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Nociones de interpretación bíblica

Working Paper · September 2016


DOI: 10.13140/RG.2.2.32846.66885

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1 author:

Fernando Saravi
National University of Cuyo
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Nociones de interpretación de la Biblia
Fernando D. Saraví
Escuela Bíblica Jaime Taylor
Iglesia de los Libres
Mendoza, Argentina – 2010
fernando.saravi@hotmail.es

Introducción 1
La Biblia: ¿clara u obscura? 2
Hermenéutica y exégesis 2
Escuelas erróneas de interpretación 3
La interpretación literal 4
La preparación del intérprete 4
Herramientas: Básicas y avanzadas 5
El lenguaje y la traducción 6
Aproximación al texto bíblico 6
Exégesis literaria 8
Aspectos de la exégesis literaria 9
Gramática 10
Retórica y figuras del lenguaje 12
Modismos hebreos 14
Símbolos en la Biblia 16
Fábulas 20
Parábolas 20
Alegorías 22
Tipos 23
La interpretación de la profecía 24
El uso doctrinal de la Biblia 27
Bibliografía selecta 28
1 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

Introducción

Una de las responsabilidades de todo cristiano que toma en serio su fe es la de estudiar la


Biblia. El Pacto de Lausana sancionado en 1974 por cristianos de diversas denominaciones
que representaban a 150 países dice, en su artículo 2º (www.lausanne.org):

AUTORIDAD Y PODER DE LA BIBLIA

Afirmamos la divina inspiración, fidelidad y autoridad de las Sagradas Escrituras


del Antiguo y del Nuevo Testamento, sin error en todo lo que aseveran, y que son
la única norma infalible de fe y conducta. Afirmamos también el poder de la
Palabra de Dios para cumplir Su propósito de salvación. El mensaje de la Biblia
se dirige a toda la humanidad, puesto que la revelación de Dios en Cristo y en las
Escrituras es inalterable. Por medio de ella el Espíritu Santo sigue hablando hoy.
El ilumina la mente del pueblo de Dios en cada cultura, para percibir la verdad
nuevamente con sus propios ojos, y así muestra a toda la iglesia más de la
multiforme sabiduría de Dios.

2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:21; Juan 10:35; Isaías 55:11; 1 Corintios 1:21;
Romanos 1:16; Mateo 5:17,18; Judas 3, Efesios 1:17,18; 3:10,18.

Conforme a esta declaración, el mensaje de la Biblia es para todos y en todos los tiempos, y el
mismo Espíritu Santo es quien ilumina la mente de la Iglesia – el pueblo de Dios – para que
perciba lo que Dios quiere decirle.
Ahora bien, la iluminación del Espíritu Santo en ningún modo debilita la
responsabilidad humana de estudiar concienzudamente la Biblia; simplemente nos capacita
para esta tarea. Sin el Espíritu Santo, el hombre más inteligente no podría llegar a comprender
cabalmente las verdades básicas de la Escritura. Por el contrario, cualquier persona de
inteligencia común puede alcanzar un conocimiento adecuado de las enseñanzas centrales de
la Biblia si es iluminado por el Espíritu.
La Iglesia comenzó su existencia como el cumplimiento de las profecías de la
Escritura, se nutrió de ella, y se tornó su auténtica intérprete y custodia. A la vez, las
Escrituras guiaron a la Iglesia, y toda vez que por una u otra razón el estudio bíblico serio fue
abandonado, el resultado fue confusión y sufrimiento.
En nuestra época, como cuando surgió el cristianismo, se oyen muchas voces con las
más variadas propuestas interpretativas sobre lo que somos, la realidad que nos rodea y cómo
habremos de vivir. Algunos de los proponentes rechazan la Biblia como un documento de
mero valor histórico, mientras que otros la emplean tendenciosamente para sus propios fines.
Como cristianos, no nos es posible hacer ninguna de estas dos cosas. Creemos que el
mensaje de la Biblia proviene de Dios, se dirige también a nosotros, y es la autoridad
suprema acerca de lo que debemos creer y lo que debemos hacer. En consecuencia, es de
máxima importancia que conozcamos, comprendamos y apliquemos las enseñanzas de las
Escrituras. No hay atajos para una vida cristiana madura y productiva.
Es el contenido y no el continente (lenguaje) lo que torna singular a la Biblia. Por esta
razón, el mensaje se conserva en cualquier traducción buena, aunque ninguna versión sea
perfecta. Si bien la Biblia es única como la revelación que Dios ha dado a la humanidad, en
otro sentido ella fue escrita en lenguaje humano, y por tanto debe ser interpretada según
principios que son comunes a la interpretación de toda obra literaria.
2 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

La Biblia: ¿clara u obscura?

Como consecuencia de lo antedicho, una persona normal que cuente con una buena
traducción puede entender sin dificultad la mayor parte de lo que se dice en la Biblia. Los
reformadores del siglo XVI llamaron a esta propiedad de la Escritura su perspicuidad, que no
es sino una forma algo técnica de referirse a su claridad o inteligibilidad. En otras palabras,
para la mente humana iluminada por el Espíritu Santo las grandes verdades de las Escrituras
son claras y comprensibles. Alguien ha dicho, sin exagerar demasiado, que todo lo importante
de la Biblia es claro, y que todo lo claro es importante.
Cabe entonces preguntar por qué, si la Biblia es perspicua, se necesita un estudio
especial para su interpretación. Es una buena pregunta con varias respuestas que se
complementan entre sí.
Primero, si bien las verdades centrales de la Biblia están claramente formuladas,
existen muchas otras enseñanzas buenas y provechosas cuya comprensión exige un poco
más de esfuerzo. Martín Lutero dijo que estudiaba la Escritura como quien cosecha manzanas:
primero recogía las que habían caído al suelo, luego las que se observaban en las ramas y
finalmente levantaba cada hoja en busca de alguna manzana que hubiera quedado oculta.
Segundo, aunque en las Iglesias hay – gracias a Dios – pastores y maestros, es nuestra
responsabilidad asegurarnos que su enseñanza sea conforme a las Escrituras, como hacían
los cristianos de Berea con las enseñanzas del mismísimo apóstol Pablo. Los pastores y
maestros tienen mayor responsabilidad por su oficio, pero todo cristiano es en definitiva
responsable ante Dios.
Tercero, incluso dentro de las Iglesias cristianas existe disparidad de opiniones sobre
doctrinas no centrales. Muchas de las diferencias desaparecerían si simplemente
aplicáramos los mismos principios de interpretación de manera consistente a los textos
bíblicos relevantes (obviamente, algunas diferencias persistirían cuando la evidencia no es
concluyente).
Cuarto, existen innumerables sectas y grupos que tuercen las Escrituras para sus
propios fines, a veces de manera bastante sutil, y el cristiano debe estar preparado para
detectar el error y actuar en consecuencia.

Hermenéutica y exégesis
Se denomina hermenéutica a la ciencia y el arte de interpretar el texto bíblico. La
palabra “hermenéutica” proviene del griego hermeneuö, que significa “interpretar”. La
especificación “ciencia y arte” es necesaria porque si bien existen una serie de reglas que son
necesarias para la interpretación, la profundidad y amplitud de la Biblia requieren algo más
que principios científicos.
Una palabra relacionada es exégesis (del griego hezëgeomai, yo narro o explico), que
se refiere a la aplicación efectiva de la hermenéutica a la interpretación y explicación del texto
sagrado. En resumen, la hermenéutica proporciona los fundamentos necesarios para una
correcta exégesis.
3 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

Escuelas erróneas de interpretación

Históricamente, se han adoptado diversos enfoques para la interpretación de las Escrituras,


que en su desarrollo originaron escuelas de interpretación. Como cristianos evangélicos
consideramos que solamente existe una escuela correcta, y que las otras deben descartarse
como inapropiadas. Entre las escuelas inadecuadas, las cuatro principales son:

1. Literalismo. Consiste en tomar la Biblia “al pie de la letra” sin tomar en


consideración las figuras del lenguaje, el contexto general de la Escritura, la historia ni
los matices de significado de las palabras según la forma en que se emplean. El
resultado es despojar a la Biblia de su majestad y privarse de comprender lo que Dios
quiere decirnos.
2. Alegorismo. Este enfoque es en principio opuesto al literalismo. Supone que la Biblia
tiene un mensaje más profundo que el evidente en el texto. La escuela alegórica
pretende descubrir este mensaje “oculto” que supuestamente sería la genuina
enseñanza de Dios. Por ejemplo, la desnudez a la que se refiere Job 1:21 se refiere a la
ausencia de maldad y pecado; en Exodo 15:1 el caballo que Dios arrojó al mar (junto
con el jinete) es la lascivia, y el mar representa los desórdenes del mundo. El
alegorismo tiene dos defectos fatales: En primer lugar desprecia el significado obvio
del texto sagrado, y en segundo lugar genera explicaciones múltiples, que dependen
más de la imaginación del intérprete que del texto en sí.
3. Racionalismo. Si el principio que gobierna al alegorismo es la imaginación del
intérprete, en el racionalismo es su capacidad humana de comprensión. La razón
humana se torna entonces en el criterio por el cual se acepta o rechaza la enseñanza
bíblica, que en general no se considera plenamente inspirada por Dios. Por ejemplo, el
racionalismo rechaza los milagros por considerarlos científicamente imposibles. En
lugar de someter la mente a la instrucción de la Escritura, decide de antemano qué
cosas ha de aceptar y qué cosas ha de rechazar, olvidando que la mente humana sin el
auxilio del Espíritu Santo no puede comprender las cosas de Dios (1 Corintios 2:14).
4. Dogmatismo. En este enfoque, la Biblia se interpreta de acuerdo con cierto número de
doctrinas establecidas, de manera que no puede explicarse nada en un sentido que las
contradiga. Es el método tradicional de la Iglesia Católica. El principal problema con
este método es que pone las doctrinas por encima de las Escrituras, en lugar de
permitir que sea la Biblia la que determine las doctrinas.

Debe notarse cuidadosamente que el defecto común a todas estas escuelas es tornar absoluto
un principio relativo. En un sentido, cada una de ellas exagera, hasta deformarlo, un aspecto
válido de la hermenéutica.
Por ejemplo, el literalismo es la exageración de una buena exégesis literal (que se
describe más abajo). El alegorismo es malo no porque en la Biblia no haya alegorías, sino
porque va más allá y las busca en pasajes que deben tomarse literalmente.
El racionalismo tiene en su favor que ciertamente se requiere el uso de la razón para
entender la Biblia, pero olvida que la razón humana sola no basta. Finalmente, las doctrinas
establecidas deben guiar una interpretación seria, pero en el dogmatismo se les otorga
excesiva importancia, de modo que no se puede aprender nada nuevo ni modificar una
doctrina inadecuada a pesar de existir buena evidencia para hacerlo.
4 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

La interpretación literal

Una hermenéutica destinada a hacerle justicia a la Palabra de Dios fue de las contribuciones
fundamentales de la Reforma del siglo XVI. El método de los reformadores se denomina
literal (no confundir con literalista) y también gramático-histórico o histórico-literario. Es
un justo tributo a los reformadores el hecho de que el método gramático-histórico que ellos
desarrollaron haya sido adoptado por la vasta mayoría de los intérpretes serios de la Biblia.
Aunque la Reforma se separó de la Iglesia Católica, tuvo una profunda influencia en su
hermenéutica. De hecho, aunque desde luego limitado por el dogmatismo, todos los
comentarios bíblicos católicos modernos emplean el método gramático-histórico.
La interpretación literal, o gramática-histórica, comienza con el texto en sí mismo,
analizando cuidadosamente el lenguaje y considerando el contexto y las circunstancias
históricas (el autor humano, los destinatarios, las circunstancias, los usos y la cultura de la
época del escrito). La interpretación literal pretende ante todo establecer lo que el texto
deseaba transmitir a sus destinatarios originales, antes de pretender emplearlo como base
para una doctrina o de aplicarlo a nuestra situación actual. En general, una buena
interpretación literal exige mucho más trabajo que cualquier otra, pero también brinda,
consecuentemente, resultados más seguros y provechosos.

