forma en que había usado sus ojos y cuerpo para
seducirlo. No podía dejar de preguntarse si se había dado cuenta de la marca de su
dura polla tratando de asomar a través del cierre de su pantalon. Y si a Liz se le
hubiera ocurrido regresar a su oficina un rato después de que ella y su amigo, Ty, lo
hubieran dejado, lo habría hallado desabrochando sus tensos vaqueros,
recostándose en la silla, y tomando su dura polla con la mano, con todos sus
pensamientos puestos en ella.

Pensamientos sobre ponerla su escritorio, con su falda alzada hasta las caderas,
su ajustada blusa desabotonada y sin su sexy sujetador negro. Envolviendo sus
piernas alrededor de su cuerpo mientras él hundía su hambrienta polla en su dulce
mojado coño. Ella estaría jadeando, gimiendo, gritando mientras se dirigía en su

8
Del francés, Mierda.
húmedo calor.

Había deslizado su puño arriba y abajo de su largo e hinchado eje, adivinando


todos los sucios detalles y deseando como el infierno que no fuera sólo una
fantasía. No había pasado mucho antes de que hubiera encontrado alivio, pero
maldita sea, pensando en ella ahora, viendo a la chica en el escenario e imaginando
a Liz Marsh en su lugar, estaba caliente y duro otra vez.

Otra cosa que Jack no había hecho en mucho tiempo era mezclar negocios con
placer... o, en este caso, un encuentro con algunos viejos deseos. Eso era amateur y
él no era un aficionado. Había abierto su negocio como un inexperto joven de
veintiún años, y quince años más tarde se ganaba la vida muy respetablemente, por
lo general tomando, y resolviendo los casos que la policía no podía. Las familias u
otras personas involucradas en los crímenes a menudo se hartaban de la falta de
respuestas de las autoridades, y se le acercaban con casos de robo, chantaje,
personas desaparecidas, incluso había resuelto unos pocos casos de asesinato. En
una ciudad como Nueva Orleans, había un montón de misterios por resolver y
secretos por descubrir... al igual que el Mississippi, era un río que nunca se secaba.
Y no era que él nunca hubiera dormido con una mujer que había conocido a través
de su trabajo, pero en algún lugar del camino había crecido y decidido que follarse
a las clientas era poco profesional, y no lo había hecho desde entonces.

No es que él supiera a ciencia cierta si dormiría con Liz Marsh. Pero sabía que si
le daba la oportunidad, lo haría. Ya se había convertido en un hecho, algo que no
se molestaría en negar. Le había gustado el abierto y mutuo deseo que había fluido
entre ellos, algo profundo, como para pretender que sólo podría cerrarlo como un
grifo goteando... infiernos, ella lo había mantenido medio duro todo el día.

Así que ver a la stripper bromear con su vestido elástizado9 sobre un muy
redondeado culo, pasando sus manos sobre éste mientras bailaba, lo puso tan sólido
como un pilar de piedra para el momento en que la camarera con muy poca ropa
trajo su trago.

9
Tela elástica, extensible hecha con una combinación de hilos elásticos especiales y hebras no extensibles. Tiene distintos
tipos de superficie según su aspecto y usa una gran variedad de materias primas.
Bebiendo el vodka, se gratificó a sí mismo, viendo el resto del número... la sexy
morena oscilando finalmente libre de su ropa, dejándose solo los zapatos y una
tanga color carne que apenas ocultaba su entrepierna. La mujer se agachó para
permitir que los chicos junto a su pequeño escenario metieran dinero en el delgado
elástico sobre su cadera antes de continuar la lenta y provocativa danza. Se acarició
sus curvas... senos, caderas, muslos internos, y se lamió los labios, claramente tan
excitada por su actuación como lo estaban ellos.

Fue entonces cuando él vio lo que había venido a buscar aquí... a Todd Darcy, el
novio de su nueva cliente. Liz le había dado una foto reciente, la que sacó de su
bolsillo para hacer una doble verificación. Maldita sea, esto era demasiado fácil.

Todo lo que había hecho fue vagabundear por los alrededores del edificio de la
oficina del tío en torno a las cinco, la hora que Liz le había informado estaba
previsto que su prometido se retirara. Alrededor de las 17:15, Todd había salido a la
calle del centro usando una camisa y corbata, la chaqueta sobre su hombro de
manera casual. Su primera parada había sido un pequeño café en la Plaza Jackson,
lo suficientemente cerca para caminar desde su oficina. Jack lo había seguido al
interior con cautela, tomando un asiento, y observando a Todd comer un po'boy10 y
beber una botella de agua. Esto le dio a Jack la oportunidad de estudiarlo.

El tipo era guapo, suponía, pero de una manera promedio. Cabello castaño
claro, corto para que coincida con su ropa yuppie11, delgado, nada espectacular.
Desde luego, no lo suficientemente espectacular para una mujer como Liz Marsh.
Y sus ojos... había algo en ellos que a Jack no le gustaba nada. Había aprendido
mucho sobre leer a las personas en los últimos años, y Todd Darcy parecía un
hombre poseído… por algo.

A las seis, Todd se paseaba por El Barrio, dirigiéndose directamente hacia la

10
Un po'boy (también po-boy, chico po, o niño pobre) es un tradicional sándwich submarino de Louisiana. Casi siempre se
compone de carne, por lo general asada, pescados y mariscos, por lo general fritos, servido como en una baguette de pan
Francés de Nueva Orleans, conocido por su crujiente corteza pero esponjoso centro.
11
Yuppie (acrónimo para "young urban professional" “Joven Profesional Urbano”) es el término en Estados Unidos para
referirse a un miembro de la clase media alta entre 20 y 40 años de edad.
Bourbon Street12, sin saber que lo seguían. Se había metido en el Club Venus con
tanta rapidez que para el momento en que Jack había pagado el precio de su
entrada e ingresado, no había podido detectar a Todd en la sala poco iluminada, la
cual lucía a pesar de la temprana hora una multitud razonable de hombres en su
mayoría de clase media alta.

Por lo que había tomado asiento, sabiendo que vería a Todd, tarde o temprano,
y ahora, aquí estaba el tío, empujando un billete doblado en la tanga de la stripper,
y viéndose tan perdido en la lujuria que Jack sintió una dura punzada de simpatía
por Liz Marsh. Una cosa era para un chico pasar ocasionalmente una noche fuera
en un bar de striptease con sus amigos, pero una mirada le dijo a Jack que este tipo
estaba mal. Ahora sabía por qué Todd estaba tan malditamente poseído. Era como
esos chicos adictos a la pornografía en Internet, sólo que eran strippers las que
alimentaban el hambre de Todd.

Poniéndose de pie, Jack metió la mano en su bolsillo agarrando la pequeña


cámara oculta en un encendedor. Hizo un lento y casual viaje alrededor de la
habitación, deteniéndose en varios puntos para fotografiar discretamente a su presa
mientras Todd boqueaba lujuriosamente hacia la siguiente fille lista para comenzar
su baile en una ceñida minfalda de color rosa y camiseta a juego.

Media hora más tarde, Jack se sentaba con su segundo vodka, disfrutando del
entretenimiento femenino y manteniendo un ojo sobre Todd.

¿Qué demonios veía Liz Marsh en este tipo? Tal vez él tenía un montón de
dinero. O tal vez eran novios desde la infancia o algo así. Infiernos, podría ser
cualquier cosa, pero el tío le mentía a su novia para venirse a un club de striptease
todas las noches y Jack no estaba impresionado.

12
Bourbon Street (en francés: Rue Bourbon) es una calle famosa e histórica que se extiende a lo largo del Barrio
Francés en Nueva Orleans, Louisiana. Cuando se fundó en 1718, la ciudad estaba inicialmente centrada a lrededor del barrio
francés. Nueva Orleans se ha expandido desde entonces, pero "El Barrio" sigue siendo el centro cultural, y la Bourbon Street
es la calle más conocida por los visitantes.

Bourbon Street fue nombrada en honor a la Casa Borbón, familia francesa real gobernante en el momento de la
fundación de la ciudad. La calle es el hogar de muchos bares, restaurantes, y clubes, así como de tiendas de camisetas y de
recuerdos. El extremo superior de la Bourbon Street es el hogar de muchos de los clubes de striptease del Barrio Francés.
También le resultaba difícil creer que Liz no pudiera mantenerlo feliz en la
cama. Su sexy vestimenta había revelado lo suficiente como para decirle que ella
tenía un cuerpo asesino, y sus modales le habían dicho que no tenía miedo de
usarlo.

¿Qué tipo de placer obtenía Todd de las strippers que no podía obtener de Liz y
sus deliciosas curvas, su dulce y sensual boca?

Maldita sea, una fracción de segundo antes de que Ty hubiera entrado en su


oficina, Jack había tenido la tentación de besarla.

Inadecuado como el infierno, sobre todo dada la razón por la que ella estaba allí,
además de estar comprometida para casarse, pero por el amor de Dios, ella había
estado inclinada tan cerca, un almizcle y femenina fragancia emanando de ella.
Esos labios tan rojos diciendo que necesitaba a alguien bueno, mientras que sus
exuberantes pechos se tensaban contra la transparente tela abotonada sobre ellos y
merde, ¿cuánto más se podía esperar que un hombre resista? Lo que hubiera dado
por tomar esos suaves montículos en sus manos, por besar sus tensos pezones, por
chuparlos hasta que rogara por más. Infiernos... claramente, su fantasía después de
que ella se hubiera ido, no le había dado tanto como él necesitaba, ya que estaba
ahora seguía creciendo, expandiéndose en su cabeza. Quería separar sus muslos,
hundir sus dedos en su coño mojado y caliente, sentirla follando sus dedos,
poniéndola más y más húmeda para él, hasta que se corriese en su mano.

Dejó escapar un suspiro caliente, volviendo a la realidad, recordando por qué


estaba allí. Trabajo. Tenía un trabajo que hacer para Liz Marsh, y un novio cuya
faceta necesitaba descubrir. Tomando una respiración profunda, reorientó su
atención hacia la pequeña comadreja a través de la sala.

Tal vez Todd tenía una cosa por las strippers, porque era prohibido. Tal vez la
tentación de hacer algo "travieso", era lo que le atraía. Por el momento, Jack
entendía bien esa atracción, aunque de una manera diferente.
Sin embargo, si querías lo prohibido, suponía Jack, no había ninguna mujer... ni
siquiera Liz Marsh, que fuera capaz de hacerte feliz.

Trayendo su mente de vuelta al presente, vio a Todd hablando con una de las
chicas que acababa de terminar de bailar, una rubia del tipo colegiala con pequeños
y altos pechos y buenas piernas. Todavía sentado en uno de los sillones del área que
rodeaba a cada escenario, él se la comía con los ojos mientras estaba de pie junto a
él, coqueteando por dinero. Jack sacó su cámara y tomó un disparo desde su
asiento.

Vio un billete doblado cambiar de manos justo antes de que la colegiala


levantara una rodilla sobre Todd, poniéndose a caballo sobre sus caderas. Cuando
la siguiente canción comenzó a sonar en un ardiente ritmo lento a través de la sala
sexualmente cargada, la colegiala empezó un sensual baile mientras se cernía sobre
el novio de Liz. Jack decidió que esto era algo que bien valía la pena capturar en la
película para Liz e hizo otro viaje alrededor de la sala para asegurarse de que tenía
suficientes ángulos para capturar la cara de Todd y dejar muy claro lo que estaba
haciendo.

Una hora más tarde, Todd había pagado a otras tres ardientes mujeres por bailes
sobre su regazo antes de desaparecer con dos más en un cuarto trasero. Aunque
Jack no podía seguirlo, les sacó algunas fotos a las mujeres casi desnudas
conduciendo a Todd a través de la puerta etiquetada como "bailes privados".

A pesar de lo mal que se sentía ahora por Liz Marsh y aunque no tenía ganas de
decirle lo que había averiguado, esperaba como el infierno que ella le permitiera
alejar su mente de sus problemas. Es cierto que, sentado en el club viendo hermosas
strippers bailando en diminutas tangas lo había conseguido excitar, pero era su
fantasía sobre Liz lo que verdaderamente tenía el deseo ardiendo desde su pecho
hasta su erección dura como una roca.

*****
Sólo escuchar la profunda voz de Jack Wade en el teléfono al día siguiente hizo
que Liz se mojara, incluso aún estando sentaba en su cubículo en el centro de la
agencia de publicidad donde trabajaba, rodeada de sus compañeros de trabajo.

—Necesito reunirme contigo— él le había dicho.

Ella intentó calmar el calor que fluía por sus venas y sonar medianamente
profesional.

— ¿En tu oficina? Puedo ir para el almuerzo.

—Nos vemos entonces.

Ahora, ella salía del taxi que había abordado a pocas cuadras de distancia,
demasiado apurada para caminar.

Ansiosa por ver lo que Jack había descubierto sobre el paradero de Todd la
noche anterior, estuvo a punto de correr a través de la puerta de su oficina, pero se
detuvo, recordando lo sexy que sabía que Jack había pensado que era la tarde
anterior, y esperando que la viera de nuevo de esa forma.

Estaba usando un traje de negocios, pero, afortunadamente, la blusa blanca


debajo era más bien fina, lo suficiente para que se quedara con la chaqueta negra
abrochada durante todo el día cada vez que llevaba esta pieza de ropa en particular.
Ahora, de pie en la Royal Street, deslizó la chaqueta fuera de sus hombros y miró
hacia abajo para vislumbrar el encaje blanco de su sujetador trasluciendose a través
de la tela aferrada a sus curvas. Su falda se había subido un poco por los muslos en
el taxi, pero no la bajó. Por último, tomando una mirada de sí misma en la ventana
de la tienda junto a la puerta de Jack, tiró del clip de su moño y dejó caer su pelo
revuelto y rizado sobre sus hombros.

Sintiéndose adecuadamente sexy y casi tan ansiosa por ver a Jack Wade como
por averiguar acerca de Todd, entró.

Él estaba sentado con sus pies apoyados en la esquina de su escritorio comiendo


un sándwich. Cuando la puerta se cerró detrás de ella, bajó los pies al suelo, apoyó
el sándwich en un plato de papel, y se enderezó.

—Hola, Sr. Wade.

Su mirada bordeaba extrañamente entre la lujuria y la gentileza.

—Llámame Jack.

—Muy bien, Jack— se sentó en la silla frente a él. — ¿Qué has encontrado?

Él dejó escapar un largo suspiro.

—Sé dónde Todd va todas las noches y lo que hace. Tomé fotos para ti.

Él le alcanzó un sobre a través del escritorio.

—Por desgracia, no son de muy buena calidad. La sala estaba oscura, pero la
cámara que usé debería haber funcionado igual. Sólo puedo imaginar que tenía un
rollo de película malo.

Liz hojeó las fotos. Al principio no estaba muy segura de lo que estaba viendo,
pero a través de la sombría iluminación, no tardó en notar pechos desnudos, tensos
pezones, y se dio cuenta de que estaba viendo a una chica desnuda en el regazo de
un hombre.

—Sé que es difícil de decir— dijo Jack, —pero el tipo de la foto es Todd. Lo
seguí al Club Venus en Bourbon ayer por la noche. Consiguió varios bailes sobre el
regazo de unas strippers antes de tomar a dos de ellas en un cuarto trasero para un
baile privado.

Liz parpadeó y miró hacia la imagen de nuevo, tratando de asimilar lo que Jack
le estaba diciendo. El chico de la foto no se parecía a Todd para ella. Por supuesto,
apenas podía ver su cara, oculta en la sombra... podría haber sido cualquier
hombre. Todd no era el tipo de cliente de un club de striptease. En todo caso, era
un señor correcto, tan limpio y mojigato como un hombre puede ser. La idea de
que él estuviese haciendo eso era una conclusión difícil de alcanzar, pero ahora que
la tenía, se dio cuenta que había esperado descubrir que él estaba viendo a alguna
ejecutiva como él... rostro algo delgado, labios finos, con gafas, armada con un
maletín, el pelo con severo corte, algunas de las mujeres que se girarían hacia Todd
para subir la escalera corporativa a un ritmo récord. O tal vez viendo a alguien
como ella, la normal ella, no la lujuriosa, sexy, con blusa trasparente que Jack
Wade conocía, sino alguien incluso con todas las cualidades formales y correctas
que Todd valoraba. De hecho, incluso se había convencido a sí misma que era por
eso que él se había extraviado, porque no era lo suficientemente sofisticada, o
formal y educada.

— ¿Estás seguro de que era él? Porque este no es el estilo de Todd.

Jack parecía estar afligido en su nombre.

—Lo siento, chère... pero sí, estoy seguro. Lo seguí cada paso del camino desde
su oficina.

— ¿Lo has visto salir directamente de su oficina?

Él parpadeó.

—Mais13, lo vi salir del edificio, no exactamente de su oficina, pero lo reconocí


de inmediato por la foto que me diste.

Ella tomó un profundo respiro.

—Porque hay un montón de hombres que lucen como Todd. Es bastante típico,
el básico hombre de traje y corbata. Y en un edificio tan grande, un montón de
hombres podrían verse como él a simple vista.

13
Del francés, Pero.
Jack inclinó lentamente su cabeza.

—Querida—, dijo suavemente, — realmente lo siento. Sé que esto debe doler,


pero estoy seguro de que ese es tu novio.

Liz frunció sus labios. No era que estuviera herida, exactamente, se trataba
simplemente de que no le creía. Lynda le había prometido que él era bueno en su
trabajo, pero ¿y si hubiera tenido un desliz? Si Todd pasaba todas las noches con
strippers sacudiéndose sobre su regazo, bueno, eso era un motivo más que
suficiente para suspender la boda, pero las fotos estaban tan oscuras y ese
comportamiento parecía tan poco habitual...

— Yo también lo siento, pero me temo que va a tomar más que un par de


oscuras imágenes hacerme creer que este es él.

Frente a ella, Jack suspiró.

—Cuando vi cómo salieron las fotos, temí que te sentirías así.

—No quiero decir que dude de ti— dijo rápidamente, —pero...

— ¿Oui 14?

—Dado que su forma de ser es muy diferente a lo que se ve aquí, no estoy segura
de creerlo a menos que lo vea con mis propios ojos.

—Mais15, entonces... — dijo Jack poco a poco, al parecer pensando en la


situación. —Estoy ocupado esta noche, pero suponiendo que Todd “trabaja hasta
tarde” mañana por la noche, por qué no me encuentras a las, digamos, nueve, fuera
del Café Blue Moon, e iremos al Club Venus juntos.

Algo en Liz se marchitó.

14
Del francés, Si.
15
Del Francés, pero
—Yo, ¿en un club nocturno?

Él arqueó las cejas.

—Si quieres ver por ti misma...

—Bueno, nunca he...— decidió dejar el resto sin pronunciar... no quería que él
pensara que ella era menos mundana y salvaje de lo que actualmente creía. —
¿Supongo que las mujeres van a este club en ocasiones especiales?

Él dio un corto asentimiento.

—Estoy seguro de que habrá alguna que otra mujer por allí.

Ella trató de ocultar su nerviosismo.

—Muy bien, entonces. Nos vemos mañana por la noche— se levantó para irse,
echó un vistazo a las imágenes aún en su mano. — ¿Puedo quedarme con estas?

—Por supuesto. Si las miras y decides que estás convencida antes de mañana por
la noche, házmelo saber y cancelaremos.

—Está bien, pero... no creo que suceda.

Con eso, dio media vuelta y volvió a salir a la calle, los pezones y la entrepierna
hormigueando por más razones de las que podía identificar. Debería estar molesta,
creía, o furiosa, o algo así, hacia Todd.

En cambio, estaba concentrada en la forma en que Jack Wade la había hecho


sentir. Totalmente caliente y frágil por dentro. La carne entre sus piernas pesada y
dolorida. Algo acerca de este hombre la hacía sentirse tan indecente... en una
manera deliciosa.
En cuanto a Todd, había una parte de ella que quería averiguar que la engañaba.
Una vez había creído que lo amaba, pero ahora dudaba que alguna vez lo hubiera
hecho. Había tenido preocupaciones y dudas desde hacía un tiempo, pero su
reacción hacia Jack Wade esos últimos días había apuntalado su certeza. No podía
amar verdaderamente a su novio y, al mismo tiempo desear estar desnuda y
sudorosa con Jack Wade.

Pero aún no creía que el hombre en esas fotos fuera Todd. Necesitaba pruebas
más sólidas para romper el compromiso. Sus vidas estaban estrechamente
relacionadas. Todd era de buena familia y sus padres se llevaban a las mil
maravillas... incluso habían hecho negocios juntos, financiando una cadena de
tiendas de limpieza en seco en su antiguo hogar en Maryland. En lo que respecta a
ambas familias, Liz y Todd parecían ya casados. Por lo que sería mucho más fácil
poder cortar con una prueba de que él había hecho algo malo, y las fotos que Jack
había tomado no eran lo suficientemente buenas.

Los tacones de Liz hicieron clic por la calle hacia una tienda de comestibles
light... quería tomar una ensalada rápida, antes de regresar a la oficina. Mientras
estaba sentada comiendo en una mesa pequeña en la esquina, pensó más acerca de
las imágenes.

Cuando había comido su último bocado de lechuga, apoyó su tenedor, sacando


de nuevo las fotos de su bolso y las observo con más cuidado esta vez.

El hombre en las impresiones estaba encorvado profundamente en un pequeño


sillón, la cabeza echada hacia atrás, la boca abierta. Incluso sin ser capaz de
distinguir su rostro, podía ver la cruda lujuria en él. Pronto, sin embargo, su
enfoque cambió y se encontró estudiando a las mujeres en las fotos. Una de ellas
tenía enormes pechos con grandes y puntiagudos pezones que colgaban burlándose
por encima del rostro del hombre. Su cuerpo era tan exuberante y curvilíneo que
parecía algo pecaminoso, incluso en la inmóvil y oscura foto. Otra tenía senos más
pequeños, descarados, con duras protuberancias de color rosa en sus centros.
Parecía ágil y acrobática, en algunas tomas se levantaba sobre sus rodillas, en otras
molía su entrepierna contra el hombre de la imagen. A pesar de la sombría calidad
de las imágenes, esa chica en particular parecía rubia y Liz tenía la impresión de
que era joven... veinteañera. Una tercera bailarina era ultra delgada, con pechos de
tamaño medio, lindos e impertinentes. Podía ser una pelirroja. En la difusa
oscuridad, se la veía muy atractiva y sensual. En algunos disparos, se tocaba los
senos o pellizcaba sus grandes pezones, en otros inclinaba su cabeza hacia atrás,
luciendo apasionada. En una foto, se frotaba entre sus piernas.

Ver algo tan descarado, sucio y sexual entre desconocidos comenzaba a


encender a Liz en contra de su voluntad. Su entrepierna se humedeció y sus bragas
se sentían mojadas. Las mujeres eran tan encantadoras, tan sexys, tan audaces y
ardientes. Se preguntaba si Jack Wade había disfrutado viéndolas retorcerse encima
del hombre en las fotos, disfrutado de verlas tocarse. Se preguntaba si él se había
endurecido, si se habría ido a su casa deseando conseguir una mujer... o tal vez
había conseguido una mujer. Por lo que ella sabía, él bien podía haber tenido un
baile privado para sí mismo.

Una visión de la pelirroja montada a caballo sobre el regazo de Jack Wade


inundo su mente. ¿La mujer se habría agitado sobre él, hasta endurecerlo? ¿Él la
habría mirado, apreciando su trabajo, dejándose perder en la lujuria? La imagen era
salvajemente excitante, incluso cuando sintió una leve punzada de celos...
irracionalmente, lo quería lujurioso sólo por ella.

Dios, ¿que si él estaba casado o algo así? Era la primera vez que ese pensamiento
se le había ocurrido.

Había estado coqueteando con ella, desnudándola con la mirada, pero los
hombres casados se portaban mal todo el tiempo. Y no había visto que llevara un
anillo, pero algunos hombres simplemente no lo hacían.

Por favor que no esté casado, pensó. Por favor, que esté disponible.

Y... por el amor de Dios, ¿qué acerca de Todd? ¿Por qué no estaba ni siquiera
pensando en Todd? Él en realidad podía ser el tío de las fotos, sin embargo, había
estado más atrapada estudiando todos esos redondos y bonitos pechos, estómagos
planos, y caderas curvadas, y preguntándose si habían excitado a Jack Wade de la
misma forma en que la estaban excitando a ella ahora mismo.

Y pensar que mañana por la noche iba a ir al Club Venus con él. Iba a ver todo
eso con él, en vivo. Una parte de ella estaba petrificada... ¿y si sentía repulsión por
lo que veía allí, y si quería salir corriendo a la calle lejos de tanta lujuria? Pero otra
parte, la parte que estaba descubriendo en estos últimos días, estaba anticipándolo.

Empujando las fotos de vuelta en su bolso, Liz vació su bandeja de comida y se


fue al baño para refrescarse antes de coger un taxi de regreso al trabajo. De pie
frente al espejo, sujetó su pelo lejos de su cara y se retocó el maquillaje. Entonces se
dio cuenta de que a través de la de la blusa y el encaje de ese sujetador particular,
podía ver la sombra oscura de sus pezones.

Normalmente, habría estado mortificada por pensar que había caminando por las
calles de esa manera. Pero en cambio, un innegable y pícaro calor se apoderó de
ella cuando se encontró esperanzada de que Jack los hubiese visto también.
Capítulo Dos
Ese día, después del trabajo, Liz se reunió con Lynda, de vuelta en El Barrio.
Lynda tenía una tienda de antigüedades en St. Peter, pero vivía en el distrito
Garden, justo al lado de la histórica casa que Liz y Todd habían comprado cuando
se habían mudado juntos seis meses antes. Todd había aceptado un traslado de su
firma de asesoría en inversiones a esta oficina en Nueva Orleans sin siquiera
preguntarle a Liz. Mirando hacia atrás ahora, ese parecía haber sido el comienzo de
sus problemas.

Aun así, se había ido con él, renunciando a su trabajo de publicidad, buscando
uno nuevo a su llegada, empacando y dejando todo lo que conocía en Maryland,
donde ella y Todd habían nacido y crecido. Si solo hubiera sido lo suficientemente
inteligente como para cuestionar más el movimiento, tal vez protestar... no ser
siempre tan fácil de tratar.

Pero nunca le habían enseñado a defenderse a sí misma... sus padres habían sido
estrictos, disciplinarios, tanto de Liz como de sus dos hermanas menores, Diana y
Carrie, se esperaba de ellas que obedecieran las reglas de sus padres, para hacer
siempre lo que se esperaba. Diana había sido una rebelde, pero Liz y Carrie habían
permitido ser colocadas en el molde que sus padres habían creado para ellas. Y de
alguna manera, sin realmente planearlo, Liz había dejado que eso se trasladara a su
vida adulta.

Pero tenía la sensación de que finalmente, a los treinta, eso estaba a punto de
cambiar. Todd la estaba engañando... o algo, y sea lo que sea, proporcionaba las
municiones que necesitaría cuando le dijera a sus padres que no iba a casarse con
él. No es que ella no pudiera simplemente decidir si quería casarse o no por su
cuenta, pero quería hacerlo fácil, que su familia tuviera no tuviera el mínimo
argumento para protestar, así ella podía seguir adelante con el negocio de vivir una
vez que esto se hubiera terminado.

Antes de mudarse, ella y Todd habían compartido una feliz, respetuosa...


aunque tibia, relación, así que arrancar sus raíces cuando él lo quiso no había
parecido un gran sacrificio. Sólo que ahora él parecía estar cambiando y eso hacía
que se diera cuenta de que tal vez debería haber tomado sus decisiones más
cuidadosamente. Tener tanto tiempo a solas en las noches para contemplar su
paradero y examinar el núcleo de su relación había abierto por fin sus ojos,
haciéndola querer ser una mujer más independiente. Y llegar al fondo del porque
Todd pasaba fuera las noches iba a ser un gran comienzo.

A pesar de que Liz y Lynda tenían poco en común, se habían convertido en


buenas amigas. De hecho, Lynda fue la única persona con la que Liz había elegido
compartir sus sospechas. Ahora, ellas se estaban reuniendo con el fin de… iniciar a
Liz en la vida nocturna de la Bourbon Street. Liz ni siquiera se había aventurado
hacia la zona roja desde que se mudó a la Big Easy, pero a pesar de que la salvaje
faceta recién despertada en ella estaba casi con ganas de ver lo que sucedía en un
club de striptease con Jack Wade a su lado, necesitaba una dinámica charla de
Lynda, necesitaba saber qué esperar.

—Entonces—, dijo Lynda, cerrando su tienda y tirando su pelo rubio y largo


hasta la cintura sobre su hombro para mirar a Liz, — ese Jack es un bombón, ¿no?

¿Lynda había leído su mente? no pudo evitar soltar una pequeña risita.

—Súper caliente, de hecho. Lo cual podrías haber mencionado al pasar antes de


ir.

Lynda esbozó una sonrisa maliciosa.

—Pensé que disfrutarías la sorpresa. Y apuesto a que le gustó tu sexy traje.

Liz sintió el calor colorear sus mejillas, pero decidió no mentir. A Lynda nunca
le había agradado Todd de todos modos, y especialmente no le gustaba ahora, así
que a Liz no le importó dejar que su amiga supiera que había coqueteado con otro
hombre.
—Bueno, si la forma en que me miraba es una indicación, sí, le gustó.

— ¿Esos ojos oscuros y penetrantes no te atravesaron completamente? ¿Y esos


pequeños trozos de Cajún salpicando su discurso no hicieron que te mojaras?
¿Todo acerca de él no te hizo querer sujetarlo y tener un viaje con él?

—Bueno...— comenzó, sin saber exactamente cuánto quería confiar en Lynda,


— supongo que...

Lynda se echó a reír.

—Oh vamos, Liz, deja de intentar mantener secretos. Querías follar sus sesos
justo allí sobre el escritorio, sé que lo hacías. Yo también, en el momento que lo
conocí. Así que solo dímelo.

Liz no pudo evitar reír, y finalmente dijo:

—Está bien, lo admito; nunca había conocido a un hombre tan... follable.

Querido Dios, ¿de dónde había salido eso? Ciertamente no de su vocabulario


habitual. Debía ser la influencia de Lynda, decidió.

Mientras paseaban por la agrietada y rota acera del Barrio Francés hacia
Bourbon, Liz fue golpeada una vez más por lo inusual que era su reacción hacia él.
Recordar la forma en que se había sentido tan pronto como él había puesto los ojos
sobre ella fue suficiente para humedecer su ropa interior de seda otra vez. Ahora
que se tomaba el tiempo para recordar bien esa primera reunión en su oficina, había
tenido la misma sensual reacción hacia su amigo rubio, de inmediato llenandose de
pensamientos sexuales, deseando una conexión física, a pesar de que su atracción
por su amigo parecía en cierto modo vinculada a su deseo por Jack de una forma
que apenas podía entender.

Nunca había experimentado tales emociones... casi había sido como si se


hubiera convertido en otra persona.
—De hecho— ella añadió, decidiendo, ¡oh, qué demonios!, ¿por qué no ser totalmente
honesta? —Parte de mí está casi tentada a...

Junto a ella, Lynda sonrió.

—Bien. Deberías.

—Bueno— Liz le recordó, — técnicamente sigo comprometida con Todd.

Lynda se encogió de hombros.

—Si él está aporreando una chica de la alta sociedad en la parte de atrás de su


Rolls Royce o pagando strippers para que se meneen en su regazo, ambas sabemos
que está haciendo algo que no debería, y ambas sabemos que una vez que averigües
exactamente lo que es, vas a dejarlo. Mientras tanto, yo digo que todas las apuestas
están pagadas. Si quieres dejar a Jack Wade meterse en tus bragas, ve por ello.

Liz le lanzó a su amiga una mirada escéptica.

—Por si no lo has descubierto ya, Lynda, no he tenido exactamente un montón


de aventuras salvajes. Unas pocas relaciones donde el sexo estaba involucrado,
seguro, pero...

— No importa. Todo lo que tienes que hacer es seguir tus impulsos, cariño. Está
todo bien. Y si descubres que ese arrastrado está engañándote o pagando por sexo
simulado con strippers, sin duda debes dejarlo ir, dar rienda suelta y vivir la vida.
Perder todas tus inhibiciones.

Liz deseaba ser tan audaz como Lynda. Sabía por conversaciones nocturnas más
botellas de vino que desde el divorcio de Lynda diez años atrás, ella había seguido
cada consejo que ahora le estaba dando a Liz... había buscado tiempos salvajes,
sexo salvaje. Le había dicho a Liz que había estado con otra mujer en más de una
ocasión, e incluso había participado en una orgía una vez. Cada vez que ella le
había contado una de esas historias, Liz secretamente se había estremecido por la
excitación, preguntándose cómo sería ser tan audaz.

Y la falta de inhibiciones de Lynda era el motivo exacto por el que Liz sabía que
podía ayudarla con la ropa sexy cuando había querido verse bien al ir contratar a
un investigador privado, y el por qué ahora sabía que Lynda era la persona perfecta
para inundarla con las guaridas de pecado de la Bourbon Street.

Juntas, examinaron los clubes que se alineaban sobre la calle. Era pleno día y
muchos aún no estaban abiertos para los negocios, pero algunos tenían fotografías
en cajas de vidrio fuera de sus puertas. Las cajas mostraban fotos de chicas
desnudas, algunas tenían fotos de chicas besándose y tocándose entre sí, y un
edificio más bien pequeño, incluso exhibía numerosas fotografías de un hombre y
una mujer teniendo sexo.

— ¿Realmente hacen eso en un escenario?— Liz preguntó, un poco


desconcertada.

Lynda sonrió por su ingenuidad.

—No hay mucho que no hagan aquí en Nueva Orleans, cariño.

Cuando llegaron al Club Venus, Lynda dijo:

—Vas a estar bien aquí. Es uno de los establecimientos más sofisticados,


básicamente un strip con clase. Chicas guapas quitándose sus ropas por propinas,
eso es básicamente todo lo que obtendrás aquí. Bueno, y bailes sensuales, por
supuesto.

—Por supuesto— dijo Liz, recordando las imágenes de Jack.

Linda inclinó su cabeza.

—Entonces, ¿si vas y Todd no está ahí?


—Simple. Le diré a Jack que vuelva a empezar.

— ¿Y si Todd está allí? Lo enfrentarás, correrás fuera llorando, lanzarás una


bebida sobre él, ¿o qué?

Liz considero las opciones.

—Para ser honesta, no lo sé. Creo que lo descubriré cuando llegue el momento
— la verdad era que todavía estaba pensando más sobre ver eróticas bailarinas con
Jack Wade que sobre su enojo hacia Todd, y antes de que se diera cuenta, el
momento estaría en la mano.

*****

La noche siguiente a las nueve en punto, Jack caminaba por Bourbon Street con
un par de pantalones vaqueros y una chaqueta deportiva. Vio a Liz Marsh desde la
distancia. Estaba fuera del Café Blue Moon viéndose más caliente que el Vieux
Carré16 mismo en un día de treinta y siete grados. Su vestido era de color crema
cálido, de seda, y abrazaba cada curva desde sus pechos hasta sus rodillas. Al igual
que ayer, su cabello caía en ondas rojizas alrededor de su cara. Y maldita sea,
llevaba tacones altos, como los de fóllame ahora que él había visto en la sexy
stripper morena la otra noche.

— ¿De verdad estas yendo al Club Venus con la nena ardiente del otro día?— Ty
había preguntado cuando había pasado por la oficina más temprano y habían
discutido sus planes para la noche.

—Son negocios— Jack había contestado.

—Me gustaría tener ese tipo de negocios— su amigo se había reído y había le

16
El French Quarter (Barrio Francés), también conocido como el Vieux Carré, es el barrio más antiguo de la ciudad de
Nueva Orleans. Cuando fue fundada en 1718, la ciudad se centraba originalmente en el Vieux Carré ("Plaza Vieja" en
francés) como se le conocía entonces. Mientras que la zona todavía se conoce como el Vieux Carré por algunos, es más
comúnmente conocido como el Barrio Francés de hoy, o simplemente "El Barrio" (The Quarter).
había dicho que si decidía que no quería a Liz podía pasársela directamente. Él se
reía ahora ante la idea, pensando de ninguna manera, bon ami 17, ella es toda mía.

No es que tuviera idea de a dónde irían las cosas con Liz. Tan sexy y atractiva
como era, cuando la mierda golpeara el ventilador con su novio, ella podría estar
demasiado destrozada para pensar siquiera en perder el tiempo con otro hombre. Y
Jack no era un reparador de corazones. Estaba buscando tener un buen rato con
ella, no secar sus lágrimas.

De cualquier manera, estaba empezando a pensar que Liz no estaba tan


locamente enamorada del antiguo Todd y que tal vez había una oportunidad muy
buena de llegar a conocerla mejor.

Se acercó a ella con una media sonrisa.

—Hola.

Le devolvió la sonrisa con la misma mirada seductora que siempre parecía


lanzar en su dirección. Eso le hizo olvidar los negocios un poco más.

—Hola—, dijo, con una cadencia sensual en su voz.

Una parte de él quería preguntarle si aún se preocupaba por su novio, ya que


desde donde estaba, parecía muy dispuesta a pasar un buen rato con él, pero en
lugar de eso decidió solamente ver a dónde conducían las cosas.

— ¿Lista?

—Sí.

Caminaron juntos hacia el Club Venus, pero le advirtió que estuviera en


guardia... si alguno de ellos veía a Todd en la calle, necesitarían escabullirse fuera
de su vista rápidamente.

17
Del francés, Buen Amigo.
Sin embargo, eso no ocurrió, y no tardaron en colarse dentro del local.

—Diviértanse—, dijo el portero después de tomar el dinero de Jack, con lo que él


puso una mano en la espalda de Liz para guiarla en la lujosa sala del pecado.

El lugar estaba más lleno que la otra noche, porque era tarde, y mientras
observaba a Liz mirando a su alrededor, enfocándose en los distintos escenarios
donde las mujeres bailaban, él le deslizó a un niña en edad universitaria cincuenta
dólares por renunciar a la mesa que compartía con otros dos chicos. Era la misma
pequeña cabina en la parte trasera donde se había sentado la otra noche, más
aislada que las mesas más cercanas a los diferentes escenarios.

Tomó la mano de Liz, moviéndola hacia la pequeña cabina semi-circular.

— ¿Quieres una copa?

Ella quitó sus ojos del escenario principal, donde una rubia pechugona se había
despojado del sombrero vaquero y las chaparreras, los senos rebotando mientras
bailaba, entonces levantó su bonita mirada hacia él. Maldita sea, la quería... aquí
mismo, ahora mismo. Tal vez traerla allí no fue una buena idea. Había tenido la
intención de mantener sus pantalones cerrados, por lo menos hasta que el caso
hubiera terminado, hasta que le hubiera demostrado lo que quería saber acerca de
su novio... pero por el momento, no estaba seguro de poder adherirse a su propia
regla.

—Un destornillador— dijo. —Diles que lo hagan fuerte.

Él sonrió.

—Entendido.

Mientras Jack ordenaba sus bebidas a una vistosa joven en un diminuto bikini,
Liz siguió mirando a las bailarinas.
Ella sabía que tenía que estar buscando a Todd, o tal vez un chico que se
pareciera a Todd, sino fuera él, pero no podía sacar los ojos de la exuberante carne
que desfilaba a su alrededor en la sala. Había sentido crecer su humedad al ver por
primera vez a Jack y ahora se sentía aún más mojada; su monte pulsaba con
excitación mientras observaba a las mujeres jugar con sus pechos, burlándose de la
audiencia moviendo sus tangas.

Sus propios pechos se sentían grandes y doloridos, y cuando se atrevió a mirarse


hacia abajo en la sala en penumbras, vio sus pezones sobresaliendo, incluso a través
del sujetador debajo de su vestido. Por supuesto, el vestido era de Lynda, y eso
significaba que estaba ceñido sobre el pecho más grande de Liz, y sentir la tela
estirarse para sostenerla sólo aumentó su excitación.

Ella y Jack no hablaron mucho. Él pagó ambas bebidas, preguntándole si


necesitaba algo más.

Sexo, pensó. Te necesito dentro de mí. Pero no lo dijo, por supuesto. Solo continuó
mirando a las chicas retorcerse, balancearse, girar y burlarse, observó los pechos y
las piernas y el desfile de culos pasar más allá de ella, dejándose emborrachar por la
cruda sensualidad llenando sus sentidos. Pronto, sus ojos se alejaron del
escenario... hacia las oscuras esquinas donde chicas casi desnudas bailaban sobre
los regazos de los hombres, sacudían sus pechos delante de sus ojos, se frotaban a si
mismas, mientras los tíos miraban, mientras ella miraba. La habitación entera
goteaba sexo puro, sin refinar.

—Chère— dijo Jack.

Ella lo miró, perdiendose en sus ojos y sintió todo su cuerpo derretirse, con
ganas de ser tocado por él, con ganas de bailar en su regazo.

—Es posible que desees prepárate— le dijo.

Ella parpadeó, las palabras deteniendo parte de su sensual fusión.


—Veo a Todd— dijo cerca de su oído. —Más allá de la barra, al lado de la
pared.

Liz miró. Al instante vio a Todd, también. Una rubia tetona, a lo Pamela
Anderson, se cernía sobre él. Ella retorcía sus pezones y se lamía los labios mientras
se balanceaba al diáfano ritmo de la música. Todd la observaba, luciendo
intoxicado por la lujuria.

—Es él, ¿no?— preguntó Jack.

Ella asintió, sin dejar de mirar.

—Lo siento, chère.

—No, no lo hagas. Me alegro de saberlo—se centró en la escena a través de la


sala, tratando de absorberla.

En verdad estaba sorprendida de que Jack hubiera estado en lo cierto...


realmente no había creído que esa podría ser la elección de Todd para satisfacerse.

—Sé que esto debe doler— dijo Jack. Él deslizó un fuerte brazo a su alrededor,
acariciando gentilmente su hombro desnudo.

—No, en realidad, no duele— las palabras fueron tan sorprendentes para ella
como probablemente lo fueron para Jack. Sabía que no amaba a Todd,
probablemente nunca lo había hecho, pero todavía esperaba verlo en el acto... de
engañarla, de tener a una mujer desnuda en su regazo, de lo que sea, para sentir
algo de dolor. Humillación. La misma vergüenza que había tenido vistiéndose sexy
al ir a contratar a un investigador privado, la vergüenza de saber a ciencia cierta
que ella no era suficiente para él. Pero eso no era lo que sentía.

— ¿En serio? ¿Estás bien?


Ella quitó sus ojos de Todd y la rubia para buscar los de Jack. Dios, él estaba
caliente hoy, no se había afeitado, y esos ojos oscuros eran de repente tan amables,
tan tiernos. En verdad le importaba cómo se sentía ella.

—Es… casi un alivio— le dijo. —Es decir... ya no estoy atada a él nunca más.
No tengo ninguna razón para serle leal... para sentir algo de culpa si yo...— su voz
se apagó, pero sus miradas quedaron unidas.

Tomó un momento antes de que él hablara. — ¿Qué quieres hacer ahora?


¿Enfrentarlo? ¿Irte?

Prácticamente la misma pregunta que Lynda había planteado, y la respuesta fue


una que Liz no podía haber previsto.

—No— dijo en voz baja. —Creo que quiero quedarme un rato.

Jack lucía intrigado.

— ¿Por qué?

Su respiración se volvió tenue.

—Quiero ver más, quiero saber de qué se trata todo esto. Si Todd puede hacer
esto, yo también.

Él inclinó su cabeza.

—Tú no estás... tratando de aprobar su comportamiento, ¿verdad? ¿Esperando


de alguna manera decidir que esto está bien? Porque no lo está. Una vez que te
comprometes con una mujer, no le mientes, y sobre todo no la engañas con chicas
desnudas rebotando en tu regazo.

Ella le dirigió una mirada pensativa, fascinada.


—Jack, estoy sorprendida. No me habías parecido un tipo tan... moral.

Una sonrisa maliciosa se deslizó por su cara.

—No estés tan impresionada por mi moral, chère. Soy tan gato callejero como
el tipo de al lado— la sonrisa se desvaneció volviéndose seria. —Pero no estoy
casado o en una relación, y eso es lo que lo hace diferente. Si estuviera en una
relación, sería honesto, sobre cualquier cosa.

—Entonces sí, digamos, tú y yo estuviéramos en una relación, y tú quisieras


venir aquí y obtener un baile erótico, ¿me pedirías permiso?— La pasión en sus
venas estaba a punto de volverla juguetona, a pesar de o tal vez a causa de Todd.
Ella era libre, libre para hacer lo que quisiera, para dejar de lado sus inhibiciones
como Lynda le había aconsejado.

— Absolutamente— él dijo, un aire de burla en su voz.

— ¿Y si dijera que sí?

Su voz fue baja, humeante.

—Te pediría que vengas conmigo y mires.

— ¿Y si te dijera que no?

Él se inclinó un poco más cerca.

—Te pedirías que me des uno a cambio.

Ella le lanzó una sonrisa sexy.

— ¿Qué hora es?

Él miró su reloj.
—Casi las diez. ¿Por qué?

— Casi es la hora en que Todd se vaya. Siempre está en casa antes de las once.

Jack se enderezó ligeramente.

— ¿Y tienes que estar en casa antes de que él llegue?

Ella sacudió su cabeza.

—No, sólo necesito que se vaya fuera de mi vista, fuera de la pantalla de mi


radar. En cuanto a llegar a casa antes que él; estoy feliz de dejarlo que se pregunte
dónde estoy, para variar.

Él le devolvió la sonrisa, claramente gustándole sus tácticas, entonces se puso


serio.

—Por lo tanto, tú y este hombre… ¿lo amas?

Ella sacudió su cabeza.

—Creo que lo hacía, pero eso se desvaneció. Desde entonces, nuestro


compromiso se ha sentido casi como una obligación, hay familia involucrada,
negocios conjuntos, lo que sea. Para ellos, no amarlo no habría sido suficiente.
Necesitaba una razón, pruebas contundentes, y ahora las tengo porque lo he visto
con mis propios ojos.

—Bien— él dijo. —Mereces a alguien que pueda hacerte feliz.

Su corazón se calentó un poco por sus palabras.

Entonces, casi como si fuera el momento justo, la rubia de grandes pechos se


retiró del regazo de Todd, y él se puso de pie. Liz y Jack los miraban. Usando una
lasciva sonrisa, Todd le dio a la chica un poco de dinero, susurrándole algo cerca de
su oreja, y comenzó a dirigirse hacia la puerta. Para Liz, se sintió como ser liberada
de la cárcel. No sólo no le debía nada ahora, sino que él ya no estaba allí para verla
si quisiera jugar.

—Cuéntame sobre el baile erótico— le dijo a Jack. De repente, ya no le


importaba si no aparentaba ser experimentada. Quizás, pensó, porque ella también
quería cambiar eso, quería conseguir experiencia.

— ¿Qué quieres saber?

— ¿Cuánto cuesta? ¿Cómo funciona? ¿Hay contacto involucrado?

Él parecía sorprendido, excitado, antes de explicar.

—Tienes que preguntarle a la stripper cuánto cuesta, generalmente veinte


dólares o menos. Le pagas a la chica, entonces ella se pone a horcajadas sobre ti y
baila. No puedes tocar, pero ella puede tocarte. Por lo general no lo hacen, pero
pueden hacerlo.

Jack señaló hacia una mesa cercana, donde un joven estaba obteniendo un baile
erótico de una bonita chica con redondos y sexys pechos, y largo cabello castaño,
que parecía particularmente exaltada por su trabajo.

Juntos miraron y Liz podía haber jurado que su temperatura corporal estaba en
constante aumento.

La hermosa stripper se inclinó sobre el hombre, burlándose de él, sus perlados


pezones rosados tan cerca de su boca que Liz se preguntaba cómo aguantaba para
no mordisquearlos. Las caderas de la stripper se rozaban en la entrepierna del
chico, haciendo que el sitio entre los muslos de Liz se estremeciera
acaloradamente.

— ¿Has tenido uno de ellos antes?— preguntó, todavía estudiando el íntimo


acto.

Jack dejó de observar el baile erótico para mirarla. Ella quitó sus ojos de la
stripper y encontró los suyos.

—Sí—, él dijo con una acalorada respiración. — ¿Por qué?

—Sólo por curiosidad— tomó un sorbo de su bebida y volvió a mirarlo,


sintiéndose audaz, queriendo, por una vez en su vida, hacer algo que tuviera ganas
de hacer sin evaluarlo, cuestionarlo, ni preocuparse por ello.

— ¿Alguna vez las mujeres obtienen uno de ellos?

Su mirada se mantuvo estable.

—He visto mujeres conseguirlos de vez en cuando.

— Quiero uno— dijo, en voz baja.

Podía decir que lo había sorprendido una vez más; y a ella misma, también.

— ¿En serio?

Asintió con la cabeza. Hasta ahora, nunca había deseado a otra mujer, pero aquí
sentada, el verlas la había excitado, haciéndole preguntarse cómo se sentiría tocar o
ser tocada por otra chica, como Lynda lo había hecho. Por supuesto, Jack había
dicho que no podía tocar, pero simplemente quería hacer lo que Lynda había
sugerido y seguir sus impulsos, y su impulso en este momento era tener las curvas
de una mujer flotando sobre y alrededor de ella. Más que eso, su impulso era que
Jack mirara.

La voz de Jack se ponía cada vez más baja y ronca.

— ¿Tenías alguna chica en particular en mente?


—Ella— dijo Liz, apuntando hacia la misma morena que habían estado
observando dar un baile en la mesa de al lado. Lo miró. — ¿Puedes arreglar eso?

Él asintió con la cabeza.

Jack no podía creer que Liz quisiera un baile erótico. Su voz estaba tan
entrecortada al preguntarle acerca de ello, sus labios carnosos tan sensuales y
besables, sus ojos salvajes con curiosa pasión. Cuando se levantó para acercarse a la
misma ardiente morena que lo había excitado la otra noche, su polla estaba tan
tiesa que era casi doloroso.

Cuando la stripper se levanto terminando su trabajo sobre el joven, y aceptando


su propina, se dirigió hacia donde Jack la esperaba.

— ¿Cuánto?— le preguntó.

— ¿Es para ti?— ella inquirió, y sus ojos le dijeron que quería que dijera que sí.

—Me temo que no— él señaló hacia Liz, cuya mirada se centraba en el
escenario principal ahora, donde una stripper rodeaba su palo en un traje de
colegiala tipo Britney Spears. —Es para… mi novia.

La morena ofreció una pequeña sonrisa que le hizo pensar que no estaba
decepcionada después de todo, y que le gustaba hacerlo tanto para mujeres como
para hombres.

—Veinte.

Él le entregó el dinero, y añadió:

—Por cierto, ella es una especie de... virgen en esto.

La stripper volteó sus profundos ojos marrones de Liz hacia él.


— ¿Tu idea o la de ella?
—La suya.

Su sonrisa se ensanchó.

—Bien.

Juntos, regresaron a la cabina donde Liz esperaba. Antes de volver a sentarse,


Jack retiró la pequeña mesa redonda hacia atrás así la bailarina podía alcanzar a
Liz.

La stripper miró hacia a Liz de la forma en que Liz por lo general miraba hacia
él... con sus ojos llenos de deseo.

—Hola, mi nombre es Felicia— su voz era suave como la seda.

Los ojos de Liz goteaban sensualidad y un toque de incertidumbre.

—Hola— sus pezones sobresalían ardientes y lindos a través de la tela de su


vestido.

Una nueva canción empezó, y sin más preámbulos, Felicia ubicó una rodilla en
el asiento de la lujosa cabina bordeando las caderas de Liz antes de ponerse a
horcajadas de ella por completo.

—Solo relájate y disfruta— le dijo a Liz, quien se hundió un poco más en su


asiento cuando Felicia comenzó a moverse.

Usando únicamente su imprescindible tanga color carne y otro par de sexys


tacones de fóllame, ella comenzó a moler su coño en ardientes y apretados círculos,
apenas a una pulgada de distancia del de Liz. Acarició sus grandes y hermosos
senos mientras Jack y Liz observaban. Retorció sus pezones y los balanceó sobre
Liz hasta que rozaron contra su pecho. Liz dejó escapar un pequeño jadeo de
pasión y eso fue todo lo que Jack podía hacer para no tomar su polla en su mano.
Como la mayoría de los chicos, nada lo excitaba tanto como la visión de dos chicas
consiguiéndose una a la otra, y él creía que nunca había visto nada tan exuberante y
sensual como la danza que tenía lugar a su lado.

Felicia tenía una pequeña y sucia sonrisa, claramente complacida del efecto que
estaba causando en ambos. Sacudiendo sus pechos desnudos contra los de Liz, una
vez más, la stripper bajó su coño directamente sobre el de Liz y comenzó a oprimir.
Oh, sí, él había estado en lo cierto... a Felicia le gustaba hacerlo con chicas. Sus
giros eran calientes y lentos, y sexy como el infierno, y Liz estaba comenzando a
oprimir en respuesta. Mientras ellas se rozaban juntas, los ojos de Liz vagaban por
Felicia... de su cara a sus pechos a la escasa tela estirada sobre su coño donde este
presionaba en su entrepierna. Él apenas se dio cuenta cuando otros chicos de
alrededor comenzaron a miralas también... no podía haber arrancado los ojos de las
dos mujeres si su vida hubiera dependido de ello.

El roce de coños a través de la tela continuó y Felicia ahora frotaba sus


ruborizados pechos contra los de Liz, a la vez que simulaba un baile. Liz parecía
ebria de pasión y cuando Felicia se elevó a una posición totalmente sentada, sus
entrepiernas aún apretadas juntas, y empezó a oprimir y acariciar sus desnudos
pechos, Liz murmuró: —Mmm, sí— ahí es cuando Felicia bajó sus manos hacia
los hermosos globos de Liz, amasándolos mientras ella se balanceaba y se movía.
Liz dejó escapar un suspiro irregular y miró hacia abajo, observando a Felicia
moldear su suave carne a través del vestido. Jack podía haber jurado que sus
pezones sobresalieron un poco más y que ella trabajaba sus caderas con más fuerza
contra las de la stripper.

Pero luego Felicia comenzó a enfriar las cosas, poco a poco, y Jack reconoció
que se aproximaba el final de la canción y supo que el placer de Liz estaba a punto
de llegar a su fin. Felicia dejó de tocar los hermosos pechos de Liz, a través de ese
vestido color crema y volvió a tocar los suyos. Sus movimientos de presión contra
el coño de Liz se suavizaron, más y más, hasta que finalmente ella se levantó,
desconectando sus entrepiernas, terminando el baile de esa manera.
Cuando la canción terminó, Felicia bajó un suave beso en la mejilla de Liz y
luego lentamente se puso de pie. Los chicos de la mesa de al lado dieron algunos
silbidos y aullidos, y Jack trató de recuperar su respiración mientras metía otros
veinte dólares en el elástico en la cadera de la stripper.

—Gracias, nene, esto fue divertido— ella le dijo, y luego se alejó por la sala.

Jack bajó lentamente su mirada hacia Liz, quien estaba sentada más derecha
ahora, su respiración pesada.

Jack pensaba que esto de una forma se sentía como la calma después de la
tormenta, como si Felicia hubiera de alguna manera hecho llover espesa lujuria
sobre su sexy, jolie Liz, y luego se desvaneció rápido como un aguacero de verano.
Sólo que no se sentía muy calmado y sospechaba que Liz tampoco.

Él no iba a medir las palabras.

—Chère, eso fue la cosa más malditamente caliente que he visto nunca.

Sus mejillas se ruborizaron. Parecía tensa, excitada, intoxicada.

— ¿Te gustó mirar?

—Oh, sí— asintió.

Sus ojos se iluminaron con calor y Jack lo tomó como una invitación.

—Me gustó saber que estabas viendo— ella dijo.

Las palabras lo hicieron querer gemir, hicieron que la piel alrededor de su polla
apretara aún más. Había intentado esperar hasta que su caso estuviera terminado
antes de hacer un movimiento sobre ella, y para él, este había llegado a una
conclusión hacía un rato. Buena cosa, porque nada podía haberle impedido ser
lanzado en la red sexual que sentía girar apretada alrededor suyo. Bajó su voz,
inclinándose hacia ella.

— ¿Te gustó frotarte contra sus pechos? ¿Su coño?

El color en sus mejillas se profundizó, pero no se alejó de la pregunta,


manteniendo su intensa mirada sobre él.

—Mmm, sí. Fue... increíble.

— ¿Qué quieres hacer ahora?— le preguntó, rezando para que le pidiera que la
folle.

— Me vendría bien un trago— dijo. —Hace calor aquí.

A su pesar, sonrió. No hacía calor allí para nada... a menos que hubieras
obtenido un baile erótico, supuso. Él llamó a otra camarera con un bikini dorado y
ordenó más tragos mientras deslizaba su cálido brazo otra vez alrededor del
hombro de Liz. Sólo la simple sensación de su pecho contra su lado se agregó al
fuego corriendo por él. Se giró y susurró en su oído.

— ¿Tienes alguna puta idea de lo excitado que me tienes?

Ella se apartó lo suficiente como para sonreírle.

—Mmm hmm.

Él bajó su barbilla.

— ¿Hizo que te corras?

Su sonrisa se suavizó en algo más provocativo.

—No.
— ¿Estuviste cerca?

Se mordió el labio, asintiendo con su cabeza. Un poco más de sangre corrió


hacia su polla.

— ¿Quieres que termine el trabajo, chère?

Ella lanzó una mirada coqueta.

—Todavía no.

Merde. ¿Estaba esta mujer tratando volarle la cabeza con frustración?

— ¿Por qué?

Hizo una pausa, pensó.

—Esta es la mayor libertad que he sentido en mi vida. No quiero precipitar la


noche. Quiero estirarla. Quiero sentir todo. Quiero hacer que dure.

Él sonrió.

—Solo porque te quiera sacar de aquí no significa que la noche esté terminada,
chère. Estaría encantado de hacerte llegar una y otra vez.

En ese momento llegaron sus bebidas y Liz tomó un trago largo, volviendo su
atención hacia el escenario principal. Tres chicas desnudas de pie en una enorme
bañera se lavaban una a otra con esponjas y jabón. Ella se vio hechizada
inmediatamente, lo cual no hizo nada para relajar la excitación de Jack. Él no creía
que pudiera aguantar mucho más tiempo.

Las preguntas nadaban a través de su mente. No la habría leído mal, ¿verdad?


Ella lo deseaba tanto como él la quería a ella, ¿no? Sí, lo deseaba... él sabía que ella
lo hacía. Sus provocativas palabras se reprodujeron en su mente una vez más. Me
gustó saber que estabas viendo.

Las chicas en el escenario se balanceaban con la música mientras se lavaban una


a otra los senos y el estómago, tras lo cual procedieron a trasladar sus esponjas
sobre los demás culos y coños, todo el tiempo riendo.

Jack metió la mano debajo de la mesa, la cual había trasladado de nuevo frente a
ellos después del baile erótico de Liz, y encontró su rodilla. No se detuvo allí,
dejando que su mano se deslizara suavemente por la cara interna del muslo, más
allá del encaje de la parte superior de una media, parando sólo cuando ella apretó
sus piernas juntas.

Su mirada era de regaño, pero juguetona.

— ¿Qué crees que estás haciendo?

Eso lo dejó en claro... estaba tratando de sacarlo de quicio.

—Haciendo que te sientas bien, chère. Si solo abrieras tus piernas un poco—
concluyó con su mejor sonrisa lobuna.

Su expresión de regaño no desapareció, pero debajo de la mesa, sus piernas se


abrieron un poco y él deslizó su mano hacia la entrepierna de sus bragas. Las
puntas de sus dedos estuvieron húmedas al instante. Él respiró bajo en su oído.

—Estás tan jodidamente mojada.

Ella siguió mirando a las chicas en el escenario acariciar sus pechos y culos
enjabonados, y simplemente sonrió, disfrutando el juego.

—Tan jodidamente jugosa— susurró, comenzando a acariciar a través de la seda


húmeda. En respuesta, sus piernas se separaron un poco más. Aprovechó la
oportunidad para hacer a un lado la tela y tocarla sin ninguna barrera.
Sus dedos flotaron sobre su suave vello púbico antes de que deslizara dos dedos
en su caliente raja.

