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LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO:

Entre el mito y la realidad


Ju a n A n t o n i o B e r n a d

94

LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO:


Entre el mito y la realidad

Crecimiento personal
C O L E C C I Ó N
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© Juan Antonio Bernad, 2004

© EDITORIAL DESCLÉE DE BROUWER, S.A., 2004


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Diseño de colección: Luis Alonso

Printed in Spain
ISNB: 84-330-1852-3
Depósito Legal: BI-357/04
Impresión: RGM, S.A. - Bilbao
Te recuerdo, por si no habías reparado en ello,
que hay tres estados imperfectos, la soltería,
el matrimonio y todos los intermedios.
ÍNDICE

Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11

Saludo a los lectores, solteros y casados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15


Los solteros: sus múltiples caras y sus numerosos
interrogantes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
Mis convicciones personales y los objetivos de este libro . . . 22

1. La soltería y sus dimensiones psicológicas . . . . . . . . . . . . . . . 31


Diferentes concepciones de la soltería . . . . . . . . . . . . . . . . . 33
Una tipología provisional de la soltería . . . . . . . . . . . . . . . . 74

2. Solteros, ¿por qué? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 93


Razones psicológicas de la soltería . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95
El mito de “la media naranja” y la casualidad . . . . . . . . . . 113
Los factores ambientales o determinismo sociológico de
la soltería . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 117
Las mujeres solteras, ¿caso especial? . . . . . . . . . . . . . . . . . . 122

3. La vida del soltero: sus luces, sus sombras . . . . . . . . . . . . . . . 125


Rápida ojeada a las ventajas e inconvenientes de la
soltería . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131
Los solteros: ¿juegan con ventaja? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 133
Inconvenientes en la vida del soltero . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

4. El futuro de los solteros: Los solteros en el futuro y su


desarrollo personal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 223
Crecimiento personal del soltero: supuestos, experiencias
y metas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 225
Directrices básicas para un programa de desarrollo pleno del
soltero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 256

5. Apertura del soltero a la vida en pareja y al matrimonio . . . 263


Encontrarás tu pareja donde menos lo esperas . . . . . . . . . . 268
Correr el riesgo de acertarte a la persona que te interesa . . 270
El salto al conocimiento personal y al amor pleno de
pareja . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 272
Las parejas de hecho y la supresión de los vínculos jurídicos
de pareja . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 285
Decálogo para solteros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 292

Anotaciones y comentarios al libro de Carmen Alborch (1999):


Solas. Gozos y sombras de una manera de vivir. Madrid:
Temas de Hoy, 7ª ed. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 295

Referencias bibliográficas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 321

10
PRESENTACIÓN

Hasta fechas recientes, en el mundo occidental más del noventa


por ciento de los adultos estaban casados y, actualmente, ocho de
cada diez divorciados europeos se vuelven a casar antes de transcu-
rrir los cinco años siguientes a su ruptura matrimonial. En España,
una de cada cuatro personas en edad de casarse está soltera. ¿Por qué
se casaba la mayoría y hoy crece el número de solteros?, ¿es la solte-
ría una cuestión de elección o algo forzado “que te cae”?, ¿por qué no
logran casarse muchos que lo desean?, ¿tienen algo en común todos
los solteros?, ¿cómo pueden alcanzar los solteros un desarrollo pleno
de su persona? Éstas y otras muchas preguntas aparecen tan pronto
como uno se adentra en el mundo de los solos y solteros; sobre ellas
tratan estas páginas.
Este manual se desmarca de todos aquellos estereotipos y estig-
mas con que el pensamiento vulgar es proclive a implicarse tanto en
una exaltación a ultranza de la soltería como de quienes incurren en
el atrevimiento de despreciar con altisonantes palabras la poco
menos que “infracondición humana de todos los que han tenido que
resignarse a la triste condición de solteros”. Mi posición es que la
vida de los solteros merece tanta consideración y aprecio como la de
los casados, por lo que no tiene sentido utilizar dos raseros a la hora

11
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

de valorar la vida de los humanos, uno para los casados y otro dis-
tinto para los solteros. Tengo, además, la firme convicción de que, en
cuanto grupo social, los solteros pueden ser personas tan maduras y
tan felices, ricas y ambiciosas en su desarrollo personal como los
casados y que su contribución a la buena marcha de la sociedad es
perfectamente comparable entre ambos grupos.
Tras varios años dedicado al esclarecimiento de la vida de los sol-
teros, he comprobado que la mayoría de los juicios que se emiten en
torno a los pros y los contras de la soltería se fundamentan en un cri-
terio falso, suponer que las personas somos una especie de clones,
todos iguales entre sí, con idénticas necesidades y afectados por los
mismos problemas. No hacen falta grandes esfuerzos para constatar
que la realidad difiere sustancialmente de tal versión de la peripecia
humana.
No soy firme defensor de la soltería ni tampoco del matrimonio,
pues pienso que ambos ofrecen grandes posibilidades de alcanzar
una vida feliz, de la misma manera que los dos estados están some-
tidos al idéntico y largo proceso que conduce al logro de una vida
rica y plena.
Este ensayo sobre la Psicología del soltero quiere contribuir al
reconocimiento social de los valores positivos de la soltería y, al mis-
mo tiempo, proponer a los solteros un programa de desarrollo per-
sonal, especialmente en tres ámbitos, en el terreno del amor, de la
comunicación afectiva con su entorno y del encuentro con un marco
de vida connotado por la serenidad y la alegría de vivir.
Al margen de intuiciones vagas y atrevidas, me gustaría dejar
sentado desde este momento que frente a la falsa afirmación de que
la soltería es un “fallo o versión pobre del mundo del casado”, hay
otra versión más real de la misma que la considera una situación ple-
namente normal y con las mismas garantías de éxito que la expe-
riencia vital del casado. Solteros y casados coinciden en la condición
de personas, seres privilegiados cargados de positividad y con capa-
cidad para amar, soñar, trabajar y comunicarse en una medida tan
amplia que nadie hasta el presente ha sido capaz de cuantificar.

12
PRESENTACIÓN

Abrigo la esperanza de que mis esfuerzos se verán recompensa-


dos con una realidad tan gozosa como grande ha sido la ilusión que
he puesto en la elaboración de este trabajo que, con el mayor afecto y
consideración hacia los solteros, pongo en las manos de los lectores,
tanto solteros como casados.

13
SALUDO A LOS LECTORES,
SOLTEROS Y CASADOS

Una de las experiencias escasamente gratificante por la que debe


pasar el profesional de la psicología es la superación de la carga de
confusión que comporta cualquier intento de iluminar alguna de las
parcelas constitutivas de la compleja vida de las personas. En mi
caso, apreciado lector, tal experiencia ha supuesto concienciarme de
las perplejidades que implica el compromiso de explorar y esclarecer
el campo en el que los hombres y las mujeres desarrollan esa inefable
capacidad que todos poseemos, dar y recibir amor dentro de la pare-
ja. Mi punto de partida es que, en cuanto seres humanos, tanto los
solteros como los casados, estamos igualmente llamados al amor y
que poseemos todo lo necesario para disfrutar de él recorriendo
caminos sustancialmente idénticos y sólo y muy parcialmente dife-
rentes. En tal horizonte, estoy convencido de que una de las expe-
riencias más maravillosas de la vida es sentir que siempre podemos
amar y que nunca nos encontraremos en situaciones en las que poda-
mos decir “ya no puedo amar más y mejor, no encuentro nuevas for-
mas de mostrar el amor hacia mí mismo y a los demás, he agotado
toda mi capacidad de recibir el amor de los que me rodean”.
En este ensayo me propongo explicar cómo los solteros, los que
nunca han estado casados ni vivido en pareja, los que aún no se han

15
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

casado, los que aspiran a casarse y los que nunca se casarán pueden
realizar su vocación al amor lo mismo que los casados o emparejados
y que la soltería, el matrimonio y todos los estados intermedios, den-
tro de límites que hasta el presente nadie ha sido capaz de fijar, gozan
de unas prácticamente ilimitadas posibilidades para recorrer los
caminos que conducen a la plenitud del amor entre las personas.
Fui soltero hasta los 37 años y desde entonces convivo con la mis-
ma mujer, mi esposa, de la que por el momento no pienso separarme
a pesar de que más de una vez me he preguntado, como me han con-
fesado haberlo hecho muchos otros casados: ¿quién me mandaría
meterme en el berenjenal del matrimonio, qué habría sido de mi vida
si hubiera optado por la soltería, cómo vería y valoraría a mi perso-
na en el diario discurrir por la vida sin la cercana y penetrante mira-
da de otra persona que me ayuda a saber quién soy en el fondo de mi
intimidad, allí donde se toca la confusa frontera que separa mi yo de
un tú, o a salir de la indefinición que percibo cada vez que intento
comprender la unidad que implica el “nosotros” en cuanto expresión
del inextricable misterio que comporta el binomio hombre-mujer?
Acepto de buen grado que se me pueda hacer una objeción: ¿cómo
puedes hablar para los solteros tú que eres un casado? La respuesta,
como en general siempre que se habla del trabajo de los psicólogos y
expertos en salud mental, es pensar que la tarea de estos profesiona-
les es escuchar a los demás ayudándoles a alcanzar la plenitud de
vida a la que están llamados y solucionar sus problemas, y ello tra-
tando de ser neutrales, a sabiendas de que la neutralidad total no se
logra siempre y del todo. Por mi parte y siguiendo el consejo de
Wachtel (1999), me he prevenido hasta donde me ha sido posible
para no dejarme contaminar por las ideas, generalidades y tópicos
que circulan sobre el soltero, dedicándome a proponer con toda
honestidad y el más profundo de los respetos hacia mis lectores mi
personal visión acerca de la soltería en cuanto una de las posibles for-
mas, nunca la única, de entenderla, valorarla y vivirla. También quie-
ro advertirte que en mi largo discurrir por las páginas que siguen

16
SALUDO A LOS LECTORES, SOLTEROS Y CASADOS

intento apartarme en todo momento tanto del dogmatismo “esto es


lo que vale” como del escepticismo “todo vale lo mismo”; en cual-
quier caso, la valoración última de lo que aquí digo te pertenece
exclusivamente a ti.
Tras mi amistoso saludo inicial, te propongo algunos datos e inte-
rrogantes especialmente elocuentes para mí y algunas indicaciones
acerca de los objetivos, contenido y estructura que me han servido de
pauta en la redacción de este trabajo, con ello pretendo simplemente
facilitarte la lectura del libro que tienes en tus manos.

Los solteros: sus múltiples caras y sus numerosos interrogantes


Cuando uno se pone a hurgar en la variedad de connotaciones
que caracterizan al grupo numeroso de personas que denominamos
“solteros”, aparecen muchos datos y gran número de interrogantes.
He aquí algunos altamente significativos:

• hasta fechas recientes, en el ámbito de la cultura occidental,


más del 90 por ciento de los adultos de mediana edad estaban
casados y entre el 70 y el 80 por cien de los divorciados se vol-
vían a casar antes de transcurrir los cinco años tras su ruptura
de vida en pareja (Kleen, 1994). A la luz de este simple hecho y
al margen de cualquier pretensión científica y sin prejuicios,
surgen varias preguntas intrigantes ¿por qué se casan unos, la
mayoría, y otros conviven al margen del matrimonio?, ¿la sol-
tería es cuestión de elección o algo forzado, “que te cae”?, ¿es
el matrimonio una necesidad “natural y básica” de la persona,
una meta del ser humano en cuanto tal o, por el contrario, un
mero “imperativo social”? (Jaeggi, 1995), si nacemos solos,
¿por qué tantas personas, a todas las edades, buscan compul-
sivamente su media naranja? Hoy hay consenso en afirmar
que la psicología y sociología están lejos de haber encontrado
explicación suficientemente esclarecedora a estos interrogan-
tes, lo que queda patente a la vista de las diferentes interpreta-
ciones que cabe dar a las siguientes informaciones:

17
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

• en el mundo occidental, sólo el 50 por ciento de los que se


casan consiguen salvar su matrimonio.
• de aquéllos que siguen casados, hasta otro 50 por ciento no se
sienten satisfechos en su vida de pareja, que mantienen sólo
por “deber” a la promesa de fidelidad que en su día hicieron y
en muchos casos por miedo a empezar de nuevo y en otros
porque no ven otra salida (Gray, 1992).
• según las estadísticas oficiales, en España uno de cada cuatro
españoles en edad de casarse es soltero/a lo que contrasta con
la realidad de hace 50 años cuando en amplias capas de la
sociedad española el 90 por ciento de las familias estaban cons-
tituidas por casados y un 75 por ciento de ellas con hijos.
• en Europa, se está produciendo un aumento espectacular del
número de personas solteras o no emparejadas, hasta el punto
de que desde los años 80 hasta el presente dicho incremento
alcanza en muchos estratos sociales cifras superiores al 40 por
ciento.
• es general la opinión de que la versión del matrimonio y de la
soltería proporcionada por los medios de comunicación social,
la TV y los ensayos sobre las relaciones entre los sexos depen-
de prioritariamente de la condición de soltero, divorciado o
casado de los guionistas, escritores e investigadores.
• la moderna versión de las relaciones entre el hombre y la mujer
están experimentando una apertura a variedad de formas has-
ta hoy prácticamente desconocidas en nuestro ámbito cultural:
1) solteros y solteras que comparten por largo tiempo en la cer-
canía su vida diaria y laboral, incluidas sus aficiones personales
y de ocio y sin ningún atisbo de interés por convertirse en pare-
ja, 2) hombres y mujeres que tienen pareja pero viven habitual-
mente solos, compartiendo parcialmente su vida y viviendo
separados y sin ningún deseo de institucionalizar su relación
(LAT-Living Apart Together), 3) parejas que se consideran novios,
comparten su vida íntima personal a niveles profundos y sin
embargo nunca se plantean casarse ni vivir juntos, 4) solte-

18
SALUDO A LOS LECTORES, SOLTEROS Y CASADOS

ros/as que practican una convivencia esporádica con su pareja


en fines de semana o en vacaciones, sin perspectivas de matri-
monio, 5) parejas de hecho totalmente comprometidas que
dicen tener terror a dar el paso al compromiso que conlleva el
matrimonio legalizado, 6) solteros/as que tienen pareja pero
siguen viviendo habitualmente separados y en la casa paterna,
7) parejas que conviven con parejas diferentes en determinados
períodos y en otros no, 8) solteros/as que confiesan necesitar el
complemento del otro sexo pero reduciéndolo únicamente a la
satisfacción de sus necesidades sexuales, etc. (Lamourère, 1988;
Cipolla, 1995; Alborch, 1999; Alberdi, 2000). Curiosamente, los
solteros que viven dentro de tan amplia variedad de situaciones
coinciden en dos notas: confiesan sentirse suficientemente feli-
ces en tal modo de vida y están decididos a no llevar más lejos
su compromiso personal.

En función de los datos mencionados, me propongo responder en


estas páginas a preguntas como las siguientes:

• ¿por qué unos se casan y otros no?


• ¿en que se diferencian las vivencias de los solteros de las de los
casados?
• ¿por qué hay adultos que no quieren casarse?
• ¿por qué no logran casarse muchos que lo desean?
• ¿son los solteros de hoy diferentes de los de ayer?
• ¿qué tienen en común, si lo tienen, todos los solteros?
• ¿qué ha sido necesario que ocurriera para que en los momentos
actuales y en nuestra sociedad aumente el número de solteros?
• ¿caminamos hacia una sociedad de solteros?
• ¿la soltería tiene sus principales causas en la sociedad o es una
conducta que hunde sus raíces en el núcleo personal del indi-
viduo?
• ¿buscamos de la misma manera el amor los hombres y las
mujeres?

19
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

En los últimos años y con ocasión de mis viajes por algunas capi-
tales europeas, he recorrido afanosamente algunas de sus librerías
importantes intentado localizar obras o estudios que clarifiquen lo
que distingue en lo psicológico a los solteros de los casados. Con el
mismo objetivo he recurrido a internet y, por ejemplo, en el amplio
servidor Google he podido encontrar hasta un total de 84 páginas bajo
el epígrafe “psicología soltero” y unos 120.000 webs particulares o
fichas, así como otras 84 páginas sobre el “celibato”, con parecido
número de webs referidos a este tema. Tras tan amplia búsqueda, no
ha sido pequeña mi extrañeza el comprobar que entre tantas fuentes
de información no existía un manual sistemático sobre la “Psicología
del soltero” y ésta ha sido una de las motivaciones más decisivas que,
como profesional de la psicología, me ha llevado a emprender el
arriesgado empeño de redactar el libro que tienes entre tus manos. Mi
motivación se acrecentó especialmente al constatar que muchos, lo
mismo solteros que casados, guiados más por los tópicos que por
datos científicos fiables y válidos, estaban implicados en el, a mi jui-
cio, estéril debate de inclinarse bien a favor de una exaltación a ultran-
za de la soltería, bien y por el contrario, incurren en el imperdonable
atrevimiento de ridiculizar hasta el escarnio la “despreciable situación
de todos los que han tenido que resignarse a la triste condición de sol-
teros” (!).
Mi opinión, apreciado lector, es que las vidas de los solteros/as
merece tanta consideración y aprecio como las de los casados/as y,
por tanto, no tiene sentido utilizar dos raseros a la hora de valorar la
vida de los seres humanos, uno para los casados y otro distinto para
los solteros. Apoyándome en análisis propios y ajenos intento mos-
trar que los dos estados, el de casado y soltero, tienen la misma enti-
dad y que son dos modos diferentes e igualmente posibles y válidos
de realizarse como persona (Schwartzberger y otros, 1995). Me des-
marco, por lo mismo, de tópicos tan insustanciados e hirientes como
pensar que “si a los 25 años no te has casado, tendrás una buena
razón para sentirte avergonzado/a” (Nothormb, 2000) o, como se les
dice a las mujeres japonesas, que es tan vergonzoso comer mucho,

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SALUDO A LOS LECTORES, SOLTEROS Y CASADOS

para no dejar de ser hermosas, como no tener hijos (Alborch, 2000).


Por las mismas razones, tampoco comparto el consejo que, al parecer
y según Diógenes, dio Sócrates a uno de sus discípulos cuando le pre-
guntó si era mejor casarse o no: “Hagas lo que hagas, le respondió el
maestro, te arrepentirás (…). Pero cásate, si tu matrimonio sale bien,
serás feliz, y si sale mal, serás filósofo”.
Durante el tiempo dedicado a preparar este ensayo, he leído
muchos trabajos relacionados con la vivencia del amor entre perso-
nas de distinto sexo y tengo que confesarte que mi paciente y largo
recorrido por varios miles de páginas e informes me ha permitido
captar con bastante claridad que sus autores, las más de las veces sin
decirlo abiertamente, pretendían una de estas dos finalidades contra-
puestas: unos presentar el matrimonio como la mejor solución para
la persona, acompañando su argumentación de una cierta y sublimi-
nal descalificación de la soltería, y otros lo contrario, proclamar a los
cuatro vientos las cuasi ilimitadas ventajas de la soltería, frente a las
servidumbres sustanciales y graves penurias que acompañan al
matrimonio y la vida en pareja. Curiosamente y siguiendo parecidos
criterios sesgados o simplistas dicotomías, en lugar de analizar el
fenómeno de la soltería y el matrimonio mostrando sus respectivos
pros y contras, las dos posiciones mencionadas optan por los extre-
mos del todo o nada, blanco o negro, esto vale y esto no; y paralela-
mente, casi todos esos trabajos se muestran igualmente contundentes
a la hora de “reivindicar” el valor de sus respectivas posturas a favor
o en contra de los solteros, para lo que –y esto es a mi juicio lo más
llamativo– no se andan con tapujos intentando “demostrar” lo injus-
ta que es la sociedad a la hora de valorar la condición que defienden,
ni muestran el menor escrúpulo en convertir sus simples opiniones
en pretendidas y sesudas tesis científicas, lo que lleva a unos a insis-
tir en que la historia y las formas de relación entre los hombres y las
mujeres deben permanecer “como siempre han sido” y a otros a pro-
clamar la imperiosa necesidad de que “cambie el rumbo de la histo-
ria” en el modo de entender tales relaciones. He llegado a la conclu-
sión de que las dos posturas coinciden en dos debilidades, por un

21
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

lado, cometen el sesgo de considerar totalmente positiva la tesis que


defienden y negativa y equivocada la contraria y, por otro y mucho
más decisivo, se olvidan de que los sujetos que ostentamos la condi-
ción humana gozamos de la suficiente consciencia y libertad para
optar por la soltería o el matrimonio y que en tal libertad radica pre-
cisamente el valor definitivo del estado o condición de casado o de
soltero. Mi posición parte del principio de que cada persona, en cuan-
to ser irrepetible y libre, es más que todas sus circunstancias juntas y,
por lo mismo, en ningún caso tales circunstancias bastan para expli-
car por qué unos se casan y otros no. Esto me obliga a adoptar la pos-
tura del analista que aspira a ser reflexivo y, a la vez, honrado con el
lector y, por ello, lo que con la mayor objetividad que me es posible
te presento es lo que he podido observar y deducir de los datos dis-
ponibles en torno a la soltería, sin olvidarme que tienes la doble posi-
bilidad de decir sí o no a mis propuestas. Quiero decirte con esto que
te presento como claro lo que veo con claridad y no te ocultaré las
zonas de incertidumbre en todos los casos en que lo expuesto así me
lo parezca. Una última observación: para evitar el peligro de incurrir
en los vicios de la subjetividad y parcialidad, procuro presentar mis
ideas y las ajenas con la mayor fidelidad a las fuentes y testimonios
de que he podido disponer y sin ningún tipo de camuflaje o arries-
gada interpretación personalista. Asumo el compromiso de serte ple-
namente sincero.

Mis convicciones personales y los objetivos de este libro


No dudo de que me agradecerás, estimado lector, el que te pro-
ponga una síntesis anticipada de lo que vas a encontrar en este
manual, su contenido y los objetivos que persigo; así seguramente
resultará más fácil y fructuoso el largo diálogo que nos espera mien-
tras recorremos juntos el contenido de estas páginas. Esto conlleva
para mí, entre otros compromisos, mostrarte desde este momento y
al desnudo mis “convicciones personales”, entendidas como criterios
vertebradores o supuestos básicos con los que me he implicado en
este trabajo; las resumo en las tres siguientes.

22
SALUDO A LOS LECTORES, SOLTEROS Y CASADOS

1ª. Hay muchas versiones de la vida plena, una de ellas es la del soltero,
que no es mejor ni peor que la del casado; una y otra conllevan grandes posi-
bilidades y también numerosas limitaciones.
2ª. La vida del soltero constituye en estos momentos una experiencia
psicológica y social bajo muchos conceptos nueva que tiene poco que ver con
la soltería de otros tiempos; considero por ello necesario evitar cualquier tipo
de generalización sobre los solteros, lo que me llevaría inevitablemente a
incurrir en considerables y posibles márgenes de error.
3ª. Puesto que las personas emparejadas o aisladamente somos únicas,
nada de lo que aquí se dice sobre los solteros puede sustituir el acercamiento
riguroso a la comprensión total y última de la vida de cada persona y, por
tanto, de la tuya. Esto me invita a hacerte una amistosa sugerencia: al mar-
gen de tu situación de casado o soltero, utiliza, modifica, ajusta, asume,
rechaza… lo que propongo aquí sin preocuparte de que te apartes o te aten-
gas a lo que digo; nada en mi propuesta es definitivo, totalmente seguro, ni
sobre todo, equivalente a la vía única de que dispones para alcanzar tu pro-
pia felicidad, que es lo que verdaderamente te importa y me importa.

Insisto diciéndotelo de otro modo: pienso que, en cuanto grupo


social, los solteros pueden ser personas tan maduras, felices, equili-
bradas y tan ricas y ambiciosas en su desarrollo personal como los
casados y, por tanto, no puedo aceptar como verdades definitivas
todos aquellos enunciados que denominamos estereotipos, creencias
sociales vigentes en nuestra sociedad que reflejan verdades a medias
y equivalen, con demasiada frecuencia, a visiones caricaturescas de la
vida real de los solteros.

Objetivos de este libro


Con relación a los objetivos que me he marcado al escribir este
paquete de reflexiones quiero decirte que lo que he pretendido por
encima de cualquier otra consideración es llevar al ánimo del lector y
especialmente a los solteros una idea: el reconocimiento de que el
estatuto del soltero, tanto a nivel personal como social, guarda per-
fecto paralelismo con todos aquellos valores positivos que se atribu-

23
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

yen al estado de casado y, en tal sentido, me gustaría contribuir al


logro de estos tres objetivos:

1º. Que por su condición de casado o soltero, nadie se considere


más ni menos digno de respeto que el resto de los demás adultos, ni
que haya quien se crea con razones suficientemente serias para pen-
sar que por ser soltero la persona carece de lo esencial para realizar-
se en plenitud como el resto de sus semejantes, y ello porque cual-
quier persona, por el hecho de serlo, encarna un ser valioso, digno de
recibir amor y consideración, al margen de su opción por la soltería
o la vida en pareja. Todos tenemos nuestro haber y nuestro debe,
nuestras cualidades y nuestras limitaciones y, en consecuencia, no es
adecuado pensar que el hecho de que una persona tenga, por ejem-
plo, menos atractivo físico constituye un obstáculo insalvable para
disfrutar de su capacidad para ejercer la simpatía, la honestidad, el
amor y, en general, un alto nivel de desarrollo personal o social al
margen y por encima de su estatus de soltero o casado.
2º. Tengo también el máximo interés en promover un mejor cono-
cimiento psicológico de la vida de los solteros que les facilite una
adecuada valoración de sí mismos y, como consecuencia, se sientan
más libres para no tener que poner en juego mecanismos de defensa
tendentes a demostrar la falsedad de los tópicos y exageradas limita-
ciones atribuidas a la soltería –limitaciones, que son muy similares a
las de los casados–. Espero que todo ello redunde a la postre en un
mejor conocimiento de los solteros por parte de los casados y facilite
el diálogo amistoso entre unos y otros dentro de la red de relaciones
sociales en la que todos, al margen de nuestra condición de casados
o solteros, jugamos el papel de protagonistas.
3º. Por último, quisiera contribuir con mi aportación a iluminar
los caminos conducentes al desarrollo de la vida de los solteros, tan-
to en el caso en que deseen dejar de serlo y pasar al estado de casa-
dos como en la hipótesis, igualmente posible y digna, de que aspiren
a permanecer sine die en su actual situación de soltería. En este segun-
do caso, todo mi empeño se orientará a mostrar que no tiene sentido
empeñarse en demostrar la incapacidad o torpeza de los solteros

24
SALUDO A LOS LECTORES, SOLTEROS Y CASADOS

para llegar a establecer con su entorno social unas buenas y sanas


relaciones en términos de entendimiento cordial, de profunda amis-
tad e incluso de intimidad, ni que nada tiene de extraño ni nos extra-
limitamos cuando, en contra de los burdos mitos y tópicos que circu-
lan contra los solteros, afirmamos que en la convivencia del soltero
con los demás pueden brillar con luz propia las más valiosas y deli-
cadas formas de amor (Gail y Moon, 1997). Ello no significa, y esto
también hay que decirlo con toda claridad, que ninguno de los esta-
dos, ni el de casado ni el de soltero, asegura por sí mismo una vida
feliz, dado que la clave de la felicidad de las personas depende bási-
camente de la gestión inteligente o pobre que cada uno hace de las
inmensas posibilidades que la vida nos ofrece de amar, soñar, comu-
nicarnos y compartir nuestra vida con nuestros semejantes tanto den-
tro del matrimonio como fuera de él.

De qué solteros hablo


Dada la variedad de situaciones que es posible incluir bajo el
paraguas del concepto “soltero”, quiero comenzar proponiendo al
lector una primera aproximación al sentido que doy al término “sol-
tero” a lo largo de mis reflexiones. Desde mi posición, tal concepto
queda delimitado por las siguientes acotaciones:

• INCLUYO básicamente en la categoría de solteros a quienes no


están ni han estado nunca casados en sentido institucional o, lo que
es lo mismo, los que no han oficializado legalmente su convivencia
en pareja; vendrían a coincidir con los que hasta hace pocos años se
incluían como soltero en el apartado “estado” en el documento nacio-
nal de identidad (DNI).
• por extensión, también considero solteros a todas aquellas per-
sonas que de hecho no viven emparejados con una pareja esta-
ble aunque hayan mantenido relaciones eventuales o esporádi-
cas con alguna o varias parejas; en este sentido, soltero equiva-
le a vida “habitualmente no emparejada”. En este grupo inclu-
yo a los solteros que viven con personas con las que les unen

25
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

lazos directos de familiaridad, en concreto con los padres, her-


manos, tíos, primos o sobrinos, pero con los que no mantienen
las relaciones peculiares entre un hombre y una mujer que
viven emparejados.

• EXCLUYO de la condición de solteros a los que viven solos tras


haber vivido en pareja: a los separados o divorciados legalmente o de
hecho, a los viudos/viudas y, por extensión, a los padres y madres
que conviven con hijos habidos mientras eran solteros.
• igualmente excluyo a los gays y lesbianas que viven solos o
emparejados, por considerar que se trata de una situación per-
sonal que requiere diferente tratamiento de los problemas que
afectan a las personas y a los solteros en general.

En síntesis y dado que falta en español un vocablo que traduzca


adecuadamente el término inglés single (solo, singular, sin pareja)
(Alborch, 1999), identifico a los solteros con las personas que “no
están ni han estado casadas”, denominadas en castellano célibes, en
inglés unmarried y en francés célibataires, al igual que hacen otros
autores y es costumbre dentro de la Comunidad Europea (Davies,
1995; Kaufmann, 1993). Por lo dicho entenderá el lector que al adop-
tar este enfoque me desmarco de cualquier posición que suponga
identificar este trabajo como una teoría unitaria de la soltería o de la
vida de los “solitarios” en general; considero que tal postura sería
demasiado pretenciosa a la vez que peligrosa y arriesgada toda vez
que tratar en un mismo marco de referencia las complejas dimensio-
nes psicológica, social, económica, sexual, etc., de todos aquellos que
no conviven en régimen de pareja establecida es un objetivo, además
de escasamente útil, prácticamente inalcanzable.

Contenido y estructura del libro


Con el título La psicología del soltero: entre el mito y la realidad quie-
ro destacar que en este ensayo me ocuparé de deslindar con la mayor
claridad que me ha sido posible dos modos de interpretar la vida del
soltero, el definido por los mitos, estereotipos y creencias infundadas

26
SALUDO A LOS LECTORES, SOLTEROS Y CASADOS

que circulan sobre los solteros en amplios sectores de nuestra socie-


dad, y otro muy diferente y más objetivo, el que se corresponde con
lo que realmente sienten, piensan y viven aquellos adultos que por
razones diversas no viven en pareja. Este ensayo psicológico traduce
mi intento, necesariamente parcial y limitado, de describir lo que
podríamos considerar el retrato robot del soltero o, lo que es igual,
los trazos más sobresalientes de lo que se refiere a la experiencia
vital de los solteros tal y como se refleja tanto en los estudios psico-
lógicos y sociológicos que he podido compulsar como en función y
a partir de las opiniones recogidas por mí mismo a través de entre-
vistas mantenidas con un grupo representativo de solteros sobre las
que hablaré más adelante. Aprovecho este momento para dar las
gracias a todos los solteros/as que han confiado en mí y me han con-
cedido el honor de hacerme partícipe de su historia, alegrías, conflic-
tos, experiencias y secretos personales; sin su colaboración, hubiera
sido imposible expresar muchas de las ideas contenidas en estas
páginas.
Los cinco capítulos que integran el libro intentan clarificar 1) el
significado que tiene hoy la soltería, 2) cuáles son las causas o moti-
vos que conducen a ella, 3) qué vivencias psicológicas constituyen la
experiencia interna del soltero, 4) en qué horizonte cabe pensar que
se desarrollarán en lo personal quienes opten por vivir solteros y, por
último, 5) con qué criterios les conviene actuar a los solteros que aspi-
ran a dejar de serlo y formar una pareja feliz y duradera. Estos obje-
tivos se corresponden con otros tantos capítulos, cuyo contenido des-
cribo a continuación.

1. La soltería y sus dimensiones psicológicas. En este primer capí-


tulo me ocupo de definir los perfiles psicológicos y sociológicos
variados y más sobresalientes que identifican la personalidad del
soltero. Debo aclarar que, tras comprobar las dificultades experi-
mentadas para establecer un modelo unitario de soltero, he opta-
do por centrar mi atención en la variedad de situaciones en que
viven los solteros proponiendo una tipología sobre ellos que cali-
fico de “provisional” puesto que no estoy seguro de haber reco-

27
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

gido en ella todos los tipos y modalidades de vivir, a lo largo del


tiempo y en nuestra sociedad, la diversidad de experiencias que
aparecen entre los solteros.
2. Solteros, ¿por qué? Este segundo capítulo analiza las causas que
conducen a la situación de soltero desde las motivaciones más
personales, como el disfrute de una mayor libertad e indepen-
dencia para orientar todos los recursos personales hacia el logro
de objetivos considerados especialmente valiosos por el soltero,
pasando por el temor al compromiso implicado en la entrega de
lo más íntimo de uno mismo a una persona del sexo opuesto, no
renunciar a las específicas posibilidades que permite la vida de
soltero para afrontar compromisos tanto en el ámbito de lo labo-
ral como en los intercambios personales en niveles de flexibilidad
y libertad con frecuencia inaccesibles para el casado, también cito
la falta de oportunidades en el entorno social que prácticamente
hacen imposible encontrar la “media naranja”, etc., para terminar
con la consideración de la soltería en cuanto expresión de una
opción claramente elegida y libremente asumida basada en un
conjunto de muy variadas razones personales.
3. La vida del soltero: sus luces, sus sombras. Este tercer capítulo se
ocupa de describir en clave psicológica, las ventajas o luces y los
inconvenientes o sombras que conlleva la vida de soltero en las
diferentes dimensiones que configuran su vida personal: en el
terreno del amor y de la familia, de las relaciones sociales o expe-
riencia de la soledad, de la economía, del trabajo, de la autonomía
y creatividad, de la valoración y consideración social, del ejerci-
cio de la propia sexualidad, etc. El capítulo concluye afirmando
que, salvando algunas diferencias, la lista de ventajas e inconve-
nientes de la vida soltera es básicamente comparable con las ven-
tajas e inconvenientes del casado.
4. El futuro de los solteros. Este capítulo equivale a una propuesta
o programa de desarrollo personal para aquellos que viven solte-
ros y quieren seguir siéndolo. Pensando en estos partidarios de la
soltería, aludo a directrices psicológicas que pueden facilitar a los

28
SALUDO A LOS LECTORES, SOLTEROS Y CASADOS

solteros, dentro de su peculiar situación, el logro de una vida ple-


na y feliz. Así, se indicarán formas de convivencia peculiares y
enriquecedoras para los solteros, sugerencias que les ayuden a
superar las situaciones problemáticas que les pueden surgir
como consecuencia de su soltería y la manera de librarse de incu-
rrir en actitudes negativas tales como el victimismo o la soledad
como sufrimiento, etc., y sobre todo, las múltiples posibilidades
que tienen los solteros para organizarse la vida en sentido positi-
vo y felizmente.
5. La apertura del soltero a la vida en pareja y al matrimonio. Este
último capítulo propone un amplio listado de pautas, estrategias
y criterios que, a juicio de los expertos en el campo del amor y en
relaciones de pareja, pueden orientar al soltero que desea casarse
a dar con eficacia y más fácilmente los pasos implicados en el
acercamiento, la elección y la convivencia en una relación de
pareja satisfctoria y duradera.

Para finalizar este largo saludo quiero indicarte, apreciado lector,


el criterio metodológico que he utilizado como eje vertebrador de mi
exposición: mezclo la referencia a experiencias concretas con esque-
mas y principios más teóricos, intentando que unas y otros te ayuden
a encontrar fórmulas que te faciliten el desarrollo de tu capacidad de
amar en dos direcciones, hacia tu interior, mediante el ejercicio del
amor hacia todo lo valioso que se encierra en tu persona, y hacia el
exterior, amando a las personas que te rodean; este manual apunta a
la posibilidad de que una de tales personas pueda –no necesaria-
mente deba– ser tu pareja. Por encima de todo, quiero desearte que
en cualquiera de las situaciones que te ofrezca la vida de soltero
aciertes a encontrar personas con quienes puedas compartir una de
las realidades más bellas y profundas de la existencia humana: sentir
que vives allí donde el amor se muestra con toda su grandeza y más allá de
las limitaciones que acompañan la vida de esa pléyade de seres privilegiados
que llamamos personas y al que perteneces en calidad de ser único e irrepe-
tible.

29
1
LA SOLTERÍA Y SUS
DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

Quiero comenzar este capítulo indicando al lector algunos de los


supuestos que me han guiado en el largo recorrido por el espacio
interior o experiencia personal del soltero. El primero y fundamental
es reconocer que la soltería no es algo así como un concepto mono-
color almacenado en alguna parte de nuestra estantería mental, por
el contrario, tiene tantas versiones como maneras de vivirla mues-
tran sus numerosos protagonistas, los distintos tipos de soltero; muy
especialmente he querido desmarcarme de un vicio frecuente, sim-
plificar grotescamente el significado de lo que en el plano real se
esconde bajo los términos de “soltero” y “soltería”. Esta actitud me
viene impuesta como consecuencia de un hecho tan llamativo como
plenamente comprobado en nuestros días, el dato de que en amplias
capas de nuestra sociedad uno de cada cuatro adultos vive –o se ve
obligado a vivir– como soltero y sin pareja estable. En los momentos
actuales, el concepto de soltero es una realidad personal, psicológica
y social nueva por muchas circunstancias que más adelante exami-
naremos, un estatus de tal complejidad que no permite, so pena de
incurrir en vanas simplificaciones, considerar suficientes las defini-
ciones de soltero a partir, por ejemplo, de sus connotaciones mera-
mente semánticas o etimológicas –del latín solus, y en castellano

31
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

solo–. Por parecidas razones, pienso también que sonaría a visión


superficial y fatua cualquier pretensión de comprender la soltería
como el reverso o mera negación de la vida en pareja dado que, a mi
juicio y en contra de lo que frecuentemente se dice, las vidas del casa-
do y del soltero coinciden en amplias zonas dentro del que denomi-
namos ámbito del desarrollo personal. La variopinta riqueza de la
vida del soltero se capta muy pronto apenas se adentra uno en el
bosque de connotaciones sociológicas, psicológicas, familiares, jurí-
dicas o económicas por las que ha pasado esa forma de vida indivi-
dualizada, tan escasamente estudiada como poco conocida, a la que
etiquetamos con el escueto término de “soltería”, pero cuya realidad
cambia drásticamente de significado cuando se observan las profun-
das variaciones y cambios que ha experimentado desde los años 50
a esta parte la dinámica interna y externa de la vida del soltero
(Cipolla, 1995; Gail y Moon, 1997). A título de ejemplo, si hasta los
años 80 en España, los solteros se podían identificar con los que vi-
vían solos o aislados, a partir de tal década la soledad ya no es una
característica de los “oficialmente” solteros puesto que la cohabitación
comenzó a ser un fenómeno frecuente entre las parejas civilmente no
casadas, y en los principios de nuestro s. XXI, la vida “en pareja no
legalizada” se ha convertido en una situación muy generalizada en
toda Europa, incluida España (Kaufmann, 1993). Este es el motivo de
que para definir con cierta precisión lo que significa el término “sol-
tero” en las numerosas y diferentes situaciones en que puede darse
esta condición se utilicen variedad de sinónimos y delimitaciones:
célibe, no casado, solo, impar, soltero joven (joven aún no casado),
solterón –según la Real Academia de la Lengua, soltero entrado en
años–, soltero a los 30, 40, 50 años, etc.
Desde las consideraciones precedentes, entiendo que para abor-
dar con un mínimo de rigor el estudio de la soltería bajo el punto de
vista psicológico, que es el objetivo que me he propuesto, debo cen-
trar mis reflexiones en la conducta del soltero, comprendiendo por tal
el equivalente al conjunto de experiencias, ideas, sentimientos, posi-
bilidades y limitaciones que constituyen la urdimbre de la vida de

32
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

los adultos que “viven solos, bien porque no han querido, bien por-
que no han podido casarse”, lo que implica que sólo indirectamente
debo ocuparme de las dimensiones de índole social, jurídica, econó-
mica, etc. que inciden en el desarrollo de la personalidad de los sol-
teros (Schwartzberg y otros, 1995); en esta perspectiva, me interesan
las vivencias del soltero en el ámbito del amor, la familia, bienestar,
soledad, ocio, trabajo, sexualidad, salud, amistades, economía y un
largo etcétera, peculiares y en algún caso exclusivas, que caracteri-
zan la vida diaria de los adultos no casados (Lamourère, 1988).

Diferentes concepciones de la soltería


Hablando de la soltería, uno de los requisitos básicos del analista
es aceptar el diferente significado que posee esta experiencia huma-
na tanto en función de las distintas culturas, judía, oriental, occiden-
tal, sociedades tribales africanas o de Oceanía, etc. como en el deve-
nir histórico dentro de cada una de ellas; en ambas perspectivas
podemos observar profundas diferencias y sobre todo cambios que
afectan drásticamente tanto a la vivencia como a la consideración
social de la soltería. Es mi propósito centrarme preferentemente en
los significados que la soltería ha tenido en el contexto y en el deve-
nir de la cultura occidental, lo que me llevará a repasar su doble cara,
la más oscura, coincidente con la larga lista de mitos y estereotipos
entre insultantes y compasivos con los que el sadismo colectivo se ha
cebado en una visión caricaturesca de la soltería, y su cara brillante,
la que nos muestra lo que representa para muchos de positivo y real-
mente la soltería en los momentos actuales y que no es otra cosa que
una forma más de realizarse como persona.

Estereotipos y mitos sobre los solteros


Los estereotipos y los mitos son construcciones sociales transmi-
tidas por los canales de la opinión pública que suelen introyectarse
por los sujetos a modo de imperativo obligado y difícilmente recha-
zable (Gil Calvo, 2000). Normalmente, se trata de verdades a medias

33
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

que tienden a traducirse en normas de conducta esclavizantes, y ello


porque se fundamentan en ideas, expectativas y juicios de valor tan
irracionales como generalmente inalcanzables, lo que los convierte
para quienes se rigen por ellos en fuente de frustración y sufrimien-
tos; sólo las personas que han alcanzado un alto grado de desarrollo
personal son capaces de librarse de tales mitos (Rogers, 1993).
Sobre el poderoso influjo negativo de los estereotipos aplicados
a la MUJER existen abundantes y diversas testimonios; presento algu-
nos.
“Cuando una mujer comienza a salir con hombres […] siente que su valor
se refuerza. La sociedad le ha dicho que debe tener un acompañante en la fies-
ta, un hombre a su lado y un esposo que dé sentido a su vida. Proteger este
tipo de imagen puede tener una importancia fundamental. Se dice que las
mujeres que tienen estas cosas son las que van bien y que las que no las tie-
nen son dignas de lástima. A menudo la familia refuerza estos sentimientos.
Pensamos en una mujer soltera, que debe soportar que sus parientes la cues-
tionen porque aún no ha conseguido un marido. Cuando la vean con un
hombre, significa que alguien la desea y que, por tanto, tiene valor” (Carter
y Sokol, 1996, p. 244).
Gil Calvo, en su reciente obra Medias miradas (2000), cita un ejem-
plo de cómo el estereotipo es exigente con la MUJER: “Obligación de ser
limpia, arreglada, tener buena presencia, estar delgada, ir a la moda y pare-
cer joven” (p. 22).
Tampoco el HOMBRE se libra de los estereotipos y, así, hablando del
matrimonio, lo identifica con este juicio de valor: “Un ascenso en la
escala social que proviene de fundar un hogar y formar una familia a la que
debe proteger. Ser hombre tiene que ver básicamente con la actitud de res-
ponsabilidad y con el ejercicio firme de esta responsabilidad en relación con
su casa; ser cabrón [sic] es el resultado de no asumir esa responsabilidad.
Ser hombre y ser cabrón dependen tanto del éxito o fracaso en el control de
las mujeres como en la competición masculina por ellas” (ibídem, p. 264).
En el portal FRANZ KAFKA, proporcionado por el servidor Google
(octubre, 2002), se puede leer esta descripción estereotipada y de trá-
gicos tintes sobre el SOLTERO varón: “Es tan terrible quedarse soltero
como ser un viejo intentando conservar la dignidad o pasar con otros una
velada en compañía de otras personas, […] no subir nunca las escaleras jun-

34
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

to a la mujer, contar solamente con una habitación con puertas laterales que
llevan a habitaciones de extraños, traer a casa la cena en un paquete, tener
que admirar a los niños de los demás y ni siquiera poder seguir diciendo ‘los
tengo’, componer el aspecto y el proceder según el modelo de uno o dos sol-
terones que se conoció cuando uno era joven”.
En el terreno del AMOR, un estereotipo que mina muchas ilusiones
vitales es dejarse llevar por el sofisma de que “sólo el amor de pareja es
verdaderamente amor y todos los demás sustitutivos frustrantes del único y
verdadero amor, el del casado”.
En el ámbito de la FAMILIA, los estereotipos pueden hacer también
su mella tanto en los hijos solteros como en los padres pues, cuando
un hijo/a se aparta de la norma “adulto casado”, los padres reaccio-
nan como si de algún mal propio se tratara. Si el matrimonio repre-
senta la evolución “natural” de la familia, la soltería equivale a cier-
ta “anormalidad”, y es que los padres no tratan ya al hijo soltero
según las relaciones “padre-hijo” sino “padre adulto-adulto”. Tal
situación resulta en muchos casos incómoda y es origen de muchos
sufrimientos para los padres, pues piensan que no han sabido incul-
car en los hijos el amor que lleva al matrimonio; mientras que el hijo
no se casa, no goza de la cualidad de adulto en la familia (Schwartz y
otros, 1995, p. 13).
Un criterio que sirve para entender lo que puede afectar la SOLTE-
RÍA a las personas, mujeres y hombres, es el valor altísimo e incues-
tionable (!) que ha representado el MATRIMONIO en el sistema de valo-
res vigente en la sociedad occidental hasta la década de los 80, fechas
en que el estereotipo imponía esta regla o cliché:
“El hombre trabaja y la mujer se ocupa de la casa y del cuidado de los
hijos, la mujer es dependiente del salario del marido, y la felicidad familiar
se puede alcanzar sólo cuando se toma como patrón la fórmula “matrimonio-
pareja-madre-hijos”. Por ello, no es de extrañar que por los años 50 las
cuatro primeras tareas del adulto fueran y por este orden: elegir pare-
ja, aprender a convivir en ella, tener una familia y criar a los hijos, y
el no casarse significara para el hombre algo patológico y en la mujer
inferioridad biológica (Schwartz y otros, 1995, p. 15). Por las mismas
fechas, el 80 por ciento de los americanos pensaban que las personas
solteras “eran enfermos, neuróticos e inmorales” (Coontz, 1992).

35
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

En un amplio estudio sobre la soltería en la Unión Europea,


Kaufmann (1993) ha hecho el recuento de los principales mitos
–verdades a medias– que circulan en el mundo occidental sobre los
solteros:

1º. Los solteros están apegados a sus padres: los visitan constantemente
o, peor (!), viven con ellos y especialmente con la madre. Esto se
debería, en el caso de la mujer soltera, a que no ha podido desa-
rrollarse como persona dentro de la sociedad general; en el sol-
tero varón, se trata de una figura medio trágica y medio ridícula
de infantilismo. En ambos casos, esto ocurre “porque [los hijos]
no buscaron pareja debido a que no supieron despegarse de la
madre”. Hay que decir en honor a la verdad que ningún estudio
científico ha demostrado hasta hoy que los casados sientan menor
apego hacia sus padres que los solteros.
2º. Los solteros son egoístas: están centrados en sí mismos, piensan
sólo en sí mismos y si llegan a casarse acaban divorciándose.
Muestra de su egoísmo sería su escasa dedicación a los servicios
sociales: el 60 por ciento de los solteros no dedican ni una sola hora
semanal a los demás, y sólo el 9 por ciento dedican algunas pocas
horas, concretamente y como máximo entre 5 y 10 horas semana-
les; por el contrario, prefieren ocuparse del cultivo de sus manías,
acariciar los objetos de casa que renuevan y cambian constante-
mente de lugar, realizar viajes costosos, etc. En un alarde de exa-
geración se llega decir que entre los solteros no hay santos: sólo
Jesucristo y Buda fueron solteros santos. Contra tales gruesas afir-
maciones sólo basta comprobar que en todos los tiempos ha habi-
do numerosos santos solteros que dedicaron toda su vida a los
demás con una intensidad canonizable y canonizada (!).
3º. Los solteros son ricos: esta afirmación carece de fundamento pues
es sabido que a partir de los 30 años, los sueldos de los solteros y
casados son similares y los solteros no son más ricos que los casa-
dos.
4º. Los solteros son más felices: esta afirmación, como tantos otros tópi-
cos, no ha podido ser demostrada científicamente. De hecho, hay

36
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

bastantes datos a favor de que los casados son más felices: sufren
menos de insomnio, son menos propensos a tener úlceras, a
sufrir de ansiedad, tienen menor sentimiento de culpa, se auto-
valoran más, etc., por el contrario, los solteros son más propensos
a la bebida, a las drogas y al suicidio (55 por ciento entre los sol-
teros frente al 35 por ciento entre los europeos casados).
5º. Los solteros son más libres y tienen más tiempo de ocio: a primera vis-
ta, parece que sí porque están libres del cuidado de los hijos y sin
familia, pueden viajar solos, van donde quieren y cuando quie-
ren, gastan su dinero como quieren y sin rendir cuentas a nadie.
Sin embargo y curiosamente, cuando se pregunta a los solteros y
casados en qué medida se sienten libres, los porcentajes de res-
puesta son similares, en torno al 31 por ciento en ambos casos. Sí
parece ser cierto que salen más de casa que los casados (un 20 por
ciento más), pero este aspecto no es suficiente para definir ade-
cuadamente la libertad de las personas. Por otra parte, no queda
claro que dispongan de más tiempo libre puesto que, exceptuan-
do los solteros con altos ingresos que pagan el servicio de otras
personas, el resto suelen tener más obligaciones caseras.

Como en cualquier ámbito de la vida con alta significación social,


los mitos sobre los solteros se dedican unos a su condena –versión
negativa de la soltería–, y otros a su exaltación; estos últimos presentan
a los solteros como personas excepcionales, dignas de ser admiradas
e imitadas –versión positiva de la soltería–. Así, hasta épocas recientes
y aún hoy en día, se vienen diciendo de los solteros/as muchas lin-
dezas y chismes –tal vez fuera mejor denominarlos insultantes dis-
parates–, los más en contra, y más bien pocos a favor.

Estereotipos en contra de la soltería


A pesar de que la soltería es una estado cuya valoración social va
ganando puntos en sentido positivo, prácticamente nunca ha sido
valorada socialmente igual que el matrimonio; esto es patente cuan-
do uno echa una mirada hacia el pasado y lo es también en la actua-

37
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

lidad. Los testimonios en este sentido son abundantes, como se des-


prende de los datos que propongo a continuación:

• las críticas dirigidas a los solteros se remontan a los tiempos


más remotos y así se atribuye ya a Moisés una de las primeras
condenas del celibato, lo que no es de extrañar dada su perte-
nencia a una sociedad en que la esterilidad era un oprobio y
los hijos corona de los ancianos; por eso también la ley hebrea
premiaba a los maridos dejándoles libres de muchas de las car-
gas y obligaciones a los que los solteros estaban sometidos.
Mucho después y en la misma línea, Mahoma dio ejemplo del
valor del matrimonio casándose a la edad de seis años (Díaz,
1998, p. 95).
• entre los romanos, el nombre de soltero/célibe se deriva del
término “caelebs” que aplicaban al soldado y es sinónimo de
dejado, abandonado, desamparado, árbol sin fruto, etc. Para
los griegos, el estatuto de soltero o célibe, “koilos”, iba asocia-
do a la idea de cosa hueca, vana, vacía, de poco peso o fortale-
za, árbol sin raíces, pompa de jabón que se lleva cualquier
viento (Díaz, ibídem, p. 143).
• en épocas más recientes, una visión muy generalizada consi-
dera a los solteros personas indecisas y capidismuidas incapa-
ces de realizar lo que sí han sabido hacer los casados, llegar al
matrimonio (Davies, 1995, p. 18).
• el soltero es un bicho aún no clasificado, rebelde a todas las
leyes naturales y sociales, divinas y humanas, civiles y religio-
sas, monólogo empobrecido en medio del fastuoso y maravi-
lloso lenguaje de los hombres, libro en blanco, ser a medias,
caminante que no deja huella de su paso, enemigo del bienes-
tar moral de los Estados, etc., por eso, lo mejor que se ha podi-
do decir de la soltería es que sólo es buena para evitarla (Díaz,
1998).
• los solteros, en especial los de la clase media o acomodada, son
ejemplo del avaro por los cuatro costados y exponente de la

38
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

persona materialista cuyo objetivo principal es la acumulación


de riqueza (Díaz, ibídem, p. 90).
• una actitud muy generalizada con respecto al soltero es consi-
derarlo un ser provisional y por tanto necesitado de otros
pasos para alcanzar su plenitud como persona; a partir de este
supuesto, toma entidad un sistema de valoraciones que se tra-
duce en distintas formas de insulto hacia la soltería, desde las
más burdas hasta las expresiones más sutiles de desprecio
hacia todos los que, debido a su pusilanimidad y cobardía, no
habrían sabido enfrentarse a los compromisos de la vida en
pareja (Ferrándiz y Verdú, 1975).
• en la perspectiva del amor, una visión frecuente en relación
con los solteros es considerarlos sujetos adictos al “amor enfer-
mizo” (Doueil, 2000).
• una de las conclusiones alcanzada por Nerín (2001), a través
de su reciente estudio sobre los solteros en la zona norte de
Aragón, es que para la opinión común cada soltero representa
un problema y que la única diferencia es la manera de vivirlo.
• los solteros serían personajes grotescos que, con excepción de
aquéllos que supieron sublimar sus instintos en aras de la cien-
cia, la cultura o la política, como Platón, Orígenes, Miguel Ángel
–decía que se había casado con su arte–, Newton, Roosevelt,
Orson Wells, etc., constituyen un monumento a la excentricidad
(Jaeggi, 1995).
• a diferencia de aquellos hombres y mujeres maduros que acep-
tan las reglas del juego social, saben conquistar a su pareja y
fundar una familia, los solteros son cierta clase de minusváli-
dos incapaces de guardar la norma, raros, inadaptados e hijos
de mamá, cuya cobardía les impide llegar al compromiso del
matrimonio (Carter y Sokol, 1996; Cargan y Melko, 1982).
• del “solterón” se ha dicho que es el bicho más repugnante entre
los animalitos implumes: escéptico, avaro, egoísta refinado, siba-
rita, contrabandista del amor por pura ignorancia de éste, vaga-
bundo, anzuelo de las solteras y con alma –si la tiene– de hue-

39
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

so, comodón, moscardón, parásito, siniestro, maniático, bestia,


alimaña, bicharraco, asesino, ladrón, gusano, hoja seca, culebra
boba, buey suelto, bandido urbano, alma de zorra, pozo de
malicia, y así, hasta una lista de 84 “piropos” más. Son, además,
holgazanes rezumados que, en vez de asumir las obligaciones
de conlleva el matrimonio, optan por la zanganería; por eso, no
merecen la menor atención por parte de los Estados (Díaz, ibí-
dem, p. 239).
• durante el siglo XIX, comenta Alborch (1999, p. 32), las solteras
aparecieron con identidad propia, al margen de sus familias,
hijos, hermanos o tíos, pero esa situación conllevó el destino
de la compasión y ridículo, convirtiéndolas en carne de cañón
de la enfermedad femenina por excelencia, la soltería, que con-
vierte a la soltera en criatura incompleta y no realizada,
sufriente de soledad, infeliz, inculta y confinada entre las cua-
tro paredes de su casa; habrá que esperar hasta el siglo XX para
que esa imagen cambie de fisonomía.
• a pesar de que los malos tratos a los solteros se remontan,
como hemos visto, a etapas muy anteriores, fue especialmente
en el siglo XIX cuando comenzaron a lanzarse contra ellos los
improperios más hirientes: se les acusa de estériles, impoten-
tes, licenciosos, decadentes, se les considera una amenaza para
la natalidad y se les reserva las tasas contributivas más caras.
Fue también en esta época cuando se acuñan los términos
peyorativos “solterones” y “solteronas” como equivalente de
objetos de lástima, primos pobres de la familia, libertinos,
seductores temidos por los padres de familia con hijas en flor,
etc. Si el ideal de la mujer es en lo biológico la maternidad, en
lo jurídico la dependencia del marido y en lo físico el ejemplo
de belleza, la solterona aparece como todo lo contrario de la
mujer ideal (Alborch, 1999, p. 47). Por la misma época, siglo
XIX, el síndrome de estigmas atribuido a los solteros llegó has-
ta el extremo de que médicos y sociólogos imaginativos afir-
maban que los solteros tienen peor salud, mueren antes y se

40
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

suicidan mucho más que las personas casadas, datos que nin-
gún estudio científico ha logrado demostrar (Lamourére, 1988;
Davies, 1995).
• desde la “teoría psicológica del apego”, el tópico lleva a pen-
sar que los solteros son dignos de compasión puesto que su
temor a convivir afectivamente con su pareja tendría como
desgraciada causa el no haber recibido durante la infancia el
amor y cuidados suficientes para aprender a conectarse con-
fiadamente con las demás personas, lo que aplicado a nuestro
tema, se podría traducir diciendo que los solteros coinciden
con aquellas personas que desconfían de que el cónyuge les
pueda colmar la necesidad de sentirse suficientemente ama-
dos (Torrabadella, 2000, p. 73).
• socialmente, los solteros han sido considerados personajes
insensibles a los bienes que representan las nuevas generaciones
para la sociedad, por lo que no son merecedores de la conside-
ración que los Estados dan a los casados y padres de familia en
razón de su contribución a la renovación constante que la socie-
dad necesita para sentirse viva y próspera (Díaz, 1998, p. 134).
• en la medida en que el marco de referencia del adulto y la nor-
ma generalizada para la sociedad es el matrimonio, los solte-
ros se ven abocados al peligro de que se les considere menos
hábiles para la “vida normal” y, por lo mismo, se les vea como
personas en cierto modo “desviadas” (Schwartzber y otros,
1995).
• a los solteros se les confunde con los solitarios y aburridos y el
estereotipo les considera víctimas de la soledad y de una
minusvalía frente a la vida en pareja; esto lleva a que a las
mujeres solteras, en concreto, no se les suela preguntar por
qué se han quedado solteras, sino por qué no se han casado y
tenido hijos; y a la postre, se las compadece por ello (Alborch,
1999, 207).
• el calificativo de “solterón” o “solterona”, relativo a las perso-
nas que “no han conseguido” emparejarse, tiene aún en nuestra

41
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

sociedad actual una inequívoca connotación peyorativa para


algunos (por otra parte, la propia expresión común “no conse-
guir pareja” es un tanto reveladora). Y por el contrario, no nos
es desconocida, aunque lo ocultemos con cierto rubor, la sensa-
ción ufana de presentarnos en sociedad, ya sea en el trabajo, con
los amigos, con la familia…, con una pareja capaz de causar
admiración y respeto entre los demás (por los motivos que fue-
re, personales, físicos y/o profesionales) (Yela, 2000, p. 222).
• nuestra sociedad sigue organizándose básicamente pensando
en adultos emparejados y se espera, por ejemplo, que viajemos
en pareja como si estuviéramos esperando embarcar en el arca
de Noé. Paralelamente, se favorece a la pareja a todos los nive-
les, dando ventajas fiscales a los matrimonios y celebrando
fiestas y días dedicados a ensalzar la figura del padre y de la
madre. Especialmente en el caso de la mujer, el verla sola en
determinadas situaciones produce pena y compasión. A este
respecto cuenta Carter-Scott, (2000, p. 40) una curiosa y reite-
rativa experiencia personal: cuando por razones de trabajo
acude a un restaurante sola, el camarero de turno, ignorante
de su condición de casada, le suele preguntar ¿va usted sola?
Después de sentarse a la mesa, el mismo camarero/a le acerca
una revista con la implícita y caritativa finalidad de hacerle
más llevadera su soledad, dando por sentado, comenta esta
autora, que el no tener nadie con quien compartir ese momen-
to equivalente a una experiencia muy difícil de soportar.
• nuestra sociedad no entiende que para disfrutar de los demás y
tener libertad de elección en nuestras relaciones personales es
primordial aprender a aceptar e incluso a disfrutar de la soledad,
tampoco se ha parado a pensar que pasar el rato con otra gente
sólo por no estar solos, nos empobrece. Y por eso, toda la diná-
mica social empuja al matrimonio a la fuerza antes que expo-
nerse a ser objeto de ser tratado como raro o loco. Desde la mis-
ma actitud, está “mal visto” que ciertos puestos de responsabili-
dad sean ocupados por personas que no tienen familia (Doueil,

42
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

2000, p. 113). Esto lleva a la extraña e injusta conclusión de que,


si no quieres sufrir el acoso de tu entorno (presiones, insultos,
compasión), solo existe una alternativa, casarte.
• hablando de los inconvenientes de la soltería, Schwarztberg y
otros (1995) se formulan esta pregunta: ¿por qué van al terapeu-
ta los solteros? Del estudio de múltiples casos estos autores han
llegado a dos conclusiones:

1ª. La situación de soltero resulta un problema por cuanto implica


la desviación de las expectativas de los padres y familiares y por-
que la falta de vida en pareja supone un acto de ruptura de las
fases de desarrollo personal en relación con lo que se conside-
ra evolución “natural” de la persona, superar la fase de soltero
y convertirse en casado. Esto afecta grandemente al soltero/a.
2ª. El apartarse de lo “normal” se traduce en muchas formas de into-
lerancia y desprecio por parte de los familiares, amigos y la socie-
dad en general. La consecuencia para el soltero/a es la necesidad
de tener que luchar contra el prejuicio de que la soltería es un fracaso
personal. Esto aparece con toda nitidez en las consultas de los psi-
cólogos, a los que los solteros/as acuden con vistas a que les ayu-
den a “corregir” los modos ineficaces de acercarse a la pareja y a “defen-
derse” de las formas agresivas de que son objeto.

• quiero terminar este incompleto listado sobre los estereotipos


negativos referentes a los solteros recordando al lector cuatro
anécdotas realmente expresivas:
– La primera tiene que ver con la leyenda transcrita en un pla-
to de cerámica y que representa un buen ejemplo de cómo la
fantasía popular moteja con tonos machistas entre ingenio-
sos, pícaros y despectivos los “inconfesables” desvaríos
sexuales de los solteros. El contenido del texto que leí duran-
te las Navidades de 2000 en un bar del casco viejo de cierta
ciudad española reza:
“La paloma es el pájaro de la paz, el SOLTERO no deja el pájaro
en paz, la SOLTERA no conoce la paz ni el pájaro, el
SOLTERÓN y CUARENTÓN, qué suerte tienes, ladrón”.

43
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

• La segunda historia indica hasta qué punto el estereotipo vin-


cula la vida del adulto con el matrimonio. Un amigo mío com-
pró recientemente un mueble a un anticuario en una ciudad
diferente de aquella en que reside. A la hora de trasladarlo a su
domicilio, mi amigo sugirió la posibilidad de llevárselo en su
propio coche abatiendo para ello los asientos traseros. Ante tal
propuesta, el tendero comentó: “claro que si usted hace eso, no
le quedará espacio para los niños”. Aunque parezca sorpren-
dente, ¡hasta para comprar muebles hay que estar casado y
tener hijos!
• Me contaban recientemente que, en algunos buzones caseros,
las solteras, para ocultar su condición de tales, ponen el rótu-
lo “señores de... –seguido de su propio apellido–, y también que por
seguridad tienen grabada voz de hombre en sus contestadores
automáticos.
• Una amiga mía soltera de cuarenta y tantos años asistió por
compromiso a una boda. A la hora del banquete, se trató de aco-
plar en las mesas a los comensales, las parejas juntas y los más
cercanos familiares juntos. Mi amiga es hija única y acudió sola
a la fiesta. Los organizadores, con la mejor buena voluntad,
optaron por colocar a mi amiga junto a la única persona que
quedaba “descolgada”, una niña de ocho años. Olvidándose de
que la gente normal tiene sus tics en el modo de tratar a los sol-
teros, mi amiga reaccionó con un solemne berrinche que toda-
vía le dura. En mi posterior conversación con ella, en la que me
comentó el desprecio de que había sido objeto por haber sido
tratada como soltera y no como una persona adulta más, termi-
né proponiéndole esta sencilla reflexión: ¿crees que es una acti-
tud madura por tu parte exigir que quienes te invitaron se sin-
tieran obligados a olvidarse totalmente de tu condición de sol-
tera y optaran por tratarte sólo como adulta? Su respuesta fue
muy clara a la vez que sensata, “lo pensaré”. Le recordé segui-
damente un buen principio para no pecar de intolerancia en
nuestras relaciones con los demás: “una forma de intolerancia

44
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

es exigir que los demás nos traten en todo y siempre con crite-
rios de plena madurez y como nos gustaría, olvidándonos de
que, con frecuencia, somos nosotros los que debemos suplir la
inconsciencia e inmadurez de los demás”.

Estereotipos a favor de la soltería


Naturalmente y como no podía ser por menos, los solteros se han
defendido del cúmulo de insultantes estereotipos, contrarreplicando
con argumentos que muestran, frecuentemente exagerándolas, las
grandes ventajas psicológicas y sociales de la vida soltera con respec-
to al matrimonio. Propongo algunas de estas actitudes defensivas:

• el hombre soltero de hoy es el que tiene la valentía de desmarcar-


se de la obligación del matrimonio impuesto por la sociedad
y de librarse de la esclavitud del modelo de la masculinidad
mal entendida que conlleva ser agresivo, conquistador, casado,
racional, resuelto, mandón, competitivo, taciturno, invulnera-
ble, dominante, etc. (Clare, 2002).
• la mujer soltera es la que es capaz de librarse de las relaciones
enfermizas que la convierten en marioneta en manos del hom-
bre, la que sabe enfrentarse a su individualidad prescindiendo
de aferrarse al clavo ardiendo que supone la engañosa situa-
ción de pretender ser feliz por el solo hecho de estar con un
hombre a su lado (Ladish, 1998, p. 24).
• en el ámbito del amor y la amistad, los solteros representarían
la mejor síntesis del amor sin barreras, con sexo o sin él, desa-
rrollando su capacidad de amar desde todas las diferentes for-
mas posibles de empatía y acercamiento entre las personas;
fuera de la soltería, todas las expresiones de la afectividad
están sujetas a normas estrictas y, en cierta medida, esclavi-
zantes, no en el caso de los solteros (Cipolla, 1995).
• bajo el punto de vista psicológico, la soltería representaría el
estado de espíritu más perfecto ya que sólo en él puede res-
plandecer por encima de todos los demás el cumplimiento del

45
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

primer mandamiento impuesto a todas las personas “amar al


prójimo, entendiendo que el más prójimo (próximo) es uno mismo”
(Lamourére, 1988, p. 17). En este sentido, tiene plena vigencia
el pensamiento de Ladish (1998, p. 22), aunque matizando que
lo que ella expresa no es algo exclusivo de los solteros, como
marca el estereotipo:
“La única fuente de amor es uno mismo. A partir de esta premisa podemos
atrevernos a abrirnos a los demás. Es muy difícil la relación de personas
que no se quieren a sí mismas. Cuando consigamos apreciarnos, valorarnos
y amarnos incondicionalmente a nosotros mismos, podremos amar y devol-
ver sentimiento”.

• los solteros que eligen tal condición demuestran una inteli-


gencia superior al resto de sus semejantes en la medida en que,
con su aislamiento voluntario de la red de opresiones a que
está sometido el casado, se sitúan con ventaja de cara a su
desarrollo personal (Kaufmann, 1993).
• ante las dificultades para acertar con una vida feliz dentro del
matrimonio, la sabiduría popular alaba la inteligencia práctica
del que opta por la soltería:
“En punto de casamiento, gobiernan de casos ciento,
noventa y nueve locura, y uno el entendimiento”.

• para muchos siempre es preferible la soltería al matrimonio


puesto que todo matrimonio es, en cierto sentido, una relación
desajustada y un estado que apenas permite obtener una
pequeña parte de lo que se soñó de él antes de contraerlo (Fis-
cher y Hart, 2002).
• parafraseando el pensamiento de Fray Luis de León en su Per-
fecta casada, se recalca que ante la impreparación de los cónyu-
ges para enfrentarse a las dificultades de la vida matrimonial,
es de alabar a la vez que legítimo optar por la soltería en la que
normalmente no se dan los grandes y muchas veces dramáti-
cos desequilibrios que surgen en la vida de los casados.
• se habla mucho hoy en día de la incompatibilidad entre los
sexos como consecuencia del igualitarismo promovido desde

46
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

el movimiento feminista –las mujeres se quieren equiparar


con los hombres y ya se sabe que “dos polos del mismo sig-
no se repelen”–. Partiendo de la psicología diferencial entre
los sexos, el argumento se refuerza diciendo que la pretendida
destrucción de las diferencias entre los sexos conduce a hacer
cada día más difícil el adecuado entendimiento entre los
miembros de la pareja, lo que se confirmaría con el gran núme-
ro de divorcios y desavenencias conyugales a las que hoy asis-
timos. En tales condiciones, se llega a decir, el matrimonio
sería sólo apto para unos pocos, para el resto, la soltería repre-
senta la opción más juiciosa y coherente (Fisher, 2000). Ante
una posición tan radical (!), se replica que todo lo anterior es
válido pero sólo cuando se exageran las diferencias entre los
sexos y no se atiende a lo que el hombre y a la mujer tienen en
común en cuanto personas; en esta segunda perspectiva, la
oposición intersexos ya no tiene por qué traducirse en incom-
patiblidad y el matrimonio y la soltería representan dos esta-
dos igualmente aceptables y llevaderos para el común de los
hombres y mujeres (Alberdi y otras, 2000).
• muchos solteros, abogando por motivos semejantes al ante-
rior, aluden al “justificado y sano miedo” que les lleva razo-
nablemente a no asumir la responsabilidad de traer al mundo
seres, los hijos, a los que no están seguros de poderles hacer
felices, criarlos y educarlos, pues saben muy bien que los
padres son causa muy directa de las muchas calamidades a las
que están expuestos los niños de hoy por falta de recursos
para atenderlos en sus necesidades básicas (alimento, vestido,
cobijo) en los países subdesarrollados, y en el mundo desarro-
llado, por no disponer del tiempo necesario para acompañar-
les en su propia educación y desarrollo, debido a sus numero-
sos compromisos laborales. El argumento anterior se tradice
diciendo que los solteros son plenamente conscientes de que la
humanidad no necesita sólo de individuos ni los individuos
viven sólo de la vida material y, en consecuencia, piensan que
evitar el que la sociedad se pueble de sujetos a los que no se

47
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

les puede atender en debidas condiciones constituye un moti-


vo más que suficiente para que la soltería sea considerada
como un estimable servicio al bienestar social.
• una muestra evidente de la superioridad de la soltería que
algunos defienden sería la falsedad de los “mitos románticos”
relativos al matrimonio: 1) el mito de que todos contamos con
una “media naranja” destinada para darnos la felicidad, 2) el
mito de que el amor lo puede todo por sí solo y conlleva nece-
sariamente la fidelidad sexual, y 3) que el emparejamiento
(mera unión entre dos personas) es algo plenamente natural y
libre de cualquier condicionamiento sociocultural. En contra
de estos estereotipos, todos conocemos seguramente alguna
pareja (cuando no nos ha sucedido a nosotros mismos) en que
la validez de estos mitos brilla por su ausencia tratándose de
los casados (Yela, 2000, p. 246).
• desde la psicología de las emociones, se argumenta a favor de
la soltería como la mejor condición para librarse del peligro en
que fatalmente (!) caen las relaciones íntimas dentro del matri-
monio; estas relaciones estables, se dice, suelen acabar en desi-
lusión, en hastío y en aburrimiento por falta de la dosis sufi-
ciente para la mutua estimulación del amor en todas sus for-
mas, incluidas de manera prioritaria, las relaciones sexuales.
Por ello, frente al amor de pareja se propone la forma de inti-
midad solteril a la manera de “cama musical”: cambiar cons-
tantemente de compañeros. Digamos de pasada, que los de-
fensores de este modo de entender el amor suelen subestimar
la posibilidad de desarrollar dentro del matrimonio el arte del
amor y la amistad erótica; la madurez en este campo supone
aprender a crear relaciones en las que haya tanto de excitación
como de bienestar, sexo y ternura, espontaneidad y continui-
dad. Y en tal sentido, un especialista en el campo de las emo-
ciones como Keen (1994, p. 185-190) entiende el arte amatorio
como un objetivo que se aprende no precisamente a través de
multitud de experiencias amorosas románticas y pasajeras
sino sobre la base de una relación profunda y duradera.

48
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

• otro argumento a favor de la soltería es la dificultad de los cien-


tíficos y grandes artistas para compaginar su dedicación a la
creación con las obligaciones de casado y la familia; esto expli-
caría el que grandes pensadores como Platón o Miguel Ángel
optaran por la soltería. Gardner, en su crítico análisis sobre la
vida de los grandes creadores del s. XX, Mentes creativas (1998, p.
201), describe el ejemplo prototípico de tal dificultad encarnada
en la persona de Picasso: volvió loca a su primera mujer, Olga;
su amante adolescente, María Teresa Walter, se ahorcó en 1977;
su amante más intelectual, Dora Marr, sufrió una crisis nervio-
sa; su nieto se suicidó bebiendo lejía concentrada cuando no se
le permitió asistir a su funeral, y su segunda mujer y viuda Jac-
queline, con quien se casó en 1961, se mató de un disparo la
noche después de haber ultimado los detalles de una exposición
de su colección personal sobre obras de Picasso. Todo lleva a
pensar que, para este genio de la pintura, la vida familiar fue
acompañada de la tragedia; y, a la postre, que la soltería hubie-
ra sido seguramente preferible en la vida de este gran pintor.
• otro argumento sociológico a favor de la soltería, muy socorri-
do entre los partidarios de ella, es el bien social que supone el
hecho de que muchos adultos no se casen ni sometan a la socie-
dad a las cargas inherentes a la superpoblación: si todos nos
casáramos, se dice, faltarían hospitales, escuelas, vivienda, etc.,
como ocurre en los países con una fecundidad incontrolada.

Diferencias significativas entre los solteros y las solteras


Anticipando en parte lo que propondré más adelante sobre las
grandes diferencias existentes entre los componentes del colectivo de
solteros, puede ser esclarecedor considerar aquí lo que separa a los
solteros en función del sexo a que pertenecen, pues a las mujeres, por
lo general, siempre se las ha tratado peor que a los hombres y están
sometidas a mayor número de tensiones. Una comparación entre los
rasgos peculiares entre los solteros y solteras arroja, entre otras, estas
notorias diferencias:

49
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

• está plenamente contrastado por estudios fiables que los solte-


ros jóvenes disfrutan más de la vida que sus colegas femeninas,
eso a pesar de que, en general, hay muchos datos para afirmar
que la soltería resulta a la postre más beneficiosa a las solteras
que a los solteros; todo lo cual no es óbice, por otra parte, para
que la validez de estos datos, y sobre todo, en su aplicación a
cada caso concreto, esté sometida y dependa de otros varios
factores que manifiestamente ejercen un influjo decisivo en la
experiencia de la soltería, me refiero, entre otros, al nivel de
educación, ingresos y relaciones sociales en las que está inmer-
so el soltero/a (Davies, 1995, p. 17-18).
• la sociedad patriarcal, todavía vigente en nuestra sociedad,
entiende que debe seguir preparando a los hombres para el tra-
bajo y la responsabilidad fuera de casa, y reservar para la
mujer el ámbito de la casa y la crianza de los hijos. Como con-
secuencia de esta orientación educativa de los sexos, los solteros
varones que no triunfan en lo profesional tienden a sentirse des-
preciados por la sociedad y, paralelamente, la mujer soltera es
condenada al ejercicio de una maternidad sustitutiva y manca,
hacerse cargo de una familia que no es la suya, la de sus padres
mayores o cuidar de los niños de los hermanos, a la postre, a
vivir una soledad colmada de inseguridad, de falta de intimi-
dad o al sufrimiento de una soledad por carecer de objetivos
definidos (Alborch, 1999).
• una diferencia que marca la diferencia entre los solteros y solte-
ras es la forma distinta que tienen los hombres y las mujeres de
vivir el amor y las relaciones de convivencia con sus congéne-
res. Mientras para los hombres, el trabajo y las relaciones den-
tro de él es lo importante, para las mujeres, el contacto con las
amigas llena su vida de modo original y totalmente impensa-
ble para los hombres. ¿Quiénes entre éstos se pasan hablando
largas horas por teléfono con sus amigos, qué hombre cuenta
a sus amigos sus experiencias amorosas con las mujeres, qué
hombres dedican largos ratos a hablar con sus amigos de su
vida sexual? (Ladish, 1998).

50
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

• algunos estudios recientes científicamente fiables parecen indi-


car que las solteras disfrutan de más salud física y mental que las
casadas y están además menos afectadas por la depresión que
los solteros varones; las solteras se defienden también mejor
que los hombres ante el cúmulo de situaciones y experiencias
que conlleva la soltería (Davies, 1995).
• a diferencia de los varones solteros, siempre se ha creído que
las solteras eran merecedoras del amor en función de su dispo-
nibilidad para los demás. Esto explica el sentimiento de vacío
a que están especialmente expuestas cuando su vida no se
desarrolla como donación al marido y a los hijos. A los varo-
nes solteros, por el contrario, se le concede el privilegio de
gozar de un mayor estatus de independencia.
• es muy frecuente que las solteras jóvenes tiendan mucho más que
los varones de su edad a alardear de una virginidad cuasi profe-
sional, en el sentido de que hacen ostentación de su total exclu-
sión de todo lo vinculado con la maternidad, buscando por
todos los medios que en su imagen resplandezca la total inmu-
nidad de la concepción. De rebote, esos formalismos externos les
sirven de reclamo publicitario para acceder a las relaciones hete-
rosexuales y al cortejo amoroso con más libertad que las mujeres
ya comprometidas o tímidas (Gil Calvo, 2000, p. 32).
• debido a su mejor economía, tanto los solteros como las solte-
ras suelen ser especialmente sensibles a los dictados de la
moda e invierten, por lo general, más recursos en el cuidado
de su imagen exterior. Así mismo, son las mujeres las que con-
sumen o desean consumir más productos de actualidad, pues-
to que para ellas la imagen, como reflejo de identidad y de
acercamiento a los demás, es un instrumento más valorado y
necesario que para los hombres; los hombres suelen ser juzga-
dos en mucha menor medida que las mujeres por su atuendo
y gracias a ello ahorran esfuerzos y evitan que su tiempo psi-
cológico se consuma en muchas de estas preocupaciones, lo
que indudablemente se convierte en una ventaja comparativa
a favor de los varones solteros (Alberdi y otros, 2000).

51
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

• los roles del hombre y la mujer aparecen muy distintamente


cargados de connotaciones diferenciadoras desde el punto de
vista biológico y, por ello, es menos importante para un hombre
no ejercer su paternidad que para una mujer dejar de madre.
Paralelamente, en el hombre el ejercicio de la sexualidad den-
tro del amor libre y como actividad fecundante de una mujer
apenas repercute biológicamente en su sistema hormonal,
todo lo contrario ocurre tratándose de la mujer; en definitiva,
que en el ámbito de la “generología” los papeles del hombre y
la mujer son claramente asimétricos. Esto explica que algunas
solteras experimenten vívamente la contradicción que supone
el deseo de ser madres y sufran por no serlo y, al mismo tiem-
po, tengan claro que el matrimonio y la maternidad no consti-
tuye una meta deseada en sus vidas (Cipolla, 1995). Como, por
otra parte, la biología de la persona está íntimamente conecta-
da con su psiquismo, habrá que concluir que –al margen de las
presiones sociales– la vida de los solteros y solteras discurren
por caminos difícilmente equiparables (Sánchez, 1996, p. 41).
• si se admite que entre los objetivos más importantes que mar-
can el desarrollo de la vida adulta están el encontrar pareja, ser
padres y lograr una competencia laboral, la soltería es una fór-
mula que ofrece menos posibilidades de realización personal
para la soltera que para el soltero. A esto ayudan los estereoti-
pos sociales que marcan como imperativo casi exclusivo para
el hombre la “necesidad” de estar profesionalmente mejor
situado y por encima de la mujer. En este sentido, hoy son
mayoría los que piensan que la identidad de las solteras resul-
ta más difícil de alcanzar que la del hombre soltero debido al
hecho fundamental de que la soltería femenina implica renun-
cia –o no realización– de la maternidad; dicho en otras pala-
bras y en términos comparativos, el binomio esposa-madre no
es equivalente al binomio esposo-padre. Hasta tal punto es
esto verdad que, en el tercer mundo la maternidad escapa a la
voluntad de la mujeres y no constituye, por lo general, objeto

52
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

de decisión personal, al menos en las clases populares, tal y


como se reconoció en la reciente Conferencia Mundial sobre la
mujer celebrada en Pekín en 1995.
• hoy se libra una auténtica batalla por parte de las mujeres sol-
teras para que la sociedad les reconozca la libertad de ejercer
su capacidad y autonomía personales con igual valoración social
que la maternidad, pero es obvio que tal equiparación está lejos
de haberse alcanzado incluso en las sociedades desarrolladas
como la occidental. En contra de la mujer soltera y por culpa
especialmente del hombre (Alborch, 1999), en nuestra socie-
dad siguen vigentes los modelos dominantes de la familia tra-
dicional que asigna roles marcadamente diferentes para los
dos sexos, lo que se traduce en fuente de graves desajustes en
las relaciones de pareja y, finalmente, en numerosos divorcios
puesto que en tales condiciones las fórmulas de convivencia
difícilmente resultan asumibles por sus protagonistas, hom-
bres y mujeres. Por lo demás, la solución a esta problemática
no se ve cercana y ello debido tanto a los hombres, que no
están dispuestos a compartir con la mujer las cargas y obliga-
ciones de la vida familiar, como por parte de la mujer, a la que
la nueva situación le exige comportarse con un elevado nivel
de autonomía para la que muchas mujeres no han sido debi-
damente educadas (Sánchez, 1996). En términos equivalentes,
hoy asistimos a una lucha encarnizada por la supremacía
varonil en lo económico, político, social, familiar, religioso y
cultural difícilmente compatible con los postulados del femi-
nismo que intenta suprimir por todos los medios a su alcance
la injusta superioridad en el trato social de los varones sobre
las mujeres (Fernández, 1996, p. 22).
• en el terreno de los sentimientos hay también grandes diferencias
que separan a los hombres de las mujeres y, por lo mismo, a los
solteros de las solteras. La psicología diferencial ha puesto de
manifiesto que la vida de la mujer es “holística” (global) y, así,
cuando se implica en situaciones vitales se compromete con

53
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

todo lo que es su persona, a diferencia del varón que tiene más


facilidad para actuar, a la hora de comprometerse en vivencias
personales, dejando de lado unas para centrarse en otras; esto es
visible en el terreno del amor, de la amistad, de la profesión, etc.
En función de tales rasgos psicológicos, resulta más fácil para el
hombre separar el sexo del amor, alternar relaciones de gran
compromiso personal con otras superficiales, disociar el matri-
monio de las relaciones íntimas de pareja y, en definitiva, troce-
ar su experiencia vital en tantas partes como posibilidades le
vayan marcando las coyunturas por las que discurre su vida.
Todo ello hace posible que, por ejemplo, en el terreno de la
sexualidad, para la mujer sea más difícil que para el hombre
entenderla como mera forma de comunicación afectiva al mar-
gen de la procreación y la maternidad; no queda claro, por otra
parte, si el hecho es debido a causas fundamentalmente bioló-
gicas o a la menor libertad e independencia económica que tie-
nen la mayoría de las mujeres y que les impulsa a ser más pru-
dentes y conservadoras en cuanto al compromiso personal que
implican las relaciones sexuales (Alberdi y otras, 2000).
• continuando con el análisis de las diferencias entre el hombre y
la mujer, hay que destacar el desigual peso que representa para
cada uno de ellos las relaciones sexuales: las hembras de la
especie humana deben invertir un mínimo de nueve meses para
tener descendencia, mientras que a los machos les basta inver-
tir unos pocos minutos; es lógico que este hecho biológico se tra-
duzca en diferentes estrategias a la hora de relacionarse los
hombres con las mujeres en el ámbito de la sexualidad. Estas
diferencias biológicas así como un mayor nivel de tetosterona
en el hombre hace que éste sea más agresivo e impulsivo que la
mujer en la búsqueda de relaciones sexuales y también más pro-
penso a la promiscuidad, junto con la tendencia a acortar el lap-
so temporal entre el encuentro personal y la relación sexual;
nada tiene de extraño que estas diferencias condicionen las rela-
ciones entre los solteros y solteras (Yela, 2000, p. 44).

