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curso completo

Edita: Editorial Planeta-De Agostini, S.A., Barcelona


Presidente: José Manuel Lara
Consejero Delegado: Ricardo Rodrigo
Director General de Producción: Félix García
Director Editorial: Jordi Martí
Director de Producción: Jacinto Tosca
Coordinador General: Ramón Castelló

Realización: R.B.A., Proyectos Editoriales, S.A.


Director General: Fernando Castillo
Director Editorial: Andrés Merino
Redactores y colaboradores: Lincoln Maiztegui, Ramón Castelló,
José Manuel Gil, Román Sayona, Miguel Fernández-Díaz
Coordinación: Román Sayona
Diagramación: Joan Oró

© 1990. Editorial Planeta-De Agostini, S.A., Barcelona


ISBN Obra completa: 84-395-1530-8
Tomo 11: 84395-1543-X
·
Deposito Legal B. 6140-90
Fotocomposición: Grafitex, S.A.
Fotomecánica: U ngraf / Eurogam ma
Imprime: Cayfosa, Sta. Perpetua de Mogoda(Barcelona)
Impreso en España - Printed in Spain - 1990
Volumen 2

-� ­

PLANETA-AGOSTINI
SUMARIO
D Unidades

Pág . Pág .
Ataq ue doble y a l a descubierta. Poderío y flaq ueza de la dama:
Jaq ue doble 2 desarrol lo, central ización ,
La clavada: com b i n aciones; despej e sacrificios 1 42
de l íneas 22 Col u m n as abiertas: creación
Obstrucción y bloq u eo. Atracción . y uti l ización 1 62
Ataq ues « rayos X» 42 Las torres en séptima y octava.
Promoción de peones. Ahogado. Sépti m a «abso l uta» y sépt i m a
A la defensiva 62 « relativa» 1 82
E l m aterial: ¿ventaj a decisiva? 82 La pareja de dama con torre,
Intercam bio de piezas. Alfi l bueno con alfi l y con cabal lo 202
y alfi l malo. Cabal lo y b loq ueo 1 02 Torre en u n ión de pieza menor 222
Los alfi les en sem i bloq u eo. Los ataq u es al e n roq ue (1) 242
La pareja de alfi les 1 22 Los ataq ues al e n roq ue (11) 262

D Partidas famosas

Pág . Pág .
Si nfon ía de m ad u rez Las comad res i rac u n d as
(Odessa, 1 949) . Eugeiev-Floh r 10 (Zu rich , 1 953) . Euwe-Taimanov 150
Ejecución metód ica Decidió l a art i l l ería l igera
(Ostende, 1 907) . Tarrasch-Janovski 30 (Aten as, 1 985) . Kotro n i as-Gufeld 1 70
La eclosión de un joven artista D u ro y cristalino como el d i am ante
(Amsterdam , 1 889) . Lasker-Bauer 50 ( H ast i ngs, 1 971 ) . Karpov- M ecking 1 90
Perder la cabellera Bombardeo DC-7
(Berlín , 1 881 ) . B l ac kb u rn e -Schwarz 70 (Hol lywood , 1 945) . Reshevsky- Pi l n i k 210
Osad ía y precisión Tras la resistencia, el contragolpe
(París, 1900) . P i l ls b u ry-M arco 90 (M a n i l a , 1 976) . Balashov- Po l u gaievsky 230
El bufón acorralado La fiel i nfantería
(París, 1 933) . Alekh i n e-C u kierman n 110 (Sczawno Zd roj , 1 968) . Smislov-Grosz 250
La parej a de misi les C u ñ a de acero
(Las Pal m as, 1 971) . Uhlman n - Larsen 1 30 (Skara, 1 980) . Kasparov- Pryb i l 270

D Ejercicios

Pág . Pág .
Unidad 15 1 7-20 Unidad 22 1 57-1 60
Unidad 16 37-40 U n idad 23 1 77- 1 80
Unidad 17 57-60 Unidad 24 1 97-200
Un idad 18 77-80 Unidad 25 21 7-220
Unidad 19 97- 1 00 U n idad 26 237-240
U n idad 20 1 1 7- 1 20 Un i dad 27 257-260
U n idad 21 1 37- 1 40 Un idad 28 277-280
UNIDAD 15
El ataque doble no es un arma desconocida. En una
unidad precedente se aprendió el significado de este
decisivo tema de la táctica en aj edrez, así como
algunas de sus más elementales aplicaciones . En esta
unidad se estudia este recurso en el contexto de la D Cu� so de táctica (VI)
partida y los preparativos combinatorios que se • Com b i n aciones de
precisan para su ej ecución. ataq ue doble en
e l transcu rso de
l a partida
• E l doble j aq ue
• E l ataq u e a la
d esc u b ierta
D Resumen
• U n i d ad 1 5
D Partidas famosas
• S i nfon ía de m ad u rez .
Odessa, 1949
D Ejercicios
• Ej e m p los y prob l e m as
D Soluciones
Curso de táctica (VI)
Al estudiar las posibilidades de cada una de las piezas de aj edrez,
se ha explicado en este curso el tema del ataque doble, y se han vis­
to ej emplos más o menos simples de este recurso. Se trata ahora
de profundizar en este terreno, uno de los fundamentales del cam­
po de la táctica.

Combi naciones de ataque doble en el transcu rso de la partida

Al hablar de los ataques dobles, vuelve a hacerse presente la dico­


tomía básica del j uego; si uno de los bandos logra atacar a la vez
dos obj etivos importantes del adversario, éste sólo podrá efectuar
un movimiento para defenderse de dos amenazas . Hay algunas oca­
siones en las que una sola j ugada es capaz de defender los dos pun­
tos agredidos; pero en otra infinidad de casos el bando defensor
debe resignarse a salvar una sola de las amenazas, cayendo por lo
tanto en la otra.

Vamos a ver un ej emplo tomado de la teoría de las aperturas. En·


la sección de «Partidas famosas » de una unidad anterior ya vimos
una partida de Fischer que tuvo un comienzo similar.
6

l. e4, es 5
2. Cf3, d6
4

Se inicia la partida con la llamada defensa Philidor. a b e d e

Esta defensa constituye una forma plausible de j ugar con las ne­
gras en las aperturas de peón de rey.

3. d4, Cd7 5
4. Ac4, Ae7
4

Esta natural j ugada de desarrollo es un instructivo error: lo correc­


to es aquí 4 . . . . , c6 . a b e d e

2
Curso de táctica (VI)

Las blancas prosiguen con una j ugada de acoso.

5. d x eS, C x es
6

3
El segundo j ugador ha visto correctamente que no es posible cap­
turar con el peón; después de 5 . . . . , d x e5 6. Dd5 resulta que no
es capaz de defender el vital punto f7 , pues si 6 . . . . , Ch6, simple­
mente 7. A x h6, ganando pieza por la amenaza de mate. a b e d e g h

Pero la jugada del texto tampoco salva del todo la situación; el blanco
introduce ahora un recurso de ataque doble que le proporciona ven-
··

taj a material y posicional .

6. C x eS, d x es
7. DhS ! , . . .

Una variante del viej o tema del mate del Pastor. a b e d e g h

La dama blanca ataca al mismo tiempo, ert combinación con su al­


fil , el punto f7 y el peón de e5; como puede verse fácilmente, las
negras no están capacitadas para defenderse de ambas amenazas .

7 . . .. , g6
8. D x eS

La doble amenaza ha dado sus frutos. a b e d e g h

El negro ha perdido un peón sin compensación alguna; debe per­


der la partida si las blancas j uegan correctamente.

La ag i l idad de la dama
E l ante r i o r ej e m p l o mu estra , tanto en l a v a r i a nte que se ju gó
c o m o e n la qu e las neg ras ev itaro n , la a g i l idad de la dama, qu e
es capaz de ejecuta r un auté ntico abanico de ataques dobles de
forma inespera d a . E l lo se debe a su g ra n m ov i l id a d , tanto en las
colu m nas c o m o e n las d iagonales.

3
Curso de táctica (VI)

Vamos a ver otro ej emplo, tomado también de la teoría de aperturas.

l. d4, dS
2. Cf3 , Cf6 6

3. e3, . . . 5

Esta j ugada de apariencia modesta constituye el sistema Colle, así


llamado por haber sido creado y empleado con frecuencia por el
maestro belga Edgar Colle. a b e d e

Como se apreciará, la humilde j ugada contiene ciertos secretos .

3 . .. . , e6 6. De2, b6
4. Ad3 , Ad6 Error: se tenía que haber
5. Cbd2, 0-0 jugado 6 , Cbd7
. ...

7. e4 ! , . . .

La amenaza 8 . e5 , con ataque doble al caballo de f6 y al alfil de


d6, hace que las negras no tengan mej or opción que tomar en e4 . a b e d e

Después de 7 . . . . , Ae7 8 . e5 las negras quedarían en una posición


restringida e incómoda.

7 . . .. , d x e4
8. C X e4, Ae7 ? 5

3
Este error es ya definitivo. Las negras no quieren dej arse cambiar
el alfil de d6, pues aunque materialmente es un cambio igualado,
posicionalmente resulta muy desventaj oso, como se explicará en una
etapa más avanzada de este curso. a b e d e

Había que resignarse a j ugar 8 . . . . , Cbd7 o bien 8 . . . . , Ab7 , aunque


en ambos casos la posición de las blancas es superior.

9. C x f6 + , A x f6
10. De4, . . . 5

4
El ataque doble: se amenaza mate en h7 y la torre de a8; como no
3
pueden defenderse ambas amenazas al mismo tiempo, las negras
pierden una torre y la partida, salvo accidente. El ej emplo es ele­
mental, pero ilustra la agilidad de la dama, que ej ecuta un elegante
ataque dobl � a obj etivos situados en las antípodas del tablero. a b e d e

4
Curso de táctica (VI)

La enorme mo vilidad de la dama la capacita para realizar simultá­


neamente ataques a puntos del tablero muy alej ado s .

Posición d e partida

En la po sición del diagrama j uegan las blancas . La j ugada l. De2,


amenazando el ataque doble, no es efecti va, pues las negras respon­
derían sencillamente l. . . . , Ab7 . Las blancas, sin embargo, dispo­
nen de un recurso de ataque basado, una vez más, en un ataque
doble de la dama en combinación con otras piezas . a b e d e g h

El lector debe considerar este ej emplo con mucha atención, pues


sin duda tendrá múltiples oportunidades de utilizarlo en sus pro­
pias partidas . Más avanzado el c ürso, se profundizará en este es-
quema característico de ataque. 6

5
l. A x h7 + ! , . . .
4

Un sacrificio típico que destruye el enroque de las negras . a b e d e g h

Nótese que se trata de una condición sine qua non que el caballo
de f6 de las negras haya desaparecido y el punto h7 esté defendido
solamente por el rey.
6

l. . . . , R x h7 5
2. Cg5 + , . . .
4

El rey dispone ahora de dos retiradas plausibles; una es 2 . . . . , Rg6;


el monarca sale a la intemperie, lo que le resultará sin duda fatal . a b e d e g h

Después de 3 . Dg4 el ataque blanco debe imponerse. Pero a los efec­


tos del tema que estamos tratando, nos interesa analizar la otra re­
tirada, 2 . . . . , Rg8 . Es ob vio que 2 . . . . , Rh6 pierde inmediatamente
por el j aque doble a la descubierta. 3 . C x f7 + (o 3 . C x e6 + ), ga­
nando la dama.

2 . .. . , Rg8 3. DhS

Un golpe que ya nos es familiar. Desde esta casilla la d ama blanca


ataca el punto h7 amenazando mate; pero además ataca el punto
f7 , apoyada por su caballo. a b e d e

5
Curso de táctica (VI)

Ciertamente, la torre protege, pero, como veremos, las negras se ven


forzadas a ceder en esta defensa. Es esta segunda amenaza la que
pro voca que toda la maniobra tenga resultados catastróficos para
las negras. 6

5
3 . . . . , Te8
4

Claramente única, si se e xcluye la suicida 3 . . . . , D x g5 . El rey debe


darse aire, abrir una vía de escape. Lo hace habilitando la casilla f8 . a b e d e

Si ahora 4 . Dh7 + , Rf8 5 . Dh8 , Re7 y el monarca sobrevi ve. Pero


al retirarse para dej ar paso al rey, las negras han debido desguarne­
cer el punto f7 .

4. D x f7 + , Rh8
5. DhS + , Rg8

Está cimentándose la victoria blanca. El monarca carece de uno de


sus peones defensores . a b e d e

Ahora, al haberse eliminado el peón de f7 , las blancas están en con­


diciones de dar mate en tres j ugadas:

6. Dh7 + , Rf8
7. Dh8 + , Re7
8. D x g7 + +

Una demostración más de la contundencia del ataque doble.

El alfil es una pieza limitada, ya que la mitad de las casillas del ta­
blero le son inaccesibles; sin embargo, dispone de gran agilidad, lo
que justifica el nombre de laufer (corredor) que ostenta en alemán .
Vamos a ver con qué celeridad entra en acción.

Posición de partida

2
En la posici ón del diagrama j uegan las blancas ; el emplazamiento
de sus torres y el peón avanzado de d7 parecen constituir la base
de una combinación victoriosa, y de alguna manera es así. a b e d e

6
Curso de táctica (VI)

Es difícil suponer que el golpe de gracia lo dará el alfil de fl , con


un certero doble taj o :

l . Te8 + , Tx e8
2. d x e8 = D + , R x e8
El rey ha sido arrastrado a la casilla blanca
3. Te3 + , . . .

Y aquí aparece la acción del alfil; si el j aque se cubre con el alfil


negro o con la torre, sigue 3 . . . . , A x b 5 + , que es un ataque doble.

La acción en retroceso de la afilada pieza afecta al caballo negro


de a4; de modo que hay que retirar el rey de la casilla blanca:

3 . .. . , Rd8
No cambia nada Rf8, como puede
comprobarse fácilmen te
4. A x bS !

Amenazando mate e n e8 y e l caballo d e a4 . E l ataque doble cuesta


a las negras una pieza. a b e d e g h

Una torre que se sitúa en la retaguardia del ad versario, especialmente


en la segunda o séptima línea, suele tener efectos concluyentes; desde
allí actúa en dos direcciones opuestas, y por lo general las fuerzas
situadas en sus hasta entonces sólidas trincheras se ven diezmadas .

Posición de partida

El ej emplo que plantea esta posición es típico. a b e d e

La dama negra -bando al que corresponde el movimiento- ha


penetrado hasta la segunda línea del blanco, pero éste logra, al me­
nos de momento, defender las amenazas directas . Sin embargo, por
medio de una pequeña combinación, el bando que tiene la iniciati ­
va consigue penetrar con su torre y obtiene una decisi va ventaj a:
4
l . .. . , D x d2
3
2. Tx d2, Ab4 !
2

Esta puntada fuerza a la torre blanca a abandonar su segunda línea. a b e d e g

7
Curso de táctica (VI)

La homónima negra ocupará inmediatamente esta estratégica se­


gunda línea:

3 . Tdl, Tc2 6

La amenaza de la invasora a su derecha y a su izquierda fuerza la


pérdida de uno de los alfiles blancos . a b e e g

Conclu sión a l tema d e l ataque doble


E s necesario r e a l izar u n esfuerz o d e i m ag i nación para concebir
e l motivo d e l ataqu e d o b l e y lueg o trata r d e v e r d e qu é m a n er a
pu eden colaborar las piezas entre s í p a r a for zarlo. S i b i e n todas
las piezas está n en condiciones de realizar ataques dobles, debe
tenerse espec i a l ate n c i ó n cu and o se d ispone d e u na d am a , por
sus ág i le s ataqu es a pu ntos distantes e ntre sí, y d e u n caballo.

El doble jaque

N o debe confundirse e l j aque doble con e l doble j aque; l a diferen­


cia entre ambos es algo más que un j uego de palabras . « Jaque do­
ble» es el ataque que se realiza simultáneamente al rey y a otra pie­
za, mientras se entiende por « doble j aque» aquella situación en la 6

que dos piezas dan, al mismo tiempo, j aque al rey ad versario. Vea­ 5
mos una demostración.
4

Posición de partida
3

Esta posición ofrece un primer ej emplo e vidente de cómo se las trae


el doble j aque. a b e d e g

En este momento tocaba j ugar a las blancas, y Reti sorprendió a


todos con el siguiente golpe:

l. Dd8 + ! ! , ...

Una sorprendente y limpia entrega de dama. a b e d e


-

8
Curso de táctica (VI)

El obj eti vo de esta j ugada era llevar el rey negro hasta la casilla donde
la torre de dl y el alfil de d2 podrán darle un letal doble j aque.

l . . .. , R x d8
2. AgS +

Es un doble j aque en el que la torre y el alfil amenazan a la vez


al monarca. Tal vez la característica más particular del doble j aque
sea la de que no hay forma de capturar la pieza que ataca o de cu­
brirse como en los j aques normales; la única opción es retirar el
rey agredido.

En este caso, las negras aprecian que no podrían ir a e8, porque


seguiría 2. Td8 + + ; pero creen, por un momento, que se pueden
·
7
fugar por c7 :
6

2 . .. . , Rc7 5
3. Ad8 ! + +
4

Este celebérrimo ej emplo ha ser vido de modelo a combinaciones


similares en posiciones muy di versas. a b e d e g h

En el siguiente ej emplo, el alfil de b2 es tá constantemente baj o la


amenaza de un caballo, pero ello no obsta para que colabore deci­
si vamente en el ataque de mate.

Posición de partida

Juegan las blancas . En su última j ugada han capturado un peón


en g7 y han dado j aque; el rey negro ha j ugado a h8, forzado, y
entra en la acción del alfil de b2; pero si la torre se retira, por ej em­
plo, a g6 dando j aque, sigue C X b2.

El blanco encuentra el camino de la victoria por medio de un her­


moso doble j aque:

l. Tg8 + doble! , R x g8
2. Tg l + +

Simple, pero muy instructi vo, ya que también éste es tema frecuen­
te de combinación en partida vi va.

9
Salomón
M ijailovich
Flohr Sinfonía de madurez
Este gran maestro del ajedrez
Partida j ugada en Odessa, 1949
de entreguerras, cosmopolita
como tantos otros de su época,
nació en Gorodenko (Polonia),
Blancas: Eugeiev
pero fue en Checoslovaquia Negras: Flohr

donde transcurrieron sus años


mozos y de formación. Uno de
sus primeros grandes éxitos fue En 1 949 y posteriormente, el 10. c3, b6
precisamente su papel en la maestro Salo Flohr ya no 1 1 . Ces, Ab7
Olimpiada ajedrecística de conseguiría sus mej ores resul­ 12. f4, c x d4
1930, donde fue el tercer mejo1 tados. Pero de su madurez 13. c x d4, C x eS
primer tablero con el equipo de creadora aún podían esperar­ 14. d X eS, Cg4
Checoslovaquia . Obtuvo gran­ se j oyas artísticas del j uego de
des éxitos en diversos torneos piezas como la partida si­
como Margate 1936 y Kemeri guiente, en la que las negras
1937, tras haber empatado en ej ecutan una auténtica sinfo­
matches con Euwe y Botvinnik, nía. En esta partida se plan­
futuros campeones del m undo . tea la defensa Caro-Kann.
Sobre todo, destacaron sus
triunfos en el torneo de Has­
tings, en Ingla terra, en 193 1, l . e4, c6
1932, 1933 y 1934. 2. d4, dS
La invasión nazi de Checoslova­ 3. Cc3, d x e4
quia le perjudicó gravísimamen­ 4. C x e4,.Cd7
a b e d e g h
te, ya que se produjo en un mo­
mento en que se entablaban Se amenaza 1 5 . . . . , Ac5 + 1 6
negociaciones para que dispu­ El planteo de las negras se ca­ Rhl , Dh4 1 7 . h3 , D x h3 + + .
tara el título mundial a Alekhine. racteriza por su solidez, por Pero las blancas, de momen­
No sólo no pudo jugar enton­ lo que constituye un método to, ven la manera de evitarlo
ces, sino que, todavía sacudido comúnmente usado cuando ganando incluso un peón .
por el impacto de la barbarie no se desea perder la partida.
que se había cernido sobre su No es frecuente, en cambio, lS. A x h7 + , R x h7
pa tria, tuvo un pobre papel en que sirva de iniciación a un 16. D x g4, Dd4 +
el torneo AVRO de 1938, que ataque al enroque, como el 17. Rhl , Ta-c8
debía dar un aspirante a la co­ que seguirá. 18. ChS, g6
rona (fue ganado por Pa ul Ke­ 19. Dh3, . . .
res), así como en algunos tor­ 5 . Cf3 , Cg8-f6
neos posteriores. DuraT'te la 6. Cg3 , e6 Las blancas piensan que las
guerra m undial vivió en la URSS 7. Ad3 , Ae7 negras capturarán su caballo
y posteriormente se nacionalizó 8. 0-0, o-o en h5 y entonces ellas darán
soviético, si bien ya n unca estu­ 9. De2, cS j aque continuo al rey negro
vo en los primeros lugares del en h5 y g4, asegurándose las
ranking m undial. Jugó con me­ La típica reacción liberadora tablas . Pero las negras tienen
nos ambición, y se le siguió de esta defensa. otros planes .
considerando un eminente en­
trenador y analista .

10
Una anécdota sobre Salo Flohr
Salo Flohr ganó, en impresionante serie, a mediados de los años
19 . . . . , Th8 ! 30, cua tro ediciones del más tradicional de los torneos de
20. Cf6 + , Rg7 ajedrez británicos: el de Año Nuevo en la clásica sede de
Hastings, Ingla terra.
Y ahora se manifiesta el ca­ Esta superioridad dio origen incluso a una graciosa anécdota
rácter inofensivo de las ame­ que de algún modo p uede ser exponente de cómo se asoció
nazas blancas , mientras que aquellos años el nombre de Flohr con Hastings. Cuentan que el
la columna «h» , abierta con luego nacionalizado belga George Koltanovski, quien en aquellos
la j ugada que las blancas hi­ tiempos parece ser que apenas dominaba el inglés, pero daba
cieron para ganar un peón, se muestras de m uy b uen h umor, solía comentar que nada más
mostrará como una de las llegar a su hotel en Hastings se sintió impresionado por ver hasta
principales bazas de las ne­ dónde llegaba la hegemonía del checo:
gras para buscar un mate ine­ «Flj'ese usted - comentaba-, tomamos el ascensor y ahí
xorable. Todo el plan blanco tenemos reflejada la siguiente lista clasificatoria: First Flohr,
de ataque prematuro ha sido Second Flohr, Third Flohr, Fourth Flohr. ¡Es que este señor Flohr
contraproducente para sus in­ no deja nada para el resto!. » Naturalmen te, se supone que en el
tereses . ascensor lo único que se reflejaba eran los diferentes pisos del
hotel (piso=floor en el idioma inglés) .
2 1 . De3, Tc2 !

De origen po l aco, Flohr se tiene su m ayor florec i m i ento


formó aj ed recísticamente en en la E u ropa Central y
8 C hecoslovaq u i a . E l aj ed rez Oriental . E n l a foto, p ú b l ico
7
de la era conte m poránea e n un parque de Praga.

a b e e g

22. Dg3 , Dd3

Siempre combinando los te­


mas de desviación, obstruc­
ción, clavada y descubierta, es
decir, la mayoría de los que se
han estudiado en el curso de
táctica.

23 . D x d3 , T x g2
24. Cg4, Tg2 X h2 +

Las blancas se rindieron. Tras


25 . Rgl , Tg2 es mate.
Curso de táctica (VI)

. El siguiente ej emplo es similar.

Po sición de partida

Esta vez corresponde el turno de j ugar a las negras, que fuerzan


el mate con un j aque con dos piezas .

Se obliga al rey a desplazarse hacia el centro:

l . . . . , Tcl + !
2. R x cl, Dc4 + 6

3. Rd2, Dd3 + 5

Aquí precisamente y no en c2 , en cuyo caso el rey blanco escaparía. a b e d e

Las blancas intentan buscar refugio por el flanco de rey.

4. Rel, . . .
Claro que s i 4 . Rcl, Dc2 + + 6

4 . . .. , De3 + 5
5. Rfl, . . .
4

¿Ha logrado el monarca blánco la salvación con su escurridiza con­


ducta? Ahora no hay j aque en h3 porque lo impide el caballo de
g 5 , y 5 . . . . , Ad3 + 6. Tx d3 y el rey definitivamente se salva. a b e d e

Pero entonces aparece otra vez el tema del doble j aque para ayudar
8
al bando atacante:

5 . ... , Tf8 ! 6

Y ante la amenaza 6 . . . . , Ah3 + + las blancas están indefensas. Si


6 . Db3 + , Ae6 , ganando. a b

12
Curso de táctica (VI)

Pongamos un último e ilustrativo ej emplo de doble j aque.


8

Posición de partida
6

Aquí vuelven a j ugar las negras, y se imponen con una combina-


ción que implica el uso de dos temas: el ataque doble y el doble j aque. a b e d e g h

El negro ataca la dama blanca con su propia dama, que está inde-
8
fensa, y amenaza a la vez un mortal doble j aque .
..

l . . . . , Tx f3 ! 6

2. D x e2, Tx fl + + 5

En esta ocasión el doble j aque ha sido también mate. Un ej emplo


de gran pureza. a b e e g

Conclus i ó n a l te ma del doble j aque


Tie ne, e n la m ayo ría de los cas os, efectos de c is iv os e n un a par­
tida. Al dar j a que al m ism o tie m po con dos p iezas se re duce n
drásticame nte las posibilidades de la defe nsa , que no puede cap­
tur a r a m bas p iezas a la vez n i cu br ir y de be l i m ita rse a retirar
su rey; todas l as fue rzas adve rs ar i as quedan du ra nte u n i nstan­
te a me rce d de l a v o luntad del bando atacante. El lecto r debe
fam il i a rizarse con este re cu rso de ataque.

El ataqu e a la descubierta

Vamos a tratar ahora una táctica que permite obtener resultados


8
contundentes .
7

Po sición d e partida
5

Las blancas ya tienen trazado un plan fundamentado en el ataque


a la descubierta . a b e d e g h

13
Curso de táctica ( VI)

El obj etivo blanco es la ganancia de material . El primer paso que


8
da es éste:
7

l. Td7 + , . . .
5

Un ataque doble, al rey y al alfil de g7 . a b e d e

Para no perder una pieza, las negras se ven obligadas a cubrirse:


8

l . .. . , Tc7 7

2. Tx c7 + , R x c7
5

En este momento el rey negro ha quedado baj o la acción indirecta


de la torre blanca. a b

Al moverse el alfil, la torre dará j aque, y por lo tanto la pieza que


se mueve es intocable, y puede pasearse con insolencia e impuni­
dad por todo el campo negro, escogiendo tranquilamente su obj eti­
vo. En este caso, se deglute su homónimo de g7 :

3. Af8 + a la descubierta, Rb6


4. A x g7

Las blancas ganan una pieza. a b e d e g h

El último ej emplo de j aque a la descubierta que vamos a ver libera


un ansioso peón, que emprende una frenética y voraz carrera.

Posición de partida 6

Las blancas, que j uegan, colocan al rey en la casilla de un terrible


j aque a la descubierta por medio de un limpio sacrificio de dama. a b e d e

14
Curso de táctica (VI)

É sta es la sorprendente j ugada:

l. D x f7 + ! , . . .
l . . . . , R x f7
2. d x c6 + a la descubierta, Rg6

No importa dónde vaya el rey, o inclusive si se cubre en e6. a b e d e g h

El peón sigue su incontenible ruta deglutiente:

3 . c x b7, Cd7
4. d x a8 = D

Las blancas han conseguido una torre neta de ventaj a .

No necesariamente u n ataque a l a descubierta tiene que buscar el


j aque; a veces la pieza que se mueve descubre otra que ataca un ob­
j etivo im portante del adversario que no es el rey, y logra igualmen­
te una ventaj a determinada. Vamos a ej emplificar el ataque a la des­
cubierta.

Posición de partida

Juegan las blancas y fuerzan la victoria con un bonito recurso. a b e d e

Estudiemos el tema con atención, pues tiene aplicaciones en parti­


da viva con cierta frecuencia.

l . Tx d7 ! , . . .

Se trata de arrastrar a la dama negra a la casilla d7 , por razones


que se verán inmediatamente. a b e d e

15
Curso de táctica ( VI)

Ofrecemos un último ej emplo de ataque a la descubierta.

l , C x d7
. ...

2. Tx d7, D x d7 6

3. Dg4 ! , . . . 5

Ganando, pues amenaza mate en g7 y un terrible j aque a la descu­


bierta en h6. a b e d e

Las negras ya no podrán salir de la amarga situación.

3 . •.. , g6
4. Ch6 + , Rg7 6

5. D x d7. 5

El colofón a una brillante estrategia. a b e d e

Conclus i ó n a l te m a del ataque a l a descu b ierta


Se an con jaque o s i n él , l os ataques a la des cu bierta per m ite n
que la pieza de l bando agresor que se mueve se vuelva i nvul ne­
r a ble y pueda atacar cu alqu ier objetivo del advers ario. Se tr ata ,
por lo tanto, de u n te m a táctico que es necesar i o conocer y te ­
ne r s ie m pre e n cuenta.

RESU M E N : u n idad 15

O La creación de dos o más amenazas simultáneas resulta muy difícil de


contrarrestar. Por eso el ataque doble resulta un arma combinativa muy eficaz.
O Por su excelente movilidad y capacidad de desplazamiento la dama es la pieza más
adecuada para atacar al mismo tiempo puntos muy distantes del tablero, aunque
también las otras piezas pueden efectuar ataques dobles.
O Doble jaque es aquella situación en que dos piezas dan jaque, simultáneamente,
al rey contrario. Este recurso conduce frecuentemente a situaciones de mate.
O Al ser el ataque a la descubierta un arma ofensiva tan poderosa, el bando agredido
procurará siempre no incurrir en él. Por ello, en la mayoría de ocasiones se precisa
una combinación de jugadas para atraer las piezas contrarias hacia situaciones
desfavorables.
E J E RC ICI OS 15

Ejem plo 1 com b i n ación: 1 . . . . , D xg5!! Ejem plo 2


2. D xgS, A x e 3 + .

3
2

a b e d e a b e d e g h
a b e d e g h

Jueg a n negras Se ha sacrificado la dama, pero Jueg a n bl ancas


com p ruébese lo q u e s u cede
La doble amenaza e � ahora. E l rey, baj o j aq u e, debe Además de la contundencia del
i n d udablemente la base de u n mover, pero cualq u i e ra que sea doble j aq u e (casi siem pre la
mayor n ú m ero de victorias. la opción elegida no podrá apl i caci ó n de este rec u rso
Constante m e nte se prod ucen i m ped i r q u e la to rre se m u eva con d u ce a situaciones de
en la partida peq ue ños y suti les dando j aq ue, desc u b riendo la mate) , el s i g u i e nte eje m p l o
ataq ues m ú ltip les, pero acción del alfi l sobre l a dama: s u b raya la necesidad de no
habitual m e nte son amenazas 3 . R b2, Tf2+ ; o bien 2 . Rb1 , subest i m a r l as resp uestas del
s i n trasce ndencia y fáci les de Txf 1 + . Esta ú lt i m a vari ante es contrario, dando por se ntado
conte n e r. Otras veces, cuando l a menos negat iva para e l q u e al g u n as de e l l as son
el ataq u e se p rod uce por blanco, pero tam b i é n en e l l a la forzadas.
eje m p l o sobre dos p i ezas su perioridad del negro es obvia. El error de las negras, q u e
i m po rtantes, la c u estión es acaban de capt u rar u n a torre
mucho m ás seria. S i la doble q u e se enco ntraba e n c1 , no es
amenaza va l igada a un otro q u e el pensar q u e antes de
ataq u e a la desc u b i e rta, con em prender acciones ofensivas
j aq u e o sin él el motivo l as blan cas se verán o b l i gadas
de preoc upación es m u c h o a recu perar la pieza q ue en
mayo r. Veamos u n ej e m p l o : este preciso i nstante tienen de
Qué d u d a cabe de q u e la menos. Pe ro, ¿porq u é han de
i nseg u ra posición del rey b l anco h acerlo? No siendo j aq u e,
debe entrañar g raves pel i g ros, tienen otras preferenc ias:
pero . . . ¿se p u ede explotar de 1 . Dh7+ , Rf 8 2. ,Dh8 + , Re7. Y
una manera cl ara? La opción si ahora el peón neg ro en e6 no
fut u ra de captu rar con el alfi l el existiera , las blancas pod rían
peón e3 atacado, u n i da a l a move r e l alfi l para h acer un
pos i b i l i dad de colocar a la ataq ue a la descu bierta.
dama b l anca bajo los fuegos de Con i nfal i b l e lógica act ú a n :
u n j aq u e descu b i e rto, h ace 3 . CfS+!!, e xfS. Objetivo
conce b i r a las neg ras u n a c u m p l i d o : 4. AcS + +.

17
EJ E RC I C I OS 15

Problema 1 Problema 2 Problema 3

a b e d e a b e d e g h a b e d e g

Jueg a n negras Jueg a n negras Jueg a n bl ancas

Tal como anteriorme nte ya se A lo largo de esta partida, Tal como todos sabemos, la
ha d i cho, ataq u e doble y dos errores p r i n c i pales han dama, con s u a m p l i a zo na de
ataq ue a la descu bierta van e n cometido las blancas. E l movi m i e nto para atacar en
m uchas ocasiones tan primero, a i s l a r t a n notoriame nte vari as d i recciones -diago nal ,
i nterrelacionados q u e res u lta la dama del j u ego defensivo, vertical y horizo ntal-, es, s i n
d ifíc i l a veces d e l i m itar la encerrando esta i m portante duda, la pieza idónea para
frontera e ntre u n o y otro t i po de p i eza e n u n a banda del tablero. p rodigar esa amenaza
temas, así como defi n i r a cuál El seg u ndo ha sido perm itir s i m u ltánea sobre dos u n id ades
de los dos géneros perte n ece q u e el peó n neg ro q u e ahora hosti les que es el ataq ue dob le.
la j ugada desencaden ante de la se u bica en f3 amenace l as Varios son los ej em plos
co m b i n ación . Para ser defensas del e n roque. De u n tratados e n esta u n idad en
eclécti cos y a fi n de a u n ar solo d isparo, las negras los q u e esta p i eza es la
criterios, podemos l l amar a este ap rovechan ambas p rotagonista y por tal razón no
t i po a m b i g u o de j ugadas c i rc u n stancias. Basta adve rt i r se puede dejar esta secció n
ataq ues dobles al desc u b i e rto. q u é obstác u l o i m p ide a l as franca de u n ej e rcicio q u e
¿Qu é s i g n ifica esto? p i ezas negras i n corporarse al controle l a co m p rensión
Razo n ando, la pregu nta es fác i l ataq u e y evacuarlo de la adq u i rida por el lector en este
de responder, pero s i á u n le manera más agresiva posi ble, terreno. El tema ha q u edado
q uedan d u d as, h a l l e la j ugada creando a su vez otras n ítidamente i l ustrado con esta
ganadora e n l a posición del amenazas de las q u e el exposición . Lo q u e resta es
d i ag rama y e nco ntrará u n opone nte te nga q u e entre l azar las j ugadas q ue
eje m p l o d e lo q u e s e q u iere p reoc u parse. L a s i m u ltaneidad cond ucen a las b l ancas a
s i g n i ficar. de ambos ataq ues h ará adq u i ri r u n a i m po rtante ve ntaj a .
i m posible la defensa del primer
j ugador.

18
EJ E RC I C I OS 15

Problema 4 Problema 5 Problema 6

a b e d e g h a b e d e g h

Jueg a n b l a ncas Jueg a n b l a n c as Jueg a n blancas

En este mome nto tienen las H ay veces e n q ue combinar es Las blancas pueden tan sólo
blancas u n a p i eza de un l ujo, pero en otras resu lta captu rar e l cabal lo n eg ro
desve ntaj a ; sería lógico q u e hacerlo es p u ra n ecesidad , atacado. E nto nces el rey negro
rec u pe rar el cabal l o al alcance u n a cuest i ó n d e su pervivencia a se alej aría de la pos i b i l i d ad de
de la dama. M as con e l l o sólo l a q u e sólo nos i m pele la u n a desc u b i e rta y resu ltaría
se hab ría conseg u i d o i nte nción de evitar u n a situación d ifíci l establecer si son más
restab lec.e r e l eq u i l i b rio. Las desesperad a . Obse rve mos si no pode rosas l as amenazas sobre
negras co m pletarían el l a posición del d i ag rama. E l el e n roque de l as neg ras o l as
desarrol lo, harían las b l ancas lo cabal lo b l anco afro nta la i m p l ícitas deb i l id ades del rey
mismo y l a partida derivaría amenaza de u n peó n , pero no b lanco en el ce ntro del tab lero.
hacia u n a situación complej a de puede h u i r s i n m ás porq ue tras Claro que e nto nces se pod ría
valo rar. Lo cierto es que el él se encu entra la dama, y la e n rocar, pero e l l o s i g n ificaría
blanco tiene la pos i b i l i d ad de torre negra p resta a capt u rarla. re n u nciar al ataq ue.
ahorrarse un g ran n ú m e ro de Las opciones son res i g n arse o No: e n real idad , existe un
j ugadas y razon a m i e ntos « b uscar petróleo» baj o el proced i m ie nto m uy exped itivo
posteriores con u n a peq ueña terreno de l as apariencias, las para alcanzar el tri u nfo, y no se
co m b i nación , basada e n el cu ales nos i n d ican q u e las debe malgastar la oport u n idad
doble j aq ue, que decanta la blancas están fo rzadas a de l l evarlo a cabo. Te mas: doble
lucha a su favor de manera real izar cambios desfavorab les. j aq u e y ataq ue a la desc u b i e rta.
i n m ed i ata. Alg u n a situación Un análisis m ás profu ndo
s i m i lar se ha visto ya a lo largo reve lará recu rsos ocu ltos,
de esta u n id ad . creados g rac i as a u n a j u gada
que conj uga dos te mas: ataq ue
doble y a la desc u b i e rta. La
seg u n d a j u gada es tam b i é n
m uy i m po rtante de ntro de la
com b i nació n .

19
SO LU C I O N ES 15

Solución 1 Solución 3 Solución 5

Las blancas conte m plan l a La pri m era j u gada es


8
pos i b i l idad de u n doble ataq ue aparente m e nte i n ofe ns iva:
7
al Ab4 y al Cb6. Po r eso 1 . Cf 6 + , g x f 6 . E n efecto, si
j u egan : 1 . C xe 6, A xe&; 2. ahora 2. D x e8, Tx e8 3. Tx e8 + ,
5
Dd4, . . Para salvar l a p i eza ,
. Rf7, las blancas han sal ido
las negras sólo d isponen de perd i e n d o e n los cam bios (dos
4
2 . . . , AaS, pero e ntonces
. torres a cam b i o de caballo y
3
s i g u e 3. b4 y e l alfi l ya no dama) ; pero l a seg u nda j u gada
tiene escapatoria. d e m u estra la auténtica fuerza
de la com b i n ació n : 2. Tg 1 + !,
a b e d e g
R h 8 . Resu lta q u e tras 2 . . . . ,
Solución 4 Rf7 las negras reci b ían mate en
una (3. Dh5+ + ) . Ahora el
Con l a senci l l a j u gada 1 . . . . , Esta forma de p ropiciar e l sacrifi cio d e la dama sí es m uy
Ag 1 las neg ras amenazan m ate doble j aq u e de torre y a l f i l ya positivo : 3. D x e8, Tx e8; 4.
con 2 . , D x h2, a la vez q u e
. ..
es fam i l iar: 1 . D d8 + , R x d8; 2. Tx eB + + .
amenazan tam b i é n a la dama. A gS + (doble), R es 3. TdB+ + .
Las neg ras no tienen una
defensa satisfactoria. P.e. : Solución 6
2. Dg 3, D x g 3; 3. h x g3, Tx d 1 .
Las neg ras lo tienen todo a s u Pri mero las blancas arri nconan
favor. al rey con un doble j aq u e : 1 .
Ce7 + , R h 8. Ahora despejan la
col u m n a d e peones : 2 . Cg6 + ,
Solución 2 h x g 6; y f i n a l me nte dan mate
con un ataq u e a la desc u b i e rta:
A las neg ras se les abre la 3. h x g3 + , D h4 4. Tx h4 + + .
pos i b i l idad de l l evar la dama a
g4, donde amenazarán u n mate
i m parab le. Por eso apartan e l
cabal lo q u e se i nterpo n e : 1 . . . . ,
Ces (a idéntico res u ltado l l eva
1 . . . . , Cb6); 2. A xes, Dg4; 3.
Y la s i g u i e nte j u gada
g3, D h 3.
negra será 4 . . . , Dg2 + + .
.

a b e e g
UNIDAD 16
Siguiendo con nuestro Curso de táctica, estudiaremos
ahora el tema de la clavada, tanto en el aspecto de
definir el resultado de una partida como en el de
preparar el camino de la victoria a base de conseguir
una apertura de las líneas contrarias . O Curso de táctica (VII)
• Com b i n aciones
re lacionadas con la
c l avada
• La clavad a e n
re lación c o n el
despej e d e l íneas
O Resumen
• U n idad 1 6
O Partidas famosas
• Ej ecución metód ica
Ostende, 1907
O Ejercicios
• Ej em plos y prob l e m as
O Soluciones
Curso de tácti ca (VII)
La clavada, un arma que hemos estudiado en unidades anteriores,
es un tipo de amenaza que, como todos los recursos del arsenal aje­
drecístico, no sólo se plantea de forma espontánea, sino que tam­
bién da pie a combinaciones que la tienen como objetivo.
Otra clase de combinaciones merecedoras de estudio es la con­
sistente en sacrificios que liberan alguna línea del tablero, por don­
de más tarde actuarán otras piezas con efectos decisivos. Dos nue­
vos temas tácticos, pues, que, como los demás, se dan de forma
independiente y también unidos a otros ya estudiados, así como fre­
cuentemente unidos entre sí.

Combi naciones relacionadas con la clavada

Entre e l alfil blanco d e g 2 y la dama negra hay dos peones. Uno


de ellos defiende el alfil negro del ataque del que es objeto por par­
te de la dama blanca. Otro está atacado por el caballo de b4.

Posición de partida

Quizás a primera vista parezca que la posición negra es segura.

De hecho, un jugador experto suma fácilmente los factores existen­


8
tes y encuentra la combinación que gana un peón:

1. Cxc6, Dxc6 6

2. Dxc4, ... 5

2
El tema se hace ahora patente: clavada del peón negro de d5 (si 2 .
..., dxc4 3. Axc6). La clavada ha sido provocada, esta vez, me­
diante el aparente sacrificio del caballo. a b e d e

La clavada es u n bu en recurso qu e per m ite muchas v eces ganar


p iezas d e v a l or, qu e com pensen d e sobr a l o sacr if i cado.

22
Curso de táctica ( VII)

En la siguiente partida, las blancas obtienen recompensa por la pre­


sión de la pieza clavada.

Posición de partida 6

Las blancas j uegan . A pesar de que parece que las negras lo tienen
todo protegido, es posible «comérselo todo » . a b e d e g h

La pista e s l a posibilidad de que la dama blanca clave una pieza


al rey negro (ése es uno de los peligros de no enrocar) .

l . C x e6, f x e6 6

2. Tx c6, C x c6
3. D x b5 , . . .
4

2
Y se plantea la clavada. La primera j ugada blanca despej ó la co­
lumna c para el segundo sacrificio y la segunda « cambió el habi­
tante de c6» dej ando ahí un caballo que podía ser clavado. a b e

Tal vez habría sido mej or para las negras no capturar la torre, pero,
naturalmente, habrían perdido ya por lo menos un peón .

3 . • •. , Rd7
4. Tcl , . . .

La pieza clavada es presionada y aún podrá serlo más (con Af3 ) . a b e d e g h

Atacar l a pieza clavada con más y más elementos e s u n método de


aprovechamiento característico. Las blancas ganarán el caballo y
7
las negras no debieran empecinarse en defenderlo.
6

4 . ... , Db7 5 . Af3 , . . .

4
Como recompensa, las blancas van a capturar una pieza, clavada
3
e inmovilizada por la dama.
2
La situación de las negras es catastrófica. Ya en su tercera j ugada
era preferible j ugar, por ej emplo, Re7 . Las blancas tomaban enton­
ces el caballo y se restablecía cierta igualdad de material . a b e d e g

23
Curso de táctica (VII)

Veamos otro ej emplo de clavada. Juegan las blancas .

Posición de partida

La dama y el caballo de las blancas están baj o ataque y se diría


que solamente hay una solución, que implica dej ar clavado el ca­
ballo bfanco (Cd4) . a b e d e

Por el contrario, son las blancas quienes van a aprovecharse de una


clavada:

l . Ce7 + , . . . 6

A taque doble a rey y torre 5


l . . . . , D x e7
4
2. D x dS, . . .
3

Y como el alfil negro de e6 está clavado a su dama, las blancas han


realizado el ventaj oso cambio de un caballo por una torre. a b e d e

Otro cambio de caballo por torre («ganancia de calidad») es aquí


posible.

Posición de partida
5

El caballo blanco está en posición de clavar a la dama contraria. a b e d e g h

De nuevo j uegan las blancas y lo hacen así:

l. Cc7, D x c7
2. D x bS, . . . 6

2
Como resultado, el peón de c6 queda clavado a la dama indefensa,
a la que se atraj o a la casilla crítica con el primer movimiento de
la combinación. a b e d e

24
Curso de táctica ( VII)

En las combi naciones basadas en la clavada, el pri m er m ov im ien­


to consiste con fr ecuencia en atraer a l a p ieza m á s poder osa a l
cuadr o donde quedar á indefensa, provocando l a c l avada d e otra
pieza qu e la cu br e en la l ínea de ataque.
Curso de táctica (VII)

Esta vez j uegan las negras .

Posición de partida

Dos peones hay entre la torre de c8 y el rey negro. Uno de ellos cu­
bre a la dama blanca de su oponente.

No es difícil ver posibilidades de clavada:


8

l . . . . , Tb6
6

Y las blancas se hallan ante la desagradable disyuntiva de perder


la dama (2 . c x b6, D x b5 y el peón de c4 está clavado) o consentir
el terrible j aque Tbl + , seguido eventualmente de Db2 + . a b e d e

En la partida escogieron esto último, pero el mate no tardó en llegar:


8

2. Da4, Tbl + 4 . .. . , Des +


3. Rd2, Td8 + 5. R x f3 , . . . 6

4. Re3 , . . . 5
O bien 4 . Rc3, De5 + 5 . Rc2, Db2 + +

Capturar el peón de f3 , dej ando otra columna abierta para que las
piezas enemigas ataquen al rey, no es agradable, pero peor sería 5 .
Rf2, Td8 x dl 6 . Tx dl , De2 + 7 . Rgl , Dg2 + + . El rey blanco, que
ha efectuado enroque largo, muere en posición de enroque corto. a b e d e f g h

En caso de que, como en la partida, las blancas hubieran movido


la torre de dl , habrían perdido la de fl , a la que la anterior estaba
en cierto modo clavada.

5 . . . . , Td3 +
6. Tx d3, . . .

Debido a que, si 6 . Rf2, . . . , seguiría 6 . . . . , De3 + 7 . Rg2, Td3 x dl


8. Tx dl , De2 + , seguida de Tx dl , ganando. De la misma manera
que 6 . Rg2 fracasa ante 6, . . . , Td3 x dl 7 . Tx dl , De2 + seguido de
la captura de la torre blanca.

26
Curso de táctica (VII)

Las negras continúan ej erciendo presión:

6 . . .. , Tx fl +

Es verdad que el cambio de torres, igualado, no ha implicado des­


ventaj a material para las blancas, pero lo fundamental para las ne­
gras es seguir dando j aques cada vez más peligrosos y eliminar de­
fensores del rey blanco. a b e d e g h

Las blancas prosiguen agobiadas :

7. Rg2, D e2 + 9 .... , Rc7


8. Rh3, D x d3 10. De7 + , Rc6
9. De8 1 1 . De6 + , R x c5
Las blancas buscan 12. Des + , R x c4
salvarse median te 1 3 . Dc7 + , Rb4
con tin uos jaques 14. D x b7 + , Rc3

Curiosamente, para buscar refugio de los j aques el rey viaj a hasta


el campo contrario. Es tal su superioridad que no existe peligro. a b e d e g h

Las blancas continuan su acoso, para salir del apuro, a base de in­
terminables j aques:

15. D c 7 + , Rb2 18. Dh7 + , Rcl


16. Db7 + , Rc2 19. Dh6 + , Rbl
17. Dc7 + , Dc3 20. Dh7 + , Dc2

Una vez el rey ha encontrado su rincón óptimo, el resto de las pie­


zas colaboran en taponar las continuas amenazas de la dama blanca. a b e d e g h

Ya no quedan demasiados j aques que dar:

21. Db7 + , Db2


22. Dh7 + , Ral
23. D x a7, Tf2

Las blancas se rinden por fin, ya que se agotaron los j aques y les
amenazan mate próximo, aparte de que llevan una torre de desven­
taj a . Es interesante ver cómo, en las posiciones en las que los reyes
están poco protegidos por peones y hay damas sobre el tablero, pue­
den registrarse largas series de j aques a cargo del bando débil . a b e d e g h

27
Curso de táctica (Vil)

El ej emplo que viene a continuación es algo más complej o que los


anteriores a causa de la aguda defensa de las blancas .

Posición de partida

Se van a combinar los temas de clavada y de j aque a la descubierta. a b e d e

El caballo blanco de d2 está clavado. Se trata de presionar sobre él.

l . ... , Cc4 7

3
Se ataca también a la torre de b2, y, si las blancas j ugaran por ej em-
2
plo 2. Tc2, seguiría 2 . . . . , C x d2 (contratacando a la dama negra)
3 . Tx d2, Tal , con una nueva clavada, esta vez de la dama negra
al rey blanco. a b e d e g h

Estas cosas son típicas cuando un bando, como las blancas aquí,
está pobremente desarrollado y sin enrocar.
7

2. d x c4, Af5 6

3
Las negras no dan tregua. Si la dama blanca toma ahora el alfil,
2
seguirá 3 . . . , Del + 4. Re2, D X b2 ganando también el caballo nue-
.

vamente clavado, esta vez por la fila, y con el mate en un próximo


horizonte. a b e d e g h

Como la dama blanca no tiene ninguna buena j ugada defendiendo


a su torre, este bando se decide a devolver la pieza de ventaj a para
7
intentar consolidarse mediante un contrataque.
6

3. Ad3, A x d3 5
4. Tb3, . . .
4

La dama blanca no tenía tampoco ahora ninguna posibilidad de


movimiento útil . a b e d e

28
Curso de táctica ( VII)

Las negras encuentran una solución combinativa elegante median­


8
te el tema de la descubierta:
7

4 . .. . , D x d2 + 5 . . .. , A x bl + 6 . Re2, Ta2 + 6

5. R x d2, . . . Jaque con la torre de d8 7. Rf3 , Ag6 5


Jugada forzada
4

Con superioridad decisiva por el alfil de ventaj a y la más que inse­


gura situación del rey de las blancas. a b e d e g h

En el siguiente caso a estudiar, los tres peones negros cubren a rey


y dama.

Posición de partida

Los peones van a ser destruidos por las cinco piezas atacantes de
las blancas . a b e d e g h

Comienza la eliminación de los peones .

l. C x e6 + , . . .

Abriéndose paso. El caballo estaba atacado por el peón de h6, lo


que le impelía a moverse. a b e d e g h

Aunque no hubiera estado atacado, surgía de modo natural la idea


de sacrificar el caballo por alguno de los peones protectores del rey
y la dama para originar los temas de clavada.
6

l . .. . , f x e6 5
2. Tx f5 + , . . .
4

3
Se manifiesta que el peón de e6 está ahora clavado verticalmente
a su dama y, más importante todavía, en diagonal a la casilla g 8 ,
donde la dama podría ser apoyada p o r e l alfil para dar mate ( 2 .
. . . , e x f5 3 . Dg8 + + ) . a b e d e g h

29
cc Praeceptor PA R TIDA S
Germaniae»
Ejecución metódica
Así fue denominado Siegbert
Tarrasch, el hombre que, en un Partida j ugada en Ostende, 1907
momento determinado, que po­
demos establecer en los últimos
años del siglo XIX, se alzaba Blancas: Tarrasch
como el ajedrecista con mayor Negras: Janovski
número de victorias en torneos.
Su historial era digno de un
campeón mundial. Siegbert Tarrasch es presenta­ esta j ugada, hecha con la in­
Tarrasch había nacido en 1862 do a menudo como el para­ tención de bloquear el paso
en Breslau, ciudad de Silesia en digma del j uego metódico y de la dama blanca al flanco
la que habían vivido Anderssen
de los conceptos clásicos, has­ de rey.
y Zukertort, y de algún modo ta el extremo de ser incluso
vino a considerarse el sucesor demasiado rígido y concep­ 10. f3, Ae6
na tural del viejo campeón Stei­ tual, como si defendiera el 1 1 . A x f6 , g x f6
nitz, tras vencer en el importan­ j uego sin alma, puramente 12. A x e6 , f x e6
te torneo de Nuremberg en sistemático. El clasicismo es 1 3 . f4, Cg6
1888, así como en Bresla u al
uno más de los atractivos de 14. C x g6 , h x g6
año siguiente (torneo en el Las­ gran cantidad de indudables
ker ganó el grupo de aficiona ­ obras de arte, comola que si­
dos). En los años siguientes
gue. En ella se j uega la aper­
7
venció también en Oresde, tura de los cuatro caballos.
Manchester y Leipzig, en tre 6

otros torneos, ejerciendo como l . e4, e s 5


médico en Nuremberg y Mu­ 2. Cf3 , Cc6 4
nich . Bien es cierto que en 3 . Cc3, Cf6
3
1893, después de que Chigorín 4. AbS, Ab4
perdiera el año anterior el match 5 . 0-0, 0-0
por el campeonato del m undo 6 . d3, d6
frente a Steinitz en La Habana, 7. AgS, . . . a b e e g
Tarrasch sólo consiguió frente al
ruso un empate a 11 en un en­
Esta apertura, que suele ser Si cuando j ugaron Ag4 las
cuentro que duró 22 partidas.
considerada como relativa­ negras preveían esta posición,
Steinitz, también tras 22 parti­ mente inofensiva para las ne­ hay que decir que se equivo­
das, sólo . había logrado un pun­ gras, aparecía con relativa fre­ caban totalmente al pensar
to de ventaja ante el mismo cuencia en las partidas de que podía ser buena o al me­
rival, de modo que cuando me­ Tarrasch . nos aceptable para ellas . Con
nos cabe decir que se hallaban
un juego técnico y natural, las
los tres m uy igualados. Des­ 7 . .. . , Ce7 blancas podrán sacar partido
pués de esa fecha, Tarrasch ha­ 8 . Ch4, c6 de las debilidades del flanco
bía de conseguir los primeros 9. Ac4, Ag4 de rey, que las negras han per­
premios más prestigiosos quizá
mitido.
de toda su carrera: Viena, 1898 El alfil blanco no está peor en
(el jubileo del emperador Fran­ c4 que en b 5 , pero menos 1 5 . Dg4, De8
cisco José); Montecar!o, 1903, y
afortunada aún se revelará 16. fS , e x f5

��������=��=��
Ostende, 1907, tras lo cual fue
��� � a��oo � �m-
peón del mundo de torneos».
30
Tarrasch y Lasker
Tarrasch nunca pudo perdonar a Lasker, posiblemente, que se le
17. e x f5 , A x c3 h ubiera anticipado en la carrera por el título mundial, debido,
1 8 . b X c3, Rg7 entre otras cosas, a la mayor disponibilida d de este último para ir
19. T!J , Th8 a jugar los dos matches con Steinitz, uno a los Estados Unidos y
20. f X g6, De7 otro a Moscú. Lo cierto, empero, es que Lasker siempre
21. h4, . . . demostró ser un digno campeón del mundo, si bien tomaba
algunas preca uciones antes de exponer su título en un match.
Este peón sostendrá ahora el Pero durante una larga época Lasker fue el rey del ajedrez
peón de ventaj a que las blan­ mundial, venciendo en todos los matches de forma contundente.
cas tienen en g6. Tarrasch se negaba, n o obstan te, a considerarse inferior y no
admitía la necesidad de desafiar a Lasker, pues pensaba que
21. ..., d5 más bien debía suceder lo contrario. En diversas ocasiones,
2 2 . Ta-fl, Ta-f8 Tarrasch disputó encuentros con juga dores que eran candidatos
23. hS, Th6 al título mundial, tra tando de conseguir mejores resultados que
24. Tfl-f2, Th6-h8 Lasker. Así, por ejemplo, le llenó de orgullo en 1905 su victoria
25. DfS, Dd6 frente al campeón n orteamericano Frank Marshall por 12 a 5.
26. g4, De7 Pero se quedó posiblemente frustrado cuando Lasker se enfrentó
en 1907 a Marshall y le venció por 1 1,5 a 3,5.
Las negras repiten j ugadas su­ Por fin, tras años de negociaciones, Tarrasch llegó a concretar el
midas en la impotencia. match con Lasker, disputado en Düsseldorf en 1908, al año
siguiente del torneo de Ostende. El encuentro estaba concertado
27. g5, f x g5 al mejor de 20 partidas, pero no pasó de la 16, pues Lasker se
28. D x f8 + , T x f8 impuso con claridad por 10,5 a 5,5. Tarrasch ya era entonces un
29. Tx f8, D x f8 veterano de 46 años y cabe pensar que, de haber tenido una
A n te la fuerte amenaza oportunidad de vencer a Lasker, debía haberse presentado en
Tfl-f7+ una época más temprana de Tarrasch. Murió en la ciudad de
Munich en 1934.
8

7 Tarrasch no l l egó a obtener i nternacionales a fi n ales del


el campeonato m u nd i al de siglo X I X , é poca a la q u e
6 aj edrez , pero fue e l m áxi mo pertenece este d i b uj o francés
5
ganador d e torneos de p iezas d e ajed rez .

a b e d e g

Y ahora sigue una decisiva


desviación del rey negro.

30. h6 + , . . .

Las negras se rindieron ante


30 . . . . , Rg8 3 1 . h7 + , Rg7 3 2 .
Tx f8 , R x f8 3 3 . h8 = D + .

31
Curso de táctica ( VII)

El peón, por lo tanto, no debe moverse en absoluto ni capturar, evi­


dentemente, la torre.

2 . . . , Re8
. 6

3. Tx e6, . . . 5

Y la dama queda clavada al rey, lo cual es aprovechado fácilmente


para ganar, y más teniendo en cuenta que sigue existiendo grave pe­
ligro de j aque mate. Las negras se rinden. a b e d e

La clavada, en ocasiones, se produce ante la i m po s i b i lidad de


d ejar d e cu br ir ya n o u n a p ieza pr opia d e gr an v a l or, s i n o u n a
s i m p l e casi l l a cr ítica.

La clavada en conexión con el despeje de l íneas

En el ej emplo anterior, la primera j ugada del caballo blanco causa­


ba el despej e de la columna g para la dama blanca. Es típico este
tema que permite a continuación entrar por la línea abierta a la pieza
poderosa.

Veamos nuevos casos de combinación de los temas tácticos de cla­


8
vada y despej e o ruptura de líneas . En este caso j uegan las blancas .
7

Posición de partida 6

Adelantaremos que la torre blanca de c2 ganará la dama negra cla­


vada a su rey por la dama blanca, mediante un j aque al rey negro
que se dará en c7 . a b e d e

Para que todo ello sea posible se debe apartar a los dos caballos
(blanco y negro) y despej ar la columna c y la 7 ª fila mediante el
apartamiento táctico de los peones negros de c4 y de f7 .

1 . Tx d3, . . .

Si las negras no tomaran esta torre quedarían, como es natural, con


un caballo de menos sin ninguna compensación. a b e d e

32
Curso de táctica (VII)

Se deciden por comer la torre:

l . . . . , e x d3
2. Ce6 + , . . .

Lo de menos aquí es el ataque doble sobre el rey y la torre de las


negras. Lo más importante es que la dama negra no puede tomar
por estar clavada. a b e d e g h

Si las negras mueven el rey, pierden la citada dama.

2 . . . . , f x e6
3. Tc7 + , . . .

La dama se pierde al fin y a cambio solamente hay una torre. Las


negras abandonan, pues son derrotadas por las líneas abiertas que
se han despej ado tácticamente. a b e d e g h

Estudiemos un nuevo ej emplo. Las negras j uegan aquí. Entrevén


8
la posibilidad de dar mate explotando una clavada de peón.
7

Posición de partida
5

Para lograr dicho mate hay que abrir dos líneas de ataque: la dia­
gonal blanca más larga y la columna h . a b e d e g h

Entregan s u caballo para abrir líneas blancas .

l . .. . , Cg3 +
El ataque triple no deja demasiadas opciones
2. h x g3, . . .

Pero la diagonal está despej ada y ahora también la columna h . a b e d e g h

33
Curso de táctica ( VII)

Las negras aprovecharán esta circunstancia favorable.

2 . .. . , Dh3 +
3. Rgl , . . .

Ahora, el mate en g2 es defendido solamente por la dama blanca,


única defensa también del alfil de e3 . a b e d e

Está, por tanto, demasiado recargada, lo cual se puede aprovechar


del modo habitual .

3 . . . . , A x e3 +
4. Tf2, . . .
Cualquier otra jugada posible permitiría
asimismo idéntico mate
4 . . . . , D x g2 + +

Debido a que la torre de f2 se encuentra clavada. a b e d e g

La apertura de líneas en combinación con la clavada produce tam-


8
bién un desenlace rápido en el siguiente j uego. Juegan las blancas .
7
El rey negro se encuentra aparentemente bien resguardado pese a
su poca movilidad .
5
Posición de partida
4

La oculta torre de «el » lo va a matar, uniendo el tema de la descu-


bierta a los de clavada y despej e de líneas. a b e d e g

Comienza a plasmarse el plan de las blancas.


8

l. f4, ... 7

3
Es así de sencillo. Las negras pueden tomar el peón blanco con su
peón (al paso) o mover el caballo. En cualquier caso, una de las
dos piezas se apartará de la columna «e» y la otra quedará even-
tualmente clavada por la torre blanca. a b e d e g h

34
Curso de táctica ( VII)

En consecuencia:

l . . . . , e x f3
2. Ac4 + +

Naturalmente, en el caso de no apartar el caballo ni tomar el peón


al paso, éste se comerá el caballo con mucho gusto.

Para finalizar, analizaremos la última fase de una interesante parti­


da del genial estratega y pedagog9 Aaron Nimzowitch.

Posición de partida
5

Las negras no dudan en sacrificar material para propiciar la aper­


tura de líneas por donde sus piezas invadirán el enroque y colapsa­
rán las fuerzas enemigas. a b e d e g h

En esta posición las negras j uegan. Tienen un caballo atacado por


la dama blanca (la anterior j ugada blanca, e2-e4, implicó un ata­
que a la descubierta) , pero el maestro Nimzowitch, que las condu­
cía, no se preocupó mucho por ello.
5
l . .. . , f x e4
4
2. D x hS, Tx f2
3

Las negras deciden eliminar del camino de su torre de f8 los peo­


nes: negro de f5 , blancos de e4, f2 y g3 , así como el alfil de g2,
hasta permitir a la torre llegar a h2 para dar mate. a b e d e g h

La apertura de líneas de ataque compensará en este caso con creces


el caballo de menos .

3 . DgS, Ta-f8
4. Rhl, Tf8-f5
5. De3, Ad3

Amenaza un «mate» a la dama blanca mediante Te2 .

35
Curso de táctica ( VII)

Las blancas lo evitan momentáneamente.

6. Te-el , h6

Domina nuevamente la casilla g5 . Las blancas no pueden j ugar nada


sin perder pieza o recibir mate. 7 . Acl permite A x bl , etc. , y por
otra parte 7. Rh2 o 7. g4 permiten de nuevo 7 . . . . , Tf5 - f3 , debido
a la clavada del alfil de g2, o la amenaza de Th2 + + , en el caso
de que el alfil tome la torre una vez avanzado el peón « g » . a b e d e

Otras continuaciones, como la que veremos, permiten l a decisiva


8
apertura de nuevas líneas que pueden conducir al j aque mate con­
7
tra el rey blanco.

7. h4, gS 9. g4, Tf5-f3 5


8 . hS, Df7 10. A x f3 , Th2 + +
4

3
Las blancas ya no pudieron evitar la decisiva apertura de las últi­
mas líneas . Tenían una posición dramática pese a la pieza de más
y, como es lógico, los diques que contenían a las piezas adversarias
acabaron reventando de golpe. a b e d e g

Los te mas d e c l avada y apertur a o despeje d e l íneas su elen ir


l igados con gr an fr ecu e n c i a , ya que la apertur a de colu m nas o
d i agonales qu e condu c e n a las pi ezas m ayor es adv ersar i as
-espec i a l m e nte e l r ey- tienden a pr odu c ir las c l avadas d e las
piezas m e n or e s d efensor as.

RES U M E N : U n idad 16

D Entre el a rsen a l de motivos tácticos q u e dan l u g a r a c o m b i n aciones y


sacrificios aparentes con más frecuencia, uno espec i a l mente habitual
es el d e originar y exp l otar u n a c l avad a .

• E n ese caso, e l p r i m e r sacrificio obliga n o r m a l m e nte a una p i eza fuerte a colocarse


d etrás d e l a p i eza q u e q u i e re c l avarse. En ocasio nes ya se h a l l a as í y e l sacrificio
aparente tiene por obj eto apartar una p i eza q ue d ificu lta l a exp l otación de l a clavada
o fac i l itar u n rápido i ncreme nto d e l a p resi ó n sobre e l l a .
• Otro t i po d e sacrificio t i e n e p o r obj eto d espejar o l i berar u n a fi l a , col u m n a o d i agonal
para faci l itar un ráp ido acceso a una cas i l l a crítica (donde, por ej e m plo, p u ede darse
m ate) o s i m p l e m e nte que se abran vías d e ataq u e contra el rey.

