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UNIVERSIDAD AUSTRAL

C uadernos de D e r e c h o I n t e r n a c io n a l

Los límites de la
República Argentina
FRIDA ARMAS PFIRTER
JULIO A. BARBERIS
ALAN BÉRAUD
NELLY FREYRE

*
aiB _
Editorial Abaco de Rodolfo Depalma
LOS LÍMITES
DE LA
REPÚBLICA ARGENTINA
CÁTEDRA DE DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO

J u l io A. B a r b e r is (Profesor titular)

F r id a A r m a s P f ir t e r (Profesora adjunta)

M a r ía F e r n a n d a P é r e z S o l l a (Asistente)

J o s e f in a Z u l o a g a (Asistente)

U N IVER SID AD AUSTRAL


C u a d e r n o s de D er ech o I n t e r n a c io n a l

Los límites
de la
República Argentina

FRID A. ARMAS PFIRTER


JULIO A. BARBERIS
ALAN BÉRAUD
NELLY FREYRE

ABACO

*
Editorial Abaco de Rodolfo Depalma
CIUDAD DE BUENOS AIRES
L o s m a p a s d e e s t a o b r a fu e r o n c o n fe c c io n a d o s
p o r A n a L ía S u á r e z , t é c n ic a c a r tó g r a fa .

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palardón otorgado a esta editorial, 1998

©
E d i t o r i a l À b a c o d e R o d o l f o D e p a l m a s .r .l .

Tucum án 1429, I a - Ciudad de B uenos Aires

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723


I.S.B.N. 950-569-134-3

Impreso en mayo de 2000


Verlap S.A. Producciones Gráficas
Comandante Spurr 653, Avellaneda
(Prov. de Buenos Aires)

IMPRESO EN LA ARGENTINA
PRELIMINAR

Tal como se expresó al publicar el primero de estos


Cuadernos, su finalidad es completar la enseñanza qué
se imparte en la cátedra de Derecho Internacional Público
y facilitar el aprendizaje de los estudiantes. El Cuaderno
n9 2, que aquí presentamos, tiene por tema los límites
de la República Argentina.
La cuestión de los límites internacionales de un Es­
tado puede ser analizada desde muy diversos puntos de
vista. Así, la ciencia política y la sociología tratan de
considerar el límite como el punto de confluencia de fac­
tores políticos, económicos y sociales distintos. El topó­
grafo y el geodesta examinan principalmente los aspectos
vinculados con el trazado de las líneas de límite, su con­
figuración en las cartas geográficas adecuadas y su de­
marcación en el terreno. Los estudiantes de derecho se
interesan particularmente por las formas que se han uti­
lizado en cada caso para otorgar valor jurídico de límite
internacional a una cierta línea, ya sea mediante un trata­
do, una costumbre bilateral, una sentencia judicial o ar­
bitral, una resolución de una organización internacional,
etc. En este Cuaderno se exponen los límites del territorio
continental argentino desde un ángulo histórico-jurídico,
dejando los límites marítimos para una publicación pos­
terior Se ha estimado conveniente agregar como anexos
el tratado del Río de la Plata y su frente marítimo
8 L O S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

(19 / X I / 1973) y el reciente acuerdo con Chile para precisar


el recorrido del límite en la zona de los hielos continentales
(16/ X I I / 1998).
En este Cuaderno han colaborado con la cátedra dos
miembros distinguidos del Servicio Exterior de la Nación:
la embajadora Nelly Freyre y el consejero Alan Béraud.
La embajadora Freyre tuvo a su cargo los capítulos I,
II y IV, que se refieren a la formación del territorio ar­
gentino y a los límites con Bolivia y con el Paraguay.
El consejero Béraud redactó el capítulo III, sobre los lí­
mites con el Brasil. La profesora Armas Pfirter es autora
del capítulo VI sobre los límites con el Uruguay, mientras
que el capítulo V, que trata de los límites con Chile, estuvo
a cargo del profesor Barberis. Los mapas y croquis que
se hallan en esta obra fueron realizados por la señora
Ana Lía Suárez, técnica cartógrafa.
Los autores agradecen cordialmente la valiosa ayuda
recibida del general Luis M. Miró, presidente de la Co­
misión Nacional de Límites; del ministro Carlos Pezzano
Rava, director de Tratados de la Cancillería, y del señor
Carlos José Cerutti, topógrafo y delegado demarcador de
la Comisión Nacional de Límites. El agradecimiento se
extiende también a los señores Ricardo Di Lelle, Martín
A. Giménez, Florencia Perotti y Humberto Soria, funcio­
narios de la Dirección de Tratados de la Cancillería.
INDICE GENERAL

P r e l i m i n a r .................................................................................................. 7

A b r e v i a t u r a s e m p l e a d a s ........................................ 13

C a p ít u l o P r im e r o

FORMACIÓN DEL TERRITORIO DE LA REPÚBLICA


ARGENTINA

1. La práctica del “uti possidetis” ............................... 15


2. El Virreinato del Río de la P la t a ........................... 17
3. El proceso de desmembramiento territorial ........ 20
a) La independencia del Paraguay......................... 20
b) La independencia de las provincias del Alto Perú 22
c) La independencia de la Banda Oriental ........ 23

C a p ítu lo II

LOS LÍMITES CON BOLIVIA

4. Introducción................................................................... 25
5. Los problemas territoriales planteados ................. 26
a) La cuestión de T arija............................................ 26
b) La cuestión del C h a c o .......................................... 28
6. Tratativas para un convenio de lím ites................. 29
7. El tratado de 1889 ...................................................... 30
8. La cuestión de A ta ca m a ............................................ 32
10 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

9. La demarcación. Los errores en los m a p a s ........ 34


10. Actas y protocolos ...................................................... 36
11. El tratado de 1925 ...................................................... 39
12. El tramo D’Orbigny-Esm eralda............................... 41
13. Se completa la dem arcación..................................... 42
14. Los cambios de jurisdicción y las propiedades pri­
vadas .............................................................................. 42

C a p ítu lo III

LOS LÍMITES CON EL BRASIL

15. Introducción................................................................... 45
16. La situación limítrofe existente en el momento de
la independencia am ericana...................................... 46
17. El tratado concertado por la Confederación Argen­
tina en 1857 ................................................................. 49
18. La creación de la Comisión mixta exploratoria . . 50
19. El compromiso arbitral de 1889 ............................. 51
20. El arbitraje de Cleveland de 1895 ......................... 53
21. El tratado de límites de 1898 ................................. 58
22. La dem arcación............................................................. 59

C a p ít u lo IV

LOS LÍMITES CON EL PARAGUAY

23. Introducción................................................................... 61
24. Primeras negociacion es.............................................. 62
25. El tratado de la Triple A lia n za ............................... 63
26. El tratado de 1876 ...................................................... 65
27. El laudo del Presidente Hayes ............................... 68
28. La cuestión del brazo principal del río Pilcomayo 69
29. El tratado complementario de límites de 1939 . . 73
30. El tratado complementario de límites definitivos en
el río P ilco m a y o .......... ............................................... 74
31. La dem arcación............................................................. 77
Í n d ic e general 11

a) En el río P ilcom a y o.............................................. 77


b) En los ríos Paraná y P araguay......................... 77

C a p ít u lo V

LOS LÍMITES CON CHILE

32. Introducción................................................................... 79
33. El convenio de 1855: el principio del “uti possidetis” 80
34. Los proyectos de una convención sobre límites . . 81
35. El tratado de límites de 1 8 8 1 .................................. 83
36. Evaluación de sus disposiciones ............................. 8&
37. La dem arcación............................................................ 89
38. El protocolo de 1893 .................................................. 92
39. El arbitraje británico.................................................. 93
40. La Puna de A tacam a.................................................. 97
41. Los Pactos de M a y o.................................................... 101
42. La sentencia arbitral de Eduardo V I I ................... 103
43. La Comisión mixta de lím ites................................. 107
44. El litigio de Río Encuentro ..................................... 108
45. La cuestión del canal B eagle.................................... 111
46. La mediación papal. El tratado de paz y amistad
(1 9 8 4 ) ............................................................................. 115
47. Los acuerdos de 1991 ................................................ 119
48. La Laguna del Desierto ............................................ 120
49. Los hielos continentales ............................................ 124

C a p ítu lo VI

LOS LÍMITES CON EL URUGUAY

50. Introducción................................................................... 127

A) E l lím ite en el R ío d e la P lata

51. A n teced en tes................................................................. 128


12 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

52. El tratado del Río de la Plata y su frente marítimo:


la distribución de competencias sobre la base de
criterios territoriales y no territoriales................. 134
53. Régimen establecido en el r í o .................................. 135
a) Diferentes reg ím en es............................................ 136
b) Normas aplicables ................................................ 137
54. El frente m arítim o...................................................... 139
a) N avegación............................................................... 140
b) Contam inación......................................................... 140
c) Investigación científica ........................................ 141
d) Explotación de recursos........................................ 142

B ) E l lím ite en el río U ru gu ay

55. A n teceden tes................................................................. 143


56. Los límites establecidos por el tratado ................. 145

A p é n d i c e

TEXTOS DE LOS ACUERDOS


MÁS RECIENTES

Tratado del Río de la Plata y su frente marítimo . . . 149


Acuerdo para precisar el recorrido del límite desde el
Monte Fitz Roy hasta el Cerro D au det................. 177
ABREVIATURAS EMPLEADAS

A .F .D .I......................... Annuaire Français de Droit International.


A le g a to ........................ Alegato de la República Argentina sobre la cuestión
de límites con el Brasil en el territorio de Misiones,
sometida al presidente de los Estados Unidos, Was­
hington, 1894.
A ntecedentes históri­
cos y geográficos . . . Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. Co­
misiones argentinas demarcadoras de límites. An­
tecedentes históricos y geográficos que sirvieron
de base para dar solución definitiva a los límites
entre las Repúblicas Argentina y del Paraguay en
el río Pilcomayo, Buenos Aires, 1956.
Informe fi n a l............. Informe final de la Comisión Demarcadora de Lí­
mites Argentina-Bolivia, Buenos Aires, 1953.
Instrumentos
in tern a cion a les......... Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la
República Argentina. Instrumentos internaciona­
les de carácter bilateral suscriptos por la República
Argentina, 3 vols., Buenos Aires, 1950.
M em oria..................... Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores
y Culto.
R.d.C............................. Recueil des Cours de l’Académie de Droit Inter­
national de La Haye.
Tratados de Chile . . M inisterio de Relaciones Exteriores. Tratados,
convenciones y arreglos internacionales de Chile
1810-1977, Santiago de Chile, 1977, t. III, “Trata­
dos bilaterales Chile-Argentina” , vol. 1.
Tratados de la
A rg en tin a ................... República Argentina. Tratados, convenciones, pro­
tocolos, actos y acuerdos internacionales, 11 vols.,
Buenos Aires, 1911-1912.
C a p ít u l o P r im e r o

FORM ACIÓN DEL TERRITORIO


DE LA
REPÚBLICA ARGENTINA

§ 1. La p r á c t ic a del “ u t i p o s s id e t is ”

Desde principios del siglo xix se produjeron, en di­


versos lugares de los dominios españoles en América, mo­
vimientos revolucionarios que culminaron con la indepen­
dencia de toda la región. Una de las primeras sublevaciones
fue la encabezada por Francisco de Miranda en 1806 y
puede decirse que la guerra de emancipación concluyó
con la batalla de Ayacucho en 1824. Pero, como conse­
cuencia de este proceso, la América hispana no constituyó
un solo Estado soberano, sino que proclamaron su inde­
pendencia las distintas divisiones administrativas que la
integraban, asentadas en una base territorial cuyos lím i­
tes habían sido fijados por la corona española.
Los nuevos Estados se consideraron sucesores de los
títulos adquiridos por España sobre las Indias occiden­
tales en virtud de las bulas Inter caetera y Dudum siqui-
dem, dictadas por el Papa Alejandro VI en 1493. Según
estos títulos, al oeste de la línea que se fijó en el tratado
de Tordesillas, la soberanía de España se extendía a todas
16 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

las tierras descubiertas y por descubrir, sin que se requi­


riera la toma de posesión de las mismas, razón por la
cual no existían territorios que fueran res nullius en Am é­
rica. Por ello, los Estados hispanoamericanos tuvieron,
desde su emancipación, plena jurisdicción sobre sus res­
pectivos territorios, incluso en las zonas sobre las cuales
no ejercían la posesión efectiva. Además, los límites entre
ellos, que eran los de las antiguas divisiones adm inis­
trativas indianas de las que esos países provenían, se
convirtieron en fronteras internacionales.
La concepción de los nuevos Estados hispanoam eri­
canos, según la cual los antiguos límites administrativos
entre ellos pasaron a tener el carácter de fronteras inter­
nacionales y ningún territorio en América es res nullius,
es denominada uti possidetis1. Estos países la adoptaron2
en sus tratados de límites3, en cláusulas de sus consti­
tuciones nacionales4 y en compromisos por los cuales so­
m etieron al arbitraje conflictos territoriales o de fronte­

1 Ver sentencia arbitral del 24/111/1922 en la cuestión fronteriza entre


Colombia y Venezuela ( U n i t e d N a t i o n s , Reports o f International Arbitral
Awards, vol. I, p. 228). N o existe relación entre esta concepción y el in­
terdicto posesorio del derecho romano. Es un simple caso de homonimia.
Véase B a r b e r i s , “Les regles spécifiques du droit international en Amérique
latine”, R.d.C., t. 235, (1992-IV), ps. 140 y siguientes.
2 La Argentina ha invocado el uti possidetis en sus cuestiones de
límites con Bolivia, Chile y el Paraguay.
3 Se considera que el primer tratado que sostiene esta doctrina es
el de alianza y federación concluido el 28/V/1811 entre Venezuela y Cun-
dinamarca, del cual sólo se conserva una síntesis publicada en C a v e l i e r ,
Tratados de Colombia, Bogotá, 1982, t. I, p. 13 y ss. La Argentina y Chile
estipularon en el tratado del 30/VIII/1855 que reconocerían como límites
de sus respectivos territorios los que existían en el momento de su eman­
cipación de España en 1810 (art. 39).
4 Incorporaron este principió las constituciones de Ecuador, Vene­
zuela, Costa Rica y Estados Unidos Mexicanos, entre otras.
F o r m a c ió n del t e r r it o r io 17

ra s5. También la aplicó la jurisprudencia internacional


en controversias entre dichos Estados, pero sólo en los
casos en que éstos la hubieran estipulado en un tratado,
o aceptado en su constitución o en sus leyes internas6.
No hay caso alguno en América latina en que haya sido
aplicada por un tribunal sin que existiera un acuerdo o
la aceptación de las Partes para ello7. La regla del uti
possidetis fue igualmente invocada por países hispanoa­
mericanos en sus conflictos con terceros Estados, pero
un análisis de la práctica convencional y la jurisprudencia
dem uestran que en estos casos ha prevalecido la ocupa­
ción como condición necesaria para adquirir la soberanía
territorial.

§ 2. E l V ir r e in a t o del Río de la P lata

El territorio de la República Argentina es parte del


que correspondía al Virreinato del Río de la Plata en la
época de la em ancipación (25 de mayo de 1810), al cual
tam bién pertenecían las actuales repúblicas de Bolivia,
Paraguay y Uruguay, e incluso un sector de los estados
sureños del Brasil: Rio Grande do Sul, Santa Catarina
y Paraná. Fue creado en forma provisoria por Real Cédula
del l g de agosto de 17768, dictada por el rey Carlos III,

5 Aparece en los compromisos suscriptos para someter al arbitraje


cuestiones de límites por Venezuela y Colombia (1891), Honduras y Ni­
caragua (1906) y el Perú y Bolivia (1909).
6 Cuando los Estados han fijado sus fronteras mencionando los an­
tiguos limites coloniales o reivindican como propio el territorio que per­
teneció a una audiencia, una capitanía general, una intendencia o un
virreinato durante la época colonial.
7 Ningún tribunal la ha aplicado como norma supletoria.
8 Tratados de la Argentina, t. XI, ps. 173 y ss. Mediante esta Cédula
fue nombrado virrey Pedro de Cevallos.

2- B a r b e r is
18 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

obedeciendo a necesidades de política interna y a la ur­


gencia de proveer a la defensa de las costas de la Pa­
tagonia, así como contener la expansión portuguesa sobre
la región de las Misiones y la Banda O riental9.
Sin precisar sus límites, se estableció que el distrito
del nuevo Virreinato abarcaba las provincias o goberna­
ciones de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa
Cruz de la Sierra, Charcas y todos los territorios a los
que se extendía la jurisdicción de esa A udiencia10, ade­
más de los territorios de las ciudades de Mendoza y San
Juan del Pico, dependientes hasta entonces de la Gober­
nación de C h ile11. De tal modo, se extendía: al norte,
hasta el río Desaguadero, que lo separaba del Virreinato
del Perú, comprendiendo la región del lago Titicaca, la
parte superior de los ríos Beni, Mamoré, Guaporé y Jaurú
y las vertientes de los ríos Paraná y Uruguay; al este,
cubría la vertiente del río Uruguay, incluidas las misiones
guaraníes, la región del Río de la Plata, lindando con
las posesiones portuguesas12, y llegaba al Océano Atlán­
tico; al oeste, alcanzaba el Océano Pacífico, entre los ríos
Desaguadero y Salado y la Cordillera de los Andes lo
separaba de la Gobernación de Chile; y al sur, abarcaba

9 Q u e s a d a , Virreinato del Río de la Plata. 1776-1810, Buenos Aires,


1881, p. 9.
i° Potosí, Santa Cruz de la Sierra, Charcas y La Paz (no mencionada
expresamente en la Cédula) hasta ese momento formaban parte del Vi­
rreinato del Perú.
11 Esta dependía del Virreinato del Perú. En 1778 fue elevada al
rango de Capitanía General, separándola de ese Virreinato.
12 El deslinde entre las posesiones españolas y portuguesas en Amé­
rica fue objeto de las bulas Inter caetera y Dudum siquidem (1493) y de
los tratados de Tordesillas (1494), de Lisboa (1681), de Utrecht (1713),
de Madrid o de Permuta (1750) y de San Ildefonso (1777), que se exa­
minarán más adelante.
F o r m a c ió n del t e r r it o r io 19

la Patagonia, como también las demás tierras e islas si­


tuadas en la extremidad austral del continente13.
Por Real Cédula del 27 de octubre de 177414, el Vi­
rreinato pasó a ser permanente y el 28 de enero de 1782
se dictó la Real O rdenanza15 que lo dividió en ocho in­
tendencias, cada una de las cuales tomó el nombre de
la ciudad que habría de ser su capital: Buenos A ire s16,
Asunción del Paraguay, M endoza17, San Miguel del Tu-
cum án18, Santa Cruz de la Sierra19, La Plata20, Potosí
y La Paz. Esta organización territorial -q u e también in­
cluía cuatro gobiernos subordinados de carácter militar
para la defensa de las fronteras: Montevideo, Misiones,
M oxos y C hiquitos-, fue confirmada por posteriores reales

13 Los límites del nuevo virreinato fueron los que ya estaban seña­
lados para las gobernaciones que se incluyeron en su distrito.
14 Tratados de la Argentina, t. XI, ps. 193 a 196. Mediante esta Cé­
dula fue nombrado nuevo virrey Juan José de Vértiz.
15 Texto de la Real Ordenanza para el establecimiento e instrucción
de Intendentes de ejército y provincia en el Virreinato de Buenos Aires
del 28/1/1782, en Antecedentes políticos, económicos y administrativos de
la Revolución de Mayo de 1810 (1776-1812). Edición del Archivo General
de la Nación, Buenos Aires, 1914, t. I, libro I, ps. 31 y siguientes.
16 Comprendía las actuales provincias de Buenos Aires, Entre Ríos,
Corrientes y Santa Fe así como la Patagonia. Buenos Aires era el asiento
de la Superintendencia General (suprimida en 1788) de la que dependían
todas las intendencias.
17 Abarcaba las actuales provincias de Córdoba, San Juan, Mendoza,
San Luis y La Rioja. Por Real Cédula del 5/VIII/1783 se dispuso que
su capital sería la ciudad de Córdoba del Tucumán, cuyo nombre tomó
esta Intendencia.
18 Comprendía las actuales provincias de Jujuy, Salta, Tucumán,
Santiago del Estero y Catamarca. Por Real Cédula del 5/VIII/1783 se
dispuso que su capital sería la ciudad de Salta del Tucumán, cuyo nombre
tomó esta Intendencia.
19 Por Real Cédula del 5/VIII/1783 se dispuso que su capital sería
la ciudad de Cochabamba, cuyo nombre tomó esta Intendencia.
20 También denominada Charcas o Chuquisaca.
20 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

cédulas y ordenanzas y se mantuvo hasta después de la


emancipación.

§ 3. E l proceso de d e s m e m b r a m ie n t o
TERRITORIAL

El extenso territorio del Virreinato21 comenzó a des­


membrarse desde el inicio del movimiento de em ancipa­
ción en 1810, a pesar de que en las Actas del Cabildo
de Buenos Aires del 24 y 25 de mayo se manifestaba el
propósito de conservar "estos dominios", o sea el territorio
del Virreinato, para Fernando VII; que, desde su insta­
lación, la Prim era Junta de Gobierno invitó a todas las
provincias a enviar diputados a Buenos Aires, y que luego
estuvieron representadas en la Asamblea General Cons­
tituyente de 1813 Potosí, Charcas, Mizque y Montevideo,
en el Congreso de Tucumán de 1816, Tarija, Cochabamba,
Charcas y M izque, y en el de 1825, M ontevideo y Tarija.

a) L a i n d e p e n d e n c i a d e l P a r a g u a y . — La ciudad de
Asunción, fundada en 1536, fue el primer foco de irra­
diación del proceso colonizador español en la cuenca del
Plata y adquirió un rápido desarrollo, sobrepasando en
im portancia a Buenos Aires por largo tiempo. Además,
en el interior de la provincia del Paraguay, los padres
jesuítas, convocados en 1609 por Felipe III, convirtieron,
educaron y organizaron a los indígenas en florecientes
em prendim ientos agrícolas -h a sta su expulsión de A m é­
rica en 1767-, constituyendo lo que se dio en llamar “el
imperio guaraní”.

21 L e v e n e , Manual de historia del derecho argentino, Buenos Aires,


1963, p. 228, lo califica como “coloso geográfico y político”.
F o r m a c ió n del t e r r it o r io 21

En este contexto, en 1810 el gobernador del Paraguay,


Bernardo de Velazco, desoyó la invitación de la Junta
de Buenos Aires y juró fidelidad a las autoridades es­
pañolas. Luego fracasó la expedición militar encabezada
por Manuel Belgrano, que tuvo por objeto lograr que esa
provincia adhiriera a la causa revolucionaria. El pueblo
de Asunción derrocó al gobernador y formó una Junta
que declaró la independencia. Más tarde, M anuel Belgra­
no y Vicente Echeverría, enviados en misión diplomática
por la Junta de Buenos Aires, no consiguieron que ese
territorio se incorporara a las Provincias U nidas22 y fir­
maron con la Junta del Paraguay la Convención del 12
de octubre de 181123, reconociendo la independencia de
esa provincia de la de Buenos Aires hasta la reunión
de un Congreso General, pero posteriormente aquella re­
husó enviar diputados a Buenos Aires.
En 1842 el Paraguay proclamó su independencia de
las Provincias Unidas, la cual fue reconocida mediante
la Declaración efectuada en Asunción el 17 de julio de
1852 por el Encargado de Negocios de la Confederación
en misión especial, Dr. Santiago D erqui24, que el Congreso
de Paraná aprobó por ley del 4 de junio de 185625.

22 Tampoco tuvo éxito la misión encomendada en 1813 a Nicolás


Herrera con igual finalidad.
23 El texto se puede consultar en la Dirección de Tratados del Mi­
nisterio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la
Argentina. En el mismo documento se expresaba que " . . . deseando am­
bas Partes contratantes estrechar más y más los vínculos y empeños que
unen y deben unir a ambas Provincias en una federación y alianza in­
disoluble . . '
24 Tratados de la Argentina, t. IX, p. 84 y ss. Esta Declaración y
la similar efectuada por el representante del Emperador del Brasil en
Asunción el 14/IX/1844 fueron “confirmadas y ratificadas” por el artículo
5S del tratado de paz, amistad, comercio y navegación argentino-brasileño
del 7/III/1856. Ver el texto en Tratados de la Argentina, t. II, p. 428.
25 Tratados de la Argentina, t. IX, p. 87.
22 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

b) L a in d e p e n d e n c ia d e l a s p r o v in c ia s d e l A l t o Pe-
rü . — Las campañas militares enviadas por el Gobierno
de Buenos Aires al Alto Perú entre 1812 y 1815 no pu­
dieron imponerse a las fuerzas españolas, las cuales m an­
tuvieron su dominio sobre esa región hasta que, en 1824,
fueron definitivam ente derrotadas en la batalla de Aya-
cucho por el ejército al mando del general Antonio José
de Sucre, lugarteniente de Simón Bolívar. El Congreso
General Constituyente de las Provincias Unidas del Río
de la Plata decidió, por ley del 9 de mayo de 182526,
destinar una delegación que integraron los generales Car­
los M aría de Alvear y José Miguel Díaz Vélez27 para trans­
mitir sus felicitaciones y agradecimiento al Libertador Si­
m ón Bolívar por haber afianzado irrevocablem ente la
independencia del nuevo mundo y dado la libertad a las
provincias del Alto Perú, asegurando en ellas el orden
y facilitándoles los medios de organizarse por sí mismas.
La delegación debía invitar a dichas provincias -C o ch a ­
bamba, La Paz, La Plata y P o to s í-28 a enviar sus repre­
sentantes al Congreso General Constituyente, pero teniendo
en cuenta que ellas - aunque siempre habían pertenecido
a este E stad o- quedaban “en plena libertad para disponer
de su suerte, según crean convenir mejor a sus intereses
y a su felicidad” 29.
Una Asam blea de representantes de las cuatro pro­
vincias del Alto Perú, que había sido convocada por el
general Sucre, se reunió en Chuquisaca el 25 de mayo
de 1825 y el 6 de agosto siguiente proclamó su inde­

26 R e p ú b l ic a Registro Nacional, t. II, p. 77.


A r g e n t in a ,

27 R e p ú b l ic a ob. cit., t. II, p. 78.


A r g e n t in a ,

28 Estas provincias integraban el distrito de la Audiencia de Charcas:


uti possidetis de 1810.
29 Artículo 4Q de la ley.
F o r m a c ió n del t e r r it o r io 23

pendencia, constituyendo la República de Bolivia, así de­


nominada en homenaje al Libertador Simón Bolívar30.

c) L a in d e p e n d e n c i a d e l a B a n d a O r i e n t a l . — La
dominación española en la Banda Oriental cesó en 1814
con la capitulación de Montevideo, después de tres años
de asedio de las fuerzas terrestres y navales de Buenos
Aires, con las que colaboraron los habitantes levantados
en armas por el general José Gervasio de Artigas. Las
desinteligencias con el Gobierno de Buenos Aires forta­
lecieron sus aspiraciones de autonomía, pero en 1816 tro­
pas portuguesas invadieron ese territorio, que en 1821
fue anexado a Portugal y al Brasil con el nombre de Pro­
vincia Cisplatina. Después de producido el episodio his­
tórico de los Treinta y Tres Orientales, el Congreso reu­
nido en La Florida solicitó el 25 de agosto de 1825 la
incorporación de la Banda Oriental a las Provincias U ni­
das. La propuesta fue aceptada por el Congreso argentino
y esto dio lugar a que el Imperio del Brasil declarara
la guerra el 10 de diciembre de ese año. A pesar de su
triunfo militar, tanto en tierra como en las aguas, el Go­
bierno de las Provincias Unidas aceptó la mediación de
la Corona británica, que culminó con la firma de la Con­
vención preliminar de paz en Río de Janeiro el 27 de
agosto de 182831. La Convención declaró la indepen­
dencia de la República Oriental del Uruguay, bajo la ga­
rantía de la Argentina y del B rasil32, lo cual fue “con-

30 Q u e s a d a , en Historia Diplomática Hispano-Americana, Buenos Ai­


res, 1918, ps. 291 y ss., analiza el proceso de desmembramiento de las
provincias del Alto Perú.
31 Tratados de la Argentina, t. II, ps. 411 y ss.
32 Artículos l 2, 2C y 3e.
24 LO S LÍMITES DE LA REPÜBLICA ARGENTINA

firm ado y ratificado” por el artículo 3S del tratado de paz,


amistad, com ercio y navegación argentino-brasileño sus­
cripto en Paraná el 7 de marzo de 185633.

33 Tratados de la Argentina, t. II, p. 427.


C a p ít u l o II

LOS LÍMITES CON BOLIVIA

§ 4. I n t r o d u c c ió n

Más de una centuria se demoró en llegar al acuerdo


definitivo sobre el deslinde entre la Argentina y Bolivia.
Como punto de partida se plantearon cuestiones terri­
toriales, que fueron dirimidas mediante la transacción
concretada en el tratado de límites de 1 8 8 9 . Pero errores
de m agnitud contenidos en los mapas en los que se ba­
saron los negociadores para trazar la línea divisoria hi­
cieron imposible su demarcación en varios sectores y de­
jaron en territorio de uno de los Estados poblaciones que
tradicionalm ente habían pertenecido al otro. Aunque se
trató de resolver estas dificultades con la firma de actas
y protocolos complementarios, finalmente fue necesario
negociar un nuevo tratado que, firmado en 1 9 2 5 , entró
en vigor en 1 9 3 9 . Una vez arreglado en forma definitiva
el deslinde entre Bolivia y el Paraguay, en 1 9 4 1 se precisó
a través de un protocolo el último tramo del límite ar­
gentino-boliviano sobre el río Pilcomayo. A sí quedó de­
finida en su totalidad la línea de frontera, que tiene una
extensión aproximada de 7 6 5 kilómetros de oeste a este
desde el punto trifinio del cerro Zapaleri hasta el punto
26 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

Esmeralda sobre el río Pilcomayo, y cuyo amojonamiento


ha sido completado por la Comisión mixta creada al efecto.

§ 5. Los PROBLEMAS TERRITORIALES


PLANTEADOS

Después de la declaración de su independencia, Bo­


livia anexó los territorios de los gobiernos militares de
Moxos y Chiquitos, la provincia de Tarija y el distrito
de Chichas, a los que no alcanzaba lo dispuesto por el
artículo 49 de la ley del 9 de mayo de 1 8 2 5 Asimismo
alegó derechos sobre el Chaco y extendió su ocupación
de hecho hacia los ríos Paraguay y Bermejo.

a) L a c u e s t i ó n d e T a r i j a . — Si bien durante el pe­


ríodo hispánico la provincia de Tarija originariamente ha­
bía formado parte de la Intendencia de Potosí, mediante
Real Cédula del 17 de febrero de 1807 pasó a depender
-ju n to con el distrito de Chichas2- de la Intendencia y
Obispado de Salta. Por tal razón, en 1816 envió sus dipu­
tados al Congreso de Tucumán. Al culminar la guerra
de la independencia una división del ejército del general
Antonio José de Sucre, al mando del coronel O’Connor3,

1 Ver supra, § 3 b. Los territorios comprendidos en el art. 49 de la


ley del 9/V/1825, que dio lugar a la independencia de Bolivia, eran ex­
clusivamente las cuatro provincias del Alto Perú, con los límites ju ris­
diccionales que les había fijado el Rey de España (uti possidetis de 1810).
2 Como se suscitaron algunas dudas sobre la situación jurisdiccional
de Chichas, por Real Cédula del 12/111/1811 se declaró “que debe consi­
derarse incluso en el territorio de este” - o sea del Obispado de Salta-
“el partido de Tarija con Chichas”.
3 El general Sucre, mariscal de Ayacucho, alegó que la ocupación
de Tarija obedecía sólo a razones estratégico-militares, pero luego se re-
LOS LÍMITES CON BOLIVIA 27

ocupó este territorio. El teniente gobernador y el pro­


curador general fueron depuestos y el Cabildo de Tarija
se pronunció por su anexión a Bolivia el 13 de agosto
de 1825. Esto motivó la gestión de los diplomáticos argen­
tinos Carlos María de Alvear y José Miguel Díaz Vélez4,
quienes, invocando el uti possidetis de 1810, solicitaron
al Libertador Simón Bolívar una declaración en la que
reconociera el derecho de las Provincias Unidas del Río
de la Plata sobre Tarija. Dicho requerimiento fue satisfe­
cho mediante nota del 6 de noviembre de 1825, en la
cual también se exigía una renuncia de derechos sobre
Atacama a favor de Bolivia5. Los plenipotenciarios res­
pondieron que ésta no era necesaria, ya que si Atacama
había pertenecido a Potosí -com o p arecía- le era aplicable
la ley del 9 de mayo de 1825 y correría la suerte del
departamento al que perteneciera6.
La declaración del general Bolívar fue desconocida
por el Gobierno de Bolivia en 1826 y Tarija envió repre­
sentantes a la Asamblea de Chuquisaca7, la cual dispuso
no admitirlos hasta que no presentaran el acta de su
independencia de la Confederación Argentina. En febrero

sistió a reconocer los derechos argentinos sobre ella fundándose, entre


otros motivos, en que era considerada como el granero del Perú ( Q u e s a d a ,
Historia diplomática latino-americana, Buenos Aires, 1918, t. I, ps. 310
y ss.).
4 Los plenipotenciarios argentinos fueron designados en virtud de
la ley del 9/V/1825, que los facultaba para reglar con el general Bolívar
cualquier dificultad que pudiera surgir de resultas de la libertad en que
se hallaban las cuatro provincias del Alto Perú.
5 El general Juan Antonio Alvarez de Arenales, gobernador inten­
dente de Salta, había reclamado derechos sobre Atacama, que en 1816
manifestó su voluntad de pasar a depender de aquella provincia.
6 D í a z C i s n e r o s , Límites de la República Argentina, Buenos Aires,
1944, p. 81.
7 Ver supra, § 3 b.
28 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

de 1826, el Cabildo de Tarija decidió volver a formar parte


de la Confederación y envió diputados a la Legislatura
de Salta y al Congreso argentino. Sin embargo, aconte­
cim ientos posteriores determinaron que en septiembre del
mismo año les retirara sus poderes.
El Congreso de Buenos Aires, por ley del 30 de no­
viem bre de 1826, dispuso elevar la ciudad de Tarija y
su territorio adyacente al rango de provincia argentina,
pero el Gobierno boliviano declaró que se opondría por
las armas al cum plimiento de esa ley 8. En la Confede­
ración la situación política era sumamente grave: el Go­
bierno -absorbido por los preparativos para la guerra con
el B ra sil- no estaba en condiciones de afrontar otra con
Bolivia, que contaba con el apoyo de Colombia y el Perú,
y se vio obligado a postergar las acciones tendientes a
efectivizar sus derechos. Las gestiones efectuadas en
1827 y 1828 resultaron infructuosas y Bolivia continuó
ejerciendo su jurisdicción sobre el territorio de Tarija, sin
aceptar el uti possidetis de 1810, que reconoció en otros
casos9.

b) L a c u e s t i ó n d e l C h a c o . — Al firmarse el 15 de
julio de 1852 el tratado de límites, amistad, comercio y
navegación entre la Confederación Argentina y el Para­
g u a y10, Bolivia se sintió afectada por el artículo 42, según
el cual “el río Paraguay pertenece de costa a costa en
perfecta soberanía a la República del Paraguay hasta su
confluencia con el Paraná” . Su representante en Buenos
Aires formalizó una protesta, alegando que la citada dis­
posición agraviaba los derechos de Bolivia en la costa

8 Q ob. cit., 1.1, ps. 322 y siguientes.


u esada,

9 D ía z C ob. cit., ps. 82 y siguientes.


is n e r o s ,

10 Tratados de la Argentina, t. IX, ps. 69 y siguientes.


LOS LÍMITES CON BOLIVIA 29

occidental del río entre las latitudes 20° y 22° S - e s decir,


sobre el C h aco-, fundados en que esa región había perte­
necido a la Real Audiencia de Charcas y en que su país,
después de 1810, ejerció jurisdicción sobre ella así como
sobre los distritos de Moxos y Chiquitos11. El Gobierno
argentino refutó estos argumentos, sosteniendo que su
soberanía sobre la zona, y el derecho consiguiente a dispo­
ner de ella, derivaban de las concesiones otorgadas por
España a los adelantados y gobernadores del Río de la
P la ta12 y del ejercicio de jurisdicción de la provincia de
Salta sobre la misma a partir de 1810. El tratado con
el Paraguay fue rechazado por el Congreso argentino y
Bolivia mantuvo en ese momento la ocupación de dichos
territorios.

