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Editorial

TREINTA Y CINCO

L
a última sobremesa de la época Orsai ocurrió en la esquina de
Finochietto y Perú, y aprovechamos para crear la portada más
autorreferencial de los tres años de revista. Las dos fotos que
ilustran este editorial, y la foto de tapa pertenecen a Marcos López,
a quien invitamos a esa conversación final. Quisimos alejarnos de la
producción fotográfica. «Que sea verdad, que refleje este mediodía
en serio», le dijimos a Marcos. Fue una tarde de sol, en medio de la
primavera porteña y pasamos por ella en puntas de pie, sin ser del todo
conscientes de que allí, a esa hora, se estaba acabando la revista para
siempre.
En medio de una carne con ensalada, y después del fernet con coca,
le contamos a Marcos que Chiri y yo nos conocimos durante la primera
clase del cursillo de la Comunión, en 1979. Éramos un montón de chicos
de ocho años en un aula del Colegio Misericordia y la catequista nos
dio un libro a cada uno y dijo que lo abriéramos en la página inicial. La
primera tarea del libro decía: «Elige a un compañero dentro de la clase y
pídele ser tu amigo. Si acepta, escribe tu nombre en su libro y viceversa».
Sin conocernos de nada, Chiri y yo nos miramos (estábamos sentados
cerca), nos intercambiamos los libros y pusimos nuestros nombres.
«Christian», puso el Chiri en mi libro. Y yo firmé el suyo: «Hernán». Esa
mañana de sábado, a la salida del curso, posiblemente tuvimos nuestra
primera conversación.
Ninguno de los dos nos acordamos qué nos dijimos ese mediodía,
pero sí tengo una sensación grabada: el sábado siguiente fui a Catecismo
con ganas de ir, porque se podía charlar con alguien. Es muy probable
que, hasta entonces, yo no haya conversado de verdad con un par. A esa
edad había tenido conversaciones con mi madre y con mi padre, y sin
duda también con varios compañeritos del colegio, pero los adultos tenían

Se pierde un chico en la playa y aplauden. Hijos de puta. | 3


charlas de adultos, y los chicos tenían charlas de chicos. Chiri en cambio
tenía algo más: tenía teorías sobre las cosas y las sabía explicar.
¿Habremos hablado en abstracto ya de chiquitos? No lo creo
posible, pero me conformo con sospechar una primera conversación sobre
la Pantera Rosa (o sobre cualquier otro programa de la tele) un poco más
consistente que las que yo mantenía con mis amigos del barrio, o con mis
compañeros de la escuela. Algo hubo en esa primera charla, no sé bien
qué. Pero nos resultó placentera.
Lo malo era que yo iba a la escuela a la tarde, y él a la mañana. Es
decir que solamente nos veíamos los sábados en Catecismo. Por suerte
al otro año Chichita me pasó a la mañana —mi madre pensaba que el
matutino era un turno más prestigioso, y que a la tarde iban los futuros
vagos del país— y desde entonces Chiri y yo empezamos a conversar
en todos los recreos durante más de diez años, de lunes a viernes. Y de
aquello sí tengo buena memoria.
Conversar era casi lo único que hacíamos en los tiempos muertos.
Nos podíamos pasar tardes enteras hablando sobre cualquier cosa.
La conversación, cuando es fluida y empieza en una edad temprana,
provoca con el paso del tiempo un ritmo. Los cerebros se acomodan a la
percepción del otro, y en un punto posterior uno no sabe quién dijo qué,
quién pensó primero una idea, de qué modo se gestó. Charlar con un
amigo de un modo sereno, a través del tiempo, se convierte en una forma
dual de pensar en voz alta. Y ocurre que, sin que nadie se dé cuenta, las
charlas se convierten en proyecciones del futuro.
¿Cómo seremos a los quince años?, nos preguntábamos a los once.
¿Qué estaremos haciendo cuando tengamos veinte?, ansiábamos saber a
los catorce. ¿De qué corno hablan todo el día?, se preguntaban nuestros
padres. Durante años, no hubo un banco de plaza en Mercedes, ni una
calle nocturna, donde no hayamos conversado horas y horas sobre
asuntos que no le importaban a nadie, y que sin embargo nos resultaban
fundamentales.
Me acuerdo una conversación de 1981, en los banquitos de adelante
del Club Mercedes: teníamos que decidir si nos íbamos a dedicar al
humor gráfico o a la literatura. No le decíamos así. Le decíamos «dibujar
o escribir». Las dos cosas nos gustaban mucho, pero sospechábamos que
no podríamos estudiar las dos.
Me acuerdo una vez, en un departamento de Almagro, que hablamos
ocho horas y veinte minutos (con una botella de Criadores en medio)
sobre los personajes de una novela de Feinmann que se llamaba Ni el tiro
del final.
Me acuerdo de una caminata triste en invierno en 1998, en la que
hablamos de mil cosas y ninguna fue el fútbol, media hora después de
que Argentina perdiera con Holanda unos cuartos de final.
O un viaje en tren, desde Buenos Aires a Zapala, donde no paramos
de hablar un segundo y el viaje se nos hizo corto.
O de una charla en el año 2000. Chiri ya estaba casado y yo fui a
Luján a visitarlo. Le llevaba una noticia: me iría a España. Conversamos
una noche entera abajo de la parra de su patio. Cuando casi amanecía, me
dio permiso.
Después de eso yo empecé a vivir en otro país y las conversaciones
empezaron a ser telefónicas. Había un truco para llamar barato desde
España (todavía existe) que consiste en marcar el 902 055 058 y después,
sin casi perder tiempo, discar el número de teléfono lejano. Si lo hacés
así, la llamada te sale a precio nacional. El único problema de ese sistema

4 | El cura de clase alta dice «ah men».


es que exactamente cada una hora se corta y hay que llamar de nuevo. En
mis primeros años viviendo en España cortábamos y volvíamos a llamar
toda la noche. Eran conversaciones larguísimas, insomnes, porque nos
teníamos que poner al día sobre casi todas las cosas del mundo.
En esas charlas interoceánicas yo intentaba convencer a Chiri, con
todos los argumentos posibles, de que se viniera con su familia a vivir a
este pueblo de la montaña. Tardé casi ocho años en convencerlo, y un día
se apareció, con esposa e hijos, y alquiló una casa a seis cuadras de la mía.
En una de las primeras sobremesas presenciales que tuvimos
después de mucho tiempo, en el patio de casa, empezamos a hablar
de esta revista, de cumplir un sueño que nos debíamos. Conversamos
muchas horas sobre cómo tenía que ser, de los autores que queríamos
invitar, de su formato, del olor de sus páginas.
Si la aventura de esta revista fue, entre muchas otras cosas, la puesta
en práctica de un sueño conjunto que veníamos masticando desde chicos,
hubo un guiño en cada edición que nos colocó en un ámbito propio: las
sobremesas redactadas a cuatro manos. Nunca dejamos de conversar,
en el mismo tono y con la misma sensación de aquella primera vez a la
salida de Catecismo. Después de cada cuento, después de cada crónica
de otros en Orsai, nos sentamos a charlar tranquilos, de cualquier cosa. Y
hoy lo haremos por última vez en este ámbito.
Hoy, después de tres años de charla, nos toca hacer lo que hacemos
siempre para que no se nos duerman las piernas: levantarnos de la mesa,
estirar las patas y cambiar de posición la espalda.
Redacto este editorial —el más largo de todos— con los originales
de la Orsai número dieciséis terminada y casi corregida, a punto de entrar
a imprenta. Sé que es el número final de la revista, sé también que es el
último texto que escribo en ella, y sin embargo no estoy melancólico ni
me estoy poniendo triste.
Me pasa otra cosa, y voy a ver si la puedo explicar.
Me pasa una cosa parecida al día en que tuvimos que cantar,
todos juntos y agarrados de la mano, la Canción del Adiós en la escuela
secundaria al acabar quinto año. «Se va la luz, se esconde el sol / pero
siempre ha de brillar / la antorcha que en su fuego da / el calor de la
amistad...».
Hubo muchos compañeros que se hundieron plácidamente en el
dolor de esas estrofas, que soltaron lágrimas reales mientras movían las
cabecitas y cantaban «No es más que un hasta luego / no es más que
un simple adiós / formemos compañeros /una cadena de amor». Pero a
nosotros, en cambio, ese ritual de despedida triste nos provocaba risa
tentadora y muy poco desconsuelo.
Estábamos eufóricos y en otros asuntos, muy lejos ya de ese salón
de actos; sabíamos que al año siguiente nos íbamos a Buenos Aires a
vivir solos, y que tendríamos la llave de nuestro propio departamento, y
que podríamos emborracharnos y cantar y fumar en la cocina sin que se
aparecieran los padres de ninguno a pedir silencio.
Fue gloriosa, por larga, pero también por desquiciada, una charla
que tuvimos la noche anterior en la plaza San Luis: hablamos de lo que
haríamos en Buenos Aires, de cómo nos íbamos a comer el mundo,
de qué poco tardarían todos en caer rendidos a nuestros pies. Íbamos
a escribir, o a hacer radio, o cine, nos daba lo mismo, pero estábamos
convencidos de que saldríamos disparados de Mercedes y volveríamos en
limusín.
Por eso la Canción del Adiós no nos causaba tristeza ni llanto.

¿De qué hablarán en el ascensor los meteorólogos? | 5


Habíamos pasado unos años alucinantes en la escuela primaria y
secundaria (allí nos habíamos conocido, y eso era fantástico) pero
sabíamos que ya estaba bien de guardapolvos blanco y de libros de texto,
sabíamos que ahora se venía lo bueno.
No entendíamos por qué lloraban los llorones: probablemente creían
que los años escolares serían lo mejor que les iba a pasar en la vida, o
que desde entonces tendrían que ser grandes a la fuerza, ponerse corbata,
estudiar una carrera y pagar impuestos trimestrales. O capaz lloraban
porque ya no verían cada mañana a sus amigos de la última década. O
porque empezaban a sospechar que algunos sueños de pupitre no se
cumplirían nunca.
Quién sabe si era eso, o solamente una sensibilidad que nosotros
no teníamos. Pero la verdad es que nos daba risa ese colofón, ese piano
sensible, esa ronda de alumnos con manos entrelazadas. Nos mirábamos
cómplices, de una punta a la otra del círculo, y sentíamos vergüenza ajena
por aquellos que se lo tomaban tan a la tremenda.
¿Para qué estar tristes, si las charlas no se terminan cuando se acaba
la escuela? Al revés: las charlas serán mejores en el futuro, cambiaremos
de tema, creceremos indefectiblemente, habremos aprendido nuevos
trucos para divertirnos mejor. ¿Para qué llorar justo ahora, que está por
empezar la mejor época de la vida?
Un poco antes, en el aula, las compañeras nos habían hecho firmar
sus anuarios, y nos habían pedido intensidad en las frases inmortales; y
en el patio del recreo los muchachotes rifaban abrazos toscos y fuertes,
como si al día siguiente se acabara el mundo. Todo tenía para ellos un
resabio de quiebre o bisagra, y en cambio nosotros estábamos ansiosos
para que se acabaran de una vez por todas las vísperas y empezara, por
fin, la nueva versión de nosotros mismos.
No sé si lo expliqué bien, pero estas semanas, mientras hacíamos la
Orsai dieciséis, estuvimos con una sensación parecida a aquella del salón
de actos. Preparamos (al mismo tiempo) el último número de esta revista
final y la primera edición de Bonsai con una felicidad creciente. No nos
queda resto para el altibajo anímico porque estamos embalados con algo
que tenemos en la cabeza y no vemos la hora de empezar a hacer al cien
por ciento. Y eso no quiere decir que seamos poco cariñosos con estas
páginas que se terminan hoy. Al contrario. Esta etapa —en la que no nos
peleamos ni discutimos ni una sola vez— nos enseñó que podemos hacer
lo que se nos antoje.
Estaremos toda la vida enamorados de estos tres años de Orsai, y
de sus dos mil quinientas cuarenta y ocho páginas, y de sus doscientos
treinta y tres autores invitados; hicimos esta revista con todo el corazón
que teníamos; no nos dejamos nada adentro.
Fueron treinta y seis meses que estarán en el podio de nuestros
grandes recuerdos, y sobre todo unas épocas vitales en la construcción de
nuestras anécdotas futuras. Pero lo que viene es mejor. Lo sé porque me
lo dice la mirada cómplice de mi amigo, desde la otra punta de la ronda.
«Lo que viene es mejor, Jorgito», me dice Chiri sin hablar. Y yo ya le
conozco esa seña desde 1979.
Ya son treinta y cinco años, y el vaticinio no falló nunca. x

Hernán Casciari

6 | Mickey se tomó unas minnie vacaciones.


Pensar en voz alta es hablar, pelotudo. | 7
Cartas de lectores

Orsai se despide con cartas intensas en donde los lectores reconocen ha-
berse mofado de Corky, agradecen causalidades, viajan cuatro mil kiló-
metros para perder la revista en un bus, nos expresan su odio con buení-
sima literatura, nos confiesan cuánto les sirvió esta aventura, nos utilizan
para entrar en un telo y nos dicen adiós con mariconadas.

Yo veía Corky pillado como nunca. Cuando pasó Skay y el Indio, a principios de los
Señor Director: la escena y empezó la tanda, se le- ochenta. Luego nos fuimos para
En casa siempre fui- vantó el ancho López y, señalando mi casa en Villa Ortúzar. Teníamos
mos de ver tele. Mi con el pico de la botella de cerveza que pasar a buscar plata para ir
vieja me sentaba re- a la pantalla, dijo: «¿Viste boludo? a un recital en el Luna Park. Ba-
ligiosamente todos los viernes a ¡Hasta el mogólico ese la pone!, jamos del 71 y cruzamos la calle.
ver Viaje a lo inesperado porque a ¡somos unos pelotudos!». Éramos Pasamos por la vereda del bar de
ella le gustaban las series de terror, un fracaso. Así que apagamos la la esquina de mi casa. Miré hacia
pero no se bancaba verlas sola y, tele y fuimos al bar de la esquina adentro del local y me encontré
como mi viejo laburaba y mi her- a pensar sobre esto. Nunca más con los rulos negros de Palacios.
mana hacía la suya, allá estaba yo, vimos Corky en nuestra vida. Un Frente a él, y de espaldas a la
sin entender cómo corno un mons- abrazo, Hernán. puerta ventana, un viejo canoso se
truo de la laguna negra, la mujer ví- servía vino. ¡Era Symns! Me lancé
bora, la momia, y un muerto vivien- Raúl Leiva hacia el bar con una sonrisa de
te se hacían ocupas del veinte por Suscriptor Nº 17343 oreja a oreja, con la revista de Los
ciento útil de mi cerebro. Crecí con Redondos en la mano. Mis amigos
la figura del héroe solitario y cuan- me siguieron detrás sin entender a
do ya despuntaba los diecinueve quién había encontrado. Creo que
años apareció en la pantalla Corky. Symns en la esquina no le hizo mucha gracia a Symns
Fue una suerte de revelación. Los Señor Director: que le muestre la tapa de la revista
sábados a la noche nos juntába- Soy periodista, trabajo y la foto suya con Skay y el Indio.
mos en la casa de algún amigo y, en un diario y leo Orsai No dijo ni una palabra y se metió
cerveza de por medio, mirábamos desde el segundo año. un pedazo de pan en la boca. Y
Corky. Una vez en pedo, nos po- Cuando abrió la universidad a prin- creo que tampoco recordó que yo
níamos a imitar al protagonista y a cipios de año me lancé a anotarme había sido uno de los alumnos en
repetir latiguillos y frases recurren- al taller de Josefina Licitra, pero la clase del jueves anterior, pese
tes. Canturreábamos el estribillo llegué tarde: el cupo estaba lleno. a que Fito lo comentó. Pero nada
de Whitney Houston cada vez que Entonces me anoté en el taller de de eso borró mi sonrisa y empañó
alguno del grupo se mandaba una Crónica policial de Rodolfo Pala- la sorpresa de haber encontrado
boludez o fallaba en el intento de cios. El jueves quince de agosto al genio escritor en la esquina de
levantar una mina en el boliche. nos encontramos en el Club Orsai mi casa. El encuentro duró poco,
Pero un día vimos un capítulo en seis alumnos para el inicio del ta- apenas un minuto o dos, pero aún
donde pasó algo revelador: Corky ller. Ese día, Fito nos despidió con siento esa extraña sensación de
se perdía en una metrópolis (creo una promesa: el jueves siguiente lo increíble que es la vida y sus
que era Nueva York). Unos chabo- nos visitaría Enrique Symns. En causalidades. Porque si no hubie-
nes lo maltrataban y le afanaban persona, en vivo y en directo. Una se estudiado periodismo, nunca
lo poco que tenía y lo dejaban en semana después, el monologuista hubiera trabajado en un diario y
la lluvia, triste y solo. Nada podía de Los Redondos nos mantuvo a tal vez conocido a Orsai. No me
estar peor. En ese preciso momen- todos callados, contando su vida, habría interesado por los talleres,
to, cuando ya sabíamos cuál era el su experiencia, sus escritos, sus ni mucho menos habría apostado
piso de las desgracias, apareció locuras y su filosofía. Me despedí por el de Palacios al saber que el
de la nada una piba, una prostituta sonriendo: Symns me había firma- curso de Licitra estaba lleno. En
de más o menos veinte años, di- do la última Orsai en la que escri- la comida de ayer con mi amigo
vina, que se apiadó de Corky y lo bió. Tres días después les conté nunca le hubiese contado que tuve
llevó a su altillo para refugiarlo de a unos amigos mi encuentro con una inolvidable charla con el crea-
la noche, del frío, de la lluvia y de Symns. Uno de los anfitriones, dor de Cerdos y Peces ni le hubie-
los malhechores. Se hizo un silen- también periodista y lector de Or- se pedido que me preste la revista-
cio eterno entre los ebrios jóvenes sai, me prestó una edición espe- homenaje a Los Redondos. Y si no
que solíamos ser. Ni una papa frita cial sobre Los Redondos que una íbamos a un recital en el Luna, ja-
fue comida durante los minutos en famosa revista de rock publicó el más hubiéramos bajado del 71, ni
los cuales Corky era desnudado año pasado. A doble página una nos habríamos encontrado nunca,
por la chica y posteriormente ce- gran foto retrata a Symns junto a pero nunca, a Enrique Symns en la

8 | Se sacó los brackets y tuvo sexo desenfrenado.


orsai.cartas@gmail.com

esquina de mi casa, ni yo estaría queda de un lugar para Orsai. Re- Odio sincero
sonriendo ahora. Gracias. visé la fecha y tenía solo un par de Te odio Hernán. No te
semanas de publicado. Me volvió conozco y te odio. Es
Mauricio Caminos la esperanza. Me alegré al saber un sentimiento sincero
Suscriptor Nº 20234 que estaban inaugurando la nue- de rencor y desprecio.
va casa. Como el domingo (ayer) No te odio por cerrar Orsai, fue un
estaba cerrada, me apresuré a vi- proyecto editorial hermoso pero,
sitarla esta mañana, aun sabiendo como todo en la vida, a veces
Odisea joyceana que mi vuelo salía hoy y que debía simplemente se termina. Te detes-
Querido Hernán: Te estar en Ezeiza a las dos de la tar- to porque me dejaste sin tiempo.
escribo estas líneas a de. Llegué a Orsai y me abrió Pao No tengo más, se fue, se esfumó
diez mil pies de altura que me mostró las revistas y libros y voló lejos de mi alcance. Hace un
con destino a mi ciu- y hasta me puso el cd de «El gran par de años, antes de que vos em-
dad, Guayaquil. Soy un seguidor surubí» para que lo escuche. Yo pieces con la revista, te mandé un
silente —cuasi voyerista— del pro- había separado mis últimos seten- cuento espantoso. Ojalá (y es pro-
yecto Orsai desde antes de sus ini- ta pesos para llevarme una revista bable porque te drogás mucho) no
cios. Algo así como el abuelo que y resultó que el valor era noventa. te acuerdes de ese texto. Era una
espía a sus vecinos por la mirilla de «Ok, no pasa nada —pensé—. La historia sobre un cavernícola que
la puerta. Recuerdo que el primer compro por internet». Intentamos descubría el lenguaje y lo mata-
cuento tuyo que leí fue aquel en el hacerlo y no cargaba la página. ban por eso. Terrible la redacción,
que recibes la llamada de tu madre Desesperados, reiniciamos la pc la estructura, todo, en esa especie
presagiando la muerte de tu padre. y no podíamos finalizar la compra. de cuento, era un desastre. Me dio
Terminé de leer el cuento y tuve la Desde mi tablet, tampoco. Pao te muchísima vergüenza habértelo
misma sensación que experimenté envió un mail enseguida. Llamó mostrado pero aprendí a esforzar-
la primera vez que leí «Continuidad tres veces a Quiosquito. Intenta- me y a trabajar mucho por lo que
de los parques» o «La noche boca mos todo. Parecía como si el uni- quiero. ¿Y qué es lo que quiero?
arriba» de Cortázar. A partir de ahí, verso no quisiera que me llevara Quiero aprender a escribir pero
me enganché con tus textos. Algu- una Orsai, lo cual no tenía mucha bien y en serio. No como los bolu-
na que otra noche, eufórico, levan- lógica para mí, ya que todo se ha- dos autocomplacientes de mi ge-
taba a mi esposa: «Mi amor, es- bía dado de tal forma que ya tenía neración. Esos pelotudos de trein-
cucha esto», por ejemplo, cuando las Orsai en mis manos. El univer- ta y tantos, pseudoescritores que
escribiste tu renuncia a las edito- so —a veces— me recuerda a una se lamen las heridas y se aplauden
riales. Ella, que siempre acolita mis mujer con síndrome premenstrual. entre ellos como focas bobas por-
pasiones y aficiones, me decía: Pao me dice: «Bué... ya fue... ni que cuentan que de chiquitos sus
«Ya no me jodas más con el gordo modo», con tono de resignación. Y papás los dejaron y se fueron con
ese de Orsai y déjame dormir que yo pensando: «no he viajado cua- la empleada. Me aburren con sus
son las tres de la madrugada». Lo tro mil kilómetros para regresarme historias sosas y sin alma. Quisiera
de gordo te lo dice de cariño. En sin una Orsai. Aunque tenga que decirles que la literatura no es esa
serio. Días pasaron; nació mi se- agarrar una y correr hasta el hotel, diosa inalcanzable que algunos
gunda hija y, entre el trabajo, las no salgo con las manos vacías». boludos ponen en un pedestal y
ocupaciones, el comprar y cam- Y, mientras tanto, el reloj seguía adoran a mansalva. Lo siento, pero
biar pañales (que no es lo mismo), avanzando y aún tenía que ir a re- la literatura es entretenimiento. Es
pospuse la compra de mi primera coger mis maletas e ir al aeropuer- así de simple, si no te divierte o te
revista Orsai. El destino quiso que to. Finalmente le dije: «Bueno, me conmueve no sirve. Pero yo carez-
viajara este fin de semana a Bue- voy a vender mi último billete de co de autoridad moral para seña-
nos Aires para una capacitación, veinte dólares a la calle y regreso». larles eso, soy una gorda pobre,
por lo que incluí en mi agenda «¡¿Qué?! Tenés un billete de vein- negra, divorciada, de casi treinta
«Visitar Orsai Bar». Grande fue mi te dólares, dejáme que llamo otra años que nunca terminó su carre-
decepción cuando llegué a San vez a Quiosquito y le pregunto». ra universitaria y vive lejos en el
Telmo la noche del sábado y en- La pobre Quiosquito, desesperada conurbano rodeada de villas y de
contré que no va más el bar. Cual porque no la dejamos dormir, ac- carros tirados por caballos flacos.
Sabina, sentí ganas de vengarme cede finalmente a que le pague en Cómo me van a escuchar, tampoco
a pedradas. «Sé que no lo soñé», dólares. Feliz, me despido, guardo sé si quiero que me escuchen. Su-
les explicaba a los desconocidos mi revista y me voy. Tomo un bus pongo que perdí para siempre en
en la calle: «Orsai existe». Decep- hasta el hotel y olvido la revista en la vida porque me quedé sin tiem-
cionado llegué a mi hotel y googlié el asiento. Me siento como en una po. Me duele mucho saber que ya
para obtener noticias. Encontré la mala versión de Destino Final 26. no tendré la oportunidad de inten-
información de la despedida del tar publicar algo en la revista. Yo
bar y estuve a punto de llorar... Felipe Andrade empecé a ir a talleres, a leer más, a
Pero antes de que caiga la primera Suscriptor Nº 26811 establecer contactos para publicar
lágrima, leí que andaban en bús- algo y a mandar cosas a concur-

Pensar en voz alta es hablar, pelotudo. | 9


Cartas de lectores

sos. Pensaba que si me esforzaba rando de odio porque soy un bicho de esas. También empecé a enten-
mucho, si me rompía el alma, si me inútil que vive escondido en la cue- der lo del «PRI» y esos juegos que
desgarraba el cuerpo podría algu- va más oscura, en la soledad más nos llevan a la infancia como cuan-
na vez tratar de llegar a tu revista. lejana. Te odio porque me exponés do jugábamos en las calles de tie-
Pero una vez más la vida me pateó a mis miserias y limitaciones. Vos rra y teníamos que cortar el partido
en la nuca. Bien fuerte, de lleno, y tu revista de oportunidades, de para que pase el camión regador.
con un botín con puntera de acero. entrevistas imposibles, de cuentos En el medio pasaron varias cosas:
Del tipo de calzado que usan los inéditos maravillosos y de ilustra- me robaron, compré la notebook
obreros en la fábricas para no per- ciones hermosas. Vos y tu revista desde donde estoy escribiendo
der los dedos de los pies si sufren me permitieron soñar, me dieron la ahora, me mudé a Córdoba, volví
un accidente. Esa sensación me fuerza para pegar el volantazo en a Río Cuarto y ahora vivo en Bue-
invadió al leer que ya no iban a ha- mi vida antes de estrellarme contra nos Aires. La etapa de mi vida en
ber más revistas y te odié mucho. la pared del tedio y la resignación. Córdoba siempre fue vivir con lo
Y te odié porque me expusiste a Vos y tu revista de mierda me hi- justo (no voy a decir acá lo mal pa-
una realidad que me destroza por cieron pensar que tal vez no era el gos que están los médicos en mi
completo, que me desmenuza en fracaso de ser humano que soy. provincia) pero el tres de diciembre
pedacitos muy tristes e inconexos. Pero se acabó y te odio porque saqué plata que no tenía para dejar
La verdad es que soy una inútil y ahora ya no puedo ni soñar con un mi pedido de la N1. Tengo la co-
aunque reviviera Borges mismo y futuro donde por lo menos alguna lección que se va a completar con
empezara a ir a su taller literario, vez pueda ver publicado algún tex- la ya legendaria N16. El primer año
lo cierto es que creo que nunca to mío. Y vuelvo a mi refugio, a mi comprado íntegramente en Córdo-
aprendería a escribir bien. Jamás. cueva triste, a ver pasar los días y ba, el segundo y el tercero en el Bar
Pero vos le publicaste el cuento las deshoras solitarias. Escondi- Orsai, en Buenos Aires: me tomaba
del Power Ranger Rojo al pibe ese da, leyendo y tipeando sin parar. el subte en Congreso de Tucumán,
que te tocó el timbre y no saliste. Estafando a mi familia con tiempo bajaba en Catedral y de ahí me
Era una historia parecida a la de y dinero, descuidando mi carre- iba caminando mientras veía las
Jordi Sierra i Fabra que, a su vez, ra, perdiendo trabajos mal pagos, vidrieras de San Telmo. No impor-
se basó en algo de Kafka. Lo dijo desperdiciando el aire de la tierra. taba porque era una parte mínima
Chiri en la sobremesa luego y yo Sin reír, sin llorar, sin amar. Mons- (pero parte al fin) de una revolución
me di cuenta enseguida al leer esa truo. Te odio Hernán. Te odio. silenciosa. De personas que cree-
historia porque leo mucho, desde mos en la cultura libre y accesible
chica, como todos los tristes aspi- Noelia Torres para todos aquellos que la quieran.
rantes a escritores; y a ese libro ya Suscriptora Nº 00494 Te escribo y se me llenan los ojos
lo había leído hacía un par de años. de lágrimas porque me doy cuenta
Yo pensé que tal vez podía tener de que estoy hablando en pasado
una oportunidad porque le publi- aunque todavía me faltan leer dos
caste un inédito a un desconocido, Despedida revistas. Sin caer en la autoayuda
pero ahora ya no va a haber más con anestesia de supermercado te puedo decir
revistas, más timbres que suenan Hernán: Llegué al viejo que leer Orsai me sirvió para mu-
por las noches ni historias que se blog de Orsai cuando cho. Para empezar a saber que si
repiten en el tiempo. «Sin gritar, sin Playo linkeó en «Pei- no puedo escribir bien como para
llorar», se lo digo a mi sobrina de nate» el post de «Matar la crisis a que me convoquen no sirve escri-
tres años todo el tiempo. Que pida volantazos». Me acuerdo porque bir. También me mostró un montón
las cosas bien, sin gritar, sin llorar, yo era residente de tercer año de de autores que no conocía: Mairal,
sin desbordes ni pataleos. Que sea anestesiología, eran las cuatro de Oyola, Hornby, Aguirre, Villoro...
educada y que no pida más de lo la tarde, no tenía computadora pro- Para envidiar a los ilustradores.
que puede alcanzar. Cada vez que pia, estaba de guardia usando una No te voy a decir nada de la par-
le digo eso me siento un monstruo, computadora del área de capacita- te económica porque imagino que
uno horrendo y despiadado. Por- ción y docencia (que estaba llena ya estarás harto de todos los que
que creo que le estoy enseñando a de virus por el hecho de que na- saben qué hacer cuando no son
no soñar y eso es terrible. Porque die la utilizaba para capacitación y los que ponen la plata, por mi par-
me parece que le estoy diciendo docencia, salvo que consideremos te voy a comprar lo que pueda de
que sea recatada y simple, como como fuente de educación a Porin- la colección para que el golpe sea
una muñeca que sonríe si la pisan ga), vivía en un hospital abandona- un poquito más leve. En definitiva
o la tiran a un lado del cuarto. Por do en la triste ciudad de Río Cuarto te escribo para despedirme de la
eso te escribo esto así: desborda- y seguía el blog de Playo desde revista, agradecerte por la magia,
da de odio. No te estoy pidiendo hacía ya un tiempo. Cuando leí ese para intentar no llorar cuando ten-
que publiques nada mío, ni siquiera post pensé: «¡Pero qué huevos que ga la N16 en mis manos, para agra-
detrás de estos recovecos circula- tiene ese tipo!» y me colgué horas decerte dejarme ser parte y por
res por donde desvarío hay pedido leyendo Orsai hasta que me llama- haberme autografiado la N1, para
alguno. No, simplemente estoy llo- ron para una cesárea o alguna cosa decirte que me cagaste el sueño

10 | No sé cómo seguir con esta cirugía, te lo digo con el corazón en la mano.


orsai.cartas@gmail.com

de escribir en Orsai, y (como en el que querías, pasabas el dinero vo» pero me pareció que confundía
correo de lectores pedías un dejo por la ranura que había debajo de las cosas) para vivir fuera de juego
de neoliberalismo) decirte que la un vidrio blindado y la persona a y, aun así, no perder la sonrisa.
inflación galopante en la época del cargo del otro lado te daba dos ¡Gracias totales!
Turco no pasaba. Muchas gracias. informaciones: número de habita-
ción y tiempo disponible. Nada de Clara Retta
Vic Castellano oraciones bimembres ni buenos Suscriptora Nº 05806
Suscriptor Nº 00994 deseos. Tampoco contacto visual.
Pronto. La cosa es que llegamos a
uno con nombre de un reino espa-
ñol. Entramos con el auto y, para Adiós muchachos
mi sorpresa, la recepción estaba Señor Director: Escri-
Pertenecer tiene apenas traspasar el portón. Ahí bo porque estoy he-
sus privilegios se hacía todo el trámite. Tipo Auto cho un maricón. Leo
Señor Director: Mc. Por supuesto que fue él quien una entrada del blog
El veintiséis de este se encargó de todo: habló, buscó que augura el fin de la revista: me
mes va a hacer un papeles, dinero, se los pasó, se enojo, no entiendo la caprichosa
año que estoy viviendo en Brasil. volvió a mí y me preguntó: «Do decisión de los editores, y me en-
Ahora estoy instalada en el nor- you have an ID?». «What?». «Your tristezco. Pasan unas semanas,
deste, en Porto de Galinhas, Reci- passport… something… any- busco la revista, leo la primer línea
fe, después de haber pasado por thing». Yo había dejado mi DNI, mi apurado en el auto y, claro, me en-
Sao Paulo y Paraty. Me mudé a cédula de identidad y mi pasaporte tristezco. La cierro. Por la tarde leo
este país, entre muchas razones, (tres, a falta de uno) en la casa de el editorial, esa carilla, y dejo la re-
para cumplir un deseo: ser inmi- mi amiga. «No…». ¡¿Desde cuándo vista. Pienso: la N15 la voy a rumiar
grante por un tiempo y aprender te piden documento para entrar en cual vaca al pasto. Mientras trato
otra lengua. Durante el primer mes un telo!? Me hundí en mi cartera en de entender la decisión de terminar
y medio viví en la casa de una busca de un papel, una esperanza esta relación tan linda que tene-
amiga mía, Kristina, en Sao Paulo. o algo que me identificara. Encen- mos. ¡¿Por qué?! Si estábamos tan
Ella, su madre y su hermana fueron dió las luces de adentro y yo me bien; ustedes escriben, nosotros
muy generosas conmigo: además morí de vergüenza. Mi maldita cos- leemos, somos felices así ¿para
de un techo, me dieron de comer, tumbre de viajera de hostel de de- qué salir de nuestra zona de con-
me ayudaron con el idioma y me jar los documentos siempre a buen fort? No los entiendo, me pongo
asesoraron a la hora de decidir so- resguardo iba a detonar lo que mal. Esa noche, ya nostálgico por
bre un empleo. Mi amiga, además, prometía ser un excelente plan. lo que se viene, vivencio la última
me presentó a mucha gente y me No respiré durante casi un minuto aventura de nuestro querido Walter
compró un chip de teléfono. En en el que busqué y rebusqué has- White. Vi toda la serie en solitario;
una semana, yo tenía unos veinte ta que di con mi identificación de y tomo la (equivocada) decisión
contactos en esa ciudad, varias suscriptora de Orsai… «¡Acá!», le de ver este capítulo acompañado.
salidas programadas… y un chon- dije sonriente y decidida mientras Quiero llorar y no puedo porque
go. Este chico, además de ser lin- le estiraba mi casera plastificación tengo gente alrededor comentando
do, de familia respetable, deportis- del carné. Era en blanco y negro, sobre el desenlace de Jesse y la
ta y muy caballero, hablaba inglés. pero tenía mi nombre, mi apellido y actitud de Skyler. Me voy a dormir,
Mi dominio del portugués se limi- mi foto. Él intentó verificar qué era, triste, por supuesto. En la maña-
taba a leer carteles de señalización pero yo lo apuré: «Dale, dale…». na abro la revista, voy por orden,
urbana, lo que lo convirtió en (casi) Le pasó el carné de Orsai a la re- me pregunto qué carajo les pasa
la única opción. Hablamos mucho cepcionista. Ella también lo miró a algunos lectores por sus cartas
en las reuniones, chateamos por recelosa, mientras yo me asoma- tan raras y me identifico con otros.
Facebook, whatsappeamos y sali- ba por la ventanilla del conductor Ahora sí: viene lo peor. La historia
mos un par de veces… Hasta que sonriendo para que chequeara rá- de la foto. Un detonante eficaz
el cuerpo pidió más y decidimos ir pido y me dejara hacer lo que ha- para alguien como yo que desde
a un motel. O telo, ponéle. Como bía ido a hacer. Cuando la señora 2008 no dejo de escuchar «qué
hace más de diez años que vivo dio el ok yo no podía creer lo que buen tipo que era tu viejo, cómo lo
sola, yo estaba completamente estaba pasando. ¡Simplemente era quería». Listo, es mi momento. Es-
fuera de forma en el tema. No sé maravilloso! «Esto se lo tengo que toy solo en casa. Hago mi catarsis
si las cosas cambiaron en todos contar a Casciari», pensé, mien- hecho un mar de lágrimas: adiós
lados o, simplemente, son dife- tras me reía. No voy a ser infidente, viejo, adiós Orsai, adiós Breaking
rentes en Brasil. En «mi época», pero basta con contarle que este Bad; los voy a extrañar.
fueras en coche o a pata, llegabas muchacho no pasó la prueba de
con cara de nada a la recepción, salir con una suscriptora de Orsai: Bernabé Durini
casi sin mirarte con tu compañero, se necesita de mucho coraje (origi- Suscriptor Nº 03340
decías rápido el tipo de habitación nalmente, acá, había puesto «hue-

Ella nunca quería tragar, ahora él se lo echa en cara. | 11


SOBREMESA

OTRA VEZ CARA A CARA

—Y
a me había acostumbrado a hacer también digo que estoy contento de que hayamos
estas sobremesas por Skype —me hecho esto durante tres años. ¿Vos qué sentís?
dice Chiri—, y verte ahora acá en —Lo mismo —me dice—. ¿Te acordás cuan-
persona me da un poco de asco. ¿Estás más do hicimos el decálogo de una revista imposi-
viejo, no? ble? Decíamos que íbamos a durar hasta que se
—Te parece que estoy más viejo porque ahora cansen los lectores o hasta que nos cansemos
uso anteojos. Pero estoy igual que siempre. nosotros. «Lo que pase primero», pusimos. Nos
—Entonces estás más sucio. Algo distinto cansamos primero nosotros, ¿no Jorgito?
tenés. —Yo creo que sí —le digo—. Estuve en dos o
—Eso sí puede ser. Me baño bastante menos tres países en estos meses, en Colombia, en Cos-
desde que hacemos Orsai. Me di cuenta de que ta Rica, en México, y los lectores estaban tristes.
es al pedo bañarse tanto para dirigir una revista Y yo no podía coincidir en esa tristeza...
literaria. —Claro. Estabas eufórico por dentro, por
—O capaz que es solamente la falta de cos- Bonsai.
tumbre. Me había acostumbrado a hablar con vos —Sí. Y lo peor es que no lo podía decir to-
por Skype, eras una cabeza sin cuerpo. davía. Y también hubo muchos mails de colegas,
—Sin axilas, sin calores corporales... de escritores y de ilustradores con esa sensación,
—¿Nunca habíamos hecho un cierre con vos como si Orsai se hubiera acabado por razones
en Argentina, en estos últimos años, no? tristes. Y nada que ver. De hecho, quedaron mu-
—No. Es verdad: todos ustedes acá, y yo so- chas cartas de lectores afuera en esta edición,
lito allá. Pero la foto de portada nos necesitaba cartas lindas, muy sentidas, de lectores llorosos
a los dos juntos. No hubiera tenido sentido que por el final del ciclo.
Marcos López le sacara una foto a la pantalla del —¿Y por qué no pusiste todas esas cartas?
Skype. —Hubieran sido demasiadas páginas, puse
—Estar acá charlando me hace acordar a las algunas. Siempre tuvimos solamente cuatro pá-
primeras épocas, finales de 2010, cuando recién ginas para cartas. Si las ponía a todas no nos hu-
empezábamos con la revista y vivíamos todos en biera quedado lugar para los textos.
Sant Celoni. Fueron solamente tres años, pero sí —Sos un insensible —me dice.
creo que estamos más viejos. ¿O más sabios? —No. Al revés. Estoy muy sensible con esta
—Más sabios seguro que no, Christian Gusta- época. En el buen sentido, tengo muchas ganas
vo. Pero qué loco es todo: empezamos haciendo de volver a escribir, de reencontrame con mi lec-
una revista en un patio, y la terminamos en un pa- tor desde un lugar más propio. No estoy sintiendo
tio. Mi casa y tu casa. Hablando boludeces a la el final de Orsai, estoy sintiendo el principio de
intemperie hasta que se nos hace de día. Bonsai. Lo huelo y me gusta.
—¿Qué sentís? —Pero Bonsai no tendrá sobremesas.
—¿Qué siento de qué? —No públicas. Seguiremos charlando como
—De este final de Orsai. antes, en privado. A veces por Skype, a veces
—Más o menos lo que cuento en el editorial como ahora en el patio de tu casa.
largo del principio. ¿Lo leíste? —Desde 2014, cuando tengamos sobreme-
—No, me aburre leerte. sas presenciales —me dice Chiri, con tacto—, ¿te
—¿Desde hace cuánto? vas a volver a bañar?
—Desde 1983. Con la llegada de la democra- —Sí, creo que para hacer una revista como
cia empezaste a escribir distinto. ¿Qué ponés en Bonsai hay que bañarse más seguido. Es una in-
el editorial? tuición que tengo.
—Que tengo muchas ganas de hacer otra —Ojalá sea así Jorgito. No sabés cómo te lo
cosa, de hacer Bonsai, de cambiar de aire. Pero agradecería. x

12 | Mandarina es naranja con abrefácil.


AMÉN, por Bernardo Erlich |
HONRARÁS A
TU PADRE
ESCRIBE RODOLFO PALACIOS
ILUSTRA LEANDRO BUSTAMANTE

Esta es la historia de un
chico de clase media que
quiso entrar en el mundo
del espectáculo pero no
lo consiguió. También es
la historia del hijo de un
ladrón de bancos que no
pudo escapar de la sombra
de su padre. Y, por último,
el relato de una enorme
disyuntiva personal: elegir
un camino honrado o vivir
al margen de la ley.
U
n ladrón le propone a un periodis-
ta ir a un robo que está por ocu-
rrir. El periodista le dice que no
irá. Además de cuestiones mora-
les, siente que es imposible rom-
per el axioma según el cual el cronista de poli-
ciales siempre llega cuando los hechos fueron
consumados. Por otro lado, cree que el rufián
le hizo una broma. No lo tiene claro, hasta que
RODOLFO PALACIOS finalmente la curiosidad lo impulsa a ir a la hora
Mar del Plata, 1977 y el lugar indicados. Pero todo está en calma:
nada hace pensar que en esa cuadra se esté co-
Periodista e investigador. Trabajó en
el diario La Razón y en la sección de
metiendo un asalto. El hombre se va. Al otro
policiales de los diarios El Atlántico día, con pavor, lee los diarios y comprueba que
de Mar del Plata, Perfil y Crítica el robo existió.
de la Argentina. Colaboró en el El ladrón se llama Pedro. Su nombre real
semanario La Maga, en las revistas se mantendrá en reserva porque revelarlo sería
Playboy, Ñ, Muy interesante, y en
el programa Cárceles de Telefé.
la cárcel para él y un destino de zanja profunda
Escribió los libros El ángel negro, y lejana para el periodista policial. Que soy yo.
vida de Robledo Puch, asesino Conocí a Pedro en 2010, cuando él me contac-
serial (Aguilar), Pasiones que matan, tó después de que yo entrevistara a su padre
13 crímenes argentinos (Aguilar), Luis, un viejo ladrón de bancos. Cuando lo vi
Adorables criaturas, crónicas
grotescas de ladrones y asesinos
pensé lo mismo que sigo pensando hoy: Pedro
(editorial Ross), y Conchita, el desmiente las teorías lombrosianas que definen
hombre que no amaba a las mujeres al delincuente como un mono feo y monosilá-
(Libros de cerca). Además es autor bico. Él es rubio, mide un metro ochenta, es
de dos biografías de la colección atlético y no habla con el lenguaje del hampa.
«200 argentinos, vida, pasión y
muerte (1810-2010)», dirigida
Al principio yo no sabía que él era delincuente
por Jorge Lanata para la revista como su padre, tal vez porque en cierto modo,
Veintitrés. Dicta el taller de Crónica cuando nos conocimos, Pedro no era tan ladrón
policial en la Universidad Orsai. como es ahora. De hecho me dijo que quería

16 | Le vendí el auto a un sordomudo, me dejó la seña.


verme para que lo ayudara a escribir un guion
de cine sobre un robo a un banco en el que ha-
bía participado su padre. Ese día también me
contó que quería ser actor y que había sido tan
extenso su trajín por agencias y productoras
que hubiera podido escribir un manual de cómo
afrontar un casting y no morir en el intento. Su Me contó que
ansiedad y su inexperiencia lo habían llevado a quería ser actor
entregar el alma a cambio de, en el mejor de los
casos, un cameo en la novelita del momento, y que había sido
una publicidad, una obrita de teatro o un lugar
en la tribuna de reidores de cualquier programa tan extenso su
con panelistas y archivo. Pedro había recorrido
a fondo los piringundines de Once converti-
trajín por agencias
dos de la noche a la mañana en oficinas que y productoras que
prometen bailar en lo de Tinelli o cantar en los
concursos de Marley. Esos lugares eran sucu- hubiera podido
chos de la estafa. Los miserables engañaban a
los ilusos. Curraban un mes o más, el tiempo escribir un manual
que tarda en desvanecerse una esperanza o una
promesa de ese tipo, y se rajaban a otro lado
de cómo afrontar
con la guita. Pedro había caído en esa trampa un casting y
más de una vez. Solo le habían conseguido una
publicidad para posar en calzoncillos. No esta- no morir en
ba mal. Otros la habían pasado peor. A Pedro le
había parecido que el tipo que le había tomado el intento.
el casting le miraba el bulto.
También había probado suerte con los cas-
tings oficiales. Al de Gran Hermano fue dos ve-
ces. En la primera dijo que su sueño era ganar el
premio mayor de cien mil dólares para asegurar

Si nos miramos en la cámara de seguridad todos parecemos delincuentes. | 17


| Honrarás a tu padre

el futuro de sus hijos y que quería ser famoso.


No convenció a nadie. La segunda vez, su rela-
to fue más atractivo. Dijo la verdad:
—Soy hijo de un ladrón de bancos.
La historia de Pedro no terminó por se- Si a Pedro le
ducir a los productores. Ya habían metido en la
casa a prostitutas, bailarinas de caño, cartone- hubiese ido
ros, un ladrón, el hijo de un asesino, travestis, bien en alguno
homosexuales, lesbianas y hermafroditas.
Si a Pedro le hubiese ido bien en alguno de de los castings,
los castings, probablemente no habría empeza-
do a hundirse, día a día, en el delito. Pero le fue probablemente no
mal. Así que esta es también la historia de una
transformación: el devenir de un pibe de treinta
habría empezado
años de clase media, con estudios secundarios, a hundirse, día a
con posibilidades de estudiar una carrera uni-
versitaria, que vive en un barrio residencial y día, en el delito.
no puede liberarse de una gran contradicción:
vivir honestamente o al margen de la ley. Pero le fue mal.
Por momentos, no parece haber grandes
diferencias entre lo uno y lo otro. El submundo
del hampa se parece a las familias de artistas:
los padres les trasladan el oficio a hijos, so-
brinos y nietos. Un ejemplo es el de El Gor-
do Valor, el mítico líder de la superbanda que la acción, las historias, los aromas, el dolor, los
en la década de los ochenta robaba bancos y gritos. Soy un coleccionista de escenas.
blindados. Valor tiene dos hijos y tres sobrinos Durante un tiempo, Pedro y su padre fue-
que también roban. En muchos casos, los hijos ron una especie de asesores del hampa para
sienten admiración por sus padres pistoleros. cada una de mis notas sobre delito. Me daban
Eso queda claro con Pedro. Una vez le pregunté datos técnicos o me ayudaban a pensar como
cuándo supo que su padre era delincuente. Su el delincuente que había cometido el robo. Un
respuesta me sorprendió: día me invitaron a comer un asado en la quinta
—Cuando era chico creía que mi viejo era familiar en Berazategui. Pasamos el día en un
oficinista. Muchas veces se iba vestido de traje jardín florido. Pedro estaba con su esposa y sus
y con un maletín. Mi abuelo era un hombre pu- dos hijitos. Luis y su pareja, veinte años más
diente, tenía campos y estaba metido en políti- joven, fueron los anfitriones. No había ningún
ca. Mi viejo quiso seguir ese camino, asesoró a detalle que me llevara a pensar que era una fa-
un diputado bonaerense, pero terminó robando milia de hampones o un clan mafioso. Las mu-
para la corona. Esto lo supe de grande, porque jeres, que estaban al tanto de las actividades de
de pibe no imaginaba que mi viejo andaba en sus hombres, se movían con gracia y naturali-
la pesada. A veces faltaba de casa varios días dad. Y Luis y Pedro escapaban al estereotipo
y yo pensaba que era viajante. Pero en realidad del delincuente argentino que lleva a pensar en
robaba blindados, camiones, bancos, y andaba un tipo rudo, violento, mal hablado, machista y
armado con un fusil. Un día la cana le metió un orgulloso de sus acciones criminales. Ellos no
balazo en el estómago y estuvo muy mal. Ese lucían así: podían pasar como padre e hijo ban-
día, cuando lo vi lleno de cables postrado en carios o contadores.
una cama de hospital, me cerró su historia. Supe En ese almuerzo, Luis se mostró muy
que se dedicaba a robar, no hizo falta que me lo afectuoso con sus nietos, a quienes sentaba
dijera. Después no sé cómo me fui metiendo en sobre sus piernas con un gesto de ternura. Lo
el delito, mi viejo siempre me dijo que no lo único fuera de lo normal fue que uno de los ne-
imitara, que no siguiera sus pasos. Empecé con nes, de dos años, manoteó un vaso de vino y
estafas, metiendo dólares falsos en los negocios empezó a tomar. Luis y Pedro se rieron, pero
y después en las máquinas tragamonedas del no le sacaron el vaso. El niño reía a carcaja-
hipódromo. Amo la calle. En la calle está todo: das y ponía cara de asco, pero seguía tomando

18 | ¿Si soy mitómano? No sé, si te digo te miento.