54
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

• independientemente de si los hombres casados comparten


muchas cosas o pocas con sus mujeres, lo cierto es que obtienen
algo muy vital de sus relaciones de pareja como queda patente
en el hecho de que los hombres casados normalmente son más
sanos que los solteros, mientras que en las mujeres ocurre lo
contrario; además, la mayoría de los hombres casados afirman
que se volverían a casar pronto si perdieran a su mujer, mien-
tras que la mitad de las mujeres casadas no lo harían. De estos
datos se deduce que los solteros parecen estar más predispues-
tos al matrimonio que las solteras (Fischer y Hart, 2002).
• en el terreno de los compromisos, la manera de comportarse los
hombres y las mujeres es también diferente: los hombres sue-
len tener más miedo a perderse en la mujer y cuando han
alcanzado un determinado grado de acercamiento y de inti-
midad, tienden a dar un paso atrás, como para recuperarse a
sí mismos. A las mujeres esto les pasa en menor grado, porque
por naturaleza y por educación dan y comparten con más faci-
lidad su propia identidad y les resulta más fácil asumir el com-
promiso de una relación (Ladish, 1998).
Varias experiencias personales confirman este hecho. Un sociólogo, le dio
el siguiente consejo a un amigo mío: “enamórate de seis mujeres y cása-
te con una”. Siguiendo su consejo, mi amigo tuvo relaciones con siete
mujeres antes de casarse con su actual esposa, con la que lleva convi-
viendo más de un cuarto de siglo. Pues bien, a pesar de sus grandes dife-
rencias personales, todas ellas coincidieron en una nota común: las siete
“querían llevarle al altar” antes de que él lo hubiera pensado; todo pare-
ce indicar que las mujeres son más lanzadas que el hombre en el terreno
del amor.
Pero esto no quiere decir que todas las mujeres estén siempre y fácil-
mente dispuestas al compromiso matrimonial. Me contaba una amiga
mía que prefería las relaciones con los casados porque, estando ya com-
prometidos, le libraban de comprometerse a sí misma. Un día me llamó y
me dijo: “he hecho un gran descubrimiento, me he dado cuenta de por qué
he preferido a los casados en vez de relacionarme con solteros, éstos me
podían comprometer y los casados difícilmente”. Recientemente, esta
amiga conoció a un soltero que le había confesado experimentar el mismo

55
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

temor que ella sentía hacia los hombres; a partir de ese momento enten-
dió que había encontrado la pareja que buscaba, alguien consciente y dis-
puesto a compartir y superar el temor al compromiso de vida en pareja”.

• es frecuente en la mujer soltera de hoy el deseo de vivir con un


nivel de autonomía para el que el hombre no está preparado,
esto complica mucho la elección de pareja en el hombre. Cuan-
do dichas mujeres se acercan a un hombre, en éste se produce
un complejo mecanismo de defensa: responde con extrañeza y
temor y tiende a reaccionar huyendo de una situación que
implica poner en tela de juicio su tradicional papel predomi-
nante sobre la mujer. Contar con este supuesto sería de alta
utilidad para todas aquellas mujeres que buscan pareja: nece-
sitan estar dispuestas a relacionarse con los hombres tal y
como son en realidad, no como ellas desearían que fueran
(Alborch, 1999, p. 129). Paralelamente, muchos solteros varones
deberían cambiar de chip si quieren relacionarse satisfactoria
con la pareja: deben tener en cuenta que muchas mujeres ya no
buscan en el hombre principalmente alguien que les sustente,
les defienda y les haga madres; aspiran a más, que sea su socio
y un amigo que les permita seguir siendo ellas mismas (Díaz,
1998). En este sentido, Gray (1992) destaca varias diferencias
que dificultan las relaciones entre los hombres y las mujeres.
De ellas y a modo de muestra significativa quiero recordar al
lector las tres siguientes:
1ª. Los hombres se quejan de que apenas se acercan a una mujer,
uno de los primeros intentos de ella es mostrar que está dis-
puesta a hacerle cambiar y se siente responsable de contri-
buir al crecimiento de él intentando ayudarle a hacer mejor
las cosas; los hombres son más “liberales”, lo que quieren
es que les dejen ser ellos mismos (p. 33).
2ª. Una conducta claramente asimétrica de las mujeres ante los
hombres que las aman es que ellas dan por sentado que no
necesitan pedir apoyo y que se les ofrecerá sin pedirlo, se
rigen por el lema “amor es no tener que pedir nunca”. Los

56
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

hombres, por el contrario, no se sienten obligados a ofrecer


más apoyo del que se les pide, por lo que tienden a pensar
que siempre están dando lo suficiente, lo que se traduce
frecuentemente en una experiencia de frustración para la
mujer. Este esquema de comportamiento hace muy difíciles
para la mujer poco enterada las relaciones con los hombres
(p. 304).
3ª. En el plano de los valores sustentadores de sus respectivos
yos, los hombres y las mujeres adoptan posiciones muy dis-
tintas entre sí; para ellos son importantes los objetivos labo-
rales y profesionales y la construcción del mundo con el
apoyo de las tecnologías más avanzadas, en cambio el inte-
rés de ellas se centra en la armonía, en la comunidad y en
la amorosa cooperación (p. 36).
• para muchos hombres y mujeres, el matrimonio representa un
objetivo vital y el paso a la vida de adulto. Pero ocurre de dis-
tinta manera en el hombre y en la mujer. La mujer desea que la
vida en pareja no signifique la ruptura con sus viejos lazos de
amistad, en cambio el hombre desea vivir más autónomamente
y preocuparse menos de la red de amistades; esto explica que,
en general, los solteros sientan más dificultades que las solte-
ras para asumir el compromiso de la vida en pareja y que las
solteras prefieran vivir solas a tener que renunciar a valores
que apenas tienen significado para los hombres (Schwartzber-
ger y otros, 1995; Giroud y Lévy, 2000).
• numerosos estudios llevados a cabo a lo largo del último cuar-
to de siglo han intentado definir las diferencias existentes
entre los solteros y solteras. Pues bien, después de una exhaus-
tiva revisión de los mismos, Davies (1995) acaba su balance
prácticamente en tablas: mientras unos estudios muestran que
la inteligencia y la educación aparecen positivamente asocia-
das con las mujeres más que con los hombres, otros estudios
dicen lo contrario; y así mismo aparece la contradicción cuan-
do se trata de las relaciones de los solteros y solteras con la

57
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

familia, padres y hermanos, pues la calidez y armonía de tales


relaciones se muestran a favor en unos casos del soltero y en
otros de las solteras. Sin embargo, sí se comprueba que gene-
ralmente los solteros están en desventaja en los ingresos y en
la salud respecto de las solteras.

Valoración social del matrimonio en relación con la soltería


Una vía fecunda para profundizar en el significado de la soltería es
analizar lo que ésta ha significado cuando se la compara con el matri-
monio; hasta cierto punto, los solteros son personas que representan la
negación de la opción matrimonial y se han desmarcado de los valores
otorgados al matrimonio. Desde esta premisa, querido lector que me
sigues, te invito a acompañarme en la revisión del listado de valoracio-
nes con que, a lo largo del tiempo y especialmente en las sociedades
modernas, se ha percibido el binomio soltería-matrimonio. Huelga el
decirte que, como comprobarás, bastantes de las afirmaciones rotundas
que se hacen sobre el matrimonio, al igual que veíamos al hablar de la
soltería, pertenecen a esa clase de verdades a medias o estereotipos.
Las relaciones entre las personas adultas ha tenido a lo largo de
la historia una modalidad excepcionalmente relevante, la conviven-
cia entre un hombre y una mujer; de ello tenemos noticias que se
remontan hasta hace más de 2.500 años. Durante tan largo lapso de
tiempo, la convivencia entre personas de distinto sexo ha sido inter-
pretada desde concepciones muy diferentes y contrapuestas:

• desde la consideración de mero contrato jurídico e instrumento


facilitador de la transmisión de la propiedad privada hasta la
modalidad de compromiso matrimonial, realizado en presen-
cia de un representante de Dios y equivalente al juramento
sagrado de un amor eterno, de fidelidad y comunión íntima de
sentimientos entre dos personas de distinto sexo (Valley, 2002).
• en un horizonte bien distinto, el matrimonio se ubica hoy en el
marco de la felicidad personal y con tintes preferentemente
individualistas, por oposición a su dimensión social, que tiende

58
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

a verlo como estado fundamentalmente orientado al servicio


del bienestar social y beneficioso para la comunidad en la que
se desarrollan los individuos, especialmente en sus primeras
etapas de vida (Fischer y Hart, 2002). A pesar de ello, ningún
Estado moderno ha impuesto a sus ciudadanos la obligación
de casarse, algo que sólo se dio en contadas circunstancias de
la historia antigua, concretamente en la Roma clásica.

Estereotipos que cuestionan el valor del matrimonio


La tradicional belleza del matrimonio ha sido desmitificada des-
de muchos puntos de vista. Te propongo una muestra de las sombras
que adscriben a esta institución y que justificaría el que muchos
rechacen el casarse:

• indirectamente y con tintes casi dramáticos, el refranero popu-


lar advierte al soltero de los infortunios a que se expone si
decide casarse:
“Hombre con mujer, medio degollado”.
“Casar, casar, suena bien y sabe mal”.
“Antes de que te cases mira lo que haces, que no es nudo que deshaces”.
“Cásate y verás; perderás sueño, nunca dormirás”.
“Cásate, así gozarás de los tres primeros meses y después desearás la vida
de los solteros”.
“Los hombres nacen libres e iguales, después se casan”.
“El matrimonio no vale lo que cuesta”.
“A mal casar, más vale soltero andar”.
“En punto de casamiento, gobiernan de casos ciento,
noventa y nueve, locura, y uno el entendimiento”.

• autores tan influyentes como Durkheim o Engels no se para-


ron en barras a la hora de motejar las costumbres autoritarias y
la disciplina férrea que la familia ejerce sobre todos sus miem-
bros, marcando cada paso de la vida y, en definitiva, ahogando
el ejercicio de la propia libertad y autonomía (Morant y Bolufer,
1998).

59
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

• para las mujeres, la visión tradicional del matrimonio se con-


creta en preceptos que las condenan a tres limitaciones: 1) “las
mujeres deben permanecer en la familia mientras que los hom-
bres deben estar “en el trabajo”; 2) en consecuencia, los hom-
bres trabajan, las mujeres no; y 3) por tanto, las tareas de la
casa no constituyen una forma de trabajo” (Hyde, 1995, p.
162).
• la convivencia dentro del matrimonio no tiene nada que ver
con la poesía que representa el noviazgo, la mejor etapa de la
vida de un hombre. Valley (2002) describe muy gráficamente
la diferencia entre las relaciones de pareja en una y otra etapa:
“Tener novia, sacarla al cine, al campo, a las vías del tren... Piensas que
tu vida será así de ahí en adelante: pasión, potencia, salidas nocturnas,
restaurantes, sexo en los lavabos de los parkings. Pero en cuanto te casas
con ellas, ¡plaf!, las tías cambian. Dan un cambiazo de miedo. De hecho
dan miedo en cuanto te casas con ellas […]. Ronquidos y mal aliento del
compañero, por no hablar de la necesidad de pensar en la comida diaria
[…]. Pelos atascando el lavabo, los platos sucios. Uno se pregunta dónde
estaban todas esas cosas repugnantes y horribles antes de casaros, por qué
entonces no se las veía por ninguna parte y ahora están ahí, delante de
uno, fastidiándole a uno la vida, dejándole a ella sin ganas de hacer el
amor, dándote a ti ganas de hacer la guerra” (p. 309).

• según los detractores del matrimonio, uno de motivos que lo


hacen poco atractivo es el aburrimiento derivado de mantener
relaciones sexuales y de intimidad con la misma persona, difi-
cultades que suelen terminar fatalmente en el más espantoso
hastío. El estado de soltero, por el contrario, facilita las cosas
en el sentido de que puede utilizar el método común de la
“cama musical”, cambiar constantemente de compañeros, lo
que le asegura la permanente excitación y la fascinación de lo
nuevo. Esta posición se refuerza con el hecho psicosociológico
de que las relaciones sexuales con distintas parejas hacen más
flexibles el acercamiento personal y menos comprometida la
comunicación intersexual, lo cual redundaría en satisfacción
de los no casados (Alborch, 1999, p. 108).

60
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

Obviamente, los partidarios del amor entendido como forma


de comunión confiada y generosa entre dos personas casadas
sostienen lo contrario, que para el desarrollo del amor autén-
tico y creativo no hay barreras infranqueables al tiempo que
afirman que la felicidad difícilmente puede alcanzarse por la
vía de las interacciones superficiales y pasajeras, que no dan
de sí para descubrir y gozar de lo que se esconde en los últi-
mos recovecos del amor pleno (Keen, 1994, p. 186).
• desde los años 60, el feminismo y todo lo que le acompaña ha
puesto en evidencia que muchos de los objetivos y papeles tra-
dicionalmente atribuidos en exclusiva al matrimonio, como la
necesidad de sentirse acompañado por el otro sexo y, en el caso
de la mujer, la maternidad, caen por su propio peso y son insos-
tenibles a partir del momento en que se reconoce que la mater-
nidad de la mujer puede realizarse en condiciones muy acepta-
bles fuera de la pareja estable y cuando la mujer despliega toda
su capacidad de organizar su vida en el plano afectivo y econó-
mico independientemente de un marido (Schwartzberg y otros,
1995, p. 18; Alborch, 1999; p. 207). Hoy nadie se atreve a soste-
ner la vinculación “natural” entre el matrimonio de la mujer y
su maternidad, ni tan siquiera su predestinación, igualmente
“natural”, a la maternidad (Díaz, 1998, p. 57).
• quienes afirman que el matrimonio es el estado perfecto de la
persona adulta suelen ser víctimas de un cierto narcisismo,
que sólo admite y se conforma con la imagen perfecta de la
relación amorosa entre personas de distinto sexo dentro del
único modelo teóricamente perfecto que sería el matrimonio
permanente. En contra de tal visión perfeccionista, se objeta
que la relación de pareja vista en detalle resulta en muchos
casos una convivencia forzada y destructora del verdadero y
auténtico amor, y en tal sentido, si se asume la postura de que
la perfección raramente puede ser alcanzada, muchas de las
relaciones entre las hombres y las mujeres –y esto es válido
especialmente para las relaciones sexuales– sin llegar a ser

61
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

perfectas son, no obstante, muy aceptables y satisfactorias


para las dos partes; todo depende de la mentalidad con que se
establecen dichas relaciones (Carter y Sokol, 1996, p. 314).
• las debilidades del matrimonio resultan evidentes cuando se
examina lo que ha sido a lo largo de la historia esta institución:
de hecho y en tal perspectiva, el matrimonio aparece menos de
derecho natural de lo que algunos afirman, menos eterno y
necesario, más contingente y relativo de lo que suele afirmar-
se, multívoco semántica y jurídicamente y variopinto en su
concepción, presupuestos y efectos... lo cual no es bueno ni
malo, simplemente es (Llebaría, 1997, p. 17). Los especialistas
en temas matrimoniales se preguntan: ¿dónde está la eticidad
del matrimonio contraído por egoísmo o por pura convenien-
cia, o el continuarlo entre quienes se odian o cuando única-
mente queda la mera unión formal o legal, qué queda del
matrimonio tras la separación de hecho aunque se siga mante-
niendo externamente? A pesar de ello, nadie niega que en el
horizonte sociológico actual suele reconocerse que el matri-
monio conlleva una especial sensibilidad y un talante ético y
psicológico que facilita el disfrute de los valores personales
apoyados en la heterosexualidad, permanencia, estabilidad de
la relación, monogamia, entrega interior (imaginaciones, de-
seos, quereres) y exterior (sentidos, porte, manifestación de
respeto y aprecio mutuo, etc.) (Guerra, 2002, p. 144).
• antaño un porcentaje notable de mujeres jóvenes funcionaban
según el esquema “cazar a un hombre”, al más afortunado a
ser posible, a cambio de que hubiera que soportar algunas
humillaciones y dependencias; pero, hoy en día, eso ha cam-
biado y muchas mujeres piensan en otras cosas, ser atractivas,
viajar, sentirse dueñas de su tiempo, del dinero y del amor y,
pensando en estos objetivos, se deciden por la soltería y, en su
caso, por el divorcio (Giroud y Lévy, 2000, p. 31).
• como apunta Doueil (2000, p. 276), a partir de cierta edad
muchas mujeres caen en la gran estupidez de creer que existen

62
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

hombres interesantes, cuando la realidad es que los que ella


conoce todos están emparejados o son adictos al trabajo, al
deporte o están obsesionados por sus exesposas o son remata-
damente neuróticos.
• cada vez se defiende con más fuerza que la relación de hom-
bre-mujer sólo puede ser estable y vale la pena mantenerla en
la medida en que satisface las necesidades emocionales, psico-
lógicas, intelectuales y físicas de sus miembros. Pues bien, a
juzgar por las estadísticas del divorcio, en las sociedades desa-
rrolladas como la nuestra tales condiciones no se cumplen, de
lo contrario sería inexplicable el gran número de matrimonios,
prácticamente uno de cada dos, que terminan en separación.
Ante este hecho que afecta tan drásticamente a los implicados
caben dos posturas: la de quienes ven el matrimonio tradicio-
nal como una fórmula de emparejamiento definitivamente
acabada y proponen nuevas formas de convivencia (vivir jun-
tos sin casarse, vivir en comunas, formar centros bien dotados
para el cuidado de los niños, practicar la monogamia serial
–un divorcio tras otro–, seguir apoyando al movimiento de la
liberación de la mujer, acogerse a las nuevas leyes de divorcio
que eliminan el concepto de culpa), y la posición contraria,
dispuesta a seguir defendiendo el matrimonio como mejor for-
ma de realizarse sus miembros en el plano personal y favore-
cer la educación de las nuevas generaciones. Sería pretencioso
por mi parte ponerme a favor de una u otra postura dado el
gran número de interrogantes que hoy se plantean sobre el
tema. Lo único a lo que me “atrevo” es a defender como psicó-
logo la posibilidad de lograr una estabilidad matrimonial
suficientemente compensadora y armónica si, con espíritu
creativo, los dos miembros de la pareja van descubriendo y prac-
ticando las reglas que facilitan la convivencia en común y están
dispuestos además a llevar su amor mutuo hasta alcanzar
todas las posibilidades de desarrollo del amor humano adop-
tando para ello posturas flexibles e inteligentes (Keen, 1994).

63
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

Al afirmar lo anterior, soy consciente de que en nuestra socie-


dad, polivalente en sus valores y polifacética en sus experien-
cias (con más libertad en las relaciones sexuales, más canales
de comunicación y convivencia entre los sexos, más servicios
atencionales por parte de los gobiernos a los hijos…), la tarea
no es fácil pero sí posible, por lo que considero un atrevimien-
to afirmar que, en las actuales circunstancias, para la mayoría
de los adultos estos objetivos son inalcanzables (Rogers, 1993).
En este contexto, muchos expertos en relaciones de pareja sos-
tienen que el miedo al compromiso y de quedar atrapado en el
matrimonio, que muchos solteros aducen como motivo para
no casarse y los casados para continuar en su matrimonio, es
perfectamente comparable, y en cierto modo compensado por
el temor a las incomodidades que comporta el estigma social y
el ejercicio de la sexualidad en las condiciones de inseguridad
psicológica y económica que conlleva la soltería o la ruptura
de la pareja (Carter y Sokol, 1996).

La sobrevaloración positiva del matrimonio y sus estereotipos


De la misma manera que existen argumentos en contra del matri-
monio, hay otras visiones que exaltan en exceso sus grandes valores
y virtudes:
• ya el libro sagrado del Eclesiastés se compadece de la triste
situación del soltero y proclama que es mejor que estén dos
juntos a uno solo, pues si uno se cae le sostendrá el otro, ¡ay del
solo, que cuando cayere, no tiene quien le levante!
• partiendo del mito de Platón, en su obra El Banquete, algunos
ven el matrimonio como la respuesta al deseo profundo de
sentirse seres completados por el otro sexo, frente a la ilusión de
quienes se dejan llevar por el engaño de una falsa autosufi-
ciencia (Hendrix, 1997).
• las leyes de Solón en la Grecia clásica premiaban a los casados
con hijos, y en Roma a partir del s. III fue expresamente ordena-
do y obligatorio el casamiento y el cuidado y crianza de los hijos.

64
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

• en los siglos posteriores, las leyes no dejaron de apoyar al


matrimonio y a la familia y, así, durante el Siglo de las Luces
(s. XVIII), autores significados proponen sus argumentos a
favor del matrimonio: en su Diccionario filosófico (1764), Voltai-
re exalta la institución familiar diciendo que “el casamiento
hace al hombre virtuoso y más prudente. Al padre de familia
que maquina cometer un crimen, le evita muchas veces su
mujer que lo cometa, porque es más humana, más compasiva,
más temerosa y tiene más arraigada la religión. Además el
padre de familia trata de no avergonzarse ante sus hijos y teme
dejarles el oprobio por herencia”, y por la misma época Mon-
tesquieu, en su famoso tratado El espíritu de las Leyes (1748),
expresaba la opinión de que la sabia y civilizada Europa nece-
sitaba de ordenanzas que favoreciesen los matrimonios, al
tiempo que en Inglaterra se ponía el grito en el cielo por la
escasez de matrimonios y el aumento de hijos expósitos y sin
familias que los atendieran. Esto me lleva a pensar que la his-
toria se repite y que la disminución de la natalidad, que hoy
lamentamos en España y en varias naciones europeas, hunde
sus viejas raíces en los siglos pasados.
• del matrimonio se ha dicho que es la palabra más celestial del
diccionario, palabra que no tiene más que una acepción y que
los enamorados jóvenes definen como “felicidad suprema”
(Díaz, 1998, p. 23).
• en nuestros días, el ataque a la familia como institución no
figura en ningún programa político, a no ser en minorías de
orientación anarquista o entre los jóvenes rebeldes; al contra-
rio, la familia es actualmente un objetivo a proteger, un punto
de apoyo a partir del cual se defiende la mejora del nivel de
vida y la felicidad de la sociedad, la familia tiene hoy “buena
prensa”.
• de manera especial, se piensa que los hijos son desde una
visión sana y tradicional del matrimonio, componente esencial
en las relaciones de pareja, y esto explicaría que todos los

65
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

legisladores vean con buenos ojos y positivamente el matri-


monio y apoyen la cadena pareja-matrimonio-procreación-
complementariedad de los dos sexos (Talavera, 2001, p. 218).
• frente a aquéllos que consideran tilde de gloria personal el saber
vivir de su sola masculinidad o feminidad, otros se posicionan
ante el tema de muy distinta manera considerando al matri-
monio como la investidura o acceso al nivel superior que con-
vierte a los varones en padres y fundadores de una familia y, para-
lelamente, a las mujeres, cumplir la condición indispensable
para encarnar el ideal de la maternidad; fuera del matrimonio
difícilmente pueden alcanzarse tales nobles y valiosas cuali-
dades (Gil Calvo 2000). En la sociedad española, es patente
el sentimiento generalizado de que la maternidad fuera del
matrimonio es una situación socialmente “no deseada” y, de
ahí, que entre nosotros resulte poco habitual –menos del 10
por ciento de las madres– que las mujeres opten por la mater-
nidad fuera del matrimonio (Yela, 2000).
• muchos especialistas en sexología piensan que el matrimonio
estable representa una facilidad para el goce pleno de la inti-
midad sexual difícilmente alcanzable fuera del matrimonio
(Keen, 1994).
• del altísimo valor otorgado al matrimonio por los años 50 en
la sociedad occidental da fe el dato de que entre las ocho tareas
más importantes del adulto se citaban por este orden las cua-
tro siguientes: elegir un compañero, aprender a convivir con la
pareja, crear una familia y criar a los hijos (Schwartzberger y
otros, 1995, p. 13) y según el psicólogo Coontz (1992, p. 15),
por las mismas fechas, el 80 por ciento de los americanos afir-
maban que las personas solteras “eran enfermas, neuróticas e
inmorales”.
• en un amplio y reciente estudio llevado a cabo en los Estados
Unidos, a partir de 93 documentos relativos al matrimonio y a
la familia, se extraen hasta un total de 21 conclusiones que
resaltan los beneficios sociales del matrimonio, lo que lleva a

66
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

pensar que cuando los adultos no optan por el matrimonio es


porque hay por medio poderosas razones enfermizas que obs-
taculizan la adhesión personal a lo que de positivo representa
el matrimonio (Schwarz, 2002).

Soltero, una nueva “profesión” en la sociedad moderna


Entender qué significa vivir soltero en nuestra sociedad es una
tarea complicada por muchas causas, no siendo la menor que la sol-
tería y la condición de célibe ya no es en los tiempos que corremos
un simple estadio transitorio, de la misma manera que, por ejemplo,
la etapa de andar a gatas es el precedente de correr bípedamente y
con plena libertad, o el noviazgo la fase preparatoria al matrimonio.
Hoy en día, la soltería llega a alcanzar en grupos sociales una enti-
dad equiparable a la categoría de una “profesión” que se elige o se
soporta lo mismo que cualquier carrera o negocio lucrativo (Díaz,
1998). La cosas se entienden aún mejor –y también se complican– a
la vista de que para bastantes ciudadanos no se trata de una carrera
cualquiera sino de una opción hasta cierto punto escandalosa (!) y
tan importante que los libros sagrados llegan a considerarla bajo la
categoría del precepto bien conocido y solemne “no es bueno que el
hombre esté sólo” (Génesis, 2, 18).
En espera de posteriores aclaraciones, me apresuro a decir que,
para bien o para mal, muchos, entre los que me cuento, se niegan a
interpretar como exigencia “natural” el citado criterio bíblico pues,
en tal caso, habría que considerar “antinatural” la vida del 35 por
ciento de los adultos que, en los países nórdicos, y el 26 por ciento en
los países latinos, viven solteros o solos (Segura, 1997). Como anali-
zaremos más adelante, todo lleva a pensar que el abultado número
de adultos que actualmente eligen la soltería como forma de vida
constituye un fenómeno emergente con nuevas e inéditas connota-
ciones, hasta el punto de que difícilmente nos libraríamos de caer en
el más grosero anacronismo intentando comprender al soltero de
hoy con los criterios y valoraciones de antaño (Cipolla, 1995). A títu-
lo de ejemplo, hoy sabemos que muchas de las necesidades vitales de

67
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

las personas, hasta hace un cuarto de siglo asignadas en exclusividad


a la familia (la comunicación o la seguridad económica y afectiva),
pueden cubrirse con relativa facilidad dentro de los grupos humanos
que han alcanzado el nivel de desarrollo propio de la sociedad del
bienestar y han hecho suya la cultura de la tolerancia; alcanzados
ambos logros sociales, los nuevos solteros únicamente necesitan para
alcanzar el pleno desarrollo de sus vidas algunos pequeños “ajustes”
consistentes en concienciarse de lo poco que realmente necesitan dar
y recibir de los demás para sentirse felices (Alborch, 1999).
Es evidente que, en el panorama actual, los estereotipos con los
que antaño se veía la soltería se han quedado, en buena medida,
obsoletos. ¿Cuáles son hoy los perfiles últimos con los que, tanto en
su versión positiva como negativa, es valorado socialmente el esta-
tuto del soltero? La respuesta es compleja y nueva:

• bueno será comenzar a establecer el retrato robot del soltero


reconociendo que hoy todavía siguen vigentes en amplias
capas de nuestra sociedad muchos de los estereotipos mencio-
nados anteriormente. No es, por ello, exagerado afirmar que la
fotografía final que en estos momentos se hace de los solteros
es en gran medida reflejo de lo que de ellos se pensaba en la
era victoriana, a mediados del s. XIX, y que se resume diciendo
que “una sociedad con muchos solteros es una sociedad enfer-
ma”, afirmación que requiere algunas matizaciones que se
irán aclarando a medida que vayamos avanzando en el decur-
so de estas reflexiones y, sobre todo, a partir de los cambios
que nos esperan en el próximo y lejano futuro.
• admitido lo anterior y desde el punto de vista psicológico,
coincido con Jaeggi (1995) en que saber lo que significa hoy ser
o estar soltero supone básicamente responder a una pregunta
tan cargada de contenido como ésta: ¿cómo se conquista en
nuestra sociedad ese “espacio interior” en el que es posible
alcanzar una cierta plenitud de vida sin miedo a la soledad y
libres de presiones? Este interrogante cobra toda su hondura
cuando es acepta que no es lo mismo satisfacer la necesidad de

68
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

vivir momentos de soledad que vivir habitualmente solos y en


contra de la propia voluntad. Por lo demás, la mejor respues-
ta a la pregunta anterior no es la que se obtiene siguiendo el
camino de largos discursos filosóficos ni incluso psicológicos
sino preguntando a los propios solteros cómo viven su vida en
cuanto tales; por eso presento en este manual abundantes
datos extraídos de informes elaborados por otros colegas o de
mis propias conversaciones con un grupo variado de solteros
a los que he entrevistado y que me han mostrado sus puntos
de vista, ideas y sentimientos, sobre su vida como solteros.
• la nueva sociedad de los solteros se rige por valores antaño des-
conocidos: admite como normales y como un fin en sí mismos
el coqueteo, el ligue, el cortejo, las relaciones sexuales con dis-
tintas parejas, la iniciativa en la mujer frente a la pasividad de
tiempos pasados, se considera importante mantenerse joven y
guapo, trabajar por presentarse más atractivo y seductor, elegir
pareja según normas y criterios mucho más flexibles (al margen
de la cultura, religión, edad, opción política, etc.), vivir en pareja
pero con facilidad para romperla si falta entendimiento mutuo
entre sus miembros, derecho a rehacer la pareja, dedicar dentro
de la pareja recursos y tiempo para sí mismo, etc.

Partiendo del nuevo sistema de valores, es difícil comprender


todo lo siguiente:
– las formas de relación tradicionales, familia, amigo/a, espo-
so/a se quedan estrechas para asumir las nuevas condicio-
nes de vida de los adultos y de los solteros.
– hoy, el vivir solo o sola es una situación sujeta a múltiples
variantes desconocidas hasta ayer y plenamente satisfacto-
ria para muchos solteros y solteras; entre tales modalidades
sobresale una en el hombre, preferir la libertad a la comodi-
dad de vivir cuidado por la propia esposa, y en la mujer,
arriesgarse a mantenerse sin la ayuda del hombre protector
(Alberdi, 2000, p. 127).

69
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

– el nivel económico satisfactorio, que afecta sobre todo a las


clases altas y medias, propicia el aumento del número de
“solteros y solitarios”, y lo contrario sucede en aquéllos que
tienen sueldos bajos para los cuales vivir solos y conforta-
blemente constituye una meta escasamente alcanzable.
– lo mismo ocurre con el nivel cultural de los sujetos: los ciu-
dadanos, cada vez más competentes, se defienden mejor
ante los problemas cotidianos y se sienten más seguros para
afrontar en solitario la compleja vida de hoy; esto aleja del
matrimonio a muchos solteros.
– las redes de apoyo social permiten actualmente refugiarse
en ellas y no depender de la pareja para salir adelante en
situaciones adversas (Segura, 1997).

• desde las condiciones de vida que estamos analizando, los


nuevos solteros consideran que el compromiso de la vida en
pareja no solamente es innecesario sino que supone una cesión
total de su identidad e individualidad por lo que, en el caso de
los varones solteros, resulta injusto considerarles unos calzona-
zos a los que se les puede perder el respeto, y a las solteras les
permite sentirse igualmente libres tanto cuando prefieren sentir-
se bajo “las garras del enamoramiento” como cuando optan por
ser ellas mismas y tan independientes como los hombres (Roma,
1998, p. 205).
• si nos centramos en la mujer soltera prototipo de hoy, es eviden-
te que aspira a sentirse adulta, socialmente útil y autosuficien-
te lo mismo que el hombre. Esto le lleva a desear una vida que
no se agota en el ideal del “dulce hogar” y a querer compartir
con el hombre sus preferencias o discrepancias laborales, ideo-
lógicas, afectivas y eróticas en condiciones de igualdad. Entre
las nuevas demandas de la soltera está el desarrollar libre-
mente sus opciones de cortejo, seducción y amor, incluida la
opción del matrimonio basado en el amor y libre de las atadu-
ras económicas o de jerarquía y dependencia. En este nuevo
horizonte y a diferencia de lo que ocurría en el siglo pasado,

70
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

una buena parte de las jóvenes no centran ya sus preferencias


en encontrar un marido sino en la realización de sí mismas y,
paralelamente, piensan que la felicidad no está vinculada al
estado civil de casada o soltera, como tampoco la dignidad y
respeto que se merecen (Segura, 1997; Alborch, 1999; Alberdi,
2000); en definitiva, que las palabras de García Lorca en Doña
Rosita la soltera cuando, hablando de las solteras, dice que “se
trata de una línea trágica de nuestra vida social”, han dejado
de tener vigencia para muchas mujeres, lo mismo que ha pasa-
do a la historia el estereotipo de la mujer como equivalente de
ser débil en lo físico, biológico e intelectual como en épocas
pasados defendieron filósofos como Aristóteles o Kant.
• otra característica de las nuevas solteras es su distanciamiento en
la forma de vivir respecto de la casada. Antaño las mujeres sol-
teras dedicaban su jornada completa a entrenarse en el desem-
peño de su futuro papel de casada y, una vez casadas, a la ges-
tión del hogar y el cuidado de los hijos dedicando una buena
parte de sus preocupaciones a conservar intacta su imagen cor-
poral para hacerla representación ideal del estatus alcanzado el
día de su boda. Tal imagen femenina ha desaparecido práctica-
mente por completo, ahora las jóvenes se ocupan prioritaria-
mente de alcanzar el estatuto económico y profesional que les
permita actuar por cuenta propia, al margen de que su vida
acabe enmarcándose en el esquema familiar o, por el contrario,
opten libremente o por motivos circunstanciales por la soltería.
En todo caso, es oportuno recordar a los lectores, tanto hom-
bres como mujeres, que la nueva situación supone para la
mujer pasar por la experiencia de estar sometida a cierta ten-
sión, pues por un lado, se le exige realizar el eterno ideal de la
mujer –“muñeca pintada”, “alma bella”, “esposa y madre amo-
rosa”– y por otro, embarcarse en una lucha competitiva enca-
minada a adquirir la competencia y responsabilidades labora-
les tradicionalmente asignadas a los varones. En tales supues-
tos, el intento de construir una personalidad integrada y armo-

71
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

niosa implica para la nueva mujer un empeño nada fácil ni des-


deñable sobre todo cuando, como está ocurriendo, los hombres
no están dispuestos a colaborar en el logro de estas legítimas y
nuevas aspiraciones de las mujeres (Gil Calvo, 2000, p. 275 ss).
Conviene por ello y finalmente, recordar a la nueva mujer lo
que constatan los expertos en relaciones de pareja, que muchos
hombres confiesan sentirse “destruidos” a medida que se acer-
can a una mujer para la que lo normal y básico ya no es casar-
se y cuidar de una familia sino definir su identidad en perfecta
igualdad en lo personal y profesional con el hombre que las
ama y al que quieren amar (Cantor y Sokol, 1996). Como me
decía hace algún tiempo un amigo sociólogo, “a pesar de todos
los cambios percibidos en nuestra sociedad, los hombres toda-
vía aspiran a casarse con un ser diferente de ellos, con la mujer
que les haga padres y les complete en la esfera de su vida que
va más allá de su actividad profesional.

Retrato final del soltero: a modo de síntesis


Hoy todos coinciden en que las semiverdades y, en muchos casos,
los insultantes y viejos estereotipos consignados en las páginas prece-
dentes se diluyen como niebla que escampa cuando uno penetra en el
horizonte psicológico y social en el que se desenvuelve en la hora pre-
sente la vida de los solteros/as. He aquí algunos testimonios que defi-
nen el nuevo panorama sobre la consideración social de la soltería:

• como apunta Alborch (2002, p. 309), los hombres y las mujeres


pueden vivir sus vidas separadamente y juntos en cuanto
individuos autónomos, solidarios e iguales. Las mujeres pue-
den estudiar carreras sin tener que convertirse en las “abejas
reinas” o pueden ser madres de una prole y vivir en casa gran-
de sin necesidad de convertirse en la “gran mamá”. Los hom-
bres pueden quedarse solteros y también tener relaciones con
las mujeres sin ser playboys, o pueden casarse y tener hijos a
quienes apoyar sin sentirse tiranos ni grandes papás […].

72
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

• durante las décadas de los 80-90, en las sociedades desarrolla-


das aparecen con indiscutible fuerza dos hechos que desmiti-
fican el matrimonio y dan pie a que comience a valorarse de
manera nítida y nueva la condición del soltero en cuanto
opción personal plenamente respetable, me refiero a la libera-
ción económica y laboral de la mujer y a la aceptación social
del aborto. Las consecuencias de estos hechos son muy rele-
vantes, 1) un aumento considerable del número mujeres solte-
ras que renuncian al matrimonio y optan por la maternidad
fuera de él, 2) la equiparación de las relaciones de amistad fue-
ra del matrimonio con los inherentes a los vínculos derivados
de la sangre, y 3) la aparición de profusión de productos direc-
tamente dirigidos para los solteros que les facilita su vida indi-
vidual. Todo ello conduce definitivamente a la “negación” del
matrimonio como ideal de nuestra civilización y, por fin (!), a
la aparición de una época dorada, en que los solteros pueden
vivir ya tranquilamente instalados en esa hermosa realidad
que se llama soltería y es aceptada por todos.
Sin embargo y como contrapunto a estos faústicos horizon-
tes, aparecen también algunas sombras en el nuevo y, para
algunos, irreversible panorama: las consultas de los psicotera-
peutas se llenan de solteros, los jornales de las mujeres solte-
ras son muy inferiores a los de los hombres, por lo que necesi-
tan ser completados por los de éstos, los solteros son explota-
dos y manipulados por las empresas sometiéndolos a ciertas
desventajas en la rango y estabilidad laboral, los padres
siguen pensando que el casar a sus hijos sigue siendo un
importante ideal para sus vidas; todo lo cual lleva implícito el
reconocimiento de que, a pesar de los recientes y profundos
cambios, la vida del soltero tiene poco de envidiable y signifi-
ca una realidad escasamente atractiva a los ojos de la conside-
ración social (Schwartzberger y otros, 1995, p. 26-29).
• antaño la mujer era verdaderamente tal en función de la ma-
ternidad, ahora la actividad reproductora es sólo una parte de

73
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

la biografía femenina y, por el contrario, se le da gran impor-


tancia a la sexualidad, que no tiene edad. En la nueva situa-
ción, el factor más decisivo de diferenciación entre los hom-
bres y las mujeres es la edad por lo que las diferencias por
razón de sexo tienden a desaparecer y, paralelamente, quedan
borrosas las fronteras entre las casadas y solteras (Gil Calvo,
2000, p. 282).

Una tipología provisional de la soltería


Nada resulta fácil cuando se trata de clasificar a los solteros en
grupos claramente diferentes y con un mínimo de rigor y de signifi-
cación, incluso hay quien piensa que es injusto y frívolo cualquier
intento de reducir la experiencia única e irrepetible de cada soltero a
los estrechos límites de un determinado tipo o clase. A pesar de ello,
considero lógico pensar que entre los solteros, lo mismo que entre los
casados y, en general, entre los individuos pertenecientes a un deter-
minado grupo humano, hay rasgos, vivencias, alegrías y penas,
maneras de pensar y de sentir coincidentes a pesar de las diferencias
individuales existentes entre ellos. Con este criterio como guía, me
propongo mostrar algunas manifiestas diferencias entre los solteros
y, en función de las mismas, establecer distintos tipos de soltero (Car-
ter y Sokol, 1996). Por otra parte y persuadido de que las diferencias
entre los solteros son muy significativas, mis análisis me han llevado
a hablar de distintos tipos de soltero, aunque confieso que no soy aje-
no a la dificultad de establecer una tipología clara sobre la soltería.
Aceptada la dificultad, observo que aparecen desde el primer
momento dos intentos extremos de clasificar a los solteros:
• una posición timorata y, por lo mismo, escasamente sostenible
por infundada, propugna negar cualquier posibilidad de cla-
sificar a los solteros argumentando que cada soltero vive su
soltería de acuerdo con la peculiar situación que le viene mar-
cada por su pasado y por las irrepetibles circunstancias indi-
viduales y totalmente singulares. Los partidarios de esta pos-

74
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

tura acaban diciendo que prácticamente hay tantos tipos de


solteros como personas solteras hay en el mundo y, por ello, la
única alternativa posible es adherirse a la afirmación de que el
soltero es un “bicho aún no clasificado e incasiflicable”, lo que
constituye un pequeño insulto a los logros alcanzados en
todas las parcelas cultivadas por las ciencias humanas y espe-
cialmente por la psicología, entre cuyos objetivos está el haber
conseguido reducir a conceptos y leyes generales las semejanzas
existentes entre el conjunto de sujetos, hechos o fenómenos que
tienen connotaciones comunes a pesar y más allá de las diferen-
cias particulares de cada uno de los individuos (Lamourère,
1988; Díaz, 1998). Estimo que existen sobradas razones para pen-
sar que los solteros coinciden en rasgos diferenciales comunes lo
mismo que ocurre con las similitudes que los psicólogos estable-
cen cuando hablan de la psicología, por ejemplo, de las edades
(infancia, adolescencia, adultez, vejez, sexo –psicología diferen-
cial del hombre y la mujer–, profesión –psicología del obrero y
del patrón–, función social (psicología del gobernante y del
gobernado), estatus cultural –psicología del intelectual y del pro-
fano– y, así, un sin fin de etcéteras que ponen de relieve las
características comunes existentes entre personas que compar-
ten la misma cultura, nación, pueblo o raza; no hay razones
para pensar que este criterio no tiene aplicación en el caso de
los solteros. En este horizonte, cabe hablar de importantes
diferencias no sólo entre los casados y solteros sino también
entre los propios solteros y, en consecuencia, me he pregunta-
do ¿cuáles serían los criterios en que podría apoyarse una cla-
sificación de los solteros, es decir, lo que diferencia a unos sol-
teros de otros, hasta el punto de tener fundamento el hablar de
distintos “tipos de soltería”? Esta es la cuestión que intentaré
clarificar con todos los datos psicológicos y sociológicos dis-
ponibles en el momento actual.
• uniéndome a la postura de quienes admiten la posibilidad de
clasificar a los solteros, propongo como criterio clasificador

75
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

partir del grado de voluntariedad con que los solteros asumen su


condición de tales. En función de este criterio básico, divido a
solteros en dos grandes grupos, y dentro de cada uno de ellos
distingo variedad de tipos:
a) Grupo de “solteros por elección”: pertenecen a este grupo
aquéllos para quienes vivir solos y sin emparejarse es fruto
de una opción libremente elegida y
b) Grupo de “solteros forzosos o por obligación”: los que lo son al
margen de una voluntaria y premeditada elección y por
imperativo de las circunstancias ajenas a sus deseos.

Una puntualización: dado que los motivos por los que los solte-
ros pueden adscribirse a un determinado tipo particular no son puros
ni excluyentes, la tipología de solteros que propongo al lector es la
que resultan de tomar en consideración los que podemos conside-
rarse rasgos “preferentes” o de mayor peso en cada tipo o clase.

Solteros por elección y sus distintas motivaciones


Al hablar de solteros “por elección”, intento contestar a pregun-
tas como éstas: ¿qué motivos tiene el soltero para no casarse, qué
temores siente, qué satisfacciones busca, cómo entiende sus relacio-
nes sociales, qué aficiones cultiva, etc.? Todos los solteros por elec-
ción coinciden en buscar la soltería en cuanto opción libremente
asumida, aunque, como se verá, el juego de la propia libertad varía
notablemente de un soltero a otro.

1º. Solteros convencidos y satisfechos de serlo. Estos solteros son muy


introvertidos y sienten especial motivación por canalizar todas
sus energías hacia determinados objetivos profesionales, huma-
nitarios o religiosos. En ocasiones, esta adhesión a la soltería es
consecuencia de una decepción amorosa, de un luto familiar o
de estar convencidos de que es prácticamente imposible compa-
ginar la libertad y total dedicación al ejercicio de la profesión con
los ritmos y obligaciones de la vida familiar (bailarines, mode-
los, actores y actrices, viajantes, pilotos, hombres de negocio,

76
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

investigadores); otras veces, responden al influjo de un familiar


que les ha precedido en la total consagración al desarrollo de
una dedicación vocacional, como es el caso de los misioneros y
determinados artistas (cantantes, de ópera, pintores, arquitectos
de alto nivel de creación, etc.) (Pasini, 1994).
2º. Solteros atraídos por una vida de más calidad y plenamente libre. Son
sujetos que dicen no encontrar el compañero/a adecuado que
les permita una convivencia en régimen de absoluta igualdad y
paridad, igualdad entre el esfuerzo y el tiempo dedicado al com-
pañero/a y el reconocimiento, afecto y, sobre todo, libertad para
desarrollar su personalidad sin trabas (Giddens, 1995). Su lema es
“antes soltero que casado y esclavo” (Alberdi y otras, 2000). Estos
solteros/as no están en contra del matrimonio ni lo descartan y
hasta les atrae la paternidad o maternidad, pero son tan exigentes
consigo mismos que no encuentran la “media naranja” que les
permita disfrutar y desarrollar su plena autonomía personal.
3º. Solteros autosuficientes. Despojado este adjetivo de sus connota-
ciones exclusivamente negativas, con él se quiere expresar la
situación de los solteros que lo son por una lúcida elección narci-
sista. Son personas que, en el fondo, piensan que no necesitan de
nadie y cultivan una larga retahíla de aficiones; por eso prefieren
la soledad, son amantes de la lectura, la música, el teatro, los via-
jes... y encuentran más facilidad para relacionarse con los obje-
tos que con las personas. En especial, consideran las relaciones
con el sexo diferente demasiado complejas y problemáticas y
prefieren satisfacer sus necesidades sexuales con prácticas auto-
eróticas, la masturbación y las fantasías de fuerte componente
homosexual.
4º. Solteros libertinos. Estos solteros son defensores de una soltería
a ultranza y como instrumento al servicio de su libertad que
entienden sin ningún tipo de limitación, por pequeña que sea.
Consecuentemente, son opuestos al matrimonio en cuanto im-
pone todo un programa de obligaciones contrarias al ejercicio
espontáneo de su propia iniciativa (obligación de atender las

77
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

necesidades de la pareja o de los hijos, sometimiento a las servi-


dumbres caseras constantes en horarios, gustos culinarios, viajes
negociados, etc.), en definitiva, tener que respetar los gustos y
preferencia de los demás o contar con el “permiso” de la pareja
para todo. Una meta fundamental de estos solteros/as es el dis-
frute de la propia autonomía para ejercer el amor pasión, múltiple,
diferente y sin ninguna limitación, vivir formas de amar variadas
que, no excluye la ternura y cierta entrega, pero tampoco las exi-
ge ni necesitan, por eso no están dispuestos a las ataduras de un
“amor en exclusiva y para siempre” (Giroud y Lévy, 2000).
5º. Solteros rebeldes. Estos solteros saben muy bien lo que buscan,
estar liberados de toda clase de cortapisas e imposiciones. Gene-
ralmente proceden de una familia presidida por un padre y, con
menos frecuencia, una madre autoritarios que imponían lo que
podían y debían hacer los hijos en todos los órdenes, un horario
férreo, lo que se podía gastar, comer o leer, en qué había que
emplear el tiempo libre o una actividad en la que los caprichos,
la improvisación, el dejarse llevar por los impulsos del momento
eran experiencias totalmente vedadas. Son sujetos que pueden
pasar por las ocupaciones más estrambóticas y originales como
los viajes a países exóticos, la afición al paracaidismo, el pilotaje,
el yoga, el naturismo, el contacto con otras religiones o culturas.
El espacio de sus amistades está definido por compañías mutan-
tes, con las que conviven mientras les proporcionan experiencias
nuevas, por ello no tienen el menor reparo en abandonarlas cuan-
do ya no les sirven para proporcionales descubrir algo realmente
nuevo y apasionante. Para estos solteros, el lema es “todo vale en
la vida menos la rutina”, hacer libremente todo aquello que les
prohibieron cuando no les dejaron ser ellos mismos. Un subtipo
dentro de este grupo son los denominados “solteros vip”, jóvenes
treintañeros con altos ingresos, que no quieren saber nada del
matrimonio ni de ningún tipo de ataduras y son aficionados a
todo lo que suene a novedad. El movimiento feminista participa
de este espíritu de rebeldía en la medida en que se desmarca de

78
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

lo rutinario, de lo que viene haciéndose desde siempre y de los


que piensan que el mundo funciona bien cuando está regido por
la costumbre y por lo que se ha hecho siempre. A este grupo per-
tenecen muchos de los grandes revolucionarios que asumieron
su soltería como trampolín para los cambios que protagonizaron
en el campo de lo social, del arte o de la política.
6º. Solteros tipo “homo faber”. Jaeggi (1995) define a estos solteros
como sujetos distanciados del mundo de los sentimientos y con
un comportamiento que coincide con la frialdad de las máqui-
nas. Son admiradores y consumidores de la técnica y del pro-
greso que, lejos de sentirse solos, disfrutan de su trabajo que les
llena plenamente y al que ven como una inmensa plataforma
para el desarrollo de su creatividad y expansión personal; de
alguna manera, buscan colmar sus ansias de curiosidad apar-
tándose de las relaciones sociales cotidianas que consideran una
pérdida de tiempo (cotilleos, fiestas de sociedad, clubes, encuen-
tros amistosos) y vuelcan toda su energía en la entrega a su pro-
pio trabajo y profesión. En síntesis, son sujetos para quienes la
amistad, el amor, el “dolce far niente”, la experiencia de “estar con
los demás para nada” o la actividad que no va acompañada de
la “productividad” carecen de sentido.
7º. Solteros itinerantes. Son solteros que no aspiran a desarrollar el
“amor de compromiso e incondicional”, bien porque no se ima-
ginan su vida plenamente dedicada y atenta a las necesidades
únicas de su pareja, bien porque se sienten incapaces para un
compromiso dependiente de por vida de otra persona. Para
estos solteros, el amor es algo parecido a un producto enlatado
que se consume en calidad de una suma de experiencias irrepe-
tibles que dejan de tener sentido apenas desaparece la novedad
y se entra en la rutina de lo cotidiano. Se les llama también “sol-
teros de toda la vida” porque a lo largo de ella alternan épocas
en que viven aislados con temporadas que comparten sus inte-
reses, aficiones y placeres con el amigo/a del momento, amigo
que utilizan sin reparo a modo de instrumento de diversión o de

79
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

descubrimiento personal y en función de sus transitorios y fluc-


tuantes sentimientos, lo que les permite, en muchos casos, man-
tener relaciones afectivas con varias parejas a la vez. Contra lo que
pudiera parecer, las sucesivas rupturas vividas por estos solteros
itinerantes –Alberdi y otras (2000) los denomina “alternantes”– no
son traumáticas ni atentan contra su autoestima toda vez que
nunca se plantean la relación de pareja como algo total y definiti-
vo ni en cuanto plataforma básica sobre la que debe girar su vida;
más bien ocurre lo contrario, el paso por varias relaciones fortale-
ce su flexibilidad personal y les libra de perder un valor priorita-
rio para ellos, saborear la fascinación de lo inesperado.
8º. Solteros egoístas. Estos solteros están cerrados a establecer lazos
que impliquen asumir cualquier tipo de dependencia que les
impida vivir de lo suyo y para sí mismos. Por ello, huyen del ries-
go de tener que compartir su tiempo, su dinero y sus aficiones con
personas que les obliguen a sentir las zozobras, limitaciones, en-
fermedades o, sencillamente, los diferentes estados de ánimo de la
pareja. Un subtipo de soltero egoísta es el “individualista” cuyo
principal placer consiste en decir “no tengo nada, excepto el placer
personal de disponer de mi espacio propio, mis cosas propias y
una vida que es solamente mía” (Schwartzberger y otros; 1995).
Generalmente, este tipo de soltero es encarnado por sujetos
muy inseguros de sí mismos que piensan que los demás también
lo son, especialmente en el terreno del amor y, en consecuencia,
consideran el refugiarse en sí mismos como el mejor modo de
evitar todas aquellas situaciones difíciles para las que piensan
que no cuentan con los suficientes recursos personales de poder-
las afrontar y salir exitosos. Si hubiera que definir lo esencial de
este tipo de solteros, podríamos decir que, por una parte, son
sujetos cuyo principal objetivo vital es apartarse de todo lo que
les expone a tener que soportar el sentimiento de inseguridad
que domina su vida y, por otro, la aspiración a regular su vida
dentro de un marco o plataforma en la que lo nuevo, lo impro-
visado o la indefinición tengan la menor cabida posible.

80
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

9º. Solteros artistas. De algún modo, el soltero artista representa el


polo opuesto al egoísta o persona pusilánime que se contenta
con una “vida normal”; al contrario, el artista solitario es un
insaciable buscador y experimentador de la novedad, de la
belleza, creatividad, sensibilidad, fascinación y del ingenio en
sus más altas cotas. Por eso, no se encuentra allí donde todo
resulta algo sabido, experimentado o dirigido por la costumbre,
como ocurre en la vida familiar convencional articulada sobre
un conjunto de rutinas atentas únicamente a colmar necesidades
siempre iguales y básicas (comer, dormir, descansar) y donde
resulta difícil la aparición y la dedicación a nuevos y fascinantes
logros. Es sabido que los grandes artistas son personas que se
desmarcan de lo cotidiano y soportan penurias de todo tipo
(soledad, falta de recursos, incomprensión) con tal de llevar ade-
lante logros que, en muchos casos, sólo después de su muerte
son reconocidos; diríamos que son personas que se anticipan a
los acontecimientos que les rodean creando nuevas perspectivas
y modelos de entender la vida.
10º. Solteros solidarios. Son sujetos que dedican toda su vida ayudar a
los demás y les parece que ocuparse solamente del grupo de per-
sonas que componen una familia, la mujer y los hijos, constituye
una forma de egoísmo fruto de una mirada estrecha en relación
con todo lo que pueden hacer y dar a los demás. Son personas
siempre atentas al mundo que les rodea, por eso son desprendi-
das y no les importa pasar por penalidades ni restricciones con
tal de ver que con su actividad contribuyen a la felicidad de los
demás.
11º. Solteros religiosos. Quedaría incompleta mi clasificación de los
solteros sin aludir, aunque solo sea de pasada, al numeroso gru-
po de personas que han elegido su soltería por motivos de fe. Es
sabido que hoy este tema es objeto de una cierta controversia
debido especialmente a los atropellos sexuales cometidos por
algunos clérigos con menores y también con adultos en diversas
partes del mundo. Al margen de que haya quienes consideran la

81
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

imposición del celibato sacerdotal no sólo inhumano sino inclu-


so contrario a los derechos fundamentales de la persona (Rodrí-
guez, 1998), no se puede obviar el hecho de que muchos religio-
sos y sacerdotes –todos conocemos alguno– han elegido la virgi-
nidad de manera totalmente libre y por motivos que sólo tienen
sentido cuando se la contempla desde el plano de la teología y de
la fe. Quienes la viven así son conscientes de que su celibato va
más allá de una mera norma eclesiástica, que se impuso en fecha
relativamente tardía en la iglesia católica (siglo IV) y es por lo mis-
mo cambiable. Pero ello no quita que haya quienes sientan la
vocación de imitar a su modelo, Jesucristo para el cristiano, que
dedicó los mejores años de su vida consagrándola al total servicio
de Dios y de los hombres (Evangelio de San Matero, 19, 11-12; Carta
de San Pablo a los Efesios, 5, 26). Como Jesucristo, estos religiosos
practican la virginidad y dedican su actividad a personas general-
mente necesitadas de alguien que les arrope y les atienda desinte-
resadamente y sin guardarse nada para sí. No debe entenderse
que con ello desprecian el matrimonio, al que reconocen como un
don de Dios; no casarse significa para ellos descubrir la grandeza
y la felicidad que proporcionan el darse sin reservas a los demás.
Para los auténticos religiosos, la vida consagrada más que una
renuncia es una elección personal que, como casi todas las elec-
ciones en la vida, conlleva ciertas renuncias pero también el gozo
de hacer lo que pide el corazón, en este caso, el corazón ilumina-
do por la fe que transciende todo lo que de positivo tiene y es
alcanzable por quienes eligen el matrimonio como forma de desa-
rrollar esa original e inefable experiencia que denominamos amor.
Una última reflexión para terminar: el hecho de que el celibato
religioso conlleve ciertas dificultades para mantenerse virgen es
perfectamente comparable con las dificultades de los casados para
mantenerse fieles a los compromisos contraídos con su pareja, y
carece de realismo pensar que en uno y otro caso se trata de com-
promisos imposibles de asumir. Un tema diferente, en el que como
psicólogo no entro, es juzgar si es aconsejable o no el que la Igle-

82
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

sia deje plena libertad a los clérigos para ejercer el sacerdocio


imponiéndoles el celibato o haciéndolo compatible con la dedica-
ción a la vida religiosa, como ocurre en todas las iglesias cristianas
excepto en la católica romana.
12º. Los “neosolteros”. En los últimos veinte años ha aparecido un tipo
de soltero con características muy particulares. Carmen Alborch
(1999, p. 92) los define con este perfil: positivamente son profesio-
nales muy cualificados, desenvueltos, competentes, seguros de sí
mismos/as, con un alto nivel cultural, y cuya actitud personal se
define preferentemente por un conjunto de “noes” que expresan
la ausencia de cualquier tipo de complejos: no tienen por referen-
te social la pareja, no están obsesionados por la seguridad econó-
mica, que ya han alcanzado, no renuncian a las comodidades y
más bien las buscan y saben disfrutarlas, no quieren sufrir expe-
riencias dolorosas o defraudantes en el terreno del amor, no es
para ellos una prioridad la vida en pareja ni casarse y no les supo-
ne trauma la “cama vacía”, que consideran suficientemente com-
pensada con el éxito profesional. Para estos solteros, los logros de
la revolución francesa, libertad, igualdad, fraternidad, se traduce y se
resume en un solo y fundamental lema “independencia”.

Solteros a la fuerza: variopinta realidad


La nota común de esta clase de solteros es la experiencia de
soportar la soltería en calidad de realidad inevitable y desagradable.
Suelen ser solteros que luchan para mantener su dignidad, erosiona-
da por la presión social que los estigmatiza como incolocables, impa-
rejables, neuróticos y conflictivos y a los que “seguro algo les pasa ya
que no encuentran a nadie que les quiera” (Larraburru, 2002). Con el
fin de mantenerse erguidos ante tales afrentas, muchos solteros de
este grupo recurren a diversas racionalizaciones de tipo personal
para sentirse mejor: “las parejas que les rodean no son ningún mode-
lo de felicidad”, “todos sus amigos están separados”, “yo no soy
capaz de aguantar a nadie”... Tipos dentro de esta heterogénea clase
de “solteros involuntarios” son:

83
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

1º. Solteros con notables limitaciones físicas o psíquicas. Forman parte


de este tipo personas que sufren graves incapacidades físicas,
como los parapléjicos, ciegos, sordos, etc. También, los solteros
con una personalidad con importantes disfunciones mentales o
emocionales que les imposibilitan la convivencia con otra perso-
na en régimen de pareja (psicóticos, neuróticos, dementes, afec-
tados por trastornos derivados de un trauma sufrido durante la
infancia –pérdida o separación de los padres, traumas provoca-
dos por situaciones bélicas, etc.–. Con frecuencia, algunos defec-
tos físicos, desmesuradamente exagerados, como el exceso de
sudoración, la fealdad extrema, la obesidad, la cojera severa o el
enanismo, les conduce a encerrarse en sí mismos y a renunciar a
cualquier intento de encontrar pareja.
2º. Solteros con temor al compromiso o timoratos. El grupo mayor de
solteros “a la fuerza” está integrado por aquéllos que no se sien-
ten con capacidad para afrontar el miedo que les produce asu-
mir la responsabilidad y entrega que conlleva la vida de pareja.
Este miedo puede manifestarse de distintos modos y obedecer a
motivos muy distintos entre sí (Carter y Sokol, 1996):
a) Hay un miedo prudente o egoísta, encarnado en aquéllos que
prefieren “vivir solos a mal acompañados” o que sienten
terror ante la responsabilidad de crear una familia y sacarla
adelante. Podemos ver este tipo de miedo como una medida
de prudencia y como reacción ante el temor a “no dar la talla”
ante los numerosos imponderables y graves compromisos que
suelen aparecer cuando menos lo esperas dentro del escenario
familiar. Estos solteros han oído de los casados dos comenta-
rios que les asustan: el primero, que cuando se casaron sabían
muy pocas cosas de la pareja, pocas en comparación con lo que
después han descubierto en ella y, segundo, que antes de
casarse nunca se habían imaginado lo que supone adaptarse a
las diferencias de temperamento y aficiones de su pareja y
sobre todo de los hijos, cuando los hay. Como me decía un
amigo soltero, “yo no quiero casarme con una persona a la que per-

84
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

cibo con medio ojo abierto, pues me han dicho que cuando se abren
los dos, la cosa es terrorífica”. En cualquier caso, estos solteros
afrontan la soltería no sólo con cierta resignación sino en cali-
dad de mal menor y necesario.
b) Un miedo especial, el patológico, es el experimentado por los
denominados “solteros fóbicos”. La relación fóbica se caracte-
riza por la vivencia de situaciones extremas y contrarias: un
día se sienten atraídos cuasi irresistiblemente por su pareja, y
al día siguiente huyen de ella sin saber por qué, alternan acer-
camientos y distanciamientos con extraña rapidez y sin moti-
vo alguno que lo justifique. Carter y Sokol (1996) han explica-
do con gran claridad las cuatro etapas por las que pasan los
fóbicos al amor: la primera es la fase de fascinación, durante la
cual el amor, el deseo y la excitación son tan intensos que se
sobreponen a cualquier temor y exigen a sus parejas que se
involucren completamente en la relación; en la fase intermedia,
el miembro más consciente se da cuenta de que su pareja fóbi-
ca le pide mucho más compromiso del que imaginaba y
comienza a poner barreras y establecer límites, lo que provoca
en la parte no afectada por el miedo fóbico una gran carga de
inseguridad y le lleva a realizar intentos de ayuda para que se
clarifique la postura del fóbico; esta etapa es la más complica-
da y puede ser breve pero lo más frecuente es que dure años.
En la siguiente etapa, la tercera, el miembro afectado por el
miedo comprueba que la pareja le está invadiendo su espacio
físico y emocional y entonces reacciona buscando huir de la
situación que le resulta amenazante a la vez que inexplicable a
sus propios ojos. El ciclo se completa con una cuarta etapa final
en la que la pasión inicial se torna en descontrol emocional y
en sentimiento de hostilidad y hasta de desprecio hacia la
pareja que inicialmente había sido objeto de una atracción apa-
sionada e incondicional.
c) Otro miedo muy frecuente entre los solteros procede de su baja
autoestima que les lleva a considerar la vida de pareja como un

85
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

ideal inalcanzable para ellos; en este sentido, piensan que sien-


do tan poca cosa no son dignos de amor ni serán capaces de
darlo a su pareja, todo lo cual les conduce a atrincherarse en
los estrechos límites de su intimidad, que eligen como único
lugar en el que podrán sentirse mínimamente seguros.
Dentro de este grupo, quedan encuadrados aquellos suje-
tos, preferentemente hombres, que se sienten necesitados de
que alguien les ayude a salir de una situación problemática, por
ejemplo, de la adicción a las drogas o el alcohol. Estos solteros
consideran que “necesitan de alguien que les quiera a pesar de
su miseria y les ayude a salir de ella”, pero al mismo tiempo
dudan justificadamente de que haya quien esté dispuesto a
complicarse la vida ayudándoles. Frecuentemente, se lanzan a
la aventura del amor, temerosos pero, al mismo tiempo, con-
vencidos de que nada pierden puesto que, en caso de ser
rechazados, la derrota estaba ya asegurada desde el principio.
En mi experiencia profesional, he conocido casos de alcoholis-
mo que dan pie a una penosa situación: la parte perjudicada
confiesa haberse dejado llevar por una actitud ingenua, le han
fallado las fuerzas y ha acabado por abandonar a la pareja que
amaba. También conozco casos en que la pareja ha sido capaz
de asumir las limitaciones de la persona alcoholizada y ha
convivido con ella a pesar de todos los inconvenientes que
conlleva vivir con un alcohólico. Me sumo a los que piensan
que ante casos así hay que reflexionar muy mucho sobre la
propia capacidad para aceptar tanta responsabilidad y en caso
de duda, renunciar a tan grave compromiso.
d) En algunos solteros el miedo se produce como consecuencia
de un exceso de autoestima y fruto de una actitud perfeccionista
con respecto a la propia vida. Estos solteros excluyen el matri-
monio en cuanto situación que podría poner en peligro el ejer-
cicio y pleno desarrollo de las propias cualidades, que se
sobreestiman y responden a una posición demasiado idealista.
Estos solteros/as suelen confundir también sus deseos con sus
necesidades y parecen estar hechos para vivir únicamente en

86
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

mundos perfectos, en consecuencia renuncian al matrimonio


que para ellos representa un obstáculo insalvable para sus
ideales de perfección.
3º. Solteros sufridores. Lamourère (1988) habla de solteros que “pade-
cen” la soltería a manera de enfermedad que no les gusta pero
que aceptan a pesar de que para ellos supone convivir con su
soledad, tristeza y la añoranza de no tener a su lado alguien con
quien compartir el amor y la intimidad. Huyen del aislamiento
y de la soledad viviendo inmersos en un recargado programa de
encuentros de todo tipo (comidas con amigos, salidas en los
fines de semana con otros solteros/as, vacaciones en grupo, etc.)
con los que intentan paliar su soledad. A lo largo de los años he
conocido dos amigos, un hombre y una mujer, que respondían
claramente a este tipo de “soltero sufridor”.
El amigo, que acabó suicidándose arrojándose al río de su ciudad, se jun-
taba periódicamente con su grupo de solteros para cenar en restaurantes
chinos o vegetarianos, para viajar, ir al cine o al teatro, pero me envidiaba
porque, como él me dijo en muchas ocasiones, “estos encuentros no duraban
las veinticuatro horas del día ni le libraban de la soledad que, tras morir su
anciana madre, sentía sobre todo cuando llegaba a casa y sólo le esperaban
las paredes y la compañía de la TV”.
La amiga es una mujer de alto nivel profesional con muchos años de vida
en solitario y que dice haber encontrado por fin al hombre de su vida, con
quien convive actualmente. Repetidas veces me ha confesado lo intermina-
bles que le resultaban las tardes en su etapa de soltera –trabaja en horario de
mañana– y sobre todo los fines de semana, por lo que se pasaba los sábados
y domingos llamando por teléfono a sus amigos/as o conocidos invitándoles
a salir aunque fuera a las ocho de la tarde del domingo, hora en que todos nos
retiramos a casa y nos preparamos para afrontar la semana que nos espera.
En cierta ocasión me confesaba: “hay momentos en que no puedes remediar
que se te apodere la neura de la soledad, y cuando te viene no hay más reme-
dio que quitártela saliendo de casa sola o con quien sea, si es preciso cogien-
do un taxi y diciendo al taxista que te lleve a dar una vuelta por el centro de
la ciudad”. En más de una ocasión llegó a montarse en un taxi diciendo al
conductor que le llevara por las calles que quisiera hasta gastar el importe de
1.000 ptas. que le entregaba en el momento de entrar en el vehículo.

87
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

4º. Solteros esperanzados. Estos solteros/as viven aparentemente en un


mundo feliz. Nada de tristeza profunda, muchos encuentros con
amigos, muchas reuniones, viajes, asistencia a fiestas con compa-
ñeros de trabajo; se divierten mucho cuidando con especial esme-
ro su look, su casa, su ropa y pertenecen a varios clubs o asocia-
ciones selectas (yoga, bailes exóticos, de aficionados a refinamien-
tos culinarios). Pero tras ese oropel, esconden una vida que les
parece hueca, echan de menos el amor íntimo y completo y no
aciertan a disfrutar de la libertad que poseen para tomar decisio-
nes por sí solos y sin tener que dar cuentas a nadie. Un especial
sufrimiento, que estos solteros difícilmente soportan sin caer en la
depresión, es el que nace de no saber por qué no hay nadie que se
fije en ellos. A pesar de todo, se consuelan pensando que su situa-
ción es provisional y que algún día, tarde o temprano, cambiará.
5º. Solteros fatalistas. Este tipo está integrado por los solteros “pen-
santes” que han hecho suya la teoría de la fatalidad aplicada al
terreno del amor. Por eso, siempre encuentran alguna razón cohe-
rente y de peso para explicar su situación de solteros, lo mismo
que para interpretar todo lo que les ocurre en la vida: fallaron
aquella “única” oportunidad de su vida, en los ambientes en que
se mueven no encuentran la persona apropiada, se creen excesi-
vamente románticos, no están hechos para soportar las absurdas
y nimias manías de las personas del otro sexo que han conocido,
etc. Y todo ello porque creen a pie juntillas que la vida se rige por
leyes que deben acatarse y según las cuales lo que nos ocurre es
“porque tiene que suceder”. Están convencidos de que si con el
transcurso del tiempo no encuentran la pareja, la media naranja
que buscan, es “porque” –siempre la razón de coherencia (!)– no
están hechos para el matrimonio dado que la madre naturaleza
no les ha dotado de la capacidad para soportar la vida en
común. Con estas premisas por delante, estos solteros convenci-
dos buscan y casi siempre encuentran la compensación a sus
involuntarias limitaciones enmarcando su vida en una especie
de guarida en la que podemos encontrar todos los placeres que

88
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

sus amigos casados envidian: la holgazanería, aficiones selectas


como la lectura o la música, confort, cultivo narcisista de sus
propios pensamientos, disfrute del trabajo sin ningún género de
restricciones, etc. A la postre, se trata de solteros convencidos de
dos cosas, por un lado, de que la soltería no es cuestión de libre
elección y se trata, por tanto, de aceptarla resignadamente por-
que “no existe la mujer o el hombre que ellos/as necesitan” y,
por otro, que los placeres que rodean su vida compensan en una
medida más que suficiente los para ellos insalvables inconve-
nientes que conlleva su soltería (Neuburger, 1998).
6º. Solteros falsamente resignados. Son sujetos que se presentan como
modernos, dinámicos, liberados... y hasta se dicen felices, pero
cuando se rasca un poco y se penetra en el terreno de la confiden-
cia –si es que permiten entrar en ella– desaparece el cuadro feliz y
ya no son capaces de disimular lo que para ellos supone de humi-
llación, maltrato y malestar el no ver cumplidos los deseos de un
amor romántico pleno y la relación sexual íntima y completa que
nunca les llegó (Giroud y Lévy, 2000); una gran parte de estos sol-
teros se definen a sí mismos como enamorados no correspondidos
aunque, en realidad, son solitarios amargados. Al ser poco realis-
tas, pensaron que nunca tendrían que pasar por la amargura de la
inesperada desilusión amorosa en la que siguen inmersos, todo lo
cual aviva en ellos sentimientos de ira y de odio contra sí mismos
y contra aquéllos que les dejaron abandonados y traumatizados
después de haberse forjado junto a ellos una vida colmada con
todas las alegrías del amor perfecto e ideal (Ladish, 1998).
7º. Solteros resentidos. Son aquéllos que han pasado por varios fraca-
sos, por relaciones sentimentales difíciles y hasta tumultuosas,
las más de las veces consecuencia de errores de cálculo como el
haberse mostrado poco flexibles y demasiado exigentes con el
amor pretendido. Estos solteros suelen pasar por dos etapas, la
primera de resentimiento propiamente dicho, “ese tipo que me ha
dejado no era digno de mí”; la segunda, lo que les diferencia del
soltero “resignado” anteriormente mencionado, no darse por ven-

89
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

cido y el afianzamiento en el valor de sí mismo, “valgo demasia-


do para resignarme a no merecer nadie que me acompañe en mi
vida”. Por lo dicho se entiende que los solteros “resentidos”
siguen abiertos al amor y se consideran dignos de él, pues entien-
den que las experiencias fallidas constituyen para ellos un proce-
so de aprendizaje necesario y altamente útil para responder ade-
cuadamente a los futuros encuentros amorosos que buscan con
algún temor, sí, pero también con la actitud segura extraída de
haber comprendido las causas de sus fracasos anteriores. Cuando
estos solteros consiguen olvidar su resentimiento, se encuentran
en una situación que se vuelve a su favor y pueden llegar a supe-
rar totalmente su resentimiento que, en resumidas cuentas, no ha
sido más que una etapa transitoria de su búsqueda amorosa.
8º. Solteros calculadores. Estos solteros consideran la vida en pareja
como una institución que resulta demasiado cara tanto en tiem-
po –disponibilidad– como en frustraciones –dificultades para
vivir otras relaciones concomintantes, imposibles de realizar si
uno no sabe manejar la complicada habilidad de someterse a
juegos de malabar–. Para ellos, el matrimonio supone un gasto
extra de sometimiento en todo lo que respecta a los actos de la
vida en común: elegir vivienda, lugar de vacaciones, modo de
vida, empleo del dinero, etc., por lo que abrigan serias dudas
de que la pareja les pueda compensar el plus de independencia
al que aspiran en el plano social, sexual, económico, afectivo o
intelectual; en tal horizonte, lo lógico es terminar encerrándose
en sí mismos y vivir para sí solos.
9º. Solteros retardados. Son aquéllos que consumen algunos años de
su juventud en sucesivos amores de mariposa, que van buscan-
do de flor en flor y cultivan los amores del juerguista maestro en
el arte amatorio, que vive distraído con muchos amores pasajeros
y divertidos, amores que nunca llegan realmente hasta el fondo de
la entrega a las parejas que conocen. Así, se plantan en sus cua-
renta años, momento en que se dan cuenta de que se les ha pasa-
do la hora para establecer el compromiso de un amor cabal y

90
LA SOLTERÍA Y SUS DIMENSIONES PSICOLÓGICAS

maduro, y es entonces cuando en tono entre socarrón y decepcio-


nado intentan consolarse diciendo “ya es demasiado tarde”.
10º. Solteros nostálgicos. Pasini (2000) habla de un tipo de solteros do-
minados por la nostalgia, entendida como recuerdo permanente
de un bien perdido, en este caso una preciosa historia de amor.
El problema del nostálgico radica en que centra su mirada en algo
que nunca será ya posible, una especie de vuelta y fijación en la
etapa de un amor generalmente primerizo e infantil, del que este
tipo de soltero no acaba de lograr desprenderse. Este amor nos-
tálgico implica una especie de anclaje absoluto que absorbe y, lo
que es peor, paraliza centrando todas las vivencias en el recuerdo
de lo que pudo ser y nunca será, de lo que se vivió tan plenamen-
te que se considera ideal irrepetible. Tal situación suele traducirse
en la experiencia de dolor producido por la ausencia de alguien en
quien se volcaron todas las ilusiones de amar y de recibir amor y
que, al mismo tiempo, cierra los ojos a otros posibles amores capa-
ces de proporcionar la felicidad perdida.
He conocido a dos solteras nostálgicas. La primera se enamoró tan perdida-
mente de un hombre que en sus peores momentos de nostalgia dijo a una amiga
suya, que más tarde he conocido: “o me caso con fulano o no me caso con nadie”.
La historia posterior ha mostrado que el acceso de nostalgia era pasajero, pues he
sabido que después se casó con otro y es esposa feliz y madre de tres hijos.
La historia de la segunda soltera no ha terminado así, pues tras haber fraca-
sado en el intento de convencer al hombre de su vida, sigue soltera y desilusio-
nada y no quiere saber nada de los hombres que, como en el caso de su primer
novio, pueden exponerle a sufrir el desencanto de no ser correspondida.

Comentario final
Presentado al lector el perfil psicológico de los veintidós tipos de
soltero listados en este capítulo, me queda una duda, que mis lecto-
res solteros se vean reflejados con un mínimo de fidelidad dentro de
alguno de dichos tipos. Tengo también una cierta esperanza, que sus
vidas vistas “desde dentro” de alguno de los tipos se parezcan bas-
tante a lo que la observación del psicólogo ha visto “desde fuera”, no

91
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

tan desde fuera, puesto que muchos de los rasgos y vivencias psico-
lógicas asignadas a cada tipo han sido confesados y ratificadas por
los numerosos solteros que en la consulta de los psicoterapeutas
abrieron sinceramente su interior a aquéllos profesionales que les
ayudaron en ocasiones a desarrollar las posibilidades de su vida sin-
gular y, en otros casos, a encaminarla por derroteros que les condu-
jeron a vivirlas en cuotas de mayor satisfacción y felicidad.
Debo decir, para terminar, que los tipos descritos en este capítulo
no agotan la tipología o clasificación completa de los solteros, por eso
me he sentido obligado a denominarla “provisional”. Podría haberla
ensanchado hablando también de solteros cautos, felices, abiertos al
amor, timoratos, confusos, masoquistas…; en cualquier caso, de una cosa
estoy convencido, de que los tipos descritos representan en conjunto
un paquete de rasgos y vivencias suficientemente esclarecedoras para
que cualquier soltero pueda llegar a reconocer “su” modelo o mane-
ra de asumir y vivir su soltería y, lo que es más importante, que más
allá de lo que se dice sobre cada tipo se esconden vivencias felices y
tristes al igual que ocurre entre los casados. Quiero expresar con toda
claridad mi convicción de que a pesar de las connotaciones comunes
asignadas a uno u otro tipo, cada soltero representa la irrepetible
experiencia de una vida humana, que es lo mismo que decir, algo
manifiesto, y también oculto, perteneciente en exclusiva al inaccesible
y misterioso reducto de lo estrictamente personal.