La preparación del intérprete


En este punto recomiendo la lectura cuidadosa de los dos primeros capítulos del libro
“Entendamos: 24 principios básicos para interpretar la Biblia” de Walter A. Henrichsen. El
capítulo 2 enuncia 10 principios, que se parafrasean a continuación:

1. Suponemos que la Biblia tiene autoridad divina


2. La Escritura interpreta la Escritura
3. El Espíritu Santo y la fe salvadora son imprescindibles
4. Las experiencias se interpretan a la luz de las Escrituras (y no al revés)
5. Los ejemplos sólo poseen autoridad vinculante cuando hay un mandato específico
6. La Biblia debe cambiar nuestra vida, no sólo aumentar nuestro conocimiento
7. Cada cristiano tiene la responsabilidad de estudiar e interpretar la Biblia
8. La historia tiene importancia relativa en la interpretación bíblica
9. Las promesas bíblicas genuinas están disponibles para los creyentes
10. Las Escrituras tienen un solo significado y deben interpretarse literalmente

Creer que la Biblia es la Palabra de Dios, estar en paz con Él y prepararse en oración son
requisitos preliminares para comprender de manera cabal las Escrituras. Entre las virtudes que
deben desarrollarse en un buen intérprete están la humildad, la diligencia, la paciencia y la
perseverancia.
La humildad es imprescindible para ser instruido por la Biblia, en lugar de insertar
nuestros preconceptos en ella. La diligencia se refiere a la actitud de leer y analizar el texto
bíblico con todos los medios a nuestro alcance. La paciencia debe ejercitarse toda vez que
nuestro resultado no sea satisfactorio, o que no logremos resolver aparentes discrepancias. En
fin, la perseverancia nos capacita para proseguir con nuestra tarea en el tiempo a pesar de
nuestras limitaciones. La perseverancia es con mucha frecuencia recompensada con una
comprensión renovada del texto bíblico a su debido tiempo.
5 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

Herramientas: básicas y avanzadas


Los elementos necesarios para una buena interpretación bíblica están al alcance de la mayoría
de nosotros, tanto en forma impresa como –gracias a la Internet – en formato electrónico.
Obviamente, es indispensable una copia de la Biblia en una buena versión. Entre las
traducciones evangélicas, la más apropiada para estudio es la Biblia de las Américas. La
Reina-Valera en cualquiera de sus ediciones también es apropiada. Menos adecuada para
estudio (aunque buena) es la Nueva Versión Internacional. Por ser menos precisas, no
recomiendo como versión de estudio las traducciones Dios Habla Hoy (Versión Popular) ni
La Biblia en Lenguaje Actual. Entre las versiones católicas, las más recomendables son la
Biblia de Jerusalén y El libro del pueblo de Dios.
Además de una o más Biblias, es casi imprescindible contar con:

Un diccionario español.
Un diccionario bíblico, como el Nuevo Diccionario Bíblico (Ed. Certeza, 1991).
Un comentario, como el Nuevo Comentario Bíblico (Casa Bautista de Publicaciones, 1977).
Una concordancia completa, como la de C.P. Denyer (Ed. Caribe, 1978). Una concordancia
es un libro que presenta una lista, en orden alfabético, de los sustantivos, adjetivos y verbos
que aparecen en una traducción de la Biblia y los versículos en los que se encuentran.
Otra obra que no es imprescindible pero sí muy útil es:
Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento, W.E. Vine (Caribe).

Además de estas obras, la biblioteca del intérprete puede expandirse indefinidamente


con comentarios más extensos, Biblias interlineales (con el texto en español debajo del texto
hebreo y griego), concordancias exhaustivas hebreas-griegas, diccionarios bíblicos de
palabras hebreas y griegas, enciclopedias, libros sobre la historia y arqueología bíblicas,
manuales de hermenéutica (como el de José M. Martínez) y muchas otras obras útiles.

Trabajo práctico Nº 1

A cada estudiante se le asignará un texto diferente. Su tarea será:

1. Leer el texto varias veces (de ser posible en más de una versión).
2. Leer el contexto – los versículos que preceden y siguen.
3. Buscar el significado de las palabras y expresiones que desconozca y de aquellas de
cuyo significado no está seguro (puede además consultar una concordancia).
4. Ensayar una paráfrasis (escribir lo que entendió hasta aquí que dice el texto, con sus
propias palabras, antes de pasar al paso siguiente).
5. Consultar un comentario
6. Anotar en dónde realizaría modificaciones a su paráfrasis luego de consultar el
comentario.
6 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

El lenguaje y la traducción

El lenguaje puede definirse como un sistema de comunicación simbólica. La posesión de


lenguaje es, en la naturaleza, un fenómeno único de la especie humana. Todas las
comunidades humanas, incluso las más primitivas, poseen un lenguaje hablado. Los lenguajes
pueden también escribirse y ser leídos.
Formalmente, un lenguaje consta de palabras y gramática. La unidad elemental del
habla son sonidos que se denominan fonemas. Estos fonemas son característicos de cada
lenguaje. La combinación de fonemas forma palabras, y estas son entidades que, en cada
lenguaje, se asocian convencionalmente con un determinado objeto. La conexión es arbitraria,
pues no existe ninguna relación necesaria entre el sonido de la palabra y el objeto que
representa. Por ejemplo, la palabra española “casa” no tiene conexión directa con el objeto
que representa; en inglés el mismo objeto se llama “house” y en griego “oikos”.
No obstante, en cada lenguaje el empleo repetido de la palabra establece una
asociación arbitraria con el objeto. Con el aprendizaje, el sonido de la palabra (o su forma
escrita) evoca espontáneamente la representación mental del objeto representado.
La gramática es el conjunto de reglas que estipulan cómo se construyen las palabras y
frases, y determinan su significado. La gramática consta de morfología, sintaxis y fonología,
que incluye la expresión (prosodia). Cada lenguaje tiene su propia gramática.
Por ejemplo, en español una oración se construye habitualmente con el orden sujeto–
predicado-objeto, pero este orden es convencional. En cambio, en hebreo el orden usual es
predicado-sujeto-objeto. En español la forma de un nombre es invariable, pero en griego el
nombre tiene diferente terminación según sea sujeto u objeto.
El orden de las palabras puede indicar un énfasis diferente. Por ejemplo, en español
colocar el adjetivo antes del sustantivo o después de él cambia el énfasis: “un viejo amigo”
indica la duración de la relación amistosa, mientras que “un amigo viejo” hace referencia a la
edad de la persona.
Los verbos también se emplean de manera diversa en diferentes lenguajes, y esto hace
que no exista necesariamente una correspondencia exacta entre ellos. Es necesario discernir si
se trata de una acción pasada, completa o incompleta, o de algo que está ocurriendo, o que
ocurrirá, si es condicional, si se trata de un imperativo, etc.
Todo lo anterior significa que una traducción nunca puede representar perfectamente
lo dicho en el idioma original. El traductor debe expresar en un lenguaje diferente lo
expresado en el original, de manera que represente de la forma más aproximada posible lo que
éste dice. Aunque imperfecta, una buena traducción nos proporciona con suficiente fidelidad,
en nuestro lenguaje, lo expresado en otro diferente, como el hebreo o el griego. Gracias a
Dios, contamos hoy con varias excelentes traducciones de la Biblia.

Aproximación al texto bíblico


Harvey E. Dana notó hace 60 años que, en la imaginación popular, e incluso entre los
cristianos, “interpretar” un texto se entiende generalmente como el ejercicio de encontrarle un
significado posible. De aquí que, cuando se ofrece una interpretación del texto, no falte quien
diga: “Esa es su interpretación, pero no la mía”, dando a entender que existen numerosas
interpretaciones, todas igualmente válidas. Nada podría estar más lejos del objetivo de la
auténtica ciencia y arte de la interpretación bíblica. Cada texto tiene una única genuina
interpretación, aunque por la imperfección de nuestro conocimiento pueda haber leves
discrepancias.
7 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

La única interpretación verdadera es aquélla que reconoce lo que el autor quiso


expresar. La tarea del exegeta es precisamente, mediante todos los recursos disponibles,
determinar con la mayor exactitud posible, lo que quiso decir el autor. Dana define la
interpretación en general como “el esfuerzo de una mente de seguir los procesos de
pensamiento de otra mente, [que se han expresado] por medio de símbolos que llamamos el
lenguaje.”
Hay que insistir en que la tarea de la interpretación, tal como se ha definido arriba, es
un ejercicio reiterativo y paciente, donde se va del contexto al texto y viceversa muchas
veces, se examina el texto desde múltiples ángulos, se analiza y se compara, se diseca y se
vuelve a construir, y los resultados se revisan y se corrigen cada vez, hasta que se alcance la
convicción de haber realizado un esfuerzo exhaustivo por entender lo que el autor quiso decir.

Contribución de la psicología y la historia

Para alcanzar este noble objetivo, es obvio que el intérprete debe aproximarse a la
mente del autor, hasta llegar lo más cerca que le sea posible a pensar como pensó este
último. Si bien un mismo Espíritu inspiró toda la Escritura, tal inspiración no anuló las
características peculiares de cada autor humano, sino que las utilizó como vehículo de la
revelación divina en la historia humana.
Por lo antedicho, el intérprete serio deberá investigar minuciosamente lo que se sabe
del ambiente cultural del autor, de su historia personal, de sus hábitos de pensamiento, su
forma de expresarse, la ocasión en que escribió, su propósito y los destinatarios originales
de su obra. Ningún autor humano de la Biblia escribió impersonalmente, como una máquina.
Si no logramos, siquiera en parte, pensar como pensaron David, Isaías, Juan o Pablo, nuestra
labor como intérpretes dejará mucho que desear.
Precisamente, el conocimiento acerca de la estructura de la Biblia, de sus libros y
autores, de sus destinatarios y el ambiente cultural, de la preservación y transmisión del texto,
y de su reconocimiento canónico, que hemos estudiado como Introducción a la Biblia
(Antiguo y Nuevo Testamentos) tiene su mayor importancia como requisito previo para la
interpretación del texto bíblico. Por interesantes y legítimas que sean en sí mismas la
psicología y la historia, para el intérprete cristiano su principal papel es el de proporcionar una
información indispensable para comprender las Escrituras mismas.
Dado que los aspectos mencionados ya se han tratado con cierta extensión, en este
curso nos concentraremos en el estudio de los textos mismos, lo que corresponde al área de la
exégesis literaria.

Trabajo Práctico Nº 2
A cada estudiante se le asignará un texto diferente. Su tarea será:

1. Identificar al autor humano y buscar en un Diccionario Bíblico toda la información


posible sobre su vida y forma de pensar. Resumir por escrito los resultados.
2. Identificar la ocasión (el contexto histórico o el momento de la vida del autor) en la
que escribió el texto asignado. Resumir por escrito los datos obtenidos.
3. Realizar la tarea de interpretación tal como se indicó en el Trabajo Práctico Nº 1.
4. Explicar cómo el conocimiento del autor y de la ocasión del escrito contribuye a la
interpretación del texto asignado.
8 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

Exégesis literaria
Cuando estudiamos un pasaje de las Escrituras, debemos ante todo leerlo varias veces,
notando su estructura y tratando de comprender su sentido general. Hay que prestar atención
al sujeto, objeto y verbos, considerando los tiempos verbales, los sustantivos, adjetivos,
preposiciones y conjunciones, la existencia de cláusulas aclaratorias y de recursos enfáticos.
Pero antes de un análisis detallado, es conveniente prestar atención a la forma literaria.