36
EJ E R C I C I OS 16

Ejemplo 1 Si ahora l as neg ras m u eve n e l obstruida por l as propias torres


rey a l a octava f i l a , la j u gada b l ancas. Por otra parte, las
Th8 + es d e m o l edora. S i , por negras amenazan O x c2 m ate.
otra parte, toman e l peón con la Pero, afort u n adamente para las
torre, deben perd e r s u dama. blancas, p u eden controlar el
Por tanto toman con el rey, pero mate al m is m o t i e m po q u e
éste q u edará e n situación despejan l a col u m n a g . P r i m ero
peligrosa: 1 . . . ., R x b6, 2 . Th6! , i nterceptarán la col u m n a c con
.. . U n a j u gada q u e l as neg ras una torre para evitar el mate, y
no esperaban . l u ego d arán j aq u e con la otra
Ahora l as negras se dan cue nta para l i berar def i n itivame nte e l
de q u e su torre está sometida a acceso d e s u d a m a al mate
u n a doble c l avad a : por l a fila ¿Có m o se real iza esto?
a b e d e
por parte de l a torre b l anca, de J ugando 1 . Tc5, y contra Txc5
manera abso l uta, a su rey, (o Dxc5) 2. Txh7 + , R x h7 (o 2.
Ju egan b lancas estando tota l m e nte i m ped ida . . . , C x h7) 3. Dg7+ + .
por tanto d e to mar l a dama
La dama b l anca está c l avada y, b lanca. Por otro l ado, está la
aparentemente, perd ida. Pero torre sometida a una clavad a
l as blancas j u egan y rel ativa por l a col u m n a e por
d e m u estran q u e no son e l l as, parte d e la dama blanca. S i ,
s i n o las negras, l as q u e para e l u d i r l a a m e n aza d e
deberán e nfrentarse a capt u ra, to m a l a torre blanca,
problemas de c l avad a. ¿Cómo e ntonces s i g u e D x e7. Este t i po
lo hacen? P r i m e ramente dan un de doble clavad a se deno m i n a
pe l i g roso j aq ue, q ue i m pide que «Clavada e n cruz» .
l as neg ras capt u re n la dama
amenazad a tod avía. Luego a b e d e

seg u i rá la clavad a propiamente Ejemplo 2


dicha: 1 . b6 + , . . .

a b e d e g a b e d e

Ju egan b l ancas

E n este ej e m plo, si la dama


blanca p u d i e ra i r a g7, daría
m ate, pero la col u m n a g está
37
EJ E RC I C lºOS 16

Problema 1 Problema 2 Problema 3

a b e d e a b e d e g h a b e d e g h

Ju egan blancas Ju egan negras Ju egan blan cas

Parece q u e l a ú lt i m a j ugada Las blancas amenazan m ate En esta posici ó n , l as blancas


negra (1 . . . . , Tc6) ha controlado con 1 . D x h 6 o Tx h 6 debido a están c larame nte en situación
defi n itivam ente el peón b l an co la clavad a del peón d e g7. agresiva, pero es e l te m a de l a
pasado. Si ahora 2 . Th7, Rb7 y N ada resuelve tam poco 1 . . . . , clavad a, j u nto al de apertu ra de
el peón cae, pese a todo, g x f6 2 . Tx h 6 + , A x h6 3. l a col u m n a h, el que va a
¿debemos co nsiderar p u es l as D x h6 + + . La to rre de g8, pese decid i r la partida con u n
tab l as el resu ltado i n evitab l e de a estar e n l a m i s m a col u m na violento m ate e n dos j u gadas.
l a partida? No, p u esto q u e h ay q u e el rey y la dama de l as Ocioso es decir q u e,
u n recu rso basado en l a b l ancas, parece situad a en u n a p u d i é ndose dar m ate, cualq u i e r
clavada , q u e d a a l as blancas pobre posi ció n . Pero l as sacrificio, i n c l u ido e l de l a
la victoria, debido a l a negras, basándose en la to rre dama, puede q u edar
i n evitab le coro n ación del peón q u e l l evan de m ás, efectúan u n compensado.
o ganancia de l a torre negra. sacrificio apare nte para abrir l a
col u m n a g a su torre, después
de lo cual la decisiva clavad a
de la dama blanca dej ará a l as
neg ras con su perioridad de
posición y de material , parando
l a amenaza de m ate.
EJ E RC I C I OS 16

Problema 4 Problema 5 Problema 6

8 8

6 6

5 5

4 4 4

3 3 3

2 2

a b e d e g h a b e d e g h a b e d e g

Ju egan blancas Juegan blancas Ju egan b lancas

Como p u ede observarse, las La torre b l anca de l a cas i l l a g5 E l alfi l b l anco está clavado.
neg ras tienen u n peón clavado acabará dando m ate en f8, vía Tam b i é n la torre de las neg ras
(el de f7, por el alfi l de c4) y h8. Pero, para l legar a esta en g7. En general parecería tal
por ahí les van a ve n i r los cas i l l a , h ace falta q ue vez q u e l as blancas l l evan l as
problemas. La dama y el desaparezca el peón de h7. Se de perder por la clavada de s u
cabal lo b l anco están prestos a le abri rá paso a la torre alfi l «en cruz» ( a l rey y a l a
dar mate, pero para q u e e l l o se medi ante u n sacrificio. N o dama) , pero n o es a s í . J uegan
con s u m e habrá q u e abri r otra i m porta q u e l a p i eza sacrificada y, mediante un sacrificio de
col u m n a , la g , para q ue le sea l a m ás pod e rosa. Las q u e dama, i n ician u n ataq ue al rey
ve nga por ahí u n j aq u e al rey q ueden s e bastarán para e n e m i g o q ue, de j aq ue e n
negro. El cabal lo b lanco está cobrar la p resa. j a q u e , l e s l leva h asta poder d a r
atacado, pero, por s u p u esto, u n m ate s i n n ecesidad de mover el
contraataq ue sobre la dama alfi l clavado.
i m ped i rá taj antemente que las
neg ras puedan captu rarlo.
SO LU C I O N ES 16

Solución 1 Solución 4 Solución 6

1 . Th6, . . . (cl avando la torre 1 . f6, g x f6 2 . Dg6 + , . . . (las 1 . D h7 + , . . . (este sacrificio de

negra) . Ahora no se puede blancas aprovechan l a apert u ra dama perm ite e ntrar a saco
evitar material m e nte la de la col u m n a g . De todos contra el rey negro y sosl ayar
promoción del peó n , ya q u e si modos, s i las negras no la clavad a del alfi l de d4, q u e
1 . . , Tx h 6. 2 . c8 = D + . S i 1 . . . ,
. . . h u b ieran tomado, s i n o q u e s ó l o puede co mer e l rey y por
Rb7 2 . Tx c6, Rea 3. a6 y de h u b i eran ret i rado su dama, Dg6 tanto apoyar u n a p i eza que dé
todos modos e l peón coro n a . seg u i ría siendo una j u gada j aq ue, pero no puede moverse
decis iva, ya q u e amenazaría el de donde está) 1 . . . . , R x h7 2.
m ate D x g7, i m parab le.) 2 . . . . , Tx g7+ , Rh8 3. Tg8 + , . . . (el

Solución 2 Rh8 3. Dh7+ + . doble j aq u e ; s i g u e la precisa


secuencia de j aq u es con las
Las negras se
1 . . . . , D x g2 + . torres q u e l l eva al mate de l a
salvan g raci as al tem a de la man era m ás rápida e
clavada. Ahora, tom e n lo que i n exorable) 3. . . . , Rh7 4. Tg 1 -
to men l as b l an cas, l a torre de 6 g7+ , R h 6 5. Tg 6 + , R h7 6.
g8 efectu ará una clavad a por la Tg8-g7 + , R h 8 7. Th 6 + + . El
5
l i berada l ínea g. Po r ej e m p l o 2 . alfi l clavado apoyó a su torre
4
D x g2 , g x f6 y l as negras deben de g7 hasta el fi nal , lo q u e
3 d e m u estra q u e no e s lo m ismo
ganar por su ventaj a de
m aterial . clavado q u e total m e nte
i m pote nte.

a b e d e g h
Solución 3
8

1 . D x h7 + , R x h7 2 . Th5 + + . Solución 5
E l sacrificio d e l a dama creó l a 6

posición de clavada . 1 . D x h7 + , R x h7 2 . Th5 + ,


Rg8 3. Cg6, . . (se abrió l a
4
col u m n a decisiva y ahora esta
8
j ugada amenaza m ate en h 8.
La desafortu nada posición de 2

l as torres negras h ace q u e


este m ate ape n as pueda a b e d e g
retrasarse, pero no evitarse
defi n itivame nte) 3. . . . , Tf6 4.
Th8 + , Rf7 5. Tx f8 + + .

a b e d e g h
UNIDAD 17
En esta unidad aparecen nuevos temas tácticos ,
dirigidos a crear e n e l tablero las posibilidades de
cierre de líneas, de bloqueo de una determinada
casilla, de envío de piezas a determinados puntos
neurálgicos o, por el contrario, de cierre hermético D Curso de táctica (VIII)
de una posibilidad de salida. • La obstru cción y el
b l oq u eo
• Com b i n aciones d e
atracci ó n o
e n cam i n a m i ento
• Sacrifi cios y
com b i n acion es e n
ataq ues « rayos X»
D Resumen
• U n i d ad 1 7
D Partidas famosas
• La eclos i ó n de u n
j oven artista .
Amsterdam , 1 889
D Ejercicios
• Ej e m p los y prob l e m as
D Soluciones
Curso de táctica (VI I I)
La dinámica mágica de las combinaciones del aj edrez siempre guarda
sorpresas con su tej ido de amenazas y contraamenazas, de fintas
y celadas, basadas las más de las veces en la consecución del obj eti­
vo supremo del j aque mate, al cual pueden subordinarse los más
diversos sacrificios de piezas .

La obstrucción y el bloqueo

Se produce en ocasiones una situación en la que determinada casi­


lla se erige en clave de una defensa, en punto decisivo por donde
pasan o donde llegan efectivos que pueden salvar a su rey del mate,
o proteger a su bando de importantes amenazas. El otro bando puede
intentar entonces estrangular el paso de los refuerzos adversarios,
·
colocando algún obstáculo en ese camino. Las importantes venta­
j as que pueden obtenerse compensarán, probablemente, cualquier
sacrificio necesario para colocar ese «prohibido el paso » .

Veamos a continuación u n ej emplo d e este tema espectacular, bas­


8
tante frecuente en la práctica.

Posición de partida 6

4
Las negras mueven . Podrán dar mate con uno de sus caballos en
3
f2, pero de momento han de solventar el problema de que las blan­
cas se defiendan de la amenaza con h3 , pues, si las negras j ugaran
l . . . . , Cd3 entonces 2. h3 , Cf2 + , 3 . Rh2, y aún no habrían logrado
dar mate. a b e d e g

Esa defensa puede ser bloqueada, obligando a la torre a ocupar la


8
casilla h3 .

l . ... , Ch3 6

Este caballo se sacrifica para que el otro dé mate. a b e e g

42
Curso de táctica (VIII)

La amenaza es clara: este caballo puede dar mate en la casilla f2 .


8

2. Tx h3, . . .
6

Existía la alternativa 2 . Tf4 + , C x f4 3. g x f4, Cf5 , que alargaría


la partida, si bien las negras acabarían ganando igualmente. a b. e d e g h

El movimiento definitivo del bando negro :


8

2 . . . . , Cg4
6

La defensa h3 (así como la de Tf4) ya no es posible. La torre blo­


quea torpemente a su peón h, de modo que las blancas no pueden
evitar el mate Cf2 a la siguiente j ugada. a b e d e g h

Veamos un ej emplo célebre de bloqueo de la defensa mediante avance


de peón.

Posición de partida

El genial Robert Fischer atacaba el enroque de las negras en esta


posición y ante la posibilidad de amenazar mate con la j ugada l .
e5, que descubriría el alfil de d3 , para que reforzara a la dama cuan­
do ésta j ugara D x h7 + + , se ve que las negras podrían responder
con l . . . . , f5 , bloqueando la diagonal d3 -h7 y descubriendo la dia­
gonal e8-h5 por la que la dama negra amenazaría a la blanca. a b e d e g h

Tras el cambio de damas, ambos bandos quedarían con un caballo


atacado y sin peligros para las negras . Pero, si se pudiera bloquear
la casilla f6, e5 ganaría fuerza. Fischer j ugó simplemente:

l. Tf6, Rg8

Las negras consideraron acertadamente que, si hubieran j ugado 1 .


. . . , A x f6, 2 . e5 les dej aba sin recursos, pues el alfil en f6 ya no
podría ni siquiera apoyar la defensa que constituiría h6, y, tras 2 .
. . . , Rg7 , 3 . D x h7 , seguiría siendo mate al bloquear el alfil la fuga
del rey por f6 . a b e d e g h

43
Curso de táctica (VIII)

Si en vez de tomar la torre hubieran j ugado l . . . . , h6, también 2 .


e5 habría resultado decisiva. Después de, digamos, 2 . . . , Cc4, el .

mate sobrevendría con 3 . Tx h6 + , Rg8 4. Th8 + , A x h8 5 . Dh7 + + .

2. es, . . .

Sacrificando u n a p i eza propia en u n a d eter m i nada casil l a c ríti­


ca, se puede i m p �d ir en ocasiones u n a d efensa, q u e podría con­
sist i r e n m ov e r una p i eza a l a cas i l l a bloqueada o e n pasar por
ese cu ad ro.

Med iante un sacr if icio al efecto, se puede consegu i r en ocasio­


nes qu e una p i eza adversar i a ocupe una cas i l l a qu e se ría nece­
saria para la escapator i a d e su r ey.

44
Curso de táctica (VIII)

Describamos ahora un sacrificio que fuerza un autobloqueo.

Posición de partida

El maestro Blackburne, que j ugaba en esta posición con blancas,


dio mate en tres j ugadas . a b e d e

Los dos primeros sacrificios obligaron a las negras a autobloquear


dos posibles escapatorias para sq rey.

l. b4 + , ... l . . . . , A x b4
La aceptación de este 2. Ab6 + , a x b6
peón es forzada y eso 3 . D x aS + +
4
priva del escape por b4
3

La segunda j ugada, además de bloquear el escape por b6, abrió la


columna «a» para atacar por ella al rey negro. a b e d e g h

A continuación, otro ej emplo de bloqueo.


8

Posición de partida 7

En esta posición, las negras prevén que podrán dar mate si previa­
mente bloquean la casilla gl . a b e d e g h

Para evitar la fuga del rey blanco por dicha casilla, las negras j uegan:
8

l . . .. , Agl + 7

Aprovechan que, si 2 . R x gl , el alfil de g3 quedaría indefenso y


D x g3 + llevaría al mate en la siguiente j ugada. a b e d e

45
Curso de táctica ( VIII)

Las blancas deben tomar con la dama en gl y esta pieza privará


de un escape a su rey.

2. D x gl , Cg4 +

É ste es el movimiento que las negras tenían pensado para seguir su


ataque. a b e d e

Con esta j ugada se abre una línea (la columna «h») para el remate.
8

3. h x g4, Dh6 + 7

4. Ah4, D x h4 + + 6

Al rey blanco le habría convenido tener el escape por gl a su dispo­


sición, sin duda. a b e d e

Ofrecemos seguidamente un interesante caso de obstrucción.

Posición de partida
6

El maestro holandés Henrik Weenik j uega con blancas. a b e d e

Weenik aprovecha la precaria situación del rey de las negras con una
combinación que empieza por un sacrificio para obstruir la esca­
patoria por f5 .

l . fS + , Tx fS

Si se j ugaba l . . . . , Rh7 , venía el mate con un peón (2 . g6) . Si l .


. . . , Rf7 2 . Ah5 no era menos contundente. En cuanto a tomar con
el rey cualquiera de los peones f5 o g 5 , permitiría la devastadora
acción conj unta de las torres blancas por las columnas respectivas
dando j aque. a b e d e

46
Curso de táctica (VIII)

La j ugada blanca f5 , de hecho, reúne el tema de bloqueo de casilla


con el de apertura de columnas para el ataque.

2. Ah5 + , R x g5 3. Tdl-gl + , Rf4 6

Nuevamen te, R h 7 forzada 5


habría encon trado 4. Ce2 + +
4
la respuesta g6.
3

El empleo de la táctica de obstrucción ha sido efectivo. a b e d e g h

Ofrecemos ahora un aleccionador ej emplo de bloqueo combinado


con desviación.

Posición de partida

En esta posición, las blancas pueden dar el j aque Dc8 . a b e d e g h

Dicho j aque no sería tan eficaz directamente como si fuera prece-


8
dido por la j ugada que fuerza el bloqueo del escape f7 .
7

l. Ag6 + , . . .

Esta j ugada, además, se combina con el tema de la desviación de


la dama negra que defiende el mate en e7 . a b e d e g h

Si l . . . . , D x g6 2 . De7 + + . En cuanto a l . . . . , Rd8 , se pierde la po-


8
sibilidad de cubrir con la dama tras el j aque Dc8 .
7

l . .. . , Af7 2 . ... , Dd8 3 . Te4 + , Ces 6

2. Dc8 + , . . . A hora, las blancas 4. Txe5 + , Te6


La salida por j7 ya pueden dar mate 5 . Tx e6 + +
4
no era posible en tres jugadas
3

Mate, pues las negras tienen la dama y los dos alfiles clavados. El
tema táctico del bloqueo y el de la desviación suelen ir unidos a
menudo. a b e d e g h

47
Curso de táctica ( VIII)

Otro ej emplo de bloqueo, en este caso con desviación de la dama.

Posición de partida
6

Las blancas podrían dar j aque con su dama en h 8 , pero el rey ne­
gro movería a e7 . Igualmente podrían mover l . Td7 , pero la dama
negra tomaría la torre. a b e e g

La dama negra también defiende el peón de c5 , así que está «sobre­


cargada». Ahora bien, para ganar un peón, ¿vale la pena sacrificar
una torre?

l. Td7, D x d7

Resulta que aquí sí que valía la pena. a b e d e g

Ante Dh8 + + , l . . . ., g6 tampoco lo habría arreglado, debido a 2 .


D x f7 + + .

2. A x es + , . . . 6

4
Naturalmente, la típica desviación de la dama sobrecargada no iba
3
tras el peón de c5 en sí mismo, sino que pretendía el bloqueo forzo-
so de la casilla e7 que ahora se producirá. Las negras se rinden, pues,
tras cubrir e7 con cualquier pieza, habrán autobloqueado la única
escapatoria del rey y seguirá inevitablemente 3 . Dh8 + + . a b e d e g

Los temas d e bloqueo y d e desviación suelen p resenta rse, e n


l a s partidas rea les, u nidos o relacionados m uchas veces. En oca­
siones, la cas i l l a crítica e n la que se p roduce e l b l o q u e o u obs­
trucción es e l pu nto d e confl uencia d e la acción d e va rias pie­
zas. Diagonales con filas y I o con c o l u m nas se e ntrecruzan en
ella, y por cada u n a d e estas l íneas funciona u n a d efensa d i stin­
ta. En ese caso, e l sacrificio d e bloqueo puede res ulta r especial­
mente efectivo y espectacular. La pieza sacrificada cae a h í como
una bomba y c u a l q u i e r captura tiene e l i n c o nven i e nte d e blo­
quear las otras l íneas de defensa. Los m ayores sacrificios se pro­
ducen e n estos casos.

48
Curso de táctica ( VIII)

Un ej emplo de sacrificio máximo, el de la dama, para forzar un


bloqueo.
7

Posición de partida 6

Juegan las negras, que llevan dos piezas de menos . No obstante,


la precaria situación del rey de las blancas nos hace suponer que
puede haber compensación sobrada. a b e d e g h

Por el momento, todo está defendido. El alfil de c3 , duplicado en


la diagonal por su dama, defiende b4, y la torre de h2 defiende la
7
posibilidad Cc2 . La siguiente j ugada negra probablemente sorpren­
dió bastante al otro bando. 6

l . . .. , D x b4 + 2. A x b4, . . . 2 . .. . , Td2
4
Obliga a tomar A hora se produce
el bloqueo
Ocupando la casilla en la que se cruza la diagonal el-b4 con la se­
gunda fila.
a b e d e g h

Las amenazas son de mate, bien sea con a x b4, bien con Cc2 .

3. D x d2, . . . 3 . .. . , Cc2 + 4. D x c2,


Vuelve a contener ambas Desviación final de a x b4 + +
amenazas, pero... una dama sobrecargada

La sobrecarga de la dama se produj o al forzarla a obstruir su pro­


pia torre con el segundo sacrificio de las negras . a b e d e

Por fin, un nuevo ej emplo de sobrecarga de la dama, en esta oca­


sión negra, y sacrificio de la dama adversaria.

Posición d e partida

Se trata de una partida en la que las blancas eran conducidas por


el «doctor germánico » Siegbert Tarrasch . a b e d e

49

De u n ====�- PA R TIDA S
campeón
del mundo La eclosión de un
a otro joven artista
1
En 1889, Wilhelm Steinitz lleva ­ Partida j ugada en Amsterdam, 1889
ba tres años siendo el campeón
del mundo oficialmente recono-
cido (tras haber ganado el
Blancas: Lasker
1 match por el título frente a Zu­
Negras: Bauer
kertort), y había defendido ese
cetro supremo frente al ruso Mi-
jai/ Chigorín, venciendo por 10,5
1
En 1 8 89, en la ciudad holan­ que previsiblemente efectua­
a 6,5. Pero, según sus propias
cuentas, eran ya 23 los años
desa de Amsterdam, un j oven rán las n egras . Se trata de un
artista de apenas veinte años desarrollo de piezas de carác­
1 que llevaba de poseedor de la
se dio a conocer internacio­ ter eminentemente emprende­
corona, pues desde 1866 no re­
1 nalmente con brillantes pro­ dor y agresivo.
conocía a nadie que le supera­
ducciones . ¿Cuál era el arte
ra en el ajedrez. Y ese era ya,
1 ciertamen te, un largo reinado,
que ese j oven alemán, llama­ s. . . , b6
.

do Emmanuel Lasker, practi­ 6 . Cc3 , Ab7


1 más que la mayoría de sus su­
" caba? Se trataba del arte de la 7. Cf3 , Cbd7
1 cesores.
musa Caissa: en resumen, del 8 . 0-0, 0-0
Pero no estaba claro todavía
aj edrez . Y si alguien duda del
quién había de arrebatar el títu­
aspecto artístico del j uego de Efectivamente, las negras
lo al veterano ajedrecista bohe­
Lasker, la siguiente produc­ efectúan el enroque corto
mio (na tural de Praga). Bien es
ción, frente al jugador húnga­ contra el que · romperán los
cierto que su superioridad fren­
te a Chigorín a ún no se consi­
ro Bauer, bastaría para dar dos alfiles blancos, aunque
cuenta de ello: sea inmolando su propia
deraba por muchos contunden­
temente demostrada, pero es
vida.
l . f4, . . .
cierto también que habían de
1 9. Ce2, . . .
1 volver a jugar y Chigorín sería
Esta apertura con f4, combi­
derrotado de nuevo por aquel
hombrecillo. No, la alternativa no
nada con el desarrollo del al­ El caballo blanco dej a la dia­
fil dama a b2, fue practicada gonal del alfil de cuadros ne­
estaba clara. Se podría mencio­
ocasionalmente por Lasker en gros despej ada y emprende
nar tal vez al Dr. Siegbert Ta ­
su j uventud, si bien más ade­ una airosa marcha hasta cam­
rrasch, un ajedrecista germano
lante solía dar preferencia a la biarse por el caballo negro de
de notable fuerza, pero no to-
clásica e4 . f6, todo con gran elegancia.
dos estaban seguros de que el
,1
teutón pudiera llegar a las más
l . .. . , dS 9 , es
1 altas cumbres. Cierto que en ju­
2. e3, Cf6
• ...

10. Cg3, Dc7


nio de 1889 Tarrasch había ven­
1
3 . b3, e6 1 1 . CeS, C X eS
cido brillantemente en el torneo
4. Ab2, Ae7 12. A X eS, Dc6
internacional de Bresla u (acta!
S. Ad3, . . . 13. De2, a6
Wroclaw). Mas en esa misma
ciudad había sucedido algo
Lasker coloca sus dos alfiles Esta j ugada es una pérdida de
aparentemente sin gran impor-
apuntando al enroque corto tiempo que resultará ya deci-
tancia m undial: se había dispu­

F-=�=�=����=��=�·-���=�-
1 tado, simultáneamente al torneo
�·�:=�: m�� � ���� � ��-

50
FA MO SA S
siva. Ce4 resultaría muho más Sacrificio del segundo alfil ,
activa y adecuada a los proble­ artístico y novedoso.
mas .que las negras encaran ya.
17 . . . . , R x g7
14. ChS, C x hS
Si 17 . . . . , f6, 1 8 . Tf3 , De8 19.
Dh8 + , Rf7 20. Dh7, amena­
zando 21 . Ah8 , dej aría a las
negras abocadas al j aque mate.
E m m a n u e l Las ker, campeón
1 8 . Dg4 + , Rh7 del m u ndo d u rante
19. Tf3 , eS ve i ntisiete años.

Forzado para evitar el mate.


ni/, el cual fue ganado con auto­
ridad por un tal Emmanuel Las­
20. Th3 + , Dh6
ker, nacido en la Nochebuena
a e d e g h
21. Tx h6 + , R x h6
de 1868 en la ciudad de Ber/in­
22. Dd7, . . .
chen, hijo del ministro de la si­
lS. A x h7 + , . . .
nagoga local. Lasker, al haber
Atacando ambos alfiles ne­
ganado el torneo ju venil, consi­
Sin dar tiempo a que las ne­ gros, las blancas tienen ven­
guió, por así decir, su «tarjeta del
gras jueguen f5 , se comienza taj a decisiva. Lasker afirma­
circuito» y fue admitido en los
el acoso. Esta combinación, ba que se decidió por esta
torneos de adultos, de modo
además de profunda y elegan­ combinación tras haber calcu­
que ya al mes siguiente estaba
te, como la calificó el cam­ lado hasta aquí y comprobar
jugando en Amsterdam; donde
peón del mundo, tenía en ese la nueva ganancia de pieza.
venció brillantemente a Ba uer.
momento el mérito de su ori­
Steinitz escribió sobre el prome­
ginalidad , ya que el doble sa­ 22 . . . . , Af6
tedor joven: «En su feliz actua ­
crificio de los alfiles no tenía 23. D x b7, Rg7
ción . . . (del señor Lasker) no
hasta entonces precedente. 24. Tfl , Ta8-b8
cabe duda de que se oirá ha ­
2S. Dd7, Tf-d8
blar de este talentoso y joven
lS . . .. , R x h7 26. Dg4 + , Rf8
ajedrecista . »
16. D x hS + , Rg8 27. f x eS, Ag7
Tras vencer e n los grandes tor­
17. A x g7, . . . 28. e6, Tb7
neos de Londres, 1892, y Nue­
29. Dg6, f6
va York, 1893, y aplastar más
30. Tx f6 + , A x f6
que derrotar en matches a
3 1 . D x f6 + , Res
Blackburne, Go/mayo, Englisch
32. Dh8 + , Re7
y Bird, entre otros, Lasker ven­
33. Dg7 + , R x e6
ció a Steinitz en 18�4, en un
34. D x b7, Td6
match por el título mundial dis­
3S. D x a6, d4
putado en Estados Unidos. Lo
36. e x d4, c x d4
3 hizo de nuevo en el encuentro
37. h4, d3
de desquite celebrado en Mos­
38. D x d3, . . .
cú en 1896, ina ugurando así el
más largo reinado de la historia,
a e d e g h Las negras se rindieron.
que se prolongaría hasta 1921:
veintisiete años por tanto de
campeón m undial indiscutible.

51
Curso de táctica ( VIII)

Las blancas j uegan. Las negras defienden c5 con la torre de c8 y


8
b7 con la dama.
7

l . Ac7, . . . l . . . . , Tx c7 2 . Db7 + , Tx b7
Ésta era la casilla para Si J. .. , D x c7 sigue
. 3. Tx cS + +
la obstrucción 2. Tx c5 +, D x c5
4
3. Db 7+, R x a5 4. Tal + + .
3

Recordemos: ningún sacrificio es desmesurado cuando el obj etivo


es el rey. a b e d e g

Combi naciones de atracción o encami namiento

Comencemos por el encaminamiento de piezas contrarias. Este tipo


de combinaciones tiene bastantes puntos en común con el citado
anteriormente.
Se caracterizan por estar basadas en obligar a una pieza contra-
ria a dirigirse a un cuadro desfavorable. Un caso típico lo constitu-
yen aquellas en las cuales el rey es atraído al cuadro donde va a mo-
rir víctima del ataque contrario. Naturalmente, el método más eficaz
de atracción suele ser el sacrificio de piezas, cuya captura resulta
« envenenada» .

Iniciemos el tema con una coronación de peón en dama.

Posición de partida

3
Juegan las blancas . Quieren coronar su peón, pero contra l . h7 ,
2
las negras lo evitarían descubriendo su alfil por medio de l . . . . e4,
como es evidente. Empezar con l . Rd3 , no impide que se j uegue
l . . . . , e4 + . a b e d e g

Las blancas piensan que si el alfil negro o el peón hubieran estado


8
en d4, en vez de en al o e5 , entonces Rd3 sería una j ugada decisiva.
7
De modo que deciden « atraen> a una de las piezas negras al cuadro
fatídico: 6

5
l. Ad4 ! , . . .
4

2
El dilema de las negras ahora es irresoluble. Si toman con el peón
(l . . . . , e x d4) , éste queda bloqueado tras 2. Rd3 , y nada puede evi-
tar que el peón blanco llegue a h8 . a e e g

52
Curso de táctica (VIII)

Pero tomar con el alfil no les resuelve la papeleta.


8

l . . . . , A x d4 7

2. Rd3, Aal 6

3. Re4, . . . 5

Con este bloqueo de peón se decide la suerte de la partida. La pro­


moción del peón «h» a dama será inevitable. · a b e d e g h

Veamos una partida en la que están presentes la clavada, el ataque


doble y el j aque a la descubierta ...

Posición de partida 6

2
Las blancas tienen una posición predominante de ataque, pero, si
no se apresuran a hacerla fructificar, las negras serían capaces de
organizar su defensa . a b e d e g h

Conciben u n plan basado e n l a atracción de u n a pieza contraria


a una casilla indefensa.

l. h4, ... 6

3
Aparentemente, es el método habitual de explotar una clavada, en
2
este caso la que la dama blanca efectúa sobre el caballo de g6. Se
amenaza h5 , atacando la pieza clavada con otra de menor valor,
para forzar un cambio ventaj oso. a b

Las negras pensaron que las blancas habían pasado por alto un de-
talle. ¿Acaso la dama negra no clava también el caballo blanco de
f5 a su dama? Siendo así, el peón de h4 no tiene defensa eficaz .
6

l . . . . , A x h4 5

Creyendo que las blancas se han equivocado, pues a 2 . c X h4 se-


3
guiría D x g4 . Pero en realidad las blancas habían visto mucho más
2
lej os . Pretendían atraer al alfil negro a h4 precisamente, para que
no estuviera tan defendido como lo estaba en d8 y la j ugada Ag5
le supusiera un peligro real . a b e d e

53
Curso de táctica ( VIII)

Prosigue el estudiado plan de las blancas .

2. AgS, . . .
6

3
Ahora las negras se dan cuenta de que, además de A x h4, las blan­
2
cas proyectan otra amenaza: al liberar la casilla h6 para el caballo,
plantean la posibilidad de j ugar Ch6 + , que descubre el ataque de
la dama blanca sobre la indefensa dama negra. a b e d e
Curso de táctica (VIII)

Lo único que hace falta para dar estos mates brillantes es conocer
la idea, tener memoria, imaginación y valor.

El tem a d e atracción o encaminamiento de p i eza es eje rcido a


m e n u d o sobre el rey contrario, que es l l evado a u n a cas i l l a peli­
g rosa , por me dio d e sacrificios de piezas q u e d e b e n ser captu­
radas por el propio rey, para una vez allí rec i b i r m ate.

Sacrificios y combi naciones en ataque « rayos X»

Llamaremos ataque «rayos X» al ataque (o defensa) a una figura


«a través» de otra, lo que también puede denominarse, sencillamente,
ataque atravesando una pieza (en el caso más típico, atravesando
al rey) . Un ej emplo nos lo dej ará más claro. 6

5
Posición de partida
4

Juegan las blancas . Este final permite un aprovechamiento caracte-


rístico del peón de ventaj a, que ganará la torre negra, la cual será
obj eto de un ataque «rayos X» atravesando su rey. a b e d e g h

Parece que la torre blanca no deba moverse, ya que, cuando lo haga,


8
su enemiga negra capturará el avanzado peón . Así las cosas, pese
al peón de ventaj a, la partida muy bien podría ser tablas . No obs-
tante, la torre blanca decide moverse y permitir que le capturen el 6

peligroso peón: 5

4
l. Th8, Tx a7
3

De lo contrario, este peón habría coronado, costando de todas ma-


neras la torre. a b e d e g h

Las blancas prosiguen implacables :

2. Th7 + , Re6
3. Tx a7, ...
5

2
El ataque a través del rey negro protegía indirectamente el peón.
Con rey y torre contra rey la victoria es trivial , como ya sabemos.
Por lo tanto, las negras se rindieron. a b e d e g

55
Curso de táctica ( VIII)

Mostraremos un nuevo y último ej emplo de esta interesante moda­


8
lidad de ataque.
7

Posición de partida 6

2
En esta posición, las blancas llevan un caballo de menos, pero les
toca j ugar y observan de inmediato la posibilidad de efectuar un
ataque «rayos X» a la dama negra a través del rey. a b e d e

Este ataque no es posible en la primera j ugada, pues el rey captura­


8
ría la dama blanca, pero sí mediante una combinación de dos j uga­
7
das, para la que, esta vez, no se precisa ningún sacrificio :
6

l . Ces + , Re6 2. Dg S + , 5
Forzada
4

3
Cuando el rey mueva, la dama blanca tomará la negra. Estando el
2
rey escaso de protección y habiendo alguna pieza importante inde­
fensa, es característico que exista este tema táctico para permitir la
ganancia de la pieza. a b e d e

RESU M EN : u n idad 17

O Se h a n estudiado en esta u n i d a d n u evos temas tácticos q u e j u stifican


en m u c h a s ocasiones los sacrificios aparentes de material y
combinaciones forzadas. Fundamentalmente, son tres tipos de temas:

• Bloq ueo u obstrucción de d efensa, basado e n i nterru m p i r, m e d iante la colocación


forzad a de una p i eza pro p i a o contraria e n l a cas i l l a crítica, una l ínea d e d efensa
precisa para evitar un mate o pel i g ro m ayor. Se com b i n a a m e n udo con la
desv i ac i ó n u otros tem as tácti cos. E n ocas i o n es se trata de un doble o m ú lt i p l e
bloq ueo al obstru i r u n a cas i l l a e n l a q u e se cruzan varias l ín eas úti l es para l a
defensa.
• Atracción o e n cam i n am i e nto de u n a p i eza, consistente e n forzar, u s u a l m e nte
mediante sacrificios, a u n a p i eza adversaria, por ej e m p l o el rey, a ocu par u n a
cas i l l a crítica, donde reci be m ate o perm ite e l aprovecham i e nto de u n a situación
de i nd efe n s i ó n o clavada .
• « Rayos X » o ataq u e a través, q u e rad ica e n efectuar u n ataq u e a u n a p i eza
i m portante q u e fuerza la capt u ra de otra situada detrás por la m is m a l ínea del
ataq ue, siendo ésta de g ran valor tam b i é n o i n defe nsa. La situac i ó n propicia para
este t i po d e ataq u e p u ede forzarse i g u a l m e nte por atracci ó n u otros tem as tácticos

56
EJ E R C I C I OS 17

Ejemplo 1 peones, consi ga la victo ria? La Ejemplo 2


respuesta es sí, por i n c reíble
q u e parezca.
1 . Ta6 + , b x a6 (forzad a, como
l as que seg u i rán) 2. b6 + , Ras
3. b7+ , Ra7 4. b 8 = D + +

a b e d e g h a b e d e g h

J u ega n b l a ncas. J u eg a n neg ras

Apare ntem e nte tienen u n a g ran Anal izando la posición , l a


a b e d e g h
desventaj a de m aterial s i n p r i m era tentaci ó n es dar j aq u e
pos i b i l id ades de resarc i rse. i n m ed i atam ente (Ta1 ) al rey
Pueden dar j aq ue con 1 . b6, b l anco, pero éste se puede
pero eso es bastante i n ofensivo, m ove r e n ese caso a b2,
p u es el rey negro d i spone de la atacando s i m u ltáneamente al
casi l l a a6 para reti rarse. caba l l o y a l a torre. E nton ces
N at u ra l m ente, s i la casi l l a a6 h ay u n a pos i b i l idad de ataq u e
estuviera bloq u eada y el rey doble con Ca4, pero u n peón
negro no p u d i e ra escapar por b l anco e n b3 vig i l a dicha
e l l a , d i c h o j aq u e sería a ú n casi l l a . Por cierto, ese peó n , e n
m u c h o m ás fuerte. Las blancas l a posición de partida, está
pueden com b i nar la apert u ra de c l avado por la torre a la dama
l íneas (de l a col u m n a « b» , por l a b l anca. Tomando esa idea
q u e e l p e ó n avanza) con el i n icial y com b i nándola con el
autob loq u eo negro d e a6, te m a de atracción del rey
forzado mediante un sacrificio. b l anco a u n a cas i l l a
M as, ¿q u é se va a sacrificar? desfavo rab le, c o n pocas
Solamente h ay u n a torre reti radas, s u rge l a com b i n ación :
d ispo n i ble, pero, s i se sacrifica, 1 . . . , Ca4, amenazando Ta1
.

¿podemos pensar q ue u n solo m ate y espec u l ando con la


peó n , e nfrentado a dama y dos captu ra de la da m a blanca s i el
.
peón to m a el cabal l o. Y s i 2.
R x a4, e ntonces Ta1 sigue
siendo m ate, ya q ue, desde ah í,
el rey b l anco no d ispone de la
ret i rada Rb2.

57
EJ E R C I C I OS 17

Problema 1 Problema 2 Problema 3

8 8

7 7

6 6

3 3

2 2

a b e d e a e d e g h a b e d e g

J u egan b l ancas. J u e gan neg ras. J uegan n eg ras.

I n mediatame nte s u rge la idea Es evide nte q u e d isponen de S u ve ntaj a d e posición exige u n
de tomar con l a dama el peón ve ntaj a y espec i a l m e nte l l ama pronto re m ate. U n a pos i b i l idad
de g6, lo cual constitui ría un la atención e l peón de d 2 , d e l q u e a p r i m era vista s u rge es 1 .
j aq ue m uy fuerte, con ataq ue q ue parece q u e s e pod ría sacar . . . , A x c5 + , pero tomando e l alfi l
s i m u ltáneo ade m ás a l as dos partido. Pero ese peón está con la torre l as blancas parece
torres neg ras. Pero e l l o n o atacado por u n a torre b l anca, si q u e no te m e n n i n g ú n mal . E l
res u lta v i a b l e i n m ediatam ente, b i e n la torre está atacad a por la cabal lo, desde l uego, está
pues existe l a dama negra e n dama negra, a u n q u e defendida, clavado por ese m ismo alfi l ,
b 6 , q u e c u b re a l peó n . H ay u n a su vez , por la dama b l anca. pero e l mate D x b 3 está
modo, no obstante, de obstru i r La cl ave es obstru i r esta ú l t i m a c u b i e rto por la dama b l anca, la
esa defensa. E l m étodo defensa, c o n el t i po d e j ugada cual p rotege tam b i é n a su
req u i e re un sacrificio, como de m áxi m a cont u n d e n c i a q u e caballo. Dicha defensa es frág i l ,
suele suceder, pero será pos i b l e existe. evidente m ente, pero además se
resarci rse sobradame nte. p u ede obstru i r, y esa es la clave
de la victoria negra.
EJ E RC I C I OS 17

Problema 4 Problema 5 Problema 6

8 8

6 6

5 5

4 4

2 2

a e e g a e e g

J uegan n e g ras J uegan b l a n cas J u ega n b l ancas

El bando negro tien e ve ntaja La dama d ispond ría de j ugad as Tienen un ataq u e « rayos X» a
debido a s u s dos peones m uy como Df6 o D x d8, q u e ade m ás la dama negra con 1 . D h7 + , y el
avanzados. Están am bos l l evarían al m ate, d e no ser por alfi l de b2 i m pide q u e l as
controlados, por s u p u esto, al l a prese ncia de l a dama negra neg ras c u b ran con Ag7. Pero 1 .
menos de mome nto, para q u e q u e l as defi e n d e : l a pri m era, . . . , Re6 resolvería l a papeleta a
no p u e d a n p romocion arse a por l a d i agonal ; l a seg u nda, por l as negras, p ues e l rey c u b ri ría
dama, pero es d i gno de l a co l u m n a. Por cierto, que l a a su dama. H ay un modo m ej o r
observar q u e l as l íneas c7-h2, d i agonal y l a col u m n a citada s e de e m pezar para h acer valer
por donde e l alfil contien e a cruzan , a s í q ue y a podemos ese ataq ue. E l te m a de l a
u no, y l a col u m n a «d» , por tener l a cas i l l a crítica para l a clavad a tam b i é n tiene q u e ve r
donde l a torre observa al otro, i nterferencia. S i se a ñ a d e q u e en el lo.
se cruzan en u n a cas i l l a crítica. l a j ugad a d e obstrucción
Con e l conoci m i e nto d e l te m a además ataca a l a dama
del b loq u eo, se p u e d e encontrar negra e i m p ide e l jaque Dd1 ,
l a manera de coro n ar e l peón se te n d rá real izado ya s u
sin d e m as i ados esfuerzos. retrato-robot .
SO LU C I O N E S 17

Solución 1 Solución 2 Solución 4

1 . . , Ad6, b l oq ueo e n la
. .

8
cas i l l a crítica. Ahora l as blancas
7 sólo pueden eleg i r entre 2 .
6 A x d6, d1 = D y 2 . Tx d 6, h 2 , tras
5
lo cual la torre no puede
contro l ar al mismo t i e m po a los
4
dos peones e n l a f i l a 2.
3
Tam poco existen j aq ues ni
n i n g u na otra j ugada q ue pueda
resolver sus m ales y ten d rán
a b e d e g
que ver aparecer sobre el
tab lero una n u eva dama negra.

1 . Td6, . . . b l oq u eo d e l a f i l a 6. 1 . . . . , Cf3 + obstruyendo la


1 . . . , A x d6 2. D x g6 + , Rf8
. defensa de l a torre. Tras 2 . Solución 5
(ta m b i é n contra 2 . . . . , R h8, g x f3, D x d1 + 3 . Rf2 , De1 + ,
entre otras j ugad as, p u ede valer el peón negro podrá coronar
l i b re m e nte. 8
s i m plemente 3. Tx d6) 3. Tx d 6,

6
Solución 3
5

4
1. . . . , d4.
La dama blanca es
obstru ida en s u defensa del
cabal l o d e c5 y sobre todo 2
desvi ada de l a d efensa del
m ate e n b3 (recorde mos q u e el
a b e d e g
caba l l o n o defiende nada por
estar c l avado) . Las blancas
1 . Td S, b l o q u eo de l a defe nsa
a b e d e
deben rend i rse.
g por l a dama de d8 o bien de su
d efensa d e f6. Sea cual sea su
y, ante todas las amenazas capt u ra, las neg ras van a rec i b i r
(D x f5 + , Tx b é, A h 6 + etcétera) , m ate : 1 . . . . , D x d5 2 . Df6 + + ; o
l as negras se r i n d i e ro n . 1 . . . . , e x d5 2 . D x d8 + + ; o b i e n
1 . . . . , Tx d5 2 . Df8 + + .

Solución 6

1 . Tc7, ganando la dama, p u es,


a b e d e g h
s i ésta capt u ra l a torre, seg u i rá
Ahora s i g u e 2 . D x d4, D x b3 + + . 2 . D h7 + , y e l rey negro ya no
podrá defender a su dama.
UNIDAD 18
.

En esta unidad , también dedicada a los aspectos


tácticos del aj edrez, se estudiarán ej emplos de
combinaciones relacionadas con la promoción de un
peón, y otras de valor defensivo. Entre éstas, destacan
por su originalidad las que tienen como obj etivo la O Curso de táctica (IX)
consecución de una posición de ahogado. • Co m b i n aciones para
promover u n peón
• Co m b i n aciones de
ahogado
• Com b i n aciones
defensivas
O Partidas famosas
• Perder la cabe l l e ra .
Berl ín , 1 881
O Ejercicios
• Ej em plos y
p rob lemas
O Soluciones
Curso de táctica (IX)
Combi naciones para promover u n peón

Ya sabemos que la promoción de un peón en dama u otra pieza fuerte


es una de las armas más valiosas de que dispone un j ugador. En
general, la posibilidad de coronar -como se dice en lenguaj e
aj edrecístico- u n peón aparece en l a fase final d e la partida; pero
como excepción (bastante frecuente) se da también en pleno medio 8
j uego, e incluso en la apertura . En estos casos la promoción apare­
7
ce ligada a la acción de otras piezas, y constituye una categoría par­
ticular de combinación. 6

En la posición del diagrama j uegan las blancas; uno de sus peo­


nes ha avanzado osadamente hasta la séptima línea y amenaza con­ 4
vertirse en dama, pero la casilla de promoción está controlada por
3
el caballo negro. Además, en la propia audacia puede estar su debi­
2
lidad, pues ha quedado aislado de sus restantes fuerzas, y el bando
defensor amenaza 1 . . . . Rf7 , capturándolo, después de lo cual la
posibilidad de victoria de las blancas se esfumaría. a b e d e

El bando que tiene la inciativa dispone de una sencilla maniobra


de alfil que permite la coronación:

l . Ac4 + , Rh8 6

Ahora que ha sido alej ado el rey negro, todo queda claro. a b e d e

Las negras, por supuesto, no podían capturar el alfil con su caba­


llo, pues habría seguido 2. e8 D + + .
=

2. AbS

3
El peón convierte su alfil en invulnerable, y éste apoya ahora la ca­
2
silla de coronación; la próxima j ugada blanca será 3 . e8 D + , y
=

después de 3 . . . . , C x e8 4 . A x e8 el bando que tiene la iniciativa


quedará con pieza de ventaj a y la victoria asegurada, salvo accidente. a b e d e

62
Curso de táctica (IX)

El ej emplo anterior es muy sencillo, y tiene un valor básicamente


introductorio al tema. El siguiente resulta más refinado.

Posición de partida

Las blancas, a quienes corresponde el turno de j ugar, tienen una


pieza de menos . a b e d e 9 h

Los peligrosos peones avanzados - y l a iniciativa- compensan am­


pliamente esta desventaj a y les permiten obtener la victoria:

l . Tx g4 ! , ...

Esto evita la amenaza Cf2 + + de que disponían las negras . a b e d e 9 h

Además se alej a la torre negra del control de la casilla de corona­


8
ción del peón avanzado de «e».

l . .. . , Tx g4 6

2. e7, Tg8 5
3. Td8, . . .
4

3
Y todo ha terminado; si 3 . . . . , Tx d8 4 . e x d8 = D + ; contra cual­
quier otra j ugada sigue 4. Tg8 + , Rg8 5 . e8 = D. Esta posición de
la torre defendida por el peón de séptima y apoyando la promo­
ción del mismo es clásica, de modo que el lector debe poner en ella e d e 9 h

toda su atención.
Veamos otro ej emplo:

Posición de partida

Juegan las blancas; su peón de séptima parece peligroso (y lo es) ,


3
pero las negras amenazan capturarlo inmediatamente. La posibili­
dad de apoyar su coronación con 1 . Td8 + parece fracasar después
de l. . . . , Tx dS 2. c x d8 = D + Rxd8 y el bando blanco ha perdido
su peón. a b e d e 9 h

63
Curso de táctica (IX)

¿Cómo ganar ? Si tratamos de alej ar el rey negro por medio del sa-
8
crificio de una torre

l. Tf8 + , R x f8 6

2. Td8 + , . . . 5

logramos dar el j aque que queríamos en mej ores condiciones; si 2 .


. . . , Tx d8 2 . c x d8 = D + , ganando. a b e d e g h

Pero las negras disponen de una excelente defensa:


8

2 . .. . , Te8 !
6

Ambas torres se defienden entre sí, y el plan de las blancas ha fra-


casado totalmente; con una torre de menos, tienen que abandonar. a b e d e g

Sin embargo, sí hay un procedimiento ganador a partir de la posi-


8
ción inicial; en aj edrez el axioma matemático que afirma que el or-
den de los factores no altera el producto no rige, como se verá:
6

l. Td8 + ! , Tx d8 2. Tf8 + !, R x f8 5
A hora, no 2. c x d8 = D?; 2. ..., Rd7, por
4
ha llegado el momen to supuesto,
de alejar el rey n o soluciona nada 3

3. c x d8 = D +

Y las blancas ganan. a b e d e g

Una de las formas principales de coronar un peón se basa en la des-


8
viación de la pieza que defiende la casilla de coronación . El ej em-
7
plo siguiente es elemental, pero ilustrativo :
6

Posición de partida

3
Juegan las blancas; han logrado avanzar un peón hasta la séptima
2
línea, pero las negras controlan la casilla de coronación con su to-
rre. Si tratan de apoyar la promoción con l. Td8 el peón queda in-
defensa y es capturado inmediatamente. a b e d e g h

64
Curso de táctica (IX)

La aproximación del rey para apoyar su peón es muy lenta, pues


8
las negras capturan el peón de b2 y avanzan su peón de a5 , creando
7
a su vez la amenaza de coronar. Las blancas disponen, sin embar-
go, de una elegante j ugada que asegura el cambio de rango del peón: 6

l . Td6 + ! , . . . l . .. . , T x d6
4
Y la torre negra se ve 2. b 8 = D
obligada a abandonar la 3

casilla decisiva 2

Con victoria para el bando blanco. a b e e g

El siguiente caso es también, pese a su sencillez, de gran importan-


8
cia, pues introduce un recurso sierppre latente en los finales de to-
7
rres y peones.
6

Posición de partida 5

Juegan las negras, que no pueden retirar su torre, pues las blancas
coronarían su peón. a b e d e g h

Si l . . . . , Tb 8 el blanco logra la victoria, si las negras se empeñan


en avanzar su peón j ugando 2. Rg5 , bl =D 3 . Tx bl , Tx bl 4. h8 = D.
Pero desviando la pieza que defiende la casilla de coronación de
su peón las negras obtienen la victoria:
5
l . .. . , Tx h7 !
4
A hora, si 2. Tx h 7, bl = D
3
2 . Tbl, Rc3
2

Y las negras coronan su peón. a b e d e g h

El tema de desviación es muy rico, y da lugar a combinaciones be-


Has y a veces bastante complej as; veamos algunos casos:

Posición d e partida
5

3
Juegan las negras; la j ugada l. . . . , D x e6 2 . Tx e6, d2 3 . Td6 no
logra nada concreto; pero una mirada más profunda permite apre-
ciar que la torre debe defender a la vez la coronación del peón y
su dama (o sea, está « sobrecargada») . a b e d e g h

65
Curso de táctica (IX)

Una vez que se ve también que al avanzar su peón las negras ame-
8
nazan tomar la torre con mate, y que no deben por consiguiente
7
preocuparse por su dama, no es difícil encontrar el procedimiento
ganador: 6

5
l . .. . , d2 !
4

3
Sencillo e inmediatamente decisivo. Si 2 . Te2, dl = D + ; si 2 . D x d7 ,
d x el = D + + ; y si 2 . Tdl, D x e6. En este caso la desviación aparece
ligada a otros temas, como la dama indefensa o el mate en la pri-
mera línea; pero el ej emplo sigue siendo sencillo. a b e d e g

Más complej o y hermoso es el siguiente ej emplo.

Posición de partida
6

2
Juegan las blancas; el intento de coronar el peón por medio de l .
Db 8 + , Rd7 fracasa, pues el j aque en d 8 está controlado por el
caballo. a b e d e g h

El procedimiento que lleva a la victoria se basa en una elegante


8
desviación:

l . DbS ! ! , ... 6

4
La dama clava a su homónima negra y amenaza tomarla o coronar
3
directamente; al capturarla, la dama negra debe abandonar la casi-
2
lla de coronación. Por otro lado, defender la dama con l . . . . , Rd7
no funciona, porque 2. D x c6 + obliga al rey a dej ar de defender
la casilla crítica. a b e d e g h

¿ Significa esto alguna ventaj a concreta para las blancas ? Sacrifi-


8
can una dama para obtener otra:

l . .. . D x bS 2 . .. . , Rf7 6

2. c8 = D + , . . . 3. D x e6 ! ! + , R x e6 5
A hora las negras n o 4. Cc7 +
4
pueden cubrirse con su
caballo, pues permitirían 3

3. Cc7 + doble 2

Ganando la dama y quedando con pieza de ventaj a. a b e d e g

66
Curso de táctica (IX)

A veces, para coronar un peón, el elemento defensor no puede ser


8
desviado, pero sí eliminado; un ej emplo sencillo es el siguiente:
7

Posición de partida
5

Juegan las blancas : el peón se corona fácilmente por un procedi­


miento expeditivo. a b e d e g h

¿ Impide la torre que corone? Pues eliminamo s la torre:

l . D x c8 !
l. . . . , C x c8
2. d7

La doble amenaza del peón es irresistible; si las negras defienden


la coronación directa con 2 . . . . , Dd4 o Dd2, sigue 3 . d x c8 = D + ;
y si se retira el caballo o se pretende defenderlo con 2 . . . . , Dc3 , si­
gue 3 . d8 = D + . a b e d e

A veces, la eliminación persigue el obj etivo de coronar un peón ale­


8
j ado, que se convierte en inalcanzable. Veamos un ej emplo:
7

Posición de partida 6

Juegan las blancas; tienen ventaj a material y posiblemente ganen


la partida con un j uego correcto. a b e d e g h

Sin embargo, disponen de un recurso contundente:

l . D x dS ! , c x dS
2. a6

Y el peón corona, pues el alfil no llega a controlar la casilla negra


por la que debe pasar (a7). La brutal eliminación de la pieza que
podía detenerle ha vuelto a ser suficiente.

67
Curso de táctica (IX)

El siguiente caso es de frecuente aplicación en partida viva, por lo


que merece especial atención:

Posición de partida

Juegan las negras; el peón avanzado de g3 y la falta de desarrollo


de las blancas les permiten introducir una combinación ganadora. a b e d e g h

La j ugada contundente para proporcionar camino libre a su peón


avanzado:

l . .. . , D x h2 !
2 . Tx h2, g x h2

y el peón corona inevitablemente. Este sacrificio transitorio de la


dama por el peón de torre para colocar un peón propio en séptima,
con coronación inevitable, es, como se ha señalado, temático, y se
produce con cierta frecuencia, incluso en plena apertura. a b e d e g

A veces la coronación del peón se consigue por el procedimiento


de forzar al adversario a colocar una pieza propia entre la fuerza
defensora y la casilla de coronación. Veamos un ej emplo de cómo
puede aplicarse este recurso.

Posición de partida

En el diagrama j uegan las blancas, que tienen una torre de menos,


pero dos peligrosos peones pasados . a b e d e g

E l procedimiento parece claro: atacar e l caballo clavado d e f6, cap-


turar la torre de h8 con el alfil y baj ar la propia torre a f8 para pro-
teger la coronación del peón. Veamos :

l . Tfl, Ch7
Lo mejor, pues l. , Cg4 sería contestada
...

por 2. A x h8, Tx h8 3. Tf8, ganando


2. A x h8 , T x h8

Ahora el caballo defiende la entrada de la torre en f8 ; los peones


parecen controlados y las negras conservan un caballo de ventaj a. a b e d e g h

68
Curso de táctica (IX)

Pero aquí aparece el recurso de obstrucción de que hablábamos:

3 . Tf8 ! , . . .

¡A pesar de todo ! Si las negras capturan esta torre con su caballo,


obstruyen la acción defensiva de su propia torre; el blanco no j uga­
ría, entonces, 3 . . . . , C x f8 4. e x f8 , Tx f8 , sino 3 . . . . , C x f8 4 .
e8 D + , ganando.
= a b e d e g h

Las negras se ven forzadas a tomar la torre adversaria con su pro­


pia torre, y pierden:

3 . .. . , Tx f8 S . .. . , Rf7
4. exf8 = D, C x f8 6. e x f8 = D + , R x f8
S. e7 ! , . . . 7. Rdl
El peón supervivien te
cuesta la pieza

Con final fácilmente ganado. a b e d e g h

A veces el recurso de coronar un peón se basa en un j aque o ataque


8
a la descubierta; al avanzar a la séptima u o ctava casillas, el peón
descubre, en ocasiones, la acción de una de sus piezas, que da j a-
que o ataca un obj etivo fundamental del enemigo; éste debe hacer 6

frente a dicha amenaza, lo que el peón aprovecha para coronar. Vea- 5


mos un ej emplo: 4

3
Posición de partida
2

Juegan las blancas . a b e d e g h

El peón de d6, aparentemente bien bloqueado, se corona en dos ju-


gadas gracias a un j aque a la descubierta.

l. D x e6 ! 6

Removiendo la pieza que bloqueaba e l peón 5


l . ... , D x e6
4
2. d7 + a la descubierta

Las blancas coronan en la j ugada siguiente y quedan con pieza de


ventaj a . a b e d e g h

69
Joseph Henry
Blackburne, un
PA R TIDA S
jugador de Perder la cabellera
ataque
Partida j ugada en Berlín, 1881
Este gran maestro británico fue
uno de los mejores jugadores
que tuvo el siglo XIX y el que si- Blancas: Blackburne
guió obteniendo éxitos hasta Negras: Schwarz
una edad más tardía. Nació el
10 de diciembre de 184 1. No
Joseph Blackburne era un ju­ plo, cuadraría mej or con di­
aprendió a jugar hasta los die­
cinueve años, motivo tal vez
gador eminentemente de ata­ cho estilo. Pero conviene re­
por el cual le faltó algo de in­
que. Su divisa, ir a por el cue­ cordar que estamos en 1 8 8 1 ,
tuición estratégica para llegar
ro cabelludo del rey contrario. l a teoría d e l a defensa france­
a la máxima cumbre, pero fue,
Si para conseguirlo había que sa apenas se halla en sus pri­
eso sí, un táctico peligrosísimo
sacrificar la dama y un par de meros balbuceos y el citado
Y. espectacular, que buscaba
piezas más, ello se hacía sin sacrificio no es conocido.
siempre la belleza en la victo­
ninguna clase de problema, Ante una apertura entonces
obviamente. poco habitual, Blackburne
ria. Le desagradaban los jue­
gos de tipo defenisvo y siem­
En esta partida el rival adopta una política de desa­
plantea la defensa francesa. rrollo natural, sin excesivas
pre lanzaba sus fuerzas al
ataque complicaciones .
l. e 4 , e 6
A los 27 años, cuando ganó su
2. d 4 , dS 4 . .. . , e x dS
primer campeonato británico,
3. Cc3 , Cf6 5. Cf3, Ad6
Blackburne ya era un respeta­
4. e x dS , . . . 6. Ad3 , c6
do ajedrecista profesional, con
éxitos en su palmarés. Poste­ 7. 0-0, 0-0
8. Ce2, . . .
riormente, compartió con Stei­
nitz el primer lugar del torneo
de Viena de 1873, quedó cam­
peón en Berlín 1881, delante de
Paulsen, Chigorín y Zukertort,
entre otros, y segundo en Man­
chester, 1890, detrás de Ta­
rrasch. Se clasificó asimismo
entre los seis primeros en la
gran mayoría de torneos en los
que participó, siempre entre la
élite mundial del momento. Fue
É sta no es la j ugada que apa­
considerado el mejor jugador
de Gran Bretaña durante mu­
rentemente se podría esperar
chos años y aún realizó la
de un j ugador de estilo agre­
proeza de ganar por última vez
sivo como Blackburne. El sa­ Este caballo, así como en ge­
el campeonato británico en
crificio de peón 4. Ag5 , Ae7 neral el conj unto de las pie­
1914, a los setenta y dos años
5 . e5 , Cf-d7 6. h4 , por ej em- zas blancas, se dirigirán al
de edad, erigiéndose en un no­ flanco de rey, para orquestar
tabilísimo ejemplo de longevi­ allí su iniciativa.
dad ajedrecística. Falleció
---· Blackburne el 1 .º de septiem­
bre de 1924.
70
La i n iciación tard ía al ajed rez
El ajedrez, como la música, da a menudo el fenómeno de los
niños prodigio. También se produce el caso de muchos
campeones que a los seis o siete años han despuntado como
8. ...1 Ag4
poseedores de prometedoras cualidades y han eclosionado
9. Cg3, Dc7
sobre los catorce o quince, siendo más bien «muchachos
10. Ae3 , Cb-d7
prodigio» que niños. Pero, ¿puede un jugador que, como
11. Dd2, ... Tf-e8
Blackburne, aprende a jugar a los 19 años, llegar a campeón
12. Ta-el , Ce4
del mundo? Difícilmente, si bien, como el propio Blackburne
13. Del, . . .
demostró, puede llegar a ser un fuerte maestro. Según muchos
psicólogos han establecido, el niño que, como Capablanca,
Ahora las negras disponen de aprende a hablar y a jugar a ajedrez casi simultáneamente,
una serie de cambios con los tiene una facilidad totalmente natural para el juego que, además
que se gana un peón. Pero de hacerle estar muy familiarizado con los conceptos básicos de
Blackburne, que ya lo había su estrategia de manera casi instintiva, le lleva a no equivocarse
previsto, no tuvo inconvenien­ apenas, como producto de esa facilidad (se entiende que
te en sacrificarlo para abrir hablamos de errores claros, no de pequeñas imprecisiones de
columnas en las que sus torres las que ningún humano está libre). Quienes aprenden a jugar al
pudieran crear amenazas a su ajedrez más tarde, a unque pueden llegar a hacerlo muy bien,
vez contra el rey contrario. en la competición están mucho más acechados por ese
enemigo fantasmagórico que siempre se halla agazapado Y
13 . . . . , A x f3
dispuesto a manifestarse: el llamado error humano.
14. g x f3 , C x g3
15. h x g3 , A x g3 m ayor espontaneid ad el
B l ackb urne apre n d i ó a j ugar
16. Rg2, Ad6 al aj ed rez re l ativame nte tard e : j ugador que apre n d i ó a
17. Thl, Cf8 a l o s 1 9 años. S u e l e alcanzar te m pran a edad .
18. Th3, g6
19. Te-hl, Ta-d8
20. Ag5, Td7
21. c4, d x c4
22. A x c4, h5
23. Th4, b 5
2 4 . Ab3 , Ce6
25. Af6, Cf4 +
26. D x f4, . . .

Probablemente una sorpresa


para Schwarz, y por cierto de­
sagradable.

26 . .. . , A x f4
27. Tx h5, g x h5
28. Tx h5,

Y el mate con Th8 es inevi­


table.
Las negras abandonan, pues
su rey pierde la cabellera.

71
Curso de táctica (IX)

Cuando u n o d e los bandos ha l o g rado lleva r u n o d e sus peones


a u n a cas i l l a avanzada d e l campo adve rsa rio, espec i a l m e nte las
de la séptima línea, e l conductor del m ismo debe considerar con
todo dete r m i n a m i ento las posi b i l i d ades efectivas d e q u e d i spo­
n e para transfo r m a r ese peón en otra pieza m ayo r, coronándo·
lo. La acción d e sus restantes piezas es, e n estos casos, de la
m ayo r i m po rta n c i a ; por medio de l a acción coord i nada d e éstas
podrá encontra r, proba b l e m e nte, un recu rso ganador.

Combi naciones de ahogado

En la unidad 2 de este curso se introduj o el concepto de « ahoga­


do», o tablas reglamentarias por imposibilidad de efectuar un mo­
vimiento. Se comentaron, además, algunos ej emplos sencnios, si­
milares a éste:

Posición de partida

Las blancas se preparan muy felices para dar mate al adversario;


pero éste, que tiene la mano, les arruina la fiesta. a b e d e g

La j ugada es así de sencilla:

l . .. . , Th6 + !
2. R x h6
5

Y la partida se declara tablas por ahogado del rey negro. a b e d e g

En partida viva, el tema del ahogado aparece especialmente en el


final de la misma, y sólo en casos muy especiales se da en el medio
j uego o con muchas piezas en el tablero. Las combinaciones que
persiguen el tema de ahogado pertenecen a la categoría más gene­
ral de combinaciones defensivas, pero por su importancia, aquí se
estudian particularmente. Veamos otro ej emplo:

Posición d e partida

Este caso parece más complej o que el anterior. a b e d e g h

72
Curso de táctica (IX)

El negro, con material de menos, a primera vista está perdido; pero


encuentra salvación en una sencilla combinación de ahogado:

l . . . . , Tx f4 !
2. g X f4, Df7 !

El rey negro queda también aquí ahogado. a b e d e g h

Una de las sorpresas más desagradables que un j ugador de aj edrez


puede experimentar es la de ver cómo se le complica una posición
ganada por la posibilidad de un ahogado. Veamos lo que ocurre
en el siguiente caso.

Posición de partida

En la posición del diagrama las blancas, que tienen la mano, dis­


ponen de una posición claramente ganadora. a b e d e g h

No obstante, j ugaron su torre inconscientemente, confiando en el


rápido avance de su peón de a5; pero les esperaba una desagrada­
ble sorpresa:

l . Ta8 ?, Tf3 + !

Tarde advierte el blanco que si ahora 2 . R x f3 el negro está ahoga­


do y la partida es tablas . a b e d e g h

La cosa ya no tiene arreglo :

2. Re2, Te3 +
3. Rd2, Td3 +
4. Rc2, Tc3 +

Y tablas por j aque continuo. a b e d e g h

73
Curso de táctica (IX)

Las más bonitas combinaciones de tablas son tal vez aquellas en


las que el bando que se ahoga lo hace construyendo su propia cár-
7
cel (o mej or refugio) y permitiendo incluso al adversario hacer una
j ugada que no le sirve en absoluto. Un buen ej emplo es el del si-
guiente diagrama: 5

4
Posición de partida
3

Juegan las blancas, cuya situación no es en absoluto envidiable. Tie-


nen una torre de menos y su peón de séptima está controlado. a b e d e g

La posibilidad de encontrar una combinación de ahogado parece


remota, porque tienen que librarse forzadamente de una torre y dos
peones . Sin embargo, es posible hacerlo.

1 Th6 ! , . . . 5

La j ugada clave de las blancas . a e e g

La amenaza de coronar el peón no dej a alternativas a las negras .

l . .. . , Tx h6
7

2. h8 = D + , Tx h8
3 . bS 5

Y a pesar de tener el derecho a j ugar, las negras no pueden evitar


la situación de ahogado del blanco, y la partida es tablas . a e e g

Po r más ganada q u e esté u n a posi c i ó n , o más decisiva parezca


l a ventaj a d e uno d e los bandos, es necesario s i e m p re ten e r en
cuenta la posibilidad de que el rival se salve a través de una com­
binación de ahogado. Po r otra parte, cuando se conduce las pie­
zas de la parte que está en desventaj a , h ay que considera r siem­
pe la pos i b i l idad d e l o g ra r la salvación a través d e una situación
de ahogado. E n espec i a l , debe ponerse ate n c i ó n a a q u e l las po­
siciones e n las que u n o d e los bandos no tiene peones, o tiene
muy pocos, o éstos se encu entran bloqueados. E l ahogado es
u n recu rso que p e r m ite m a ntene r l a i n c e rti d u m bre y l a e m o c i ó n
de algunas p a rtidas hasta e l f i n a l .

74
Curso de táctica (IX)

Combi naciones defensivas

A veces -como en el caso de los ahogados que acabamos de ver­


la co:rpbinación no tiene como obj etivo agredir al adversario, sino
contrarrestar las amenazas de éste, o sea, defenderse. Estos tipos
de combinaciones, por lo general menos brillantes y espectaculares
que las agresivas, tienen gran importancia; .
Un ataque puede ser decisivo, pero también puede resultar arries­
gado en exceso, antiposicional y, en definitiva, equivocado; en es­
tos casos, conocer ej emplos de maniobras combinativas de valor
defensivo puede permitir al j ugador salir de posiciones aparente­
mente comprometidas .

Veamos uno de esos ej emplos .

Posición d e partida

Juegan las negras, y sus dificultades son evidentes . El alfil está ata­
cado y no puede retirarse debido a que la torre negra de d8 queda­
ría indefensa. Como las negras disponen de un peón en séptima,
pueden intentar una combinación en base a l . . . . , Ab3 2. Tx d8 + ,
Tx d8 3 . Tx d8 + , Re7 y el peón corona; pero es un espej ismo, ya
que las blancas pueden j ugar mej or; l . . . . , Ab3 2 . Tx d8 + , Tx d8
3. Tbl ! , ganando el peón . a b e d e g h

Las negras, sin embargo, no sólo alcanzan a salvarse, sino que ob­
tienen la victoria:

l . .. . , eS !

Una j ugada excelente; ataca el alfil de las blancas y aplica el tema


de desviación. a b e d e g h

Si 2 . A x e5 queda libre la casilla el para la invasión de la torre ne­


gra y el peón corona: con Tcl ! se fuerza la defensa de las blancas .

