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FACULTAD DE FILOSOFÍA, LETRAS Y ESTUDIOS


ORIENTALES

ESCUELA DE LETRAS

LUNFARDO: DE ARGOT NACIONAL A ¿DIGLOSIA?

PROFESOR: BARQUET, JAVIER

ALUMNA: STECCONI, SOFÍA

MATERIA: SEMINARIO DE CIENCIAS DEL LENGUAJE

CAMPUS USAL NUESTRA SEÑORA DEL PILAR

FECHA DE FINAL: 7/12/2018


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INTRODUCCIÓN

El siglo XIX con sus oleadas de inmigrantes hacia Argentina hicieron que el español
que se hablaba en la zona del Río de la Plata sufriera, si es que la palabra es sufrir, cambios.
Si a eso se le suma el ya influjo de las lenguas indígenas de la zona, el resultado será tan
interesante como difícil de definir.

El lunfardo surge para esa época y consigo trae aparejados algunos dilemas que
tienen que ver con su origen, su uso y su posteridad. Autores como Antonio Dellepiane,
Benigno Lugones y Luis María Drago le concedieron un nacimiento en la sociedad
carcelaria de la época, diciendo así, que era un argot carcelario.

Los estudios posteriores del lunfardo fueron superadores y dijeron que el lunfardo
surge en los márgenes de la ciudad porteña y, como la mayoría de los delincuentes eran
seres marginales, conocían el lunfardo como el resto de la sociedad marginal.

En fin, saldada esa deuda, el lunfardo pasó a ser un argot provisto de préstamos de
diversas lenguas europeas e indígenas que fueron moldeándose hasta dar con una jerga
popular que se extendió hacia todo el país y devino en «argot nacional». Es más, hoy día, se
registran usos de lunfardo en países limítrofes.

La difusión del lunfardo tuvo que ver con el tango, los programas de radio de la
época, hasta una novela lunfarda que se titula La muerte del pibe Oscar (1926) escrita por
Lius C. Villamayor, considerada la primera novela lunfarda.

En este trabajo, específicamente lingüístico, nos proponemos estudiar el lunfardo


desde la perspectiva sociolingüística y demostrar que no es ya un «argot nacional» sino que
excede esas características y se produciría, en cambio, una situación diglósica entre el
lunfardo anexado al dialecto popular y el español rioplatense estándar.
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EL LUNFARDO Y SUS PRIMEROS ESTUDIOS

Las diferentes teorías sobre el lunfardo que han sido superadas si uno mira sus
comienzos y las apreciaciones actuales sobre un tema tan controversial, popular y
heteróclito como es este «argot nacional» como muchos lo llaman.

En un estudio que hacen Glozman y Lauría en el libro Voces y ecos. Una antología
de los debates sobre la lengua nacional (Argentina 1900-2000) se toman el trabajo de
reunir los primeros esbozos lingüísticos que se hicieron sobre nuestra lengua. En este
trabajo mencionaremos solo tres, el de Vicente Rossi, Roberto Arlt y Juan José Hernández
Arregui.

En el año 1926 Vicente Rossi publica un libro que se titula Cosas de negros y dice:

El argot de nuestros delincuentes profesionales, llamado en Buenos Aires


‘lunfardo’ y en Montevideo ‘malevo’, es la ‘muletilla’ de que se sirven los derrotistas
extranjeros y nativos para combinar los más pésimos chistes, cuando hablamos de
idioma propio en jestación. ‘Hé ahí el idioma nacional!’, nos dicen irónicamente, en las
páginas de nuestras publicaciones conceptuales serias 1. (Glozman y Lauría, 2012, p.,
51).

Si bien él lo llama muletilla, probablemente por no haber encontrado otro término


que le siente mejor, ya en los comienzos del lunfardo había intelectuales reflexionando
sobre esta nueva forma de habla. No llama la atención que lo que hoy es argot nacional en
su momento fue idioma nacional. El lunfardo no es un idioma, pero sí se deja ver que tiene
una impronta propia.