92
2
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

Hablando de los solteros, he oído repetidamente dos curiosos


comentarios. El primero se refiere a este interrogante, “si todos nace-
mos solteros: ¿por qué unos continúan siéndolo toda la vida y otros
no?”; el segundo, algo más ingenioso y con cierta carga pesimista,
dice “nacemos solteros y libres, después nos casamos”.
Cuando he preguntado a numerosos casados por qué se habían
casado, sus respuestas resultan bastante numerosas y tan variadas
como éstas: “no lo sé muy bien”, “no tengo una respuesta clara”, “lo
hice porque lo hacía la mayoría de la gente de mi edad”, “en mi épo-
ca era normal”, “tenía un novio desde hacía años”, “porque no me
gusta estar solo”, “porque quería amar y que alguien me quisiera”,
“porque había que casarse” (“nací para ello”, me dijo en cierta oca-
sión un senegalés en una playa catalana), “porque me gustan los
niños” (preferentemente las mujeres), “porque me enamoré”, “por-
que me sentí muy atraído/a por una persona del otro sexo”, “porque
hubo alguien que me lo pidió”, “porque quería ser yo misma y
librarme de ser tutelada por mis padres”, “porque las relaciones
afectivas en el matrimonio contribuyen de manera importante a la
construcción de la personalidad”... Oyendo una y otra respuesta, se
llega a la conclusión de que mientras para unos el casarse ha sido
objeto de una decisión meditada y conscientemente motivada, por

93
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

tanto libre; para otros, el matrimonio es algo con lo que se han encon-
trado, sin haber pasado previamente por el análisis riguroso de sus
ventajas y sus inconvenientes, por ello, les resulta difícil deslindar lo
que les llevó realmente al matrimonio de lo que después de casados
han encontrado en su vida en pareja y con hijos. Parece claro que, sal-
vo unos pocos, la mayoría de los casados nunca llegaron a formular-
se preguntas como: ¿es para mí el matrimonio una necesidad indis-
pensable para ser feliz?, ¿considero el matrimonio como opción pre-
ferente o simplemente como mal menor?, ¿son más poderosas las
razones que me han llevado al matrimonio que las que hubiera podi-
do poner en juego para quedarme soltero/a?
Si el tema se analiza desde los solteros, las contestaciones resultan
igualmente numerosas y confusas, pero algo más reveladoras que en
el caso de los casados. Así, desde el soltero que te dice “no sé por
qué”, otros aducen razones que no dejan lugar a dudas: “no quería
perder mi libertad”, “me asusta el matrimonio”, “la vida en pareja es
demasiado complicada”, “me abandonó mi primer novio/a y nunca
más he querido saber nada de los que se me han acercado”, “no se
me ha presentado la persona adecuada”, “no he sabido aprovechar
las ocasiones que se me ofrecieron”, “cuando me di cuenta, se me
había pasado ya la hora”, “durante mis años jóvenes me dediqué a
cuidar a mis padres”, “me quedé sin padres y tuve que ocuparme de
mis hermanos”, “no me he casado por pereza”, “soy hijo/a de
padres separados”, “muchos de mis amigos han fracasado en su
matrimonio, no quiero que a mí me ocurra lo mismo”, “no he tenido
tiempo de ocuparme del tema, pues me absorbe totalmente mi pro-
fesión y mi trabajo”, “creo que no valgo para la responsabilidad de
ser padre/madre”... Evidentemente, la lista anterior no agota los
motivos de la soltería –he leído en Cipolla (1995) que en una encues-
ta dirigida hace unos años a 400 mujeres italianas solteras, se men-
cionan hasta 17 razones posibles y diferentes que podrían explicar el
porqué de su soltería–. De cualquier forma, analizados con detención
y por variado que sea el conjunto de motivos aducidos por los solte-
ros, la generalidad de ellos acaban reflejando un estado de ánimo
que se decanta hacia dos posiciones distintas: aceptación de la solte-

94
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

ría como algo negativo y no deseado y, la segunda, satisfacción con


el estado de soltero, a pesar de algunos inconvenientes, que se reco-
nocen sin tapujos y se confiesa que se sufren.
El presente capítulo intentará adentrarse en los causas de la sol-
tería que, como es sabido, afecta a un número creciente de la pobla-
ción adulta; en España, por ejemplo, uno de cada cuatro adultos en
edad de casarse permanecen solteros y tanto es así que muchos se
preguntan si no estamos caminando hacia una sociedad de solteros,
al tiempo que los políticos, seriamente preocupados por el fenóme-
no, están arbitrando medidas para incentivar la vida familiar y faci-
litar la crianza de los hijos (acceso a la vivienda, rebaja de impuestos,
ayudas económicas para la educación de los hijos, etc.).
Profundizando en los diferentes motivos que se declaran o influ-
yen en la soltería, aparecen tres grandes grupos:
• razones psicológicas personales,
• el mito de “la media naranja” y la casualidad, y
• factores ambientales o determinismo sociológico.
Por motivos fundamentalmente prácticos, pasaré revista a todas
estas motivaciones analizándolas por separado, a pesar de estar con-
vencido de que en el plano real interactúan mezcladas a la hora de
influir y explicar por qué un adulto decide o en muchos casos acaba
resignándose a “soportar” su condición de soltero; dicho de otro
modo, entiendo que la situación de soltero equivale a una especie de
largo itinerario en el que intervienen diversidad de motivaciones y,
desde tal supuesto, pienso que cualquier intento de encuadrar el ori-
gen de la soltería en motivaciones únicas y puntuales implica el ries-
go de exponerse a considerables errores.

Razones psicológicas de la soltería


Son tantas las razones internas que conducen a la soltería y tan
relacionadas están con la trama misteriosa de la propia biografía que
para muchos solteros es prácticamente imposible explicar con cierta
precisión las razones últimas por las que no han logrado encontrar

95
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

pareja. Al mismo tiempo y como he podido comprobar, la opinión


común estima que nadie se queda sólo sin una explicación, “algo
raro les pasa para que no hayan logrado encontrar pareja” (joven de
25 años, recién casada). En todo caso, se puede comprobar que prác-
ticamente siempre alguno de los factores psicológicos que comento a
continuación juega un papel importante, a veces decisivo, como
antecedente de la soltería.

1ª. Solteros por libre elección personal. Por más determinismos sociales
o individuales que se busquen y se aduzcan como causa de la
soltería, hoy nadie niega la posibilidad de que la soltería puede
y de hecho es en muchos casos objeto de una decisión plena-
mente libre. Es cierto que para muchas personas ejercer la liber-
tad para casarse o no resulta asunto harto difícil, dadas las pre-
siones sociales de todo tipo que se ejercen aún hoy en día contra
los que se “atreven” a desmarcarse de la norma general de casar-
se –no tan general a juzgar por del gran número de solteros–,
pero no se puede negar que hay adultos capaces de sobreponer-
se a todos los estereotipos circundantes y considerar como un
valor positivo dedicar su vida entera al cultivo de todas las posi-
bilidades individuales que se les presentan cuando, echando
una mirada hacia su interior, contemplan el amplísimo progra-
ma de experiencias y de desarrollo personal que se pueden rea-
lizar sin necesidad de contar con el apoyo enmarcado en una
vida de familia. Aquí están el conjunto de solteros/as que han
elegido el dedicarse con todas sus fuerzas al cultivo de la cien-
cia, las artes o las letras, los que consagran su vida virgen al cui-
dado de los demás –clérigos y religiosos–, los líderes políticos y
sociales fascinados por la causa que les ocupa toda la vida, los
trabajadores de empresas y ONGs multinacionales sometidos a
una extraordinaria movilidad difícilmente compatible con la
vida familiar, etc. No puede decirse a la ligera que estos solteros
se realizan menos que los casados o que son víctimas de su
egoísmo, pues en muchos casos se muestran mucho más gene-
rosos, y quizás también por ello, más felices que muchos casa-

96
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

dos. Desde la psicología de la personalidad, hay que admitir que


en los ámbitos del amor, la creatividad y el servicio a los demás,
el paquete de posibilidades que se ofrece a los solteros es, bajo
muchos conceptos, perfectamente comparable con las del casa-
do. Por otra parte y en el plano de un sano realismo, nada impi-
de que, mediante el proceso de “sublimación”, muy explicado
por los expertos de la personalidad, muchos de los objetivos y
necesidades que desde el pensamiento vulgar son considerados
“naturales” o necesidades básicas ineludibles para el equilibrio
personal y una vida plenamente feliz (cercanía sentimental,
sexualidad, intimidad, complicidad) puedan alcanzarse orien-
tándolos por cauces no necesariamente vinculados a la vida
familiar. Por último, en las sociedades modernas hay dos hechos
que facilitan las cosas a los solteros/as: en primer lugar, ha desa-
parecido el ancestral miedo a la soledad, hoy ampliamente supe-
rado mediante los numerosos apoyos que la sociedad del bie-
nestar proporciona a las familias monoparentales y personas que
viven solas; y por otra parte, muchas mujeres de hoy son tan
autosuficientes que ya no necesitan del varón para encontrar un
lugar propio y la seguridad económica y afectiva necesarias en
cualquier vida humana. Por eso, en las actuales condiciones y
afortunadamente, ya no se puede defender sin pecar de extre-
mismo el falso dogma de que la vida plena estaría reservada
exclusivamente a los casados (!).
2ª. La fealdad corporal. La presencia física de la persona es un ele-
mento decisivo de inserción dentro de los grupos humanos y
del contexto vital. En tal inserción intervienen, además de los
aspectos puramente externos como la ropa, el peinado, el tono
de voz, etc., factores biológicos mucho más fundamentales y,
por encima de todos ellos, la figura externa corporal, fealdad o
belleza, estatura, edad, aspecto agradable o desagradable. Es de
todos sabido, el importante influjo que, a través de los medios de
comunicación de masas, nuestra sociedad ejerce, especialmente
en el caso de las mujeres, sus peculiares y muchas veces esclavi-

97
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

zantes cánones de belleza, rostro perfecto, aspecto juvenil, belle-


za seductora, alargamiento y estrechamiento ideal (!) del cuerpo,
modelos “cartón piedra”, etc. Basta con asomarse a la pequeña
pantalla o a las brillantes portadas de las revistas del corazón
para comprender el enorme peso que la imagen externa de la
persona puede ejercer para determinar el nivel de autoestima y
seguridad o inseguridad con que las personas en edad de casar-
se se acercan a sus posibles pretendientes; dicho de otro modo,
son pocos los realmente feos o que se ven tales que se conside-
ran capaces de olvidar la norma por la que se rigen las relacio-
nes con las personas del otro sexo, “la fealdad incrementa la difi-
cultad de seducir y la belleza la facilita” (Giroud y Lévy, 2000).
En sentido contrario, los expertos en psicología diferencial de los
sexos sostienen que la estética corporal basada en la estatura,
peso, color de los ojos, forma de la nariz, cabello, gracia en el
andar, vigor, etc., no es en muchos casos ni el punto de arranque
ni el principal motivo de atracción en el proceso de enamora-
miento y, en tal perspectiva, hablan de una cierta autonomía de
lo físico con respecto al atractivo global de la persona. Aquí se
incluyen todos aquellos casos de parejas que confiesan haberse
enamorado de la especial simpatía de su compañero/a, de su
cálida o dulce voz, de sus delicados ademanes o elegancia en el
porte e incluso de la ternura que les inspiró su extremada timi-
dez; para nada se fijaron en el perfil más o menos armonioso del
cuerpo del otro. En este contexto, séame permitido comentar un
dato altamente significativo y es que, cuando he preguntado a
varias parejas cómo habían llegado a enamorarse, me he encon-
trado frecuentemente con respuestas muy parecidas a ésta: “pri-
mero me enamoré de su inteligencia, de la claridad en su modo
de pensar, de su manera tolerante de ver a los demás, de su
seguridad personal, de la tenacidad que había sido capaz de
poner en juego para alcanzar el nivel profesional que había
logrado con mucho sacrificio…, de eso me enamoré y sólo pos-
teriormente me fijé en su cuerpo y en el resto de su persona”.

98
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

Hablando de la importancia del físico, un reciente estudio en el Reino


Unido puso de manifiesto que las mujeres prefieren a los hombres altos.
Como prueba se dice que los varones con una estatura media de 1,83 m te-
nían más posibilidades de casarse y tener hijos. Por el contrario y según el
mismo estudio, los hombres las prefieren más bajas. Aquéllas que no medían
más de 1,63 tenían más posibilidades de estar casadas y con hijos (Heraldo
de Aragón, 25 agosto de 2002).

Al margen de las consideraciones anteriores, parece obligado el


reconocer que el antivalor de la fealdad física representa en nues-
tra sociedad un importante obstáculo para iniciar los primeros
pasos que podrán conducir a una relación de vida en pareja o
cuajar en un amor con el otro sexo cuando el reloj biológico mar-
ca inexorablemente que el “estar estupendo/a” se ha convertido
en fatal imposibilidad (Segura, 1997; Alberdi y otras, 2000). A las
feas, en particular, les cuesta asumir la verdad de estas palabras
que Díaz (1998) expresa poéticamente cuando dice: “Brilla la
mujer con todo el encanto de la rosa, y aún a las más feas les da
el diablo un punto de sal para que no se pudran”.
Personalmente, he conocido dos profesionales solteros, altamente cuali-
ficados y con deformidades físicas. El varón de 30 años, con una acusada
joroba, me decía: “Con los cánones de belleza imperantes, los jorobados no
tenemos nada que hacer”. La mujer soltera, con un rostro extremadamente
pálido y feo, me confesaba: “Después de verme todas las mañanas ante el
espejo, comprendo y comprenderás por qué estoy soltera”. Y un enano de
mi barrio me explicó asi lo que le condujo a la soltería: “Cuando era mozal-
bete intenté acercarme a una chica de mi edad y un poco más alta. Todavía
recuerdo lo que me dijo: ‘cuando crezcas un poco más, veremos’. Aún no he
superado la vergüenza que sentí”.

3ª. Timidez para abrirse a la pareja. La timidez es un rasgo personal


que muchos solteros confiesan sufrir a manera de pesada carga:
“soy muy tímido, no puedo remediarlo”, “una vez participé en
una reunión en la que me sentí muy atraído por una chica solte-
ra, pero no tuve valor para preguntarle su nombre ni pedirle su
teléfono para quedar”, “en cualquier reunión donde hay niños,
prefiero sentarme junto a ellos, así no tengo que contar mi vida

99
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

a los demás”, “a pesar de ser invitado/a, no asisto a las bodas de


mis amigos porque cuando lo he hecho todos me preguntan
cuándo me toca a mí”, “siento vergüenza cuando en un grupo
de amigos, alguno de los casados presentes me dice que haría
muy buena pareja con otro/a de los solteros/as presentes en el
encuentro”, “cuando estoy con solteros/as que me interesan, no
me atrevo ni siquiera a insinuarme porque siento un temor tre-
mendo a meter la pata o a que me digan que no”…
De la vergüenza del soltero para presentarse como tal dice mucho la
siguiente anécdota que viví hace algunos años. Estaba yo bromeando con un
compañero y amigo soltero sobre “lo imperfecto que es el estado de la solte-
ría”. En ese momento, apareció otro colega también soltero cuyo estado des-
conocíamos mi interlocutor y yo. Durante algunos minutos seguimos
hablando y bromeando sobre el asunto. Pues bien, supe al día siguiente que
apenas abandoné el despacho, nuestro colega le confesó a mi amigo que
“también él era soltero pero que no se había atrevido a confesarlo en presen-
cia de los dos”.

4ª. El excesivo coste del matrimonio. Un motivo aducido por ciertos los
solteros es el precio que hay que pagar por vivir en compañía de
la pareja; para estos solteros “el matrimonio no vale lo que cues-
ta”, pues conlleva tal cúmulo de incertidumbres, preocupacio-
nes y compromisos que nunca compensan los inconvenientes de
vivir solo. Esta motivación se alimenta de las historias de todos
aquellos que han fracasado en su matrimonio y se atreven a con-
tarlo a sus amigos. En cierta ocasión, me confesaba un amigo
soltero que cuando oyó la confesión de cómo un compañero,
ahora en manos del psiquíatra y profundamente deprimido, le
describió lo que había representando para él su reciente separa-
ción, se le quitaron todas las ganas de casarse.
5ª. El pesado fardo de la paternidad/maternidad. A la mayoría de los sol-
teros les atrae la paternidad/maternidad pero no todos se sien-
ten capaces de asumir el compromiso de traer un hijo al mundo
por los sufrimientos a que está expuesto en una sociedad como
la nuestra, con grandes dificultades para salir adelante y buscar-

100
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

se la vida. El miedo al compromiso de la paternidad aparece con


especial claridad en los divorciados, que tras su separación sue-
len buscar afanosamente otra pareja –los varones una mujer gene-
ralmente más joven que ellos–, pero a la vista del interés por los
hijos de la nueva y joven pareja, huyen de ella con la misma fuer-
za con que la buscaron (Duoeil, 2000). Hablando de este tema,
resulta realmente elocuente e ilustrativa la confesión de Carmen
Alborch (1999) cuando dice que en determinados momentos sien-
te admiración y envidia de las madres acompañadas de sus hijos
y hasta reconoce ser egoísta por vivir sola, pero no por ello se sien-
te frustrada porque “he tenido la suerte de ver crecer muy de cerca a
mis estupendos sobrinos y sobrinas. Y cuando ahora me repiten la típica
pregunta [por qué no se ha casado y tenido hijos], contesto que también
está abierto el camino de la adopción” (p. 207).
6ª. Acusado romanticismo. Heras (2001) caracteriza a los solteros ro-
mánticos como personas que buscan un amor ideal, excesivo y,
como consecuencia, siempre terminan frustrados, defraudados y
culpando al otro de su decepción, cuando verdaderamente el
problema está en ellos mismos. Si se analiza su actitud, se des-
cubre que, detrás de este falso ideal, sus metas amorosas se diri-
gen más hacia el amor en sí que hacia la persona amada, lo que
buscan a la postre es que el amante se convierta en el mero pre-
texto o vehículo para llegar al amor narcisista de sí mismos. A la
luz de esta explicación, se entiende muy bien por qué cuando el
amante deja de serles útiles, que suele ser bastante pronto, lo
desechan por inservible. Ahondando en las raíces del amor
romántico, los psicólogos coinciden en que es propio de las per-
sonas inmaduras, de aquéllas que confunden la realidad del
amor propiamente humano con las fantasías de los cuentos de
hadas, y eso lo corroboran igualmente los terapeutas cuando, en
el trato diario con sus clientes, comprueban que este tipo de
amor tiene mucho que ver con la educación que en el campo del
amor recibimos de los padres, si tal educación no fue realista,
cabe esperar que en la vida de adultos carezcamos de las habili-

101
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

dades necesarias para acercarnos y querer a las personas reales,


tal y como son (Carter y Sokol, 1996). Cabe añadir una precisión
más, que por injusto que parezca y debido a su concepción
superficial del amor, para los románticos el culpable de sus
decepciones amorosas siempre es su pareja, ellos solamente
“han tenido mala suerte o se han equivocado de elección”. Es
curioso constatar que, en contra de lo que cabía esperar y tras
cada decepción, la ilusión del romántico permanece intacta dan-
do pie a que la cadena de fracasos siga alargándose en numero-
sos ensayos de amores intensos que les satisfacen transitoria-
mente, sí, pero que nunca llegan a cuajar en un amor profundo,
pues esta clase de amor no tiene valor para ellos. Por último, hay
que decir que en todo romántico subyace una baja autoestima,
alguien que necesita compensar la idea pobre que tiene de sí
mismo con el amor que los demás le demuestran y, en este sen-
tido, nada tiene de extraño que exijan que su pareja les com-
prenda, se vuelque en ellos constantemente y les proporcione las
emociones intensas y nuevas que buscan y sienten necesitar en
desproporcionada medida. Ello explica también que apenas
notan que tal exigencia no es satisfecha se pongan histéricos,
entren en cólera y se pueda esperar de ellos toda suerte de des-
precios, descalificaciones y hasta la violencia física. Para su des-
gracia, con ello sólo consiguen el efecto que raramente esperan,
que la pareja les abandone, momento en el que suelen caer en la
fuerte depresión que su baja autoestima se encarga de alimentar.
7ª. El egoísmo. El matrimonio difícilmente puede resultar atractivo
para quienes piensan que no les sobra nada o que sólo tienen
tiempo para dedicarse a lo suyo, y lo mismo les ocurre a los
habituados a ver el mundo de lo valioso únicamente en lo que se
relaciona con sus intereses y deseos individuales y narcisistas. El
soltero egoísta vive dominado por una mentalidad incompatible
con el “amor donación” exigido en la vida de pareja, una forma
de querer que llama a vivir la experiencia feliz de dar algo de lo
propio para que el otro sea también feliz. El egoísta suele ser un

102
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

“trepa” que, para su desgracia, lo convierte en figura socialmen-


te estigmatizada y que acaba condenándole a la más espantosa
soledad, una vivencia ciertamente poco gratificante.
En el origen de la personalidad egoísta suelen estar unos padres
y educadores que inculcaron en los hijos y pupilos la idea de que
el único patrón de conducta válido y natural es que cada uno se
convierta en protagonista en solitario a la hora de resolver sus
problemas personales y cubrir sus aspiraciones. Esta abusiva
atribución de responsabilidad individualista provoca en los hijos
el sentimiento de inseguridad del que se deriva el mecanismo de
compensación que se traduce en “acaparar” para sí todo aquello
que les hará sentirse suficientemente fuertes y seguros ante los
retos y dificultades que conlleva el salir adelante en la vida.
Como, por otra parte, este falso ideal es prácticamente inalcanza-
ble –nadie es totalmente autosuficiente–, el soltero egoísta tiende a
hacer de la pareja un puro instrumento al servicio de sus intereses
personales, con lo que da motivo a que se produzca la reacción
lógica, que la pareja le abandone y le deje ante algo que no espera,
su soledad. Otra de las raíces, fuente del aislamiento y la soledad
experimentada por los solteros, es una baja autoestima, pues pien-
san que no son lo suficientemente valiosos para constituir objeto de
amor de su pareja lo cual, en el fondo, no es más que el signo evi-
dente de su incapacidad para entender el amor generoso y a cuen-
ta de nada. Vistas así las cosas, no es desacertada la opinión bas-
tante común según la cual, en cada soltero hay –o suele haber– un
rezumado egoísta, una persona cuya única razón para amar a los
demás es el provecho que pueda sacar de ellos, olvidándose de que
existe también el amor generoso y gratuito. La historia de muchos
divorciados es la historia de un amor que sólo se entendió como
una pura forma de toma y daca, te doy para que me des (Jaeggi,
1995; Bernad, 2000, p. 210-217).
8ª. Exigencia del amor ideal y perfecto. En la base de esta actitud está
una concepción excesivamente perfeccionista de la vida que lle-
va al soltero a no tolerar la mera posibilidad de pasar por la ver-

103
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

güenza de ser rechazado por quien, a sus ojos, debiera encarnar


el amor perfecto e ideal y sólo les ofrece el amor común y nor-
mal, que no les convence. Es evidente que esta conducta se
asienta en el rechazo de la imagen real de sí mismo que indebi-
damente aplican también a la pareja. Tal rechazo está basado en
dos suposiciones injustas y casi siempre falsas, 1) que sus posi-
bles parejas no están preparadas para ofrecerles el amor al que
aspiran, personas capaces de responder a sus desmesuradas
expectativas afectivas, y 2) paralelamente, que tampoco el amor
que pueden ofrecer a su posible pareja, con las imperfecciones y
limitaciones que ven en sí mismos, será el adecuado y suficiente
para colmar el alto nivel de perfección al que, en función de la
primera falsa suposición, piensan que aspiran igualmente sus
parejas. El falso razonamiento final del soltero perfeccionista se
puede resumir así: “solamente vale el amor perfecto, pero como
yo no lo puedo ofrecer a mi pareja ni ésta a mí, renuncio tanto a
dar como a recibir un amor demasiado imperfecto para los dos”.
9ª. Baja autoestima. Los solteros con baja autovaloración de sí mis-
mos tienden a ver en la pareja el instrumento ideal y necesario
para superar el escaso valor y la inseguridad que perciben en sí
mismos. Desde tal perspectiva, buscan en su pareja la persona
en quien puedan confiar la responsabilidad de asegurar el éxito
en su vida y el logro de su propia felicidad; para ello se pegan
descaradamente a su pareja y si es preciso la avasallan con tal de
superar las propias limitaciones y miserias. Las cosas ocurren de
tal manera que, apenas comenzada la relación amorosa, el solte-
ro con una imagen empobrecida de sí mismo se convierte en un
sujeto sumamente exigente que nunca está contento con lo que
recibe de su pareja, dando lugar a la ruptura que provoca en la
otra parte el miedo a ser aniquilado/a por la insaciable necesi-
dad de entrega que le exige el compñaero con un bajo concepto
de sí mismo (Ladish, 1998; Heras, 2000); en este sentido, no es
exagerado decir con Carter-Scott (2000) que el bajo autoconcep-
to de sí mismo es el primer factor de la soltería.

104
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

Conozco una historia que ilustra muy bien el caso que estamos
analizando. María es una joven de 27 años muy agraciada física-
mente. Con ocasión de un viaje, conoció a un abogado soltero
con quien, según sus palabras, hicieron “buenas migas”. Comen-
zaron a salir y al principio todo parecía marchar bien pero ense-
guida comprendió que su fervoroso amante era un hombre extre-
madamente inseguro que le pedía a todas horas consejo sobre los
pleitos que llevaba entre manos, de los que lógicamente María no
tenía la menor idea. Esto le hizo comprender que lo que su fla-
mante abogado buscaba en ella no era más que el remedio a
todas sus inseguridades y, en consecuencia y por respeto a sí mis-
ma, decidió dejar a quien en un par de meses había pasado de ser
alguien que la adoraba a una persona que ocultaba dentro de sí
un “don nadie”, que la sofocaba y controlaba hasta extremos tan
impensables como insoportables.
10ª. Miedo al vínculo sexual. Hablando del sexo, hay tres afirmaciones
que pertenecen al abc de lo que significa la sexualidad en la vida
de las personas: 1) el ser humano es por naturaleza un animal
sexuado, 2) cierto ejercicio de la sexualidad entra en la lista de
las “necesidades básicas” de la persona, y 3) el encuentro carnal
entre personas de distinto sexo, con sus componentes principales
de intimidad total, excitación y cierta pérdida de uno mismo en
manos del otro, constituye una experiencia irrepetible que pone
en juego nuestro yo más profundo por cuanto, a través de la
fusión íntima, convierte nuestro cuerpo, en instrumento de uno de
los mayores placeres que podemos disfrutar en calidad de seres
de carne y hueso. En la perspectiva psicológica, la sexualidad de
la persona se presenta en forma de una tensión bipolar: por un
lado, se siente el sexo con enorme atracción y como un modo de
colmar la necesidad cuasi obsesiva de comunicación con la perso-
na del otro sexo pero, por otro, se experimenta el temor a conver-
tirse en objeto de posesión del compañero/a. Los afectados por el
temor al vínculo sexual tienden a resolver este conflicto interior
entregándose a eventuales y sucesivas experiencias amorosas con

105
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

las que sacian sus necesidades sexuales y logran librarse del com-
promiso del amor total para el que no se sienten seguros de poder
dar respuesta (Branden, 1995).
En todos los tiempos ha habido un método común para evitar
que la intimidad de la persona se tradujera en compromiso de
amor y se limitara al mero placer momentáneo, es la llamada téc-
nica de la “cama musical”, consistente en cambiar frecuentemen-
te de compañero (Kleen, 1994). A este respecto, aparecen dos
hechos de indudable significado; por un lado, el feminismo a
ultranza, considera un triunfo el que la mujer actual haya logra-
do, con la necesaria colaboración del varón, el dudoso privilegio
del “sexo sin corazón”, una conducta tradicionalmente reserva-
da en exclusiva al macho y que supone que dos personas acuer-
dan sacrificar sus sentimientos (esperanzas, sueños, zozobras y
decepciones) y tratarse como si fueran sólo cuerpos que se exci-
tan, se abrazan, se tocan y se emborrachan con el placer; por otra
parte, desde pequeños todos hemos recibido el mensaje de que el
mundo de lo sexual y de la desnudez estaban prohibidos, eran
tabú incluso en la esfera de las relaciones familiares, “esto no se
toca”, “esto no se hace”, “esto no se enseña”. Entre los dos polos
de la sexualidad, acercamiento y temor, atiborrarse de sexo y ate-
nerse a su prohibición, está el “sexo con amor” que supone com-
paginar amor y ternura, espontaneidad y continuidad y que,
según los sexólogos, es fruto de un aprendizaje muy tardíamen-
te logrado por las personas, para algunas una meta nunca alcan-
zada. Del rechazo del sexo sin amor disponemos de un dato elo-
cuente: según la encuesta del CIS (1995), el 50 por ciento de los
españoles rechazan el sexo sin amor, pero con una notable dife-
rencia, el porcentaje es del 35 por ciento entre los hombres y del
65 por ciento entre las mujeres.
Los partidarios del amor libre de toda restricción, por su par-
te, nos ofrecen una particular confesión, que el disfrute de la
borrachera sexual suele terminar mucho antes de lo que espera-
ban y que el amor reducido al contacto de los genitales, el mero

106
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

juego erótico, el apareamiento a semejanza de los animales o


“amor sin alma y sin corazón” se traduce muy pronto en hastío
e insatisfacción llevándoles a la conclusión, especialmente en la
mujer, de que una condición para que el ejercicio de la sexuali-
dad resulte plenamente satisfactorio consiste en respetar la pau-
ta, “del amor al sexo y no al revés”.
Si analizamos la postura de los adultos que desde pequeños
aprendieron a ver el sexo como tabú, las cosas resultan especial-
mente complicadas: se sienten incómodos/as ante las diferentes
formas de acercamiento (caricias, besos y abrazos) y mucho más
ante cualquier gesto que pueda conducir hasta la habitación,
lugar donde es muy difícil quedarse sólo en lo exterior o perifé-
ricos juegos de piel. Es frecuente que dichas personas –y aquí son
especialmente protagonistas los solteros/as con miedo al víncu-
lo sexual– puedan sentir un alto nivel de tetosterona/progeste-
rona y, a la vez, terror ante la cercanía de la otra persona; el mero
acercamiento al otro sexo y, sobre todo, el saborear el placer
sexual a costa de entregar el propio cuerpo puede representar
para ellos una experiencia que les aterroriza y les supera. Les
produce pánico la fusión sexual en cuanto equivalente a ir más
allá de las fronteras marcadas por la técnica, los encantos y el
atractivo físico y permitir al otro descubrir lo que siempre han
escondido tras la máscara de la carne y por miedo a ser rechaza-
dos, los harapos de su propia pobreza emocional, vulnerabilidad
y falta de control de sí mismos; sólo el amor equilibrado y madu-
ro puede permitir estas concesiones, pero el soltero con miedo al
vínculo sexual no está dispuesto a otorgarlas (Richo, 1998).
11ª. Miedo al compromiso del amor. Del amor se han dicho cosas subli-
mes, que es el motor del mundo, la expresión más profunda del
ser humano, la condición indispensable para alcanzar la felici-
dad plena, el talismán que hace bello todo lo que toca, la necesi-
dad más universalmente sentida por las personas, el arte más
difícil de dominar en nuestra vida, etc. No deja de ser descon-
certante, por otra parte, que después de reconocer la decisiva
importancia del amor en nuestras vidas, comprobemos la facili-

107
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

dad con que nos equivocamos a la hora de ejercerlo y, más para-


dójico aún, que nos dé miedo el implicarnos en su vivencia y dis-
frute (Bernad, 2000).
He dejado para el final de mi lista sobre las causas psicológi-
cas que conducen a la soltería el miedo al compromiso. De la
fuerza de este miedo dice ya mucho el lenguaje utilizado para
expresarlo: “veo el matrimonio como una trampa”, “no soporto
que la mujer sea mi cadena y mi cepo”, “me aterra ver a un hom-
bre convertido en mi guardián y mi carcelero”. Lo que significa
el temor al compromiso del amor se aclara analizando los dos
tipos principales de miedo que afectan a las personas: hay mie-
dos normales o adaptativos que son aquéllos con los que nos
defendemos de los peligros cotidianos. Estos miedos nacen del
instinto de conservación y actúan a través del mecanismo de
alerta con el que habitualmente reaccionamos ante las situacio-
nes inciertas y potencialmente peligrosas. En tales miedos, el
sujeto se mueve en un clima de seguridad básica, apoyado en la
convicción de que podrá afrontarlos sin dar pie a la desorgani-
zación o alteración de su conducta. Así, pensamos que podemos
apartarnos del perro peligroso, conducir con relajamiento a pesar
de la posibilidad de sufrir un accidente, soportar el dolor del
dentista e incluso huir del eventual atracador. Pero hay también
otra clase de miedos, los neuróticos, que bloquean nuestra ener-
gía, dejándonos paralizados e impidiéndonos dar la respuesta
adecuada y capaz de contrarrestar la amenaza que nos acecha. El
miedo a comprometerse con el amor de pareja es uno de los mie-
dos neuróticos más frecuentemente experimentados por los sol-
teros: “no veo cómo podría ser feliz aceptando el compromiso de
dedicar mi tiempo, mi vida, mi fidelidad a otra persona”, “no me
atrevo a casarme exponiéndome a la mera posibilidad de que,
como en muchos casos que conozco, mi matrimonio termine en
un espantoso fracaso”, “todo lo que implique una pérdida de
mi libertad, de mi identidad y de mi autonomía me supera”, “he
tenido varios novios/as, pero a la hora del sí me he echado atrás”...
(Richo, 1999; Ladish, 1998).

108
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

Visto de cerca el miedo al compromiso de pareja, se llega a la


conclusión de que se trata de un miedo que se sitúa en los confi-
nes del miedo neurótico, lo que explica que para muchos solteros
se traduzca en el rechazo del matrimonio. Intentaré profundizar
en este punto.
a) Una forma de temor muy sentida por los solteros es el miedo a
dejar de estar solo, a no ser nunca más exclusivamente una perso-
na autónoma, con un mundo propio y perfectamente controlado.
Piensan, no sin cierto fundamento, que por el hecho de casarse,
aparte de nimiedades como decidir a qué hora se cena en casa o
cuánto espacio ocupará cada uno en la cama, asuntos impor-
tantes quedarán sometidos a la voluntad del otro: dejarán de ser
una entidad para sí y tendrán que compartir con la pareja estilo
de vida, preferencias, ritmos, formas de divertirse, negociar los
criterios con los que se actuará a la hora de tomar decisiones en
lo económico, el amor, el trabajo, educación de los hijos, etc.
Sabe el soltero que sobre todos estos temas, el compañero/a tie-
ne ideas, sentimientos, aspiraciones, peculiaridades y conflictos
internos que el casado debe asumir y tratar con el mismo res-
peto que los propios, todo lo cual implica hacer hueco en la pro-
pia vida a otro ser humano tan rico y complicado como uno
mismo (Carter-Scott, 2000). Un programa de tales exigencias
asusta tanto a ciertos solteros que les lleva a la conclusión de
que “las ventajas del matrimonio nunca podrán compensar la
renuncia al alto valor que representa para mí el disfrute de mi
autonomía y libertad individual”. En opinión de Jaeggi (1995),
hay que interpretar tal actitud como señal segura de que no
están hechos para una relación permanente de vida en pareja; y
Rogers (1993) va más lejos, sugiere que a sujetos así debe decír-
seles claramente que se desmarquen del compromiso matrimo-
nial en cualquiera de sus formas.
b) Otro motivo de temor al matrimonio es la dinámica competitiva
en la que muchos solteros enmarcan hoy en día el compromi-
so de vida en pareja. La experiencia les dicta que tarde o tem-
prano tal dinámica acabará en rivalidad o en sentimientos de

109
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

envidia y, finalmente, en el fracaso de la parte más débil, gene-


ralmente las mujeres en nuestra sociedad dominada por el
machismo. Como, por otra parte, a nadie le gusta pasar por la
experiencia del fracasado o vivir junto a alguien que le envidia,
el soltero/a huye del matrimonio como de cualquier situación
que pueda convertirse en derrota personal (Heras, 2001).
c) Otro tipo de miedo experimentado por determinados solteros
es el temor a la dependencia afectiva. Esto se entiende bien cuan-
do se considera que el amor une pero también ata y, por lo
mismo, pone en juego los sentimientos más sagrados e irrepeti-
bles que la persona alberga en lo más íntimo de su núcleo per-
sonal. Cuanto más profunda es la relación amorosa más impli-
ca la pérdida de independencia en el ámbito de los sentimien-
tos y, por ello, para quienes no están dispuestos a llevar su
compromiso afectivo hasta las últimas capas de su intimidad,
el matrimonio les resulta asfixiante y tienden a evitarlo. Desde
el punto de vista psicológico, puede decirse sin temor a equi-
vocarse demasiado que la dependencia afectiva y el compro-
miso de pareja, vividos intensamente, resultan valores incom-
patibles para los que se sienten especialmente celosos e inse-
guros en el terreno de sus íntimos sentimientos. Este hecho lo
he podido comprobar en algunos solteros que, inmersos en
una cierta forma de narcisismo afectivo, me han reconocido
haber vivido a gusto durante algún tiempo dentro de una rela-
ción sentimental superficial con su pareja, pero que no han
dudado en dejarla tan pronto les ha insinuado un compromi-
so total. Algunos analistas, llevados quizás de un optimismo
excesivo, se inclinan a pensar que, aunque la relación de pare-
ja pueda ser en determinados momentos tensa y muy exigen-
te en el día a día, es perfectamente llevadera si cada una de las
partes está dispuesta a conceder a la otra el plus o margen de
independencia que le permita sentirse parte del “nosotros” y,
a la vez, ejercer su propio ámbito de individualidad. Pero hay
que decir paladinamente que conjugar comunidad e indivi-
dualidad dentro de la pareja no es asunto fácil y aquí radicaría

110
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

la clave de que muchas relaciones de pareja no acaben en


matrimonio (Alborch, 1999).
d) Se da un especial miedo transitorio al matrimonio en personas
que están emborrachadas con el éxito y el reconocimiento
social; piénsese, a título de ejemplo, en determinadas modelos,
deportistas, artistas o directores/as de empresas muy conoci-
das e importantes a quienes el disfrute momentáneo de la glo-
ria les impide pensar siquiera en someterse a las naturales res-
tricciones que la vida en pareja impone. Ocurre con frecuencia
que estos solteros pronto comprueban que ni sus éxitos duran
tanto como suponían ni colman todas las ansias de felicidad a
la que se sienten llamados como las demás personas. Es enton-
ces cuando estos solteros exitosos experimentan un cambio en
sus motivaciones y ven el matrimonio, antaño considerado por
ellos un obstáculo para su desarrollo personal, como una vía
especialmente atractiva que les permitirá explorar y vivir dimen-
siones de su personalidad altamente valoradas y nunca disfru-
tadas como son sus sentimientos más personales y profundos; a
partir de aquí, el miedo al matrimonio desaparece y se convier-
ten en fervientes defensores de él. Conocí una compañera de tra-
bajo que lo expresaba muy bien: “mientras fui soltera –se casó a
los 34 años– fui una entusiasta pregonera de todas las bondades
de la soltería, desde el día en que me enamoré de mi actual mari-
do, veo las grandes ventajas del matrimonio”.
e) A veces el miedo al compromiso se manifiesta en forma de res-
puesta fóbica al matrimonio. Las fobias son miedos que pueden
disparar reacciones físicas y emocionales fuertes, sudoración,
palpitaciones, sequedad de boca, actos fallidos, falta de con-
centración, dolores de cabeza o espalda, temblor de piernas,
etc. Muchos solteros confiesan que sólo el pensar en el “para
siempre” les asusta pues supone para ellos firmar un cheque
en blanco para que el compañero haga con ellos lo que quiera
(Carter y Sokol, 1996). La fobia a la vida en pareja se presenta
bajo dos modalidades principales, como temor a ser absorbido
por el compañero y a ser abandonado por él.

111
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

– El miedo a la absorción, por algunos autores denominado


“síndrome de persecución”, es el temor a que alguien se nos
acerque en exceso, nos haga perder la intimidad y acabe con
lo propiamente nuestro: “tengo tan poco dentro de mí, que
si permito que alguien se ponga en contacto conmigo a nivel
anímico, perderé lo que tengo de mí mismo”, “te puedo per-
mitir acércate, pero no demasiado”. El miedo a la absorción
puede ser provocado por uno de los miembros de la pareja
simplemente al compartir sus sentimientos o mostrarse solíci-
to con el otro. Psicológicamente este miedo suele tener su prin-
cipal causa en el confinamiento a que nos sometieron unos
padres superprotectores y narcisistas, que nos obligaron a
renunciar al derecho de gozar de nuestro propio territorio y
cuya principal meta era encarnar en los hijos la imagen ideal
de sí mismos, la que ellos nunca lograron realizar. Los solteros
que vivieron esta experiencia en su niñez son propensos a
mantenerse a cierta distancia de su pareja y a establecer con
ella unos límites férreos de individualidad dentro de los cua-
les se podrán sentir seguros y libres de cualquier tipo de ava-
sallamiento. Estos solteros pueden dar muestra de las formas
más sutiles de independencia: desconfianza ante los demás,
rechazo a aceptar compromisos, calculada indiferencia, necesi-
dad de más espacio para sus secretos, límites rígidos en sus
relaciones con el entorno, vergüenza ante las muestras públi-
cas de afecto, etc.; todas ellas, a la postre, no son sino obstácu-
los que les alejan de la vida de pareja.
– En el polo opuesto al miedo de absorción está el miendo al
abandono, también llamado “síndrome de miedo a la sole-
dad”, que conduce a aferrarse al otro para evitar el sufri-
miento de sentirse solos o experimentar el pánico que surgi-
rá cuando el otro se retire y deje de protegernos, pues se
interpreta que si esto sucede careceremos del referente en el
que apoyar nuestra debilidad y nuestra pobreza; en tal pers-
pectiva, el mensaje interior invita a decir “puedes alejarte,
pero no demasiado”. Se entiende, pues, que la combinación

112
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

del miedo y la falta de confianza en sí mismo es el caldo de


cultivo para que ciertos solteros se aferren a su pareja sin
importarles el precio que tengan que pagar con tal de no
pasar por la situación de encontrarse con la soledad, que no
soportan. Al proceder así y curiosamente, no son conscientes
de que tal ánimo posesivo acabará propiciando en la otra
parte la lógica huida. Esto lo saben muy bien aquellos divor-
ciados que apenas son abandonados por su pareja, buscan
compulsivamente otra en quien compensar su inseguridad
afectiva y personal, dando lugar así a sucesivos abandonos
(Richo, 1999; Carter-Scott, 2000; Fisher y Hart, 2002).

El mito de “la media naranja” y la casualidad


Llamamos casualidad a todo lo que ocurre sin que sepamos muy
bien los antecedentes que provocan los hechos que nos afectan, fun-
damentalmente porque no hemos puesto de nuestra parte y de
manera premeditada la acción necesaria para que las cosas ocurrie-
ran así. Esta afirmación se cumple en el caso de ciertos hallazgos
científicos que surgieron mientras los investigadores encontraron
“por causalidad” y sin esperarlo, respuestas a interrogantes en los
que nunca habían pensado previamente; tal es el ejemplo de Mendel
que descubrió las leyes de la herencia mientras trabajaba con semi-
llas en el jardín de su casa. En la vida cotidiana, hay cierta tendencia
a atribuir a la casualidad muchas de las cosas que nos ocurren; un
caso frecuente y que afecta al tema que nos ocupa es el encuentro con
la pareja. Lo explicaré con una historia real que coincide con lo que
algunos identifican con el curioso fenómeno del “flechazo”.
Un amigo mío joven se montó en un tren camino de Santiago de Compostela. Ape-
nas se sentó, vio en frente de sí a una chica joven, su actual esposa, y se dijo para
sí “ésta es la mujer que yo buscaba, la mujer de mi vida” y durante todo el viaje no
dudó en ningún momento de que aquel encuentro “inesperado” iba a marcar el res-
to de su vida, como así ha sido. Cuando le pregunté cómo explicaba él la fuerza de
tal instantánea seguridad me dijo: “es lo mismo que si volaras en avión sobre los
naranjales de Valencia, supones que allá abajo hay naranjas y, cuando bajas, te

113
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

encuentras con ellas”. Al bajar del tren se declaró a la joven y allí comenzó el cami-
no que les conduciría al matrimonio. Le comenté que a esto se llama ‘flechazo’, a lo
que él me replicó ‘llámale como quieras, pero así ocurrieron las cosas”.

Pasando de la anécdota a la experiencia personal del amor de


pareja, hay solteros que encuentran explicación a su soltería en no
haber pasado por el lugar o la ocasión en que se diera la posibilidad
de encontrarse con la mujer/hombre destinada/o para ellos, su
“media naranja”. Así, creen a pie juntillas que es la fatal casualidad
la que decide nuestro destino en relación con el matrimonio o la sol-
tería, una especie de herencia que nos llega por vías misteriosas y
que sin que nosotros podamos buscarla, porque tampoco sabemos
dónde se encuentra.
Paralelamente a la teoría de la “media naranja” muchos se afe-
rran al principio del “alma gemela”. Según esta versión del amor, en
toda persona hay una parte esencial de su ser, el alma, que es atraí-
da por otra que busca otra similar y complementaria. El “alma geme-
la” es, por lo mismo, alguien único que nos necesita y es capaz de
hacernos sentir una atracción y simpatía plenas. Cuando se pregun-
ta el porqué de tal atracción, algunos autores recurren a factores físi-
cos y otros van un poco más lejos, suponen que tal fuerza de atrac-
ción se inscribiría en nuestro ADN, nuestros genes, de cuya acción
no somos conscientes, lo cual nos remite a un mundo platónico, inac-
cesible para le mundo de los sentidos, en el que el alma gemela esta-
ría destinada desde la eternidad para colmar nuestra necesidad de
amor (Torrabadella, 1999).
Al margen de cualquier interpretación, siempre habrá que pen-
sar que las cosas no suelen ocurrir “por accidente” y sin motivo algu-
no, aunque éste se oculte en los repliegues más recónditos de nues-
tra experiencia. Y en este sentido, nadie hasta hoy ha sido capaz de
explicar la soltería por el puro influjo de los biorritmos, o porque la
persona que interesaba estaba ya casada, o porque la persona desti-
nada para nosotros estaba geográficamente distante; algunos “bue-
nos candidatos” suelen estar cerca de uno mismo y somos nosotros
mismos la causa de que no los elijamos (Carter y Sokol, 1996).

114
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

En cualquier caso y a la vista de hechos bien comprobados, no es


difícil mostrar que las teorías de la “media naranja” o “alma geme-
la” resultan poco convincentes. En primer lugar, la experiencia indi-
ca que muchos enamorados pierden el atractivo mutuo muy pronto,
a los pocos meses de conocerse; es impensable que en tan escaso
tiempo se dé un cambio genético suficiente para explicar el paso del
amor más fervoroso al desinterés e incluso el rechazo total. Dicen
también los defensores del “alma gemela” que el encuentro con la
pareja que nos completa se traduce en sosiego e ilusión creciente,
pues nos permite comprobar que estamos al lado de alguien que está
perfectamente dotado para admirarnos, entendernos, querernos y
acabar con nuestra soledad. Pues bien, de todos es sabido que el
matrimonio y la vida de pareja es en muchos casos todo lo contrario
a la paz y el sosiego y que para la mitad de la parejas, otrora ena-
moradas, la convivencia se convierte a partir de cierto día en una
dura batalla que termina en la separación. En tercer lugar, las pare-
jas que han sabido crecer juntas en el amor saben muy bien que la
hipotética “media naranja real”, aquella persona que te complemen-
ta, es una realidad cambiante que tiene poco que ver con lo que se
percibió en ella en el momento del acercamiento inicial o, en otras
palabras, que el “alma gemela”, lejos de ser un sujeto acabado des-
de el principio de la relación, se va configurando y mostrando a
medida que se profundiza en la experiencia amorosa común, por lo
que resulta más adecuado decir que la “media naranja” es más una
construcción de dos personas que se aman que un hallazgo casual de
la persona amada.
Con este último criterio suelen actuar las actuales agencias matri-
moniales serias que ofrecen sus servicios a los solteros. Estas agen-
cias no tienen reparo en decir a sus clientes que su principal misión
consiste únicamente en conectar parejas que guardan entre sí cierta
afinidad básica en una serie de aspectos personales, cultura, gustos,
nivel económico, etc., algo que nada tiene que ver con mensajes pare-
cidos a “con esta persona le aseguramos la felicidad de por vida” o
“eligiendo a esta persona, nunca se equivocará”.

115
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

Lo mismo cabe decir de los que, seguros de la existencia de la


“media naranja”, abrigan la firme convicción de que la encontrarán
a través de internet –un asombroso medio tecnológico con el que
pueden llegar hasta el más pequeño rincón del mundo donde les
estaría esperando su “alma gemela”–. La tozuda realidad se encarga
de mostrar a los enamorados por medio de la comunicación virtual
que pueden ser víctimas de una ingenuidad, pensar que la “media
naranja virtual” coincide con “la media naranja real”. Esto no signi-
fica que haya que estar en contra de este medio de acercamiento, ni
de su capacidad para lograr un cierto conocimiento inicial entre los
solteros; lo que muchos pensamos es que tales medios virtuales no
son suficientes ni seguros para conocer componentes fundamentales
de la vida en pareja, por ejemplo, saber cómo nos tratará la persona
virtualmente conocida cuando discrepemos de sus gustos y manías,
cómo reaccionará cuando compruebe nuestros cambios de ánimo,
qué sentirá de nosotros cuando vea de cerca nuestra modo de reac-
cionar ante los eventuales fracasos o contrariedades, cuando estemos
junto a ella y nos toque, gesticule y olamos su aliento, cuando nos
vea desnudos, sepa cómo cocinamos, conozca nuestros hábitos higié-
nicos, manifestemos en el día a día nuestra escasa habilidad para
relacionarnos con las personas de nuestro entorno, etc., en definitiva,
cómo se sentirá cuando vea en vivo y en directo el menguado cuadro
que sobre sí misma dibuja la persona a través de la mera comunica-
ción internáutica.
Al final de este discurso llegamos a dos conclusiones importan-
tes: 1) que por vía de la casualidad o de la magia virtual es difícil
encontrar la “media naranja”, fundamentalmente porque no existe
como producto terminado y apto para ser consumido por los solte-
ros, y 2) que el encuentro y el compromiso con la persona que puede
colmar la necesidad de amor es un proceso tan fascinante como com-
plejo que requiere poner en juego actitudes y conductas que superan
claramente la creencia en el “mito de la media naranja” (Duoeil,
2000; Torrabadella, 1999); de tal proceso hablaré en el último capítu-
lo de este manual.

116
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

Los factores ambientales o determinismo sociológico de la soltería


La soltería, como muchas otras situaciones que afectan a la vida
de los individuos, es un hecho estrechamente dependiente de las
fuerzas y presiones que actúan dentro de los grupos; en el caso de los
solteros, tales presiones se canalizan prioritariamente a través de la
familia pero también de la sociedad global. Desde el punto de vista
sociológico, es innegable que, aunque con menos virulencia que en
épocas pasadas, todavía hoy los solteros son conscientes del juicio
común que les estigmatiza como sujetos incompletos, raros y amar-
gados –“los solteros son individuos solos y amargados”, me decía
recientemente una monja– y esto explica la tendencia de muchos sol-
teros a ocultar la condición de tales.

La soltería como reacción a las presiones familiares


He encontrado bastantes solteros/as que explican su soltería
como una forma de oponerse a la actitud de un padre autoritario y,
en algunos casos, de una madre igualmente asfixiante. Estos solteros
describen a sus padres como personas que intentaron hacer de sus
hijos sujetos sumisos, a la postre marionetas sometidas en todo y por
todo a unos progenitores “manipuladores” hasta extremos tan
amplios como grande era su inseguridad y el narcisismo con que
actuaban para hacer de sus hijos la imagen ideal que ellos nunca
encarnaron. Para estos solteros, una forma de liberarse del contexto
familiar opresor es apartarse de todo lo que suponga repetir la
estructura familiar de origen o, lo que es lo mismo, evitar por todos
los medios el que su matrimonio acabe en supeditarles a la pareja e
impedirles gozar de vivir por sí, para sí mismos y sin tener que
depender de nadie (Cipolla, 1995; Ladish, 1998).
Una amiga soltera me explicaba su historia en estos términos. Soy hija úni-
ca y desde que nací tuve que hacer siempre lo que decidían mis padres y,
sobre todo, mi madre. Me mandaron a un internado y después a otro, hasta
que terminé la carrera. En el internado de monjas había una disciplina
férrea, pues no nos permitían tener amigas –no sé si por celos– y nos con-
trolaban hasta las más pequeñas menudencias e iniciativas. En estos

117
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

momentos, a mis 27 años, pesa tanto el capítulo de imposiciones a que fui


sometida que si tuviera otro hermano que cuidara de mis padres, me mar-
charía al extranjero para estar lejos de ellos.

Motivaciones derivadas de las condiciones de la sociedad desarro-


llada
Hay una serie de motivaciones que fundamentan la soltería en
actitudes que se sitúan más allá de lo individual y de las presiones
procedentes del marco familiar. Me refiero a las que aparecen apenas
se presta un poco de atención a las características propias de la que
denominamos “sociedad del bienestar”.

• Comenzando por lo básico, observamos que en nuestra socie-


dad una cantidad considerable de solteros pueden llevar una
vida autónoma y disponer de un espacio personal perfecta-
mente habitable por el hecho de contar con una serie de servi-
cios más que suficientes para vivir solos. En este sentido, sería
difícil imaginar hoy la viabilidad y menos el atractivo de la vida
solitaria, si los solteros carecieran, como muchas personas del
tercer mundo, de los servicios que pueden disfrutar en nuestro
mundo desarrollado, con amplias prestaciones sanitarias públi-
cas, disponer de lavadora o lavavajillas, de transporte público,
contar con una estructura organizativa y social del trabajo, etc.;
en definitiva, sin tales condicionamientos, en los países ricos la
soltería sería seguramente sinónimo de vida miserable y
muchos de los solteros que nos rodean dejarían de serlo.
“Los ciudadanos de hoy, [con un nivel cultural amplio] son más compe-
tentes para planificar, llevar a cabo y enfrentar los problemas cotidianos
por sí solos. Una vez más, aquí se puede constatar que, cuando este nivel
suficiente no se da, la persona no puede permitirse vivir sola” (Segura,
1997, p. 39).
Con permiso de las mujeres y con total respecto hacia ellas, me
tomo la libertad de transcribir la serie de consejos que, en tono
jocoso, se proponían recientemente a los varones solteros en in-
ternet:

118
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

1) Para evitar tener que lavar la vajilla, usa vajilla de plástico, amon-
tona los platos en el fregadero, por ello, conviene que sea grande y capaz
de soportar muchos platos; en caso de apuro, pide prestados al vecino los
platos necesarios para salir del paso, suprime el uso cotidiano de los
cubiertos, y suprime igualmente los vasos pues se puede beber directa-
mente de la botella; la sartén es casi imprescindible aunque tampoco es
necesaria puesto que el huevo se puede freír directamente sobre la vitro-
cerámica.
2) para no tener que hacer la cama, se puede dormir en el suelo, sobre
las mantas, en el sillón e incluso de pie.
Y 3) para encontrar pareja, existen varios métodos: a) el ‘método
de la aspirina y de la cocacola, una mezcla que, como es sabido, tiene
influjo considerable en el aumento de la libido femenina; b) el ‘método
gillipollas’ consistente en hacer simplemente el imbécil, hasta que a algu-
na piadosa mujer le demos pena y c) el ‘método del busca y encontrarás’
que supone, primero emborracharse y, una vez ebrio, dirigirse a una her-
mosa mujer joven diciéndole –hics–, ¿te importaría venirte conmigo a la
cama? A lo cual la mujer suele contestar con un derechazo magnífico que
te deja aletargado profundamente durante dos días; y por fin d) el ‘méto-
do del incordio’ (método gillipollas perfeccionado) que nos lleva a varias
conclusiones: la mujer es, cuando menos, peculiar, los hombres ignora-
mos absolutamente todo sobre la idiosincrasia femenina, las mujeres
aguantan todo de los hombres excepto las gillipolleces provenientes del
sexo contrario…
(www.paisdelocos.com. humor/familia_amor/3/)

• Se comprende también la soltería cuando se observa la diná-


mica productiva imperante en el mundo industrializado. Éste
tiene sus propias leyes y entre éstas la exigencia de un alto gra-
do de flexibilidad, disponibilidad y movilidad de los indivi-
duos. Una sociedad así orientada por el imperativo de la pro-
ductividad, no tolera las largas ausencias del marido –menos
frecuentemente de la mujer– y plantea muchos problemas a
medio y largo plazo para mantener vivos los lazos que unen a
la pareja y proporcionar la suficiente compensación de una
vida familiar mínimamente satisfactoria, especialmente cuan-
do hay por medio hijos que criar y educar. En tal situación, se

119
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

necesita haber alcanzado un nivel de desarrollo y autosufi-


ciencia personales por encima de lo común para vivir como
casado/a, pues al alejado del hogar se le exige vivir en la prác-
tica como soltero, vivir ausente del hogar como si estuviera
dentro de él, y para el que se queda en casa y se ocupa de la
crianza y educación de los hijos, prescindir del apoyo del cón-
yuge cuando se precisa tomar las complejas decisiones que
conlleva resolver los numerosos problemas familiares. Todas
estas circunstancias hacen de los solteros personas especial-
mente libres para dedicarse al quehacer profesional sin las
numerosas trabas y limitaciones del casado, y así me lo han
reconocido bastantes solteros a los que he entrevistado.

La soltería como fenómenos derivado de la emigración


El término “emigrante” es una de las etiquetas más imprecisas
utilizadas para explicar el nexo de unión entre el medio que aban-
dona una persona y el lugar o contexto que le recibe. No siempre
dicho trasvase va acompañado de alegrías sino más bien todo lo con-
trario, pues es frecuente que el encuentro con la nueva situación,
lejos de significar el cumplimiento del sueño de la tierra prometida,
se convierte en desconcertante desilusión y en gran número de sufri-
mientos y frustraciones. Esto ocurre así porque cuando el emigrante
deja su lugar de origen, se encuentra con una realidad que le exige
dos penosos aprendizajes, por un lado, olvidar sus referentes pasa-
dos (vecindad, costumbres, ocupaciones, clima, etc.) y, por otro y
algo más arduo, adaptarse a la nueva red de relaciones que articulan
la dinámica social del nuevo medio sociocultural que le recibe; en
esto consiste precisamente la experiencia del “desarraigo” que no es
otra cosa que el sentirse de alguna manera extraño y perdido en el
nuevo ambiente, junto con la necesidad de buscar los caminos que le
permitan dejar de ser “el otro”, “el pobre advenedizo”, hasta con-
vertirse en uno más del grupo social en el que intenta integrarse. Este
proceso es de tal complejidad que para muchos emigrantes acaba en
el más rotundo fracaso.

120
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

Centrándonos en el caso más frecuente, el de la emigración a la


ciudad, la experiencia enseña que cuando una familia abandona el
campo y se traslada a la gran ciudad se le acumulan los problemas,
para los padres, encontrar vivienda y trabajo, y tratándose de los hijos,
crearse nuevos círculos de relación, nuevos amigos y compañeros.
Con los hijos pequeños o en edad escolar, el problema suele resultar
de fácil solución, pues los niños son muy permeables a los nuevos
valores, costumbres y expectativas propias del medio urbano, pero
para los adolescentes y jóvenes la cosa se convierte en un asunto bas-
tante más complicado por diversas razones, el nivel cultural de los
jóvenes procedentes del campo suele ser inferior al de los jóvenes que
han nacido y crecido en la ciudad, las relaciones de compañerismo
discurren por cauces muy distintos a los del pueblo, son distintas tam-
bién las aficiones, las disponibilidades económicas de la familia, etc.
Conozco más de una veintena de solteros/as cuyas familias emigra-
ron a la ciudad entre los años 60 al 80 y cuando ellos/as eran adoles-
centes. Una soltera me confesaba: “tenía un grupo de amigas en el
pueblo con las que nos lo pasábamos muy bien, pero cuando vinimos
a la ciudad y por más que lo intenté, no supe o no pude encontrar
compañeras con quien divertirme y salir. En ciertos momentos tuve
una amiga en mi barrio, pero me abandonó muy pronto, porque ‘no
caía bien entre el grupo de sus amigas’. Al final, acabé quedándome
en casa por costumbre y salir de paseo con mis padres hasta que lle-
gó el momento en que ya me dio vergüenza ir con ellos por la calle”.

Para entender lo problemática que resulta la situación del emi-


grante de cara a la búsqueda de pareja, veamos lo que ocurre cuando
los hijos de las familias emigradas crecen y se convierten en jóvenes.
Entonces el problema de encontrar pareja aparece como un reto desa-
fiante, especialmente cuando entre la vecindad más cercana a la fami-
lia emigrada o en el lugar de trabajo no hay parejas semejantes a las
que uno puede aspirar. En tal caso, el campo de elección se reduce
drásticamente, con el agravante de que la apertura a otros ambientes
resulta en la práctica una meta muy difícil de alcanzar. Conozco
muchos solteros/as que encarnan en sus personas esta problemática
y que a lo más que han llegado es a unirse a otros solteros del mismo

121
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

sexo con los que salen, se divierten y conviven. Igualmente conozco


solteros que, insatisfechos con esta situación, acaban volviéndose al
pueblo intentando encontrar en él su media naranja. Pero aún en
estos casos, no siempre está asegurado el éxito, pues dado que el
fenómeno emigratorio afecta también a los jóvenes del pueblo en
edad de casarse, tampoco en el pueblo de origen hay jóvenes casade-
ros; en tal desierto de juventud, encontrar pareja se convierte en obje-
tivo imposible.
De lo que este problema representa para los jóvenes emigrados
del campo a la ciudad, existen en España documentados estudios que
analizan cómo la emigración incide en la soltería. Un ejemplo para-
digmático lo encontramos en la provincia de Huesca (Nerín, 2001).
En esta zona de Aragón, concretamente en el pueblo de Plan y aleda-
ños, los “tiones”, hijos mayores herederos de la propiedad y gestión
de la hacienda familiar, se encuentran con que prácticamente la tota-
lidad de las mujeres en edad de casarse han emigrado a la ciudad,
con lo que la posibilidad de encontrar pareja en su pueblo es prácti-
camente nula. En una encuesta recientemente realizada en dichos
pueblos, aparece un dato sumamente elocuente: el 47 por ciento de
los solteros de esta zona dan como principal razón de su soltería el
“no encontrar pareja”. Posiblemente el lector conozca como yo la
estrategia a la que han recurrido los solteros (“tiones”) de esta zona
para encontrar pareja: periódicamente organizan la llamada “carava-
na de mujeres solteras” que consiste en provocar encuentros entre los
solteros altoaragoneses con solteras de otras regiones de España. Por
sus resultados parece ser que estas citas tienen su propia eficacia,
pues algunos de estos encuentros acaban en matrimonio.

Las mujeres solteras, ¿caso especial?


Antaño la aspiración de bastantes mujeres se centraba en la caza
de un hombre, preferentemente rico, que les mantuviera y les diera
hijos, y si no lograban tal objetivo la opinión común las consideraba
unas fracasadas y dignas de lástima. Las cosas han cambiado tanto
en los últimos tiempos que para muchas mujeres de hoy el matrimo-

122
SOLTEROS, ¿POR QUÉ?

nio ya no es su principal meta y lo primero que buscan es situarse


profesionalmente igual que los hombres y después, sólo después,
casarse si comprenden que pueden compaginar la vida familiar con
su dedicación a la profesión. Las salidas a esta nueva situación dis-
curre por dos derroteros principales:

• hay solteras bien preparadas profesionalmente, tan competiti-


vas como puedan serlo los varones, que tras saborear las mie-
les del éxito profesional se cansan de la lucha y se orientan afa-
nosamente hacia el matrimonio; son solteras en la primera
parte de su vida adulta y el resto viven como casadas amantes
de su familia. A este respecto, cuenta Pasini (1996) el caso
reciente de una mujer inglesa de 35 años que, tras cosechar los
mayores triunfos como gerente de una gran empresa, le confe-
só: “quiero casarme y tener hijos, esto es más importante para
mí que todos mis logros profesionales juntos”.
• otras solteras, empujadas por la corriente feminista, optan por
mantener su individualidad a cualquier precio y, así, no se per-
miten enamorarse, se mantienen firmes en hacer de su tiempo
algo exclusivamente suyo y persisten en lograr el sueño de su
independencia por encima de todo lo demás. Es evidente que
este tipo de solteras encuentran dificultades para mantenerse
solas pero resisten y luchan y hasta logran instalarse en el
ámbito de un cierto equilibrio interior, el que resulta, por una
parte, del cultivo de unas buenas amistades, junto con la dedi-
cación plena a su profesión y, de otra, intentando vivir el amor
libre con el que sacian, al menos parcialmente, sus necesidades
sexuales y de intimidad. Hasta hoy no disponemos de estudios
que nos permitan saber hasta qué punto esta clase de solteras
constituyen una realidad socialmente transitoria o, por el con-
trario, nos tendremos que habituar a verlas como una forma
común de soltería en la mujer. Por el momento, hay un dato
evidente, que tales mujeres viven implicadas en la lucha por
alcanzar la total igualdad con los hombres, lo que ocurra en el
futuro es hoy por hoy objeto de distintas hipótesis no contras-

123
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

tadas aún y objeto de numerosos y sustantivos interrogantes,


algunos de ellos afectan también a los varones. Pues bien, en
este horizonte y con respecto a tales mujeres, cabe preguntarse:
¿les bastará a las mujeres las relaciones laborales para colmar
sus necesidades afectivas?, ¿pueden las mujeres –al igual que
los hombres– llenar sus vidas dejándose absorber por su traba-
jo profesional y olvidándose de su maternidad?, ¿se sacian las
ansias de realización personal de la mujer –y de los hombres–
entregándose principalmente a las tareas profesionales? El
número de preguntas en este terreno son más que las respues-
tas, al menos dentro del mundo desarrollado. Por el momento,
tenemos suficientes datos para pensar que la mayor parte de
las mujeres sienten la necesidad de realizarse tanto profesio-
nalmente como en calidad de madres y, en este sentido, los ana-
listas apuntan hacia un previsible desenlace: cuando las reivin-
dicaciones de las mujeres en el mundo laboral hayan alcanza-
do el reconocimiento del que hoy disfrutan los varones, enton-
ces se habrá logrado la suficiente igualdad para que las muje-
res y los hombres lleguen a fórmulas de un entendimiento
igualitario en el que unas y otros disfruten del equilibrio labo-
ral y afectivo al que se sienten igualmente atraídos. En cual-
quier caso, la situación actual parece decirnos que estamos
todavía muy lejos de tal ideal y hay un hecho que lo confirma-
ría: bastantes mujeres, obsesionadas (!) por disfrutar de las mis-
mas prerrogativas que los hombres en el mundo laboral, se
sienten rechazadas no sólo por los “hombres destronados” sino
también por las propias mujeres que ven con malos ojos e
incluso como una forma de explotación abusiva el que una per-
sona de su propio sexo les trate como seres subordinados e
inferiores. Lo que dé de sí esta lucha de la “mujer moderna”
está aún por ver y, en consecuencia, considero prudente renun-
ciar a cualquier profecía en este terreno –la que hacen ciertos
varones que anuncian el fracaso total de las mujeres–, pues
reconozco que por este camino fácilmente podría incurrir en no
pequeños desatinos (Cipolla, 1995).

124
3
LA VIDA DEL SOLTERO:
SUS LUCES, SUS SOMBRAS

Se habla mucho sobre de las ventajas e inconvenientes de la vida


del soltero, las más de las veces en tono de broma y recurriendo al
tópico barato, “qué bien vives, granuja”, “quién pillara tu libertad”,
“el buey suelto bien se lame”, “qué bonito vivir sin la esclavitud de
los hijos y la mujer”..., para acabar con lindezas tales como “sois unos
jetas, unos egoístas” o con el chiste de Forges que pinta en un bar a
dos hombres sentados en sendos taburetes y uno dice al otro “qué
mundo más horrible nos ha tocado vivir”, a lo que el otro responde
“bueno, yo soy soltero”. En numerosas ocasiones me ha llamado la
atención que los amigos de teorizar sobre el binomio casado-soltero
prácticamente siempre, a menos que se les exija lo contrario, centran
sus reflexiones en torno a uno solo de estos dos objetivos, o bien se
dedican a cantar las excelencias de la vida familiar, o lo opuesto, enfa-
tizan hasta un extremo rayano con el escarnio las supuestas penali-
dades de los pobres solteros. Indagando los motivos de tan dispares
visiones, uno llega a la conclusión de que ambas cometen el mismo y
fundamental sesgo, se enaltecen los privilegios de la soltería pero
resaltando sistemáticamente las desventajas del matrimonio, o al revés, se
proclama la felicidad del matrimonio pero cargando las tintas en el negro
paisaje y grandes limitaciones del soltero. Esto me da pie para pensar

125
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

que, desde el punto de vista psicológico, las razones que conducen a


valorar positivamente la soltería denostando el matrimonio y vice-
versa, utilizan el mismo mecanismo de defensa, se tiende a valorar posi-
tivamente todo aquello que facilita recrearse en la imagen utópica e
ideal del estado en que se vive, huyendo en lo posible de enfrentarse
con espíritu crítico ante la realidad tal y como es, con sus pros y sus
contras. Así resulta que los solteros tienden a barajar preferentemen-
te el montón de razones que hacen ver la soltería como estado venta-
joso y hasta maravilloso, y lo mismo hacen los casados con respecto
a su estado de casados.
Tuve ocasión de comprobar tal mecanismo participando como psicólogo en un
curso de preparación para el matrimonio, dirigido a 35 parejas de novios que
tenían previsto casarse en el transcurso del siguiente año. A estas parejas les
propuse el siguiente ejercicio: “coged un folio y escribid en una columna las
razones a favor del matrimonio y en otra sus desventajas”. El resultado fue
que las listas de ventajas y desventajas elaboradas por las parejas de novios
en vísperas de casarse eran prácticamente equivalentes, los novios veían tan-
tas razones a favor como inconvenientes y dificultades para la vida en matri-
monio. Pero lo que resultó más curioso fue que cuando, al cabo de un año, les
hice llegar a las mismas parejas, ya casadas, el anterior cuestionario, las lis-
tas quedaron claramente descompensadas, así las 33 parejas casadas y que
permanecían unidas veían muchas más ventajas que inconvenientes en su
vida matrimonial. Interpreté e interpreto que la diferente visión del matri-
monio obedecía al mecanismo de defensa consistente en mostrar “interés” por
centrar su atención en la bondad de la elección que habían realizado, en este
caso, sacar el mejor partido del matrimonio.

Antes de perdernos en la enumeración de las numerosas ventajas


e inconvenientes de la soltería, te propongo, querido lector, una cues-
tión que, en mi opinión, es anterior a todo lo que con excesiva alegría
y muy superficialmente se suele decir sobre las bondades o contrain-
dicaciones de la vida del soltero: ¿Se elige o se acepta la soltería y después
se busca valorarla por todo lo que tiene de positivo o, siguiendo el camino
opuesto, se comienza por analizar los pros y contras del soltero y, tras dicho
análisis, la persona implicada se decide por no casarse? Por mis conversa-
ciones con bastantes solteros, deduzco que la mayoría han seguido la

126
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

primera vía y así, ante el hecho de su soltería tienden a pensar, valorar


y desarrollar las posibilidades del estado en el que se encuentran. Una
prueba clara de lo que estoy diciendo es que cuando he preguntado a
numerosos solteros cómo les va la vida, a menos que hayan sobrepa-
sado los cuarenta, prácticamente nunca me han hablado directamente
de las desventajas de su estado, todo lo contrario, normalmente sólo
tratan de mostrar lo mucho que disfrutan gracias a las excepcionales
libertades inherentes a su situación de solteros (viajes, total indepen-
dencia económica y profesional, disponibilidad de tiempo, comodida-
des, etc.); algunos van incluso más lejos y confiesan sentirse envidia-
dos por sus antiguos amigos, ahora ya casados.
La conclusión a la que he llegado tras ocuparme durante varios
años de analizar las experiencias psicológicas que conlleva la vida de
los solteros es que hablando de la soltería, la mayoría de los juicios
que se emiten sobre sus pros y contras se fundamentan en un supues-
to falso o, en todo caso, alicorto y superficial, penar que las personas
somos una especie de clones, todos iguales entre sí, con idénticas
necesidades y afectados por los mismos problemas. Desde tales crite-
rios, se supone erróneamente que todas las personas, lo mismo solte-
ros que casados, sentimos de igual modo y con la misma intensidad
la necesidad de dar y recibir amor, somos igualmente sensibles a la
soledad, vivimos la misma idea de amistad, tenemos la misma nece-
sidad de intimidad y de sexo, las mismas aspiraciones económicas o
de independencia y un sin fin de aspectos vitales más. La realidad,
por el contrario, evidencia que tal hipótesis es en el mejor de los casos
discutible, pues por poco que se profundice en la experiencia huma-
na y en las aspiraciones de las personas se comprueba que somos
muy distintos y entendemos de diferente manera todo lo relacionado
con el amor, no coincidimos en el nivel de apoyo que necesitamos
para sentirnos bien y suficientemente arropados por los demás, las
aspiraciones en la vida cambian de un sujeto a otro, etc. De aquí
extraigo la conclusión de que casi siempre nos equivocamos cuando
emitimos enunciados generales relativos a la experiencia de la vida
de los solteros y, en consecuencia, resulta difícil admitir que los solte-

127
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

ros son todos unos amargados, víctimas de su soledad, juerguistas,


pobres huérfanos del amor, añoran los hijos, etc. Por ello, considero
un atrevimiento dar por válidos juicios absolutos y rotundos como
“todos los solteros son más felices que los casados”, “todos gozan del
amor mucho más que los casados”, “todos disfrutan mucho más de la
vida, por no tener que ocuparse de la mujer/marido o de los hijos”.
Lo que al final de este discurso parece claro es que, hablando de los
solteros, lo prudente es considerar no sólo que cada soltero represen-
ta un caso particular e intransferible a la hora de desarrollar las dis-
tintas dimensiones de su vida en el ámbito del amor, de la amistad,
del trabajo, de la economía, del ocio, etc. sino que, además y sobre
todo, que la experiencia del soltero en estos diferentes terrenos tiene
finalmente una coloración positiva o negativa dependiendo de su
habilidad para elegir los caminos que les permiten colmar esas nece-
sidades a nivel individual e irrepetible. Aplicando, por ejemplo, esta
idea a la tan cacareada triste soledad del soltero, la realidad nos mues-
tra que la soledad de muchos casados, con graves problemas de pare-
ja, puede ser mucho más dolorosa y más difícil de soportar que la
soledad del soltero que sabe rodearse de un buen grupo de amigos
con los que comparte ratos de ocio, aficiones deportivas, culturales,
artísticas, viajeras, gastronómicas, etc. Todo esto constituye una invi-
tación a no incurrir en la frivolidad de meter en el mismo saco a todos
los solteros ni a identificar su vida como exponente del abandono y
la tristeza. A este respecto, mi opinión es que, en el plano de la expe-
riencia más honda y personal, la vida de soltero es fruto de un largo
y con frecuencia penoso aprendizaje que le permite alcanzar los pro-
pios y más valiosos objetivos vitales en la medida en que sabe explo-
tar con decisión las numerosas oportunidades que se le ofrecen en el
marco de sus cotidianas circunstancias vitales. Aquí viene a cuento
recordarte, querido lector, una de mis convicciones y que te propuse
ya en mi saludo inicial cuando te decía: hay muchas versiones de la vida
plena, una de ellas es la del soltero, que no es necesariamente mejor ni peor
que la del casado; una y otra conllevan grandes posibilidades pero también
numerosas limitaciones.

128
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

Dicho lo anterior, te invito a un imaginativo ejercicio. Suponga-


mos que nos encontramos frente a dos edificios en cuyas fachadas
aparecen sendos letreros que dicen: “PRODUCTOS PARA EL SOLTERO” y
“PRODUCTOS PARA EL CASADO”. Si nos atenemos a lo que vulgarmente
se piensa, en el primero los solteros encontrarán productos relacio-
nados con el consumo del amor libre de cualquier traba, con el dis-
frute de la total independencia y libertad personal, ofertas variadas
para las posibles opciones laborales de quien, como el soltero, goza
de plena disponibilidad como consecuencia de no estar sometido a
las obligaciones diarias de atención a la familia, amén de un sinfín de
directrices y recetas orientadas a facilitar a los solteros el cumpli-
miento de todos sus refinados gustos en lo referente a sus preferen-
cias sexuales, diversión, costosas vacaciones en países exóticos,
música de la nueva era para el deleite de los oídos más exigentes,
comida para delicados paladares, vestido de última ola, los más
exquisitos lujos domésticos, etc. Dejándonos llevar por lo que dictan
los tópicos, nuestro viaje imaginario por el almacén destinado a los
solteros acabaría mostrándonos un mundo ideal, colmado de innu-
merables oportunidades, en fin, el cielo reservado exclusivamente a
los que, con sagaz inteligencia, han sabido librarse del complicado
mundo de los casados (!).
¿Y qué encontraríamos en el gran almacén destinado a los casa-
dos? Por contraposición, podemos adivinar la oferta prevista para la
mayoría de quienes han optado por casarse: vestidos baratos para los
niños, productos para bolsillos escasos de dinero, vacaciones cortas
con destino a lugares comunes, libros y vídeos entretenidos para
pequeños y grandes en los largos y bulliciosos fines de semana, ali-
mentos de consumo generalizado, prendas prêt-à-porter, ofertas
variadas de televisores y electrodomésticos pasados de moda, orde-
nadores de pasadas generaciones, coches de segunda mano, etc. Una
manera de resumir lo que ocurriría en la hipótesis que estamos bara-
jando nos llevaría a pensar que la vida del casado, a diferencia de la
del soltero, es un mundo sometido a toda suerte de limitaciones y
penalidades, una experiencia de vida dominada por las privaciones,

129
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

asfixiante de la libertad, sometimiento a toda suerte de servidumbres,


a la postre, un mundo colmado de obstáculos que impedirán el logro
de la felicidad personal. Habrás comprendido, lector inteligente que
me sigues, que he cargado las tintas y lo he hecho para conducirte a
una reflexión que, a pesar de obvia, no parece haber calado en la
mente de todos aquéllos que conciben la vida del soltero y del casa-
do como si de dos mundos opuestos se tratara. La realidad es muy
otra y evidencia que cuando abrimos los ojos a ella observamos que
la vida del soltero no es tan idílica como se dice y hasta puede ser
todo lo contrario, y lo mismo vale decir del casado. Te lo aclararé con
varios ejemplos.

• Se habla del placer del soltero durmiendo a sus anchas dentro


de una cama donde nunca la pareja le restará centímetros, ni
le dará codazos o le despertará con sus ronquidos. Pero no se
suele comentar que al despertar el soltero se encontrará con
que nadie le pregunta qué tal ha descansado ni le dará los bue-
nos días.
• Se dice también que el soltero goza del especial placer de des-
cubrir como turista los más recónditos y maravillosos países.
Pero no se hace mención del hastío de muchos solteros que,
tras sus numerosos periplos por lejanas y atractivas zonas de
los cinco continentes –he conocido dos solteros que responden
a este patrón–, se encuentran con que no cuentan con amigos
dispuestos a acompañarles en sus nuevas aventuras viajeras.
• Por último, se describe el gran número de placeres con que el
soltero se regala comodidad y disfrute dentro de su paradisía-
ca casa. Pero se olvida recordar que a partir de cierto nivel de
confort lo que el soltero suele echar de menos es compartir su
dinero y sus comodidades con una mujer y con hijos bullicio-
sos que con su gracia y vitalidad compensarán con creces las
incomodidades y el anodino discurrir de los días, salpicados
de los abundantes contratiempos que acompañan el duro tra-
bajo diario.

130
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

De estos y otros ejemplos que pudiéramos mencionar, se deduce


que prácticamente todas las dimensiones de la vida del soltero ofrecen
dos caras, la del placer pero también la de la incomodidad, y esto me
lleva a pensar que hay que ser muy cauto a la hora de confeccionar la
lista de ventajas e inconvenientes que conlleva la vida del soltero. Con
esta premisa por delante, dedicaré las siguientes páginas a comentar
las luces y las sombras que aparecen en la vida real del soltero; espe-
cialmente me referiré a los pros y contras de la soltería en tres princi-
pales ámbitos, en la vivencia del amor, la autonomía personal, y la comuni-
cación o relaciones sociales del soltero; sólo marginalmente me ocuparé de
otros aspectos, del ocio, la economía y la salud del soltero.

Rápida ojeada a las ventajas e inconvenientes de la soltería


Con tono entre jocoso y surrealista, el número 1 de la revista IMPAR
(marzo de 2001) ofrecía una lista de 35 ventajas (!) de la soltería; entre-
saco algunas de las que al parecer únicamente los “neosolteros”
podrían disfrutar.
“El hecho de que en Estados Unidos (país que nos lleva unos 20 años de
ventaja) la mitad de los matrimonios terminen en divorcio significa que al
menos la mitad de los casados añoran su situación anterior” (ítem 2).
“Hacer la compra en el supermercado es mucho más sencillo. Llenas el
carrito con tooodo lo que quieres, tras pasearte libremente por los pasillos
empleando el tiempo que consideres necesario” (5).
“El sofá es para tu único uso y disfrute, y confirmas lo que siempre habías
sospechado: estos muebles no están diseñados para sentarte, sino para estar
tumbado/a” (10).
“Puedes improvisar planes en tu casa sobre la marcha, sin avisar a nadie:
cenas, copas de última hora, partidas de cartas o de Trivial...” (13).
“La soltería es la época perfecta para subir en el escalafón profesional. Sí,
sí puedes hacer ese viaje de negocios. Sí, sí puedes quedarte unas horas des-
pués del trabajo. Sí, sí te apuntas al curso de formación. Y claro que tendrás
el informe listo mañana a primera hora” (16).
“Una de las mayores ventajas de la soltería es la sensación de libertad. Lo
que hagas con tu tiempo libre depende sólo de ti. Cuando piensas en el cami-
no que quieres seguir, no tienes que pensar por dos. Sólo tus circunstancias
y tus deseos guían tus pasos” (18).

131
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

“En Occidente, la poligamia sólo está bien vista entre los solteros” (25).
“Si en algún momento dudas de que estás en una situación envidiable, haz
este ejercicio práctico: Quedas un domingo a la una de la tarde con un par de
parejas de amigos para tomar unos vinos. Llegas impecablemente desarregla-
do/a y luciendo las típicas ojeras producto de una noche de juerga. Cuando te
pregunten “¿de dónde sales?”, tú contestas: “es que me acabo de despertar”,
y observarás las miradas de envidia que te lanzan de soslayo” (35).