Crítica de las formas

La Biblia es una pequeña biblioteca de 66 libros escritos por diversos autores, que vivieron en
diferentes circunstancias y emplearon una enorme variedad de recursos literarios. En el
presente contexto, la palabra “crítica” se refiere a una decisión basada en un juicio
fundamentado acerca de la forma literaria de un texto.
Determinar la forma literaria de un texto es un aspecto crucial de una buena
interpretación. Esto puede comprenderse si se consideran las diferentes formas literarias de
textos modernos, como artículos periodísticos, manuales científicos, tratados filosóficos,
novelas o recetas de cocina. Cada uno de ellos tiene una o más estructuras convencionales que
les son características. Por ejemplo, la receta de cocina comienza con el nombre del plato que
se ha de preparar, seguido por una lista de los ingredientes necesarios, y a continuación las
instrucciones para la preparación.
La crítica de las formas consiste en “el descubrimiento y descripción de las
manifestaciones orales o escritas que han pasado en formas fijas, estereotipadas, al lenguaje
corriente y a la literatura, y en la determinación de su intención literaria y de su contexto
histórico-existencial” (Gerhart Lohfink).
Debe notarse que, en manos de eruditos liberales, la crítica de las formas se ha
empleado para cuestionar la inspiración divina de las Escrituras. La aplicación indebida de
la crítica de las formas ha llevado, en su forma extrema, a considerar los libros bíblicos como
formados por partes originalmente desconectadas entre sí, sin unidad orgánica y unidas
meramente por la tradición oral, aparte de cualquier inspiración divina.
Lo anterior ha causado, comprensiblemente, una profunda desconfianza del método
en muchos intérpretes conservadores. No obstante, el reconocimiento sobrio de las formas
literarias es una ayuda válida para la interpretación bíblica. Es solamente el abuso de la crítica
de las formas para obtener conclusiones injustificadas lo que merece reproche.
De manera semejante a los escritos modernos, en la Biblia encontramos una variedad
de formas literarias, como narraciones, colecciones de leyes, poesías, profecías y epístolas. Es
obvio que identificar la forma literaria es un paso importante en la correcta interpretación.
Por ejemplo, el lenguaje poético del salmista está lleno de expresiones figuradas, en tanto que
las instrucciones para construir el tabernáculo son exactas y precisas. La naturaleza histórica
del libro de Hechos nos muestra la realidad de una manera muy diferente que el modo
adoptado por Juan en el Apocalipsis.
Se denomina “género literario” a una categoría o tipo de literatura caracterizada por
una forma, estilo o contenido particular. Una enumeración de los principales géneros literarios
de la Biblia incluye:

1. Libros históricos, como Génesis, Josué, Hechos de los Apóstoles.


2. Anales, narraciones históricas relacionadas con los acontecimientos políticos y
militares, como los libros de los Reyes
3. Colecciones de leyes, como Levítico
4. Colecciones de himnos y poesías, como el Salterio y el Cantar de los Cantares
9 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

5. Escritos didácticos, como Job y Jonás


6. Colecciones de aforismos sabios, como Proverbios
7. Libros proféticos, como Isaías y Jeremías
8. Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan
9. Epístolas, como Romanos, 1 Pedro y Santiago
10. Libros de revelación, como la segunda parte de Daniel y el Apocalipsis

Dentro de un mismo género, como la narración, podemos hallar formas diferentes. Por
ejemplo, un relato histórico, como la historia de José, pertenece a una forma distinta que una
parábola, aunque ambos sean narraciones. El propósito del relato es dar a conocer los hechos,
mientras que la parábola pretende enseñar algo mediante una narración ficticia.
Incluso dentro de un mismo libro bíblico, es posible encontrar una variedad de
formas. Por ejemplo, gran parte de los libros proféticos están escritos en lenguaje poético; el
Salterio incluye Salmos de alabanza, arrepentimiento, acción de gracias, duelo nacional, etc.;
los Evangelios contienen narraciones, enseñanzas, parábolas, etc.

Aspectos de la exégesis literaria


La exégesis literaria comprende los siguientes aspectos: léxicográfico, gramatical, retórico y
comparativo. Es indispensable el adecuado análisis de estos cuatro aspectos. Si falta uno o
más de ellos, la tarea está incompleta.

Léxico

El aspecto lexicográfico se refiere a las palabras precisas empleadas por el autor. Debe
tomarse nota de cualquier palabra que no nos sea familiar o de cuyo significado no estemos
seguro. Henrichsen enuncia los siguientes principios (capítulo 3):

11. Las palabras deben ser interpretadas según su significado en tiempos del autor
12. Cada palabra debe ser interpretada según la frase y el contexto

Los diccionarios y léxicos bíblicos nos permiten explorar los significados de las
palabras. Cada palabra tiene un significado etimológico –cómo se ha formado –, un
significado usual y, a veces, un significado específico determinado por el contexto. Por
ejemplo, la palabra “iglesia” es en griego ekklësia. Etimológicamente ekklësia proviene de ek
(fuera) y klesis (llamamiento). El significado usual en el mundo griego era el de una
asamblea de ciudadanos (como en Hechos 19:39). En la traducción griega del Antiguo
Testamento (Septuaginta) se empleó con referencia a la congregación de Israel (también en
Hechos 7:38). En el Nuevo Testamento, se la emplea con mayor frecuencia con referencia al
conjunto de los creyentes en Cristo (Mateo 16:18) o a una congregación cristiana local
(Mateo 18:17, Hechos 20:28, etc).
Si bien los significados etimológicos y usuales en la cultura proporcionan datos
importantes, en hermenéutica el significado debe determinarse por el uso bíblico, comparando
los diferentes matices de significado en diferentes pasajes. Muchas palabras, como sarx
(carne) tienen un rango de significados relacionados entre sí pero diferentes. En estos casos, el
contexto del pasaje es generalmente decisivo para determinar el significado preciso. Un
principio derivado es el siguiente:

Salvo excepcionalmente, una palabra determinada significa siempre lo mismo


cuando se la emplea en un mismo contexto.
10 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

Las escasas excepciones a la regla son evidentes cuando lógicamente no es posible


asignar igual significado a una palabra en el mismo texto; por ejemplo, cuando Jesús replicó a
uno que decía querer seguirle: “Deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mateo 8:22).
Ocasionalmente se emplea en la Biblia una palabra que no aparece en ningún otro
texto de la Escritura. Una palabra así se denomina técnicamente un hapax legomenon, “dicho
una sola vez”. Por ejemplo, la palabra hebrea gebbinah (queso) aparece en el Antiguo
Testamento solamente en Job 10:10. Pablo emplea en Romanos 15:23 el vocablo griego
epipoteian, que no aparece en el resto del Nuevo Testamento. El significado preciso de un
hapax legomenon es en raras ocasiones difícil de determinar. El contexto ayuda, y también la
semejanza del término con otros. Con respecto a epipoteian, por ejemplo, el verbo epipotheö
(desear, anhelar, amar; Romanos 1:11; 2 Corintios 5:2; 1 Pedro 2:2) y otros relacionados
proporcionan pistas suficientes para decidir que epipoteian significa anhelo o deseo fervoroso.
Cuando estas pistas faltan, el estudio de las mismas palabras en textos extrabíblicos en hebreo
o griego, o de palabras similares en lenguajes afines suelen permitir una conjetura plausible,
aunque no segura.

Gramática
Por importante que sea el análisis del léxico bíblico, hasta su consideración minuciosa es
insuficiente para una interpretación adecuada. El léxico de un autor guarda con el texto
producido una relación semejante a la que guardan los materiales de construcción con el
edificio terminado. Un montón de ladrillos, hierro, cemento y vidrio no es un edificio, y una
colección de palabras aisladas no es un libro. Con los mismos materiales se pueden hacer
construcciones muy diversas, según el propósito y la destreza del arquitecto. Es por tanto
fundamental examinar no sólo con qué palabras está formado un texto, sino su estructura.
Esta es la tarea de la exégesis gramatical.
En este punto es necesario recordar que el intérprete no debe prestar mayor atención a
las divisiones de los libros en capítulos y versículos, pues tales divisiones no forman parte del
texto bíblico original y no se encuentran en los manuscritos. La división en capítulos y
versículos es tardía y a menudo arbitraria. Por ejemplo, el más famoso pasaje de Isaías
sobre el Siervo del Señor comienza en el versículo 13 del capítulo 52 y se extiende a todo el
capítulo 53. Otro tanto ocurre en diversos pasajes del Nuevo Testamento, cuya división en
versículos fue realizada por Robert Estienne (Stephanus) en una edición impresa de 1551.
En el mismo sentido, deben tomarse con cautela los subtítulos que proporcionan
muchas ediciones modernas de la Biblia. Estos subtítulos no se encuentran en los manuscritos
y, si bien a menudo son útiles, no pueden reclamar inspiración divina. De hecho, los
subtítulos varían en contenido y posición entre una versión y otra. Dicho sea de paso, el
intérprete serio debe ser muy cauteloso con las versiones anotadas de la Biblia. Las Biblias
con notas son útiles cuando ellas se refieren a variantes del texto o proporcionan etimologías y
datos históricos, como la Biblia de Estudio de Sociedades Bíblicas; pero hay Biblias con notas
interpretativas que no siempre le hacen justicia al texto, y que es preferible evitar (la más
famosa es la Biblia Anotada de Scofield).
El intérprete debe analizar cada frase y su relación con las previas y posteriores para
entender su propósito y sentido, del mismo modo que el examen detallado de un edificio nos
informa de su naturaleza y de la función de cada una de sus partes. Para quienes desconocen
las lenguas originales de la Biblia (hebreo y griego), este aspecto de la interpretación es
generalmente el más difícil. Esto se debe a que cada idioma tiene formas peculiares de
expresión, que en muchos casos es muy difícil de preservar en la traducción. De todos modos,
11 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

el empleo de buenas traducciones con otras herramientas a nuestro alcance permite un análisis
adecuado para la mayoría de los fines.

Valoración del contexto

Se ha dicho hasta el cansancio, con respecto a la predicación, que “un texto fuera de contexto
es un pretexto”. Este aforismo es particularmente cierto en la interpretación. En las sectas
derivadas del cristianismo es muy común el empleo de “textos de prueba” disociados de su
contexto para probar doctrinas extrabíblicas. Lamentablemente, los cristianos evangélicos
somos culpables del mismo error con cierta frecuencia. Henrichsen formula una regla que
puede enunciarse como sigue.

13. El pasaje debe ser interpretado según su contexto inmediato y general

Prácticamente ningún pasaje bíblico puede interpretarse correctamente si no se


considera su contexto inmediato (los versículos previos y posteriores) y general, que incluye
el libro en el que se encuentra, otros escritos del mismo autor y el conjunto de los demás
libros de la Biblia.
Por ejemplo, Pablo dice: “Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe
aparte de las obras de la ley.” (Romanos 3:28). Pero Santiago dice: “Así también, la fe por sí
misma, si no tiene obras, está muerta.” (Santiago 2:17). Estos textos son aparentemente
contradictorios, pero un examen del contexto de cada uno muestra que en realidad son
complementarios. Pablo está tratando el problema de cómo un hombre puede ser declarado
justo delante de Dios, y contrapone dos posibilidades: ser justificado por el cumplimiento de
la ley de Moisés o ser justificado por la fe en Jesucristo. Por su parte, Santiago se refiere a qué
constituye una fe genuina – o viva, en oposición a una fe muerta – y concluye que una fe
salvadora se manifiesta por las obras que produce (nótese que no se refiere a las “obras de la
ley” que Pablo rechaza como fundamento de la salvación). En resumen, Pablo enseña que la
fe es lo que nos salva, y Santiago explica cómo es esa fe que nos salva.

Trabajo Práctico Nº 3
A cada estudiante se le asignará un texto diferente. Su tarea será:

1. Identificar la forma literaria y estudiar en una obra de referencia las características de


dicha forma. Buscar otros ejemplos. Resumir por escrito los resultados.
2. Examinar el texto y buscar las definiciones bíblicas de todos los sustantivos, adjetivos
y verbos empleados.
3. Anotar los tiempos verbales empleados por el autor.
4. Proceder como se indica en el Trabajo Práctico Nº 2 con respecto a autor, ocasión e
interpretación general.
5. Explicar sus impresiones sobre el resultado para su propia comprensión de las
Escrituras de los Trabajos Prácticos realizados hasta aquí.
12 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

Retórica y figuras del lenguaje

Los lenguajes diseñados expresamente para ser precisos, como el de las matemáticas o los de
computación, son relativamente recientes. Todas las lenguas humanas son menos precisas y
por esto mismo más ricas y ambiguas en su expresión. Un aspecto importante de ellas es el
uso de lenguaje figurado. En la interpretación de textos literarios en general, y de la Biblia en
particular, es muy importante identificar correctamente las figuras del lenguaje. A
continuación presento algunas de las más importantes. Como veremos en varios ejemplos, en
algunos textos se emplea simultáneamente dos o más formas de lenguaje figurado.

Símil

Un símil es una comparación o semejanza explícita, que generalmente se indica con la


expresión “A es como B” o una parecida. Por ejemplo, Proverbios 11:22 dice: “Como anillo
de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa que carece de discreción”. En Salmos
114:4 leemos: “Los montes saltaron como carneros, y los collados como corderitos.” Pueden
verse otros símiles en Salmos 1:3,4; 2:4; Proverbios 10:26; Isaías 1:8; Juan 15:4.

