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EL OPERADOR ASPECTUAL SE 13

*
EL OPERADOR ASPECTUAL SE

Elena de Miguel y
Marina Fernández Lagunilla
Universidad Autónoma de Madrid

I. Introducción

El objetivo de este trabajo es mostrar que el pronombre átono me, te, se


..., con verbos como beber(se), caer(se), ir(se), marear(se), morir(se), su-
bir(se), ver(se), etc., que ha sido caracterizado a menudo como un elemento
léxicamente perfectivo, constituye en realidad un operador aspectual de na-
turaleza cuantificacional, enfocador de una fase del evento denotado por el
predicado en que aparece. En (1) se recogen algunos ejemplos de este clí-
tico:
(1) a. Juan se murió ayer.
b. El libro se cayó del estante.
c. Juan se bebió {una caña/*cerveza}.
d. Juan se ha visto {toda la película/*cine inglés}.
––––––––
*
Este trabajo constituye una versión revisada y ampliada de trabajos anteriores que han
sido presentados en los siguientes foros: el congreso Focus sul focus, celebrado en la Terza
Università di Roma en mayo de 1997, el XXVII Simposio de la Sociedad Española de Lin-
güística, celebrado en Palma de Mallorca en diciembre de 1997, y el Encuentro de lingüistas
y filólogos españoles e italianos Dos jornadas particulares/Due giornate particolari, celebra-
do en la Universidad Autónoma de Madrid en mayo de 1998. Agradecemos a las audiencias
de las distintas reuniones sus observaciones. Queremos dar especialmente las gracias a Igna-
cio Bosque, Luis Eguren, Juan Carlos Moreno, Antonio Narbona, José Portolés, Cristina Sá n-
chez, Montserrat Sanz y Karen Zagona, quienes leyeron una primera versión del manuscrito y
nos proporcionaron una serie de sugerencias, comentarios y críticas de notable interés, que
esperamos haber sabido incorporar para el bien del trabajo. Esta investigación ha sido par-
cialmente subvencionada por el proyecto N.º PB97-0010 financiado por la D.G.E.S.

Revista Española de Lingüística, 30, 1, págs. 13-43


14 ELENA DE MIGUEL Y MARINA FERNÁNDEZ LAGUNILLA

La hipótesis que sustenta nuestro análisis se fundamenta en la idea de


que los predicados verbales no constituyen entidades atómicas, sino que se
pueden descomponer en diferentes fases o no descomponerse 1 . En el primer
caso, las distintas fases del evento se pueden focalizar. Desde esta perspec-
tiva, el clítico se asimila a los adverbios aspectuales aún, todavía y ya, co-
mo unidades que tienen en común el ser señaladoras de las fases de un
evento; de ahí que todas ellas pueden ser caracterizadas como ‘operadores
aspectuales’2 . (Para el estudio conjunto de estas unidades véase Fernández
Lagunilla y de Miguel, 1999).
El análisis aquí propuesto permite explicar un conjunto de datos del es-
pañol relacionados con los verbos antes mencionados, como los recogidos
en (2):
(2) a. *El niño se nació sietemesino.
b. *Me vi la costa y me dirigí a ella.
c. *El agua se hirvió en un instante.
d. *María se engordó (dos kilos).

En efecto, los ejemplos anteriores son todos ellos agramaticales, a pesar


de su carácter perfectivo; por tanto, no pueden ser explicados por ninguno de
los análisis que se limitan a atribuir un valor perfectivo al clítico aspectual,
ya se derive dicho valor del carácter argumental del clítico, como sucede en
el análisis de Rigau (1994), ya de la presencia en la oración de elementos
argumentales, como el objeto y el sujeto, dotados de un determinado papel
temático, como en el trabajo de Sanz (1995), o simplemente se identifique
con la interpretación culminativa del evento, como se hace en Zagona
(1996). Revisaremos estos análisis en el § 3.

––––––––
1
Para la idea de que los eventos están dotados de una estructura interna, subléxica o sub-
eventiva, responsable de sus propiedades aspectuales, véanse Jackendoff (1983, 1990, 1992,
1993, 1996), Tenny (1987, 1994), Pustejovsky (1988, 1991, 1995), Grimshaw (1990), Hale y
Keyser (1993) y Bosque y Masullo (1998).
2
Si consideramos el clítico como un adverbio, en línea con la propuesta de Zago na
(1996), también se asimilaría a estas unidades en cuanto a su naturaleza categorial; no obstan-
te, nótese que sería un adverbio especial, puesto que presenta propiedades que no son las es-
perables en un elemento de esa clase: en concreto, la concordancia en persona y número con
el sujeto de la oración; tales propiedades son quizá las que han determinado que otros estu-
diosos consideren el clítico como un pronombre con valor argumental (Rigau, 1994) o como
la realización de una categoría funcional (de Miguel, 1992; Sanz, 1995; Mendikoetxea, 1999).
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El trabajo está organizado del siguiente modo: en el § 2 se formula la


hipótesis de la descomposición de los eventos en partes o fases y se argu-
menta dicha hipótesis a través del análisis de adverbios cuantificacionales y
aspectuales del tipo de sólo y aún. El § 3 es una revisión crítica de análisis
anteriores del clítico aspectual me, te, se... En el § 4 se presenta una clasifi-
cación de los eventos por su estructura interna y se expone de forma explí-
cita la propuesta concreta de este trabajo: el clítico aspectual es un operador
que exige que el verbo conste de una fase de logro seguida de un estado 3 .
En el § 5 se incluyen algunas consecuencias interesantes de la hipótesis de-
fendida con respecto a la predicación secundaria y al comportamiento de
los adverbiales de manera. Por último en el § 6 se recogen las conclusiones
del trabajo.

II. La estructura interna de los eventos

Existen distintas teorías en el campo de la semántica léxica que hacen


derivar las propiedades aspectuales de los predicados de la estructura inter-
na de que están dotados (véase la nota 1). Entre ellas hemos adoptado la de
Pustejovsky (1991) por ser la que más se acerca a nuestro punto de partida,
aunque nuestro análisis modifica y amplía su propuesta de clasificación de
eventos, como veremos más adelante en el § 4.
De acuerdo con Pustejovsky (1991), la estructura de las distintas clases
de eventos se puede representar como en el esquema de (3):

––––––––
3
A lo largo de este trabajo usamos terminología habitual en la bibliografía sobre clases
de verbos y sus significados, como «logro», «estado» o «actividad» de Vendler (1967) e «it e-
rativo», «puntual» e «ingresivo» de la gramática tradicional; más adelante, cuando precise-
mos las diferencias entre las clases de verbos cuya existencia proponemos, emplearemos otros
términos más ajustados a nuestra hipótesis.
16 ELENA DE MIGUEL Y MARINA FERNÁNDEZ LAGUNILLA

(3) Tipos de eventos según Pustejovsky (1991):

a. Estado b. Proceso c. Transición


E P T

e e1 ... en P E
evento único, con secuencia de eventos evento complejo que consta de
duración y sin fa- idénticos, con duración un proceso (P) a través del cual
ses: tener y fases: buscar se alcanza un estado (E); estruc-
tura de realizaciones y logros
— en estos últimos no se men-
ciona el proceso desencadenan-
te del cambio —: leer un libro,
llegar, marcar un gol...
(e = variable para cualquier tipo de evento)

Una forma sencilla de ilustrar qué queremos decir al hablar de que los
eventos tienen fases nos la proporcionan los diferentes valores que toma el
prefijo re- del español combinado con las distintas clases de eventos: re-
con verbos estativos o no delimitados —los del esquema (3a-b)— tiene un
valor intensivo; en cambio, con eventos que acaban —los del esquema
(3c)—, re- puede presentar un valor iterativo o de repetición (aparte del in-
tensivo). La repetición puede afectar al evento en su totalidad o sólo al ini-
cio del evento, dependiendo de si el verbo es terminativo o ingresivo. En
(4) se ilustran las distintas posibilidades señaladas:

(4) a. Juan retiene el libro, aunque en la biblioteca se lo reclaman.


b. Juan rebuscó la nota entre sus papeles de forma desesperada.
c. Juan releyó el libro.
d. Juan recondujo la situación.

