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ARISTÓTELES

1. DATOS BIOGRÁFICOS
Nació en Estagira, ciudad griega perteneciente a Macedonia. Entró en la Academia de Platón teniendo 17
años y permaneció en ella por 20 años. A la muerte del maestro, se separó de la escuela y fundó en Assos,
junto con otros compañeros discípulos de Platón, una comunidad filosófica donde comenzó a enseñar de
forma autónoma. Se trasladó a Mitilene, donde siguió ejerciendo la enseñanza y luego, en el 342 a.C., fue
llamado a la corte de Filipo II de Macedonia como preceptor de su hijo Alejandro, a quien años más tarde
conoceremos como “el Magno.”
Habiendo terminado su tarea en la corte, regresó a Atenas (335-34 a.C.) y fundó el Liceo, donde se
practicaba la vida común junto con un ritmo de estudio muy disciplinado: conferencias filosóficas dictadas
a los alumnos por las mañanas y, por la tarde, cursos de retórica y dialéctica a un público más vasto.
Luego de la muerte de Alejandro Magno, dada la revolución nacionalista del momento, Aristóteles decidió
mudarse de Atenas a Calcia, donde muere entre los años 322-23 a.C.

2. PRINCIPALES OBRAS
La estructura del Liceo de Aristóteles nos permitirá comprender la particularidad que poseen sus obras.
Las que conocemos actualmente son conocidas como obras acroamáticas o esotéricas. Se dicen así porque
su contenido corresponde únicamente a los escritos que eran utilizados para la enseñanza dentro de su
escuela, poseen, pues, un contenido “secreto” que no era divulgado al público en general.

Puesto que estas obras corresponden más a apuntes de clases han sido clasificadas según las temáticas que
desarrollan, a saber:
 Metafísica: se trata de una obra de numerosos tomos dispersos (14). El nombre no es original de
Aristóteles, sino de Andrónico de Rodas.
 Lógica: trata temas como las categorías del ser, los silogismos, la demostración científica, entre otros.
Estos están contenidos dentro de la obra que conocemos como Organon.
 Ética y Política: incluye la Ética a Nicómaco, la Política y el análisis de algunas constituciones.
 Estética: incluye la Poética y la Retórica.

3. CARACTERÍSTICAS Y ORIGINALIDAD DE SU PENSAMIENTO


Como bien sabemos Aristóteles fue alumno de Platón. Durante sus inicios como pensador defendió la
Teoría de las Ideas de su maestro. Sin embargo, al estructurar su postura definitiva adoptó el realismo-
empirista como tendencia predominante. Con ello dio gran importancia al conocimiento sensorial. Esto
nos lleva a pensar que el Estagirita comprende el mundo con una nueva lógica, en donde los conceptos
serán la unidad de pensamiento. El universo será un organismo en el que existen relaciones entre las cosas
y los fenómenos. A partir de aquí, por ejemplo, podrá establecer su teoría de la causalidad con principios
teleológicos, o sentar las bases para la teología natural con el motor inmóvil.

La originalidad del pensamiento de Aristóteles podemos encontrarla en tres puntos concretos:


- Discurso filosófico más riguroso: Aristóteles abandonó en sus obras el elemento místico-religioso-
escatológico de su maestro. Este elemento, en el pensamiento platónico, se hunde profundamente
en el orfismo y no tanto en el logos. Frente a esto, Aristóteles prefirió hacer un discurso filosófico
más riguroso.
- Interés por las ciencias empíricas: Platón prefirió las ciencias matemáticas (influenciado por los
pitagóricos). Aristóteles, en cambio, mostró un interés muy vivo por casi todas las ciencias
empíricas y por los fenómenos en sí mismos.
- Sistematización del pensamiento: los escritos de Platón dejan entrever que, dentro del pensamiento
del autor, el filosofar es una actividad de búsqueda constante; un discurso siempre abierto. En esto
también vemos cómo influyó la ironía y mayéutica socráticas. Aristóteles, por su espíritu
científico, tiende a sistematizar de forma orgánica sus aportaciones. Platón tiende a mezclar todos
los problemas, Aristóteles determina cuáles son las ramas por las cuales se puede estudiar el
problema filosófico.