Metáfora

En una metáfora también se propone una comparación o semejanza, pero de manera implícita.
En el Salmo 18:2 hay varias metáforas aplicadas a Dios: “El Señor es mi roca, mi baluarte y
mi libertador; mi Dios, mi roca en quien me refugio; mi escudo y el cuerno de mi salvación,
mi altura inexpugnable.” A los fariseos que le pidieron a Jesús que hiciera callar a los
discípulos, Jesús les contestó: “Os digo que si estos callan, las piedras clamarán.” Pueden
hallarse otros ejemplos en Salmos 34:16; Marcos 9:36-37; Lucas 12:49-50; Juan 15:1-2.
Henrichsen formula las siguientes reglas:

14. Si se describe un ser viviente con un objeto inanimado (o viceversa), es


metafórico
15. Si una expresión no es directamente aplicable a la realidad descrita, es figurada

Metonimia

En esta figura, se emplea una palabra o expresión por otra que es sugerida por la primera. Por
ejemplo, se emplea la causa por el efecto, el continente por el contenido, o el símbolo por lo
simbolizado. Por ejemplo, en Lucas 16:29 dice “A Moisés y los profetas tenéis: oídlos.” No se
refiere a las personas de Moisés y los profetas del Antiguo Testamento (que habían muerto
hacía siglos), sino a sus escritos, el Pentateuco y los libros proféticos. Pablo manda a los
tesalonicenses “No apaguéis el Espíritu.” (1 Tesalonicenses 5:19). El lector atento notará que
aquí hay una metáfora (“apagar”), pero también una metonimia, pues Pablo se refiere a no
anular los dones del Espíritu Santo. En 1 Corintios 10:16, Pablo habla de “beber la copa”
cuando en realidad se refiere a su contenido, el vino.

Sinécdoque

La sinécdoque es una figura del lenguaje en la cual se emplea una parte para referirse a un
todo, o el todo para referirse a una parte. Por ejemplo, cuando en el Padrenuestro el Señor nos
enseña “Danos hoy nuestro pan cotidiano” (Mateo 6:11) el pan es una sinécdoque por los
alimentos, y tal vez por todas nuestras necesidades materiales. En el Salmo 16:9, David
13 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

afirma “mi carne reposará segura”, pero no se refiere a sólo sus músculos, ni siquiera
meramente a su cuerpo, sino a todo su ser. En Daniel 12:2 dice “muchos de los que duermen
en el polvo de la tierra despertarán”. La dormición es una metáfora de la muerte, pero además
hay una sinécdoque, pues el texto se refiere a la resurrección general. En Lucas 2:9 leemos
que el emperador mandó “un censo de todo el mundo habitado”, pero en realidad se refiere al
Imperio Romano.

Pleonasmo

El pleonasmo es una figura que involucra redundancia. Se emplean más palabras de las
necesarias para establecer el sentido, con el objeto de enfatizar un punto, con lo cual se
aumenta la expresividad de lo que se dice. “Lo vi con mis propios ojos” es un ejemplo clásico.
En la Biblia se emplea el pleonasmo con cierta frecuencia. Un ejemplo es Génesis 42:2, “para
que vivamos, y no muramos”. Otro es “los llevó aparte, solos” en Marcos 9:2.

Ironía

Es una figura en la cual se expresa una idea mediante el enunciado de la idea contraria, para
demostrar por el absurdo lo que se desea decir. Por ejemplo, a quienes pretenden darle una
explicación simple para lo que le pasa a Job, él les dice: “con vosotros morirá la sabiduría”
(Job 12:2). Reprochando a los corintios porque cuestionaban su autoridad apostólica, Pablo
escribe: “Me he vuelto insensato...”. Pueden verse otras ironías en 1 Reyes 18:27; Juan 10:32;
1 Corintios 4:8.

Preguntas retóricas

En esta figura consiste en afirmar algo mediante una pregunta cuya respuesta es obvia. Por
ejemplo, Jesús preguntó: “Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y perder su
alma? Pues ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?” (Marcos 8:36,37). Las respuestas son
evidentes: No le servirá de nada, y nada hay que pueda dar a cambio de su alma. En Gálatas
4:16, Pablo pregunta: “¿Me he vuelto, por tanto, vuestro enemigo al deciros la verdad?” Otros
ejemplos de preguntas retóricas pueden verse en Amós 3: 4-6, 8; Mateo 6:25-27; 2 Corintios
12:17.

Hipérbole

Es la figura que consiste en emplear una exageración deliberada y evidente para dar fuerza a
la idea que se quiere expresar. A los hipócritas dijo el Señor: “¿Y por qué miras la mota que
está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo?” La mota
y la viga son metáforas de un defecto pequeño y otro muy grave, respectivamente, pero
además una viga es un objeto enorme con respecto al tamaño de un ojo, lo que indica una
hipérbole. Otros ejemplos de hipérbole se hallan en Números 13:33; 2 Crónicas 28:4; Mateo
18:24-35; Marcos 10:25.

Apóstrofe

Consiste en dirigirse en apariencia a objetos inanimados, seres irracionales o a personas


difuntas o ausentes. Los verdaderos destinatarios son, por supuesto, los oyentes y lectores del
texto. Por ejemplo, Isaías 52:9 dice: “Prorrumpid a una en gritos de júbilo, lugares desolados
de Jerusalén.” En 1 Corintios 15:55 encontramos dos preguntas retóricas y dos apóstrofes:
14 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

“¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón?”. Ver también 2


Samuel 18:33 y Apocalipsis 6:16.

Prosopopeya

En una prosopopeya se le atribuye características propias de las personas a animales, plantas u


objetos inanimados. Por ejemplo, Isaías 55:12 dice: “Los montes y los collados levantarán
canción”. El Señor les contestó a los fariseos que le pedían que callase a sus discípulos: “Os
digo que si estos callan, las piedras clamarán.” (Lucas 19:40). Véase también Jueces 9:8-15.

Elipsis y braquilogia

La elipsis es la omisión de palabras que completan una frase pero no son imprescindibles para
entender el significado. En el Salmo 90:13, Moisés clama: “Vuelve, Jehová: ¿hasta cuándo? Y
compadécete de tus siervos.” Obviamente quiere decir “¿hasta cuándo te tardarás?” o “¿hasta
cuándo tendremos que esperar?”, pero la forma breve le da una sensación de mayor urgencia.
Otros ejemplos son Éxodo 32:32 y 1 Corintios 6:13. La braquilogia es similar; se omite
repetir palabras que se pueden sobreentender por el contexto. Por ejemplo, en el siguiente
versículo la omisión de las palabras entre corchetes es una braquilogia: “Si recibimos el
testimonio de los hombres, mayor [que el de los hombres] es el testimonio de Dios” (1 Juan
5:9). Ver también 1 Corintios 15:55, que ya vimos como ejemplo de preguntas retóricas y
apóstrofes.

Litotes

Consiste en afirmar algo mediante una negación. Por ejemplo: “Al corazón contrito y
humillado no despreciarás tú, oh Dios.” (Salmos 5:17). Véase otro ejemplo en Isaías 42: 2-4.

Eufemismos

Los eufemismos son figuras en las que se expresa algo, generalmente duro, con palabras más
suaves. Por ejemplo, en Levítico 18, “descubrir la desnudez” se refiere a relaciones sexuales
incestuosas; en Hechos 7:60, “durmió” es un eufemismo por “murió”.

Modismos hebreos
Las figuras del lenguaje que se han mencionado no se limitan a la Biblia o a la literatura
derivada de la Biblia, como los libros apócrifos o los escritos de autores cristianos postapos-
tólicos, sino que se encuentran en numerosos escritos de diversas culturas. Por otra parte, la
mente hebrea posee, además de estas, ciertas formas de expresión que le son particulares. El
pensamiento hebreo antiguo, al igual que el de otros pueblos semitas, transcurre por lo
concreto más que por lo abstracto. Por esta razón expresa ideas abstractas mediante metáforas
físicas. McFall da, entre otros, los siguientes ejemplos: “duro de cerviz” significa obstinado;
“duro de rostro” se le dice al desvergonzado (compárese nuestro “caradura”); y el infeliz es
“amargo de alma”. El ojo significa cuidado o alerta (Salmos 33:18), la espada representa una
matanza (Salmo 78:62), “decir en el corazón” es simplemente pensar (Salmos 10:6), “levantar
los ojos” es mirar, y los “ojos soberbios” representan arrogancia u orgullo desmedido
(Proverbios 6:17).
15 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

Dado que la Biblia fue escrita por judíos –con excepción de Lucas, que de todos
modos conserva muchas expresiones típicamente hebreas – es importante considerar los
principales modismos hebreos:

- Expresar como absoluto algo que es relativo


- Expresar como relativo algo que es absoluto
- Modismo de filiación
- Modismos de tiempo
- Antropomorfismos
- Superlativos

Expresar como absoluto algo que es relativo

En Génesis 29:31 dice “Vio el Señor que Lea era aborrecida...” Sin embargo, el
versículo anterior (30) evidencia que se trata de algo relativo: Jacob “amó más a Raquel que a
Lea”. Véase también Proverbios 8:10; Lucas 14: 12-14, 26.

Expresar como relativo algo que es absoluto

En la parábola del fariseo y el publicano, Jesús concluye: “este descendió a su casa


justificado antes que el otro.” El Señor no quiere decir que el publicano fue justificado
primero, y más tarde el fariseo, sino que el publicano fue justificado y el fariseo no. Véase
también Mateo 22:31.

Modismo de filiación

Es una fórmula típicamente hebrea para indicar la naturaleza o una característica


importante de alguien. Así, el levita José es llamado Bernabé (bar nabas, “hijo de
consolación) en Hechos 4:36. Pablo llama al Anticristo “el hombre de pecado, el hijo de
perdición” en 2 Tesalonicenses 2:3. Ver también Mateo 8:12; Lucas 7:35; Efesios 5:8.

Modismos de tiempo

Las expresiones “perpetuo” o “para siempre” han de tomarse muchas veces en sentido
literal; son ejemplos Génesis 3:22; Éxodo 3:15; Deuteronomio 33:27. No obstante, a veces se
emplean con un sentido más limitado, en forma similar a la expresión de algo relativo como si
fuera absoluto. Por ejemplo, en Éxodo 12:14 se establece la cena del cordero pascual como
“ordenanza perpetua”, pero a la luz del Nuevo Testamento entendemos que “perpetua” debe
entenderse como permanente en tanto estuviese vigente el Antiguo Pacto. Otros ejemplos
pueden verse en 2 Samuel 7:13-17 e Isaías 60:15.

Antropomorfismos

Una forma particular de metáfora hebrea es el antropomorfismo. En este tipo de


figura se habla de Dios – que es espíritu (Juan 4:24) – como si tuviese partes anatómicas
humanas. Así, en Éxodo 15:16 se habla del brazo de Dios, y en Santiago 5:4 de sus oídos.
Otros ejemplos pueden verse en Éxodo 8:19, Salmos 34:16, Jeremías 7:13 y Zacarías 14:4.
16 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

Superlativos

El hebreo carece de formas superlativas, como bellísimo, malísimo o santísimo. El


carácter superlativo se expresa por repetición (¡Santo, Santo, Santo!) o por expresiones como
El cantar de los cantares = el más bello cantar, o el santo de los santos = el santísimo.

Trabajo Práctico Nº 4
A cada estudiante se le asignará un texto. Deberá analizarlo como ya se ha indicado, pero
además describirá todas las figuras del lenguaje y modismos hebreos que encuentre en el
pasaje. Debe además buscar ejemplos similares en otros textos.

Símbolos en la Biblia
En la Biblia aparecen numerosos símbolos. Un símbolo es toda cosa animada o inanimada,
real y visible, que representa otra invisible. Dado que se trata de cosas reales y visibles, es
necesario asegurarse que tengan verdaderamente significado simbólico en el texto estudiado.
El significado de algunos símbolos bíblicos es más o menos fijo, y por tanto una
comparación del uso del mismo símbolo en diferentes pasajes es una guía adecuada para la
interpretación. Por ejemplo, el Nuevo Testamento el agua simboliza vida eterna (Juan 4:13-
14; Apocalipsis 2:1), la palabra de Dios (Efesios 5:18) y el Espíritu Santo (Juan 7:38).
No obstante, en la mayoría de los casos el significado del símbolo debe determinarse
por el contexto. En la interpretación correcta de un símbolo es crucial determinar el punto de
comparación, es decir, qué aspecto de la entidad invisible es representado por lo visible (el
símbolo).
Tratar sobre la simbología bíblica requeriría un tratado. Aquí solamente es posible dar
algunas indicaciones generales. Bernard Ramm indica un principio importante: “Aquellos
símbolos que son interpretados por las Escrituras son el fundamento de todos los estudios
adicionales sobre simbolismo. Cuando la Escritura interpreta un símbolo, entonces nos
hallamos en terreno firme.”