En (4a) y (4b), con eventos que carecen de fase inicial y fase final, re-
presupone que Juan tiene o busca algo y que lo hace de forma permanente o
de forma especialmente concienzuda. En estos casos, re- incide sobre la
manera en que el evento ocurre. En cambio, en (4c) re- se comporta como
un cuantificador que implica que el evento, alcanzada su fase final, vuelve a
darse, posibilidad negada en los eventos de (4a) y (4b), dado que el evento
en esos casos no acaba. En (4d), por su parte, re- se comporta también co-
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mo un cuantificador que implica que el evento una vez iniciado vuelve a


comenzar. Este contraste se puede explicar atribuyendo a re- un valor de
cuantificador de grado en (4b) y de cuantificador de cantidad en (4c-d) 4 . En
suma, los distintos valores que re- toma dependen de si el evento denotado
por el verbo al que se afija tiene o no fases e, incluso, de si la fase culmi-
nante del evento es la final o la inicial.
Otra prueba de la existencia de estructura en el interior de los eventos
nos la proporciona el comportamiento de los adverbios de foco, como sólo,
incluso, también, etc., cuya distribución e interpretación está relacionada
con el aspecto léxico del predicado. Estas unidades, de naturaleza cuantifi-
cacional, tienen la propiedad de poder focalizar tanto el predicado completo
(el verbo con sus distintos argumentos y los posibles adjuntos que lo acom-
pañen) como sólo el verbo y alguno de sus argumentos, o alguno de los ar-
gumentos o de los adjuntos en exclusiva, según se ilustra en (5):
(5) a. María sólo ha comprado libros en Roma (no ha hecho turis mo ni ha
visitado a nadie...)
b. María ha comprado en Roma sólo libros (no queso ni ropa).
c. María ha comprado libros sólo en Roma (no en París).

Ahora bien, no todos los predicados admiten la focalización por medio


de sólo, como se ve en (6):
(6) a. Juan sólo estudia (no escucha la radio, no trabaja...).
b. *El libro sólo se cae.
c. *El cactus sólo florece.
d. #El niño sólo se marea (no vomita, no pierde el equilibrio...).

La diferencia de gramaticalidad entre (6a) y (6b-c) tiene que ver con


que en (6a) el verbo se define aspectualmente como un verbo de actividad,
en la terminología de Vendler (1967). Como indican las alternativas inclui-
das entre paréntesis, este tipo de verbos en presente señala un evento en
curso bien en un momento bien en un periodo determinado. En el primer
caso, estamos ante lo que se conoce como la interpretación puntual («en es-
te momento está estudiando») y en el segundo ante la interpretación habi-
tual (equivalente a «Juan es estudiante»); cualquiera de estos valores del
––––––––
4
Con los estativos como tener o conocer, el valor que re- añade no parece atribuible, de
un modo claro, a una lectura de cuantificación de grado ni a una de cantidad. En estos casos,
el verbo parece cambiar de significado. A propósito de la interpretación y distribución de re-
con las distintas clases aspectuales de verbos, puede consultarse Martín (1998).
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presente admite sólo. En cambio, los eventos descritos por caerse y florecer
en (6b-c) ocurren en un punto: constituyen un logro en la terminología de
Vendler (1967); en concreto, un logro ingresivo. Este tipo de verbo en pre-
sente señala que el evento está a punto de ocurrir pero aún no ha ocurrido y
ésa es la causa de que no pueda aparecer el adverbio sólo.
En efecto, sólo no es compatible con una información expresada por un
evento como los de (6b-c) porque, como adverbio de foco, relaciona el va-
lor de la expresión focalizada (en este caso, el verbo) con un conjunto de al-
ternativas que resultan excluidas — las representadas entre paréntesis en
(6a,d) —. Como se puede deducir fácilmente, un evento que está a punto de
ocurrir no ha ocurrido y, por tanto, no puede excluir la existencia de otros
eventos alternativos. En el caso de (6d), lo que queremos reflejar a través
del signo que encabeza la frase es que la oración es aceptable pero sólo en
el sentido habitual del presente. En cambio, en el sentido de evento único o
puntual, de nuevo es imposible puesto que marearse, como caerse o flore-
cer, expresa en presente un evento que está a punto de ocurrir.
El hecho de que florecer pueda aparecer modificado por sólo en oracio-
nes como el almendro sólo florece en febrero mientras que el cerezo florece
también en abril o el almendro sólo florece cuando tiene suficiente agua
(ejemplos que agradecemos a José Portolés) no constituye una objeción a
nuestro análisis puesto que, en estos casos, lo focalizado por sólo no es el
evento denotado por florecer sino las expresiones adverbiales en febrero y
cuando tiene suficiente agua respectivamente; de ahí que hayamos mante-
nido el asterisco en (6c).
Por otra parte, el ejemplo (6c) es agramatical en la interpretación espe-
cífica que aquí estamos manejando, pero no lo es en una interpretación ge-
nérica, según la cual de una planta como el cactus el único evento predic a-
ble es florecer, no dar fruto ni ningún otro evento. No se trata, por tanto, de
la interpretación habitual que habíamos señalado para marearse en (6d), se-
gún la cual un sujeto experimenta de manera repetida el mareo; en este úl-
timo caso, las alternativas excluidas por sólo forman parte de un conjunto
restringido de posibilidades que acompañan habitualmente a marearse (co-
mo vomitar, perder el equilibrio ... ), mientras que en el caso de florecer
con la interpretación genérica queda excluido un conjunto infinito de posi-
bilidades (dar fruto y cualquier otro evento imaginable).5

––––––––
5
La distinción entre exclusión total y parcial de alternativas nos ha sido sugerida por Juan
Carlos Moreno.
EL OPERADOR ASPECTUAL SE 19

En resumen, la distribución de sólo en los ejemplos de (6) prueba que


existen distintos tipos de eventos de acuerdo con su estructura interna. Aho-
ra vamos a mostrar de nuevo que la estructura interna de algunos tipos de
evento se descompone en fases, que pueden a su vez ser focalizadas por
medio de adverbios aspectuales del tipo de ya y aún. (Para una exposición
detallada de esta propuesta véase Fernández Lagunilla y de Miguel, 1999).
En (7) incluimos unos ejemplos con aún:
(7) a. María aún estudia.
b. *Juan aún sale de la fiesta.
c. Aún salen invitados de la fiesta.
d. Aún sale agua del grifo.

Los datos de (7) muestran que aún es compatible con verbos como es-
tudiar, que denotan una actividad dotada de fases —como se ve en (7a)— y
es incompatible, en cambio, con los verbos ingresivos cuyo presente expre-
sa que el evento está a punto o en vías de ocurrir. La causa de esta incompa-
tibilidad, ilustrada en (7b), estriba en que aún constituye un operador aspec-
tual que, de acuerdo con nuestra hipótesis, enfoca la fase intermedia de un
evento, de manera que presupone que existe una fase anterior en la que el
evento ya se daba —y probablemente habrá una fase posterior, aunque esto
no está implicado directamente—. Por tanto, aún es compatible con estu-
diar pero no con salir, que, como caerse, florecer y marearse, denota un
evento ingresivo (carente, por tanto, de una fase anterior). En cambio,
cuando el sujeto de la predicación es plural o un nombre no contable y el
evento puede entenderse como iterativo, sí es posible la presencia de aún
con un verbo ingresivo, como se ilustra en (7c-d).
Una vez que hemos mostrado la existencia de fases en el interior de los
eventos y la posibilidad de focalizar esas fases, pasamos a revisar algunos
de los análisis propuestos para el clítico aspectual, antes de presentar nues-
tro análisis de éste como un operador que enfoca determinada fase de la es-
tructura del evento.

III. Análisis previos del clítico aspectual

El pronombre clítico objeto de este trabajo ha sido tratado extensamente


en la bibliografía en relación con el aspecto léxico, tanto por parte de los
gramáticos tradicionales (Fernández Ramírez, 1986, Molina Redondo, 1974,
20 ELENA DE MIGUEL Y MARINA FERNÁNDEZ LAGUNILLA

etc.) como en estudios recientes 6 . Vamos a fijarnos especialmente en estos


últimos, puesto que en ellos la cuestión aparece formulada en términos gra-
maticales más precisos y más próximos a la hipótesis que subyace a nuestro
análisis. Los trabajos concretos a los que nos referimos son los de Rigau
(1994), Sanz (1995) y Zagona (1996).

3.1. El análisis de Rigau (1994): el clítico como un argumento benefactivo


La tesis de Rigau caracteriza el se como un clítico argumental benefac-
tivo que exige la presencia de un argumento interno y que, en consecuencia,
aparece en contextos aspectualmente perfectivos. A este análisis se le plan-
tea una serie de problemas que pasamos a examinar.
En primer lugar, no da cuenta de por qué razón ciertos verbos inacusati-
vos y transitivos, que cumplen el requisito de contar con un argumento in-
terno, en cambio, no pueden coaparecer nunca con se. Por ejemplo, verbos
inacusativos delimitados como entrar, estallar, explotar, llegar o nacer no
coaparecen nunca con se —véase (2a)—, a diferencia de salir, ir y morir
—véase (1a)—, que sí lo hacen. De acuerdo con el análisis de Rigau, no
habría razón para excluir se con esos verbos. Otro tanto ocurre con verbos
como adelgazar, crecer y engordar, que aunque cuenten con un argumento
interno delimitado tampoco coaparecen con el se aspectual —véase (2d)—.
Por lo que respecta a los verbos transitivos, el análisis de Rigau no ex-
plica tampoco el contraste que manifiesta el verbo ver, que acepta el clítico
cuando el complemento es del tipo de la película, la exposición, y no lo
acepta cuando es del tipo de la cima, la costa, como se ilustra en el contras-
te de (8):7
(8) a. Me vi la película en un par de horas.
b. *Me vi la costa y me dirigí a ella.