Roberto Arlt en una de sus Aguafuertes porteñas que se titula «El idioma de los
argentinos» del año 1930 afirma: «La moda del ‘gauchesco’ pasó; pero ahora se cierne otra
amenaza, está en formación el ‘lunfardo’, léxico de origen espurio, que se ha introducido en
muchas capas sociales pero que solo ha encontrado cultivadores en los barrios excéntricos
de la capital argentina» (2012, p., 57). Cabe notar que el lunfardo por aquellos días era solo
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Se conservan las erratas propias de la época.
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una manifestación lingüística de Capital, su uso era, específicamente, porteño. Con el


tiempo, su expansión lo llevó a escalas nacionales e internacionales, ya que en otros países
latinoamericanos se utilizan palabras del lunfardo.

Por último, Juan José Hernández Arregui en el libro La formación de la conciencia


nacional (1960) indica:

El lunfardo, que no es solo un hecho aislado en la ciudad puerto sino la mejor


demostración del carácter anticultural de la inmigración. El lunfardo no es una forma
dialectal, pero se le aproxima por su expresividad espontánea, ajena a la vida
intelectual y sumergida, por tanto, en la existencia concreta, inmediata, vivida, y en lo
esencial, afectiva. Todos los vocablos lunfardos apuntan por eso a estados pasionales o
a descripción de hechos sociales con matiz afectivo totalmente ajenos a las formas
abstractas superiores del pensamiento lógico. El lunfardo responde al fenómeno
sociológico bien conocido del período en que dos lenguas diferentes se encuentran.
Durante un lapso, ambas pertenecen separadas, pero determinados grupos adoptan la
lengua extraña, por ventajas comerciales, de relación social, etc. (…) El lunfardo es
una semilengua mixta con doble terminología y estructura fonética híbrida de español e
italiano. A veces, se le agregan otros idiomas, pero tales términos en general
desaparecen pronto. (…) El lunfardo es la coexistencia temporal, en ciertos grupos
marginales, de dos formas simultáneas de expresión, y al mismo tiempo, consecuencia
de la filiación idiomática común de dos lenguas derivadas de un mismo tronco. Pero el
lunfardo es hijo de una alteración de las relaciones materiales de los grupos sociales,
un desecho de la urbe desprendido del fenómeno inmigratorio y la lucha sórdida en el
mercado del trabajo tal cual se da en los aledaños sociales más bajos (2012, pp., 113-
114).

Habiendo pasado casi sesenta años esta definición es una de las más completas y
claras sobre el origen del lunfardo y su asidero en el habla de los argentinos. El lunfardo
tiene mucho que ver con el choque entre el habla de los italianos y la de los argentinos, a
eso se le suman prestamos de otros idiomas, pero la base italo-argentina es fundamental. A
la unión de estos dos idiomas se lo llamo cocoliche, por eso el lunfardo no es solamente la
unión de dos lenguas, es distinto porque tiene otros préstamos y el uso del vesre. Es
acertado el hecho de que fue parte del fenómeno inmigratorio y del habla marginal.
También, es acertado decir que surge como punto medio entre personas que venían de
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diferentes países y necesitaban cierto tipo de comunicación, casi imitando una lengua
pidgin en la que compartiendo palabras y términos de ambas lenguas aparece una especie
de criollo. Si bien no es, específicamente, el caso del lunfardo, no parece descabellado que
Henández Arregui lo haya visto así.

Otros estudios posteriores que se hicieron sobre el lunfardo fueron interesantes,


enigmáticos pero poco fidedignos a este tipo de expresión que nos representa. Muchos
autores decidieron pensarlo como un argot carcelario. Gerardo Lorenzino, por ejemplo,
sigue esta línea que formaron autores como Dellepiane sobre el lunfardo como argot
carcelario y su justificación se remite a que durante el último cuarto del siglo XIX, la vida
del inframundo de Buenos Aires inspiró la publicación de crónicas policiales en diarios y
monografías criminológicas. Para él: «Estas son las primeras referencias al lunfardo, toda
clase de delincuentes escondiéndose en los tugurios urbanos, arrabales o los bajo fondos de
Buenos Aires cuya población estaba experimentando una rápida evolución debido a la
creciente inmigración europea» (2016, p., 336). Si bien el lunfardo es un «argot» que surge
en un contexto marginal, no significa que sus hablantes hayan sido ladrones o delincuentes.
Sí se puede afirmar que la mayoría de los delincuentes, por ser marginales, conocían el
lunfardo, pero no que solo fuese utilizado por ellos.

