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Mario Enrique La Riva Málaga

Diversidad política intrarregional Cuzqueña.

Después de una jornada electoral como la del 3 de octubre, me queda la


sensación que la diversidad de cultural, de la región Cuzco, se reflejará en la
diversidad política resultante, esta vez con poder para gobernar y calar a fondo
tanto en la gobernabilidad como en su gobernanza.

Soy de los que opinan que la abundancia de candidaturas es una riqueza que
vale la pena aprender administrar, antes que desalentar o intentar suprimir
legalmente, soy de los que piensan que la diversidad de candidatos, con sus
correspondientes candidatas, son más bien una tarea a enfrentar y saber
gestionar, dejando que, tanto la acción ciudadana como la iniciativa popular, se
encarguen de dirimir.

Los meses de campaña electoral regional pusieron en evidencia, a pesar de los


deseos de diferenciación, una tendencia a buscar un protagonismo regional
cuzqueño en el contexto nacional y aún más ambiciosamente, en el contexto
internacional. En el contexto nacional como una urgencia de ver respetados los
fueros regionales ante, las no bien disimuladas, tendencias centralistas
Limeñas y finalmente en el contexto internacional, dado que Cuzco sigue y
seguirá siendo un foco cultural propio y auténtico con tremendas urgencias de
surgir y mostrar vigencias múltiples, no solo turísticas por cierto.

La gama de izquierda a derecha, como categorìas para los movimientos locales


y regionales cuzqueños, se evidencia como insuficiente, casi como si fuera un
debate antiguo, con a lo más 200 años de antiguedad y realizado muy lejos y
en idioma francés. Los debates preelectorales tuvieron partes integras en Runa
Simi, hasta saludos en Matsiguenga, donde fue pertinente, entre otros. Lo
anterior dejando traslucir diversidades de pensamiento y aspiraciones,
conforme entrábamos en lo profundo de la región.

No han estado ausentes pedidos de autonomía reclamando más respeto y


consideraciones al gobierno central, por supuesto que estos pedidos
autonómicos han venido en diversos tonos y voces, lo que demuestra una
ansia regional que todavía no ve formas claras de operacionalizarse.

Movimientos políticos regionales y subregionales se ha hecho patentes,


quedando evidenciados por los triunfos de candidatos desconocidos más allá
de contextos locales y hasta comunales. Lo anterior sin duda es un reto para el
triunfador del gobierno regional que tendrá que vérselas con el desafìo
democrático de convocar a los ganadores de otros partidos y movimientos
dentro de la región, un ejemplo por cierto que puede, de ser exitoso,
convertirse en un paradigma más que regional, más que nacional.