2. Tx dS, Tx dS 3 . .. . , e x f4 4. Tbl , Tc2 +


3. e x dS , . . . Amenaza ahora El rey blanco no tiene
Por supuesto, 4 . Tcl
... m ás remedio que bajar
si 3. Tx d5, bl = D a la primera línea
5 . Rel , Tcl +

El peón corona y las negras ganan la partida. a b e d e

75
Curso de táctica (IX)

El último ej emplo es muy bonito y rico en temas :


8

Posición de partida 7

Las blancas, que j uegan, tienen una torre de más; pero su rey está
en precaria posición y la terrible amenaza l . . . . , Dh2 + + de las ne­
gras parece inevitable. a b e d e

Sin embargo, la combinación defensiva lleva en este caso a un mate


8
espectacular:
7

l . Te8 + , Af8 6

Claro que si l . . . . , Rh7 2. Dd3 + gana la torre y la partida. a b e d e

La j ugada del texto parece buena, pues aunque el blanco sacrifique


8
su torre en f8 p ara dar j aque descubierto con su dama, ningún ob­
7
j etivo negro está al alcance del caballo.
6

2. Tx f8, R x f8
3. CfS + ! , . . .
4

El preludio de un espectacular remate. a b e d e

Claro que no sirve ahora 3 . . . . , Db4 porque después del cambio de


8
damas las blancas conservan una pieza de ventaj a.
7

3 . . . . , Rg8 6

4. Df8 + ! ! , R x f8
5. Td8 + +
4

3
U n a c o m b i n a c i ó n no siem pre es a r m a de ataq u e ; si rve con fre­
cuencia c o m o u n arma d efensiva o d e contrataq u e, para ne utra­
l izar las a m e n azas del adversario e i m p o n e r las p ro p ias.
a b e d e g h

76
EJ E R C I C I OS 18

Ejemplo 1 Ejemplo 2 Ejemplo 3

a b e d e g a b e d e g h

J u egan b l a ncas J uegan n e g ras J ue g a n b l a ncas

Las blancas van a conseg u i r la Con cuatro peo n es por la Las blan cas tienen u n a pieza
victoria g raci as a l a rápida cal idad , la posición de las de menos y, por si e l l o fuera
promoción de u n peó n . E l l ector blancas parece ganadora; pero poco, el cabal lo negro acaba de
está en cond i c i ones de apreciar las negras o bt i e n e n las tablas saltar a d3, desde donde asesta
i n m ed i atam ente q ue las blancas por medio d e u n a com b i n ación u n a coz tri p l e : a la dama y a l as
tienen ve ntaj a ; están m ejor de ahogado. dos torres. S i n em bargo, la
desarro l ladas y tienen l a mano. 1 . . . . , Tx h 3 + ! 2. R x h 3, . . . Si mala posición del rey negro y
Sin e m bargo, es d ifíc i l suponer e l rey n o capt u ra, s i g u e 2 . . . . , su falta de desarro l l o (el alfi l de
q u e e n esta posición el primer Tx h4, y ganan l as negras. 2. dama n o se ha movido)
j u gador pueda coronar u n o de . . . , De6 + ! Jaq u e al rey. . . y a la perm iten q u e el primer j u gador
sus peones de forma casi dama. 3. D x e6 Y tab l as por e n c u e ntre una man iobra
i n m ed i ata. La cl ave está en la ahogado. ganadora. La solución no es
mala posición d e l a torre negra d ifíci l :
de e5, q u e n o p u ede abandonar 1 . Df6 ! , . . . Combi nando la
la defe nsa del cabal lo de 8 amenaza de m ate en g7 con el
e8, p uesto que l a j u gada Td8 de 7 ataq u e a la torre i n d efensa de
las blancas gan aría e8, y ganando i n med iatame nte.
6
i n m ed i atam ente. 1 . . . , e x f6 2. Tx e8 + + .
.

5
1 . f4, Te3 U n a cas i l l a acces i b l e
en la col u m n a . S i , por ej em plo, 4

1 . . . . , Tf5 2. Td8, Tf8 3. Ae7,


ganando. 2. fS, . . . E l alfil ataca
2
la to rre, q u e d ispone de u n a
s o l a cas i l la: 2. . . . , Tes 3 . Td8,
a b e d e g h
• • • Amenazando f6. 3. . . . , Aa 5
4. f6!, . . . N o se p u ede 4 . . . . ,

g x f6 por 5. A x f6 + + 4. . . . ,
A x d8 5. f7. Y el peón corona.
S i 5 . . . . , Ae7 6. f x e8 = D + , y si 5 .
. . . , Cf6, fB = D + . U n i nfante
a b e d e
extre m adamente acelerado.

77
EJ E RC I C I OS 18

Problema 1 Problema 2 Problema 4

8 8

7 7

5 5

4 4

3 3

2 2

a b e d e g h a b e d e g h a b e d e g

J u egan blancas J uegan blan cas J uegan b l a n c as

Los dos peo nes e n sexta de l as Trate el lector de responder a A pesar de q u e los peones
neg ras son i m parab les (dos las s i g u i e ntes i nterrogantes : pasados de l as negras parecen
peones u n idos e n sexta s i e m p re a) ¿G anan las b l ancas j ugando decisivos, el p r i m e r j ugador
coronan co ntra u n a to rre) , y el 1 . A x e?+ ? encuentra un rec u rso de
pri mer j u gador parece perd ido. b) ¿G anan l as b l ancas j ugando e m pate aplicando el te ma de
Sin e m bargo, h ay un rec u rso 1. Ae1 ? ahogado. ¿ P u ede usted
q u e le perm ite obte ner l a e) Si n i ng u n a d e estas j ugadas encontrarlo?
victoria. gana, ¿existe al g ú n m étodo
ganador para l as blancas?

Problema 3

a b e d e g h

J ue g a n n e g ras

¿C uál es la forma correcta de


c u b r i r el j aq ue q u e l as bl ancas
dan con su dama?
EJ E RC I C I OS 18

Problema 5 Problema 6 Problema 8

8 8

7 7

5 5

3 3

2 2

a b e d e g h a b e d e g h a b e d e g h

J ue g a n b l a n cas J uegan blancas J ue g a n b l a ncas

E l bando b l anco afro nta u n a E n esta ocasión comprometida A pesar de q u e las blancas
seria amenaza d e m ate : 1 . . . . , l as blancas vue lve n a salvarse d isponen de u n a p i eza de m ás,
Df1 + 2 . A x f1 , Tx f1 + 2 . Tx f1 , con un rec u rso de ahogado. su caballo de c4 está clavado y
Tx f1 + + . N o es pos i b l e dar Como c l ave, señalamos al lector va a perderse. U n a com b i n ación
«ai re» al rey con 1 . h 3, . . . debido q ue am bos bandos coronan defensiva l es perm ite, s i n
a 1 . . . . , D x g3, y la j ugada dama. e m bargo, conservar ventaj a
defens iva 1 . De1 n o es m aterial e i m po n e rse. Trate e l
suficiente para obtener la lector de encontrarla.
victoria. Haciendo b u e n o el P roblema 7
p r i n c i p i o d e q u e «no h ay mejor
defensa que un b u e n ataq u e» ,
las blancas s e i m po n e n con
8
una co m b i n ac i ó n q ue d a m ate a
través de 5 j u gad as, o menos.
Trate de descubri rla.
5

a b e d e g h

J uegan b l a ncas

Con u n a se n c i l l a co m b i n ación
basada e n l a fuerza del peón
avanzando d e a6, l as blancas
obt i e n e n la victoria. ¿Cómo
deben j ugar?
SO LU C I O N ES 18

Solución 1 Solución 3 Solución 6

1 . Rd6!, d2 2 . Rc7!, d l = D 3. Tanto si 1 . . . . , Ce? como s i 1 . . . . , 1 . Ac5 + ! , R x c5 2. e7, c2 El


Ta6 + , b x a6 4. b 6 + , Ra8 5. Ae7, las blancas j uegan 2 . rey no puede alcanzar el peón
b7 + , Ra7 6. b8 = D + + D x b2 y mantienen u n a p i eza d e de l as blancas ; sería un g rave
ve ntaj a ( S i 1 . . . . , Ae7 no 2 . error 2 . . . , e2, p u es el b l an co, al
f x e7? , D x e7 y e l peón de b 2 n o coronar su dama, i m pide q u e el
puede captu rarse) . L o correcto negro coro n e l a suya, ya q u e la
en este caso es: captu raría. 3. e8 = D, c 1 = D.
1 . . . . , De7! 2 . f x e7, Ag7! Y las Con las damas e n el tablero, los
blancas no pueden evitar q u e el tres peones de ventaj a de l as
peó n de b2 tom e la torre y se neg ras parecen decis ivos; pero
convierta e n dama, salvo que aq u í se p rod uce l a com b i n ación
j u egen 3. D x b2 , A x b 2 , con lo de tablas:
que q u edan perd i d as. 4. De5 + ! , Rc6. S i . . . . , Rb6 5.
Db2! y tab las. 5. Dc3 + ! , D x c3
y tablas por ahogado.
a b e d e
Solución 4

1 . Tc1 + , Ab1 2 . Rb3!, g 2 3. Solución 7


Solución 2 Ra3!, h2 4. Tc2 ! , . . . Si ahora 4.
. . . A x c2 es tab l as por ahogado; 1 . D x b6!, a x b6 2. C x c6.
Y
a) Las blancas sólo obtienen los peo nes negros ya pueden las negras no pueden evitar el
tab las j ugando 1 . A x e?+ : 1 . coronar pero n o están e n avance del peón de a6 hasta su
A x c7 + , R x c7 2 . Ra7, e1 = D condiciones de evitar las tablas: coro n ación .
3. b8 = D + , R x c6 y la posición 4 . . . . , g 1 = D 5. Ta2 + , A x a2 y
es de tab l as tras d e 4. Da8 + . tablas por ahogado.
b) Las blancas n o ganan con Solución 8
1 . Ae1 : 1 . Ae1 , Af4 2 . Af2 , . . .
amenazando Aa7+ y b8 = D 2 . Solución 5 1 . Tx d7!, D x d7 2. Cb6, . . . y
. . . , Rc7 y l a s negras s e salvan . las b l ancas conservan ve ntaj a
e) S í exi ste u n p roced i m iento 1 . Tc8 + ! , A x es Si 2 . . . Rf7 3. m ateri a l . Se amenaza 3. C x c8,
ganador: De?+ con m ate i n medi ato. 2 . de modo q u e l as negras no
1 . Ab6!, . . . A m e n azando 2. De8 + , Tf8 3 . Tx g7 + ! , R x g7 4. tienen nada m ejor q u e 2 . . . . ,
Aa7+ + 1 . . . . , A x b6 2 . R x b6, Dg6 + , Rh8 5. Dh7+ + Tx c 2 3. C x d7. Las blancas
e8 = D 3. c7 + + Si e n vez de 1 . atacan l as dos torres negras y
. . . , A x b6 las neg ras j u egan 1 . ganan .
. . . , Af4, s i g u e 2 . c7+ ! , A x e? 3.
Aa7+ +

a b e d e g h
UNIDAD 19
En esta unidad se estudia la influencia de la ventaj a
material en aj edrez; su importancia y su relatividad ,
pues en un j uego que no persigue capturar las piezas
del contrario, sino dar j aque mate, hay otros factores
que pueden compensar la inferioridad material . D Valor relativo de
las piezas (1)
• El m aterial : ¿u n a
ve ntaj a decis iva?
• C u ando e l material
n o alcanza
• E l espíritu se i m pone
• Sacrificando para
ganar m aterial
• ¿Ti e m po o material?
D Resumen
• U n i d ades 1 8 y 19
D Partidas famosas
• Osad ía y precisió n .
París, 1900
D Ejercicios
• Ej em plos y
p roblemas
D Soluciones
Val o r re lativo
de las p i ezas (1)
S e atribuye a C apablanca una máxima perogrullesca que, sin em­
bargo, es mucho menos obvia de lo que parece: «vale más peón de
más que peón de meno s » . En lenguaj e sencillo, esto quiere decir
que muchas veces, en aj edrez, es preferible la ventaj a de material
a dudosas compensaciones posicionales. En la guerra, de la que el
aj edrez es un reflej o, la superioridad en efectivos está considerada
una ventaj a fundamental, y se cuentan como extraordinarias excep­
ciones las batallas o guerras en las que el bando en inferioridad ma­
terial logró la victoria. De manera que sería un error garrafal, so­
bre el tablero, desdeñar alegremente la ventaj a de material .

El material : ¿u na ventaja decisiva?

Uno de los aspectos más fascinantes del aj edrez reside en que esta
regla tiene muchas excepciones . El obj etivo del j uego, como sabe­
mos, no es capturar las fuerzas del adversario, sino dar j aque mate
a su rey. Este valor absoluto del rey hace que, teóricamente, un bando
que conserve sólo un peón pueda obtener la victoria aunque el otro
tenga todas sus piezas . Factores posicionales difícilmente traduci­
bles a términos materiales, como el desarrollo de las piezas, la ini­
ciativa o una superioridad en un sector concreto del tablero, pue­
den compensar las ventaj as materiales del rival; pero estas
circunstancias, relativamente excepcionales, no deben llevar a que
el aj edrecista en etapa de aprendizaj e pierda de vista la importan­
cia de tener más efectivos que su contrincante sobre el tablero.

Veamos a continuación un ej emplo evidente:

l. e4, es
2. Cf3, Cc6 6
3. Ac4, Cf6
5
4. CgS, . . .
4

É sta es una de las posiciones más conocidas de la apertura italiana. 3

La última j ugada de las blancas persigue un obj etivo concreto : la


ganancia de material . El caballo y el alfil apuntan a f7 y amenazan
tomar el peón y dar un doble a la dama y a la torre. a b e d e g

82
Valor relativo de las piezas (!)

Para evitar males mayores, las negras se verán obligadas a entegrar


material .

4 . .. . , dS 6

Ú nica para evitar la amenaza. Las negras pueden también ignorar


el ataque blanco y continuar su desarrollo con 4 . . . . , Ac5 , con posi­
ción complicada. Pero esto escapa al tema que estamos tratando. a b e d e g h

Veamos cómo continúa la partida:

5. e x dS, CaS

Las negras pueden j ugar aquí 5 . . . . , C x d5 , manteniendo el equili­


brio material; pero en ese caso, las blancas pueden continuar con
un viej o y peligroso sacrificio: 6. C x f7 , R x f7 7 . Df3 + , Re6 (de
lo contrario, las blancas recuperan su pieza y ganan un peón y ven­
taj a posicional) 8 . Cc3 , con fuerte ataque por la mala posición del
rey; si prefieren caminos menos arriesgados, pueden también con­
tinuar con 6 . d4 , que les otorga ventaj a en el centro. a b e d e g h

La del texto, que sacrifica un peón, es la única forma en que las


negras quedan con buena partida en esta línea. Las blancas prosi­
guen con un j aque:

6. AbS + , c6
7. d x c6, b x c6
4
8. Ae2, ...
3

Y las blancas han obtenido un peón de ventaj a, que su adversario


no puede reconquistar inmediatamente. a b e d e g h

¿Quiere ello decir que están mej or? No necesariamente.

8 . ... , h6 10. Ces, Ad6


9. Cf3, e4

Y se produce una de las más discutidas posiciones de la historia


de este j uego. Hace trescientos años que los j ugadores de aj edrez
tratan de ponerse de acuerdo sobre quién tiene la ventaj a en esta
posición. Las blancas poseen un sano peón de ventaj a y no tienen
debilidades; las negras, por su parte, tienen más piezas desarrolla­
das y la iniciativa. a b e d e

83
Valor relativo de las piezas (!)

El ej emplo, ilustre si los hay, sirve perfectamente para plantear el


viej o tema de la ventaj a de material combatiendo contra compen­
saciones de tipo abstracto; la ancestral lucha del espíritu contra la
materia . El siguiente ej emplo también tiene largos antecedentes y s

ha sido obj eto de arduas polémicas . 5

3
l. e4, es
2. Cf3, Cc6
3. Ac4, Aes
4. b4 ! ?, . . . a b e d e

Jugada constitutiva del gambito Evans, creado por el capitán Wi­


lliam Davis Evans (1790-1 872) en 1 824 . Las blancas sacrifican un
peón para j ugar c3 atacando una pieza (con ganancia de tiempo,
por lo tanto) y formar un centro con d4 . 6

4
4 . . . . , A x b4
3
S. c3, AcS
6. 0-0, d6
7. d4, e x d4
8. c x d4, Ab6 a b e d e

Y tenemos una vez más planteada la lucha entre el desarrollo y el


material, entre el espíritu y la materia. Las blancas tienen un peón
de menos, pero disponen de un fuerte centro y superan a su adver­
sario en el desarrollo. ¿Cuál de ambos bandos preferir? La respues­
ta entra en el terreno de lo filosófico. Los espíritus concretos, que
valoran la seguridad y prefieren páj aro en mano a cien volando,
escogerán el bando negro; los idealistas, los que prefieren las qui­
meras, se quedarán con las blancas . Las miles de partidas que se
han j ugado con esta apertura no han servido, después de 170 años,
para aclarar el dilema. Esta infinidad de posibilidades son un reto
para la mente humana y constituyen la grandeza del aj edrez .

Vamos a ver dos posibles continuaciones en la «posición clásica»


del gambito Evans .

9 . Cc3, . . .

La mej or continuación, pues desarrolla una pieza y controla el cen­


tro. Menos efectiva es 9. d5, que sin embargo también plantea pro­
blemas a las negras . a b e d e

84
Valor relativo de las piezas (1)

Las negras prosiguen así:

9 . . .. , Cf6
10. eS, d x eS 6

1 1 . Aa3 ! , . . . 5

Conviene poner mucha atención en esta j ugada. Las blancas han


sacrificado otro peón con el fin de abrir líneas para sus piezas , y
ahora impiden reglamentariamente el enroque de las negras . a b e d e

Para el triunfo de la estrategia de las blancas , es de la mayor im­


portancia que el rey negro no pueda enrocarse y deba permanecer
··

en el centro.

1 1 . ... , A
g4
12. Db3, . . .

Jugada típica en esta posición; la acción conj unta de la dama y el


alfil sobre el punto f7 pone a las negras en serio peligro. a b e d e f g h

Se amenaza ahora 1 3 . A x f7 + , Rd7 1 4 . De6 + + .

12 . .. . , AhS 15. e6 ! , . . . 16. DbS, Ag6


13. d X eS, Cg4 A briendo e l juego. 17. AdS, CgeS
A lgo mejor debe de Se amenaza mate 18. C x es , f x eS
ser 13 . ..., Ca5 en dos jugadas 19. A x c6 + , d x c6
14. Tad l , Dc8 lS . .. . , f6
20. D x c6 +

El espíritu ha triunfado sobre la materia . La partida era Morphy­


Hampton. a b e d e

Las cosas, sin embargo, pueden ir de manera muy distinta. Volva­


mos a la posición después de 8 . c x d4, Ab6 .

9 . Cc3, Ag4
10. AbS, Rf8 !

Las blancas amenazaban 1 1 . d5; esta j ugada que renuncia al enro­


que es muy profunda. a b e d e f g h

85
Valor relativo de las piezas (/)

Las negras amenazan ahora tomar el peón de dama.

11. A x c6, b x c6 15. Ce2, Cg6


12. Aa3, A X f3 16. Tgl , Df6 6

1 3 . g x f3, DgS + 17. Dd3, Rg8 5


14. Rh l , Ce7 1 8 . Acl , . . .
4

Una vez que el rey se ha retirado de f8 , este alfil ya no tiene obj eto
en a6. a b e d e

Les toca el turno a las negras:

1 8 . .. . , h6 23. Cf4, Thg8


19. f4, Rh7 El blanco amenazaba
20. fS, Ce7 24. Ch5 1 8

21. Ab2, dS ! 24. ChS, Dh4


22. f3, Tad8 25. f6 ! , . . .
6

4
El blanco ataca impetuosamente y recupera ahora su peón. Pero
su posición central se ha debilitado. 3

Esta circunstancia le costará la partida.


a b e d e f g h

25 . . . , D x hS 28. Tael , Te8


26. f x e7, Td7 29. Tes , Dh4
27. e x d5 + , g6 30. TfS ! , . . . 8

5
El blanco aprovecha todas sus posibilidades: si ahora 3 0 . . . . , g x f5
4
3 1 . D x f5 + , Rh8 32. D x d7 , ganando. Si 30 . . . . , Td7 x e7 3 1 . Tx f7 + ,
Tx f7 32. D x g6 + , ganando. 3

Las blancas amenazaban, además, 3 1 . Tx f7 + .


a b e d e f g h

30 . .. . , D x e7 32. Aa3, De6 33 . . . . , fS !


31. d x c6 , Td7-d8 33. Tf4, ... Impide que la torre
A hora sl se amenazaba blanca vaya a e4 8
tomar la torre 34. Th4, . . .

6
Si 3 4 . . . . D x c6 3 5 . Acl , h5 3 6 . Tx h5 + ! ! , g x h5 37. D x f5 + , ga­
5
nando. Las negras no pueden tampoco j ugar 34 . . . . , De3 3 5 . Af8 ! ! ,
4
. . . (una j ugada de gran belleza) 3 5 . . . . , D x d3 3 6 . Tx h6 + , Rg8 3 7 .
Tgl x g6 + , R x f8 3 8 . Tf6 + y tablas p o r j aque perpetuo.

86

a b e d e f g h
Valor relativo de las piezas (1)

Pero todo el ingenio de las blancas se estrella ante la sólida defensa


8
de su rival .

34 . .. . , hS ! 38. Dc3, Te2 40. Df3, . . . 6

35. Ab2, TdS 39. f4, Tx d4 La última celada. 5


36. Dc2, De2 Ganando. No era buena A menaza 41. Tx h5 +
37. Db3, DbS 39. ..., A x d4 por 40. 40 . .. . , DdS 4

Tx h5 + !, seguida de Dg3 3

El cambio de damas dej a a las negras con final ganador. La partida


era Blackburne-Steinitz, Londres, 1 8 63 . a b e d e g h

En este j uego que acabamos de ver, las blancas hicieron un auténti­


co derroche de imaginación y de poder combinativo, y pusieron a
las negras ante gravísimos problemas . Sin embargo, Steinitz se de­
fendió de manera magnífica, mantuvo su ventaj a material, la de­
volvió transitoriamente para quitar hierro al ataque blanco y ter­
minó destrozando su posición. Se trata de un ej emplo muy
instructivo, ya que ilustra perfectamente las posibilidades de la de­
fensa, cuando ésta se conduce correctamente. En este caso, la ma­
teria superó al espíritu .

Cuando el material no alcanza

La ve ntaja material en ajed rez tiene una i m porta n c i a m uy g rande,


pero no absoluta. En condiciones de i g u a l d a d posicional el
j u g a d o r q u e dispone de m ás efectivos debe o bte n e r l a victoria;
º
pero e n m uchos casos, elem entos como l a ve ntaja d e desarrollo,
el d o m i n i o centra l , la actividad de piezas y la i n ic i ativa oto rgan
superioridad a l bando en desventaja m ate r i a l . Esta l u c h a e ntre
e l espíritu y la m ate ria es uno de los e l e m e ntos más atractivos
del ajed rez.

Cuando uno de los bandos tiene ventaj a material sin compensación


alguna, no hay mucho que decir; normalmente, y siempre dej ando
a un lado la posibilidad de error, el bando en ventaj a se adj udicará
la victoria. Sin embargo, hay casos en los que la ventaj a de mate­ 5
rial no basta para ganar, como en el de los finales de dos caballos
4
y rey contra rey (el mate es técnicamente imposible) , o los finales
3
de peón y rey contra rey cuando el bando defensor tiene la oposi­
ción. Uno particularmente notable es el del presente final: 2

Posición de partida

87
Valor relativo de las piezas (!)

En este final, las negras tienen una pieza y un peón de ventaj a, y1


las blancas no disponen de ninguna compensación en especial . Sin
embargo, la posición es de tablas . Ello se debe a una doble imposi­
bilidad: el alfil solo no es capaz de dar mate, y el peón no puede
coronar. Esto último sucede si se dan estas circustancias :

a) Que el peón de ventaj a esté en una de las columnas de torre.

b) Que la casilla de coronación de este peón sea de color opuesto


al de las casillas por las que corre el alfil.

c) Que el rey del bando defensor llegue a controlar la casilla de co­


ronación .

Si se dan todas estas premisas, el peón se ve imposibilitado de co­


ronar y la partida es tablas.

En la posición del diagrama anterior, cualquiera que sea el bando


al que le toque j ugar, la partida es un empate. Supongamos que
j uegan las negras:

l . .. . , h4 2. Re2, h3 4. Rg2, . . .
El peón avanza y 3. Rf2, h2
amenaza 2. . .. , h3, con Claro que si 3. . .,
.

lo que el rey blanco n o Ac5 + 4. Rg3, ganando


lo alcanzaría el peón

El monarca blanco ha llegado a controlar la casilla de coronación. a b e d e g

El intento de su colega negro de desplazarlo será infructuoso.

4 . .. . , Rg5
5. Rh l, Rg4
6. Rg2, Ae5
7. Rhl , . . .

Y ahora viene el conocido tema de ahogado en defensa de las blan­


cas . Si 7 . . . . , Rh3 , 7 . . . . , Rg3 o 7 . . . . , Rf3 , el blanco queda ahoga­
do. Al no poder aproximar su rey, las negras no pueden ganar.
a b e d e g

Hay otros muchos casos en los que la ventaj a de material no es su­


ficiente para obtener la victoria; normalmente, los finales de rey y
torre contra rey y alfil o rey y torre contra rey y caballo también
son tablas, a pesar del superior valor de la torre. Pero en estos fina­
les hay que conocer bien el procedimiento de defensa, pues un error
cuesta la derrota. No sería adecuado pedagógicamente analizar es­
tos diversos casos ahora; serán estudiados en etapas más avanza­
das de este Curso.

88
Valor relativo de las piezas (!)

El espíritu se i m pone

Toda maniobra combinativa que implique sacrificios de material y


alcance la victoria puede considerarse un triunfo del espíritu sobre
la materia. Pero la combinación de mate es, sin duda, la forma más
pura d e esta lucha. El j aque mate, razón última del aj edrez, es en
sí mismo un recurso particularísimo, cuya consecución equivale es­
téticamente a la solución de un difícil problema matemático. En el
devenir de una partida, el j aque mate se convierte en una especie
de ideal, para alcanzar el cual no se repara en la realización de los
mayores sacrificios.
Harry Nelson
P illsbury
PA R TIDA S �
El gran campeón norteamerica­ Osadía y precisión
no de la transición del siglo XIX
al XX, el hombre de Somervi!le, Partida j ugada e n París, 1900
Massa chusetts, fue un ajedre­
cista m uy especial. Habiendo
Blancas: Pillsbury
aprendido a jugar bastante tar­
Negras: Marco
de (dieciséis años) para lo que
es habitual en los grandes
maestros, mostró una facilidad
Esta partida, que se inicia con gran campeón norteamericano.
increíble para el juego que no 1
un gambito de dama rechaza­ Pillsbury abrumaba desde el
sólo le permitió ganar el torneo
do, se desarrolla con una de­ principio a sus rivales .
más fuerte del siglo (Hastings
fensa ortodoxa.
1895), en el que estaban todas
4 . . . . , Ae7
las grandes figuras del momen­
l . d4, dS S. e3, 0-0
to, sino también especializarse
2. c4, e6 6 . Cf3, b6
en exhibiciones de modalida ­
3 . Cc3 , Cf6 7. Ad3, Ab7
des curiosas, b uscando siem­
4. AgS , 8. c x dS , e x dS
pre la consecución del récord,
9. Ces, Cb-d7
que estableció en Moscú en
10, f4, es
1902 con 22 partidas a ciegas
1 1 . 0-0, c4
simultáneas. A ún muyjoven, en­
12. Ac2, a6
fermó gravemente y estu vo en
13. Df3 , bS
sus últimos años luchando con­
tra el mal que le llevó a la tum­
El ataque negro en el flanco
ba el 1 7 de junio de 1906 (ha ­
de dama es un tanto lento ade­
bía nacido en 1872).
más de menos peligroso que
Sus primeros éxitos ajedrecísti­
el blanco en el flanco de rey.
cos se produjeron en los cam­
peonatos de Bastan. Más tarde,
e g h 14. Dh3, g6
se profesionalizó y se ocupó de
lS. fS , b4
diversos trabajos relacionados
16. fx g6, . . .
con el ajedrez. En 1893 quedó
Se plantea la considerada de­
campeón de Manhattan, el más
fensa ortodoxa contra la aper­
fuerte club ajedrecístico de la
tura de dama. Pillsbury dotó
nación, así que viajó a Europa
de características propias esta
confiado en obtener nuevos éxi­
apertura, al emplear en esta
tos; en efecto, obtuvo el reso­
partida, como en muchas
nante triunfo en Hastings delan­
otras, el plan: Cf3 , Ce5 , f4, f5 .
te de Chigorin, Lasker, Steinitz,
Este célebre plan de Pillsbury,
Tarrasch y otros. Fue tercero en
caracterizado por su osadía
San Petersburgo y en Nurem­
atacante, ha sido utilizado pos­
berg (1896), y segundo en Lon­
teriormente por muchos juga­
dres (1899). Al no vencer en
dores, si bien no todos ellos
esos torneos, Lasker no le con­
han tenido la misma precisión
cedió la opción de luchar por su
Y pulcritud que mostraba el a e g h
título mundial.
El juego de Pi!lsbury se carac-
�� p� � ����d y �
arrojo estratégico.
f=�=�����
90
Las exhi biciones a ciegas
Harry N. Pillsbury efectuó a lo largo de su vida muchas
exhibiciones de juego a ciegas, de memoria, hasta dejar un
Con su osadía habitual. Si 16.
récord establecido en Moscú, en 1902, de 22 partidas a ciegas
. . . , b x c3 17. C x d7 especulan­
simultáneas. Naturalmente, estas exhibiciones causaban y
do con las posibilidades de
causan aún un gran asombro, pues demuestran una capacidad
mate en h7 , daría clara ven­
mental ingente. No obstante, ésta es una modalidad que hoy en
taj a a las blancas. Las negras
día apenas se practica, en contra de la gran proliferación de
no entran en ese camino.
competiciones diversas de ajedrez. ¿A qué se debe? A que
requieren un esfuerzo tan extraordinario que no es compensado.
16 . . . . , h x g6
El recordman mundial de la especialidad, Miguel Najdorf,
17. Dh4, b x c3
cuenta que cuando estableció su plusmarca en Río de Janeiro
1 8 . C x d7, D x d7
con 45 partidas vio en los días siguientes tambalearse su salud
19. Tx f6,
mental, aciago momento que por fortuna superó.
Quienes sí juegan "ª ciegas», y muy bien en bastante casos,
s on los invidentes. Pero la mayoría no lo hacen como Pillsbury,
_
ya que pueden palpar las situación de las piezas en tableros
especiales adaptados.
5

a b e d e g

Y ahora recupera la pieza de


la manera más audaz, especu­
lando con que después de 19 .
. . . , A x f6, 20. A x f6 llevaría
al mate inevitable en h8 . Así
abre también la vía para nue­
vos sacrificios en g6.

19 . .. . , as
20. Ta-fl, Ta6
21. A x g6, f x g6
22. Tx fS + , A x fS
Para u n aj edrecista
23. Tx fS + , R x fS
experto, no h ay problemas
24. DhS + , Rf7 en co n d u c i r u n a partida a
25. Dh7 + ci egas m i e ntras su rival
j u ega con e l tab lero a la
vista. Pero l l evar varias
Las negras se rindieron. Si 25 . partidas de este t i po a
. . . , Re8 26. Dg8 + + ; si 25 . . . . , la vez req u i e re u n
Re6 2 6 . D x g6 + + ; si 2 5 . . . . , extrao rd i n ario esfuerzo d e
conce ntrac i ó n . P i l lsbury
Rf8 26. D x d7, seguida de 27 .
(a la i zq u ie rd a) j u g ó 22
Ah6 + y 28 . Dg7 + + . s i m u ltáneas a ci egas en
Moscú en 1 902.

91
Valor relativo de las piezas (!)

Por supuesto, el blanco no obtiene nada con 4 . D X b7 + , Cd7 .

4. Acl , Cd7 ! !

2
Un nuevo sacrificio de desviación. La dama, que desde c8 contro­
laba la entrada de su homónima negra, quedará ahora arrinconada
en a8 . a b e d e f g h

Eso sí, las blancas han engullido una torre.

5 . D x a8, D x bS 6. Af4, . . . 6 . .• • , DdS +


A menazando 6 . .. ., Única v{a de escape. 7. Rcl , Ae3 + ! 6

Dd5 + y mate Después de 6. Cf3, 8 . A x e3 , Cf2 ! ! 5


Dd5 + 'J.. Cd2, e x d2
4
y mate en pocas
jugadas
2

Con la amenaza 9 . . . . , Ddl + + . a b e d e f g h

El blanco debe tomar, ya que si 9 . Rbl , Db5 + y se produce mate


a la siguiente.

9. A x f2, . . . 6

Una vez eliminado el alfil de la defensa, Schlechter va a conseguir


el mate en tres j ugadas . a b e d e

Prosigue la danza de la dama negra .

9 . . . , Dd2 +
.

10. Rbl , Ddl + 6

1 1 . Ra2, D x c2 + + 5

No puede pedirse ej emplo más cabal de victoria del espíritu sobre


la materia. a b e d e f g h

92
Valor relativo de las piezas (/)

Un caso similar de lirismo desatado en la búsqueda del mate lo te­


nemos en esta partida del Dr. Hartlaub, un combinador alemán es­
pecialista en partidas rápidas, que aquí j uega con las blancas con-
tra un aficionado. s

5
l . e4, es
4
2. d4, e x d4
3. c3, . . .
3

Esta apertura se denomina gambito Danés, o Central . a b e d e g h

Es una de las formas más brutalmente directas de entregar material


por ataque.

3 . . . . , d x c3 4. Ac4, . . . 4 . .. . , c x b2 6

Es más pruden te El blanco se desen tiende S. A X b2, . . . 5


3 . ..., d5 de los peones para
4
obtener ven taja de
desarrollo 3

É sta es la posición clave del gambito; las blancas tienen dos peones
de menos, pero las piezas blancas serán muy activas y los dos alfi­
les muy peligrosos. a b e d e

Las negras continúan del siguiente modo:

S . . . . , Ab4 +
6. Cc3, d6
7. Cf3, Cf6
8. 0-0, A x c3
9. A x c3, 0-0
10. eS ! , . . .

Cuando se tiene ventaj a de desarrollo, hay que tratar de abrir la


posición. a b e d e

Hartlaub aplica esta máxima en su forma más extrema, y j uega con


una insólita indiferencia frente al tema del material .

10 . . . . , Ce4 16. Tgl ! , ... 1 6 . . . . , Dd7 6

1 1 . Ab2, Ag4 Las blancas dejan sin 17. D d2, Cg6


5
12. Dd4 ! , A x f3 temor su dama indefensa, 18. Dd4, Ces
4
13. g X f3 , CgS ya que después de 19. T x g7 + ! ! , . . .
16. ..., C x d3 seguiría 3
Amenaza 14. ..., c xf3 +
1 7. Tx g7+, Rh8
14. Rhl ! , C X f3 18. Tg8 + ! y mate
lS. Dd3, C x eS similar al de la partida
a b e d e g h

93
Valor relativo de las piezas (J)

En base a la falta de desarrollo de las piezas negras, Hartlaub re­


mata con una bella combinación de mate.

19 . . .. , R x g7
20. Tgl + , Rh8

Todas las demás pierden: 20 . . . . , Rh6 21 . Dh4 + + ; 20 . . . . , Rf6 21 .


Dh4 + , Rf5 22 .Tg5 + , Rf6 23 T x e5 + , dando mate en muy pocas
j ugadas . a b e d e

Lo malo para las negras es que la del texto también pierde, y de


qué forma.

21. D x e5 + ! ! , d x e5 6

22. A x es + , f6 5
23. A x f6 ! ! , Tx f6
4
24. Tg8 + +
3

Los terribles alfiles han terminado matando. a b e d e g

U n a pieza val e p o r l a acción q u e desarro l l a y n o p o r e l m ero he­


c h o de su prese n c i a . Es necesario consid e ra r n o sólo e l val o r
estático d e cada p i eza , s i n o ta m b i é n l a efectividad q u e p u e d e
alcanzar. La ventaja d e m ate rial es con frecuencia decisiva , pero
a veces, p o r razo nes téc n i cas o tácticas, es i nsufi c i e nte para lo­
g rar el triunfo. La combi nación con sacrificio de m aterial que bus­
ca y l o g ra el m ate constituye n o so l a m e nte un a r m a val iosísima
para g a n a r u n a p a rtid a , s i n o la más alta c i m a estética q u e e l aje­
d rez puede alcanzar.

Sacrificando para ganar material

No siempre la combinación busca el mate; a veces persigue obj eti­


vos más modestos, como una ventaj a posicional o la ganancia de
material. Resulta paradój ico que el sacrificio, máxima expresión en
aj edrez del triunfo del espíritu sobre la materia (si el sacrificio es
bueno, se entiende) , pueda tener como fin la ganancia de material;
en estos casos, la división que hemos realizado entre los elementos
materiales e inmateriales que deben tomarse en cuenta al valorar
una posición se hace mucho menos definida.

94
Valor relativo de las piezas (!)

Observemos el siguiente ej emplo:

Posición de partida
6

Esta posición se produj o en una partida entre Max Euwe y Effim


Bogolj ubov. a b e d e g h

Las negras introducen dos espectaculares sacrificios, pero tanta li­


beralidad persigue un obj etivo más modesto de lo que se podría pen-
··
7
sar: la ganancia de un peón.
6

l . .. . , A x f2 + ! 2 . . .. ,D x c3 5
2. R x f2, . . . Un doble y elegan te
4
S i no toman, las sacrificio
blancas pierden un 3. D x c3, Ce4 +
peón limpio 4. Rel , C x c3 2

Y las negras han ganado un peón. a b e d e g h

¿Tiempo o material?

Acabemos este tema con un problema propio de etapas más avan­


zadas de este Curso, para que el lector se vaya familiarizando. A
veces, se plantea la disyuntiva de continuar con ventaj a «inmate­
rial» o transformarla en algo más concreto, al precio de que el ad­
versario se libre de agobios. En algunos casos, la ventaj a «intangi­
ble» culmina en una decisiva ganancia de material .

Pero con frecuencia sucede lo contrario: un j ugador obtiene venta­


j a posicional, tiene la iniciativa y ha colocado a su adversario ante
serios problemas; por fin, cristaliza esa ventaj a en la ganancia de
un peón, o aún más material, pero se encuentra con que el rival
reacciona y se prepara para contraatacar.

Preguntas a plantearse antes de optar por la ganancia de mate rial


a} ¿Es dec isiva o i m po rtante la ventaja que puedo o bte ner?
b} ¿Es mi posición tan buena c o m o c reo?
c} ¿Puedo desarro l l a r amenazas conc retas?
d} ¿So n las dificu ltades de mi rival tan grandes c o m o para q u e
pueda esperarse razo nablem ente q u e n o podrá defe n d e rse de
todas m is a m e nazas?

95
Valor relativo de las piezas (/)

É sta es la famosa partida entre Morphy (blancas) y el duque de


Brunswick y conde Isoward . Las blancas j ugaron, en su movimien­
to anterior, Db3 , que ataca dos peones (la dama negra estaba en
d8) . Las negras respondieron con De7, defendiendo el más impor­
tante de los dos.

Posición d e partida

Aquí al gran maestro americano se le presentó la disyuntiva que


señalabamos: o tomar el peón de b2 y aceptar el cambio de damas
por medio de Db4 + , o seguir desarrollando su j uego de ataque.

Probablemente habría ganado con ambas j ugadas, pero prefirió la


8
menos materialista de las dos:

l . Cc3 ! , c6 4. A x b5 + , Cbd7 8 . A x d7 + , C x d7 6

2. AgS , bS 5 . 0-0-0, Td8 9. Db8 + ! , C x b8 5


3 . C x bS ! , c x bS 6. Tx d7 ! , Tx d7 10. Td8 + +
4
7. Tdl , De6
3

Esta obra de arte, que se incluye con comentarios en la sección «Par­


tidas famosas » de este Curso, tiene la frescura de lo clásico, y cons­
tituye una maravilla estética. a b e d e

RESU M E N : u n idades 1 8 y 19

D U n i dad 1 8

• La pos i b i l i d ad de coronar u n peón debe ser explotad a al m áxi mo, p u es s u éxito


p u ede deci d i r u n a partida. Existe n n u m e rosas y variadas com b i n aciones.
• E l ahogado es e l ú lt i m o g ran recu rso e n u n a partida con i nferioridad c lara de
m aterial o d e posición .
• Conozcamos b i e n l as téc n icas defensivas. Es i m prudente lanzarse al ataq ue en
momentos e n q ue lo pri mord ial es escapar d e l as amenazas d e l rival .

D Unidad 1 9
E n condiciones n o rmales, u n a ventaj a d e material debe rep o rtar l a
victo ria, pero esta reg l a tiene m u c h a s excepciones.

• A veces, el m aterial de ventaj a p u ede ser i n s uficiente para ganar.


• Q u i e n t i e n e m aterial de menos, q u izá com pense este factor con ve ntaj as
pos i c i o n ales. I nc l uso se puede sacrificar m aterial en aras de u n a idea de m ate
u otro obj etivo.

96
EJ E RC I C I OS 19

Ejemplo 1 R x g7 y las negras t i e n e n dos Ejemplo 2


torres y alfi l por la dama. S i n
em bargo, el peq u e ñ o g e n i o d e
8
Riga, d u e ñ o de u n a de l as
i m ag i n aciones m ás poderosas y 7

creativas q u e reg istra la h isto ria


de este j u ego, i m p uso l a fuerza 5
del espíritu a la ve ntaj a material
4
de su adve rsario. 1 . Ah8!!, . . .
3
Tan hermosa como decisiva. La
acción de la torre se a m p l ía de 2

pronto, y aparece la amenaza


2. D x h7+ + . Para evitarla, las a b e e g
·· negras no t i e n e n m ás re medio
q u e capt u rar l a torre : 1 . . . . ,
J uegan blancas R x f7 2 . D x f6 + , . . Ahora
. J ue g a n n e g ras
la dama y el alfi l cazan al
Esta posición corres ponde a desg uarnecido rey. 2 . . . . , Rg8, Las negras poseen u n a torre y
u n a partida del mayo r j u gador 3. Dg7+ + . dos peones de ve ntaja; pero s u
de ataq ue de la é poca posición d i sta de s e r fác i l , ya
moderna, e l g ran M ij a i l Tah l , y q u e el b l an co ha avanzado u n
8
su adversario es el maestro peó n hasta la sépt i m a fila y s u
f i n l andés Rantanen . 7 coronación parece i n evitab le. E l
Tah l tiene u n a torre de menos: rey s e ve obstruido por s u peón
la ha sacrificado para entrar de g7, y a la vez obstruye la
5
con sus pi ezas sobre el acci ó n d e la torre. Sin e m bargo,
4
mon arca negro. Pe ro este la ventaj a material si rve de
bando parece te ner defensa 3 m ucho e n aj ed rez ; Lo man ,
suficie nte. La j ugada n at u ra l . co n d u ctor de l as negras,
1 . D x f6 se ría co ntestada con i m puso su su periori d ad de
1 . . , De6, y a pesar de que las efectivos a la altís i m a
a e e
. .

d g h
blancas ganan l a dama, las i ns p i raci ó n del gran E m m a n u e l
neg ras con s i g u e n rete ner Las ke r, q u e co n d ucía las
material m ás q ue suficie nte blancas e n esta partida
para ganar la partida; 1 . D x f6, d i s p utad a en 1 91 3. 1 . . . . , Tc4 + ,
De6 2. Tf8 + , Tx f8 3. D x e6 + , 2 . R g 5, . . . Esta j ugada es
EJ E RC I C I OS 19

ú n ica, pero parece suficiente. 2 . Ejemplo 3 se e l i m i n a la torre y ya está. 1.

Rf5 perdería ante 2 . . . . , Th4, y . . . , D x e1 + ! 2 . D x e1 , Tx c1

2 . Rh5 se encontraría con 2 . . . . ,


g 6 + , seg u i d a de 3 . . . . , Th4 o 3 . 8

. . . , Rg7. Ahora la coro n ac i ó n 7

parece i n evitable, pero no lo es.


2 . . . . , Th4! ! + G raci as a su
su perioridad m aterial , l as
4
neg ras obtienen l a victoria
con este ocu lto recu rso. La 3

i n med i ata amenaza Tx h7


no deja opciones al blanco.
3. R x h4, g 5 +
a b e d e g h

8
J uegan n e g ras Aq u í está la clave. Si ahora 3.
7
D x c1 , Ce2 + , ganando. El negro
E n este caso h ay i g u aldad de ha con seg u i do e l i m i n ar las dos
5 material , con los peo nes pi ezas que defe n d ían el pu nto
4 d istri b u i dos s i m étricamente. e2. 3. Cd1 , Tx b1 Con dos
M i rando la posición con algo de torres y un cabal lo por la dama,
3
dete n i m i e nto, aparece cl aro q u e y por añad i d u ra una posición
2
l a s negras están m ej o r : l a abru madora, las negras tienen
acción del pote nte cabal lo en a mano u n a victoria elemental .
a b e d e g h d4 y el derecho a j u gar h acen
que su posición sea preferib le.
8
¿ P u ede esa ve ntaj a
7
Ahora la p i eza q u e obstruía al transform arse e n i n mediata
rey desaparece, y el peón es victoria? Razo n e m os. Si el
deten ido. 4. R x g5, Rg7 La cabal l o p u d i e ra dar un j aq u e en 5

mani obra les ha costado a las e2, ganaríamos l a cal idad . La 4


neg ras su torre de ventaj a , pero cas i l l a en cuestión está
3
les sobra m ate rial para gan ar. defe n d i d a sól idamente por dos
U n a victoria de la m ateria. piezas del blanco; u n a podemos
e l i m i narla cam b i ando las torres,
y en ese caso la dama q u edaría a b e d e g h

en c1 y el j aq u e en e2 gan aría
la dama, si fuera posi b l e ; pero
no lo es, p u es a ú n está la to rre
blanca para defe n derlo. Y así
aparece, de pronto, la so l u c ió n ,
de u n a lógica absoluta; ¿ l a torre
defi ende el j aq ue en e2? Pues

98
EJ E R C I C I OS 19

Problema 1 b) Si no lo es, ¿ h ay alg u n a l i b rarse de l a derrota con


vari ante ganadora para l as tabl as? ¿ Podría i nc l u so ganar?
b l ancas?

Problema 5
6
Problema 3
5

a b e d e g h

J uegan blancas

Por medio de u n a m a n i obra


a b e d e
co m b i n ativa las blancas se
ase g u ran u n a a m p l i a ve ntaj a J ue g a n b l a ncas
material .
J uegan blancas A pesar de l a pi eza de m enos,
l as blancas están e n
Problema 2 Con una m a n i o b ra q u e con d i c i o n es de lograr l a victoria
comprende u n espectacu lar por medio de u n m ate
sacrificio, las blancas fuerzan el espectacu l ar. Trate de hallarlo.
8 m ate u obt i e n e n una a m p l ís i m a
7 ventaj a m aterial .

6
Problema 6
5
P roblema 4
8
4

a b e d e g h

J uegan b l a n cas

Las b l ancas t i e n e n u n a torre de a b e d e h


g
menos, pero su dama y su torre
ej ercen u n a fue rte pres ión
sobre el rey. Trate de respo nder J ue g a n n e g ras
a las s i g u i e ntes i nterrogantes: J uegan b l a ncas
a) ¿Es correcta la m a n i obra: Las negras obtienen la victoria
1 . Dg6 + , D x g6 2 . f x g6 + , Rg7 E l b l anco, con ventaj a m aterial , forzando e l m ate, a pesar de s u
3. g x f7, ganando? parece q u e perd e rá . ¿ Puede i nferioridad m aterial .
SO LU C I O N ES 19

Solución 1 Solución 3 Solución 5

1 . Tx c8 + , Tx c8 1 . Dh3!!, D x h3 1 . Ce7 + , R h 8
No 1 . . . . , R x c8, 2. Tx e8 + Ante la amenaza 2. D x h6, las 2 . D x h7 + !!, R x h7
2. d7, R x d7 negras no tienen opció n . 3. Th3 + +
3. Ag4 + , Rd8 2 . Tx g7, Rh8
4. A x es, R x c8 3. Tx f7 + , . . .
5. Tx e8 + , con decisiva ventaj a
material .

a b e d e g

a b e d e g h Solución 6
a b e d e
Cl aro q u e las blancas pueden 1 . . . . , Dg2 + !!
recuperar su dama cuando 2. Tx g 2 , Cf3 +
Solución 2 q u i eran por medio del jaque a 3. Rh1 , Td 1 +
la desc u b i e rta; pero pueden 4. Tg 1 , Tx g 1 + +
a) La variante del texto no es asp i rar a más.
correcta, p u es a 1 . Dg6 + , . . . 3. . . . , Rg8

las negras respo nden con 4. Tg7 + , R h 8


1 . . . . , R h 8 ! y las blancas están 5 . Tg S + doble y m ate.
perd i d as debido a su fuerte
desve ntaj a m aterial .
b) S í h ay u n p roced i m i e nto Solución 4
ganador para el b l anco, q u e
consiste e n forzar a su É sta es u n a pos i c i ó n de partida
adversario a j u gar, contra el viva. A pesar de las tremendas
j aq u e e n g6, D x g6 : d ificu ltades q u e afro ntan , las
a e
1 . Dh5 + ! , D h 6 b l ancas no sólo se salvan , sino b d e

2 , Dg 6 + , D x g 6 q u e dan mate a s u adve rsario :


Ahora la to m a es forzad a, p ues 1 . Tx b7+ !! , h x g5
de lo contrario el negro perdería 2 . Cc6 + , Re8
su dama. 3. Te7 + +
3 . f x g 6 + , R g7 S i en vez de 1 . . . , h x g5, el
.

4. g x f7, ganan do. seg u n do j ugador i ntenta 1 . . . . ,


Tf6, s i g u e 2 . Cc6 + Re8 3. Te?+ ,
Rf8 4. D x g7+ + .
UNIDAD 20
Una vez aprendido que el valor numérico de las piezas
no es más que una evaluación aproximativa de su
fuerza, puede surgir la duda de cuándo es conveniente
el intercambio y cuándo es preferible rehuirlo. En esta
unidad analizaremos peculiaridades del movimiento D Valor relativo de
del alfil y el caballo y qué posiciones son favorables las piezas (1 1)
para su respectivo desplazamiento, a fin de dar una • E l i nterca m b i o de
p i ezas
referencia útil para el canj e de estas figuras de igual
··
• La l u c h a abierta d e l
tasación matemática. alfi l
• La apert u ra del
j u ego para favo recer
l a movi l i dad
d e los alfi l es
• E l alfi l « b u e no» y e l
alfi l « m alo»
• La fuerza del caba l l o
e n l as situaciones
d e b loq ueo
D Partidas famosas
• E l b ufó n acorralado.
París, 1933
D Ejercicios
• Ej e m p los y problemas
D Soluciones
Val o r relativo
de las pi ezas (11)
E n l a primera unidad d e este Curso se propuso una clasificación
matemática de las figuras de aj edrez , matizando que existían otros
factores adicionales que durante el desarrollo del j uego podían va­
riar esta j erarquía.
Aprendimos en la unidad anterior que la movilidad de una pie­
za, añadida a su misión en el tablero, nos ofrece una referencia más
precisa, aunque también más difícil de interpretar, de su valor real .

El i ntercambio de piezas

Si no están c l a ros c i e rtos conceptos, surge la d u d a de cuándo


es perj u d i c i a l o favo rable u n interc a m b i o. C i e rtos casos apenas
ofrecen d u d as. R a ras veces no convie n e c a m b i a r u n a to r re o un
alfil por u n a d a m a , u n caballo por u n a torre, u n alfil p o r un
peón . . . , si b i e n n o se deben realizar s i e m p re por siste m a d i c hos
canj es. La fe ciega e n las j e rarquías puede ser razón d e g raves
despropósitos.

Más enj undiosa es la cuestión si sobre el tablero se nos plantea la


posibilidad de un cambio entre iguales teóricos (dos alfiles por dos
caballos, un alfil por un caballo o viceversa . . . ), puesto que aquí,
menos que antes, podemos aplicar una relación de sumas y restas.
Un trueque irreflexivo puede desequilibrar del todo la balanza.

Obviamente existen cambios forzados, que no ofrecen elección a


8
pesar de cuestiones de movimiento o actividad . Veamos un ej emplo:
7

Posición de partida
5

2
En este primer diagrama se ob serva que L-1 blancas no han de per­
der tiempo en apreciaciones posicionales respecto al caballo negro
o al alfil blanco. a b e d e g

1 02
Valor relativo de fas piezas (JI)

El cambio es indispensable para no incurrir en pérdidas materiales


abundantes .

l . A x d8, R x d8
5

Si las blancas no capturaban el caballo, perdían la torre, lo que a


todas luces no convenía. a b e d e g h

Pero no es de estos casos de los que se va a ocupar esta unidad .


Lo que se pretende es establecer algunas reglas generales que ayu-
den a determinar qué situaciones son buenas para el movimiento
del alfil y en qué tipo de posicio n es es preferible el caballo.

La lucha abierta del alfi l

No es necesario recurrir a consideraciones muy profundas para dar-


8
nos cuenta de que la ventaj a del alfil sobre el caballo es su capaci-
7
dad para desplazarse en largas distancias. Desnudo el tablero de pie-
zas y peones, un alfil necesita un máximo de dos tiempos para 6

desplazarse a cualquier casilla de su mismo color. Es, por tanto, 5


capaz de controlar puntos del tablero muy alej ados, y en eso radica
4
su fuerza.
3

2
Precisamente por esta facultad que el caballo no posee, no es des-
cabellado afirmar que en términos generales el alfil suele ser ligera-
mente superior al caballo. a b e d e g h

8
Debido a su a g i l idad e n desplazarse a pu ntos muy a l ejados d e l
tab l e ro y contro l a r casil las a d istancia , e l alfil s u e l e considerar­ 7
se, e n térm i n os g e n e rales, leveme nte superior al cabal lo. Esta
d ifere n c i a puede c u antificarse en m e d i o peón d e ventaj a .
5

4
Sin embargo, en una partida entran en j uego un gran número de
3
piezas , y su mera puesta en juego ya limita la acción de otras figu­
ras, enemigas y propias . En la posición del diagrama el alfil ya no
tiene tanta facilidad para moverse, y por tanto se prevé una lucha
equilibrada. a b e d e g

L a superioridad d e l alfil sobre el caballo e s m ás evide nte en po­


siciones a b i e rtas. Pa ra fortalecer su activ i d a d , deben ponerse
los medios q u e favo rezcan la apert u ra d e l j u ego.

103
Valor relativo de las piezas (Il)

Alfi l y caba l l o e n la banda


L a s u perioridad del alfi l sobre e l cabal l o en i m agen de c ó m o s e co n s i g u e, p u esto q u e tales
posiciones abiertas puede m an ifestarse tam b i é n situaciones pueden p rod u c i rse con cierta
e n las d i sti ntas pos i b i l idades de cad a u n a d e frec u e n c i a en las partidas. Si no h ay m ás p i ezas
estas p i ezas e n la b a n d a . U n alfi l solo e s capaz q u e l i m iten su h u i da, en cambio, el cabal lo jamás
por sí m i smo de e n cerrar a u n cabal lo q u e se logrará arri nconar al alfi l . Tam b i é n e l rey tiene l a
encuentra en el extre mo del tablero copando pos i b i l i d ad de capt u rar el caballo si éste s e
todos sus pos i b les movi m i e ntos (d i ag ramas de la e n c u entra en el vértice; e n cam bio, el alfi l e s
izq u i erda y del centro) . Conviene rete ner l a m ucho más escurridizo (d iagrama de l a derecha) .

4 4

a b e d e g h a b e d e g

El alfil blanco tiene El caballo negro no puede El rey blanco atrapa


la pos i b i l idad de bloquear mover. E l rey blanco puede al caballo, pero el alfil
el movi m i e nto del caballo acercarse para capt u rarlo : blanco puede escapar
neg ro. Rd2- c3-b4. del rey neg ro.

La a p e rt u ra d e l j u e g o p a ra favo re c e r l a m ov i l i d a d d e l os a l f i l e s

Veamos seguidamente un ej emplo muy instructivo de cómo se da


8
j uego a los alfiles abriendo la posición . Se trata de una partida j u­
gada por el ex campeón del mundo Mij ail Tal, con las negras . Su
rival era el maestro soviético Teschner. Hasta el momento ha efec­
tuado el blanco catorce movimientos por trece del negro. Corres­
ponde mover a Tal, que ya se ha trazado un plan de actuación muy
4
preciso.
3

Posición de partida

La primera j ugada pretende situar la dama en posición molesta . a b e d e g

14 . . .. , Da4 !
15. Tfel, bS !

Aunque no lo parezca, la primera medida para vitalizar a los alfi­


les, concretamente al Ag7 .

104
Valor relativo de las piezas (JI)

Las blancas no lo pueden impedir y prosiguen su j uego.

16. AgS, C X dS 17. e x dS, AfS


Retira el primero de 1 8 . Dd2, . . . 6

los obstáculos 5

Se puede realizar la primera comparación con los alfiles que circu­


3
lan por casillas blancas . El traslado del peón blanco de e4 a d5 ha
abierto una excelente diagonal para el alfil negro de f 5, mientras
que el Ag2 choca frontalmente con su peón central , lo que limita
su acción considerablemente. a b e d e

El siguiente paso es incorporar al Ag7 , lo que se consigue con:

18 . . .. , b4!

Un sacrificio de peón engañoso. No es adecuado para el blanco 1 9 .


c x b4 p o r 1 9 . . . . , Tc2 . Cuando l a dama se retire, las negras podrán
capturar en b2 y todo el flanco de dama se desmorona por la pre­
sión de las piezas contrarias . a b e d e

Las blancas pelean con recursos:

1 9 . c 4 , Dc2 ! !

Pero Tal no se dej a engañar. El truco defensivo del conductor de


las blancas era 19 . . . . , Tx c4? ? 20. b3 procurándose un doble ata­
que sobre la torre y la dama. Con la j ugada del texto, las negras
no sólo eluden esta defensa, sino que también privan al punto b2
de su mej or protección: la dama. El cambio de piezas puede ser un
excelente medio para favorecer la apertura del j uego. a b e d e g h

El trueque es forzoso:

20. D x c2, A x c2
21. Tacl, Ad3
22. Te3, . . .

Las blancas han de admitir la simplificación que va a producirse.


22 . b3 , . . . no era una medida oportuna en vista de 22 . . . . , Ab2 23 .
Tcdl , Ac2 24 . Td2, Ac3 ! , . . . con lo que las negras iban a ganar la
calidad . Tampoco era agradable 22. Tx e7, A x b2 23 . Tcel , Tx e7
24 . A x e7 , A x c4, y seguidamente A x a2 . a b e d e

105
Valor relativo de las piezas (JI)

Los alfiles despliegan en estas variantes toda su actividad . Las blan-


8
cas luchan por eliminarlos, pero ya han causado estragos.
7

2 2. . . . , A x b2 ! 25. Ad2, Tb8 6

23. Tx d3, A x cl 26. Ae3, a5


24. A x cl, Tx c4
4

3
Se entabla ahora una lucha distinta, que las negras afrontan con
las secuelas de su situación anterior. Han conseguido las negras dos
peones y una torre a cambio de los alfiles, pero éstos se han inmo-
lado por grandes beneficios para sus piezas compañeras . a b e h
I
d e g

Lo realmente defectuoso de la posición blanca es que su Ag2 no


participa de la lucha porque no goza de un campo de acción abier-
7
to; sus peones le obstruyen el camino. Las blancas intentan poner
remedio, pero es inútil . 6

5
27. Td2, a4 28. ... , Tcl 29. Tb2, Tal
4
28. Afl , . . . Más cortapisas para 30. Rg2, a3
Ya es tarde el alfil, ahora ya clavado 3 1 . Tc2, b 3 !

E l peón pasado decide la partida. Todos l o s males del blanco vie-


nen porque una de sus piezas es como si no estuviera. a b e d e g h

La partida está decidida.


8

32. a x b3, a2
7

33. Ae2, Tgl + ! 6

L ibera la casilla para la coronación del peón 5

34. R x gl, al = D +
4

Y Teschner se rindió algunas j ugadas más tarde. a b e d e g h

G e n e ra l m e nte, las s i m p l ificaciones c o n d u c e n a un juego m ás


abierto, si b i e n no son la ú n i c a m a n e ra de consegui rlo. Cuando
una estructura d e peones enemigos restringe l a m ovi lidad d e u n
alfi l , puede buscarse u n a d e b i l itación d e d i c h a estructura p ro­
poniendo u n c a m b i o

El alfi l ccbueno» y el alfi l ccmalo»

De la movilidad del alfil depende que se le dé la designación de «bue­


no» o «malo » . Cuantas más diagonales abiertas tenga a su disposi­
ción, tanto más eficaz será su trabaj o.

106
Valor relativo de las piezas (JI)

El ej emplo anterior ha mostrado cómo un solo peón colocado en


casillas del mismo color en que circula nuestro alfil puede eliminar
mucho j uego. Imaginemos lo que sucede si en realidad es toda una
cadena la que impide el libre desplazamiento. Observando este dia­
grama, resulta difícil valorar qué bando tiene mej ores piezas : al al­
fil negro le roban la libertad sus propios peones, y por esa causa
está condenado a un pasivo ir y venir sin obj eto. Muy distinta es
la realidad del alfil blanco.
Al estar situados los peones en cuadro negro, no estorban de nin­
gún modo el movimiento del alfil y éste tiene una actividad muy
superior a la de su homónimo. a b e d e g h

Por eso, a pesar de que el material sobre el tablero es escaso, las


blancas pueden conseguir una victoria, laboriosa pero sin excesivas
complicaciones:

l . Ra4, Rc7
2. Ras, . . .

El alfil negro no puede combatir por los cuadros negros, ni crear 2


amenazas preocupantes; por eso el rey blanco tiene las manos li-
bres para actuar en cualquier sector.
a b e e g

Las negras apenas pueden escoger entre una o dos j ugadas de alfil:
8

2 . . .. , Af7
7

3. Ac4 ! , . . .
5

2
Antes de movilizar los peones, las blancas restringen aún más la
movilidad del alfil negro. Obsérvese como sólo dispone de una día-
gonal cortísima (f7-g8) , forzado por la protección de su peón « e » . a b e e g

L a impotencia de esta pieza e s tragicómica. Obsérvese qué radical


8
sería el cambio si esta pieza se hallara, por ej emplo, en d5 .
7

3 . . . . , Ag8 5. bS, a x bS 6

4. a4, Af7 6. a x bS , Ag8 5

3
No se animan las negras a eliminar más peones con 6 . . . . , c x b5
2
porque tras 7 . A x b 5 , las negras se veían en la triste disyuntiva de
permitir la entrada del alfil (7 . . . . , Ag8 8. Ae8) o la penetración del
rey (7 . . . . , Rc8 8. Rb6) . a b e d e g
Valor relativo de las piezas (JI)

Las blancas prosiguen con su plan:

7. b6 + , Rd8
8. Rb4, . . .

Apréciese la diferencia exagerada entre la actividad de las figuras


de uno y otro bando. El rey negro no puede alej arse del flanco de
dama por una amenaza sutil . Contra, por ej emplo, 8 . . . . , Re7 9 .
Aa6, b x a6 1 0 . b7, . . . , coronando inevitablemente. E l alfil, e n cam­
bio, no puede moverse por una pura cuestión espacial . a b e d e

En cambio, las blancas pueden desplazarse con comodidad por todo


8
el tablero.

8 . .. . , Af7 10. Rd4, . . . 6

9. Rc3, Rd7 5

4
¿Qué intenta el blanco? Su idea es penetrar por las casillas negras
3
del flanco de rey, que no tienen protección efectiva . Para ello sacri­
2
ficarán un peón (f5), pero la posterior entrada Re3 , Rf4, Rg5 com­
pensa de sobras la dádiva, puesto que toda la posición negra se des­
morona. a b e d e g h

Para adelantarse a este plan, las negras realizan un tímido intento


de dar respiro a su alfil:

10 . .. . , gS
11. f X gS, Ag6
12. Re3, Af7
13. g6 ! , . . .
3

2
La posterior irrupción del rey por la casilla que ahora queda libre
tendrá decisivos efectos. La invasión de la retaguardia negra bien
vale el sacrificio. a b e d e g h

No hay más opción que aceptar el inmolado infante.

13 . .. . , A x g6
14. Rf4, AfS
15. Ae2 ! , . . .

Después de 1 5 . . . . , Ag6 16. Rg5 , no sólo se conquista el peón ame­


nazado, sino que el ulterior avance del peón «h» será inapelable. a b e d e

108
Valor relativo de las piezas (JI)

El ej emplo nos revela que existe una estrecha relación entre las pie­
zas menores y la configuración de peones . No en balde se dice que
la estructura de peones constituye la verdadera columna vertebral
de la posición.

La a rti c u l a c i ó n d e los peones defi ne la actividad d e l a s piezas


m e n o res. En t é r m i n os generales, éstos deben c o l o c a rse en las
casi l l as de c o l o r d isti nto al del alfil , para que su ubicación no
i m pida el desplazamiento de éste. Al alfil que está encerrado den­
tro de su estructura, se le llama alfil ccm a l o n .

La fuerza del caballo en las situaciones de bloqueo

De la capacidad del alfil para correr a toda prisa de un extremo a


otro de las 64 casillas (cada alfil puede controlar 3 2) cuando el ta­
blero está ligero de piezas, ya se ha hablado a lo largo de esta uni­
dad . Pero cabe preguntarse qué sucede cuando la estructura de peo­
nes está recíprocamente fij ada y se produce una situación de bloqueo.
En definitiva, muchas veces se trata de una lucha del caballo con­
tra el alfil malo. Estudiemos las posibles consecuencias con un ca­
racterístico y sencillo ej emplo extraído de una partida real .

