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Persuasión política y religiosa: Escenarios de confluencia

Chapter · March 2000

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Josué R. Tinoco Amador


Metropolitan Autonomous University
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Tinoco, J. (2000) “Persuasión Política y Religiosa. Escenarios de Confluencia”, en Juana Juárez y
Salvador Arciga (coords.) La Ciudadanía: Estudios de Psicología Política y Representación
Social, México: UAMI, 89-110.

Persuasión Política y Religiosa. Escenarios de Confluencia ∂


Josué Tinoco Amador∝

Resumen
Este trabajo se inscribe en la intersección de la política y religión. Comienza
explicando la relación de la política y la religión, ambas construcciones
colectivas que definen y delimitan las prácticas cotidianas. El elemento que las
estructura y une es la “persuasión”. Como entidades colectivas que son, están
sujetas a la figura de un líder, que ejerce funciones de persuasor para lograr
convertir y convencer de la validez de sus argumentos. De ahí la importancia
de explicar tal elemento, el cual continua a lo largo del artículo. Al final se hace
una reflexión sobre las implicaciones psicosociales del uso de las creencias y
de la religión en el campo de la política, donde se exhorta a mantenerlas en
esferas separadas, en razón de las consecuencias que para la religión implica
el uso político de las creencias.

Palabras clave: psicología social, política, grupos religiosos, persuasión,


creencias

Introducción
La religión y la política son un binomio que o bien está en estrecha relación o bien
se mantienen en esferas bien diferenciadas. En algunas culturas existe una clara
diferenciación, donde lo político se ubica en lo público y lo religioso se ubica en lo privado.
En otras, principalmente latinoamericanas, coexisten ambas dando estructura peculiar a la
cultura. En nuestro país han existido características que marcan senderos y prácticas
diferentes: una participación discreta pero real de la Iglesia Católica1 en las decisiones
colectivas.


Artículo publicado en Juárez, J. y Arciga, S. (coords.) (2000) La Ciudadanía: Estudios de
Psicología Política y Representación Social, México: UAMI, 89-110.

Profesor de Psicología Social, Área de Investigación “Psicología Política e Identidades”,
e-mail: josue@teacher.com
1
En este trabajo se usará “Iglesia” para referirse a la “Iglesia Católica” e “Iglesias” para
referirse a todos los demás grupos religiosos, católicos y protestantes.
josue@teacher.com http://tinoco.socialpsychology.org 1
Tinoco, J. (2000) “Persuasión Política y Religiosa. Escenarios de Confluencia”, en Juana Juárez y
Salvador Arciga (coords.) La Ciudadanía: Estudios de Psicología Política y Representación
Social, México: UAMI, 89-110.

Durante el periodo Colonial, la Iglesia tenía prerrogativas y beneficios basados en


una serie de acuerdos políticos y sociales. Después de 1857, la Iglesia perdió muchas de
esas prerrogativas a las que estaba acostumbrada; sobre todo, la posibilidad de opinar y
mandar en cuestiones de interés público y social. Las Leyes de Reforma y la Constitución
de 1917 impidieron a la iglesia influir, oficialmente, en las decisiones de nivel político.
Hacia 1926 se gestó el movimiento Cristero, como respuesta de la iglesia a las presiones
que, decían, ejercía el gobierno sobre ella. Pero aunque a un nivel oficial no se permitía la
participación eclesiástica, en la práctica la Iglesia contaba con prerrogativas que le
permitían tener capacidad de decisión.
Sin embargo, en los últimos años el elemento religioso se ha revestido con
características específicas, con una mayor participación y presencia de otros grupos
religiosos, así como unas condiciones políticas de búsqueda de acuerdos y de nuevos
representantes populares, lo cual induce a pensar en un uso de elementos religiosos en
discursos políticos y viceversa. Aunado con ello, habrá de considerarse el momento
histórico-político de los procesos electorales de fin de siglo.
En este trabajo hablaremos de la persuasión religiosa, la cual se presenta en todos
los grupos religiosos independientemente de la denominación, aunque mencionaremos
algunos. Por ello, comenzaremos describiendo los elementos que caracterizan a la
persuasión.