En ambos casos, el evento es perfectivo y en ambos casos existe un ar-


gumento interno, pero sólo en uno de ellos es posible la presencia de se,
comportamiento que no se deduce de la explicación de Rigau.
––––––––
6
Para un repaso de la bibliografía al respecto, véanse Narbona (1984) y Sanz (1995). En
los trabajos de corte tradicional se ha atribuido a menudo a este clítico un valor expresivo o
enfático, lo que apoyaría de manera lateral la hipótesis aquí defendida de que es un elemento
cuantificacional. A propósito de este valor expresivo, puede consultarse de nuevo Narbona
(1984) y las referencias allí citadas.
7
También el verbo oír manifesta un contraste similar, según nos sugiere Luis Eguren, en
frases como me oí todo el concierto frente a *me oí un grito .
EL OPERADOR ASPECTUAL SE 21

Obsérvese, por último, que todos los verbos mencionados más arriba
aceptan sin dificultad un clítico benefactivo, que Rigau consideraría un da-
tivo ético o de interés, como se ve en (9 a-b). Ello supondría también un
problema para este análisis: si los clíticos de (9) son benefactivos y están,
por tanto, relacionados con la perfectividad del predicado, no se explica por
qué en (9a-b) no puede aparecer el clítico aspectual en contraste con lo que
sucede en (9c).
(9) a. La bomba {me/*se} ha estallado en las manos.
b. El niño {me/*se} ha crecido mucho ({me/*se} ha engordado dos
Kgs., {me/*se} ha llegado a casa tardísimo, {me/*se} ha nacido sie-
temesino).
c. El hijo se me fue a Bosnia (se me ha muerto el canario, mis hijas se
me comen un buey si se lo pongo).

3.2. El análisis de Sanz (1995): el clítico télico


Para Sanz, el clítico se es un elemento no argumental cuya aparición es-
tá también condicionada por la telicidad de la oración. Más concretamente,
Sanz hace derivar la legitimación de este clítico télico de la presencia de un
argumento interno afectado —entendiendo por tal el argumento capaz de
delimitar un evento, en el sentido de Tenny (1994)— y de un sujeto que ella
considera el agente u originador del evento. Es decir, la hipótesis de Sanz
pone en relación la presencia de se con la información semántica de los ar-
gumentos del predicado.
Este análisis explica con dificultad por qué algunos inacusativos delimi-
tados (como nacer) no pueden llevar se: según la autora, el argumento interno
de nacer no satisface ninguno de los requisitos que Tenny propone para los
argumentos delimitadores. En cambio, de esta explicación no se deduce en
qué medida el argumento interno de morir sí delimitaría el evento (puesto que
este verbo sí coaparece con se) y el de nacer no, dado que ambos experimen-
tan un cambio de estado por el que parecen resultar afectados.
A propósito de verbos como salir y caer, Sanz considera que lo que
permite la presencia de se es la existencia de un argumento interno que des-
cribe una trayectoria (path) cuyo límite está implícito. Esta propuesta tam-
poco explica por qué con verbos como entrar y llegar no es posible se,
puesto que también con ellos el sujeto describe una trayectoria que acaba 8 .
––––––––
8
Aunque en ciertas variantes dialectales puedan encontrarse ejemplos del tipo de Me en-
tré en la casa corriendo o Me llegué a la casa de mi vecina, éstas no son las que hemos teni-
22 ELENA DE MIGUEL Y MARINA FERNÁNDEZ LAGUNILLA

Por otra parte, para Sanz el papel fundamental en la legitimación del clítico
corresponde al argumento interno afectado; pero esa condición no es sufi-
ciente para explicar ciertos contrastes —como por ejemplo el de (10)— y
por ello la autora también otorga al sujeto un papel legitimador, siempre
que se pueda interpretar como el agente u originador del evento. Así, para
ella la oración de (10a) sería correcta con el clítico, frente a (10b):
(10) a. Ayer me vi todas las películas de Michael Keaton.
b. He salido al jardín y (*me) he visto a tres niños que salían corriendo.

Según Sanz, el sujeto de (10b) es un experimentante, y de ahí la impo-


sibilidad de que aparezca el clítico aspectual me. Con todo, no queda claro
en qué medida el sujeto de ver todas las películas habría de ser más agenti-
vo que el de ver a tres niños. De hecho, el predicado ver la película no res-
ponde a las pruebas que normalmente se dan para los eventos agentivos: la
construcción de imperativo —véase (11a)— y la combinación con un ad-
verbio del tipo de voluntariamente, deliberadamente, etc. —ilustrada en
(11b)—.
(11) a. *¡Ve la película!
b. *Me he visto deliberadamente la película.

La hipótesis que proponemos en el § 4, por el contrario, sí permite dar


cuenta del contraste de gramaticalidad en los ejemplos de (10), sin necesi-
dad de acudir al papel semántico de los argumentos 9 .
––––––––
do en cuenta. Con todo, obsérvese que en estos casos el significado de entrarse y llegarse pa-
rece más próximo al de meterse y acercarse que al de las correspondientes variantes estándar
sin el clítico (entrar y llegar). También los verbos de “acabamiento gradual”, del tipo de
adelgazar y engordar, tienen una variante dialectal con el clítico, de la que tampoco nos
hemos ocupado aquí. Sobre esta clase de verbos volveremos más adelante.
9
Nuestro análisis también explica el contraste que ofrece Sánchez (1996, pág. 161, nota
15) entre *su abuelo murió él en la guerra y ?el enfermo se murió él, no le mató ningún m é-
dico. Según la autora, dicho contraste deriva de una supuesta interpretación agentiva del ver-
bo potenciada por la presencia de lo que ella considera un se reflexivo. De acuerdo con nue s-
tra hipótesis, la presencia del se, que de ninguna manera es reflexivo, no legitima la lectura
agentiva del sujeto, sino que expresa, como precisaremos después, el punto culminante de un
evento que desemboca en un cambio de estado; la aparición del pronombre enfático en ese
contexto simplemente señala que el sujeto no ha sido un obstáculo en la culminación del pro-
ceso. De hecho, la distribución del pronombre enfático es justamente la contraria de la pro-
puesta por Sánchez en el par dejar-dejarse, cuyo primer miembro sí tiene un sujeto agentivo,
y admite el pronombre enfático —Juan dejó el libro en la biblioteca (él)—, mientras que el
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3.3. El análisis de Zagona (1996): el clítico como un operador verbal


Zagona, en línea con la propuesta de Zubizarreta (1987) para otros tipos
de se, atribuye al se aspectual la naturaleza de un adverbio que funciona
como un operador verbal presente en las transiciones que culminan. Este se
indica una relación entre el sujeto y el objeto al fin del evento en los predi-
cados cuyo objeto experimenta un cambio de estado. La propuesta de Za-
gona considera, pues, que el se marca la culminación del evento y que ésta
coincide con su terminación.
De acuerdo con su hipótesis, verbos transitivos como lavar los platos o
abrir una lata no aceptan el clítico aspectual, a pesar de que su argumento
interno sí experimenta un cambio de estado, porque en ellos el sujeto no ex-
perimenta ninguna transición. En consecuencia, si aparece con dichos ver-
bos un clítico, será un benefactivo 10 .
Aparte de que no coincidimos con los juicios de Zagona 11 , y conside-
ramos posibles predicados como abrir una lata y lavar los platos con el clí-
tico aspectual, la diferencia de base entre nuestro análisis y el tratamiento
de Zagona tiene que ver con su consideración de ‘culminativo’ como sinó-
nimo de «perfectivo», que nosotras no suscribimos. De hecho, existen prue-

––––––––
segundo, a pesar de la presencia de se, tiene un sujeto no obligatoriamente agentivo, por lo
que no admite el pronombre enfático —Juan se dejó el libro en la biblioteca (*él)—. El carácter
no necesariamente agentivo del sujet o de los predicados con el clítico pronominal ha sido seña-
lado por Narbona (1984, págs. 177-178) a propósito, entre otros, del contraste dejar-dejarse.
10
La autora avala esta afirmación con el hecho de que tales verbos con clítico no equiv a-
len a la const rucción inglesa con up, partícula con la que equipara el se aspectual del español.
Así que cuando aparece un me, te, se en estos contextos (como en Me abrí dos latas en medio
segundo) el clítico, según Zagona, ha de ser un benefactivo. Sin embargo, en nuestra hipótesis
el me del ejemplo anterior no tiene por qué no ser aspectual. El hecho de que no coincida su
distribución con la del up del inglés tiene fácil explicación si se acepta, según propondremos
más adelante, que el clítico del español no tiene valo r terminativo, como probablemente sí le
ocurre al up del inglés. Es decir, si se separa el concepto de terminación del de culminación.
Por otra parte, sólo si se considera el me del ejemplo anterior como aspectual se explica su
coaparición con un clítico benefactivo en ejemplos como Mi hijo es muy habilidoso, se me
abre dos latas en medio segundo.
11
Por ejemplo, consideramos gramaticales tanto Juan se bajó del árbol como Juan se ba-
jó al suelo; esta última, en cambio, es inaceptable para Zagona. Por otra parte, Zagona consi-
dera una prueba de que se marca la culminación del evento y que ésta coincide con su terminación
el hecho de que es incompatible con el clítico un adverbio que suspenda el acabamiento del
evento (*El niño se comió la manzana en parte). Sin embargo, nosotras consideramos posi-
bles ejemplos similares (Casi se comió la manzana; se leyó el libro hasta la mitad), que sólo
pueden explicarse si se separan los conceptos de ‘culminación’ y ‘terminación’.
24 ELENA DE MIGUEL Y MARINA FERNÁNDEZ LAGUNILLA

bas que demuestran que un evento puede culminar en un punto y no por ello
acabar; y viceversa, acabar sin haber culminado en un punto en sentido es-
tricto, como mostraremos en el siguiente epígrafe.