§ 6. T r ATATIVAS PARA UN CONVENIO DE LÍMITES

Por varias décadas quedó pendiente la negociación


de la línea divisoria entre la Argentina y Bolivia. A par­
tir de 1858 se firmaron sucesivos tratados por los cuales
se acordaba diferir a una etapa posterior el arreglo de
la cuestión13, y apenas en 1884 comenzaron las tratativas

11 D ía z C is n e r o s , o b . c it ., p . 8 2 .
12 La Argentina sostuvo que estos territorios pertenecían a la Go­
bernación del Río de la Plata, como consta en la Capitulación del Rey
de España con el Adelantado Ortiz de Zárate, de 1569, que confirmaba
que la Gobernación se extendía por el norte hasta la de Nueva Andalucía,
o sea hasta el Amazonas. Además, el límite oriental de la circunscrip­
ción de la Audiencia de Charcas era el río San Miguel. Q u e s a d a , ob. cit.,
t. I, ps. 363 y ss., reseña los títulos argentinos.
13 En el art. 33 del tratado de paz, amistad, comercio y navegación,
firmado en Oruro el 7/XII/1858, se convino “aplazar la demarcación de
los límites territoriales” hasta que se aseguraran definitivamente las re­
laciones de amistad y comercio, y recurrir al arbitraje para resolver las
diferencias, renunciando para siempre al recurso a la guerra. Este tratado
30 Los LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

sobre el tema, que dieron como primer resultado un pro­


tocolo preliminar, suscripto el 11 de junio de 188814. En
él se fijó como límite provisorio en el Chaco el paralelo
22° hasta su intersección con el río Pilcomayo y se convino
mantener el statu quo existente en el resto de la frontera
hasta que se llegara a un acuerdo definitivo, a cuyo fin
se decidió iniciar las negociaciones en noviembre del mis­
mo año.

§ 7. E l tratado de 1889

Como fruto de dichas negociaciones, el 10 de mayo


de 1889 se firmó en Buenos Aires el primer tratado de
límites entre la República Argentina y la República de Bo-
liv ia 15. En el preámbulo se renueva el deseo común de

no entró en vigor porque Bolivia no aceptó las reservas que formuló el


Congreso de Paraná, dejando a salvo los derechos argentinos sobre Tarija.
Otro tratado, suscripto el 2/V/1865, dispuso que los límites serían arre­
glados por una convención especial, previo examen de títulos y recono­
cimiento del terreno por dos comisarios designados por cada Parte, y es­
tableció un precepto importante para la regulación futura del tema: que
la posesión no daría derechos sobre los territorios que primitivamente
no hubieran sido de una u otra Nación. No fue aprobado por Bolivia.
Un nuevo tratado celebrado el 9/VII/1868 reproducía en su art. 20
la disposición del anterior según la cual la posesión sin título no era
válida, de lo cual derivaba la obligación de Bolivia de restituir Tarija y
los demás territorios ocupados que no estuviesen amparados por el uti
possidetis de 1810. El Gobierno de ese país pidió que dicha cláusula fuera
modificada o cancelada. Por ello, el 27/11/1869 se firmó un protocolo adi­
cional en el cual se decidió que la cuestión sobre límites sería resuelta
por una convención especial después de concluida la guerra con el Pa­
raguay, debiendo ser sometidas al arbitraje las controversias que se susci­
taran. Estos documentos pueden ser consultados en Tratados de la A r­
gentina, t. II, ps. 14 y ss., 45 y ss., 81 y ss., y 93 y ss., respectivamente.
14 Tratados de la Argentina, t. II, ps. 148 y siguientes.
15 Tratados de la Argentina, t. II, ps. 150 y siguientes.
LOS LIMITES CON BOLIVIA 31

solucionar amistosamente el deslinde entre ambos países


y el artículo l e contiene la descripción íntegra de la línea
de frontera. El artículo 2- dispone que la demarcación
se efectuará por dos peritos, nombrados por cada uno
de los Estados, cuyas eventuales disidencias serán re­
sueltas por un tercero designado de común acuerdo por
las Partes. El tercer artículo estipula que ambos gobier­
nos ejercerán pleno dominio y a perpetuidad sobre los
territorios que les corresponden en virtud del Tratado,
y que los límites acordados serán inconmovibles. Además
impone a las Partes la obligación de someter “a la decisión
de una potencia amiga” las cuestiones que surgieran con
motivo “de esta transacción” o por cualquier otra causa16.
Como dice este artículo, el tratado implica una transac­
ción: la Argentina renunció a sus derechos sobre Tarija,
Chichas, Moxos, Chiquitos y parte del Chaco y recibió
a cambio el territorio de Atacama cedido por Bolivia.
El Congreso argentino aprobó el convenio por la ley
2851 del 12 de noviembre de 189117, que introdujo m odi­
ficaciones al artículo l e con el objeto de mantener la tesis
de las más altas cumbres, sostenida en la cuestión con
C h ile18. El Gobierno boliviano aceptó el nuevo texto del
artículo 1Q y se efectuó el canje de ratificaciones el 10
de marzo de 1893, razón por la cual el convenio es ge­
neralmente conocido como “Tratado de límites de 1889-
1893”. Se estableció así una línea de frontera conven­
cional desde el extremo norte del límite argentino-chileno

16 Como se puede apreciar, se establece un doble sistema de arbitraje:


uno técnico, en el art. 2-, para los problemas que surgieran en la demar­
cación, y otro diplomático-jurídico, en el art. 3°, para las controversias
sobre interpretación y aplicación del tratado.
17 Tratados de la A rgentina, t. II, ps. 153 y siguientes.
18 D íaz C isneros, ob. cit., p. 84.
32 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

-q u e aún no estaba defin ido- hasta la intersección del


paralelo 22° con el río Pilcomayo, que consta de una sec­
ción esencialm ente orogràfica, dos secciones hidrográfi­
cas y dos lineales, todas ellas perfectamente determ ina­
d a s 19. Esta línea se aparta de lo que se denominaban
“los límites tradicionales” , fundados en el uti possidetis
de 1810 y en la cartografía del siglo XIX20.

§ 8. L a c u e s t ió n d e A t a c a m a

Chile, que en la época de la celebración del tratado


de límites de 1889 ocupaba militarmente Atacama en vir­
tud del pacto de tregua que había firmado con Bolivia
en 188421, pretendió que se anulara la cesión de ese te­
rritorio, alegando tener derechos sobre el mismo a partir
del m encionado Pacto. Además, por ley del 12 de julio
de 1888, había incorporado la Puna de Atacama a la pro­
vincia de Antofagasta. Pero el pacto de tregua sólo con­
fería a Chile una tenencia provisoria22 de acuerdo con
la interpretación de Bolivia, y este Estado había form u­
lado protestas con motivo de la ley de 1888, de modo

19 La línea se basa en cinco puntos fundamentales, de los cuales


tres son de carácter orogràfico (Zapaleri, Esmoraca y Porongal) y dos hi­
drográficos (la confluencia del río Quiaca con el de Yanalpa y la de los
ríos Condado y Bermejo).
20 C a r r i l l o , L o s límites con Bolivia, Buenos Aires, 1925, ps. 55 y
siguientes.
21 Tregua pactada en la Guerra del Pacífico, en la que estuvieron
involucrados Chile, Bolivia y el Perú.
22 El art. 2a disponía que, durante la tregua, Bolivia continuaría “go­
bernando con sujeción al régimen político y administrativo que establece
la ley chilena los territorios comprendidos desde el paralelo 23° hasta la
desembocadura del río Loa en el Pacífico. . .” ( C a r r i l l o , ob. cit., ps. 52
y ss.).
LOS LÍMITES CON BOLIVIA 33

que, al firmar el tratado con la Argentina en 1889, tenía


derecho de dominio sobre esa región. No obstante, Chile
intentó hacer que la cesión quedara sin efecto al negociar
la paz con Bolivia y este país pretendió que el Gobierno
de Buenos Aires gestionara directamente con el ocupante
la entrega de la Puna de Atacama, relevándose de ejercer
una acción conjunta en ese sentido23.
Esta situación motivó la misión diplomática del Dr.
Dardo Rocha ante el gobierno de Bolivia, desarrollada
en circunstancias difíciles porque ese Estado estaba pen­
diente de la conclusión del tratado de paz con Chile. No
obstante, logró la firma de un protocolo el 12 de diciembre
de 189524, en el que se hizo constar la manifestación del
delegado argentino, que instaba a Bolivia a dejar a salvo
los derechos sobre la Puna de Atacama que correspondían
a nuestro país por el tratado de 1889, a declarar que
por ningún pacto había sometido a jurisdicción extraña
ni consentido la ocupación de dicho territorio y, en con­
secuencia, a cooperar eficazmente para su desocupación,
haciendo las gestiones necesarias y dando las órdenes
correspondientes a sus autoridades en la zona a efectos
de su entrega a la Argentina. El Ministro de Relaciones
Exteriores de Bolivia, Emeterio Cano, concordó con lo ex­
presado por el Dr. Rocha en el mismo documento y agregó
que la demarcación sobre el terreno sería efectuada por
los peritos a los que se refería el artículo 2° del tratado
de 1889-1893, del cual este protocolo se considera parte
adicional e integrante.

23 M a r c ó d e l P o n t , “Cuestión de límites entre la República Argentina


y la de Bolivia. Misiones Rocha de 1895 y 1911”, en Revista Argentina
de Ciencias Políticas, año XIII, t. XXVI, ng 147, ps. 18 y siguientes.
24 Ver el texto en M a r c ó d e l P o n t , ob. cit., ps. 31 y siguientes.

3. B a h b e r is
34 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

§ 9. La d e m a r c a c ió n . L os errores

EN LOS MAPAS

Un protocolo, firmado el 26 de junio de 189425, esta­


bleció la forma en que se efectuaría la demarcación de
los límites fijados en el tratado de 1889-1893 y dispuso
que ésta debería tomar como punto de partida la inter­
sección del paralelo 22° con el río Pilcomayo. Los trabajos
se iniciaron en 1895, pero la labor sobre el terreno de­
mostró que los mapas utilizados por los negociadores con­
tenían errores considerables. Para ajustar el límite en
el gabinete los negociadores del tratado, Dres. Norberto
Quirno Costa y Santiago Vaca Guzmán, se habían guiado
por las cartas de de M oussy26 y de Ondarza y Mujía,
principalmente la primera, aunque no les otorgaron el
carácter de parte integrante del convenio.
El primer error detectado en el mapa de de Moussy
fue el que se refiere a la ubicación del paralelo 22° S,
que el tratado adopta como límite en el tramo com pren­
dido entre los ríos Itaú y Pilcomayo. Los negociadores
habían tomado como base esa línea para que quedara
en territorio boliviano la ciudad de Yacuiba, pero los tra­
bajos de demarcación demostraron que se encontraba en
jurisdicción argentina porque estaba al sur del paralelo.

25 Ver el texto en Informe final, ps. 7 y siguientes.


26 Cuando se negoció el primer tratado de límites con Bolivia, la
frontera noroeste era topográficamente desconocida. Los mapas eran ab­
solutamente deficientes y hasta la carta de Martín de Moussy -e l trabajo
más delicado de la segunda parte del siglo xix- levantada entre 1866 y
1874, presenta graves errores ( C a r r i l l o , ob. cit., ps. 23 y ss.). En esa
publicación figura una copia de dicha carta.
Los lím ite s con B o liv ia 35

Otro problema derivado de la carta de de Moussy


se planteó en la parte occidental de la frontera que el
tratado delimita expresando que: “ . . . se seguirá dicho
grado [23° S] (. . .) hasta su intersección con el punto más
alto de la serranía Iapalegui o Zapaleri; (. . .) de este punto
seguirá la línea hasta encontrar la serranía de Esmoraca,
siguiendo por las más altas cimas hasta tocar en el na­
cimiento occidental de la Quebrada de La Quiaca . .
En este sector el límite resultó ser de demarcación im po­
sible, puesto que Zapaleri está al norte del paralelo 23°.
No existe línea alguna de altas cumbres que una este
cerro con la quebrada de La Quiaca; la serranía de Es­
moraca no se halla donde el mapa la ubica y tampoco
llega hasta la quebrada.
También suscitó dificultades el pasaje del artículo 1Q
del tratado según el cual la línea de frontera bajará por
el medio de la quebrada de La Quiaca “hasta su desem bo­
cadura en el río Yanapalpa o Yanalpa ( . . . ) y continuará
su dirección recta dfe occidente a oriente hasta la cumbre
del cerro Porongal; de ese punto bajará hasta encontrar
el origen occidental del río de este nombre (Porongal),
( . . .) seguirá por el medio de sus aguas hasta su con­
fluencia con el Bermejo, frente al pueblo de este nom bre”.
Cuando se iniciaron los trabajos de demarcación en esta
zona, el perito boliviano se rehusó a colocar hitos en varias
partes, para evitar que la población de Sococha quedara
en jurisdicción argentina, argumentando que se habían
producido cambios de nombres geográficos después de la
firma del tratado y que el pueblo de Bermejo tiene una
ubicación que difiere de la del mapa.
Las discrepancias que surgieron en el curso de la
dem arcación a raíz de los errores señalados m otivaron
36 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

la interrupción de las operaciones en 1896, en 1902 y


luego en 191327.

§ 10. A ctas y pr o tocolos

Se intentó superar las divergencias mediante la firma


de un acta el 2 de junio de 189728 y tres protocolos - e l
14 de mayo de 1898, el 23 de abril de 1902 y el 28 de
enero de 190429- , por los cuales la Argentina cedía a Bo­
livia las poblaciones de Yacuiba, Sarcari, Sococha y Sa­
litre, pero los protocolos fueron rechazados en 1910 por
el Senado argentino. Entretanto se habían interrumpido
las relaciones diplomáticas con motivo de los sucesos acae­
cidos en Bolivia en 1909 al conocerse el laudo arbitral
dictado por el Presidente argentino, José Figueroa Al-
corta, en la cuestión de límites entre aquel Estado y el
Perú, y hubo nuevas manifestaciones de protesta al tomar
conocimiento de la decisión del Senado de nuestro país.
Una vez restablecidas las relaciones, en abril de 1911
fue designado Ministro Plenipotenciario en misión espe­
cial el Dr. Dardo Rocha quien, el 15 de septiembre de
ese año, firmó con el Gobierno de Bolivia un protocolo
para reanudar las tareas de demarcación conforme al tra-

27 Hasta 1902 sólo se habían colocado 17 hitos sobre el paralelo 22°


y la parte demarcada del límite no superaba los 85 km de longitud. Sobre
las divergencias entre los peritos, ver C a r r i l l o , ob. cit., ps. 91 y ss., y
C á m a r a d e D i p u t a d o s d e l a N a c i ó n , La cuestión de límites con Bolivia.
Exposición del ex perito argentino de límites con Bolivia y ex jefe de la
División Técnica de Límites Internacionales del Ministerio de Relaciones
Exteriores de la Nación, Zacarías Sánchez, Buenos Aires, 1928, ps. 17 y
siguientes.
28 Informe final, ps. 14 y siguientes.
29 Sobre los protocolos, ver C a r r i l l o , ob. cit., ps. 65 y ss., y C á m a r a
d e D i p u t a d o s d e l a N a c i ó n , ob. cit., ps. 19 y siguientes.
Los LÍMITES CON BOLIVIA 37
63°
64°
I
65°
.
66°
.
67°
I

Límite argentino-boliviano
38 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

tado de 1889-1893, dejando de lado las m odificaciones


que se habían introducido por documentos posteriores30.
Se nombraron nuevos peritos quienes, en caso de de­
sacuerdo, deberían elevar los antecedentes a los gobiernos
para que éstos procuraran arreglar la disidencia, ya sea
estipulando compensaciones equitativas o acordando las
condiciones de un arbitraje. De tal modo, ante el reque­
rimiento de Bolivia de que pasaran a su jurisdicción Ya-
cuiba y otras poblaciones que estaban situadas al sur
de la línea de frontera, la Argentina podría reclamar, en
compensación, que se restableciera su soberanía en el im ­
portante territorio de las Juntas de San Antonio, que ha­
bía pertenecido a la provincia de Salta y sobre el cual
Bolivia ejercía su dominio de resultas del tratado de 1889-
1893.
La nueva comisión demarcadora se reunió en junio
de 1912 e inició los trabajos preliminares para el am o­
jonam iento de la parte del límite que no suscitaba pro­
blemas en el paralelo 22° y en el río Quiaca. A poco de
iniciadas las tareas de campo, debieron suspenderse nue­
vamente en 1913 porque el perito boliviano había pro­
movido tres divergencias.
Teniendo en cuenta los graves errores que contenía
el tratado, no era posible recurrir a un tercer perito, según
lo previsto en el artículo 2g para el caso de disidencias
en la demarcación, y las únicas vías de solución que se
presentaban eran someter la cuestión a un arbitraje o
celebrar un nuevo tratado. Las Partes se inclinaron por
la segunda opción. Desde 1913 tuvieron lugar diversas
tratativas y, en 1922, se desarrollaron negociaciones en
La Paz entre el representante argentino Horacio Carrillo
y el Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, Dr. Se­

30 Instrumentos internacionales, t. I, ps. 25 y siguientes.


LOS LÍMITES CON BOLIVIA 39

vero Fernández Alonso, que cristalizaron en la firma de


un acta el 30 de octubre de ese año, donde se acordó un
proyecto de “línea transaccional” 31. Mediante ella, con un
m ejor conocimiento del terreno, se procuraba subsanar
las dificultades que presentaba el tratado de 1889-1893,
en el rincón noroeste argentino, en la zona entre Sococha
y el río Bermejo y en Yacuiba. En el resto de la frontera,
el deslinde ya estaba fijado definitivamente (paralelo 22°
hasta el hito 17 y la sección entre La Quiaca y Huajra,
con hitos colocados) o existían límites arcifinios indubi­
tables.

§ 11. E l tratado de 1925

Tomando como base el acta mencionada, se redactó


un proyecto de convenio que se sometió a estudio de las
autoridades de ambos Estados. El Gobierno argentino
consideró que la línea de frontera propuesta debía ser
ajustada haciendo una interpretación más estricta del tra­
tado de 1889-1893, aunque decidió no exigir compensación
por la cesión de Yacuiba. La negociación prosiguió en
La Paz hasta llegar a la firma del tratado definitivo de
límites el 9 de julio de 192532. Este instrumento fue apro­
bado en 1929 por el legislativo boliviano y en 1938 por
el Congreso argentino. Ese mismo año se efectuó el canje
de instrumentos de ratificación.
El artículo l s describe detalladamente el límite a par­
tir del cerro Zapaleri hasta llegar a la intersección del

31 Ver texto en C a r r i l l o , ob. cit., ps. 140 y siguientes.


32 Instrumentos internacionales, t. I, ps. 27 y siguientes. Fue firma­
do por el plenipotenciario argentino Horacio Carrillo y el Ministro boliviano
de Relaciones Exteriores, Eduardo Diez de Medina.
40 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

paralelo 22° con el río Pilcomayo. La línea comprende


dos grandes sectores de diferente naturaleza topográfica:
i. Desde el cerro Zapaleri hasta el río Condado indica
altas cumbres, cursos de agua y líneas rectas de punto
a punto en algunos tramos;
ii. Desde el río Condado hasta D’O rbigny33 establece
como límite únicam ente ríos, arroyos y arcos de paralelo.
No modifica la parte ya demarcada en aplicación del
tratado de 1889-1893, confirma la cesión de Yacuiba a
Bolivia y, para dar solución a las divergencias pendientes,
adopta al oeste de las Juntas de San Antonio una nueva
línea transaccional. Deja en territorio boliviano los pue­
blos de Sococha, Salitre y Yanalpa y en la región occi­
dental Guadalupe, San Antonio y Sarcari. Queda del lado
argentino la zona de Toldos -q u e dio lugar a una larga
negociación-, así como el valle y cuenca de la región situa­
da entre el arroyo M ecoyita y el río Santa Rosa por el
norte y los ríos Santa Cruz, Santa Victoria y Condado
por el sur, la cuenca de Granada y el pueblo de San
Juan. En el rincón noroeste la delimitación es intermedia
entre las aspiraciones máximas de ambos Estados.
El tratado de 1925 fue objeto de críticas en nuestro
país, principalmente por no haber recuperado para la so­
beranía argentina el territorio de las Juntas de San A n­
tonio34 como compensación territorial por la cesión de Ya-

33 Punto de intersección del paralelo 22° con el río Pilcomayo.


34 Esta región está ubicada en el gran ángulo que forman hacia el
sur los ríos Bermejo y Grande de Tarija. En esta parte, el tratado de
1925 mantiene el mismo límite del convenio de 1889-1893. Dice que desde
la desembocadura del río Condado en el Bermejo “bajará la línea divisoria
por las aguas del río Bermejo hasta su confluencia con el río Grande de
Tarija, en las Juntas de San Antonio. Desde las Juntas, la línea remontará
por las aguas del río Tarija hasta encontrar la desembocadura del río
Itaú, cuyo curso seguirá hasta tocar el paralelo 22o”.
LOS LÍMITES CON BOLIVIA 41

cuiba, Sococha y otras poblaciones, y los habitantes de


la ciudad de Orán protestaron por este m otivo35. Pero
se hizo notar que el tratado de 1889-1893 ya había dejado
en jurisdicción boliviana aquella zona, sin que se hubiera
manifestado rechazo en ese momento y que en 1925 no
fue posible obtener su restitución ante la resistencia bo­
liviana a cederla en carácter de com pensación36.

§ 12. E l t r a m o D ’ O r b ig n y - E s m e r a l d a

Como consecuencia de los arreglos de límites entre


Bolivia y el Paraguay posteriores a la guerra del Chaco37,
la frontera argentino-boliviana quedó ampliada en la por­
ción del río Pilcomayo comprendida entre los puntos de­
nominados D’Orbigny y Esmeralda, lo cual dio lugar a
la firma de un protocolo adicional al tratado de 1925,

35 Se formularon críticas al convenio, alegando que éste se apartaba


de las estipulaciones del tratado de 1889-1893, a pesar de habérselo pre­
sentado como “interpretativo” del mismo; que fijaba una nueva línea de
frontera, aunque el anterior tratado había establecido que los límites acor­
dados serían inalterables; que hacía cesiones territoriales sin compensación
equivalente; que no respetaba la línea de las más altas cumbres en el
rincón noroeste ( D ía z C i s n e r o s , ob. cit., ps. 91 y ss.; C á m a r a d e D i p u t a d o s
d e l a N a c i ó n , ob. cit., ps. 87 y siguientes, y el discurso del senador Matías

G. Sánchez Sorondo en la sesión del 6 de septiembre de 1938, en Diario


de Sesiones de la Cámara de Senadores de la Nación, ps. 40 y siguientes).
Las objeciones al tratado de 1925 motivaron la demora de su aprobación
por el Congreso argentino
36 Bolivia había dado concesiones para la explotación de petróleo
en ese territorio.
37 Tratado de paz, amistad y límites boliviano-paraguayo del
24/VII/1938, y laudo arbitral del 10/X/1938. Sus textos pueden consult­
arse, respectivamente, en B o r d e n a v e y R a c h id d e R a c c a . Tratados y actos
internacionales de la República del Paraguay, Asunción, 1986, t. IV, ps.
165 y ss., y 172 y siguientes.
42 Los LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

con fecha 10 de febrero de 194138. De tal modo, ha que­


dado definido en toda su extensión el curso del límite
entre la Argentina y Bolivia.

§ 13. Se com pleta la d e m a r c a c ió n

Un protocolo firmado el 23 de marzo de 193939 regla­


m entó los procedim ientos para la demarcación de la línea
de frontera por una Comisión mixta integrada por hasta
tres técnicos de cada Parte, la cual ha concluido su tarea.
Posteriormente, mediante un acuerdo por canje de notas
del 11 de septiembre de 195940, se fijó un régimen especial
para los casos en que el límite ya demarcado coincida
con una vía de agua variable.

§ 14. Los CAMBIOS DE JURISDICCIÓN


Y LAS PROPIEDADES PRIVADAS

Por canje de notas del 14 y 16 de octubre de 192541


se arregla la situación de las propiedades de ciudadanos
argentinos o con títulos emanados de autoridades de nues­
tro país que hubieran quedado comprendidas en ju ris­
dicción boliviana y viceversa. Por acuerdos posteriores
se prorrogó sucesivamente el plazo original de un año
a partir del amojonamiento, que se había fijado para la
inscripción de esos títulos en un registro especial a fin

38 Instrumentos internacionales, t. I, ps. 35 y siguientes.


39 Instrumentos internacionales, t. I, ps. 31 y siguientes.
40 Su texto puede ser consultado en la Dirección de Tratados del
Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de
la Argentina.
41 Instrumentos internacionales, t. I, ps. 37 y siguientes.
LOS LÍMITES CON BOLIVIA 43

de su reconocim iento por la otra Parte, y el 2 de agosto


de 1963 se acordó crear una comisión mixta encargada de
analizar los casos pendientes y recomendar a los gobiernos
medidas adecuadas para su solución definitiva42.

42 Su texto puede ser consultado en la Dirección de Tratados del


Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de
la Argentina.
C a p ít u l o III

LOS LÍMITES CON EL BRASIL

§ 15. In t r o d u c c ió n

Los límites con el Brasil han sido las primeras fron­


teras internacionales del actual territorio argentino, pues
corrían entre las posesiones hispanas y las portuguesas,
mientras que los demás límites de la República fueron
fijados respecto de unidades administrativo-territoriales
de la Corona de España. El límite colonial derivado de los
tratados de Madrid de 1750 y de San Ildefonso de 1777
y la controversia abierta respecto del error acerca de la
identificación en el terreno del río Pepirí durante el pro­
ceso demarcatorio de éstos perduraron más allá del mo­
mento de la independencia americana, hasta que la cues­
tión de las Misiones fue resuelta, en 1895, por la decisión
arbitral del Presidente Cleveland. El límite definitivo en­
tre ambos países se acordó por el tratado de 1898.
La frontera argentino-brasileña, a lo largo de 1079
km, sigue, en términos generales, la línea general estable­
cida en 1750 y se encuentra actualmente demarcada en
toda su extensión. Es un límite convencional asentado en
accidentes geográficos, esencialmente fluviales -lo s ríos
Uruguay, Pepirí Guazú, San Antonio e Iguazú - y en una
divisoria de aguas en el corto sector terrestre entre las
cabeceras de dos de estos ríos.
46 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

§ 16. L a s itu a c ió n lim ít r o fe e x is t e n t e


EN EL MOMENTO
DE LA INDEPENDENCIA AMERICANA

La primera delimitación internacional de las tierras


de la Am érica meridional por el tratado de Tordesillas,
del 7 de junio de 1 4 9 4 , no fue aplicable al actual territorio
argentino. En cambio, el tratado de Madrid, del 1 3 de
enero de 1 7 5 0 , por el que expresamente dejaron de ser
aplicables las bulas alejandrinas y los tratados de Torde­
sillas, Lisboa y Utrecht, entre otros, siguió una serie de
accidentes geográficos que consagraban la posesión exis­
tente y configuró, en gran parte, el actual límite inter­
nacional argentino-brasileño. El tratado establecía en su
artículo 5 que “[la línea] . . . subirá desde la boca del
Ibicui por las aguas del río Uruguay hasta encontrar la
del Pepirí o Pequiry que desagua en el Uruguay por la ri­
bera occidental, y continuará aguas arriba del Pepirí has­
ta su origen principal, desde el cual seguirá por lo más
alto del terreno hasta la cabecera principal del río más
vecino, que desemboca en el Grande de Curistuba, que
por otro nombre llaman Iguazú, por las aguas de dicho
río más vecino al origen del Pepirí, y después por las
del Iguazú continuará la raya hasta donde el mismo Igua­
zú desemboca en el Paraná por su ribera oriental y desde
esta seguirá aguas arriba del Paraná . . .” 1.
Se fijaba un límite esencialmente fluvial que seguía
cuatro ríos, tres de ellos reconocidos por sus nombres:

1 El tratado de 1750 y los instrumentos posteriores usaban indis­


tintamente el topónimo Pepirí o Pequiry para identificar al mismo río
(en adelante citado uniformemente como río Pepirí). Ver el texto en Tra­
tados de la Argentina, t. XI, ps. 107 y ss. Sobre el tema, ver D ía z C i s n e r o s ,
Límites de la República Argentina, Buenos Aires, 1944, ps.109 y siguientes.
LOS LÍMITES CON EL BRASIL 47

Uruguay, Pepirí e Iguazú. El cuarto río, no identificado


por su topónimo, estaba subordinado al río Pepirí, al ser
definido por su nacimiento en la contravertiente de éste.
El único tramo terrestre era la divisoria de aguas cuyos
puntos extremos eran las nacientes de los ríos Pepirí y
su correlativo, en cuencas de vertiente opuesta, reunidos
por la línea de los puntos más elevados del terreno.
La delimitación del tratado debía ajustarse a las Ins­
trucciones dadas a los comisarios demarcadores y a las
normas sobre la inteligencia que había de darse al mapa
de las Cortes que sirvió de base para la redacción del
tratado y que contenía la traza del lím ite2. Los demar­
cadores, cuando ubicaron el río Pepirí en el terreno, con­
signaron que existía una discordancia en la latitud y en
la posición del que consideraron como tal respecto del
que graficaba el mapa de las Cortes3.
La delimitación pactada en este tratado generó con­
troversias, por lo que las dos Coronas decidieron, por el
tratado de El Pardo, del 12 de febrero de 1761, declarar
nulo y sin valor el tratado de Madrid y los demás ins­
trumentos complementarios dirigidos a su ejecución, así
como todo lo actuado por las Comisiones demarcadoras
en el terreno, ordenando “abatir los monumentos erigi­
dos en consecuencia de ella” 4. Los límites se retrotraje­
ron, en consecuencia, a la situación anterior a 1750; Por­
tugal recuperaba Colonia y España, las Misiones Orientales.

2 Este mapa había sido hecho en Lisboa, en doble ejemplar, en 1749,


sobre la base de trabajos previos de relevamiento portugués, y luego del
tratado, en 1751, se sacaron tres copias, en cada capital, para apoyo de
las tareas de demarcación.
3 Acta de identificación del río Pepirí, del 8 de marzo de 1759, D i ­
v i s i ó n l í m i t e s in t e r n a c i o n a l e s , La frontera argentino-brasileña, Buenos Ai­

res, 1910, t. I, ps. 56 a 60.


4 Texto del art. 2- en Tratados de la Argentina, t. XI, ps. 164 y si­
guientes.
48 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

En 1776 se creó el Virreinato del Río de la Plata,


con el fin de contener la expansión portuguesa, e inm e­
diatamente el virrey Pedro de Cevallos volvió a ocupar
la Colonia del Sacramento y otros territorios españoles.
Con el objeto de regularizar la situación se firmó el l s
de octubre de 1777, en San Ildefonso, un tratado preli­
minar de límites que los ajustó al estado de ocupación
territorial existente, reservó la navegación del Plata y
del Uruguay a España, alejó el límite del río Uruguay
y volvió a mencionar el río Pepirí. Se otorgó a este río
mayor im portancia que en el tratado de 1750, se agregó
a su nombre el adjetivo Guazú (“grande” en guaraní) y
se llamó San Antonio al río que era su contraparte, tal
como lo habían hecho los demarcadores en 17595.
Los comisarios demarcadores españoles y portugueses
encargados de materializar el límite establecido en 1777
verificaron que el mapa de las Cortes del tratado de 1750
era correcto, pues los ríos Pepirí Guazú y Uruguay-Pitá
existían y se encontraban en el terreno en la misma po­
sición en que los graficaba dicho mapa, más al oriente
del lugar indicado por los demarcadores en 1759. En el
nuevo mapa que confeccionaron dejaron constancia de es­
tas circunstancias al identificar el “arroyo Pepirí de los
demarcadores pasados” y el río que “tiene apariencias
de ser el Pepirí verdadero” . A pesar de estas constata­
ciones, los dem arcadores portugueses rehusaron aceptar

5 Ver el texto en Tratados de la Argentina, t. XI, ps. 175 y ss. El


añadido del calificativo era “circunstancia capital” al “confirmar y reforzar
la elección del río del Mapa de las Cortes y del Tratado de 1750 y excluir
el arroyo que por error identifican los demarcadores de 1759”. Rui Díaz
de Guzmán, en 1612, señalaba al río Pepirí como “el más caudaloso de
los afluentes occidentales del Uruguay” lAlegato, ps. 154 y 138, respec­
tivamente).
LOS LÍMITES CON EL BRASIL 49

dicho río como el límite indicado en el acuerdo6. Estos


trabajos de demarcación no fueron aprobados. El tratado
de paz de Badajoz de 1801, que puso fin a la guerra
que se desató posteriormente entre ambas Coronas, nada
dijo respecto de los límites coloniales, y las negociaciones
que tuvieron lugar entre 1804 y 1806 - a pesar de las
guerras napoleónicas- para ajustar un tratado definitivo
de límites en América no lograron ese objetivo.
Esta es la situación limítrofe en que se encontraron
los nuevos Estados iberoamericanos en el momento de
la sucesión respecto de sus metrópolis. En cuanto al ac­
tual límite argentino-brasileño, no hubo cuestionamiento
alguno ni se planteó la necesidad de su determinación.
Persistió la situación de derecho existente, acompañada
por un statu quo territorial de hecho7.