Más adelante agrega: «Los diferentes tipos de ladrones –los carteristas o punguistas,
los ladrones de casas o escruchantes y los criminales violentos que atacaban a sus víctimas
o biabistas– se comunicaban entre sí mediante un discurso críptico llamado lunfardo»
(2016, p., 336). El lunfardo no es –ni fue– un discurso críptico, porque eso implicaría cierto
tipo de sociedad secreta y, al contrario, el lunfardo era de público conocimiento. Los que lo
utilizaban y quienes no lo utilizaban conocían el significado de la mayoría de sus palabras.

Se tiende a creer que el origen del lunfardo fue carcelario porque una de sus
etimologías más convincentes es su derivación del italiano lombardo 'natural de
Lombardía', proveniente del dialecto Romanesco, en el cual lombardo significa 'ladrón'.

Oscar Conde es uno de los estudiosos que más ha trabajado para poder definir y
contribuir a los estudios del lunfardo y él dice: «El hecho de que el término lunfardo
significara en su origen ‘ladrón’ llevó a conclusiones erróneas a los que se acercaron
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originariamente a estudiar el fenómeno. Pero el lunfardo no es –ni lo fue nunca– un


vocabulario delictivo» (Conde, p., 2). Creemos saldada la interrogante sobre su concepción,
claramente no es un vocabulario delictivo, Conde agrega: «El lunfardo no es un léxico
ladronil, y no lo es porque desde su mismo origen las palabras que lo integran exceden el
campo semántico del delito» (p., 4). Dada esta situación, sí podemos afirmar que los
ladrones de la época tuviesen conocimiento sobre algunas de las palabras del lunfardo por
ser seres marginales y porque el lunfardo nace en zonas marginales, pero no por eso lo
convierte en la jerga delictiva que tanto se esforzaron ciertos autores por comprobar.

EL LUNFARDO

Hacia fines del siglo XIX y principios del XX, la Argentina fue uno de los países con
más inmigración europea, específicamente, italiana. Uno de los problemas lingüísticos por
el choque entre idiomas hace surgir el cocoliche, mezcla de italiano y español que fue una
herramienta de comunicación útil para las personas que tenían que relacionarse entre sí.

Asimismo, esa época será de vital importancia para el surgimiento del lunfardo, que
no es lo mismo que el cocoliche. Para Oscar Conde: «Lo que distingue al lunfardo y lo
convierte en único dentro de las hablas populares es la extraordinaria cantidad de términos
tomados de otras lenguas distintas del español con los que se fue conformando» (p. 5). El
lunfardo posee, en su mayoría, préstamos del italiano (falluteli ‘persona informal’, gamba
‘pierna’, locatelli ‘loco’, baratieri ‘barato’), pero también de otros idiomas, excede las
fronteras del cocoliche. Si bien, los italianismos son una base del lunfardo, se registran
galicismos (brochette ‘brocheta’, carré ‘tipo de carne para asar’, mignon ‘tipo de pan’; la
vestimenta: robe de chambre ‘bata’ o soutien ‘sujetador’); portuguesismos (chambón
‘torpe’, chambonear ‘comportarse torpemente’, garúa ‘llovizna’, vichar ‘observar, espiar’
o vintén ‘pequeña cantidad de dinero’) y, Conde agrega: «El lunfardo recibió el aporte de
voces procedentes de lenguas aborígenes, como los quichuismos pucho ‘colilla’, cache ‘de
mal gusto’ o cancha ‘habilidad’, o tomadas del guaraní, como matete ‘desorden’, o del
araucano, como pilcha ‘ropa’» (p., 5). Por lo que se ve, el lunfardo es un conjunto de
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préstamos de varios idiomas que forman parte del español rioplatense y pertenecen tanto a
nuestra cultura como de las que proceden.