Rodolfo Palacios |

vino. Luego cayó dormido en brazos de su ma- la misma expresión de las películas de terror
dre. Por la tarde llegó una visita inesperada: un cuando la chica ve un zombi hambriento.
experto ladrón de bancos. Vestía todo de blanco Pero ella no acababa de ver nada de eso.
y llevaba un cinturón Armani. En un momento, Mientras lavaba los platos en la cocina, por el
con la excusa de ir a comprar helado, salió de la ventiluz que daba a la calle, había visto cómo
casa con Luis. Pedro me contaría luego que en un tipo desnudo, asomado por la ventana de un
realidad su padre y él habían hablado de volver primer piso del edificio de enfrente, la miraba
a hacer algo juntos. con lascivia mientras se masturbaba. Me aso-
Hacía unos años, Luis había cometido un mé y lo vi con el pito en la mano, buscándola
gran robo, del que no puedo dar detalles. Pedro a ella con la mirada y apuntando con su miem-
no estaba al tanto de ese plan: de hecho nunca bro. Le grité, pero el tipo siguió tocándose,
había robado con su padre. Recién se enteró de como ignorándome. Nunca le pegué a nadie,
ese asalto cuando su padre lo citó pocas horas pero me vi obligado a bajar para ir a buscarlo.
después del hecho en un café de Constitución. El tipo luego se escondió. Enseguida hicimos
—Hijo, vengo de hacer algo grande —le la denuncia en la comisaría de la vuelta, pero
dijo Luis. noté que el oficial de servicio estaba más in-
—¿Vos estuviste en eso? —le preguntó teresado en el escote de mi mujer que en la
Pedro mientras señalaba con el dedo índice el denuncia.
televisor del lugar, que mostraba las imágenes —Mirá —me dijo el cana—. Hasta ahora
del robo. es un exhibicionista. Le cabe una contraven-
—Sí. En el baúl del auto tengo un regalito ción, que pasó a ser un delito penal. Igual no
para vos. No quiero que alquiles más. Comprate creo que lleguen a nada. Muchos de esos casos
una casa. se resuelven a las trompadas.
Después fueron a la quinta y les pasaron Desde entonces, no volví a salir tranqui-
el secador de pelo a los billetes porque estaban lo a la calle. Al día siguiente el sátiro aprove-
húmedos. Ahora, siete años después, Pedro dice chó otra vez para espiarla y tocarse. Habíamos
que no llegó a comprar nada porque la plata perdido la intimidad. Llegamos a vivir con las
desapareció «misteriosamente» cuando su pa- persianas bajas, mientras el tipo espiaba por las
dre fue detenido. hendijas de su persiana o se asomaba apenas
Pedro quedó obsesionado con la historia detrás de la cortina, con la mano adentro de la
del robo. Quería contarla. Llegó a anotarse en bragueta.
un taller de guion de cine que se dictaba en la Decidimos hacer la denuncia en la justi-
Universidad de Lomas de Zamora. Veía hasta cia contravencional. El fiscal, que tenía la mano
diez películas por semana: todas de acción. Se derecha enyesada, nos preguntó si teníamos al-
aprendió casi de memoria las escenas y los diá- guna prueba.
logos de las de Tarantino. Entrevistó a su padre —¿Qué prueba? —quise saber.
y a los cómplices del robo para agregar escenas —No sé, alguna foto, algún video.
al guion. Pero su proyecto no avanzó: lo dejó —¿Y usted piensa que mi mujer va a tener
en varias productoras y hasta se lo envió al ac- la tranquilidad de filmarlo?
tor Viggo Mortensen. Para Pedro y los hampo- —Lo entiendo, pero ahora no tenemos
nes es más fácil robar un banco que filmar una pruebas. ¿Saben el nombre? ¿A qué se dedica?
película. —Eso lo deberían investigar ustedes. No
queremos que este tipo pase a la acción y un día
se meta en nuestra casa.

M i relación con Pedro siempre se basó en


la confianza. A él le gustaba escuchar mis
anécdotas y a mí sus historias delictivas. Pero
—Sí, es difícil. Capaz que es un voyerista,
pero no lo sabemos. Les digo una cosa y que
quede entre nosotros. Yo que vos —me confesó
cuando se está con un hombre de acción como mientras me miraba fijo— le doy su merecido.
él, había cuestiones de las cuales era y es me- Yo no lo puedo hacer porque, como podés apre-
jor callar. Por eso aún me arrepiento de haber- ciar, tengo la mano enyesada.
le contado un pequeño drama que afectaba mi Me fui desanimado, con la copia de la de-
vida. Un día, mientras yo estaba en el living de nuncia en la mano.
mi departamento, un primer piso que daba a la El sátiro la siguió espiando. Mi mujer ya
calle, mi mujer vino hacía mi horrorizada, con no quería salir a la calle. Sentirse observada,

Cortaron la 9 de julio. Quedó en 7 de Abril. | 19


Rodolfo Palacios |

esperarlo. Tomamos cerveza en lata para matar


el tiempo. Si el tipo seguía su rutina, iba a llegar
en veinte minutos. Yo estaba nervioso.
—Che, loco, que no se te vaya la mano.
El sátiro la Una charlita y nada más. Decile que no joda
—le advertí.
siguió espiando. —Quedáte tranquilo, amigazo. Una apre-
Mi mujer ya no tadita. Simple.
—Pero no lo amenaces ni le pegues.
quería salir a la —Vos dejálo en mis manos. Yo te aseguro
que este hijo de puta no los va a joder más.
calle. Sentirse Faltaban diez minutos. Quedaban dos
latas de cerveza. Pedro estaba ansioso. Hacía
observada, con saltitos como los boxeadores, lo que preanun-
alguien al acecho, ciaba que iba a haber algo más que una charlita.
Miraba para la esquina, el punto fijo que tenía
pendiente de sus entre ceja y ceja.
Faltaban cinco minutos.
movimientos, —¿Y si el tipo se quedó haciendo extras
la traumaba. en la oficina? —pregunté.
—¿Horas extras? Nadie hace horas extras
A esa altura, yo porque no las pagan. Ni en el delito se pagan las
extras —bromeó Pedro.
estaba harto. —O capaz que tenía otro plan.
—¿Querés dar marcha atrás? El plan que
tiene este forrazo es pajearse con tu mujer. Te lo
digo así para que entiendas que esto tiene que
terminar, porque vos no podés…
Pedro iba a seguir hablando pero lo inte-
rrumpí con un grito:
con alguien al acecho, pendiente de sus movi- —¡Ahí está!
mientos, la traumaba. A esa altura, yo estaba El sátiro caminaba con un bolso negro,
harto. camisa blanca, pantalón negro y zapatos marro-
—Esto se termina hoy —le prometí. nes. Medía como un metro noventa. Yo ni si-
Eso mismo me dijo Pedro cuando le conté quiera le hubiera podido tocar un pelo. Cuando
la historia: lo vi más de cerca noté otros rasgos, como una
—Esto se termina hoy. cicatriz en la cara.
Pedro sentía rabia, los ojos le brillaban, No había marcha atrás. Pedro se le abalan-
estaba indignado. zó. No le dio tiempo a nada. Le metió un directo
—Qué degenerado hijo de puta, yo te lo al mentón.
voy a resolver. ¿Le mostró el miembro el sorete —Violador, dejá de espiar a mi hermana.
ese? A ver si me lo muestra a mí. Se lo arranco. —Yo no fui —dijo el tipo.
Odio a estos violines. Uno de estos manoseó a Y ese yo no fui luego sería toda una certe-
mi hermana hace muchos años. za para Pedro. Para él, el «yo no fui» no era la
Es sabido que en los códigos no escritos respuesta de un inocente. Lo más común hubie-
del hampa, ser violador, manoseador de muje- se sido decir «no entiendo de qué me hablás».
res, exhibicionista obsesivo y otras malas artes, Pedro pegó, jab de izquierda, cross a la
se paga caro en los pabellones. mandíbula; el grandote seguía de pie, con la
Durante dos días, sin que yo supiera, Pe- cara ensangrentada, tiraba algunas manos, que
dro siguió al sátiro y comprobó su rutina. Sabía en realidad parecían manotazos de ahogado.
que todas las noches, poco después de las once, Estaban parados en el medio de la calle, sobre
llegaba a su casa, siempre vestido con camisa, el empedrado. Pedro tiró un golpe voleado y
pantalón de vestir, zapatos y un bolso. se resbaló, cayó al piso y el sátiro comenzó a
Una noche, nos sentamos en la esquina a patearlo. Yo miraba desde diez metros de dis-

El taxista con GPS es un médico que busca síntomas en Wikipedia. | 21


| Honrarás a tu padre

tancia. Si la cosa seguía así, no me iba a quedar curiosidad. Pero por el otro, no entendía qué rol
otra que meterme. Me preguntaba por qué no iba a tener Pedro en el supuesto robo. Sabía que
había sido capaz de arreglar esto con mis pro- él había cometido algunas estafas menores. El
pios puños. Me lamenté por ser cobarde, por ladrón pesado, y miembro distinguido del gre-
depender de otros, por meter como excusa que mio del hampa, era su padre.
yo no podía exponerme en esto porque podía —Está bien, amigazo, te lo dije por si que-
terminar con problemas legales. rías estar en el lugar de los hechos cuando están
En un momento vi que el policía que cus- ocurriendo —dijo Pedro con tono desinteresa-
todiaba el restaurante de la otra cuadra se acer- do—. Va a ser un laburo fino.
caba. Pedro se levantó como un toro ciego de —Estás loco. Vas a terminar en cana. ¿Y
furia. Y se repuso. Y pegó. En el estómago del qué vas a hacer? —quise saber.
sátiro, en la cara, en las costillas, el sátiro cayó. —La banda va a voltear una financiera.
Nocaut. —¿Qué banda? —le pregunté. No solo no
—¡Ya está, loco! —le grité. sabía de la actividad delictiva de Pedro: tam-
Pensé que las cosas podían terminar peor bién ignoraba que formaba parte de un grupo
e incluso ser más graves que el origen de todo criminal.
esto: un onanista que espiaba a una mujer. —No va a ser una banda con batería, bajo,
Antes de irse, Pedro miró fijo al sátiro y viola y cantante. Es una banda que va a trabajar
lo amenazó: conmigo. Igual yo no voy a entrar.
—Nunca más vuelvas a abrir la ventana. —¿Vas a hacer de campana?
Mañana voy a venir a matarte. —¿Me ves cara de che pibe? Eso es para
Me sentí mal. Esa noche corrimos con Pe- los principiantes. Mi papel será superior —dijo
dro y nos refugiamos en un bar infecto de Con- con aires de superado.
greso. Tenía las manos llenas de sangre. —Dale, loco, no te hagas el misterioso.
—Loco, te dije que no lo amenazaras —Mirá vos, no querías saber nada y ahora
—le dije. te morís por saber todo.
—Me calenté. Me dio bronca que me dije- Pedro no se equivocaba. Yo sentía una
ra yo no fui. Es una tomada de pelo. Le dejé la mezcla de intriga y de incredulidad. En los
cara llena de chocolate, ¿lo viste? últimos años había entrevistado a más de cin-
Mi mujer se enojó por todo lo que había cuenta ladrones y asesinos, esos seres que vi-
pasado. Al otro día, Pedro fue al traumatólogo ven aferrados a los pliegues más sórdidos de
porque se había fisurado la mano. El sátiro nun- la sociedad: ese submundo paralelo y en pe-
ca volvió a levantar la persiana. Al menos hasta numbras que vive de lo ajeno. Pero nunca me
que nos fuimos de ese barrio. habían propuesto llegar antes que la noticia. El
periodista policial siempre llega después de que
los hechos ocurren, cuando los actos son irre-

H asta esta parte de la historia, puedo


decir que Pedro era hijo de un vetera-
no ladrón, que había cometido estafas menores,
versibles: el asesino ya mató y no hay forma
de retroceder; el ladrón huyó con el botín; la
víctima ya está en la telaraña viscosa tendida a
que soñaba con filmar una película o aparecer modo de trampa por los rufianes.
en la televisión, y que ajusticiaba a degenerados —Amigazo, voy a hacer la inteligencia. Y
que espiaban mujeres. Lo que nunca imaginé puedo decir que soy el autor intelectual del robo.
era que su carrera delictiva, por entonces la de —A la pelota.
un principiante, iba a dar un vuelco. Lo confieso: en ese momento pensé que
Una tarde, mientras tomábamos un café Pedro me mentía, o exageraba el asunto. No lo
en la terminal de Retiro, me hizo una pregunta creía capaz de organizar un asalto, no por tor-
que me dejó helado: peza o falta de inteligencia, más bien porque no
—¿Querés ver un robo en vivo? lo hacía dedicado de lleno al delito.
—No entiendo —le respondí. —Un empleado infiel me entregó el dato.
—Te pregunto si querés estar cerca de un Lo chequeamos y seguimos adelante. Entré un
lugar en el momento en que se está cometiendo par de veces a la financiera, me hice pasar por
un afano. cliente, bien vestido y perfumadito. Y le di el
—No me jodas, loco. No me metás en qui- choreo a la banda. Se lo serví en bandeja.
lombos —le dije. Por un lado, sentía una gran —¿Y los tipos qué tienen que hacer?

22 | La paradoja de hacer cola para entrar al telo.


Rodolfo Palacios |

—Van a lo seguro, amigazo. A la caja


fuerte. Van a reducir al guardia, seguro van a
decir lo de siempre: esto es un asalto, arriba las
manos. Y van a salir tranquilos, con la guita.
—¿Cuánto? «Van a lo seguro,
—Calculamos cien mil de los verdes. Vein-
te mil para cada uno, contando al entregador. a la caja fuerte.
—¿Y si algo sale mal? Van a reducir al
—Nada puede salir mal. Está todo planea-
do. No va a durar más de cinco minutos. guardia, seguro
—¿Y vos qué vas a estar haciendo?
—Voy a estar cerca, con un handy. van a decir lo
—¿Estás hablando en serio?
—Obvio, amigazo.
de siempre: esto
—Estás loco. No te metás en esa. es un asalto,
—No va a fallar. Y ya no se puede dar
marcha atrás. arriba las manos.
Unos días después, Pedro me mandó un
mensaje de texto: «Mañana es el gran día, a las Y van a salir
diez de la mañana en donde te dije la otra vez».
Había dicho la dirección, pero no la recordaba.
tranquilos, con
Sabía que era en la zona del microcentro, en la la guita».
city. No respondí el mensaje. Aunque no tenía
nada que ver, me sentía como parte de la ban-
da que, irremediablemente, iba a entrar en una
financiera, apuntaría con pistolas al guardia y a
los empleados —uno de ellos actuaría el temor
y escondería su complicidad: la entrega de un
dato que equivale a tres años de su sueldo— y A la mañana siguiente desperté pensando
enfilaría en dirección a la caja fuerte. en el robo. Seguía creyendo que podía ser una
¿Cómo convivir con la certeza de que se mentira de Pedro. Los ladrones suelen agrandar
está por cometer un robo y que uno sabe la hora sus acciones o hasta inventarlas. Me duché, me
y el lugar en que será cometido? ¿Lo correcto cambié y salí a la calle. Por entonces, mi traba-
sería alertar a la policía? ¿Delatar a Pedro y trai- jo quedaba cerca del Luna Park. Siempre iba
cionarlo? ¿Ser un buchón y carne de cañón para caminando y a mitad de camino pensé que la
que la banda cobrase venganza? ¿Mantenerse dirección donde supuestamente iba a ser el robo
callado ante el riesgo de que alguna persona sa- quedaba de paso. Algo se apoderó de mí, qui-
liera lastimada? ¿Y si todo era una fantasía de zá la curiosidad, el morbo. Fui al lugar. Llegué
Pedro? Saber ese secreto era un peso demasia- dos minutos antes de la hora indicada. Supu-
do grande. Prefería no saberlo, mejor dicho: bo- se que había llegado antes que los protagonis-
rrarlo de mi cabeza. Olvidar los detalles de ese tas del hecho: los ladrones, las víctimas y, por
plan que de un momento a otro iba a ejecutarse. supuesto, los policías y fiscales. Era como un
Quizá lo mejor fuera hacerme el tonto y espectador que asistía media hora antes a una
seguir mi vida: ir al trabajo, tomar mate con mis función de teatro y esperaba tranquilo, mientras
compañeros, hablar de fútbol, de política o de los actores repasaban el libreto en el camarín
cualquier cosa. Pero no podía dejar de pensar o se maquillaban y se transformaban en sus
en el robo. «El hecho pasó para mañana, que personajes. Primero me senté en un banco de
es día de pago. Misma hora. Mismo lugar. Pa- la peatonal Reconquista. Pasó un barrendero y
sáte», fue el mensaje que me mandó Pedro un un camión de basura esperaba en la esquina. La
rato después. Tampoco le respondí. Pensé en gente iba y venía. Había vendedores ambulan-
llamarlo para que no me informara más sobre tes, un linyera que hablaba solo, arbolitos con
ese tema. Pero la paranoia me llevaba a pensar la cotización del día, volanteros y tipos trajea-
que si lo llamaba podía quedar registrado en al- dos que iban al trabajo o salían a tomar un café.
guna escucha o seguimiento policial. Había un policía federal que caminaba por la

Hasta la paloma de la paz debe cagar gente. | 23


| Honrarás a tu padre

24 | Mama, uh uh uh uhhh, en la escuela me dicen Freddie Mercury.


Rodolfo Palacios |

cuadra. Y un payaso que vendía globos con for- sumaba uno más uno y podía llegar a la solu-
mas de animales. Luego fui a un café, frente a la ción obvia: ese maletín estaba lleno de plata.
financiera, y me senté en una mesa de la vereda. Plata sucia. ¿A un día del asalto seguía con el
No me sentía en peligro. Si el robo iba a ocurrir botín a cuestas? Sea como fuere, bastaba con
de verdad, no creía que los ladrones fueran a que entrara un cana, si es que alguno se avivó
salir a los tiros. Pasaban los minutos y no veía y siguió la ruta oscura de ese dinero, manoteara
nada. Ni siquiera a Pedro, que debería estar en el maletín y encontrara parte del botín robado.
la zona. De la financiera salieron tres hombres ¿Yo qué diría? ¿Que es de un amigo que fue al
trajeados que saludaron al guardia de la entrada baño? ¿Que ignoraba lo que había adentro? Na-
con naturalidad. Nada anormal. Miré para los die me iba a creer. Ese maletín era una bomba
costados por última vez. Hojeé el diario aunque de tiempo que podía estallar en cualquier mo-
no me concentré ni en los títulos, pagué el café mento. ¿Y si el maletín tenía otra cosa? Capaz
y pensé que Pedro era un versero. Al menos res- que el loco de Pedro llevaba un currículum, un
piré aliviado porque no había pasado nada. Al par de guiones escritos a los apurones, algún re-
otro día, sin embargo, leí en los diarios que en galo para sus hijos. En un momento, entró en
un golpe comando ladrones habían robado una el café un policía federal. Estaba apurado. Se
suma no precisada de dinero de una financiera. pudrió todo, pensé. En circunstancias como es-
Sentí un escalofrío. Fui a mi trabajo. Y el tas, la cotidianeidad aparece distorsionada y en
correr de las horas me hizo olvidar del frustrado vez de ver actos sencillos y normales, vemos
asalto, hasta que un rato después me avisaron de peligro o señales inequívocas de que algo anda
recepción que me buscaba Pedro. Vestía camisa mal. Este era el caso: el federal había entrado a
y corbata. Llevaba lentes de sol y un maletín pedir un vaso de agua. Se fue tranquilo, justo
negro. Fuimos al café de la esquina. Pedro apo- cuando reapareció Pedro.
yó el maletín en la silla. Sonreía todo el tiempo: Ahí aproveché yo para ir al baño. Mien-
su cara se parecía a la de los políticos que posan tras meaba, apareció Pedro con el maletín en la
en los afiches de campaña. Esa sonrisa impos- mano. Fue como ver un fantasma.
tada que muestra los dientes blancos. Sospeché —¿Qué hacés? —le pregunté.
que tenía algo para decirme. —Te voy a mostrar algo —dijo Pedro y se
—El robo salió de diez. metió en un compartimento con inodoro.
—Estuve en el lugar y no vi nada. —Vení, loco. Acercáte —me dijo. La
—¿A la hora que te dije? puerta estaba entornada. Pedro abrió el maletín
—Sí. y vi lo que se ve en algunas películas: adentro
—¿Dónde estuviste? tenía varios fajos de dólares.
—En el café. —Hay cuarenta mil de los verdes. Encon-
—¿Qué viste? tramos más guita de la que imaginábamos. Sa-
—Un cana, un barrendero… cále una foto con el celu.
—Sí, un barrendero, al cana lo vi. Tam- —No, loco, todo bien, pero hasta acá lle-
bién había un payaso y un par de arbolitos. go —le respondí y salí del baño. A la salida me
Pedro describió las mismas cosas que yo crucé con un tipo de traje negro, bigote y cara
había visto. de cana. Otra vez pensé lo peor. Seguro que el
—Pero de la financiera salieron tipos tra- baño tenía cámaras y los de seguridad habían
jeados —dije. visto todo. En lugar de esperar a Pedro en la
—Eran los chorros, amigazo. Parecían mesa del café, pagué y salí. Más tarde supe que
empresarios. el tipo era un cliente más del café porque Pedro
De repente, Pedro se levantó y fue al baño. me llamó preocupado por mi retirada.
—Ya vuelvo.
Su ausencia comenzó a intranquilizarme.
Me pregunté por qué. Miré a los costados, miré
la mesa y descubrí que el motivo de mi nervio-
sismo estaba en el piso, apoyado contra una de
N o volví a verlo por varios meses. Lo mejor
era alejarme, no escuchar sus confesiones
ni quedar pegado a sus acciones. Hasta que un
las patas de la mesa. Era el maletín negro. Sen- día me llamó su padre, Luis. Lo noté preocupa-
tía una mezcla de intriga y temor. El contenido do. Me citó en un café de tribunales, después de
del maletín era misterioso: nunca había visto a que fuera citado a declarar por una causa por
Pedro con uno. Y de ser cierto el éxito del robo, robo. Vestía traje y lucía unos Ray Ban.

¡Monstruo, fuiste elegido empleado del Ness! | 25


| Honrarás a tu padre

un bebito de cinco días. Todo sería más fácil.


Al otro día, los diarios titularían: «Después de
esnifar un gramo de cocaína, el asesino confesó
su horrendo crimen».
Los chorros Pedro sabe que lo mejor que se puede
hacer con la merca es no tocarla. Los chorros
que han dado que han dado grandes golpes nunca lo hicieron
grandes golpes drogados. Robar un banco o un blindado exige
lucidez, precisión, tranquilidad. Y nada de eso
nunca lo hicieron se logra con el polvo blanco. Hasta Freud, en
su libro Escritos sobre la cocaína, cuenta de un
drogados. Robar experimento que se hizo entre hombres que dis-
pararon al blanco después de consumir. En esa
un banco o un época se creía que la merca mejoraba la punte-
blindado exige ría. Pero la realidad es otra. La falopa arruina.
Los chorros que la toman para guapear en un
lucidez, precisión, asalto son desgraciados. No tienen pulso ni para
sostener el fierro. Y son capaces de tirarle a una
tranquilidad. Y nada embarazada. Es como creer que Maradona hizo
de eso se logra con el segundo gol a los ingleses después de tomar-
se una línea tan larga como el recorrido que
el polvo blanco. hizo de mitad de cancha hasta el arco contrario.
Pedro recordaba la frase de un legendario
pistolero:
—La papusa no sirve para robar. Sirve
para festejar.
Ese hampón robaba miles de dólares y por
la noche celebraba con putas y merca.
—Te cité porque Pedrito anda en cosas La noche del reencuentro, Pedro me dijo
bravas. Yo no quiero que se meta en el delito. que no solía drogarse, pero que se tentó cuando
Va a terminar mal. No deseo ese futuro para mi un amigo le regaló una bolsita. No hizo falta
hijo. Yo sé lo que es la cárcel, él no. que yo le sacara el tema del robo al banco, Pe-
—¿Pedro está por robar otra vez? dro es un boquiabierta. Enseguida lo mencionó
—Sí. Un banco. Reclutó una banda. él. Hablaba en voz alta, como si me estuviese
—¿Te pidió consejos? contando una película:
—No, me contó por arriba. Lo quiere —Está todo arreglado. Un empleado de
hacer por su cuenta, como si buscara sorpren- mantenimiento filmó la bóveda con una lapice-
derme o maravillarme. Tratá de convencerlo de ra especial que compré en Once. Vamos a entrar
que es una pésima idea. cuando no haya nadie. Acá tengo el video y una
Me había distanciado de Pedro por sus se- carta que pienso dejar en el banco como mensa-
cretos, y ahora era su padre el que me los conta- je, si querés vamos a un cíber y lo vemos —dijo
ba. No solo eso: pretendía que persuadiera a su Pedro y luego me mostro un pendrive.
hijo. Empecé a pensar que Pedro planeaba ese —No, loco. Pará. No me metas en líos.
golpe como una manera de decirle a su padre: Frená un poco. Hacelo por tus hijos.
yo también puedo hacerlo. —Lo voy hacer por ellos. Voy a chorear
Una semana después, me reencontré con por ellos. Todo lo que hago es por ellos.
Pedro en un bar rastafari de Córdoba y Santos Pedro fue al baño a tomarse otra línea. Esa
Dumont. Lo noté extraviado, y más tarde supe noche podría aspirarse todo lo que se interpu-
que había tomado cocaína. Un abogado del siera entre su nariz y el aire y el mundo que lo
hampa siempre decía que esa droga sería un rodeaba. Luego, vio una piedrita blanca en el
método ideal para que interroguen los jueces y piso. La apretó con el dedo índice, la piedrita
fiscales. Unos pocos tiros son suficientes para le quedó pegada, y la esnifó. Su apuro lo había
confesar el robo con todos los detalles. El pro- traicionado. Tosió hasta que los ojos se le lle-
blema es irse por las ramas o lloriquear como naron de lágrimas. No fue efecto de la coca. Lo

26 | En el Ballet Parking te estacionan el tutú.


Rodolfo Palacios |

que acababa de aspirar no era merca, sino un ron en cana. Era el plan perfecto. No existen los
pedacito de pochoclo blanco. planes perfectos.
Intenté usar esa muestra de torpeza para —Pero los traicionó una mina. Una des-
convencerlo de que no tenía que seguir con pechada. Si esto sale bien, voy a dejar mucha
su plan. guita en un comedor infantil.
—Si confundiste merca con pochoclo, —¿Y quién te garantiza que alguno de tu
no podés robar un banco —le dije con cierto banda hable de más, tome una copa como esta-
cinismo. mos tomando ahora, y se vaya de pico, o quiera
Pedro no dijo nada. sacar chapa con alguna mujer?
—Pensá que podés caer en cana. Y ahí te —Eso se va de las manos. ¿Querés que les
quiero ver. Mirá tu viejo todos los años que es- haga firmar un contrato de confidencialidad?
tuvo preso. Somos ladrones y no valemos por las armas o
Pedro no respondió. Al final encontró la la valentía que tenemos. Valemos por la pala-
bolsita en el piso y fue presuroso al baño. Vol- bra. El que no la cumple, deberá atenerse a las
vió enseguida porque el inodoro estaba ocupa- consecuencias.
do. Como si estuviese solo, peinó una línea en —¿Y el empleado infiel qué onda?
la mesa y aspiró fuerte. Una mitad con la fosa —El tipo quiere salvarse.
nasal derecha y la otra con la izquierda. Otra —Yo creo que ese tipo es el primero que
vez los ojos brillosos y las ganas de hablar: va a caer. Todos van a sospechar de él. Y él, por
—Va a salir todo bien. Es un plan perfec- nada, los va a delatar. Porque no tendrá nada
to, como el de las películas. que perder.
—Esto no es cine. Todo lo ves como si Pedro se quedó pensando.
fuera una película. Esto es mucho peor. No es —No creo que el chabón quiera mandar-
un juego. nos en cana. No se va a meter en problemas.
—Ya sé que no es un juego —dijo mien- A los pocos minutos, Pedro recibió un lla-
tras el mozo traía otra cerveza y un recipiente mado y se fue a las corridas. Supuse que era de
lleno de pochoclos. uno de sus cómplices. Me di cuenta de que no
—Boludo, no te lo confundas con merca había marcha atrás. Su padre, Luis, me había
—lo cargué—. Hablando en serio, creo que te contado que una vez le aconsejó:
la van a poner. Vas a caer. Por empezar: ¿con- —No hagas la que hice yo, pero si un día
fiás en los otros miembros de la banda? llegas a robar, no lo hagas con armas.
—En la mayoría sí. Pedro sabía que las armas no las cargaba
—¿No confías en todos? el diablo sino el hombre. Y en su banda había
—No pongo las manos en el fuego por un hombre, apodado Petaca, que por nada del
ninguno de ellos. mundo estaba dispuesto a salir a robar sin su
—¿Y si alguno te traiciona o te quiere me- pistola.
jicanear? —La Bersa es como mi verga: siempre la
—Eso no va a pasar. Ya hicimos algunos llevo conmigo —le advirtió a Pedro.
laburos juntos. Y acá está todo calculado. Hasta —No lo lleves, Petaca. Es para cagada.
nos juntamos en un departamentito a ensayar Hay gente inocente.
los movimientos. Para no perder tiempo y no —Mirá, Pedrito, esto debés saberlo, va-
quedar registrados en la cámara. rón. No te voy a mentir. Nunca salgo sin el mo-
—¿Qué laburos hicieron juntos? rocho. Es parte de mi cuerpo. Lo llevo como un
—Un par de financieras. anillo de casamiento. Y te voy a decir algo. ¿Me
—¿Y son tipos expertos? escuchás bien, varón?
—Sí. Quedáte tranquilo, amigazo. Va a —Sí. Te escucho.
ser el plan perfecto. —Mirá, cuando le robo a personas de
—¿En qué te basás para decir eso? bien, a gente de la calle, hago una cosa. ¿Me
—En la confianza. Planifiqué todo. Hasta seguís?
el más mínimo detalle. A Pedro le irritaba que cada dos frases
—Pensé que habías aprendido la lección. el Petaca interrumpiera su relato para pedirle
—¿Qué lección? atención o preguntarle si estaba atento.
—La banda de tu viejo fue muy audaz. —Escucháme, varón. Cuando le apunto
Tenían todo calculado. Pero algo falló y caye- a un chabón de bien, a un padre de familia, a

Con un óvulo y un espermatozoide estás hecho. | 27


Rodolfo Palacios |

alguien bueno, no lo hago con el dedo apoyado No dijo más nada del tema.
en el gatillo. Pero cuando enfrente tengo a un No volví a verlo por un buen tiempo. Solo
cobani, a un ortiva del orto, apoyo el dedito en sabía de él por lo que publicaba en su perfil de
el gatillo porque ahí vale todo. Es él o yo. Y si Facebook. Un día contó que para su clase de
yo no lo aprieto, lo va a apretar él. ¿Me seguís, guion había filmado la escena de Nueve Reinas
chabón? en la que Ricardo Darín y Gastón Pauls corren
Pedro se quedó callado. Comprendía que por Puerto Madero. Otro día publicó fotos en
Petaca no iba a salir desarmado. Sabía, ahora, las que aparecía con sombrero y lentes negros,
la sutil diferencia de la posición del dedo en el como Walter White, el personaje de Breaking
gatillo. Aterraba saber cómo un roce, un movi- Bad. En otras posaba con un habano, traje y
miento que involucra a tres huesos del índice, lentes negros, emulando a Al Pacino en Scar-
podía ser la diferencia entre la vida y la muerte. face. ¿Su fantasía era robar como si todo fuera
una película? ¿El personaje podía devorarlo?
Pero a diferencia de aquel robo a la finan-

C on Pedro nos volvimos a ver una semana


después, en el gimnasio Ringo Bonavena
de Huracán, en Parque Patricios. Yo entrenaba
ciera, yo no tenía detalles del asalto que pensa-
ba cometer entonces en un banco. A la semana
siguiente salieron publicados en los diarios dos
en ese lugar y él iba cada tanto a liberar ten- robos a bancos del conurbano. Pero por mi sa-
siones. En el precalentamiento corrimos diez lud mental y mi integridad física, tomé la deci-
vueltas en el patio. En un momento, le sonó el sión de no volver a ver a Pedro. Cambié de ce-
teléfono. Pedro enfureció: lular, por cosas de la vida dejé de trabajar donde
—Loco no me tomés por pelotudo, enten- lo hacía y perdimos el contacto. Cada vez que
diste. No te hagas el gil, perro boludo. Pagá lo leía sobre un robo a una financiera o a un ban-
que debés, gato. Me venís bicicleteando desde co, me imaginaba que él podía estar detrás de
el otro día. Yo no soy gil, loco. esos golpes. Un día me mandó un mail para en-
Al rato, por el mismo teléfono, lo llamó su contrarnos en Avenida de Mayo y Piedras. Me
esposa para pasarle con su hijita: contradije y fui a la cita. Lo noté cambiado: su
—Mi amochito, como estás. Mi bichito postura corporal, sus gestos, hasta sus facciones
peshioso, godita de papá. parecían las de otro hombre. ¿Acaso uno no es
Era notable ver los dos lados de un mismo el mismo después de robar un banco?
hombre, cómo podía pasar de la violencia a la —Al final no robé nada, amigazo —dijo
dulzura. Cambiar el tono de voz y el vocabulario. Pedro con picardía.
Luego me explicó que el primer llamado Supe que mentía. No dio más detalles,
era de un excompañero que se había quedado tampoco se los pedí.
con el vuelto de un robo que habían cometido Me contó que había vuelto a estudiar
disfrazados de policías. guion de cine y que su padre ya no tenía deudas
Pedro le pegó a la bolsa con violencia y con la Justicia. Al final caminamos hasta Flori-
también le dio patadas, lo que ofendió al tano, da y Corrientes. Antes de despedirse, Pedro me
el encargado del gimnasio, un personaje de avisó:
otro tiempo. Aparentaba cincuenta, pero tiene —En un par de semanas mirá la tele por-
sesenta. que va a pasar algo grande.
Pedro pidió perdón. Y después me dijo: Y caminó rápidamente por Florida,
—Quiero liberar tensiones porque en dos abriéndose paso con su maletín entre la gente,
días es el gran robo. perdiéndose como uno más entre la multitud. x

Leandro Estudió Diseño Industrial, pero se gana la vida con el diseño gráfico, la ilustración y
Bustamante las caricaturas. Dibuja desde que tiene memoria, y aunque cursó la carrera de Bellas
Artes un año, paralelamente a sus estudios formales siempre pintó y dibujó de for-
Montevideo, 1987 ma autodidacta. Sus trabajos se pueden ver en el ilustracioneslea.blogspot.com.ar/.

Tengo un sueño bárbaro: invadir el Imperio Romano. | 29


SOBREMESA

FÍSICA Y QUÍMICA

¿C ómo te imaginás la cara de Pedro, el


ladrón de la crónica del Rodo? —me
pregunta Chiri.
—Mientras leía el texto para mí Pedro tenía
—¿Sí? ¿Qué hay? Dame alguna pista sobre
series nuevas porque estoy un poco perdido.
—Tenés de todo —le digo—: Forbrydelsen,
el germen de The Killer, por ejemplo; las verdade-
la cara de Alexander Monday —le digo—, el per- ras Wallanders también están muy bien… Pero si
sonaje de Ladrón sin destino. querés empezar con una que va a volarte la ca-
—De Robert Wagner, querrás decir: el espo- beza descargá Bron/Broen. Un lujo mitad sueco,
so de Natalie Wood. mitad danés.
—Exacto, ese mismo —le digo—. Me en- —¿Cuál es? ¿La del puente?
cantaba Natalie Wood, ¿se murió joven, no? —Esa misma.
—Sí, creo que más o menos a nuestra edad. —Empecé a ver The bridge, la versión ame-
¿Vos sabías que hay toda una trama policial de- ricana, pero no me gustó.
trás de su muerte? Una cosa muy misteriosa... —¡Porque es una mierda! —le digo—. Tenés
—No tenía la menor idea, ¿qué pasó? que ver la original.
—Natalie murió ahogada —le digo—. Iba en —¿El planteo es el mismo?
un yate con su marido y se cayó al agua. En el —Idéntico, pero sin las pelotudeces de la
barco creo que también iba Christopher Walken. industria norteamericana: una noche aparece un
—Siempre me dio un poco de miedo ese cadáver justo en la mitad de un puente que une
señor. Tiene una cara muy rara, no me digas que Dinamarca y Suecia. Y la cuestión esa esa: hay
no… medio cuerpo en cada país.
—A mí me encanta —le digo—. No me lo —Un mensaje muy extraño… ¿Se sabe de
olvido más en la película El cazador, de Michael quién? Porque yo la dejé de ver en el segundo
Cimino. capítulo...
—¡Enorme peli! —Se va sabiendo, pero no te quiero dar nin-
—Pero sobre todo cada vez que me cruzo gún espoiler. Tenés que verla.
con el video de Weapon of Choice no puedo dejar —Dame una pista más, no seas puto.
de verlo. Me hipnotiza ese video… —Cada uno de los países manda un detec-
—Sí, es verdad —me dice Chiri—. Es increí- tive. Por un lado una sueca rubia de personalidad
ble cómo baila. Mejor que Fred Astaire. impresionante: tiene algo parecido al síndrome de
—Volviendo al tema del yate y Natalie Wood, Asperger, es decir, obsesiva, limitada, de sociabi-
¿vos decís que estos dos la tiraron? lidad escasa...
—Todavía no se sabe —le digo—. Esto pasó —Como Sheldon Cooper, de The big bang
a principio de los ochenta, y hace poco la causa theory.
se volvió a abrir porque apareció un testimonio —Exacto. Y el otro es un danés caótico, un
nuevo: el del tipo que manejaba el barco. tipo sanguíneo y calentón… ¿Sabés qué descubrí
—De todos modos, por más pruebas nuevas con esa serie?
que aparezcan, dudo que alguna vez alguien meta —Qué.
preso a Alexander Monday: era muy escurridizo. —Que para los suecos, Dinamarca es el ter-
—Qué bueno que hayamos podido cerrar cer mundo.
los policiales del tercer año con otra historia de —Eso es mentira.
Rodo —me dice Chiri—. Me encantó su crónica —No, es la pura verdad —le digo—. La his-
sobre el caso de las gemelas, y esta me parece toria es alucinante, pero la química entre estos
brillante. dos personajes es de las mejores de la historia
—Es un maestro el Rodo… —le digo—. ¿Y de la televisión.
sabés qué? Cada vez me gusta más el género —¿Tienen más química que nosotros dos?
policial. Ahora, por ejemplo, estoy viendo en la —Nosotros no tenemos química. Tenemos
tele muchas series policiales suecas y dane- física.
sas… Un descubrimiento reciente que me tiene —No seas zalamero. x
muy contento.

30 | Trato de no apoyar queso en la mesa ratona.


CARTA ABIERTA, por Liniers |

Xxx | 31
(FOTO: DIARIO LA TERCERA, CHILE)

EL VERANO
CHILENO
ESCRIBE JOSEFINA LICITRA
La primavera estudiantil pasó y ahora sus principales líderes
—entre ellos la bellísima Camila Vallejo— pelean por una
banca en el Congreso nacional. Crónica de una gesta social
que ya se ha vuelto partidaria, y que tiene a jóvenes de
veintitantos años jugando un rol fundamental en la elección
más importante desde la caída de Augusto Pinochet.

E
sta es la escena; ocurrió el veintiu-
no de mayo de 2012. Esa mañana,
en Valparaíso, una ciudad costera
ubicada a ciento veinte kilómetros
de Santiago de Chile, el presidente
Sebastián Piñera debía dar la «cuenta pública
anual»: un discurso ante el Congreso en el que
el primer mandatario tenía que rendir cuenta
del estado administrativo y político de la Na-
JOSEFINA LICITRA
ción. Ese día, a diferencia de tantos otros años,
La Plata, 1975 la situación era especialmente tensa. En pleno
auge de las protestas estudiantiles —la gesta
popular más importante que tuvo Chile desde el
Periodista y narradora argentina. regreso de la democracia, en 1990— cualquier
Ha escrito para Rolling Stone,
Letras Libres, Piauí, El País
aparición pública de Piñera garantizaba, como
Semanal, Etiqueta Negra, El mínimo, un recalentamiento del humor social.
Malpensante, Gatopardo y las Adentro y afuera del Congreso había gente
revistas del diario El Mercurio, apostada, aunque la tensión era distinta en cada
entre otras. En 2004 ganó el lado. Adentro, en un ambiente más calmo, esta-
premio CEMEX-FNPI en la
categoría texto. En 2007 publicó
ba Jaime Parada: un concejal y militante por los
Los imprudentes (Tusquets), derechos civiles de las minorías sexuales que
en 2011 publicó Los otros. asistía al discurso a sabiendas de que Piñera se
Una historia del conurbano pronunciaría sobre el asesinato de Daniel Za-
bonaerense (Debate/RHM), y en mudio, un muchacho gay cuya muerte había pa-
2013 publicará su tercer libro.
Algunos de sus trabajos fueron
ralizado al país. Afuera, en cambio, manifestan-
traducidos al inglés, francés e do en contra de Piñera estaban los estudiantes
italiano, e integran antologías encabezados en buena parte por Giorgio Jack-
como Crónicas filosas de Rolling son (presidente de la Federación de Estudiantes
Stone, Las mejores crónicas de la Universidad Católica - FEUC), Francisco
de Gatopardo y la Antología de
Crónica Latinoamericana Actual.
Figueroa (exvicepresidente de la Federación de
Es editora de esta revista desde Estudiantes de Chile -FECH) y Camila Vallejo,
fines de 2012. Dicta el taller vicepresidente de la FECH, quien gracias a un
de Crónica periodística en la discurso de hilvanes perfectos y a una belleza
Universidad Orsai. Sus alumnos inaudita le había dado voz y rostro al movi-
la quieren porque aprenden
mucho, pero sobre todo porque
miento ante todos los medios de comunicación
en la clase se come bien. del mundo.

34 | Llegué a una conclusión y me volví.


(Foto: publicada en TheClinic.cl, Chile)

Camila y Jaime —amigos— acortaban la otras cosas, pero será esta imagen —este trance
distancia enviándose mensajes por Whatsapp, cinematográfico— la que volverá infinitas ve-
la aplicación de chat telefónico con la que fue ces a lo largo de este viaje, cada vez que tenga
coordinada buena parte de la revuelta estudian- yo que recordar de qué está hecha «la Camila»
til. «Leona esto ya termina tenemos que en- y de qué está hecho, por tanto, el movimiento
contrarnos» le escribió Jaime a Camila cuando estudiantil chileno: el mayor alzamiento social
acabó el discurso. «Sal y nos vemos» respondió que ocurre en Chile desde fines del pinoche-
ella, y Jaime salió. tismo y una hazaña política que este año está
Una vez en la calle, Jaime buscó a Ca- pasando por un momento crucial. El próximo
mila entre el gentío hasta que dio, finalmente, diecisiete de noviembre habrá elecciones pre-
con la escena: a lo lejos, y en el medio del caos sidenciales y parlamentarias en el país, y mu-
de las protestas, Camila avanzaba rodeada por chos de los líderes que coordinaron la revuelta
un anillo de compañeros de la Juventud Co- —entre ellos Camila Vallejo, Giorgio Jackson y
munista —el partido al que ella pertenecía y Francisco Figueroa— intentarán, con veintiséis
pertenece— que la protegía del desborde que años de edad promedio, ingresar a un Congreso
se arrojaba sobre ella: una horda de militantes regido desde hace dos décadas por dinosaurios
de ultraizquierda que le gritaban «vendida» y políticos.
«amarilla» —«tibia»—; decenas de medios de Aunque el salto tiene sus detalles. No to-
prensa soltando preguntas al viento; y un ma- dos los candidatos jóvenes van por un mismo
nojo de vivillos que buscaban el momento de partido, y de todos ellos fue Camila quien llegó
estirar la mano y tocarle el culo a la vez que le más lejos y a un lugar más complejo. Tras decir
gritaban «hazme un hijo», «déjame chuparte las infinitas veces, durante las protestas, que jamás
tetas», «acéptame en Facebook». votaría a la expresidente y hoy nuevamente
—Era como una jauría en torno a la Ca- candidata Michelle Bachelet —quien respaldó
mila, y ella caminaba estoica con su grupo de en su gobierno un status quo desfavorable para
gente rodeándola. La Camila es muy admira- las clases medias y bajas de Chile— este año
da pero también es muy odiada, más aún por el obedece las órdenes de su partido —el Comu-
mundo de la extrema izquierda que la considera nista— y va de candidata a diputada apoyan-
una «amarilla» y está dispuesto a hacérselo sa- do la candidatura presidencial, sí, de Michelle
ber. Pero ella puede vivir con eso. Tú la veías Bachelet. Lo que tuvo consecuencias. Buena
caminando y era como si nada pasara. Para mí parte de la población apoya a Camila Vallejo,
esa escena explica como ninguna otra la com- pero muchos estudiantes reaccionaron como
plejidad del movimiento. se reacciona ante una estafa. «Falsa», «prosti-
Eso dice Jaime Parada ahora, un año y me- tuta», «mentirosa», «política» (sic), «muppet»:
dio después, mientras toma té en un bar de San- estos son algunos de los calificativos que viene
tiago de Chile. Durante la charla dirá también recibiendo Camila Vallejo por entrar a las filas

Un día me voy a curar la ceguera y ahí te quiero ver. | 35


| El verano chileno

de la Concertación, la coalición de partidos y asegurada es una conquista que atribuyo a Jaime


movimientos de centro izquierda que se armó Parada, con quien tenemos una amiga en común.
en Chile con el regreso de la democracia y que Ahora estamos en un lindo bar de Provi-
creció bajo la promesa —para muchos incum- dencia, el tercer municipio más rico de Chile
plida— de devolverles a los ciudadanos los de- —un país dividido en sesenta distritos— y el
rechos sociales perdidos durante los diecisiete territorio que en 2012 erigió a Jaime concejal.
años de dictadura de Augusto Pinochet. Fue en esos tiempos, cuando asumía su cargo
—Yo no soy principista. Tengo mis princi- político, que Jaime empezó a hacerse amigo
pios pero también sé lo que es la táctica y la es- de Camila. Aun cuando militaban y militan en
trategia, y entiendo que para avanzar en las de- partidos distintos y bastante enfrentados dentro
mandas que se plantean hoy en Chile se requiere del abanico de la izquierda —Camila está en el
buena correlación de fuerzas políticas —dirá en PC y Jaime en el Partido Progresista— lograron
unos días Camila Vallejo sin que una sola vaci- amistarse ayudados incluso por un factor se-
lación le robe gracia a su rostro templado. Cuan- xual. Camila podía estar con Jaime —gay— sin
do la vea y la escuche recordaré entonces esta que hubiera ninguna especulación al respecto.
imagen que ahora da Jaime Parada: construiré —La Camila es muy acosada por los hom-
a Camila como una heroína de comic; como un bres, es la mujer de Chile más deseada. Si le pre-
personaje de paso plomizo que avanza entre el guntái a un heterosexual a quién desea con toda
fuego social con los cabellos al viento. su alma te dice la Camila Vallejo. Entonces creo
Camila es fuerte, pero además es —y esto que de todas formas le hacía bien tener un amigo
se confirma cuando se la ve en persona— rema- gay con quien salir más relajada. La Camila es
tadamente hermosa. Tan hermosa que es impo- muy sencilla, no quiere problemas de ese tipo.
sible leer el movimiento como una gesta políti- Jaime toma la taza de té y da un sorbo que
ca apartada de su dimensión estética. La belleza acompaña con una torta de nuez. Tiene dedos
de Camila llevó a Chile a los medios de prensa finos y barba prolija, y esa clase de mesura que
del mundo —el semanario alemán Die Zeit la empieza a llegar —si llega— entrados los treinta
entronó como figura emblemática de 2011, los años. Jaime tiene casi treinta y seis, creció en
lectores de The Guardian la eligieron como una comuna de clase acomodada de Chile y fue
«persona del año», el New York Times habló de a la Universidad cuando el modelo neoliberal
ella como «la revolucionaria más glamorosa», instalado por Pinochet y sostenido por los go-
etcétera— y ese relato internacional a su vez ro- biernos democráticos mostraba todos sus brillos.
busteció la bases, el alcance y el poder político Hasta el 2011, Chile venía siendo visto en
del movimiento chileno. el mundo como «el jaguar de América Latina»:
—La Camila es muy inteligente, pero si un país que, según datos del Banco Mundial,
hubiera sido gorda y con bigotes no te quepa tenía casi pleno empleo, solo un catorce por
duda de que no hubiera llegado a tanto —dirá en ciento de pobres y un Estado eficaz. Sin embar-
unos días Patricio Fernández, director del sema- go, el movimiento estudiantil desnudó en 2011
nario The Clinic, acaso la única publicación con- las costuras de ese modelo. Y demostró que las
testataria y de alcance masivo que hay en Chile. estadísticas globales (que decían, por ejemplo,
—A la derecha le molesta que sea boni- que cada ciudadano tenía un poder de com-
ta, porque ellos asocian a la izquierda con la pra de veinte mil dólares al año) eran prome-
fealdad. Han hablado de la Camila como «esa dios montados sobre una notable desigualdad
perra» y han hecho chistes del estilo de «¿están social y sobre un modo de Estado demasiado
haciendo casting los comunistas?». Los varo- ligado a los vaivenes del mercado. Las clases
nes con Camila y las mujeres con Giorgio: así medias y bajas, se supo, tenían todos los pro-
se definía la sexualidad de Chile hace dos años cesos vitales intervenidos por el sector privado,
—dice ahora Jaime Parada. y debían endeudarse hasta límites insospecha-
Jaime me ayudó estos días. Antes de viajar dos para pagar por derechos básicos como la
quise acordar una serie de encuentros con Ca- salud, el cuidado en la vejez y la educación.
mila y, contra lo esperable, me fue dada media ¿Por qué saltaron entonces los estudiantes, y no
hora de entrevista. A Camila no le interesan los los viejos o los enfermos? Porque la transición
grandes medios. Le da igual una radio regional chilena —que es como se llama al período de
que el New York Times, y hasta ha postergado salida gradual de los esquemas institucionales
encuentros a colegas que se han ido de Chile con de la dictadura— creó en torno a la educación
las manos vacías. En ese contexto, media hora un ideal de ascenso social que, a pesar de las

36 | Suspendemos el encuentro de pesimistas. Total no iba a venir nadie.