Persuasión
La persuasión se define como la “manipulación de símbolos diseñada con el fin
de predecir acción en otras personas. Se apela al intelecto y al sentimiento para obtener
algún tipo de consentimiento psicológico de la persona a la cual se persuade”
(Lerbinger, 1979:1). Para Herreros (1989:105-6) es “el resultado de un convincente
discurso construido con argumentaciones pertinentes, aunque falsas, pero aceptadas,
como verdaderas, a veces incluso por el persuasor (...) Consiste en encontrar, mediante
los argumentos empleados por el persuasor, el punto de coincidencia de las razones
expuestas con los intereses del destinatario ”.

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El propósito principal es, entonces, convencer al otro de lo adecuado de nuestros


planteamientos, procurando que los asuma como tales y no surja un proceso de
reactancia psicológica, en virtud de la cual sea contraproducente la persuasión. Esta
aceptación implica un alto nivel de involucramiento con el persuasor o con el argumento
expuesto, más allá de una conformidad simulada. Veamos ahora las variables y técnicas
involucradas en el proceso de persuasión.

Técnicas de Persuasión
Para Lerbinger (1979) cinco han sido las técnicas básicas de la persuasión:
• Investigación de las emociones, para determinar las fuentes del comportamiento.
• Uso de símbolos y asociaciones placenteras y reforzantes.
• Recurrir a fuentes de comunicación creíbles.
• Selección minuciosa de líderes de opinión.
• Referencia símbolos de valor cultural.
• Añadiríamos el uso de la mentira, cuyo principio general es manipular los signos para
economizar fuerzas de la propaganda.

McGuire (1982, citado en Herreros, 1989:108) propone un modelo diferente,


centrando su interés en el estudio de las variables que intervienen en el proceso de
persuasión. Las divide en variables independientes y dependientes. Como
independientes considera las siguientes: El atractivo y credibilidad de la fuente; el estilo,
contenido y estructura del mensaje; el contexto; la aptitud, personalidad y estilo de vida del
receptor; así como la finalidad de la persuasión. Como dependientes: la atención, la
simpatía o interés del mensaje, la comprensión y asimilación, la memorización, entre
otras. Destacan aquellas que se refieren a la predisposición de un individuo a la
aceptación del mensaje, independientemente del contenido; es decir, “la persuabilidad”.
Esta como variable de índole individual, considera grados diferenciados dependiendo de
las situaciones particulares, por ejemplo los sentimientos de adecuación/inadecuación y la
autoestima.

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Así, en un proceso de persuasión confluyen muchos factores, incluyendo


individuales y sociales, aunque para algunos autores los más importantes son las
características individuales y/o de personalidad, como el grado de persuabilidad, el grado
de inteligencia, la desesperanza, etc. Ello puede llevar a conclusiones deterministas, las
cuales ignoran el contexto o los factores socioculturales. A continuación mostramos
algunos hallazgos los cuales deben ser ubicados en su contexto social para tener una
mejor comprensión.

Persuasión Religiosa y Religiosidad


Al hablar de persuasión religiosa consideraremos las estrategias que utilizan los
líderes religiosos para hacer que sus feligreses continúen participando activamente en los
grupos religiosos. Muchos de los estudios sobre religión se enfocan en el papel que
juegan los líderes, los cuales gozan de un elevado status entre sus creyentes, lo cual llega
a provocar que abusen de su poder de convocatoria y de acarreo.
Los líderes religiosos poseen una característica que los hace ser más persuasores
y poderosos que otros líderes: infalibilidad y revelación divina, en virtud de la cual usa la
necesidad de creencia de la gente en beneficio propio; si ha recibido una revelación
divina, ¿cómo es posible que se dude de lo que dice o pide? Aquel que cuestione sus
peticiones está cuestionando la “voz de Dios” y en tal caso, cuestiona a Dios.
En la creación de lo imaginario, los líderes religiosos se valen de la palabra, para
evocar e inventar imágenes paradisíacas y/o apocalípticas. El discurso religioso reviste
matices los cuales provocan en el feligrés sentimientos de impotencia o de ansiedad, ya
sea para comportarse de determinada forma o evitar aquellas conductas que son
religiosamente detestables. La mejor arma del persuasor religioso es la palabra, pues con
ella transmiten esas imágenes míticas. Por ello, los grupos religiosos promueven la
asistencia a sus cultos o misas: entre más alejada esté una persona menos influenciada
estará, pero si asiste constantemente, el discurso va modificando sus pautas de
comportamiento, supliéndolas por las del persuasor.

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Veamos algunos resultados de investigaciones en grupos religiosos. Antes de


mostrarlos es conveniente aclarar que no se trata de reglas universales, sino sólo de
algunos resultados que muestran una forma de investigar la religión.