Según Conde: «A estos diversos aportes se les suma el vesre, un juego


anagramático, que no es ninguna invención argentina, como muchos piensan, sino un
procedimiento habitual en distintas hablas populares del mundo, que se merece, de todos
modos, una somera explicación» (p., 6). El vesre es tan comúnmente implementado por los
hablantes argentinos que, con escuchar una de esas palabras, el oyente no tiene que
reconstruir la palabra en su cabeza, simplemente sabe que un «feca» es un café y no tiene
por qué dar vuelta las sílabas para comprender eso. Conde ejemplifica: «El vesre se
manifiesta desde variantes léxicas fácilmente reconocibles o relativamente sencillas (feca,
orre, dorima, gotán) hasta anagramas irregulares (lompa, terrán, yoyega) y finalmente hasta
términos que los hablantes ya no reconocen como tales: viorsi, colimba, garpar, ortiba o
sarparse» (p., 6). Las palabras del vesre pueden tener distintos significados cuando el
hablante las aplica, por ejemplo, una persona puede decir ‘hotel’ y su vesre ‘telo’ pero no se
habla de lo mismo, dado que uno es un hotel como cualquiera que conocemos y el otro es
un albergue transitorio, respectivamente. El hablante conoce la diferencia de matices
cuando utiliza una palabra lunfarda y hacer uso de esta a la hora de producir el discurso no
es una elección al azar.

A modo de síntesis, para Conde: «El lunfardo fue conformando una síntesis
lingüística, una memoria viva de la historia de la Argentina, que da cuenta de los distintos
grupos sociales que, por retazos, han ido de a poco dando forma a nuestro país y que nos
recuerda a cada instante quiénes somos y de dónde venimos» (p., 5). Tanto el lunfardo
como el argentino son convergencias de distintos países, costumbres, orígenes. El argentino
tiene mucho arraigo con lo italiano o lo francés o lo aborigen, tal es así con el lunfardo. Es
la forma más clara de descripción. Todo aquello que es el argentino, también es el lunfardo.

Como definición generalizadora:

Las palabras son un modo de categorizar la realidad y, como es sabido, el


lenguaje impregna todas las cosas. Una prueba de ello es que el lunfardo se ha vuelto
un elemento constitutivo de la cultura rioplatense y en este sentido cumple un papel
central –y no simplemente decorativo– en las manifestaciones más trascendentes de la
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literatura popular, el periodismo y el teatro de las primeras décadas del siglo XX y


fundamentalmente en las letras del tango, pero mucho después, también en la radio, la
televisión, el teatro, la literatura canónica y las letras de temas del rock nacional y la
cumbia villera. Todo ello, ligado al arte y los medios de comunicación, se ha dado
como reflejo de una manera propia de expresarse en la que el léxico lunfardo
sobrelleva un potente peso connotativo (Conde, p., 6-7).

El lunfardo ocupa un papel central en el habla de los argentinos y, hasta de algunos


países como Uruguay, Paraguay, Chile, Brasil, Colombia, entre otros. Si bien surge en los
márgenes de la sociedad porteña, su crecimiento fue tal que no hay lugar en la Argentina en
donde no se conozca o utilice, aunque sea una de las palabras lunfardas. No hay niño que
no haya escuchado decir alguna de esas palabras a sus padres o abuelos y la tradición sigue
su curso y pasa de generación en generación como una especie de legado en el que los
argentinos nos sentimos con la obligación de transmitir, porque es tan nuestro como el
dulce de leche o el alfajor.

UNA MIRADA LINGÜÍSTICA

La mayoría de los estudiosos del lunfardo no eran lingüistas y no se preocupaban


por analizar este fenómeno desde esa perspectiva. Se sostiene –casi como axioma– que el
lunfardo es un argot nacional. Surge, como mencionamos, en las periferias y márgenes de la
ciudad porteña, pero se ha ido expandiendo por el resto de la Argentina y países limítrofes.
Esto dio en un argot que nos representa a los argentinos y nos califica como entidad
nacional.

En este estudio, que tendrá un enfoque sociolingüístico, se estudiará en lunfardo


como argot y nuestra perspectiva sobre esta definición que parece insuficiente para abarcar
este dilema lingüístico.

Oscar Conde afirma de manera tajante: «El lunfardo no es un idioma, porque las
palabras que lo componen son esencialmente verbos, sustantivos y adjetivos y porque
utiliza la misma sintaxis y los mismos procedimientos flexionales que el castellano. No es
posible hablar completamente en lunfardo, sino a lo sumo hablar con lunfardo» (p., 1). Si
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bien es una argumentación correcta y la realidad es que el lunfardo no posee una gramática
ni una normativa propia como para poder definirse como una lengua distinta del español
rioplatense, parece que Conde también se contradice cuando afirma: «No deja de ser
asombroso que todavía los límites del lunfardo permanezcan tan confusos. No sólo sigue
habiendo imprecisiones en su caracterización sino también siguen proponiéndose para él
definiciones impropias o, peor, completamente equivocadas» (p., 2). Siendo que los límites
son confusos, sería, entonces, aún más difícil poder definirlo bajo determinados preceptos,
tales como decir que es un argot cuando su alcance, su desplazamiento, su utilización
parecen temas abiertos a cambios constantes.