Jaime Parada

buenas intenciones, mantenía los fundamentos


de la Escuela de Chicago instalados por el pi-
nochetismo. Todos, se dijo, podían alcanzar una
realización personal mediante el estudio, pero
con la salvaguarda de que las universidades
eran pagas y caras, y obligaban a buena parte
Camila Vallejo (Foto: Diario La Tercera, Chile)
de la población al endeudamiento con la banca
privada para poder cumplir con las obligacio-
nes económicas que suponía estudiar. —No. Giorgio va, y Francisco, uno de
Con el paso de los años empezaron a los tipos más capaces que hay dentro del mo-
abrirse las grietas de este mito educativo. Miles vimiento, también va. Lo que más molesta es
de estudiantes comenzaron a egresar —y tam- el apoyo de la Camila a Bachelet. Eso le ha ga-
bién a desertar— llenos de deudas y en el mejor nado respaldo político, pero también le sumó
de los casos con un título que no los habilitaba mucha antipatía dentro de los estudiantes.
a conseguir un buen trabajo ya que muchas uni- La decisión de Camila Vallejo —que en
versidades, nacidas con el único fin de lucrar, te- realidad no es suya, sino del Partido Comunista
nían un nivel académico penoso. La educación al que Camila pertenece— tiene una explica-
se transformó, entonces, en un ejemplo perfecto ción. Y tratar de entenderla obliga a revisar el
de cómo las trampas institucionales creadas en esquema político que Chile arrastra desde los
la dictadura seguían siendo sostenidas en la de- tiempos de Augusto Pinochet.
mocracia. Y los jóvenes reaccionaron ante eso Puede ser espeso, pero es esencial.
representados, entre otros, por Camila Vallejo, En Chile hay un sistema de gobierno «bi-
Giorgio Jackson y Francisco Figueroa. nominal», lo que significa que el país está divi-
—Ellos fueron la cara visible de un mo- dido en sesenta regiones y que cada región debe
vimiento que desnudó la parte más difícil de elegir dos diputados (por lo que en el Parlamento
Chile —dice Jaime Parada—, y por primera hay ciento veinte diputados en total). Para ele-
vez instalaron la idea de que en la clase política girlos se da un proceso de sufragio por listas: las
realmente existe una contraparte del establish- dos listas que ganen más votos en cada distrito
ment. Que paradójicamente pasa a pertenecer son las que pondrán su diputado en el Congreso.
al establishment, porque la Camila ahora va de La nota al pie es que las dos listas principales
candidata a diputado. son siempre las mismas: la Alianza —la coali-
—¿Eso es un error? ción de derecha a la que pertenece el presiden-

Hola, soy el obsesivo, ¿todo en orden? | 37


| El verano chileno

Giorgio Jackson, Camila Vallejo y Francisco Figueroa. (Foto: AhoraNoticias.cl)

te Piñera— y la Concertación, que encuentra a que no pelea contra dos candidatos —uno de
su mayor figura en Bachelet. Como esas listas la Alianza y uno de la Concertación— sino
siempre sacan el mayor caudal de votos, en todas contra cuatro.
las elecciones y en todas las regiones la Alianza —Es un sistema perverso —explica Jai-
y la Concertación ganan un escaño, por lo que el me—. Si quieres llegar al Congreso tienes que
Congreso siempre está partido en mitades ideo- sentarte con la máquina de los partidos políti-
lógicas exactas. Esto tiene consecuencias insti- cos en tu distrito. Si no lo haces, los partidos se
tucionales directas. Si se considera que las leyes vuelven extorsivos: «o nos apoyas —dicen— o
solo se aprueban con el aval de más de la mitad nosotros instalamos en la región unos candida-
del Parlamento, eso explica por qué es imposible tos igual de fuertes que tú y se te acabaron las
sancionar un paquete de medidas que haga cam- posibilidades». Eso le están haciendo a Gior-
bios de fondo en la realidad de Chile. gio, que quiere ir por afuera con un movimiento
Dado su alto grado de injusticia, este nuevo llamado Revolución Democrática. Y por
sistema está siendo interpelado por prime- eso el comunismo arregló con Bachelet.
ra vez en décadas, y son los líderes del mo- Esta explicación para muchos es insufi-
vimiento estudiantil quienes están buscando ciente. La parte más radical de lo que fuera el
por vías políticas el punto vulnerable de este movimiento estudiantil —que sigue vivo, pero
modelo conservador. Es un proyecto difícil, sin los líderes ni los picos de fuerza de los años
entre otras cosas porque los candidatos jó- 2011 y 2012— cree que Camila Vallejo está
venes deben pelear con partidos que cuentan desoyendo al colectivo de estudiantes que la
con una ayuda extra: a diferencia de los mo- enarboló, y que forma parte de un partido dis-
vimientos chicos, la Alianza y la Concerta- puesto a negociar sus convicciones por un pu-
ción —al ser coaliciones que reúnen a varios ñado de cupos seguros en el Parlamento.
partidos políticos— pueden presentar cada Aunque hay otras formas de verlo:
una dos candidatos por región que, llegado el —Tú nunca eres lo suficientemente de iz-
recuento de votos, y a la manera de una ley quierda —dirá Camila en unos días con el ros-
de Lemas, sumarán sus boletas bajo el para- tro lacio: iluminado.
guas del partido que los aglutine. Los movi- —Camila hizo lo que le pidió su partido,
mientos chicos, en cambio, solo pueden pre- que tiene un rasgo pragmático altísimo, y ella
sentar un candidato. Por esa razón, cualquier es una militante disciplinada —dice ahora Jai-
figura que quiera ir de modo independiente me—. Además la gente la quiere. Yo ando con
—como Giorgio Jackson o Francisco Figue- la Camila por la calle y no puedes avanzar cien
roa— se verá obligada a un esfuerzo feroz ya metros sin que la paren tres veces al menos para

38 | Te das cuenta que está regalada por cómo se desenvuelve.


Josefina Licitra |

tomarse fotos… A propósito —Jaime pestañea, Fue este antecedente el que marcó las ba-
parece despertarse—: ¿has quedado finalmente ses del estallido social de 2011. Para ese enton-
con ella? ces, los estudiantes —muchos de ellos, ex «pin-
—Había quedado para mañana, pero me güinos»— estaban de cara a un sistema que se-
canceló. guía siendo —como ahora— caro y malo. Hoy
—Ah… Es que mañana es un día muy im- una carrera universitaria en Chile sale entre
portante para la Camila. Mañana rinde su últi- cuatro mil y seis mil dólares al año. Como bue-
mo examen para recibirse. na parte del alumnado no puede enfrentar ese
—Pero la van a aprobar, todos deben apo- gasto —ya que la mitad de la población chilena
yar lo que ella representa. gana quinientos dólares por mes—, casi todos
Jaime mueve la cabeza, frunce la nariz: acuden al llamado «crédito con aval del Esta-
duda. do»: un modo de endeudamiento creado duran-
—Ella lideró un movimiento que eclipsó te la presidencia de Ricardo Lagos —otro de la
el sistema educativo de Chile. No creas que es Concertación— que endeuda a los estudiantes
tan fácil. con la banca privada a tasas que los llevan, lle-
gado el momento, a tener que devolver casi el
doble del dinero que pidieron prestado.

E l movimiento liderado, entre otros, por Ca-


mila Vallejo fue el último y el más potente
dentro de una seguidilla de protestas que se ve-
Así fue que en abril de 2011, y durante
la presidencia del derechista Sebastián Piñera
—educado en Harvard y fundador de Bancard,
nían dando desde fines de 1990. De todas ellas, la mayor tarjeta de crédito de Chile, hoy ven-
el mayor antecedente ocurrió en el 2006 con lo dida a una multinacional— estalló una bomba
que los medios llamaron «la revolución pingüi- social que transformó a los jóvenes en la cara
na»: un fuerte reclamo de los estudiantes de co- visible de una gesta que ya trascendía los claus-
legios secundarios —cuyos uniformes remitían tros y ganaba el apoyo popular, con un respaldo
a los colores de un pingüino, de ahí el nombre— al movimiento cercano al ochenta por ciento.
que cuestionaba un sistema educativo que se les Para diciembre de 2011 —a ocho meses de ini-
hacía caro y malo. Los «pingüinos» querían es- ciadas las movilizaciones— los estudiantes ya
tatizar la educación —derogando la LOCE, una habían forzado la renuncia de dos ministros de
ley parida durante el pinochetismo— y obliga- Educación y habían logrado colocar la reforma
ron a la entonces presidente Michelle Bachelet educativa al tope de la agenda parlamentaria.
a cambiar a su ministro de Educación de enton- Toda esa presión y todos esos logros, entre
ces y a sentarse a negociar con los alumnos, que tanto, eran gestionados y encarnados por figu-
a esa altura ya habían ganado el apoyo popular. ras que abarcaban toda la amplitud del movi-
Todo parecía estar dado para que los «pin- miento: Camila Vallejo presidía la Federación
güinos» triunfaran; pero se dio un episodio que Universitaria de la Universidad de Chile, una
hoy es visto como una instancia fundacional de institución laica, pública y anticlerical —aun-
la desconfianza de los estudiantes en el siste- que paga— a la que va la clase media erudita. Y
ma político y específicamente en la Concerta- Giorgio Jackson presidía la Federación Univer-
ción. Y es que Bachelet promovió el armado sitaria de la Universidad Católica, a la que va
de un concejo asesor formado por estudiantes, el conservadurismo religioso y social de Chile.
intelectuales y empresarios que reemplazó la —En la Católica los niños pobres se visten
LOCE, sí, pero por una ley que tenía poco que como ricos. En la Chile los ricos se visten como
ver con las reivindicaciones de los estudiantes pobres —resume el escritor Rafael Gumucio en
y que no tocaba el punto medular: el Estado un bar del Drugstore, el espacio —ubicado en un
seguiría subvencionando a cualquier empresa pequeño shopping— al que concurre buena par-
educativa que se abriera en Chile. Y las familias te del circuito intelectual de Santiago de Chile.
seguirían pagando lo que hubiera que pagar. De Gumucio siguió de cerca el movimiento.
ese diálogo frustrado queda una foto que hoy es Y fue quien mostró, hacia el exterior del país,
un símbolo de la «estafa progresista». En ella se un rostro de la revuelta estudiantil distinto del
ve a Michelle Bachelet festejando la nueva ley de Camila Vallejo. En el año 2011, Gumucio
con una mano en alto, blandiendo un banderín publicó en la revista mexicana Gatopardo un
de Chile y acompañada por todo el arco partida- perfil sobre Giorgio Jackson.
rio, la derecha incluida. —La Camila me parece la parte menos

Dios tendría que preguntar «¿quién se quiere morir?» y priorizar a esos. | 39


| El verano chileno

interesante de todo este movimiento —dice—. ceps. Ayer y hoy estuvo dando demasiadas en-
Toda la gente de la Juventud Comunista se pa- trevistas.
rece entre sí. En cambio Giorgio, por no hablar —Estas elecciones tienen un grado ideo-
de Francisco Figueroa, que me genera un gran lógico muy alto y son muy sofisticadas en tér-
respeto, tenía algo distinto. minos políticos. Pero creo que esta vez tenemos
Giorgio, dice Gumucio, era la parte acaso fuerza suficiente para impulsar un cambio. Hay
elegante de la gesta estudiantil. A los veinticua- compañeros que nos critican por querer entrar
tro años —hoy tiene veintiséis— era un prolijo al Congreso, pero es desde ahí donde se libra
estudiante de Ingeniería, gustaba a las chicas y la batalla. En el Parlamento más del noventa
gustaba a las madres de las chicas porque salía por ciento van a la reelección, no se quieren ir.
dando notas a Al Jazeera en perfecto inglés. En ¿Quién va a querer irse? Tenemos que sacarlos
ese entonces, cuando arrastraba tras de sí a un nosotros. Metámonos ahí, no regalemos nada.
movimiento que llegó a llevar más de cien mil Cuando el gobierno dice que no puede haber
personas a las calles, vivía con su madre y sus educación gratuita en Chile porque no hay plata
cuatro hermanas en Las Condes, un barrio de para eso, decimos cómo que no: somos un país
clase acomodada del que se fue el año pasado. de veinte mil dólares per cápita, solo es cues-
Ahora vive en Providencia, en una casa tión de hacer una reforma tributaria porque ese
antigua junto a cinco amigos más con los que promedio de veinte mil dólares solo lo alcan-
reparte el alquiler. Un rato después de hablar za menos del diez por ciento de la población
con Gumucio, toco el timbre de la casa y me de Chile y es más: solo el uno por ciento en
recibe Auska Ovando, la encargada de prensa Chile acumula el treinta por ciento del ingreso
de la campaña de Giorgio para diputado; una nacional, entonces, claro, cuando se habla de
chica amable que me hace pasar al living y pide promedio se esconde eso y se dice que en Chile
que aguarde. Giorgio está en el cuarto contiguo estamos superbién, pero lo escondido es que el
dando una entrevista por radio. cincuenta por ciento de los chilenos gana me-
Tomo asiento. La casa se intuye grande y nos de quinientos dólares al mes.
sólida, pero sin afeites. En el living hay esa co- Giorgio suelta datos de un modo casi de-
munión de objetos propia de los lugares donde portivo, como si la política fuera un lucha que
vive demasiada gente. Se ve una colección de no se gana por noqueo sino más bien por pun-
relojes antiguos, un cuadro de Al Pacino, otro tos. Este concepto, de hecho, fue siempre la car-
de Emiliano Zapata, máscaras indígenas, sifo- ta dorada del movimiento estudiantil: a sabien-
nes, paraguas, una valija chica, una guitarra, das de que ellos eran jóvenes y de clase media,
una planta, un mandala, adornos tailandeses, y de que los iban a criticar por eso, decidieron
libros: una Enciclopedia Larousse, La conjura estudiar y apabullar con datos. Unas horas
de los necios, una biografía de Obama. Arriba, atrás, Rafael Gumucio contó una anécdota que
una lamparita de bajo consumo arroja una luz permite entender esto aún mejor: al poco tiem-
dormida sobre la estancia. po de iniciadas las protestas, el semanario The
—A dos semanas las cartas están echadas, Clinic les ofreció a los estudiantes formar parte
pero igual tenemos que ir casa por casa con los del consejo editorial de un número que estaría
vecinos —se oye al otro lado de la puerta. íntegramente dedicado al movimiento. La pro-
Giorgio está hablando de la entrega de lis- puesta estética para esa edición, dijeron en The
tas: dentro de dos semanas se sabrá si finalmen- Clinic, consistía en poner en la portada a Camila
te —y tal como terminará sucediendo— puede desnuda de frente y en poner en la contraporta-
presentarse a elecciones como independiente a da a Giorgio desnudo de atrás. Julio Sarmiento
través de su movimiento, Revolución Demo- —cuadro de la Juventud Comunista, pareja de
crática. Ahora corta la conversación y sale de Camila e invitado a la reunión de pauta— miró a
su habitación. Giorgio se ve alto y saludable, la gente de The Clinic con ojos de fusil.
dueño de una barba rubia que ralea sobre la piel —Les cayó pésimo —contó Gumucio—.
pálida. Se está frotando un brazo. Para nuestra sorpresa, carecían completamen-
—Veinte minutos con el brazo doblado te de sentido del humor. Tengo cuarenta y tres
para tener el teléfono, tengo que cambiar de años y mi generación fue la del punk y lo visible,
teléfono —dice. Con el brazo sano, toma un entonces dijimos: «hagamos esta portada porque
caloventor que tira un aire tibio y débil. Hace vamos a matar», pero ellos son otra cosa. Se han
frío. Giorgio toma asiento y se masajea el bí- tomado todo muy en serio. Creen mucho en lo

40 | «Perdón, olvidé el adjunto. Ahora sí»: el mail más veces escrito.


Josefina Licitra |

(Foto: ElQuintoPoder.cl)

que creen. Hay una pequeña solemnidad. Cuan- cos aburridos y sin ganas de estudiar. Los viejos
do mandaban los contenidos eran unos informes siempre nos tiraron con el discurso de «vagos»
sociológicos con entrevistas a expertos y espe- o de «jóvenes soñadores e idealistas». ¿Cómo
cialistas que… era una cosa desnuda de cualquier eliminamos esos prejuicios? Siendo serios, or-
señal de juventud, y encima cada cosa era some- denados en ciertas cosas, siendo tragas como
tida a un asambleísmo infinito. Ellos tienen seña- dices tú, dando entrevistas al extranjero, mos-
les culturales distintas de la nuestra: no aceptan trando cifras y hablando sin poesía y diciendo
frivolizar, hacen énfasis en lo colectivo por enci- «respóndeme a esto». Y la verdad que la gente
ma de lo individual, tienen una visión de la igual- cree tan poco a los políticos que nosotros no
dad como algo entretenido y una visión de lo tuvimos que hacer gran cosa para que nos cre-
público o lo socialdemócrata como algo trendy, yeran —Giorgio sonríe—, solo teníamos que
como que es trendy andar en tren, ir a hospitales no ser mediocres.
públicos… bueno, no: eso todavía no es trendy. Les salió bien, o casi. Durante el 2011 y
Recuerdo a Gumucio mientras oigo a Gior- buena parte del 2012, todas las semanas dece-
gio, quien dice lo mismo que Gumucio. Pero a nas de miles de personas tomaban las calles y
su manera. Giorgio habla de ser «mateos». pedían un cambio que —esto es lo que no sa-
—Los dirigentes en general, no solo Ca- lió tan bien— chocaba contra las paredes de un
mila y yo, quisimos ser súper mateos, no sé Congreso incapaz de aprobar reformas reales.
cómo le dicen ustedes… Me refiero a una cari- Eso dice Giorgio ahora, y eso dice también en
catura de los que están en las bibliotecas… El país que soñamos, un libro que salió a la
—Tragas. venta en abril de este año —lo publica la mul-
—¿Pero tiene un significado malo? tinacional Random House— y en el que relata
—No, no. Es irónico pero no significa la experiencia rica pero a la vez triste dentro
nada malo. del movimiento. Todos los principales líderes
—Éramos tragas entonces. Quisimos ex- estudiantiles han sacado un libro. En el caso de
plicar de manera clara que esto no era la agenda Camila Vallejo, lanzó una compilación de sus
de un partido político particular o de unos chi- discursos y columnas en medios de prensa, y

Contémonos, me parece que falta uno de los dos. | 41


| El verano chileno

«La gente cree tan


poco a los políticos
que nosotros no
tuvimos que hacer
gran cosa para que
nos creyeran, solo
teníamos que no ser
mediocres.»

(Foto: LaTercera.com)

Francisco Figueroa acaba de editar un título «la primera sesión de fotos que hicimos para la
que, por esas casualidades, ahora un cartero campaña».
deja en la puerta de la casa de Giorgio. —Soy medio ñoño con la tecnología,
Francisco Figueroa también quiere ser pero creo que ayuda a generar cercanía y a que
—y finalmente será— candidato. Lo hace den- los jóvenes entendamos que no hay que hacer
tro del mismo movimiento que Gabriel Boric una carrera política para ser un sujeto político
—otro líder que hoy está haciendo campaña —dice Giorgio a su regreso—. Yo elegí hacer
en el sur de Chile— y bajo la misma nube de carrera política, esa es la única diferencia. Pero
problemas de Giorgio Jackson. Ambos, Fran- en lo demás soy como ellos y tengo los mismos
cisco y Giorgio, saben que pelean contra dos problemas que ellos.
grandes máquinas políticas (aunque Giorgio un Uno de los problemas comunes a buena
mes después terminará siendo ayudado por la parte de los estudiantes es el atraso en la carre-
Concertación), y sospechan que la chance de ra. En 2011 miles de universitarios estuvieron
ganar depende en buena parte del electorado dispuestos a pagar el costo de la lucha, y perder
joven. Eso, a su vez, exige un doble trabajo: de- el año. Y eso significa que ahora muchos mi-
ben convencerlos de que voten por ellos, pero litantes están concluyendo de un modo tardío
sobre todo deben impulsarlos a que vayan a vo- sus carreras de grado. Esta semana Giorgio de-
tar. En Chile el sufragio no es obligatorio y hay berá terminar su tesis y en quince días deberá
un gran descreimiento del poder de cambio del defenderla para recibirse de ingeniero. Camila,
voto, por lo que muchos jóvenes, aun si están entre tanto, en este momento está defendiendo
interesados en política, los días de comicios su licenciatura. Dentro de unas horas, los perió-
prefieren quedarse en casa. A ellos van dirigi- dicos dirán que Camila «se tituló con distinción
das buena parte de las acciones de prensa que máxima». Pero en ningún medio —tal vez por-
hacen, entre otros, Giorgio y Francisco. que es un dato obvio— se leerá la otra parte:
Ahora Giorgio se pone de pie y se aleja ahora que egresó, Camila deberá enfrentar una
para dar otra entrevista por radio. Mientras lo deuda bancaria de diez mil dólares.
espero googleo su nombre desde mi teléfono.
«Mira a Giorgio en Instagram» leo. El link me
lleva a una página llena de fotos en la que se ve
a Giorgio comiendo empanadas, asando salchi-
E s un miércoles de sol. Es la mañana. El equi-
po de prensa de Camila Vallejo da una cita
para la entrevista en La Florida, una comuna de
chas y planchando su camisa —dice— antes de clase media trabajadora por la que hoy Camila

42 | Saltó a la fama pero cayó en el anonimato.


Josefina Licitra |

es candidata. Ella creció aquí junto a su madre parada: no era algo que ambicionara. Una cosa
—Daniela Dowling, ama de casa— y su padre, es que no estés preparado para ser John Lennon,
Reinaldo Vallejo, un miembro veterano del PC ¡pero tú quisiste ser John Lennon! El problema
que en los ochenta fue estrella de un teleteatro es que ella no quería ser ni Ringo Starr.
popular en Chile y que hoy tiene un negocio de En algún momento llega Camila. Tiene
reparación de radiadores. una panza chica despuntando entre las ropas
El centro de operaciones de campaña de negras —está embarazada de seis meses— y
Camila está en una urbanización sencilla a la tiene, sobre todo, una belleza desequilibrante.
que se accede atravesando un portón vigilado, Camila es incluso más hermosa que en las fo-
y consiste en una casa menuda que organiza tos. La miro como se mira una estampa y me
su dinámica en torno a la sala principal. En la pregunto cuán difícil habrá sido que la tomen
entrada hay un cartel inmenso con el rostro de en serio, y hasta dónde el movimiento habría
Camila —su piel luminosa, su aro en la nariz— crecido de esta forma —con prensa internacio-
y en el centro de la estancia hay una mesa larga nal, con prensa local nutriéndose de la inter-
en la que siete personas desayunan pan, queso nacional, con ciudadanos alimentándose de la
y café. Hace frío. Un mechero —sobre el que prensa local— sin el calibre perfecto de la cara
hay apoyado un pedazo de pan— es la única de Camila Vallejo.
calefacción del lugar. —La Camila es muy inteligente, pero
—Toma asiento, la Camila está viniendo. su belleza la lanzó y la transformó en la pieza
La que me recibe es Evelyn, una chica de de oro de una máquina más o menos oxidada
cabellos cortos, pecas y una austeridad de ges- —dijo Patricio Fernández, director de The Cli-
tos que delimita un carácter. Evelyn es la jefa de nic—. Lo curioso es que a ella le cuesta y le ha
prensa y la mujer con la que estuve regateando costado mucho jugar con su belleza, cosa que
los minutos de entrevista hasta último momen- no entiendo porque uno espera cierta frescura
to. Nada funcionó. Evelyn es marcial. Y es mar- para hacerlo. Sácale partido a la belleza en vez
xista. Forma parte de un cuerpo partidario que de esconderla como si estuvieras avergonzada;
hizo de la disciplina un elemento fundante y eso es un remilgo, una coquetería penca y pro-
que eligió a Camila, entre tantas cosas, no solo pia del conservadurismo histórico del PC, ¡usa
por su inteligencia y su belleza sino también tú una coquetería más rockera y ponte una mi-
por su voluntad de someterse a las normas que nifalda, muestra el poto y sale a meter bulla!
impone el partido. —Creo que lo de la belleza le aterró, le
Eso, de hecho, solventa la mayor crítica generó un pánico escénico —dijo Gumucio—.
que se le hizo a Camila en las elecciones de La Camila no es como alguien con vocación de
la Federación Universitaria de 2012: se le re- artista ni mucho menos, entonces cuando se ha-
prochó que obedeciera más al PC que al mo- bla de su belleza se la ve muy incómoda.
vimiento estudiantil, y se temió que —dado el —La belleza de la Camila ayudó harto
afán negociador del comunismo chileno— eso —dirá Francisco Figueroa—. Quedó la idea de
llevara al movimiento a contactar con los polí- que los dirigentes estudiantiles éramos héroes
ticos tradicionales de la Concertación. Por eso apolíneos cuando eso era una gran mentira. Ga-
perdió Camila: salió segunda —quedó como briel (Boric) estaba gordito, a Giorgio se le está
vicepresidenta— detrás de Gabriel Boric, un cayendo el pelo, yo tengo unas ojeras estruc-
estudiante de Derecho de enfoque más radical turales y en esos tiempos ninguno de nosotros
que ahora no está en Santiago de Chile sino en alcanzaba ni a ducharse… Pero la belleza de la
el Sur del país, donde se candidatea por la co- Camila creó una idea de lo bueno y lo bello. Sin
muna de Magallanes, con altas probabilidades desmerecer en ningún caso a nadie ni a la Ca-
de salir diputado. mila, creo que fue súper relevante. Cuando ella
En cuanto a Camila, terminó su manda- sale presidenta de la FECH, la primera razón de
to el veintiocho de noviembre de 2012 y hoy, la cobertura no fue que había presidente nue-
como temió el movimiento años atrás, es una vo, eso a nadie le importaba. Lo que importaba
de las figuras más fuertes de la Concertación. eran sus ojos.
—La Camila es una niña comunista, inteli- —La alusión a mi figura suele ser un co-
gente y linda, pero nadie pensó que fuera a llegar mentario recurrente —dirá pronto Camila—.
tan alto —dijo días atrás el escritor Rafael Gu- Durante las protestas sabíamos que eso se iba a
mucio—. Ni siquiera creo que ella estuviera pre- utilizar porque yo estaba consciente de la socie-

«Contá conmigo» debería aclarar hasta qué número. | 43


| El verano chileno

dad donde vivo y porque la derecha lo iba a usar no meta uno sino dos diputados de La Florida
para banalizar las demandas del movimiento. en el Congreso. Esta apuesta tiene una traduc-
Aunque tampoco pensé que podía ser tanto. ción logística —hay todo un aparato trabajando
Ahora Camila toma asiento y se acoda en para que Camila llegue al Parlamento— pero
la mesa larga que ocupa la habitación. A su alre- también tiene una contraparte: Camila, metida
dedor hay gente. Esta media hora no será, exac- en el vórtice proselitista, podría estar perdiendo
tamente, íntima. Algunos hablan por teléfono, frescura. En Twitter, por ejemplo, donde hasta
otros le dicen a Camila alguna cosa vinculada a el momento tiene casi setecientos cuarenta y
la campaña y otros le preguntan por la panza. A dos mil seguidores, Camila solo escribe sobre
los veinticinco años y con el mito sexual sobre temas de campaña. Y el día de su graduación,
la espalda, Camila ha elegido atentar contra la lejos de hacer una catarsis pública —que es lo
libido social y transformarse en madre. Error: que acaso haría una chica de veinticinco años—
ahora le gritan «quiero hacerte otra guagua». solo se limitó a escribir «Muchas gracias x las
Lo cierto es que para el mes de octubre —uno felicitaciones, costó pero se logró!».
previo a las elecciones— espera tener la hija Le pregunto a Camila por su egreso, y por
que buscó junto a Julio Sarmiento, su compa- su deuda.
ñero de vida y de militancia. Cuando habla de —Soy de un segmento medio, y los seg-
la niña dice algo curioso: mentos medios en Chile son todos endeudados
—Todas las mujeres nos preguntamos si —dice—. Ese dato es lo que no cabe dentro de
podremos hacerlo bien, pero no soy la única. la pobreza estadística. Es gente que tiene un in-
Lo importante es que la queremos y la vamos a greso y por eso no tiene ninguna protección so-
querer: ella tiene garantías de amor. cial, y entonces tiene que endeudarse para todo
«Garantía». Esa palabra es central en el porque por todo hay que pagar en Chile. Yo
lenguaje del mercado —todo lo que se compra, estoy endeudada. Mi hermana está endeudada.
viene con garantía— y ha sido central dentro del Mi familia está endeudada. Tengo una deuda de
movimiento estudiantil. Luego de infinitas esta- unos diez mil dólares, y eso que tuve la suerte
fas políticas, los estudiantes supieron que eran de tomar un crédito blando del Fondo Solidario.
necesarias señales confiables de que los recla- Pero hay otros casos mucho más terribles que el
mos sociales producirían cambios. Por eso este mío. Hay gente que no termina la carrera y tiene
año muchos quieren ser candidatos: para tener que pagar igual.
garantías si no de amor, al menos de que no van Camila habla con voz moderada, como
a embaucarlos. Y por eso, también, hay tanto esos nadadores que cortan el agua siempre por
disgusto con la alianza entre Camila y Bachelet. el centro del andarivel. Durante la charla res-
—¿Cuán duro fue enfrentar esas críticas? ponde con palabras como «proyecto», «educa-
—Creo que esa discusión está dentro del ción» y «colectivo», y lo curioso no es tanto lo
debate de qué es ser más o menos de izquierda. que dice, como el hilo perfecto en el que las
Uno de los problemas de la izquierda es jus- ideas se van desgranando. A un lado, Evelyn
tamente el no poder resolver quién es más de chequea el reloj de su teléfono y mira con in-
izquierda que el otro. Y creo que muchas veces sistencia. Ya no hay tiempo. Pregunto si puedo
se cae por error desde mi punto de vista en lo volver a verla. Me citan esta misma noche a
principista. Yo no soy principista. Tengo mis una actividad partidaria que se hará en La Flo-
principios pero también sé lo que es la táctica rida. En un centro cultural se dará una charla
y la estrategia. Personalizar las cosas no tiene abierta en la que se explicará la importancia
sentido, hoy todos los candidatos presidencia- de tener una nueva Constitución Nacional, un
les tienen pasados más o menos cuestionables debate que se ha vuelto central en la campaña
y si uno se basa en eso la verdad que se va a de Michelle Bachelet. Para hablar de eso estará
quedar muy solo. Camila junto al diputado y candidato a senador
Esta posición conciliadora, contra lo que Carlos Montes, y junto a Fernando Atria, un
pueda pensarse, le está dando un apoyo masivo profesor de Derecho de la Universidad de Chile
a Camila Vallejo. Tanto es así que hoy Camila que se ha convertido en el mayor exégeta de la
no es solo una candidata a la diputación, sino candidata presidencial.
que encarna expectativas aún mayores dentro Cinco horas más tarde vuelvo al barrio.
de la alianza progresista. Se cree que su imagen Ahora es la noche y la zona está distinta. En
podría concretar una hazaña: duplicar los votos la avenida Vicuña Mackenna, una de las calles
sobre la derecha y lograr que la Concertación centrales de La Florida, brillan los tragamone-

44 | Voy a decir algo que va a quedar para la posteridad. Después lo digo.


Josefina Licitra |

(Foto: 3.bp.blogspot) (Foto: Simenon.cl)

das y se ven los neones de unos salones de juego —Esta deberá ser la elección más impor-
informal. El encuentro se hace en el centro cul- tante de estos últimos veinte años —dice Atria,
tural La Barraca, y está montado puntualmente y se hace silencio—. Es momento de cambiar
en un galpón al que se llega luego de cruzar un los fundamentos políticos inaugurados con el
patio donde unas mujeres hacen yoga sobre pe- gobierno de Pinochet. Lo que necesitamos aho-
lotas inmensas. En la entrada del galpón está ra es una forma política sin trampas. ¿Por qué
Evelyn. Me dice que pase, a su manera: no se pudo hacer hasta ahora? Porque hay tres
—Hola. Pasa. cerrojos que lo impiden: el sistema binominal,
Una vez adentro el lugar está lleno de gen- el quórum de más del cincuenta por ciento para
te entusiasta. Algunos son militantes, pero otros aprobar una ley, y la existencia de un Tribunal
—muchos otros— son vecinos que vinieron a Constitucional que puede anular proyectos de
escuchar y celebrar. Hay cierto clima de feste- ley antes de que se discutan. Hoy es imposible
jo que no parece tener que ver con una euforia hacer una reforma porque el sistema institucio-
boba sino —perdón por el lugar común— con nal de Chile es como las tres hojas de una Gi-
cierto estado de esperanza. Apenas el presenta- llette: la primera levanta el pelo, la segunda lo
dor anuncia a los expositores, la gente comien- corta, y la tercera limpia lo que haya quedado.
za a aplaudir y a gritar «bravo» con un furor que Risas, aplausos. Camila toma nota, sonríe
va de lo admirable a lo bizarro en cuestión de y cada tanto come alguno de los caramelos que
segundos. «¡Quiero saludar a Fernando Atria! hay sobre la mesa. A sus espaldas hay un mural
¡Gracias por estar con nosotros!». «¡¡¡Bravo!!!». de colores, y a los lados hay dos afiches gigan-
«¡Este es David Peralta, concejal de la comuna tes: uno muestra a Bachelet con Carlos Montes,
de La Florida!». «¡¡¡Bravo!!!». «¡Esta es nuestra el candidato a senador, quien está por llegar. Y
candidata a diputado Camila Vallejo!». otro la muestra a Camila sola. Aunque en breve
—Diputada —interviene Camila. se hará la polémica foto con Bachelet. Ahora
Las mujeres hacen hurras por la aclaración. Camila se aclara la voz y toma el micrófono: es
Gritan «¡¡¡Bravo!!!» y siguen las presentaciones: su turno de hablar. Frente a ella hay unas dos-
«Quiero saludar a los dirigentes del Partido Co- cientas personas y un pequeño radiador eléctri-
munista que están hoy con nosotros». «¡¡¡Bra- co que suelta un calor inútil.
vo!!!». «¡A los dirigentes del Partido por la De- —Todas esas trampas de las que habló
mocracia!». «¡¡¡Bravo!!!». «¡A los dirigentes del Atria protegían un modelo de sociedad —dice
Partido Socialista!». «¡¡¡Bravo!!!». «¡Y no sé si Camila—. La educación como bien de consu-
hay algún dirigente que no hayamos mencionado mo y la posibilidad de que el sector privado
y que no sabemos que está pero aplausos para él haga negocios están resguardados por la Cons-
también y para todos los dirigentes independien- titución actual. Con el movimiento fracturamos
tes que estarán en esta reunión!». «¡¡¡Bravo!!!». una hegemonía cultural bien grande. Esta ima-
«Y ahora vamos a debatir sobre la reforma cons- gen de que somos un país desarrollado, de que
titucional en Chile: ¿Por qué tener una nueva estamos súper bien y que aquí todo se conquis-
Constitución?». «¡¡¡Bravo!!!». ta gracias a ambiciones personales, se rompió.
El presentador pasa el micrófono. En una Nosotros dimos el empujoncito, pero la gente
mesa, Fernando Atria agradece el fervor popu- igual ya se estaba cansando.
lar y trata de explicar, abriéndose paso entre los Todos aplauden. Camila ha hablado, como
«bravos», por qué es fundamental hacer una re- siempre, como si cada palabra estuviera cosi-
forma y por qué esa iniciativa es central en la da por un hilo de seda indestructible. Mientras
campaña de Michelle Bachelet. hablaba llegó Carlos Montes, diputado por La

La policía tira gas pimienta a gusto. | 45


| El verano chileno

Florida desde 1990 y, en tiempos de Pinochet, te sonríe, la gente grita «bravo». La gente se ve
detenido y torturado por dirigir un movimiento alegre, y fuerte.
popular desde la clandestinidad. Montes hoy es
un político de raza. Llega vestido de traje y ha-
bla de pie con la naturalidad y la vehemencia de
un predicador. Camila lo escucha mientras come
algún dulce. Una mujer le señala la panza, como
—N osotros no vamos con la idea de que
siendo diputados vamos a volver
realidad los anhelos de la gente movilizada. No
si dijera «alimenta a tu niño», y Camila sonríe. vamos a vender esa pomada porque es mucho
—En 2011 salió a la calle toda una ge- más difícil que eso. Esta es una pelea bien larga
neración que quiere otra sociedad; no existió y en este rato vamos abajo: vamos perdiendo.
algo así en la historia de este país —dice Mon- Bachelet tuvo la oportunidad de hacer algo y no
tes—. Estoy convencido de que Camila Vallejo lo ha hecho, y ahora está intentando absorber
y Giorgio Jackson tienen que ser diputados. El las partes del movimiento.
desafío de ellos es ver cómo traducir los pro- Francisco Figueroa no es tan optimis-
cesos políticos dentro de la institucionalidad. ta como la gente de La Barraca. Vine a verlo
¡Apoyen a Camila Vallejo porque va a hacer para darle a este artículo un cierre festivo, pero
una gran votación y va a ser una gran diputada! el cálculo salió mal. Francisco —mencionado
El galpón se desploma: llueven aplausos por todos como una de las cabezas más brillan-
y la gente grita «bravo» y se pone de pie. Va- tes del movimiento— vive en el centro, en una
rios minutos después, cuando Montes termina zona de universidades, y es un chico pálido y
su exposición, el encuentro se abre al público. delgado que ahora toma asiento de espaldas a
Un asistente pregunta si la nueva Constitución una vista admirable de Santiago de Chile. Su de-
tratará a las Fuerzas Armadas como ciudadanos partamento está en el piso veinticuatro de unas
sin prerrogativas. Otro pregunta por qué debe- torres que se levantan a metros de distancia de la
ría creer en todo esto si la Concertación no hizo Casa Central de la Universidad de Chile, el ma-
nada en los últimos veinte años. Otro habla de yor epicentro de las tomas de 2011. De aquellos
no quedarse en las propias casas, de seguir lu- días, Francisco recuerda pocas cosas: todo es
chando desde los trabajos. Otro habla de patria una larga confusión que se reparte en asambleas,
grande y de imperialismo y dice «trabajadores reuniones, debates, viajes y entrevistas que
del mundo uníos» y todos se le ríen por lo bajo. Francisco solo pudo ver en perspectiva cuando
—Soy profesora —se escucha entonces: sucedieron dos únicos eventos: el cumpleaños
es una voz agrietada—. Ayer un periodista de de su madre —en el que vio a su familia, poco
CNN dijo que aquí «se les pasó la mano con el politizada, al tanto de los pormenores de la lucha
neoliberalismo»… ¡Hasta la CNN dice que nos estudiantil— y el viaje junto a Giorgio y Camila
hemos pasado! Aquí hay gente que trabaja die- a París y Suiza: una gira rápida en la que notaron
ciséis horas y gana una miseria y después tiene que Chile era tema de la agenda mundial y que
que aguantar que se le diga que en Chile «todo habían derrumbado el mito del jaguar latinoa-
es posible»; acá se sigue diciendo «usted es po- mericano. Para ese entonces, Francisco estaba a
bre porque no es emprendedor» y uno tiene que punto de recibirse de periodista, era vicepresi-
cargar con eso de «ser más emprendedor» ¡y dente de la FECH y con cuatro años dentro de la
es mentira! ¡Uno no sube cuando «emprende»! Federación se había transformado en uno de los
¡Uno sube cuando todos suben! analistas más precisos del movimiento.
Giro la cabeza. La que habla es una mujer Sentado en su living —vive aquí junto
vieja, de lentes, con un abrigo gastado que la a su novia—, mientras sirve café y coloca un
guarda del frío. Alguien hace un chistido: que tupper con galletas en una mesa ratona, Fran-
hagan silencio, que hay que escuchar. cisco no parece un chico que haga de su luci-
—La cultura, a eso voy yo. Al cambio cul- dez una herramienta de daño. Se lo ve amable:
tural que hemos sufrido y que se nota en el mar- calmo. Y es con esa parsimonia que Francisco
cado individualismo que hemos desarrollado. dice que la próxima elección no es un evento
Esos hombres primitivos de los que venimos para aplaudir tanto.
no estaban solos peleando contra los animales: —Hay que ser fríos. Esta elección la va
¡Sobrevivieron porque pelearon juntos! Eso es a ganar Bachelet cómodamente, pero eso toda-
lo que yo quería decir. vía no es expresión de lo que está pasando en
Lo que sigue es un aplauso íntegro y ce- este país. La transición se va a acabar cuando
rrado, en el que nadie llora de emoción. La gen- se acabe ese modelo de Estado. Creo que esa es

46 | Lo mató la mafia china. Les debía dos palitos...


Josefina Licitra |

la demanda de fondo que hay en el movimien- exiliado para que ahora venga un niño a califi-
to. Es un reclamo contra la mercantilización de carme de esta manera!
la vida, y en la medida que eso no se traduzca Francisco lo miraba con los ojos alerta
políticamente vamos a estar en un período de pero en estado de quietud. El presentador in-
agonía de lo viejo pero no de surgimiento de lo tentó moderar y resolvió darles treinta segun-
nuevo. Así que nosotros con la Izquierda Autó- dos más a cada uno. Empezó Bitar. Francisco
noma vamos a estas elecciones básicamente a aguardaba su momento, sin imaginar que esa
seguir metiéndole la pica al edificio de la tran- escena se transformaría en un resumen claro
sición. Creemos que para que termine de germi- de la brecha entre la vieja política de la Con-
nar lo nuevo hay que matar a lo viejo. Matarlo, certación, y la nueva política del movimiento.
no… políticamente digamos, ¿no? Sabemos Las demandas sociales estaban en boca de una
que es una locura tratar de romper el binominal generación nacida en democracia, que no co-
como independientes, pero no estamos locos. nocía el miedo, que estaba libre de los traumas
Sabemos que es difícil, pero estamos confiados. de la dictadura, y a la que las credenciales con-
Francisco habla como quien afila lenta- vencionales —«he sido perseguido» «he estado
mente un cuchillo. Luego hace esta pausa. con Allende»— le resultaban importantes, pero
—Nosotros tenemos tiempo —dice. no le parecían un salvoconducto capaz de puri-
Tal como se ve —flaco, con lentes—, ficar cualquier error político.
Francisco parece inofensivo. Y es acaso este —Yo no caché que la entrevista había
aspecto —que es el de tantos estudiantes— el sido tan significativa, hablé y después me fui a
que ha generado el mayor equívoco entre los la toma —dice Francisco—. Yo sabía que Bitar
políticos de carrera. Francisco saltó a las prime- era un tipo de mecha corta pero…
ras planas de los diarios durante una entrevista —¿Tenés copia de ese programa?
en CNN Chile en la que logró sacar de las ca- —Lo puedes encontrar en YouTube.
sillas a Sergio Bitar, exministro de Educación —¿Con qué nombre?
del progresista Ricardo Lagos y el hombre que —Tú pon «Sergio Bitar —tomo nota,
implementó el famoso «crédito con aval del Es- aguardo lo que sigue— enloquece».
tado» que endeudó a buena parte de las familias «Sergio Bitar enloquece». Así lo busco en
chilenas. Bitar era uno de los tres enemigos más el teléfono y así llego al video: quince minu-
claros del movimiento estudiantil, y Francisco tos de discusión con altos momentos técnicos
lo tenía a su lado en uno de los programas polí- en los que Bitar termina fuera de sus casillas
ticos centrales de Chile. —sin que sea algo excesivo: los chilenos son
—La Concertación y la derecha tienen que moderados—, y en los que el presentador Ulloa
decidir si van a seguir siendo el brazo político debe intermediar de un modo salomónico. Le
de la banca —dijo Francisco en un momento, da treinta segundos a Bitar primero, y treinta
en el medio de una discusión llena de detalles segundos a Francisco después.
técnicos—. Porque aquí la banca fue a golpear —Lo positivo de todo esto —dice final-
las puertas a la Concertación y la derecha para mente Francisco, cuando le toca su turno— es
que les aseguraran un nicho de negocio rentista que estas indecencias que se han cometido con
y usted, ministro, esa puerta la abrió. los estudiantes y sus familias no se van a poder
Antes de que Bitar pudiera abrir la boca, seguir cometiendo porque nuestra generación
el presentador —Ramón Ulloa— mostró una llegó a la política para quedarse y eso es lo que
placa en la que se veía el grado de endeuda- realmente irrita al exministro Bitar. Ellos han
miento de los estudiantes. Mientras Ulloa leía tenido el monopolio de la política —Francisco
los números, Bitar parecía respirar con fuerza. mira a Bitar— y eso va a dejar de suceder.
—Es una insolencia —dijo— suponer que Mientras termino de ver el video, Fran-
tú tienes la moral y que los demás no hemos cisco se levanta de su asiento, va a su cuarto y
luchado por… regresa con un libro —su libro— que tiene en
—Usted no tiene la moral. portada una foto del movimiento en la calle. El
—¡Tú quieres hacer mejor política, enton- título es Llegamos para quedarnos y lo que hay
ces entra a la política y respeta a la gente! ¡Na- adentro es —sabré después— una ácida crónica
die fue a golpear la puerta del ministro diciendo de la revuelta estudiantil, pero también una ad-
«quiero hacer un negocio», por favor, yo tengo vertencia de cara a los años que vendrán. A un
mi vida entera dedicada a la política! ¡Fui mi- futuro que, se sabe, pertenece sobre todo a los
nistro de Allende y he estado preso y he estado que tienen tiempo. x

Uso antitranspirante pero los transpirantes se me acercan igual. | 47


SOBREMESA

CHICAS LINDAS AÑOS TONTOS

—A
mí las dos chicas actuales que más en su historia fue salir tercero en el Mundial ‘62.
me gustan en el mundo son Camila —El Mundial que hicieron ellos, así cualquiera
Vallejo y Lena Dunham —le digo a —me dice.
Chiri. —Claro, nosotros, en cambio, salimos cam-
—No tiene nada que ver una cosa con la peones en el ’78 de manera tan natural que la
otra… gente de cristales Swarovski nos dio un premio a
—Para mí sí, son dos señoritas muy inteligen- la transparencia….
tes que están haciendo una revolución. —No seas sarcástico, nadie sabe si hubo ton-
—Pero una es fea y la otra es linda. go —me dice Chiri—. Y si lo hubo, lo compen-
—Las dos son lindas. samos con lo que nos hizo la FIFA en el Mundial
—Lena, no. de Estados Unidos. ¿Vos creés que vamos a salir
—Si la mirás bien es lindísima. Pero tenés campeones en Brasil?
que mirarla fijo mucho tiempo. Además es muy —Yo creo que no, que ganan los dueños de
inteligente y creativa. Te pongo un ejemplo: Lena casa.
creó una aplicación ficticia en su serie Girls, y la —¡No digas eso, hijo de puta!
idea resultó tan útil que se terminó vendiendo en —Shhhh… Vos dejáme —le digo—. Prefiero
la vida real. tener las mínimas expectativas, para que no me
—¿Cómo es? agarre ese ataque de llanto que me agarró cuan-
—El invento se llama Forbid, y te lo bajás en do Alemania nos hizo cuatro.
tu teléfono. Es una aplicación que impide que ha- —Es verdad, yo tampoco quiero sufrir más.
gas ciertas llamadas que no querés hacer: a una —¿Quién suponés que va a cantar la canción
exnovia, por ejemplo. O a cualquiera que tenés la mundialista del año que viene? ¿Chico Buarque,
necesidad de llamar, o de mensajear, y sabés que Caetano Veloso o João Gilberto?
no es correcto. —No hace falta apostar. Ya eligieron a Ricky
—¿Cómo hace? Martin.
—Simplísimo, vos indicás el número al que —Eso no es cierto —le digo con los ojos lle-
no querés contactar, y si caés en la tentación de nos de sorpresa.
hacerlo la aplicación te cobra diez dólares. No sa- —Es verdad: ya está decidido.
bés cómo está funcionando eso en el mundo de —¿De verdad me lo decís? ¿Cómo puede pa-
la gente joven. sar eso, estamos todos locos? Con razón los bra-
—Es un compromiso con vos mismo… sileños están tan enojados con el Mundial. Ojalá
—Claro —le digo—. Y si lo rompés, pagás un que rompan todo.
precio. Es una idea brillante, realizada con un có- —El otro día me acordaba de una cosa que
digo mínimo, simple. En un punto yo creo que eso escribiste hace un tiempo; decías que los años en
también puede ser arte. que no hay mundial son años tontos.
—Estás demasiado enamorado de esa chica, —Años tontos y largos. Es más, yo creo que
Jorge. por eso hicimos Orsai. La revista, quiero decir.
—Y de Camila también. Camila Vallejo es el Para divertirnos en los años tontos donde no hay
personaje más interesante que dio Chile desde Mundial. La empezamos en 2011 y la terminamos
Roberto Bolaño —le digo. en 2013.
—Es una simplificación muy pajera. Lo decís —¿Vos decís que en 2015 volvemos?
solamente porque te calientan sus tetitas enca- —No. Pero firmemos la siguiente promesa:
britadas y sus ojos como faroles. Y además no «La revista Orsai jamás saldrá en años donde
sabés un carajo de Chile como para decir seme- haya Mundial de Fútbol». ¿Firmás?
jante cosa. —Firmo.
—Sí que sé —le digo—. Sé que la selección —Listo. Me encanta cuando las cosas tienen
chilena terminó tercera en las Eliminatorias para el reglamentos coherentes. El futuro así es mucho
Mundial de Brasil. Y que el mayor logro futbolístico más ordenado. x

48 | En la última cena, ¿por qué se sentaron todos del mismo lado?