Para su placer, ella dejó escapar un pequeño gemido ante el toque. Nadie los
miró y él estuvo agradecido, no quería romper el momento.

—Más amplio, así puedo frotarte— instruyó él.

Ella siguió mirando los enjabonados cuerpos femeninos sobre el escenario e hizo
lo que dijo, extendiéndose para él.

—Buena chica— susurró.

Luego acarició la húmeda y suave carne y sintió aumentar aún más la humedad
sobre sus dedos. Su polla se tensó tan dura contra su cremallera que le dolía. Sintió
la dura protuberancia de su clítoris contra su dedo y la trabajó en un movimiento
circular. Ella jadeó ligeramente y él susurró:

— ¿Es el lugar correcto, nena?

—Unh— ella dijo, sin dejar de mirar el escenario.

Mientras él movía sus dedos en calientes círculos pequeños, ella comenzó a


moverse con él, levantando sus caderas, empujando su dulce coño pequeño hacia
adelante en su mano.

—Voy a hacer que te corras, chère— murmuró cerca de su oído. —Voy a hacer
que te corras muy duro.

Finalmente ella dejó de mirar el espectáculo e inclinó su cabeza hacia atrás con
pasión. El almizclado y salado aroma de su excitación se levantó para darle la
bienvenida a Jack mientras su humedad encerraba las yemas de sus dedos por
completo. Movió sus dedos en círculos más pequeños y estrictos sobre su clítoris,
respondiendo cada vez que ella aceleraba sus empujes o los disminuía.
Sin embargo, estaba más acelerando que desacelerando, y no pasó mucho
tiempo antes de que sus puños se curvaran apretados en la felpa a cada lado de ella,
y aunque se las arregló para permanecer tranquila, su coño se cerró apretado
alrededor de sus dedos, su respiración se hizo dura en su oído, y sus empujes se
transformaron en casi rápidos martilleos.

— Así es, nena, está bien— él murmuró mientras veía el éxtasis pasar por su
cara.

Liz sentía como si estuvieran estallando cohetes en la unión de sus muslos. Los
pulsos elevándose como llamas en su interior, cada uno más alto, más caliente que
el anterior. Dios, sí, sí, sí. Mmm. Tan bueno.

Fue como despertar de un sueño cuando abrió sus ojos después de que las olas
de calor y placer fueran desapareciendo,. Sólo que esto no era un sueño... todo
había sucedido realmente. No podía creer lo salvaje que se había vuelto, la manera
en que había seguido tan bien el consejo de Lynda.

Junto a ella, Jack llevaba una sonrisa sexy. Aunque todavía las strippers seguían
oscilando y balanceándose en todos los escenarios alrededor de ellos, de repente fue
como si Jack y Liz fueran las dos únicas personas en la sala.

— ¿Cómo estuvo eso?— él preguntó.

La verdad era que desafiaba a las palabras.

—Muy... muy... bueno— dijo finalmente.

Usando una sonrisa ardiente, él se inclinó hasta juntar sus frentes.

—Quiero follarte— dijo en voz baja.

Ella quería eso, también. Demasiado. El orgasmo no la había dejado menos


dispuesta a tener más de él.

— ¿Dónde podríamos ir?

Él pensó por un momento.

—Yo vivo en el otro extremo de Bourbon.

Eso sonaba como un largo paseo, incluso demasiado tiempo para esperar
aunque tomaran un taxi.

—Está demasiado lejos.

—Mi oficina está a un par de cuadras de distancia.

—Está bien— ella dijo.

A pesar de la diversión que había tenido en el club, estaba feliz de salir al aire
fresco de la noche, del brazo de Jack. La calle bullía con las multitudes, gente
bebiendo, fumando, riendo. La música sonaba desde las puertas abiertas de los
bares para bailar. Jack tomó su mano y la condujo a través de la gente; caminaban
rápidamente, y se preguntó si él se sentiría tan frenético como ella, como si cada
segundo fuera una eternidad, como si su coño estuviera vacío y pidiendo más por él
con cada paso. Su coño... apenas podía creer que hubiera pensado de esa forma, era
tan diferente a ella. Pero los salvajes acontecimientos de la noche habían desatado
algo nuevo y descarado dentro de su alma.

Ella levantó la vista, encontrando su mirada, y le pareció ver el mismo


sentimiento de urgencia en sus penetrantes ojos oscuros.

—Merde—, lo escuchó susurrar con los dientes apretados, y entonces la estaba


arrastrando en un callejón, más y más profundo, entre las paredes desgastadas de
ladrillo sin ventanas, pasando cajas de madera vacías, hasta que finalmente se
detuvo y puso sus brazos alrededor de ella, acercándola contra su caliente cuerpo.
—Necesito besarte— suspiró.

Fue entonces cuando todo la golpeó, duro... ni siquiera se habían besado.

—Por favor—,dijo en respuesta y su boca se hundió en la de ella, fundiéndose


tan perfectamente como si hubieran sido amantes durante años. Su lengua se
deslizó entre sus labios y ella la encontró con la suya. El beso fue feroz y largo,
lleno de necesidad, pero pronto se suavizó en algo profundo, sensual y voraz. Su
cuerpo presionó con fuerza contra el suyo, una parte en particular más que el resto.

Eso le hizo querer tocarlo y explorarlo y dejó que sus manos recorrieran a través
de su ancha espalda, su pecho, su sexy trasero. Sus manos viajaron por su cuerpo,
también, acariciando sus nalgas, su espalda, deslizandose desde su cintura hasta los
lados de sus pechos. Cintas de electricidad serpenteaba a través de ella mientras él
los acariciaba, los amasaba justo como Felicia había hecho, pero sus manos eran
más grandes, más fuertes, más posesivas, y ella quería ser poseída por él. Su áspero
masaje en sus pechos hizo que fuera incapaz de mantener sus gemidos dentro,
haciéndola anhelar de alguna forma empujar los montículos más profundo, con
más fuerza contra su toque.

—No puedo esperar, nena— murmuró en su oído, arrastrando besos por su


cuello. —La oficina está muy lejos.

Él empujó un tirante de su vestido fuera de su hombro, y ella inclinó su cabeza


hacia atrás, queriendo dejar su sensible piel totalmente accesible para él. Le roció
besos a través de su hombro y hacia abajo sobre su pecho hasta que los liberó de la
tela que los ocultaba. Pasó su lengua por su perlado pezón, luego, lo chupó
haciéndola gemir. ¿Había alguien más alrededor, alguien viéndolos? No lo sabía y
no le importaba.

Todo lo que existía eran ella y Jack. Lo único que importaba era que lo quería
dentro de ella, largo y profundo.
Todo lo que importaba era aliviar el dolor de necesidad entre sus muslos. Todo
lo que importaba era follarlo.
Capítulo Tres

Sin dejar de besar su pecho, las manos de Jack cayeron hacia sus caderas, más
abajo, levantando poco a poco su vestido. Tenía que llegar a ella, tenía que tenerla,
tenía que meter su hambrienta polla profundamente dentro de ella antes de morir
de frustración. Apoyó la espalda de ella contra la pared de ladrillo, encontrando su
redondo culo con sus manos, a la vez que mordisqueaba su hermoso pecho.
Llevaba una tanga y mientras le apretaba su culo con una mano, utilizó la otra para
retirar el elástico del centro. Buscó dentro de las bragas desde atrás para encontrar
su coño deliciosamente húmedo, y luego empujó dos dedos dentro. Dios, amaba la
forma en que su caliente pasaje lo tomaba.

Ella gritó y él gimió. Se movió sobre sus dedos, tan caliente y resbaladiza que él
casi no podía soportarlo.

Desde el frente, presionó la dura columna de su lujuria contra su suave y


hambriento coño, su cuerpo trabajando desde la necesidad en lugar que la razón.
Ella se frotó contra él con la misma urgencia, emocionándolo con su agresión. Se
puso más y más húmeda, follando sus dedos, llenándolo de una satisfacción que
venía con excitarla, mantenerla ardiente.

Movió la mano más arriba sobre su culo, todo el camino hasta su pelo,
empujándola hacia atrás, así podía ver su rostro.

—Me haces malditamente salvaje— dijo con los dientes apretados.

— ¡Oh!— ella gritó de repente, bombeando con más fuerza contra su mano, sus
sollozos de liberación haciendo eco a través del callejón y llenándolo de una
satisfacción suprema hasta que finalmente se desvanecieron en la noche. Dios, la
había hecho correrse otra vez, así de rápido.

—Te necesito, Jack— susurró después, besándolo mientras hablaba. —Te


necesito en mí.

Entonces sus manos estaban en su cinturón, su cremallera, buscando a tientas,


trabajando rápido, finalmente liberándolo. Él tiró duro de su tanga y la rompió.
Ella gritó otra vez y él sabía que el éxtasis estaba sólo a un latido de distancia.

Metió su polla en su caliente, apretado y pequeño agujero y encontró el cielo.

—Ca c'est bon18— él suspiró. — Es tan bueno.

No fue como si Jack no hubiera estado con un montón de mujeres. Estaba tan
lejos de un niño de coro como podría estarlo... era un hombre, después de todo, y
vivía en una ciudad muy hedonista. Pero no podía recordar un momento en que
hubiera sentido esa desesperación por tener a una mujer, esta necesidad, esta locura
por conseguir su polla dentro de ella. Y ahora que él estaba allí, maldita sea, era
como si acabara de ganar la carrera, escalado la montaña, llegado al lugar al que
pertenecía.

Él la folló lentamente al principio, mirando hacia abajo a sus grandes ojos


verdes, susurrando:

—Estás tan caliente, chère. Tan húmeda por mí.

Ella devolvió la mirada, con el rostro débil por la pasión, al parecer sólo capaz
de lloriquear la palabra:

—Sí.

—Te he deseado desde el primer momento que te vi. ¿Sabías que me endureciste
ese día? Tan duro, nena— empujó profundamente en su caliente coño, haciéndola
sentir exactamente cómo de duro lo ponía. —Me pusiste tan duro que tuve que
liberarme yo mismo, y mientras lo hacía, imaginaba algo igual que esto; a mi
dentro tuyo, jodiéndote tan lento y profundo. Pero esto es aún mejor de lo que fui

18
Del francés, Tan bueno.
capaz de imaginar, chère. Tan malditamente bueno.

Trató de mantener su sexo lento, haciéndolo durar, haciéndola sentir cada


centímetro de él entrando y saliendo, pero el hablar sucio tenía a sus deseos
alcanzando el mismo punto álgido que la primera vez que se hundió en ella y antes
de darse cuenta, ella gritaba con cada profunda embestida, y él estaba igualando sus
gemidos, y estaba tan caliente y húmeda alrededor de su polla que sabía que no
duraría mucho tiempo. Golpeó en su suave y resbaladizo coño con toda la fuerza
que tenía, queriendo adueñársela... empuje... queriendo hacerla gritar... empuje...
queriendo que se sintiera completamente follada cuando terminaran.

Y luego con una embestida gigante él se corrió... disparándose largo y duro en su


interior y liberando un profundo gemido en su hombro, donde enterró su cabeza
durante el orgasmo. Ah, merci, cher petite fille19.

Cuando volvió en sí, levantó su cabeza, mirándola a los ojos; lindos,


extrañamente inocentes. Apoyó su frente contra la de ella.

— ¿Cómo estás?

Su voz era ligera, suave.

—Bien.

Por razones que no podía explicar, de repente quería ser amable con ella.

—Lo siento, no podía hacer todo el camino hasta la oficina.

Ella sacudió su cabeza.

—Esto fue... bueno— le dio otra sacudida de cabeza y se echó a reír. —


Normalmente soy más elocuente, pero...

19
Del francés, Ah, gracias, querida niña.
Él sonrió.

— ¿Pero follé la tapa de tus sesos y ahora no puedes pensar con claridad?

Ella le devolvió la sonrisa.

—Algo así.

—Ven conmigo a casa. — Él pasó sus dedos por los mechones de su sedoso pelo
y se preguntó por qué había dicho eso. Él había querido decirlo... había querido que
ella fuera a su casa, durmiera con él, pero no era su reacción habitual al sexo, no
importa cómo de caliente fuera. Era muy bueno en mantener las cosas distantes,
estar alejado.

Por lo general.

—Creo que... —ella comenzó poco a poco —probablemente debería ir a casa y...
romper con Todd.

—A la mierda Todd— él dijo. —Dale una noche para preocuparse.

Miró hacia abajo a su bonita cara, viéndola pensarlo. Finalmente, ella lo miró.

— ¿Siempre invitas a las mujeres que apenas conoces a tu casa? Pensé que a los
chicos les gustaba tener cuidado con ese tipo de cosas.

Ella tenía razón... los chicos lo hacían. Él lo hacía. Siempre. Antes.

Se dijo a si mismo que esto no significaba nada, luego inclinó su cabeza.

—Mira, creo que no conoces a ese idiota novio tuyo tanto como creías, y por lo
que sabemos, es un poco maníaco. Probablemente fue a casa un poco borracho, y si
llegas luciendo como si hubieras estado con algún otro tipo... no creo que sea una
gran idea.
Pensándolo bien, Liz asintió con la cabeza. Jack habia marcado algunos buenos
puntos. Romper con Todd no iba a ser agradable, pero hacerlo por la noche cuando
ella probablemente olía a sexo, y, ciertamente, parecía una mujer que había salido
buscando ese tipo de acción, probablemente no era el movimiento más sabio.

—Muy bien— dijo finalmente.

—Podemos recoger algunos donuts en la panadería que esta abierta toda la


noche en el camino.

— ¿Donuts? —, preguntó ella con sorpresa, poniendo su vestido en su lugar,


mientras que Jack se subía la cremallera, plegándose dentro.

—Mais, yo necesito hidratos de carbono después del sexo—, dijo, riéndose de sí


mismo.

Liz se rió también. ¿Cómo diablos había sucedido todo eso? Se había
comportado como la completa zorra que no era, y todavía se sentía increíblemente
feliz y viva; ¿y este hombre incluso la había invitado a ir a su casa? Mientras salían
del callejón de la mano, le dijo:

—No acostumbro hacer... las cosas que hice esta noche.

—Lo sé— le respondió mientras caminaban por Bourbon.

— ¿Cómo lo sabes?

—La ropa sexy y poses sensuales son muy seductoras, chère, pero mientras la
noche avanzaba, demostraste tu inocencia.

Ella protestó con furia fingida.

—Difícilmente me llamaría a mí misma inocente.


—No después de esta noche— él ofreció en replica, riendo.

—Por cierto, solo para que lo sepas, estoy tomando la píldora.

Al lado de ella, sus ojos se cerraron y se veía como si lo hubiera sorprendido en


algo.

—Sí, sobre eso— bajó su mirada hacia ella. —Definitivamente debería haber
tomado el tiempo para sacar un condón, pero...

— Pero, ¿qué?

—Pero mi único pensamiento era conseguir estar dentro tuyo tan rápido como
fuera humanamente posible.

Su rostro se sonrojó acaloradamente mientras sus ojos se encontraban.

—De todos modos, no te preocupes. Estoy limpio. Siempre he sido muy


cuidadoso con ese tipo de cosas.

— Hasta ahora, querrás decir.

Él le dio una sonrisa suave.

—Sí, hasta ahora.

Conversaron más mientras caminaban hacia la casa de Jack y Liz pensaba en


todos los años que había mantenido oculto este lado salvaje y sexual suyo; tal vez
incluso de sí misma. Sin embargo, esa noche ella había conducido a Jack hacia las
mismas alturas que ella había experimentado. No estaba segura de a dónde irían las
cosas con él ni cuánto tiempo duraría; infiernos, tal vez por la mañana él estaría
listo para decir "¡Hasta la vista!”, pero no importaba cuál fuera el resultado, estaba
increíblemente contenta de que hubiera encontrado a este hombre ardiente y sexy
que liberaba ese lado suyo.

*****

Cuando llegaron a la casa de Jack, se sentaron en el balcón de hierro forjado con


vistas a la parte más tranquila de Bourbon Street. Una dulce brisa nocturna soplaba
por encima de ellos mientras comían los donuts que habían recogido en el camino y
continuaron hablando. Liz aprovechó la oportunidad para contarle a Jack un poco
acerca de las expectativas de su familia y cuán decida estaba ésta sobre su
matrimonio con Todd.

—Francamente, creo que si me hubiera mudado fuera de Maryland por mi


cuenta o con cualquier persona del mundo que no sea Todd, habrían hecho todo lo
posible para que me quedara. Pero como fue idea de Todd, estuvieron totalmente
de acuerdo.

Jack también le contó a Liz más de sí mismo. Había sido criado en las cercanías
de Terrebonne Parish, y su madre era la décima generación de Acadianos20 cuya
familia rastreaba sus raíces hasta la Canadá francesa de 1700.

—Mi bisabuela, vivía en una pequeña casa sobre pilotes atrás del pantano; no
podías llegar allí sin tomar una piragua. Conocía todas las viejas historias y
tradiciones Cajun. Pero mi mamá quería dejar los pantanos, así que ella y mi papá
hicieron las maletas y nos mudamos a la ciudad.

Jack había emigrado hacia el Big Easy para asistir a Tulane21 a los dieciocho
años, donde se había especializado en contabilidad.

—Me encantaba la ciudad, pero en el momento en que me gradué de la


universidad, estaba desilusionado de las grandes empresas y decidí que no sería
20
Los Acadianos son los descendientes de los colonos franceses que en el siglo 17 asentaron en Acadia (ubicado en las
provincias marítimas del este de Canadá – las islas de Nueva Escocia, Nueva Brunswick y Príncipe Eduardo; así como en
parte de Quebec, y la Maine actual). Acadia era una colonia de Nueva Francia. Aunque hoy en día la mayoría de los
acadios y los quebequenses son de habla francesa canadiense, Acadia era una colonia distinta de la Nueva Francia, y era
geográficamente y administrativamente independiente de la colonia francesa de Canadá (actual Quebec), lo que llevó a
acadianos y quebequenses a desarrollar dos historias y culturas bien distintas. Los colonos cuyos descendientes se
convirtieron en acadianos venían de "todas las regiones de Francia, pero sobre todo venían directamente de las ciudades.
21
Universidad de Tulane, en New Orleans.
feliz en el mundo empresarial, así que empecé mi agencia de detectives. He estado
en el mismo lugar desde el primer día. Tengo un negocio lucrativo, y podría darme
el lujo de mejorar las cosas si quisiera, pero creo que en un lugar como El Barrio, la
gente no siempre es así de desprendida. Los turistas, tal vez, pero los turistas no son
quienes pagan mis cuentas. La gente que vive en Nueva Orleans se siente atraída
por las cosas que son viejas y auténticas, tradicionales, de modo que así es como
mantengo mi negocio.

— ¿Y tus padres?—, preguntó Liz, tomando el primer bocado de una gran donut
glaseada.

— ¿Qué pasa con ellos?

Ella sonrió.

— ¿Cómo son? Te conté sobre los míos; controladores y rígidos. Háblame de los
tuyos.

—No hay mucho que contar— dijo, rasgando una donut de chocolate helado en
dos partes. —Ellos se divorciaron cuando yo tenía doce años. Era hijo único, y me
quedé con mi papá. Veía a mi mamá los fines de semana, pero ella no era una
madre típica. En el momento en que nos dejó, quería dejar más que los pantanos;
quería dejar Louisiana por completo. Así que se marchó a Nueva York en la época
en que empecé en Tulane, y no la he visto desde entonces.

Liz se quedó atónita, apenada, pero ahora aún más impresionada con el éxito de
Jack y su evidente sentido de confianza.

— ¿Qué hizo tu papá?

—Antes de que dejáramos el pantano, era un pescador; traía langostinos y


salmones y lo que sea que los restaurantes compraran. Más tarde, comenzó a
conducir un autobús— sonrió. —Ningún montón de pasta para mí y pere22, pero lo
hicimos muy bien juntos.

— ¿Ves?—, dijo ella. —Había algo que contar.

Síp, pensó Jack, había, pero este era un buen momento para detenerse. Quería
estar con ella, tocarla, llevarla a la cama... y síp, conversar estaba bien, podía ser
parte de eso, pero no demasiado. Otra regla por la que él vivía. Y podría haber roto
ya su regla sobre el sexo y sus clientes, pero él no quería romper esta. Si su padre le
había enseñado algo, era sobre auto-preservación, nunca ceder el control. Jack casi
podía oír la voz de su padre, incluso ahora. "Deja que una mujer llegue a ti, hijo, y
terminarás sin ningún tipo de control sobre ti, sobre ella, sobre tu completa maldita vida".

Jack había visto la angustia que su padre había vivido durante el divorcio, y
aunque sabía que no debía dejar que el destino de un matrimonio gobernara toda su
vida, lo hacía. Porque había sido fácil. Porque Jack no había conocido nunca a una
mujer con la que hubiera tenido un momento particularmente difícil manteniendo
la distancia. Él respetaba a las mujeres... infiernos, estaba loco por las mujeres,
desde sus cuerpos a sus cerebros, pero nunca lo hacía hasta el punto de abrirse
demasiado a una mujer para que no creyera que eso significaba que quería una
relación.

Y no quería una. Las relaciones funcionaban muy bien para muchas personas,
pero no estaba interesado. A él le gustaba mucho su vida de la forma en que estaba;
siempre había sido así. Su trabajo era su vida, y las mujeres eran como... un hobby,
un pasatiempo. Si su trabajo era su sustento, las mujeres eran el postre.

En cuanto a por qué había invitado a esta mujer en particular con él, era como le
había dicho a ella, no parecía inteligente dejarla ir a casa con su novio justamente
ahora. E infiernos, no estaba listo para ser separado de ella todavía, y no creía que
ella estuviera lista para ser separada de él, tampoco. Así de simple. Sentado allí,
estudiándola en la oscuridad, su mente regresó a la intimidad que habían
compartido juntos esa noche. Dios mío, qué mujer.

22
Del francés, Padre.
Primero retorciéndose contra esa sexy stripper en el club, y luego follándolo en el
callejón. No estaba seguro de que alguna vez hubiera tenido sexo tan áspero y
crudo, su deseo se elevó desde lo más profundo de su interior como un hombre de
las cavernas del siglo XXI. Su polla comenzó a cobrar vida otra vez en sus
pantalones por los recuerdos.

Fue capturado sonriéndole a través de la mesa donde estaban sentados.

— ¿Qué?— dijo ella. — ¿Hay glaseado en mi cara o algo así?

Se rió de su pregunta.

—No, chère. Sólo estaba pensando.

Ella sonrió. — ¿Pensando en qué?— Su traviesa expresión le dijo que ya había


descubierto la respuesta.

Bajó su barbilla y esperó que ella viera el hambre en sus ojos.

—Pensando en que quiero follarte de nuevo.

Ella le lanzó una mirada coqueta, tomó el último bocado de una donut,
tragándola con la leche que le había servido, y en silencio se levantó de la silla
donde estaba sentada, serpenteando hacia un extremo de la terraza. Se enfrentó a la
brisa, poniéndose de espaldas a él, y él comprendió que ese simple gesto era una
invitación.

Se le acercó por atrás, paso a paso acercándose lo suficiente para que su erección
se frotara contra su culo a través de su ropa. Ella envolvió sus puños en la parte
superior de la barandilla de hierro forjado, esperando.

Rodeándola con los brazos, rozó la punta de los dedos hasta sus muslos, debajo
de su vestido.
Él se inclinó cerca de su oído.

— ¿Está tu dulce y pequeño coño húmedo por mí, cariño?

— ¿Por qué no lo compruebas?— susurró, girando su cabeza para arrastrarlo en


un beso. Mientras él empujaba su lengua en su boca, ahuecó su abultado montículo
en su mano, contento de que hubiera arrancado su ropa interior antes. Oui, estaba
mojada, casi goteando.

Presionó sus dedos por su centro, donde sabía que ella estaba ruborizada y
dolorida por él. Con la otra mano, llegó alrededor para jugar con su pezón a través
de la tela, deslizando su erección más ferozmente contra la delicada grieta de su
culo.

Liz escuchó su propia respiración volverse más rápida hasta que estuvo
jadeando, retorciéndose en su contra. No estaba segura de si alguna vez había
sentido algo tan exquisito; cada movimiento trayendo placer, desde sus dedos
acariciando dulcemente en el frente a su vara dura como una piedra en la espalda.

—Fóllame— se oyó susurrar en la brisa.

—Dímelo otra vez— dijo suavemente en su oído.

Ella lo dijo más fuerte.

—Fóllame.

Seguía moviéndose contra su mano, el placer montándose allí. ¿Estaba él


frotándola más duro o ella estaba moliéndose con mayor intensidad contra sus
dedos?

No le pidió que lo dijera de nuevo, pero ella lo hizo de todos modos, pidiéndolo,
esta vez con más fuerza.
—Fóllame, nene. Fóllame— sus dedos, moviéndose en ardientes círculos, eran
tan buenos, tan perfectos; estaba tan cerca, tan cerca... — ¡Oh Dios!, nene, fóllame.

— Estoy follándote con mis dedos, chère.

Ella gimió y empujó contra su toque, más duro, más duro, sus dedos parecían
hundirse más profundamente contra su clítoris mientras la acariciaban... cálido,
rápido, seguro. El placer fue creciendo y reuniéndose en su interior, formándose en
una ardiente y apretada bola que, ¡Oh, Dios, sí!, finalmente explotó, quebrándose
sobre ella como una ola, haciéndola gritar una y otra vez, sin pensar en la atención
que podría atraer. Cada caliente vibración era más dolorosa que la anterior, tan
poderoso que su cuerpo sufrió un espasmo y si Jack no hubiera envuelto su otro
brazo alrededor de su cintura podría haberse derrumbado en el balcón por la gran
intensidad de su dicha.

Él continuaba frotándola, disminuyendo cuando ella comenzó a quedarse


quieta, moviendo sus dedos lentamente cuando se calmó. Finalmente jadeó su
agotamiento, aturdida haciendo su cabeza hacia un lado cuando sintió los besos de
Jack en su cuello.

—Tan dulce, nena— susurró. —Tan dulce— entonces su voz cambió,


volviéndose más profunda, más fuerte. — Ahora te voy a follar con mi dura y
enorme polla— y así lo hizo... usando ambas manos para deslizar su vestido hasta
sus caderas y sosteniéndola allí mientras la penetraba.

—Oooh— jadeó por la penetración. Dios, él la llenaba. Con su… polla. Sí, su
polla. Otra palabra que nunca había utilizado antes, pero Jack estaba cambiándola,
descubriendo algo en ella que nunca había conocido, una parte que traía lo crudo y
primitivo al primer plano, que hacía a tales palabras sonar tan naturales, calientes y
cariñosas como cualquier otra.

Su voz se había vuelto entrecortada cuando habló en su oído.


—Dime cómo lo quieres.

—Duro— dijo. —Fóllame duro— estaba volviéndose buena en esto. Buena en


decir exactamente lo que quería decir, en hablar un poco sucio.

Su delgada y masculina sonrisa se mezcló con arrogancia.

— ¿Crees que puedes tomarlo?

— Oh, sí.

Y mmm, lo tomó. Jack martilló dentro de ella con ardientes y poderosos golpes,
cada uno haciéndola liberar un pequeño grito. Sentía cada brutal embestida todo el
camino hasta los dedos de sus manos y pies. Amaba la sensación de estar siendo
follada con tal primitivo abandono, amaba la forma en que cada dulce sumergida
parecía llenarla de él más y más. Sus gritos involuntariamente se convirtieron en
una palabra que salía con cada embestida.

—Sí. Sí. Sí. Fóllame. Sí.

Sus piernas se debilitaron con la fuerza de su sexo y se más aferró a la barandilla


para no desmoronarse en el suelo del balcón. Nunca en su vida un hombre la había
follado con tanto poder, con esas fuertes embestidas que parecían estar poniéndola
del revés, adormeciendo su mente de cualquier pensamiento, excepto el placer que
cada golpe deliciosamente áspero entregaba. Él nunca se detuvo, solo seguía
follándola y follándola y follándola, llenándola con su polla una y otra vez, y su
placer estaba empezando a mezclarse con el cansancio, la sensación de que pronto
podría colapsar por la sola fuerza de sus golpes, cuando dijo:

—Cariño, estoy corriéndome. Estoy corriéndome en ti.

Sus profundos golpes disminuyeron solo ligeramente mientras bombeaba su


liberación en ella, y ella casi sentía el espeso placer de su orgasmo a través de sus
largos y guturales gemidos. Finalmente, ellos aún estaban juntos, y él la estaba
abrazando por la espalda, descansando su cabeza sobre su hombro, susurrando:

—Tan bueno, nena. Eres tan jodidamente buena.

Apenas tuvo fuerzas para contestar, pero se las arregló para mirar por encima de
su hombro y lanzarle una pequeña sonrisa antes de decir:

—Estoy tan jodidamente cansada. Me has agotado.

Disfrutó de su sonrisita satisfecha.

—Mmm—, gruñó, apretando su cuerpo más cerca de él, —entonces vayamos a


la cama.

*****

A la mañana siguiente, Liz tomó un taxi hasta la casa que ella y Todd
compartían, pero esperó hasta la hora en que pensaba que él se habría ido a
trabajar. Su mayor temor era que todavía estuviera allí, frenético, con agentes del
FBI y los miembros del equipo SWAT y Dios sabe quién más, porque estaba
desaparecida. Jack se había ofrecido a ir con ella, solo en caso de que Todd
estuviera todavía allí, pero se había negado. Ella misma se había metido en este lío
por ser una complaciente bienhechora durante los primeros treinta años de su
existencia; ahora iba a salir de esto tomando las riendas de su vida.

Para su gran alivio, cuando el taxi se detuvo fuera de la casa del renacimiento
griego, el camino de entrada estaba vacío... Todd se había ido. Una vez dentro, ella
se desnudó... muy consciente de que no llevaba ropa interior, y se dio una larga y
decadente ducha. Nunca en toda su vida había pasado tanto tiempo pensando en su
cuerpo como lo había hecho en los últimos días, por lo que mientras se duchaba, le
prestó atención. Vio cómo el jabón hacia espuma sobre sus pechos, sintió su propia
respuesta sensual mientras corría la barra sobre su estómago liso, sus brazos, sus
muslos. Pensó en cuán pegajoso el interior de sus muslos había conseguido estar en
varios momentos de la pasada noche... tanto por sus jugos como por los de Jack.
De repente, cada toque en su piel se sentía totalmente nuevo.

Después de llamar a su jefe para decir que se había quedado dormida y que
estaría enseguida allí, eligió cuidadosamente su ropa de trabajo para ese día ya que
tenía planes para encontrarse con Jack para la cena. Así que, mientras en el exterior
llevaba un conservador traje de color ciruela, por debajo se puso un sostén de
encaje color lavanda junto con una tanga a juego y liguero con medias color piel.

Cuando tomó el tranvía en St. Charles y se sentó, se sintió positivamente


traviesa. Las sensaciones del apretado y reducido encaje debajo de su ropa
profesional se sentían como un delicioso pequeño secreto que guardaba de los
demás pasajeros, un secreto que no podía esperar para revelarle a Jack.

Lamentablemente, tenía un largo día por delante antes de verlo, por lo solo
tendría que pensar en ello como una recompensa, algo por lo que esperar con
interés. Por suerte, le gustaba su trabajo y hasta ahora había sido una empleada
ejemplar, por lo que llegar tarde hoy no era un gran problema. El acontecimiento
que en verdad temía era llamar a Todd. Y no podía posponerlo. De hecho, ahora
que había llegado el momento de hacerlo, no quería posponer la ruptura por más
tiempo; quería cerrar ese capítulo de su vida y volver a divertirse con Jack. Así que
tan pronto como se quedó libre de las tareas de la mañana, cogió el teléfono de su
escritorio y marcó a su oficina.

Maldita sea, correo de voz. Pero tal vez eso era una bendición disfrazada. Ella no
tenía la intención de romper por teléfono de todos modos, sólo arreglar una reunión
con él. Así que dijo:

—Todd, soy yo. Necesito verte. Encuéntrame al mediodía en el Red Rooster.—


Era un pequeño restaurante en el centro donde a veces se encontraban para tomar
una comida rápida juntos.

A las doce en punto, Liz estaba sentada en una cabina con una taza de café.
Todd entró viéndose apresurado y un poco frenético, pero se suponía que no podía
culparlo, teniendo en cuenta que había estado fuera toda la noche, le había dejado
un mensaje críptico sin molestarse en explicar por qué, y que él no tenía idea de que
ella sabía sobre sus actividades extra-curriculares.

Él la vio de inmediato y alcanzo con grandes zancadas la cabina, entrando y


poniendo ambas manos sobre la mesa, como para mantener sus emociones
controladas.

— ¿Dónde demonios has estado?

—Eso no es importante— dijo con calma. —Lo que importa es que yo sé dónde
has estado.

Sus cejas marrón pálido se fruncieron.

— ¿De qué estás hablando?

—Te vi ayer por la noche, Todd— continuó su voz vacía de emoción, y no era
difícil; de repente se sentía muy indiferente hacia él. No podía creer que hubiera
aceptado casarse con alguien que claramente le tenía tan poca consideración. —Te
vi en el Club Venus.

Se quedó con la boca abierta. Se pasó una mano por el pelo, tomando un
momento para pensar.

—Bueno, sí, estuve en el Club Venus anoche. Un pequeño rato con algunos
chicos del trabajo no es la gran cosa. Hemos terminado el proyecto en que
estábamos trabajando, así que decidimos darnos un premio. Iba a contártelo
cuando llegué a casa, pero no estabas allí.

Liz lanzó un cansado suspiro. Que mentiroso. Ella tendría que ser más directa.

—Bueno, ¿qué tal esto? Te vi pagarle a una mujer para bailar desnuda en tu
regazo. Y sé que dos noches antes, y probablemente todas las noches durante los
últimos dos meses, te permitiste ese particular pasatiempo en exceso. Lo sé porque
creí que estabas teniendo una aventura, así que contraté a alguien para que te
siguiera.

Ahora sus ojos estaban redondos como platos, mirándola en blanco. Decidió
aprovechar la oportunidad para presionar más.

—Estoy rompiendo el compromiso matrimonial, Todd —se había quitado el


anillo antes de ayer por la noche, pero se lo había puesto para ir a trabajar hoy
exclusivamente para poder regresárselo. Deslizándolo fuera de su mano izquierda,
lo puso en el centro de la mesa.

—Déjame ver si lo entiendo— dijo finalmente, sonando un poco maníaco. —


¿Estás rompiendo nuestro compromiso, porque he ido a un club de striptease un
par de veces para relajarme después del trabajo?— Lo dijo como si ella estuviera
siendo loca e irracional, como si no le hubiera mentido, como si en verdad hubieran
sido solo un par de veces. Y como si obtener un baile erótico después de otro sin
haberlo mencionado fuera una manera perfectamente aceptable de llevar un
noviazgo.

—Bueno, en realidad, hay más que eso— dijo. —Por un lado, me he dado
cuenta de que no te amo, y por otro, he conocido a alguien más. Pero ninguna de
esas cosas, probablemente habría pasado si no me hubieras mentido acerca de
trabajar hasta tarde para dejar a esas mujeres desnudas moverse en tu regazo, así
que supongo que ir a un club de striptease para 'relajarte', efectivamente, llevó a
esto.

Todd parecía absolutamente furioso.

— ¿Estás viendo a otro hombre? ¿Engañándome?

Ella jadeó su incredulidad.

—No antes de que me enterara de lo que estabas haciendo, así que no actúes
como si estuvieras siendo injustamente tratado.
— ¿Quién diablos es? Lo voy a matar.

Ella puso los ojos en blanco. En comparación con Jack, Todd era un flacucho.

—Eso no importa—, dijo, recobrando su compostura. —Lo importante es que


nuestro compromiso está terminado— miró hacia el anillo que había colocado
entre ellos. —Es mejor que lo pongas en tu bolsillo antes de que se pierda.

Todd comenzó a negar con la cabeza.

—No, no voy a aceptar el anillo, Elizabeth— ella se encogió, siempre había


odiado que Todd insistiera en llamarla así, y de pronto lo odiaba aún más; sonaba
tan puritano. —Porque no estamos rompiendo.

Otro cansado suspiro se le escapó.

—Acabamos de hacerlo.

—No, no puedes romper conmigo, no te dejaré. Íbamos a tener una vida perfecta
juntos y sigo teniendo la intención de tenerla. Vamos a estar bien, ya lo verás. Sólo
tienes que ser paciente conmigo.

No tenía idea acerca de qué estaba parloteando. Sacudió su cabeza.

— ¿Qué? ¿Paciente contigo?

Él asintió con la cabeza.

—Bien, lo admito. Estoy teniendo problemas para no desear a otras mujeres.


Pero vas a tener que ser paciente mientras consigo sacar esos sentimientos de mi
sistema. Es por eso que he estado yendo a Club Venus, cariño, por ti. Para que
pueda entrar en nuestro matrimonio con un corazón puro y no tener que engañarte
alguna vez.
—Querido Dios— casi se echó a reír. ¿Realmente creía que esa explicación
podría mejorar las cosas? Por otra parte, tal vez él estaba tan acostumbrado a la
antigua, complaciente Liz que había pensado que podía salirse con la suya.

Bueno, estaba cansada de discutir con él acerca de si él "aceptaba" o no su


ruptura.

Había esperado que pudieran tener una discusión civilizada sobre eso, tal vez
hacer los arreglos para vivir separados durante el almuerzo, pero claramente había
sido demasiado optimista.

—Mira, Todd, hemos terminado. ¿Entiendes?

Él sacudió su cabeza con vehemencia.

—No, no lo hemos hecho. Vamos a tener una vida perfecta, tú y yo. Se supone
que eres la esposa perfecta.

— ¿Qué?— estaba confundida sobre sus divagaciones.

—La primera noche que te llevé a casa para presentarte a mis padres, mi papá
me llevó aparte y me dijo: "Ella es la única, hijo, será una mujer perfecta para ti". Y me
di cuenta de que tenía razón. Vas a ser una madre maravillosa para nuestros hijos,
Elizabeth, y siempre manejas cada situación de manera apropiada, y escuchas lo
que digo y haces lo que quiero...— Sus cejas se fruncieron fuertemente de nuevo. —
O por lo menos solías hacerlo.

Dios, él había querido casarse con ella porque ella era un felpudo. Y también
porque su papá le había dado su sello de aprobación, probablemente porque
reconoció qué ella sería una mujer como las Stepford Wifes23. Liz dejó que la más
mínima sonrisa escapara, preguntándose qué pensarían Todd, o su padre, si la

23
Es una novela que implica a los hombres casados de la ciudad ficticia de Stepford, Connecticut, y a sus esposas, sumisas
y siempre hermosas.
hubieran visto la noche anterior. ¿Les habría parecido "adecuado" que ella
obtuviera un baile erótico? ¿Pensarían que era "apropiado" que ella obtuviera una
follada en un balcón abierto donde cualquiera podía verlaver mientras ella le rogaba
a su amante por más?

— ¿Sabes qué, Todd?— dijo con una sonrisa de complicidad. —Si conocieras a
la verdadera yo, nunca te querrías casar conmigo. Así que confía en mí, estoy
haciéndonos un favor.

Sus ojos se nublaron con desconcierto.

— ¿Tu verdadero yo?

Ella simplemente se rió.

—Adiós, Todd— dijo, y luego se levantó y se alejó de la cafetería, por la calle,


sintiendo el encaje estirarse sobre su piel y la bendita sensación de la libertad a la
que Jack Wade la había abierto.

*****
Esa noche encontró a Jack en el Pat O'Brien que está en El Barrio para cenar.
Estaban sentados en el patio en una mesa retirada y tranquila detrás de la fuente.
Ella bebió un sorbo de un huracán24 mientras ambos comían dulces rebanadas al
estilo sureño de pastel de nuez de postre, y le contó sobre su encuentro con Todd y
lo que había descubierto acerca de sí misma.

—Ese día cuando nos conocimos, en tu oficina, sólo estaba pretendiendo ser
sexy y salvaje. Estaba tan avergonzada sobre la idea de Todd engañándome que
ayudaba de alguna forma si me encontrabas atractiva y te preguntabas por qué él
haría tal cosa.

—Tengo noticias para ti, cariño— respondió con una mirada de complicidad. —
No puedes pretender ser sexy. Lo eres o no lo eres. Y tú sin duda lo eres.

24
El Huracán lleva: - 2 medidas de whisky - Jugo de 3 naranjas - Jugo de 1 limón – Azúcar - Hielo
— Eso es lo que he descubierto, supongo — una parte de su antigua timidez
trató de escabullirse, pero ella siguió adelante de todos modos. — Que no fue sólo
una actuación, que realmente quiero ser salvaje... y quiero llevarte en el viaje
conmigo — incluso llegó a admitir que había estado usando la ropa de Lynda con
el fin de parecerse a alguien que no era. —Pero entonces descubrí que en realidad
yo era esa mujer, la salvaje y seductora que tú conociste.

No había planeado contarle todo eso, sólo se oyó a sí misma haciéndolo. En


algún lugar del camino, empezó a sentir que era muy fácil hablar. Jack llevaba una
típica sonrisa sexy mientras ella le explicaba que él era el hombre justo para
ayudarla a encontrar ese desentrenado y sexual lado suyo.

— ¿Puedo hacerte una pregunta?— dijo a través de la pequeña mesa. Extendió


su mano, dándole una suave y casual caricia en su mano donde ésta jugaba con el
pie de la copa.

— Por supuesto, cualquier cosa— no tenía nada que ocultar de Jack; y el


huracán se estaba subiendo a su cabeza, haciéndola sentirse aún más feliz y libre.

Inclinó su cabeza, luciendo sexy como el infierno.

— ¿Qué te hizo querer estar con esa mujer en el club?

La pregunta... por no hablar de su hambrienta mirada, la puso un poco más


húmeda en sus bragas de encaje.

—Supongo que estaba viendo todos esos hermosos cuerpos femeninos.


Viéndolos a través de los ojos de los hombres. Tus ojos. Nunca me di cuenta de lo
hermosas que eran las mujeres antes, tan suaves, tan curvilíneas y exuberantes.
Verlas bailar quitándose la ropa, haciéndolo tan sexual, me excitó.

Sus ojos se encendieron con fuego y ella sabía que le gustaba su respuesta.
Se inclinó un poco más cerca.

— ¿Quieres saber un secreto?

Esbozó una sonrisa maliciosa, asintiendo con la cabeza.

—Siempre he fantaseado con tener una mujer que quisiera estar con otra mujer
de esa forma. Una mujer que estuviera lo suficientemente segura de su sexualidad
para hacer lo que se sienta bien. Una mujer que quisiera que lo vea— la última
palabra llegó en un susurro ronco.

Sus palabras se fundieron a través de ella como el caramelo caliente en su pastel


y se sintió incapaz de apartar la mirada de la suya.

Sus ojos vidriosos por el deseo.

— ¿Qué fantasías tienes, chère? Dime una de tus fantasías favoritas.

Ella suspiró, pensando. Odiaba admitirlo, pero...

—Unos días atrás, no estoy segura de que realmente hubiera tenido fantasías. O
si lo hacía, eran dulces y románticas y... terriblemente promedio. Puestas de sol y
sexo tierno en la playa después vino y queso, ese tipo de cosas.

— ¿Y ahora?— Él levantó sus cejas.

Ella sonrió mientras sentía un ligero rubor aumentar en sus mejillas.

—Bueno, esta tarde, en el trabajo, alguien estaba hablando sobre los desfiles del
Mardi Gras25. Y de repente, me encontré fantaseando que tú y yo estábamos

25
Mardi Gras es el nombre del carnaval que se celebra en Nueva Orleans, Luisiana y Mobile, Alabama (EEUU). Su nombre
deriva del francés, que se traduce directamente al español como "martes graso" (semejante al Jueves Lardero español)
pero se denomina tradicionalmente como "Martes de Carnaval". Se celebra el día antes del Miércoles de Ceniza. El llamado
"Martes de grasa" se refiere a que era el último día para disfrutar de los placeres tanto culinarios como carnales antes de la
época de abstinencia que marca el inicio de la Semana Santa y la Cuaresma. Durante el Mardi Gras la gente "tiene permiso"
de comer en exceso y de usar máscaras para poder dar rienda suelta a los instintos carnales sin ser reconocidos. La
celebración comienza el 6 de enero, la noche de Epifanía. Desde ese día, se empiezan a ver carrozas, bailes de máscaras y
desnudos en una gran carroza del Mardi Gras, vistiendo nada más que máscaras
brillantes y collares.

Se inclinó un poco hacia delante.

—Cuéntame más.

Ella se acercó más a él, también.

—Estabas sentado en un trono de terciopelo rojo.

Se rió entre dientes.

—Es bueno ser rey.

—Y yo estaba sentada en tu regazo, cabalgándote, y tú estabas besando y


chupando mis pezones a través de todos los collares que llevaba puestos.

Ella tomó su silencio, junto con su intensa mirada, como un estímulo para seguir
adelante.

—Podía sentir que toda la gente nos miraba, calientes por verme follarte, por
verme moviéndome sobre ti. Y al mismo tiempo, se sentía seguro, me sentía
anónima, porque no podían ver mi cara detrás de la máscara, y porque estábamos
por encima de ellos, en la carroza. Podía decir de alguna manera que todos estaban
tan excitados como yo lo estaba y que ellos querían que me corriera. Y podía sentir
los collares; los llevaba alrededor de mi cuello, alrededor de mi cintura, alrededor
de mis muñecas y tobillos, todos rozando contra mi piel y haciendo que sintiera
como si me estuvieran tocando en todos esos lugares. Cuando me corría, gritaba,
una y otra vez.

—Al igual que ayer por la noche en mi balcón— le recordó con una sonrisa.

los famosos "king cake" (nombre que se traduce al español como tartas reales).
—Correcto— dijo. —Y la gente viendo el desfile animaban mi orgasmo.

No dejaba de sonreír, su barbilla apoyada sobre su puño.

— ¿Entonces qué?

—Nos bajamos del trono y fuimos a un tipo especial de plataforma, también


tapizada en terciopelo rojo. Me subía a ella, sobre mis manos y rodillas, y tú me
follabas desde atrás.

Le pareció ver nuevo calor en sus ojos cuando dijo:

—Me está gustando como suena eso, chère. Caliente.

—A la multitud le gustaba, también— confesó con una sonrisa. —Podían verte


moviéndote dentro y fuera de mí de esa manera. Comenzaron a tirar perlas arriba
de la carroza en alabanza. Y cuando miré hacia ellos, todos estaban comenzando a
desvestirse y a tocarse a sí mismos, o entre sí, mientras te veían follándome.

Se mordió los labios, recordando la fantasía, hundiéndose más profundamente


en ella.

—Y tú me estabas follando muy duro, muy bueno. Me volvía loca. Gritaba con
cada empuje.

—Continua— Él ya no estaba sonriendo, sólo viéndose excitado.

—Bueno, para el momento en que te corriste, todo el mundo estaba corriéndose.


La gente en la multitud estaba gimiendo con nosotros. Y tú estabas estirándote
alrededor mío por debajo, frotándome... ya sabes, allí.

—Allí—, él repitió suavemente burlándose de ella. De alguna maner, descubrió,


esas palabras íntimas eran más fáciles en su mente que en su garganta.
Ella sonrió en respuesta.

—Sí, allí. Y tu mano, sumada a tu orgasmo, más ver a todos los espectadores
correrse, hicieron que me corriera, también, largo y duro y placentero, como nada
que haya sentido antes.

El fuego en sus ojos paso de fuego lento a fuego ardiente, algo tranquilo, pero
abrasador.

—Merde— suspiró.

Ella destelló una sonrisa de zorra.

—Entonces, ¿cuál es tu mayor fantasía?

Él sonrió.

—Ya te lo dije. Conocer una ardiente y sexy petite fille26 como tú.

Ella se rió.

—Estás corrompiéndome totalmente.

Sus ojos se estrecharon en broma.

—Te encanta.

— Sí— estuvo de acuerdo. — Me encanta. —Él negó con su cabeza ligeramente


y tomó un sorbo de su bebida. —Querida, nadie adivinaría alguna vez que bajo ese
recatado y lindo traje de negocios…

— ¿Hay un liguero y encaje?

26
Del francés, Muchacha.
Él levantó sus cejas, y en respuesta, ella cruzó sus piernas hacia un lado, y poco
a poco levantó su falda para revelar la parte superior de una media.

— ¿Has estado usando eso todo el día?

Ella asintió con la cabeza.

Se acercó más, claramente listo para más bromas sexys.

— ¿Te hicieron sentir sexy y caliente mientras trabajabas?

Asintió de nuevo.

—Bien— luego bajó la barbilla ligeramente. —No puedo esperar a ver todo lo
que hay bajo esa falda. Y estoy malditamente agradecido de ser el hombre que
consiguió ir en este excitante viaje contigo.

Ella consideró su nuevo viaje sexual durante un largo trago de su bebida.

—Tú sabes, supongo que había indicios de esta sensualidad dentro de mí todo el
tiempo, solo que no los reconocí. Quiero decir, no era un desastre total; me gustaba
el sexo antes de esto. Solo que nunca… tuve el tipo de sexo que nubla la mente
antes de anoche contigo. Nunca… lo había hecho en un lugar donde la gente
pudiera verme. Nunca… había hablado sucio antes.

Él sonrió.

— ¿Por qué no hablas sucio para mí un poco más en este momento? ¿Por qué no
dejas de llamar a tu lindo coño “allí” y lo llamas exactamente lo que es para mí?

— ¿Y apresurar las cosas?— preguntó con una sonrisa juguetona. —No, nene,
no lo creo. Creo que, al igual que anoche, quiero estirar las cosas y hacer que
duren. Voy a hablar sucio, más sucio que anoche, cuando me hagas querer hacerlo.
Maldita sea, pensó Jack cuando Liz se levantó de su silla y desfiló hacia el cuarto
de baño. Vio el sexy balanceo de su culo y murmuró en voz baja:

—Qué mujer— todavía no podía creer que fuera real. Pero estaba malditamente
agradecido de haber hecho lo que fuera para ayudar a liberar al animal sexual en su
interior.

Ahora, era lo único que podía hacer era sentarse aquí y terminar su postre. Por el
momento, no tenía ningún interés en la comida, todo su interés estaba en sacarla de
ese traje así podía ver la sexy ropa interior que se había puesto para él. Quería besar
esos lindos pechos de los cuales solo había conseguido una breve muestra la pasada
noche. Quería lamer su encantador coño hasta exprimirlo.

Después de eso, él quería quedarse dormido en sus brazos, al igual que la noche
anterior. De un modo extraño, eso había sido tan bueno como el resto de lo que
habían compartido, el final perfecto para una noche perfectamente salvaje.

¿Caer dormido en sus brazos? ¿Se había realmente permitido anhelar eso?
¿Había pasado de lamer su coño a dormir? Maldita sea, debía estar perdiendo el
control. O infiernos, tal vez se estaba haciendo viejo; ya no era un chico joven, y
bueno, follar duro dejaba muerto a un tío. Así que tal vez era natural caer dormido
con una mujer como parte de las relaciones sexuales ahora.

Aún así, él negó con su cabeza. Esa explicación sonaba ridícula. Era ridícula.

Pero no iba preocuparse por algo tan insignificante. Así que le gustaba caer
dormido con ella. Le había gustado ver sus ojos soñolientos cuando abrió los suyos
esta mañana. Vaya jodida cosa. No significaba nada. Sólo fue bueno, divertido,
caliente, nada más.

En el momento en que ella regresó del cuarto de baño, su cuenta había llegado,
así que le hizo la pregunta que quemaba en su mente.
— ¿Y ahora, chère?

Se veía preparada y lista para la acción cuando dio a su cabeza una provocativa
y pequeña inclinación.

—¿Por qué no echamos un vistazo a la acción en Bourbon Street?

Jack no podía esperar a ver qué sorpresas tenía la noche.

Capítulo Cuatro
Anduvieron entre la creciente multitud mientras la noche empezaba a cobrar
vida. Cada noche en Bourbon era una fiesta... las luces de neón señalaban el
camino hacia las discotecas y bares de karaoke y espectáculos de sexo y tiendas que
vendían bolas de colores y recuerdos. Todo tipo de música, desde rock, blues a
Zydeco, se podía oír derramándose desde las puertas abiertas. Bares de daiquiri
ofrecían bebidas a los transeúntes quienes observaban a los mimos y payasos en
zancos serpenteando por la calle, que estaba cerrada, admitiendo sólo el tránsito de
peatones.

Liz, nunca había estado en esta parte de la ciudad durante el día hasta su visita
con Lynda, nunca había estado allí por la noche antes de reunirse con Jack la noche
anterior. Era como si un mundo totalmente nuevo se había abierto a ella. Jack la
tomó de la mano, mientras se movían a través de los grupos de personas, algunos
caminando, algunos de pie por ahí hablando y bebiendo daiquiris o huracanes o
altos vasos de cerveza.

A pesar de que toda la vista y sonido eran fascinantes, los lugares que llamaban
la atención de Liz mayoritariamente eran clubes de sexo. En la puerta de un
establecimiento, una bonita muchacha en nada más que un par de bragas y
sujetador transparente a juego estaba entregando cupones con descuentos en
bebidas. En otro, las ventanas estaban sombreadas, pero ofrecían siluetas
estratégicamente colocadas de chicas bien formadas, sus curvas suaves y desnudas,
una bailando eróticamente, otra deslizándose de ida y vuelta en un gran columpio.
Después de sus inesperadas experiencias la noche anterior, por no mencionar lo
excitado que Jack había parecido por su audacia, el encanto prohibido de los clubes
tenía el coño de Liz pulsando a un ritmo enloquecedor.

En ese momento, su mirada se posó en una tienda para adultos. Al igual que
otros placeres ilícitos de Bourbon Street, Liz nunca había tenido ocasión de
adentrarse en un lugar así.

— ¿Alguna vez has estado en una de esas tiendas?— le preguntó a Jack,


disminuyendo su ritmo para ver dentro. Ella capturo una visión de vibradores en
paquetes colgados en las paredes y un maniquí usando trozos de cuero negro.

Cuando él vio hacia donde ella señalaba, se echó a reír y supo que su inocencia
estaba mostrándose nuevamente.

—Uh, sí, chère— dijo como si fuera un hecho.

Ella le sonrió a su diversión.

—Bueno, yo no y quiero entrar.

—Déjame ir por delante— dijo, y entraron por las puertas abiertas de par en par.

Los ojos de Liz se sintieron atraídos por las cajas de Dvd´s triple X y videos
clasificados, mujeres desnudas se besaban o usaban cuero y manejaban látigos y
cadenas; en una, una animadora se inclinaba revelando su liso y afeitado monte.
Otros vídeos parecían ser para hombres homosexuales... en una foto estaban dos
hombres desnudos, guapos y bien dotados dándose un suave abrazo, sus penes
tocándose.

— ¿Alguna vez has estado con otro hombre?— Liz le preguntó a Jack por
impulso.

Él siguió su mirada hacia la caja de video, riéndose entre dientes.

—No, chère, me temo que no.

Ella lo miró.

— ¿Alguna vez has pensado en ello?— después de su encuentro con Felicia,


algo que había sido mucho más agradable y seductor de lo que alguna vez podría
haber imaginado, no podía dejar de preguntarse si Jack había experimentado
emociones similares. De repente, todo a su alrededor, el aire, parecía cargado de
sensualidad y ella estaba llena de preguntas y deseos que nunca antes se le habían
ocurrido.

Todavía sonreía.

—Puedo decir que quieres que te diga que sí, pero la verdad es que no.

Ella se encogió de hombros juguetonamente.

—No te preocupes, no lo usaría en tu contra— concluyó con un guiño.

Serpenteando a través de la tienda, se detuvo ante un mural de condones de los


que brillan en la oscuridad; por debajo de estos había estantes de ropa interior
comestible y pintura corporal. Sin previo aviso, se dio la vuelta y deslizó sus brazos
provocativamente alrededor del cuello de Jack, presionando sus curvas contra su
cuerpo.
— ¿Y si te lo pidiera?

Sus manos se deslizaron alrededor de su cintura y se rió.

— ¿Qué?

Lanzó una sonrisa sexy y bajó su voz a un ronroneo caliente, ronco.

— ¿Qué pasa si yo quisiera que estés con un hombre mientras miro? ¿Lo harías?

Su respuesta llegó en un tono de broma.

—No sé. ¿Qué recibiría yo a cambio?— Su fuerte toque cayó a su culo y tiró de
ella estrechamente contra su solidez. A través de sus ropas, sintió que su polla se
endurecía con fuerza contra su caliente raja.

Ella miró tentadoramente a sus ojos oscuros y lamió sus labios.

—Lo que quisieras, nene.

—Tengo una idea mejor— dijo, su erección cada vez más y más prominente.

Tenía la urgencia de moverse en su contra, pero dado que se encontraban en una


tienda completamente iluminada con otras personas a su alrededor, ella se resistió.

— ¿Cuál es?

—Por qué no dejamos de hablar sobre mí con otros chicos y empezamos a


hablar sobre tú conmigo. ¿Por qué no vamos a mi casa?

El calor en sus ojos llenó a Liz de un nuevo poder, pero ya sabía que lo tenía, y
no podía evitar blandirlo un poco. Caprichosamente, giró fuera de sus brazos,
lanzando una sonrisa maliciosa.
—Todavía no. No estoy lista para dar por terminada la velada.

Él dio un rápido vistazo hacia abajo a su entrepierna.

—Bueno, yo lo estoy.

—Me di cuenta.

—Apuesto a que lo hiciste.

—Se mantendrá.

—Esperas mantenerlo— dijo riendo.

—Ya te lo he dicho antes, no me quiero precipitar— tomó sus manos entre las
suyas y susurró hacia él. —Me encanta la forma en que se siente. Todo lo que toco,
huelo, como, bebo, veo, sumado a mi excitación, se extiende. Quiero seguir
estirándolo y estirándolo.

Su mirada estaba entre entretenida y frustrada.

— ¿Es ésta tu versión de los juegos previos?

Ella inclinó su cabeza y esbozó una sonrisa.

—Supongo.

—Está bien— dijo, dando un paso hacia una larga pared que contenía vibradores
de todos los colores, tamaño y estilos y un consolador inimaginable. —Echemos un
vistazo a estos. ¿Cuál elegirías?

Le daba vergüenza darse cuenta que sólo la vista de todos esos los penes erectos
la ponía más caliente y más húmeda.
Tal vez Jack tenía razón, tal vez deberían volver a su casa y follarse el uno al
otro hasta perder el sentido toda la noche. Claramente, ella estaba lista para tener
su larga y dura polla en su interior.

Pero no, quería lo que había dicho. Quería estirarlo todo, hacer que durara, ver
cómo de excitada podía llegar a estar, y luego dejarlo recoger los frutos.

Así que estudió los vibradores en la pared y dejó escapar una risa, una vez más
golpeada por la incredulidad.

— ¿Qué es tan gracioso?

Ella quitó su mirada de los falsos penes hacia él.

—Nunca he visto realmente estas cosas antes, y mucho menos los he usado. Y
aquí estoy, de pie como una veterana experimentada en juguetes sexuales, tratando
de escoger uno.

—Bueno, señora— dijo, de repente haciéndose pasar por un empleado de la


tienda, —deje que le enseñe algunos de nuestros modelos más populares.

Ella sonrió con valentía hacia su pequeño juego.

—Está bien.

—A muchas mujeres les gusta esta pequeña unidad dorada. Fácil inserción,
herramienta atractiva. Algunas de nuestras clientes más aventureras, sin embargo,
van por este— señaló un vibrador de color carne, con pequeñas protuberancias por
toda su superficie. —Proporciona una mayor estimulación de las paredes interiores
de la vagina— Él estaba hablando a un nivel normal, claramente sin importarle si
alguien oía.

—Continua— dijo ella como si no fuera nada más que una compradora
exigente.

—Las puristas van a menudo por este de aspecto natural, con cabeza y eje reales,
e incluso bolas. Y luego tenemos este pequeño número, también realista, pero con
una característica adicional. Esta pequeña protuberancia aquí se frota contra su
clítoris y te vuelve loca.

— ¿Qué más puede mostrarme?— preguntó Liz, casi sin aliento ahora. La sola
mención de su clítoris prácticamente lo hizo zumbar.