Sí coincidimos con Conde cuando dice que el lunfardo debe ser entendido más bien
como un modo de expresión popular. Y agrega: «Yo lo defino como un repertorio léxico
integrado por palabras y expresiones de diverso origen, utilizadas en alternancia con las del
español estándar y difundido transversalmente en todas las capas sociales y centros urbanos
de la Argentina. Aunque su origen pueda ubicarse en Buenos Aires, este vocabulario se ha
extendido ya a todo el país» (p., 4). Es una de las definiciones más acertadas considerarlo
como parte de una expresión popular, la expresión popular es ese lunfardo mismo.
Consideraremos el lunfardo como equivalente a la expresión popular.

Argentina no es el único país en donde se da este fenómeno, Conde dice: «En casi
todos los idiomas existe un vocabulario de este tipo. En Francia es el argot, en Brasil la
giria, en Chile la coa, en los Estados Unidos el slang. Todos son repertorios léxicos creados
por esos pueblos al margen de la lengua general, pero básicamente compuestos de términos
que pertenecen a esa misma lengua» (p., 4). La denominación argot surge para ponerle un
nombre a la expresión popular de Francia y luego toma otros nombres en los diversos
países. Luego, argot terminó siendo un tipo de manifestación lingüística que surge en
grupos que comparten un lenguaje común.

Primero, hablaremos de lo que es una comunidad lingüística. Gumperz la define


como: «Un grupo social que puede ser monolingüe o multilingüe, unificado por la
frecuencia de interacción social estructurada y separada de las áreas circunvecinas en
términos de comunicación» (1962, p., 238). Entonces, consideraremos a los hablantes del
lunfardo como una comunidad lingüística que comparte este «argot» en común. Justo, es
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casualidad que sea en Argentina y la comunidad lingüística sea la Argentina. Pero el recorte
se puede hacer aún de forma más amplia. Por ejemplo, podemos encontrar una comunidad
lingüística hispanohablante sin importar los regionalismos y allí entrarían decenas de países
e islas que comparten esa lengua en común. A partir de eso, debemos entender que una
comunidad lingüística no siempre coincide con las líneas limítrofes designadas por la
geografía. Creemos que, el día de mañana, la comunidad lingüística que comparte el
lunfardo abrirá sus puertas aún más a países limítrofes, entonces ya estaríamos hablando de
una América Latina como comunidad lingüística que utiliza el lunfardo, pero eso no ha
pasado todavía, a pesar de las pequeñas filtraciones de lunfardo que encontramos en países
vecinos.

Para Gumperz los argots: «Funcionan como idiomas internos de cada grupo y
coexisten con códigos sobrepuestos que se usan para la comunicación con extraños» (p.,
244). Si bien los argots pertenecen a determinados grupos, hay argot carcelario, argot
médico, argot rural, etc., no funcionan específicamente como idiomas. Él encuentra tres
formas de argot:

El primer grupo que podemos llamar dialectos subregionales o regionales se


prestan para comunicación en los mercados y como un medio de comunicación entre
los grupos.

El segundo grupo de argots es el empleado por ciertos grupos sociales o


profesionales al cumplir con sus actividades especiales. Aquí podemos incluir el habla
especial de ciertos grupos de comerciantes, el argot de los ladrones y los estilos
literarios y de recitación propia de los narradores de cuentos populares.

La tercera categoría incluye los códigos sagrados y administrativos, los cuales


se distribuyen en regiones más vastas y geográfica y socialmente más diversas que las
del grupo anterior (1962, pp., 244-245).

En el caso del lunfardo sería una tarea ardua intentar probar en cual de esos tipos de
argots tiene asidero. Puede considerarse como en el primer grupo, un dialecto subregional,
pero lejos está de haber nacido para una comunicación en los mercados o medios de
comunicación entre los grupos. Si consideráramos un dialecto subregional que surge a
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partir de la comunicación en los mercados o en la vida cotidiana, ahí tendríamos que ubicar
al cocoliche, pero no es el caso del lunfardo.