Animales y objetos

Por ejemplo, en el capítulo 7 del libro de Daniel aparecen unas bestias, que simbolizan
reyes o reinos paganos, poderosos e impíos, según se explica en el mismo capítulo. Cuando
encontramos otras bestias semejantes en la visión de Apocalipsis 13, cuya interpretación no se
proporciona, podemos confiar en que representan la misma idea general.
Sin embargo, la primer bestia de la visión de Daniel era un león, probablemente
representando el imperio neobabilónico; pero en Apocalipsis 5:5 se le llama a Jesucristo “el
león de la tribu de Judá”. Por otra parte, en 1 Pedro 5:8 se compara a Satanás con un león
rugiente. Estos ejemplos ilustran la plasticidad de los símbolos.
El Señor se refirió a los creyentes como corderos (Juan 21:15), pero Juan el Bautista se
refirió a él como “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29), y en
Apocalipsis 5:6 Jesús resucitado es visto en la forma de “un cordero ... como inmolado”. Ver
también 1 Pedro 1:19.
De igual modo, una roca puede representar fuerza, fortaleza o seguridad, tropiezo u
obstáculo, y hasta al mismo Señor Jesucristo (1 Corintios 10:4; 1 Pedro 2:4-7).
17 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

El aceite puede representar una medicina (Lucas 10:34), alegría (Isaías 61:3; Hebreos
1:9), limiparse del pecado (Hebreos 9:22) o el Espíritu Santo (1 Juan 2:20).
La sangre puede simbolizar homicidio (Génesis 4:10; Apocalipsis 6:10) pero también
purificación y salvación a través de los sacrificios (ver Hebreos 9:19-28; 1 Pedro 1:19).
En Mateo 13:4, 19 las aves representan a Satanás porque roban la semilla del
Evangelio, mientras que las aves a las que se refiere la parábola de la semilla de mostaza
(Mateo 13:31,32) se mencionan simplemente para indicar que la planta de mostaza alcanza
una altura y follaje considerables.

Colores

El blanco es el color más importante en su empleo como símbolo. Representa limpieza,


pureza (Salmo 51:7; Eclesiastés 9:8; Isaías 1:18; Mateo 28:3; Apocalipsis 4:4), poder y gloria
en la visión del Anciano de Días (Daniel 7:9), en la transfiguración de Jesús (Lucas 9:29) y en
su aspecto glorificado (Apocalipsis 1:14). Las vestiduras blancas son simbólicas de la
recompensa de los creyentes (Apocalipsis 3:4s, 6:11, 7:9) y de la gloria de la Iglesia redimida
(Apocalipsis 19:14).
El púrpura, que se emplea en la decoración del tabernáculo y las vestiduras
sacerdotales (Éxodo 28 y 35), puede ser símbolo de riqueza y autoridad (Jueces 8:26;
Lamentaciones 4:6; Daniel 5:7, 16, 29; Lucas 16:19). En Apocalipsis, el púrpura y el
escarlata se relacionan con poderes impíos (el gran dragón y la gran ramera: Apocalipsis
12:3; 17:3s; 18:12,16). El rojo puede representar el pecado (Isaías 1:18), la guerra (Nahum
2:3; Apocalipsis 6:4), y también es una figura de juicio (Isaías 63:1s; compárese Apocalipsis
14:14-20). El negro sugiere muerte y hambre (Jeremías 14:2; Apocalipsis 6:5-6).

Metales

El oro se menciona cientos de veces en la Biblia, en muchos casos con significado simbólico.
Puede representar codicia (Ezequiel 7:19), lo perecedero (1 Pedro 1:18) y la obscena
ostentación de riqueza mal habida (Apocalipsis 17:4). No obstante, también se empleó
ampliamente en el tabernáculo y el templo de Salomón y por tanto puede relacionarse con
atributos divinos. En la visión que Juan tuvo de Cristo glorioso abunda el oro (Apocalipsis
1:12-13). El Señor aconseja a la Iglesia de Laodicea que compre de él oro refinado
(Apocalipsis 3:18). La Jerusalén celestial era de oro purísimo (Apocalipsis 21:18). Las obras
perdurables de los cristianos son como oro, plata o piedras preciosas (1 Corintios 3:12,13; ver
Proverbios 17:3; Zacarías 13:9). Los ancianos ante el trono de Dios llevan coronas de oro
(Apocalipsis 4:4). El sufrimiento por Cristo purifica a los creyentes como el fuego purifica el
oro (1 Pedro 1:6,7).
La plata también se empleó liberalmente en el tabernáculo y el templo. Especialmente
en el Antiguo Testamento, simboliza riqueza o valor material (Job 3:15; Isaías 60:17), aunque
al igual que el oro tiene menos valor que la sabiduría que viene de Dios (Job 28:15;
Proverbios 3:14, etc). La pureza de la Palabra de Dios y los dichos sabios son comparados con
la plata (Salmos 12:6; Proverbios 25:11). La plata corrompida es símbolo de decadencia
espiritual (Isaías 1:22; Jeremías 6:30; Santiago 5:3). El refinamiento de la plata es símbolo de
juicio y purificación divinas (Salmos 66:10; Isaías 48:10).
El bronce, junto con el hierro, puede ser símbolo de rebeldía, obstinación y juicio
(Deuteronomio 28:23; Isaías 48:4), pero también de fuerza (Deuteronomio 33:25; Daniel
4:15, 23). Los pies de Jesucristo glorificado se comparan con el bronce incadescente
(Apocalipsis 1:15). El hierro es frecuentemente símbolo de fuerza (Job 40:18; 41:27;
Jeremías 1:18). El desarrollo de una mente aguda mediante el diálogo se compara con la
18 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

acción de afilar hierro con hierro (Proverbios 27:17). Gobernar “con vara de hierro” es una
figura de inflexibilidad (Salmos 2:9; Apocalipsis 2:27; 12:5; 19:15). El bronce y el hierro se
contrastan con el oro y la plata para representar la corrupción de Israel en Jeremías 6:28. En
Daniel 2, los cuatro reyes o reinos sucesivos se simbolizan por oro, plata, bronce y hierro,
indicando menor valor pero fuerza creciente (ver también Daniel 7:7).

Nombres propios

En la Biblia, los nombres propios con frecuencia aluden a características o acontecimientos


específicos. Por ejemplo, el nombre de Adán proviene de adama, tierra; Abraham significa
padre de naciones (Génesis 17:5); Isaac alude a la risa de su madre Sara (Génesis 21:1-7);
Josué y Jesús significan “Dios salva”. Isaías puso a sus hijos nombres simbólicos (Isaías 7:3;
8:1-4), al igual que Oseas (1:4,6,9). Además, los nombres de algunos personajes bíblicos
pasaron a ser simbólicos; por ejemplo, el nombre de Elías como precursor del Mesías y el de
David como el del Mesías rey.
Además, algunos lugares, como Sodoma, Nínive y Samaria pasaron a ser sinónimo de
corrupción (Ezequiel 16:44-63; Mateo 10:15; 11:23,24; 2 Pedro 2:6). En Apocalipsis 11:8 la
Jerusalén terrenal, incrédula, es llamada Sodoma y Egipto. Babilonia es simbólica del poder
romano corrupto y perseguidor de los cristianos (1 Pedro 5:18; Apocalipsis 17 y 18).

Números

En la Biblia aparecen muchos números y cifras que son literales; no obstante, también hay
una importante simbología numérica. Aunque el simbolismo numérico se ha prestado a
interpretaciones fantasiosas (cuyo extremo es la pseudociencia llamada gematría), pueden
establecerse algunas generalidades.
El uno es básico en el concepto monoteísta (Deuteronomio 6:4). Puede referirse
también a la unidad entre Cristo y el Padre (Juan 10:30). La humanidad es una (Hechos
17:26). Por un hombre, Adán, entró el pecado al mundo y por otro, Cristo, tenemos salvación
(Romanos 5:12-21). La Iglesia, como cuerpo de Cristo, es una (Efesios 4:4-6).
Dos puede representar, paradójicamente, tanto división como unión. Como ejemplo
de disyuntiva, puede citarse los dos caminos (Mateo 7:13,14). La espada de dos filos puede
representar por un lado juicio, y por otro salvación (Hebreos 4:12; Apocalipsis 1:16). Como
símbolo de unión, puede citarse la unidad de ser humano, varón y mujer (Génesis 1:26,27), y
por tanto del matrimonio (Génesis 2:20, 24); al arca de Noé las personas y los animales
entraron de a dos. Dos fueron las tablas de la Ley, y es también el número mínimo de testigos
válido (Deuteronomio 17:6, etc.; compárese Juan 8:17,18; Apocalipsis 11:3-12).
Tres puede emplearse como una forma de expresar lo superlativo, como por ejemplo,
la santidad de Dios (Isaías 6:3; Apocalipsis 4:8). Samuel fue llamado tres veces, Elías se
inclinó 3 veces sobre el hijo de la viuda, 3 fueron las tentaciones de Jesús y 3 las negaciones
de Pedro y su rehabilitación posterior (Juan 21:15ss). Jesús resucitó al tercer día.
Cuatro también tiene a menudo significación simbólica. Cuatro letras tiene el nombre
de Dios (Jehová o Yahveh = YHWH). En la Biblia se mencionan cuatro ríos del Edén, cuatro
vientos, los 4 rincones de la tierra, y Pedro en su visión vio cuatro extremos en el mantel
(Hechos 10:11). El número cuatro aparece reiteradamente en la descripción del tabernáculo
(Éxodo 25 al 27) y en las visiones de Zacarías (1:8, 18-20; 6:1-3) y Daniel (2:36-45; 7:1-7).
Cuatro seres rodean el trono de Dios (Ezequiel 1:1-26; Apocalipsis 4:6,7). Cuatro son los
jinetes en Apocalipsis 6. El múltiplo de cuatro, cuarenta, es el de los años de peregrinación
de Israel, de la opresión periódica en Jueces, del reinado de David y Salomón; 40 son los días
19 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

del diluvio, del ultimátum a Nínive (Jonás 3:4), del ayuno de Moisés, Elías y Jesús, y del
tiempo entre la Resurrección y la Ascensión.
Cinco se emplea menos con sentido simbólico. Cinco son los libros del Pentateuco, las
secciones de los Salmos y los libros llamados colectivamente Megilloth (5 rollos) en la Biblia
hebrea: Cantar, Lamentaciones, Eclesiastés, Ruth y Esther. La fiesta de las Semanas dura 50
días, y el jubileo debía celebrarse cada 50 años. La samaritana de Juan 4 había tenido cinco
maridos; en la parábola de la boda (Mateo 25) había 5 vírgenes sabias y 5 necias. Jesús
alimentó a 5000 con 5 panes.
Seis no se emplea mucho, pero es el número de los días de la creación, y el hombre es
creado en el sexto día. El número de la Bestia en Apocalipsis 13:18 es 666.
Siete es el número simbólico más importante, y según Birch aparece en casi 600
pasajes. La historia de la creación transcurre en 7 días. El ciclo de 7 días con descanso en el
séptimo se modela según ella. Cada 7 años debía dejarse la tierra en barbecho y liberar a los
esclavos. El 7 tiene gran importancia en el ritual (Génesis 21:29,30; Éxodo 29:30; 34:18;
Levítico 12:2-3; 14:7; 16:14; Números 28:11) y en el tabernáculo y el templo (Éxodo 25:31-
37, 1 Reyes 7:17; Ezequiel 40:22; 41:3). Jacob trabajó 7 años por Raquel y se postró 7 veces
ante Esaú. Hubo 7 años de prosperidad y 7 años de sequía en tiempo de José. Los israelitas
rodearon 7 veces a Jericó, con 7 sacerdotes y 7 trompetas (Josué 6).
En el Nuevo Testamento, sobraron siete canastas de pan tras alimentar a los cuatro mil
(Mateo 15:34-37). De María Magdalena fueron expulsados 7 demonios (Lucas 8:2). Se
establecieron 7 diáconos en la Iglesia de Jerusalén (Hechos 6:3ss). Pedro pregunta si debe
perdonar hasta 7 veces y Jesús le responde que 70 veces siete. El Señor envió 70 discípulos
(Lucas 10:1). El 7 es particularmente usado en Apocalipsis: 7 iglesias, 7 candeleros, 7
estrellas, 7 ángeles, 7 lámparas, 7 espíritus de Dios, 7 ojos y 7 cuernos del cordero; 7 sellos en
el Libro; 7 ángeles con siete trompetas; un dragón y una bestia con 7 cabezas; las 7 últimas
plagas y los 7 tazones de oro.
Ocho y nueve no tienen mayor uso simbólico.
Diez se emplea como un número significativo, más que “unos pocos”. Es el número de
los mandamientos (Éxodo 20:2-17). El 10 y sus múltiplos aparece con frecuencia en la
descripción del tabernáculo y del templo (Exodo 26; 2 Crónicas 4; Ezequiel 45). Hubo 10
patriarcas antediluvianos y 10 postdiluvianos, 10 plagas contra Egipto, 10 pruebas del Señor
en el desierto (Números 14:22). Si en Sodoma hubiera habido 10 justos, la ciudad no hubiera
sido destruida (Génesis 18:32). Jesús sanó a 10 leprosos, y empleó el 10 en sus parábolas
(Mateo 25:1-13 y Lucas 15:8-10). En Apocalipsis 2:10, se profetizan 10 días de tribulación
para la Iglesia de Esmirna. El 10 aparece varias veces más en el mismo libro (Apocalipsis
12:3; 13:1; 17:3, 7, 12, 16).
Doce era un número importante para las culturas del Cercano Oriente. Doce fueron las
tribus de Israel, los pilares erigidos por Moisés (Éxodo 24:4), las joyas del pectoral del sumo
sacerdote (Éxodo 28:11), los panes del santuario (Levítico 24:5), las varas de los jefes
(Números 17:2), las piedras en el Jordán (Josué 4:9) y en el altar de Elías (1 Reyes 18:31).
En el Nuevo Testamento, Jesús llama 12 apóstoles y se mencionan las doce tribus
(Hechos 26:7; Santiago 1:1). En Apocalipsis se menciona con frecuencia (7:4-8; 12:1; 21:12,
14, 16, 21; 22:2) y se relaciona con el número completo de la elección divina, de Israel en el
Antiguo Pacto y de la Iglesia, como nuevo Israel de Dios, en el Nuevo; los 144 000 sellados
representan el cuadrado de 12 multiplicado por mil.
Mil y sus múltiplos en el Antiguo Testamento “a menudo se emplea como un número
redondeado o hiperbólico para una gran cantidad ... y para números incontables” (Birch).
Dios muestra misericordia a millares; su poder es como miles y miles de carros (Salmos
68:17), y un día en sus atrios es mejor que mil fuera de ellos (Salmos 84:10). La diferencia
20 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