IV. El pronombre clítico como operador aspectual

4.1. Clases de eventos por su estructura interna


En contra de lo defendido habitualmente, la noción de perfectividad no
es suficiente para explicar la aparición del clítico, como prueban los ejem-
plos de (2) —repetidos por razones de comodidad en (12)—, que resultan
agramaticales a pesar de que contienen predicados perfectivos:

(12) a. *El niño se nació sietemesino.


b. *Me vi la costa y me dirigí a ella.
c. *El agua se hirvió en un instante.
d. *María se engordó (dos kilos).

La agramaticalidad de oraciones como las de (12) sí se explica, en cam-


bio, si se separa la noción de perfectividad de la de culminación.
En efecto, existen predicados que son perfectivos porque acaban en
un punto que coincide con el punto en que comienzan: son los denotados
por verbos puntuales del tipo de estallar, explotar, llegar, nacer, que
‘ocurren’ en un punto. Existen, además, eventos que «culminan» en un
punto, como los denotados por marearse o hervir, pero que, a diferencia
de los verbos puntuales, constituyen eventos complejos, en la medida en
que no ocurren en un punto sino que culminan en un punto inicial e im-
plican una fase posterior a dicho punto. Esa fase posterior puede ser a su
vez un estado: es el caso de marearse u ocultarse, eventos que una vez
alcanzado el punto culminante inicial pueden implicar que el sujeto si-
gue mareado u oculto. La fase posterior al punto culminante puede ser
también un proceso: es el caso de hervir o florecer, que no excluyen que
el sujeto, alcanzado el punto culminante inicial, pueda seguir hirviendo
o floreciendo; una prueba de que estos verbos denotan eventos comple-
jos, compuestos de fases, es el hecho de que admiten ser modificados
tanto por adverbiales puntuales, por ejemplo en (13a-b), como por ad-
verbiales durativos, según se ilustra en (13c-d), dependiendo de la fase
modificada en cada caso:
EL OPERADOR ASPECTUAL SE 25

(13) a. El sol se ocultó en un instante.


b. El agua hirvió en un instante.
c. El sol se ocultó un rato ( = «se mantuvo oculto»).
d. El agua hirvió un rato ( = «se mantuvo hirviendo»).

Nótese, en cambio, que con los verbos que ocurren en un punto sólo se
acepta el adverbial puntual —como se ve en (14a-b)— mientras que resulta
imposible un adverbial que incida sobre la duración de una fase posterior,
puesto que los eventos denotados por estos verbos son simples, constan de
una sola fase: de ahí la agramaticalidad de (14c-d).
(14) a. Juan llegó {en aquel momento/a las dos}.
b. El niño nació {en un abrir y cerrar de ojos/a las dos}.
c. *Juan llegó un rato.
d. *El niño nació un rato.

Pues bien, los verbos puntuales de (14), responden como perfectivos a


las pruebas discriminatorias de la perfectividad de un predicado; así, acep-
tan entrar en una construcción de participio absoluto, según se ve en (15a),
y la modificación por el adverbial de tiempo con en, con el sentido que se
recoge en la glosa de (15b):
(15) a. Llegada la primavera, el jardín floreció.
b. Juan llegó en diez minutos («cuando pasaron diez minutos, ocurrió
el evento»).

En cambio, los predicados que culminan en un punto inicial pero no acaban


(por contar con una fase posterior abierta, ya sea un estado ya sea un proceso)
no aceptan la construcción de participio absoluto —véase (16a)— y aunque
pueden ser modificados con el adverbial encabezado por en, dicho modificador
carece del valor de terminación que posee cuando acompaña a verbos perfecti-
vos —véase el contraste entre la glosa de (15b) y la de (16b)—.
(16) a. *Hervida el agua, se pone turbia 12 .
––––––––
12
Nótese que el ejemplo (16a) es agramatical porque contiene una construcción de part i-
cipio absoluto, que exige que el verbo en participio sea aspectualmente perfectivo (como en
(15a)). Esa condición se da cuando hervir se interpreta en la acepción de verbo transitivo cau-
sativo (en hervida el agua, se echa la pasta , por ejemplo). Pero no cuando se interpreta en su
acepción de verbo inacusativo, como sucede en (16a). En ese caso, hervir constituye un even-
to que culmina en un punto inicial y va seguido de un proceso posterior (una vez que el agua
comienza a hervir, puede seguir hirviendo), razón por la cual no acepta la construcción per-
26 ELENA DE MIGUEL Y MARINA FERNÁNDEZ LAGUNILLA

b. El agua hirvió en diez minutos («cuando pasaron diez minutos, el


evento comenzó»).

En suma, los verbos considerados normalmente como puntuales deno-


tan, en realidad, eventos de dos clases: los que ocurren en un punto y los
que culminan en un punto inicial. Éstos constituyen, pues, eventos ingresi-
vos complejos y entre ellos se distinguen a su vez dos subclases: 1) los ver-
bos del tipo de marearse, ocultarse y sentarse: suponen un estado posterior
al punto en que comienza el evento, como indica la glosa de (13c); 2) los
verbos del tipo de florecer, hervir y ver 13 : implican un proceso posterior al
punto en que el evento culmina, como indica la glosa de (13d).
La diferencia aspectual entre verbos ingresivos cuya segunda fase es un
estado y aquellos cuya segunda fase es un proceso queda clara también en su
comportamiento con respecto a la perífrasis de gerundio y al operador aspec-
tual aún, como se muestra en Fernández Lagunilla y de Miguel (1999).
Por lo que respecta a la distinción, dentro de los perfectivos, entre los
predicados que ocurren en un punto y los que culminan en un punto final,
ésta se muestra asimismo en su diferente comportamiento frente a expresio-
nes adverbiales del tipo de casi, poco a poco, completamente, del todo, has-
ta la mitad, paulatinamente, etc. Estas dos clases de predicados se compor-
tan también de un modo diferente respecto a las perífrasis acabar de, dejar
de, parar de, terminar de, etc.14 .
Por último, existe un grupo de verbos que denotan eventos que implican
un progreso en una fase intermedia y que pueden finalmente acabar, aunque
no culminar en sentido estricto: son los verbos llamados de acabamiento
gradual, como adelgazar y engordar (estudiados por Bertinetto y Squartini,
1995) que muestran un comportamiento dispar frente a las pruebas que se
suelen utilizar para discriminar la perfectividad de un evento (en su vertien-
te inacusativa, aceptan como perfectivos el adverbial con en y se comportan
––––––––
fectiva de participio absoluto. Precisamente, es la naturaleza perfectiva del verbo la que legi-
tima la presencia de un sujeto explícito, requisito básico para que la construcción sea caract e-
rizada como absoluta. De ahí que la oración hervida, el agua se pone turbia, construcción que
se conoce como de participio concertado, no constituya una objeción a nuestra hipótesis,
puesto que en ella el sujeto de hervida es un elemento pronominal nulo correferente con el su-
jeto de la oración principal, para cuya legitimación no es precisa la condición de la perfectivi-
dad de la cláusula. Véase para esta cuestión, de Miguel (1999).
13
En el sentido del ejemplo de Bello (1847: § 626) luego que vimos la costa nos dirig i-
mos a ella, y no en el de ver una película . Más adelante precisaremos esta distinción.
14
A este respecto, puede consultarse de Miguel (1999).
EL OPERADOR ASPECTUAL SE 27

como no perfectivos respecto de la perífrasis dejar de). Aunque no pode-


mos detenernos aquí para ilustrar las distintas posibilidades referidas 15 , lo
que sí podemos afirmar, una vez más, es que estos datos se explican mejor
si separamos la noción de límite de la de culminación y si establecemos di-
ferentes tipos de eventos en función de su estructura interna de fases; esto
es lo que hacemos en los esquemas de (17).
(17) Clases de eventos por su estructura interna
(17) a. Estado b. Proceso (P1) c. Transición(T1)
E P1 T1

e e1 ... en P L

L E
evento simple, secuencia de eventos proceso o actividad que desem-
c o n d u ración y idénticos, con duración boca en un punto seguido de un
sin fases (tener, y fases: evento no de- cambio de estado: evento de-
detestar) limitado (estudiar, na- limitado con duración que cul-
dar,..)16 mina en la fase final (leer un li-
bro, ver la película)17