Analicemos las fuerzas de ambos rivales en este diagrama:

Posición de partida

¿A quién debemos atribuir las mej ores perspectivas ? Baste compa- 4


rar las posibilidades de ambas piezas menores. Casi puede confun-
3
dirse al alfil negro con uno de sus peones . El bloqueo le impone
2
un campo de acción muy restringido, mientras que el caballo pue-
de maniobrar con soltura, puesto que el cierre de la partida no re-
quiere maniobras rápidas . a b e d e g h

Aprovechando su mej or disposición, las blancas se disponen a ocu-


par las casillas óptimas desde las que preparar el asalto definitivo.

l. CcS ! , . . . l . . . . , Ac8
Con l. Cf4, Ae8 el alfil negro
quedaba menos ah ogado
4

3
El caballo es una pieza idónea para ocupar cuadros débiles , esto
2
es, casillas en que una pieza puede instalarse cómodamente sin la
posibilidad de que un peón enemigo la ahuyente. El caballo puede
alcanzarlas en casillas de cualquier color. a b e d e g h

109
Francia, PA R TIDA S � 1
¡
tierra de
asi lo El bufón acorralado
ajed recístico Partida j ugada en París, 1933
Francia siempre destacó, tan­
to en ajedrez como en otros
Blancas: Alekhine
campos de la cultura, por su
Negras: Cukiermann
gran capacidad de acoger e in­
tegrar a gentes de diversas
procedencias y naciones. El
Los franceses conocen esta 5. e3, Cb-d7
estado francés ha logrado inte­
partida como la del alfil fou, 6. Cf3, 0-0
grar en su cultura a los extran­
palabra que, entre otros sig­ 7. Tcl , b6
jeros que pueden aportar algo
nificados, tiene el de bufón. 8. c x dS, ...
valioso. Así, por ejemplo, los
Pero un bufón solía inspirar
ajedrecistas de todo el mundo
hilaridad . El alfil o bufón ne­
siempre han sido bien recibi­
gro de esta partida, en cam­
dos en París y se les ha dispen­
bio, inspira más bien una cier­
sado el trato más correcto (es­
ta pena.
pecialmente, claro está, sí eran
grandes maestros del juego­
l . d4, dS
cíencía que podían sumar su
2. c4, e6
gloría a las glorías francesas).
Gracias a ello, Francia puede
Gambito de dama, defensa
enorgullecerse de la ciudada­
ortodoxa, muy habitual.
nía francesa de Alekhíne cuan­
do éste ganó el título mundial a e d e g h
3. Cc3, Cf6
(y posteriormente, como es ló­
4. AgS, Ae7
gico, por ejemplo en 1933, fe­
cha de la partida adjunta). El Para privar de perspectivas en
campeón ruso, de familia aris­ la diagonal más larga al alfil
tocrática perjudicada por la re­ negro, que se instalará en b7.
volución soviética, ya era un
8 . .. . , e x dS
hombre cosmopolita y viajero
9. AbS, . . .
antes de la misma, pero defini­
tivamente se sintió poco a gus­
to en el nuevo régimen, más
4 Incita al alfil negro a que dis­
cuando los dirigentes sospe­ 3 pute la casilla c6, quedando,
charon de su campeón como por ende, en la situación sin
de una persona poco adicta. perspectivas que supone la ca­
Llegó incluso Alekhíne (por en­
silla b 7 .
a e d e g h
tonces un joven ajedrecista,
9 . . . . , Ab7
campeón de Rusia, que había
10. 0-0, a6
cursado la carrera diplomática)
Las piezas de ambos bandos 1 1 . Aa4, cS
a conocer la cárcel en Odessa
(para librarle de la cual, por
se desarrollan en función de
cierto, tuvo importancia la inter­
la presión blanca sobre la ca­ Las negras intentan su libera­
silla d5 . ción, pero Alekhine encontra-
vención directa de Trotsky,
quien se inclinaba fa vorable­
mente hacía él como buen afí-

1 10
, FA MO SA S
rá la maniobra de gran exac­ 22. b4, Cd3
titud que dej ará la lucha re­ 23. Te7, Rg8
ducida al combate de su torre 24. Ce8, C X b4
y bu enos caballos frente al al­ 25. C x b6, Tb8
fil malo de las negras.
Se amenazaba 26. Ta7 , ga­
12. A x d7, C x d7 nando el alfil .
13. A x e7, D x e7
14. d x es , D x eS 26. Cd7, Td8
27. a3, Cd3
28. Ta7, Te8
29. Rfl
Alekh i ne, campeón del m u ndo
d u rante una vei nte na de años,
adoptó en 1 927 la naci onalidad
francesa.

cionado que era al ajedrez, al


igual que Lenin). Pero no mucho
3
después de este incidente,
Alekhine abandonó la residen­
cia y la ciudadanía soviética.
a e d e g h Y fue la nacionalidad francesa
la que, tras su salida de Rusia,
adoptó aquel que en 1927, ya
poseyéndola legalmente, iba a
Para defender el peón de d 5 ,
llegar a campeón del mundo
que ahora será bloqueado por
tras batir a José Raul Capa­
el caballo de las blancas .
blanca en el épico match de
Buenos Aires. Eso no llama la
15. Cd4, Tae8 Las negras se rindieron. Si,
atención, pues, desde el turco
16. CfS , Rh8 por ej emplo, 29 . . . . , Cb2 30.
Philipo Stamma, en el siglo
Cb6, Tcl + 3 1 . Re2, y habría
xv111, muchos fueron los ajedre­
Desea evitar un j aque doble que resignarse de todas mane­
cistas que residieron largas
en e7 , que de hacerse posible ras , pues no hay más j aques
épocas en Francia (también en­
permitiría la captura del peón útiles para las negras . En
tre ellos hubo otros rusos céle­
de d5 . otras variantes también se
bres, como Kieseritzki) o inclu­
pierde el desgraciado bufón
so se nacionalizaron franceses.
17. Ce2, Db4 de a8 , lo que da a las blancas
Pese a que Francia nunca ha
18. Dd4, D X d4 una ventaj a más que decisiva.
vuelto a ser una primerísima
19. Ce2 x d4, Tx el
potencia, desde su época glo­
20. Tx ct, Ces
riosa del :siglo pasado con
21. Cd6, Aa8
Louis de Labourdonnais, sí que
ha sido siempre lugar de fuer­
Lamentable, pero no es eso
tes torneos y tradición en eljue­
todo, pues este alfil seguirá
go. En el actual equipo francés
viendo amenazada su propia
son varios los jugadores «adop­
vida.
tados», procedentes de diver­
sas naciones de origen, como
por ejemplo Boris Spassky.
lll
Valor relativo de las piezas (Il)

Una vez han dej ado al alfil negro en la mínima expresión de movi­
mientos (está condenado a defender su peón «a») , las negras pron­
to se quedarán sin j ugadas .

2. Rf4 ! , ... 2 . . . . , Rg6


El rey negro se ve
obligado a dar entrada al blanco

Una medida tan penosa como otra cualquiera. Mover el alfil signi­
ficaba ceder en la defensa del peón. Desplazar el rey al otro lado
hacía perecer el peón h5 tras 5 . Rg5 , . . . a b e d e

La j ugada que s e expone en el texto también dej a el paso libre para


8
una penetración fatal .
7

3. Res , Rg7
4. Rd6, . . .

Las blancas van a eliminar todos los peones del ala de dama y pos­
teriormente llevaran los suyos hasta la octava línea. a b e d e

Veamos la continuación.
8

4 . . . ., Rf6 7

S. R x c6, Re7
6. Rb6, . . .

También era simple 8. R x d5 , pero las blancas j uzgaron suficiente


el acecho al peón a6. a b e d e

Las negras decidieron no prolongar la luchar y abandonaron tras :

6 . .. . , Rd6
7. C x a6, . . .

En general, puede considerarse que el caballo es superior al alfil


en las posiciones cerradas, donde la teórica rapidez del peón del
alfil queda colapsada y dej a paso a la agilidad saltarina del caballo. a b e d e

112
Valor relativo de las piezas (JI)

El anterior final muestra la habilidad del caballo para alcanzar «agu­


j eros » , nombre que en la j erga aj edrecística reciben las casillas dé­
biles óptimas para colocación de una pieza, y utilizarlos como cen­
tros de operaciones. Comprobemos esta tesis en una partida menos
avanzada en su desarrollo. 5

4
Posición de partida
3

Lo primero que se observa es que el alfil blanco está excesivamente


restringido por sus propios peones, lo que ya hemos dicho que no
es positivo. a b e d e g h

En un primer vistazo puede parecer que tampoco el caballo negro


goza de grandes perspectivas, pero en este tipo de posición no se
7
le dificultan las maniobras :

l . . . . , CaS !

Las negras han detectado un aguj ero en c4 y hacia él se dirigen con


su caballo. Desde ese punto ej ercerá una fuerte presión en el terri-
torio contrario. a b e d e g h

Las blancas no pueden luchar, ni siquiera manifestarse mínimamente,


por el control de este cuadro; por ello tratan de realizar j ugadas
7
con cierto sentido. Llevan su torre de una casilla inoperante a una
columna semiabierta.
5
2. Tabl , Cc4 3. Ael , . . . 3 . . . . , A x b4 ! 4
Defienden s u peón c3
3
y por ello realizan esta pasiva retirada

Las negras realizan una comparación lógica y observan que su ca-


ballo es muy superior al alfil blanco. Con este cambio eliminan la
mej or pieza de las blancas y a la vez producen un final favorable. a b e d e g h

Las blancas , que quieren al menos eliminar la debilidad de c3 , de-


ciden tomar con su peón:
7

4. c x b4, Ca3 !
5

4
La captura con el peón tiene sus inconvenientes, ya que con ella ha
quedado abierta la columna «C», por donde la torre negra prepara
su irrupción. A ello iba destinada la retirada del caballo. No debe
preocupar que se abandone la casilla clave, pues a ella puede regre-
sar el caballo negro cuando sea preciso. a b e d e g h

113
Valor relativo de las piezas (JI)

Las blancas ponen a salvo su torre.


8

5. Tb3, CbS 6. e3, Tc2


A tacando el peón d4 7. a4, Cd6
8 . as, ...
4

3
Situar un peón más en cuadro negro no es lo que, por regla gene-
2
ral, debe hacerse cuando se posee el alfil que circula por casillas
de dicho color, pero en este caso era la única manera de conservar-
lo ante el futuro ataque de la torre (Ta2) . a b e d e

Las negras, muy acertadamente, persisten en el bloqueo para aho-


8
gar aún más las piezas blancas .
7

8 . .. . , bS 9. Tc3, . . . 9 . . .. , Tac8 !
Las blancas buscan 10. Tx c8 + , C x c8
cierto alivio en el cam bio
4
de una torre
3
No ha cedido un ápice el segundo j ugador en su dominio absoluto
2
de la columna abierta y de la séptima horizontal, y aunque el caba-
llo se ha alej ado momentáneamente del campo de batalla, nada le
impedirá volver, y menos el inoperante alfil contrario. a b e d e g h

Las blancas buscan un camino para dar paso a su torre:


8

1 1 . f3, Ce7 13. Tbl , CfS


12. Af2, Rf7 14. Rfl , Cd6
El rey se incorpora
a la lucha
4

2
Vemos cómo se ha producido el retorno del caballo, y ahora su ac-
ción será mucho más efectiva, pues las blancas no han tenido más
remedio que debilitar sus líneas .

Pronto no habrá j ugadas para las blancas :


8

15. Tb3, Cc4 7

16. Rg2, fS
17. Tbl, . . . 5

4
Las negras empiezan a recoger los primeros frutos. Con la j ugada
3
del texto, las blancas ceden un peón, pero era un mal sin remedio.
2
Si j ugaban 1 7 . Rgl , . . . también lo perdían tras 17 . . . . , Cd2 1 8 . Td3 ,
C x f3 + . Y mucho peor aún sería f4?, Cd2 1 8 . Td3 , Ce4, perdiendo
el alfil . a b e d e

1 14
Valor relativo de las piezas (JI)

Las negras toman el obsequio con sumo gusto :


8

1 7 . . .. , C x e3 + 7

1 8 . Rgl, f4 !
19. g X f 4, CfS

2
No sólo hay que detectar los aguj eros, sino también saber crearlos .
C o n s u j ugada 1 8 las negras han destrozado l o s peones blancos y
creado una magnífica base de operaciones en f5 . a b e d e g h

Las blancas s e limitan a esperar su fin.


8

2 0 . Rfl , g 6 7

21. Tb3, Re7


22. Tbl, Rd7 5

Antes de emprender acciones, las negras se han dedicado a mej orar


al máximo la posición de sus piezas . a b e d e g h

De tal manera, el rey controlará en esta casilla cualquier irrupción


eventual de la torre por la columna « C » .

23. Tb3, Tc4 !


5

2
Las blancas se rindieron. Ahora sucumbirá e l peón blanco e n d4,
o el de b4 si la torre se empeña en defender el primero, y posterior-
mente sucumbirá toda la formación blanca. a b e d e g h

Las posi c i o n e s c e r radas, propicias para m a n i o b ras m ás l entas,


favorecen el juego del caballo, que no tiene dificultades para des­
plaza rse entre g rupos abundantes d e pi ezas, y q u e en realidad
lo hace c o n l a m is m a fac i l idad q u e en situac i o n es despejadas.

Otra norma a tener en cuenta en la lucha de un caballo contra el


alfil es la de situar los peones propios en las casillas de circulación
del alfil enemigo, lo cual sirve para restarle actividad . El siguiente
ej emplo así lo desmuestra.

115
Valor relativo de las piezas (JI)

Las blancas han colocado casi todos sus peones en cuadro negro.
Escapan así de la amenaza del alfil negro que circula por las casillas
blancas, pero con ello le dan una facilidad de movimiento nada re­
comendable.

Po sición de partida

Las negras pueden j ugar, por ej emplo, l. . . . , Af3 , y después intenta­


rán la maniobra Df5-Dh3 , que planteará amenazas graves . a b e d e

Mucho más difícil lo tiene e l alfil negro e n esta otra posición. Las
blancas, que luchan con un caballo, han optado por poner sus peo­
nes en cuadro blanco. No dej an de ese modo casillas débiles para
que se instale el alfil y a la vez dificultan su movimiento.

Po sición de partida

La diferencia entre los dos últimos ej emplos es notable. a b e d e g h

El origen del actual j uego del


aj ed rez tod avía no ha sido
cl arame nte estab lecido, ya q u e
existen vari as civil izacio nes
ant i g u as a las q u e se atribuye
su pate r n i d ad . A lo largo de los
tiem pos se han hallado
n u m erosos vestig ios q u e
m u estran u n precede nte más o
menos re lacionado con este
j uego. U n a de las c u l t u ras a las
q u e se atribuye su creación es
la egipcia. E n este m u ra l ,
desc u b i e rto e n la t u m ba d e
N efertiti (s. x 1 v a. C. ) , en Tebas,
la princesa egipcia j u ega a u n a
espec i e de aj ed rez en su
pabe l l ó n .

Foco: !.G.D.A.

116
EJ E R C I C I OS 20

Ejemplo 1 momento actual este bando


8
tiene un peón de m e n os y, lo
7
Ya he mos ad elantado en esta q u e es más i m po rtante, su alfi l
u n i d ad q u e la m áx i ma choca fro nta l m e nte con u n a 6

asp i ración para u n alfi l es te ner só l idq. formación de peones (c6,


el máx i m o de d i agon ales b7) q u e le i m p ide acciones
abiertas por l as que ej ercer su i m portantes en l a g ran d i agonal .
3
ráp ida capac i dad de Lo fundamental es q u e el alfi l
desplaza m i e nto. Por tal razó n , rec u pere su fac u ltad ofens iva
las situaciones d e j u ego ab ierto e l i m i nando los obstác u los q u e
le res u ltan m uy favo rab les, la d ificulta n . ¿Có m o? H ay q u e a b e d e g
su perando e n ese sentido las d e b i l itar la estructura: e l l o se
l i m itaciones del caballo. logra con 1 . a 6 ! , . . . . Desde el J ue g a n blancas
otro extremo del tab l e ro, el alfi l
bl anco hace daño. S u l ej a n ía no E l alfi l b l anco está m uy l i m itado
le i m pide crear amenazas y por sus propios peones,
evitar 1 . . . , b x a6 2 . A x c6 + m i e ntras que el caballo está
seg u ido de la to m a de l a to rre. preparado para realizar u n a
La sec u e n c i a q u e s i g u e es más i m portante labor de pres i ó n .
o menos forzada : 1 . . . , Cd6 2 .
.
Este a n á l i s i s parece revelar q u e
a x b7, T b 8 3 . A x c6 + , R d 8 4. las blancas van a enfrentarse a
Tx a7, Rc7 5. Ta8!, C x b7 6. u n a situación d ifíc i l . Tiene n , s i n
Tx b8, R x b8 9. A x b7 y ahora e m bargo, l a opción de eq u i l i b rar
son las blan cas q u i e nes tienen el j u ego : 1 . Ag4, . . Ap rovechan
.

u n peón de ventaj a y las la c i rc u n stan c i a de q u e e l


mejores pos i b i l i d ades para cabal lo está clavado. 1 . . . . , Td8.
ganar l a partida. Respu esta lógica, pero 2.
J uegan blancas
A x d7!, Tx d 7 3. Re3. Las
blancas han e l i m i nado la mejor
E n el d i ag rama el tab lero está Ejemplo 2 p i eza de las negras
bastante l i m pio de f i g u ras, lo
despre n d i é n dose, además, de
q u e en pri n c i p i o debe favo recer C u ando u n a pieza pasiva, s i n su f i g u ra más torpe. Una doble
la actividad de la p i eza menor ape nas j u ego, tiene la ganancia posicional q u e
de las blancas ; pero e n el pos i b i l i d ad de cam b i arse por restabl ece la i g ual dad .
una que desp l i ega u n a
actividad m ucho m ayo r, no debe
d u d arse de que se trata de un
buen negocio. Au n q u e e l valor
teórico sea e l m is m o (o i ncl uso
a veces un poco s u perior) , la
fuerza que d e m u estra en el
tablero ro mpe ese eq u i l i b rio, por
lo que el trueq ue beneficia al
bando d é b i l .

117
EJ E R C I C I OS 20

Problema 1 Problema 2 Problema 3

8 8

7 7

6 6

5 5

4 4

3 3

2 2

a b e d e g h a e d e g h a b e d e g h

J uegan blancas J uegan blancas J uegan blancas

Antes de e m pezar un est u d i o U n a p i eza de ventaj a , a cam bio La ausencia de u n peón negro
sobre la situación del tab l e ro, de dos peones, es l o q ue tienen en la col u m n a «C» , en u n ión del
conviene record ar las d i fere ntes las negras, q u e ad emás estado avanzado d e l peón «e» ,
desventaj as de las p iezas amenazan capt u rar con su alfi l da como resu ltado u n a
menores en la banda, en c?. Las negras se am paran exce l e nte cas i l l a para i nstalar
apu ntadas e n esta u n i d ad . e n un conocido rec u rso : el e l cabal lo e n d5. ¿ P uede
Lo p r i mero q u e cabe resaltar j aq u e atravesando el rey, para i nstalarse i n mediatame nte? E n
es q u e las blancas tienen la contro l ar de manera i n d i recta la efecto : n a d a lo i m pide, pero ello
pos i b i l i d ad de captu rar coro n ación del peó n . De esta perm iti ría e l cam bio por e l Ae6,
i n m ediatame nte el caballo, pero manera el avance del peón «C» y sería m ag n ífico te ner u n
no sabemos s i es esto lo q u e se ría contestado con un j aq u e cabal lo e n d5 s i n q ue n i n g u n a
m ás conviene. E l rey negro esta de alfi l e n l a d i agonal h3-c8 pieza negra p u d i e ra compet i r
muy cerca del peón y capt u rando des p u és l a p i eza p o r e l dom i n i o de e s e cuad ro.
conocemos q u e, si no h ay más q u e hayan transformado l as Razonando p u ede h a l l arse u n a
material e n e l tab l e ro, u n a p i eza blancas. É se era al m e nos el so lución a este problema:
menor y el rey son i nsuficientes razo n a m i e nto q u e s i g u i e ron las buscar la m ej o r j ugada del
para dar m ate. Es vital , por neg ras para perm i t i r q ue se blanco, q ue perm ita afrontar l a
tanto, conservar e l sol itario l l egara a la situación reflej ada. l ucha futura e ntre u n a pieza
i nfante. Apu ntad ás estas notas, La cuestión q u e se plantea es menor b i e n u b icada y otra, del
¿cuál cree q u e es la m ejor la s i g u i ente: ¿su pensa m i e nto lado contrario, con d ificu ltades
cont i n uación q ue t i e n e n las era completame nte acertado o para encontrar un espacio
blancas para asp i rar a u n a presentaba l ag u n as e n alg ú n abierto e n q ue moverse.
victoria? p u nto? J ustifi q u e s u resp uesta
con la variante q u e le l l evó a
ded u c i r l a .

118
EJ E R C I C I OS 20

Problema 4 Problema 5 Problema 6

8 8 8

7 7 7

6 6

5 5

4 4

3 3

2 2

a b e d e g h a b e d e g h a e g

J u egan blancas J uegan blancas J uegan blancas

El j uego de l as neg ras h a dado N o se re p rod uce sobre el Posición abierta y defectos e n
como res u ltado algo que ya tablero una pos i c i ó n bloqueada, el desarro l l o por parte de las
hemos dicho q u e debe evitarse por lo q u e debe pensarse que negras. Todo i n d ica q u e la
en la medida de lo pos i b l e : son las blancas las m ejor situación es favorab le al b l anco,
dejar u n alfi l propio ence rrado preparadas. E n co m p e nsación a y e n este caso las apari encias
tras u n a cad e n a de peones. la su periori d ad del alfi l , el negro no engañan . El alfi l q u e c i rc u l a
Tam poco el alfi l de las blancas d ispone de u n rey m uy bien por cuadros blancos d o m i n a
está total m e nte l i b re de este situado (cabe señalar q u e e n u n a excele nte d i agonal , pero e l
detecto, pero tiene m ás l o s fi nales de parti d a , cuando otro choca con u n a sól ida
d i ago nales l i b res q u e su resta poco m aterial , e l rey j uega formación q u e l i m ita bastante
homólogo. Obviame nte, al un papel muy i m po rtante, como su j u ego. Si se revitaliza a este
tratarse de una posición una pieza m ás, y por ello el alfi l , se logrará tam bién u n
cerrad a, de prod ucirse una centro del tab lero es u n a i m po rtante i ncreme nto de l a
l u c h a de alfi l co ntra cabal lo el situación favo rab l e) . Pero e l ventaj a . De hecho, u n j u ego
j u ego debe favorece r al bando facto r decisivo e n contra d e l p reciso p roporciona u n a
q u e te nga el caballo. Au n q u e seg u n d o j u g ador es q u e e l peq ueña pero i m portante
p o r el momento exi ste u n a g ran cabal lo está e n e l extre mo, s u perioridad m aterial . H ay
cantidad de m aterial en el lo cual se debe explotar q u e j u gar con lóg ica y
tab lero, ¿ p u ede forzarse una i n mediatame nte, antes de q u e contu ndencia.
s i m p l ificación q ue dej e a u no l as negras le p o n g a n re medio.
de los j u gadores con u n a pieza
más activa y m ejor u b i cada
para afro ntar el final?
SO LU C I O N ES 20

Solución 1 4. h x g4, Rf7 5. Td 2!, . . . Solución 5


seg u ido de CdS. E l cabal lo
La cont i n uación correcta n o es blanco es m uy s u perior al El cabal lo en la banda es
1 . R x g6, ya q u e, tras 1 . . . . , enclaustrado alfil y por tal razón s i e m p re susceptible de ser
Tx h4 2 . A x h4, Rb6, l as negras se p u ede considerar favorab le atrapado por el alfi l (recordar
captu ran el ú n ico peón bl anco y la posición de l as blancas. rec uad ro i l ustrado de esta
por ausencia de mate rial u n idad). 1 . cG!, R x c 6 2. A x es,
suficiente para dar m ate la RdS 3. d4. El cabal lo negro no
partida es tabl as. Lo preciso es Solución 4 tiene h u ida por n i n g u n a cas i l l a .
1 . Tx h8, C x h8 2 . R g7, . . . Las C u a n d o las blan cas j u egen 4 .
blancas capt u ran i g u a l m e nte e l Las blancas p u eden forzar u n g 4 , deberá perecer.
caballo e i m p i d e n con e l alfi l el final m u y favorab le de cabal lo
avance del rey. activo contra alfi l malo de la
manera s i g u iente : 1 . Tx e7, Solución 6
Tx e7 2 . Tx e7, D x e7 3. Ag S!
Solución 2 (la clavada del cabal lo aseg u ra Para abrir el j u ego el alfil en c3,
el cam b i o de esta pieza) 3 . . , . . l as blancas pl anean dos
Las blancas ganan g rac i as a Rf7 4. A x f6, D x f6 5. D x f6 + , ruptu ras. Espec u l an para ello
u n a sorprende nte coro n ación : R x f6 6. f4! , bloq ueando los con q u e el peón f6 negro no
1 . c8 = C + , Rd8 2 . C x b6. peon es e n c u ad ro negro, puede m over sin c u i d ado ni
Han ganado dos pi ezas : el medida perj u d icial para e l alfil desaparecer, p uesto que las
alfi l captu rado y la pi eza negro. Seg u idamente el cabal lo blancas j ugarían Ae5 cazando
transformada. se i n stalará e n d4 y el blanco la clavad a torre e n e?. 1 . eS!,
disfrutará de u n a posición más Cd7 2 . e x f6!, g x f6 3. gS!, Tf8
cómoda y favorable q u e la de 4. g x f6. La capt u ra 4 . . . . , C x f6
8
su rival . no es pos i b l e a ú n por 5. Ae5,
pero c u ando la Te? o el Rb8 se
6 aparte n , l as blancas defend erán
8
5
su peó n de ventaj a con 5. Thf1 .
El peó n de más da u n a ve ntaj a
4
i m portante s i a ello s e añade
3
que las p i ezas blancas están
2 mejor situad as.

8
a b e d e g h
2

Solución 3 a e d e g h 5

4
Tras 1 . Ag 4, . . . l as blancas
cam bian el alfi l , la m ejor p i eza
2
menor de las negras, y se
aseguran el control para
siempre de d5. P. ej . 1 . . . . , Tc8 a b e d e g h

2 . A x e6, D x e6 3. Dg4, D x g4
UNIDAD 21
El alfil y el caballo mantienen una lucha desigual
a pesar de su equilibrio teórico. Como regla general,
se considera que la movilidad del alfil es superior
a la agilidad del caballo, si bien para ello precisa
diagonales donde ej ercer su función. En la presente D Valor relativo· de
unidad se estudian los modos de abrirle líneas y las piezas (1 1 1)
• Los alfi l es e n
aprovecharlas . También se muestra la fuerza
posiciones de
conj untada de ambos alfiles .
sem i b l oq u eo
• La parej a de alfi les
• Los alfi l es como
arma d e ataq ue
• E l m ate de los alfi l es
e n el med io j uego
D Resumen
• U n i dades 20 y 21
D Partidas famosas
• La parej a de
m is i l es.
Las Pal m as, 1971
D Ejercicios
• Ej em p los y
p roblemas
D Soluciones
Val o r re lativo
de las p i ezas (1 1 1)
En la unidad anterior dij imos que los caballos valen algo menos
que los alfiles. Se estableció, incluso, un atrevido cálculo de aumento
potencial del valor de los alfiles, cuando existen ambos en acción .
Esto es fácil de comprobar para quien coloque un alfil solo en el
tablero. Hasta en la situación más desfavorable controlará siete ca­
sillas, mientras que un caballo esquinado únicamente dominará dos.

Esto quiere decir que existe una razón matemática para que el alfil
sea teóricamente mej or. Pero como en aj edrez, para luchar, es ne­
cesario que existan otras piezas, dependerá de la situación de estas
otras, especialmente de los peones de cada bando, que los alfiles
puedan hacer uso de su movilidad .

Los alfi les en posiciones de sem i bloqueo

La unidad anterior presentó diferentes casos de alfiles en diagona­


les libres, así como algunos bloqueos absolutos donde el alfil esta­
ba encarcelado tras los barrotes que conformaban su propia estruc­
tura de peones.

En la fase final del j uego, cuando el tipo de posición ya se ha defi­


nido, es fácil que se den estos extremos, pero en el medio j uego o
incluso en la apertura lo normal son situaciones semiabiertas (o se­
miceri:adas) , en las que la movilidad de las piezas y el papel que 6

j ugarán en un estadio más avanzado aún no se han podido deter­ 5


minar. Es en ellas donde deben prepararse las condiciones para que 4
desplieguen las piezas su máxima actividad .
3

Posición de partida

a b e d e g

Véase la situación del alfil blanco de g2. ¿Puede decirse que carece
de j uego? Lo lógico es pensar de ese modo, puesto que en su acción
sobre la gran diagonal está interceptado por cuatro peones: tres ne­
gros y uno blanco.

122
Valor relativo de las piezas (l/J)

Sin embargo todo cambiará con un par de j ugadas bien hilvanadas:

l. e x dS, c x dS
Ya se han eliminado dos de los peones
2. c4 ! , . . .

Una mínima presión sobre los peones que restringían la movilidad


del alfil permite definir la situación en el centro y devuelve al alfil a b e d e
de casillas blancas una inusitada movilidad .

Desarrollemos una probable continuación de los acontecimientos:

2. . . . , Cb6
No pueden permitirse 2. . . , d x c4 3. D x c4 +,
.

Rh8 4. A x b 7, , pues perderían un peón


. . .

3. c x dS, Cf x dS ?

Era necesario renunciar a esta captura que les abocará a pérdidas


superiores. Ahora las blancas presionarán sobre el peón e5 y luego
sobre las piezas que han quedado comprometidas en las columnas a b e d e
centrales .

Lo harán provocando un tema táctico bien conocido :

4. Cc4, . . . 5. Tfdl ! , De6


A taca en e5 6. C x d6 , D x d6 6

4 • , Tfe8
. . .
7. T x dS ! , . . . 5

La esencia de este sacrificio aparente de las blancas es la clavada


que a continuación realizarán. Las negras debían haber evitado este a b e d e g h
contratiempo renunciando a la defensa del punto e5 .

La respuesta es forzada:

7 • . . . , C x dS
8. Tdl , . . .

La subsiguiente captura del caballo es irremediable. Obsérvese cómo a b e d e


ha mej orado la función de los alfiles.
123
Valor relativo de las piezas (!//)

En la posición que sigue, ambos alfiles negros están limitados. El


de g7 por su peón e5 y el de c6 no va más allá de f3 .

Posición de partida

Las negras se valdrán de una ruptura en el centro para conseguir


que sus alfiles recobren la actividad . a b e d e

El plan del bando negro comienza su aplicación así:

l . . . . , e4!
2 . f x e4, . . .
Si 2. C x e4, Aa4 gana la calidad
2 . . . . , Ad4 +

Un simple sacrificio temporal ha modificado de manera sobresalien­


te la situación de este alfil . Ahora no sólo ej erce un incontestable
dominio sobre la gran diagonal, sino también sobre la diagonal a7-gl .

Las blancas se retiran del j aque.

3. Rhl , fS !

Especulan las negras con la irnpovilidad del peón « e » a causa de


la amenaza de mate sobre g2. Esta nueva ruptura, además de favo­
recer la apertura de la columna « f» para la torre, permite que el
Ac6 participe en la batalla de manera muy activa. a b e d e

Menos c;onvulsivo es el procedimiento para revitalizar el alfil en la


posición que se reproduce a continuación:

Posición de partida
5

2
Poco futuro tiene el alfil blanco en la diagonal hl-a8 . En su actual
situación, su movilidad apenas le distingue de un simple peón, de
manera que convendría tomar medidas . a b e d e

124
Valor relativo de las piezas (Jll)

Se impone un cambio de diagonal:

l. Ae2 ! , Rh8
2. Ac4, . . .

¡ Qué diferente resulta todo de pronto ! Mediante un simple trasla­


do, una pieza hasta ahora inoperante ha incrementado su j uego casi
3
en un 1 00 %. Debe siempre considerarse cuál es la mej or ubicación
para una figura. 2

a b e d e g h

En u n a posic i ó n de semibloqueo, los alfiles aparente m e nte sin


j u e g o pueden desarro l l a r sú bita m ente u n a g ra n m ovi l i d a d . Para
e l l o debe colabora rse con planes adecuados q u e l i b e re n su ac­
tividad , y estos planes suelen consisti r e n l a ruptu ra d e la es­
tructura que los oprime o el traslado hacia diagonales m ás libres.
Para lograr estos traslados de posición y encontrar la casilla ade­
cuada e n la que se desea la n u eva ubicación d e estas p iezas, es
preciso a veces hacer dos o tres m ovi m i e ntos d e sa lto para pa­
sarla d e un extremo a otro del tab l e ro, c i r c u n d a n d o las piezas
que I nterceptan el c a m i n o d i recto.

La pareja de alfi les

Si bien se ha estado repitiendo que el alfil tiene una superioridad


mínima sobre el caballo, puede afirmarse que la superioridad de
la parej a de alfiles sobre el tándem alfil y caballo es más tangible,
e incluso agregarse que dos alfiles conj untados son en el 90 % de
los casos muy claramente mej ores que dos caballos. Ambas piezas
se complementan perfectamente hasta el punto de que no es un dis­
parate decir que si un alfil recibe una valoración de 3 , 5 puntos, dos
alfiles j untos suman por su c olaboración 8, mientras que dos caba­
llos no valen más que 6 . Esta norma, por supuesto, no se debe to­
mar a raj atabla en todas las ocasiones . Dado que las combinacio­
nes de posiciones de las piezas en el tablero son infinitas, puede darse
el caso de que dicha superioridad no se concrete.

Ade m ás d e que el alfil es, por su faci l i d a d de m ovi m i ento, lige­


ramente superior al caballo, los dos alfiles pueden compenetrarse
de tal manera que se les considera bastante superiores al tándem
a lf i l y caballo y m ucho mejores q u e los dos cabal los. Esta
superioridad es tanto m ayo r cuanto más a b i e rta sea la posi c i ó n .
U n c a s o q u e n o se p resta a discusión e s , p o r eje m p l o, la i m po­
s i b i l idad d e dos cabal los solos para dar m ate sin más m aterial
sobre e l tablero q u e d i chas piezas y los dos reyes.

125
Valor relativo de las piezas (JI/)

Comprobemos la eficacia de este mágico par con un ej emplo. El


ex campeón del mundo Alexander Alekhine y el ex gran maestro
Ruben Fine fueron los protagonistas del duelo.

Posición de partida

A primera vista no existe ningún motivo para suponer que alguno


de los bandos tiene ventaj a. La disposición de todas las piezas es
similar y sólo cabría reseñar en la posición del negro la po sibilidad
de su adversario de ocupar la débil casilla d6. a b e d e

Este minúsculo detalle dará pie al primer desequilibrio:

l . b 4 , Ae7
2. b5, Cb8 6

3. Cd6 + ! , A x d6 5
4. A x d6, . . .
4

Tras una serie de movimientos, Alekhine ha eliminado uno de los


2
alfiles: el más importante, pues actuaba en cuadros de color distin­
to que los peones avanzados del negro. Lo principal es que ha redu­
cido la lucha a un final de dos alfiles contra alfil y caballo. a b e d e

Sin embargo, debido a su falta de desarrollo, deben j ugar con sumo


cuidado para que esta ventaj a no se les escurra de las manos.

4 . . . . , Ce4 6 . Cd4, . . .
5 . Ac7, Cd7

Las blancas demuestran gran habilidad para comprender cuándo


es mej or una j ugada de iniciativa que el desarrollo. Era lógico pro­
seguir con 6. e3 , . . . pero entonces 6 . . . . , Cb6 7. Ae2, Cd5 8 . Aa5 ,
b6 conseguía e l cambio d e uno d e los alfiles , con l o que l a ventaj a
del primer j ugador se esfumaba. a b e d e

Las negras insisten en su maniobra.

6 . . . . , Cb6 8 . Aa5 , Ce-f6


7. f3, Cd5 Era mejor 8. . . . , Cd6 para man tener una cierta
presión sobre el pun to avanzado b5
9. Cc2, . . .
4

2
Demora el avance e4 con el único obj eto de conservar el par de al­
files. Fine había previsto 9. e4, Ce3 , seguido de C x fl , pero el mo­
vimiento de su oponente ha refutado sus siniestras intenciones . a b e d e

126
Valor relativo de las piezas (JI!)

El desarrollo no mej orará la situación de las negras .

9 . . . . , Ad7 1 1 . Rd2, Cb6


10. e4, Tc8 Pretende forzar la simplificación
con 12. . . , Cc4 +
.

12. Ce3, . . .

2
Las mej oras comienzan a notarse. El rey blanco está en el centro,
pero ello carece de importancia debido a la ausencia de damas y
porque las negras no tienen espacio para atacar. a b e d e g h

Los dos alfiles dominan un amplio territorio.


8

12 . . . . ' 0-0 15. Thcl ,


13. a4, Tfd8 Las blancas disputan 6

14. Ad3, eS la columna abierta


1 5 . . . . , Ae6
Las negras buscan una
diagonal para su alfil 16. T x c8, . . .
3

Alekhine no teme el cambio de torres. a b e d e g

H a h a b i d o m u c hos g ra n d es jugadores q u e sabía n defi n i r m u y


b i e n c u á n d o l e s e ra favo rabl e e l c a m b i o d e torres. U n o d e ellos
fue Alekhi n e ; otro, su coetáneo y rival p o r l a c o ro n a m u n d i a l ,
e l c u b a n o Capablanca. Este ú lti m o tenía u n a teoría d e l a s i m p l i ­
f i c a c i ó n p e rfecta c uya aplicación le va l i ó m u ltitud d e victo ri as.
Sosten ía q u e deben cambiarse las p i ezas accesorias co nfo r m e
a l a u t é n t i c o desn ive l d e la l u c h a . E n este c a s o , e l dese q u i l i b rio
l o p ro d uce l a superioridad de los dos alfiles respecto a l alfi l y
el caballo; por lo tanto, el cambio de torres ha de ser beneficioso.
N atu ral m ente, esto no ocu rre así en todas las ocasiones, por lo
cual es l a p e rspicacia del jugador e l facto r q u e le hace to mar
u n a decisión a c e rtada . E n la partida c o m e ntada n o hay duda de
q u e e l g ra n Alekhine vio pe rfectam e nte e l c a m i n o i d óneo.

Cuando existe u n deseq u i l i brio entre las p iezas m e n o res de uno


y otro bando, es favo rable el i nte rc a m b i o del resto d e las figu­
ras. La desaparición de las figuras c o m p l e m e ntarias produce u n
final p u ro d e p i ezas activas co ntra p i ezas m a las y evita alg unas
eventuales c o m p l icacio nes que puedan h a c e r q u e reduzca su
desve ntaja e l bando q u e está débil m e d i a nte a l g ú n tipo d e com­
pensa c i o n es.

127
Valor relativo de las piezas (/JI)

Las negras poseen la columna, pero ello no es suficiente. Los ca­


ballos tienen muchas dificultades para moverse por la falta de un
punto fuerte.

16 . . . . , Tx e8 17 . . . . , Ce8
17. Ab4, . . . 18. aS, Cd7
El alfil fiscaliza los cuadros negros 19. CdS, . . .

La amenaza Ce7 + fuerza a cambiar ese caballo. Con ello Alekhine


consigue una poderosa parej a de alfiles contra dos caballos pobres
en j uego, y siguen eliminando «piezas accesorias » . - a b e d e

La ausencia del alfil negro permitirá a las blancas emplear los su­
yos con más fiereza.

19 . . . . , A x dS 21. AfS, . . . 21 . . . . , Td8


20. e x dS, Ces A m enaza la Tc8 22. Re3 ! , b6

Por supuesto, 22 . . . . , Tx d5 permitiría un doble ataque al caballo


y la torre con 23 . Rc4 . Las blancas, lograda una ventaj a neta, y vis­
lumbrado un plan ganador, opinan que ha llegado el momento de
cambiar uno de sus alfiles para con ello obtener una victoria clara.

Con tal intención se aseguran un peón pasado mediante el cambio


en b6.

2 3 . a x b6, a x b6 2S . . . . , Cd6
24. A x es ! , b x es 26. Ad7 ! ! ,
2S. b6 ! , . . .
El peón pasado decide la lucha

La estocada definitiva. Viéndose perdido, Fine simplificó su ago­


nía dej ándose dar mate con 26. . . . , Tx d7; 27 . Ta8 + , Ce8; 2 8 .
Tx e8 + + , l o que empaña l a brillante trayectoria de la partida. a b e d e

Un final más digno se habría producido tras la respuesta lógica . . .

26 . . . . , Rf8 28. b7, Tb8 7

27. Ae6, Re7 29. Ta8 ! , 6

Tam bién con 27. . . . , Tb8; 5


28. Ta8 las negras se ven
4
impotentes para frenar al peón
3

Y las negras habrían quedado en una situación desesperada de to­


dos modos . a b e d e

128
Valor relativo de las piezas (/JI)

U na cu riosa excepción

Togo lo q ue tienen de i n cisivos los alfiles cuando a reconocerlo. N e u m an n , i ngen ioso y audaz,
dom i n an d i agonales abiertas lo tienen de to rpes halla un p roced i m i e nto c u rioso para co nve ncer
cuando carecen d e e l l as. Por tal razón no debe a su contrario de que tod a l u c h a es estéri l .
sobreest i m arse el poder de esta parej a de p i ezas. J ugó 1 . A x e5 (d iagrama 2) , d x e5 y 2 . C x b6 ! ! ,
Baste recordar el peq ueño chiste q u e se permitió A x b6 (d iagrama 3) .
N e u m an n , con l as blancas, ante N i mzowitch Tras este doble sacrificio, las negras, a pesar d e
(d i ag rama 1 ) . La posición es evi denteme nte s u e n o r m e ve ntaj a material , aceptaron las tab l as.
tab l as, p ues no existe u n a posi b i l idad Como los alfi les son i n úti les, el b l anco va a
medianamente aceptable de ruptura. Pero l i m itarse a pasear b u rloname nte s u rey. Cualq u ier
N i mzowitc h , ferviente ad m i rador (hasta la sacrificio futuro no va a cambiar e l resu l tado.
ceg uera) de l a parej a de alfi l es, no está d i s p uesto Com pruébelo usted .

8 8 8

7 7 7

6 6 6

3 3 3

2 2 2

a b e d e g h a e d e g h a b e d e g

Diag rama 1 Diag rama 2 Diag ram a 3

Los alfi les como arma de ataqu e

Dos alfiles bien coordinados para e l ataque son capaces d e «cor­


tar» el tablero como dos cuchillos bien afilados, incidiendo sobre
el espacio enemigo. Su poder letal se manifiesta con sólo despla­
zarlos agudamente, y el daño que causan puede ser contundente.

Veamos un ej emplo, correspondiente a la partida Smislov-Botvinnik.


Ambos fueron campeones mundiales.

Posición de partida

Los alfiles estaban agazapados a la espera de poder mostrar sus afi­


ladas uñas . a b e d e

129
Bent Larsen PA R TIDA S '·
El gran maestro danés Bent Lar­
sen ha sido, además de inte­ La pareja de misiles
grante durante bastantes años
de la élite mundial, un jugador
Partida j ugada en Las Palmas, 1971
muy carismático, de estilo bri-
llante y original, que le ha gran­
Blancas: Wolfgang Uhlmann
jeado muchos admiradores. Si
Negras: Bent Larsen
bien no ha llegado nunca a
constituir más que una relativa
amenaza para los sucesivos
Es bien sabido que los alfiles S . . . . , Cb-d7
campeones del mundo, si nos
trabajan bien en pareja. El alfil 6. Ad3 , d x c4
remitimos a los resultados ob­
es un arma apropiada para las 7. A x c4, bS
jetivos, él mismo y muchos ad­
largas distancias , una vez las
miradores sí que vieron, durante
demás piezas han conseguido
cierto tiempo, reales posibilida­
abrirle paso. Así como el ca­
des de alcanzar el máximo tí­
ballo es eficaz en el combate
tulo, como en 1967, cuando fue
a poca distancia, igual que una
proclamado mejor jugador del
granada de mano, hay alfiles, 5
año por la asociación interna­
como los de Larsen en esta
cional de prensa de ajedrez, o 4
partida, que llegan a ser tan
en 1970, cuando en Be/grado 3
demoledores como misiles a
defendió el primer tablero, de­
larga distancia, bombardeando
lante de Fischer, en una selec­
de lej o s la posición del rey
ción mundial que se enfrentó a
blanco. Esta partida es una a b e d e g h
la URSS, en match vencido por
muestra .
ésta, ocasión en que Spassky
le ganó una bella partida, que Y éste es el contraataque de
equilibró Larsen con otro triunfo. l . c4, . . . Merano, que Larsen ha veni­
Larsen nació el 4 de marzo de do practicando asiduamente a
1935 en Tilsted, pequeña ciu­ El gran maestro alemán inicia lo largo de toda su carrera,
dad danesa, y aprendió ajedrez el j uego con la j ugada carac­ venciendo muchas veces a los
a los seis años. Rápidamente terística de la apertura ingle­ presuntos «refutadores» de la
fue progresando, y en 1951 que­ sa, pero pronto la partida tras­ azarosa variante.
dó cuarto en el campeonato del pondrá las variantes habituales
mundo «Sub 21». En 1954 ya era 8. Ad3 , Ab7
derivadas del 1 .d4.
el primer tablero de la selección 9. e4, b4

danesa y conseguía el título de 10. Ca4, cS


l . . . . , Cf6 11. es, . . .
maestro internacional. En 1956
2. Cc3, e6
ganó el título de campeón es­
3 . Cf3, dS
candinavo batiendo en un match Este avance permite a las blan­
4. d4, c6
a Fridrik Olafsson, venció en el cas albergar esperanzas de ata­
S. e3, . . .
torneo de Gijón y a continuación car con fuerza en el centro y
obtuvo el título de gran maes­ flanco de rey, pero, si no lo
tro en la Olimpiada de Moscú, Tras ciertos regates, ambos consiguen, tendrán que recor­
para acabar el año triunfando contrincantes han conducido dar que el alfil negro de b7 ob­
en Hastings. Tras eso venció en la partida al gambito de dama tendrá una buena diagonal
Mar del Plata (1958), Bejerwijk «semieslav0 >> abierta para toda la partida.

M � fu� �w ��� ����


(1960) y compartió el primer /u-
�r

130
FA MO SA S
1 1 . . . . , CdS caballos, pero no es eso todo :
12. C x es , C x eS los alfiles negros permitirán
13. d x es , A x es ganancias mayores todavía.
14. AbS + , Re7
lS. 0-0, Db6 33. f4, Del
16. Ad3 , h6 34. Dd2, Dal
17. De2, Th-d8 3S. De2, Ae3
1 8 . Ad2, Rf8 36. Dbl, . . .
19. Ta-el, Ta-e8
E l danés Bent Larse n ,
20. Te2, aS
8 u n o d e los m ejores j u gadores
21. Tf-cl , Rg8 de las ú l t i m as décadas.
22. h3, Ce7 7

23. Cel , Ad4 6

24. Tx e8. Tx e8
na/ de Amsterdam (1964), con
Smyslov, Spassky y Tal. Desde
2S. Tx e8 + , C x e8
entonces fue considerado el me­
26. b3, Ce7
27. Cf3 , Aes
jor jugador de Occidente. Pero,
tras su tercer lugar en el Torneo
28. Ael , . . .
de Candidatos, ya en el Santa
Mónica de 1966, Larsen fue su­
Las blancas también poseen a b e e
perado no sólo por el campeón
dos alfiles, pero obviamente
mundial Spassky, sino también
no son igual de efectivos . Ahora las blancas perderán por Fischer. A partir de aquel
una pieza, cuando menos, con momento, Larsen y Fischer de­
2 8 . . . . , CfS
una bonita jugada del alfil ne­ sarrollaron una rivalidad enco­
29. Rfl , De6
gro de b7 . Pero no podían evi­ nada. En 1967 Larsen ganó el
30. AbS, De7
tar ya perder cuando menos lnterzonal de Susa . . . después
ambos peones del flanco de de que Fischer se retiró cuan­
Apuntando al peón de e5 . dama. do iba líder.
En 1970 Larsen consiguió el pri­
36 . . . . , Aa6
8 mer tablero de la selección Res­
7 to del Mundo, pero luego Fis­
8 cher le superó en el lnterzonal
6
7
disputado en Palma de Mallor­
5
ca. Por fin llegó el match de
Candidatos al título mundial y
Larsen fue aplastado por 6 a O.
Con eso se acabó su historia
como candidato al máximo ce­
tro. No obstante, Larsen ha ga­
a b e e
nado m uchos torneos.
Larsen ha residido en Las Pal­
3 1 . Ad3 , Cd4 a b e e g
mas durante bastante tiempo,
32. C x d4, A x d4 dirigiendo la revista Ajedrez Ca­
Las blancas se rindieron. si 37. nario y llevando al club Caja In­
El peón avanzado está ya en A x c3 , A x d3 + . Si 37. D x al , sular de Las Palmas a ganar por
grave peligro tras el cambio de A x d3 + . dos veces el Campeonato de
España clubs.

131
Valor relativo de las piezas (!JI)

Empieza la « sinfonía de los cuchillos » :


8

l . . . . , Ad6
7

A m enaza A x h2
2. g3 , AbS 5
3. Dc2, e x fS !
4

3
Ya hemos dicho que los alfiles necesitan siempre campo abierto. La
j ugada del texto abre la columna «e» y la diagonal hl-a8 , que po­
drá ser ocupada en un futuro. La columna, en cambio, se ocupará
de inmediato. a b e d e

A la larga las blancas no podrán aguantar esta presión conj unta.


8

4. e x fS, Tce8
7

5 . Tf2, Te3
6. Ag2, De7 5
7. Cgl , . . .
4

La fuerza de los alfiles en combinación con las piezas mayores obliga


al blanco a retroceder cediendo en su retirada más y más terreno. a b e d e

Los alfiles aprovechan el espacio a fin de prepararse para el ataque.


8

7 . . . . , Ad3 10. Tdl , Aes


7

8. Dd2, c4
9. Tf3, Te8 5
Por triplicado causa más daño
4

3
Con el transcurso de las j ugadas, la ventaj a de las negras se incre­
menta, gracias sobre todo a que los alfiles han conseguido restrin­
gir la movilidad de las piezas blancas . Pronto estarán preparadas
las negras para el ataque definitivo. a b e d e

Las blancas intentan una tímida reacción:


8

11. b3, Tel ! 7

Ahora s e enfrentan a una amenaza muy grave. 1 2 . . . , A x gl , ga­


.

nando pieza, debe ser evitado. a b e d e

132
Valor relativo de las piezas (III)

Buscan su defensa en un contraataque.


8

12. b x c4, . . .

A menazan el A d3
12 . . . . , A x c4
5
1 3 . Afl, . . .
4

Aparentemente todo ha quedado ya resuelto. Si 1 3 . . . . , A x fl ;


1 4 . T x fl , . . . pero los alfiles pueden ser mortales cuando dispo­
nen de diagonales abiertas . a b e d e g h

La ofensiva final requiere una pequeña preparación para ganar la


8
casilla clave d 5 :
7

13 . . . . , Tx dl !
14. D X dl, Td8 5
15. Dc2, AdS !
4
16. Dc3, Ad4 !
3

Un hermoso y sencillo método d e explotar e l ataque a la descubier-


ta (si 1 8 . D x d4?, A x f3 + seguido de Tx d4) . Todas las figuras blan-
cas están paralizadas . a b e d e g h

La decisión que deben tomar ahora las blancas no es difícil , pues


8
deben mover la dama defendiendo a su vez la torre.
7

17. Dd3, De3 ! 1 8 . D x e3 , A x e3


El cambio de piezas 19. Ag2, A x f3 5
favorece al negro, que 20. A X f3 , Td2
4
pron to tendrá ven taja 2 1 . Ce2, Tx a2
material importan te 3

Smislov se rindió en vista de que su derrota era sólo cuestión de


tiempo. a b e e g

El mate de los alfi les en el medio j u ego

Iniciaremos este apartado con el esqueleto básico de las posiciones


típicas ganadoras basadas en la acción combinada de los alfiles.

E l d o m i n i o e n el manejo de l o s dos alfiles combi nados e s de g ran


i m p o rtan c i a e n c u a l q u i e r fase de la partid a . Situados e n casillas
claves del tablero, pueden controlar prácticamente todos los mo·
v i m i e ntos adversarios en c u a l q u i e r zo n a .

133
Valor relativo de las piezas (JI/)

Observemos con atención la disposición de fuerzas de amb os ban­


dos en este diagrama.

Posición d e partida

Lo que en realidad interesa es la situación de seis piezas. a b e d e

El rey negro, cuya huida está interceptada por el alfil. El alfil de


8
cuadros blancos, dispuesto a dar mate. La torre negra y el caballo
negro, bloqueando el escape lateral del rey, y la dama blanca, pres­
ta a ser sacrificada para dar paso al alfil . Veamos cómo se propicia
esta entrada definitiva. 5

4
l. D x c6 + , b x c6
3
2. Aa6 + +
2

La conj unción de los alfiles dej a sin retirada al rey. a b e d e g h

De hecho, prediciendo este desenlace, las blancas, desde una situa­


ción aparentemente normal, se podían haber embarcado en una se­
rie de sacrificios que dieran como resultado la posición de partida
anterior.

Posición de partida

Es posible sembrar el terreno para que los alfiles recoj an los frutos,
con unos iniciales obsequios . a b e d e g h

Las blancas preparan un final rápido :

l. a x b4, . . .

El único obstáculo consiste en que la señora negra está protegiendo


el punto a6. a b e d e

134
Valor relativo de las piezas (!//)

Ahora esta pieza se ve obligada a una serie de degluciones que da­


8
rán como resultado una fuerte indigestión .
7

l . . . . , D x al + 6

2. Rd2 ! , D x hl 5

Ya conocemos lo que sucede a continuación. a b e d e

El siguiente ej emplo persigue el mismo esquema, aunque el proce­


8
dimiento varía.

Posición de partida 6

3
El j ugador de blancas aprecia la barrera de piezas negras que impi­
de al rey huir. Prevé la posibilidad de desplazar a a6 su alfil, ha­
ciendo desaparecer el caballo, y sólo le queda incorporar el Ac3 a
la diagonal apropiada. a b e d e

Considerando estas ideas dispersas, únicamente queda enlazar los


distintos eslabones del plan ganador.

l. Tx d6 ! , D x d6
2. Aes , De6

Es obvio que en la primera j ugada la torre blanca debió ser captu­


rada para evitar la pérdida de un peón negro sin obtener compen­
sación alguna.

Ahora, a cualquier precio, deben ser eliminados todos los obstácu­


8
los que se interponen en el mate:
7

3. D x c5 ! , D x a2 6

3
El negro busca su salvación en el contraataque, en vista de que 3 .
. . . , b x c5 era respondida con 4. Aa6 + + . La partida se desvía ahora
por otro cauce, que no trae mayor beneficio a las negras que el de
dilatar la derrota . a b e d e

135
Valor relativo de las piezas (!JI)

El principal daño ya ha sido causado.

4. Dd6 ! , Dal +
s. Rd2, Das +
6. b4 ! , . . .

Los ataques múltiples del blanco darán a este bando el triunfo. Para
evitarlo las negras sólo encuentran el recurso de renunciar a alguna
de sus piezas .

La respuesta del negro es forzada, pero insuficiente.


8

6 . . . . , Ae6
Clavando la dama 6

7. b x aS, Tx d6 +
8. A x d6, Td8
4
9. es, . . .
3

Sin excesivas dificultades, las blancas deben concretar su superiori­


dad evidente. a b e d e f g h

R ES U M E N : U n i d ades 20 y 2 1

D U n idad 20

• E l alfi l es l igeramente s u perior al cabal lo, s i b i e n esta valoración depende d e l a


posición d e l resto d e l as p i ezas.
• Para q u e u n alfi l des p l i eg u e toda su actividad , deben proc u rárse le d i agonales
abiertas.
• Los cabal los son m ás poderosos q u e los alfi l es en l as posicion es de b loq ueo y
cuando h ay estructu ras y cas i l l as d é b i les e n e l bando contrario.

D U n idad 21

• Proporcionar al alfi l l íneas abiertas p u ed e h acerse med i ante una r u pt u ra o med i ante
el tras l ad o h ac i a u n a d i agonal l i bre.
• E l poder d e coord i n ación de l a parej a d e alfi les l os hace prefe r i b l es al tándem alfi l y
caballo y es m uy s u perior a los dos cabal l os.
• Cuando h ay un desn ive l entre p i ezas, convi e n e el i m i n ar las pi ezas accesorias para
q u e la ventaj a se h ag a m ás palpable y n o h aya pel i g ro de otras com pe nsaciones.

136
EJ E R C I C I OS 21

Ejemplo 1 E l i ntercam b i o h a favorecido Ejemplo 2


cl arame nte a las blancas.
Los alfi l es agazapados son Veamos u n a n u eva pos i b i l idad : Ya hemos d i c h o q u e la fuerza
b u e nos e n la medida e n q u e 1. . . , f x e5 2 . Ag5, Db8 3.
. de los dos alfi les rad ica en e l
u n a r u pt u ra l e s pueda Cf6 + , A x f6 4. A x f6, Ta? (esta vasto cam po de cas i l las q u e
reh ab i l itar. torre q u edaba atacada por el desde l arga d i stancia pueden
alfil) 5. D h 6, Ce6 6. Ad5 ! De l legar a cubrir g racias a su
repente, e l alfi l dormido ha acci ó n conj u nta. Debido a ésta,
despertado de s u l etargo para p u ed e n to mar parte m uy activa,
7 colaborar e n las amenazas de i nc l uso p rotagon i sta, e n los
6 m ate. N o se puede i m ped i r ataq ues de m ate, de la m isma
7. Dg7+ + . manera q ue pueden l i m itar las
.. La j ugada pri n c i pal (1 . . . ,
. piezas adve rsarias h asta q ue su
4
Tx e5) parece ofrecer m ás acoso l as haga perecer.
3
defensa, pero s u resiste ncia
es ficticia: 2 . A x e s ! , b x cS 3.
8
C x f6 + ! , A x f6 4. Tx eS,
A x es s. DdS + , . . . 7
a b e d e 9 h
6

J uegan blancas 5

4
7
E l alfi l b l anco de g2 tiene
3
6
alg u n as p i ezas p ro p i as
2
i nterceptando l a acci ó n en su
d i agonal . M ás a l l á de éstas se 4
visl u m b ra u n a torre e n e m i ga a b e d e 9 h
3
q ue puede ser obj eto de ataq ue.
A veces se con s i g ue, con ayuda J ue g a n blancas
de u n sacrificio d e peó n , ab rir
para e l alfi l la l ínea abierta. 1 . a b e d e g h La torre negra está perd i d a y va
eS!, Tx eS. É sta es l a capt u ra a ser captu rada en breve. S i n
q u e e l i g iero n l as negras, pero G raci as a este doble ataq ue e m bargo, e l cam b i o de ésta por
existe n otras alternativas : 1 . . ,
. . sobre l a g ran d i agonal abierta, el alfi l no daría m ás que tab l as,
d x e5 2 . A x es (esto e l i m i n a la l as blancas cons i g u e n e n g u l l i r dada la i m posi b i l idad de lograr
defensa del Ad ?) , b x c5 3. g ratu itame nte l a torre negra. m ate con un solo alfi l .
C x f6 + (y esto ret i ra e l caballo Amenazan l as negras, por tanto,
de la d i agonal del alfi l b l anco) , con apartar su rey a e5 o d6
A x f6 4. A x a8, D x a8 5. D x d 7, . . . para sacar la torre y fo rzar el
canje. Pero resu l ta q u e u n
movi m i e nto d e l alfi l q u ita al rey
negro estas dos opciones: 1 .
Ag3!!, . . . E l monarca debe
apartarse lejos, y la to rre, neta,
caerá en manos del blanco.
EJ E RC I C I OS 21

Problema 1 Problema 2 Problema 3

8 8

5 5

4 4

2 2

a e d e g h a e e g h a b e d e g

J u egas n e g ras J uegan b l a ncas J uegan blancas

A lo l argo del c u rso se ha Todo i n d uce a s u po n e r q u e Ya h e mos hablado de las


hecho h i ncapié e n la d i sfrutan l as negras de u n a exce lencias de dos alfiles
conve n i e n c i a de proporcionar a situación m uy cómoda. Tan u n i dos. Convi e n e recordar todos
las p iezas u n g rado de actividad pronto como su alfi l se u b i q u e los comentarios al respecto
tan alto como sea pos i b le, y e n en d6, esta pieza desarro l l ará para valorar correctame nte la
el transc u rso de esta u n i d ad se u n a actividad m uc h o m ayo r q u e posición de este prob lema.
han come ntado d i versas formas la de su colega e n g 2 . A éste, Se trata de averiguar la
de dar vida a los alfi l es. Apl icar autoaprisionado por los peones cont i n uación posicionalmente
alg u n o de d i c hos m étodos e n la e4 y d5, n o parece que le correcta. Obsérvese q ue el
posición del d i ag rama es el reto espere u n futu ro excesivamente cabal lo b l anco está atacado.
q u e deben afro ntar. Las neg ras prometedor. S i n e m b argo, hay El primer j u gador p u ede
pueden lograr u n a ve ntaj a u n a c i rc u n stancia q u e debe i nterca m b i arlo, reservándose,
i m portante, decisiva i ncl uso. primar sobre las d e m ás, y es ade m ás, la pos i b i l i d ad de
Seg ú n lo apre n d i d o e n estas que los barrotes d e la cárcel no obtener un peón de ve ntaja.
pág i n as, ¿cuál es el m ejor están fijos: son frág i les y ¿ Es eso lo q u e m ás convi ene?
m étodo de con d u c i r l a l uc h a? pueden destru i rse a u n q u e Est u d i e, antes q u e nada, la
pueda parece r q ue v a e n actividad de las p i ezas negras.
perj u icio propio. E n real idad , Es m uy poderosa la acción del
sólo se debe cal i b rar s i el alfi l negro e n g7. E n cuanto al
horizonte q ue se d ivisa tras que c i rc u l a por cuad ros
el los j u stifica el sacrificio, y blancos, se encuentra
precisar en q ué modo debe momentáneamente l i m itado por
realizarse. sus peones del ala de rey,
a u n q u e amenaza con move r
Ab7 y ej ercer u n a poderosa
presión sobre la gran d i agonal
blanca. Considerando estos
factores, ¿cuál considera la
maniobra m ás acertad a?
EJ E RC I C I OS 21

Problema 4 Problema 5 Problema 6

3 3

2 2

a b e d e g

J uegan blancas J uegan blancas J uegan b l a n c as

U n a de las cualidades del alfi l , Las negras t i e n e n ventaj a de El valor real de l as p i ezas
largame nte exp l i cada tanto e n u n a pi eza y u n peó n . Ade m ás depende de m u ch as
esta u n idad como e n l a ante rior, han i n iciad o u n modesto c i rc u n stancias aje n as a su valor
es su facu ltad para vigi lar u n ataq ue, en b usca del rey, cuyo teórico. Por eso, l as leyes y los
a m p l i o campo d e c u ad ros primer obj etivo es l a apert u ra i n excrutables g i ros del aj ed rez
desde cas i l las m uy alej adas. d e l a col u m n a «a» . A pesar de permite n q u e dos alfi les,
La trad ucción de esto es q u e todas estas consideraciones, poderosos no cabe d u d a , pero
puede restri n g i r l a acci ó n de son las b l ancas l as q ue tienen m uy i nfe riores en valor
p iezas adversarias hasta e l la pos i b i l idad de anotarse l a m ate m ático a una dama, se
p u nto de d ejarlas s i n cuadros partida, g raci as, p recisamente, e nfrenten con e l m ás rotundo
efectivos donde u b i carse: en a la fuerza ofensiva, ocu lta a de los éxitos a l a fuerza de l a
consecuencia, acaban siendo pri mera vista, de l a parej a de señora d e l tab lero. Encuentre
captu radas. Un ej e m p l o alfi l es. E l p r i m e r paso, por de q u é modo log raron i m poner
palpable lo ten e mos e n l a s u p uesto, es despejar las l ín eas las blancas su posición .
posición q u e se reproduce q u e i m p i d e n su acoso al rey. Dos j u g ad as b i e n l i g ad as
sobre estas l ín eas. A pesar de estrecharon m ás el cerco de
la escasez de m aterial e n el una dama arri n co n ada.
tab lero, las blancas no tend rán
d ificu ltades e n alcanzar la
victoria.
SO LU C I O N ES 21

Solución 1 Solución 3 Solución 5

Las neg ras n ecesitan rec u perar N o es adecuado 1 . C x b6, c x b6 Lo fundamental para con d u c i r el
su alfi l para l a partida, por lo 2 . D x b6?, Ab7 3. Thg1 , Ae4 + . ataq ue de l as blancas es avivar
q u e i n ician un traslado de Lo correcto e s e l i m i nar l a parej a el fuego de los alfiles, dándoles
d iagonal : 1 . . . . , Af6! 2 . Tc1 , de alfi les con u n j aq u e d i agonales operativas : 1 . d6!,
• . . Las blancas ocupan la i ntermed io del cabal l o : c x d 6 2 .. Ac4 + , . . . E l primero
col u m na abierta s i n percatarse 1 . Ce7 + , R h 8 2 . C x c8, Ta x c8 de los alfiles e ntra en acción .
a ú n de las amenazas. 2 . . . . , 3. Ac3, . . .y las blancas han 2 . . . . , R h 8 3. Tx h 6 + ! , g x h6
Ad8!! 3. Ae2 , Ab6 + ! El alfi l salvado tod as l as d ificu ltades. 4. Ab2 + , . . .
E l seg u ndo alfi l
ocu lto h a dado l a dentel lada prepara el golpe defi n itivo. 4.
defi n itiva para que el rey sea . . . , Ag7 5. Tx h 6 + + .
e n g u l l ido. Cuando éste m u eva
4. Rf1 , . . . las negras d arán
m ate con 4 . . . . , Th1 + + .
5

e d e

Solución 4 a b e d e g

Solución 6
a b e d e g h

Si l as blancas se preci pitaran


Solución 2 j u gando 1 . Af6? , la dama negra
escaparía por a8 o c8, o b i e n
Obsérvese q u e si los peones e4 d a n d o j aq ue e n e 8 . Debe
y d5 no estuvieran , l as blancas pri m ero p rivársele de todas
j ugarían Ad5 ganando la dama. estas ret i radas j u g ando
Este razo n a m i e nto conduce a la 2 1 . c8 = D + !! , R x c8. Y ahora sí
sol ució n : 1 . d 6 ! , A x d 6 2 . Af6, . . . La dama no tiene
2 . e5!, . . . con la amenaza h u i da y s u c u m be ante los
a b e d e g h
sobre el alfi l y la anteriormente alfi l es. E l peón de las blancas
apu ntada sobre la dama. les dará después la victoria.
Con l a s i m p l e j u gada 1 . Rd6!,
Alteraba el res u ltado del j uego . . las negras pi erd e n

un i noport u n o cam b i o e n el l i m p i am e nte su torre. P.e: 1 .


orden de los factores : 1 . e5?, . . . , Te2 ; 2 . Ad3 + y 3. A x e2 .
f x e5 2 . d6, D x t2 + 3. R x f2 , Tam poco 1 . . . . , Tc5 2 . Ad3 + ,
A x d6, q u edando las neg ras con Rb6 3. Ae3, . . . Tam poco
dos peones d e ventaj a .
2 . . . . , Tc4 3. Rd5 escapa a la
derrota .
UNI DAD 22
En esta unidad se estudia la acción y la influencia de
la pieza más poderosa del aj edrez: la dama. Por su
polifacética movilidad, es la pieza esencial en el
ataque; además , cumple una importantísima función
en el j uego de posición, especialmente si ocupa una D Valor relativo de
casilla segura del centro del tablero. Cuando se las piezas (IV)
sacrifica en aras del mate o la obtención de otra • E l poderío de
ventaj a, el aj edrez alcanza su punto máximo de l a dama
·· • E l l argo b razo de
altura estética. l a dama
• N o d esarro l lar
l a dama antes
de tiem po
• La dama central i zada
• Sacrificios d e dama
D Resumen
• U n i d ad 22
D Partidas famosas
• Las comadres
i racu nd as.
Zurich , 1953
D Ejercicios
• Eje m p l os y
p roblemas
D Soluciones
Val o r relativo
de las p i ezas (IV)
E l largo brazo d e l a dama

La pieza fundamental del j uego es el rey, cuya pérdida cuesta la par­


tida; pero la más poderosa es la dama. Su polivalencia la convierte
en una potencia destructora. Tal vez la mej or demostración de su
fuerza y movilidad se vea entre principiantes; un j ovencito que aca­
ba de aprender el movimiento de las piezas es capaz de hacer estra­
gos con su dama si el enemigo es inexperto como él .

Una partida como la siguiente se ha j ugado infinidad de veces en­


tre aprendices con energía e imaginación:

l . e4, es 7. D x g8 + , Re7
2. Ac4, Aes 8. D x f7 + , Rd8
3. DhS, g6 Si 8. .., Rd6 9. D/6 + +
.

4. D x eS + , De7 9. Dg8 + , Re7


S. D x h8, D x e4 + 10. D x c8 , . . .
6 . Ce2, D x g2

La tarea destructiva ha tenido un pequeño respiro, que el adversa­


rio aprovecha.

1 0 . .. . , D x hl + 1 3 . Rdl , . . . 6

1 1 . Cgl, D x gl + S i 13. Rd3, D/3 + + 5


12. Re2, D x f2 + 13 . .. . , Dgl +
4
14. Re2, D x cl
3

Y no puede adivinarse quién ganará la partida. a b e d e g

Parece fácil efectuar g raves amenazas c o n la dama. E n efecto, s u


fuerza e s demoledora. Pero hay que s e r precavido, porque el rival
procurará a su vez someterla a pequeñas ccguerras d e g u e rrillas•.,
no exclusivamente para su captura, sino para anular su efectividad.

142
Valor relativo de las piezas (IV)

Pero cualquiera de los dos j ugadores que disputaron el j uego ante­


rior puede encontrarse, un día, con un rival diferente:

l . e4, es
2. DhS, Cf6 ! 5
3. D x eS + , Ae7
4
4. Ac4, Cc6
3
S . Dg3, 0-0

a b e d e g h

El desarrollo de las negras, logrado en base a atacar la dama del


blanco, prematuramente lanzada a la lucha, compensa el peón sa­
crificado y da ventaj a a las negras .
Estos dos ej emplos de principiantes son suficientemente claros
respecto a la potencia y la debilidad de la dama. Ninguna pieza es
tan efectiva como arma de ataque; pero su propia importancia hace
que, cuando es atacada, debe casi sistemáticamente retirarse, lo que
favorece el desarrollo del adversario. Por ello, la dama no debe de­
sarrollarse prematuramente.