4. METAFÍSICA
Dentro del pensamiento de Aristóteles existen dos clasificaciones para el estudio de la realidad: lo posible,
como aquello que puede ser indiferentemente de una manera u otra, y lo necesario, es decir aquello que
no puede ser distinto de como es. Se centrará, pues, en el estudio de lo necesario, en donde se recurrirá a
las ciencias especulativas o teoréticas: la física, dedicada al el ser en movimiento, y, en consecuencia,
aquellas determinaciones del ser que van ligadas a la materia, que es condición de movimiento, la
matemática, dedicada a las cantidades numéricas y dimensivas y, por último, la filosofía primera o
metafísica, dedicada al ser en cuanto ser. Las tres ciencias deberán proceder mediante la abstracción.

Aristóteles definirá la metafísica de cuatro maneras:


- Como ciencia que indaga las causas y los principios primeros o supremos
- Como ciencia que indaga el ser en cuento ser
- Como ciencia que indaga la sustancia
- Como ciencia que indaga a Dios y la sustancia supra-sensible

Para Aristóteles el estudio de la metafísica consiste en despojar al ser de todas las determinaciones
particulares, de esta manera obtendremos un principio o axioma que le sea propio y que concierne al objeto
de su estudio: el ser en cuanto tal. Lo accidental no puede ser objeto de estudio de la ciencia puesto que
no garantiza estabilidad y uniformidad. Así, pues, si se quiere determinar el único significado fundamental
del ser, es preciso reconocer un principio que garantice la estabilidad y la necesidad del ser mismo: el
principio de no-contradicción. Gracias a este principio ontológico-lógico conocemos la necesidad del
ser: algo no puede ser y no ser a la vez, luego, el ser no puede no ser, en conclusión, es necesario que el
ser sea.

4.1. TEORÍA DE LA CAUSALIDAD


Tal como se ha mencionado anteriormente, para Aristóteles la metafísica es presentada como la
búsqueda de las causas primeras. Estas causas deben ser necesariamente finitas en cuanto a número y
pueden ser identificadas como:
- Causa formal: lo que le otorga la forma y, por tanto, la naturaleza y la esencia de cada realidad
individual.
- Causa material: aquello de lo que está compuesta cada realidad sensible.
- Causa eficiente: aquello que produce generación, movimiento o transformación.
- Causa final: aquello a lo que tiende cada cosa.
Las dos primeras causas buscan explicar la realidad desde un punto de vista estático, pero si
consideramos que la realidad también es dinámica, se hacen necesarias otras dos causas que expliquen
el dinamismo de la realidad.

4.2. LA SUSTANCIA
¿Cuál es el ser necesario del que hablábamos anteriormente? La respuesta que se dará Aristóteles es
el ser sustancial. La sustancia es el ser por excelencia, el ser que es imposible que no sea y, por lo
tanto, es necesariamente; el ser que es primero en todos los sentidos. Es la única, entre todas las
categorías, que puede subsistir separadamente. Es siempre principio, nunca elemento componente.
En este último punto podemos encontrar sus lazos con Parménides, sin embargo, la novedad que
introduce Aristóteles es que el ser puede ser entendido con múltiples significados, es decir, de forma
análoga. Todos y cada uno de los significados del ser comportan una referencia común a una unidad,
es decir, una referencia directa a la sustancia.
Aristóteles quiso enumerar todos los posibles significados del ser y distinguió cuatros grupos
fundamentales de significados:
1. El ser como categorías: estas categorías son: a. sustancia b. cualidad c. cantidad d. relación e.
relación f. acción g. pasión h. lugar i. tiempo j. posición k. estado.
2. El ser como acto y potencia
3. El ser como accidente: se trata del ser casual y fortuito. Es un modo de ser que depende de otro
ser y que no está vinculado con las esencias.
4. El ser como verdadero: es aquel tipo de ser característico de la mente humana que piensa las cosas
y sabe unirlas tal como están en la realidad. Este será estudiado por la lógica.