§ 17. E l tratado concertado por

la C o n f e d e r a c ió n A r g e n t in a
en 1857

El Brasil propuso un acuerdo de límites a la Confe­


deración Argentina cuando ésta se encontraba en lucha

6 Los demarcadores tenían que especificar “todos los puntos por don­
de debe pasar la Línea divisoria, de modo que se pueda extender un Tratado
Definitivo con expresión individual de todos ellos (. . .), señalen dichos
puntos con arreglo a los artículos de este Tratado, otorgando los instru­
mentos correspondientes y formando Mapa puntual de toda la frontera
que reconocieren y señalaren (. . .) poniendo en ejecución todo aquello
en que estuvieren conformes y reduciendo a un ajuste y expediente in­
terino los puntos en que hubiere alguna discordia, hasta que por sus Cor­
tes, a quienes darán parte, se resuelva de común acuerdo” (art. 15 del
tratado de 1777).
7 En la Banda Oriental, la situación resultó reiteradamente alterada
por las sucesivas ocupaciones portuguesas y brasileñas.

4. B a r b e r is
50 Los LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

por la reunificación con el Estado de Buenos Aires, para


la que esperaba contar con el auxilio de ese Imperio. El
acuerdo, que fue firmado el 14 de diciembre de 1857,
establecía un lím ite que corría desde la desembocadura
del Cuareim por el río Uruguay y por los ríos Pepirí Gua-
zú, San Antonio e Iguazú, aclarando que éstos eran los
reconocidos en 1759 por los demarcadores del tratado de
1750. El Congreso argentino, en la ley aprobatoria del
acuerdo, introdujo una reserva modificatoria, establecien­
do que los ríos Pepirí Guazú y San Antonio “son los que
se hallan más al oriente con estos nombres”. A pesar
de las m odificaciones introducidas, el Brasil instó el can­
je de ratificaciones, pero la Argentina no aceptó8. El con­
tenido de la cláusula negociada y su modificación pusieron
de manifiesto la existencia y el alcance de una cuestión de
límites pendiente9.

§ 18. L a CREACION DE LA COMISIÓN


MIXTA EXPLORATORIA

Con el objeto de resolver técnicamente la cuestión


pendiente y firm ar un tratado definitivo de límites se
creó, en 1885, una Comisión mixta exploratoria con el

8 En el protocolo al tratado de límites, Brasil aclaró que la mención


del tratado de 1750 no implicaba reconocer la validez de antiguos tratados.
Ver los textos del tratado de límites en Tratados de la Argentina, t. II,
ps. 475 y ss., y del protocolo respectivo en la Dirección de Tratados del
Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de
la Argentina.
9 La Argentina protestó en 1863, 1879 y 1880 por establecimientos
de Brasil en los contornos de la región en litigio. Brasil respondió que
“no había pretendido ocupar el territorio en disputa y que los nuevos
establecimientos estaban situados fuera del mismo” ( D í a z C i s n e r o s , ob.
cit., p. 115). La Argentina creó, en 1881, la Gobernación de Misiones.
LOS LÍMITES CON EL BRASIL 51

mandato de hacer un reconocimiento del terreno litigioso


y de los cuatro ríos que lo comprendían: Pepirí Guazú,
San Antonio y los situados al oriente de ellos, conocidos
en el Brasil por los nombres de Chapecó y Chopim y
que los argentinos llaman Pepirí Guazú y San Antonio
G uazú10. Entre 1885 y 1891, la Comisión realizó las ta­
reas de campo encomendadas.

§ 19. E l c o m p r o m is o a r b it r a l d e 1889

El 7 de septiembre de 1889 se pactó que si la “dis­


cusión sobre el derecho que cada Parte juzgaba tener no
se solucionaba dentro de un plazo de noventa días con­
tados desde la conclusión del reconocimiento del terreno
en que se encuentran las cabeceras de los ríos Chapecó
o Pequirí Guazú y Yangada o San Antonio”, sería sometida
al arbitraje del Presidente de los Estados Unidos de Am é­
rica, quien tendría que decidir si el límite estaba “cons­
tituido por los ríos que la Argentina o el Brasil han de­
signado”, debiendo “pronunciarse por una de las Partes
como juzgase justo en vista de las razones y documentos
que produjeren” 11.

10 Las Instrucciones indicaban que los demarcadores portugueses y


españoles de 1759 y 1789-91 determinaron las latitudes de las nacientes
y de las embocaduras de los dos primeros ríos, y de las observaciones
hechas por los españoles en 1789-91 -qu e recoge la Memoria de Oyarbide-
constaba la embocadura y naciente del Chapecó, así como el último punto
conocido del San Antonio, aguas abajo de sus nacientes (art. 7°); vease
en Tratados de la Argentina, t. II, ps. 541 y siguientes.
11 Arts. 1° y 5-, texto en Tratados de la Argentina, t. II, ps. 637 y
ss. El ámbito espacial de la controversia era redefinido hasta el río Yan­
gada o San Antonio -llam ado de Oyarbide- en lugar del Chopim, men­
cionado en el mandato de la Comisión mixta, al comprobarse, como re­
sultado de la exploración de terreno, que éste era el río contravertiente
52 Los LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

REFERENCIAS

La cuestión de Misiones (Laudo Cleveland)


LOS LÍMITES CON EL BRASIL 53

Al producirse en el Brasil el cambio político del Im ­


perio a la República, este país propuso celebrar un tratado
de límites. Los cancilleres Zeballos y Bocayuva convinie­
ron el 30 de enero de 1890 una fórmula transaccional
que dividía el territorio en litigio, mediante una línea
que unía la boca y margen derecha del río Chapecó o
Pepirí Guazú sobre el Uruguay con la boca y margen
izquierda del río Chopim en el Iguazú “ aprovechando los
mejores límites naturales y salvará las poblaciones de
una y otra Nación” 12. Una grave crisis institucional en
la nueva República brasileña llevó a que el tratado no
fuera aprobado por el Congreso de ese país. Ante esta
circunstancia la Argentina consideró agotada la vía bila­
teral y se puso en marcha el mecanismo arbitral de so­
lución de controversias convenido por las partes.

§ 20. E l a r b it r a je de C le v e la n d de 1895

En la cuestión de las M isiones13, la Argentina fundó


su derecho en “los títulos escritos, y en poco más de cuatro
siglos de posesión”, al mismo tiempo que entendía que
los límites legales, con arreglo al tratado de 1777, eran
la ley suprema de Sudamérica en materia de límites inter­
nacionales, siendo dicha línea la base de la soberanía
de las nuevas naciones, por lo que la posesión carecía de
valor ante normas convencionales.

del Pepirí Guazú que reclamaba la Argentina, de lo que dejaría constancia


la Memoria de dicha Comisión ( D iv i s i ó n l í m i t e s i n t e r n a c i o n a l e s , ob. cit.,
t. I, ps. 314 y ss.).
12 Ver el texto en Tratados de la Argentina, t. II, ps. 652 y siguientes.
13 En el Brasil se la llamaba “Cuestión de Palmas” , por entender
que el territorio litigioso estaba excluido del que habían ocupado las mi­
siones jesuíticas ( A l b u q u e r q u e M e l l o , Direito internacional público, Rio
de Janeiro, 1992, t. 2, p. 709).
54 Los LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

La Argentina reclam ó la línea del mapa de 1749 reco­


gida en el tratado de 1750 y revalidada por el tratado
de 1777. Consideraba que los términos jurídicos eran pre­
cisos y definitivos en tanto que los geográficos eran ambi­
guos. Basó su opinión en dos aspectos. En primer lugar,
entendía que el río que pretendía como límite aparecía
en el mapa de las Cortes de 1749 -q u e había servido
de base y guía a los tratados de 1750 y de 1777-, y que
éste había sido reconocido por la demarcación hispano-
portuguesa de 1791 y cartografiado por la Comisión mixta
argentino-brasileña de 1885-1891, en la misma posición
(al este del Uruguay-Pitá) y dirección general (S.O.-N.E.)
que tenía en el mapa de las Cortes, razones por las que
debía ser seguido cualquiera que fuera su denominación.
En segundo lugar, consideraba que la demarcación de
1759 había cometido un error en la identificación geo­
gráfica del río establecido como límite. Tres elementos
permitirían constatar este error. El río Pepirí fue reco­
nocido equivocadamente en el terreno, como un río ubi­
cado más al oeste y aguas abajo del río indicado en el
mapa de 1749, ello como consecuencia de haber confun­
dido previamente al río Uruguay-Pitá, que servía de guía
de la demarcación. Asimismo, había sido negada la exis­
tencia del río aguas arriba que la carta de 1749 llamaba
Pepirí y, por último, se había fijado un falso río contra­
vertiente del identificado como Pepirí, al que denominaron
San Antonio, para cuyo reconocimiento utilizaron un pro­
cedimiento contrario al previsto en la norma delimitadora,
pues en lugar de seguir desde la cabecera del Pepirí hasta
las nacientes de aquel río, fue identificado por su de­
sembocadura en el Iguazú14.

14 Para la Argentina, la denominación del río San Antonio era “teó­


rica” para ser aplicada en el terreno a un río innominado que se buscaba,
y que carecía de una ubicación precisa propia, pues ésta resultaba su­
LOS LÍMITES CON EL BRASIL 55

El error material derivado de las operaciones de cam ­


po cometido por los demarcadores de 1759 tenía im pli­
caciones no solo geográficas, por cuanto se había iden­
tificado, y a partir de ello se había dado el topónim o
previsto en la norma delimitadora a un accidente que
no era aquel al que le correspondía, sino también conse­
cuencias jurídicas, al afectar la correcta aplicación de la
norma delimitadora a la realidad15.
Brasil entendía, en cuanto a esta norma, que por
la guerra se extinguían los tratados existentes entre los
beligerantes, y que el tratado de paz de Badajoz de 1801
confirm aba esta afirmación, pues no contenía cláusula
expresa que restableciera los límites preexistentes ni el

bordinada a la de otro accidente; si se perdía ese carácter y pasaba a


ser el referente para reconocer al Pepirí, se alteraba el espíritu de la
norma. Por lo demás, los ríos identificados en 1759 no reunían las con­
diciones físicas establecidas en la norma delimitadora al no ser ríos con­
travertiente, como lo había comprobado el reconocimiento de terreno ar­
gentino-brasileño de 1885-91 (Alegato, p. 235).
15 La Argentina atribuía carácter obligatorio a la línea del mapa
de las Cortes y entendía que admitir que los demarcadores pudieran alterar
la línea trazada implicaba modificar el tratado, configurando el “único
caso que empleados subordinados resolverán por si cuestiones de ensanche
y cesión territorial” {Alegato, p. 142). Afirmaba que las Declaraciones del
12 de julio de 1751, estampadas en las copias del mapa de las Cortes,
establecían que por ser el mapa anterior al tratado “la línea encarnada
señala y pasa por los lugares donde se va hacer la demarcación”, y que
conforme las normas sobre la inteligencia que había de darse al mapa
“pueden resultar evidentes variaciones en el terreno sobre el origen y
curso de ríos y hasta en los nombres de algunos de ellos ( . . . ) cualquiera
variación que haya, no impida el curso de la ejecución; mas se prosiga
conforme en el Tratado lo manifiesta el ánimo e intención de sus Ma­
jestades” . Consideró falsos el mapa de las Cortes que figuraba en la Co-
leijao de Tratados de Portugal, hecha por Borges de Castro, y un texto
de la Declaración de 1751 que no acotaba espacialmente al sector del
límite entre la costa atlántica y el río Uruguay la posible disconformidad
entre la letra del tratado y la línea graficada (Alegato, ps. 132 y 133).
56 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

statu quo ante bellum. De esta forma, no sólo desaparecía


el carácter vinculante del tratado de San Ildefonso, sino
también cualquier efecto que hubiera podido atribuirse
a la demarcación hecha en su ejecución -en tre éstos, el
reconocim iento, en el terreno, de los ríos ubicados más al
este-. En consecuencia, según el Brasil, los Estados ibe­
roam ericanos no habrían quedado vinculados por acuerdo
colonial de límites alguno y ante la ausencia de norma
convencional regía la ocupación efectiva de territorios a
la época de la independencia, bajo la invocación de la
regla del uti possidetis, con el alcance de la posesión efec­
tiva. En cuanto al recorrido del límite, apoyaba lo ac­
tuado en la demarcación de 175916.
En suma, la controversia no trataba sobre un error
geográfico por inexistencia del accidente identificado como
asiento del límite, pues éste estaba presente en el terreno,
sino sobre la determ inación de su correcta ubicación.
Tampoco se trataba de un caso de error cartográfico por
la equivocada representación de la realidad en una carta17.

16 El carácter supletorio que atribuía a la regla de la posesión res­


pecto de los tratados resultaba, en el caso del tratado de 1777, relativizado,
pues Brasil consideraba sus normas aplicables en tanto que no contrariasen
esa posesión. En el protocolo al frustrado tratado de 1857, la Argentina
había establecido la expresión “por reglas aceptadas de derecho interna­
cional no reconoce a la posesión” y Brasil había señalado que la “referencia
al derecho internacional no tenía en vista juzgar la posesión la que es
título legítimo (uti possidetis) para la propiedad”. Para las posiciones del
Brasil en el arbitraje, ver Statement Submitted by the United States o f
Brazil to the President o f the United States o f America as Arbitrator, New
York, 1894.
17 Los demarcadores de 1759 sugirieron, en cierta forma, la exis­
tencia de un error geográfico por falta de ajuste de la norma a la realidad
del terreno, pues invocaban la inexistencia del río señalado en el mapa
y también un error cartográfico, al pretender que el río graficado en el
mapa difería del que identificaban como tal en el terreno. Los releva-
mientos posteriores constataron la existencia y ubicación correcta de los
LOS LÍMITES CON EL BRASIL 57

La demarcación de 1759 había dejado abierta la cues­


tión sobre la ubicación, en la cartografía oficial y en el
terreno, del río nombrado en la norma delimitadora. La
existencia y ubicación real del río fue comprobada en la
subsiguiente demarcación de 1789-91. La primera demar­
cación fue declarada nula y la segunda no fue concluida.
Los Estados sucesores heredaron la cuestión, complicada
por el agregado de nueva toponimia.
En el fallo arbitral del 5 de febrero de 1895, el Pre­
sidente Cleveland decidió que el límite corría por los ríos
designados por el Brasil, los que “fueron señalados, re­
conocidos y declarados ríos del límite en 1759 y 1760” ;
a ello agregó, como único dato sustantivo, tres consta­
taciones técnicas dirigidas a demostrar la coincidencia
de ubicación, sobre la base de distancias, entre los recono­
cimientos de las bocas de ambos ríos occidentales efec­
tuados por los comisionados de 1759 y los realizados con
posterioridad. Sin expresar otros fundamentos, la deci­
sión arbitral otorgó la totalidad de los casi 31.000 km 2
de territorio en disputa a Brasil. De esta forma quedaba
solucionada la única cuestión de límites existente entre
las dos R epúblicas18.
Las consideraciones que hizo el árbitro parecerían
haber estado orientadas a la constatación fáctica de que
en la demarcación de 1759 se había realizado un reco­
nocimiento efectivo del terreno cuyos resultados fueron
corroborados, en cuanto a su coincidencia con la realidad,
por las tareas de campo posteriores, independientem ente

accidentes geográficos en cuestión, quedando, en consecuencia, desechado


el error geográfico o cartográfico en la norma delimitadora, circunscri­
biéndose éste al accionar de los demarcadores de 1759.
18 Ver el parágrafo 6 de la sentencia en Tratados de la Argentina,
t. X, ps. 30 y siguientes.
58 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

de si las primeras operaciones hubieran estado ajustadas


a la norma delim itadora y a la cartografía de base de
dicha norma.

§ 21. E l tratado de l ím it e s de 1898

La delim itación definitiva de toda la línea limítrofe


se realizó por el tratado del 6 de octubre de 1898, que
“com pleta” el establecimiento de la “línea divisoria, en
parte definitivam ente determinada por arbitraje” . El lí­
mite sigue el río Uruguay desde la boca del río Cuareim
hasta la boca del río Pepirí Guazú, por éste hasta su
cabecera principal, donde continúa por el terreno más
alto hasta la cabecera principal del río San Antonio y
por éste hasta el río Iguazú, río que sigue hasta su de­
sembocadura en el río Paraná (arts. l s a 3S) 19.
El acuerdo precisa la ubicación del límite en el thal­
weg de los ríos Uruguay e Iguazú y en el álveo de los
otros dos ríos. La división del lecho del río y de las aguas
suprayacentes se proyecta verticalmente al espacio aéreo
y del mismo modo al subsuelo, y gobierna la asignación
de las islas constituyendo un límite a todo efecto, en au­
sencia de norma expresa en otro sentido. La convención
com plem entaria de límites del 27 de diciembre de 1927
sustituyó el primer artículo del tratado de 1898 y precisó
el límite en la boca del Cuareim, desde un punto al sur
de la isla Brasilera, haciendo correr el límite entre esa
isla y la margen argentina del río Uruguay20.

19 Ver el texto en Tratados de la Argentina, t. II, ps. 668 y ss. No


existe un punto trifinio convenido con el Paraguay, pues el recorrido del
límite más allá de la desembocadura del río Iguazú y hasta la mitad de
la corriente del canal principal del río Paraná, frente a dicha desembo­
cadura, aparece indefinido.
2° Ver el texto en Instrumentos internacionales, t. I, ps. 305 y 306.
La isla Brasilera no estaba incluida en la asignación de islas aprobada
Los LÍMITES CON EL BRASIL 59

§ 22. LA DEMARCACIÓN

Las instrucciones para la demarcación del tratado


de 1898 fueron acordadas el 2 de agosto de 1900 y los
artículos declaratorios de la delimitación de la frontera,
del 4 de octubre de 1910, aprobaron los trabajos de de­
marcación efectuados entre 1901 y 1904. Estas normas
definieron y aplicaron el thalwegu y asignaron todas las
islas pertenecientes a uno y otro país. Años más tarde,
en 1970, se constituyó una Comisión Mixta para la ins­

erí 1910, pero una cláusula similar a la de 1927 figuraba en la convención


ampliatoria del tratado de límites de ese año. Cuando se aprobó el acuerdo
de 1927 -e n 1940- el gobierno uruguayo presentó sendas notas diplomá­
ticas en reserva de su derecho. Brasil respondió afirmando su soberanía
y la Argentina no consideró la presentación, habida cuenta del tiempo
transcurrido entre la firma del convenio y su aprobación parlamentaria.
No existe un punto trifinio convenido en este sector del límite. Al respecto,
el Uruguay consideró, al fii-mar el acuerdo de límites del Río Uruguay
de 1961, que la convención de 1927 era res inter alios acta, por cuanto
sus disposiciones provendrían de una errónea interpretación del tratado
de límites uruguayo-brasileño de 1851, que hace correr el límite por el
río Cuareim hasta su desembocadura en el Uruguay, “perteneciendo al
Brasil la isla o islas que se hallan en la embocadura del dicho río Cuareim,
y que la isla Brasilera se encuentra en el río Uruguay” ( G o n z á l e z L a p e y r e ,
Los límites de la República Oriental del Uruguay, Montevideo, 1986, ps.
275 a 284).
21 El thalweg es el “determinado por el canal principal, de mayor
calado y más fácil y franca navegación” (art. 4Q de las Instrucciones de
1900). Los acuerdos de 1910 refieren expresamente que en la demarcación
se ha seguido el thalweg de los cuatro ríos limítrofes. En las Cataratas
del Iguazú, el límite pasa por el thalweg de la calda principal, conocida
como Garganta del Diablo, dejando siete de los 275 saltos del lado bra­
sileño, y el resto del lado argentino (Artículos declaratorios, art. 3 in fine).
Ver los textos en Tratados de la Argentina, t. II, ps. 613 y ss., y ps. 716
y ss. Existe una vacancia limítrofe entre el thalweg del río Uruguay y
el del Pepiry Guazú en la desembocadura de éste.
60 LO S LÍMITES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

pección de hitos cuyas facultades han sido ampliadas a


efectos de que pueda realizar “una mejor caracterización
del lím ite” , donde resulte necesario22.
Un caso particular se presenta en los puentes inter­
nacionales Paso de los Libres-Uruguayana, Puerto Igua-
zú-Puerto Meira, Andresito-Capanema y Santo Tomé-Sao
Borja. M ientras el límite se encuentra en la intersección
de la prolongación vertical del límite en el río con el puen­
te, la jurisdicción de cada país se extiende hasta la mitad
del puente, definida ésta por el “eje transversal de si­
m etría” o bien como “la mitad geométrica del vano central
del puente, sin perjuicio de la línea del límite definido
en el Tratado de 1898” 23. Estas normas disponen una
extensión del ejercicio jurisdiccional más allá del límite
internacional en el puente propiamente dicho y generan,
por otra parte, un desdoblamiento entre la jurisdicción
que ha de ser ejercida en el puente respecto de la aplicable
al espacio subyacente hasta la línea del pelo de agua y
en el espacio aéreo sobre la misma estructura, las que
están sujetas a lo dispuesto estrictamente en la norma
delimitadora.

22 Acuerdo por canje de notas del 11/V y 16/V1/1970. Otro acuerdo


por canje de notas sobre identificación del límite, del 16/IX/1982, dispuso
la construcción de hitos en islas asignadas por el tratado de 1898 para
facilitar su identificación en el terreno. La ampliación de facultades de
la Comisión Mixta fue convenida por el canje de notas del 31/1/1996. Los
textos se hallan en la Dirección de Tratados del Ministerio de Relaciones
Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la Argentina.
23 Protocolo de 1935 (art. 79) y protocolo de 1941 (art. 4o), respecto
del primero (Instrumentos internacionales, t. I, ps. 511 y ss., y 519 y ss.)
y acuerdo por canje de notas del 29/XI/1985, respecto del segundo (Di­
rección de Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio In­
ternacional y Culto de la Argentina).
C a p ít u l o IV

LOS LÍM ITES CON EL PARAGUAY

§ 23. I n t r o d u c c ió n

El Paraguay fue el primer Estado vecino con el que


la Argentina firmó un convenio de límites. Aunque el
tratado de la Triple Alianza reconoció a nuestro país el de­
recho a reclamar una línea divisoria fundada en el uti
possidetis de 1 8 1 0 . el Gobierno decidió negociar directa­
mente con ese Estado el deslinde entre ambos territorios.
En el tratado firmado en 1 8 7 6 aceptó una transacción,
así como el sometimiento de parte de la frontera a un
arbitraje, además de acordar el criterio para la adjudi­
cación de las islas en los ríos Paraná y Paraguay. En
1 8 7 8 el árbitro dictó el laudo, pero la cuestión limítrofe
no quedó resuelta definitivamente ya que, en la dem ar­
cación, surgió la dificultad de identificar el "brazo prin­
cipal" del río Pilcomayo y el recorrido de éste en su parte
media, lo cual dio lugar a largas negociaciones que cul­
minaron con la firma de un tratado complementario en
1 9 3 9 y de un protocolo complementario de lím ites defi­
nitivos en el río Pilcomayo en 1 9 4 5 . De tal modo quedó
definida en su totalidad la línea de frontera argentino-
paraguaya, que tiene una extensión aproximada de 1 .5 7 0
km de oeste a este, desde el punto Esmeralda sobre el
62 LO S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

río Pilcomayo hasta la desembocadura del río Iguazú en


el Paraná. Todavía no se ha completado la demarcación
del límite ni la adjudicación de las islas conforme a lo
estipulado en los acuerdos vigentes.

§ 24. P r im e r a s n e g o c ia c io n e s

En la convención firmada el 12 de octubre de 1811


por M anuel Belgrano y Vicente Echeverría con la Junta
del Paraguay, que reconocía provisionalmente la indepen­
dencia de esa provincia de la de Buenos Aires, se estipuló
que sus límites debían quedar “por ahora ( . . . ) en la forma
en que actualmente se hallan”, es decir tal como los había
fijado la Corona española1. Posteriormente, el 15 de julio
de 1852 -d o s días antes de la declaración de reconoci­
miento de la independencia de ese Estado- el Encargado
de negocios de la Confederación en misión especial, Dr.
Santiago Derqui, firmó en Asunción un tratado de límites,
amistad, com ercio y navegación con la República del Pa­
raguay2. En éste se fijaba como línea divisoria el río Pa­
raná desde el territorio brasileño hasta la isla del Atajo
o del Cerrito, se disponía que la isla de Yacyretá perte­
necía al Paraguay, la de Apipé a la Argentina y que las
demás islas se distribuirían según su adyacencia a las
costas de uno u otro país. Asimismo se establecía que
el río Paraguay pertenecía “de costa a costa en perfecta
soberanía” al Paraguay, que la navegación del río Bermejo
sería común a ambos Estados y que se efectuarían tra­
bajos para hacer navegables este río y el Pilcomayo. A n­
tes de la sanción de la Constitución argentina, que con­

1 Ver supra, § 3, a.
2 Tratados de la Argentina, t. IX, ps. 69 y siguientes.
L O S LÍMITES CON EL PARAGU AY 63

fiere al Congreso nacional la atribución de arreglar los


límites de la República, el general Justo J. de Urquiza,
en su carácter de Director Provisorio de la Confederación,
aprobó el convenio el 20 de agosto de 1852. El Jefe de
Estado del Paraguay, Carlos Antonio López, lo había he­
cho el 19 de julio de ese año, con el dictamen del Consejo
de Estado, y el canje de los instrumentos de ratificación
se efectuó en Asunción el 14 de septiembre siguiente.
Una vez constituido, el Congreso argentino rechazó
el tratado después de un prolongado estudio, por consi­
derar que en él se reconocían en cierto modo los derechos
del Paraguay sobre el Chaco hasta el río Bermejo, lesio­
nando los intereses nacionales. Esto causó dificultades
con ese país, que motivaron la misión especial encom en­
dada al general José Tomás Guido, quien, el 29 de julio
de 1856, firmó en Asunción un nuevo tratado de amistad,
com ercio y navegación3, ratificado en noviembre del mis­
mo año, en cuyo artículo 24 se decidió posponer el arreglo
de los límites, reiterando en el artículo siguiente la dispo­
sición del anterior convenio respecto de las islas de Apipé
y Yacyretá.

§ 25. E l tratado de la T r ip l e A l i a n z a

Con motivo del conflicto armado que enfrentó al Go­


bierno del Paraguay con la Argentina, el Brasil y el Uru­
guay, representantes de estos tres Estados firmaron el
Is de mayo de 1865 el tratado de la Triple Alianza, de
carácter ofensivo y defensivo4. En el artículo 8y, conside­

3 Tratados de la Argentina, t. IX, ps. 89 y ss. En las negociaciones,


la Argentina invocó el uti possidetis de 1810 refiriéndose a los límites
de la antigua Gobernación de Buenos Aires.
4 Tratados de la Argentina, 1.1, ps. 82 y siguientes.
64 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

rando que la guerra no era contra el pueblo del Paraguay


sino contra su Gobierno, los aliados se obligaron a res­
petar la independencia, soberanía e integridad territorial
de ese país y en el artículo 16 establecieron que, “para
evitar las discusiones y guerras que traen consigo las
cuestiones de lím ites”, exigirían de las autoridades del
Paraguay que celebraran con los respectivos gobiernos
convenios especiales definitivos sobre las bases que el mis­
mo tratado especificaba. Así, con relación a la República
Argentina, preveía que “será dividida de la República del
Paraguay, por los ríos Paraná y Paraguay hasta encontrar
los límites con el Imperio del Brasil siendo éstos por la
margen derecha del río Paraguay la Bahía Negra”.
El triunfo de los aliados encontró a las tropas argen­
tinas ocupando territorios que consideraban propios de
acuerdo con dicha disposición, que se fundaba en el uti
possidetis de 1810 en cuanto al deslinde de las inten­
dencias de Buenos Aires y del Paraguay. No obstante,
el Gobierno argentino renunció a imponer esos límites
como fruto de la victoria contra la voluntad del pueblo
paraguayo, y se declaró dispuesto a arreglar la cuestión
directamente con las autoridades de ese país, sentando
la doctrina de que “la victoria no da derechos” 5.
Unos meses más tarde, en el acuerdo preliminar de
paz que firmó con los aliados el 20 de junio de 1870, el
Gobierno provisorio paraguayo6 “acepta en el fondo el Tra­
tado de la Triple Alianza” y se compromete a que los
tratados a los cuales se refiere dicho convenio “serán cele­

5 Se sintetiza así lo expresado por Mariano Varela, Ministro de Re­


laciones Exteriores de Sarmiento, respondiendo el 27/XII/1869 a una nota
del Gobierno provisorio paraguayo que había reemplazado a Francisco
Solano López (Díaz C is n e r o s , ob. cit., ps. 99 y ss.).
6 Texto en B o r d e n a v e y R a c h i d d e R a c c a , ob. cit., t. I, ps. 78 y si­
guientes.
L O S LÍMITES CON EL PA RA G U A Y 65

brados tan luego como se elija el Gobierno permanente


de la República del Paraguay”, y en el artículo 29 del
protocolo que suscribió el 15 de diciembre del mismo año
acordó que los límites de ese Estado “con la República
Argentina y el Imperio del Brasil serán ajustados y defi­
nidos por tratados especiales, de conformidad con el artí­
culo 16 del tratado de alianza del l s de mayo de 1865
y con el acuerdo preliminar de paz” 7. Pero luego se sus­
citaron problemas territoriales que demoraron la conclu­
sión del convenio limítrofe con nuestro país.

§ 26. E l tratado de 1876

Sucesivas misiones diplomáticas argentinas8 llevaron


a cabo largas negociaciones con el Paraguay y el Brasil
sobre las condiciones de la paz y de las relaciones futuras
así como sobre los límites argentino-paraguayos, tratando
de llegar a una solución aceptable para ambas Partes
en la cuestión territorial planteada. El Paraguay preten­
día extender su jurisdicción al Chaco hasta el río Bermejo,
a la isla del Atajo o del Cerrito y al territorio de Misiones9,
mientras que la Argentina sostenía como aspiración m áxi­
ma la línea del tratado de la Triple Alianza, que incluía
el Chaco hasta la Bahía N egra10. Finalmente, el 23 de

7 Memoria 1921-1922, p. 124.


8 Encabezaron dichas misiones Manuel Quintana, Bartolomé Mitre
y Carlos Tejedor.
9 El Ministro de Relaciones Exteriores del Paraguay, José del R.
Miranda, fundamentaba las pretensiones territoriales de su país en el
“Contramemorándum”, fechado en Asunción el 31/X/1873, que envió a su
homólogo argentino Carlos Tejedor. Ver texto en la Memoria, 1874. Anexo
“Cuestión de límites con el Paraguay”, ps. 322 y siguientes.
10 La posición argentina fue sintetizada por el Ministro de Relaciones
Exteriores, Carlos Tejedor, en el “Memorándum” del 14/X/1873, obrante

5. B a r h e r is
L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

Límite con el Paraguay en el río Paraná


L O S LÍMITES CON EL PA RA G U A Y 67

febrero de 1876 se firmaron en Buenos Aires un tratado


definitivo de paz con el Paraguay, otro de amistad, com er­
cio y navegación y un tercero sobre lím ites11, todos los
cuales entraron en vigor. Las tratativas finales fueron
conducidas personalmente por el Ministro argentino de
Relaciones Exteriores, Bernardo de Irigoyen, con los pleni­
potenciarios del Paraguay, Facundo Machain, y del Brasil,
A. J. D’Acosta Aguilar DAndrada.
El tratado de límites dispone que por la parte sur
y este el territorio paraguayo se divide del argentino “por
la mitad de la corriente del canal principal del río Paraná'
desde su confluencia con el río Paraguay, hasta encontrar
por la margen izquierda los límites del Imperio del Brasil;
perteneciendo la isla de Apipé a la República Argentina
y la isla de Yacyretá a la del Paraguay, como se declaró
en el Tratado de 1856”, y que por el oeste el límite es
la mitad de la corriente del canal principal del río Para­
guay desde su confluencia con el Paraná. En cuanto a
las islas, reconoce que la del Atajo o del Cerrito es argen­
tina y establece que el dominio de las restantes deriva
de su adyacencia a las costas de uno u otro Estado, siendo
comunes para la navegación los canales entre ellas. Con
respecto al extenso territorio del Chaco, situado al oeste
del río Paraguay, estipula lo siguiente:
i. La República Argentina renunciaba a toda preten­
sión o derecho sobre la zona septentrional comprendida
entre la Bahía Negra y el río Verde12 (Chaco Boreal).

en el “Anexo” -citado en la nota anterior- (ps. 314 y ss.) de la Memoria,


1874. También se reseñan los antecedentes en la Memoria 1921-1922,
ps. 107 y siguientes.
11 Tratados de la Argentina, t. IX, ps. 173 y ss., 185 y ss., 196 y
ss., respectivamente.
12 El artículo IV del tratado lo sitúa en la latitud sur 23° 10’, haciendo
referencia al mapa de Mouchez.
68 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ BLICA A R G E N TIN A

ti. Quedaba reconocida definitivamente como perte­


neciente a la República Argentina la parte austral com ­
prendida entre el río Bermejo y el brazo principal del
río Pilcomayo, cuya desembocadura en el Paraguay, de
acuerdo con el artículo II del Tratado, se sitúa en los
25° 20’ de latitud sur según el mapa de Mouchez y 25°
22’ según el de Brayer (Chaco austral).
iii. Se sometía al arbitraje del Presidente de los Es­
tados Unidos de Am érica la cuestión relativa al dominio
sobre la sección interm edia (Chaco central) situada entre
el río Verde y el brazo principal del Pilcomayo, incluida
la Villa Occidental.
Como se puede apreciar, mediante este tratado se
formalizó una transacción: la Argentina desistía de sus
derechos al Chaco boreal13, que le habían sido reconocidos
por el Brasil y el Uruguay en el tratado de la Triple
Alianza, m ientras que el Paraguay abandonaba sus pre­
tensiones sobre el territorio de Misiones, la sección del
Chaco al sur del Pilcomayo (Chaco austral) y la isla del
Atajo o del Cerrito.

§ 27. E l l a u d o d e l P r e s id e n t e H a y e s

El Presidente de los Estados Unidos, Rutherford B.


Hayes, pronunció el fallo sobre el Chaco central el 12
de noviembre de 1878. Sin expresar los fundamentos de
su decisión, el árbitro se limitó a manifestar que, habiendo
considerado debidamente las memorias, documentos y de­
más antecedentes presentados por las Partes, correspon­
día al Paraguay “el territorio situado en la margen iz­

13 El Paraguay había tenido la posesión de hecho sobre este territorio


desde 1811.
L O S LÍMITES CON EL PA RA G U A Y 69

quierda del río de ese nombre entre el río Verde y el


brazo principal del río Pilcomayo, incluyendo la Villa O cci­
dental” , para lo cual tenía “legal y justo título” 14. La R e­
pública Argentina aceptó el laudo y ese territorio quedó
en jurisdicción del Paraguay, que más tarde dio a la Villa
Occidental el nombre de “Villa Hayes” en honor al árbitro.