––––––––
15
Véase de Miguel (1999).
16
Al hablar de secuencias de eventos idénticos nos referimos al hecho de que un proceso
implica una sucesión de subeventos cada uno de los cuales representa una ocurrencia del
evento total. Así en Juan estudió dos horas o Juan nadó un rato, lo que se afirma es que en
cualquier punto del intervalo de tiempo a lo largo del cual el evento se desarrolló tuvo lugar
sucesivamente la acción de estudiar o de nadar, de forma que antes de completarse el interva-
lo temporal el evento ya había ocurrido (Juan había estudiado y Juan había nadado).
17
El segundo subevento de una T1 puede ser un logro compuesto, como aparece en el es-
quema (17e), o puede ser un logro simple del tipo L1 en (17d). En ese caso, no será posible la
presencia del clítico. Esto es lo que ocurre con los verbos transitivos puntuales como en las
oraciones Juan (#se) aceptó la propuesta , Raúl (#se) marcó un gol —que sólo son aceptables
en la interpretación reflexiva del clítico— y Juan (*se) recibió dos libros. Aunque pragmáti-
camente se puede entender que existe un cambio de locación o de estado en el objeto, ese
cambio no constituye una fase visible de la estructura del evento en cuestión; de ahí que no
admita un adverbial que modifique la duración del estado resultante como un rato, a diferen-
cia de lo que ocurre con los logros de tipo L2. Desde esta persp ectiva, estos verbos se com-
portan como los logros del tipo L1, que por no manifestar en su estructura una fase de estado,
aunque pragmáticamente implican un cambio, no aceptan el clítico.
28 ELENA DE MIGUEL Y MARINA FERNÁNDEZ LAGUNILLA

d. Logro simple e. Logro compuesto (L2) f. Logro compuesto (L3)


(L1) (puntual) (ingresivo) (ingresivo)
L1 L2 L3

l L E L P
evento delimita- evento delimitado que evento delimitado que culmina
do que ocurre en culmina en un punto (la en un punto (la fase inicial) y
un punto (explo- fase inicial) y va seguido va seguido de un proceso (her-
tar, llegar, n a- de un estado (marearse, vir, florecer, ver la costa).
cer). ocultarse, sentarse).

g. Transición (T2) h. Proceso (P2)


T2 P2

L L P (L)

L (P) L (E)
evento delimitado que implica una transi- eventos de acabamiento gra-
ción entre dos puntos de culminación; tanto dual (adelgazar, engordar, en-
el subevento inicial como el final pueden a canecer, envejecer).
su vez descomponerse en dos fases (apare-
cer(se), bajar(se), caer(se), ir(se), morir(se),
subir(se), venir(se), volver(se)).

4.2. El clítico como marca de culminación seguida de un cambio de estado


De acuerdo con nuestra propuesta, el se es un operador aspectual que
señala que el evento culmina en un punto que desemboca en un cambio de
estado. Esto supone que el clítico debe ser incompatible con los verbos de
estado, y así es en efecto, como muestran los ejemplos de (18a-b).
(18) a. *Juan se odia las acelgas.
b. *Me soy alto.
c. Me sé la lección.
d. Me estuve callada.

Nótese que el hecho de que (18c-d) sean posibles, aunque contienen


verbos estativos, tiene cabida dentro de nuestra hipótesis; en ellos puede
EL OPERADOR ASPECTUAL SE 29

presuponerse la existencia previa de un logro que desencadena el nuevo es-


tado: el logro de «pasar a saber la lección» o «pasar a estar callada».
En cambio, el clítico es posible con los verbos del tipo T1, L2 y T2,
puesto que todos ellos contienen un logro seguido de un estado, pero no con
los verbos del tipo de L1 ni los de L3. Los primeros no admiten el clítico,
porque son eventos simples que ocurren en un punto: esto es, son los verda-
deramente puntuales, como llegar, entrar, explotar, fallecer, regresar, etc.;
recuérdese que este tipo de verbos no aceptan adverbiales que señalen dura-
ción, puesto que no van seguidos de un estado o proceso, como se mostraba
en (14c-d). Los segundos tampoco lo admiten porque son eventos comple-
jos, cuya segunda fase no es un estado sino un proceso.
Esta caracterización del clítico, que vamos a llamar se culminativo como
abreviatura del paradigma pronominal, nos proporciona una explicación uni-
forme para los distintos eventos compatibles con se. Esto es, permite dar
cuenta de la obligada interpretación delimitada de los verbos transitivos con
se —véase (1c-d)—, de la ausencia de se con ciertos verbos perfectivos
(entrar, estallar, llegar, nacer) —véase (2a)—, ingresivos (florecer, hervir)
—véase (2c)— y de acabamiento gradual —véase (2d)—, así como del con-
traste que manifiesta el verbo ver con respecto a la presencia del clítico
—véase (1d) frente a (2b)—, fenómenos no explicados en análisis anteriores.
En efecto, por lo que respecta a los verbos transitivos, la estructura
eventiva que les hemos asignado implica que la fase en que el evento cul-
mina, y en la que tiene lugar el cambio de estado, es la fase final —véase
(17c)—. De esta caracterización deriva el hecho de que el argumento inter-
no de este tipo de verbos tenga que ser obligatoriamente delimitado cuando
aparece se, como se ilustró en (1c-d). Y ello porque sólo de las expresiones
nominales no existenciales se puede predicar un cambio de estado. Nótese
que desde esta perspectiva el peso de la explicación no recae en la naturale-
za delimitada del objeto directo, sino que ésta es una consecuencia obligada
de la estructura que el clítico exige en el verbo. Así se explica mejor que
ciertos verbos transitivos cuyo objeto directo es delimitado (determinado,
referencial, discontinuo y afectado) sean no obstante incompatibles con se,
porque la presencia de ese objeto directo no basta para delimitar el evento:
es decir, un evento puede ser no delimitado, con independencia de las con-
diciones de su objeto; es el caso de perseguir(*se) a su perro, empujar(*se)
el carrito, seguir(*se) a mis amigos, predicados que se construyen con el
adverbial encabezado con durante y no con en, prueba de que no están de-
limitados, aunque su objeto sí lo está.
30 ELENA DE MIGUEL Y MARINA FERNÁNDEZ LAGUNILLA

En cuanto a la incompatibilidad que muestran los verbos perfectivos


del tipo de estallar, explotar, llegar y nacer con se puede explicarse fácil-
mente dada la estructura subeventiva que hemos atribuido a estos verbos
—véase (17d)—, de los que hemos dicho que enfocan simplemente el punto
en que ocurren, a diferencia de los verbos que culminan en un punto y van
seguidos de una fase posterior (como ocultarse o hervir) —en el esquema
(17e) y (17f)—.
Asimismo, la imposibilidad de se con ciertos verbos que sí implican una
fase posterior, como hervir y florecer, se debe a que en estos casos la fase
que sigue al punto en que culmina el evento —de hervir o de florecer— es
un proceso y, como hemos dicho, se requiere que la estructura eventiva
contenga un logro seguido de un estado.
El caso de ver se explica por su parte si consideramos que existe un ver
que culmina en un punto seguido de un proceso, a la manera de hervir y flo-
recer, y como tal no permite la presencia de se: es el caso del ejemplo de
Sanz *me he visto a tres niños que salían corriendo, donde se enfoca el
primer momento en que tiene lugar la percepción visual (el logro) pero no
se descarta que el proceso continúe 18 . De ahí que Bello hablara de este ver-
bo como no delimitado, a propósito de un ejemplo equivalente (luego que
vimos la costa nos dirigimos a ella, lo que no implica que la costa dejara de
verse). Su estructura interna sería la recogida en (17f) 19 . En cambio, hay un
segundo ver que es una transición: implica un punto culminante final con
un cambio de estado en el objeto afectado; y éste sí acepta el clítico aspec-
tual, como muestra la oración me he visto una película de miedo. Su estruc-
tura interna se correspondería con la del esquema (17c).