CINISMO ILUSTRADO, por Salles |
UN ESCRITOR
TÉCNICO
ESCRIBE HERNÁN IGLESIAS ILLA
ILUSTRA MARIANO EPELBAUM

Siempre que termina un libro largo y trabajoso,


Hernán Iglesias Illa se hunde en la extraña
adicción al Football Manager, un videojuego
inglés que permite transitar la experiencia
de un técnico de fútbol en primera persona.
Compra y vende jugadores, elabora esquemas
tácticos, brinda conferencias de prensa e
insulta a los árbitros que perjudican a su
equipo. Hasta que comienza un nuevo libro y,
por suerte, se olvida de todo.
E
n mayo de 2018, estoy cerca del
ascenso a Segunda. Juego con el
Lemona, un equipo vasco que de-
sapareció en la vida real pero en el
Football Manager sobrevive a duras
penas, siempre con problemas económicos, sin
dejarme fichar jugadores ni ampliar el estadio,
sostenido por los ochocientos o novecientos
hinchas que lo van a ver a Arlonagusia, su can-
cha cerca de Bilbao. Es la última fecha de la
HERNÁN IGLESIAS ILLA Zona II de Segunda B. Si empato o gano contra
Buenos Aires, 1973
el Zamora, salgo campeón, después de treinta
Vive en Nueva York desde 2004. y ocho fechas y unas diecisiete horas de juego.
Desde allí escribe para distintos Estoy en un café cerca de casa, adonde
diarios y revistas de América Latina y vine para intentar trabajar un poco y despegar-
España como La Nación, Gatopardo, me de mi adicción al Football Manager. No lo
Rolling Stone, Vanity Fair, Expansión
y Brando. Ha sido editor de The
he logrado: llevo toda la tarde apretando la barra
Wall Street Journal Americas en espaciadora, que mueve el tiempo hacia adelan-
Nueva York y redactor del diario El te, y corrigiendo los detalles que creo necesa-
País en Madrid. Es autor de dos rios para levantar al humilde Lemona hasta el
libros: Golden Boys (Seix Barral, paraíso de Segunda. Después de dudar un mo-
2008), donde narra la historia de los
banqueros latinoamericanos en Wall
mento, elijo ver el partido contra el Zamora en
Street, y Miami. Turistas, colonos y el simulador visual. Normalmente, para que no
aventureros en la última frontera de se haga tan largo, prefiero leer solo la flemática
América Latina (Seix Barral, 2010), narración en inglés —«buen intento de David
retrato de no-ficción de la nueva Suárez, la pelota se va al córner», «ha marcado
Miami latina. En 2006, con un jurado
compuesto por Martín Caparrós,
Aguirre, que no puede creer su suerte»—, pero
Juan Villoro y John Lee Anderson, ahora, dada la magnitud de la ocasión, quiero
ganó el Premio Crónicas Seix Barral, ver a mis desconocidos jugadores, algunos de
de la fundación Nuevo Periodismo ellos inventados por la máquina, darse un ho-
Iberoamericano y el Grupo Editorial menaje y recibir el premio que se merecen a una
Planeta. Participó en las antologías Los
días que vivimos en peligro (Emecé,
temporada heroica. Entre las varias opciones de
2009), Holy Fuck (Garrincha, 2011), longitud (desde «partido completo» a «solo co-
y Sam no es mi tío (Alfaguara, 2012). mentarios»), aprieto en «momentos clave», que
Su página web es hernanii.net. interrumpe la narración para mostrarme, en una

52 | El gay camina rápido para no ir a paso de hombre.


interfaz poco lujosa pero bastante futbolera, las
jugadas más importantes. La mitad de estas ju-
gadas son los goles del partido: temo lo peor
cada vez que cambia la pantalla y veo a uno de
los rivales con la pelota en los pies. Casi siem-
pre acierto.
El Zamora, que no se juega nada, acierta Estoy en un café
las que no necesita y yo tiro afuera las indis- cerca de casa,
pensables. El resultado final es 2-2. Mis juga-
dores han pateado veinte veces al arco, contra adonde vine para
nueve de ellos; y han pateado once veces en-
tre los palos, contra cinco de ellos. Han tenido intentar trabajar un
el cincuenta y siete por ciento de la posesión
de la pelota. Pero no han ganado. Como pasa
poco y despegarme
muchas veces en este juego enloquecedor, pero de mi adicción al
también en el fútbol profesional, el marcador
del partido tiene poco que ver con las estadís- Football Manager.
ticas sobre su desarrollo. Quedo tercero, detrás
del Real Unión y el Palencia, y clasificado para No lo he logrado:
unos repechajes dificilísimos de los que queda-
ré eliminado en primera ronda, dentro de dos
llevo toda la tarde
semanas virtuales (media hora de juego), contra corrigiendo los
el Castellón. Cuando el Zamora ha metido el
segundo, faltando quince minutos, le he dado detalles para
un sacudón a la mesa del café, como si hubiera
querido matar una mosca; tembló el piso de ma- levantar al humilde
dera, tintinearon las cucharas en la taza vacía.
La Segunda División B de España es una
Lemona hasta el
aventura eterna, casi sisifeana, porque solo as- paraíso de Segunda.
cienden cuatro de sus ochenta equipos. Para
los otros setenta y seis, el fútbol es aquello que
ocurre los domingos en canchas poceadas y se-
mivacías y que tiene que valer la pena solo por
sí mismo, como un purgatorio del que es impro-
bable escapar. Me gustaría irme de la Segunda

El amén es el Enter de la misa. | 53


Hernán Iglesias Illa |

B, pero no puedo: mi prestigio en el Football parecían mejores, o de dejar que mi ayudante de


Manager («oscuro», según mi ficha) me impide campo eligiera la formación, empecé a bucear
aspirar a coliseos mayores. Desde que empecé entre los miles de interruptores y palancas del
a jugar, hace dos semanas, mi carrera ha sido un FM, que parecen irrelevantes al principio pero
constante descenso de categoría. Empecé en el se revelan vitales después: la diferencia entre
Arsenal, de donde me echaron, como dicen los perder y ganar es muchas veces la diferencia
españoles, antes de comer el turrón de Navidad. entre preparar o no preparar un partido; en de-
«Los hinchas se rebelan contra el desconocido cirle a un jugador que marque a tal en lugar de a
Hernanii», clamaban los titulares de prensa pre- aquél; en cambiar la táctica, minuciosa e inter-
parados por el programa. minablemente, una o dos veces por partido. El
En julio de 2018, Argentina ha despedido Football Manager es cruel porque castiga a los
a Alejandro Sabella por su «pobre desempeño técnicos turistas, que llegan con la cerveza y el
en el Mundial de Rusia», dice una nota. La se- pochoclo y esperan ganar la Champions League
lección, sin Messi, lesionado, perdió en octavos porque han elegido jugar con el Barcelona, y
de final contra Inglaterra. premia a los nerds futboleros a quienes les gus-
Estar sin trabajo en el Football Manager ta hurgar en los detalles y disfrutan de poner a
es una experiencia extraña. El mundo del fútbol un marcador lateral a practicar sus rechaces con
sigue adelante («Barcelona se ha clasificado a la zurda. Este hundimiento, del turista al nerd,
las semifinales de la Copa del Rey», «Thiago, lleva semanas enteras de juego, y debo admitir
jugador del mes en la Liga BBVA») pero sin la que nunca logré completarlo.
participación de uno, que lo mira desde el otro En julio de 2020, Mariano Andújar se
lado de la pantalla. Uno ve a los demás divertir- retira del fútbol, después de una década en el
se, competir, participar y no puede hacer nada Catania. Tito Vilanova, que ha sobrevivido a su
por acercarse. Está congelado en la vida virtual cáncer, renuncia a la selección española.
y también en su vida real, sentado en calzonci- En los últimos años, cada vez que he
llos y medias frente a la computadora, dándole terminado un proyecto largo me he permitido
con nervio a la barra espaciadora, esperando a transportarme durante una o dos semanas al
que algún club, cualquier club, le ofrezca un tra- mundo hermético y paralelo del Football Ma-
bajo. Cuando ese club aparece, normalmente es nager. Vuelvo a descargarlo cada vez, pagando
de menor categoría al del último empleo, pero los treinta dólares de su precio legal, vuelvo a
uno está tan desesperado por trabajar (es decir, poner mi nombre, fecha de nacimiento y nacio-
por jugar) que acepta cualquier oferta. Además, nalidad verdaderos (y mis equipos favoritos, en
exagerando un poco, como soy de la primera este orden: River Plate, Arsenal, Villarreal), y
generación de argentinos que salió al mercado otra vez me decepciono por los fracasos inicia-
laboral con un desempleo del quince por ciento, les y la granítica paciencia requerida para evi-
estoy acostumbrado a decir que sí a todo lo que tar las derrotas humillantes. La última vez que
me ofrecen. Nunca rechacé un trabajo en la vida hice esto fue hace dos semanas y todavía estoy
real y nunca rechacé un trabajo como técnico esperando que llegue el momento del asco y la
en el Football Manager. Así caí en el Blackburn saciedad, esa sensación tan intensa de frustra-
Rovers, un equipo de la Segunda División in- ción y vergüenza que me permitan desconec-
glesa con pasado ilustre y presente vergonzoso. tarme, borrar todo rastro del Football Manager
Duré casi un año, desde febrero hasta diciem- en mi disco duro y olvidarme de él durante un
bre, intercalando derrotas con empates y alguna par de años. Pero ese momento no ha llegado. A
victoria, siempre tirándole pelotazos al delan- pesar de la desilusión con el Lemona y un paso
tero centro (eso me pedían los hinchas en sus lamentable por el Milton Keynes Dons, de la
mensajes), hasta que una racha de seis derrotas tercera división de Inglaterra, en 2021 y 2022,
seguidas, otra vez antes de Navidad, me devol- sigo intentándolo, recogiendo jugadores libres
vió a la calle. El tercer escalón descendente fue de las estepas castellanas y poniéndoles un in-
el Lemona, cuya existencia desconocía y que forme, con la esperanza de que se conviertan en
el Football Manager había mantenido vivo para futbolistas reconocibles. En Primera División,
mí (en la vida real fue liquidado en el verano de casi todos los jugadores son calificados con
2012). En el Lemona, sin hinchas y casi sin fut- cinco estrellas y altísimos puntajes técnicos; en
bolistas, tuve que afinar la mirada y aprender a la Segunda B, y especialmente en los equipos
ser director técnico. En lugar de poner a los que de Segunda B que se dignan a contratarme, los

«¿Cuántas veces te dije que no seas tan obsesivo?». «129». | 55


Hernán Iglesias Illa |

jugadores tienen media o una estrella y son tan y nublado y que la temperatura es de dos grados
desconocidos que sus puntajes técnicos están centígrados. Me siento mal por esas personas.
vacíos. Esos jugadores, sin contrato, siempre El partido termina 0-0.
disponibles, con facciones inventadas por el Me importa menos, sin embargo, el estado
programa (los senegaleses son negros, los es- de mi equipo. Barranca abajo en una mala racha
pañoles son trigueños y a veces pelados, los que parece no tener fin (he ganado dos de los
franceses son rubios y a veces de pelo largo), últimos catorce partidos), puedo notar cómo me
son los que tengo a disposición para no irme al estoy dejando ir. Elijo las formaciones automá-
descenso. Son mis guerreros, a quienes a veces ticamente, sin fijarme quién está jugando bien
hago jugar lejos de sus posiciones ideales por- y quién mal, ni pongo a prueba mis hipótesis
que no tengo reemplazantes mejores, y a quie- tácticas: aprieto la barra espaciadora para huir
nes insulto cuando se erran varios goles o se le- hacia adelante, esperar el milagro de que mi
sionan durante varias semanas o son incapaces equipo meta más goles que el contrario. Así de-
de recibir un 7.0 en su calificación. ben de sentirse, pienso, los técnicos de equipos
A veces, casi nunca, el Football Manager verdaderos cuando saben que se están quedan-
se tilda. Se queda pensando en algo, procesando do sin ideas ni energía. Siguen haciendo lo mis-
algunos de los miles de partidos que tiene en la mo de antes y esperan que esta vez el resultado
cabeza, y nunca vuelve al menú principal. En- sea distinto. Por eso estos técnicos taciturnos y
tonces tengo que forzarlo a cerrar, abrirlo otra resignados duran pocas semanas, hasta que re-
vez y cargar el juego desde la última vez que se nuncian o son despedidos. Así me siento ahora:
guardó. Es una sensación rara y frustrante vol- sin fuerzas ni entusiasmo para abrir el capó del
ver a jugar partidos que ya he jugado: repetir equipo o buscar jugadores para la próxima tem-
mi vida, sabiendo que la segunda versión siem- porada. Me acerco al despido como un tren con-
pre es peor. Las pelotas que en el primer inten- tra una pared, pero soy incapaz de hacer nada
to han ido adentro, ahora pegan en el palo; los para corregir la dirección. Después de siete
árbitros que antes han cobrado penales a favor, derrotas consecutivas, me echan. Tarde, veo un
ahora los cobran en contra. Los partidos que he mensaje que se me había escapado: «Hernanii
ganado en mi primera vida, los he empatado o se niega a experimentar. Después de perder 0-3
perdido cuando me ha tocado revivirlos, mien- con el Alcoyano, los hinchas se preguntan si no
tras trataba de repetir mis decisiones anteriores. debería cambiar su sistema 4-2-3-1». Suspiro.
Como me pasa en marzo de 2023, dirigiendo al Quizá los hinchas tenían razón.
Hospitalet. Tres partidos que ya gané —contra Me ha pasado de encariñarme con mis ju-
Denia, Gavà y Gramenet— pero debo volver a gadores. Josu Extaniz, un central vasco y me-
jugar. Empato contra el Denia, un 1-1 bajo la lenudo que tuve en el Lemona: no se lesionaba
lluvia, pierdo de local contra el Gavà, que venía nunca, metía muchos goles de cabeza y todas
penúltimo, y me pongo de tan mal humor que las temporadas terminaba con un promedio
pienso en renunciar. Pero le gano 6-0 al Grame- de más de 7.0, la barrera psicológica entre los
net, con cuatro goles de Belarmino de Castro, buenos y los malos jugadores. En el Lemona
un ficticio jugador angoleño que rescaté, impro- también me gustaba un flaquito llamado Pablo
bablemente, de las inferiores del Rennes, y re- Larena, que era lento y viejo pero dirigía al
cupero algo de entusiasmo. En su perfil genera- equipo desde la mitad del campo, moviéndose
do automáticamente, Belarmino es negro, tiene poco para que los demás se movieran a su alre-
bigotes y unos ojos claros que parecen (no se dedor. Solo después de varias temporadas me
ve bien) verdes o grises. Años después, cuando di cuenta de que Larena existe y es un jugador
he dejado al Hospitalet pero sigo dirigiendo en de verdad, uno de esos conmovedores casos de
los potreros de Segunda B, veo que De Castro volantes talentosos pero indolentes que nunca
es titular en el Espanyol, en primera división, y cumplen a los treinta las expectativas genera-
no puedo evitar sentirme orgulloso por él. Si tu- das a los veinte. Larena jugó en Primera en el
viera alguien con quien comentarlo, le diría: «A Atlético y en el Celta, más de suplente que de
Belarmino lo descubrí yo, cuando nadie daba titular, y todavía anda por ahí, entre el Recrea-
un peso por él». tivo de Huelva, los intentos de regreso a su Las
En Hospitalet juego de local ante sete- Palmas natal y las pruebas en equipos ingleses.
cientas once personas. Un sábado de febrero, en No sabe que en otra vida ha sido feliz en el Le-
2021, la ficha del partido dice que está ventoso mona, donde el técnico lo ponía siempre y sus

La clase de ceremonial y protocolo se suspendió, la concha de su madre. | 57


| Un escritor técnico

compañeros le pasaban la pelota. Cuando un


jugador alcanza los treinta y cuatro o los treinta
y cinco años, el ayudante de campo del FM te
susurra al oído: «Los mejores años de Fulanito
han quedado atrás». Pero uno se niega, después Como nos pasa
de tanto compromiso, a sacarlo del equipo. Lle-
ga junio y le renueva el contrato, por un poco en el fútbol
menos de plata, en contra de la opinión de los (y también en la
dirigentes. Suben desde el equipo filial medios
centros jóvenes que creen hacerlo mejor, el vida), tenemos el
ayudante de campo recomienda reemplazantes
lozanos y baratos. Pero Fulanito —como Lare- ojo bien entrenado
na o un tal Miguel, otro de mis favoritos— si-
gue saltando a la cancha y haciendo lo que sabe
para detectar las
hacer, arañando el siete de promedio, cada vez injusticias y la
más despacio pero con la misma calidad, dán-
dole al equipo gravedad y empaque. mala suerte en
Ahora he vuelto al MK Dons, el club antes
conocido como Wimbledon y rebautizado tras nuestra contra
una liquidación y una fusión. No me reciben
como a un hijo pródigo. El equipo está penúlti-
pero rara vez las
mo en la tercera división de Inglaterra y al plan- advertimos cuando
tel no le sobra nada. Tardo una hora en jugar
el primer partido, ajustando acá y allá (¿quién nos tocan a favor.
patea los córneres desde la izquierda?, ¿cuán-
to recorrido le permito al lateral derecho, que
parece medio burro?), ansioso por debutar pero
sabiendo, a esta altura, que si no toco todas las
perillas voy a perder. El primer partido tiene un nos que nadie quiere, distingo un nombre: Enzo
marcador glorioso pero exagerado (5-0 contra Zidane. Viene de hacer las inferiores en el Real
el Bournemouth), tan injusto que me irrito. Ten- Madrid y de jugar cinco años en el Portugalete.
go la sospecha de que la máquina me ha dejado No parece muy bueno, pero lo contrato igual.
ganar (quizá por respetar aquello de «técnico Como tiene el nombre y el apellido de dos de
que debuta no pierde») y, como en efecto ocu- mis ídolos máximos, lo pongo siempre de titu-
rre, me sacude después con tres derrotas segui- lar, en contra del consejo de mis ayudantes. Bri-
das, tan injustas como aquella primera victoria. lla poco, pero con el tiempo se gana la titulari-
Un día me expulsan a un jugador a los dad. Eso me hace sentir bien: el hijo de Zidane,
once minutos del primer tiempo y la tarde si- bautizado con el nombre de Francescoli, con-
guiente, en conferencia de prensa, me preguntan vertido en un jornalero del fútbol, yendo con
por el árbitro. El FM me da cinco opciones de su mochila a donde le ofrezcan una camiseta y
respuesta, algunas prudentes, otras arriesgadas. un par de botines, ha encontrado conmigo, en
Elijo una que me parece prudente. «Desde don- Castellón, un lugar donde sentirse en casa.
de yo estaba», les digo a los periodistas, «me En los días difíciles, me irrita lo que per-
ha parecido una decisión un poco dura». En cibo como una excesiva aleatoriedad del juego.
el mensaje siguiente, recibo el titular que han Hay resultados extraños (un 4-0 que termina
formado con mis palabras: «Hernanii protesta 4-5, una sospechosa cantidad de goles en los
contra el árbitro». La federación inglesa me tiempo de descuento) y patrones que me pare-
abre un expediente y me advierte oficialmente cen poco creíbles: soy regularmente incapaz de
que no critique la tarea de los referís. Sacudo mi ganar los partidos de local contra los equipos
cabeza real. Al final tienen razón los futbolistas que van últimos, y una semana más tarde go-
y los técnicos: es imposible lidiar con la prensa leo de visitante al que va tercero o cuarto. Me
deportiva. consuelo pensando que en el fútbol de verdad,
Verano de 2022. En la bolsa de jugadores el más arbitrario y frustrante de los deportes
errantes, donde esperan los futbolistas huérfa- profesionales, eso también pasa. Pero igual me

58 | La muletilla «ehhhhh...» es el «escribiendo» de la vida real.


Hernán Iglesias Illa |

gustaría que hubiera algo más de previsibili- conquistado el Mundial de 2022 en Qatar y la
dad: si soy un equipo de mitad de tabla, como Copa América de 2023. Los candidatos para
casi siempre lo soy, quiero que sea por ganar- reemplazarlo son Mauricio Pochettino, Javier
les a los malos y perder contra los buenos, no Zanetti y un tal Juan Semino.
al revés. En el FM, un 2-0 en el entretiempo Una vez, después de más de un año de-
no quiere decir nada: la máquina es capaz de sempleado, me han ofrecido dirigir a la selec-
dártelo vuelta con tres goles imprevistos, una ción de Estados Unidos. Me sorprende, pero
expulsión salida de la nada y dos lesiones que acepto. Una semana antes, tras postularme
dejan fuera a tus mejores jugadores para el para dirigir al Eibar, los diarios, crueles, ha-
resto de la temporada. Quiero empezar tran- bían titulado: «Eibar se ríe de la candidatura de
quilo mi partido contra la Real Sociedad «B» Hernanii». Si el Eibar se ríe de mi candidatu-
—como en todos los partidos, el 0-0, mientras ra, pensé, es que ya no me quiere nadie. Pero
dura, parece eterno— y me meten a los quince aparecieron los gringos, despistados o engaña-
segundos un gol que no respeta los rituales ni dos por una falla en el sistema. El trabajo como
los ritmos del fútbol verdadero. Cuando ocurre seleccionador, sin embargo, es aburrido. Hay
algo así, acuso al árbitro o a los programadores pocos partidos, no conozco a los jugadores y
de estar conspirando en mi contra, de querer la prensa me vuelve loco: si convoco a uno es
hacerme sufrir un infarto a propósito. Pero des- un escándalo, si no convoco a otro es una igno-
pués, pienso, eso es lo mismo que creen los en- minia. ¿Por qué no llamaste a Josh Kleinert?,
trenadores profesionales, que planifican como me preguntan en conferencia de prensa. Me ha-
científicos durante la semana y se vuelven bría gustado responder: porque no sé quién es.
locos como directores de orquesta los días de Preparándome para un amistoso contra Italia,
partido. Como nos pasa en el fútbol (y también ya clasificados los dos al Mundial de 2030, el
en la vida), tenemos el ojo bien entrenado para programa se bloquea y falla. Aparece una ven-
detectar las injusticias y la mala suerte en nues- tana con varias líneas de lenguaje de programa-
tra contra pero rara vez las advertimos cuando ción y una ventana de diálogo con dos botones:
nos tocan a favor. «Close» o «Reopen». De repente, el hechizo se
En julio de 2027, la AFA despide a Diego ha roto. Cierro la ventana y me quedo solo, en
Simeone como técnico de la selección argen- silencio. Me preparo un té. Le mando un men-
tina tras su «decepcionante» rendimiento en la saje a mi mujer: «¿Dónde estás? ¿Querés que te
Copa América. Con Simeone, la selección ha pase a buscar?». x

POSDATA DE HERNÁN IGLESIAS ILLA. Hace dos años recibí uno de los mejores correos de mi vida.
Era de Hernán Casciari, con quien nunca había tenido contacto pero cuyas aventuras editoriales había
seguido de cerca, siempre hinchando por él y el Chiri para que las cosas les salieran bien. «Me encan-
taría contar con vos en el primer número», decía Hernán, o Jorge, en aquel mail donde me contaba los
planes de la revista. Escribí entonces sobre San Martín de Brooklyn, mi equipo en una liga amateur de
Nueva York, o sea que mi participación en Orsai se abrió y se cerró con notas sobre fútbol: la primera en
tres dimensiones, al aire libre, con rivales y árbitros de verdad; la segunda, la de hoy, en dos dimensio-
nes, encerrada en mi escritorio, con rivales y árbitros de mentira pero igual de caprichosos. En el medio
pasaron dos años, otras dos notas —una sobre mis viajes en moto por la ciudad (en Orsai N5), otra sobre
el paso del huracán Sandy (Orsai N11)— y el declive irreversible de mi relación con el fútbol: a punto de
cumplir cuarenta años, ya me cuesta mucho jugar al fútbol de once y me siento más cómodo apretando
teclas y botones en el fútbol de mentira donde ni siquiera soy jugador de mentira: soy su entrenador. Pedí
escribir esta posdata para reflejar este proceso, que me duele menos de lo que parece (trato de tomarlo
con humor), y para decirle adiós a Orsai, que me alegró y me dio la posibilidad de escribir con libertad
y apoyo en todo este tiempo. Ha sido un placer y un gran orgullo. x

Mariano Es ilustrador. Es el creador de los personajes de la película Metegol, de Juan José


Epelbaum Campanella, y co-director de arte del film. Ha publicado libros para Santillana, Al-
faguara, SM, Edebe y diversas editoriales. Al mismo tiempo se desempeña como
Buenos Aires, 1975 diseñador de personajes para animación de largometrajes y publicidades.

No podía pegar un ojo y lo echaron de la fábrica de muñecos. | 59


SOBREMESA

CIVILIZACIÓN Y BARBARIE 2.0

¿Y a leíste el último libro de Iglesias Illa?


—me pregunta Chiri.
—¿American Sarmiento? No toda-
vía. Estoy esperando que me llegue.
—¿Quién es Dmitry, gordito salamín? ¿Un
agente de Caos?
—Es un ruso multimillonario, ¿viste que ahora
hay muchos rusos multimillonarios?
—¿Ya lo pediste? —Sí, claro. Compran equipos de fútbol euro-
—No —le digo—, pero calculo que cuando mi peos.
tocayo lea esta sobremesa se va a copar y me va —Bueno, este es uno muy loco con una ambi-
a mandar un ejemplar a casa. ción todavía más demencial: contrató a los mejo-
—No me parece bien esto que estás haciendo. res científicos del mundo para encontrar la fórmu-
—No me importa: tengo muchas ganas de la de la inmortalidad.
leerlo, me encanta la idea de Hernán haciendo el —¿Cómo?
mismo viaje que Sarmiento hizo por Estados Uni- —Escuchá: el proyecto que desarrolla Dmitry
dos. ¿En qué año, te acordás? se llama «Avatar». La idea del muchacho es dise-
—Sarmiento viaja a mediados del siglo dieci- ñar un prototipo de robot que sea capaz de alber-
nueve y se queda dos meses. Parece que llega y gar un cerebro humano; el suyo, para empezar.
se fascina con lo que ve, y a partir de ahí cambia Y después, cuando el invento funcione, Dmitry lo
su modelo de civilización: ya no le importa tanto habilitará para el resto de la humanidad.
Francia sino los Estados Unidos… —Para los que puedan pagarlo, me imagino.
—¡Qué pelado hermoso! —Por supuesto: yo entre ellos.
—Yo estuve con Iglesias Illa comiendo un asa- —¿Cómo va a hacer el ruso?
do en mi casa de Luján cuando estaba en pleno —Lo tiene todo planeado. La misión tiene
proceso de escritura, y cuando le faltaba poco cuatro fases y se va a desarrollar de acá a treinta
para terminar el libro —me cuenta Chiri—. Me en- años, hasta el 2045. Dmitry calcula llegar vivo a
cantó lo que me dijo del libro: que había seguido esa fecha…
los pasos de Sarmiento por Estados Unidos, pue- —Esperemos que antes no lo pise un ca-
blo por pueblo y ciudad por ciudad… Y escribe mión…
una cosa muy rara y alucinante, una mezcla de —Concentráte en lo que digo, no hagas chis-
ensayo y crónica de viajes y crónica autobiográfi- tes. La primera fase pretende desarrollar un robot
ca. Está muy bueno. humanoide que se va a poder manejar mental-
—Qué raro que es todo, querido Christian mente. El paso siguiente, la fase B, consiste en
Gustavo: pensá que Iglesias Illa empezó escri- trasplantar un cerebro humano a un Avatar. Y en
biendo con nosotros una historia de fútbol de ver- las etapas finales se pretende lograr que la men-
dad en la Orsai N1, San Martín de Brooklyn: once te humana, y toda nuestra personalidad, tal cual
contra once, cancha y olor a pasto, y terminó somos, esté integrada al avatar sin la necesidad
emulando un rol bastante absurdo de DT virtual. de un cuerpo.
—Me parece que la tecnología y el periodismo —¿Pero vamos a ser nosotros? ¿Seremos
free lance lo único que hacen es quemarle la ca- conscientes tras la muerte?
beza a la gente de bien. —El ruso dice que sí… Y lo más loco es que a
—Vamos a terminar siendo chupados todos partir de acá ya no vamos a necesitar ni siquiera
por avatares, como ya planteó tan sabiamente la un robot, porque vamos a poder vivir hasta el fin
precuela de Galáctica. de los tiempos, si queremos, en forma de holo-
—Caprica. grama.
—Hablando de avatares, acordate muy bien —Suena muy espantoso.
de este nombre, porque dentro de algunos años —A mí me encanta. Imagináte que la huma-
ya no lo vas a poder olvidar nunca más: Dmitry nidad contara con este invento desde hace cien
Itskov. años y que pudiéramos tener, por ejemplo, un
—Dmitry Itskov —repite Chiri. avatar de Sarmiento mirando la Argentina de hoy.
—Y acordate también que la primera vez que —¿Qué creés que pensaría?
lo escuchaste fue de mi boca, como casi todos —Supongo que no vería las cosas muy dife-
los grandes descubrimientos que luego conociste rentes a como las dejó. x
en tu vida.

60 | El albañil a su novia: Desde que te fuiste teché de menos».


ME IS BEAUTIFUL, por Manel Fontdevila |
LAS CARTAS DE
THELMA
Y LOUISE
ESCRIBE ÁNGELES ALEMANDI
ILUSTRA ANA BUSTELO
ÁNGELES ALEMANDI
Santa Fe, 1981

Estudió Comunicación Social


en la Universidad Nacional de
Entre Ríos. Llegó a Buenos Aires
en 2006 con apenas un bolso
De: Ángeles Alemandi
naranja fosforescente y el título Para: Josefina Licitra
a estrenar: quería ser periodista. Enviado: 23 de abril de 2013
Sus primeras crónicas las
escribió en el taller de Águilas Josefina, te escribo de parte de Ana Prieto. No
Humanas de Cristian Alarcón. En
2008 ganó la Beca Avina para
sé si este mail es un sumario o un manotazo de
la Investigación Periodística. Ha ahogado. Ayer dejé la ciudad de Buenos Aires
publicado en Hecho en Bs. As., para mudarme a un pueblito de La Pampa y
suplemento Las 12 de Página mientras desarmo bolsos y vomito de los ner-
12, revista ELLE, Para Ti Mamá, vios y agarro al nene para que no meta la mano
Cosecha Roja, diario El Litoral,
entre otros. En 2012 tuvo su
en el agua del inodoro, me pregunto qué hago
primer hijo. Le gusta decir que acá. Cómo es que la maternidad me ha conver-
parir es partirse en dos, pero tido en alguien que nunca imaginé ser. 
ella se partió en mil pedazos. Mi propuesta sería escribir sobre eso: so-
Para el desahogo abrió un blog: bre cómo la llegada de un hijo te vuelve otra.
estaquetepario.com, aunque
ahora sabe que la maternidad fue
Alguna vez solo soñé con ser periodista, pero
una excusa, solo escribe porque era recepcionista en un centro de salud. Vestía
le gusta escribir. un uniforme azul y llevaba un pin que decía «la

64 | Es probable que llores si se te mete una basurita en la vida.


Ángeles Alemandi —periodista, madre y recientemente
mudada de Buenos Aires a un pueblito pampeano— le
escribió a nuestra editora para ofrecer una historia. Lo
que sigue no es la historia, sino el intercambio epistolar
entre dos mujeres; un ida y vuelta que se va haciendo
doloroso y vital, y que termina construyendo su propio
relato: el que junta las aguas entre la vida y la escritura.

excelencia depende de mí». Hacía entrevistas vivo la maternidad. Es mi espacio de catarsis,


telefónicas encerrada en el baño de la oficina. de reconciliación.
Escribía un párrafo de una crónica cuando los Contame qué opinas.
pacientes me daban cinco minutos de paz. Salía Te mando un beso,
a la calle a buscar mis fuentes los fines de sema- Ángeles.
na. En el medio de todo eso imprimí el «Renun-
cio» de Casciari y lo puse en un folio que col- k
gué en mi box. Un día yo también diría basta.
Después de cinco años lo logré: dejé ese De: Josefina Licitra
trabajo por uno que al fin me conectaba con lo Para: Ángeles Alemandi  
que más quería. Entonces llegó lo otro: quedé Enviado: 12 de mayo de 2013
embarazada. «Quedé», como quien no quiere la
cosa. Mientras la panza crecía yo pensaba que Ángeles querida, cómo estás. Te pido disculpas
todo sería un trámite, que tres meses de licencia por el atraso.
de maternidad bastarían y sobrarían para reha- Finalmente hoy leí tu post en el blog y me
cer mi ego. Pero no. Mi hijo en brazos hizo que gustó mucho. Dejáme que lo hable con los chi-
mi mundo implotara. Y de un modo imprevis- cos, más que nada para ver si ellos también se
to elegí lo que tanto le recriminé a mi madre: enganchan y —por cruel que suene— «a propó-
quedarme en casa a criarlo. Aunque lo hice con sito de qué» podríamos poner la historia. Por-
resguardos: abrí un blog, estaqueteparió.com, que el tema «maternidad» está muy trabajado,
porque necesitaba un espacio de sincericidio. incluso en su versión áspera y honesta, como
Así la fui llevando unos meses. Hasta que me es tu caso.
decidí a volver al trabajo y anoté a mi hijo en Quizá la historia sea «me fui a vivir a un
un jardín maternal, y entonces recibí el mazazo pueblito». Ahí podría estar la punta de algo.
de que Cristian, mi algúndíamarido, había sido ¿Tu nueva vida te depara —valga la redundan-
trasladado por trabajo a General San Martín, un cia— novedades? ¿Hay algo que te sorprenda
pueblo de menos de cuatro mil habitantes que de vivir ahí? Me gusta esto de «no sé si es el
todavía no sé si es el paraíso o Dogville. paraíso o Dogville». Creo que ahí, cuando leí
Fuimos para allá. Desde ahí (acá) te es- eso, me empezó a gustar más la historia.
cribo. Si podés contame un poco más sobre ese
Te paso el link al primer post de mi blog, micromundo.
a modo de carta de presentación y porque hay Beso grande, la seguimos.
un poco de todos los condimentos desde los que Jose

El oso bipolar inveranea. | 65


| Las cartas de Thelma y Louise

frente de, a la vuelta de. Hace un frío que no


k imaginaba y el viento ya me cortó el cable del
teléfono. Llegué con mi computadora y la vida
De: Ángeles Alemandi de periodista independiente hace que el mundo
Para: Josefina Licitra no se me caiga a pedazos.
Enviado: 17 de mayo de 2013 Lo que no sé es cómo se sostienen los sue-
ños acá. A veces me despierto y me desorienta
Ahí voy. no encontrar las cortinas del departamento de
El día que se supo lo de Tribilín, ese maternal Buenos Aires. Por momentos estoy convencida
de San Isidro donde unas locas de atar maltrata- de que elegí bien al seguirlo al padre del pibi-
ban a los niños, yo llevaba a mi nene al jardin- to, y me digo «adelante» mientras unto tostadas
cito por primera vez. Quedé paralizada. Había con la mermelada de la calidad de vida del in-
anotado a mi hijo tres horas por la mañana. Iban terior. Pero de a ratos lloro. Le tengo terror a
a ser tres horas para mí después de diez meses esta calma.
de encierro, pero ahí estaban los diarios recor-
dando que no todo era tan fácil. k
No supe qué hacer. El jardín no era el me-
jor lugar. Y la calle tampoco era una opción. El De: Josefina Licitra
niño no crecería como yo saltando cunetas, tre- Para: Ángeles Alemandi
pando árboles y andando en bicicleta a la siesta Enviado: 2 de julio de 2013
en una ciudad del interior. Lo lamentaba. Escri-
bí un post recordando mi infancia, la vez en la Ángeles querida, te pido tres mil millones de
que volvía de un taller de pintura con mi amiga disculpas por este atraso en la respuesta. No en-
Luci y no nos animamos a cruzar la vía porque tiendo por qué vivo en este caos ridículo.
vimos dos desconocidos y nos dio terror de que Me gusta lo que contás. Ayuda a desmi-
nos secuestraran para robarnos los órganos. La tificar un poco esto de que «acá estamos todos
inseguridad era eso: una sensación, un miedo locos y mejor irse a vivir a un pueblito». Creo
de pibita mirando mucho noticiero. que, en la ciudad —y lo pienso mientras me leo
A la semana de ese descargo en la web, de a mí misma—, la tranquilidad está sobrevalua-
esa añoranza por lo que no podría darle al nene, da: todos queremos tranquilidad, pero después
me enteré de la mudanza. Cristian viajaba cada nos llevan a un pueblo y no hacemos otra cosa
vez más al pueblo pampeano, y eso terminó en que prenderle velas a internet.
un traslado definitivo. La noticia fue un cache- En cualquier caso, te cuento. Puse al tan-
tazo. ¿Vos lo pedís? Vos lo tenés. ¿Y si no lo to a Chiri de todo nuestro intercambio. Decir
pedís? Yo amaba esa vida en Buenos Aires, con que «lo puse al tanto» es en realidad una frase
todo lo que me daba y lo que me quitaba. austera: le conté todo. Lo primero que me es-
Al mes y medio llegamos a General San cribiste, lo que yo te contesté, lo que me res-
Martín. Somos los nuevos. No hay forma de pondiste… No es que se lo conté oralmente: le
disimularlo. Todos sienten la confianza para mandé una versión acortada de nuestra charla
preguntarte cómo te trata la vida ahora. Tengo, online. Y le conté algo que no te dije: estuve
obvio, la vecina que te presta el aparato de los buscando tu pueblito en Google. Me puse a bus-
mosquitos, la que te avisa qué ventanas están car algún asesinato, o lo que fuere: algo intere-
rotas y la que calcula los arreglos que hacés en sante que pudiéramos encargarte. Pero las fotos
la casa por los movimientos que ve. Vivo frente que encontré son de una desolación importante.
a la plaza. En Buenos Aires los chicos hacían Ahí fue que le mandé a Chiri nuestro intercam-
cola para subir a las hamacas, pero acá voy con bio, y que él quedó encantado con este diálogo
el chango y estamos rodeados de hormigas y bi- epistolar. Su lectura fue: «Este es un hermoso
chos bolita. Se vive en un estado de siesta per- diálogo-de-editora-que-quiere-encontrar-un-
manente. Desesperante. Desde la ventana del li- tema-para-su-autora-que-para-colmo-se-fue-a-
ving veo la iglesia. La iglesia a la que nunca en- vivir-a-un-pueblito». 
tré aunque mi padre dice que pase a agradecer. Por supuesto, todo esto funciona porque
Acá los pampeanos te dan una indicación los dos leímos tu blog. Y nos encantó. Escribís
y te dibujan un mapa porque los lugares no se muy bien. Después dicen que los blogs no sir-
marcan con direcciones sino con referencias: en ven para nada.

66 | A los protagonistas de «Viven» se los termina comiendo el personaje.


Ángeles Alemandi |

Xxx. | 67
| Las cartas de Thelma y Louise

Lo que entonces te sugiero hacer —y k


te va a sonar raro— es trabajar esto en clave
epistolar. Escribámonos. Sin pretensión de que De: Josefina Licitra
«se note» la literatura. Escribámonos como nos Para: Ángeles Alemandi
vinimos escribiendo hasta ahora. Y escribámo- Enviado: 2 de julio de 2013
nos, por supuesto, con una excusa muy perio-
dística: buscar un tema para que escribas. Recién me acordaba de Vagabunda, mi libro-
Buscando un tema, de hecho, Chiri en- amuleto, de Fernanda García Lao. Es un libro
contró algo. Es maravilloso. Te copio el primer especial para mí, y creo que —si no lo leíste
párrafo, como para entrar en autos: «Regresó de ya— es ideal que lo leas en algún momento.
la localidad de General San Martín, provincia Habla de las mujeres y la fuga. Es absolutamen-
de La Pampa, el investigador Pablo Cano, con te Thelma y Louise. ¿Va alguien para tu pago en
el objetivo más que cumplido de profundizar breve? Te lo puedo mandar.
sobre el caso de Raúl Dorado, el chacarero que Por lo demás, ve a buscar tu ovni. Quién
estuvo frente a un ovni y le sustrajo su teléfono te dice la fuga no sea en auto sino en plato
celular, como así también tomar contacto con volador.
los casos de mutilación de ganado del 2002 y
del presente año». k
Oh, Ángeles, me encantaría que investi-
gues si es cierto que a Raúl Dorado, que será De: Ángeles Alemandi
vecino tuyo, un ovni le robó el movicón. Fijate Para: Josefina Licitra
qué podés encontrar, y no me mandes una his- Enviado: 5 de julio de 2013
toria final —no es eso lo que queremos— sino
los partes diarios o semanales con lo que va- Jose, apenas tenemos una pareja de amigos en
yas encontrando, con vistas a evaluar si hay o el pueblo. Tienen una beba de ocho meses. La
no tema (aun cuando ambas sabemos que «el empatía nos amuchó por ese lado. Marcio es de
tema» es el intercambio —hola McLuhan). En Jacinto Arauz, el pueblo de al lado, de donde es
esos partes, contame también qué es de tu vida. Raúl Dorado. Marcio conoce a Dorado y sabe
Contame cómo esa búsqueda se ensambla con de su encuentro con un ovni en 2002. Me dijo
tus días en General San Martín. Habláme de que ese plato tenía el tamaño de un silo, con-
todo lo que me quieras hablar, siempre que en firmó que le chupó el celular a Dorado y juró
el medio me metas un ovni. que después del episodio el viejo se curó del
corazón. En ese tiempo, me dijo Marcio, en La
k Pampa se reproducían como hongos las histo-
rias de animales atacados por chupacabras o
De: Ángeles Alemandi superratones. Marcio me contactó con Jorge
Para: Josefina Licitra Román, maestro mayor de obras, profesor y afi-
Enviado: 2 de julio de 2013 cionado al tema. Viste: lo bueno de lo malo de
vivir en un pueblo es que las fuentes vienen con
Hoy mientras almorzábamos Cristian me dijo viento pampeano de cola. 
«vos tenés ganas de salir corriendo, ¿no?». Tra- Hace un rato conversamos por teléfono
gué los fideos como pude. A la mañana había su- con Jorge Román y quedamos en vernos la se-
bido a la fanpage del blog una imagen de Thelma mana que viene. Él me va a llevar hasta Raúl
y Louise en su auto celeste. Escribí: «Necesito Dorado. La charla duró diez minutos en los que
una vuelta a la manzana. Busco a mi Louise». me contó algo impresionante: en 2005 ese mo-
Él nunca vio esa foto. No necesitaba verla. vicón apareció. O eso creen. Turistas espiritua-
Ahora leo tu mail de pie, en el celular, mientras les hallaron partículas exactamente en el mismo
voy con mi hijo a upa, lo leo mientras manoteo lugar donde Dorado había vivido la experien-
el pañal, lo leo y le limpio el culo al nene y se cia. Como si el aparato hubiese sido arrojado
me caen los lagrimones porque no puedo creer desde el más allá y con el impacto se hubiera
lo del chacarero, lo del movicón, lo del ovni, y hecho polvo. Lo otro que me dijo es que este
porque me doy cuenta de que sos la Louise que caso no pierde repercusión —a Dorado lo lla-
estaba buscando. man aún de radios de Europa para entrevistarlo,
Quiero hacer esa historia. es uno de los once casos del libro Invasores de

68 | La rutina es el estribillo de la vida.