— Mais—, dijo, bajando su voz un poco y acercándose más como para


compartir un secreto, —tenemos uno más, nuestro éxito de ventas, de hecho. Pero
no todas las mujeres pueden manejarlo. Es muy grande y muy poderoso.

Con eso, él la llevó a una esquina, miró a su alrededor para asegurarse de que
nadie los estaba observando, entonces le tomó la mano y la puso sobre su polla.

Liz se puso floja con lo grande y fuerte que se sentía. Se dio cuenta de que era la
primera vez que ella lo había tocado allí, a pesar de que sus intimidades ya habían
ido mucho más lejos que eso. Pero ya que estaban haciendo las cosas un poco al
revés, y muy hedonistas, imaginó que tenía sentido que la primera vez que lo tocara
fuera en un iluminado sex shop.

Dios, se sentía grande. Definitivamente más grande que Todd. Recordó cómo se
había sentido dentro de ella, y que ella había sabido desde el primer momento que
la había penetrado que era definitivamente más grande de lo alguna vez había
tomado, que estaba llenándola más profundo y extendiendo sus fronteras más lejos
que nunca antes. Lo que sentía a través de la tela ahora tenía a su corazón latiendo
fuera de control y su coño palpitando. Con su mano oculta de forma segura entre
sus cuerpos, ella acarició hacia arriba. Él soltó un suspiro de placer mientras la
miraba. Amando esa mirada en sus ojos, queriendo complacerlo mucho, mucho
más, ella empezó a frotar su mano lentamente arriba y abajo por el largo eje. Él
siguió mirándola con la respiración entrecortada.
Mientras lo acariciaba, sus nudillos rozaban la parte delantera de su entrepierna,
también, enviando chispeantes dardos de placer a través de todo su coño.

—Lo siento, también— dijo ella, preguntándose si él entendería lo que quería


decir.

Él miró hacia abajo, más allá de sus pechos, a donde sus cuerpos se unían, su
mano en el medio, antes de morderse los labios y levantar sus ojos a su rostro.

—Déjame llevarte a casa, chère— le susurró con voz humeante.

Ella lo deseaba tan mal como él la deseaba, pero aún así se resistió con una
simple sacudida de cabeza.

Continuó frotando su polla, ligeramente rozando su coño con cada golpe.

Esta vez habló con los dientes un poco apretados.

—Yo dije, déjame llevarte a casa. Por favor, cariño.

Esta vez su negativa vino con una sonrisa malvada.

—Todavía no.

— Si no tienes cuidado— dijo él, sus ojos llenos de amenaza sensual, —vas a
terminar siendo follada en un callejón de nuevo.

Su sonrisa se ensanchó.

— ¿Se supone que eso me de miedo? Porque sólo me está excitando mucho más.
Me encantó esa urgencia, amé no ser capaz de dar un paso más allá.

Siguió frotando, consciente de que era una tortura para ambos, pero todavía
esperaba empujar sus excitaciones más y más cerca del borde. Él entrecerró sus ojos
sobre ella ligeramente.

—No, no se supone que te asuste. Pero quiero tomarme mi tiempo contigo,


nena— Él acarició suavemente sus dedos hacia arriba y hacia abajo por sus brazos
a través de la chaqueta del traje, suaves caricias que la estremecieron desde el
hombro hasta el codo. —Quiero ir lento, hacerte gozar durante mucho tiempo. Y si
no conseguimos una cama pronto...

—Esto ira a nuestro tiempo. Esto ira lento. A mi manera.

Ella observó cómo él respiraba profundo, luciendo como si estuviera tratando de


aceptar el hecho de que ella tenía la última palabra y no iba a ganar. Una vez más,
una parte de ella quería ceder... sus promesas eran deliciosamente tentadoras. Pero
todo lo relacionado con esta clase de juegos previos públicos era tan diferente a
todo lo que había experimentado antes que quería disfrutar todas estas nuevas
excitaciones con él, para él. Él le daba ganas de probar cosas nuevas, mientras
miraba, le daban ganas de atormentarlo... pero sólo porque haría la recompensa
final aún más dulce. Sabía que en el momento en que alcanzaran una cama, las
cosas que hicieran allí serían aún más emocionantes y satisfactorias.

—Muy bien, señorita “A mi manera”— dijo.— ¿Y ahora qué? ¿Sólo quedarnos


aquí y acariciarnos los dos hasta morir delante de los vibradores?

—No —dijo, —ven conmigo—, entonces abruptamente se separó de él y lo llevó


de la mano fuera de la tienda y de regreso a la alegre Bourbon Street. Sólo que
ahora se sentía diferente, el aire aún más sobrecargado que antes. Sabía que era
ella, su cuerpo respondiendo a lo que habían hecho en la tienda, aún deleitándose
en ello, y deseó poder disfrutar de las sensaciones hedonistas todavía más. Aunque
el corte de la chaqueta de su traje mostraba su silueta y su falda era muy corta,
deseaba llevar puesto algo más sexy, escaso. Toda esta libertad le daba ganas de
mostrar su cuerpo de la misma manera que había hecho las otras veces que había
visto a Jack.

Sin demora, lo llevó de nuevo al Club Venus, sólo a unas cuantas puertas más
abajo.

— ¿Tienes algo específico en mente para que estemos aquí, o simplemente...?

Ella le sonrió.

—Sigo impulsos— terminó para él, amando lo mucho que había sintonizado con
esta nueva e imprudente faceta suya. Toda su vida había planificado las cosas, pero
por una vez, le gustaba no saber a ciencia cierta qué pasaría detrás de esas puertas
esta noche.

En el interior, la escena era muy parecida a la anterior noche; mujeres


exuberantes y bien formadas bailaban sexy en varios estados de desnudez, mientras
que los ojos lujuriosos de los hombres tomaban todos sus movimientos.

Era viernes por la noche, por lo que estaba más concurrido... ninguna mesa
estaba disponible y muchos hombres veían la acción estando de pie. Jack condujo a
Liz hacia un espacio vacío donde él se apoyó contra una pared y la envolvió con
sus brazos desde atrás. Cuando se instaló en su contra, esa gloriosa erección suya se
metió en la raja de su culo. No pudo evitar mirar por encima de su hombro hacia él
e intercambiar una pequeña sonrisa privada. Al igual que antes en la tienda, sintió
la imperiosa necesidad de frotarse contra él, con ganas de sentir aún más, pero se
resistió; por el momento, de todos modos.

Cuando se volvió para mirar a las strippers, Jack se inclinó para susurrar en su
oído.

—Dime cuáles te resultan más atractivas.

Le lanzó una sonrisa de lado.

— ¿Por qué?

Se la devolvió.
—Porque me gusta cuando a las chicas le gustan otras chicas. No puedo evitar
querer saber exactamente cuales te atraen.

Mientras Liz estudiaba a todas las hermosas y sexys strippers despojarse de sus
ropas para revelar las tentadoras curvas, Jack tiró de ella aún más, apretando su
polla más fuerte en el valle de su culo. Un brazo envuelto completo a su alrededor,
debajo de sus pechos, presionando caliente contra el fondo de ellos. Su otra mano
acariciaba su cadera en lentos círculos que se acrecentaron hasta que cada uno traía
su palma sobre un costado de su culo luego casi alrededor de su entrepierna. Señor,
quería retorcerse en contra de él... la pequeña fisura de su culo nunca se había
sentido más sensible.

Pero no... se había auto ordenado dilatarlo todo. Experimentar todo.

— ¿Y bien?— dijo.— ¿Cuáles?

Finalmente, después de tomar una larga y lenta mirada en cada una de las
mujeres bailando para ellos, Liz hizo su selección.

—Felicia —dijo, señalando a un escenario donde la stripper bailaba únicamente


con una micro-mini falda blanca y enormes zapatos de tiras, acariciando sus
amplios pechos, los pezones rosados, duros y puntiagudos.

—Y, supongo que, esa chica— la segunda elección había sido difícil; la mayoría
de las mujeres en el Club Venus eran impresionantes, pero Liz había elegido una
pequeña rubia con caderas estrechas y pechos que eran más pequeños que los de
Felicia, pero aún redondos y bonitos con pálidas cimas de color rosa. El elastizado
vestido rojo que vestía estaba ahora reunido alrededor de su cintura mientras se
movía sensualmente alrededor de un poste de bronce con tacones rojos a juego.

—Bonitas opciones— ronroneó en su oído, y ella pensó en lo extraño que


debería sentirse por estar diciéndole a un hombre cuales eran las dos mujeres que
más la atraían, pero con Jack, era fácil. Él aceptaba este descarado lado suyo
incluso más fácilmente que ella, y eso le hacía explorar esta nueva faceta de su
sexualidad con un toque aún más dulce.

Justo cuando la canción llegó a su fin, Jack salió desde atrás de ella.

—Vuelvo en un minuto, chère.

— ¿A dónde vas?— preguntó, pero él ya se había ido. Instantáneamente extraño


su cercanía, pero imaginó que se dirigía al cuarto de baños o a la barra. Cuando un
nuevo conjunto de chicas salieron a los numerosos escenarios esparcidos en la sala,
Liz observó y disfrutó, pero realmente quería que Jack regresara. De alguna
manera, ver el entretenimiento femenino no era tan excitante sin él detrás suyo,
viendo con ella.

Un momento más tarde, él apareció de nuevo a su lado, tomándole la mano.

—Vamos. Cariño.

Él no estaba tirándola hacia la puerta, sino más adentro del club.

— ¿Qué está pasando?— preguntó, a continuación. — ¿A dónde vamos?

Se detuvo y miró atrás hacia ella, una expresión totalmente sexual grabada en su
hermoso rostro.

—Mais, pequeña señorita “A mi manera”, he decidido que estoy el mando por


un tiempo.

— ¿Qué hiciste?

—Te tengo una sorpresa— dijo, llevándola más lejos.

Más adelante, notó las puertas señaladas como “bailes privados”, y en ese
mismo momento, Felicia y la rubia se deslizaron dentro de una de ellas. El corazón
de Liz se elevó a su garganta. A pesar de la última noche, no estaba segura de esto,
no había pensado en hacer nada con nadie aquí, excepto Jack. Y sin embargo... ¿lo
desconocido no le había hecho señas cuando había entrado al Club Venus hacia un
rato? ¿No saber a ciencia cierta qué esperar no la volvía aún más excitada?

—¿Qué hiciste?—, preguntó una vez más cuando se detuvieron junto a la puerta.

Lanzó una sonrisa malvada.

—Sólo les dije lo que pensaba que te gustaría.

El estómago de Liz se apretó con una combinación de emoción y miedo. Incluso


después de la noche anterior, lo que había dentro parecía prohibido.

—Por cierto— dijo Jack en voz baja y sexy, —aquí puedes devolverles el toque.

Cada nervio en su cuerpo pareció picarle cuando lo miró.

—Estoy nerviosa.

La inclinación de su cabeza parecía casi regañadora.

—¿Tú? No lo creo. No creo que haya un hueso nervioso en tu cuerpo.

—Estaba empezando a pensar eso, también. Pero todo lo demás que ha ocurrido
ha sido tan espontáneo, sin tiempo para pensar. Y esto parece... tan orquestado—
Liz no podía estar segura de qué tenía miedo.

¿Era porque había dos mujeres en lugar de una? ¿O porque las dos eran tan
hermosas, que estaba intimidada?

Una expresión de preocupación se asomo al hermoso rostro de Jack.

—Pensé que te gustaría. Pero no tenemos que ir allí si no quieres, chère.


De repente, sintió como si él hubiera elegido un regalo para ella y a ella no le
gustara. El hecho era que podía amar esto, solo que no estaba segura todavía.
Apoyó sus manos contra su pecho.

—Dime algo. ¿Te excitará? ¿Será lo mismo para ti, como es probable que para
mí?

Se veía incrédulo.

— ¿Tienes que preguntar?

Ella asintió con seriedad.

Él corrió sus manos por sus brazos, deteniéndose en sus hombros.

—Nena, esto va estimular el infierno en mi, probablemente más que cualquier


cosa que haya vivido antes — se detuvo y respiró hondo, y era evidente que la idea
lo estaba calentando.

Y eso fue todo lo que Liz necesitaba saber. Una mirada a esos ojos oscuros,
llenos de pasión, y estaba más que lista para descubrir los placeres que esperaban
detrás de la puerta. Saber que era tanto para su deleite como para el de ella alejó
todos sus temores, incluso la puso ansiosa. En cierto sentido, conocía a Jack tan
poco, sin embargo, en otro, confiaba en él, y quería compartir esto con él tanto que
se sentía como si hubieran estado juntos por mucho tiempo.

—Entonces quiero hacerlo.

Él utilizó un dedo para levantar su barbilla.

— ¿Estás segura?

Ella asintió con la cabeza y sintió una nueva emoción resonar en su pecho.
—Mucho.

Girando el pomo de la puerta, entró en la habitación, la cual era pequeña, pero


aún más lujosamente amueblada que el resto del club, con un rico sofá y una silla
burdeos, lámparas de aspecto caro, y espejos por todas partes, sobre ambas paredes
y el techo. Ambas chicas estaban sentadas en el sofá y sonrieron cuando Liz y Jack
entraron.

Se habían puesto su ropa de nuevo... la rubia un vestido rojo muy ceñido que
terminaba pecaminosamente alto sobre sus bronceados muslos y era lo
suficientemente delgado para que sus pezones sobresalieran destacadamente a
través de la tela. Felicia llevaba la mini blanca y una pequeña blusa blanca
elastizada que se ataba en un nudo entre sus abultados pechos. Ambas se veían
hechas para el sexo.

—Hola— dijo Felicia, inclinando su cabeza mientras miraba hacia los ojos de
Liz. —Creo que nos conocimos ayer por la noche.

Liz asintió con la cabeza. Sus pechos se sentían pesados, su coño hormigueaba,
al recordar que tan íntima había sido con esta mujer sólo veinticuatro horas antes.

—Sí.

—Me alegro de que los dos regresaran por más— dijo, y luego hizo un gesto
hacia la otra mujer, que lucía como una muñeca Barbie viva. —Esta es Morgan.

Morgan asintió saludando, una sensual sonrisa de gatito sobre sus labios rojos.

Poniéndose en pie, Felicia tomó a Liz de la mano y la urgió para que se sentara
en el sofá entre las dos mujeres. Jack tomó la silla a unos pies de distancia. Todo el
cuerpo de Liz pulsó con anticipación.

Extendiéndose hacia un pequeño sistema de sonido sobre una mesa en el


extremo del sofá, Felicia apretó un botón, liberando música suave y sexy en el aire.
Sólo entonces Liz se dio cuenta de que ya no podía escuchar los sonidos del club
fuera de la habitación, que ese espacio debía estar insonorizado, lo que lo hacía
parecer aún más privado.

Girándose hacia Liz, Felicia se lamió los labios, pintados de un pálido y sexy
rosa esta noche. Sus ojos llenos de fuego seductor.

—Sólo reclínate y relájate, cosa dulce— dijo. —Déjanos hacer todo el trabajo.
El corazón de Liz parecía sacudirse cuando Felicia alcanzó la apertura de la
chaqueta de Liz. No se había puesto una camiseta debajo, por lo que la chaqueta
estaba abotonada desde su pecho hasta por debajo de su cintura. Uno por uno, la
sexy morena desabrochó los botones.

Cuando todos estuvieron libres, Morgan deslizó fuera la chaqueta desde atrás, el
movimiento revelando el sujetador de encaje lavanda de Liz. Las tazas, cortadas
para cubrir sólo desde el pezón hacia abajo, sosteniendo sus grandes pechos altos y
firmes.

—Bonitos—, susurró Felicia, su mirada sobre el pecho de Liz. Entonces


suavemente hundió sus dedos en las dos tazas y tiró hacia abajo lo suficiente para
que los pezones de Liz saltaran libres. El rápido toque se había sentido como un
delicioso lengüetazo de llamas y el coño de Liz tembló. El simple hecho de tener
sus senos expuestos a las otras tres personas en la habitación la emocionaba
profundamente en su vientre.

Poniéndose sobre sus pies, Felicia comenzó un baile lento y sensual a pocos pies
frente a Liz. Liz miró cada movimiento del delicioso cuerpo de Felicia, quedando
atrapada en los claros movimientos, borracha del vaporoso ritmo.

Por el rabillo de su ojo vio a Jack observando la escena, y sentir sus ojos en ella
aumentó el ritmo del latido en su coño.

Por detrás de ella llegó el tierno toque de Morgan; ligeros dedos sobre los
hombros de Liz reclinándola en sus suaves brazos. Liz se dejó establecerse allí,
relajándose, disfrutando de la suavidad de la otra mujer.

El baile de Felicia se hizo más provocativo; corría sus manos sobre sus pechos y
su redondeado culo, y se burlaba de Liz con el borde tentadoramente corto de su
pequeña falda apretada. Los brazos de Morgan se asentaron brevemente alrededor
de su cintura, pero pronto sus manos se levantaron para gentilmente ahuecar la
parte inferior de los doloridos senos de Liz, y entonces sus pulgares comenzaron a
jugar sobre los duros y puntiagudos pezones. Olas de placer se apoderaron de su
coño como una marea entrando y saliendo, entrando y saliendo. Las deliciosas
sensaciones haciendo eco desde sus pechos a todo su cuerpo.

Cada onza de su ser quedó atrapado en un profundo, lánguido placer y todo el


tiempo, incluso cuando se quedó con la mirada firmemente enraizada en el sucio
baile de Felicia, siguió pensando, Mírame, Jack. Mírame.

Por último, Felicia bromeando deshizo el nudo de su top y lo echó libre para que
sus grandes y hermosos pechos, estuvieran desnudos para ambas miradas
hambrientas, la de Liz y la de Jack. Felicia corrió delgados dedos por encima de las
dos esferas perfectas, luego hacia abajo sobre su liso vientre y sus aún envueltas
caderas. Morgan amasaba los pechos de Liz ahora, llenos en sus pequeñas y suaves
manos, y Liz escuchó sus propios gemidos entrecortados, pesados y débiles.

Fue en este punto que Felicia acercó una silla sencilla desde una esquina de la
habitación, le dio la vuelta y se sentó a horcajadas. El movimiento hizo que su falda
se levantara hasta su cintura, revelando que ella estaba desnuda debajo... sin tanga.
La visión de su coño afeitado, ligeramente abierto, revelando un poco de color rosa,
fue electrizante.

A continuación, Felicia reanudó su sexy baile en la silla, su coño girando con


vehemencia mientras que sus pechos se sacudían. Su expresión decía que ella
estaba tan encendida como Liz, al igual que la noche anterior.

Por último, Felicia abandonó la silla, pero la falda elastizada se mantuvo alta
sobre sus caderas para que estuviera efectivamente desnuda. Se acercó al sofá y se
inclinó, alcanzando la cremallera lateral en la falda de Liz.

Bajó la cremallera, estirándose para tirar del dobladillo de la falda. Liz se


levantó, facilitando a Felicia el quitarla, dejándola sólo en su ropa interior color
lavanda.

Las manos de Felicia se deslizaron desde las rodillas Liz a lo largo de la parte
superior de sus medias y ligas, más allá de sus caderas y vientre, sin parar hasta que
tanto ella como Morgan estuvieron acariciando los pechos de Liz. Liz miró sus
manos mezcladas allí, Morgan firmemente amasado y masajeando, Felicia jugando
con sus pezones, rastrillando sus dedos sobre las duras cimas, pellizcándolas y
tirando suavemente de ellas, enloqueciendola. Liz echó un rápido vistazo a su
amante en la silla a unos metros para encontrar sus ojos fijos en ella, su mirada
lujuriosa.

A continuación, Felicia se subió al sofá, a caballo entre las caderas de Liz y


comenzo a bailar, como lo había hecho la noche anterior.

Su coño, ahora tentadoramente desnudo y liso, el gran clítoris rosa asomando


por entre los pliegues, se cernía apenas por encima de la escasa ropa interior color
lavanda de Liz. La respiración Liz se ponía cada vez más pesada; estaba casi
jadeando... y queriendo, tan duramente deseando a la mujer quien permanecía
seductoramente sobre su cuerpo casi desnudo.

Y entonces Felicia hundió su bonito coño muy abajo sobre el encaje de Liz,
cubriéndolo y empezando a moler. Fue un gran alivio sentir, finalmente, el peso y
la presión del cuerpo de Felicia, donde a Liz más le quemaba y le dolía.

Su coño se había puesto muy hinchado y húmedo, desesperado por la


estimulación, y ahora la stripper de cabello oscuro se frotaba contra ella, a
horcajadas, llevándola donde necesitaba ir. Liz no dudó en empujar en respuesta,
trabajando su montículo contra el de Felicia. Tan intoxicada por el sexo que ya no
pensaba, sólo sentía, Liz alcanzó los pechos de Felicia. Redondos y suaves en sus
manos, apretó y acarició mientras Felicia la montaba y masajeaba sus pechos,
también. Liz giró los pezones de Felicia, duros y erectos entre sus dedos, siguiendo
el impulso de sentarse un poco y rastrillar su lengua por la rosada cresta. Se sentía
como una perla en su lengua, tan innatamente femenino y sensual. Ambas mujeres
ronronearon y Liz lo hizo de nuevo, esta vez en el otro seno de Felicia.

La sensual stripper movió su coño en calientes y apretados círculos, y Liz la


igualó, cada vez más cerca y más cerca del borde. Cuando Felicia se inclinó sobre
su pecho, rastrillando sus exuberantes pechos desnudos sobre Liz, sucedió... el
clímax se disparó atravesándola más rápido de lo que esperaba, haciéndola gritar de
alegría y alivio.

El orgasmo había tardado tanto tiempo en llegar que fue especialmente espeso e
intenso. Cada oleada de placer envolvía todo su cuerpo y enviaba una nueva oleada
de humedad hacia su hinchado montículo. Bombeando hacia el bonito coño de
Felicia, cada empuje presionando sus pechos suavemente juntos hasta que Felicia
sufrió un espasmo, también, gritando de pasión, y Liz sabía que se estaba
corriendo, también. Se movieron juntas, sus ásperas embestidas duro, duro, duro
una contra la otra, antes de volverse poco a poco más suaves, ligeras, hasta que sus
roces eran tan delicados que casi empezaban a excitar a Liz de nuevo.

Ella volvió su mirada hacia el hombre a unos metros de distancia. Sus ojos se
conectaron con rayos de puro calor líquido.

Su orgasmo había sido cien veces más increíble sabiendo que Jack estaba allí,
mirándola correrse, viéndola retorcerse contra otra mujer.

Por último, Felicia retrocedió fuera de Liz y ambas dejaron escapar lentos
suspiros de liberación. Liz se sentó y se giró para encontrar a Morgan, todavía
completamente vestida con su apretada mini, viéndose tan bella y sexy y solo un
poco gastada. Eso le dio a Liz una idea. Jack acababa de dar un regalo increíble,
algo que nunca habría experimentado de otra manera, y ahora ella quería darle una
sorpresa, también.
Se apoyó para susurrar a Morgan.

—Baila para él.

Los bonitos ojos azules de Morgan se encontraron con los suyos, brillando con
incertidumbre.

—Comienza sólo bailando, desnudándote, y luego dale un baile erótico. Lo que


te apetezca hacer, ¿de acuerdo?— Liz dijo.

Así que mientras la música continuaba sonando, Morgan se levantó sobre sus
tacones muy altos, se acercó a donde Jack se sentaba, y comenzó sensualmente a
balancear sus curvas directamente en frente de él. Él dirigió una rápida mirada
hacia Liz y ella sonrió, diciendo:

—Estoy tomando las riendas de nuevo.

—Mmm— dijo, y claramente comprendió que tenía que sentarse y disfrutar de


eso, volvió su mirada sobre la deliciosa Morgan mientras ella deslizaba la fina
correa de color rojo de un hombro, luego el otro, empujando lentamente el vestido
hasta su cintura. Liz pensó que disfrutaba mirando los bonitos pechos pálidos de
Morgan tanto como Jack lo hacía.

Pronto Morgan estaba aliviando el ultra-corto dobladillo de su vestido hacia


arriba hasta revelar que, al igual que Felicia, no llevaba ropa interior, ningún tanga
de color carne. Un mechón de cabello castaño pálido flotaba por encima de un
coño bien afeitado que se instalaba sobre la entrepierna de Jack.

Liz no había estado segura de cómo se sentiría viendo a otra chica darle a Jack
un baile erótico, pero pronto descubrió que le encantaba ver a su hombre recibiendo
el placer que ella había decidido que él debía tener. Se abstuvo de tocar a Morgan,
manteniendo sus manos agarradas en los brazos de la silla de felpa, pero dejó que
sus ojos se deslizan hacia arriba y abajo de su cuerpo mientras trabajaba sobre él,
acariciando sus propios pechos, girando sus caderas.
Junto a Liz, sobre el sofá, Felicia descansaba cómodamente, medio tumbada,
tocándose ligeramente a si misma mientras observaba, rastrillando sus dedos a
través de su coño desnudo. Sus ojos se vidriaron mientras se lamía el abultado labio
superior.

La exuberante y erótica visión asaltó directamente el coño de Liz, haciéndolo


pulsar con excitación otra vez. Dios, los placeres prohibidos que estaba
experimentando con Jack, por Jack, eran casi abrumadores en algunos momentos,
dejándola preguntarse cuánto más regocijo su cuerpo podría manejar.

Mientras cambiaba su mirada hacia el sexy baile erótico, sus pechos se volvieron
pesados, extrañando la estimulación de Felicia y exigiéndo alcanzarlos y
acariciarlos ella misma. Se masajeó sus suaves globos y giró sus pezones entre los
dedos pulgar e índice, a la vez que miraba el sexy baile erótico. Una mirada desde
la esquina de los ojos de Jack le dijo que la vista de ella tocándose sus pechos
aumentaba su excitación.

Morgan siguió bailando sobre el regazo de Jack, ardientes giros que aplastaban
su entrepierna contra su polla, frotando con firmeza, rastrillando a lo largo de la
columna que Liz podía ver a través de sus pantalones. Jack parecía completamente
intoxicado con lujuria mientras miraba a la stripper moler en su contra. A pesar de
que sus únicas embestidas contra eran pequeñas y suaves, sus nudillos estaban
blancos sobre el brazo de la silla y Liz sospecha que era todo lo que podía hacer
para no empujar en respuesta más duro. Sus bajos y suaves gemidos aumentaban la
tensión reunida y se arremolinaban en el coño de Liz mientras continuaba
retorciendo sus pezones, moldeando sus pechos. Se preguntó cuánto tiempo podría
durar, y justo cuando estaba segura de que iba a correrse, él puso sus manos en las
caderas de Morgan y suavemente la retiró fuera de su erección.

—Detente— susurró, sin aliento, mirando a los ojos de la stripper rubia. —Esto
es increíble, pero no quiero correrme— Él cambió su mirada a Liz. —Quiero
guardarlo todo para ti, chère.
Capítulo Cinco
Para el momento en Jack y Liz tomaron un taxi hacia su casa en el otro extremo
de Bourbon, sus sentidos estaban sobrecargados. Ella seguía volando, su mente con
su ansiosa disposición a complacerlos a ambos de una manera caliente y sexy. No
había estado mintiendo cuando le había dicho que verla con dos mujeres lo
excitaría más que nada que hubiera hecho antes, eso era exactamente lo que había
sucedido. Pero él estaba contento de que sus instintos le dijeran que para el final de
la tardecita, ella lo querría sólo a él... y se alegraba de que finalmente hubiera
sugerido regresar a su casa donde podían estar solos.

Pensó en las cosas que estaban haciendo juntos, algo así como una comida al
revés. Las actividades a las que se acababan de entregar eran como comer el postre
primero, y la parte que estaba por venir ahora, él y ella a solas, era la parte más
importante, la comida principal.

Mientras el taxi se deslizaba de camino a su apartamento y los viejos edificios,


las puertas de hierro forjado y los balcones pasaban en un movimiento borroso, ella
se deslizó a su lado en el asiento trasero. Su mano rozó su muslo y sobre su
entrepierna, donde su perpetua erección continuaba en tensión en contra de su
cierre. Ah, oui, pensó mientras frotaba su polla. Dulce cielo. Pero no tan dulce
como lo que iba a ser pronto. Él apoyó su cabeza contra el asiento de vinilo y
disfrutó sus caricias.

Entonces le devolvió el favor, deslizando su mano bajo su corta falda color


púrpura. No perdió tiempo encontrando su entrepierna, cubierta por el suave encaje
que había llegado a ver antes en el club. La sintió separando sus piernas, la oyó
lanzar un suspiro mientras él pasaba la punta de sus dedos arriba, abajo, arriba,
abajo, contra el sexy encaje. Su coño se sentía hinchado por él, por tanta
excitación, y aunque no había pensado que podría conseguir calentarse más de lo
que ya estaba, lo hizo.
Podía oír su respiración ahora y se preguntaba si el conductor del taxi también lo
oía. Merde, ellos debían haberse visto por lo que exactamente eran cuando habían
subido en la cabina... un par de amantes frenéticos, locos por el sexo corriendo a
casa para follar. Se inclinó, susurrando más que bajo en su oído.

—Muy pronto. Sólo tú y yo.

Ella respondió con otro suspiro caliente, una sonrisa sexy en la oscuridad.

Cuando el taxi se detuvo frente a su edificio, lanzó un par de billetes al


conductor antes de continuar con su dama ciruela27 a través del arco del patio que
llevaba a su casa. Le gustaba que ella conociera el camino, que hubiera estado allí
antes y se sintiera lo suficientemente cómoda para dirigirse hacia su puerta como si
perteneciera al lugar.

Sus tacones hacían clic en las viejas escaleras de madera delante de él, y que
Dios le ayudara, su polla latía tan atentamente que estaba tentado de agarrar sus
caderas, girarla a su alrededor, y hacérselo justo sobre las escaleras. En cambio, se
conformó con unas palmaditas en su hermoso y sexy culo, el cual estaba al nivel de
sus ojos mientras se dirigían a su apartamento del segundo piso.

Cuando llegaron a su puerta, murmuró,

—Date prisa.

—Estoy más apurado que tú— dijo, metiendo la llave en la cerradura.

La puerta se abrió con ellos dos prácticamente apoyados sobre ésta. Juntos,
pasaron rápidamente por la sala, dirigiéndose directamente hacia la habitación.

—Quítate la ropa— ella ordenó.

—Estoy en ello, chère, estoy en ello— pero se alegraba de que no tuviera la

27
lo dice por el color de su vestido.
intención de perder más tiempo con la excitación, por lo que se quitó la camisa,
dejándola caer sobre el piso de madera antes de alcanzar su cinturón.

Ella había cruzado al otro lado de su cama y se quedó sonriendo hacia él


mientras se desabrochaba la misma chaqueta que ya había tenido fuera en su sexy
encuentro con Felicia, la dejó resbalar de sus hombros, luego la arrojó sobre una
silla en la esquina. Sus hermosos pechos parecían a punto de derramarse del escaso
sostén.

—Continúa —le dijo cuando se detuvo para estudiarla.

Lanzó una breve carcajada. Ante su demanda, se desató el cinturón, revelando el


primer botón de sus pantalones, y desabrochándolo con cuidado, consciente de que
su atención se centraba sobre su erección. Dejó que los pantalones cayeran al suelo
y, luego dio un paso libre de ellos. Llevaba bóxers de seda negros, no era su
elección habitual de ropa interior, pero había demostrado ser una buena esta tarde
porque había estado mucho menos confinado y seguramente había dejado a cada
una de las mujeres con las que había entrado en contacto esta noche sentir su
dureza... mejor de lo que habría sido con calzoncillos.

—Tú también— dijo cuando ella no se movió.

Abrió la cremallera de su falda y la dejó caer, y ahí estaba ella, al igual que en el
club, en ese bonito liguero y el diminuto trocito de bragas, sólo que esta vez, era
sólo para él.

—Eres un espectáculo para la vista, cariño.

Se lamió sus labios, señalando sus bóxers.

—Siguiente.

Él le dio una diabólica sonrisa cuando metió sus pulgares en el elástico de la


cintura.
— ¿Esperando ver algo especial, chère?

Ella se rió y dijo:

—Tú sabes que sí. Déjame ver.

Agradecido, se deshizo de los bóxers y se plantó ante ella completamente


desnudo, su polla en total atención, llegando más allá de su ombligo. Por la mirada
en sus ojos, estaba muy complacida.

— ¿Ves algo que te guste?— bromeó.

—Oh sí— ronroneó, sus ojos aún pegados a su erección. Luego señaló. —Sobre
la cama. Ahora.

No se había decidido, sin embargo, si iba a dejarla seguir dando órdenes a su


alrededor, pero por el momento, obedeció, tumbándose encima de la colcha para
que ella pudiera seguir disfrutando de la vista.

Él disfrutó de su propio punto de vista mientras ella caminaba alrededor de la


cama, taconeando, hacia su lado. Entonces comenzó a subirse al colchón con la
clara intención de ponerse a horcajadas. Fue entonces cuando se decidió. No. Él
estaba retomando el control de las cosas, en estos momentos. Había ciertas cosas
que quería hacer con ella, y él iba a hacerlas, maldita sea.

—No tan rápido— dijo, levantando una rodilla para detener su progreso.

Parecía aturdida.

— ¿Qué quieres decir?

—Vamos a jugar a mi manera por un tiempo.


A pesar de sus palabras, continuó tratando de subirse encima de él hasta que
estuvieron enredados en una pequeña lucha.

— ¿Quieres jugar rudo, chère?— se rió entre dientes mientras luchaban. Pero no
podía tomar la sartén por el mango mientras estuviera acostado, así que se sentó, se
puso de pie, y forcejeó con ella hasta que pudo cerrar sus manos sobre su cintura,
empujándola de espaldas en un sillón pequeño. Se dejó caer de rodillas delante de
ella y metió su cuerpo entre sus muslos. Los dos estaban jadeando mientras la
miraba a los ojos. —Me gusta tu espíritu, cariño, pero mejor no te molestes
peleando conmigo, ya que voy a hacer exactamente lo que quiero y no hay una
maldita cosa que puedas hacer para detenerme.

Sus ojos brillaban con pasión y la sintió luchar contra su control una vez más.

Sólo se rió entre dientes.

—Guarda tu fuerza. La vas a necesitar.

Ella suspiró y, finalmente, se relajó en su agarre.

—Esa es una buena chica— le dijo, deslizando sus manos hacia arriba,
rastrillando sus pulgares a través de sus pezones. Ella se estremeció. —Esa es
realmente una buena chica.

Mirándola a los ojos, fue mordido con la imperiosa necesidad de besarla... por
todas partes. Los labios, los pechos, el pequeño coño dulce. Sin embargo, decidió
empezar por arriba, inclinándose y bajando su boca sobre la suya en un largo,
lento, húmedo beso con lengua que había puesto a ambos corazones a latir
aceleradamente en el momento en que terminó.

—No te he besado lo suficiente— le dijo, todos los rastros de diversión o triunfo


se había ido. —Y no he visto lo suficiente de estos bonitos pechos, tampoco, pero
voy a remediar eso ahora— Con eso, usó sus dedos para bajar el encaje que apenas
cubría sus pezones hasta que su suave carne se derramó en caliente y bella
abundancia.

Era la primera vez que veía sus hermosos senos completamente revelados. Eran
maravillosamente grandes y redondos, pálidos excepto por las crestas de color rosa
que lucían tan duras como dos perlas rosadas. Pasó su lengua sobre un erecto pezón
mientras que tomaba el otro abundante pecho en su mano. La sensación de esa
dura perla sobre su lengua era increíble, quería lamerla una y otra vez. Por encima
de él, ella estaba dejando escapar ardientes y bonitos suspiros que lo estimulaban
mientras se movía hacia el otro dulce pecho, lamiendo y bañando. Pronto se
encontró succionando su pezón, lento y suave al principio, luego llevándolo
profundamente en su boca con más abandono. Le sostuvo la cabeza mientras
chupaba sobre ella, pasó sus manos por su pelo, sobre su cuello y hombros. Unas
pocas ardientes respiraciones jadeantes se le escaparon y arqueó su espalda,
presionando su pecho con más fuerza en su boca. Chupó aún más profundo,
haciéndola gritar, y luego suavizó su asalto, liberando su perlada carne rosa para
golpear su lengua rápidamente atrás y adelante sobre el tensionado pico.

Podría haber pasado horas jugando con sus senos perfectos, pero su polla latía
casi dolorosamente ahora, después de toda la excitación que había soportado esa
noche, y aún tenía más por hacer antes de correrse.

Así que soltó el pezón de su boca y besó suavemente su camino por su vientre
mientras ella miraba.

— Tienes unos pechos grandiosos, chère— ronroneó él entre besos. —Tócatelos


para mí. Así como lo hiciste antes en el club.

Levantó la vista a tiempo para verla darle a su labio un pequeño mordisco


provocativo mientras los tomaba en sus manos, rítmicamente amasando y
acariciando su peso, sus pezones de color rosa oscuro asomando entre sus dedos
largos y delgados.
— Mmm, oui, ca c'est bon28, justo así.

No dejó de besarla cuando alcanzó el liguero lavanda... besó a través del encaje,
bajando sobre su abdomen, y luego sobre sus diminutas bragas. Su cuerpo estaba
completamente extendido para él y ella jadeaba más duro, comenzando a gemir
cuando sus besos pasaron sobre su caliente hendidura, hinchada de pasión. Podía
oler sus dulces y salados jugos, y sabía cuán empapadas tenían que estar esas
bragas.

Parte de él quería burlarse de ella, torturarla... Dios sabía, que se había sentido lo
suficientemente torturado esta noche, pero no quería mantenerlos a ambos sobre el
borde para siempre, y si había una cosa que quería hacer, era lamer su coño.

Atrapó las delgadas tiras a los costados de sus bragas y deslizó sus pulgares por
debajo. Se levantó un poco y él las bajó, contento de que hubiera pensado ponerlas
por encima del liguero. Con paciencia, las deslizo sobre el borde de encaje de sus
medias, hasta sus tobillos, y sobre los tacones de sus zapatos.

Pero no se hizo un festín con ella de inmediato. Primero, empujó sus piernas
abriéndolas más y simplemente la miró. Su pequeño coño dulce estaba abierto para
él, completamente húmedo, rosado y listo. La vista casi lo hizo estremecerse. Trazó
un dedo por el borde del labio externo de su coño.

—Te ves toda hinchada aquí.

—Me siento de esa manera, también— dijo entrecortada. —Hormigueante.


Pesada. Como si mi coño pesara más de lo habitual.

Él sonrió hacia ella.

—Dilo de nuevo.

Ella le devolvió la sonrisa de zorra.

28
Del francés, según glosario de términos cajunes, It's good! (¡Es bueno!).
— ¿Qué parte?

—Sólo la palabra 'coño'; me gusta escucharte decirlo.

—Coño— ronroneó para él.

—Que chica mala eres— se burló de ella en un tono de regaño. Todavía corría
un dedo de arriba a abajo por su carnoso labio exterior.

—Hace unos minutos dijiste que era una buena chica.

—Cuando estoy de rodillas entre tus bonitos muslos, chère, significa la misma
cosa.

Jack no podía esperar ni un minuto más antes de finalmente degustarla. Bajó su


cabeza, abrió sus piernas aún más, y pasó su lengua sobre su clítoris, que estaba
igual de hinchado que el resto de su coño. Un irregular gemido escapó de sus
labios. Luego cerró su boca sobre la rosada protuberancia, chupándola como lo
había hecho con su pezón unos minutos antes.

— Unh...— gimió por encima de él.

Él soltó su clítoris y la miró.

—Mantente abierta para mí.

Se mordió su labio antes de hacer lo que le pedía, usando los dedos de ambas
manos para extender su coño de modo que estuviera abierto, la mojada carne
rosada expuesta.

— Oh si, nena— murmuró, inclinándose para arrastrar una larga y firme lamida
desde sus labios interiores entreabiertos hasta su clítoris. —Cher jolie29 coño.

29
Del glosario de términos cajunes, Dulce bonito.
— Oooh.

Lo hizo de nuevo, una y otra vez, lamiendo su dulce jugo, absorbiendo su sabor
y aroma, hasta que fue todo lo que conocía. Luego se retiró, observando cuán
abierto estaba su pequeño agujero, y empujó dos dedos en su interior.

—Oh, oh... mmm, Dios— gimió ella por encima de él mientras movía sus dedos
dentro y fuera, jodiéndola suavemente. —Oh, más— murmuró ella, por lo que
añadió un tercer dedo y la folló con ellos cada vez más duro mientras reanudaba la
lamida de su dulce e hinchado clítoris. Ella se movió contra su boca primero suave,
y luego con más urgencia. La chupo tan áspero como podía, consciente de que
estaba aumentando más y más su excitación con su lengua. —Dios... oh Dios... sí,
nene... chupa mi coño, chupa mi coño... oh sí, lámelo, lámelo.

A Jack no le importaba seguir sus órdenes en esta ocasión... felizmente lamió


todo su dulce líquido, queriendo hacerla correrse tan duro que nunca lo olvidaría.
Condujo sus dedos en la mojada humedad de su apertura una y otra vez al ritmo de
los movimientos de su lengua sobre su clítoris. Más duro, más duro, más duro, y
por encima de él, ella seguía gimiendo y suspirando sus ardientes demandas.

—Lámeme... oh, Dios, sí, lámeme más.

Él la lamió una y otra vez, sintió su pasión crecer, apretando, la sintió,


literalmente, follando su boca con los empujes de su pelvis, y disfrutó de la
sensación, hasta que ella finalmente dijo:

—Oh, sí, ahora, nene, ahora; estoy corriéndome por ti — y sus gemidos se
volvieron un tono más alto, sus movimientos más bruscos, su coño convulsionó
contra su lengua en dulces ondas pulsantes. Su expresión se quedó trabada con
éxtasis mientras ella salía del orgasmo, lloriqueando, gimiendo... hasta que
finalmente fue más sosegada, más silenciosa, y él la liberó de su boca y la levantó
sobre sus brazos.
— ¿Cómo estuvo?— murmuró un momento después.

—Mmm— gimió. —Increíble.

— ¿Mejor que con Felicia en el club?

Ella se rió.

— ¿Celoso?

—No lo creo. Solo me gusta pensar que puedo hacer más para mantenerte feliz
que una chica que no conoces.

Ella sonrió hacia sus ojos y él se dio cuenta de que en verdad se conocían hacia
sólo unos pocos días. ¿Y por qué demonios le importaba si él o Felicia le habían
dado un mejor orgasmo? Ego, se respondió con rapidez.

Sólo ego.

—No te preocupes— dijo. —Porque lo que me hiciste en este momento...

— ¿Oui?

Sus siguientes palabras llegaron en un bonito suspiro.

—Nunca he sentido algo tan bueno en mi vida.

Dejó que una arrogante sonrisa se desplegara sobre su cara... no pudo evitarlo.

—Bueno, chère, prepárate para la siguiente mejor cosa— entonces le levantó las
piernas sobre los costados de la silla, extendiéndola aún más, y se levantó para
unirse a ella, plantando sus rodillas a ambos lados de sus elevados muslos.
Deslizando su eje sobre su mojada carne de color rosa sólo una vez, luego lo metió
en su interior.
—Oh, Dios— gimió de nuevo.

Él se inclinó más cerca de su cara.

— ¿Te gusta, cariño?

—Unh— fue lo único que parecía capaz de decir.

— ¿Quieres más?

—Mmm. Por favor, nene.

Sorprendido por la tierna mendicidad, le concedió su petición con mucho gusto,


deslizando su dura polla dentro y fuera de su estrecha abertura. La posición en la
que estaban les permitía a ambos mirar abajo hacia donde sus cuerpos se unían y
ver su longitud deslizarse hasta la empuñadura, luego a mitad de camino de vuelta.

—Mira lo mojada que me tomas— dijo.

Tan mojada que cada vez que se movía en ella, podían escucharlo.

— ¿Puedes follarme más duro?— ronroneó.

Sonaba tan dulce ahora, mansa como un gatito.

—Me gusta cuando pides así de dulce, chère— dijo, —así que prepárate para
tomar todo lo que puedas manejar.

Él cumplió la promesa, aumentando la potencia de sus embestidas, golpeando su


polla en su jugoso coño hasta que ella estuvo gritando con cada ardiente embestida,
gritando con tanta intensidad que, si no hubiera visto el éxtasis en su rostro, se
habría preguntado si era de placer o de dolor. Se condujo en su interior
implacablemente, sin detenerse para prestarles a cualquiera de ellos un descanso,
medio sorprendido de que pudiera continuar de esta manera tan cerca de
erupcionar como tantas veces había estado esta noche. Él la folló, la follo y la folló,
su polla parecía volverse cada vez más rígida, sus bolas golpeando contra ella hasta
que su placer fue tan profundo, tan completo, que finalmente se dio por vencido.

—Maldita sea, nena, aquí voy— susurró, y luego sintió sus disparos en su
interior, vaciándolo largo y duro cuando un gemido feroz se le escapó. Cuando
toda su pelvis sufrió un espasmo por el clímax, se perdió en la dicha total que
superó a su cuerpo, y finalmente regresó a la tierra, sintiéndose tan débil que se
hundió en sus brazos como un bebé, ambos tirados mitad dentro y mitad fuera de la
silla ahora.

— Merde, estás tan condenadamente bien— suspiró, dejando que su cabeza


descansara sobre su pecho.

El sueño estaba tragándoselo ya cuando la escuchó decir, a través de la niebla,

—Vamos a la cama.

Oui, buena idea, su adormecida mente pensó, aunque era una lucha hacer que
sucediera físicamente.

Cuando se desplomó en el colchón, tuvo sólo la fuerza suficiente para tirar de su


exuberante cuerpo hacia el suyo.

—Quiero abrazarte— se oyó susurrar, y luego el sueño se lo llevó.

*****

Liz se despertó a la mañana siguiente, plenamente consciente de que estaba


desnuda en la cama de Jack. Despertar estas últimas mañanas había sido más dulce
que nunca, nunca se había sentido tan viva, nunca entendió hasta ahora el
profundo placer que el sexo podía traer.
Él se acostaba a su lado durmiendo plácidamente, su pelo alborotado contra una
funda de almohada verde salvia, su mandíbula cubierta de oscuro rastrojo.
Disfrutaba sólo con mirarlo de esta forma, así en reposo. También disfrutó saber
que él estaba tan desnudo como ella bajo las sábanas. Ver su cuerpo por primera
vez la noche anterior casi se había llevado su respiración. Había sabido
instintivamente que tenía un físico atractivo, pero la imagen en su imaginación no
tenía comparación con la realidad. Sus brazos, piernas, pecho y estómago tenían
los músculos tonificados de un hombre que se mantenía en forma. Un puñado de
oscuro pelo le cubría el pecho, estrechándose en una fina línea que marcaba todo el
camino hasta su hermosa polla.

Es cierto que Liz había visto sólo un puñado de penes en su vida, pero Jack era
el más imponente, el más tremendo. Había sabido ya que la suya era la más grande
que había tenido, pero ahora que había conseguido recrear sus ojos sobre ella,
confirmó la certeza de que nadie jamás la había llenado tan completamente, tanto
en ancho como en largo. Sólo estando en la cama ahora, recordando la vista de
ello, sintió zumbar su coño.

Era sábado, así que pensó despertarlo para un polvo rápido por la mañana, pero
decidió dejarlo dormir. Los últimos días y noches llenos de acción la tenían mucho
más cansada que de costumbre, por lo que sospechaba que lo mismo podía decirse
de su amante.

En cambio, miró alrededor de la habitación, reconociendo al hombre a través de


sus bienes y hogar. Techos altos y pisos de madera dominaban todo el
apartamento, con molduras que se veían lo bastante viejas como para ser originales.
De alguna manera se podía oler la historia aquí, sentir el Barrio Francés a su
alrededor. Dejando su mente volar, se preguntó cuántas parejas habían follado en
esta habitación durante el transcurso de los años. Se preguntó cuánto placer se
había experimentado en el mismo lugar donde ella estaba.

En ese momento, una gran mano masculina rozó la cara interna de su muslo y
se deslizó hacia arriba hasta ahuecar su montículo, el cual se estremeció con
inesperado placer.
—Pensé que estabas dormido— dijo, a la vez separando sus muslos y volviendo
su cabeza sobre la almohada para mirarlo.

Una perezosa sonrisa se dibujó en su hermoso rostro.

—Sólo es mi forma de decirte buenos días, chère.

—Mmm— susurró ella cuando empezó a acariciarla suavemente, —la cual es


una buena manera de empezar el día.

— Todavía no lo hemos hecho en una cama, ya sabes. ¿Quieres darle una


oportunidad?

Ella comenzó a moverse en contra de su tacto.

—Estaba realmente comenzando a pensar en la posibilidad de tomarte en la


ducha y tener mi manera contigo allí.

Parecía dormido, pero despertó.

— ¿Quieres que te lave?

Unos minutos más tarde estaban de pie bajo el agua caliente y él estaba
cumpliendo bien con su promesa.

Tenía el accesorio perfecto para juegos de ducha... un guante de mano que hacía
mucha espuma cuando se enjabonaba. Alegres temblores recorrían el cuerpo de Liz
mientras lo veía pasar el suave guante sobre sus pechos, dejando rastros chorreantes
de jabón, luego lo pasó por entre sus muslos, donde la espuma, el guante y la
presión de su mano detrás de todo eso trabajaron juntos para conseguirla excitada y
zumbando.

Cuando su cuerpo estuvo completamente enjabonado, Liz tomó el guante de


Jack y le devolvió el favor. Lo pasó por encima de su ancho pecho y estómago
como una tabla de lavar antes de envolverlo alrededor de su hermosa polla, que
otra vez estaba en firme posición para ella.

—Merde, es mejor que tengas cuidado, cariño— dijo en un suave gemido.

— ¿Por qué?

—Estás jugando con fuego allá abajo. Verte toda mojada y enjabonada me tiene
justo a punto de estallar.

Tan como de divertida estaba, y tanto como le gustaba su polla toda jabonosa, se
detuvo de inmediato, porque no quería que se corriera sin estar dentro de ella
primero.

Él se estiró para frotar sus pechos, la espuma del jabón corriendo entre sus dedos
mientras ella gemía. Su piel estaba tan resbaladiza, sus manos se deslizaban
suavemente... una mano rodó por su costado hacia su cadera, y entre sus piernas.
Cuando resbaló su dedo medio en su coño, ella casi se derrumbó con la sacudida de
placer que le entregó.

—Bien— dijo con una sonrisa socarrona. —Estás tan excitada como yo.

Ella simplemente gimió en respuesta y lo siguiente que supo, es que él estaba


besándola... largos, vaporosos encuentros de lenguas que se sentían por todo el
camino hasta los dedos de las manos y pies.

—Te quiero— se oyó susurrar imprevistamente entre besos. —Te quiero dentro
de mí, Jack, demasiado.

Con eso, él le dio la vuelta en la ducha y le colocó sus manos sobre la pared de
azulejos.

—Yo también te quiero, nena— murmuró en su pelo. —Maldita sea, cómo te


quiero. Ahora solo cierra tus ojos y siente.

Ella siguió las instrucciones, cerrando sus ojos, y se dio cuenta de que estaba
frotando su polla arriba y abajo en la raja de su culo. Previo a los últimos días,
nunca había notado cuán erógena esa zona era para ella, pero se empujó contra la
presión que le proporcionó y se sumergió en las sensaciones.

Poniendo sus manos sobre sus caderas, guió su erección dentro de ella... un largo
y lento golpe que la llenó por completo, estirando los límites de su coño.

—Ah, Jack— suspiró ella. —Tan grande. Tan bueno.

—Mmm— gruñó. —Me encanta deslizar mi gran verga en tu pequeño coño


apretado, chère.

Ella gimió en respuesta, encendida, como de costumbre, por su lenguaje sucio.


A medida que empezó a deslizarse dentro y fuera de ella, lo sentía en todas
partes, todo su cuerpo reaccionando a cada caliente embestida.

Entonces la mano derecha de Jack se deslizó a su alrededor, sus dedos yendo


directamente a su sensible clítoris.

—Unh— gimió mientras el profundo placer, la mecía de ida y vuelta, ida y


vuelta; estaba en todas partes.

—Quiero hacer que te corras— dijo en voz baja y caliente.

—Oooh— susurró en respuesta; era todo lo que podía dejar salir. Sus dedos
acariciaban donde ella estaba mojada y excitada, y su largo eje enviaba
conmocionantes ondas tras ondas de placer por todo su cuerpo. El calor dentro de
ella estaba levantándose, aumentando, en busca de esa dulce liberación, cuando
Jack movió su otra mano desde su cadera ligeramente hacia atrás, comenzando a
acariciar la pequeña fisura de su culo con su dedo pulgar. Oh Dios, envió una nueva
inundación de calor a través de su cuerpo y ella empezó a llorar, —Oooh, sí, nene,
sí.

Y entonces él estaba más que acariciando; lentamente estaba facilitando su


pulgar en el interior, abriéndola, entrando en ella a través de un nuevo agujero. Liz
apenas podía comprender el placer añadido, el sentimiento de ser doblemente
follada, de tener tantas buenas y ardientes invasiones en su cuerpo al mismo
tiempo. Al moverse en contra de su polla, ahora también se movía en contra de su
pulgar, y el éxtasis casi estaba electrificado por esta nueva intimidad.

Olas de calor irradiaron a través de su clítoris, las sensaciones se intensificaron


enormemente por la dulce presión en su culo. Tan poderoso, tan imparable. Y
entonces, —Oh, Dios, sí— su entrada en ese segundo agujero la empujó sobre el
borde. El clímax rompió duro, rápido y furioso, todo su cuerpo palpitando con
espasmos casi violentos que la dejaron tan abrumada que casi cayó al suelo de la
ducha. Pero Jack la levantó, sosteniéndola constante a través del placer
consumiéndola, sus brazos apretados alrededor de su cintura ahora mientras que él
continuaba moviendo su columna caliente dentro y fuera de su humedad en
movimientos largos y profundos.

Cuando su orgasmo se desvaneció en satisfacción, sus golpes se hicieron más


fuertes de nuevo, más duros, golpeando su coño con empuje tras empuje de su gran
polla, llenándola, haciéndola gritar con cada poderoso embiste. Y entonces él
gimió, profundo y bajo, y sabía que iba a correrse, también; él la folló rápido, aún
más, gimiendo su potente liberación cerca de su oído y la llenó con la satisfacción
de saber que lo había llevado allí.

Por último, se quedó inmóvil, sólo sosteniéndola por la cintura mientras ambos
jadeaban su alivio, y Liz murmuró:

—Gracias a Dios que Todd tiene una cosa por las strippers. De lo contrario,
nunca te habría conocido a ti; nunca habría descubierto exactamente cuán bueno
puede ser el sexo.

*****
Una vez que la diversión en la ducha había terminado, Liz tuvo que enfrentar
una tarea desagradable.

—Tengo que llamar a mis padres y decirles que rompí con Todd— le explicó a
Jack en el desayuno, él había preparado rápidamente huevos con tocino. Llevaba
un par de pantalones de algodón con cordón y ella se puso una de sus camisetas
para poder sentarse en la terraza y disfrutar del aire de la mañana.

Miró hacia arriba después de echar un gran bocado de huevos en su boca.

—No lo has hecho todavía, ¿eh?

Ella le lanzó una mirada de castigo.

— ¿Cuándo he tenido tiempo? He estado en el trabajo todos los días y contigo


todas las noches— luego suspiró. —Fue agradable no tener que pensar en ello,
tenerte a ti para quitarlo de mi mente. Pero hoy es sábado y voy a utilizar el fin de
semana para conseguir poner mi vida en orden de nuevo.

— En orden de nuevo, ¿cómo?

Ella tomó un sorbo de jugo de naranja y deseó inútilmente que esta fuera su
vida. Este balcón con vistas a esta histórica y legendaria calle del pecado. Este
hombre, quien la follaba tan bien y aun así le daba de comer tan rico después. Fue
un pensamiento fugaz, tonto, así que ella lo empujó de su mente.

—Bueno, aparte de hacer esa llamada telefónica, tengo que sacar algunas de mis
cosas de la casa que compartía con Todd. Llamé a Lynda desde el trabajo ayer, y
me ofreció ir a vivir con ella, así que esa es una buena solución por ahora.

Jack asintió con la cabeza.

—Estoy de acuerdo, estoy contento de verte salir de allí. Ese tipo me cae mal.
Liz sacudió la cabeza.

—No es una persona horrible, ni nada. Solo no tomó de buen modo mi decisión
el otro día, pero creo que fue un shock para él. Ahora que ha tenido algo de tiempo
para absorberla, las cosas probablemente irán más suaves de aquí en adelante.

Jack parecía dudoso.

—Espero que tengas razón. — Terminó una tira de tocino, mirando hacia ella a
través de la mesa. —Si necesitas que te lleven, puedo…

—No es necesario— dijo. Fue un bonito gesto, pero ella era una niña grande y
no quería empezar dependiendo demasiado de Jack. La verdad era que daba un
poco de miedo los sentimientos que había desarrollado por él en los últimos días. Y
no quería que el creyera que ella iba a ser una necesitada, o pegajosa. Por desgracia,
había estado por ese camino antes, con otros chicos, y nunca terminó bien. Ella y
Jack habían follado sus cerebros fuera el uno al otro esas dos últimas noches, pero
eso no había venido con promesas por lo que creía que haría bien en no esperar
ninguna. —Tomaré un taxi.

Mientras se daban un beso de de despedida en la puerta de Jack un poco más


tarde, Liz no pudo evitar darse cuenta de que este era tal vez el beso más tierno que
hubieran compartido hasta ahora. Jack alzó las manos a su rostro y bajó
suavemente su boca sobre la de ella.

— ¿Estás segura de que no necesitas ayuda para sacar tus cosas de la casa con
ese tipo allí?

Ella asintió.

—Tal vez él ni siquiera esté en casa. A veces juega tenis en la mañana del
sábado.
— Muy bien— respondió Jack. — Parece tu día no será muy divertido, por qué
no regresas esta noche y haré la cena para ti. Haremos algo diferente y
permaneceremos adentro.

Ella sonrió.

—Tú tienes miedo de que si salimos a la calle, andarás completamente excitado


y listo para follarme y yo lo extenderé más otra vez, haciéndote esperar.

Él respondió con una sonrisa.

—Pensé que anoche te había demostrado que no siempre consigues ser la


encargada, chère.

Actuó juguetonamente presumida. —Vamos a ver eso.

Él la besó de nuevo, luego susurró bajo y sexy en su oído.

—Au revoir30 hasta esta noche.

*****

Una hora más tarde, Liz se sentaba en una silla en la sala de Lynda... un nombre
antiguo para una sala adecuadamente antigua. La sala del frente de la histórica casa
de su amiga estaba hecha en burdeos y dorados, y llena de muebles antiguos y
elegantes.

— Perdóname por decirlo— comenzó Lynda con una sonrisa tentativa, —pero
te ves como una mujer que ha visto mucha acción últimamente.

No era difícil discernir por qué. Bajando la mirada sobre sí misma, Liz vio el
traje de ayer, marcado con más que unas cuantas arrugas, y una de sus medias
ahora lucía una larga carrera. Ella arqueó sus cejas.

30
Del francés, Adiós.
—Me sorprendiste con ropas que he estado usando por un tiempo. Y... que
también han estado fuera de mí en varios puntos en el medio— agregó con una
sonrisa traviesa.

—Estabas tan apurada ayer por teléfono — dijo Lynda, sentándose en el sofá
frente a ella, —que no llegué a preguntar cómo van las cosas con tu nuevo hombre
sexy, pero supongo que esto significa te has vuelto más cercana y personal.

Liz no pudo evitar soltar una carcajada. Hablando de subestimación.

—Se podría decir eso.

—Y podrías darme algunos detalles. Vamos, niña, déjalo caer.

Liz apenas sabía por dónde empezar. Los últimos días habían sido un torbellino
y se sentían más como un par de semanas.

Miró los ojos de su amiga.

—Lynda, hemos hecho de todo— luego sacudió la cabeza. —Espera, no, eso no
es verdad, aún hay mucho que no hemos hecho todavía; como tener relaciones
sexuales en una cama, por ejemplo. Pero hemos hecho tantas cosas que son tan
salvajes, se siente como que si hubieramos estado juntos alrededor del mundo y
regresado.

Lynda lucía positivamente enclavada, inclinándose hacia adelante en su asiento.