• Diversos estudios han encontrado que las mujeres presentan grados mayores de
persuasión. En estudios realizados en Estados Unidos, se ha encontrado que las
mujeres practican la religión más que los hombres (Sills, 1976:242); tales prácticas son
la asistencia, la cantidad de rezos, etc. En el mismo tenor, el proceso de conversión
religiosa se produce en individuos con complejos de culpabilidad (Sills, 1976: 241),
habiéndose, además, encontrado correlación entre la culpabilidad y la asistencia a
cultos religiosos en mujeres protestantes (Argyle, 1964). No se ha encontrado un
estudio sobre el grado de religiosidad y el de persuasión, sin embargo, a juzgar por los
resultados al parecer deben estar en estrecha relación entre tales indicadores, aunque
no podríamos clarificar la relación de causalidad entre ellas.
• Se ha encontrado que los miembros de algún grupo religioso, independientemente de
la denominación, son más conformistas, impresionables, autoritarios y conservadores
con respecto a la política que aquellos que no pertenecen; incluso, con mayores niveles
de neurosis (Sills, 1976:243).2Y en el caso de los líderes religiosos, muchos de ellos
llegan a presentar síntomas psicóticos.
• Los protestantes son más propensos al sentimiento de culpa y al autocastigo que los
católicos. Incluso un estudio marcaba el alto grado de suicidios entre los protestantes
en comparación con el de católicos (Dublin y Bunzel, 1933).
• En el nivel de interacción, la manifestación de las creencias religiosas puede ser con
fines de altruismo, como el típico ejemplo bíblico del "Buen Samaritano" (Batson y Gray,
1981), hasta los crímenes más horrendos, como las Cruzadas, La Inquisición, la quema
de brujas y herejes, la masacre de San Bartolomé, James Jones y David Koresh, etc.
Todo "en el nombre de Dios".

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• En el mismo sentido, Batson, Schoenrade y Pych (1985) reportaron que en los EE.UU.
los miembros de las diferentes iglesias (Bautistas, Católicas, etc.) tienen un prejuicio
racial más fuerte que los que no profesan alguna religión. Esto es lo que Rokeach
(1973) llama "paradojas de las creencias religiosas". En una investigación de relación
entre sentimientos religiosos y actitudes humanitarias, se concluyó que los devotos (sin
especificar denominación religiosa) tienden a ser ligeramente menos humanitarios y a
tener más actitudes punitivas (de castigo) hacia criminales, delincuentes, prostitutas,
homosexuales, etc. Pareciera, según sus datos, que aquellas personas que se sienten
parte de alguna institución religiosa (católicos, mormones, testigos de Jehová, etc.)
tienen más conductas de rechazo y no-aceptación hacia grupos étnicos y raciales que
aquél que no es creyente.

Por lo anterior visto se puede decir que la pertenencia religiosa genera una serie
de prácticas religiosas, entre las cuales se encuentran aquellas que se instalan en la
categoría de la competencia más que de la cooperación y hermandad. En muchas
ocasiones el proceso de conversión religiosa se da por elementos netamente
emocionales y en pocas ocasiones por razones analíticas. Esto indica el porqué en
situaciones de interacción, los creyentes apelan a la emoción, a los gritos, al ataque y
descalificamiento de las creencias de los otros, en lugar de hacer un análisis
desapasionado del tema.
De lo expuesto habrá que hacer las siguientes acotaciones, para no caer en la
negación o descalificamiento de la religión. Durante mucho tiempo se ha procedido a
investigar el fenómeno religioso desde perspectivas que lo ubican como una enfermedad,
una neurosis colectiva; tales puntos de partida pretenden juzgar la validez de los grupos
religiosos y/o de las religiones. Sin embargo, se ignora el valor cultural de la religión la
cual proporciona identidad y sentido de vida a los creyentes. La religión es parte de la
conciencia humana, que intenta responder a las inquietudes sobre la vida de todo ser

2
En un estudio anterior se encontró que hay grupos religiosos que no permiten la interacción
con gente que no sea de su misma creencia, lo cual pudiera ser un antecedente de las