Ángeles Alemandi |

Alejandro Agostinelli y fue noticia en los dia- quila tu mail, y en la primera lectura cruzada
rios de la zona— porque no tiene cierre, porque leo la palabra «biopsia», así que empiezo por
no se puede explicar. la mitad. ¿Tenés novedades de eso? ¿Cómo si-
Esta mañana, antes de hablar con Román, gue? ¿Volviste a ir al médico? Hace un tiempo
yo había manejado cuarenta kilómetros para ir le contaba a una amiga que siempre que viajo
al hospital de Guatraché porque en General San por placer —o sea: vacaciones— me agarra un
Martín el ginecólogo viene una vez por mes. brote hipocondríaco. Siempre me dio un poco
Necesitaba verlo ya que tengo un nódulo en la de miedo tener «algo» lejos de casa. La última
mama izquierda. Apenas dos meses atrás, antes vez que recuerdo fue en España. Estábamos en
de dejar Buenos Aires, me hice eco y mamo- Galicia (fuimos a ver a mi viejo y nos tomamos
grafía. Migré con la tranquilidad de que no era unos días en la costa) y no sé qué palpé y alar-
para preocuparse: debería hacerme un control mé a todo el mundo. Al final fue algo tan tonto
en seis meses. Pero la cosa creció, me palpé un que la doctora ni siquiera me cobró la consulta.
ganglio en la axila, sumé el antecedente de mi Sintió compasión.
mamá y exploté con ese miedo materno a mo- En fin, que supongo que cualquier cues-
rirte y dejar a la cría sola. Al especialista no le tión médica tiene su contenido extra cuando
gustó nada. Quiere punzar. Hacer una biopsia. uno está lejos. ¿Para vos estar ahí es estar «le-
Ver qué es eso.  jos»? ¿O esa es ya tu casa, tu «cerca»? ¿Estás
Siempre me gustó la palabra OVNI. Aun- en Buenos Aires? ¿Estuviste? Me lleno de pre-
que nunca me preocupó el tema. La mayor cer- guntas conforme leo el mail y me voy enteran-
canía con naves espaciales son los libros de Fa- do de todo. Tarde. Me siento horrible.
bio Zerpa que mi hermana guardaba en la me- Contame de vos.
sita de luz. Jamás me interesó saber si hay vida Beso inmenso,
más allá. Es como tenerle miedo a los muertos. Jose
Si la palabra OVNI siempre me fascinó, quizá
sea por lo inconmensurable. PD1: Lo de los chupacabras y los superra-
Cuando corté con Jorge Román, horas tones forma parte de ese abanico de fenómenos
después de haber ido al médico, lloré. De al- insólitos y encantadores de las zonas rurales.
gún modo yo sentía un Objeto No identificado Me da curiosidad lo de Jorge Román, ¿hubo
incrustado en mi mama. Lo que necesito ahora, margen para que se vean? ¿Te presentó a Raúl
como nada en la vida, es que la ciencia me lo Dorado? 
explique todo. Entonces la cinta de Moebius PD2: En cuanto al tema médico, a mal
hace su enrosque y pienso que si de verdad puerto has venido a separar las aguas entre vida
Raúl Dorado tuvo esa cosa enfrente, vivir con y escritura. Uno «es» escritura; no sé si me in-
esa falta de respuestas debe ser como mínimo terese encontrar el límite forzado entre dos uni-
agobiante. Ya me contará. versos que son el mismo. 
Un beso,
Ángeles. k
PD: Estaba averiguando para comprar el De: Ángeles Alemandi
libro en Bahía Blanca, pero la punción se hará Para: Josefina Licitra
en Buenos Aires, la semana que viene segura- Enviado: 15 de julio de 2013
mente. Ahí lo voy a conseguir.
PD 2: No sé qué tan prudente sea contar Vivo unos días raros, tristes. Mi mamá leyó por
el tema médico, pero ay, es parte de mi «hoy».  ahí que no hay que pre-ocuparse sino ocupar-
se de las cosas cuando pasan. Es su mantra. Le
k falta darme detalles de cómo carajo se hace. Es-
toy tan enterrada en mis fantasmas que de gol-
De: Josefina Licitra pe cruzo la calle y seguro miré antes para los
Para: Ángeles Alemandi dos lados, pero no lo puedo recordar. O le estoy
Enviado: 12 de julio de 2013 dando el yogur al nene y llego al fondo del pote
y no sé cómo se lo comió tan rápido. Mi con-
Ángeles querida, me siento para el recontra centración está puesta en no llorar más. Siento
orto: recién ahora pude sentarme a leer tran- que armé una carpa en otro planeta, quizá don-

Hola, te traje un presente. Listo, ya pasó. | 69


| Las cartas de Thelma y Louise

de viven los pleyadianos, los grises, los sirios, lar, las mamas y el ano en algunos casos. Pero
o alguna de las otras cincuenta especies de ex- no había ni una sola gota de sangre derramada.
traterrestres de las que me habló Jorge Román. No había huellas alrededor, ni siquiera las del
El martes pasado me encontré con él. Llo- propio animal. No había registro de la patada
vía, manejé los veinte kilómetros hasta Jacinto post mórtem. Los veterinarios de la zona jura-
Arauz agarradísima al volante y estirando el ban que ni con todo su arsenal de instrumentos
cuello como vieja que ve poco. El pueblo tie- quirúrgicos hubieran podido hacer algo así. La
ne su fama: en 1950 René Favaloro recibió una respuesta oficial, dijo Román —pelado, petiso,
carta de su tío, que vivía ahí, en Jacinto, donde ojos que se agrandan al contar cosas extraor-
le decía que el único médico estaba enfermo y dinarias—, fue que eran atacados por el ratón
le pedía que lo reemplazara por dos o tres me- hocicudo. Pero en el fondo él creía otra cosa.
ses. Favaloro se quedó doce años. Yo entré al Él sabía que se trataba de abducciones: «ellos
«pueblo de Favaloro», como le dicen, con GPS. chupan el ganado para hacer investigaciones
Seguro eso me delató ante Jorge Román, quien genéticas», dijo.
parado en la puerta de su casa me hizo señas Román se ganó su lugar en el pueblo
de que estaba en destino. Su casa tenía pinta de como receptor de historias increíbles. Una
haber sido una tienda de ramos generales. Los mujer le confesó que una noche, mientras
ambientes estaban separados por estanterías lle- preparaba la cena en el campo, vio en el patio
nas de libros y revistas y portarretratos. Tenía algo parecido a un oso de peluche. No medía
dos telescopios donde otro tendría macetas con más de un metro, tenía los ojos rojos. Corrió
plantas. Había una pista de trencitos al fondo. las cortinas, puso llave a las puertas y cerró la
Temblaba un esqueleto en un rincón. Sobre boca para no alarmar a los chicos. Al otro día
su escritorio había fotos de Jesucristo, el Che, encontraron dos animales mutilados a metros
Einstein.  de la casa.
A los diecinueve años se fue de mochilero También escuchó a capataces de estan-
rumbo a las Cataratas. Hizo dedo, lo levantó un cias decir que encontraron vacíos los tanques
camión y pararon a dormir en el camino, en las que contenían entre veinte y treinta mil litros
salinas de San Martín. Esa noche Román vio de agua. Sin filtraciones. Sin zonas húmedas
una luz en el cielo que dibujaba figuras geomé- alrededor. Román cree que los extraterrestres
tricas. Fue el disparador. Supo que no estamos tienen una fuente de hidrógeno ahí: que los
solos. tanques serían sus estaciones de servicio para
El caso de Raúl Dorado, me dijo, se dio en cargar nafta.
la misma ventana de tiempo en la que se regis- Al día siguiente toqué timbre en la casa de
traron mutilaciones de animales. Román vio va- Raúl Dorado (setenta y cinco pirulos, delgado,
cas y un toro destripados, con cortes circulares camisa y pantalón a cuadros, ojos claros). Dora-
perfectos: les faltaba la lengua, la zona glandu- do puso la pava para el mate y dejó una hornalla

70 | Al final dejé el libro de Coelho por la mitad. Con una sierra.


Ángeles Alemandi |

encendida para calentar la habitación. Empezó como pinchazos debajo de la cutícula. Le die-
a hablar. ron tranquilizantes. A la madrugada, cuando ya
El encuentro cercano del tercer tipo, como en su casa se levantó para ir al baño, Elda le
lo llaman los ufólogos, ocurrió el dos de agosto preguntó si estaba bien y él respondió que sí.
de 2002. Ese día, como todos, Dorado se levan- De ahí en más volvió a hablar con normalidad
tó temprano y desayunó un café con galletas sin —o incluso más que antes— y empezó a sentir-
sal. Es que estaba con problemas en el corazón: se con una energía de pibe de veinte.
tenía un sesenta y siete por ciento de insuficien- «Energía para todo, todo», me dijo la doña
cia cardíaca según estudios que se acababa de guiñando el ojo.
hacer. Después hizo algunos trámites y alrede- A la semana siguiente del episodio de pe-
dor de las tres se subió a su Renault 12, tenía lícula, que hace que aún en la cola del súper le
que darse la vueltita por el campo para alimen- pregunten «Raúl, ¿no han vuelto los amigos
tar a los animales. de arriba?», Dorado fue a Santa Rosa a la Jun-
Hizo la recorrida casi de memoria, y cuan- ta Médica que validaría su salud para acelerar
do giró sobre sí mismo para regresar escuchó la jubilación. Lo revisaron, le sacaron sangre,
un silbido... pensó que era cosa del viento nor- le hicieron más estudios y sorpresa: su insu-
te. Hasta que por el monte de caldenes apareció ficiencia cardíaca apenas llegaba al seis por
eso. El remolino lo noqueó. Levantó la vista y ciento.
era como un silo color verde que estaba a la al- Me gusta la teoría de Jorge Román sobre
tura del cielo raso. En una mano Dorado tenía el este caso: «a Dorado le hicieron un recauchu-
celular que sería succionado por la nave, y en la taje gratis in situ. Actividad coronaria extra-
otra el rifle. Cayó de rodillas. Quedó duro como terrestre. Pura cuestión humanitaria». En eso
si hubiera recibido un golpe magnético y perdió pensaba esta mañana, en viaje fugaz a Buenos
la noción del tiempo. Apenas podía mover la Aires, mientras esperaba mi turno para la pun-
cabeza pero vio que el platillo se iba hacia el ción en el Hospital Italiano. Pensaba que al fi-
Este. Fin. nal Dorado era un viejo con suerte. En cambio
«Ellos hacen con uno lo que quieren y yo yo estaba ahí, sonándome compulsivamente los
ni los pude ver» me dijo fastidiado. He ahí el nudillos, temblando del susto, con mi juventud
gran drama para él. bajada a tierra como paloma que recibe un go-
Después del episodio, Dorado llegó a su merazo, al borde de ser aplastada por mi Objeto
casa de noche. La esposa le abrió la puerta al No Identificado.
grito de «por qué no te quedás a vivir en el cam- Aguanté sin rezongar esa aguja que se
po». Él se dio cuenta de que no tenía voz para hundió seis veces en mi pecho izquierdo para
responderle. Buscó un papel y escribió: «SE extraer las muestras. Una se hace experta en
ME APARECIÓ UN PLATO VOLADOR». aguantar. La maternidad reforzó esa condición
Fueron al hospital. Tenía marcas en dos dedos, estúpida que siempre gotea por algún lado. Re-

Sos lo que pensás mientras te cepillás los dientes. | 71


| Las cartas de Thelma y Louise

cuerdo ese día que el bebé lloró toda la tarde es mi Pierre Sedeville, el tipo que se llevó a Eu-
por los cólicos. Yo tenía ganas de ir al baño y sebia en una avioneta azul. Pierre también era
me decía: cuando se calme, cuando deje de pe- ganadero. Eusebia saltó arriba de su nave y lo
gar estos alaridos, ya se va a dormir, ya va a dejó todo para ser la vagabunda migratoria que
pasar. Hasta que me hice pis encima. quería. Yo, a mi modo, también había subido
Apenas salí del hospital me largué a llo- quince minutos atrás al Renult 12 de un chaca-
rar. Torrencialmente. Estoy asustada como nun- rero para escapar de mí misma.
ca antes. O sí. Se parece a lo que sentí cuando En el lugar exacto donde Dorado cayó de
supe del cáncer de mama de mi madre. Odio la rodillas había tres ramas perpendiculares. Do-
palabra cáncer. La odio porque tiene el descaro rado perdió la cuenta de la cantidad de personas
de llevar acento en la «a», como si no fuera ya que pasaron por ahí. A la mañana, a la tarde, a
lo suficientemente grave. la noche han ido curiosos, «periodistas que me
Al llegar a mi casa porteña con la cara preguntan y vuelven a preguntar a ver si uno se
hinchada como un sapo, alcé al pibito, abracé pisa la piola», y otros que creen en estas cosas
a Cristian y le dije que estaba muerta de miedo. y vienen a absorber la vibra extraterrestre. Me
Él me contestó: «todos tenemos miedo». agaché, toqué con la mano izquierda los tron-
cos, enterré los dedos, sentí la humedad, cerré
k los ojos y pedí un milagro.
Jose, son casi las doce, me voy a llamar al
De: Ángeles Alemandi doctor: solo me dirá si ya está el resultado de la
Para: Josefina Licitra biopsia, pero no me adelantará nada por teléfo-
Enviado: 18 de julio de 2013 no. No sé cómo seguirá todo. Decime por favor
si voy bien con esto. De a ratos me siento muy
Anoche me dormí pensando en el campo de dispersa, me releo y ay, no sé. 
Raúl. Conciliar el sueño es difícil. Hace quince Hacé fuerza por mí. Te abrazo.
meses que no duermo. Mi hijo no sabe lo que es
rendirse tres horas corridas. Me crecen más las k
ojeras que las uñas. Suena a exageración, pero
he tenido miedo de morirme de sueño. Qué es- De: Josefina Licitra
túpido parece ahora todo. Qué ironía la vida Para: Ángeles Alemandi
que de golpe me encuentra prometiendo lo que Enviado: 18 de julio de 2013
hasta hace veinte días me parecía una barbari-
dad. Si zafo de esta, quiero otro hijo.  Estoy en la ruta. Estuve cuatro días cerca de
La segunda vez que nos vimos Raúl me Balcarce en un lugar sin conexión a nada. Me
llevó al campo. Caminamos entre juncos de habían dicho que en la cabaña había wifi, pero
casi un metro. Los más cortitos me pinchaban era un wifi de mentira. Casi me vuelvo loca.
las piernas. No recuerdo de qué hablamos ese Solo me entraron cuatro mails. Uno fue el tuyo.
rato, mi cabeza estaba en otro lado: si llego a Cuando te leí sentí que la sierra se había abierto
tener cáncer tal vez ya no pueda tener críos. Ya solo para que tu mail bajara.
sé, no es de chica inteligente estar pensando así. Me sentí muy cerca. Estoy cerca. 
Pero no hay manera de evitarlo. Decirte «vas bien» abre tantas preguntas
El campo estaba amarillo. Esta Pampa es sobre vida y escritura que todavía no me animo
seca. La otra, la húmeda, no está donde yo vivo. a decirte eso: vas bien.
Por eso no hay ombúes como imaginé al princi- Lo que quiero con el alma es que estés
pio: hay caldenes. Se veían a cien metros. Todo bien. Cruzo los dedos por hoy. 
lo demás era nada. Cómo una no va a sentirse Te mando un abrazo inmenso y te escribo
tremendamente sola acá. Cómo hacer para no mejor cuando salga de la ruta. Cualquier cosa
levantar la vista y ver ese monte y sentirse un vos decime y yo te busco en el auto azul.
poco Eusebia Escobar, la protagonista de Vaga-
bundas, el libro que me recomendaste, Jose.  Enviado desde un teléfono móvil.
Mientras hacía fuerza para dormir, para no
pensar, la veía a Eusebia descalza sobre la are- k
na, con el camisón como bandera flameando en
el viento, soñando con su huida. Raúl Dorado

72 | Tengo un amigo astronauta pero nunca me trajo nada de otro mundo.


De: Josefina Licitra contención, la empatía de algunos que es como
Para: Ángeles Alemandi la luz que se cuela debajo de la puerta y deja en-
Enviado: 25 de julio de 2013 2:55 trever la verdad. Odié ese trabajo, sin embargo
mimeticé tan bien el código que pude ir desci-
Ángeles, hermosa. frando todo con una anticipación dolorosa.
Fueron varios días sin saber de vos, hasta que Cuando el viernes pasado el mastólogo
recién entré a tu blog. nos hizo pasar al consultorio para darnos el
Pensaba darte mis excusas: el trabajo, el resultado de la biopsia y noté ese movimiento
trabajo, el trabajo. Pero borré todo porque te leí. casi inconsciente que hizo con la cabeza antes
No sé qué decir. de empezar a hablar, confirmé lo que pasaba,
«Fuerza», «va a estar todo bien»: merecés lo que suplicaba que no fuera. No me acuerdo
algo mejor que esto. Pero busco la palabra que las palabras que usó para darnos la noticia. Sí
merecés y no aparece, quizá porque la palabra recuerdo mi ahogo, los ojos mansos y azules de
no la tengo yo. La palabra es tuya. Cristian que se desfiguraban.
Creo que tenés que escribir, querida Án- Tengo cáncer de mama. Me harán quimio-
geles. Hay que dar batalla por todos los frentes. terapia, iré a cirugía, necesitaré rayos.
Te quiero mucho y te abrazo con una fuer- Caí despedazada en una cama, quería li-
za que viene de antes, de lejos, del cuerpo que cuarme. Me levanté al rato porque mi hijo me
nos fue dado cuando nacimos mujeres. tiraba de las orejas. Lloré de nuevo porque
recordé el imán que hice de souvenir para su
Jose  primer cumpleaños, apenas tres meses atrás. Es
una imagen de sus ojos que dice: «La vida es
k corta, la vida es bella, la vida es ahora». Pienso
en eso todo el tiempo. El otro día vi en la tele
De: Ángeles Alemandi una escena de salmones saltando contra la co-
Para: Josefina Licitra rriente. Mis palabras tienen algo de esos peces.
Enviado: 26 de julio de 2013 En un mail anterior te escribí «no sé cómo
se sostienen los sueños acá». Mi acá era el pue-
Jose, trabajé cinco años en un centro de salud. blito pampeano. Qué guacho el destino que hoy
Fui recepcionista, tipeé ecografías, mentí di- me trae de nuevo a  Buenos Aires para que le
ciendo que el doctor estaba demorado porque ponga el cuerpo a un tratamiento. En esta venta-
había tenido una urgencia cuando en realidad na de tiempo —como diría Román— que abrió
se había quedado dormido. Aprendí la jerga, nuestra correspondencia, desnudé un poco to-
los modos de nombrar lo espeluznante, la falsa das las mujeres que me habitan. Dejé retazos de

Batí un récord: oércdr. | 73


| Las cartas de Thelma y Louise

mi maternidad; de la tipa que extrañaba lo que Una siesta, el día antes del primer ciclo de
ofrecía la ciudad y se paralizaba con la calma quimioterapia, tocaron el timbre. No esperaba
de una comarca como la de 1480 almas; de la a nadie. No quería ver a nadie. Insistieron. No
periodista que temía que la comieran los rato- atendí. Dos horas después bajé porque la farma-
nes hocicudos de La Pampa; de la piba que se cia pasaba a entregarme la medicación, enton-
temía enferma y ahora mismo de una tarada que ces encontré un ramo de flores en el hall del edi-
se sabe a punto de perder las defensas pero que ficio. Me lo enviaba mi amiga Celina, que vive
está convencida de que va a ganar impunidad. en Montreal, a través de una cómplice porteña.
No sé cómo sigue esto. En ningún sentido. Cuando tomé el ascensor me vi en el espejo: en
una mano llevaba drogas, en la otra, flores. La
k vida no era más que esa ecuación.
Desde que lo supo mi madre inició un pe-
De: Josefina Licitra regrinaje que llamó «rally de santos». El fas-
Para: Ángeles Alemandi tidio (mío) de que ella me llene de medallas y
Enviado: 26 de julio de 2013 estampitas lo ha compensado con ese nombre
de cruzada genial. Cristian recobró toda su aci-
Querida, vamos a hacer algo. Julio termina pero dez y le gusta decirme: «qué ganas de cagarnos
quedan todos los meses que vienen, quedan mi- la vida que tenés». Eso sí, cuando me ve caída
les de meses. Vamos a hacer algo para (y por) tira frases memorables. El otro día hablaba del
el futuro. cáncer y decía «lo nuestro», «lo nuestro va a sa-
Vamos a seguir haciendo esto. El pueblo lir re bien». Juré casarme cuando esto termine.
ya no está, pero estás vos. Eso en realidad es Me divierte mucho el backstage de la enferme-
lo que importa. Pienso en esa frase de Brecht: dad. Durante la primera quimio me concentré
«Me parezco al que llevaba el ladrillo consigo en las pelucas que usaban algunas mujeres y en
para mostrar al mundo cómo era su casa».  cómo se maquillaban las cejas ausentes, y adoré
Somos nuestro ladrillo, no hay con qué escuchar sus charlas sobre los sueros, a los que
darle. llamaban «piñas». Mi sachet de bienvenida fue
Cada vez que quieras, vos escribime. Yo rojo fluorescente.
mientras voy a pensar bien qué hacer con esto. «Con este se te va a caer el pelito» me dijo
Lo más difícil, en este caso, va a ser trabajar Roberto, el enfermero.
una edición tan delicada. Quiero decir: ¿cómo Ay, el lenguaje, pensé. Rally-de-santos-lo-
hacer para decir «esta palabra mejor no, esta tal nuestro-piñas-pelito. Ahí lo supe. La letra era lo
vez sí, qué tal si esta idea la llevás a tal parte...» que iba a mantenerme fuerte. Leer todo en clave
cuando estamos hablando de tu cuerpo? Pienso narrativa. Mi vivir para contarla.
en esto y pierdo la brújula y siento que todo se Algunos monstruos se fueron desvanecien-
vuelve un flan. Pero algo va a salir. Confío en do. Raúl Dorado me dijo que él no había queda-
mí pero sobre todo confío en vos.  do con miedo después del episodio con el plato
Hace unos días me preguntaba sobre no- volador, yo ahora lo entendía. ¿Miedo a qué po-
sotras, sobre nuestra entidad adentro y afuera de día tener, cuando ya se había cruzado el límite?
un texto. ¿Somos personajes, somos personas? Por eso el fin de semana que el cabello empezó
Intuyo que finalmente el texto no va a ser sobre a caer decidí cortarlo. Nos encerramos con Cris-
un pueblo, sobre un ovni o sobre una enferme- tian en el baño y me pasó la máquina de afeitar
dad, sino —en el fondo— sobre la escritura.  en filo cero. Aún veo la bolsa de residuos verde
Te mando un beso inmenso, cuando pue- donde fue cayendo mi pelo castaño enrulado.
das contame cómo están tus cosas.  Cuando mi hijo me vio con mi look onco corrió
a abrazarme mostrándome sus ocho dientes.
k Me siento bien y fuerte. Compartí en el
blog una foto en la que estoy amamantando,
De: Ángeles Alemandi de hace exactamente un año atrás. El bebé está
Para: Josefina Licitra prendido de la teta izquierda, donde hoy hay un
Enviado: 20 de agosto de 2013 tumor de casi cuatro centímetros. Me empeciné
con que la lactancia materna exclusiva era lo
Jose querida, perdón por la demora en respon- mejor que le podía dar, pagué por eso tener los
der, vengo de unos días moviditos. pezones sangrantes y ordeñarme decenas de ve-

74 | Es difícil que lo entiendas, pero no te subestimo para nada.


Ángeles Alemandi |

ces para evitar una mastitis. Ahora que vuelvo No me animé a venir antes porque no so-
a esa foto, que me enfrento a una posible mas- porto la idea de estar lejos del hospital. Ya pa-
tectomía bilateral, siento la paz de haber hecho saron tres ciclos de quimioterapia y casi no he
siempre lo que quise. tenido efectos colaterales. Lo que sí he natura-
Si sigo bien, en unas semanas nos vamos lizado es que casi siempre entre uno y otro le-
a pasar unos días a nuestra casita pampeana, es- vanto fiebre y es porque me quedo sin defensas.
toy emocionada. Ahí peregrino un poco por la guardia clínica,
Te abrazo y me colocan en la panza un par de inyeccio-
Ángeles. nes para multiplicar los glóbulos blancos. Esta
vuelta sumé veinte mil, valgo por tres personas.
k Era entonces un buen finde para viajar.
Llegamos el jueves. Nos trajeron mis pa-
De: Josefina Licitra pás. Cristian nos esperó con la casa pintada y
Para: Ángeles Alemandi construyó hamaca y tobogán para el changuito.
Enviado: 6 de septiembre de 2013 La cama estaba tendida. La heladera, llena. El
teléfono de línea aún apretaba el papelito donde
Querida, te leo bien y eso me pone contenta. anoté el número del centro médico de Guatra-
Me alegra mucho, también, que puedas irte a ché, y no me animé a tocarlo. Me di cuenta de
La Pampa. que esta era mi casa, Jose. La recorrí con la nos-
Si tenés tiempo y fuerzas, lleváte para talgia de una enamorada que cada tanto abre la
leer Una forma de vida, un librito de Amélie caja para oler el vestido blanco y recordar con
Nothomb. Cuando a Chiri se le ocurrió mane- más intensidad la boda. 
jarlo como intercambio epistolar, los dos pensa- No es que los planetas se hayan alinea-
mos en el acto en ese libro. Es el intercambio de do de repente. Ni que me crea eso de que una
Amélie con un supuesto marine de guerra que aprende de lo que le pasa. Ni que piense de gol-
le escribe desde algún tipo de trinchera perso- pe que General San Martín se convirtió en algo
nal. Puede estar bueno leerlo. que no es. Casi no he salido de casa para evitar
Contame por favor —y si querés— cómo miradas inquisidoras. Me indigné al enterarme
te va en el pueblo. de que el mes pasado hubo un crimen y no es-
Te mando un grandísimo abrazo, y cuando tuve para regodearme escribiendo una crónica
pase esta nota —y si tenés ganas— quiero que policial. Reí a carcajadas con el relato de mis
nos juntemos a tomar algo. Yo te llevo la Orsai. padres que el sábado llevaron al nieto a una de
Jose las «únicas dos funciones» que daba un «circo
internacional» que pasaba por acá.
k Los días me hicieron bien.
Ahora estamos los tres en la cama gran-
De: Ángeles Alemandi de con la perra recostada sobre mis pies. Todos
Para: Josefina Licitra duermen y yo pienso que ojalá el pibito tire esta
Enviado: 2 de octubre de 2013 noche de corrido. Mientras tanto me doy el gus-
to de terminar el libro de Nothomb y me relajo
Jose, pasaron ya más de dos meses del diagnós- en la almohada, segura de que algún día, cuan-
tico. Cristian quedó a más de setecientos kiló- do abra de nuevo los ojos, voy a despertarme
metros, en General San Martín. Apenas nos ve- otra vez en este cuarto, de un modo definitivo,
mos los fines de semana. Con mi hijo estamos viendo cómo amanece mi pueblo a través de la
viviendo en el departamento de Buenos Aires. ventana.
Hasta hoy, que te escribo desde el pueblo, creía Te abrazo.
que esa era mi casa. Ángeles. x

Ana Estudió Bellas Artes en Madrid y más tarde se especializó en Diseño. En 2007
Bustelo comenzó a trabajar como ilustradora de libros y revistas. También realizó trabajos
para agencias de publicidad. Ocasionalmente participa en exposiciones, tanto indi-
Palencia, 1982 viduales como colectivas. Su web es www.anabustelo.es.

¡Tanto tiempo! Hacía un montón que no te quería ver. | 75


| SIN AFEITAR, por Gustavo Sala
THE END
ESCRIBE PEDRO MAIRAL
ILUSTRA JUAN SÁENZ VALIENTE

«Cuando las cosas se terminan, ¿cómo se terminan, cómo es el


borde, la cola del lagarto, la despedida?», se pregunta Pedro
Mairal en este texto, y Juan Sáenz Valiente lo ilustra desde la
orilla de otro final: el de esta revista. Mudanzas, nacimientos, el
cierre de una época y el comienzo de otra, los desenlaces en la
ficción, los cierres personales, biográficos, y hasta un inventario
de rupturas amorosas. Léase ahora, mañana ya no estaremos.
| The end

L
levaba una semana viviendo en el
departamento nuevo, cuando termi-
né de ordenar la biblioteca, salí al
balcón y lo vi a Julio, el portero del
edificio donde alquilaba antes. Aho-
ra estoy en un piso dieciséis, me mudé a una
cuadra. Ahí estaba Julio en la azotea del edificio
anterior, fumándose un pucho, escapándose un
rato de las viejas con perro. ¡Julio!, le grité. Al
PEDRO MAIRAL principio no me oyó. Había que hacerse oír por
Buenos Aires, 1970 sobre las sierras eléctricas de las obras, los mo-
tores del tráfico, el rumor del barrio, los aviones
Escritor. Su novela Una noche
de fondo. Le grité un par de veces más hasta
con Sabrina Love recibió el que miró para mi lado. Él sabía que yo me mu-
Premio Clarín de Novela en daba ahí a la vuelta. Levanté el brazo lo saludé
1998 y fue llevada al cine en como de un barco a otro, de lejos. Cada uno en
2000. Publicó además las el techo de un edificio gigante, cada uno al bor-
novelas El año del desierto
y Salvatierra; un volumen de
de de su precipicio. Entre los dos había un abis-
cuentos, Hoy temprano; y dos mo. Al final levantó el brazo y gritó: ¡Pedrito!
libros de poesía, Tigre como En la ciudad no hay distancia espacial, no
los pájaros y Consumidor final. hay aire entre la gente. Estás cabeza con cabeza
Ha sido traducido y editado en el subte pero separado por una distancia so-
en Francia, Italia, España,
Portugal, Polonia y Alemania.
focante, la distancia del siamés, la distancia de
En 2007 fue incluido, por el la necesidad de anular al otro por proximidad,
jurado de Bogotá39, entre los cuanto más cerca lo tenés menos existe el otro.
mejores escritores jóvenes Por eso me gustó ese saludo en el viento de la
latinoamericanos. En 2011 altura. En ese edificio había dos Julios, porte-
condujo el programa de
televisión sobre libros Impreso
ros. El otro Julio se jubiló el año pasado y antes
en Argentina. En 2013 de irse dejó una carta para todos, que estoy tra-
publicó El equilibrio, una tando de buscar y no la encuentro. Contaba de
recopilación de sus columnas, sus cuarenta años de trabajo en el edificio, de
y El gran surubí, una novela en todo lo que había visto. Eran quince pisos con
sonetos en editorial Orsai.

80 | No soy de generalizar, como hace todo el mundo.


| The end

ocho departamentos por piso: ciento veinte de- Wilcock dedicado que dice «Al Grillo, con toda
partamentos, unas cuatrocientas personas más o la amistad que merece su inteligencia y que de
menos. Un pueblo chico, vertical. En todos esos todos modos es ya irreparable. J.R. Wilcock
años había asistido partos, había estado en velo- 7-6-45», otra de Mastronardi que dice: «A Félix
rios, había salvado a una mujer que se quiso tirar della Paolera, con el recuerdo de hermosos días
por la ventana, había ayudado a apagar incen- australes y con el afecto cierto de Mastronardi,
dios. Un bombero involuntario. No lo contaba Viedma, 63». Lo bien que me hizo unir fuerzas
haciéndose el héroe sino como una consecuen- con Grillo. Sumar nuestros libros. Fue como
cia lógica de estar tantos años como encargado agregarle parte de su memoria a mi cabeza, su-
de esa estructura gigante. Fue la carta más digna mar espacio. Algo se despejó. Esos libros que
que leí jamás. La tengo que encontrar. Grillo leyó y que voy leyendo de a poco, incor-
El Julio que quedó sale a fumar a la azo- porándolos. Saber que están ahí en los estantes
tea, como un chico rateándose del colegio. Hay sus libros barajados con los míos. Terminé de
algo antiguo en saludarse así de lejos. Hoy día la hacer eso, salí al balcón y lo vi a Julio. Ganas de
gente se llama por celular o se manda mensaji- saludarlo a Grillo así, de lejos, de una montaña
tos dentro de la misma casa. Pero gritarse así... a otra. A él le gustaba el cuento de los sherpas.
Quizás en la cancha todavía se hace. De hecho Las cosas cuando terminan pareciera que
la cancha es el lugar del grito autorizado. Hay se ordenan, que encuentran su destino, empieza
felicidad en gritarse de cumbre a cumbre, como la distancia, se empieza a ver el dibujo total, la
una manifestación del yo en reconocimiento del perspectiva invisible en la que estábamos me-
otro. Un juego de probar el espacio, poblarlo, tidos. Yo creo en el destino solo cuando miro
ser enorme por un instante. Me contaron que los hacia atrás. Cuando miro hacia adelante creo
sherpas del Himalaya, de tanto llevar escalado- (quiero creer) en la libertad. Los finales, buenos
res argentinos, se gritan boludo desde lejos. Es o malos, tristes o felices, abiertos o cerrados,
el legado cultural que vamos aportando al mun- siempre perfeccionan, mejoran, dan un sentido
do. Los escaladores argentinos se gritaban así y a lo que parecía no tenerlo.
a los sherpas les gustó y ahora lo usan. Se gritan ¿Qué empieza ahora? Otra manera de es-
a la distancia un largo boludo que atraviesa el cribir, quizá. Mi hija de seis meses tiene ciclos
viento helado de las cumbres. No sé si será cier- de distracción de quince minutos más o menos.
to, pero me gustó cuando me lo contaron. Un cuarto de hora que yo aprovecho como si
Me intrigan los finales. Cuando las co- fuese oro. Estoy aprendiendo a hacer coincidir
sas se terminan, ¿cómo se terminan, cómo es mis párrafos con esos ciclos. Su rotación es así:
el borde, la cola del lagarto, la última parte, la se queda en su manta, luchando boca abajo con
despedida? Ordenar la biblioteca fue el final un pulpo de sombrero piluso; o en una hama-
de algo. El final de una época confusa, medio ca con sonajeros colgantes que ella patea con
nómade, desperdigada. Me dio muchísimo tra- energía de recién venida al mundo; o en el co-
bajo, no físico, sino mental. Estuve años sin po- checito, sentada estrangulando una jirafa sucia.
der ordenar los libros. Estoy pensando por qué. A veces no le gusta y hay que intentar otra va-
Más allá de la falta de espacio, supongo que no riante: mamadera, cuna, cambio de pañal. Mu-
quería tomar decisiones: qué libros se iban, qué chas veces esto pasa en medio de la oración, la
libros se quedaban. Eso te obliga a definirte, niña llora en tu frase, no hay postergación, el
definir una estética, un canon personal. Tam- alarido hace eco en tu estructura sintáctica y la
bién estaban los libros de poesía que me dejó el derrumba como las trompetas a la muralla de
que fue mi maestro. Los tenía en unas cajas sin Jericó. No podés seguir con la frase. La furia
animarme a mirarlos mucho. No podía. Porque del bebé gigante de El viaje de Chihiro, así de
eso implicaba aceptar plenamente que él ya no impostergable es su reclamo. Si la dejás llorar
está. Fueron demasiadas mudanzas, demasiado empieza un terremoto mayor, que te destruye la
quilombo en estos siete años. Tuve que encon- paciencia, la autoestima, de pronto sos un sicó-
trar la calma, el tiempo, las ganas. Aceptar que pata insensible, lleno de furia, un padre no apto
la gente se muere y dejar que pase el tiempo para la paternidad, de esos que dejan al bebé
para poder reencontrarse con sus palabras, sus en el auto para meterse a apostar en el casino.
libros, su lectura. Sumar sus libros de poesía ¿Qué provoca ese llanto en tu cerebro? Si no
a los míos terminó siendo una gran felicidad. fuera así de irritante la humanidad ya se hubie-
Sus primeras ediciones de Neruda, un libro de ra extinguido hace rato. Tiene que ser molesto

82 | Tengo un complejito de inferioridad.


| The end

el llanto para que te ocupes de la micro tirana Cinema Paradiso tiene un gran final. La idea
inválida. Una invalidez en vías de sanación. de algo que está recortado a lo largo de toda
Porque la ves que se va moviendo, mueve las una película (una vida) y que se manifiesta todo
piernas, bracea, patalea, nada en seco, levanta junto al final, una secuencia de besos censura-
la cabeza, va a gatear, a agarrarse de las cosas, dos, uno tras otro, un legado, un regalo que deja
se va a parar, a caminar, un milagro, talitha alguien que muere. (Todos sus libros de poe-
kume, niña levántate. sía). Un final perfecto. Y el final de Midnight
Y cuando la tengo en brazos para dis- Cowboy, donde el personaje de Ratso se muere
traerla, ocuparme de ella, cambiarla, preparar en el ómnibus yendo a Florida, los pasajeros se
la mamadera, quedo pensando en lo que venía dan vuelta para mirar, y su amigo, su compañe-
escribiendo, en lo que sigue, cómo sigue, pero ro de derrotas, Joe Buck, le pasa el brazo sobre
muchas veces se me empieza a deshacer, la ca- el hombro. Lo cuida. Ratso está muerto pero
beza se mete en una zona preverbal, caigo en igual Joe lo cuida. Y por la ventanilla pasan ha-
una especie de dialéctica neandertal: quiere o cia atrás las palmeras de Miami. Ese tiene que
no quiere comer, hizo o no hizo caca, tiene o no ser el mejor final del mundo.
tiene sueño. Una vez resuelto ese dilema hay ¿Y el final de ¡Átame!? Victoria Abril,
que volver a meterse en la historia occidental. Antonio Banderas y Loles León yendo en auto
No es fácil. Salir y volver. Porque ya entraste por la ruta, cantando «Resistiré para seguir vi-
en su idioma gutural, su dadaísmo, sus ono- viendo...». Los finales musicales son peligrosos
matopeyas, su presente continuo, ya te pusiste pero pueden funcionar, sobre todo si el secues-
horizontal en el piso para jugarle, ya volviste a trador, la secuestrada y su hermana terminan
tu momento de primer anfibio reptante, tu esta- contentos y entonando juntos una canción. En
do de axolotl amniótico, y le empezás a hacer El gusto de los otros vemos y oímos durante
mini ataques de león en el cuello, en la panza, toda la película a uno de los personajes tratando
y la risa que le da. No hay mayor felicidad. A de tocar algo en la flauta traversa. No le sale,
no quejarse. En todo caso aprenderás a usar pá- pifia, repite, vuelve a intentar. Al final lo vemos
rrafos más cortos. Tu escritura va a lograr más empezar a tocar esa melodía que no tenía senti-
concisión, tu hija te va a ayudar a afilar el estilo do por sí sola, pero ahora junto a una orquesta.
y ser más directo. Al final de cada párrafo hay De pronto su flauta se vuelve parte de un todo,
un bebé llorando. se vuelve una pieza más de algo armónico. En
¿Se podría escribir una novela solo he- ese sentido funcionan como redentores esos fi-
cha de finales? Si El Museo de la novela de la nales donde, a pesar del gran fracaso del prota-
Eterna, de Macedonio, es un libro solo hecho gonista, las piezas rotas de su destino terminan
de comienzos, una serie de prólogos de una no- conformando algo distinto, inesperado y final-
vela que está siempre empezando, se podría en- mente vivo.
tonces escribir una novela que esté siempre ter-
minando, donde todo parezca la última página. Cuando mi hijo mayor empezó a ir doble
Alguna vez vi una recopilación de finales, últi- turno en preescolar, estaba indignado, no solo
mas páginas de novelas y cuentos célebres, y no conmigo sino con toda la idea.
funcionaba. Faltaba lo que en música se llama —¿Cómo te fue? —le pregunté el primer
(creo) gravitación tonal. Antes del final hay una día.
serie de elementos, una tensión, una curva que —Bien —me dijo—, ¿pero sabés qué?
se está por completar, algo se vuelve inminen- Cuando termina, sigue.
te, se acerca el desenlace, los acordes sugieren Eso me dijo. Y yo me di cuenta de que
otros acordes, los anticipan, los atraen con su hay muchas cosas que cuando terminan siguen:
gravedad, los necesitan, y entonces sí, sucede, películas, novelas, relaciones. Eso me interesa,
se vuelca el camión de naranjas, se muere el cómo terminan, cómo se terminan las relaciones.
rey, se despiden los amantes, caen los acordes
derramados en su propio peso y se termina. El
final llega con naturalidad de final. No se puede
recortar la última página, porque la última pá-
gina empieza mucho antes de la última página.
S i hago un inventario de escenas de rupturas
amorosas, la cosa es más o menos así:
De ómnibus a ómnibus, volviendo del
En cine me gustan los finales largos, que campo de deportes, cruzo miradas con V. L.,
siguen, los finales tristes, también. Por ejemplo, una morocha de ojos verdes. La veo que le dice

84 | Feo es que te toque pasillo en la vida.


| The end

algo a la amiga sobre mí. Estoy seguro de que le que ella sabe que la espío y que me manda men-
gusto. Se lo cuento al Vaca G. Un rato después sajes indirectos, venenosos. Borro su contrase-
llega ella con su amiga al rincón del patio y me ña para siempre.
dice: No digas pavadas, nene, no gusto de vos, F. me manda mensajitos, que la llame.
y se va. La relación más corta del mundo. En Dice que tiene un atraso. Le digo que se haga
ese mismo recreo, rompo con el taco del zapato un Evatest. Le pregunto si se lo dijo también al
varios azulejos del baño. Ingreso por primera escritor con el que, quizá para darme celos, me
vez al lado oscuro. contó que se había acostado. Me insulta con un
Plaza de Olivos a la noche, en un banco S. mail larguísimo. Da vueltas durante días. Yo no
me dice: Si yo te digo por teléfono «hola amor» duermo. Le gusta el fantasma del embarazo, lo
vos no podés preguntar «quién es». hace durar. Un día me pidió que vuelva a un
Pizzería en Almagro, L. pide un vaso de telo a buscarle el cinturón de un impermeable
agua y, después de dos años de cajitas de Prime, italiano. Fui y no lo encontré. Al final no estaba
se toma en mi cara la pastilla para coger sin fo- embarazada.
rro con su nuevo novio. Una noche, dos semanas antes de casarse,
En la calle Galileo, yo caigo de sorpresa V. manda un mensajito y viene a mi casa medio
con flores y el sereno me chusmea divertido que borracha después de una fiesta. Solo quiere co-
la hermosa C. tiene un novio fijo, un pelilargo ger por última vez. Casi no me habla. Después
que se queda a dormir. Encima lo conozco. lagrimea. Yo, haciéndome el cool, le digo que
Un bar horrible de avenida Las Heras con no sea tan terminante, que deje que las cosas
N. Después de meses de telos, ahora uno a cada fluyan. No la veo nunca más hasta dos años des-
lado de la mesita enclenque, sin tocarnos, como pués cuando me la cruzo con marido y bebé.
si en medio hubiera un blindex de cárcel ame- Está radiante.
ricana. Hablamos de otras cosas. Sabemos que
no podemos vernos más.
B. muy enojada, llamándome pendejo
cada tres frases. Se acabó el mundo. Yo guardo
mi bici en el baúl del auto y me voy a lo de un
L as cosas llegan a su fin. Me fui como quien
se desangra, dice Fabio Cáceres al final de
Don Segundo Sombra. «Centrando mi volun-
amigo que vive cerca. En la puerta trato de bajar tad en la ejecución de los pequeños hechos, di
la bici, se traban los pedales, el manubrio, los vuelta mi caballo y, lentamente, me fui para las
frenos, tironeo furioso. Lloro como un pendejo. casas. Me fui como quien se desangra». Fabio
F. en la ducha me dice que no quiere. No se separa de su padre adoptivo que sigue con
puedo más, dice. Se deshace el abrazo, giramos su vida nómade y él se vuelve a su nueva casa.
con cuidado por lo angosto de la bañadera y el Ahora es patrón. El tipo libre que era antes aho-
piso jabonoso, una especie de paso de tango al ra se desangra, se muere, ya no tiene fuerza, se
revés, nos damos la espalda, como dos retados acaba, se va. La última palabra es desangra.
a duelo que caminan en sentido contrario para Habría que hacer una aplicación que nos diga
después rematarnos de lejos con disparos certe- la última palabra de todas las novelas. El gran
ros en Tribunales. sí del Ulises de Joyce. Molly Bloom recuerda
M. diciéndome con buena onda pero algo cuando le dijo sí a un soldado, besándolo en Gi-
dolida en un taxi en un reencuentro amistoso: braltar. La novela es un gran no, una pareja que
«Me discontinuaste como jean nevado». no va más, un tipo que deambula todo el día por
J. viene a casa con calzas de gimnasia. Dublín haciendo tiempo para no volver a su casa
Trae comida. Se niega a coger. Me humillo con porque sabe que su mujer le está metiendo los
insistencias y ruegos. Se niega. Disfruta de su cuernos con un conocido en su propia cama. Ese
dominio. Tiene diez años menos que yo. «Los es Leopold Bloom. Y Stephen Dedalus le dice
culitos van y vienen», me dice. no a su religión, non serviam, un claro no. En
El día de la discusión final, T. abre su cambio al final el río femenino de Molly es el
email en mi laptop y sale sin cerrar la sesión. Sí, con mayúscula, serpenteando en esa ese. Yes
No nos vemos nunca más, pero yo sigo todo su I said yes I will yes. Primero lo rodeé con los
duelo por sus chats y sus mails con sus ami- brazos sí y lo atraje encima de mí para que él me
gas. Me entero, sin filtro, de los apodos con los pudiera sentir los pechos todos perfume sí y el
que me llaman. Leo lo que opinan de mí, lo que corazón le latía como loco y sí dije sí quiero Sí.
opinan de mis libros. En un momento sospecho ¿Cómo se termina un cuento, una novela?

86 | Puede ser una llamada perdida aunque te atiendan.


| The end

¿Cómo se termina un párrafo, una oración? Lo bordean una ciudad antigua y escalonada. Pasan
que está al principio y al final es lo que más se entre torres de alta tensión, junto a una estatua
ve. Desangra. Yes. ¿Los párrafos son pequeñas gigante de Mafalda, torcida y rota en la arena,
estructuras, como células donde se guarda el perteneciente a una antigua civilización, y final-
ADN del texto largo? ¿Está codificada la no- mente llegan. En unos géiseres se baña, rodeado
vela en una sola oración? ¿Esa larga frase del de cajitas de vino vacías, una Mona Giménez gi-
monólogo de ser o no ser, de Hamlet, que termi- gante, enorme de gorda, casi como un Jabba va-
na con la expresión «navaja», o «daga», guarda rado en el barro. El regalo del free-shop es para
la violencia del final sangriento? La punta de él. La Mona lo abre: es un reproductor de DVD.
la oración es la punta de la daga. Si la palabra Los personajitos de historieta forajidos, en ese
«daga» estuviera puesta en medio de esa famo- más allá de la frontera, celebran. Larguirucho sin
sa enumeración de motivos para matarse, per- afeitar, tías y abuelas de Juan, los hombrecitos
dería su filo. Pero puesta al final está perfecta, perro, Clementes, Bart, un Dieguito arruinado,
sobre todo si pudiéramos tomarnos la libertad el Topo Giggio... Todos contentos en las ruinas
de traducir «bodkin» por «navaja», que en su de un mundo que fue. Caperucita regresa atra-
jota parece que corta hasta la yugular. vesando sola el campo. Detrás, en el atardecer,
¿Los humanos dónde terminan? ¿En el brilla poderoso el logo de DVD Video TM. Fin.
ombligo? ¿O en el remolino de pelo de la cabe- Fin de todo. Fin de la ciudad, fin de la
za? ¿O en la boca por donde muere el pez? El úl- revista, fin de la historieta, fin del artículo, fin
timo aliento. ¿Y la ciudad? Siempre me gusta ver del párrafo, fin de la frase, fin del fin. Y cuando
cómo se va deshaciendo la condensación urbana. termina, sigue.
La ciudad se desgarraba en suburbios, dice Bor- Te doy contra el ropero hasta que aparezca-
ges. Se va rompiendo. Quedan atrás los edificios, mos en Narnia, dice la mejor frase popular acu-
las casas se vuelven bajas, se ve el cielo, aparece ñada en los últimos años. Aparecer en Narnia es
un baldío, gomerías, fábricas, telos, piletas ver- algo que nunca va a suceder, por lo tanto te doy
ticales... Hay un fanzine de Juan Sáenz Valiente hasta la eternidad. O también se puede entender
que se llama Más allá de la Richieri. La historia, como que aparecer en Narnia es la metáfora del
contada solo con imágenes, es más o menos así: gran orgasmo. Y de eso pensaba hablar. Pero no.
en la estación de ferrocarriles Ezeiza, que queda Iba a hacer paralelismos del final, de terminar,
junto a un lago y un puerto con hidroaviones, una acabar, etcétera, pero me cansé un poco de los
especie de Caperucita Roja o de Dorothy en El temas sexuales. Creo que solo hay que hablar de
mago de Oz, toma un tren a vapor, entre malete- los polvos malos. Todos los polvos felices se pa-
ros enanos y hombres chancho. Lleva una bolsa recen; los infelices lo son cada uno a su manera.
del duty free-shop. El tren bordea carteles de Du- La tristeza es mejor para escribir. Hace un mes,
halde Presidente. En el camarote viajan también volviendo de Medellín, vi una familia dividida
Daniel Divinsky y He-Man, que lee el diario en dos, todos llorando. Los que hacían la fila de
Semanario con las favoritas del Bailando. Pasan migraciones y los que quedaban del otro lado.
frente a refugios de colectivo donde unos viejos No me gusta ver nenes llorando. Escribir no so-
personajes de dibujito animado esperan el bondi, luciona nada real. Solo alivia al autor al ordenar
frente a un negocio de piletas riñón paradas de un poco el caos de su cabeza. Uno se cree in-
punta donde Gaturro en chancletas fuma espe- mortal. Te creés que vas a ir a tu propio entierro,
rando clientes. Caperucita se baja del tren con su vas a leer un discursito vos mismo junto a tu fé-
bolsa del free-shop, atraviesa descampados, zan- retro. El cerebro no concibe realmente la idea de
jones, alcantarillas, cruza alambrados. La salen dejar de existir. Por suerte. Me gustan los finales
a recibir unos hombrecitos perro, gorditos con íntimos, que suceden para adentro. Los finales
micropene y cabeza de pastor alemán. Cantan donde solo el protagonista y el lector saben que
los pájaros del conurbano. Ella y los perros ha- todo está terminando. Para los demás el mundo
cen una pausa significativa en el monte. Después sigue, y está bien que sea así. x

Juan Es historietista, ilustrador y animador. En 2004 publicó en Francia Sarna, historieta


Sáenz Valiente con guion de Carlos Trillo. Colaboró en la realización del libro Arte y técnica de la
animación, junto con su padre, Rodolfo Sáenz Valiente. Es fundador del «Manifies-
Buenos Aires, 1981 to de Banda Dibujada». Desde 2009, realiza la serie de TV Impreso en Argentina.