No hace falta ser excesivamente avispado para darse cuenta de


que el cuadro anterior tiene su contrapunto y, así, el lector habrá
podido oír como yo comentarios sobre los inconvenientes que conlle-
va la vida del soltero; de tales inconvenientes saben mucho los psicó-
logos clínicos dedicados a resolver los problemas de los solteros. No
digo nada nuevo si te recuerdo que los despachos de estos especia-
listas están llenos de solteros que acuden pidiendo consejo sobre
cuestiones que les preocupan. La pequeña lista que propongo a con-
tinuación resulta bastante ilustrativa.
“Tengo 31 años y he compartido mi vida con dos hombres. Con el último
llevo viviendo dos años y nos llevamos bien. Recientemente me pidió que me
casará con él, pero el solo hecho de pensar que mi matrimonio podría acabar
como el de mis padres, en divorcio, me asusta y no me atrevo a dar el paso.
¿Qué me aconseja?” (mujer).
“Desde hace tres años tengo un novio del que sé por mis amigas que me es
infiel. Supongo que si me caso con él seguirá con su vida libertina. Pienso que
no estoy preparada para soportar sus infidelidades. ¿Puedo esperar que una
vez casado dejará su vida libertina?” (mujer de 27 años).
“Soy una soltera divertida y todos mis compañeros de trabajo se ríen con
mis gracias, pero cuando me voy a mi casa echo de menos comentar con
alguien mis cosas. Noto además que siento la necesidad de que un hombre me
diga que me quiere y me lo demuestre abrazándome y acariciándome. Aun-
que mi educación –me eduqué con monjas– me prohibe la masturbación, me
masturbo de vez en cuando, pero veo que eso no me llena. Estoy hecha un
enredo. ¿Qué puedo hacer para salir de esta situación?” (mujer de 34 años).
“Me gusta el trabajo que hago –soy secretaria de un gran empresario– pero
apenas salgo de la fábrica me encuentro sola cenando, sola ante el televisor,
sola en la cama. No soporto tanta soledad. También soy muy niñera, me apa-
sionan los niños y a veces sueño con tener los míos y achucharles. Me pre-

132
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

gunto por qué ningún hombre se acerca a mí a pesar de que yo me fijo mucho
en ellos. Ya ve el laberinto en el que estoy metida. ¿Qué me aconseja?” (mujer
de 36 años).
“Tengo 24 años y nunca he salido con un chico. En los dos últimos años
me he enamorado dos veces, pero no he sido correspondida. Mis amigas tie-
nen pareja y yo no tengo con quien salir. Tengo que soportar las bromas de
los que dicen que seré una solterona. ¿Qué puedo hacer? (consulta en
MUJER DE HOY, abril de 2001, p. 28).
“Soy soltero y jefe de una sección importante de mi empresa. Entre las
empleadas hay una que me atrae mucho, pues es muy guapa y de carácter ale-
gre. Me gusta comer junto a ella en el comedor de la empresa. Muchas veces
he pensado en proponerle relaciones serias y casarnos, pero no me he decidi-
do porque ella es una persona ignorante y sin cultura. ¿Puedo arriesgarme a
casarme con una persona así?” (varón de 30 años).
“Soy soltero y tengo dos amigos con los que salgo, viajo y me divierto.
Vamos juntos a todas partes, a discotecas, a restaurantes especializados en
menús vegetarianos. Últimamente noto que me aburro con ellos y que gasta-
mos a lo tonto en cosas que no me llenan, por ejemplo en vinos carísimos. A
dejarlos no me atrevo porque me quedaría solo y no estoy seguro de poder
vivir así. Seguir con ellos tampoco me convence por lo que le digo y porque...,
bueno, no sé muy bien por qué. Dudo de que pueda vivir solo y, en el caso de
apartarme de ellos, cómo ocuparía mis tiempos libres. ¿Qué es aconsejable en
mi situación?” (varón de 31 años).
“Soy soltero y tengo un amigo, también soltero, hijo de una familia amiga
de la mía. Yo tengo carrera y él es un albañil. Veo que apenas coincidimos en
nuestras aficiones y gustos. Frecuentemente me propone ir a sitios (discote-
cas, fútbol, clubes) en los que él veo que se divierte mucho y yo me aburro.
No estoy dispuesto a seguir así pero tampoco a dejarle porque temo quedar-
me solo y como soy muy tímido dudo que pueda encontrar otros amigos.
Aconséjeme, doctor” (varón de 37 años).

Los solteros, ¿juegan con ventaja?


Antes de adentrarme en el comprometido empeño de analizar las
ventajas o luces que brillan en la vida del soltero, considero indis-
pensable hacerte partícipe, querido lector, de dos importantes dudas
metodológicas que me han asaltado cuando me he planteado descri-
bir con el nivel suficiente de objetividad los pros y contras de la sol-

133
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

tería. La primera afecta al rigor científico que debía mantener en mi


exposición, como obligada muestra de respeto al lector y para no
defraudarle en su deseo de enriquecer con mis reflexiones su propio
juicio en torno a la vida de los solteros, debía exigirme, por lo mismo,
presentar mis ideas sin jugar al escondite y así he procurado hacerlo.
Una vez asumido tal compromiso, comprendí que sólo por razones
metodológicas cabe hablar por separado de las ventajas e inconvenien-
tes del soltero, dado que en su vida real unas y otros se entremezclan
y se conjugan con características singulares, lo mismo que ocurre a
los casados. Quiero decir con ello que hablando, por ejemplo, de la
soledad cada soltero concreto sabe la medida en que le afecta real-
mente y lo que de penoso representa verdaderamente su soledad; y
paralelamente, únicamente cada soltero sabe lo que de positivo
representa gozar de no depender de nadie y gozar de plena autono-
mía sin echar de menos en determinados momentos a alguien con
quien sentirse arropado ante el cúmulo de vicisitudes, preocupacio-
nes, triunfos y fracasos que acompañan su discurrir diario como per-
sona. Tras meditar largamente sobre este asunto, me he decidido a
presentar por separado las ventajas y los inconvenientes en la vida
del soltero y de ese modo me desmarco no sólo de los estereotipos
superficiales y enfoques sesgados imperantes cuando se habla de los
solteros sino que contribuyo también a colmar la evidente laguna de
estudios sistemáticos sobre lo que significa en términos psicológicos
la circunstancia individual de cada soltero.
La segunda dificultad es aún más grave y empalma con la ante-
rior. Se trata de reflejar con honestidad las grandes posibilidades o
ventajas que se le ofrecen al soltero cuando, haciendo uso de su sin-
gular creatividad y libertad, sabe sacar partido de ciertas condiciones
objetivas manifiestamente ausentes en la vida del casado. Por lo que
yo sé, este análisis no se ha llevado a cabo hasta el presente y desde
este supuesto te prevengo, querido lector, del posible error en que
puedes incurrir, pensando que soy un firme partidario de la soltería
y, lo contrario, que estoy en contra de ella. Mi ánimo es otro, procu-
raré mantener hasta donde me sea posible una total neutralidad, acti-

134
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

tud que no he visto reflejada en numerosos documentos que he revi-


sado cuidadosamente antes de implicarme y asumir las opiniones
que expreso en las páginas que siguen. Te confieso sin rubor que en
mi largo viaje por los entresijos de la vida del soltero y del casado lo
que sobre todo he intentado es hacer con sinceridad mi oficio de psi-
cólogo, manteniéndome al margen de cualquier prejuicio que supu-
siera ocultar lo que de positivo y negativo conlleva optar por uno u
otro de estos dos estados. Aspiro a que en ningún momento identifi-
ques mis propósitos con el quehacer de un “cronista interesado” en
mostrar las venturas o desventuras de quienes gozan o sufren el esta-
tuto de soltero o de casado, y abrigo la esperanza de que mi honesti-
dad será correspondida por tu parte con una cordial actitud de aper-
tura ante mis reflexiones y propuestas; da por descontado mi sincero
respeto al juicio final que de ellas llegues a formarte.
Pienso que más allá de los tópicos, proclives a presentar una ima-
gen triste y lastimera del pobre soltero/a, se esconde muchas veces la
rica realidad de un ser humano con amplias experiencias en todas las
dimensiones profundas de la persona humana. Como te he indicado
anteriormente, quiero detenerme especialmente en la consideración
de tres significativas vivencias que el soltero, sólo por ser persona,
desarrolla o puede desarrollar; me estoy refiriendo principalmente a
su experiencia del amor, de la autonomía personal y de la comunicación,
entendiendo esta última tanto en el plano físico o de las relaciones ínti-
mas como en el de la convivencia social con el entorno, círculo fami-
liar, amigos, colegas, grupos de encuentro culturales o de ocio, etc.

El soltero y el amor en la sociedad actual


El amor es algo que todo el mundo conoce, de lo que todo el mun-
do habla, pero que resulta difícil definir. Según la Real Academia de
la Lengua, el amor es un “sentimiento que mueve a desear que la rea-
lidad amada, otra persona, un grupo humano o alguna cosa, alcance
lo que se juzga su bien, a procurar que ese deseo se cumpla y a gozar
como bien propio el hecho de saberlo cumplido” (edición 1992). La
primera afirmación que se impone cuando tratamos de identificar

135
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

qué es el amor es definirlo como un valor y una necesidad absoluta-


mente fundamental en la vida de cualquier persona, por lo que es
arriesgado y prácticamente imposible negar una mínima capacidad
del ser humano para ejercer el amor en alguna de sus múltiples
modalidades y diversidad de situaciones (Cipolla, 1995).
Hablando del amor del soltero, aparece especialmente indicada la
referencia dos formas fundamentalmente diferentes de amor: el amor
maduro y el enamoramiento. El primero es un sentimiento general y
común a todas las personas, aplicable por tanto a los solteros, que pue-
de desarrollarse en relaciones humanas muy distintas; el enamora-
miento, por el contrario, es una forma de pasión que suele darse en la
relación de pareja, surge sin verdadera voluntariedad y tiende a que-
darse en el exterior, sin implicar ni comprometer al yo profundo de los
enamorados. En esta perspectiva, no hay inconveniente en caracteri-
zar a los solteros en general como personas especialmente proclives al
enamoramiento –amor no comprometido totalmente–, propio de suje-
tos que no logran conectar de manera natural y estable el núcleo de su
yo más íntimo con el de otro yo. Paralelamente, puede decirse también
que a diferencia del amor maduro, que es sosegado, libre, generoso,
tolerante, paciente, abnegado y coherente, el enamoramiento es exal-
tado, improvisador, impaciente, epidérmico e inconsistente (Heras,
2001). En cualquier caso, no procede exagerar la contraposición entre
enamoramiento y amor, pues como decía el filósofo Spinoza en su tra-
tado de Ética, “con la ayuda de la razón, la pasión del amor puede con-
vertirse y, en muchos casos, llega a convertirse en un sentimiento ple-
namente lúcido y sereno”. En esta perspectiva psicológica, conviene
no olvidarse de una premisa, que no hay fórmulas simples y únicas
para explicar los recovecos del amor, ni recetas sobre cómo se puede
encarnar en cada persona este sentimiento, por lo que carece de senti-
do otorgar valor de dogma indiscutible a reglas como “tienes que
amar así”, “fuera de estas condiciones nunca podrás disfrutar del
amor”, “el amor no admite términos medios, o existe o no existe”,
“fuera del matrimonio nunca se da el auténtico amor” y otras simila-
res; las posibilidades de encontrarse con distintas formas de amor son

136
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

tantas como diferentes son las personas por razón de su cultura,


ambiente, época, etc. y, por ello, hablaré con mucha cautela sobre el
significado del amor en la concreta vida del soltero.
Es un hecho que entre las diferentes versiones del amor, hay algu-
nas especialmente atractivas para los solteros y cultivadas priorita-
riamente por éstos. De ellas, me propongo mostrar lo que dan de sí
en cuanto experiencias que conducen positivamente al desarrollo del
amor fuera del específico marco del matrimonio.
a) Una forma de amor hacia la que muchos solteros se sienten fuerte-
mente atraídos es el amor romántico, una especie de éxtasis que
hace vivir el sentimiento amoroso en una dimensión a caballo
entre lo real y lo ideal, vivir el beso y la ternura como fuera del
propio cuerpo. Como indiqué en el capítulo anterior, esta moda-
lidad peculiar de amar es preferida por el tipo de solteros que
hemos denominado solteros con miedo al compromiso y que son
sujetos para los que el ideal de amor resulta atractivo en la
medida en que se atiene a reglas como “ámame pero no del
todo”, o “estoy dispuesto a amarte o a que me ames, pero no
tanto que ello suponga la privación de mi libertad para elegir o
cambiar la persona objeto de mi amor”. Los solteros que se incli-
nan por esta forma de amar encuentran una salida a su necesi-
dad de amor mediante apasionados y exultantes encuentros en
los que casi siempre la fusión sexual da pie a la experiencia de
una forma viva de sentir la cercanía de la otra persona y una
proximidad capaz de satisfacer dos necesidades básicas que el
soltero tiene en cuanto persona de carne y hueso; primeramen-
te, dar salida a la pulsión erótica que un sexo provoca en el otro
y, de otra parte, experimentar sentimientos que sólo muy super-
ficialmente se dan en la vida cotidiana, como la ternura, el goce
de una mirada iluminada y subyugante y, sobre todo, la sensa-
ción de felicidad que emana de la fusión de dos almas y dos
cuerpos que como, por arte de magia, sienten que son desbor-
dados en sus limitadas fronteras hasta convertirse y estrenar

137
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

una inesperada y gozosa realidad, la inefable experiencia del


“nosotros”, dos formando uno más grande y más rico.
Sería faltar a la verdad negar que esta manera de entender el
amor es ya de por sí y objetivamente valiosa a la vez que ajus-
tada al nivel de comunicación íntima que buscan muchos sol-
teros y que, al margen de diferentes dimensiones personales,
como la valoración moral de tales relaciones, prefieren que tal
comunicación amorosa, incluida la fusión íntima, permanezca
dentro de los límites propios de unas relaciones sexuales reali-
zadas periódicamente con la eventual pareja; muchos solteros
confiesan que estas relaciones les resultan suficientemente
satisfactorias.
Me lo explicaba así una soltera de 39 años. “Tengo cuatro amigos, dos
de ellos casados, con los que me junto para desfogarme. Me parece que
ellos buscan lo mismo que yo, satisfacer sus deseos sexuales y algo de inti-
midad, en eso coincidimos. Cuando hemos pasado un rato juntos, estamos
contentos de habernos entregado el uno al otro, de habernos satisfecho
mutuamente, y ahí termina todo. Cuando días después nos llamamos para
un nuevo encuentro, sabes que las cosas no irán a más, que cada uno hará
su vida sin comprometerse en nada que vaya más allá de juntar nuestros
cuerpos en un abrazo de placer y de amistad. A los cuatro les considero
verdaderos amigos y creo que ellos también a mí, aunque siendo total-
mente sincera, pienso que ellos no disfrutan tanto como yo, lo digo sobre
todo por los casados, pues sospecho que el ocultar nuestros asuntos a sus
mujeres no debe resultarles algo agradable, pero de esto nunca hablamos”.

Hoy bastantes autores (Heras, 2001; Carter y Sokol, 1996; Man-


glano, 2001) se niegan a admitir que el amor romántico y su
variante, el enamoramiento, sea auténtico amor y sostienen
también que pueda resultar para los implicados verdadera-
mente placentero pues entienden que, por su propia naturale-
za, el amor aspira a la fusión total en cuerpo y alma entre las
personas, condición que, en su opinión, no se cumple en el
amor meramente pasional, dado que prácticamente siempre se
queda corto en cuanto que promete una plenitud que la reali-
dad le niega. Así lo expresa Bayer (2001) cuando dice:

138
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

“El enamoramiento no es amor, aunque ambos términos se confundan con


frecuencia. [...]. Cuando nos acabamos de enamorar, nos tocamos un prome-
dio de 378 veces al día y conversamos durante noches enteras, mientras que
en el matrimonio preferimos dormir sin rozarnos o intercambiamos la infor-
mación imprescindible en apenas siete minutos diarios de conversación [...].
Los psicólogos sospechan que la fuerza espontánea del enamoramiento abre la
mente a nuestros sentimientos más primitivos de dependencia y pertenencia y
lo relacionan con la necesidad de simbiosis con la madre durante la infancia.
[Esto se debe a que] los enamorados van más allá de si mismos, halagan el nar-
cisismo del otro; mientras estamos enamorados nos acercamos más a nuestro
yo ideal, nos comportamos como la persona que siempre hemos deseado ser
pero que en realidad no somos, [por eso] el enamoramiento surge de pronto y
suele terminar de manera abrupta” MUY ESPECIAL, nº. 52, marzo-abril, p.
86).

Frente a quienes hablan con cierto desprecio del amor romántico,


expertos en temas de amor no tienen dificultad en admitir que pue-
da darse una saludable zona en la comunicación amorosa entre los
sexos que, sin implicar el compromiso de permanencia y exclusivi-
dad propia de las relaciones sexuales de la pareja, hacen de la relación
sexual romántica una forma de comunicación suficientemente satis-
factoria para los dos partes. Así mismo, ven como una posibilidad
real que, en un momento dado, el amor románico, superándose a sí
mismo, se desarrolle hasta alcanzar el compromiso total y recíproco
entre las personas inicialmente sólo enamoradas. En tal caso, el ena-
moramiento representaría la fase inicial del proceso que conduce al
amor pleno, entendido como el deseo de retornar a los hábitos de ple-
na autonomía personal, en buena medida perdida durante la viven-
cia del enamoramiento. En aquellos casos en que el amor romántico
no da paso al amor maduro –algo frecuente–, lo que suele ocurrir es
que la relación romántica suele caer muy pronto en el aburrimiento y,
finalmente, en la separación de la pareja. Si, por el contrario, la expe-
riencia romántica logra traducirse en el amor pleno y total de los ena-
morados, entonces la pareja conseguirá vivir el nuevo amor en cali-
dad de complemento enriquecedor y fuente de equilibrio y plena donación
recíproca (Fromm, 2000). Quienes así interpretan el amor romántico se

139
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

desmarcan de los que piensan que la motivación básica y principal de


los amantes responde siempre a la actitud interesada y egoísta de
quien únicamente busca en el amor cubrir la necesidad de sentirse
completado por el otro (Alborch, 1999, p. 156); es evidente, que muchas
veces el juego del amor romántico esconde el deseo de completar y
enriquecer a la persona amada, lo que constituye una actitud clara-
mente positiva.
Otro argumento muy socorrido contra el valor positivo del amor
romántico es subestimarlo por el hecho de que supone abandono o
pérdida de uno mismo y, derivadamente, el dominio absorbente y
total por parte del otro con lo que deja de ser verdaderamente libre
y por tanto propiamente humano. Pero a esto se responde que no
hay por qué excluir la posibilidad de que, de mutuo acuerdo, se pue-
da pactar libremente el ejercicio de un amor limitado a las meras exi-
gencias del amor romántico y, en este sentido, los solteros especial-
mente celosos de su autonomía corroboran con su experiencia que el
amor romántico no sólo es posible sino que es el que mejor se ade-
cua a sus aspiraciones y que, por eso mismo, les resulta satisfactorio
y positivo. Pienso por mi parte que hay bastantes razones psicológi-
cas para pensar que esta dimensión positiva del amor romántico es
perfectamente creíble, pues cuando se analiza profundamente la
relación sexual realizada en clave de amistad, se convierte en una
experiencia profunda y emocionante en la que participa toda la per-
sona en cuerpo y alma. Como sugiere Lowen (1993), el cuerpo, con-
trariamente a los que sitúan la sexualidad y la espiritualidad de la
persona en polos diametralmente opuestos, nunca deja de recibir
alguna influencia de la vertiente espiritual de la persona, algunos
incluso hablan de tal influjo como si de una especial “experiencia
mística” se tratara dado que puede y suele ir cargada de fuertes
componentes espirituales (ternura, donación mutua, supratempora-
lidad), lo cual, a su vez, resulta plenamente coherente con una nota
esencial del ser humano cuya verdadera entidad no es otra que la
original unitotalidad integrada por “un cuerpo espiritualizado o un
espíritu encarnado”.

140
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

b) Frecuentemente, los solteros aducen sus preferencias y ven cla-


ras ventajas en el amor desligado del matrimonio alegando las
connotaciones negativas que acompañan las relaciones amorosas de
pareja dentro de una convivencia única y estable. En esta perspecti-
va, un hecho biológico plenamente contrastado respalda la
tendencia a la promiscuidad que impera en las relaciones de
pareja entre los mamíferos, pues es sabido que, salvo escasas
excepciones, en las escalas animales próximas al hombre, rara
vez se da la pareja sexual única y estable, al parecer únicamen-
te los lobos y los chimpancés son monogámicos (Yela, 2000).
Este argumento biológico se apoya también en la idea de que
buscar la felicidad completa a través una sola pareja sentimen-
tal tiende a poner demasiado peso sobre una relación que en la
práctica difícilmente llega a satisfacer todas las necesidades de
los individuos. De hecho, ocurre que la relación única y estable
provoca en numerosos casos una dependencia emocional
muy propia de personas que no se han realizado en otras áreas
de su vida, la amistad o el trabajo principalmente. A partir de
estos datos, se entiende que reducir la relación de pareja a
su forma única y estable conlleva en muchos casos un cierto
empobrecimiento de las posibilidades de desarrollo de las per-
sonas implicadas, lo que explicaría en buena medida los altos
porcentajes de infidelidad que observamos actualmente entre
las parejas dentro de nuestra sociedad y la tendencia a la poli-
gamia que aparece como normal en numerosas culturas y
pueblos cuya salud mental y social alcanzan niveles no sólo
iguales sino incluso superiores cuando se los compara con los
numerosos desajustes a que se ven sometidas las relaciones
amorosas en el interior de las sociedades monogámicas occi-
dentales. En cualquier caso y a la vista de estos hechos, resulta
difícil negar cierto valor positivo en el amor ejercido entre per-
sonas que no se rigen por el criterio de ver únicamente amor
allí donde dos personas se entregan una a la otra en exclusiva
(Ladish, 1998), y tampoco parece sostenible la visión totalmen-

141
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

te negativa de quienes están siempre dispuestos a condenar y


despreciar las manifestaciones de amor de pareja en la vida de
numerosos solteros –y esto vale también para los divorciados y
viudos. Estas premisas conducen a una importante conclusión:
desde el punto de vista psicológico, la situación de soltero
constituye una especial y positiva posibilidad para implicarse
en numerosas y sucesivas historias afectivas susceptibles de
colmar básicamente su necesidad de comunicación amorosa
con el otro sexo (Segura, 1997, p. 40).
c) Muchos solteros resaltan con especial énfasis las bondades
del amor libre sin las limitaciones objetivas y propias del ma-
trimonio y, así, sostienen que el amor vivido al margen de la
pareja estable no siempre ni necesariamente es la consecuencia o
expresión de un egoísmo rezumado, es decir, del amor centrado
exclusivamente en sí mismo. La experiencia es rica en ejem-
plos en los que se muestra que el amor de muchos solteros,
lejos de agotarse en un proceso de desarrollo personal desde
sí y para sí, es todo lo contrario, la manifestación de una acti-
tud abierta y de entrega generosa, en definitiva de amor, a
personas y objetivos nobles que desbordan totalmente los
intereses individualistas y acaban, en la práctica, repercutien-
do en provecho de los demás. En esta situación se encuentran
los consagrados con todas sus fuerzas a causas que sólo se
entienden como despliegue de una total dedicación vocacio-
nal a los otros, como ocurre con muchos religiosos, artistas,
políticos, escritores y profesionales sometidos a condiciones
laborales que les exigen total disponibilidad de horario y
dedicación a la consecución de objetivos afectados por cons-
tantes cambios de lugar o programas de trabajo. En este con-
texto, cabe preguntarse cómo puede “explicarse” psicológica-
mente esta forma de darse a los demás que no pasa por la
norma común de casarse ni se traduce en dedicar prioritaria-
mente la propia vida a atender las necesidades de personas
que no forman parte del propio núcleo familiar. A la hora de

142
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

responder a esta jugosa cuestión, aparecen inmediatamente


varias razones. La primera arranca en la conciencia de que, en
principio y en contra del tópico, vivir a solas no significa vivir
solo sino más bien facilitar el cultivo de una actitud de total
disponibilidad y apertura hacia todo tipo de relaciones socia-
les encaminadas al beneficio de los demás, entre otras la de
atender a los necesitados de sentirse afectivamente arropadas
por personas generosas dispuestas a darse más allá, o sim-
plemente de distinto modo, de lo exigido por los condiciona-
mientos familiares o de pareja (Segura, 1997). Hay un dato
que confirmaría tal interpretación: cuando sobreviene una
catástrofe, el reclutamiento del voluntariado suele estar inte-
grado mayoritariamente por solteros que, gracias a su esta-
tus, pueden permitirse el lujo de estar libres de las cargas y
obligaciones familiares y, en este aspecto, conozco un buen
número de jóvenes que tras acabar la carrera deciden enro-
larse en alguna ONG dedicada al desarrollo de zonas desfa-
vorecidas de Latinoamérica, de África o la India; rara vez son
familias enteras las que optan por dejarlo todo y embarcarse
en proyectos de tan alto significado altruista y social.
A esto hay que añadir una dimensión nada desdeñable, que
el amor del soltero proyectado hacia los demás no dista tanto
de la motivación profunda que alimenta el amor de pareja, dar-
se al otro, a los otros, pues ambas situaciones están llamadas
por igual al mismo objetivo, implicarse en actividades y actitu-
des amplias en las que no cabe poner fronteras al amor; al fin
y al cabo y al margen de estar casado o soltero, el amor que
suele colmar la felicidad de las personas se manifiesta en dedi-
car el propio tiempo y las disponibilidades personales al cui-
dado de aquéllos que necesitan de nuestra solicitud y atención.
A la luz de estas reflexiones, el amor del soltero, connotado con
características de universalidad, no tiene por qué ser necesa-
riamente de menor calidad o menos profundo, a la postre
menos satisfactorio, que el del casado (Fischer y Hart, 2002). Es

143
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

más, en alguna medida puede ser incluso superior en cuanto


implica haber hecho libremente la opción de dedicarse a los
demás en ocupaciones y por derroteros que a menudo supo-
nen superar los obstáculos que conllevan desmarcarse de los
estigmas sociales a los que están sometidos los solteros; si la
madurez de las personas se mide por su capacidad para actuar
con libertad, entonces muchos solteros son –o pueden ser– más
libres que muchos casados. Por último, frente a una sociedad
que no parece haber caído en la cuenta de la enorme capacidad
de amar del soltero y de ejercerlo de manera plenamente libre
y generosa, abrigo la esperanza de que futuros y sistemáticos
estudios sobre los valores positivos de la soltería acabarán
reconociendo el potencial de verdadero amor que reside en los
no casados y conseguirán aparcar la caricaturesca imagen de
egoístas con la que nuestra sociedad sigue subestimando toda-
vía a quienes, por motivos que se sitúan más allá de una mira-
da superficial, hacen la opción de amar y servir a la sociedad
por caminos no coincidentes con la vida familiar tradicional.
d) Partiendo del mito de la “media naranja”, la opinión vulgar
sostiene que sólo cuando se encuentra aquella única persona que
misteriosamente sería nuestro complemento en el plano del amor
podremos dar por satisfecha nuestra necesidad de amar, en
definitiva, cubrir las ansias de comunicación afectiva, sosiego
y felicidad a las que aspira toda persona. Tal visión mítica del
amor se desvanece apenas se comprueba, por un lado, la posi-
bilidad innegable de encontrar varias medias naranjas –perso-
nas que sabrán recibir y reconocer por tiempo limitado el amor
que les otorga alguien que busca su bien y felicidad– y, por
otro, que cualquier “media naranja”, por completa que sea,
siempre dejará de colmar algún aspecto o vertiente del amor
necesario para cubrir todas las posibilidades de amar que
caben en el corazón humano. Si las cosas no fueran así, habría
que admitir varios hechos contrarios a la cotidiana realidad,
entre otros la extraña imposibilidad de que en el plano del

144
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

amor, a diferencia de lo que ocurre en el vasto espectro de la


experiencia humana, los humanos sólo dispondrían de bazas
únicas y en cierto modo siempre seguras, o se acierta a la pri-
mera o nunca más será posible desarrollar la vocación al amor
que anida en el alma de las personas; no hay razones decisivas
para hacer una excepción en un campo que, como el del amor,
tiene tantas y tan profundas repercusiones en la vida de las
personas. Se impone, pues, admitir sin tapujos estos hechos so
pena de considerar imposible, por ejemplo, que cuando se
pierde un amor queda abierta la puerta para encontrar otro u
otros amores capaces de convertirse en fuente inagotable de
recíproca donación sincera y cabal. Entiendo que solamente
cuando se asumen estos criterios encuentran suficiente expli-
cación tantas y tantas rectificaciones satisfactorias en el ámbito
del amor, como ocurre con los divorciados que no se resignan
a vivir solos y vuelven a casarse, logrando así ser muchos de
ellos plenamente felices con su nueva pareja (Duoeil, 2000).
Todas estas reflexiones acaban certificando el hecho cotidiano
de que la única forma de amar no se agota en el amor de pare-
ja estable y única dentro del matrimonio, ni que la soledad es
la única salida para quienes han pasado por el trance de fraca-
sar en sus intentos de encontrar la pareja que colme su necesi-
dad de amar y ser amado. La conclusión final es que, hoy por
hoy, no contamos con suficientes estudios científicos que res-
palden la idea, bastante común por cierto, de que el amor ejer-
cido por los solteros es de inferior calidad humana que el amor
vivido entre los esposos (Yela, 2000, p. 2002).

La independencia, valor altamente cotizado por el soltero


Cuenta el psiquíatra Castilla del Pino (2000) que en cierta ocasión
acudió a su consulta el jefe de una gran empresa asustado por sus
repentinos e inexplicables cambios de humor. A los pocos minutos de
iniciar la entrevista, el cliente le confesó: “echo de menos cierta liber-
tad, me pesa la familia, envidio a un compañero que está soltero, aun-

145
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

que mi mujer lo compadece...” (p. 113). Realizada la exploración psi-


cológica, el experto diagnosticó depresión afectiva (distimia) y com-
probó que el sujeto en cuestión quería huir de su situación, a lo que
su mujer se oponía por todos los medios. Especialmente, envidiaba al
compañero soltero que se daba el gusto de sentirse libre y hacer lo
que le apetecía en cada momento, por ejemplo, salir con una bella
mujer que trabaja en la misma fábrica.
A partir de esta historia real, se puede entender el importante
papel que juega la autonomía personal dentro del matrimonio y, de
rebote, por qué algunos solteros, ávidos de autonomía huyen del
matrimonio como si de una cárcel se tratara. Trataré de explicar esta
complicada cuestión.

a) Para determinados solteros, el compromiso matrimonial no sola-


mente no es necesario para realizar la vocación al amor sino que resul-
ta en muchos casos incompatible con el mantenimiento de la propia
identidad y libertad individual. Haciendo suya esta afirmación, la
periodista Roma (1998, p. 205) critica la insultante ligereza de
mucha gente que tilda a los varones solteros de calzonazos y ve
a las solteras que optan por ser ellas mismas y no se resignan a
caer en “la ceguera del enamoramiento” pequeños monstruos
libertinos y desorientados, incapaces de encontrar los caminos
que les permitan seguir siendo ellas mismas y, al mismo tiem-
po, amar en libertad. Si nos atenemos a los hechos, éstos con-
firman que frecuentemente la vida en pareja supone el someti-
miento a un abultado programa de pequeños compromisos
que a muchos solteros les resulta incompatible con la necesidad
de sentirse libres, e insisten en que, por más que se idealice el
matrimonio, siempre acaba en el sometimiento de uno mismo
a los ritmos de vida del otro, la mujer y, por extensión, a los
hijos, dado que la vida en familia es inviable si sus miembros
no se ajustan a estrictas reglas de comportamiento que afectan
a todo, economía, viajes, salidas, entradas, gustos culinarios,
etc. Desde tal premisa, concluyen los defensores de la soltería,
un modo de ser respetuoso con la institución del matrimonio es

146
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

reservarlo para aquéllos que se sienten con fuerzas suficientes


para soportar la uniformidad en el hacer, sentir y pensar y,
equivalentemente, vivir al compás y en función de lo que dicta
en cada momento el pesado paquete de las obligaciones fami-
liares. Este tipo de argumentación acaba poniendo en boca de
muchos solteros la afirmación de que nunca el beneficio de la
seguridad y apoyo afectivo que puede proporcionar el matri-
monio queda suficientemente compensado con la pérdida de la
libertad y ataduras que lo acompañan (Yela, 2000, p. 235).
b) A parecida conclusión llegan ciertos solteros tras considerar el
conjunto de compromisos a que queda sometida la persona
dispuesta a asumir seriamente su pertenencia a una sociedad
orientada hacia la productividad y la eficacia. Desde una concep-
ción de la vida profundamente tecnificada, la peculiar del
“homo faber”, prevalece la opinión de que no hay tiempo para
distraerse con el cultivo de los sentimientos y, en consecuencia,
el ideal de la persona que intenta vivir a la altura de la vida
actual es dedicar todo su tiempo y esfuerzos al logro de las
siempre nuevas y espectaculares posibilidades que ofrecen al
hombre de hoy los avances de la técnica. En tal horizonte socio-
laboral, se acaba reconociendo que los solteros son las personas
que más necesita nuestra sociedad tecnificada y, añaden, que
así lo reconocerían los ciudadanos si tuvieran la suficiente sen-
sibilidad de la que hoy carecen; si el ciudadano de a pie fuera
persona madura, acabaría tributando profundo agradecimien-
to a todos aquéllos que sacrifican los “pequeños placeres del
matrimonio” para consagrarse a la noble tarea de convertir en
realidad los fantásticos retos que el mundo desarrollado está
demandando en el campo de la ciencia, la técnica, las artes, etc.
Es evidente, se concluye, que a la vista de estas nuevas e irre-
nunciables (?) exigencias, la tradicional cadena que configura-
ba antaño la vida del ciudadano, “colegio - buscar trabajo -
buscar pareja - casarse - tener y cuidar hijos”, puede conside-
rarse cuando menos una fórmula insuficiente de entender la

147
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

vida, por no decir una postura totalmente superada (Jaeggi,


1995). ¡Es difícil encontrar mejor elogio a la independencia del
soltero en cuanto plataforma que le facilita consagrarse a la
realización de objetivos tan excepcionales! He aquí una mues-
tra de dicho canto a la iniciativa del soltero:
“Los solteros estamos dispuestos para empresas grandes y heroicas en
que se necesita, como dice el vulgo, echarse el alma atrás y atropellar por
todo. No es esto decir que los casados no sean capaces de grandes hechos,
de abnegación y de heroísmo, porque la historia nos da ejemplos de lo con-
trario, pero parece lo natural, considerado el egoísmo y los intereses y afec-
ciones que originan las familias, que el soltero, libre de estos lazos, se halle
más desembarazado para ello.[...]. El soltero siempre está en aptitud de
consagrarse a empresas difíciles, terribles y peligrosas, sin que su con-
ciencia en nada le remuerda” (Díaz, 1998, p. 291).

En la misma línea de exaltación a la privilegiada independen-


cia y disponibilidad del soltero con respecto a la del casado,
encuentro en una entrada del buscador Google algunas notas
que no por jocosas dejan de tener cierta entidad
(www.huandacareo.net/Entreten/soltero.html) (marzo 2003):
“Tu tiempo es siempre ... TU tiempo. Eres el candidato nº 1 en las entre-
vistas de trabajo tan solo por decir “Disponibilidad para Viajar”. El salir
a algún lado es únicamente una excusa para romper la rutina. Realmen-
te “siempre” puedes decir la verdad sin que te pese. Tus hermanos meno-
res te admirarán por considerarte inalcanzable. Nadie critica el tiempo
que pasas en la oficina, excepto tu jefe. Tu desorden siempre estará “orde-
nado” (enero 2003).

c) Una forma de defender los solteros la bondad de su estado


civil es arremetiendo frontalmente contra el mito occidental que
desde pequeños nos inculcaron y que se sustancia en una hipotética y
nunca probada omnipotencia del amor: “el amor lo puede todo,
está por encima de todo”. Desde tal visión mítica del amor, se
afirma ingenuamente que ninguna circunstancia puede afectar
a la vida del amor, lo cual es obviamente absurdo y contrario a
los hechos. A esto cabe añadir otra reflexión: los autores que

148
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

han analizado seriamente el significado del amor canalizado a


través de la pareja resaltan la contradicción manifiesta entre
sus excelencias entendidas en el plano teórico (!) y el deterioro
al que dicho amor, con el transcurso del tiempo, se muestra
sometido en el plano real y cuyas manifestaciones más comu-
nes y bien conocidas son la infidelidad, los celos, las discusio-
nes, los obstáculos derivados de las diferencias en el ritmo de
desarrollo personal de cada miembro de la pareja, el cansancio
y, finalmente, el hastío y la resignada desilusión, cuando no la
ruptura. El hecho, repetidamente consignado en estas páginas,
de que uno de cada dos matrimonios termina en fracaso, cons-
tituiría a juicio de estos estudiosos, el mejor alegato en contra
de la defensa a ultranza de la superioridad del matrimonio y
de sus hipotéticas ventajas con respecto a la soltería (Yela, 2000;
Heras, 2001; Fischer y Hart, 2002).
d) Una variante del anterior argumento aparece cuando se anali-
za de cerca la manera simplista, por no decir llanamente falsa,
con que se valoran –más bien habría que decir, se “subvalo-
ran”– en nuestra sociedad las distintas y posibles variantes del
amor plena y libremente desarrollado fuera del matrimonio. A tenor
de lo que se enseña en la familia, la escuela y en ciertos medios
de comunicación social, la única versión aceptable y positiva
del amor se identificaría exclusivamente con aquélla que reúne
todos sus grandezas sin mezcla de debilidad alguna, es decir,
de un amor teóricamente acompañado de total seguridad,
estricta fidelidad, renuncia ilimitada a la independencia y
libertad personal, ausencia de celos y de rutina vivido en el
oasis tranquilo y paradisíaco de la pareja. Es evidente, que
aceptar sin atenuantes esta única forma de amor perfecto equi-
valdría a identificarlo con cierto tipo de “adicción” o de con-
ducta ciega regida por fuerzas que niegan cualquier posibili-
dad de elegir libremente aquella forma de amar que resulta
más acorde con las propias necesidades y recursos personales
y que son, como es bien sabido, generalmente mutantes en el

149
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

transcurso del tiempo (Peele, 1975; Carter y Sokol, 1996). A jui-


cio de Yela (2000, p. 64), esta visión angelical del amor, preva-
lente otrora en amplias capas sociales de nuestro mundo occi-
dental, no se corresponde con las auténticas posibilidades de
realizar hoy la vocación al amor por parte de muchos ciudada-
nos que, para bien o para mal, no contemplan el desarrollo de
su dimensión afectiva necesariamente vinculado a las condi-
ciones impuestas por el matrimonio tradicional; de hecho, en el
noventa por ciento de las culturas que conocemos, amor y
matrimonio no van siempre ni necesariamente unidos (Hen-
drick y Hendrik, 1992). En estos momentos, asistimos a la cre-
ciente opción de vivir voluntariamente solo, lo que supone la
afirmación más rotunda, antaño desconocida, de la búsqueda
y disfrute del amor desde la propia autonomía y que libra a los
solteros del peligro del estrecho confinamiento en que incurren
muchas parejas que acaban en la separación. El exponente más
claro y nuevo de libertad en este terreno se da en ciertas muje-
res que, alcanzado un alto nivel económico y cultural, deciden
con total voluntariedad optar por vivir solas –aunque sólo sea
por algún tiempo– para poder volcarse con más facilidad y sin
trabas en la realización de importantes y valiosos programas
de renovación social o cultural demandados por la sociedad
global y que no están adscritas necesariamente a la vida en
pareja; actualmente son pocos los que se atreven a despreciar
el valor altamente positivo de dichas opciones plenamente cla-
rividentes y libres (Alborch, 1999, p. 92).
e) Bastantes solteros se quejan de la injusta acusación que se hace
contra ellos, su tendencia al narcisismo individualista, que se tra-
duciría en la búsqueda compulsiva de satisfacer sus propios
deseos y necesidades olvidando las de los demás. Así, se dice
que, imitando al narciso encerrado en su torre de marfil, el sol-
tero evita el contacto con los demás porque sabe que el diálogo
con ellos siempre le exigirá algún tipo de concesión que le
supondría a la media o a la larga la renuncia a algo de sí mis-

150
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

mo, a la postre, poner en peligro su bienestar y tranquilidad


personal. Ciertamente, se constata que algunos solteros, los
encerrados en sí mismos, proclaman sin tapujos que su bienes-
tar es tan amplio como su posibilidad de gozar de una situa-
ción en la que las personas del entorno no les piden nada y
“justifican” su actitud incomprometida con el argumento de
que tampoco ellos exigen nada a los demás –lo cual es casi
siempre falso (!)–.
Pero muchos solteros no se resignan a aceptar la falsa gene-
ralización que supone confundir sin más su libertad con la pos-
tura del rezumado narcisista que va por la vida recibiendo por
todas partes prestaciones y atenciones a costa de nada. Una acti-
tud honesta lleva a reconocer que este rechazo está especial-
mente justificado en el caso frecuente del soltero que lo es a su
pesar y que por circunstancias de la vida no ha podido formar
una familia, pero no lo es menos y especialmente cuando se
tacha de egoístas a los solteros que despliegan su actitud de
generosa disponibilidad y donación de sí mismos a través de
diversas formas de cuidado y solicitud en beneficio de personas
que gracias a ellos reciben el cariño y las atenciones que nadie
en la sociedad les ofrece. Explicaré lo que pretendo decir con la
historia ejemplar de una soltera que conocí recientemente.
Con ocasión de mi estancia por vacaciones en un pequeño pueblo de
montaña, conocí a una soltera de 38 años que asistió a sus padres ancia-
nos durante los últimos ocho años de su vida. Fallecidos sus padres, murió
su hermana en accidente de circulación y dejó huérfanos a sus tres hijos.
La tía soltera se hizo cargo de sus sobrinos y de su cuñado. Con el paso de
los meses y felizmente, la tía soltera se convirtió en la nueva esposa del
padre y madre de los niños. Resultaría un sarcasmo acusar de narcisismo
egoísta a esta generosa mujer cuya soltería le llevó a convertirse en la
generosa madre adoptiva que necesitaban sus sobrinos.

f) Por todo lo dicho podemos concluir que afirmaciones como “la


mujer se inclina al yugo del matrimonio por naturaleza, por
instinto ciego, por amor propio, por honor, por conveniencia
social”, aparte de no dejar en buen lugar a la mujer en cuanto

151
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

persona, pueden darse por superadas –bendita superación (!)–


como ley universalmente reguladora de la dinámica real de
nuestra sociedad. Y generalizando, no se puede trivializar el
mundo afectivo y la vivencia del amor del soltero reduciéndo-
lo al mero proceso abortivo del verdadero amor, que única-
mente se reservaría para el matrimonio (Gail y Moon, 1997).

Comunicación afectiva en la vida del soltero y sus grandes posibili-


dades
El viaje de la vida sería demasiado pobre y seguramente dema-
siado triste si terminara en las fronteras de uno mismo. Ya en el pri-
mer capítulo del Génesis se define al hombre como un ser incomple-
to y necesitado de los demás: el padre de la humanidad se entusias-
mó cuando vio a su lado un ser semejante a él y al ver a Eva exclamó:
“esto sí que es carne de mi carne y hueso de mis huesos”. Desde
aquella experiencia primigenia, la historia de la humanidad en el
campo de la cultura, de la economía, de la política, etc. es la historia
del “nosotros”, de la realización personal en conjunción con la vida
de otras personas (Bernad, 2000).
Según toda la tradición occidental, la más honda y común expre-
sión implicada en la creación del “nosotros” ha estado representada
por la convivencia en pareja, tal vez por eso o al menos en parte, a los
que se apartan de esta fórmula se les tacha bien de “bichos raros”,
bien de “solitarios aburridos y víctimas de su soledad”. De hecho, y
como apunté ya en el primer capítulo, nuestra sociedad sigue orga-
nizándose básicamente pensando en adultos emparejados y, por este
motivo y hasta cierto punto, es lógico que el sentir común entienda
–aunque no se justifique– que los solteros, en cuanto sujetos que se
apartan de la pauta general establecida, sean mal vistos por su entor-
no y algunos, incluso, necesiten la ayuda de los expertos para afron-
tar el cúmulo de desprecios con los que la sociedad formada por per-
sonas casadas les atosiga y los excluye. A partir de aquí, surgen
numerosas preguntas que afectan a los solteros: ¿en el plano de la
comunicación, carecen los solteros de elementos que les impidan

152
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

comunicarse plenamente con los demás?, ¿es posible para los solteros
cubrir su necesidad de comunicación (intimidad, complicidad, apo-
yo, compañía, amistad) viviendo al margen del matrimonio o vida en
pareja estable?, ¿es inherente a la vida del soltero sufrir irremediable-
mente el mal de la soledad?, ¿en términos psicológicos, es equipara-
ble el nivel y calidad de comunicación afectiva que puede alcanzarse
dentro del matrimonio con la red de relaciones sociales que los solte-
ros pueden establecer y mantener con las demás personas? En las
páginas que siguen intentaré mostrar que la vida de los solteros está
abierta a todo tipo de comunicaciones positivas con el entorno, por lo
que no procede adoptar una postura de compasión hacia ellos y
menos aún negarles la posibilidad de sentirse suficientemente apo-
yados y acompañados por el conjunto de personas que a través de la
familia, amigos o compañeros están cerca de él. Una cuestión especial
es dilucidar si esas vivencias compartidas son suficientes para lograr
el nivel concreto de comunicación y compañía que cada soltero en
particular necesita mantener con las personas cercanas a su vida y, en
caso negativo, cómo es posible hacer llevadera y convertir en positi-
va su relativa soledad. Veamos lo que da de sí el análisis pormenori-
zado de estas complicadas cuestiones.

a) Podemos comenzar diciendo que la mayoría de los solteros son


conscientes de que la vida en pareja bien llevada es el marco
privilegiado para la completa comunicación entre las personas,
dado que en cierto modo permite borrar con radicalidad las
fronteras existentes entre el yo limitado y el tú y vivir instala-
do en el marco del “nosotros”, una realidad de suyo más com-
pleta y rica que el reducido mundo individual. Los solteros son
conocedores también de muchas otras particularidades rela-
cionadas con la comunicación, por ejemplo 1) que entre los
miedos universalmente más temidos por las personas está el
miedo a la soledad, 2) que es un hecho generalmente reconoci-
do que la calidad de vida y la felicidad de los seres humanos
dependen en gran medida de que estén acompañados por
otras personas cercanas de las que reciben y a las que pueden

153
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

dar comprensión y cariño, y 3) que el estar con los demás a


cualquier precio constituye una enfermedad capaz de arrui-
nar la autoestima y convertir en infierno insoportable la con-
vivencia. Estas valoraciones sitúan al soltero, lo mismo que al
casado, en un horizonte en el que inevitablemente la persona
se enfrenta al reto de establecer la fórmula de equilibrio entre,
por una parte, el cultivo de la privacidad, en cuanto condición
para la plena e irrepetible autorrealización a la que todas las
personan aspiran en calidad de seres originales o individuos
y, de otra, la necesidad de contar con la compañía de alguien
que esté dispuesto a compartir plenamente algo tan hon-
damente sentido como es el sentimiento de amor vivido en
comunión con los demás. A juicio de los psicólogos de la per-
sonalidad, la variedad de fórmulas con las que puede alcan-
zarse el mencionado equilibrio coinciden en esta nota común,
en todas ellas siempre aparece un cierto juego del yo en com-
plicidad con el tú.
Algo que se olvida con frecuencia es que los solteros no son
los únicos sujetos sometidos a un cierto grado de soledad, pues
la vive el niño desde los primeros momentos de su vida tras el
abandono del seno materno, el joven que siente por primera
vez y casi compulsivamente la necesidad de abrirse a otras per-
sonas para que le escuchen y le ayuden a identificarse como
adulto, los padres que se quedan solos tras la independencia
de sus hijos mayores, el enfermo encerrado en su dolor, el jubi-
lado al que se le aparta del mundo laboral, y el anciano reclui-
do en la residencia donde se ve obligado a relacionarse con
personas que nunca trató en el transcurso de su vida anterior.
Es muy común interpretar toda esta cadena de rupturas y
separaciones como un pesado fardo y una experiencia negati-
va. Sin embargo, vistas las cosas desde el lado positivo, esas
soledades ni son tan objetivamente reales ni tan irremediable-
mente negativas, como se desprende de las ideas que propon-
go a continuación:

154
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

– Sólo el autoengaño o la inconsciencia puede hacernos creer


que vivimos aislados y totalmente independientes de los
demás. Esto lo podemos comprobar imaginando lo imposi-
ble e irreal que sería nuestro mundo interior si por arte de
magia y por un solo instante intentáramos borrar de nuestra
mente todo lo que nos une a nuestros semejantes: recuerdos,
ideas, valores, sentimientos, saberes y experiencias en gene-
ral. Por poco que se piense, se comprueba que nuestra vida
está sustancialmente unida a la de los demás por innumera-
bles conexiones, pues los demás cubren nuestras necesidades
de vestido, alimento, información, diversión, casa, salud, etc.
– El sentimiento de soledad desaparece en la medida en que
adquirimos la dimensión global de nuestra existencia y nos
damos cuenta de que formamos partes sustanciales e irrepe-
tibles del universo en que vivimos –“somos piezas únicas e
irrepetibles del gran rompecabezas del mundo”, decía Eins-
tein–. Cada persona, al margen de su condición de casado o
soltero, puede avivar el sentimiento de pertenencia a la
humanidad, abrazando al levantarse a los 300.000 niños que
nacen cada día en el mundo y a las 180.000 personas que
mueren, y vivir diariamente la capacidad que todos tenemos
de experimentar la conciencia de pertenencia, con derecho
propio e intransferible, a la realidad universal y omniabarca-
dora de la humanidad y del cosmos. De este modo, cada per-
sona puede transcender los estrechos límites de su indivi-
dualidad y sentirse “compañero” de todas las cosas.
– Por último, quiero aludir a una idea complementaria de las
dos anteriores y que muchos solteros a los que he entrevista-
do me han expresado de manera más o menos explícita. El
remedio contra la soledad pasa por apartarnos de la falsa
idea de que el estar solos es una situación vergonzante o
angustiosa pues cabe sustituirla por la opuesta, la que se
manifiesta en el cultivo del amor a uno mismo como parte
del todo, derivando así en el aumento de la propia autoesti-

155
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

ma y la mejora de nuestra calidad de vida. Es más, sin una


buena dosis de soledad nunca podremos descubrir quiénes
somos, ni estar en paz y a gusto con nosotros mismos, como
tampoco saber lo que podemos dar y recibir de los demás
tras descubrir lo que nos falta; en este sentido, únicamente las
personas que han aprendido a estar radicalmente solas están
capacitadas para estar verdaderamente acompañadas. Desde
estos supuestos, cualquier contacto social adquiere una nue-
va luz y se comprende –algo decisivo para el soltero– que la
interacción con los demás nunca será satisfecha si no se
entiende como complemento –nunca un sustitutivo– de las
buenas relaciones con nosotros mismos (Ladish, 1998).
b) Aceptado que todos somos únicos y, en gran medida, estamos
solos en el núcleo de nuestra vida interior (nuestras elecciones
o decisiones más profundas), podemos afirmar que la diferencia
entre el casado y el soltero en cuanto a la vivencia de la soledad
es sólo de grado, en el sentido de que el casado siempre estará
afectado por cierta soledad a pesar del bullicio que puede perci-
bir en el entorno más cercano (la mujer y los hijos), y el soltero
vive su peculiar soledad gozando del privilegio de que nada
externo inmediato se le impone ni le obliga a apartarse de la con-
vivencia consigo mismo o, dicho de otro modo, le permite vivir
la soledad inherente a la condición humana desde la propia
riqueza, iniciativa y, al mismo tiempo, hacer más plenamente
libres sus conexiones con el mundo circundante. En este sentido,
resulta elocuente la confesión de Lamourère (1988, p. 19-20):
“[...] para mí, la vida de soltera es la antisoledad. Es la etapa del “todo es
posible”. Es la ocasión que se nos da de aprender de nosotros mismos y de
ensanchar nuestro horizonte hacia los demás libremente [...]. El tiempo se esti-
ra y yo también. Me repito: el tiempo es mío, nadie me lo puede robar. Me delei-
to con este privilegio que no le quita nada a los demás. Aprovecho plenamente
mi tiempo libre, es un derecho. ¡Pero además uno debe concedérselo! Estas
experiencias fueron revelaciones para mí. Es cierto, no se puede negar la sole-
dad, forma parte del individuo. Pero ser soltero es optar por hacer positiva esa
soledad, aprender a vivirla por lo que nos puede aportar”.

156
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

c) Después de lo dicho, aparece una cuestión importante que afec-


ta sustancialmente al soltero y es ésta: ¿cómo puede alcanzar el
soltero el nivel satisfactorio de acercamiento íntimo que necesita
como las demás personas? Aunque no resulta fácil dar respuesta
cumplida a este interrogante, es evidente que las personas sen-
timos la necesidad de reservar para uno mismo lo que se escon-
de en el sanctasanctorum de nuestro núcleo más interior (algu-
nos extraños y aberrantes sentimientos, experiencias profundas
que nunca compartiremos con los demás) pero, al mismo tiem-
po, parece imposible saciar nuestra necesidad de comunicarnos
limitando nuestras intercambios sociales a los comentarios peri-
féricos o casuales sobre lo que constituye el mero anecdotario de
nuestra vida diaria. Cuando dos personas de distinto sexo se
atraen y se aman, la experiencia nos dice que necesitan realizar
incursiones relámpago a través de la mirada, las manos que se
tocan y acarician, las palabras que se entretejen en espirales ina-
cabables de conversación, la carne que se encamina a la carne
hasta hacer de dos cuerpos uno al compás de largas expedicio-
nes por las zonas erógenas del otro, en una palabra, el amor
pide llegar a la intimidad tanto en lo corporal como en lo espi-
ritual. De esta necesidad me habló un amigo soltero, muy inte-
ligente y de trato amistoso, meses antes de suicidarse:
“Me considero una persona que ha triunfado, en cierto modo, en la
vida. Tengo amigos con los que salgo, viajo y en ocasiones me divierto y
me siento feliz. Pero no me atrevo a comentarles lo que me preocupa, ni
veo que me acompañan del todo y como me gustaría en la celebración de
mis éxitos profesionales. Cuando alguna vez he intentado hablar con ellos
de mis sentimientos íntimos, por ejemplo, de la falta de comprensión e
inflexibilidad de mis padres –a los que por supuesto respeto y quiero– o de
mi falta de mi habilidad para acercarme a compañeras de trabajo solteras
con las que me hubiera gustado formar pareja, no he encontrado el
momento de hacerlo, ni creo que estuvieran dispuestos a escucharme. En
las fiestas familiares me ocurre lo siguiente, me lo paso bastante bien, pero
cuando terminan, todos se van a sus casas juntos, yo me voy solo y en
lugar de comentar con otros lo que he vivido en la fiesta, veo que “sólo
puedo pensar en ella y me gustaría saber lo que piensan los demás”. Tam-

157
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

bién me deprime no poder comentar con otra persona, a solas y con calma,
las pequeñas cosas que me pasan todos los días. Aparte está la soledad y
frialdad de la cama, donde me imagino muchas veces a mis amigos casa-
dos abrazándose con sus mujeres, haciendo el amor o gozando viendo a su
alrededor a sus hijos. Las veces que he intentado hacer el amor con algu-
na amiga soltera, me ha puesto la objeción de que “nuestra amistad no
exigía hacer el amor, todo menos eso”. Sin estas cosas, todo lo demás me
sobra, me falta la salsa de la vida”.

Esta trágica historia describe con toda crudeza cómo, a sus cua-
renta años, echaba de menos mi amigo el no ver cubierta su
necesidad de intimidad, lo que me obliga inevitablemente a
retomar la pregunta ya formulada: ¿pueden colmar los solteros
su necesidad de intimidad? La respuesta no es clara y sería una
frivolidad por mi parte responder con el rotundo no que qui-
zás espera el lector. El tema es complicado, pues al margen de
otras consideraciones, es obvio que muchas personas casadas
y muchas parejas que no han pasado por las carencias que
sufrió mi amigo se sienten muy solas, fracasadas y deprimidas
–preguntémoslo a muchos divorciados/as–.
Es sabido también que en la vida de muchas parejas la pasión
no siempre se mantiene, la rutina puede arruinar el más exul-
tante romance, el corazón puede dejar de latir con la fuerza de
la novedad jadeante del amor pasional y la fulminante con-
quista del primer momento puede convertirse en el más espan-
toso hastío. A esto hay que añadir que la intimidad tiene dis-
tintas vertientes, así cabe hablar al menos de intimidad en el
ámbito espiritual y corporal. En este sentido, conozco un solte-
ro que cuenta con pelos y señales a su madre todos sus amores
y amoríos hasta el punto de decirle cosas que nunca se hubie-
ra atrevido la madre a comentar con su difunto marido. Tam-
poco se puede descartar la posibilidad de que determinados
solteros, especialmente los muy introvertidos y ocupados ple-
namente en su vida profesional, no sientan la necesidad de la
intimidad corporal y vivan plenamente satisfechos hablando
con sus amigos/as de las cosas que les llenan en el terreno de

158
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

su vocación artística o dedicación a programas sociales, políti-


cos, religiosos, etc. Por mi parte, el último comentario que se
me ocurre sobre la experiencia de la intimidad por parte del
soltero es desmarcarme de todos aquéllos que piensan que fue-
ra del matrimonio estable la comunicación afectiva y plena-
mente satisfactoria con los demás es un objetivo inalcanzable;
en estos momentos, yo no podría sustentar tal afirmación.
d) Partiendo de la concepción mitológica del amor, que para bien
o para mal se ha impuesto en Occidente en las postrimerías del
siglo XX, parece obligado sostener que un componente esencial
de la vivencia amorosa entre personas de diferente sexo es la
pasión. Pues bien, los solteros plenamente conscientes de lo que
significa su estatus están convencidos de que el matrimonio,
con sus exigencias de igualitarismo, sosiego y sobre todo esta-
bilidad, no es el mejor marco para dar cumplimiento a las con-
notaciones “pasionales” que comportan las relaciones de pare-
ja; dicho más directamente, si el amor exige cierto climax
pasional, una institución estable y duradera como el matrimo-
nio difícilmente puede cumplir con este requisito y, por tanto y
por más bondades o ventajas que se atribuyan al matrimonio,
lo normal es que acabe convirtiéndose pronto en fracaso, algo
que la experiencia de muchas parejas lo atestigua diariamente.
En la actualidad hay un 50 por ciento de posibilidades de que
una pareja muera antes de la defunción de uno u otro de sus
miembros y en el mundo Occidental la media de vida de la
pareja es de 9 años aproximadamente (Neuburger, 1998; Yela,
2000). Adivina el lector la consecuencia final a la que llegan
ciertos solteros desde el anterior razonamiento: la soltería sería
una forma de realizar la vocación al amor que gozaría de una
especial ventaja con respecto al matrimonio estable, la posibili-
dad, vedada al casado, de cambiar el objeto de amor al compás
de las múltiples vicisitudes por las que pasa una vivencia tan
complicada y frágil como la conducta amorosa heterosexual.
En este sentido, la posición de bastantes solteros coincide con
la de muchos analistas cuando reconocen que, en buena medi-

159
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

da, el cauce por el que discurre nuestra sociedad en el amplio


escenario protagonizado por los amantes es un perfecto reflejo
del amor pasional, el único capaz, al parecer, de sustentar el
amor de pareja (Lamourère, 1988; Cipolla, 1995; Jaeggi, 1995).
Dejo para más adelante explicar mi posición ante esta delicada
cuestión: ¿es aceptable asignar al amor romántico la categoría
de componente necesario en el amor pleno entre personas?
Coincido con otros psicólogos y con muchos casados que hay
sobrados motivos para la respuesta tanto positiva como nega-
tiva, lo que supone admitir la existencia, que no la necesidad,
de verdadero amor sin las connotaciones del romanticismo
pasional (Keen, 1999; Torrabadella, 2000; Yela, 2000).
e) A pesar del interés que suscita últimamente entre los psicólo-
gos y sociólogos el análisis de la relación entre el estado civil,
casado o soltero, y el bienestar o felicidad de las personas
(Avia y Vázquez, 1998; Yela 2000), realmente lo que hoy puede
decirse con un mínimo de rigor científico es que las conclusio-
nes alcanzadas y disponibles sobre el tema no son por el mo-
mento concluyentes y más bien discrepantes, pues si es verdad
que según algunos estudios las personas que tienen una rela-
ción estable son algo más felices que los que no la tienen, sin
embargo, la conexión entre matrimonio y felicidad siempre se
muestra en niveles de escasa significación (correlación 0,14,
sabiendo que la puntuación máxima o perfecta sería 1). Curio-
samente, estas mismas investigaciones coinciden en un punto,
que más que el matrimonio en sí, es la calidad de éste la que
se relaciona con el bienestar personal.
En cuanto a los respectivos beneficios que los hombres y las
mujeres obtienen del matrimonio, los datos disponibles son
igualmente divergentes, unos reflejan mayor satisfacción en
los casados que en las casadas y otros lo contrario. Para sor-
presa de no pocos, también dicen algunos estudios recientes
que las parejas que han vivido juntas antes de casarse no expre-
san, una vez casados, mayor satisfacción que las que no convi-
vieron previamente a su boda (Avia y Vázquez, 1998, p. 112)

160
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

A modo de síntesis
Resumo de todo lo anteriormente expuesto diciendo que, en mi
opinión, la soltería, más que un paisaje triste y empobrecedor, ofrece un
marco vital con importantes ventajas y luces, nada menos que todas las
que pueden brillar en la vida de quienes no tienen por qué verse fuera
del mundo de los que se aman y, al mismo tiempo, se sienten libres y
gozan de compartir su vida con el grupo amplio de personas a las que
quieren y prestan su ayuda. De las páginas anteriores, saco estas cua-
tro conclusiones sobre el significado positivo de la soltería:
1ª. Hay distintas maneras de realizar la vocación al amor, la del
soltero es una más y no carente de positividad.
2ª. Hablando de los solteros, si algo es evidente es que no re-
nuncian al amor, ni tienen por qué sentirse necesariamente
mancos ni condenados al subdesarrollo en el terreno de la
comunicación afectiva.
3ª. Los solteros son excepcionalmente avaros en el cumplimiento
de un empeño, hacer posible realizar su vocación amorosa sin
renunciar lo más mínimo a su autonomía y libertad personal.
4ª. El estatuto de soltero conlleva una cierta dosis de soledad que
puede compensarse con el despliegue de auténticas relaciones
amistosas hasta alcanzar un nivel de intimidad suficientemen-
te satisfactorio y globalmente comparable con los contactos
íntimos que se dan en la relación de pareja.

Inconvenientes en la vida del soltero


Sin desdecirme un ápice de lo expuesto en las páginas preceden-
tes sobre las innegables y amplias posibilidades que, desde su pecu-
liar –algunos prefieren decir “privilegiada” situación– goza el solte-
ro, no sería ajustado a la realidad cerrar los ojos a las numerosas
dimensiones que objetivamente y en mayor o menor medida vincu-
lan la soltería con importantes limitaciones y desventajas respecto a
la vida del casado. En tal sentido, disponemos de abundantes y sig-
nificativos testimonios que muestran elocuentemente hasta qué pun-

161
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

to la vida del soltero no es precisamente una florida primavera col-


mada de satisfacciones. Sobre este aspecto negativo de la soltería
ofrezco al lector algunos datos que muestran cómo la vida del solte-
ro no está exenta de cierta carga de sinsabores y limitaciones; anali-
zaré unos y otras desde el punto de vista psicológico. Como vengo
haciendo a lo largo de este manual, hablaré de las sombras de la sol-
tería en general y, seguidamente, entraré en un detallado análisis de
las mismas en el terreno del amor, el ejercicio de la propia libertad y
autonomía y, por último, en el capítulo de las relaciones afectivas y comu-
nicación con el entorno social, especialmente en relación con las per-
sonas del otro sexo.
Entro en tema preguntándome: ¿puede decirse que, en términos
generales, los casados juegan con ventaja y, por tanto, que los solteros están
en peores condiciones para realizarse en esos tres ámbitos de la vida, a pesar
de las innegables dependencias y restricciones que conlleva la vida en pareja
y familiar? Dejo constancia de que al implicarme en la respuesta a esta
comprometida cuestión y otras afines, es mi propósito evitar a toda
costa incurrir en la fácil tentación de convertirme en el más ferviente
e incondicional defensor de unas paradisíacas y exclusivas ventajas
de los casados frente a los solteros; estoy seguro de que tal empeño
sólo es posible si uno comete el error de adherirse irreflexivamente a
una descafeinada, banal y mojigata interpretación de la soltería. ¡Para
esto último ya está la larga lista de estereotipos y estigmas con que el
pensamiento vulgar moteja a los solteros!
Dicho lo anterior, vuelvo a apreguntarme: ¿en última instancia, la
felicidad de las personas depende, del éxito, del amor, de la familia, del sexo,
de la inteligencia, del arte? Por haber analizado pacientemente este inte-
rrogante en uno de mis trabajos anteriores (Bernad, 2000), sé bien lo
que cualquier lector que se lo proponga puede comprobar fácilmen-
te por sí mismo. Lo que muestra la realidad, cuando se pregunta a un
colectivo amplio sobre estos decisivos temas vitales para el indivi-
duo, es ver que las respuestas no son únicas ni coincidentes en todas
las personas sino todo lo contrario, lo que hace feliz a cada ser huma-
no depende en amplios márgenes de las circunstancias particulares

162
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

que le permiten o le obstaculizan la consecución del conjunto de aspi-


raciones y objetivos que definen su propia existencia y, desde este
supuesto, es fácil entender que el valor positivo o negativo otorgado
tanto al matrimonio como a la soltería es un derivado del peculiar
esquema vital en que cada uno se sitúa ante la vida.

Soltería igual a satisfacción plena: ¿falsa ecuación?


Una vía relativamente sencilla de percibir el valor que se otorga a
la soltería es examinar de cerca la retahíla de motivaciones que la
gente expresa cuando se le pregunta sobre sus preferencias por el
matrimonio o, lo que es prácticamente lo mismo, sobre las ventajas
del casado frente a las del soltero. El dato es contundente: una inmen-
sa mayoría de los adultos dice optar por el matrimonio a pesar de que
cuando se les pregunta el porqué las razones aducidas son tan poco
claras como convincentes; tendremos ocasión de comprobarlo. En
todo caso, sería arriesgado suponer que la gente se decanta por el
matrimonio ciegamente y sin razones de peso, lo lógico es pensar que
algún motivo decisivo debe existir para que el matrimonio tenga tan
buena prensa y tan amplia aceptación, mientras que la soltería no es
valorada positivamente por la sociedad en general. Este es el tema
que intentaré aclarar seguidamente. Comienzo presentando al lector
algunos datos que apuntan claramente en la dirección de rechazar la
soltería:

1º. El 51 por ciento de los solteros manifiesten el deseo de casar-


se, frente al 37 por cien que consideran mejor mantenerse sol-
teros. El reciente estudio del que extraigo este dato aporta otro
realmente curioso: aunque la mitad de los solteros entrevista-
dos por Nerín (2001) reconocen gozar de mayor autonomía
que los casados, casi una tercera parte de ellos opinan que es
mejor casarse aun a costa de renunciar a ciertas parcelas de su
independencia y libertad.
2º. Según la FUNDACIÓN SANTA MARÍA (1990), el 82 por ciento de
los españoles son favorables al matrimonio.

163
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

3º. El 90 por cien de los adultos españoles mayores de 30 años


están casados o lo han estado (CIRES. Centro de Investigacio-
nes sobre la Realidad Social, 1992).
4º. Según todas las estadísticas disponibles, más de la tercera par-
te de los divorciados varones vuelvan a casarse dentro de los
dos años siguientes a su separación, según dicen para reme-
diar la soledad y falta de apoyo afectivo que confiesan resul-
tarles difícilmente soportables (Ladish, 1998; Richo, 1998).
5º. Numerosos estudios muestran que las dos terceras partes
amplias de los casados –el 70 por ciento– piensan que su esta-
tus marital les proporciona claras ventajas, concretamente, a
las mujeres el logro de un mayor nivel de aceptación por par-
te de la comunidad a la que pertenecen, recibir ayuda y sen-
tirse más protegidas ante los acontecimientos adversos o como
vía para prevenirlos; en el caso de los varones, las ventajas
estribarían principalmente en gozar de mayor estabilidad
emocional y estar menos expuestos a padecer enfermedades
(Davies, 1995; Richo, 1999; Carter-Scott, 2000; Fisher y Hart,
2002; Duoeil, 2000). A la vista de estos datos, resulta difícil, por
no decir imposible, negar que hoy por hoy la masa social ve
ventajoso el matrimonio y, en consecuencia, es mayoritaria-
mente partidaria de él lo que, en buena lógica, sólo se explica
si se piensa que debe haber por medio importantes motivos
para ello, máxime tratándose de un asunto que afecta sustan-
cialmente a la vida de las personas.

Sombras en la vida del soltero: los datos hablan


He querido contrastar por mí mismo el valor de los datos ante-
riores realizando un sondeo cuyo significado final, tanto psicológico
como sociológico, entenderá el lector a la vista del criterio estadísti-
co que he utilizado para interpretar mis datos. Dicho criterio esta-
blece que cuando se analiza cualquier manifestación significativa en
la vida de los seres humanos (amor, sentimientos, conocimientos, va-
lor del trabajo, tolerancia, sociabilidad, actitudes políticas, religiosa,

164
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

morales, etc.) las frecuencias de las respuestas obtenidas se distribu-


yen en un arco que acumula en su banda central el 70 por ciento de
las mismas y el resto se desmarca del grupo mayoritario. En mi caso
y hablando de los solteros, observo que, como era de esperar, esta ley
estadística se cumple a la hora de opinar sobre los pros y los contras
de la soltería. Me explicaré. A lo largo de tres años (2000-2001-2002),
he formulado la pregunta ¿qué piensa usted y qué se dice en su ambien-
te sobre los solteros? a una muestra aleatoria de 300 adultos entre 20 y
75 años, residentes en 15 provincias españolas tan distantes entre sí
como Almería, Madrid, Valencia y Principado de Andorra –una
treintena de los entrevistados eran extranjeros magrevíes, ingleses,
franceses, portugueses, rumanos, tres italiano y algunos sudameri-
canos–. De tal encuesta extraigo el siguiente balance:
– El 51 por ciento de los encuestados, salvo raras excepciones, todos
los sujetos de menos de cuarenta años, asocian la soltería con una
situación personal que permite disfrutar ampliamente de la propia
autonomía y libertad: “los solteros son personas que aman por encima
de todo su independencia” (joven estudiante de 23 años); “los solteros
son gente menos preocupada y más libre que los casados (joven camare-
ro de 24 años); “el soltero es una persona libre hasta que se hace mayor”
(mujer de 35 años, oficinista); “el soltero es la persona que tiene más
libertad porque no depende de la mujer, de los hijos, ni de nadie” (varón
de 36 años, ferroviario); “soltero es igual a libertad” (recepcionista en
un hotel, varón de 29 años); ”soltero es ir por libre” (italiana de 26
años); “uno que no tiene que dar cuenta a nadie, ni siquiera a sí mismo;
ésta es la verdadera esencia del soltero“ (limpiabotas de 34 años); “sol-
tero, una opción” (mujer estudiante de 22 años); “son solteros porque
quieren, porque son antisociales, con eso le digo todo“ (director de un
hotel de 41 años); “soltero es una persona que no se quiere complicar la
vida y quiere libertad” (taxista de 44 años); “el soltero es una persona
libre como cuando éramos bachilleres” (varón inglés de 66 años).
– Un 22 por ciento piensan que la vida del soltero es una situación
difícil y aburrida porque están solos y ello es debido a que son per-
sonas raras, difíciles de tratar: “tengo de todo pero me falta lo princi-
pal, estar acompañado” (varón de 54 años, profesor de enseñanza
media); “soltero y soledad es lo mismo” (mujer policía urbana de 25
años); “soltero es alguien que busca el complemento que necesita en su

165
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

vida, pues no puede vivir sin mujer, a pesar de que la busca” (chico estu-
diante de 27 años); “el soltero es un bicho raro que anda perdido por la
vida de aquí para allá” (farmacéutico de 65 años); “a partir de cierta
edad, si no se está con otra persona es porque se tiene algo raro” (secre-
tario de ayuntamiento de 50 años); “el 98 por ciento de los solteros son
tipos raros, que tienen hartos a los padres” (tendero de 46 años); “estoy
solo porque no he tenido ocasión de acercarme a una mujer concreta”
(varón de 65 años); “se quedan solos porque son aburridos” (pintor de
42 años); “me siento una persona rara, quizás por eso no me atrevo a
acercarme a los hombres, a pesar de que muchas veces siento las ganas de
casarme” (enfermera de 38 años).
– El 10 por ciento ven a los solteros como personas egoístas, vivido-
res y juerguistas irresponsables: “todos los solteros son un poco egoís-
tas” (varón de 70 años, jubilado de banca)”; “los solteros son gente
muy egoísta, ahora son más humanos” (varón de 63 años); “el soltero es
un juerguista, de vida alegre y tranquila” (camarera de 40 años); “el
soltero quiere vivir la juerga libremente” (chica estudiante de 22 años);
“persona muy egoísta que no quiere ayudar a una mujer” (mujer de lim-
pieza de 65 años); “alguien muy suyo que no se sujeta a nadie” (seño-
ra de 45 años, ama de casa)¸ “soltero igual a irresponsabilidad” (joven
marroquí de 24 años); “son solteros porque no hay nadie que los aguan-
te” (secretaria soltera (!) de 30 años).
– El 9 por ciento consideran a los solteros personas tímidas, timora-
tas, incapaces de acercarse al sexo contrario: “siempre me ha resulta-
do difícil acercarme a una mujer” (camarero de 34 años);“no se sienten
con ánimos para formar una familia, les da miedo enfrentarse a ello”
(jubilado de 73 años); “no se quieren complicar la vida ni admiten res-
ponsabilidades” (mujer de 29 años, taxista); “llevo una guerra de sexos
que no sé cómo acabará” (ingeniero de 50 años); “soltero es alguien
como yo que estoy a dos velas” (guarda jurado en un centro comercial,
de 25 años); “soltero es una persona tímida que no se casa porque es raro,
pues todo el que quiere se casa” (joven marroquí de 27 años); “los sol-
teros son gente retraída” (monja de unos 40 años).
– El 4 por ciento opinan que la soltería es una situación transitoria
debido principalmente a que no se ha encontrado la persona ade-
cuada para casarse: “soltero es alguien que lucha para alcanzar una
vida mejor y casarse” (chica de 27 años, inmigrante marroquí); “nun-
ca ha aparecido en mi vida la persona que busco” (médico de 34 años);

166
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

“me casaré el día que encuentre a la persona adecuada” (conductor de


autobús urbano, de 33 años); “soy maestra de pueblo desde hace doce
años y en los pueblos no hay hombres para mí” (maestra de 35 años).
– El 2 por ciento no asocian la soltería con característica especial
alguna: “no lo asocio especialmente con nada” (chica de 21 años); “no
sé, me pillas un poco...” (universitaria de 26 años); “soltero, nunca he
entendido el porqué” (jefa de sección en un centro comercial de 42
años); “ser soltero es una cosa totalmente normal” (empleado de la
construcción, ecuatoriano de 31 años).
– El 2 por ciento de los encuestados entienden que los solteros son
personas demasiado implicadas en su vida profesional para poder-
se ocupar de la familia: “soy una persona muy ocupada, demasiado para
complicarme la vida con asuntos familiares” (profesor universitario de
35 años); “tengo ya bastantes responsabilidades y no puedo cargarme con
una más, la familia” (empresario de la rama hotelera, de 40 años);
“cuando tenga tiempo me casaré, hasta ahora no he encontrado ni tiempo
ni la persona con quien casarme” (empleado en una gestoría, de 34
años); “mi vida de piloto es incompatible con la vida familiar, tengo
muchos compañeros separados” (piloto de Iberia, de 42 años).

Haciendo el balance de los datos anteriores entiendo que, a pesar


de que la muestra de sujetos entrevistados no goza de plena repre-
sentatividad, sin embargo, por la variedad de escenarios en que se
realizó la encuesta y la diferencia de edad y profesión de los encues-
tados, cabe otorgar a los resultados obtenidos un nivel relevante de
validez y fiabilidad. Y esto supuesto, una primera lectura de los datos
arroja algunas notables y valiosas conclusiones:

1ª. La autonomía-libertad personal es el valor preferentemente


atribuido a la soltería por una gran parte de los sujetos (51 por
ciento de las respuestas), lo cual es altamente positivo y respe-
table toda vez que en la medida y la profundidad en que
somos capaces de hacer uso de nuestra libertad es posible ins-
taurarnos en una dinámica vital que nos distingue de los ani-
males, en definitiva, realizarnos como personas libres.
2ª. Resulta altamente significativo que uno de cada cinco res-
puestas (el 22 por ciento) vean la soltería como una conducta

167
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

en cierta medida extraña y rara, además de aburrida, como


consecuencia de la soledad que conlleva. Intuyo que tal valo-
ración se fundamenta en el “complejo gregario” según el cual
quienes se apartan de la norma general es porque son sujetos
insociables que no aceptan las reglas del juego de la masa. A
este respecto, pienso que sería más justo calificar a tales per-
sonas de “atípicas” más que “raras”, dado que lo atípico no
connota de suyo ningún juicio peyorativo y simplemente se
limita a constatar el hecho de la diferencia, en este caso, entre
casados y solteros. Opino también que el “aburrimiento” que
se atribuye a los solteros es muchas veces más imaginado que
real, pues es patente que muchos solteros son todo menos
sujetos anodinos y aburridos; piénsese en el gran número de
solteros ilustres y creadores excepcionales o, simplemente, que
destacan por su papel de activadores de la dinámica social
(políticos, periodistas, escritores, artistas, profesores).
3ª. Me llama la atención que sólo un 10 por ciento identifiquen a
los solteros con tipos vividores, egoístas y juerguistas. El he-
cho de que tales juicios procedan preferentemente de personas
mayores me lleva a pensar que interpretan la soltería de hoy
con los criterios de ayer; probablemente, cuando los jóvenes
actuales se hagan mayores este dato desaparecerá del pensa-
miento mayoritario y la soltería será contemplada como un
hecho común y de escasa relevancia (“soltero, una opción
como otras”: respuesta de una joven de 23 años). A este pro-
pósito, he comprobado que entre los solteros mayores que he
entrevistado muchos ponen énfasis en delimitar su “vida ale-
gre” a los años de su primera juventud, “después uno asienta
la cabeza y ya no interesa la juerga” (camarero de 49 años).
4ª. La respuesta tópica de la timidez como causa de la soltería (9
por ciento de los entrevistados) no aparece con la frecuencia
que por lo menos yo esperaba. ¿Es esto señal de que la solte-
ría, más que a rasgos personales, es atribuida por los encues-
tados a causas ambientales o a la pura fatalidad? Mis datos no

168
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

permiten una respuesta tajante, aunque reconozco que me


gustaría tenerla.
5ª. Los restantes porcentajes no llegan a ser significativos. Con
todo, sí me parece altamente elocuente que sólo el 2 por ciento
de los encuestados consideren la incompatibilidad entre el tra-
bajo y la vida familiar “motivo suficiente” para vivir soltero, lo
que significaría que la armonía entre los mundos representa-
dos por el binomio trabajo-matrimonio es visto como objetivo
posible y, por tanto, que la eficiencia profesional es perfecta-
mente compatible con la condición de casado.
6ª. Por último y leídos los datos en su conjunto, resulta evidente
que para un número importante de encuestados (el 41 por
ciento) la soltería se considera una experiencia caracterizada
por aspectos y connotaciones negativas, entre ellas el aburri-
miento, la soledad, el egoísmo, la ligereza y la timidez.

Desventuras del soltero: más dudas que evidencias


Una estrategia muy utilizada para poner al desnudo los inconve-
nientes de la soltería consiste en contraponerla a las hipotéticas y
exclusivas excelencias del matrimonio. Confieso al lector que, a pesar
de lo tentadora y fácil que resulta tal postura, he preferido desmarcar-
me de ella por una razón principal: la alternativa soltero-casado tiene
tantas perspectivas y entresijos que, cuando se analiza en detalle cómo
vive cada persona su particular experiencia de amor, resulta una tarea
cuasi inextricable conocer las motivaciones últimas y, sobre todo, el
peso que cada una de ellas ejerce a la hora de optar por la soltería o el
matrimonio. Entiendo, por otra parte, que si se pasa por alto este cri-
terio, todo lo que se diga sobre los inconvenientes de la soltería se
corresponde más con un canto al sol que con la versión de la realidad,
por ello prometo hacer todo lo posible para facilitar al lector mi punto
de vista sobre la verdadera cara de la soltería, huyendo de lo que
pudiera representar una interpretación caricaturesca de la misma.
Antes de cualquier otra consideración, quiero comenzar ponien-
do de relieve una de las causas que provocan el que los solteros sean

169
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

“mal vistos” por su entorno: los investigadores que vienen estudian-


do el creciente fenómeno de la soltería confiesan sentir especial difi-
cultad para dejar a un lado las visiones estereotipadas vigentes sobre
los solteros. Esto es debido principalmente a una postura frecuente
entre los propios solteros que buscan vender una imagen ideal tanto
de sí mismos como de su entorno y tienden a disimular con todo tipo
de medias razones, ocultas resistencias y recelos su falta de disposi-
ción a confesar sus problemas reales.
Recientemente tuve ocasión de comprobar esta actitud. Me encontré con
una amiga soltera de 43 años. Tras el consabido y cordial saludo que la situa-
ción exigía –siempre he mantenido con tal persona relaciones de buena amis-
tad y afecto–, le dije que estaba redactando este libro sobre los solteros. Fue el
momento en que ella me increpó con tono vehemente y claramente enfadada:
“Tú ya sabes lo que pienso sobre eso, estoy de vuelta de todo”. Al pedirle qué
quería decirme con tales palabras, me replicó: “Pues toooodo, parece mentira
que con tus estudios no sepas a qué refiero”. Entendí que le molestaba el mero
hecho de que los psicólogos pudieran ocuparse de la vida de los solteros.
Hace algún tiempo sugerí a un soltero de 43 años la posibilidad de
formar parte de la muestra de solteros que estaba entrevistando con
vistas a realizar este trabajo. “No cuentes conmigo, no quiero que me psi-
coanalices, los solteros somos gente rara, ya tengo bastante con entenderme
a mí mismo”.