§ 28. La c u e s t ió n del brazo p r in c i p a l

del r ío P il c o m a y o

La disputa entre el Paraguay y Bolivia sobre el Chaco,


que apenas se resolvió en 1938, y las dificultades plan­
teadas en el terreno para identificar “el brazo principal”
del río Pilcomayo no hicieron posible la demarcación del
límite en esa zona durante largo tiempo.
La región del Chaco era hasta fines del siglo XIX
poco menos que desconocida y los mapas de que se dis­
ponía -levantados entre 1796 y 1872- adolecían de graves
errores y deficiencias15. Además el río Pilcomayo presen­
taba características especiales en su recorrido de 1.700
km: después de su nacimiento en la Cordillera de los
Frailes en los Andes -en tre Potosí y el lago A ullagas-,
en su primer tramo era torrencial, pero luego su velocidad
dism inuía en el curso hacia Villamontes y D’Orbigny; en
el límite entre la Argentina y el Paraguay se hacía menos
profundo y tenía un desarrollo incierto y en la zona media,
después de entrar en el estero Patiño, se abría formando
brazos que cambiaban frecuentemente de dirección. Del
estero nacían tres ríos: al norte, el que se conoce con

14 Ver el texto original y su traducción al castellano en Instrumentos


internacionales, t. II, ps. 1163 y siguientes.
15 Además de los mapas mencionados en el tratado, se disponía de
los de Oyarbide, Du Graty, de Moussy y da Ponte Ribeiro.
70 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

el nombre de Confuso, que desemboca varios grados más


al norte de las latitudes mencionadas en el tratado, y al
sur otros dos que fueron denominados “brazo norte” y
“brazo sur”, los cuales se unen en Juntas de Fontana,
para correr por un solo cauce hasta desembocar en el
río Paraguay en la latitud 25° 20’, frente a Lambaré. Esto
ha provocado dudas y conflictos para determinar el ver­
dadero cauce, o sea el “brazo principal” al que se refieren
el artículo IV del tratado de 1876 y el fallo del Presidente
Hayes.
El inicio de la controversia se remonta a los primeros
años de este siglo, cuando el Gobierno argentino dispuso
la construcción de una carretera en Formosa sobre la
margen derecha del río Pilcomayo hasta su desem boca­
dura en el río Paraguay. Esto motivó una presentación
del Paraguay en la que solicitaba la suspensión del pro­
yecto, alegando que afectaba su territorio, pues el brazo
principal del río era el “brazo sur” 16, pero el informe pre­
sentado en 1903 por un explorador del Ministerio de Agri­
cultura, que había recorrido el río desde la frontera con
Bolivia hasta su desembocadura en el Paraguay, confir­
mó la tesis argentina de que el "brazo norte" era el prin­
cip a l17.
El Gobierno paraguayo refutó el mencionado informe
en 1905 e, invocando la venta de tierras que había efec­
tuado al norte del brazo sur, pedía que las autoridades
argentinas reconocieran el dominio de ese Estado sobre
dicho territorio. Para el caso de que “la Argentina persis­
tiera en sus dudas”, proponía la creación de una comisión

16 Sobre la posición paraguaya, v e r I r a l a , Negociaciones paragua­


yo-argentinas, Asunción, 1912.
17 Sobre la posición argentina, ver Antecedentes históricos y geográ­
ficos.
L O S LÍMITES CON EL PA RA G U A Y 71

mixta que comprobase el terreno y determinara cuál de


los dos brazos del río era el señalado en el fallo arbitral.
Por ello, mediante el convenio firmado el 11 de setiembre
de 190518, ambos gobiernos decidieron constituir una co­
misión integrada por dos peritos por cada Parte, con el
encargo de efectuar los estudios necesarios para “deter­
minar cuál es el brazo o canal principal de dicho río”.
La comisión informó en 190619 que sólo había efectuado
trabajos sobre “el brazo norte” y que no podría formarse
un juicio definitivo hasta completar el relevamiento. A de­
más, uno de los peritos argentinos presentó un informe
en disidencia20, indicando que después de explorar el río
Confuso consideraba que éste era el brazo principal del
Pilcomayo. Reducida la comisión a un miembro por cada
país en virtud del Protocolo del 1Q de febrero de 19072',
lo que excluía al miembro disidente, los peritos Domingo
Krause (Argentina) y Elias Ayala (Paraguay) expidieron
en 1909 un inform e22 en el que manifestaban que el “brazo
sur” tiene un cauce mucho menos tortuoso y por esta
razón un desarrollo meaor, pero es de capacidad mayor
que el “brazo norte”, condiciones por las cuales “puede
proclamarse su superioridad como lo desean los tratados
de lím ites” . Agregaban que en la zona de unos 100 km
de largo ocupada por el estero Patiño no había sido posible
determinar el cauce del Pilcomayo.
Entre 1910 y 1920 se efectuaron nuevas exploraciones
por parte de la Argentina que comprobaron las variaciones
del curso del río en la zona, pero confirmaban la supre­
macía del “brazo norte” . En 1920, el Ministro interino

18 Instrumentos internacionales, t. II, ps. 1165 y siguientes.


19 Antecedentes históricos y geográficos, ps. 51 y siguientes.
20 Antecedentes históricos y geográficos, ps. 37 y siguientes.
21 Instrumentos internacionales, t. II, ps. 1167 y siguientes.
22 Antecedentes históricos y geográficos, ps. 71 y siguientes.
72 Los LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

de Relaciones Exteriores, Dr. Honorio Pueyrredón, replan­


teó la posición argentina, señalando que hasta ese m o­
mento se había transform ado en una cuestión hidrográfica
lo que era sólo una cuestión jurídica, ya que el límite
en el río Pilcomayo estaba fijado expresamente por el
tratado de 1876 y su demarcación era “una operación
de aplicación estricta, lisa y llana del referido acto di­
plom ático”. Basaba esta postura en las negociaciones de
las que surgió el tratado y sostenía que había sido un
error aceptar la realización de estudios sobre el terreno
para determ inar cuál era el brazo principal del río, pues
esto estaba resuelto por el convenio, al señalar el curso
que corre en los mapas de Mouchez y Brayer como tal
brazo y por lo tanto como límite entre ambos países23.
Esta opinión fue refutada por el Paraguay y nuevas explo­
raciones crearon en el M inistro argentino de Relaciones
Exteriores, Dr. Angel Gallardo, el convencimiento de que
el verdadero brazo principal era el río Confuso.
En esa época comenzaron a producirse las primeras
fricciones entre el Paraguay y Bolivia, que se agudizaron
en 1932 y desencadenaron la guerra del Chaco. Esto pa­
ralizó las negociaciones de límites entre la Argentina y
el Paraguay, mientras el río continuaba cambiando de
cauce, y al producirse la desmovilización hubo una serie
de incidencias, por lo cual se convino dividir la zona li­
tigiosa dando a cada país la mitad del territorio para
ejercer la vigilancia (acta-convenio del 19 de diciembre
de 1935)24. Finalizada la contienda con el auxilio de la
mediación amistosa de seis países americanos, incluida

23 Ver nota dirigida el 12/IV/1921 por el Ministro interino de Rela­


ciones Exteriores argentino, Honorio Pueyrredón, al representante del Pa­
raguay en Buenos Aires con “Exposición de motivos” de la posición de
nuestro país, en Memoria, 1921-1922, ps. 107 y siguientes.
24 Antecedentes históricos y geográficos, ps. 101 y siguientes.
L O S LÍMITES CON EL PA RA G U A Y 73

la Argentina, y definidos en 1938 los límites entre Bolivia


y el Paraguay25, se reiniciaron las tratativas argentino-
paraguayas para definir la línea de frontera sobre el Pil-
comayo.

§ 29. E l t r a t a d o c o m p l e m e n t a r io
DE LÍMITES DE 1939

A pesar de lo dispuesto en el acta-convenio de 1935,


continuaron los incidentes en la zona y se hicieron fre­
cuentes, lo cual motivó la urgencia de arribar a una solu­
ción definitiva, que se cristalizó en el tratado com plem en­
tario de límites negociado por el M inistro de Relaciones
Exteriores argentino, José María Cantilo, con el Presi­
dente electo del Paraguay, general José Félix Estigarribia,
y suscripto en Buenos Aires el 5 de julio de 193926. En
él se fija el límite definitivo de ambos países en el río
Pilcomayo, aceptando de manera firme la línea de frontera
en las dos secciones --de las tres en que se divide al r ío - en
las cuales el mismo presentaba un cauce continuado y
permanente: la comprendida entre Salto Palmar y la de­
sembocadura frente a Lambaré, y la que va desde H or­
queta hasta Esmeralda. En la primera se toma como lí­

25 Se reunió en Buenos Aires una Conferencia de paz con repre­


sentantes de la Argentina, el Brasil, Chile, Estados Unidos de América,
el Perú y el Paraguay, que elaboró el proyecto de tratado de paz, amistad
y límites suscripto por los plenipotenciarios de Bolivia y el Paraguay en
la misma ciudad el 21/VII/1938. El art. 2g disponía que el límite entre
ambos países en el Chaco se determinaría mediante un fallo arbitral dic­
tado ex aequo et bono por los presidentes de los países mediadores. El
laudo fue emitido el 10/X/1938.
26 Instrumentos internacionales, t. II, ps. 1169 y ss. Fue firmado por
el Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la Argentina, José María
Cantilo, y el representante del Paraguay en Buenos Aires, Higinio Arbo.
74 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

mite “el actual curso del brazo sur”, al que se refiere


el informe de los peritos Krause y Ayala de 1909, en la
zona en que se bifurca el río. En la segunda, el límite
también sigue “el curso actual del río Pilcomayo”, dejando
de lado la situación que se presentaba en la época de
la firma del tratado de 1876.
Para determ inar la línea en la parte media, es decir
entre Salto Palmar y Horqueta -don de se observaba el
fenómeno de divagación de las aguas con estancamiento
en bañados y esteros-, se resolvió constituir una comisión
mixta integrada por técnicos argentinos y paraguayos que
debía estudiar la zona y aconsejar a sus gobiernos sobre
el recorrido de la línea de frontera en el plazo de dos
años, que luego fue prorrogado, y las autoridades debían
resolver al respecto en los seis meses posteriores. En caso
de no llegar a un acuerdo se obligaban a recurrir a uno de
los medios de solución previstos en los tratados ameri­
canos que ligan a ambos países. En un protocolo especial
anexo al tratado se reguló el funcionamiento de la Co­
misión m ixta27, que suscribió su Informe final en Asunción
el 16 de agosto de 194428.

§ 30. E l tratado c o m p l e m e n t a r io de l ím it e s
DEFINITIVOS EN EL RÍO PlLCOMAYO

El Informe de la Comisión mixta fue aprobado por


los dos gobiernos y sirvió de base para la celebración

27 Instrumentos internacionales, t. II, ps. 1173 y ss. La delegación


argentina estuvo presidida por el doctor Luis A. Podestá Costa, con quien
colaboraron el coronel Otto Helbling, el geólogo Dr. Isaías Cordini, el in­
geniero Carlos A. Volpi y el señor Emilio Cassini, quien permaneció largo
tiempo en la zona.
28 Instrumentos internacionales, t. II, ps. 1189 y siguientes.
Los LIMITES CON EL PARAGU AY 75

/ 6 2 “ 60 ° 5 8 “

Limite con el Paraguay en el rio Pilcomayo


76 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

de este tratado, el l 2 de junio de 194529, en cuyo artículo


l 9 se describe el límite en el tramo comprendido entre
los puntos denominados Horqueta y Salto Palmar. Para
la delim itación y caracterización en el terreno de la línea
de frontera fijada en este tratado y en el de 1939 se
creó una Com isión mixta demarcadora de límites, com ­
puesta de dos delegados por cada país, que debía iniciar
sus tareas dentro de los seis meses de la entrada en vigor
del tratado. Para asegurar la estabilidad de la línea di­
visoria y la utilización de las aguas se acordó realizar
obras, para cuya ejecución y fiscalización se constituyó
una Comisión mixta de obras hidráulicas del río Pilco-
mayo, integrada por un técnico por cada país. Asimismo
se convino crear una tercera Comisión mixta de adm inis­
tración y vigilancia del río Pilcomayo, cuando se conclu­
yeran las obras hidráulicas mencionadas, la cual verifi­
caría el cum plimiento del régimen de administración de
aguas, conservación de obras y utilización del caudal
de todo el curso del río que las Partes se comprometían
a establecer. Junto con el tratado se firmó un protocolo
especial anexo, regulatorio de las funciones de la Comisión
demarcadora de límites y de la Comisión de obras hi­
dráulicas30.
Con el tratado de 1945 quedó definida en su totalidad
la línea divisoria entre la Argentina y el Paraguay, de
carácter em inentem ente hidrográfico. Pero la realidad
geográfica en el Pilcomayo sufrió importantes alteraciones
después de la firma de este convenio. En la época del
deshielo en los Andes se producen grandes crecientes que

29 Instrumentos internacionales, t. II, ps. 1181 y ss. Fue firmado por


el Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la Argentina, Dr. César
Ameghino, y el Embajador del Paraguay en Buenos Aires, Dr. Francisco
L. Pecci.
30 Instrumentos internacionales, t. II, ps. 1185 y siguientes.
L O S LÍMITES CON EL PARAGU AY 77

arrastran considerable cantidad de tierra la cual, al dism i­


nuir la velocidad del río, se deposita en el cauce. Este
proceso de sedimentación forma los denominados “enla­
mes”, que dificultan el paso de las aguas y producen el
fenómeno de divagación de las mismas poco antes de lle­
gar a Horqueta. Como consecuencia de esto, a partir de
allí el antiguo cauce del río se encuentra seco e invadido
por la vegetación, al igual que el estero Patiño. El em i­
sario principal del Pilcomayo reaparece tan sólo en Salto
Palmar, alimentado por escurrimientos superficiales y na­
pas freáticas, con un curso ancho, poco profundo y arenoso
que presenta innum erables meandros. Las circunstan­
cias señaladas han determinado que un sector del límite
argentino-paraguayo haya pasado a ser de carácter te­
rrestre.

§ 31. L a d e m a r c a c ió n

a) E n e l r í o P i l c o m a y o . — De las tres comisiones


previstas en el tratado de 1945, sólo subsiste la Comisión
mixta demarcadora de límites, cuya competencia origi­
naria, conforme al artículo 2e del convenio, se circuns­
cribía al río Pilcomayo, en el cual no resta sino completar
la caracterización del límite en la sección comprendida
entre Horqueta y el punto trifinio de Esmeralda.

b) E n l o s r í o s P a r a n á y P a r a g u a y . — Mediante un
acuerdo por canje de notas del 30 de agosto de 197931,
se extendió al río Paraná la competencia de esta Comisión

31 Su texto puede ser consultado en la Dirección de Tratados del


Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de
la Argentina.
78 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ BLICA A R G E N TIN A

a efectos de la demarcación en la zona de obras e ins­


talaciones previstas en el tratado de Yacyretá, suscripto
el 3 de diciembre de 197332, tarea que ya ha sido cum ­
plimentada. Más tarde, por un acuerdo por canje de no­
tas del 21 de diciembre de 198733, se le encomendó la
demarcación del límite en los ríos Paraguay y Paraná
y la adjudicación de las islas que en ellos se encuentran,
conforme al tratado de 1876. Estas son adjudicadas a
cada Estado a través de actas de la Comisión aprobadas
luego por los gobiernos. Es interesante observar que, co­
mo consecuencia de que el límite en el río corre por la
mitad de la corriente del canal principal y éste no sigue
un curso equidistante a las costas -s in o que se recuesta
hacia una u otra alternadam ente-, varias islas argentinas
están situadas en aguas paraguayas y viceversa, consti­
tuyendo enclaves de un Estado en el territorio del otro.
La Comisión mixta demarcadora de límites ya com ­
pletó su tarea en el río Paraná y en breve la iniciará
en el río Paraguay.

32 Su texto puede ser consultado en la Dirección de Tratados del


Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de
la Argentina.
33 Ibídem.
C a p it u l o V

LOS LÍMITES CON CHILE

§ 32. I n t r o d u c c ió n

El límite entre la Argentina y Chile tiene una exten­


sión de 5.116 kilómetros desde el cerro Zapaleri, punto
trifin io1 con Bolivia, hasta tocar el canal Beagle, fin de
la frontera terrestre. Desde allí, continúa por las aguas
de dicho canal hacia el este, corre al oriente de las islas
existentes al sur del Beagle y termina en un punto sobre
el meridiano del cabo de Hornos.
El trazado de esta línea ha sido el fruto de incontables
negociaciones, varios tratados y protocolos, seis sentencias
arbitrales y una mediación papal, que cubren un período
de 144 años, desde 1855 hasta 1999. Todos los diferendos
lim ítrofes fueron solucionados por vías pacíficas, cum ­
pliéndose así el voto que los representantes de ambos
países inscribieron al pie de la estatua del Cristo de los
Andes, en el sentido de que se derrumbarían esas m on­
tañas antes de que argentinos y chilenos se declararan
la guerra.

1 Se denomina punto “trifinio” aquél donde coinciden los límites de


tres países.
80 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

§ 33. E l c o n v e n io de 1855: el p r i n c ip io

DEL “ UTI POSSIDETIS”

En 1826 la Argentina y Chile celebraron un tratado


general según el uso diplomático de aquella época, que
se tituló de “amistad, alianza, comercio y navegación” 2.
Su artículo 32 expresa que ambas Repúblicas se obligan
a garantizar la integridad de sus territorios y a obrar
contra todo poder extranjero que intente mudar por vio­
lencia los límites ya reconocidos antes de su emancipación
o posteriormente en virtud de tratados específicos entre
ellas. Esta disposición constituye la primera estipulación
sobre límites concertada entre ambos países. La fórmula
utilizada demuestra que la Argentina y Chile estimaban
que sus límites eran, en principio, los de las antiguas
divisiones administrativas indianas de las que dichos paí­
ses provenían (la Capitanía General del Reino de Chile
y el Virreinato del Río de la Plata).
Este tratado nunca entró en vigor y luego de su firma,
las relaciones argentino-chilenas sufrieron serias dificul­
tades, principalmente durante el gobierno de Rosas. En­
tre las varias causas de este deterioro, cabe señalar dos.
Primeramente, Chile era un lugar de refugio de los em i­
grados unitarios, que combatían a las autoridades de Bue­
nos Aires a través de una constante prédica periodística.
En segundo término, Rosas había comenzado a ocuparse
de la cuestión territorial de la Patagonia. En este sen­
tido, el gobierno de Buenos Aires protestó formalmente
ante Chile en 1847 por el establecimiento del fuerte Bul-

2 Colección de tratados celebrados por la República Argentina con


las naciones extrangeras, Buenos Aires, 1884, t. I, ps. 114 y siguientes.
L O S LÍMITES CON C H IL E 81

nes, que había sido fundado en 1843 con el nombre de


Puerto del Hambre y que es actualmente Punta Arenas.
Las relaciones argentino-chilenas mejoraron con el ad­
venimiento de Urquiza, después de Caseros. El 30 de agos­
to de 1855 la Confederación celebró un tratado de amistad,
comercio y navegación con Chile. El convenio de 1855 con­
tiene algunas disposiciones importantes en materia de lí­
mites. En efecto, su artículo 39 dispone que ambas Partes
reconocen como límites de sus respectivos territorios los
que poseían al tiempo de separarse de la dominación espa­
ñola en 1810 y acuerdan en aplazar la cuestión relativa
a la determinación de dichos límites, para discutirla después
pacífica y amigablemente3. El artículo 40 establece que
el tratado tendrá una vigencia de 12 años y que se re­
novará por períodos iguales por tácita reconducción, pero
que las cláusulas sobre las relaciones de paz y amistad
serán perpetuamente obligatorias. De conform idad con
esta cláusula, el artículo 39 no era susceptible de de­
nuncia y era válido a perpetuidad.

§ 34. LOS PROYECTOS DE UNA CONVENCIÓN


SOBRE LÍMITES

El artículo 39 del tratado de 1855 aplazó el debate


sobre las cuestiones de límites “para discutirlas después
pacífica y amigablemente” . Sin embargo, los dos países
se venían ocupando desde tiempo atrás de estudiar y re­
copilar los antecedentes y títulos de la época colonial para
dem ostrar cuál era el uti possidetis de 1810, base sobre
la cual debería celebrarse el futuro tratado de límites.

3 Colección de tratados celebrados por la República Argentina con


las naciones extrangeras, Buenos Aires, 1884, t. I, p. 419.

6. B a r b e r iü
82 Los LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

El Gobierno argentino había encargado esta tarea a


don Pedro de Angelis, quien redactó la “Memoria histórica
sobre los derechos de soberanía y dominio de la Confe­
deración Argentina a la parte austral del continente ame­
ricano comprendida entre las costas del océano Atlántico
y la gran cordillera de los Andes”, que fue publicada en
1852.
Este estudio fue refutado allende los Andes por M i­
guel Am unátegui en 18534. Ese mismo año, Vélez Sars-
field publicó un trabajo histórico-jurídico avalando los
derechos argentinos en el sur del continente5, al que Am u­
nátegui, a su vez, trató de refutar dos años más tarde6.
En 1865, Manuel R. Trelles se encargó de responder las
afirmaciones de A m unátegui7, y en 1875 Vicente Quesada
publicó otra obra sobre el mismo tem a8.
Después de cesar parcialmente el tratado de 1855,
la discusión sobre los límites con Chile fue reanudada
tan sólo en 1871. La cuestión había sido demorada, entre
otras razones, porque la Argentina había debido ocuparse
de la guerra de la Triple Alianza.
La década transcurrida entre 1871 y 1881, fecha de
la conclusión del tratado definitivo de límites, fue de una

4 A m u n á t e g u i , Títulos de la República de Chile a la soberanía i do­


minio de'la estremidad austral del continente americano, Santiago, 1853.
5 V é l e z S a r s f i e l d , Discusión de los títulos del Gobierno de Chile a
las tierras del estrecho de Magallanes, Buenos Ayres, 1853.
6 A m u n á t e g u i , Títulos de la República de Chile a la soberanía i do­
minio de la estremidad austral del continente americano, Santiago, 1855.
7 T r e l l e s , Cuestión de límites entre la República Argentina y el Go­
bierno de Chile, Buenos Aires, 1865. Los estudios de de Angelis, Vélez
Sarsfield y Trelles fueron reproducidos por el Gobierno argentino en la
Memoria del Ministerio de Relaciones Esteriores presentada al Congreso
Nacional en el año 1877, t. III, ps. 175 y ss., 402 y ss., y 351 y ss., res­
pectivamente.
8 Q u e s a d a , La Patagonia y las tierras australes del continente ame­
ricano, Buenos Aires, 1875.
L O S LÍMITES CON CH ILE 83

intensa actividad diplomática. Hubo repetidas negociacio­


nes, protocolos que sentaban bases de acuerdo, convenios
firmados; pero ninguno de ellos obtuvo el consentimiento
formal de las dos Partes. En todas las negociaciones estu­
vieron presentes como tema fundamental las cuestiones
de la Patagonia y del estrecho de Magallanes. Hubo tra-
tativas que se ocuparon de llegar a un acuerdo sobre la
delimitación y otras, menos optimistas, que pusieron el
acento en el recurso al arbitraje, pues estimaban im po­
sible llegar a un acuerdo directo, y hubo también aprestos
bélicos.
Los principales actores de las negociaciones fueron
por la parte argentina Félix Frías, Carlos Tejedor, Bernar­
do de Irigoyen, Rufino de Elizalde, Mariano E. de Sarratea
y M anuel A. Montes de Oca. En nombre de Chile ac­
tuaron principalmente Adolfo Ibañez, Guillermo Blest Ga­
na, José Alfonso, Diego Barros Arana, Alejandro Fierro
y José M. Balmaceda.
Desde 1871 a 1880 los negociadores analizaron seis
proyectos principales. Algunos de ellos fueron firmados,
pero ninguno obtuvo la aprobación parlamentaria en los
dos países.

§ 35. El tratado de l í m it e s de 1881

Luego de una serie de intentos tendientes a delimitar


sus respectivos territorios, la Argentina y Chile celebraron
el 23 de julio de 1881 un tratado que entró en vigor el
22 de octubre de ese mismo año9. Este consta del preám­
bulo, seis artículos y una cláusula final.

9 Instrumentos internacionales, t. II, ps. 655 y 656.


84 Los LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

En el preámbulo, los dos países manifiestan haber


resuelto “amistosa y dignamente” la controversia de lí­
mites que hubo entre ellos y expresan que el convenio
se realiza en cumplimiento de lo estipulado en el artículo
39 del tratado de 1855.
Las tres primeras disposiciones del tratado determ i­
nan el límite. Su artículo 1 prescribe:
“El límite entre la República Arjentina y Chile es,
de Norte a Sur, hasta el paralelo cincuenta y dos de la­
titud, la Cordillera de los Andes. La línea fronteriza co­
rrerá en esa estensión por las cumbres más elevadas de
dichas Cordilleras que dividan las aguas y pasará por
entre las vertientes que se desprenden a un lado y otro” .
En el período de más de un siglo que ha pasado desde
la firma de este tratado, la interpretación de este artículo
primero ha dado lugar a numerosas negociaciones y pro­
testas diplomáticas, a interminables debates políticos, a
acuerdos complementarios e incluso a preparativos béli­
cos. A fin de interpretar este texto, conviene recurrir pri­
meramente a la opinión de los negociadores del tratado.
En representación de la Argentina, el negociador fue el
M inistro de Relaciones Exteriores, Bernardo de Irigoyen.
Como Canciller argentino, Irigoyen pronunció un amplio
y documentado discurso ante la Cámara de Diputados
los días 31 de agosto, l s y 2 de septiembre de 1881 con
motivo del debate sobre la aprobación del tratado de lí­
m ites10. Cuando se planteó la diferencia entre los peritos
argentino y chileno, Zeballos era Ministro de Relaciones
Exteriores y el 29/XII/1891 solicitó a Bernardo de Irigoyen

10 Si bien el discurso fue pronunciado en una sesión secreta, su texto


fue impreso y publicado (Discurso del Señor Ministro de Relaciones E x­
teriores, Dr. D. Bernardo de Irigoyen, Buenos Aires, 1882).
L O S LÍMITES CON C H IL E 85

su opinión sobre la interpretación del tratado11. Este la


expuso en una extensa carta del 31/1/189212. Irigoyen pu­
blicó también varios artículos periodísticos en 1895, que
fueron recopilados y publicados por Arturo C a r r a n z a 13.
De las publicaciones mencionadas resulta que la fórmula
del artículo 1 del tratado ya aparecía en los proyectos
elaborados en 1877, 1878 y 1879. La cuestión acerca de
las condiciones que debía reunir la línea limítrofe no fue
un tema al que se atribuyó gran importancia en el mo­
mento de la firma del tratado. La hipótesis de una dis­
tinción entre la línea divisoria de aguas y la de las más
altas cumbres no estaba presente en el espíritu de los
negociadores de 1881. En algún momento, Irigoyen iden­
tifica la expresión divortia aquarumu, en referencia a los
Andes, con la “cumbre de los Andes”. En cuanto a las fuen­
tes utilizadas, Irigoyen menciona el tratado de Carlos Calvo,
la obra de Bello (edición de 1832) y la traducción francesa
del libro de Bluntschli, autores que identifican la divisoria
de aguas con la línea de las más altas cumbres.
El Canciller chileno Melquíades Valderrama m ani­
festó su opinión sobre el tratado en la Memoria que dirigió
al Congreso de su país el 17 de septiem bre de 18 8 1 15.

n S a n z , “La interpretación de Bernardo de Irigoyen al artículo l 9


del Tratado de 1881”, en Revista de Historia del Derecho, t. 3, 1975, p. 321.
12 Ver la reproducción parcial de la carta de Irigoyen en B l a n c o ,
El Tratado de 1881. Exposición documentada, Buenos Aires, 1901, ps.
21 y siguientes.
13 C a r r a n z a , Límites con Chile. Artículos del Doctor Irigoyen, Buenos
Aires, 1895.
14 Aparentemente, el tratado comete un error de gramática, pues
ha de decirse divortium aquarum. No se ha hallado explicación acerca
de por qué el tratado utiliza el término divortia (plural).
15 Memoria de Relaciones esteriores i de Colonización presentada al
Congreso nacional en 1881, Santiago, 1881, ps. 5 y ss. La parte relativa
al tratado de límites con la Argentina se halla en ps. 25 y siguientes.
86 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ BLICA A R G E N TIN A

Este se ocupa principalmente de las cláusulas referen­


tes al estrecho de Magallanes, a la Patagonia y a las
islas australes y no existe ningún pasaje dedicado al lí­
mite en la Cordillera de los Andes. Este confirma la idea
ya expresada en el sentido de la escasa im portancia que
los negociadores de 1881 atribuyeron al artículo 1 del
tratado.
La interpretación del artículo 1 dada por Bernardo
de Irigoyen no constituye una interpretación objetiva y
sistemática del tratado. En derecho internacional, las re­
glas de interpretación prescriben que ha de acudirse pri­
meramente al texto del tratado, que debe ser leído de
buena fe, en todo su contexto, teniendo en cuenta su objeto
y su fin. Esta regla de interpretación tiene preeminencia
sobre otros métodos auxiliares de interpretación que recu­
rren a elementos ajenos al texto, como pueden ser la in­
tención de los negociadores o los trabajos preparatorios.
A la luz de estas reglas de interpretación, es posible com ­
probar que el artículo 1 acuña el concepto de límite en
los Andes y enuncia cuáles son las condiciones esenciales
o definitorias que posee. Según ese texto, el límite ha
de ser una línea que satisfaga las tres condiciones siguien­
tes: que esté en la Cordillera de los Andes, que sea una
divisoria de aguas y que pase por las más altas cumbres.
De acuerdo con la letra del tratado de 1881, éstas
son las tres pautas o notas definitorias que ha de tener
el límite argentino-chileno desde el norte hasta el paralelo
de 52° de latitud sur. Estas tres características son esen­
ciales y la ausencia de cualquiera de ellas en un sector
de la frontera traería como consecuencia que la línea en
cuestión no reuniría las condiciones previstas para cons­
tituir el límite. Éste consiste en la línea de las más altas
cumbres de los Andes que dividan aguas.
Los lím it e s con C h ile 87

El artículo 2 del tratado fija el límite entre la inter­


sección del paralelo de 52° con la Cordillera de los Andes
y la Punta Dungeness. En primer lugar, la línea limítrofe
corre hacia el este por el paralelo de 52° hasta encontrar
el meridiano de 70° de longitud oeste. Desde allí pasa
por el monte Aymond y el monte Dinero y llega hasta
la Punta Dungeness.
Por su parte, el artículo 3 del tratado determina el
límite en la Tierra del Fuego y en las demás islas. La
Tierra del Fuego es dividida por el meridiano que pasa
por el cabo del Espíritu Santo, correspondiendo a la Ar­
gentina la parte oriental y a Chile la occidental. Respecto
de las demás islas, se dispone que pertenecerán a la Ar­
gentina la isla de los Estados, los islotes próximos a ella
y las otras islas que hubiere en el Océano Atlántico, al
oriente de la Tierra del Fuego y de las costas orientales
de la Patagonia. El artículo atribuye a Chile todas las
islas al sur del canal Beagle hasta el cabo de Hornos y
las que hubiere al occidente de la Tierra del Fuego. Se­
gún se verá más adelante16, esta disposición del tratado
fue objeto de controversia en el arbitraje sobre el canal
Beagle y en la mediación papal.
El tratado de 1881, pues, determina el límite argen­
tino-chileno en tres artículos. Además, establece una ser­
vidumbre en la zona del estrecho de Magallanes. Según
el artículo 5, dicho estrecho queda neutralizado a per­
petuidad, se asegura su libre navegación para todas las
banderas y se prohíbe la construcción de fortificaciones
y defensas militares en las costas que puedan contrariar
los propósitos de libertad y neutralidad.

16 Ver infra, §§ 45 y 46.


88 Los LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

§ 36. E v a l u a c i ó n d e s u s d is p o s i c i o n e s

El artículo 6 del tratado caracteriza al arreglo de


límites como una transacción. En rigor de verdad, así
fue, y los elementos de esa transacción fueron el estrecho
de M agallanes y su régimen jurídico, la Patagonia y la
Tierra del F u ego17.
La transacción consistió fundamentalmente en atri­
buir a Chile el estrecho de Magallanes y a la Argentina
la Patagonia. En cuanto a la Tierra del Fuego, se la divi­
diría por mitades a través de un meridiano. En 1881,
el estrecho de Magallanes y la Patagonia eran territorios
de valor e im portancia semejantes. El estrecho era el
paso obligado entre el Atlántico y el Pacífico; casi todo
el com ercio internacional se efectuaba por vía marítima
y, desde el punto de vista estratégico, era un punto im por­
tante de control en un eventual conflicto bélico. La Pata­
gonia, por su parte, era una zona casi desértica, con muy
escasas riquezas conocidas y sobre la cual aún pendía
el nombre de “tierra maldita” con que la había bautizado
Darwin, que alguna vez pasó por allí.
En la Argentina, la opinión pública no fue unánime
a favor del tratado. Algunos diputados, como Estanislao
Zeballos y Miguel Goyena, se manifestaron contrarios a su
aprobación18. Por su parte, Bernardo de Irigoyen, cuando

17 En cuanto a la idea de transacción, ver Discurso del Señor Ministro


de Relaciones Exteriores, Dr. D. Bernardo de Irigoyen, p. 107 y ss. B u l n e s ,
Chile i la Argentina. Un debate de 55 años, Santiago de Chile, 1898, p.
27. D e l a B a r r a , El problema de los Andes, Buenos Aires, 1895, p. 146.
B a r r o s A r a n a , La cuestión de límites entre Chile i la República Argentina,
Santiago de Chile, 1895, p. 1. P e l l i z a , La cuestión del Estrecho de Ma­
gallanes, Buenos Aires, 1969, ps. 187 y 188.
18 Diario “La Nación”, Buenos Aires, 30/VIII/1881, p. 1.
L O S LÍMITES CON C H IL E 89

rem itió el tratado para su aprobación al Poder Legislativo,


expresó: “la solución que presentamos al Congreso es la
que m ejor consulta el dominio de la República en la vasta
estension de la Patagonia, y la preponderancia de su ban­
dera en todas las costas del Atlántico” 19.
En Chile, el canciller Valderrama evaluaba el tratado
de límites en los términos siguientes: “En cuanto a las
estipulaciones mismas del Tratado de 23 de julio, no puede
desconocerse que ellas son satisfactorias porque son equi­
tativas. Ha habido concesiones i lim itaciones m útuas,
quedando un fondo de justicia que es la mejor garantía
de su inamovilidad en lo futuro i la mejor prenda de
unión entre los dos pueblos” 20.

§ 37. L a d e m a r c a c ió n

Una vez concluido el tratado de límites, la Argentina


y Chile no iniciaron de inmediato la demarcación de su
frontera común. En el momento de la firma de ese tra­
tado, las relaciones diplomáticas entre ambos países es­
taban suspendidas desde hacía ya dos años y se reanu­
daron tan sólo en 1883.
En los años posteriores a 1881, Chile y la Argentina
fueron tom ando un conocimiento más preciso de la región
m eridional y se fue operando una cierta ocupación del
territorio. Se fomentaron algunas expediciones científi­
cas y hubo algunos acontecimientos que despertaron el
interés en esa zona, como el descubrimiento de oro en
la Tierra del Fuego.