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humano. "Toda religión que aspire a una finalidad debe dar alguna respuesta (...) a las
preguntas que se originan en el hombre por su sentimiento de dependencia" (Micklem,
1966:9) por su fragilidad ante la naturaleza y por lo inevitable de la muerte.
A diferentes niveles se debe abordar este fenómeno. El proceso de conversión
religiosa sucede por razones y en momentos diversos, sobretodo cuando la persona se
encuentra en un estado de depresión y con graves conflictos, como en los hospitales,
cuando una relación sentimental se rompe, en la pérdida de estabilidad económica, etc.3
Es ahí cuando una persona se encuentra en un alto nivel de persuabilidad debido a que
hay un severo cuestionamiento a las creencias y a los valores que le permitían estabilidad.
Esto sugiere la necesidad de establecer medios sociales para proporcionar ayuda a las
personas y el proceso de cambio religioso no se deba a factores situacionales, en razón
de la existencia de grupos religiosos que convierten y luego abusan de la gente.
Un problema que se encuentra al revisar los resultados anteriores es que se
pretende establecer leyes de comportamiento religioso en razón de la persuasión para
después pretender, conscientemente o no, manipular las conciencias religiosas con
propósitos extra -religiosos, como los políticos. De ahí entonces, que el interés de este
trabajo sea evaluar la persuasión religiosa desde los usos que se le pueden dar en la
política.
La propaganda política busca convencer al electorado de la propuesta del partido
político en cuestión, vía el reforzamiento o reposicionamiento de la imagen del candidato y
del partido. Utiliza estrategias como la mentira, la exageración, la negación, el ataque a
través de los medios de comunicación (prensa, televisión, cárteles).
Actualmente la tecnología está dando enormes pasos en la producción de medios
de transmisión de información. Tal avance tecnológico permitirá a los líderes acceder a
públicos cada vez más distantes y cobijarlos bajo su “protección y guía”. Quizá pasen
algunos años para llegar a este resultado, pero lo cierto es que ante un evento como lo es

conductas de fanatismo y de la intolerancia (Tinoco, 1997).


3
Diversos estudios hablan sobre el proceso de conversión en las minorías (Moscovici, 1980).
El proceso de conversión se presenta en los grupos religiosos, pero una vez ya en ellos, se

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el inminente arribo al año 2000, la política estará tentada a hacer uso de la persuasión
religiosa y mística en las siguientes campañas y procesos electorales.

Rumbo al año 2000


Hacia el fin de cada siglo surge un espíritu de temor e incertidumbre en la gente por
la llegada de una fecha simbólica. Si el fin de año es objeto de celebración, de abrazos,
de esperanza en el mejoramiento de las condiciones de vida, el fin de siglo es esperado
con una mezcla de alegría e inseguridad; en ese mismo sentido, el fin de milenio presenta
más temor e incertidumbre que alegría, sobre todo en culturas occidentales y cristianas.
Hacia el fin del milenio anterior, la gente se encontraba llena de temor, pues no sabían lo
que iba a acontecer; se esperaba un cataclismo, la destrucción de la vida en la tierra, la
llegada del Mesías. “Se viven en ese momento muchos prodigios, un cometa de estela
fulgurante; la irrupción luminosa invade hasta el interior de las casas y, por una fractura
del cielo aparece la imagen de la serpiente ” (Duby, 1996:27). Sólo hay una referencia de
tales cataclismos mientras que otros cronistas de la época mencionan otros presagios y
sucesos no tan dramáticos, no obstante “sigue siendo indudable que, al borde del siglo
XI, en el centro de la conciencia colectiva se había instalado un sentimiento de espera”
(Duby, 1996:29).
La llegada del fin de milenio genera expectativas y ansiedades las cuales se
integran con mitos y profecías de toda índole: “La fantasía del fin del mundo promueve,
como ninguna otra circunstancia, la emergencia de defensas yóicas motivadas por la
sensación de indefensión e inseguridad, que se manifiestan a través de un
recrudecimiento de la fe religiosa” Vives (1991:192).
En situaciones de inseguridad se produce un fenómeno psicológico de índole
cognoscitivo por medio del cual la gente emprende una búsqueda de significado y de
estabilidad emocional y mental. Viendo el caso de sociedades que vivían bajo el régimen

activan procesos de persuasión para mantener a los miembros. En posteriores estudios se


hablará más a fondo sobre los procesos de conversión religiosa.
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soviético, al caer el sistema de gobierno se han encontrado ante el sentimiento de vacío,


de años perdidos, de ausencia de significado; por ello la gente está buscando significado
a su vida, principalmente, en las religiones. La caída del muro de Berlín no sólo fue física.
Incluso en sociedades capitalistas, hay gente que no encuentra satisfacción ante las
formas tradicionales de la religión: cultos al cuarzo, con la proliferación de tecnología de
acceso a Internet se “conecta” con grupos de estudio religiosos y en páginas en las que
se puede uno confesar y recibir la penitencia adecuada para el pecado que se ha
cometido.
En tales casos, el grado de persuabilidad es alto, en virtud de la necesidad de
creer en algo, de tener una certeza ante los peligros de la vida. Es cuando existe mayor
predisposición. Por ello, la persuabilidad depende del contexto sociocultural más que de
las características individuales; es cambiable, no estática.