4.3. EL HILEMORFISMO
Aristóteles distingue dos tipos de sustancia
- Sustancia primera: que se refiere a un ente en concreto. (ej. Aristóteles, zapato, mesa).
- Sustancia segunda: que se refiere a la especie o el género. (ej. Hombre, animal, mamífero).
La sustancia primera se refiere a un ente o individuo concreto en que se encuentra realizada la esencia
o especie la cual se predica de él, es decir la sustancia segunda. Por ejemplo, Sócrates es hombre.
Esta diferenciación en la noción de sustancia nos permite comprender también cómo Aristóteles
explica que el mundo es real y que también lo son la pluralidad y el devenir. Así pretende oponerse a
Parménides y también a Platón introduciendo así el concepto de devenir o desarrollo dentro de la
misma substancia. La sustancia primera es lo que devine, lo que se desarrolla, lo que está sometido
a un proceso de perfeccionamiento o crecimiento, es un ser precario, sujeto de nacer y perecer. Para
sostener esto, Aristóteles afirma que la sustancia es un compuesto o synolon de materia (hyle) y forma
(morphé)
o La forma: es el elemento determinante. Funciona como arquetipo o modelo de las cosas, pero
no de manera separada. Este es el principio que actualiza, realiza la materia, constituye
“aquello que es” cada cosa, es decir, su esencia.
o La materia: es el principio constitutivo de las realidades sensibles, porque sirve como sustrato
de la forma. Es potencialidad indeterminada dispuesta a ser determinada.
Lo que cambiará será el conjunto de materia y forma: la sustancia. Pero si tomamos los co-
principios de manera separada comprenderemos que ambos son eternos, pero no pueden existir
independientemente sino tan solo como el compuesto de ambas.
4.4. ACTO Y POTENCIA
Sabiendo que en la sustancia encontramos el origen del devenir, podemos concluir que esta es una
realidad dinámica que se verá reflejada en las nociones de acto y potencia.
- La potencia: es en general la posibilidad de producir un cambio o de sufrirlo. Hay la potencia
activa (causa eficiente), que consiste en la capacidad de producir un cambio en sí o en otro y la
potencia pasiva, que consiste en la capacidad de sufrir un cambio. La potencia pasiva es propia
de la materia, tal como la identifica Aristóteles
- El acto: se refiere a la actualización de todas las potencialidades pasivas presentes en la materia.
En este punto Aristóteles distinguirá entre enérgia, que se refiere a la acción del que posee la
potencia activa; y enteléchia, como el perfeccionamiento, la forma en que se acaba o completa lo
que ya estaba en la potencia pasiva.

Potencia y acto, materia y forma son estructuras paralelas. La materia en efecto es o está en potencia
pasiva dentro de la forma. Y la forma es lo que actualiza a la materia, la perfecciona y confiere al ser
su potencia activa para obrar: "La materia está en potencia porque tiende hacia la forma, y cuando
está en acto es porque posee su forma (...) la forma es acto" (Aristóteles).

4.3. EL MOTOR INMÓVIL O SUSTANCIA INMÓVIL


Aristóteles distinguirá en su estudio otros dos tipos de sustancia:
- Sustancias sensibles y móviles: estas constituyen el mundo físico. Pueden ser de dos índoles: la
sustancia sensible que constituye los cuerpos celestes y es inengendrable e incorruptible y las
sustancias constituidas por los cuatro elementos del mundo sublunar, que son, por el contrario,
engendrables y corruptibles.
- Sustancias no sensibles e inmóviles: estas son objeto de estudio de la teología, tal como lo
reconocerá el mismo Aristóteles.

La existencia de una sustancia inmóvil será demostrada por Aristóteles a través de la necesidad de
explicar el movimiento continuo y eterno El movimiento continuo, uniforme, eterno, del primer cielo,
el cual regula los movimientos de los demás cielos, igualmente eternos y continuos, debe tener como
su causa un primer motor. Pero este primer motor no puede ser a su vez movido, ya que de otro modo
requeriría una causa de su movimiento y esta causa otra a su vez, y así hasta el infinito; ha de ser,
pues, inmóvil. Ahora bien, el primer motor inmóvil debe ser acto, no potencia. Lo que posee
solamente la potencia de mover, puede también no mover; pero si el movimiento del cielo es continuo,
el motor de este movimiento no sólo debe ser eternamente activo, sino que debe ser por su naturaleza
acto, absolutamente privado de potencia. Y puesto que la potencia es materia, ese acto está también
privado de materia: es acto puro.
Este acto puro o primer motor no tiene magnitud, ni, por tanto, partes y es indivisible. En efecto, una
magnitud finita no podría mover por un tiempo infinito, ya que nada finito posee una potencia infinita;
y una magnitud infinita no puede subsistir. Pero no teniendo materia ni magnitud, la sustancia inmóvil
no puede mover como causa eficiente; le queda, pues, la posibilidad de mover como causa final, en
cuanto objeto de la voluntad y de la inteligencia. Esta sustancia inmóvil, por lo tanto, mueve sin ser
movida.
Aristóteles identifica lo inteligible con lo deseable, de manera que el motor inmóvil se identifica con
el sumo bien, el grado mayor de lo deseable, por lo tanto, es objeto de amor, mueve en cuanto es
amada y las demás cosas son movidas por lo que ella mueve.
En el nivel del pensamiento, esta sustancia inmóvil se piensa a sí misma, se ubica como pensamiento
de pensamientos. En el orden de los movimientos, es el primer motor y causa primera.