19 Discurso del Señor Ministro de Relaciones Exteriores, Dr. D. Ber­


nardo de Irigoyen, ps. 8 y 9.
20 Memoria de Relaciones estertores i de Colonización presentada al
Congreso Nacional en 1881, Santiago, 1881, ps. 43 y 44.
90 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

Las negociaciones para establecer la demarcación del


límite previsto en el tratado de 1881 comenzaron en 1886,
pero por razones de orden político interno en los dos paí­
ses, el convenio apenas se suscribió el 20 de agosto de
188821. Este dispone que cada Estado designará un perito
dentro de los dos meses de su entrada en vigor. A si­
mismo, deberá nombrar cinco ayudantes para secundar
al perito. La función de los peritos consiste en “ejecutar
en el terreno la demarcación de las líneas indicadas en
los artículos 1, 2 y 3 del tratado de límites” (art. 3), o
sea, demarcar todo el límite internacional.
La Argentina designó perito a Octavio Pico y Chile,
a Diego Barros Arana. En cumplimiento de la convención
de 1888, ambos se reunieron por primera vez en la ciu­
dad de Concepción (Chile) el 20 de abril de 189022. Estos
acordaron que los “trabajos de demarcación deberían ex­
tenderse a la totalidad de la línea divisoria entre ambas
Naciones” 23. Asim ism o convinieron en que los trabajos
de campo se iniciarían en la primavera de 1890. Sin em ­
bargo, este programa no pudo llevarse a cabo. La reunión
prevista sufrió primeramente una demora debido a la re­
volución que, en Buenos Aires, puso ñn al gobierno de
Juárez Celman. Luego, el perito chileno fue separado del
cargo, el Gobierno chileno fue destituido por una insurrec­
ción militar y el presidente Balmaceda se suicidó en la
Legación argentina, donde había solicitado asilo. Estas
circunstancias hicieron que los trabajos de demarcación
quedaran suspendidos hasta 1892.

21 Tratados de la Argentina, t. VII, p. 144 y ss.


22 Ver el Acta correspondiente en O f i c i n a d e L í m it e s I n t e r n a c i o n a l e s ,
La frontera argentino-chilena, Buenos Aires, 1908, t. II, p. 297.
23 Acta del 24/IV/1890 ( O f i c i n a d e L I m it e s I n t e r n a c i o n a l e s , ob. cit.,
t. I I , p. 298).
L O S LÍMITES CON CH ILE 91

Según se indicó anteriormente, la Argentina y Chile


dispusieron después de 1881 el envío de misiones geo­
gráficas a la zona meridional del continente a fin de pre­
cisar los conocimientos que hasta entonces se tenían de
esa región. Los trabajos realizados dieron resultados im ­
portantes. Así, se pudo comprobar que en la región pata­
gónica, la divisoria continental de aguas se aparta con
frecuencia de la Cordillera de los Andes y hay que buscar­
la al oriente de ésta, en la región plana de las pampas24.
Los estudios permitieron comprobar también que, en al­
gunas zonas, la Cordillera de los Andes se sumerge en
el Pacífico. Estos hechos no se conocían con precisión
cuando se suscribió el tratado de límites de 1881 y fueron
el origen o la excusa para que los dos países dieran inter­
pretaciones divergentes a las cláusulas de aquél.
En septiembre de 1891, Barros Arana fue designado
nuevamente perito por el Gobierno chileno. En la A r­
gentina, el Dr. Carlos Pellegrini había asumido la Pre­
sidencia de la República. Las relaciones entre los dos
países eran tensas. El tratado de 1881 había aumentado
en Chile el resentimiento hacia la Argentina. Los estu­
dios geográficos en la Patagonia daban pie en los dos
países a interpretaciones del tratado de límites que fa­
vorecían reivindicaciones territoriales: la Argentina po­
dría disponer de puertos en el Pacífico, Chile podría ex­
tender su territorio hasta las planicies patagónicas. Este
ambiente poco propicio era el que dominaba a comienzos
de 1892, cuando los peritos debían reanudar su labor in­
terrumpida un año y medio antes.
En enero de 1892, el perito chileno Barros Arana
planteó la necesidad de adoptar un criterio para deter­

24 B ertran d, La Rejión central de las Tierras magallánicas, Santiago


de Chile, 1886, p. 132.
92 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

minar la línea general de la frontera y, en ese sentido,


interpretó el artículo 1 del tratado de 1881 como el divor-
tium aquarum continental, o sea, la línea que divide las
aguas que van a desembocar en el Pacífico de las que
lo hacen en el Atlántico. La Argentina, por su parte, sos­
tuvo que el artículo 1 del tratado de 1881 consagraba
como límite la línea de las altas cumbres de los Andes
que dividan aguas25.
Las cuestiones del divortium aquarum continental y
de los eventuales puertos argentinos en el Pacífico fue­
ron las divergencias principales, pero no las únicas, ha­
bidas entre los peritos. En efecto, con motivo de la ini­
ciación de los trabajos en la Tierra del Fuego se suscitó
una diferencia acerca de si el cabo Espíritu Santo debía
ser identificado según la geografía de la zona o si había
que tener por tal el indicado en las cartas que habrían
sido consultadas para la redacción del tratado26. Estas
disidencias paralizaron nuevamente los trabajos de de­
marcación.

§ 38. E l protocolo de 1893

A fin de salvar las divergencias que se habían sus­


citado entre los peritos encargados de la demarcación,
la Argentina y Chile concluyeron el 1 de mayo de 1893

25 El presidente Carlos Pellegrini, después de un acuerdo general


de ministros, redactó una nota sobre la interpretación del art. 1 del tratado
de 1881, que se encuentra parcialmente transcripta en V a r e l a , La R e­
pública Argentina y Chile. Historia de la demarcación de sus fronteras,
Buenos Aires, 1899, t. I, p. 262 y ss.
26 Acta de la Subcomisión n? 2 del 16/IV/1892 ( O f i c i n a d e L ím i t e s
I n t e r n a c i o n a l e s , ob. cit., t. I I , ps. 269 y 270).
L O S LÍMITES CON C H IL E 93

un protocolo adicional y aclaratorio al tratado de límites


de 188127.
En primer lugar, las Partes indicaron con precisión
que el límite pasa por el “encadenamiento principal de
los Andes”, desvirtuando así la tesis del perito chileno
de seguir siempre el divortium aquarum continental, aun
cuando éste se hallare en las planicies patagónicas. Se
utilizó además en el protocolo un vocabulario que hacía
imposible seguir manteniendo la concepción única y exclu­
siva del divortium aquarum continental. En segundo tér­
mino, se estableció que la soberanía de cada Estado sobre
su litoral marítimo sería absoluta, de modo tal que la
Argentina no podría pretender ningún punto sobre el Pa­
cífico, ni Chile en el Atlántico. De esta manera, se des­
virtuaba la pretensión argentina de reivindicar puertos
en el Pacífico. Además, se acordó que, para determinar
el m eridiano del cabo Espíritu Santo, había que atenerse
a la geografía del lugar, prescindiendo de lo que pudiere
resultar de presuntas cartas geográficas que habrían sido
consultadas para la redacción del tratado de límites.
De esta manera, quedaron resueltos los problemas
planteados con motivo de la demarcación y se acordó que
ésta continuaría en la primavera de 1893.

§ 39. E l a r b it r a j e b r it á n ic o

El protocolo de 1893 solamente entró en vigor el 21


de diciembre de ese año, fecha del canje de los instru­
mentos de ratificación. Por esta razón no se pudo dar

27 Ver el texto en Tratados de la Argentina, t. VII, ps. 151 y ss. Para


un análisis general de este protocolo, ver M o n t e s d e O c a , El divortium
aquarum continental ante el tratado de 1893, Buenos Aires, 1899, y V a r e l a ,
ob. cit., t. I, ps. 281 y siguientes.
94 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A AR G E N TIN A

cumplimiento a la disposición que preveía que la dem ar­


cación se reanudaría en la primavera de 1893.
Los peritos se reunieron nuevamente a fines de di­
ciembre de 1893. El l 2 de enero del año siguiente suscri­
bieron las instrucciones para la demarcación en la Cor­
dillera de los Andes y en la Tierra del Fuego. En esa
oportunidad, el perito chileno Barros Arana insistió en
su tesis y, prescindiendo del protocolo de 1893, declaró
que los términos “encadenamiento principal de los Andes”
significaban el divortium aquarum continental28.
A partir de entonces, el perito chileno continuó con
la tesis de que el tratado de 1881 consagraba como límite
el divortium aquarum continental. Esta actitud provocó
sorpresa e indignación en Buenos Aires y las relaciones
entre los dos países se tornaron muy tensas. No obstan­
te ello, los trabajos de demarcación continuaron durante
1894, principalmente en la Tierra del Fuego.
Las relaciones chileno-argentinas pasaron por un mo­
mento crítico que llevó a los dos países a realizar pre­
parativos bélicos29. En la Argentina se estimaba que el
protocolo de 1893 había dado solución a los problemas
que había planteado la demarcación. En este orden de
ideas, la A rgentina había renunciado a la posibilidad
de contar con puntos sobre el océano Pacífico a cambio de
que Chile abandonara su tesis de la divisoria continental
de aguas. La Argentina entendía mantener su palabra,

28 Acta del 1 /1 /1 8 9 4 ( O f ic in a d e L ím i t e s I n t e r n a c i o n a l e s , ob. cit., t.


II, p s . 3 1 2 y 3 1 3 ).
29 E n cuanto a la situación de las relaciones entre la Argentina y
Chile en ese entonces, conf. Q u e s a d a , La política argentina respecto de
Chile (1895-1898), Buenos Aires, 1898; M o n t e s d e O c a , Límites con Chile,
Buenos Aires, 1898; E s p i n o s a M o r a g a , El precio de la paz chileno-argentina,
Santiago, 1969, t. II, ps. 377 y siguientes.
L O S LÍMITES CON CHILE 95

en tanto que Chile parecía dar una nueva interpretación


a lo acordado.
El 17 de abril de 1896 se trató de resolver el grave
conflicto con Chile mediante un tratado en el que las
partes sometían las divergencias al fallo del Gobierno de
Su Majestad Británica30. El preámbulo del convenio re­
fleja la situación crítica de las relaciones argentino-chi­
lenas y así, se habla del deseo común de “restablecer la
confianza en la paz, y evitar toda causa de conflicto” .
Los artículos 2 y 3 del tratado precisaban el objeto
del arbitraje. En ellos se preveía que los peritos deter­
m inarían en la Cordillera de los Andes la línea de límite
al sur del paralelo 26° 52’ 45” S y en la región vecina al
paralelo de 52°. Si las líneas trazadas por los peritos
coincidieran, ellas constituirían el límite internacional,
y aquellos casos en que hubiere divergencia, serían re­
sueltos por el árbitro.
A partir del 29 de agosto de 1898 los peritos se reu­
nieron en Santiago de Chile. En la sesión de ese día,
el perito chileno presentó su trazado del límite y acom ­
pañó una carta geográfica en la que se indicaban con
números los distintos puntos por donde pasaba la línea
propuesta. Expresó que, para su determinación, se ha­
bía ajustado al principio del divortium aquarum conti­
nental31. Por su parte, el perito argentino, que a la sazón
era Francisco P. Moreno, propuso la línea general de la
frontera en la sesión del 3 de septiembre de 1898. Al
igual que el perito chileno, presentó una carta en la que
figuran señalados con números los distintos puntos por
donde pasaba el límite propuesto.

30 Ver el texto en Tratados de la Argentina, t. VII, ps. 184 y siguientes.


31 O f i c i n a d e L ím i t e s I n t e r n a c i o n a l e s , ob. cit., t. I I , ps. 339 y 340.
96 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

Una vez establecida la línea general de la frontera


por cada perito, el tema pasó a conocimiento de los M inis­
terios de Relaciones Exteriores. En este sentido, el Can­
ciller chileno y el ministro argentino en Santiago ana­
lizaron el 22 de septiembre de 1898 las actas de los peritos
a fin de precisar en cuáles puntos las líneas propuestas
coincidían y en cuáles había divergencia. Los puntos en
que no hubo coincidencia fueron sometidos al arbitraje
británico.
El 23 de noviembre de 1898 se realizó la presentación
de las partes ante el Gobierno británico y se solicitó su
intervención como árbitro, la que fue aceptada el 28 de
ese mismo mes. Dicho Gobierno procedió luego a designar
el tribunal arbitral, que fue integrado por Lord Macnagh-
ten, miembro del Privy Council; John C. Ardagh, miembro
de la Royal Geographical Society y T. Hungerford Holdich,
coronel de ingenieros y vicepresidente de la Royal Geo­
graphical Society. El Tribunal celebró la primera sesión
el 27 de marzo de 1899.
Las exposiciones orales y escritas de las Partes tu­
vieron lugar entre mayo de 1899 y octubre de 1902. El
compromiso arbitral del 17/IV/1896 establecía que el árbi­
tro designaría una comisión para reconocer el terreno dis­
putado. En cumplimiento de esa disposición, el árbitro
designó una comisión que, encabezada por el coronel H ol­
dich, recorrió la zona en litigio en el verano de 1902 y
elaboró el Informe correspondiente.
En ese Informe, el coronel Holdich manifiesta que
el recorrido de inspección efectuado al este de los Andes
fue llevado a cabo por una ruta intermedia, la cual le
permitió examinar no sólo la línea pretendida por Chile,
sino también la conformación de las montañas en la zona
ubicada entre las pretensiones de ambos países. El mo­
tivo por el cual eligió esa ruta era efectuar un rápido
Los LÍMITES CON C H IL E 97

reconocim iento y verificar que los peritos de las Partes


quedaran satisfechos de la exactitud de la cartografía,
para que no se presentaran luego argumentos sobre los
mapas utilizados. De esa manera, el Tribunal arbitral
podría comenzar de inmediato a estudiar y fijar un límite
basado en esa cartografía aceptada.

§ 40. L a P un a de A tacam a

La Puna de Atacama es un territorio ubicado entre


la Cordillera occidental y la oriental de los Andes, entre el
cerro Licancábur, al norte (22° 54’ S) y el paso de San
Francisco (26° 52’ 45” S), al sur.
En el tratado de tregua de la guerra del Pacífico sus­
cripto entre Chile y Bolivia el 4 de abril de 1884, las
Partes declararon suspendidas las hostilidades y sujeta­
ron al régimen político y administrativo de Chile los te­
rritorios comprendidos dosde el paralelo de 23° S hasta
la desembocadura del río Loa en el Pacífico. Se trataba
de un acuerdo de carácter previo, destinado a preparar
y facilitar el ajuste de una paz definitiva.
El 10 de mayo de 1889 Bolivia y la Argentina concer­
taron un tratado de límites en virtud del cual la Puna
de Atacam a era cedida a esta última y la provincia de
Tarija era reconocida como parte integrante del territorio
boliviano. Este tratado fijó como límite entre ambos paí­
ses una línea que partía del punto más septentrional de la
frontera entre Chile y la Argentina, y seguía hacia el
norte por las cumbres más elevadas de la Cordillera de
los Andes hasta los 23° S. Desde allí, el límite continuaba
hasta el punto más alto de la serranía de Zapalegui32.

32 En documentos posteriores aparece con el nombre de Zapaleri.

7. B a r b e r is
98 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ BLICA A R G E N TIN A

----- PRETEN SIO N ARG EN TIN A


PRETE N SIO N CHILEN A
LÍM ITE LAUD O A RB ITR AL 1899
(BUCHANAN)

Laudo Buchanan - Puna de Atacama


Laudo 1902 - Ia región (Paso San Francisco)
L O S LÍMITES CON CH ILE 99

Chile sostenía que la Puna de Atacama, que ya había


reivindicado en 1879, le pertenecía y que, estando m ili­
tarmente ocupada, no podía ser cedida. Por el contrario,
la Argentina impugnaba los títulos chilenos y afirmaba
que la ocupación militar no impedía la cesión. Bolivia,
por su parte, sostenía su derecho a ceder la Puna. Debido
a la forma como se planteó la cuestión, terminó siendo
una controversia argentino-chilena.
Según se expuso anteriorm ente33, la Argentina y Chi­
le habían decidido el 17 de abril de 1896 someter al arbi­
traje británico las divergencias limítrofes suscitadas al
sur del paralelo de 26° 52’ 45” S. En ese mismo instru­
mento, las Partes habían acordado la demarcación del
límite entre los paralelos de 23° y 26° 52’ 45” S, y que
el Gobierno de Bolivia sería invitado a esa operación. Pe­
se a que ambos gobiernos solicitaron la participación de
Bolivia, este país se abstuvo de concurrir.
Las negociaciones para hallar una solución a este
litigio fueron iniciadas por los presidentes de ambos paí­
ses, Federico Errázuriz Echaurren y Julio A. Roca. El
procedimiento acordado fue indicado en dos actas suscrip­
tas en Santiago de Chile el 2 de noviembre de 189834.
En ellas se convino que se reuniría una conferencia en
Buenos Aires con delegados de ambos Estados para tra­
zar el límite en la Puna de Atacama. Se estableció tam ­
bién que si las Partes no podían llegar a un acuerdo,
el límite sería fijado por una comisión integrada por el
ministro plenipotenciario de los Estados Unidos de Am é­
rica en Buenos Aires y un delegado de cada una de las
Partes.

33 Ver supra, § 37.


34 Ver el texto en Tratados de Chile, ps. 95 y siguientes.
100 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

La conferencia de delegados se reunió en Buenos A i­


res el 1- de marzo de 1899. En la sesión del 9 de marzo
cada delegación presentó un proyecto de traza, pero las
Partes no pudieron llegar a un acuerdo35. Por consiguien­
te, y de conform idad con lo convenido en las actas de
Santiago de Chile del 2/XI/1898, la controversia fue some­
tida a la decisión de una comisión integrada por los seño­
res William I. Buchanan, ministro plenipotenciario de los
Estados Unidos de América, José E. Uriburu, delegado
argentino, y Enrique Mac Iver, delegado chileno. La co­
misión celebró reuniones a partir del 21 de marzo de
1899 y dictó su laudo el 24 de ese m es36. La superficie
de la zona en disputa entre ambos países era de 71.000
km 2 aproximadamente. El límite fijado por la comisión
atribuyó unos 59.000 km 2 a la Argentina y aproxim ada­
mente 12.000 km2 a Chile.
El laudo de la comisión fijó el límite entre los para­
lelos de 23° y 26" 52’ 45” S, tal como las Partes lo habían
solicitado. Pero luego se comprobó que el monte Zapaleri
se halla al norte del paralelo de 23° S, y que, por consi­
guiente, faltaba establecer el límite al norte de ese pa­
ralelo. Con ese fin, el 2 de mayo de 1904 se suscribió
en Buenos Aires un acuerdo que determina el límite al
norte del paralelo 23° S, mediante una línea recta que
parte de la intersección de ese paralelo con el meridiano
de 67" O y que llega hasta la cumbre más elevada del
cerro Zapaleri37. En otro acuerdo de ese mismo día se

35 Ver el texto de las actas en Instrumentos internacionales, t. II,


ps. 667 y siguientes.
36 Ver el texto de las actas en Instrumentos internacionales, t. II,
ps. 671 y siguientes.
37 Instrumentos internacionales, t. II, p. 705.
L O S LÍMITES CON C H IL E 101

dieron las instrucciones que debía seguir la comisión en­


cargada de la demarcación de ese tramo lim ítrofe38.

§ 41. Los Pactos de M ayo

A comienzos de siglo, las relaciones entre Chile y


la Argentina estaban agitadas por corrientes belicistas
de opinión. Se aguardaba el fallo del árbitro británico
y había acusaciones mutuas de ocupación de territorios
en disputa. En la Argentina, algunos estimaban que el
país debía intervenir en la guerra que entonces se desa­
rrollaba entre Chile, Perú y Bolivia. Para disipar ese
ambiente y dar una prueba de reconciliación y amistad,
los Presidentes de ambos países se habían reunido en
febrero de 1 8 9 9 con motivo del “abrazo del Estrecho”.
Un nuevo gesto en ese sentido fue la firma de los “Pactos
de M ayo” el 2 8 de mayo de 1 9 0 2 en Santiago de Chile.
El Canciller chileno y el ministro argentino en Santiago
suscribieron en ese momento un acta preliminar y dos
tratados.
El prim ero de ellos fue el tratado general de arbitra­
j e 39. Este creó un sistema de arbitraje obligatorio para
“todas las controversias de cualquier naturaleza” que se
suscitaren entre las Partes, excepto aquéllas que afecten
algún precepto de la Constitución de uno u otro país.
Las Partes podrían recurrir a él de común acuerdo o uni­
lateralmente. El árbitro designado era S.M. Británica,
quien debía decidir “de acuerdo con los principios del De­
recho Internacional” . El fallo sería inapelable y su cum ­
plimiento quedaba “confiado al honor de las Naciones sig­

38 Instrumentos internacionales, t. II, ps. 701 y 702.


39 Ver el texto en Tratados de Chile, ps. 141 y siguientes.
102 LO S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A AR G E N TIN A

natarias”. El tratado tenía un plazo de vigor de diez años


y era renovable por tácita reconducción. Estuvo en vigor
hasta 1972, cuando fue reemplazado por otro convenio
que aceptaba la jurisdicción de la Corte Internacional de
Justicia.
En virtud del tratado de arbitraje de 1902 fueron
sometidas a la decisión de S.M. Británica las controversias
sobre Río Encuentro y sobre el canal Beagle40.
El otro acuerdo fue la convención sobre limitaciones
de armamentos navales41. Su preámbulo dice que las con­
clusiones a que llegaron las Partes contratantes “han sido
tomadas mediante la iniciativa y los buenos oficios del
Gobierno de Su Majestad Británica”. A través del texto
de la convención se puede percibir el clima político de
la época. Así, su artículo 1 dispone: “Con el propósito
de apartar todo motivo de inquietud o recelo en uno y
otro país, los Gobiernos de Chile y de la República A r­
gentina desisten de adquirir las naves de guerra que tie­
nen en construcción y de hacer por ahora nuevas adquisi­
ciones”. Los gobiernos convinieron también en disminuir
sus respectivas escuadras hasta llegar a un acuerdo que
produzca “una discreta equivalencia” entre ellas. Se com ­
prom etieron igualm ente a no aum entar durante cinco
años sus armamentos navales sin un aviso previo de die­
ciocho meses a la otra Parte.
El 28 de mayo de 1902, las Partes suscribieron tam ­
bién un acta para solicitar al árbitro británico que de­
signara una comisión para demarcar el límite que fijaría
en su sentencia42.

40 Conf. infra, §§ 44 y 45.


41 Ver el texto en Tratados de Chile, ps. 138 y 139.
42 Ver infra, § 42.
L O S LÍMITES CON C H IL E 103

§ 42. La s e n t e n c ia a r b it r a l

de E duardo VII

Una vez cumplidas las etapas procesales indicadas


en el § 39, el Tribunal arbitral aprobó el 19 de noviembre
de 1902 un informe que elevó, conjuntamente con la carto­
grafía correspondiente, a S.M. Británica. Al día siguien­
te, 20/XI/1902, el rey Eduardo VII, que había sucedido en
el trono a la reina Victoria, suscribió el laudo arbitral43.
Luego de reseñar las distintas etapas del proceso ante
el Tribunal, el Informe pone de manifiesto lo que sus
redactores consideran las posiciones antagónicas de las
Partes: la Argentina sostenía que el límite contemplado
en el tratado de 1881 estaba determinado por la línea
de las más altas cumbres en la Cordillera de los Andes,
en tanto que Chile pretendía que la única línea que podía
satisfacer lo estipulado en el tratado de 1881 y en el pro­
tocolo de 1893 era la divisoria continental de aguas44.
El informe considera que las líneas orogràfica e hi­
drográfica son frecuentemente inconciliables y que nin­
guna de ellas se ajusta al espíritu de los tratados que
el árbitro debe interpretar. Agrega que los términos del
tratado y del protocolo son inaplicables a las condiciones
geográficas de la región a la cual se refieren. Estas cir­
cunstancias llevaron al Tribunal a apartarse, en alguna
medida, de los acuerdos que debía aplicar, según el com ­
promiso arbitral, y a fijar una línea alternativa que se

43 Ver el texto del Informe del Tribunal y de la sentencia arbitral


en U n i t e d N a t i o n s , Reports o f International Arbitral Awards, voi. IX, p.
37 y siguientes.
44 U n i t e d N a t i o n s , Reports o f International Arbitral Awards, voi. IX,
p. 40.
104 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

halla siempre dentro de las pretensiones máximas de las


Partes y que se ajusta a su voluntad.
Tal como se señaló anteriormente, el 20 de noviembre
de 1902 el rey Eduardo VII dictó su laudo en la cuestión
sometida por la Argentina y Chile sobre la base del In­
forme del Tribunal arbitral. Se trata de una sentencia
breve, en la cual el árbitro expresa en cuatro artículos
su decisión respecto de las cuestiones planteadas. A dife­
rencia del tratado del 23 de junio de 1881, que define
conceptualm ente el límite en la cordillera de los Andes,
el laudo describe solo el recorrido de la línea fronteriza.
En lo que hace a la determinación de su recorrido, la
decisión arbitral reenvía al Informe y al mapa del Tri­
bunal. La superficie disputada en este arbitraje fue de
89.421 km2, de los cuales se adjudicaron a Chile 50.500
km 2 y a la Argentina 38.921 km2. Si bien los territorios
atribuidos a Chile son más extensos que los adjudicados
a la Argentina, estos últimos poseían mejores recursos
naturales que aquéllos.
Los dos países habían establecido en el compromiso
arbitral de 1896 el derecho que debía aplicar el árbitro
para la solución del litigio: el tratado de 1881 y el pro­
tocolo de 1893. El árbitro no se pronunció sobre estos
instrumentos ni analizó la posición de las Partes; por
el contrario, señaló el trazado del límite pragmáticamente.
Además, el laudo no especifica cuál es el criterio de de­
lim itación aplicable a todas las secciones sometidas a arbi­
traje, sino que, alternando los criterios orogràfico e hi­
drográfico en cada tramo del límite, efectúa una suerte
de distribución equitativa del terreno, sin ofrecer argu­
m entos que apoyen o descalifiquen las posiciones de las
Partes.
Sin embargo, la Argentina y Chile no formularon ob­
jeciones con respecto a la prescindencia del derecho que
L O S LÍMITES CON CH ILE 105

REFERENCIAS

)— (•)— LÍMITE INTERNACIONAL


PRETENSIÓN ARGENTINA
PRETENSIÓN CHILENA
Ü M ITE L A ID O ARBITRAL
1902

Laudo arbitral de Eduardo VII (1902)


106 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

fuera indicado al árbitro en el compromiso arbitral, ni


con relación a la ausencia de otros fundamentos técnicos
o jurídicos que sustenten el laudo. Por el contrario, am ­
bos países aceptaron la decisión.
El laudo de Eduardo VII ha sido objeto de escasos
com entarios jurídicos. Alejandro Á l v a r e z afirm a que,
desde el punto de vista del derecho internacional, la sen­
tencia sería nula por estar viciada de excés de pouvoir
debido a la interpretación efectuada por el árbitro45. Pese
a ello, el jurista chileno justifica la actitud de los dos
países que, de esta manera, dieron fin a un litigio que
había durado varias décadas, que había enturbiado toda
la relación entre ellos y que había incluso provocado pre­
parativos bélicos. Nicolás P o l i t i s , por su parte, dice que
la decisión constituye un com prom iso entre dos tesis
opuestas, a cada una de las cuales le da parcialmente
razón. Expresa que la sentencia tiene la apariencia de
un juicio salom ónico46. Rechaza por excesivas las críticas
que atribuyen a la sentencia una falta de fundamentación,
pues el Informe adjunto a ella contiene la exposición de
motivos.
M ientras se desarrollaba en Londres el arbitraje ante
S.M. Británica y con motivo de los Pactos de Mayo, la
Argentina y Chile acordaron en un acta “pedir al Árbitro
que nombre una comisión que fije en el terreno los des­
lindes que ordenare en su sentencia” 47.
En cumplimiento de esta acta, el árbitro nombró com i­
sionado para la demarcación al coronel Sir Thomas H.
Holdich. Este fue secundado por cinco oficiales británicos

45 A l v a r e z , “Des occupations de territoires contestés. A propos de


la question de limites entre le Chili et la République Argentine”, Revue
Générale de Droit International Public, 1910, p. 678.
46 P o l i t i s , La justice internationale, P a r i s , 1924, p. 67.
47 Ver el texto en Tratados de la Argentina, t. VII, p. 286.
L O S LÍMITES CON C H IL E 107

como ayudantes. Los peritos de los dos países, Francisco


P. M oreno y Alejandro Bertrand, colaboraron también con
el demarcador británico. El coronel Holdich llegó a Bue­
nos Aires el 27 de diciembre de 1902 y la demarcación
se realizó durante los meses del verano austral. El pri­
mer hito fue colocado el 24/1/1903 y el último data del
18/111/1903.
Una vez concluida la labor, el coronel Holdich elaboró
un informe final de la demarcación, que está fechado en
Londres el 30 de junio de 1903. A su vez, los peritos
argentino y chileno presentaron informes a sus respec­
tivos gobiernos, los cuales fueron luego publicados.

§ 43. L a C o m i s i ó n m ix t a d e l í m it e s

Una vez concluida la labor de la comisión británica


encargada de demarcar la sentencia arbitral de Eduardo
VII, la Argentina y Chile trataron en 1903 y 1904 de
establecer un organismo permanente que se ocupara de la
conservación de los hitos fronterizos. Estas gestiones tu ­
vieron escaso éxito, pues sólo en 1905 y 1906 se pudieron
erigir nuevos hitos. Luego, la frontera argentino-chilena
perdió interés político y se produjo un cierto abandono
en la conservación de la señalización del límite. Algunos
hitos se deterioraron, otros se perdieron y, en algunas
zonas, el aumento de la población y el incremento de la
actividad económica hicieron necesaria la colocación de
hitos intermedios. Actualmente, las distancias mayores
entre hitos se presentan en la zona de los hielos conti­
nentales. Así, entre el hito del Portezuelo del Tambo y
el de paso Zamora, en la provincia de Santa Cruz, la
distancia es de 350 km aproximadamente. Fuera de la
zona de los hielos, la distancia mayor entre dos hitos
108 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

es de 42,5 km, entre el hito XVI-6 (Salta) y el XVI-5A


(Catamarca).
A fin de solucionar estos problemas, la Argentina y
Chile firmaron el 16 de abril de 1941 un Protocolo sobre
la reposición y colocación de hitos48. El Protocolo creó
una Comisión mixta de límites formada por delegados
de ambos países. Según el convenio, ésta tiene por m i­
sión reponer los hitos deteriorados o desaparecidos, co­
locar otros nuevos donde fuera necesario y determinar
las coordenadas exactas de todos los hitos de la frontera.
La Comisión mixta de límites posee un Plan de Tra­
bajos y Disposiciones Generales que reglamenta su labor.
Allí se prevé la elaboración de una carta geográfica de
toda la frontera en escala de 1:50.000, y que cubra un
ancho de cinco kilómetros a cada lado del límite. Para
los fines de sus trabajos, la Comisión ha dividido la fron­
tera en dieciséis secciones, enumerándolas desde el sur
hacia el norte. La Comisión ha trabajado ininterrum pi­
damente desde su creación hasta ahora.

§ 44. E l l i t ig io d e R ío E n c u e n t r o

En septiembre de 1964, Chile solicitó al Gobierno de


S.M. Británica, en virtud del tratado de arbitraje de 1902,
que interpretara el laudo de Eduardo VII en cuanto al
recorrido del límite entre los hitos 16 y 17, que se en­
cuentran a la altura de la provincia chilena de Chiloé
y de la argentina de Chubut. La controversia tenía su
origen en un error geográfico de la sentencia arbitral de

48 Ver el texto en Tratados de Chile, ps. 268 y siguientes. Sobre el


tema de este protocolo, ver B a r d o n n e t , “De la ‘densification’ des frontières
terrestres en Amérique latine”, Etudes offertes a Claude Albert Colliard,
Paris, 1984, ps. 3 y siguientes.
L O S LÍMITES CON CH ILE 109

1902. En efecto, en el Informe a S.M. Británica, el tri­


bunal arbitral decía que el límite cruza el río Palena fren­
te a la confluencia del río Encuentro, y que sigue el curso
de este últim o y de su brazo occidental hasta su naci­
miento en las faldas del cerro de la Virgen. En forma
más resumida, la sentencia arbitral se expresa en térm i­
nos semejantes. El error consistía en que el río Encuen­
tro no nace donde dice el laudo arbitral.
El Gobierno británico designó un tribunal encargado
de elaborar un informe, que estuvo presidido por Lord
McNair e integrado por el señor L. P. Kirwan y el bri­
gadier K. M. Papworth. Las Partes no pudieron llegar
a un acuerdo sobre el compromiso arbitral y, por esa ra­
zón, este fue dictado por el Gobierno británico el l 2 de
abril de 196549. Según este documento, el tribunal debía
decidir en qué medida el límite entre los hitos 16 y 17
no había sido fijado y, en esa hipótesis, cuál era el curso
de la línea limítrofe en el sector no fijado.
El tribunal presentó su informe el 24 de noviembre
de 196650, y la sentencia arbitral fue firmada por la reina
Isabel II el 9 de diciembre de 196651.
El tribunal consideró que en una zona próxima al
hito 16 y en el tramo que va desde el cerro de la Virgen
al hito 17 el límite había sido ya fijado y decidió que
éste seguiría el curso que había sido aprobado anterior-

49 Ver el texto en U n i t e d N a t i o n s , Reports o f International Arbitral


Awards, voi. XVI, ps. 119 a 121.
so U n i t e d N a t i o n s , Reports o f International Arbitral Awards, v o i .
XVI, ps. 115 y siguientes.
51 U n i t e d N a t i o n s , Reports o f International Arbitral Awards, voi.
XVI, ps. 111 y siguientes. En cuanto a comentarios sobre este arbitraje,
ver C o t , “L’affaire de la frontière des Andes”, A.F.D.I., 1968, ps. 237 y
siguientes; B a r r o s , Palena: un río, un arbitraje, 2 vols., Santiago de Chile,
1984.
110 Los LIMITES DE LA REPÚBLICA A R G E N T IN A
REFERENCIAS

Caso de Río Encuentro


L O S LÍMITES CON CH ILE 111

mente por la Comisión mixta de límites. En cuanto al


sector intermedio, el árbitro decidió que el límite correría
por el brazo principal del río Encuentro hasta un punto
en que su curso comienza a alejarse del cerro de la Virgen
y, desde allí, trazó una línea hasta dicho cerro. El límite
fue demarcado por una comisión designada por el árbitro.