—Continua— hizo un movimiento de balanceo con su mano.

Una vez más, Liz no sabía cómo describir lo que ella y Jack habían compartido.

—Ha sido tan... sucio— dijo ella, —pero tan increíblemente bueno.
Lynda sonrió. —Me gusta el sonido de eso.

—Él me convierte en un absoluto animal. Está haciéndome querer hacer cosas


que incluso nunca se habían cruzado por mi mente antes.

— ¿Cómo ...?

Liz dejó escapar un suspiro, se sentía superada tratando de ordenarse a través de


todo.

—Como... estar con otra mujer.

Esto hizo que su amiga sonriera.

—Ah, así que has descubierto los placeres de la carne femenina.

Eso todavía avergonzaba un poco a Liz, a pesar de que Lynda, de entre todas las
personas, la podía entender.

—Supongo— comenzó con incertidumbre. —Aunque no es como si hubiera


sucedido en cualquier tipo de... forma natural. Fue en el Club Venus. Digamos que
he tenido un par de bailes muy íntimos desde la última vez que te vi.

Los ojos de Lynda se abrieron como platos.

—Maldita sea, cariño, eso es impresionante. Pero, eh, ¿qué tan íntimos?

Liz tragó.

—Uno de ellos fue con dos chicas. En una habitación privada. Sin ropas.
Había… toques... y roces... y corridas— Liz sintió un familiar aumento del calor
elevarse a sus mejillas.

Lynda dio pestañeo de incredulidad. —Vaya, vaya, suena como si hubieras sido
una niña mala en verdad.

— ¿Pero sabes lo que he descubierto?

—No puedo esperar a escuchar.

—Eso es todo acerca de él. Desear compartir estas nuevas experiencias con Jack.
Querer que él sea parte de ello, incluso si es sólo mirando. Lo que más me excitó
con esas strippers fue saber que él estaba observando cada segundo de ello y que
estaba tan excitado como lo estaba yo.

Lynda le dio a su cabeza una inclinación reflexiva.

—Llámame loca, pero algo sobre eso suena casi... romántico.

Liz asintió. —Lo sé. No estoy segura de cuándo mi deseo por Jack se volvió
romántico, pero así es como me siento. Unida a él. Así de rápido. — Aunque ella
prefería no pensar en eso, le daba miedo.

— Entonces la pregunta es, ¿él está unido a ti?

—Oh, él está muy atento a mis necesidades— comenzó ella, riéndose, dándose
cuenta de que ella se refería tanto en la cama como fuera.

—Apuesto a que lo está— dijo Lynda con una sonrisa.

— Y a su manera, es todo un caballero. Hasta donde yo sé, está interesado en


dejar que las cosas sigan como están por ahora... pero un tipo como Jack queriendo
algo a largo plazo con alguien como yo, alguien que empezó a jugar pequeños
juegos sexuales picantes con él en el momento en que nos conocimos… no lo veo.
Creo que es un hombre decente que está feliz de pasar un buen rato conmigo,
pero... no puedo imaginarlo viéndome como algo más que una aventura salvaje. —
Y fue bueno que ella entendiera eso desde el principio. En el pasado, antes de
Todd, parecía que cada vez que se enamoraba de alguien muy duro, era una
sentencia de muerte. Ella tenía la costumbre de acabar con los hombres que no
querían comprometerse, y Todd fue otro buen ejemplo, incluso si sus sentimientos
habían salido de una manera diferente.

—Tal vez sea así, tal vez no— dijo Lynda. —De cualquier manera, creo que
debes jugar todo lo que vale, cariño. Está claro que tienes algunas necesidades
sexuales que no han estado recibiendo atención, por eso te digo que dejes a Jack
Wade atenderlas durante el tiempo que él esté dispuesto.

Liz sonrió. —No creo que pudiera resistirlo aunque lo intentara. Y, por cierto—
ella dijo, —te tengo que agradecer la mayor parte de esto.

— ¿A mí?— Lynda levantó una mano a su pecho.

Liz asintió. —Me dijiste que solo me dejara ir, que siguiera mis impulsos, y tomé
eso de corazón. Cada vez que me cuestionaba algo que quería hacer, hacía lo que
me dijiste, solo déjalo ir. Y por eso, he tenido algunas experiencias que nunca
habría tenido si hubiera estado actuando como mi yo normal, conservadora.

Lynda lanzó una sonrisa sincera. —Me alegro de poder ayudar, cariño. Ahora,
cuéntame sobre la polla de Jack.

Liz dejó escapar una carcajada. — ¿Qué?

—Desde que lo conocí he tenido la idea de que el hombre tiene un pene grande y
hermoso y que sabe exactamente cómo usarlo. ¿Estaba en lo cierto?

— ¿Los peces nadan?

*****

Un poco más tarde, Lynda le mostró a Liz la habitación que sería suya mientras
estuviera allí.
Afortunadamente, la habitación tenía un teléfono. Ella aprovechó la
oportunidad para contarle a su amiga que finalmente iba a terminar esto y llamar a
sus padres.

Lynda cerró la puerta al salir para darle a Liz un poco de privacidad.

Y aunque temía la discusión, descubrió mientras marcaba el número de sus


padres en Maryland, que ya no se sentía como la presa fácil que siempre había sido
con ellos.

Su madre atendió al segundo tono. —Hola.

— Hola, mamá, soy yo.

— Liz, tu padre y yo estábamos justo hablando de la boda. Ahora que tú y Todd


han tenido la oportunidad de acomodarse en sus nuevos puestos de trabajo, es
realmente el momento que nuestros dos tortolitos elijan una fecha y empiecen a
hacer planes.

Grandioso. —Mira, mamá, tengo algo importante que decirte acerca de Todd.

Su madre cayó en el modo preocupación. — ¿Está bien? No ha pasado nada,


¿verdad?

Ambas cuestiones eran discutibles, pero Liz decidió seguir con el guión que
había creado en su mente.

—Mamá, hace unas noches descubrí que Todd ha estado mintiéndome durante
casi dos meses. En lugar de trabajar hasta tarde todas las noches, como decía, él en
verdad iba a un club de striptease... y pagaba para entrar en habitaciones privadas
con las strippers.

Decir algo así a su ultra-conservadora madre había sido difícil, y ahora su madre
se quedo en silencio, sin responder.
Liz lo tomó como una señal para seguir adelante.

—Al principio pensé que me estaba engañando, pero creo que esto es igual de
malo, incluso peor. Cuando me enfrenté a él, me dijo que todavía está atraído por
otras mujeres, y al parecer, no puede resistirse a actuar en consecuencia. Así que...
he roto con él. El compromiso está terminado.

Finalmente, después de otra larga pausa, su madre encontró las palabras.

—Dios mío, Liz, ¿estás segura de que eso es cierto?

Ella respiró hondo antes de contestar.

—Sí, porque lo vi con mis propios ojos.

— Bueno... tal vez ustedes dos pueden trabajar esto de alguna manera. ¿Tal vez
con asesoramiento? He oído que muchas parejas encuentran útil el asesoramiento.

Aunque una parte de Liz había estado segura de que sus padres estarían
horrorizados por el engaño de Todd, otra parte casi había esperado esto. Su madre
se negaba a reconocerlo, como Todd lo había hecho cuando rompió con él, así que
mantuvo las cosas simples y al punto.

—No, mamá, no se puede resolver. Las cosas están completamente terminadas


entre nosotros. Sé que esto los pondrá en una situación incómoda con sus padres,
pero tú y papá sólo tendrán que lidiar con eso lo mejor que puedan. No puedo
casarme con un hombre que no amo, un hombre que me miente, sólo para
mantener a las familias felices.

En el otro extremo de la línea, su madre dejó escapar un largo suspiro.

—Bien, esto es mucho para tragar, Liz.


—Créeme, lo sé... — Y no puedo imaginar tu reacción si supieras lo que he
estado haciendo durante los últimos días.

Como su madre todavía parecía atascada con las palabras, Liz tomó la iniciativa
para poner fin a la conversación.

—Mira, te voy a dar algo de tiempo para que le cuentes a papá, y luego
podemos hablar de nuevo. Afortunadamente, todavía realmente no teníamos
ningún plan específico de la boda para cancelar, así que eso es una bendición.
Básicamente, todos podemos simplemente seguir adelante con nuestras vidas. Con
suerte, los padres de Todd van a ver el sentido de esto y que no causara ningún
problema en los negocios.

—Liz, ¿significa esto que te mudarás de regreso a casa?

La pregunta la dejo sin aliento. Era natural, dadas las circunstancias, sin
embargo, no se le había ocurrido ni una vez regresar a Maryland. De hecho, ella
había disfrutado de estar en Nueva Orleans más en los últimos días que en los seis
meses transcurridos desde su llegada. Invocando su voz, dijo:

—Um, no estoy segura todavía, pero... podría quedarme aquí. Estoy empezando
a querer estar aquí.

*****

— ¿Quieres que vaya contigo?— Lynda preguntó cuando Liz anunció que iba a
ir al lado para empacar sus cosas. —Está en casa, ya sabes. Su coche está en la
carretera. Acabo de comprobarlo.

Liz agradeció la oferta, pero la rechazó.

—Puedo hacerlo yo misma. Y no quiero que crea que estoy en lo más mínimo
intimidada por él, porque no lo estoy. Además, tal vez estará más tranquilo sobre
esto ahora que un poco de tiempo ha pasado.
—Si estás segura... — dijo Lynda. —Pero recuerda, yo estoy aquí si me necesitas
para algo.

Liz le dio las gracias, y luego se armó de valor y se dirigió con valentía por la
puerta hacia la casa que recientemente había comenzado a pensar como hogar. Era
más grande de lo que necesitaban, y más ostentosa, pero Todd la había querido y
Liz no podía negar su atractivo. Era un lugar encantador. Extraño, pensó,
acercándose a la puerta principal, por un momento ella en realidad se había
imaginado a sí misma criando niños en esa casa. Por el momento, los niños estaban
tan lejos de la pantalla del radar como Todd mismo. Era como si todo su mundo
hubiera dado un salto mortal, pero no se arrepentía. No extrañaba sus planes para
el futuro; de hecho, estaba más bien disfrutando de lo inesperado, la emoción que
cada nuevo día tenía de repente. Sus experiencias con Jack estaban moldeándola en
una persona casi completamente nueva; una persona que le gustaba mucho más
que la anterior, mucho más que la Liz que hacia lo que otros querían.

Ese pensamiento fortaleció su determinación, cuando entró en la casa.

Ninguna señal de Todd aún, pero el aroma de café recién elaborado y pan
tostado le dijo que probablemente estaba en la cocina... que se había acostado tarde
y recién ahora estaba empezando el día a pesar de que fuera después del mediodía.
Se le ocurrió que si ella era lo suficientemente silenciosa, podría arreglárselas para
subir las escaleras y empacar lo que necesitaba, sin siquiera tropezar con él. Incluso
si él estaba más tranquilo ahora, no era como si tuviera algo más que decirle. Con
ese pensamiento, se quitó los tacones para un viaje más tranquilo, en dirección a las
escaleras.

Una vez arriba, se puso ropa interior nueva, una falda corta y casual, y un
sweater elastizado arriba. Luego encontró un bolso grande y lo llenó con ropas;
ropa de trabajo, ropa casual, zapatos, ropa interior. Hizo una pausa para tomar
hasta la última gota de ropa interior de encaje que poseía, y los pocos camisones
sexys que tenía, también; pensando que sería útil tenerlos a mano con Jack. Sólo
pensar en él la alimentó, le hizo darse cuenta de lo ansiosa que estaba por salir de
esa casa, lo ansiosa que estaba ya por verlo de nuevo esa noche.

Entrando en el cuarto de baño del dormitorio principal, empacó los cosméticos y


artículos de tocador, todo lo que necesitaría sacar antes de que una mudanza más
oficial pudiera arreglarse. Volviendo a la habitación, se arrodilló para poner los
artículos en su bolsa, cerrándola. Se volvió y encontró a Todd de pie en la puerta
del dormitorio.

Sus ojos estaban inyectados en sangre; una resaca, supuso. Llevaba viejos
pantalones cortos de gimnasia y una camiseta que le decían que ella estaba en lo
cierto acerca de él saliendo de la cama en ese momento.

—Me preguntaba cuándo ibas a volver— dijo en tono petulante y frío.

—Bueno, como puedes ver, me estoy yendo de nuevo. Sólo he venido por
algunas cosas. Conseguiré un camión para llevar mis muebles y otras pertenencias
pronto.

Todd se limitó a negar con la cabeza, como si fuera una niña que simplemente
no se comportaba bien.

—Querida, dulce Elizabeth. No puedo creer que persistas en esta farsa de irte.
Los dos sabemos que no vas a ninguna parte.

Dio un paso hacia ella.

—Los dos sabemos que me vas a perdonar y vamos a seguir adelante como si
esto nunca hubiera sucedido.

El extraño tono de su voz le advirtió que probablemente debería estar sintiendo


un poco de miedo de él, pero la rabia fue la emoción que la llenó en ese momento.

—No sé por qué te empeñas en pensar que debería quedarme contigo. La verdad
es, Todd, que esto no se trata sólo de las strippers y la mentira. La verdad es que...
no te amo más— sacudió su cabeza reflexionando, luego habló en voz baja. —No
sé si alguna vez realmente te amé. Y estoy bastante segura de que no me amas,
tampoco, o no habría habido ninguna stripper o mentira.

Su espalda se puso rígida y sus ojos se llenaron de ira.

— ¡No digas eso!— ladró. — ¡No digas que nunca me amaste! ¿Quién está
mintiendo ahora, Elizabeth? Los dos sabemos que tú me amas, ambos sabemos eso.
Y no voy a tolerar este tipo de insubordinación— había comenzado a moverse
hacia ella mientras hablaba, agarrando su brazo. — Dime que me amas. Dilo.
Ahora.

Dios mío, él realmente estaba loco. ¿Cómo no lo había sabido? Se cernía sobre
ella, mientras ella trataba de calcular la forma más inteligente de salir de todo eso.

—Mira, Todd, no quiero hacerte daño— empezó, hablando suavemente, —


pero…

—Si valoras tu mano derecha— una voz de mando dijo de repente, —quítala de
su brazo ahora mismo.

Ella miró por encima de Todd para ver a Jack a pocos metros de la puerta, con
una expresión que decía que iba muy en serio.

Todd miró hacia arriba, y afortunadamente, la liberó de su agarre.

— ¿Quién diablos eres tú?

—No es que sea asunto tuyo, pero soy su nuevo novio— miró pasando de Todd
a Liz. —Pensé que tal vez podrías necesitar algo de ayuda consiguiendo tus cosas.
Vi a tu amiga, Lynda, en el jardín de su casa y ella me dijo que debería venir.

Evidentemente ni Jack ni Lynda pensaban que ella pudiera cuidar de sí misma


con Todd... y tal vez tenían razón. No podía haber estado más aliviada al ver a
Jack.

—Um, gracias. Sí, supongo que podría.

Jack dio un paso amenazante más cerca de Todd, quien parecía nervioso, pero
estaba tratando de no dejar que eso se mostrara.

—Oye, cabrón. Tú y Liz habéis terminado. Acabado. Historia. Y si me entero de


que haces lo que sea para molestarla, responderás ante mí. Y te prometo que no te
va a gustar.

Todd tragó de forma visible, pero no respondió.

Jack miró a Liz y luego la bolsa de lona. — ¿Es esto todo?

—Por ahora— ella dijo.

Lo recogió y utilizó su otra mano para agarrar la suya.

—C’mon. Allons31.

Ella lo siguió por las escaleras y fuera por la puerta principal.

Sólo cuando habían pasado la línea de setos que separaban la entrada de Todd
del jardín de Lynda él dejó de caminar y la miró. — ¿Estás bien?

Ella asintió con la cabeza, sintiéndose mucho más tranquila ahora que él estaba
allí.

— ¿Estás segura?

—Sí, estoy bien. Pero... gracias. ¿Qué te impulsó a venir?

31
Del francés cajún, Vamos, vámonos.
Él lanzó una mirada despectiva hacia la casa que ella había compartido con
Todd hasta los últimos días.

—Llámalo instinto de investigador privado. Como te dije antes, tenía una mala
impresión acerca de ese tipo. Mi instinto me dijo que tal vez debería venir y
asegurarme de que no te estuviera dando ningún problema. Y parece que aparecí
justo a tiempo.

Liz dejó escapar un suspiro y admitió la verdad.

—Supongo que tienes razón— Sin embargo, se esforzó por lucir fuerte, porque
quería ser fuerte. —Pero ahora que estoy fuera de la casa, las cosas estarán bien.

Jack continuó viéndose escéptico.

—Cuanto más lo pienso, no sé si me gusta que estés viviendo justo en la puerta


de al lado. El chico parece un poco desquiciado para mí.

Liz simplemente negó con la cabeza.

—Ni siquiera sabe que me estoy quedando con Lynda. Ahora que tú te
presentaste, de hecho, probablemente piense que me estoy quedando contigo. Así
que a pesar de que estoy justo al lado, eso no debería ser un problema. Todd y yo
tendemos a ir y venir a diferentes horas, y Lynda, incluso tiene un espacio extra en
su garaje donde puedo aparcar mi coche, así él no lo puede ver.

Jack no se veía en lo más mínimo convencido, su expresión seguía siendo


severa.

— ¿Estás escuchándote a ti misma, chère? ¿Teniendo que preocuparte por


esconder tu coche y asegurándote de que no te vea venir o irte? Tal vez deberías
quedarte conmigo.
Capítulo Seis
Liz estaba a la vez conmovida y sorprendida por la sugerencia. Sin embargo, tan
maravillosa como la invitación sonaba, no parecía factible. A pesar de lo íntimos
que habían llegado a ser rápidamente, sólo se conocían el uno al otro hacia unos
pocos días. Ir a vivir con él parecía... atraparlo. Ella no quería ponerlo en la
incómoda posición de tener que continuar con su relación, cuando llegase el
momento de que él prefiriera enfriar las cosas.

Y parecía peligroso también para ella,... para su corazón. Cada hora que pasaba,
se veía obligada a darse cuenta de que estaba desarrollando verdaderos
sentimientos por Jack. En un principio había pensado, tal vez incluso esperado, que
su nuevo despertar sexual hubiera sido sólo sobre sexo, que no le hubiera permitido
involucrarse emocionalmente, pero no era cierto, se preocupaba por él, y mucho.
Aún no tenía idea de cuánto tiempo él querría que su aventura durara, pero cuando
llegara el momento de que terminara, sería un infierno más fácil si ella no vivía con
él. Tener que empacar sus cosas e irse sería mucho más doloroso que solo decir
adiós; o como Jack lo expresaría, au revoir.

—Jack, eso es muy generoso de tu parte, pero no te preocupes, estaré bien en lo


de Lynda— y de esta manera me voy a ahorrar algo de incomodidad y dolor al
final.

Jack luchó por qué decir algo mientras miraba hacia abajo a esos ojos hechos
esmeralda por el brillante sol de marzo que estaba sobre sus cabezas. Una parte de
él quería insistir, llevarla tan lejos de su ex novio como fuera posible, y acercarla
más a él. Pero al parecer era el único de los dos teniendo ese tipo de emociones,
experimentando una verdadera conexión, y tal vez, a fin de cuentas, eso era lo
mejor. Después de todo, no podía creer que le hubiera pedido que se fuera a vivir
con él. Nunca había vivido con una mujer. Ni siquiera había querido.

Supuso que era el momento que enfrentar los hechos: esta mujer era diferente.
En el poco tiempo que la conocía, había sido testigo de sus muchas cualidades:
la capacidad de ser tan fuerte como tierna, salvaje e inocente. Por lo menos tenía la
sensación de que había empezado un poco inocente, incluso si eso había cambiado
en los últimos días. Ella era todo lo que pensaba que una mujer tenía que ser:
suave, provocativa, amable y... caliente como el infierno. Todo eso y reían juntos,
también.

¿Lo controlaría ella de la manera contra la cual su padre le había advertido?


Infiernos, tal vez ya lo estaba. ¿No estaba consumiendo sus pensamientos, noche y
día? Y si ella lo dejara ahora... bueno, no pensaría en eso.

—Mais, lo que sea que pienses que es mejor — finalmente respondió.

Lo que él pensaría, decidió, serian en Todd. Definitivamente, no confiaba en el


sórdido hombre, y si se enteraba que el pelmazo estaba siquiera mirando hacia Liz
de nuevo, tendría que tomar algún tipo de acción.

—Tengo que irme— continuó, — pero te veré esta noche. A pesar de toda la
diversión que he estado teniendo contigo, chère, todavía tengo un trabajo que
hacer.

Ella inclinó su cabeza.

— ¿Un sábado?

—Mi trabajo no es exactamente de nueve a cinco.

—Ah, se me olvidó— sonrió. —Espero no haberte impedido cualquier vigilancia


nocturna.

—Querida, tú eres lo único que quiero vigilar últimamente.

*****
Temprano esa tarde, Liz salió de la ducha en la casa de Lynda, mirándose en el
espejo mientras se secaba la piel con una toalla. Sus mejillas parecían un poco
enrojecidas, sus labios tal vez más coloreados que de costumbre. Sus pechos se
sentían adoloridos y sus pezones estaban erectos, rosados e hinchados, por encima
de la concavidad de su cintura. Retrocediendo un poco, estudió su coño, pensando
en el desnudo y suave coño de Felicia flotando por encima de ella, moliendo
contra el suyo, la noche anterior. Qué increíblemente crudo, real y sexual había
lucido sin vello ocultándolo. Cuán sensual se veía.

Alcanzando la bolsa de aseo que había llevado al cuarto de baño, Liz encontró
crema de afeitar y una maquinilla desechable de color rosa. Una sensación de
excitación se apoderó de ella, su coño casi temblando por dentro, anticipando lo
que iba a hacer.

Pulverizando una bola blanca de espuma en una palma, gentilmente desparramó


la crema sobre su coño en una especie de U, decidiendo que, como Felicia, ella
dejaría una fina tira de pelo por encima de su raja. El aspecto del coño de Felicia la
había complacido y excitado tanto que quería hacer el suyo exactamente de la
misma manera.

Nunca había soñado que afeitarse podía ser una experiencia erótica, pero el
saber que se estaba preparando para Jack, junto con las sensaciones ondulando a
través de su sensible piel, la dejaron prácticamente goteando en el momento en que
cuidadosamente se había afeitado casi toda excepto por un delgado triángulo de
vello púbico moreno que salía desde la parte superior de su hendidura. Después de
eliminar el exceso de espuma de afeitar, se estiró para dejar que sus dedos se
deslizaran sobre la parte exterior de su coño; se sentía suave, resbaladiza, y sexy
para Jack. Luego se lo miró en el espejo, dejar a la vista su recién afeitado
montículo envió un espeso rayo de emoción a través de ella.

De regreso a su habitación al final del pasillo, Liz eligió un diáfano vestido, con
una suelta y fluida falda, y tirantes finos en los hombros, la tela era de toda una
gama de azul. Omitió el sujetador y las bragas, y mientras conducía hacia Bourbon
Street se sentía candente y pecaminosa pensando sobre la otra cosa que había
omitido, también. Cuando se movió en su asiento, podía sentir la débil sensación
de su suave coño frotándose contra su vestido y disfrutó la emoción de su desnudez
debajo de la delgada falda. Incluso se encontró deseando que el vestido fuera más
corto para que pudiera tocarse mientras conducía... había amado el sensual tacto de
su coño desnudo contra la punta de los dedos más temprano.

Muy pronto, se dijo mientras esperaba en un semáforo, su coño palpitando


locamente, Jack descubriría la sorpresa y le daría todo el tocar, besar y follar que
ella pudiera manejar.

*****

Según lo prometido, Jack había pasado el día trabajando duro en un par de casos
que habían aterrizado recientemente en su escritorio. Había conseguido algunas
pistas sobre algunas joyas robadas que la policía no había podido recuperar, pero en
otro caso, por malversación de fondos, no había golpeado otra cosa que obstáculos.
Y cada vez que se encontraba con uno de esos malditos obstáculos, era totalmente
demasiado fácil dejar vagar su mente... hacia la dulce Liz.

Había sido satisfactorio trabajar un poco, pero las horas pasaban muy despacio.
Había querido verla.

Había querido quitar sus ropas y obtener más de ella. Había querido chupar esos
deliciosos pezones y lamer ese encantador coño, al mismo tiempo que ella gemía y
suspiraba por encima de él.

Síp, parecía que lo tenía mal, de acuerdo. Cuanto más tiempo pasaba, menos lo
podía negar; ella estaba consumiéndolo. Y tal vez era un tonto, pero ni siquiera
había pensado en tratar de luchar contra ello. A pesar de que creía que sería
inteligente frenar las cosas con ella, una parte mucho más grande de él, incluyendo
su polla, sabía que no podía resistir sus impulsos en lo que a Liz concernía.

Por supuesto, no era sólo su polla hablando aquí. Era su corazón, también.
Maldita sea, ¿su corazón? La mujer lo tenía como un adolescente enamorado, pero
ahí estaba; su corazón casi estallaba en su pecho cuando ella venía a su mente.
Cuando puso esa reacción junto con lo que estaba tan rígido entre sus piernas, no
podía hacer nada más excepto sufrir hasta verla esta noche de nuevo.

Pronto iba a estar allí, pensó mientras colocaba dos filet mignon32 en una sartén
caliente, agregando pimienta negra y una pizca de romero. Sonrió para sí mismo,
esperando que pudieran manejar el comer el bistec antes de que estuvieran uno
sobre el otro.

Cuando escuchó su delicado llamado un poco más tarde, abrió la puerta para
encontrarla luciendo más que encantadora en un suave y fluido vestido que
abrazaba todas sus curvas deliciosamente. Dejó que sus hambrientos ojos se
hicieran un festín en su exuberante escote por sólo un momento antes de decir:

—Mejor mantengo la distancia de ti, cariño, si no, nos olvidaremos de comer; y


vas a necesitar una buena comida para mantener tus fuerzas antes de ir a través de
la noche.

Cenaron en el balcón, y durante la comida Liz lanzó juguetonas sonrisas que lo


pusieron salvaje, incluso cuando estaban hablando de cosas que nada tenían que
ver con el sexo.

— ¿Cómo tomaron tus padres la noticia acerca de Todd?— él preguntó.

—No muy bien— dijo, levantando la vista de su plato.—Creo que están en


negación, pero yo casi esperaba eso, por lo que no es la gran cosa. En cuanto a mí,
me siento libre como un pájaro por primera vez desde... siempre, tal vez.

No pudo evitar sonreír.

—Hmm. Si estás diciéndome que no te has sentido libre estas últimas noches
juntos, no puedo esperar a ver lo divertida que serás esta noche.

32
El filete o bife es un trozo rebanado que puede ser o bien de carne (generalmente carne roja) o de pescado. El filete
mignon es del lomo de cerdo y/o a veces de ternera joven.
—Si se da la circunstancia— dijo, echando otra de esas pequeñas sonrisas
provocativas, — tengo una sorpresa para ti.

— ¿Cuál?

Ella inclinó su cabeza.

—Ahora bien, no sería una sorpresa si te la digo, ¿no? Pero es algo que vas a
descubrir antes de que la noche haya terminado.

Él arqueó sus cejas.

— ¿Enviándome en una búsqueda del tesoro, chère?

—Podrías llamarlo así.

Compartieron una botella de vino durante la cena, y Jack abrió una segunda
cuando terminaron de comer y él hubo limpiado los platos. Ella lucía positivamente
suntuosa descansando en su balcón, una copa de Chablis en su delicada mano.

Y no es que él quisiera seguir sacando a relucir a Todd, pero...

—Así que estás diciéndome que verdaderamente superaste a tu novio tan


rápido— dijo, chasqueando sus dedos. Sonrió ligeramente y se inclinó hacia
adelante. —Ningún sentimiento persistente, ningún sentimiento de pérdida, ningún
querer vengarse de él para tu propia diversión— cuando ella dudó un poco, añadió,
— me lo puedes decir, cariño. No me importa ser el camino que tomes para tu
venganza, si eso es lo que todo esto es.

Sus ojos se estrecharon ligeramente, y las comisuras de su boca se curvaron muy


suavemente.

—Cariño— dijo ella, haciéndole reír por su imitación de él, — me creas o no,
esto es todo sobre mí. Lo que yo quiero. Lo que yo siento. Y no siento nada por
Todd excepto alegría porque ya no es mi problema.

Bien, pensó, pero no lo dijo. En su lugar, simplemente miró dentro de sus sexys
ojos y le dijo:

—Dime lo que quieres, chère, lo que sientes. En este mismo segundo, ¿qué
quieres?

Llevaba una sonrisa distante y parecía estar dando vueltas la pregunta en su


cabeza.

— ¿En este preciso momento? Mmm, bueno, en este mismo segundo, creo que
quiero sentarme en tu regazo.

Él esbozó una sonrisa de bienvenida y sintió a su polla inflarse mientras abría sus
brazos hacia ella.

Apoyando su vino en la mesa junto a él, ella se acomodó sobre sus muslos, y
mientras sus brazos se enroscaban a su alrededor, se preguntaba si ella sentía su
erección cada vez más grande contra su pierna. Su posición trajo sus exuberantes
pechos casi al nivel de su cara, así que se inclinó y bajó un pequeño beso en la
cresta de uno de los hermosos globos.

— ¿Qué quieres ahora?— susurró.

—Más de eso— ronroneó ella, arqueando sus pechos hacia su boca.

Ante la invitación, comenzó a agasajarse con ellos; pequeños y suaves besos


llovieron a través de su expuesto escote, haciéndola liberar una serie de pequeños
gemidos y gruñidos hasta que finalmente él facilitó una palma sobre su suave y
redondo seno, amasando mientras besaba su pecho y cuello. El duro pezón
sobresaliendo contra su mano lo obligó a meter su mano dentro del vestido, girando
la dura protuberancia entre sus dedos pulgar e índice, mientras levantaba sus besos
hacia sus calientes y hermosos labios.

Levantó la vista cuando ella se movió, para encontrarla deslizando fuera de su


hombro un tirante y dejando al descubierto una hermosa cresta rosada en su pecho
ante sus ojos y su boca. Ni siquiera hablaron sobre el hecho de que apenas era el
atardecer, que cualquier persona podría mirar por una ventana o desde la calle y
verlos... aunque Jack sabía que ambos eran muy conscientes de ello.

—Jolie33— susurró, y hundió su boca sobre la bonita punta de su pecho, dando


vueltas con su lengua sobre el tenso pezón, luego cerrando sus labios alrededor para
chupar. Ella gimió con placer y Jack escuchó como si sus sonidos fueran una
sinfonía; una excitante y sexy música de fondo para su servicio. Él bajó el tirante de
su otro hombro de modo que ella se sentaba en topless sobre su regazo
permitiéndole alternar sus besos de ida y vuelta entre sus deliciosos pechos hasta
que estuvo casi borracho de ellos.

Mientras observaba su lengua jugar sobre un húmedo pezón rosado en la


penumbra, deslizó su mano por debajo de su vestido, deslizando su toque hacia
arriba por la cara externa de su muslo hasta su cadera. Esperaba encontrar una
banda elástica de algún tipo y cuando no lo hizo, miró hacia ella con diversión.

— ¿Sin bragas, cariño?

Ella sonrió y sacudió su cabeza.

— ¿Es esta mi sorpresa?— él levantó sus cejas.

Él no esperaba su risa. —No.

Sonrió de todos modos. —Mais, todavía me gusta.

—Bien.

33
Del francés cajún, Bonito.
—Y me encantaría volar tu cabeza aquí mismo, en este balcón, mi pequeña
ardiente fille34, pero estoy pensando que deberíamos tener esta fiesta en el interior.
Ni siquiera es de noche, y no quiero a nadie llamando a la policía.

Ella inclinó la cabeza. — ¿En Bourbon Street? ¿Crees que alguien realmente lo
haría?

Él se encogió de hombros. —Puede sonar poco probable, pero no quiero correr


el riesgo de que nos interrumpan. ¿Tú quieres?

Ella le dio a su cabeza un movimiento sexy, y luego, sosteniendo su vestido


levantado bajo sus pechos desnudos, se levantó de su regazo, agarró su copa de
vino con su mano libre y desfiló a través de las puertas francesas hacia su sala de
estar.

Él la siguió, sorprendido por cuán absolutamente erótica se veía apoyada contra


su pared, la tela de color azul cubriendo su cuerpo desde las costillas hacia abajo.
Se lamió sus labios y tomó un sorbo de vino. —Ven aquí— dijo.

No estaba de humor para protestar. Puso su vino sobre una mesa y se acercó a
ella.

—Allí— le señaló la parte posterior de su sofá. —Apóyate.

Lo hizo, sin quitar los ojos de ella.

Después de otro trago, apoyó la copa junto a la suya y extendió la mano para
acariciar sus pechos. El vestido cayó a sus caderas. Verla... y saber que ella estaba
jugando con él, tratando de volverlo loco, era una dulce agonía. Poco a poco, ella
comenzó a moverse hacia él, al tiempo que masajeaba esos dos bonitos montículos
de carne, usando sus dedos para pellizcar y burlar las duras puntas rosadas bajo su
escrutinio.

34
Del francés, Niña.
Inclinó su cabeza hacia atrás y dejó escapar un gemido muy sexy, endureciendo
su eje cada vez más. Pero al igual que la noche anterior, podía ser paciente. Le
encantaba descubrir, uno a uno, los sucios regalitos que Liz tenía en la tienda, así
que estaba totalmente contento de verla jugar con sus hermosos pechos para él.

Cuando finalmente estuvo de pie directamente delante de él, ella alcanzó el bulto
en sus jeans, ahuecándolo en su palma, masajeándolo mientras su otra mano aún
acariciaba su pecho.

—Merde— gimió. Su toque se sentía tan bien que casi dolía.

A medida que ella llevaba sus manos a la hebilla del cinturón, él alcanzó sus
pechos. Sintió su delicioso peso en sus manos, rastrillando sus palmas sobre
apretados y abotonados pezones, ella desabrochó el botón de sus jeans y bajó la
cremallera. Llegando al interior, suavemente pero con seguridad liberó su polla,
tirando hacia abajo la ropa interior, por debajo de sus bolas.

Entonces ella agarró su mano. Aún paciente, él continuó, dejándola conducirlo


alrededor hacia el frente del sillón, donde se sentó. Ella se arrodilló entre sus
muslos separados y estudió su eje, él solo la miro; sus ojos hambrientos y sus
sensuales labios carnosos, sus hermosos senos grandes flotando justo por encima de
su erección dura como una roca.

Finalmente, se inclinó, dejando que sus pechos colgaran alrededor de su


alargado pene. Cálidos, suaves; Jack casi se muere por el suntuoso placer. Se
levantó ligeramente, apretándose contra el hueco valle entre esos dulces montículos
de carne, invitándolos a cerrarse alrededor de su erección lo más posible.

—Ah, hermoso, nena— murmuró, su voz ronca. —Jodidamente hermoso.

Ella deslizó sus pechos suavemente hacia arriba sobre su larga polla, y luego
hacia abajo. Movimientos lentos y laboriosos, y él sintió cada matiz; la suave
carnosidad, los duros puntos de sus pezones rozando la piel a cada lado de su eje, la
profunda grieta donde estaba enterrada su erección. No podía evitar moverse un
poco, follando su hermoso pecho... y esto la hizo lanzar un ardiente pequeño
gruñido mientras ella los deslizaba hacia arriba y abajo por su longitud más
agresivamente.

Por fin, justo cuando Jack creía que no podía manejar más placer, sintió a su
lengua dar un suave golpecito sobre la cabeza de su polla.

Bajó la mirada para verla lamer el líquido reunido en la punta... la vio lamer la
pequeña abertura, como si tratara de sacar más.

Entonces su lengua hizo un círculo alrededor de toda la cabeza; dos veces.

—Joder— murmuró, apoyando su cabeza hacia atrás con un placer casi


insoportable.

— ¿Quieres más?— ella susurró.

—Oh, sí.

Con eso, Liz siguió sus instintos y lamió una línea desde la base de su polla
fuerte y hermosa todo el camino hasta la punta, hambrientamente bajando su boca
sobre él. Le gustaba chupar la polla de Jack más de lo que nunca tuvo con otro
hombre. La mera visión de esta la hacía querer besar y chupar y lamer,
simplemente adorarla, y ahora el impulso principal era tomar tanto de ese gran eje
duro en su boca como pudiese.

Ella trabajó sus labios hacia arriba y hacia abajo, encantada por sus sonidos de
placer y el conocimiento de que estaba viéndola bajar sobre él. Sostuvo su pelo
hacia atrás mientras ella dedicaba su completa atención a tragar tanto de su gran
longitud como pudiese.

Cuando él estuvo bien húmedo y ella necesitó un descanso, se apartó para volver
a joderlo con sus pechos de nuevo. Ahora su polla se deslizaba hacia arriba y hacia
abajo entre ellos con astuta facilidad, y la humedad y la fricción contra su pecho la
puso aún más caliente. Después de un momento, comenzó a puntuar cada empuje
de sus pechos con una hambrienta lamida a la punta de su polla. Pero pronto,
pequeñas lamidas no fueron suficientes... quería lamer fuera toda la humedad allí
reunida, y quería chuparlo, más profundo, más duro.

— Cuidado, nena— él advirtió, —o te...

Pero a Liz no le importaba si él se corría ahora... quería hacerlo correrse de esta


forma, y quería verlo correrse, quería ver el chorro de semen salir de su larga,
enorme y hermosa polla, sólo para ella.

—Córrete sobre mis tetas— suspiró ella. —Quiero que te corras en mis tetas. —
No estaba segura de por qué, sólo sabía que quería sentir ese dulce y cálido líquido
blanco sobre sus montículos que estaban muy sensibles, quería que la cubriera,
haciéndola aún más húmeda.

Ella lo chupó un momento más, duro y salvaje, hasta que él gruñó:

—Nena, ahora— Justo después de que ella lo sacó de su boca, su espesa semilla
se disparó caliente y húmeda en cuatro largos estallidos, la mayoría en el arco justo
para aterrizar donde ambos lo querían. Liz apenas podía comprender el extraño
placer que obtuvo cuando sus pechos se empaparon con su fluido, pero se sentía
sexy, sucia y viva, hermosamente dibujada mientras ambos miraban hacia abajo
ante la visión. Por último, comenzó a frotárselo, gimiendo ante la sensación, y Jack
ayudó, masajeándolo mientras ellos miraban sus manos trabajar por encima de sus
senos manchados de semen.

Finalmente, alzó sus ojos hacia ella.

— ¿Esa fue mi sorpresa, chère?

No pudo evitar mostrar una sonrisa de zorra.

—No, todavía no.


— ¿Cuándo voy a conseguirla?

—Oh, creo que la encontrarás muy pronto.

Lanzó una sonrisa dudosa. — ¿Pronto?, ¿cuándo?

Ella no pudo evitar reírse. —Mira, ¿te he decepcionado hasta ahora?

Jack se unió, riendo entre dientes, y finalmente dijo:

—No, chère, sin duda no lo has hecho. Creo que puedo tratar de ser un poco
más paciente.

—Algo que no estás haciendo muy bien— bromeó.

Se echó hacia atrás con fingida indignación.

—Soy malditamente paciente, pero tú me empujas demasiado lejos.

Ella lanzó una mirada tímida. — ¿Quieres tu sorpresa?

Él asintió, con un brillo depredador en sus ojos.

—Entonces ven por ella— poniéndose en pie, recogió el vestido a su alrededor y


corrió hacia el dormitorio. Una vez allí, saltó sobre la gran cama de Jack justo para
mirar hacia arriba y verlo dispararse dentro detrás de ella. Rodando sobre el
colchón, él la clavó a la cama por sus muñecas y le dio una mirada peligrosa que se
disolvió cuando comenzó a besarla. Su boca, sus mejillas, su cuello, los hombros,
los pechos. Su estómago, su ombligo.

Más abajo, metió sus manos bajo su vestido y sobre su culo, acariciando y
amasando, hasta que finalmente una mano rozó la parte superior de su muslo y
bajó en el valle medio. Al instante en que su toque se hundió en su monte de
Venus, alzó sus ojos hacia ella, su expresión llena de fuego.

—Oh—, dijo, claramente sorprendido. —Oh, nena. — Sus besos regresaron,


rápidos y furiosos, a sus labios, su cuello. —Ca c'est bon35— murmuró entre ellos. —
Oh, ca c'est bon, nena.

— Esta es tu sorpresa— susurró ella finalmente.

Sonrió. —Y cuán dulce, deliciosa y placentera sorpresa es.

Sólo entonces llegó abajo, volteó su vestido por encima de su cintura, y miró su
coño liso. Él se movió más abajo, situándose entre sus piernas para ver mejor, y lo
sintió estudiando cada curva desnuda de carne blanca, y la parte rosada que la
dividia.

—Hermoso—, dijo finalmente. —Tan malditamente hermoso.

Luego le sonrió. —Cierra los ojos, chère.

— ¿Por qué?

—Porque tengo una sorpresa para ti, también.

Liz le lanzó una mirada curiosa y cerró sus ojos.

—No mires— advirtió mientras separaba sus piernas.

Sus suaves besos a través de su abdomen no la sorprendieron, ni el roce de sus


dedos a través de la lisa piel de su coño por debajo. Cuando él bajó un suave beso
en la hendidura donde su clítoris estaba, ella se estremeció de placer y separó más
sus piernas para él, todavía profundamente complacida pero no sorprendida
mientras su lengua la bañaba, poniéndola más húmeda de lo que ya estaba. Ella
gemía y suspiraba y parecía hundirse en la cama mientras se relajaba ante el

35
Del francés cajún, ¡Es bueno!
creciente placer, levantando sus manos para acariciarse sus pechos, olvidándose de
todas las sorpresas cuando el fuego líquido corrió por sus venas.

Y entonces sintió algo nuevo, inesperado, indefinible. Algo presionando contra


su apertura con profundos y tiernos empujes... pero no su polla; lo sabía porque su
boca todavía estaba trabajando sobre ella allí.

— ¿Q...qué es...?

En respuesta, él levantó un objeto largo y cilíndrico con forma de pene, hecho de


algún tipo de material de goma de color rosa. Luego sonrió.

—Te he comprado un vibrador; uno de los que vimos en la tienda ayer por la
noche.

Liz se mordió el labio, no muy segura de qué pensar, sin saber cómo sentirse.

—Nunca he usado uno de esos...

Su sonrisa se profundizó. — ¿En serio? ¿Nunca? ¿Ni siquiera sólo para ti, cuando
estuviste sin novios?

Ella sacudió su cabeza, y sabía que su inocencia estaba mostrándose una vez
más. Y ella sabía que estaba bien, que a él no le importaba su inocencia e incluso le
gustaba, pero deseaba no parecer tan sorprendida por algo tan común como un
vibrador, algo usado por las mujeres de todo el mundo.

—Incluso nunca he pensado sobre...

—Mais, creo que te va a gustar.

— ¿Es mejor que tú?— bromeó.

—Además de mí— corrigió, y luego bromeó, — como una especie de


suplemento mío.

Redirigiendo su atención a su coño, utilizó la punta del vibrador rosa para


empujar su apertura.

—Por ejemplo, no puedo lamerte y follarte al mismo tiempo, pero con esto,
puedo.

No podía dejar de estar intrigada. — ¿Por qué no me lo demuestras?

—Con mucho gusto— dijo, sin dejar de empujar la polla falsa con suavidad
hacia su pasaje. Ella se tensó un poco, tratando de mirar, pero incapaz de ver, y
Jack se rió. —Relájate, chère. Simplemente descansa y disfruta.

Ella hizo lo que le ordenó y en vez de pensar tanto en el vibrador penetrándola,


se concentró en la caliente lamida de Jack en su coño. Ciertamente, estaba lista
para eso... todo su coño había estado excitado y dolorido desde que se había
afeitado, así que su lengua era un visitante muy bienvenido. Y mientras lo
observaba lamerla, se dio cuenta de que el vibrador estaba empujando un poco más
profundo en ella con cada embestida de su mano, y pronto estuvo dentro suyo,
llenándola de la forma en que su polla generalmente lo hacía. Todavía lamiendo, él
movió el eje dentro y fuera con movimientos suaves que sólo insinuaban el poder
que él podía poner detrás de ellos si quería. Y aunque pensaba que nada se sentiría
tan maravilloso en su coño como su erección dura como una roca, el vibrador se
sentía bien, mejor y mejor con cada segundo que pasaba.

Y entonces, a pesar del hecho que el juguete era un vibrador, sucedió algo que
ella no había esperado. Lo encendió. Toda la polla de goma palpitaba contra cada
parte de su coño, desde los labios externos hasta el más profundo interior de su
santuario.

— ¿Cómo está eso?— detuvo la lamida para preguntar.

—Unh... bueno. — Descubrió lo difícil que es hablar cuando estaba muy


excitada, y ella estaba cada vez más empapada.

—Hay otra pequeña característica en esto que creo que te gustara— dijo
mientras seguía empujándolo dentro de ella.

— ¿Q...qué?— solicitó, pensando, Lámeme.

—No lo puedes ver ahora mismo, pero hay un pequeño nudo agradable en la
base de esto hecho para estimular tu clítoris cuando lo empujas todo el camino—
con eso, lo introdujo aún más profundo, sorprendiéndola. Ella había creído que
estaba todo el camino ya, pero no; al menos otra pulgada acababa de ser enterrada
en ella, y con ello vino lo que prometió, una presión caliente y deliciosa en contra
de su estremecido clítoris.

— Oh...— dijo.

Sin darse cuenta, ella comenzó a moverse contra el vibrador en algún momento,
y ahora se movía más duro, queriendo sentir ese nudo tembloroso contra su parte
más sensible. Había creído por un momento que no podría sobrevivir sin él
lamiéndola, pero el mágico vibrador parecía ofrecer lo mejor de ambos mundos:
estimulación en su interior y exterior. El tiempo se detuvo mientras se perdía en las
dulces vibraciones que parecían llenar su coño de adelante hacia atrás, de arriba a
abajo. Se movió más, maldiciendo el juguete en la mano de Jack, y sus embestidas
se volvieron más duras también, cuando le susurró:

—Así es, nena, está bien. Oh oui, chère, ca c'est bon. Trabaja ese pequeño dulce
coño, chère. Trabaja ese dulce coño hasta correrte para mí.

Y entonces ella estaba aplastando sus pechos en sus manos y dejando escapar un
largo y caluroso gemido mientras alguna presa imaginaria se rompía en su interior
y un río de placer se precipitaba a través de sus miembros, centrándose entre sus
muslos.

— Oh Dios, me corro, me corro—, gimió ella cuando su coño convulsionó


alrededor de la zumbante herramienta, su clítoris pulsando con enloquecedoras
palpitaciones que hacían juego con los latidos de su corazón. Ella cabalgó el
orgasmo todo el tiempo que pudo, bombeando su pubis contra el vibrador hasta
que los dulces pulsos poco a poco se desvanecieron.

Por encima de ella, encontró que Jack llevaba una pequeña y traviesa sonrisa.

—Creo que disfrutaste mi sorpresa, cariño, tanto como yo la tuya.

Ella le dedicó una sonrisa. —Mucho.

—Voy a dejar que te lo lleves a casa— dijo, sosteniendo el gran vibrador, — así
puedes cuidar de ti misma cuando no estoy alrededor.

Para su sorpresa, eso sonó bastante agradable... pero también como las palabras
de un hombre que estaba tratando de prepararla para su ausencia, un hombre que
tenía la intención de no estar por mucho tiempo. Ella no contestó, sólo asintió con
su cabeza contra la almohada.

— Entonces puedo imaginarte haciendo eso—, dijo en voz baja y humeante. —


Puedo imaginarte tendida en la cama, jodiendo tu hermoso coño con esto.

Ella decidió irse por las ramas. —Y pensando en ti.

Él sonrió. —Eso espero — habló de manera jocosa lo cual no reveló nada sobre
sus verdaderos sentimientos hacia ella.

Pero eso estaba bien. Como se lo había prometido a sí misma desde el principio,
si esto duraba una noche o, se atrevía a pensar, toda la vida... ella disfrutaría el
placer, disfrutaría cada momento de lo que era, absorbiendo todas las traviesas
delicias con las que nunca se había deleitado antes. Y acabaría estando agradecida
por haber encontrado un hombre caliente, dulce y sexy como Jack para adoctrinarla
en los verdaderos placeres de la carne.
*****

Una hora más tarde, ellos estaban en la cama de Jack en una perfecta posición
de sesenta y nueve. Jack no se cansaba de su bonito coño esta noche, tan suave,
desnudo y sexy. Esa piel suave parecía invitar a sus toques y besos.

Por debajo, ella alternaba entre chupar su polla, y acomodarla entre sus pechos,
a veces rastrillando la parte húmeda de su eje a través de un dulce y turgente pezón.
A veces le daba largas lamidas a su longitud o lamía solo la punta como si fuera
una piruleta36; parecía saber exactamente cómo espaciar sus ardientes convites de
su pequeña boca para que él no resulte demasiado excitado y se corra demasiado
rápido. Se alegraba porque estaba disfrutando demasiado de jugar con su coño para
que se acabara.

La desnuda piel en el exterior de su coño estaba más suave que cualquier otra
que jamás hubiera sentido. Incluso sin ningún tipo de estimulación, su caliente y
rosado clítoris y labios interiores sobresalían de la desnuda hendidura, hinchada por
la excitación. Él pasó su lengua a través de la protuberancia de su clítoris y observó
su carne apartarse ligeramente en respuesta. Luego usó sus manos para extenderla
más y ver cuán ruborizada estaba por el deseo. Más abajo, ella lo chupaba un poco
más duro, así que le devolvió el favor, chupando su hinchado clítoris y acariciando
la punta de sus dedos a través de los húmedos labios de abajo.

Su coño se movió contra él, efectivamente follando su boca, por lo que él insertó
dos dedos. Estaba tan empapada que podía oír sus dedos moviéndose en su contra;
ingresó un tercer dedo y escuchó los húmedos sonidos.

Un momento después, ella soltó su polla, lo cual era bueno... maldita sea,
mucho más de eso y él explotaría, y no estaba seguro de tener la fuerza para decirle
que se detuviera. Miró hacia abajo en la penumbra de la habitación para ver a su
dulce lengua lanzándose con cautela en contra de su punta, jugando, bromeando.
Dios, ella era buena... sólo verla le hacía enloquecer. Le encantaba lo mucho que

36
La piruleta es un dulce hincado en un palo. También es conocido como chupetín, chupeta, chupete, loli, paleta de caramelo,
paleta de dulce, palidulce.
ella disfrutaba de tener su polla en su suntuosa boca, esos labios rojos envueltos
alrededor de él como un tornillo flojo, pero la suave acción de su lengua que ella le
estaba dando a su polla en este momento era caliente y deliciosa, también.

Retirando sus dedos de su humedad, decidió que necesitaba más para llenar ese
pequeño coño caliente, así que agarró el vibrador de nuevo. Esta vez entró
fácilmente, enterrado hasta la base en un solo impulso. —Oooh—, gritó por encima
de él.

Él liberó su clítoris de su boca. — ¿Bueno?

—Unh— ella asintió contra su ingle, antes de usar su boca para alcanzar su
dureza de nuevo, deslizando sus labios sobre ésta como una funda cálida y
húmeda.

—Ah, nena, sí— Tan bueno, pensó. Tan bueno que quería follar su coño tan
dulcemente como ella lo estaba jodiendo con esa hermosa boca. Él encendió el
vibrador y lo clavó en su interior con el mismo ritmo que ella usaba para chuparlo,
viéndolo deslizarse dentro y fuera de su mojado paso con facilidad. La visión de su
coño, abierto y hambriento y admitiendo su juguete, transformó su deseo en una
caliente lujuria que se reunía en lo profundo de sus entrañas y lo hacía gemir. Bajó
su boca sobre su rosado clítoris una vez más, chupando y follándola, perdiéndose
en el dar y recibir, pero muy consciente de que ella estaba chupando su polla cada
vez con más pasión. Más profundo, más profundo, empujándolo dentro hasta que
creía que la punta de su erección debía estar tocando su garganta. Dios, sí, nena,
chúpame. Se movió contra ella, también, follando su dulce boca mientras trabajaba
la herramienta en su coño, empujándola más hacia dentro, decidido a llenar su
coño tanto como estaba llenando su boca.

Su respiración se hizo más pesada; sus sonidos de pasión llegaron con más
abandono. Jack trató de aferrarse a su cordura y no correrse hasta que ella lo
hiciera, pero era difícil porque ella chupaba su polla tan condenadamente bien. Su
trabajosa respiración sólo se añadía a su excitación, incrementando la tensión,
poniendo todo su cuerpo tenso como una cuerda. Él estaba seguro de que lo
perdería cuando por fin la oyó correrse, gimiendo contra su polla y follando su boca
y el juguete rosado, duro, duro, duro mientras gritaba. Dios, ¿cuánto tiempo más
podría soportarlo? Él trabajó para concentrarse en su orgasmo, empujando el
vibrador al ritmo de sus gritos apasionados, viendo la forma en que movía su pelvis,
absorbiendo la ardiente felicidad de su expresión.

Sólo cuando estuvo razonablemente seguro de que su éxtasis había disminuido


él abandonó la lucha y se dejó ir, advirtiéndole:

—Me voy a correr, chère, me voy a correr duro — pensó que ella lo liberaría de
sus labios, pero no lo hizo, por lo que su caliente semilla se vació en su garganta
mientras seguía chupando, chupando, a través de cada ardiente ola del orgasmo, de
alguna manera llevándolo al cielo y regresándolo de nuevo con sólo ese acto de
generosidad.

Cuando se hubo vaciado por completo y ella finalmente lo soltó, él la miró,


viendo restos de líquido blanco en una esquina de su boca, y pensando, Dios, ella es
asombrosa. Al instante necesitaba sostenerla... no era un deseo o un anhelo, sino
simplemente una cosa que tenía que hacer. Alargó su mano hacia ella y vino hacia
él, girando en la cama, así estaban cara a cara.

Él estiró un pulgar para limpiar su labio, y luego sostuvo su pulgar hacia arriba
entre ellos para que ella pudiera ver lo que le había frotado. Para su sorpresa, ella
envolvió su mano alrededor de la suya, lamiendo lo blanco, luciendo igual de
caliente como si todavía estuviera lamiendo su polla.

Lo estaba matando.

Por supuesto, ella había sido así casi desde el momento en que se conocieron ...
emocionante, hambrienta, pero creía que toda su sensualidad estaba teniendo algún
tipo de efecto acumulativo en él. Más cosas salvajes y sexys hacia con él, más se
sorprendía.

Apoyó su frente contra la de ella. — ¿Sabes cuán jodidamente caliente me pones,


chère?

Su sonrisa estaba mezclada con sensualidad y su voz salió en un susurro sexy.

—En caso de que no lo hayas notado, tú me pones bastante caliente, también.

Él sonrió en respuesta, a sus ojos.

—Un efecto bola de nieve, supongo. Yo te caliento, tú me calientas, y sólo sigue


creciendo.

Ella asintió, su expresión volviéndose casi tímida.

—Me encanta mi nuevo vibrador.

Él la acarició con su nariz, una mano a la deriva hacia abajo para acariciar la
curva de su cadera mientras soltaba su malvado pensamiento en voz baja y ronca.

—Te gustó tener dos pollas a la vez, ¿no?

Para su sorpresa, ella se sonrojó. No podía contener su risa mientras pasaba sus
dedos por su pelo, empujándolo fuera de su cara.

—Chère, no puedo entender cómo puedes volverte de repente tímida conmigo.

Ella se rió un poco, también, dándose cuenta del poco sentido que tenia eso.

—Todo esto es tan nuevo— explicó. —La mayoría de las veces parece tan
natural como respirar, como algo que ha estado dentro de mí todo el tiempo, a la
espera de salir. Pero todavía tengo pequeños momentos en que no puedo creer que
esta sea yo.

—Está definitivamente eres tú, bien, encantadora chère. Pero tienes razón; esto
viene a ti tan fácil como respirar y me encanta la forma en que sigues tus instintos y
tomas hasta la última gota de placer que puedes cuando estamos juntos. Y me
encantó llenarte con dos pollas al mismo tiempo.

Ella medio rió, medio ronroneó hacia él. —Fue... casi abrumador. Pero de una
forma muy buena.

Él esbozó una sonrisa sexy.

—Ah, ¿dónde estabas cuando yo era un estudiante universitario tratando de


encontrar una chica que lo quisiera de esa forma?

Su mirada era interrogativa y se dio cuenta de que había estado pensando en voz
alta y ahora tendría que explicarse.

—Te acuerdas de mi amigo, Ty... lo conociste ese primer día en mi oficina.

Ella asintió. —Él fue… memorable— entonces se estremeció suavemente, como


si tal vez hubiera dicho algo que no debería.

Se echó a reír. —Está todo bien, cariño; no soy del tipo celoso. Todas las
mujeres quieren entrar en los pantalones de Ty.

—Pues bien, está bien, sí, lo admito, lo encontré muy atractivo.

Él sonrió, gustoso de que ella tuviera esa honestidad con él, y tal vez estaba aún
un poco más encendido, dada la historia que estaba a punto de contarle.

—Nos conocimos en la universidad, éramos compañeros de cuarto, nos


convertimos en mejores amigos. De todos modos, teníamos esa mala costumbre de
ir tras las mismas chicas, y siempre bromeábamos diciendo que teníamos que
encontrar a alguien que nos permitiera compartirla, ya sabes... dejarnos follarla al
mismo tiempo. Eso se convirtió en una fantasía, algo que ambos queríamos hacer,
al menos una vez, pero nunca encontramos una chica que lo quisiera.
— ¿Había un límite de tiempo…— comenzó en tono especulativo —…para la
fantasía?— arqueó sus cejas con coquetería.

Él apoyó su cabeza de la almohada, observando todos sus movimientos,


mirando, queriendo asegurarse de que no estaba mal interpretándola.

—No. Ningún límite de tiempo.

Entonces ella lo miró juguetonamente de reojo.

—Bien, eso es bueno. Nunca se sabe cuando alguien dispuesto puede aparecer.

Más abajo, su polla volvió a la vida un poco. Él corrió un dedo por el borde de
su pecho, dejándolo jugar sobre el rosado pezón, el cual estaba ligeramente erguido,
pero rápidamente se puso más duro, más largo, por su toque.

—Hmm—, él bromeó, —parece que sé de una mujer muy excitante quien no ha


dicho que no a nada de lo que quería hacer hasta ahora.

Liz no podía evitar que una malvada sonrisa se desplegara sobre su cara. Apenas
podía creer lo que estaba sugiriendo, pero en el mismo segundo en que Jack le
conto su fantasía, ella se había imaginado a sí misma como la mujer entre los dos
hombres y su coño se había hinchado con una lujuria que no podía empujar hacia
abajo. En un mero instante, ella decidió que quería hacerlo, quería estar con Jack y
su amigo, juntos.

—No estoy segura de que diría que no— susurró ella con coquetería, —a todo lo
que me pidieras que hiciera.

Y lo decía en serio. Estaba muy excitada por la idea de ser compartida por Jack
y Ty que no podía decir que no a nada en ese momento, a nada en absoluto. El
recuerdo del encuentro con Ty y el sentirse tan inmediatamente atraída por él, tan
consciente de que todo era delgado, musculoso y caliente sobre él, sólo se añadió a
su ardiente deseo. Quería hacer todo con Jack. Y en este momento, eso significaba
que quería conocer el placer de dos hombres, dos pollas... dos pollas reales, en vivo,
duras, de carne y sangre, a la vez.
Capítulo Siete
La siguiente noche, Liz caminaba de la mano de Jack hacia un elegante
restaurante del barrio francés llamado Cicero´s, en Decatur. Llevaba un sexy
vestido rojo de tela fruncida que se pegaba a cada curva. El escote estilo colgante
era de corte bajo, revelando una cantidad excepcional de la hendidura entre sus
pechos lo cual la hacía sentirse ultra-sexy, y ciertamente no le permitía usar un
sostén. Mientras caminaban, sus pechos se sacudían ligeramente contra el abrasivo
material, haciéndola excitarse cuando, pensó ella, en verdad, debería estar
nerviosa.

Jack la había llevado a su casa esa mañana, y más tarde había llamado para
decirle que había invitado a Ty a cenar con ellos.