Un elemento importante es el hecho de que Aristóteles era griego, por lo tanto, no era monoteísta,
sino politeísta, considerando así que el motor inmóvil es un dios que mueve a los demás cielos también
identificados con la divinidad. Tampoco concibe la noción de creación ex-nihilo puesto que esta es
una categoría propia del judeo-cristianismo.

5. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO


Dentro del bagaje filosófico de Aristóteles no encontramos obras que se refieran directamente a la teoría
del conocimiento. Lo que se refiere a ella lo conocemos por fragmentos aislados que encontramos en sus
obras. Gracias a ellos podemos señalar los aspectos fundamentales de lo que se refieren al conocimiento.
En primer lugar distingue dos tipos o niveles de conocimiento: lo sensible y el entendimiento.
- El conocimiento sensible deriva directamente de la sensación y es un tipo de conocimiento inmediato
y fugaz. Este tipo de conocimiento es propio de los animales inferiores, puesto que su capacidad
cognitiva es meramente experiencial. En el caso de los animales superiores existirán procesos
cognitivos más complejos como la memoria sensitiva y la imaginación.
- La actividad del entendimiento constituye el nivel más elevado de conocimiento, puesto que permite
conocer el por qué y la causa de los objetos. Este saber ha de surgir necesariamente de la experiencia,
pero en la medida en que es capaz de explicar la causa de lo que existe se constituye en el verdadero
conocimiento.
De esta manera, vemos que existe una continuidad entre ambos tipos de conocimiento: el punto de partida
será el conocimiento sensible, que tendrá su culmen en el saber.

La obra Metafísica también nos aportará a la concepción de saber que tiene el filósofo. Distingue entre:
- Saber Práctico: se refiere a la capacidad de ordenar racionalmente la conducta, tanto pública como
privada.
- Saber Productivo: tiene por objeto lo referente a la fabricación y producción. Es un saber de orden
técnico.
- Saber contemplativo o teórico: no responde a ningún tipo de interés, ni productivo ni práctico, y
representa la forma de conocimiento más elevado, que conduce a la sabiduría.

El punto de partida del conocimiento lo constituyen, como sabemos, la sensación y la experiencia, que
nos pone en contacto con la realidad de las sustancias concretas. Pero el verdadero conocimiento es obra
del entendimiento y consiste en el conocimiento de las sustancias por sus causas y principios, entre las
que se encuentra la causa formal, la esencia. Para Aristóteles conocer, propiamente hablando, supone estar
en condiciones de dar cuenta de la esencia del objeto conocido. De ahí que el conocimiento lo sea
propiamente de lo universal, de la forma. Pero para Aristóteles la forma se encuentra en la sustancia, no
es una entidad subsistente, por lo que es absolutamente necesario, para poder captar la forma, haber
captado previamente, a través de la sensibilidad, la sustancia. Esto será posible a través de la abstracción.

5.1. LA ABSTRACCIÓN O INDUCCIÓN


Abstraer se refiere al acto de separar algo de un contenido determinado. Es una operación mental que
consiste en separar una característica de un todo concreto. Dicha característica no puede tener
existencia independientemente del todo. Cuando abstraemos establecemos una diferencia entre lo
objetivo y lo subjetivo, quedándonos con lo primero. Así, el conocimiento se convierte en algo
científico, permitiéndonos establecer principios lógicos y leyes universales, decantando lo accidental.
Para Aristóteles la abstracción es la operación mental por la que separamos la forma de la materia, en
una sustancia dada, lo que nos permite formar conceptos y tener un conocimiento completo de su
esencia.