§ 45. L a c u e s t ió n d e l c a n a l B e a g l e

El tratado de límites de 1881 adjudica a cada país


las islas que se hallan en el extremo meridional de Am é­
rica. En este sentido, su artículo 3 dispone que perte­
necerán a la Argentina la isla de los Estados, los islotes
próximos a ella y las demás islas que hubiere sobre el
Atlántico al oriente de la Tierra del Fuego y costas orien­
tales de la Patagonia. A su vez, el artículo otorga a Chile
todas las islas al sur del canal Beagle hasta el cabo de
Hornos y las que hubiere al occidente de la Tierra del
Fuego.
Desde fines del siglo pasado se planteó la controversia
acerca del curso del canal Beagle en su boca oriental y
de la pertenencia de las islas. El canal desemboca en
el Atlántico por brazos que corren entre la costa m eri­
dional de la isla Grande de Tierra del Fuego y la isla
Navarino. En esa zona se hallan las islas Picton, Nueva
y Lennox. Según se determine cuál es su boca y por cuál
de los brazos corre el canal Beagle, algunas islas estarán
o no al sur de éste y estarán o no en el Atlántico.
En 1915, 1938 y 1960, la Argentina y Chile firmaron
acuerdos para someter la cuestión a una solución arbitral
o judicial, pero ninguno de ellos entró en vigor. Final­
mente, en diciembre de 1967, Chile solicitó la intervención
del Gobierno británico en virtud del tratado general de
112 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

arbitraje de 1902. El 22 de julio de 1971 se suscribió


el compromiso arbitral. Según este convenio, la reina Isa­
bel II designó, con acuerdo de las Partes, una corte ar­
bitral compuesta por cinco jueces de la Corte Interna­
cional de Justicia: Sir Gerald Fitzmaurice (presidente,
británico), André Gros (francés), Hardy Dillard (estadou­
nidense), Charles Onyeama (nigeriano) y Sture Petrén
(sueco). Se acordó que si la decisión de la Corte era san­
cionada por S.M. Británica, ella valdría como sentencia.
La Corte arbitral fijó su sede en Ginebra.
El objeto de la controversia consistía en fijar el límite
en el canal Beagle al este del meridiano que divide la
Tierra del Fuego (68° 36’ 38.5” O) y decidir a qué país per­
tenecían las islas Picton, Nueva y Lennox e islas e islotes
adyacentes.
Chile sostenía que el canal Beagle corría por el brazo
que se halla entre la isla Picton y la costa meridional
de la isla Grande de Tierra del Fuego y que, por lo tanto,
las islas en disputa están situadas al sur de él. Luego,
de conform idad con el artículo 3 del tratado de 1881,
ellas le pertenecían. Chile reclamaba también todas las
islas e islotes que se hallan dentro del canal. La A rgen­
tina pretendía que la boca del canal Beagle se encuentra
al norte de la isla Lennox, entre las islas Picton y Na­
varino, razón por la cual la isla Nueva y la mencionada
Picton no se hallarían al sur del canal. Por otra parte,
la isla Lennox, al igual que las otras dos islas citadas,
estarían en el Atlántico. Fundada en estos argumentos,
la Argentina sostenía que las islas estaban bajo su so­
beranía. En cuanto al límite en el canal, la tesis argen­
tina era que él debía pasar por la línea media, pero ha­
ciendo las inflexiones necesarias para que cada país pueda
navegar por aguas propias.
L O S LÍMITES CON CH ILE 113

El 18 de febrero de 1977, la Corte arbitral dio a co­


nocer su decisión unánime, fijando el límite en el canal
y reconociendo la soberanía chilena sobre las tres islas
principales en disputa52. Dos meses después, el 18 de
abril de 1977, S.M. Británica sancionó la decisión de la
Corte arbitral y declaró que ella constituía la sentencia
arbitral53.
Después de la notificación del laudo arbitral, que Chi­
le aceptó inmediatamente, este país comenzó a tomar me­
didas que significaban la ejecución de sus disposiciones.
Así, por ejemplo, estableció puestos nuevos de vigilancia
e instaló señales en las islas más al sur del continente,
dictó un decreto supremo (14/VII/1977) trazando las líneas
de base recta en las islas adjudicadas por el laudo arbitral
y en las que se hallan más al sur, y pretendió extender
su jurisdicción marítima a 200 millas alrededor de las
islas, a partir de las líneas de base recta ya trazadas.
El 25 de enero de 1978, el Gobierno argentino declaró
que la decisión de la Corte arbitral y el laudo de S.M.
Británica eran nulos y que, por lo tanto, no se consideraba
obligado a su cum plim iento54. En dicha declaración se
afirma que la decisión de la Corte arbitral “adolece de
defectos graves y numerosos” y que ella ha sido dictada
en “violación de las normas internacionales a que la Corte

52 Ver el texto en U n i t e d N a t i o n s , Reports o f International Arbitral


Awards, vol. XXI, ps. 57 y siguientes.
53 Ver el texto en U n i t e d N a t i o n s , Reports o f International Arbitral
Awards, vol XXI, ps. 224 y 225. Para comentarios sobre esta sentencia,
ver D u t h e i l d e l a R o c h é r e , “L’afTaire du canal de Beagle”, A.F.D.I., 1977,
ps. 408 y ss. O f . l l e r s - F r a h m , “Der Schiedsspruch in der Beagle-Kanal
Streitigkeit”, Zeitschrift für ausländisches öffentliches Recht und Völker­
recht, 1979, ps. 341 y siguientes.
54 Ver el texto en C o n g r e s o d e l a N a c i ó n , Documentos sobre el con­
flicto argentino-chileno en la zona austral, Buenos Aires, 1984, ps. 324
y siguientes.

8. B a r b e r is
114 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

debía ajustar su com etido”. El Gobierno argentino sos­


tiene que, por lo tanto, la decisión y el laudo de S.M.
Británica dictado en consecuencia “son nulos, pues no
reúnen las condiciones de validez exigidas por el derecho
de gentes para ser tenidos por tales”. La declaración se­
ñala que la decisión de la Corte arbitral está afectada
por vicios que pueden ser agrupados en las seis categorías
siguientes: i) haber deformado las tesis argentinas, ii)
haber emitido opinión sobre cuestiones litigiosas no so­
metidas a arbitraje, iii) haber incurrido en contradiccio­
nes en el razonamiento, iv) haber cometido errores de
interpretación, v) contener errores geográficos e históri­
cos, y vi) no haber guardado equilibrio en la apreciación
de la argumentación y de la prueba producida por cada
Parte. Algunos ejemplos de estos vicios son los siguien­
tes: la sentencia describe como tesis argentina algo que
el país nunca sostuvo ante la Corte arbitral y luego ella
resuelve acerca de esa versión tergiversada. Así, la Corte
deforma la tesis argentina sobre el recorrido del canal
Beagle. La Argentina afirmó que, de acuerdo con la do­
cumentación emanada de los descubridores y primeros
exploradores, la boca oriental del canal se encuentra al
norte de la isla Lennox, entre Picton y Navarino. El lau­
do, en cambio, sostiene que, según la Argentina, el canal
se prolonga entre las islas Navarino y Lennox, lo cual
es inexacto. Igualmente, en algunos pasajes de la sen­
tencia, la Corte interpreta que, según el tratado de límites
de 1881, las islas que se encuentran al sur de la zona
sometida a su competencia, como Terhalten, Evout y Bar-
nevelt, eran chilenas. Esas islas estaban en litigio en
ese momento y estaban fuera de la com petencia de la
Corte arbitral.
Al día siguiente a la declaración de la nulidad del
laudo arbitral por parte de la Argentina, el Gobierno chi­
L O S LÍMITES CON CH ILE 115

leño publicó una declaración oficial en la que califica a


aquélla como “contraria al derecho internacional” 55. Chile
reafirm ó todos los derechos “que le confieren los tratados
y los títulos que le asisten, los cuales se han visto ju d i­
cialmente confirmados por el Laudo de S.M. Británica,
no sujeto a negociación, ni a cuestionamiento” .

§ 46. L a m e d ia c i ó n p a p a l . E l tratado
DE PAZ Y AMISTAD (1984)

Durante todo 1978 hubo negociaciones para tratar


de solucionar el problema, que ya no consistía sólo en
la validez o nulidad del laudo arbitral, pues se habían
añadido las cuestiones relativas a la jurisdicción m aríti­
ma, la boca oriental del estrecho de Magallanes y la na­
vegación por los canales fueguinos. Chile ofreció someter
la controversia a la Corte Internacional de Justicia, pero
la Argentina prefirió buscar una solución mediante ne­
gociaciones directas. De todos modos, según el tratado
del 5 de abril de 1972, Chile tenía el derecho de llevar
unilateralmente el litigio a la Corte de La Haya, pero
no lo hizo.
La situación era difícil. A fines de 1978 se comenzó
a hablar de las posibilidades de una eventual mediación
del papa Juan Pablo II, pero las conversaciones no dieron
resultado, pues las Partes no pudieron ponerse de acuerdo
en cuanto a sus modalidades. La relación entre los dos
países se volvió crítica y todo hacía suponer que una con­
frontación podía ser inminente. Hubo llamado de reser­
vistas, movilización de tropas, envío de fuerzas navales
al sur y cierre de fronteras. La Argentina llevó el caso al

55 Ver el texto en C on g reso de la N a c ió n , ob. cit., ps. 335 y 336.


116 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

Consejo de Seguridad de la ONU, y Chile pidió a la OEA


la convocatoria urgente de una reunión de consulta.
Ante la grave situación, el Papa decidió realizar una
misión de paz. El Secretario de Asuntos Públicos del Va­
ticano, m onseñor Casaroli, citó a los embajadores de Chile
y de Argentina ante la Santa Sede el 21 de diciembre
de 1978 y les comunicó que el Papa estaba dispuesto a
enviar a Buenos Aires y a Santiago un representante per­
sonal para obtener informaciones más concretas y directas
y para examinar las posibilidades de una solución pacífica
y honorable de la controversia. Los dos países aceptaron
la propuesta y el Papa designó a monseñor Antonio Sa-
moré como su representante personal. Este llegó a Bue­
nos Aires el 26 de diciembre de 1978, mantuvo conversa­
ciones con las autoridades argentinas y dos días después
siguió viaje a Santiago de Chile.
La misión del cardenal Samoré tuvo por resultado
que, en su presencia, los cancilleres de la Argentina y
de Chile concertaran un acuerdo en Montevideo el 8 de
enero de 1979 en el que solicitaban al papa Juan Pablo
II que actuara como mediador para que los guiara y asis­
tiera en las negociaciones tendientes a buscar una so­
lución pacífica del diferendo56. Las Partes no precisaron
en qué consistía el diferendo, sino que convinieron que
cada una de ellas presentaría a la Santa Sede los términos
de la controversia y los antecedentes y criterios que esti­
mara pertinentes.
Al recibir este pedido de mediación, el cardenal Sa­
moré solicitó a los cancilleres que aquél fuera acompañado
del compromiso de que los Estados no recurrirían a la

56 Ver el texto en C o n g r e s o d e l a N a c i ó n , ob. cit., ps. 107 y 108.


Sobre la mediación papal, ver M o n c a y o , “La médiation pontificale dans
l’affaire du canal Beagle”, R.d.C, t. 1993-V, ps. 345 y siguientes.
L O S LÍMITES CON CH ILE 117

fuerza en sus relaciones mutuas, que retornarían gradual­


mente a la situación militar existente en 1977 y que se
abstendrían de adoptar medidas que pudieren alterar la
armonía en cualquier sector. Los cancilleres aceptaron
suscribir el compromiso sugerido57. La solicitud de m e­
diación fue aceptada por el Sumo Pontífice el 21 de enero
de 1979. Ambas Partes enviaron misiones especiales a
Roma y los trabajos de la mediación com enzaron el 4
de mayo de 1979.
La mediación avanzaba mediante reuniones que rea­
lizaba el cardenal Samoré con una o con ambas delega­
ciones. El 12 de diciembre de 1980 el Papa hizo llegar
su propuesta a las Partes. Chile la aceptó el 8 de enero
de 1981, en tanto que la Argentina tuvo observaciones
que transm itió a la Santa Sede m ediante notas del
29/XII/1980 y 25/111/1981.
La mediación continuó. Entre tanto, tuvo lugar la
guerra de las Malvinas, entre abril y junio de 1982. Fi­
nalmente, las Partes, sobre la base de la propuesta papal,
llegaron a un acuerdo y el 29 de noviembre de 1984 sus­
cribieron el tratado que se llamó de “paz y am istad” 58.
El tratado fija el límite en la boca del estrecho de M a­
gallanes, que está determinado por la línea que une Punta
Dungeness con el cabo del Espíritu Santo. En cuanto
al límite en el canal Beagle, el convenio reconoce im plíci­
tamente la validez de la sentencia arbitral de Isabel II
de 1977, pues no lo fija y sólo habla de la “delimitación
existente en el canal Beagle”. A partir de allí, hacia el
sur, el límite está constituido por una línea que envuelve
las islas, que quedan bajo jurisdicción chilena, y sigue
hacia el oeste hasta un punto que se halla sobre el me-

57 Ver el texto en C o n g r e s o d e la N a c ió n , ob. cit., p. 108.


58 Ver el texto en C o n g r e s o d e l a N a c ió n , ob. cit., ps. 397 y siguientes.
L O S LÍMITES DE LA R E PÚ BLICA A R G E N TIN A

TIERRA DEL FUEGO


I

ZONA ECONÓMICA EXCLUSIVA CHILENA

Er ­

ZOMA ECONÓMICA EXCLUSIVA ARGENTINA

M A R A U S T R A L

I
F'

Tratado de paz y amistad (1984)


Los LÍMITES CON C H IL E 119

ridiano que pasa por el extremo más austral de la isla


de Hornos y a 24 millas al sur de él. Luego, el límite
continúa hacia el sur por dicho meridiano. La línea pac­
tada en el tratado configura la frontera entre los dos
países respecto de todas las jurisdicciones marítimas (mar
territorial, zona contigua, zona económica exclusiva). Es­
to significa que Chile no puede pretender el ejercicio de
ninguna jurisdicción marítima al oriente de esa línea y
que la Argentina no puede reclamarlo al occidente de ella.
El tratado contiene dos anexos: uno que instituye un
sistema de conciliación y arbitraje obligatorio y otro sobre
la navegación entre el estrecho de Magallanes y los puer­
tos argentinos en el canal Beagle.

§ 47. Los ACUERDOS DE 1991

A fin es de agosto de 1990, los Presidentes de la A rgen­


tina y de Chile comenzaron a analizar la idea de concluir
con todas las controversias limítrofes existentes. Como
un primer paso en este sentido, acordaron solicitar al
presidente de la Comisión de límites de cada país la pre­
paración de un informe detallado sobre todas las cuestio­
nes aún pendientes relativas a la demarcación del límite
internacional. Según el informe producido en cum pli­
miento de este mandato, resulta que había 24 cuestiones
limítrofes que requerían una decisión de los gobiernos
para poder llevar a cabo la demarcación íntegra de la
frontera. Estos puntos de controversia fueron analizados
por ambas Partes y el 2 de agosto de 1991 tuvo lugar
una nueva reunión de los Presidentes argentino y chileno
para adoptar una decisión al respecto.
El primer tema pendiente era la determinación del
recorrido del límite entre el monte Fitz Roy y el cerro
120 LO S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

Daudet, o sea, la zona conocida en la Argentina como


la de los hielos continentales. Para solucionar la con­
troversia en este sector, las Partes suscribieron un tratado
que, para su entrada en vigor, necesitaba la aprobación
de ambos Congresos y la correspondiente ratificación. Co­
mo se verá más adelante59, el tratado no obtuvo la apro­
bación parlamentaria y fue reemplazado por otro acuerdo
que fue firm ado el 16 de diciembre de 1998.
La segunda cuestión se refería al límite en el sector
que va desde el hito 62 hasta el monte Fitz Roy. Se tra­
taba de un tram o en el que el límite había sido fijado
por la sentencia arbitral de 1902, pero sobre cuya inter­
pretación había discrepancia entre las Partes. Los pre­
sidentes decidieron someter esta cuestión a la decisión
de un tribunal arbitral60.
En cuanto a los veintidós puntos restantes, los pre­
sidentes acordaron impartir instrucciones comunes a sus
respectivas comisiones de límites a fin de lograr una so­
lución. Se trataba de cuestiones de importancia menor
desde el punto de vista de las superficies discutidas.

§ 48. L a L a g u n a d e l D e s ie r t o

De conform idad con lo expuesto anteriormente, Chile


y la Argentina acordaron someter a un tribunal arbitral
la interpretación de la sentencia de Eduardo VII en lo
relativo al sector del límite entre la orilla sur del lago
San Martín y el monte Fitz Roy. Los dos países concer­
taron el compromiso arbitral el 31 de octubre de 1991.
Se estipuló también que el arbitraje se regiría por las

59 Ver infra, § 49.


60 Ver infra, § 48.
L O S LÍMITES CON C H IL E 121

normas previstas en el tratado de paz y amistad de 1984.


El tribunal estableció su sede en Río de Janeiro y estuvo
integrado por Rafael Nieto Navia (presidente, colom bia­
no), Reynaldo Galindo Pohl (salvadoreño), Santiago Be-
nadava (chileno), Julio A. Barberis (argentino) y Pedro
Nikken (venezolano).
Los dos países coincidían en cuanto a los puntos ex­
tremos del sector limítrofe: el hito 62, en la orilla m eri­
dional del lago San Martín, y el monte Fitz Roy. Sin
embargo, diferían respecto del recorrido del límite entre
esos dos puntos.
La decisión arbitral de 1902 decía que el límite era
la divisoria local de aguas entre los puntos extremos ya
indicados. Las Partes interpretaban la expresión “divi­
soria local de aguas” en sentidos diferentes. La Argentina
sostenía que la divisoria de aguas entre esos dos puntos
era la divisoria real y efectiva, esto es, la divisoria que
aparecía en el terreno. Chile, por su parte, pretendía
como límite una línea que no reunía las condiciones geo­
gráficas de una divisoria de aguas, pero que coincidiría
con la línea trazada por el árbitro en el mapa anexo a
la sentencia de 1902 o bien con la que figura en el mapa
elaborado por la comisión demarcadora británica.
El tribunal dictó su sentencia el 21 de octubre de
199461. Dado que el litigio consistía en la interpretación
de esa sentencia, la Argentina planteó, como primera
cuestión, que Chile no podía pretender en esa instancia

61 Para comentarios de esta sentencia, ver S á n c h e z R o d r í g u e z , “Un


arbitrage territorial strictement latino-américain dans 1’afTaire de la ‘La­
guna del Desierto’ ”, A.F.D.I., 1994, ps. 465 y ss. G a r c í a J i m é n e z , “La
sentencia arbitral de 21 de octubre de 1994: ‘controversia sobre el recorrido
de la traza del límite entre el hito 62 y el monte Fitz-Roy’ (Laguna del
Desierto) (Chile/Argentina)”, en Anuario de Derecho Internacional (Uni­
versidad de Navarra), vol. XII, 1996, ps. 379 y siguientes.
122 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ BLICA AR G E N TIN A

Caso de Laguna del Desierto


L O S LÍMITES CON CH ILE 123

lo que no había reclamado en 1902. En este sentido, la


Argentina sostuvo que Chile no podía ir más allá de su
pretensión máxima en el arbitraje ante S.M. Británica.
Esta regla es conocida bajo la fórmula non ultra petita
partium. El tribunal admitió esta regla y llegó a la con­
clusión de que en el arbitraje de 1898-1902 la preten­
sión máxima chilena había sido la divisoria continental
de aguas real y efectiva. Por lo tanto, Chile no podía
reclamar ahora tierras más allá de la divisoria continental
de aguas.
Una vez establecido como límite de interpretación la
regla non ultra petita partium, el tribunal pasó a exam i­
nar qué había entendido Chile en el arbitraje de 1898­
1902 por “divisoria de aguas”. En este orden de ideas,
el tribunal estimó que en ese arbitraje Chile había con­
siderado como divisoria de aguas la línea que separa las
aguas pertenecientes a hoyas o cuencas que tienen de­
sembocaduras distintas y que en el arbitraje en cuestión
no podía modificar el sentido que entonces había atribuido
a esos términos.
El tribunal interpretó la expresión “divisoria de
aguas” en el sentido en que Chile y la Argentina lo habían
entendido en el arbitraje de 1898-1902 que, por otra parte,
es el sentido común y ordinario de los términos. En vir­
tud de ello, el tribunal dio razón a la tesis argentina.
Fundándose en el tratado de paz y amistad de 1984,
Chile interpuso contra el laudo arbitral los recursos de
revisión e interpretación, que el tribunal rechazó en su
sentencia del 13 de octubre de 199562.

62 Sobre esta sentencia, ver G a r c í a J i m é n e z , “Sentencia del Tribunal


arbitral (Chile-Argentina) de 13.10.95 sobre la solicitud de revisión y, en
subsidio, de interpretación planteada por Chile respecto de la sentencia
de 21.10.94 (Laguna del Desierto)”, en Anuario de Derecho Internacional
(Universidad de Navarra), vol. XIII, 1997, ps. 131 y siguientes.
124 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

La demarcación fue dirigida por el perito geógrafo


del tribunal, que luego la aprobó.

§ 49. LOS HIELOS CONTINENTALES

La línea poligonal que, según el tratado de agosto


de 1991, constituía el límite entre el monte Fitz Roy y
el cerro Daudet, no obtuvo la aprobación parlamentaria
correspondiente. Después de una intensa negociación, los
dos países concluyeron un nuevo tratado sobre el límite
en esta región de los hielos continentales, que fue firmado
el 16 de diciembre de 1998. La conclusión del tratado
requirió también un riguroso trabajo técnico, que fue rea­
lizado con la ayuda de imágenes satelitales.
El límite establecido arranca del monte Fitz Roy, des­
ciende por la divisoria local de aguas y luego prosigue
por una recta hasta cierto punto, desde el cual continúa
hacia el oeste por el paralelo del lugar hasta su intersec­
ción con la divisoria continental de aguas. El límite des­
ciende luego por esa divisoria continental hasta el monte
Spegazzini Norte. Desde allí, el límite hasta el cerro Dau­
det está configurado por una línea que sigue, según los
tramos, la divisoria continental de aguas y divisorias lo­
cales, unidos por segmentos de recta. En una zona en
que la línea de límite se aproxima al océano Pacífico,
ésta hace inflexiones para evitarlo. Es preciso señalar
que en la provincia de Santa Cruz hay puntos de su te­
rritorio en la Cordillera de los Andes que se hallan muy
próximos a la costa marítima. Así, el territorio argentino
se encuentra a una distancia aproximada de 8 km del
seno Andrew, en el océano Pacífico, y a una distancia
aproximada de 12 km del fiordo Calvo.
L O S LÍMITES CON CH ILE 125

Una disposición del acuerdo se refiere expresamente


a los recursos hídricos. El artículo 3 dispone que todas
las aguas que desembocan por el río Santa Cruz serán
consideradas como recursos hídricos propios de la Argen­
tina. Igualmente, las aguas que fluyen hacia los fiordos
oceánicos del Pacífico serán consideradas como recursos
hídricos propios de Chile.
Este tratado entró en vigor el 15 de julio de 1999,
fecha en que se intercambiaron los instrumentos de rati­
ficación. De esta manera, el límite argentino-chileno que­
dó enteramente precisado.
C a p ít u l o VI

LOS LÍMITES CON EL URUGUAY

§ 50. In t r o d u c c ió n

El tratado de San Ildefonso1, mediante el cual España


y Portugal ajustaron en 1 7 7 7 los límites de sus posesiones
en América, estableció que la navegación en los ríos de
la Plata y Uruguay y sus costas pertenecía privativamente
a la corona de España y a sus súbditos. El dominio exclu­
sivo ejercido por España sobre las aguas del Plata hasta
la em ancipación nacional se extendía al Océano Atlántico
contiguo a sus territorios, conforme era reconocido por
el derecho entonces vigente2. Hasta 1 8 1 0 la navegación
del Río de la Plata había quedado reservada exclusiva­
mente a los buques de bandera española, y a partir de
1 8 1 0 , las provincias elaboraron un régimen fluvial cuya
característica principal consistía en que se establecía la

1 C o n f . art. 3. Ver texto en C a l v o , Colección completa de los Tra­


tados, Convenciones, Capitulaciones, armisticios y otros actos diplomáticos
de todos los Estados de la América Latina, París, 1862, t. III, ps. 135 y
siguientes.
2 C o n f . B a r b e r is , “ R é g i m e n j u r í d i c o in t e r n a c i o n a l d e l R ío d e la P l a t a ” ,
en B a r b e r is - P ig r e t t i, Régimen jurídico del Río de la Plata, B u e n o s A ir e s ,
1969, ps. 21 y 22.
128 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

libertad de navegación sólo a favor de las provincias y


no en beneficio de los Estados extranjeros3.
La declaración de la independencia de la República
Oriental del Uruguay por el Brasil y la Argentina se rea­
lizó en la Convención preliminar de paz de 18284. En
ella no se hace referencia a los límites del nuevo Estado,
ni siquiera a los fluviales. Sin embargo, en un artículo
adicional, se establece que las Partes harán todo lo que
esté a su alcance a fin de que la navegación del Río de
la Plata y de todos los otros que desaguan en él se conser­
ve libre para el uso de los súbditos de una y otra nación
por el tiempo de quince años. Se abrió así por primera
vez la cuenca del Plata a la navegación extranjera, ya
que en el tratado con Gran Bretaña de 1825 se había
permitido a los buques ingleses llegar libremente hasta
donde pudieran hacerlo otros navios extranjeros5.

A) El límite en el Río de la Plata

§ 51. A ntecedentes

En la negociación bilateral que culminó en 1973 con


la delimitación del Río de la Plata a través del tratado
del Río de la Plata y su frente marítimo, se sucedieron
múltiples incidentes y protestas de ambas partes. Los
documentos más importantes fueron: el protocolo Sáenz

3 Este régimen fluvial se elaboró mediante la firma de convenios


que regulaban la navegación, como el tratado del Pilar y el acuerdo de
San Nicolás. El único convenio con una potencia no ribereña es el cele­
brado con Gran Bretaña en 1825.
4 Ver el texto en Tratados de la Argentina, t. II, ps. 411 y 420.
5 Tratados de la Argentina, t. VIII, p. 278.
L O S LÍMITES CON EL U R U GU A Y 129

Peña-Ramírez, la declaración conjunta sobre el límite ex­


terior del Río de la Plata, el tratado de límites del río
Uruguay y el protocolo del Río de la Plata.
El protocolo Sáenz Peña-Ramírez, de 19106, fue fir­
mado como consecuencia de la tensión generada por gra­
ves incidentes que habían ocurrido en el Río de la Plata.
Con respecto a la navegación y el uso de las aguas, se
establece que “continuarán sin alteración, como hasta el
presente” (art. 3). Aunque no fija un límite ni describe
las zonas en que cada Estado ejercía jurisdicción, esta­
blece que la situación de hecho observada hasta ese m o­
mento se convierte en una regla de derecho. También
dispone que las diferencias que pudiesen surgir van a
ser allanadas y resueltas con el mismo espíritu de cordia­
lidad y buena armonía que siempre existió entre ambos
países7.
El 30 de enero de 1961, en la Declaración conjunta
sobre el límite exterior del Río de la Plata, se fija la
línea divisoria de aguas entre el río y el Océano Atlántico.
Este límite lo constituye la línea recta imaginaria que
une Punta Rasa, en el cabo San Antonio (República A r­
gentina), con Punta del Este (República Oriental del Uru­
gu ay)8. Esto reafirmó las posiciones de ambos países en
cuanto a la naturaleza jurídica del Río de la Plata: es
un río y los Estados ribereños ejercen sobre él jurisdicción

6 Su título oficial es “Protocolo sobre navegación y uso de las aguas


del Río de la Plata”. Firmado el 5/1/1910, entró en vigor el 31 de ese
mismo mes. Puede verse su texto en Tratados de la Argentina, t. IX, ps.
624 y 625.
7 Conf. B a r b e r i s , ob. cit., ps. 38 a 42, y S a b a t e L i c h t s c h e i n , “El acuer­
do Sáenz Peña-Ramírez y los problemas jurídicos del Río de la Plata”,
en Estrategia, n9 1, mayo-junio 1969, ps. 89 a 95.
8 Este límite es el recogido en el tratado del Río de la Plata y su
frente marítimo, en el artículo 1.

9. B a r b e r is
130 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ BLICA A R G E N TIN A

exclusiva. La necesidad de definir la naturaleza jurídica


de las aguas del Río de la Plata fue siempre un tema
importante para los ribereños, ya que la soberanía se
ejercería sobre todas las aguas en caso de ser un río o
solamente sobre la franja correspondiente al mar territo­
rial, si fuera un estuario. Algunas de sus características
geográficas -la s mareas y la salinidad de las aguas que
se va acentuando al acercarse al océan o- lo asemejarían
al mar. Sin embargo, las corrientes y el declive de las
costas hablan claramente de que estamos en presencia
de un río. Tradicionalmente, se habían sustentado distin­
tas teorías, como la de Solís, quien lo llamó “Mar dulce”
o la de aquéllos que afirmaban que era un estuario9. Esto
tenía como consecuencia que sólo se otorgaba a los Esta­
dos ribereños el derecho a fijar su mar territorial a partir
de las líneas de base, siendo el resto alta m ar10. El doctor
Drago sostuvo que era un estuario sometido al régimen par­
ticular de las bahías históricas11. Hubo también quienes
elaboraron teorías mixtas, estableciendo regímenes dis­
tintos según las zonas12. Los que sostenían que era un
r ío 13 se basaban en que su régimen no depende del mar,

9 Esta postura la sostuvo Gran Bretaña en 1908, con ocasión de


un incidente diplomático ocurrido por el registro que efectuó la República
Oriental del Uruguay en un buque que se encontraba cazando lobos en
el Río de la Plata fuera de las tres millas. También volvió a reiterar su
protesta con ocasión de la Declaración conjunta de 1961.
10 Conf. F a u c h i l l e , Traité de droit international public, t. I, 2eme.
partie, Paris, 1925, p. 400; B e v i l a q u a , Direito público internacional, t. I,
2a ed., Rio de Janeiro, 1939, t. I, ps. 256-257.
11 En su voto disidente en el arbitraje en el caso de las Pesquerías
del Atlántico Norte (7/X/1910). Ver texto en D r a g o , El arbitraje de las
pesquerías del Atlántico Norte, Buenos Aires, 1911, ps. 39 y siguientes.
12 Conf. B a r b e r i s , ob. cit., en B a r b e r i s - P i g r e t t i , Régimen jurídico del
Río de la Plata, ps. 29 a 30, y G o n z á l e z L a p e y r e , L os límites de la República
Oriental del Uruguay, Montevideo, 1986, ps. 28 a 30.
13 C o n f . C a v a r e , Le droit international public positif, Paris, 1951,
t. II, ps. 513 y siguientes.
L O S LÍMITES CON EL U R U GU A Y 131

sino de las aguas de los ríos Paraná y U ruguay14 y que


la barra constituida por los bancos en su boca determina
el límite exterior15. Los ribereños siempre se enrolaron
en esta última postura, sosteniendo que era un verdadero
río, y reivindicaron, por tanto, la soberanía sobre todas
sus aguas.
El límite exterior establecido en la Declaración se
considera también como la línea de base para fijar las
“respectivas fajas del mar territorial y zonas contiguas
y adyacentes” 16. Además se reiteran el espíritu y los prin­
cipios del protocolo Sáenz Peña-Ramírez, otros instrum en­
tos internacionales vigentes y leyes y reglamentos de am ­
bos Estados ribereños en cuanto sean aplicables17.
El tratado de límites del río Uruguay, del 7 de abril
de 1961, establece que este río se extiende hasta el para-

14 Conf. P o d e s t á C o s t a , Derecho internacional público, 4- ed., Buenos


Aires, 1960, t. I, ps. 261 y siguientes.
15 Conf. Ri’iz M o r e n o , “El problema internacional de la boca del Río
de la Plata”, en Estudios de derecho internacional público, Buenos Aires,
1965, ps. 43 y siguientes.
16 Conf. arts. 1 y 2. Es interesante destacar que en el preámbulo
de la Declaración se dice: “Teniendo en cuenta lo dispuesto en el artículo
13 de la Convención sobre el Mar Territorial y la Zona Contigua” de Gi­
nebra (1958), que ninguno de los dos Estados había ratificado, aunque
ambos la habían firmado. El art. 13 establece: “Si un río desemboca di­
rectamente en el mar, la línea de base será una línea recta trazada a
través de su desembocadura entre los puntos de la línea de bajamar en
las orillas”.
17 Conf. art. 3. Para más detalles, ver G r o s E s p i e l l , “Le régime ju-
ridique du Rio de la Plata”, A.F.D.I., 1964, ps. 725 a 737, y El protocolo
del Río de la Plata, en “Anuario Uruguayo de Derecho Internacional”,
vol. II, 1963, ps. 414 a 426; J im é n e z d e A r é c h a g a , “Significado de la De­
claración conjunta sobre el Río de la Plata”, en Anuario Uruguayo de
Derecho Internacional, vol. I, 1962, ps. 326 a 330, y “Nota sobre el límite
exterior del Río de la Plata”, en Anuario Uruguayo de Derecho Interna­
cional, vol. II, 1963, ps. 342 a 356; P r a t t d e M a r í a , “Nota sobre el límite
exterior del Río de la Plata”, en Anuario Uruguayo de Derecho Interna­
cional, vol. II, 1963, ps. 340 a 342.
132 Los LÍMITES DE LA R E PÚ BLICA A R G E N TIN A

lelo de Punta Gorda. Allí comienza, por lo tanto, el Río


de la Plata.
El protocolo del Río de la Plata, firmado el 14 de
enero de 1964, permite la ejecución del plan de levan­
tamiento integral del Río de la Plata, presentado por el
Gobierno argentino, sin que se alteren las jurisdicciones
que los países ribereños han venido ejerciendo. Crea una
Comisión mixta y manifiesta la voluntad de ambos Go­
biernos de contribuir técnica y financieramente a estas
obras, descartando acciones unilaterales.
Es importante destacar lo dispuesto en el artículo
46 que, sin nombrarla, se refiere a la formación aluvional
que la Argentina denomina como Punta Bauzá y Uruguay
como isla Timoteo Domínguez. El tratado dispone que
“Si la isla Martín García se uniera en el futuro a otra
isla, el límite correspondiente se trazará siguiendo el per­
fil de la isla Martín García”. Este límite entre las islas
Timoteo Domínguez y Martín García sería el único límite
terrestre entre la Argentina y el Uruguay. Luego el tra­
tado diferencia los aumentos por aluvión cuando afecten
los actuales accesos naturales a los canales, que perte­
necerán a la isla.
En el período comprendido entre 1967 y 1970, se rea­
lizaron varios intentos de proseguir con las tratativas, pe­
ro fueron interrumpidos y dificultados muchas veces por
incidentes con la correlativa protesta de las P artes18. En
1970, los presidentes de la Argentina y del Uruguay sus­
cribieron una declaración conjunta19. En relación al pro­
blema de la definición de jurisdicciones en el Río de la

18 Para una explicación más detallada, ver G o n z á l e z L a p e y r e , ob.


cit., ps. 49 a 62, y F l a n g i n i , Fronteras nacionales y documentos interna­
cionales sobre actividades navales, Montevideo, 1975, ps. 106 a 139.
19 Conocida como Declaración del Río Uruguay, suscripta el 15/111/1970
por los presidentes Onganía y Pacheco Areco. El texto se halla en la
L O S LÍMITES CON EL U R U GU A Y 133

Plata y su frente marítimo, dispusieron intensificar los


trabajos que se estaban realizando y reconocieron que
la explotación de los recursos económicos de las aguas,
del lecho y subsuelo del Río de la Plata y el mar adyacente
debía beneficiar a ambos países. En consecuencia, convi­
nieron en iniciar conversaciones tendientes a establecer
acuerdos que permitieran aprovechar al máximo tales re­
cursos. En particular, dispusieron un estudio sobre la
posibilidad de establecer un convenio para exploración
y explotación del petróleo en las zonas respectivas.
En enero de 1973, estando la negociación del tratado
muy avanzada, mientras la nave argentina “Don Segundo
Som bra” efectuaba el alijo del buque noruego “Skau-
strand”, intervino un destructor uruguayo y tuvo lugar
uno de los enfrentamientos más serios de los ocurridos
hasta ese momento, que interrumpió temporalmente las
negociaciones. En julio se reanudaron para culminar, el
19 de noviembre de 1973, con la firma del tratado en
M ontevideo por los Ministros de Relaciones Exteriores
de ambos países. Simultáneamente con el tratado fue
suscripta por los presidentes Perón y Bordaberry el Acta
de Confraternidad Rioplatense. En ella declaran que,
dando cumplimiento al histórico mandato conferido por
sus pueblos, han logrado establecer para el Río de la Plata
y su frente marítimo adyacente, una solución honorable
y justa que preserve adecuada y equitativamente los altos
intereses de ambos países.
El canje de los instrumentos de ratificación y, por
tanto, la entrada en vigor del tratado tuvo lugar en Bue­
nos Aires, el 12 de febrero de 1974. El 15 de julio del
mismo año, por un acuerdo por canje de notas, entraron

Dirección de Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio


Internacional y Culto de la Argentina.
134 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

en vigor tres acuerdos complementarios: el Estatuto de


la Comisión administradora del Río de la Plata, el Es­
tatuto de la Comisión técnica mixta del frente marítimo
y un acuerdo complementario relativo al trazado del lí­
mite lateral marítimo, de la zona de pesca común y de
la zona común de prohibición de actos contaminantes.