PROBLEMAS DE DEFINICIÓN

El lunfardo presenta, en cierto modo, problemas para definirlo. Parece


simplista considerarlo meramente un argot, porque su categorización excede las
definiciones. Creemos que analizando la concepción de diglosia, podríamos empezar
a cultivar sobre terreno fértil.

En un estudio interesante sobre la diglosia, Ferguson dice: «En muchas


comunidades lingüísticas se presenta el fenómeno de que algunos hablantes usen dos o más
variedades de la misma lengua de acuerdo a diferentes circunstancias. Tal vez el ejemplo
más corriente es el caso de una lengua estándar y un dialecto regional» (1959, p., 1). El
lunfardo pasó a ser una parte constituyente del dialecto regional, acaparó la totalidad de
dialecto regional por su cantidad de palabras, locuciones, expresiones y demás. Como
asegura Conde, no es un idioma por no poseer gramática, se puede hablar con lunfardo y
cuando se habla con lunfardo se habla en un dialecto regional. Ferguson dice: «La diglosia
puede desarrollarse a partir de orígenes diversos y terminar en diferentes situaciones
lingüísticas» (p., 1). Por eso, creemos que la definición de diglosia podría caberle más al
lunfardo, porque la diglosia puede darse a partir de orígenes muy diversos y terminar en
situaciones aún más diversas.

Distinguiremos, entonces, los dos componentes de la diglosia, el primer


componente será el llamado A y lo consideraremos como español rioplatense estándar y el
otro componente es el lunfardo, como dialecto regional, al cual llamaremos B. según
Ferguson: «Uno de los rasgos más importantes de la diglosia es la función especializada de
A y B. en un grupo de situaciones solo A resulta apropiada, y en otro solo B, y es muy leve
la superposición de estos dos grupos» (p., 3). Con lo cual, si nos remitimos a las esferas de
utilización del lunfardo, podría cuadrar la misma afirmación. El español estándar que se usa
en Argentina puede involucrar escritos académicos, conversaciones formales, situaciones en
las que los participantes recién se conocen, escritos administrativos, judiciales, etc. En
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cambio, el lunfardo solo se da en esferas más informales o en los momentos en que los
participantes tienen determinado nivel de confianza como para elegir ciertas palabras
lunfardas y no sus equivalentes en español estándar. Uno de los ejemplos de Conde es: «La
utilización de un lunfardismo para expresar cierta idea podría alguna vez dar cuenta de un
usuario que recurre a ese término sin haber tenido elección –por no dominar otra variante
del español rioplatense–, pero lo más habitual es que el hablante elija conscientemente la
palabra que está usando» (Conde, p., 8). El hablante que maneja ambos registros, tanto el
formal como el informal, puede hacer uso de cualquiera de ellos, por ejemplo en una
conversación entre amigas es poco probable que una la invite a la otra a tomar una cerveza,
quizás le diga «¿Querés tomar un birra?» porque decir lo mismo en lunfardo genera otra
connotación. También de ese modo, sucede en una situación inversa, si un alumno tiene que
hablar con un profesor es poco probable que le diga «profesor, no vine porque me quedé
apolillando», utilizaría una palabra más estándar «no vine porque me quedé durmiendo».
La decisión de utilizar el lunfardo es completamente consciente en un hablante que puede
utilizar correctamente ambos registros.

Ferguson dice: «La importancia del uso de la variedad correcta en la situación


apropiada difícilmente pude sobreestimarse. Un extraño que aprenda a hablar con fluidez y
exactitud B y la emplea luego en un discurso formal, hace el ridículo» (p., 3). Si pusiéramos
el ejemplo de una persona que aprenda B y en una situación formal dijera «Buenos Aires es
una ciudad piola para salir de farra», cualquier hablante nativo que conoce A seguramente
crea que esté haciendo el ridículo. Por eso, la utilización de A o B en los distintos marcos en
que se inscriben es de vital importancia. Lo mismo pasa cuando «Un miembro de la
comunidad lingüística que use A en una situación puramente conversacional o en una
actividad ordinaria e informal, hace igualmente el ridículo» (1959, p., 3). Por lo cual, las
elecciones, el uso y el contexto y cotexto son fundamentales a la hora de elegir, por
ejemplo, el español estándar o el lunfardo.

