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EL TELÉFONO DE MEUCCI

Uno de sus empleados vino un día de 1849 a pedirle que le sacase un tremendo dolor
de cabeza. Meucci le hizo sostener en una mano una lengüeta de cobre y en la otra el
mango de corcho de un instrumento
que tenía otra lengüeta metálica y le
pidió que introdujera esta última en la
boca cuando se lo ordenase. En tales
condiciones, el “paciente” sería
atravesado durante unos instantes por
una corriente eléctrica suministrada por
las pilas que tenía en su taller de
galvanostegia.

Al aplicar este procedimiento, tuvo


lugar una casualidad afortunada porque
Meucci, queriendo tener una idea de la
intensidad de la corriente que
atravesaba a su paciente, de vez en
cuando se insertaba en serie con él,
como era costumbre en la época. Con esta intención, sostenía en la mano un
instrumento igual al que el paciente debía introducirse en la boca, cerrando luego el
circuito con la batería.

Sucedió entonces que cuando el paciente se metió en la boca la lengüeta, emitió un


grito al recibir la sacudida eléctrica que se calcula era de unos 115 V. Meucci describió
así lo que pasó entonces:

“Pensé haber oído este sonido más claramente que si fuese natural. Entonces acerqué
el cobre de mi instrumento a la oreja y oí el sonido de su voz a
través del alambre. Esta fue mi primera impresión y el origen
de mi idea de la transmisión de la voz humana por medio de la
electricidad”.

No se sabe si el enfermo tuvo mejoría de su dolor de cabeza


pero lo cierto es que a partir de ese momento se transformó
en un colaborador y lo sometió a una nutrida serie de
experimentos que no eran ya de electroterapia sino de
telefonía.

Meucci añadió un cono de cartón alrededor del instrumento del paciente que en
adelante sostendría en sus manos uno solo ya que no era necesario que fuese
atravesado por la corriente e hizo variar el número de elementos de su batería pera ver
hasta qué punto podía disminuirse la tensión. Estas son de nuevo sus palabras:

“Ordené al individuo enfermo que repitiese la operación anterior y que no tuviese


ningún temor de la electricidad y que hablase libremente dentro del cono. Lo hizo
inmediatamente. Se llevó el cono a la boca y yo el mío a la oreja. En el momento que
habló, yo recibí el sonido de la palabra, no clara sino como un murmullo. A partir de
ese momento reconocí que había obtenido la transmisión de la palabra por medio de
un alambre conductor y le puse inmediatamente el nombre de telégrafo parlante”.

Hacia 1850 comenzó a diseñar prototipos telefónicos. Alrededor del año 1854 Meucci
construyó un teléfono para conectar su oficina con su dormitorio ubicado en el
segundo piso, debido al reumatismo de su esposa. Sin embargo carecía del dinero
suficiente para patentar su invento, por lo que lo presentó a una empresa que no solo
no le prestó atención, sino que tampoco le devolvió los materiales.

En 1860 Meucci sacó a la luz su invento. En una demostración pública, la voz de la


cantante Rita Montaner es reproducida a una considerable distancia. La prensa italiana
de Nueva York publica una descripción del invento y un tal Sr. Bendelari se lleva a Italia
un prototipo y documentación para producirlo allí, pero no se vuelve a saber de él,
como tampoco se materializa ninguna de las ofertas que surgen tras la demostración.

Meucci, en una situación económica precaria, se ve obligado a vender los derechos de


sus otros inventos para sostenerse y a duras penas puede ir pagando los gastos de la
patente del teléfono. Un accidente, la explosión del vapor Westfield, del que sale con
severas quemaduras, obliga a su esposa a vender los trabajos de Antonio a un
prestamista por 6 dólares. Cuando, una vez repuesto, vuelve para recuperarlos, la casa
de empeño dice haberlos vendido a un hombre joven al que nunca se pudo identificar

Trabaja intensamente en la reconstrucción de su mayor invento, consciente de que


alguien puede robarle la patente, pero incapaz de reunir los 250 dólares que cuesta la
patente definitiva, tiene que conformarse
con un trámite preliminar de presentación de
documentación que registra el 28 de
diciembre de 1871. Lo bautizó con el nombre
de “teletrófono“. Para renovar esa patente
debía pagar diez dólares cada año. El
científico italiano cumplió esta obligación los
dos primeros, pero en 1874 la carencia de
recursos y otras dificultades le impidieron
hacer el pago en el tiempo establecido, por
lo que se vio privado de la patente definitiva
sobre la invención del teléfono.

En 1876, Alexander Graham Bell registró una patente que realmente no describe el
teléfono pero lo refiere como tal. Cuando Meucci se enteró, pidió a su abogado que
reclamara ante la oficina de patentes de los Estados Unidos en Washington, algo que
nunca sucedió. Sin embargo, un amigo que tenía contactos en Washington, se enteró
de que toda la documentación referente al telégrafo parlante registrada por Meucci se
había perdido. Una investigación posterior puso en evidencia un delito de
prevaricación por parte de algunos empleados de la oficina de patentes con la
compañía de Bell. En un litigio posterior entre Bell y Western Union, afloró que existía
un acuerdo por el cual Bell pagaría a la Western Union un 20% de los beneficios
derivados de la comercialización de su invento durante 17 años.

En el proceso legal de 1886 tuvo que lidiar incluso contra sus propios abogados,
presionados por el poderoso Bell. Pero Meucci supo hacer entender al juez que no
cabía duda en cuanto a la autoría del invento registrado. A pesar de la declaración
pública del entonces Secretario de Estado: “existen suficientes pruebas para dar
prioridad a Meucci en la invención del teléfono", el gobierno de los Estados Unidos
inició acciones legales por fraude contra la patente de Bell y el proceso fue
embarrancado en el arenal de los recursos por sus abogados, hasta cerrarse con la
muerte de Meucci en 1889.

El 11 de junio de 2002, el Boletín Oficial de la Cámara de Representantes de los EE.UU.


publica la Resolución Nº269 por la que se honra la vida y el trabajo de inventor
italoestadounidense. En la misma se reconoce que fue más bien Meucci antes que
Graham Bell quien fue el inventor del teléfono. Reconoce además que demostró y
publicó su invento en 1860 y concluye con un reconocimiento a su realización en dicha
invención.

En cuanto tiene el acuse de recibo de Patentes, vuelve a empeñarse en demostrar las


posibilidades de su invento. Para ello, ofrece una demostración del telégrafo parlante a
un empresario llamado Edward B. Grant, vicepresidente de una filial de la Western
Union Telegraph Company. Cada vez que Meucci trataba de avanzar, se le decía que no
había hueco para su demostración, así que a los dos años, pidió que le devolvieran su
material, a lo que le contestaron que se había perdido.

Buscó entonces apoyo económico y presentó su teletrófono a la Western Union, pero


la famosa compañía de telégrafos rechazó la oferta. En 1876 y para su sorpresa y
desgracia el físico de origen escocés Graham Bell patentó un aparato
de transmisión de voz al que llamó teléfono. El científico italiano
reclamó sus derechos en los tribunales pero murió sin que nadie
reconociera su aportación a uno de los principales inventos del siglo
XX.
Durante más de un siglo se mantuvo el error de atribuir a Graham Bell la paternidad
del teléfono hasta que finalmente, el 11 de junio de 2002, el Congreso de los Estados
Unidos reconoció oficialmente a Meucci como su verdadero inventor.

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