Religión y elecciones
En nuestro país, justamente en el año 2000 se celebrarán elecciones, las cuales
están precedidas de antecedentes sociales específicos que se espera serán un parte
aguas en la cultura política del país. El proceso electoral de 1988 estuvo envuelto en una
gama enorme de suspicacias, quejas, trampas por parte del PRI y el gobierno que
hicieron imposible terminar el conteo y saber, a ciencia cierta, quien ganó y con qué
porcentaje.
Previo a las elecciones presidenciales de 1994, sectores sociales como los
empresarios y la Iglesia esgrimían discursos en los cuales aseguraban y “profetizaban”
que si las elecciones las ganaba un candidato de la oposición habría devaluación,
asesinatos, fuga de capitales, etc. Ante este escenario tan devastador y con el asesinato
del candidato del Partido Revolucionario Institucional, existía un temor de la gente sobre lo
que pasaría si no ganaba el PRI con su segundo candidato, Ernesto Zedillo. Se le llamó a
esto el “Voto del Miedo”, ya que la gente eligió al candidato de la “esperanza”, el del

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“Bienestar para la Familia”, aquel que “Sabe como hacerlo”: se buscaron lemas y
propuestas que hablaran de estabilidad, de continuidad, de certidumbre, las cuales se
exponían en todo momento y en todo lugar, incluso en los sermones de los curas.
Sin embargo, los sucesos económicos desde fines de 1994 provocaron una
desesperanza en la gente que había elegido la estabilidad social. La esperanza de
progreso y mejoramiento al parecer se agotó al contraponerse con la realidad. A partir de
ahí ha surgido la necesidad de buscar referentes de estabilidad diferentes, lo que ha
permitido el surgimiento o reforzamiento de ciertos grupos sociales y/o políticos.

Política y grupos religiosos


El proceso electoral del 2000 contará con los antecedentes del partido en el
gobierno, el Partido Revolucionario Institucional, con problemas ocasionados por el
agotamiento del modelo que plantea y por los hechos en los que se ha visto involucrado
(asesinatos políticos, corrupción, devaluaciones, alzas de precios, etc.). Tal proceso
electoral no sólo significaría la posibilidad de un cambio democrático en el sistema
político mexicano, sino que se presentan como la posibilidad por la cual grupos religiosos
accedan al poder, desde donde podrán regir la vida pública, los usos y costumbres;
posibilidad que permitiría el acceso a grupos fanáticos e intolerantes los cuales no
aceptan la diversidad de pensamientos, ya sean de responsabilidad propia (como los
programas de salud reproductiva) como en las relaciones con otros grupos religiosos.
Ante la nueva dinámica política, sectores del catolicismo han promovido un mayor
acercamiento con otros partidos políticos, como el Partido Acción Nacional. De hecho,
miembros de grupos de acción católica como PROVIDA, Asociación Nacional Cívica
Femenina (ANCIFEM), Desarrollo Humano Integral y Acción Cívica, A.C. (DHIAC) y la
Unión Nacional de Padres de Familia son miembros de este partido (González Ruiz,
1993:44-45).
Existen riesgos de que en el próximo proceso electoral se haga uso del discurso
religioso en las campañas de los partidos políticos. Riesgo en razón de que el lenguaje
religioso reviste características especiales y muy diferentes de las que los políticos