El largo brazo de la dama

En la teoría de aperturas, una de las primeras variantes que deben


aprenderse es la siguiente:

l . e4, es 3. C x eS ! , f x eS 4 . DhS + , . . .
6
2. Cf3, f6 Es mejor 3 ., Del,
. .. La dama entra ahora a
Esta jugada es un error pero ya las negras están saqueo 5

que se castiga m uy mal 4 . . . . , Re7 4


immediatamente
3

a b e d e g h

No habría sido acertado el movimiento 4 . . . . , g6 5 . D x e5 + , ga­


nando la torre de h8 .

S. D x eS + , Rf7 6

6. Ac4 + , Rg6 5
7. DfS + , Rh6
4
8. d4 + , gS
3
9. h4

Y las blancas dan mate en pocas j ugadas . a b e d e

143
Valor relativo de las piezas (IV)

En el gambito de Dama puede darse esta variante:

l. d4, dS 4. a4, c6 5 . a x bS, c x bS


2. c4, d x c4 Si 3. ..., a6 4. a x b5, 6. Df3
3. e3, bS y las negras no pueden

Grave error retomar porque su torre


de a8 está indefensa.

Y el blanco gana una pieza. Véase la fuerza de la dama, que desde


lej o s efectúa un ataque sobre la torre de a8 que sólo puede defen­
derse por medio de la entrega de un caballo en c6. a b e d e

El siguiente ej emplo que vamos a ver también es clásico:

7
l. d4, dS
2. c4, e6 6

3. Cc3, Cf6
4. AgS, Cbd7
4
5. Cf3, c6
3
6. e3, Das

Esta j ugada define la llamada defensa Cambridge Springs.

Las blancas quizá j uegan ahora precipitadamente:

7. Ad3, ... 7 . ... , Ce4 9. Cd2, D x gS


Error; correctas son 8. A x e4, d x e4
aquí 7. Cd2 y 7. c x d5

Las negras han ganado una pieza. Esto es consecuencia solamente


de un error de las blancas; pero ha habido pocos j ugadores de aj e­
drez que no se hayan dej ado, la primera vez que se encontraron en
esta posición, ese alfil. La acción de la dama negra parece concen­
trada en el ataque sobre c3 , y es fácil olvidar que su gran influencia
también se desarrolla en horizontal, y ataca al alfil de g5 . a b e d e

Un ej emplo similar lo tenemos en la posición de este j uego. Obsér­


vese el diagrama:

Posición de partida 6

A partir de aquí, las blancas ej ercerán el predominio haciendo va­


ler la potencia de su dama. a b e d e

144
Valor relativo de las piezas (I V)

Éste es el comienzo de la maniobra:

l. Ce5, •••

Esta jugada costará a los negros una pieza


l. , DdS
...

La dama no puede mantenerse en la diagonal a4-e8, y por lo tanto


no puede evitar el recurso ganador del adversario. a b e d e f g h

El caballo del blanco sigue trotando por el tablero:

2. C x g4, ...

No 2. Da4+, b5 6
2 • , C x g4
.. •
5
3. Da4 + , c6
4
4. D x g4.
3

Las blancas ganan una pieza. los ejemplos de la potencia de la dama


en la apertura pueden multiplicarse; pero no pueden hacer olvidar
los riesgos del desarrollo prematuro de la misma. a b e d e f g h

No desarrol lar la dama antes de tiempo

Al comienzo de la partida, no es aconsejable mover la dama, ya


que puede ser amenazada por los peones, los alfiles o los caballos
contrarios. Esto obliga a la dama a trasladarse hasta casillas libres
de ataques inminentes, dando tiempo al rival para que pueda des­
plegar su material. Las posiciones ideales de «preataque» de la dama
son las casillas «c», «d» y «e» de la segunda fila (para las blancas)
o de la séptima fila (para las negras). El poderío de la dama es ava­
sallador si se instala en el centro del tablero, y máxime si apoya a
piezas propias y a su vez es apoyado por ellas.

Veremos lo que ocurre después de las jugadas siguientes:

l. c4, d5
2. e x dS, D x dS
3. Cc3, •••

Se produce una discutida posición de apertura. La dama negra ha


sido lanzada en la jugada 2 a la lucha central, y esto la convierte
en tema de ataque de las blancas. a b e d e f g h

145
Valor relativo de las piezas (IV)

É stas han desarrollado una pieza con ganancia de tiempo, pues la


dama debe volver a j ugar.

3 . .. . , Des +
No es una buena combinación:
habrían sido correctas
3 , DdB o 3 , Da5
. ... . ...

4. Ae2, Cf6
S. Cf3, . . .

Otro tiempo ganado; el caballo se desarrolla en su casilla natural .

Las negras deben volver a retirar su danzarina dama.

s . .. . , Das
6. d4, Cc6 6

7. 0-0

4
Las negras tienen tres piezas en j uego, pero una de ellas es la dama,
3
que en a5 no ej erce acción importante y será obj etivo de nuevos ata­
ques después de que las blancas j ueguen Ad2; no han movilizado
su peón de «e» y su rey aún está en el centro. El desarrollo prema­
turo de la dama negra le ha resultado fatídico. a b e d e

Veamos un ej emplo aún más claro, tomado de una antigua partida


del gran Philidor.

l. e4, es 3 . Ac4 , Aes 6

2. Cc3, Cc6 4. Dg4, . . . 5

4
¿ Se trata de un desarrollo prematuro? Tal vez; pero de momento
3
la dama ataca el importante punto g7 . Después de 4 . . . . , Rf8 la in­
mediata amenaza 5 . . . . , d 5 , atacando la dama con el alfil de c8,
obligaría a las blancas a j ugar otra vez su pieza más fuerte, pero
el negro ha perdido su enroque, por lo que la cosa no está clara. a b e d e

En este caso, sin embargo, las negras sí desarrollan su dama prema­


turamente, en un error sumamente instructivo.

4 . .. . , Df6
Defiende g7 y ataca el pun to f2,
pero la jugada es errónea
S. CdS ! , D x f2 +
6. Rdl , . . .

Las negras han capturado un peón y han roto el enroque de las blan­
cas; pero su dama ha quedado expuesta al ataque de las piezas ene­
migas y la amenaza D x g7 vuelve a estar vigente. a b e d e

146
Valor relativo de las piezas (I V)

También se amenaza 7 . C x c7 + , de modo que la respuesta de las


negras es obligada:

6 . . .. , Rf8 6

7. Ch3, . . . 5
L a dama debe volver a jugar,
4
y tiene una sola casilla
7 . . . , Dd4
. 3

8. d3 ! , . . .

El blanco continúa movilizando sus piezas a costa de la dama. a b e d e f g h

Ahora se amenaza 1 0 . c3 , ganando esta pieza.

8 . . . . , Ab6
9. c3, Des 6

10. Tfl, . . . 5

3
Por su táctica de atacar continuamente a la infeliz dama negra, las
blancas han movilizado sus fuerzas y tienen ahora amenazas direc­
tas . Una de ellas es, por ej emplo, 1 2 . Tx f7 + , R X f7 1 3 . C x b6 +
y 14. C x a8 . a b e d e f g h

Las negras n o pueden j ugar 1 1 . . . . , d6, atacando l a dama, porque


ésta se retira amenazando mate y copar la de las negras: 12, Df3 ,
Ae6 1 3 . b4. Puede afirmarse que la causa de las negras está perdi-
da, a causa del desarrollo prematuro de la dama. s

5
10 . .. . , Cf6
4
1 1 . Txf6 ! , . . .
3

Con este sacrificio, las blancas terminan de destrozar la posición


de las negras. a b e d e f g h

Si ahora las negras j uegan 1 1 , . . . g x f6, seguirá 12. Ah6 + , Re8 1 3 .


Dg7 , Tf8 , C x f6 ! + , . . . , ganando material .

1 1 . .. . , d6 6

Atacando la dama, pero Philidor va a emplear sus recursos. a b e d e f g h

147
Valor relativo de las piezas (IV)

Ahora comienza el remate de la partida con una hermosa combi­


nación.

12. D x g7 + ! !, •••
5

Por ser la pieza más poderosa, el sacrificio de dama representa el


punto más alto de la belleza combinativa.

Las negras no podrán impedir el triunfo máximo de la imaginación.

12 •, R x g7
•.. 1 4 . , h x g6
. ..

13. Ah6j, Rg8 15. Cf6 + +


14. Tg6 + !, ..•

También daba mate 15. Ce7 + , C x e7 16. A x fl + + ; pero la del texto


es más elegante. El negro pagó un alto precio por lanzar a su dama
a la lucha antes de lo que era prudente.

Mostremos seguidamente un último ejemplo de desarrollo prema­


turo de la dama:

l. e4, e5
2. f4, Ac5
3. Cc3, A x gl

Las negras pretenden eliminar el caballo defensor del flanco de rey


de las blancas para invadir con su dama por h4. a b e d e f g h

Sin embargo, olvidan las leyes del desarrollo al cambiar una pieza
ya desarrollada por otra que aún no ha jugado.

4. Tx gl, e x f4
5. d4, Dh4 +
6. g3, f x g3
7. Tx g3, D x h2

Con su combinación las negras han ganado dos peones, pero han
olvidado su desarrollo.

148
Valor relativo de las piezas (1 V)

La dama negra ha quedado en una posición lamentable. Esto va


a ser aprovechado por las blancas.

8 . Df3 ! , . . .

Se amenaza 9 . Af4, seguida de Th3 , j ugada con la cual las blancas


ganarían la dama. a b e d e

Esta dama no puede retirarse a h4 o Ag5 , de modo que trata de


huir comiendo :

8 . .. . , D x c2 9. Ad3, Dh2 6

Las blancas han logrado una posición abrumadora; la dama negra 4


está fuera de j uego, y aunque de momento no se puede capturar,
3
su acción es nula en h2, y es permanente obj etivo de ataque. Una
forma adecuada de continuar para el blanco s ería, entre otras, 10.
e5 , o bien 10. Cd5 . Una vez más, el desarrollo prematuro de la dama
ha costado caro al bando infractor. a b e d e g h

La d a m a es l a p ieza m ás poderosa del j u e g o de ajed rez , y su ac­


ción es, desde l a apertura , de m á x i m a i m po rta n c i a . Sin e m bar·
go, no debe l anzarse a la lucha prematura m ente, ya q u e su p ro­
pio val o r hace que se convierta e n obj etivo d e ata q u e.

La dama centralizada

Si el centro del tablero es el sector clave de la lucha, y la dama es


la pieza más importante, la ubicación de ésta firmemente en el cen­
tro del tablero deb e ser, por lógica, muy conveniente.

Y así es; pero no resulta fácil lograr una posición s emej ante, por
las razones que acabamos de ver. La propia potencia de la dama
hace que le sea difícil permanecer en el centro, pues se convierte
allí en obj etivo de ataque de las piezas enemigas. Sin embargo, hay s

excepciones. s

4
l. e4, es 3. d4, e x d4
3
2. Cf3, d6 4. D x d4 ! , . . .

Una buena j ugada; aparentemente, las negras ganarán un tiempo


al atacarla con su caballo. a b e d e g

149
M ark PAR TIDA S
Eugenievitch
Tai m anov Las comadres i racundas
Este gran maestro ucraniano
Partida j ugada en Zurich, 1953
(nació en Jarkov, el 7 de febre­
ro de 1926) lleva bastante tiempo
en la élite mundial del ajedrez, Blancas: Max Euwe
habiendo llegado a campeón de Negras: Mark Taimanov
la URSS, pero reúne además
una cualidad excepcional: ha
podido simultanear su carrera En la siguiente partida, la j uego libre de piezas, sin as­
ajedrecística con la de concer­ dama de las blancas ataca pri­ pirar a ventaj as estructurales
tista de piano, donde también mero bien respaldada por sus significativas.
tiene una justamente ganada piezas y acaba capturando una
fama. Taimanov estudió músi­ torre. Tras ello queda momen­ 6 . . .. , A x es
ca en el conservatorio de Lenin­ táneamente marginada del jue­ 7. e3, Cc6
grado y hasta los 24 años no go y es su comadre negra quien 8 . Cf3, d5
había participado en ningún inicia enérgicas acciones contra 9. a3, De7
gran torneo internacional de aje­ el rey blanco. Por fin, ambas 10. Ag5, . . .
drez, si bien ya destacaba en atacan con idéntica fuerza a
la medida en que en la URSS los monarcas contrarios, lo
es posible hacerlo, entre la fe­ cual lleva al equilibrio.
roz competencia. Pero en la pri­ l . d4, Cf6
mera ocasión en que disputó un 2. c4, e6
torneo en Polonia, obtuvo inme­ 3. Cc3, Ab4
diatamente el título de maestro
internacional. A continuación Defensa Nimzo-india,
3
quedó sexto en su primer cam­ especialidad de ambos
peonato de la URRS y segun­ j ugadores. 2

do en el torneo interzonal del 4. Dc2, c 5


Campeonato del Mundo, con lo 5 . d x c5 , 0 - 0 a b e d e g h

que consiguió el título de gran 6. Af4,


maestro; se clasificó octavo en
El ex campeón del mundo ape­
su primer Torneo de Candida­
nas posee ventaj a . Con esta
tos. En 1956 consiguió su ma­
clavada, que incrementa la pre­
yor éxito al ganar el campeo­
sión sobre d 5 , espera comen­
nato de la URSS. Entre los
zar a crear mayores agobios a
torneos en los que ha logrado
las negras .
el triunfo desde entonces, des­
tacan especialmente: Dresde
3 10 . .. . , Td8
(1959), Leningrado (1960), Ros­
1 1 . Tdl , d X c4
tov (1961), Reikiavik (1968), Za­
12. Tx d8 + , D x d8
laegerszeg (1969), Wijk An Zee
13. A X c4, Ae7
(1970), Skopje (1970), Bucarest a e d e g h
14. 0-0, Ad7
(1973), Decin (1975), etc.
1 5 . Tdl , De8
Su juego ha merecido univer­
Las blancas , con la variante
salmente calurosos elogios (por
elegida, se conforman con un La posición negra es sólida, si
ejemplo, por parte de Mijail Bot-

�� � ���� � ������
150
, FA MO SA S
bien sus piezas no son muy ac­ 32. h7, g3
tivas. En particular, la dama 33. Dg8, . . .
de Taimanov, por el momen­
to, est á considerablemente me­
nos activa que la de Euwe.
Ambos se reservan su actua­
ción para una fase posterior
de la partida.

16. A x f6, A x f6
17. Ce4, Ae7
1 8 . Cf3-g5, h6
19. Cd6, A x d6 Tai m anov fue un g ran
20. Dh7 + , Rf8 a b e d e g h estudi oso de las apert u ras.
2 1 . Tx d6, h x g5 Su vari ante de la defensa
S i c i l iana h a sido aplicada
i n c l uso por Kasparov.
La dama blanca no se puede
alej ar más si quiere duplicar­
se, puesto que, si se mueve a ricas en las aperturas, especial­
una casilla donde no defien­ mente en las defensas Nimzo­
da su peón de h7 , las negras india y Siciliana, han sido de pri­
lo capturan con 33 . . . . , g x f2 + mer orden.
seguida de 3 4 . . . . , Dh4 + y 35 . No obstante, la fama de Taima­
. . . , D x h7 nov se resintió en parte de la
gran repercusión de su más es­
33 . .. . , g x f2 + pectacular derrota, que vino en
34. R X f2, Ce7
un match lleno de connotacio­
nes políticas frente al genial nor­
Naturalmente, dos damas se­ teamericano Robert Fischer, en
rían demasiado. 1971: en el Torneo de Candidatos
El sacrificio de pieza ha per­
al título mundial, el genio ame­
mitido a la airada comadre
ricano se deshizo brutalmente
blanca entrar a saco. Ahora su 35. h8 = D, C x g8
de Mark por un contundente 6
acción permitirá recuperar la 36. D x g8 , Dh4 +
a O sin tablas, en match dispu­
pieza. Pero la dama de Taima­
tado en la ciudad de Vancou­
nov empezará a partir de en­ Ahora la señora negra inicia
ver, Canadá.
tonces a hablar. el acoso al rey blanco, insufi­
Taimanov, al igual que el resto
ciente para dar mate, pero del
de los «damnificados de Fischer»
22. Tx d7, D x d7 cual no pueden zafarse fácil­
(Larsen, Petrosian, Spassky), lo
23. Dh8 + , Re7 mente. Teniendo en cuenta que
tuvo difícil para rec1,1perar su
24. D x a8 , Ddl + tanto el rey de Euwe como el
prestigio, pero, quizá por su ca­
25. Afl , Db3 de Taimanov carecen de sufi­
rácter amable, modesto y cam­
26. h3, D x b2 ciente protección como para
pechano, lo superó tal vez me­
27. a4, Db6 considerarse seguros ante los
jor que el resto de los citados.
28. Dh8, Rf6 embates de las damas contra­
Sin llegar a los primerísimos lu­
29. h4, Des rias , ambos adversarios con­
gares que ocupaba en sus me­
30. h5, g4 vienen en acordar las tablas '
jores momentos, ha seguido ju­
3 1 . h6, Dg5 prácticamente inevitables.
gando con éxito y se mantiene
en activo hasta la fecha.

151
Valor relativo de las piezas (IV)

No obstante, las cosas no serán tan claras.

4 . .. . , Cc6 6. A x c6, A x c6
5. Ab5 ! , . . . 7. Cc3
El caballo que atacaba la
dama ha sido clavado
5 . .. . , Ad7

Desde su emplazamiento central, del que no puede ser desaloj ada


fácilmente, la dama ej ercerá una importante presión en el campo
negro. La ventaj a de las blancas es clara, aunque no decisiva. a b e d e

Veamos un ej emplo tomado de una clásica partida de Morphy.

Posición de partida

Esta posición se dio en una partida entre Louis Paulsen, que con­
ducía las blancas, y Paul Morphy, disputada en Nueva York en 1 8 5 7 .
El negro está mej or desarrollado y ej erce presión sobre las colum­
nas centrales, lo que compensa su peón doblado en la columna «c»
y la débil situación de los peones del flanco de dama. a b e d e g h

Con l . d3 las blancas habrían tenido una partida j ugable; pero en


vez de ello cometieron un error tan grave como instructivo:

l. c3?, . . .

Procura, por supuesto, j ugar 2 . d4, con lo que adquiriría ventaj a. a b e d e g h

La idea del bando blanco es utópica.

l . . . . , Dd3 ! , . . .
6

Esta poderosa centralización de la dama negra paraliza el j uego de


las blancas. a b e d e g h

152
Valor relativo de las piezas (I V)

La dama sólo puede ser expulsada de esa casilla clave, desde la que
impide el desarrollo del flanco dama de las blancas, por medio de
una larga y sacrificada maniobra.

2. b4, Ab6
3. a4, b x a4
4. D x a4, Ad7

Las negras movilizan el resto de sus fuerzas; la tremenda potencia


de la dama en d3 ha dislocado totalmente las fuerzas de las blancas. a b e d e f g h

Éstas continúan así:

5. Ta2, ...
Con idea de atacar la dama enemiga por medio
de 6. Dc2; pero ya no hay tiempo
5• , Tae8
••.

Ahora no sirve 6. Dc2, por 6 . . . . , D x f1 + ! y mate. a b e d e g h

Las blancas intentan la otra vía de desplazar a la dama negra, pero


también fracasa.

6. Da6, ...
La dama negra debe ahora retirarse;
lo hace asestando un golpe mortal
4
6 . ... , D x f3 ! !
3

Una célebre combinación de mate. Las torres y los alfiles negros


atacan al indefenso rey blanco, privado de la defensa de sus piezas
gracias a la gravitación de la dama centralizada de las negras. a b e d e g h

Es precisamente la dama negra la que se ha sacrificado en la j uga­


da para abrir el enroque.

7. g x f3, Tg6 +
8. Rhl, Ah3

Amenaza 9 . . . . Ag2 + y 10 . . . . , A x f3 + + ; no es posible j ugar aho­


ra 9. Tgl , por 9 . . . . Tx gl + 10. R x gl , Tel + y mate. a b e d e

153
Valor relativo de las piezas (IV)

Las respuestas de las blancas son forzadas .

9. Tdl , Ag2 + 13. Rhl , A X f2


10. Rgl , A x f3 + El círculo se cierra;
1 1 . Rfl, Ag2 + se amenaza ahora
12. Rgl , Ah3 + 14. .. ., Ag2 + +
14. Dfl , A x fl
15. Tx fl, Te2

Con ventaj a decisiva, las blancas han evitado el mate, pero siguen
inmovilizadas . a b e d e

El resto es sencillo:

16. Tal , Th6


17. d4, Ae3 !

Y el mate a partir de aquí es inevitable. a b e d e

El siguiente ej emplo ilustra a la vez la fuerza de la dama centraliza­


da y su poderío destructivo.

Posición de partida

Una vez más la posición corresponde a una partida del gran Morphy.
El maestro americano había sacrificado un peón para activar sus
piezas; pero en concreto, el factor que desnivela la posición a su
favor es la gravitación de la dama, poderosamente colocada en la
casilla central del tablero. a b e d e

La continuación demostrará perfectamente el poderío de esta pieza.

l. Tfel ! , . . .

Morphy sacrifica una pieza para reforzar de este modo su dominio


de la séptima línea. a b e d e

1 54
Valor relativo de las piezas (IV)

En realidad , tiene ya en la cabeza una combinación de mate real­


mente notable, en la que la dama constituye el elemento clave.
7

l . .. . , A x c2 6

2. Tx f7, R x f7
3. Te7 + ! ! , . . .
4

Al sacrificar esta torre, sólo le quedan al blanco su dama y un alfil


aparentemente inactivo en g3 . a b e d e g h

Estas armas son suficientes para dar mate.


"

3 . .. . , R x e7 5. Dg8 + , Re7 6. Ah4 + , Rd7 7

4. D x g7 + , Re8 Si 5 . , Rd7 6. Df7 +,


. .. 7. Df7 + + 6

Claro que si 4. ..., Rd8 Rd8 7. A h4 + +


5. Ah4 + y mate
4

No puede pedirse mej or ej emplo de la fuerza de la dama, a partir


de una posición central . a b e d e g h

Sacrificios de dama
El sacrificio de dama es, como decíamos, la más alta forma de la
belleza aj edrecística, el punto máximo de idealismo a que puede
llegarse en aj edrez . Por eso, siempre produce un efecto estético ex­
traordinario.

Podemos clasificar los sacrificios de dama en dos categorías:


a) Los que buscan el mate inmediato o bien la ganancia de mate­
rial (tácticos).
b) Los que procuran obtener ven tajas posicionales por el material
sacrificado (estratégicos).

En este capítulo nos re feriremos solamente a los sacrificios de mate.


Empecemos por este ej emplo.

Posición de partida

Las blancas tienen dos piezas atacadas : su dama y su caballo. El


doble l. Cf7 es claramente perdedor ante la respuesta l. . . . C x d4;
después de 1 . Af7 + , Re7 , las blancas pierden una pieza. a b e d e

155
Valor relativo de las piezas (IV)

Sin embargo la mala p osición del rey negro permite al primer juga­
dor forzar el mate con un elegante sacrificio de dama:

l . Af7 + , Re7 6

2. D x f6 ! , ... 5

Espléndido. Si ahora 2 . . . . , g x f6, 3 . Cd5 + + (el mismo tema del


mate de Legal, que ya se ha estudiado) . a b e d e f g h

Las negras deben, por lo tanto, tomar con su rey.

2 . . . , R x f6
.

3. Cd5 + , Res 6

Los caballos rematarán ahora la faena con un 5


veloz galope de regreso
4
4. Cf3 + , R x e4
5. Cc3 + + 3

La dama se ha inmolado con el concreto obj etivo de atraer al rey


para darle mate. a b e d e f g h

RES UM E N : u n i d ad 22

O La dama es l a pieza más poderosa d e l j u e g o del ajedrez ; precisam ente


en esta fuerza rad i c a su debilidad, pues no es conveniente, por lo
general, cambiarla por otras piezas y puede ser acosado por éstas.

• La dama tiene una acción de largo alcance, y puede atacar simu ltáneamente
obj etivos m uy alej ados entre sí. Esta pos i b i l i d ad es un arma táctica de gran
i m porta n c i a .
• E l desarrol lo pre m at u ro de l a dama es u n error g rave ;
mal situada, la más poderosa
de las p iezas es obj etivo de ataq ue, y el adversario desarrolla sus fuerzas con
ganancias de tiem po.

O La centralización de l a dama es difíc i l de l o g rar, pero cuando es posible


emplazarla sólidamente en u n a casilla central, se convierte en u n factor
de ext rao rd i n a ria i nfl uencia.

O E l sacrific i o de l a d a m a , ya sea para conseg u i r u n a posición de m ate o


para obtener otras ventajas materia l e s estratégicas, es por lo general
inesperado y causa el mayo r i m pacto estéti co.
EJ E R C I C I OS 22

Ejemplo 1 3. Db3 + , Re5 h ay un factor q u e desn ivela l a


4. Dg3 + , Rd5 posición e n favor d e l seg u ndo
S i 4 . . . . , Af4 5. D x f4 + , etc. j u gador: su dama está
5. Dd 6 + + central izad a . Aprovechando
magistra l m e nte esta
c i rc u n stancia (y la ventaj a de
te ner l a mano, desde l uego) , el
D r. Sav i e l ly Tartakower se
i m puso de esta manera a
Lowtski (J u rata, 1 9 37) .
1 . . . . , Dc5 +
2 . Rh1 , Dc4

a b e d e h 2
Amenaza 3 . . . . Tf1 + , con m ate o
g
ganancia de dama. Las blancas
no t i e n e n m ás j ugada q u e l a
J ue g a n b l a ncas a b e d e g h
del texto :
3. R g 1 , Dd 4 +
Esta posición se dio e n u n a La dama exh i be aq u í , 4 . Rh1 , De4!
partida entre Fra n k M arshal l , esplendorosa, s u capacidad de
q u e con d ucía l as blancas, y acción ; obsérvese que ella sola
G l adstone. Las blancas tienen se bastó , con l a col aboración 8

u n a p i eza de m e nos, pero han pasiva de l as otras p i ezas, para 7

logrado, e n co m pensac i ó n , conseg u i r l a caza d e l monarca 6


l l evar al rey e n e m igo al centro adversario.
5
del tab lero. A l l í , M arsh a l l
4
l e da m ate por medio d e
u n a m a n i o b ra q u e i l ust ra Ejemplo 2 3

i n mejorabl e m e nte el poderío


de l a dama.
1 . Dh5 + , Ag 5
a b e d e g h
S i 1 . . . . , Rd4 2 . Tfd 1 +

E l círc u l o se c ierra. Aq u í no
servían n i 4 . . . . , De3 5. D x e3,
Tf1 6. Dg1 , ni 4 . . . . Dd2 5. Tx e5.
La j ugada del texto procura ,
precisame nte, alejar la d a m a
b l a n c a de l a col u m n a de rey
para evitar la captu ra de la torre
en e5, q u e la defien de.
2 5. Dc1

J uegan n e g ra s
a e d e g h

E l b lanco tiene un peón de


ventaj a , y aparente m e nte todas
2 . Dd1 + , Dd4
l as amenazas de l as negras
Si 2 . . . . , Re5 3. Dd6 + + .
están controladas. S i n e m bargo,
EJ E RC I C I OS 22

8
Ejemplo 3 Se abre así l a d i agonal para e l
terri b l e j aq u e de alfi l .
7
2 . e x d 5, Af5 +
8
6 3. Dc2 , . . .
5 N o hay nada m ás ; s i 3 . Rc1 ,
4
6 Ta1 + + .
3. . . . , Ta1 + !!
5
3
Esta seg u nd a e ntrega perm ite
4
dar m ate i n m ediatame nte.
3
4. R x a1 , A x c2

a b e d e g h 2

8
Ú n ica; l a dama blanca n o a b e d e g h
7
p u e d e abandonar l a pri m era
6
l ínea por el m ate e n b1 , ni j u gar J uegan n e g ras
5
5. Dg1 , De2 ! , y a l a s i g u i ente 6 .
. . . , Tf1 . Obvio q ue si 5. D x e4? ? , Este ej ercicio i l ustra el tema del 4

Tf1 + + . sacrificio de la dama, de g ran 3


5 . . . . Dd3 efecto estético y tre m enda 2
6. Rg1 , Dd4 + ! contundencia. La posición se
Ahora, con la dama blanca d i o e n u n a partida entre el
desplazad a de la col u m n a de a b e d e g
maestro i n g lés Blackb u r n e, q u e
rey, esta j ugada es decisiva. co n d u c ía las blan cas, y e l
7. Rh1 , Dd2! escocés G eorge M ac kenzie, e n Y la s i g u i e nte j ugada, Ta8 + + ,
8
Lo nd res, 1 882. Las negras es i n evitable. Este te m a de
forzaro n el mate con sus p i ezas mate, con e l rey apresado entre
7
menores a part i r de u n hermoso la d i agonal controlada por el
6 sacrificio de dama. alfi l y la col u m n a abierta q u e
5 1 . . . . , Dxd5!! ocu pará la to rre, e s de
apl i cación m uy frecu e nte; vale
8
la pena que e l l ector lo
3
rec uerde, p ues p robablemente
6 se le p l anteará u n a posición
5 s i m i l ar e n d iversas ocasiones.
a b e d e g h
4

3
Y las blancas abandonaro n . S i
2
8 . Dg1 , De2 , c o n victoria
i n med iata.
a b e d e g h
EJ E RC I C I OS 22

Problema 1 Problema 3 Problema 5

6 6

5 5

4 4

3 3

a b e d e g h a b e d e g h a b e d e g h

J uegan blancas J u egan blancas J uegan b l a n cas

Las negras acaban de j u gar su La mala posición d e l rey negro Po r med i o d e u n i n esperado
alfi l a c6 y atacan la dama de es explotad a por las p iezas sacrific i o de dama, las blancas
l as blancas. Pero éstas blan cas para darle m ate ; la co n s i g u e n dar m ate al rey
d isponen de u n a m a n iobra estre l l a de la f u n c i ó n es la adversario.
ganadora basad a en l a ag i l idad dama de «a1» , q u e a pesar de
de s u dama. estar muy a l ej ad a d e l ce ntro,
m u estra u n a n otable capacidad Problema 6
de m ovi m i e nto.
Problema 2

Problema 4
8

a b e d e g h

a b e d e g h
J ue g a n b l a n cas,

a b e d e g h
J uegan n e g ras Las blan cas d ispo n e n de u n a
amenaza de m ate q u itando su
E n esta posició n , q u e se J uegan b l a n c as alfil de l a col u m n a «h»; pero n o
prod ujo en la partida G r u nfeld­ t i e n e n t i e m po de real i zarla,
Alekh i n e, Carl bad , 1 923, l as Aprovechando l a excele nte pues s u adversario está
negras gan aron g racias a u n a situación de su dama, las blancas amenazando m ate en a2 . Pese
f i n a j ugada de dama. h i lvanan u n a espectacu l ar a e l lo, d isponen de u n a
secuencia ganadora. com b i n ac i ó n ganadora .

159
SO LU C I O N ES 22

Solución 1 Solución 3 Solución 5

1 . d S ! , A x dS El blanco da m ate g raci as a l a


Si 1 . . . . , e x d5 l a cont i n uación potente acción de s u d a m a .
es igual a la de l a l ínea 1 . h x S + , R x gS
princi pal . M ás resistencia daba 1 . . . . , Re?.
2 . Tf8 + ! , . . . 2 . Ah4 + , R x h4
Para dejar paso a l a dama. 3. De1 + , RgS
2 . . . . , Tx f8 4. D x e3 + , Rf6
3. Da1 + y m ate S i 4 . . . . , Rh4, 5. D h6 + , Rg3 6.
Dh2+ + .
5. Dh6 + , R e7
6. f6 + , Rd6
a b e d e g h
S i 6 . . . . , Re8 7. D h 8 + + .
7. Df4 + , Rc6
8. Dc1 + , RbS 1 . D x g 6 ! , h x g6

S i 8 . . . . , Rd6 o Rb6 9. Dc5 + + . 2 . Tf3

9. DcS + , Ra4 Y el m ate es i n evitabl e ; las


1 0. Db4 + + negras n o pueden i m ped i r
T h 3 + n i cerrar l a d i agonal
blanca para fac i l itar una h u ida
Solución 4 al rey.
a b e d e

1 . Ae6!!, . . .
Solución 2 É sta e s la j u gada d ifíc i l . Solución 6
1 . . . . , A x es
1 . . . . , Dc4! S i 1 . . . . , f x e6, 2 . D x d7; si 1 . . . . , 1 . Dh8 + !, R x h8
Atacando dos p i ezas : la dama Tx d3, 2 . De6+ + . 2. Af6 + , R g 8
de e2 y el caba l l o de a2 . A 2 . Dc8 + , Ad8 3 . Th8 + +
cualq u i e r ret i rad a d e dama (a 3. D x d8, Tx d 8
«f1 » o «e1 » , por ej e m plo), 4. Tx d 8 + +
seg u i ría 2 . D x a2 .
2 . D x c4, Tx d 1 +
3. Df1 , Ad4 + y ganan .

a b e d e g h
UNIDAD 23
De todas las piezas , la torre es la que más cuesta
poner en j uego. Su actividad depende de la existencia
de columnas abiertas, no siempre fáciles de conseguir
y muchas veces difíciles de explotar. En esta unidad se
darán pautas y ej emplos sobre la creación de tales D Valor relativo de
columnas , así como sobre su aprovechamiento para el las piezas (V)
ataque al rey, al centro o a uno de los flanco s . • ¿ Po r q u é son
i m portantes las
col u m n as abiertas?
• C reación de
co l u m n as ab iertas
• Uti l i zación de
co l u m n as abiertas
en ataq u es al rey
• Col u m n as abiertas
en el centro y en e l
flanco de d a m a
D Resumen
• U n i d ad 23
D Partidas famosas
• Dec i d i ó l a arti l l ería
l igera. Ate n as, 1985
D Ejercicios
• Ej e m p l os y
p rob l e m as
D Soluciones
Val o r re lativo
de las p i ezas M
Muy a menudo observamos en las partidas de principiantes cómo
las torres quedan olvidadas en su rincón de origen mientras el j ue­
go se desarrolla únicamente con la dama y las piezas menores. Ob­
viamente esto no es adecuado, si bien es comprensible desde el punto
de vista de que la torre es, de todas las piezas, la más difícil de in­
corporar al j uego. Su desarrollo exige muchas veces rupturas bien
planificadas , intercambios calculados y conciencia fundamentada
de cuándo y cómo viene el enroque. Todo ello con el fin de dar a
las torres columnas abiertas donde puedan desplegar su potencial .
Si carecen de ellas, su valor es prácticamente nulo.

¿Por qué son i m po rtantes las colu m nas abiertas?

El alfil o la dama apenas necesitan un movimiento al principio de


la partida para ponerse en j uego. El caballo no requiere movimien­
tos preparatorios para incorporarse a la lucha por su capacidad de
salto; la torre, en cambio, sólo puede comenzar a ser útil después
de bastante preparación.

Posición según diagrama

Apenas ha incrementado su radio de acción después de un movi­


miento como a4 , ya que aún está muy limitada por su propio peón. a b e d e

Lo que necesita son columnas desprovistas total o parcialmente de


8
peones . De la posesión de ellas depende totalmente su fuerza.

Posición según diagrama 6

La torre negra carece totalmente de j uego, su libertad de desplaza­


miento es mínima. La torre blanca está más libre, aunque también
choca frontalmente con los peones . a b e d e

162
Valor relativo de las piezas (V)

Por eso se dispone a incrementar su poder ocupando una columna


abierta .

l . Thl, . . .

De esta manera se prepara una irrupción en h8 que tiene efectos


decisivos y que el negro no puede impedir. a b e d e g h

Creación de col u m nas abiertas

Las c o l u m nas a b i e rtas (se m i abiertas) , tan i n d ispensables para


el movimiento de las torres, pueden producirse de diferentes ma­
neras. Una d e las más usuales es el i nterc a m b i o d e peones, bien
d i recta m ente o bien canjeando pi ezas que están p rotegidas por
peones. Esta apert u ra d e c o l u m n as es útil para ofre c e r salida
a las torres, poniendo en acción estas poderosas piezas. U n a vez
a b i e rta a l g u n a c o l u m n a , conviene poner lo más i n m e d i atamen­
te pos i b l e u n a to rre q u e la d o m i n e.

Desarrolle estas j ugadas .

l. d4, e6
2. e4, dS 6

3. e x dS, e x dS 5

3
Tanto las blancas como las negras han conseguido una columna
abierta (la columna «e»), mediante el simple intercambio de peo-
nes en el centro. Más avanzada la partida, esta vertical podrá ser
ocupada por las torres. a b e d e g h

Los canj es de peones de distintas líneas, en cambio, provocan la aper-


tura de columnas diferentes.

l . e 4 , es 6

2. Cf3, d6 5
3. d4, c x d4
4
4. C x d4, . . .
3

Las blancas han abierto la columna «d» mientras que las negras
disponen de la « C » . a b e d e g h

163
Valor relativo de las piezas (V)

También puede provocar la apertura de una vertical el intercambio


entre piezas protegidas por peones.

l . e4, es S . Cc3, Ae7 6

2. Ac4, Cf6 6. 0-0, Ae6 5


3. d3, Cc6 7. A x e6, f x e6
4
4. Cf3, d6
3

El cambio ha abierto la columna « f» para el negro. Cuando este


bando enroque por el lado corto, la torre tendrá mucho más despe­
j ado su campo de acción. a b e d e

Una variación en la séptima j ugada de las blancas habría dado otro


resultado.

7. Ab3 , A x b3
8. a x b3 , . . .

Ahora es el blanco quien abre su columna « a» . a b e d e

Otro caso, extraído d e l a teoría d e las aperturas, e s el siguiente:

l. e4, c6 3. Cc3 , d x e4
Este sistema se conoce 4. C X e4, Cf6
como defensa Karo-Kann 5. C X f6 + , . . .
2. d 4 , d S

Las negras pueden elegir entre abrir la columna «g» (5 . . . . , g x f6)


o la «e» (5 . . . . , e x f6) . En ambos casos las negras podrán actuar
en un futuro por dos columnas (« d» y «g» o «e»), y las blancas
podrán hacerlo sólo por la columna « e » . a b e d e

Esta circunstancia no debe llevar a engaños. Es necesario explicar


algunas premisas.

Si bien las col u m n as a b i e rtas son esenciales para p o n e r e n ac­


ción las tor res, n o debe c o n c l u i rse que por e l h e c h o d e poseer
más c o l u m nas que e l adve rsa rio l a posic i ó n es s u p e r i o r. Exis­
ten otros factores que deben te n e rse en c u enta y que pueden
te ner más i m p o rtan c i a i n c l uso q u e la posi b i l i d a d d e o c u p a r d i ­
chas c o l u m n as.

1 64
Valor relativo de las piezas (V)

Una planificación mayor requiere la apertura de columnas mediante


el avance de peones propios contra la cadena de peones enemigos:

l . e4, es 6

2. Cf3, Cc6 5
3. Ac4 , Cf6
4
4. Cc3, Aes
3
s. d3, h6

Las negras aún no lo saben, pero este avance va a favorecer la aper­


tura de la columna « g » . a b e d e

Antes, las blancas completan s u desarrollo previendo u n enroque


corto de su rival .

6. Ae3 , Ab6 6

7. Dd2, d6 5
8. 0-0-0, 0-0
4
9. h3, . . .
3

Los enroques en flancos opuestos suelen acarrear ataques violen­


tos por ambas partes. La j ugada novena del blanco planea favore­
cer su ofensiva abriendo una brecha en el sector del rey contrario. a b e d e g h

Para ello se dispone a avanzar sus peones con el fin de estrellarlos


contra la estructura enemiga.

9 . .. . , De7 6

10. g4 ! , Ae6 5
1 1 . gS ! , h X gS
4
12. A x gS, . . .
3

Las blancas han abierto la columna «g» . Cuando la ocupen con


la torre (Tdgl) , esta pieza se habrá convertido en una excelente baza
de ataque. a b e d e

Los métodos más normales de abrir columnas para las torres son
el intercambio de peones, especialmente en el centro; el cambio de
piezas defendidas por peones y la ruptura mediante el avance
de peones.
Tal vez el procedimiento más común es el intercambio del peón 5
de alfil por el peón central contiguo, peón «c» por peón «d» o bien 4
« f» por « e » . El primero acostumbra formar parte de un plan posi­
3
cional y el segundo busca presionar el punto f2 para un ataque so­
bre el rey. Veamos un ej emplo.

Posición de partida a b e d e

165
Valor relativo de las piezas ( V)

Las negras vislumbran la posibilidad de abrir la columna « f» . Pero


para ello hay que apartar primero el caballo, y escogen la casilla
más activa.

l . . .. , Cg4 ! 5
A m enaza 2. ..., C xf2
4
2. Df3 , .. .
3

Las blancas escogen esta casilla porque 2. De2, . . . , cuyo cometido


también es defender el punto atacado f2, permitiría el inmediato
avance 2 . . . . , f5 . a b e d e

Como aún no es posible la apertura de la columna, las negras pro­


tegen el punto crítico con otro de sus peones.

2 . .. . , g6 !
3. Cd2, C X f2 !

Aparentemente un intercambio desfavorable, puesto que dos pie­


zas son superiores a una torre, pero aunque la intención del negro
es capturar la torre, piensa hacerlo en el momento adecuado. a b e d e g h

Antes es preciso favorecer el j uego de otras piezas aparentemente


dormidas .

4. Tx f2, f5 !
5

El plan de ataque trazado por las negras tiene su culminación en


este movimiento. La apertura de la columna es inevitable, y con ello
la presión sobre f2 se hace insostenible. a b e d e

Las blancas no tienen un método eficaz de resistirse a la amenaza


5 . . . . , fx e4 .

5. e x f5, A x f5 7. Dd5 + , Rg7


A m enaza 6. .. ., A x d3 8. Ce4, A x f2 +
6. A x f5, Tx f5 9. Rhl , Taf8

Las negras tienen una considerable ventaj a, suficiente para pensar


en la victoria. a b e d e g h

166
Valor relativo de las piezas (V)

Util ización de col u m nas abiertas en ataq ues al rey

Las columnas abiertas, en un tanto por ciento muy elevado de ca­


sos, son el conducto apropiado para llevar el ataque al rey.

La siguiente partida muestra cómo el conductor de las negras es­


peculó en todo momento con su única línea libre. Se trata de la par­
tida entre los maestros húngaros Barcza y Filip (1 9 5 3 ) .
6

Posición d e partida 5

La columna «C» está abierta para las negras . a b e d e g h

El primer paso consiste en ocuparla.

l . . , Dc7
..

2. Rbl , Tfc8

Una de las decisiones más difíciles que respecto a las torres se debe
tomar es siempre cuál de ellas tiene que ocupar la vertical libre. Su
solución exige una visión profunda del transcurso de la partida. En
este caso las negras estiman que la otra torre será necesaria para
abrir la columna «b» tras un futuro avance de los peones del ala
de dama. a b e d e

El siguiente avance da la razón al segundo j ugador.

3. c3, ...
6

3
Las negras amenazaban 3 . . . . , C x d5 ! ! 4 . D x d5 , D x c2 + 5. Ral ,
Cd3 ! , que plantea un doble ataque 6 . . . . , D x dl y 6 . . . . , D x b2 con
mate en ambo s casos, y esa es la razón de la decisión del blanco.
La alternativa para no adelantar nada era Tcl . a b e d e

E l avance d e los peones defenso res favo rece la r uptu ra y, por


tanto, la apert u ra d e colum nas mediante el ava n c e d e los peones
propios. E n consecuencia, resu lta m u c h o m ás difíc i l abrir l ín eas
con los peones en sus cuadros de o r i ge n .

1 67
Valor relativo de las piezas ( V)

Las negras persiguen la apertura de más columnas mediante la aco­


metida de un destacamento de infantes .
7

3 . .. . , as 6

4. Cd4, Cc4
El cambio del alfil hará posible el avance b5
4
5. A x c4, D x c4
6. Cc2, . . . 3

a b e d e

Como se aprecia, las torres blancas carecen de espacios . Un plan


para solucionar esta deficiencia es j ugar h4 y h5 , pero Barcza con­
sideró que las negras iban más adelantadas y dio prioridad a los
movimientos defensivos. Filip también tiene las ideas claras .

6 . . . , bS !
.

7. Dd3, Dc7 !

Para mantener intacta la iniciativa, es importante conservar la dama.


No hay que tener cuidado con el peón b 5 , pues su captura con la
dama abriría una columna (8 . D x b5 , Tab 8) . a b e d e

El blanco acerca la torre con la esperanza de que colabore en la sal­


vaguardia de su posición.

8 . Thel , b 4 !
9. Ad4, . . .
Si 9. c x b4 ?, C x d5! JO. D x d5, D x c2 +,
seguido de mate
9 . , b x c3
.••

10. A X c3, Tab8

La estrategia del negro y su visión al colocar las torres han triunfado. a b e d e

Ahora el rey se aparta en previsión de futuros problemas .


8

1 1 . Ral , C x dS ! ! 7

3
El alfil sustituyó al peón c3 en su bloqueo de la columna «C», y
el presente golpe va destinado a eliminar dicho obstáculo. Véase que
no es recomendable 1 2 . D x d5 , D x c3 ; 1 3 . b x c3 , A x c3 + + , gra­
cias precisamente al control de la columna «b » . a b e d e

168
Valor relativo de las piezas (V)

Por eso las blancas lo evitan de la manera que pueden .


8

12. A x g7, R x g7 7

13. D x dS, D x c2 6

14. Dd2, eS !

Con esto se impide la celada que consistía en dar j aque con la dama
en d4 si la torre capturaba en b2. a b e d e

Ahora sí deben tomarse medidas contra 15 . . . . , Tx b2) .


8

15. b3, a4 7

16. b x a4, Tb2? 6

Era mejor 16 , Tbl + 1 7. Tx bl, D x d2,


. ...
5
ganando la dama
17. D x c2, Tc x c2
3

Las negras culminan su estrategia colocando ambas torres en la sép­


tima horizontal . Ya hablaremos en la unidad siguiente de la impo­
nente eficacia de este recurso. a b e d e g h

Las blancas van a morir matando.


8

18. Tx d6, Tx a2 + 20. Rcl , Tx g2 7

19. Rbl , Tcb2 + A m enaza Tal + + 6

2 1 . Rbl , Tgb2 + 5

El j ugador de blancas decidió rendirse ante la irreparable pérdida


de casi todos sus peones. En el presente ej emplo, la dama se man­
tuvo constantemente delante de la torre, que apoyó siempre su in­
cursión en campo contrario. a b e d e g h

Sin embargo, como regla general, conviene señalar que es mej or si­
tuar la dama tras la torre, lo que permite a esta última pieza desa­
loj ar al rey de la octava fila mientras la dama cubre el camino de
escape. Observemos un instructivo ej emplo. 6

5
Posición de partida
4

Nada consiguen las blancas atacando con la disposición de piezas


actual . P. e: l. D h8 + , Re7 2. D x g7, Tg8 3 . D h6, Th8 , llegándose
a un cambio de piezas que no favorece más que la defensa del negro. a b e d e g h

1 69
Eduard PA R TIDA S
Efi movich
G ufeld Decidió la artillería ligera
Este simpático gran maestro Atenas; 1985
georgiano, orondo y siempre re­
bosante de buen humor, como
muchos oriundos de aquella tie­ Blancas: Kotronias
rra, nació el 19 de marzo de Negras: Gufeld
1936. Hasta los 28 años no con­
siguió el título de maestro inter­
nacional, seguido, al poco tiem­ l . d4, Cf6 peones contra el previsible en­
po, del título máximo. 2. c4, g6 roque largo.
Su mejor año tal vez fue el de 3. Cc3 , Ag7
1971, en que venció en los tor­ 4. e4, d6 11. 0-0-0, CaS
neos de Gorki y Tblisi, torneo s. f3 , 0-0 12. Cf4, Ch7
éste en el que ha ganado va­ 13. eS, C x gS
rias veces, así como en el cam­ Contra la apertura del peón de 14. h x gS , cS !
peonato de la República de dama, las negras han adoptado lS. d x cs , A x es
Georgia. Entrenador de la cam­ el esquema denominado defen­ 16. Cf-dS , Te8
peona del mundo Maia Chibur­ sa India de Rey, caracteriza­ 17. g4 ! , h x g4
danidze desde hace varios años, do por su flexibilidad y posi­ 1 8 . c x d6 , e x d6
ameno periodista y buen divul­ bilidades de contraataque. Es 19. f4, Ag7
gador del ajedrez, ha estado en el preferido de muchos maes­ 20. Ce4, Ac6
diversas ocasiones en España, tro s c o nt e m p o r á n e o s , y 2 1 . Ce4-f6 + , Rf8
acompañando a su pupila en Eduard Gufeld es uno de ellos. 22. Ch7 + , Rg8
Barcelona, Linares y Bilbao. Su
estilo es amante de las compli­ 6. AgS, Cc6
caciones, amén de espectacular, 7. Cg-e2, a6
y entre sus víctimas hay varios 8. Dd2, Ad7
campeones del mundo. 9. h4, hS
10. De3, bS

Maia C h i b u rd a n idze, gran


cam peo na del m u n do e n los
ú l t i m os t i e m pos, h a sido la
al u m n a más famosa de G ufeld . 7

a b e d e 9

Propuesta tácita de tablas por


repetición de j ugadas, que no
fue aceptada.

a e d e 9
2 3 . CdS-f6 + , D x f6 !

Las negras también quieren ini­ Esta e s l a jugada, posible aho­


ciar su propia avalancha de ra por estar atacadas tanto la

Foto: ZARDOYA

170
La tradición de los
analistas soviéticos
dama blanca como la torre de
Desde que, hace unos setenta años, el nuevo régimen político
hl , que Kotronias no valoró .
revolÚcionario soviético decidió impulsar de manera preferente
el ajedrez y se empezó a trabajar con un cierto rigor en la
24. C x f6 + , A x f6
materia, en la Unión Soviética se han ido creando de forma
2S. Da3 , Ag7
continua no solamente grandes jugadores, entre ellos muchos
26. Th2, C X c4
campeones del mundo, sino también un tupido sustrato de
27. A x c4, b x c4
entrenadores, analistas, estudiosos y teóricos. Se trata de
28. Dg3 , Af3
jugadores de alta categoría, grandes maestros en muchos
29. Tx d6, c3
casos, que han destinado sus esfuerzos a la tarea de
30. Tf6, c x b2 +
preparación de los jóvenes.
3 1 . Tx b2, Te8-d8
Desde que en los primeros tiempos (años 20 y 30) hubo
jugadores que se dieron a conocer, sobre todo, por sus
Gufeld, naturalmente, no toma minuciosos estudios de aperturas, esta tradición de los mayores
la torre blanca, pues después apoyando el a vance de los jóvenes se ha seguido sustentando.
de 3 1 . . , A x f6 3 2 . g x f6, la
. .
Los grandes maestros Kotov y Suetin, tras conseguir la gloria,
columna abierta «h» sería muy han ejercido como entrenadores y teóricos. Eduard Gufeld,
importante debido a la impa­ protagonista de la presente partida, es muy conocido
rable amenaza Dh4. En su lu­ internacionalmente como el entrenador de la campeona del
gar se prepara a dar mate al mundo femenina de las dos últimas décadas, la georgiana Maia
rey blanco ocupando con sus Chiburdanidze. Pero el ejemplo más paradigmático es sin duda
propias torres las columnas el del ex campeón m undial Mijaíl Botvinnik, convertido en el
abiertas «C» y « d » . pináculo de la escuela de entrenadores y analistas soviéticos
(además, es un adelantado en el campo de la informática
32. fS, Tdl + aplicada al ajedrez). Por su célebre escuela (que no es más que
33. Rc2, Tc8 + el nivel más alto de la red de escuelas juveniles de ajedrez que
34. Rb3 , Td3 + existe en todas las repúblicas a través de las organizaciones
3S. Rb4, Af8 + llamadas de Pioneros) ha pasado el propio Garry Kasparov,
36. Ras , Ta3 + quien tuvo a Botvinnik durante una época, personalmente o por
37. Rb6, Aes + + correo, como su máximo mentor y consejero.

8
M ijail Botvi n n i k es el caso de j ugadores, estud i osos,
m ás rep rese ntativo d e l a g ran anal istas y e ntrenadores
trad ición soviética de aj edrez.

a b e d e g h

Las torres y los alfiles ne­


gro s trab aj aron muy bien en
equipo.

Foto: ZAROOYA

171
Valor relativo de las piezas ( V)

Pero la situación se transforma si invertimos el orden de dama y torre.

l. g6 ! , f X g6 3. Th7 ! , . . .
2. D x g6 , . . . Amenaza D x g 7+ +
A m en aza 3 . Th8 +, 3 . .. . , De7
Re7; 4. D x g 7+ + 4. DhS ! , . . .
2 . . . . , Rg8

La situación se ha transformado, ya que la dama vigila la casilla


de escape f7 . La amenaza 5 . Th8 + es insalvable. a b e d e

La siguiente partida (Stahlberg-Alekhine, Hamburgo, 1930) demues-


8
tra que no todas las columnas abiertas tienen el mismo valor.
7

Posición de partida
6

2
Ambos bandos tienen columnas abiertas . El blanco centra su ata-
que por las líneas «a» y «d» y el negro lo hace por la « f» . La prác-
tica demostrará que la última tiene más valor que las dos primeras. a b e d e g h

Lo primero que hacen las negras es crear una sólida base de opera-
ciones para su caballo en d4 .

l . .. . , es
2. Ta7 , Cd4 ! 8

3. De3, Td7 !

5
Esta j ugada cumple tres obj etivos: defiende el alfil , prepara e l do-
4
blaj e en la columna « f» y plantea un ataque indirecto sobre la torre
(4 . . . . , C x e2 + 5. D x e2, Af3 ! 6. C x f3 , Tx a7) . 3

Como norma g e n e ra l en los ataq ues al rey, c u a n d o se d o b l a n (o


a b e d e g h
tripl ican) p iezas m ayores en u n a c o l u m n a abierta, c o nviene q u e
la d a m a se s i t ú e p o r d etrás de las torres y n o al revés. De este
modo la torre fue rza al rey contrario a abandonar su h o rizontal
m i e ntras q u e l a dama se d i ri g e a d o m i n a r los c u a d ros d e h u i d a .
Cuantas más p i ezas pesadas o c u p e n u n a c o l u m n a a b i e rta, m á s
d o m i n i o se t e n d r á sobre e l l a . Po r t a l razón es c o nve n i e nte d o -
b l a r torres, i n c l uso t r i p l i c a r a ñ a d i e n d o la d a m a , e n las vertica-
les l i bres que pueden ser úti l es para l a i rrupción e n e l espacio
riva l , s i e m p re recordando la conve n i e n c i a d e q u e las torres se
sitúen por d e l a nte

172
Valor relativo de las piezas ( V)

La torre blanca debe retirarse, demostrando la inoperancia de su


8
línea abierta.
7

4. Ta2, Tdf7 6

s. f3, ... 5

Tal vez 5. Afl , . . . habría sido una medida más prudente. Las blan­
cas tenían la certeza de que este avance evitaba toda acción a lo lar­
go de la columna. a b e d e f g h

Alekhine testimonió con mucho ingenio que la múltiple defensa del


punto f3 es insuficiente.

5 . . . . , Tf4
Da paso a la dama
6. Ad3, DhS
7 . Afl , ...

Stahlberg se ve abocado a soluciones pasivas . Amenazaba su rival


con j ugar 7 . . . . , e4 ! 8 . D x d4, e x f3 9. De3 , f2 + ! 1 0 . Rhl , D x dl ,
ganando. a b e d e f g h

El ataque real sobre el punto f3 y sobre la columna comienza con


8
la siguiente j ugada:
7

7 . .. . , DgS ! 6

A menaza 8. .. , Txf3 9. D x g5, Txfl + +


.
5
8. Tf2, h6 ! !
4

2
Renovando la amenaza 9 . . . . , Tx f3 , ya que después de 1 0 . D x g5 ,
. . . sigue 1 0 . . . . , Tx f2 con un doble ataque sobre l a dama y sobre
el alfil, con mate. a b e d e f g h

La respuesta del blanco no hace más que acelerar el desenlace, aun­


8
que en cualquier caso su situación era ya muy precaria.
7

9. Rhl , Tx f3 ! ! 6

2
Abandonaron las blancas . Como en la variante anterior, contra 10.
D x g5 sigue 1 0 . . . . , Tx f2; mientras que 1 0 . Tx f3 se responde con
10. . . . , D x e3 1 1 . Tx e3 , Tx f1 + + . a b e d e f g h

173
Valor relativo de las piezas (V)

Col u m nas abiertas en el centro y en el flanco de dama

Si bien es claro que el ataque por las columnas abiertas en el enro­


que persigue la caza y captura del rey, los fines de una columna abier­
ta en el centro o en el ala de dama son más sutiles. Entre ellos pue­
de señalarse la entrada en la séptima y octava filas, la ganancia de
peones mediante la presión constante o la restricción de las piezas
enemigas ahogándoles su espacio o forzándolas a una defensa pa­
siva de los puntos afectados. En resumen, la ocupación de una co­
lumna abierta es importante, pero además favorece obj etivos que
tienen tanta o más importancia y que pueden ser definitivos .

Vamos a observarlo e n l a siguiente combinación .

Posición de partida

Que estos obj etivos parezcan más modestos que los apuntados en
el apartado anterior no significa que sean menos enérgicos. O si
no, contémplese el severo correctivo que infligió Alekhine a Nim­
zowitch (San Remo, 1 93 0) , otro de los mej ores aj edrecistas de la
época.

A partir de este momento el j uego prosiguió:

l . b4 ! , . . .

Este agudo avance fuerza al negro a escoger entre dos males : abrir
la columna « c » , que el blanco tiene más facilidad para ocupar gra­
cias a su ventaj a de espacio, o bien cerrar la posición con c4, lo cual
a todas luces no conviene a los intereses del alfil negro, que ya tiene
bastantes peones · en cuadro blanco.

Nimzowitch optó por lo primero.

l . .. . , c x b4
2. c x b4, Ab7
3. Cd6, fS ?

Un evidente error estratégico por dos razones importantes : sitúa un


peón más en cuadro negro (no se olvide que su alfil circula por ca­
sillas de este color) y permite a las blancas continuar ahogando la
posición . a b e d e

174
Valor relativo de las piezas ( V)

Las blancas aprovechan este error para seguir presionando.

4. aS, Cc8
6

2
Contra 4 . . . . , b x a5 5 . b 5 , Cd8 6. Tx a5 , y la acción sobre la colum­
na «a» es incluso más restrictiva que la que pueden ej ercer sobre
la columna «e» . a b e d e f g h

Las blancas deben cambiar su caballo.

5 . C x b7, D x b7
6. a6, Df7
7. AbS, Cc8-e7
8. 0-0, . . .

Las últimas j ugadas blancas merecen un comentario. Las blancas


han vislumbrado un plan consistente en atacar el punto c6 a través
de la columna abierta. Por ello eliminaron al alfil negro, que era
un buen defensor, a pesar de que carecía de j uego. a b e d e f g h

Pronto incorporarán las torres al j uego.

8 . .. . , h6
En previsión de un futuro Cg5
9. Tfcl, Tfc8 5
10. Tc2, De8
1 1 . Tacl, . . .
3

2
La presión sobre la columna comienza a notarse, si bien ni esta j u­
gada ni la siguiente son las mej ores . El plan correcto era 1 1 . Ta3 , . . .
para proseguir con Tac3 y después Del . a b e d e f g h

Sin embargo, las j ugadas blancas no son del todo censurables , pues
el negro no puede evitar nada.

1 1 . . .. , Dd7 14. Tcl-c2, Rf8


12. De3, Tab8 1 5 . Del, Tbc8
13. Tc3, Tc7 16. Aa4, . . .

Véase cómo ninguna pieza negra, a excepción del rey, puede mo­
verse sin perder material . La amenaza b5 es decisiva ante la defen�
sa insuficiente de la Tc7 . a b e d e f g h

175
Valor relativo de las piezas ( V)

La heroica defensa del negro no hace más que prolongar la agonía .

16 . . . . , bS
17. A x bS, Re8
1 8 . Aa4, Rd8

El rey ha llegado a tiempo de defender las torres, pero sus piezas ,


incluido ahora el propio rey, siguen sin poder moverse. a b e d e

El próximo movimiento del .blanco es como decir: ¿y ahora qué?

19. h4, . . .

Nimzowitch se rindió . Cuando se le acaben las j ugadas de peón,


no tendrá más que mover una pieza y perder material . Si mueve las
torres o la dama cae el caballo, y si alej a el rey, sigue b5 . a b e d e f g h

RESU MEN : u n i d ad 23

O Las vías de juego de las torres son las c o l u m nas abiertas.

• É stas se obt i e n e n med i ante el i ntercam b i o de peon es, pri nci pal me nte del centro ; el
cam b i o de una p i eza defe n d i d a por u n peó n ; o b i e n la r u pt u ra med i ante e l avan ce
de l a fal ange d e peones.
• E l dom i n io de col u m n as abiertas, por s í solo, no s i g n ifica q u e e l bando q u e lo ej erza
deba te ner posición s u perior. H ay otros factores, m ateri ales y estratég i cos, q u e
pueden s e r m ás i m portantes.

O Las c o l u m n a s abiertas son frecuente m e nte empleadas para


el ataq u e a l rey.

• Cuantas m ás p iezas m ayores ocu pe n u n a col u m n a, mayor presión se ej e rcerá en


e l las. Al doblar o t r i p l i car torres y damas e n una col u m n a abierta , no debe olvidarse
q u e convi e n e situar l as torres por d e l ante.

176
E J E R C I C I OS 23

Ejemplo 1 La dama blanca está m uy lejos Todavía no hay u n a ve rtical


de h7, y no parece senc i l l o q u e h acia e l e n roq ue n i u n peón
p u e d a l legar h asta al lí. Pero de apoyo en g3. Am bos
véase q u e si p u d iera ocu par la i nconve n i e ntes se so lve ntan con
col u m n a « h » dando j aq ue al rey, un sacrificio de cabal lo: 1 . . . . ,
su objetivo se c u m p l i ría . U n C h g 3 + 2 . C x g3 C x g3 + 3.
doble sacrificio d e torre va a h x g3, h x g3 + , pero el paso de
h acerlo pos i b l e : 1 . Th8 + !! , l a dama a la col u m n a « h » está
R x h8 2 . T h 1 + , R h 8 ; la m uy com prometido por la
posición parece idéntica pero prese ncia de demasiad as
con u n a torre m e n os. N o es así: p iezas en su pri m era horizontal .
e n real idad h ay un obstáculo La m ás d ifíc i l de reti rar s i n
. menos para q ue la dama ocupe pérd ida de ti empo e s el Ae8 .
a b e g h
la col u m n a abierta. 3. Th8 + , ¡ H agámoslo de b u e n pri ncipio!
R x h 8 3. Dh1 + , . . . ¡ Por fi n ! . 3. La secuencia correcta es: 1 . . . . ,
A derecha e izq u i erda del . . . , Rh8 4. Dh7+ + . Es u n a de Ab5! 2 . a x b5, . . . Ahora debe
tab lero seccionado, se l as com b i n aciones m ás clási cas abrirse l a col u m na: 2 . . . . ,
conte m p l a u n esq u e l eto de la táctica aj ed rec ística. Chg3 + 3. C x g3, C x g3 + 4.
caracte rístico de m ate. La dama h x g3, h x g3 + 5. R g 1 , . . . En
da mate apoyada por u n peón re lación a la posición anterior
m i e ntras éste contro l a tam b i é n Ejemplo 2 es cl aro q ue sobra el Af8 : 5. . ,
e l c u ad ro de h u id a f 7 ( o c2) . El Ac5 + !! 6. b x c5, . . . A part i r de
cuad ro f8 (o c1 ) es i n accesible aq u í todo resu lta m uy fam i l iar:
al rey por l a situación de u n a 6 . . . . , Th1 + 7. R x h1 , Th8 + 8.
p i eza propia o p o r el control d e R g 1 , Th1 + 9. R x h1 , Dh8 + 1 0.
u n a pieza contraria. Cabe Rg1 , D h2 + + .
retener bien este esq u em a,
pues es motivo de n u merosas
com b i n aciones. Veamos u n a
man era m uy clásica de l l egar a
é l . El d o m i n i o d e la col u m n a
abierta e s fundamental .

a b e d e g h

J u egan n e g ras

Exactame nte la m is m a idea


a b e d . e
com b i n ato ria i ns p i ra al j ugador
de negras e n esta n u eva
posició n . Los esq uemas de m ate
conocidos nos bri ndan la
ocas i ó n de co m b i n acio nes tan
hermosas y s i m p l es como ésta .
a b e d e
EJ E RC I C I OS 23

Problema 1 Problema 2 Problema 3

6 6

5 5

4 4

3 3

a b e d e g h a b e d e g h a b e d e g h

J uegan bla ncas J uegan blancas J uegan n e g ras

Com pruebe si puede d i señar El objetivo de esta u n idad es A los q u e han asi m i l ado con
estratégicame nte e l plan m ás hacer to mar co nciencia al lector claridad las u n i d ades anteriores
adec uado para las blancas. El de la i m portancia q u e tienen l as no les res u l tará difíc i l establecer
negro va a procu rarse e n sus col u m nas para las pi ezas que aq u í el cabal lo de l as
próx i m as j ugad as u n a col u m n a mayo res, espec i a l m e nte l as neg ras es m uy su perior al alfi l
ab ierta e n la l ínea «C» , medi ante torres. Con tal fi n se han de las blancas, lo cual sign ifica
e l movi m i e nto clásico de estudiado los proced i m ientos q ue, en e l caso de desaparecer
r u pt u ra c5. Esto va a dar ciertas estratég i cos y co m b i n ativos las torres, el f i n al res u l taría
perspectivas de ataq u e al rey, para conseg u i rlas. netamente favorab le al seg u n d o
pero cu riosamente l as blan cas E n la posición de este ej ercicio, j ugador. E l problema de la
pueden funcionar con m ás las neg ras a ú n tienen el rey e n posición negra es que el blanco
rapidez. Ya hemos señalado a el centro, y por t a l razón l a tiene u n a co m pensac ión
lo largo de esta u n idad q u e apertu ra de col u m n as pod ría i m portante por e l dom i n io,
resu lta m ás fác i l l a apert u ra d e trae rles consec u e n c i as fatales aparente m e nte absol uto, de la
u n a l ínea de ataq u e cuando el para su i nteg ridad . U n a de l as col u m n a «b». ¿Se l e ocu rre
bando contrario h a avanzado j ugadas q u e tiene e l b l anco es alg ú n modo de contrarrestar
al g ú n peón de su estruct u ra, y m ás fuerte q u e las demás d i c h a p resión , o, al m enos, de
en u n o de los p r i m e ros porq ue pers i g u e este fi n . eq u i l i brar la ocu pación de
eje m p los vimos un caso de Señale d e q u é j u gada s e trata . l íneas abiertas?
rupt u ra m e d i ante e l avance de É se es s u obj etivo pri nci pal ,
peones muy s i m i lar a éste. pero su trabaj o i nvest i gador
Apu nte cuáles serán , a s u será mucho m ás p rovechoso
j u icio, l as tres o c u atro j u gadas s i , adem ás, sostiene s u
s i g u i entes del blanco. descubri m i e nto c o n a l g u n a
variante.
EJ E R C I C I OS 23

Problema 4 Problema 5 Problema 6

7 7

a b e d e g h a b e d e g h a b e d e g h

J uegan blancas J uegan b l a n cas J uegan n e g ras

A part i r de éste, los ej erci cios Am bos j ug adores d isponen de La i m portancia de l as col u m n as
que s i g u e n se e n c u ad ran una col u m n a abierta. Las abiertas q u eda b i e n reflej ad a e n
dentro de las com b i n aciones neg ras j u egan por la col u m na este ej ercicio. Dado q u e el
que dan la victoria a u no u «g» , y las b l an cas p u eden cabal l o controla l a posi b l e h u i d a
otro bando. d u p l icar fue rzas e n l a « h » . Pero del rey p o r g1 , e s cl aro q u e s i l a
El tercer ej ercicio consiste e n esto no lo deben real izar ve rtical « h » estuviera l i bre de
desc u b r i r u n a victoria para el i n mediatam e nte, debido a la peones, l as neg ras darían m ate
primer j u gador. A j uzgar por la amenaza del negro 1 . . . . , Cf4 + , ocupándola con u n a torre. E l l o
situación de l as p iezas, resu lta q u e gana l a dama a causa de no e s así, pero q u i é n sabe,
cl aro q u e un j aq ue de to rre en q u e el alfi l b l anco está clavado. pod ría serlo e n un fut u ro no
la co l u m na «g» te n d ría efectos ¿Se le ocu rre un p roced i m iento m uy lej ano. ¿Cree que puede
mortales, pero un peón en g3 m ejor de j ugar? Al b u scarlo, no desc u b r i r alg u n a forma? Estudie
tapon a d i c h a l ínea. olvide q u e la col u m n a « h » no dete n i d a m e nte la posición .
¿ P uede sortearse este está abierta del todo : h ay un Verá cómo l a sol ución es
obstácu l o o e l i m i n arlo? Al peón negro e n e l l a . Tal vez este cont u n d e nte, pero no
calc u l ar su co m b i nació n , no d ato le ayu d e a e n co ntrar la excesivame nte d ifíc i l de
descuide q u e l as negras sol ució n . encontrar
amenazan to mar el cabal lo en
c3 y controlar con su alfi l la
cas i l l a g1 .
SO LU C I O N ES 23

Solución 1 d x e6 + , Re? 4. e x f7+ , . . . y Solución 5


g raci as a la acción de la dama
y la torre en l as co l u m n as Para ocu par con efectividad la
abiertas, las blancas col u m n a «h», debe e l i m i narse a
destrozarán la posición negra. cualq u i e r precio el peón q u e la
defiende. 1 . D x h7 + !!, . . . Las
negras no t i e n e n m ás re medio
Solución 3 q u e proseg u i r con 1 . . . . , R x h7
2 . Th1 + , C h 4 + 3. Tx h4, Rg6
Las neg ras d i s putan l a col u m n a 4. Th6 + , RgS 5. Cf3 + , Cxf3 6.
a las blancas con 1 . . . . , Tb6!. Rxf3 y las negras están
S i 2 . Tx b6, a x b6 3. Tx b6, i ndefe nsas ante 7 Af4 + + o
Tx a2 + y la col u m n a "ª" de l as Ah4 + + .
a b e d e g h
neg ras es i ncl uso m ejor q u e la
«b» de l as blancas. S i las
Las neg ras han avanzado su blancas no to man la torre,
peón « h » , y eso d a fac i l idades enton ces seg u i rá 2 . . . . , Tab8,
al blanco para abrir u n a forzando cam b i os ve ntaj osos o
co l u m na e n « g » o « h » medi ante apoderándose de la col u m n a.
el avance d e los peo n es
prop ios. La forma correcta de
hacerlo es g4-h4-g5. Estas Solución 4
j u gad as sólo se deben
i nterru m p i r por u n movi m ie nto N o pueden prec i p i tarse l as a e d e g
forzado en otro lado ( u n a blancas : 1 . Tf4, e x f4 2 . g x f4,
capt u ra , etc. ) d x c3 da el tri u nfo a l as negras,
p u es éstas controlan el cuad ro Solución 6
g1 . S i , en cambio, se e m p i eza
Sol ución 2 con 1 . Ca4!, b x a4 y se sigue E l i m i n ar el peón h3 es fáci l : 1 .
. . . , D x g4!! 2 . h x g4, . . .
Pero
la maniobra apu ntad a m ás
La rupt u ra es u n o de los arriba, las negras no pueden ahora el paso a h5 parece
m ejores métodos para ab r i r i m ped i r el m ate. P. e. 3 . . . . , Rh8 controlado y el tras lado de la
col u m nas. 1 . e 6 ! , . . . Ante l a 4. D x f6 + , Rg8 5. Tg1 + + . torre e4 a h4 está obst r u ido. N o
amenaza e?, el negro no puede hay tiempo d e j ugar 2 . . . . , Tx g4,
e n rocar. Si j u egan las neg ras pues tras 3. g3, . . . el b l anco
1 . . . . , f x e6 ; 2. d x e6, C x e6 salva las amenazas. ¿ P uede
conti n úan las blan cas con realizar tantas funcio nes? No
3. Tx e6 + ! , d x e6 4. Dd 8 + , Rf7 debe ría. Vamos a desbloq uear
5. A x g6 + ! , R x g 6 (es un error la entrada de una de las torres.
g rave 5 . . . . , D x g6 6. Ce5 + + ) 2 . . . . , ThS + !! 3. g x h S, Th4 + + .
6 . Dd3 + , Rf7 7. Ce5 + , . . . y E l paso a l a torre h a q uedado
co ntra cualq u i er movi m i e nto de l i bre. Vemos cómo los disti ntos
rey sigue Dd8 + + . Tam poco tem as tácticos q u e se han
funcio naba el cam b i o 1 . . . . , estud i ado e n u n idades
d x e6 2 . A x d 8 ! , R x d8 3. precede ntes se entrelazan
con frecuencia.
U N I DAD 24
Una torre colocada sobre la horizontal inmediatamente
anterior a la última del tablero (en «séptima» o
«segunda») tiene un formidable poder destructor si el
rey adversario se encuentra en su primera horizontal .
Si hay peones, los atacará; y si no, creará un peligroso D Valor relativo de
cerco al monarca. Si ambas torres logran colocarse en las piezas (VI)
séptima, el defensor difícilmente podrá escapar a la • La torre en sépt i m a
• Sépt i m a «absol uta»
derrota. La invasión de las torr�s hasta la octava línea
• Sépt i m a « re l ativa»
es también una arma de alta efectividad . • Dos torres e n
sépti m a
• Las torres en octava
D Resumen
• U n i d ad 24
D Partidas famosas
• D u ro y crista l i n o
c o m o e l d iamante.
H ast i n gs, 1971
D Ejercicios
• Ej e m p los y
p rob lemas
D Soluciones
Val o r re lativo
de las p i ezas (VI)
Si a lo largo d e la partida uno de los contendientes logra torre en
la séptima fila, hallándose el rey del rival en la octava, se puede ase­
gurar que ha dado un gran paso de cara al triunfo final .