88 | Si no te odia no sos el amor de su vida.


SOBREMESA

SOBRE LOS FINALES

—A
sí como muchos putos dicen que —Totalmente, sobre todo con el final de la peli
son mujeres encerrados en el cuer- de Tornatore, Cinema Paradiso, me parece mara-
po de un hombre —le digo a Chi- villoso ese enjambre de imágenes.
ri—, yo creo que Pedro Mairal es un hombre de —Hablando de finales, ¿te gustó el de Brea-
campo encerrado en el cuerpo de un porteño. king Bad?
—Es la pura verdad: Pedrín es un tipo de la —¡Ah! ¡Maravilloso! No te pierdas la carta que
llanura, un entrerriano perdido en la gran ciudad. le manda Anthony Hopkins a Walter White, des-
No sé qué hace ese muchacho sensible rodeado pués de hacer una maratón con las cinco tem-
de edificios tan altos... poradas.
—Este año sacó dos grandes libros: El gran —¿Dónde está esa carta?
surubí, con nosotros, y El equilibro con Garrin- —Buscála en Google, Chiri. No te puedo dar
cha Club, una excelente editorial. Una produc- todo servido.
ción impecable: son pocos los que se pueden —Otra de las cosas que terminaron este año
dar esos lujos. fue la trilogía de Richard Linklater: Antes del ama-
—Yo coincido plenamente con lo que dice necer, Antes del atardecer, Antes del anochecer…
Santiago Llach en el prólogo de El equilibrio —me —La trilogía más pobre de la historia, como
dice Chiri. él dice.
—¿Qué dice? —Es cierto —me dice—, sobre todo si la com-
—Te leo: «Pedro Mairal es para mí un escritor parás con El señor de los anillos. Pero dudo que
ejemplar. Su virtud más notable es digna de en- la última haya sido el final de la historia. Para mí
vidia: se las arregla para producir felicidad en el dentro de nueve años hacen otra.
lector». ¿La puta verdad, no? —Puede ser, Linklater no lo afirma, pero tam-
—¡Claro! Es totalmente así: leer a Pedro siem- poco lo niega.
pre te pone bien. Es una rara virtud la de nuestro —¿Te gustó la última?
amigo. ¡Qué lindo pendejo! —Un poco menos que las dos primeras, pero
—¿Por qué le decís pendejo, Jorge? yo creo que hay que dejarla madurar y darle tiem-
—Cariñosamente le digo, él sabe que lo quie- po. Son unas de las películas que mejor nos pintan
ro mucho. a nosotros como generación… ¿A vos te gustó?
—Otro lujo de este número final es publicar a —Me gustó ver a July Delpy en tetas, era hora.
Claudia Piñeiro y a Selva Almada. Las dos entra- Pero me quedo con la dos, y con ese final maravi-
ron casi sobre el tiempo de descuento. lloso de Céline bailando con Just in Time de Nina
—Eso es muy cierto. Dos escritoras que no Simone…
quería perderme. —Y diciendo «baby, you’re gonna miss that
—¿Te quedaste con ganas de publicar a al- plane». Maravillosa peli.
guien en estos tres años de revista? —Y ya que estamos hablando de finales, ¿te
—A varios… A Julio Villanueva Chang, por gustó el final de Dexter?
ejemplo. —Para nada, Christian Gustavo. No me lo creí
—¡Cómo nos bicicleteó ese muchacho! Pero mucho. Hay un montón de cosas que no cierran
también nos dimos el lujo de conocer a otros es- en ese final, problemas de guion sobre todo. Y en
critores increíbles, como el caso de Ángeles Ale- la escena final, además, cuando están en Buenos
mandi, la chica que se carteó todo este año con Aires, hay algo que no puede ser.
Josefina. ¿Te gustó ese epistolario, no? —¿Qué cosa? ¿El obelisco tan cerca de la ca-
—Muchísimo. Es uno de los textos que más lle Leandro Alem?
me gusta de todas las Orsai. —No, algo peor. En la escena final está la rubia
—¿Tanto? envenenadora y el hijo de Dexter tomando algo en
—Tanto. Tiene un nivel de verdad, de intensi- un bar porteño. En el bar hay un pizarrón con los
dad... Te sentís un voyeur leyéndolo, es un viaje precios de las comidas. Y si mirás bien, el plato
alucinante. Y tiene un final literario, fuertísimo. de canelones cuesta veinte pesos. ¡Es imposible,
—A propósito, ¿coincidís con los grandes fi- con la inflación que hay!
nales del cine que nombra Pedro? —Cuánta razón, gordito. x

90 | El velatorio es como un baby shower al revés.


PLANETA TUTE, por Tute |
UN HOMBRE TIPEA
BAJO LA NIEVE
ESCRIBE CLAUDIA PIÑEIRO
ILUSTRA MATÍAS TOLSÀ

Desde el primer número


de esta revista venimos
persiguiendo a Claudia
Piñeiro para que nos
entregue un texto
inédito, sin nada de
suerte. Pero a último
momento sucedió algo:
un ejemplar de Orsai
agotado y perdido para
siempre, la culpa de la
escritora y una promesa
extorsiva hicieron que
ocurriera el milagro.
M
ediados de 2011. Me escribe
Hernán Casciari desde Barce-
lona. Quiere que haga una nota
para Orsai. Un cuento, prefiere.
Me encanta la idea. Le digo
que sí, pero que necesito tiempo porque tengo
varios escritos pendientes, y una serie de viajes
por delante, y largas lecturas para concursos,
CLAUDIA PIÑEIRO y... Casciari me dice que sí, que me espera. Y
Burzaco (Buenos Aires), 1960 aunque sé que no haré la nota en el corto plazo
quiero conseguir cuanto antes algún ejemplar
Ejerció como Contadora de Orsai, leerla en detalle. Conozco la revista,
Pública Nacional durante diez
años hasta que en 1991, mientras
claro, su salida armó revuelo y tiene fanáticos
volaba hacia Sao Paulo para hablando de ella en cada reunión literaria. Y no
realizar un trabajo aburridísimo literaria, también. No estoy suscrita, el sistema
de auditoría en la empresa en de juntarse de a diez para encargar el envío se
la que trabajaba como gerente tuvo que enfrentar con mis fobias y mis fobias
administrativa, tuvo la revelación
de que lo suyo era la escritura.
siempre ganan, así que me quedé afuera. Pero
Al regresar de ese viaje pidió si es que voy a cumplir con mi compromiso
vacaciones y escribió El secreto con Casciari, necesito leer algunos artículos
de las rubias, novela finalista en para estar a tono con la publicación. La llamo a
el concurso La sonrisa vertical, Débora Mundani, escritora, amiga, fanática de
de Tusquets. Desde entonces
Claudia Piñeiro escribe, hace
Orsai y suscriptora de la primera hora. Le pido
guiones de televisión y teatro. que me elija el ejemplar que más le haya gus-
Publicó las novelas Tuya (Colihue, tado, y que me lo preste. Selecciona para mí el
2005); Las viudas de los jueves ejemplar número dos de la primera temporada.
(Alfaguara, 2005), ganadora Unos días después nos encontramos y me entre-
del Premio Clarín Alfaguara de
Novela y llevada al cine por
ga la Orsai. «Dice el Gordi que este ejemplar es
Marcelo Piñeyro; Elena sabe extraordinario». El Gordi es el marido de Débo-
(Alfaguara, 2006), Las grietas ra, tan fanático de Orsai como ella. O más. En
de Jara (Alfaguara, 2009), con la la tapa: nieva sobre un hombre que escribe en
que obtuvo el Premio Sor Juana su computadora. La doy vuelta y la contratapa
Inés de la Cruz. Ha publicado
también cuentos para chicos y
devela que aquello que parecía exterior es inte-
obras de teatro. En 2005 recibió rior: nieva dentro de su propio escritorio. Una
el Premio de literatura infantil y portada donde predominan azules y naranjas,
juvenil Fundalectura-Norma de algo de blanco. Y de negro. La revista va a la
Colombia por Un ladrón entre pila de lecturas pendientes. La hojeo una noche,
nosotros y dos años después fue
galardonada con el Premio ACE
leo algunos artículos: el editorial de Casciari,
2007 por Un mismo árbol verde. el texto de Josefina Licitra sobre el presidente

94 | El paranoico, de chiquito, tiene un enemigo imaginario.


uruguayo José Mujica. Voy a la última página y vuelvo a fallarle, Débora reclama una vez más
me entero de que en ese espacio no se pueden su revista: «Yo las colecciono». El hombre bajo
publicar chistes bajo pena de sanción porque la nieve ya no me mira desde la pila de lecturas
«resulta punible de multa hacer chanzas o dis- pendientes. Sobre él se montaron otras lecturas
tracciones voluntarias en el entorno de una co- y otros hombres. No lo veo cada tanto, pero sé
municación jurídica». Pero no me queda claro que está ahí. A veces lo tengo presente, muy
si la anécdota de los dos hombres informándole presente; por momentos lo olvido. «En realidad
a Casciari acerca de esa infracción y de la pena la colección es del Gordi», me presiona un tarde
correspondiente es cierta o efecto de la acaroí- Débora mientras tomamos un café, «el otro día,
na. «Una vez cumplida la orden, diré que todo mientras la ordenaba, se dio cuenta de que falta
lo que puse antes es falso y que lo escribí bajo el ejemplar número dos de la primera tempo-
los efectos de la acaroína». Un artículo, un edi- rada, le dije que lo tenías vos y me dijo que no
torial y una posdata, pero mi artículo, ese que había problema, pero acordate, cuando ya no la
yo tengo que escribir, se sigue aplazando. Otros uses..., ¿vas a escribir la nota finalmente?». Le
textos pendientes por compromisos asumidos aseguro que sí, que la voy a escribir, que tengo
con antelación, viajes, lecturas para concursos. textos anteriores pendientes, y viajes, y lecturas
Sobre finales de 2011, Casciari escribe urgentes. Pero la escribo seguro. Le pido que
por segunda vez. «¿Y cómo va el cuento?». me deje la revista un tiempo más, que quisiera
«Aún no va», le digo. Le doy explicaciones, él leer algunos artículos que me faltaron y releer
me disculpa, siento vergüenza. No mucha, no los que ya leí. Igual que Casciari, Débora me
tanta como para ponerme ya a escribir el artícu- cree y me concede ese nuevo plazo. Me pre-
lo. Una cierta molestia tolerable. No quiero per- gunto si el hombre bajo la nieve, esperando su
derme la oportunidad de escribir para la revista, turno con paciencia en la pila de lecturas pen-
eso está claro. Y si sigo así me la voy a perder. dientes, también me creerá. ¿Será paciente ese
Pido un nuevo plazo. Casciari me lo concede. hombre? Mientras tanto, yo procrastino.
La vida continúa. Procrastino. Otros escritos, Pasan algunos meses. Casciari vuelve a
viajes, lecturas para concursos, otras lecturas escribir. Pido otro plazo. Débora me extiende
urgentes. Débora me recuerda que tengo su re- el préstamo de la revista por un tiempo más. Si
vista. Me dice que no la necesita, que la tenga el Gordi se queja, yo no me entero. Me olvido
el tiempo que me haga falta, pero que cuando del asunto. Hasta que un día la periodista María
ya no la use se la devuelva. Que se la devuel- O’Donnell (trabajo en su programa de radio)
va porque «yo la colecciono». Le digo que se menciona la revista durante una emisión y yo
quede tranquila, que en cuanto termine la nota, me quedo muda: la imagen del hombre bajo la
o el cuento, se la llevo. Pero el cuento no está nieve me asalta en medio de la charla al aire.
ni siquiera iniciado, se resiste. Miro nevar sobre Decido que tengo que poner manos a la obra
el hombre que tipea en su computadora portátil. de una buena vez. Esa misma noche busco la
Nieva mientras él escribe. Yo no. revista en la pila, no está. La debo haber llevado
Comienza 2012. Segunda temporada de al escritorio de la planta baja, me digo. O a al-
Orsai. Casciari vuelve a mandarme un mail, yo guna de las bibliotecas. O a otra pila. No im-

Madurás cuando no te causa gracia la palabra envergadura. | 95


| Un hombre tipea bajo la nieve

porta, es tarde, aún no escribo la nota. La escri- pesar de no estar suscrita hay alguna forma de
biré en esos días. Pronto. Decidir que ya debo conseguir un ejemplar de la revista Orsai núme-
escribirla, no es escribirla. Otros escritos, lectu- ro dos de la primera temporada. Casciari se ríe.
ras urgentes, viajes. Avanza la temporada 2013 No puedo asegurarlo porque él está de un lado
de Orsai. Casciari ya no vuelve a mandarme del océano y yo del otro y apenas nos comuni-
mails. Sospecho que la nieve que cae sobre el camos vía mail. Pero estoy convencida de que
hombre que tipea en su máquina de escribir se al leer mi correo Casciari se ríe. Sospecho que
debe haber derretido. Hace mucho que no me si pudiera encontrar al hombre que tipea bajo
lo cruzo, que la tapa azul de la Orsai número la nieve sabría que él también se está riendo.
dos de la primera temporada no me llama, ni «¿Podés creer que es el único número de la re-
desde otras pilas, ni desde mi escritorio, ni vista que está totalmente agotado?». No, no lo
desde ninguna de las bibliotecas de mi casa. La puedo creer. Me manda un link a una página
vida sigue, escritos pendientes, lecturas urgen- donde se venden los ejemplares atrasados de
tes, viajes. El Gordi arma una nueva biblioteca la Orsai. El del hombre que tipea bajo la nieve
en su casa y nota que el espacio previsto para está cruzado por un cartel blanco con letras ro-
el ejemplar número dos de la primera tempo- jas de imprenta mayúscula que dice: AGOTA-
rada de Orsai sigue vacío. Le reclama a Débora. DO. El único ejemplar inconseguible de las tres
Débora me reclama a mí. «Nosotros la colec- temporadas. Ese que Débora eligió para pres-
cionamos». Asumo que por más que quiera es- tarme unos meses atrás. Imposible de reponer.
cribir para Orsai, ser parte de ella, ya no puedo Casciari me escribe: «Viajo en octubre, tengo
seguir pidiendo que me esperen. Aunque sos- un ejemplar en casa, si querés cuando voy te lo
pecho que Casciari ya no me espera. Busco la llevo». «Sí, quiero», contesto. «Y si lo necesi-
Orsai de Débora en la pila de lecturas pendien- tás con urgencia te lo mando por correo puerta
tes. No la encuentro en una primera pasada. a puerta a cambio del cuento que me debés».
Reviso la pila en detalle, de arriba hacia abajo Touché. «No, tráelo en octubre, no hay apuro,
y de abajo hacia arriba. No está. Desparramo pero por supuesto te escribo el cuento que te
sobre mi cama los libros y revistas que la com- debo». «¿Fin de este mes?». «Fin del próximo»,
ponen. El hombre que tipea bajo la nieve no contesto y gano unos días. Los últimos días.
aparece. Me inquieto. La busco en el estante Le cuento el episodio a Débora. Le digo
donde pongo el material que no es mío y que que se quede tranquila, que la revista la consi-
tengo que devolver. Tampoco está allí. Trato de go, que el Gordi no se preocupe. La vida sigue,
recordar. Me parece que hace un tiempo, luego textos pendientes de escritura, viajes, lecturas
de ordenar una biblioteca, la puse en el estante urgentes, y una fecha pactada para mi entrega
donde coloco otras revistas, LaMujerdemiVida, a Orsai. Empiezo a darle vueltas a ese cuento
El Malpensante. Busco pero allí tampoco está. que voy a escribir, pronto, en estos días, pero
Les pregunto a mis hijos. No saben de qué les no ya. Ahorita, como dicen los mexicanos. Me
hablo. «Un hombre vestido de azul que tipea encuentro en el Tortoni a tomar un café con el
bajo la nieve», me miran con una mezcla de escritor Javier Sinaí. Hablamos de su último
indiferencia y preocupación. En dos días tengo libro. Hablamos de otros libros. Hablamos de
que ver a Débora. Reviso todas las pilas una revistas. Me cuenta que a fin de año Orsai no
vez más, todas las bibliotecas, cada rincón. No saldrá más. La noticia me impacta. Si no hu-
aparece. Me baja la presión. Pienso en el Gordi biera sido por el hombre que tipea bajo la nieve,
y la presión me baja un poco más. No sé cómo nunca habría salido una nota mía en la revista.
voy a hacer para enfrentarlo. No puedo en- «¿Qué hombre bajo la nieve?», me pregunta.
frentarlo. Porque el verdadero problema no es Le cuento. «Pero ese es el cuento», me dice,
Débora sino el Gordi. Tengo que conseguir otro «el del ejemplar número dos perdido». Me lo
ejemplar. No va a ser fácil. No la venden en los quedo pensando. «¿Sabés que sí...?», le digo fi-
quioscos. Los que la suscriben la coleccionan, nalmente. Y me alivio pero aún no escribo.
como el Gordi. Busco en MercadoLibre, nadie Arranca octubre. Escribe Casciari, «¿te
la oferta. Intento otras búsquedas en la red sin habrás olvidado?». «No, no, este fin de semana
resultado. Empiezo a sospechar que la solución lo tenés». Escribo a cuatro manos, sin parar,
será dicotómica: o enfrento al Gordi o enfrento corrijo, agrego, quito. La crónica del ejemplar
a Casciari. Prefiero enfrentar a Casciari. Le es- perdido de Orsai está lista. Este texto. Me aco-
cribo, le cuento la situación. Le pregunto si a modo en el sillón donde suelo sentarme cuando

96 | Los obsecuentes son las risas grabadas de la vida.


Claudia Piñeiro |

doy clases de escritura creativa, allí leo el bo- escribirla porque sé que va a doler mientras lo
rrador impreso de mi texto. Junto al sillón tengo haga. Una novela que vengo posponiendo con
una mesa auxiliar con los cuentos que van es- más vehemencia que esta nota para Orsai. El de
cribiendo mis alumnos a lo largo del año. Busco Casciari es un hombre que cree haber matado
una lapicera en la mesa para hacer una marca un niño, su sobrina, pero no, lo que atropelló es
sobre mi relato. Revuelvo un poco, no encuen- un tronco. Leo y cito. «Por suerte, casi siempre
tro la lapicera a primera vista. Entre los textos es un tronco y vivimos en paz. Pero todos sabe-
de mis alumnos se asoma un papel de otro espe- mos, por debajo de la risa y del amor y del sexo
sor, azul, celeste, negro, con manchas blancas. y de las noches con amigos y de los libros y de
Lo tomo con cuidado, pero también con cierta los discos, que no siempre es un tronco. A veces
indignación. Es. No hay dudas. El hombre sigue es Finlandia». Porque en Finlandia, allí donde
tipeando. La nieve no se derritió. Tengo en una nieva hasta incluso dentro del propio escritorio,
mano mi texto y en la otra el ejemplar número es donde el hombre se refugió a escribir mien-
dos de la primera temporada de Orsai. Dejo mi tras pensaba que había matado a un niño. Ahí
texto a un costado. Busco dentro de la revista al también transcurrirá mi próxima novela, en ese
hombre que tipea. Lo encuentro en un relato de lugar donde se escribe bajo la nieve. Otra Fin-
Hernán Casciari adaptado por Javier Olivares. landia. No la de Casciari. Pero Finlandia al fin.
Se me pone la piel de gallina. El relato cuenta Primera certeza después de tanta búsque-
una situación similar a la que intento contar en da: mientras tipee mi próxima novela, nevará
la novela que quiero escribir y no escribo. Todo dentro de mi escritorio. Segunda certeza: el
tiene que ver con todo. Otros textos pendientes, Gordi tendrá que acostumbrarse a ver su colec-
lecturas urgentes, viajes. La protagonista es una ción incompleta, este ejemplar de Orsai se que-
mujer, no el hombre bajo la nieve. No puedo da conmigo. x

Mamá, mamá, en la escuela me digo egocéntrico. | 97


RECONSTRUCCIÓN
DE LA ESCENA
DEL CRIMEN
ESCRIBE SELVA ALMADA
ILUSTRA MATÍAS TOLSÀ
Dos mujeres, tía y sobrina, avanzan por un
camino y se detienen en el sitio donde, en el
pasado, ocurrió un episodio escalofriante.
Una pequeña y sensorial historia de tierra
adentro, habitada por un extraño personaje del
que todos hablan pero que pocos ven.

—F
ue acá. Justo acá —dijo
parándose en seco y
dando un golpe con el
pie sobre el camino de
tierra. Volví sobre mis pasos hasta quedar junto
a ella, casi pegadas.
—Acá se me apareció de repente. Como
salido de ninguna parte. Si no lo conociera des-
de que soy así, habría pensado que era el Diablo
y no el Tatú—, volvió a pegar con el pie levan-
SELVA ALMADA tando una nubecita de polvo.
Entre Ríos, 1973 Nos quedamos calladas, conteniendo la
respiración. Ella, reviviendo el momento. Yo,
tratando de imaginármelo, de ponerme en su
Escritora. Publicó las novelas lugar.
Ladrilleros (2013) y El viento
que arrasa (2012); los relatos A ambos lados del camino crecía el maizal
Una chica de provincia (2007) casi tan alto como nosotras dos. Como ella que
y Niños (2005); y el libro de era petisa y como yo, que a los doce era dema-
poemas Mal de muñecas siado alta para mi edad, siempre me decían.
(2003). Integra distintas El sol partía la tierra y no se escuchaba
antologías de relatos, entre
ellas Die Nacht des Kometen nada fuera del viento pasando entre las hojas
(Alemania, 2010). y las cañas haciendo ese ruido áspero, de gar-
Su novela El viento que arrasa ganta seca.
será traducida al francés, —Yo iba a lo de la Teya —dijo extendien-
al italiano y al portugués, y do un brazo desnudo y enrojecido hacia ade-
llevada al cine y al teatro.
En estos días escribe Chicas
lante.
muertas, una no ficción Ella tenía la piel muy blanca, como la ma-
sobre tres casos de femicidio dre. Mi otra tía y mi tío también. Mi padre tenía
adolescente ocurridos en la la piel oscura como su madre muerta, la mujer
década del ochenta, que será que tuvo mi abuelo antes de casarse con la ma-
publicado por Mondadori en
2014. Codirige los ciclos de
dre de mis tíos que era bien gringa, rubia y de
lecturas «Carne Argentina» y ojos claros. Ellos heredaron su tez, por eso en el
«Rojo». Coordina talleres de verano se ardían.
lectura y escritura. La Teya era una vecina que vivía a dos
kilómetros siguiendo el camino. Era una mujer
alegre. La confidente de mis tías.
—Todos los días iba a esta hora. Le lim-
E l Tatú era un primo suyo, diez o quince años
mayor. Vivía en una granja vecina con Cali,
su padre, y dos hermanas: la Negra y Sonia.
piaba la cocina y después tomábamos mate de té Los tres solterones con el padre viudo. Yo fui
y escuchábamos la radio. Nunca me di cuenta, muchas veces a su casa con mis tías. Pero al
pero el Tatú me espiaba —dijo bajando la voz. Tatú no lo vi nunca. Cuando llega visita, él se
Miré a los costados. El maizal se extendía, esconde.
verde y compacto, hasta donde alcanzaba la vista. El Tatú es raro. Así le dicen ellas. Por
El Tatú o cualquiera podía acechar sin ser visto. parte de la familia materna de mis tíos siempre
—Entonces me cazó así —dijo poniéndo- hubo algún raro. Una fruta picada. De la mu-
se frente a mí y agarrándome los brazos. Un gri- jer de mi abuelo, que yo le decía abuela aunque
to se me atravesó como una espina de pescado. no era mi abuela, también decían que era rara.
—Y me miraba con los ojos brillantes. Y Mi madre se enojaba cuando decían así. Para
me olía el cogote y el pecho. Ay, me acuerdo y ella, la abuela no estaba loca, sino que todos la
se me pone la piel de gallina. Mirá —dijo sol- trataban como a una retardada y ella se acos-
tándome y mostrándome el brazo encrespado. tumbró. Puede ser que si alguien no sale raro
Otra vez nos quedamos en silencio. de nacimiento se le haga creer que sí con tal
Dos o tres metros adelante distinguí una de no cortar la cadena de taras que la familia
delgada huella sinuosa en la tierra suelta. Por ahí arrastra de generación en generación. A la pri-
había pasado una víbora. En otro momento me ma Sonia, mis tías con sus amigas, le decían la
hubiese asustado, pero no me cabía otro miedo fallada porque nunca le bajó la regla y entonces
que el de esa historia, ocurrida varios años atrás, no pudo tener hijos ni casarse.
actualizada por la narración de mi tía. Ese día, durante esa siesta, ni mi tía ni yo

102 | ¡Qué grande está tu ego! Hacía un montón que no lo veía.


ni nadie podía sospechar que veinte años des- espaldas y se me cayó encima porque me tenía
pués, le saltaría la falla hereditaria a mi tío y se agarrada de las muñecas. Me tenía como esta-
volaría la cabeza de un disparo. queada y no podía moverme. Un poco porque lo
tenía arriba mío y otro poco porque estaba muer-
ta de miedo. Así que me encomendé a la Virgen y

—E ntonces ¿qué pasó? —le pregunté.

El sol estaba picante y las dos estábamos


cerré los ojos esperando que pase lo peor.
Se quedó callada.
—¿Y después? —pregunté.
todas sudadas. —De repente me soltó una muñeca y lo
—Me miraba así como te digo. Los ojos sentí correrse para el costado. Todavía me tenía
como dos tizones encendidos. Quería zafarme, bien fuerte de la otra mano. No me animaba a
pero me tenía agarrada muy fuerte. Me llevó a mirar, así que esperé un ratito, quieta, juntando
la rastra hasta el maizal. Vení, te muestro. valor, calculando el momento justo para esca-
Tomé la mano que me tendía y fui tras ella parme. Abrí los ojos. Era un día como hoy. El
por el sendero angostísimo que quedaba entre sol estaba acá arriba, grande y brillante. Me las-
los surcos sembrados. Las hojas y las cañas me timó la vista y tuve que pestañear varias veces
arañaban los brazos y las piernas. Nos metimos hasta acostumbrarme. Giré despacito la cabeza
unos cuantos metros. Miré hacia atrás y ya no y lo vi echado boca arriba al lado mío. Esta-
se veía el camino. Mi tía se detuvo. ba dormido. Dormido como un bendito. Moví
—Más o menos por acá, había un círculo un poquito el brazo, él aflojó los dedos y pude
pelado. El desgraciado había cortado varias ca- soltarme. Me paré tratando de no hacer ruido y
ñas y armado un colchón con las hojas. Las hojas caminé unos pasos y ahí sí empecé a correr. Y
ya estaban secas y crujieron cuando me echó de corrí y corrí. No me daban las patas, te juro. x

¿Y cómo está descompuesta tu familia? | 103


| HOT, por Horacio Altuna
Capítulo VI
| HOT, por Horacio Altuna
Capítulo VI
| HOT, por Horacio Altuna
Capítulo VI
| HOT, por Horacio Altuna
Capítulo VI
SOBREMESA

FINAL DEL JUEGO

—S
aqué la cuenta de cuántas sobre- cuando ustedes se volvieron a Argentina Horacio
mesas hicimos desde que empeza- los extrañó mucho, cada vez que viajo a Buenos
mos Orsai —me dice Chiri abriendo Aires él manda saludos y los recuerda con inten-
un excel. sidad. Pero yo me quedé en Barcelona...
—Apuráte a decirme porque está por llover. —...y lo ves mucho más seguido.
¿Cuántas fueron? —Claro. Nos juntamos siempre que podemos.
—Desde la primera, en la página cuatro del Y en un punto, en mi cabeza, Horacio empezó a
primer número de Orsai, hasta esta que es la úl- cumplir una función paternal para mí. Pero no lo
tima, fueron ciento dieciséis sobremesas. Vos y digo en un sentido metafórico, ni artístico. Para
yo hablando boludeces entre crónica y crónica. Y nada. Lo digo literalmente: pude volver a hablar
todas ilustradas por el gran Paco Ermengol. de Racing, o del Barça, o de la vida, como habla-
—¿Solamente dejamos de hacerlas en la edi- ba con mi papá cuando estaba vivo.
ción número tres? —Qué loco —me dice Chiri—, y qué bueno.
—Tampoco las hicimos en la edición núme- —Más que bueno: es un regalo, un regalo ines-
ro cinco. Porque pensábamos que aburrían a los perado además. Una yapa que trasciende la
lectores. aventura de Orsai. Haber conocido a Horacio en
—Y se quejaron. este tramo de nuestra vida fue importante. Es un
—Como guanacos —me dice. tipo muy sabio, pero sobre todo muy generoso y
—Qué suerte que se quejaron, porque a mí cotidiano.
siempre me divirtieron mucho estas charlas fuera —Yo lo extraño un montón, María también. A
de juego. él y a Anita, a los dos —me dice—. Muchas veces
—Y está muy bien terminar de hacerlas des- nos gustaría teletransportarnos para estar en una
pués de «Hot». Porque nunca habíamos hecho sobremesa con ellos. Orsai también fue eso para
una sobremesa por detrás de la novela gráfica de nosotros: haber conocido gente pulenta.
Horacio. —Gente increíble. Apasionados.
—Durante todo este año —le digo a Chiri— —Esa podría ser una buena moraleja —me
Jimmy Chance fue como uno más de la familia. dice Chiri—. Por lo menos para cerrar la última
Una historia hermosa, que en realidad es una sobremesa pública de esta época. Moraleja:
saga que tendrá dos partes más. Me encantó ser cuando trabajás con gente apasionada deja de
el primer lector de esa historia, gracias a que Altu- ser un trabajo.
na siempre entregó los originales tarde... —Sí. Y lo mismo funciona como advertencia si
—La leyenda dice que es su costumbre. lo decís al revés.
—¿Entregar a última hora? ¡Sí! En la revista —¿Cómo sería?
Humor, en Fierro, en todas partes se ganó esa —Cuando jugás con gente sin pasión, nunca
fama. Pero gracias a eso yo leía cada episodio es un juego.
en tinta, todavía sin color... Ser el primer lector de —Me gusta. Es una buena ecuación. ¿Te pa-
una obra suya me causó orgullo cada vez. Fueron rece que cerremos con esto y nos vayamos a ha-
seis veces de orgullo. cer Bonsai?
—Qué lujo haber tenido una novela gráfica —No veo la hora, querido amigo. Pero antes
de Horacio todo este año —me dice Chiri—. Mirá dejáme que me ponga sentimental, aunque sea
si de chicos, cuando leíamos «Las puertitas del en el tiempo de descuento.
señor López», o incluso «El loco Chávez» en el —¿Vas a llorar?
diario, hubiéramos sabido que muchos años des- —No. Te agradezco estos años de charla.
pués trabajaríamos con él. —¿Estos tres?
—Yo lo veo todavía más increíble, pero desde —No. Los treinta y cinco. La estoy pasando
otro lugar —le confieso—. A Horacio lo conoci- muy bien.
mos cuando empezábamos con Orsai, y con el —Los que vienen serán mejores —me dice, y
tiempo nos fuimos haciendo amigos. De hecho, empieza a llover. x

112 | La barba candado nunca me cerró.


es o

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rsai
ma

D
urante 2013 inauguramos en el bar
Orsai, y más tarde en la casa Orsai,
unos hermosos másteres de crónica na-
rrativa, entrevista y perfil, periodismo cultural,
dibujo y novela gráfica, edición, literatura y fic-
ción, y crónica policial. Desde principios de año
más de ciento cincuenta alumnos pasaron por
nuestra redacción para dejarse formar por los
mejores en cada rubro: Josefina Licitra, Pablo
Perantuono, Gonzalo Garcés, Miguel Rep, Pa-
blo Plotkin, Pedro Mairal y Rodolfo Palacios,
respectivamente. Los muchachos y muchachas
trabajaron duro y felices durante dos semes-
tres, persiguiendo el más noble fin: redactar
trabajos de calidad que serían publicados en
el último número de Orsai. ¡Ha llegado el día,
amigos! En las próximas veinticuatro páginas
publicamos cinco de los mejores trabajos de
los pioneros en los másteres. Cada uno de
los textos ha sido ilustrado y editado por los
propios alumnos. Es decir: el staff de Orsai
no hizo nada.Nuestro complicadísimo plan de
rascarnos el higo estos meses ha resultado.
(Policial)

Confesiones de una
defensora serial
Una investigación de MARIANA RECA
Ilustra FEDERICO BEN CATTAN

M
E
ariana es abogada defensora oficial. scribo de noche. Tengo dos hijos
Defiende a ladrones y asesinos, también chiquitos y no hay otro horario en
a inocentes. Además del tono que encontró el que pueda contar con un poco de
en sus relatos, tiene cosas que la diferencian silencio. Los únicos sonidos que
del estereotipo del abogado penalista que me acompañan ahora son mis de-
aparece en la prensa: es sensible, trata a sus dos contra el teclado y el segundero del reloj
defendidos como personas y no como clientes de la cocina. Estoy sola con un ratoncito en la
o mercancías, y escribe. En el taller busqué cabeza que lo único que hace es buscar en los
que encontrara su voz autoral, que se sacara cajones al estilo Decur, pero a diferencia de él
el traje de abogada y se pusiera el de escritora no encuentro imágenes dulces para niños, como
de no ficción. Sus primeros escritos me recor- juguetes o mares de violetas. El ratón que hus-
daron a los cuentos del alemán Ferdinand von mea en los cajones de mi mente solo encuentra
Schirach, el llamado «abogado de la literatu- historias oscuras que muchas veces puedo con-
ra», que en sus libros Crímenes y Culpa habla tar en clave cómica pero solo para poder atra-
de casos reales que le tocó vivir como penalis- vesarlas. A veces ni siquiera las puedo contar.
ta pero los cuenta como escritor. En el caso de No soy una novelista ni una periodista
Mariana, le sugerí que ella debía aparecer en policial. Cuento historias del crimen desde otro
el relato porque vivió de cerca los hechos po- lado: soy abogada defensora de hombres y mu-
liciales en los que le tocó intervenir. Su relato jeres del conurbano bonaerense que perdieron
nos permite vivirlos como si estuviésemos a mucho más que la libertad.
su lado o espiáramos por la cerradura de la Podría decir que soy abogada desde que
puerta de su despacho. Esas historias de vida tengo memoria. De chica siempre defendí las
que la atraviesan reflejan la trama laberíntica causas perdidas. Ahora no elijo a mis defendi-
de la Justicia. Si a eso le sumamos que en- dos. Los casos me tocan. Como defensora ofi-
frenta casos trágicos y cuando llega a su casa cial, tengo la obligación de defender a todos,
busca olvidarse de todo para cuidar a sus dos aunque no sean inocentes y sus causas no sean
hijitos, la historia gana más peso. El relato justas. Eso incluye temas difíciles de digerir y
tiene escenas fuertes, pero también un tono siento que es por eso que decidí escribir.
esperanzador. El nombre con el que firmo no es real y
el único motivo por el que uso un seudónimo
es para escribir con libertad: no quiero que mi
trabajo interfiera en esta catarsis.
Rodolfo Palacios Conozco a personas con las que no mu-
chos quisieran hablar: aparecen en mi oficina daria se convierte en abogado. Sin ir más lejos,
con mochilas pesadas, cargadas de odio pero una persona como yo en cinco años se casa y
también de amor, de tristeza y de esperanza. tiene dos hijos. Cómo puede cambiar la vida
Llegan a hablar conmigo después de haber sido en tan poco tiempo para quien está en libertad
rechazadas muchas veces por el sistema. Mu- pero cómo puede no cambiar nada para quien
chos de ellos no pueden salir del laberinto kaf- permanece detenido. Eso es lo despiadado de
kiano de la Justicia. la prisión.
Mi trabajo pocas veces sale a la luz. No Son esas historias las que me trajeron has-
soy como esas abogadas que suelen mostrar ta acá para tratar de darles voz, de hacerlas visi-
en las series: peinadas, maquilladas y con pose bles. Y escribirlas. Escribir pese a todo.
de divas dentro de sus trajecitos encorsetados. Mi trabajo se convirtió en una rutina como
Desde que pienso en escribir este texto, me cualquier otra. A primera hora vienen familiares
ocurre algo extraño: las caras y las voces de los de los detenidos a buscar novedades. Quieren
detenidos que defiendo vienen a mi cabeza. No la fecha de la libertad pero el expediente rara
puedo desvincularme de los casos que me lle- vez incluye ese dato. Por momentos la cuestión
gan. No puedo llegar a mi casa despojada de es tan imprevisible que da pavor. La mayoría
los relatos que escucho, del dolor pegajoso que se divide entre madres desesperadas por sus
queda en el aire. Me acosan las historias de vida hijos presos y esposas con hijos pequeños que
de los detenidos: saber qué eran antes de apretar tienen problemas para sobrevivir con el marido
el gatillo o antes de usar sus manos para robar. detenido. Los menos son amigos preocupados
Trabajo en un edificio de más de sesenta por alguien que está en prisión, parece que la
años, y todos los días llego a mi oficina después amistad no resiste los tiempos de Tribunales y
de subir dos pisos por escalera porque el ascen- la rutina de la cárcel. Ninguno de ellos tiene el
sor nunca anda y de atravesar un pasillo de casi dinero suficiente como para pagar un abogado
setenta metros. En mi despacho hay un escrito- particular.
rio, una computadora, dos sillas y un teléfono Lo que más tiempo me lleva son los expe-
que rara vez funciona. dientes: ver las novedades y apelar resoluciones
Las historias suelen ser flashes que apare- y sentencias. También hay una tarea que nadie
cen y se van, pero algunas se quedan conmigo ve y es la que más me cansa: hablar con fiscales
por un largo tiempo. Para trabajar, necesito ol- y jueces sobre el futuro de mis defendidos. La
vidar por momentos el suceso policial que trae defensa trabaja sola, sin ayudantes ni medios
a los detenidos a mi oficina. Es una manera de para investigar: solo puede recurrir a la fami-
poder ocuparme de las personas. lia, que en algunos casos aporta algún testigo
Mi primer detenido fue condenado a pri- u otro elemento para llevar algo de verdad a la
sión perpetua por el delito de homicidio agrava- causa judicial. Nuestra tarea es remar contra la
do por alevosía. Lo que más recuerdo es la cara corriente.
de tristeza de su madre cuando lo detuvieron Algunas de mis jornadas terminan con en-
después de estar prófugo más de dos años, acu- trevistas a los detenidos, en las que soy testigo
sado de planificar un asesinato con dos cómpli- de sus confesiones, su desolación, su dolor y su
ces. Ver a sus familiares el día de la lectura del futuro incierto.
veredicto fue comprobar, de algún modo, que Recuerdo la primera vez que vi la muerte.
no solo se condena al acusado sino también a Yo tenía veinte años y recién empezaba a cur-
toda su familia. sar Derecho Penal en la Universidad de Buenos
Es abrumador pensar en los tiempos de las Aires. Por ese entonces, en los noventa, traba-
condenas. Cuando empecé en la justicia penal jaba gratis en una fiscalía de Instrucción y era
trabajaba en una fiscalía donde se hacían acusa- costumbre que ante un homicidio, el fiscal se
ciones por muchos años de prisión. La pena mí- trasladara al lugar del hecho. Una mañana re-
nima por un robo con armas era de cinco años. cibimos la llamada de un oficial de calle de la
Yo pensaba todo lo que podía hacer uno en ese comisaría primera de San Justo que informa-
lapso. En cinco años, por ejemplo, un bebé re- ba que un panadero había matado a un ladrón
cién nacido se convierte en un chico que egresa cuando intentaba robarle la recaudación. Me
de preescolar y un joven que termina la secun- ofrecí a acompañar al fiscal. Cuando llegamos
que les interese lo que hago. Ni siquiera mis fa-
miliares más directos entienden que pueda gus-
tarme mi oficio y ahora que me pongo a escribir
sobre mi trabajo, lo único que me viene a la ca-
Él escuchó lo que la beza son escenas que convencerían a cualquie-
ra de dedicarse a otra cosa. Basta un ejemplo.
secretaria del juez Hace muchos años, yo trabajaba de empleada
decía y gritó: ¡Nooo! en un Tribunal Oral. Era una oficina de tres por
tres con cuatro escritorios. Estábamos un poco
Al mismo tiempo, sacó apretados pero organizados para poder trabajar.
Era la lectura de una sentencia que condenaba a
de su boca una media un hombre a una pena de ocho años de prisión
por un robo agravado. Él escuchó lo que la se-
hoja de una gillette y cretaria del juez decía y gritó: ¡Nooo! Al mismo
se cortó las venas de tiempo, sacó de su boca una media hoja de una
gillette y se cortó las venas de los dos brazos.
los dos brazos. Esto ocurrió delante de mí. La sangre manchó
el expediente que estaba sobre el escritorio. El
policía que custodiaba al condenado se quedó
en la puerta sin moverse. Yo me quedé inmóvil.
No me salía una palabra y me empezó a faltar el
al lugar, me encontré con la tragedia: en la aire. Los jueces no estaban, pero en un minuto
vereda, bajo una frazada, había un cuerpo sin entró en la sala una jueza que le ordenó al dete-
vida de un chico de dieciséis años, con remera, nido que dejara la gillette sobre la mesa. El tipo
bermudas y zapatillas deportivas. En su mano, estaba furioso, pero cuando la vio fue como si
ya rígida por la muerte y ubicada cerca de la estuviera ante la Ley en persona. No solo le
cara, estaba el botín: dos billetes de dos pesos obedeció de inmediato sino que además acep-
apretados entre los dedos. Del panadero no me tó sentarse y esperar, en calma, a que vinieran
acuerdo ni la cara. Tampoco me acuerdo de la los médicos a salvarle la vida. Después de ese
panadería. En realidad creo que de ese día no día, por mucho tiempo recibí a los detenidos
recuerdo nada más que ese chico tirado en la esposados y así los dejaba. Me había quedado
vereda, esa bala calibre veintidós y esa muerte tan impresionada que no podía confiar en ellos,
que llegó por cuatro pesos. pero tampoco en los policías que los traían. Con
Este fue el punto de partida de mi carre- el tiempo volví a atenderlos sin esposas.
ra delincuencial, mejor dicho, cerca del delito. También he presenciado lecturas de vere-
Siempre atrás, después de que ocurre un crimen dictos con final feliz. Recuerdo a un acusado de
o un robo, caminando sobre las consecuencias violación que siempre había jurado ser inocen-
de los actos. Sobre la vida de unos, de otros y te: tenía veinte años, trabajaba, estaba casado
también sobre la mía. y tenía una hijita de dos. En los tres años que
Durante un tiempo trabajé como empleada tardó el juicio perdió todo: su esposa lo dejó, no
en un juzgado de Garantías, a cargo de un juez volvió a ver a la nena y lo echaron del trabajo.
sin sonrisa, duro como el acero. Comprobé que Solo lo acompañó su madre. Cuando los jueces
trabajar en Tribunales a más de una persona la lo declararon inocente, ella le dijo: «Yo te dije
anestesia. No le creen nada a nadie y siento que que confiaras en la Virgen, que ella no te iba a
un poco deja de importarles la humanidad de abandonar». A mí se me humedecieron los ojos.
quien tienen enfrente. A mí me gusta escuchar a Hay personas detenidas que luchan con-
los otros. En esa mesa de entradas conocí a per- tra el olvido, acaso la peor condena. Quiero que
sonas muy distintas a mí, que vivían hacinadas tengan voz. Nunca volverán a ser los mismos.
en casas precarias donde estudiar era algo que a Sus familiares tampoco. Ni siquiera yo vuelvo
casi nadie le pasaba y trabajar tenía muchos sig- a ser la misma después de cada caso. A ellos
nificados distintos del que podía tener para mí. los transforma el encierro. A mí me transforman
Muy pocas veces encuentro personas a las sus historias. x
(Perfil)

Secuestré a
tu padre y está
en tu cabeza
Una entrevista de ANA GARCÍA BLAYA
Ilustra GUSTAVO DE TANTI

C «Y
on simpleza y un par de pinceladas o te llamo a vos. No estás en tu
sutiles, Ana García Blaya talla el casa y me atiende tu hija. A tu hija
perfil de Luis, un exconvicto —sobrio, le hago agarrar toda la plata que
prolijo, quizá culto— que acaba de tenga, la hago salir de la casa sin cortar el celu-
salir de un largo encierro y busca rein- lar y te llamo a vos; te digo que la tengo a ella y
sertarse. Exhibido con crudeza, el rela- vos te vas a volver loca. Porque tu hija no va a
to de Luis le sirve a la autora para de- estar en tu casa y su teléfono te va a dar ocupa-
sentrañar —y mostrarnos— los oscuros do. ¿Qué vas a hacer? Vas a querer ir a tu casa.
recodos de una pesadilla apócrifa: los Pero yo no te voy a dejar. Hasta que pagues».
secuestros virtuales. Lo elegí porque, El que habla es Luis. Tiene treinta y un
una vez que atravesó la instancia de años, una hija de nueve y usa anteojos. Hace
edición, se consiguió un texto honesto dos meses salió de la cárcel de Devoto después
y brutal pero a la vez efectivo, cuya de diez años de encierro. Tiene un jefe que le
virtud es la de no juzgar o subrayar la consiguió hace dos semanas un trabajo digno
tarea criminal del retratado, y, luego de de cinco mil pesos al mes como custodio. Supo
ganar su confianza, se destaca porque ganar cientos de miles en solo tres horas de des-
lo acompaña —lo guía— en el descenso gaste telefónico. Pero eso, dice, «ya es cosa del
hacia su infierno. Ana maneja muy bien pasado».
el diálogo y la observación sobre un
hombre que, aun estando preso, seguía
vulnerando la ley. 
L a teoría de los seis grados de separación
intenta demostrar que uno puede estar co-
nectado con cualquier otra persona del planeta
Pablo Perantuono a través de no más de cinco intermediarios. Está
bien, sí, se puede dudar de esto. Pero no hay
dudas de la pequeña distancia que existe entre y eclipsada por el miedo, la víctima aporta el
cualquier habitante de la ciudad de Buenos Ai- guion que los futuros secuestradores utilizarán
res y algún caso de secuestro virtual. Me pasó, para engañarla.
lo escuchaste, lo vivió. Tan famosos que están —En menos de tres minutos tenés la red
casi extintos; tan fáciles de realizar que, durante de comunicación de toda la familia. Mientras
más de siete años y desde la comodidad de una ocupás el teléfono de uno, llamás al otro y no lo
celda, supieron acabar con abultados ahorros en dejás cortar, nadie se comunica con nadie, vos
apenas minutos. los llevás de acá para allá.
¡Ring! ¡Ring! «Esta llamada proviene de —Sos un actor ahí. Te tenés que meter en
un servicio penitenciario». Dos opciones: po- el personaje.
dés cortar o podés quedarte a confirmar si es- —La persona cuando tiene miedo, hace lo
cuchaste bien. Claro, hoy es obvio que cortás, que le decís. Cuando mandábamos al cobrador,
ya todos estamos alertados, pero cuando Luis algún amigo de la comisaría treinta y uno, él lo
conoció ese establecido —aunque por entonces veía de lejos y nos contaba. Entonces nosotros
nuevo— método de engaño, todavía no existía le decíamos: «te estamos mirando, ¿eh? A ver,
la máquina que decía la procedencia del lla- rascáte la cabeza, tocáte el culo». ¡Y el tipo se
mado. tocaba el culo, no te estoy jodiendo! Pagaba y
—No había eso —cuenta Luis mien- seguíamos. «¡Dale, dale, corré media cuadra!
tras busca ubicación esquivando la sombra en ¡Tirá el celular ahora!». ¡Plaaaaa…! Y se ter-
una plaza de Lugano. Se detiene, mira al cielo minaba.
para empaparse de luz y sigue—: hasta el 2006 Luis se ríe nervioso. No espera aproba-
salían todas bien, después ya empezó a hacerlo ción. No cuenta las historias con orgullo,
cualquiera, se expandió tanto que incluso lo aunque a veces no puede contener la burla.
hacían de afuera. Porque, claro, desde el encierro él podía privar
Para realizar un secuestro virtual se debe de la libertad a cualquiera con solo un llamado.
seguir un breve instructivo: primero se elige Camina por la plaza, siempre parado, como
un barrio, por ejemplo Caballito, o un apellido alerta. Todavía no parece adaptarse completa-
cualquiera, por ejemplo, Monserrat. Monse- mente al afuera. Pasó un tercio de su vida a la
rrat, Claudio. Junto al nombre también está la sombra; para quienes contamos el tiempo en
dirección: Villafañe 220, tercer piso. La guía lo mundiales, tres de ellos los vio tras las rejas.
informa todo. Entonces la tarea se realiza de a ¿Cómo era posible hacer estas llamadas
dos: uno que disca y otro que toma nota. No se les interminables si en la cárcel son limitadas? Luis
puede escapar un detalle, se trata de repetir los introduce el término «chip biónico», algo que
pequeños datos que van obteniendo y llevar la por cien dólares le daba canilla libre telefóni-
charla como un suceso verosímil. «Buenos días, ca: le permitía pasar días enteros secuestrando
¿con quién tengo el gusto de hablar?», nueve mentes por la ciudad.
infalibles palabras que logran una respues- —Una vez, sin querer, llamé a la mamá
ta automática del otro lado. «Le hablo de la de un pibe que estaba en cana conmigo, un
Policía Federal, señora, habla el oficial Horacio conocido de toda la vida. Mientras la mina me
Rojo de Delitos Complejos en colaboración con tiraba la data me di cuenta. Le corté. Él nunca
el SAME». se enteró.
De ahí en adelante, la psicosis. Con esta metodología Luis y sus secua-
Paso uno: Luis se hace pasar por oficial ces podían romper chanchitos de hasta medio
de policía para informar el supuesto accidente millón de pesos a la distancia, como esa vez en
de un familiar. El objetivo: recabar datos. Paso que toda una familia de paraguayos, dueños de
dos: se «confiesa» que en realidad tal accidente un puesto de flores, se movilizó y consiguió el
no existió y que el ser querido en cuestión ha dinero para el rescate de un secuestro que solo
sido secuestrado. Paso tres: se cobra el rescate. existió en sus cabezas. Y en la de Luis, claro.​
En lo que dura una introducción tele- —¿Por qué se acabó?
fónica, Luis obtiene información de la familia, —Porque la gente dejó de creer. Cuando
del vehículo en el que se mueven, dónde traba- se estaba terminando la racha tuve suerte y en
jan, los números de celular. Sin darse cuenta, una me atendió un pibe de once años. Le dije
que el padre tenía un problema. Lo hice lla-
marme desde un celular y me lo llevé a él y a
la hermanita de la mano. Cruzaron la 9 de Julio
con seis mil dólares para ayudar al papá.
Esa vez Luis habló casi dos horas por Esa burocracia que
teléfono con el nene. Lo tranquilizaba y le ase-
guraba que el padre iría a verlo pronto. a tantos atrapa y
—Te encariñaste. asfixia, a Luis solo
—Me tuve que encariñar. Me hice de San
Lorenzo por ese pibe. le provoca sensación
La memoria emotiva no es patrimonio
exclusivo de aquellos que sueñan con un pú- de libertad. Libre
blico que aplauda de pie. Estos estafadores que
mienten cautiverio e imponen soluciones plan-
para inscribirse,
teaban consignas tanto a sus víctimas como a libre para aportar.
ellos mismos. Porque un error de acting podía
significar el fracaso de la credibilidad: el plan
arruinado por una comunicación abruptamente
concluida.
para ella —con la posibilidad de viajar un mes
a su país— y la condena casi cumplida para él.
E l botín lo repartían entre varios: el que lla-
maba, el que anotaba y apuntaba los de-
talles, el que arreglaba con el cobrador, el co-
Por las noches, sueños de libertad. Y amor.
¿Final feliz? No por ahora.
Hoy para Luis no hay más engaños tele-
brador y todos aquellos que se sumaban para fónicos. Tampoco señales de vida de Inga. A
cubrir la red que muchas veces iba creciendo a través de una mueca tierna y serena, recuerda
lo largo de la llamada. las diecisiete puñaladas que casi lo matan: «No
Los arreglos se hacían afuera. Luis te voy a decir que era un santo, me las merecía,
repartía su ganancia entre Karina, la mamá de era un hijo de puta». Lo que más le duele es la
su hija, y sus padres. No podía guardar ni aho- bomba de humo que tiró su esposa.
rrar nada de lo que obtenía con los secuestros —Me faltaban tres años para salir y es-
virtuales, pero pedía que le enviaran lo que taba feliz, enamorado, muy contento. Cuando
necesitaba «adentro no me faltaba nada», sos- ella desapareció ya no me importaba irme o
tiene. quedarme; me daba lo mismo. Aunque cuando
te falta un mes, directamente no podés dormir.