Reconocidas las dificultades que conlleva una evaluación precisa


de las desventajas que afectan a los solteros, me quedaba un recurso,
intentar aproximarme a las mismas con la mayor objetividad posible;
esto es lo que he hecho siguiendo un camino que me ha resultado
bastante tortuoso por cierto.

1º. Como apunta Swartzberger (1995), hay diversidad de factores


que influyen decisivamente en el juicio que la gente se forma en torno
a los inconvenientes de la soltería. El primero y principal es el sistema
emocional que configura la dinámica familiar. Dentro de tal sistema, cada
miembro de la familia se rige por la norma implícita de que todos sus
componentes están sometidos a ley de una cierta interdependencia,
por lo que el casarse o no es un asunto que no pertenece en exclusiva

170
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

al hijo/a soltero/a sino que afecta a todos los miembros de la familia.


Pensar que los hijos van “por libre” con relación al tema del casa-
miento es algo irreal, como también lo es el que, a la hora de valorar el
matrimonio, el hijo actúe con total libertad y al margen de los “prejui-
cios” (mitos, estereotipos, costumbres culturales o étnicas) que tanto a
los padres como al resto de sus familiares les llevan a valorar positiva
o negativamente la soltería (Rogers, 1993). Desde esta perspectiva, se
entiende que los padres y los hijos puedan y de hecho discrepen par-
cialmente en su visión de los pros y los contras de la soltería, pero al
mismo tiempo cualquier observador puede comprobar que las discre-
pancias entre generaciones prácticamente nunca son totales. Este
hecho es compatible a su vez con otro, que para la mayoría de los
padres la soltería del hijo constituye una situación cargada de tintes
negativos, mientras que para los hijos de esos mismos padres el estar
soltero es una situación positiva o, en el peor de los casos, indiferente.
Cuando se hace tabla rasa de estas divergencias generacionales, car-
gando las tintas sobre unas hipotéticas y graves desventajas de la solte-
ría tanto para la sociedad como para la institución familiar y para los
propios solteros, el resultado es el escaso eco que merecen para los
jóvenes de hoy las catastróficas profecías que algunos anuncian para
una sociedad integrada por numerosos solteros. Es más, creo que el
tema de la soltería tiene todavía hoy tal categoría de tabú que sólo
quienes se sienten capaces de posicionarse honradamente y con rigor
ante la enorme complejidad de nuestra sociedad desarrollada, pueden
hablar con sensatez de lo que podrá significar para la dinámica social
y el desarrollo de las personas el fenómeno creciente de la soltería. Sé
que emitir afirmaciones como ésta conlleva cierto riesgo y no pocas
dudas, pero ello no justifica el pesimismo de todos aquéllos que han
comenzado a hablar simplonamente de la “plaga de los solteros”. Si es
cierto que “la verdad nos hace libres”, lo mínimo que nos podemos
exigir es intentar descubrir lo que de verdad se esconde tras la cre-
ciente elección que muchos adultos hacen hoy de la soltería, y esto es
aplicable tanto para bien como para mal, lo que venga después habrá
que aceptarlo como un reto más para la sociedad futura; sólo un enfer-

171
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

mizo pesimismo hace pensar que dicha sociedad carecerá de los recur-
sos suficientes para organizarse de manera saludable.

2º. Paralelamente a la reflexión precedente, conviene recordar la


inconsistencia de quienes hablan de la soltería como si de un momen-
to puntual se tratara dado que el rechazar el matrimonio y permane-
cer soltero puede resultar una opción muy atractiva en los años jóve-
nes y, sin embargo, convertirse con el paso del tiempo en auténtica
pesadilla y fuente de importantes frustraciones.
Recuerdo a este propósito el comentario de una soltera de 48 años que me
decía: “Cuando era joven veía a mis hermanas y cuñadas criando a sus hijos
pequeños y me daban lástima y hasta compasión, qué servidumbres, qué
estrés, qué agotamientos..., todo lo contrario de mi libertad para divertirme,
salir y viajar donde y cuando quería; ahora que veo crecidos a mis sobrinos
pienso de otra manera, me dan envidia sus madres que tienen más personas
que les quieren y saben para qué trabajan”.
“Yo valoro a la familia quinientas veces más de lo que la valoraba antes”
–dice uno de los solteros entrevistados por Nerín (2001, p. 82).

No tengo la menor duda de que el lector habrá llegado ya a las


conclusiones que extraigo de las consideraciones anteriores y espe-
cialmente a una principal: la soltería constituye un hecho familiar
que, dependiendo de la mentalidad de los padres y demás miembros
de la familia, puede interpretarse desde dos perspectiva muy dife-
rentes, en un caso como “traición” a la historia de la familia que ve
rotas sus expectativas de ver continuada la propia saga y priva a los
hijos de convertirse en padres, a los padres alcanzar la categoría de
abuelos y a los hermanos la de tíos, lo que evidentemente afecta a
toda la familia y, por parte de los hijos solteros, como opción valiosa
y rica en posibilidades, a pesar de que casi nunca les libre de algún
rechazo por parte de los suyos. En este mismo orden de cosas,
muchos padres siguen pensando que el hijo soltero es alguien de la
familia que no ha logrado ocupar de pleno derecho el lugar de adul-
to que le corresponde en la comunidad de adultos pues, en cierto
sentido, rompe con la dinámica y la estructura natural de la familia
que suele estar compuesta por mayores casados y por niños; añada-

172
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

mos que desde esta percepción de la vida familiar, en muchos padres


surge la duda poco tranquilizadora de si no habrán sido ellos los res-
ponsables de la ruptura con la norma familiar, lo cual les lleva a pen-
sar, en no pocos casos, que la soltería del hijo es el equivalente al
“fracaso” de los padres.

3º. Tanto los solteros como sus padres difícilmente pueden sus-
traerse al sentir común que vincula enormes expectativas y satisfacciones
a las relaciones afectivas dentro del matrimonio y la totalidad de la familia.
Entre dichas expectativas está que los hijos se casen, tengan hijos y
todos juntos celebren los rituales familiares que marcan hitos en la
vida familiar, boda, nacimiento de los hijos, etc., todo ello de acuerdo
con un calendario de desarrollo de la familia perfectamente estableci-
do. En tal perspectiva, la alteración de este calendario por parte del
hijo soltero obliga a los padres y hermanos al correspondiente ajuste
del programa familiar, que se traduce en cierta incomodidad para
todos. Se entiende así mismo que, en este contexto, nada tiene de
extraño el que aparezca en los padres cierto sentimiento de compa-
sión hacia el hijo por lo que supone privar a éste del paquete de satis-
facciones que implica recibir los parabienes de toda la familia por su
contribución a la ampliación y enriquecimiento de la red de relacio-
nes afectivas que articulan a la familia en su conjunto (Alberdi y otros,
2000; Schwartzberger y otros, 1995).

4º. Los inconvenientes que se atribuyen a la soltería vienen a coin-


cidir con una visión del soltero que, en mayor o menor grado, casi
siempre aparece con las connotaciones de persona explotada y víctima del
entorno. Esta visión no es del todo desacertada sino muy real pues,
como ocurre en numeroso casos, es el hijo soltero el que se cuida de los
padres mayores –los demás hermanos tienen ya bastante con ocupar-
se de su familia–, es el tío que entretiene y cuida a los sobrinos, es el
compañero de trabajo soltero que por carecer de obligaciones familia-
res está siempre disponible para realizar los viajes menos agradables o
alargar la jornada de trabajo hasta confundirse con las veinticuatro
horas del día si así lo exigen las urgencias de la empresa. Puede ser

173
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

también el comensal que está siempre bien colocado en el estrecho rin-


cón que queda libre en el restaurante o el cliente para el que siempre
está suficientemente bien la pequeña habitación perdida del hotel; a
veces, el papel del soltero, en cuanto víctima explotada por el medio,
llega hasta el extremo de que la sociedad global tiende a definirlos
exclusivamente como ciudadanos contribuyentes, nunca como benefi-
ciarios de alguna de las ventajas fiscales otorgadas a los casados. Pude
comprobar la queja de los solteros por el tratamiento de ciudadanos de
segunda que les otorga la sociedad: con ocasión de mi asistencia a una
reunión de solteros de mi ciudad, observé en el local en el que se cele-
braba el encuentro un letrero que decía en grandes caracteres: “SOMOS
SOLTEROS PERO TAMBIÉN CIUDADANOS”.

Quiero hacer patente que ante la ambivalencia de muchas de las


afirmaciones que aparecen en las páginas precedentes y, especial-
mente, las referidas a los inconvenientes del soltero, me pongo en
guardia ante todo tipo de enunciados indiscriminados y absolutos
sobre la vida cotidiana del soltero y, en consecuencia te sugiero, apre-
ciado lector, que entiendas lo que sigue en calidad de una descripción
del “tipo general” de soltero, una realidad que prácticamente nunca
coincide con el perfil y las características concretas y personales de
los solteros que podemos conocer (solteros de toda la vida, solteros a
la fuerza, solteros de libre elección, solteros intermitentes, delibera-
dos, heridos, orgullosos de su independencia, hedonistas, rencorosos,
maniáticos); por otra parte, nada te imposibilitará completar con el
bagaje de tu experiencia y reflexión lo que aquí te propongo. Dicho lo
cual, paso a hablar de los inconvenientes inherentes a la vida del sol-
tero analizando tres importantes dimensiones de su vida personal, el
amor, la libertad y la comunicación afectiva.

a) Los amores del soltero y sus sombras


En principio y como hemos visto en la primera sección de este
capítulo, las relaciones amorosas del soltero gozarían de un especial
privilegio, estar libres de toda la carga de trabas y limitaciones inhe-
rentes al amor del casado, de la pareja exclusiva y estable. A tenor de

174
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

este criterio, se defiende la posibilidad de alcanzar el desarrollo del


amor genuino y pleno sin pasar por la renuncia a determinadas dimen-
siones que lo hacen especialmente atractivo, entre otras: 1) la acepta-
ción de que el verdadero amor es perfectamente compatible con cier-
ta práctica de promiscuidad o intercambio con distintas parejas se-
xuales tal y como ocurre generalmente entre las especies animales
próximas al hombre, y 2) que lo apropiado y natural es vivir el amor
al compás de las necesidades cambiantes de los amantes, lo que supo-
ne desmarcarse de la visión utópica del amor perfecto que se encar-
naría únicamente en el modelo tradicional del “amor para siempre”
o de la “media naranja”. En la misma línea argumentativa y con
pequeñas variantes, todos los defensores de los modelos nuevos y
más realistas del amor libre coinciden en afirmar que el cansancio, la
decepción y el desgaste son atributos siempre presentes en toda expe-
riencia prolongada de amor entre las personas, por lo que no proce-
de ni existen razones de peso para someter la vivencia del amor entre
adultos a las limitaciones del amor matrimonial, dicho de otro modo,
la prudencia más elemental no es partidaria de aconsejar la búsque-
da del amor pleno a través precisamente de la pareja estable y exclu-
siva (Alberdi y otros, 2000; Duoeil, 2000). Desde este supuesto, ¿qué
podemos decir de los amores ejercidos al margen de la pareja estable?
Para contestar a esta pregunta, partamos del siguiente principio:
nadie hasta el presente ha conseguido definir los límites exactos den-
tro de los cuales puede desplegarse el verdadero amor, por lo que no
puede afirmase sin matices que la forma prototípica y tradicional del
amor estable, el de los casados, es necesariamente la única y la mejor
vía para el desarrollo en plenitud del amor entre personas de distinto
sexo. Por lo mismo y al margen de cualquier prejuicio interesado, es
difícil asumir que preguntas como las que propongo a continuación
admitan respuestas únicas y tajantes: ¿qué elementos constituyen el
núcleo básico o son componentes esenciales del amor?, ¿en qué medi-
da están ausentes tales componentes en la vida del soltero?, ¿en qué se
distingue el amor de pareja estable del resto de amores?, ¿qué conse-
cuencias negativas o limitaciones suele tener el amor heterosexual

175
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

cuando se realiza al margen de la pareja única y estable? Examinadas


las respuestas que da la gente ante este tipo de preguntas, se observa
que sus posiciones aparecen contrapuestas, pues junto a la de quienes
piensan que todos los amores pueden ser igualmente valiosos y positi-
vos, dependiendo de quien los ejerce –postura relativista–, está la con-
traria, más matizada, que considera necesario distinguir las diferentes
formas de amor y, a tenor de las mismas, ver lo que da de sí cada una
de ellas. Tras optar por esta segunda opción, me propongo hacer el
recuento de las limitaciones o inconvenientes que conllevan las formas
de amor hacia las que se sienten especialmente atraídos los solteros.

— ¿Sólo enamorado y quizás no del todo feliz?


Mucho se ha dicho acerca del misterioso fenómeno del enamo-
ramiento. Cuando la pareja acaba de conocerse, ambos se sienten
felices, quieren estar juntos día y noche, les sabe a corto el tiempo
que comparten y cuando concluye el momento de la convivencia,
siempre vibrante, siguen pensando uno en el otro ansiando llegue la
hora en que desaparezca la distancia y se vuelva a producir la cerca-
nía física, –y digo “física” porque la comunión mental sigue activa y
en permanente tensión, las más de las veces rayana con la obsesión–.
Curiosamente, esa fuerte atracción inicial dura poco tiempo, algunos
autores la comparan a la hoguera cuyo combustible, la pasión, se
consume en unos pocos meses. Pero no es la fugacidad lo que mejor
caracteriza el amor romántico, su mayor debilidad radica en su ines-
tabilidad y su escasa fiabilidad dado que la base en que se sustenta
es la falsa idealización del otro a partir de su apariencia más inme-
diata y tangible; ésta es la razón de que numerosos ensayistas en
temas de amor establezcan claro paralelismo entre el creciente nú-
mero de separaciones y la importancia concedida a las experiencias
románticas tan intensas como carentes de realismo (Alberoni, 1986;
Manglano, 2001; Dalai Lama, 1999). Ahondando en los entresijos del
amor romántico y como agudamente ha explicado Yela (2000, p.
132), la debilidad de los amores románticos tendría su mejor expli-
cación en el hecho de estar organizados a manera de un montón de

176
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

falsificaciones en torno a la verdadera identidad personal de sus pro-


tagonistas: se emplea un lenguaje ambiguo tendente a reducir el sen-
timiento de posible fracaso ante el eventual rechazo del otro, se real-
zan desmedidamente las características socialmente deseables del
amado (simpatía, sentido del humor, generosidad), se exageran has-
ta el atrevimiento más sonrojante las similitudes en los gustos, opi-
niones e intereses entre los amantes, se tiende a mostrar que los
deseos y necesidades de uno y otro son complementarios (hablador-
oyente, protector-desvalido, dadivoso-receptivo, etc.) y, sobre todo,
se realzan los atractivos físicos de la pareja (ojos expresivos, mirada
dulce, voz cadenciosa y segura), todo ello rayando descaradamente
en la adulación. Diríamos que el mundo de los enamorados bascula
sobre la actitud, un tanto esquizofrénica, del que se aferra a un
“mundo ideal” porque carece de la madurez, el atrevimiento y la
sinceridad para presentarse ante el otro con la “imagen real” y poco
atractiva de sí mismo. Mientras tanto, pueden aparecer conductas
tan estrambóticas como la del enamorado que dice “mi novio/novia
no es en realidad una buena persona, pero a pesar de todo me atrae
irresistiblemente”. Es obvio, que ante el cúmulo de ingredientes que
configuran la postura del romántico y amores similares, la experien-
cia de este amor resulte a la postre escasamente gratificante y, sobre
todo, difícilmente sostenible a medio y a largo plazo. Analizando en
detalle y de cerca los porqués, aparecen con valor de argumentos
importantes, por no decir decisivos, los siguientes:

1º. Por su propia naturaleza, el amor romántico carece de una de


las bases en que se asienta la relación amorosa verdadera y saludable,
la sinceridad. En ausencia de ésta, lo natural es que las relaciones
románticas generen la larga lista de desajustes afectivos derivados de
confundir lo real con lo aparente, la figura externa de las personas en
juego con su realidad más profunda y completa, lo plenamente cono-
cido con lo desconocido o apenas adivinado, el sentimiento duradero
con la fragilidad del momento divertido, el simple coqueteo frente al
total compromiso y responsabilidad respecto a la felicidad del otro, el
mero contacto físico o sexual de la pareja sin la dimensión de entrega

177
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

mutua entre dos personas que va más allá del eventual juego placen-
tero o la vivencia del amor sin caer en la cuenta de que también se pue-
de disfrutar del sentimiento amoroso traducido en la donación de lo
más personal, por ejemplo, dedicando el propio tiempo a acompañar
a la persona amada en todo el cúmulo de vicisitudes, altibajos y cam-
bios de ánimo por los que pasa, o compartir la intimidad corporal ocu-
pándose también de los pensamientos, sentimientos o deseos que se
dan concomitantemente con la fusión sexual o tras ella; la conjunción
armónica y completa de la pareja en todas estas vivencias, que es pre-
cisamente lo que falta en el amor romántico, es lo que impediría que
éste se convierta en experiencia plenamente satisfactoria, positiva y
propiamente humana.
De esta frustración me hablaba una mujer de 27 años que, tras convivir
como pareja de hecho tres años con su ahora exmarido, se casaron y su
matrimonio acabó en separación a los siete meses de legalizar su relación.
Cuando le pregunté a ella cómo había sido posible que, después de vivir tan-
to tiempo juntos les resultara imposible la convivencia, me dijo: “Creo que
J. M. no se dio nunca cuenta de lo que yo aspiraba y deseaba, estar juntos
a las duras y no sólo a las maduras”. Y añadió entre entrecortados sollozos:
“Me engañé pensando que, una vez casados, le gustaría estar conmigo tan-
to como con sus amigos solteros y que le bastaría estar junto a mí los fines
de semana para sentirse feliz y contento”.

2º. Los inconvenientes del amor romántico, vivido al margen del


pleno compromiso personal, se perciben fácilmente apenas se sopesa
la futilidad de los motivos en que se fundamenta la versión romántica del
amor. Los defensores de este tipo de amor dicen, por ejemplo, que el
amor entre los miembros de la pareja permanente o estable conduce
de necesidad a la rutina y al hastío dado que carece de la pasión y la nove-
dad que difícilmente se da entre los casados. No hace falta demasiado
esfuerzo para ver que tal argumento no se sostiene a menos que se
admitan dos supuestos nunca probados: por un lado, que la vida en
pareja es de por sí incapaz de proporcionar suficientes ocasiones para
crear novedad ni permite el paso por etapas suficientemente atracti-
vas y variadas dentro de la experiencia amorosa y, en segundo lugar,

178
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

que todo lo que se repite conduce necesariamente al aburrimiento y


al hastío, a la postre, se convierte faltamente en algo insoportable. En
contra de tan rotundas afirmaciones, la opinión de muchos especia-
listas es que no hay razón para negar la posibilidad de que la pasión
sea compatible con el amor vivido dentro de la pareja estable, quizás
no con tanta vehemencia como al principio pero sí con suficiente
fuerza y en niveles altamente gratificantes y novedosos. En este sen-
tido, una de los mayores atractivos y grandezas de la vida es com-
probar que los amores auténticos no se acaban ni cansan, como no se
acaba el amor de madre, de hijo, de esposo/a, de amigo... ni, en otro
orden de cosas, no cabe poner límites prefijados al disfrute de la
música, del trabajo, del arte, viajar o al placer de descubrir nuevos
matices literarios en las obras del autor que nos encanta leer; más
bien sucede todo lo contrario, que a medida que ahondamos en el
conocimiento y la experiencia de las cosas que nos agradan, más dis-
frutamos de ellas, sencillamente porque no tratamos de hacer siem-
pre lo mismo sino de hacerlo de manera distinta, nueva y más pro-
funda (Hendrick y Hendrick, 2000). A este respecto, los medios de
comunicación son proclives a presentar edulcorados de “salsa rosa”
los fracasos del amor de los personajes populares, ofreciendo sus his-
torias con tintes de falso realismo, y no sólo eso sino que tienden a
proponerlos como paradigma o patrón del amor endeble al que pue-
den aspirar los millones de televidentes lo cual es, a todas luces, con-
fundir el amor con los fracasos o las formas infradesarrolladas del
mismo. Nótese de paso y, por supuesto con el debido respeto a sus
personas, que los entrevistadores que se ocupan de mostrarnos las
miserias de tales amoríos suelen ser o solteros con escasa experiencia
en el tema del amor, o fracasados en sus respectivas historias senti-
mentales. Un ejemplo.
En el programa GRAN HERMANO de TV5, la periodista Mercedes Milá (16 de
enero de 2003), citando la autoridad de su hermana (!) –“como dice mi her-
mana”–, contrapuso la amistad duradera, especialmente cultivada dentro
del programa, con la temporalidad y precariedad del resto de los amores
que observamos en la vida real. Curiosamente, la hermana de la finalista
Desirée puso las cosas en su punto apostillando que “todo se gasta menos el

179
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

ANOR“, es decir, sustituyó el término “amistad” por el de “amor”, dando a


entender que la “amistad” bien entendida es una forma de “amor”. Estoy
plenamente de acuerdo con la matización.

Dando un paso más, pienso que inciden en grave error quienes


pretenden reducir las variadas formas del amor saludable y atractivo
a su expresión meramente exultante, de arrobamiento y con los inten-
sos efluvios sentimentales de los recién enamorados (Calle, 1995).
Dicho de otro modo, nada impide disfrutar de la sinfonía del amor
construido sobre la base de ir alternando a lo largo del tiempo sus
notas de calma y serenidad, los pequeños gestos, la cómplice mirada
o la caricia tierna de quien siempre tiene algo nuevo que regalarte, con
los momentos más vehementes. Como dice Heras (2001, p. 229), el arte
de vivir no es otra cosa que saber disfrutar en cada momento de lo que
se tiene al alcance y para esto no es tan necesario acceder continua-
mente a novedades o hechos extraordinarios como adoptar la actitud
de búsqueda de todo lo que nos depara de novedoso la polifacética
realidad diaria. Y, así, en la medida en que se aprende a descubrir en
cada situación las múltiples facetas que ofrece la vida en pareja, prác-
ticamente nada se repite, nada aparece como lo “ya visto y vivido”,
más bien al contrario, se comprueba que para el amor siempre hay
lugar para las pequeñas sorpresas, alegrías y satisfacciones.

3º. Frente al amor romántico, el amor madurado de pareja tiene


además una clara ventaja, estar libre de una de las mayores servi-
dumbres o dependencias negativas que acompañan al amor reduci-
do a sus expresiones meramente románticas. La razón es obvia, el
placer de la fogosidad pasional que caracteriza el amor romántico
conlleva casi siempre el inconveniente de enfrentarse cada día y en
cada momento a la angustiosa duda de si se podrá retener junto a sí
a la persona que sabes que te ama pero sólo muy parcialmente y sin
pasar por la prueba del tiempo (Keen, 1994). Esto no significa negar
que el amor puramente erótico o pasional vaya acompañado del peculiar
goce de lo mágico, lo novedoso, lo extraordinario y voluptuoso, pero
todos sabemos que tal experiencia amorosa tiende a durar lo que
dura el momento fugaz del encuentro pasajero de dos cuerpos –mejor

180
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

sería decir, de dos pieles– que se tocan y exploran periféricamente, lo


poco que da de sí la fusión sexual, que suele acabar dejando a los
implicados frente a la imperiosa necesidad de buscar ansiosamente el
siguiente objeto amoroso y someterse al tortuoso y por muchos con-
ceptos nada gratificante proceso de seducir a una nueva pareja. Lo
peor de tal situación es que, realizada la nueva conquista, el sujeto
dominado por el romanticismo suele disfrutar por muy poco tiempo
de la presa conquistada, pues al comprobar que apenas le sirve para
librarle de su soledad y del vacío momentáneo tiende a abandonarla,
con lo que se ve abocado a iniciar nuevamente el círculo vicioso de
“buscar para perder” sus sucesivos y fugaces objetos de amor. Pocas
peripecias humanas son tan desagradables para el común de los mor-
tales como el paso por la experiencia de que los sentimientos nacidos
al compás y en función del amor pasajero acaban sólo en el drama del
“donjuán”, que es lo mismo que decir en el amor perpetuamente
insatisfecho, toda vez que no es otra cosa que la consecuencia de con-
fundir la verdadera esencia del amor con la experiencia del placer
intenso, pasajero y egoísta del objeto amado (Heras, 2001, p. 80).
Abundando en las desventuras del “donjuan” moderno –existe tam-
bién la variante femenina– aparece su perfil con trazos tan poco atrac-
tivos como falaces son sus manifestaciones (Gil Calvo, 2000):
– curiosidad inagotable y malsana, al saber que el fracaso está asegurado y se
repetirá.
– en el hombre, búsqueda incesante de nuevas emociones mediante la repetición
de conductas eróticas traducidas en gestos calculados y excitantes, caricias,
brillante vestimenta, flores, palabras aduladoras, etc.
– y en la mujer, demostración del atractivo erótico a través de faldas cortas, pan-
talones pegados, peinado llamativo, senos semiabiertos, fuertes perfumes y la
cara escondida bajo la máscara de variedad de cremas que se expanden por el
rostro de acuerdo con lo que conviene resaltar o disimular en cada zona de la
cara (ojos, párpados, mejillas, labios).

Se preguntará el lector cómo, en el plano real, el amor de pareja


estable puede librarse de tanto disfraz y llenar de gracia la vida de
casados, sin perder por ello los mejores ingredientes del amor román-

181
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

tico (Yela, 2000), p. 119-122). Me lo explicaba así una pareja con una his-
toria de amor de veinticinco largos años de convivencia a sus espaldas:
“De vez en cuando recordamos la época en que nos enamoramos, hacemos
manitas a hurtadillas mientras paseamos juntos por el parque y nos “mete-
mos mano” a cualquier hora en el rincón más insospechado de la casa, sabien-
do que el otro disfrutará de la carantoña ocasional. A veces pasamos juntos
largos ratos leyendo la prensa y sin decirnos nada, o al despertar en los días
de fiesta, disfrutamos un rato pensando juntos que nuestro amor es tangible
y permanece con el paso de los años, durante los cuales comprobamos que
hemos aprendido algo tan importante como dejar de lado el egoísmo y escu-
char las necesidades y sentimientos únicos del otro. Hemos comprendido
también que para nada necesitamos recordar nuestros viejos problemas, que
los hemos vivido, y que sabemos y podemos disfrutar de muchas de las cosas
que hacíamos cuando éramos novios o en los primeros tiempos de matrimo-
nio. No necesitamos más para ser felices ni nos sabe a poco las muestras de
cariño que nos damos ahora. Una de las alegrías que más nos llena es saber
que nuestros hijos, a los que dedicamos muchos días y noches en sus prime-
ros años, nos recompensan a su manera con su cariño”.

Lo que venimos diciendo sobre las grandes posibilidades de cre-


cimiento y transformación del amor dentro de la pareja se resume en
algo tan simple como esto: frente al amor romántico de los enamora-
dos está el amor más maduro que se convierte en gozosa realidad
cuando los implicados en él se toman el lujo del emplear el tiempo
necesario para reconocerse sin prisas y en un nivel suficiente que faci-
lita la construcción de una permanente relación satisfactoria a partir
y en función de las múltiples caras del amor que prácticamente siem-
pre aparecen cuando se tiene la suficiente paciencia para recorrer en
compañía de la pareja los caminos que conducen al amor pleno. A
este propósito se ha dicho, no sin fundamento, que “ningún hombre
o mujer sabe realmente qué es el amor perfecto hasta que no lleva
casado un cuarto de siglo” (Dalai Lama, 1999, p. 96). Los que han
logrado encontrar el amor pleno y maduro saben muy bien que es
mucho más que el deseo incontenible de estar físicamente juntos, de
mirarse a los ojos, de tocarse o acariciarse, placeres a los que los casa-
dos no renuncian pero tampoco identifican con el halago narcisista al
falso “yo ideal” del otro que, para desgracia de sus protagonistas, casi

182
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

siempre va acompañado del temor a que se rompa el amor de mane-


ra abrupta y repentina. De la inestabilidad de tal amor a medias, da
fe el doble y desigual desenlace a que da lugar el amor romántico y
que conduce, en unos casos y en negativo, a la resolución pobre del
amor abortivo y pasajero, que no tiene otro destino que el vacío y, en
su versión positiva, a la culminación del amor de pareja estable cuyos
miembros, hábiles en el dominio de las claves que articulan la dona-
ción mutua e incondicional, logran saborear todo lo que se puede
esperar del amor total y pleno. Es dentro de este amor donde es difí-
cil encontrar el aburrimiento y es posible gozar, entre otras vivencias
positivas, de la tolerancia de las propias limitaciones por parte del
otro, de sentirse complementado con lo que se recibe de él a lo largo
de la compleja peripecia amorosa diaria o comprobar que es perfec-
tamente compatible la salvaguarda de la dimensión individual de
cada miembro de la pareja con el juego de todos los posibles inter-
cambios enriquecedores que libremente se establecen entre ellos; esto
y nada más que todo esto es lo que puede dar de sí el amor para quie-
nes se han decidido a implicarse en la aventura de llevarlo hasta sus
últimas posibilidades (Gray, 1992).

4º. Entre los retos más difíciles con que se enfrenta el soltero está
el saber estar solo, lo que supone carecer en muchos momentos de
aquella persona cuya sensibilidad esté lo suficientemente desarrolla-
da como para estar junto al que siente la necesidad de que alguien,
dispuesto a dejar de lado el núcleo de sus preocupaciones personales
y, movido por el amor desinteresado, se entregue al noble empeño de
compartir y vibrar al compás de los pensamientos y sentimientos de
euforia, inseguridad, esperanzas, fracasos, alegrías o tristezas del
otro. Sin negar que esto sea posible para el soltero, es difícil encontrar
fuera de la pareja personas dispuestas a desarrollar un programa con
tal nivel de exigencias pues supone, aparte de haber superado todas
las barreras que tienden a imponer la tendencia universal al narcisis-
mo –percepción del mundo circundante desde la única y exclusiva
perspectiva particular–, tratar al otro por encima de los criterios de
utilidad, pragmatismo y hedonismo imperantes en nuestra sociedad.

183
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

Habrá que reconocer, por ello, que en la práctica sólo el amor dura-
dero y pleno es capaz de entregarse con fe y decisión al descomunal
empeño que implica acercarse y comprender todos los entresijos del
alma del otro y es obvio, por lo demás, que los encuentros pasajeros
de los recién enamorados difícilmente dan de sí para un objetivo de
tanta complejidad y desinterés humano (Fromm, 2000; Cipolla, 1905).

5º. Según los datos aportados por estudios sistemáticos sobre los
sentimientos y necesidades afectivas de las personas, un inconve-
niente frecuente en la vida del soltero es comprobar que en el amor,
que indudablemente puede ejercerse fuera del matrimonio o vida en
pareja estable, aparecen ausentes algunas de las dimensiones cualita-
tivamente más significativas y valiosas del amor pleno y cabal (Yela,
2000). Concretamente:
a) faltan componentes esenciales asignados al amor maduro y
que implica, además de la pasión meramente erótica (excita-
ción sexual) o romántica (deseos de compartir algunas viven-
cias parciales y transitoriamente con la persona amada), dar
cumplimiento a las necesidades de intimidad (vínculo afectivo,
comunicación, confianza y apoyo entre los amantes) y de com-
promiso (existencia de planes comunes y percepción de la
pareja como algo estable y a pesar de las dificultades, enfer-
medad, accidentes, fracasos, etc.) (Sternberg, 1986).
b) difícilmente el amor vivido fuera de la pareja estable puede
cubrir un conjunto de necesidades afectivas básicas, general-
mente sentidas por los seres humanos, entre otras, la de protec-
ción, estabilidad, seguridad y de apoyo emocional (tanto darlo
como recibirlo), de intimidad (conocer y darse a conocer ínti-
mamente a alguien), de afiliación, compañía o pertenencia
(reconocerse como miembro de un grupo de personas que pro-
porciona referencias objetivas en el ámbito de los valores, patro-
nes reguladores de los sentimientos y de la conducta), la nece-
sidad de dar sentido a la vida (vivir para algo y, sobre todo,
para alguien) (Fromm, 2000) y, sobre todo, ser objeto de acepta-
ción por parte de los demás, a pesar de la dificultad que pueda

184
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

suponer para ellos adaptarse y tolerar las incomodidades deri-


vadas del peculiar modo de ser del soltero o de sus limitacio-
nes, errores o fracasos (Bernad, 2000). En la estimación común,
estos complicados aprendizajes rara vez se consiguen viviendo
al margen de la red de relaciones y estrechos vínculos o condi-
cionamientos que, en la práctica, únicamente suelen aprender-
se dentro del marco familiar y de la convivencia con la pareja
estable. A la luz de este criterio, resultan lógicos varios hechos
de experiencia común, entre otros, que los solteros sean gene-
ralmente tildados de “egoístas”, “bichos raros”, “insociables”,
amén de otros calificativos que traducen la idea de que vivir
solo y ser socialmente maduro son dimensiones raramente
coincidentes dentro de la misma persona (Heras, 2001, p. 129),
y un segundo hecho, bastantes solteros confiesan las incomodi-
dades que tienen que soportar por el hecho de demarcarse de la
pauta cultural según la cual el estado natural del adulto es vivir
emparejado y formar una familia. El peso ejercido por esta pau-
ta ha sido tan fuerte que, como sugiere Giddens (2000), hasta
finales del siglo XVIII siempre que se hablaba del amor entre
adultos se hacía en relación con el matrimonio o de las respon-
sabilidades comunes y recíprocas de los esposos, en definitiva,
de las obligaciones derivadas del amor enmarcado en la fami-
lia. ¿Quién se atrevería a negar que esto es también válido hoy?
Todo apunta a que dicho patrón cultural sigue plenamente
vigente en la actualidad, pues de lo contrario no se entenderían
muchas de las tensiones y presiones familiares y sociales a las
que son sometidos muchos solteros en nuestros días. De ellas
me hablaba en ciera ocasión un soltero de 42 años:
“Desde hace bastantes años y por principio, no suelo asistir a las bodas
de mis amigos, pues desde que cumplí los treinta casi siempre que he asis-
tido a una boda, ha habido invitados que me preguntaban ¿y tú cuándo
pasas por el altar?, otros, más desvergonzados y atrevidos y a los que
detesto [sic], me han mirado con cierta compasión y con desprecio, o así
me lo parece. En las bodas hay sitio para las parejas y los niños, no para
los solteros de cierta edad”.

185
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

6º. Diversos análisis sobre la dialéctica interna que condiciona el


pleno desarrollo del amor llegan a la conclusión de que dicho objeti-
vo no se logra hasta tanto no se alcanza la fórmula equilibrada de dar
amor y recibirlo. Sólo dar conduce al agotamiento psíquico del que
ama, y sólo recibir acaba en el sentimiento de vergüenza y la pérdida
de la autoestima de quien sólo está atento a disfrutar de la generosi-
dad del otro. Podemos entender lo mismo diciendo que cuando se
alcanza la plena vivencia del amor hay un momento en que la necesi-
dad y gozo de dar se corresponde con otra no menor intensa necesidad
y placer de recibir y, en este sentido, los verdaderos amantes no sienten
vergüenza de recibir todo lo mucho que procede de la generosidad
del otro, ni tienden a cansarse fácilmente de corresponder con la mis-
ma medida generosa al que les ofrece su amor (Gray, 1992; Mangla-
no, 2001). Desde estos supuestos, se comprende que la condición de
casado, con las continuas y múltiples ocasiones que proporciona la
vida familiar para los intercambios amorosos en los niveles más pro-
fundos, representa una situación privilegiada para el disfrute de la
total expansión del amor entre personas de distinto sexo. En este con-
texto, creo necesario aclarar dos posibles equívocos:
a) Reconocer un estatus privilegiado del matrimonio, en cuanto
situación que facilita el despliegue total del amor, no significa
negar sus numerosos inconvenientes o fallos. Pero el hecho de
que los tenga, tampoco autoriza a subestimar sus ventajas en el
plano del amor; sólo quienes padecen una enfermiza miopía
con respecto a la verdadera entidad del amor pueden negarlas,
lo que significa que, a la postre, se verán obligados a reconocer
que “el dar a cambio de nada y sólo por amor parece algo irracional,
pero dar para recibir es un camino que conduce a sentir la vergüenza
del que convierte el verdadero amor en el rastrero egoísmo” (Cipolla,
1995; Bernad, 2000).
b) Con frecuencia, se intenta negar la posibilidad de llevar el amor
hasta una de sus más sublimes manifestaciones, mostrarse
totalmente generoso y desinteresado con respecto al otro. Se lle-

186
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

ga, incluso, a decir que afirmar tal posibilidad no es otra cosa


que el resultado de confundir la verdadera naturaleza del amor
humano que, por ser siempre imperfecto, no se debe confundir
con la forma idealista de entenderlo. Pues bien, mi opinión es
que tal afirmación es simplemente una falacia, dado que lo que
se valora y ama en los demás cuando se ejerce el verdadero
y total amor hacia ellos no es algo distinto de lo valorado en
nosotros mismos, en definitiva, el valor intrínseco de la perso-
na, de lo humano y, en tal horizonte, el amor bien entendido
conduce a valorar desde el mismo patrón la integridad, libertad
y originalidad el propio yo y el yo de los demás (Fromm, 2000,
p. 62). A la luz de estas ideas, se entiende la profundidad y el
verdadero sentido del precepto bíblico que cuando dice “ama al
prójimo como a ti mismo”, no significa que haya que amarlo
“más ni tampoco menos que a uno mismo”; lo primero sería anti-
natural, lo segundo manifestación de cierto desprecio hacia los
demás. Desde esta perspectiva, se comprende que, teniendo el
mismo el fundamento el amor a sí mismo y a los demás, el amor
de pareja puede alcanzar el mismo grado de satisfacción y gran-
deza que el amor a sí mismo (Bernad, 2000).

— Intimidad: ¿experiencia frustrada en la vida del soltero?


Hoy, la palabra intimidad tiene preferentemente una connotación
sexual, pero ciertamente es mucho más. Incluye, también, compartir
todas las dimensiones de nuestra vida física, emocional, mental,
aspectos espirituales y sociales; realmente, intimidad significa com-
partir totalmente. No se puede negar que estar en la cama con alguien
haciendo el amor durante una hora puede resultar un alivio tempo-
ral, pero la cruda experiencia enseña que tales contactos superficiales
y pasajeros no resuelven plenamente la necesidad de intimidad,
entendida a un nivel mucho más profundo, el que supone abrir las
puertas de la propia alma al otro, hasta sus últimos recovecos. Cuan-
do esta apertura no se da, a la larga la intimidad sexual suele desem-
bocar en insatisfacción y en altas dosis de inseguridad y soledad.

187
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

Me lo describía así una joven de 24 años: “Llevo saliendo con mi novio dos
años, vamos a todas partes juntos y nos entendemos bien en la cama, pero
cuando comienzo a hablarle de casarnos y formar una familia es como si se
volviera sordo y me dice que de ese tema ya hablaremos más adelante. Tengo
también muchas dudas sobre sus verdaderas intenciones y si está dispuesto
o no a comprometerse conmigo. Yo necesito más intimidad, hablar de su
futuro y del mío, de lo que nos preocupa, de nuestras dudas, saber qué pien-
sa de su familia y de la mía, de la religión –soy muy religiosa–, en definiti-
va, necesito saber si está dispuesto a compartir todo y toda su vida conmigo.
En medio de tantas dudas y a estas alturas, no sé si me conviene seguir con
él o dejarlo”.

1º. Del anterior relato se deduce que para disfrutar plenamente de


la relación de pareja no basta la intimidad sexual o, dicho de otro
modo, que difícilmente llena la comunicación sexual si no va acom-
pañada de otros componentes psicológicos como la confianza, interés
por saber qué repercusiones tienen las relaciones sexuales en el resto
de la vida del compañero (principalmente en su felicidad y equili-
brio), tener un mínimo de seguridad de que el otro sabrá adoptar una
actitud de respeto ante las diferentes circunstancias que implican las
relaciones sexuales plenamente satisfactorias, por ejemplo compren-
der, en un momento dado, la posible inapetencia de la pareja, o la
atención generosa a las preferencias del otro en la forma, ritmo, dura-
ción, momento... de realizar el amor; sin tales ingredientes y redu-
ciendo el sexo a “solo sexo y nada más que sexo” suele conducir a la
sensación desagradable, difícilmente asumible, de que la totalidad de
la persona se confunde con una parte de ella, su cuerpo. Los psiquía-
tras y psicólogos (Lowen, 1994; Richo, 2000) que más profundamen-
te han estudiado esta experiencia la identifican con el sentimiento
negativo que denominan “extrañamiento” y que consiste en que el
sujeto percibe que, por unos momentos, su ser corporal y psíquico se
escinden en dos partes incomunicadas –extrañas entre sí–; estos mis-
mos autores indican también que tal percepción está abocada a una
de estas dos salidas, o bien a una vivencia depresiva que paraliza a la
persona y le quita la ilusión de vivir, o en la búsqueda compulsiva de
otras relaciones de las que se espera y se desea una comunicación

188
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

total de persona a persona. Esto lo saben muy bien las personas que
han pasado por el trauma del abuso sexual; muchas de estas perso-
nas quedan marcadas para toda la vida hasta el punto de renunciar a
todo encuentro íntimo con otras personas ante el temor de ser trata-
das como trozos de carne o simples objetos de placer.
“Tener sexo con una mujer en lugar de hacer el amor con ella es como comer
sin saborear lo que estás poniendo en tu boca”
(Darío Fo. Premio Nobel de Literatura).

2º. Se preguntará el lector qué tiene que ver todo esto con los sol-
teros. De momento, permíteme que te lo aclare con el reciente comen-
tario de una soltera de 46 años, que tras relacionarse de modo poco
satisfactorio con hombres –algunos casados–, convive desde hace
algún tiempo sólo en los fines de semana con un soltero de parecida
edad y con el que, según dice ella, sólo coinciden en una cosa, en no
comprometerse del todo ni para siempre:
“Nuestras relaciones marchan bien aunque no sé cuánto durarán. Como
nuestra convivencia es tan corta, apenas tenemos tiempo para otra cosa que
no sea dormir juntos, hablar del trabajo y poco más. Por ahora parece que
la situación se ajusta a lo que los dos aspiramos, comunicarnos a un nivel
muy superficial y no plantearnos nuestro futuro. Es posible que algún día
salte la chispa y digamos “nos casamos”; no es que verdaderamente lo desee
pero me parece que me lo está pidiendo el cuerpo. Mis mejores amigos me
dicen que valdría la pena”.

Siempre que tengo la ocasión de hablar durante un rato con algún


soltero, procuro que llegue el momento en que le pregunto por qué
no se ha casado. Pues bien, de un modo u otro casi siempre su res-
puesta final es “tengo miedo, me falta confianza para comprometer-
me totalmente con otra persona”. Si les digo que me aclaren qué quie-
ren decir con tales expresiones, me dan una de estas dos respuestas:
“dudo de si soy capaz de dar a otra persona lo que necesita”, o “me
da miedo intimar con un hombre/mujer”. Si del dato pasamos a su
interpretación psicológica, cabe pensar que, por encima de todo, lo
que busca el soltero es evitar la situación de convivencia diaria, esta-
ble y total, la que permite al compañero/a llevar a cabo un análisis

189
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

total de su intimidad, y eso no por razones cualesquiera o superficia-


les sino porque recela de que la “imagen real” de su persona tenga la
suficiente entidad y valor para que prevalezca el amor del otro sobre
los posibles motivos de rechazo. Llevando el análisis hasta sus últi-
mas consecuencias, se acaba concluyendo que sólo la baja autoestima
del soltero puede sustentar la posición de desconfianza ante la total
cercanía del otro (Keen, 1994). Por lo demás, las consecuencias psico-
lógicas de tal actitud son bien conocidas: 1) el rechazo de la imagen
real que el soltero siente con respecto a sí mismo le lleva a encerrarse
en su propia torre de marfil y a privarle de la alegría de sentirse un
ser valorado y amado por quien está dispuesto a quererle tal como es,
2) le priva también de enriquecerse y ser completado por quien es
capaz de amarle sin exigirle ser un dechado de perfección, un ser
ideal, 3) le conduce a la experiencia de soledad y de vacío que, en los
casos más graves, suele traducirse en conductas esquizofrénicas
–ruptura radical entre el propio yo y el mundo circundante que le
resulta extraño– y 4), por último y más grave aún, a la desconexión
consigo mismo, por carecer del marco de referencia que la persona
amada proporciona al soltero para su propia identificación y valora-
ción de sus ideas y sentimientos (Lowen, 1994). Seguramente son
estas carencias y no otras razones la causa principal de que el vulgo
tienda a identificar a los solteros con unos “bichos raros y sin defini-
ción”. Con el máximo respeto a los solteros que se sientan afectados
por las vivencias comentadas, les invitaría a reflexionar sobre estos
pensamientos (Bernad, 2000, p. 250):
“Cualquier sentimiento o experiencia compartida con la persona que nos ama
nos permite comprender y gozar dimensiones de nuestra vida que nunca
podremos descubrir encerrándonos en nosotros mismos”.
“Nunca logramos gozar de nosotros mismos sin el concurso del otro”.
“En buena medida, la vida solitaria y la vida pobre son lo mismo”.
“El apartarnos de la persona que está dispuesta a amarnos, lejos de pro-
porcionarnos enriquecimiento personal, es una fuente de empobrecimiento y
de limitaciones personales; nos equivocamos cuando pensamos que somos
autosuficientes y que no necesitamos estar junto a alguien que nos acepte y
nos quiera como somos”.

190
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

3º. En el contexto de las ideas precedentes, considero útil dete-


nerme a reflexionar con el lector sobre la interpretación psicológica
que cabe dar al fenómeno del número creciente de solteros que observa-
mos en la actualidad. Todos los analistas, sociólogos y psicólogos, coin-
ciden en definir nuestra sociedad tecnificada en función de dos notas,
la masificación y la tendencia a homogeneizar a las personas y cuya
consecuencia más decisiva, a juicio de dichos expertos, es impedir el
desarrollo de los mecanismos implicados en la comunicación profun-
da y total entre las personas. El hecho es de fácil comprobación cuan-
do observamos lo que ocurre en los centros productivos en los que los
obreros pasan gran parte de su vida. En la dinámica de la empresa, el
obrero se convierte en mero eslabón anónimo cuyo cometido no va
más allá de responder con el gesto limitado y en gran parte robotiza-
do exigido por el trabajo en cadena; nada ni nadie le invita a com-
partir con sus compañeros lo que le preocupa en la vida real, expec-
tativas, sentimientos, inseguridades, alegría, rechazos, etc., es decir,
todo lo que comporta una relación total entre las personas.
La convivencia en pareja es todo lo contrario a una vida roboti-
zada: los objetivos nunca están definidos desde el principio, desde
fuera y de una vez por todas, toparse con lo inesperado y eventual es
norma común y necesaria dentro de la convivencia familiar, la vida
de pareja necesita estar atento a lo que los diferentes miembros de la
familia necesitan o demandan en cada situación, las metas cambian
al compás de las variadas circunstancias que marcan la vida en fami-
lia, etc. Todo ello conduce a la conclusión de que el mundo laboral y
la vida familiar responden a dinámicas en buena medida contradic-
torias y, por tanto, difíciles de armonizar dentro de la misma perso-
na. A la luz de estas exigencias, cabría entender que lo que pretende
el soltero es trasladar las leyes del mundo laboral, poco flexible, fun-
cionalmente simple y superficial, a su vida personal o, dicho de otro
modo, inhibirse de la complejidad, indefinición y permanente ajuste
que conlleva la convivencia de vida en pareja y familiar.
Desde las reflexiones anteriores y vistas las cosas desde los casados,
se llega a la conclusión de que quienes optan por el matrimonio o el

191
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

compromiso de pareja suelen ser personas que han sabido dejar de


lado sus temores y asumido el reto de comprometerse totalmente con
su pareja en cuanto totalidad, con sus luces y sus sombras, sus segu-
ridades y sus incertidumbres. Esto ciertamente conlleva algunos
importantes riesgos e inconvenientes, pero también ofrece la no des-
preciable ocasión de poder desarrollarnos en todo lo que, como per-
sonas libres cargadas de energía y creatividad, los seres humanos
estamos dispuestos a vivir sin dejarnos vencer por miedo o enfren-
tarnos a lo nuevo, lo inesperado y complejo, ni negarnos la posibili-
dad de vivir nuevas experiencias y descubrimientos positivos capa-
ces de convertirse en fuente de impensables motivos de alegría y feli-
cidad. Nadie que no esté aferrado a una visión raquítica de la vida en
el terreno del amor puede negar que, bajo este punto de vista, la
situación del casado se presta con especial fuerza a vivir el reto de
convertir en hermosa y gozosa realidad la aventura de llevar hasta
sus últimas posibilidades todo lo que de grande y noble cabe dentro
del amor pleno y totalmente comprometido.

4º. No quisiera terminar mis consideraciones en torno a las gran-


des posibilidades del amor de pareja sin aludir de pasada a sus limi-
taciones, porque las tiene. Digamos de entrada que el amor total y
perfecto no existe ni en el matrimonio ni fuera de él, entre otras razo-
nes porque nunca el amor acaba suprimiendo las fronteras que sepa-
ran a dos personas que se quieren, tal supresión sólo es posible en la
situación irreal, engañosa y provisional de los enamorados pues, por
acendrado que sea el amor, el amado siempre sigue siendo el “otro”,
alguien en parte desconocido e incontrolable. Cuando esto no se reco-
noce, surge la desilusión, los celos y una serie de sufrimientos des-
tructores del amor de pareja, especialmente la intolerancia y la incom-
prensión. En este sentido, el símil que identifica el amor de pareja con
la unión de las dos mitades de la misma naranja no se corresponde
con la realidad; para bien y para mal, la unión de pareja consiste en la
coincidencia en algunas vivencias esenciales, no en la total identifica-
ción de dos personas que se instalan en la nueva realidad del “noso-
tros” a costa de perder sus respectivas individualidades. Ello implica

192
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

que para vivir en toda su grandeza el amor de pareja es necesario


saber estar frente al otro como alguien distinto y valioso por sí mismo
y, a la vez, semejante en un conjunto de vivencias significativas, valo-
res, pensamientos, sentimientos y conductas (Giroud y Lévy, 2000).

— La soledad, ¿enfermedad psicológica del soltero?


Sobre la soledad de los solteros hablan dos datos contrapuestos:
el primero, sociológico, señala que durante el último cuarto de siglo
el número de hogares unipersonales ha crecido en el mundo occi-
dental hasta alcanzar la proporción del 40 por ciento, en contraposi-
ción a los países del tercer mundo donde sólo es del 14 por ciento;
parecería que, según estos datos, el estar solo, lejos de ser una situa-
ción temida y de la que se huye masivamente, constituye un estado
apetecible para muchas adultos de nuestro entorno. El segundo dato
se refiere a un conjunto de informaciones extraídas de fuentes sol-
ventes que, de manera inequívocamente clara, indican que la soledad
ensombrece negativamente la vida de los solteros; me refiero a las
encuestas dirigidas a solteros y realizadas con las debidas garantías
científicas –la reciente de Nerín (2001) sería un buen ejemplo–. Otra
fuente abundante y no menos importante sobre la soledad de los sol-
teros está representada por la publicidad erótica que ofrece contactos
de todo tipo tendentes a encontrar compañía eventual con personas
del sexo opuesto y, en determinados casos, ofreciendo ayuda para
encontrar la pareja de toda la vida. Aquí aparecen las largas páginas
de los periódicos de cualquier ciudad del mundo (sección de clasifi-
cados: “relaciones”), numerosos webs en internet y una larga lista de
agencias matrimoniales que se reparten la abundante clientela de los
que buscan amor. Al margen de cualquier consideración, es lógico
suponer que lo ofertado en tales fuentes informativas coincide con lo
que piden los clientes que, al fin de cuentas, no es otra cosa que poner
al alcance de los solitarios algún remedio contra su soledad posibili-
tándoles la compañía de alguien, necesitado como ellos, de ver, oír,
tocar, escuchar, huir de la anodina realidad desprovista de cauces
para las relaciones amorosas. Hace algún tiempo me dejé llevar por

193
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

la pequeña curiosidad de examinar qué se ofrece a los usuarios en


esas múltiples “redes del amor” y mi conclusión es bastante clara: si
algo es evidente es que, en su conjunto, todos esos reclamos y ofertas
constituyen el grito de los solos en busca de alguien que remedie su
soledad. Esto es lo que se deduce:

a) del listado de demandas y ofertas que se proponen: “deseo pareja esta-


ble” (soltera de 31 años, médico), “busco chica para relaciones
serias” (soltero de 46 años, universitario), “soltera, 50 años, de-
seo pareja estable”, “si no tienes pareja, búscame, dejarás de sen-
tirte solo-sola” (grupo de amigos de 37-42 años), “para más de
30 años y solo-sola” (sigue el teléfono correspondiente). “chats
entre amigos” (www.amigar.com), “no más días solitarios, te
ayudamos, si quieres formar una familia, ven a conocer a tu
pareja, si buscas pareja ven a nosotros” (diversas ofertas de una
agencia matrimonial), “soy amorosa, nadie quiere sexo conmi-
go, lo necesito” (mujer de 62 años, empresaria), “ofrezco amis-
tad y compartir la soledad” (mujer de 25 años, enfermera), etc.
b) de lo que se promete a cambio de un poco de compañía: “ya no más
fines de semana solo” (teléf...), “acariciémonos juntos, excité-
monos, desfoguémonos” (varón de 40 años, soltero), “te ayu-
daremos a conseguir la felicidad” (teléf...), “soltero 31 años,
pago bien” (teléf...), “Marina, 28 años, pelirroja, bonita, cuerpo
de modelo, pechos perfectos, muy cariñosa, con mucho dine-
ro” (teléf...), “María, piel canela y culo respingón” (27 años, soy
rica), “canaria, vicio puro y total” (38 años), “soy gordita, 65
años, nadie quiere sexo conmigo, pago bien, ayúdame”, etc.
Dentro del polifacético paquete de ofertas, resultan especial-
mente llamativas dos listas:
1ª. las cualidades que se ofrecen como carta de presentación o señuelo de
la mujer: preciosa (18 años), soñadora (20 años), traviesa (19 años),
salvaje (22 años), romántica (21 años), tímida (18 años), cuerpo dise-
ñado para el vicio (23 años), femenina (35 años), soltera de labios
jugosos (25 años), cuerpo barby (29 años), morenaza cordobesa (23
años), etc.

194
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

2ª. hasta una decena de formas de realizar el coito: ruso (masaje del ano), tur-
co (la mujer con las manos atadas, espera a dar placer o recibirlo),
árabe (el hombre está boca arriba y la mujer “cabalga”), sajón (la
mujer presiona la base del pene con el fin de retrasar la eyaculación),
japonés (coito en el suelo o sobre almohadas, con numerosas posi-
ciones de cuclillas), sueco (sexo en grupo), cubana (masturbación con
el pene entre los pechos), tailandés (masaje realizado con los senos
por todo el cuerpo), francés (sexo oral, llamado así por la supuesta
habilidad de las galas para la felación), griego (coito anal). En algu-
nos casos se especifica si es con o sin preservativo.

c) del recurso a los contactos meramente sexuales ofrecidos a través del


teléfono o internet, lo que supone renunciar a la riqueza de la
comunicación corporal directa entre personas y convertir el
propio cuerpo en materia invisible e intocable para el otro, en
cierto modo, su reducción a realidad virtual. Entiendo que a
eso conducen propuestas como: “sexo a través de grabacio-
nes”, “chat sexual”, “sólo escucho”, “relatos porno”, “escucha
mis aventuras sexuales”, “escúchame gemir, oye mis fantasías
grabadas”, etc. etc.

Son muchas las conclusiones que pueden extraerse de los datos


anteriores; a mí me interesa destacar una sobre todas las demás: un
gran número de personas se sienten afectadas por la experiencia de soledad. Y
esto supuesto, me pregunto dos cosas: ¿quiénes son lo que se sienten
solos y de qué soledad hablamos? A lo primero podemos responder
diciendo que viven y sufren la soledad todos aquéllos que no han
logrado conectar satisfactoriamente con las personas de su entorno,
especialmente a través de una relación de pareja, y por ello se sienten
frustrados: “estoy solo, nadie me quiere” (soltero de 30 años, taxista);
“nadie quiere estar conmigo” (mujer, 43 años), “soy maestra de 50
años, me siento sola y busco pareja”, “quiero encontrar mi media
naranja” (36 años, médico). Sobre lo segundo, hablamos de la soledad
entendida no a modo de realidad objetiva que se pueda coger o dejar,
vender o comprar, quitar o poner, sino de algo tan profundo como es
el sentimiento doloroso de quien oye en su interior una voz que le dice

195
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

que algo importante falta en su vida mientras no cuente con alguien


que le escuche cuando necesita comunicarse y sentirse arropado.
Ahondando en el análisis psicológico de la soledad interior, la
primera valoración que se ofrece al estudioso del tema es comprobar
que la soledad en sí misma ni es buena ni mala, todo depende de
cómo la vive cada persona concreta. Así, se entiende que, en unos
casos, nos podemos sentir bien y tranquilos aunque no estemos
acompañados y hasta disfrutemos por ello y, en otros, la falta de
alguien a nuestro lado se convierta en una pesadilla difícil de sopor-
tar. A este propósito, nadie duda de que una cierta dosis de soledad
representa por lo general una experiencia enriquecedora y positiva,
pues nos permite descubrir quiénes somos, estar en paz e identifica-
dos con nosotros mismos, además de saber lo que podemos dar y
recibir de los otros desde la conciencia de lo que nos falta. En este sen-
tido y como he dicho anteriormente, únicamente la persona que ha
aprendido a estar radicalmente sola está capacitada para disfrutar de
estar acompañada o, en otras palabras, hasta que no establecemos un
contacto profundo con nosotros mismos, no podemos descubrir lo
que significan los otros en cuanto complemento necesario y enrique-
cedor para nuestra persona (Rojas, 1998).
Hablando en cierta ocasión con un matrimonio sobre la experiencia de sus
relaciones a lo largo de sus veinte años de convivencia, me ofrecían esta visión
retrospectiva altamente aleccionadora: “Al principio estábamos tan enamora-
dos que cada uno vivía totalmente para el otro, era como la sombra del otro,
hacíamos prácticamente todo juntos (comprar, salidas, encuentro con amista-
des), para todo nos teníamos que poner de acuerdo. Luego nos dimos cuenta
de que eso más que amor, era una esclavitud, aunque no sabíamos cómo resol-
ver el problema”. En cierta ocasión la esposa tuvo que ausentarse duran-
te varias semanas para atender a sus padres residentes en otra ciudad:
“Fue la ocasión para comprobar que había cosas que era mejor no compartir-
las sino buscarlas por separado, asistencia a ciertas reuniones de amigos, al
fútbol, en los fines de semana salir el marido a correr por la mañana con su
club ciclista, mientras la mujer salía al cine por la tarde con un par de amigas
o comía con ellas una vez a la semana. Fuimos comprendiendo que sólo éra-
mos en parte iguales y podíamos ser felices dejando al otro algunas iniciativas.
A partir de ese momento, desapareció el criterio de unanimidad en nuestra
vida y no por eso nos sentimos solos ni menos felices”.

196
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

Reconociendo que la soledad es en muchos casos atractiva, exis-


te un hecho universalmente asumido, que la calidad de vida y la feli-
cidad de los seres humanos depende de que se sientan acompañados
por otras personas y especialmente de ser hábil para establecer con
ellas un sistema de relaciones positivo y constructivo; esto plantea el
conflicto entre dos necesidades, la de estar solos y estar con los
demás. Un conflicto así sólo se resuelve asumiendo que somos seres
incompletos, necesitados de compañía para ser felices y, al mismo
tiempo y con igual peso, que en cuanto personas desarrolladas desea-
mos cultivar la privacidad como condición para la plena autorreali-
zación. Cualquier fórmula que se aparte de esta norma de equilibrio
está inevitablemente condenada a uno de estos dos fracasos, o bien a
sufrir el infierno de sentirse sometido y aniquilado por los demás, o
el dolor de la soledad derivado de haber cortado los lazos que nos
unen a los otros en el ámbito de la comunicación afectiva (Bernad,
2000). Cuando ocurre lo segundo, la soledad se impone como dolo-
rosa experiencia negativa que percibimos a través de manifestaciones
tan significativas y desagradables como comprobar que no nos senti-
mos queridos por los otros, que nadie quiere estar con nosotros, que
nuestros pensamientos, sentimientos y vivencias no repercuten en la
felicidad de los demás, que no tenemos nada que ofrecer a los otros o
que sentimos miedo a ser anulados por ellos, en definitiva, que nos
ahogamos dentro del mundo cerrado de nuestros propios límites
individuales; cuando esto ocurre es señal inequívoca de que estamos
viviendo el grave problema de la soledad (Richo, 1999).
Sería caricaturesco adjudicar todos estos males a los solteros, sólo
los vulgares estereotipos carentes del mínimo rigor y respeto a la rea-
lidad son capaces de llegar al extremo de considerar idénticas soltería
y soledad. Tal identificación carece de base toda vez que, como es bien
sabido, muchos solteros se sienten menos solos y mejor acompaña-
dos que muchos casados. Ello no obstante, también hay que admitir
que bastantes solteros sufren y mucho por no poder compartir de
manera habitual con su pareja no solamente los grandes triunfos o
fracasos de su vida, sino sobre todo la cotidianidad de las pequeñas

197
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

cosas. Que esto no es una ensoñación sino una experiencia vivida por
los solteros queda en evidencia cuando se analiza la lista de obstácu-
los con los que se enfrentan quienes no viven en pareja. Vivir soltero:
a) carecer de tener al lado alguien dispuesto a escuchar el latido
del propio corazón, lo mismo las pequeñas alegrías diarias que
la rabia, el desencanto, a veces las pequeñas traiciones de per-
sonas en las que se había puesto la fe y la confianza.
b) impide también comprobar que hay alguien que te acepta
como eres y como estás, cansado, agotado, derrotado u opti-
mista y eufórico, fuerte o transitoriamente agobiado por un
revés económico o profesional tanto eventual como duradero.
c) supone ausencia de alguien que sabes te ofrece la seguridad de
poder contar con él para compartir las propias limitaciones,
que todos tenemos, y te seguirá ayudando a superar el reto de
llevar a cabo esfuerzos y adaptaciones a la realidad que cambia
con las diferentes etapas de la vida, o que no te exigirá ser per-
fecto para merecer su amor.
d) implica carecer del que te servirá de espejo para alcanzar la
identificación de la propia valía, por encima y más allá de los
fracasos y los triunfos pasajeros. Frente a un mundo hostil y
competitivo, las relaciones amorosas de pareja reducen la inse-
guridad y el temor a la soledad cuando el mundo circundante
vuelve la espalda (Sánchez, 1996, p. 255; Yela, 2000, p. 223).
e) supone no tener a tu lado alguien que te hará fácil ejercer la
generosidad, dar tanto como recibes de la bondad ejercitada a
cuenta de nada y puramente gratuita.
f) ausencia también del que, además de proporcionarte seguri-
dad afectiva y material, podrá dar respuesta a las necesidades
sexuales o espirituales, al compás en que éstas aparezcan
(Neuberger, 1998, p. 19).
g) ausencia de alguien que sabrá cuidarte cuando la enfermedad y
la vejez te deje desvalido e incapaz de cuidar de ti mismo. Según
el estudio de Nerín (2001), el futuro y la vejez son las preocupa-
ciones mayores de los solteros (2,47 en escala de 5 puntos).

198
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

— Identidad personal y social del soltero


La pareja que funciona normalmente se instala en un horizonte
en el que cada miembro goza de su propia identidad y, a la vez, de
un punto de referencia con respecto al otro: “soy marido de, mujer
de, madre/padre de...”. La experiencia de esa imagen, por borrosa
que sea, representa una identificación singular e individualizada que
nada tiene que ver con quien “no pertenece a nadie” o, mejor, a tan-
tos, que difícilmente puede adquirir un sentido mínimamente claro
de la propia identidad; a esto se llama soledad (Jaeggi, 1995, p. 143).
Una laguna importante de los solteros es el carecer, a muchos efec-
tos, de una definición propia.
Esto lo percibí recientemente mientas comentaba con un separado la grave
soledad por la que ha tenido que pasar tras su separación. “Tu eres un sepa-
rado –le decía yo–, pero has estado unido a alguien que en cierto modo tie-
ne algo de ti, con quien has compartido esperanzas y alegrías, vuestra hija
es de los dos y ello para siempre; tú siempre serás padre de ... Sólo por ello
ostentas la categoría de persona definida, connotada por atributos que te
estarán marcando durante toda tu vida y que te permitirán decir ‘Yo soy
alguien’. Vivir de acuerdo con ese “alguien” es ya suficiente para ser feliz”.
Noté que se le iluminaban los ojos a medida que íbamos interpretando su
situación.

La vida en pareja facilita, además del proceso de identidad consi-


go mismo, otro tipo de identidad que los sociólogos y psicólogos
denominan “sentido de pertenencia al grupo”. Nadie se libra de la sole-
dad hasta que se siente integrado en un grupo del que participa a tra-
vés de sus mitos, sus rituales y, a un nivel más profundo, de sus valo-
res. A juicio de los expertos, el estatuto familiar es el que mejor –tal
vez el único– permite definir la totalidad de la persona en relación
con los demás, pues ni los clubes, asociaciones de amigos, tertulianos,
viajes, partidos políticos, etc., son capaces de cubrir plenamente el
sentido de pertenencia (Neuburger, 1998; Yela, 2000, p. 220).

— La maternidad/paternidad y el soltero
El hecho de la maternidad/paternidad se presenta en dos pers-
pectivas, social y psicológica. Desde la primera, la sociológica, se consi-

199
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

dera que los padres son personas que contribuyen a aportar el mayor
bien de la familia y de la sociedad, los nuevos ciudadanos, y de ahí
que se tilde a los solteros de insociables, egoístas y, en cierto modo,
zánganos de la sociedad. Según el ejemplar estudio de Nerín (2001, p.
87), aparte de que el tener hijos constituye una ilusión valiosa normal
y generalizada, se considera el cumplimiento de un deber social y, en
este sentido, no estamos lejos de aquella época en que el cumpli-
miento del deber reproductivo de la mujer representaba por sí solo el
principal fundamento de su identidad, y ello hasta el punto de que
una mujer –y un hombre– no casada/o y sin hijos venía a ser una
especie de “anormalidad” socialmente sancionada con el desprecio
(Cipolla, 1995, p. 323).
Las cosas comenzaron a cambiar con la revolución feminista ini-
ciada en los años 60, década en la que se propone como criterio social-
mente válido y aceptable que el vínculo entre mujer y maternidad
deje de verse como hecho “natural” y se presente la soltería como una
norma “social” catalogada como opción plenamente libre y respeta-
ble. Sin negar que, en el plano teórico esto es verdad, en la práctica
todavía hoy en día, la valoración positiva de la mujer/hombre se vin-
cula a su condición de madre o padre, al tiempo que se sigue viendo
la maternidad/paternidad como un objetivo que contribuye al desa-
rrollo del adulto tanto en su vertiente individual como social. A pesar
de la valoración altamente positiva de la paternidad/maternidad,
hoy se piensa que la contribución del soltero al bien de la sociedad
puede ser altamente positiva a pesar de no estar canalizada a través
del matrimonio y la crianza de los hijos. Sin embargo y en el plano
real, las cosas son distintas y siguen confusas, como bien lo pone de
manifiesto la “añoranza” que confiesan sentir muchos solteros, y
especialmente solteras, cuando se comenta con ellas el hecho de la
maternidad/paternidad.

Me lo relataba en estos términos una soltera de 35 años: “Creo que he acepta-


do no ser madre pero cuando veo a las parejas de mis amigos acompañados de
sus hijos siento que me falta algo importante en mi vida. Lo tengo claro, si lle-

200
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

ga el día en que me case, haré todo lo posible para ser madre; creo que es una
fuente de satisfacciones que yo no he tenido nunca y no me puedo negar”.

Como el lector ya ha adivinado, lo que esta mujer está descri-


biendo son aspectos relacionados con la vertiente psicológica de la
maternidad, algo implícitamente equivalente al reconocimiento de
que para ella la maternidad es una fuente muy importante para la
felicidad de la persona y la plena realización de la pareja; según de
Miguel (1992), de tal sentimiento participa el 80 por ciento de los
españoles. Entiendo que llegados a este punto, el lector que me sigue
me está exigiendo el pequeño esfuerzo de clarificar las implicaciones
psicológicas de la maternidad/paternidad; me presto a ello resu-
miendo mi posición en los siguientes puntos que, con pequeñas dife-
rencias, se aplican lo mismo al hombre que a la mujer:

1º. Para una parte significativa de las mujeres actuales, las as-
piraciones económicas, profesionales, de bienestar material y de
vivir para sí mismas –disponer de tiempo propio, principalmente–
se sitúan en un nivel de aprecio paralelo al deseo de casarse y ser
madres.

2º. La maternidad es importante pero no un objetivo primordial


en la vida de bastantes mujeres modernas; algunas –no hay estadísti-
cas fiables sobre el número de ellas– quieren ser otras cosas antes y
además de ser madres y piensan que la maternidad no tiene por qué
agotar las posibilidades de la mujer como persona.

3º. La maternidad puede considerarse desde dos perspectivas


principales:

a) como hecho básicamente biológico impuesto por la naturaleza a


la mujer y del que sólo ella puede ser auténtica protagonista.
Es manifiesto que quienes se centran con preferencia en este
aspecto suelen cometer la exageración de presentar a la mujer
como el arquetipo de altruismo, sensibilidad y total disponi-
bilidad, en oposición al hombre que quedaría reducido a

201
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

mero acompañante del proceso que culmina en el honroso


objetivo de ser madre. Cabe destacar, por otra parte, que des-
de esta perspectiva biologicista, es fácil comprobar cierta pro-
pensión a presentar la maternidad como castigo bíblico (“mul-
tiplicaré en gran manera tus sufrimientos y tus preñeces;
darás a luz hijos con dolor, Génesis, 3, 12), o como carga que,
tras el pecado original, se convirtió en una situación que com-
porta una serie de exigencias que acaban coartando la libertad
de la mujer y reducirla a la exclusiva condición de “madre de
los vivientes” (Génesis, 3,30) (Alberdi, 2000, p. 208; Alborch,
2002, p. 74).
b) en otra perspectiva, la maternidad se presenta como elección
libre y personal con tres tipos de connotaciones que se aplicarían
directamente a la mujer y sólo indirectamente al varón: 1) tec-
nológicas (control de natalidad por métodos artificiales), 2) psi-
cológicas (alegría de ser transmisora de la vida), y 3) sociales
(aportar a la sociedad ciudadanos en calidad de capital huma-
no y cultural) (Schwarkberger y otros, 1995, p. 110; Giroud y
Lévy, 2000, p. 176; Alberdi, 2000, p. 275; Alborch, 2002, p. 47).

4º. Las personas que han pasado de la relación de pareja a la con-


dición de madres/padres confiesan que tal transformación les ha
supuesto infinidad de experiencias que afectan a su relación de pare-
ja, a su vida social, trabajo, ocio, prioridades y sentimientos sobre sí
mismos. Tal paso conlleva inconvenientes, pues el dinero ya no sobra
y el tiempo para sí se reduce drásticamente, pero también permite
que los padres vivan el excitante descubrimiento de que algo de sí
mismos se convierte en felicidad de los hijos, en hogar donde se res-
pira un bullicioso frescor y alegría, abunda la ternura, las mañanas
son saludadas con ilusión renovada... y esto supone, a la postre, un
cambio de sus vida para mejor. Algunos padres hablan del nacimien-
to de sus hijos como si de una experiencia cuasi religiosa o mística se
tratara, como la asistencia a un cierto milagro de la creación (Fischer
y Hart, 2002).

202
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

DANZA DE LOS CIGOTOS


Podríamos imaginar los gozos de la maternidad/paternidad representándola a
manera de una danza en la que los zigotos (*) se reúnen en asamblea y, con-
vertidos como por arte de magia en seres maduros y plenamente conscientes,
comparten el gozo de haber recibido el don de la vida, se ven vibrando y atra-
yéndose empujados por la misteriosa fuerza de sus respectivos y complemen-
tarios perfiles físicos y psíquicos, reconocen su capacidad de recibir y dar amor,
de celebrar juntos su alegría de vivir, de comunicarse, de soñar, de trabajar, de
compartir retos, dudas, éxitos, proezas, de participar en la exploración, admi-
ración y dominio del cosmos. Esto y nada más que todo esto es lo que repre-
senta para muchos matrimonios jugar las bazas de realizar el papel de padres
en cuanto transmisores de la vida. Desde este horizonte, habría que concluir
que es difícil valorar la maternidad/paternidad como condición irrelevante o
marginal en la vida de la mujer o del hombre o entender tales prerrogativas en
función de meros supuestos legalistas o eventuales reconocimientos sociales.
______________________
* Zigoto: célula originaria de la persona resultante de la unión del
espermatozoide masculino y del óvulo femenino.

5º. A la luz de lo expuesto, entiendo que merece la pena repensar


la maternidad/paternidad en un marco superador de la visión ali-
corta del matrimonio y de los hijos sustentada hoy por una buena
parte del movimiento feminista. No tengo inconveniente en recono-
cer con tal movimiento la plena libertad de la mujer y del hombre
para optar por la soltería y orientar todas las fuerzas personales
hacia la realización de objetivos sociales, culturales o políticos no
derivados directamente del estatus de casado, pero creo que sería
menoscabar la dimensión espiritual del papel de madre/padre con-
templándola únicamente desde la perspectiva de la igualdad en de-
rechos y deberes del casado y del soltero, pues cabe valorar también
al hombre y a la mujer como sujetos dispuestos a ejercer su libertad
en el ámbito del amor paternal/maternal. Normalmente, cuando
esta dimensión hace acto de presencia en la vida de pareja los hijos
representan el preciado don nacido al compás del amor mutuo entre
el hombre y la mujer y se entienden sus relaciones amorosas y libres
como gesto complementario que alcanza su plenitud en el amor a los
hijos (Cipolla, 2001, p. 84).

203
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

— A modo de síntesis
Hay muchas formas de compartir la vida con nuestros semejan-
tes a través del amor, todas ellas valiosas y dignas del mayor reco-
nocimiento a nivel tanto personal como social. El amor de las perso-
nas adultas, doquiera se encuentre, no puede ser subestimado a
pesar de las flaquezas y limitaciones que pueden darse tanto en la
concreta vida del soltero como en la del casado. Pero, dada la condi-
ción humana y las leyes que regulan el pleno desarrollo del amor,
hay que reconocer que el amor de pareja, con sus notas de intimidad,
profundidad y compromiso, representa un modelo rodeado de un
conjunto de circunstancias y motivaciones que, lejos de impedir el
logro de las aspiraciones de los adultos, constituye tal vez el mejor y
más esplendoroso horizonte para convertir el amor en fuente inago-
table de felicidad.

b) La autonomía de los solteros: ni tan libres, ni tan independientes


Desde la Filosofía y Psicología, la libertad es el componente esen-
cial, la definición del ser humano en cuanto persona, por eso se ha
podido establecer la equiparación entre ser libre y ser persona. La
libertad no tiene fronteras, al menos nadie hasta hoy ha sido capaz de
establecerlas, y esto vale tanto en el campo del amor como del traba-
jo o en el de las relaciones afectivas, sociales, culturales, etc.; desde
este supuesto y en teoría, se entiende que la opción por el matrimo-
nio o la soltería es una muestra de libertad que todos los adultos
gozan por el solo hecho de ser personas.
Pero supuesta la validez de la precedente afirmación, es sabido
que en el plano real la libertad de elección entre celibato y matrimo-
nio ha sufrido importantes limitaciones a lo largo de la historia: Moi-
sés condenó, zahirió y anatematizó el celibato, Platón en las Leyes dice
estas terminantes palabras “El que no se casare a los treinta y cinco
años será castigado en lo que más le duele, que es la honra y en el
provecho”, y en La República afirma “Nadie está obligado a saludar al
solterón, ni a cederle la acera, ni a preguntarle cómo va de salud”.

204
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

Igual trato recibieron los solteros en la legislación de la Roma clásica


en la que fue expresamente ordenado el matrimonio y obligatorio el
tener hijos, recompensándose con la rebaja de un año la edad en que
se podían alcanzar los honores públicos por hijo nacido dentro del
matrimonio. Dando un salto en la historia, nos encontramos con
parecidas leyes en la vieja Europa, y así, en la Inglaterra del siglo XVII,
Pitt impuso un tributo especial a los solteros y, por la misma época,
en España se valoraba como un “cero a la izquierda el varón que no
contribuyera a cuadruplicar el número de sus pobladores” (Díaz,
1998).
En los tiempos modernos, ciertamente las cosas han cambiado
pues, por ejemplo, ningún Estado obliga a casarse a sus ciudadanos
ni a tener hijos, pero el número de presiones a las que el soltero se ve
sometido por parte de la familia, los amigos, los medios de comuni-
cación social y las costumbres locales (hasta hace bien poco en ciertos
lugares de Navarra la hija más joven estaba obligada a quedarse sol-
tera para hacerse cargo de los padres) no son pocas ni irrelevantes. La
legislación actual de muchos Estados, por otra parte, da pie para afir-
mar que el cambio no es el se corresponde precisamente con los atri-
butos de una libertad omnímoda, pues hay leyes que prohiben con-
traer matrimonio a los menores, o por razón de consanguinidad o de
sexo (gays y lesbianas). Tampoco hay que olvidar otras limitaciones
personales, analizadas ya en capítulos anteriores, y que tienen que
ver con las derivadas del miedo al compromiso o a la intimidad, o son
consecuencia de la despoblación de muchas regiones y pueblos en los
que encontrar pareja se ha convertido en un problema prácticamente
irresoluble para un gran número de solteros.
Me lo explicaba así en el verano de 2002 una soltera de 52 años residente en
un pueblo perdido del Pirineo navarro y que, como nos confesó, hacía una
semana que no había visto a nadie más que a sus padres: “Casarse aquí es tan
difícil como encontrar nieve en pleno agosto. Quien ha querido casarse ha
tenido que emigrar porque en esta tierra sólo hay sitio para los viejos y los
solteros, ni tenemos escuela, ni cura, ni médico... y todas las que han queri-
do casarse han tenido que emigrar a la capital”.

205
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

— ¿Hasta dónde llega la independencia de los solteros?


Hay un refrán popular que algunos solteros han convertido en el
telón de Aquiles de su independencia y libertad “cásate, así gozarás de
los tres meses primeros y después desearás la vida de los solteros”. A tenor
de esta discutible sabiduría popular, el matrimonio sólo permitiría
gozar de la libertad durante el corto lapso de tres meses, después sólo
espera a los casados la añoranza de la libertad perdida. Siguiendo con
tal lógica, llegaríamos a establecer una igualdad con dos formulacio-
nes que suenan diferentes pero que, en el fondo, son equivalentes:
soltero = libertad, casado = sometimiento. Ahondando en el sentido
de tan sagrado principio, se descubre que se trata de un sofisma de
escasos vuelos, pues se asigna el valor de la libertad más a lo que se
elige y de las condiciones externas favorables –¿placenteras?– que
acompañan y facilitan la propia elección que a la fuerza de voluntad
y los valores con que las personas asumen sus compromisos por enci-
ma y más allá de la comodidad y facilidad. Pongo un símil sencillo:
el poder elegir entre los seis platos que se ofertan en el restaurante al
que acudimos a comer supondría un ejercicio de libertad muy varia-
do y amplio, pero nadie duda de que la decisión que nos llevaría a
elegir el plato que menos nos gusta pero que se acomoda mejor a
nuestro delicado estado de salud implicaría una actuación más valio-
sa de la propia libertad. Generalizando el razonamiento, pensar que
cuanto más numerosas, fáciles y cómodas son las posibilidades de
elegir, más resplandecerá en ellas nuestra libertad o más libres nos
podremos sentir, es una afirmación que ofende al sentido común
(Neuberger, 1998, p. 18). Intentaré profundizar en este pensamiento
proponiendo algunas reflexiones más particulares.

1º. Libertad del soltero y las presiones sociales. En teoría, hoy nadie
discute en nuestra sociedad la plena libertad de los adultos para ele-
gir entre matrimonio y soltería. En el plano real sin embargo, la liber-
tad de muchos solteros a la hora de desmarcarse del matrimonio se
ve afectada por el rechazo de una buena parte de la sociedad, lo que
al menos en parte limita su libertad. Entiendo que, por injusta que
parezca, esta actitud no está exenta de cierta lógica, dado que todos

206
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

los grupos y organizaciones humanas se desarrollan, sobreviven y


prosperan en la medida en que los miembros que las integran se
someten a determinadas reglas y son sensibles a las necesidades y
objetivos del grupo al que pertenecen. Un ejemplo. Aceptado el prin-
cipio de plena libertad del soltero para no casarse ni tener hijos, en la
España de hoy, con la natalidad más baja del mundo, no se entiende
fácilmente –ni es justo (?)– que pueda recibir la misma valoración
social el hecho de comprometerse con la creación de una familia y la
crianza de los nuevos españolitos, necesarios para asegurar la conti-
nuidad generacional, que vivir al margen del problema de la despo-
blación de nuestro país. Y desde este supuesto, tachar de cierta insen-
sibilidad social a los solteros tiene algún fundamento y sería lo ade-
cuado por parte de ellos atenerse a tal crítica, aunque no les resulte
cómodo oír determinados comentarios o presiones sociales (Yela,
2000, p. 80).
En la misma línea, pienso que el rechazo por parte de los solteros
de las críticas y presión social a las que les somete el entorno familiar,
los amigos o los medios de comunicación social no queda plenamen-
te justificado acudiendo a la curiosa pirueta mental de atribuir el
amor de pareja estable a una especie de adicción enfermiza en virtud
de la cual habría que hacer tabla rasa o renunciar a dimensiones per-
sonales tan valiosas como la búsqueda de seguridad y apoyo afecti-
vos entre los miembros de la pareja o, en otro orden de cosas, no valo-
rar muy positivamente la renuncia a cierto grado de autonomía per-
sonal en aras de la salud social que, como es reconocido en todos los
meridianos del mundo, aporta el matrimonio; es más, en el peor de
los casos, actuar con cierta sensibilidad hacia los problemas sociales
es condición esencial tanto para el pleno desarrollo individual como
colectivo. Por ello, subestimar la búsqueda de tales necesidades
sociales a través del matrimonio, supone entrar en el mundo de lo
esperpéntico, pues supondría ver la sociedad como la suma de ciu-
dadanos individualistas instalados en casas sin puertas ni ventanas
(Peele, 1975). A la luz de estas reflexiones, nada tiene de extraño que,
según el estudio de Nerín (2001, p. 141), casi la mitad de los solteros

207
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

se sientan presionados por su familia, o que una gran mayoría de


mujeres y hombres independientes españoles se quejen del peso que
supone para ellos soportar la exclusión y críticas que reciben del
entorno por su manera de “retar” al sistema de valores establecido
con respecto al matrimonio (Alberdi, 2000, p. 132). Tal vez convenga
decir aquí que, para su desgracia y por injusto que parezca, los solte-
ros que peor parados salen del “ataque” son aquéllos que lo son a su
pesar y, por lo tanto, los que menos merecerían la desconsideración
de los demás.
Una parte de la clientela de los terapeutas son estos solteros los
cuales, tras haber ensayado infructuosamente una serie de racionali-
zaciones personales (“es mejor estar solo que mal acompañado”, “las
parejas no son precisamente un modelo de felicidad”, “todos mis
amigos se están separando”, “en mí no manda nadie”...), han acaba-
do quitándose la propia máscara y aceptando en cierto grado la críti-
ca social hacia ellos. Me lo decía en estos términos un soltero de 33
años: “a pesar de las apariencias, estoy con los que dicen que todos NECESI-
TAMOS CASARNOS”.