entre la escala temporal humana y divina se expresa en Salmos 90:4. Para el Señor, mil años
son como un día, o una noche (ver también 2 Pedro 3:8).
Nuevamente, Apocalipsis emplea 1000 y sus múltiplos con frecuencia. Los ángeles en
torno al trono son “miríadas de miríadas, y millares de millares” (5:11). Los sellados son
144000; en un terremoto mueren 7000 (11:13). Desde luego, es muy conocido y discutido el
pasaje que habla de un período de mil años (Apocalipsis 20:4-6).

Trabajo Práctico Nº 5
A cada estudiante se le asignará un texto. Deberá analizarlo como ya se ha indicado, pero
además describirá los símbolos que encuentre y deberá indicar su uso en otros textos bíblicos.

Fábulas

Las fábulas son narraciones ficticias donde se atribuyen a plantas o animales acciones
humanas. No abundan en la Biblia, pero la historia de los árboles que querían un rey y a falta
de un mejor candidato coronaron a la zarza ilustra la locura de coronar a Abimelec en Jueces
9. Véase también 2 Reyes 14:9-10.

Parábolas
La palabra parábola proviene del griego y significa arrojar una cosa al lado de otra, como para
comparar ambas. Una parábola es básicamente un símil extenso. En efecto, el símil es una
comparación formal breve, mientras que la parábola es una comparación más elaborada. La
parábola es un recurso frecuente para enseñar algo importante por comparación. En el
Antiguo Testamento, la parábola más conocida es la de Natán (2 Samuel 12:1-7). Otras
parábolas pueden verse en Isaías 5:1-7 y Ezequiel 17:22-24.
En el Nuevo Testamento, la parábola fue uno de los principales recursos didácticos de
Jesús, que empleó tanto comparaciones muy breves (a veces llamadas “dichos parabólicos”)
como de extensión moderada o larga. El propósito de la enseñanza mediante parábolas es
doble, y el mismo Señor lo describe (Mateo 13:11-17; Marcos 4:10-12; Lucas 8:8-10). Por
una parte es una forma de revelar el Reino de Dios a quien realmente quiere aprender (el que
“tiene oídos para oír”). Por otra, las parábolas ocultan la enseñanza a quienes no están
dispuestos a ser enseñados, lo que los torna responsables ante Dios.
Dado que todas las parábolas son comparaciones más o menos elaboradas, es
necesario tener en cuenta los siguientes aspectos (Ramm):

1. La comparación misma: un objeto, una costumbre, un acontecimiento, o una


narración con características que resultan culturalmente familiares a sus oyentes
originales.
2. La lección espiritual que se deriva de la parábola, que es la verdad teológica que se
enseña o el ejemplo que se inculca.
3. Entre la comparación terrenal y la lección espiritual hay una relación de analogía, o
parecido, que permite comprender algo intangible por comparación con algo muy
concreto.
4. Toda parábola requiere interpretación, pues tiene dos niveles de significado: lo
concreto que narra y lo que quiere enseñar. Precisar la relación entre ambos niveles es
la tarea del intérprete.
21 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

La principal guía para la recta comprensión de las parábolas proviene del mismo
Señor, quien interpretó dos de ellas para sus discípulos: la parábola del sembrador y la
parábola del trigo y la cizaña (Mateo 13). Sobre la base de estas interpretaciones inspiradas
del mismo Autor, estamos de acuerdo con la siguiente regla enunciada por Henrichsen:

16. En las parábolas debe tenerse en cuenta sólo los aspectos principales

En general, en las parábolas no se mencionan nombres propios, lugares geográficos ni


tiempos definidos; al igual que un cuento, podrían comenzar con las palabras “Había una
vez”. Cada parábola tiene una enseñanza central y otras derivadas de ella, pero no todos los
detalles tienen significado independiente o simbólico.
Lo que cuenta es la idea central, que proporciona la guía para la interpretación. Por
ejemplo, en la parábola del sembrador, el aspecto central es que la semilla germina y la planta
crece cuando cae en el terreno adecuado, y como enseñanzas accesorias se mencionan otros
terrenos que, por una causa u otra, no eran aptos.
Existen otros dos principios importantes para la buena interpretación de las
parábolas de Jesús. Uno es teológico y el otro histórico.

Las parábolas enseñan sobre el Reino de Dios

Jesús comenzó su ministerio con el siguiente anuncio: “El tiempo se ha cumplido y el reino de
Dios se ha acercado: arrepentíos y creed en el Evangelio” (Marcos 1:15). El reino de Dios (o
reino de los cielos) es el tema central del evangelio. Este reino es ya una realidad presente,
pero todavía no se ha consumado.
Por eso las parábolas enseñan acerca de diversos aspectos presentes del Reino, como
la necesidad de tomar la decisión de seguir a Jesús y entrar en el Reino, como también sobre
aspectos futuros relacionados con su consumación escatológica, como el juicio final. Por esta
razón Dodd tituló Las parábolas del Reino a su libro clásico sobre el tema. Cualquier
interpretación que se sale de este foco es francamente sospechosa. Toda interpretación
genuina de las parábolas ha de tener en cuenta lo que ellas enseñan sobre el Reino y su Rey.
Joachim Jeremias concluye su erudito libro sobre las parábolas con las siguientes
declaraciones:

Si intentamos recuperar el sonido primitivo de las parábolas, hay una cosa que
ante todo se nos presenta clara: todas las parábolas de Jesús obligan a los oyentes
a tomar posición sobre su persona y sobre su misión. Pues todas están llenas del
«misterio del reino de Dios» (Marcos 4:11), a saber, la certeza de la «escatología
que se realiza». La hora del cumplimiento ha llegado; ésta es su nota fundamental.
El fuerte está desarmado, las fuerzas del mal tienen que ceder, el médico viene a
los enfermos, los leprosos quedan limpios, la gran deuda es perdonada, la oveja
perdida es conducida a casa, la puerta de la casa paterna está abierta, los pobres y
los mendigos son llamados al banquete, un señor de una bondad muy profunda
paga el jornal completo, la gran alegría domina los corazones. Ha comenzado el
año de gracia de dios. Pues ha aparecido Aquél cuya oculta majestad centellea tras
cada palabra y tras cada parábola: el Salvador.

Las parábolas se basan en la vida real

Las parábolas presentan personajes, situaciones y ambientes tomados de la vida real


con los cuales los oyentes estaban familiarizados: un sembrador que realiza su tarea, un
22 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

funcionario que tiene una deuda, dos hombres que asisten al templo a orar, una planta que
crece, una boda, una red arrojada por un pescador, una mujer que pierde una moneda, un
joven que quiere “disfrutar la vida”, etc. Por esta razón, para interpretar correctamente las
parábolas es muy importante conocer cómo era la vida cotidiana en los tiempos de Jesús. En
este sentido es muy importante la contribución de Joachim Jeremias, cuya obra citada antes
provee abundante información sobre detalles de las ideas y costumbres judías del siglo I, que
permiten apreciar mejor las parábolas. Las obras de Daniel-Rops, Gower, Jeremias (Jerusalén
en tiempos de Jesús) y Miller y Miller citadas en la bibliografía proporcionan el contexto
cultural para comprender mejor las parábolas.

Estructura de las parábolas

Debe distinguirse en una parábola la ocasión, la narración y la aplicación. Las parábolas son
situadas en una ocasión particular, y esta ocasión es una pista importante para comprender la
comparación que se desea hacer, pues proporciona el contexto inmediato. Si no se identifica
la ocasión, se corre el riesgo de hacer decir a la parábola algo que en realidad no dice. Por
tanto, lo primero que hay que preguntarse es ¿por qué Jesús narró esta parábola?
La narración en sí debe analizarse según reglas ya indicadas acerca de la situación que
describen, considerando en particular cómo la habrían entendido sus primeros oyentes.
La narración debe compararse en primer lugar con otras versiones de la misma
parábola, si estas existen. Hay parábolas que aparecen en más de un Evangelio, y las
diferencias entre ellas son una ayuda importante para discernir qué cosa es fundamental y qué
cosas son accesorias.
También es necesario revisar las cosas mencionadas en la parábola en comparación
con acontecimientos u objetos similares en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, las
higueras, los viñedos, las cosechas, las bodas y los banquetes con frecuencia tienen
significado simbólico en el Antiguo Testamento.

Alegorías
La palabra “alegoría” proviene del griego allo agoreuô, que significa literalmente “decir otra
cosa” (que aquélla a la cual en realidad se refiere el autor). La alegoría guarda con la metáfora
la misma relación que la parábola con el símil. En otras palabras, puede decirse que la
alegoría es una metáfora ampliada, una comparación implícita de cierta extensión. Un
ejemplo clásico es el libro El progreso del peregrino, de John Bunyan. Una característica de
las alegorías es que la mayoría de sus detalles tiene importancia, a diferencia de lo que ocurre
las parábolas.
En la Biblia hallamos alegorías, por ejemplo, en Salmos 80:8-19; Eclesiastés 12:1-7;
Juan 10:1-16; Gálatas 4:21-31 y Efesios 6:10-17. El examen de estos textos y su contexto
muestra que se refieren a realidades espirituales, aunque no se establece explícitamente que
se trata de una comparación. Por el contrario, el intérprete debe evitar confundir con alegorías
otras formas literarias, en particular las parábolas. La interpretación de las alegorías sigue las
mismas reglas generales que se aplican a otras formas literarias: nuestro objetivo es
determinar qué quiso decir el autor.

Trabajo Práctico Nº 6
A cada estudiante se le asignará una parábola. Deberá analizarlo como ya se ha indicado, e
indicará la enseñanza principal de la parábola y enseñanzas relacionadas. Debe además buscar
otros textos no parabólicos que presenten la misma enseñanza.
23 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

Tipos

La palabra griega typos significa la impresión causada por un sello. En sentido técnico, un
tipo bíblico es una persona, un lugar, un objeto o un acontecimiento histórico que prefigura o
anuncia otra realidad posterior en el desarrollo de la historia de la salvación. Esta fase
posterior se denomina antitipo y puede ser una recapitulación o un cumplimiento del tipo.
Por ejemplo, la liberación de la nación de Israel de la esclavitud en Egipto se tornó en
un tipo de otros actos liberadores de Dios ya en el mismo Antiguo Testamento (ver Isaías 43
entre otros textos). Con este antecedente, en el Nuevo Testamento hallamos numerosas
alusiones a tipos tomados del Antiguo. Debe notarse que un tipo no es meramente un símbolo.
El tipo posee una realidad histórica propia, pero además prefigura una realidad superior,
también histórica. Hendriksen presenta la siguiente regla:

20. Los hechos históricos son además simbólicos (típicos) sólo cuando esto se dice en la
Biblia.

La carta a los Hebreos puede considerarse el mayor exponente de la tipología bíblica.