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acostumbran utilizar. Los políticos están acostumbrados a prometer muchas cosas en sus
campañas, pero cuando se hace uso de elementos religiosos se están invocando
procesos mentales bajo los cuales la gente articula y da sentido a su vida. La idea de lo
divino y lo religioso, tanto para los creyentes como para los no creyentes, es un eje que
regula actividades mentales y sociales. Utilizarla representaría dejar a la gente sin una
estructura de estabilidad mental, de significado social.
Hacer un uso superficial del elemento religioso significaría reducir la importancia
de la religión como elemento que da significado a la vida de muchas personas, se
modificaría la representación cognoscitiva que la gente posea de lo divino. Pero, por otro
lado, se corre el riesgo de hacer uso extremista de la religión, con lo cual se perdería el
control de lo político sobre las creencias, siendo estas las que tomarán el control del
proceso político. Una campaña así giraría en torno de los dogmas, de las creencias y
argumentos religiosos. Esta campaña pudiera desencadenar en fenómenos de
intolerancia, de rechazo, de fanatismo. En aras del bienestar humano, de la reconquista
de valores morales, la iglesia prohibe manifestaciones que la cultura democrática exige:
diversidad de formas de pensamiento y de manifestación de lo cultural, de lo religioso.

Uso político de la religión


La relación Estado-Iglesia ha estado llena de momentos difíciles y de fingimiento.
Sin posibilidad de participación directa en las decisiones públicas, la Iglesia ha
emprendido formas de presión para poder alcanzar sus objetivos. Se ha llegado a permitir
expresar sus ideas y solicitudes, con la condición de que no provoque a la movilización
contra el Estado, pero, sobre todo, para que sea un mecanismo de dominación y sostén
del partido en el poder (PRI) 4. Después de las Leyes de Reforma y de la Constitución de

4
“En consecuencia, después de 1940, los gobernantes mexicanos optaron por incluirla [a la
Iglesia Católica] dentro del sistema, atribuyéndole una función de apoyo del aparato de
dominación ideológica” (Loaeza, 1985:46). Alford (1980) expone que en sociedades
angloamericanas, los católicos tienden a votar más por el partido de izquierda que los
protestantes. Esto se debe, al parecer, a la situación étnica pues en esos países los católicos
son minoría social. En nuestro país, cosa contraria, la mayoría de los católicos y la jerarquía
tienden a apoyar a partidos de Centro (PRI) o de Derecha (PAN) (García Ugarte, 1993).
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1857, la Iglesia perdió el control que ejercía sobre el poder público. Más de un siglo la
Iglesia Católica esperó pacientemente a que se modificara la Constitución para poder
tener reconocimiento y recuperar prebendas como las que tenía antes de las Leyes de
Reforma.
Parece ser que la ventaja de tener una ley que reconozca y regule la relación con
las asociaciones religiosas es para apoyar el discurso político y traer a “terrenos
materiales aspectos que son de lo celestial”. Para el gobierno es conveniente tener un
aliado que influya en el ánimo de los votantes, inyectando temor ante el cambio; y a la
jerarquía le conviene ser reconocida y tener parte importante en las decisiones públicas,
aunque de momento tenga que pagar el favor al PRI apoyando a sus candidatos. El
propósito fundamental de la iglesia es dirigir los destinos públicos, aunque no
directamente, dice Juan Pablo II, sino a través de los gobernadores o puestos directivos.5
Pero como hacen notar De la Rosa y Reilly (1985) este pretendido apoliticismo más bien
parece ser una forma de cubrir la participación política que ejerce la iglesia.6

Religión y estabilidad política


En el afán de mantener la estabilidad política, el gobierno ha concedido y cedido
espacios de influencia a la Iglesia, la cual los ha utilizado para promover su prevalencia
como religión oficial. Alford (1980) refiere en su trabajo, que en las sociedades en las
cuales existe homogeneidad religiosa, donde la cultura está impregnada del elemento
religioso, es común encontrar que se mantienen altos niveles de estabilidad política. Por
ello se ha favorecido la presencia del sector católico en la vida política, tal presencia sirve
como instrumento de legitimación al gobierno y al sector religioso.