En este contexto, resulta elocuente la anécdota que cuenta una


famosa española que ha estudiado ejemplarmente la vida de las mu-
jeres solteras, me refiero a la exministra socialista Carmen Alborch
(Solas, 1999). Ha habido momentos en la historia, comenta, en que
ningún estado europeo nombraba a embajadores solteros pues se
pensaba que ninguna nación podía estar bien representada por el
hombre a medias, o la mujer a medias; un ciudadano al que le falta su
mitad, la mujer o el marido, no es apto para representar por comple-
to a su país (Díaz, 1998, p.136). Textualmente Alborch dice:
“Más de una vez, estando en el Gobierno, he recibido una invitación en la
que aparecía «... y esposo», y en muchas ocasiones han preguntado a mi
secretario, con cierta extrañeza: “¿La ministra va a ir sola?”. Incluso se ofre-
cían acompañantes espontáneos que no podían comprender que fuera al tea-
tro y me sentara sola en un palco. La verdad es que yo me encontraba bien
así. [...]. Después, cuando no era ministra: “¿Cómo va usted sola por ahí?,
¿no tiene miedo que le pase algo?”.

208
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

2º. La libertad del soltero y la fuerza del miedo. El canto a la total liber-
tad del soltero tiene una sombra que se llama miedo, una especie de
cadena que conlleva la experiencia negativa de depender de algo con
lo que es obligado convivir y, en muchos casos, apenas se alcanza a
soportar. Al igual que cualquier persona, el soltero tiene miedo, pero
sus miedos son en cierta medida específicos:
a) Miedo a la suplantación por el sexo contrario. El caso más notorio
de este miedo lo encarnan las neosolteras, mujeres con alto
nivel económico y profesional, que han decidido librarse de
las dependencias del varón, especialmente de la dependencia
afectiva. La pretensión que mueve a estas mujeres es ser idén-
ticas a los hombres, buscando una igualdad a ultranza en la
que se borrarían las diferencias. Así mismo, muchos hombres
comprueban cómo hoy en día hay mujeres capaces de sentirse
igual que ellos, lo que les enfrenta al miedo de perder el trono
que ocupan como rezumados machistas. Comenta el presti-
gioso psicólogo Fromm (2000, p. 25), refiriéndose al falso ideal
de ocupar un lugar seguro y sin sometimiento a nada ni a
nadie, que tal actitud es fomentada por la sociedad contempo-
ránea que necesita átomos, todos idénticos, para hacerlos fun-
cionar según las leyes de la masa, presuponiendo falsamente
que cuando todos seamos y nos comportemos como iguales,
desaparecerán las tensiones y se habrá conseguido la utopía
del “humano estandar” y finalmente la paz. El sofisma cae por
su propio peso, pues si lo que pretendemos es ser idénticos al
otro, lo que estamos fabricando es nuestra propia destrucción,
la negación de nosotros mismos, a la postre, vivir de acuerdo
con un patrón ajeno, que no es otra cosa que perder la inde-
pendencia y la verdadera libertad, pues de lo que se trata no
es ser diferente sino de usar la propia libertad desde las pro-
pias y únicas convicciones personales. Ciertamente, dentro del
matrimonio caben todo tipo de suplantaciones, pero a veces la
estructura de complementariedad en muchos aspectos de la
vida familiar hacen más difícil la prevalencia omnímoda de

209
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

uno de sus miembros sobre el otro y, al mismo tiempo, consti-


tuye una buena plataforma para aprender a compaginar auto-
nomía y libertad.
b) El miedo inherente a la falsa autosuficiencia. Muchos solteros con-
fiesan temor a que la vida en pareja se traduzca en la pérdida
de su libertad. La expresión suena sincera y hasta muy bien,
pero lo que se esconde tras ella no es todo brillo y positividad
sino algo tan poco confesable como tener que soportar la carga
de la falsa autosuficiencia. Cuando el soltero dice “yo no nece-
sito de nadie”, lo que en realidad está diciendo es “tengo mie-
do a tener confianza” en alguien que necesitaría para comple-
tarme o, en términos equivalentes, “me da miedo el duro com-
promiso de aprender a convivir con el que me puede poner
ante el riesgo de acabar con lo poco que me siento y decirme lo
mucho que me falta”. El soltero sabe muy bien que es un ani-
mal de relación y, por tanto, que necesita del otro como el res-
to de las personas, pero le falta la valentía para reconocerlo en
la práctica. Esto le convierte en esclavo del temor a enfrentarse
con su propia debilidad y, así, lo que parecía signo de su poder,
se convierte en síntoma de su debilidad y falta de libertad.
c) Miedo al compromiso del amor total. Una nota esencial del amor
espiritual es la libertad, pues nadie ha concebido nunca el
amor como obligación o limitado por ciertas restricciones. Amar
es poner al servicio de la felicidad del otro mi propia libertad
de modo total, con todo lo que soy, siento y aspiro. A muchos
solteros este ideal les resulta demasiado comprometido y, en
consecuencia, se refugian tras el miedo a la pérdida de una pre-
tendida libertad plena que, a la postre, no es sino la privación
del ejercicio del amor libre de sus numerosas trabas y limita-
ciones. Esto mismo puede expresarse de otro modo: quienes
sostienen que defender la libertad exige renunciar al amor ple-
no es porque no han alcanzado a comprender que el amor
constituye la suprema manifestación de la libertad (Manglano
(2001, p. 94).

210
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

d) Miedo a implicarse en la dialéctica entre dos necesidades contradicto-


rias, sentirse unido a otro ser humano y ser independiente. Los sol-
teros que aducen su libertad como razón para no comprome-
terse son sujetos que, de algún modo, no han sido suficiente-
mente eficientes para resolver la contradicción que encabeza
este párrafo: incurren en el error de pensar que se pierde la
libertad comprometiéndose, cuando en realidad es todo lo con-
trario, comprometerse implica hacer el mejor uso que puede
hacerse de la libertad orientándola hacia el amor al otro (Car-
ter y Sokol, 1996, p. 25).
e) Miedo a la intimidad. De este miedo he hablado ampliamente en
otras páginas de este mismo capítulo. El mito romántico, des-
bordante de éxtasis, se olvida de que en realidad el amor crece
poco a poco y a medida que el conocimiento mutuo se profun-
diza, que es lo mismo que decir, cuando llega hasta los límites
de la intimidad. Tal mito pretende hacernos ver falsamente que
la alternativa estriba entre elegir la libertad, aventura, nove-
dad..., lo cual nos fascina, o decantarnos por la fidelidad y
seguridad del matrimonio y el hastío. En realidad, tales dico-
tomías son tan falsas como artificiales, pues lo que en realidad
ocurre es que la opción por una de las dos posibilidades no
resuelve sino que acrecienta la tensión, derivada de aferrarnos
a uno de los polos opuestos que, por su propia naturaleza,
están llamados a convivir y armonizarse dentro del amor. Des-
de el punto de vista psicológico, el diagnóstico no deja lugar
para la duda: muchos solteros rechazan el matrimonio porque
les domina el miedo fóbico a la intimidad y todo el conjunto de
profundos compromisos que la acompañan (Keen, 1994).
Del miedo a la intimidad me hablaba en cierta ocasión una mujer que
había tenido un novio, aunque, como me decía, dudada de si habían llega-
do a ser verdaderos novios. Cuando rompió con él y tras convivir con
varios otros amigos, se dio cuenta de que “la amistad verdadera es aqué-
lla que aparece cuando dejas de tener miedo a la cama”. Para aceptar ir a
la cama, hay que querer mucho a la otra persona y tener toda la confian-
za en ella”.

211
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

3º. La libertad del soltero para concederse comodidades y placeres. Con


frecuencia, se tributa el más encendido elogio a las numerosas liber-
tades del soltero: convivencia pacífica con un cómodo desorden
dentro de casa, placer de no tener que preguntar a nadie sobre lo
que te apetece comer a mediodía o por la noche, salir o entrar cuan-
do y donde se te antoja, vacaciones libres de cualquier presión...
También, y como acabamos de comentar, facilidad para poner en
práctica un “donjuanismo” moderado o no tanto, el cual dará de sí
para embarcarse en el amor apasionado hacia el hombre o la mujer
que aparece por la esquina a la hora más insospechada, y tantas
otras fantasías nacidas de una imaginación que, muchas veces, tie-
nen poco que ver con las posibilidades reales del soltero, pues, como
es bien sabido, da poco de sí la libertad azarosa, transitoria o peri-
férica, pues tal tipo de libertad está cargada de inseguridad de cara
a la siguiente noche.
La pregunta es obvia: si tanto llenan estos amores libres ¿por
qué se abandonan tan pronto para sustituirlos por otros fugaces, no
será porque el amor que llena es el que resiste el tiempo, da seguri-
dad para el futuro, se saborea sin prisas ni recelos y se profundiza
hasta hacer de dos almas una? (Heras, 2001, p . 217). Y qué decir del
atropello que representa para el propio ritmo de vida y la incomo-
didad de vivir a la caza de presas siempre inciertas, ¿eso es como-
didad? La libertad para el placer tiene muchas limitaciones, tam-
bién para los solteros. Me lo contaba gráficamente así mi amigo sol-
tero que se suicidó:
“Con el grupo de amigos salimos a cenar al menos una vez por semana en
algún restaurante vegetariano. Al principio los platos saben a gloria, lue-
go los menús se repiten, los sabores resultan cotidianos y los vinos tam-
bién. Cuando sales, te queda el estómago lleno y el alma vacía. ¿Vale la
pena cenar contando aventuras, la mayoría de las cuales son falsas? Al
final te haces el remolón y pones excusas para lo que siempre acaba siendo
una frivolidad, encuentros en los que sabes que el desencanto es tan des-
comunal como grande la falsa apariencia de felicidad y la soledad de tu
casa vacía”.

212
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

— A modo de síntesis
Es obvio, que la soltería se presta a disfrutar de determinadas
dosis de libertad e independencia difícilmente alcanzables en la vida
del casado. Pero, tras los anteriores análisis, coincidirá el lector con-
migo en que la cuestión no es tanto el número de libertades de las
que goza el soltero cuanto de la hondura, voluntad, satisfacción per-
sonal y atractivo profundo que tales libertades representan en la
dinámica interna de la propia persona. En este último aspecto, todas
mis reflexiones acaban respaldando la idea de que “tener mayor
número de libertades” no significa “sentirse más libre” y esto resulta
claro cuando se entiende que el ejercicio de la verdadera libertad no
puede contemplarse como un hecho aislado sino como experiencia
que resulta gratificante en la medida en que va acompañada de un
conjunto de motivaciones profundas que dan sentido a lo que hace-
mos con libertad. Así y por ejemplo, ejercitar la paciencia con los
hijos puede tener sus ribetes de incomodidad pero, a la postre, saber
que tienes al lado alguien que te necesita y, a su manera, te agradece
con sus sonrisas la felicidad y seguridad que le transmites, puede
resultar una fuente de satisfacción más completa que el silencio de la
casa. Lo mismo cabe decir de las relaciones de pareja, supone sí el
esfuerzo de recorrer el camino, muchas veces largo y penoso, de acer-
carte al alma del otro, pero la recompensa de saber que “otorgas” sin
miedo a ser víctima de futuros chantajes, compensa los pequeños sin-
sabores cotidianos de ajustarte a los gustos y necesidades singulares
del consorte. En este sentido, ninguna posición puede defender seria-
mente hoy en día la imagen caricaturesca del “matrimonio estan-
dar”, regido por las leyes de un sometimiento cuasi metafísico, pues
caben también otras formas más democráticas de convivir en pareja,
donde la comprensión y la comunicación a todos los niveles se des-
pliega en condiciones de igualdad y camaradería; a la postre, cada
casado tiene el matrimonio que se merece y sabe construir desde su
propio concepto de libertad. Y entendidas las cosas así, matrimonio
y libertad es un binomio tan válido como la libertad del soltero.

213
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

c) Las amistades del soltero: entre la cercanía y la distancia


En cierta reunión de “solteros a la fuerza”, uno de los asistentes
sugirió que el grupo se denominara “de ayuda mutua”, ya que cuan-
do no era uno era otro el que estaba en “depre” y necesitaba terapia
grupal de apoyo. Lo más llamativo del caso fue que el portavoz con-
cluyó su intervención con estas palabras que fueron aplaudidas calu-
rosamente por sus contertulios: “Ya hemos constituido una familia
subrogante o sucedánea”. Me inclino a pensar que lo ocurrido en la ci-
tada reunión no era sino una cierta pirueta psicológica mediante la
cual los solteros asistentes reconocían, por un lado, la importancia de
la familia como instrumento natural para colmar la necesidad que
todos sentimos de contar con un grupo de referencia afectivo tan
seguro como la familia y, por otro, que el grupo de amigos, por cer-
cano que sea, se queda en eso, en un “sucedáneo” o aproximación a
los fuertes lazos afectivos que se viven dentro de la verdadera fami-
lia y que los solteros, por su condición de tales, difícilmente pueden
disfrutar plenamente. La interpretación final es clara, lo que preten-
día ese grupo de solteros no era otra cosa que un ejercicio de racio-
nalización, buscar la seguridad afectiva mediante la creación de un
grupo sustitutivo similar al peculiar de la dinámica familiar o, dicho
más directamente, reconocer que, en el plano de la comunicación, los
lazos afectivos que crea la familia no tienen equivalente en otras for-
mas de convivencia entre las personas. A este propósito, recuerdo la
preocupación de un soltero de 39 años que me decía:
“Uno de mis problemas es que tengo que estar buscando continuamente nue-
vos amigos porque los que tengo se casan y me dejan en la estacada. Sólo por
ello, valdría la pena casarme”.

De la amistad se han dicho cosas tan hermosas como “el que tiene
un amigo ha merecido un don divino”, “la amistad leal, sincera y
desinteresada es la verdadera comunión de las almas, es más fuerte
que el amor porque éste suele ser celoso, egoísta y vulnerable, la ver-
dadera amistad perdura y se fortalece a través del tiempo y la distan-
cia, para quien tiene un amigo no existe la soledad (Richo, 1999). Reco-
nozco que este canto a la amistad constituye la expresión un tanto

214
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

hiperbólica de la verdadera amistad. El contrapunto a tan encendidas


loas de la amistad me lo ofrecieron hace un par de años una pareja de
amigos que, tras diez años de convivencia, decidieron casarse. Cuan-
do les manifesté mi sorpresa por el cambio de rumbo en sus relaciones
afectivas, me dieron la siguiente explicación:
“La amistad nos ha dado todo, intimidad, sexo, diversión, seguridad econó-
mica, algunas lágrimas y muchas risas... pero al final coincidimos en que nos
faltaba una cosa ‘decirnos que nos fiábamos uno del otro para siempre y ocu-
rriera lo que ocurriera’. Comprendimos que lo que teníamos era sólo (!) amis-
tad y queríamos llegar al amor. Sabíamos que el amor es más difícil que la
amistad, pues los dos tenemos amigos separados, pero hemos decidido casar-
nos y arriesgarnos; quedas invitado a la boda”.

1º. Amor de casados y amistad entre los solteros. Al hilo del testimo-
nio anterior, podemos entender el plus que el matrimonio aporta en
comparación con las meras relaciones de amistad. Según Alberoni
(1986), prestigioso experto en temas de relaciones afectivas, lo que
diferencia sustancialmente la amistad del amor de pareja no es la
mayor o menor dosis de erotismo implicada en la relación, ni la fuer-
za y seguridad en la respuesta del amigo/a, lo específico y más im-
portante en el amor de los casados es la comunicación y el contacto
a través de las pequeñas cosas de lo cotidiano. Y, así, frente a la afir-
mación de que el amigo no necesita ver frecuentemente al amigo
para que la amistad perdure, pues “le basta saber que éste respon-
derá cuando sea necesario y con un acto de afecto, de comprensión
y aún de sacrificio”, el amor no necesita que ocurra algo extraordi-
nario ni especial, lo abarca todo sin distinción; esto es lo que explica
que parejas que llevaban juntas largos años, en cierto momento sien-
tan la necesidad de casarse para expresarse lo que de algún modo
nunca se dijeron mientras “sólo” fueron buenos amigos. Si ser ami-
gos fuera lo mismo que estar casados, no se explicaría que “amigos
de toda la vida”, cuando se casan, se separen; lo que en realidad ocu-
rre en tales casos es que se pone de manifiesto aquélla o aquéllas
parcelas profundas de la propia persona que nunca estuvieron real-
mente unidas a la otra. En síntesis: la gracia del matrimonio, en opo-

215
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

sición a la amistad entre los solteros, radicaría en la facilidad para


estar junto al otro de manera constante y para todo, en las experien-
cia grandes y en las pequeñas, participando en la sucesión y varia-
ciones del marido/mujer en sus pensamientos, sentimientos y accio-
nes; ésta es precisamente la zona en que el matrimonio se integra en
un “nosotros” que va mucho más lejos y es más rico que el “noso-
tros de amistad” peculiar de los solteros. Huelga decir, que adoptar
esta interpretación es perfectamente compatible con aceptar que en
la amistad puede haber, y de hecho la hay, una buena dosis de amor
e, igualmente, que entre los componentes del amor de pareja la
amistad es uno de los principales.

2º. Los solteros y las redes de amistad. Se ha dicho, con fundamento,


que la amistad es el mejor sustitutivo del amor, por lo que se cumple
la ley de que en la medida en que falta el amor más necesidad se tie-
ne de suplirlo con la amistad; de hecho, es frecuente ver a muchos
solteros participando en grupos de amistad. Tengo un amigo soltero
de 41 años, con las tardes libres, que pertenece a cuatro círculos de
amistad: el lunes juega al tenis con sus amigos deportistas, el miérco-
les va al cine con los cinéfilos, el viernes cena en su club gastronómi-
co y el domingo va al fútbol con su peña. Esto ocurre porque los seres
humanos somos seres gregarios, necesitados de sentirnos en compa-
ñía de otros semejantes. Cuando no nos es dado cubrir tal necesidad
con el amor de pareja, buscamos suplirlo arropándonos con los ami-
gos y esto explica también el que se pierda el contacto con los amigos
solteros cuando entramos en la dinámica familiar.
No es extraño, por otra parte, que en una sociedad poblada por
una pléyade de solteros, se multipliquen los grupos de amistad y de
ayuda. Los grupos de amistad constituyen sistemas de apoyo entre
los individuos que sirven para mejorar la competencia adaptativa a
la hora de tratar crisis a corto plazo y también otros desafíos vitales,
pues ofrecen guía, consejo, información, cierto grado de intimidad y,
en general, promueven el sentimiento de comunidad, de integración,
de solidaridad y de afecto; es obvio, por ello, el beneficio psicológico
de tales encuentros.

216
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

Es difícil saber hasta qué punto los grupos de amistad pueden


cumplir con tan ambiciosos objetivos, pues no existen estudios rigu-
rosos ni fiables sobre el tema (Requena, 1996, p. 81-83). Aunque dis-
ponemos de datos parciales, según los cuales el 85 por ciento de los
miembros pertenecientes a algún grupo de amistad declaran que la
experiencia les ha resultado positiva, no tenemos información acerca
de las personas para las que dicha experiencia no ha sido satisfacto-
ria, ya que los que no se benefician del grupo abandonan, con lo cual
la muestra está sesgada. A esto habría que añadir una variante de la
mencionada dificultad: por el momento, carecemos de modelos psi-
cológicos para afrontar estos estudios o los disponibles son todavía
muy provisionales (Barrón, 1996). Resumiendo, aunque es evidente
que las personas que acuden a grupos de amistad y de apoyo obtie-
nen ciertos beneficios y mejoran su grado de bienestar, hoy por hoy
desconocemos dos aspectos muy importantes y decisivos en torno a
esta cuestión, cuál es la eficacia de estos grupos para lograr los fines
que pretenden y qué actividades son más adecuadas para conseguir-
los. Volveré a ocuparme del tema en el siguiente capítulo.

3º. La amistad y las computadoras. La era del internet ofrece nuevos


caminos para las relaciones de amistad. Entras en un café cibernéti-
co y te encuentras toda clase de personas, jóvenes y otros que no lo
son tanto, ensimismados en ordenadores silenciosos, absortos y
“chateando” (del inglés, chat = chismorrear) a través de estos nuevos
instrumentos de la relación amistosa, hasta puede ocurrir en algunos
casos, que la amistad virtual acabe en el amor total y duradero.
Como he explicado en otro lugar de este manual, esta modalidad de
“amor virtual” no está exenta de algunos peligros. En efecto, los ami-
gos cibernéticos pueden estar en cualquier rincón del mundo pero
por eso mismo tienen el inconveniente de que no se les ve la cara,
sobre todo los ojos, a través de los cuales los humanos nos comuni-
camos el 70 por ciento de lo que hay en nuestro interior y mostramos
lo que realmente somos. Tampoco aparece en la pantalla la elocuen-
cia de los silencios, tan importantes para comunicar la calma y el
equilibrio en una sociedad desajustada y poco vertebrada en valores

217
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

consistentes. Y no olvidemos la ausencia de otro elemento esencial


en el amor, la imprescindible confianza y la ausencia del temor al
compromiso, pues cuando se apaga el ordenador, ninguno de los
contertulios virtuales se compromete con nada ni con nadie, en rea-
lidad son unos personajes filtrados que pueden ser personas genero-
sas pero también la encarnación del egoísmo y la maldad (www.sema-
nario.com.mx (2003); es posible incluso que lo que ofrece la pequeña
pantalla no tenga nada que ver en muchos casos con las verdaderas
aficiones, valores y sentimientos íntimos y personales del que nos
entusiasma por su gracia verbal o su ingenio del momento. ¡Qué
gran espejo para saborear los efímeros impulsos del amor romántico!
Probablemente el lector conocerá alguna historia parecida a la de aquella
pareja de internautas tímidos que vivían en casas contiguas y se hablaban
casi todos los días por internet. En cierta ocasión, ambos se encontraron en
la calle y él, por despiste, le habló a ella con el exagerado acento catalán que
utilizaba durante el chateo. Las sorpresa fue morrocotuda, sobre todo a la vis-
ta de que ella comprendió –¡intuición femenina!– que su amigo internauta
era su vecino, tenía el doble de edad y de peso que decía tener y no era el hipo-
tético estudiante de medicina sino un mecánico del taller de enfrente ... A
partir de entonces, como es lógico, la amistad fue sustituida por el más abso-
luto desprecio.

— La amistad en el soltero y en el casado


Dados los rasgos y las muchas prerrogativas positivas asignadas
a la amistad, ¿en qué sentido cabe hablar de carencias afectivas en las
relaciones amistosas del soltero cuando las comparamos con el amor
dentro de la vida de familia?
a) Se lo he preguntado a bastantes solteros de manera indirecta:
“En escala de 0 a 10, di en qué medida asocias o crees que van juntos
estos dos términos “niños” y “amistad”. En las numerosas ocasio-
nes en que he formulado esta pregunta, la respuesta ha estado
siempre más cerca del 0 que del 10. Para muchos solteros,
amistad y niños son dos conceptos muy lejanos entre sí, lo que
me lleva pensar que en la relaciones de amistad practicadas

218
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

por los solteros faltan dos ingredientes importantes de la vida,


la ingenuidad y la ternura de los niños. Esto me trae a la me-
moria el conocido refrán popular “a quien Dios no da hijos, le da
muchos sobrinos”, que explicaría lo aficionados que son muchos
solteros a encontrar en sus sobrinos lo que no pueden darle sus
propios hijos.
Me lo comentaba así una casada a raíz de tener su primer
hijo a los 34 años:
“Siempre fui muy niñera, desde joven tenía posters de niños en mi habi-
tación y hasta en el baño. Desde que puedo tener mi propio hijo en mis
brazos, ya no miro los carteles, me embeleso contemplando las sonrisas y
miradas de mi bebé; la cara de mi hijo suple todas las fotografías que estu-
ve mirando durante los años que fui soltera”.
Una mujer de 29 años, madre por fecundación artificial, me
decía: “He tenido y tengo buenas amigas y amigos, pero me faltaba algo,
dar todo mi amor a alguien con quien cruzar la mirada. Después de can-
sarme de esperar al hombre de mi vida, me decidí a tener un hijo; ahora
tengo alguien que con su mirada da sentido a mi vida, comprendo que lo
que necesitaba era que alguien me mirara: la mirada de mi hijo me hace la
madre más feliz del mundo”.

b) Una de las experiencias negativas por las que pasan los solteros
es la pérdida frecuente de los amigos a lo largo de las diferen-
tes etapas de la vida y por razones diversas, la distancia es una
de ellas pero, sobre todo, los importantes cambios experimen-
tados en las diferentes fases del desarrollo personal a través de
los años; por ello, la afirmación de que la amistad es para siem-
pre es sólo una verdad a medias. Casi todos hemos tenido ami-
gos en la adolescencia, etapa crucial y sin identidad propia en
la vida, cuando la amistad sirvió para no encontrarnos en una
especie de limbo entre la adultez y la infancia y sin identidad
propia; hemos tenido también amigos de juventud, que suelen
ser casi siempre más duraderos y con los que hemos comparti-
do de manera real y profunda preocupaciones que nos acom-
pañarán toda la vida, pero cuando nos preguntamos cuántos y

219
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

sobre todo qué amigos perduran, las más de las veces la canti-
dad y calidad brillan por su ausencia. Me lo explicaba así un
amigo soltero:
“Hasta los 25 años tuve varios buenos amigos. Los tuve de niño en mi
pueblo antes de emigrar mi familia a la ciudad. Llegados a la capital, me
costó encontrar amigos pero al final me hice con dos con los que pasé
muchos buenos ratos durante mis estudios en el instituto. A estos amigos
los perdí, pues ellos fueron a la universidad y yo me puse a trabajar con
mi padre. Aun en esa etapa, logré congeniar con dos compañeros de tra-
bajo, pero todo se acabó cuando estos compañeros se casaron. Seguí
teniendo contactos con ellos y sus mujeres y hasta me encariñé con un hijo
de ellos del que me hicieron padrino. Pero al fin comprendí que en sus fies-
tas y reuniones sobraba pues lo que yo vivía tenía poco que ver con sus
preocupaciones de casados y con las relaciones de sus familias.

Conozco otro caso que pone de manifiesto cómo se va arrinco-


nando al hijo soltero cuando los demás hermanos se casan y se
multiplica la familia con la llegada de los sobrinos:
Se trata de una familia que veranea en la casa de origen que los abuelos pose-
en en un pueblo castellano. Mientras no hubo nietos, sobraban las habitacio-
nes pero, cuando aparecieron éstos, el tío tuvo que dejarles la habitación para
que estuvieran al lado de sus padres, y más adelante la segunda... La reducción
del espacio reservado al tío soltero fue tal que finalmente “se le echó de casa”
invitándole amablemente a irse a dormir al chalet vacío que otro de los herma-
nos posee en el mismo pueblo.

Creo conveniente terminar este apartado, sobre las relaciones


afectivas y de amistad de los solteros, recordándo al lector algo
que supongo está en su ánimo: la grandeza y plenitud que
pueden proporcionar las amistades entre los solteros en nada
quedan empañadas por algunas carencias que las acompañan
pues, a poco que se profundice en el tema, se observará que
ninguno de los ingredientes que aparecen en el amor de pareja
está totalmente ausente en la experiencia del amor de amistad
(compañía, intimidad, confianza, apoyo). En este sentido, re-
sulta caricaturesco y también algo insultante identificar al sol-
tero como un pequeño esbozo del adulto sin corazón.

220
LA VIDA DEL SOLTERO: SUS LUCES, SUS SOMBRAS

“Precisamente porque no tengo familia propia, cuento siempre con mis amigas, a
las que cuido y quiero como hermanas. No sé el futuro que me espera, pero tengo
la total confianza de acompañarlas hasta la tumba, como si fueran uno de mi fami-
lia” (española emigrante y residente en Suiza que convive con una amiga
como si fueran hermanas de toda la vida).

— A modo de epílogo
En este tercer capítulo hemos podido sopesar lo que implica en la
vida de los solteros el amor, la independencia y las relaciones de amistad.
En estas dimensiones, la experiencia del soltero constituye un cuadro
en el que pueden percibirse algunas penumbras e inconvenientes
pero también brillar muchas luces. Es evidente que, en estos tres
ámbitos se dan diferencias importantes con las vivencias del casado
normal, pero sería un error y falsear la realidad entender que tales
diferencias dan origen a dos mundos contrapuestos o, incluso, anta-
gónicos, –del casado y del soltero– como piensan quienes caen en la
trampa de dejarse llevar por los dictámenes y verdades a medias del
estereotipo fácil e insultante. Siguiendo el impulso que dirigen estas
reflexiones, considero que tal vez lo más apropiado y justo es decir
que la sociedad actual carece de la madurez suficiente para promover
en sentido positivo las posibilidades y riqueza que, para el desarrollo
personal, ofrece la soltería tanto para aquéllos que la viven por impe-
rativos ajenos a sus deseos como para quienes han decidido hacer de
ella una opción libre. Considero una tarea importante de la psicolo-
gía seguir profundizando en la clarificación de interrogantes tan
importantes para una sociedad que cuenta con el 25 por ciento de
adultos solteros. Entre dichos interrogantes, formulo los siguientes:
1º. ¿Qué objetivos vitales se pueden proponer a los solteros para
el desarrollo pleno de su persona?
2º. ¿Qué instrumentos y recursos está dispuesta la sociedad a
poner en manos de los solteros para que éstos alcancen los
mencionados objetivos?
3º. ¿Qué campañas de mentalización cabrían en los medios de
comunicación social para reivindicar el estatus del soltero, de

221
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

tal modo que pierdan fuerza y queden desenmascarados de


una vez por todas los estigmas con que el pensamiento vulgar
moteja a los solteros?
4º. ¿Qué estudios psicológicos y sociológicos merece la pena em-
prender para que los solteros y los casados comprendan el
papel complementario que, en la dinámica social, los dos esta-
dos están llamados a ejercer con vistas al logro de un objetivo
común, la salud mental de la sociedad global? No podemos
olvidar que la sociedad actual avanza a pasos agigantados
hacia una sociedad en la que los casados y solteros serán igua-
les en número, ¿por qué negarles la igualdad en lo social, eco-
nómico y cultural?
5º. Y por último, considero urgente plantear en términos científi-
cos y rigurosos la creación de un marco de referencia o pro-
grama en el que, reconociendo el derecho y honorabilidad de
optar en condiciones de igual libertad lo mismo por la soltería
que por el matrimonio, a diferencia de lo que ocurre en el pre-
sente, el valor de uno de ellos no se haga restringiendo o fal-
seando las posibilidades del otro.
Como resumen de este programa, quiero terminar aportando
el pensamiento un tanto amargado de un soltero de 42 años:
“Lo que pedimos los solteros es que nos dejen en paz y tranquilos, que
quienes nos rodean no nos mareen diciéndonos lo que tenemos que hacer.
Somos ya mayorcitos para saber lo que queremos y cómo conseguirlo. No
necesitamos ni nos merecemos el paternalismo insultante”.

222
4
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS:
Los solteros en el futuro y
su desarrollo personal

No es fácil hacer profecías sobre el futuro de los solteros máxime


en un mundo que, como el actual, cada día que pasa arrincona por
inservibles sistemas de producción o economía y reestructura las
organizaciones humanas en función de nuevas bases y nuevos valo-
res culturales y sociales (usos de la ciencia y tecnología, cambio de
intereses, expectativas, costumbres, criterios morales, gustos, temo-
res, retos, pautas de consumo y de diversión). Cualquier cambio sig-
nificativo en alguno de estos campos afecta a la familia, a los grupos
culturales y recreativos, a los grupos de presión, a los partidos políti-
cos, iglesias, etc., y a la postre, a los individuos que integran los dife-
rentes grupos de la plurivalente sociedad que nos toca vivir. Según
todos los analistas, uno de los cambios más notables –algunos lo cali-
fican de “preocupante”– es el que se refiere a la nueva configuración
de las relaciones afectivas y comunicación entre las parejas tanto
hetero como homosexuales; ante estos drásticos cambios y como es
lógico, no actúan como meros espectadores ni las familias ni los sol-
teros cuyo número aumenta en proporciones hasta ahora desconoci-
das; piénsese que uno de cada cuatro españoles en edad de casarse
están/son solteros.

223
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

Ante este panorama, definir con cierta precisión la repercusión de


tantos y tan rápidos cambios en el devenir de aquéllos que en calidad
de solteros buscan su desarrollo personal por caminos distintos a los
de la vida familiar resulta un asunto, además de arriesgado, difícil de
pronosticar sobre todo a la vista de que el escenario de la vida huma-
na se confunde y se complica con el conjunto de variables y factores
que actúan dentro del gran ecosistema que hemos convenido en lla-
mar la “aldea global”. Hoy es prácticamente imposible saber por
anticipado cómo influirán en el soltero de hoy las condiciones del
mañana y mucho menos listar el conjunto de factores nuevos que
condicionarán el nuevo patrón de la futura soltería.
A la vista de tales premisas, se me ofrecían dos posibles opciones
para encuadrar el desarrollo psicológico del futuro soltero: 1ª) extra-
polar las dimensiones de la vida del casado a su correspondiente pro-
yección en la vida de los solteros; esto me exponía a incurrir en con-
siderables errores por las razones arriba apuntadas, y 2ª) intentar algo
más arriesgado y al mismo tiempo más constructivo consistente en
proponer un modelo de desarrollo personal específico y adaptado a
aquellos adultos, hombres y mujeres, que por imperativo de las cir-
cunstancias o por libre decisión intentan encontrar su equilibrio y una
vida saludable desde su peculiar condición de solteros. Situándome
en esta segunda opción, la meta del presente capítulo arranca en el
siguiente supuesto: el futuro de los solteros no está escrito a manera
de acontecimiento fatalmente necesario sino que será el resultado
conjunto de una larga lista de actitudes, valores y acciones protago-
nizadas por los propios solteros y que, en buena medida, pueden res-
ponder a un programa lúcidamente programado y realizado por
ellos. Me anticipo a decir aquí que no soy el primero ni el único en
ocuparme del tema, pues tengo noticias de que grupos muy signifi-
cados, como el CLUBIMPAR (www.revistaimpar.com), están implicados
hace algunos años en el diseño de programas encaminados al desa-
rrollo personal de los no emparejados. Se trata en definitiva de escla-
recer, por un lado, el perfil psicológico de los seis millones largos de
españoles, de entre 25 y 65 años, que en los comienzos de 2003 viven

224
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

solos (INE, 2003. www.ine.es), y, desde el punto de vista sociológico,


de ubicar, con todos los honores, a los solteros en el lugar que les
corresponde personificar dentro de la dinámica y del bienestar de la
sociedad global a la que pertenecen por derecho propio. Es justo reco-
nocer que los solos y los solteros son personas que, como el resto de
ciudadanos, están llamados a vivir felizmente y cuentan, además, con
grandes posibilidades para contribuir al bien común desde el original
puesto que ostentan en la sociedad adulta. Es mi propósito contribuir
al esbozo de un programa que marque las líneas vertebradoras y los
campos en que podemos entender el pleno desarrollo personal y
social de los solteros.

Crecimiento personal del soltero: supuestos, experiencias y metas


Todas las personas, lo mismo casados que solteros, necesitan para
su desarrollo personal físico y psíquico un “espacio interior” propio.
De él dimanan las directrices y el impulso que marca y dirige la actua-
ción del soltero en los campos profesional, afectivo y cultural y en
esos mismos ámbitos se le ofrecen al soltero unas específicas posibili-
dades. En las siguientes páginas me ocuparé de estas posibilidades
proponiendo un programa de desarrollo para el soltero que estructu-
ro en función de tres dimensiones: 1) los supuestos o variables que con-
dicionan la dinámica personal del soltero, 2) el contenido de cada uno
de los ámbitos principales en que se despliega el desarrollo personal
del soltero, amor, trabajo y relaciones socioafectivas, y como conse-
cuencia 3) la comparabilidad de las metas del soltero con las del casado, lo
que equivale a establecer una valoración final positiva de la vida del
soltero en cuanto opción vital original y distinta de la del casado.
Diseñar un programa de desarrollo personal para los solteros
mínimamente coherente implica respetar la realidad y, por lo mismo,
atenerse a los condicionamientos objetivamente significativos que
obligadamente debe tener en cuenta quien pretende establecer las
líneas maestras del itinerario que conduce a facilitar al soltero el logro
de un objetivo esencial, la articulación de aquellos compromisos que

225
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

le permitirán cubrir las expectativas de satisfacción implicadas en la


experiencia de su armonía interior y el establecimiento de unas bue-
nas relaciones con el entorno; ambos aspectos van inseparablemente
unidos, por lo que no caben ni los reduccionismos de un individua-
lismo a ultranza ejercido por el soltero ni hacer tabla rasa de los obs-
táculos con que puede toparse cuando aspira a insertarse de manera
satisfactoria en el mundo social y personal que le rodea. Entiendo que
un listado mínimo de tales requisitos equivale a establecer como pun-
to de partida los siguientes supuestos:

1º. La vida de los solteros es especialmente apta para afrontar la


evolución y de desarrollo de la sociedad si saben adoptar una actitud
de gran flexibilidad y movilidad dentro de la marea de circunstancias
que marcan la trepidante dinámica de nuestra sociedad. Tal actitud
facilita al soltero, entre otras cosas, asumir de modo original y creati-
vo las exigencias derivadas del amplio escenario en que se desarrolla
actualmente el mundo del trabajo y de la empresa. El hecho de que los
solteros renuncien a la paz del “dulce hogar” les sitúa en una posi-
ción privilegiada para poner al servicio de los demás todo el caudal
de riqueza y habilidades personales no menos valiosas, en principio,
que la aportación de los casados; desde esta perspectiva, los solteros
pueden dejar de lado la posición individualista del egoísta rezuma-
do, tal y como el estereotipo social gusta asignarles, y abrir toda su
persona a las necesidades de la sociedad.

2º. En el campo del desarrollo afectivo, el soltero goza de una mayor


libertad para realizar gran cantidad de vinculaciones y asociaciones afectivas,
algunas de las cuales, por su peculiar estatuto, les están vedadas a los
casados. En este sentido, la inversión afectiva del soltero puede ser
más polifacética y amplia que la del casado, cuya silueta está sujeta a
los requerimientos o límites precisos del núcleo familiar. Por ello y a
ciertos efectos, no es descabellado afirmar que el número de contactos
afectivos de quienes libremente eligen vivir solos son comparables con
la profundización de la experiencia afectiva del casado o, dicho de otro
modo, el ideal de “pareja feliz” dentro del matrimonio tiene su per-

226
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

fecto correlato en el latir al compás de los varios corazones que pue-


den vibrar en torno al soltero (Talavera, 2001, p. 22; Jaeggi, 1995, p. 23).
Esta perspectiva se enriquece cuando se comprueba que, dentro
del mundo de lo afectivo, los solteros, a diferencia de los casados, son
más libres para la práctica del erotismo que brota de la fantasía. Cierta-
mente, el mundo afectivo del casado tiene innegables ventajas, pero
tiene también el lado negativo, estar anclado en la realidad de las
estrechas relaciones de pareja, lo que se traduce en ser más reducido
el número de incursiones que suele realizar en el campo de las fanta-
sías eróticas; de hecho es un dato contrastado que los solteros suelen
practicar con facilidad el amor fantasioso con cualquier hombre/
mujer que se les cruza en su vida. Por otra parte, aunque es obvio que
en la generalidad de los casos estas fantasías no cubren lo que ofrece
la realidad, las fantasías amorosas del soltero pueden constituir una
base suficiente para compensar el posible dolor de su soledad (Car-
ter y Sokol, 1996, p. 285; Duoeil, 2000, p. 263).

3º. Lo que dicen muchos solteros coincide con la opinión de los


psicólogos sociales cuando reconocen que en la mitad del siglo pasa-
do se produjo, tal vez para siempre, la ruptura con la “cultura del
amor” que definía las relaciones entre los sexos exclusivamente en función
de la maternidad o paternidad. Sin negar las dimensiones positivas de
la vida en pareja y el papel decisivo de los hijos en el logro de una
convivencia plenamente satisfactoria entre los esposos, hoy en día
los solteros, tanto mujeres como hombres, pueden alcanzar en un
nivel muy aceptable la realización de su identidad personal por
caminos más amplios y variados, mediante el trabajo generosamen-
te compartido, la comunicación amistosa con los pares, la búsqueda
más profunda y el cultivo del propio yo en calidad de realidad ori-
ginal, inclonable y, en buena medida, autosuficiente. Otra cosa bien
distinta es calibrar las dificultades que para determinados solteros
pueda suponer alcanzar el pleno desarrollo afectivo de acuerdo con
este patrón individual y al margen de la experiencia de pareja; pero
éste es otro tema, del que ya me he ocupado en el capítulo anterior.
En cualquier caso y al margen de otras consideraciones menores,

227
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

nada impide concluir que, al margen de la “cultura del amor”, exis-


te la “cultura de la amistad” que, plenamente desarrollada, ofrece
amplias posibilidades para el pleno desarrollo de la dimensión afec-
tiva de los solteros.

4º. Una actitud mínimamente respetuosa con la realidad impide


contemplar la vida del soltero desde el “paradigma carencial”, que supone
definirlo en calidad de sujeto cuyo atributo principal sería carecer de
un largo listado de posibilidades exclusivamente reservadas a los
casados; algunos han identificado este modelo carencial con dos eti-
quetas, “el soltero como problema” (Díaz, 1998), o su equivalente, la
“técnica del no”. Desde esta perspectiva, el estereotipo superficial ve
al soltero como alguien que:
• No ha alcanzado la adultez –muchas madres siguen llamando
“mi niño” al hijo soltero–.
• No ha conseguido enmarcar su vida de acuerdo con el princi-
pal organizador social que ve el matrimonio como el único
marco apropiado para las relaciones plenas del hombre y la
mujer.
• No ha llenado las aspiraciones de los padres cuya última y
mayor aspiración respecto a los hijos es verles rodeados de
niños que les convertirán en abuelos y perpetuen su saga.
• No se siente acompañado sino solo frente a los contratiempos
de la vida y, especialmente, de cara a la vejez.
• No cuenta con una red de relaciones afectivas y sociales com-
parable con la que proporciona seguridad y apoyo en las rela-
ciones de pareja, pues los clubs de amigos tan sólo son por
ahora un pobre sustituto de la familia.
• No recibe y más bien está especialmente expuesto a perder en
ciertos ambientes laborales el aprecio y la consideración que se
otorga a los casados, a los que se les ubica en una posición de
mayor estabilidad emocional y con más capacidad para asumir
responsabilidades fuertes como las implicadas en hacerse car-
go de una familia.

228
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

5º. En el ser humano, lo único fijo y común es la necesidad que


tiene de estar con los demás, relacionarse con sus semejantes, pero esta
necesidad no es igual en todas las personas ni está sometida a ninguna de
las modalidades concretas con que el sujeto puede vincularse social
y afectivamente con su entorno (Manglano, 2001, p. 88). En este con-
texto de ideas y principios, tiene pleno sentido preguntarse cómo
pueden vivir en plenitud quienes se sitúan al margen del estado
marital (Schwartzberg, 1995, p. IX). Desde hace más de un cuarto de
siglo, autores tan reconocidos como Rogers (1993, p. 19) se vienen
preguntando sobre la exigencia del matrimonio (o vida en pareja
estable) como condición necesaria para la consecución del pleno
desarrollo y madurez afectiva del adulto. Su respuesta es tajante: las
presiones, incertidumbres y desintegración que experimenta actual-
mente la institución matrimonial –el éxito del matrimonio no alcan-
za al 50 por ciento de las parejas– dan pie para pensar que vivir jun-
tos sin casarse, vivir en comunas, formar centros bien dotados para el
cuidado de los niños, practicar la monogamia serial (un divorcio tras
otro), atenerse al movimiento de liberación de la mujer (que preten-
de convertirla en un ser humano de pleno derecho), acogerse a las
nuevas leyes de divorcio que eliminan el concepto de culpa…; todas
estas circunstancias marcan pasos en la búsqueda de una nueva for-
ma de relación hombre-mujer que, sin duda, sedimentará en el futu-
ro. Así pensaba Rogers en 1972 cuando resumía su postura diciendo:
“No tengo la audacia necesaria para pronosticar lo que resultará de todo
esto” (Ibídem, p. 20). Sabemos que más tarde tradujo su pronóstico en
afirmaciones que dejan amplio margen para la incertidumbre, pues
matizaba que en tales preguntas se encierran demasiadas “exigencias
morales, de viabilidad y de inclinación personal” que hacen difícil
pensar que tales propuestas puedan llegar algún día a convertirse en
efectiva experiencia satisfactoria. Por mi parte, no quiero cometer
aquí la deshonestidad intelectual de silenciar una afirmación que se
desprende del pensamiento y, sobre todo, de la larga experiencia clí-
nica de este autor: “no siempre el amor de pareja tiene que acabar en matri-
monio” (p. 15). Muy lejos de la postura dubitativa de Rogers, digna de

229
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

la mejor consideración, hay otras voces menos rigurosas que no se


paran en barras y afirman rotundamente que “tanto en España como
en Francia una abrumadora mayoría de las mujeres de menos de treinta y
cinco años creen que se puede ser feliz sin tener pareja…” (Duoeil, 2000, p.
288. El subrayado es mío); ignoro en qué datos estadísticos y científicos
se basa esta autora para llegar a tan rotunda afirmación –y lo digo
con respetuoso espíritu crítico– (!).

6º. Dando por descontada, la plena legitimidad del soltero para


optar por desmarcarse del compromiso de pareja y las nada despre-
ciables obligaciones de la vida familiar, queda en pie la necesidad por
parte del soltero de aceptar con el mejor talante las importantes renun-
cias objetivas que conlleva su situación o estado y que no se exigen nor-
malmente al casado. Entre tales limitaciones es preciso mencionar:
a) Cierta renuncia a enriquecerse con la exploración y experiencia
comunicativa en los niveles más profundos y propios de la vida del
casado. Estoy pensando concretamente en los últimos desarro-
llos y matices que adquiere el amor de pareja a lo largo de sus
diferentes momentos evolutivos y cambiantes, y sobre todo,
referidos a la experiencia de la comunicación íntima (física y
espiritual) llevada hasta sus últimos entresijos y posibilidades.
También hay que pensar en la seguridad proporcionada por la
incondicionalidad que libera al amor de pareja estable de toda
restricción limitadora y lo enmarca en motivaciones que van
más allá del tiempo y de su posible caducidad por razón de las
dificultades tanto internas como externas a que está expuesto
el amor (Dalai Lama, 1999, p. 96). Pocos se atreven a negar cier-
tas ventajas del soltero en el plano de la comunicación afectiva.
b) El soltero renuncia también a contar con un sistema de relaciones
tan fuerte y seguro como el que proporciona la familia propia;
hasta hoy, nadie que se sepa ha logrado definir y menos ins-
taurar un sistema de comunicación que goce de la riqueza y
equilibrio equiparables al que proporciona la familia (Neubur-
ger, 1998, p. 123ss).

230
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

7º. Por último y dentro de la fisonomía difusa y nueva con que en


estos momentos se presentan las relaciones afectivas entre los sexos,
las dos opiniones que consigno a continuación me parecen una bue-
na síntesis de lo expuesto en las páginas anteriores. Refiriéndose a las
mujeres y hablando de la variedad de opciones posibles que caben
entre el matrimonio tradicional y la soltería, dice Carmen Alborch
(1999):
“No sabemos qué va a pasar en el futuro con las nuevas generaciones, for-
madas por niñas nacidas y educadas en una sociedad en principio más libre,
más permisiva y, sobre todo, en la que, aunque de manera lenta, se va apro-
ximando la igualdad real a la igualdad legal […] y que parecen no tener espa-
cios ni caminos vedados” (p. 99).

Parecida es la opinión de Neuburger (1998) que, tras preguntarse


por el futuro de la pareja e imaginar la posibilidad de entender el
matrimonio a manera de contrato sometido a constante reconsidera-
ción, concluye:
[Lo que ocurrirá en el futuro con el matrimonio y la soltería] “nadie lo sabe.
Probablemente siempre existirán parejas, pero no es imposible que las expec-
tativas que depositamos en ellas, sobre todo como soportes de identidad dis-
minuyan. En algunos casos, estas parejas podrían verse reemplazadas por
otras estructuras, por ejemplo, por círculos de amigos, los hermanos u otros
grupos, cuya existencia ni siquiera imaginamos hoy en día. A menos que el
futuro de la pareja… sea el individuo: cada vez son más las personas que
viven solas, sin por ello ser necesariamente solteras” (p. 124).

Nuevos modelos de convivencia parcial entre parejas no casadas


Con todas las reservas indicadas por Rogers, no podemos pasar
por alto un hecho de gran significación sociológica, me refiero a la
creciente aceptación por parte de la sociedad de distintas formas de
convivencia heterosexual que se regulan por normas en buena parte
novedosas: 1) renuncia al compromiso total entre los miembros de la
pareja, 2) convivencia limitada a determinados momentos o encuen-
tros periódicos, y 3) relaciones temporales acompañadas, de mutuo
acuerdo, de una larga lista de posibilidades y especialmente de una,

231
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

la separación temporal o definitiva en condiciones de normalidad


cuando las relaciones dejan de ser suficientemente satisfactorias.
No se pueden negar ciertas ventajas en este tipo de emparejamien-
to pues: 1) libra a la pareja de la monotonía del trato cotidiano, 2) per-
mite un amplio margen para el ejercicio de la propia autonomía y crea-
tividad, 3) mantiene lo más propio de la experiencia en el amor, hacer
algo para la felicidad del otro y 4) esta convivencia parcial puede lle-
varse libremente al terreno de la intimidad sexual habida cuenta de las
actuales facilidades para el control de la concepción y la natalidad.
Pero también tiene algunos inconvenientes: 1) mantener el equili-
brio entre la entrega al otro y la reserva para sí mismo de aspectos
importantes de la propia persona, 2) las restricciones morales y pre-
siones sociales que pueden ensombrecer el frescor de las relaciones
de pareja, y, sobre todo, 3) la incertidumbre y falta de confianza en los
sentimientos íntimos del otro, así como dudas sobre su disponibili-
dad para darse el apoyo mutuo en los momentos adversos como ocu-
rre en el compromiso de matrimonio.
Ante este cúmulo de perspectivas inciertas y desde el punto de
vista psicológico, que es lo que aquí estamos valorando, parece ade-
cuado adoptar una postura de prudencia y de sana espera ante el
futuro de estas relaciones. Esto excluye, tanto el aplauso entusiasta
ante los novedosas posibilidades de este tipo de relaciones, como el
anuncio del seguro fracaso de las mismas. Una precisión para termi-
nar: no confunda el lector estos “emparejamientos a efectos parcia-
les” con las “parejas de hecho” cuya única diferencia con el matri-
monio consiste en que no se oficializa-legaliza la unión; de las pare-
jas de hecho hablaré en el capítulo siguiente.
Al margen de las intuiciones necesariamente vagas y atrevidas de
los autores citados, Rogers, Neuburger y Alborch, hay una afirma-
ción que me gustaría dejar bien sentada: la soltería no es un “fallo” ni
la versión pobre del mundo del casado. Frente a una visión de la soltería
en términos negativos, propongo la alternativa de entenderla con
estatuto propio y como situación plenamente “normal” y, en conse-
cuencia, con las mismas garantías de éxito que la experiencia vital del

232
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

casado. No se me oculta por otra parte que, en este horizonte, queda


todo prácticamente por hacer, por lo que me atrevo a pedir com-
prensión ante el programa de desarrollo que propongo a continua-
ción; entiéndase como una propuesta inicial. Lo que en todo caso no
parece razonable es seguir hablando de los solteros por contraste con
los casados y mucho menos en función de los estereotipos superfi-
ciales y obscenos estigmas con que la gente suele posicionarse ante el
tema de los solteros.

El desarrollo personal del soltero y sus supuestos


Siguiendo el mismo esquema que utilicé para vertebrar las líneas
maestras de un programa de desarrollo para las personas en general
(Bernad, 2000), podemos establecer que el crecimiento armónico del
soltero se estructura a partir de dos supuestos principales:

PRIMERO. Todas las personas cuentan con su “yo positivo” y su “yo


negativo”. Por su condición de persona adulta, el soltero dispone de
una gran cantidad de energía biológica, física y mental, prácticamente
ilimitada y que nadie hasta el presente ha sido capaz de cuantificar.
Tal energía constituye nuestro “yo positivo” o “héroe”, que se mani-
fiesta en la medida en que desarrollamos nuestra posibilidad de ser
cada día más inteligentes, maduros, sensatos, competentes, confia-
dos, tolerantes, etc. Este “héroe” se identifica y es expresión de nues-
tra sabiduría entendida como actitud que nos impulsa a vivir de la
alegría de sentirnos seres originales y valiosos por sí mismos y con
capacidad para pensar, crear, amar, vivir con esperanza e ilusión y
resolver nuestros conflictos con amplias posibilidades de éxito. El
héroe del soltero goza de las mismas prerrogativas que el del casado.
Paralelamente, el soltero cuenta también con su “yo negativo” o
“máscara” de sí mismo, que es equivalente al conjunto de las desvir-
tuaciones o salidas erróneas que puede dar a su energía positiva y
cuyos frutos son las subestima de sí mismo o de los demás, la cobar-
día para cambiar y progresar, la impaciencia, intolerancia, mentira,
envidia, rencor, etc.

233
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

SEGUNDO. Principios básicos para mejorar nuestro “héroe” y suprimir


nuestra “máscara”. El soltero se encontrará en las mejores condiciones
para el logro de su paz interior y realización personal siguiendo estos
cuatro principios que le afectan lo mismo que a los casados y al resto
de las personas:

1º. En el origen del ser humano está el bien, la paz y el amor. En con-
secuencia, debemos entender que los estados mentales negativos no
constituyen una parte intrínseca de la mente sino que son obstáculos
transitorios en la expresión de nuestro estado fundamental de alegría
y felicidad; dicho en otras palabras, nuestra energía original es toda
positiva y sólo por desvirtuación de la misma incidimos en el error y
la desdicha. Desde esta perspectiva, el soltero puede hacer suyos
estos pensamientos:
“Soy un punto del universo cargado de energía y de vida: puedo disfrutar
todos los días de mi vida irradiando mi energía entre los que rodean”.
“Para ser feliz sólo necesito una cosa: tener conciencia del ser noble y
grande que llevo dentro de mí”.

2º. Aceptar nuestras limitaciones y errores es una condición para ser


felices. El soltero debe tener presente que una experiencia, con fre-
cuencia dramática y no fácil de asumir, es comprobar que el ser que
actúa dentro de nosotros mismos tiene poco de ideal y más bien se
muestra como la encarnación de vivencias negativas, miedos, inse-
guridades, cobardías, impaciencias, intolerancia, mentira, agresivi-
dad, etc. En tal situación, para ser felices es imprescindible aceptar
nuestro ser real con todas sus debilidades y su carga de negativi-
dad. Muchas personas se avergüenzan de la verdad de lo que son
y ante la dificultad de aceptarse a sí mismas optan por la vía erró-
nea de atribuir la causa de sus males y desdichas al destino o a la
injusticia de quienes les rodean; es más fácil sentirse víctimas que
asumir con honestidad la verdad de que la felicidad está en nues-
tras manos.
“Todas las energías que emplee en ocultar lo negativo que hay en mí las res-
taré para crecer como persona”.

234
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

“Si pretendo hacer de mi mundo interior un mundo ideal y perfecto, fra-


casaré en el intento y no seré feliz”.
“Entre amarme a mí mismo porque soy bueno u odiarme porque soy malo
está la actitud sana: amarme como soy en realidad”.

3º. Los demás tienen su “héroe”, su ser noble, y también su “máscara”,


que necesita de nuestra comprensión. Todo lo que somos comenzó con el
amor que otros nos ofrecieron, con el regalo de alguien que nos amó
tal y como éramos. Una de las experiencias más maravillosas de la
vida es comprobar que alguien nos ama con nuestras cualidades y a
pesar de nuestros defectos y limitaciones. Amar y reconocer todo lo
positivo que se esconde en los demás, con sus luces y sombras, es uno
de los medios más poderosos y eficaces que todas las personas, los
solteros incluidos, podemos utilizar para alcanzar la propia felicidad
y la de los otros.
“En la medida en que doy amor y consideración a los demás, disfruto de lo
mejor de mí mismo y ayudo a los demás a percibirse como seres valiosos y
dignos de amor”.
“Una burda excusa para negar mi aprecio y amor a los demás es olvidar-
me de que tienen el derecho a ser imperfectos como yo”.

4º. Somos seres valiosos y dignos de ser respetados por los demás. Nadie
puede ser feliz si desconoce sus derechos o no sabe defenderlos. Pre-
tender ser felices a costa de destruir nuestra propia identidad y
negando nuestro lado positivo es un camino sin retorno y condena-
do al fracaso. Por lo mismo, si queremos ser felices tendremos que
cultivar en alto grado el amor a nosotros mismos, lo que no impedi-
rá que nos enriquezcamos dando y recibiendo el amor y aprecio de
los demás.
“Proclama en todo momento tu derecho a cambiar de opinión, sostener pos-
turas distintas de las ajenas, tener secretos y ser libre para dar a conocer o no
las razones de tus decisiones y el discurrir de tus sentimientos: estos cambios
no afectan al valor intrínseco de tu persona”.
“En lugar de pensar que para ser feliz tengo necesidades absolutas, debo
convencerme de que prácticamente nada en la vida es absolutamente nece-
sario”.

235
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

A partir de estos cuatro principios, el soltero puede articular su


vida totalmente convencido de que, al igual que los casados, posee
todo lo necesario para ser feliz y ello le permitirá ver su soltería desde
una perspectiva cuyos horizontes no encontrarán prácticamente lími-
tes en la expansión de su persona. Tal fascinante programa podrá
materializarlo el soltero desplegando estas capacidades:
a) Ejerciendo plenamente el AMOR, desmarcándose de cualquier actitud de
egoísmo, autodesprecio o envidia.
b) Mostrar su PODER, a través del trabajo y su vida profesional, desechando
la competitividad insana, la agresividad, la ostentación o fanfarronería y
el estrés.
c) Viviendo la soltería desde la SERENIDAD, libre del retraimiento, del miedo
al rechazo social, a la soledad y al sufrimiento.

a) El soltero y sus posibilidades de ejercer plenamente el AMOR


A lo largo de estas páginas hemos hablado repetidamente de las
específicas diferencias de realizarse en el campo del amor los solteros
en contraposición a los casados. También hemos tenido ocasión de
recordar que la diferencia entre los amores de unos y otros es, en
principio, sólo de matiz, pues ambos buscan el mismo objetivo, ser
felices y hacer felices a los demás. Reconociendo que el amor sano y
maduro implica la conjunción armónica de nuestra capacidad de dar
con nuestra posibilidad y necesidad de recibir, nada impide que los
solteros disfruten del amor de manera sustancialmente idéntica a los
casados. En ambas situaciones:
– DANDO AMOR sin límites a los demás, nos sentimos útiles, crece la
imagen positiva de nosotros mismos y nuestra autoestima, y esto
será siempre gratificante tanto para el casado como para el soltero.
“Dar a cuenta de nada parece algo irracional, pero dar para recibir es una
forma de egoísmo de la que más o menos pronto me sentiré avergonzado”.
– RECIBIENDO EL AMOR de los demás los solteros y casados enriquece-
mos nuestro mundo interior y nos engrandecemos reconociéndo-
nos en calidad de seres limitados necesitados de los demás. “Cuan-
do recibo amor y comprensión de los demás es insensato preguntarme si
me los merezco, el amor es un regalo que siempre puedo recibir”.

236
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

La experiencia de AMOR en el soltero y sus manifestaciones


Admitido que la experiencia del amor en los casados y solteros
responde esencialmente a una misma entidad, nada impide que nos
detengamos a resaltar algunas particularidades que muestran cómo
los solteros pueden desarrollar su vocación al amor por derroteros
específicamente diferentes a los del casado. Ahondando en esta línea
de pensamiento, vemos que el amor del soltero puede desarrollarse
de acuerdo con el siguiente patrón:

a) Amarse a sí mismo. El amor a sí mismo, “ámate a ti mismo”, es


un mandato bíblico que se asienta en la misma naturaleza de la per-
sona. Por eso, nunca pecamos de excesivo amor a nosotros cuando
nos amamos en calidad de seres valiosos en sí mismos, cargados
de prerrogativas tan decisivas como la capacidad de amar, decidir,
soñar, comunicarnos, trabajar, etc. Amarnos a nosotros mismos es
amar una parte de la creación con entidad propia y original, como
seres irrepetibles e inclonables; nadie sobra ni falta en el mundo y
esto es verdad al margen de que tengamos conciencia de ello o nos lo
reconozcan los demás. De ahí que tratarse bien, cuidando de nuestro
cuerpo y de nuestra mente es, además de un deber, una fuente ina-
gotable de felicidad. Nadie puede decir sensatamente “ya no puedo
amarme más y mejor, he agotado todas las posibilidades de amar-
me”. Los solteros no tienen razón alguna para pensar que todo esto
no va con ellos.
Los solteros tienen también sobrados motivos para buscar su pro-
pia felicidad por todos los medios honestos a su alcance, lo contrario
sería antinatural, pues es lógico que el amor comience por el amor a
nosotros mismos, dado que somos el más cercano a nosotros mismos.
Esta sana actitud nada tiene que ver con el amor egoísta que excluye
a los demás.
Los solteros pueden demostrarse el amor a sí mismos de un modo
fundamental, aceptándose como son en realidad, con sus luces pero
sobre todo con sus sombras, siendo tolerantes consigo mismos y con
sus limitaciones, no maltratándose, perdonándose los propios errores,

237
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

no castigándose con autoconsignas masoquistas tales como “me lo


merezco”, soy una m…”, “soy un inútil”, “no sirvo para nada”, “lo
mío es fracasar”... Nunca nos merecemos tales insultos (!) y, así, nadie
por el hecho de ser soltero “es una m…”, ni merece ser despreciado
por nadie aunque, como todos sabemos, hay quienes carecen de la
mínima sensibilidad para ejercer el respeto y el amor a sus semejantes.
Una especial forma de amor a sí mismos que los solteros pueden
poner en práctica consiste en dejar de pensar que para ser merecedo-
res del amor de los demás es imprescindible ser perfecto e ideal. Esta
creencia irracional, las más de las veces inconsciente, constituye un
insulto a la generosidad de los demás, pues con esta actitud lo único
que hacemos es considerarles incapaces de amarnos tal y como
somos, con nuestros defectos y limitaciones.
Hay varias técnicas que pueden facilitar el ejercicio del verdadero
amor a sí mismo:
1ª. “Conócete a ti mismo”. Este viejo mensaje socrático tiene ple-
na vigencia en calidad de condición necesaria para otorgarnos el
buen trato que merecemos ejercitar hacia nosotros mismos. Es más,
sólo podremos amar a los demás cuando tenemos claro que merecen
el mismo amor que nos concedemos a nosotros. Este recurso al valor
intrínseco de la persona es imprescindible para evitar el error de
valorarnos por lo que dicen los tópicos que, en el caso de los solteros,
son numerosos y los únicos que utiliza el pensar vulgar y común.
De aquí brota una exigencia: para amarnos con todos los valores
positivos que ostentamos, necesitamos conocernos. Te presento un
CUESTIONARIO que suelen proponer los terapeutas a sus clientes:

1/ Cuáles son mis cualidades, mis puntos fuertes, aquello de lo que estoy
contento conmigo mismo.
2/ Qué necesito para estar mínimamente satisfecho conmigo mismo.
3/ Cuáles son mis principales debilidades en los diferentes campos de
mi persona (como individuo, profesional, amigo…).
4/ Qué desearía y en qué debería cambiar para estar contento conmigo
mismo.
5/ Qué estoy dispuesto a hacer para cambiar lo que no me gusta de mí.

238
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

6/ Por dónde podría y debería comenzar a cambiar las cosas que no me


gustan en mí.
7/ Cómo podría formular el cambio concreto que estoy dispuesto a hacer
para que lo entendiera un niño de diez años.

Aplicándonos este cuestionario, nos facilitamos adoptar una pos-


tura coherente con respeto al conjunto de valores positivos que po-
seemos. Comprobaremos también que no somos perfectos pero, al
mismo tiempo, que nada impide tratarnos con indulgencia y que
siempre tenemos ocasión de conquistar nuevas cotas de desarrollo
personal, lo que redundará en satisfacción íntima y reconocimiento
de los demás.

2ª. Entre los remedios para no incurrir en la falta de amor a sí mismo y


en el autodesprecio, los solteros pueden atenerse a la siguiente norma
“Nunca me consideraré enemigo de mí mismo”. Los especialistas en
salud mental piensan que la condición para no bloquear el propio
desarrollo personal conlleva la exigencia de saber perdonarse, no
echarse constantemente en cara los pequeños fallos que todos come-
temos, ser indulgentes con nosotros mismos. Cuando nos apartamos
de este criterio, lo único que hacemos es instalarnos en un clima de
descontento interior, lo que resta energías a nuestras posibilidades de
crecer. En este horizonte, los solteros no debieran preocuparse por no
reproducir en sus vidas las mismas manifestaciones de amor del
casado, pues no hay razones objetivas para pensar que el modelo del
casado es el mejor para el soltero; igualmente pienso que se equivo-
can los solteros cuando se dejan llevar por el complejo de que su for-
ma de amar es menos valiosa y digna por el mero hecho de ser dife-
rente en sus manifestaciones del amor del casado. Cuando se deja de
lado este criterio, el soltero se convierte en esclavo de los modelos
ajenos y se priva de la fórmula correcta y equilibrada que le permiti-
rá realizar su verdadera vocación al amor. Por lo dicho se compren-
de que la preocupación sana del soltero es preguntarse todos los días
cómo puede, desde su situación, ejercitar de la forma mejor sus mani-
festaciones de amor; si así lo hace comprobará que nunca encontrará
límites a las formas más creativas y gozosas de amar.

239
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

b) Amar a los demás. El amor a los demás se manifiesta en tres


niveles: 1) la tolerancia con la parte de los demás que no nos gusta, 2)
la amistad, que consiste en buscar desinteresadamente el amor del
otro sin egoísmo y sin envidia, siendo con los demás sinceros, servi-
ciales, respetando sus opiniones y sentimientos, buscando su felici-
dad. La amistad nos lleva a compartir generosamente con los demás
nuestras riquezas materiales y espirituales, a prestarles ayuda, con-
suelo, cariño. Por último, podemos amar a los demás ofreciéndoles 3)
nuestro amor incondicional que supone, entre otros gestos nobles,
aceptar su amor sin exigirles que nos amen como a nosotros nos gus-
taría, recibiendo de ellos cualquier muestra de reconocimiento y
amor por imperfecta que ella sea, no teniendo miedo cuando bus-
cando su propio amor –al que tienen la obligación de atender– nos
dejan solos; cuando amamos a los otros de este modo podemos estar
seguros de que les amamos de verdad y sin condiciones.
Ninguno de estos amores está excluido en la vida del soltero sino
todo lo contrario. Por su situación personal, el amor del soltero goza
de todas las cualidades para ser un amor plenamente generoso y libre
de cualquier particularismo alicorto. Y así 1) puede ser tolerante con
sus padres, familiares y amigos, que con frecuencia se sienten incó-
modos o molestos a causa de su estado, 2) prestando servicios que
otros hijos no suelen prestar a sus padres o amigos, 3) mostrándose
comprensivos con la sociedad que tiende a motejarlos con todo tipo
de estigmas y estereotipos, tachándoles de egoístas, libertinos, etc., 4)
dedicándose al bien común dentro del trabajo y con su contribución
al erario público, alistándose en algún grupo de atención y servicio a
los demás (ONGs, obras de beneficencia, de servicio social, etc.). La
capacidad del soltero para ejercer este conjunto de “amores” a los
demás no tiene fronteras (!).

El soltero y la envidia
La envidia es una de las conductas del ser humano más radical-
mente opuestas al amor. Los solteros tienen un gran campo para
desarrollar su capacidad de amar evitando incurrir en la conducta del

240
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

envidioso. Con frecuencia, he podido observar que cuando los solteros


hablan de los casados o éstos de aquéllos tienden a poner el acento
en destacar los “especiales beneficios” que acompañan la situación
del otro en contraposición a las carencias del propio estado o situa-
ción. Todo lleva a pensar que esta forma de proceder equivale a una
cierta forma de envidia camuflada de falso masoquismo con el que se
aparenta minusvalorar lo propio a costa de exagerar las bondades
que acompañan la situación del otro; la realidad es que cuando se
comparan serenamente el matrimonio con la soltería, ambos estados
tienen sus importantes y respectivas luces y sombras. Y, en esta pers-
pectiva, es falso afirmar que la soltería representa sólo y básicamen-
te el “fracaso” de alguien que ha conseguido encontrar pareja y for-
mar una familia, pues es claro que es también una elección-acepta-
ción que conlleva como posibilidad todo un programa de positiva
realización personal para el soltero. Vistas así las cosas, el soltero
puede ejercitarse en vivir con alegría todos los logros que tanto fami-
liares (hermanos principalmente), amigos y conocidos han consegui-
do en sus vidas y compartirlos con ellos, dejando de lado cualquier
asomo de envidia que le impida disfrutar de los triunfos de los
demás. Procediendo así, el soltero demostrará no sólo que es inteli-
gente sino que sabe amarse disfrutando de la felicidad que nace de
participar de la alegría de los demás (Bernad, 2000, 231-240).

El test del amor maduro y el soltero


Lo mismo los solteros que los casados saben por experiencia la
importancia del amor en sus vidas y seguramente han conocido tam-
bién las dificultades para alcanzar el grado de madurez necesario para
disfrutar plenamente de él. ¿Por qué resulta tan difícil amar bien,
lograr que el sentimiento del amor nos llene? Los especialistas en psi-
cología de los sentimientos reconocen que ésta es una de las pregun-
tas sobre la conducta humana más complicadas de responder. Sin
embargo y a pesar de la dificultad para explicar por qué nos detene-
mos en el proceso de maduración del amor, sí contamos con algunas
claves o directrices que facilitan el aprendizaje para el disfrute del

241
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

amor maduro; el logro fundamental de esta modalidad de amor con-


siste en hacer propia la complicada ecuación que regula la armonía entre el
corazón y la cabeza (Richo, 1998).

Quiero proponer al lector este decálogo de directrices que le ayu-


darán a desarrollar plenamente su capacidad de amar (Bernad, 2000):
1ª. Intenta aceptar que tal vez nunca sientas que estás recibien-
do o has recibido totalmente la atención que buscas y esperas
de los demás.
2ª. Procura ajustar los límites de lo que te dan los demás con lo
que das tú a ellos.
3ª. Valora tu integridad y acepta decir “no” y quedarte solo en
cualquier ocasión en que los demás olviden que deben res-
petar tus derechos.
4ª. Sé capaz de cuidarte y quererte por encima del cuidado y
amor que te ofrezcan los demás.
5ª. Da sin exigir agradecimiento, aunque siempre puedes pedir-
lo y recibirlo.
6ª. Entiende que en la medida en que los demás te conozcan te
amarán simplemente por el hecho de ser humano como ellos.
7ª. Piensa que cuando los demás no te dan el amor que espera-
bas de ellos, más que a su egoísmo y maldad debes atribuir
tal conducta a que no han descubierto la grandeza del amor
que ellos mismos se merecen y necesitan.
8ª. Piensa que arrastrarte hasta ‘vender tu alma a los demás’
para recibir su amor y aprobación es una forma muy eficaz
de impedir tu desarrollo y el suyo.
9ª. Acepta como normal comprobar que no siempre das la talla
a la hora de mostrarte generoso y comprensivo con los
demás.
10ª. Confía en tu capacidad para amarte a ti mismo y a los demás
tal como eres y son ellos en cada momento y en cualquier cir-
cunstancia.

242
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

b) El ejercicio del PODER en el soltero y sus manifestaciones


En todas las culturas, el poder va asociado a la divinidad de la
que es su principal prerrogativa. En cuanto imagen de “dios”, el
hombre manifiesta el poder en tres dimensiones o significados: 1)
como medio para superar la propia indigencia, 2) como expresión de
su capacidad creadora, y 3) modo de estar junto a aquellos que nece-
sitan ayuda para crecer. Desde esta triple perspectiva, el soltero lo
mismo que el casado disfruta de amplios poderes o posibilidades en
todos los ámbitos con vistas a la plena expansión de su persona. Por
desgracia, las personas disponemos también de una gran capacidad
para ejercitar el poder en sentido negativo y bajo las más sibilinas for-
mas de agresividad y de estrés. Voy a dedicar mis siguientes refle-
xiones a mostrar tanto las conductas positivas como negativas que,
en el terreno del poder, pueden aparecer en la vida del soltero.

1º. La plena realización de sí mismo. Una profunda alegría en la vida


es comprobar que cada día que pasa podemos ser más, descubrir
algo de nuestro interior, experimentar que nos sentimos dueños de
nuestros pensamientos y sentimientos, que podemos mostrarnos
más inteligentes, nobles, sensatos, afectuosos y comprensivos con
nosotros mismos y con los demás. Igualmente, podemos crecer en la
conciencia de que somos una parte viva del universo, con unas posi-
bilidades de crecer prácticamente ilimitadas y que desarrollando lo
que llevamos dentro de nosotros mismos contribuimos a que esa par-
te del mundo, la nuestra, brille con más esplendor; sólo por eso mere-
ce la pena vivir.
Por lo que se refiere a nuestra dotación corporal, los solteros dispo-
nen como el resto de los humanos de cinco sentidos con los que pue-
den disfrutar de un sinnúmero de experiencias y realidades (movi-
mientos, gestos, palabras, sonidos, colores, la naturaleza en toda su
polifacética variedad, etc.); pueden agruparse con personas que han
descubierto este bagaje de cualidades y saben encaminarlas sana-
mente hacia su despliegue armónico a través de programas de entre-
tenimiento y disfrute de los sentidos (música, encuentros esporádi-

243
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

cos, viajes, etc.). Olvidarse de sacar partido de esta posibilidad supo-


ne una gran torpeza por parte del soltero.
En el plano espiritual, el poder del soltero se puede manifestar
dando cancha a su creatividad y perfeccionamiento en el cultivo per-
sonal, en el trabajo, participando en programas de atención hacia
quienes están esperando algo de amor para sentirse bien y seres
valiosos. Qué agradable me resultó oír de labios de un soltero de 42
años que me contaba en cierta ocasión:
“Cuando me levanto dedico unos minutos a pensar en las personas que me
encontraré a lo largo de la jornada: me fascina pensar que podré contribuir a
que se sientan más felices y más dignos de mi aprecio, todo esto me lo imagi-
no y me lo digo a mí mismo mientras me aseo y desayuno. Tengo la impre-
sión de que, cuando les saludo al llegar al trabajo, estreno algo, una parte de
mi persona que aún no he utilizado nunca. Me gustan estos sentimientos y
disfruto compartiendo el sentido de fraternidad con todo lo que me rodea”.

2º. El soltero y la agresividad. En la cultura occidental está firme-


mente arraigada la idea de que el comportamiento humano es con-
génitamente agresivo. Hobbes defendió a ultranza esta idea (homo
homini lupus, el hombre es lobo para el hombre) y Freud sostenía que
la inclinación hacia la agresión es una disposición original e instinti-
va que se sustenta a sí misma, lo que le llevó a admitir la existencia
de un “instinto de muerte” (zánatos”) tan fuerte como el “instinto de
amor” (eros). Identificados con estos principios, que muchos conside-
ramos falsos, muchas personas ven su vida como un campo de bata-
lla. He aquí algunas posibles manifestaciones de la batalla protago-
nizada por los solteros.
a) El desprecio de sí mismo. Frecuentemente he entrevistado a solte-
ros cuyo discurso ha terminado en expresiones tales como “me
lo merezco” o “me he convencido de que no valgo para el matri-
monio”. Cuando uno indaga qué hay detrás de tan evidentes
manifestaciones de profundo masoquismo (maltrato a sí mis-
mo), se deduce que el soltero contertulio de turno confunde su
eventual “fracaso” en el terreno del amor con la totalidad de su
persona, “nací para el fracaso, soy incapaz de amar”, “no quie-

244
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

ro más fracasos en mi vida”. Frente a tal pesimismo, cabe otra


visión muy diferente de la vida: “lo que soy es tan bello, gran-
de y noble que me sobran motivos para estar convencido de que
lo que me ofrece la vida es más que suficiente y me sobra para
disfrutar de ella”. Cuando la persona se ejercita en esta actitud
positiva de la vida, comprueba que realmente cada instante
equivale a un espectáculo de lo inesperado, a cierto estreno de
lo nunca vivido.
b) La competitividad. Ciertos estudios sugieren que el soltero está
especialmente propenso a relacionarse con los demás en el pla-
no competitivo más que en el cooperativo, igualitario o de com-
plementación. Y esto sucede porque, a diferencia de lo que ocu-
rre en la vida cotidiana del casado, en la red habitual de las rela-
ciones del soltero apenas hay nadie que le esté demandando
amor gratuito, no tiene a su lado una mujer/marido cuya acti-
tud fundamental se define a modo de esperanza de recibir todo
a cambio de nada. Frente a un mundo dominado por la gratui-
dad, la vida del soltero se desenvuelve en una matriz en la que
estar por encima de los demás, ser el primero, es un objetivo pri-
mordial y casi necesario, pues junto al soltero apenas hay nadie
que sólo le pida algo a cuenta de nada, ser objeto de la donación
totalmente desinteresada y, paralelamente, tampoco suele con-
tar con alguien que le dé amor al margen de sus merecimientos.
He recordado al lector algunos de los sentimientos que me
expresaba un íntimo amigo meses antes de suicidarse. Pues
bien, este mismo amigo me decía en otra ocasión:
“Una de las cosas que más echo de menos es que apenas tengo nadie a mi
lado para celebrar mis importantes triunfos profesionales (mis libros, mis ví-
deos). Todo lo contrario, he sabido que algunos compañeros me envidian”.

3º. El soltero y el estrés. A primera vista, la vida del soltero tendría


que estar dominada por un plus de tranquilidad ya que se encuentra
libre de las obligaciones familiares, pero frecuentemente ocurre lo
contrario, lo que no es difícil entender si se tiene en cuenta que el
escenario de la vida del soltero se desarrolla en un horizonte que se

245
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

alimenta principalmente de la búsqueda del éxito, la conquista, los


desafíos profesionales y todo ello desde la más pura individualidad.
El soltero apenas tiene nadie a su lado que le valore por sí mismo y
sin necesidad de mostrarse triunfador. Por ello no es de extrañar que
muchos solteros hagan suyo el lema “seré afortunado y amado en la
medida en que me muestre triunfador; me aterra enfrentarme a la
vaciedad del fracaso” –se entiende, visto por los demás–.
El estrés del soltero es la consecuencia directa de vivir instalado en
la mentira de sí mismo, que le lleva compulsivamente a ocuparse de
crear una imagen ideal de sí, aquélla con la que se presentará a los
demás y la única con que espera ser reconocido y aceptado por ellos.
Esta situación le condena a vivir encadenado a sus acciones sobresa-
lientes ya que en ellas encuentra su justificación vital, lo contrario le
llevaría a sentirse insignificante y a no merecer el aplauso social, lo que
le dejaría ante la soledad más espantosa. Para que resulte más compli-
cada su posición y dado que a nadie le gusta vivir con quien vive obse-
sionado por alcanzar prestigio y de sus triunfos, los demás se apartan
de él, lo que nuevamente le conduce a la soledad (Blay, 1990) .
Los remedios contra el estrés y contra el trabajo alienante son tan
conocidos como poco practicados en nuestra sociedad; de este tema
me ocupé ampliamente en una obra mía anterior, por lo que aquí me
limitaré a resumir para el lector algunas reflexiones principales (Ber-
nad, 2000, p. 200ss). Para comenzar, diré que hoy nadie en sus caba-
les pone en duda que el trabajo dignifica al hombre puesto que es
expresión de su creatividad y equivale a la expansión de sus capaci-
dades personales; negarlo supondría vaciar la conciencia de todos
aquellos que consiguen hacer del trabajo una experiencia noble y
feliz. Tampoco se trata de subestimar la dimensión económica del tra-
bajo en cuanto medio honrado de ganar dinero, gozar de comodida-
des, adquirir bienes, viajar, cultivar el hobby preferido, etc. El proble-
ma surge cuando el trabajo y la vida se desgajan hasta tal punto que
constituyen dimensiones yuxtapuestas y contradictorias dentro de la
propia existencia, en vez de armonizarse y complementarse entre sí.
Por otra parte y contra quienes piensan que la armonía entre vida y

246
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

trabajo es un objetivo inalcanzable, otros están convencidos de que


dicha meta es perfectamente realizable si se respetan determinadas
condiciones (Rodríguez Delgado, 1999; Blay, 1990). Hablando de
éstas, podemos mencionar las siguientes:
a) Amar lo que hacemos. La experiencia nos dice que cualquier tra-
bajo por sencillo que sea puede dar pie para configurarlo con
la impronta personal y convertirlo en una actividad creativa,
con tintes de originalidad hasta hacerlo “algo nuestro”. Está
comprobado que las personas que aman su trabajo dejan siem-
pre algún rastro personal en él.
b) Guiarse por lo vocacional. Un buen punto de partida en la vida
de todo trabajador es gastar energías y entusiasmo para con-
seguir el trabajo que responde a la vocación personal; los sol-
teros tienen en este aspecto muchas más facilidades que los
casados por su especial estatuto de mayor libertad para cam-
biar de ocupación. En cualquier caso, es difícil encontrar un
empleo que no dé de sí para proponerse como objetivo profe-
sional la realización personal –sentirse útil– y servir a los
demás, que es al fin y al cabo la sustancia y el verdadero sen-
tido del trabajo.
c) Jerarquizar los objetivos del trabajo. Esta directriz nos dice que
entre los fines lucrativos del trabajo y el gusto por hacer lo que
a uno le gusta, lo segundo es antes que lo primero, que vendrá
por añadidura. Por otra parte, en la sociedad actual, dominada
por ritmos acelerados de constante transformación, hay que
estar dispuesto a cambiar de trabajo, asumir que entrar en el
campo laboral es un proceso que se repetirá obligatoriamente
a lo largo de la vida profesional; de algún modo, hoy siempre
estamos comenzando nuevos trabajos y, por ello, hay que des-
pedirse de las elecciones profesionales válidas para toda la
vida. Esto puede provocar estrés pero también es ocasión para
hacer del trabajo un campo de constante creatividad y descu-
brir nuevos horizontes laborales, algo desconocido para nues-
tros antepasados.

