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Definición

El bilingüismo ha ido evolucionando a lo largo del tiempo adquiriendo diferentes

definiciones.

De acuerdo a Millán (2013): los investigadores no se ponen de acuerdo en la definición,

al igual que también difieren en la determinación de cuándo una persona se considera

hablante nativo. Las investigaciones realizadas por Cummins y Swain (1998) sostienen

que el bilingüismo es un proceso dinámico que se refiere a la manera en que una

persona es capaz de utilizar las cuatro habilidades lingüísticas en más de un idioma en

diferentes niveles de competencia ya que algunas personas hablan una lengua, pero no

la leen o no la escriben. Otros escuchan entendiendo y leen una lengua, pero no hablan

ni escriben en esa lengua. Es un hecho que cada capacidad lingüística puede

desarrollarse más o menos, pero tampoco nos serviría esta definición ya que no sería

considerado bilingüe, porque cualquier persona puede decir pequeñas frases en otros

idiomas y ello no significa que sea bilingüe. Tiene que tener un nivel alto de todas las

competencias. Skutnabb-Kangas (1981) argumenta que la manera en que un individuo

piensa en una segunda lengua podría ser un criterio para determinar la capacidad

bilingüe.

Según Siguán (1976, citado por Millán, 2013) refieren que: “el verdadero bilingüe es

capaz de utilizar como vehículo de sus procesos mentales y también como vehículo de

su comunicación verbal con los demás dos lenguas distintas” (p. 9).

De acuerdo con Baker (2011, citado por Millán, 2013) refiere:

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Definir exactamente quien es o no es bilingüe es algo vago e impreciso y

básicamente imposible. Alguna categorización es a menudo necesaria y ayuda a dar

sentido a nuestro mundo. Algunas distinciones y dimensiones en torno al término

bilingüismo pueden ayudarnos a mejorar nuestro pensamiento. Es conveniente

diferenciar entre la habilidad bilingüe y el uso del bilingüismo ya que algunas personas

bilingües pueden tener fluidez en ambos lenguajes pero raramente usarlos, y por el

contrario otras personas bilingües pueden tener menos fluidez pero usarlos en su vida

diaria debido al contexto (p.15).

De acuerdo con estas definiciones se ha llegado a la conclusión de que el

Bilingüismo es un proceso en el que una persona utiliza dos lenguas equitativamente en

su uso cotidiano, en donde hay una convivencia de dos códigos lingüísticos y el

desarrollo correcto de las cuatro habilidades lingüísticas que son: el habla, la lectura, la

escritura y la compresión del idioma.

Teorías e investigaciones empíricas sobre el inicio óptimo en el aprendizaje de una

lengua extranjera

A lo largo de la historia, el inicio en el aprendizaje de las lenguas ha fluctuado

dependiendo de criterios pedagógicos, sociales y económicos de la época (Stern, 1967 y

1983, citado por Corpas, 2013). Consecuentemente, podemos encontrar posturas a favor

y en contra de un inicio temprano al aprendizaje de la lengua extranjera. A continuación

exponemos diferentes teorías e investigaciones empíricas sobre la edad idónea para

aprender una lengua extranjera.

A) Estudios que demuestran que un inicio temprano en el aprendizaje de la lengua

extranjera favorece la adquisición de la misma.


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A esta conclusión llegan investigaciones realizadas por la UNESCO en la

década de los setenta, Lambert y Tucker (1972), Swain (1980) y Johnson y Newport

(1989).

Entre los partidarios del empezar a adquirir una lengua extranjera a edad

temprana, encontramos a Penfield (1953 y 1965, citados por Corpas, 2013). Éste

argumenta que los alumnos parecen adquirir la lengua extranjera con más rapidez y

sin esfuerzo cuando el aprendizaje se realiza entre los pocos años de vida de un

individuo y antes de la pubertad. Otros autores también respaldan el inicio temprano

en lengua extranjera, aunque basándose en otras teorías: Lenneberg (1967), teoría

biológica; Schumann (1975), teoría afectiva y Rosansky (1975), teoría cognitiva.

