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Definición de

ontología del
lenguaje

Grupo y
Liderazgo
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Introducción a los procesos
comunicacionales humanos
Aspectos filosóficos: la ontología del lenguaje

Desde la Ontología del lenguaje, Rafael Echeverría (2008) parte de un


supuesto fundador: somos participantes activos.

Una transformación histórica fundamental: se está gestando


una nueva y radicalmente diferente comprensión de los
seres humanos. Este es uno de aquellos acontecimientos
especiales de la historia que tienen el poder de reconfigurar
lo posible y de modificar el futuro. (Echeverría, 2008, p. 14).

Esto implica que se nos presenta una nueva forma de comprender al ser
humano o, yendo más allá, de poder encontrar otra respuesta a la noción
de ser. La ontología del lenguaje parte precisamente de la idea de
revolucionar la noción misma de lo que entendemos por ser humano. Esta
pregunta, que ha cautivado a los filósofos a lo largo de la historia –¿qué es
el ser?–, es algo que también busca responder la ontología del lenguaje y lo
hace desde una postura propia. Esto es precisamente lo que, en el marco
del primer módulo, pretendemos dilucidar.

Algunos de los fenómenos que nos llevan a la necesidad de repensar la


noción misma de ser se encuentran presentes en la sociedad desde finales
del siglo pasado. Estos son:

 Globalidad.
 Velocidad e inmediatez.
 Personalización frente masividad.
 Interconexión.
 Búsqueda de bienestar.
 Diversidad.

Los seres humanos como eje clave

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Cada uno de estos fenómenos nos agrega elementos clave para repensar al
ser humano. De este modo, la globalización nos impone la idea de un ser
humano en relación íntima con otros que no son los próximos o cercanos,
sino que se contempla la necesidad de tener en cuenta a otro que está más
allá de las fronteras y que comparte lo cotidiano a través de, por ejemplo,
las nuevas tecnologías.

Figura 1:

Fuente: [Imagen sin título sobre el uso de nuevas tecnologías]. (s. f.). Recuperado de
http://goo.gl/HcB0zj

La velocidad de los cambios acontecidos y la inmediatez de los cambios que


continúan aconteciendo imponen tanto nuevas formas de adaptación y
desarrollo como nuevas formas de comprensión de estas dinámicas.

Lo individual y lo grupal forman parte más que nunca de un desafío por


emprender. Así, organismos como la Organización de las Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) han planteado esta
dualidad como una tensión a nivel del globo que debe ser afrontada
principalmente a través de la educación. Aparece así en la ontología del
lenguaje la idea y el pilar de aprender a convivir. Aquí cobra relevancia
también la idea de diversidad, de lo múltiple, de lo complejo, como
elementos que están en el núcleo mismo de la relación con otros. La
necesidad de aceptación y respeto también subyacen en este desafío.

La ontología pone al ser humano como eje clave para pensar en los
cambios acontecidos y por acontecer.

Las nuevas generaciones que comienzan a irrumpir en la sociedad


presentan diferencias notorias respecto del resto coexistente. Esas

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diferencias son marcas debidas a los cambios importantes mencionados,
entre otros, y modifican las expectativas y los comportamientos, lo cual
impacta sustantivamente en diversos ámbitos y dan lugar a la denominada
turbulencia generacional. Es entonces que la sociedad comienza a
preocuparse por entender el fenómeno y sus impactos; de este modo, nos
aparecen interrogantes como los siguientes:

¿Cómo vamos a entendernos? ¿Cómo nos vincularemos? ¿Cómo vamos a convivir


teniendo en cuenta que nos necesitamos mutuamente para crecer y
desarrollarnos?

Es así que iniciamos la activa participación en una transformación histórica


fundamental: se está gestando una nueva y radical forma de comprensión
del ser humano, lo que nos pone de esta manera en la puerta de un camino
que nos demanda nuevos cuestionamientos, con ventajas y dificultades, lo
cual gesta nuevas formas de liderazgo, nuevos líderes.