––––––––
18
La posibilidad de que aparezca un me, te, se en oraciones semejantes a la del ejemplo
de Sanz (como en Salí a la calle y me vi a mi novio abrazando a otra) no debe interpretarse
como un contraejemplo a nuestra propuesta, puesto que en este caso el me (te, se ...) es un clí-
tico benefactivo compatible con un verbo cuya estructura eventiva no reúne los requisitos
exigidos por el clítico aspectual. Una prueba del carácter benefactivo del me del ejemplo ante-
rior es el efecto extraño que produce su aparición en contextos en los que no se espera la im-
plicación del sujeto: #Salí a la calle y me vi a su profesor abrazando a otra .
19
Oraciones del tipo Me vi la costa entera no serían una objeción a nuestro análisis pue s-
to que, como el adjetivo entera indica, la fase en que culmina el evento denotado por el verbo
ver en este ejemplo no es la inicial (a la que sigue un proceso), sino una fase de logro final
seguido de un cambio de estado (aquel en que toda la costa pasa a estar vista). Por tanto, es-
tamos ante un caso idéntico al de Me vi la película en un par de horas en (8a).
EL OPERADOR ASPECTUAL SE 31

Asimismo, como el lector podrá comprobar fácilmente, nuestra explic a-


ción también permite dar cuenta de los casos que quedaban sin explicar en
los análisis de Rigau y Zagona.
En vista de lo argumentado hasta ahora, podemos concluir que se no
puede entenderse como un clítico télico o perfectivo, según se ha propuesto
en la mayor parte de los trabajos al respecto, sino como un operador aspec-
tual que señala el punto culminante que da paso a un cambio de estado. Se-
rá posible, pues, con los verbos del tipo T1, L2 y T2, en las condiciones
mencionadas. En cambio, no aparecerá con los verbos del tipo de L1 ni L3.
De éstos, los primeros (llegar, entrar, explotar, fallecer, regresar, etc.,) no
aceptan se ni tampoco un adverbial que señale duración, puesto que no van
seguidos de un estado o proceso posterior. Los segundos (hervir, florecer,
etc.,) no aceptan se porque van seguidos de una fase de proceso, pero sí
aceptan el adverbial durativo, la perífrasis de gerundio y el adverbio aún,
dada la estructura interna de fases que poseen.
Por el contrario, los logros del tipo L2 (marearse, ocultarse, etc.), que
culminan en un punto inicial (ingresivos) y van seguidos de una fase de es-
tado posterior, sí aceptan se, además de un adverbial que indique el tiempo
que dura ese subevento posterior (se mantuvo oculto durante...,). En cam-
bio, no aceptan la perífrasis de seguir + gerundio ni el operador aún, excep-
to con sentido habitual o iterativo —recuérdese lo dicho a propósito de los
ejemplos (6c-d)—. Para más detalles, véase Fernández Lagunilla y de Mi-
guel (1999).
En los verbos del tipo T2, para los que hemos propuesto una estructura
subeventiva especial puesto que implican un evento de transición entre dos
locaciones o estados —esto es, un evento compuesto de dos fases, ambas
delimitadas—, se incluyen morir(se), caer(se), bajar(se), subir(se), ir(se),
volver(se), acercar(se), aparecer(se), etc. 21 . Estos verbos en la versión sin
se pueden interpretarse como delimitados (aceptan el adverbial durativo con
en: subió en diez minutos) y como no delimitados (aceptan el adverbial du-
rativo con durante: subió durante una hora), con la excepción de morir.
Ello nos lleva a pensar que el evento se compone de un primer subevento de
logro tipo 3 (L3) —el punto de abandono de una locación o estado— segui-
do de un proceso que puede durar y de un segundo logro, en este caso un
logro ingresivo del tipo 2 (L2), que implica un punto culminante seguido de

––––––––
21
Para otra propuesta sobre la estructura semántica de los eventos distinta a la de Pust e-
jovsky, aunque también inspirada en ella, véase Moreno (1997).
32 ELENA DE MIGUEL Y MARINA FERNÁNDEZ LAGUNILLA

un cambio de estado; por eso, estos verbos aceptan se y por eso, en su ver-
sión con clítico, aceptan el adverbial durativo (se subió al tejado durante un
rato), con la excepción de morirse y caerse. Es importante señalar que el P
del primer subevento puede durar, y que va precedido de un L puntual in-
dependiente: la primera locación o estado ya se ha abandonado. De ahí que
estos verbos se comporten como los de L3 respecto de la pruebas con aún y
la perífrasis de gerundio (aún sube, sigue subiendo), aunque en su versión
con clítico aspectual se comporten como los de L2 con respecto de las men-
cionadas pruebas (#aún se sube, #aún se sigue subiendo, sólo aceptables en
sentido habitual).
Nótese que los dos subeventos que componen la estructura de una
Transición (T2) son a su vez ingresivos, como eventos delimitados que
culminan en la fase inicial. Esto explica que el imperfecto de tales verbos
sea compatible con ya en la interpretación de conato, tanto en su versión
con clítico como sin él (véase a este respecto Fernández Lagunilla y de
Miguel, 1999). Las únicas excepciones, entre los verbos a los que hemos
atribuido esta estructura, como ya hemos adelantado, son caer y morir,
que se comportan de un modo singular, en cuanto que no aceptan, en su
versión sin se, el imperfecto de conato, y, en su versión con se, los adver-
biales durativos como un rato, durante unos minutos, etc. (*se cayó du-
rante un rato, *se murió un rato). Este comportamiento podría deberse,
de acuerdo con la estructura de fases propuesta en el esquema (17g), al
hecho de que la fase de estado en que se descompone el segundo logro en
cierto nivel de la proyección deja de ser visible o relevante desde un pun-
to de vista sintáctico: nótese que esto no constituye una objeción a nuestra
propuesta de que la aparición de se está condicionada por la existencia de
un logro seguido de un cambio de estado, porque, en realidad, sí existe un
estado que sigue al logro de caerse y morirse (el de «estar en el suelo» y
el de «estar muerto»). La novedad estriba en que ese estado es especial
por alguna razón que impide su modificación con un adverbial durativo.
Ése es el motivo por el cual en el segundo logro de (17g) aparece entre
paréntesis la E de «estado».
Por lo que respecta a la fase de proceso contenida en el primer logro del
mismo esquema, la P también aparece entre paréntesis porque, al menos en
el caso de morir, tampoco acepta adverbiales durativos ni adverbiales de
grado (*murió un rato, *murió bastante). En este sentido, morir equivale en
su primera fase a un verbo de logro puntual, como llegar o nacer, cuya es-
tructura se recoge en (17d). La diferencia estriba en que para morir, como
EL OPERADOR ASPECTUAL SE 33

para caer, proponemos una estructura de transición, lo que explica que, en


contraste con los de L1, estos dos verbos sí acepten se 22 .
Nada vamos a añadir a la propuesta sobre clases de eventos de Puste-
jovsky (1991) respecto de los otros tres tipos de evento incluidos en (17): E,
P y T1. De hecho, la distinción más conflictiva ha sido siempre la que se ha
llevado a cabo dentro de la clase de los logros, cuya existencia se ha negado
en ocasiones y cuya subdivisión ha sido también objeto de controversia 23 .
Para los verbos de acabamiento gradual (adelgazar, engordar, enveje-
cer, encanecer, etc.), que responden a ciertas pruebas como procesos no de-
limitados y a otras como transiciones delimitadas (véase Bertinetto y Squar-
tini, 1995), nuestra hipótesis sobre la estructura interna de los eventos
permite darles un tratamiento homogéneo, descomponiéndolos como se ve
en (17h): P [P (L)]; es decir, como procesos que pueden incluir un punto fi-
nal.
En su descomposición, los verbos de acabamiento gradual se asemejan
a las transiciones (T), pero su fase principal no es la terminativa, sino el su-
bevento precedente. Por ello, la consecuencia de adelgazar no es «estar
adelgazado» sino un evento distinto (el de «estar delgado»), a diferencia de
lo que ocurre en las transiciones cuya fase culminante es un L + E: por
ejemplo en construir una casa, cuya conclusión supone que «la casa está
construida». De hecho, la parte de proceso (P) de una transición se puede
obviar (por ejemplo en una T1 puntual, como marcar un gol, donde no cabe
la aparición del adverbial durativo con durante) pero no el subevento de lo-
––––––––
22
Esta propuesta se ve avalada por el hecho de que en japonés ambos verbos inacusativos
aceptan pasiva (luego son transitivos y son distintos de los otros inacusativos), como se ilus-
tra en los siguientes ejemplos (que agradecemos a Shiori Tokunaga, c.p.):

(i) (watasi-no) chichi-ga shinda > watasi-wa chichi-ni sinareta


mi padre murió yo padre-por fui muerto

(ii) ame-ga futta > wareware-wa ame-ni furareta


lluvia cayó nosotros lluvia-por fuimos caídos

Este comportamiento de caer y morir frente a la pasiva, singular respecto al del resto de
los inacusativos del japonés, parece confirmar no sólo que son transitivos sino que poseen una
estructura eventiva exclusiva. Asimismo, de acuerdo con la propuesta de Moreno (1997, pág.
167), inspirada a su vez en la de Pustejovsky (1991), caerse y morirse se distinguen por ser
procesos «innovativos», frente a los «modificativos». Habrá, pues, que profundizar en las di-
ferencias que comparten caer y morir.
23
Para la cuestión de la pertinencia de la clase de los logros, véanse Mittwoch (1991),
Verkuyl (1993), Tenny (1994) y de Miguel (1999).
xxx, 1.— 2
34 ELENA DE MIGUEL Y MARINA FERNÁNDEZ LAGUNILLA

gro (L), porque en ese caso no sería una T. Por el contrario, los verbos de
acabamiento gradual, aunque no alcancen la fase L, han ocurrido: así, mien-
tras que la interrupción del evento de construir una casa supone que dicho
evento no ha ocurrido, la interrupción del evento de adelgazar no supone
que dicho evento no haya ocurrido; por ello, y dada la estructura interna
propuesta, se deduce también que estos verbos no acepten se.
En definitiva, se es posible allí donde el evento tenga una determinada
estructura de fases: en concreto, un logro seguido de un estado, en algún es-
tadio de su estructura interna. Si tenemos en cuenta que un logro no puntual
se puede descomponer en un L + E , finalmente disponemos de una expli-
cación uniforme para los distintos eventos compatibles con se: todos
ellos han de implicar un cambio de estado, en la medida en que se se com-
porta como un adverbio de fase excluyente («antes no, a partir de este punto
sí»).