Según Klein (1986, citado por Corpas, 2013): “una primera lengua se adquiere

normalmente en la niñez. De esta manera nos podríamos plantear si existe una edad

a partir de la cual la adquisición es imposible. El mismo Klein afirma que es

razonable pensar que el progreso se ralentiza después de la pubertad. Esto se debe a

la pérdida de plasticidad del cerebro evitando la adquisición de estructuras

lingüísticas de manera innata”. (p.8)

Según Lightbown y Spada (2006, citado por Corpas, 2013): “hay un momento en

el desarrollo humano en que el cerebro está predispuesto para el éxito en el

aprendizaje de un idioma. Los cambios en el desarrollo del cerebro afectan la

naturaleza de la adquisición del lenguaje y el aprendizaje del lenguaje que ocurre

luego del final del período crítico puede no estar basado en las estructuras

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biológicas innatas que se cree que contribuyen a la adquisición del primer

lenguaje”. (p.68)

Estos autores defienden el aprender una lengua extranjera antes de la pubertad

porque la adquisición se realiza de un modo más natural y el producto final se

aproxima al de un hablante nativo. Si el proceso de adquisición de una lengua

extranjera se realiza en etapas más tardías, el aprendizaje dependerá de otros

factores relacionados con procesos conscientes del aprendizaje y sus resultados

estarán confinados por nuestra lengua y culturas maternas, principalmente la

pronunciación y la identidad cultural del aprendiz.

Para Lightbown y Spada (2006, citado por Corpas, 2013): “la edad idónea para

empezar el aprendizaje de una lengua extranjera es la niñez. Un inicio temprano

favorece los resultados, si bien podría interferir en el desarrollo de la adquisición de

la primera lengua. Se aconseja, por lo tanto, empezar el aprendizaje de la lengua

extranjera cuando el niño ya ha adquirido un dominio eficiente de su lengua

materna” (p.68).

Esta edad suele rondar los tres años. No obstante, existen otras opiniones, como

Fleta (2006), que afirman que si el niño está expuesto a ambas lenguas de manera

equilibrada desde su nacimiento, éste desarrollará ambos sistemas gramaticales

paralelamente, y consecuentemente, adquirirá dos lenguas maternas.

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B) Estudios que demuestran que un inicio temprano tiene repercusiones positivas pero

no significativas en la adquisición de una lengua extranjera Pocos son los autores

que llegan a la conclusión de que un inicio temprano en el aprendizaje de una

lengua tiene repercusiones positivas pero no lo suficientemente significativas como

para avalar, con rotundidad, sus ventajas. Entre estos autores encontramos a Harley

(1987) y Genesse (1981) quienes reconocen que los individuos que empezaron a

aprender una lengua extranjera de niños obtienen mejores resultados. No obstante,

consideran que las correlaciones entre un inicio temprano y el desarrollo en el

aprendizaje de una lengua extranjera no son significativas sino mínimas.

C) Estudios que demuestran que un inicio temprano en el aprendizaje no tiene

repercusión en la adquisición de una lengua extranjera.

Aquí ubicamos estudios realizados por Cummins y Nakajima (1987) en los que

los resultados obtenidos corroboran que el alumnado, que empezó a estudiar una

lengua extranjera con mayor edad, logra mejores resultados en comprensión y

expresión escrita. Los estudios llevados a cabo por Birdsong (1999) y Flege (1999)

concluyen que no existe correlación entre la edad de comienzo de una lengua

extranjera y los resultados obtenidos. Bongaerts et al. (1996) incluso rechazan que

exista un período biológico crítico para aprender una lengua extranjera.

D) Finalmente, Ausubel (1984, citado por Corpas, 2013) considera que la edad idónea

para el inicio en una lengua extranjera se produce en la etapa adulta, ya que el

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individuo posee una madurez cognitiva mayor además de una experiencia más

amplia del mundo.

Dificultades existentes en la enseñanza-aprendizaje de lenguas extranjeras (primeras

y/o segundas)

Según Díaz, S. (2016), en los ámbitos psicológico y pedagógico diversos estudios sostienen

la importancia de comenzar a estudiar una segunda lengua en edades tempranas. Esta

afirmación se basa en que el cerebro del niño es susceptible a nuevos aprendizajes, ya que,

el sistema nervioso no es una red estática de elementos interconectados, sino un órgano

vivo con plasticidad que puede cambiar en respuesta a programas genéticos y la interacción

con el medio. Es decir, en los primeros años de vida del niño, el cerebro va estructurando

los diferentes nexos entre sus neuronas. Si el niño comienza nuevos aprendizajes de lenguas

extranjeras en edades tempranas, ello favorecerá de dos maneras bien distintas su

desarrollo. Por un lado, en su cerebro seguirán aumentando las conexiones neuronales y,

por otro lado, aprenderá a un ritmo más rápido y con más facilidad, por dicha plasticidad.