5
Con este reconocimiento se “autoriza a la Iglesia a dar su juicio moral no sólo en lo que a la
salvación de los hombres se refiere (...) sino también en lo referente a la organización
sociocultural y la vida política” (García Ugarte, 1993:38). Recordamos algunos ejemplos de
gobernadores de extracción panista los cuales, en abierto apoyo a la iglesia católica, han
prohibido eventos públicos (como obras de teatro, conferencias sobre SIDA y sexualidad,
publicaciones, etc.) porque dañan la moral y buenas costumbres (González Ruiz, 1993).
6
“El tipo de predicación religiosa y la doctrina social de la Iglesia ¿no son, acaso, parte de la
ideología dominante que favorecen y facilitan la hegemonía de la clase en el poder?” (De la
Rosa y Reilly, 1985:14).
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Cuando no existe una homogeneidad religiosa es frecuente que entre los grupos
que mantienen diferentes formas de creer y vivir la religión, surjan conflictos. En un nivel
psicosocial, los conflictos religiosos hacen emerger cambios en las cogniciones que se
traducen en cambios en las manifestaciones conductuales. En el esquema que Alford
plantea, los conflictos y la forma de solucionarlos se da en un ambiente de respeto hacia
los demás, por lo que los individuos cambian sus cogniciones (creencias, expectativas)
hacia los demás y la sociedad modifica sus estructuras con el fin de que la estabilidad
social se mantenga.
Para Alford las culturas angloamericanas parecen funcionar de esta forma. Pero en
culturas latinas, específicamente en México, hay que reconocer las peculiaridades que
hacen que relaciones de ese tipo no se presenten. De hecho, México tiene elementos que
hacen una marcada diferencia de las relaciones culturales de otros países
latinoamericanos: la Revolución de 1910 y la Guerra Cristera: “Por razón de esta historia,
lo que es posible en otros países de América Latina, en México no lo es: juntas militares
legitimadas por la jerarquía eclesiástica, partidos políticos de confesión cristiana,
relaciones diplomáticas con el Vaticano, presencia de políticos de alto rango en
ceremonias religiosas, etcétera” (De la Rosa y Reilly, 1985:14). Las dos últimas
características que De la Rosa plantea ya se han presentado en México: esperemos que
no suceda lo mismo con las otras. En nuestro país existe una cultura que gira en torno a lo
divino y lo religioso.7 Y tenemos pocos casos de situaciones de tolerancia religiosa; más
bien, la cuestión religiosa es un tema que es difícil abordar con serenidad y tolerancia.
Ante este panorama de intolerancia a las formas de pensamiento religioso, hacer
uso de elementos que se encuadren en lo religiosos y/o divino en las campañas, entraña
el problema de que se pueden desatar fenómenos graves de rechazo a los “otros” que no
creen ni piensan como uno. En el discurso religioso se encuentra presente el elemento de
“exclusividad”; es decir, cada grupo religioso cree que es el “pueblo elegido”, el único que

7
Por “Divino” entendemos a los elementos que se refieren a deidades, entes superiores que
gobiernan y rigen los destinos; “Religioso” se refiere a elementos que tienen que ver con un
grupo social que se mantiene unido en razón de prácticas socialmente aceptadas con respecto
a lo divino.
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será salvo, el único por el cual se podrá obtener la vida eterna. Esta misma lógica de
exclusividad se presentará en la política, con lo que las luchas políticas pueden
transformarse en luchas religiosas, fanáticas, de destrucción del otro, del enemigo.
Insertar elementos religiosos es algo sumamente atractivo para los partidos políticos, pero
no hay que olvidar las graves implicaciones que se acarrearán.
La dificultad de diferenciar lo religioso de lo político ocasionaría conflictos
psicológicos al momento de evaluar la función o elegir a representantes públicos, pues se
presentaría un fenómeno de polarización y extremismo social, al votar o apoyar a
personas que sean del mismo grupo religioso y a criticar o rechazar a personas que
pertenezcan a posturas religiosas distintas. Incluir elementos religiosos en política
fomentaría la aparición de intolerancia y fanatismo extremo. El discurso religioso
promueve elementos de exclusividad y diferenciación grupal, que aunados a lo político,
pueden generar prácticas de fanatismo e intolerancia, graves para la cultura de cualquier
país.