P aradójicamente, o no, Luis se enamoró a


través de un teléfono. Ese instrumento con

T
el que a tanto ser en libertad engañó, también le odavía no cobró su primer sueldo, el prime-
jugó una mala pasada durante su década perdida ro de toda su vida; antes tiene que terminar
en Devoto. Le faltaban solo tres años para salir con los trámites que lo convertirán en mono-
y fue entonces cuando Luis recibió diecisiete tributista, darse de alta en ingresos brutos y
puñaladas en una pelea. Terminó en el hospi- mandar a imprimir su talonario de facturas. Esa
tal. Ahí conoció a un tipo que le presentó por burocracia que a tantos atrapa y asfixia, a Luis
fotos a su compatriota Inga, una narcotraficante solo le provoca sensación de libertad. Libre
lituana que estaba presa en Ezeiza. Durante un para inscribirse, libre para aportar.
año y medio se comunicaron por teléfono y fi- —Cuando cobre mi primer sueldo, te pue-
nalmente, para poder verse las caras en persona, do invitar al cine. Elegí la película que quieras
decidieron pedir permiso y casarse. y vamos.
Inga y Luis se conocieron y contrajeron Me descoloca. No habla en serio. Disfruta
matrimonio el mismo día. la posibilidad de poder hacerlo. x
Dos años después, «buena conducta»
(Crítica literaria)

El cuento del gurú


Un ensayo de DANIELA CHUEKE
Ilustra BRENDA FAHEY

Me gustaría publicar muchas de


las notas escritas en este taller. Las
notas lisérgicas de Juan Moretti
y Hernán Barreda, las notas tan
narradas y trágicas de Sebastián
Villar, las sociales de Federico
Frau Barros, las insolentes de
¿P or qué un tipo con túnica, que
dice proceder de un lugar inu-
bicable en el mapa, que pro-
pone una verdad incomproba-
ble, carente de documentación
y, en ciertos casos, de todo saber socialmente
relevante, puede conquistar a miles de adultos
Pablo Nardi o las minuciosas educados? Es una pregunta que promete respon-
de Karina Ocampo, entre otras. der el documental Kumaré: the True Story of a
Elegí esta de Daniela Chueke False Prophet. Desde que debutó en 2012 en un
porque combina elementos muy festival de cine estadounidense, el film y su di-
Orsai: descubre una obra rara y rector, Vikram Gandhi, reavivaron el debate. En
fascinante, entrelaza la confidencia YouTube puede verse el tráiler y una serie de
y la reflexión, se interesa por las charlas donde el cineasta describe el proceso de
imposturas, termina la nota con creación de su película o, según se promueve,
menos certezas que al empezarla, y del experimento Kumaré.
todo sin tomarse nunca demasiado
en serio. Espero que tenga los
lectores que merece.
E n alguna red me topé con esta historia.
Cuando encontré al cineasta en una char-
la TedX terminó por seducirme. No solo es un
Gonzalo Garcés morocho alto, de camisita ultra cool, jeans no
achupinados, gestos de tímido-no-me-entero- riodistas para que podamos experimentarlo en
que-soy-lindo y oratoria impecable; además, carne propia. Seguramente la vivencia nos iba a
con la transparencia de un chico que confiesa predisponer para una cobertura amorosa sobre
su última travesura, nos cuenta cómo un día de- la gran movida que se venía. Aprendí un méto-
cidió disfrazarse de gurú y mudarse a Arizona. do de respiración antiestrés que me sugirieron
Años antes, el famoso experimento Milgram, promover y así contagiar de felicidad a más se-
expuesto en I como Ícaro, fue criticado con du- res y de este modo sumar mi granito de arena
reza por ocultar a los voluntarios que la meta para desterrar la violencia del planeta. Incluso
era medir su grado de obediencia a la autoridad. se lo impartieron a un exterrorista de Al Qaeda,
El experimento de Vikram Gandhi fue mucho que terminó por arrepentirse de sus crímenes.
peor: se propuso reclutar adeptos para una re- Todo es cuestión de sonreír más.
ligión falsa. Años antes había leído a Osho, que prego-
Como hijo de hindúes religiosos, Gan- naba algo similar. Ya muerto, el gurú de las mo-
dhi contaba con el physique du rôle y la parla delos —como lo llamó Alejandro Rozitchner—
precisa para crear un «manochanta». Pretendía me resultó un guía funcional a los padeceres de
demostrar que es muy fácil para cualquier pibe adolescentes tardíos y de fóbicos al compromi-
de barrio hacerse pasar por iluminado. Planteo so. En sus libros, que fueron traducidos a más
cautivante para todos los que alguna vez nos de cincuenta idiomas, Osho predicaba el amor
preguntamos de qué la juegan figuras como Sri libre. Cuando algunos de sus seguidores provo-
Sri Ravi Shankar, Osho, o Sai Baba. No voy a caron el primer ataque bioterrorista en Estados
narrar aquí mi zigzagueante (pero no infructuo- Unidos, Osho fue deportado a la India. Sus se-
sa) búsqueda espiritual; lo cierto es que entre guidores afirman que murió envenenado por los
las ganas de creer en mensajes del más allá y servicios de inteligencia.
el intelecto que me confronta con mi existen- Tanto Shankar como Osho deben crédi-
cia terrenal, siempre elegí lo segundo. Nunca to a su gran inspirador: el Maharishi Mahesh
pude alinearme —no incondicionalmente— Yogui. También oriundo de la India, el maestro
con ninguna comunidad instituida alrededor de diseñó una técnica de meditación a la que lla-
una supuesta santidad. Y sin embargo, tampoco mó trascendental. En los años sesenta la llevó
dudé en aceptar la invitación a conocer a Sri Sri a Estados Unidos y a Europa, donde sedujo a
Ravi Shankar, cuando estuvo en la Argentina en Mia Farrow y a los Beatles. Cuando Maharishi
2012. Casualmente, por esos mismos días se es- murió en 2009, a los noventa años, era el gurú
trenaba en Estados Unidos Kumaré. de las celebrities: también Steve Jobs y Nacha
Guevara, pionera del método en la Argentina,
se cuentan entre sus admiradores.
NINGÚN GURÚ ES SAGRADO En cuanto a Kumaré, no menciona a los
citados. Pero muestra a otros que declaran lo
Unas palabras sobre Ravi Shankar. Es homóni- que para ellos significa ser un gurú. Está el que
mo del músico indio y padre de Norah Jones, defiende la intimidad sexual entre maestros y
dato importante, ya que al buscar al gurú en seguidores; está el que se describe a sí mismo
Google podés, en el mejor de los casos, des- como único nexo entre sus discípulos y la di-
cubrir a esta cantante magnífica. En los treinta vinidad. Algún discípulo explica que su acceso
años que lleva de gira por el mundo, su ONG a todos los secretos de la consciencia universal
«Arte de vivir» se convirtió en la mayor del se produjo cuando su mentor le apoyó el dedo
mundo. Tiene veinte millones de seguidores en el entrecejo. El documental no juzga actos
en más de ciento cincuenta países. Shankar fue ni filosofías; ni siquiera indaga si las enseñan-
nominado tres veces al Nobel de la paz. El año zas que pregonan estos gurúes son coherentes
pasado, su evento «Argentina respira», un fes- con sus vidas privadas. La impresión, según el
tival de meditación, atrajo a más de ciento cin- mismo Gandhi explica, es que todos son fal-
cuenta mil seguidores. Antes de su llegada yo sos y que nadie realmente los necesita. Lo cual
también participé en uno de sus cursos, que se vuelve todavía más chocante el final imprevis-
nos ofreció en exclusividad a un grupo de pe- to de su film.
NO SOY QUIEN ¿A QUIÉN ENGAÑA?
USTEDES CREEN QUE SOY
Durante todo el film se mantiene una intriga:
«El yoga —explica Gandhi en el documen- ¿cómo reaccionarán sus seguidores cuando se-
tal— se ha transformado en la respuesta a to- pan que les vendieron humo? ¿Se largarán a
dos nuestros problemas en Occidente y en una llorar? ¿Lo cagarán a trompadas? ¿Lo deman-
industria de cinco mil millones de dólares al darán? Cuando finalmente Gandhi les revela su
año. Estados Unidos está abrazando la misma verdadera identidad, solo cuatro de los catorce
tradición que yo trato de esquivar». Pero tam- adeptos se ofenden. La mayoría, al contrario,
bién en la India percibió que la mayoría —si no sigue agradecida por las enseñanzas. Es más,
todos— de los maestros espirituales que entre- logran llevar a cabo los planes que se habían
vistaba eran farsantes. Esta certeza lo conven- propuesto, o al menos así se informa en los cré-
ció de ponerse en la piel de un falso profeta. ditos finales.
Quería comprobar su hipótesis y dejar registro Una explicación para este final insólito
de sus resultados en un documental. Al volver estaría en el concepto de la disonancia cogni-
a Estados Unidos se dejó crecer el pelo y la tiva: según este modelo de la psicología social,
barba, adoptó el acento indio de su abuela y se cuando las teorías fallan la gente se inclina por
convirtió en un gurú falso. buscar justificativos que sostengan la estructura
Inventó sus propios movimientos de yoga. explicativa sin que la hipótesis principal se des-
Inventó el u-a-ié —un mantra propio, de notable morone. Otra explicación: Gandhi es víctima
parecido gráfico al símbolo del om—, una téc- de su propia trampa. En su afán por revelar el
nica de meditación basada en la visualización truco del mago, termina por entender que en de-
de una luz azul y un set de mensajes motivado- finitiva un maestro es quien se dispone con ge-
res que surgió de la traducción al sánscrito de nerosidad para quien lo escucha. Es aquel que
dos conocidos eslóganes publicitarios «Just do nos permite proyectar sobre su imagen nuestras
it» (Nike) y «Be all you can be» (Ejército de los propias verdades interiores.
Estados Unidos). Compuso así su propia pseu- Ninguna de las dos explicaciones me
dofilosofía y la hizo accesible al mundo desde convence. Sin desmerecer este notable trabajo
su sitio web. Ya podía lanzarse a conquistar el artístico y su producción, creo que el gran des-
mercado de productos y servicios espirituales concertado termina siendo el espectador. Pero
de quince millones de consumidores en Estados no cualquier espectador, porque aquellos que
Unidos. De túnica naranja, descalzo y portando busquen disfrutar de una peli con buena foto-
su tridente con el símbolo del u-a-ié, Gandhi se grafía, lindos paisajes, vestuario impactante y
mudó a Phoenix, Arizona. hasta chicas bien torneadas elongando en asa-
Momentos inefables que captura el do- nas dignas del Kamasutra, sin dudas se darán
cumental: conversaciones íntimas. Miradas de por satisfechos. Me refiero a aquellos que que-
adoración. Gestos de respeto. A medida que los damos atrapados en las expectativas propias del
discípulos pierden pudor para develar dolor y formato documental y en su gran promesa: es-
dudas, se acrecienta la creencia en los superpo- clarecer la mecánica detrás del gurú. Esto no se
deres del gurú. Finalmente, Gandhi queda atra- devela nunca. Finalmente te das cuenta de que
pado en su propio experimento: esa conexión las conclusiones en verdad sirven para defender
profunda que muestra el documental, reconoce, cualquier postura o su contrario. Porque su ra-
fue lo más real que le pasó en la vida. «Cuan- zonamiento es circular: no necesitamos gurúes
do estaba en ese círculo con todos tomados de ya que todos son falsos, pero resulta que aunque
las manos —dice— me di cuenta de que en ese sean falsos sus enseñanzas nos sirven, así que
poco tiempo como Kumaré me había conectado no importa que sean falsos, porque en verdad
más profundamente con la gente que en toda mi nosotros somos nuestro propio gurú y todas las
vida como Vikram». respuestas las tenemos en nuestro interior… En
palabras de cuatro famosos discípulos: Help! x
(Literatura)

Carne cruda
Un relato de GONZALO GERARDIN
Ilustra JUAN CRUZ BALIAN

S
i yo le cuento capaz que usted me en-
tiende. Maneje tranquilo, no lo quie-
ro distraer, usted escúcheme nomás y
maneje que apurada no estoy. Una a
esta edad acepta lo que viene, despa-
cito, una cosa a la vez. Ya se pasaron las épocas
de planificar a largo plazo. Hay que disfrutar de
los pequeños placeres que quedan. ¿Le molesta
si abro la ventanilla? Gracias. Estas manijas son
un poco duras pero ahí está, un poquito nomás,
para que entre el aire fresco. Está linda la noche.
¿Usted lo conoció a mi Eugenio? Perso-
nalmente, quiero decir. Los soldados rasos no
lo conocen más que de vista pero veo que usted
es un oficial. Capaz alguna vez tuvo el gusto

A cá va un pedazo de violencia
argentina. La mujer de un
militar cuenta su historia. Elijo
de cenar con él. Se acordaría por ese ruido que
hacía siempre al masticar, especialmente el asa-
do. Le gustaba jugoso, casi crudo, un espanto.
este cuento porque pasaron meses Y lo masticaba con la boca un poco abierta y
desde que Juan lo leyó en el taller eso que era más bien un hombre de boca ce-
y todavía me queda sonando la voz rrada. Hablaba poco aunque tenía una ternura
de esa mujer como si yo fuera el ahí, como escondida, que yo a veces lograba
chofer a quien ella le habla. Todos sacarle. Como la vez que nos conocimos. Me
los otros participantes del taller lo presentó mi tía en una cena allá en Las Vio-
merecen también este espacio. El letas, ella era amiga de no me acuerdo yo qué
grupo de escritura de ficción que se brigadier y por esos años cualquier tertulia era
armó en Orsai es indetenible. No buena para buscar un pretendiente. No se asuste
dejen de pasar por la página «Que que no voy a entrar en detalles, si le cuento esto
no te falle el verosímil» donde van ahora es para que me entienda y porque charlar
apareciendo grandes cuentos de ese se puede charlar con cualquiera, pero lograr que
grupo de dementes, ilustrados por a una la escuchen, no, qué esperanza.
dibujantes del taller de Miguel Rep. La cuestión es que ese día él cayó todo
uniformado, una pinturita. Me lo presentaron al
borde mismo de la mesa, antes de sentarnos, y
apenas le dijeron mi nombre se apuró a besar-
Pedro Mairal me la mano y me corrió la silla. Imagínese la
impresión que me causó a mí que no vengo jus-
tamente de cuna alta. Mi padre era inmigrante
y mi familia se hizo desde abajo, trabajando,
primero en el puerto y después con una carnice-
ría que empezó a funcionar cada vez mejor, así,
hasta que bueno, para cuando a nosotros nos los mozos nos atendieron bien. Y mire cómo
presentaron yo ya vestía alguna que otra cosi- nos lleva todo a lo mismo que fue ahí cuando
ta bien elegida, unas perlas auténticas que eran me propuso tener un hijo.
mi regalo de quince. Y él ahí, tan imponente, ¿Sería tan amable de darme un cigarrillo?
tan caballero corriéndome la silla a mí. Dígame Hace añares que no fumo… gracias. ¿Fuego?
dónde encuentra a un joven así en estos días, ya Ahí está, gracias. Le decía, ahí me propuso lo
no quedan, y en ese entonces tampoco era tan de tener un hijo y yo no recuerdo una felicidad
fácil. ¿Qué pasaron? ¿Veinte años, veinticinco? tan grande como la de ese día. Me dijo que to-
Mire, ya perdí la cuenta. davía teníamos menos de cuarenta y que aho-
Nos enamoramos casi al instante, no íba- ra el país estaba mejor y que su carrera iba en
mos a andar con vueltas. Y usted sabe, cuando franco ascenso. Hicimos planes de mudarnos a
uno se enamoraba entonces se casaba y se com- un departamento más grande, sobre Libertador,
praba una casa. Todo pagado con el trabajo de seguro vamos a pasar por la puerta así que se lo
él, a mí nunca me pidió que mueva un pelo. muestro también. Yo le dije que sí a todo, por-
Vivimos bien varios años. A mí me moles- que en el fondo siempre fui una niña. Volvimos
taba que hiciera eso del ruido y la carne cruda. a casa y bueno, ocho meses después estábamos
Como la carnicería de mi padre era ya un frigo- corriendo al hospital. Esa fue una experiencia
rífico, todas las semanas llegaba un camioncito que no me olvido. Los gritos, las contracciones,
repleto de cortes para elegir que él iba y selec- la partera, como si fuera hoy. Ni siquiera tuvi-
cionaba personalmente. Y cuando entraba a la mos tiempo de ir al Hospital Militar, a duras
casa llamaba a mi padre para agradecerle y de- penas llegué consciente al Fernández porque
cirle que no era necesario y que viniera a comer Julito se empezó a anunciar cuando estábamos
un asado pronto. Mi padre encantado venía y yo en lo de mi tía que vive ahí por Coronel Díaz.
los tenía que ver, le digo, no era tanto la mas- Fue tanto el esfuerzo que me desmayé. No lo vi
ticación sino que después le quedaban fibras a mi bebé hasta varias horas después. Cuando
metidas entre las muelas y se la pasaba toda la lo conocí ya estaba limpio, no lloraba, era un
sobremesa rebuscando con la lengua para sa- primor. ¿Usted es padre? No entiende la ilusión,
cársela. No lo iba a encontrar nunca usando un el amor que a una le crece. Es como si de un
escarbadientes, eso ni loco. Pero sí podía ver el día para el otro supiera que no hay nada más
bulto que se le hacía en los cachetes yendo y importante que la criatura esa que tiene en bra-
viniendo, frunciéndosele el entrecejo cuando se zos y cuesta creer que hasta ayer nomás estaba
esforzaba por llegar a un lugar particularmen- adentro de la panza, todo entero ya, con pelitos
te difícil. Y como siempre fue flaco, así medio en la cabeza todavía blanda.
chupado, se le notaba el doble. Mi padre hacía Pasaron los años y para mí fue como si no
lo mismo, pero él era más bien rellenito y no se pasara nada. Mi marido iba y venía, cada vez
le notaba tanto. Una aprende a vivir con esas más serio. Ascender, ascendió. Eso no se puede
cosas. Conseguir un buen marido, alguien tan negar. Fue necesario cuando estalló la guerra.
bien posicionado en la Fuerza, no es algo para Ahí me preocupé, pero como a él no lo manda-
despreciar por culpa de una maña tan triste pero ban al frente y Julito tenía cuatro años la ver-
tan humana. dad es que no me quedaba tiempo para mucho.
Abro un poquito más si no le molesta. En- Empezamos a vernos poco, lo sentía entrar y
tra rico el viento de noche, hacía tiempo que salir cada tanto, llegaba cansado y apenas co-
no teníamos un invierno tan indulgente. ¡Mire, mía. Llegaba él y era un poco como si llegara
esa pizzería todavía existe! Nunca se lo hubiera el mundo de afuera, porque en la casa se vivía
imaginado, pero nosotros fuimos a comer ahí otra historia. Usted se preguntará si yo no salía,
una vez también. Para ese entonces él ya era si no tenía amigas y claro, sí, pero con ellas una
bastante conocido, no le digo como el Presi- no hablaba de política ni de la guerra. Si cuan-
dente, pero bastante. Lo hicimos casi como una do terminó casi no me di cuenta. Lo único que
aventura, todavía éramos jóvenes, no se imagi- cambió fue que él empezó a estar más seguido,
na las caras cuando entramos. Hubo un par que a pasar más tiempo con nosotros. Siempre con
se levantaron y se fueron, así de intolerante es la nosotros, casi nunca solo con Julito. Parecía
gente con los que no piensan como ellos. Pero que se olvidaba del hijo cada tanto, literalmente
se le olvidaba. Yo no le daba importancia, era Vino tarde. Me dijo que había estado con
su carácter. Es cierto que ya no era el muchacho ustedes, hablando, recordando las viejas épo-
tierno de Las Violetas exagerando las cortesías cas. Se sacó el gabán y lo dejó arriba de la silla.
y con el uniforme pintadito, si hasta ya empeza- Fue hasta la heladera, se sirvió un pedazo de
ba a echar una barriga redonda que no le coin- carne al horno y empezó a comerlo frío como
cidía con el cuerpo alto y flaco, pero cada vez estaba. Sentado en la cocina, descalzo, tomando
se ponía más, cómo decirle, huraño. A mí no me vino y masticando con la boca abierta. El ruido
molestaba. Me dejaba ser. una y otra vez, como un chasquido. Entonces
Ah, mire qué cosa, la muchacha de la lim- fui y le pregunté. Le mostré la carta y le pedí
pieza tiene llave y no alcancé a decirle que no que me ayude a entrar en razón a Julito que
venga. Pobre. Viene del norte ella, de ver a la se nos había ido de las manos, no sé cómo ni
familia, me dijo que llegaba a esta hora, como cuándo. La leyó tranquilo. Después la dejó en
para dormir en casa porque a mí me gusta que la mesa. «Tiene razón» dijo y siguió comiendo.
los lunes empiece a trabajar temprano. Se va a Como si no le importara nada. Yo casi me des-
encontrar con tanta gente… qué se le va a ha- mayo, imagínese, me tuve que sentar. Entonces
cer. Las cosas por las que me preocupo ahora, él dejó de comer pero empezó a rebuscar con la
qué vergüenza. En fin, le decía, se terminó la lengua los pedacitos de carne triturada que se
guerra y todo empezó a declinar de a poco. A le habían incrustado entre los dientes, y mien-
él le recortaron el sueldo, tuvimos que vender tras tanto me contó que el día del parto yo me
la casa de fin de semana. Después se lo recor- desmayé y que el nene nació muerto. Me dijo
taron otra vez y ahí nos tuvimos que mudar a que en ese momento no supo cómo decirme la
este departamento que usted conoció, y que es verdad porque yo estaba tan ilusionada que me
más chico, pero bueno, Julito pudo crecer bien hubiera partido el corazón, si no fuera porque
ahí. Un poquito más ajustados, pero a él no le entonces le llegó el dato de un bebé que había
faltó nada. Fue a la mejor escuela, consiguió las quedado huérfano, ahí nomás se lo habían sa-
mejores notas y por eso ahora está estudiando cado justo a tiempo a una jovencita que había
en el exterior. caído en un enfrentamiento. No sabía si tenía
Ay, siempre es tan agradable salir de la padre, pero si lo tenía seguro andaba prófugo.
ciudad. Cambia el aire, y las luces no te ato- Entonces pensó que lo mejor era quedárnoslo,
sigan los ojos. Mire, ¿me convida otro ciga- y cuando me desperté me lo dio y me dijo que
rrillo? ¿No es un abuso, no? Gracias. El fuego era mío. Me acuerdo, «es tuyo» dijo.
de nuevo. Ahí, bien. Yo no digo que Julito sea Ah, ya llegamos. Mire lo que son estos
un desagradecido, no, siempre tuvo su carácter árboles, que entrada más bonita. Una sola vez
también y está claro que lo heredó del padre. vine hasta acá, para una ceremonia cuando lo
Pero cuando escribió esa carta desde Berlín se nombraron coronel. En fin. ¿Qué le voy a decir?
ve que estaba contrariado. Bueno, habrá estado Acortemos la historia. Hice lo que debía. Lo
furioso. Y es comprensible. Decía cosas muy que la situación demandaba. Si no había hijo,
fuertes en la carta. Que no iba a volver decía, no había marido, no había nada. Yo quería vivir
y claro. Porque no era nuestro hijo decía, y ahí una vida pero no cualquier vida. Quería criar a
yo casi me muero. Explicaba largo y tendido mi hijo y el tipo este me encajó a un huerfanito
que había encontrado con ayuda de una gente la de sangre sucia como a una nena a la que le
historia sobre su vida, que nosotros le habíamos compran otro perro porque se le perdió el pri-
mentido. Mi hijo, mi propio hijo me decía que mero y le dicen que lo encontraron y que es el
yo le había mentido, criatura. mismo. ¿Cómo piensa que me lo voy a tomar?
Por supuesto que no le creí. A quién se le Veintitrés años me mintieron, mire cómo recu-
puede ocurrir semejante barbaridad, semejante peré la cuenta. No, si yo memoria tengo. Lo que
locura. Como si no hubiera estado yo en el hos- pasa es que piensan que una es tarada. Ya me
pital gritando de dolor el día que nació. Esas bajo, ya me bajo, le termino el asunto acá: usé
ideas se las habrían metido en la cabeza la gente una pistola de él, la que guardaba en el cajón
con la que se juntaba en la universidad, pero del estudio. La tenía siempre cargada. Por las
yo le iba a explicar. Decidí esperarlo a Eugenio dudas que pase algo. x
para que me ayude.
(Crónica narrativa)

Pancho el
sobreviviente
Una crónica de TOM WICHTER
Ilustra GUILLERMO ORTIZ
E
stoy acostumbrado a acompañar a mi
abuelo a sus charlas sobre el Holo-
causto. Lo vengo haciendo desde que
tengo memoria. Prolijamente abrocha-
do, interlineado doble y letra dieciséis, Pancho
lleva su discurso en un sobre color madera que
no suelta durante todo el evento. Lo lleva en su
mano izquierda porque la otra la usa para estre-

E n abril, cuando empezó el taller,


pedí a los chicos que mandaran los
sumarios con los temas sobre los que
charla a sus fanáticos: personas de tercera edad,
o en vísperas de serlo, que durante la exposición
acompañan sus palabras con el ceño fruncido y
querían trabajar en profundidad a lo largo asintiendo con la cabeza. Algunos, los más cho-
del trimestre, y de todas las salvedades lulos y emocionados, lo saludan personalmen-
que hice hubo una que ahora tiene sentido te: lo felicitan por su valentía, le agradecen el
mencionar: pedí que no propusieran «la heroísmo. Pancho suele adivinar los elogios en
historia de la abuela» —todos tenemos a la expresión de sus rostros. Porque conoce el
mano un abuelo con algo para contar— paño y porque desde hace unos años, aunque no
y que apostaran a relatos con mayor lo admita, ya no escucha como antes.
ambición periodística. Algunos días Más allá de esto hubo una vez, en 2012, en
después, con la cola entre las patas, Tom el que todo este folclore reiterado en los distin-
Wichter me mandó un sumario y encabezó tos homenajes se vio interrumpido por un hecho
el mail con la siguiente frase: «Todo lo inédito. Fue en el club Hebraica. En uno de los
que pediste o sugeriste encajó con mi idea, tantos reconocimientos de la comunidad judía,
salvo un ítem: “No me manden la historia mi abuelo se sentó entre Daniel Rafecas y Max
de su abuela”. Aunque me tengo fe igual». Berliner. El primero era juez federal, reconocido
Con esta apuesta comenzó el trabajo sobre en el ambiente de las instituciones judías por sus
una historia a la que —Tom tenía razón— estudios académicos sobre el Holocausto, la dis-
valió la pena ponerle fichas. En «Pancho, criminación y los Derechos Humanos. El otro era
el sobreviviente» Tom habla de su abuelo, un actor que entonces tenía noventa y tres años
Francisco Wichter, el único argentino que y hacía teatro desde los cinco. Desde hacía un
estuvo en la lista de Schindler y un hombre tiempo el país se había encariñado con él cuando
cuya vida pública y mediática dio un vuelco la televisión lo había mostrado colgado de un pa-
luego del estreno de la película de Steven samanos en una publicidad de un remedio contra
Spielberg. Y lo hace —y esto probablemente el reuma; y por esa persistente simpatía ese día
sea lo más interesante— desde un punto de en Hebraica estaba por recibir un premio.
vista que difícilmente pueda encontrarse Pancho, mi abuelo, conocía la trayectoria
en otro texto sobre víctimas del Holocausto de Berliner pero sabía muy bien que el lobby
o de cualquier otra tragedia social. Tom iba por otro lado. Mientras yo insistía en foto-
habla de su abuelo con ternura pero a la grafiar a mi abuelo con el cómico, Pancho le
vez con una gran incorrección política, metía fichas a Rafecas. Preparaba el terreno
y trata de entender, mediante un relato para encararlo al final del evento. Quería rega-
familiar que recuerda por momentos a las larle un libro. Su libro.
películas de Ana Katz, qué complejidades Lo logró. Pancho habló unos minutos con
rondan la cabeza de un sobreviviente. Rafecas, y cuando el monólogo no daba para
¿Es posible «comer» de la tragedia? Lo más sacó un tarjetero de metal que yo nunca
que sigue es el incómodo relato de una había visto y le entregó una tarjeta. De todo lo
búsqueda, y acaso también una respuesta. que había sucedido en ese evento, Berliner y
el tarjetero habían sido lo novedoso. Bastante
adrenalina para lo que suele ser un homenaje a
Josefina Licitra un sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial.
Nos fuimos. Pancho también, pero al menos no a los ojos.
Ni bien llegáramos a su casa, dijo Pancho Él es el principal cómplice de esos banquetes
en el taxi de regreso, él le firmaría a Rafecas un de mediodía que me dejan drogado. Desde que
ejemplar de su libro y yo sería el responsable de ella apoya los platos frente a mí, él no se aleja
que llegara a manos del juez. Entendido. Pero más que los tres metros que separan a la mesa de
mientras Pancho me dictaba una y otra vez esas la esponja y el detergente. Su misión es que no
sencillas instrucciones, mi cabeza rebobinaba la pase más de un minuto entre mi último ñoqui y
escena en la que su mano arrugada le extendía el retiro de platos, fuente, cubiertos y vaso.
una tarjeta a Rafecas. Hasta ese momento co- Los dejo hacer. Rituales como estos so-
nocía muchas cosas de mi abuelo: su historia, bran en ese departamento de Villa Crespo.
su libro, su familia, sus estrategias para jugar Para dormir la siesta, para jugar al burako, o
burako, sus silencios, su lenguaje gestual. Pero para discutir en idish o castellano siempre hay
nunca había visto su tarjeta personal, esa especie que seguir una norma del hogar. Hinda y Pan-
de credencial que él evidentemente entregaba a cho responden fanáticamente al estereotipo de
intendentes, dirigentes, gobernadores, presiden- la pareja de abuelos judíos. Él obsesivo, ella
tes (Fernando De La Rua, Néstor Kirchner) y culposa. Él lector, ella atenta todas las tardes al
viejos cholulos. Todos se habían llevado una programa de Jorge Rial.
primera impresión de mi abuelo a través de una —Chismes y más chismes que no intere-
tarjeta que yo no había visto jamás. Intuí que ese san —se queja Pancho con su gesto más clási-
papel escondía una revelación. co: la mano abierta barriendo el aire de arriba
No me equivoqué. Cuando mis abuelos y hacia abajo, como si espantara la mosca de la
yo entramos al departamento, Pancho se fue a frivolidad.
poner sus pantuflas y mi abuela se fue a buscar El departamento también cumple con la es-
la torta que venía prometiendo desde el taxi de cenografía de hogar judío que tan bien se repre-
ida. Por su carácter obsesivo, aun sin saber si lo sentó en la tira Graduados. Repleto de cuadros
había guardado y mucho menos en dónde, abrí levemente torcidos, manteles opacos y sillones
el cajón en el que suponía que mi abuelo coloca- de cuero con cobertores, el living-comedor no
ba el tarjetero. Ahí estaba. exhibe más símbolos religiosos que un par de
Tomé la caja metálica, saqué una tarjeta y candelabros, uno vacío y otro con velas de sha-
—sin imaginarlo— quedé de cara al relato que bat sin estrenar. Un mueble extiende tres metros
mi abuelo había generado en torno a su pasado. de portarretratos con fotos de la familia. Desde
En el cartón no decía «abuelo», ni «jubilado», ni la mamá de Pancho hasta sus siete bisnietos y
«presidente de la asociación de víctimas del Ho- los nietos con sus parejas. Solo faltamos un pri-
locausto». En su lugar decía: «Francisco Wich- mo —casado pero sin hijos— y yo, el soltero.
ter, Sobreviviente de la Lista de Schindler». En el medio de esa línea del tiempo foto-
Así se presenta mi abuelo ante el mundo. gráfica descansa lo que ellos llaman «los premios
de Pancho». «Al señor Francisco Wichter, único
sobreviviente de la lista de Schindler en Argen-

A los dos días del descubrimiento de esa tar-


jeta fui a almorzar a su casa. Como siempre
que los visito, mi desayuno fue liviano porque
tina», se lee en una bandeja con madera tallada
que firma la Cámara de Diputados de la Provin-
cia de Salta. También aparecen «premios» de la
sé que el desafío gastronómico suele ser exigen- Universidad del Litoral, AMIA, Comunidad Ju-
te. Una plancha de ravioles y un bife. Tallarines día de Mendoza. Los miro. Mi «premio» favorito
caseros y una pechuga de pollo. Una fuente de es una medalla del Concejo Deliberante de Mar
ñoquis y tres milanesas. Para Hinda, mi abuela, del Plata con una ola de mar dibujada en el dorso.
la carne es apenas una guarnición. Más cuando El que más me choca es uno de un Liceo Militar
me quiere alimentar a mí. que dice: «Orden, disciplina, perfección».
Con su acento idish y arrastrando la «erre» De eso mi abuelo ya tuvo bastante.
como únicos síntomas de inmigración, Hinda
me pasea por su triángulo de preocupaciones:
mi trabajo, sus dolores, algún bisnieto. Mien-
tras lo hace, y yo como, mi abuela me mira fijo. L a historia política de mi abuelo empezó en
1943. Ese año, Francisco, quien en ese mo-
mento se llamaba Faivel, decidió entrar a Bud- Allí conoció a la prima de su amigo. Era
zin, uno de los tantos campos de concentración Hinda, otra sobreviviente.
que había conocido. Allí se sentía más seguro
que escondido en los bosques polacos —si lo
encontraban el fusilamiento estaba garantiza-
do— y más a salvo que en Poniatov, un campo
con detenidos bien alimentados, jardín de infan-
E n algunos aspectos, el final de la guerra fue
tan caótico como su desarrollo. Los sobrevi-
vientes del Holocausto deambularon por Europa
tes y conciertos para los presos que intuyó que escapando de violaciones del ejército soviético,
era una trampa (y tenía razón). milicias nacionalistas polacas y acciones civiles
En Budzin la policía interna —y judía— de quienes no querían devolver las casas confis-
del campo rápidamente le asignó un rol: hom- cadas a dueños judíos.
bre de reserva. Cada vez que se escapaba un A esas persecuciones —que siguieron
«obrero», la orden del comandante nazi era fu- incluso luego de la rendición nazi— en la jer-
silar a otros diez en castigo. Entonces, cuando ga paisana se las llama «pogrom»: un término
se producía una fuga, Francisco se sumaba a las ruso que significa «devastación» y que refiere
filas de prisioneros para que el recuento diera el al linchamiento y ataque masivo sobre un grupo
mismo número que en la jornada anterior. Mien- social por razones étnicas o religiosas. El po-
tras tanto, era ocultado en un calabozo oscuro grom contra los judíos ya había sido un clási-
junto con otros compañeros que habían llegado co de siglos anteriores, y a mediados del siglo
allí por distintos delitos considerados «graves», veinte reencarnó con la misma excusa: un grupo
como ingresar comida al campo. Se fue suman- de agitadores largó el rumor de que las decenas
do gente al calabozo hasta llegar a once. de sobrevivientes que deambulaban en Rzeszov
Hasta que una tarde les ordenaron salir. habían matado a un niño cristiano y habían usa-
Diez personas salieron ansiosas del encierro, do su sangre para elaborar pan ácimo.
pero Faivel se quedó. Ni hoy sabe por qué lo Para escapar de las piedras y los palos de
hizo. En la oscuridad nadie se dio cuenta de que uno de esos pogroms, Hinda y un grupo de cin-
alguien permanecía allí dentro. La puerta se cerró cuenta sobrevivientes de la guerra se subieron a
y no pasó un gramo más de comida. Al tercer día un tren rumbo a Cracovia. La primera parada del
se acercó al único cono de claridad de la celda y tren fue Tarnov, y allí fue detenido el contingen-
observó un caño y tres llaves. Por instinto, por te. Los retuvieron en un galpón, e Hinda ocupó
hacer algo, se puso en puntas de pie y giró dos el único banquito que había en el lugar. Se puso
llaves antes de que su debilidad lo arrojara al sue- a charlar con una sobreviviente de Auschwitz, el
lo. Al mediodía siguiente la puerta se abrió y aso- campo de concentración más famoso del Holo-
maron dos plomeros y un policía judío. Alguien causto. Entraron en confianza y después de un
había abierto una llave que no debía y la cloaca rato Hinda le ofreció el asiento. La otra mujer
del campo desbordaba. Eso le contaron a Faivel. aceptó. De puro chusma, un miliciano polaco
Eso y lo otro: sus diez compañeros habían sido que custodiaba el grupo se acercó a escuchar de
fusilados un par de horas después de la salida del qué hablaban las dos chicas, y por accidente se le
calabozo. Un judío se había fugado del campo. disparó el fusil. La del asiento murió en el acto.
Gracias a varias casualidades como estas, Hinda ya había esquivado la muerte otras
los últimos meses de la guerra encontraron a veces. Nunca había estado en un campo de con-
Faivel vivo y en una atípica fábrica en Checoslo- centración porque sus rasgos físicos la hacían pa-
vaquia. Allí, un empresario alemán se dedicaba recer aria y de esa manera había conseguido un
a salvar judíos. Faivel estuvo entre ellos. Ter- documento falso. Así, había soportado la guerra
minada la guerra, sin casa y sin familia —como trabajando de empleada doméstica en hogares
casi todos—, deambuló por varios campos de que la sospechaban judía, hasta que un día esca-
refugiados y se acercó a instituciones que lleva- pó porque sus empleadores la habían denuncia-
ban sobrevivientes a la entonces Palestina. Pero do. Finalizada la guerra, quiso volver a su casa.
Faivel se abrió de ese camino porque la opción Pero en su antiguo hogar no encontró más que
no le parecía segura. Así fue que se hizo amigo amenazas de muerte y así fue que desde entonces
de un judío que también intentaba empezar de inició su vida de refugiada como cualquier otro
nuevo, y con él un día llegó a Italia. sobreviviente. En ese camino, la casualidad la
cruzó con un primo y gracias a él conoció a Fai- hecho fue motivo suficiente para que mi viejo
vel, con quien se casó en abril de 1947 en Roma. se agarrara la cabeza.
Reconstruyeron sus vidas con dos hijos, Claro mi abuelo tuvo apariciones en la
seis nietos y siete bisnietos. prensa mucho más felices que aquella. Después
Y una épica para contar. de años de esconder su historia, Pancho empezó
a sentirse reconocido como nunca en su vida,
así fuera a través de un dibujo de Rep en Pá-

