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Uno de los retos que surgen en la disciplina de Neuropsicología es el de definir un perfil

cognitivo cuando el deterioro es severo.


En este artículo se va a explicar, en líneas generales, cómo describir un perfil
neuropsicológico en estas ocasiones y qué baterías o pruebas pueden ayudarnos.
La descripción del deterioro cognitivo severo variará en función de si estamos hablando
de un Síndrome de Down, de un retraso intelectual, de un traumatismo craneoencefálico
(TCE), de una demencia avanzada, etc.
En todo caso hay que adaptar los test neuropsicológicos a la patología que vamos a
evaluar.
Hay test validados para la discapacidad intelectual como el SIB (Sever Impairment
Battery) o el DMR (Dementia Questionnaire for Mentally Retarded).
También hay test validados para el Síndrome de Down como el CAMDEX-DS o TB-DI
(Test Barcelona para Personas con Discapacidad Intelectual).
Estos test ya están validados para este tipo de patologías y en ningún caso se utilizarán
test con baremos de población sin daño cerebral, como el Mini Mental State Examination
(MMSE).
En el caso de evaluar una demencia tipo Alzheimer en un estado avanzado (GDS 6-7) las
pruebas neuropsicológicas convencionales harán un efecto suelo y no nos aportaran datos
relevantes.
En este caso podríamos basarnos en la teoría de la retrogénesis y evaluar el perfil con el
test M-OSPD (Modified Ordinal Scales of Pshychological Development). Esta prueba
está basada en la teoría de desarrollo de Piaget en niños de 0 a 2 años. No necesita del
lenguaje, permite evaluar las capacidades cognitivas conservadas y la interacción con el
entorno.
Test M-OSPD
Este test se basa en 5 subescalas: Seguimiento visual y permanencia de los objetos,
desarrollo de medios para conseguir algo del entorno, causalidad operacional,
construcción de relaciones entre objetos en el espacio y desarrollo de esquemas para
relacionarse con los objetos.
El informe
En el informe neuropsicológico describiremos las funciones cognitivas y físicas en las
que se encuentra el paciente.
Debido a la severidad del perfil se recomienda el siguiente orden:
1- Nivel Atencional: Este estado es importante para determinar la fiabilidad de la
exploración.
De mayor a menor gravedad los diferenciaremos por la actividad motora y/o disminución
del nivel de conciencia:

· Coma
· Sopor
· Obnubilación
· Síndrome confusional
· Vigilia

Dentro del nivel atencional, es recomendable concretar el grado de colaboración que