Allí se explica el significado típico de las instituciones del Antiguo Testamento, como el
sacerdocio, el tabernáculo y los sacrificios; personajes como Moisés, Aarón y Melquisedec
son típicos de Cristo.
La creación del universo (Génesis 1) es un acontecimiento típico de la nueva creación
en Cristo, según aparece en diversos textos del Nuevo Testamento, tanto aplicados a la
persona de Cristo (Juan 1:1), como a la experiencia del creyente individual (2 Corintios 4:6;
5:17; Gálatas 6:15), y, en fin, a toda la creación renovada (Romanos 8:19-21; Apocalipsis
22:1-5). Por otra parte, en Romanos 5:14-21, el Apóstol Pablo enseñó que Adán, cabeza de la
primera humanidad, era figura (typos) de Cristo, cabeza de la nueva humanidad.
El éxodo y los acontecimientos relacionados también tiene un significado típico con
respecto a la vida y obra de Cristo (Mateo 2:15; 1 Corintios 5:7,8; Juan 19:14; 1 Pedro 1:19).
Según el mismo Señor, la serpiente de bronce que Moisés levantó en el desierto era típica del
sacrificio en la cruz (Números 21:4-9 y Juan 3:14). Además, las experiencias de los israelitas
en su peregrinación por el desierto son típicas de las bendiciones y peligros en la vida de los
cristianos (1 Corintios 10:1-12). De igual modo, los anuncios del regreso del exilio en
Babilonia son típicos del anuncio de la buena nueva, es decir el evangelio (cf. Isaías 40:9;
61:1 con Lucas 4:16-21).
Es posible que existan muchos otros pares de tipo del Antiguo Testamento con antitipo
en el Nuevo Testamento. No obstante, históricamente la interpretación tipológica ha sufrido
de frecuentes exageraciones a manos de intérpretes bien intencionados que pretendieron
encontrar más tipos de los que el Nuevo Testamento puede justificar. Este exceso de la
tipología ocurrió en los escritores cristianos primitivos y, posteriormente, entre algunos
protestantes, como Jonathan Edwards, a quien Dana llama “un tipólogo atroz”. Por ejemplo,
para Edwards, Jacob era un tipo de Cristo y Raquel de la Iglesia, basado en Génesis 29:20
(“Jacob, pues, sirvió siete años por Raquel, y le parecieron unos pocos días, por el amor que le
tenía”). Actualmente el abuso de la tipología es común entre algunos intérpretes evangélicos,
en especial entre los que se adhieren al sistema de interpretación conocido como
dispensacionalismo. Como en otros casos, la principal y más segura guía para la
interpretación tipológica del Antiguo Testamento es lo que enseña el Nuevo Testamento.
24 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

La interpretación de la profecía
La profecía es, en sentido amplio, una declaración de la palabra de Dios, ya fuera con respecto
a una situación actual en el momento en que fue anunciada, o con respecto al futuro. Lo
primero ofrece relativamente poca dificultad, pero no ocurre otro tanto con las profecías
predictivas de acontecimientos futuros para el profeta y sus destinatarios. Probablemente
ningún aspecto de la exégesis es más complejo y controvertido entre los cristianos bíblicos
que la interpretación de las profecías predictivas. Hendriksen ofrece las siguientes reglas:

17. Las profecías se interpretan literalmente si la Biblia no indica cumplimiento


simbólico
18. Las Escrituras se comprenden plenamente a la luz de la historia bíblica

Lamentablemente, en la realidad concreta es con frecuencia difícil resolver posturas


encontradas con la aplicación de estas normas. Si bien muchas profecías se cumplieron de
manera literal, no ocurre otro tanto con otras. Por otra parte, aunque en la historia bíblica se
halla el cumplimiento de diversas profecías, la profecía predictiva involucra con frecuencia
una doble referencia, a un acontecimiento próximo y a otro remoto.
Por ejemplo, el discurso de nuestro Señor en Mateo 24 (y sus paralelos en Marcos 13 y
Lucas 21) indudablemente se refiere a la destrucción de Jerusalén ocurrida pocas décadas
después, y al mismo tiempo anuncia cosas referidas al fin del mundo.
Adicionalmente, algunos anuncios proferidos con apariencia de ser un acontecimiento
inevitable, finalmente no se cumplieron porque los destinatarios se arrepintieron de sus
pecados. Son ejemplos la profecía de la destrucción de Nínive (Jonás 3:4) y de la destrucción
inminente de Judá profetizada por Miqueas en tiempos del rey Ezequías (Miqueas 3:12; cf.
Jeremías 26:18-19).
Como observa Ramm, el lenguaje profético posee, por su propia naturaleza, cierta
ambigüedad. Mucho del lenguaje profético es poético, figurado y expresa el futuro con
términos y alusiones de acontecimientos históricos. Si algunos anuncios, como el del Siervo
de Yahveh en Isaías 53, nos parecen claramente cristológicos, es porque los observamos a la
luz de la historia de Jesucristo.
Otro problema obvio es la extensión de las Escrituras proféticas tanto en cuanto al
número de textos como al prolongado intervalo que cubren. Esto torna muy difícil para
cualquier intérprete dominar plenamente su contenido, y desde luego interpretarlas
apropiadamente.
Además de las normas generales ya enunciadas para cualquier texto bíblico, como el
uso del lenguaje y el contexto literario e histórico de la profecía. Es de particular importancia
cotejar todos los pasajes relevantes, en especial los que tocan temas como el Día del Señor, el
remanente, el derramamiento del Espíritu, el juicio a Israel y a las naciones, y las bendiciones
del final de los tiempos. Debe determinarse qué elementos tienen valor temporal y cuál es el
centro del anuncio cuyo cumplimiento se aguarda. Es también fundamental determinar si el
anuncio es incondicional o, por el contrario, depende de la obediencia o desobediencia de
quienes lo recibieron.
En cuanto al cumplimiento de la profecía, debe intentarse determinar si el anuncio es
de tal naturaleza que su cumplimiento había de ocurrir antes de la primera venida de cristo, o
después de ella. Aún así, cabe la posibilidad de un cumplimiento en etapas o múltiple, en
diferentes etapas de la historia.
25 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

El entendimiento literal de las profecías (reconociendo, claro, las figuras del lenguaje)
es el punto de partida que debe gobernar una interpretación adecuada. No obstante, el
intérprete deberá a menudo decidir si debe apartarse de este sentido literal, y en qué medida.
Ningún intérprete competente entiende las profecías predictivas de manera estrictamente
literal ni estrictamente espiritual. Henrichsen enuncia una regla que es muy importante aquí:

19. La revelación es progresiva, pero Antiguo y Nuevo Testamento forman una


unidad

Es precisamente sobre la base de la continuidad de la historia de la salvación y la unidad de la


revelación divina en el Antiguo y Nuevo Testamentos que podemos obtener la guía más
segura posible para la interpretación de las profecías.
Nuestra fe en la unidad de las Escrituras se remonta a Jesucristo mismo, quien dijo
que la profecía de Isaías 61:1 se había cumplido en él (Lucas 4:16-21) y que las Escrituras
daban testimonio de él (Juan 5:39). Luego de la resurrección, “comenzando por Moisés y
continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a él en todas las Escrituras” a los
desconcertados discípulos que iban camino a Emaús (Lucas 24:27). Poco después manifestó
que era necesario que se cumpliera lo que estaba escrito de él “en la ley de Moisés, en los
profetas y en los salmos. Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras”
(Lucas 24: 44, 45).
Con este precedente fundamental, podemos aprender más sobre la interpretación de las
profecías observando cómo las emplearon los autores del Nuevo Testamento. Ningún
intérprete cristiano puede negar que la exégesis de estos autores inspirados es una guía más
segura y firme que cualesquiera principios hermenéuticos que nosotros pudiéramos proponer.
La importancia de este hecho es que varios autores evangélicos modernos sostienen, al
parecer sin demasiada reflexión, la afirmación inexacta que “todas las profecías que se han
cumplido, se han cumplido literalmente”. Este axioma de la hermenéutica literalista es
desmentido por el estudio del uso del Antiguo Testamento en el Nuevo, que revela una
verdad mucho más compleja pero a la vez infinitamente más profunda. LaRondelle (p. 77)
resume la situación como sigue:

El Nuevo Testamento revela un enfoque múltiple del Antiguo Testamento,


centrado en Cristo, el cual es más rico teológicamente y más comprehensivo que
la hermenéutica del literalismo. Una consideración de varios ejemplos de la
interpretación del Nuevo Testamento de profecías mesiánicas ha descubierto
algunos fascinantes patrones de promesa y cumplimiento dentro del marco más
amplio de la continuada historia de la salvación de Dios. Basado en la suposición
subyacente de la soberanía de Dios en la historia de Israel, el Nuevo Testamento
reconoce algunas profecías mesiánicas directas que han hallado su cumplimiento
en Cristo Jesús. Más a menudo, sin embargo, el Nuevo Testamento reconoce
muchas profecías mesiánicas indirectas que han sido confirmadas en su
significado más pleno (sensus plenior) en Cristo a través de un cumplimiento
tipológico, especialmente en el patrón de sufrimiento seguido de una exaltación en
los Salmos regios. Finalmente, el Nuevo Testamento inauguró una interpretación
mesiánica de pasajes históricos no predictivos referidos a la experiencia de Israel
en el Antiguo Testamento, nuevamente en términos de correlaciones tipológicas.
En estas variadas maneras el Nuevo Testamento enseña que los acontecimientos
de la vida de Cristo – su nacimiento en Belén, su humillante muerte, pero también
su resurrección y exaltación a la diestra de Dios – no fueron acontecimientos
26 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

imprevistos o accidentales. Ellos eran el diseño del propósito predeterminado de


Dios en su formación y llamado de Israel.

A continuación, veamos algunos ejemplos – de cerca de 100 – de la interpretación que el


Nuevo Testamento hace del Antiguo:

Nuevo Testamento Antiguo Testamento Cumplimiento


Mateo 1:23 Isaías 7:14 Directo (“literal”)
Mateo 2:5 Miqueas 5:2 Directo
Mateo 2:15 Oseas 11:1 Tipológico
Mateo 10:35, 36 Miqueas 7:6 Analógico
Mateo 21:42 (Hechos 4:11; 1 Salmos 118:26 y sig. Tipológico
Pedro 2:7)
Mateo 24:30 Daniel 7:13,14 Directo
Mateo 26:31 Zacarías 13:7 Directo
Mateo 27:35 (Marcos 15:24; Salmos 22:18 Tipológico
Lucas 23:34; Juan 19:24)
Marcos 1:2 Malaquías 3:1 Directo
Marcos 12:36 Salmos 69:21 Tipológico
Lucas 22:37 Isaías 53:12 Directo
Hechos 1:20 Salmos 69:25; 109:8 Tipológico
1 Corintios 5:7 Exodo 12:11 Tipológico
Hebreos 1:5 Salmos 2:7 Directo
Hebreos 2:5-8 Salmo 8:4-6 Tipológico
1 Pedro 2:8 Isaías 8:14 Tipológico

En conclusión, aunque no existe una metodología infalible para la interpretación de la


profecía predictiva, el Nuevo Testamento proporciona un marco de referencia que ningún
intérprete cristiano puede desconocer.

Interpretación del Apocalipsis

En la historia del cristianismo, el libro de Apocalipsis ha sido la obra del Nuevo Testamento
que más se ha malinterpretado. No es posible aquí tratar el tema en detalle, pero conviene
proporcionar algunas líneas generales.
En primer lugar, el autor del libro lo califica como una profecía, pero ésta se presenta
en la forma de visiones. Las escenas que el libro describe son en gran medida metáforas de
realidades espirituales, y es necesario comprenderlas en este sentido (no lo que se describe,
sino la realidad que se intenta describir en la visión).
En segundo lugar, debe procurarse, más que en otros libros, intentar entender qué
mensaje quiso transmitir el autor a los destinatarios originales, es decir, los cristianos
perseguidos de fines del siglo I. Cualquier interpretación que desconozca este aspecto está
despistada.
En tercer lugar, aunque el libro no tiene ninguna cita directa del Antiguo Testamento,
está repleto de alusiones a éste. Es imposible comprender Apocalipsis si no se ha estudiado
antes el Antiguo Testamento, en particular Génesis, Éxodo, Isaías, Ezequiel, Daniel y
Zacarías.
En cuarto lugar, a pesar del ambiente reminiscente del Antiguo Testamento,
doctrinalmente el libro supone lo enseñado en el resto del Nuevo, en particular con su foco
27 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

profundamente cristológico. Por tanto, para entenderlo es necesario conocer también el resto
del Nuevo Testamento. En resumen, el libro se refiere primariamente a Cristo y su Iglesia, y
está adecuadamente ubicado al final de la Biblia no sólo porque se refiere a las últimas cosas,
sino también porque no puede entenderse ni aprovecharse su mensaje sin una comprensión de
la historia de la salvación revelada en el resto de las Escrituras.
En quinto lugar, el análisis textual permite discernir una estructura cuidadosamente
ejecutada, que permite dividir la obra en siete secciones más una introducción y un epílogo.
La atención a la estructura interna del libro es otra clave importante para su correcta
interpretación.