M edio siglo después, en la década de 1990,


mi abuelo aprendió a contar su historia y
cada vez más gente empezó a querer escuchar-
gina/12 o en el zoológico que inventó Mauro
Viale. «Digan lo que digan, Schindler se portó
bien» tituló El Cronista. «Schindler´s List sur-
la. Noté eso a los diez u once años, una noche vivor tells family tale» se leyó en el Buenos Ai-
en mi casa de Bahía Blanca, cuando minutos res Herald. «No existió la suerte ni el heroísmo,
antes de la cena familiar alguien encendió la solo las circunstancias me salvaron» publicó
tele. Seguramente mis viejos querían ver Tele- La Capital de Mar del Plata. «El hombre que
noche y yo otra cosa, no lo recuerdo, pero sí se salvó por la lista de Schindler» lo presentó
puedo asegurar cierto clima de rutina hasta que La Nación. Paseó por todas las redacciones de
en el medio de un zapping mi viejo se agarró la Buenos Aires y fue personaje de tapa en varios
cabeza con las dos manos. diarios del interior que aprovecharon su visita.
Todos acompañamos el susto con los ojos Estuvo en decenas de programas de radio y te-
clavados en la pantalla. Pancho era dueño del levisión, a veces junto a su amiga Emilie Schin-
primer plano. No miraba a cámara, seguramente dler, y empezó a construir un legado. Así como
no sabía que lo estaban filmando ya que todavía el relato familiar —una historia de persecucio-
estaba detrás de escena. Mientras lo ponchaban, nes y asesinatos— fue el legado de su madre
la voz de Mauro Viale anticipaba una entrevista hacia él, el de él hacia el mundo sería la edición
exclusiva con el único sobreviviente argentino de un libro y una carpeta azul. En ella hoy guar-
de la fábrica de Oskar Schindler. da todas sus apariciones en prensa gráfica.
Esa sería la época de mayor exposición de No sabe a quién dejársela.
mi abuelo, y coincidía con la de Samantha Farjat
y Natalia Denegri, figuras de una década com-
plicada de la televisión argentina. Mucho ruido
y poca ropa, Samantha y Natalia se hicieron po-
pulares en 1996 a partir del caso Coppola —re-
—E staba muy contento por haber ido al
programa de Mauro Viale, de lo más
visto en el país en ese momento. Pero a los pocos
presentante de Maradona—, a quien la policía días se suicidó —o lo mataron, no sé— Alfredo
le había encontrado un jarrón con medio kilo de Yabrán. «Justo ahora» dijo Francisco, medio en
cocaína. Mientras Coppola estaba preso, Mauro chiste y medio en serio. Es que si Yabrán no se
Viale la juntó en pala gracias a estos dos perso- hubiera suicidado en ese momento, Francisco se
najes: las hizo pelearse en cámara, las hizo be- hubiera mantenido en los programas principales
sarse, e inspiró a Machito Ponce a componer una un tiempo más, y hasta el libro se hubiera ven-
canción que decía «Samantha, toda la noche se dido mejor.
la aguanta». Natalia también llegó a la música, La que habla es Elsa Drucaroff, escritora
en su caso con voz propia, para difundir por todo de profesión y editora de Undécimo Manda-
el país su «Quién me la puso, quién me la puso, miento, el libro que mi abuelo decidió escribir
es lo que quiero saber», un estribillo que jugaba luego de ver La Lista de Schindler. Elsa es la
con el doble sentido: su reclamo de inocencia en testigo más directa del segundo momento bi-
la causa del jarrón y su fama de reventada. sagra —después de la guerra— de la vida de
En ese mismo programa en el que Natalia Francisco: el lanzamiento del libro; un hecho
solía cantar, mi abuelo estaba por dar una en- posiblemente tan importante para él como el na-
trevista. Y aunque la producción había tenido cimiento de cualquier hijo o nieto.
la delicadeza de que fuera un mano a mano, sin No es una ironía. La posibilidad de contar
los panelistas habituales del programa —Sa- su historia hizo que mi abuelo hablara sobre los
mantha, Natalia, abogados, testigos encubiertos episodios más trascendentes de su adolescencia
y hasta personajes de Titanes en el Ring—, el por primera vez en casi setenta años de vida.
Antes todo había sido silencio, o casi. Cuando clase media-alta, incluyendo algunos famosos.
mi abuelo llegó a la Argentina un empleado pú- Allí Jorge Porcel consiguió su talle especial para
blico decidió que Faivel pasaría a llamarse Fran- gordos y también el sindicalista José Ignacio
cisco, y ese cambio de nombre enterró tempo- Rucci compró sus camperas, esas prendas que
ralmente el pasado. Francisco no hablaba de los ante la opinión pública lo convirtieron en el pri-
derroteros de Faivel. Sin ir más lejos, la primera mer gran burócrata de la CGT. «¿La campera?
vez que mi viejo —su hijo— escuchó el apelli- Me costó veinticinco lucas. Un Lujo de Secreta-
do Schindler —por dar un ejemplo— fue a los rio General» dijo a la revista Primera Plana y de-
cuarenta años, es decir en 1993, con el estreno sató el escándalo dentro de la clase trabajadora.
de la película. Hasta entonces mi abuelo no era ¿La guerra? Poco y nada. Los hijos se ca-
más que un sobreviviente de la guerra llegado al saron, aparecieron los primeros nietos y el ho-
país a mediados del siglo veinte. rror quedaba atrás. Hasta una tarde de 1993 en
Francisco e Hinda llegaron a Argentina en la que Pancho se enteró de que Spielberg estaba
1947, al poco tiempo de casarse. Eligieron este preparando una película sobre la historia de mil
país por unos tíos de él que habían abandonado doscientos sobrevivientes del Holocausto, den-
Polonia antes de la guerra y se habían instalado tro de los cuáles estaba él.
en un conventillo en Parque Patricios. «Me gustaría que leas este libro» le dijo
—¿Vos sabés cómo murió tu madre? Pancho a mi viejo antes del estreno de la pelícu-
—le preguntó Francisco a su tía para cortar una la. El libro era El Arca de Schindler, de Thomas
inercia insoportable. Pero ella respondió con Keneally, obra sobre la que se había basado el
una mirada triste y nada más. Ese silencio fue film. Sin escucharlo directamente de la boca de
una marca de la que Francisco pronto se apro- Pancho, ahí la familia supo que había algo más
pió. Él tampoco volvería a hablar mucho del para contar.
tema. Ni con su descendencia ni con nadie. En Para mi abuelo había llegado el momento
esos días de mediados de siglo, ninguno sabía de hablar, y decidió que no iba a hacerlo solo
cómo tratar al otro y la convivencia no fue fácil. en la mesa de su casa sino ante todos los que
Ni en ese conventillo, ni en el resto de la comu- quisieran escucharlo.
nidad judía que recibió sobrevivientes y no supo —Voy a escribir un libro —se dijo.
cómo tratarlos. Eso generó división. Estaban los La decisión estaba tomada. Empezó con
amarillos, los maduros; y los verdes, los inma- unas veinticinco hojas escritas a mano, y con ese
duros que debían pagar derecho de piso. comienzo recurrió a Elsa Drucaroff. Yo tenía sie-
—Vos sos verde y querés saber más que te años así que no recordaba ni el nombre de la
yo —acusó el tío a Francisco en una discusión editora, pero sabía que a partir de ella iba a cono-
de tantas. cer, con ojos adultos, al Pancho de mi infancia.
La adaptación de verdes y amarillos fue —Francisco me contó que no había podi-
traumática para ambos bandos, pero eso no im- do dormir las noches anteriores y posteriores al
pidió que todos pusieran huevo para salir ade- estreno de La Lista de Schindler, y que ahí deci-
lante. Con lo que recordaba de su padre zapate- dió volcar por escrito todas las imágenes que se
ro, Francisco se inició en el mismo oficio. Hinda le pasaban por la cabeza —recuerda Elsa sobre
había trabajado en la industria textil durante la el origen de Undécimo Mandamiento. El título
guerra y siguió en ese rubro. En diez o quince está inspirado en la escena en la que Francisco
años de mucho laburo, ya con dos hijos —mi se despide de su madre, y esta le ruega que so-
viejo y su hermano, que falleció en 1979 por un breviva y cuente su historia. El undécimo man-
derrame cerebral—, la pareja se acomodó eco- damiento es sobrevivir y contar.
nómicamente. El insomnio no terminó con la decisión de
Esta etapa de sus vidas siempre me llamó escribir el libro. Según Elsa, la forma de escupir
la atención. Sin un peso y con una mochila llena sus recuerdos más profundos tenía momentos
de traumas sin tratar, en menos de dos décadas de una fuerza narrativa perfecta y otros en los
el matrimonio estabilizó sus cuentas. Y bastan- que no se entendía nada. Generalmente, cuando
te bien. Gacela Sport, el negocio de artículos de no podía seguir el hilo era cuando refrescaba los
cuero que instalaron en Uruguay al 300, fue un momentos más terribles.
proveedor de ropa de los sesenta y setenta para —Se ponía a trastabillar cuando tenía que
contar situaciones delicadas. Cuando trabaja- de casualidades que le permitieron sobrevivir a
mos la parte del fusilamiento de su padre (un día mi abuelo durante la Segunda Guerra Mundial y
llegó una citación judicial: fue detenido y sen- su experiencia en la fábrica de Oskar Schindler.
tenciado a muerte por un jurado inventado por el Pero todos en algún momento nos cansamos de
nazismo para asesinar bajo el amparo del Dere- las historias de grandes.
cho) yo me daba cuenta de que sufría. Le ofrecía Mi promedio de asistencia a sus charlas
dejarlo para más adelante y me decía: «No, no lo debe ser de un acto por año, aunque estoy se-
dejamos, esto hay que contarlo». guro de que a Pancho le hubiera gustado de par-
Y lo hizo en las casi doscientas páginas te de sus nietos otro compromiso con la causa.
que cada tanto vuelvo a leer. Pero a los trece, Otra emoción, como la de su público, y que al-
dieciocho, veintidós y veinticinco años me pasó guien agarrara la bandera de su historia para cal-
lo mismo: nunca escuché ahí la voz de Pancho. carla en las generaciones futuras. Pero no tuvo
En el papel no aparecen los mismos tonos de suerte: dos hijos y cinco nietos, todos varones,
sus discursos en AMIA, Hebraica, el teatro Co- heredaron el gen Wichter previo al libro: secos,
liseo o los almuerzos en su departamento. Sos- poco expresivos, bailamos en caso de extrema
pechaba que Elsa le había hecho decir cosas que borrachera y nos abrazamos únicamente cuando
Pancho jamás diría, o de una forma que no lo re- Olimpo mete un gol importante. Jamás lloraría-
presentaba, como había visto en tantos artículos mos con una película, y menos con una que co-
de esa carpeta azul en las que sus declaraciones nocemos de memoria.
sugieren la solemnidad de un político o acadé- Hace rato que Pancho abandonó esa lucha.
mico, pero nunca de mi abuelo. ¿El Pancho que Y, como cada vez que lo necesitó en su vida,
hace un tiempo me encontró en la calle charlan- le buscó la vuelta: encontró una nieta sustituta.
do con un amigo y se metió en la conversación Alguien que lo visita frecuentemente y se emo-
para contarle su historia es el mismo que inició ciona con su historia al mismo tiempo. Se llama
su libro con una explicación del contexto histó- Magalí, es fotoperiodista y tiene veintiún años.
rico de Polonia desde el siglo doce? ¿El irritable Desde chica se sensibilizó con los relatos de la
abuelo que no soporta la escasez de comodines Segunda Guerra Mundial, hasta que un día pudo
en el burako es también el que matiza entre las conocer a un testigo directo.
virtudes y defectos de Oskar Schindler con un —Siempre quise hacer algo relacionado
espíritu constructivo inédito en la familia? con el Holocausto, lo sentía como un legado ha-
—Empezó contando la situación de los ju- cia la comunidad. Y dentro de una materia de
díos en Polonia como si quisiera, con muy buen fotoperiodismo había que contar una historia.
criterio, introducir el contexto social y político. Unos días después escuché a Francisco en el
Fue algo que él necesitó empezar a contar, inclu- Teatro Coliseo en un acto de Iom Hashoa y dije:
so cuando escribió a mano. Fue idea de él, y eso «Este es mi sobreviviente».
habla de una lucidez muy grande. No se conside- Aunque esa última frase me impactó, por
raba una víctima individual, sino que había una suerte Magalí no es la fanática freak que había
idea clara del fenómeno histórico y político. imaginado antes de la entrevista. En definitiva,
Elsa me cagó. Sin que le preguntara, me con su cara de nena, fue la elegida por mi abuelo
destacó esa escena y me hizo entender, además para viajar a unas charlas en Tucumán, y la res-
de que soy un periodista prejuicioso, que Pancho ponsable de contactarse con mi viejo para avisar
tiene la misma pasión por el detalle histórico que que habían llegado bien. A través de ella y de
cualquier viejo que supera los ochenta años. sus fotos pude entender un poco más el fenóme-
Qué bueno —pensé—, en esto Pancho se no que genera Pancho. Y con ello, pude enten-
parece a cualquier otro abuelo. der a mi abuelo también.
Al considerarla una nieta sustituta, al mi-
nuto de encender el grabador parecíamos dos

S us exposiciones públicas nunca me conmo-


vieron especialmente. Desde muy chico co-
nozco la cocina de esos discursos que alguna vez
primos que se vieron pocas veces en la vida y
que por eso se manejan con poca confianza. Le
consulté sobre su relación con mis abuelos, pero
yo mismo edité, y su repetición me achanchó el también charlamos sobre el sobreviviente me-
corazón. Me crie leyendo y escuchando la serie diático y el mundo que lo rodea, terreno al que
no sabía de antemano si iba a poder acceder. Ma- actos comunitarios. Nietos, periodistas, Magalí,
galí me contó, por ejemplo, la diferencia entre el instituciones: cuando alguien llama, el teléfono
público de Tucumán y el de Capital Federal. es siempre para Pancho.
—La diferencia es que en Tucumán no Uno de los últimos llamados fue de la
hay más sobrevivientes. Cuando entramos a la oficina de Claudio Avruj, subsecretario de De-
escuela de la comunidad judía de Tucumán, pa- rechos Humanos del Gobierno de la Ciudad de
samos por la ventana de un aula y unos chicos Buenos Aires. Le dijeron a Pancho que querían
empezaron a gritar por la ventana «¡Ahí está declararlo «ciudadano ilustre» o algo por el es-
el sobreviviente!». Claro, en Buenos Aires los tilo. Y será, según se lee en la invitación oficial,
chicos se acercan a saludar con otra confianza. «algo por el estilo»: el dieciséis de octubre. Dos
Gracias a Dios en Capital todavía quedan sobre- semanas después del momento en el que cierro
vivientes y existe la oportunidad de escucharlos. este texto, iremos hijo, nietos y bisnietos —y
Magalí me describió otros secretos del Magalí, claro— a la Legislatura porteña. Allí
backstage. Me dijo que a los adolescentes, más le entregarán a Pancho un Diploma de Honor
que un discurso, les atrapa la experiencia de es- como Personalidad Destacada de los Derechos
tar con un sobreviviente «ay, sacame una foto, Humanos de la Ciudad, y mi abuelo retribuirá el
me piden»; y puntualizó sobre los momentos gesto con la donación de ciento cincuenta libros
del discurso donde el público suele emocionarse de su autoría recién salidos de la imprenta.
con mayor intensidad: Ahora, a quince días del evento y a seis ki-
—El momento que más emociona a la gen- lómetros de la casa de Pancho e Hinda, me tomo
te es cuando relata la escena del calabozo y las el 93 pensando en lo que significa este evento
llaves, o cuando ve a su mamá por última vez. A para mi abuelo, y en cómo hacer para contar esta
veces lo cuenta al principio y a veces más en el historia. Me agobian las dudas y la precariedad
medio. Ahí se gana al público, y vuelve a emo- de mi cuaderno de apuntes, y decido amenizar
cionar al final cuando cuenta que se casó, tuvo el viaje con un libro. Esta mañana encontré en
hijos y nietos. Son los dos momentos que pegan. casa El Libro de Arena, de Borges, a quien no
Respecto a Hinda, Magalí también agudi- leía desde la secundaria. Arranca así: «El hecho
zó su mirada. Al igual que con Elsa hace varios ocurrió en el mes de febrero de 1969, al norte de
años, mi abuela no quería saber nada con Magalí Boston, en Cambridge. No lo escribí inmediata-
y no participaba de las charlas. Pero a fuerza de mente porque mi primer propósito fue olvidarlo,
una torta y un par de partidos de burako, Magalí para no perder la razón. Ahora, en 1972, pienso
se ganó su confianza y se quieren mucho. Hinda que si lo escribo, los otros lo leerán como un
—una bobe, al fin y al cabo— le cuenta sobre cuento y, con los años, lo será tal vez para mí».
sus nietos y bisnietos. Ese es su rol: contar lo Cierro el libro. Agarro el celular, busco
que pasó después de la guerra. Para el antes y el «Pancho» en la agenda de contactos, llamo a su
durante está su compañero de casi toda la vida. teléfono móvil y me atiende mi abuela.
Igual en esta simpática relación entre Ma- —Es Tom —escucho que dice incluso
galí y mis abuelos hay gato encerrado. A espal- antes de llevarse el teléfono a la oreja. Tras las
das de Magalí, la militancia de Hinda va por otro preguntas de rutina le pregunto si Pancho tie-
lado. Si bien el cariño hacia la nieta sustituta es ne prevista alguna charla durante los próximos
genuino, lo que más le interesa a mi abuela es días. Ella me dice que por ahora no.
presentarme a Magalí para hacernos un lugar en —Ya está grande para estas cosas —se
el mueble de nietos y bisnietos. queja Hinda.
—Tenés que casarte antes de que me mue- No es la primera vez que lo dice, pero su
ra —me apura, sin éxito. enojo no es más que parte de un protocolo que
todos sabemos de memoria. Pancho es feliz con

M is abuelos, como buena parte de los jubi-


lados, necesitan ocupar su tiempo de al-
gún modo. En el caso de Pancho, profundizó su
esta —no tan— nueva vida y mi abuela es feliz
con Pancho feliz. Eso son, al fin y al cabo: dos
viejos felices y simbióticos dueños de un futuro
participación en la asociación de sobrevivientes que jamás soñaron cuando eran adolescentes y
del Holocausto y desde hace años es el encar- que significa ahora, al menos para mí, la mayor
gado del discurso principal en cada uno de los victoria de ambos. x
233 ARTISTAS EN ORSAI GUÍA DEFINITIVA DE COLABORADORES

Este listado, que puede parecer una guía telefónica de autores e ilus-
tradores hispanoamericanos, es en realidad una forma de agradecer
la pasión por el trabajo. Compartimos esta revista con estos doscientos
treinta y tres colegas y amigos. La calidad no hubiera sido posible sin ellos.

Acosta Alemandi Balian


Matías Ángeles Juan Cruz
Paysandú, 1980 Santa Fe, 1981 Buenos Aires, 1984
Ilustrador. Dibujó Narradora. Participó con Narrador, alumno de los
«Comunicación de crisis» una crónica narrativa en Masters Orsai. Su trabajo
en Orsai N4. la edición de Orsai N16. fue publicado en Orsai N16.

Agrimbau Almada Barizzoni


Diego Selva Leo
Buenos Aires, 1975 Entre Ríos, 1972 Montevideo, 1971
Guionista. Escribió el Narradora. Participó con Fotógrafo. Colaboró en
guion de «Halloween, un cuento en la última «Mujica, el presidente
1938» para Orsai N9. edición de Orsai N16. imposible» en Orsai N2.

Agudelo Almazán Barón Rojo, El


Diego Alejandro Nombre secreto
Quindío, 1980 Ciudad de México, 1971 @ElBaronRojo
Ilustrador. Dibujó en Orsai Periodista. Escribió la cró- Creativo, twittero. Sus
N2 el ensayo «¿Un nuevo nica «México maltratado» frases al pie aparecieron
idilio eterno?». para Orsai N11. en la Orsai N3.

Aguirre Altuna Barrejón


Carolina Horacio Sergio
Buenos Aires, 1978 Córdoba, 1941 Madrid, 1973
Escritora. Colaboró en Guionista y dibujante. Guionista. En Orsai N1 dio
Orsai N1, en las Orsai de Colaboró en Orsai N1, N7 anticonsejos a los futuros
2012 y parte de 2013. y en todas las de 2013. guionistas.

Aguirre Amengual Bauer


Lucas Lorenzo Lula
Córdoba, 1979 Córdoba, 1939 Buenos Aires, 1979
Artista plástico. Ilustró Arquitecto y humorista Fotógrafa. Colaboró en
«Personajes imaginarios» gráfico. Ilustró «Black «La canción sin nombre»
en Orsai N3. Jack» en Orsai N12. de Orsai N7.

Aguirre Aranda Bayer


Max Carlos Edu
Buenos Aires, 1971 @Cararanda Barcelona, 1982
Ilustrador, historietista. Creativo, twittero. Sus Fotógrafo. Colaboró en
Colaboró en Orsai N4 y frases al pie aparecieron en «Pienso, luego estorbo» en
en Orsai N9. las Orsai N10, N12 y N13. Orsai N3.

Aidt Azcueta Bellatin


Naja Maria Ignacio Mario
Groenlandia, 1963 Necochea, 1989 Ciudad de México, 1960
Escritora. Su cuento Narrador, traductor. Tradu- Escritor. Participó con dos
«Bulbjerg» se publicó en jo un cuento del danés en la crudos relatos en Orsai N4
Orsai N13. edición N13 de Orsai. y Orsai N9.

Aimar Bageant Ben Cattan


Gustavo Joe Federico
Buenos Aires, 1973 Virginia (1946-2011) Buenos Aires, 1990
Ilustrador y artista Periodista y escritor. Pu- Ilustrador, alumno de los
plástico. Sus dibujos se ven blicamos su último ensayo Masters Orsai. Su trabajo
en «Cartas», Orsai N4. sobre EE.UU. en Orsai N9. fue publicado en Orsai N16.
Bernatene Cabral Casals
Poly Jorge Albert
Buenos Aires, 1972 Buenos Aires, 1965. Barcelona, 1990
Ilustrador. Colaboró en Diseñador editorial. Durante el primer año de
la N8, N10, N11, N13 y Ilustró «10.6 segundos» en Orsai relató su vuelta al
realizó la tapa de la N12. Orsai N11. mundo en silla de ruedas.

Betteo Cabrera Casas


Patricio Chiara Fabián
México DF, 1979 Canarias, 1978 Buenos Aires, 1965
Ilustrador. Dibujó el relato Fotógrafa. Colaboró en Escritor y karateca. Nos
de Garcés en la N2 y el de «Enrique Meneses, un conmovió con su cuento
Villoro en la N9. flash» en Orsai N1. «El padrino» en Orsai N2.

Birmajer Calero Casero


Marcelo César Alfredo
Buenos Aires, 1966 Madrid, 1965 Buenos Aires, 1962
Escritor y guionista. Su Periodista. Participó con Humorista. Participó
relato «Un día de trabajo» dos crónicas: una en Orsai como guionista en una tira
se publicó en Orsai N4. N2 y otra en Orsai N12. gráfica durante todo 2012.

Boligán Campos Castillo


Ángel Daniel Abelardo
La Habana, 1965 Córdoba, 1965 San Pedro, 1935
Humorista gráfico. Diseñador e ilustrador. Escritor y novelista. Su
Colaboró en Orsai N4 y en Colaboró en «Diario de un cuento inédito «Las larvas»
todas las Orsai de 2013. librero», Orsai N7. aparece en Orsai N1.

Bras Cañellas Cervera


Oliver Hernán José
Francia, 1971 Buenos Aires, 1966 Getafe, 1964
Periodista. Escribió el Ilustrador. Colaboró en Biólogo y periodista. Pu-
guion de «Allende, el últi- varias Orsai: N3, N10, blicamos «Reivindicación
mo combate» en Orsai N15. N11 y N12. de los bajíos» en Orsai N3.

Bravo Carballo Coletti


David Álvaro Hugo
Sevilla, 1978 Montevideo, 1974 @HugoColetti
Abogado. Explicó cosas Periodista. Nos contó de Creativo, twittero. Sus
muy interesantes en Orsai qué se ríe Evan Henshaw frases al pie aparecieron
N2 y ficcionó en Orsai N15. en la Orsai N7. en la Orsai N15.

Budassi Carelli Lynch Córdoba


Sonia Guido Tatiana
Bahía Blanca, 1978 Buenos Aires, 1984 Bogotá, 1988
Autora y editora. Participó Periodista. Relató su Ilustradora. Acompañó a
en Orsai N4 con su cuento experiencia de celoso Natalia Méndez en la N1 y
«Comunicación de crisis». digital en Orsai N4. a Juan Sklar en la N9.

Buenafuente Caro Correal


Andreu Juan Pablo Víctor
Tarragona, 1965 Buenos Aires, 1980 Barcelona, 1980
Humorista. Nos acompañó Ilustrador. Dibujó el Productor. Relató el viaje
durante todo 2012 con su cuento «Papelitos» en de Albert Casals en las
sección «La foto pensada». Orsai N12. Orsai N1, N2 y N3.

Bustamante Carpio Corte Maidagan


Leandro César María
Montevideo, 1987 Arequipa, 1979 Barcelona, 1983
Ilustrador. Participó con Dibujante autodidacta. Ilustradora. Dibujó
sus dibujos en la última Ilustró el relato de Rafa «Reivindicación de los
edición de Orsai, N16. Fernández en Orsai N1. bajíos» en Orsai N3.

Bustelo Carretero Cuadro


Ana Nacho Estela
Palencia, 1982 A Coruña, 1981 Buenos Aires, 1979
Ilustradora. Participó con Periodista, escritor y Fotógrafa e ilustradora.
sus dibujos en la última fotógrafo. Publicamos «Mi Ilustró «Diario de Alcalá»
edición de Orsai, N16. tía Chus» en Orsai N14. en Orsai N4.
233 ARTISTAS EN ORSAI GUÍA DEFINITIVA DE COLABORADORES

Cuatrecases Debat Erlich


Adrià Laureano Bernardo
Barcelona, 1981 Lobería, 1981 Tucumán, 1963
Productor. Relató junto a Periodista. Realizó un Humorista gráfico y
Víctor Correal el viaje de perfil del prolífico Curtis escritor. Formó parte del
Albert Casals. Garland en Orsai N6. staff de Orsai desde la N1.

Cuenca Decurgez Escolar


Andrés Guillermo Ignacio
Montevideo, 1982 Rosario, 1981 Burgos, 1975
Fotógrafo. Colaboró en Ilustrador. Colaboró en Or- Periodista. Escribió
Orsai N7 en la entrevista a sai N2, Orsai N12 y realizó «Wikileaks, la guerra y la
Evan Henshaw. todas las tapas de 2012. verdad» en Orsai N2.

Cháves Del Fuego Etcheves


Luis Andréa Florencia
San José, 1969 San Pablo, 1975 Buenos Aires, 1971
Escritor, poeta y traductor. Autora de «Francisco Periodista. Relató un caso
Relató su amor-odio a no se da cuenta», relato policial que conmovió a los
Costa Rica en Orsai N2. publicado en Orsai N6. argentinos en Orsai N15.

Chinchilla Dengis Fahey


Esteban Horacio Brenda
San José, 1978. @HoracioDengis Buenos Aires, 1985
Fotógrafo y escritor. Cola- Creativo, twittero. Sus Ilustradora, alumna de los
boró en Orsai N14 junto a frases al pie aparecieron Masters Orsai. Su trabajo
Karina Salguero-Moya. en la Orsai N9. fue publicado en Orsai N16.

Chueke Díaz Faigenbaum


Daniela Junot Gustavo
Buenos Aires, 1965 Santo Domingo, 1968 Buenos Aires, 1966
Periodista, alumna de los Escritor. Regresó a su casa Psicólogo y filósofo. Nos
Masters Orsai. Su trabajo después de veinte años y lo dejó las «Postales de Bur-
fue publicado en Orsai N16. contó en Orsai N10. ning Man» en Orsai N2.

Dalla Torre Dufour Farruqo


Gabriel Sebastián Pepe
Neuquén, 1977 Buenos Aires, 1967 Córdoba, España, 1974
Periodista. Su crónica Ilustrador. Dibujó el Humorista gráfico. Ilustró
«YPF: nacido y criado» se ensayo de Juan Forn en «Educando al extraño» en
publicó en Orsai N7. Orsai N14. Orsai N2.

Danticat Durán Fernández


Edwidge Julio Rafa
Puerto Príncipe, 1969 Lima, 1977 Canarias, 1974
Escritora. Tradujimos al Poeta, traductor. Tradujo Escritor. Participó con dos
español su cuento «Fan- un cuento del inglés en la relatos de ficción en Orsai
tasmas» para Orsai N11. edición N5 de Orsai. N1 y Orsai N14.

Darger Edelstein Fernández Mallo


Henry José Agustín
Chicago, 1892-1973 Buenos Aires, 1968 La Coruña, 1967
Escritor e ilustrador. Sus Físico teórico. Entrevistó Físico y escritor. Colaboró
dibujos se publicaron en a Stephen Hawking para en Orsai N1 con «El cielo
Orsai N1. Orsai N15. de Henry Darger».

De Pedro Enríquez Ferri


Ángel Mariana Leo
Zaragoza, 1952 Buenos Aires, 1973 Buenos Aires, 1981
Pintor e ilustrador. Partici- Escritora. Su cuento «La Periodista. Eligió
pó en Orsai N3 en la cró- casa de Adela» se publicó «Cinco discos» para que
nica de Gabriela Wiener. en Orsai N10. disfrutemos en Orsai N3.

De Tanti Epelbaum Fonseca


Gustavo Mariano Diego
Buenos Aires, 1969 Buenos Aires, 1975 Córdoba, 1970
Ilustrador, alumno de los Ilustrador. Participó con Editor. Escribió «Belindia»
Masters Orsai. Su trabajo sus dibujos en la última para la N4 y el perfil de
fue publicado en Orsai N16. edición de Orsai, N16. Lynda Carter en la N9.
Fontdevila Gaspardo Helle
Manel Luis Helle
Barcelona, 1965 Santa Fe, 1969 Nakskov, Dinamarca,
Nakskov, Dinamarca, 1965
1965
Historietista. Disfrutamos Ilustrador y caricaturista. Escritora. Publicamos su
de sus dos tiras gráficas Ilustró «Bicho» de Rodrigo cuento «¿Más café?» en
durante 2012 y 2013. Solís en Orsai N4. Orsai N13.

Forn Gerardin Hernández


Juan Gonzalo Arístides
Buenos Aires, 1959 Buenos Aires, 1976 La Habana, 1963
Escritor. Nos conmovimos Ilustrador, alumno de los Humorista gráfico y psi-
con su genial «Ceremonia Masters Orsai. Su trabajo quiatra. Ilustró la crónica
del adiós» en Orsai N14. fue publicado en Orsai N16. de Seselovsky en la N1.

Fucile Giardinelli Herrera


Rodolfo Mempo Pupi
Buenos Aires, 1978 Chaco, 1947 Córdoba, 1985
Ilustrador. Participó en Escritor. Publicamos Ilustradora. Dibujó el
Orsai N12 en la crónica de su cuento inédito «Los relato de Melania Stucchi
César Calero. traidores» en Orsai N9. en Orsai N14.

Galera González Hornby


Daniel Enric Nick
San Pablo, 1979 Barcelona, 1959 Surrey, 1957
Escritor. Publicamos Periodista. Su crónica Escritor. «Mi hijo nunca
«Cada instante es un uni- «Un oficio imperfecto» fue será una estrella» fue un
verso entero» en Orsai N6. publicada en Orsai N13. lujo de Orsai N1.

Galli Granada González Hsu


Ricardo Jorge Wen
Formosa, 1965 Buenos Aires, 1970 Taiwán, 1976
Informático. Nos mostró la Historietista. Participó en Arquitecta e ilustradora.
cocina de los indignados muchísimas Orsai. Ilustró Ilustró «Un país de la
del 15M en Orsai N3. tapas e historietas. mente» en Orsai N2.

Gallotta Graziano Huisman


Nahuel Martín Marcos
Buenos Aires, 1985 Tres Arroyos, 1980 Chubut, 1987
Periodista. En Orsai N13 Periodista. Colaboró en Ilustrador. Dio vida a los
nos contó cómo operan los Orsai N7 con «La canción personajes de Guillermo
«apartamenteros». sin nombre». Martínez en Orsai N4.

Garbulsky Guareschi Iglesias Illa


Gerry Giovanni Hernán
Buenos Aires, 1966 Parma (1908-1968) Buenos Aires, 1973
Científico. Nos mostró Escritor. Reeditamos el Escritor. Escribió en la N1
en Orsai N2 las postales prólogo de su Diario y en la N16, pero también
bizarras de Burning Man. clandestino en Orsai N3. en el jamón del medio.

Garcés Guerriero Ippóliti


Gonzalo Leila Gabriel
Buenos Aires, 1974 Junín, 1967 Santa Fe, 1964
Escritor. Formó parte del Escritora. Colaboró con Ilustrador. Dibujó «El
staff de Orsai y escribió en dos crónicas alucinantes padrino» en la N2, y «Ha-
casi todas las ediciones. en Orsai N4 y Orsai N10. lloween, 1938» en la N9.

García Blaya Gumucio Junowicz


Ana Rafael Carlos
Buenos Aires, 1979 Santiago, 1970 Buenos Aires, 1977
Periodista, alumna de los Escritor y humorista. Pu- Ilustrador. Colaboró en
Masters Orsai. Su trabajo blicamos su crónica «Exilio Orsai N3 en «Prólogo de
fue publicado en Orsai N16. en segunda» en Orsai N4. un diario clandestino».

García Robayo Gutiérrez Juul


Margarita Pedro Juan Pia
Cartagena, 1980. Matanzas, Cuba, 1950 Korsor, Dinamarca, 1962
Escritora. Fue foto de Escritor y periodista. Pu- Escritora, poeta y traduc-
portada y autora de «Amar blicamos su cuento inédito tora. Publicamos «Un mar
al padre» en Orsai N14. «Miedo» en Orsai N9. rojo» en Orsai N13.
233 ARTISTAS EN ORSAI GUÍA DEFINITIVA DE COLABORADORES

Kosta Lunik Méndez


Kardo Alejandra Natalia
Morón, 1952 Santiago de Chile, 1973 Buenos Aires, 1976
Artista independiente. Ilustradora. Participó en Profesora en Letras. Nos
Ilustró «Mi selva desde Orsai N10 y en dos tiras enseñó a elegir literatura
adentro» en Orsai N3. gráficas de 2012 y 2013. infantil en Orsai N1.

Kunzru Llanos Mey


Hari Héctor Luis
Londres, 1969 Valladolid, 1981 Buenos Aires, 1979
Editor y periodista. Su Periodista. Entrevistó Librero y escritor. En
cuento «Raj, bohemio» fue a Peter Jenner para Orsai N9 nos contó el
publicado en Orsai N8. Orsai N5. sacrificio de su trabajo.

Kuper Maia Mochkofsky


Simon Ana Paula Graciela
Uganda, 1969 Nova Iguaçú, 1977 Neuquén, 1969
Periodista y escritor. Escritora. «Carbón Periodista. Explicó los
Retrata al magnífico Cruyff animal» fue el cuento que problemas del periodismo
en Orsai N10. elegimos para Orsai N6. actual en Orsai N13.

Laurencich Mairal Montt


Alejandra Pedro Alberto
Buenos Aires, 1963 Buenos Aires, 1970 Quito, 1972
Escritora. Participó en Escritor. Participó en el Humorista gráfico. Ilustró
Orsai N15 con el cuento principio, en el nudo y en en la N1 y desde Orsai N5
«Las mellizas Bugatti». el desenlace de Orsai. forma parte del staff.

Licitra Manuli Moore


Josefina Gabriela Lorrie
La Plata, 1975 Buenos Aires, 1980 Nueva York, 1957
Periodista y editora de Periodista. Nos llevó a Escritora y profesora. Su
Orsai. Publicó crónicas en Hungría para conocer a relato «Perdidos en los pa-
Orsai N2, N8 y N16. los Polgar en Orsai N12. peles» salió en Orsai N15.

Loiseau Marchi Mora


Juan Matías Sergio Sergio
Buenos Aires, 1974 Buenos Aires, 1963 Barcelona, 1975
Historietista. Colaboró en Periodista. Se confesó en Ilustrador. Colaboró en
Orsai N3 y realizó «Plane- Orsai N2 con «Charly Orsai N14 en el relato
ta Tute» durante 2013. García: la era del hielo». «Amar al padre».

Lomé Martínez Morris


Carlos Guillermo Keith Lee
México DF, 1981 Bahía Blanca, 1962 Carolina del Sur, 1960
Narrador, traductor. Escritor y matemático. Novelista y narrador.
Tradujo «La lengua de Su cuento «Help me» fue Dejó su «Testimonio»
Chifu» en Orsai N12. publicado en Orsai N4. en Orsai N5.

López Martirena Murillo


Alfons Alfredo Catalina
Lleida, 1950 Santa Clara, 1965 Costa Rica, 1970
Humorista gráfico. Humorista gráfico. Escritora. Su relato
Participó en Orsai N1 en Colaboró en Orsai N4 en «Memorias de la burbuja»
«Antidecálogo». «Celosos digitales». se publicó en Orsai N8.

López Maslíah Nazarian


Marcos Leo Santiago
Santa Fe, 1958 Montevideo, 1954 San Pablo, 1977
Fotógrafo. Colaboró en Músico, humorista y es- Escritor. Publicamos «Sos
Orsai N2 y N15. Realizó la critor. Relató una historia mi Cristo redentor» en
portada de las N14 y N16. surrealista en Orsai N4. Orsai N6.

López García Mata Nine


Diego Iván Carlos
Bogotá, 1980 San Sebastián, 1979 Buenos Aires, 1944
Ilustrador. Colaboró en Ilustrador. Ilustró «Cielos Dibujante. Compuso
Orsai N4 en el relato de plomo» en la N1 y páginas maravillosas en la
«Exilio en segunda». participó en Orsai N13. N5 e ilustró en Orsai N11.
Nine Pape Petre
Lucas María Horacio
Buenos Aires, 1975 Dinamarca, 1985 Bahía Blanca, 1966
Ilustrador. Participó en Or- Narradora, traductora. Tra- Diseñador gráfico.
sai N3 en «Deconstruyendo dujo un cuento del danés en Colaboró en Orsai N2 en
a Harry» de Ana Prieto. la edición N13 de Orsai. el relato de Sergio Marchi.

Oates Papic Piñeiro


Joyce Carol Diego Claudia
New York, 1938 Buenos Aires, 1977 Burzaco, 1960
Novelista. En Orsai N10 Periodista. Nos habló de Narradora, participó con
publicamos «¿Dónde vas? Seinfeld en Orsai N2 y de un cuento en la última
¿Dónde estuviste?». Louie en Orsai N14. edición de Orsai N16.

O’Keeffe Parpaglione Playo


Alejandro Diego José
Rosario, 1959 Buenos Aires, 1980 Córdoba, 1974
Ilustrador e historietista. Caricaturista e ilustrador. Escritor y docente.
Dibujó en «Cosentino y la Colaboró en Orsai N4 en Escribió sobre personajes
puerta» en Orsai N13. «Un día de trabajo». imaginarios en Orsai N3.

Olguín Pastura Prieto


Sergio Franco Ana
Buenos Aires, 1967 Buenos Aires, 1961 Mendoza, 1975
Escritor y Periodista. Docente, periodista. Periodista y escritora.
Desmenuzó la serie Mad Detalló cómo encontrar Colaboró en Orsai N3 con
Men en Orsai N1. porro en Río en Orsai N5. «Deconstruyendo a Harry».

Olivares Paz Soldán Pugliese


Javier Edmundo David
Madrid, 1964 Cochabamba, 1967 Buenos Aires, 1978
Ilustrador. Ilustró «Fin- Escritor. Colaboró en Ilustrador. Colaboró en
landia» y la tapa de N2. Orsai N3 con su crónica Orsai N15 en el relato
Participó en Orsai N11. narrativa «Los suicidas». «Cosa de machos».

Ortiz Perantuono Pulido


Guillermo Pablo Sonia
San Vicente, 1968 Buenos Aires, 1971 Barcelona, 1973
Ilustrador, alumno de los Periodista. Entrevistó a Ilustradora. Dibujó «Una
Masters Orsai. Su trabajo Sábat en la N3 y al Indio vespa en Nueva York» en
fue publicado en Orsai N16. Solari en la N8. Orsai N6.

Otero Perdomo Quintana


Pedro José Luis Pilar
Buenos Aires, 1979 Algeciras, 1973 Cali, 1972
Fotógrafo. Fotografió a los Periodista. Entrevistó a Creativa publicitaria y
entrevistados por Gonzalo Enrique Meneses para escritora. Relató su huida
Garcés en 2013. Orsai N1. a la selva en Orsai N3.

Oyola Pereyra Racionero


Leonardo Marcos Alexis
Buenos Aires, 1973. Buenos Aires, 1968 Barcelona, 1971
Escritor. Colaboró durante Abogado y escritor. Nos Historiador y viajero. Nos
todo 2012 con su folletín hizo apostar al Black Jack contó «La memoria de las
«Cruz/Diablo». en Orsai N12. Casas» en Orsai N3.

Palacios Pérez Ragendorfer


Rodolfo José A. Ricardo
Mar del Plata, 1977 Bilbao, 1979 La Paz, 1957
Periodista. Investigó dos Escritor. Participó los tres Periodista. Inauguró la
grandes policiales en las años de Orsai hablando de sección Policiales con «El
Orsai N12 y N16. vivos y de muertos. Oso» en Orsai N11.

Paoletta Pescetti Reca


Sergio Luis María Mariana
@SergioPaoletta Santa Fe, 1958 Buenos Aires, 1963
Creativo, twittero. Sus Escritor, músico y actor. Periodista, alumna de los
frases al pie aparecen en Escribió unas cartas Masters Orsai. Su trabajo
la presente Orsai N16. preciosas para Orsai N4. fue publicado en Orsai N16.
233 ARTISTAS EN ORSAI GUÍA DEFINITIVA DE COLABORADORES

Reinoso Rubio Diarte Sbarra


Cristóbal Verónica José
Santa Fe, 1946 Zaragoza, 1984 Buenos Aires, 1950-1996
Humorista gráfico. Ilustradora. Dibujó el Periodista. Nos dimos el
Colaboró en Orsai N2 y en cuento «La central» de Leo gusto de publicar «Plástico
Orsai N11. Maslíah en Orsai N4. cruel» en Orsai N7.

Rep Rubio Malagón Scafati


Miguel José Luis
Buenos Aires, 1961 Madrid, 1972 Mendoza, 1947
Dibujante y humorista Ilustrador. Dibujó el ensa- Dibujante. Colaboró en
gráfico. Forma parte del yo «El botón que copia los Orsai N11 en «El Oso, un
staff de Orsai desde la N5. tomates» de Orsai N2. policial insurgente».

Repiso Sábat Scioscia


Jorge Hermenegildo Pablo
Buenos Aires, 1964 Montevideo, 1933 Buenos Aires, 1983
Periodista. Nos mostró Humoristas gráfico. Ilustró Comunicador social. Su
«Los arquetipos del turista «Sábat, bajo perfil» de crónica «Cosa de machos»
argentino» en Orsai N9. Perantuono en Orsai N3. se publicó en Orsai N15.

Ricciardulli Sacheri Schritter


Jorge Eduardo Istvan
Luján, 1959 Buenos Aires, 1967 Madrid, 1968
Artista plástico. En 2012 Escritor. Su relato Ilustrador, diseñador y
ilustró el folletín «Cruz/ «Cosentino y la puerta» se escritor. Ilustró «Un oficio
Diablo» de Leo Oyola. publicó en Orsai N13. imperfecto» en Orsai N13.

Riera Sáenz Valiente Seselovsky


Daniel Juan Alejandro
Buenos Aires, 1970 Buenos Aires, 1981 Rosario, 1971
Ventrílocuo y periodista. Ilustrador. Participó en la Periodista. Colaboró en Or-
Escribió «Modern school» Orsai N3 y se quedó para sai N1 y en Orsai N11 con
para Orsai N14. siempre con nosotros. dos crónicas arriesgadas.

Rodríguez Sala Shúa


Ulises Gustavo Ana María
Buenos Aires, 1979 Mar del Plata, 1973 Buenos Aires, 1951
Periodista, locutor y Ilustrador. Desde la N5 nos Escritora. Su cuento «Por
productor. Escribió sobre viene dejando la cabeza qué mueren los terrícolas»
René Lavand en Orsai N4. como una licuadora. salió en Orsai N4.

Rodríguez Salles Sinay


Xtian Eduardo Javier
Buenos Aires, 1970 Ciudad de México, 1987 Buenos Aires, 1980
Escritor y traductor. Humorista gráfico. Dibujó Periodista. Nos mostró la
«Relatos de Hawai» se nuestra antipublicidad sangre de «Cuatro mujeres
publicó en Orsai N4. durante todo 2013. muertas» en Orsai N14.

Romero Salguero-Moya Siri


Trinidad Karina Ricardo
@TrinidadRomero Costa Rica, 1970. Buenos Aires, 1973
Creativa, twittera. Sus Editora y miembro de nues- Historietista. Su tira
frases al pie aparecieron tro staff. Entrevistó a Luis «Carta dibujada» salió en
en la Orsai N8. von Ahn en Orsai N14. la N5 y en todo 2013.

Roncagliolo Samper Pizano Sklar


Santiago Daniel Juan
Lima, 1975 Bogotá, 1945 Buenos Aires, 1983.
Escritor. Escribió sobre lo Escritor. Participó en Orsai Guionista. Tocó el timbre
complicado de ser padre N2 con su ensayo «¿Un en Orsai N9 y nos dejó un
en Orsai N2. nuevo idilio eterno?». Power Ranger Rojo.

Rosemffet Santiago Solano Ramírez


Gusti Stella Maris Daniel
Buenos Aires, 1963 Buenos Aires, 1978 San José, 1978
Ilustrador. Acompañó a Artista plástica. Ilustró «El Infografista. Ilustró
Carolina Aguirre en 2012 sexo de los ángeles» en «Delicias de Hawai» en
en su folletín «La laguna». Orsai N15. Orsai N4.
Solís Trímboli Villoro
Rodrigo Jorge Juan
Campeche, 1980 Buenos Aires, 1958 México DF, 1956
Escritor. Colaboró en Orsai Narrador, traductor. Tradu- Escritor y ensayista. Escri-
N4 con «Bicho» un relato jo un cuento del portugués bió dos relatos maravillo-
sobre su bella hermana. en la edición N6 de Orsai. sos en Orsai N1 y N9.

Spinetta Travezán Vote por Lancha


Luis Alberto Jaime Nombre secreto
Buenos Aires, 1950-2012 Lima, 1963. @VotePorLancha
Músico. Otro gran lujo Reportero gráfico. Creativo, twittero menor de
de Orsai: ilustraciones de Fotografió a Stephen edad. Sus frases al pie apa-
Spinetta en la N4. Hawking en Orsai N15. recieron en la Orsai N11.

Spinozo Turcios Wernicke


Nombre secreto Omar María
@Spinozo Corozal, 1968 Olivos, 1958
Creativo, twittero misterio- Humorista gráfico. Ilustró Ilustradora. Dibujó «Nueve
so. Sus frases al pie apare- «Un mail» de Pedro cuentos» de Orsai N3 y «Mi
cieron en la Orsai N14. Mairal en Orsai N1. tía Chus» de Orsai N14.

Stucchi Urmeneta Wichter


Melania Mikel Tom
Buenos Aires, 1976 Pamplona, 1963 Kfas Sava (Israel), 1987
Guionista. Escribió un Dibujante y empresario. Periodista, alumno de los
folletín en 2012 y colaboró Desparramó locura en Masters Orsai. Su trabajo
también en Orsai N14. ocho páginas de Orsai N8. fue publicado en Orsai N16.

Symns Vallesi Wiener


Enrique Santiago Gabriela
Buenos Aires, 1946. @Mic_y_Mouse Lima, 1975
Periodista y escritor. Dibujante, escritor. Sus Periodista. Escribió en la
Relató parte de su vida en frases al pie aparecieron en N3 y opinó sobre el Fin del
las Orsai N8, N10 y N13. las Orsai N4, N5, N6 y N7. Mundo en las Orsai de 2012.

Tognola Vázquez Worcel


Martín Eva Lucas
Buenos Aires, 1972 Madrid, 1970 @korochi
Ilustrador. Colaboró con Ilustradora y arquitecta. Creativo, twittero. Sus
sus dibujos en las Orsai Participó en «Apartamente- frases al pie aparecieron
N3 y Orsai N9. ros» en Orsai N13. en las Orsai N1 y N2.

Tolsà Venturini Yiwu


Matías Aurora Liao
Villa Constitución, 1983 La Plata, 1922 Sichuan, 1958
Ilustrador. Forma parte del Escritora. Publicamos «El Escritor. Sacó la lengua en
staff y participó en todas murciélago», un cuento Orsai N12 y nos quitó el
las ediciones de Orsai. inédito, en Orsai N9. hambre para siempre.

Tolsà i Badia Vicchiarino Zabala


Ermengol Ariel Javier
Córdoba, 1958 Buenos Aires, 1977 León, 1962
Dibujante. Miembro funda- Fotógrafo. Colaboró en Ilustrador. Realizó la
cional de Orsai. Participó «René Lavand, el mundo portada de Orsai N13.
en todas las ediciones. en una mano», Orsai N4.

Torres Vigalondo Zela


Carla Nacho Richard
Quito, 1973 Cantabria, 1977 México DF, 1982
Artista gráfica. Ilustró Director de cine, actor. Ilustrador. Colaboró en
«¿Por qué mueren los Escribió sobre cine en casi Orsai N1 en «Mi padre el
terrícolas?» en Orsai N4. todas las Orsai de 2012. cartaginés».

Tourné Villafañe
Marcelo Javier
Bahía Blanca, 1968
Narrador, traductor. Tradu-
Buenos Aires, 1909-1996
Escritor. Publicamos nueve Orsai
jo un cuento del portugués cuentos del genial titiritero
en la edición N8 de Orsai. en Orsai N3.
La letra pequeña

ORSAI POR BONSAI STAFF

Editor responsable

N os vamos. Hoy dejamos de pedir cróni- Hernán Casciari


cas y dibujos a nuestros artistas admira-
dos. Pero nos quedamos para empezar otro Jefe de redacción
proyecto, en el que escribiremos y dibujare- Christian Basilis
mos nosotros. Gracias por acompañar a la
revista Orsai, por difundirla, por leer sus pá- Dirección de arte
ginas y por ofrecernos toda la confianza del María Monjardín
mundo. Ojalá se queden con nosotros en la
etapa que viene. Haremos un hijo de Orsai, Edición
más pequeño y también más nuestro, que Josefina Licitra
se llamará Bonsai. Desde 2014 lo podrán Karina Salguero-Moya
encontrar en OrsaiBonsai.com. Si tenemos
suerte, viejo y querido lector de Orsai, en Novela gráfica
enero te diremos otra vez «hola», pero des- Horacio Altuna
de las páginas de una aventura nueva.
Arte y diseño
Ermengol Tolsà
Matías Tolsà

BONSAI es una revista bimestral para toda la familia, con 88 páginas sin publicidad. Humor gráfico
Ángel Boligán
Escriben Hernán Casciari, Chiri Basilis y la presentación estelar de Josefina Licitra Bernardo Erlich
Eduardo Salles
en el papel de «Gabi». Arte y diseño de María Monjardín, Poly Bernatene y Matías Gustavo Sala
Juan Sáenz Valiente
Tolsà. Asesoramiento de Natalia Méndez y Eduardo Abel Giménez. Desde el 1 de enero. Liniers
Manel Fontdevila
Miguel Rep
Tute
Alberto Montt

Corrección
CAJA POR LIBRO Florencia Iglesias

En este número
Los lectores que compraron la suscripcón 2013 antes del quince de mayo espera- Marcos López
ban junto a esta edición una caja contenedora. ¡Por el amor de Dios, no descarguen Rodolfo Palacios
la furia contra sus distribuidores, no hagan piquetes en las calles ni manden cartas Leandro Bustamante
al diputado de su barrio! Las cajas contenedoras no se pudieron imprimir porque Hernán Iglesias Illa
tuvimos problemones de costos, de inflación y de logística. Es decir: hicimos mal Leandro Bustamante
los cálculos y llegamos al final de año con la lengua afuera. ¿Eso quiere decir que Ángeles Alemandi
los lectores se quedarán sin nada? No señor, porque sentimos culpa. Tenemos las Ana Bustelo
direcciones de todos los beneficiados —o perjudicados, según se vea—, y cada uno Pedro Mairal
recibirá un producto Orsai a elección. A finales de diciembre recibirán un mail con Claudia Piñeiro
indicaciones puntuales para que puedan elegir el regalo vía web. (En este caso no es Selva Almada
un regalo, sino un desagravio.) A pesar del obsequio supletorio, que esperamos les Mariana Reca
encante, les pedimos muchas disculpas por no haber podido cumplir esta parte de Federico Ben Cattan
la letra pequeña. Ana García Blaya
Gustavo De Tanti
Daniela Chueke
Brenda Fahey
Aviso legal. Desde este momento la publicación llamada Orsai deja de pertenecer a nuestro tiempo Gonzalo Gerardin
histórico y se convierte, sin dilación, en una revista de culto. Por tanto, queda terminantemente Juan Cruz Balian
prohibido decir «yo los acompañé desde el primer número» o «tengo la colección completa» o «yo Tom Wichter
colaboré en Orsai». Todas estas frases, y otras en el mismo estilo pomposo, serán ridiculizadas Guillermo Ortiz
por nuestros hijos y nietos. Desde hoy, tener una revista Orsai en la mesa ratona del comedor Sergio Paoletta
(como decoración intelectual) o en los estantes más visibles de los anaqueles, será considerado
snob. La que ustedes tienen ahora en sus manos es la última edición de un sueño breve que Desarrollo web
duró tres años. Solamente eso. Y ahora nos vamos a hacer otra cosa. Los ejemplares de esta
Orsai número dieciséis definitiva, correspondientes a los meses de noviembre y diciembre de
Guillermo Harosteguy
2013, fueron velados en imprenta Mundial, de calle Cortejarena 1862 de Buenos Aires, en el mes
de noviembre de 2013. El depósito legal es el L-1382-2010. El ISSN, el 9772014015004-16. La Administración
marca «Orsai, Nadie en el Medio» ya descansa en paz. Cristina Badia
Silvia Peralta

146 | Todas las frases al pie de esta edición son de @SergioPaoletta.