Vamos a analizar el tema desde las más distintas perspectivas: des­


de el gran peligro que crea una torre en séptima, sin más, hasta la
penetración de ambas torres en la octava. Se trata en esta unidad
la diferencia entre séptima «absoluta» y séptima «relativa» , con
ej emplos característicos y aleccionadores de diversas partidas . Se
analizará lo que quizá constituye lo que se podría considerar como
«la victoria al alcance de la mano » , que es la ubicación de las dos
torres en séptima, sin contrapartida por parte del rival .

La torre en sépt i ma

En la posición del diagrama, ambos bandos tienen igual cantidad


de piezas y peones; éstos se hallan simétricamente distribuidos, por
lo que parece imposible que uno de los contrincantes logre pasar
un peón y crear la amenaza de la coronación. La posición parece
que está equilibrada, y puede pensarse que la partida podría termi­
nar en tablas .

Posición de partida

a b e d e g

Sin embargo, este j uicio no toma en cuenta un factor decisivo :


la torre blanca domina una de las columnas abiertas, y puede pe-
netrar hasta la séptima línea del campo adversario.
6

l . Td7 5

Ahora los peones del flanco de dama de las negras están amenaza-
dos de extinción. a b e d e g h

182
Valor relativo de las piezas ( VI)

Para no perder inmediatamente, las negras deben defenderlos con


su torre:

l . . . . , Tc8

El panorama ha cambiado; las blancas tienen ahora una ventaj a


sustancial . La torre blanca está situada en posición activa, atacan­
do los puntos débiles del adversario, mientras que su similar negra
debe limitarse a funciones defensivas. a b e d e 9 h

Por otra parte, mientras el rey de las blancas puede pasar inmedia­
tamente al centro del tablero, el de las negras se encuentra limitado
a la última fila, pues la torre enemiga le impide el paso. Si el peón
negro de f5 estuviera en f7 , la ventaj a blanca sería mucho menos
importante, pues el rey podría aproximarse y expulsar la torre sin
pérdidas materiales .

Pero en el caso que estamos viendo, esto no es así. Si el rey se apro­


xima a la torre blanca, ésta capturará el peón de h7 sin abandonar
la presión sobre c7 y amenazando, además , j ugar Th8 + y ganar
la torre adversaria.

Las blancas, por lo tanto, deben ganar este final aproximando su


rey al centro del tablero. Una posible continuación de la partida po­
dría ser la siguiente:

2. Rf2, h5
Para poder disponer de su rey
sin perder este peón
3. Re3 , Rf8
4. Rd4, Re8
5. Tg7, . . .

Ataca ahora el peón de g6, que es indefendible. a b e d e 9 h

Al mismo tiempo, amenaza, Tg8 + , Rd7 7. Tx c8 , ganando fácil­


mente el final de reyes.

5 . . . . , Td8 +
6. Re3 , . . .

También debe ganar 6 . Re5 , pero obligaría a un largo cálculo de


las consecuencias de 6 . . . . , Td2 . a b e d e 9 h

183
Valor relativo de las piezas (VI)

Con la j ugada del texto, las blancas impiden la invasión de la torre


negra y ganan un peón.

6 . . . . , Td7
7. T x g6

Y la victoria de las blancas, con j uego correcto, es un hecho. a ·b e d e g h

Este éxito se ha debido a la efectividad de la «torre en séptima»;


esta expresión, derivada de la nomenclatura descriptiva, ha obteni­
do carta de ciudadanía universal; se entiende por «torre en sépti­
ma» la ubicación de la misma en la horizontal inmediatamante an­
terior a la última del campo adversario ; aunque si fueran las negras
las que realizaran esta maniobra cabría hablar -en sistema
algebraico- de «torre en segunda» , nadie usa esta expresión.
La «torre en séptima» obtiene su máxima efectividad si se dan
estos dos presupuestos:
a) Que en la horizontal de que se trata existan peones adversarios
que puedan ser atacados.
b) Que el rey adversario esté en su primera horizontal , de modo
que la torre corte su paso hacia el centro.
En estos casos, la efectividad de la torre invasora es enorme, ac­
tuando sola o en colaboración con otras piezas .

Séptima «absol uta» y séptima «relativa»

Algunos pedagogos (el más notable de ellos Aaron Nimzowitch) dis­


tinguen entre séptima « absoluta» y séptima «relativa»; según esta
clasificación, un bando domina la séptima « absoluta» cuando la
torre dispone de la totalidad de la horizontal y el rey adversario se
encuentra en la primera, prisionero de la misma.

En estos casos, el principal peligro que causa la torre en séptima


8
no es la captura de peones, pues ya no están en dicha fila (como
7
máximo, habrá uno en cada columna de torre) , sino las amenazas
directas sobre el monarca. 6

5
Posición de partida
4

El ej emplo que estamos viendo ilustra sobre los efectos del domi­
nio de la «absoluta » . a b e d e g h

1 84
Valor relativo de las piezas (VI)

La torre blanca ocupa la séptima « absoluta», y esta ventaj a les per­


8
mite coronar rápidamente su peón de ventaj a:
7

l . b6, Tb8 6

4
Si l . . . . , Tel , el blanco gana tanto con 2 . Rd2 , Tbl 3 . b7, seguido
3
de Td8 + , como con 2. b7; inmediatamente, 2 . . . . , Tdl + 3 . Rc2,
2
Tx d7 4 . b 8 D + ; pero en este último caso habría que j ugar el fi­
=

nal de dama contra torre, que se gana, pero que cuesta algún traba­
j o técnico. a b e d e g h

Las blancas hacen el movimiento que conduce más rápidamente al


8
triunfo :
7

2. b 7 , Rf8 6

El rey trata de aproximarse, 5


pero está demasiado lejos
4
3. Tc7
3

2
La j ugada siguiente será 4 . Tc8 + , ganando. Obsérvese que si el rey
negro estuviera en f6 , por ej emplo, el final sería tablas, porque las
blancas no disponen del golpe Tc8 , dando j aque. a b e d e g h

A continuación, un ej emplo en el que el dominio de la séptima ab­


soluta no conduce a la victoria, pero evita la derrota.

Posición de partida

2
En esta posición, a pesar de la abrumadora ventaj a material de las
negras, las blancas consiguen empatar la partida gracias al mencio-
nado dominio de la séptima «absoluta». a b e d e g h

É ste es el primer golpe que propinan las blancas :


8

l. Td7 ! , Db2
7
4 . . . . , Rf8
2. Cf6 + , Rf8 S. Ch7 + 6

Si . , 2Rh8 3. Tx h 7+ +
. .
5
3. C x h7 + , Re8
4. Cf6 + , . . .
3
El caballo da jaque y a su vez defiende
su torre, que corta el paso al rey 2

Y se producen tablas por j aque perpetuo. a b e d e g h

185
Valor relativo de las piezas (VI)

En esta otra partida, se registra un brillante sacrificio.


8

Posición partida
6

2
En esta posición, tomada de una partida entre Skipworth y Lowen­
tahl, j ugada en 1 876, el dominio de la séptima «absoluta» j ustifica
un sacrificio de dama. a b e d e g

Aquí está la certera j ugada de las negras


8

l . . . , D x e2 + !
.

2. R x e2, Tc2 + 6

3. Rel, . . . 5
Nada solucionan 3. Rdl, Tg2 +, n i Rfl, Tx b2
3. . . . , Tx b2

2
La terrible torre no permite j ugar ni al rey ni a la dama blancas;
la próxima j ugada será 4 . . , Tbl + , ganando la dama y quedan­
. .

do con una pieza de ventaj a. a b e d e g

Cuando la torre invasora controla la séptima «relativa», las ame­


nazas sobre el rey suelen ser menos graves; pero, en compensación
(y como se vio en el ej emplo del primer diagrama) , los peones o
piezas situados en la horizontal corren peligros muy graves . Otro 6

nuevo caso: 5

4
Posición de partida
3

En el ej emplo que ilustra el diagrama, las blancas disponen de la


séptima «relativa» y atacan los peones negros. a b e d e g

Dado que las negras tienen ventaj a material y sus piezas defienden
los puntos atacados, la situación del primer j ugador no parece de­
masiado prometedora. Esta impresión, sin embargo es falsa; el do­
minio de la séptima puede hacer maravillas .
Las blancas ganan aquí, convirtiendo la séptima «relativa» en
séptima « absoluta» mediante el sacrificio de material . La bella j u­
gada 1 . D x h6 fracasa; cierto que si 1 . . . . , g x h6 2 . Cf6 + , Rh8
3 . Th7 + + ; pero las negras disponen del golpe l . . . , Ad6 + ! ; tan­
.

to si las blancas capturan este alfil con su caballo como si se retiran


con su rey, las negras capturan la dama y ganan . El rey ha obteni­
do, con el j aque intermedio, espacio para huir.

186
Valor relativo de las piezas ( VI)

El tema que las blancas han aplicado es correcto, pero el orden de


j ugadas debe ser distinto:

l . Cf6 + ,

Ahora es forzado capturar este caballo. a b e d e g h

Si l .
. ., Rh8 , entonces la entrega de dama da mate: 2. D x h6 + ,
.

g x h6 3 . Th7 + + .
7

l . . . . , g x f6 6

2. D x e6 + , . . . 5

La torre empareda ahora totalmente al monarca. a b e d e g h

Simultáneamente, la dama invade con efectos decisivo s .

2 . . . . , Rh8
3. D x f6 + , Rg8
4. Df7 + , . . .
O bien Dg6 +, con idén ticos resultados
4 . . . . , Rh8
5. Dh7 + +

Si el agobio que procura una torre en séptima va acompañado del


poderío de la dama, los resultados pueden ser contundentes . a b e d e

U n último ej emplo de l a fuerza de una torre e n séptima:

Posición de partida 7

De poco va a servir a las negras su peón avanzado en a3 . a b e d e g h

187
Valor relativo de las piezas (VI)

También en este caso las blancas ganan transformando violentamente


la séptima «relativa» en séptima « absoluta » .
7

l . Tx g7 + ! , R x g7 2. Tc7 + , Rf8 6

El rey sucumbe ahora Si 2.. ., Rh8 3. D x h 7+ +; si 2


. . . , Rg8
. .
5
ante la entrada de 3. D x h 7+, Rf8 4. Dg 7, Re8 5. De 7+ +
4
la o tra torre 3. D x h7

2
El control absoluto de la séptima línea no tiene respuesta válida;
las negras no pueden defender todas las amenazas de mate. Si 3 .
. . . , De6, 4 . Dg7 + , Re8 5 . Dh8 + . Si 3 . . . . , Dg8 4 . De7 + + . a b e d e g

La acción d e u n a torre e n la sépt i m a ho rizontal tiene u n poder


d estructivo m uy m a rcado. Cuando domina la sépti m a « relativa ..
ataca los peones d e l adve rsa rio, y si domina la «Sépt i m a abso l u ­
t a. . puede c rear a m e n azas d e mate sobre e l rey. La t o r r e e n sép­
tima adq u i e re su máximo valor si el rey e n e m i g o se e n c u e ntra
sobre su p r i m e ra ho rizonta l . Este pode río de l a torre e n la sépti­
m a se m u ltiplica si e n vez d e u n a torre son dos las que alcanzan
dicha fila. Este i nteresante tem a será conve n i ente m e nte estu­
diado a co nti n u a c i ó n .

Dos torres en séptima

Si una torre cumple, e n l a séptima línea, l a importante tarea que


hemos visto, es posible imaginar el poderío de dos de ellas sobre
dicha horizontal . El ej emplo más elemental es bien gráfico.
6

Posición de partida 5

3
Las dos torres blancas, dominando la séptima « absoluta», atena­
2
zan mortalmente al rey negro. La amenaza 2. Th8 + + sólo puede
evitarse con el inútil sacrificio l . . . , Td7 , que sólo sirve para pro­
.

longar un par de j ugadas la agonía del segundo j ugador. a b e d e g

Cuando las dos torres ocupan la séptima línea con el rey adversario
en la primera, su acción se multiplica de tal forma que es posible
obtener la victoria o salvar el j uego aun en posiciones con gran des­
ventaj a material o extremas dificultades posicionales . El siguiente 6

ej emplo, casi una broma aj edrecística, tiene sin embargo gran va­ 5
lor ilustrativo:
4

3
Posición de partida

a b e d e g

188
Valor relativo de las piezas (VI)

La gran ventaj a material de que disponen no sirve a las negras para


evitar la derrota ante la fuerza de las torres dobladas en la séptima:

l . Te7-g7 + , Rf8 6

2. Tx d7, . . . 5
Amenaza 3. Th8 + +
4
2 . . . , Rg8
.

De nada sirve 2. . . . , Ae5 3. fx e5 3

3 . Td7-g7 + , Rf8
4. Tx c7, . . .

a b e d e g h

Las blancas vuelven a amenazar mate en h8 .


8

4 . . . . , Rg8 7

5. Tc7-g7 + , Rf8 6

6. Tx b7, Rg8 5
7. Tb7-g7 + , Rf8
4
8. Tx a7, Tx a7
3
9. Tx a7

A las negras no les queda más solución que el abandono. a b e d e

Si se llega a apoyar en la séptima a una de las torres, con un peón


u otra pieza, y se domina la séptima «absoluta» , el mate suele ser
inevitable:

Posición de partida

El peón en sexta de las negras, apoyado por su torre, coronará ine­


vitablemente. a b e d e g h

No obstante, la fuerza de las dos torres en séptima dará la victoria


a las blancas .
7

l. Tel-e7, a3 6

2. Tg7 + , Rh8 5
3. Th7 + , Rg8
4
4. Td7-g7 + , Rf8
3

Aquí parece que las blancas sólo tuviesen tablas; las jugadas 5. Ab4 +
y 5 . Ac3 están impedidas por piezas negras, y si la torre de g7 se
mueve amenazando mate en h8, el rey regresa a g 8 . a b e d e

189
Anatoli PA R TIDA S '
Eugenievich
Karpov Duro y cristalino
ouventud)
como el diamante
Campeón indiscutible en el pe­
ríodo 1975- 1985, Karpov nació
Partida j ugada en Hastings, 1971
el 23 de mayo de 1951 en Zla-
toust (Urales, república rusa),
Blancas: A Karpov
hijo de un ingeniero allí desti­
Negras: H. Mecking
nado. A los cuatro años apren­
dió a jugar al ajedrez y sus pro-
gresos fueron rápidos, sin
Muchas partidas de Karpov Defensa Siciliana, habitual en
alcanzar la clasificación de «niño
obedecen a planes estratégicos el j ugador brasileño y en mu­
prodigio», pero con la suficiente
tan claros que se diría que son chos otros grandes maestros.
entidad como para que a los
incluso muy sencillos. En la
quince años consiguiera el títu­
siguiente partida lucha primero 4. C x d4, Cf6
lo de maestro de la URSS en un
por el control y la ocupación 5 . Cc3, a6
torneo celebrado en Leningrado.
ventajosa de la casilla d5, luego 6. Ae2, . . .
Establecido en Moscú, donde
por la apertura de columnas
cursó la carrera de Economía
para sus torres y por fin para
Internacional, quedó fácilmente
dar mate al rey negro, lo cual
campeón universitario, obtenien­
consigue. No obstante, se trata
do a continuación una sensa­
de un estilo falsamente fácil
cional puntuación en la fuerte
y sí de gran valor artístico. Sin
Spartakiada de la URSS de
duda es claro y rectilíneo, con
1968 (10 puntos en 1 1 partidas).
la transparencia y la dureza de
Entrenado por el gran maestro
un diamante.
Simon Furman, sus progresos
se aceleraron. En 1969 jugó el
l. e4, c5
Mundial Juvenil, en Estocolmo.
2. Cf3 , d6 e h
En 1970 obtuvo el título de gran g

3. d4, c x d4
maestro en un torneo disputa­
do en Caracas. Esta j ugada de alfil, aparen­
Se ha comentado que, cuando temente más modesta (si bien
a partir de 1970, quedó claro que no menos eficaz) que 6. Ac4
«el peligro Fischer» podía aca­ o 6. Ag5 , por ej emplo, ha sido
bar con la hegemonía soviéti­ desde siempre la favorita de
ca en ajedrez, la URSS se mo­ Karpov.
vilizó para encontrar una alter­
nativa al yanqui, obteniendo a 6 • . . . ' es
Karpov como resultado. Tras va­ 7. Cb3, Ae6
rios triunfos en las Spartakia­ 8. f4, Dc7
das, participó en el campeonato 9. a4, Cc6
de la URSS, más fuerte toda­ e g h 10. f5, A x b3
vía, obteniendo esta vez el cuar­
to lugar, y obtuvo un éxito defi-
nitivo y restallante en el Memo-
� A�� � �� � � - F�����=��=�
1 90
1 1 . e X b 3 , Db6
12. AgS, Ae7
13. A.X f6, A X f6
14. CdS , Das +
lS. Dd2, D x d2 +
16. R x d2, AgS +
17. Rd3 ,
2 Anato l i Karpov en su época
de cam peón del m u ndo
e g h
nar el torneo por delante del
campeón mundial Spassky y
Las torres blancas podrán do­
otras grandes figuras. Ese mis­
blarse en la columna « f» o en
mo año compartió en Hastings
la <<h», para llegar por una de
el primer lugar con Korchnoi.
ellas a la séptima fila.
3 Ya todos tienen claro que se tra­
2 ta de un futuro campeón del
2 8 . . . . ' f6
mundo. En 1973 es segundo,
29. h x g6 , R x g6
tras Geller, en Budapest, derrota
e g h 30. Tf-hl, Tb-e8
a Spassky en la Spartakiada y
31. Th7, RgS
gana, empatado con Korchnoi,
32. Re2, Rf4
Cambiadas las damas, ya no el torneo interzonal de Leningra­
33. Thl-h3, Ad4
hay peligro para el rey blan­ do. El campeonato soviético re­
co, pese a haber quedado en sultó ese año más fuerte que
Si las negras hubieran j ugado
el centro. Ahora son las torres nunca y Karpov obtuvo en él el
33 . . . . , R x g4 habría segui­
las que pueden llegar a tener segundo lugar, tras Spassky,
do 34. Th3-hl , amenazando
gran importancia, pero sola­ pero derrotando a Korchnoi, en­
3 5 . Tg7 + y 3 6 . Tfl + + .
mente las torres blancas llega­ tre otros. Ya entonces fue de­
rán a ser altamente eficaces en clarado mejor jugador mundial
34. Tg7
esta partida. del año. El año 1974 fue para
Karpov el del Torneo de Candi­
17 . . . . ' 0-0 datos, por matches eliminatorios,
18. h4, Ad8 imponiéndose con autoridad a
19. Ta-el , aS Polugaievsky, luego al ex cam­
20. Rd2, Tb8 peón Spassky y por fin, en el
21. g4, Cb4 primero de sus dramáticos mat­
22. Ac4, e X dS ches frente a Korchnoi, a este
23. A x dS , gS ajedrecista, al que se ha llamado
24. f x g6 , h x g6 3
Viktor «el terrible». Karpov fue
2S. Rd3 , Rg7 2 entonces nominado como as­
26. hS, Ab6 pirante oficial al título en poder
27. Th3, Aes e g h de Fischer, frente al que nun­
28. Tfl , . . . ca jugó. El norteamericano re­
nunció a defender su corona y
Las negras se rinden, pues no
Karpov fue proclamado cam­
pueden evitar 3 5 . Tf3 + + .
peón del mundo. En los años
siguientes encadenó una impre­
sionante serie de victorias.

191
Valor relativo de las piezas ( VI)

Sin embargo, las blancas logran apoyar una de sus torres, y con ello
convierten la amenaza de mate en inevitable.
7

S. A x gS ! , . . . 6

Se amenaza ahora 6 . A x h6, seguido de 7 . Th8 + + . e e g

A las negras no les quedan ya recursos para salvar su situación:

S . . . . , h x gS
7

6. h 6 ! 6

Y el mate en h8 es inevitable. a b e d e g

A esta situación se llegó en una partida entre Nimzowitch (blancas)


8
y Capablanca, en el torneo de Nueva York de 1 927 .

Posición de partida
5

4
Capablanca había logrado invadir la séptima del adversario con una
3
de sus torres, pero su dama no estaba en condiciones de cooperar
2
con ella de manera inmediata. Por otra parte, la dama blanca en
a6 creaba serias amenazas y estaba en condiciones de volver a la
defensa, si fuera necesario, a través de la diagonal fl-a6 . a e e g

Sin embargo, el entonces campeón del mundo encontró una forma


8
de doblar sus torres en séptima y obtuvo la victoria.

l . . . . , eS !
5

Este sacrificio alej a el alfil de la columna a través de la cual invadi-


rá la torre de d 8 . a b e d e g

1 92
Valor relativo de las piezas (VI)

Parece que Nimzowitch aún no se había dado cuenta de lo que se


8
le venía encima.

2. A x es , Td8-d2
5

4
De pronto, la amenaza sobre f2 se ha vuelto muy grave. La j ugada
3
natural 3 . Tfl fracasa ante la elegante respuesta 3 . . . . , D x e3 ! 4 .
2
f x e3 , Tg2 + 5 . Rhl , Tx h2 + 6. Rgl , Tc2-g2 + + . Tampoco salvaba
a las blancas 3 . Dfl , por 3 . . . . , Dd5 ! 4 . Ad4, Dh4 (ahora amenaza
5 . . . . , Tx f2) 5 . h4, Df3 , con posición abrumadora . a b e d e g h

Las blancas se tambalean, pero intentan aguantar.


8

3. Db7, Tx·f2 7

4. g4, . . . 6

A duras penas, y cediendo un peón, las blancas han logrado defen-


der los puntos g2 y h2 . a e e g

Pero ahora la dama negra invade con efectos contundentes.


8

4 . . . . , De6 !
S. Ag3, Tx h2 ! 6

2
Y las negras se impusieron. No se puede 6 . A x h2, D x g4 + 7 . Rhl ,
Dh3 y mate en h2 o g2 . Este cl á sico ej emplo demuestra con mucha
claridad la ,potencia de las torres dobladas en séptima. a b e d e g

U n poder demoledor

Las dos to rres sobre la séptima l í n e a constituyen u n a r m a for­


midabl e. Las a m e n azas sobre e l rey adve rsa rio, c u a n d o éste se
halla sobre su p r i m e ra ho rizonta l , suelen ser g raves, y pueden
serv i r para tej e r u n a red de mate, o bien para c o m pensar venta­
jas del rival por m e d i o de u n jaque perpetuo. En g e n e r a l , si el
bando q u e tiene sus torres dobladas en la sépti m a esta e n con­
d i c i o n es d e apoyar u n a de ellas con u n peón o una pieza, será
m uy difíc i l que e l bando defensor l o g re evitar e l m ate.

193
Valor relativo de las piezas (VI)

Las torres en octava

La i nvasión de u n a o a m bas torres en la octava l ínea es un re­


c u rso que puede crear g raves amenazas de m ate o d e obtención
d e otras ventajas. Po r lo general, estas i n c u rsiones a d q u i e ren
su m á x i m a efectividad cuando el rey adversario carece de casi­
lla d e escape (no tiene ccai re,,) o cuando la o las to rres i nvaso ras
pueden contar con e l apoyo d e otras pi ezas. D i c h o rey, e n tales
ocasiones, ha de dedicar sus máximos recu rsos a evitar las ame­
n azas, sin t i e m po para q u e su bando se lance al ataq ue.

La invasión de una o las dos torres de la octava línea del adversario


8
puede ser también de consecuencias nefastas para éste. Los ej em-
plos elementales se vinculan con los mates en la primera horizon-
tal, con el rey « sin aire » . 6

Posición d e partida
4

2
En esta posición las blancas no logran nada con l . Tx d7 , ya que
las negras, lógicamente, no contestan 1 . , Tx d7? 2. Tc8 + y mate,
. . .

sino l . , D x d7 .
. . . a b e d e g

Pero en cambio la invasión directa en la octava e s inmediatamente


8
ganadora:

l. D x d8 + , Tx d8 6

2. Tx d8 + + 5

2
Esta situación de la dama y la torre apoyándose a través de una
pieza enemiga se llama «efecto espejo», y puede servir también como
arma defensiva. a b e d e g h

En la situación del diagrama, la invasión de la octava por las blan-


8
cas está defendida por la acción de la dama en a4, y además el rey
negro tiene «aire» y posibilidad de cubrirse en f8 .
6

Posición de partida 5

En principio la posición de las negras parece inexpugnable. a b e d e g

1 94
Valor relativo de las piezas ( VI)

No obstante, las blancas conseguirán la penetración de líneas que


les conducirá al triunfo.

l . D x b7 ! ,
Eliminando una de las defensas de la octava línea
l . . . . , Tx b7
2. Tel + , Af8
3. Ah6, D x e8
4. Tx e8

El mate en f8 es inevitable. Una culminación ej emplar. a b e d e

En una partida entre el Dr. Bernstein y Alexander Kotov, disputada


en Groninga en 1 946, las blancas habían logrado invadir con sus
7
dos torres la octava línea de su rival .
6

Posición de partida 5

2
Sin embargo, Kotov parecía disponer de recursos defensivos sufi­
cientes, con su fuerte dama centralizada y la amenaza l . . . . , Tx b2,
ganando la dama. a b e d e g h

Pero Bernstein, en un alarde de imaginación, encontró un procedi­


8
miento de mate inevitable:
7

l . Th8 + , Rg6 3 . D x h6 + ! ! , . . . 6

2. fS + , e x fS El sacrificio de dama 5
Única: y ahora llegará elimina las defensas
4
la sorpresa del monarca
3. .. . , g x h6 3

4. Ta8 -g8 + + 2

La tercera j ugada de las blancas ha sido definitiva. a b e d e g h

Por último, veamos cómo remató Alekhine su partida contra Moli­


na en Buenos Aires, 1 926.

Posición d e partida

Las negras acaban de asestar un doble de caballo a la torre de al


y a la dama de a4 . a b e d e

195
Valor relativo de las piezas (VI)

Pero Alekhine tenía todo previsto :

l . D x a7 ! , Tx a7 2. Tx d8 + , Af8 4. Tx f8 + , Rh7
Mejor era l. . . . , C x dl, 3. A x es, h6 A hora seguirá
·
aunque las blancas Única ante la amenaza el doblaje de torres
conservan la ven taja 4. Txf8 + + en la octava
por su peón libre de a3 5. Tdl-d8

Las blancas amenazan mate en h8 . a b e d e

Las negras se defienden con un inútil contraataque.

5. . . . , Dbl +
6. Rh2, Tb7
De lo con trario, con 7. A x a 7 las blancas
lograrían ven taja material (dos torres y un
alfil por la dama)
7. Ch4 !

Y las negras abandonaron, pues hay mate en pocas j ugadas . a b e d e

RES U M E N : u n i dad 24

D U n a o dos to rres ccen sépt i m a» desarro l l a n su máximo poder ofensivo


cuando el rey del adversario se encuent ra sobre su primera horizo ntal.

• Cuando la torre «en sépt i m a» ataca peo nes situad os sobre d i c h a horizo ntal , se d i ce
q u e contro l a l a sépt i m a « re l ativa» .
• Cuando la torre «en sépt i m a» controla to_d a l a horizontal , ya q u e no h ay peones
sobre ésta , se d ice q ue contro l a la sépt i m a «absol uta» .
• Si u n a torre contro l a l a sépt i m a «abso l uta» y e l rey del adversario está sobre s u
p r i m e ra horizontal , se pueden crear pel i g rosas a m e n azas de m ate.
• Las dos torres situad as sobre la «Sépt i m a» son u n arma ofensiva de pri mera
m ag n it u d . S i e l rey adversario se e n c u e ntra sobre s u pri mera horizontal , l as torres
«en sépt i m a» crean con d i cio nes i deales para obtener la victoria.

D L a i nvasión de u n a o l a s d o s torres h asta l a prim era horizontal del campo


adversario entraña mucho p e l i g ro para éste, con graves a m e n azas de mate.

• A ser pos i b le, h ay q u e dom i n ar el ce ntro con alg ú n peó n .


• Es conve n i e nte e n rocar tan pronto como sea pos i b le.
EJ E R C I C I OS 24

Ejemplo 1 Después de 1 . Df2 + , Res, l as La maniobra de la dama


blancas no t i e n e n forma blanca, con dos gol pes e n
adecuada de cont i n u ar. Dado horizontal y d o s e n d i agonal , e s
que la ú n ica casi l l a a l a que el de alto efecto estéti co.
rey negro ti ene acceso es es
-cas i l l a blanca-, e l p r i m e r
j u gador d e b e tratar d e d a r Ejemplo 2
jaque e n u n a cas i l l a q u e
perm ita u n seg u nd o j aq u e
e n b l an cas ; esa cas i l l a ,
cl aramente, es f1 :
1 . Df1 + , Res

a b e d e h . 2 . Db5 + , Rf8
g

J uegan blancas
7

E n la situación del d i ag rama, 6


las blancas tienen una pi eza de
5 a b e d e g h
menos; ade m ás, las negras
4
están amenazan d o dar m ate
por med io de 1 . . . . , e3+ 2 . 3 J uegan blancas
Rc1 , Ta1 + + . Pero e l p r i m e r 2
j u gador cue nta con d o s ventaj as La posición de la torre de d7,
1
de i m portancia: el hecho de d o m i nando la sépt i m a relativa,
a b e d e g h
corresponderle e l turno de compensa a m p l i a m e nte el peó n
j ugar y e l poder de la torre q u e las blancas tienen de
dom i n ando la sépt i m a Las negras vuelve n a j u gar a la menos; s i n e m bargo, deben
«abso l uta» . L a correcta ú n ica cas i l l a d isp oni ble, pues si tratar de sacar u n a i n mediata
util ización de estos dos factores 2 . . . . , RdS seg u i ría 3. Dd7 + + . ve ntaj a de semej ante situaci ó n ,
le permitirá obte n e r la victoria. U na vez q u e se h a l l egado p u es l as negras amenazan
La amenaza de m ate a q u e nos hasta aq u í , e l m ate ya n o es TadS, desplazando la torre de
referi mos i m pide cualq u i er d ifíc i l de ve r: su d o m i n ante posici ó n . Con
j ugada de espera; l a ú n ica 3 . D x c5 + , Re8 1 . a4 l as blancas, por l o menos,
oport u n idad de l as blancas 4. De7 + + recu pe ran su peó n ; pero hay
consiste en dar j aq u e u n a cont i n uación m ás
constante me nte. cont u n de nte, basada en el
doblaj e de las torres en la
7 sépt i m a :
6 1 . Ah6!, . . .

a b e d e g h

1 97
EJ E R C I C I OS 24

Se amenaza 2 . A x g7+ ; s i 1 . Ejem plo 3 presión de l a otra torre b l anca


. . . , Tg8 2 . T1-e7, con pos ición de f4. La com b i n ación de estos
abru m adora, p u es l as neg ras factores da la victoria a l as
no pueden propo n e r el cam b i o blancas.
d e n i ng u n a de l a s torres por la 1 . A x h7 + ! , Tx h7
amenaza A x g7+ . De modo que La idea del b lanco es bastante
l as neg ras no tienen opciones. sofisticad a ; el sacrifi cio de alfi l
1 . . . . , g x h6 ha apartado la torre de g7,
2 . Te1 -e7, . . . perm itiendo el s i g u i e nte j aq u e
Amenazando mate sobre e l de dama; este j aq u e debe ser
p u nto h7. Como d i c h o p u nto n o c u b i e rto por la dama o la torre,
p u e d e defenderse, l as neg ras pero la pi eza q u e c u b ra
no tienen otra pos i b i l i d ad q u e a b e d e g h
q u ed ará clavada, y a l l í está la
ret i rar su torre para dejar clave de todo.
espacio al rey. 2 . D g6 + , Thg7
J uegan blancas Cl aro q u e si 2 . . , Tfg7 3.
2. . . . , Tf-d8 . .

Pero las blancas están e n Tx f8 + + ; s i 2 . . , Dg7, la


. .

co ndicio nes d e apoyar la acci ó n El m aestro, teórico y pedagogo cont i n uación sería idéntica a l a
de sus torres e n sépt i m a con su ruso Eugene Znos ko- Borovs ky del texto. S i 2 . , R h 8 3 . Tx f7,
. . .

poderoso caballo de d5, por lo (1 884-1 954) se e n contró en esta ganando.


q u e fuerzan e l m ate : posició n , l l evando l as blancas, 3. Tx f7!
3. Tx h7+ , Rg8
e n u n a sesión de partidas J uego de clavadas ; la torre de
4. C x f6 + , Rf8
s i m u ltáneas, co ntra u n fuerte g7 no puede capt u rar e n f7; y
5. Th8 + +
aficionado. Au n q u e h ay cuando tom a la dama, aparece
i g u aldad material , si el p r i m e r la torre de a8 para dar mate
j ugador no log rara obtener algo to mando el deco rativo alfi l .
concreto de su p resión sobre e l 3. . . . , Tx g 6
rey, el final sería favo rab le a las 4 . Ta8 x f8 + +
neg ras, por sus dos peones
pasados (d5 y b7) . Po r otra
parte, el negro ha protegido 8

cuidadosame nte s u rey, 7

al rededor del cual ha colocado 6


dos torres y un alfi l . La fortaleza
5
parece i nexp u g n able, pero no lo
4
es; Znosko-Borovs ky e n co ntró
a b e d e g h
u n a esplé n d i d a m a n i o b ra 3

ganadora basada e n su 2
pieza m ás alejada, pero m ás
poderosa: la torre de l a
a b e d e g h
octava f i l a .
H ay q u e tener e n c u e nta q u e
esta pieza clava, y p o r lo tanto
a n u l a , e l alfi l de f8 ; y q ue d i c h o
alfi l está tam b i é n baj o l a
EJ E R C I C I OS 24

Problema 1 Problema 3 Problema 5

a b e d e g h a b e d e g h

J ue g a n n e g ras J uegan b l a ncas J ue g a n b l a n c as

E n esta posición , p rod ucida e n La i nvasi ó n de la torre en la ¿Cómo consiguen l as b l ancas


la partida Bernste i n-Capab lanca octava decide rápi d a m e nte. aprovechar l a ve ntaj a de sus
(Mosc ú , 1 9 1 4) , l as blancas torres e n sépt i m a?
j ugaron 1 . C x c3 ; l as negras
obtuviero n la victoria por medio Problema 4
de u n a com b i n ación basada e n Problema 6
el d o m i n i o de l a sépt i m a y l a
octava horizontales.

Problema 2

a b e d e g h

a b e d e g h

J uegan b l a n cas

..
J uegan las b l a ncas
Las torres dob lad as en sépt i m a
constituye n l a base d e l a Las blancas se i m·ponen con
a b e d e g h
victoria blanca. una co m b i n ación basada e n el
poder de l a torre e n sépt i m a .
J uegan blancas ¿Cómo se despej a e l cam i n o
hacia e l tri u nfo?
Las blancas j uegan y ganan ,
con u n a m a n i o b ra basada en e l
dom i n io de la octava l ínea.
SO LU C I O N ES 24

Solución 1 Solución 3 Solución 5

1 . C x c3, C x c3 2 . Tx c3, Tx c3 1 . Tc8 + , Rh7 2. Cf8, Rg8 1 . Tg7 + , Rf8 2. Th7, Rg8 3.
3. Tx c3, Db2!! y las blancas (no cam b i a nada 2 . . . . , Rh8) Tc7-g7 + , Rf8 4. Cg5, . . .
abandonan . Si 4. D x b2 , Td 1 + + ; 3. Cg 6 + , Rf7 (o 3 . . . . , R h7) (am enaza 5. Ce6 y mate) 4.
si 4. De1 , D x c3, ganando; y si y mate en f8 o h8. . . . , f x g 5 5. f6 y l u ego mate ;
4. Tc2 , Db1 + 5. Df1 , D x c2 . las blancas han logrado apoyar
u n a de sus to rres en sépt i m a .
8
S i e n vez de 4 . . . . , f x g5 l as
7 neg ras h u b iesen j ugado 4 . . . . ,
6 d4, seg u ía 5. Ce6 + , A x e6
5
6. f x e6 y el b l anco ganaba
fác i l m e nte.
4

6
a b e d e g h

Solución 4 4

Solución 2 3

Morp hy, q u e cond ucía las 2


1 . D x d7!, Tx d7 2 . Te8 + , Rh7 blancas, ganó de la s i g u i e nte
3. Tc8 y el m ate en h8 sólo es manera: 1 . a4!, b x a4 (al paso)
a b e d e
evitab le con j u gad as del t i po 3. 2. Tg7+ , Rh8 3. Cf8! , . . .
. . . , Td8 4. Tx d8, D x d8, o 3. (amen aza 4. Cg6 + + ) 3. . . . ,
. . . , D x g3 + seg u i d o de R h 6, Tx f8 4. Th7 + , Rg8 5. Tc7- Solución 6
q u e eq u ivale al abandono. g7 + + . La j u g ada 1 . a4 ! es para
evitar la pos i b i l idad d e j u gar, 1 . C x e6!,(abriendo la sépt i m a
contra 2. Cf8, . . . , Te1 + «absol uta» para la torre) 1 . . ,
. .

3. Rg2 , Tx a2 + , o 3. Rf2 , Tf1 + f x e6 2. Dg4, g5 3. D x e6 + ,


4. Re3, Ta3 + . Rh8 4. D x h6 + y Dg7+ + .

4
a � e d e g h

a b e d e g h a b e d e

200
UNIDAD 25
No sería lógico concluir el estudio de las capacidades
de cada pieza sin hacer un análisis de su trabaj o
conj unto. No todos los equipos de dos piezas se
complementan igual . En las unidades precedentes se
ofreció una aproximación de la operatividad de dos O Valor relativo de las
torres, dos alfiles, y un alfil y un caballo. Esta unidad piezas (VII)
• Las parej as d e p i ezas
presta atención a otros binomios fundamentales: dama
• La com b i n ación d e
y torre, dama y alfil, y dama y caballo.
dama y torre
• E l tre n d e dama

y alfi l
• E l tán dem de dama

y caba l l o
O Partidas famosas
• Bom bardeo DC-7.

H o l lywood , 1 945
O Ejercicios
• Eje m p los y p roblemas

O Soluciones
Val o r re lativo
de las piezas (VI I)
Las parejas d e piezas

El rendimiento de un equipo en cualquier índole de la vida depen­


de en un noventa por ciento de la compenetración entre cada una
de sus unidades . No todos los conj untos operan al mismo nivel , y
en aj edrez esta regla puede aplicarse al grado de conj unción de las
diferentes figuras. De esta manera, y sin restar importancia a la dis­
posición de piezas en cada determinada posición, se pueden esta­
blecer algunas premisas orientativas.

E n té r m i nos g e n e ra l es, d a m a y torre desarro l l a n u n a extraord i ·


naria labor d e c o nj u nto; e l tándem dama y caballo c o m b i n a me­
j o r que la d a m a y e l alfi l ; la to rre se d esenvuelve m ej o r c o n un
alfil q u e con u n caballo. Estas simples reglas pueden ser m u y
útiles a la h o ra d e val o ra r posibles i ntercambios e n la partida y
de esti m a r con la necesaria anticipación c uáles s o n las p iezas
q u e deben rese rvarse para e l f i n a l .

En un número importante de casos, el grado de coordinación de


varias piezas pasa por encima de las sumas y comparaciones entre
sus valores teóricos. Dos figuras diferentes unen sus fuerzas para
realizar una maniobra combinativa provechosa, constituyendo lo
que se puede llamar un binomio táctico.

Sirva de muestra este sencillo ej emplo en el que un simple par de


piezas menores se muestra mucho más efectivo que la potente dama. a

Po sición de partida 6

El caballo y alfil blancos se encuentran alej ados uno del otro, pero
por encima de la distancia física su conj unción es total . a b e d e g

202
Valor relativo de las piezas ( VII)

8
Esto lo demuestran con un simple y forzado encaminamiento de
7
la dama hacia una casilla fatal .
6

l . A x c6 + ! ! , D x c6 5
2. Ce5 + , . . .
4

Cuando el rey negro rechace el j aque, el caballo capturará la dama


y su único peón será suficiente para asegurarle la victoria. a b e d e g h

La combi nación de dama y torre

El aclopamiento táctico de dama y torre en los ataques abiertos sobre


el rey suele ser tan perfecto que en muy raras ocasiones puede éste
sobrevivir al acoso cuando ambas piezas inician una secuencia conti­
nuada de j aques por filas y columnas . A continuación se presentan
unas posiciones de mate muy características y cuya retención facili­
tará en gran medida el cálculo de eventuales combinaciones .

Esq u e mas característi cos de mate con dama y to rre

E l diagrama 1 i l ustra l as situaciones m ás clás icas. octava fila. La ú lt i m a j ugada negra puede haber
Las blancas dan e l g o l pe defi n itivo e n l a banda sido, por eje m p lo, Tf2-f1 + + .
cortando al m o n arca l as reti radas a la col u m n a E l c l ásico mate en q u e u n a p i eza clavada no
contigua. A l a derecha, tam bién c o n el rey colabora e n l a defensa se reflej a e n e l m ate de las
arri nconado, l a to rre si rve para apoyar el j aq u e b l a n cas en el diagrama 3. La ú l t i m a j ugada pod ría
frontal de la dam a. haber sido Tc6-c8 + + . El alfi l no puede m atar l a
E n e l diagrama 2, arri ba, l a situación de una torre agresora. E l j aq u e m ate de l as neg ras, e n
pi eza contrari a , e n este caso l a torre, i m pide l a cam bio, com b i n a l o s ataq ues en d i agonal de l a
h u ida lateral d e l rey. E s c o m o si éste se hall ara d a m a con la acción vertical y horizontal de la torre.
en el vértice del tab l e ro. E l mate de l as negras La acción conj u nta m ás característica de estas
reflej a un m ate típico con el rey en la pri m era u dos p i ezas es el arri nconam i e nto paulati no del rey.

8 8

7 7

6 6

:1
3 3

2 2

a b e g h a b e d e g h a b e d e g h

Diagra m a 1 Diagrama 2 Diagrama 3

203
Valor relativo de las piezas ( VII)

El diagrama reflej a una posición aparentemente caótica para las ne­


gras, que no sólo tienen una pieza de desventaj a, sino que también
se enfrentan a una desagradable amenaza de mate (D x c7 + y
Db7 + + ) .

Posición de partida

Las posibles entradas de la dama parecen estar baj o control. El al­


fil vigila el punto hl mientras la dama cuida a distancia la irrup­
ción vía «h2 » . a b e d e g h

Las negras eliminan una d e las defensas .


8

l . ... , Tx g2 +
2. R x g2, . . .
A hora sólo un jaque es posible 5
2 . .. . , Dhl +

La penetración que se perseguía ha sido materializada. Tienen las


blancas dos posibles huidas : 3 . Rf2 y 3 . Rg3 . a b e d e

Veamos cómo se complementan el tándem torre y dama en ambas


8
alternativas . Lo más sencillo es:

3 . Rf2, Th2 + 4 . .. . , D x h2 +
4. D x h2, . . . S . Rfl , . . . 5
Forzado, toda vez que
a 4. Rg3, ... sigue
4. ..., Tg2 + + 3

Las blancas han conseguido dos torres a cambio de su dama, pero


la situación de su rey es muy expuesta. a b e d e

Las negras rematan su invasión con un asalto implacable.


8

5 . .. . , Cc3 ! !
6. A x c3 , . . .
5

2
La respuesta era poco menos que forzada. Además de la amenaza
sobre la torre, pendía el ataque 6 . . . . , De2 + seguido de 7 . . . . , D x f3 .
No era solución 6 . Tf2 a causa de 6 . . . . , Dhl + + . a b e d e g h

204
Valor relativo de las piezas ( VII)

Pero las negras capturan igualmente la indefensa torre del flanco


8
de dama.

6 . .. . , Dhl +
7. Re2, D x bl 5

Las negras han conseguido una superioridad material decisiva. a b e d e g h

Estudiemos a continuación la otra réplica en la tercera j ugada, si


8
las blancas hubieran seguido con Rg3 .
_
Posición tras 3. Rg3
5

La colaboración de dama y torre se muestra aquí aún más incisiva. a b e d e g h

Las negras, ante esta variante, j ugarían así:

3 . ... , Th3 + 4 . .. . , D x f3 +
4. Rg4 , . . . 5 . R x g5 , Th5 +
Tampoco 4. Rf2 ofrecía m ás resistencia a causa 6. Rg6 , T x e5 5
de 4 .., D xf3 + 5. Rgl, Thl + +
. .

3
Los j aques alternados han conducido al rey a un terreno pantano-
2
so. El soberano está abandonado en campo abierto en medio de
la artillería enemiga y se le prevé una vida muy corta mientras las
piezas persistan en el acoso por las columnas . a b e d e g h

Como hemos comprob ado, cuando estas poderosas figuras entran


en la dinámica de los j aques resulta muy difícil contenerlas. La ini-
dativa es, por tanto, esencial para el bando que las posee. Compro-
bémoslo : 6

5
Posición de partida
4

En este nuevo ej emplo, ambos contendientes luchan con gran inge-


nio por ella. a b e d e g

205
Valor relativo de las piezas ( VII)

Las blancas comprenden que la detención del peón utilizando la


8
propia dama es una elección demasiado pasiva, y por ello descar­
7
tan su entrada para optar por el contraataque.
6

l . Dc7, . . . 5

Muy astuto, tanto que son ahora las negras quienes parecen atrave­
sar dificultades, ya que parar el mate no es empresa fácil . a b e d e g h

Sin embargo, la lucha por la iniciativa no ha concluido aún:


8

l . . . . , Dg3 + ! !
7

2
Con el simple obj eto de golpear primero. La entrada de una dama
dando j aque permite a las negras utilizar primero su binomio tácti­
co, y ya conocemos las ventaj as que ello reporta. a b e d e

Las blancas no tienen elección: después de 2 . Rgl , . . . continúa 2 .


. . . , el = D + + .

2. R x g3 , el = D +
3 . Rh3, . . .

El rey tenía otras posibles huidas (Rf4 o Rf3 ) . Compruebe por su


cuenta cómo tampoco con ellas sobrevivía el monarca a la ej ecución.

Las negras pueden anunciar mate en un máximo de tres j ugadas.

3 . . .. , Te3 +
4. Rh2, . . .
O bien 4. g3, D x g3 + +
4 . . .. , D x h4 +

Tras 5 . Rgl , Tel las blancas han recibido mate. a b e d e

206
Valor relativo de las piezas (VII)

C u a n d o se dispone d e l b i n o m i o táctico de d a m a y torrre y la po­


sición de ambos reyes es aproximadamente abie rta, la l u c h a por
l a i n i c i ativa resu lta f u n d a m enta l , tanto que en m uchos casos, al
m a rg e n i n c i uso d e otras consideraci o n es m ateriales o posicio­
n a l e s, el bando q u e la posee acost u m bra i m po n e rse.

El primer ej emplo de esta serie demostró cómo la entrada en j uego


del tándem podía lograrse mediante un sacrificio que eliminara las
principales unidades defensoras . Estudiemos otro procedimiento.

A veces una de las piezas ya ha logrado infiltrarse, pero la otra per-


8
manece en la retaguardia limitada por un aparente bloqueo.
7

Posición de partida 6

3
Tal es el caso de la torre blanca, muy útil en la defensa, pero a sim-
2
ple vista inoperante en el ataque. Ello hace pensar que la dama ha
de actuar por su cuenta y riesgo, aunque por sí sola es incapaz de
definir la lucha. a b e d e g h

Las primeras j ugadas, aunque la impresión sea la contraria, no son


de tanteo, sino que persiguen un obj etivo.

l . Dc7 + , Re8 2. Dc8 + ! , Re7 6

El rey no puede inten tar la huida con l. .., Rf8,


.
5
pues recibe mate con 2. Dd8 + +
4

3
¿Ha variado la situación? Aparentemente no, aunque la realidad
2
es bien distinta. La dama blanca en c8 cumple una misión decisiva,
que es clavar el peón e6, cuyo movimiento permitiría la captura de
la dama negra. a b e d e g h

· Gracias a este detalle, la torre blanca recobra su fuerza ofensiva.

3. Tx dS ! , . . .
3 . .. . , Dhl + 6

A taque al rey y a la torre 5


4. Tdl ! , Dg2
4

Las blancas pueden escoger entre dos mates en una j ugada. A sa-
ber 5. Td7 + + o bien 5. Dd8 + + . a b e d e g h

207
Valor relativo de las piezas ( VII)

El siguiente ej emplo es sin duda el más representativo del empuj e


8
irresistible del equipo de dama y torre.
7

Posición de partida 6

2
Dado que existe idéntico material en ambos bandos, no parece fá-
cil que uno de ellos salga victorioso. Además, sólo hay en el tablero
una dama y una torre por bando. a b e d e g h

La torre negra, sin embargo, está clavada, lo que siempre es un fac-


8
tor negativo.
7

l. Ra5 ! ! , . . . 6

3
Esta misteriosa j ugada no encierra tantas sutilezas como pueda pa-
2
recer a simple vista. Antes de emprender acciones (mover la torre
o la dama) , el rey debe buscar un refugio donde esté a salvo de los
j aques de la dama contraria. a b e d e g h

En una j ugada más con esta pieza, su obj etivo se habrá consumado.
8

l . .. . , Dh5 +
Con tra l. . ., Dg8 sigue sencillamen te 2. Thl +,
. ... 6

2. Rb6 , . . . 5

2
A las negras se les ha acabado la posibilidad de dar j aque al rey.
Deben dedicarse a proteger su torre, para lo que disponen de dos
j ugadas (2 . . . . , Df7 y 2 . . . . , Dh7 de nuevo) . a b e d e g h

Analicemos la primera de ellas.

2 . . . . , Df7
3 . Thl + , Rg8 6

4. Dd8 + , Df8 5

Todos los movimientos negros han sido absolutamente forzados. a b e d e g h

208
Valor relativo de las piezas ( VII)

Y cuando todo parece protegido, surge el característico movimien­


to desviatorio.

5 . Th8 + , R x h8
6. D x f8 + , ...

Las blancas han ganado la dama; salvo con un j uego descuidado,


no deben tener problemas para ganar la partida. a b e d e g h

Consideremos ahora la otra posibilidad que se mencionó para la


segunda j ugada, o sea, . . . , Dh7

Posición tras 2 . . . . , Dh7

También en este caso las blancas pueden ganar la partida. a e e g

El procedimiento consiste en atraer al rey negro fuera de su barrera.


8

3. Dd8 + , Tg8 7

2
Las negras también podían haber replicado con 3 . . . . , Dg8 , pero
en ese caso las blancas alcanzan la posición que persiguen, senci-
llamente con 4. Dh4 + , Dh7 5. Df6 , . . . , como se verá más adelante. a b e d e g h

Sigue ahora un curioso triángulo de la· dama.


8

4. Dd4 + , Tg7 6

5. Df6, ... 5

3
Como se puede apreciar, no existe diferencia alguna con la posi-
2
ción reflej ada en el diagrama anterior, tan sólo el detalle de que el
turno de j uego ha cambiado de mano. ¿A que se debe esta « defe-
rencia» del primer j ugador? a b e g

209
Sam uel PA R TIDA S
Reshevsky
Bombardeo DC-7·
El gran maestro Reshevsky es
un caso excepcional en el mun­ Partida j ugada en Hollywood, 1945
do del ajedrez, pues ha logr�­
do sobrevivir (y superar) a su
mito. Reshevsky fue el niño pro­ Blancas: Samuel Reshevsky
digio más famoso que existió en Negras: Herman Pilnik
el ajedrez y obtuvo fama mun­
dial por sus exhibiciones. Cuan­
do creció, llegó a retirarse del
En la partida que sigue, las 6 . . . . , a6
ajedrez durante unos años. Pero
blancas, tras exactas manio­ 7. Ag2, bS
más tarde volvió a jugar y se 8 . Dc6, Tb8
bras, consiguen una definida
convirtió en su etapa de juga­
ventaj a gracias a su control to­ 9. Af4, CdS
dor adulto en uno de los maes­
tal del las columnas «d» y «C», 10. AgS , Ae7
tros más fuertes del mundo y 1 1 . A x e7, . . .
con sus torres y su dama. No
en particular en el más fuerte
obstante, durante cierto tiempo
de los no soviéticos.
parece difícil hacer fructificar
Reshevsky nació el 26 de no­
ese control, hasta que el cons­
viembre de 1911 en una fami­
tante «bombardeo » al que las
lia judía asentada en la locali­
piezas pesadas blancas some­
dad polaca de Ozerkow. Desde
ten a las negras logra el bello
que aprendió a jugar al ajedrez
resultado del dominio absoluto
a los cuatro años, sus progre­
de la fila 7 . Se puede afirmar
sos fueron rápidos y pronto pasó
que para ganar hubo que cam­
a ser exhibido en giras por toda
biar la presión por D y C por
Europa, jugando continuas se­
el mortal fuego en 7 .
siones de partidas simultáneas.
Como es lógico, no fue a la es­
l . d4, dS
cuela y su formación cultural se
2. c4, d x c4 a b e e 9
resintió. Por este motivo, cuando,
tras haber disputado torneos
Pilnik, en contra de la más
con los mejores jugadores del Se ha conseguido eliminar el
fuerte tendencia de entonces,
mundo, derrotando por ejemplo principal defensor de las ca­
también de ahora, decide cap­
a Janowsky, se estableció en los sillas negras . El alfil de blan­
turar en seguida el peón del
Estados Unidos en los años cas se cambiará más tarde.
gambito de Dama, para huir
veinte y quiso estabilizar su vida,
de los sistemas mej or conoci­
se retiró del ajedrez y se con­ 11 . . . . D x e7
dos por Reshevksy.
centró durante cierto tiempo en 12. 0-0, Ab7
su educación, hasta obtener el 13. Dc2, Tc8
3. Cf3, Cf6
título de graduado mercantil. 14. a4, b x a4
4. Da4 + , Cb-d7
Luego volvió a jugar, obtenien­ 15. D X a4, 0-0
S. D x c4, e6
do el tercer lugar en el torneo 16. Cc3, cS
6. g3, . . .
de Pasadena de 1932, sin ape­ 17. C x dS , A x dS
nas haberse preparado antes. 1 8 . ·Tfl-cl , e X d4
El sistema Catalán, bautiza­
A partir de ahí empezó su eta­ 19. C x d4, A x g2
do así en Barcelona, torneo de
pa más gloriosa, cuyos princi­ 20. R X g2, Cb8
1 929.
pales hitos fueron: primer lugar
en Margate, 1935, por delante

210
' FA MO SA S
2 1 . Db3, Tc-d8 3 1 . Tc8, Db4
22. e3, Td7 32. Dd3, Tb-f7
23. Tas , Tb7 33. e4, Db7
24. Da3 , Db4 34. Tx f8 + , T x f8
2S. Tc2, . . . 3S. Dd6, . . .

Ambos bandos dej an al con­ Se usa la columa « C » para


trario la responsabilidad del amenazar imparablemente 36.
cambio de damas, que ningu­ Tc7, (si 35 . . . . , Tc8 entonces 36.
no de ellos acepta. La columna De6 + gana la torre) , con lo
« C » , no obstante, es una baza que por fin se obtendrá fruto
sólida en poder de Reshevsky. del superior dominio de las co- Sam uel Reshevsky, en su i nfan­
Su adversario, otro europeo 1 umnas abiertas en forma de cia, j ugando contra adu ltos.
emigrado a América como él, ataque al rey.
de Capablanca; seis veces cam­
si bien al extremo sur, a Ar­
peón de los Estados Unidos an­
gentina, decide abrir una sa­ 3S . .. . , Dd7
tes de la segunda guerra mun­
lida para su rey. 36. Db6, Df7
dial, y otras dos más tarde;
37. Tc7, De8
tercero en el fortísimo torneo de
2S . .. . , g6 38. Db7, Tf7
Nottíngham de 1936 (el torneo
26. TaS-cS, Cd7 39. Tx f7, D x f7
«de los cinco campones mun­
27. Tas , Cb8 40. D x b8 + , . . .
diales»); primero en Kemerí 1931
y en Hastíngs 1938, dentro del
Insinuando que podrían acor­
Torneo de Candidatos al título
darse las tablas por repetición.
mundial.
En lo que se refiere a los asal­
28. Ta4, . . .
tos al cetro mundial máximo, en
1948 Reshevsky fue uno de los
cinco jugadores que, invitados
por la FIDE después de la gue­
rra y tras la muerte de Alekhí­
ne, disputó la sede que el ruso
nacionalizado francés había de­
jado vacante, quedando terce­
a e d e g h
ro, tras los soviéticos Botvínník
y Smíslov. A continuación jugó
durante un tiempo en los Tor­
Ganando un caballo y llegan­
neos de Candidatos o lnterzo­
do al control de tiempo. Pil­
nales, sin superar la actuación
nik , que no se había rendido
de 1948. Hasta la eclosión del
antes porque Reshevsky iba,
fenómeno Físcher en los últimos
como es normal en él, extre­
años de la década de los 50,
Reshevsky, desde luego, no está madamente precario de tiempo
Reshevsky se mantuvo sin ri­
de acuerdo con las tablas . en su reloj de cara al control
vales como el mejor jugador de
establecido, como de costum­
los Estados Unidos (su patria de
28 . .. . , Db6 bre, en la j ugada 40, aprove­
adopción) y cuajó grandes ac­
29. Ta4-c4, eS chó este momento para reco­
tuaciones al frente de la selec­
30. Cf3, f6 nocer su derrota.
ción USA en las Olimpíadas Aje­
drecísticas.

211
Valor relativo de las piezas (VII)

En seguida se comprenderá que fue un engaño diabólico.


8

5 . .. . , Rg8
7

6. Dd8 + , Rf7 6

4
El rey negro se ha visto en la obligación de someterse al fuego cru­
3
zado de las piezas blancas . Todo porque en la quinta j ugada afron­
2
taba un zuzgwang medio oculto (el lector encontrará en otras pági­
nas de este Curso lo que es el zuzgwang) . Su j ugada de rey era la
única posible, en vista de que 5 . . . . , Dg8 6. Thl + perdía la dama. a b e d e

La acción combinada de dama y torre mostrará ahora toda su fuerza.


8

7. Tfl + ! , Re6
7

2
Con 7 . . . . , Rg6 la victoria del blanco era más rápida: 8 . Df 6 + , Rh5
9. Thl + , Rg4 1 0 . Tx h7 (ganando la dama) , Tx h7 , y luego la torre
(1 1 . Dg6 + ). a b e d e g h

Tras la j ugada del texto, las blancas disponen de una maniobra for­
8
zada que les permite dar mate en seis j ugadas .
7

8. Tf6 + , Res
9. Dd6 + , Re4
10. Tf4 + , Re3
1 1 . Dd4 + , Re2
12. Tf2 + , Rel
13. Dd2 + +

Un final absolutamente inapelable. a b e d e g h

El tren de dama y alfi l

Mientras que la conj unción de dama y torre compartía líneas verti­


cales y horizontales, es obvio que dama y alfil tienen un recorrido
que sólo puede ser común a lo largo de diagonales. Aun así, en con­
diciones óptimas, la operatividad de este binomio llega a ser enorme.

La acción de la dama y el alfil, situados en la misma diagonal , reci­


be el nombre de «tren» o «máquina» , y es especialmente poderosa
cuando apunta hacia el rey enrocado. El siguiente caso es altamen­
te ilustrativo.

212
Valor relativo de fas piezas (Vil)

Las blancas amenazan un mate imparable en la casilla h7 .


8

Posición de partida. 7

2
Las negras no pueden evitarlo, sea cual fuere su primer movimien­
to, pues necesitan dos j ugadas para dej ar una escapatoria a su rey
por g8 y f8 . a b e d e g h

A continuación se muestra un caso práctico de cómo suele aprove­


charse esta mortal disposición.

Posición de partida

Se observa en el diagrama un «tren» de dama y alfil atacando el


punto h7 . Por el momento, dicho punto se encuentra, aparentemente,
bien defendido. a b e d e g h

El protector más directo es el caballo, aunque, como se verá, exis­


ten otras piezas prestas a colaborar en esta tarea.

l . A x f6, g x f6

A causa de esta captura, absolutamente forzada, la torre hereda del


caballo la misión de proteger el punto h7 . a b e d e

¿Puede eliminarse también esta pieza? Veremos que sí.

2. C x dS ! , ...
A taque sim ultáneo a la torre y a la dama.
La captura es obligada
2 . . . . , e x dS
3. Tx e7, . . .

Gracias a lo cual se obtiene una sencilla victoria . a b e d e

213
Valor relativo de las piezas (VII)

En muchas ocasiones, el «tren» combina esta característica amena­


za de mate con otro ataque complementario a otra pieza, que no
hay más remedio que ceder para salvaguardar al monarca.

Posición de partida

Las blancas tienen tocado su peón « d » , mas este detalle carece de


importancia. a b e d e g h

Lo primero que aprecian es la posibilidad de «conectar la máqui­


na» , y para ello escogen la casilla adecuada:

l . Dc2 ! , . . .

Como se aprecia, la amenaza l. Dh7 + + no es lo relevante de este


movimiento, ya que puede ser muy fácilmente contrarrestada con
l . . . . , g6. Lo terrible para las negras es que dicha defensa no impe­
dirá que el caballo caiga víctima del doble ataque. a b e d e g h

Cuando un peón enemigo intercepta la acción del «tren» sobre el


enroque, se suele preparar el acoso sobre el rey con un típico sacri­
ficio destructivo de la muralla.
6

Posición de partida 5

El avance del peón «h» por parte del negro descuidó considerable­
mente la casilla g6 y por tanto un posible bloqueo de la diagonal
bl-h7 será mucho más débil . a b e d e g h

Resulta muy instructivo observar cómo las blancas aprovechan tal


8
circunstancia.

l . De4 ! ! , . . . 6

4
Ya está la «máquina» montada y preparada para llevar a cabo una
3
acción devastadora. La principal amenaza consiste en 2. Dh7 + , Rf8
3 . Dh8 + + . Las negras no pueden procurarse un aguj ero para el
rey con l . . . . , A x g5 porque se verían obligadas a cerrar nuevamen­
te el paso tras 2. Dh7 + , Rf8 3 . Aa3 + ! , a b e d e g h

214
Valor relativo de las piezas (VII)

Como l . . . . , f5 no es posible ante la pérdida del peón «e» dando


8
j aque, sólo queda una respuesta:

l. ... , g6 6

2. C x f7, . . . 5

Con obj eto de debilitar la estructura protectora del rey y adueñarse


por completo de la diagonal que comparten dama y alfil. a b e d e f g h

La pérdida del caballo es, sin duda, un factor despreciable.