—Yo... pensé que tal vez quisieras conocerlo un poco mejor.

La sola idea de estar con ambos al mismo tiempo había buceado con fuerza por
su mente, un pensamiento prohibido. Considerando que, la noche anterior, ella
había invitado a Ty a su cama en un latido del corazón, hoy estaba un poco más
cautelosa, sin embargo, todavía estaba interesada y consideraba seriamente la
posibilidad. Dios, sabía que la idea era súper excitante, dos hombres calientes y
sexys complaciéndola juntos. Pero... ¿podría?

— Está bien — respondió.

Él claramente había escuchado la duda en su voz.

— Pero tú marcas el ritmo, chère. Si no quieres que pase algo, no sucederá.

Ella había pasado la mayor parte del día después de la llamada alternando entre:
no, de ninguna manera, no puedo hacerlo, y preparando su cuerpo para el placer.
Había tomado un largo baño de lujuriosas burbujas, una vez más afeitó su coño
sólo para asegurarse de que seguía siendo suave, y luego se había repantigado en
torno a un mono de seda que se frotaba sensualmente contra sus pezones y culo
cuando se movía en el mismo. Y cuando había llegado el momento para prepararse
para su cita, se puso uno de los vestidos más sexy de Lynda, y como de costumbre,
este era ceñido en el pecho y ciertamente pronunciaba la mayoría de los activos de
Liz. Evidentemente su cuerpo quería lo que en su mente había crecido
tentativamente.

E incluso ahora, cuando entraron en el restaurante levemente iluminado, donde


sabía que Ty les esperaba, no estaba segura de lo qué iba a hacer. ¿Se permitiría a sí
misma este último enlace prohibido? ¿O sería la única cosa a la que diría que no?
Después de que Jack le informara a la anfitriona que se reunirían con un amigo,
entraron en el lujoso comedor para encontrar a Ty en una pequeña cabina
semirredonda. Él estaba tan obscenamente guapo como Liz recordaba, un mechón
de pelo rubio oscuro cayendo sobre su frente, una barba más oscura en su mentón.
Hizo un gesto y sonrió cuando los vio.

Jack la condujo a través de la gran sala, de techos altos, donde cada mesa
brillaba con la luz de las velas y un trío de jazz tocaba en una esquina. Cuando se
acercaron a la mesa, un poco del nerviosismo que Liz había esperado sentir volvió
a ella.

Ty se levantó para recibirlos. Llevaba pantalones oscuros y una chaqueta


deportiva, una camiseta blanca debajo, con un par de botones sin abrochar.

—Me alegro de verte otra vez—, le dijo a Liz, tendiéndole la mano. Ella ofreció
la suya y él coloco un delicado beso. A pesar de su nerviosismo, un consciente
zumbido se deslizó a través de su cuerpo.

Se sentó entre los dos hombres y al instante los sintió en torno a ella, fue como si
el sexo fuera una cosa palpable, viva, como si estuviera comprimido en la pequeña
cabina con ellos. La sensación le recordó a Liz vagamente lo que había sentido ese
primer día, reunida con ambos en la oficina de Jack, juntos parecían llenar la
habitación con calor y testosterona. Sólo ahora se daba cuenta que de alguna
manera estos dos hombres, juntos, eran verdaderamente una fuerza sexual a tener
en cuenta. No era de extrañar que hubieran perseguido a las mismas mujeres en la
universidad; no era de extrañar que quisieran compartir una. Era casi como si los
dos emanaran una acelerada y amplificada energía sexual que era mucho mayor
que la suma de sus partes.

De alguna manera, cuando el día había avanzado, mientras temía y esperaba


este momento, había previsto que Ty sería evidente y contundente, haciéndola
sentir incómoda. Pero ahora, mientras él llevaba fácilmente la conversación,
recordó que era un hombre agradable y con facilidad de palabras.

— ¿Has comido aquí antes, Liz?

Ella sacudió su cabeza. —No, pero Jack me dijo que es maravilloso.

Ty asintió reasegurándolo. —Este es uno de mis restaurantes favoritos en el


Barrio. No puedes ir mal con nada en el menú. Los platos italianos son
especialmente buenos, pero hacen buena comida criolla, también.

Liz tomó la iniciativa para cambiar la conversación a algo un poco más


personal.

—Sabes, no puedo dejar de advertir que no posees el mismo acento cajún de


Jack, pero no has mencionado de dónde eres.

Sonrió. —A diferencia de Jack, soy un trasplante. Vine con una beca a Tulane y
nunca me fui. Me crié en Lansing, Michigan, pero soy cajún de corazón —
concluyó con un guiño amistoso.— ¿Jack dice que eres de Maryland?

Ella asintió y se preguntó si Jack le habría dicho a su amigo por qué se había
mudado a la Big Easy, y lo que él había investigado para ella, pero decidió
mantenerse al margen de ese tema desagradable.
—He estado aquí por seis meses, pero antes de conocer a Jack no había tenido la
oportunidad de salir y disfrutar demasiado de la ciudad.

— ¿Y te gusta?

—Cada vez más —dijo, de nuevo preguntándose exactamente cuánto le había


dicho Jack a Ty acerca de su reciente serie de noches juntos.

Pero eso no importa, se recordó. Porque ella no lamentaba nada de lo que había
hecho con Jack y no se avergonzaba de ello, tampoco. Y si ella y Jack iban a invitar
a Ty a su cama esta noche, era probablemente mejor que él supiera un poco de su
reciente historia sexual.

Se mordió los labios, al darse cuenta con asombro que estaba verdaderamente
considerando un trío con Jack y su mejor amigo. La sola idea hizo que se le
fruncieran los pezones contra la arrugada tela del vestido.

Después de que ordenaran la cena y de que una botella de vino hubiera llegado,
Ty se excusó para ir al baño, y Jack tuvo la oportunidad de colocar su mano sobre
el muslo de Liz. Se inclinó más cerca.

— ¿Qué piensas de Ty?

Sonrió hacia su sexy amante en la habitación en penumbra.

—Él es bueno. Amistoso.

Jack asintió con la cabeza.

— ¿Qué le dijiste? Acerca de mi, quiero decir acerca de nosotros.

Se encogió de hombros. —Suficiente para que sepa qué tipo de entretenimiento


hemos estado disfrutando juntos. No lo suficiente, sin embargo, todavía tenemos
secretos.
Secretos. A ella le gustaba eso, la idea de Jack y ella teniendo secretos del resto
del mundo, la idea de que Jack quería que ellos tuvieran cosas que quedaran sólo
entre ellos. De alguna manera la idea la ponía más a gusto con el concepto de un
trío.

—Como te dije antes, chère, todo depende de ti. Sin presión. Cualquier cosa que
quieras hacer. Quiero hacerte feliz, quiero hacerte sentir bien, quiero hacer lo que te
dejará más complacida al final — concluyó con una sonrisa sexy y una caricia sobre
su muslo que se disparó directamente a su coño.

Bajó un suave beso en sus labios cuando Ty volvió del baño.

Mientras Ty se deslizaba de nuevo en la cabina, Liz creyó que él se había situado


a sí mismo un poco más cerca de lo que había estado antes. Probablemente era una
cuestión de centímetros, pero su rodilla tocaba la suya ahora, su muslo se rozaba
contra el de ella en el asiento de cuero. A su otro lado, Jack se sentaba cerca, sus
dedos todavía acariciando cautelosamente su pierna, justo por encima de su rodilla.
La idea la hizo mirar hacia abajo, haciéndola ver que el vestido se había subido a
más de la mitad de sus muslos al sentarse, de modo que los bordes de encaje de sus
medias eran casi visibles. Consideró tirarlo hacia abajo, pero cuando una cinta de
excitación se tejió a través de su coño, cambió de opinión.

Esa cinta de excitación y la conciencia se tensaron a lo largo de la comida. No


fue algo que alguien dijo o hizo, la conversación fluyó normalmente mientras los
hombres discutían sobre deportes, amigos que tenían en común, sus trabajos, y Liz
habló un poco de su trabajo, también. No, fue acerca de cuán cerca cada hombre se
sentaba a cada lado de ella, la forma en que sus piernas tocaban a las de ellos
debajo de la mesa, haciéndola sensible y ultraconsciente de cada cambio o
movimiento que alguien hacia. Sumado a lo que era la manera en que hablaron de
cosas normales, actuando como si una forma sutil de juegos previos no estuviera
comenzando a tener lugar bajo el mantel.
El pequeño acto de comer se convirtió en sensual, la tensión sexual tirando de
Liz por ambos lados. Todo su cuerpo empezó a sentirse muy sensible. Cada suave y
caliente bocado que tomaba de la lasaña que había ordenado, cada vez que cerraba
los labios alrededor de uno de los bastones de ajo que venían junto con ésta, la
hacía más consciente de su boca, su lengua, los movimientos de sus manos. Cada
copa de vino parecía deslizarse a través de su cuerpo. Incluso el liso tallo de la copa
de vino en su mano se convirtió en algo sensual, por lo que se encontró pasando sus
dedos hacia arriba y abajo de su longitud. Sintió a ambos hombres mirándola
durante toda la comida, llegando a ser tan conscientes de estas cosas como ella.

Después que terminaron la cena, Jack regresó su mano a la cara interna de su


muslo, más arriba esta vez, sus dedos entregando una suave caricia enloquecedora
a través de su media. Cuando ella intentó colocar su servilleta sobre la mesa y en su
lugar accidentalmente cayó por debajo, Ty se agachó para recogerla.
Mientras él se levantaba de nuevo, dejó que sus dos manos y la servilleta pasaran
rozando hasta más allá de su rodilla.

—Gracias — dijo ella, sonando un poco entrecortada, cuando él la devolvió


sobre la mesa. En ese preciso momento, el sedoso tacto de Jack subió ligeramente
más arriba. Ella le separó las piernas un poco, involuntariamente presionando su
otro muslo contra el de Ty. El contacto la hizo mirarlo; sus ojos tenían una pizca de
conciencia, un indicio de fuego. Pero también le recordaron lo que Jack seguía
diciendo, esto era para ella. Los hombres seguirían su iniciativa, suponía. Así que
incluso cuando ella bajó la mirada, no del todo capaz de mantener el intenso
contacto con Ty, se lamió el labio superior y no hizo nada para alejar su cuerpo.
Esperaba que eso le dijera que estaba interesada en por lo menos un poco más de
esta experiencia.

—Entonces, ¿cuál es tu placer, querida?—preguntó Jack con un toque de cruda


sensualidad que hizo imposible no escuchar el doble sentido de la pregunta.

Vamos a volver a tu casa. Los tres. Quiero esto, quiero a ambos sobre mí, en mí. Pero Liz
no podía decir esas cosas, todavía no, aún no estaba completamente segura.
—Vamos a recorrer la Bourbon Street — dijo en cambio, pensando que un poco
más de tiempo con ambos le ayudaría a decidir.

—Suena bien — dijo Ty.

—Pasemos por el Café duMonde en el camino — sugirió Jack —Y recojamos


algunos buñuelos de postre. Podemos comerlos mientras caminamos hacia
Bourbon. Podríamos conseguir guardar algunos para más tarde, también. Ya sabes
cómo me gustan mis hidratos de carbono — añadió con un guiño en dirección de
Liz.

Los buñuelos del Café duMonde eran un deleite de Nueva Orleans que Liz había
aprendido a amar muy poco después de su llegada a la ciudad. A pesar de que
nunca se había aventurado demasiado lejos en el Barrio Francés antes de conocer a
Jack, había llegado al Café duMonde con las chicas del trabajo desde el principio.

Ella y sus dos escoltas comieron los dulces cubiertos de azúcar paseando hacia el
distrito festivo, por lo que pronto se encontraron con su ropa manchadas y veteada
con la pesada azúcar en polvo, se miraron y los tres echaron a reír.

—Como mi bisabuela solía decir, puedes vestirnos, pero no puedes llevarnos


fuera—Jack conto, y Liz se encontró amando su manera fácil de llevar las cosas. A
pesar que él la acompañó a una cena elegante, no era tan adecuado como Todd, no
temía comer un postre desordenadamente y reírse de ello.

Una vez que los buñuelos se terminaron, se sacudieron el polvo, y Jack


amablemente lamió los dedos de Liz para limpiarlos enviándole un pequeño y
encantador escozor a su ya sensibilizado coño. Una parte de ella estuvo casi
tentada de ofrecerle, bromeando, el mismo servicio a Ty, pero todavía era
demasiado pronto, a pesar de la diversión que estaba teniendo con los dos, todavía
no estaba lista para dar el siguiente paso.

Para el momento en que llegaron a la Bourbon Street una multitud de personas


deambulaba por las calles, las luces de neón iluminaban la noche, y música de todo
tipo, cajún, blues, jazz y rock, sonaba desde las puertas y ventanas abiertas. La
gente usaba collares baratos de color púrpura, verde y oro, y sostenían tragos de
brillantes bebidas o botellas de cerveza. Mardi Gras había sido el mes pasado, pero
a Liz le parecía que el lugar aún lucía salvaje y cargado con una energía sexual
invisible, una energía que estaba comenzando a darse cuenta que siempre estuvo
allí, era parte integrante del Barrio Francés.

Cuando el trío se detuvo en un pequeño bar, en la barra al aire libre de daiquiris ,


la atención de Liz se dirigió hacia un grupo de cuatro o cinco hombres de treinta y
algo fumando puros y silbando cuando un grupo de niñas sexys en edad
universitaria y con muy poca ropa pasaron serpenteando.

Una de las chicas miró hacia atrás con una sonrisa audaz y descarada. —Quiero
sus collares—le dijo a los hombres, quienes llevaban una gran variedad de ellos.

—Sabes lo que tienes que hacer — respondió uno de ellos, riéndose.

—Muéstralos para nosotros, nena — dijo otro hombre.

La chica regresó a donde los hombres estaban de pie, alcanzó el borde su escaso
top y tiró de éste hacia arriba para revelar un par de grandes y bonitos senos con
pequeños pezones de oscuro color malva.

—Bonitos — dijo uno de los hombres con voz lasciva.

—Preciosas tetas, mi amor — otro declaro.

Ella sonrió, obviamente gustosa de mostrar sus activos, y mantuvo su top


levantado mientras cada uno de los hombres le entregaba algunos de sus collares,
colocándolos alrededor de su cuello.

—Es un placer hacer negocios con ustedes — dijo, por último bajando su top y
girando para ponerse al día con sus amigas.
Liz no podía dejar de mirar la escena con una extraña y espontanea fascinación.
Incluso tan íntima como había estado con Jack y pronto podría estarlo con Ty, ella
no podía relacionarse con el deseo de mostrar sus pechos por collares de cincuenta
centavos. A pesar de que tal vez no se había dado cuenta en un primer momento,
las cosas que había hecho con Jack siempre habían sido algo más que sexo entre
desconocidos. Aún así, ver a la chica levantar su top para el placer de los hombres
se había añadido sutilmente a su excitación. Evidentemente, como todo lo
hedonista de esta ciudad, el mostrarse por collares no se limitaba sólo a Mardi
Gras.

—Yo no sé ustedes muchachos — dijo uno de los hombres a sus amigos mientras
Liz continuaba observando —pero estoy listo para disfrutar un striptease.

Los otros riendo estuvieron de acuerdo y no perdieron el tiempo dirigiéndose al


Club Venus, justo cruzando la calle.

En ese momento, Ty se acercó, entregándole un trago, sus dedos se rozaron


durante el intercambio. Jack aún estaba en la barra, pagando.

—Gracias — dijo en voz baja, mientras se encontraba con los ojos marrones de
Ty brevemente, pero de nuevo, demasiado intenso para ella, así que cambió su
mirada al otro lado de la calle, donde una encantadora y joven chica con un vestido
mini y sexys zapatos de tacón alto estaba de pie junto al portero, diciendo, —
Entren, señores.

— ¿Eres una bailarina?—preguntó uno de ellos, sonando más borracho que el


resto.

Ella asintió. —Voy a estar en el escenario principal en unos veinte minutos, por
lo que es mejor que consigan unos buenos asientos así me pueden dar un montón
de propinas— se rió en la conclusión.

—Apuesta que lo haremos, preciosidad — dijo el borracho. —Quiero ver tus


tetas.
— ¿Y ahora qué?

Liz se estremeció al oír la voz de Jack en su oído. Había estado en trance por los
acontecimientos de la calle, por la abierta sexualidad que se mostraba. Nadie era
tímido o reservado; nadie tenía nada excepto ganas y era honesto acerca de ello.
Tal vez, Liz razonó, había sido este ambiente erótico el que había abierto su mente
a las cosas que había hecho durante los últimos días. Tal vez esto era tan
embriagador que cualquiera respondería como ella lo había hecho, abriéndose a
todas estas nuevas experiencias sexuales. Pero una mirada a Jack se lo recordó que
era más que eso. Él la trataba con mucho más respeto del que esos chicos entrando
al bar le mostraron a la mujer dispuesta a desnudarse completamente para ellos.
Era tan bueno y dulce con ella, tan comprometido con complacerla, tanto o más
que a sí mismo. Y ella quería complacerlo igual o más a cambio.

Supo en ese momento que ella no diría que no a su deseo de un trío. De hecho,
se adheriría, amaría compartirlo con él, se sumergía en ello con la misma ansiosa
honestidad de sexo que estaba a su alrededor en la traviesa Bourbon Street.

— ¿Qué quieres hacer ahora, chère? — Jack le preguntó otra vez cuando ella no
respondió.

Miro hacia Ty, luego de regreso a Jack. —Detengámonos en el Club Venus por
un rato.

El nuevo calor en la mirada de Jack era inconfundible. —Claro que sí, chère.

Colocó su mano en la parte baja de su espalda y los tres caminaron a través de la


calle.

Los únicos asientos disponibles eran un par de pequeños sillones en frente del
escenario principal. Ty tomó uno, y Liz se sentó enfrente sobre el regazo de Jack en
el otro. En el escenario, la stripper de aspecto similar a Britney Spears que había
visto antes giraba alrededor del tubo. Su cabello rubio colgaba en dos trenzas y la
blusa atada en su cintura era lo suficientemente transparente para proporcionar una
buena vista de sus oscuros pezones.

Mientras la stripper se burlaba de la audiencia tirando de su corta falda escocesa


lo suficiente como para mostrar la parte superior de sus medias de encaje y liguero,
Ty se inclinó y dijo en voz baja. —Jack me dijo que tienes un gusto excelente en
mujeres.

No debo ruborizarme, se ordeno. —Sí, él parece pensar que sí.

—Así que, si quisiera un baile erótico, ¿a quién escogerías para mí?

El coño de Liz se entibió debajo de su vestido.

Ella recorrió la habitación buscando las strippers en los distintos escenarios, y las
chicas ya desnudas y dando bailes eróticos. Sus ojos fueron atraídos por una niña
que no había visto en sus anteriores visitas, una morena de aspecto exótico con el
cabello largo, oscuro y lacio, impertinentes senos de tamaño mediano, y un oscuro
bronceado sexy. Actualmente bailaba en uno de los escenarios más pequeños con
una minifalda de cuero negra y botas altas de color negro. Bronceadas líneas
indicaban sus pechos y llamaban la atención sobre ellos.

—Ella—dijo Liz, señalando.

Ambos chicos miraron y Ty ofreció una pequeña sonrisa caliente.

—Jack estaba en lo cierto. Una buena elección.

Regresaron al silencio entonces, todos mirando a la colegiala quitarse la blusa y


acariciar sus pechos mientras bailaba y se balanceaba para ellos. La polla de Jack
creció contra el muslo de Liz, y la combinación de las sensaciones visuales y físicas
la hicieron humedecerse. Sus pezones se sentían como pequeñas balas contra el
ajustado vestido y casi deseó que no hubiera sugerido ir al club, que simplemente
hubiera tenido el coraje de regresar donde vivía Jack para estar sola con los dos.
En su lugar, sin embargo, dirigió su mirada hacia la chica que había elegido para
Ty, se estaba moviendo sensualmente fuera de la falda de cuero, dejándola en otra
de las tangas color carne utilizadas por el Club Venus. Mientras la linda stripper
continuaba con su sensual baile, retorciendo sus pezones, corriendo largos y
delgados dedos alrededor de su coño apenas disimulado, se dio cuenta de que Ty
estaba mirando, también. Los ojos de Jack se mantuvieron en el escenario
principal, y extrañamente, Liz tuvo la sensación que ver a la otra chica era algo que
ella y Ty compartían.

En el momento en que el número de la chica llegó a su fin, Ty calmadamente


levantó un dedo, como si estuviera llamando a un camarero, y a pesar de la
multitud, la stripper lo vio de inmediato. Todavía en botas de tacón alto y tanga,
hizo su camino hacia donde ellos estaban sentados.

— ¿Cuánto?— preguntó, sus ojos brillando con un fuego lento.

A pesar de que no había especificado un baile erótico, la chica parecía saber lo que
quería decir.

—Veinte.

Él curvó su dedo índice como diciendo, Ven acá.

La bonita chica sonrió, sin perder tiempo poniéndose a horcajadas de Ty en el


sillón.

*****

Jack observó mientras la ardiente morena que Liz había seleccionado se retorcía
sensualmente en el regazo de Ty. Su amigo se echó hacia atrás, viéndose
embriagado de ella, sus ojos recorriendo su cara, sus pechos, sus muslos separados
sobre él con sólo una minúscula tanga cubriendo su coño.
Liz observaba también, y sabía que los tres estaban cada vez más excitados,
preparados para lo que venía. E incluso tan en trance como Ty parecía estar con la
stripper en su regazo, Jack sabía que su amigo estaba anticipando compartir a Liz
con él en un rato. Y Liz diría que sí, él lo sabía, también. Había visto una pequeña
luz ansiosa en sus ojos cuando ella les sugirió que entraran en el bar de striptease.

Cuando le había dicho a Ty lo que podría ocurrir entre ellos y Liz, su amigo
había estado incrédulo al principio y asombrado luego. No sólo por la antigua
fantasía que ellos habían albergado, sino también porque Jack estuviera dispuesto a
compartirla.

—No lo niegues, amigo, tienes una cosa seria con la sexy señorita Lizzie. Así que
lo que no se es: ¿por qué estás dispuesto a compartir a la única mujer por la que te
he visto sentir algo sólido?

Jack había considerado negar la acusación, pero en cambio solo había sido
honesto.

—Porque quiero que experimente todo. Quiero que ella conozca el máximo
placer.

— ¿Y luego? ¿Vas a estar bien con eso luego, sabiendo que he follado a la mujer
que amas?

Una vez más, Jack tuvo la tentación de negarlo, maldita sea, ¿cuando la palabra
amor había entrado en juego? Pero no lo hizo.

—Mira, estoy bastante seguro de que esto no es una cosa seria para ella. Está
explorando su sexualidad, aprendiendo a perder sus inhibiciones. No importa lo
que siento o no siento, creo que tarde o temprano va a completar los experimentos
sexuales y entonces probablemente vamos a... tomar caminos separados. Así que la
parte del después en realidad no importa. Lo que importa es que la ayudaré a tener
estas experiencias, que la ayudaré a tomar su sexualidad allí donde quiere ir.
Ty dirigió una mirada de incredulidad.— ¿Así que estás diciendo que vas a
dejarla ir, así de fácil?

Jack se encogió de hombros. —Estamos en diferentes lugares de la vida. Ella


acaba de romper con su novio de hace mucho tiempo y descubrió esta nueva y
salvaje faceta de sí misma. Creo que tiene un montón de vida por hacer,
probablemente con un montón de personas.

— ¿Qué pasa si estás equivocado y ella sólo quiere hacer su vida contigo?

Él negó con su cabeza.

—Para tu información, la invité a vivir conmigo, y ella dijo que no. Puedo
entender una indirecta.

Ty puso los ojos en blanco. —A veces creo que eres un poco demasiado relajado
para tu propio bien. Si yo quisiera algo a largo plazo con una mujer, la perseguiría
hasta que ella quisiera lo mismo.

—Ahí es donde tú y yo somos diferentes, mi bon ami—dijo Jack. Porque él no era


Ty, tenía una razón para no perseguir eso. Incluso si él la quería, la experiencia de
su padre todavía se reproducía en su cabeza y desde luego no quería terminar con el
desorden emocional por el que su padre había pasado por una mujer. Si Liz
realmente quisiera estar con él, si él supiera que ella quería algo fuerte y duradero,
no sería capaz de resistirse. Pero si ella no lo hacía iba a dejar caer las fichas donde
cayeran y asumiría que era así como las cosas debían ser. Le había ido bien con esa
filosofía de vida hasta ahora.

Y había querido decir lo le había dicho a Ty sobre su propuesta de un ménage a


trois. Era sobre ella, y él estaba dispuesto a compartirla para complacerla, y
compartir la experiencia.

Ambos observaron a la hermosa stripper dándole a Ty un baile erótico muy sexy,


la erección de Jack se volvió más sólida, como una roca. La mujer giraba sus
caderas sobre el regazo de su amigo, arqueándose contra su polla en un perfecto
sexo simulado. Sus pechos balanceándose ante los ojos vidriosos de Ty, sus
pezones oscuros y erectos. Ty, por supuesto, no podía tocarla, pero su mirada viajó
desde su delicado rostro a la curva de sus pechos a la pálida tanga que ocultaba su
entrepierna.

Jack deslizó su mano entre las rodillas de Liz, deslizándola lentamente hasta el
borde de su falda y debajo, sus dedos jugando sobre el encaje superior de sus
medias. Él quería hacer mucho más, quería estirar su mano dentro de la abertura de
su increíble vestido, quería rastrillar las yemas de sus dedos a través de su coño, el
cual sabía que tenía que estar empapado ahora. Quería presionarse contra su
cuerpo desnudo desde un lado, mientras que Ty se presionaba contra ella desde el
otro, quería que ella conociera la excitación de ser adorada tan decadentemente. Y
una parte de él, incluso quería llevarla de regreso a su lugar, sola, sin Ty, y
encerrarla y mantenerla allí para siempre, suya, sólo suya. Pero eso era un poco
aterrador, un poco como algo que su padre podría haber pensado sobre su madre y
afortunadamente para Liz y Ty, él no iba a escuchar esa voz posesiva que crecía
dentro suyo. En cambio, iba a ofrecer a los tres la máxima excitación.

Cuando la sexy stripper conectó su entrepierna con la de Ty, moviéndose en


pequeños círculos calientes, Liz se inclinó para susurrar en el oído de Jack.

—Creo que estoy lista para ir a tu casa.

Él la miró a los ojos y vio la innegable pasión allí.

— ¿Con Ty, también?

Ella asintió solemnemente.

— ¿Estás segura?
—Sí. ¿Y tú?

—Oui. Definitivamente.
Capítulo Ocho
El viaje en taxi, aunque corto, era insoportable. No hablaron, pero Jack
acariciaba el muslo de Liz. Ella se sentaba entre los dos hombres, al tiempo que se
preguntaba cómo iba a empezar, cómo llegaría Ty a estar implicado en algo que
ellos habían conseguido muy bien como pareja, cómo se sentiría, cómo iba a
responder. Ella seguía queriendo que Ty la tocara en el taxi junto con Jack, pero no
lo hizo. La espera se había convertido en tortura.

Una vez dentro del apartamento, Jack dijo:

— ¿Algo para beber?

—Vino— dijo.

—Para mí, también—agregó Ty.

Se sentó en el sofá de Jack y Ty se unió a ella. Sus ojos se encontraron y esta vez
no apartó la vista, simplemente no se lo permitió. Jack se sentó en su otro lado,
apoyando tres copas en la mesa de café, junto con una botella de vino descorchada,
que luego sirvió.

Él levantó su copa y dijo:

—Tal vez deberíamos brindar por algo.

Liz levantó su copa y dijo, un poco sin aliento, pero de repente sintiéndose más
atrevida:

—Por compartir.

—Por compartir—repitió Jack, y los tres brindaron.


Liz tomó un largo trago, luego dejó su copa sobre la mesa y se volvió hacia Jack.

—Estoy repentinamente... muy lista para esto—suspiró ella.

—Ah, adorada chère—le susurró, mirando profundamente a sus ojos antes de


lentamente inclinarse para ofrecer un beso largo y cálido, su lengua nadando en
lánguidos círculos alrededor de la de ella.

Esto envió una ráfaga de insaciable deseo explotando a través del cuerpo de Liz,
dejando a su coño palpitando con enloquecedora intensidad. Ella le devolvió el
beso, entrelazando sus brazos alrededor de su cuello, inclinándose sobre sus brazos.
Un beso llevó a otro mientras sus manos recorrían su espalda, culo, cintura,
deslizándose hasta masajear un necesitado seno. Y aun cuando se permitió
hundirse en Jack, porque Jack era todo en ese momento, ella se mantuvo
ultraconsciente de la presencia de Ty, también, sabiendo que él estaba sentado en el
lado opuesto, mirando su pasión, esperando para unirse. Ella había hablado en
serio cuando dijo que estaba preparada; desesperadamente quería sentir su tacto,
junto con el de Jack, y finalmente estiró sus piernas a su lado, las rodillas dobladas,
hasta que deslizó un tacón sobre el muslo caliente de Ty.

Y entonces llegó su toque, un roce suave en su tobillo, sus dedos jugando sobre la
correa de su sexy zapato. Todavía extendiéndose con Jack, frotó su pie contra la
pierna de Ty para hacerle saber que el toque era bienvenido.

Su suave caricia se movió con ternura hasta su pantorrilla, más allá de su rodilla.
Aún lamiendo su lengua en respuesta, Jack metió su mano en la parte superior de
su vestido para tomar un pecho en su mano. Ella dejó escapar un pequeño gemido,
sorprendida por la sensación de tener dos hombres tocándola, y queriendo mucho
más.

La mano de Ty se deslizó sobre su vestido en su cadera, acariciando. Quería a


ambos hombres tocándola libremente, en todas partes, por lo que se separó de los
besos sensuales de Jack y se levantó sobre sus rodillas, todavía de frente a Jack,
pero haciéndose más accesible para Ty, también.
Tomando la delantera, Jack deslizó sus manos por sus muslos, bajo su vestido,
alzando la tela roja pasando de sus medias hasta sus caderas, dejando al descubierto
la pequeña tanga roja que usaba. Ty se unió, también... Mmm, sí... sus palmas
deslizándose hacia la parte posterior de sus muslos y sobre su culo desnudo,
masajeando. Ella se arqueó, presionando su trasero en sus manos, empujando su
pecho hacia adelante. Jack tomó la oportunidad para extender la parte superior del
vestido a ambos lados, liberando sus pechos. Los acarició suavemente, girando sus
pezones entre sus dedos, al mismo tiempo que Ty siguió jugando con su culo y
luego sintió besos allí, suaves y celestiales besos que estuvieron a punto de
enterrarla. Su coño se sentía eléctricamente cargado, tan caliente, tan húmedo.

A continuación, Jack alzó su boca a sus pechos. Lamiendo, chupando y


acariciando mientras que Ty continuaba su ministerio sobre su culo, pequeños y
suaves besos que enviaban escalofriantes cintas de calor a su coño.

Una parte de ella podría haberlos dejado continuar esas dulces lamidas y besos
durante toda la noche, pero Liz quería más, de ambos hombres. Girándose, se bajo
a si misma para sentarse en el sofá, estirándose valientemente hasta llegar a besar a
Ty.

Él besaba de forma diferente a Jack, firme, más insistente, y le gustó el contraste,


volviéndose al instante consciente de sus dos amantes esta noche actuarían juntos,
pero separados, lo mismo pero diferente.

Jack volvió a mordisquear un pecho, su mano a la deriva hacia abajo sobre su


estómago y entre sus muslos, no del todo hacia su coño, con el propósito de
burlarse de ella, lo sabía. Entonces la boca de Ty dejó la suya, bajando por su
cuello, hombro, y, finalmente, hacia el otro expectante pecho. Mientras que Jack la
chupaba, Ty comenzó con suaves lamidas sobre su tenso pezón rosado. En
conjunto, las sensaciones estaban volviéndola loca, y mirar hacia abajo y ver a
ambos complaciendo sus pechos fue tremendamente excitante. Pronto, las lamidas
de Ty se transformaron en chupadas duras, satisfactorios tirones que se disparaban
directamente desde su pezón a sus mojadas bragas. Él también deslizó su mano por
su muslo y estaba segura de que su coño iba a morirse de agonía, pero finalmente
los dedos de Jack se deslizaron más profundo.

— Oh, Dios, sí—acariciando su dolorido pequeño coño. Ella instantáneamente


separó sus piernas y se dio cuenta de que las manos de ambos hombres estaban
sobre su tanga, los dedos de Ty deslizándose por debajo del fino elástico en su
cintura, acariciando sobre la parte de vello púbico que había dejado encima de su
raja, mientras que Jack frotaba calientes círculos sobre su clítoris a través de la
malla roja.

Más, quería más. Así que empujó a Jack hacia atrás hasta que estuvo medio
tendido sobre el sofá. Ella comenzó a trabajar sobre su cinturón y pantalones
mientras Ty se estiraba desde atrás para ahuecar sus pechos en sus fuertes manos.
Después de liberar la hermosa gran polla de Jack, no podía ir más despacio, ella se
inclinó y bajó su boca sobre él, tomando dentro cada pulgada que podía.

—Merde, nena—suspiró. —Tu boca es tan jodidamente dulce—Le encantaba la


sensación de tenerlo entre sus labios, llenando su boca, le encantaba lo mojado que
se ponía mientras ella se movía arriba y abajo de su gruesa longitud. Se arrodilló en
el sofá, tirando hacia arriba sus rodillas debajo de ella, la posición le dio un mejor
acceso a Jack y al mismo tiempo ofrecía trasero a Ty.

Ty tomó la señal y empujó su vestido más arriba de su culo, acariciando a su


paso. Y luego, mmm, por fin, él tiró el elástico lejos hasta que sintió la malla que
ahuecaba su coño ser rastrillada a un lado. Instintivamente separó sus piernas,
queriendo que él viera su coño desnudo desde atrás, al mismo tiempo disfrutando la
preciosa polla de Jack.

Pronto la boca Ty estaba en su monte desde atrás. Dulce cielo. El instinto hizo
que impulsara su hinchado coño en su contra mientras él extendía su culo con sus
manos para poder lamerla mejor.

—Dios sí—gimió cuando la lengua de Ty se hundió profundamente en su coño.


Ella llorisqueaba y gemía alrededor del eje de Jack mientras la increíble sensación
la sacudía, rayos a través de todo su cuerpo, haciendo que sus caderas se movieran
para responder mejor a cada ardiente golpe de la lengua de Ty en su coño.

Fue entonces cuando sintió los dedos de Ty, había llegado a través de sus piernas
para frotar su clítoris. Oh, sí, era justo lo que había necesitado para experimentar el
completo y saciante placer, y movió sus caderas un poco más duro, tomando la
polla de Jack un poco más profundamente. Ser complacida desde ambos extremos
era bastante increíble, pero estar recibiendo ese placer de dos hombres diferentes era
asombroso. Sí, sí, sí, pensaba cada vez que los largos dedos de Ty circulaban sobre
su clítoris, cada vez que la polla de Jack invadía su garganta. Sí, sí, pronto, pronto
iba a correrse por ellos, muy duro. Chupar, girar, chupar, girar, chupar, girar, sí, y
entonces... ¡oh!

Dulces olas de éxtasis la inundaron, corriendo desde su coño hacia todo su


cuerpo. Soltó la polla de Jack y gritó con toda la pasión consumiéndola mientras
los dedos y la boca de Ty continuaban trabajando sobre ella, acabándola.

Cuando finalmente las olas se retiraron, ella abrió sus ojos para ver a Jack
mirándola. Sus manos tomaron su cara.

— ¿Bueno, nena?

Ella sólo pudo asentir, demasiado débil para las palabras.

Casi quería colapsar entonces, colapsar sobre Jack y dormir. Pero no. Esta era su
única noche para tener dos hombres, y apenas los había tenido todavía. Tenía la
intención de que hubiera mucho más, así que no perdió el tiempo, giró su cuerpo en
el sofá para hacer frente a Ty y ofrecer su dulce coño a Jack.

El apuesto rostro de Ty estaba tan lleno de lujuria como sabía que el suyo debía
estar. Y ahora que había chupado la hermosa polla de Jack tan largo y tan duro,
quería conocer la de Ty de la misma manera, quería demostrarle cuan buena era,
cuan hambrienta, lo mucho que estaba disfrutando estar con ambos. Mientras ella
llegaba a su cinturón, él se quitó su chaqueta y desabrochó su camisa, revelando un
pecho musculoso, con una pizca de cabello castaño claro. Separando sus
pantalones, metió su mano en la ropa interior negra y sacó su polla. El eje no era
tan grande como el de Jack, pero se veía fuerte y capaz.

Sus pechos desnudos se cernían sobre él, así que los bajó alrededor de su erección
por un lento y tentador momento, haciéndolo lanzar un gemido. Se sentía caliente
y duro entre ellos, el complemento perfecto para su exuberante suavidad.

Desde atrás, Jack estaba masajeando su culo con sus manos, empujando sus
dedos en su mojada apertura. Se deslizaron dentro con facilidad y los movió dentro
y fuera con el mismo ritmo lento que ella usaba para follar a Ty con sus pechos.
Internamente, se sintió totalmente borracha, llena de la alegría y de la nueva
libertad que la había traído a este lugar increíble.

Levantándose, tomó a Ty en su boca. Él gimió. Sintió a Jack inclinarse a su


alrededor suavemente y supo que estaba mirándola, él usó su mano libre para tirar
su pelo hacia atrás, reuniéndolo en un puño, para poder ver sus labios envueltos
alrededor de la erección de su amigo. Siguió trabajando sobre Ty, emocionada por
tener a Jack siendo testigo de ella complaciendo tan íntimamente a su mejor amigo.
Pero, finalmente, le soltó el pelo y se situó a sí mismo más directamente a sus
espaldas. Sus dedos aún deslizándose dentro y fuera de sus jugos y ella empujó sus
caderas contra ellos.

Entonces sintió su polla. Esta se deslizó entre las mejillas de su culo en un


movimiento pseudo-follada y se sentía delicioso allí. Delicioso, pero a los pocos
segundos, lo quería dentro de ella, profundo, follando su coño mientras Ty follaba
su boca. Dos pollas en ella, igual que Jack la había molestado sobre gustarle,
quererlo. Ella lo quería, desesperadamente.

Y entonces, finalmente, esa dulce y caliente polla se deslizó entre sus muslos,
entrando en su humedad, profundo y fácil, llenándola hasta tal punto que por un
breve momento fue abrumador. Ella gimió contra el eje de Ty ante el impacto de
tomar a Jack desde atrás, una posición en la que siempre se sintió más completa,
cada embiste más intenso.
Mientras Jack la follaba lento y duro, ella chupaba a Ty al mismo ritmo, de
modo que ambos ejes la llenaban al unísono. Al principio se preguntó cuánto
tiempo podría continuar de esa manera, era tan extremo, tan poderoso, tomar dos
grandes pollas impulsándose en su cuerpo al mismo tiempo, pero pronto se dio
cuenta que no quería que terminara. Nunca había sentido algo más violentamente
placentero. Su cuerpo se sentía hecho para esto, hecho para el caliente ritmo en el
que todos ellos cayeron, hecho para dar y recibir tal embriagador placer.

Cuando los golpes de Jack comenzaron a llegar más rápido, ella chupó a Ty más
rápido, también. El sofocante aire estaba llenó gemidos de los tres mientras la
follada crecía hacia un pico rígido. Jack estaba marcando el ritmo ahora,
decidiendo cuán rápido o lento o duro ellos se movían uno contra otro, y a Liz le
gustaba darle ese poder, a sabiendas de su cuerpo y luego el de Ty a su vez, se
sometería a lo Jack decidiera. Él machacaba en ella, pareciendo renunciar a
cualquier control que una vez hubiera tenido, y ella gritó con cada golpe, aun
mientras movía su boca arriba y abajo sobre la poderosa erección de Ty.

—Joder, aquí voy—murmuró Jack detrás de ella. Y entonces sus golpes se


estrellaron duro, duro, duro mientras él lanzaba su caliente semilla en ella cuando
Ty gimió, ——Ah... yo también——, y Liz retiró sus labios, inmediatamente
consciente de que ella sólo quería darle a Jack el privilegio de correrse en su boca.
Apuntó la polla de Ty hacia su pecho y sintió los calientes chorros sobre sus
pechos.

Jack la hizo hacia atrás en sus brazos y frotó el lechoso esperma blanco de Ty en
sus suaves globos de carne.

Por debajo, Ty se sentó e hizo lo mismo con el semen de Jack, él tomó su


montículo y, mientras el líquido se filtraba, lo masajeó en su coño. Se sentía tan
mojada con los dos que quería estar allí para siempre solo empapada con su
corridas sobre su piel sensible.

*****
Jack y Liz estaban parados cerca de los pies de la cama, Ty estaba tendido en ella
mirándolos. Jack soltó el vestido de Liz detrás de su cuello para enviar las correas
sin mangas cayendo alrededor de su cintura. Luego empujó la tela roja hacia sus
caderas hasta que cayó a sus tobillos, dejándola en sólo un par de minúsculas
bragas roja, medias color piel, y zapatos de tiras sexys-como-el-infierno. Ella estaba
jodidamente hermosa y después de lo que acababan de compartir, sabía sin duda
que dejarla ir, no sería la tarea fácil que le había dicho a Ty que seria.

Cuando su dulce Liz decidiera que era tiempo de que su diversión terminara, él
se quedaría con un agujero en el corazón.

Pero se negó a detenerse en eso ahora. Esta noche, esta mujer, era demasiado
espectacular.

Él deslizó sus dedos pulgares en el elástico curvado a través de sus caderas y tiró
de las bragas de malla hacia abajo para revelar ese hermoso y suave coño. Se dejó
caer de rodillas para ayudarla a liberarse de la tanga, poniendo sus ojos al nivel de
su dulce coño. No pudo resistirse a entregarle una larga lamida a su desnuda
hendidura, donde sus rosados labios y su clítoris asomaban. Ella se estremeció,
volviendo a su polla un poco más dura.

Poniéndose de pie, miró sus ojos y pensó que se fundiría por el ardiente deseo
allí, brillando sobre él como llamas esmeraldas. No dijo nada porque ninguna
palabra parecía adecuada para describir la conexión que sentía con ella. Él
simplemente tomó su mano y la llevó al cuarto de baño.

Ty los siguió, viendo cuando Liz lentamente desnudó a Jack. Jack amaba la
forma en que ella miraba sus ojos mientras desabrochaba su camisa y la empujaba
de sus hombros, y luego se dejó caer de rodillas para bajar sus pantalones. Le
entregó un suave beso a su polla, ya medio erecta de nuevo, antes de volverse para
desvestir a Ty de la misma manera.
Jack se metió en la ducha, abriendo el agua, entonces atrajo a Liz al interior, Ty
entró detrás de ella. Todos permanecieron en silencio. Jack simplemente le entregó
a Ty una esponja y tomó para sí el guante que Liz había disfrutado durante su
última ducha.

—Levanta tus brazos sobre tu cabeza, chère—le ordenó, mirando mientras ella se
apoyaba contra la pared de la ducha, entre los dos hombres, los brazos sostenidos
sensualmente encima de ella. Parecía una estatua de Europa, sólo que mejor, ya
que su belleza era real; era de carne y hueso.

Después de enjabonar su esponja y manopla, Jack y Ty comenzaron a lavarla,


corriendo sus jabonosas herramientas de ducha sobre la piel increíblemente suave.
Jack se arrodilló, concentrándose en sus redondeadas caderas, su estrecha cintura y
su delgado estómago, su hermoso coño. Alzó la vista para ver a Ty rastrillando su
esponja a través de sus senos, sus pezones tensos asomando a través de las
burbujas.

Jack podía haberse tomado su tiempo lavándola para siempre, explorando cada
una de sus curvas con tranquila fascinación, pero podía decir por la forma en que
ella se mordía el labio que estaba excitada y tal vez incluso un poco impaciente, y
se recordó que esta noche se trataba de compartirla, y entregarla al éxtasis extremo.
Por lo tanto, alcanzando la ducha de mano, comenzó a aclarar el jabón de su
cuerpo desnudo.

—Maldita sea, chère, te ves bien mojada—jadeó, estudiando los detalles de su


forma mientras lavaba la espuma. Centró su mirada en las pequeñas cosas, su
pequeño y sexy ombligo, sus redondeadas caderas, la curva de sus hombros, el
ligero balanceo de sus pechos.

—Quiero tenerlos a ambos en la cama ahora—dijo ella, su voz baja pero potente.

Alzó sus admirativos ojos hacia los suyos.— ¿Ahora quien está impaciente?—
bromeó.
Ella sonrió juguetonamente, como si reconociese que lo había visto venir.

Pero Jack no estaba dispuesto a hacerla sufrir, esta era su noche de placer. Así
que llegó detrás suyo para apagar el agua, y luego tomó las toallas.

Unos minutos más tarde, ella estaba tendida en el centro de su cama, Jack y Ty
intercalándola en el medio.

Sus latidos tomaron el ritmo de un tren de carga sólo viéndola girar para atraer a
Ty en un beso apasionado. Había algo indeleblemente excitante sobre ella sabiendo
que él estaba allí, observando, al igual que en el Club Venus cuando ella había
obtenido esos calientes y sexys bailes eróticos. Él sabía que ella buscaba sus
propios placeres sensuales en todo esto, y amaba eso, pero también sabía que esto
era casi como un regalo que ella le estaba dando, una analogía que sin duda se
ajustaba a este enlace en particular. Él le había contado su vieja, nunca cumplida
fantasía, y veinticuatro horas más tarde, allí estaba ella, permitiéndole vivirla.

Acercándose detrás de ella, envolvió un brazo alrededor para acariciar sus


hermosos senos mientras ella se arreglaba con Ty. Él ubicó su dura polla en el
cálido valle de su culo y besó sus hombros, su espalda.

Ty exploró su cuerpo, también sus manos recorriendo sus curvas, pasando sobre
las manos de Jack una vez o dos veces y entregando una vez la más apasionante
realidad de que ellos estaban compartiendo a una mujer. Para su sorpresa, incluso
el toque de Ty se sentía eléctrico en esta circunstancia, la conciencia endureciendo
el eje de Jack aún más mientras lo frotaba contra su dulce culo.

Después de un tiempo, Liz rodó, volviéndose en sus brazos.

—Quieres que te bese ahora—murmuró y él bajó su boca sobre esos labios


rosados dulcemente hinchados. Su beso era erótico, curioso, buscando, le decía que
ella quería más de esta cruda y carnal experiencia.
Él la besó con toda la pasión dentro suyo mientras acariciaba sus grandes y
redondos pechos en sus manos, y de nuevo, los dedos de Ty pasaron sobre los
suyos mientras la exploraba. Finalmente, Jack alivió hacia abajo su cuerpo,
besando cada bonito pezón y su hermoso y suave estómago, haciendo su camino
hacia donde podía separar sus piernas. Ella rodó sobre su espalda para dejarlo y él
desvió su mirada hacia Ty.

—Ven aquí conmigo, y echar un vistazo a este jolie coño.

Ty se deslizó por la cama hasta que ellos estuvieron uno al lado del otro entre los
muslos extendidos de Liz, estudiando su carne desnuda.

— ¿Alguna vez has visto algo más dulce?—le preguntó a su bon ami.

Ty parecía cerca de babear. —Es jodidamente hermoso.

—Lo sé—dijo Jack, su cuerpo dolorido por la intensidad de compartir esta parte
más privada de ella con Ty.

Apenas podía respirar cuando estiró ambas manos para apartar gentilmente su
carne, dejando al descubierto el mojado centro rosado.

—Maldición—pronunció Ty cuando un poco de líquido brotó de su apertura.

—Chúpalo—dijo Jack en un impulso.

Ty siguió la orden, inclinándose para rastrillar su lengua a fondo sobre los


separados labios de su coño. Él hizo una pausa después, como si esperara más
instrucciones, y cuando Jack no dio ninguna, Ty empezó a lamer su extensión
rosada con grandes y amplios trazos de su lengua lo que hizo su respiración
trabajosa. Jack levantó su mirada para verla observándolos por encima de sus
pechos, los cuales moldeaba y apretaba en sus delgadas manos.

—Así es—murmuró Jack. —Lame su coño. Lame todo ese dulce jugo.
Ty trabajó diligentemente en su tarea, aunque concentró sus esfuerzos sobre su
apertura, no su clítoris y así era como Jack lo quería. No quería que se corriera de
nuevo por un tiempo; ahora que ella le había demostrado cuán bueno podía ser
extender las cosas, él quería pasarle la pelota a ella.

Sin embargo de la misma manera, ese caliente clítoris caliente de ella lo llamaba.
Se veía prácticamente erguido, esperando por atención en la parte superior de su
coño. Él decidió darle sólo un poco de atención allí, no la suficiente como para que
se corriera, pero si la suficiente como para mantenerla en el borde.

Mientras la ocupada lengua de Ty trabajaba por debajo, Jack rastrilló la suya por
encima de su rígida y pequeña protuberancia. Ella dejó escapar un fuerte gemido y
se arqueó a sí misma hacia sus bocas. Jack cerró sus labios sobre su clítoris y chupó
despacio. Su hermosa chère casi aullaba de placer, recordándole una vez más que
quería estirar esto, prolongar su deleite. Él arrastró su boca de nuevo y entregó una
lamida más pequeña a través de su hinchado meollo, sólo esta vez su lengua se
reunió con la de Ty.

Un inesperado lazo de sorpresa y algo más onduló a través de él. Ambos se


quedaron inmóviles, sus rostros cerca sobre su montículo abierto. Joder, ¿qué fue
eso?

Sus ojos estaban cerrados mientras lamía su clítoris de nuevo y una vez más su
lengua chocó suavemente con la de Ty cuando su amigo lamía por encima.

Esta vez Jack no se detuvo, no examinó, sólo reanudó su lamida. Lamiéndola y


dejando que la punta de su lengua se reúna contra la de Ty al final de cada trazo.
Extraño y abrasador placer. Algo que no quería sentir, pero ahí estaba, la sensación
de que ambos, Liz y Ty, eran sus amantes en ese momento. Mordía el impulso de
levantar su boca hacia la de Ty, pero no lo hizo sólo dejó que las cercanas lamidas
continuaran, que los dulces sonidos de Liz desde arriba lo intoxicaran, llevándolo
lejos del pensamiento, sumergiéndolo completamente en el acto sexual.
Finalmente, se detuvo a si mismo, porque todavía no quería que ella se corriera.
Él quería que gimiera de placer por un rato muy largo. Se echó hacia atrás, pero
aún siguió sosteniéndola abierta para Ty, sintiéndola humedecerse en sus dedos y le
gustó.

Cuando sospechaba que su pobre y dulce Liz estaba volviéndose loca por el baño
de lengua, sacó sus manos de su coño. Cuando Ty se levantó, su rostro estaba
mojado. Ella pareció darse cuenta, también, lo miró y se lamió los labios,
pellizcando sus pezones.

—Quiero chuparlos a ambos—, susurró en el cálido aire de la noche. —


Permítanme.

No se movió de donde estaba, así que ambos se posicionaron de manera que sus
pollas sobresalían sobre su cara. Ella se acercó y envolvió una mano alrededor de
cada erección, viéndose totalmente hambrienta y llena de lujuria. Su mirada
disparó directamente hacia el eje de Jack, haciéndole pensar que podría morir de
placer sólo mirándola así.

Ladeó la cabeza primero hacia él, tomando su erección entre sus lindos labios.
Maldita sea, era tan bueno, no pudo contener el gemido que se filtró cuando sus
labios se cerraron firmes en torno a él. Lo chupó duro y profundo, tomándolo
completamente en su boca y moviéndose a un ritmo astuto y rápido sobre su
longitud, incluso mientras deslizaba su mano arriba y abajo sobre la polla de Ty, a
pulgadas de distancia. Un momento después, intercambió, impacientemente
chupando el eje de Ty en su boca de la misma manera y haciéndolo gruñir de
excitación mientras continuaba trabajando su mano sobre Jack. Jack nunca la había
visto lucir tan cruel y salvaje, tan insaciablemente hambrienta por lo que había
entre sus muslos. Oh, cómo esta mujer había abandonado a su viejo yo con él. No
estaba seguro de si realmente lo había hecho con él, o si era como él una vez le
había acusado, una manera de vengarse de Todd, o si algún reloj solo había sido
fijado en su interior para hacerla perder cada una de sus inhibiciones en el preciso
momento en que se conocieron, pero a su ego le gustaba creer que él había hecho
esto, que había desatado su lado sensual, que la había llevado a un lugar donde el
placer no tenía límites.

Y él estaba enamorado de ella, maldita sea. De ninguna jodida forma iba a


negarlo ahora. Mirando hacia abajo, mientras movía su dulce y caliente boca ida y
vuelta entre su polla y la de Ty, sabía que la amaba, la amaba cuando se sonrojaba
tímidamente; la amaba cuando chupaba la polla de su mejor amigo, la amaba
cuando dejaba de lado todo lo que su pasado le había inculcado, intercambiándolo
por placer carnal puro. Él la amaba por completo, y por encenderlo como ninguna
mujer había alguna vez estado cerca de encenderlo antes. Ninguna otra mujer había
tenido ese efecto, él lo sabía.

De repente, como si de pronto no pudiera decidir cuál erección que quería en su


boca, se detuvo y tiró de ambas, poniéndolas aún más cerca y ellos no tenían más
remedio que dejarla. Puso las dos pollas juntas hasta que sus cabezas se tocaron y
luego las lamió como si fueran una sola.

Jack no podía dejar de temblar. Demasiadas sensaciones físicas, visuales,


viscerales. Ella envolvió su dulce, encantadora y pequeña boca alrededor de las
cabezas de los dos ejes, cada uno entrando por una esquina de su boca.

Verla fue jodidamente asombroso. Sentir la humedad de su boca sobre él


mientras ella frotaba sus pollas juntas era casi demasiado para soportar.

Pero de alguna manera se armó de valor y lo tomó, porque él sabía que este era
un momento que nunca regresaría y, como ella, él quería esta experiencia, cada
pedacito de esta, incluso las partes que lo sorprendían como el infierno, como cuan
malditamente bien el duro eje de Ty se sentía contra el suyo.

En ese momento ella los soltó de su boca, pero no de su control, sostenía sus
pollas juntas, frotándolas una contra la otro como si fueran palos de madera y
estuviera tratando de iniciar un incendio. Y mientras Jack se estremecía, y Ty
estaba respirando —Dios. Oh Dios—dejando caer su cabeza por el éxtasis, y ella
dijo en voz baja, pero profunda, —Son tan hermosos juntos, ¿saben eso? Sus pollas
son tan hermosas así.

Él sintió la caliente precipitación de placer que venía de complacerla, imaginó


que ella debía sentir algo así como él sentía viéndola con Felicia en el club de
striptease la otra noche.

—Y tú, chère—alcanzó a decir, —eres tan increíblemente caliente que casi no lo


puedo soportar.

— ¿Van a correrse pronto?—preguntó desde abajo, aún tijereteando los dos duros
ejes juntos.

Él miró a Ty, quien estaba mirando de regreso, y fue honesto, tan honesto como
estar con Liz de alguna manera le había enseñado a ser.

—Si seguimos así, síp, en cualquier momento.

— ¿Quieren correrse de esta manera?—preguntó, su voz saliendo entrecortada.

Logró una especie de risa ahogada.

—Creo que probablemente nos quieras de esta forma, y si eso es lo que quieres,
cariño, seguro... pero realmente quiero mucho más de ti primero.

En ese momento, ella los soltó a ambos y se echó hacia atrás a una posición más
relajada. Él encontró su mirada, luego la de Ty. No tenía sentido negar que
acababa de excitarse como el infierno por la polla de su mejor amigo frotando
contra la suya, Ty parecía saberlo, también; su bon ami solo miró hacia él con los
mismos ojos vidriosos de pasión que él había estado viendo en su rostro la última
hora o así.

—Muy bien—dijo con suavidad —Ténganme.


Capítulo Nueve
Ella estaba tendida entre ellos en las sabanas revueltas, de espaldas a Ty, su
frente hacia Jack, los tres completamente desnudos. Se sentía escurrida por todo el
sexo, no sólo físicamente, sino mentalmente también. Cosas que nunca antes
habían sucedido, no había tomado una decisión consciente para estar entre sus
grandes y hermosos ejes y chuparlos tan descaradamente. No había tomado una
decisión consciente para traer sus pollas juntas de la forma en que lo había hecho,
para hacerlas moverse una contra la otra quisieran ellos o no. El libertinaje
irresponsable parecía propagarse a través de ella como una enfermedad,
dominándola, haciéndola entregar hasta la última gota del ser que conocía para dar
paso al ser sexual en que se había convertido con ellos.

Y, sin embargo, como todo lo demás que había experimentado con Jack, no se
arrepentía, no podía arrepentirse. Él había abierto muchas puertas para ella, y, esta
noche, era simplemente seguir los pasos de su cuerpo, sucumbiendo a su yo oscuro.
Un yo que parecía volver a Jack loco de pasión, un yo que se revelaba en todo lo
que estaba experimentando, así que ¿cómo podría albergar arrepentimiento
mientras estaba colocada entre dos musculosos cuerpos masculinos? No podía, así
de simple. Ella sólo podía emborracharse, experimentar aún más de esto y dejar
que la libertad de ello la llenará con hedonista disfrute.

Besó a Jack, una serie de suaves y sexy besos de lengua, mientras ambos hombres
deslizaban sus fuertes manos sobre su receptivo cuerpo. Ninguna curva fue virgen o
inexplorada y el doble de sensaciones inundó su sensible cuerpo.

La grande y hermosa polla de Jack estaba instalada contra su coño, caliente y


excitado. Detrás de ella, la de Ty se frotaba en el centro de su culo, creando una
indeleble fricción cuando ella se movía contra ambos. Dulces sensaciones desde el
frente, desde atrás, delante, detrás, delante, detrás... más, necesitaba mucho más.

Sus astutos movimientos trajeron la polla de Jack más profundo en su coño hasta
que finalmente esta se presentó justo donde la quería, contra su clítoris. Detrás de
ella, el eje fuerte de Ty se aliviaba en su contra una y otra vez, lentamente
moviéndose más abajo, más abajo, un dulce suave empuje contra la pequeña fisura
de su culo, y luego más abajo aún, hasta que él estaba empujando contra su
apertura y, finalmente, se metió dentro. Ella gritó suavemente por su entrada, esa
invasión inmediata siempre atrapándola con la guardia baja con una combinación
de sorpresivo y puro placer.

La forma en que los tres se movían juntos era tan apasionada como cualquiera de
sus encuentros anteriores, pero más lento, más controlado. Había algo suave, como
si se hubieran acostumbrado a la combinación de los tres y pudieran establecer una
especie más tranquila de follar.

Besar a Jack mientras otro hombre la follaba era increíblemente sensual. Pensó
que él también lo sentía; sus besos adquirieron una nueva vida, un nuevo sentido.
Mientras que antes no se habían besado demasiado, ahora un beso parecía una
forma extrema de afecto.

Por supuesto, tener su polla encajada contra su clítoris tan estrechamente era lo
que realmente la llevaba hacia el orgasmo.

Pero no, pensó, no era sólo eso. Era todo. Era estar siendo penetrada por Ty, era
tener su coño tan suavemente asaltado desde ambas direcciones, era el acto mismo
de darles la bienvenida a dos hombres en su cuerpo a la vez, era el compartir. Entre
ella y Jack. Al igual que cuando había estado con las strippers en el Club Venus,
mucho de su placer había sido simplemente sobre compartirlo con Jack,
simplemente experimentarlo con él.

Cuando se corrió, fue largo y de alguna manera suave pero intenso. Inclinó su
cabeza hacia atrás, jadeando su liberación, bebiendo de las sensaciones de cada
hombre empujando en ella mientras el orgasmo radiada a través de su cuerpo.
Descendientes y abrasadores pulsos hicieron eco a través de ella sonando como
sí, sí.
Ty se corrió de inmediato, justo después con un gemido caliente que agitó todo a
través de ella, murmurando:

—Ahora, ahora... ahhhhh sí. Sí— Prácticamente gruñó cuando su semen la


salpicó en tres ráfagas calientes, y disfrutó de su respiración trabajosa, cuando él
finalmente rodó a su espalda detrás de ella, agotado.