Sin embargo, el entendimiento no puede entrar en contacto directamente con la forma. Aristóteles
sostiene que cuando el hombre nace no dispone de ningún contenido mental (tabula rasa), por lo que
entendimiento no tiene nada hacia lo que dirigirse: es a través de la experiencia como se va nutriendo
el entendimiento de sus objetos de conocimiento, a través de un proceso en el que intervienen la
sensibilidad, la memoria y la imaginación. Mediante la acción de los sentidos, en efecto, captamos la
realidad de una sustancia, de la que, mediante la imaginación, elaboramos una imagen sensible, es
decir, una imagen que contiene los elementos materiales y sensibles de la sustancia, pero también los
formales. Es sobre esta imagen sobre la que actúa el entendimiento, separando en ella lo que hay de
material de lo formal.

Aristóteles también hace una separación entre dos tipos de entendimiento: entendimiento agente y
entendimiento pasivo.
- Entendimiento agente: realiza propiamente la separación de la forma y la materia, quedándose
con el elemento formal que expresa a través de un concepto en el que se manifiestan, por lo tanto,
las características esenciales del objeto.
- Entendimiento Pasivo: es el que entra en contacto con la imagen sensible.

Otro elemento importante dentro de este tema es que Aristóteles rechaza el innatismo del conocimiento:
imposible llegar a conocer los conceptos sino es a través de la abstracción. El conocimiento es, pues, el
resultado de la abstracción, es decir, por la coordinación racional de los elementos procedentes de la
sensación, a través de la experiencia. Coincidirá con Platón, sin embargo, en la consideración de que el
verdadero conocimiento ha de serlo de lo universal, y no de los objetos singulares.

Aristóteles también señalará que existe en nosotros la posibilidad de tener conocimiento intuitivo, esto es,
la captación pura por el intelecto de los primeros principios.

6. LÓGICA
La lógica aristotélica recibe el calificativo de formal o analítica, puesto que versa sobre el análisis de las
formas del pensamiento. La lógica tiene un espacio especial en el pensamiento de Aristóteles porque esta
considera la forma que debe poseer cualquier tipo de razonamiento que se proponga demostrar algo y, en
general, que quiere tener valor demostrable. De esta manera tiene fuertes relaciones con la realidad: las
formas de pensamiento reproducen lo que ocurre en la realidad, o sea, que las cosas “extra-mentales”
existen tal como son pensadas por la mente, por lo que las categorías de la mente son categorías objetivas,
categorías de la realidad. De ese modo las categorías del pensamiento adquieren un sentido ontológico y
ese carácter propedéutico que ha señalado la tradición filosófica. La lógica aristotélica se ocupa del estudio
de los conceptos y de las categorías, se completa con el análisis de los juicios y de las formas de
razonamiento, prestando especial atención a los razonamientos deductivos categóricos o silogismos, como
formas de demostración especialmente adecuadas al conocimiento científico.
6.1. LAS CATEGORÍAS O “PREDICAMENTOS”
Los elementos primeros del pensamiento son las categorías. Esto significa que, si descomponemos
una proposición simple (por ejemplo, Sócrates corre) obtenemos elementos (“Sócrates” y “corre”)
que pueden reducirse a una de las categorías (por ejemplo “Sócrates” a la categoría de la sustancia y
“corre” a la categoría de la acción).
Las categorías son, pues, los géneros supremos no sólo del ser, sino también del razonamiento. Son
indefinibles, puesto que no existe algo más general que ellas, no existe un género más extenso que
pueda incluirlas.

6.2. LA DEFINICIÓN
Definir quiere decir determinar qué es el objeto indicado por la palabra, más que explicar el
significado de la misma. Aristóteles dirá que la definición es un discurso que expresa la esencia,
naturaleza o sustancia de las cosas.

6.3. EL JUICIO Y LA PROPOSICIÓN


La verdad o la falsedad no se encuentran en las definiciones, sino en el juicio y en su enunciación, es
decir, en la proposición. En esta se ponen nexos concretos, afirmativos o negativos, entre un predicado
y un sujeto. Si existe correspondencia con la realidad tendremos un juicio verdadero, y por tanto una
proposición verdadera.

6.4. EL SILOGISMO
El razonamiento verdadero y propio no consiste solamente en el juicio, sino en una secuencia de
juicios adecuadamente conectados. Dicha conexión rigurosa y perfecta es la que constituye el
silogismo. Este conecta tres proposiciones: las dos primeras se llaman premisas y la tercera,
conclusión. Intervendrán otros elementos como término medio, que será la bisagra del juicio, puesto
que de su posición se deducirán las distintas formas de silogismo.
Aristóteles no solo distinguió las características del silogismo, sino que procedió a una seria de
complejas distinciones entre las diferentes figuras posibles que puede tener un silogismo, así como
de sus modos válidos. Estas diversas figuras están determinadas por las diferentes posiciones del
término medio.