2 . . . , R x f7
.

3. D x g6 + , Rf8
4. D x h6 + , Rg8

La posición surgida da paso a la explotación de otra maniobra muy


frecuente. Ya que 5 . Dh7 + , Rf8 no hace prosperar el ataque, las
blancas utilizan su alfil para controlar el punto f7, donde darán mate
con la dama.

Obsérvese de qué manera.

5 . Ah7 + ! , Rh8
O bien 5. . . ., Rf7 6.
Dg6+, RJ8 7. Dg8 + +
6. Ag6 + , . . .

Una vez la dama ya tiene apoyo en f7 , el rey no puede escapar. a b e d e f g h

Las blancas dan mate en dos j ugadas .


8

6 . .. . , Rg8
7. Dh7 + , Rf8 6

8. Df7 + + 5

Esta maniobra conviene recordarla, ya que tiene un sinfín de apli-


caciones . a b e d e

215
Valor relativo de las piezas (VII)

La acción de dama y alfil sobre la m isma diagonal recibe el n o m ­


bre d e «tren .. . Cuando e l d o m i n i o d e l cctre n » sobre u n a d i a g o n a l
a b i e rta e n e l e n ro q u e se v e obstruido por u n peón contrario, e l
ataque d e m ate puede estar p recedido de u n sacrificio q u e d e ­
b i l ite l a s defensas d e l rey.

El tándem de dama y caballo

Generalmente se considera que esta unión resulta mucho m á s po­


derosa en los ataques que la combinación de dama y alfil . El caba­
llo aporta dentro del binomio su peculiar movimiento, lo que le per­
mite desarrollar, j unto a la dama, un considerable número de
maniobras tácticas .

Sin duda, el exponente más notable de esta unión es el llamado mate


8
de Philidor o «mate de la coz» . Aunque ya resulta conocido para
7
el lector, dada su gran importancia en el mágico mundo de la com-
binación, no está de más recordarlo.
5
Posición de partida

Ú nicamente dama y caballo son necesarios. a b e d e g h

En esencia, consiste en lo siguiente:


8

l . . . . , Da7 + 4. Rhl , . . . 4 . . . . , Dgl + ! ! 7

2 . Rhl, . . . S i e l cuadro g l fuera 5. Tx g l , Cf2 + +


Si 2. Rfl, Df2 + + inaccesible al rey, Cf2 sería 5
2 . .. . , Cf2 + mate. Se puede conseguir con
un sacrificio de dama.
3. Rgl, Ch3 +

Sin lugar a dudas, la entrega de dama más temática y que más vic-
torias ha producido. a b e d e g h

E l esq u e m a d e u n c a b a l l o e n f5 (f4 si se trata d e u n ataq u e d e las


n e g ras, o b i e n es o c 4 si son ataques sobre el enroque largo), e n
u n i ó n de la d a m a dando j a q u e e n las l íneas abiertas, p e r m ite
trenzar n u m e rosas secuencias de m ate. M uy raras veces el rey
co ntrario sob revive a este ataque si la coord i n a c i ó n se realiza
c o r recta m ente.
E J E R C I C I OS 25

Ejemplo 1 defensor y no h ay modo b lanco, p ues su torre sería


apropiado para desviarlo. S i n capt u rada con j aq u e y e l l o
e m bargo, observamos q u e cedería l a i n iciativa a las
8
c u ando éste l lega a g1 , u n negras, q u e ya cue ntan con
j aq u e con el alfi l p o r l a g ran cierta ve ntaj a m aterial . Veamos
d i agonal es defi n itivo a causa s i sol uciona algo l a e ntrada del
5
de la ausenci a d e h u id a vertical cabal l o : 1 . Cf7 + , Rg8. Las
y horizo ntal del rey. É sta es la neg ras no pod ían captu rar el
4
reflexión correcta . No tiene cabal lo con su torre so pena de
3
sentido 1 . . . . , Df3 + 2 . A x f3, rec i b i r u n rápido m ate q ue se
A x f3 + 3. Rg1 , . . . pero sí lo i n iciaba con 2. Dc8 + . S i g u e
tiene 1 . . . . , Df1 +! 2. Ag 1 , ahora 2 . Ch & + , R h 8 3.
Df3 + !! 3. A x f3, A x f3 + + . D x g7 + , . . .
a b e d e g h

J uegan n e g ras

Con u n a p i eza de desve ntaj a , l a


partida parece m u y cuesta
arriba para las negras. Es claro
q ue, de no ten e r u n a d rástica
sol ución a sus p ro b l e m as, la
derrota ha de ser i n evitable.
¿Qu é rec u rso podrían e m p l ear
con tan sólo u n a dama y un alfi l
a b e d e g h a b e d e g h
para el ataq ue?
Estud iemos alg u n as l ín eas. P.
ej . , 1 . . . . , Df1 + 2 . Ag1 , A x e4 + ¡ Excel e nte ! La col aboración del
3 . D x e 4 y las b l ancas n o Ejemplo 2 binomio dama y cabal lo
atraviesan dificu ltad alg u n a. despl i eg a toda su fu erza.
E m pezar esta idea con 1 . . . . , 3. . . . , R x g7 4. C x fS + , . . .
A x e4 + no sería m ás q ue u n a Las blancas h a n captu rado
mera transpos i c i ó n . E l alfi l d e l as torres, dando j aq ue, y
cas i l l as neg ras e s u n excele nte posteriormente harán lo propio
con la dama.

a b e d e g h

J uegan b l a n cas

Am bos j u g adores t i e n e n sendas


torres atacadas. E l i ntercambio
de am bas n o h a d e favorece r al
217
E J E RC I C I OS 25

P roblema 1 Problema 2 Proble·ma 3

a b e d e g h a b e d e g h

J uegan blancas J uegan blancas J uegan n e g ras

Varias amenazas afro ntan l as Las neg ras tienen b i e n S i comenzamos a j u gar con
blancas en l a posición de este defend ido su alfi l y, g raci as a la 1 . . . . , Dh2 + 2. Rf1 , Dh1 +
p r i m e r p rob l em a, casi todas situación de sus peones, 3. Re2 , . . . ve mos q u e por ese
e l l as derivadas de la amenazan ej ecutar al rey cam i n o el ataq ue negro no
desc u b i e rta del alfi l y l a e ntrad a b l anco con 1 . . . . , D h1 + + . Las prospera. Ha de b uscarse otra
de la dama a través de la blancas no tienen j aq u es sol u c i ó n para q u e e l sacrificio
co l u m na «e» . E l ú n i co factor d isponi b l es, y e n apariencia q u e real izaron las neg ras no
favorab le al p r i m e r j u gador es l a tam poco n i n g ú n cuadro para q uede e n entred icho por falta
d e b i l idad de l a pri m e ra l ínea defenderse del mate a no ser la de conti n u idad . E n uno de los
negra por falta de las to rres e n h u ida 1. Rf1 , q u e l as d ejaría e n ej em plos de coord i n ación del
e l l a . Las neg ras su bsanan este u n a posición m uy triste. La tándem dama y alfi l ya se
i n conve n i e nte vigi lando con su alternativa consiste en uti l izar el estudió u n a posición de
dama la pos i b l e e ntrada de la b i n o m i o táctico de torre y dama, s i m i l ares caracte rísti cas cuyo
torre. Ahora b i e n , puede que q u e e n posiciones abiertas ya modus operandi pod ría
esta medida sea i nsuficiente si hemos dicho q ue suele ser aplicarse a este otro ejercicio.
se util iza la i m ag i n ac i ó n . s u perior a otras co m b i n aciones,
para real izar una m a n i o b ra
defensiva q u e a su vez encierre
amenazas ganadoras. La
pri m era j ugada es m uy
soprende nte, pero puede
hallarse con u n razo n a m i e nto
adecu ado.

218
E J E RC I C I OS 25

Problema 4 Problema 5 Problema 6

8 8

6 6

5 5

3 3

a b e d e g h a b e d e g h a b e d e g h

J ue g a n n e g ras J uegan b l a ncas J uegan blancas

Para hal lar la so l u c i ó n a este La u n ión de dama y cabal lo no Las blancas tienen u n a
ej ercicio debe te nerse cl ara la es un eq u i po úti l sólo para desventaj a de cal i d ad , pero
i m agen fi n al de mate. Siendo el l l evar a cabo ataq ues de mate, como las torres neg ras no están
te ma que nos ocupa la s i n o q u e tam b i é n es capaz , y activas, p u ede considerarse q u e
coord i n ación e ntre dama y alfi l , de hecho así lo h ace e n su b i n o m io d a m a y caballo,
es evidente q u e esta pieza tiene m u ltitud de ocasi ones, para conve n i e nte me nte apoyado por
q u e entrar e n j uego de al g u n a com b i nar d i c h as amenazas con la torre, es su perior al conj u nto
fo rma. Debe, además, h acerlo ataq ues a p iezas situ adas en de las fi g u ras negras. Para q ue
de una manera rápi d a y p u ntos alej ados con ayuda de esta superioridad se haga
cont und e nte, p u es a s i m p l e j aq ues dobles, desc u b i e rtas, efectiva, sin e m bargo, son
vista no parece senc i l l o q u e etcétera. Esto es lo q u e hacen precisas dos cosas : que el
p u e d a alejarse d e l a defensa l as blancas e n l a posición del cabal lo to me parte activa e n la
del p u nto b7, donde las blancas d i ag rama, p revia preparación de l u c h a y q ue el rey negro
están s i e m p re d i s p uestas a las co n d i c i o n es adecuad as. En p rese nte m ás debi l id ades.
realizar m ate. la pri m era j ugad a , l as blan cas
sacrifican cal i d ad , pero la
com pensan con c reces
i n med i atame nte.

219
SO LU C I O N ES 25

Solución 1 Solución 3 Solución 5

Para h acer pos i b l e l a entrada Para dar mate h ay q u e e l i m i nar Las blancas q u i ere n aprovec har
de las torres es n ecesario el alfi l b l anco y apoyar el que la dama negra está
desviar l a dama: 1 . Tx g 6 + ! , cuadro f2 con e l alfi l : 1 . . . . , i ndefe nsa, pero tal idea será
D x g6 ; ahora d a m a y torre Tx e3! 2 . Tx e3, . . . S i las m u c h o m ás poderosa s i se
actúan conj u ntamente : 2. Tc8 + , blancas capt u ran con el peó n , com b i n a con una amenaza de
Rg7 3. D h8 + + sigue 2 . . . . , D h 2 + 3 . Rf1 , Ag3 4. m ate bien p re parada. 1 . Tx e7! ,
Te2 , Dh1 + + . La partida A x e7 2 . D g 4 ! , . . . Las blancas
conti n u ó : 2 . . . . , A h 2 + 3 . Rh1 , amenazan 2. D x g7+ + y 2 .
Ag3 + 4. Rg1 , D h 2 + 5. Rf1 , C h 6 + seg u ido de D x d 7, contra
D x f2 + + lo cual no existe defensa.

Solución 6

6 1 . Cd5!!, . . . Las blancas


5
ap rovechan q u e este cabal lo es
i ntocab l e a causa de 2. Dc7 + y
4
3. D x b7 + + . Las neg ras optan
a b e d e g h
por ret i rar la dama: 1 . . . . , D x f5,
2 pero ahora el tándem dama y
cabal lo actu ará con energ ía: 2 .
Solución 2 Tx b7+ ! , R x b7 3 . Db4 + , Rc8
a b e d e g h
4. Ce7 + , . . . seg u i d o de C x f5.
La j ugada 1 . Dh7!!, . . . defi ende
el mate y amenaza capt u rar e l
alfi l con 2 . Tx a8 + , D x a8 3. Solución 4
D h8 + , . . . Por tales razones, el
negro n o tiene m ás remedio La dama negra debe l legar a
q u e comer l a dama y h 2 : 1 . . . . , Ae2!! desalojando la
aban donar l a defensa del alfi l : col u m n a « h » . 2 . C x e2 , Th8 +
1 . . . . , D x h7 2 . Tx a8 + , Re7 3. 3. Rg1 , Th1 + 4. R x h1 , Th8 +
Ta7+ , Rd6 4. Tx h7, . . . 5. Rg1 , Th1 + 6. R x h1 , Dh8 +
7. Rg1 , Dh2 + +

8 a b e d e g h

a b e d e g h

220
U N I DAD 26
Aprendido, a niveles básicos, el comportamiento de la
dama en coordinación con otras figuras , va a centrarse
la presente unidad en el estudio de la acción de la
torre unida tácticamente a las piezas menores.
Se darán ej emplos con las situaciones de ataque más O Torre en unión de
características de los bi nom ios torre y alfil y torre pieza menor
y caballo, así como ciertas pautas para potenciar al • Torre y alfi l en los
máximo su j uego conj unto. .. ataq u es de m ate
• La torre da m ate
defe n d i d a por el alfi l
• La co m b i n ación del
« m o l i n o»
• Los m ates típicos de
torre y caba l l o
• Atrapam i e ntos d e
p iezas
O Resumen
• U n i dades 25 y 26
O Partidas famosas
• Tras la resiste n c i a ,
e l contragol pe.
M a n i l a , 1 976
O Ejercicios
• Ej e m p los y p roblemas
O Soluciones
Torre en un i ón de

pieza menor
Contrariamente a la dama, cuya pieza menor que mej or se le aco­
pla en los ataques de mate es el caballo, la torre actúa con mucha
más eficacia en unión del alfil. Ambas piezas desarrollan su j uego
incluso en largas distancias y la acción diagonal del alfil comple­
menta muy positivamente el movimiento vertical y horizontal de la
torre. No debe creerse por ello que el caballo y la torre son un tán­
dem poco operativo; su fuerza puede ser enorme, sobre todo en su
lucha contra un rey en el vértice del tablero. En las siguientes pági­
nas se darán bastantes ej emplos de la destreza de estos dos bino­
mios en los ataques de mate.

También se mostrará algún ej emplo en el que torre y pieza menor


atacan, no para dar directamente mate, sino para atrapar una pieza.

Torre y alfil en los ataques de mate

Se comenzará la exposición de este tema, que en la práctica ha ori­


ginado infinidad de combinaciones, con una pequeña reseña de las
posiciones de mate más típicas .

Diagrama de p o sición

Vistos así, tales esquemas no adquieren excesiva importancia, pero


en realidad han sido motivo de centenares de triunfos. a b e d e

A m bas s o n l a s posiciones m á s c o m unes d e m ate p o r l a c o l u m ­


n a , m i e ntras e l a l f i l i m p id e l a ret i rada del m o narca. C o m o s e
aprec i a , se req u i e re l a colaboración de a l g u n a p ieza rival q u e
l i m ite l a h u i d a del sobera n o ; generalmente, d i c h a p i eza es u n
peó n , puesto q u e e n l a m ayoría de l o s casos estos ataques s e
desarro l l a n sobre e l e n ro q u e. Es i m p o rtante reten e r e n l a
m e m o ri a este tipo d e situac iones de las p iezas. Este esq u e m a s e
produce en bastantes partidas reales, por lo q u e su conocimiento
es de g ra n uti l i d a d .

222
Torre en unión de pieza men or

Veamos un ej emplo muy instructivo:


8

Posición de partida
6

2
Analizando la posición con criterio, se descubre en seguida que si
el peón blanco h2 no estuviera, el esqueleto de la posición sería el
mismo que en el diagrama anterior. a b e d e g h

Guiadas por este razonamiento, las negras deciden eliminar rápi­


8
damente el obstáculo:

l . . . . , Tx h2 + 6

2. R x h2, Th8 + 5

Legalmente, la única respuesta blanca posible es 3 . Dh5 , . . . , a lo


que sigue 3 . . . . , Tx h5 + + . a b e d e g h

Sobre esta base, las negras efectúan, en la posición siguiente, una


combinación algo más elaborada:

Posición de partida

Dos reflexiones muy relacionadas se hicieron las negras antes de ini­


ciar su maniobra combinativa. La primera es que, si se elimina el
.
peón h2 por el procedimiento anterior, el alfil sustituye al peón en
su misión bloqueadora. Y la segunda, que un j aque con el caballo
negro en g3 levantaría dicho bloqueo. a b e d e g h

La concatenación lógica de ambos planteamientos conduce a un re­


sultado espectacular:

l . . . . , Tx h2 +
2. A x h2, . . . 5
Obviamen te, 2. R x h2 ?, Th8 + es lo que
4
el blanco trata de evitar
2 . . . . , Cg3 + ! !
2
Este salto permite que la dama acuda a h8 dando j aque. P. e. : 2 . . . . ,
Dh8 (amenazando 3 . . . . , Cg3 + + o 3 . . , D x h2 + y Th8 + ) se en­
frenta a la réplica 3 . Cg4, que paraliza ambos lances. a b e d e g h

223
Torre en unión de pieza menor

La j ugada del texto no dej a opción a las blancas .

3. A x g3 , Dh8 +
4. Ah2, . . .
5

El alfil recobra así su papel de interceptor de la columna, pero esta


vez con un apoyo más débil . a b e d e

Reiterando la maniobra típica, las blancas carecen de protección su­


8
ficiente.

4 . . . . , D x h2 + ! !
5 . R x h2, Th8 + 5

Este remate corresponde a una partida disputada en EE UU entre


H . Stoner, con las negras, y un aficionado. a b e d e

A continuación estudiamos un ej emplo de factura parecida. La di­


ferencia radica en que la casilla de escape del rey, en lugar de estar
ocupada por un peón propio, está dominada por una pieza agresora.

Posición de partida

Sin duda, la posición tiene ciertas reminiscencias de los ej emplos


anteriores.

En este caso, la combinación se ve propiciada por un error del blan­


8
co, a quien corresponde j ugar.
7

l. CfS ?,

3
La intención de una descubierta animó al blanco a realizar este mo­
vimiento defectuoso. El primer j ugador aspiraba a eliminar defen­
sores del flanco negro de dama. La variante que estudió fue
l . . . . , D x f5 2. A x c6 , Dg4 3 . A x b7 + , a b e d e g h

224
Torre en unión de pieza menor

Las negras se deciden a aceptar el reto.

l . . . . , D x fS !
2 . A x c6, . . .

Atacando la dama con la torre, lo que obliga a dicha pieza a tomar


una decisión. a b e d e g h

Todo parece desarrollarse por el sendero previsto, aunque se aveci-


8
nan sorpresas.
7

2. . . . , Dh3 + ! !
5

Inesperado sacrificio de dama que abre la gran diagonal blanca.


El alfil controlará el punto de huida g2 , como en seguida se com-
probará. Las negras ya tienen in men te la imagen final . a e e g

El siguiente paso será la apertura de la columna «h»


8

3 . g x h3, A x c6 + 7

4. Rh2, Cg4 + !
5. h x g4, h x g4 5

Ya están dispuestas todas las piezas . Para evitar la conocida situa-


ción de mate 6 . , Th8 + + , las blancas sólo disponen del recurso
. . .

de sacrificar su dama. El cazador ha resultado cazado. a b e d e g

Habitualm ente, las j u gadas p repa rato rias después d e los sacri­
ficios son i m p ru d e ntes, pues brindan a l rival e l t i e m p o n ecesa­
rio para d efe n d e rse. Si se dispone d e u n c a m i n o d i recto hacia
la victoria, es conve n i e nte tomarlo. S i n embarg o, n o por e l l o han
de desest i m a rse d i c hos m ovi m i e ntos (como e l 5 . . . . , h x g4 del
texto), a u n q u e en cada posición debe va l o ra rse c o n exactitud
si el rival tiene m e d idas adecuadas para enfrentarse a ellos.
Un pequeño e rror d e cálcu lo, con a l g u n a resp uesta i m p revista
del contrario, puede llevar al traste una combinación, convirtiendo
una presu nta victo ria e n u n absol uto fracaso y d a n d o oport u n i ­
dad al rival n o s ó l o d e defenderse, sino tam b i é n d e c ontraatacar.

225
Torre en un ión de pieza menor

La medida únicamente consigue dilatar la derrota en un movimiento.

6. D x e3 , Th8 +
7. Rgl , d x e3

El primer j ugador está inerme ante otra clásica situación de mate,


la que se plantea con 8 . , Thl + + .
. . . a b e d e g h

La torre da mate defend ida por el alfi l

La partida anterior cede paso a otra de las posiciones de mate más


comunes del tándem alfil y torre. Insistimos en este tipo de combi­
naciones porque se producen con relativa frecuencia en las parti­
das reales .

Su conocimiento puede ser sumamente útil no sólo para saber re­


matar este tipo de posiciones, sino también para conducir las j uga­
das de la partida media hacia un final que ofrezca estas condicio­
nes favorables .

Veamos este ej emplo.

Diagrama de p o siciones

La torre da mate en una casilla contigua al rey apoyada por el alfil .


Como en los demás casos, se requieren piezas, propias o enemigas,
que cubran las pocas retiradas que no pueden ser controladas por
el tándem . a b e

Consideremos una de las maniobras tácticas más simples y también


más conocidas : 8

7
Posición de partida

·: /

2
Gracias a la posición dominante de sus alfiles, las blancas resolvie­
ron rápidamente el j uego.
a b e d e g h

226
Torre en unión de pieza menor

Empezaron con un sacrificio de dama que abrió la línea de infiltra­


ción de la torre.

l. D x h7 + , R x h7
2. ThS + , . . .

El peón «g» negro está clavado y no puede capturar la torre. a b e d e g h

Sólo existe una j ugada para el bando negro:

2 . . . , Rg8
.

3. Th8 + +

Desde puntos antipódicos del tablero, la torre y el alfil demuestran


una coordinación perfecta. a b e d e g h

La misma idea gravita en el ej emplo que se reproduce a continuación.

Posición de partida

La combinación es incluso más espectacular, puesto que con el tur­


no de j uego en sus manos, las blancas se verán incapaces de con­
trarrestar la ofensiva. a b e d e g h

Como antes, la maniobra se inicia con un sacrificio de la pieza más


valiosa.

l . . . . , D x dS ! !
2. A x dS, A x dS

No hay una defensa posible contra 3 . . . . , Thl + + . a b e d e g h

227
Torre en unión de pieza menor

A raíz de estos ej emplos, no debe quedar la idea de que todos estos


mates se producen en la casilla h8 (o hl). Muy habitual es también
la imagen que en el diagrama de los esqueletos básicos de este apar-
tado se reproduce en el margen superior derecho.

Analicemos el razonamiento que llevó a las blancas a hallar el ca-


8
mino del triunfo.

Posición de partida 6

3
Ambas damas permanecen baj o ataque. El intercambio no aporta
ningún beneficio a las blancas . ¿Existe algún detalle que se pueda
destacar? Tal vez lo más significativo es la ausencia de torres o de
dama en la primera fila negra. a b e d e g h

El quid de la cuestión está en aprovechar este factor, si se puede .


8
Una primera tentativa es:

l . h x g6, Tx g4 6

2. Ah6, . . . 5

Pero fracasa. Las negras j uegan 2 . . . , Th4 + matando el alfil en


.

su siguiente j ugada; o simplemente 2. . . . , h x g6, haciéndose un


aguj ero para el rey en h7 . a b e d e g h

Pero . . . ¿es realmente necesario cambiar las damas ? La respuesta


8
es negativa.

l. Ah6 ! ! , . . . 6

La captura de este alfil es antirreglamen taria, 5


debido a que la dama blanca lo impide.
l . . . . , Te8 4

2. h x g6, . . . 3

Ganando limpiamente la dama. a b e d e g h

La combinación del ccmoli no»

Este tipo de maniobra táctica, encuadrada en las combinaciones re­


lacionadas con el tema táctico del ataque a la descubierta, es uno
de los máximos exponentes de la coordinación de torre y alfil .

228
Torre en unión de pieza menor

Para ilustrarlo, nada mej or que la partida precursora de esta idea,


que es, además, uno de los ej emplos más bellos :

Posición d e partida 6

Se trata del enfrentamiento entre el mexicano Carlos Torre y el filó­


sofo j udío alemán Enmanuel Lasker. a b e d e g h

Veamos cómo las blancas se desentienden momentáneamente de su


dama para coordinar al máximo .. sus otras piezas de asalto.

l . Af6, . . .

La secuencia que ahora se indica es una de las más importantes del


mundo de las sesenta y cuatro casillas .

La captura de la dama es forzada.

l . . . . , D x hS
2. Tx g7 + , Rh8 6

Primer momento importante de la partida. Jugando 3 . Tg5 + las


blancas recuperan de inmediato la dama, pero consideran que no
hay prisa. a b e d e g h

Primero se dedicarán a barrer toda la séptima horizontal .

3. Tx g7 + , Rg8
4. Tg7 + , Rh8 6

4
Cabe hacerse en este punto una reflexión vital . A simple vista, si
3
cambiamos el Cf8 por una torre, el resultado es el mismo; sin em­
bargo, no es así, pues contra 5. Tx b7 + seguiría Tx f6 . Es necesa­
rio, por tanto, mantener inmune en todo momento el alfil que da
el j aque. a b e d e g h

229
Lev PA R TIDA S
Abramovich
Pol u gaievsky Tras la resistencia,
Este destacadísimo gran maes­ el contragolpe
tro ha logrado en los últimos
veinte años algo tan difícil como Partida j ugada en Manila, 1976
es situarse y resistir en la élite
de los ajedrecistas soviéticos en
medio de numerosa y fuerte Blancas: Yuri Balashov
competencia. Negras: Lev Polugaievsky
Nacido en Moscú el 29 de no­
viembre de 1934, eclosionó en
los primeros años sesenta como l. e4, es 1 3 . e x f6 , g x f6
un jugador destacado, obtenien­ 2. Cf3, d6 14. Ah6, A x h6
do en 1962 el título de gran lS. C x d6 + , Re7
maestro con su victoria en el tor­ Las negras plantean la defensa 16. Rbl , Cb6
neo de Mar de Plata, Argenti­ Siciliana, apta para el contraa­ 17. De4, Td8
na. Sus máximos triunfos han taque, a condición de que pri­ 1 8 . Cd6-bS, Tx b S !
sido los campeonato soviéticos mero se sepa sufrir un poco 19. C x bS , . . .
de 1967 y 1968, con los que se ante la iniciativa blanca. Las Si 19. Tx d8, Tx b2 + 20. R x b2,
ganó la consideración de la. élite partidas suelen ser tensas y Ca4 jaque con dos piezas y gana
mundial. Al año siguiente, 1969, complicadas. 19 . . . . CdS
fue segundo tras Petrosian y 20. c4, . . .
ganó el torneo de Be/grado. Ha 3 . d4, c x d4
vencido también, entre otros tor­ 4. C x d4, Cf6
8
neos, en el IBM de Amsterdam S. Cc3 , a6
7
en 1970 y 1972, Sochi 1971 y 6. AgS, e6
1976, Solingen 1974, Montilla 7. f4, Cb-d7 6

1975, etcétera. En 1973 llegó por 8. Df3, Dc7 5

fin al torneo de candidatos al tí­ 9. 0-0-0, bS 4


tulo mundial. Su primer y últi­
3
mo adversario fue Karpov, quien Y ahora Balashov sacrificará
le derrotó en match. En el si­ momentáneamente una pieza
guiente ciclo volvió a clasificarse por dos peones para aumen­
(tras el torneo interzonal de Ma­ tar la presión que ej erce en el a b e d e g h

nila) y tuvo mejor suerte enton­ centro y en general en todo el


ces, ya que derrotó a Mecking tablero. Él también está jugan­ Y si ahora 20. Cd4, Cc3 +
en cuartos de final. Se enfren­ do a ganar. gana la dama por la clavada
tó en semifinales al hasta ha­ del peón. La dama negra co­
cía poco soviético Viktor Korch­ 10. A x bS , a x bS lab ora bien con su caballo.
noi. Este match, disputado a 1 1 . Cd4 X b S , Db8
catorce partidas, finalizó en em­ 12. eS, TaS 20 . . . . , Aa6
pate en su parte principal ga­ 21. c x dS, D x bS
nando Korchnoi en la prórroga. Las blancas amenazaban un 22. Th-el , Ab7
Korchnoi sería derrotado luego ataque coordinado de dama y 23. D x h7, A x dS
por Karpov en el match por el caballo: 1 3 . D x a8 , D x a8 14. Polugaievsky sigue sacrificando
título por el tanteo de 16,5 a 15,5. Cc7 + . material
Desde entonces, Polugaievsky
no se ha vuelto a acercar al tí­
tulo mundial.
230
El Cam peonato del M u ndo
de ajed rez
24. D X h6, Tb8
El título de campeón del mundo fue, hasta 1886, concedido
2S. Td2, A x a2 +
oficiosamente por el mundillo ajedrecístico a aquellos jugadores
que solían derrotar a sus contemporáneos. El match Steinitz­
Las piezas negras colaboran ar­
Zukertort, jugado en Estados Unidos en dicho año, fue el
mónicamente. Si ahora 26.
primero que se anunció con el objeto de dilucidar el campeón
R x a2, Da5 + seguida de
del mundo. Al vencer Steinitz, se le consideró en posesión del
D x d2 ganaría en seguida la
título. Sucesivos adversarios le fueron retando y él solía aceptar
partida.
el reto siempre que la organización que apoyaba al retador
satisfaciera sus condiciones económicas. Con el tiempo, más
26. Rcl , Tc8 +
tarde, cuando Alekhine pretendía eludir el match de desquite
27. Tc2, . . .
con Capablanca, llegaron a ser draconianas. Todo el mundo del
A 2 7. Rdl habría seguido A b3 +
ajedrez protestaba de que el título de campeón fuera propiedad
27 . . . . T x c2 +
privada de su poseedor. La Federación Internacional de Ajedrez
28. R x c2, Dc4 +
(FIDE), fundada en París en 1925, no había podido arreglar tal
La dama y el alfil en perfecta
estado de cosas. Cuando se estaba dudando entre organizar un
colaboración rematarán la faena
match Alekhine-Botvinnik por el título o descalificar al campeón
29. Rd2, Db4 +
por colaboracionismo con los nazis, Alekhine falleció en Estoril
30. Re2, Ac4 +
en 1946. Tras ese percance, se llegó a una solución razonable:
3 1 . Rdl , . . . .
seis jugadores fueron invitados a jugar un torneo de liga a
Si 31. Rf2, Dd2 + gana
cuádruple vuelta (que ganó Botvinnik con brillantez),
31 . . . . , D x b2
regulándose también los torneos zonales e interzonales que
_desembocan en el gran Torneo de los Candidatos a aspirante al
Con la amenaza de 32 . . . . '
título, conformando un ciclo que se ha venido sucediendo desde
Ab3 + + . La dama blanca si­
entonces para dar trianualmente, desde 1948, el retador del
gue alej ada y sin poder llegar
campeón del mundo.
a tiempo de defender a su rey,
y la torre es impotente para sal­ J u l i o de 1 986: Anato l i Karpov el m atch de revancha por e l
var su propia vida frente a la y G arry Kasparov se título de cam peón m u ndial
sal udan antes de i n iciar e n Lo n d res.
parej a D-A negra.

32. TeS, f X eS
33. DgS + , Rd7

a b e d e g h

Y aquí las blancas se rindieron.


� SAVE &
w PROSPER

23 1
Torre en unión de pieza menor

Como ya h e m os d i cho, l a partida precursora de esta c o m b i na­


ción es la que hemos desarrollado en estas páginas. Su p i o n ero
es e l mexicano Carlos To rre, q u e vivió bastante t i e m po e n Esta­
dos U n i dos. Alcanzó el título de m aestro internacional en 1 9 63.
E n l a c o m b i nación del m o l i n o debe presta rse espec ial ate n c i ó n
a q u e e l alfil q u e da e l jaque desc u b i e rto esté s i e m p re lejos del
ata q u e d e u n a pieza enemiga. Es u n error frecuente pasar por
alto este detalle, q u e puede dar u n g i ro de 1 80 g rados al dest i n o
d e la partid a . U n desc u i d o d e este tipo no sólo echa p o r la b o r ­
d a t o d o el p l antea m i e nto de ataque sino q u e además favo rece
e l desp l i e g u e d e fuerzas y a m e n azas del riva l .

En este caso no se produce tal ataque, y la torre puede mover libre


de preocupación.

7. Tx b7 + , Rg8 6

6. Tg7 + , Rh8 5

7. TgS + , . . . 4

Ahora sí: las blancas van a por el material pesado. Previamente po-
drían haber capturado el peón «a», pero esto no les compensaba,
pues más tarde su propio peón «a» quedaría a tiro de las torres. a b e d e g h

Lástima que el peón «h» negro haya movido, pues en su casilla de


origen la j ugada blanca significaría mate.

7 . . . , Rh7
. 6

8. Tx hS, Rg6 5

El doble ataque devuelve una pieza a las negras, pero éstas quedan
con dos peones menos y una situación muy comprometida. a b e d e g h

Los mates típicos de torre y caballo

L a característica forma que tiene e l caballo de desplazarse permite


explotar curiosos recursos en posiciones en las que esta pieza pres-
ta un apoyo muy importante a la torre. Muchas de ellas conllevan
situaciones de mate que recuerdan a las estudiadas en el apartado
de la dama y el caballo.

Pero, sin lugar a dudas, de todos los mates con estas piezas, los dos
más típicos son los que nacen de las posiciones que se muestran
a continuación:

232
Torre en un ión de pieza menor

Observemos el diagrama de la derecha.

Diagrama de p o siciones

En el llamado mate Á rabe (margen superior del diagrama) , un ca­


ballo en la casilla 6A (f6 , f3 , c 3 , c6) apoya a la torre en 7T (h7 ,
2
h2, a7 , a2) , o bien en 8 C (g8 , gl , b 8 , bl); y en el conocido mate
con la torre dando j aque en la columna del rey, el caballo quita la
huida lateral al monarca (parte inferior) . a b e d e g h

Comprobemos cómo en el medio j uego dichas imágenes son más


frecuentes de lo que se podría pensar.

Posición de partida

Un ej emplo simple de lo expuesto es esta partida ganada por Pons


en el inconcluso torneo de Mannheim (1914), interrumpido por la
Gran Guerra. Alexander Alekhine, que dominaba la competición
en ese momento, fue declarado vencedor; allí mismo fue apresado
por tener el grado de oficial en el ej ército imperial ruso. a b e d e g h

Llegada esta posición, el conductor de las blancas advirtió en se­


8
guida la posibilidad de asestar el mate Árabe.
7

l . D x h7 + , . . . 6

Cambiando la dama por una torre, el esqueleto de las piezas bási­


cas sería igual al estudiado anteriormente, aunque en este caso no
se trata de mate, sino de una mera desviación. a b e d e g h

Las negras aún pueden matar la dama.


8

l . . . . , Tx h7
7

2. Tx g8 + + 6

No obstante, con ello no han hecho más que dar paso a la otra ver­
sión de mate. a b e d e g h

233
Torre en unión de pieza menor

U na m a n i obra te mática de tablas q u e reci b i rían m ate con Th7. Si s i g u e n 2 . Ch?+ ,


Re8 3. Cf6 + , Rd8 4. Td7+ , Rc8, las blancas n i
Est u d i ando l a posición del Diag rama 1 , s i q u iera consiguen e ntabl ar. G racias a esta
e m pezamos a to mar co nciencia d e las d ificu ltades variante, ha q uedado cl aro q u e el rey negro no
q ue atraviesa el b l anco, a pesar de su ventaj a debe escapar por e l flanco de dama. Con tal idea
m aterial . Aparenteme nte, l a to rre y e l caballo no le cortan el paso por la col u m na «d» . 1. Td7! ! ,
son adversarios serios para estos terri b l es (Diag rama 2) . N o i m porta q u e l as neg ras
i n fantes, p ues n i pueden dete nerlos n i c rear coro n e n , p uesto q u e el rey ha q uedado
ataq ues d e c u i d ado. P. e. : 1 . Cf6 + , Rf8 ! Las e ncerrad o : 1 . . . . , e1 = D 2. Cf6 + , Rf8 3. Ch7+ ,
neg ras no cometen el error de esq u i n arse, p u esto Res 4. Cf6 + (Diag rama 3) y no h ay h u ida.

8 8

6 6 6

5 5 5

4 4 4

3 3 3

2 2 2

a b e d e g h a b e d e g h a b e d e g h

Diagrama 1 Diagrama 2 Diagrama 3

La otra familia de mates acostumbra producir combinaciones de


8
más bella factura:

Posición de partida 6

2
Las blancas buscan desesperadamente dar j aque con su caballo en
e7, con un propósito que más tarde descubriremos, pero la dama
lo impide. La propia dama impide l . Tx a7 a causa de l . . . . , Db6 + . a b e d e g h

Vinculando ambas ideas, realizan una combinación muy instructi-


8
va, pero falsa.

l . Tx a 7 , D b 6 + 6

Un ataque doble sobre la torre y el rey, pero la 5


dam a se desvincula del punto el
4
2. Rg2, D X a7 ? ?
3

U na voracidad muy poco j uiciosa. Lo adecuado era 2 . . . . , A x f5 ,


que dej aba inermes a las blancas . a b e d e g h

234
Torre en unión de pieza menor

La secuencia que sigue merece toda la atención.


8

3 . Ce7 + , Rh8
4. D x h7 + ! ! , . . . 6

A briendo la columna «h» para la torre 5


4 . . . . , R x h7
4
5. Thl + +
3

Poniendo un magnífico broche a la partida. a b e d e g h

E n los ataques sobre el e n roque co rto, a l g u n as veces resultan


pode rosos los sacrificios dest i n a d os a a b r i r l a c o l u m n a cc h » , por
donde la torre dará e l jaque defi nitivo.

Atrapam ientos de piezas

La unión torre-caballo desarrolla una labor eficaz en la tarea de atra­


par piezas que directa o indirectamente han quedado sin casilla de
huida. Generalmente, esta facultad se debe a la capacidad del ca­
ballo en los ataques dobles.

El siguiente estudio resulta sorprendente, pues casi todas las piezas


8
se hallan muy alej adas unas de otras.
7

Posición de partida 6

2
La situación del rey negro no es tan afortunada como parece. Aun­
que está en el centro, no dispone de muchos cuadros, gracias al ca­
ballo y los peones . a b e d e g

La primera j ugada es, como mínimo, espectacular.


8

l. Tc8 ! , . . .
7

4
A pesar de que no se ve la posibilidad del j aque doble, éste existe,
3
pero más oculto. Obsérvese qué sucede tras 1 . . . . , D x c8 2. Cc4 + ,
2
. . . El rey no tiene una sola casilla en que el salto de caballo no
gane la dama. Si 2 . . . . , Re4 o 2. . . . Rf 5, sigue 3 . Cd6 + , mientras
que 2. . . . , Rd5 se refuta con 3 . Cb6 + . a b e d e g h

235
Torre en un ión de pieza menor

Para huir del ataque la dama sólo tiene un cuadro. 8

7
l . . . . , Dg7
2. Tg8 , . . . 6

Nuevamente se reproduce el tema, 5


pero esta vez la captura es obligada
4
2 . . . . , D x g8
3. Cg4 + , RfS 3

Si 3. , Rd5 o 3
. . . . . . . , Re4 sigue 4. Cf6+ 2
4. Ch6 + , . . .

Las negras ganan la dama y el triunfo no se les debe escapar. a b e d e f g h

RESU M E N : u n i d ades 25 y 26

U n idad 25

D Dama y torre.

• La dama e n u n ió n d e l a torre forma u n eq u i po m uy poderoso cuando rea l i za ataq ues


contra e l rey y d ispone para ello d e col u m n as abiertas.

D Dama y piezas menores

• La d a m a se com plementa m ej o r con e l caba l l o q u e con e l alfi l .


• Dama y alfi l son m uy efectivos cuando ataca n a l rey d is po n i é n dose e n u n a m is m a
d i agonal . D i c h a confi g u ración reci be e l n o m b re d e «tre n » o « m áq u i n a» .
• Los saltos d e l caba l l o son u n exce lente com pl e m e nto para l a dama, p uesto q u e
dom i n a los c u ad ros a los q u e ésta n o a m e n aza. Part i c u l armente pel i g rosa es l a
confi g u raci ó n e n q u e e l cabal lo ocupa e l p u nto 5A (f5, c5, c4, f4) .

U n idad 26

D To rre y alfil

• Las situac i o n es m ás com u n es de m ate con estas p i ezas son aq u e l l as en las q ue la


torre d a m ate por la col u m n a m i e ntras e l alfi l c u b re cas i l l as de h u id a , y aq u e l l as
otras e n l as q u e l a torre da m ate en u n a cas i l l a contig u a al rey apoyada por e l alfi l .
• E n l a com b i n ación d e l « m o l i no» , debe te n e rse c u i d ado e n q u e e l alfi l q u e desc u b re
n o q u ede baj o e l fuego e n e m igo.

D Torre y caballo

• E l m ate Árabe y el m ate e n l a col u m n a m i e nt ras e l cabal lo c u b re los c u ad ros g8 y g6


son los ataq u es m ás característicos.
• La torre y e l cabal lo son m uy hábi les atrapando p i ezas e n e m i g as basándose en los
ataq u es dobles del cabal lo.

236
EJ E RC I C I OS 26

Ejemplo 1 no pueden captu rar 1 . su torre y cabal lo para alcanzar


Tx d1 2 . D x d1 porq u e l as u n a i m agen de mate
blancas atacan largamente estudiad a en
s i m u ltáneamente Dd8 + + , la esta u n idad .
dama y Te8 + + cuando ésta se Las blancas q u i eren j ugar Cg4
reti re. La resp u esta del negro es y Cf6 para dar mate con su
forzada 1 . . , D x g5, a lo q u e
. . torre e n g8. Aprecian , s i n
sigue 2 . Tx d 8 + , R x d8 e m bargo, q u e no p u eden
3. Te8 + + . hacerlo de i n mediato, p u es
seg u i ría 1 . . . . , Ta2 + , 2 . Rb1 ,
Rg7, apartando del ri ncón al rey.
8 Lo pri m ero es alejar el cabal l o
q u e apoya e l j aq u e de l a torre.
a b e d e g
1 . d7, Cc6. ¿ Es ahora el
6
momento? N o todavía. S i
J uegan blancas 5
2 . Cg4, Td2 ! 3 . Cf6, Ce?,
4 l l egando a t i e m po de defender
La posición q u e a conti n u ación
3 la cas i l l a crítica donde asp i ra a
se d etal l a corresponde a una
aloj arse l a torre. A ú n debe
ant i g u a partida j u gada por
seg u i r desviándose e l cabal l o :
Anderson y H i l l e l .
2 . dB = D + , C x dB, y a part i r de
E n e l l a , l as blancas se l as a b e d e g
este i n stante ya no h ay
i n g e n i aro n para asestar a su
obstác u los: 3. Cg4, Th7 (a otro
adversario u n m ate de torre y U n a manera m ás d i recta era
movi m i e nto sigue 4. Cf6 y
alfil en el centro del tab lero. La i n c l uso 1 . Tx d 8 + , R x d8 2.
5. Tg8 + + ) 4. Cf6, Tg7 5. Th1 + ,
i m agen de m ate n o debe pasar Ag 5 + , D x g5 3. Te8 + + ,
Th7 6. Tx h7+ + .
i n advertida: u n a vez basada en la m is m a idea.
desaparecidas l as torres blanca
y negra de la col u m n a «d» , y 8
pudiendo apartar de l a l ínea «e» Ejemplo 2 7
el alfi l blanco y l a dama negra,
6
es claro q u e las blancas podrán
d isponer del movi m i e nto 8 5

Te8 + + . ¿ Pero como se logra tal 4


objetivo? Ve mos q u e h ay dos
6 3
cam i n os: si las blancas j uegan
1 . Ag5!!, amenazan la dama y
tam b i é n 2 . Tx d 8 + + . Las negras
a b e d , e g h

a b e d e g h

J uegan b l a n c as

En el s i g u i e nte final de partida


las blancas cons i g u e n coord i n ar

237
E J E R C I C I OS 26

Problema 1 Problema 2 Problema 3

8 8 8

5 5

4 4

3 3

a e d e g h a e g a e d e g

J uegan blancas J uegan blancas J u egan blancas

Poco antes de alcanzarse esta N uevamente se d e m u estra la Las blancas tienen u n a pieza
situac ió n , l as blan cas s u perior coord i nación de l a de desve ntaj a , pero se i ntuye l a
sacrifi caro n su peón «d» torre c o n alfi l respecto a l a q u e posi b i l idad de q u e su torre e n f1
(avanzando d4-d5) con l a cl ara esta m i s m a pieza t i e n e c o n el acabe dando m ate en f8
i ntención de abrir la d i agonal caballo. Las negras tienen un apoyad a por su alfi l de h 6.
negra a su alfi l , agazapado pero peón de ventaj a y un Antes, s i n embargo, deben
con u n a g ran capacidad central izado cabal lo, pero e l rey h ace rse desaparecer o desviar
potencial en com b i n ación con atraviesa ciertas d ificu ltades por alg u n as p i ezas que esto rban la
s u torre. Las negras, por su la p resión que ej ercen l as torres realización de esta i m agen
parte, p lantean el cam bio d e y el alfi l . Este facto r, b i e n clásica.
damas para al ivi arse del co nd ucido, es el q ue decide ¿Se l e ocu rre alg ú n
ataq ue. E l éxito de éste, una la batalla. proced i m i e nto para lograrlo?
vez propuesto e l i ntercambio, ¿Q u izás abriendo cam i n o a la
rad ica en saber crear las dama blanca?
fac i l id ades para l a e ntrada en
j uego del b i no m io táctico
p rotagon ista d e l a co m b i n ació n ,
lo cual p u ede log rarse, por
eje m plo, dando jaq ue.
EJ E RC I C I OS 26

Problema 4 Problema 5 Problema 6

a b e d e g h a b e d e g h a b e d e g h

J uegan blancas J uegan b l a ncas J uegan blancas

E n este ej e m plo, torre y alfi l no En uno de los p r i m e ros Es claro q u e la asp i raci ó n de
son en tod as las variantes los eje m plos q u e a l o l argo de esta l as blancas sería j ugar Cd5-Cf6.
artífices d e l m ate, pero sí que U n idad demostraban posiciones Tropiezan , s i n e m bargo, con dos
contribuye ron de manera favo rables al eq u i po torre­ detal les i m portantes : el Cb6
decisiva en su consecuc ió n . caballo, se d i ó u n a posición de i m pide e l movi m i e nto Cd5, y la
U n a de las l ín eas, s i n e m bargo, características m uy s i m i lares a real ización de d e m asiad as
la q ue pod ría considerarse la de ésta. De hecho, e l tem a j ugadas p reparatorias es u n a
como pri n c i pal , sí q u e acaba q u e i n s p i ró l a victoria es e l táctica poco aco nsejable e n
con un cu ri oso m ate de torre y m ismo, a u n q u e resu lta a l g o vista de l as pos i b i l id ades de
alfi l en u n a cont i n uación q u e m ás elabo rado e n e l p rese nte ataq u e q u e las neg ras tienen ,
aprovecha la deb i l i dad de la p roblema. sobre todo cuando alcancen a
prim era l ínea. abrir l a col u m na «a» , donde se
Lo primero que debe u b ican sus p iezas m ayores.
considerarse es q ue, si l a dama A pesar de todas estas
b lanca l l egara a f6, se ría d ifíc i l consideraciones, l as blancas
para e l negro parar D g 7+ + . alcanzaro n el tri u nfo, basando
Este p u nto, ocu pado por u n s u maniobra e n un esq uema
cabal lo negro, está s i n e m bargo m u y conocido.
firmemente defe n d i d o por la
dama. ¿Se puede sortear este
obstác u l o?
SO LU C I O N ES 26

Solución 1 Solución 3 Por eso planean obl igar a l a


torre negra a mover a g8.
Para dar paso a l a torre y al alfil Las blancas deben co n q u istar 2 . Dh6!!, Tag8 3. D x h7 + !! ,
lo m ejor es 1 . Dh8 + !! , . . . , la cas i l l a f8 para su torre. Lo Tx h7 4. Tx g8 + + .
q u e fac i l ita l a e ntrada con pueden lograr dando un j aq u e
j aq u e. Sigue 1 . . . . , R x h8 c o n la d a m a e n e 8 y o b l i g ando
2 . Tx h S + (doble j aq u e) , Rg8 al cabal lo negro a m atar. Antes, 8
3. Th8 + + . sin em bargo, h ay q u e apartar el
alfi l : 1 . Ac4 + !! , D x c4 2. De8 + ,
6
C x e8 3. Tf8 + + .
5

a b e d e g

Solución 6
a b e d e g h

Para ocu par d5 s i n pérd i d a de


a b e
Solución 2 d e g h t i e m po, las blancas j u egan
1 . D x b6!, D x b6 2 . CdS, . . .

Las blancas j uegan 1 . Tb1 + , Ataca l a dama 2 . . . . , Das


. . . N o es pos i b l e 1 . R x c8 por Solución 4 3. Cf6! , . . . amenaza Tg8 +

2 . Tb8 + + . La otra rép l ica no es seg u i d o d e m ate. Las neg ras


m ucho m ás resi ste nte : 1 . . . . , Para apartar la dama, las protege n su p r i m era l ínea
R a7 2 . Ab8 + ! , Ra8 3. AeS + blancas j u egan 1 . Aa4!, . Si. . apartando el cabal lo. 3. . . . ,
(desc u b i e rto) , R a7 4. 1. . , D x a4 2 . D x f6 las
. . Ce&. A lo q u e s i g u e 4. Tg7!!,

A x d4 + , . . .
obte n iendo u n a neg ras no pueden evitar . . . amenazando Tx h7+ + , lo

cómoda victoria. 3. Dg7+ + . En cam b i o si j u egan cual no tiene parada , ya que si


1 . . . . , bS 2 . A x bS, D x bS 4 . . . . , C x g7 5 . h x g7 + + .
3. D x f6, d isponen de 3. . . .,
DeS. Esto, s i n e m bargo, es
i nsuficiente ante 4. Tae1 !!,
D x f6 5. Tx e8 + + .

Solución 5

Las blancas e m piezan el ataq ue


con 1 . Tg3!!, D x c2 . Por
s u p u esto, la tor re debía
a e d e g h
mantener el control del peón h7.
Ahora l as neg ras logran
escapar si las blancas j u egan
2 . Tx g7, R x g7 3. D x h7+ , R x f6.

240
UNIDAD 27
En esta unidad se analizarán los ataques directos al
enroque, uno los elementos fundamentales de la
técnica aj edrecística. Se verá el ataque con piezas y
la agresión con peones , y cómo explotar el « cantón»
o debilidad en el enroque adversario. Asimismo, se D Los ataques al
estudiarán los ataques basados en el pasaj e de una enroque (1)
o ambas torres por delante de la cadena de peones . • Los ataques d e
peones
al e n roq ue
• E l «Cantón »
• Ante ataq ue de
flanco, contraataq u e
ce ntral
• Las torres del ante de
l a cad e n a de peo n es
D Partidas famosas
• La fiel i nfante ría .
Sczawno Zd roj , 1 968
D Ejercicios
• Ej em plos y
p rob l e m as
D Soluciones
Los ataques al
enroque (1)
Los ataques directos al rey constituyen un elemento decisivo d e la
lucha aj edrecística, y ello es evidente por sí mismo; el obj etivo del
j uego es, precisamente, la captura del rey adversario, de modo que
colocarlo directamente en el punto de mira parece lo más lógico.
De hecho, en la historia del aj edrez , y en todas las épocas, ha habi­
do j ugadores especializados en los ataques al rey, y algunos de ellos
están entre los más grandes que han existido. Son los llamados «j u­
gadores de ataque» , como Anderssen, Blackburne, Pillsbury, Spiel­
mann, Bronstein o Tahl . Maestros como Morphy, Lasker, Rubins­
tein o Alekhine descollaron también en la fase del ataque directo
al rey, pero en ellos este arma era una ampliación de su concepción
general de la lucha, basada en principios estratégicos.

E l esti l o es u n e l e m e nto part i c u l a r d e c a d a jugador, a l m a rgen


d e su fuerza ; es l a m a n e ra genera l e n que u n individuo encara
la l u c h a , y está ligado a e l e m entos psicológicos. H ay p e rsonas
q u e procuran l l evar s i e m p re l a i n i ciativa , acosan a l adversario
y juegan todas sus cartas a l ataque al rey; otras plantean e l com­
bate seg ú n u n p l a n genera l , y atacan cuando llegan a l a conclu­
sión d e q u e ése es e l c a m i n o adecuado para concretar su ven­
taja d e posi c i ó n ; y los h ay q u e p refieren d efe n d e rse, atri nche­
rarse e n una posic i ó n sólida y soportar los e m b ates d e l contra­
rio con la esperanza d e aprovechar luego las debilidades del ad­
versario. Pero todos e l los, sin excepción, deben conocer los ele­
m e ntos básicos para a g re di r a l rey, si p retenden desarro l l a r una
a lta fuerza d e j uego.

Entre principiantes, la agresión al rey suele introducirse ya desde


la apertura, cuando éste se encuentra aún en su casilla inicial; pero,
7
salvo excepciones, cuando los j ugadores han adquirido un conoci­
miento básico de los principios posicionales, suelen enrocar rápi­ 6

damente, y en ese caso el ataque al rey se convierte en ataque al 5


enroque.
4

3
Posición de partida

En la presente posición de apertura, las blancas deben continuar


su desarrollo. a b e d e g h

242
Los ataques al enroque (!)

La j ugada natural es l. Cf3 , pero, con la equivocada idea de no


obstruir su peón de « f» , j uegan mal y provocan una avalancha so­
bre su propio rey.
6

l . Cge2?, . . . l . . . . , Cg4 5
Jugada que prepara el enroque y lleva una pieza Evidencia la fuerza del
4
hacia el centro; sin embargo es mala alfil de c5
2. 0-0, Dh4 3

Esta j ugada, que ataca al mismo tiempo los puntos f2 y h2, no ha­
bría sido posible con el caballo blanco en f3 . a b e d e g h

Ahora se amenaza 3 . . . . , D x h2 + + ; las blancas pueden defender


esa amenaza, pero no la que también afecta a f2 .

3. h3, C x f2
A tacan la dama y amenazan jaque descubierto.
La respuesta blanca es forzada
4. Tx f2, D x f2 +
5 . Rh2, Ch4
A m enaza mate en g2
6. Dgl, Cf3 +

Y las negras tienen la partida ganada. a b e d e

Vamos a ver un ej emplo similar, pero en modo alguno idéntico.

Posición de partida
6

Los elementos de la posición anterior están presentes. a b e d e g h

Por analogía, podría pensarse que la siguiente j ugada es decisiva:

l. CgS, . . .
Si ahora l. ..., 0-0 2. Dh5 y las blancas ganan;
pero las negras tienen otra posibilidad
l . .. . , dS !

Esta reacción central ofrece buenas posibilidades defensivas. a b e d e g h

243
Los ataques al enroque (!)

El bando blanco aún confía en sus posibilidades.

2. e x dS, CaS
2. ..., C x d5 permitida un sacrificio del caballo en
f7, tan dudoso como peligroso: 3. C xf7, R xf7
4. Df3 +, Re6 5. Cc3, con posición incierta
3. AbS + , c6

Y el negro se defiende de las amenazas . a b e d e g h

¿ Por qué razón en un caso el ataque ha sido ganador, y en el otro


el bando defensor ha logrado sobrevivir? La clave está en que, en
la posición del segundo ej emplo, contra el intento de ataque direc-
to de las blancas, las negras han dispuesto de la reacción central
1 . . . , d5 ! Esto no es una casualidad; puede establecerse como regla
.

general que un ataque directo, especialmen te si se desarrolla en uno


de los flancos, debe responderse con un con traataque cen tral. Ex-
puesto desde otro punto de vista, el principio dice que an tes de co -
menzar una acción directa con tra el rey, el bando agresor debe ase-
gurarse completamen te de que su adversario no dispone de una
reacción cen tral.

Los ataques de peones al enroque

A veces, como en e l ej emplo del primer diagrama, l o s ataques al


enroque se realizan exclusivamente con piezas; veremos más ej em-
plos de esta clase, que por lo general están relacionados con combi-
naciones de sacr_ificio.

Si el rival se defiende adecuadamente, estas tentativas suelen fraca-


sar. Pero, otras veces, el ataque comienza con una agresión de peo-
nes contra el escondite del rey adversario. Los peones expulsan las
piezas defensivas de éste y abren líneas que posibilitan la acción de
las piezas propias .

En estos casos hay que asegurarse, antes de lanzar el ataque, de que


se tiene el control del centro, o sea, de que el adversario no podrá
responder con una apertura o contraataque central . Si esta posibi-
lidad existe, el ataque de peones puede resultar contraproducente. 6

Veamos un ej emplo. 5

4
Posición de partida

Esta posición ha sido en una clásica partida entre Adolf Anderssen


y Louis Paulsen, disputada en Viena en 1 873 . a b e d e g h

244
Los ataques al enroque (1)

Anders sen, que conducía las blancas , ya se ha asegurado una sóli­


da ventaj a posicional; su dama está fuertemente centralizada; dis­
pone además de un poderoso caballo en d5 que no puede ser expul­
sado,_ pues el peón negro de d6 está aislado, y si el alfil lo elimina,
en su lugar se instalará el caballo de c3 . Las negras, por su parte,
poseen poco espacio, pero han defendido cuidadosamente su rey,
y una invasión de las piezas blancas contra el monarca no parece
viable. Es en este momento cuando Anderssen, con el centro baj o
s u control, introduce u n ataque d e peones contra e l enroque.

l. h3 ! , ... a b e d e g h

Los principiantes suelen hacer esta j ugada como medida defensiva,


para impedir algún salto de una pieza enemiga, o como simple pre­
caución; en esos casos, suele constituir una pérdida de tiempo. Pero
en este caso, el pequeño avance del peó n de «h» es un arma agresi­
va: prepara la j ugada g4 .

l . . . . , a6

Las negras quieren j ugar su torre de a8 , y para eso quitan el peón


del ataque de la dama. a b e d e g h

É stas son las consecuencias de la fuerte centralización de esta pieza.

2. g4, . . .

2
El blanco está ya en condiciones de abrir la columna «g» contra
el enroque; obsérvese que el tremendo caballo de d5 impide la j u­
gada defensiva g6, pues la j ugada Cf6 + sería mortal . a b e d e g h

El ataque del blanco se justifica por la poderosa presión central de


sus piezas .

2 . .. . , Te8
3. f4, Te6
A hora sí se amenaza 4
. ... , g6
4. g5, . . .

Vuelve a impedirse g6; pero esta escaramuza ha constituido ·una pe­


queña victoria de las negras. a. b e d e

245
Los ataques al enroque (!)

El blanco no ha logrado abrir la columna «g» para su torre.


8

7
4 . .. . , bS

2
Estos ataques de peones en flancos opuestos son normales en posi­
ciones en las que, como ésta, ambos bandos han enrocado de ma­
nera disímil . a b e d e

Suele imponerse aquel que está respaldado por piezas mej or situadas.

5. h4, Te8
6. Dd3, . . .
Para amenazar 7. h5, D x h 5 8 . D xf5
6 . .. . , Tb8
7. hS, aS
8. b4, . . .

No suele ser conveniente mover los peones en el flanco en que el


adversario tiene ataque.

Pero en este caso concreto la j ugada es muy fuerte, porque el domi­


8
nio central de las blancas neutraliza cualquier veleidad agresiva de
7
las negras .
6

8 . .. . , a x b4 5
9. a x b4, D x hS
4

Es difícil que las negras pudieran evitar la captura de este peón, ya


que su adversario amenaza Tgl seguido de g6, que sería muy fuerte. e d e

Las blancas no ceden en su presión.

10. D X fS, Df7


1 1 . Dd3, Ad7
Prácticamen te forzada por la amenaza
12. Thl, g6 13. Cf6+
12. Ce4 ! , . . .

Aprovechando que el alfil ya no puede tomar en d5 , las blancas traen


su otro caballo al ataque. a b e d e g h

246
Los ataques al enroque (!)

Claro que si las blancas hubieran j ugado 1 2 . Thl , las negras res-
8
ponderían con 1 2 . . . . , Af5 .
7

12 . . . . DfS 6

13. Thl, . . . 5
A m enazando expulsar la dama con Ce3 y f5
4
13 . .. . , Te8
3

2
El avance de los peones blancos ha logrado la apertura de la co-
lumna « h » , que ahora ocupa la torre, y ha conseguido que todas
las piezas blancas adquieran su máxima potencia ofensiva . a b e d e g h

Ahora Anderssen, uno de los mayores combinadores de todos los


8
tiempos, remata su trabaj o con un sacrificio de caballo que permi-
7
te la entrada de sus fuerzas sobre el rey.
6

5
14. Ce4-f6 + ! , g x f6
15. C x f6 + , Rf7 4

Ún ica. Si 15. ..., Rh8 16. Tx h 7+ y luego mate, y 3


si 15. ..., Rg 7 16. C x e8 + es suficien te para ganar
2
16. Tx h7 + , Ag7
Con 16. ..., Rg6 1 7. Df3, y el m ate es inevitable
17. Tx g7 + ! . . . a b e d e g h

Y con esta j ugada blanca, todo se derrumba.


8

17 . . . . , R x g7 7

1 8 . C x e8 + , Rf8 6

Claro que si 18. .. ., A x e8 19. D xf5 5


19. D x fS, A x fS
4
20. e x d6, . . .
3

Las blancas ganaron con sus tres peones de ventaj a. a b e d e g h

El «cantón»

La avalancha de peones sobre el enroque gana en fuerza cuando


algún peón de los que protegen al rey ha sido avanzado. En ese caso,
ese peón sirve de base de ruptura para los agresores, y permite abrir
una columna sobre el rey.

A partir de ese preciso momento, el monarca se verá totalmente ago-


biado y tendrá que moverse con pies de plomo para poder sortear
las múltiples amenazas que se van a cernir sobre él o sobre las pie-
zas que lo protegen .

247
Los ataques al enroque (!)

Una demostración se produce en el siguiente ej emplo.

Posición de partida
6

4
En la posición del diagrama, las blancas tienen el centro baj o con­
trol (las negras no pueden j ugar e5 ni avanzar su caballo a e4) , y
2
sus piezas se hallan bien dispuestas para atacar el enroque negro;
para ello, es necesario expulsar, o al menos amenazar de expulsión,
al caballo defensor de f6 . a b e d e

La primera j ugada que a uno se le ocurre es l . h3 , para apoyar el


avance g4; pero hay una j ugada aún más aguda y peligrosa:

l . g4, ...

El peón se ofrece interesadamente; si las negras lo tomasen con su


caballo, dej arían indefenso su propio peón de h7 , que podría ser
tomado con j aque, y -lo que es más grave aún- abrirían la co­
lumna para las torres de las blancas . Pero si no lo capturan, ¿cómo
evitar el avance g 5 , seguido de la toma en h7 ? a b e d e

La mej or j ugada debe ser l . . . . , Tc8 , para tratar de explotar la si­


tuación de la dama en la columna abierta. Si 2. g5 , Ce4, las com­
plicaciones no desfavorecen a las negras; 3 . C x e4, d x e4 4. A x e4,
C x d4 5. A x h7 + , Rh8 6 . De4, C x f3 7. D x f3 , R x h7 , etcétera;
o 3 . A x e4 , d x e4 4. D x e4, Ca5 , y después de Ac6 y Cc4, las ne­
gras, que controlan las casillas blancas , tienen compensación por
el peón que han sacrificado. Sin embargo, en vez de este contraata­
que central, las negras practican la más evidente j ugada defensiva:

l . . . . , h6 a b e d e

Trata de asegurar el caballo en f6; pero crea un punto de contacto


que permitirá a las blancas abrir una columna peligrosísima. Este
avance justifica posicionalmente el golpe l . g4 de las blancas , ya
que ahora hay un contacto en g5 . Nimzowitch llamab a a esto un 6

« cantón» . Después de este error, la causa de las negras queda muy 5


comprometida.
4

2. h4, ...
2

La amenaza evidente es ahora g5; cambien o no cambien las ne­


gras, las blancas abrirán una columna: la de «g» o la « h » . a b e d e g h

248
Los ataques al enroque (/)

La toma del peón sigue siendo de alto riesgo : 2 . . . . , C X g4 3 . h5 ! ,


seguido de Ta-gl y el doblaj e de las torres en la columna abierta,
con tremendo ataque. El negro trata de quitar hierro al contacto
en g5 .. 6

5
2 . . . . , Ce8 3. hS ! , . . . 3 . . . . , f6
4
Si ahora 3. g5, h5, Fijando e l «can tón»; Impide un inmediato g5
y las negras han la amenaza directa es 4. y prepara un eventual e5,
evitado lo peor g5, h x g5 5. h 6, reaccionando en el 2
abriendo totalmen te el cen tro
enroque de las negras 4. Ah7 + , Rh8
a b e d e g h

Más resistencia daba 4. . . . , Rf7 , pero después de 5 . Dg6 + , Re7


8
6 . e4, la posición de las negras es dramática.
6 . . .. , Tc8 9. Cg6 + , C x g6
5 . Ch4, Ce7 7. gS, f x gS 10. h X g6 , Cf6 6

Única ante la amenaza 8. f x gS, h x gS 5


6. Cg6 +, seguida del No sirve 8. .. ., Cf5 por 4
jaque a la descubierta la sencilla 9. A xf5,
6. f4, . . . seguida de Cg6 +
Vuelve la amenaza g5 2

a b e d e g h

La columna de torre abierta permite un rápido mate.


8

1 1 . Ag8 + (descubierto) ! R x g8
12. Dh2, ... 6

Y el mate con Dh8 es inevitable. a e e g

Los ataques a l e n roque son uno d e los e l e m e ntos f u n d a m e nta­


les e n el juego d e aje d rez . Ta nto si se realiza con p i ezas c o m o
con peones, el éxito del ataque dependerá esencialmente del d o ­
m i n i o d e l centro.

U n a avalancha d e peones sobre e l e n roque es m u c h o m ás fuer­


te si e l bando d efensor ha avanzado u n o de los peones d e l m is­
m o ; este peón si rve d e cccantó n » d e ruptura, y perm itirá al ban­
do a g resor abrir u n a p e l i g rosa columna sobre e l rey.

249
Vassi l i
Vassi lievitch
PA R TIDA S
Sm islov
La fiel infantería
El buen barítono de ópera, mejor
Partida j ugada en Sczawno Zdroj , 1968
persona y excelente jugador de
ajedrez que ha sido y es Vas­
sili Smislov, nació en Moscú el
Blancas: Smislov
24 de marzo de 1921. Mostró
Negras: Gola .
desde pequeño gran facilidad
para sus dos aficiones (el aje­
drez y la música), entre las que
En la siguiente partida, las 9. 0- 0, C x d4
dudó cierto tiempo. Tal vez fue
blancas no temen correr los 10. A X d4, Ad7
una suerte para los ajedrecis­
riesgos que implican siempre 1 1 . Dd3, Ae6
tas que perdiera la final de unas
los múltiples avances de peo­ 12. Ta-el, Cd7
pruebas de selección musical
nes y, pese a que son conscien­ 13. A x g7, R x g7
en el teatro Bolshoi, ya que eso
tes de los compromisos con­ 14. b4, Cf6
le decidió a dedicarse por en­
traídos al hacer marchar hacia lS. Rh l , . . .
tero al juego-ciencia. Smislov
adelante estos infantes que no
desarrolló siempre un estilo de
pueden retroceder, lo hacen
gran nivel posicional, con per­
con el convencimiento de que
fecta asunción de los principios
las· ganancias de espacio y
clásicos y de las aportaciones
aperturas de líneas les darán
de Chigorín y Nimzowitch, en­
una clara ventaj a. La apertu­
tre otros. Su maestría ha brillado
ra es una defensa Siciliana, for­
con especial luz en los finales
mación Maroczy.
de partida, si bien también en
las aperturas y en el medio jue­
l. e4, es
go ha hecho aportaciones ori­
2. Cf3 , Ce6
ginales. En particular, Smislov
3. d4, e x d4
es sin duda el jugador que en
4. C x d4, g6
la historia del ejedrez ha con­
seguido mejores triunfos tras
Al no j ugar inmediatamente Esto es para que, tras jugar f4,
cumplir los sesenta años, des­
4� . . . , Cf6 , atacando el peón la dama negra no llegue a b6
pués de Emmanuel Lasker.
de e4, la cual suele ser contes­ dando jaque. Smislov lanza sus
Su primer éxito se produjo en
tada con 5. Cc3 , el j ugador de peones a ganar terreno.
el campeonato de Moscú de
negras permite a Smislov j u­
1938 . En 1940 quedó tercero en
gar el fuerte sistema Maroczy, lS . . . . , as
el campeonato de la URSS, su­
caracterizado por la j ugada 16. bS, Ad7
perando a Botvinnik, que ya por
5. c4. 17. f4, Ae6
entonces era probablemente el
1 8 . Dd4, Rg8
mejor jugador del mundo. En el
S. e4, Ag7 19. fS , Ae8
Campeonato del Mundo, dispu­
6. Ae3, Cf6
tado mediante un torneo pen­
7. Ce3 , 0-0 Las negras, pese a sus pérdi­
tagonal en 1948, solamente Bot­
8. Ae2, d6 das de tiempo, creen que no
vinnik le precedió en la tabla.
están tan mal porque han pro­
En el primer Torneo de Candi­
Las negras adoptan el elásti­ vocado la cesión de casillas
datos fue una sorpresa que Da­
co esquema del Dragón. como c5 o e5 a su caballo.
vid Bronstein se alzara con el
triunfo delante de él y de Paul
Keres, pero ya en el segundo

250
FA MO SA S
20. Tc-dl, Cd7 Rh8 40. Tf7 , Dg8 41 . Dh6 + ,
21. CdS, f6 y mate a la siguiente. Hay otras
variantes, pero todas acaban
mal para el rey negro.