En el momento en que Ty se retiró, ella quería a Jack en su interior. Pero ni


siquiera necesitó decirlo, los tres parecían saber que el acto final de esta obra sería el
suyo. Ella rodó suavemente a su espalda en los brazos de Ty. Él los envolvió a su
alrededor, sosteniendo sus pechos en sus manos, mientras Jack le separaba las
piernas. Estirando su mano entre sus muslos, hasta abajo, hacia su culo, y sus
dedos salieron mojados con líquido blanco, el cual esparció sobre un seno. Otro
golpe y su otro pecho estaba mojado, él dejó que Ty se lo frotara mientras él
empujaba su fuerte polla en su coño.

Oh, Dios, tener a Jack en su interior se sentía inmensamente correcto. Ser follada
por Ty había sido maravilloso, pero Jack era el hombre que la había liberado, y
cuidado tan maravillosamente. Jack era el hombre del que estaba enamorada. Su
grande y hermoso eje bombeaba en su interior fuerte y dulce mientras la besaba, su
boca, su cuello. Sus manos recorrían sus caderas, sus costados, finalmente
agarrándose sobre sus pechos, todavía húmedos con el semen de Ty.

— Esto no tomará mucho tiempo, chère— susurró cerca de su oído. —


Demasiada excitación esta noche.

— Está bien— prometió. —Sólo fóllame duro y profundo y no te detengas hasta


que explotes.

Ante su insistencia, la polla de Jack golpeó incluso con más fuerza, haciendola
gritar con cada golpe castigador, atrapándola en un lugar cerca de placer/dolor
intensamente. Por encima, sus dientes estaban apretados, sus ojos eran salvajes
ranuras de oscuridad. Abrió sus piernas más ampliamente, queriendo más y más de
él en su interior, profundo y duro.
— ¡Oh!— gimió cuando una de las manos de Ty cayó de su pecho a su coño. Sí,
sí, él frotaba su clítoris mientras Jack la aporreaba con la follada más severamente
placentera de su vida.

—Mmm— jadeó mientras los dedos de Ty se movían en enérgicos y fuertes


movimientos sobre su clítoris. —Dios, sí— susurró, pensando pronto, pronto,
ohhhhhh ella iba a correrse, condenadamente duro.

— ¿Está bueno, nena, te gusta?— preguntó Ty desde atrás.

— ¡Mmm, sí!— Ella folló sus dedos tanto como follaba la polla de Jack, y la idea
de su mano tan cerca de la erección de Jack, la hacia preguntarse si habria
momentos donde tocaba a Jack también, fue el impulso que la llevó sobre el borde.

— ¡Ohhhh!— gritó cuando el corto pero brutal clímax rompió, haciéndose eco
ferozmente a través de todo su cuerpo.

— Así es, cariño, córrete para nosotros— instó Ty.

Condujo su coño más fuerte contra ambos medios de estimulación

—¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!— hasta que, cuando menos lo esperaba, Jack gritó, también.

— Ah, ¡yo también, nena! ¡Aquí voy!— Él mismo se condujo aún más profundo
en ella, sus ojos cerrados en éxtasis, gruñendo una liberación que parecía tan
poderosa como la suya había sido. —Me estoy corriendo en ti, cariño, ¡me estoy
corriendo tan jodidamente duro para ti!— sus poderosos embistes continuaron
aporreándola, penetrándola, haciéndola cerrar sus ojos y ver nuevos colores...
hasta que por fin se aliviaron, deteniéndose, y el único sonido fue las pesadas
respiraciones de Jack, de Ty y la suya.

Jack tomó su cara entres sus manos y la besó, firme y largo, y finalmente se retiró
cuando, juntos, todos ellos se derrumbaron en una agotada pila.
*****

Al día siguiente era lunes, lo cual trajo un despertar bastante grosero para el fin
de semana absolutamente asombroso.

Ty se había ido cuando se despertaron, y le hubiera gustado acurrucarse con Jack


por un tiempo, pero el lunes, por supuesto, significaba trabajo, y sabía que nunca lo
haría a tiempo.

— Podrías sólo usar tu sexy vestido rojo—, Jack se burlaba de ella desde la cama
mientras se lavaba en el cuarto de baño. —Estoy seguro de que los hombres en tu
oficina lo disfrutarían tanto como yo.

Regresando a la habitación desnuda, ella le sonrió.

—No tanto como tú lo hiciste.

Se echó a reír. —Bueno, espero que no, pero estoy seguro de que disfrutarían la
vista desde el exterior.

Ella se puso el vestido de nuevo para que Jack la llevara a su casa, e incluso tan
arrugada por el sueño como estaba, pensó que él parecía excitado por la vista de
ella en el mismo.

— Entonces— dijo, entrando en el camino de entrada de la opulenta casa de


Lynda, — ¿Esta noche? ¿O... necesitas una noche para descansar?
La verdad era que le hacía falta una noche para descansar. Necesitaba una noche
para buscar un nuevo lugar para vivir, tal vez descubrir la manera de obtener el
resto de sus cosas de la casa de Todd, reorganizar su vida un poco después del
shock de tenerla al revés. Pero ella no podía dejar pasar la oportunidad de estar con
él, estaba empezando a parecer tan esencial para ella como el aire o el agua.
—Te diré algo— dijo con una sonrisa esperanzada. —Tal vez podríamos... bajar
un poco el tono de las cosas. Tal vez podrías venir aquí para un cambio, pedir una
pizza o algo simple, y sólo tener una noche tranquila.

— Está bien— asintió, pero no podía decir si estaba decepcionado por la


sugerencia. No tenía idea de si Lynda estaría en casa esta noche, o si ellos tendrían
alguna posibilidad de sexo; seguramente él estaba preguntándose lo mismo.

Cuando ella le dio un beso de despedida, le dijo:

—Ayer por la noche, Jack, fue... la experiencia más extraordinaria que he


tenido.

— Para mi también— le dijo. —Merci, chère. Gracias por darme eso. Cumplir
mi fantasía.

Ella miró a sus oscuros e hipnóticos ojos.

—Fue realmente un placer.

*****

Había sido un largo día y Liz estaba contenta de haber optado por una noche
más tranquila de lo habitual con Jack, todavía no estaba segura si esa noche
satisfacería a un hombre con un gusto por la vida y el sexo, pero su odisea de los
últimos días la había dejado exhausta.

Caminando por la puerta principal, encontró la casa en silencio, había una nota
de Lynda en el refrigerador: De bar en bar esta noche en la Bourbon con algunos viejos
amigos. Si tu y Jack están en el barrio, mantén un ojo por mí, probablemente voy a ser la
borracha pretendiendo que sigue siendo Mardi Gras y mostrando su tetas a jóvenes por
collares :) Espero que hayas tenido una buena noche con Jack, cariño y espero que el vestido
rojo lo haya cautivado.
Que eufemismo, pensó con una sonrisa. Tanto la parte del vestido cautivándolo
como la parte de tener una buena noche con Jack.

A pesar de que ella adoraba a Lynda, no podía lamentar que su amiga tuviera
otros planes esta noche, así ella y Jack podían estar a solas. Subiendo las escaleras
hacia su habitación, pensaba cómo vestirse para la noche de tertulia y decidió jugar
a lo simple, pero un poco traviesa con un par de pantalones cortos de mezclilla, una
ajustada camiseta y un sexy conjunto de sujetador y bragas por debajo.

Arrojando el traje del día, una blusa y las medias sobre su cama, se trasladó hacia
la cómoda y abrió el cajón donde había puesto su ropa interior. Eligió un sujetador
y tanga a juego hechos de encaje azul cielo.

Vagabundeando por el pasillo en el sujetador y las bragas blancas que había


llevado a trabajar, entró en el cuarto de baño y se lavó con una fresca tela el calor
agotador y la humedad veraniega antes de ver a su amante.

Al regresar a su habitación, se despojó del sujetador, y lo agregó a la pila sobre la


cama, y acababa agarrar el conjunto azul sexy cuando oyó un ruido y miró hacia
arriba para ver la puerta del armario abriéndose.

El miedo asaltándola, congelándola en el lugar.

Un segundo más tarde, Todd apareció, sus ojos llenos de veneno.

Maldición, maldición, maldición, había sido tan ingenua para pensar que no se
daría cuenta a dónde había ido.

Ella sólo había pensado... oh diablos, había querido que él no se diera cuenta que
ella estaba allí porque había sido una respuesta simple y fácil cuando había
necesitado una, y honestamente nunca había pensado que Todd estaba tan loco
como para colarse en la casa de otra persona, pero evidentemente lo había
subestimado de nuevo.
— Te ves hermosa, querida— dijo, una sonrisa irónica remodelando su cara.

Se sentía más desnuda delante de él que nunca antes, sintió sus ojos
agrediéndola, convirtiéndola más en un objeto que en una persona.
Instintivamente, alcanzó la blusa que recientemente había descartado,
sosteniéndola sobre sus pechos.

— Vamos, no crees que puedes impedirme lo que es legítimamente mío, ¿verdad,


Elizabeth?

Oh Dios, ¡él en realidad estaba fuera de si! Su única opción, sin embargo, era
actuar dura, ser dura.

—Mira, Todd, no sé lo que crees que estás haciendo, escondiéndote en la casa de


Lynda y ocultándote en mi armario, pero te sugiero que salgas de aquí antes de que
llame a la policía.

Él echó una mirada hacia el teléfono de la habitación, por desgracia situado en el


lado de la cama donde actualmente él estaba de pie.

Lucía satisfecho, aún con una sonrisa amenazadora.

—No creo que serias capaz de hacer esa llamada, mi amor. Y no creo que
realmente quieras hacerla, tampoco.

Ella parpadeó, perpleja por su extraño comportamiento. Por primera vez, en


realidad estaba asustándola un montón.

Hasta ahora, había tomado estos episodios como un comportamiento aberrante


basado en su conmoción por la ruptura, pero finalmente ella estaba viendo y
creyendo que este era el verdadero Todd.

Tenía que encontrar una salida a esta situación, y eso significaba que tenía que
evitar el pánico.
Él comenzó lentamente a rodear la cama, en dirección a ella. Sin embargo, se
negó a encogerse, esperando que su miedo no se mostrara en su rostro.

— Elizabeth, querida, sólo puedo suponer que tenías previsto ponerte ese
pequeño sujetador caliente y las bragas para el Neandertal, que vino a tu rescate
hace unos días, pero te perdono. Estas solo un poco confundida justo ahora— él se
detuvo directamente delante de ella, sólo un pie de distancia. —Estás enojada
conmigo y lo entiendo. Pero realmente no quieres a nadie más, sólo me quieres a
mí. Y estoy totalmente preparado para recordarte cuanto lo haces.

Ella sacudió su cabeza.

—Todd, estás delirando. Yo no te quiero. Nosotros terminamos, ¿de acuerdo?


Escúchame. Hemos terminado. Y no sé por qué me quieres tanto, ahora estás libre
de tener a quien quieras en tu regazo cuando lo desees. Así que vete a casa y
déjeme en paz.

— Mi querida pequeña Elizabeth— dijo, como si reprendiera a una niña rebelde.


—Te quiero porque serás la esposa perfecta. Somos el uno para el otro; sabes eso
tanto como yo. Así que puede ser que consiga un poco de entretenimiento extra por
el costado de vez en cuando. ¿Qué importa? Tú has tenido tu diversión con tu gran
cavernícola, pero eso ya pasó. A partir de ahora, sólo vas a estar conmigo.

Un sentido de autopreservación la obligó a tomar finalmente un paso hacia atrás,


pero él se acercó y agarró su muñeca, usando su otra mano para rasgar la camisa
fuera de su pecho.

—Tienes grandiosas tetas, mi amor; sólo verlas en este momento me ha


encendido— Apretó su agarre tanto que dolía. —Me vas a follar ahora, Elizabeth.
Me vas a follar igual que has estado follando a ese otro tipo. Sólo que te va a gustar
más conmigo, ¿me oyes? Luego, cuando hayamos terminado, vas a decirme lo
mucho que lo extrañaste, y lo bueno que yo era. Y vamos a ir juntos a casa a donde
pertenecemos, donde toda esta tontería puede llegar a su fin.
Hasta ahora, Liz había mantenido su cabeza clara. Había estado asustada, pero
capaz de actuar valiente, todavía no poder creer que Todd realmente haría algo
como hacerle daño o que Dios no lo permita, violarla. Hasta hace una semana
atrás, nunca lo había visto comportarse de esta manera. Podría haber estado
escabulléndose al Club Venus cada noche durante semanas, pero cuando había
estado con ella, se había mantenido firme, confiable y respetuoso. Hoy, sin
embargo, sus ojos eran diferentes de lo que recordaba. Tal vez ella no los había
visto completamente antes. O tal vez ella no había querido ver, porque en ese
entonces, la buena conservadora Liz siempre había jugado el papel que se le dio sin
protestar o dudar. Ahora, un verdadero sentimiento de pánico comenzó a hacer
mella en ella, parecía roer desde el interior hacia fuera.

Sin embargo, tenía que tratar de razonar con él, aunque él estaba fuera de su
mente. Estaba aquí sola, Jack no aparecería por otra hora más, y ella ciertamente
no podía dominar a Todd. Razonar con él era su única esperanza.

— Todd, no voy a tener sexo contigo. Tienes que irte. Ahora— Ella sonaba
fuerte, pero su voz había salido tambaleante, maldita sea.

— No puedo irme sin hacerte el amor, querida. Una vez que lo haga, te darás
cuenta de que somos el uno para el otro. Tú no quieres a nadie más. Sólo querrás
poner esta estúpida ruptura detrás de nosotros, como yo, y seguir adelante con
nuestra vida en común.

Él continuaba apretando su brazo con tanta fuerza que dolía.

—Suéltame, Todd. Suéltame ahora mismo.

— ¿Vas a hacerme el amor de la forma en que una buena esposa debería?

Ella dejó escapar un suspiro nervioso.

—Por supuesto que no.


— Entonces no puedo dejarte ir todavía.

Cuando el pánico comenzó a consumirla, reaccionó con su instinto y trató de


liberar su brazo. Su agarre era demasiado apretado y sólo consiguió sacarlo de
balance, haciéndolo estrellarse contra ella, su otro brazo vino alrededor de su
cuerpo casi desnudo, apretado.

— Fóllame, Elizabeth— gruñó como si ellos estuvieran compartiendo mutua


pasión mutua. —Fóllame ahora.
Capítulo Diez
Ella no podía aguantar tener sus brazos alrededor de ella, estar desnuda con él,
contra él. Siguiendo sus instintos, comenzó a retorcerse, y cuando eso no funcionó,
llevó su rodilla arriba hacia su entrepierna tan fuerte como pudo.

Gracias a Dios fue un golpe directo. Haciéndole liberarla por completo cuando
gritó y se enroscó sobre sí mismo, retrocediendo.

— ¡Perra!

En ese momento sonó el timbre y, aun en su estado cercano a la desnudez, Liz


salió corriendo por la puerta, al final del pasillo, escaleras abajo, pensando en nada
más que buscar ayuda antes de que Todd recuperara su fuerza. Arrancó la puerta
para encontrar a Jack en el otro lado.

—Chère—dijo con una sonrisa malvada, notando su desnudez, pero no su


pánico, —pensé que íbamos a tener un noche tranquila, pero…

Ella sacudió su cabeza con furia. —Todd está arriba. Estaba esperando en mi
armario. Salió cuando me estaba cambiando de ropa.

Los ojos de Jack se volvieron al instante duros y oscuros cuando absorbió sus
palabras. Su postura se puso rígida y su mano se apretó en puños.

— ¿Te hizo daño?

Pensó vagamente acerca de su dolor en el brazo, pero sabía que había escapado
por suerte.

—No. No del todo. Quiero decir... creo que iba a hacerlo... pero entonces...—No
podía obtener nada sensato de su boca.
Sin embargo, eso no importó porque Jack entró, cerró la puerta y se dirigió hacia
las escaleras. En el momento en que llegó a la cima, Todd estaba gritando:

— ¡Vuelve aquí, perra! ¡No he terminado contigo todavía!

Jack se dirigió directamente hacia la voz y Liz lo siguió frenéticamente.

Cuando entró en la habitación, Jack se movía sobre la forma arrugada de Todd.


Él miró de regreso hacia ella.

— ¿Qué le pasó, chère?

—Le di un rodillazo en los testículos.

Incluso a través de su ira, vio la admiración en sus ojos.

—Buen trabajo. Pero no es ni la mitad de malo de lo que el pedazo de mierda se


merece.

Jack agarró una bata de un gancho cercano y la arrojó hacia Liz, recordándole
que llevaba nada más que un par de bragas blancas. Se deslizó la bata de seda beige,
atando el lazo estrechamente en el frente.

—Lárgate de aquí—Todd de repente escupió hacia Jack desde su lugar en el


suelo. —Ella es mía y no necesitamos que un extraño interfiera en nuestro asunto.

Jack miró de Todd a Liz y le dijo en un tono sorprendentemente tranquilo:

—Cariño, por qué no me das unos minutos a solas.

Liz no tenía idea de lo que Jack intentaba hacerle a Todd, pero no le importaba.
Este había sido el susto de su vida y estaba más que lista para salir de la habitación
y dejar las decisiones en manos de Jack.
*****

Una vez que ella se había ido, Jack miró hacia abajo sobre el repugnante ser y
pensó qué hacer. Quería golpear la mierda fuera de él, quería aporrearlo hasta que
sea una masa irreconocible. Dada la adrenalina que golpeaba a través de sus venas,
creía que podría hacerlo con facilidad.

Pero tenía que jugar de forma inteligente. Todd era del tipo de tío "honrado" que
podría enviar a la policía sobre él, viéndose totalmente franco con su traje y corbata
de vida de altas finanzas. Y a pesar de que una gran parte de los policías de Nueva
Orleans conocía a Jack, por su reputación, no personalmente, algunos de ellos no lo
querían. No les gustaba alguien que pudiera resolver los casos que ellos no podían,
que pudiera hacer quedar mal su profesión.

Quería enseñarle a Todd una dura lección, pero tampoco quería ir a la cárcel por
ataque, si estaba en la cárcel, ¿quién mantendría a Todd lejos de Liz?

Aun así, se quedó allí mirando a Todd ponerse de pie lentamente, sólo que no
podía detenerse, retiró su puño hacia atrás y lo estrelló de lleno en la mandíbula de
Todd. El golpe lo derribo de nuevo al piso y Jack pensó en todas las cosas que le
gustaría hacerle a un hombre que ataca a las mujeres, especialmente su mujer.

Todd, una vez más tambaleó sobre sus pies, murmurando:

—Es mejor que des marcha atrás, amigo, o te vas a arrepentir

Jack respondió —No, Todd, tu eres el que lo lamentara—y le pegó en el


intestino.

Todd se dobló en dos y Jack se sintió malditamente bien cuando su puño empezó
a doler por el contacto con el cuerpo de Todd.
Era satisfactorio infligir dolor al cabrón. Pero tenía que parar antes de que se
dejara llevar. Así que simplemente cayó sobre una rodilla, cerniéndose sobre Todd,
y levantándolo por el cuello de su camisa.

—Escúchame, mierda. Vas a dejar de molestar a Liz en este momento. De


hecho, vas a hacer más que eso. Vas a estar tan lejos de ella como puedas
físicamente. Porque si me entero de que siquiera la miraste, mucho menos hablar
con ella o tocarla, te prometo que vas a ser lastimado mucho peor de lo que estas
ahora mismo. ¿Lo tienes?

El hombre en el suelo parecía como si fuera a romperse en lágrimas, pero luego


pareció recobrar un poco de su usual aire pomposo.

— ¿Me está amenazando?

Liberando el cuello de Todd, Jack se encogió de hombros.

—No, yo no. Debes haber entendido mal. Y si te molestas contándole a alguien


acerca de esto, te garantizo que es como va a salir. Soy bastante convincente
cuando es necesario.

Jack se inclinó un poco más cerca de Todd, tratando de verse un poco más
peligroso.

—Ahora, ¿tomaste el mensaje aquí? ¿Entiendes que vas a dejarla sola?

Todd aún parecía desafiante, y Jack mentalmente lo desafió a no estar de


acuerdo, lo que sería todo el incentivo que necesitaba para rasgar en pedazos al
hombre, cárcel o no cárcel.

Pero Todd finalmente dijo:

—Sí, claro, entendí el mensaje.


—Bien. ¿Por qué conoces esas bolas que Liz acaba de patear? Dame una razón y
las arrancaré y te las daré de comer con una cuchara.

Con eso, tiró a Todd sobre sus pies, cómodamente doblando uno de los brazos
del idiota detrás de su espalda para que no pudiera liberarse del agarre. Sin perder
más palabras en el pedazo de mierda, Jack lo escoltó fuera de la habitación. Liz
estaba de pie en las escaleras, los ojos muy abiertos.

—Este idiota no te molestara nunca más. ¿Correcto?—Él tiró duro del brazo de
Todd.

—Sí. Correcto.

Acompañando a Todd por las escaleras, con el brazo todavía bloqueado detrás
de su espalda, Jack abrió la gran puerta del frente y le dio al cretino un empujón.
Todd cayó por las escaleras, aterrizando sobre el camino.

—Vete a la mierda fuera de aquí—dijo Jack, —y ni siquiera pienses en regresar.

Cerró la puerta con llave, levantando los ojos para ver a su dulce Liz en el
descanso de las escaleras con los pies desnudos, la bata de seda abrazando sus
curvas.

Se encontró con ella en la parte inferior y la tomó en un abrazo, un protector


abrazo de oso.

—Gracias a Dios que apareciste cuando lo hiciste—susurró contra su pecho.

Sonrió ligeramente para sí mismo.

—Oh, no lo sé; a mí me pareció que hiciste un buen trabajo cuidándote por ti


misma.
— ¿Q… q…qué estás haciendo aquí?—Ella miró a sus ojos. —No te esperaba
hasta dentro de una hora o más, y estaba tan segura de que estaba sola y por mi
cuenta con él.

Se encogió de hombros, aún sosteniéndola.

—Solo tuve el sentimiento de que tal vez debería llegar temprano—Parte


queriendo verla tan mal que dolía, pero también parte del instinto de investigador
privado; como antes, algo de hecho lo había estado atormentando, instándolo a ver
cómo estaba ella y asegurarse de que estaba bien. Dijo una oración silenciosa de
agradecimiento por haber sido bendecido con tales sensaciones intestinales.

Mirándola, levantó una mano para empujar el cabello fuera de su cara.

—Es hora de que te mudes conmigo, chère. No puedo soportar saber que este tío
esté justo al lado tuyo.

Él creía que ella lucía tentada, casi oía el "sí" saliendo de sus labios, pero en
cambio ella gentilmente se desprendió de su abrazo y caminó en la sala para
sentarse en el sofá, de espaldas a él.

—Vamos a ver, Jack. Vamos a ver.

Suspiró, contento de que ella no pudiera verlo a su cara en el momento. Podía


leer con suficiente claridad, ella todavía no tenía ningún interés en transformar esto
en una relación seria. Lo cual él ya había sabido, pero de alguna manera, en estos
últimos minutos, había esperado contra toda esperanza que tal vez las cosas
hubieran cambiado.

Cuando sea que ella lo dejara, iba a herirlo de una forma que nunca podría
recuperarse. No era una elección, o una circunstancia que podía cambiar; sabía con
tanta seguridad como que los caimanes vivían en los pantanos que es sólo cómo
eran las cosas.
— ¿Qué piensas acerca de pedir esa pizza?—él dijo, ahora sólo queriendo su
comodidad de cualquier pequeña manera en la que pudiera ser capaz de hacerlo.
Rodeó el sofá enfrentándola. Su expresión parecía un poco más tranquila que hace
un momento, lo que hizo que el puño apretando su corazón se aflojara un poco.

—Eso estaría bien—Ella señaló hacia la cocina. —La guía telefónica está en el
cajón de la nevera. Cualquier cosa excepto anchoas y cebollas—Ella se puso de pie.
—Yo voy a irme a vestir ahora. Sólo... como que quiero tener ropas en este
momento, ¿sabes?

Él asintió con la cabeza, y por primera vez, pensó que él entendía lo cerca que
ella había llegado a estar de ser violada por su ex novio. El conocimiento envió un
escalofrío deslizándose por su espalda.

—Claro, chère, te entiendo. Ve a vestirte.

Mientras Jack hojeaba la guía telefónica en busca de una pizzería, tomó una
decisión. Sólo amenazar a Todd no era lo suficientemente bueno. Tal como había
previsto hace unos días, iba a tener que hacer algo acerca del pelmazo, tomar
algunas medidas para mantener a salvo a Liz, sin su conocimiento, por supuesto.

Lo que ella no sabía no le haría daño.

*****

El mundo parecía casi normal y sano mientras ellos descansaban en el sofá, una
caja de pizza abierta sobre la mesa de café, una vieja película en el televisor. Liz
mordisqueaba la corteza de la rebanada que acababa de comer, sintiéndose llena.
Usaba la camiseta y pantalones cortos que se había previsto; Jack, también estaba
casual en jeans y una camiseta.

Viendo que ella estaba llena, Jack tomó el plato de su mano y lo apoyó en la
mesa, luego suavemente la tomó en sus brazos. Él no dijo nada durante mucho
tiempo, sólo la sostuvo, y se sentía demasiado bien, perfecto, como que nada podría
hacerle daño, siempre y cuando ella estuviera con él.

— ¿Estás bien? Has estado silenciosa desde que...

Sí, había estado en silencio durante un rato. Por muchas razones. Ciertamente, la
escena con Todd había sido terrible, pero había algo más en su mente, también, su
amor por Jack. Estaba desgarrándola, aún seguía evitándo estar de acuerdo en
mudarse con él, no podía aceptar esa amabilidad de un hombre quien sin darse
cuenta había sido arrastrado mas profundamente en sus problemas de lo que ella
había querido, ni podía arriesgarse a caer enamorada con más fuerza de lo que ya
estaba. El dolor cuando todo estuviera terminado ya sería una tortura, pero vivir
con él sería amarlo aún más, y no era algo por lo que ella estaba dispuesta a pasar.
Estar con Jack le había hecho darse cuenta de que nunca había conocido el amor
verdadero, y ahora lo hacia, maldita sea, daba miedo.

—Yo estaba… realmente asustada antes—admitió en voz baja.

—No tendrías que tener miedo si solo vinieras a quedarte conmigo.

Tan dulce, este hombre, tan protector. En un principio, lo había creído áspero y
sin emociones, ahora que lo conocía mejor, sabía que sus emociones llegaban a
través de acciones o toques más que con meras palabras, y sabía que él era un
hombre demasiado bueno para dejar a una mujer vivir en peligro si podía evitarlo.
Ella no respondió.

—De todas formas, aquí o allí, no voy a dejar que te moleste de nuevo, chère—
Él la atrajo hacia sí y la besó en la frente.

Horas después, despertaron en los brazos del otro en el sofá. La televisión seguía
encendida, el reloj de la repisa de la chimenea, decía que eran cerca de la
medianoche.

—Supongo que Lynda no está en casa, todavía—pensó en voz alta.


—Me quedare está noche—él le dijo.

—No tienes que hacer eso, Jack. Estoy segura de que ella estará pronto en casa.

—No me importa. No voy a dejarte fuera de mi vista esta noche. Eso no es


negociable.

*****

Ella soñaba con Jack esa noche, un poco sin sentido, pero agradables sueños de
hacer el amor con él en el jardín de un castillo, de bailar con él en un gran salón de
baile adornado, de dulces besos debajo de un arce en un dorado octubre. Ecos de
viejas y románticas fantasías de su juventud renovadas. Así que al parecer esa parte
de ella aún existía, también.

Despertar en sus brazos a la mañana siguiente era como dejar un buen sueño por
uno incluso mejor. Ella se había despertado con él varias mañanas, por supuesto,
pero de alguna manera tenerlo en su cama era diferente, más reconfortante. Tal vez
la verdad era que, a pesar de sus bravatas, se sentía cada vez menos confiada sobre
vivir justo al lado de Todd, por lo que tendría que cambiar esta situación muy
pronto. En el ínterin, sin embargo, sólo sentir el cuerpo caliente de Jack junto a ella
en su propia cama era como un pequeño trozo de cielo.

No habían hecho el amor la noche anterior, suponía que ambos sabían que
necesitaba un poco de tiempo para recuperarse de su encuentro con Todd. Sin
embargo, ella había sentido la necesidad de tocar el tema, era un cambio de ritmo
para ellos.

— ¿Nada de sexo esta noche?—le había preguntado con una media sonrisa
lúdica, cuando Jack propuso ir a la cama, a dormir.

—Noche de descanso—había respondido, su mano en la parte baja de su espalda


mientras ella subía las escaleras delante de él.
Ella se había asomado por encima de su hombro.

—Te estás perdiendo un bonito conjunto de sujetador y bragas bajo estas ropas.

Había sonreído, a pesar de que parecía cansado.

—Tenemos tiempo para eso otra noche, chère.

Su sencilla respuesta había, curiosamente, puesto un poco de esperanza en el


corazón de Liz cuando no se la esperaba. Esas palabras habían plantado una
semilla, algo que ella nunca había considerado antes, sobre que tal vez esto
continuaría, no sería una cosa efímera. Tal vez su aventura con Jack, a pesar de, o
tal vez porque, todo este hedonismo, significaba algo para él. Quién sabe, quizás
conciliar el sueño con esa idea en su cabeza había sido parte del por qué despertarse
al lado de él esta mañana se había sentido tan nuevo, tan especial.

Durante todo el día en el trabajo, sin embargo, Liz decidió que quería volver a la
normalidad con Jack esta noche. Por normal quería decir “normal para ellos”.
Quería decir nuevas aventuras sexuales. Ayer por la noche se había sentido tan
vulnerable, y sentirse de esa manera con Jack era todavía peligroso. Cuando
pensaba en tener algo serio con Jack, todo lo que podía ver era la forma en la que
todas sus relaciones pasadas habían terminado, dejando su corazón roto.
Curiosamente, su relación con Todd era el único caso en que ella había salido
indemne y emocionalmente fuerte. Quizá por eso había sido capaz de confiar en él
y decir que sí cuando se le había propuesto. Quizás en el fondo sabía que no sentía
emociones profundas por él de lo que había sentido por otros hombres, sabía que él
no tenía el poder de hacerle daño. Jack, sin embargo, era una historia diferente. Y
la verdad era que tal vez ya estaba en lo profundo con él, pero seguía diciéndose a sí
misma que siempre y cuando supiera que esto era temporal, siempre y cuando
mantuviera su cabeza sobre ella, podría manejarlo cuando se acabe. Por lo tanto
alejarse de las emociones y regresar al sexo caliente que parecía una idea muy
buena.
Además, quería sacar fuera de su mente el terrorífico encuentro de anoche con su
ex novio, y sabía por experiencia que el sexo con Jack sin duda tenía el poder de
liberarla de todos los demás pensamientos.

Ella lo llamó desde el trabajo a su oficina para decirle que quería pasar por el
Barrio esta noche.

—Vamos a hacer algo divertido y excitante—dijo.

Lo oyó reír en el otro extremo de la línea.

— ¿Aún buscando la aventura, eh, chère?

Se alegró de que el no pudiera ver lo que ella sospechaba era una sonrisa tímida.

—Supongo que podría decir eso. Simplemente parece que... aún hay más por allí
para hacer, más que no he experimentado.

Ella sintió su sexy sonrisa sin siquiera ser capaz de verla.

—Bueno, cariño, lo sea que quieras experimentar, soy muy feliz de


experimentarlo contigo.

Sólo escuchar su voz rizarse alrededor de las palabras la excitaba. E ir a trabajar


cada día en su traje de profesional, a sabiendas de lo que había estado haciendo
durante la noche, la hacía sentirse como si albergaba un delicioso secreto, que vivía
una doble vida escandalosa.

— ¿Jack?—susurró ella en el teléfono, sintiéndose muy atrevida incluso mientras


sus compañeros de trabajo zumbaban alrededor de la oficina a su alrededor.
— ¿Oui, chère?

Bajó su voz aún más.


—Estoy mojada solo pensando en ti.

El pequeño gruñido que él emitió envió otra oleada de humedad en sus bragas.

—Acabas de endurecerme.

—Mmm, eso me da algo que esperar.

—A mi también—dijo riendo.

—Hasta esta noche.

—Au revoir.

*****

Por la tarde después del trabajo, Liz se fue de compras a una tienda en la calle
Canal por la que había pasado varias cientos de veces sin ni siquiera pensar en
entrar. Los escaparates de la tienda La Guarida de Cuero alojaban maniquíes
usando todas las formas de sexy cuero, desde equipo de motociclista a ropa interior
que parecía diseñado para una seria SM. Ella le dijo al vendedor que estaba
buscando un vestido sexy, y veinte minutos más tarde, salió con una bolsa de
artículos que la transformarían en una especie diferente de mujer de la que había
sido alguna vez con Jack antes.

Mientras conducía a casa, estaba llena de anticipación, esperando ponerse su


nuevo conjunto y ver a Jack, pero en primer lugar, tenía que hablar con Lynda, así
que estaba contenta de encontrar el coche de su amiga en el garaje cuando
estacionó.

—Cuánto tiempo sin verte—dijo Lynda cuando Liz entró por la puerta. Estaba
sentada en el sofá viendo el noticiero de la noche, pero bajó el volumen a la llegada
de Liz.
Liz se unió a ella en el sofá.

—Me alegro de que estés en casa.

Lynda frunció el ceño, dándose cuenta de inmediato que algo andaba mal.

— ¿Qué te pasa, cariño? Pareces preocupada.

—Se trata de Todd—comenzó con un suspiro. —Lynda, necesitas saber que


Todd se metió en tu casa ayer. Estaba esperandome en mi habitación cuando llegué
a casa. Revisé las cerraduras y no parece haberlas forzado, por lo que él debe de
haber encontrado la llave que tienes en la maceta en el porche trasero. Siento
mucho haber traído ese tipo de problemas sobre ti.

Lynda se estiró por sus manos.

— ¡No seas tonta, cariño! Lo único que me preocupa aquí es tu seguridad.


Ahora, ¿qué demonios sucedió? ¿Trató de hacerte daño? ¿Qué hiciste? Voy a matar
al hijo de puta si te lastima.

Liz dejó escapar un suspiro que no se había dado cuenta que estaba reteniendo.
Lynda era una buena amiga.

—Bueno, cuento largo resumido, le di un rodillazo en los testículos y, por suerte,


Jack se presentó en ese mismo momento, por lo que se deshizo de él por mí. Creo
que maltrató a Todd un poco, también, pero aún no puedo garantizar que Todd no
vaya a volver.

—Bueno, ¡gracias a Dios por Jack! Ahora, lo primero que voy a hacer es
deshacerme de la llave bajo la maceta. Y aunque yo nunca he sido una aficionada
de Todd, no creo que realmente fuerce la entrada, ¿verdad?

Liz inclinó su cabeza escépticamente.


—Antes de ayer, habría estado de acuerdo contigo. Pero ahora, no estoy segura.
Él parecía estar fuera de sí, y creo que he subestimado cuan chiflado está por esta
ruptura. Él sólo no parece poder aceptarlo.

Lynda se vio pensativa, reflexiva. Frotó su pulgar sobre el dorso de la mano de


Liz.

—Cariño, realmente me encanta tenerte aquí y quiero que te quedes tanto tiempo
como quieras, ¿vale? Pero tengo que preguntar, ¿crees que es sabio para ti estar
viviendo tan cerca de él si está actuando tan loco como dices?

Liz suspiró, cansada de preocuparse por Todd, deseando que él solo


desapareciera. Pero no era así de simple.

—Bueno, desde ayer, no estoy segura de que esto sea lo más sabio. Así que voy a
estar buscando activamente un nuevo lugar, y hasta entonces, bueno... creo que
sólo hay que esperar lo mejor.

—Me alegro de que tengas a alguien como Jack mirando por ti.

—Yo también, Lynda, pero...

—Pero, ¿qué?

Dejó escapar un suspiro.

—Pero es difícil no sentirse como una carga para él. Él es muy protector y estoy
tan agradecida de que le importe, pero tampoco quiero depender de él para mirar
por mí con Todd para siempre, ¿sabes? Cuando llegue el momento de que él quiera
terminar la relación, no quiero que se preocupe por Todd para hacerlo quedarse
conmigo, si su corazón no está en ello.

Lynda hizo un gesto solemne.


—Entiendo lo que quieres decir. Pero desde mi punto de vista, Jack no parece
estarse yendo a ninguna parte. A lo mejor él está... aquí para quedarse.

Otra semilla de esperanza, pero Liz no podía permitirse cree que Jack se
preocupaba por ella de una manera profunda y duradera. Si lo hacía, iba a terminar
sintiéndose tan estúpida como herida al final. Ella había estado allí antes y no
quería ir allí de nuevo. Deseaba desesperadamente salir de eso agradecida por la
pasión que ellos habían compartido, no lamentándose.

—Tal vez, pero no quiero que la situación con Todd se cierne sobre nuestra
relación. Así que cuanto antes pueda conseguir mi propio lugar, en algún lugar
lejos de Todd, mejor me voy a sentir en todos los sentidos.

—Bueno, sabes que voy a ayudarte en todo lo que pueda. Y te echaré de menos
cuando te vayas.

Liz convocó una pequeña sonrisa para su amiga.

—Gracias, Lynda. Eres la mejor—Luego le dio a su cabeza una inclinación


curiosa. —Entonces, ¿cómo estuvo tu noche? ¿Regresaste a casa con algún collar?

—Oh, cariño—se rió, —no creerías mi noche—Puso su mano sobre la rodilla


cubierta de nylon de Liz.

—Pruébame.

Los ojos de Lynda se abrieron ligeramente.

—Bueno, solo digamos que terminé en los brazos de un estudiante universitario


muy guapo y bien dotado, antes de que la noche hubiese terminado.

Liz parpadeó.

—Yendo por los más jóvenes ahora, ¿eh?


Lynda se encogió de hombros. —Lo que les falta en sutileza lo compensan con
entusiasmo. ¿Y tú? ¿Alguna nueva aventura con tu caliente investigador privado?
Liz lamentó el rubor, pero no pudo detenerlo. Uno de estos días conseguiría
superar su vieja timidez, pero por ahora, ésta continuaba levantándose de vez en
cuando. —En realidad, hemos estado haciendo un montón de cosas malas juntos,
pero supongo que lo más notable es...

— ¿Sí?—Lynda pinchó, con los ojos muy abiertos.

—Hicimos un trío con su mejor amigo.

La boca de Lynda se abrió y Liz estaba contenta de haber sorprendido a alguien


realmente por lo general inadvertidas.

—Un rubio muy sexy llamado Ty—continuó. —Tú lo amarías. Tuvimos un


muy… memorable tiempo juntos en la casa de Jack y...

— ¿Y?

—Y... tener dos hombres a la vez fue la experiencia más increíble de mi vida. Yo
sin duda lo recomiendo.

Lynda se rompió en una amplia sonrisa. —Tú, amiga mío, has recorrido un largo
camino en muy poco tiempo. Y tal vez sólo tomaré esa recomendación,
proveniente de tal fuente de confianza—Ella le guiñó un ojo. —Estoy orgullosa de
ti, cariño, para perder tanto, por aprender a disfrutar de tu sexualidad. Y apuesto a
que Jack está sólo en el cielo.

*****

Liz sospechaba que el Barrio Francés era el único lugar en el mundo en el que
podía salir de su coche en un minivestido de cuero y botas negras y caminar por la
calle sin sentirse fuera de lugar o insegura.
A pesar de ello, se sentía transformada en este conjunto, como si fuera una
persona diferente de lo que había sido unos días antes. El vestido sin mangas se
detenía muy arriba sobre sus muslos y se cerraba al frente con una cremallera de
doble sentido que podía ser ajustada desde la parte superior o inferior. Así que ella
había bajado la parte superior para mostrar un escote considerable, y había elevado
el de la parte inferior tan alto como se atrevió, evitando ser arrestada. El flexible
cuero abrazaba cada una de sus curvas; sus pechos se sentían grandes y pesados
presionando contra el perfecto ajuste. Su coño zumbaba en la cálida brisa, sólo a
unas pocas pulgadas de estar expuesto.

Las botas parecían francamente pecaminosas, en punta y con tacón aguja


plateado, se levantaban sobre sus rodillas, sin embargo, el corto vestido todavía
mostraba un montón de muslo. Lo había acompañado con grandes aros colgantes
plateados y un collar negro, y con más maquillaje que el de costumbre. Cuando se
acercó al bar donde había planeado encontrarse con Jack, se sentía como el pecado
caminando.

Rápidamente sintió todos los ojos sobre ella, hombres que querían ver lo que una
mujer como ella haría con ellos en la cama, y las mujeres que estaban tal vez
curiosas de la misma cosa. Una semana atrás ella no podría haber usado este
atuendo. Incluso cuando había entrado en la oficina de Jack el primer día, vestida
muy sexy y actuando de forma tan descarada, eso era nada comparado con esto. El
calor de saber que era digna de llevar un traje que prometía sexo corría por sus
venas e hizo que su coño pulsara contra el taburete de la barra al que se había
subido. Sus pechos tensos contra el cuero; su cuerpo entero se sentía súper sensible
de una manera que sólo anticipaba lo que Jack podía hacerle.

Extrañamente, pensó, que se sentía más que bien salir de casa y llegar al Barrio
Francés.

Gran parte del barrio era considerado muy peligroso por la noche, pero se sentía
mucho más segura aquí en el mundo de Jack que de regreso en el Garden Distrit de
Todd. La mayoría de la gente pensaría que estaba loca, pero estar en una pequeña
parte del universo de Jack la hacia sentir a la vez contenida y aventurera; segura,
más dispuesta a correr riesgos. El pensamiento, y su audaz nueva imagen de
dominatrix, la hicieron querer hacer algo aún más arriesgado esta noche, le daban
ganas de seguir viviendo la vida al máximo con su caliente y sexy amante.

¿Podría algo ser más intenso que estar en la cama con dos hombres a la vez? No
estaba segura, pero quería intentarlo, tanto para sí misma como para premiar la
noble dulzura de Jack. Él se hizo cargo tan bien de ella; ella iba a cuidar bien de él,
de una manera diferente, por tanto tiempo como él quisiera que ella lo hiciera.

— ¿Qué estás tomando, encanto?—Ella miró hacia arriba para encontrar al


camarero, un atractivo hombre de treinta y tantos años con el pelo oscuro y una
fuerte mandíbula. —Los chicos al final de la barra quieren comprarte una bebida.
Ella miró hacia el final para ver a varios guapos del tipo traje y corbata. Un par de
ellos sonrieron, uno levantó una mano para saludar. Ella devolvió la sonrisa, y
luego volvió su atención al camarero. —Tomaré un huracán, pero espero que no
estén demasiado decepcionados al descubrir que estoy encontrándome con mi
novio aquí.

Mi novio. Eso solo había salido. Y había una sensación maravillosa por llamar a
Jack así.

El camarero ofreció un encogimiento de hombros y una sonrisa.


—Hey, toma tu oportunidad cuando te envían una bebida a través de la sala—
Después de colocar la alta mezcla rojiza delante de ella un momento después, se
trasladó a la final de la barra para informarle a los chicos de su estado de
“ocupada”.

— ¿Comenzando la diversión sin mí?—preguntó Jack, de repente a su lado. Ella


levantó la mirada para encontrarlo llevando una sonrisa burlona.

—Tengo admiradores en el extremo de la barra—le informó con coquetería.

Echó un vistazo a los trajeados, y luego hacia ella.


—No puedo culparlos; mírate, chère—Él le dio una larga mirada de pies a
cabeza. —Casi no te reconozco. Te ves... peligrosa.

Ella sonrió.— ¿Es eso algo bueno?

—Si estás preguntando si me enciende, oh síp. Esas botas son causa de muerte y
ya quiero sentirlas envueltas alrededor de mi espalda.

Cuando el camarero volvió, Jack ordenó un huracán para él.

—Entonces—continuó,— ¿Estamos de látigos y cadenas esta noche?

Ella se rió, considerando su respuesta.

—Yo no estoy… segura exactamente en qué estamos esta noche, todavía no.
Como que estoy esperando que solo se revele a nosotros, ¿me entiendes?

Su sonrisa era típicamente malvada.

—Lo que sé es que vas a estar luchando contra chicos esta noche, así que tal vez
será mejor que nos detengamos en algún sitio y compremos nosotros mismos ese
látigo de todos modos, chère. Por otra parte—él miró hacia sus pies, —supongo que
esos tacones pueden calificarse como armas por su cuenta, ¿eh?

Después de que terminaran sus bebidas, salieron del bar para vagar por la
Bourbon Street. La oscuridad estaba cayendo sobre la calle del pecado y el
libertinaje, una noche más cobraba vida en el Barrio Francés. Como Jack había
predicho, Liz ganó incluso más miradas de lo habitual. Yendo desde meramente
“sexys” a “sexys y peligrosas” estaban haciéndola sentir tan viva como la propia
noche. Ella no quería este tipo de atención todos los días o todas las noches de su
vida, quizás ni siquiera la quisiera nunca más después de esta noche, pero en este
momento, cada mirada emitiendo su camino registrado en su interior, parecía
aumentar su temperatura, poniendo a su coño aún más zumbante y deseoso.
Jack mantuvo su brazo alrededor de ella como para asegurarse de que cada
hombre en la calle supiera que ella estaba con él. Y si bien había sido salvajemente
excitante que la compartiera con Ty la otra noche, era igual de excitante ver a Jack
actuando un poco posesivo.

Como de costumbre, el estado de ánimo en la calle era embriagador y


contagioso. Uno no tenía que aventurarse en los sex shops y locales de striptease
para sentir su aura en el aire, y como en las noches anteriores, la decadencia que
era la Bourbon Street se filtraba en las venas de Liz. Cuando ella y Jack pasaron
delante de un club de sexo en particular, llamado la Garra del Minino, ella lo instó
a reducir la velocidad para poder echar un vistazo más de cerca. Por debajo de las
luces de neón pregonando “Show de sexo en vivo” estaba una exposición de fotos.
Al igual que en el club en el que ella y Lynda se había detenido a mirar durante su
“misión de reconocimiento” por el barrio antes de reunirse con Jack en el Club
Venus la primera vez, estas imágenes mostraban una amplia mezcla de gente
realmente follando en un escenario. La mayoría de las imágenes mostraban a un
hombre y una mujer teniendo relaciones sexuales en una variedad de trajes
diminutos y ajustados, pero una mostraba a tres chicas en típicos trajes de harem
tocándose entre sí, y en una foto aparecía un hombre con dos niñas.

—Tal vez esto lo sea—le dijo a Jack.

— ¿Tal vez esto sea qué?

—La cosa excitante que vamos a hacer esta noche.

Él sonrió. —Mi caliente pequeña fille, nunca dejas de sorprenderme.

Ella agitó sus pestañas, siendo juguetona.

—Yo creía que a estas alturas ya estarías acostumbrando a mi lado salvaje.

Dio un gesto con la cabeza.


—Oh sí, por supuesto, cariño, te has demostrado a ti misma ser un infierno de
una mujer salvaje, y sin embargo...—Él se quedó pensativo, con una pequeña
sonrisa adornando su rostro.

—Y sin embargo, ¿qué?

—Como he dicho, todavía me sorprendes. Cada vez que haces algo nuevo, estoy
jodidamente asombrado. Porque no puedo creer que seas la misma mujer que aún
se ruboriza a veces cuando hablamos de sexo.

Liz se mordió el labio.

—El rubor es un viejo hábito que estoy tratando de romper. Pero me gusta tener
la capacidad de sorprenderte.

—Mais, has tenido un éxito seguro como el infierno en eso—dijo en una


carcajada. Luego miró hacia la puerta del establecimiento, abierta pero revelando
solo oscuridad dentro. —Entonces, ¿quieres entrar?
Ella asintió, su piel hormigueando con anticipación. Era realmente como una
droga para ella, tener el poder para mantenerse sorprendiendo a su amante, y ahora
estaba excitada por ver exactamente lo que estaba ocurriendo dentro de este edificio
y cómo ella iba a responder a ello.

Caminando hacia la puerta, esperó mientras Jack le pagaba al portero, luego le


tomó la mano y la condujo hacia el oscuro interior.

Entraron en un pequeño vestíbulo, donde un lindo chico, pero desaliñado, estaba


detrás de un mostrador vendiendo gafas y camisetas con el logotipo de la Garra del
Minino. Música de rock pesado llenaba el aire, junto con el olor del alcohol y... sin
lugar a dudas, sexo.

El hombre silenciosamente señaló el camino y Jack la llevó a través de una


entrada con cortinas hacia otra habitación, oscura excepto por el escenario
brillantemente iluminado donde, como era de esperar, un hombre y una mujer
estaban follando. La mujer yacía sobre su espalda en una pequeña cama cubierta
con una colcha para niñas color rosa, llevaba puestas medias blancas con un liguero
rosado y zapatos rosados de tacón alto. Tenía el cabello rubio en dos coletas, atadas
con cintas de color rosa. El hombre llevaba un traje, con sólo su polla al
descubierto. Era tan crudo; a diferencia del club de striptease, no sostenía burlas, ni
lenta sensualidad. Era real, una muy caliente follada entre lo que estaba retratado
como un hombre de negocios y una niña. Él se condujo dentro de ella lento pero
duro, haciéndola gritar con cada embestida, y su cara se veía tan apasionada como
cualquiera que Liz hubiera visto. —¡Sí! ¡Sí! ¡Dame esa polla!—gritaba la mujer,
sensualmente pellizcando y jugando con sus pezones mientras se reunía con su
rudos golpes.

Liz se sintió un poco congelada en su lugar por la brusquedad del acto delante de
ellos, pero Jack la condujo a través de la habitación hasta que llegaron a dos sillas
de felpa. Las sillas le recordaron a las del Club Venus, excepto que estas eran
claramente más viejas y bien utilizada. Estas estaban esparcidas por toda la
habitación, la cual, para su sorpresa, estaba algo llena, con muy pocas mujeres en la
multitud. Aunque la habitación estaba muy oscura, probablemente para proteger a
los clientes de ser vistos, Liz podía hacer lo suficiente para saber que los
espectadores iban desde camisetas y pantalones anchos a chicos con trajes como el
que estaba en el escenario. Las mujeres estaban más como Liz, vestidas sexy y
luciendo listas. Todos parecían hechizados por lo que estaba ocurriendo delante de
ellos y, de hecho, eso estaba cautivando a Liz, también.

Ella no estaba tan cómoda como en el Club Venus, como lo evidenciaban las
sillas y otros pequeños detalles, la Garra del Minino era menos lujosa y sofisticada,
y la crudeza del espectáculo le dio la sensación de que estaba presenciando algo que
no debía ser. Algo íntimo y prohibido, mucho más incluso que los muchos bailes
eróticos que había visto en el club.

Sin embargo, la mujer en el escenario parecía estar disfrutándolo tanto como Liz
lo hacia cuando Jack estaba enterrado en ella. Ella era hermosa con grandes y
firmes pechos, y largas y encantadoras piernas, las cuales ahora estaban en posición
vertical, con los tobillos descansando sobre los hombros del hombre mientras
empujaba dentro y fuera de ella. De vez en cuando, la chica gritaba, “Sí, nene” o
“Más, más”, y cuando su impacto inicial se disipó, el coño de Liz volvió a los
mismos calientes latidos que había sentido antes, solo que ahora eran más fuerte,
dolorosos, necesitados.

Después de un rato, la joven se dio la vuelta, sobre sus manos y rodillas. El


hombre reinsertó su gran pene y ella dejó escapar un sexy gemido. —Fóllame—, le
rogó. —Por favor, fóllame—El hombre de traje golpeó en ella, aumentando la
velocidad, haciéndola gemir y jadear. Cuando él le dio una palmada en el culo, ella
emitió un gruñido.

— ¡Oooh, sí, dame nalgadas! ¡He sido una niña mala!— manchas perladas de
sudor corriendo por el rostro del hombre mientras su húmedo eje se conducía
dentro y fuera de la rubia, quien apretaba sus dientes ahora, diciendo, —Sí, nene,
¡dámelo! ¡Déjame tenerlo!—Ellos follaban mucho más frenéticamente ahora que
cuando Liz y Jack habían llegado, y Liz comenzaba a sentirse intoxicada de verlos,
a causa del calor y la rugosidad de su espectáculo. Como si hubiera leído sus
necesidades, Jack se acercó y acomodó su mano en lo alto de su muslo,
acariciando.

Los gemidos del hombre eran cada vez más profundos, más fuertes, más
intensos, hasta que finalmente se retiró y disparó su semilla sobre el bonito culo
redondo de la rubia, frotándosela mientras ella gemía. Los pechos de Liz se sentían
tan pesados que deseaba poder descomprimir su vestido y alcanzar el interior para
acariciarlos. Este contundente y sucio sexo en vivo había despertado su salvajismo
con su franqueza, su realismo.

Cuando las cortinas se cerraron sobre los dos “artistas”, Jack se inclinó y, a pesar
de la oscuridad de la habitación, vio el brillo perverso en sus ojos.

— ¿Quieres sentarte en mi regazo, pequeña?


Ella no pudo evitar sonreír y dejar su silla por él. Acurrucándose sobre él y
sintiendo el calor de sus brazos pegados a su alrededor, ella se inclinó para
susurrarle al oído. — ¿Te gustaría eso? ¿Te gustaría que me vista como una niña
pequeña para ti?

Su sonrisa se llenó de calor.

—Me gustan todas tus sorpresas, chère. No me lo digas, solo hazlo en algún
momento.

Su voz susurrada y las sexys posibilidades implícitas en sus palabras hicieron a su


coño aumentar la humedad. Ella lo arrastró en un lento y sexy beso de lengua y él
pasó sus manos sobre sus curvas.

—Al igual que la forma en que luces esta noche—añadió. —Me encanta que no
me lo dijeras, que solo te encontrara en un bar viéndote como si me fueras a atar y
obligarme a obedecer.
Ella le sonrió. — ¿Te gustaría eso? ¿Ser atado?

— ¿No me oyes? Me gustan todas tus sorpresas, y me gusta que tú nunca pareces
dejar de sorprenderme.

En ese momento, nueva música comenzó y ellos miraron hacia arriba para ver
las cortinas volverse a abrir para una nueva puesta, una hilera de armarios de
gimnasio y un banco de madera. En el escenario estaban tres vitales y guapas chicas
en uniformes de animadoras y colas de caballo, y en un minuto o menos, dos de
ellas estaban sentadas en el banquillo besándose, lentos y suaves besos franceses
que parecían sin duda delicados y sensuales teniendo lugar entre sólo bocas
femeninas, rostros femeninos. Entonces la tercera animadora se arrodilló ante una
de las chicas, separando sus piernas y empujándole la falda hacia arriba.

Después de eso, Liz sólo miraba de reojo la escena de seducción, pensando en su


propia seducción. Pensando en sorprender a Jack, escandalizarlo, excitarlos a
ambos en una forma totalmente nueva. Esa primera noche en el balcón de Jack, Liz
había descubierto que cuando ella estaba profundamente exaltada, casi no le
importaba si alguien los estaba mirando o no y así era como se sentía ahora.

Y la habitación estaba tan benditamente oscura, y se encontraban en la parte de


atrás, casi en un rincón, y ella quería follarlo tan mal que podía probarlo.

Él estaba maravillosamente duro contra su pierna, y sus dedos jugaban ya con su


cierre, bajándolo ligeramente, luego pasaba sus doblados nudillos a través de su
suave escote mientras observaba a una animadora comerle el coño a otra. La
tercera niña se había quitado su ajustado jersey de animadora y estaba amasando
sus altos y pequeños senos. Liz casi se inclinó para preguntarle si le gustaría que
ella se vistiera como una animadora en algún momento, pero luego recordó le
gustaban todas sus sorpresas. Por lo que solo lo haría alguna vez.

Ahora, sin embargo, esta noche, ella no era una animadora, o una pequeña niña,
era una dominatrix en cuero negro, y le iba a recordar a él eso.
Ella se giró sobre su regazo hasta que podía levantar su vestido de cuero, rodillas
para abajo a cada lado de él. Encontrando sus ojos, vio la sorpresa allí.

— ¿Qué estás haciendo, cariño?

Ella habló en voz baja pero con una potencia firme.

—Follarte.
Capítulo Once
Él arqueó sus cejas.

— ¿Aquí?

—Sí—con eso, se abrió la cremallera del vestido desde la parte inferior, hasta su
entrepierna; lo suficiente para que él viera que no llevaba ropa interior, lo suficiente
para que vea su recién afeitado coño, y también lo suficiente para que ella sea capaz
de separar sus piernas lo suficientemente amplias como para montarlo.

Él echó un vistazo a lo que había revelado.

—Merde—Luego levantó los ojos hacia ella.— ¿De verdad piensas que esto es
una buena idea? Quiero decir, estamos en una habitación llena de gente.

Donde nadie está mirando, donde todos los ojos están pegados a las animadoras.
Pero en la verdadera forma dominatrix, se resistía a señalarlo y en su lugar dijo:

—Cállate y haz lo que te digo o te castigaré.

La luz del entendimiento amaneció en su rostro.

—Oh. Ya veo. Ama Liz—Sonrió. —Maldición, cariño, debería haberte


comprado el látigo, después de todo.

Hizo caso omiso de sus bromas, queriendo quedarse en el personaje y ver cómo
se sentía jugar a la dominatrix.

—Descomprime más la parte superior de mi vestido—ordenó.


Él miró a su alrededor, aun viéndose un poco dudoso, pero también excitado; lo
cual era exactamente lo que Liz había querido. Finalmente, hizo lo que ella pedía,
descomprimiéndolo casi hasta su ombligo.

—Ahora separa la abertura hasta que mis pezones estén fuera.

Parecía dudoso, encontró con su mirada.— ¿Estás segura que quieres hacer esto?
¿Aquí?

—Hazlo—le espetó moderadamente.

Así lo hizo, mostrando sus pechos y haciéndola sentir incluso tan traviesa como
para pensar en cuántas personas estaban en la misma habitación con ellos, parte de
su hedonismo incluso deseando que alguien estuviera viéndolos, viéndola follar a
su hombre.

— ¿Y ahora qué?—él preguntó, de repente pareciendo aceptarlo, lo cual la


complacía.

—Lámelos.

Jack rastrilló su lengua por uno de sus rígidos pezones y el placer rebotó por todo
su cuerpo, hasta llegar a su coño. Moviendo su boca hasta la punta de su otro
pecho, tocó con su lengua el distendido pezón, moviéndolo hacia arriba y hacia
abajo. A pesar de sí misma, ella dejó escapar un pequeño sonido de placer.

Sin mayor instrucción, tomó el mismo pezón en su boca, chupándolo, suave al


principio, luego más fuerte.

—Sí, chúpalos—susurró, —Chúpalos.

Se movió de regreso a su otro pecho, succionando el pico apretado entre sus


fuertes labios, y su duro chupar reverberó a través de ella.
—Ahora abre tus pantalones y muéstrame esa polla.

Por debajo de la música y de los excitados gemidos de las porristas en el


escenario, escuchó la respiración de Jack volverse trabajosa, y mientras él se
desabrochaba el cinturón, creyó que sus manos en verdad estaban temblando de
emoción. Un momento después, su eje perfectamente erecto fue puesto en libertad,
sobresaliendo de su ropa interior. Él apartó la tela hacia abajo para que ella pudiera
verlo rígidamente apuntando hacia su abdomen.

—Tan grande, nene—murmuró ella sin pensar. —Una gran y perfecta polla—
Corrió la palma de su mano por su longitud, utilizando su dedo para limpiar el
presemen en la punta y luego colocó el dedo en su boca.

—Dios—él suspiró, y ahora incluso su voz sonaba temblorosa, haciéndola


saborear el poder que tenía sobre él.— ¿Y ahora, chère?

—Frótala contra mi coño—exigió.

Sin demora, se estiró, tomó su erección en la mano y rozó la cabeza arriba y


abajo por el centro de su montículo. No podía dejar de moverse contra ésta, ella
estaba demasiado excitada para quedarse quieta, sobre todo cuando pasaba por su
cada vez más sensible clítoris.

—Oh...—ella jadeó. —Así.

