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Apuntes sobre David Le Breton y su pensamiento

David Le Breton (62 años) es profesor de la Universidad de Estrasburgo, miembro del


Instituto Universitario de Francia e investigador y miembro del Laboratorio “Culturas y
Sociedades en Europa”.

Es uno de los autores franceses contemporáneos más destacados en estudios


antropológicos. Ha escrito innumerables artículos y más de 20 libros (traducidos a los
más diversos idiomas) en relación a la temática del cuerpo humano y su construcción
social y cultural.

Le Breton advierte acerca del avance de una nueva ideología donde el antiguo dualismo
mente-cuerpo es sustituido por el de hombre opuesto al cuerpo. Se intenta cambiar el
cuerpo, dice, para luego cambiar la vida. El fisicoculturismo, la cirugía estética, los
cosméticos van en esa línea. En los 60 la ideología era cambiar el mundo, la actual es
cambiar mi cuerpo.

El cuerpo es considerado hoy día como un accesorio a modelar, una “prótesis de la


identidad”, del que hay que tomar posesión agregándole la marca propia, como los
tatuajes, los piercings, los implantes, los brandlings, burnings y cutings. Estas marcas
pueden interpretarse como una especie de “código de barras” que hacen único al sujeto.

A través del cuerpo Le Breton analiza las características del mundo contemporáneo,
donde la mercancía y la marca toman el relevo de las antiguas adhesiones colectivas.
“Pensar el cuerpo es pensar el mundo; es un tema político mayor”, advierte Le Breton.

A falta de grandes relatos para orientarse en la existencia, las marcas o los productos
sugieren finalmente los pequeños relatos para existir a pesar de todo. En vez de ejercer
un control de su existencia en un mundo inaprensible, el cuerpo es un objeto disponible
sobre el cual alimentar por último una soberanía. La devaluación de lo social lleva a un
centramiento acrecentado en sí mismo. El repliegue en el cuerpo y la apariencia es un
medio de reducir la incertidumbre buscando límites simbólicos próximos. En un mundo
mercantilizado, donde la desligazón social libera al individuo de sus ataduras
identitarias, promoviendo el individualismo, importa tener un cuerpo en sí, un cuerpo
para sí. El cuerpo ya no determina más la identidad, está a su servicio.

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El investimento del cuerpo propio responde a la descomposición del lazo social y por
tanto, al alejamiento del otro.

Las tecnologías contemporáneas dan el sentimiento de un poder de acción simbólica


sobre su cuerpo y sus orígenes. El individuo rechaza ver su cuerpo como una raíz
identitaria y quiere disponer de él para darle una forma que no le pertenece más que a
él. La modificación corporal deviene un distintivo identitario.

Le Breton ha profundizado desde hace años, a través de trabajo de campo, en las


conductas de riesgo de las nuevas generaciones y de los deportes extremos. Las
conductas de riesgo, más allá del sufrimiento que traducen, son maneras de testear el
amor de los otros. Lo que no encuentra más en su casa, la certeza interior que su vida
tiene un valor y que tiene su lugar en el mundo, el joven lo busca afuera. Manipulando
la hipótesis de su muerte voluntaria, el joven agudiza su sentimiento de libertad, desafía
el miedo haciéndole frente, convenciéndose de que todo el tiempo tiene una puerta de
salida si se le impusiese lo insostenible. Conductas que pasan por el cuerpo: tajos,
anorexia, gallina ciega en motos, comas etílicos, errancia, etc.

“Siento, luego soy”. Así sintetiza Le Breton, parafraseando a Descartes, su antropología:


estudiar al Hombre a través de parámetros sensoriales.

A propósito del dolor, nos dice que nunca es la prolongación de una alteración orgánica,
sino una actividad de sentido que afecta a la persona que lo siente. En ningún caso es
un proceso impersonal alimentado solo por mecanismos neurofisiológicos, aunque
estos también estén en juego. No es el cuerpo que tiene un dolor sino la persona que lo
padece. Y si bien el dolor es un hecho aislable en un sujeto, está modalizado por la
materia social, cultural y relacional que impregna ese sufrimiento. La relación con el
dolor es siempre una cuestión de significación y de valor, y no de umbral biológico.

En su libro “Elogio del caminar” David Le Breton nos dice “Caminar es una evasión de la
modernidad, una forma de burlarse de ella, de dejarla plantada, un atajo en el ritmo
desenfrenado de nuestra vida y un modo de distanciarse, de aguzar los sentidos”

"Andar a pie reduce la inmensidad del mundo a las proporciones del cuerpo"

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"El caminante siente la tierra bajo sus pies en una relación viva, en un recorrido que ha
realizado con los sentidos y el cuerpo abiertos; establece una relación de memoria con
los múltiples sucesos de su periplo"

En su libro “Rostros”, David Le Breton hace una antropología de esa parte del cuerpo
humano que es el lugar central de nuestra comunicación. Sin dejar de lado el “cara a
cara”, el mal de ojo, las máscaras, las muecas, ni los identikits de los criminales, pone en
evidencia las paradojas de la envergadura del rostro humano, conduciéndonos
sucesivamente por la historia de lo deformado y lo resplandeciente, lo bello y lo feo, lo
aceptable y lo insoportable. Y se pregunta: “¿no es acaso el rostro una medida de
precaución a través a través del cual se dominan todos los impulsos, las tentaciones que
pondrían en peligro el orden del lazo social?”

Libros en español

Antropología del cuerpo y la modernidad (1990)

La sociología del cuerpo (1992)

El silencio (1997)

Las pasiones ordinarias (1998)

Antropología del dolor (1999)

Adolescencia bajo riesgo: cuerpo a cuerpo con el mundo (2003)

El sabor del mundo. Una antropología de los sentidos (2009)

Rostros. Ensayos antropológicos (2010)

Elogio del caminar (2011)

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