Debemos hacer una distinción entre silogismo como tal y silogismo científico. El primer muestra cuál
es la esencia del razonar, por lo que no es necesario que exista una correspondencia con la realidad,
ni de sus premisas, ni de su conclusión. En el caso del silogismo científico o demostrativo se tiene en
cuenta la correcta estructura del pensamiento, pero también el valor de verdad presente en las
premisas. Las premisas del silogismo científico tienen que ser verdaderas, inteligibles y claras por sí
mismas.

7. ANTROPOLOGÍA
La visión antropológica de Aristóteles se ubica dentro de la corriente integradora. Aunque fue discípulo
de Platón, el Estagirita se distanció totalmente del dualismo que promovió su maestro. Inclinado a las
ciencias naturales, Aristóteles mira al hombre desde la perspectiva de su pertenencia al mundo físico y
orgánico. En ese sentido, el ser humano es definido por el filósofo con una expresión que ha sido célebre:
animal racional. El hombre es animal en cuanto que participa de todas las características del animal:
nacer, nutrirse, desarrollarse, reproducirse, morir. Sin embargo, también reconoce en tal organismo un
principio vivificador: el alma, que rige todas sus funciones, de manera diferenciada. Identificando este
principio, también distingue en ella una triple función:
- Vegetativa: corresponde a todas las acciones inconscientes que se dan en el ser humano. A ella
corresponde la nutrición, el crecimiento, la reproducción, funciones que el hombre comparte con
los vegetales.
- Sensitiva: es la función que nos relaciona con los animales en cuanto que nos hace capaces de
sensaciones, apetitos y movimiento local.
- Racional: es la función propiamente humana. Entre las tres funciones, la racional es a la que
Aristóteles concede primacía, puesto que a ella corresponde orientar y dirigir la vida humana.
Esta primacía que otorga Aristóteles a la racionalidad del hombre no se da por mero gusto, se trata, pues,
de una característica excepcional del hombre, convirtiéndolo en un ser absolutamente original capaz de
conocer la verdad y de practicar las virtudes morales para alcanzar la felicidad. Ahí está precisamente el
sentido de la vida humana: el logro de la felicidad. Éste viene dado en la medida en que el hombre se
aplique a ello a través de la ética, individualmente, y de la política, socialmente. La vida en sociedad tiene
precisamente esa finalidad, ayudar a cada uno a lograr la felicidad.

El hombre también entra dentro de las consideraciones metafísicas de Aristóteles, especialmente desde la
teoría del hilemorfismo, que concluye en que toda sustancia de este mundo está constituida por materia
prima (elemento indeterminado y determinable de la sustancia) y forma sustancial (elemento
determinante, lo que hace ser a cada sustancia «lo que es»), dos coprincipios metafísicos que no existen
nunca separadamente, ya que son correlativos y constituyen el ser concreto. Distinguiremos que en el
hombre la materia prima está identificada con el cuerpo y la forma sustancial es lo que conocemos como
alma. Así, pues, atendiendo a la concepción metafísica del hilemorfismo, el hombre es un ser unitario, de
forma que no existe separación entre cuerpo y alma, una no puede subsistir sin la otra.
Esta unión intrínseca y necesaria se verifica, por ejemplo, en la manera en que el hombre conoce: parte de
la experiencia sensible para llegar, por medio de la abstracción, al conocimiento científico. De manera
que el alma no puede prescindir del cuerpo, ni siquiera para sus funciones más elevadas.

Frente al planteamiento antropológico aristotélico, sin embargo, han surgido algunas objeciones,
especialmente relacionadas con el destino del hombre después de la muerte. Si nos atenemos estrictamente
a la doctrina hilemórfica, la muerte sería la desintegración de la sustancia y, por ende, la desaparición total
del ser humano. Ahora bien, Aristóteles reconoce la espiritualidad del alma, por lo que se niega a admitir
esta última consecuencia.