Por consiguiente, la edad idónea para aprender una segunda lengua se situaría a partir de los

tres años de edad porque el niño no está sometido a ninguna presión de diferente índole que

pueda entorpecer o arruinar su aprendizaje de una lengua extranjera. Estas exigencias

educativas en el ámbito académico sí pueden ocurrir cuando se es adulto y afectar al

proceso de enseñanza aprendizaje de una lengua extranjera tanto primera como segunda

Stephen Krashen, experto en el campo de la lingüística y especialista en la adquisición del

lenguaje y de su desarrollo, estableció cinco hipótesis sobre la adquisición de una lengua

extranjera.
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1) La hipótesis de la adquisición – aprendizaje: este autor sostiene que hay dos modos

independientes de desarrollar la habilidad en una L2. Por un lado la adquisición, que es “un

proceso inconsciente, similar al que utilizan los niños al adquirir el lenguaje”; y por otro el

aprendizaje, que es “un proceso consciente, que tiene como resultado „saber sobre el

idioma‟ ” (1985: 1).

2) La hipótesis del orden natural: sostiene que “el individuo adquiere las reglas de la

lengua en un orden predecible, y que algunas aparecen antes que otras” (1985:1). Según el

autor, el orden no estaría determinado por la simplicidad en la forma, y existen evidencias

(1985:19) de que personas que han adquirido la L2 en ámbitos extra escolares y aquellas

que la han adquirido en la clase, no presentan diferencias en el orden de las adquisiciones.

3) La hipótesis del monitor: esta hipótesis tiene que ver con la tarea de corrección y

aprendizaje a partir de los errores y con los diferentes estilos que tienen los alumnos de

reflexionar sobre el propio proceso de adquisición y de solicitar ayuda al docente cuyo

papel principal es la facilitarla. 4) La hipótesis del input comprensible: esta hipótesis se

refiere a la lengua a la que el alumno está expuesto en un contexto comunicativo, es decir,

es la lengua que el alumno o alumna lee, oye y ve y que atiende con el fin de interpretar un

mensaje.

5) La hipótesis del filtro afectivo: esta hipótesis trata de crear en el aula, una situación

libre de tensiones y en la que el alumno no se sienta presionado a producir resultados según

un ritmo forzado.

Krashen sintetiza sus cinco hipótesis diciendo que: Las personas adquieren una segunda

lengua solo si obtienen un input inteligible y si sus filtros afectivos están lo suficientemente

bajos como para permitir que el input “entre”. Cuando los filtros están bajos y se presenta

un input inteligible apropiado (y éste es comprendido), la adquisición es inevitable y no


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puede prevenirse – el “órgano mental” del lenguaje funciona automáticamente como

cualquier otro órgano. (1985:4)

Se ha considerado que las causas de un aprendizaje poco exitoso pueden ser atribuidas a las

variables afectivas de las que nos habla Krashen:

1. Motivación: Motivo, causa, razón que impulsa a una acción. Los estudiantes con alta

motivación generalmente son mejores en la adquisición de la segunda lengua.

2. Autoconfianza: Es el convencimiento íntimo de que uno es capaz de realizar con éxito

una determinada tarea o misión. Los estudiantes con confianza y buena imagen de sí

mismos, tienden a ser mejores en la adquisición de la segunda lengua.

3. Ansiedad. Estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, una intensa

excitación y una extrema inseguridad. La baja ansiedad, tanto personal como en el aula,

favorece la adquisición de la segunda lengua.

Dichas variables apuntan a que el aprendiz puede tener una actitud positiva o negativa hacia

la lengua meta (o hacia los hablantes, la cultura o hacia algunas implicaciones de la lengua

extranjera).

Stephen Krashen publicó en 1985 la Teoría de la Adquisición del Lenguaje. Con esta teoría

pretendía explicar cómo los inmigrantes adquirían la lengua de su país de acogida a la vez

que conservaban su lengua materna. Esta teoría, posteriormente, se aplicó en el ámbito

educativo para la enseñanza de lenguas extranjeras. Para recibir la lengua es necesario,

según Krashen, que el procesador interno de cada individuo esté en funcionamiento. Este es

un mecanismo esencial que se encarga de modificar los esquemas mentales ya construidos

cuando se ha producido un error.

Este postulado es comparable con el proceso de acomodación definido por Piaget. Junto

con el procesador interno se necesita que los filtros afectivos o barreras estén bajas para
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permitir que entre el input. Los individuos interiorizan un input que contiene estructuras

que se encuentran por encima de su nivel actual de competencia. Krashen para explicar

mejor su hipótesis desarrolló la fórmula i + 1, diciendo que “nos movemos desde i, nuestro

nivel actual, hacia i + 1, el siguiente nivel en el orden natural, comprendiendo un input que

contenga i + 1.” (1985: 2).

Estas estructuras que se adquieren en el siguiente estadio evolutivo pueden relacionarse con

la zona de desarrollo próximo de Vigotsky (ZDP).