Él continuó rastrillándola arriba y abajo, y Liz quería sentir más de él, por lo que
se movió más cerca de su cuerpo y tomó la polla de su mano, presionando toda la
longitud de la misma en su coño, todavía moviéndose, todavía frotándose contra él.

— ¿Cómo se siente eso?—preguntó.

Él movía sus caderas ahora, también, deslizando su gran columna en su contra.

—Tan jodidamente bien, nena—jadeó.


—Ahora sostenla—dijo ella, su propia respiración trabajosa ahora —así puedo
montarte.

Siguiendo su orden, estabilizó su polla mientras Liz se levantó sobre sus rodillas,
empalándose a sí misma.

—Oh sí—suspiró. Era casi como si él hubiera conducido su eje casi hasta su
ombligo, la entrada enviando conmocionantes ondas a sus dedos de las manos y los
pies. Él estaba tan increíblemente grande en su interior; dejo caer todo su peso
sobre su polla y le dijo justo cuán profundo dentro de su coño estaba, cuán bien la
llenaba. Cuando empezó a follarlo, enroscó sus brazos alrededor de su cuello y lo
atrajo en un beso sensual, sin poder evitarlo. Necesitaba su boca sobre la de ella,
necesitaba consumirlo de todas las formas que podía.

A medida que giraba sobre su amante, moviéndose en calientes y apretados


círculos que ponían a su clítoris en dulce contacto con la base de su eje, ella casi se
olvidó de donde estaban; no importaba. Todo lo que importaba era tener la enorme
polla de Jack en su interior, y montarlo todo el camino al caliente éxtasis. Él
sostuvo sus caderas, ayudándola a moverse; se inclinó para chupar sus pechos,
duro, más duro.

—Sí, tan bueno, nene— susurró. —Chúpalos—. Él lo hizo, más y más


intensamente, y eso la empujó hacia el orgasmo que sólo sentía a latidos de
distancia.

Su coño estaba llenándose de calor, y sus pequeños círculos se hicieron más


pequeños, dándole a su clítoris más y más golpes contra él. Ambos estaban
respirando con dificultad, casi jadeando, pero eran ahogados por la música y los
gemidos y gritos en el escenario.

¿Había alguien observándolos? No miró alrededor para ver porque ella en


realidad no quería saber, pero al mismo tiempo, esperaba desesperadamente que
alguien en la sala estuviera mirándola follarlo, presenciando el calor que pasaba
entre ellos mientras conducía su coño sobre su caliente polla.

Finalmente, golpeó como una tormenta de verano que reunía un enorme poder
antes de caer hacia abajo. Feroces sensaciones vibraron desde su coño hacia afuera
hasta que se perdió en ellas, llena de espasmos de cegador placer. Se mordió los
labios para no gritar, pero pequeños gemidos se le escaparon de todos modos
mientras el asombroso clímax se estremecía a través de ella.

—Ah, merde, yo también—oyó gemir a Jack justo cuando ella terminó, por lo
que se mantuvo a horcajadas, montándolo duro, y amando ver la agonía de placer
grabada en su rostro mientras bombeaba más fuerte, más profundo, apretando los
dientes cuando se derramó dentro de ella.

Luego sus brazos se cerraron cálidamente alrededor de ella y ella apoyó su frente
en su hombro, tratando de recuperarse del agotamiento de correrse.

Poco a poco, reunió sus fuerzas y se levantó fuera de él, optando por permanecer
de esa forma, arriba sobre sus rodillas, hasta que sintió su semen goteando hacia
abajo sobre sus muslos. Una última orden.

—Frota tu corrida en mí—susurró.

Él miró sus ojos, su propia mirada oscura y tan llena de ardiente lujuria como
ella sospechaba que se había vuelto la suya. Entonces él cambió su atención hacia
su coño, levantando ambas manos para lentamente desparramar el líquido sobre el
interior de sus muslos mientras ella se sentaba a horcajadas. Finalmente, llevó sus
manos mojadas a sus pechos, moviendo sus palmas en manchados círculos sobre
sus montículos. Cerró sus ojos y disfrutó de la cruda sensación de llevarlo con ella
de una totalmente diferente, y tan sensual manera.
Cuando él terminó, ella miró por encima de su hombro para ver a las tres
animadoras aún en el escenario; todas estaban desnudas ahora excepto por las
cintas en el pelo. La habitación estaba inundada de sus gemidos mientras ellas
deslizaban vibradores de colores dentro y fuera de los demás coños.
— ¿Está la Ama Liz lista para salir de aquí y volver a mi casa donde puedo
follarla un poco más?

Se dio la vuelta hacia la oscura e hipnotizante mirada de Jack.

—Mmm, sí, creo que la Ama Liz se retiró por esta noche—dejó que una pequeña
sonrisa hiciera su camino a sus labios. —Pero ella espera haberte sorprendido y
excitado.

Él simplemente negó con su cabeza, como con incredulidad.

— ¿Tienes que preguntar?—dijo mientras ponía la cremallera de su vestido en su


lugar.

—Sólo quiero oírlo.

Se salió encima de él, aún sintiéndose sexy en cuero y botas. Él se subió la


cremallera, también, tomó su mano y la llevó hacia la puerta. Una vez fuera, de
regreso en el salvaje ajetreo, bullicio y neón de la Bourbon Street, él se giró hacia
ella.

—Me encantó lo que acabas de hacer allí. Me encanta todo lo que haces para mí,
nena. Me encanta ayudarte a explorar esta excitante y sucia parte tuya. Y no puedo
tener suficiente de ti.

Otra flecha de esperanza atravesó el corazón de Liz. Un hombre que no se


cansaba de ella podría quedarse por un tiempo. Sin embargo, ella trató de no pensar
en una esperanza que parecía tan peligrosa, otros amantes habían profesado
devoción hacia ella en el calor del momento, sólo para arrepentirse después. Por lo
que sólo se concentraría en el momento. Se concentró en las vistas, sonidos y olores
del Barrio, mientras caminaban de la mano por el festivo distrito, y luego se enfocó
en el silencio, la oscuridad, el aire bochornoso de la noche, mientras atravesaban el
extremo opuesto al Bourbon, donde se encontraba el apartamento de Jack.
Por supuesto, todo eso era sobre él. Ella podría creer que estaba tomando otras
cosas, pero todos esas vistas, sonidos, sabores, olores eran la vida de Jack, el
mundo de Jack. Y que no podía esperar para llegar a su casa, donde tenía la
intención de darle todo el placer que él pudiera manejar.

*****

—Múdate conmigo.

Ella abrió sus ojos a la mañana siguiente para encontrar a Jack acostado al lado
suyo, apoyado en un codo. Ambos estaban desnudos y Liz apenas podía recordar
un momento en que hubiera dormido con más tranquilidad que en estas últimas
noches con Jack. Pero sus palabras la sacudieron del sueño, sorprendiéndola.

Él no dejaba de hacer esta solicitud; una petición con la que ella seguramente
soñaría si no hubiera sido hecha sólo porque había un loco acosándola. ¿Qué decir?

Ella simplemente sacudió la cabeza.

—Eres dulce por preguntar, pero...

—Pero nada, maldita sea. Te quiero aquí. Te quiero conmigo.

Sus ojos oscuros brillaban muy sinceros. La quería con él. ¿Eso no lo decía todo,
no era lo que ella desesperadamente quería oír? Todavía estaba tan asustada de ser
herida, y vivir con él había venido de alguna manera a representar esa entrega total,
el último acto de ponerse a sí misma en situación de riesgo, pero en ese momento
de debilidad, temprano en la mañana, no podía rechazarlo más.

—Está bien—, dijo, dejando escapar un suspiro, dándose cuenta de que


realmente estaba haciendo esto, realmente aceptaba su invitación. —Sí, está bien.
Levantando una mano a su mejilla, bajó su boca sobre la de ella, besándola largo
y duro y con pasión.

Luego susurró.

—No quiero que tengas miedo de nada nuevo.

*****

Mientras Jack comía un sándwich en su escritorio en el almuerzo, se sintió más a


gusto de lo que había estado en una semana. No podía negar la razón, la cual era
doble. Liz se iba a mudar con él, lo que significaba que Todd ya no le importaba. Y
también significaba que esta mujer por la que él había caído tan rápida y
completamente se acercaba a su vida en una forma totalmente nueva. ¿Se atrevería
a pensar de manera permanente? Eso era probablemente demasiado para pensar,
así que por ahora solo sería feliz con lo que tenía, Liz en su apartamento, su cama,
a tiempo completo. Se despertaría con ella en la mañana y se iría a dormir con ella
en la noche.

Dormirían juntos, se bañarían juntos... infiernos, simplemente estarían juntos.


Arrugando el envoltorio del deli y tirándolo a la basura, volvió su atención a su
trabajo. Tenía algunos videos de vigilancia para mirar, e incluso el avance rápido
cuando no sucedía nada importante todavía tardaba mucho tiempo y quería pasar a
través de todos lo más rápido posible y llegar temprano a casa. Tenía la intención
de presentarse en casa de Lynda con un montón de cajas vacías y sacar a Liz fuera
de allí y ponerla en su cama esa noche.

*****

Liz se reportó enferma en el trabajo, había conducido a casa en un par de


pantalones cortos de Jack y una de sus camisetas con toda la intención de
convertirlos en un conjunto y hacer su camino a la agencia, pero en el momento en
que se había duchado, se dio cuenta de que si realmente se iba a mudar con Jack,
tenía que hacerlo hoy.
Por un lado, si tenía todo el día en el trabajo para fijarse en su decisión podia
cambiar de idea. Y aun cuando daba miedo como el infierno, no quería cambiar de
opinión. Ahora se daba cuenta de que quería desesperadamente, con locura, ir a
vivir con su amante, darle una oportunidad para que caiga profundamente
enamorado mientras estaba con él. Tal vez, a pesar de todos sus temores, tenía la
posibilidad de verdadera felicidad con un hombre que realmente la entendía y
aceptaba y la animaba a ser dueña de sí misma.

La idea de vivir con él la llenaba con locos deseos de colegiala inocente. Quería
verlo todo el tiempo, quería cocinar para él, quería incluso hacer cosas tontas como
doblar calcetines y ropa interior para él. Ella sólo quería ahondar tan
profundamente en él como le permitiera, y si ella iba a hacerlo debia ser de la
manera en que había hecho todo lo demás la última semana, ir por ello por
completo.

Eso conducía a la otra razón para no asistir al trabajo hoy. Podría ir a lo de Todd
mientras él estaba en la oficina, reunir más de sus cosas, y empezar a moverlas al
lugar de Jack antes de que incluso llegara a casa esa noche. Él ya le había dado una
llave, y siempre decía que amaba sus sorpresas, por lo que esperaba que esta le
gustara también.

Quería estar ahí esperando por él cuando entrara por la puerta después de un
largo día de investigación. Pensaba darle la bienvenida en un baby doll con una
copa de vino. Tan excitante como la noche anterior había sido, ahora la idea de
sólo hacer el amor con él en casa, solos, sonaba perfecto.

Vestida adecuadamente para el calor de un duro día de trabajo reunió unas


cuantas cajas del garaje de Lynda, comió un almuerzo temprano y partio hacia lo
de Todd. Todavía tenía la llave, por lo que sólo necesitaba reunir sus cosas e irse.
Había cosas grandes, como muebles, pero podía tomar las cosas más pequeñas con
las que ella había contribuido a la familia: sus discos, sus libros, algunas sabanas
nuevas que había comprado, pero aún no estrenado, el pequeño cuadro que había
comprado en París cuando vacacionó allí con sus amigas durante la universidad.
No eran cosas que necesitaba en este mismo instante, pero eran cosas que quería.
Cosas que, una vez que las tuviera de regreso le ayudarían a sentirse cada vez
menos conectada con Todd y la farsa de vida que habían compartido.

Parada en la puerta de entrada se sorprendió por lo que vio, los pisos no habían
sido barridos o aspirados, envolturas de comida rápida y servilletas blancas yacían
esparcidas por la mesa de café. Incluso los cojines del sofá parecían en desorden.
Pero nada de eso era su problema, sólo la puso más ansiosa por sacar sus cosas e
irse rápidamente.

Tomando una de las cajas se acerco a la biblioteca de la esquina y comenzó


metódicamente a explorar los estantes recuperando los volúmenes que eran suyos.
El equipo de sonido siguió a la biblioteca, así que después de cerrar una caja de
libros, busco otra caja y repitió el proceso, buscando los CDs que había traído a la
relación, y cargándolos ordenadamente en el interior. Después de arrodillarse sobre
esta para cerrarla, se puso de pie, lista para ir arriba. Fue entonces cuando vio a
Todd sentado en una butaca junto a la ventana.

Se estremeció. ¡Maldita sea! Estaba allí sentado mirándola. ¿Por cuánto tiempo?

— ¿Qué diablos estás haciendo aquí?—le espetó ella.

Él inclinó su cabeza con aire de suficiencia. —Vivo aquí.

— ¿Por qué no estás en el trabajo?

—Me reporté enfermo.

Ella dejó escapar un suspiro. ¿Cuáles eran las probabilidades?

—Te ves bien para mí.

—Bueno, no lo estoy. En caso de que lo hayas olvidado, tengo el corazón


destrozado.
Respiró hondo y luego lo dejó atrás. Mantén la calma. Él parecía un poco más
normal hoy. Enojado, pero no loco.

—Lo siento por eso, y lamento haber irrumpido aqui. Voy a tomar mis cosas e
irme.

Él echó un vistazo a las cajas que había llenado.

—En realidad, Elizabeth, podrías haber llamado. No voy a mantener tus libros a
cambio de pedir rescate, ni nada.

Ella frunció los labios. —Pues bien, dada la forma en que reaccionaste a todo
esto, no estaba segura.

Él sonrió.— ¿Necesitas ayuda para llevarlas a lo de Lynda? Los libros son


pesados. Estare feliz de ayudar.

No sabía qué pensar. ¿Era posible que Jack hubiera llegado realmente a él la otra
noche, que realmente iba a dejarla en paz? ¿Era posible que él estuviera siendo
sincero, tratando de terminar las cosas civilizadamente? Quería creer eso, pero en
su corazón, no podía dar ese paso.

—Gracias de todos modos—dijo, —pero puedo llevarlas—Cogió la caja de los


CD y se dirigió hacia la puerta.

Había medio esperado que él la siguiera o la detuviera de alguna manera, pero


cuando se detuvo para mirar hacia atrás, seguía sentado cómodamente en la silla.

—Y para que lo sepas, ya no voy a estar más al lado—Quería asegurarse de que


no molestaría a Lynda, lo último que quería era apilar problemas o peligro sobre su
amiga.

— ¿Dónde te estás mudando?


Ella suspiró. — ¿Qué diferencia hace?

Él le atravesó con su mirada desconfiada.

—Apuesto a que sé. Apuesto a que te estás mudando con ese Neanderthal
tuyo—Cuando ella no respondió, levantó su mano a su barbilla, acariciando una
barba imaginaria. —Ahora eso me preocupa.

Ella simplemente se volvió hacia la puerta y murmuró:

—Lamento escuchar eso—movió la caja a un lado de su cadera, y se estiró para


alcanzar la manija.

—No te quiero viviendo con ese tipo.

Lo más inteligente sería ignorarlo, sólo seguir adelante. Pero de alguna manera
no podía. Estaba cansada de que él la empuje. Había estado haciéndolo desde que
se conocieron y ahora que había empezado a luchar de nuevo, no podía no hacerlo.

— Donde yo viva en realidad no es más tu asunto.

Se encogió de hombros. —Tal vez no, pero te advierto sobre vivir con él.

Ella parpadeó, preguntándose qué demonios tenia bajo la manga.— ¿Ah, sí?

—Sé algunas cosas acerca de tu Neanderthal.

Ella no respondió, simplemente se quedó allí en la puerta, esperando que


continuara.

—Sé cosas como en donde trabaja, donde vive.


Ella dejó escapar un suspiro de disgusto. No tenía idea de si estaba diciendo la
verdad o no, si era posible que lo supiera, pero...

— ¿Qué quieres decir?

—Sabes, Elizabeth, que un hombre puede aprender prácticamente cualquier cosa


en estos días en Internet?

¿De qué diablos estaba hablando? Estaba a punto de renunciar a descubrirlo y


solo alcanzar la manija de la puerta una vez más cuando él dijo:

— ¿Sabes que una persona puede encontrar la manera de fabricar una bomba
simple con unos pocos clics del ratón?

Liz sintió toda la sangre drenarse de sus mejillas. Finalmente bajó la pesada caja
al suelo de madera.

Puso sus manos sobre sus caderas y trató de sonar más fuerte de lo que se sentía.

— ¿De qué mierda estás hablando, Todd? Escúpelo. ¿Exactamente que estás
tratando de decir?

Hizo un sonido de asco.

—Ese lenguaje. Tal vez no eres mi mujercita perfecta, después de todo.

—Ya era hora de que obtuvieras ese mensaje.

Él simplemente se rió entre dientes.

—Yo no quise decir eso. Puedo perdonar un desliz ocasional, cariño, no como
tú. Pero de cualquier manera, ya sea que volvamos o no tú y yo a estar juntos en
este momento, no te quiero viviendo con ese tipo. Y si te mudas con él, Elizabeth,
te prometo que te arrepentirás. O, mejor dicho, él lo hará. Y sabré si tú lo haces,
confía en mí, lo sabré.

Liz simplemente se quedó mirándolo. Pensar que había sido tan tonta como para
creer que había estado actuando razonable por unos minutos. Dios, era realmente
un psicótico. Eso y su amenaza contra Jack comenzaron a hundirse en su piel y
supo que tenía que salir de allí, ahora. No podía soportar estar en la presencia de
Todd durante un minuto más. Abrió la puerta y salió al porche, luego se apresuró a
través del jardín hacia lo de Lynda con la caja en sus brazos, sin importarle si
obtenía el resto de sus cosas de vuelta, alguna vez, sólo quería a Todd fuera de su
vida.

Metiéndose en lo de Lynda, dejó caer la caja junto a la puerta y giró la cerradura,


luego se dejó caer en el sofá. Había estado tan cerca, tan cerca de tenerlo realmente
fuera de su vida, había creído que para el final del día se estaría trasladando a lo de
Jack, donde una maravillosa y nueva existencia de felicidad, aceptación y libertad
podía comenzar. Ahora, ¿qué se suponía que debía hacer? Apoyando su cabeza
contra el sofá, respiró hondo y trató de pensar.

Juntando valor, fue hacia el teléfono y llamó a la policía.

—NOPD37—respondió una mujer al segundo llamado.

El estómago de Liz se revolvió.

—Yo... necesito ayuda con un problema.

—Vas a tener que ser un poco más específica que eso, cariño.

Liz puso los ojos en blanco ante su propia idiotez. Contrólate y ten algo de
sentido.

—Mi ex novio está... haciendo amenazas contra mí y contra mi nuevo novio.

37
Llamado al 911, Departamento de Policía
La mujer en el otro extremo adquirió un tono más amable, más suave.

— ¿Qué tipo de amenazas?

—Bueno, dio a entender que él sabía cómo hacer una bomba y dijo que si me iba
a vivir con mi novio, yo lo lamentaría.

— ¿Eso es todo?

¿Todo? ¿No era eso suficiente?

—Él esta acechándome, también, pero... sí, lo de la bomba es lo que realmente


me asusta.

La mujer policía hizo una pausa.

— ¿Este ex novio tuyo tiene algún tipo de registro, un historial de arrestos o


enredos con la ley?

Liz cerró sus ojos cuando rápida decepción barrió a través de su pecho.

—No.

—Mira—dijo la mujer en voz baja, —si fuera por mí, yo arrestaría a ese chiflado
en un minuto. Sin embargo, cariño, a menos que haya alguna prueba de que este
hombre es peligroso, no hay mucho que podemos hacer por ti. A lo sumo, tal vez
puedas obtener una orden de restricción contra él.

Liz siempre había oído que las órdenes de restricción no servían de nada. —
¿Qué haría eso exactamente?

La policía dejó escapar un suspiro.


—Declararía que él no pude acercarse a x metros de ti, y eso debería
protegerte.— Sin embargo, luego de vacilar, bajó su voz, y habló en un tono de
mujer a mujer. —Pero entre tú y yo, es sólo un pedazo de papel. Sólo cuenta para
algo, si el pelmazo la viola, pero para entonces ya suele ser demasiado tarde, si
sabes lo que quiero decir.

Liz colgó el teléfono a los pocos minutos, totalmente abatida. ¿No se supone que
la policía te mantendrá a salvo de la gente mala? Por otra parte, tal vez no debería
estar sorprendida. ¿Cuántas historias había oído en los últimos años en las noticias
o en los periódicos sobre esposas y novias que no estaban protegidas de los hombres
que decían amarlas?

Acomodándose en el sofá, abrazó una almohada contra su pecho y trató de


elaborar su próximo movimiento.

¿Donde la dejaba eso, en realidad? Había tratado de obtener ayuda de las


autoridades y había fracasado.

Había ignorado la locura de Todd demasiadas veces ya, no tenía idea de si


realmente podía hacer una bomba o si sabía donde vivía y trabajaba Jack, de
cualquier manera no podía correr el riesgo de que Todd fuera en serio, que hiciera
realidad la amenaza. Ella o Jack podrían morir, por amor de Dios, si Todd estaba
diciendo la verdad.

Y la seguridad de Jack era simplemente algo que no podía arriesgar.

Lo que significaba que no podía mudarse con él.

Por supuesto, si ella le decía a Jack sobre la loca amenaza de Todd, él estaría
aún más decidido a sacarla de la casa de Lynda y llevarla a la suya para protegerla.

Y, sin embargo, ¿cómo podría alguien realmente proteger a nadie en este


mundo? Jack podría ser el más fuerte, el hombre más seguro de que jamás hubiera
conocido, pero ¿cómo podría él realmente mantener a uno de ellos seguro si Todd
decidia hacer alguna locura? Simplemente no podían protegerse contra la locura. Se
sentó moviendo la cabeza ante la desesperanza de la situación, y pensando en cómo
una pequeña conversación con Todd había hecho añicos todas sus esperanzas de
felicidad con Jack.

*****

Dos horas más tarde, Liz había acomodado sus CDs junto al estéreo de Lynda,
figurándose que estaría quedándose alli por lo menos un poco más de tiempo. Tal
vez incluso más. Después de todo, si se mudaba de lo de Lynda a cualquier otro
lugar, Todd probablemente asumiría que se había ido a lo de Jack. Y desde luego
no podía decirle a Todd donde se iba. Toda la situación parecía imposible, y
aunque una parte de ella seguía pensando que debía ignorarlo y mudarse con Jack
como estaba previsto, otra parte muy asustada seguía recordando cómo cada vez
que se había encontrado con Todd desde su separación, él parecía más y más loco.
No importa cómo pensara, sentía que estaba a su merced ahora y en algún tiempo
por venir.

Dejando escapar un profundo suspiro, puso la caja vacía de nuevo en el sótano y


se dirigió al piso de arriba, sintiéndose atrapada.

Ni siquiera sabía cómo podría enfrentar a Jack, cómo podía decirle que no se iba
a mudar con él, sin ser explicarle por qué. Después de su pequeña actuación en el
principio, ella siempre había sido honesta con él y no estaba segura de que pudiera
mentir ahora.

Sirviéndose un vaso de té helado, se sentó en la mesa de la cocina de Lynda,


tratando de pensar en el problema. No podía ver a Jack esta noche; eso era todo. Si
lo hacia, probablemente le diría todo, y lo pondría en riesgo. De hecho, no podía
decirle que no iba a vivir con él; no en persona, se quebraría, lo sabía.

Después de vaciar su vaso, subió a su habitación y sacó su laptop. Ella y Jack no


habían tenido muchas ocasiones para enviarse correo electrónico uno a otro, por lo
general optaban por el teléfono al hacer planes, pero sabía su dirección de mail y
sabía que lo revisaba con frecuencia, ya que gran parte de la comunicación de su
negocio que se llevaba a cabo de esta manera.

Abriendo la computadora portátil sobre el tocador de su habitación, tipeó la


dirección de correo electrónico de Jack y comenzó a escribir.

*****

Jack utilizó el mando a distancia para apagar la TV que usaba para la


digitalización de videos en su oficina. Todavía no había conseguido ponerse al
corriente con ellos, pero quería cerrar el negocio y ayudar a Liz a mudar sus cosas y
quería dejar tiempo para un poco de romance antes de que la noche terminara.
Tenía la intención de mostrarle exactamente lo feliz que era al tenerla mudándose
con él.

Una última revisión del correo electrónico y estaría fuera.

Hizo clic en el botón correspondiente, sorprendido al ver un mensaje de Liz en su


bandeja de entrada. Hizo doble clic para abrirlo, más que un poco curioso.

Jack,
He decidido que no puedo ir a vivir contigo, después de todo. Es amable de tu parte estar
preocupado por mi seguridad, pero estoy segura de que puedo cuidar de mí misma. Esta
mañana me tomaste por sorpresa, y más tarde, me di cuenta que era una mala idea.
También estoy cancelando nuestra cita de esta noche. Lo siento, pero mi jefe me pidió que
trabajara hasta tarde en un puesto atrasado para un gran cliente.
Liz

Jack leyó el mensaje dos veces, luego simplemente se quedó mirando la pantalla.

Había estado tan condenadamente feliz esa mañana cuando ella había accedido a
ir a vivir con él, y había estado en la cima del mundo durante todo el día. Ahora,
mientras su corazón se le encogía en el pecho, la ancestral advertencia de su padre
se repetia en su mente: No caigas por una mujer; ella solo te hara daño al final. Su
mensaje había sido educado, algo que pensaba que la vieja Liz enviaría, rápido y
corto, y él podía leer entre líneas.

Había ido demasiado lejos al presionarla para que se mudara con él. Ella se había
dado cuenta de que no quería estar atada de esa manera, no quería ir de una
relación de compromiso a otra con tanta rapidez. Ni siquiera había mencionado el
futuro, cuando iban a verse otra vez, lo cual, por lo que Jack sabía, podía significar
que estaba preparada para que todo terminara.

Ella estaba dispuesta a seguir adelante, dolia, ni siquiera sabia que existiera un
dolor como ese. Él había estado en lo cierto, ella estaba teniendo demasiada
diversión como para establecerse. Si sólo hubiera mantenido sus armas en alto y no
enamorarse las cosas serian diferentes.

En cuanto al tema de la seguridad, no podía evitar sentirse enojado con ella.


¿Todd no había demostrado una y otra vez de lo que era capaz? ¿Por qué ella era
tan cabezota sobre eso? ¿No se daba cuenta de que un tipo como él era peligroso y
que si ella no cambiaba su situación él probablemente iba a hacerle daño de verdad?
Jack cerró sus ojos ante la vaga, pero fea imagen en su cabeza, Liz, y Todd, y la
violación. No podía evitar pensar en lo horrible que sería para su floreciente
sexualidad ser aplastada por un feo y violento acto como ese, de alguna manera
temía que afectaría a Liz aún más que a la mujer promedio; ella decidiría que era
un castigo por las cosas salvajes que había hecho con Jack y que ra mejor seguir
dejando que otras personas dictaran su vida. La idea casi tomó el aire de sus
pulmones.

—Maldita sea, Liz—dijo, y dio un puñetazo sobre la mesa.— ¿Qué tengo que
hacer para llegar a ti?—Si ella no tenía miedo de Todd después de su encuentro
hacia dos mañanas atrás, ¿qué haría falta? Le había dicho a Jack que había tenido
miedo, así que ¿qué había sucedido para cambiar eso? No era que él quisiera que
ella viviera en el miedo, todo lo contrario. Quería que viviera en libertad,
seguridad, y amor. Amor. Puso los ojos en blanco, odiando la palabra, odiando
sentirlo por una mujer que no podía regresárselo.
Cuando se trataba de Todd, bien, él al menos podría mantener un ojo en el
hombre, algo que ya había puesto en juego. Pero en cuanto a Liz y construir una
verdadera relación, no tenía más remedio que abandonar esa idea.

No creía que pudiera estar con ella sabiendo que era sólo sexo, sólo diversión,
que no conduciría a nada al final. Curioso, hacia sólo una semana atrás había
estado muy bien con ello, pero ya no. Él no podía estar con ella y no tenerla por
completo.
Capítulo Doce
Liz esperó a escuchar de Jack, en el trabajo, o en lo de Lynda, o incluso por
email, desde que ella había usado ese método para ponerse en contacto con él, pero
no importa donde lo esperara o chequeara, no se ponía en contacto con ella.

Tres días después, estaba atada tan fuerte como un violín, todavía no había oído
de él y se sentía cada vez más y más ansiosa. Su cuerpo estaba al borde, casi
dolorosamente. Echaba de menos sus manos recorriendo sus curvas; extrañaba su
increíble polla enterrada profundamente dentro suyo, llenándola de una manera en
que nada más lo hizo. Pero era más que frustración sexual carcomiendo en ella. Lo
echaba de menos a él, su voz, su sexy sonrisa, sus dulces indulgencias por su
sexualidad recién descubierta, su preocupación por su seguridad. Echaba de menos
simplemente besarlo, ver su rostro, sus ojos. Echaba de menos el calor de su
abrazo.

Cada vez que el teléfono sonaba en lo de Lynda, e incluso en el trabajo, donde el


teléfono sonaba todo el día, se tensaba esperando desesperadamente que fuera él.
Pero su llamada nunca llegó. Y comenzaba a preguntarse si ella había estado loca
por dejar que la amenaza de Todd interfiriera con sus planes por Jack.

Afortunadamente, Todd no trató de ponerse en contacto con ella, tampoco, pero


mientras que su ausencia en su vida fue un gran alivio, estar sin Jack le hizo sentir
que le faltaba una parte de sí misma.

Un día, cuando llegó a casa del trabajo, Todd parecía haber estacionado justo
antes que ella. Él no hizo más que levantar su mano en una pequeña ola mientras
iba al buzón de correo, pero algo en su mirada era agudo y cortante, recordándole
una vez más exactamente por qué había dejado que la disuadiera de irse a vivir con
Jack. Era evidente que estaba observándola; y todo el tiempo que se quedara donde
estaba, mantendría a Jack seguro y parecía estar manteniéndola fuera de peligro,
también.
Por supuesto, si hubiera sabido que su mensaje a Jack lo haría alejarse de ella, sin
duda habría encontrado otra forma de entregarlo. Hubiera salido con él esa noche
como estaba previsto, a pesar de lo difícil que hubiera sido. De alguna manera, sin
darse cuenta, ella parecía haber cerrado las líneas de comunicación entre ellos.

Cuando Liz llegó a casa del trabajo el viernes siguiente, se quitó los zapatos, sacó
sus medias por debajo de su falda, y se dejó caer sobre la cama, demasiado cansada
por la semana de trabajo. Ella sabía que en realidad era sólo la falta de Jack lo que
estaba deshaciéndola, rompiéndola. Incluso ahora, tan cansada como se sentía,
dolía por él. Deseaba que estuviera allí para empujar hacia arriba su falda,
desabrocharle la blusa, decirle que sus pechos eran hermosos, luego follarla largo y
duro y profundo. Mmm, una fantasía agradable, pensó, cerrando sus ojos.

Pero después de la odisea sexual que había tenido con Jack, las fantasías no eran
muy satisfactorias, ella necesitaba la cosa de verdad, el hombre real.

Tomando una respiración profunda y lenta Liz agarró el teléfono. Había estado
considerando por días llamarlo, pero había mantenido la esperanza de que él la
llamara primero. Se había mantenido recordando todas las dulces cosas que él le
había dicho las que poco a poco la habían hecho empezar a pensar que se
preocupaba por ella en más que de una manera física. Exhalando, marcó su
número. Al tercer llamado, su estómago estaba anudado. Luego vino el angustioso
sonido del receptor siendo recogido.

— ¿Hola?

Coraje, Liz. Ten valor.

— Hola Jack, soy yo.

Su vacilación sirvió para agotar el poco valor que había reunido.

— ¿Liz?
Su corazón casi se destrozó ante su tono poco receptivo.

—Sí.

Él no dijo nada.

— Sólo quería pedir disculpas— se apresuró ella, nerviosa, —acerca de mi email.


Debería haber llamado. Pero sabía que revisas tu email un montón, así que... de
todos modos, sólo quería... ver cómo estás.

Más de esa condenada vacilación.

—Estoy bien— dijo finalmente. — ¿Y tú?

Dolorida y necesitada. Te necesito en mi cama, llevándome lejos de todo lo


malo. Ella tragó nerviosamente. Su tono frío hacía imposible ser honesta; era
repentinamente como si las mentiras acerca de por qué ella no podía vivir con él y
por qué ella no podía verlo esa noche hubieran despedazado su capacidad de
decirle lago cierto.

—Estoy... bien, también.

— ¿Todd no ha estado molestándote más?

Díselo. Sólo dile la verdad acerca de la amenaza de Todd. Pero no, eso sólo
puede crear problemas. Jack podría enfrentarse a Todd y ponerse en peligro a sí
mismo.

— Está mantenido su distancia en los últimos días— dijo, contenta de que no era
exactamente una mentira.

— Bien— incluso eso sonaba extrañamente frío.


Liz no sabía que más decir. En verdad había creído que si ella lo llamaba, él
sugeriría encontrarse.
Había estado segura de que él le diría que había tenido la intención de llamarla,
solo que estaba ocupado con algunos casos importantes, pero la extrañaba y quería
encontrarla en algún sitio en la Bourbon Street está noche. Sin embargo, eso no
estaba sucediendo, y el aire muerto entre ellos era tan sofocante como el calor
húmedo de afuera.

— Bueno— dijo finalmente de la desesperación para llenar el silencio —Tal vez


te... veré pronto.

Otro indicio de vacilación. Di que sí, le rogó en silencio. Pídeme que te vea.

—Tal vez—, respondió lentamente, aun tan distante como había sonados desde
que levantó el teléfono.

Tragó de nuevo, esta vez para pasar el nudo en su garganta.

—Pues bien, adiós.

— Adiós, Liz.

La comunicación se cortó y Liz luchó por contener las lágrimas en los ojos.
Maldita sea, ella no iba a llorar por él. Había sabido desde el principio que estaba
jugando un juego que no debería, no podía, involucrar a su corazón, y había sido
un error fatal siquiera empezar a enamorarse de él. Lo había sabido incluso antes
de que hubiera ocurrido. Todo esto significa, se dijo, que era como ella había
previsto desde el principio, había llegado el momento cuando él estaba listo para
poner fin a las cosas. Se había divertido con ella hasta que la novedad había
acabado su fuerte y sexy relación. Claramente, descubrir que ella había decidido no
ir a vivir con él había sido un gran alivio, y un momento conveniente para dejarlo
todo.
Ni siquiera podía estar enojada. Él en verdad nunca le había prometido nada, y
ella nunca se lo pidió.
A pesar de no querer que su aventura terminara, había sabido que lo haría, y
probablemente más temprano que tarde.

Sin embargo, dolía. Se sentía como si alguien acabara de dejar caer una tonelada
de ladrillos sobre su pecho, como que su corazón y sus pulmones estaban a punto
de estallar en cualquier momento. Maldita sea ella por dejarse caer en el amor,
maldita sea su debilidad.

En ese momento, un golpe pequeño llegó a su puerta.

—Cariño, ¿estás ahí?— era Lynda.

— Sí— logró decir, esperaba no haber sonado tan aplastada como se sentía.

Lynda abrió la puerta.

—Mira, estaba pensando que tú y yo deberíamos salir esta noche— A medida


que se acercaba a la cama, fue claro que podía leer el dolor de Liz. — ¿Estás bien?

Ella había mantenido a Lynda al corriente de su situación, por lo que no parecía


haber ninguna razón para mentir.

—Acabo de llamar a Jack.

Lynda pareció tensarse un poco en su favor.

— ¿Y?

—Y... mis temores se hicieron realidad. Él no estaba interesado en hablar


conmigo. Estaba tan frío...— Nunca había escuchado a Jack sonar de esa manera
antes; nunca. Incluso en el momento de la primera confrontación cuando se habían
conocido, él había sido más cálido hacia ella que ahora.
Lynda se sentó en la cama y puso una mano cálida sobre el muslo de Liz, a
través de su falda.

—Oh, cariño. Lo siento mucho.

Liz asintió ligeramente contra la falsa almohada.

— Pero tú sabes— dijo Lynda con una inclinación de su cabeza, —esto es una
razón más para que tú y yo pintemos de rojo Bourbon Street esta noche.

Liz dejó escapar un suspiro. Sin Jack, Bourbon Street sonaba… aburrida.

—Gracias por la invitación, Lynda, pero no lo creo. No estoy exactamente con


estado de ánimo para divertirme.

— Precisamente mi punto— Lynda le dio a su muslo un suave apretón. —Creo


que la mejor cosa en el mundo para ti sería salir y poner tu mente en otra cosa.
Incluso si no lo disfrutas completamente, es una distracción; la cual necesitas. Has
estado abatida por aquí toda la semana, y no me gusta verte tan triste. Es hora de
empezar a superar a Jack.

— Sólo ahora oficialmente descubro que tengo que superar a Jack— se quejó.

— Incluso así, no fue una larga relación, por lo que necesitas recuperarte y seguir
adelante.

Lo suficientemente cierto, sólo que se había sentido como una larga relación.
Ella no había hecho más que estar con Jack una semana que no había tenido con
nadie en toda su vida.

— Vamos— dijo Lynda, tomándola de la muñeca y tirando de ella a una


posición sentada. —No estoy tomando un no por respuesta. Tú y yo nos vamos a
arreglar, vamos a ir a cenar a Pat O, beber un huracán o dos, y encontrar un lugar
divertido para festejar.

*****

Liz y Lynda se sentaron en una pequeña mesa redonda en un nuevo club de baile
sexy en el barrio llamado Jade. Lynda había oído hablar que la atmósfera era
salvaje, y el lugar sin duda estaba a la altura de su reputación. La gran pista de baile
estaba llena de gente bailando hot, chicas con chicos, chicas con otras chicas,
tocando, acariciando, besando, moliendo. En la pequeña jaula de bailarinas en una
esquina del piso, dos chicas con escasas camisetas sin mangas y cortas faldas
bailaban sensualmente bombeando sus entrepiernas juntas y dándose besos francés,
para deleite de la multitud. En la esquina opuesta, una chica guapa bailaba en otra
jaula, sorprendiendo a la gente mediante el parpadeo de sus tetas cada pocos
minutos. Liz observó como la chica se quitó su top y lo dejó caer a sus pies. La
pista de baile animó la pérdida de su prenda y un hombre se unió a ella desde
abajo, comenzando un lento golpear y moler con ella.

A pesar de sí misma, el coño de Liz pulsó. Sin embargo, todavía se sentía triste,
vacía. Sabía que si Jack estuviera aquí podría estar inspirada a unirse en el
desenfreno de la multitud, para excitarse y, además, para excitarlo. Cuando
analizaba todo lo que había hecho en presencia de Jack, excitarlo era lo que la
excitaba. Oh, por supuesto que había disfrutado de la exquisita indulgencia de tener
la esplendida atención sexual de dos hombres sobre ella, tanto como había
disfrutado jugar unos pocos juegos traviesos con las niñas en el Club Venus, pero
Jack era el ingrediente necesario.

Sin él, la receta simplemente no funcionaba; ella no quería ser una chica mala, si
no estaba allí para alentar o disfrutar de ello.

— ¿Quién de ustedes bellas damas quiere bajar y ensuciarse conmigo en la pista


de baile?
Ella y Lynda, miraron hacia arriba para ver a un chico de veinte años con un
sexy brillo en sus ojos y un ardiente y musculoso cuerpo visible por debajo de su
simple camiseta y jeans.

Lynda le guiñó un ojo. —Mi amiga, Liz, amaría bailar contigo.

Él esbozó una sonrisa matadora diseñada para seducir, y le tendió una mano a
Liz.

Pero a pesar de lo hermoso que era, y cuan claramente interesado en ella parecía
estar, la idea de estar con alguien más que Jack simplemente no aparecía, ni
siquiera para un baile normal, y mucho menos uno “bajo y sucio”.

—Lo siento— dijo ella, tratando de parecer graciosa, —pero no tengo ganas de
bailar.

Él puso una mirada persuasiva. —Vamos, te divertirás. Te lo prometo.

Tenia que ser una idiota para dejar pasar esta oportunidad. Después de todo, ¿no
era esto de lo que se trataba la libertad sexual? En teoría, debería estar utilizando la
libertad que había ganado a través de la guía de Jack para ampliar sus horizontes
ahora con este nuevo y muy caliente joven, sin embargo, no podía. Algo al respecto
se sentía terriblemente mal.

Irónico, pensó, teniendo en cuenta que todas las cosas que había hecho
recientemente no se habían sentido mal. Pero sabía que todo volvía a Jack. Follar a
Ty había sido simplemente follar a Jack de otra manera. Frotar su coño contra
Felicia había sido simplemente frotar su coño contra Jack de una manera diferente.
Era Jack quien le daba ganas de ser sexy y decadente, Jack, quien soltaba todas sus
inhibiciones.

— Lo siento— dijo otra vez —pero Lynda aquí está siempre dispuesta para un
buen rato. ¿No es así, Lynda?— Ella miró intencionadamente a su amiga.
— ¿Estás segura?— preguntó Lynda. —Tengo la sensación de que estás
perdiendo algo bueno.

Liz forzó una sonrisa para ambos.

—Si lo se, tu lo disfrutaras lo suficiente por nosotras dos. Ahora ve a bailar—


concluyó ella, empujando el muslo de Lynda con su media cubriendo la rodilla.

Finalmente, Lynda se bajó del taburete y dejó que el joven Señor Caliente la
acompañara a la pista. Liz los vio desaparecer entre la multitud, y luego, a falta de
algo mejor que hacer, volvió su atención a la chica en topless y su nuevo chico
juguete. La chica ahora se apoderaba de las barras de la jaula, arqueando su culo
mientras que el chico juguete, ahora sin camisa, también, bombeaba su corta falda
con el bulto en sus jeans; simulando sexo al tiempo del ritmo de la música.

— Hola, cosa dulce.

La voz femenina llegó con un ligero toque sobre el brazo de Liz. Ella levantó la
vista para encontrar a la hermosa Felicia. Pensar en el diablo y allí estaba ella,
luciendo como el mismo pecado en un ajustado y escaso vestido rojo que apenas
cubría sus pezones.

— No me digas que no te acuerdas de mí— dijo Felicia, puños golpeando en


broma sus caderas.

Liz sonrió cortésmente. —Oh, sí, no te preocupes, yo sé quién eres.

La sonrisa de Felicia se tornó caliente, depredadora, cuando se inclinó para


susurrarle al oído de Liz.
—La última vez que te vi nuestros dulces coñitos se golpeaban uno al otro.
El coño de Liz se encogió, a regañadientes excitado ante el recuerdo. Sus pechos se
volvieron doloridos y ella sabía que sus pezones se habían endurecido como brotes
contra el corpiño de su vestido, una tasa de color rosa de corte bajo que cubría su
cuerpo en todos los lugares correctos.
Felicia le dedicó una sonrisa seductora. Acercándose, echó su melena larga y
oscura por encima de su hombro, bajando su mano a un alto lugar sobre el muslo
de Liz. Una vez más, el coño de Liz se estremeció en contra de su voluntad, más
aún cuando Felicia aligeró sus dedos por el borde del vestido de Liz para jugar con
el encaje de la parte superior de sus medias.

— ¿Quieres bailar conmigo?— preguntó.

Para su sorpresa, Liz estaba casi tentada. Su primera incursión en el


descubrimiento de su verdadera identidad sexual había sido con Felicia y los
recuerdos de lo excitante que había sido tener el hermoso cuerpo de Felicia
moviéndose contra el suyo se mantenían vivos y fuertes. Imágenes de los grandes y
hermosos pechos de Felicia y su afeitado coño, todo suave y sensual, pasaron por la
cabeza de Liz. Los fuertes huracanes que había consumido esta noche solo la
habían intoxicado lo suficiente para que tal vez pudiera dejar de lado su depresión
por un rato y disfrutar de lo que la sexy Felicia tenía para ofrecer. Tal vez en
realidad podría disfrutar de un poco de juego de chicas sin Jack. Y tal vez si pudiera
bajar de ese taburete de la barra y molerse contra esta caliente mujer en la pista de
baile, sería un buen primer paso para hacer exactamente lo que Lynda había
querido que ella hiciera esta noche; encontrar una distracción y comenzar a superar
a Jack.

— No estoy segura...— finalmente se oyó decir.

Felicia inclinó la cabeza.

—Te ves muy triste, cosa dulce. ¿Qué pasó? ¿Ese hombre rompió tu corazón?
Liz asintió lentamente.

La sonrisa de Felicia adquirió un nuevo calor, una camaradería de mujer a


mujer.
— ¿Por qué no me dejas alejar tu mente de él?— se inclinó más cerca, su brazo
cerrándose íntimamente alrededor de la cintura de Liz, sus pechos rozando contra
los de Liz enviando una cálida sensación a través de ellos. Susurrando nuevamente
en el oído de Liz. —Ni siquiera tenemos que bailar. Sólo vivo a un par de cuadras
de aquí. Podemos ir a mi casa y te haré olvidar que alguna vez creíste que
necesitabas a un hombre. Besaré tus lindos labios, lameré tus bonitos senos, y
comeré tu coñito rosado toda la noche.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Liz. Una parte de ella estaba tentada de ver si
Felicia podía hacerle olvidar lo sola que se sentía sin Jack, y se sentía halagada de
que una mujer que se ganaba la vida complaciendo a innumerables hombres y a
veces a mujeres deseara tanto complacerla por el placer simplemente. Sin embargo,
mientras su hambriento coño latía ante las promesas de Felicia, en el fondo sabía
que no era la respuesta, e incluso temía que ella lo lamentaría por la mañana si
tonteaba con Felicia esta noche.

El placer físico estaría allí, y todavía se sentía atraída por la bailarina de


striptease, como cuando había obtenido sus bailes eróticos en el Club Venus, pero
lo que descubierto con Jack era que sentía más que placer físico en cualquier
momento que él estaba con ella. Y comprendía ahora que algo solamente físico no
era suficiente.

La alegría que había experimentado en sus salvajes aventuras sexuales estaba tan
envuelta a sus emociones por Jack como la satisfacción de su cuerpo.

— ¿Qué dices, nena?— susurró Felicia, su voz tan sexy que Liz se humedeció.

Liz se inclinó al oído de Felicia de susurro.


—Eres increíblemente bella, muy caliente, pero me temo que no puedo.

Felicia parecía decepcionada. — ¿Por qué no?

Liz ofreció una sonrisa irónica. —No logro superarlo. Lo siento.


Felicia inclinó su cabeza. —Tal vez en otro momento, cosa dulce— Con eso,
alivió sus curvas lejos, pero puso su mano sobre la mejilla de Liz, dándole un beso
corto y dulce en los labios. —Si alguna vez cambias de opinión, búscame en el club.

Liz asintió, luego vio como Felicia se marchaba, su culo lucia deliciosamente
tocable envuelto en una funda ajustada de color rojo. Pero palabras como delicioso
y tocable no le importaban a Liz demasiado si Jack no estaba allí.

Un momento después, Lynda apareció junto a ella, llevando al musculoso joven


semental de la mano. Colocó su brazo alrededor de la cintura de Liz y Liz se dio
cuenta de que, al igual que con Felicia unos minutos antes, sus pechos estaban
presionados juntos. A pesar de sí misma, en su actual estado de excitación no
deseado, su entrepierna se calentó. Al igual que Felicia, Lynda se inclinó para
susurrarle en el oído.

—Cariño, Mike y yo estábamos pensando en abandonar e ir a su casa, justo


sobre Bienville. Teníamos la esperanza de que tal vez quisieras venir.

Primeramente, Liz asumió que la invitación era una obligación, que Lynda
simplemente no quería dejarla en medio de su depresión, sobre todo porque
prácticamente había arrastrado a Liz contra su voluntad. Pero cuando Lynda
retrocedió y Liz pudo ver sus ojos, comprendió lo que Lynda estaba en verdad
pidiendo, ella y Mike querían que Liz se una a ellos para un ménage a trois.

Otra oleada de no deseada excitación corrió a través de su coño ante la idea, pero
ella ya sabía la respuesta, la cual entregó suavemente.

—No lo creo, Lynda.

La expresión de Lynda se volvió coqueta.

— ¿Estás segura? Sera muy divertido, te lo prometo.


Liz casi se echó a reír, de repente sintiéndose un poco abrumada por todas estas
invitaciones sexuales viniendo desde su derecha e izquierda. La parte divertida, ella
creía, era la ironía. Hacia una semana, podría haber creído que estaría dispuesta a
todo, pero ahora no lo estaba. Ella sonrió con indulgencia.

—Yo... agradezco la invitación, pero... no, Lynda; no estoy en ello.

Lynda inclinó su cabeza, viéndose borracha, honesta y dulce.

—Jack es un idiota por dejarte. Cómo puede resistirse a ti, nunca lo sabré— Con
eso, pasó la punta de sus dedos con suavidad por el brazo de Liz. — ¿Vas a estar
bien si me voy? Si quieres que me quede, lo haré.

— En realidad, creo que prefiero ir a casa. Yo solo... no estoy realmente lista


para estar en la escena social todavía.

Aceptante, Lynda asintió con la cabeza, tomando la mano de Liz para ayudarla
a bajar de la banqueta.

—Vamos. Mike y yo nos aseguraremos de que consigas un taxi antes de irnos.

*****

Liz pensó que iba a sentirse mejor en el momento en que llegara a su casa. Pensó
que disfrutaría de la privacidad, a sabiendas de que Lynda estaria fuera hasta tarde,
suponiendo que Todd, también, probablemente estaba en el Club Venus o algún
otro establecimiento similar un viernes por la noche. Había creído que se pondría
un par de cómodos pijamas, vería la televisión, e iría a la cama. Pero cuando llegó a
casa, se sentía tan sola, que era como una cosa física, un retortijón en su estómago
que no aflojaba.

Pesar de la hora, agarró el teléfono y llamó a su hermana, Diana. La hermana


del medio Marsh siempre hacia reír a Liz, y aunque ella no había hablado con
Diana en un par de semanas, su reciente despertar sexual la había hecho sentir un
nuevo vínculo con su hermana más joven, quien siempre había sido un espíritu
libre.

— ¿Qué hora es?— preguntó Diana aturdida.

— Es tarde, pero necesito hablar.

Liz podía imaginar a su hermana tratando de sentarse en la cama, empujando su


largo pelo fuera de su cara.

—Está bien. ¿Qué pasa? No es como que tú quemes aceite a la medianoche.

Liz suspiró. —No creerías todo lo que está pasando aquí.

Diana de repente sonaba más despierta. —Bueno, ponme al tanto.

Liz pasó los siguientes quince minutos poniendo al día a Diana sobre su vida.
Diana, por supuesto, había oído de sus padres que el compromiso de Liz estaba
terminado, pero se sorprendió por completo al escuchar los cuentos de Liz sobre
Jack, por no hablar de los cuentos de Ty y de Felicia y de los clubes de sexo. En
cierto modo, Liz estaba asombrada de que pudiera contarle a su hermana todo tan
abiertamente, pero era muy liberador, y sabía que Diana entendería. Y una vez que
Diana superó su sorpresa, ella parecía encantada por el cambio de Liz. Ella se rió.

—Ahora, si tan sólo pudiéramos conseguir que Carrie se soltara un poco, las tres
podríamos conocer la alegría del buen sexo.
— Bueno, el sexo ya no es bueno, recuerdas— dijo Liz. —Ahora que él se ha
ido, no quiero estar con nadie más que él.

Oyó a su hermana suspirar.

—Lo creas o no, estoy un poco en el mismo barco.

Liz comenzó. Esa no sonaba como Diana. — ¿Ah, sí?


— ¿Recuerdas que te conté acerca de Bradley, el chico con el que mamá me
arregló? Bueno, resulta que él está, um... no teniendo relaciones sexuales, o al
menos no hasta que esté bien en la relación, así que estoy en una especie de
frustración en estos días.

Liz apenas sabía qué contestar. La Diana que ella conocía no saldría con un tipo
que no quisiera tener relaciones sexuales, pronto y con frecuencia. Pero, de nuevo,
tal vez esto significaba que Bradley era alguien especial, alguien que estaba
cambiando las formas salvajes de Diana.

— ¿Son las cosas serias entre ustedes?

— Tal vez. Más o menos. No estoy segura. Pero volvamos a ti...

— ¿Sí?

— Siento que estás triste, Lizzie. Este tipo investigador privado suena como si
fuera un cuidador.

Liz no respondió, simplemente se mordió el labio para contener su emoción.

— Tal vez sólo deberías seguir adelante y contarle acerca de las amenazas de
Todd— sugirió Diana.
— Para ti es fácil decirlo. No has estado aquí viendo la autodestrucción de Todd.
Es un tipo totalmente diferente de lo que era antes en Maryland.

— Hmm, parece que la ciudad en la que estás tiene extraños poderes sobre todos,
¿no?

De hecho, pensó Liz. El barrio francés ciertamente la había cambiado.

Cuando colgó con Diana un poco más tarde, nada había sido particularmente
modificado o resuelto, pero todavía estaba contenta de haberle contado a su
hermana sobre los acontecimientos de su vida y esperaba estar bien y con sueño
ahora, lista para dormir.

Pero a pesar de ella misma, su cuerpo todavía estaba tarareando de necesidad.


Habría sido mucho mejor si se hubiera quedado en casa esta noche. Ver toda esa
sensualidad en la pista de baile, ser involuntariamente excitada por los toques de
Felicia y su hablar sucio, y luego la invitación de Lynda... era demasiado. Agrega a
eso darle a Diana todos los detalles de su relación con Jack, y su pobre coño no
dejaría de palpitar, no importa lo que hiciera. Si Felicia entraba por su puerta en
este momento, creía que podría invitarla al piso de arriba.

Así las cosas, subió las escaleras hacia su habitación, se acercó a la cómoda, y
abrió el cajón de su ropa interior. Buscando bajo el encaje y la seda, sacó el
vibrador, el que Jack le regaló. Pasó su mano sobre la cabeza, el venoso eje,
extrañando el pene de Jack tanto que dolía.

Caminando hacia la cama, se acostó sin quitarse sus zapatos de tiras y tacón.
Levantando su culo, tiró del vestido hasta sus caderas, luego enganchó sus pulgares
en la tanga blanca que llevaba, empujándola hacia abajo hasta que estuvo fuera,
finalmente arrojándola con los dedos de sus pies.

Manteniendo sus rodillas dobladas, separó sus piernas y miró su coño. Aun sin
ver a Jack todas las noches, lo mantuvo afeitado excepto por el corto mechón de
pelo extendiéndose desde la parte superior de su raja. Ahora que pasó su mano por
el exterior de su coño para sentir la piel suave y lisa allí, antes de colocar a nivel el
eje del vibrador contra sí misma y girando el final para encenderlo. Dulces y
eléctricos temblores se hicieron eco a través de su carne caliente. Sintió los labios de
su coño separarse, invitando al eje a acariciar más de cerca, donde estaba mojada,
frotó de arriba a abajo dejando que las zumbantes vibraciones la llenaran.

Pero no era suficiente, pronto lo descubrió; quería una polla en su interior.


Quería la polla de Jack en su interior. Cerró sus ojos y la imaginó, toda dura y
hermosa, la cabeza de rosa oscuro con sólo un punto de presemen descansando allí,
la sangre llenando el eje, seda sobre acero en su mano. Elevando su culo
ligeramente, deslizó el vibrador en su pasaje, una entrada fácil. La llenaba, pero...
tan claramente no era Jack y ella quería seguir fingiendo que lo era. Lo apagó,
matando las vibraciones, pero haciéndolo sentir más como un pene real, lo movió
dentro y fuera, suave al principio, luego más fuerte, más duro. Y se sentía bien, algo
parecido a lo que necesitaba... pero, maldita sea, todavía muy lejos de lo que
realmente necesitaba. La supuesta polla era un poco más pequeña que la de Jack, y
follarse a sí misma con esta simplemente no tenía el poder o el placer, que la
caliente follada de Jack entregaba.

Ella suspiró. Dios, qué triste. Lo echaba de menos tan mal que ni siquiera podía
liberarse.

Pero entonces dejó crecer una nueva fantasía en su mente. En lugar de imaginar
que el vibrador era Jack, se imaginó que Jack podía verla, que él estaba mirándola
darse placer a sí misma. Sí, a él le gustaría eso, una vez incluso él había llegado a
decir algo por el estilo. Así que ella lo volvió a encender, enviando las calientes,
rápidas y temblorosas vibraciones de nuevo a través de su coño, una vez más, y lo
deslizó dentro y fuera, pretendiendo que Jack estaba observando cada movimiento,
escuchando su trabajosa respiración y viendo mientras ella sensualmente se lamía
su labio superior, escuchando sus suaves gemidos cuando empezó a follarse sí
misma más duro, más profundo.

Entonces sintió, recordándolo el pequeño nudo que Jack le había señalado.


Cada vez que empujaba el eje todo el camino, la elevada protuberancia se frotaba
contra su clítoris. Mmm, sí. Muy bonito. La sensación le hizo reducir los empujes,
perdiéndose en el placer y también en la fantasía. Jack observaba la lenta y
profunda follada. La veía estirar su mano disponible para bajar su vestido,
liberando sus pechos y luego masajeando uno de ellos, disfrutando de la sensación
de su pezón endurecido sobresalir en su palma. La veía dejar de empujar la polla
por completo, para insertarla todo el camino, tan profundo como fuera posible en
su coño, y luego retorciéndose contra ese dulce nudo con un ritmo que sabía que
iba a hacer que se corra.

Mírame, Jack. Mírame follar mi dulce coño para ti. Mírame.


Sintió los ojos de Jack, penetrándola, consumiéndola, y eso es todo lo que tomó,
un caliente y maravilloso orgasmo corrió sobre ella como una ola, las consumidoras
pulsaciones haciendo eco a través de su cuerpo y tragándola en un placer sin
sentido, hasta que finalmente la marea en su interior se calmó... y la dejó triste y
desconsolada, una vez más.

*****

La vida de Jack se sentía como un maldito desastre. Hace una semana, había
estado en el cielo, en el amor con una mujer hermosa, sensual que cumplía cada
una de sus fantasías sexuales como un sueño hecho realidad. Al mismo tiempo, el
trabajo había sido bueno, estable y manejable, cumpliendo sin ser abrumador.
Ahora se sentía como un hombre atrapado en un globo de nieve, como si alguien
hubiera recogido su pequeño mundo frágil y le hubiera dado una sacudida fuerte, y
todavía estaba esperando que el polvo se asiente.

Sus días sin Liz, se sentían como una devastación tras otra. Seguía olvidándose,
despertando en la mañana esperando encontrarla allí, o tomando su ausencia en su
vida como el golpe de un bate de béisbol en los momentos en que menos lo
esperaba: girando su llave en la cerradura para ir a su casa por la noche,
ordenándose quitarla, buscando y, posteriormente rompiendo la computadora.
Era viernes por la noche, no se molestó en comprobar el reloj, pero sabía que era
tarde. Las últimas horas habían sido una falta de definición y mientras estaba
sentado en su oficina, avanzando rápidamente a través de cintas de vigilancia en
busca de las cosas relevantes, pensó de nuevo en la larga noche.

Más temprano, cuando un vistazo a la hora reveló que eran después de las nueve,
había decidido tomar un descanso y dar la vuelta a la esquina hacia Pat O por una
porción de jambalaya y un adicional de tiras de bagre para llevar.

Su teléfono celular había trinado tan pronto como había caminado fuera de la
puerta; lo sacó de su bolsillo y lo abrió.
—Jack Wade.

— Colega, ¿dónde estás?— era Ty.

— De camino a Pat O.

— Genial; nos encontraremos allí. Podemos tomar unos tragos, tal vez ir a
algunas discotecas.

— No, tío, estoy trabajando. Sólo tomo un descanso para conseguir algo de
comer.

— Es viernes por la noche, amigo.

— Y yo estoy ocupado— había respondido brevemente. No tenía la intención de


ser brusco con Ty, pero no estaba de humor para ir de fiesta.

Había escuchado mientras Ty lanzaba un gran suspiro.

— ¿Ya la has llamado?