Podemos decir que estamos enfrentando una revolución radical en la


forma en la que nos comunicamos con los demás. La convivencia, la
comunicación, el entendimiento, el pensamiento, la comprensión de uno
mismo y del otro, de lo humano, se presentan como claves significativas
que dilucidar.

Un filósofo de gran influencia como Descartes (cartesianismo) dijo la frase


paradigmática “Pienso, luego existo”, que es la base del ser. La razón es lo
que nos hace seres humanos. El pensamiento es nuevamente la base para
entender el ser humano. El pensamiento siempre adquiere precedencia. A
pesar de ello, podemos rastrear que este concepto responde a postulados
griegos que rondan en la comprensión del ser como seres racionales; nos
estamos refiriendo así a postulados metafísicos.

René Descartes (1596-1650)

Postulamos que el pensamiento filosófico planteado por Descartes ha sido


el más influyente de los tiempos modernos. La modernidad se desarrolló
dentro de esta modalidad de pensamiento, aceptando los principales
supuestos formulados por Descartes, tales como la noción de que las ideas,
el pensamiento y la razón nos configuran como seres, como ya se señaló, el
pensamiento siempre adquiere precedencia.

Es a partir de la posibilidad de pensar que podemos aceptar que nuestra


existencia se sostiene en el postulado de la antigua tradición griega
“pienso, luego existo”. El pensamiento se erige, entonces, como la base del

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ser, lo que permite comprender a los seres humanos como seres
racionales.

 La razón es aquello que nos hace seres humanos.


 La esencia del ser humano radica en su pensamiento.

Dice Rafael Echeverría (2008):

La Filosofía de Descartes es una expresión histórica del


impulso dado al alfabetismo por medio de la invención de
otro cambio de suma importancia en el modo de
comunicarnos: la prensa escrita o imprenta. Con la prensa
escrita, la separación inicial entre el orador, el lenguaje y la
acción que había producido la invención del alfabeto, se
profundiza y extiende a todos los niveles de la sociedad. Con
la imprenta, los libros se convirtieron en artículos fácilmente
adquiribles, lo que generó profundas consecuencias
sociales, permitiendo la emergencia del sistema escolar, la
expansión social del alfabetismo (las competencias de leer y
escribir) y la democratización y extensión de la racionalidad
a todos los rincones de la vida social. (P. 17).

La ontología del lenguaje sostiene una comprensión radicalmente nueva


acerca de la concepción del ser humano. Para aclarar un poco lo hasta aquí
introducido, animémonos a recorrer algunos antecedentes filosóficos.

La historia ha dejado su huella; sin embargo, no todo lo que conocemos o


creemos conocer acerca del pasado tiene implicancias en el futuro, o ha
generado grandes oportunidades (o posibilidades), abriendo o cerrando así
grandes periodos para la humanidad.

Como antecedente destacado podemos nombrar la aparición del alfabeto,


que dio origen así a una forma de sociedad con nuevas formas de
convivencia y con nuevos interrogantes.

La reducción y codificación de los signos y la inclusión de las vocales para


lograr la pronunciación adecuada del lenguaje oral tuvo como
consecuencia en Grecia la determinación del alfabeto occidental. El
alfabeto inicia su intervención en el lenguaje y cambia la forma de pensar
las cosas, de modo que se deja de lado el lenguaje del devenir y
otorgándole el ingreso al lenguaje del ser. Se genera de esta manera un

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poderoso cambio: el pensar, el rey de todas las acciones; queda así
postulado el concepto: los seres humanos somos seres racionales.

¿Qué se entiende por ontología?


Puede denominarse ontología al estudio del ser, en tanto lo que el ser es y
cómo es el ser. La ontología define al ser y establece las categorías
fundamentales de las cosas a partir del estudio de sus propiedades,
sistemas y estructuras. En tanto se define al ser, también lo circunscribe, lo
limita, es decir, cuando afirmamos que algo es, al mismo tiempo estamos
diciendo que algo no es. En la propia definición de la perspectiva
metafísica, está inscripta la limitación del ser humano: ahí se establece lo
que se es y lo que no se puede ser. Y algo más importante aún: sabemos lo
que somos, pero no lo que podríamos llegar a ser.