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Conclusión
Las estrategias de persuasión son utilizadas tanto por políticos como por
religiosos. Pero en religión no es fácil distinguirlas, pues el trasfondo del proceso de
persuasión es “la salvación de las almas”, por lo que es visto como correcto el uso de
tales procesos. Para el caso de la política, hay una concepción negativa de ella, de abuso,
de que la política pervierte y corrompe, de que es utilizada para beneficio despótico. En
ese sentido, cuando un discurso religioso comienza, genera situaciones de rechazo;
aunque los seguidores o allegados al político lo celebren. Ese es el punto de discusión.
Los seguidores religiosos no cuestionan el discurso de su pastor o ministro. No es
posible. El religioso convence por el carisma místico que tiene, por ser un seguidor de
Jesús.
Legalmente, hace poco tiempo que las instituciones religiosas tienen
representatividad. Pero el reglamento no analiza lo que sucede a lo interno de las Iglesias.
Por ello, muchos jerarcas católicos pueden hacer proselitismo político, pues la aplicación
de la ley es débil. En tal sentido, la religión está sirviendo de escaparate para la política.
Aparentemente los grupos religiosos se acercan a los políticos para hacer valer sus
necesidades, pero estos los usan para agenciarse votos y poder. Lo que está en juego es
la validez de las creencias. Al hacer este uso tan profano de lo sagrado, puede generar
situaciones de no-creencia, de falta de sentido a la vida entre los feligreses, pudiendo
volverse más fanáticos, para defender su verdad, o perdiendo completamente el sentido
al vivir. Ambas situaciones son graves.
El año 2000 se presenta como una fecha marcada por la desilusión y
desesperanza de lo vivido, con una carga histórica de crisis económicas, sociales y
políticas; pero también, como una fecha que marcará un nuevo rumbo, el surgimiento de
nuevos eventos que permitirán mejorar: esa es la esperanza que se encuentra en juego en
tal fecha. A fines del siglo se acrecientan los fenómenos de mesianismo y muchos grupos
religiosos encue ntran un campo fértil para traer a la memoria los sucesos del Apocalipsis.
En tal sentido el campo religioso se encontraría propicio para el surgimiento de
fenómenos de intolerancia, de suicidios colectivos, de surgimiento de fanatismos, como

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forma de enfrentar el temor que provoca el cambio de ciclo. La inclusión del elemento
político no haría sino provocar situaciones más extremas.
La persuasión religiosa es un tema delicado en razón del área en la que se ubica,
las creencias. El abuso de las creencias ha servido para deslegitimar la religión; se ha
transformado de una estructura de formación de identidad en un aparato de regulación y
sometimiento. Pero el uso de lo religioso en tal sentido no demerita la importancia cultural
que ella tiene. Una revisión a los procesos históricos nos muestra las agresiones que en el
nombre de la religión se han cometido. Los grupos religiosos deberían preocuparse por
fomentar en sus seguidores una elección razonada y un convencimiento pleno. Pero se
han quedado en promover aislamiento, fanatismo e intolerancia, permitiendo que a lo
largo de la historia se haga uso de la fe como elemento de legitimación de imperios y
gobiernos.
Deseable sería que el Estado restringiese el papel de las Iglesias al ámbito de lo
privado, que a
l educación fomentase prácticas de respeto y tolerancia a la forma de
pensamiento, es decir, un cambio en el sistema educativo. Pero sobre todo, que los
políticos evitasen recurrir a discursos que no les son propios, de los que desconocen todo
o la mayor parte. “En la memoria religiosa del pueblo mexicano, la mezcla de religión y
política deja un saldo negativo” (De la Rosa y Reilly, 1985:14).
Ante un escenario competido políticamente, como no se había tenido antes, la
búsqueda del poder puede derivar en el acercamiento hacia los grupos religiosos. En
tanto se piense en la religión como un campo fértil para las elecciones, especialmente en
las del 2000, caeremos en un laberinto de conflictos de creencias que conllevarán la
destrucción de nuestra cultura. Se requeriría realizar cambios en el ámbito estructural
entre los cuales mencionamos cuatro vías:

• En la política educativa, para que, en el proceso de socialización que tiene lugar en las
instituciones educativas, se promuevan relaciones de respeto y tolerancia;
• En materia religiosa, que los grupos religiosos entiendan su papel en el ámbito de lo
privado;

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• El Estado como órgano regulador de las actividades de los grupos religiosos; y,


• En política, que los políticos no hagan un uso ridiculizante del discurso religioso.

El estudio de las formas de la persuasión religiosa mostrará las diversas facetas


en las cuales ocurre tal proceso y permitirá delinear estrategias adecuadas a una cultura
como la nuestra para prevenir fenómenos de intolerancia y de conflicto político.
Se hace indispensable un trabajo interdisciplinario para dar estrategias de solución
y de prevención de fenómenos como los mencionados. La perspectiva psicosocial nos
permite aportar elementos teóricos y metodológicos para abordar el fenómeno político-
religioso. Diversos estudios nos hablan sobre el proceso de conversión y los efectos que
la pertenencia a ciertos grupos genera en los integrantes. Un acercamiento a este
fenómeno implica tener una visión comprehensiva de la realidad, así como de métodos y
técnicas capaces de ubicar los diferentes procesos y situaciones que ocurren en el
campo de lo religioso, pero sobretodo, prever casos tanto de abuso de líderes religiosos
como de conflictos religioso-políticos.

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