Ty, por supuesto, sabía exactamente por qué estaba en un estado de ánimo de
mierda, y le había estado dando consejos no deseados durante varios días. Él puso
los ojos mientras seguía en movimiento, esquivando un par de mujeres que lucían
listas y quienes le dieron un vistazo en la acera.

—La verdad es que he considerado llamarla probablemente un centenar de veces


desde aquel día que prácticamente le colgué... pero no, todavía no lo hago.

— ¿Por qué no?

Ty sabía por qué no, sin embargo, hacia a Jack repetirlo.


—Porque ella me enseñó una valiosa lección, la cual no voy a olvidar esta vez. Y
la lección es que mi viejo tenía razón; caer por alguien sólo te golpeará en los
dientes al final.

Todavía no sabía lo que la había impulsado a cambiar de opinión acerca de vivir


con él, pero sólo podía concluir en la misma cosa una y otra vez, que ella no quería
dejar la relación ir tan lejos, volverse seria o comprometerse. En cuanto a su
llamada telefónica, bien, suponía que ella echaba de menos el sexo, pero había
aprendido a la fuerza que él era más que un juguete sexual, tenía sentimientos, y
ella los había pisado. Una sola llamada de teléfono no cambiaría eso. Había miles
de chicos en esta ciudad con los que podía follar, y bastantes muchachas, también,
si ella quería pero él no estaba jugando a la caballeriza nunca más. Extrañaba el
sexo con ella tanto que a veces sentía que no podía respirar, pero no podía follarla y
no amarla, y no tenerla correspondiendo su amor dolía demasiado para
contemplarlo siquiera.

Ty había sonado apagado con él.

—Si me preguntas, estás arruinándolo a lo grande.

— Y por enésima vez, no te pregunté.

— Vale, vale— Finalmente, su amigo cambió de tema. — ¿Por qué demonios


estás trabajando tan tarde un viernes por la noche?

— Es como te dije hace unos días; el trabajo de repente esta yendo desordenado,
— ultimamente, parecía que si él no estaba persiguiendo pistas en el caso de una
persona desaparecida que la policía se había dado por vencida, estaba tratando de
localizar un manojo de dinero lavado o buscando a un ladrón de joyas que había
conseguido robar un caro collar de diamantes de una colección privada. Por
supuesto, sucedía así a veces, — los casos apilándose uno sobre otro, por ninguna
razón en particular. Pero ahora, sumado a todo esto, esta la tarea de tratar de
mantener el control sobre Todd.
— ¿Todavía espiando al chiflado?— Ty había preguntado, parecía leer la mente
de Jack.

— Síp— respondió breve.

A pesar de cuanto lo había herido Liz, todavía tenía la intención de mantenerla


fuera de peligro, al menos en la medida en que podía controlar la situación, algo
que ella había hecho mucho más difícil con la decisión de permanecer en la puerta
de al lado al psicópata de su ex. Esa decisión todavía aturdía su mente, y sabía por
su sistema identificador de llamadas que todavía estaba en lo de Lynda, o al menos
lo había estado cuando lo había llamado.

De hecho, eso era lo que en verdad lo había pegado a la oficina después de


oscurecer un viernes por la noche. Estaba atrasado, ninguna persona para facturarle
sus horas, pero tenía un chingo de videos de vigilancia con los que ponerse al día,
vigilancia de Todd.

El día después de que tuvo que escoltar al pequeño bastardo fuera de la casa de
Lynda, él mismo había entrado por la puerta trasera de Todd con la ayuda de una
simple tarjeta de crédito, y había colocado algunas cámaras diminutas y micrófonos
por toda la casa: una en la cocina, una en la sala de estar, una en el dormitorio
principal. También había colocado una estratégicamente en las esquinas de ambos,
el porche del frente y el de la parte de atrás, si Todd se disponía ir a lo de Lynda, las
cámaras deberían tomarlo. Jack monitoreaba esas cámaras en particular en tiempo
real tanto como era posible, manteniendo una o la otra en la pequeña televisión de
su oficina mientras hacía las llamadas telefónicas, enviaba correo electrónico, o
trabajaba con facturación, lo había ajustado para monitorearlo desde su casa
también, así que cuando llegaba a su casa cada noche, una pequeña televisión que
se posicionaba en lo alto de su gran pantalla quedaba en sintonía con el espacio
entre el patio de Todd y el de Lynda. Él no podía verla constantemente, pero trató
de mantener un ojo en ella tanto como sea posible.

— ¿Encontraste algo interesante ya?— Ty había pedido.


— No, pero tengo una enorme acumulación de audio y video para explorar— no
había manera de controlar tanto la cámara al aire libre como las otras dentro de la
casa, al mismo tiempo, y la inspección de las horas de cintas de vídeo en el interior
tomaba un tiempo largo, pero en cualquier momento que las cámaras capturaban a
Todd en su casa, Jack detenía el avance rápido y escuchaba lo que el muy imbécil
tenía para decir. Ni siquiera estaba seguro de lo que estaba esperando ver o
escuchar, pero el hombre parecía ser un chiflado, Jack creía que podría empezar a
hablar consigo mismo, o incluso alguien más, sobre los planes que incluían a Liz.
Hasta el momento, no había encontrado nada, pero como le había dicho a Ty,
estaba muy por detrás en la visualización de las cintas, de ahí su decisión de pasar
la noche del viernes en la oficina.

— Bueno, amigo, voy a salir a la calle y buscar algo de diversión. ¿Quieres


probar a desconectar más tarde?

Diversión era la última cosa en la mente de Jack en estos días.

—No, todavía estaré trabajando.

— Sabes lo que dicen sobre todo trabajo y nada de juego.

Jack no pudo evitar una risa breve e irónica.

—Oui. Me hace un chico aburrido. Pero eso es demasiado jodidamente correcto


ahora, tío.

— Como quieras— dijo Ty. —Y hey, descansa un poco. Estás irritable como el
infierno.

— Lo sé. Me tengo que ir ahora.

Jack había puesto su teléfono lejos justo cuando caminaba por el arco de ladrillo
que conducía al patio del Pat O, y tan pronto como se abrió camino hasta la barra
al aire libre había visto a Liz, vestida para matar. Hablando del diablo. Ella estaba
sentada con Lynda en una mesa en el patio viéndose dulce y comestible como el
algodón de azúcar en un pequeño vestido rosa que abrazaba sus pechos y mostraba
un montón de escote. Estaba tomando un huracán y riendo con su amiga.

Verla dolía peor de lo que podría haber imaginado. De inmediato miró hacia
otro lado y es cuando alguien llegó para tomar su orden. Mientras esperaba la
comida, estaba muy tentado de ir y decir hola, a ver si tal vez, por casualidad, veía
algún tipo de chispa emocional en sus ojos, cualquier cosa que significara que le
importaba él, pero se resistió. La hechura cubriendo sus pechos le hacía señas, pero
ese vestido también le decía que estaba de fiesta, y parecía estar de muy bien sin él.
Después de que su orden llegara y obtuviera su cambio, echó una última mirada en
dirección a ella, susurrando, —Au revoir, chère—, y luego se dirigió de vuelta por
St. Peter y bajó hacia Royal.

Y cuando hubo comido su cena y vuelto a la digitalización del vídeo, se sintió


como un idiota. Debido a que sólo un idiota gastaría cada segundo de su tiempo
libre tratando de proteger a una mujer que no se preocupaba por él.
Esto había sido casi suficiente para hacerlo apagar la cinta, cerrar la oficina,
dirigirse hasta el Club Venus, y hacer un poco de fiesta él mismo, después de todo.
Sin embargo, había pensado cínicamente, que era tan probable toparse con Liz allí
como en cualquier otro lugar de Bourbon, así que meor no ir. La profunda verdad
era que, si tratar de protegerla lo hacia un idiota, entonces simplemente tenia que
ser un idiota. Porque él no dejaría de controlar a Todd hasta que algo sucediera
para dejarlo seguro de que Liz estaba fuera de peligro. Estar herido, incluso
enfadado, no mataba el amor en su interior. Podría desear que lo hiciera, pero no lo
hacia, por desgracia, entendía la angustia eterna de su padre, un poco mejor cada
día que pasaba.

Ahora, seguía sentado allí, horas más tarde, control remoto en la mano,
desacelerando la cinta cuando Todd aparecía en la imagen, acelerándola cuando no
lo hacía. Avanzar rápido a través de los días cuando Todd estaba en el trabajo tomó
un maldito montón de tiempo, pero mantuvo sus ojos en la pantalla de todos
modos, y para su sorpresa, de pronto vio a Liz entrar por la puerta delantera de la
casa. Detuvo el avance rápido, mirando mientras cruzaba la habitación y
comenzaba a cargar libros en una caja.

Eso le hizo parar y comprobar la fecha en la cinta. Curiosamente, era el día en


que él había esperado estar mudándola con él. Y era poco después del mediodía,
por lo que no debía haber ido a trabajar. Él miró en silencio durante cinco minutos,
diez, y luego... Todd entró en la habitación detrás de ella. Pero en lugar de
acercarse a ella, se sentó en una silla y la miró empacar. Su silenciosa observación
de ella envió un escalofrío trepando por la columna de Jack.

Cuando Liz se volvió y vio a Todd, estaba claro, incluso desde el extraño ángulo
de la cámara, que estaba asustada. Y entonces ocurrió... Todd empezó a hablar con
ella, y antes de que Jack lo supiera, Todd estaba amenazándola… con él.

Jack se sentó un poco más erguido en su silla y miró a Liz, la rígida postura que
tomó, el nerviosismo en su voz, hasta que finalmente se fue, pero Jack comprendió
de inmediato. Ella no se había ido a vivir con él para protegerlo.
A ver si lo entiendo. ¿Ella ha estado tratando de protegerme mientras yo he
estado tratando de protegerla? Estaba aturdido.

¿Así que era esa la verdadera razón de su abrupto mensaje para no mudarse con
él? Para Jack, eso parecía incomprensible, pero tal vez había olvidado cuán
temerosa de Todd estaba. Él no tenía miedo del pedazo de mierda, y una amenaza
contra él no molestaba a Jack en lo más mínimo. Pero tal vez para Liz, era algo
para ser tomado en serio. De hecho, Jack más pensaba en ello, más poco a poco
caía en la cuenta de que Liz debía haber tomado la amenaza en contra de él más en
serio de lo que había tomado la amenaza en contra de sí misma. Como Jack
naturalmente hizo, pero al revés, preocupándose sólo cuando el peligro afectaba a
Liz.

Detuvo la cinta y abrió su email, el cual nunca había eliminado, y lo leyó de


nuevo. Si no hubiera estado tan obsesionado con sus propias emociones, tal vez no
habría saltado a conclusiones e imaginado cosas que no estaban allí. Tal vez no
habría sido un idiota egocéntrico.
Merde, eso explicaba todo. Todo tenía sentido. Ella había pensado que sería más
seguro para ella simplemente seguir viviendo en lo de Lynda y, probablemente,
había sabido que Jack le habría dado un mal rato sobre eso, así que decidió darle la
noticia por email. De repente, sospechaba que ella nunca había querido deshacerse
de él, sólo postergarlo mientras descubría la manera de lidiar con la amenaza de
Todd.

Maldita sea, claramente él había tomado las advertencias de su padre demasiado


a pecho, dejando basar sus preocupaciones e inseguridades en el matrimonio que
había fracasado, y lo había dejado sin una madre.

Y si no hubiera sido tan terco, a la espera de que caiga el hacha y saltado a


conclusiones precipitadas cuando había pensado que había lo habia visto venir,
podría estar enterrado profundamente dentro de ella ahora mismo.
Una oleada de calor lo envolvió ante el pensamiento e hizo a su polla saltar a la
vida. La echaba mucho de menos.

Había casi decidido ir a buscarla ahora mismo, y se empujó fuera de su oficina


con ese pensamiento en mente.

Pero ella estaba probablemente en algún lugar en la Bourbon de fiesta, y tratar de


buscarla entre tanta gente en tantos bares y clubes sería inútil.

Además que había algo que tenía que hacer primero, antes de hablar con ella.
Tenía que llevar esta cinta a la policía. Los mejores de The Big Easy no siempre
eran sus más grandes fans y el video de Jack sobre Todd era en realidad ilegal, y por
lo tanto, inadmisible como prueba pero un montón de los hombres de azul eran
chicos decentes, y no creía que ninguno de ellos pudiera refutar lo que había
capturado en la cinta. Si había una cosa que a los policías no le gustaba, eran los
idiotas que hablaban sobre cómo fabricar bombas y volar lugares y personas.

Y las amenazas en general no estaban contra la ley, pero una vez que la policía
encontrara un poco de historia reciente sobre este tío, como que era un acosador
que había entrado ilegalmente en la casa de un vecino y que probablemente trató de
violar a Liz, Jack sospecha que ellos o bien inventarían una razón para arrestarlo, o
pondrían el temor de Dios en él, y sólo se atrevería a tropezar.

*****

A las cinco de la tarde del sábado Liz se sentía como una masa sin vida. A pesar
que una larga noche se había convertido en mañana, Lynda había tirado el viejo
truco de Liz de correr a casa solo el tiempo suficiente para ducharse y cambiarse
antes de regresar a su tienda en el Barrio. Liz se había quedado en casa todo el día,
sin molestarse en cambiarse los pantalones cortos de seda con los que se había
acostado, simplemente tendida en el sofá, viendo películas en el cable y entrando y
saliendo de un triste sueño.

La noche anterior había sido un abrir los ojos para ella. Tal vez una pequeñísima
había creído que pasar la noche en el Vieux Carré con Lynda sería la curación. Tal
vez esperaba que pudiera deshacerse de su dolor con algún tío guapo o una
hermosa dama que quisiera jugar con ella. Pero había estado terriblemente
equivocada. Tal como lo había sabido todo el tiempo, Jack era la única persona con
quien le daba ganas de jugar, que le daba ganas de ser una perfecta chica mala. Y
tenía horrorosa sensación de que podia seguir así. Después de todo, nadie antes de
Jack había despertado la caliente y audaz mujer en su interior. ¿Por qué iba a creer
que alguien lo haría después de él? Él es el único, pensó, el hombre que libera todo
dentro de mí, cada duda, cada preocupación, cada inhibición, el hombre que hace
que mi corazón y mi cuerpo, quiera correr salvaje.

Cuando sonó el teléfono, no lo contestó, ni siquiera se movió. Deja que la


máquina lo haga, pensó. Nadie estaría llamándola a ella de todos modos. Seis
meses después de mudarse a Nueva Orleans, su única amiga era Lynda. Un
pensamiento fugaz se agolpó en su mente, ¿por qué en la tierra le había dicho a su
madre que quería quedarse aquí? Ella debería regresar a su casa en Maryland y
olvidar que las últimas dos semanas habían sucedido alguna vez. Porque nada de lo
que había aprendido acerca de sí misma en esas dos semanas importaba sin Jack.
No estaba segura de que era lo que él había abierto en la caja de los deseos secretos
en su interior, pero era el hombre con la llave. Sin él, ella había empezado a sentir
que la caja se cerraba poco a poco de nuevo. No quería compartir tales ardientes y
descaradas intimidades con nadie nunca más.

— Te comunicaste con Lynda. Espera el tono, entonces dime lo que necesitas.

— ¿Liz? Chère, ¿estás ahí?

Se quedó sin aliento al oír la voz de Jack. Luego voló del sofá y enredó sus pies
en un afgano mientras tropezaba su camino a través de la alfombra hacia el
teléfono. Lo descolgó justo cuando él había empezado a hablar de nuevo.

—Jack, estoy aquí.

— Liz, estoy muy contento de escucharte — dijo él en un tono familiar,


maravillosamente cálido. —He extrañado tu voz, cariño.

— ¿En serio?

— Tengo mucho que explicarte, chère. Pero no quiero hacerlo por teléfono,
quiero ver tu cara. Es decir, si tú quieres verme.

Liz casi no podía responder, demasiado reprimida por la emoción. Por último, se
las arregló para decir,

—Sí. Lo haré, Jack. Lo haré.

— ¿Esta noche?

— Sí.

— ¿Puedo hacer la cena para ti, aquí en mi casa?


Liz había extrañado la privacidad de su acogedor apartamento y no podía pensar
en ningún otro lugar mejor para verlo.

—Eso... sería bueno— luchó por soltar.

— ¿A las siete?

Ella miró el reloj, luego hacia sí misma. Tenía un montón de aseo que hacer.

—Siete y media.

— No puedo esperar, chère.


— Yo… estaré allí— dijo. Colgando el teléfono, cayó de espaldas en la silla más
cercana.

¿Qué había sucedido aquí? ¿Estaba sintiéndose feliz demasiado rápido? Esto no
significa que él la amaba; ni siquiera significa que quería volver a estar juntos. Pero
había sonado tan sexy, tan seductor. Y lo importante era que lo vería en un par de
horas. Y que la noche, como todas las noches en el barrio francés, estaba llena de
posibilidades.

*****

Ella apareció en un largo, bonito y fluido vestido que brillaba con pequeñas flores
de color azul y púrpura, y la hacía parecer como una reina de esos hermosos libros
de cuentos de hadas. Bueno, un libro de cuentos de hadas sexys, porque el vestido
se aferraba a sus curvas y poseía un bajo cuello en V que al instante le hizo a Jack
quisiera besar la sombra del valle entre sus pechos y correr sus manos sobre sus
exuberantes curvas. Él contuvo el impulso y esperaba tener la oportunidad más
adelante.

—Es bueno verte— dijo, haciéndose a un lado para dejarla entrar.


Su sonrisa, una dulce y tímida que él había visto en más una ocasión, parecía
irradiar a través de él.

—A ti también.

Él tomó su mano, merde, sólo tocarla de nuevo se sentía condenadamente bien,


y la llevó hasta el balcón. Sostuvo fuera su silla mientras ella se sentaba en la mesa
que él había preparado con buenos platos y servilletas de lino, e incluso un
pequeño jarrón de flores frescas.

Se mordió su labio y lo miró.

—Esto se ve tan bonito.

—Todo es para ti, chère. Espero que te guste.

Su sonrisa decía que sí, y él no pudo evitar sonreír en respuesta.

Después de llegar al cubo de hielo que había llevado fuera anteriormente, y luego
de verter vino en dos copas, regresó a la cocina donde había preparado un banquete
Cajún. Esperaba que hubiera tomado una buena decisión, pero en el fondo no
estaba preocupado, algo le dijo que lo había hecho.

— Nunca te pregunté si te gusta la comida Cajún, cariño, pero si esto no se te


adapta, solo tienes que decirlo y ordenaremos algo. — Con eso, colocó un gran
plato para cada uno de ellos, ambos colmados con pilas de su casera jambalaya,
frijoles rojos y arroz, camarón Cajún, y pasteles de cangrejo de río.

Lanzó una sonrisa tentativa mientras levantaba su mirada del plato hacia sus
ojos.

—A decir verdad, en todo el tiempo que he estado aquí, nunca he probado


comida Cajún.
Tomando asiento frente a ella, levantó las cejas juguetón.

— ¿Una chica aventurera como tú?

Ella rió ligeramente.

—Como bien sabes, no solía ser así de aventurera. Y supongo que mi gusto en la
comida se parece mucho a mí, siempre he jugado a lo seguro. Cuando voy a un
restaurante, pido algo probado y verdadero.

Inclinó su cabeza.

—Mais, ¿estás gustosa de probar esto, o deberíamos conseguir alguna otra cosa?
No me importa si prefieres ir por un filete y patatas al horno.

Ella agarró el tenedor.

—Como dijiste, soy mucho más aventurera ahora, así que le voy a dar una
oportunidad.

Jack observó mientras levantaba un bocado de su Jambalaya hacia sus bonitos


labios rojos. Un momento después, le dio otra sonrisa.

—Picante, pero me gusta.

No pudo contener la risa. En una simple frase, había resumido sus sentimientos
hacia ella.

Uno a uno, ella probó cada uno de los otros platos, y uno a uno, dio su
aprobación, finalmente dándole las gracias por introducirla a tantas delicias Cajún.

—Realmente no sabía lo mucho que me gustaban las cosas calientes antes.


Una vez más, sonrió por su doble sentido no deseado. Esta vez no pudo evitar
decir:

—Yo sí, chère.

Ella se sonrojó y él rió.

—Cariño, ahí vas otra vez.

— Viejo hábito— ella dijo, tragando nerviosa. —Y... no te he visto en mucho


tiempo. Supongo que mi nivel de comodidad se ha… desvanecido un poco.

— Mi culpa— él reconoció. —Y tengo que decirte por qué.

Ella parpadeó, luciendo interesada en lo que tenía que decir, y alcanzando su


vino.

—Me gustaría saber... lo que pasó. Quiero decir, sé que fui yo quien cambió de
opinión acerca de ir a vivir contigo, pero no quería dejar de verte.

Él inclinó su cabeza, queriendo obtener la verdad sobre la mesa ahora mismo. Él


quería su honestidad de regreso, cada franca, encantadora y cruda parte de la
misma.

—Tú no cambiaste de opinión acerca de mudarte conmigo, chère. Todd la


cambió por ti.

Su boca se abrió.

— Cariño, escondí algunas cámaras de vigilancia en la casa de Todd, pero me


quedé atrás en mi trabajo de revisarlas, así que me tomó mucho tiempo ponerme a
verlas a todas. Anoche vi la cinta de ese día después de que me dijiste que vendrías
a vivir conmigo. Vi sus amenazas, Liz. Sé por qué me enviaste ese mensaje ahora.
Él sacudió su cabeza, continuando. —Pero en aquel entonces... no lo entendía.
Solo estaba herido, y enojado. Pensé que no querías estar conmigo... estar conmigo
del modo que significa algo, del modo que dura. La cagué. Debería haberte
llamado. Fui un idiota por salir corriendo en la dirección opuesta, pero temía
exactamente eso: salir herido, y yo no quería salir herido peor de lo que estaba ya.
Estaba tan envuelto en mis propios sentimientos que no gasté suficiente tiempo
intentando averiguar los tuyos— Y la verdad, por supuesto, era que él aún no
conocía sus sentimientos, no realmente. Esperaba que a ella le importara, esperaba
que ella quisiera la misma cosa que él de su relación. Pero no iba a empujar eso
ahora mismo. Había más que decirle.
— Llevé esa cinta a la policía esta mañana, chère. Ellos estaban realmente
interesados, sobre todo cuando los puse al tanto de sus amenazas y su ataque contra
ti. Él en verdad no ha hecho nada para que puedan detenerlo sin que tu o Lynda
presenten cargos, dijeron que ellos ni siquiera recomendarían eso, Todd es un tipo
muy hábil en termino de credenciales y apoyo corporativo, y los incidentes son
improbables mas allá de la cinta, la cual es inadmisible. Pero no tienes que
preocuparte más porque un par de chicos bajos del recinto van a darle tantos
problemas que tú no escucharas de él de nuevo.

Ella miró asombrada.

— ¿Cómo puedes estar seguro? ¿Qué van a hacer?

— Primero van a tener una pequeña charla con el viejo Todd, decirle lo que ellos
saben, entonces sugerirle que se borre fuera de Nueva Orleans, que pregunte a sus
jefes por una transferencia a otra parte. Si él es demasiado estúpido para hacerlo,
ellos lo van a hacer por él; le dejaran saber a su compañía exactamente qué tipo de
mierda ha estado haciendo y explicaran porque es del mejor interés de todos que
Todd sea transferido— Él le dio una sonrisa conocedora. —Y créeme, cariño; estos
chicos pueden ser muy persuasivos.

En ese momento, Liz sintió un enorme peso quitarse de sus hombros. Era como
si hubiera estado conteniendo el aliento por un tiempo muy largo y ahora de
repente podía respirar de nuevo. Tal vez se las había arreglado para mantener a
Todd fuera de sus pensamientos, pero supuso que en realidad él nunca había salido
de su mente por completo; a excepción de esas noches maravillosas y salvajes que
había pasado con Jack. Ahora, de repente, era como si Todd y sus feas amenazas
hubieran sido desterrados de su cabeza y su corazón para siempre. Jack había,
sorprendentemente, logrado exterminarlos a todos.

— Jack, no puedo agradecerte lo suficiente por esto. No puedo decirte la carga


que acabas de alejar de mí.

Él negó con su cabeza.

—No me des las gracias, cariño. No tenía otra opción. No podía estar tranquilo
hasta que ese tipo estuviera fuera de tu vida para siempre. Sólo espero que tal vez
compense un poco mi comportamiento de mierda.

— Jack, yo…

— Shh, espera— Él se estiró a través de la mesa por su mano. —Tengo que decir
algo, en este momento. No puedo dejar pasar otro minuto— Hizo una pausa,
respiró hondo, y Liz se perdió en la profundidad de su oscura y consumidora
mirada. —Lo siento mucho, chère. ¿Hay alguna manera de que me puedas
perdonar?

Una ráfaga de pura alegría invadió los pulmones de Liz, todo su cuerpo, todo su
ser.

—Sí— dijo. Entonces con más énfasis: —Sí.

Durante un largo momento, sólo el silencio se extendió entre ellos mientras se


miraban a los ojos a través de la mesa. Caía la noche en el Barrio; a lo lejos, alguien
tocaba un saxofón, y pedacitos de neón comenzaron a iluminar otra noche de
excitación y decadencia en el otro extremo de la Bourbon Street. Pero Liz apenas
era consciente de otra cosa que no sea el hombre frente a ella, el hombre cuyos ojos
a la vez parecían apreciarla y violarla, el hombre que abrazaba cada parte de ella,
desde la vergüenza al desenfreno.

Finalmente, Jack habló, su voz baja y llena de seducción.

—Extrañé estar dentro de ti, chère. Lo extrañé tan mal que es como no poder
respirar.

Ella miró abajo hacia sus pechos, sintió el familiar y cálido despertar entre sus
piernas, pensando en algo que quería decirle y casi no lo hacia, demasiado tímida,
pero entonces recordó; con Jack, ella no tenía por qué ser tímida. Jack querría
saber.

—Ayer por la noche— comenzó ella, levantando sus ojos, —me follé con el
vibrador que me diste y fingí que me estabas mirando.

Sus ojos se cerraron por un momento, su mandíbula cayó un poco, le gustaba


cuán desconcertado y sin aliento lucía. Su voz no era más que rasposa.

— ¿Te hiciste correr a ti misma?

Ella asintió con la cabeza, sintiéndose tan débil ahora como él parecía.

— ¿Fue bueno, nena?

Otro cabezazo.

—Pero después... yo estaba tan triste. Te extrañaba. Te quería dentro de mí.

Él se levantó de su silla y tomó sus manos, poniéndola de pie, también. Sus


palmas se levantaron suavemente hacia sus mejillas y su boca descendió sobre la
suya, fuerte, firme, dulce, su beso lleno de una desesperación que nunca había
sentido antes. Ella le devolvió el beso sin reservas, la sexy honestidad que acababa
de repartir la había llenado de calor y disposición y del sentimiento de que con
Jack, ella no tenía necesidad de ocultar nada, nada en absoluto. Él tenía que tener
todo de ella. Y esta noche no habría nadie más que ellos dos haciendo temblar de
placer el cuerpo del otro.

Sus manos bajaron hasta sus hombros, sobre sus pechos, donde apretaron con
ternura, y luego sus dedos se cerraron alrededor de sus pezones a través del vestido
y del sujetador, y ella estaba gimiendo sin pensarlo, y susurrándole las palabras que
seguían sonando en su cerebro.

—Fóllame, Jack. Por favor, fóllame. Ahora.

Él tomó su mano y la llevó en silencio a través de las puertas francesas.

Su cuerpo dolía por él. Quería que él la devore.

Sin dejar que en ningún momento sus ojos, él llegó detrás de ella, encontró la
cremallera en su espalda, y poco a poco la bajó, cada minuciosa pulgada parecía
una milla. Entonces sus fuertes manos estaban sobre su espalda, vagando en
calientes y persistentes caricias, hasta que llegaron a sus hombros para quitar el
vestido hacia abajo, dejándolo caer a sus caderas. No queriendo estirar nada esta
vez, ella se movió un poco y la tela cayó a sus pies.

La mirada de Jack viajó a lo largo de ella, teniendo en cuenta el sujetador de


encaje azul y la tanga, y los tacones de tiras color crema.

—Mmm, chère, te ves lo suficientemente bien como para comerte.

Ella lo clavó con una mirada malvada.

—Esto es lo que me puse para ti la noche que echaste a Todd. Esto es lo que
nunca llegaste a ver.

Jack dio a su cabeza una corta sacudida.


—No menciones su nombre. No quiero pensar en nada malo aquí; sólo tú y yo y
todo este bonito encaje.

Sus palabras quemaron a través de ella, otra vez recordándole lo ansiosa que
estaba. Esto no era como ella, esta necesidad de apurarse, pero tener las manos de
Jack sobre ella de nuevo, incluso sólo sus ojos, estaba calentándola hasta el punto
de la combustión. Ella lo había extrañado demasiado tiempo. Su coño palpitaba y
sus muslos dolían. Sus pechos se endurecían de necesidad, también, sus pezones
duros y apuntando justo sobre el bajo borde festoneado de su sujetador. Ella
susurro nuevamente.

—Fóllame, Jack. Fóllame tan duro que grite.

Para su sorpresa, él inclinó su cabeza, dejando que su caliente expresión sea


sustituida por una divertida.

— Ahora, ahora, chère, ¿qué pasó con estirar las cosas?

— En ese momento estábamos viéndonos uno al otro cada noche. Esto ha sido
demasiado largo, Jack.

— Estoy de acuerdo. He estado sufriendo a través de la vida con un perpetuo


endurecimiento en los últimos tiempos. Pero sólo puedo suponer que me
contagiaste en alguna parte a lo largo del camino, porque tanto como te quiero
clavada a la cama con mi polla en estos momentos, también quiero tomarlo con
calma, hacerlo echar humo, hacerlo… especial.

Liz dejó escapar un suspiro y sintió culpa por las veces que lo había torturado
con varias horas de juego previo. Ahora, ella se preguntaba cómo había aguantado.

—Va a ser especial. Si es rápido o lento, duro o suave, será especial. No quiero
esperar.

Una sonrisa lenta y segura se desplegó en su rostro sin afeitar.


—Bueno, Ama Liz, lo siento, pero yo soy el que está tomando el control esta
noche, por lo que sólo tendrás que jugar a mi manera.
Capítulo Trece
Las palabras hicieron que su coño se hinchara aún más. Estaba tan mojada por
él, necesitaba su gran eje caliente en su interior tan mal. ¿Cómo iba a sobrevivir?

—Ve al dormitorio y acuéstate—le indicó.

Ella pensó en protestar, pero decidió que era inútil. Al igual que ella cuando
tenía su mente puesta en controlar su sexo, sabía que Jack no cedería hasta que
estuviera bien listo.

Una vez que se había recostado, se dio cuenta de que no la había seguido.

— ¿Jack? ¿Vas a venir?

Lo oyó reír.

— Mi pequeña impaciente fille — murmuró desde la otra habitación. Pensaba


que eso era quedarse corto.

Cuando aún no había aparecido unos segundos más tarde, no pudo evitar
tocarse. Con una mano empezó a acariciar su pecho a través de su sujetador, con la
otra dio suaves trazos a su clítoris a través del encaje, pensando Por favor, Jack, por
favor.

Finalmente, él apareció en la puerta, pero para su sorpresa, había sido…


transformado. Estaba de pie desnudo, su gran y hermosa polla en toda su extensión
hasta más allá de su ombligo, su ancho pecho cubierto con collares púrpuras y
dorados de Mardi Gras, su hermoso rostro cubierto con una brillante máscara de
carnaval para que sólo sus ojos, la boca, y su oscura barba crecida fueran visibles.
Lucía tan misterioso y peligroso como nunca lo hubiera imaginado y su coño
parecío cerrarse, sus pezones apretarse mientras lo estudiaba, este hombre bacanal
parecía listo para realizar primitivos rituales sexuales con ella.
Sólo cuando se acercó se dio cuenta de que tenía más de parafernalia de Mardi
Gras en sus manos. Inclinándose sobre la cama, tiernamente levantó su cabeza y
cubrió con cadenas de perlas de colores alrededor de su cuello, sobre su pecho.
Alrededor de sus hombros colocó una larga boa de plumas púrpuras. Por último,
puso una máscara púrpura con brillos y lentejuelas sobre sus ojos. De repente, se
sintió tan enigmática como había pensado de él hace un momento; algo acerca de
esconderse detrás de las máscaras era casi tan erótico como si fueran dos extraños
del Mardi Gras que se habían reunido en este apartamento para un encuentro
sexual primitivo.

—Levántate — dijo en voz baja.

Los collares sonaron juntos cuando se puso de pie, reuniendo la boa a su


alrededor. Siguiendo su guía, dio unos pasos hasta que, juntos, estuvieron de pie
ante el gran espejo de la puerta de su armario.

— Mírate — susurró, su voz una brizna apenas audible, llegando incluso más
baja que el saxofón lejano aun sonando en algún lugar más allá de las puertas y
ventanas del apartamento de Jack. — La perfecta reina de Mardi Gras, en busca de
su rey para un bacanal. Buscando al hombre digno de follarla.

—Te ves muy digno — susurró ella, dejando que su mirada cayera a su pene en
el espejo.

Una pequeña sonrisa se formó por debajo de su máscara.

— ¿Te acuerdas, chère, cuando me contaste tu fantasía sobre tener sexo en una
carroza en un desfile de Mardi Gras?

Hasta ahora, esta no había cruzado por su mente, pero la pregunta la hizo
sonreír.
—Bueno, cariño, es un largo tiempo hasta que Mardi Gras vuelva a
desarrollarse. Pero el próximo febrero, tal vez pueda arreglar ese pequeño convite
erótico para ti. Y hasta entonces, sólo podemos considerar esta práctica.
Con eso, él se puso detrás de ella y llegó alrededor para ahuecar sus pechos.
Mientras ambos se veían en el espejo, él gentilmente los masajeó, provocando que
los collares hicieran clic suavemente juntos, haciendo que su respiración se vuelva
pesada por el largamente ansiado placer. Metiendo sus pulgares en el encaje,
primero los rastrilló sobre los ultraduros pezones, forzando un gemido de ella, y
luego tiró de los bordes del encaje hacia abajo apenas lo suficiente para que sus
rígidos brotes sobresalieran.

— Estos bonitos pechos — le susurró al oído, haciendo girar las sensibles puntas
rosadas entre sus dedos pulgar e índice.

—Chúpalos — dijo ella.

Para su sorpresa, él respondió con una sonrisa, luego susurró,

— Sólo cuando esté bien y listo, cariño.

El hombre era enloquecedor.

Sus manos dejaron sus pechos entonces, poco a poco haciendo su camino hacia
abajo sobre la curva de su cintura, por el fino tirante de encaje azul en su cadera,
sus muslos. Ella sabía que los tiernos toques estaban destinados a burlarse, y los
soportaba no sólo porque no tenía ninguna opción, sino también porque estaba
empezando a aceptar que haría lo que él quisiera, cuando quisiera, cómo quisiera,
en particular esta noche.

La dio vuelta desde el espejo para enfrentarse a él, y lentamente la empujó hacia
la pared. Le sujetó las muñecas a ambos lados de su cabeza, su agarre como un
tornillo mientras le daba un largo y lento beso, su lengua lamiendo la suya.
Su asimiento nunca aflojó mientras llovían besos por encima de su hombro,
pecho, la cresta de sus senos, finalmente su boca se cerró sobre un tirante pezón y
ella gritó. Chupó con fuerza, justo como ella quería, y sintió la sensación dispararse
directamente desde su pecho a su coño. Finalmente, le soltó las muñecas, cayó
sobre sus rodillas, y bajó un casto besito exasperante en la parte delantera de sus
bragas, justo sobre su necesitado clítoris.

—Tu sujetador — dijo, todavía de rodillas ante ella. — Quítalo, poco a poco.

Mordiéndose los labios, Liz llegó detrás de ella para deshacer el gancho,
aflojando el apretado encaje. Luego se estiró, enganchando sus pulgares debajo de
los tirantes, y sin prisa lo extrajo de entre sus accesorios de Mardi Gras, dejando sus
pechos cubiertos sólo por las perlas de colores.

Ahora, pensó, echando el sujetador lejos, ahora él lamería su coño, besaría sus
pechos ¡Algo!

Y entonces, maldita sea él, retrocedió para mirar hacia ella.

—Más, nene, por favor — ella rogó. Tal vez eso era lo que quería, que ella
rogara. Rogaría y suplicaría durante toda la noche si iba a conseguir lo que
necesitaba.

Él sonrió. — Lo siento, chère, pero no gastes tu aliento. Yo tengo la última


palabra aquí.

¡Hombre exasperante! Ella contuvo su aliento, echando hacia atrás su cabeza con
frustración.

Y luego de repente se puso de pie de nuevo y alcanzó sus pechos, pero no, no,
maldita sea, no sus pechos absolutamente; estaba sólo alcanzando las perlas que
ella llevaba. Sin embargo, luego —dulce felicidad—hizo rodar los collares de perlas
hacia las curvas exteriores de sus senos hasta que encontró ambos pezones
turgentes, deteniéndolos en el lugar. Pero sólo por un breve momento siguió
arrastrando las perlas hasta que pasaron duramente sobre los duros picos rosados,
creando un tenso eco de placer por todo su cuerpo. Se mordió los labios y gimió.
Ella sintió su sonrisa de excitación cuando volvió a arrastrar las perlas de
regresos desde atrás de las curvas exteriores de sus senos hasta que de nuevo los
rígidos brotes las detuvieron. Deliciosa presión pesaba sobre su pezón mientras Jack
continuó lentamente tirando de los collares hacia el interior, por último
chasqueando las perlas a través de las pequeñas duras crestas y enviando otro
temblor de calor a través de ella. — Unh — suspiró ella.

Continuó jugando con las perlas, tirando de ellas de esta manera y por encima de
su cada vez más sensibles pechos, haciéndolo más rápido, rastrillando las duras
perlas de ida y vuelta sobre sus pezones hasta que ella pensó que iba a morir a causa
de las ásperas sacudidas de placer. Y entonces su lengua entró en la batalla, él se
dejó caer para lamer sus tensos pezones, haciendo que su coño aumentara la
humedad por debajo, haciéndola gruñir y gemir, agarrar su cabeza en sus manos,
volviéndola salvaje y desenfrenada por más. Más, más. Quería rogarle, pero se
resistió, porque él estaba tan resuelto esta noche, tan impulsado a hacerlo a su
manera, y sospechaba que pidiendo sólo haría que lo extienda más allá, así que sólo
jadeaba y gemía y le dejaba saber cuán excitada la estaba poniendo.

Por último, dejó ir las perlas, liberando sus pezones de su dulce boca húmeda, y
la ausencia de todos los toques le hizo darse cuenta exactamente cuán brutalmente
su coño palpitaba, no creía que se hubiera sentido alguna vez tan caliente e
hinchada.

Y tal vez leyó su mente, porque es ahí cuando él tomó la exuberante boa de
plumas de sus hombros y la deslizó entre sus piernas. Sosteniéndola tensa contra su
coño, una mano detrás de ella, la otra en frente así que era como montar una
cuerda de plumas. Él nunca dijo una palabra, simplemente la miró a los ojos. Sabía
que estaba destinada para moverse contra ella, aliviar un poco su dolor de esa
manera, y no podría haber resistido a frotarse sobre ella si lo hubiera intentado. En
ese momento, no tener más que una pequeña y suave presión contra su monte
debería haberla hecho reaccionar, pero no podía negar que la gruesa boa de plumas
era especialmente suave y sensual, sobre todo cuando las plumas rozaban su culo
atrás, donde sus bragas eran sólo una pequeña franja de tela.
Como siempre, le encantó su mirada concentrada en ella mientras subía la boa
hacia él, y se volvió aún más caliente dentro cuando miró a su amante y se acordó
de sus máscaras. La visión le hizo imaginar por un momento que estaban en lo alto
de una carroza de Mardi Gras, espectadores todo alrededor. Él la había llamado la
perfecta reina del Mardi Gras, y se sentía tan sexy, sensual y atrevida como este
barrio francés exigiría.

Finalmente, Jack retiró la boa de entre sus muslos y la llevó a la cama. Mmm,
finalmente la follaría aquí, ella lo sabía y apenas podía soportar la espera.

— Acuéstate — ordenó.

Ella siguió la orden de buen grado, mirándolo, esperando lo que vendría después.
Arrodillándose entre sus piernas, su dios bacanal de todo lo que era carnal deslizó
su enorme polla a lo largo contra su coño a través del encaje, jugando como si fuera
un violín. Tan bueno era finalmente conseguir esa dulce caliente herramienta
contra su coño que ella se estiró hacia abajo, planeando tirar del encaje hacia un
lado, pero él la detuvo, agarrando sus manos, fijándolas a sus lados mientras
frotaba su pene contra su dolorida raja.

Más, nene, por favor, ella rogaba en silencio, pero en cambio lo obtuvo en un lugar
que no esperaba en ese mismo momento, él se movió en la cama a horcajadas sobre
su cara, su polla viéndose aún más majestuosa que de costumbre elevándose sobre
ella como una columna de acero. Mmm, la quería en su boca, tan profundo como
pudiera tomarla, así que se estiró hacia arriba, envolviendo su mano alrededor del
grueso eje, y la atrajo hacia sus labios. Sin embargo, en vez de chuparlo aún, en el
último segundo decidió burlarse un poco de él, los dos podían jugar este juego.

Sonriéndole, rastrilló una pequeña lamida a través de la punta. Él se estremeció


visiblemente, cerrando sus ojos. Lo lamió de nuevo, esta vez arrastrando su lengua
en un círculo alrededor de la cabeza, un beso francés a su polla.
Por encima de ella, él jadeó y ella continuó el burlón tratamiento, disfrutando
cada pequeña lamida y lavada. Su coño todavía anhelaba tener su caliente eje
dentro, pero el juego de boca era tremendamente satisfactorio, también.

A medida que sus lamidas se volvían más amplias, más largas, ella necesitaba
sentir su longitud, por lo que comenzó a lamer hacia arriba desde la base de su
pene, largos y lánguidos trazos que lo tenían gimiendo con cada movimiento, hasta
que finalmente tuvo que tragárselo, cerró sus labios alrededor de él y lo llevó tan
profundo en su garganta como podía.

Mmm, sí, tener su boca llena de él era la mejor cosa siguiente a tener su coño
lleno de él. Chupaba arriba y abajo, exhalando aire caliente sobre y alrededor de él,
escuchándolo gemir y murmurar:

— Así es, nena. Tan jodidamente bueno se siente cuando me chupas.

Finalmente, él gimió y sacó su polla de su boca, susurrando:

— No más, chère. No quiero correrme todavía.

Ella no quería eso tampoco. Si ella era torturada, entonces él debería serlo
también.

— ¿Y ahora qué?— preguntó, incapaz de seguir siquiera un segundo sin que él la


tocara o la besara, necesitando desesperadamente sus cuerpos conectados de alguna
manera.

Su sonrisa era tan malvada y sensual como siempre.

— Ahora obtienes una sorpresa.

A pesar de sí misma, ella le devolvió la sonrisa.

— ¿Otro vibrador?
Se encogió de hombros detrás de su máscara.

— Mais, sí y no. Pero te prometo mi aventurera reina del Mardi Gras que te
gustará cómo te hará sentir.

La curiosidad la golpeó, poniéndola ansiosa por ver lo que había reservado para
ella.

Arrodillado a su lado en la cama, se estiró para quitar sus bragas, y ella levantó
su culo, permitiéndoselo.

— Extiéndete para mí — dijo. — He extrañado ver este dulce coñito.

Contenta, hizo lo que le pidió y disfrutó la sexy alegría de tenerlo sólo


mirándola. Ella sabía que estaba mojada y ampliamente abierta ahora, sabía que
sus ojos se estaban dando un festín con su tierna carne rosada.

—Tan jodidamente bonita, chère — dijo, los ojos atentamente sobre su coño.

Tal vez la follaría ahora. Por favor, nene, dame esa hermosa polla donde la necesito.

—Date vuelta.

Ella lo hizo.

Y entonces sintió la más peculiar sensación, algo suave, fresco y húmedo


deslizándose por la raja de su culo. — ¿Qué...?

—Shh.

Ella se calló, lo suficientemente intrigada y excitada como para no discutir.


La fría presión continuó hasta llegar a su ano y allí jugo alrededor de la sensible
abertura, haciéndola suspirar con un placer que irradió a través de su cuerpo. Ella
había asumido que él seguiría adelante entonces, con lo sea que esta nueva
herramienta fuera, que la deslizaría hacia su coño expectante, pero para su
sorpresa, el objeto desconocido siguió suavemente empujando, estimulando y
frotando la pequeña fisura.

Sin planearlo, se encontró levantando su culo de la cama hacia la misteriosa


herramienta, deseando que esta dulce y lenta burla persistiera. Sólo que ella no
estaba realmente pensando acerca de lo que tenía por delante, sólo estaba tomando
el placer del momento, por lo que la sorprendió cuando se dio cuenta de que este
nuevo objeto estaba empezando a facilitarse dentro de la estrecha y pequeña
abertura.

— Oh Dios—jadeó ella.

— ¿Se siente bien?

Ella no podía negarlo. — Mmm, sí. Extraño... pero bien—Al igual que ese día en
la ducha cuando le puso su pulgar dentro de ella pero diferente, porque esto era
más fuerte, más penetrante, que su dedo pulgar.

— ¿Extraño cómo?

—Ese hueco no ha sido abierto antes. No es así. ¡Oh!—ella gritó cuando el objeto
se hundió de repente más profundo en esta inexplorada parte de su cuerpo.

— ¿Aún está bien?

Ella trató de analizar el sentimiento. Muy diferente a tener algo en su coño,


pero... extrañamente satisfactorio. Una sensación nueva, justo cuando había
pensado que no había nada más innovador para experimentar.

—Um, sí.
—Bien — dijo, y luego — Mmm — comenzó a deslizar suavemente el objeto
dentro y fuera, dentro y fuera, y las calientes sensaciones en su culo hicieron eco a
través de su coño, haciendo que su clítoris doliera por la estimulación. — Merde,
me gustaría que pudieras ver esto, chère. Me gustaría que pudieras ver tu apretado
jolie culito ahora mismo.

Ella contuvo su aliento ante sus palabras, la excitación en su voz.

—Dime lo que se siente — él dijo.

Se mordió el labio, pensando. — Diferente de lo que he conocido jamás. Incluso


más sensible que mi coño, pero de una manera totalmente diferente. Y, oh, mi
pobre clítoris. Esto está poniéndolo tan caliente, tan necesitado...

Había estado segura de que le gustaría escuchar cuán torturada estaba, pero para
su sorpresa, él gentilmente la dio vuelta, cuidando de no dejar que su herramienta
especial se saliera de su apretado culo, entonces separó sus piernas y, aún jodiendo
su culo con el juguete, empezó a lamer su hinchado coño.

—Oh Dios, sí — jadeó ella mientras su dulce lengua trabajaba sobre ella. La
presión en su culo magnificando los efectos de su lamida. Empezó abajo en su
coño, pero rápidamente se trasladó hasta su dolorido clítoris, entregándole duros
golpes con su lengua al mismo ritmo que follaba su culo. Liz nunca había sentido
algo tan deslumbrantemente placentero.

Se olvidó de dónde estaba, quién era ella, parecía hundirse en la cama, a través
del suelo, y en algún oscuro y dulce cielo de terciopelo negro, en un lugar donde lo
único que existía eran su cuerpo y el hombre que liberaba su salvaje alma.

—Dios, sí, nene, lámeme — gimió. — Hazme venir — Estaba tan lista, su
cuerpo tan preparado; cada centímetro de carne sobre sus huesos necesitaba esa
caliente y furiosa liberación que ella sabía que estaba a sólo latidos del corazón de
distancia.
—Sí, nene, lame mi clítoris. Lámelo. Lámelo. Lámelo — Lo dijo al ritmo con sus
dulces lengüetazos, y creyó que su coño y su culo reventarían con todo el placer
precipitándose a través de ellos. Ella gimió mientras el orgasmo se acercaba, más
cerca, justo al alcance, y luego —Oh Dios, —ella se corrió con tanta fuerza que casi
dolía. Cada ardiente y tambaleante ráfaga de calor y placer sacudía su cuerpo con
espasmos que la dejaron débil. —Oh...—murmuró cuando el duro orgasmo poco a
poco comenzó a desvanecerse, dejándola floja y sintiéndose increíblemente bien
jodida, teniendo en cuenta que su polla ni siquiera había estado involucrada.

Abrió sus ojos para encontrarlo arrodillado entre sus piernas, mirándola desde
detrás de esa sexy máscara que lo convertía en su secreto rey de Mardi Gras.

— ¿Cómo estuvo eso? — preguntó, pero su tono de voz decía que ya sabía que
había sido abrumador.

Ella apenas podía hablar, aún débil.

—In...increíble. ¿Qué era eso?—respondió ella.

Él sostuvo el juguete para que ella lo vea, un pequeño y fino vibrador dorado, liso
y suave.

—Está hecho justo para tu pequeño culo apretado.

—Se sentía... húmedo.

—Lo lubriqué, quería asegurarme de que no doliera.

—Yo... no sentí ninguna vibración.

Él sonrió. —Vamos a trabajar para eso. Esta primera vez, supuse que sólo follarte
allí con esto era suficiente.
Ella asintió con la cabeza, sabiendo que él estaba en lo cierto.

—Fue más que suficiente — casi más estimulación de la que su cuerpo podía
manejar. Y, sin embargo, al mismo tiempo, ella todavía quería...— ¿Me follarías
ahora? Por favor— no sonrió, esperando que su expresión le dijera lo mucho que
necesitaba su polla dentro de ella.

Sus ojos estaban oscuros detrás de la máscara, y su voz fue baja.

—Sí, chère, te voy a follar. Voy a follarte tan bien, tan largo, tan caliente, mejor
que nunca antes.

Inclinándose, le separó las piernas y otra vez estudió su coño desnudo. Luego
apartó los rosados labios y se inclinó para soplar sobre estos. Un estremecimiento
serpenteó a través de ella y luego su polla estaba allí, empujando dentro suyo,
llenándola como nada más podía. Era como recuperar un tesoro perdido y ella
envolvió sus piernas alrededor de su espalda para tirar de él más profundo.

La siguiente hora estuvo llena de tumultuosa follada, tal como lo había


prometido. Él la folló en la cama; la folló de pie, apoyando sus manos sobre su
cómoda; la folló cara a cara sobre la mesa de la cocina; la folló en el sofá, donde
ella podía montarlo al orgasmo. Él la apretó contra una ventana del balcón, para
que si a alguien se le ocurría mirar hacia el segundo piso, verían a una mujer
desnuda adornada con una máscara y perlas siendo follada desde atrás. Liz
presionó sus palmas planas contra el cristal, sus pechos, también, mientras su fuerte
y poderosa polla se conducía dentro de ella una y otra vez con golpes duros y
calientes que la hacían gritar de placer.

Y justo cuando Liz pensaba que tal vez su pequeño bacanal privado se acercaba a
su fin, su amante la sorprendió una vez más. Retirando su erección, caminó hacia
un sillón a través de la sala, levantó la amplia otomana enfrente de este, y la cargó a
la terraza.
Aunque la calle no era un hervidero de personas como la luz roja final del
Bourbon, era sábado por la noche en el barrio y algunas personas estaban paseando
por las aceras por debajo de ellos. Liz se quedó mirando a su amante enmascarado,
de pie desnudo sin pudor en el balcón, sus ojos oscuros haciéndole señas a ella, su
mano indicándole unirse a él.

De alguna manera esto era diferente de las otras veces que habían follado en el
balcón, una sensación más hedonista que cuando ella lo había montado en La
Garra del Minino, donde podían haber sido vistos, pero probablemente no lo
fueron. A pesar de ello, se dirigió lentamente hacia su rey de Mardi Gras, quien
dijo en una profunda y baja voz:

—Esta es tu carroza. Tu desfile. Aquí es donde los juerguistas consiguen verme


follar tu bonito coño rosa.

Había una parte de ella que realmente pensaba en protestar, el saber que ellos sin
duda serían vistos, tal vez ya habían sido notados en sus máscaras y collares y
desnudez; parecía ir un paso demasiado lejos en sus fantasías. Aún así, su coño
pulsaba con intensidad enloquecedora, queriendo aún más de la dulce y caliente
follada que él le había estado entregando a ella también. Y de hecho, mientras
miraba hacia la calle abajo y notaba al menos a una pareja y a un trío de chicos que
habían hecho una pausa para mirar hacia el balcón, nada tan mezquino como el
decoro importaba ya, nada importaba excepto ser follada por su rey, mientras que
la multitud observaba.
Mordiéndose el labio, le dio a Jack una mirada insinuante, y luego se subió a la
otomana, colocándose sobre manos y rodillas, justo como en su fantasía.
Jack se acercó detrás de ella, colocando sus manos en sus caderas, deslizando su
enorme erección sin problemas en su acogedor coño.

—Oh, Dios, sí, nene — ronroneó ante la solida entrada.

Sus golpes fueron duro y profundo y rápido y aporreando, y Liz dejó salir un
grito en cada brutal embestida.
Ella quería que la gente en la calle escuchara, quería que más de ellos se
detuvieran y observaran, para ver a su amante deslizando su resbaladiza polla
dentro y fuera de ella, mientras ella gritaba su dicha.

—Tan jodidamente mojada, nena — murmuró Jack mientras seguía


conduciendo su polla en su coño. —Tan jodidamente increíble.

Liz mantuvo sus ojos abiertos, enfocándose en la barandilla de hierro forjado


directamente en frente de ella, el viejo ladrillo del edificio a través de la estrecha
calle. Eventualmente, sin embargo, se atrevía a mirar hacia abajo y disfrutar de la
escena por debajo de ellos, donde se encontró con un pequeño grupo de al menos
quince personas mirando para arriba hacia su espectáculo.

Algunos parecían sorprendidos, otros excitados. Un hombre dejó escapar un


profundo gutural grito — ¡Oooh, nena! ¡Sí!

En ese momento de la prohibida follada, Liz se convirtió en las strippers del club
Venus y la mujer de cola de caballo que había visto ser follada en La Garra del
Minino. Ella se convirtió en Felicia, y Lynda, y en cada otra mujer que tomaba el
puro goce del sexo descarado, sin miedo ni vacilación. Se convirtió en la mujer de
su fantasía en el desfile, un ser sexual que vivía sólo para el placer. Ella se convirtió
en la reina de Mardi Gras de Jack.

Las perlas alrededor de su cuello chasqueaban y sonaban una contra otra con
cada duro golpe que Jack entregaba. Otro hombre, en algún lugar por debajo, lanzó
un aullido de lobo, mientras que otro silbó. La polla de Jack la aporreó hacia el
olvido, volviendo sus piernas débiles, todo su cuerpo disfrutando de un placer casi
irresistible.

—Nos están mirando — dijo jadeando por encima de su hombro hacia su


amante.

—Están viéndote follarme.


—Así es, cariño; están viéndote tomar mi gran polla, viendo tu coño tomarla
todo el camino dentro, viéndome follarte muy duro.

Y tal como lo había imaginado en su fantasía, la máscara le daba el anonimato


suficiente como para hacer que se sintiera segura en su glorioso hedonismo.

Incluso sin la estimulación de su clítoris, ella se sentía tan lista, tan cerca del
orgasmo, que apenas podía sondearlo.

Así que cuando Jack llegó alrededor para presionar las yemas de sus dedos en la
parte superior de su hendidura, ella se corrió al instante. El clímax rompió sobre
ella duro y salvaje, y ella gritó incluso más fuerte.

— ¡Sí, nene! ¡Sí! ¡Voy a por ti! ¡Me corro!—La intensidad de esto era casi
abrumadora, la duración de asombrosa mientras los espectadores eran testigos de
su máximo placer.

—Nena, no puedo aguantar mucho más — respiró Jack en su oído mientras las
olas de calor, finalmente cedían en ondas.

—Está bien, porque quiero que te corras. Quiero que estalles dentro de mí
mientras todos observan.

Entonces él estaba jadeando, agarrando con más fuerza sus caderas, diciendo,

—Me estoy corriendo, chère, ¡me estoy corriendo en ti!—sus estocadas se


hicieron más largas, más fuertes mientras él gemía, vaciándose dentro de ella. —
Dios, te amo—murmuró en su oído.

Las palabras casi la paralizaron. Incluso a través de su dulce disculpa más


temprano, incluso cuando él había empezado a hablar de ellos todavía estando
juntos el próximo año para el Mardi Gras, ella nunca había pensado... no
esperaba... él simplemente no pareció un hombre que dijera esas palabras. Y sin
embargo, lo hizo.
Como en su fantasía, la gente reunida abajo estaba aplaudiendo y animando su
actuación, pero Liz había olvidado que estaban allí. En el momento en que él se
retiró de ella, se puso de pie, agarró su brazo y tiró de él hacia el interior, cerrando
las puertas francesas, cerrando la sofocante noche, para algo que tenía que ser
privado.

—Te amo, también, Jack. Demasiado.

Estirándose, Jack quitó la máscara de su cabeza, y luego retiró la suya.

Utilizando la curva de un dedo, le levantó la barbilla y se inclinó para darle un


beso largo y dulce que realmente se sentía como un gesto de amor, y ella sabía que
él quería decir sus palabras.

—Creo que es hora de que te mudes conmigo de una vez por todas, chère. No a
causa de Todd, sino porque te quiero aquí, mañana y noche. Para siempre.

Ella miró a los ojos oscuros del hombre que había desatado el desenfreno
escondido en lo profundo de su alma, y pensó sobre esas últimas palabras, para
siempre. El resto de su vida. Él la quería ese tiempo. En su mundo. Un mundo
donde ella quería quedarse.
Sin embargo, incluso en la dulce santidad del momento, decidió burlarse de él;
sólo un poco.

—Tal vez si estamos estableciéndonos, tú y yo, deberíamos conseguir algo


decente, movernos al Garden District.

Él se rió, pareciendo sabia de inmediato que estaba bromeando.

—No, chère, eres una chica de barrio francés, sin lugar a dudas. Perteneces aquí,
donde las cosas son tan salvajes y calientes como tú.

—En realidad, no podría estar más de acuerdo. Sin embargo...


— ¿Qué?

¿Cómo tomaría esto? Tal vez ni siquiera era el momento adecuado para sacarlo a
colación, pero… ella echaba de menos ser honesta con él, y no iba a contener sus
pensamientos.

— ¿Cómo te sentirías, Jack, si dijera que no quiero... traer a otras personas a


nuestras relaciones sexuales nunca más?

Sus ojos se cerraron suavemente, pero cuando los abrió, brillaban con alegría.

—Te iba a preguntar lo mismo. Te he extrañado tanto, te amo demasiado, como


que quiero que sea solo nosotros de ahora en adelante.

Ella sonrió en respuesta.

—Por supuesto — dijo, volviéndose divertido, —eso no significa que no


podamos meternos en el Club Venus, a veces, o follar en el balcón, o que pueda
conseguirte juguetes especiales, pero...
—No tienes que explicar — le dijo. —Desde el principio, sólo quería todas esas
experiencias nuevas y excitantes porque te involucraban a ti. Y ahora que las he
hecho todas, bien... eres más que suficiente hombre para mí.

Él sonrió.

— ¿Es así? ¿Eso significa que debería tirar tus juguetes especiales?—Él tomó en
broma el nuevo minivibrador y lo sostuvo sobre el bote de residuos al lado de ellos.

—Espera un minuto — dijo, riendo mientras golpeaba sus palmas en su pecho.


—Vamos, no te precipites. Eso es ir demasiado lejos.

La sonrisa que destelló era sexy y conocedora.


—Eso es lo que yo pensaba. Todavía serás salvaje y aventurera para mí—
Envolviendo sus brazos alrededor de ella, empujó el dorado juguete suavemente en
el centro de su culo.

Ella dejó escapar un pequeño suspiro caliente en respuesta.

—No creo que pueda ayudarme a mí misma.

—No te preocupes, chère. No lo haría de ninguna otra manera.

—Y si puedes arreglar esa pequeña carroza escenario el próximo Mardi Gras...

Él sonrió. — ¿Sí?

—Me encantaría que todo el mundo vea lo bien que me follas.

Fin
Próximamente

Lacey Alexander - Serie Fuego En La Ciudad II

La Ciudad Del Pecado


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