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Psicología Social de la

Comunicación/La construcción de la
subjetividad y la teoría
queer/Subjetividad
SUBJETIVIDAD

INTRODUCCIÓN

SUBJETIVIDAD

GENEALOGIA

SOCIEDADES DISCIPLINARIAS Y SOCIEDADES


DE CONTROL

SUBJETIVIDAD Y RELACIONES DE PODER

ESTRUCTURA Y AGENCIA

RESISTENCIA

PRACTICAS DE SI

PENSANDO EN NUESTRO PRESENTE

ESCENARIO DE DOMINACIÓN SIMBÓLICA


Para continuar con los análisis focaultianos en la actualidad, es interesante
recurrir a la figura de Bourdieu. Siguiendo con el par entre agencia y
estructura, Bourdieu pretende mostrar la relación entre las estructuras
objetivas y las construcciones subjetivas, por lo que se centrará en aquello
que permite realizar la acción, por ejemplo, podemos pensar que es lo que
permite las prácticas de subjetivación. Por ello, subraya aquellos factores
que determinan la construcción de la realidad social por parte de los
agentes sociales. “Así, Bourdieu (1987) señala en primer lugar que la
construcción no opera en un vacío social, sino que está sometida a
coacciones estructurales; en segundo lugar, que las estructuras cognitivas
están ellas mismas socialmente estructuradas porque tienen una génesis
social; en tercer lugar, que la construcción de la realidad social no es
solamente una empresa individual, sino que puede también volverse una
empresa colectiva.” (Gómez, 2003)

En relación con el tema que nos ocupa, la subjetividad, para “Bourdieu


analizar cualquier proceso identitario, analizar el orden de lo que somos,
requiere el análisis del orden de las instituciones o de la estructura social y,
junto a ello, la labor que resulta necesaria para producir un ajuste entre
ambos órdenes”. (Gómez, 2003)

Ese ajuste entre la estructura social y la persona, en el proceso de


construcción de la realidad tiene que ver con al noción de habitus que nos
propone. El habitus es una capacidad cognitiva socialmente constituida e
ininteligible sin atender las condiciones de existencia a las que está ligada.
Es la forma en que las estructuras sociales se graban en nuestra mente y
nuestro cuerpo, las estructuras sociales de nuestra subjetividad. El habitus,
con la apariencia propia de lo innato, es fruto de la incorporación de una
estructura social en forma de esquemas de percepción y valoración
(disposiciones) que toman la apariencia de lo natural. El habitus construye
una imagen del agente social inseparable de la estructura incorporada.

La noción de habitus como ajuste entre las estructuras sociales


establecidas y las estructuras mentales, es posible gracias a la acción de los
sistemas simbólicos: los esquemas de percepción y evaluación, de
conocimiento y reconocimiento presentes en una sociedad dada, que
integran y reproducen el orden social establecido.

El orden simbólico, es decir, el orden que determina los límites dentro de


los cuales es posible percibir y pensar, determina, por tanto, lo visible y lo
pensable. Por tanto, los sistemas simbólicos en tanto instrumentos de
dominación contribuyen a efectuar dos operaciones sociales básicas
íntimamente relacionadas.

(1) Por un lado, contribuir a imponer un orden social arbitrario con sus
correspondientes esquemas y categorías de percepción y valoración que
favorece a unas posiciones, a unos grupos frente a otros. (2) Por otro,
contribuir a que esta imposición, a pesar de ser decisiva para la
conservación de las divisiones desiguales del orden establecido, se
presente con todas las apariencias de lo natural y necesario, con la
apariencia de la necesidad objetiva. Permitiendo, así, que el orden social,
sin necesidad de justificación o de discursos legitimadores, se reproduzca
porque se presenta bajo las apariencias de la universalidad.

(1) Por ejemplo, podemos pensar en la imposición de la norma sexual


dominante como es la heterosexualidad. Ésta es el orden establecido,
haciendo que las demás formas, queden infravaloradas y sean percibidas
como no normales. Se podría decir que en la homosexualidad, por
ejemplo, no se ajusta el carácter identitario propio con el de la estructura
social, en cambio, para lo heterosexual, ese ajuste es necesario e
incuestionable, ya que en parte, la mantiene en superioridad. De esta
forma, se sostienen las relaciones de poder por parte del grupo dominante,
que define el mundo en sus propios términos y en base a sus propios
intereses.

(2) Esta imposición aparece como algo natural y de necesaria objetividad


para poder mantener el orden establecido. Este hecho guarda relación
directa con el concepto de violencia simbólica.

“Las relaciones objetivas de poder tienden, por tanto, a reproducirse en las


relaciones de poder simbólico. Como señala Sampson (1993) los grupos
dominantes afirman sus miedos, deseos e intereses particulares
insistiendo en que sus posicionamientos no representan ningún punto de
vista particular, como una descripción neutral de cómo es el mundo. Por
ejemplo, la heterosexualidad para juzgar la homosexualidad o la sociedad
occidental para juzgar a los no occidentales” (Gómez, 2003).

VIOLENCIA SIMBÓLICA

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