3 1 . cS ! , . . .

Nuevo avance de peón que se


clava como un estilete. En este
caso la intención es dej ar li­
bre la casilla c4 para el alfil
de las blancas . E n el total de matches por la
coro n a m u nd i al , Sm islov ganó
3 1.. . . . , dS m ás partidas de las q u e perd ió
a b e d e g
Para intentar contrarrestar pre­ ciclo, en el marathoniano torneo
cisamente el citado proyecto. de Zurich, 1953 (i30 rondas!),
Para impedir la dolorosa en­ Smislov se impuso con holgu­
trada de un peón blanco en f6. 32. AbS, C x cS ra. No obstante, el match con
33. Df6 + , Rh7 el campeón Botvinnik finalizó
22. b6, ces 34. Df7 + , Rh8 empatado a 12 y éste retuvo el
23 . f x g6, h x g6 3S. Tf6 ! , . . . título.
24. es, . . . Sin embargo, Smislov realizó la
hazaña de volver a ganar el Tor­
Con cesión de la casilla e4 y, neo de Candidatos en Amster­
en general, apertura de nue­ dam, 1956, y el año siguiente,
vas líneas para el ataque. La tras compartir Smislov y Botvin­
situación del rey negro se hará nik el primer lugar en el gran
crítica. torneo Memorial Alekhine, en
Moscú, Botvinnik fue vencido
24 . .. . , f x eS en el campeonato del mundo
2S. Tx f8 + , D x f8 por 12,5 a 9,5. Pero las muy fa­
26. Dh4, Rg7 vorables reglas existentes a fa­
27. Tfl , AfS vor del campeón mundial esta­
28. g4, Ae4 + blecían para este caso un match
29. Rgl, Dd8 de revancha. Botvinnik lo pre­
30. C x e7, Cd7 paró duramente y en 1958 lo­
Aho ra, ante la evidente ame­ gró imponerse, si bien por sólo
Si las negras hubieran captu­ naza de j ugar 36. Tx g6 (si 36. 12,5 a 10,5, recuperando el tí­
rado el peón de b6, habría po­ . . . , A x g6 37. C x g6 + + ) se­ tulo. Smislov siguió obteniendo
dido seguir 30 . . . . , D x b6 3 1 . guida de 3 7 . Th6 y mate, las triunfos en múltiples torneos,
Df6 + , Rh7 32. Df7 , Rh8 (si negras se hallan completamen­ pero nunca recuperó ya el má­
32 . . . . , Rh6 3 3 . h4, con rápi­ te indefensas . Por ello, se vie­ ximo cetro. No obstante, cuan­
do mate) 3 3 . C x g6 + , A x g6 ron obligadas a abandonar do en 1984 se disputó el Torneo
34. D x g6, Cd3 + 35. Rhl , Cf4 aquí su resistencia. La fiel in­ de Candidatos para designar el
3 6 . Dh6 + , Rg8 3 7 . Af3 , Dd8 fantería se sacrificó por una aspirante a la corona ostenta­
3 8 . Ad5 + , C x d5 39. Dg6 + , causa j usta. da por Karpov, Garry Kasparov
tuvo que imponerse en la final
al veterano Vassili Smislov.

251
Los ataques al enroque (!)

Ante ataq ue de flanco, contraataque central

Nunca se insistirá lo suficiente en señalar que una acción sobre el


enroque, especialmente si implica avance de peones, fracasará casi
siempre ante un contraataque central , y que por lo tanto, antes
de lanzarse a una operación de este tipo, es necesario asegurarse de
que se controla el centro. La razón lógica de este principio es senci­
lla; el bando que controla el centro dispondrá siempre de piezas más
móviles, que podrán trasladarse de un flanco a otro con facilidad ,
gravitando así en la defensa y el ataque. Por supuesto, este princi­
pio no puede aplicarse mecánicamente.

Por más que uno disponga de contraj uego central, el ataque del ad-
8
versario puede ser muy rápido y peligroso, y hay que calcular con
exactitud las variantes concretas. Observémoslo seguidamente.
6

Posición de partida

3
En la posición del diagrama, las blancas dominan el centro, que
ocupan directamente con sus peones . Entre otras cosas, dicho cen-
tro crea problemas a la torre negra de h5 , que no dispone de ningu-
na casilla en la horizontal . a b e d e g h

Pero el conductor de las negras se lanza a un ataque contra el mo- 8


narca blanco, desmantelando su enroque para desplazar el caballo
blanco de f3 y montar una «máquina» con la dama en h4 y la torre
6
en h5 . El ataque es peligroso, pero fracasa porque su rival consigue
movilizar decisivamente su centro.
4

l . .. . , gS 2 . .. . , g4 3
2. eS ! , . . . 3. C d 2 , Dh4
No 2. h3, que crearla un peligrosfsimo «can tón» y 4. Cfl , . . .
justificarla la jugada de las negras
a b e d e g h

Las piezas blancas maniobran con facilidad, gracias a su dominio


8
de espacio en el centro; el caballo defiende la única amenaza con-
creta de las negras, y el primer j ugador ya se apresta a continuar
con Ae4 . 6

4 . . . . , g3 s . . . . , g x h2 +
4
Ún ica forma peligrosa de con tin uar el ataque. Si 6. Rhl , De7
3
4. .. ., A d5 5. Ae4, sin problemas, y si 4. .. ., f5 5. 7. f4, . . .
e xf6 (al paso), D xf6 6. Te4, con gran ventaja
5 . Te4, ...
Si 5. fx g, D x d4 + destruyendo el cen tro blanco
a b e d e g h

252
Los ataques al enroque (!)

El centro blanco se moviliza, y las piezas negras quedan mal situadas.

7 . . .. , c5
8. Cg3, Th6
9. f5 , . . .
Es notable cómo s e moviliza e l cen tro
blanco acosando
9 . . . . , Ad5
10. Tg4 + , Rh8
1 1 . Dd2, Df8

Una desagradable necesidad; si 1 1 . . . . , Th3 1 2 . Ce4

12. f6 ! , . . .
A m enaza 12. Tg 7
12 . . .. , Tg6
Entregando la calidad, las negras esperan quitar
fuerza al ataque blanco
13. A x g6, f x g6
14. Ce4, Ae6
15. Th4, . . .

Las blancas preparan un ataque directo muy bien calculado.

15 . . . . , Tx d4
16. Cg5 ! ! , Tx d2
17. Tx h7 + , Rg8
18. Tx d2, . . .

Se amenaza ahora 19. C x e6, R x h7 20 . C x f8 . a b e d e g h

Por supuesto, la entrada en séptima de la torre d e d2 sería inmedia­


tamente decisiva.

18 . . .. , De8
19. Tg7 + , Rh8
Si 19. .. , Rf8 20. Ch 7+ +
'
.

20. C x e6

Y ganan las blancas . El contraataque central se impuso claramente


al ataque de flanco de las negras . a b e d e g h

253
Los ataques al enroque (!)

Las torres delante de la cadena de peones

A veces, la agresión de peones al enroque adversario resulta de alto


riesgo, especialmente cuando ambos bandos han enrocado en el mis­
mo flanco. En estos casos, y aunque -como siempre sucede en
aj edrez- hay muchas excepciones, avanzar los peones que rodean
al propio rey para agredir el del adversario suele ser una política
temeraria. El ataque, entonces , si se llega a la conclusión de que
atacar es la estrategia correcta en una posición determinada, debe
conducirse con las piezas . En estos casos, la que tiene más dificul­
tades para entrar en el ataque es la torre.

Si no hay columnas abiertas , o posibilidades de abrirlas, la torre


8
difícilmente podrá aportar su importantísima fuerza en el ataque.
Hay, sin embargo, un recurso que conviene conocer y dominar: el
paso de una o ambas torres por delante de la cadena de peones, 6

por lo general en la tercera horizontal . Veamos un ej emplo muy ilus­ 5


trativo del tema:
4

3
Posición de partida

La posición está tomada de una partida entre Alekhine y el enton­


ces veteranísimo Emmanuel Lasker, j ugada en Zurich, 1934. a b e d e g h

Las blancas tienen la iniciativa, y atacan al rey negro con su caba­


llo, su alfil y su dama. Lasker ha construido una defensa difícil de
superar, y la posibilidad blanca de desarrollar un ataque de peones
es nula, teniendo en cuenta que el centro está abierto. Pero Alekhi­
ne se las ingenió para introducir una de las torres en el ataque, y
los efectos fueron fulminantes.

l . Td3, . . .

Por delante de sUs peones, la torre pasa al ataque. a b e d e g h

La amenaza directa es 2. Tf3 , con fortísima presión sobre f7 .


8

l . . . . , f6
Tratando de alejar la molesta dama; 6

pero la catástrofe sobreviene


5
2. CfS + , Rh8
3. D x g6 ! , h x g6
4

4. Th3 + 3

Forzando el mate. La entrada de la torre ha resultado decisiva. a b e d e g h

254
Los ataques al enroque (/)

El siguiente ej emplo es aún más ilustrativo.

Posición de partida

En esta posición de paridad material, las blancas introducen un ata­


que sobre el rey enemigo con una j ugada de torre. a b e d e g h

Veamos cómo se inicia la estudiada maniobra .

l. Ta3, . . .
Tratan d e aprovechar q u e e l enroque negro,
aunque sin debilidades, está desguarnecido
l . .. . , Ac6

No se podía l . . . . , D x b2 por 2 . Tb3 . a b e d e

La j ugada del texto quita el alfil de la acción de la torre, y amenaza


tanto tomar el peón como ganar la calidad con Ab 5 .

2 . CfS ! , . . . 3 . Ce7 + , Rh8


Con u n a oculta amenaza 4. D x h7 ! , R x h7
2 . . , AbS ?
. .
S. Th3 + +
Catastrófico error; necesarias eran
2. . .. , Tfe8 o 2. . .. , g6

Una vez más, el paso de la torre por delante de la cadena de peones


ha resultado fulminante. a b e d e

El paso de la torre puede ser tan potente como para dej ar al adver­
sario inerme incluso si dispone de un tiempo. Veámoslo.

Posición de partida

Las negras atacan el peón de d4, y su posición parece buena. a b e d e g h

255
Los ataques al enroque (!)

Pero la acción del alfil de b3 crea un terrible cerco sobre su rey, y


permite un espectacular recurso :

l . D x g6 ! ! , . l . . . . , h x g6
A briendo la columna que ocupará la torre, por 2. Tf3
delante de sus propios peones

Ahora j uegan las negras, que tienen la dama contra un alfil; sin em­
bargo, la amenaza 3 . Th3 + + no puede evitarse; ni la torre ni el
alfil pueden ser obstruidos, y no cabe otra respuesta que el abandono. a b e d e g h

S i e m p re q u e se i n i c i a u n a acción ag resiva contre e l e n ro q u e, o


c u a l q u i e r otra i n c u rsión i m p o rtante de flanco, es necesario te­
ner en cuenta si el centro está fijo, o bajo control del bando agre­
sor. De l o c o ntrario, l a reacción central co ntra el ataq u e suele
ser m u y efectiva . Cuando se conduce la defensa co ntra u n ata­
q u e al e n roq u e, es necesario tener siem p re presente l a posi b i l i ­
dad d e u n a reac c i ó n centra l . Cuando l a p o s i c i ó n hace i nviable
u n ataque d e peones y es necesario c o n d u c i r la a g resión al e n ­
r o q u e con p i ezas, debe ten e rse p resente la posi b i l idad d e pasar
una o ambas torres al ataque por delante de la cadena de peones. .

E n el siglo pasado, el aj ed rez


era a ú n un j u ego re lativamente
m i noritario. H oy d ía lo practican
m i l lones de personas, y su
popul aridad se h a exten d i d o por
todo el m u ndo. E n la i l ustración ,
« Dos i n g leses j u gando al
aj ed rez» , grabado del i ng l és
Harry E l iot, siglo XIX.

Foto: IGDA

256
EJ E RC I C I OS 27

Ejemplo 1 sacrificio de caballo y l a Ejemplo 2


sorprendente i rrupción del alfi l
de g2 sobre el e n roq u e.
1 . Cf3-g5!, . . .
S e amenaza m ate sobre h7; las
neg ras no t i e n e n m ás opción
5 q u e to mar.
1 . . . , f x gS
.
4
2 . Cf6 + ! , . . .
3
Fuerza a to mar otra vez , p ues s i
2 . . . . , R h 8 3 . D x h7+ +
2 . . . . , A x f6

a b e d e g h . . 3. Ae4!, . . . a b e d e g h
Ahora el p u nto f 7 es
i n d efe n d i ble, p u es el alfi l de f6
J uegan blancas J u egan b l a ncas
i m p ide el avance del peón de
f5. El lector debe poner
E n esta posición hay i g u aldad atención en la m a n i o bra de l as Las n eg ras j ugaro n , en su
de m aterial , pero las blan cas blancas para forzar el mate, movi m i e nto anterior, Cg4,
tienen ventaj a posici o n al . Sus p u es es un recu rso de amenazando capt u rar el cabal lo
p i ezas están central izadas y frecue nte apl icació n . de f3 y dar mate con la dama
son m u cho m ás activas q u e las 3 . . . . , Te8
e n h7, p u es el peón blanco aún
de su adve rsario; ade m ás, el Ú n ica para dar u n a sal ida al estaba e n g2. Precisame nte, las
e n roq ue de las negras está rey. Si ahora las blancas blancas defend ieron la
deb i l itado, y la dama blanca j u gasen 4. D x h7+ ? , Rf8 y las amenaza j u gando g3; pero con
ocupa una ag resiva posi ción . negras ganarían ; pero p u ede ello crearon u n «cantó n » q u e
S i n e m bargo, estas ve ntaj as forzarse el m ate. permiti ría a las neg ras abrir u n a
pueden esfu marse con rapidez; 4. A x h7 + , R h 8
col u m n a sobre el e n roq ue.
si las negras logran j u gar Cc5, 5 . Ag 6 + , Rg8
¿Có mo proseg u i r el ataq ue?
exp u lsando el fuerte cabal l o de 6. Dh7 + , . . .
La sol ución es:
e4, y l u ego, seg ú n los casos, f5 1 . . . . , hS!
¡Ahora sí!
o Tes y Af8, lo peor habría 6 . . . . , Rf8
Es la cont i n uación lógica, a
pasado. S i n em bargo, las 7. D x f7 + , seg u i do de m ate. tenor de lo q u e ya sabemos. E l
blancas d isponen de u n a peón lateral al «Cantó n» avanza
manera fu l m i nante de montar para real izar u n contacto en h4
un ataq ue contra e l e n roque y abrir la co l u m na para la to rre.
q u e les perm ite conseg u i r la 2. a3, . . .
victoria. Trata de exp u lsar el cabal lo d e
La clave se encuentra e n el b4, para j u gar la reacción
pu nto h7 de las negras, atacado central , d5, e n las m ejores
por la dama y alej ado de toda condiciones; si 2 . . . . , Cc6 3. d5
pos i b i l idad de defensa por parte y las pos i b i l i dades de las
de otra pieza q u e no sea el rey. blancas son excele ntes. Pe ro
Si las blancas lograran apoyar las neg ras conti n ú an su ataq ue.
con otra pi eza la acción de su 2 . . . . , h4!
dama sobre h7, el mate sería a b e d e g h 3. a x b4, h x g3
i m parable. Este proced i m i ento 4. h x g3, . . .
existe ; se basa en u n doble N o era pos i b l e 4 . f x g3, p u es el

257
º

EJ E RC I C I OS 27

sacrificio 4 . . . . , C x h 2 gan aría. Ejemplo 3 1 . . , A x e3 +


Las neg ras han abierto la 2 . Rh1 , A x c1
col u m n a sobre e l rey, y ahora l a 3. f x g 5, . . .
ocupan : Abre la col u m n a y ataca e l
4 . . . . , Th3 7 cabal lo de f6.
Amenaza 5 . . . . , Tx g3 + , seg u ido 3. . . . , A x g 5
de D x h3 y m ate. Si 3 . . . . , Cd7 4. Dc2 ! , f5 5. g x f6
5
5. De1 (al paso) , ganando.
4
Si 5. Rg2, . . . pod ría seg u i r 5 . . . . , 4. Tx f6!, Rg7
Ce3 + 6. R x h3, C x d 1 (no 6. 3 El lector está en cond iciones de
f x e3, D x g3 y mate) ; en ese encontrar la j ugada ganadora
caso las b l ancas q u ed arían con d e l b l anco si se h u b iese j ugado
vari as pi ezas por l a dama, pero 4 . . . . , A x f6 ; después de 5. Dc2 ! ,
a b e e g
el rey estaría de todos modos . . . el m ate en h7 es i n evitab le
m uy exp u esto. Las negras porq ue el alfi l i m pide el avance
J uegan blan cas
pod rían tam b i é n j u gar 5 . . . . , del peón negro de «f» , como en
Tx g3 + , seg u i d a de Ce3 + , o el ejemplo N? 1 .
Esta posición se d i o en u n a 5. Dd3!, h 5
b i e n forzar las tab las por medio
partida entre M i kenas (1 910), u n N o era posible 5 . . . . , R x f6 6.
de 5 . . . . , Th2 + 6. Rg1 , Th3.
g ran j u g ador d e ataq ue nacido Cg4 + , Re? (6 . . . . , Rg7 7.
5. . . . , 0-0-0
en Esto n i a , y Lebed ev, D h7+ + ) 7. Dd6 + + . Cl aro q u e si
6. d 5, . . .
d isp utad a en 1 941 . Las neg ras 5 . . . . A x f6 6. D h7+ + . La j ugada
U n a reacción central q u e l l ega
han comenzado u n a ofens iva del texto trata de i m ped i r el
tarde.
ant i posicional contra el e n roque j aq u e de caballo e n g4 y ataca,
6. . . . , Td h 8
blanco, y éste responderá con por consi g u i ente, la to rre.
La posición de las neg ras es
u n fu l m i n ante contraataq ue 6. h4!, . . .
d o m i n ante ; e l «cantó n » ha
centra l . E l lecto r, estudiando la El i n i cio de u n a b e l l ísi m a
servido para abrir u n a herida e n
posición , tratará de e n contrar com b i n ación de mate.
e l e n roq ue blanco q u e, tarde o
los pos i b les cam i nos que l as 6. . . . , R x f6
te m p rano, le dará la victoria.
blancas pueden seg u i r, Cg4 + !! , h x g4
Vamos a ver cómo concl uyó l a
te n i endo presente la estrategia 8. Aes + y mate.
partida (Bauzá-Maizteg u i , 1 961 ) ,
básica (contraataq u e ce ntral);
porq ue res u lta m uy i n structivo :
pero adel antamos q u e es m uy
7. Cb5, e x d5!!
d ifíc i l q u e pueda enco ntrar e l
8. Ad 3, . . .
p roced i m i e nto de M i kenas, m uy
S i 8 . C x c?, d x c4 y e l mate con
d ifíc i l y preciso. S i n e m bargo,
Th1 + y T8-h 2 + + es i n evitable.
s u bel leza y su cal idad no sólo
E l alfil de b7 clava al cabal lo
h arán las delicias del estudioso,
defe nsor de f3.
s i n o q u e le permitirán m ejorar
8. . . . , d x c4
s i n d uda su propia h a b i l idad
9. Ae4, A x e4
com b i n ativa.
La dama ha q u edado
1 . f4!!, . . .
«Sobrecargada» en la defe nsa
¡Ataq ue a l centro ! L a idea
del alfi l de e4 y el peón de g3,
estratégica está cl ara, pero a b e d e g h
lo que perm ite el m ate.
h u bo q u e calc u l ar m u c h o y muy
1 0. D x e4, D x g3 + !
bien para tener la ce rteza de
1 1 . f x g3, Tx g 3 + +
q u e el ataq ue co m pen saría el P. ej . , 8 . . . . , Rxe5 9. Dd4+ + ,
material q u e se sacrifica. o b i e n 8. . . . , Re? 9. Dd 6 + + .

258
EJ E RC I C I OS 27

Problema 1 defi ende los pos i b les m ates e n Problema 4


g 7 ( p o r medio de 1 . Af6) , y el
cabal lo de c5 ataca el alfi l de
8
d3, de modo que la amenaza de
m ate en h7 por medio de 1 . e5,
6 fracasa por 1 . . . . , C x d3. S i n
e m bargo, hay u n proced i m i ento
5
ganador q u e el lecto r puede
4
encontrar si to ma e n cuenta los
3 modelos de los ej e m p los 1 y 3.

Problema 3
a b e d e g h a b e d e g h

J uegan blancas 8 J ue g a n n e g ras

7
Las p i ezas central izadas de las Las blancas hqn avanzado su
6
b l n acas ej ercen su máx i m o peó n de «a» a 3; han evitado su
poder; aprovec hando e l capt u ra por el alfi l de las
«Cantón» de c6, las blancas, s i n negras, pero han creado u n
movi l izar sus peones, logran 3 pe l i g roso «cantó n » sobre s u
adj u d i carse la victoria de 2
e n roque. ¿Có mo aprovecharlo?
manera i n med i ata.

a b e d e g h
Problema 5
Problema 2
J u egan b l a n cas

La posición del e n roq u e de las


7 neg ras está m uy d eb i l itada,
porq ue las cas i l las negras están
5
e n poder de la dama blanca. E l
caballo de f 6 s e e n c u e ntra
4
clavado y no h ay pos i b i l id ades
i n mediatas de desclavarlo.
2 ¿Có mo deben conti n u ar las
blancas para exp l otar sus a b e d e. g h

a b e d e h
ventaj as?
g

J uegan b l a ncas
J uegan b l a n cas
Las negras acaban de atacar la
En la posición del d i ag rama, las dama adve rsaria, pero
blancas conducen u n fuerte deb i l itando su e n roque. Las
ataq u e sobre el e n roq ue, pero b l ancas sacan provec ho de esta
los rec u rsos de defensa son temeraria fo rma de j u gar por
considerables; e l alfil de d8 medio de u n sacrificio de dama.
SO LU C I O N ES 27

Solución 1 Solución 3 ganando l a dama.) 6. f x e 5,


b x c3 7. b x c3, . . . ( ú n ica para
La d e b i l idad en c6 perm ite u n Lo correcto es avanzar los i ntentar la fuga) 7. . , Ag4!
fu l m i n ante m ate e n dos: 1 . peon es del flanco de rey, para 8. Dh4 (si 8. D x g4, A h 6 +
D x c6 + , b x c6 2 . Aa6 + + atacar el caballo clavado : 1 . g4, ganando) 8 . . . . , h 5 ! 9 . Cf3,
h 6 2 . h4, g5 ( ú n ica) 3. h x g 5, Ah6 + 1 0. Td2 , D x c3 y m ate.
h x g5 4. Tf5, Rg6 5. Ad3, Ce4
8 6. Dc4, Cd6 7. Tx f7+ y
ganan . (Smislov-Alatorzev,
M osc ú , 1 946) .

4 8

3 7

a b e d e g h

Solución 2 2

Solución 5
1 . Af6!, . . . (am enazando mate a b e d e g h

en g7) , 1 . . . . , A x f6 (ahora el La acción de la torre por


alfil está, como en el caso de delante de la cadena perm ite
los ej e m p los 1 y 3, por del ante Solución 4 un ráp ido final : 1 . A x f6, g x h 4
de su peón de «f» , lo q u e i m pide (s i 1 . . , A x f6 2 . D x h 6,
. .

la j ugada defensiva f5 y dej a Las neg ras deben avanzar


ganando) 2 . Tx g7+ , Rf8 (2 . . . . ,
i n d efenso el p u nto h7) 2 . e5, rápidamente sus peones del
R h 8 3. Th7+ , Rg8 4. Th8 + + ) 3.
C x d3 3. e x f6 y mate en g7. flanco d e dama, para
Th7 y mate.
aprovechar el «Cantó n» de
rupt u ra y abri r l íneas: 1 . . . . , b 5
2 . e 4 , T b 8 (Si 2 . . . , b4 3. Ab5;
.

ahora las blancas están


7
i nermes contra b4) 3. A x f6,
g x f6 4. D h 5, Ce5! (re n u eva la

5 amenaza b4) 5 . f4, b 4


4
(am enaza ahora 6 . . . . , Cd3 + ,

a b e d e g h a b e d e

260
U N I DAD 28
Continuando con el tema iniciado en l a unidad
anterior, aquí se estudia el ataque al enroque. Se verán
ej emplos de ataques dirigidos contra el punto h7 (h2) ,
con especial atención al clásico sacrificio de alfil en
esa casilla y sus variaciones: agresión al rey con dama D Los ataques al
y caballo, con dama y torre, etcétera. Luego se enroque (1 1)
estudian los sacrificios de otras piezas sobre h7 y los • Ataq u es sobre e l
p e ó n de torre de rey
temas de ataque que tienen con obj etivo el punto g7 .
• Ataq u es sobre e l
p u nto g7
D Resumen
• U n idades 27 y 28
D Partidas famosas
• C u ñ a d e acero.
S kara, 1 980
D Ejercicios
• Ej em plos y p rob l e m as
D Soluciones
Los ataques al
enroque (11)
Ataques sobre el peón d e torre d e rey

Cuando se ataca el enroque corto del adversario, el punto h7 de


las negras (o h2 de las blancas) debe ser obj eto de especial aten­
ción. Así como, cuando el rey aún no ha enrocado, el punto de aten­
ción debe ser f7 , porquecsólo está defendido por el rey; una vez que
el bando defensor ha realizado el enroque corto, el punto más débil
suele ser ese h2 o h7 . En los ej emplos y ej ercicios que hemos anali­
zado en la unidad anterior, vimos algunos casos en los que el ban­
do atacante lograba la victoria haciendo converger sus fuerzas so­
bre el peón de la torre del rey; ese punto es esencial no sólo porque
suele tener al monarca como único defensor, sino también porque
las piezas del bando atacante, desde sus emplazamientos naturales,
apuntan a dicha casilla. Lo hacen el alfil desde d3 o d6, la dama
que va al ataque a h5 (o h4) y el caballo que salta a g5 (o g4) .

Para q u e u n ataque al e n roque tenga máxima efectividad, hay


q u e estar dispuesto a sacrificar m aterial. Es raro que en u n a par·
tida entre j ugado res d e c i e rta fuerza , pueda a r rasarse la posi·
ción de u n e n roque sin afrontar e l riesgo de a l g u n a entrega.

Desmante l a r al rey por medio de sacrificios para l u eg o acosar­


lo con las p i ezas supervivientes suele ser e l procedi m i e nto ade·
c uado para obte n e r la victoria por ataque d i recto. E l sac rificio
es e l elemento más c reativo del ajedrez, aquel q u e estim u l a m ás
la i maginación y la capacidad de cálculo d e l j u gador, aquel q u e
e n c i erra más be lleza.

Es importante, debido a lo dicho anteriormente, familiarizarse con


los más clásicos procedimientos de ataque con sacrificios; por lo
tanto es fundamental comenzar a dominarlos paso a paso, pues en
este punto sólo se puede ser cre ativo a partir del conocimiento pro­
fundo de los procedimientos clásicos . En temas combinativos, ade­
más, la propia capacidad se ve considerablemente reforzada por la
cantidad de ej emplos que S €1 conocen .

262
Los ataques al enroque (JI)

El sacrificio del alfil


Sin duda, el recurso de ataque con sacrificio más clásico contra un
enroque corto es el que implica la entrega de un alfil en h7 (o h2) .
Vamos a ver un caso típico:

Posición de partida

En esta posición, derivada de una defensa francesa (evidentemente


j ugada por las negras de manera incorrecta) , las blancas destruyen
rápidamente la posición del enroque negro. a b e d e g h

Lo consiguen con el sacrificio del alfil en h7 .

l. A x h7 + , R x h7
2. CgS + , Rg8 6

3. DhS, . . . 5

3
É ste es el esquema clásico del sacrificio; la dama y el caballo atena­
zan al rey negro, amenazando mate en h7 . Las negras no pueden
defender ese punto (3 . . . . , Cf6 4 . e x f6) , de modo que deben tra­
tar de escapar con su rey. a b e d e g h

Al intentarlo, tienen que abandonar la custodia del punto f7 , lo que


les resultará fatal .

3 . .. . , Te8 6 . Dh7 + , Rf8 6

4. D x f7 + , Rh8 7. Dh8 + , Re7 5


S. DhS + , Rg8 8. D x g7 + +
4

3
Este ej emplo es la madre de todas las variantes basadas en el sacri­
ficio del alfil en h7 . En vez de mover el rey a g8 en su j ugada 2,
las negras pudieron haber j ugado 2 . . . . , Rg6; pero su situación se­
ría de todas formas muy comprometida. a b e d e

Volvamos a la posición de partida.

l . A x h7 + , R x h7 3. D g 4 , . . . 3 . .. . , fS
2. CgS + , Rg6 A n te la amenaza de 4. Dg3 , . . .
Claro que 2 , Rh6
. ... jaque descubierto, las
costaría la dama negras disponen sólo
después de 3. C x e6 + de un recurso

No sería conveniente 4 . e x f6 (al paso) , pues el rey obtendría vías


de escape; el peón de e5 es fundamental en el ataque blanco. a b e d e

263
Los ataques al enroque (JI)

Ahora, ¿qué j ugar con las negras ? El intento de huir con el rey por
medio de 4 . . . . , Rh5 es evidentemente disparatado: 5. Dh3 + , Rg6
6. Dh7 + + . Es necesario, entonces, retirar la dama para no perderla:
6

4 . . . ., De7 6. hS + , Tx hS 5
5. h4, . . . 7. Tx hS, R x hS
4
La amenaza 6. h 5 + 8. Dh3 + y mate
3
es decisiva
5 . . ., Th8
.

Ahora es muy importante observar los elementos constitutivos de


este ataque temático. Los veremos en el siguiente recuadro. a b e d e g h

1 ) E l bando agresor debe ten e r u n alfil e n l a diagonal b1 ·h7, un


caballo en f3 y la dama e n d1 o e2; el pu nto h7 de las negras debe
estar d efendido sólo por el rey (no puede haber u n caballo e n f6).
2) E l salto d e caballo a gS debe estar p rotegido por un alfil en
c1 o un peón e n h4; es i m p o rtante l a falta del alfil n e g ro d e e7,
q u e controla este salto.
3) Es i m p o rtantísi m o el peón en es, que i m pide la p resencia de
un caballo e n f6 y q uita casillas fundamentales al rey. En el ejem·
p l o q u e h e m os visto, si e l peón n o estuviese e n es, e l sacrificio
sería falso, pues después d e 3. D h S, Cf6 defi e n d e todo.

Si se dan todos estos elementos, el ataque es casi siempre ganador.


Pero hay que calcular cuidadosamente las posibilidades de la de-
fensa, especialmente cuando el rey va a g6. Volvamos con otro
ej emplo. 6

5
Posición de partida
4

La posición es similar a la anterior, pero las diferencias son impor-


tantes . No hay peón en e5 y el negro conserva su alfil de casillas
negras . a e d e g

En este caso, el salto de caballo a g5 está protegido por el peón de


h4, que tiene detrás de sí una ansiosa torre.

l. A x h7 + , R x h7 6

2. CgS + , . . . 5

Primera diferencia; el rey puede ir a h6, pues no hay descubierta


de alfil . a b e d e g h

264
Los ataques al enroque (11)

Vamos a ver primero qué pasa si el monarca se refugia en g 8 .

2 . . . . , Rg8
3. DhS, . . .

Ahora el cambio 3 . . . . Ax g5 4 . h x g5 , f6 5. g6 sería suicida. a b e d e f g h

Hay que dej ar paso al rey.

3 . .. . , Te8 5 . Dg6, Rg8


4. D x f7 + , Rh8

Lo más prudente para las blancas es conformarse con las tablas por
j aque perpetuo; si 6. Dh7 + , Rf8 7. Dh8 + , Re7 , el ataque no pros­
pera, y si 6 . Cf7 , De7 7. Ch6 + , Rf8 y tampoco hay nada. Puede,
es cierto, j ugarse 6 . Cd2-f3 , con idea de seguir, por ej emplo, con
h5 y h6; pero es muy probable que las negras logren defenderse y
conserven su ventaj a material . a b e d e f g h

¿Podían las negras tratar de ganar j ugando 2 . . . . , Rh6? Volvamos


a la anterior posición de partida.

l. A x h7 + , R x h7 6

2. CgS + , Rh6 5

Las blancas no tienen ahora manera inmediata de continuar su


ataque. a b e d e g h

Sin embargo, la posición del rey negro no es confortable, y el blan­


co puede tratar de sacar partido de ello:

3. Dc2, ... 6

Con la amenaza Dh7 + + ; la jugada es fuerte, ya que las negras no


pueden j ugar 3 . . . . , Th8 por 4 . C X f7 + . a b e d e f g h

265
Los ataques al enroque (JI)

Tampoco es recomendable 3 . . . . , A x g5 4. h x g5 + , R x g5 y el rey


negro está muy expuesto.

3 . .. . , g6 5. h5, A x g5 7. Th7 + , Rg8 6

4. C2-f3 , De7 6. h x g6 + , Rg7 8. Re2 5

4
Y el ataque es muy potente. Sin duda, el j uego de ambos bandos
3
se puede mej orar, pero el obj etivo de este estudio es mostrar temas
de ataque. Como se ha visto, el sacrificio en h7 no siempre es gana­
dor y resulta de la mayor importancia calcular con exactitud las po­
sibilidades defensivas . a b e d e g h

La dama y la torre en la columna «h»


Presentamos un ej emplo de esta poderosísima conj unción de piezas.

Posición de partida

Otra posibilidad de ataque en base al sacrificio en h7 se da cuando


el bando agresor puede montar un ataque con la dama y la torre
en la columna «h» . En estos casos, si el blanco dispone de un peón
en g5 , el ataque suele ser ganador, pues cuando el rey blanco trata
de huir por f7 , el bando atacante j uega g6 y crea una red de mate. a b e d e g h

Un ej emplo de este caso lo vimos en la posición de partida de la


página 264; volvamos a ella por un instante:

l . A x h7 + , R x h7
2. Cg5 + , A x g5 ?
3 . h x g5 + , Rg8
4. Dh5, f6
5 . g6

Y el mate es inevitable. a b e d e g h

Si no hay un peón que pueda ir a g5 , el rey puede escapar vía f7 ,


y el sacrificio se vuelve sumamente dudoso. En el caso del diagra-
ma de la anterior posición de partida, sin embargo, el ataque resul-
ta efectivo porque el blanco tiene tiempo de colocar la torre delan- 6

te de su dama. Ello es posible porque las piezas negras están muy


alej adas de su rey, lo que dej a al enroque bastante desguarnecido. 4
Veamos lo que se produce en la posición de partida estudiada en
3
esta página.

l . A x h7 + , R x h7
a b e d e g h

266
Los ataques al enroque (JI)

El negro, por supuesto, puede j ugar l . . . . , Rf8 , pero, con un peón


de menos y su enroque destrozado, no tendría un porvenir nada
halagüeño.

2. Th3 + , Rg8
A hora no hay opción; si 2. .., Rg6 3. Dh5 + +
.

3. Dh5, . . .

Se amenaza mate en h8; el negro no puede huir por f8 , pues su alfil


de e7 le impide la retirada. a b e d e g h

Por ello debe j ugar 3 . . . . , f6 o 3 . . . . , f5 .

3 . . . . , f6
A hora el blanco realizará un cambio en el orden 6

de sus fuerzas de ataque 5


4. Dg6 ! , Dc7
4

No hay j ugada buena. Si 4 . . . . , f x e5 , para j ugar a 5 . Th7 , Af6 y


huir por f8 y e7, el blanco j ugaría 5 . D x e6 + y mate. a b e d e g h

Las blancas comienzan a ultimar su plan .

5. Th7, . . .
A m enazando mate e n g 7 6

5 . . .. , Af8 5
6. Dh5
4

Y el mate es inevitable. Si las negras retiraban su alfil a c5 , preten-


diendo devolver la pieza para poder escapar por e7, el blanco gana-
ba inmediatamente con 6. e x f6 . a b e d e g h

Esta maniobra es extraordinariamente instructiva; en los ataques


por la columna «h» con dama y torre, es conven ien te que la dama
esté detrás de la torre; ésta amenaza el mate, y la otra quita casillas
de escape.

E l estudiante ha de considera r que la m a n io bra d e pasar la torre


d e l a nte de la d a m a es m uy pesad a , y q u e sólo es posible cuan­
do las pi ezas d e l bando defensor, c o m o e n este caso, se h a l l a n
m u y desplazadas d e l escenario d e la l u c h a .

267
Los ataques al enroque (JI)

Ataque simultáneo sobre h7 y f7 (o h2 y f2)


Este tema se produce con bastante frecuencia en el j uego.

Posición de partida
6

4
Es otro tema clásico de sacrificio en h7 , al que se llega cuando el 3
bando atacante tiene un caballo en e5 , y además puede pasar con
su dama a h5 y el negro ha desguarnecido el punto f7 de su enro­
que. En este caso, el atacante cuenta con la ventaj a de que las ta­
blas están aseguradas. a b e d e g h

Veamos el desenlace de esta partida.

l . A x h7 + , R x h7
2. DhS + , Rg8
3. D x f7 + , . . .

É sta es la posición clave; las blancas han sacrificado una pieza, pero
han capturado dos peones del enroque negro y tienen las tablas ase­
guradas (3 . . . . , Rh8 4. Dh5 + , Rg8 5 . Df7 + , etc.) . a b e d e

Sin embargo, en este caso concreto l a cosa e s más grave:

3 . .. . , Rh8
4. Tf3 6

Y las blancas ganan con facilidad . a b e d e g h

También en este caso hay que calcular con precisión la situación


concreta del tablero, que casi siempre presenta diferencias con la
de los ej emplos. Si el peón blanco estuviera en f2, o la torre blanca
no estuviese en fl , la cosa sería muy distinta. De todas formas , los
elementos constitutivos del tema de ataque, son:
1 ) El bando atacan te debe tener un caballo en e5 y la posibilidad
de pasar con su dama a h5.
2) El negro debe tener indefensos los pun tos h 7 y /7.
3) Para que el ataque sea ganador, es necesario disponer de alguna
o tra pieza que colabore en él,· de lo con trario, el bando agresor sólo
podrá alcanzar las tabkzs.

268
Los ataques al enroque (JI)

El sacrificio de alfil en h7 es una de las princi pales a r m as de ata·


q u e c o ntra u n a posición n o r m a l d e e n roque. El alfil se sacrifica
para permitir la i nvasión d e la dama y u n caballo, o d e l a d a m a
y un a torre, a través d e la c o l u m n a . . h .. . E n todos los casos, e s
necesario c a l c u l a r con precisión los posibles recu rsos d e l a d e ·
te nsa, pues u n m ín i m o deta l l e dete r m i n a la corrección o i n c o ·
rrección d e l sacrificio. Como reg l a g e n e r a l , l a presen c i a d e u n
p e ó n e n e5 favo rece el b a n d o ag reso r, m i e ntras q u e u n a l f i l e n
e 7 suele benefi c i a r al defensor. Cuando el ata q u e se realiza con
la d a m a y l a to rre, es i m p o rtante procurar q u e la torre q u e d e de·
lante de la d a m a .

Sacrificios de otras piezas sobre h7


El punto h7 es, a veces, obj etivo -de otras piezas ; veamos algunos
ej emplos:
6

Posición de partida 5

En esta posición, las blancas fuerzan el mate mediante un elegante


sacrificio. a b e d e g h

El sacrificio es el máximo, el de la dama, y se produce en h7 .

l. D x h7 + ! , R x h7
2. Th5 + , . . .
El alfil de d3 clava e l peón de g 6 y permite
este jaque decisivo
2 . . . . , Rg8
3. Th8 + +

El sacrificio ha tenido su máxima y rápida recompensa. a b e d e g h

El siguiente ej emplo de sacrificio en h7 es más complej o y posee


gran belleza.

Posición de partida 6

Se trata de una partida viva, en la que las blancas eran conducidas


por el maestro argentino Fernando Casas . a b e d e g h

269
G arry PA R TIDA S .
Ki m ovich
Kasparov Cuña de acero
(j uventud)
Partida j ugada en Skara, 1980
El considerado no solamente
mejor jugador del mundo en la
Blancas: Kasparov
actualidad, sino mejor cerebro
Negras: Prybil
ajedrecístico entre los hombres
de cualquier época (según ta­
blas estadísticas y criterios ob­
l. d4, Cf6 peón pasado que, como una
jetivos), es decir el campeón del
2. c4, g6 cuña de acero, se introducirá
mundo y director de este Cur­
3. Cc3, d5 en el campo del enemigo di­
so, Garry Kasparov, nació el 13
vidiéndolo en dos y desorga­
de abril de 1963 en Bakú (ca­
Kasparov debe enfrentarse, esta nizándolo.
pital de la República soviética
vez con blancas , a la defensa
de Azerbaiján, en el Cáucaso,
Gruenfeld, que él mismo suele 9 . . . . , 0-0
de población predominantemen­
practicar con negras asidua­ 10. 0-0, Aa6
te musulmana, si bien es hijo
mente, hasta el extremo de ser 1 1 . A x a6, C x a6
de padre judío y madre arme­
considerado, en esta como en 12. Da4, Dc8
nia). Al quedar sin su padre (de
otras líneas, el principal exper­ 13. Ag5, Db7
apellido Weinstein) siendo Garry
to existente. 14. Tf-el , e6
muy pequeño, adoptó el apellido
15. Ta-bl, c5
de su madre (Kasparian) aun-
4. c x d5 , C x d5 16. d5, . . .
que esta creyó conveniente ru­
5. e4, C x c3
sificar/o en la forma Kasparov
6. b x c3, Ag7
para posibilitar una mejor inte­
7. Cf3 , b6
gración de su hijo en la socie­
8. Ab5 + , c6
dad soviética. Clara Kasparian
9. Ac4, . . .
ha sido y en parte se puede de­
cir que aún es una figura cla­
Aparentemente, este alfil ha
ve en la carrera ajedrecística de
perdido una jugada (podía ha­
su hijo. Esta mujer culta, elegan­
ber movido directamente a c4) .
te y, sobre todo, de tremenda
El motivo es el siguiente: en
energía, le apoyó y alentó desde
esta defensa, las negras atacan
el primer momento para llegar
a distancia el centro de peo­
a lo más alto y ha estado a su a e d e g h
nes de las blancas por medio
lado en momentos clave, inclu­
de sus piezas menores, en par­ 1
yendo campeonatos del mun­
ticular los alfiles situados en Cuando las negras han j uga-
do. Cuando aquel muchacho de
g7 y b7. Ahora, tras haber te­ do por fin el contragolpe cen­
12 años derrotaba a los mejo­
nido que jugar c6, el alfil desde tral c5 , las blancas han po­
res juveniles de la URSS (mu­
b7 no estará todavía atacan­ dido responder ya con un sa­
chos de ellos son hoy fuertes
do el peón de e4. Esta peque­ crificio de peón para valori­
y grandes maestros internacio­
ña sutileza da tiempo para ju­ zar el fuerte peón pasado que
nales), estaba claro que allí
gar Ac4 y d5 , con lo cual las ganará el j uego.
«había madera de campeón».
blancas acabarán creando en
Cuando a los catorce años ese
la columna «d» su poderoso
chico ya no tenía rival entre los
.--.. menores de 17 en el mundo, ob­
tuvo su primer título universa/.

270
' FA MO SA S
16 . . . . , A x c3 nazando Df8 + + ), 28 . . . ., Dd5
17. Te-dl, e x d5 (única defensa) 29 . D x d5 ,
1 8 . e x d5 , Ag7 C x d5 30. Tdl , ganando el alfil
19. d6, . . . o el caballlo.

La cuña se ha introducido has­ 27. Dc3 + , Rg8


ta el fondo en pleno centro de 28. Td7, . . .
la posición negra . La amena­
za de coronación del peón es Amenazando Dg7 + +
sólo uno de sus posibles efec­
tos . La dispersión, desviación 28 . . . . , Af6
y descoordinación general de 29. Dc4 + , Rh8 G arry Kasparov, campeón
los efectivos negros por cul­ 30. Df4, . . . del m u ndo y d i rector de este
C u rso Completo de Aj edrez.
pa de esa acerada cuña son to­
davía más importantes que la Doble ataque al caballo cla­
Y sus primeros contactos con
promoción a dama. vado, ganando pieza cuando
el ajedrez «adulto» no fueron
menos .
nada malos. En el Campeona­
19 . . . . , f6
to de la URSS de 1978 cayeron
20. d7, . . . 3 0 . . .. , Da6
jugadores cada vez más fuer­
tes, como Betia vsky, Polu­
Y ahora el j oven prodigio sa­ El último errror. 30 . . . . , Ag7
gaievsky, Kuzmin o Dorfman. Al
crifica tranquilamente una pie­ 3 1 . D x c7, D x c7 32. Tx c7 , a5
año siguiente, entre otros, mor­
za para abrir líneas de ataque resistirá mucho más.
dieron el polvo Yusupov, Alburt,
contra el enroque negro.
Sveshnikov, Dolmatov o Vaga­
3 1 . Dh6 !
nian. Y en medio, en el torneo
20 . . . . , f x g5
internacional de Banja Luka,
2 1 . Dc4 + , Rh8
Kasparov se integró definitiva­
22. C X g5 , Af6 8
mente en la élite mundial, con­
23. Ce6, Cc7
siguiendo la norma de gran
24. C x f8, Tx f8
maestro. Cuando en 1980, por
25. Td6, Ae7
tanto, la selección soviética par­
26. d8 = D ! , . . .
ticipó en la ciudad sueca de
Skara en el campeonato de
Y este es el fin del peón, trans­
Europa de selecciones, aquel
formarse en una dama efíme­
joven era ya conocido amplia­
ra, que morirá joven, pero que,
mente por todas las naciones
con su sacrificio, dará lugar
a b e d e g
contendientes en Skara, pero la
a un despej e de la fila 7 para
excepcional actuación que tuvo
crear amenazas de mate, lo
en aquel torneo y sobre todo la
cual permitirá recuperar el ma­ Y las negras tuvieron que ren­
brillantez de sus triunfos quizá
terial con creces . dirse, pues tras esta j ugada re­
no hubieran sido pronosticados
cibirán mate.
aún por esos escépticos que
26 . . . . , A x d8
siempre intentan tardar lo más
posible antes de reconocer las
Si 26 . . . . , Tx d8 entonces 27 .
figuras emergentes. Pues bien,
Tx d8 + , A x d8 28. Df7 (ame-
aun para ellos, tras Skara-80 no
podría quedar ya ni una duda
razonable.

271
Los ataques al enroque (JI)

La primera j ugada de las blancas es más malévola de lo que parece.

l. h4 ! , Das +
6

Había que retirar el alfil; este j aque, que parece muy fuerte, pierde
inmediatamente. a b e d e g h

Ahora se van a ver las intenciones de Fernando Casas .

2. b4 ! , c x b4
3. D x h7 + ! ! , R x h7
4. h x gS + , Rg6
5. Ce7 + +

Por supuesto, 4 . . . . , Rg8 llevaba al mismo resultado. a b e d e g h

Los sacrificios sobre e l p u nto h7 están p resentes c o n m u c h ísi·


m a frec u e n c i a cuando se real iza u n ataq ue a l e n ro q u e. E n gene­
ra l , perm iten u n a i nvasión m o rtífera por l a c o l u m n a cch » , o fac i l i ·
t a n la g a n a n c i a d e t i e m p o p a r a atacar otros pu ntos d e l e n ro q u e.
Como todo sacrificio, deben esta r basados en el control del cen­
tro -suele ser m uy conve n i e nte ten e r u n peón apoyado e n e5-
y exi g e n u n cálculo p rec iso, pues aunque se conozca el tem a
del ataque, u n a pequeña d iferencia c o n el modelo conocido pue­
d e ser fatal .

Ataq ues sobre el pu nto g7


En el enroque corto, que es el más habitual , el rey pasa a ocupar
la casilla g8 . El cuadro g7, que tiene inmediatamente delante, es vi­
tal . El bando blanco ha de procurar la presión sobre dicho cuadro
g7 (o bien g2, en el caso del ataque de las negras) . 6

5
Posición de partida
4

En la posición del diagrama, la debilidad del punto g7 del enroque


de las negras y la posición indefensa de la dama permiten a las blan­
cas una maniobra ganadora. a b e d e g h

272
Los ataques al enroque (Il)

Observemos cómo se dirige dicha maniobra .

l. Dg4, .. . 2. Ch6 + , Rh8


A m enaza mate en g7 3. D x d7 6

l . .. . , f6 5
Lo mismo sucede si se
4
juega l. ..., g6
3
Este sencillo ej emplo muestra algunos elementos característicos del
ataque sobre el punto g7 del enroque enemigo. Por lo general, cuando
el ataque se realiza con dama o torre, además del punto concreto
g7, se atacan las casillas h6 o f 6, pues el peón de g7 queda clavado. a b e d e g h

Con mucha frecuencia, el ataque sobre g7 se basa en la j ugada Dg4,


que actúa en colaboración con un alfil de casillas negras, o un ca­
ballo en f5 . Para que estas maniobras sean posibles, es necesario
que no exista el caballo defensor de f6, por lo que ayuda mucho
(como en los casos anteriores de ataque sobre h7) tener un peón
en e5 .

Posición de partida

Este ej emplo es elemental, pero se necesita conocerlo. a b e d e g h

La presión de la dama sobre el punto g7 permite el logro de una


inmediata ventaj a:

l . Ah6, . . .
Amenaza mate. Las negras han de jugar J . ..., g6,
perdiendo la calidad
l . .. . , g6
2. Dh4, . . .

Ahora se amenaza 3. Df6, con mate inevitable en g7 . a b e d e g h

Para impedirlo, las negras han de perder calidad .


8

2 . . .. , f6
3. A x f8 , Tx f8 6

4. e x f6 5

4
Con ventaj a ganadora. Este ej emplo es, como señalábamos, elemen-
3
tal; pero contiene una serie de elementos típicos de los ataques so-
bre g7 . Cuando la dama y el alfil de casillas negras actúan sobre
el punto g7 , suele ser inevitable la j ugada l. . . . , g6, que origina una
seria debilidad en el enroque y crea temas de mate. a b e d e g h

273
Los ataques al enroque (JI)

Los ataques sobre g7 se ven favorecidos cuando el bando defensor


carece del alfil de casillas negras , que puede cumplir importantísi­
mas funciones defensivas sobre el punto atacado. Un nuevo ej emplo:

Posición de partida

En esta posición, la lej anía de las piezas negras permite a las blan­
cas desarrollar un decisivo ataque sobre g7 . a b e d e f g h

El desarrollo es laborioso, pero de efectos fulminantes .

l . Af6 ! , g x f6

Claro que si l . . . . , g6 2 . Dh6 y mate; se amenazaba 2 . Dg5 y mate,


de manera que la única alternativa a la captura del texto era l . . . . , h6. a b e d e f g h

Pero después de 2 . Te3 el ataque es tremendo: 2 . . . . , g X f6 3 . Tg3 + ,


Rh8 4 . D x h6, ganando.

2. Dh6, fxeS
3. Te3 , .. .

Un pasaj e decisivo; la amenaza 4 . Tg3 + + no puede neutralizarse


adecuadamente. a b e d e f g h

Prosiguen las negras, pero sin expectativas optimistas .

3 . . . . , fS
4. Tg3 + , Rf7 6

5. Tg7 + , Re8 5
6. DhS + , Rd8
4
7. DgS + y mate
3

Si en vez de 3 . . . . , f5 las negras hubieran j ugado 3 . . . . , f6, su causa


estaba igualmente perdida: 4 . Tg3 + , Rf7 5. Tg7 + , Re8 6. d x e5 ,
con posición ganadora. a b e d e f g h

274
Los ataques al enroque (ll)

En la posición del diagrama, las blancas tienen un peón de menos,


pero sus piezas están en excelentes condiciones para atacar el enro­
que negro, pues las fuerzas de este bando se hallan muy desplaza­
das en su flanco de dama. Pero, ¿cómo j ugar ?

Posición d e partida

La dama no puede saltar a g 5 , por el alfil de d 8 , y l. Dg3 , . . . sería


respondida por l . . . . , Af6 .

Sin embargo, hay demasiadas piezas sobre el rey:

l. Dh6 ! , . . .

Amenazando mate en g7 . Si l . .. . , g X h6 2. Tg3 + , Ag5 3. C X h6 + + .


Si l . . . . , Af6 2 . D x f6 ! , g x f6 3 . Tg3 + , Rh8 4 . A x f6 + + . a b e d e

Ante esta complicada situación, las negras se deciden por el siguiente


movimiento :

l . .. . , D x f5
2. D x g7 + ! ! , . . .
Un remate realmente espectacular
2 . .. . , R x g7
3. Tg3 + , . . .

Es j aque doble, de alfil y de dama

El rey negro sólo tiene el recurso de huir:


8

3 . .. . , Rh6
4. Ag7 + + 6

Ha sido un último y brillante ej emplo de ataque sobre el cuadro g7 . a b e d e f g h

275
Los ataques al enroque (JI)

Los ataques sobre el pu nto g7 suelen desarro l l a rse con la d a m a


o u n a torre e n la c o l u m n a .. g . . , acompañada por e l a l f i l de casi­
l l as n e g ras o u n caballo e n f5; si a las n e g ras les falta e l alfil d e
casi l l as n e g ras, las posi b i l i d ades d e l atacante se fortalece n .
Cuando l a s n e g ras, para defende rse, s e ve n obligadas a avanzar
su peón d e g7 a g 6, aparecen por l o g e n e ral te m as d e m ate e n
g7. Los ataques sobre g7 son espec i a l m ente p e l i g rosos, pues el
peón de esta casi l l a , además de estar atacado, suele quedar cla­
vado, lo q u e perm ite el acceso de las pi ezas ag reso ras a h6 o f6.

RESU M E N : U n idades 27 y 2 8

D Estas dos u n idades com ienzan e l desarro l l o d e u n tema fu ndamental: l o s


ataq ues d i rectos al enroque, u n o de los proced i m ientos b á s i c o s para
l o g ra r l a victoria en u n a part i d a de aje d rez.

• En la u n i d ad 27 se est u d i an los ataq ues en los q ue l as torres partici pan pasando por
d e lante d e l as cad e n as d e peones, y los ataq ues e n los que e l bando ag resor lanza
sus peo n es adelante, co n e l obj etivo de exp u lsar l as pi ezas e n e m i g as y abri r l ín eas
para l as p ropias (por lo general , en parti das con e n roq u es o p uestos) .

• E n l a u n i d ad 28 se anal i zan de manera particu lar los ataq ues de sacrificio sobre e l
p u nto h7 (h2) , e n especial el del alfi l y s u s d iversas modal idades, y se com ienza e l
est u d i o d e l o s ataq ues q u e tienen c o m o obj etivo e l p u nto g 7 (g2) .

C u ando existe auténtica afición ,


c u alq u i e r momento y cualq u ier
l ugar son b u e n os para h acer
una partida de aj edrez. Y m ás
si se sie nte la pasión por este
j u ego q u e existe en la E u ropa
central y oriental . La i m agen de
esta pág i n a fue to mada e n
B u dapest , la cap ital h ú n gara.

276
EJ E RCICIOS 28

Ejemplo 1 Peor sería, desde l u ego, 3 . . . . , Ejemplo 2


f5, pues l a dama pod ría tam bién
actuar por l as cas i l las negras.
Ahora el rey negro d ispone de
la cas i l l a f7 para escapar.
¿Cómo cont i n uará el b l anco su
ataq ue? Un esfue rzo d e
5
i m ag i nación n o s perm ite
4
advert i r q u e si l a torre blanca
estuvi era e n este m o m e nto e n 3

h7, el mate sería i n evitable. S ó l o


resta cal c u l ar s i h ay t i e m po
suficiente como para pasar l a
a b e d e g h
to rre del ante de la d a m a .
4. Dg6, Aa6
J ue g a n blancas J uegan b l a n cas
No hay j u gada b u e n a , porq u e la
dama no puede alejarse de l a
La posición d e l d i ag rama Esta posición s u rg i ó en u n a
torre, y si 4 . . . . , Dd7 5 . Th7, Df7
corresponde a u n a partida e ntre partida disp utad a entre P i l l s b u ry
6. Th 8 + , ganando l a dama.
dos de los m ás g randes y J u d d . Las blancas tienen
5 . Th7, Dd7
j u gadores de l a h i storia: Johann todos sus d i s pos itivos
6. Dh5
H e r m a n n Zu kerto rt , que l l evaba apu ntando al e n roq u e negro, y
Y el mate e n h 8 es i n evitab le.
las blancas, y Adolf Andersse n . el sacrificio de alfi l en h7
U n modelo de cómo con d u c i r el
Las blancas tienen ve ntaj a de parece cantado. S i n em bargo,
ataq ue sobre el p u nto h7; pero
desarro l l o y una torre que actúa un estudi o m ás dete n i d o
el l ecto r debe tener presente
por del ante d e la cadena de permite apreciar q u e e l alfi l
q u e el blanco gozaba aq u í de
peones. E l ej ercicio consiste en b l anco de cas i l l as negras no
condiciones ópt i m as, en
tratar de com probar s i el está en el tab lero, y q u e por l o
especial por la p resencia del
sacrificio 1 . A x h7 + es correcto tanto el rey negro d ispone de
alfi l de c5. E n co n d i c i o nes
y l l eva a la victoria de las u n a cas i l l a de h u i da por h 6. ¿ Es
m e nos excepcionales, la
blan cas. Observé moslo. correcto, e ntonces, el sacrificio?
m a n i obra de las b l ancas hab ría
E l sacrificio es correcto Tratemos de encontrar el m ejor
sido i m pos i b l e.
fundamental m e nte porq u e el cam i n o de ataq ue.
alfil de c5 q u ita al rey negro la 1 . A x h7 + , R x h7
pos i b l e reti rada por f8 y e?; s i n 2 . Cg5 + , R h 6
em bargo, e s n ecesario real izar Está c l aro q u e 2 . . . . , R h 8 3. D h 5
la maniobra que se ha sería catastrófico para las
est u d i ado en e l texto y pasar la negras. Ahora es necesario
torre del ante de la dama. conti n u ar el ataq u e ocupando
Zu kerto rt l a real iza con l as cas i l las negras con la dama.
elegancia y precisió n . 3. Dd2, . . .
1 . A x h7 + , R x h7 E l desc u b i e rto será fatal , d e
2 . D h5 + , Rg8 modo q u e e l negro debe volver
3. Th3, f6 a mover su rey.
3 . . . . , Rg6

277
EJ E RCICIO S 28

É sta es la pos i c i ó n clave. E l rey Ejemplo 3 Claro q u e si 3. Ce2 caería e l


está m uy exp uesto en g6, pero peón d e f3, con la cons i g u i e nte
la dama no puede ahora i r a g4, entrada del cabal l o negro por
como habría suced ido s i Judd l a cas i l l a g4.
h u b i ese j u gado 2 . . . . , Rg6. Las 7 3. . . . , Th6!
blan cas, s i n e m bargo, tienen É sta es l a j u gada clave. La torre
t i e m po de trae r más efectivos a pasa al ataq ue colocándose
5
la l ucha. bajo el fuego del alfi l de h6,
4
4. C e 2 ! , Cd5 pues cuando éste la captu re, se
Evitando la amenaza d i recta 3 abrirá la col u m n a de «g» para la
5. Cf4 + , R x g5 6. C x e6 + otra torre. N o era lo m ismo
5 . Dd3 + ! , . . . j u gar 3. . . ., A x e3 4. f x e3, Th6
Este seg u ndo sacrificio req u i ere 5. Rf2 y el rey h uye, aunque la
a b e e g
u n a g ran i m ag i n ación y u n posición de l as negras se ría de
cálculo preciso. E l lector n o tod as fo rmas m uy su perior.
J uegan n e g ras
debe desmoral izarse si no lo h a 4. A x h 6, g x h 6
enco ntrado, p u es e s u n a j ugada 5. Ad 5, . . .
E l maestro austríaco Karl
de m aestro, y e n cam b i o debe Esta j ugada trata de tentar a l as
Schlechter no fue un j u gador
poner m uc h a atención en l a neg ras a cam biar su cabal l o de
especialme nte vo lcado al
forma e n q u e P i l ls b u ry, u no de f6 (q ue d i spone de u n a
ataq ue, pero dom i n aba con
los j ugadores de ataq ue más m a n i obra mo rtífera h acia f4 vía
virtuosismo todos los eleme ntos
notables, conduce el j u ego. h5) y ganar un t i e m po atacando
táct i cos, y cuando era n ecesario
5. . . . , R x g 5 el cabal lo de f6, con idea de,
sabía atacar con energ ía y
S i 5 . . . . , f5 6. Dg3, con ataq ue eventual m e nte, c u b r i rse e n la
aci e rto. E n la posición del
ganador. col u m na «g» con el cabal lo de
d i agrama, co n d u c ía l as negras
6. f4 + , R h 6 h1 . Pero el p u nto g2 es
contra M e itner y había log rado
S i 6 . . . ., C x f4 7. Dg3 + demasiado déb i l .
u n a fuerte pres ión sobre el
7. D h3 + , R g 6 5. . . . , Ch5!
deb i l itado e n roq ue del
8. f5 + ! , e x f5 6. A x c6 + , Re7
adversario. E l p u nto g2 y l a
9. Tx f5!, . . . Y las neg ras ganan . El salto a
abierta col u m n a « g » » fueron los
C o n la amenaza 1 0. D h 5 + + f4 fuerza a sacrificar la dama.
elementos tácticos de la
9 . . . . , Th8
estrategia desarro l l ad a por
1 0. Dg4 + , Rh7
Schlechte r ; veamos el
1 1 . Tx f7
proced i m i ento adecuado para
Y las neg ras aba,ndon an , p u es
conti n u ar el j uego con las
el mate es i n evitab le. Si 1 1 . . . .
neg ras, te n i e n d o en cue nta los
Tg8 u 1 1 . . . . Dg8 1 2 . D h 5 + + .
elementos citados.
E l p r i m e r paso debe ser
exp u lsar e l cabal lo de g3, q u e
defi ende e l e n roq ue, y a l m i smo
t i e m po abrir paso para la
entrada e n j u ego de u n a de las
torres. El pri mer movi m i e nto,
por lo tanto, es claro :
1 . . . . , h5
2 . Ae3, h 4
3 . Ch1 , . . .

278
EJ E RCICIOS 28

Problema 1 Problema 3 Problema 5

6 6

5 5

4 4 4

3 3 3

a b e d e g h a b e d e g h e d e g h

J uegan blan cas J u egan bla ncas J uegan blancas

Las blancas d i rigen un fuerte En la posición del d i ag rama, las Come nzando con un golpe
ataq u e al abierto e n roque de blancas tienen varias p i ezas sobre g7, l as b l ancas fuerzan el
las negras. ¿Co mo conti n ú a n sobre el rey. U n a com b i n ación m ate e n seis j ugad as. Trate de
las blancas, te n i endo e n cuenta d i rigida contra e l p u nto h7 les encontrar esta maniobra sin
q u e el p u nto g7 es su objetivo perm ite obte ner una fu l m i nante mover l as p iezas sobre el
principal? victoria. tab lero.

Problema 2 Problema 4 Problema 6

a b e d e g h a b e d e g h a b e d e g h

J uegan blancas J u egan blancas J uegan negras

Esta posición se d i o en u n a Las blancas d isponen de u n a El p u nto g2 es la clave del


partida entre Schlechter y u n peligrosa col u m n a abierta sobre ataq ue q u e desarrol lan las
aficionado, j u gada e n Viena e n el e n roq u e negro, y la to rre de neg ras a part i r de la posición
1 894. ¿Có mo j ugó Sch lec hter h1 apu nta d i rectam e nte al p u nto del d i ag rama, q ue c u l m i n a con
para concretar su ventaj a h7. ¿C uál será la m ejor forma u n a sustancial ganancia de
posicional? de . conti n u a r el ataq u e?
'
material o con mate.
SOLUCION ES 28

Solución 1 Solución 2 Solución 4

Las blan cas cont i n u aron la Sch l echter ganó con el clásico El d o m i n i o de la col u m n a « h » ,
partida así: sacrificio de alfi l sobre h7: abierta sobre e l e n roq ue,
1 . D x h6!, . . . 1 . A x h7 + , R x h7 perm ite un sacrificio ganador.
La amenaza d i recta e s 3 . Tf3 y 2 . CgS + , f x g S 1 . Tx h7 + ! , R x h7
4. Tg3 + 3. h x g S + , Rg8 2 . Th1 + , Rg6
1 . . . . , ces Si ahora 4. D h5, A x g5 y el S i 2 . . . . , Rg8 3. Dh4 l l eva
I m p ide 3. Tf3, o al m e nos eso negro sob revive ; tam poco al mate.
cree el negro. si rve 4. g6, Ag5 5. D h5, Ah6. 3. Dg4!, . . .
2. Tf3, . . . Pero las blancas tienen u n Amenaza 4 . f5 + + .
Sacrifica la torre para abrir l a proced i m i ento q u e l l eva al 3. . . . , Ad7
col u m n a « g » , como e n e l mate i n m ediato. 4. fS + ! , A x fS
ej e m p l o 3 . L a amenaza Tg3 no 4. Th8 + , R x h 8 S. DhS + +
dej a opciones. S. Dh S + , Rg8
2 . . . . , C x f3 + 6. g 6
3. g x f3, . . . Y e l mate es i n evitable. Solución 5
Amenaza ahora 5. Rh1 y
6. Tg1 + . El sacrifi cio en g7 fuerza e l
3. . . . , Des m ate e n s e i s j u gadas :
4. f4, . . . 1 . Tx g7! , R x g7

A 5 . R h 1 seg u i ría 5 . . . . , Dg5 2 . Aes + , Rh6


6
6. Tg1 , Ag4 3. Cf7 + , RhS

4 . . . . , D x b2 5 4. Ae2 + , Rh4

S. Tf1 , . . . 4 S . Ag3 + , Rh3

Amenaza otra vez 7. Rh1 . La 6. CgS + +


3
s i g u i e nte j ugada i m pide esta
pos i b i l idad , o al menos eso
creen las negras.
S . . . . , Ah3 a b e d e g h Solución 6
6. Rh1 !!, A x f1
1 . . . . , Cf3 +
7. CfS
Y el m ate es i n evitable. Solución 3 2 . Rh1 , . . .
C l aro q u e si 2 . g x f3. Dg5 +
Las blancas fuerzan el m ate de 3. Rh1 , A x f3 + +
manera senci l l a y exped itiva: 2 . . . . , Dh4

1 . Ce6!, A x e6 3. h3, . . .

2. D x h7 + ! , R x h7 C l arame nte ú n ica.


6
3. Th3 + 3. . . . , Ce1 !
5
Y mate. Esta j ugada gana la dama o
4 fuerza el mate.
4. Tx e1 , D x h3 +
3
S. Rg1 , D x g 2 + +

a b e d e g h

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