Aunque el filósofo no amplía más sobre este tema, son sus comentadores posteriores, especialmente el
árabe Averroes dirá que en base a la teoría aristotélica del conocimiento no se puede admitir la
sobrevivencia individual del ser humano posterior a la muerte, sino solamente la perennidad del principio
intelectual activo, el entendimiento agente, que sería común a todos los hombres, es decir, colectivo. En
otras palabras, según esta interpretación la inmortalidad correspondería a la especie humana como
colectividad, no a cada uno de los individuos de la misma. Esta postura no será aceptada por el
cristianismo, sino, más bien, condenada. Aun así, el problema de la pervivencia del hombre en Aristóteles
posee una solución ambigua.

8. ÉTICA
Dentro de las múltiples ciencias tratadas por Aristóteles encontramos a la ética y la política, definidas
como ciencias prácticas porque tienen como base las acciones humanas. Dichas acciones persiguen un fin
específico, es decir, se orientan hacia la realización de un determinado bien. Estos fines particulares, sin
embargo, están fuertemente relacionados con un fin último, es decir, un bien supremo: la felicidad. En el
pensamiento de Aristóteles no se trata de bienes enraizados en lo material o en lo inmediato; si así fuera
se tratara de una felicidad precaria y aleatoria, que no podrá ser nunca estable. Por lo tanto, la verdadera
felicidad del hombre, como ser racional, está fuertemente vinculada con su naturaleza: en la medida de
que alcance la plena realización de su naturaleza humana el hombre logrará ser feliz. El bien supremo que
puede realizar el hombre consiste en perfeccionarse en cuanto hombre, es decir, realizando aquellas
actividades que lo distinguen entre los demás: la racionalidad.

El planteamiento anterior nos lleva a decir que la ética aristotélica es eudomonista (palabra griega que ha
sido traducida recientemente como florecimiento humano), es decir, aquella que consiste en actuar de
manera natural (vegetativa, sensitiva y racionalmente) para practicar la virtud.

8.1. EL JUSTO MEDIO Y LA VIRTUD


En el hombre encontramos elementos no racionales (que se identifican con el alma vegetativa y
sensitiva) y elementos racionales. Sin embargo, en la visión de Aristóteles estos dos no puedan estar
separados, sino que se ven permeadas hasta cierto punto: la parte vegetativa no participa en nada de
la razón, pero la parte sensitiva, que corresponde a apetitos y deseos, sí participa en la medida en que
escucha a la razón y la obedece. Este sometimiento a los dictados de la razón es conocida como virtud
ética, es la virtud de la conducta práctica. El hombre será libre (entiéndase libre como principio y
padre de sus actos) en la medida en que sepa escoger el camino de la virtud moral.

¿Cómo alcanzamos esta virtud? La clave para el alcance de la misma será la práctica de los hábitos,
es decir, conductas constantes o actos sucesivos prácticas para moderar racionalmente nuestros
sentidos. Puesto que las tendencias sensibles son muchas, también serán numerosos los hábitos, sin
embargo, el punto común de todos ellos será que las pasiones e impulsos tienden al exceso o al defecto.
Aquí intervendrá la razón señalando cuál debe ser el justo medio o la vía intermedia entre ambos.
Al hablar de justo medio no nos referimos a mediocridad, sino al fin de un camino en el triunfa la
razón sobre los sentidos. En este punto encontramos que, para Aristóteles, la justicia es la más alta de
las virtudes, puesto que consiste en la justa medida según la cual se distribuyen los bienes, las
ventajas, las ganancias y sus contrarios.

8.2. VIRTUDES DIANOÉTICAS Y LA FELICIDAD PERFECTA


La palabra griega dianoia se refiere a la capacidad que tiene la razón de alcanzar el conocimiento
siguiendo una serie de premisas hasta alcanzar una conclusión. La virtud dianoética o intelectiva, se
refiere, entonces, a la perfección del alma racional. El alma racional posee dos ámbitos: según se
dirija a las cosas cambiantes del hombre o las realidades inmutables y necesarias (principios
supremos). Desde aquí comprenderemos que las virtudes dianoéticas serán dos: la prudencia y la
sabiduría.
- Prudencia: consiste en dirigir bien la vida del hombre, es decir, discernir acerca de lo que es
bueno o malo para él.
- Sabiduría: es el conocimiento de aquellas realidad que están por encima del hombre (ej. la
metafísica).
Tanto más el hombre ejercite esta última virtud, que constituye lo más alto de la perfección racional
o contemplativa, el hombre alcanza la máxima felicidad y llega a alcanzar lo divino, puesto que la
actividad de lo divino es la contemplación.