§ 52. E l tratado del Río de la P lata


Y SU FRENTE MARÍTIMO: LA DISTRIBUCIÓN
DE COMPETENCIAS SOBRE LA BASE DE CRITERIOS
TERRITORIALES Y NO TERRITORIALES

A partir de la Declaración conjunta de 1970, se aban­


donó la idea de buscar un límite único, puesto que era
claro que una sola línea nunca llegaría a conformar los
intereses de ambas Partes. En lo referente a la delim i­
tación del río, por ejemplo, la Argentina sostenía la teoría
del thalweg y el Uruguay la línea media; mientras que
en el frente marítimo defendían la teoría del paralelo y
la de la equidistancia respectivamente.
Cada una de las Partes confeccionó un índice de los
distintos aprovechamientos del río y se fue tratando de
dar solución a cada uno de los problemas que se presen­
taba. El resultado no fue un tratado de límites tradi­
cional, sino un verdadero estatuto para el Río de la Plata,
que regula todos los temas: jurisdicción, conservación y
adm inistración de los recursos, administración del río,
régimen del frente marítimo, creación de órganos20. Por

20 Conf. F r e n k e l , “El estatuto internacional del Río de la Plata”,


LL, 28/TV/75; L u p i n a c c i , “El tratado del Río de la Plata y su frente ma­
rítimo”, en El Río de la Plata: Análisis del Tratado sobre límites fluviales
y frente marítimo en la perspectiva de Argentina y Uruguay, Instituto
de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, Serie “Publica-
L O S LÍMITES CON EL U R U GU A Y 135

lo tanto, aunque nos estamos refiriendo a los límites con


la República Oriental del Uruguay, necesariamente de­
bemos tener en cuenta no sólo las líneas que se trazaron
para separar jurisdicciones, sino también las soluciones
que se dieron a las diferentes cuestiones que se plan­
teaban. Además de regular los límites y las jurisdicciones
tanto en el río como en el frente marítimo, crea dos órga­
nos específicos, para cada una de estas dos zonas: la Co­
misión administradora del Río de la Plata y la Comisión
técnica mixta del frente marítimo. También contiene dis­
posiciones sobre defensa y solución de controversias21.

§ 53. R é g im e n e s t a b l e c id o en el r ío

El Río de la Plata comienza en el punto donde el


río Uruguay desemboca en sus aguas, el paralelo de Punta
Gorda, de acuerdo con lo establecido en el tratado de
límites del río Uruguay, del 7 de abril de 1961. Se extien­
de hasta la línea divisoria de aguas entre el río y el
Océano Atlántico, constituida por una línea recta im a­
ginaria que une Punta Rasa, en el cabo San Antonio (Re­
pública Argentina), con Punta del Este (República O rien­
tal del U ruguay)22, de acuerdo a lo establecido el 30 de
enero de 1961, en la declaración conjunta sobre el límite
exterior del Río de la Plata23.

dones Especiales”, n9 18, 1976, ps. 79 y ss, y L u d e r , La Argentina y sus


claves geopolíticas, Buenos Aires, 1974, ps. 67 y siguientes.
21 Se contemplan en el tratado tres situaciones en que la solución
de una controversia podrá ser sometida por una de las Partes a la Corte
Internacional de Justicia.
22 Este límite es el recogido en el tratado del Río de la Plata y su
frente marítimo, en el artículo 1.
23 Este límite es el recogido en el tratado del Río de la Plata y su
frente marítimo, en el artículo 1.
136 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

a) D i f e r e n t e s r e g í m e n e s . — El límite no sólo es di­


ferente para las aguas, lecho, subsuelo e islas; sino que,
con respecto a las aguas, en algunas zonas los Estados
ejercen una soberanía exclusiva, mientras que en otros
casos son aguas de uso común.
Con relación al lecho, subsuelo e islas, el artículo
41 establece una línea, determinada mediante puntos, que
divide la jurisdicción de cada uno de los Estados. Las
islas pertenecen a una u otra parte según se hallen a
un lado u otro de esa línea24. Quedan así para el Uruguay
las islas de Hornos, San Gabriel, Dos Hermanas, López
del Este, López del Oeste y Punta Bauzá (Timoteo Do­
mínguez). La isla Martín García queda bajo jurisdicción
de la República Argentina, pero deberá ser destinada ex­
clusivamente a reserva natural (art. 45). También tendrá
sede en ella la Comisión administradora del Río de la
Plata (art. 63).
Las zonas de jurisdicción exclusiva son las franjas
costeras, cuyo ancho varía según la zona del río; tienen
siete millas marinas en el Plata inferior y m edio25 y dos
millas marinas en la parte superior. Estas franjas deben
hacer las inflexiones necesarias para no sobrepasar los
canales de acceso a los respectivos puertos (art. 2). La
anchura de las franjas fue elegida con la intención de
confirm ar la tesis sostenida por ambos países de que el
Río de la Plata es un río y no pueden, por lo tanto, serle
aplicadas las normas sobre el mar territorial ni las m edi­
das usuaimente invocadas de tres, cuatro, seis, doce millas

24 C o n f . a r t s . 4 1 y 4 4 .
25 Desde el límite exterior hasta la recta imaginaria que une Punta
Lara (Argentina) con Colonia (Uruguay).
L O S LÍMITES CON EL U RU GU AY 137

u otras26. Fuera de estas franjas de jurisdicción exclu­


siva, las aguas son de uso común.

b) N o r m a s a p l i c a b l e s . — Algunas de las norm as


contenidas en el tratado se aplican a todo el río, tanto en
las zonas bajo jurisdicción de uno u otro Estado como
en la zona común. Otras normas se aplican en zonas
que son de jurisdicción exclusiva de uno de los ribereños; y
por último otras se aplican en las aguas de uso común27.
En las franjas costeras adyacentes, cada Parte tiene
derecho exclusivo de pesca (art. 53). Asimismo, la ju ris­
dicción que ejercen los Estados ribereños en ellas es ex­
clusiva, pero se comprometen a colaborar en la entrega
del buque respecto al cual la otra Parte hubiera verificado
un ilícito (art. 5) y a desarrollar las ayudas a la nave­
gación y el balizamiento necesarios para facilitar y garan­
tizar la seguridad de la navegación (art. 9). En lo que
se refiere a los recursos del lecho y subsuelo, cada Parte
puede explotarlos con exclusividad en las zonas adyacen­
tes a sus costas hasta la línea determinada por el artículo
41. Cuando el yacimiento o depósito se extienda a uno
y otro lado de esta línea, la distribución del recurso ex­
plotado será proporcional al volumen del mismo que se
encuentre a cada lado.
En las aguas de uso común se establecen distintos
supuestos de jurisdicción, según los usos que se haga del
río. Uno de los criterios es el de la jurisdicción de la
bandera del buque, que se aplica incluso a los buques

26 Conf V i e i r a , L u p i n a c c i , G o n z á l e z L a p e y r e , Tratado de límites del


Río de la Plata, Montevideo, 1974, p. 71. P e i r a n o B a s s o , El Tratado del
Río de la Plata, Montevideo, 1985, ps. 22 y 23.
27 Conf. B a s a b e , “ L a cuestión de la jurisdicción en el Río de la Plata”,
en Prudentia Juris, n- XVII-XVIII, diciembre 1985-abril 1986, p. 143.
138 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A AR G E N TIN A

Tratado del Río de la Plata


y su frente marítimo (1973)
L O S LÍMITES CON EL U R U G U A Y 139

de terceras banderas cuando tengan un siniestro. Tam­


bién se especifica que la Parte que haya construido un
canal tendrá a su cargo el mantenimiento, la adm inis­
tración, la reglamentación y el control del mismo, como
así también se aplicará la responsabilidad civil, penal y
adm inistrativa derivada de sus leyes a los hechos que
ocurran en el canal. Con relación al practicaje, opera­
ciones de alijo o de complemento de carga, se utiliza el
criterio de puerto de destino o de procedencia.
También se determina una jurisdicción residual: se­
gún la mayor proximidad de una u otra franja costera
al lugar en que se produzcan los hechos (art. 4).
Las Partes se reconocen recíprocamente, a perpetui­
dad y bajo cualquier circunstancia, la libertad de nave­
gación para los buques de sus banderas en todo el río,
es decir tanto en las aguas de uso común como en las
zonas de jurisdicción exclusiva (art. 7). Para terceros Es­
tados, esta libertad solo existe en las aguas de uso co­
mún.

§ 54. E l fren te m a r ít im o

El límite exterior del Río de la Plata, línea imaginaria


que une Punta Rasa, en el Cabo San Antonio, con Punta
del Este, es la línea de base de donde parte una línea
de equidistancia que define la frontera marítima entre
ambos países. Esta línea se traza a partir del punto me­
dio y el método establecido en el tratado para trazarla
es el de costas adyacentes28 (art. 70). El trazado efectivo

28 En el método de costas adyacentes, el trazado de la línea está


influido por todo el perfil de la costa, mientras que en el de costas en­
frentadas influyen los puntos más salientes.
140 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

se realizó en la carta marina que fue aprobada el 15


de junio de 1974 por un canje de notas29.
El límite lateral marítimo se aplica tanto a las aguas
como al lecho y subsuelo. Esta línea divisoria separa las
jurisdicciones de uno y otro país por lo que, en aquello
no previsto por el tratado, la jurisdicción residual per­
tenece a la Argentina o a la República Oriental del U ru­
guay, según se trate de un lado u otro de esta línea.

a) N a v e g a c i ó n . — Se garantiza la libertad de na­


vegación y sobrevuelo en la zona más allá de las doce
millas marinas contadas a partir de las líneas de base
costeras y en la desembocadura del Río de la Plata, a
partir de su lím ite exterior (art. 72).
Para la zona comprendida entre las líneas de base
y las doce millas el tratado no especifica nada, pero por
derecho consuetudinario se reconoce el derecho de paso
inocente a los buques de terceras banderas.

b) C o n t a m i n a c i ó n . — Se establece una zona común


de prohibición de acciones contaminantes, donde el ver­
timiento de hidrocarburos provenientes del lavado de tan­
ques, achique de sentinas y de lastre y, en general, cual­
quier otra acción capaz de tener efectos contaminantes
están prohibidos (art. 78).

29 Sobre la influencia en el trazado de la línea de equidistancia de


Punta Médanos, en la Argentina, y la Isla de los Lobos, en Uruguay, así
como la diferencia entre la línea efectivamente aprobada por las partes
y la línea geográfica de equidistancia, ver C h a r n e y and A l e x a n d e r (eds.),
International Maritime Boundaries, The American Society o f International
Law, Netherlands, 1993, ps. 757 a 776.
Los LÍMITES CON EL U R U GU A Y 141

La Comisión técnica mixta tiene, entre sus funciones,


la de establecer normas y medidas relativas a la pre­
vención y eliminación de la contam inación30.
Un tratado entre la Argentina y el Uruguay, vigente
desde 1993, regula la cooperación en materia de contam i­
nación entre ambos Estados y se aplica al medio acuático
com prendido en el tratado del Río de la Plata y su frente
marítimo y en el tratado de límites del río Uruguay31.

c) I n v e s t ig a c i ó n c i e n t í f ic a . — Una Parte podrá rea­


lizar estudios e investigaciones de carácter exclusivam en­
te científico incluso en el sector de la zona común de
pesca bajo jurisdicción de la otra Parte, previa su auto­
rización. Para que ésta se le conceda deberá avisarle pre­
viamente, con antelación, indicando qué tipo de estudios
va a realizar y en qué áreas y plazos. Sólo se podrá de­
negar esta autorización en circunstancias excepcionales
y por períodos limitados. La Parte autorizante tiene de­
recho a participar en todas las etapas de los estudios e
investigaciones y a conocer y disponer de los resultados
(art. 79).
No solamente las Partes pueden realizar investiga­
ciones sino que, entre las funciones de la Comisión técnica
mixta, figura el promover la realización conjunta de es­
tudios e investigaciones de carácter científico, particu­
larmente dentro de la zona de interés común, con especial
referencia a la evaluación, conservación y preservación
de los recursos vivos y su racional explotación y elim i­
nación de la contaminación (art. 82, b).

30 Conf. art. 82, d.


31 Se trata del Convenio de cooperación para prevenir y luchar contra
incidentes de contaminación del medio acuático producidos por hidrocar­
buros y otras sustancias perjudiciales, que entró en vigor el 29/X/93.
142 Los LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

d) E x p l o t a c i ó n d e r e c u r s o s . — Con relación a la
explotación de yacim ientos o depósitos de recursos m i­
nerales, cada Estado la realiza libremente en su sector,
y cuando se extiendan a uno y otro lado del límite lateral
marítimo, el tratado dispone que se exploten en forma
tal que los volúmenes extraídos sean proporcionales a lo
que se encuentre a cada lado de dicho límite. Como po­
demos ver, aquí se aclara el criterio para repartir los
recursos minerales compartidos, especificando la medida
de la proporción: la cantidad de recursos que se encuentre
en la zona de jurisdicción de cada Estado.
Para los recursos vivos se establece un régimen es­
pecial, creando una zona común de pesca. Esta se extien­
de, más allá de las doce millas marinas, a toda el área
determinada por dos arcos de circunferencia de doscientas
millas marinas de radio, cuyos centros de trazado están
ubicados respectivamente en Punta del Este (República
Oriental del Uruguay) y en Punta Rasa, Cabo San Antonio
(República Argentina) (art. 73).
Con respecto a la navegación, el tratado garantiza,
más allá de las doce millas marinas medidas desde las
correspondientes líneas de base y “en la desembocadura
del Río de la Plata a partir de su límite exterior” , libertad
de navegación y sobrevuelo para todos los Estados32.

32 Desde las líneas de base hasta las doce millas, si bien el tratado
no lo especifica, de acuerdo con el derecho internacional consuetudinario
se reconoce derecho de paso inocente. Se plantea un problema, en la Re­
pública Argentina, con la sanción de la ley 23.968, ya que las líneas de
base trazadas en esta norma parten desde el límite lateral marítimo. Por
lo tanto, el mar territorial, sobre el que se reconoce derecho de paso ino­
cente y no libertad de navegación, se extiende desde las líneas de base
hasta las doce millas en la misma zona en que el tratado reconoce libertad
de navegación. La ley no prevé ninguna excepción para el sector del límite
exterior del Río de la Plata.
L O S LÍMITES CON EL U R U G U A Y 143

Con relación a la pesca, más allá de las doce millas


marinas, los buques de ambos ribereños pueden pescar
libremente, aunque dentro de los volúmenes de captura es­
tablecidos y distribuidos por la Comisión técnica mixta33.
Cada una de las Partes puede otorgar, a buques de
terceras banderas, permisos para que pesquen parte de su
cupo de captura. Pero éstos nunca podrán operar más
allá del límite lateral marítimo; es decir, sólo podrán pes­
car en el sector de la zona común de pesca del Estado
que le concedió el permiso (arts. 74 in fine y 75).
Cada una de las Partes deberá ejercer las funciones
de control y vigilancia en su sector, y proporcionar a la
otra los nombres de los buques de su bandera que operen
en la zona común (art. 76). El tratado no se aplica a la
captura de mamíferos acuáticos (art. 77).
Esta zona es común sólo a los efectos de la pesca,
ya que para el aprovechamiento de los demás recursos,
cada Estado es soberano en su sector.
Sin perjuicio de estas disposiciones especiales sobre
minerales y pesca, cada Estado conserva en su sector
todos los derechos residuales de explotación económica
de los demás recursos que le corresponden en su zona
económ ica exclusiva.

B) El límite en el río Uruguay

§ 55. A ntecedentes

El río Uruguay nace en la Sierra del Mar, en Brasil,


y en una zona es el límite entre la Argentina y este país.

33 Conf. infra, Sección B.


144 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

Desde el punto en que se encuentra con el río Cuareim


hasta su desembocadura en el Río de la Plata separa
los territorios de la Argentina y el Uruguay.
Fueron etapas importantes en la negociación del tra­
tado del río Uruguay el tratado Brum -M oreno34, la con­
vención de triangulación35 y el acta Saavedra Lamas-Mar-
tínez T h edy36. En este último instrumento se creaba una
Comisión técnico-mixta, que fue la que hizo posible la
firma del Convenio del 30 de diciembre de 1946 para el
aprovechamiento de los rápidos del río Uruguay en la
zona de Salto G rande37. A fines de la década del cin­
cuenta se firmó entre ambos países el acta Secco Ellau-
ri-Lanús y la Declaración del 7 de marzo de 1958, que
posibilitaron una solución definitiva al problema de lí­
mites mediante la adopción del tratado de límites en el
río Uruguay del 7 de abril de 196138. Este instrumento

34 Llamado así porque fue firmado por Baltasar Brum (Uruguay) y


Enrique Moreno (Argentina) el 28 de septiembre de 1916. Este tratado
establecía la línea divisoria siguiendo el thalweg, y dejaba bajo el dominio
uruguayo las islas situadas al oriente de la línea divisoria y bajo el dominio
argentino las situadas al occidente del mismo. Este tratado nunca entró
en vigor.
35 Entró en vigencia el 3 de febrero de 1922, y disponía que se re­
alizaran los trabajos de triangulación en la zona del río Uruguay. Sin
embargo, al no entrar en vigor el tratado Brum-Moreno, no tuvo una
aplicación práctica.
36 Establece, hasta que se solucione el problema de límites, como
un statu quo la situación existente al primero de enero de 1936.
37 Este convenio entró en vigor en 1958 y disponía expresamente
que las medidas que se adoptaran en su marco “no afectarán a ninguno
de los derechos de las Altas Partes Contratantes relativos a la soberanía
y jurisdicción” (art. 10).
38 El tratado entró en vigor el 19 de enero de 1966. Cabe recordar
que la República Oriental del Uruguay formuló una reserva en el momento
de la firma, en la que reiteró la ya formulada en 1940 respecto de los
derechos que, a su entender, le corresponden en la zona del río Uruguay
deslindada entre la República Argentina y Brasil por la convención com­
Los LÍMITES CON EL U R U GU A Y 145

posibilitó la creación de un ámbito de cooperación entre


los dos países que llevó a la conclusión del Estatuto del
Río Uruguay, aprobado el 26 de febrero de 197539, en el
que se establecen los mecanismos necesarios para el ópti­
mo y racional aprovechamiento de este río (art. 1).

§ 56. Los LÍMITES ESTABLECIDOS


POR EL TRATADO

El tratado regula el límite en el río Uruguay desde


una línea aproximadamente normal a las dos márgenes
del río que pase por las proximidades de la punta sudoeste
de la isla Brasilera hasta el paralelo de Punta Gorda
(art. 1).
Para delimitar las aguas se utilizan los dos criterios,
el canal principal de navegación y la línea media, de­
pendiendo la zona de la que se trate.
El límite se diferencia en las tres zonas:
1. Desde el comienzo en la isla Brasilera hasta la
zona de Ayuí: sigue la línea media del cauce del río en
el momento de la firma del tratado (“cauce actual”). Se
especifica que la línea deberá hacer las inflexiones nece­
sarias para dejar bajo jurisdicción argentina o uruguaya
las islas que se menciona en el artículo (art. 1, A).
2. Desde el Ayuí hasta un punto situado en la zona
de bifurcación de los canales de la Filomena y del Medio,
el lím ite seguirá la línea del canal principal de navegación
(art. 1, B, i).

plementaria de límites Sagarna-Rodríguez Álvarez del 27 de diciembre


de 1927.
39 Los arts. 7 y 8 del tratado establecen la obligación de ambos países
de elaborar el Estatuto para el uso del río, enunciando algunas de las
materias que deberían reglarse en el mismo.
146 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ BLICA A RGEN TIN A

Enclaves uruguayos en el río Uruguay


L O S LÍMITES CON EL U R U GU A Y 147

3. En la zona que se extiende entre la bifurcación de


los canales de la Filomena y del Medio, hasta que conflu­
yen nuevamente, el límite se separa según que se refiera
a las aguas o a las islas: para las aguas, el límite es
la línea que coincide con el eje del canal de la Filomena,
que es el canal principal de navegación, y para las islas, el
límite es el canal del Medio, quedando bajo jurisdicción
argentina las islas situadas al occidente de esa línea y b a ­
jo jurisdicción uruguaya las islas situadas al oriente de la
misma (art. 1, B, ii). Esto ocasiona que queden enclaves
uruguayos en aguas argentinas, por eso el tratado dispone
que se concederá libre y permanente acceso a las mismas.
4. Desde el punto en que confluyen los canales de
la Filomena y del Medio hasta el paralelo de Punta Gorda,
las líneas se unen de nuevo en una única línea limítrofe
a todos los efectos, que correrá coincidentemente con el
eje del canal principal de navegación (art. 1, B, iii).
Se establece expresamente que el límite acordado es
el que corresponde a la condición general del río a la
fecha de suscribirse el tratado, y que tendrá carácter per­
manente e inalterable, no pudiendo ser afectado por los
cambios naturales o artificiales que en el futuro pudieran
sufrir los elementos naturales (art. 3).
Ambos Estados se reconocen recíprocamente la más
amplia libertad de navegación en todo el río, incluso para
los buques de guerra. También reafirman para los buques
de todas las banderas la libertad de navegación tal como
se encuentra establecida por sus respectivas legislaciones
internas y por tratados internacionales vigentes (art. 5).
Igualmente, los Estados se obligan en el tratado a
conservar y mejorar el canal principal de navegación y
su balizamiento en las zonas de su respectiva jurisdicción
fluvial, a fin de otorgar a la navegación las mayores fa­
cilidades y seguridad posibles (art. 6).
A péndice

TEXTOS DE LOS ACUERDOS MÁS RECIENTES

TRATADO DEL RÍO DE LA PLATA


Y SU FRENTE MARÍTIMO
Suscripto entre la República Argentina y la República Oriental
del Uruguay en Montevideo, el 19 de noviembre de 1973

Los Gobiernos de la República Argentina y de la República Oriental


del Uruguay, inspirados en el mismo espíritu de cordialidad y bue­
na armonía que señaló el Protocolo Sáenz Peña-Ramírez de 1910
y reafirmaron la Declaración Conjunta sobre Límite Exterior del
Río de la Plata de 1961 y el Protocolo del Río de la Plata de
1964, animados del propósito común de eliminar las dificultades
que puedan derivarse de toda situación de indefinición jurídica
con relación al ejercicio de sus iguales derechos en el Río de la
Plata y de la falta de determinación del límite entre sus respectivas
jurisdicciones marítimas, y decididos a sentar las bases de una
más amplia cooperación entre los dos Países y estrechar los arrai­
gados vínculos de tradicional amistad y hondo afecto que unen
a sus Pueblos, han resuelto celebrar un Tratado que dé solución
definitiva a aquellos problemas, de acuerdo con las características
especiales de los territorios fluviales y marítimos involucrados y
las exigencias técnicas de su utilización y aprovechamiento inte­
grales, en el marco del respeto a la soberanía y a los derechos
e intereses respectivos de los dos Estados.
Para ese fin han designado como sus Plenipotenciarios la República
Argentina al Excelentísimo Señor Ministro de Relaciones Exte­
riores y Culto Embajador D. Alberto J. Vignes, y la República
150 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

Oriental del Uruguay al Señor Ministro de Relaciones Exteriores


Doctor D. Juan Carlos Blanco, los cuales, después de haber canjea­
do sus respectivos Plenos Poderes que se hallaron en buena y
debida forma, convinieron en los artículos siguientes:

P arte P rimera

RÍO DE LA PLATA

C a p ít u l o I
JURISDICCIÓN

Artículo 1

El Río de la Plata se extiende desde el paralelo de Punta


Gorda hasta la línea recta imaginaria que une Punta del Este
(República Oriental del Uruguay) con Punta Rasa del Cabo San
Antonio (República Argentina), de conformidad a lo dispuesto en
el Tratado de Límites del Río Uruguay del 7 de abril de 1961 y
en la Declaración Conjunta sobre el Límite Exterior del Río de
la Plata del 30 de enero de 1961.

Artículo 2

Se establece una franja de jurisdicción exclusiva adyacente


a las costas de cada Parte en el Río.
Esta franja costera tiene una anchura de siete millas marinas
entre el límite exterior del Río y la línea recta imaginaria que
une Colonia (República Oriental del Uruguay) con Punta Lara
(República Argentina) y desde esta última línea hasta el paralelo
de Punta Gorda tiene una anchura de dos millas marinas. Sin
embargo, sus límites exteriores harán las inflexiones necesarias
para que no sobrepasen los veriles de los canales en las aguas
de uso común y para que queden incluidos los canales de acceso
a los puertos.
Tales límites no se aproximarán a menos de quinientos metros
de los veriles de los canales situados en las aguas de uso común
A p é n d ic e 151

ni se alejarán más de quinientos metros de los veriles y la boca


de los canales de acceso a los puertos.

A rtícu io 3

Fuera de las franjas costeras, la jurisdicción de cada Parte


se aplicará, asimismo, a los buques de su bandera.
La misma jurisdicción se aplicará también a buques de ter­
ceras banderas involucrados en siniestros con buques de dicha
Parte.
No obstante lo establecido en los párrafos primero y segundo,
será aplicable la jurisdicción de una Parte en todos los casos en
que se afecte su seguridad o se cometan ilícitos que tengan efecto
en su territorio, cualquiera fuere la bandera del buque involucrado.
En el caso en que se afecte la seguridad de ambas Partes
o el ilícito tenga efecto en ambos territorios, privará la jurisdicción
de la Parte cuya franja costera esté más próxima que la franja
costera de la otra Parte, respecto del lugar de aprehensión del
buque.

A rtícu lo 4

En los casos no previstos en el artículo 3e y sin perjuicio de


lo establecido específicamente en otras disposiciones del presente
Tratado, será aplicable la jurisdicción de una u otra Parte conforme
al criterio de la mayor proximidad a una u otra franja costera
del lugar en que se produzcan los hechos considerados.

A rtícu lo 5

La autoridad interviniente que verificara un ilícito podrá re­


alizar la persecución del buque infractor hasta el límite de la franja
costera de la otra Parte.
Si el buque infractor penetrara en dicha franja costera, se
solicitará la colaboración de la otra Parte, la que en todos los
casos hará entrega del infractor para su sometimiento a la au­
toridad que inició la represión.
152 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

Artículo 6

Las autoridades de una Parte podrán apresar a un buque


de bandera de la otra cuando sea sorprendido en flagrante violación
de las disposiciones sobre pesca y conservación y preservación de
recursos vivos y sobre contaminación vigentes en las aguas de
uso común, debiendo comunicarlo de inmediato a dicha Parte y
poner el buque infractor a disposición de sus autoridades.

C a p ít u l o II
NAVEGACIÓN Y OBRAS

Artículo 7

Las Partes se reconocen recíprocamente, a perpetuidad y bajo


cualquier circunstancia, la libertad de navegación en todo el Río
para los buques de sus banderas.

Artículo 8

Las Partes se garantizan mutuamente el mantenimiento de


las facilidades que se han otorgado hasta el presente, para el acceso
a sus respectivos puertos.

Artículo 9

Las Partes se obligan recíprocamente a desarrollar en sus


respectivas franjas costeras las ayudas a la navegación y el ba­
lizamiento adecuados y a coordinar el desarrollo de los mismos
en las aguas de uso común, fuera de los canales, en forma tal
de facilitar la navegación y garantizar su seguridad.

Artículo 10

Las Partes tienen derecho al uso, en igualdad de condiciones


y bajo cualquier circunstancia, de todos los canales situados en
las aguas de uso común.
A p é n d ic e 153

A rtícu lo 11

En las aguas de uso común se permitirá la navegación de


buques públicos y privados de los países de la Cuenca del Plata,
y de mercantes, públicos y privados, de terceras banderas, sin
perjuicio de los derechos ya otorgados por las Partes en virtud
de Tratados vigentes. Además, cada Parte permitirá el paso de
buques de guerra de terceras banderas autorizados por la otra,
siempre que no afecte su orden público o su seguridad.

A rtícu lo 12

Fuera de las franjas costeras las Partes, conjunta o individual­


mente, pueden construir canales u otros tipos de obras de acuerdo
con las disposiciones establecidas en los artículos 178 a 22Q.
La Parte que construye o haya construido una obra tendrá
a su cargo el mantenimiento y la administración de la misma.
La Parte que construya o haya construido un canal dictará,
asimismo, la reglamentación respectiva, ejercerá el control de su
cumplimiento con los medios adecuados a ese fin y tendrá a su
cargo la extracción, remoción y demolición de buques, artefactos
navales, aeronaves, restos náufragos o de carga o cualesquiera
otros objetos que constituyan un obstáculo o peligro para la na­
vegación y que se hallen hundidos o encallados en dicha vía.

A rtícu lo 13

En los casos no previstos en el artículo 12®, las Partes coor­


dinarán, a través de la Comisión Administradora, la distribución
razonable de responsabilidades en el mantenimiento, administra­
ción y reglamentación de los distintos tramos de los canales, te­
niendo en cuenta los intereses especiales de cada Parte y las obras
que cada una de ellas hubiese realizado.

A rtícu lo 14

Toda reglamentación referida a los canales situados en las


aguas de uso común y su modificación sustancial o permanente
se efectuará previa consulta con la otra Parte.
154 Los LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

En ningún caso y bajo ninguna circunstancia, una reglamen­


tación podrá causar perjuicio sensible a los intereses de la na­
vegación de cualquiera de las Partes.

A r tíc u lo 15

La responsabilidad civil, penal y administrativa derivada de


hechos que afecten la navegación de un canal, el uso del mismo
o sus instalaciones, estará bajo la competencia de las autoridades
de la Parte que mantiene y administra el canal y se regirá por
su legislación.

A rtíc u lo 16

La Comisión Administradora distribuirá entre las Partes la


obligación de extraer, remover o demoler los buques, artefactos
navales, aeronaves, restos náufragos o de carga, o cualesquiera
otros objetos que constituyan un obstáculo o peligro para la na­
vegación y que se hallen hundidos o encallados, fuera de los ca­
nales, teniendo en cuenta el criterio establecido en el artículo 4a
y los intereses de cada Parte.

A r tícu lo 17

La Parte que proyecte la construcción de nuevos canales, la


modificación o alteración significativa de los ya existentes o la reali­
zación de cualesquiera otras obras, deberá comunicarlo a la Co­
misión Administradora, la cual determinará sumariamente y en
un plazo máximo de treinta días, si el proyecto puede producir
perjuicio sensible al interés de la navegación de la otra Parte o
al régimen del Río.
Si así se resolviere o no se llegase a un acuerdo al respecto,
la Parte interesada deberá notificar el proyecto a la otra Parte
a través de la misma Comisión.
En la notificación deberán figurar los aspectos esenciales de
la obra y, si fuere el caso, el modo de su operación y los demás
datos técnicos que permitan a la Parte notificada hacer una eva­
luación del efecto probable que la obra ocasionará a la navegación
o al régimen del Río.
A p é n d ic e 155

Artículo 18

La Parte notificada dispondrá de un plazo de ciento ochenta


días para expedirse sobre el proyecto, a partir del día en que su
Delegación ante la Comisión Administradora haya recibido la no­
tificación. En el caso de que la documentación mencionada en
el artículo 17fi fuera incompleta, la Parte notificada dispondrá de
treinta días para hacérselo saber a la Parte que proyecta realizar
la obra, por intermedio de la Comisión Administradora.
El plazo de ciento ochenta días precedentemente señalado
sólo comenzará a correr a partir del día en que la Delegación de
la Parte notificada haya recibido la documentación completa.
Este plazo podrá ser prorrogado prudencialmente por la Co­
misión Administradora si la complejidad del proyecto así lo re­
quiriese.

A rtícu lo 19

Si la Parte notificada no opusiera objeciones o no contestara


dentro del plazo establecido en el artículo 18a, la otra Parte podrá
realizar o autorizar la realización de la obra proyectada.
La Parte notificada tendrá, asimismo, derecho a optar por
participar en igualdad de condiciones en la realización de la obra,
en cuyo caso deberá comunicarlo a la otra Parte, por intermedio
de la Comisión Administradora, dentro del mismo plazo a que se
alude en el párrafo primero.

A r tíc u lo 20

La Parte notificada tendrá derecho a inspeccionar las obras


que se estén ejecutando para comprobar si se ajustan al proyecto
presentado.

A rtícu lo 21

Si la Parte notificada llegare a la conclusion de que la eje­


cución de la obra o el programa de operación puede producir per­
juicio sensible a la navegación o al régimen del Río, lo comunicará
156 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

a la otra Parte por intermedio de la Comisión Administradora,


dentro del plazo de ciento ochenta días fijados en el artículo 18®.
La comunicación deberá precisar cuáles aspectos de la obra
o del programa de operación podrán causar un perjuicio sensible
a la navegación o al régimen del Río, las razones técnicas que
permitan llegar a esa conclusión y las modificaciones que sugiera
al proyecto o al programa de operación.

A r tíc u lo 2 2

Si las Partes no llegaran a un acuerdo dentro de los ciento


ochenta días contados a partir de la comunicación a que se refiere
el artículo 21®, se observará el procedimiento indicado en la Parte
Cuarta (Solución de Controversias).

C a p ít u l o III
PRACTICAJE

A rtícu lo 23

La profesión de práctico en el Río sólo será ejercida por los


profesionales habilitados por las autoridades de una u otra Parte.