V. Predicciones de nuestro análisis

Nuestra hipótesis permite realizar una serie de predicciones interesantes


en relación con los siguientes fenómenos: (a) la combinatoria de los verbos
que admiten se y los tipos de predicado secundario (Juan se murió tranqui-
lo/*Juan se murió fusilado); (b) la distribución complementaria de adjeti-
vos y adverbios con estos verbos (Juan se murió en silencio/*Juan se murió
silencioso); (c) las restricciones que presentan los adverbios de manera de-
pendiendo de si el verbo lleva o no se (Juan se durmió boca abajo y luego
cambio de postura/*Juan durmió boca abajo y luego cambio de postura);
(d) la distribución complementaria de los adverbios de grado y el se culmi-
nativo y (e) las restricciones de aparición del se culminativo con otros clíti-
cos de naturaleza argumental.
La primera predicción del análisis propuesto es que si un verbo con se
implica un cambio de estado en una fase, el predicado secundario que con
él aparezca obligatoriamente tiene que expresar el estado en que se encuen-
tra su sujeto cuando el evento culmina. Por eso, no son compatibles con se
los predicados secundarios perfectivos que no indiquen el estado en que el
sujeto se encuentra en el momento en que tiene lugar el cambio. Esto
permite dar cuenta de los datos agramaticales del tipo de (19a), que Rigau
explicaba por incompatibilidad entre el carácter imperfectivo del
predicativo y el carácter perfectivo de se:
EL OPERADOR ASPECTUAL SE 35

(19) a. *Juan se murió fusilado.


b. Fusilado Juan, el capitán ordenó levantar el campamento.
c. Lo fusilaron {en/*durante} 5 minutos.

En contra de lo que afirmó Rigau, el verbo fusilar es perfectivo, como


demuestra su capacidad para aparecer en construcciones de participio abso-
luto (19b) y su comportamiento frente a los adverbiales encabezados por en
y durante (19c). La agramaticalidad de (19a) no se deriva, por tanto, del su-
puesto carácter imperfectivo de fusilado, como proponía Rigau, sino que se
puede explicar, de acuerdo con nuestra hipótesis, por el hecho de que fusi-
lado no expresa el estado en que se encontraba el sujeto cuando se murió;
es decir, cuando se alcanzó el punto que precede al cambio de estado. Fren-
te a (19a), son aceptables, en cambio, tanto (20a) como (20b):
(20) a. Juan se murió tranquilo.
b. Juan murió fusilado.

En el primer caso, la oración es aceptable, porque tranquilo sí denota el


estado en que se encontraba el sujeto cuando tuvo lugar la fase culminante
del evento de morirse. Una prueba independiente de que sólo tranquilo pero
no fusilado puede expresar el estado en que se encuentra el sujeto cuando
culmina el evento principal es el siguiente contraste: Estando {tranqui-
lo/*fusilado}, se murió.
En el segundo caso, la ausencia de se permite que fusilado denote la
manera en que se produjo el evento principal y no el estado en que se en-
contraba el sujeto cuando murió. A este respecto, obsérvese también los
ejemplos de (21):
(21) a. Juan (#se) murió en la cama.
b. Juan (#se) murió en el campo de batalla.
c. Juan (#se) murió con las botas puestas.
d. Hay que morir(*se) con las botas puestas.

Los ejemplos de (21a-b), que agradecemos a Ignacio Bosque, sólo son


aceptables con el clítico si los sintagmas preposicionales que en ellos apa-
recen designan el lugar en que se encuentra el sujeto cuando culmina el
evento principal; en cambio, sin el clítico dichos sintagmas preposicionales
pueden informar también sobre la manera en que ocurrió el evento («de
forma natural y no accidentalmente o batallando»). Del mismo modo, con
las botas puestas en (21c), si aparece el clítico, sólo puede expresar el esta-
36 ELENA DE MIGUEL Y MARINA FERNÁNDEZ LAGUNILLA

do en que se encontraba el sujeto cuando se murió. Si éste no aparece, el


sintagma preposicional puede expresar también el modo en que se produjo
la muerte. Ahora bien, en oraciones impersonales con valor genérico o sen-
tencioso del tipo de (21d), sólo cabe esta segunda interpretación; de ahí que
el clítico esté excluido.
Por una razón semejante, nuestro análisis puede explicar la agramatic a-
lidad de oraciones como (22a):
(22) a. *Juan se fue a París enfermizo 24 .
b. Juan fue a París enfermizo (y volvió sanísimo).
c. Juan se fue a París enfermo.

Nótese que enfermizo es un predicado que denota una propiedad del in-
dividuo, y no del estado en que se encuentra el individuo. De ahí que sea
incompatible con se, que enfoca el punto culminante que va seguido de un
cambio de estado, como se ve en (22a). Esa posibilidad no está excluida
con el verbo ir sin se, como en (22b), porque en ese caso la fase a la que se
refiere el predicado secundario es la inicial, y se menciona una propiedad
que tenía el sujeto en esa fase 25 .
En cambio, enfermo, que denota un estado, sí es un predicado compati-
ble con se, como se ve en (22c).
Asimismo, un contraste interesante que avala nuestra hipótesis es la dis-
tribución complementaria entre adjetivos y adverbios que se ilustra en (23):
(23) a. Juan se murió {en silencio, silenciosamente}.
b. Juan (*se) murió silencioso.

La distribución complementaria observada en (23) no se da con verbos


como llegar, esto es, verbos que ocurren en un punto y por tanto carecen de
una fase que implique un cambio de estado:
(24) a. Juan llegó silenciosamente.
b. Juan llegó silencioso.

––––––––
24
Dato que debemos a Ana Ardid (c.p.).
25
Nótese, en cambio, que tanto en la versión con se como en la versión sin se son posi-
bles los gerundios predicativos del sujeto, como muestra la oración Juan (se) fue a París llo-
rando. Para el distinto comportamiento que muestran los gerundios, frente a participios y ad-
jetivos en predicación secundaria, con respecto a su aparición en los predicados con se, véase
Fernández Lagunilla (1999).
EL OPERADOR ASPECTUAL SE 37

El ejemplo de (23a) muestra que el adverbial de manera no es incompa-


tible con el clítico, porque incide sobre el punto en que culmina el evento,
informando de cómo ocurrió; en cambio, un adjetivo predicativo como si-
lencioso no es compatible con morirse porque la presencia de se impone al
predicado secundario la obligación de informar sobre el estado en que se
encontraba el sujeto del que se predica cuando se alcanzó el punto que pre-
cede al cambio de estado; dado que silencioso es un adjetivo que se predica
de un individuo, no puede describir el estado en que se encuentra el sujeto
cuando culmina el evento de morirse. De ahí la agramaticalidad de (23b) si
aparece el clítico. Por el contrario, no existe incompatibilidad entre silen-
cioso y un verbo como llegar, según se muestra en (24b), porque en este ca-
so lo que hace el adjetivo es informar de una propiedad que tenía el sujeto
cuando se produjo el punto culminante del evento de llegar.
No obstante, también los adverbiales de manera presentan una distribu-
ción complementaria dependiendo de si el evento lleva o no se, por ejem-
plo, cuando la información que aportan sobre el modo en que el evento tie-
ne lugar es incompatible con el hecho de que el evento culmina en un punto
seguido de un estado. A este respecto, véanse los ejemplos de (25):
(25) a. Juan durmió boca abajo (*y en seguida cambió de postura).
b. Juan se durmió boca abajo (y en seguida cambió de postura).
c. Juan (*se) salió difícilmente de la cueva.
d. Juan (se) salió tranquilamente de la fiesta.
e. Juan (*se) cayó de pie.
f. Juan (se) cayó de bruces.