Siguiendo la misma línea, el autor antes mencionado afirma: «Todos los que hablan
las lenguas definidoras consideran que A es superior a B. Este sentimiento es a veces tan
fuerte que solamente A es considerada verdadera, y B tenida por ‘inexistente’» (p., 4). No
creemos que el lunfardo sea considerado como inexistente, de hecho, es un tema de debate
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y estudio, pero sí pasa que los hablantes, quienes conocen el lunfardo lo tomen como un
léxico inferior al español rioplatense estándar.

El punto crucial por el cual Conde afirma que el lunfardo no es una lengua es
porque no tiene una gramática, pero, a pesar de no tener una gramática, tampoco ha habido
muchos estudios que lo trabajen desde el aspecto normativo, gramatical y lexical,
coincidimos con Ferguson cuando dice:

En todas las lenguas definidoras existe una fuerte tradición de estudio


gramatical de la forma A del lenguaje. Existen gramáticas, diccionarios, tratados de
pronunciación, estilo etcétera. Hay una norma establecida para la pronunciación,
gramática y vocabulario que solo permite variación dentro de ciertos límites. La
ortografía está bien establecida y tiene poca variación. Por el contrario, los estudios
descriptivos de la forma B o no existen o son relativamente recientes y escasos (1959,
p., 5).

Si bien no existe en el lunfardo flexión verbal, análisis sintáctico y otros aspectos


que estudia la gramática por ser compuesto solo por palabras y locuciones, tampoco hemos
encontrado otros tipo de estudios que ayuden a generar normas de pronunciación,
variaciones dentro de determinados límites, reglas de composición de palabras en lunfardo
y demás. Con lo cual, la forma B lunfarda carece de estudios amplios sobre el tema,
probablemente porque ese tipo de estudios sea muy reciente.

En fin, lejos de querer tomar una posición en contra de la de autores como Conde y
su concepción del lunfardo como un argot nacional, creemos necesario hacer la observación
de que el lunfardo excede las características de argot y se condice más con las
características de la diglosia expuesta por Ferguson. Probablemente, haya estudiosos que
consideren erróneas estas apreciaciones, pero creemos que se asemeja más la diglosia que
el argot al gran tema del lunfardo para la Argentina y los países que comienzan a abrirle sus
puertas.

CONCLUSIÓN
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Para cerrar el análisis del trabajo, creemos que lo expuesto en él puede ser el
puntapié de futuras investigaciones sobre el lunfardo no ya como argot, sino como algo
más. Podría ser interesante crear una terminología que se utilice para poder describirlo
mejor, en caso de creer que considerarlo como una diglosia sea descabellado.

Lo cierto es que, el lunfardo desde la perspectiva sociolingüística no ha sido


ampliamente estudiado, se caracterizó como argot y no hubo discusiones al respecto. La
discusión más importante en torno del lunfardo ha sido saldada y es la que afirmaba que era
un argot carcelario.

Ya no se lo considera argot carcelario, o al menos, pocas personas lo considerarán


así, pero nadie ha discutido la noción de argot, y se fue dando como aceptada. Los
estudiosos del lunfardo no se preguntaron el porqué de considerar como argot algo tan
intrincado como el lunfardo.

En sus pocas posibilidades de definición, por su origen, sus composiciones, las


palabras que lo integran y su uso cotidiano, el lunfardo sigue dando que hablar a través de
los años al mismo tiempo que se enraíza en el habla de los argentinos como algo más
nuestro que el simple español que heredamos de los colonizadores.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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Conde, O. (S/F), El lunfardo en la literatura argentina.

Ferguson, C. (1959), Diglosia, Word nº 15.

Glozman, M. y Lauría, D. (2012), Voces y ecos. Una antología de los debates sobre la

lengua nacional (Argentina 1900-2000), Buenos Aires, Cabiria/ Biblioteca Nacional.

Gumperz, J. (1962), Tipos de comunidades lingüísticas, Anthropological Linguistics nº4.

Lorenzino, G. (2016), El lunfardo en la evolución del español argentino.