A rtícu lo 24

Todo buque que zarpe de puerto argentino o uruguayo tomará


práctico de la nacionalidad del puerto de zarpada.
El buque que provenga del exterior del Río tomará práctico
de la nacionalidad del puerto de destino.
El contacto que el buque tenga, fuera de puerto, con la au­
toridad de cualquiera de las Partes, no modificará el criterio ini­
cialmente seguido para determinar la nacionalidad del práctico.
En los demás casos no previstos anteriormente el práctico
podra ser indistintamente argentino o uruguayo.

A rtícu lo 2 5

Terminadas sus tareas de pilotaje, los prácticos argentinos


y uruguayos podrán desembarcar libremente en los puertos de
A p é n d ic e 157

una u otra Parte a los que arriben los buques en los que cumplieron
su cometido.
Las Partes brindarán a los mencionados prácticos las máxi­
mas facilidades para el mejor cumplimiento de su función.

Artículo 2 6

Las Partes establecerán, en sus respectivas reglamentaciones,


normas coincidentes sobre practicaje en el Río y el régimen de
exenciones.

C a p ít u l o IV
FACILIDADES PORTUARIAS, ALIJOS
Y COMPLEMENTOS DE CARGA

Artículo 2 7

Las Partes se comprometen a realizar los estudios y adoptar


las medidas necesarias con vistas a dar la mayor eficacia posible
a sus servicios portuarios, de modo de brindar las mejores con­
diciones de rendimiento y seguridad, y ampliar las facilidades que
mutuamente se otorgan en sus respectivos puertos.

Artículo 28

Sin perjuicio de lo establecido en el artículo 279 las tareas


de alijo y complemento de carga se realizarán, exclusivamente,
en las zonas que fije la Comisión Administradora de acuerdo con
las necesidades técnicas y de seguridad en materia de cargas con­
taminantes o peligrosas.
Habrá siempre un número igual de zonas situadas en la pro­
ximidad de las costas de cada Parte, pero fuera de las respectivas
franjas costeras.

Artículo 29

Las zonas a que se refiere el artículo 28Qpodrán ser utilizadas


indistintamente por cualquiera de las Partes.
158 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

Artículo 30

En las operaciones de alijo intervendrán las autoridades de


la Parte a cuyo puerto tenga destino la carga alijada.

Artículo 31

En las operaciones de complemento de carga intervendrán


las autoridades de la Parte de cuyo puerto provenga la carga com­
plementaria.

Artículo 32

En los casos en que los puertos de destino y de procedencia


de la carga pertenezcan a terceros Estados, las operaciones de
alijo y de complemento de carga serán fiscalizadas por las auto­
ridades argentinas o uruguayas según se realicen respectivamente
en las zonas situadas más próximas a una u otra franja costera,
de conformidad con lo que establece el artículo 28Q.

C a p ít u l o V
SALVAGUARDIA DE LA VIDA HUMANA

Artículo 33

Fuera de las franjas costeras, la autoridad de la Parte que


inicie la operación de búsqueda y rescate tendrá la dirección de
la misma.

Artículo 34

La autoridad que inicie una operación de búsqueda y rescate,


lo comunicará inmediatamente a la autoridad competente de la
otra Parte.
A p é n d ic e 159

Artículo 35

Cuando la magnitud de la operación lo aconseje, la autoridad


de la Parte que la dirige podrá solicitar a la de la otra el concurso
de medios, reteniendo el control de la operación y obligándose a
su vez a suministrar información sobre su desarrollo.

Artículo 36

Cuando por cualquier causa la autoridad de una de las Partes


no pueda iniciar o continuar una operación de búsqueda y rescatef
solicitará a la de la otra que asuma la responsabilidad de la di­
rección y ejecución, facilitándole toda la colaboración posible.

Artículo 37

Las unidades de superficie o aéreas de ambas Partes que


se hallen efectuando operaciones de búsqueda y rescate, podrán
entrar o salir de cualquiera de los respectivos territorios, sin cum­
plir las formalidades exigidas normalmente.

C a p ít u l o VI
SALVAMENTO

Artículo 38

El salvamento de un buque de la bandera de una de las Par­


tes, fuera de las franjas costeras, podrá ser efectuado por la au­
toridad o las empresas de cualquiera de ellas a opción del capitán
o armador del buque siniestrado, sin perjuicio de lo que respecto
de esa opción dispongan las reglamentaciones internas de cada
Parte.
Sin embargo, la tarea de salvamento de un buque de bandera
de cualquiera de las Partes, siniestrado en un canal situado en
las aguas de uso común, se efectuará por la autoridad o las em­
160 LO S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A R G E N TIN A

presas de la Parte que lo administra cuando el buque sinies­


trado constituya un obstáculo o peligro para la navegación en dicho
canal.

A r tíc u lo 3 9

El salvamento de un buque de tercera bandera se efectuará


por la autoridad o las empresas de la Parte cuya franja costera
esté más próxima al lugar en que se encuentre el buque que solicita
asistencia.
No obstante, la tarea de salvamento de un buque de tercera
bandera siniestrado en un canal situado en las aguas de uso común
se efectuará por la autoridad o las empresas de la Parte que admi­
nistra dicho canal.

Artículo 40

Sin perjuicio de lo establecido en los artículos 38Qy 399, cuando


la autoridad o las empresas de la Parte a la que corresponda la
tarea de salvamento desistan de realizarla, dicha tarea podrá ser
efectuada por la autoridad o las empresas de la otra Parte.
El desistimiento a que se refiere el párrafo primero será no­
tificado de inmediato a la otra Parte.

C a p ít u l o VII
LECHO Y SUBSUELO

A r tíc u lo 41

Cada Parte podrá explorar y explotar los recursos del lecho


y del subsuelo del Río en las zonas adyacentes a sus respectivas
costas, hasta la línea determinada por los siguientes puntos geo­
gráficos fijados en las cartas confeccionadas por la Comisión Mixta
Uruguayo-Argentina de Levantamiento Integral del Río de la Plata
publicadas por el Servicio de Hidrografía Naval de la República
Argentina, que forman parte del presente Tratado:
A p é n d ic e 161

Carta H-118, 2e edición, 1972.

Puntos Latitud Sur Longitud Oeste

1 33° 55’ O 58° 25’ 3


2 33° 57’ 3 58° 24’ 3
3 34° 00’ O 58° 22’ 6
4 34“ 02’ 3 58° 20’ 7
5 34° 06’ 2 58° 20’ O
6 34° 07’ 4 58° 19’ 4
7 34° 09’ O 58° 19’ O
8 34° 10’ O 58° 17’ 6
9 34° 12’ O 58° 15’ 1
10 34° 13’ 3 58° 12’ 5
11 34° 15’ 2 58" 10’ O
12 34° 17’ 7 58° 05’ 5
13 34° 20’ O 58° 03’ 9
14 34° 21’ 7 58° 01’ 2
15 34° 22’ 8 58° 00’ 6
16 34° 26’ 6 57° 56’ 4
17 34° 33’ O 57° 56’ 1
18 34° 40’ O 57° 57’ 1

Carta H-117, 28 edición, 1973.

Puntos Latitud Sur Longitud Oeste

19 34° 47’ O 57° 32’ O


20 34° 52’ O 57° 20’ O
21 35° 11’ O 57° 00’ O

Carta H-113, l 9 edición, 1969.

Puntos Latitud Sur Longitud Oeste


22 35° 10’ 3 56" 43’ O
23 35° 38’ O 55° 52’ O

11. B a r b e r is
162 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B L IC A A R G E N TIN A

A rtíc u lo 42

Las instalaciones u otras obras necesarias para la exploración


o explotación de los recursos del lecho y del subsuelo no podrán
interferir la navegación en el Río en los pasajes o canales utilizados
normalmente.

A r tíc u lo 43

El yacimiento o depósito que se extienda a uno y otro lado


de la línea establecida en el artículo 41s, será explotado de forma
tal que la distribución de los volúmenes del recurso que se extraiga
de dicho yacimiento o depósito sea proporcional al volumen del
mismo que se encuentre respectivamente a cada lado de dicha
línea.
Cada Parte realizará la explotación de los yacimientos o de­
pósitos que se hallen en esas condiciones, sin causar perjuicio sen­
sible a la otra Parte y de acuerdo con las exigencias de un apro­
vechamiento integral y racional del recurso, ajustado al criterio
establecido en el párrafo primero.

C apítulo V III

ISLAS

A r tícu lo 44

Las islas existentes o las que en el futuro emerjan en el Río,


pertenecen a una u otra Parte según se hallen a uno u otro lado
de la línea indicada en el artículo 41a, con excepción de lo que
se establece para la Isla Martín García en el artículo 45a.

A rtíc u lo 4 5

La Isla Martín García será destinada exclusivamente a re­


serva natural para la conservación y preservación de la fauna y
flora autóctonas, bajo jurisdicción de la República Argentina, sin
perjuicio de lo establecido en el artículo 63Q.
A p é n d ic e 163

A r tícu lo 4 6

Si la Isla Martín García se uniera en el futuro a otra isla,


el límite correspondiente se trazará siguiendo el perfil de la Isla
Martín García que resulta de la carta H-118 a la que se refiere
el artículo 41s. Sin embargo, los aumentos por aluvión de Martín
García, que afecten sus actuales accesos naturales a los canales
de Martín García (Buenos Aires) y del Infierno, pertenecerán a
esta Isla.

C a p ít u l o IX
C O N T A M IN A C IÓ N

A rtícu lo 4 7

A los efectos del presente Tratado se entiende por contami­


nación la introducción directa o indirecta, por el hombre, en el
medio acuático, de sustancias o energía de las que resulten efectos
nocivos.

A rtícu lo 48

Cada Parte se obliga a proteger y preservar el medio acuático


y, en particular, a prevenir su contaminación, dictando las nor­
mas y adoptando las medidas apropiadas, de conformidad a los
convenios internacionales aplicables y con adecuación, en lo per­
tinente, a las pautas y recomendaciones de los organismos técnicos
internacionales.

A rtícu lo 49

Las Partes se obligan a no disminuir en sus respectivos or­


denamientos jurídicos:
a) las exigencias técnicas en vigor para prevenir la conta­
minación de las aguas, y
b) la severidad de las sanciones establecidas para los casos
de infracción.
164 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

A r tícu lo 5 0

Las Partes se obligan a informarse recíprocamente sobre toda


norma que prevean dictar con relación a la contaminación de las
aguas.

A rtíc u lo 51

Cada Parte será responsable frente a la otra por los daños


inferidos como consecuencia de la contaminación causada por sus
propias actividades o por las de personas físicas o jurídicas do­
miciliadas en su territorio.

A r tíc u lo 52

La jurisdicción de cada Parte respecto de toda infracción co­


metida en materia de contaminación se ejercerá sin perjuicio de
los derechos de la otra Parte a resarcirse de los daños que haya
sufrido, a su vez, como consecuencia de la misma infracción.
A esos efectos, las Partes se prestarán mutua cooperación.

C a p ítu lo X
PESCA

A rtícu lo 53

Cada Parte tiene derecho exclusivo de pesca en la respectiva


franja costera indicada en el artículo 2e.
Fuera de las franjas costeras, las Partes se reconocen mu­
tuamente la libertad de pesca en el Río para los buques de sus
banderas.

A rtícu lo 54

Las Partes acordarán las normas que regularán las activi­


dades de pesca en el Río en relación con la conservación y pre­
servación de los recursos vivos.
A p é n d ic e 165

A rtícu lo 5 5

Cuando la intensidad de la pesca lo haga necesario, las Par­


tes acordarán los volúmenes máximos de captura por especies co­
mo asimismo los ajustes periódicos correspondientes. Dichos vo­
lúmenes de captura serán distribuidos por igual entre las
Partes.

A rtícu lo 5 6

Las Partes intercambiarán, regularmente, la información per­


tinente sobre esfuerzo de pesca y captura por especie así como
sobre la nómina de buques habilitados para pescar en las aguas
de uso común.

C a p ít u l o XI

IN VESTIG ACIÓN

A rtícu lo 5 7

Cada Parte tiene derecho a realizar estudios e investigaciones


de carácter científico en todo el Río, bajo condición de dar aviso
previo a la otra Parte, indicando las características de los mismos,
y de hacer conocer a ésta los resultados obtenidos.
Cada Parte tiene, además, derecho a participar en todas las
fases de cualquier estudio o investigación que emprenda la otra
Parte.

A rtícu lo 5 8

Las Partes promoverán la realización de estudios conjuntos


de carácter científico de interés común y, en especial, los relativos
al levantamiento integral del Río.
166 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

C a p ít u l o XII
COMISIÓN ADMINISTRADORA

A r tíc u lo 59

Las Partes constituyen una comisión mixta que se denominará


Comisión Administradora del Río de la Plata, compuesta de igual
número de delegados por cada una de ellas.

A r tíc u lo 60

La Comisión Administradora gozará de personalidad jurídica


para el cumplimiento de su cometido. Las Partes le asignarán
los recursos necesarios y todos los elementos y facilidades indis­
pensables para su funcionamiento.

A r tíc u lo 61

La Comisión Administradora podrá constituir los órganos téc­


nicos que estime necesarios.
Funcionará en forma permanente y tendrá su correspondiente
Secretaría.

A r tícu lo 62

Las Partes acordarán, por medio de notas reversales, el Es­


tatuto de la Comisión Administradora. Esta dictará su reglamento
interno.

A r tícu lo 63

Las Partes acuerdan asignar como sede de la Comisión Ad­


ministradora la Isla Martín García.
La Comisión Administradora dispondrá de los locales y te­
rrenos adecuados para su funcionamiento y construirá y admi­
nistrará un parque dedicado a la memoria de los héroes comunes
A p é n d ic e 167

a ambos pueblos, respetando la jurisdicción y el destino convenidos


en el artículo 45s. La República Argentina dispondrá de los locales,
instalaciones y terrenos para el ejercicio de su jurisdicción.
En el acuerdo de sede correspondiente se incluirán las dis­
posiciones que regulen las relaciones entre la República Argentina
y la Comisión, sobre la base de que la sede asignada de conformidad
con el párrafo primero está amparada por la inviolabilidad y demás
privilegios establecidos por el Derecho Internacional.

A rtícu lo 64

La Comisión Administradora celebrará, oportunamente, con


ambas Partes, los acuerdos conducentes a precisar los privilegios
e inmunidades reconocidos por la práctica internacional a los
miembros y personal de la misma.

A rtícu lo 65

Para la adopción de las decisiones de la Comisión Adminis­


tradora cada Delegación tendrá un voto.

A rtícu lo 66

La Comisión Administradora desempeñará las siguientes fun­


ciones:
a) promover la realización conjunta de estudios e investiga­
ciones de carácter científico, con especial referencia a la
evaluación, conservación y preservación de los recursos vi­
vos y su racional explotación y la prevención y eliminación
de la contaminación y otros efectos nocivos que puedan
derivar del uso, exploración y explotación de las aguas del
Río;
b) dictar las normas reguladoras de la actividad de pesca
en el Río en relación con la conservación y preservación
de los recursos vivos;
c) coordinar las normas reglamentarias sobre practicaje;
168 L O S LÍMITES DE LA RE PÚ B LIC A A'RGENTINA

d) coordinar la adopción de planes, manuales, terminología y


medios de comunicación comunes en materia de búsqueda
y rescate;
e) establecer el procedimiento a seguir y la información a
suministrar en los casos en que las unidades de una Parte
que participen en operaciones de búsqueda y rescate in­
gresen al territorio de la otra o salgan de él;
f) determinar las formalidades a cumplir en los casos en que
deba ser introducido, transitoriamente, en territorio de la
otra Parte, material para la ejecución de operaciones de
búsqueda y rescate;
g) coordinar las ayudas a la navegación y el balizamiento;
h) fijar las zonas de alijo y complemento de carga conforme
a lo establecido en el artículo 28s;
i) transmitir en forma expedita, a las Partes, las comuni­
caciones, consultas, informaciones y notificaciones que las
mismas se efectúen de conformidad a la Parte Primera
del presente Tratado;
j) cumplir las otras funciones que le han sido asignadas por
el presente Tratado y aquellas que las Partes convengan
otorgarle en su Estatuto o por medio de notas reversales
u otras formas de acuerdo.

Artículo 67

La Comisión Administradora informará periódicamente a los


Gobiernos de cada una de las Partes sobre el desarrollo de sus
actividades.

C a p ít u l o XIII

PROCEDIMIENTO CONCILIATORIO

Artículo 68

Cualquier controversia que se suscitare entre las Partes con


relación al Río de la Plata será considerada por la Comisión Ad­
ministradora, a propuesta de cualquiera de ellas.
A p é n d ic e 169

Artículo 69

Si en el término de ciento veinte días la Comisión no lograra


llegar a un acuerdo, lo notificará a ambas Partes, las que pro­
curarán solucionar la cuestión por negociaciones directas.

Parte Segunda

FRENTE MARÍTIM O

C a p ít u l o XIV
LÍMITE LATERAL MARÍTIMO

Artículo 70

El límite lateral marítimo y el de la plataforma continental,


entre la República Oriental del Uruguay y la República Argentina,
está definido por la línea de equidistancia determinada por el mé­
todo de costas adyacentes, que parte del punto medio de la línea
de base constituida por la recta imaginaria que une Punta del
Este (República Oriental del Uruguay) con Punta Rasa del Cabo
San Antonio (República Argentina).

Artículo 71

El yacimiento o depósito que se extienda a uno y otro lado


del límite establecido en el artículo 70s, será explotado en forma
tal que la distribución de los volúmenes del recurso que se extraiga
de dicho yacimiento o depósito sea proporcional al volumen del
mismo que se encuentre respectivamente a cada lado de dicho
límite.
Cada Parte realizará la explotación de los yacimientos o de­
pósitos que se hallen en esas condiciones sin causar perjuicio sen­
sible a la otra Parte y de acuerdo con las exigencias de un apro­
vechamiento integral y racional del recurso, ajustado al criterio
establecido en el párrafo primero.
170 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B L IC A A R G E N TIN A

C a p ít u l o XV
NAVEGACIÓN

Artículo 72

Ambas Partes garantizan la libertad de navegación y sobre­


vuelo en los mares bajo sus respectivas jurisdicciones más allá
de las doce millas marinas medidas desde las correspondientes
líneas de base y en la desembocadura del Río de la Plata a partir
de su límite exterior, sin otras restricciones que las derivadas del
ejercicio, por cada Parte, de sus potestades en materia de explo­
ración, conservación y explotación de recursos; protección y pre­
servación del medio; investigación científica y construcción y em­
plazamiento de instalaciones y las referidas en el artículo 86s.

C a p ít u l o XVI
PESCA

Artículo 73

Las Partes acuerdan establecer una zona común de pesca,


más allá de las doce millas marinas medidas desde las corres­
pondientes líneas de base costeras, para los buques de su bandera
debidamente matriculados. Dicha zona es la determinada por dos
arcos de circunferencias de doscientas millas marinas de radio,
cuyos centros de trazado están ubicados respectivamente en Punta
del Este (República Oriental del Uruguay) y en Punta Rasa del
Cabo San Antonio (República Argentina).

Artículo 74

Los volúmenes de captura por especies se distribuirán en for­


ma equitativa, proporcional a la riqueza ictícola que aporta cada
una de las Partes, evaluada en base a criterios científicos y eco­
nómicos.
A p é n d ic e 171

El volumen de captura que una de las Partes autorice a bu­


ques de terceras banderas se imputará al cupo que corresponda
a dicha Parte.

Artículo 75

Las áreas establecidas en los permisos de pesca que la Re­


pública Argentina y la República Oriental del Uruguay expidan
a buques de terceras banderas en sus respectivas jurisdicciones
marítimas, no podrán exceder la línea fijada en el artículo 70®.

Artículo 76

Las Partes ejercerán las correspondientes funciones de control


y vigilancia a ambos lados, respectivamente, de la línea a que
se refiere el artículo 75a y las coordinarán adecuadamente.
Las Partes intercambiarán la nómina de los buques de sus
respectivas banderas que operen en la zona común.

Artículo 77

En ningún caso las disposiciones de este capítulo son apli­


cables a la captura de mamíferos acuáticos.

C a p ít u l o XVII
CONTAMINACIÓN

Artículo 78

Se prohíbe el vertimiento de hidrocarburos provenientes del


lavado de tanques, achique de sentinas y de lastre y, en general,
cualquier otra acción capaz de tener efectos contaminantes, en
la zona comprendida entre las siguientes líneas imaginarias:
a) partiendo de Punta del Este (República Oriental del Uru­
guay) hasta
b) un punto de latitud 36° 14’ Sur, longitud 53° 32’ Oeste; de
aquí hasta
172 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

c) un punto de latitud 37° 32’ Sur, longitud 55° 23’ Oeste; de


aquí hasta
d) Punta Rasa del Cabo Antonio (República Argentina) y fi­
nalmente desde este punto hasta el inicial en Punta del
Este.

C a p ít u l o XVIII
INVESTIGACIÓN

Artículo 79

Cada Parte autorizará a la otra a efectuar estudios e inves­


tigaciones de carácter exclusivamente científico en su respectiva
jurisdicción marítima dentro de la zona de interés común deter­
minada en el artículo 73u, siempre que le haya dado aviso previo
con la adecuada antelación e indicado las características de los
estudios o investigaciones a realizarse, y las áreas y plazos en
que se efectuarán.
Esta autorización sólo podrá ser denegada en circunstancias
excepcionales y por períodos limitados.
La Parte autorizante tiene derecho a participar en todas las
fases de esos estudios e investigaciones y a conocer y disponer
de sus resultados.

C a p ít u l o XIX
COMISIÓN TÉCNICA MIXTA

Artículo 80

Las Partes constituyen una Comisión Técnica Mixta compues­


ta de igual número de delegados por cada Parte, que tendrá por
cometido la realización de estudios y la adopción y coordinación
de planes y medidas relativas a la conservación, preservación y
racional explotación de los recursos vivos y a la protección del
medio marino en la zona de interés común que se determina en
el artículo 73Q.
A p é n d ic e 173

Artículo 81

La Comisión Técnica Mixta gozará de personalidad para el


cumplimiento de su cometido y dispondrá de los fondos necesarios
a esos efectos.

Artículo 82

La Comisión Técnica Mixta desempeñará las siguientes fun­


ciones:
a) fijar los volúmenes de captura por especie y distribuirlos
entre las Partes, de conformidad a lo establecido en el
artículo 74s, así como ajustarlos periódicamente;
b) promover la realización conjunta de estudios e investiga­
ciones de carácter científico, particularmente dentro de la
zona de interés común, con especial referencia a la eva­
luación, conservación y preservación de los recursos vivos
y su racional explotación y a la prevención y eliminación
de la contaminación y otros efectos nocivos que puedan
derivar del uso, exploración y explotación del medio ma­
rino;
c) formular recomendaciones y presentar proyectos tendien­
tes a asegurar el mantenimiento del valor y equilibrio en
los sistemas bioecológicos;
d) establecer normas y medidas relativas a la explotación
racional de las especies en la zona de interés común y a
la prevención y eliminación de la contaminación;
e) estructurar planes de preservación, conservación y desa­
rrollo de los recursos vivos en la zona de interés común,
que serán sometidos a la consideración de los respectivos
Gobiernos;
f) promover estudios y presentar proyectos sobre armoniza­
ción de las legislaciones de las Partes respectivas a las
materias que son objeto del cometido de la Comisión;
g) transmitir, en forma expedita, a las Partes las comuni­
caciones, consultas e informaciones que las mismas se in­
tercambien de acuerdo con lo dispuesto en la Parte Se­
gunda del presente Tratado;
174 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

h) cumplir las demás funciones que las Partes le asignen


en su Estatuto, o por medio de notas reversales u otras
formas de acuerdo.

Artículo 83

La Comisión Técnica Mixta tendrá su sede en la Ciudad de


Montevideo, pero podrá reunirse en los territorios de ambas Partes.

Artículo 84

Las Partes acordarán, por medio de notas reversales, el Es­


tatuto de la Comisión Técnica Mixta. Esta dictará su reglamento
interno.

P arte T ercera

DEFENS A

C a p ít u l o XX

Artículo 85

Las cuestiones relativas a la defensa de toda el área focal


del Río de la Plata son de competencia exclusiva de las Partes.

Artículo 86

En ejercicio de su propia defensa ante amenaza de agresión,


cada Parte podrá adoptar las medidas necesarias y transitorias
para ello en dicha área focal, fuera de las respectivas franjas cos­
teras de jurisdicción exclusiva en el Río de la Plata y de una
franja de doce millas marinas a partir de las respectivas líneas
de base costeras del mar territorial, sin causar perjuicios sensibles
a la otra Parte.
A p é n d ic e 175

P arte C uarta

SOLUCIÓN DE CONTROVERSIAS

C a p ít u l o XXI

Artículo 87

Toda controversia acerca de la interpretación o aplicación del


presente Tratado, que no pudiere solucionarse por negociaciones
directas, podrá ser sometida, por cualquiera de las Partes, a la
Corte Internacional de Justicia.
En los casos a que se refieren los artículos 68s y 69s, cualquiera
de las Partes podrá someter toda controversia sobre la interpre­
tación o aplicación del presente Tratado a la Corte Internacional
de Justicia cuando dicha controversia no hubiese podido solucio­
narse dentro de los ciento ochenta días siguientes a la notificación
aludida en el artículo 69Q.

P arte Q uinta

DISPOSICIONES TRANSITORIAS
Y FINALES

C a p ít u l o XXII

DISPOSICIONES TRANSITORIAS

Artículo 88

Hasta tanto la Comisión Administradora fije las zonas de ali­


jos y complementos de carga referidas en el artículo 28s, se es­
tablecen, a esos efectos, las siguientes zonas:
Zona A: entre los paralelos de latitud Sur 35° 04’ y 35° 08’
y entre los meridianos de longitud Oeste 56° 00’ y 56° 02’;
176 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

Zona B: entre los paralelos de latitud Sur 35° 30’ y 35° 33’
y entre los meridianos de longitud Oeste 56" 30’ y 56° 36’.

A rtícu lo 89

La Comisión Administradora se constituirá dentro de los se­


senta días siguientes al canje de los instrumentos de ratificación
del presente Tratado.

A r tíc u lo 90

Las Partes publicarán oportunamente, en las cartas marinas


correspondientes, el trazado del límite lateral marítimo.

A r tíc u lo 91

La Comisión Técnica Mixta se constituirá dentro de los se­


senta días siguientes al canje de los instrumentos de ratificación
del presente Tratado.

C a p ít u l o XXIII

RATIFICACIÓN Y ENTRADA EN VIGOR

A r tícu lo 92

El presente Tratado será ratificado de acuerdo con los pro­


cedimientos previstos en los respectivos ordenamientos jurídicos
de las Partes y entrará en vigor por el canje de los instrumen­
tos de ratificación que se realizará en la Ciudad de Buenos
Aires,
En fe de lo cual, los Plenipotenciarios arriba mencionados
firman y sellan dos ejemplares del mismo tenor en la Ciudad de
Montevideo a los diecinueve días del mes de noviembre de mil
novecientos setenta y tres.
Firm antes-. A l b e r t o J . V ig n e s . J u an C a r lo s B l a n c o .
A p é n d ic e 177

ACUERDO ENTRE LA REPÚBLICA ARGENTINA


Y LA REPÚBLICA DE CHILE
PARA PRECISAR EL RECORRIDO DEL LÍMITE
DESDE EL MONTE FITZ ROY
HASTA EL CERRO DAUDET

La República Argentina y la República de Chile, en adelante las


Partes;
d e s e o s a s de completar la demarcación de la frontera común;
TENIENDO PRESENTE el Tratado de Límites de fecha 23 de julio de
1881, el Protocolo de fecha 1 de mayo de 1893 y demás instru­
mentos aplicables en la materia objeto del presente Acuerdo;
r e c o r d a n d o los propósitos señalados en la Declaración Presidencial
de fecha 2 de agosto de 1991;
d e c id id a s a intensificar las relaciones de vecindad que se expresan
en una auténtica y efectiva integración;
acuerdan:

Artículo 1

Las Partes, con el fin de precisar el recorrido del límite entre


ambos países desde el Monte Fitz Roy hasta el Cerro Daudet,
establecen dos secciones conforme a lo que se indica a continuación:

Sección A

Desde el Cerro Murallón hasta el Cerro Daudet.


La línea del límite queda determinada de la siguiente manera:
partiendo desde el Cerro Murallón la línea sigue la divisoria de
aguas que pasa por los cerros Torino Este, Bertrand-Agassiz Norte,
Agassiz Sur, Bolados, Onelli Central, Spegazzini Norte y Spegaz-
zini Sur.
A partir del Cerro Spegazzini Sur, la línea prosigue mediante
segmentos de recta que unen, sucesivamente, los puntos señalados
con las letras A, B, C, D, E, F, G, H, I y J.

12. B a r b e r is
178 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

Entre el punto J y el identificado con la letra K la línea


corre por la divisoria de aguas determinada por ambos puntos.
Desde el punto K la línea continúa mediante segmentos de recta
que unen los puntos identificados con las letras L y M.
Desde el punto M la línea sigue por la divisoria de aguas
hasta el punto señalado con la letra N, desde donde continúa por
la divisoria de aguas que une este último punto con los cerros
Pietrobelli, Gardener, Cacique Casimiro y el punto Ñ. Enseguida,
mediante un segmento de recta la línea alcanza el punto identi­
ficado con la letra O.
Desde el punto O la línea se dirige por medio de un segmento
de recta al cerro Teniente Feilberg, desde donde prosigue por la
divisoria de aguas que la conduce hasta el punto identificado con
la letra P.
Desde el punto P la línea prosigue uniendo, mediante seg­
mentos de recta, el punto Q, el Cerro Stokes, los puntos R, S,
T y el Cerro Daudet, donde termina su recorrido.
Las coordenadas de los puntos antes indicados figuran en
el Anexo I del presente Acuerdo. La traza antes descripta, que
ha sido representada en la imagen satelital Spot (escenas pan-
cromáticas), escala 1:100.000, se incluye a modo ilustrativo y refe-
rencial en el Anexo II del presente Acuerdo.
Para la demarcación en el terreno las Partes encomiendan
a la Comisión Mixta de Límites Argentina-Chile, conforme a lo
dispuesto en el Protocolo de Reposición y Colocación de Hitos en
la Frontera Argentino-Chilena de fecha 16 de abril de 1941 y en el
Plan de Trabajos y Disposiciones Generales, la realización de los
levantamientos a fin de confeccionar conjuntamente una carta a
escala 1:50.000 como requisito imprescindible para llevar a cabo
la referida demarcación.

Sección B

Desde la cumbre del Monte Fitz Roy hasta el Cerro Murallón.


Desde la cumbre del Monte Fitz Roy la línea descenderá por
la divisoria de aguas hasta un punto de coordenadas X = 4.541.630
Y = 1.424.600. De allí proseguirá en línea recta hasta un punto
situado en coordenadas X = 4.540.950 Y = 1.421.200, siendo la tra­
za descripta representada en la imagen satelital Spot (escenas
pancromáticas), escala 1:100.000, que se incluye a modo ilustrativo
y referencial en el Anexo II del presente Acuerdo.
A p é n d ic e 179

Desde el último punto indicado en el párrafo precedente la


línea seguirá por el paralelo del lugar hacia el Occidente, y será
trazada dando cumplimiento a lo dispuesto en los instrumentos
aplicables que se establecen en el Protocolo sobre Reposición y
Colocación de Hitos en la Frontera Argéndno-Chilena de fecha
16 de abril de 1941 y en el Plan de Trabajos y Disposiciones Ge­
nerales que rige a la Comisión Mixta de Límites Argentina-Chile,
en particular el Punto 1.21 de este último.
En el área determinada entre los paralelos de Latitud Sur
49° 10’ 00” y 49° 47’ 30” y los meridianos de Longitud Oeste 73°
38’ 00” y 72° 59’ 00”, según sistema de coordenadas geográficas Campo
Inchauspe 1969, las Partes encomiendan a la Comisión Mixta de
Límites Argentina-Chile la realización del levantamiento a fin de con­
feccionar conjuntamente la carta a escala 1:50.000, conforme a
lo dispuesto en el citado Protocolo de 1941 y en sus documentos
conexos. Dicho levantamiento cartográfico en la mencionada es­
cala constituirá un requisito imprescindible para llevar a cabo la
demarcación en el terreno.
Las coordenadas señaladas precedentemente figuran en el
Anexo I del presente Acuerdo en el sistema WGS 84.
En este sector no será aplicable el Protocolo Específico Adi­
cional sobre Recursos Hídricos Compartidos de fecha 2 de agosto
de 1991.

Artículo II

Las coordenadas de la Sección A indicadas en el Anexo I del


presente Acuerdo, corresponden a valores establecidos por los sis­
temas de proyección Conforme Gauss Krügger (Datum Geodésico
Campo Inchauspe, 1969) y WGS 84.
En la Sección B establecida en el Artículo I del presente Acuer­
do, los valores de las coordenadas a partir del Monte Fitz Roy
están referidos al Punto Astronómico Hito 62 de la Comisión Mixta
de Límites Argentina-Chile. En el Anexo I se indican estas últimas
coordenadas en dicho sistema y en el sistema WGS 84.

Artículo III

En el marco del presente Acuerdo las Partes declaran que


todas las aguas que fluyen hacia y desaguan por el río Santa
180 L O S LÍMITES DE LA R E PÚ B LIC A A R G E N TIN A

Cruz serán consideradas a todos los efectos como recurso hídrico


propio de la República Argentina. Asimismo, serán consideradas
a todos los efectos como recurso hídrico propio de la República
de Chile las aguas que fluyen hacia los fiordos oceánicos.
Cada parte se compromete a no alterar, en cantidad y calidad,
los recursos hídricos exclusivos que corresponden a la otra Parte
en virtud del presente Acuerdo.

Artículo IV

Las Partes cooperaran estrechamente a fin de aplicar estrictas


medidas de protección del medio ambiente en el sector objeto
del presente Acuerdo y promoverán actividades científicas conjun­
tas y otros usos susceptibles de realizarse acorde con las caracterís­
ticas naturales de las áreas protegidas, conforme a las disposi­
ciones del Tratado sobre Medio Ambiente de fecha 2 de agosto
de 1991.

Artículo V

Las Partes se comprometen a adoptar medidas eficaces para


prevenir y enfrentar situaciones de emergencia y catástrofes que
pudieran sobrevenir y que afecten las actividades que se realicen
en el sector objeto del presente Acuerdo. En virtud de estas me­
didas se facilitarán los medios de auxilio más adecuados dispo­
nibles, de acuerdo con los procedimientos vigentes.

Artículo VI

Forman parte integrante del presente Acuerdo, los Anexos


I y II.

Artículo VII

El presente Acuerdo entrará en vigor en la fecha del canje


de los instrumentos de ratificación.
A p é n d ic e 181

Hecho en la ciudad de Buenos Aires, a los dieciséis días del


mes de diciembre de mil novecientos noventa y ocho, en dos ejem­
plares del mismo tenor, siendo ambos igualmente auténticos.

Por la República Argentina Por la República de Chile


G u id o D i T e l l a J o s é M i g u e l I n s u lz a