Los contrastes de (25) se explican de la siguiente manera: boca abajo es


una locución que puede funcionar como un adverbial de manera que indica
el modo en que tuvo lugar el evento de dormir, como en (25a). En ese caso,
la continuación recogida entre paréntesis es incompatible semánticamente
con la información aportada por el adverbial y provoca agramaticalidad. En
cambio, en (25b), boca abajo constituye un predicado secundario que indi-
ca el estado en que se encontraba el sujeto cuando el evento marcado con se
culminó. Por ello, es compatible con una continuación que implica que se
ha producido un cambio en el estado alcanzado tras la culminación del
evento de dormirse.
En (25c), en cambio, difícilmente es aceptable como adverbial de mane-
ra que indica el modo en que se produjo el evento de salir de la cueva pero
es incompatible con el verbo con se, puesto que no puede señalar el estado
38 ELENA DE MIGUEL Y MARINA FERNÁNDEZ LAGUNILLA

en que se encontraba el sujeto cuando el evento de salirse culminó. Esta


restricción no afecta, sin embargo, al adverbio tranquilamente, como mues-
tra la gramaticalidad de (25d): el sujeto puede estar «tranquilamente» pero
no «difícilmente»; luego tranquilamente puede indicar tanto el modo en que
se produjo el evento (en la versión sin se) como el estado en que se hallaba
el sujeto al culminar el evento (en la versión con se) 27 .
Por último, de pie en (25e) puede describir el modo en que tuvo lugar el
evento de caer pero no el estado en que se encontraba el sujeto cuando el
evento culminó. En cambio, de bruces cuenta con ambas posibilidades: la
de indicar el modo en que el sujeto cayó y la de denotar el estado en que se
encontraba cuando el evento de caerse culminó.
En suma, aunque este tema requiere un estudio de mayor profundidad,
podemos afirmar que la compatibilidad de los adverbios en -mente y otros
adverbiales de manera con las distintas clases de eventos está determinada
por la adecuación entre la naturaleza semántica del adverbio y la estructura
interna del evento con el que el adverbio se combina, como esperamos ha-
ber mostrado. Ello confirma a su vez nuestra hipótesis sobre la existencia
de fases en el interior del evento.
Otra predicción de nuestro análisis tiene que ver con el comportamiento
de los adverbios de grado. De acuerdo con Bosque y Masullo (1998), sólo
los eventos no delimitados aceptan este tipo de cuantificación, como se ve
en los ejemplos de (26):
(26) Llover mucho./Asustar un poco a la gente./Gritar bastante./Mover más
la silla.

––––––––
27
Otros adverbios, como bruscamente, precipitadamente, rápidamente, cuentan también
con dos posibles interpretaciones, aunque en este caso no sean las mismas que hemos pro-
puesto para tranquilamente. Así, en Juan (se) salió precipitadamente de la fiesta , el adverbio
puede referirse al modo (precipitado) en que se produjo el evento de salir o —y aquí reside la
singularidad con respecto del ejemplo de (25d)— al hecho de que fue precipitado el que se
alcanzase el punto en que culmina el evento, con independencia de como transcurrió el sub-
evento que sigue a ese punto culminante. De ahí que no resulte imposible una oración como
precipitadamente Juan se salió de la fiesta con gran parsimonia (cuando nadie esperaba que
se fuera). Estos efectos no se observan en difícilmente (véase (25c)) ni en arriesgadamente,
torpemente o perfectamente (como puede verse en Juan (*se) subió arriesgadamente a la ci-
ma, Juan (*se) salió torpemente de la fiesta o Juan (*se) vio la película perfectamente), pues-
to que arriesgadamente, torpemente, perfectamente no pueden denotar ni el estado en que el
sujeto se encuentra ni el modo en que se alcanzó el punto inicial o final del evento de subirse,
salirse, verse la película; sólo señalan el modo en que el evento transcurrió.
EL OPERADOR ASPECTUAL SE 39

Pues bien, nuestra hipótesis permite predecir que los adverbios de grado
sólo pueden aparecer con aquellos verbos para los que hemos propuesto una
estructura compleja cuya primera fase contiene un proceso, siempre y
cuando éste no vaya seguido de la fase cuya culminación implica un cambio
de estado —véase (17)—, esto es, si no se cumple precisamente el requisito
para que aparezca se, según se observa en (27):
(27) a. El submarinista bajó mucho.
b. *El submarinista se bajó mucho.
c. Los precios cayeron mucho.
d. #Juan se cayó mucho.
f. El alpinista ha subido bastante.
g. *El alpinista se ha subido bastante.

El empleo del símbolo que precede al ejemplo (27d) indica que la frase
es agramatical sólo en la interpretación en que el adverbio mucho es un
cuantificador de grado, que es la que aquí nos interesa; en cambio, la frase
es aceptable si lo interpretamos de un modo iterativo o habitual, en el senti-
do de «Juan, de pequeño, se caía a menudo» (para esta cuestión, véase Bos-
que y Masullo, 1998).
Otro argumento a favor del análisis que proponemos nos lo ofrece el
hecho de que el operador aspectual manifieste restricciones de coaparición
con otros clíticos de naturaleza argumental (fuente, meta, benefactivo, etc.).
Así, por ejemplo, el clítico benefactivo, cuya aparición requiere la presencia
de se con los verbos de transición del tipo T2, como en (28a-d), puede apa-
recer, en cambio, con los logros de tipo L1, en los que la presencia de se no
es posible, como se ve en (28e-f):
(28) a. *(Se) me cayó el jarrón de las manos.
b. *(Se) me fue el hijo a Bosnia.
c. *(Se) me murió el canario.
d. *(Se) le vino la hija a la ciudad.
e. (*Se) me llegan invitados.
f. (*Se) me nació el niño con poco peso.

En principio, los ejemplos de (28e-f) podrían resultar sorprendentes, si


se acepta la idea de Rigau (1994) de que para que aparezca un benefactivo
el evento denotado por un predicado ha de haber acabado y haber dado lu-
gar a un estado resultante que beneficie o perjudique al sujeto. Según esto,
los verbos llegar y nacer en los ejemplos mencionados deberían admitir se.
40 ELENA DE MIGUEL Y MARINA FERNÁNDEZ LAGUNILLA

La explicación de por qué los verbos de (28e-f) pueden coaparecer con un


clítico sin exigir la presencia de se probablemente estriba en el hecho de
que ese clítico no constituye un benefactivo en sentido estricto sino que po-
dría interpretarse como un locativo, la fuente o la meta de una trayectoria 28 .
Pues bien, la misma situación encontramos con los verbos del tipo T2 en
determinados contextos en los que es legítima la presencia del aparente be-
nefactivo sin necesidad de que aparezca el se aspectual; son los ejemplos de
(29 a-c):
(29) a. (Se) me cayó el jarrón encima.
b. (Se) le vino el tren encima.
c. (Se) le vino el sobrino del pueblo.
d. (*Se) me cayó una tromba de agua encima.

De acuerdo con la explicación anterior, en (29a-c) hay un clítico locati-


vo (me, le), que señala la meta de la trayectoria en este caso, y que no re-
quiere que el evento haya alcanzado un estado como consecuencia de la
culminación en un punto: es decir, los verbos que presentan tales caracterís-
ticas no requieren la presencia del se aspectual. Este clítico locativo es el
mismo que aparece en (29d), donde sería absolutamente imposible la pre-
sencia del se aspectual, dado que el predicado caer una tromba de agua no
denota una transición entre dos logros, no implica un punto de abandono de
una locación y otro de aterrizaje en otra locación.
Finalmente, el análisis que hemos propuesto para el clítico aspectual
permite explicar asimismo por qué es menos sensible al aspecto flexivo que
los adverbios aspectuales ya y aún —analizados por extenso desde esta
perspectiva en Fernández Lagunilla y de Miguel (1999)—. En efecto, a di-
ferencia de éstos —que enfocan una determinada fase de la estructura del
evento, que puede volverse opaca por la flexión verbal—29 , se no se fija en

––––––––
28
Observación que agradecemos a Ana Álvarez (c.p.).
29
Aún, por ejemplo, es incompatible con las formas verbales perfectas (aún estudia/*aún
ha estudiado), puesto que en éstas la fase intermedia del evento queda oculta al considerar el
evento como un todo acabado. Otro ejemplo de cómo la flexión verbal puede volver opaca la
estructura de fases de un evento es el caso de marearse que, en presente, es incompatible con
sólo, como ya vimos en (6d), porque implica un evento que no ha comenzado y no puede por
tanto excluir otros eventos y, en cambio, en perfecto sí es posible: sólo se ha mareado (no ha
vomitado); esto es, como evento que ya ha ocurrido, puede excluir que se hayan dado otros
eventos alternativos.
EL OPERADOR ASPECTUAL SE 41

una fase (inicial, intermedia o final), sino sólo en si hay una fase que impli-
que un punto culminante seguido de un cambio de estado:
(30) Me {estudio/estudiaba/ estudié/estudiaré...} la lección.

VI. Conclusión

La hipótesis que hemos defendido sobre el clítico aspectual como un


operador enfocador de una fase de la estructura del evento no sólo permite
explicar su distribución sino que tiene importantes consecuencias en la ex-
plicación de fenómenos sintácticos como la predicación secundaria y la
modificación adverbial (de grado, temporal y modal). Asimismo, la clasifi-
cación de los tipos de verbos por su estructura interna aquí propuesta habrá
de ser tenida en cuenta a la hora de explicar otras construcciones como las
medias, las pasivas (reflejas y perifrásticas), las causativas y anticausativas,
las impersonales, etc., posibilidades que no han sido exploradas en este pri-
mer momento de la investigación.

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