Para los antiguos griegos, el término ontología significaba la comprensión


general del ser. Por lo tanto, si tomamos el término en este marco, nos
encontraremos atrapados en el mundo metafísico, y es de donde
precisamente la ontología del lenguaje quiere alejarse a través de su
propuesta, apoyada en las tres vertientes antes mencionadas.

Rafael Echeverría (2008) dice al respecto:

El término Ontología del Lenguaje, abarca un doble sentido.


Considerando los aportes del Martin Heidegger, con su
investigación acerca del Dasein, que en síntesis hace
referencia al modo particular de ser como somos los seres
humanos, así la ontología hace referencia a una
comprensión genérica- nuestra interpretación-de lo que
significa el ser humano… cuando decimos de algo que es
ontológico, hacemos referencia a nuestra interpretación de
las dimensiones constituyentes que todos compartimos en
tanto seres humanos y que nos confieren una particular
forma de Ser. (P. 19).

En este sentido, la ontología nos muestra una propuesta, desde el ser


metafísico, de lo que es el ser humano; pero en tanto propuesta implica la
posibilidad de pensar una ontología no metafísica, como lo reivindica la
ontología de lenguaje.

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Para Rafael Echeverría esto nos lleva a pensar que:

Cualquier postulado que hagamos sobre el ser «en general»,


o sobre otros seres distintos de los seres humanos (como
está involucrado en el sentido clásico del término ontología)
está basado, a fin de cuentas, en una comprensión
subyacente del ser que formula ese postulado.
Consecuentemente, la Ontología tal como la hemos
definido, en cuanto a comprensión de lo que significa ser
humano, sienta las bases para la antigua noción de la
Ontología como comprensión general del Ser. (2008, p. 19).

Esto quiere decir que, siempre que hagamos o digamos algo como “esto o
aquello es así”, estaremos hablando desde nuestra propia concepción
ontológica sobre “esto o aquello”. Si decimos “Pablo es tímido”, estamos
diciendo y dando sentido desde un juicio muy particular que poseemos
sobre las conductas que muestran los seres humanos, a las cuales les
atribuimos la idea de timidez. Esta afirmación a su vez habla de nosotros,
ya no de Pablo, sino de lo que creemos acerca de tales conductas. No
quiere decir que el otro sea tímido, sino que creemos que el otro es. Rafael
Echeverría sintetiza lo expuesto de la siguiente manera:

“Cada planteamiento hecho por un observador nos habla del tipo de


observador que ese observador considera que es” (2008, p. 19). Este es un
principio fundamental en nuestro acercamiento al tema. Podemos no darnos
cuenta de que al hablar o al actuar estamos revelando estos supuestos
ontológicos subyacentes, pero lo hacemos a pesar de todo.

Este mismo principio en una versión modificada nos lleva a inferir el


siguiente postulado: todo lo que hacemos, sea lo que sea, revela nuestro
juicio, nuestra propia forma de pensar y hablar, revela quiénes somos; esta
es precisamente la base de uno de los usos quizás más poderosos de la
ontología del lenguaje: la práctica del coaching ontológico. El tema de los
juicios será abordado más adelante como se merece.

De este modo, la nueva concepción de lo que es el ser humano, teniendo


en cuenta el nuevo concepto de la ontología del lenguaje, constituye la
piedra angular de la propuesta ontología del lenguaje.

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Rafael Echeverría (2008) postula una nueva interpretación acerca de una
nueva concepción del ser humano que somos.

Una nueva comprensión del ser humano: no metafísica

En este punto del desarrollo de los postulados de la perspectiva metafísica


como desde los postulados de la ontología, podemos concebir una nueva
comprensión de los seres humanos.

Decíamos que, desde la tradicional concepción de hombre, se asume


normalmente que cada individuo nace dotado de una particular forma de
ser, que cada uno posee una manera de ser que tiene la cualidad de ser
permanente, fija o inmutable (este concepto es el que muchas veces
hemos encontrado utilizado como alma). Desde esta perspectiva, la vida es
algo que nosotros atravesamos. Está, de alguna forma, previamente
determinada y solo tendremos que atravesarla de la mejor forma posible.