8.3. PSICOLOGÍA DEL ACTO MORAL


Aristóteles logró distinguir entre conocer y hacer el bien. Para ello diferenció entre elección y
deliberación. Cuando queremos alcanzar determinados fines, mediante la deliberación establecemos
cuántos y cuáles son los medios (desde los más lejanos a los más próximos) que hay que poner en
práctica para llegar a aquellos fines. La elección actúa sobre estos medios poniéndolos en acto. Dicha
elección actúa únicamente sobre los medios, no sobre los fines, de manera, que nos vuelve
responsables, pero no necesariamente buenos o males. Esto último depende de los fines, los cuales no
son objeto de la elección, sino de la voluntad. Esta se encuentra orientada siempre al bien o, al menos,
a lo que se nos presenta con apariencia de bien. De manera que, para ser verdaderamente buenos es
necesarios querer el verdadero bien, que únicamente conoce el hombre virtuoso.

Aristóteles dirá que el hombre virtuoso “ve lo verdadero en cada cosa” y aquel que es vicioso no
dejará nunca de serlo. Entre estas dos afirmaciones el filósofo intentará buscar el libre albedrío, sin
embargo, ningún filósofo griego logrará conceptualizar la libertad.

9. POLÍTICA
Para Aristóteles el bien del individuo tiene la misma naturaleza que el bien de la ciudad. Sin embargo,
este último posee mayor belleza y divinidad porque pasa de lo individual a lo social. Este punto es
importante, porque para los griegos no se puede concebir el individuo sin referencia a la ciudad y
viceversa. Esto nos permitirá entender la razón por la que Aristóteles define al hombre como animal
político, es decir, un ser que es capaz de vivir en una sociedad políticamente organizada. De lo contrario,
el mismo filósofo dirá que quien no tiene necesidad de nada, siendo capaz de autosatisfacer sus
necesidades “o un bruto o un dios.”

Aristóteles considerará ciudadanos a aquellos que tomen parte en la administración de los asuntos
públicos, no únicamente a los que vivan en una determinada ciudad. Los extranjeros, esclavos y miembros
de una ciudad conquistada no podrán ser considerados como ciudadanos.

9.1. FORMAS DEL ESTADO


El Estado puede asumir diversas formas o constituciones. Esta última es la “estructura que ordena la
ciudad, estableciendo el funcionamiento de todos los cargos y, sobre todo, de la autoridad soberana.”
Los gobiernos pueden ser ejercidos por una persona, por unos pocos hombres o por la mayor parte de
ellos. De acuerdo a esto, gobernarán: de acuerdo al bien común o de acuerdo a su propio interés. De
aquí se formarán tres formas de gobierno corrupto o tres formas de gobierno recto.

Gobierno con miras al bien Gobierno con vistas al


Tipo de gobierno
público propio interés
Gobierno de uno solo Monarquía Tiranía
Gobierno de pocos Aristocracia Oligarquía
Gobierno de muchos Politeia Democracia
Resulta interesante el hecho de que Aristóteles comprenda la democracia como un gobierno que,
olvidando el bien común, se propone favorecer indebidamente los intereses de los más pobres, esto
es, demagogia. El error en el que cae este tipo de gobierno consiste en afirmar que, ya que todos son
iguales en libertad, todos pueden y deben ser iguales en todo lo demás. De esta manera, afirma que
las otras dos formas de gobierno son las mejores. Sin embargo, da mayor privilegio a la politeia que
es un camino intermedio entre la oligarquía y la democracia.

9.2.EL ESTADO IDEAL


La finalidad del Estado es moral por lo que también tiene fuertes implicaciones en el incremento
de los bienes del alma y la virtud, esto por el hecho de que existe una correspondencia entre el
alma del ciudadano y la ciudad. Aristóteles también piensa que la ciudad perfecta debería poseer
cierto equilibrio poblacional y con características geográficas propicias. Todos los ciudadanos
deben poseer rasgos griegos, guerreros en su edad juvenil, consejeros en la adultez y sacerdotes en
la ancianidad. De este modo se puede aprovechar la fuerza de los jóvenes y la prudencia de los
ancianos.
El Estado ideal debe propiciar la buena educación de todos, de modo que se pueda transformar al
ciudadano en un ser lo más virtuoso posible. De esta manera se garantizará que en el Estado se
pueda vivir en paz y se propicie la contemplación de la belleza. Esto hará que al escoger la guerra
se tenga en perspectiva la paz como objetivo.