247
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

d) Motivación profunda del trabajo: el amor y servicio a los demás.


Todos los sinsabores y cansancios que conlleva el trabajo que-
dan compensados cuando se trabaja por amor a uno mismo y
a los demás. Otros motivos tales como alcanzar la fama, cele-
bridad o reconocimiento ajeno suelen acabar en el vacío y en el
fracaso. Si no fuera así, resultaría inexplicable el hecho fre-
cuente de que muchos “triunfadores” acaben en el tedio y la
más espantosa soledad.

c) El ejercicio de la SERENIDAD en la vida del soltero


La serenidad constituye una experiencia gozosa que resulta de
percibir en estado de equilibrio los diversos aspectos o componentes
de la vida personal y se traduce en el sentimiento de contemplar la
propia vida en orden –saber a qué atenerse, orientada –saber lo que se
quiere– y controlada –sentir que nada de lo que verdaderamente
importa en ella escapa a nuestro dominio y control. Es sabido que los
solteros, a diferencia de los casados, se mueven en un marco de expe-
riencia vital donde prácticamente todo está por definir; esto provoca
cierta dificultad para percibir la identidad personal en todo lo que
respecta a su dinámica y objetivos vitales. Una soltera de 33 años
reflejaba tal dificultad con estas palabras:
“Te levantas y nadie te dice lo que puedes desayunar, nadie te invita a
acompañarle en sus gustos, nadie te dice lo que puedes hacer el fin de sema-
na. Esto me da la sensación de encontrarme perdida en un mundo en el que
todo y nada es siempre posible, porque nadie te pide nada”.

La búsqueda de la serenidad: sus falsas salidas


Los solteros están especialmente expuestos a buscar la serenidad
por falsos derroteros. Comento seguidamente algunos de ellos.
a) El retraimiento o aislamiento social. El retraimiento es un intento
de alcanzar la tranquilidad y la seguridad personal mediante
el distanciamiento de todas las circunstancias y personas que
nos abocan a situaciones en que nos podemos encontrar con lo

248
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

desconocido, lo nuevo o simplemente diferente. Bastantes sol-


teros confiesan que buscan afanosamente que nadie se cruce en
el camino pidiéndoles dar respuesta a algo que “no es propia-
mente suyo” u optan por apartarse de aquéllos que les exigen
cierto esfuerzo de adaptación a los gustos y deseos ajenos. ¿De
dónde nace esta tendencia al retraimiento? Los especialistas de
la personalidad aluden a varias causas:
– Una primera causa es la actitud excesivamente perfeccionista
con relación a los demás que nos lleva a apartarnos de quie-
nes pueden hacernos pasar por la vergüenza de ser rechaza-
dos por lo poco que nos creemos ser o valer. Casi siempre
nos equivocamos, pues generalmente los demás se sienten
tan imperfectos como nosotros y necesitan que les amemos lo
mismo que a nosotros mismos, con sus imperfecciones y
limitaciones.
– El retraimiento se basa también en el miedo al compromiso con
los otros, una característica muy propia del soltero. El retraído
piensa que cuando recibe algún bien de los demás, su liber-
tad queda comprometida sin ocurrírsele, por ejemplo, que lo
que le dan los demás es fruto de su generosidad. Algunos
solteros dan por sentado que la generosidad de los otros con-
lleva el tener que soportar la carga de “sentir que debemos
algo” a trueque de recibirlo, lo cual es falso en la medida en
que nos instalamos en el campo del amor (Richo, 1998).
– El retraimiento procede frecuentemente del miedo al diálogo
con los demás, partiendo de la base de que las personas somos dema-
siado complejas, inesperadas o peligrosas y, en consecuencia, una
fuente de conflictos prácticamente imposibles de resolver. Es
cierto que todos somos complicados –sólo en las novelas rosa
ocurren las cosas a pedir de boca–, pero se equivoca el retraí-
do cuando piensa que el contacto con los demás equivale al
sacrificio total de uno mismo, más bien es lo contrario, que
los demás contribuyen a completarnos con aquello de lo que
carecemos.

249
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

– La vergüenza de depender de los demás es, frecuentemente, la


base del retraimiento. Los retraídos tienden a pensar que la
dependencia es señal de la propia debilidad o de infantilismo
y esto les repugna. Creen también que vivir encerrados en sí
mismos es siempre más fácil y llevadero que soportar las
incomodidades de vivir con los demás, lo cual y como dice la
experiencia es casi siempre falso.

b) La perturbación de la serenidad por la fe excesiva en el bienestar de la


sociedad tecnificada. Una sociedad como la nuestra facilita el sen-
timiento de autosuficiencia, pues permite tener cubiertas las
necesidades básicas de alimento, cuidado de la salud, la impres-
cindible compañía (a través de la TV nos entra el mundo entero
en casa); aparentemente tal mundo tecnificado es la solución
ideal para las personas que olvidan su dimensión social.
Una soltera de 42 años me decía: “Apenas entro en casa pongo la radio
o la TV, la tengo en la cocina, en el salón y en el dormitorio. Es una mane-
ra de no estar sola. Pero con frecuencia, me canso de pensar sólo en fun-
ción de los demás y me dedico a escuchar mis pensamientos o rumiar
algún sentimiento vivido en el trabajo”.

El caso de esta soltera pone de manifiesto las consecuencias


negativas a que puede dar lugar la conexión ininterrumpida
con el mundo exterior, tanto más cuando tal contacto es sólo
superficial. En tal caso, se pierde la conexión radical con uno
mismo, lo que impide disponer de marcos de referencia y de
contraste de las propias ideas y sentimientos en cuanto distin-
tos de los de los demás. Lowen (1993) ha identificado este sen-
timiento con el fenómeno patológico del “extrañamiento”, una
experiencia de soledad radical, que es fruto de la falta de aque-
llos estímulos internos que nos permiten sentirnos orientados
en la propia vida.

c) La serenidad y el miedo al cambio. Cualquier cambio que nos afec-


ta implica entrar en la esfera de lo desconocido, tener que
afrontar y aprender nuevos esquemas de conducta y, también,

250
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

nuevas posibilidades de equivocarnos. La convivencia en


pareja, en particular, exige constantes adaptaciones y cambios
tanto para satisfacer las necesidades únicas de la otra parte
(cambios de ánimo, de gustos o preferencias, de salud, etc.)
como para que el otro se adapte a las nuestras (Branden, 1995).
Esta exigencia resulta demasiado pesada para personas poco
decididas. Así me lo comentaba un soltero de 35 años:
“Nunca he dejado de sentir algún deseo de casarme, pero cuando he pen-
sado que no tengo derecho a exigir a una mujer que se adapte a mis deseos
y mis vaivenes, me he echado a atrás. En cierta ocasión tuve relaciones con
una mujer durante casi un año: comprobé que nunca era la misma, que
cada día me encontraba con una mujer distinta. No tuve coraje para aco-
modarme a tanto cambio y la dejé. Después he visto que, para bien y para
mal, es más fácil entenderme a mí mismo; lo prefiero a pesar de que con fre-
cuencia me encuentro muy solo y no me entiendo del todo a mí mismo”.

c) El miedo al sufrimiento. La verdad de que “una alegría compar-


tida es doble alegría, y un dolor compartido es medio dolor” es
una expresión muy certera del conjunto de experiencias que
nos acompañan y tejen nuestra vida; así mismo, la sabiduría
popular ha sabido descubrir muy bien los extremos del conti-
nuo que se muestra entre el gozar y el sufrir. Aunque todos
necesitamos compartir nuestras alegrías, es obvio que necesi-
tamos mucho más estar acompañados en el sufrimiento, la tris-
teza y la soledad. Entre los sufrimientos concomitantes con la
vida de todo ser humano está la enfermedad, la vejez y la
muerte. Es raro el soltero de cierta edad –a partir de los cua-
renta años– que no exprese cierto temor a estar solo en estas
muestras de la debilidad y limitación humana. Así me lo
expresaba un jubilado recogido desde hace cinco años en una
residencia de la tercera edad:
“Hasta que cumplí los 45 años me bastaba a mí mismo, luego me casé
pero perdí la mujer al año y desde entonces me siento solo y triste, espe-
cialmente cuando estoy enfermo. Ahora que tengo 65 años, me gustaría
tener a mi lado alguien que me demuestre que me quiere verdaderamente

251
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

y me cuide con amor. Pienso también en mi vejez, cuando todo lo que me


quede de la vida en esta residencia sea sólo una foto de la familia en la
mesita de noche. Cada vez que pienso en ello siento cierta tristeza y no sé
cómo podré soportar, si llego, mi ancianidad y esto lo digo ahora cuando
me visita mi hijo y sé que está bien y hace lo que tiene que hacer, cuidar
de sus hijos, los dos nietos que tengo”.

Cómo evitar el retraimiento en todas su manifestaciones


Cometería una falta de atención con el lector no proponerle aquí
algunas directrices para afrontar el error del retraimiento y ayudarle
a convivir con las limitaciones y sinsabores que todos, tanto solteros
como casados, estamos expuestos a experimentar a lo largo de nues-
tra vida y especialmente en la última parte de ella.

a) Para superar la actitud de retraimiento. Nos ayudará a librarnos del


retraimiento el pensar que nunca careceremos de los suficientes motivos
para mantener la dignidad de nuestra persona al margen y por encima del
reconocimiento de los demás y ello a pesar de que no seamos un
dechado de perfección. El valor de la persona radica en su capacidad
para pensar, amar, aceptar la vida, comunicarse, estar con los
demás…, estas prerrogativas las podemos mantener hasta el último
instante de nuestra vida. No se trata, por tanto, de “comprar” a los
demás para que otorguen valor a nuestra vida, el valor de ésta está
asegurado por el hecho de ser personas con su propia e irrepetible his-
toria, su propia conciencia, voluntad, imaginación y demás prerroga-
tivas de la mente. Estar con nosotros mismos es estar con una parte
valiosa de la creación y, en este sentido, somos en medida suficiente
dignos de amarnos a nosotros mismos; lo que nos viene de los demás
es por añadidura y a modo de complemento no necesario. Dejándonos
llevar por estos pensamientos y sentimientos, difícilmente incurrire-
mos en la enfermedad que se llama “victimismo” y que consiste en
encerrarnos en el círculo vicioso e insano de valorarnos sólo en fun-
ción y en la medida en que el mundo exterior nos valora y nos reco-
noce. Para alimentar la imagen positiva de nosotros mismos, los tera-
peutas proponen las siguientes sugerencias y prácticas (Richo, 1999):

252
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

– Seleccionar aquellas decisiones que nos llevan a sentirnos bien


con nosotros mismos, aunque no se correspondan con el gusto
o criterio de los demás. Esta es la norma por la que se rigen las
personas maduras y la condición para gozar de buena salud
mental.
“Es imposible dar gusto a todo el mundo, pero puedo cometer la gran tor-
peza de morir en el intento”.
“Arrastrarme hasta vender mi alma a los demás para recibir su aprobación
y simpatía es una forma muy sutil de egoísmo que me impedirá ser feliz”.

– Dejarnos aconsejar por personas que consideramos íntegras y


merecen nuestra confianza; luego tomar las propias decisiones
guiándonos por nuestros propios valores.
“Siempre que tomo decisiones con sensatez, estoy disfrutando de algo
que no tiene el más perfecto de los robots: vivir sintiendo que soy libre y
dueño de mí mismo”.

– Pensar que, con frecuencia, los demás nos rechazan no por


nuestra falta de valía, sino porque con los valores que encar-
namos en nuestra persona les estamos recordando sus limita-
ciones y su falta de madurez para aceptarse como son. Por eso,
si somos asertivos y practicamos el respeto y amor hacia noso-
tros mismos, prácticamente siempre preferiremos estar con
nosotros mismos antes que estar bien con aquéllos que nos tra-
tan con frialdad o no nos muestran su aprecio llevados por una
actitud de hipocresía con la que pretenden disimular la poca
estima de sí mismos.

b) Afrontamiento del miedo al cambio. Para luchar contra las resis-


tencias a los cambios exigidos para nuestro propio desarrollo perso-
nal, puede resultar eficaz el uso de algunas técnicas cuya utilidad
está sobradamente probada. Una de ellas es la denominada “jugar al
riesgo medido”.
- Hablamos de “juego” porque uno se expone por propia volun-
tad y como puro experimento personal a situaciones que con-
llevan cierto riesgo.

253
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

- “Riesgo medido” en cuanto que se trata de dar pequeños pasos


adelante, previamente programados y, a la vista de lo que resul-
ta, echar marcha atrás en caso de fracaso. Si se toma esta regla
como norma de conducta, suele producirse el “efecto pigma-
lión” o profecía que se cumple a sí misma: cuando nos propo-
nemos metas nuevas y, a la vez, ajustadas a nuestras posibilida-
des, nos situamos en las mejores condiciones de conseguirlas y
no sufrir la desagradable experiencia del fracaso. Comprende-
remos al mismo tiempo la flagrante torpeza que supone renun-
ciar a los posibles descubrimientos y satisfacciones que com-
porta el crecer diariamente en los distintos campos de la vida.

c) Afrontamiento del miedo al sufrimiento. La vida del soltero, como


la del casado, está sometida al dolor y al sufrimiento, dado que son
realidades que afectan a todos los humanos. Pensar lo contrario, que
la vida equivale a un conjunto ininterrumpido de placeres, alegrías y
felicidad, sólo conduce a padecer mayores niveles de sufrimiento.
Nada tiene de innoble que intentemos vencerlo y aliviarlo por los
medios razonables a nuestro alcance, la medicina, la ayuda psicoló-
gica o distrayéndonos con otras ocupaciones, pero a la postre ningu-
na medida resultará eficaz si adoptamos la actitud de rechazar radi-
calmente el sufrimiento como hecho absurdo que no debiera existir,
una anomalía o violación de nuestro derecho inalienable a la felici-
dad. De poco servirá, por otro lado, rebelarse contra el sufrimiento
intentando suprimirlo con pseudorremedios, como proyectándolo en
forma de culpa hacia los otros o aliviándolo con salidas aberrantes
–drogas principalmente–, pues estas medidas sólo servirán para
ocultarlo momentáneamente y facilitar su posterior aparición con
más virulencia y gravedad.
“Mientras veamos el sufrimiento como un estado antinatural, una con-
dición anormal que tememos y rechazamos, nunca lograremos desarraigar
sus causas y llevar una vida feliz” (Dalai Lama).

Por lo dicho se desprende que el modo más adecuado de actuar


frente al dolor pasa por hacer nuestros estos criterios básicos:

254
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

– El dolor es un componente esencial y necesario en toda vida


humana y, por tanto, la única postura racional ante él es su
aceptación. En la medida en que reconocemos nuestra capacidad
para esta aceptación, nos libramos ya en parte del dolor y, en
cierta medida, también lo superamos (Dalai Lama, 1999). Los
creyentes, por su parte, saben que el dolor es una realidad pro-
videncial que sobrepasa la comprensión humana, por lo que
no procede caer en el autoengaño de “exigir” la exclusión de
cualquier sufrimiento y dolor en nuestra vida (Blay, 1990).
– El mejor modo de hacer llevadero el dolor es aceparlo e incor-
porarlo como un componente natural más de nuestra existencia.
Esta actitud nos libra del desamparo y la tensión que implica
vivir guiados por el rechazo y la rebeldía y, por el contrario,
nos ayuda a convivir con la “verdad dolorosa” de nuestra exis-
tencia. Ello no quita que hagamos todo lo posible para evitar el
sufrimiento por todos los medios a nuestro alcance y si, después
de adoptarlos, el dolor se apodera de nosotros, lo mejor es acep-
tarlo “disfrutando” en tal caso de saber sintonizar con las leyes
de la naturaleza, que son siempre superiores a nosotros mis-
mos. Con frecuencia nos atormentamos más de la cuenta pen-
sando sin fundamento que no disponemos de la capacidad sufi-
ciente para afrontar los males que nos afectan en el presente o
los muchos que puedan sobrevenirnos en el futuro. A este res-
pecto resulta elocuente esta observación de Caballero (1992):
“El 40 por ciento de las cosas que nos preocupan jamás sucederán, el
30 por ciento siguiente gira en torno a las consecuencias de antiguas deci-
siones que no se pueden alterar, el 12 por ciento tiene que ver con críticas
y comentarios de otros sobre nuestra persona, el 10 por ciento sobre la
salud y estado de ánimo –que empeora con nuestras preocupaciones– y
sólo el 8 por ciento de las preocupaciones se refiere a problemas reales de
la vida a los que merece la pena hacer frente”. En consecuencia –añado
por mi cuenta– nuestro “homo sapiens” que dicen que somos sólo
se ocupa del 8 por ciento de preocupaciones sanas; lo demás es
pérdida de tiempo y de energía, expresión de nuestro “homo
necius”.

255
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

– El marco final en el que el sufrimiento puede ser parcialmente mani-


pulado y superado por los seres humanos es el reconocimiento de
su existencia y de nuestra afección constante por él y, por el con-
trario, no aceptar el dolor como parte de nuestra experiencia
humana equivale a comenzar a sufrir, lo que ocurrirá siempre
que nos neguemos a aceptar que el sufrir y el gozar son viven-
cias llamadas a coexistir en plano de igualdad en nuestras vidas.

Directrices básicas para un programa de desarrollo pleno del soltero


En la vida del soltero hay cabida para la ilusión, la esperanza y la
felicidad que acompañan el éxito en toda aventura personal. Lo con-
trario piensan quienes ven a los solteros como un seres capidismi-
nuidos, enfermizos y sin recursos personales. En la vida del soltero
hay lugar también para el pesimismo, el desinterés, la soledad y el
aburrimiento. Pero por encima de esos contrarios, constituiría una
torpeza imperdonable por parte del soltero olvidarse de la riqueza
que encierra en su interior y que no es otra cosa que la gran posibili-
dad de realizarse plenamente como persona al margen del modelo
común que consiste en casarse y crear una familia. No tengo la menor
duda de que los solteros poseen en lo más profundo de sus personas
todo lo necesario para ser felices y hacer felices a los demás y, desde
este supuesto, el programa que propongo es el equivalente a un epí-
tome o síntesis de lo que en el plano de la acción se les ofrece y se les
exige como camino fecundo que les conducirá a su plena realización
como personas cabales y completas. Para mostrárselo y siguiendo el
esquema utilizado a lo largo de este capítulo, indicaré las directrices
que pueden ayudarles a convertir en atractiva y gratificante realidad
sus peculiares posibilidades en el campo del amor, del poder y de la
serenidad. En este sentido, el programa que describo a continuación
se sitúa en la antítesis de la visión superficial y caricaturesca de la
vida del soltero, y, hasta cierto punto también, constituye una postu-
ra radicalmente opuesta con respecto al paradigma reduccionista que
ve al soltero como un sujeto inadaptado a la matriz social propia del
mundo de los casados o cliente asiduo de los despachos del terapeu-
ta, psicólogos clínicos y psiquíatras.

256
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

Posibilidades específicas del soltero en el plano del AMOR


Sucintamente, el soltero puede desarrollar su vocación al amor
con actitudes y prácticas capaces de proporcionarle una experiencia
altamente satisfactoria de su capacidad de amar. Tales experiencias se
traducen en:

1) Ejercitar un trato exquisito con su persona, amando y cuidan-


do su cuerpo y su mente, apartándose de todo tipo de excesos
y lujos innecesarios en el cuidado personal, en la alimentación
y, en general, en el consumo compulsivo de bienes o progra-
mas de diversión.
2) Cultivar las mejores relaciones de amor y amistad con su fami-
lia de origen, padres, hermanos, sobrinos, primos, etc., estando
cerca de ellos en todo momento y especialmente en las cele-
braciones familiares y en sus situaciones de preocupación.
3) Implicándose con amigos y compañeros en programas y cam-
pañas encaminadas a atender a los grupos especialmente nece-
sitados de asesoramiento, compañía, apoyo psicológico, etc.
4) Abriendo su corazón a las relaciones de intimidad con las per-
sonas que le merecen confianza. La intimidad es lo contrario
de la soledad que, en términos psicológicos, es nuestro ma-
yor sufrimiento por cuanto implica la experiencia de que
nadie se ocupa de nosotros. Positivamente se traduce en el
sentimiento de tener una vinculación muy próxima con al
menos una persona, que la vida es algo que compartimos,
que lo que me ocurre le importa mucho a esta persona y vice-
versa (Fischer y Hart, 2002). Normalmente, se piensa que los
solteros están condenados a vivir privados de intimidad por la
razón principal de que difícilmente se puede dar ésta cuando
falta el contacto corporal y sexual completo, además del espi-
ritual. Entiendo que aclarar este punto puede ser algo impor-
tante para los solteros.
– Lo primero que conviene dejar claro es que el sexo es un sím-
bolo maravilloso de la intimidad, pero los símbolos pueden

257
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

estar desprovistos de todo significado en el plano real. Esto


es lo que ocurre cuando la intimidad se limita a lo pura-
mente sexual: es posible hacer el amor con otra persona y, al
mismo tiempo, sentirnos profundamente solos y vacíos tras
acabarse el momento de placer que acompaña el contacto
carnal; y por el contrario, podemos compartir nuestra pro-
pia vida con otra persona y terminar sintiéndonos bien, cer-
canos y queridos, a pesar de que no se produzca ningún
tipo de contacto físico. Todo lo que tiene el sexo de verda-
dera satisfacción depende de que se cumpla el acercamien-
to en el nivel más profundo de nuestras necesidades espiri-
tuales. Me lo explicaba a su manera una casada recordando
la transformación que habían experimentado sus relaciones
de pareja:
“Al principio, nos llenaban las relaciones sexuales pero a partir de
los dos años surgieron muchas dificultades en nuestra convivencia
diaria. Acudimos a un psicólogo que nos hizo comprender varias cosas
en las que nunca habíamos pensado: 1) que, en contra de lo que se dice,
los problemas de las parejas no se resuelven en la cama, sino dialogan-
do, escuchando, tolerando, perdonando, etc.; 2) que el sexo nunca es
todo en el matrimonio sino sólo un complemento importante dentro de
él; 3) que el verdadero problema de la pareja radica más en el acerca-
miento de los sentimientos que en el plano sexual.
A partir de ahí, comenzamos a trabajar nuestras relaciones de inti-
midad espiritual y entonces pudimos descubrir nuevas posibilidades,
por ejemplo, que 1) la intimidad exige coraje, fiarse del otro aunque en
determinados momentos nos pueda hacer daño; 2) los verdaderos rega-
los no son las flores o las frases bonitas (“te quiero”) sino que te trate
con respecto y delicadeza y te escuche la pareja; y 3) el dar a conocer
nuestra cara negativa, por incómodo que sea, es una elemento necesa-
rio que acrisola y da sentido a la verdadera intimidad entre los miem-
bros de la pareja”.

– Con frecuencia, la intimidad conlleva algunas incomodida-


des: mostrar las propias necesidades al otro percibiendo que
él no las siente, contar los propios fracasos pasados o presen-

258
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

tes y, en general, exponernos al rechazo o a una aceptación a


medias del otro cuando nos descubrimos tal como somos. Lle-
gar a superar estos miedos es una auténtica conquista que
pocos acaban con éxito, que es lo mismo que decir que muchas
personas, incluidos los casados, jamás llegan a disfrutar de la
verdadera y total intimidad cuyo núcleo esencial, se mire por
donde se mire, siempre radica en uno mismo.

Posibilidades específicas del soltero en el plano del PODER


Como hemos visto, el poder de la persona se manifiesta en la acti-
vidad laboral y creadora orientada a remediar la propia indigencia y
la de los demás; en este sentido, la mejor expresión del poder de la
persona se identifica con los productos derivados de su trabajo vivi-
do con actitud de responsabilidad y creatividad. Desde esta perspec-
tiva, los solteros son personas en cierto sentido privilegiadas por
varias razones:
1) Gozan de una especial flexibilidad para orientar su trabajo en
la línea de sus aficiones, puesto que están libres de las necesi-
dades perentorias de atender a la familia. Piénsese a este res-
pecto que la mitad de los españoles no trabajan en lo que les
gusta, se sienten “desajustados laborales”.
2) Al igual que los casados, la dedicación laboral del soltero le
permite disfrutar de sentirse útil en la provisión de medios
para su propia subsistencia y para el resto de la sociedad en
general. En este sentido, la “mística del trabajo” puede alcan-
zar en la experiencia personal del soltero unas dimensiones
que se confunden con la humanidad.

Posibilidades específicas del soltero en el plano de la SERENIDAD


La serenidad se deriva de la aceptación de sí mismo y de los demás
libre de toda visión egoísta de la vida, de la ansiedad malsana y del ais-
lamiento. Es sabido, que la calidad de vida depende de tres factores, de
cómo experimentamos nuestro verdadero amor hacia nosotros mis-

259
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

mos, vivimos el trabajo y nos relacionamos con los demás. En estos


campos, la vida del soltero, aunque con diferencias de matiz, no está
privada de la riqueza y variedad que disfrutan los casados. El soltero
puede disfrutar de la serenidad en su vida de muchas maneras y espe-
cialmente:

1) Cultivando el trato exquisito hacia los demás, mostrándose


ante ellos con sinceridad y aceptando lo que recibe de ellos con
talante agradecido.
2) Aceptando las incomodidades de sentirse solo en los momen-
tos en que necesitaría de alguien que le acompañara y pro-
porcionara ayuda en las pequeñas cosas de la vida cotidiana.
Pero hay más, en realidad nadie está solo, todos pertenece-
mos a una red de servicios que cuida de nuestra salud, nos
provee de medios de subsistencia, nos permite participar en
el disfrute de todas las amplias conquistas de la ciencia, del
arte, del ocio, etc. La sociedad occidental y el mundo desa-
rrollado cada día son más generosos en poner a disposición
de sus miembros un largo listado de posibles modos de ocu-
par el tiempo, distraerse, viajar, colaborar en grupos de par-
ticipación ciudadana, recreativa, social, etc. Se trata de vivir
“viviendo la confirmación de los demás” y esto se puede
lograr por medios tan fáciles como hojeando la agenda de
teléfonos para hablar con cualquiera, paseando por las calles
de nuestro pueblo o ciudad, invitando a tomar unas copas al
vecino, etc. (Jaeggi, 1991, p. 147)
Conocí una colega soltera de 47 años que periódicamente se subía en
una taxi, entregaba 1.000 pesetas al taxista y le decía: ‘lléveme a ver las
últimas novedades, cambios y mejoras que ha visto en la ciudad en los
últimos meses”.

Y en un reciente estudio sobre el diálogo afectivo de los ciu-


dadanos con su ciudad, los entrevistados decían cosas verda-
deramente curiosas sobre cómo se divertían observando sim-
plemente lo que sucede en las calles (Bernad, 2003):

260
EL FUTURO DE LOS SOLTEROS

“Me fijo en la gente, cómo ríen los jóvenes y los niños. En la calle veo
personas elegantemente vestidas, amigos hablando, movimiento, vida,
comercios muy transitados. Otras veces me siento en el banco de una pla-
za y me convierto en espectador de todo lo que ocurre en ella como si fue-
ra un gran teatro” (mujer de 50 años). “A veces me paro y saludo al
barrendero de turno y le felicito por tener la ciudad limpia y charlo un
poco con él” (jubilado de 60 años)

3) Cuando con el paso del tiempo, el soltero se encuentra con las


limitaciones de la vejez y de la muerte, siempre encontrará
razones para aceptar las leyes de la naturaleza que nos ha
hecho mortales. Al margen de cualquier creencia religiosa, la
mera consideración racional de nuestra existencia nos hace ver
que nada hasta el presente, ni la ciencia ni la razón, nos lleva a
pensar que la muerte física supone el convertirnos en nada, de
nada, de nada de lo que somos hoy, a menos que se confunda
la muerte con el proceso de total aniquilación de nuestra actual
realidad personal, algo que ninguna mente bien pensante ha
conseguido entender hasta el presente.

261
5
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA
EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

Pensando en los solteros, vienen a mi memoria dos historias que,


aunque opuestas en su desenlace, coinciden en que sus protagonistas
son solteros que desean casarse. Antes de nada, me apresuro a decir-
te, apreciado lector, que el leiv motiv de este último capítulo –y quie-
ro dejar expresa constancia de ello– no es “deja tu soltería y cásate”,
sino algo menos imperativo, “si deseas vivir en pareja, hay algunas reglas
de juego que te conviene seguir”.
Las primera historia que te cuento sucedió hace unos meses en un
parque de mi ciudad. Encontré a una pareja paseando con el carrito
de bebé. El papá de 30 años me explicó así cómo llegó al matrimonio.
“Desde que cumplí los veinte, el matrimonio fue una posibilidad lejana y
confusamente percibida. No tenía tiempo para pensar en el casamiento, era
más divertido la juerga y la libertad. No sé cómo y por qué llegó un día en
que me cansé de tanta diversión. Quería vivir de otro modo, con alguien y
para alguien. Pensado y hecho. Salí con mi amigo como de costumbre, entra-
mos en un bar y a la primera pareja de mujeres que vimos en la barra las salu-
damos, nos caímos simpáticos, nos ofrecimos a salir con ellas y aceptaron.
Así, tan simplemente, encontramos nuestra pareja y nos casamos Y hasta
ahora. Llevamos dos años casados los dos amigos con las dos amigas, los dos
tenemos un bebé de meses y estamos encantados. No me explico por qué la
gente hace tanto problema de lo que a nosotros nos ha resultado tan sencillo”.

263
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

La segunda historia se remonta a varios años atrás y tiene todos los


tintes de pequeño drama. Se trata de una mujer de 40 años que, según
me confesó con tristeza, acababa de perder la esperanza de casarse.
“Mis amigas se iban casando. Cada año que pasaba suponía más preocupa-
ción por encontrar pareja y me daba cuenta, o al menos así lo sentía, que cada
vez había menos hombres de mi edad dispuestos a casarse conmigo. Comen-
cé a sentir vergüenza de relacionarme con los hombres. En el trabajo, todos
bromeaban ofreciéndose para presentarme un buen novio. Sin apenas darme
cuenta, me fue entrando un cierto temor a los hombres, me parecía que todos
me rechazarían. Al final opté por quedarme en casa y no salir. En un viaje
conocí a un hombre, también soltero, residente en otra ciudad. Nos dimos el
teléfono y nos llamamos algunas veces. Me pareció que él no estaba entu-
siasmado por mí ni yo por él. Y lo dejamos. Cuando me pregunto por qué
estoy soltera no tengo respuesta: no sé si por indecisión, por cobardía, porque
soy torpe para acercarme a los hombres o porque no los entiendo. En estos
momentos me gustaría encontrar a un hombre con las mismas ganas de
casarse que tengo yo, pero por más que cavilo no sé dónde puedo encontrar-
lo. He perdido la esperanza de poderme casar”.

Este testimonio representa una elocuente explicación de la situa-


ción en que se encuentran muchos psicólogos, yo incluido, y me refie-
ro a lo misteriosas que resultan las cosas cuando se intentan aclarar
los motivos y caminos por los que un soltero con ganas de casarse no
logra encontrar la pareja de su vida. Pasa lo mismo con las explica-
ciones tan poco convincentes que he obtenido de los propios casados
siempre que les he preguntado cómo llegaron al matrimonio: “no lo
sé muy bien”, “no tengo una respuesta clara”, “me casé porque lo
hacía la mayoría de la gente de mi edad”, “tenía un novio desde hacía
años”, “porque no me gusta estar solo/a”, “porque quería amar y que
alguien me quisiera”, “en mi país se casa el que quiere” (un marro-
quí), “porque me gustan los niños” (preferentemente las mujeres),
“porque me enamoré”, “porque me sentí muy atraído/a por una per-
sona del otro sexo”, “porque hubo alguien que me lo pidió”... Reco-
nozco que estos testimonios apenas dan de sí para extraer criterios
seguros y capaces de orientar al soltero que se enfrenta a interrogan-
tes tan comprometidos como los siguientes: ¿cómo y cuándo surge el

264
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

amor?, ¿dónde y cómo puedo encontrar la pareja que me va?, ¿qué


debe hacerse para que el amor aparezca y se desarrolle?, ¿cómo se
consigue que la otra persona vea que estás dispuesto/a a amarle para
toda la vida?, ¿cómo se pasa del atractivo físico al amor que compro-
mete a toda la persona? De las reflexiones que vengo ofreciendo a lo
largo de estas páginas, extraigo una conclusión: los que entienden en
las claves de la afectividad y del amor no consiguen esclarecer estas
cuestiones de tanta transcendencia para los solteros por una razón
fundamental, porque el amor es una realidad demasiado profunda y
misteriosa para permitirnos descifrar los secretos que se encierran en
su interior. Comprenderán mis lectores solteros que, tras esta afirma-
ción, todo lo que pueda decirles aquí no pasa de meras sugerencias,
directrices parciales que, aunque pueden ayudarles para llegar al
matrimonio, no deben tomarse a modo de recetas seguras para alcan-
zar el logro de la meta que persiguen, encontrar la pareja de su vida,
casarse y vivir felizmente juntos. Tampoco pretendo desanimarles,
sino todo lo contrario; el empeño que pongan en resolver uno de los
más bellos retos de su vida, compartir el amor pleno con su pareja,
puede quedar ampliamente recompensado con el éxito si se atienen a
dos condiciones fáciles de cumplir: un poco de sabiduría y mucha
generosidad. No es pecar de exagerado optimismo suponer que todos
mis lectores solteros poseen estas cualidades y, en consecuencia, les
animo a que las pongan a trabajar sin prisas y siguiendo algunas de
las orientaciones que con el mejor deseo indico a continuación.
Para empezar y como síntesis anticipada del capítulo, propongo
a la consideración del lector este corto listado de hechos y reflexiones:

• Salvo raras excepciones, todos los solteros que conozco han


querido o quieren casarse y lo mismo me confiesan haber com-
probado las personas de mi entorno, al margen de estar casa-
das o solteras.
• Hoy en día flota la idea de que el matrimonio tradicional es un
reto difícil de asumir, algo muy distinto a emprender un camino
que conduce fácilmente al encuentro con el ser soñado perfecto
e ideal. La experiencia indica que quienes identifican matrimo-

265
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

nio con facilidad suelen ser los mejores candidatos para conver-
tirlo en objetivo imposible.
• Dar el paso de soltero a casado tiene mucho de aventura por lo
que no cabe esperar realizarlo con total seguridad; de ahí el
dilema, o te arriesgas dejando de lado el miedo que obstaculi-
za conseguir el éxito, o eliges la excesiva prudencia y te conde-
nas a convertirte en jubilado del amor.
• A pesar de todas sus limitaciones, el matrimonio se presenta
como experiencia que facilita alcanzar dos objetivos de espe-
cial transcendencia para la felicidad de las personas: tener al
lado alguien cercano que dé apoyo, a la vez que constituye un
impulso decisivo para el desarrollo de la capacidad de vivir
sintiéndose un ser útil y valioso ante los ojos de los demás.
• Una de las dimensiones más atractivas del matrimonio es su
especial potencialidad para vivir en plenitud las satisfacciones
derivadas del amor incondicional y libre de cualesquiera lími-
tes previamente fijados.
• El matrimonio no es una cuestión de dos sino de tres: la propia
experiencia, la de la pareja y las experiencias compartidas por
los dos.
• El matrimonio es más un camino que un hecho puntual, quie-
nes no entran en él con el ánimo de enriquecerlo y actualizarlo
permanentemente se sitúan en las condiciones idóneas para
hacerlo fracasar.
• Todas las edades son aptas para casarse si se dejan de lado los
falsos temores y se está en disposición de recibir amor y ofre-
cerlo.
• Ir al matrimonio para que alguien afiance nuestra autoestima,
resuelva nuestros problemas y asuma nuestras inseguridades
y complejos es una vía muy eficaz para complicarnos la vida y
no encontrar las satisfacciones que el matrimonio está llamado
a proporcionar en la vida en pareja.
• Hoy prácticamente nadie se arriesga a hacer profecías sobre el
porvenir, éxito o fracaso de los nuevos modelos convivenciales

266
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

de pareja que se desmarcan del matrimonio tradicional y cuya


característica más definitoria es la exclusión del compromiso
total en la relación afectiva entre sus miembros: parejas a prue-
ba, parejas de hecho, parejas de relevos (amores fieles y conse-
cutivos, uno después de otro), parejas con encuentros periódi-
cos, parejas sin hijos, etc. Los pocos que se atreven a pronosti-
car sobre la “pareja que viene” se limitan a señalar que en ella
serán decisivos dos rasgos hasta ahora desconocidos, la rela-
ción erótica se desmarcará totalmente de la procreación y ocu-
pará un lugar secundario en las relaciones de pareja y, por otro
lado, la limitación en el tiempo del emparejamiento será algo
normal, por lo que cabe esperar que la separación dejará de
constituir el acontecimiento traumático que actualmente re-
presenta para muchas parejas (Pasini, 2000; Duoeil, 2000).
• La base imprescindible para una buena relación de pareja es la
valoración positiva de uno mismo y un nivel mínimo de auto-
suficiencia, faltando estas condiciones es difícil que la convi-
vencia en pareja resulte satisfactoria y duradera.

A la vista del listado precedente, posiblemente te preguntes, apre-


ciado soltero, para qué puede serte realmente útil este capítulo. La
respuesta es sencilla: como he dicho en otro lugar, mi modesta pre-
tensión es ofrecer algunas sugerencias y directrices al numeroso gru-
po de solteros que se encuentran incómodos con su situación y bus-
can realizar su vocación al amor compartiendo su vida en pareja. A
fuer de sincero, también quiero indicar al soltero que desea dejar de
serlo el reto que le espera: tendrá que poner en juego toda su inteli-
gencia y bastante decisión para superar las dificultades que práctica-
mente siempre aparecen en el camino que conduce al matrimonio.
También me permito recordar al lector algo bastante común, que a la
hora de implicarse en la búsqueda de su pareja, está expuesto a come-
ter importantes errores y patinazos, el mayor de los cuales será sin
duda el darse por vencido ante las primeras dificultades y zozobras
que suelen surgir especialmente en los primeros pasos que conducen
al encuentro pleno con la pareja.

267
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

Encontrarás tu pareja donde menos te esperas


Todos conocemos un montón de personas, las encontramos en el
trabajo, en el portal, en un viaje, en una fiesta familiar o social, en el
bar, hoy es posible que se nos presente en la pantalla de nuestro
ordenador... ¿Cuántas personas del otro sexo conocemos? Nadie es
capaz de enumerarlas. Sin embargo y en medio de tanto trajín de
encuentros y contactos, casi siempre hay alguna persona de edad
parecida a la nuestra que nos gusta más que el resto, en unos casos
nos atrae su físico (sus ojos, su esbeltez, su silueta, su pelo), en otros
sus ademanes, su timbre de voz, su modo de andar, reír, mirar, ves-
tir o su manera cariñosa de saludar... Estímulos tan simples suelen
ser los comienzos de la “seducción” que, bien administrados, pue-
den conducir a la conexión profunda y definitiva que acaba en la
relación afectiva que forja y sustenta la vida feliz en pareja. Es curio-
so que, a pesar de tratarse de una experiencia común, no disponga-
mos de explicaciones racionales sobre cuándo y por qué, en un
momento dado, nos fijamos en una determinada persona y en algún
atractivo rasgo de ella que nos atrae con especial fuerza. Autores
notables como Jung y Freud sugieren que la atracción inicial surge
cuando las personas en juego son complementarias –los opuestos se
atraen–, y así, los extrovertidos se sienten atraídos por los introverti-
dos, los reflexivos por los intuitivos y espontáneos, los egoístas por
los generosos, los serios por los juerguistas, los tímidos por los segu-
ros y un largo etcétera. Pero esta explicación no parece del todo con-
vincente toda vez que comprobamos que, con frecuencia, son varias
las personas por las que sentimos algún interés y sobre todo porque
se da el hecho paradójico de que las diferencias extremas en lugar de
producir atracción alimentan la sensación de peligro que termina en
rechazo (Torrabadella, 2001).
Un marido enamorado de su mujer me relataba así lo que le atrajo en
el momento en que la conoció: “Yo soy muy extrovertido y parlanchín,
fácilmente acaparo la conversación en cualquier círculo de amigos o familia-
res que conversan sobre los más diversos temas, hasta el punto de no dar can-
cha a que los demás expresen sus opiniones. En cierta ocasión coincidimos

268
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

con mi actual mujer en un encuentro de amigos y descubrí lo atractivo que


resulta tener ante sí una ‘persona que sabe escuchar’. Así que decidí casarme
con ella ‘porque hablaba poco y escuchaba mucho’. De ella he aprendido a
escuchar. ¡Ha valido la pena!”.

Posiblemente el medio más eficaz para encontrar la propia pare-


ja es el que propone Segura (1997) al final de su libro sobre los secre-
tos de la atracción, seducción y el amor: “Deje de buscar fórmulas,
consiga más tiempo libre y vaya en busca de personas: sintiendo
aprenderá mucho más, anímese...” (p. 317). Una señal clara de que
estás “animado” es cuando prestas atención a las personas de tu
entorno, dando por descontado que prácticamente en todos los
escenarios en que te mueves hay varias personas que esperan tu
mirada, que te fijes en ellas. Si tienes en cuenta que con nuestras
miradas expresamos el 70 por ciento de nuestra comunicación con
los demás, no te importará mirar a la persona que te interesa; esto es
lo decisivo y principal, al margen de que mientras miras hagas los
más banales comentarios sobre el tiempo, el tráfico, el trabajo que te
espera, etc.
La eficacia de la mirada se fundamenta en dos hechos, uno
sociológico y el segundo biológico. Con respecto al primero, es sabi-
do que una extraña e injustificada norma social considera una inco-
rrección mirar a los ojos de la persona con quien se está dialogando
pues se interpreta que una mirada fija es el equivalente a cierta inva-
sión de la intimidad del otro. Desde este supuesto, se deduce que
todo juega a favor de quien se desmarca de esta norma y, a través de
la mirada, da pie a que el otro reaccione pensando: “si me mira es
porque algún especial interés despierto en él/ella”. El argumento
biológico lo proponen los especialistas del lenguaje gestual que ase-
guran que cuando miramos con interés hay un brillo especial en
nuestros ojos y la pupila se nos dilata, es entonces cuando la mira-
da equivale al mensaje “me atraes”. Si con la mirada acompañas la
sonrisa, entonces obtendrás una combinación de especial fuerza
atractiva, pues se cumplirá la igualdad: mirada + sonrisa = acércate
(ibídem, p. 265).

269
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

Correr el riesgo de acercarte a la persona que te interesa


Ante la primera atracción, hay sujetos propensos a considerar
que se extralimitarán siempre que muestren interés por la persona
que les ha llamado la atención y creen que el acercarse a su vida, sus
ocupaciones, saber dónde vive, sus relaciones sociales, en qué traba-
ja... es sinónimo de conducta ridícula, descortés, atrevida, inadecua-
da, impertinente y, finalmente, despreciable. Tales personas cometen
el error de pensar que abordar al recién conocido del otro sexo con el
único interés de conocerle más es algo incorrecto, cuando en realidad
significa todo lo contrario; y esto es así porque en el acercamiento a
una persona siempre hay algo tan positivo como demostrarle el valor
que representa para nosotros. Tratándose en especial de los solteros,
puede constituir además uno de los medios más eficaces para brindar
la ocasión a la otra persona de que manifieste el interés que tal vez ha
sentido o siente hacia ellos. Por lo demás, nada obliga a cometer el
despropósito de pensar que abordar a una persona con el intento de
conocerla mejor equivale siempre a una declaración de amor en toda
regla. Un amigo mío cuenta con gracia cómo realizó el primer acer-
camiento a su actual mujer:
“Nos habíamos visto un montón de veces, pues éramos compañeros de carrera.
Cierto día, entre clase y clase, levanté la vista y vi a distancia a una compañe-
ra que por primera vez me pareció bellísima. No he sabido por qué fue en ese
momento cuando me fijé en ella. El caso es que me atreví –tampoco me lo expli-
co– a hacerle un gesto con el índice de la mano dándole a entender que quería
hablar con ella. Tampoco sé muy bien qué le dije, sé que le pregunté algo sobre
el tema explicado por el profesor. La cuestión es que al día siguiente nos busca-
mos y nos sentamos juntos en el aula y hablamos de la asignatura y de otros
asuntos relacionados con nuestra carrera. Así pasaron varios días hasta que le
dije que me gustaba y que si no le importaba podríamos salir y aceptó. Más ade-
lante me confesó que también ella en cierta ocasión se había fijado en mí y no
se atrevió a confesármelo. Así y sin saber por qué comenzó lo nuestro”.

Conocimiento de la pareja y timidez. Un impedimento importante y


que frecuentemente juega malas pasadas en la aproximación a los
demás es la timidez. La timidez es una emoción que combina el miedo
con el interés hacia el objeto social, por ello suele provocar una reac-

270
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

ción emocional negativa, avivar en nosotros un excesivo temor a ser


rechazados. El mejor remedio psicológico contra la timidez consiste
en la aceptación de nosotros mismos y amarnos como somos, con
nuestras cualidades y nuestras limitaciones, pues sólo así podremos
comprender las de los demás y ellos las nuestras. No hay que olvidar
que la vida es un grandioso don, no sólo por lo que los otros nos dan
sino por el bien inmenso de permitirnos darnos a ellos y, en tal senti-
do, nuestra actitud de generosidad es la medida de la aceptación que
podemos esperar de la persona que nos interesa y a la que queremos
amar (Torrabadella, 2000).

Los celos: un grave obstáculo para el acercamiento y conocimiento


mutuo. Los celos hunden sus raíces en una falseada percepción de la
pareja y se manifiestan a través de comportamientos que el amante
celoso realiza para impedir que su pareja pueda ser mínimamente
compartida por otro. La actitud básica del celoso es el temor a que
alguien fuera de la pareja pueda arrebatarle la “posesión absoluta” de
la persona amada que se percibe en calidad de objeto amoroso exclu-
sivo (Manglano, 2001). A este tipo de conducta celosa se refieren los
expertos cuando hablan de los celos enfermizos, personificados por los
sujetos posesivos y cuya inseguridad les lleva a alejar a la propia
pareja del contacto con cualquier posible “conquistador”, por lejano
que sea el lugar que éste ocupe en las relaciones afectivas con la per-
sona amada. Es sabido, que estos celos son una fábrica de resenti-
mientos y desconfianza y que generan casi siempre una gran tensión
y hasta deseos de venganza. Su pronóstico es muy negativo, puesto
que supone la destrucción de cualquier atisbo de verdadero amor
entre la pareja y puede llegar a convertir al enfermo de celos en sal-
vaje verdugo del otro. ¡Las páginas de “sucesos” relatan diariamente
las más truculentas historias fruto de los celos entre la pareja!
Hay también celos buenos, dirigidos hacia alguien y a favor de
alguien, que son la consecuencia inmediata de querer preservar a la
persona amada de todo lo que le puede dañar. Se dice de estos celos
que son el fruto del amor de apreciación y no constituyen ningún
peligro para la verdadera y satisfactoria relación con la pareja puesto

271
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

que, además de alimentar el mutuo amor, tienden a facilitar y poten-


ciar el desarrollo afectivo desplegado por los miembros de la pareja
con otras personas.

Remedio contra los celos. Si los celos proceden de la frustración,


apoyada en la creencia de que alguien puede dar a la persona amada
algo que nosotros no podemos ofrecerle, una forma eficaz de superar
los celos es el cultivo de aquellos gestos de atención a la pareja que,
por un lado, sabemos que son de su agrado y, por otro, pertenece a lo
más propio y positivo de uno mismo. Hay un test o señal de que
nuestro amor a la pareja es verdadero y no está movido por los celos,
comprobar que disfrutamos ofreciéndole aquello que más le agrada y
sabemos que valora muy positivamente. Por ultimo, ante cualquier
amago de celos se aconseja tomar dos medidas: 1) examinar deteni-
damente las acciones que los provocan en nosotros o en el otro y, a
continuación, 2) intentar compensarlos mostrando la máxima aten-
ción hacia todo aquello que recibimos de la pareja o le facilita com-
prender y disfrutar de todo aquello que le ofrecemos como peculiar
lo mejor de nosotros mismos (Torrabadella, 2000).

El salto al conocimiento personal y al amor pleno de pareja


Surgido el interés por una determinada persona, se impone la
necesidad de conocerla puesto que sólo podemos amar aquello que
conocemos. En el acercamiento de la pareja, ello implica ir más allá
de las apariencias y entrar en el ámbito de las intenciones, sentimien-
tos y expectativas más personales del otro. Es normal que tal paso
vaya acompañado de algunas resistencias y recelos por alguna de las
partes o por ambas: ¿cómo presentarme ante el otro sin falsear mi rea-
lidad, con mis luces y mis sombras, qué debo mostrarle de mi perso-
na para que se sienta atraído por mí y no me rechace, le merecerá la
pena comprometerse conmigo si me presento tal como soy, hay algo
incompatible entre nosotros, en qué medida puedo esperar que el
otro se me manifieste tal como es y no sólo en función de la imagen
ideal de si mismo...? Prácticamente ninguna pareja se libra de las

272
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

incomodidades que supone dar estos primeros pasos en el encuentro


personal y especialmente dejar de lado el miedo que éstas y otras pre-
guntas similares provocan en los momentos iniciales de la relación de
pareja; de tales miedos he hablado ampliamente en los capítulos
segundo y tercero de este manual, se trata ahora de desentrañar sus
recovecos psicológicos y, sobre todo, ofrecer criterios para superarlos.
Con este objetivo, analizaré las conductas que suelen aparecer en los
primeros pasos de la relación de pareja, y especialmente aquéllas que
facilitan el paso de la etapa de la “seducción” a las verdaderas relacio-
nes de amor, una experiencia que modifica sustancialmente la vida
personal y permite crear el proyecto en común resultante del acerca-
miento mutuo llevado con decisión y sin complejos.

1º. No ocultar la propia intimidad. Hay personas que deliberada-


mente no se dejan conocer y son propensas a impedir que el otro les
conozca. No es que intenten dar una imagen falseada de sí mismas
sino más bien una imagen incompleta. Esta actitud obedece a dos
motivos principales, por un lado, al sentimiento de inferioridad o
baja autoestima que les lleva a la conclusión práctica, las más de las
veces falsa, de que si se muestran tal como son serán rechazados por
el otro, y una segunda razón no menos importante, el temor a que el
otro, abusando de la confianza que se le otorga, pueda hacerles daño.
¿Cómo procede reaccionar ante tales dificultades? La respuesta es
bastante clara: superando la desconfianza y dejándose llevar por cri-
terios que permitan y faciliten el conocimiento de nuestra persona
por parte del otro; se trata en definitiva de no impedir que el otro nos
conozca, lo que conlleva evitar a toda costa cometer el despropósito
de exigirle que adivine o intuya todo lo que se encierra en nuestro
carácter, nuestros sentimientos, nuestras ilusiones, nuestros gustos o
preferencias, etc. (Heras, 2001). Paralelamente, hay que ser muy pre-
cavido para no dejarse dominar por una sospecha irracional, cavilar
falsamente sobre unas hipotéticas malas intenciones del otro para
ocultarnos su realidad; el hecho de que el otro no nos dé a conocer
toda su intimidad no es razón suficiente para alimentar la falsa supo-
sición de que nos intenta engañar. En este sentido, un comporta-

273
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

miento sano es regirse por la norma “te creo lo que me dices y acep-
to lo que todavía no puedes o no tienes la valentía de manifestarme”.
De aquí se desprende la necesidad de que los primeros y más decisi-
vos pasos del acercamiento a la pareja vayan acompañados de la con-
fianza mutua, lo que se logra actuando en clave de sinceridad y de
aceptación de la imagen con que se nos presenta la persona que
deseamos conocer (Castilla del Pino, 2000, p. 319).

2º. La lista de requisitos básicos. Un modo eficaz de realizar con pie


firme y seguro el proceso de acercamiento mutuo entre la pareja es
confeccionar la lista de requisitos con los que se quiere actuar y llevar
adelante la relación (Torrabadella, 1999; Carter-Scott, 2000). En este
caso, se trata de elaborar la doble lista de requisitos “imprescindibles
o no negociables” y la de aspectos “preferenciales”. Los primeros
incluyen cualidades, comportamientos, habilidades, actitudes, creen-
cias y aficiones que exiges ver encarnados en la persona amada y de
los que no podrías prescindir. Ciertas personas considerarán condicio-
nes imprescindibles para la vida en pareja una personalidad íntegra y
positiva, una mínima capacidad de escucha, cierto nivel cultural, el
sentido religioso de la vida, la actitud de lucha ante las dificultades de
la vida, la entrega al trabajo y a la profesión, aceptar ser algún día
padre/madre, ejercer una profesión que no impida la convivencia físi-
ca y permanente de las dos partes...; en otros casos, se considerarán
incompatibles con las propias aspiraciones problemas graves de salud,
la presencia de trastornos serios de conducta tales como el alcoholis-
mo, la drogadicción, la promiscuidad sexual, la aceptación de la vio-
lencia como recurso normal para la resolución de conflictos, etc. Es
prudente clarificar este paquete de exigencias mínimas antes de llevar
adelante la relación y, en caso de duda sobre algunos de estos puntos,
lo aconsejable es cortar la relación tras reconocer la incompatibilidad;
recuerda que siempre te resultará más fácil vivir solo que soportar la
derrota en que puede terminar una larga guerra con la pareja.
Fuera de los temas mencionados, prácticamente todo lo demás es
negociable. Así por ejemplo, son negociables muchas de las aficiones
en que puede emplear la pareja, juntos o por separado, su tiempo de

274
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

ocio (cultura, deportes, viajes, convivencia con antiguas amistades),


el régimen e intensidad de las relaciones con las familias de origen, la
dedicación a los amigos, mantener relaciones de respetuosa amistad
con el miembro de la anterior pareja tras el divorcio, la convivencia
con los hijos de la anterior pareja, etc.; de hecho, la experiencia indi-
ca que parejas que pasan por este tipo de condicionamientos son per-
fectamente viables y satisfactorias.

3º. Las dudas que nunca desaparecen. A la luz de lo expuesto, pudie-


ra pensarse que un sesudo recuento de las apetencias personales en
relación con la pareja bastaría para disipar toda clase de dudas y dis-
poner de total seguridad para llevar a feliz término el conocimiento
mutuo y decidirse inmediatamente por el compromiso o rechazo
final. Nada más lejos de la realidad, en los primeros momentos del
acercamiento las dudas más punzantes pueden hacer acto de presen-
cia del modo más inesperado y sobre los asuntos de mayor gravedad:
¿tendré la suficiente fuerza y paciencia para soportar lo que no me
guste en él/ella?, ¿cómo puedo estar seguro/a de que no evolucio-
naremos por derroteros incompatibles?, ¿cómo reaccionaré y reaccio-
nará cuando descubramos lo que pertenece a nuestra intimidad?,
¿estoy seguro/a de que quiero esta relación y estoy eligiendo bien?
Hay que decir paladinamente que sobre estos temas prácticamente
ninguna pareja juega con total garantía, así que lo mejor que se pue-
de hacer en tales casos es buscar la verdad del corazón y si él dice que
esa es una persona que ofrece motivos serios para quererle, entonces
debes hacer un acto de fe en ti mismo y entrar con decisión en el
sublime reino del amor, pensando que siempre te quedará el recurso
de rectificar si, llegado el caso, comprendes que te has equivocado
(Carter-Scott, 2000). A este propósito, no hay que olvidar que en el
plano del amor, como en todos los ámbitos de la vida, el aprendizaje
es un factor decisivo cuyos resultados no se rigen por la “ley de todo
o nada”, por la visión instantánea, sino que suelen aparecer tras pasar
pacientemente por distintas fases y peripecias que nos enseñan a ir
cambiando nuestra actitud ante el objeto que consideramos digno de
amor (Torrabadella, 1999; Fischer y Hart, 2002).

275
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

4º. Amor y sexo, ¿en qué orden? Uno de los anhelos humanos más
profundos es estar cerca de alguien con quien compartir todo lo que
somos y sentimos. Se piensa así mismo que una vía eficaz para lograr
tal objetivo y librarnos de la soledad es el acercamiento a los demás lle-
vado hasta el nivel de total intimidad; es aquí donde se plantean en
clave psicológica las relaciones entre amor, intimidad y sexo. Hablan-
do de la sexualidad, está fuera de duda que constituye un medio fun-
damental de expresión e intercambio de las emociones más profundas
entre las personas (confianza, entrega, intemporalidad, éxtasis), pero
esto no justifica, como se hace con frecuencia, confundir amor y car-
nalidad, como tampoco excluye la posibilidad de experimentar un
placer sexual intenso con personas de las que no se está enamorado.
Hablando del sexo, es fácil constatar la existencia de grandes discre-
pancias a la hora de calibrar su papel en el engranaje de la comunica-
ción interpersonal y, dentro de ésta y más concretamente, la conexión
precisa entre el sexo y el amor. La importancia del tema, exige entrar
en el análisis de las mencionadas discrepancias y, así, voy a pronun-
ciarme sobre las dos principales posturas que se sustentan en torno al
significado psicológico de las relaciones entre el amor y el sexo, me
refiero a las posturas tradicional y nueva.

Posición tradicional
La mayoría de personas y especialmente aquéllas que sienten
miedo para abrirse a la pareja suelen situarse en el polo totalmente
opuesto a lo que significa establecer la comunicación interpersonal
limitándola al mero análisis de la piel, algunos gemidos, monosílabos
o espasmos genitales. Los afincados en esta postura, confiesan sentir-
se incómodos ante aquellas situaciones en las que los abrazos, el
“hacer manitas”, el beso apasionado y el flirteo son introducidos por
la pareja –preferentemente por el varón– desde el primer momento
de la relación. En cierta ocasión, me decía una mujer de 25 años que
asociaba tales gestos con el miedo a la cama, un lugar que para ella
sólo tiene sentido cuando previamente se ha establecido con total cla-
ridad el compromiso de amor pleno con la otra persona; es obvio que

276
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

para personas así el sexo se considera el fruto o manifestación del amor y


no al revés. Adoptada esta perspectiva, se llega a una decisiva conclu-
sión, que el sexo en sus diversas manifestaciones y, especialmente, en
cuanto experiencia intensa no se considera condición necesaria para
llegar a la auténtica intimidad sino que más bien es consecuencia y
manifestación de ella y, por tal motivo, debe reservarse para el
momento en que sirve para traducir y expresar la verdadera entrega
y dentro del amor percibido con seguridad y plenitud.
Este enfoque, la visión del sexo como consecuencia del amor y no
al revés, es apoyada por muchos psicólogos actuales para los cuales el
sexo sin amor suele dar pie a una experiencia traumática y carente de
sentido y esto por una razón fácil de entender: en la medida en que la
intimidad sexual deja a la intemperie nuestro yo profundo y suprime
todas las barreras que impiden que el otro nos perciba en toda nuestra
integridad y tal como somos se convierte en una situación amenazan-
te que tiene muy poco que ver con la tranquilidad y sosiego que
acompañan al auténtico amor. En tal sentido, estos mismos estudiosos
se pronuncian negando incluso la posibilidad de que puedan resultar
verdaderamente gratificantes las relaciones sexuales reducidas a un
conjunto de divertidas prácticas amatorias, realizadas de acuerdo con
un variado programa donjuanesco de técnicas eróticas, llamativa ropa
interior o el juego corporal llevado hasta el delirio paroxístico del
orgasmo. A este respecto, quiero manifestar que una parte de los sol-
teros que me han hablado de su fracaso en sus intentos de acerca-
miento a la pareja reconocen haber corrido demasiado en llegar al
encuentro sexual, y consideran que su fallida experiencia les ha servi-
do para comprender que la relación sexual adecuada sólo puede darse
en un contexto claramente definido por la total transparencia emocio-
nal y madurez espiritual de la pareja; todo lo demás, vienen a decir, les
parece una frivolización de los profundos vínculos que unen el amor
con el sexo lo que, a la postre, implica que para ellos el sexo viene a
representar la ritualización externa o celebración de la donación ínti-
ma y plena de sí mismo que previamente se ha realizado de mutuo
acuerdo en el ámbito más íntimo y profundo de las personas. Desde

277
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

esta posición, muchos adultos rechazan el sexo como punto de parti-


da o previo al amor por entender que, así practicado, implica, al mar-
gen de otros posibles desajustes, una exigencia excesiva en la medida
en que da pie a que aparezcan todos los harapos de la propia pobreza
emocional, vulnerabilidad y falta de sentido, dimensiones personales
que todavía no se está seguro de que serán aceptadas por la pareja
inmersa en los primeros pasos conducentes al amor pleno y total.
Siguiendo nuestro análisis, nos encontramos con un segundo
aspecto digno de consideración. La psicología profunda ha puesto de
manifiesto que el sexo al margen del amor no es otra cosa que una
pobre técnica de camuflaje mediante el cual se oculta el miedo al
amor y al compromiso total; en tales condiciones, el sexo no es sino
un intento inútil y abortivo de superar la propia soledad y su prácti-
ca el equivalente a: “aunque no te amo ni me siento verdaderamente
unido a ti, me gusta pasar un rato placentero en la cama contigo” o,
también, “mientras estoy abrazado a ti haciendo el amor dejo de sen-
tirme solo y desaparece el sentimiento de soledad que me asusta y no
soy capaz de soportar”. De la perturbación que puede provocar la
práctica del sexo sin amor, habla elocuentemente la consulta que hace
algún tiempo me hizo una joven de 24 años:
“Vengo a hablar con usted porque no sé qué debo hacer. Resulta que todos los
compañeros del grupo de chicos y chicas con los que salgo tienen relaciones
sexuales entre sí. Uno de esos chicos, al que he comenzado a querer, me ha esta-
do presionando hasta que he consentido hacer el amor con él, a pesar de que yo
siempre le decía que me daba miedo y me repugnaba. Lo malo no es eso, es que
después de acostarme con él y de no haber podido hacer el amor, me siento fra-
casada y avergonzada y, todavía peor, siento asco hacia ese chico. La joven
terminó preguntándome: ¿Hay algún remedio para mi situación?”.

Sintetizando lo anterior, podemos decir que no es aventurado


concluir que el miedo a la soledad y el deseo malsano de amor a cual-
quier precio es lo que explicaría en muchos casos la sexualización
prematura de la relación amorosa, una interpretación, por otra parte,
que coincide con el diagnóstico de muchos estudiosos de la afectivi-
dad y del amor cuando paladinamente afirman que el sexo sin o

278
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

antes del amor pleno es con más frecuencia de lo que parece una fal-
sa salida o desbordamiento incontrolado del ansia de recibir y dar
amor, a la postre una experiencia negativa derivada de haberse salta-
do algunas de las etapas y procesos necesarios para llegar al pleno
gozo del sexo dentro del auténtico amor (Richo, 1998; Keen, 1994,
Carter y Sokol, 1996).

La nueva interpretación del binomio amor-sexo


En contra de la postura anterior, inclinada a ver el “sexo sin
amor” como experiencia totalmente negativa, hay datos sociológicos
que por honestidad me siento obligado a ofrecer al lector; de tales
datos se desprende que en la mentalidad de bastantes españoles las
relaciones sexuales no tienen por qué ir necesariamente unidas con el
amor de pareja estable ni con la entrega total de las personas impli-
cadas en la comunicación sexual. Los datos a los que me refiero son
los siguientes: por un lado, según la encuesta del CIRES (1992), en esca-
la de 10, las relaciones prematrimoniales sólo obtienen entre los adul-
tos españoles una puntuación favorable del 5,5. Y en la misma direc-
ción y para de Miguel (1992), sorprendentemente, los porcentajes de
personas contrarias a las relaciones sexuales prematrimoniales siguen
siendo significativamente elevados (más del 50 por ciento de los
adultos entre 30 y 64 años, y casi el 20 por ciento de los jóvenes entre
18 y 29 años). Pero en contra de estos datos, contamos con otros que
se pronuncian a favor y consideran legítimas las relaciones sexuales plenas
entre personas no casadas: así, según la encuesta de Salustiano del Cam-
po (1993), actualmente casi la mitad de los españoles, tanto hombres
como mujeres, admiten como normales y se muestran a favor de las
relaciones sexuales prematimoniales –entre personas menores de
cuarenta años este índice se sitúa en torno al 80 por ciento– (!). No
hay, pues, lugar a dudas, en términos sociológicos y en la mentalidad
de los españoles y especialmente de los más jóvenes, las relaciones
sexuales tienen sentido aunque no vayan acompañadas del compro-
miso de amor ni con la entrega personal y plena entre los miembros
de la pareja sexual.

279
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

¿Qué ocurre cuando, más allá y al margen de los datos socioló-


gicos, se analizan las relaciones entre el sexo y el amor en su vertiente
propiamente psicológica? Algo de la respuesta que cabe dar a esta deli-
cada cuestión lo he anticipado ya en el capítulo segundo de este
manual. Hablando del sexo, digo allí que, entre las afirmaciones que
pertenecen al abc de lo que significa la sexualidad en la vida de las
personas, hay dos altamente significativas y que aquí es oportuno
retomar para esclarecer más y mejor las relaciones psicológicas entre
sexo y amor. En el lugar citado decía lo siguiente:
“Cierto ejercicio de la sexualidad entra en la lista de las “necesidades
básicas” de la persona y el encuentro carnal entre personas de distin-
to sexo, con sus componentes principales de intimidad total, excita-
ción y cierta pérdida de uno mismo en manos del otro, constituye una
experiencia irrepetible que pone en juego nuestro yo más profundo
por cuanto, a través de la fusión íntima, nuestro cuerpo se convierte
en instrumento de uno de los mayores placeres que podemos disfru-
tar en calidad de seres de carne y hueso. En términos psicológicos,
esto conduce a la afirmación de que la sexualidad de la persona se
presenta en forma de tensión bipolar: por un lado, se siente el sexo
con enorme atracción y como un modo de colmar la necesidad cuasi
obsesiva de comunicación con la persona del otro sexo, pero, por otro,
se experimenta el temor a convertirse en mero objeto de posesión del
compañero/a”. Y terminaba diciendo: “los afectados por el temor al
vínculo sexual tienden a resolver este conflicto interior entregándose
a eventuales y sucesivas experiencias amorosas que les permiten
saciar sus necesidades sexuales –cabría añadir, librarse de la soledad–
y ahorrarles pasar por el compromiso del amor total que les asusta y
para el que no se sienten seguros de poder dar respuesta, en cierto
modo, el sexo resulta por sí solo suficientemente valioso aunque les
prive de gozar plenamente del amor” (Branden, 1995).

A la luz de estas consideraciones, una cosa parece clara: para


muchas personas, las relaciones sexuales íntimas conllevan una carga
tal de entrega personal que, desvinculadas del amor, pueden resul-
tarles y de hecho resultan, una situación cargada de violencia interior.
Buscando una explicación a tal violencia, aparecen diferentes motivos
y es evidente que los imperativos morales son en muchos casos el fac-

280
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

tor decisivo y de mayor peso. Esto es así porque, como muy bien
explican los expertos en moral sexual, toda la tradición católica occi-
dental ha vinculado exclusivamente el sexo con el matrimonio y la
procreación; piénsese a este propósito que hasta fechas recientes las
autoridades religiosas católicas condenaban no sólo las relaciones
sexuales fuera del matrimonio sino incluso estas mismas relaciones
practicadas dentro del matrimonio y sin estar abiertas a la procrea-
ción. Por mi experiencia profesional he tenido ocasión de conocer el
trauma que ha supuesto para muchos matrimonios católicos atenerse
a una moral tan restrictiva.
En cierta ocasión acudió a mi consulta un matrimonio católico con el
siguiente problema: “Llevamos seis años casados y tenemos tres hijos y el
que viene. Nuestra economía no da para mantener más hijos. Sabemos que
existen medios para controlar la natalidad pero nuestra conciencia nos prohi-
be usarlos. ¿Qué debe hacer un católico en nuestra situación?”.

Pienso que, desde la psicología, una respuesta honesta y cohe-


rente ante situaciones como la descrita debe atenerse a criterios como
éstos. En primer lugar, es evidente que, aunque la Iglesia puede pro-
poner normas morales a sus seguidores, y es lo suyo, tales normas no
pueden exigirse literalmente y al margen de las circunstancias per-
sonales y familiares; pensar lo contrario supondría identificar la
moral católica con la ética del héroe, del timorato o de personas con
la prudencia atrofiada. El buen sentido dicta que sea la propia con-
ciencia, prudentemente asesorada, el criterio seguido en cada caso. Y,
desde esta perspectiva, no puede considerarse inmoral limitar el
número de hijos haciendo uso prudente de los medios disponibles
de control de la natalidad y, al mismo tiempo, se impone reconocer
que un objetivo noble de los casados es dedicar la propia vida al cui-
dado de la familia compuesta por los hijos que razonablemente se
pueden criar y educar.
Pero hay más. Si admitimos el hecho de que las normas morales
de muchos sujetos no coinciden con la moral católica –caso en que se
encuentran bastantes ciudadanos–, entonces cabe también otra inter-
pretación psicológica de las relaciones sexuales fuera del matrimonio,

281
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

y es la posibilidad de entenderlas como una forma de diálogo amis-


toso a nivel meramente carnal entre los sexos, algo equivalente a la
prestación del propio cuerpo como instrumento y fuente de placer y
felicidad para la pareja amiga. Desde este supuesto, nada impide
pensar que tal gesto, la relación sexual, tiene un valor positivo para
ciertas personas que por ningún concepto pueden tacharse de inmo-
rales. De todos modos, conviene advertir también que, a juicio de los
expertos en cuestiones de amor, no debe olvidarse la dificultad que
conlleva mantener las relaciones de amistad en términos puramente
sexuales; lo que generalmente suele ocurrir en estos casos es que
alguna de las partes siente la necesidad de llevar a más la relación y,
si ello no se ve como posible, la pareja acaba abandonando las rela-
ciones sexuales, que se perciben demasiado vacías e incompletas y,
por lo mismo, carentes de sentido (Rogers, 1993). Una soltera de 35
años me comentaba en cierta ocasión la experiencia de vaciedad que
le asediaba después de mantener relaciones sexuales con amigos y
compañeros de profesión:
“Me he acostado con varios amigos durante algunos años. La verdad es que
nos lo hemos pasado bien, en ciertos casos hasta diría que muy bien. Pero des-
pués de hartarme de sexo, he dejado de practicarlo porque al final nadie se
quiere casar conmigo ni quererme en cuerpo y alma”.

Resumiendo lo anterior, cabría entender las relaciones entre el


sexo y el amor en tres niveles:

a) Como fuente de excitación erótica y de placer en ausencia de


amor y de compromiso personal. Lo mejor que se puede decir
de esta versión de comunicación sexual es que no suele resul-
tar gratificante por largo tiempo para las personas implicadas
en ella por cuanto supone reducir el amor a sus dimensiones
erótica, narcisista y pasional, a la postre, tratar al otro más
como cosa u objeto de placer que como persona.
b) Hay otra modalidad de relacionarse sexualmente que conlleva,
además de placer, cierta donación de sí mismo como instru-
mento de placer y felicidad para la otra persona, lo cual supo-

282
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

ne cierto grado de amor. En este caso, al placer sexual se añade


el gozo de dar algo de sí al otro, lo que representa para la pare-
ja amiga la experiencia de sentirse reconocida y acompañada
por el otro, “si no nos quisiéramos, no haríamos esto el uno por
el otro”.
c) Por último, se pueden entender las relaciones sexuales como la
celebración del amor recíproco, total, incondicional y libre de
toda restricción entre las partes implicadas. A este nivel, la
comunicación sexual más que una meta en sí misma es la mani-
festación de haber alcanzado el amor que, sin subestima del
componente corporal, conlleva el reposo espiritual, la seguri-
dad y la complacencia en el amor en cuanto donación. Muchos
autores (Alberoni, 1986; Segura, 1997; Richo, 2002, entre otros)
enmarcan este nivel de amor en el matrimonio o su equivalen-
te, la pareja estable, al tiempo que proponen como señal de
haberlo alcanzado el abandono de cualquier actitud de egoís-
mo narcisista y una disposición que se proyecta en la atención
a las necesidades únicas del otro.

Las nuevas formas aceleradas y superficiales de acercamiento a la pareja


En este contexto, quiero referirme a ciertos planteamientos que
considero superficiales y que, de manera surrealista, muestran con
supina ingenuidad la posibilidad de realizar increíbles atajos en el
complicado proceso de acercamiento entre la pareja. Valga a modo de
ejemplo, y no es único, el televisivo programa “Xti”. Consistía en
introducir en una casa a un nutrido grupo de solteras con tres varo-
nes solteros, con el objetivo de que en pocas jornadas surgiera el amor
definitivo entre algunos de ellos: “entre usted soltero y salga casado”
sería un buen resumen de las pretensiones de dicho programa que,
como es lógico, tuvo que retirarse inmediatamente de la pantalla tras
un estrepitoso fracaso. Basta el sentido común para darse cuenta de
que un escenario tan artificial no da de sí para que aparezca la reali-
dad de la persona con la que uno está dispuesto a jugarse el devenir
de toda su vida, compartiendo por amor sus gustos, problemas, com-

283
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

plejos, sus cambios de humor, sus actitudes ante las muchas vicisitu-
des y experiencias por las que pasa la vida en pareja y que, por nin-
gún concepto, es recomendable poner entre paréntesis cuando se tra-
ta de conocer con un mínimo de respeto hacia sí mismo a la persona
capaz de darte la felicidad.
Lo mismo cabe decir del conocimiento de la pareja a través de las
nuevas tecnologías, especialmente, el “chateo” por internet. Como
he dicho en el capitulo tercero, las computadoras ofrecen nuevos e
increíbles caminos para las relaciones amorosas. Sin salir de tu pro-
pia casa, puedes contactar con toda clase de personas y, aunque no
contamos con estadísticas, es posible que a través de la pantalla sur-
ja algunas veces el amor. No repetiré aquí los peligros a que está
expuesta la experiencia del amor codificado en clave de “amor vir-
tual”, pues si bien es cierto que a través de estos nuevos medios
cibernéticos es posible conocer amigos, a estos amigos no se les ve la
cara, sobre todo los ojos, a través de los cuales los humanos nos
comunicamos el 70 por ciento de lo que hay en nuestro interior y nos
mostramos realmente lo que somos. Tampoco aparece la elocuencia
de los silencios, tan importantes para comunicar la calma y el equili-
brio en una sociedad estresada y envuelta en profundos desajustes.
Y no olvidemos la ausencia de otro elemento esencial en el amor, la
imprescindible confianza y la ausencia del temor al compromiso que
conlleva el amor pleno. Vale la pena sopesar muy bien el hecho de
que cuando se apaga el ordenador, ninguno de los contertulios vir-
tuales se compromete con nada ni con nadie, son en realidad perso-
najes “filtrados” que pueden ser personas generosas pero también la
encarnación del egoísmo y la maldad, es posible incluso que lo que
ofrece la pequeña pantalla no tenga nada que ver en muchos casos
con las verdaderas aficiones, valores y los sentimientos íntimos y
personales del que nos entusiasma por su gracia verbal o su ingenio
momentáneo e incomprometido. ¡El amor es un asunto demasiado
serio y complicado para esperar que se puede alcanzar mediante el
fácil recurso a los impulsos cibernéticos!

284
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

Las parejas de hecho y la supresión de los vínculos jurídicos de la


pareja
En los últimos años ha aparecido con especial fuerza una modali-
dad de pareja que se opone a la formalización legal de la convivencia
afectiva y de sus efectos jurídicos, son las denominadas “parejas de
hecho” que se definen como la unión estable de un hombre y una
mujer, o de dos personas del mismo sexo, con la intención de desarro-
llar un proyecto de vida en común, semejante al del matrimonio. No
se trata, y esto es importante destacarlo, de un intento de degradar o
superar la situación tradicional en la que la legitimidad y aceptación
social de la pareja venían obligatoriamente sancionadas legalmente,
sino de una actitud cuyos protagonistas legitiman su convivencia
basándose en la “libertad ideológica” individualmente considerada y
en la posibilidad y el derecho de mantener una convivencia enrique-
cedora en la esfera personal al margen de las leyes del derecho positi-
vo reguladoras del compromiso matrimonial (Talavera, 2001).
Los motivos que se aducen para justificar la pareja de hecho son
varios: uno frecuente es la diferencia de edad entre sus miembros,
factor que origina dudas razonables sobre el mutuo entendimiento
de la pareja en el futuro, otro es el rechazo expreso al compromiso
que vincula a la pareja de por vida o “para siempre”, lo que se tra-
duce en considerar la unión con cierto carácter de provisionalidad
–mientras las circunstancias se mantengan y lo aconsejen–, otro moti-
vo es la imposibilidad de contraer legalmente un nuevo matrimonio
por estar implicados los dos miembros de la pareja o alguno de ellos
en el proceso de anulación o separación de un anterior matrimonio, a
veces y, por último, son razones de tipo económico, no perder los
derechos de jubilación que legalmente desaparecen cuando se legali-
za la convivencia de la pareja entre personas mayores.
Las parejas de hecho, cuyo número en España oscila entre 600.000
y 220.000 según las diferentes estadísticas, son actualmente objeto de
los más encendidos debates por parte de los ciudadanos, los grupos
sociales y juristas, dando lugar a posicionamientos claramente encon-
trados en todos los niveles. Lo demuestran estos datos:

285
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

a) Los representantes de la iglesia católica han criticado con dure-


za estas parejas por su dudosa moralidad y por considerarlas
contrarias al verdadero progreso y bienestar de la sociedad
(Arzobispo de Valencia, obispo de Castellón y otros obispos y
arzobispos). El Papa se pronunció sobre el tema en la audien-
cia de 4 de junio de 1999 dando su rotundo “no” a las parejas
de hecho porque “erosionan el sentido mismo de la institución
familiar y fomentan una alarmante capacidad destructiva de la
familia, célula básica de la sociedad”.
b) La plataforma para la promoción de la familia (Profam), que
representa a más de 300.000 familias madrileñas, ha recogido
ya 45.000 firmas y espera llegar pronto a las 100.000 en contra
de la Ley de Familias –parejas de hecho– de la Comunidad de
Madrid.
c) Los partidos políticos han tomado también postura ante el
tema defendiendo tesis difícilmente compatibles y así, mien-
tras los de izquierda se manifiestan decididamente defensores
de estas parejas y piden su reconocimiento pleno con los mis-
mos derechos y ventajas del matrimonio civil, los de derechas
se niegan a reconocerles un estatuto equivalente en todo al
matrimonio.
d) Por su parte, varias Comunidades Autónomas (Cataluña, Ara-
gón, Comunidad Canaria, Andalucía, Castilla-La Mancha, entre
otras) disponen ya de sus propias leyes sobre las parejas de
hecho y, con pequeñas diferencias, todas estas leyes proponen
como fundamento jurídico de las mismas varios artículos de la
Constitución Española, especialmente los que se refieren a la
libertad individual (Art. 1.1), igualdad ante la ley (Art. 14) y
libre desarrollo de la persona (Art. 10.1).
e) El tema ha llegado también hasta el Parlamento Europeo que,
tras una reñida votación, aprobó en el año 2001 el informe de
los Quince que reconoce a estas parejas los mismos derechos
que a los matrimonios.

286
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

Al margen de las leyes y debates sobre el tema, hay algunos datos


que ponen de manifiesto la vigencia de la familia tradicional en
amplias capas sociales. Por ejemplo:

• según una reciente declaración del Consejo de Europa, “el


matrimonio sigue siendo un valor fundamental de la socie-
dad”.
• en Suiza el 94 por ciento de los niños nace en el seno de un
matrimonio, en Alemania, el 85 por ciento y en España (2003),
de los 12 millones de uniones estables contabilizadas, 11.850
000 son matrimoniales y sólo el 2 por ciento de los mayores de
18 años viven en unión de hecho.