Trabajo Práctico Nº 7
A cada estudiante se le asignará un texto profético. Deberá analizarlo como ya se ha indicado,
con especial atención al contexto original y al tiempo y modo de cumplimiento de la profecía.
Debe además buscar ejemplos similares en otros textos.

El uso doctrinal de la Biblia


Los cristianos evangélicos sostenemos que la Biblia es nuestra autoridad final en todo asunto
relacionado con la doctrina y la práctica. Esto significa que estamos llamados a un esfuerzo
permanente para la mejor comprensión de las Escrituras, pues, como dice Henrichsen:

21. La Biblia debe comprenderse gramaticalmente primero, teológicamente después

En otras palabras, debemos estudiar y comprender la Biblia para saber qué debemos creer y
cómo debemos vivir. Esta actitud es lo opuesto a la de diversas sectas que buscan apoyo en la
Biblia para sus propias ideas preconcebidas. Esto les lleva a torcer el sentido de las Escrituras
para acomodarlas a sus propias creencias. Nosotros debemos hacer exactamente lo contrario.
Ahora bien, antes de que podamos caracterizar como conforme a las Escrituras una
determinada enseñanza, debemos asegurarnos de atender la advertencia de Henrichsen:

22. Una doctrina es bíblica si considera todo lo que la Biblia dice sobre el tema

No podremos llegar a una formulación adecuada de ninguna enseñanza si solamente


consideramos algunos de los textos pertinentes, mientras que ignoramos otros. Se requiere un
estudio bíblico exhaustivo para arribar a una doctrina sólida.
Además, no todas las doctrinas que pueden derivarse correctamente de la Biblia
poseen el mismo grado de certeza. Por ejemplo, la divinidad de Jesucristo y la esperanza de
su segunda venida personal y visible son doctrinas muy sólidas. En cambio, no es tan claro si
el bautismo de bebés es conforme a las Escrituras (nosotros creemos que no), o cuál es la
naturaleza de la predestinación.
En los asuntos que son claros se debe ser pacíficamente firme, pero es aconsejable
ejercer una prudente tolerancia en doctrinas que son objeto de controversia entre creyentes
igualmente sinceros y eruditos.
Aunque sostenemos la perspicuidad (claridad) de la Biblia en general, reconocemos
que hay temas en los cuales es difícil llegar a una conclusión definitiva. Henrichsen aconseja:

23. Si dos enseñanzas parecen contradictorias hay que aceptar ambas con paciencia
28 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

Un ejemplo clásico es el aparente conflicto entre la soberanía de Dios y la libertad (y


responsabilidad) humana.
Finalmente, debemos evitar hacer decir a las Escrituras más de lo que en realidad
dicen. Como lo expresa Henrichsen:

24. Una enseñanza implícita sólo puede aceptarse si es corroborada por otros pasajes

Un ejemplo es la posición cristiana sobre el aborto. La Biblia prácticamente no trata el tema


excepto en Éxodo 21:22-23 (que se refiere a un aborto causado por accidente). La posición
cristiana contra el aborto no se basa tanto en un mandato explícito como en el mandato
general de “no matar”, el llamado a ejercer compasión y amor hacia todos, en especial los más
indefensos, y la noción bíblica (corroborada por la ciencia) de que la vida humana comienza
en el vientre materno (por ejemplo, Salmos 139:13-16).
En resumen, una vez que determinemos lo que la Biblia enseña sobre un tema,
debemos hacer lo que dice y al mismo tiempo no prohibir por razones doctrinales lo que la
Biblia no prohíbe (explícitamente o por clara implicación).

Trabajo Práctico Nº 8
A cada estudiante se le asignará un texto bíblico. En esta práctica se requiere que elabore una
interpretación teniendo en cuenta todos los aspectos considerados en las prácticas previas.

Bibliografía selecta
La literatura acerca de la Biblia y su interpretación es interminable e inabarcable. A
continuación proporciono una lista seleccionada principalmente por la utilidad que la mayoría
de estas obras han tenido para mí. Por razones obvias, me he concentrado en obras disponibles
en castellano (aunque indico algunas importantes en inglés). Actualmente existe muchísima
información disponible en la Internet, por ejemplo en www.biblegateway.com, www.irr.org,
www.desarrollocristiano.com, y www.recursosteologicos.org

Hermenéutica

Berkhof, Luis. Principios de interpretación bíblica. Terrassa: Editorial CLIE, sin fecha.
Chávez, Moisés. Hermenéutica: el arte de la paráfrasis libre. Miami: Editorial Caribe, 1979.
Croatto, J. Severino. Hermenéutica bíblica – Para una teoría de la lectura como producción de
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Dana, H.E. Escudriñando las Escrituras – un manual de las hermenéuticas del Nuevo Testamento. El
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Danielou, Jean. Tipología bíblica – Sus orígenes. Madrid: Ediciones Paulinas, 1966.
Gray, Ethel M. Notas para el estudio literario de la Biblia. Córdoba: El Amanecer, 1964.
Henrichsen, Walter A. Entendamos: 24 principios básicos para interpretar la Biblia. Miami: Caribe.
Ladd, George Eldon. Crítica del Nuevo Testamento: Una perspectiva evangélica. El Paso: Editorial
Mundo Hispano, 1990.
Lohfink, Gerhart. Ahora entiendo la Biblia. Madrid: Ediciones Paulinas, 1984.
Martínez, José M. Hermenéutica Bíblica. Terrassa: Editorial CLIE, 1984.
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29 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

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Sproul, R.C. El conocimiento de las Escrituras. Miami: Editorial Logoi, 1981.
Stott, John R.W. Cómo comprender la Biblia. Buenos Aires: Certeza, 1977.
Trenchard, Ernesto. Normas para la recta interpretación de las Sagradas Escrituras. Chicago:
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Texto bíblico y concordancias

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Lacueva, Francisco. Nuevo Testamento interlineal griego-español. Terrassa: Editorial CLIE, 1984.
Metzger, Bruce M. A textual commentary on the Greek New Testament, 2nd Ed. Stuttgart: United Bible
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Petter, Hugo M. La nueva concordancia greco-española del Nuevo Testamento. El Paso: Editorial
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Robertson, Archibald T. Concordancia de los Evangelios. El Paso: Casa Bautista (sin fecha).

Enciclopedias, diccionarios y ayudas especiales

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Douglas, J.D.; Hillyer N (Editores). Nuevo diccionario bíblico. Buenos Aires: Editorial Certeza, 1991.
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Nelson, Wilton M. (Editor). Diccionario ilustrado de la Biblia. Miami: Editorial Caribe, 1974.
Pop, F.J. Palabras bíblicas y su significado. Buenos Aires: Editorial La Aurora, 1972.
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Vine, W.E. Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento – Exhaustivo.
Miami: Editorial Caribe, 1999.
30 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

Historia, geografía y arqueología

Báez-Camargo, Gonzalo. Comentario arqueológico de la Biblia. Miami: Editorial caribe, 1979.


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García Cordero, Maximiliano. Biblia y legado del Antiguo Oriente. Madrid: BAC, 1982.
García Martínez, Florentino. Textos de Qumran. Madrid: Trotta, 1994.
García Martínez, Florentino; Trebolle Barrera, Julio. Los hombre de Qumran – Literatura, estructura
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Ediciones Cristiandad, 1985.
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Cultura y vida cotidiana

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Gower, Ralph. Manual de usos y costumbres en tiempos bíblicos. Grand Rapids: Portavoz, 1982.
Jeremias, Joachim. Jerusalén en tiempos de Jesús. Madrid: Cristiandad, 1977.
Leipoldt, J; Grundmann, W. El mundo del Nuevo Testamento (3 volúmenes). Madrid: Ediciones
Cristiandad, 1973.
Miller, Madeleine S; Miller, J. Lane. Harper’s Encyclopedia of Bible Life. Edison: Castle Books,
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Noth, Martin. El mundo del Antiguo Testamento. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1976.

Comentarios bíblicos

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Bonnet, L.; Schroeder, A. Comentario del Nuevo Testamento (4 volúmenes). Buenos Aires: Junta
Bautista de Publicaciones (sin fecha).
Carro, Daniel y col. (Editores). Comentario Bíblico Mundo Hispano (23 volúmenes publicados). El
Paso: Mundo Hispano.
Guthrie, Donald y col. Nuevo Comentario Bíblico. El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1977.
Hendriksen, William; Kistemaker, Simon J. Comentario del Nuevo Testamento (varios volúmenes).
Grand Rapids: Subcomisión de Literatura Cristiana.
Gaebelin, Frank E. (Editor). The Expositor’s Bible Commentary (12 volúmenes). Grand Rapids:
Zondervan, 1979-1981.
31 Interpretación Bíblica
Fernando D. Saraví

Henry, Matthew. Comentario Bíblico (13 volúmenes; hay una edición en un volumen). Terrassa:
CLIE. Nota: la edición española difiere notablemente de la original (es inferior) con respecto a
la interpretación de la profecía. Hay una edición en inglés completa en un volumen publicada
por Hendrickson (Peabody, Massachussets).
Hovey, Alva y col. Comentario expositivo sobre el Nuevo Testamento (7 volúmenes). El Paso: Casa
Bautista de Publicaciones.
Keener, Craig S. Comentario del contexto cultural de la Biblia: Nuevo Testamento. El Paso: Mundo
Hispano, 2008 (se complementa con el de Antiguo Testamento de Walton y col.).
Jamieson, Roberto y col. Comentario exegético y explicativo de la Biblia (2 volúmenes). El Paso: Casa
Bautista de Publicaciones.
Pfeiffer, Charles P; Harrison, Everett F. Comentario Bíblico Moody (2 volúmenes). Chicago: Moody.
Profesores de la Compañía de Jesús. La Sagrada Escritura – Texto y Comentario (7 volúmenes).
Madrid: BAC.
Profesores de Salamanca. Biblia Comentada (7 volúmenes). Madrid: BAC.
Robertson, A.T. Comentario al texto griego del Nuevo Testamento. Terrassa: CLIE, 2003.
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Walton, John H y col. Comentario del contexto cultural de la Biblia: Antiguo Testamento. El Paso:
Mundo Hispano, 2008 (se complementa con el de Nuevo Testamento de Keener).
Wiseman, Donald J. (Editor). Tyndale Old Testament Commentary (24 volúmenes). Downers Grove:
InterVarsity Press, 1966-1981. Algunos están traducidos por Editorial Certeza (Buenos Aires).

Parábolas

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Dodd, Charles Harold. Las parábolas del Reino. Madrid: Cristiandad, 1974.
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Profecía y unidad de la revelación

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Bruce, F.F. This is that: The New Testament development of some Old Testament themes. London: The
Paternoster Press, 1970.
Dodd, Charles Harold. According to the Scriptures. London: Fontana Books, 1965.
Fairbairn, Patrick. The interpretation of prophecy. London: The Banner of Truth Trust, reimpresión
1964.
Grelot, Pierre. Sentido cristiano del Antiguo Testamento, 2ª Ed. Bilbao: Desclée de Brouwer, 1995.
Hoekema, Antonio A. La Biblia y el futuro. Grand Rapids: Subcomisión de Literatura Cristiana, 1984.
Knight, George A.F. A Christian theology of the Old Testament. London: SCM Press, 1959.
LaRondelle, Hans K. The Israel of God in prophecy – Principles of prophetic interpretation. Berrien
Springs: Andrews University Press, 1983.
Payne, J. Barton. Encyclopedia of Biblical Prophecy – The complete guide to Scriptural predictions
and their fulfillment. Grand Rapids: Baker Book House, 1980.
Robertson, A.W. El Antiguo Testamento en el Nuevo. Buenos Aires: Nueva Creación, 1996.
Schreiner, Josef (Director). Palabra y mensaje del Antiguo Testamento. Barcelona: Editorial Herder,
1971.

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