Según Díaz (2016), La ZDP para el psicólogo ruso Vigotsky es “la distancia en el nivel real

de desarrollo, determinado por la capacidad de resolver independientemente un problema, y

el nivel de desarrollo potencial, determinado a través de la resolución de un problema bajo

la guía de un adulto o en colaboración con otro compañero más capaz” (1988:133). Para el

desarrollo de cualquier lengua es necesario alcanzar una evolución por encima de las

posibilidades de la persona que está adquiriendo esa lengua, es decir, que pase de un

estadio “i” (zona de desarrollo real, lo que el niño es capaz de hacer por sí solo según

Vygotsky) hasta una zona de desarrollo “i+1” (zona de desarrollo potencial, lo que es capaz

de hacer el niño con ayuda o el siguiente nivel de desarrollo que potencia sus capacidades).

Es necesario proporcionar el i+1 para alcanzar una zona de desarrollo potencial y no

estancarse, sino seguir avanzando.

Díaz, S. (2016), en su tesis titulada “Ventajas e inconvenientes de la enseñanza de idiomas

en edad temprana” afirma que:

La enseñanza de un idioma en edades tempranas presenta más ventajas que desventajas, ya

que el aprendizaje de lenguas extranjeras a temprana edad mejora considerablemente el

desarrollo cognitivo; el estudio de lenguas extranjeras en esta etapa 13 aumenta el

desarrollo de las habilidades matemáticas, especialmente en el campo de la resolución de


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problemas; se mejora el rendimiento académico en general pues se está ofreciendo a los

niños una mayor flexibilidad cognitiva y habilidades de pensamiento creativo; el

aprendizaje de una lengua extranjera puede retrasar la enfermedad del Alzheimer; mejora

las habilidades de comunicación y, por último, aporta numerosos beneficios personales

(p.12).

CONCLUSIONES:

 Una persona bilingüe es aquella que domina dos idiomas utilizando sus cuatro

habilidades lingüísticas para comunicarse con fluidez y así poder comprender los

códigos lingüísticos. Es importante que los padres eduquen a sus hijos para poder

sobresalir en el mundo laboral, profesional, relacionarse con personas del extranjero

adquiriendo su riqueza y cultura y que desde muy pequeños desarrollen la agilidad

intelectual. Con la práctica de dos idiomas, en la etapa precoz simultánea, las dos

lenguas del niño no evolucionan al mismo ritmo, pero la estabilidad se recupera en

años posteriores ya que los niños utilizan las palabras más fáciles; la etapa precoz

consecutiva, es más eficaz porque los niños se pueden adaptar totalmente a un

ambiente desconocido , utilizando sus capacidades sociales, su curiosidad y su

necesidad de hacer nuevos amigos y comprender el mundo que le rodea adquiriendo

nuevos estilos de aprendizaje a diferencia del bilingüismo tardío que produce

situaciones conflictivas ya que los niños ya han adquirido una profunda adaptación

a la lengua materna y se enfrentan a otro registro diferente , activándose nuevas

regiones del cerebro en ambos hemisferios para tratar las funciones gramaticales de

la segunda lengua.

 La edad de inicio es un factor importante para explicar el dominio de la segunda

lengua en contextos naturales, lo cual permite alcanzar niveles de dominio


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semejante al de un monolingüe nativo; al comenzar un nuevo aprendizaje de la

segunda lengua a temprana edad las conexiones neuronales de los niños aumenta y

aprenden a un ritmo más rápido ya que el niño no está sometido a presión que

obstaculice su aprendizaje ,es por ello que las características afectivas y las

habilidades cognoscitivas tienen una influencia relevante que le permite

involucrarse y sentirse miembro de la comunidad de la lengua extranjera.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 Corpas, M. (2013). ¿Cuál es la edad idónea para empezar a aprender una lengua

extranjera? Iniciación a la Investigación en Filología, 9(6),45-51. doi:

https://w3.ual.es/revistas/PhilUr/pdf/PhilUr09.3.CorpasArellano.pdf

 Díaz, S. (2016). Ventajas e inconvenientes de la enseñanza de idiomas en edad

temprana. (Tesis de maestría), Universidad de La Laguna, San Cristóbal de La

Laguna, España.

 Krashen, S. (1985). The input hypothesis: issues and implications. New York:

Longman Group Lt

 Millán, S. (2013). Fomento del bilingüismo en edades tempranas. (Tesis de

maestría), Universidad de Oviedo, Oviedo, España.

 Vigotsky, L. (1988). El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. México:

Editorial Crítica, Grupo editorial Grijalbo

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