muestra el paciente durante la intervención. Si colabora, si no colaboradora o si es un
colaborador encubierto, es decir, que nos dice que quiere colaborar pero no se esfuerza
en las tareas.
2- Lenguaje. ¿Hay lenguaje? Vamos a describir las características del mismo teniendo en
cuenta y diferenciando si hay una pérdida de lenguaje debido a lesiones centrales o
periféricas.
En estos casos el lenguaje es una de las primeras cosas a evaluar. Tenemos que
asegurarnos de que comprende lo que le demandamos y a qué nivel de comprensión puede
acceder, para así poder otorgar valor a nuestra evaluación e ir adaptando la exploración
neuropsicológica.
· Fluencia
· Gramática
· Neologismos o parafasias
· Comprensión
· Repetición
· Denominación
· Lectura / Escritura
· Prosodia
· Disartria
· Disfonía
· Disfemia
Descubre AQUÍ qué es la afasia y qué tipos de trastornos del lenguaje podemos
encontrarnos.
Una vez conocido el nivel atencional y comunicativo, procederemos a evaluar otras
funciones cerebrales adaptándonos siempre al paciente y a sus capacidades cognitivas y
físicas.
3- Orientación. Las pruebas de orientación las administraremos después del lenguaje para
otorgarle valor clínico. También así podremos adecuar la manera de pasar el test a
técnicas más visuales o de tipo no verbal si fuera necesario (calendarios, escritura,
dibujos, etc).
4- Memoria. Adaptaremos las prueba de memoria según el perfil cognitivo.
En caso de que el lenguaje esté preservado podremos administrar una prueba verbo-
verbal, como una lista de palabras (TAVR, California…), etc.
En caso de que no podamos comunicarnos mediante el lenguaje podemos pasar una
prueba de memoria más ecológica como el Rivermead Behavioural Test. Esta prueba
consiste, entre otros ítems, en esconder una serie de objetos en el entorno y más tarde
preguntar si recuerda tanto el objeto como la localización del mismo.
También es importante evaluar la memoria visual tanto si hay lenguaje como si no.
Podemos administrar pruebas de reconocimiento inmediato de figuras entre distractores
(Test Barcelona) o memoria visual de reproducción gráfica diferida y reconocimiento de
elementos como la Figura Compleja de Rey o semejantes.
5- Praxias. Consiste en la ejecución de un movimiento previamente aprendido.
Exploraremos los siguientes tipos:
· Praxia facial: Realización de gestos o movimientos con diferentes partes de la cara
(mejillas, lengua, labios, cejas, etc).
· Praxia ideomotora: Realizar un gesto aprendido a través de un significado.
· Praxia ideatoria: Secuenciación de movimientos para conseguir una finalidad (carta y
un sobre, cerillas y una vela, etc).
· Praxia visuoconstructiva: Capacidad de planificación de los movimientos necesarios
para organizar unos elementos en el espacio y acabar formando una estructura o un
dibujo.
6- Gnosias. Reconocimiento de los estímulos mediante los diferentes canales sensitivos
primarios.
· Agnosia visual: Incapacidad de reconocer los estímulos mediante el canal visual y
otorgarle un significado.
· Agnosia auditiva: Incapacidad de reconocer los estímulos mediante el canal auditivo.
· Agnosia olfativa: Alteración de reconocimiento de los estímulos mediante el canal
olfativo.
· Agnosia gustativa: Incapacidad de reconocer diferentes sabores.
· Autotopagnosia: Alteración del reconocimiento del esquema corporal.
7- Función Ejecutiva. Es probable que si estamos evaluando a una persona con deterioro
cognitivo severo las funciones ejecutivas se vean alteradas, debido a su a su fragilidad
ante el daño cerebral adquirido.
Es importante la valoración de las funciones ejecutivas ya que nos ayudará a conocer las
posibilidades de trabajo que tenemos en la rehabilitación y en cómo podemos manejar los
trastornos de conducta si los hubiera.
· Flexibilidad cognitiva. Importante observar el grado de flexibilidad cognitiva, sobretodo
por si se quiere actuar a posteriori en rehabilitación. Podemos usar pruebas como el
Wisconsin Card Sorting Test.
· Inhibición. Importante para los trastornos de conducta. Evaluar si hay capacidad de
inhibición. Podemos usar pruebas como el Stroop, Cats and dogs test, etc.
· Impulsividad. Control de impulsos, también importante para conocer el trastorno de
conducta. Podemos usar test como por ejemplo el CPT-II, etc.

· Planificación. Capacidad para desarrollar una secuenciación para obtener una finalidad
adecuada. Podemos administrar Torre de Londres, Torre de Hanoi, etc.
· Razonamiento, pensamiento abstracto (WISC-V, etc.).
· Memoria de trabajo. Mantenimiento y manipulación de la información. (Dígitos
inversos, cubos de Korsi, etc).
· Atención dividida (capacidad para realizar dos o más tareas a la vez).
Bibliografía
Susanna Esteba-Castillo, Javier García Alba, et al. (2012) Perfiles neuropsicológicos:
guía para la evaluación e intervención del deterioro cognitivo en las personas con
síndrome de Down, Novell Alsina 68.
Cejudo, J.C; Torrealba, E; García, et al. (2011) Escalas ordinales modificadas de
desarrollo psicológico (M-OSPD). Estudio de deterioro cognitivo en pacientes con
enfermedad de Alzheimer avanzada. Análisis de validez y fiabilidad. Psicogeriatría 3 (2):
87-92

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