La propuesta de la ontología del lenguaje asume una posición radicalmente


diferente al planteo metafísico porque esta concepción sostiene que la vida
es, por el contrario, el espacio en el que los individuos se inventan y crean
constantemente a sí mismos.

Como nos dice Nietzsche: “en el ser humano la criatura y el creador se


unen” (como se cita en Echeverría, 2008, p. 23); y continúa más adelante,
“Como escribiera Shakespeare: ‘Sabemos lo que somos, pero no sabemos
lo que podríamos ser’” (como se cita en Echeverría, 2008, p. 24). “Nuestro
ser es indeterminado, es un espacio abierto apuntando hacia el futuro”
(Nietzsche, como se cita en Echeverría, 2008, p.24).

La ontología del lenguaje sostiene la concepción de un ser humano como


un ser en constante proceso de devenir, de invención y reinvención dentro
de una deriva histórica. No sabemos lo que somos capaces de hacer o en lo
que podemos transformarnos.

La concepción ontológica de nosotros mismos nunca podrá darnos una


respuesta concreta y determinada a la pregunta de lo que significa el ser
humano. Solo podrá brindarnos distinciones generales que nos guían como
parámetros para definir una estructura básica de posibilidades siempre
abiertas al devenir, somos seres abiertos al diseño.

Echeverría dice que “esta estructura general de posibilidades, que


compartimos todos en tanto seres humanos, es lo que Martín Heidegger
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llamó el Dasein, el «ser en el mundo» que somos. Ontología es la
indagación en el Dasein” (2008, p. 24).

Dos filósofos más importantes que han visto de esta manera el alma
humana han sido Heráclito y Nietzsche. Heráclito (535-484 a. C.), filósofo
presocrático, de alguna manera plantea algo totalmente diferente al
pensamiento que más adelante se llamaría metafísica. Planteó que
estamos en un proceso de flujo constante, que nunca permanecemos
iguales, que estamos cambiando constantemente, tal como lo hace un río.
En este punto cobra sentido el famoso dicho de Heráclito: “no te
sumergiréis nunca en el mismo río”. La idea de la mutación del ser, de la
transformación, subyace en la perspectiva de Heráclito. Somos seres en
continua transformación, mutación, como un río que nunca es el mismo.

Nietzsche, por su lado, llega a la filosofía a través de la filología, una


disciplina que se interesa por el lenguaje y, en su caso, por el estudio de las
lenguas y la literatura de los antiguos griegos y romanos. Esto le permitió
contactarse muy tempranamente con el trabajo de los presocráticos, los
filósofos que vivieron antes de Sócrates, Platón y Aristóteles. Una vez que
Nietzsche tomó contacto con el pensamiento de Heráclito, comprendió
que en él estaba presente una perspectiva totalmente diferente de la que
ofrecía el programa metafísico. Declaró a Heráclito su mentor.

Tanto Heráclito como Nietzsche entendieron que la forma para poder


comprender al ser humano no podría estar centrada en el solo foco del ser,
sino que se hace indispensable poder mirar hacia otra idea, la del no ser, en
donde existe un espacio para la transcendencia de lo que se es hacia lo que
se puede ser (no ser), hacia el devenir.

Es en este devenir en donde se debe poder concebir y aceptar la idea del


ser como el no ser, a este ciclo que reúne el ser y la nada, esta eterna
recurrencia del uno y del otro. Echeverría, citando a Nietzsche, dice que:

Ser humano, según Nietzsche, puede ser visto como un


proceso en el que estamos permanentemente huyendo de
la nada, mientras que, al mismo tiempo, somos impulsados
hacia ella, hacia el “sin sentido” de nuestras vidas, e
inducidos a la necesidad de regenerarnos constantemente
un sentido. (Echeverría, 2008, p. 25).

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Referencias
Echeverría, R. (2008). Ontología del lenguaje (5.a ed.). Buenos Aires, AR: Granica.

[Imagen sin título sobre el uso de nuevas tecnologías]. (s. f.). Recuperado de
http://www.salud180.com/adultos-mayores/aumentan-criticas-ante-la-alerta-de-
oms-por-uso-de-celulares

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