Las parejas de hecho vistas desde la sociología


Por lo que respecta a la perspectiva sociológica del tema, com-
pruebo que ha hecho acto de presencia una determinada corriente
que parece recrearse en cierta exaltación de las uniones de hecho adu-
ciendo que son más profundas y estrechas porque “al gozar de total
libertad, tienen que reiterar constantemente su voluntariedad de vivir
en común, lo que las hace mejores, más libres o espontáneas o satisfacto-
rias que las que pueden hacer esos mismos individuos una vez con-
traigan matrimonio” –el subrayado es mío– (Alberdi, 2000, p. 115). Con
el debido respeto a esta opinión y similares, pongo en duda la fuerza
de esta argumentación, pues entiendo que una decisión libre no es de
suyo “mejor” y “más satisfactoria” por el mero hecho de estar some-
tida a permanentemente revisión, y mucho menos me convence la
razón de que la unión de hecho es de suyo “más libre” que la liber-
tad implicada en el compromiso total y de por vida que vincula a la
pareja dentro del matrimonio tradicional. Con la misma actitud res-
petuosa, quiero decir que me parece caricaturesco considerar la liber-
tad de la persona a manera de suma de actos puntuales, de escasa
duración o permanencia, momento a momento; más bien pienso lo
contrario, que la manifestación más clara y plena de la libertad huma-
na se corresponde con una actitud dispuesta a la superación de lo

287
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

provisional y acepta como natural la incondicionalidad de la decisión


plasmada en la entrega total vivida por encima de cualquier límite
temporal preestablecido y relativo a toda la vida de la pareja, inclui-
do su futuro. Por extrapolación, veo una sustancial identidad entre el
amor de pareja estable y los sólidos vínculos que unen a la madre con
el hijo o al amigo con el amigo de verdad; nadie pone en duda que el
valor innegable y el significado profundo, positivo y satisfactorio de
estos amores radica muy especialmente en no estar sometido a cons-
tante revisión y ofrecer un horizonte de seguridad y permanencia.

¿Qué dice la psicología sobre las parejas de hecho?


A la hora de explicar en clave psicológica el fenómeno creciente
de las parejas de hecho, vienen a cuento dos preguntas ineludibles:
de dónde nace (percepciones, motivaciones, actitudes, sentimientos) el
deseo de vivir como pareja formalmente no-casada y, la segunda, en qué se
traduce la experiencia interior de vivir de eso modo? Si nos atenemos a lo
que expresan las propias parejas de hecho, el motivo fundamental de
optar por este tipo de emparejamiento es de naturaleza “ideológica”,
básicamente la radical oposición a que las instituciones públicas
intervengan en la esfera de los sentimientos personales que, por su
propia naturaleza, pertenecen al ámbito de la conciencia individual.
Por tal motivo, consideran una intromisión abusiva del Estado regu-
lar sobre la fuerza y funcionalidad que deben ejercer en el reconoci-
miento de la vida en pareja aspectos vivenciales íntimos de la misma
y que, objetivamente sopesados, desbordan los límites en que razo-
nablemente pueden y deben estar supeditados al control de la auto-
ridad pública y de la ley. En el terreno práctico, se considera impro-
cedente que el Estado ponga impedimentos legales para que una
pareja no marital goce de todos los derechos de los casados por el
hecho de establecer relaciones afectivas no coincidentes con los lazos
de estabilidad y totalidad que se asignan al compromiso matrimo-
nial, pues no es el Estado a quien corresponde decidir en nombre de
la pareja cuándo su permanencia conviene o no a las personas impli-
cadas ni a qué nivel de profundidad afectiva han de comprometerse.

288
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

La lógica de estos argumentos termina postulando el reconocimien-


to de dos marcos diferentes en las relaciones de pareja, el marco legal
y el afectivo, desde el primero no se pueden ni deben valorarse todos
los supuestos vivenciales y fluctuaciones del segundo. A la postre, lo
que en definitiva se pide es que la legalidad sea más flexible y res-
pete el ámbito de la libertad individual cuando, desde ella, se decide
establecer relaciones afectivas de pareja al margen de la ley que, no
se olvide, tiene como principal cometido favorecer el bienestar de los
ciudadanos y que lo compromete siempre que se entromete en el
campo que denominamos “decisiones pertenecientes a la esfera de lo
estrictamente personal”. Hasta el presente, todos los intentos de defi-
nir con precisión el contenido y significado último de los términos
que entrecomillo y subrayo han resultado fallidos.
Mi punto de vista es que las razones anteriores son insuficientes
para “justificar” y explicar psicológicamente el conjunto de dimen-
siones afectivas y personales que conducen a optar por la pareja de
hecho. Y, así, un mínimo análisis de la cuestión pone de manifiesto
que, bajo la fachada de los mencionados motivos “ideológicos” adu-
cidos por las parejas de hecho, se esconde una actitud que se nutre de
motivaciones y vivencias cuyo significado en el encuentro y la convi-
vencia en régimen de pareja de hecho dan a este tipo de unión unas
dimensiones claramente específicas, pero también y sobre todo nega-
tivas. ¿De qué dimensiones se trata?

1º. Para empezar, cabe pensar que la pareja de hecho está basada
en una desconfianza todo lo respetable que se quiera pero insana,
puesto que se plantea en clave de un cierto recorte a las propias capa-
cidades y recursos personales: “¿seré capaz de...?, “¿conseguiré que
el otro me quiera en todo momento tal y como soy?”, “si fracaso
¿podré soportar los graves inconvenientes de la ruptura?, o “¿no es
mejor dejar la puerta lo más abierta posible para que en caso de dar-
se la ruptura sea la salida del compromiso lo menos traumáticamen-
te posible?”. Es obvio, que estas dudas esconden una baja autoesti-
ma o, lo que es igual, la falta de confianza en sí mismo para afrontar
las eventuales y probables dificultades por las que suelen pasar

289
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

todas las parejas. Desde esta interpretación, parece lógico afirmar


que las parejas de hecho basculan sobre la base de la desconfianza en
los propios recursos tanto de uno mismo como de la pareja. A esto
hay que añadir que comenzar la vida en común con tales actitudes
no es sino encarar y alimentar la convivencia desde supuestos de
debilidad, algo nada recomendable para potenciar el pleno desarro-
llo afectivo de la pareja.

2º. Empalmando con la explicación anterior, otra de las debilida-


des que veo personificada en las parejas de hecho es cierta incapaci-
dad para asumir la propia existencia con el margen prudente de inse-
guridad que le es inherente. Es cierto que podemos considerar sano
cierto temor ante las nuevas situaciones que podrán sobrevenir pero,
si no se asume que la vida del ser humano tiene una buena dosis de
aventura y de riesgo, los excesos de prudencia a lo único que con-
ducen es a hacer imposible que la capacidad de amar y recibir amor
quede limitada a horizontes que nada tienen que ver con la plena
expansión y disfrute del amor entre los miembros de la pareja. Sin
ánimo de ofender a los lectores, pienso que encerrar el amor de pare-
ja dentro de los límites de lo seguro y controlable es trasladarlo al
mundo animalesco de lo instintivo, sólo los instintos animales –a
veces, se añade, y el mundo de los muertos– son mundos seguros,
por eso las personas maduras actúan convencidas de que libertad y
seguridad total son términos incompatibles; sólo quienes son capa-
ces de renunciar a esa total seguridad se sitúan en el camino que pue-
de conducir al pleno goce del amor en las parejas. A partir de aquí,
se llega a una conclusión altamente significativa y que, aunque sue-
na fuerte, creo que constituye un buen criterio para valorar las pare-
jas de hecho: sólo la excesiva o falsa prudencia lleva a sustituir el
compromiso total del matrimonio por el vínculo conscientemente
condicionado y limitado en las parejas de hecho. Hay un dato socio-
lógico que confirmaría esta tesis: las “parejas a prueba”, las que se
someten a un “tiempo de rodaje” y las “parejas de hecho” se separan
más que las unidas por los vínculos de matrimonio, siendo para todas
ellas la separación un acontecimiento igualmente negativo en sus vidas.

290
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

3º. Las parejas de hecho, sobre todo después de que legalmente


existen leyes reguladoras del matrimonio civil y de divorcio, tienen
más motivos que nunca para actuar pensando que siempre les que-
dará la posibilidad de la separación si, llegado el momento, se hace
imposible la convivencia en pareja. ¿Qué es, entonces, lo que moti-
va el no incluir en sus previsiones esta “fácil” posibilidad? No
encuentro mejor explicación para responder a este interrogante que
trasladarlo a aquella esfera de la personalidad en donde se conjugan
de manera cuasi inextricable tres términos decisivos en la conducta
humana, libertad, prudencia y miedo ante lo desconocido. Con todos
los reparos imaginables, permítame el lector caer en la tentación (!)
de decir que es el uso de la propia libertad, indebidamente limitada por
un exceso de prudencia y de miedo, lo que conduce a la elección de la pare-
ja de hecho.
Si se admite la conclusión anterior, es fácil determinar la condi-
ción o requisito necesario para pasar del compromiso de pareja de
hecho a aquel otro llamado a realizar el amor hasta los confines de su
total desarrollo y plenitud, me refiero a la fe en la vida, que consiste en
actuar dominados por la convicción de que, más lejos de lo que nues-
tros ojos ven en nuestro horizonte más inmediato, hay un más allá
cargado de posibilidades por las que vale la pena luchar dejando de
lado cualquier atisbo de desidia, desaliento o escepticismo en nues-
tras propias fuerzas. La fe en la vida consiste en darnos cuenta de que
la vida nos supera y que no podemos atraparla ni definirla mediante
el recurso a fórmulas omnicomprensivas, algo parecido a lo que
pudiéramos denominar la “ecuación de la vida” y que posibilitaría el
que encajaran dentro de un marco plenamente coherente y totalmen-
te iluminado el conjunto de dimensiones en que se despliega nuestra
existencia, pensamientos, sentimientos, dudas, inseguridades, temo-
res, etc. (Lowen, 1993). Muchas conductas de la gente carecerían de la
más elemental lógica si no se interpretan como expresión de la fe en
la vida que, de forma encubierta, nos permite gozar anticipadamen-
te de un futuro que, aunque incierto, esperamos feliz, una especie de
vuelta al paraíso en el que podremos ver cumplidos los sueños aún

291
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

no logrados hasta el presente; ninguna gran empresa de nuestra vida


es alcanzable si nuestra esperanza no nos sitúa por encima y más allá
de todas nuestras limitaciones y miserias, convencidos de que tene-
mos los suficientes recursos para superarlas. ¡Hay motivos suficien-
tes para pensar que el gozo del amor pleno dentro del matrimonio es
una de las empresas en que pueden implicarse todas las personas!
(Bernad, 2000, p. 160-163).

Decálogo para solteros


Un modo de resumir este capítulo es proponer a mis lectores sol-
teros el equivalente a un decálogo específico para ellos. Es sabido,
que los decálogos aglutinan reglas o normas fundamentales tenden-
tes a regular alguna parcela de la conducta humana. En este caso, mi
propuesta más que de normas trata de ofrecer un listado de princi-
pios o criterios que, desde la psicología, cabe proponer al soltero que
aspira a recorrer con eficacia los caminos del amor y vivir felizmente
con su pareja:

1º. El matrimonio es una opción libre, nada ni nadie puede


imponernos la obligación de casarnos; en este sentido, el
matrimonio no es una cuestión que pertenece al ámbito de la
ética sino de los valores, “me merece la pena casarme porque
el matrimonio representa para mí una situación que me ayu-
da a enriquecer mi persona desarrollando mi capacidad de
dar y recibir amor”.
2º. El disfrute del amor pleno no es patrimonio de los casados
pues, al igual que éstos, los solteros pueden disfrutar de rela-
ciones afectivas suficientemente satisfactorias.
3º. El matrimonio no cambia la dignidad y el valor de la perso-
na, una y otro radican en la condición del ser humano en
cuanto sujeto libre, único e irrepetible.
4º. La “media naranja” es un mito, todos estamos rodeados de
varias personas del otro sexo que pueden ofrecernos el rega-
lo de su amor y recibir el nuestro.

292
APERTURA DEL SOLTERO A LA VIDA EN PAREJA Y AL MATRIMONIO

5º. El matrimonio no es el remedio a la soledad ni a nuestras


inseguridades, tal remedio es innecesario en nuestra vida
cuando somos conscientes de que estamos rodeados de per-
sonas que se fijan en nosotros y dedican alguna parte de su
vida a escucharnos y a cuidar de nosotros.
6º. La timidez es mala consejera para encontrar la pareja que
puede hacernos felices, por ello dejarnos llevar de la timidez
nos priva del inmenso don de la vida que nos permite gozar
dando y recibiendo amor.
7º. El amor pleno de pareja exige intimar con ella, cualquier paso
respetuoso encaminado a descubrir lo que se encierra en el
alma de la persona con la que pretendemos compartir toda
nuestra vida es una actividad cuya dignidad está fuera de
cualquier duda.
8º. Casarse para recibir amor de la persona a la que queremos
amar, sin la paralela actitud de ofrecerle lo más propio de
nosotros mismos, es una conducta egoísta que arruina el
amor y, tarde o temprano, nos conducirá a sentir vergüenza
de nosotros mismos.
9º. El matrimonio no implica la destrucción del amado ni su con-
versión en lo que somos o sentimos, supone la construcción
de una tercera realidad, el “nosotros”, respetuosa con las
diferencias individuales de cada miembro de la pareja.
10º. El amor perfecto e ideal no existe, como tampoco el matri-
monio perfecto, por ello la aspiración de los casados debe
consistir en disfrutar de la persona amada tolerando magná-
nimamente sus limitaciones y defectos y ayudándole a desa-
rrollar sus cualidades.

293
ANOTACIONES Y COMENTARIOS
al libro de Carmen Alborch (1999):
Solas. Gozos y sombras de una manera de vivir.
Madrid: Temas de Hoy. 7ª ed.

Observación inicial
En estas páginas ofrezco reflexiones y formulo preguntas orien-
tadas básicamente a aclararme yo mismo sobre algunos de los inte-
rrogantes que me han surgido durante la atenta lectura y relectura de
Solas. Mi intención no es otra que ofrecer un punto de vista psicoló-
gico –confieso que no exento de dudas en bastantes casos– sobre la
interpretación de la vivencia de la soltería en esta obra de Carmen
Alborch que, como es sabido, ha gozado de extraordinaria audiencia
entre los lectores. A mi entender, las ideas de esta mujer, que se defi-
ne como sola, no son cuestión baladí y suponen una notable pene-
tración en la problemática de la vida del soltero en el final del siglo
veinte y en la sociedad a la que hemos dado en llamar “sociedad
desarrollada”. Quiero dejar constancia, por un lado, mi total respeto
hacia la persona e ideas expresadas con encomiable sinceridad en
esta obra de la exministra socialista y, por otro, posicionarme ante
ellas con la máxima honestidad que me es posible; me he prestado a
estas reflexiones movido, sobre todo, del ánimo de comprender
mejor lo mucho que como varón seguramente me queda por apren-
der sobre la problemática que afecta a una amplia parte de la socie-

295
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

dad, las mujeres solteras. Como podrá comprobar el lector que haya
leído el libro de Alborch, me centro especialmente en la parte del
libro dedicada por la autora a exponer sus ideas más personales en
torno a las mujeres solas o solteras.

1. La confianza en nosotros mismos


Dice la autora (p. 101): “El trabajo personal ayuda a solventar los proble-
mas económicos y a desarrollar cualidades como el sentido de la responsabi-
lidad, la seriedad, la generosidad o la empatía para el trato [con los otros] pero
no nos hace aumentar la confianza en nosotros mismos ya que tenemos la
profunda convicción de que vivimos para los otros”.

Comentario
Si entiendo la precedente afirmación, lo que la autora parece
decirnos es que el darse a los demás con el intento de serles útiles no
aporta nada a la construcción de una imagen positiva y valiosa de sí
mismo ni al desarrollo de la autoestima, en otras palabras, que nada
añade de positivo al reconocimiento del valor personal de nosotros
mismos el hecho de orientar una parte de nuestra actividad a la espe-
cífica finalidad de contribuir al desarrollo de los demás. Con relación
a estas afirmaciones, quiero decir:

1º. Una opinión muy extendida entre los estudiosos de la perso-


nalidad sostiene que, por ley general, cualquier acción voluntaria, rea-
lizada con la sana intención de contribuir al desarrollo de los que nos
rodean, todo intento consciente de hacerles felices, los gestos de amor
hacia los otros, moverse dentro del marco del “nosotros”... supone
una ampliación positiva de lo personal que nos enriquece y agranda
nuestra condición de seres individuales. Cuando tales conductas son
libremente realizadas implican la actualización de una capacidad
personal positiva, la de compartir las propias riquezas con aquéllos a
los que amamos y servimos; en definitiva, que el significado último
del amor libremente ejercitado hacia los demás no es sino la expan-
sión y desarrollo de una dimensión valiosa y positiva de la persona

296
ANOTACIONES Y COMENTARIOS AL LIBRO DE CARMEN ALBORCH

(Fromm, 2000). Por ello resulta chocante que la autora de Solas no vea
en el despliegue de estas posibilidades personales un valor positivo
que redunda, por su propia naturaleza, en el logro de mayores cotas
de autoestima y, en tal sentido, estoy convencido de que la demos-
tración del amor gratuito y libre hacia los demás, lejos de impedir el
desarrollo de la autoestima, contribuye a la elevación del concepto
positivo que la persona hace de sí misma en cuanto instrumento útil
y valioso puesto al servicio de los demás. A título de ejemplos para-
digmáticos, pocos dudan hoy de que la entrega de Teresa de Calcuta
a los pobres y desvalidos tuvo un alto valor humano a los ojos de la
propia protagonista y de su entorno, y lo mismo cabe decir de la
dedicación de las madres al cuidado de sus hijos, del profesor a sus
alumnos, del gobernante a sus gobernados, etc. Todos estos gestos
generosos tienden a traducirse en mayores niveles de autoestima,
toda vez que lo que tales acciones significan y lo que se está realizan-
do a través de ellas es hacer patente la dimensión de nobleza y gene-
rosidad que se esconde en el interior de cada persona en forma de
capacidad potencial de crear escenarios más positivos y completos
del entorno en el que se despliega la propia existencia. Desde tal pers-
pectiva, parece lógico afirmar que las personas que eligen libremente
casarse y consagrarse al amor de la esposa/o y a los posibles hijos
nacidos de su amor no es sino un caso más de donación a los demás,
lo que lleva implícito el reconocimiento y despliegue del ser positivo
que se lleva dentro. Es por ello natural que estas vivencias se traduz-
can en el desarrollo de la autoestima personal.

2º. No veo por qué Carmen Alborch reconoce que el amor es algo
positivo en lo que tiene de valioso y noble en relación con uno mis-
mo y le niega tal dimensión cuando el amor es ejercitado hacia los
demás.
En síntesis pues y desde lo dicho, creo que puede afirmarse sin
peligro de equivocarse que cualquier manifestación de amor libre y
generoso hacia los demás tiende a aumentar la autoestima –lo con-
trario de lo que parece decirnos la autora–.

297
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

2. La misión de la mujer como esposa y madre


“Nos enseñaron –dice la autora en la p. 103– que el matrimonio es y debe-
ría ser el sueño de toda mujer; la familia tradicional, su estado ideal y satis-
factorio; y, tener hijos, no sólo un destino marcado por nuestra biología, sino
un deber cuyo cumplimiento se verá convenientemente recompensado. Una
mujer, pues, no se realiza si no es madre. Una mujer sin pareja es irremedia-
blemente infeliz y socialmente no cumple con su misión”. Y más adelante
añade: “En consecuencia, a las mujeres les es inherente la abnegación, el
sacrificio e, incluso, el olvido de sí mismas, en tanto que cuidadoras y pro-
veedoras de los afectos y responsables del buen funcionamiento de la familia
[...], pero la felicidad no puede ser impuesta y no tiene por qué conducirnos
a ella un camino único”.

Comentario
1º Me pregunto si Alborch mantendría la misma postura si fuera
hombre y comprobara que la misma sociedad que asigna la función
de madre a la mujer le impusiera como hombre-varón, por ejemplo,
la obligación del trabajo como un imperativo natural y derivado de
su condición de miembro de la sociedad a la que pertenece y para
provecho de ésta. Entiendo que la sociedad no puede hacer imposi-
ciones cualesquiera a sus miembros pero nada tiene de extraño que
otorgue una especial valoración positiva al cumplimiento de las fun-
ciones que espera recibir de ellos para la buena marcha de la sociedad
de la que forman parte; todavía mejor se entiende tal juicio positivo
cuando se trata de funciones que pertenecen en exclusiva a algunos
de sus miembros, como es la maternidad en calidad de prerrogativa
natural y exclusiva, hoy por hoy, de la mujer.

2º. Tampoco encuentro nada de extraño el que se vea positiva y


fuente de satisfacción para los miembros de la sociedad, en este caso
de la mujer, la relación que el sentir común establece entre el servicio
a la sociedad como madre y la satisfacción que ésta puede experi-
mentar por el servicio prestado a la sociedad mediante y a través de la
maternidad. La consideración de la dimensión social de la persona es,
creo, suficiente respaldo psicológico y sociológico para establecer tal

298
ANOTACIONES Y COMENTARIOS AL LIBRO DE CARMEN ALBORCH

paralelismo. En estos tiempos en que el descenso de la natalidad se


ha convertido en algunos estados en grave problema social, parece
poco menos que insultante rechazar la posibilidad de que muchas
mujeres disfruten en vez de “sufrir” la maternidad en cuanto servicio
generoso a la sociedad.

3º. Admito que la realización de la mujer como persona no tiene


por qué pasar necesariamente por ejercer su potencial capacidad de
ser madre y, por lo mismo, que su felicidad personal se haga depen-
der exclusivamente del ejercicio de tal potencialidad, como apunta el
estereotipo de la mujer esposa y madre, pero al mismo tiempo y habi-
da cuenta de que, en el plan de la naturaleza, la maternidad está
reservada a la mujer, no entiendo por qué el ejercicio de tal papel
deba traducirse, de suyo, en fuente de un cierto empobrecimiento
personal, menos aún que constituya un obstáculo al desarrollo per-
sonal de las mujeres. En este sentido, me parecería más apropiado ver
la maternidad como un gozoso servicio y una fuente normal de
expansión y autorrealización positiva para la mujer.

3. La soledad en las mujeres independientes y solteras y su salud


mental
Dice la autora en la p. 111: “... los manuales de psicología aluden a la sole-
dad de las mujeres independientes como un importante problema de salud
mental: las mujeres son infelices porque son libres. Esto es algo terrible,
injusto y falso”.

Comentario
1º. Los manuales que, como profesional de la psicología conozco,
no suelen presentar con carácter general tal argumento, al menos no
lo he visto reflejado en los ensayos que he leído sobre la mujer inde-
pendiente y soltera. Lo que sí dicen tales estudios es que de hecho
muchas mujeres independientes confiesan que para ellas una fuente
de infelicidad es la soledad, una experiencia desagradable que, según
confiesan, se deriva en buena medida de su condición de solteras.

299
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

Entiendo que ante estas confesiones más que evidentes, lo lógico es


admitirlas con honestidad y sin tapujos, lo que no debe llevar, por
otra parte, a la equivocada conclusión de que muchas mujeres solas
e independientes faltan a la verdad cuando dicen sentirse felices y
gozar de una envidiable salud mental.

2º. Aceptado que no se puede decir sin más que la soledad sufri-
da por muchas mujeres independientes y solteras sea una conse-
cuencia necesaria de su independencia –en esto estoy con Alborch–,
nada obsta para reconocer que la situación de mujer independiente
conlleva en bastantes mujeres una especial dificultad para librarse
del mal de la soledad; en términos equivalentes, parece claro que
vivir independientes y sentir cierto “sufrimiento” a causa de la sole-
dad es una experiencia frecuente que muchas mujeres confiesan abier-
tamente.

3º. Admito también que la soledad no es patrimonio exclusivo de


las mujeres independientes y solteras, como repetidamente y con
razón expresa la autora de Solas, pues es sabido que muchas mujeres
casadas confiesan sentirse muy solas. Pero ello no es óbice para admi-
tir el hecho real de que en nuestra situación cultural actual, muchas
mujeres independientes y solteras consideren especialmente difícil
librarse de un cierto nivel de sufrimiento a causa de la soledad que
conlleva su vida independiente. En este sentido, entiendo que, más
fructífero que “acusar” a los estereotipos sociales de exagerar el mal
de la soledad que acompaña la independencia y soltería en la mujer,
sería más conveniente promover el desarrollo personal de las muje-
res –y también de los hombres solos– para que asuman con madurez
los inconvenientes de la soledad que les toca vivir, lo que se traduci-
rá en una mejor salud mental. Cabe pensar que, en la medida en que
se dé tal aceptación libre, las mujeres –y los hombres– independien-
tes dejarán de sufrir y ya no considerarán “terrible” el lote de soledad
que conlleva su situación de independencia. Me desmarco, por ello,
del carácter de “terrible” que el estereotipo asigna a la soledad de los
independientes y solteros y estoy con Alborch cuando entiende que

300
ANOTACIONES Y COMENTARIOS AL LIBRO DE CARMEN ALBORCH

las mujeres independientes y solteras pueden disfrutar de buena


salud mental, pero ello con una condición, que sepan asumir su inde-
pendencia y soltería como una elección plenamente libre y responsa-
ble, lo que implica que están dispuestas también a someterse a las
correspondientes limitaciones que conlleva su condición de solteras
y, entre ellas, una cierta carga de soledad.

4. No hay que sentirse culpables por buscar la propia felicidad


En la p. 112 de Solas se dice: “Si por fin hemos descubierto que la felicidad
[por nuestra situación de solas] es preferible al sacrificio o la abnegación, no
debemos sentirnos culpables”. Y en la página siguiente añade: “Lo esen-
cial es vivir la propia vida, no la del otro. Y desde luego, cuando se vive sola
se aprende a vivir así [felizmente solas]”.

Comentario
1º. En términos generales, no hay inconveniente alguno en admi-
tir que el no vivir exclusivamente para la abnegación y el sacrificio de
sí mismo sean motivos suficientes y por sí solos para sentirse culpa-
ble. Al fin y al cabo, el amor bien entendido comienza por uno mis-
mo puesto que el amor es querer al prójimo y el prójimo primero y
más cercano, somos nosotros mismos. En teoría, pues, nada que obje-
tar. Pero los hechos están ahí y nos dicen que en nuestra sociedad hay
mujeres que relacionan su independencia con algún sentimiento de
culpa.

2º. A la hora de establecer la relación entre estos dos hechos, inde-


pendencia y culpa, una explicación plausible puede obedecer a la
identificación que muchas personas hacen de la independencia con
una actitud egoísta. La lógica nos lleva a pensar que es esta actitud y
no otra la principal fuente de la que se derivaría la vivencia poco gra-
tificante del sentimiento de culpa en algunas mujeres –y hombres–.

3º. Si se admite que tal es la causa del sentimiento de culpa, la


cuestión parece que debiera orientarse a dilucidar en qué medida la
independencia y la soltería constituyen realmente una forma de

301
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

egoísmo vicioso y criticable, capaz de producir la vivencia de culpa


en las personas que, por encima de todo, eligen su independencia.
Por descontado que el hecho de que el estereotipo social de egoístas
así lo considere no es motivo suficiente para que las personas inde-
pendientes tengan que asumir tal interpretación, pero tampoco se
justifica adoptar ante este juicio social una actitud victimalista; más
bien lo que parece adecuado y eficaz es que los solteros muestren con
sus hechos a los ojos de quienes les rodean que no está justificado el
estigma social de egoístas que se les atribuye. Así llegaríamos a la
conclusión de que en la medida en que las personas solas hacen la
opción de vivir independientemente y, a la vez, dan muestras de una
actitud generosa practicando cierta dedicación a los demás en sus
entornos sociales, cabe esperar que acabará por carecer de funda-
mento la acusación de egoísmo que se les atribuye y, paralelamente,
se verán totalmente libres del sentimiento de culpa que la sociedad
pone en ellas y algunas dicen padecer. Por último, me inclino a pen-
sar que esta meta, la experiencia de una vida gozosa por parte de los
independientes y solteros, difícilmente se convertirá en realidad
mientras éstos se rijan por el lema de que para ser feliz “lo esencial es
vivir [sólo] la propia vida, no la del otro”.

5. El difícil equilibrio de las mujeres que optan por vivir solas


“Muchas mujeres –[solas], se dice en la página 113 de la obra que estoy
comentando, manifiestan no saber qué hacer para conciliar el deseo de auto-
nomía, sus intereses profesionales, sus exigencias en la relación con la pare-
ja y su nostalgia de una vida feliz idealizada”.

Comentario
1º. En muchas esferas de la vida aparece como problema acu-
ciante compaginar dentro de un marco de vida equilibrado y armó-
nico los diferentes roles ejercidos por las personas, por ejemplo,
depender de los demás y ser uno mismo, ser amigo de los hijos y
recriminarles por sus incorrectos comportamientos, tratar a los
alumnos como amigo y suspenderles cuando su rendimiento acadé-

302
ANOTACIONES Y COMENTARIOS AL LIBRO DE CARMEN ALBORCH

mico no es satisfactorio, disfrutar de la vida y asumir los achaques de


la vejez, compaginar el papel de marido y padre con el ejercicio de
las obligaciones profesionales, etc. Hay que reconocer que, en gene-
ral, articular adecuadamente los distintos requerimientos en los que
se despliega la conducta global de las personas es un problema uni-
versal que obliga frecuentemente a difíciles equilibrios y momentos
de indecisión y de zozobra, y esto es igualmente válido tanto para las
mujeres como para los hombres, al margen de su estado de casados
o solteros. Confieso que no acabo de entender por qué Alborch con-
sidera especialmente difícil y, sobre todo, con carácter de exclusivi-
dad y hasta con tintes dramáticos alcanzar tal equilibrio en el caso de
las mujeres solas, a menos que se parta de un supuesto, que no com-
parto, que se les considere especialmente incapaces para armonizar
las dificultades y problemas que conlleva vivir un cierto grado de
independencia con el resto de sus compromisos en el marco de su
desarrollo personal, en especial, compaginar lo profesional con sus
necesidades afectivas.

2º. Manteniendo lo anterior, suena a queja de tintes victimistas no


sólo las dificultades mencionadas puestas en boca de las mujeres
solas por la autora, sino otras muchas que aparecen aquí y allá a lo
largo de Solas. Valgan de ejemplo las cinco preguntas –más bien
lamentos– que en forma de punzantes interrogantes aparecen en la
misma página que comentamos y que Alborch expresa en nombre de
las mujeres solas: ¿Quién o qué es el responsable de que haya tantas
mujeres solas? ¿La demografía, demasiadas mujeres?, ¿las exigencias
marcadas por la revolución sexual y el feminismo?, ¿los hombres
demasiado tradicionales?, ¿la búsqueda de las mujeres de una mayor
calidad en los sentimientos, de una mayor autonomía? Desde cual-
quier punto que se mire, salvo que se echen todas las culpas de tan-
tos males a los hombres “tradicionales” –opinión que la autora no
parece defender, aunque tampoco la descarta– la respuesta es bas-
tante simple: la opción por determinados objetivos en la vida conlle-
va la renuncia de otros, y esto no vale sólo para las mujeres solas, es
ley universal y un gaje de la vida (!).

303
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

3º. La autora termina el párrafo que contiene las anteriores pre-


guntas con la solemne afirmación ya citada: “Lo esencial es vivir la
propia vida, no la del otro”. Yo me pregunto, ¿por qué no también la
del otro? o ¿por qué no es al menos tan bueno y valioso vivir la vida
del otro que vivir sólo la propia vida? Me inclino a pensar que Alborch
hace suya una exigencia vital excesiva por parte de las mujeres solas,
la pretensión de gozar de su autonomía sin asumir sus correspon-
dientes servidumbres o limitaciones; a esto se llama pecar de idealis-
mo y da pie para formularse otra pregunta ¿por qué no es tan respon-
sable y culpable de los males que sufren las mujeres solas su excesivo
idealismo que el “tradicionalismo excesivo” del que se dice que hacen
gala muchos hombres? Es una pregunta digna de analizarse en pro-
fundidad so pena de exponerse a confundir el tópico con la realidad.

6. ¿Son más felices las solteras que las casadas?


En la p. 115 cita la autora un estudio realizado en Estados Unidos
entre 1985-1986 del que se extrae el siguiente dato: “el 60 por ciento de
las solteras opinaban que eran más felices que sus amigas casadas y las muje-
res entre veinte y treinta años mostraban una preferencia cada vez mayor por
la soltería”.

Comentario
1º. Lo primero que hay que decir es que se trata de un estudio
puntual, realizado en un contexto concreto y, además, bastante dis-
tante en el tiempo lo que exige, aun aceptando su fiabilidad, inter-
pretarlo con cautela y sobre todo ser prudentes en cuanto a la legiti-
midad y validez de su extrapolación a los momentos actuales y a los
variados contextos en que se desenvuelve hoy en día la vida de la
mujer soltera.

2º. A lo anterior hay que añadir un dato de especial relevancia: los


expertos en psicología de los sentimientos (Castilla del Pino, 2000),
consideran que actualmente no disponemos de criterios válidos y fia-
bles, ni de instrumentos consistentes para medir la intensidad de las

304
ANOTACIONES Y COMENTARIOS AL LIBRO DE CARMEN ALBORCH

vivencias emocionales y, por lo mismo, los diferentes niveles de feli-


cidad en las solteras y casadas, pues las medidas de tales vivencias
emocionales son en la actualidad tan imprecisas y groseras que sue-
na a frivolidad decir cuánto más felices son unas personas respecto
de otras, en nuestro caso, las solteras respecto de las casadas, máxime
cuando los estudios disponibles sobre este tema no son concordantes
y en muchos casos contradictorios (Gail y Moon, 1997).

3º. En cualquier caso y desde los datos del estudio citado por
Alborch, no queda claro por qué, si la soltería conduce tan claramen-
te a la felicidad, todavía hay tantas mujeres que aspiran a casarse y
esperan ser felices en el matrimonio. En este contexto, recuerdo la
confesión de una amiga que, tras haberse casado a los 35 años, me
decía: “yo siempre fui defensora de la soltería mientras estuve solte-
ra, ahora que estoy casada soy partidaria de las ventajas del matri-
monio”. Cuando uno se pregunta por qué tantas mujeres se casan,
varias son las hipótesis posibles explicativas: ¿Será porque a) las casa-
das son inconscientes y no saben en qué berenjenales se meten?; b)
¿será más bien porque son más maduras e inteligentes y saben que la
felicidad no es una experiencia vinculada de oficio a determinados
estados ni patrimonio de situaciones únicas, como la soltería?; o c)
¿tal vez es debido a que muchas mujeres consideran que, a pesar de
sus dificultades, el matrimonio, si se aprende a sacar partido de él,
resulta “rentable” en términos de desarrollo personal y un medio de
conseguir logros vitales positivos profundamente deseados y vincu-
lados a la vida en pareja...? Cualquiera de estas preguntas están abier-
tas a varias respuestas perfectamente asumibles. A este propósito, me
viene al pensamiento lo que suelo decir a los jóvenes con los que por
mi trabajo profesional trato diariamente: “por si no lo sabes, te
recuerdo que hay tres estados imperfectos, la soltería, el matrimonio
y todos los intermedios”.

4º. Todo lo anterior me lleva a proponer el siguiente criterio prác-


tico: la opción por el matrimonio o la soltería depende de un compli-
cado y rico conjunto de actitudes y expectativas pertenecientes al

305
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

ámbito de lo personal, profesional y afectivo, lo que significa que es


prácticamente imposible decidir de una vez por todas y con carácter
general cuál de los dos estados, la soltería o el matrimonio, es para
cada mujer –y para cada hombre– la mejor vía de alcanzar el lote de
relativa felicidad que puede disfrutar la persona a lo largo de su vida.
En este sentido, me inclino a pensar que es a partir de la considera-
ción de todas las posibilidades que nos ofrece la vida y al margen de
falsas utopías, reduccionismos ingenuos o torpeza para definir las
propias aspiraciones, de donde se puede deducir con cordura y ade-
cuadamente la orientación personal hacia la soltería o el matrimonio.
Esto es lo mismo que decir que para llegar al juicio definitivo sobre la
preferencia de la soltería o el matrimonio es obligado empeñarse en
el análisis detenido del propio talante personal y del contexto social
en el que a cada hombre o mujer se le ofrecen las mejores posibilida-
des de desarrollo y felicidad. Es evidente, que estas posibilidades res-
ponden a un patrón tan decisivamente individual que asumir por la
vía de simple mimetismo el juicio de las amigas sobre el matrimonio
resulta un criterio insuficiente, frívolo e infantil para decantarse por
la soltería.

7. Excesivo deseo de agradar: un especial peligro para las casadas


Cuenta Alborch en su obra –p. 116– el caso de una amiga que le expli-
caba cómo cuando se enamoraba se situaba en otra realidad y de for-
ma muy sutil empezaba a acomodarse y subordinarse al rol que
desempeñaba en la pareja y así “en cuanto te descuidas estás en la cocina
encantada, sin que nadie te lo haya impuesto, hasta que un día, te preguntas
¿qué hago yo aquí? Y suena la alarma, porque tus deseos de complacer se
están convirtiendo en una obligación”.

Comentario
1º. Encuentro lógico que suene la alarma en el desempeño de las
tareas domésticas en la medida en que se actúa en las relaciones de
pareja y en el marco familiar al margen del amor. Efectivamente, si el
deseo de complacer no se asienta en el amor, estar en la cocina, hacer

306
ANOTACIONES Y COMENTARIOS AL LIBRO DE CARMEN ALBORCH

la colada, ocuparse de las rutinarias tareas del hogar o realizar cual-


quier actividad casera de interés para la familia y, cabría añadir,
muchas otras obligaciones en la vida... pueden resultar acciones no
sólo poco gratificantes sino aburridas y esclavizantes para quienes las
realizan; concédaseme que esto vale también para los cada día más
numerosos hombres que comparten las tareas del hogar con sus
mujeres. Pero éstas y otras muchas vivencias personales pueden
adquirir, y adquieren de hecho, un sentido muy distinto cuando el
tema se enmarca en otro terreno, en el de las motivaciones profundas
de las personas y especialmente en el ámbito del amor. Desde la pers-
pectiva del amor, las acciones más rutinarias se transforman en ges-
tos de gran valor humano y convierten “pesadas obligaciones” en
acciones altamente gratificantes en el plano íntimo de la persona. Así
lo ven quienes opinan, –y creo que es lo correcto– que el valor de las
acciones personales no depende tanto de su consideración de meros
gestos materiales y externos sino de los móviles que las dirigen. Lo
contrario equivaldría a cometer la grave injusticia de subestimar en
bloque la dedicación de nuestras madres a la casa y las muchas acti-
vidades sencillas en que hoy emplean su vida muchas personas den-
tro del hogar dedicando mucho tiempo y esfuerzos a llevar a cabo las
tareas necesarias para la buena marcha de la familia.

2º. Al hilo de estas consideraciones y centrando el tema en las


actividades de la mujer dentro del hogar, pienso que en el plantea-
miento de Alborch se insinúan varios equívocos y principalmente
uno, que el ideal de la dinámica familiar consistiría en que cada uno
de los miembros de la pareja se implique en las tareas domésticas
siguiendo criterios de un igualitarismo funcional a ultranza “partici-
pación en todo y en la misma proporción”, en lugar de regirse por las
leyes peculiares de los ecosistemas según las cuales las partes contri-
buyen a la buena marcha del organismo considerado en su unitotali-
dad y realizando funciones diferentes y complementarias. Puesto por
medio este último criterio, se entiende que lo que cuenta dentro del
complejo familiar ya no es lo que cada uno realiza dentro de la casa
en calidad o a manera de pieza aislada e impersonal sino que las

307
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

acciones diarias y rutinarias se valoran desde el sentido profundo y


positivo que les confiere la consideración de que son gestos de amor
puestos al servicio del bienestar de las personas a las que se ama y
que forman un mismo hogar. Sólo cuando se rechaza este principio,
se encuentra lógica la amarga queja que la autora pone en boca de su
amiga en relación con los trabajos culinarios y se justifica el que se
considere motivo suficiente de alarma aceptar la “obligación” de con-
tribuir a las cargas familiares.

3º. Hay más. Los expertos en el tema del amor no tienen la menor
duda en diagnosticar que el mal experimentado por nuestra apenada
cocinera es la enfermedad que denominamos “victimismo”, una
enfermedad propia de las personas que, llevadas de una pretendida
ilimitada capacidad de darse hasta el sacrificio, dejan que el senti-
miento de amor se les desmadre (Manglano, 2001). Estas personas
caen en la trampa sutil de “dar para lograr ser imprescindibles, dar
para estar satisfechas de sí mismas, dar para sentirse entregadas...”.
En tono irónico Lewis (1997) llama a este mal la enfermedad de “la
señora Atareada”, mujer que da “porque necesita que le necesiten,
porque teme que le dejen de necesitar y pretende ser imprescindible”.
Estos objetivos ocultos y en buena medida inconscientes hacen que el
dar ya no genere amor sino que lo destruya, y es así porque lo que se
intenta con este modo de amar es enganchar al otro, forzarle a que
acepte el amor y así obligarlo a que te tenga presente. No son otros
los efectos de esa forma de amar que llamamos “amor de pura dona-
ción” o amor por exceso y cuyos síntomas son el deseo de “morir
innecesariamente”, hasta llegar a sentirse “consumido” en la entrega.
Se preguntará el lector por el remedio contra esta enfermedad. La
receta no es otra que estar atento a ejercer el amor desde la íntima y
consciente decisión de poner a quien lo recibe en una situación tal
que no se le obligue a recibir lo que se le da y se le permita gozar de
su persona, de sus cualidades y de su libertad. Cuando se da amor
con y desde esta actitud, difícilmente se incurre en el error del victi-
mismo que acusa la mencionada ama de casa, pues el ajuste entre lo
que se quiere dar y se da hace difícil la aparición de cualquier actitud

308
ANOTACIONES Y COMENTARIOS AL LIBRO DE CARMEN ALBORCH

enfermiza. Podemos concluir diciendo que lo que le pasa a nuestra


alarmada cocinera es que no ha aprendido a amar con el equilibrio
suficiente para darse de acuerdo con una medida de amor que per-
mite ejercerlo gozando de él y sin sufrirlo.

8. La donación a los demás como falta de respeto hacia sí mismo


Comenta Alborch –p. 116-117– que en el contexto de la fascinación
que acompaña todo proceso de enamoramiento, puede ocurrir que
“tras la fascinación inicial percibes que no existe equilibrio entre lo que das y
lo que recibes; te has comprometido muchísimo y lo peor es que ha sido de una
forma unilateral, con lo que descubres que no merece la pena haber entregado
tanto, sobre todo si llegas a perder el respeto y la estima hacia ti misma”.

Comentario
1º. Comparto con la autora el criterio de que para ejercer el amor
en clave de sana normalidad tiene que darse una cierta reciprocidad
y que, por lo mismo, amar totalmente y siempre a los demás sin con-
traprestación alguna suele resultar generalmente una actitud dema-
siado sublime para poderla mantener largo tiempo sin incurrir en el
sufrimiento y los desequilibrios personales derivados de la autoin-
molación. Pero, admitido esto, también conviene recordar en este
contexto que aunque amar a los demás “a cuenta de nada” parece
algo irracional, “amar sólo para recibir” es una forma de egoísmo que
a la postre conduce a la subestima y desprecio de sí mismo, “soy un
egoísta y un aprovechado”, “no soy capaz de amar de verdad y con
un mínimo de generosidad”, etc. La conclusión es clara: también en
el campo del amor los excesos son malos.

2º. En la cita de Carmen Alborch y una vez más, nos volvemos a


encontrar con el tema del amor como tema fundamental dentro de las
relaciones de pareja. Pues bien, todos los estudiosos del amor son
concordes en afirmar que tales relaciones no pueden regirse por nor-
mas y criterios mercantiles “te doy para que me des”, “te doy en la
misma medida en que recibo de ti”. Un mundo regido por principios

309
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

que no dejan el mínimo resquicio para el ejercicio de la pura gratui-


dad, resulta no sólo impensable sino radicalmente inhumano; basta
para caer en la cuenta de ello el recuento de todos los gestos gratui-
tos de amor que hemos recibido a lo largo de la vida.

3º. Supuesto lo anterior, surge una decisiva cuestión: ¿cuál es la


medida del amor equilibrado, el que engrandece a las personas sin
menoscabo de su propia identidad? La psicología del amor aporta
algunos datos de interés para dar con la respuesta planteada. Yendo
a su clarificación, podemos comenzar diciendo que el amor es tantas
cosas que pocas empresas hay tan difíciles como explicarlo y definir-
lo. Es por ello que los más finos análisis psicológicos sobre el amor
acaban reconociendo que este sentimiento es en buena medida un
misterio y, por lo mismo, una vivencia indescriptible, imposible de
traducir en palabras, dado que éstas son categorías mentales y el
amor una experiencia de vida. No deja de ser, por otra parte, una
paradoja que después de reconocer el decisivo papel del amor en
nuestras vidas, comprobemos la facilidad con que nos equivocamos
por exceso o por defecto a la hora de ejercerlo, y ello tanto cuando
damos amor como cuando lo recibimos.

4º. A la vista de estas consideraciones, todo conduce a pensar que


el lamento expresado en la cita con que se inicia este apartado no es
otra cosa que la expresión del dolor de una mujer que considera exce-
siva la medida del amor que da en comparación con el que recibe.
Tomando postura ante estas manifestaciones y tras remitir al lector a
mi reciente obra (Bernad, 2000, p. 202ss.), en la que dedico largas
páginas a hablar del amor en las principales dimensiones y vivencias
que lo desarrollan, intentaré resumir en unas pocas afirmaciones mi
respuesta al problema concreto planteado por la confidente de Car-
men Alborch.
a) Como he recordado anteriormente, el amor bien entendido
comienza por uno mismo, dado que el amor sano consiste en la bús-
queda de la felicidad del prójimo y el prójimo más cercano somos
nosotros mismos. Apartarse de este principio es sencillamente anti-

310
ANOTACIONES Y COMENTARIOS AL LIBRO DE CARMEN ALBORCH

natural. Por eso me llama la atención el hecho de que la mujer citada


por Alborch no haga referencia alguna al amor que se profesa a sí
misma y sólo se queja del amor que no recibe de los demás. ¿No es
esto señal de que está olvidando el papel que en el plano del amor
significa amarse a sí misma y de que está cometiendo el error de fun-
damentar su autoestima exclusiva y básicamente en el amor que le
viene de las demás personas?
b) El amor entre personas es mucho más que un mero derivado del
deseo natural, puro gesto instintivo, por cuanto implica poner en jue-
go el uso de la propia libertad y el respeto debido tanto hacia la propia
persona que ama como a la persona que recibe el amor. En este senti-
do, se dice con fundamento que el amor es un regalo, una donación
libre, que siempre podemos dar y siempre recibir, lo que en términos
equivalentes es lo mismo que decir que el ejercicio del verdadero amor
no es posible sin el respeto a la propia libertad y, al mismo tiempo, sin
cierta entrega generosa y gratuita de uno mismo a los demás.
c) Por su propia naturaleza, el amor no es algo que podamos
tener o no tener, como no se puede tener o no tener inteligencia o
voluntad. Esto plantea el problema de saber qué hacemos con el amor
y cómo lo podemos ejercitar. Y es llegados a este punto, cuando com-
probamos que el amor puede ser tan profundamente creativo como
destructivo. Es creativo en la medida en que, bien ejercitado, sirve
para hacernos felices, y destructivo cuando lo convertimos en fuente
de sufrimiento.
d) Aunque pueda sonar a cruel y resultar incómodo, no hay
modelos estandar para definir las formas de amar, por lo que cada
persona debe encontrar su propia medida en el ámbito del amor; esto
constituye uno de los problemas más acuciantes del ser humano
–como muy bien queda reflejado y con no pequeña dosis de amargu-
ra en la cita que origina estos comentarios–. Por mi parte y la vista del
estado de indefinición con que nos vemos obligados a situarnos ante
el hecho del amor y sobre todo ante la dificultad para fijar los límites
precisos con que hay que ejercerlo para que no acabe en “pérdida del
respeto y de la autoestima”, considero útiles los siguientes criterios:

311
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

– El exceso de amor hacia nosotros mismos, llevado hasta el extremo


de excluir nuestro amor a los demás, nos convierte en seres
mezquinos, a la postre en unos pobres narcisos egoístas. Así
mismo, el excesivo amor a los demás, exigiéndoles que acepten
nuestro amor, no es sino un disimulado intento de esclavizar-
les y de manipularles convirtiéndolos en posesión nuestra; en
definitiva, constituye una forma sibilina de privarles de uno
de sus derechos más sagrados, de su libertad, lo que difícil-
mente es compatible con el disfrute del amor a medio o largo
plazo.
– Por el lado opuesto, ejercer el amor en medida insuficiente equi-
vale, tratándose de nosotros mismos, al desprecio de nuestra
persona y la negación del valor que nos merecemos en cuanto
seres individuales y valiosos por el solo hecho de ser personas
–en esto consiste la falta de autoestima o bajo concepto de sí
mismo–. Por otra parte, una medida insuficiente de amor a los
demás nos lleva a tratarles con actitudes destructivas, intole-
rancia ante su peculiar forma de ser, rechazo de cualquier tipo
de acercamiento a ellos mediante el diálogo y la empatía, olvi-
do de sus necesidades únicas, desconsideración del amor que
nos ofrecen, etc.; en definitiva, la falta de amor a los demás aca-
ba por traducirse en la desproporcionada e injusta exigencia de
que nos amen a cualquier precio, aunque ello suponga el sacri-
ficio de sí mismos y su autodestrucción.
– Por último, en la medida en que vamos adquiriendo claridad
en las ideas sobre el amor y lo ejercemos al margen de los
extremos que acabamos de señalar, hacemos posible que este
nobilísimo sentimiento humano se convierta en experiencia
equilibrada y feliz tanto para el que da amor como para el que
lo recibe. Tal medida ideal de amor podría plasmarse en el
lema: “ámate a ti mismo con todo el respeto y la intensidad que te
sea posible e intenta reproducir tal amor respetuoso e intenso en la
forma de amar a los demás”. La validez de esta regla se funda-

312
ANOTACIONES Y COMENTARIOS AL LIBRO DE CARMEN ALBORCH

menta en el hecho de que el amor a los demás no es sino el


reflejo y prolongación del verdadero amor a sí mismo. Asumi-
do este principio, se llega precisamente a la conclusión contra-
ria a la consignada en la cita que estamos comentando y, así, el
“haber entregado tanto”, en lugar de constituir un peligro
para perder el respeto y la estima hacia uno mismo, conducirá
a la vivencia de la fascinante y gozosa experiencia que acom-
paña la expansión personal que se realiza a través del amor
pleno a los demás.

9. La realización profesional del hombre y la mujer dentro de la


pareja
Alude Carmen Alborch –p. 121– a uno de los obstáculos que suelen
darse dentro de la pareja por el hecho de que “mientras que la incom-
patibilidad entre el ámbito profesional y vida privada no se plantea por lo
general en los hombres, [...], muchas mujeres han tenido que elegir y renun-
ciar. Aunque las mujeres estén dispuestas a asumir todas las responsabilida-
des, con gran esfuerzo por su parte, los hombres en ocasiones, no están a la
misma altura y surgen los celos profesionales”. Y concluye el párrafo dicien-
do: “de ahí al deterioro matrimonial sólo hay un paso”.

Comentario
1º. Los celos a los que alude la autora existen, es más, muchos se
inclinan a pensar que irán creciendo en nuestra sociedad a medida
que se vaya incorporando la mujer casada al ejercicio profesional.
Pero también opino que Alborch está reflejando en su cita un mun-
do afortunadamente ya superado por muchas parejas jóvenes. Hoy
en día, las parejas jóvenes suelen plantearse el tema con un talante
de diálogo más maduro, lo que les permite encontrar fórmulas de
equilibrio; así, todos conocemos parejas, de diferente nivel cultural y
profesional, en las que el hombre y la mujer saben repartirse las
tareas de la casa y de los hijos y algunas incluso en las que el cuida-
do de la casa corre a cargo del marido y es la mujer la única que tra-
baja fuera del hogar.

313
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

2º. Por otra parte, el hecho de que la normativa legal de muchos


estados, incluido el español, reconozcan a las parejas decidir cuál de
los dos miembros de la pareja usa la baja laboral con ocasión del naci-
miento de un nuevo hijo nos está indicando a las claras hasta qué
punto han cambiado ya las cosas en relación con el presente tema. En
tal sentido, considero excesivamente desproporcionada y en cierta
medida ya obsoleta la actitud generalizada que la autora de Solas
asigna a las mujeres que “de hecho siempre han creído que se las
amaba por su disponibilidad para los demás, confundiendo así el
amor con la necesidad” (p. 168); de igual manera, que considero cri-
ticable la postura de muchos hombres, totalmente entregados a la
profesión y que no saben compaginarla con un mínimo de atención a
la mujer y a los hijos.

3º. Lejos de mi intención el simplificar el problema que apunta


Alborch negando su existencia o suponiendo que es de fácil solución,
más bien pienso con ella que lograr el deseado equilibrio de la diná-
mica familiar en una sociedad como la nuestra, dominada por la
competitividad, la eficacia y el consumismo, es para muchas parejas
un asunto enormemente complicado y fuente de muchos sacrificios,
desequilibrios, frustración y conflictos. En este sentido, confieso que
no tengo fórmulas mágicas, si es que existen, para proponérselas al
lector. Lo que sí me atrevo es a valorar la actitud de muchas mujeres
–y también de muchos hombres– que, por el bien de la familia que
han fundado y a la que se sienten pertenecer, han optado por sacrifi-
car libremente algunas posibilidades de promoción y dedicación al
trabajo en beneficio de la familia.

4º. Buscando referentes más completos, creo que a muchos hom-


bres y mujeres les conviene repensar con calma determinados prin-
cipios y, entre otros, sugiero los siguientes: 1) no hay por qué consi-
derar el éxito en la vida únicamente en el plano del trabajo y de la
actividad profesional, en la vida hay otros muchos objetivos nobles
capaces de llenar el corazón humano, uno posible, y que afecta hoy

314
ANOTACIONES Y COMENTARIOS AL LIBRO DE CARMEN ALBORCH

por hoy principalmente a las mujeres, es ocuparse de la familia y de


la casa para que cuando el marido o los hijos llegan al hogar
encuentren alguien que les acoja libre del agotamiento, del estrés y
de las prisas que marcan la vida profesional de muchos hombres; 2)
tampoco es recomendable considerar el trabajo únicamente como
fuente de riquezas ni trabajar –y esto es especialmente aconsejable
a los hombres– mientras “el cuerpo aguante”, que es lo mismo que
decir, “a costa de lo que sea”, incluida la propia salud o el olvido de
los deberes familiares más sagrados. A este propósito, recuerdo la
reciente confesión de un presentador de TV que a la pregunta “¿tra-
bajas por necesidad o por gusto?” contestó: “trabajo por dinero; es
saludable [!] que la gente trabaje para ganarse la vida y no para rea-
lizarse, me encanta ganar dinero porque es la forma de comprar
tiempo en el futuro”. Lo curioso es que ese mismo presentador a
renglón seguido decía: “quiero que los domingos sean sólo depresi-
vos, no depresivos y terroríficos como los míos, el ritmo de un pro-
grama diario [como el mío] es devastador”. Cuando contemplo
tales niveles de incongruencia no puedo por menos que recordar
con pena la historia de personas que he conocido, totalmente deso-
rientadas con relación al trabajo, como la de aquella florista que,
con mucho dinero en el banco, moría dos meses después de jubilar-
se, o la del camionero que dejaba viuda y cinco hijos a la semana
siguiente de confesarme “no sé hacer otra cosa que trabajar”; por
todo ello 3) hago expresa invitación a rechazar algunos falsos dog-
mas tales como el que la autoestima se fundamenta principalmente
en el tipo de trabajo que realizamos o que el trabajo es la medida de
la persona.

5º. Por último, me desmarco de una sociedad que hasta ahora


apenas se ha ocupado de asegurar económicamente a las esposas y
madres que, tras una crisis matrimonial o separación, quedan a mer-
ced de su suerte, es decir, sin recibir una compensación por parte de
aquéllos a los que han dedicado una gran parte de su vida, los mari-
dos o compañeros.

315
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

10. Lo que hacemos con el propio cuerpo es asunto exclusivamente


nuestro
Dice Alborch en la p. 176 citando a Naomí Wolf: “cuando una mujer se
otorga a sí misma y a las demás permiso para comer, ser sexual, envejecer, lle-
var tejanos [...] taparse entera o ir medio desnuda, hacer cuanto se le antoje
respecto a seguir o ignorar una visión estética, es que ha triunfado”. Y aña-
de por su cuenta: “Una mujer gana cuando decide que lo que cada uno haga
con su cuerpo es exclusivamente asunto suyo”.

Comentario
1º. Comienzo por reconocer que, en mi condición de hombre, no
soy el más indicado para decir a las mujeres cómo deben usar su liber-
tad y, sobre todo, lo que pueden y deben hacer con su cuerpo. Recuer-
do lo que decía Unamuno: “Siempre existe la libertad que uno se quie-
re tomar”, aunque se olvidó añadir “con todas sus consecuencias”. Una
mujer puede salir a la calle, siguiendo el dictamen de sus gustos per-
sonales o de la moda, semidesnuda o semivestida, dependiendo de la
parte del cuerpo que cada espectador quiera observar; lo que pasa es
que a la minifaldera y para su disgusto se le escapa el control de las
reacciones que provoca en los demás. El tema toma un tono especial
cuando uno oye ciertas declaraciones de las mujeres sobre el acoso
sexual de los varones –de todos los varones, dicen algunas, porque
todos son iguales–, acoso, por otra parte, que nunca es justificable. En
el contexto español, la cosa viene de lejos. Recuerdo dos hechos de inte-
rés para el caso. Cuando por los años 70 invadieron las nórdicas las tra-
dicionales tierras hispanas, un columnista madrileño tituló su artículo
del día con el sabroso encabezamiento “Está visto que lo veremos
todo”. Por aquellas mismas fechas, un municipal de Palma de Mallor-
ca se acercó a una señora muy ligera de ropas y balbuceando la lengua
de los galos le dijo algo así: “Madame ...vous ... habiller”, a lo que la
interesada replicó “puede hablarme en castellano, soy española”. Al
urbano le faltó tiempo para replicarle “pues vaya usted señora a ves-
tirse”. La moda crea estos pequeños problemas de tener que mostrar el
desconocimiento de las lenguas extranjeras (!) o, por qué no decirlo
también, en el caso de las mujeres sufrir el “acoso” de los varones que

316
ANOTACIONES Y COMENTARIOS AL LIBRO DE CARMEN ALBORCH

van por la calle “marcando paquete” y los hombres el de las mujeres


semidesnudas que les excitan solo Dios sabe cuánto (!). Así llegan
muchos a la conclusión de que los mejor dotados económica o física-
mente buscan más o menos conscientemente intranquilizar a sus con-
géneres haciendo que el binomio de su cuerpo-vestimenta resplandez-
ca para envidia y tentación de los semejantes.

2º. Pasando del plano teórico de los derechos de los hombres y


mujeres sobre el modo de vestir al de los hechos diarios, nos encontra-
mos con que algunos varones reaccionan ante las mujeres vestidas pro-
vocativamente deparándoles piropos de mal gusto y yerbas del géne-
ro; tales reacciones que, en el plano teórico, son absolutamente injusti-
ficables e intolerables, dejan de ser tan claramente inexplicables habida
cuenta de los instintos con los que la madre naturaleza ha dotado tan-
to a los hombres como a las mujeres y con los que es prudente contar.

3º. Lo que en cualquier caso parece lógico es admitir que cuando


una mujer “se viste como quiere”, en la práctica, se expone a no poder
controlar en todos los casos las reacciones que origina en su alrededor,
ni los piropos soeces ni las molestias que con su semidesnudez puede
provocar en muchas personas, tanto hombres como mujeres. A su vez,
imponer una tolerancia ilimitada de los otros con relación a los propios
gustos en la esfera de lo público, lo mismo en el vestir que en otras face-
tas del comportamiento regidas por la costumbre, equivale a una for-
ma de individualismo intolerante y, en cualquier caso, discutible. No
me parece razonable proponer como norma de vida que los otros se
acomoden siempre y en todo a las costumbres personales de uno. Por
lo demás, las sociedades civilizadas tienen para éste y casos parecidos
una vía bastante eficaz para dar con soluciones equilibradas a los pro-
blemas de la convivencia en sana tolerancia y comprensión: recurrir,
más que a doctas teorías y fórmulas sacadas de la manga y a gusto del
consumidor, a sondeos de opinión seriamente elaborados y científica-
mente realizados. Sería partidario de que mientras las mujeres no estén
seguras de lo que pueden dar de sí tales sondeos, ninguna mujer pru-
dente debiera actuar en público como si los que le rodean fueran ciegos
y carentes de sensibilidad o, dicho de otro modo, no me parece la mejor

317
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

conquista de la mujer vivir como si su cuerpo fuera únicamente suyo y


sin tener en cuenta que, en parte, es también y en cierta medida algo de
quienes lo contemplan.

A modo de síntesis
He pensado que tal vez algunos lectores tengan interés y hasta
puede ser que me agradezcan el que a manera de síntesis resuma en
pocas palabras las conclusiones a las que he llegado tras mi análisis
de la obra Solas, de Carmen Alborch. Me presto a ello advirtiendo
que, a la hora de comprometerme en este empeño, no es mi intención
imponer mi particular manera de entender esta obra, por el contrario,
reservo al propio lector el juicio final que de ella se forme. Desde esta
actitud, sintetizo mi pensamiento sobre Solas en tres capítulos: a) qué
contiene esta obra; b) cómo podría completarse; y c) qué preguntas
quedan pendientes de respuesta en ella.

a) Qué contiene el libro Solas de Carmen Alborch


En mi opinión, el lector encontrará en Solas:
1. El listado de expectativas que, en opinión de Carmen Alborch,
los hombres de hoy impiden alcanzar a las mujeres.
2. El listado de las numerosas situaciones y actitudes que hacen
dudar a las mujeres si les merece la pena amar como aman a
los hombres.
3. El listado de las muchas ventajas que supone vivir solas y
los pocos inconvenientes que implica el vivir solas e inde-
pendientes.

b) Cómo podría completarse Solas


En la obra de Carmen Alborch faltan:
1. Propuestas sobre las muestras de amor, respeto y considera-
ción que los hombres podrían ejercer para con sus mujeres o
compañeras y que éstas hoy echan especialmente de menos
en sus maridos y en la sociedad en general.

318
ANOTACIONES Y COMENTARIOS AL LIBRO DE CARMEN ALBORCH

2. Listado de las numerosas situaciones en que los casados,


hombres y mujeres, podrían gozar juntos si acertaran a desa-
rrollar las posibilidades de un amor recíproco maduro y
sano.
3. Listado de gestos concretos mediante los cuales el hombre
podría mostrar más y mejor el amor a su pareja y la mujer
acrecentar su amor a su marido o compañero.
4. Listado de las prácticas y actitudes creativas a partir de las
cuales los hombres y las mujeres podrían dar muestras a sus
parejas de un amor más maduro, sano y generoso.

c) Qué preguntas quedan sin respuesta en Solas


Hago constar que en este punto, el más largo de los tres, mi lis-
tado no se limita a los temas e interrogantes que propongo y,
así mismo, que me ha costado mucho llegar a su formulación.
En la línea de los propósitos de este libro, esto me parece muy
positivo pues ello significa que el horizonte que nos espera en
las relaciones hombre-mujer, el futuro puede depararnos tanto
a los hombres como a las mujeres nuevas formas de entender
el amor, a la larga mayores cotas de disfrutar de las ilimitadas
posibilidades de gozar de nuestro mutuo entendimiento.
Dicho lo cual, he aquí las preguntas que me parecen especial-
mente pertinentes tras las reflexiones expuestas en las páginas
precedentes.
1. ¿En qué medida la falta de un amor maduro de las mujeres
con relación a sí mismas contribuye a que sientan tanto el
desamor de los hombres?
2. ¿Por qué con frecuencia duele a las mujeres profesar un
amor total y sin problemas a los hombres y éstos se mues-
tran insensibles al amor que les profesan sus mujeres?
3. ¿Cuáles podrían y deberían ser los gestos de amor de las
mujeres hacia los hombres para obtener de ellos una res-
puesta de amor más satisfactoria, y viceversa?

319
LA PSICOLOGÍA DEL SOLTERO: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

4. ¿Cuáles serían las líneas maestras de un plan de desarrollo


del amor pleno y gozoso entre los hombres y las mujeres?
5. ¿Qué deberían hacer los hombres y las mujeres para que el
amor recíproco del que un día gozaron, en lugar de entrar en
crisis y acabe en fracaso, aumente y se desarrolle felizmente?
6. ¿Cómo, en el ámbito del amor, se puede facilitar el paso de
“enemigos” a “aliados” entre los hombres y las mujeres?
7. ¿A partir de qué medida el amor que se profesan el hombre
y la mujer sirve para facilitar su propio desarrollo personal
en vez de convertirse en menoscabo de la autoestima de uno
de los dos o de ambos?
8. ¿Qué mecanismos y prácticas hay que introducir en la vida
de los solteros y en las relaciones de pareja para que tanto los
casados como los solteros se libren del mal de la soledad que
muchas sufren?
9. ¿Cuáles son las claves para que, tanto los casados como los
solteros, puedan alcanzar el máximo de felicidad que es
alcanzable en uno y otro estado?
10. ¿A partir de qué momento el deseo de agradar y ejercer el
amor se convierte en peligro de autodestrucción?

320
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DIRECTOR: CARLOS ALEMANY
1. Relatos para el crecimiento personal. CARLOS ALEMANY (ED.), RAMIRO ÁLVAREZ, JOSÉ
VICENTE BONET, IOSU CABODEVLLLA, EDUARDO CHAMORRO, CARLOS DOMINGUEZ, JOSÉ
ANTONIO GARCÍA-MONGE, ANA GIMENO-BAYÓN, MAITE MELENDO, ALEJANDRO ROCAMORA.
PRÓLOGO DE JOSÉ LUIS PINLLLOS. (6ª ed.)
2. La asertividad: expresión de una sana autoestima. OLGA CASTANYER. (21ª ed.)
3. Comprendiendo cómo somos. Dimensiones de la personalidad.
ANA GIMENO-BAYÓN COBOS. (5ª ed.)
4. Aprendiendo a vivir. Manual contra el aburrimiento y la prisa. ESPERANZA BORÚS. (5ª ed.)
5. ¿Qué es el narcisismo? JOSÉ LUIS TRECHERA. (2ª ed.)
6. Manual práctico de P.N.L. Programación neurolingüística. RAMIRO J. ÁLVAREZ. (5ª ed.)
7. El cuerpo vivenciado y analizado. CARLOS ALEMANY Y VÍCTOR GARCÍA (EDS.)
8. Manual de Terapia Infantil Gestáltica. LORETTA ZAIRA CORNEJO PAROLINI. (5ª ed.)
9. Viajes hacia uno mismo. Diario de un psicoterapeuta en la postmodernidad. FERNAN-
DO JIMÉNEZ HERNÁNDEZ-PINZÓN. (2ª ed.)
10. Cuerpo y Psicoanálisis. Por un psicoanálisis más activo. JEAN SARKISSOFF. (2ª ed.)
11. Dinámica de grupos. Cincuenta años después. LUIS LÓPEZ-YARTO ELIZALDE. (5ª ed.)
12. El eneagrama de nuestras relaciones. MARIA-ANNE GALLEN - HANS NEIDHARDT. (5ª ed.)
13. ¿Por qué me culpabilizo tanto? Un análisis psicológico de los sentimientos de culpa.
LUIS ZABALEGUI. (3ª ed.)
14. La relación de ayuda: De Rogers a Carkhuff. BRUNO GIORDANI.
PRÓLOGO DE M. MARROQUÍN. (2ª ed.)
15. La fantasía como terapia de la personalidad.FERNANDO JIMÉNEZ HERNÁNDEZ-PINZÓN. (2ª ed.)
16. La homosexualidad: un debate abierto. JAVIER GAFO (ED.). JAVIER GAFO, CARLOS
DOMÍNGUEZ, JUAN-RAMÓN LACADENA, ANA GIMENO BAYÓN, JOSÉ LUIS TRECHERA. (3ª ed.)
17. Diario de un asombro. ANTONIO GARCÍA RUBIO. PRÓLOGO DE J. MARTÍN VELASCO. (3ª ed.)
18. Descubre tu perfil de personalidad en el eneagrama. DON RICHARD RISO. (5ª ed.)
19. El manantial escondido. La dimensión espiritual de la terapia. THOMAS HART.
20. Treinta palabras para la madurez. JOSÉ ANTONIO GARCÍA-MONGE. (8ª ed.)
21. Terapia Zen. DAVID BRAZIER. PRÓLOGO DE ANA MARÍA SCHLÜTER RODÉS. (2ª ed.)
22. Sencillamente cuerdo. La espiritualidad de la salud mental.
GERALD MAY. PRÓLOGO DE JOSÉ-VICENTE BONET.
23. Aprender de Oriente: Lo cotidiano, lo lento y lo callado. JUAN MASIÁ CLAVEL.
24. Pensamientos del caminante. M. SCOTT PECK. PRÓLOGO DE JOSÉ-VICENTE BONET.
25. Cuando el problema es la solución. Aproximación al enfoque estratégico.
RAMIRO J. ÁLVAREZ. (2ª ed.)
26. Cómo llegar a ser un adulto. Manual sobre la Integración Psicológica y Espiritual.
DAVID RICHO. (2ª ed.)
27. El acompañante desconocido. De cómo lo masculino y lo femenino que hay en
cada uno de nosotros afecta a nuestras relaciones. JOHN A. SANFORD.
28. Vivir la propia muerte. STANLEY KELEMAN. PRÓLOGO DE JUAN MANUEL G. LLAGOSTERA.
29. El ciclo de la vida: Una visión sistémica de la familia.
ASCENSIÓN BELART - MARÍA FERRER. PRÓLOGO DE LUIS ROJAS MARCOS. (2ª ed.)
30. Yo, limitado. Pistas para descubrir y comprender nuestras minusvalías.
MIGUEL ÁNGEL CONESA FERRER.
31. Lograr buenas notas con apenas ansiedad. Guía práctica para sobrevivir a los
exámenes. KEVIN FLANAGAN. PRÓLOGO DE JOAQUÍN Mª. GARCÍA DE DIOS.
32. Alí Babá y los cuarenta ladrones. Cómo volverse verdaderamente rico.
VERENA KAST. PRÓLOGO DE GABRIELA WASSERZIEHR.
33. Cuando el amor se encuentra con el miedo. DAVID RICHO. (3ª ed.)
34. Anhelos del corazón. Integración psicológica y espiritualidad.WILKIE AU - NOREEN CANNON.
35. Vivir y morir conscientemente. IOSU CABODEVILLA. PRÓLOGO DE CELEDONIO CASTANEDO. (3ª ed.)
36. Para comprender la adicción al juego. MARÍA PRIETO URSÚA. PRÓLOGO DE LUIS LLAVONA.
37. Psicoterapia psicodramática individual. TEODORO HERRANZ CASTILLO.
38. El comer emocional. EDWARD ABRAMSON.
39. Crecer en intimidad. Guía para mejorar las relaciones interpersonales.
JOHN AMODEO - KRIS WENTWORTH.
40. Diario de una maestra y de sus cuarenta alumnos. ISABEL AGÜERA ESPEJO-SAAVEDRA.
41. Valórate por la felicidad que alcances. XAVIER MORENO LARA.
42. Pensándolo bien... Guía práctica para asomarse a la realidad. RAMIRO J. ÁLVAREZ.
PRÓLOGO DE JOSÉ KLINGBEIL.
43. Límites, fronteras y relaciones. Cómo conocerse, protegerse y disfrutar de uno mis-
mo. CHARLES L. WHITFIELD. PRÓLOGO DE JOHN AMODEO.
44. Humanizar el encuentro con el sufrimiento. JOSÉ CARLOS BERMEJO.
45. Para que la vida te sorprenda. MATILDE DE TORRES. (2ª ed.)
46. El Buda que siente y padece. Psicología budista sobre el carácter, la adversidad y
la pasión. DAVID BRAZIER.
47. Hijos que no se van. La dificultad de abandonar el hogar. JORGE BARRACA.
PRÓLOGO DE LUIS LÓPEZ-YARTO.
48. Palabras para una vida con sentido. Mª. ÁNGELES NOBLEJAS.
49. Cómo llevarnos bien con nuestros deseos. PHILIP SHELDRAKE.
50. Cómo no hacer el tonto por la vida. Puesta a punto práctica del altruismo.
LUIS CENCILLO. PRÓLOGO DE ANTONIO BLANCH. (2ª ed.)
51. Emociones: Una guía interna. Cuáles sigo y cuáles no. LESLIE S. GREENBERG.
PRÓLOGO DE CARMEN MATEU. (2ª ed.)
52. Éxito y fracaso. Cómo vivirlos con acierto. AMADO RAMÍREZ VILLAFÁÑEZ.
53. Desarrollo de la armonía interior. JUAN ANTONIO BERNAD.
54. Introducción al Role-Playing pedagógico. PABLO POBLACIÓN KNAPPE y ELISA LÓPEZ
BARBERÁ Y COLS. PRÓLOGO DE JOSÉ A. GARCÍA-MOGE.
55. Cartas a Pedro. Guía para un psicoterapeuta que empieza. LORETTA CORNEJO.
56. El guión de vida. JOSÉ LUIS MARTORELL. PRÓLOGO DE JAVIER ORTIGOSA.
57. Somos lo mejor que tenemos. ISABEL AGÜERA ESPEJO-SAAVEDRA.
58. El niño que seguía la barca. Intervenciones sistémicas sobre los juegos familiares.
GIULIANA PRATA; MARIA VIGNATO y SUSANA BULLRICH.
59. Amor y traición. JOHN AMODEO. PRÓLOGO DE CARLOS ALEMANY.
60. El amor. Una visión somática. STANLEY KELEMAN. PRÓLOGO DE JAIME GUILLÉN DE ENRÍQUEZ.
61. A la búsqueda de nuestro genio interior: Cómo cultivarlo y a dónde nos guía.
KEVIN FLANAGAN.
62. A corazón abierto.Confesiones de un psicoterapeuta. FERNANDO JIMÉNEZ HERNÁNDEZ-PIN-
ZÓN.
63. En vísperas de morir. Psicología, espiritualidad y crecimiento personal.
IOSU CABODEVILLA ERASO. PRÓLOGO DE RAMÓN MARTÍN RODRIGO.
64. ¿Por qué no logro ser asertivo? OLGA CASTANYER Y ESTELA ORTEGA.
65. El diario íntimo: buceando hacia el yo profundo. JOSÉ-VICENTE BONET, S.J. (2ª ed.)
66. Caminos sapienciales de Oriente. JUAN MASIÁ.
67. Superar la ansiedad y el miedo. Un programa paso a paso. PEDRO MORENO. PRÓLO-
GO DE DAVID H. BARLOW, PH.D. (2ª ed.)
68. El matrimonio como desafío. Destrezas para vivirlo en plenitud. KATHLEEN R. FISCHER
y THOMAS N. HART.
69. La posada de los peregrinos. Una aproximación al Arte de Vivir. ESPERANZA BORÚS.
70. Realizarse mediante la magia de las coincidencias. Práctica de la sincronicidad
mediante los cuentos. JEAN-PASCAL DEBAILLEUL y CATHERINE FOURGEAU.
71. Psicoanálisis para educar mejor. FERNANDO JIMÉNEZ HERNÁNDEZ-PINZÓN.
72. Desde mi ventana. Pensamientos de autoliberación. PEDRO MIGUEL LAMET.
73. En busca de la sonrisa perdida. La psicoterapia y la revelación del ser.
JEAN SARKISSOFF.
74. La pareja y la comunicación. La importancia del diálogo para la plenitud y la
longevidad de la pareja. Casos y reflexiones. PATRICE CUDICIO y CATHERINE CUDICIO.
75. Ante la enfermedad de Alzheimer. Pistas para cuidadores y familiares. MARGA NIETO CARRERO.
76. Me comunico... Luego existo. Una historia de encuentros y desencuentros. JESÚS DE
LA GÁNDARA MARTÍN.
77. La nueva sofrología. Guía práctica para todos. CLAUDE IMBERT.
78. Cuando el silencio habla. MATILDE DE TORRES VILLAGRÁ.
79. Atajos de sabiduría. CARLOS DÍAZ.
80. ¿Qué nos humaniza? ¿Qué nos deshumaniza? RAMÓN ROSAL CORTÉS.
81. Más allá del individualismo. RAFAEL REDONDO.
82. La terapia centrada en la persona hoy. Nuevos avances en la teoría y en la práctica.
DAVE MEARNS y BRIAN THORNE. PRÓLOGO DE MANUEL MARROQUÍN PÉREZ.
83. La técnica de los movimientos oculares. La promesa potencial de un nuevo avance psico-
terapéutico. FRED FRIEDBERG. INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN ESPAÑOLA POR RAMIRO J. ÁLVAREZ
84. No seas tu peor enemigo... ¡...Cuando puedes ser tu mejor amigo! ANN-MARIE MCMA-
HON.
85. La memoria corporal. Bases teóricas de la diafreoterapia. LUZ CASASNOVAS SUSANNA.
86. Atrapando la felicidad con redes pequeñas. IGNACIO BERCIANO PÉREZ. CON LA COLABO-
RACIÓN DE ITZIAR BARRENENGOA
87. C.G. Jung. Vida, obra y psicoterapia. M. PILAR QUIROGA MÉNDEZ.
88. Crecer en grupo. Una aproximación desde el enfoque centrado en la persona. BAR-
TOMEU BARCELÓ. PRÓLOGO DE JAVIER ORTIGOSA.
89. Automanejo emocional. Pautas para la intervención cognitiva con grupos. ALEJANDRO BELLO
GÓMEZ, ANTONIO CREGO DÍAZ. PRÓLOGO DE GUILLEM FEIXAS I VIAPLANA.
90. La magia de la metáfora. 77 relatos breves para educadores, formadores y pensadores. NICK
OWEN. PRÓLOGO DE RAMIRO J. ÁLVAREZ.
91. Cómo volverse enfermo mental. JOSÉ LUÍS PIO ABREU. PRÓLOGO DE ERNESTO FONSECA-
FÁBREGAS.
92. Psicoterapia y espiritualidad. La integración de la dimensión espiritual en la práctica terapéuti-
ca. AGNETA SCHREURS. PRÓLOGO DE JOSÉ MARÍA MARDONES.
93. Fluir en la adversidad. AMADO RAMÍREZ VILLAFÁÑEZ.
94. La psicología del soltero: Entre el mito y la realidad. JUAN ANTONIO BERNAD.
Serie MAIOR
1. Anatomía Emocional. STANLEY KELEMAN. (4ª ed.)
2. La experiencia somática. STANLEY KELEMAN. (2ª ed.)
3. Psicoanálisis y Análisis Corporal de la Relación. ANDRÉ LAPIERRE.
4. Psicodrama. Teoría y práctica. JOSÉ AGUSTÍN RAMÍREZ.
PRÓLOGO DE JOSÉ ANTONIO GARCÍA-MONGE. (2ª ed.)
5. 14 Aprendizajes vitales. CARLOS ALEMANY (ED.), ANTONIO GARCÍA RUBIO, JOSÉ A.
GARCÍA-MONGE, CARLOS R. CABARRÚS, LUIS CENCILLO, JOSÉ M. DÍEZ-ALEGRÍA, OLGA
CASTANYER, IOSU CABODEVILLA, JUAN MASIÁ, DOLORES ALEIXANDRE, MIGUEL DE GUZMÁN,
JESÚS BURGALETA, Mª. JOSÉ CARRASCO, ANA GIMENO. (8ª ed.)
6. Psique y Soma. Terapia bioenergética. JOSÉ AGUSTÍN RAMÍREZ. PRÓLOGO DE LUIS
PELAYO. EPÍLOGO DE ANTONIO NÚÑEZ.
7. Crecer bebiendo del propio pozo.Taller de crecimiento personal.
CARLOS RAFAEL CABARRÚS, S.J. PRÓLOGO DE CARLOS ALEMANY. (6ª ed.)
8. Las voces del cuerpo. Respiración, sonido y movimiento en el proceso terapéutico.
CAROLYN J. BRADDOCK.
9. Para ser uno mismo. De la opacidad a la transparencia. JUAN MASIÁ CLAVEL
10. Vivencias desde el Enneagrama. MAITE MELENDO. (3ª ed.)
11. Codependencia. La dependencia controladora. La depencencia sumisa. DOROTHY MAY.
12. Cuaderno de Bitácora, para acompañar caminantes. Guía psico-histórico-espiritual.
CARLOS RAFAEL CABARRÚS. (3ª ed.)
13. Del ¡viva los novios! al ¡ya no te aguanto! Para el comienzo de una relación en
pareja y una convivencia más inteligente. EUSEBIO LÓPEZ.
14. La vida maestra. El cotidiano como proceso de realización personal. JOSÉ MARÍA TORO.
15. Los registros del deseo. Del afecto, el amor y otras pasiones. CARLOS DOMÍNGUEZ MORANO.
16. Psicoterapia integradora humanista. Manual para el tratamiento de 33 problemas
psicosensoriales, cognitivos y emocionales. ANA GIMENO-BAYÓN Y RAMÓN ROSAL.
17. Deja que tu cuerpo interprete tus sueños. EUGENE T. GENDLIN.
PRÓLOGO DE CARLOS R. CABARRÚS.
18. Cómo afrontar los desafíos de la vida. CHRIS L. KLEINKE.
19. El valor terapéutico del humor. ÁNGEL RZ. IDÍGORAS (ED.). (2ª ed.)
20. Aumenta tu creatividad mental en ocho días. RON DALRYMPLE, PH.D., F.R.C.
21. El hombre, la razón y el instinto. JOSÉ Mª PORTA TOVAR.
22. Guía práctica del trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Pistas para su liberación.
BRUCE M. HYMAN Y CHERRY PEDRICK. PRÓLOGO DE ALEJANDRO ROCAMORA.
Este libro se terminó
de imprimir
en los talleres de
RGM, S.A., en Bilbao,
el 5 de marzo de 2004.